Presente y futuro: nuevos cuentos

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Barcelona

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Impresos
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188
Identificador
0000000031
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Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Juan Gili
Lugar de publicación
Barcelona
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1897
Formato
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COLECCIÓN ELZEVIR ILUSTRADA
VOLUMEN CUARTO

Presente y Futuro
Nuevos Cuentos

Colección Elzevir Ilustrada
VOLÚMENES PUBLICADOS

I. — M. H e r n á n d e z V il l a e s c u s a . —
oculto, novela.

Oro

II — V i t a l A z a . — Bagatelas, poesías.
III.

— A l f o n s o P é r e z N i e v a .— Á gata, novela.

IV. — N il o M a r ía F a b r a .— Presente y Futuro.
EN PRENSA

F e d e r ic o U r r e c h a . — Agua pasada (Cuentos,
b ocetos y semblanzas).
M . M o r e r a y G a l i c i a . — Poesías.
EN PREPARACIÓN

E n r iq u e R . d e S a a v e d r a , d u q u e d e R i v a s .

— Cuadros de la fantasía y de la vida real.
Ju a n G u a l b e r t o L ó p e z V a l d e m o r o , c o n d e
d e l a s N a v a s . — E l Procurador Yerbabuena, novela.
A n t o n io d e V a l b u e n a . — Santificar las fie s ­
tas, cuentos.
E m i l ia P a r d o B a z á n . — E l Tesoro de Gastón.
y otros

de

C arlos F r o n t a u r a .
M ig u e l R a m o s C a r r i ó n .
S a n t ia g o L in ie r s .
J osé F e l íu y C o d i n a .
D r . T h ebu ssem , e t c ., e t c .

C\£ilo María Fabra

Presente

Futuro

Nuevos Cuentos
L A G UE R RA DE E S P A Ñ A CON LOS ESTADOS UNIDOS
RECUERDOS DE O T R A V ID A - EL FU TU RO AY U N T A M IE N TO DE M ADRID
TE1TÁN EL SOBERBIO -

EL PREMIO GRANDE

Ilustraciones de

MÉNDEZ BRING A, A. DE CAULA

BARCELONA

J U A N GILI , L I B R E R O
223 , c o r t e s , 223
M D C C C X C V II

ES P R O P IE D A D

Lm gu erra de G spaña
con los
G stados Unidos

is guerra de Gspana
con los Gstados Onidos

PÁGINAS DE LA H ISTORIA DE LO POR VENIR

I

Al terminar el siglo xix eran los Esta­
dios Unidos de la América del Norte la
mación más próspera, rica y floreciente.
Jjamás otra alguna había alcanzado en
míenos tiempo mayor grado de adelanto
em el orden material. Después de la
gpierra de secesión, que costó 6,190 milllones de pesos (más de 32,000 millomes de pesetas), perdiendo en ella la
2

IO

NILO MARÍA F A B R A

vida un millón de hombres; cuando es­
taba á punto de extinguirse la enorme
deuda contraída, y el país gozaba de los
beneficios de la paz, parecía natural que
un pueblo dominado por el sentido utili­
tario y práctico, donde todo se sacrificaba
al lucro y al provecho, con un eje'rcito de
25,733 hombres y una marina de guerra
de 61 buques y 10,878 tripulantes para
una población de 69 millones de habitan­
tes, una superficie de 9.212,300 kilómetros
cuadrados y dilatadas costas en el Atlán­
tico y el Pacífico, fuese de todo punto
refractario á proyectos belicosos ajenos á
la defensa de la integridad del territorio,
capaces por sí solos de entorpecer el pro­
gresivo desarrollo de la riqueza pública.
Pero no siempre los consejos de la ra­
zón y la prudencia prevalecen en el ánimo
de las grandes colectividades que se lla­
man naciones. Éstas, como los indivi­
duos, están sujetas á extravíos á impulsos
de las pasiones, los cuales revisten á veces
caracteres de verdaderas perturbaciones
mentales, constituyendo lo que podríamos
llamar períodos patológicos de un pueblo.
Prepotente allí la voluntad de las mu-

PRESENTE Y FUTURO

11

chedumbres dirigidas por la perfidia de
políticos de oficio ganosos de populari­
dad, el poder ejecutivo, á pesar de las
atribuciones que le confería la Constitu­
ción— atribuciones acaso más amplias y
discrecionales que las que tiene en Ingla­
terra el Monarca, — veíase obligado á
ceder á las exigencias del pueblo, del cual
eran hechura desde el Presidente de la
República hasta el último magistrado, y
por lo tanto, ciegos servidores de aquél
si aspiraban á la reelección de sus cargos
y posponían á los halagos de la ambición
el sentimiento del deber y la justicia.
El sentido moral apenas daba señales
de vida en los organismos oficiales. Los
políticos de oficio (politiquitiens), comen­
zaban su carrera en los comicios, familia­
rizándose en el ejercicio de la palabra, no
para inculcar á las masas elevados con­
ceptos y nobles ideales, sino para conver­
tirse en serviles aduladores de las torpes
pasiones de aquéllas, y utilizar después en
provecho propio la extraña facilidad con
que el rebaño humano se deja sorpren­
der y seducir, á despecho de las lec­
ciones de la experiencia, por cuantos

