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- Tipo
- Impresos
- Autor
- Maura, Honorio
- Idioma (código)
- spa
- Extensión
- 89
- Identificador
- 0000000084
- Miniatura
- https://patrimoniodigital.ucm.es/r/thumbnail/779452
- Notas
- Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
- Procedencia
- Jaureguízar, Agustín
- Colección de la edición
- Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
- Impresor
- Sociedad de Autores Españoles
- Lugar de publicación
- Madrid
- Idioma
- Español
- Europeana Type
- TEXT
- Europeana Data Provider
- Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
- Imagen para miniatura
- 1
- Derechos
- Universidad Complutense de Madrid
- Licencia de uso
- CC BY-NC-ND 4.0
- Fecha de creación
- 1924
- Formato
- image/jpeg
- application/pdf
- extracted text
-
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HONORIO M AURA
llllllíllillllllllllllll
1945
COMEDIA DEL PORVENIR EN TRES ACTOS,
ORIGINAL
llllllllllllllllllllllii
C oP IR IG H T , BY HONORIO MAURA. 1924
PRECIO: 3,50 PESETAS
SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES
CALLE DEL PRADO, NUM. 24
MADRID
i
i
1 9 45
Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie
podrá, sin su permiso, reimprimirla ni represen
tarla en España ni en los países con los cuales se
hayan celebrado, o se celebren en adelante, tra
tados internacionales de propiedad literaria.
Los autores se reservan el derecho de traduc
ción.
Los comisionados y representantes de la Socie
dad de Autores Españoles son los encargados ex
elusivamente de conceder o negar el permiso de
representación y deE cobro de los derechos de
propiedad.
Droits de représentation, de traduction et de re
production réservés pour tous les pays, y compris
la Suède, la Norvège et la Hollande.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
1945
COMEDIA DEL PORVENIR EN TRES ACTOS,
ORIGINAL DE
HONORIO MAURA
Estrenada en el teatro Fontalba, de Madrid, el día 28 de di
ciembre de 1924.
TALLERES GRAFICOS PIÑERA
MOR AT I N,
68
MADRID
REPARTO
PERSON AJ ES
ACTORES
GABRIELA........................................... Sita.Tapias.
MARIA ROSA................................... ' Sra. Peñaranda.
MARISOL............................................... Srta.B. Jiménez.
MARGOT............................................... Sra.Illesca.
Pérez.
ZENAIDA..........................................
MERCEDES....................................... Srta. Quilis.
C. de Albornoz.
ANGUSTIAS......................................
Nati del Valle.
CASILDA...........................................
ALBERTO............................................... Sr.Peña.
Romea.
SANDOVAL.......................................
Orduña.
MARZALES.......................................
Alan.
MINISTRO GOBERNACION
Barraj ón.
JESUS.....................................
Pino.
IVAN.......................................
Rodríguez.
REMINGTON.........................
Diez Cañe ja.
UJIER...................................
Pacheco.
UN CRIADO...........................
El Ministro de Gracia y Justicia del tercer acto, es el mismo
personaje de la «Zenaida» del segundo acto.
______
ACTO PRIMERO
La escena representa un salón-despacho de una casa elegante.
Todo es muy moderno; pero se ve que hay gusto. Estantes, clasifi
cadores y máquinas de escribir, alternan con almohadones, lámpa
ras caprichosas y mesas enanas, junto a cómodos butacones; ade
más de dos aparatos telefónicos corrientes, hay otro transmisor y
receptor de telefonía sin hilos con un alta voz. Todo ello más redu
cido y perfeccionado que los que hoy se estilan. En un rincón, en
una gran jaula, habrá un mono con aspecto de viejo y caduco. Un
gran calendario, en sitio bien visible, dirá en su hoja: Marzo. SO,
1945. La acción en Madrid.
ESCENA PR IM E R A
M aría , R osa y G abriela
(M aría Rosa, guapa, joven, escribe a máquina. En
tra G abriela ; veintisiete años; elegante. Entra fu
G ab .
R osa .
G ab .
Rosa .
Ga b .
Rosa.
mando.)
Buenas tardes...
(Incorporándose un poco.) Buenas tardes...
¿A lgo nuevo?
Oficial, nada.
¿Y privado?
Poca cosa. Una carta de Memé aludiendo vaga
G ab .
R osa .
G ab .
mente a ...
¿A qué?
¿A qué quiere usted que sea?
¿Al matrimonio?... ¡Qué gracioso!... Ese se ha
tí
R osa
Gtab.
Rosa .
G a B.
Rosa.
Voz.
GrAB.
V oz.
-
creído que porque hemos flirteado unos días...
¡Claro! Los hombres no piensan más que en casar
se... Pues si tuviera que casarme con todos los
que me gustan un poco..., estaba divertida.
¿Qué se contesta?
Una carta muy seca... Que siento que nos haya
mos equivocado mutuamente. ¡Yo le creía listo!
¡Pero qué célebre! ¡¡Casarnos!! ¡Que se fije bien
que estamos en-1945. (María Rosa toma notas ta
quigráficamente.) Y, sobre todo, que ya estoy harta
de él... Total, porque tiene un hoyuelo bastante
gracioso cuando se ríe. (Cambiando de tono.) ¿Han
dado ya el parte de las cuatro?
No; todavía no.
Pues son ya las cuatro y diez.
No tardará. ( En este momento se enciende el sin hi
los y se oye una voz, que dice:)
'(Del sin hilos.) ¡Atención! (Gabriela se sienta a
escuchar.) 30 de Marzo de 1945. Madrileña de te
ledifusión. Parte de las cuatro. Su Majestad ha
firmado hoy el decreto poniendo en vigor, a par
tir del primero de Abril, la nueva forma de ma
trimonios temporales a prueba, señalado triunfo
del partido feminista.
¡Y tanto!
El general W eyler ha llegado de Baleares en el
avión correo mixto de las siete. Hay gran anima
ción para la próxima lucha electoral. Se da por
descontado el triunfo del partido feminista inte
gral. A partir del día cinco de abril próximo, el
precio de tasa del kilo de pan será rebajado a ca
torce pesetas con setenta y cinco céntimos. El Go
bierno espera poder anunciar en breve una nueva
rebaja. (Con voz más fuerte.) ¡¡Para el dolor de ca
beza, Calmil!!
_
—
Gab.
Voz.
Rosa.
Gab.
Rosa.
Gab.
Rosa.
Gab.
Rosa.
►
Gab.
f)
—
Bueno, basta; anuncios, no... Corta. (María Rosa
se levanta.)
Los mejores calzados... (María Rosa apaga.)
¿Qué se contesta a la presidenta del Círculo femi
nista de Chamberí?
Una carta muy amable... Allí hay muchos votos...
E scribe... (María Rosa toma notas.) Mi distingui
da amiga: Agradezco vivamente su felicitación
con motivo de haber sido elegida D irectora del
partido feminista integral, desde cuyo honorísimo
cargo, procuraré seguir siendo merecedora de la
confianza de las que me eligieron. Acepto gustosa
el honor de dar una conferencia en ese Círculo el
sábado, nueve, disertando sobre el tema «Postura
que debe adoptar la mujer española en relación
con la nueva ley matrimonial...» (Suena un teléfo.
no de los corrientes.) ¿Quieres ver quién es?
(Al aparato.) Sí... Diga... Sí... ¿De parte de quién?
un momento... (Tapando el aparato.) De parte del
señor Marzales, el notario.
¿Marzales?... ¿El notario?... Si no le conozco...
¿Estás segura de que pregunta por mí?
Sí, sí, por usted.
Que te diga qué quiere.
¿Podría usted decirme de qué se trata? Soy su
secretaria... Ah, sí... Bueno... Un momento. (Ta
pando el aparato.) Dice que es un asunto personalísimo.
(Cogiendo el aparato ) Trae. ¿Quién?... Sí... Al apa
rato... Usted dirá... (Escucha un momento con cara
de asombro.) Sí..., sí... ¿Qué?... ¿Cómo?... A mí...
Pero ¿está usted seguro?... ¿No habrá error?...
Sí, sí, la misma: Gabriela del Solar... Pues cuando
usted quiera. Si a usted le conviene, ahora mis-
\\
—
R osa .
Gab.
R osa .
G ab.
Rosa .
G ab .
Rosa .
G-ab .
R osa .
G ab .
R osa .
Gab.
Rosa .
G ab .
Rosa .
Ga b .
R osa .
Ga b .
R osa .
10
m o... Aquí le espero. (Cuelga.) La vida tiene com
plicaciones realmente insospechadas. (Paseapensa
tiva por el cuarto.) Dime, María Rosa.
¿Habla usted a la secretaria?
Sí.
(Grave.) Bien: diga usted.
¿Cuánto me supone de pérdida la quiebra que me
han anunciado esta mañana de la Estañífera Boli
viana?
Cerca de un millón de pesetas.
¿Y la suspensión de pagos de los Petróleos Santanderinos?
Pasados por cero en el balance..., ochocientas cin
cuenta mil.
¿Has rectificado ya el inventario?...
Está hecho... Ya sabe usted que mi regla es poder
presentar balances de media en media hora...
¿De qué capital dispongo en este momento?'
(Va a un clasificador, lo abre, Saca una hoja de la
balance, la lee. y dice:) Ocho millones cuatrocientas
veintisiete mil quinientas treinta y dos pesetas
con...
Basta: te regalo los céntimos. Ahora hablo a la
amiga.
(Cambiando completamente de aspecto y tomando el
de una persona que trata con otra igual y en confian
za.) Tú dirás.
¿Sabes lo que me acaba de anunciar por teléfono
ese señor Marzales?
No lo sospecho; pero de fijo será alguna mala no
ticia .
Te equivocas. Ese señor me anuncia dinero.
¿Dinero?
Sí. Una herencia.
¿Importante?
-
I.
Gab .
Rosa.
G ab.
Rosa.
G ab .
Rosa.
Gab .
Rosa.
G ab .
Rosa.
Gab .
Rosa.
Gab .
Rosa.
G ab .
Rosa.
G ab .
Rosa.
Gab .
Rosa.
G ab .
Rosa.
G ab .
Rosa.
.
.
11 -
--- •'
1
-
Unos cinco millones de pesetas.
¿Y a quién heredas?
A un pariente lejano. A un don Augusto Marti
llea y del Solar... Del que no sabía que hubiera
existido. Pero creo que hay condiciones previas.
¿Y son?
A decírmelas viene... En mi caso, tú aceptarías...
Según. Dices que hay condiciones previas.
Por lo visto.
Primero hay que saber qué condiciones son esas.
Quizá esté en ellas la respuesta a lo que preguntas.
Tienes razón. Esperemos. [Se para delante de la jau
la del mono.)
¡Ah! Se me olvidaba decirte que se ha recibido
un anónimo...
Ya conoces mis órdenes. Al cesto.
Allí van todos. Pero este...
¿Este qué?
YTo creo que merece la pena de ser tenido en
cuenta.
¿Qué es lo que dice?
(Leyendo.) «La Directora del Partido Feminista
Integral, debe tener más cuidado con su conducta
privada que el que tenía Gabriela del Solar».
¿Nada más?
Nada menos.
Bueno, ¿y qué?
El anónimo tiene razón.
¿Tú crees...?
Yo creo.
(Pensativa.) Sí...: tal vez... ¿Cuántos flirts llevo
desde primero de enero?
(Poniéndose de pie instantáneamente y volviendo a
ser la secretaria.) Un momento... Memé hace el
número 16 de los de este año.
-
G a B.
R osa.
GrAB.
Rosa.
GrAB.
R osa.
GrAB.
R osa.
GrAB.
R osa.
GrAB.
Rosa.
GrAB.
R osa.
GrAB.
R osa.
GrAB.
12 -
¡Diez y seis!... ¿Y cuánto me ha durado el que más?
(Examinando el papel.) No debo ocultarle a usted.
De tú, de tú. Ahora habla la amiga.
Pero responde la contable. No debo ocultarle a
usted que el promedio de la duración de cada
flirt, va descendiendo de una manera alarmante.
El record de este año, lo bate Ciñera!, el norte
americano.
¡Cineral! Es verdad. Tenía unos dientes preciosos.
¿Cuánto duró?
Siete días y nueve noches.
Siete dias y nueve noches... ¡Desconsolador!...
Guarda, guarda eso, María Rosa. (María Rosa obe
dece.) ¿Sabes lo que me pasa? La ciudadana está
satisfecha: pero la mujer, no.
¿Por qué?
Porque necesito querer.
Pues quiere; pero no mariposees. Eso no es serio.
Y, sobre todo, es impropio de quien, como tú di
rige un Partido como el nuestro.
Ya lo sé. '
Pues entonces, ¿por qué no te corriges?
Porque no puedo.
Para un jefe de partido no debe haber imposibles.
Pues para mí los hay. ¿Qué quieres? Todos los
hombres me interesan. Cada uno en su estilo.
A todos les encuentro algún atractivo. A Memé
el hoyuelo; a Cineral, los dientes... ¡Es una fata
lidad!
Pues decídete por alguien de una vez.
Eso es lo grave. Cuando me acerco a su vida, nin
guno me gusta lo bastante. Para eso me haría
falta algo original, algo inédito... Un hombre que
no fuera como los demás; que no conociera el
amor, que no llegara a mí deformado por otras
IB
Rosa.
Gab.
Rosa.
Gab.
Rosa.
Gab.
R osa.
Gab.
Rosa.
Gab .
pasiones. Un hombre fuerte, sano, inteligente,
puro.
Un hombre que hubiera tenido la habilidad de pre
sentirte y la abnegación de mantenerse intacto,
esperando tu llegada. Algo así como el Everest
del sexo feo. ¿No es eso?
Algo así.
Eso es un imposible.
Por eso tardo tanto en encontrarlo.
Pero yo creo que ante todo están el Partido y
nuestros ideales.
De sobra lo sé. Pero si vieras qué poco pesa todo
eso, ante unos ojos expresivos o una boca que
sabe sonreir...
¡Gabriela!...
Contigo tengo confianza... Y además, después de
todo, ¿qué? No parece sin,o que los jefes de ios
partidos masculinos no tienen también sus debi
lidades.
Precisamente nosotras tenemos que dar ejemplo.
Descuida. Lo procuraré... en la medida de mis
fuerzas. Pero te advierto...
ESCENA II
Dichos y Marisol
Mari.
Gab.
Mari.
Gab .
(Entra en tromba Marisol. Una muchacha monísi
ma de unos veintitrés años.)
¡Gabriela! ¡¡Gabriela!!
(Levantándose.) ¡Ay, Marisol!... ¡Hija, qué susto!...
¿Qué te ocurre?
Vengo a pedirte un favor urgente. ¿Puedo hablar
contigo dos minutos?
¿Pues no has de poder? (Hace una seña y María
M a r i.
G ab.
Ma r i.
GAB.
M a r i.
GtAB.
M a r i.
GtAB.
Ma r i.
GtAB.
M ari .
GrAB.
M a r i.
GrAB.
M ar i .
GtAB.
Ma r i.
G ab .
R osa se levanta y sale por la derecha. ) Tú dirás.
i Muy agitada.) Sabes..., se trata de José Antonio.
¿De José Antonio?
¡Ay, es verdad, qué tonta; tú no estás enterada!
¡Es mi pasión! ¡Un muchacho guapísimo: alto, ru
bio, con unos ojos azules color Mediterráneo...
¡Si vieras!
Bueno, ¿y qué?
Que esto}r loca por él. Le conocí anteayer. Nos
gustamos,'nos comprendimos... Resulta que esta
mos hechos el uno para el otro. El es casado,
¿sabes?
¡Qué lástima!
Al contrario, tonta. Más divertido. Su mujer es
una calamidad.
¿Ah, sí?... ¿Le engaña?
No: al revés: es demasiado formal, demasiado ca
sera, muy aburrida, muy mil novecientos veinte.
¡Por Dios! Mil novecientos, veinte. ¡Qué horror! ..
Figúrate... El me adora: me lo acaba de decir por
el sinhilos, y hemos resuelto hacer un viaje juntos,
mejor dicho, lo he resuelto yo, porque él no se
atrevía; es algo tímido.
¿También mil novecientos veinte?
No, no tanto; pero un poco a la antigua. Figúrate
que al principio, no quería aceptar que fuera yo
la que convidase...
■¡Qué rancio!...
No, pero ya le he convencido, y por eso he veni
do a verte.
¿Me necesitas?
Sí, Gaby. Sigo de malas. Esta aventura me coge
sin dos pesetas... Anoche perdí treinta mil en el
Fémina. Además...
(ilevantándose.) ¿Cuánto quieres?
15
Mari.
Gab .
Mari.
G ab.
Mari.
G ab.
Mari.
Gab .
Mari.
Gab .
Mari.
Gab.
Mari.
G ab.
Psché... No sé. Cincuenta mil... Y, sobre todo,
qué me prestes tu monoplano Limoén; el mío está
hecho cisco. No para. Y como pienso que haga
mos una excursión importante...
¿A dónde vais?
Venecia, primero... Egipto, Calcuta, y luego no sé.
Acaso California.
Espera. (Coge un teléfono.) María Rosa, trae un
cheque de cien mil pesetas.
No, mujer, cincuenta.
(A Marisol.) En el plan en que vas, con cincuen
ta no tenéis ni para ir a Pozuelo, -,(Al teléfono.) Y
dile a Iván que se prepare para un viaje largo con
el biplano Rolls. No-..;.No es para mu.. Anda, en
seguida.
¿De veras me prestas tu Rolls?... (Abrazándola y
tesándola.) ¡Encanto, sol,, vida!... ¡Y además cien
mil pesetas! No sé cómo podré pagarte.
(Sonriendo.) Con un giro desde Calcuta, si es que
ganas.
v,-- • .• ;
: No, Gab}': ya sabes loque quiero decirte. Amigas
como til van quedando pocas...- ¡Ay* si vieras qué
guapo es...; y de ingenuo! Yo creo que ésta es su
primera aventura.
