Un invento despampanante

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Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Revista Hojas Selectas
Lugar de publicación
Barcelona
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
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Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
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1906
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HOJAS SELECTAS

n° 53, mayo 1906

UN INVENTO DESPAMPANANTE

ué es lo que se le ofrece á usted?
— Vengo á ver si hacemos negocio.
— Hombre; á eso estamos. Y ¿qué es
ello?
— La compra ó la explotación de una
patente.
— ¿Hay que aprontar capital?
— Para com enzar, sí. Después de
quince días ya podrá retirarse duplica­
do, triplicado... ó como se quiera.
— ¡Hombre... hombre... hombre!!!
Eso sería maravilloso. Y, girando el ca­
pital unas cuantas veces al año...
— No hay que girarlo; ya le he dicho
á usted que á los quince días se amortiza
tantas veces como se quiere, y, después,
todo son ganancias ilimitadas y conti­
nuas. Se trata de un invento... despam­
panante; de una máquina cuyo funcio­
namiento interesa á todos los habitantes
de nuestro planeta, y, dentro de pocos
meses, hasta á los de M arte (que son
nuestros vecinos más próximos). La venta
de la patente puede producir un dineral;

pero la explotación directa (y esto sería Jo
más práctico), unos productos colosales,
no millones, sino billones... en fin, una
barbaridad. Porque dicha explotación ha
de ser doble; primero: una empresa de
abono universal, es decir, en todas las
naciones del antiguo y del nuevo conti­
nente y de cualquier otro continente,
isla ó islote que en lo sucesivo se descu­
bra. Este abono es para utilizarse de las
funciones del aparato. Segundo: una so­
ciedad de segaros contra las dichas fun­
ciones de dicho aparato.
— No acabo de comprender...
— Ya lo verá usted claro como el agua
(no la de 'Dos rius, sino la destilada), en
cuanto le vaya explicando á usted en
qué consiste mi invento.
— i Ah!... ¿Usted es el inventor? Será
usted extranjero, por supuesto.
— No, señor.
— ¿Español? Entonces catalán...
— Tampoco. Yo soy de todos los paí­
ses. Para ser de todos los países, no se