I 2

NILO MARÍA FABRA

saben lisonjear sus torpes instintos y gro­
seros gustos. Alcanzada así la categoría
de electores influyentes, poníanse á la
devoción de un candidato, ya á título one­
roso, ya con la esperanza ó el premio de
una credencial; y cuando aumentaba su
influencia sobre las multitudes, trabajaban
por cuenta propia, presentando su candi­
datura en las elecciones de concejales ó
de otros cargos públicos, modestos pero
lucrativos, y en alas de la ambición y de
la suerte escalaban luego los altos puestos
del Parlamento ó del poder ejecutivo.
La modestia, la probidad, la rectitud
política, la noble aspiración de servir
honrada y fielmente á la patria, sublevá­
banse contra tan repugnantes procedi­
mientos; y poseídas de indignación y de
vergüenza abandonaban la lucha electo­
ral, dejando el campo libre á republicanos
y demócratas, partidos poderosos que se
disputaban el manejo de la cosa pública:
por esta razón, una tercera parte de elec­
tores solían abstenerse de depositar sus
votos en las urnas.
Hasta la justicia, supeditada á la acción
popular, inclinaba la balanza al peso de

PRESENTE Y FUTURO

lias simpatías ó los rencores de la opinión
] pública amañada ó del sentimiento en ella
] predominante.
En extremo costosas las elecciones,
1hasta el punto de no tener millares de
] personas más oficio que el de muñidores
(electorales, los hombres de negocios, los
(capitalistas, los que directa ó indirecta1 mente deseaban explotar el país, gozaban
(de extraordinaria influencia y valimiento.
¿¿Era de extrañar que Wall-Street, la calle
(de Nueva York residencia de los conspi­
cuos aristócratas del dinero, fuese el goIbierno oculto de la gran República en
(asuntos que afectaban á la hacienda, al
ccomercio y á la industria? ¿Cómo expli (car de otra suerte los considerables agios,
líos colosales monopolios, las montruosas
iiniquidades, á cuya sombra se creaban
rrentas superiores á la lista civil de algumos monarcas europeos, mientras se encarrecían hasta los artículos indispensables á
lia subsistencia? ¿Quién daba fuerza y
wigor á aquellos omnipotentes sindicatos,
(que en provecho de unos cuantos sacriíficaban la fortuna pública? ¿Quién, prettextando amor y respeto, y hasta culto, al

H

NILO MARÍA FABRA

principio de la iniciativa individual, tole­
raba y permitía que la plutocracia confa­
bulada impusiera en los mercados el pre­
cio de las cosas, mientras cerraba las
puertas á la competencia extranjera?
Tal era la triste verdad sobre la situa­
ción política de los Estados Unidos, á
despecho de los cándidos é ilusos que,
seducidos por la lectura de libros enga­
ñosos, ó arrastrados por la corriente de
la extraviada opinión del vulgo, ó influi­
dos por el espíritu de escuela, empeñá­
banse en presentar aquella República
como modelo, dechado y ejemplo de ins­
tituciones democráticas y de un gobierno
digno de justa admiración y universal en­
vidia.
*

*

*

La población de color norteamericana
ascendía á fines de siglo á ocho millones
de habitantes próximamente, casi todos
naturalizados ó hijos del país. Gozaban
los mismos derechos políticos y civiles
que los blancos: ante la ley eran iguales;
pero objeto de tal menosprecio, que ni el
sentimiento de caridad cristiana, ni los

PRESENTE Y FUTURO

15

cconsejos de la razón, ni los deberes que
irmpone el trato social, tenían fuerza al­
g u n a para mitigar y contener la general
aaversión y repugnancia. Ciudadanos ante
e;l derecho y parias ante la sociedad, no
pDodían sustraerse, cualesquiera que fuesen
ssus cualidades morales é intelectuales, al
esstigma del orden físico.
La raza negra, más fecunda allí que la
bjlanca, progresaba con notable rapidez, y
sse temía que con el transcurso del tiempo
fútese la preponderante de la nación. Para
editarlo, algunos estadistas recomendaban
e;l sistema de las emigraciones á África,
dlonde ya se había fundado la República
dle Liberia; pero la gente de color mos­
trábase refractaria á abandonar el suelo
niatal ó la patria adoptiva.
La colonia irlandesa, que reunía en la
AVmérica del Norte más individuos que
hiabitantes tiene Irlanda, no perdonaba á
kos negros la competencia que le hacían
e;n los servicios domésticos.
Los Estados del Sur se revolvían aira­
dlos contra el crecimiento de la población
dle color, que había logrado imponerse en
ha administración de algunas ciudades.