->■
Oye, ¿y tus padres?...
¡Bah! Mis padres ya están acostumbrados. Con
unas chucherías que les traiga y un poco de coba,
aquí no ha pasado nada: Además, dentro de quin
ce días se me ha pasado; me conozco. (Entra M a
ría Rosa con un cheque en la mano.)
(Dándoselo a Marisol después de firmarlo.) Toma.
Gracias, pichona... Ya sabes, si no te lo envío
antós, dentro de quince días...
No me corre prisa. Entre nosotras... (A María
Rosa.) Dile a Iván de mi parte que se ponga a las
-
M ari .
16 -
órdenes de la señorita, por el tiempo que le nece
site. (Marisol la abraza para despedirse.) Que te
diviertas... Y no te vayas a colár demasiado.
Descuida. Me parece que no ha nacido el que me
pesque a mi. Y eso que ese tiene unos ojos... La
Costa Azul dentro de unas órbitas... Vaya...
Adiós, solín. (Besos, abrazos y sale como entró, por
la derecha. M aría R osa la sigue.)
ESCENA III
G abriela sola; luego, Criado
GAB.
Cria .
GtAB.
Cri a .
GtAB.
¡La Costa Azul dentro de unas órbitas! ¡Qué loca
y qué envidia me da! Tener una ilusión por algo,
por alguien, aunque sólo sea por quince días. A
mí que la que más no me dura arriba de siete.
¡Qué envidia!
Señorita...
r;Qué hay?
(Con una bandeja en la mano.) Este señor que de
sea ver a la señorita.
(Después de leer la tarjeta.) ¡Ah... Marzales!.. Que
pase y que no nos moleste nadie.
ESCENA IV
G abriela y M arzales
(Entra M arzales por la izquierda. Es el tipo del
hombre moderno. Afeitado, correcto, elegantísimo,
guapo, buena facha. Habla más como un hombre de
mundo y sport que como un notario. Al verlo entrar
Gabriela no puede reprimir un gesto de asombro.)
G ab .
M arz.
¿Pero cómo..? ¿Es usted Marzales?
(Inclinándose,) El mismo, señorita.
G ab .
Marz.
G ab.
Marz.
Gab .
Marz.
G ab .
Marz.
G ab .
Marz.
G ab .
M arz.
G ab .
Marz.
Gab .
Marz.
G ab .
Marz.
G ab .
Marz.
Pero... ¿Marzales... el notario?
( Un poco extrañado del asombro de Gabriela, pero
sin turbarse.) M arzales... el notario. Usted creía,
sin duda...
La verdad, yo me lo imaginaba a usted con bigo
te y barba... con gafas, con la corbata mal puesta,
con un chaquet, pasado de moda... y con. .. (Se
para como quien va a decir una impertinencia.)
¿Y con...? Diga usted... diga usted...
(Muerta de risa.) No... nada... con nada.
Sí; sea usted franca. Y con ese poquito de motitas
blancas en el cuello de la americana que es cos
tum bre llevar entre los notarios que se respetan...
v parece ir diciendo: Cepilladme. ¿No es eso?
(Riendo más.) Sí... eso era.
Pues }Ta ve usted que no soy como se había ima
ginado. Y puede que se alegre usted de ello, pero
la aseguro que mucho más que usted me alegro
y°-
Lo comprendo. Es usted desusadamente guapo
para notario.
Gracias.
De nada. Siéntese u sted .
(Sentándose.) Cuatro palabras. Doña G abriela del
Solar y de la Unquera, ¿no es eso?
Exactamente.
¿Veinticinco años?
Veinticinco años.
¿Huérfana de padre y madre?
Desde los diez años.
¿Partidaria de la emancipación de la mujer?
No; de la igualdad con el hombre ante la ley y la
costumbre, que no es lo mismo. Pero...
Comprendo. Esta pregunta no era reglamentaria.
-
16 —
No la hace el notario. La hace José Antonio Mar
zales.
M arz.
¿Ha dicho usted José Antonio..?
He dicho José Antonio. ¿Tampoco imaginaba us
ted ese nombre sobre un notario?
G ab.
(Mirándole con detenimiento.) Siga...
M ar z ,
(Sacando unos documentos de una cartera.) Señorita,
tengo el gusto y la obligación de comunicarle que
hav una cláusula en el testamento de don Augus
to Martínez y del Solar, tío segundo suyo, en
virtud de la cual y cumpliendo determinados
requisitos, puede usted entrar en posesión de
cierta parte de la herencia de dicho señor, par
te que importa la cantidad de cinco millones de
pesetas.
G ab.
¿Y esos requisitos... son?
M arz
V oy a leerla a usted la cláusula. Dice así: «Si cual
quiera de mis parientes hasta el quinto grado, lo
gra representar el distrito de Santa María de las
Nieves, al que yo he dedicado toda mi atención y
la influencia política de que he dispuesto, entrará
en posesión del legado de cinco millones de pese
tas que reservo a este fln. Si esta condición no fue
ra cumplida por ninguno de mis parientes, antes
de los diez años siguientes al de mi fallecimiento,
los intereses que produzca el capital de este lega
do, servirán para constituir veinte dotes anuales
para veinte muchachas de las más necesitadas
del distrito de Santa María de las Nieves». Aquí
siguen unas cláusulas referentes a la manera de
ejecutar su voluntad en este caso, y que por lo
tanto no son de interés para' usted.
G ab.
De manera que si he comprendido bien, para de
jar sin dote a veinte muchachas por año en Santa
GtAB.
Marz.
G ab.
M arz.
G ab .
Marz.
G ab .
M arz.
G ab.
Marz.
Gab .
M arz.
Gab .
M arz.
G ab.
Marz.
G ab.
Marz.
G ab.
Marz.
Gab .
María de las Nieves, basta con que yo sea diputa
da por el distrito.
Es decir, usted, o...
¡Ah!... ¿Hay más herederos?
Hay dos. Uno de ellos se llama Alfonso Sandoval
y Martínez del Solar.
¿Joven?
Entre los treinta y los cuarenta. Confidencial
mente le diré que es lo que llaman por ahí una
bala perdida.
Entonces, es simpático.
¡Ah, eso sí! ¡Simpatiquísimo!
¿Y ha aceptado?
Decir que ha aceptado, sería pálido. Me ha abra
zado, me ha besado..., me ha hecho abrazar y be
sar a su amiguita, que por cierto es muy guapa.
¿Sabe que yo existo?
Se lo he dicho, cumpliendo con mi deber.
¿Y el otro?
El otro es más problemático. Se trata de don Al
berto García del Solar, que marchó hace ya mu
chos años a América, y según noticias, vive en
Nueva A7ork. Allí se le ha enviado notificación de
la cláusula hace ya varias semanas; pero nada sa
bemos de él. (Haciendo ademán de levantarse.) Y
una vez cumplida la misión que me traía...
¿Tiene usted mucha prisa?
(Mil ando al reloj.) Bastante, señorita. ,
Los clientes, sin duda.
En efecto, los clientes.
i Acercándose a él zalamera.) Diga usted, Marzales,
¿ro le ha dicho a usted nunca nadie que tiene
usted unos ojos color Mediterráneo?...
Benevolencia suya. Lago de Ginebra, y gracias.
Haga usted el favor de darme su mano. (Marzales
—
M arz .
20
le da la derecha.) No, no, la izquierda. Por mucha
prisa que tenga usted, me podrá dedicar diez mi
nutos para que lea en ella su destino.
Si a usted la divierte... Pero yo creo que las ma
nos sirven más (pie para leer en ellas el destino:
para escribirlo. Es más útil. Además, casi nunca
se acierta.
Gab.
Si embargo... A veces... (Mirando la mano con de
tenimiento.) ¿A ver?... ¿A ver? Va usted a hacer
pronto, muy pronto, un viaje. ¿Es cierto?
M arz .
Tal vez. ¿Lee usted eso en mi mano?
Venecia, Egipto, Calcuta... Probablemente, Ca
lifornia.
G ab .
M arz .
G ab .
¡¡MaxavillosoÜ ¿Es usted maga?
¡Algo! ¡Ah!... Aquí veo una señal infalible. No va
usted solo.
M arz .
G ab .
M arz .
¿No?
No. Una mujer le acompaña. Pero no es la suya.
¿Cómo? ¿No es la mía?
No. Es soltera, bajita, monísima... Qué suerte tie
ne usted, Marzales... ¿A ver? Sí, aquí leo su nom
bre.
G ab .
M arz .
Gab.
M arz .
Gab.
M arz.
Eso no es posible.
Se llama... Marisol.
Gabriela, me está usted asustando.
¿A que tiene usted ya menos prisa?
Mucha menos. Siga, siga usted. Fíjese usted bien
en las rayas, a ver si lee que no hace nn cuarto
de hora, y por una antesala china sumida en la
penumbra, en la que estaba esperando José Anto
nio Marzales a que le recibiera Gabriela de Solar,
salía Marisol encantada, porque en vez del «Limoen», le prestaba usted 6l «Rolls», tan encanta
da, que no se ha fijado en mí.
-
G-ab .
M arz.
G ab .
Marz.
G ab .
Marz.
Gab .
M arz.
G ab.
M arz.
Gab .
Marz.
G ab .
Marz.
G ab .
Marz.
G ab .
Marz.
G ab .
21
-
(Soltando la mano con rabia.) ¿Por qué me ha de
jado usted hablar?
<
Puesto que la divertía...
¿De modo que es usted el que lleva la Costa Azul
dentro de las órbitas? ¡Qué casualidad!
¿V erdad?...
¿Y no tiene ucted remordimientos de dejar a su
mujer?
Si de veras supiera usted leer las líneas de la
mano, habría podido comprobar que soy soltero.
Adornitos, ¿eh?
Qué le vamos a hacer. Es una pequeña ventajilla.
Los casados tienen más éxito.
(Como pensativa.) ¿De modo que se va usted?
Si usted no dispone otra cosa... Dentro de una
hora...
¿Y... deja usted sus asuntos abandonados?
Nada de eso, señorita. Soy hombre ordenado.
Tengo cinco empleados, de toda confianza, y un
compañero, que es como si fuera yo mismo. Ade
más, con el sinhilos... Me tomo quince días de va
caciones, sentim entales quizá: pero vacaciones, al
fin y al cabo.
Quince días, ¿eh? ¿Y si resultara que el corazón
de M arisol?...
¿El corazón? Pero ¿cree usted en $erio que hay
todavía quien utiliza esa viscera?
¿Quién sabe?
(Se acerca, como si quisiera decir algo; pero luego se
contiene.) ¿Desea usted algo más, Gabriela?
No, nada. Que lo pasen ustedes bien. Que lo pa
sen ustedes «muy bien».
Si alguna vez necesita de mis servicios profesio
nales... (Le da una tarjeta.)
Muchas gracias. Lo tendré en cuenta.
—
M arz.
G ab.
M arz .
G ub.
M arz.
22 -
Señorita... A los pies de usted.
Buen viaje, Marzales.
(Volviendo casi desde la puerta.) ¡Ah, se me olvida
ba!... Marisol ha venido a pedirle a usted...
Eso es cosa de ella y mía...
Usted perdone. Es otra pequeña ventajilla. La he
hecho creer que me dejaba convidar... La hacía
ilusión... Pero ya comprenderá usted que no soy
capaz... ¿Cuánto?
Gub.
¿A usted qúé le importa?
Marz.
Muchísimo. Diga usted, ¿cuánto? Cincuenta mil?
G ub .
¿Cincuenta mil pesetas para quince días? No, se
ñor Marzales. Marisol sabe vivir. Me ha pedido
cien mil...
M arz .
(Sacando un talonario de cheques.) Cien mil pesetas
para dos semanas. En efecto, Marisol sabe vivir.
(Escribe un cheque firma y se lo da a Gabriela que no
lo quiere tomar.)
G ab.
¿Pero qué hace usted? De ninguna manera... Us
ted a mí no me debe nada.
M arz.
Está bien. Dentro de unos días fingiré que gana
mos en alguna ruleta de Asia o de América, y se
!o enviaré a usted por giro telegráfico y tendrá
usted que aceptarlo. José Antonio Marzales es un
hombre moderno..., pero no tanto, Gabriela, no
tanto...
Gab.
Peor para usted. Es tan cómodo ser moderno...
Cómodo, sí; pero menos digno. ¿No le parece?
Sobre eso habría mucho que hablar. Pero..., vá
yase usted, que le están esperando.
M arz.
G ab.
M arz .
Gab.
Tiene usted razón. Adiós, Gabriela.
Hasta la
I.ES.)
vista, José Antonio.
(Sale
M akza -
-
23
—
ESCENA Y
G briela , y luego M aría Rosa elvÁN
(Apenas ha salido M arzales, Gabriela corre a un
teléfono y llama.)
Gab.
¡María Rosa! ¿Se ha marchado ya Iván? ¿Todavía
no? Pues que suba en seguida. Tengo que darle
instrucciones. Y tú, ven ahora mismo. (Cuelga el
teléfono y pasea por el cuarto entre nerviosa y conten
ta; separa ante Voronoff. Entra M aría R osa en plan
de secretaria,J
R osa .
Ga b .
¿Desea usted?
Contabilidad: Los cinco millones de la herencia a
ingresos probables. Hay condiciones, pero las po
dré cumplir. Ya te explicaré. En el diario del
«Flirt» abre una cuenta corriente a nombre de
José Antonio Marzales, y abónale, valor hoy, unos
ojos color Mediterráneo, realmente únicos. (María
Rosa va al clasificador, saca una hoja de balances y
empieza a escribir. Mientras, Gabriela fuma sentada
en una butaca.) ¿Está? Debítale un viaje con una
amiga mía, en un biplano mío. (M aría Rosa es
cribe.)
R osa.
G ab .
R osa.
G ab .
R osa .
G ab .
R osa.
¿Algo más?
No. Oyeme. ¿Le has visto?
Le he visto.
¿Guapo, no?
Guapísimo.
Y original además. No admite que una mujer le
convide. (Se levanta, coge de los brazos a María
Rosa , y la sacude con fuerza.) María Rosa... ¡Mira
que si fuera esto por fin el amor!
¿Tantas veces has dicho lo mismo? ( Entra IvÁN,
-
24
-
el mecánico aviador de Gabriela. Es guapo, de buena
facha, alto, distinguida.)
I van .
G ab .
I vá n .
G ab .
Ivan.
Ga b .
A la orden, señorita.
Vas a llevar de viaje una pareja joven.
Comprendido, señorita, ¿viaje de novios?
No. Pero para el caso como si lo fuera.
Aventura. Bien.
Déjame hablar y escucha. Consigna: Diariamente,
y si es posible dos o más veces al día, me darás
cuenta por el sin hilos, de todo lo que puedas
observar, empleo del tiempo, conversaciones, pa
labras, gestos...
Ivan.
Ga b .
I van .
Gab.
¿Gestos también?
Tan: bién.
¿De todos?
De todos. Corrección exquisita. Nada de volver la
cabeza cuando vas guiando. Para eso tienes un espejito al lado de las comandas. El resultado es el
mismo y no les cohibes. ¿Comprendido?
I vá n .
G ab .
Comprendido.
Cuando yo te diga por el sin hilos: ¡basta!, me los
traes a Madrid, cueste lo que cueste. ¿Te enteras?
I va n .
G ab .
Enterado. ¿Nada más, señorita?
Nada más. Ah, sí. Ten cuidado con los baches de
aire caliente. Aa sabes que el Rolls tanguea mu
cho. Vete. ¿Te esperan?
I v an .
Me han citado en el aeropuerto de Chamartín. Sa
limos dentro de media hora para Venecia.
Está bien. Puedes marcharte. No te olvides de
mis encargos.
Ga b .
Ivan.
Rosa .
Descuide, señorita. A la orden, señorita. (Sale. En
este momento suena un teléfono. María Rosa va a él,
escucha y dice:)
En el boudoir está esperando la Irven que acaba
-
G ab .
25 -
de llegar de París en el sudavión, con todos los
trajes. Pregunta si va usted.
(Levantándose.) Voy. Ocúpate tú de poner en or
den las notas para la conferencia del sábado. (Sale
bailando.)
ESCENA V I
M aría R osa, y luego Criado y Sandoval
(María Rosa se pone a trabajar. Se abre una puerta
y aparece el Criado seguido de Sandoval . Este es
un hombre de unos treinta y cinco años, buena facha,
aspecto simpático, elegante.)
Cr i .
San .
Pase el señor y espere. La señorita viene en se
guida...
(Que no ha visto aún a María Rosa.) Por mí no se
dé prisa. Yo no la tengo jamás. (Sale el Criado .
Sandoval se pone a silbar bajito. De pronto ve a M a
ría Rosa.) Usted perdone,
señorita. Creí que es
taba solo...
Rosa .
(Haee un gesto que quiere decir: no tiene importancia,
sonríe y sigue trabajando.)
S an .
(Acercándose.)
¿Es
usted
la secretaria de mi
prima?...
Rosa .
San .
Rosa .
San .
Rosa .
San .
(Extrañadal al oir « mi prim a».) Sí, señor.
Gabriela debe ser una mujer preciosa.
¿En qué lo ha conocido usted?
Deducción, señorita, pura deducción. Ninguna
mujer tolera a su lado otra (pie valga más. Luego,
si usted es así... ¡¡cómo será ella:!
Muchas gracias por la parte que me toca... No se
ha equivocado usted. Su prima es una mujer
única...
Vaya, me alegro. ¿Quiere usted creer que hasta
R osa.
S an .
R osa .
San .
R osa.
S an .
R osa .
San .
R osa,
S an .
R osa .
San .
R osa .
San .
R osa .
Sa n .
hoy por la mañana no sabía que éramos parien
tes? Cuidado que yo había oído hablar de Gabrie
la del Solar. Pero como si oyera llover... Es cier
to que yo me llamo Martínez del Solar, de segun
do apellido... Pero hay tantos Solares en Madrid...