426

HOJAS SELECTAS

necesita más que marchar siempre de buena prisa se dan ustedes á explotarlo,
frente y no hablar bien ningún idioma. á fundar empresas, á pedir contratas...
— Bueno, bueno; es igual. Con tal de
— Hombre, claro: el negocio... Ade­
que el invento pueda producir un nego­ más de que, sin el capital, ¿qué serían
cio... graso.
todos esos inventos? Sin nosotros, ¿qué
—Graso y suculento. Ni el teléfono, harían los sabios, que suelen no tener
ni el fonógrafo, ni el telégrafo sin hilos, una peseta disponible?
— Y ¿qué harían ustedes, qué haría
ni el Anacronópete del malogrado Gaspar
ni la machina per volare del amigo No- el mundo sin los hombres de ciencia?
velli, ninguna, en fin, de las que hoy Pero, quédese esto aquí; que habría tela
pasan com o maravillas de la ciencia, para discutir largas horas sin llegar á en­
puede compararse á mi ‘Psico-kinos-fono- tendernos. Aquí tiene usted mi invento,
fotocromógrajo instantáneo y reversible. vuelvo á decir. Para que usted olfatee si­
quiera algo de su importancia y de su
Aquí lo tiene usted.
— ¿Y en esa cajita tan chica cabe todo alcance, no puedo prescindir de hacer
constar que no se trata de una instan­
eso?
— i Y mucho más, hombre, mucho tánea; que mi aparato realiza el plusmás! ¿No ve usted que es reversible é quamdesiderátum de los ya mentados
trabajos de la fotografía de los estados
instantáneo?
— ¡Ah!... vamos; el invento se redu­ psíquicos, porque obtiene clisés vivos
ce á una de esas máquinas fotográficas del delicado y complicadísimo funciona­
lismo cerebral. Por un procedimiento
que llaman instantáneas.
que he llegado á perfeccionar y á simpli­
— Nada de eso.
ficar hasta lo inverosímil, obtengo pelí­
— Pues ahora lo entiendo menos.
— ¿No ha leído usted nada, ó, por lo culas instantáneas cinematográficas y
menos, no ha oído usted hablar de todos auto-fonográficas, dúplex.
— ¿Todo en una pieza?
esos modernos estudios acerca de las
— Sí, señor; todo. El quid estaba en
ondas hertzianas, los variadísimos y sor­
prendentes fenómenos de irradiación? dar con la substancia impresionable ade­
¿Nada sabe usted de la materia radiante cuada para fijar ondas de longitudes que
de Crookes, de los efluvios ódicos de Rei- hasta hoy no se conocían ni se sospe­
chentbach, de los rayos X, de los rayos N, chaban; es decir, tanto como sospecharse
de los rayos N‘, de los estudios y experi­ sí, porque desde los efluvios ódicos y los
mentos de Roentgen, de Curie, de Blon- rayos N... En fin, que he tenido la suerte
dlot, de Carpentier, de B ic h a t, etc.? de resolver el problema; y mis películas
¿Tampoco tiene usted n o tic ia de que, dúplex, como las he llamado, me repro­
ahora, ahora mismo, se están haciendo ducen, á un mismo tiempo, el movi­
trabajos de la b o ra to rio admirables, y miento de las neuronas, á m odo de
dignos de mejor éxito que el obtenido microcinematógrafo, y el sonido de las
hasta el presente, para fotografiar el pen­ palabras con las cuales expresaría el in­
dividuo su pensamiento, si quisiera ex­
samiento?
—¿Cómo quiere usted que un hombre presarlo. Para, apreciar, tanto las imá­
de negocios se entretenga en perder el genes como los sonidos, se necesita este
tiempo, que necesita para cosas útiles y otro aparato accesorio con el cual se per­
positivas, en leer ni siquiera los títulos ciben ambas clases de impresiones agran­
de todos esos que llaman ustedes traba­ dadas, por escala, hasta el tamaño que
jos científicos, y que á mí me parecen chi­ se desee. A esta amplificación puede aña­
fladuras científicas que no llevan á nin­ dirse la proyección, ya óptica, ya fono­
gráfica; y, entonces, el clisé ó película
guna parte?
— ¿Chifladuras, eh? P ero , cuando primitiva se hace accesible á la percep­
una de esas chifladuras, ó varias de ellas, ción del público. Esto ya no tiene tanto
dándose la mano, se cuajan en uno de mérito, pues, al cabo, viene á ser sólo
aquellos inventos que se llaman telé­ una aplicación de principios conocidos
grafo, fonógrafo, cinematógrafo, etc., de antes, y una adaptación á mi objeto

UN

INVENTO

DESPAMPANANTE

427

de instrumentos ya inventados. Conque,
— ¿Qué hace usiv.d apuntándome esc
dígame usted ahora si el asunto tiene chisme?
miga, y si 1c parecen á usted moco de
— Nada: ahora lo va usted á ver; pero
pavo las aplicaciones que de mi invento primero le voy á ver y á oir yo. Espere
pueden hacerse.
usted cinco minutos.
— Hombre, la verdad; me parece to­
do ello muy curioso, pero...
— Pues, señor, no me convienen tra­
— Aguarde usted un momento.
tos con usted.

—*¿A qué viene eso? ¿Por ventura le
he dicho á usted nada que pueda hacerle
dudar de mi seriedad, de mi?...
— No; si es que no me fundo en lo
que me haya usted dicho: me atengo á
lo que usted ha pensado.
— j Figuraciones de usted I
— ¿Figuraciones? Aplique usted el
oído á este pabellón adherido al aparato.
La película está revelada, y la he ampli­
ficado para que pueda usted oirla.
— No percibo más que. un susurro,
así, como una vocecilla de mosquito...

— Es lo que basta para enterarse; es
la misma intensidad de la vocecita que
oímos dentro de nosotros mismos, mien­
tras con la voz natural, y á veces á grito
herido, estamos diciendo lo contrario de
lo que pensamos; pero, á pesar de la vi­
bración enérgica de la voz articulada, y á
despecho de todos los otros ruidos exte­
riores, no dejamos de percibir, con toda
claridad, la consabida vocecita... que, en
ocasiones, llaman algunos vo* de la con­
ciencia... según lo que diga.
-—No entiendo una palabra.