i6

NILO MARÍA FA B R A

En los demás el sentimiento de repul­
sión no era menos vivo, y unánime el de­
seo de arrojar del continente á una raza
víctima de un desprecio tan profundo
como desprovisto de caridad.
De aquí nació la idea de expansiones
territoriales en las Antillas, que por las
condiciones del clima se prestaban á ser­
vir de colonias de negros norteamericanos,
y de aquí que el proyecto de la anexión
de la isla de Cuba fuese considerado por
algunos políticos de grande utilidad y
conveniencia, no sólo para resolver un
conflicto interior, sino también para pro­
seguir la obra de engrandecimiento terri­
torial, iniciada en la guerra de Méjico de
1847 con el tratado Guadalupe-Hidalgo,
en virtud del cual la gran República anglo­
sajona se apoderó de extensas comarcas
mejicanas.
Pero este proyecto de anexión ofrecía
el inconveniente de despertar los recelos
de los Estados de la América latina, lla­
mados á ser las principales víctimas de
las intrusiones ó conquistas del coloso del
Norte. ¿Cómo conseguirlo, y al propio
tiempo captarse las simpatías de aquellas

PRESENTE Y FUTURO

17

narciones? Con procedimientos propios de
unía política florentina: afectando respeto
absoluto á la independencia de todas las
Rtepúblicas; ofreciéndoles incondicional
apooyo contra Europa; despertando receloss contra ésta, y encendiendo la tea de
la discordia en países donde se conservabai el rescoldo de pasadas guerras civiles,
ó <que por sus condiciones especiales se
preestaban á la revuelta contra los poderes
comstituídos.
INinguno como la isla de Cuba ofrecía
caimpo más ancho á las miras ambiciosas
de la política yankee. En aquella provin­
cial, que tantos sacrificios costara á Espa­
ña,, resuelta á conservar á todo trance la
intcegridad de su territorio, existía un par­
tidlo separatista que durante diez años,
aprovechándose de los trastornos de la
Peinínsula, había permanecido en armas
en las asperezas de los montes y en lo intrimcado de las selvas, haciendo guerra
máis propia de alimañas que de hombres.
Dair aliento á este partido, facilitarle per­
trechos, organizar expediciones de aven­
tureros, favorecerle en la prensa sin repa­
rar en la injuria, en la calumnia, en la
3

i8

NILO MARÍA FABRA

mentira contra España, que si de algo
pecaba era de exceso de blandura y con­
fianza; tal fue la política que puso en
juego, si no el Gabinete de Washington,
que en apariencia permanecía neutral, el
maquiavelismo de asociaciones ocultas,
acaso más fuertes y poderosas que el go­
bierno mismo. Si faltaban recursos pe­
cuniarios, proporcionábanlos á manos
llenas Sindicatos interesados en el alza
del precio del azúcar, y, por lo tanto, en
la destrucción de los ingenios, que cons­
tituían la mayor riqueza de la grande An­
tilla.
Este fué el principal factor de la insu­
rrección cubana y la verdadera causa de
su considerable incremento.
Los políticos norteamericanos estaban
seguros de que, desposeída España de la
isla, los cubanos insurrectos, gentes que
discrepaban entre sí por la nacionalidad,
la raza, la educación y hasta en el orden
físico, incapaces de fundar un gobierno
estable, acabarían, de grado ó por fuerza,
por echarse en brazos de la Unión norte­
americana.
Mas la nación española dió tales prue-

PRESENTE Y FUTURO

19

tbas de vitalidad y poderío, enviando en
ppocos meses á Cuba un ejército de i 50,000
hhornbres, que desconcertó los planes de
Idos que creían conseguir, sin sacrificio
aalguno y por la fuerza natural de las cossas, la anexión de la perla de las Antillas.
Entonces los patriotas creyeron llegado
eel caso de solicitar de los poderes públiecos que descaradamente interpusieran su
nmediación, reconociendo, con manifiesta
innfracción de la justicia, y hasta del co*
mnún sentido, la beligerancia á partidas
ddesorganizadas y dispersas de rebeldes
qque no disponían de un palmo de terreno
ddonde fijar la residencia del titulado Presiddente de la República Cubana, quien,
paara mayor escarnio y vergüenza, era ciudaadano de los Estados Unidos.
Las Cámaras de Washington, más atentaas á las conveniencias electorales que á
tooda noción de derecho, realizaron aquel
aceto incalificable, invitando al propio
tieempo al Presidente de la República á
inüterponer sus buenos oficios en favor de
I09S que