(María Rosa tíe.) Y no vea usted en esta frase un
retruécano, que detesto...
(Seria otra vez.) Usted perdone...
Creo que es feminista...
Dice usted feminista, de una manera...
Es que no sé a punto fijo lo que es eso...
¿Cuál?
Lo de ser feminista... Usted, que es su secretaria,
debe saberlo...
¿De veras que no está usted enterado de lo que
es el feminismo en mil novecientos cuarenta y
cinco?...
De veras. No he tenido tiempo de leer ni de es
tudiar... La vida no me lo ha permitido...
¿Tiene usted mucho trabajo?
Mucho, señorita. A los quince años me llamó mi
padre a su lecho de muerte, y con la voz entre
cortada por los sollozos, me dijo: Alfonso...
¿Se llama usted Alfonso?
No puedo ocultárselo...
Bonito nombre. Que se lo siga usted llamando
muchos años...
Ojalá... Pues me dijo: Alfonso, te dejo una fortu
na hecha a fuerza de trabajo y de honradez... A
ver cómo te la gastas... Y expiró.
¡Pobre señor!
Y aquí me tiene usted desde hace veinte años,
procurando cumplir la última voluntad del autor
de mis días. Eran diez millones de pesetas, y no
crea usted que es poco trabajo gastarse diez mi-
Rosa.
San.
Rosa.
San .
Rosa.
San .
Rosa.
San.
Rosa.
San.
R osa.
llones en veinte años. Pero, en fin, parece que lo
voy consiguiendo... Al menos, eso dicen mis ad
ministradores, a quienes mi padre bendecirá des
de allá arriba, porque me han ayudado bastante...
Tiene usted muy buen humor...
Es lo único que ha aumentado en mi casa desde
que me quedé huérfano. ¿Y sabe usted por qué
estoy siempre alegre? Porque en el fondo soy muy
creyente y no puedo olvidar aquella frase de los
pajarillos...
¿De los pajarillos?
Sí, por Dios, señorita, aquello de: «¿Acaso le fal
tará nunca el sustento al pajarillo que pía en la
enramada?»
No es precisamente así...
Pero parecido... Lo cierto es que desde que la leí
no he podido olvidarla, y por las mañanas no rezo
más que esta sencilla oración: «Dios mío, no te
vayas a olvidar de este modesto gorrioncete el día
que vengan mal dadas»...
No está mal. ¿Y^ Dios le ha escuchado?
Tengo prueba.
¿Ah, sí?
Sí. Precisamente hoy... (Enfoa G abriela.)
(Poniéndose de pie.) La patrona. . (María Rosa
saluda y sale.)
ESCENA VTI
Gabriela y Sandoval
Gab .
San.
¿Mi pariente? (Dándole la mano.)
El mismo... Alfonso Sandoval y Martínez del
Solar... (Le besa la mano.) Arrepentidísimo de no
haberte conocido antes.
GAB.
S an.
Gab .
S an .
G ab .
S an .
Gab .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
S an .
Gab .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
Muy amable. Siéntate...
(Sentándose.) Muchas gracias... Oye... Muy apre
ciable tu secretaria. Tienes muy buen gusto. Se
ve que eres de la familia...
(Riendo.) ¿Ah, sí?...
Te lo aseguro...
¿Y a qué debo esta agradable sorpresa?
¿No ha venido por aquí un notario injerto en
Apolo... Un depositario de ]a fe pública con unos
ojos de un color azul marino que le envidiaría el
propio Mediterráneo?
Ha venido.
Pues entonces, ya sabes...
¿Qué?
¿pomo que qué?
Sé que tenemos derecho, mejor dicho, que ten
dremos derecho a una parte de la herencia de un
tal don Augusto Martínez y del Solar, a quien no
conocía ni de oídas..
Tampoco yo le conocía. Esos son los parientes
ideales.
Muchas gracias.
No lo digo por ti. Pero no me negarás que es muy
agradable tener .un pariente que no te moleste en
vida, que si se pone enfermo no tienes que ir du
rante quince días a preguntar cómo sigue, y que,
cuando se muere, te deja...
¿Así que tú has aceptado?
¡¡Figúrate!!
¿No te dan lástima esas veinte muchachas de San
ta María de las Nieves?
Ninguna. Si se casan sin dote, se casarán por
amor, y eso salen ganando. Además, como le de
cía hace un rato a tu secretaria...
María Rosa...
- 29 —
S a n .
P u e s co m o le d e c ía a M a ría R o sa : d e u u m o m e n to
a o tro h a b ré liq u id a d o la fo r tu n a q u e m e d e jó m i
p a d r e ...
G
a b .
¿E ra gran d e ?
Sa n .
D ie z m illo n c e jo s .
G a b .
C a ra m b a , p r im o .
S a n .
A s í , (p ie n o q u ie r o o c u lt a r t e q u e , cre3Te n te f e r v o
r o s o co m o y o s o y , e s p e r a b a d e u n m o m e n to a o tro
u n a u x i li o e n m e tá lic o d e la P r o v id e n c ia , c u a n d o
s e p r e s e n tó e s ta m a ñ a n a e l b u e n o d e M a rz a le s . M e
e x p l i c ó la s itu a c ió n ; tú , m u je r y ric a ; el o tr o , <-n
N u e v a Y o r k , o s a b e D !o s d ó n d e . E v id e n t e m e n t e ,
e s a h e r e n c ia la t e n ía D io s d e s t in a d a
p a ra el
po-
b r e c ito A lfo n s o .
G tA B .
S a n .
¿ T ú c r e e s ? ...
¿ P u e d e s d u d a r lo , G a b r ie la ? A l g o d u r illo v a a s e r
E le c c io n e s ... M a la s c o m id a s ... A p r o p ó s ito ... ¿ S a n
ta M a ría d e la s N ie v e s , h a c ia d ó n d e cae?
GtA B .
S a n .
P r o v i n c i a d e S e g o v ia , p rim o .
M a l o ... E m b u tid o s ... s o s p e c h o s o s ; c a b r ito f r e c u e n
te ... Y lu e g o t e n e r q u e e s t r e c h a r d u r a n te d o s
m a n a s d e c ie n to
c in c u e n t a a d o s c ie n t a s
se
m anos
d ia r ia s ... ¡ Y q u é m a n o s! Q u é le v a m o s a h a c e r .
R e s ig n a c ió n . Y o s o y m u y c r is t ia n o .
G a b .
¿ Y yo?
S a n .
¿ C ó m o q u e y tú ?
G a b .
S í, y o , y o ... ¿N o fig u r o p a ra n a d a en esa c o m b in a
c ió n ?
Sa n .
¿ A ti q u é fa lta te h a ce ? T u e r e s ric a .
G a b .
Q u ie r o s e r lo m ás.
S a n .
G a b r ie la ... C o n la a u t o r id a d q u e m e d a n e l p a r e n
te s c o
3' el c a r iñ o
s in c e r o q u e te
h e to m a d o , m e
p e r m ito d a r te e s te c o n se jo : n o e n to r p e z c a s lo s d e
s ig n io s d e la P r o v id e n c ia .
- B O G a».
San.
Gab.
San.
G ab.
San.
G ab.
San.
G ab.
San.
G ab.
San.
G ab.
San.
Gab.
San.
G ab.
San.
G ab.
San.
G ab.
San.
Gab.
San.
G ab.
San .
G ab.
Alfonso, eres un fresco. Muy simpático; pero un
fresco.
No me juzgues tan a la ligera. Aún no sabes por
qué he venido a verte.
Si no me lo dices...
¿Qué parte de la herencia quieres que te ceda
cuando?...
No; chanchullos, no... No quiero...
¿Pues entonces, qué es lo que quieres?
Quiero luchar.
¿Por Santa María de las Nieves? ¿Cuando tienes
todos los distritos que quieres?
Por Santa María de las Nieves.
(Levantándose, muy serio.) Está bien. Lucharemos.
(Riendo.) No, hombre, no. No te enfades, que no
es para tanto. Rivales, bueno. Enemigos, no. Me
eres muy simpático. Siéntate. Tenemos que ha
blar.
(Sentándose.) Tú dirás.
¿Cuándo son las elecciones?
Creo que el mes que viene.
¿Qué programa llevas?
Conseguir los cinco millones.
No es eso. Pregunto por tus ideas políticas.
No tengo.
Pues para este caso las necesitabas.
Tienes razón. No había pensado en ello. Le pre
guntaré a Margot.
¿Quién es Margot?
(Haciendo el gesto de dar el brazo izquierdo.) Mi...
¿Ah..., tú?... (Repite el gesto de Sandoval.)
S í.
¿Guapa?
No está mal... ¿Y tú? ¿Qué programa llevas?
Yo, el mío. Feminismo.
S an .
GtAB.
San .
G ab .
San .
G ab .
San .
G ab .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
S an .
G ab.
S an.
G ab.
S an.
G ab.
San .
G ab .
S an.
Pero ¿qué más queréis? Os han dado el voto, el
derecho a ocupar cargos públicos. Podéis ser di
putadas, miuistras, alcaldesas... ¿No os basta?
No; necesitamos igualdad. Igualdad con los hom
bres.
¿En qué?
En todo.
¿Por ejemplo?
Por ejemplo. ¿Cuánto tiempo hace que vives con
Margot?
Cuatro años.
¿Tú no lo ocultas, verdad?
¿Para qué?
Tú lo has dicho: ¿para qué? En cambio, suponga
mos que tuviera yo el capricho de vivir con un
hombre que no fuera mi marido... ¿Qué pasaría?
¡Ah! ¡Qué quieres! Eso es la costumbre.
¿Y quién hace la costumbre?
No he tenido tiempo de pensar en eso.
Pues yo te lo diré. La costumbre la hace el más
fuerte, y hasta ahora el más fuerte ha sido el hom
bre.
Y vosotras queréis...
Llegar a ser en la vida, por lo menos, tan fuertes
como él, y entonces haremos las costumbres a
medias.
¿Y eso es el feminismo?
Eso.
Mira, no está del todo mal pensado. Pero oye, ¿de
veras, de veras te presentas por Santa María de
las Nieves?
De veras; pero quiero demostrarte que soy un ad
versario leal.
Ah, vamos... Piensas retirarte el día antes de la
elección.
G AB.
S an .
G ab .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
San .
G ab .
S an .
G ab .
S an .
Gab .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
San .
No, no es eso... Verás. Vamos a ir juntos al dis
trito...
¿Juntos?...
Juntos. María Rosa se encargará de hacer los
preparativos necesarios para que nos instalemos
en la misma casa. Sí, sí... en la misma casa. Allí
tendremos cada cual nuestro mayor...
Bueno, pero te advierto que yo...
Sí, hombre, sí, comprendido. Margot tiene que ir
contigo... ¿no es eso?
Eso es.
Pues irá ...
¿No te importa?
Nada. Puedes llevar a quien quieras... Lo único
que necesito es que antes de ocho días me envíes
la lista de las personas de tu séquito para procu
rarles alojamiento.
Eres demasiado amable... Me quitas una preocu
pación.
Soy adversaria leal. ¿Te comprometes tú a serlo?
Tienes mi palabra. H.e da la mano.)
Por lo tanto, haremos nuestra campaña electoral,
completamente diáfana, a la vista el uno del otro,
sin zancadillas, sin intrigas...
Conforme.
Los discursos, los «meetings», las reuniones, se
podrán celebrar sin la asistencia de los dos.
Oye: tú me harás algún discurso que otro, porque
yo, la verdad...
Te los haré si eres bueno. Por supuesto, nada de
compra de votos.
No faltaba más... darles dinero, encima...
El distrito decidirá. A quien Dios se la dé...
San Pedro se la bendiga y se la aumente... Ga-
-
GAB
S an .
GrAB.
San.
GrAB.
Sa n .
GrAB.
San .
G ab .
San .
G ab .
S an .
GrAB.
S an .
G ab
Sa n .
GrAB.
33 -
briela, eres una mujer encantadora... Así da gus
to luchar.
Gracias. Oye: ¿nos veremos estos días para ulti
mar detalles?
Cuando quieras. Avísame al ciento sesenta ocho
cientos noventa y siete Jordán, o por el sin hilos,
onda de cuarenta y siete metros.
I'Anotando.) Te avisaré. Adiós, primo; te aseguro
que he tenido una verdadera alegría...
Y yo. En el fondo, y digan lo que digan, lo único
verdad en este mundo es la familia... ‘ ¿N°s abra
zamos?
¿Por qué no? (Se abrazan.)
¿Un beso?
¿Sin segunda?
(Besándola con fuerza.) Sin segunda, pero déjame
que repita... (Le da ohos dos.)
Primo...
Perdona... Soy un afectivo.. Además, huérfano
desde los quince años... Adiós, Gabriela. Otro
beso. (La besa otra vez.)
(Separándose.) Adiós, 'Alfonso... (Le acompaña
hacia la puerta.)
¡Ah! Oye, antes que se me olvide... Procura que
la habitación que nos destinen en Santa María no
tenga vigas en el techo, porque Margot, cuando
ve vigas en el techo tiene la obsesión de contar
las... ¿comprendes?...
Comprendo. Tendréis cielo raso, descuida.
Gracias... Y por supuesto, hidroterapia, ¿eh?
Habrá hidroterapia... ¿Nada más?
(Como haciendo memoria.) No... creo que eso es
tod o... No te molestes, no te molestes...
Pues no faltaba más. Con un pariente... (Salen los
dos juntos.)
—
34 —
ESCENA FINAL
Gabriela y María Rosa
v
(Queda la escena sola unos minutos. Se encienden las
bombillas del sin hilos y se oye la voz de I van que
dice:)
I van.
Señorita... señorita... señorita... (E ntra G abriela.
Se pone delante del transmisor.)
Gab .
I van .
G ab.
Marz.
G ab.
Marz
G ab.
I van.
G ab.
I van .
G ab .
I van .
Gab.
I van.
¡Qué hay?...
El señorito que va coa la señorita Mari Sol, que
quiere hablarla...
Aquí estoy... que hable...
Gabriela: ¿quiere usted que no rne vaya?
¿Está usted loco? ¿A mí qué me importa su viaje?
Está bien. Adiós, Gabriela...
Vaya usted con Dios... (Se queda un momento pen
sativa ante el aparato. De pronto dice:) Marzales...
Marzales... ¿Me oye usted?... Marzales... Mar
zales...
Señorita... señorita...
¿Qué hay, Ivan?
En este momento salimos... Los dos señoritos...
Sí... ¿qué?...
\ran muy juntos en la berlina... Ahora se besan.
¡Y a mí qué me importa! 0\’e: y ahora, ¿qué
hacen?
Ahora.... (Se oye un silbido y los ruidos característi
cos del sin hilos cuando la onda no es la correspon
diente al aparato. Gabriela se separa pensativa del
aparato. Entra M aría Rosa.)
G ab.
Siéntate. Escribe. Contabilidad: Abre una cuenta
nueva a Alfonso Sandoval y Martínez del Solar...
(D urante esta frase,
TELÓN LENTO
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
Santa María de ¡as Nieves. La escena representa el salón de la
c,asa mejor del pueblo, en la que están instalados G abriela y S a n d o va l con sus respectivos séquitos. Máquinas de escribir, . teléfo
nos sin hilos, ficheros. Los muebles son modestos, como correspon
de a una casa de pueblo. Hay un.gran halcón al fondo que da a la
plaza del pueblo. .I derecha e izquierda, puertas. El partido de
Sandoval vive a la derecha y el de Gabriela a la izquierda.
ESCENA
P RIM E R A
M aría Rosa y Remington
(A l levantarse el telón, M aría R osa, sentada ante
su máquina, escribe en el rincón de la izquierda. R e
m in g t o n , que es un joven de unos veinticuatro años,
delgado, más bien guapo, escribe en el rincón de la
R osa.
R em.
R osa.
Rem.
R< »SA.
R em .
derecha.)
( Buscando entre sus papeles algo que no encuentra.)
¡Remington!...
María Rosa...
¿Quiere usted decirme los censes de Alijares y
San Martín, que no los encuentro?
Ahora mismo. . . (Busca entre sus papeles.) A lija
res...: hombres, 47; mujeres, 93. San Martín...:
hombres, ..3; mujeres, 112.
( Escribiendo.) Muchas graoias, Remington.
De nada, señorita...
'
'
. -
-
36 -
R osa.
Diga usted, Remington. ¿Cuál es su verdadero
apellido?
Rem.
R osa.
Rem .
Remington, señorita.
¿Es usted hijo de padre inglés?
No, María Rosa: de padre desconocido. A los do
ce años tomé parte en el concurso infantil de la
casa Remington y obtuve el primer premio: G50
letras por minuto. Por lo visto era un record. La
casa me adoptó y me dió su nombre para apellido.
R osa.
¿Y cuenta usted con esa cara tan alegre una his
toria tan triste?
¿Triste, por qué?.., ¿Porque no he conocido a mis
padres? Otros que conocen a los suyos tendrían
más motivo para estarlo y no lo están... ¿No le
parece a usted?
Rem.
Rosa.
Rem.
R osa.
R em.
R osa.
Rem.
R osa.
R em.
R osa.
R em.
Rosa.
Rem.
Tiene usted mucha razón, Remington.
Y en cuanto a lo demás, no puedo quejarme. Con
la máquina me gano la vida holgadamente.
Escribe usted con una rapidez pasmosa...
Yo he nacido para escribir a máquina. Aunque
no sé quiénes fueron mis padres, estoy seguro de
que eran del oficio. En mi árbol genealógico, de
be de haber una Yost y una Underwood.
¿Hace mucho que está usted en oasa del señor
Sandoval?
Hace dos años.
¿Contento?
Mucho. Todavía no sé lo que es verle enfadado.
Es muy bueno... ¿Sabe usted lo que me dijo ayer?
No. ¿Qué?
Que como tiene la elección perdida, me dedique
a ayudarla a usted .
¿Y usted lo hace con gusto?
Figúrese
ESCENA II
Dichos y G abriela
G ab.
R osa.