428

HOJAS SELECTAS

— ¿De lo que acabo de decir, ó de lo
que ha dicho antes la vocecita de usted ?
— Ni de lo uno ni de lo otro.
— Fíjese usted bien. Mientras estaba
usted hablando conmigo en alta voz, pri­
mero ha pensado usted que yo era un
importuno; así que he comenzado á ex­
plicarme, que era un charlatán vividor
ó un loco, y ahora mismo, hace un mo­
mento, ha renunciado usted á asociarse
lealmente á mi empresa, pero ha tenido
usted el pensamiento pecaminoso de
hacerme soltar el secreto de mi inven­
ción, para ensayar usted, por su cuenta,
el negocio que le había propuesto.
— Hombre, hombre; esas son meras
cavilaciones... calumniosas.
— ¡C a!... nada de eso: el aparato
canta; y si quiere usted acabar de caerse
de espaldas ante lo portentoso de mi in­
vento, puedo ofrecerle el espectáculo de
una proyección, también dúplex, es de­
cir, de una especie de linterna mágica
doble, la cual presenta á un mismo tiem­
po la imagen cinematográfica de lo que
el sujeto dice y hace, y de lo que está
pensando y queriendo hacer, mientras
hace y dice lo c o n tr a r io de lo que
piensa.
— Si eso fuera verdad...
— ¡Y como sí lo es!... Ahora va usted
á verlo de sí mismo.
— No, no; ya lo veremos otro día.
— Luego, teme usted...
— ¡Qué he de temer!... No; lom as
mínimo; pero preñero acabar de ente­
rarme de las particularidades del aparato.
— Pues, mire usted: sobre todas las
expresadas, tiene, además, la propiedad
de reproducir lo pensado y lo sentido,
con sus colores propios.
— A ver, á ver, ¿cómo puede ser eso?
— Muy sencillamente... para mi, que
he llegado á apurar los registros del in­
vento. Ya le he dicho á usted que los
que habían, basta ahora, ensayado obte­
ner clisés de las vibraciones psíquicas,
no habían dado, en mi concepto, con la
verdadera s u b s ta n c ia impresionable.
Como los que fotografían los sonidos,
los rayos X, los rayos N, etc., todos se
han servido de las placas sensibilizadas
que se usan en fotografía; éste ha sido
el error y el escollo. Yo he buscado, y

hallado por 6n, una materia mucho más
impresionable que las gelatinas bromuradas y demás que comúnmente se em­
plean; yo he conseguido lo que casi no
podía soñarse: hacer que la placa ó la pe­
lícula sensibilizada se impresione poli­
cromáticamente en una sola exposición
instantánea de 3*02 billonésimas de se­
gundo.
— ¿Y qué es eso?
— Eso es que si, pongo por caso, us­
ted está pensando en una marina, en un
paisaje, el pensamiento de usted repro­
duce en la película la imagen de la mari­
na ó del paisaje, con toda la variedad de
tintas y matices, de luz y de sombra del
cuadro real en que usted piensa, ó que
usted recuerda en aquel momento; así
como también, micro-fonográficamente,
se reproducen todas las palabras con las
cuales usted, mentalmente, formula el
pensamiento; ítem más, que si lo pensa­
do ó lo sentido implica acto ó sucesión de
actos, esto es, vida en acción, aunque no
sea más que pensada ó deseada, el clisé
se impresiona cinematográficamente. De
todo lo cual resulta que, con mi Psicokinos-cromo-foto-fonógrafo se obtiene la
revelación de la vida exteriorizada, y se
llega además hasta los rincones más re­
cónditos del pensamiento, y los entresi­
jos de lo consciente, lo subconsciente y
lo inconsciente, esto es : la revelación ó
la imagen de la vida psíquica, que aun
no se ha exteriorizado, ó que, acaso, no
había de exteriorizarse nunca, ni por la
palabra, ni por la expresión fisionòmica,
ni por la actitud, ni por el movimiento.
— La verdad es que me siento media­
namente mareado por las explicaciones
de usted, porque como soy íego en todas
esas ciencias...
— No importa; los hechos se imponen
aun á las inteligencias obtusas como la
de usted. Fíjeme usted un dia para ello,
y yo le presentaré á usted una, cualquie­
ra, de mis colecciones de clisés, con los
engrandissements, para que, en la proyec­
ción , pueda usted verlos de tamaño na­
tural. Y contemplará usted cuadros gra­
ciosísimos, como, verbigracia, el de una
pareja de enamorados, tan felices que se
le hará á usted la boca agua, donde la
mujer enloquece de amor al hombre, y