luchaban contra la soberanía de

Esspaña.
La noticia de semejante iniquidad, una

20

NILO MARÍA FABRA

de las mayores que registra la historia,
íué acogida con muestras de júbilo por
las masas inconscientes y fanáticas, parti­
cularmente de los Estados del Sur y de la
colonia irlandesa. Los que se distinguían
por su odio y aversión á los negros, mos­
trábanse más entusiastas partidarios de la
independencia ó incorporación de Cuba:
confiaban arrojar á ella la masa sobrante
de la población de color, y verse así libres
de tan enojosos como injustamente veja­
dos huéspedes. ¡Y los blancos que lucha­
ban en la isla contra España hacían armas
contra el predominio de su propia raza, y
eran serviles instrumentos y torpe juguete
del interés ajeno! ¡Creían acaso defen­
der un ideal, y estaban al servicio de pér­
fidos mercaderes! ¡Soñaban tal vez en la
independencia de su patria, y le prepara­
ban el yugo extranjero 1 ¡Proferían gritos
de « Cuba libre, » y en los antiguos Esta­
dos esclavistas resonaban las voces de
«Cuba colonia negra norteamericana!»
Esperaban los cubanos emanciparse de
sus amantes padres, y los yankees librarse
de sus aborrecidos negros 1
¡Y, sin embargo, los primeros no abrían

PRESENTE Y FUTURO

21

los ojos, y daban hacienda, sangre, vida,
y hasta la propia patria, para provecho y
granjeria de sus arteros y astutos protec­
tores!
¡Tal era la ofuscación que en las ima­
ginaciones exaltadas y en los espíritus
irreflexivos producían errores inveterados,
calumniosos conceptos y falsos juicios
sobre la noble nación que dió el ser á la
América latina, sacrificando por ella su
vigor y lozanía I
En otro capítulo veremos cómo España,
traspasado el último límite de la pacien­
cia, logró salir victoriosa de la más pavo­
rosa de las guerras, gracias al favor y ayu­
da del Cielo, que exalta á los humildes y
hunde en el polvo á los soberbios.

*

/

II

Las Cámaras de Washington, como
lhemos indicado en el capítulo anterior,
¿aprobaron una resolución autorizando al
IPresidente de la República para que, en
tel momento que considerase oportuno,
(declarase la beligerancia de los insurrecttos cubanos é interpusiese su mediación á
ífavor de los mismos.
Este suceso produjo en Europa un mowimiento, si no de indignación, porque
líos pueblos estaban harto acostumbrados
¿á todo linaje de infracciones del derecho
iinternacional, de enérgica y unánime prottesta.
La conducta del Congreso americano
lfué vituperada por los periódicos de Fran­
cia, Inglaterra, Alemania, Austria, Italia,

24

NILO MARÍA FABRA

Portugal y Méjico, así como por algunos
de las Repúblicas iberoamericanas; pero
después de prodigar palabras de afecto y
amistad á España, á la cual deseaban ver
salir airosa del conflicto, decían clara­
mente que se encontraba de todo punto
aislada y que no podía contar ni aun con
la esperanza de ajeno auxilio.
Las grandes potencias, con las cuales
mantenía el gobierno español cordiales
relaciones, se limitaron á recomendar á
sus embajadores en Washington que, con
prudente cautela, procurasen influir en el
ánimo del Presidente de la República
para que no hiciera uso de la autoriza­
ción de las Cámaras ó defiriese la deci­
sión por algún tiempo.
Aquel alto magistrado, bien porque le
impulsasen sinceros deseos de justicia,
bien movido por el laudable propósito de
evitar males á su patria, ó bien por la
natural perplejidad é incertidumbre que
suelen preceder á las resoluciones graves
y trascendentales, prestó más fácil oído á
los consejos de la cordura que á las exi­
gencias de la patriotería vocinglera que
en la vía pública y en las columnas de

PRESENTE Y FUTURO

lo9S diarios

25

populares se desataba en im­
properios y calumniosas reticencias con­
t r a el Poder ejecutivo.
Pero el período de la elección presideencial se acercaba, y los rebeldes cubancos, merced al dinero de colectas que, á la
buz del día, se realizaban en todo el terri­
torio de la Unión, y á los auxilios de hom­
bres, armas y municiones que de la misma
procedencia recibían, no dejaban de raanteiner el fuego de la insurrección, aunque
acarralados y contenidos en las fragosi­
dades de los montes de las provincias de
Sainta Clara, Puerto Príncipe y Santiago.
El voto popular elevó á la suprema
gobernación de los Estados á otro Pre­
sidente quien, ganoso de mantener su
popularidad entre las gentes inquietas y
builliciosas que más influían en las con­
tiendas electorales, resolvió hacer uso de
la autorización del Parlamento y, á vuelta
deí protestas de consideración y amistad
á lEspaña, proclamar la beligerancia. Así
V
se consumó la mayor de las iniquidades,
paira oprobio y vergüenza de una nación
cullta, tal vez independiente y poderosa
grracias al apoyo y protección de la que
4