R em .
G ab.
R em .
G ab.
Rem.
G ab.
Rosa.
R em.
G ab.
R osa.
G ab.
R osa.
G ab.
R osa.
G ab.
R osa.
G ab.
R osa.
G ab.
R osa.
(Sale G a b r i e l a por la izquierda con unos papeles
en la mano.)
Buenos días...
Buenos días...
Buenos días, señorita Gabriela...
Hola, Remington. ¿Y el jefe?
En la cama, señorita.
¿En la cama a las once y media y en plena lucha
electoral? Así no se ganan unas elecciones.
Eso le he dicho; pero él me ha contestado: «Más
madrugó uno que las perdió...» (Se oyen en la
puerta de la calle unos aldabonazos.)
Me parece que llaman... ¿No habrá nadie abajo?
No creo. Jesús ha ido a unos encargos. Reming
ton, ¿hace usted el favor de bajar a ver quién es?
Ahora mismo, señorita. (Sale escapado.)
Buen chico Remington, ¿no?
Excelente. Me tiene loca.
¿Te has enamorado de él?
Mucho me lo temo...
Pero... ¿amor ya consumado, o preludios sola
mente?
Preludios.
¿Habéis hablado ya de ello?
Con los labios, no...
¡Ah, vamos!... Miradas tiernas.
Nada de eso. Con esto... (Señala la máquina de
escribir.)
¿Os escribís?
Tampoco. Consiste en la manera de teclear. ¡Se
pueden decir tantas cosas con una Aost!... Mire.
GrAB.
R osa.
Rem.
GrAB.
(Teclea suavemente.) Caricias. (Teclea con furia.)
Enojo. (Teclea a sacudidas.) Celos.
Admirable. ¿De modo que estos chismes son para
vosotros una especie de tórtolas mecánicas?
Algo así.
(Entrando.) Es una comisión del partido feminis
ta que viene de Madrid y quiere hablar con usted.
¿ÍJna comisión del partido?... ¡Que pase! (Sale Re MIGTON.j
ESCENA III
Dichos, menos R emington, Z enaida , Mercedes v A ngustias
GrAB.
Z en .
R osa.
Z en .
GrAB.
Z en.
GrAB.
(Entran las tres, bien vestidas y con caras sonrientes.
Zenaida representa unos cuarenta años y es regordeta
pero buena moza. Es la que lleva la batuta. Mercedes
y Angustias son más jóvenes y muy guapas.)
Ustedes por aquí... ¡Qué sorpresa tan agradable!...
(Se besan y abrazan todas.) ¿Y a qué debo el gusto?.
Una misión urgente y confidencial...
Si estorbo...
Nada de eso. La Secretaria general del Partido,
puede y debe estar presente...
Siéntense... (Se sientan todas.) ¿De qué se trata?
Verá usted... Como Directora de nuestro Partido...
está usted al corriente del enorme triunfo que
vamos a obtener en estas elecciones...
(Un poco en tono de discurso.) En efecto, la ola fe
minista está en marcha y nada ni nadie podrá de
tenerla. (Las otras la escuchan con la atención servil
y a ¡uladora qiropia de estos casos.) Dentro de poco
habrá quedado reparada una injusticia que data
nada menos que de los tiempos de nuestros pri
meros padres...
-
Mer.
G ab .
M er.
G rA B .
A ng .
G rA B .
A ng .
GrAB.
Z en .
G ab .
Z en.
G ab .
Z en .
G ab.
Z en.
G ab.
39 -
¿Desde Adán y Eva?
Desde entonces. Eva demostró ser muy superior
a Adán... La vida en el Paraíso era odiosa, monó
tona, aburrida...
Claro... los dos solos... sin nada que hacer en todo
el día, sin modistas ni chismes... y para colmo,
rodeados de animales de todas clases...
En esto último, hemos adelantado poco. Pero de
lo que podemos estar orgullosas como descendien
tes de Eva, es de lo de la manzana...
¿Usted cree?
¿Se atreve usted a dudarlo?... ¿No es un hallazgo
genial?...
(Tras breve reflexión.) Sí... realmente lo de la man
zana es muy agradable...
Eso no se le hubiera ocurrido nunca a un hom
bre...
Quite usted, por Dios... ¡Nunca!
Pues Eva a los quince días de aburrimiento, dió
con ello... Y vea usted lo que es la injusticia mas
culina... ¿Saben ustedes de algún país donde se
haya levantado una estatua a Eva?
No, no... tiene usted razón, de ninguno...
Y en cambio Colón las tiene a docenas... ¿Y" dón
de se va a comparar descubrimiento con descu
brimiento?
Yo, la verdad, prefiero el de Eva... América me
deja fría...
Pero nos hemos alejado involuntariamente de
nuestro asunto... Decía usted muy bien, mi que
rida compañera, que el triunfo de nuestro Partido
en España es un hecho...
Y que, por consiguiente, dentro de un par de
meses...
Estaremos en el Poder... Evidente...
— 40 —
Z en.
G ab.
Z en.
G ab.
Z en.
M ek.
A ng.
Z en.
Gab.
Z en.
G ab.
Z en.
G ab .
Z en.
Y como es natural, usted presidirá el Gobierno,
El Partido me encontrará siempre dispuesta a
cualquier sacrificio... fuere el que fuese...
Celebro escuchar esas palabras que facilitan la
misión que nos ha traído. (Después de una pequeña
pausa y de carraspear un poco.) Gabriela... Para na
die es un secreto s u ... no sé cómo decirlo... su
debilidad... mejor dicho, la inclinación que sien
te usted... y que por cierto habla muy alto en su
favor, hacia el sexo contrario...
Comprendo. Usted viene a decirme que al Parti
do le parece mal que me gusten los hombres...
No, por Dios... mi respetada Directora, no se tra
ta de eso... Cómo ha de parecemos mal, una cosa
que la que más y la que menos... (Mirando a sus
compañeras.) ¿verdad?...
A mí me gustan también con delirio...
¡Ay!... y a mí...
Tampoco yo les hago ascos... Lo que ocurre, doña
Gabriela, es que un partido como el nuestro nece
sita dar un alto ejemplo en todo... y hay cargos
públicos... que por su naturaleza...
Bien. Ustedes quieren decirme que un Presidente
del Consejo de Ministros, debe ser una persona
formal, o por lo menos parecerlo, ¿no es eso?
Exactamente.
Y como oficialmente sólo son personas formales
las que están casadas... el Presieente del Consejo
necesita un marido, ¿no?...
Así es. Pero además de esta razón, hay otra de
orden político, que aconseja, que impone... su in
mediato matrimonio...
¿Y es?
Hace un mes que está en vigor nuestra ley, la
nueva ley de matrimonios a prueba... por la que
___
-
Gab .
Zen.
Gab.
Zen.
Gab.
41 -
suspiraban y con razón tantas mujeres españolas,
y sin em bargo...
¿Nadie la utiliza, verdad? Ocurre con esto lo que
en los Casinos de provincias... Todo el mundo
está deseando que llegue el día del baile... y cuan
do empieza a tocar la orquesta ninguna pareja
quiere ser la primera...
(A sus compañeras,) Qué comparación tan gráfica...
«Como en los Casinos de provincias»... Qué talen
to, doña Gabriela... Qué lucidez. ..
(Poniéndose en ¡ñe y un poco en tono de discurso.) Mis
queridas compañeras... El jefe de un partido que
merezca ese honroso título, tiene que estar siem
pre atento a los latidos de la opinión. Yo os au to
rizo para que al volver a Madrid, digáis al Partido
que este mensaje que por vuestro conducto me
envía lo tenía yo previsto y descontado. (Gara de
asombro de María Rosa que va en aumento al oir las
fiases que siguen.) Y os ruego que le digáis que su
jefe, consciente de los deberes que su cargo le im
pone, habrá estrenado antes de quince dias nues
tra ley... y será lo qué oficialmente se llama una
persona formal... (Se sienta.)
( Levantándose como para contestar con otro discurso.)
Me perm itiréis, queridas compañeras, me permi
tirá usted, admirada directora, que me levante
llena de emoción, para expresar en nuestro nom
bre y en el del partido, todo... el profundo reco
nocimiento.
Basta..., basta. ...Discursos, no. Estas horas son
horas de lucha... y la oratoria huelga. Ya nos lu
ciremos en el Parlamento. María Rosa, apunta,
entre los cosas que tengo que hacer el mes que
viene, casarme antes del quince... (Despidiéndose.)
Mis queridas correligionarias...
-
Z en .
G lb.
Mer.
G ab.
42 -
Doña Gabriela... No queremos robarle un tiempo
precioso... ¿Quiere usted algo para Madrid?
Mis saludos a todas aquellas amigas..., y que lle
ven ustedes muy buen viaje..
Doña Gabriela..., y hasta pronto.
Hasta siempre. (Ya en la puerta.) Remingtón,
¿quiere usted hacer el favor de acompañar a las
señoras? (Saludos, etc., y salen las tres.)
ESCEN AIY
G abriela y María R osa
G ub.
R osa .
G bu .
R osa .
G ub .
R osa .
G ub.
Rosu.
G ab .
R osa .
G ab .
R osa.
G ab .
Bueno. ¿Qué te ha parecido?
Muy bien. Has estado muy hábil..., como siem
pre... Pero, ahora, hay que casarse.
No hay más remedio.
¿Y'con quién?
Eso digo yo. En el horizonte posible, no veo más
que a Alfonso... Es simpático, gracioso, maneja
ble...
¿Querrá?
Espero que sí. Para él es una solución. Se va a
quedar sin dos pesetas. Además, estos días hemos
flirteado algo...
¿Algo, eh? Eres muy modesta... Hasta Margot lo
ha notado.
¿Tú crees?
Estoy segura. Tonta, no es...
Pues hay que contar con ella.
¡Ah!, eso desde luego, si ella se cruza, no hay
nada de lo dicho. (Se oye dentro la voz de M argot
que habla con alguien.)
Aquí viene. Tantéala tú un poco y luego hablaré
yo con ella.
—
R osa .
Ga b .
43
¿Pero estás realmente decidida?
Sí, hiia, sí. El partido ante todo. (Sale.)
ESCENA V
M argot y M aría R osa
M ar .
R osa .
Ma r .
R osa .
Mar .
R osa .
M ar .
R osa .
M ar.
R osa .
M ar.
Rosa .
M ar .
Rosa .
M ar .
Rosa .
M ar.
R osa.
M ar .
(Treinta años, guapa, buena facha, entrando con cara
de preocupación.) ¿Está usted sola, María Rosa?
Sola.
Me alegro, porque quisiera hablar con usted.
Usted dirá.
Es usted, una mujer muy inteligente.
Eso dicen.
Y muy observadora.
¿Usted cree?
Me consta. Necesito su opinión. Dígame, ¿no ha
notado usted que Gabriela y mi Alfonso...?
(Gomo si no comprendiera.) ¿A qué se refiere?
De sobra lo sabe. ¿Verdad que...?
(Vaga.) Sí..., tal vez...
(Dando un suspiro.) ¡Ay! Qué peso me ha quitado
usted de encima...
,
(Extrañada.) ¿De veras?
De veras... La voy a explicar... Yo quiero a mi
Alfonso con toda mi alma. ¿Comprende usted
ahora?
Cada vez menos.
Pues sí... Verá. Mi Alfonso se está arruinando.
Dentro de un año no tendrá dos pesetas.
¡Ah, vamos!
No, no. ¿Qué se figura usted? Yo no soy intere
sada. ¡Ah! Si él quisiera... Viviríamos los dos
modestamente en un pisito pequeño. Yo trabaja
ría para mantenerle. Pero mi Alfonso es un hom-
-
44 -
bre que no sabe vivir sin lujo. Ha nacido para
gastar...
R osa .
M ar.
R osa .
M ar .
R osa .
M ar .
R osa .
Mar .
R osa .
M ar .
R osa .
M ar ..
R osa .
M ar .
R osa .
M ar .
R osa .
M ar .
R osa .
¿Y...?
Precisamente de esto es de lo que quería hablar
le... No me atrevo.. No sé cómo empezar... (De gol
pe y decidiéndose de una vez.) ¿Usted cree que Ga
briela se casaría con mi Alfonso?
Me hace usted una pregunta, que así, de pronto,
yo no sé cómo contestar.
Usted tiene mucha influencia sobre Gabriela.
No tanta como usted cree.
Sí, sí, todo se lo consulta.
Pero luego hace lo que mejor le parece.
No importa, ayúdeme usted.
¿A qué?
A casarlos. Yo sé que ellos se gustan... (Con lá
grimas en los ojos.) Y con tal que mi Alfonso sea
feliz...
Pero, ¿y usted?
Yo soy lo de menos.
(Después de una larga pausa.) ¿Quiere usted un
consejo?
Sí, María Rosa. Dígame.
Hable usted de esto directamente con Gabriela.
¿Cree usted que nos entenderemos?
(Sonriendo.) Tal vez... V oy a avisarla.
¿No se enfadará?
No creo. Gabriela es una mujer muy razonable.
(Sale M aría Rosa y queda Margot con cara de pre
ocupación.)
ESCENA VI
Margot y G abriela
G a B.
(Entrando con cara muy amable.) Buenos días.
Margot. ¿Quería usted .hablarme?
-
Mar.
G ab.
Mar.
Gab .
Mar.
G ab .
Mar.
Gab .
Mar.
Gab.
Mar .
G ab .
Mar.
G\b.
Mar.
G ab.
Mar.
Gab.
Mar.
G ab.
Mar.
G ab .
M ar .
Gab .
M ar.
45
Sí, Gabriela.
Ya... Le preocupa a usted el porvenir de Alfonso.
Mucho, Gabriela.
Y vería usted con gusto que él y yo...
Si pudiera ser...
Vamos por partes. Dígame... ¿Alfonso es agrada
ble en la intimidad?
Eucantador. No es por alabarle; pero yo no he co
nocido otro hombre más completo que él. Alegre,
cariñoso, apasionado...
Apasionado, ¿eh?... ¿Mucho?
Mucho; créamelo, mucho.
¿Ronca?
Alguna vez. Pero debo advertirle que basta el más
ligero silbido para que cese. Le tengo muy bien
acostumbrado.
¿Caprichos? ¿Extravagancias?
Insignificantes. ¡Ah!... Eso sí-.. No transige con
las dos camas. Dice que lo que une el amor, no
tiene derecho a separarlo el mueblista.
Esa es una teoría molesta.
Pero en cambio, le es indiferente la anchura.
Menos mal. ¿Y qué lado prefiere?
El de la pared, a ser posible. Cuando no hay pa
red, el lado izquierdo.
¡Ah!... ¿Es algo zurdo?
Por eso...
¿Carácter?
Angelical.
¿Celoso?
No sé. Nunca le he dado motivos.
En resumen: muy aceptable, ¿no?
Mucho. Puede usted creerme que me desprendo
de él con verdadera pena. Pero no tengo derecho
a estorbar su felicidad. ¡Le he tomado un cariño!...
-
G ab.
Mar.
G ab.
Mar.
Iv a n .
G ab.
Iv á n .
G ab.
I ván .
G ab.
I ván .
G ab.
I ván.
G ab .
I ván .
G ab.
I ván.
Gab.
46
-
Lo comprendo, porque es muy simpático.
Y sabiendo que va a parar a buenas manos.
Muchas gracias.
¡Ah, sí!... Porque yo le aseguro que si no fuera por
usted... (En este momento se enciende el sinhilos y
se oye la voz de Iván, que dice:)
Señorita, señorita...
(Poniéndose delante del aparato.) Aquí estoy; ¿qué
ocurre, Iván?
Novedades, señorita.
Cuenta, Iván, cuenta.
Esta mañana, como le dije ayer, hemos salido de
las Azores con rumbo a Santa María. A las nue
ve y media, cuando volábamos sobre Lisboa, se
nos ha acercado otro avión, que venía de América
del Norte... ¡Buen aero!... Doble limousine... Alas
de aluminio...
Bueno, ¿y qué más?... Sigue...
Nos ha preguntado por sinhilos dónde quedaba
Santa María de las Nieves. Entonces, el señor
Marzales le ha dicho que precisamente nosotros
íbamos allí. Al saberlo, ha pedido transbordo, y,
por la escala, ha venido al nuestro el señor que
viajaba en el otro avión.
¿Quién es?
Creo que es algo pariente de la señorita. Espere
un momento, voy a preguntar el nombre. (Pausa.)
Se llama Alberto García del Solar, y me encarga
el señor Marzales que le diga a la señorita que es
el pariente de Nueva York.
¡Azúcar!
¿Cómo dice la señorita?
No, nada. Oye, Iván, ¿y qué tal es?
No está mal, señorita.
¿Guapo?
47
I vá n .
G ab.
I ván.
Gab.
Ma r .
G ab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb .
Gab.
A lb.
-
Yo no puedo juzgar, señorita; pero a mí me pare
ce que sí.
Dile que se ponga al aparato.
Ahora mismo, señorita.
(A Margot.) ¿Ha visto usted qué complicación?
¿Es el otro heredero?
El propio aplaudido...
(Con marcado acento inglés.) Alio... ¿Quién quiere
hablarme?
Gabriela del Solar. ¿Eres mi pariente?
Lo soy. Justamente estábamos conversando enci
ma de usted con Marzales y amiga.
Encima de mí... ¿Vienes a Santa María?
Sí. Verdaderamente tendré un placer real de c o
nocerla.
¿A Santa María o a mí?
¡Oh!... ¡A las dos! ( Entra A lfonso S an do va l con
cara de sueño.)
ESCENA V II
D ichos y Sandoval
G ab .
A lb.
Sa n .
M ar .
Sa n .
Gab .
A lb.
¿Y piensas presentarte a diputado?
Eso piensa esta mañana; pero verdaderamente no
sé lo que piensa esta tarde.
(A Margot, con cara de extrañeza.) ¿Con quién ha
bla?
Con Alberto García del Solar... El de Nueva
York... Ha parecido, y viene a presentarse.