429

UN INVENTO DESPAMPANANTE

le hace titilar hasta los tuétanos de los
huesos, mientras está pensando en cómo
se la pegará, una vez más, con otro amante no menos crédulo y bobalicón que el
primero; interviews de personajes políti-

5 0 efe enfrachi fp
niños y soldados '4f.

1 real

eos dando la gran m-rcilla á periodistas
que les escuchan, sin creer tampoco una
palabra de lo que aquéllos dicen, pero
unos y otros pensando en engatusar al
público manso con latas é infundios que

G A L E R IA o e
NOTABILIDADES

sAua

W-i-S,

r T r a r iw o r

los lectores se tragarán muy á gusto, sin
escarmentar jamás; estadistas y hacen­
distas que ofrecen al país de los contri­
buyentes, pistonudos planes de reformas
sociales y económicas indubitablemente
salvadoras, y que no lo son, en puridad,
sino para sus autores, los cuales piensan
y combinan y construyen un complica­
dísimo mecanismo de empréstitos, mo­
nopolios, jugadas de bolsa, y todo linaje
de chanchullos más ó menos producti­

vos. Y no digo nada del cuadro de la
guerra: éste ya no es divertido, sino ho­
rroroso y espeluznante. Patria, honor
nacional, espíritu de conquista, intentos
humanitarios de imponer creencias, pro­
greso, gérmenes de civilización, y qué
sé yo cuántas cosas más, todo ello á lin­
ternazo limpio, comenzando por sem­
brar la muerte, la ruina y la desolación,
y vertiendo ríos de sangre, y océanos de
miserias y toda suerte de calamidades.

430

HOJAS SELECTA S

Y al mismo tiempo, verá y oirá usted lo
que piensan y lo que sienten los que
predican, disponen y fomentan la gue­
rra, es d ec ir, podrá usted conocer los
verdaderos motivos que han obligado á
declararla y consumarla; y se le pondrá
á usted carne de gallina en presencia de
crímenes premeditados con tal frialdad y
tanto refinamiento de egoísmo, malicia
y satánica soberbia, que ni usted ni na­
die, por mucha imaginación que tenga,
es capaz de concebir infierno dantesco
apropiado para que en él se purguen ta­
mañas maldades... Poco menos repug­
nante que el anterior le parecerá á usted
el cuadro dúplex de los oradores politicos,
singularmente los de club, mitines, et
ejusdem fúrfuris, algunos de ellos maes­
tros en el arte de la elocuencia de brocha
gorda; los cuales con discursos sofísticos
empedrados de frases de relumbrón, so­
liviantan á lo que ahora llamamos las
masas, en virtud de la fuerza y contagio­
sidad de las sugestiones colectivas (fáci­
les siempre de ejercer sobre pueblos fal­
tos de instrucción y con bastante leva­
dura de instintos bestiales y pasiones
ruines), y las arrastran á cometer barba­
ridades in a u d ita s , contraproducentes
siempre para los intereses de los infelices
sugestionados; en tanto que ellos, los sugestionadores, sacan su tajada sin arries­
gar el pellejo, y medran y pululan, y se
ríen interiormente de los tontos que les
creyeron y se dejaron conducir, como
rebaños de reses humanas, hasta donde
les plugo llevarlos... y, á veces, aún más
allá... Verá usted también...
—Basta, por favor. Si su invento de
usted resulta verdadero, ya comienzo á
entrever las muchas aplicaciones á que
se presta.
—Son infinitas, créame usted. Mi apa­
rato es aplicable al estudio general de la
humanidad en su foro interno; aplicable,
por consiguiente, á la Historia... deaqui
adelante; á la política y á la diplomacia
(aunque estos clisés son dificilísimos, y
me han salido, hasta ahora, algo flous);
á las investigaciones judiciales; á las re­
laciones mercantiles, industriales, finan­
cieras, científicas, etc., etc.; á los exá­
menes de conciencia hechos con y sin el
concurso de la voluntad del interesado,