26

NILO MARÍA FABRA

trataba con tan negra ingratitud. ¡Triste
ejemplo de la facilidad con que los pue­
blos olvidan la historia, ó del menospre­
cio que les inspiran las razones de orden
sentimental!
El primer acto de los exaltados ameri­
canos, conseguido lo que tan ahincada­
mente pretendían, fué allegar recursos
con que dotar á la imaginaria Repú­
blica Cubana de buques de guerra. No
era, en verdad, fácil adquirirlos, dadas
las especiales condiciones que tales bar­
cos requieren, pero sí armar en corso al­
gunos mercantes. Al efecto compraron
uno, el cual, después de pertrechado en
un puerto de los Estados Unidos á ciencia
y paciencia de las autoridades, que con
su tolerancia daban claras muestras de
complicidad, salió á la mar con bandera
norteamericana, y, fondeando, favorecido
por las sombras de la noche, en una cala
de Cuba, momentáneamente ocupada por
los rebeldes, enarboló el pabellón insu­
rrecto. Para dar á este hecho apariencia
de legalidad se otorgó una escritura de
venta á favor del titulado Gobierno cu­
bano, interviniendo como notario mayor

PRESENTE V FUTURO

27

ell que hacía las veces de Ministro de Justiicia. Abanderado así el buque, que era
uin vapor de un millar de toneladas, y re-

baiutizado con el nombre de Estrella Solitairia, antes de amanecer, por temor á los
crvuceros españoles, abandonó las costas
deí la isla, haciendo rumbo al Nordeste de
Puierto Rico, donde suelen recalar las nat

28

NILO MARÍA FABRA

ves que, procedentes de Europa, se diri­
gen á las Antillas. Mas pronto cayó el
capitán en la cuenta de que no era tan
seguro navegar con bandera de Cuba
como con la de los Estados Unidos, y,
obrando con prudente cautela y previsión,
decidió utilizar las dos, una para apode­
rarse de los indefensos buques españoles
y la otra para obtener respeto y acogida
en los puertos neutrales.
Mientras se fraguaba este atentado con­
tra el comercio marítimo español, el Go­
bierno de Washington nombraba un re­
presentante cerca de la República Cuba­
na, formulando la inaudita petición de
que las autoridades españolas permitieran
el paso de aquél, con todos los honores
y prerrogativas, al punto de su destino,
que no se designaba porque el titulado
Presidente, perseguido por las tropas lea­
les, no tenía ni podía tener asiento ni re­
sidencia en parte alguna. Y como si esta
afrenta á España no fuese bastante, el
Gabinete americano anunciaba el propó­
sito de enviar una comisión oficial á la
isla con el encargo de emitir informe
acerca del estado de las cosas.

PRESENTE Y FUTURO

29

El Gobierno español rechazó con dig­
n id ad y energía semejantes pretensiones

<en una nota tan notable por la claridad y
Ha concisión como por la solidez de los

33

Nilo María fa Bra

argumentos, de la cual se dió conoci­
miento á las potencias amigas.
Contestaron éstas dando implícita mente la razón al Gabinete español; pero
sin salir de la reserva y circunspección
que habían revelado desde el principio.
Los Estados Unidos, cuyo insolente y
desmedido orgullo sublevaba las concien­
cias, por toda respuesta enviaron á la
Habana, á bordo de un buque de guerra,
al personal diplomático acreditado en la
manigua. Saludó el barco á la plaza, con­
testó ésta, y no se puso dificultad alguna
al desembarque de los pasajeros, los cua­
les trataron de invocar su carácter oficial
una vez en tierra; pero las autoridades se
negaron á reconocerlo rotunda y categó­
ricamente.
El plenipotenciario, persuadido de que
las autoridades españolas ni aun le facili­
tarían un salvoconducto para dirigirse al
campo insurrecto, salió sigilosamente de
la ciudad con el resto del personal de la
legación en busca del titulado Gobierno
de la República. No es de este lugar re­
ferir las penalidades y trabajos que pasa­
ron los diplomáticos yankees para dar con

PRESENTE Y FUTURO

31

éll: baste decir que al cabo de tres semanas,
reendidos y maltrechos después de rápidas
miarchas y contramarchas en compañía de

■^

urna partida vándalo-facciosa, huyendo de
lai persecución de las columnas, lograron
awistarse con aquel Gobierno errante,
fijjándose para aquel mismo día la entrega
dte las cartas credenciales; pero en el mo-