(A Gabriela.) ¡Azúcar!
¿Verdad?... (Al aparato.) Bueno, Alberto, pues
hasta dentro de un rato, que nos veremos las ca
ras.
Esto es. Ya tiene la seguridad que en este mo
mento yo sale ganando.
G ab.
M ar .
San .
M ar .
S an .
G ab .
•
>
Muy galan te... ¿Quién sabe?... Hasta ahora...
(Apagando el sinhilos.) Ya lo han oído ustedes: A l
berto García del Solar está llegando a Santa Ma
ría de las Nieves.
¡Qué complicación! Ahora que lo teníamos todo
arreglado...
¿Qué es lo que teníais arreglado?
Tu porvenir.
¿Mi porvenir? Y se puede saber...
Ya lo sabrás. Luego hablaremos del porvenir;
ahora vamos a ocuparnos del presente. ( Va a la
izquierda y llama.) María Rosa..., Jesús..., Remingtó n ... ¡V engtn ustedes!...
ESCENA Y in
Dichos, Marea Rosa , Remington y Jesús
( Entran los tres juntos. Jesús es es el dueño de la
casa, secretario del Ayuntamiento del pueblo. Un par
J esús.
G ab .
J esús.
San ;
G ab .
dillo con pretensiones de señorito. Pelo hasta las ce
jas. Cejas de doble ancho y la clásica encía formida
blemente desarrollada, que sólo se encuenti a ya entre
los esquimales y en algunos pueblos de Castilla.)
¿Qué desea usted, doña Gabriela?
Jesús, dentro de un rato llega a Santa María en
avión para presentar su candidatura, un contrin
cante nuevo.
Ni una palabra más, doña Gabriela. He compren
dido... Como sólo puede aterrizar en las eras, voy
a mandar poner unos alambres y unos postes
para que se estrompe...
(Dándole un pescozón cariñoso ) Este Jesús siempre
tan sensato...
Se guardará usted muy bien de hacer semejante
-
J esús.
Gab.
J esús.
G ab.
J esús.
Gab .
J esús.
G ab .
J esús.
Gab.
J esús.
Gab.
San .
Gab.
S an .
G ab.
49
-
disparate. Ese contrincante es pariente nuestro, y
además el avión que trae le pertenece...
Ah... entonces...
No le he llamado para que le suprima, sino para
que le aloje.
¿Para que le aloje?
Sí, en esta casa... ¿Tiene algún cuarto disponible?
Ya no queda más que el de la Marceliana, mi mu
jer, porque yo duermo en el pajar.
Pues el de la Marceliana.
Pero si es que...Antes de media hora estará todo arreglado. Ma
ría Rosa irá a inspeccionar... ¿Comprendido?
Com prendido.
Puede usted retirarse...
(Rascándose la cabeza.) Pues a la orden... (Sale.)
(A Remington y María Rosa.) ¡Escribid! (Ambos
toman notas taquigráficas.) ¡Electores, un contrin
cante nuevo va a presentar su candidatura den
tro de unas horas, por este distrito... ¿Trae un
programa? ¿Trae soluciones para los problemas
pendientes? No lo sé... Si las tiene y os gusta, vo
tad] e... (Gesto de asombro de Sandoval y Margot.)
Si, por el contrario, fuera un charlatán más, arro
jadle del distrito...
Eso, eso está bien.
Yo espero tranquila, (A Remington.) y tranquilo,
respectivamente, vuestra decisión... A ciudada
nos como vosotros no se les engaña fácilmente.
(A Alaría Rosa.) Tú firma: Gabriela del Solar. (A
Remington.) Y usted, Alfonso Sandoval. (A Alfon
so.) ¿Te parece bien?...
Admirable. Poco más o menos, lo que a mí se me
había ocurrido
¿Tienes algo que añadir?
S an .
GtAB.
S an .
G ab .
R osa.
Gab .
Si acaso algo que quitar. Lo de que espero tran
quilo... etc. Eso de mi tranquilidad es una mentira
como un templo...
Ya sabes que hay tres ocasiones en las que está
permitido mentir: antes de unas elecciones, du
rante una guerra y después de una cacería...
¡Entonces, adelante!
Que se tiren diez mil ejemplares de cada uno de
los manifiestos y que los repartan los aviones
Ford de propaganda.
¿Nada más?
No... por ahora no. ¡A imprimir! (Salen R eming ton y M aría R osa .)
ESCENA IX
G abriela , Margot y S andovat,
Gab.
S an .
G ab .
S an .
Gtab.
San.
G ab .
San.
G ab .
S an .
Gab .
Y ahora vamos a hablar de nuestros asuntos.
Siéntate, Margot. Siéntate, Alfonso. (Se sientan los
tres.)
Me intrigáis. ¿De qué se trata'
Alfonso, espero que te habrás dado cuenta de
que en Santa María de las Nieves triunfa el parti
do feminista...
Me he dado cuenta...
Por lo tanto, tu situación económica será, dentro
de poco, lamentable.
A menos que la Providencia...
Haces bien en creer en ella. Por mi conducto te
trae la solución.
¿Ah, sí? ¿Y cuál es?
Me caso contigo.
¿Que te casas conmigo?...
S í...
-
San.
G ab.
San.
G ab.
San.
M ar.
Sa n .
Mar.
Sa n .
Gab.
Sa n .
G ab.
S an.
M ar.
San,
*
51
-
P e rd o n a , G a b rie la ... N o lo to m e s a m al, p e ro eso
es im p o sib le ...
¿P o r q u é?
P rim e ro , p o rq u e v as a s e r d e n tro d e poco P re s i
d e n te d e l C o n se jo ... y yo d e te s to la p o lític a .
C on n o o c u p a rte d e ella ...
¡Claro! C om o si n o fu e ra a e n c o n trá rm e la en casa
h a sta en la so p a ... C o m isio n es, v is ita s , b a n q u e te s
d ip lo m á tic o s ... Y q u é d e s o rd e n ... Y o q u e so y ta n
p u n tu a l p a ra m is co m id as. L a s o n ce d e la n o c h e..
«¿No h a v u e lto la señ o ra? » ... «N o; e s tá en el C o n
g re so . H a y se s ió n p e rm a n e n te .» L a sopa fría ...
D is g u s to s , p re o c u p a c io n e s... R e v o lu c io n e s p o s i
bles... A te n ta d o s ... ¿ C o m p re n d e s p o r q u é no
m e caso c o n tig o ? (M ira ndo a M argot.) A d e
m ás...
P o r m í no lo h a g a s, A lfo n so . Y o e sto y re s ig n a d a .
G ra c ia s, M arg o t, tú s ie m p re ta n g e n e ro sa .
Se tr a ta d e tu p o rv e n ir... Y o creo q u e d e b e s
a c e p ta r ...
S e ría m a trim o n io te m p o ra l, p o r s u p u e sto ...
P o r s u p u e sto ...
¿C uál d e ellos?
Y o h a b ía p e n sa d o e le g ir el m ín im o q u e a u to riz a
la n u e v a ley ... D o s añ o s... ¿q u é te p arece?...
P sch é ... C laro q u e el d e d o s añ o s es el m ás lev e...
P e ro c a sa rm e y o ...
S i u s te d e s m e p e rm ite n o p in a r... Y o c reo q u e d e
b ía n e le g ir el in m e d ia to s u p e rio r... el d e c u a tro
añ o s... P o rq u e m i A lfo n so es com o lo s b u e n o s v i
nos, g a n a m u c h o co n el tie m p o ... Y en d o s añ o s
no se p u e d e ju z g a r...
S í, y o a u n q u e p a re z c o ta n d e se n v u e lto , en el fo n
d o s o y u n a n a tu ra le z a tím id a ..,.
—
52
—
GAB.
Vaya por el de cuatro años... Por supuesto, te se
ñalo una dote...
S an .
G ob.
S an .
De ninguna manera... ¿Y de cuánto sería?
Poca cosa... Dos millones de pesetas...
Tratándose de una pequenez así... se puede acep
tar, como un recuerdo...
Pero dótele de manera que no pueda disponer más
que déla renta, porque mi Alfonso, no conoce el
valor del dinero...
¿'Y has pensado en alguna fecha?
El 15 de mayo, ¿te parece?...
¿No te has fijado en que es San Isidro?
¿Qué más da?... ¡Ah, eso sí! Nada de infidelidades.
Cuando te guste otra más, me lo dices: tú por tu
lado y yo por el mío... Esa es la ventaja de la
nueva ley...
M ar.
San .
G a b .
S an .
G ab .
S an .
G ab .
Conformes... Ahora que tú...
No compares... En las mujeres eso tiene mucha
menos importancia...
M ar .
Por él puede usted estar tranquila... Es de los
más monógamos que he visto... ¿No se dice así?..
Así se dice... (En este momento se oye el zumbido de
un aeroplano. Los tres corren al balcón.)
Ya están ahí... (A Alfonso.) Ya han aterrizado..*
(Saluda con el pañuelo.) Por aquí, por aquí...
San.
G ab .
M ar
G ab .
San .
G ab .
Voz.
G ab .
San .
No tiene mala facha el contrincante...
Sí, no está mal...
Marzales ha adelgazado...
Y Marisol ha engordado un poco... ( Hablando con
ella.) ¡Hola, hola!... ¿Qué tal ese viaje?...
Delicioso... Ya te contaré...
Suban, suban... (Se retiran del balcón. Gabriela y
Margot se.arreglan un poco al espejo.)
Vamos a conocer al pariente del otro mundo.
-
58
ESCENA X
Dichos, M arzales y M arisol
Mari.
G ab.
Marz.
M ari.
Gab.
Mari.
M ar z .
G ab.
(Entran Marzales y Marisol. Esta, como siempre en
tromba.)
(Besos, abrazos.) ¡Gaby!... ¡Pichona!...
¿Qué tal os ha ido?... (Dando la mano a Marzales.)
¿Muy felices?...
Mucho...
No te puedes imaginar lo bien que lo hemos pa
sado... José Antonio es irremplazable... ¿Sabes lo
(jue quiere decir irremplazable?...
Me lo figuro...
Con decirte que lo peor que tiene son los ojos...
Marisol, por Dios, que hay gente...
Son de confianza... (Presentando.) Mi pariente A l
fonso de Sandoval... Su amiga Margot... Mi amiga
Marisol... A Marzales ya le conocéis... (Se saludan
lodos.)
M ari.
•
Sa n .
Ma r i.
Sa n .
•
Ma r i.
G ab .
Mari.
¡Y aquellas noches d é l a In d ia ... Gaby!... ¡Qué
noches!... ¡Qué noches! ¡No puede haber nada más
herm oso!...
,»
Y o conozco aquello. ¿Verdad que aquel cielo de
Calcuta, de noche, parece un manto de terciopelo
negro y pedrería?...
¡Ah! Y o no se cómo es el cielo, porque nosotros
nos metíamos en el cuarto del hotel a las nueve
y no salíamos hasta la mañana siguiente. .
¡Ah, vamos!...
¡Pues y California!... ¡Qué país...
%
¿También en el cuarto?
No; allí todo el día al sol, entre naranjos y limoñeros... Dicen que hace veinte años era así Anda
lucía... ¡Chica, tu Rolls, estupendo!... ¡Qué com o-
-
O ak.
M art.
San .
O ab .
M art.
O ab .
M art.
54 -
didad! Está una como en su casa, ¿verdad, José
Antonio? Y ni un raté... Tres horas de las Azores
a Santa María...
Pero, ¿dónde se ha quedado nuestro pariente?
Ahora sube. Está abajo contemplando la portada
del Ayuntamiento... Es un romántico.
Sí... Un romántico, pero viene por los cinco mi
llones...
Por supuesto, os quedáis unos días a hacerme
compañía...
\tmposible, pichona. A las tres nos vamos a Ma
drid. Quiero ver a mis padres para darles la noti
cia...
¿Qué noticia?
Resulta que José Antonio es «soltero, y como a
pesar de eso me gusta mucho, nos casamos a prue
ba... por dos años... (Entra A lberto .) Mira, aquí
tienes al tercer heredero.
ESCENA X I
Dichos y A lberto.
A lb .
M ar .
A lb .
( Alberto representa unos treinta y cinco años. Aspec
to simpático. Pelo casi gris. Monóculo. Habla con
acento inglés bastante marcado y muy reposadamente.
Trae en la mano un papel doblado.)
Buenos días. (Se para en la puerta; se pone el
monóculo, mira con detenimiento a todos los presentes
y después se dirige como una flecha hacia Margot.)
¿Mi pariente seguro? La voz de la sangre no enga
ña nunca.
Puede. Pero en ese caso tiene usted muy mal oido
porque su pariente está allí. (Señala a Gabriela.)
(Yendo hacia Gabyiela con sus andares rígidos y
plantándose delante de ella.)) Tengo un placer real
en conocerla y saludarla, Gabriela.
G ab .
ALB.
San .
A lb .
Gab .
A lb .
Gab .
A lb .
San .
A lb .
San .
G ab .
A lb .
San .
M ari .
G ab .
M ar.
M ari.
G ab .
Igualmente, Alberto... ¿Has hecho un buen viaje?
Los viajes siempre están buenos. Lo que está ma
lo es no viajar.
(Acercándose y poniéndose delante de Alberto.) Y de
mí... ¿No te dice nada de mi la voz de la sangre?
(A Gabriela, después de mirarle de arriba a abajo.)
¿Quién es este señor?
Alfonso Sandoyal... el otro pariente nuestro.
¿V erdaderamente?
Te lo aseguro.
¡Caramba! Tengo un placer real en conocerle y sa
ludarle, señor.
¿Cómo señor? ¿Qué ceremonias son esas, Albertito? Entre parientes de tú por tú.
Yo no habla de tú a nadie... Se me opone mi tem
peramento poco efusivo y muy reservado.
Como quieras... pero nosotros pensamos tutearte,
- verdad, Gabriela?
Por supuesto.
Perfectamente. Ustedes tutean a mí y yo usted a
ustedes.
Es una solución...
(Acercándose a Gabriela.) Oye, Gaby: ¿tienes un
cuarto donde podamos arreglarnos un poco?
Ya lo creo... Pasad al mío. Margot, ¿quiere usted
enseñarles mi cuarto?
Encantada... Vengan por aquí...
Pero avísanos cuando empiece el mitin.
Descuida... Se os avisará. (Salen Marisol , M akGrOT y M arzales.) '
ESCENA
X II
G abriela , Sandoval y A lberto
G ab .
Creo que está indicado que celebremos consejo
de familia.
—
A lr .
GA B .
A lb .
CtAB.
A lb .
G ab .
A lb .
S an .
A lb.
G ab .
A lb .
G ab .
56
—
De familia... Perfecto... Antes que todo, ¿qué
significa este papel y (Desdobla el que tiene en la
mano y lee una de las circulares que hace un rato
ha dictado Gabriela.) «Electores: Un contrincante
nuevo»... etc. (Lee el final.) «Si es un charlatán
más, arrojadle del distrito»... para un pariente yo
entiendo esta frase es poco amable.
Tú eres pariente nuestro... De acuerdo. Pero una
lucha es una lucha y teníamos que tomar nues
tras medidas.
( Rompiendo el papel.) Verdaderamente inútil... No
sé aún todavía si me' presenta, pero sé ya que si
me presenta ustedes quedan vergonzosamente de*
rrotadas... Con y sin circulares.
(Con ironía.) ¿Estás seguro?
(Levantándose.) ¡Caramba! Yo no afirmo más que
cuando estoy bien seguro. (Vuelve a sentarse.)
Bien. Pues haz el favor de decirnos lo que pien
sas hacer.
Antes tiene que presentarme. Alberto García es
un hombre más de cincuenta y una veces millo
nario...
> .
*
¿En dólares?
En pesetas, que al cambio de hoy valen el doble.
Alberto García es un hombre enamorado de lo
que está justo y de lo que está bueno.
Eso te honra, pero no nos sacas de dudas.
Alberto García, no to... le... ra... rá, no tolerará...
que los cinco millones de don Augusto vayan a
parar a manos que empleen de manera que no es
té perfectamente buena, esa moneda.
Me parece, Alberto, que te propasas. Tu tienes
derecho a presentarte a diputado y a llevarte la
herencia, si el distrito te elige. Pero a lo que no
tienes derecho...
___________
-
A lb.
G ab.
A lb.
G ab .
Alb.
San.
A lb.
San.
A lb.
San.
A lb.
S an.
A lb.
San.
A lb .
S an.
A lb.
S an.
A lb.
57 -
Yo tiene derecho a hacer el que hago...
¿Y se puede saber quién te ha dado ese derecho?
El parentesco me da un derecho igual con el de
ustedes para la herencia. Mi dinero y mi amor a
lo que está justo, me dan el restante derecho.
¿Quieren ustedes seguir esta conversación o pre
tieren realmente que yo sea más de cincuenta y
seis veces millonario?
(Nerviosa.) Sigue... sigue...
Perfectamente. Contesten a mis preguntas. Usted
por delante, Sandóval.
Sandóval...
Pues bien, Sandóval... Tenga usted la bondad de
explicarme cuáles son sus ideales...
Hombre, A lberto... La verd a d ... Yo, así de
pronto...
Comprendo... Carece usted de ideales...
No, hombre, no .. verás... Lo que pasa es que
como hace veinte años que no me examino de
nada... Y ahora me coges de sorpresa... Mira... Te
diré... Yro principalmente... soy un filántropo.
(Con cierta admiración.) ¡Caramba!... Bien, ¡filántro
po!, bien...
(Modesto.) ¿Verdad?... No está mal...
¿Filántropo?... ¡Pruebas!...
¿Pruebas?... Heredé de mi padre diez millones de
pesetas... Hoy apenas si me queda medio...
Perfecto... ¿Empleo?...
¿Empleo de qué?
De estos nueve millones de pesetas .. ¿Asilos?...
¿Escuelas?... ¿Bibliotecas?... ¿Hospitales?...