y aun contra la voluntad del mismo; al
régimen y gobierno del hogar domésti­
co; á los asuntos gubernativos, adminis­
trativos... y electorales; al descubrimien­
to de virtudes arrinconadas ó escarne­
cidas, á la revelación de genios ignotos,
de artistas desconocidos y de poetas iné­
ditos; á todo, en fin..., y á muchas otras
cosas más. ¿No ve usted cómo la razón
me sobraba por encima de los pelos,
cuando yo le decía á usted, hace un mo­
mento, que mi aparato era asombroso, y
el negocio que le proponía resultaba in­
verosímilmente lucrativo? Porque, es
claro que medio mundo se apresurará á
aprovecharse de las ventajas de mi in­
vento; y el otro medio estará interesado
en abonarse á la sociedad de seguros para
substraerse á la acción de la maravillosa
máquina.
—Esto último es lo que no se me al­
canza cómo puede ser.
—Pues, sencillamente: todo consiste
en otro secreto mío. Se trata de un lí­
quido, del cual cada abonado toma, en
ayunas, cinco gotas y media, contadas.
Este líquido tiene la propiedad de hacer
al individuo impenetrable á la acción del
aparato, porque suprime la exteriorización de las ondas impresionantes. A cada
asegurado se le da, del liquido preserva­
tivo, la cantidad justa y tasada que co­
rresponde al plazo por el cual se haya
asegurado. Si no paga, por adelantado,
la póliza del nuevo plazo, se queda sin
defensa. ¡Buen cuidado tendrá él de no
demorar el pago!
—¡Ya!... y, diga usted: ¿no pudiera
suceder que nadie se subscribiese á la
explotación y todos prefirieran el seguro?
—Mejor, hombre, mejor para nos­
otros: entonces venderíamos á muy buen
precio, ó dígase prima, millones y más
millones del específico, cuyo valor ma­
terial es insignificante.
—Pues, mire usted, á pesar de todo,
no puedo, por ahora, aceptar su proposi­
ción. No tengo fondos disponibles; con
el encalmamiento general de los nego­
cios, la baja de los valores, y la subida
de los cambios...
—Sí, sí, entendido. No importa, us­
ted se lo pierde. Yo voy, por lo pronto,
á explotar mi aparato alquilando ó cons-

UN INVENTO DESPAMPANANTE

43 ‘

truyendo, en la Rambla de Cataluña, un un empaque y un coram vobis que, á ley
barracón para cinematógrafo, en el cual de justicia, no les corresponde usar.
exhibiré una galería de notabilidades de Y, cuando ya haya hecho conocer aquí
)a localidad, á cincuenta céntimos la en­ mi galería de notables, me iré á otra par­
trada, niños y soldados un real.
te con la música, y haré exposición de
—Hombre, eso ya es otra cosa-, pero los figurones de la localidad donde vaya.
tiene también un grandísimo inconve­
— Y dondequiera que usted plante
niente.
sus chismes, le sucederá lo mismo: pi­
—¿Cuál?
ques, resentimientos, odios y querellas.
—Que le acarreará á usted una tur­
—Repito que yo no nombraré á na­
bonada de en em istad es y de odios, y die. Si se pican, que se piquen: el que
acaso el compromiso de reclamaciones y se pica, ajos come; el que se quema es
demandas.
que tiene la cola de paja. Y, en fin de
—Es que me guardaré muy bien de cuentas, yo me quedaré tan tranquilo,
poner nombres á las notabilidades que exclamando como el fabulista:
aparezcan en la pantalla.
«A todos y á ninguno
—Pero las conocerán.
mi fabulilla toca;
—j Eso quiero yo, que las conozcan!
quien haga aplicaciones,
con su pan se lo coma.»
Es obra humanitaria el h acer que se
puedan ver, tales como son, todas esas
E. B ertrán R ubio.
personalidades que se han acostumbrado
(Dibujos
de
R.
Opino
y
A . Cual.)
á presentarse á los ojos del público con

4«.

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