32

N ILO M A R ÍA

FABRA

mentó de verificarse la solemne ceremo­
nia en un bohío, la repentina llegada de
fuerzas españolas puso en precipitada fuga
al Presidente, á sus ministros y á su guar­

dia de honor, dejando con la palabra en
la boca al representante de una gran
nación, quien no tuvo más remedio que
seguir el ejemplo de los demás y ponerse
en salvo á uña de caballo.
Fue este suceso objeto de animados
comentarios en toda la prensa americana

PRESENTE Y FUTURO

y (europea y de la sátira de una gran parte
des ella; pues se ofrecía el hecho singular,
sim precedente en la historia de los pué­
bleos cultos, de que una potencia acredi­
tarse á un ministro plenipotenciario cerca
dei un gobierno semejante, sin posible re­

sidencia en parte alguna. ¡Y el Gabinete
de; Washington afirmaba en documentos
oficciales, con manifiesto menosprecio de
unja verdad patente, «que la República
Cuibana era dueña de dos terceras partes
dell territorio de la islal » ;A tan mons­
truosos absurdos puede conducir la obcecacción de los hombres de Estado cuando
no se inspiran en las serenas regiones
dell deber y de la justicia, y se abaten
5

34

NILO MARÍA FABRA

al servicio de las torpes pasiones de la
plebe 1
España, entretanto, fiando más en el
propio esfuerzo que en el auxilio extraño,
con aquella entereza, no exenta de calma
y prudencia, propia de los pueblos dignos
y viriles que tienen ciega confianza en la
bondad de su causa, aprestábase á una
guerra que todo el mundo juzgaba inevi­
table. Ni la superioridad del contrario,
ni el temor del caso adverso eran pode­
rosa parte para poner á prueba el temple
de las energías nacionales.
Juzgábase en los Estados Unidos la
honra militar como anacrónico concepto
de virtudes cívicas. Las armas no se po­
nían en manos de la juventud llamada por
la ley, sino en las de mercenarios, sedu­
cidos por la codicia. La opinión general,
aunque creía en el éxito de la guerra,
fluctuaba entre ésta y la paz, porque no
podía calcular el precio de la victoria.
A ser posible contratar una campaña á
pública subasta, al mejor postor y á plazo
fijo, y con un pliego de condiciones esti­
pulando el número y calidad de las victo­
rias, y sobre todo el botín, aquel pueblo

PRESENTE Y FUTURO

35

cde mercaderes hubiera pedido la inmecdiata ruptura de las hostilidades. Pero la
cduda, la terrible duda que asalta al coimerciante antes de arriesgarse en un ne­
g o c io si no puede calcular el capital ne­
cesario, producía natural vacilación y
perplejidad entre gentes prácticas que
tcodo lo supeditaban á la utilidad y al pro­
vecho.
Resultaba además la guerra más cara
alllí que en cualquier otro país del mundo,
imcluso la misma Gran Bretaña. La 11amiada de secesión, como hemos dicho en
ell capítulo anterior, costó más de 32,000
rmillones de pesetas. Cada soldado en
tiem po de paz representaba un gasto
amual de 6,500 pesetas, y desertaban una
te¿rcera parte de los reclutas después de
ccobrar el premio de enganche. ¿Cuánto
miás costoso no había de ser un ejército
em pie de guerra?
A cubierto los Estados Unidos de invaskones españolas, como lo estaba la Penínsuila de las americanas, la guerra debía
lirmitarse al mar y á la isla de Cuba, adondej tal vez los yankees intentarían enviar
trcopas regulares en auxilio de los insu-

NILO MARÍA FABRA

rrectos; pero el gasto de la expedición
había de ser forzosamente tres ó cuatro
veces superior al de cualquier ejército de
servicio obligatorio.
No era la Armada americana menos
cara que las fuerzas terrestres, y ofrecía el
grave inconveniente de componerse una
buena parte de sus tripulaciones de mari ñeros reclutados en diversos países, por­
que los naturales procuraban rehuir el
rigor de la ordenanza.
El ejército de mar y tierra de España
revelaba inmensa superioridad moral so­
bre el norteamericano: componíase aquél
de ciudadanos de un país libre, los cua­
les se sacrificaban en aras del deber y
de la patria; y éste de mercenarios de
diversas nacionalidades, que convertían
el noble ejercicio de las armas en objeto
de lucro y granjeria.
Grande era la ansiedad que reinaba,
no sólo en España, sino también en el
resto de Europa, en vista del proceder del
Gabinete de Washington y de Ids noticias
que se recibían de la Florida y la Luisiana, donde se concentraban 25,000 hom­
bres, todo el ejército activo de la nación,

PRESENTE Y FUTURO

37

dlestinados al parecer á Cuba, cuando un
teelegrama de Puerto Rico anunció que el
vzapor Estrella Solitaria había apresado y
eechado á pique, á veinte millas de dicha
issla, á un bergantín mercante español que,
procedente de Barcelona, se dirigía á
Mlayagüez.