No, no... Verás... Yo he orientado mi filantropía
hacia otras esferas... Modistas, tapiceros, joyeros,
croupiers...
Bien. En lo sucesivo, no diga usted que está un
-
San .
A lb .
San .
A lb .
Gab.
A lb .
GrAB.
A lb .
58 -
filántropo... Diga más bien que está un primo, se
ñor Sandóval...
Mi^a, Alberto; te consiento que me llames primo
porque en el fondo puede que tengas razón. Lo
que no te tolero, no te to... le... ro... es que me
llames Sandóval.
¿Y por qué?
Porque mi apellido es Sandoval... Sandoval... San
doval...
¡Caramba!... Muy justo^deseo... No llamará más...
Ahora usted, Gabriela...
Alberto, me parece que te equivocas... Tú te has
creído que estás en una nube, juzgando a los hom
bres y eso que tienes debajo de tí, es una silla,
una modesta silla... ¿Y si yo no te quisiera contes
tar?
¿Prefiere usted no,..?
Prefiero no... (Se levanta malhumorada.)
Perfecto, cada cual es dueño de sus actos propios...
(Va a la puerta de la izquierda y llama a gritos.)
¡Jesús!... ¡Jesús!... ¡Jesús!...
ESCENA X III
Dichos y Jesús, luego R emington y M aría Rosa
J esús,
Sa n .
A lb .
J esús,
A lb .
GrAB.
A lb.
(Entrando.) ¿Me llamaban?...
Por lo visto...
Jesús...
Jesús...
Gracias. Pues bien, Jesús, antes que todo... (Saca
del bolsillo un fajo de billetes y se lo da.)
( Interponiéndole.) Soborno, ¿eh?
NoYGratificación'a la vista del público. Está en
mi derecho. (A]Jesús.) Enuméreme brevemente y
J esús.
A lb.
J esús.
Alb .
J esús.
A lb.
J esús
A lb .
J esús.
Alb .
J esús,
Alb .
S an.
Gab .
A lb.
Gab.
Alb .
Rosa.
Rem.
Gab .
Alb.
con concisión aquellas necesidades que son más
urgentes en el distrito.
(Rascándose la cabeza.) Las necesidades más ur
gentes... así, lo que se dice más urgentes...
Enum ere y no rasque...
(Dejando de rascarse.) De lo que andamos peor que
mal, es de campos para aterrizaje. . No hay más
que uno en tó el distrito... El de Cogolludo... En
los demás pueblos, los aviones de línea tién que
aterrizar en las eras, o ande se pueda. .
Bien. Más necesidades...
Tamién andamos escasos de cañones de esos que
hay pa hacer llover... En el distrito de al lao el
senador, don Emilio, les ha comprao, deciocho y
hacen llover cuantí quieren y más, mientras aquí
nos repudre la sequía... Y no es lo pior c[ue se nos
agoste la mies, sino la burla que nos hacen...
A delante...
Tampoco vendría mal una doceneja de casas pa
m aestras... que tengo yo dos hijas que lo son... y
hay que ver^cómo viven...
¿Y con esto?...
Yo creo que eso es tó...
¿Sabe usted escribir con la máquina?...
Malejameute. Con un deo sólo.
¡Caramba! No basta.
¿Quieres mi secretario?
¿O la mía?
Verdaderam ente. ¿Ustedes me prestan?
jPues no faltaba más!...-(Llamando.) María Rosa.
(Idem.) ¡Remington!...
(Entrando.) ¿Doña Gabriela?
{ Idem.) ¿Don Alfonso?
Aqui los tienes.
( A Jesús.) Usted puede realmente marcharse...
Jesús
A lb .
Rosa .
G ab .
A lb .
Ga b .
A lb .
S an .
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
A i B.
¿Que me vaya?
Esto es. (Sale J esús.) Antes que todo. (Saca del
bolsillo dos fajos de billetes y ofrece a María Rosa y
a Remington.)
( Milando a Gabriela.) De ninguna manera... no po
demos...
Podéis... (María y Rosa y Remington guardan los
billetes.)
Escriban ustedes... (María Rosa y Remington ta
quigrafían.) Electores... Votéis a Alberto García.
En momento... Se dice votad... Es por tu bien.
Gracias. Votad a Alberto García del Solar. Stop,
Ventajas: Alberto Garcia empleará un millón de
pesetas a construir aeropuertos en el distrito.
Stop. Alberto García regalará al distrito treinta y
un cañones pluviales...
, Aunque sea indiscrección... ¿Por qué treinta y
uno?
Negro impar y passe... Es mi número más favori
to en la ruleta... No me interrumpa... Treinta y un
cañones pluviales del mejor sistema. Stop. Alber
to García ordenará construir por su cuenta una do
cena de casas para maestras, las cuales estarán
dotadas de agua corriente, caliente y fría y todos
adelantos... Stop. Alberto García...
¡Stop!... (A María Rosa y Remington.) Escribid:
¡Electores! No votéis a Alberto García.. .
Perdón... Se dice: no votad...
Eso era antes. No votéis a Alberto García. Gabrie
la del Solar, os ofrece exactamente el doble de lo
que promete Alberto García... Nada más... (A Al
berto.) Ahora, puedes seguir...
(Después de contemplar largamente a Gabriela.)
¡Stop!... Rompan ustedes... (Remington y MaHa
Rosa rompen sus notas.) Pueden ustedes marchar-
San.
Alb.
San.
se. (Salen am bos. A Sandoval.) ¿T ien e u ste d re a l
m e n te in te ré s en e s ta r aq u í?...
¿T ú q u ie re s q u e m e vaya?
E s to es.
¿ P o r q u é no m e lo d ic e s claro ? (Sale.)
E SC E N A X IV
G a b r ie l a y A l b e r t o .
A lb.
G a B.
Alb.
GtAB.
Alb.
Gt AB.
A lb.
GtAB.
A lb.
GtAB.
A lb.
GtAB.
A lb.
Gt AB.
Alb.
G ab.
(E n cuanto se quedan solos A lberto dice en tono de hu
m ilde que contrasta con el que ha empleado hasta
a h o ra .)
A lb e rto G a rc ía no se p re s e n ta d ip u ta d o c o n tra
G a b rie la d e l S o lar...
¿P o r?...
P o rq u e no .. D e se o no m e h a g a u ste d m ás p re
g u n ta s ...
P u e s yo n e c e sito h a c e rla s.
T iem p o q u e u s te d p ie rd e .
¡A h, vam os!... T e h a a s u s ta d o m i c o n tra o l’e rta ...
Y o n o m e a su sto p o r ta n poco. ¿ Q u ie re u s te d un
c h e q u e d e c in c u e n ta m illo n e s d e p e se ta s p a ra su s
p o b re s?
P u e s e n to n c e s, ¿p o r q u é h a s cam b iad o d e o p in ió n ?
N e c e sito sa b e rlo .
Y o ru e g o o tra vez d e n u e v o , no h ag a m ás p re
g u n ta s ...
A lb e rto , no m e p o n g a s n e rv io s a ...
Y o no p o n e n e rv io sa ...
P u e s h ab la...
Y o h e d ic h o ya. Y o calla.
A lb e rto ... T e p id o q u e h a b le s ...
¿ Q u ie re u s te d q u e h ab le? ¿ V e rd a d e ra m e n te ?
S í... L o q u ie ro ...
-
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
A lb .
G ab.
A lb .
G ab.
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
A lb ,
G ab .
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
A lb .
G ab .
62
-
Bien. Yo hablo. Tengo treinta y ocho años.
¿Y eso qué tiene que ver?
Es prólogo. Hace veinte años que esperaba el
amor...
¿Y qué más?
Ya no lo espero.
¿No?
No.
¿Por qué?
(Golpeándose el pecho.) Ya está aquí...
(Acercándose a él entre interesada y zalamera.) ¿Qué
dices, Alberto?
La verdad. Pero la ruego no se acerque usted.
Ninguna mujer no se ha acercado nunca tanto a
mí, ni yo me he acercado nunca tanto a ninguna
mujer...
Eso es una broma.
Eso es la Epístola...
Tú quieres decir el Evangelio...
V erdaderam ente...
¿Me dejas que te coja la mano para leer?...
Coja. Pero quiere que sabe usted que es la prime
ra mujer que me coje la mano...
¿Para leer tu porvenir?...
Para nada...
¿Pero es posible que sea verdad eso que estás di
ciendo?
He dicho que yo no afirma más que cuando esto}'
realm ente seguro...
Pero óyeme... óyeme, Alberto... De modo que
nunca... nunca...
Nunca.
¿Pero... nada... nada...?
Nada.
¿Un voto acaso?
-
ÁLB.
GrAB.
ÁLB.
GrAB.
ÁLB.
GrAB.
ÁLB.
GrAB.
ÁLB.
GrAB.
ÁLB.
GrAB.
ÁLB.
GrAB.
ÁLB.
63
No, refinamiento. Cuando era niño dejaba el más
sabroso bocado del plato aparte, para el final. En
la vida he hecho lo semejante con el am or...
(Entusiasmada como quien encuentra algo que busca
hace mucho tiempo.) ¿De veras?
¡Caramba!... Yo he dicho...
¡Qué original!...
Y además por amor a lo que está justo..
Eso no lo comprendo.
Yo quiero poder ofrecer a la mujer que me dé su
mano lo mismo realm ente que yo pretendo exi
gir...
¡Á h!... ¿Sabes, Álberto, que eres un hombre
único!
Yo creo también.
¿Y si te dijera que sin conocerte... yo te pre
sentía?
¿Realmente a mí?
O a alguno como tú... Yr dime: ¿qué has visto
en mí?
Nada. Ámor está ciego. Yo he sentido sólo que
llegaba...
¿Quién?
Ya he dicho: ¡Ámor! (Se oye en la plaza el murmu
llo de la muchedumbre que espera los discursos. Se
abre la puerta de la izquierda y entra S a n d o v a l .)
ESCENA XV
D ic h o s y S a n d o v a l
San.
G ab .
Gabriela... Tenemos que empezar. El pueblo es
pera...
Que espere... ese es su oficio. (Llevándole un poco
aparte.) Oyeme Alfonso: ¿Te dije antes que te do
taba con dos millones?
San .
G ab .
Sí...
Pues te doto con cuatro. Pero te casas con Margot... y estrenas la nueva ley. Yo ya me las arre
glaré para no quedarme soltera.
ESCENA FINAL
Entran M argot, M arzales, M arisol , María Rosa , Jesús
y R emington
G ab .
M ar.
G ab .
R osa.
G ab .
Rosa .
G ab .
R osa.
G ab .
R osa.
G ab .
R osa .
Antes de que se me olvide, Marzales: En cuanto
llegue usted a Madrid, prepáreme una escritura
de donación irrevocable de cuatro millones de
pesetas a favor de Alfonso Sandoval. Mañana me
la trae para firmarla.
Mañana estará aquí.
Señora... El distrito espera... María Rosa, prepara
el difusor.
Oye: he pedido en tu nombre a la Casa Reming
ton la mano de su hijo adoptivo para mi... ¿He
hecho bien?
Perfectamente.
Así estrenaré yo también la nueva ley. (Señalando
a Alberto.) ¿Lucha por fin?
No lucha. ¡Me quiere! Es el hombre que yo nece
sitaba. Figúrate que... (Le dice algo al oído.)
(Mirando a Alberto como a un bicho raro.) ¡No es
posible!
Como lo oyes... El Everest del sexo feo. ¿Está
ya eso?
(Después de manipular.) Está....
Avisa. (Todos se han sentado.)
(Delante del aparato.) ¡Distrito de Santa María!
¡Atención! ¡Discurso del candidato Gabriela del
Solar!
-
G
a b
.
65 -
(Después de carraspear se pone delante del aparato y
dice con voz firme:) ¡Electores! Hay en España tres
cosas de las que estamos constantemente oyendo
hablar mal, y que sin embargo persisten por su
profundo arraigo en el país: las propinas, el corsé
y la Monarquía... (Empieza a caer el telón muy len
tamente.) Fundamentalmente monárquico, el Par
tido Feminista integral tiene en su programa...
TELON
FIN DEL ACTO SEGUNDO
ACTO TERCERO
L a escena representa el despacho de Gafo lela del Solar, actual
mente Presidente del Consejo de M inistros de España. Encim a del
sillón presidencial y de cara al público, habrá un retrato al óleo
de Don Alfonso X I I I con el pelo y bigote blancos. Muebles apro
piados. TJna gran mesa. Sillones; puertas a la derecha e izquierda.
Teléfonos corrientes sobre la mesa.
( A l levantarse el telón, G abriela está despachando
Maríá R osa, que es la subsecretaría de la Presiden
cia. Gabriela va vestida con gran elegancia: María
Rosa también, dentro de su categoría.)
ESCENA PRIMERA
Gabriela y María Rosa
G ab .
Rosa.
G ab .
R osa.
G ab.
Rosa.
G ab.
Rosa.
(Firm ando.) ¿Has leído la prensa masculinista
de hoy?
La he leído.
¿Nos vapulea?
F uertemente.
Les ha sentado mal el decreto limitando el nú
mero de hombres que pueden ejercer la abogacía
y la medicina. Pues que se preparen. Tengo otros
proyectos en cartera...
Yo creo que no conviene abusar.
Cuando necesito tu opinión te la pido. ¿Hay más
firma?
Nada más, señora Presidenta.
-
Ga b .
R osa .
G ab .
R osa.
G ab .
R osa.
G ab .
R osa .
G ab.
R osa .
G ab.
R osa.
G ab .
Rosa .
G ab .
67
¿A. qué hora es el despacho con Su Majestad?
Han telefoneado de Palacio que Su Majestad es
taría de vuelta hacia las cinco y media.
Bien... ¿Mucha gente esperando?
Algunas comisiones que tiene usted citadas.
Por ejemplo...
Una de antiguos chauffeurs de taxis que vienen a
pedir que se revoque el decreto, autorizando
sólo a las mujeres para conducir... Realmente
quedan en la calle.
En la calle, pero vivos. En cambio, los que ellos
atropellan... Desde que sólo guían mujeres, hay
muchas menos desgracias. Es natural. Una mujer,
aunque vaya al volante, no se olvida de lo que
cuesta tener los hijos, y respeta los de los demás.
Que trabajen en otra cosa.
De eso se quejan. Como para cargos públicos, no
siendo soldado voluntario, policía o barrendero,
no se admiten hombres...
¿Y los privados?... Que se hagan niñeros, o mozos
de cuerda o cocineros. Y, sobre todo, que traba
jen sus mujeres.
Es que son solteros.
Pues que se casen. El decreto no se revoca.
¿Qué más?
Otra comisión de padres de familia que viene a
quejarse de que sus hijos varones menores de
veinte años, no pueden salir solos a la calle, sin
que sean piropeados y acosados por las tobilleras.
Muy justo; atiéndelos. Se tomarán medidas enér
gicas. Que se ponga una circular a las Goberna
doras para que castiguen con multas.
¿Qué le parece?... ¿Cien pesetas por un beso; cin
cuenta por un pellizco; veinticinco por un piropo?
No; ipobreoillash..' Excesivo. Da vida está tan
-
Rosa .
G aB.
R osa .
GtAB.
Rosa.
GtAB.
R osa.
Gl-AB.
68 -
cara.. Pon cincuenta, veinticinco y diez. ¿Qué más?
El resto, morralla... Giobernadoras que se despi
den; diputadas de la mayoría...
¿No hay ninguna de oposición?
No.
Entonces recibe tú; yo estoy muy atareada.
¡Ah!, se me olvidaba... Acaban de llegar los Mi
nistros de Gobernación y Gracia y Justicia.
Tienes razón No me acordaba que los había cita
do para las cuatro y media. Que pasen.
Está bien, señora Presidenta. (Sale Mari R osa ;
(Gabriela coge un teléfono de los que están encima de
la mesa.)
Póngame con mis habitaciones particulares.
(Pausa.) ¿Está el ama?... Que se ponga al aparato.
ESCENA II
GtABHIELA, Ujier , M inistro de la Gobernación y Ministro de
Gracia y Justicia
Ujier .
G ab .
(El Ministro de la Gobernación es un señor que viste
de levita. El de Gracia y Justicia es la Zenaida del
segundo acto.)
(Anunciando.) El señor Ministro de la Goberna
ción y el señor Ministro de Gracia y Justicia.
Ustedes perdonen... Un momento... (Gesto de am
bos Ministros que significa: «¡No faltaba más!» Se
sientan en dos butacas, una a cada lado de la mesa.)
Ama... ¿Qué tal está Albertito? ¿Tiene menos
fiebre?... Vaya, menos mal... Y sobre todo, y&
sabe: no le dé de mamar más que cada tres horas...
¿Qué?... ¿Qué?... ¿Quién quiere hablarme? ¿El
Embajador de Francia?... Póngame por el otro
aparato. (Cambia de aparato.) ¿Vous allez bien...?
B9 —
G. y J.
Gab .
G ob.
G. y J.
G ab.
Gob.
Gab.
G ob.
G ab.
G ob.
G ab.
G ob.
Gab.
G. y J,
y G ob .
Mesiou l’Ambassadeur... ¿Vous dites?... Otii; si
vous voulez a sept heures... Entendu. A tout a
l’heure, Mesieu PAmbassadeur...
¿Alguna complicación diplomática?
No. Unos modelos de ropa blanca que ha recibido
y me los quiere enseñar. ¿Les he hecho esperar
mucho?
Acabamos de llegar.
Yo he recibido su aviso cuando estaba probándo
me en casa de la modista...
(Al Ministro de Gobernación.) Dígame, señor Mi
nistro. En estos días se nota malestar, desconten
to. ¿Hay síntomas alarmantes?
Las últimas leyes dictadas han agravado los mo
tivos de encono, que laten siempre.
Frases, no, que no estamos en el Congreso. ¿Peli
gra la vida del Gobierno?
Hasta donde puedo prever, no lo creo.
Esos mítines... Esas manifestaciones...