Produjo este despacho general indigna­
ción en España; y aunque las autoridades,
cobrando con tanta prudencia como ener­
gía, lograron impedir agresiones contra
líos consulados norteamericanos, fueron
iimpotentes para contener las demostra­
ciones populares en los grandes centros
(de población; pero pronto los arrebatos
(de ira trocáronse en delirante entusiasmo,
tal saberse que un crucero español pudo

38

NILO MARÍA FABRA

dar caza y apresar al buque corsario y
conducirlo á San Juan de Puerto Rico.
Los Estados Unidos, con evidente mala
fe y descarado cinismo, reclamaron la de­
volución del vapor y una considerable
indemnización para sus armadores, ale­
gando que aquél era de nacionalidad
norteamericana, y que el abordaje que
originó la pérdida del bergantín debía
atribuirse á un caso fortuito y no á un
acto de hostilidad.
España se opuso resueltamente á seme­
jante exigencia, contestando que el Estre­
lla Solitaria se había abanderado con el
pabellón insurrecto en una cala de Cuba,
y que el indefenso bergantín fue tomado
al abordaje y echado á pique, según el
testimonio de tres náufragos que, en un
bote, lograron ponerse en salvo.
El Gobierno yankee replicó que falta­
ban pruebas de que el vapor navegase
con bandera ó patente cubana; y el espa­
ñol formuló una nota muy razonada, de
la cual resultaba: primero, que el buque
estaba armado y pertrechado de suerte
que no podía confundirse con una embar­
cación de comercio; segundo, que fué

PRESENTE Y FUTURO

39

acdquirido por los rebeldes; tercero, que,
all ser apresado por el crucero español, el
ccapitán arrojó papeles al mar, lo cual
esstaba justificado en debida forma, mereciiendo por sólo este hecho ser declarado
bmena presa; cuarto, que se encontró á
boordo una bandera insurrecta; y quinto,
qiue en el inventario del cargamento figuraaban varios objetos y mercancías de valor
procedentes del bergantín, señal clara y
ewidente de que éste fué objeto de un
aceto de piratería. Pero de la causa instrruída por el tribunal de marina de Puerto
RLico resultaba un hecho todavía más gra­
vee, como era el asesinato de los tripulantees de la nave mercante española, que por
neo haber conseguido tomar los botes cayceron prisioneros del corsario.
A pesar de esta nota, el Gabinete americcano, con escándalo universal, insistió
em su reclamación, fijando un plazo de
occho días para la entrega del vapor y el
prago de la indemnización.
El Ministro de Estado contestó al re­
presentante de los Estados Unidos en
Mtadrid que España jamás se prestaría á
tain inicua exigencia.

40

N IL O M A R ÍA F A B R A

Francia, Inglaterra, Alemania, Austria
é Italia, por conducto de sus representan­
tes en Washington, interpusieron sus
buenos oficios, proponiendo á aquel Go­
bierno que sometiera el asunto á un ar­
bitraje.
En este estado las cosas, y cuando las

grandes potencias gestionaban todavía
una solución de concordia, se presentó
en Puerto Rico un crucero americano
intimando la entrega del Estrella Soli­
taria, pretensión que lechazó el Capitán
General de la isla en términos dignos y
enérgicos. El comandante del crucero
dió cuarenta y ocho horas de término
para que hubiese tiempo de consultar
telegráficamente al Gobierno de Madrid;

PRESENTE Y FUTURO

41

p»ero antes de que expirase el plazo, apro­
vechando la obscuridad de la noche, disprnso el embarco de fuerza armada en cuatrro botes, con
ojrden de apo­
derarse del vapcor. Sorprendiida la escasa
gmardia de és­
te?, se rindió

sim disparar un tiro, y al romper el alba
sallía majestuosamente del puerto el cruceiro yankee remolcando á su presa.
No había á la sazón en el puerto más
6

42

NILO MARÍA FABRA

buques de guerra españoles que un caño­
nero torpedero, de 600 toneladas que, á
prevención, tenía encendidos los fuegos,
cuyo comandante, por propio impulso,
sin aguardar órdenes

superiores, más

atento á la honra del Cuerpo y á la voz
de la patria ultrajada que á los consejos
de la prudencia, mandó zafarrancho de
combate, y largando la cadena del ancla,
y valizándola, puso la proa al crucero
americano con toda la fuerza que la má­
quina permitía.
Rayaba en temerario delirio el empeño
del oficial de nuestra Armada, pues el
buque yankee, ocho veces superior al suyo
en tonelaje, disponía de todos los adelan­
tos de la artillería; reuniendo además las
ventajas de la moderna arquitectura
naval.
Gobernaba con notoria dificultad el
crucero, por no abandonar la presa, lo
cual le obligó á largar el remolque; mas
el barco español maniobró con tanto acier­
to, que logró coger á aquél de enfilada,
disparándole sobre las aletas con el ca­
ñón de proa.