Fogata de virutas, que dijo un antecesor suyo en
ese sillón, señora Presidenta.
Perfectamente. Es necesario, sin embargo, señor
Ministro, que disminuyan esas fogatas, aunque
sean de virutas; porque al lodo de las virutas
están los tablones, y el fuego es peligroso ¿Está
usted seguro de que en Madrid no se conspira?
A pesar de esa efervescencia aparente, la paz rei
na en Yarsovia.
A mí Varsovia me tiene sin cuidado. Lo que me
preocupa es Madrid, señor Ministro. Necesito que
me preparen cuanto antes una ley de represión
del ruasculinismo, severa, atenta a las necesida
des del momento. ¿Comprendido?
J (A un tiempo) Comprendido.
G ab .
(i. y J.
GOB.
G ab.
(Al Ministro de Gracia y Justicia.) Bien. A otro
asunto. ¿Esa información?
Terminada. Noticias satisfactorias. Mañana hará
dosaños que inauguró usted la nuevaley de matri
monios a prueba. En estos días vencen más de
mil trescientos. No se ha dado el caso de que uno
sólo de esos dos mil seiscientos consortes haya
pedido la rescisión.
¡Admirable! ¡Qué triunfo, doña Gabriela!
¡Esto marcha! La separación posible, ha matado
al divorcio probable.
ESCENA III
Dichos y Marisol
M ari .
G a B.
M a ri .
GAB.
M ari .
(Se oye un pequeño altercado entre el Ujier y Marisol.
Luego la voz de Marisol que dice:)
«Y yo le digo a usted que para mí está siempre.»
(Entra Marisol en tromba, como de costumbre.)
¡Gabriela!... (Besos, abrazos.) Figúrate que el Ujier
se empeñaba en no dejarme pasar. Como si entre
nosotras no hubiera confianza... (Saludando a Gra
cia y Justicia.) (Cómo está usted?... Muchas gracias
por su amabilidad... Tenía verdadero interés por
ese canónigo. Es mi hermano de leche. (Inclina
ción de cabeza a Gobernación.)
¿Es posible que no se conozcan ustedes?... El Mi
nistro de la Gobernación... La señora de Marza
les, diputada de la mayoría... (Saludos.)
No sé a punto fijo si soy la señora de Marzales.
A eso vengo.
¿Pues qué ocurre?
José Antonio y yo que no nos entendemos. Basta
que yo diga blanco, para que él diga negro. Des-
71
GrOB.
Mari.
G. y J.
Mari.
Gab.
Mari.
Gab.
Mari.
Gab.
G. y J.
de que entré en el partido feminista no me puede
ver. Como a todos los hombres: le molesta que
nosotras...
Hay excepciones...
Pocas, pocas, señor Ministro, y todas con cargo
A lo que iba. Como sabía que en estos días ven
cía mi matrimonio, no le daba mayor im portan
cia a estas desavenencias, y para hacer tiempo^
me enamoré de un inglés estupendo. No tienen
ustedes idea. Fuerte, buena facha; moreno como
un gitano. ¡Figúrense!... Un inglés moreno...
¡Tiene unos ojos color tinta W atterm ann que enlo
quecen!
(Con cierta envidia.) ¿Dice usted que color tinta
W attermann?... Realmente es notable.
Fuimos a querernos unas semanas a los lagos ita
lianos, y en los lagos se nos fué el santo al cielo
y he dejado pasar los diez días de plazo que m ar
ca la ley para pedir la rescisión del matrimonio.
¡Marisol!... ¡Qué cabeza!
¿Qué quieres, hija? Aquello estaba delicioso: la
tem peratura, ideal; W illy, enamoradísimo; la feli
cidad, al contado. ¿Quién piensa en plazos?...
¿Y ahora, qué pretendes?
Quiero que José Antonio no se salga con la suya.
Se empeña en que tengo que ser dos años más la
mujer de un notario. Nada más que por hacerme
rabiar; porque en el fondo está deseando que me
vaya. Y he venido a que me firmes un decretit'o
apropósito.
(A l Ministro de Gracia y Justicia. >¿Se puede hacer
algo?
La ley está term inante. Pasados los diez días de
plazo, se considera reválido el matrimonio por
dos años. Sin embargo, no está previsto el caso
—
G
a b .
G. y J.
Gab.
<>
Mari .
Gab.
M ari .
Gab.
Mari.
Gob.
M ari .
Gob.
Mari.
Gob.
Mari.
72
de que el recurrente sea Diputado de la mayoría.
Tiene usted razón... Por ahí, por ahí...
La concederemos una prórroga de un mes, basán
donos en su ausencia forzosa de M adrid, comisio
nada por el Gobierno, para estudiar el régimen
municipal de las orillas del lago de...
Ya lo sabes; complacida. Pero otra vez no se te
vaya a ir el santo al cielo.
v
Descuida. Dejaré hecho lo necesario antes de salir
para Escocia.
¿Con W illy?
No. W illy se lo he traspasado a una amiga que
hace colección de ingleses. Ya sabes mi lema.
El de la mariposa: Liba y no pernoctes. Ahora
me voy con un italiano que tiene unos pjos...
¿Color?...
Hoja de álamo en otoño. Y además, una voz tan
melodiosa que te pregunta: «¿Qué hora es...?», y
te parece que estás en la ópera. (A l Ministro de
Gobernación.) Por cierto que tenía que pedirle a
usted un favor y no recuerdo ahora... ¡ah, sí!
Quisiera para mi amigo la Gran Cruz de Car
los III.
Eso es cosa de mi colega el Ministro de Estado;
pero se lo recomendaré con todo interés. ¿Cómo
se llama su recomendado?
Orlandini. Cario Orlandini. (Gobernación apunta.)
¿T qué méritos puede alegar?
Ninguno. Pero yo estoy segura que la banda irá
admirablemente con el color de sus ojos. De frac
estará guapísimo.
Es una razón muy digna de tenerse en cuenta.
No se olvide, ¿eh? Vaya, no les molesto más, que
a lo mejor tienen ustedes algo serio de que hablar.
(A Gabriela.) Y ya sabes; si te hago falta para al-
G. y J.
G ab .
G. y J.
G ab .
G. y J.
Gab .
G ob.
G ob.
G ab.
G ob.
guna votación, no tienes más que avisarme. De
Escocia a la Plaza de las Cortes, tres horas y
cuarto. Me voy, que a las cinco me espera Orlan
ditii. (Dando la mano a los dos Ministros.) Y un
millón de gracias por todo.
Por Dios... Tratándose de una Diputada déla ma
yoría... (Sale M arisol en tromba, como entró.)
Quedamos en que me prepararán para el Consejo
de mañana, un proyecto de represión del masculinismo.
¿Líneas geuerales?
Mano dura. Nada de contemplaciones. No olvi
den que nos han estado llamando durante mucho
tiempo el sexo débil.
Para el Consejo de mañana estará el proyecto.
(A Ministro Gobernación.) Y usted ya sabe: vigi
lancia, mucha vigilancia... (Suena el timbre de un
teléfono; Gabriela se pone al aparato.)
¿Quién?... ¿De Gobernación?... Sí, sí; aquí está el
señor Ministro... Ahora mismo. (A Gobernación.)
Le quieren hablar del Ministerio... Asunto ur
gente.
(Intranquilo.) ¿Qué será?... (Se pone al aparato y
desde las primeras palabras que escucha empieza
a palidecer.) ¿Qué?.. ¿Está usted segura?... No es
posible... (Gabriela y Gracia y Justicia esperan
ansiosos el final de la conversación.) ¿Dice usted
que los Sindicatos Masculinistas...? ¿Todos?...
Bien. Ahora mismo voy al Ministerio. (Cuelga.}
¿Qué pasa?
Me telefonea la subsecretaría, que en este mo
mento están reunidas las representaciones de los
Sindicatos masculinistas, para tomar acuerdos que
pueden comprometer seriamente la vida del Go
bierno .
—
G ab .
G ob.
G ab.
74
~
¿Q u é a c u e rd o s son esos?
A ú n n o lo sa b em os.
E stá b ien . D e n tro d e m ed ia h o ra v o y a d esp a ch a r
c o n Su M a jesta d . P ara e n to n c e s n e c e s ito
una in
fo r m a c ió n d eta lla d a y ex a cta d e lo q u e pasa, o d e
lo c o n tra rio ... ¿M e ha c o m p r e n d id o u sted , se ñ o r
M in is tro ?
G ob.
G ab .
H e c o m p r e n d id o , señ ora P r e s id e n ta .
A las siete, C o n s e jo d e
M in is tr o s
a q u í. V o y
a
cita r ah ora m ism o.
G . y J.
N o o lv id e u sted q u e a esa h ora la e s p e ra el E m
b a ja d o r
d e F ra n cia , para
lo s
m o d e lo s
d e rop a
b lan ca .
G ab .
¡A y ; es v e rd a d !... E n to n c e s el C o n s e jo a las siete
y m e d ia . L o p r im e r o es lo p r im e r o . H asta lu e g o .
G ob.
G. y J.
() H asta lu e g o ,
!i Ministros .,)
se ñ o ra
ESCENA
P r e s id e n ta ...
(Salen
los
IV
G abriela , M aría Rosa, y luego M argot y Sandoval
(En cuanto se queda sola Gabriela, llama a un tim
bre y luego pasea, esperando. Entra M aría Rosa .,)
G ab.
Rosa .
Cita para C o n s e jo a las sie te y m e d ia .
P e rfe cta m e n te . E l D ir e c t o r d e
S e g u r id a d ,
y su
m a rid o d esea n v e rla c o n u rg e n cia .
G ab .
Q u e pasen. (Sale M aría R osa . A los pocos segun
dos entran M argot y Sandoval . L os dos traen
cara de preocupación.)
M ar.
G ab .
S an .
G ab.
Mar .
¿S a b e u sted y a la n o ticia ?
Sé a lg o ... L o s S in d ica to s ..., ¿n o ?....
L o s S in d ica to s .
¿Q u é es lo q u e tram an?
'
A lg o m u y se r io . E n este m o m e n to están r e u n id o s
lo s je fe s .
GAB.
Mar.
Gab .
¿Dónde:
En la «Casa del Hombre».
Que vayan dos comisarios y suspendan la re
unión.
S an.
Eso no puede ser, Gabriela.
Gab .
¿Por qué?
S an.
Porque... (A Margot.) ¿Verdad que eso no puede
ser?
Mar.
No, señora Presidenta.
Gab.
¿Me queréis explicar?
San .
Porque el jefe de ese movimiento...
Gab.
¿Qué..., quién es el jefe?...
San.
(A Margot.) Díselo tú.
Gab.
Pero ¿qué misterios son esos? El nombre: venga
el nombre.
Mar.
El jefe del movimiento es su marido.
Gab.
¿Alberto?
Gab.
El mismo.
Gab. ,
¿Alberto conspirando contra mí?... No es posible...
Alberto..., el marido modelo..., el hombre de su
casa..., de su hogar..., ¿sindicado y revoluciona
rio?... ¡No lo puedo creer!
Mar.
Créalo usted, señora Presidenta.
Gab .
Pruebas, pruebas.
Mar.
Hemos logrado colocar un teleobservador en el
cuarto donde se reúnen. ¿Quiere usted verlos?
G ab.
¿No he de querer?
Mar.
( Yendo a la puerta de la derecha.) ¡Casilda, trae el
aparato!...
ESCENA V
Entra Casilda, que es una agente de la secreta. Viste con senci
llez, de oscuro. Lleva un bastón de cayada, y trae cu la mano una
caja de tamaño regular con hilos para enchufe. Al entrar, hace una
reverencia a Gabriela.
M ar .
Casilda... Prepara... (Casilda pone sobre la mesa el
aparato. Enchufa un hilo. Manipula. Luego mira por
el aparato, y dice:)
Cas.
Gab.
Ya está...
(Asomándose.) ¡Es verdad! Les veo perfectamente.
Son ocho. Todos escuchan a Alberto. ¿Cuántos
Sindicatos hay?
Mar.
Siete: el «Unico», el «Cristiano», el «Unico bis»,
el «Reformista», el...
¿Y Alberto, a cuál pertenece?
A ninguno. Lo que ha hecho os ponerles de acuer
do. Le llaman el «sindicador de los Sindica
tos».
G ab.
San.
Gab .
Mar.
G ab.
Mar .
G ab.
Cas.
Gab .
Cas.
G ab.
(Paseando nerviosa por el cuarto.) Bien... (Con cal
ma y tranquilidad un poco fingidas. Sandoval la da
un cigarrillo, que enciende. Da dos o tres chupadas.)
¡Margot!...
¡Señora Presidenta!
' ¿Una agente de confianza para una misión ur
gente?
(Señalando a Casilda.) Esta misma.
(A Casilda, que se cuadra al dirigirle la palabra
Gabriela.) Vaya usted a la «Casa del Hombre».
Pregunte usted por el señor García del Solar y
dígale que la Presidenta del Consejo le ruega...,
fíjese bien..., le ruega que se pase por aquí inme
diatamente.
¿Y si se negara?
(Tras breve reflexión.) Si se negara, lo trae usted
por la fuerza... Con miramientos... Sin brutali
dades... Nosotras somos nosotras... Vaya us
ted...
A la orden, señora Presidenta. (Sale Casilda.)
Por ahora, nada más. Ni una palabra de esto a
nadie, hasta nueva orden.
77 —
ESCENA V I
Dichos y Ujier
Ujier .
G ab .
U jier .
G ab .
(Entrando.) Señora Presidenta...
¿Qué hay?
(Entregando una tarjeta en una bandeja.) Este señor,
que desea ver con urgencia a la señora Presidenta.
(Leyendo la tarjeta.) ¡Ah! Que pase. (A Margot y
Sandoval.) Esperadme ahí fuera por si os necesi
tara luego. (Salen M argot y Sandoval .)
ESCENA V II
G abriela y M arzales
M arz .
G ab .
M arz.
G ab .
M arz.
G ab .
M arz .
G ab .
M arz .
G ab .
M arz
Gab.
(Entra M arzales encantado de la vida.)
(Besándola la mano.) ¿Cómo estás, Gabriela?
Bien, ¿y tú, José Antonio?
Tú cada día más guapa.
A pesar de las oposiciones... ¿Qué hay de nuevo?
Tú dirás.
¿Yo?
Sí. ¿No ine has mandado llamar?
No. Debe de haber error.
No creo. He recibido este volante hoy por la ma
ñana. (Saca un volante y se lo da a Gabriela. )
(Leyendo.) «Presidenta del Consejo de Ministros,
ruega a su distinguido amigo don José Antonio
Marzales, se sirva pasar por la Presidencia a las
cinco de la tarda de hoy, para un asunto profe
sional y urgente» ...¡Qué raro! Yo no he mandado
poner este volante.
¿Será una broma?
•¿A ver? (Coge otra vez el volante.) ¡Ah!... Mira... En
cima de «La Presidenta del Consejo» dice con le-
-
78 -
H
Marz.
G ab.
Marz.
G ab.
M arz .
G ab.
M arz.
G ab.
Marz.
Gab.
Marz.
G ab.
M arz.
G ab.
Marz.
G ab.
Marz.
G ab.
Marz.
G ab.
M arz.
tra muy menuda: «El marido de...» Este volante
es de Alberto.
Ah..., de tu marido. ¿Y qué quiere?
No lo sé. Pero pronto saldremos de dudas, porque
va a llegar de un momento a otro. Por cierto^
dime... ¿Tú estás sindicado?
Como todos... los hombres.
¿A qué grupo perteneces?
Al sindicato vínico «bis». Sección: Maridos des
contentos»... ¿Por qué me preguntas eso?
Habéis recibido instrucciones recientes.
Ya comprenderás... Gabriela.
Puedes hablar sin miedo. Ahora sojr Gabriela del
Solar.
En ese caso... Esta noche a las once se nos radiocomunicarán los acuerdos que debe estar to
mando a estas horas la Directiva.
¿Y no sospechas?
Ni idea. Los sindicados no hacemos más que
obedecer: pero, ¿por qué me preguntas eso?
Por nada. Vamos a dejar esta conversación. ¿No
sabes? Marisol ha estado aquí hace un rato.
Me lo imaginaba...
¿Sabes a qué ha venido?
Como si lo viera... a pedirte que le arreglaras la
rescisión de nuestro matrimonio, ¿no?
Exactamente.
Y tú, como es natural, la has complacido.
¿He hecho mal?
Has hecho bien. Solidaridad. Cuando mandába
mos los hombres... hacíamos lo mismo.
Menos cuando se cruzaba una muier de por
medio...
¡Bah! También ahora. Cuando los hombres quie
ren...
_______
Gab.
M arz.
Gab.
M arz.
Gab.
M arz.
Gab.
M arz.
G ab.
M arz.
Gab.
M arz.
G ab.
M arz.
G ab.
M arz.
Gab.
M arz.
Gab.
¿Q ué q u ie re s d e cir?
Q u e h a b é is h e c h o u n m al n e g o cio .
¿ P o r qué?
C u a n d o lo s h o m b re s te n ía m o s el P o d e r... e ra n las
m u je re s en re a lid a d las q u e m a n d ab an ... U n a in trig u illa ... c re d e n c ia l; u n r u e g o ... d e c re to ; u n a
esc e n a ... ley . E n ca m b io , a h o ra q u e el P o d e r e stá
en v u e s tra s m a n o s, so m o s n o s o tro s lo s q u e d is p o
n e m o s. A n te s se d e c ía p a ta e x p lic a r c ie rta s co sas:
« H ay fald a s d e p o r m ed io .» A h o ra se d ic e - « In
te rv ie n e n u n o s p a n ta lo n e s.»
¿T ú crees?
E sto ja se g u ro .
P u e d e q u e te e q u iv o q u e s ...
T al v e z ... L o c ie rto es q u e c o n m ig o te h a s p o r ta
do m u y m al.
¿ P o r qué?
P o rq u e p o d ía s h a b e rm e c o n su lta d o a n te s d e co m
p la c e r a M ariso l.
U n a a m ig a es u n a a m ig a ... y ad e m á s d e la m a
y o ría ...
A u n q u e yo sea d e o p o sic ió n , m e te n g o p o r b u e n
a m ig o t u y o .
L o sé y te c o rre s p o n d o .
¡P rú eb a m elo !
¿C óm o?
D e sh a c ie n d o lo q u e h as h ech o en fa v o r d e M a
riso l...
¿N o v e s q u e m e p id e s u n im p o sib le?
(Coqueteando.) ¿D e v e ra s ... d e v e ra s... es ta n im
p o sib le ?
(M á s blanda.) H o m b re ... cla ro q u e im p o sib le ...
im p o sib le , no h a y n a d a en p o lític a , p e ro m u y
d ifícil sí.
— so —
M arz.
G ab .
M arz .
G ab .
M arz .
G ab .
M arz.
G ab .
M arz .
G ab .
M arz .
G ab .
M arz .
G ab .
M arz .
G ab .
Más mérito. Anda... Gabriela... Yo te pido que
lo hagas...
Pero José Antonio...
Anda... Gabrielita, sé buena.
(Con cierto despecho.) ¿Tanto la quieres?
No, no es eso... pero hazlo...
(Después de mirarle los ojos y vacilar un momento. )
¡Ay, ese Mediterráneo... ese 'Mediterráneo es la
obsesión de los gobernantes,.. Para que no pue
das decirme que no soy amiga tuya. (Va al teléfo
no para llamar.)
(Deteniéndola.) ¿Qué vas a hacer?
Dar contraorden... ¿No es eso lo que querías?
No... eso me tiene sin cuidado...
Pues entonces, ¿qué?
¿No lo has comprendido? Yo lo que quería era
saber... (Se acerca a ella.)
(Conquistada.) ¡Ah! Tú lo que querías era saber...
(Más cerca todavía.) Sí...
¿Y ahora qué sabes?
Lo que me imaginaba... Que habéis hecho un mal
negocio. (Llaman a la puerta.)
(Contrariada.) ¡Adelantel
ESCENA V III
D ichos, Ujier y luego A lberto
G ab .
U jier .
G ab .
U jier .
G ab.
¿Qué pasa?
Es el señor.
(Como en las nubes) ¿Qué señor?
El señor... El marido de la señora Presidenta.
(Poniendo cara severa.) Que pase... ese señor. (Sale
el ujier y entra A lberto con la mayor naturalidad.)
Ven aquí... Mírame. (Le mira fijamente.) ¿De dón
de vienes?
-
81
A lb .
(Sin hacer caso de su mujer.) ¿Cómo está usted,
Marzales. Ha recibido mi aviso? (Marzales va a
contestar.)
GtAB.
(Interponiéndose.) ¿Se puede saber para qué nece
sitas tii a Marzales?
(Siempte con mucha calma.) Ahora mismo... Señor
de Marzales... no hablo con el amigo, sino con el
notario. Y digo. Hoy, 14 de mayo de 1945, Alber
to García del Solar, estado casado, edad treinta y
ocho años, profesión millonario... de-nun-cia... su
matrimonio con Gabriela del Solar, estado casada,
edad, según ella, treinta años, profesión... acci
dentalmente, Presidente de los Consejos de mi
nistros de España.
A lb .
G A B .
A lb .
(Un poco emocionada.) Alberto... ¿Hablas en serio?
Hay edificios donde sólo se debe hablar en serio
y este es uno. (A Marzales.) Le ruego levante ac
ta. (Marzales se sienta en la mesa y se dispone a es
cribir.)
G ab .
M arz .
(Amenazadora.) ¡José Antonio!
Gabriela... El amigo ya se ha ido. Aquí sólo que
da el notario.
G\ b .
Bien. En ese caso quiero que conste que la que
denuncia primero nuestro contrato matrimonial,
soy y o... que conste así en el acta. (Marzales con
sulta con la mirada a Alberto.)
A lb .
No es rigurosamente exacto... pero no hay incon
veniente. El desarreglo de los factores no corrom
pe el producto, como dice un refrán bien español.
(Pausa. Marzales escribe. Gabriela, muy nerviosa,
pasea por el cuarto dirigiendo miradas terribles a
Alberto, que muy tranquilo fuma sentado en un si
llón. )
¿Quieren ustedes hacer el favor de ver si está
M arz.
-
82 -
bien? ( Alberto y Gabriela se ponen de pie cada uno a
un lado de Marzales y leen a media voz el acta.)
Gab .
A lb .
M arz
Conforme.
De acuerdo.
¿Hacen ustedes el favor de firmar? (Gabriela firma
A lb .
de pie y con tal rabia que rasga el papel.)
(Sentándose para firmar con toda calma.) ¡Oh!... ¡Ha
M arz.
A lb .
M arz.
Los LOS.
M ar .
A lb.
M arz .
A lb .
M arz.
roto el documento! ¿Considera usted, señor Mar
zales, que es válido todavía?
Es un rasguño sin importancia.
¿Rasguño? No recordaba esa palabra. ¡Yo hubiera
dicho... zarpazo! ( Gabiela le mira furiosa. El firma
lentamente, sin hacer caso.)
(Recogiendo el documento:) Y ahora, permítanme
ustedes que les haga la pregunta obligatoria que
señala la ley para estos casos: Gabriela del Solar
y Unquera. ¿Persisten ustedes en su determina
ción de dar por concluso su matrimonio?
Persistimos.
En ese caso... Una vez cumplido mi triste deber!.«.
Cumplir un deber nunca es triste. ..
Pongamos desagradable...
Pongamos...
Gabriela. (Le besa la mano.j Alberto. (Se la estre
cha.) Buenas tardes... (Hace una inclinación y sale.)
ESCENA IX
A lberto y G abriela
Ga b .
(En cuanto se quedan solos, Alberto vuelve a sentarse
tranquilamente en un sillón. Gabriela pasea p or el
cuarto como un tigre enjaulado.)
( Parándose ante Alberto.) ¿Y se puede saber por
qué has querido romper nuestro matrimonio?
-
A lb.
G ab.
Alb.
Gab.
A lb .
Gab.
A lb.
Gab.
A lb .
Gab.
A lb .
Gab .
A lb.
Gab.
A lb.
Gab .
A lb .
Gab .
A lb.
Gab.
A lb.
83 -
Voy a contestar. (Se quita el monóculo, tira el ciga
rrillo, guarda con todo cuidado la boquilla en su estu
che y dice:) Porque no puede aguantarte...
¿Ah, sí?... ¿Desde cuándo?...
¿Cuánto tiempo hace que eres Jefe del Gobierno?
Hace trece meses...
Pues desde entonces...
Y no podiendo aguantarme has vivido a mi lado
estos trece meses, con caras sonrientes... co ncaricias... con mimos... hasta con apasionamiento... no
lo niegues... con apasionamiento a veces...
No lo niego...
¿Y por qué, si me detestabas?
E ra mi obligación esperar a que pasaran los dos
años. Servicio obligatorio. Hoy he cumplido y me
licencio...
¿Serías tan amable que me dijeras los motivos por
los que te resulto inaguantable?
Nada más justo ... (Saca un papel del bolsillo y lo
lee como para recordar.) Prim er motivo: Por
egoísta...
¿Egoísta, yo?
Egoísta, tú . . .
Pruebas... pruebas...
En estos trece meses todos las manifestaciones de
ternura entre nosotros han tenido lugar en los
días y horas que te convenían a tí y al Gobierno.
Cuando la iniciativa partía de mí, fracasaba lasti
mosamente...
Si llamas egoísmo a la razón de estado...
Otro motivo: Por excesivamente coqueta...
¿Coqueta?... ¿En qué sentido?...
Yo temo que en los cinco...
Explícate...
No hace falta... Recuerda...
-
Gab .
Alb.
G ab.
A lb.
Gab .
A lb.
G ab.
A lb.
Gab.
A lb.
G ab.
A lb.
Gab .
A lb.
G ab.
A lb.
G ab.
A lb.
G ab.
alb.
84 -
¡Ah!... Comprendo!... Tú llamas coqueta a una
mujer que la gusta flirtear un poco con algunos
hombres...
Ese algunos es de una modestia que te honra...
Bueno, pues con muchos... ¿y qué?... Eso qué tie
ne de particular... y menos ocupando el cargo
que ocupo...
Desocúpalo...
Qué más quisiéras tú... ¿De manera que no voy
a poder ya ni flirtear?...
Vas a poder. Pero con otro marido.
Y te atreves a echarme en cara mis coqueteos que
duran lo que una flor...
Esa no es razón. Hay siemprevivas...
...tu... que te has permitido el lujo de ponerte al
frente de una conspiración... contra mí... tu mu
jer... la madre de tu hijo...
En efecto, he tenido ese honor...
¿Y tienes el cinismo de reconocerlo?
Yo tengo siempre el valor de mis actos propios...
¿Y qué es lo que pretendíais con esa conspira
ción?
Pretendíamos y pretendemos, justicia...
¿Justicia?... ¿Acaso no la hacemos?
No. Lo vuestro es venganza.
¿Venganza?
Sí. Yo tenía entendido que vosotras queríais la
igualdad en el hombre. La i-gual-dad... Eso esta
ba bien. Era deseo natural. Deseo justo. El hom
bre estaba arriba, la mujer abajo. Llegáis al po
der. . .
Y ponemos las cosas en orden...
Falso. Se vuelve la tortilla. Todo sigue como an
tes, sólo que al revés. La mujer está arriba, el
hombre está abajo..,
. ...
-
Gab .
A lb.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab .
Alb .
Gab.
Alb.
Gab.
Alb .
G ab .
Alb .
Gab.
85
-
¿Y no es eso lo justo?
No, lo justo sería que el hombre y la m ujer estén
los dos arriba...
Eso no puede ser...
Pues eso será.
(Irónica.) ¿Y quién lo va a conseguir?
Yo...
¿Tú?... ¿Cómo?...
Echándote del Poder como te he echado del matrimónio...
(Furiosa.) Pero tu no sabes, infeliz... que basta
una orden... una palabra mía para...
Usa orden no la darás... esa palabra no saldrá de
tus labios...
¿No? ¿Por qué?...
Porque en el fondo, tú me quieres a mí; hoy, más
que nunca, porque no puedes vivir sin mí... Un
beso puede cambiar la Historia Universal...
Que yo no puedo vivir sin ti... (Riendo muy ner
viosa.) ¡Que un beso puede cambiar la Historia
Universal!... Déjame que me ría...
R íe... pero me quieres...
¡Ahora verás!... (Llama al timbre.)
ESCENA X
Dichos. U jier y luego Margot
Ujier
Gab.
Alb.
Gab.
Alb.
(Alberto sigue fumando en su butaca como si nada
tuviera que ver con él lo que está pasando.)
¿Llamaba usted?
Sí. Llévese detenido a es hombre.
Se dice «a mi marido».
Ya no lo eres.
Pero lo he sido.
86 Q- a b .
B ien . L lé v e s e d e t e n id o a m i m a r id o .
A lb .
Si pu ede.
M ar g .
T r a ig o las esp osas.
A lb .
N o. C o n una te n g o bastan te...
G ab.
¿ E n to n ce s , vas p o r la s bu en as?
A lb .
T a m p o c o . (A M a rg ot.) H a g a u sted el fa v o r d e r e
tira rse. (M a rg ot consulta con la m irada a G abriela.)
L a he d ic h o q u e se re tire ; ya la
lla m a ré
cuando
a h a cer. A ú n
estás a
la n e ce s ite .
G ab .
E s p e ra ahí fu era . (S a le M a r g o t .)
ESCENA
A lb.
P ie n sa
XI
A lberto
y G a b r ie l a
bien lo
que
vas
tie m p o .
G a b .
¿ A tie m p o d e qu é?
A lb.
D e en m e n d a rte . M ira q u e te p u e d e s
G ab.
¿ P e ro te a trev es a am en a zarm e?
A lb.
A m en a za el m ás fu erte.
G a b .
¿ Y q u ié n lo es aq uí?
A lb .
a rre p e n tir...
Y o . N o sa bes el fa v o r q u e te h e h e ch o c o n n o d e
ja r m e lle v a r d e te n id o .
G a b .
¿ Q u é estás d ic ie n d o ?
A lb .
E s cu ch a . E stáis o p r im ie n d o
condo
al h o m b re ,
y
al h o m b r e ,
m o r tifi-
el h o m b r e se d e fie n d e , el
h o m b r e es el m ás fu e rte .
G ab.
E s o lo v e re m o s .
A lb .
E s o está visto. V e n g o d e una r e u n ió n d e lo s S in
d ic a to s . E stán cu rsa d a s las ó r d e n e s . D e n o h a b e r
a v is o en c o n tra rio , esta n o c h e a las o n c e , lo s d ie z
m illo n e s d e S in d ica to s e sp a ñ o le s,
com o
a v u es tra p o lític a , se
en h u e lg a
brazos ca íd os.
G ab.
¿ Y esa h u elga du ra rá ?
d ecla ra rá n
p r o te s ta
de
87
Alb .
Gab.
Alb.
G ab.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab.
A lb.
G ab.
A lb.
Gab.
Lo que dure vuestra política.
No tendrán resistencia.
Te equivocas. Las que no resistiréis sereis vos
otras.
¿Nosotras? Qué equivocado estás... ('María Rosa
entra. Entrega a Gabriela un fajo de telegramas
oficiales y sale.)
¿Y dices que la huelga empieza esta noche?
A las once.
¿Y no hay manera de conjurarla?
Una sola.
¿Cuál?
Que me prometas solemnemente... No; mejor
dicho, que me jures como si fuera la constitución,
que en lo sucesivo todas las medidas de Gobierno
que tome el M inisterio que presides, las consul
tarás conmigo.
Eso... nunca
E stá bien. Entonces, a las once... fHace ademán
de dejar caer los brazos.)
¿Y a mí qué?... ¿Y a mí qué? (Con rabia.)
Gabriela, transigir es gobernar.
¡No quiero, no quiero y no quiero! Te detesto.
Detéstame; pero transije...
¡No, no y no!
Con lo fácil que sería arreglar todo esto. Una sen
cilla promesa... Un poco de buena voluntad....
Y un mucho de humillación...
No; eso, n o ... (Se arrodilla a los pies de Gabriela.)
Mírame... En nombre de ellos y de ellas; en nom
bre de lo bueno y de lo justo..., te pido que acep
tes...
(Tras unos segundos de vacilación.) ¡Alberto!... (Le
levanta, y se abrazan.) Se hará como deseas: el
hombre, arriba, y la mujer, arriba... ¿No es eso.'
A lb.
G ab.
ÁLB.
G ab.
A lb.
Gab.
A lb.
Gab .
A lb .
88 -
Eso es...
Telefoneo a Marzales que anule el acta...
No...; antes...
Ah, comprendo... Se acabaron los coqueteos... Si
en el fondo el único queme gusta eres tú... Y
pensar que hubieras sido capaz de sostener la
huelga sabe Dios cuánto tiempo...
No lo creas; estabas tan guapa, que ya empezaba
a sentir veleidades de esquirol...
¿Telefoneo?
No basta... Recuerda... (Gabriela, muy colorada, se
acerca a su marido y le dice una cosa al oído.j ¿De
veras?... ¿No me dirás nunca que no?... ¿Aunque
haya crisis?
Aunque haya crisis...
Telefonea...
ESCENA X II
Dichos y M aría Rosa
Rosa.
Gab .
A lb .
G ab.
A lb.
G ab.
Señora Presidenta... Avisan de palacio que Su
Majestad espera a la señora Presidenta para des
pachar.
Di que voy en seguida... Deja eso ahí... (María
Rosa deia sobre la mesa la cartera con la firma del
día.) Telefonea al señor Marzales, y le dices de
nuestra parte que queda anulado el documento
que hemos firmado esta tarde... No te olvides...
(Sale María Rosa.) ¿Quieres debutar en tu nuevo
cargo viendo la firma de hoy mientras me pongo
el sombrero?...
¿Hay algo importante?
Asuntos de trámite...
Entonces...
No, no importa: míralo... Quiero que veas que es-
-
89 -
toy dispuesta a cumplir mi promesa... Vuelvo en
seguida... (Sale G abriela .)
ESCENA FINAL
A lberto, G abriela y el U jter
G ab .
A lb .
G ab .
A lb .
A lb.
G ab .
U jier .
•
A lb .
U jier .
A lb .
Ujier .
A lb.
Ujier .
A lb .
(Entrando con el sombreyo puesto.) ¿Has visto ya
eso?
Visto...
¿Conforme?
Conforme...
( Besándola muy cariñoso.) Hasta luego, mi Ga
briela...
Hasta luego... tirano... (Le besa, coge la cartera y
va a salir.)
El automóvil de la señora Presidenta... (Sale Ga
briela sonriendo a Alberto. Este en pie en medio del
cuayto la mira may citar diciéndola adiós con la mayio. El ujiey al pasar la hace una reverencia de espi
nazo a todo trapo.)
Diga usted, Calixto.
¿Qué desea el señor?
¿Usted sabe quien es la persona que acaba de sa
lir...?
El señor está en broma... ¿No he de saberlo?
Dígalo.
¿Quién ha de ser?... Doña Gabriela del Solar... La
mujer que manda en España...
Pues ahora voy a decirle una cosa que puede que
usted no sepa. Este señor (pie se queda, es e) hom
bre que manda en la mujer que manda en E s
paña... (Sale pasayido por delante del Ujier que le mira asombrado mientras cae el
TELON
•
'
OBRAS DEL MISMO AUTOR
«Corazón de mujer», comedia en tres actos.
«La mujer misteriosa», comedia en tres actos.
«Un autor en busca de seis personajes», humorada en un acto.
«Baby», comedia en tres actos.
«1945», comedia del porvenir, en tres actos.
«La vuelta al redil», juguete cómico en tres actos.
«En paz».
«Julieta compra un hijo».
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