Defendióse con brío el

contrario, haciendo descargas con la pieza

PRÉáEÑTÉ V FuTÜRO

43

cde grueso calibre de popa y los cañones
cde tiro rápido, cuyos proyectiles produjjeron estrago en la arboladura del cañomero y sembraron la muerte sobre cubiertta; pero esto no fue parte para que los
cdenodados tripulantes de nuestra nave

ssiguieran avante hasta colocarse á 500
imetros de distancia del buque enemigo.
De pronto éste, como movido é impul­
sado por fuerza titánica, se levantó de la
llínea de flotación- se oyó un ruido sordo
y r prolongado; confusas voces humanas
estremecieron el aire; surgió un colosal
pmnacho de humo y agua, arrojando fragrmentos encendidos y candentes de madiera y hierro, y la inmensa mole de acero,
momo tronchada y partida en dos pedazos,

44

NILO MARÍA FABRA

se sumergió con pavoroso estruendo en
medio de rápido y agitado remolino.
Un torpedo lanzado con fortuna por la
heroica tripulación española había bas­
tado para sepultar en las profundidades
del Océano á la soberbia fortaleza de
acero, la cual no dejó otras huellas de sí
que mutilados despojos humanos, restos
de jarcias y velas, maderos informes y un
palo roto con la bandera de la gran Re­
pública, hecha jirones, flotando todo en
confusa dispersión sobre las olas.
Tal fue el comienzo de la cruenta y
memorable guerra entre España y los Es­
tados Unidos, de que hablaremos en el
siguiente capítulo.

III

Rotas las hostilidades entre España y
lo« Estados Unidos, á consecuencia del
aceto incalificable realizado en aguas de
Piuerto Rico por un crucero angloamericaino, de que dimos cuenta en el anterior
caipítulo, los representantes de las expresaidas potencias en Washington y Madrid
piidieron simultáneamente los pasaportes,
restirándose con el personal de sus respectiwas legaciones.
Al propio tiempo, de orden del Capitán
Greneral de Cuba se cortaban las comuni­
caciones telegráficas directas de la isla
ccon el país enemigo, que existían por
miedio de tres cables submarinos parale­
lo« entre la Habana, Cayo Hueso y Cabo
R^omano. Quedaba, sin embargo, una co-

46

ÑlLO MARÍA tfABRA

municación segura entre España y la
grande Antilla, pasando por territorios
neutrales, como era la vía Batabanó, San­
tiago de Cuba, Jamaica, Puerto Rico, Ca­
yena (prescindiendo de otras estaciones
intermedias), Pernambuco, el Senegal,
Canarias y Cádiz; la cual, no por resultar
muy larga, había de perder en rapidez,
pues la experiencia demuestra que la len­
titud en la transmisión de los despachos
depende más de las corruptelas é indolen­
cias burocráticas que de la magnitud de
las distancias.
Aseguradas, por lo tanto, las comunica­
ciones entré la Metrópoli y las Antillas
españolas, el Gobierno podía estar al co­
rriente de las operaciones de la guerra, y
atender con prontitud á las necesidades
de la misma, sin que ninguno de los tele­
gramas atravesase territorios enemigos (y
no decimos cablegramas, como algunos,
porque es vocablo inútil, de híbrida é im­
propia formación inventado por los jvanbees ).
Grande y extraordinaria actividad des­
plegaba España en los aprestos militares,
tanto terrestres como marítimos; poníanse

PRESENTE Y FUTURO

Iosí puertos en estado

47

de defensa; convo­

cábanse las reservas hasta reunir en la
Peinínsula un ejército de 450,000 hombres,
se ordenaba la formación de batallones
de voluntarios, á cuyo alistamiento acudíai la juventud poseída de delirante entusiiasmo; reuníase en Andalucía un cuer­
po de ejército destinado á embarcarse en
vajpores trasatlánticos y transportes de
guterra, que se armaban y pertrechaban
en Cádiz; trabajábase noche y día en los
arsenales, en la terminación y armamento
de varios buques de combate, y, por fin,
el (Gobierno decretaba el corso, poniendo
en vigor la Ordenanza de 1801, que pres­
crib e las reglas con que han de hacerlo
los particulares contra los enemigos de la
nacción.
JA pesar de que en el Senado anglo­
americano, con afectado menosprecio, se
trattó de negar eficacia á esta terrible arma
de guerra, asegurándose, por ignorancia ó
mada fe, que el comercio marítimo con
bamdera de la República carecía de imporrtancia, la verdad era que el tonelaje
totral de los buques mercantes de aquella
nacción (excluyendo los consagrados á ser-

48

NILO

MARÍA

vicios lacustres y

FABRA

fluviales), resultaba

cinco veces mayor que el de los españoles
y, por lo tanto, quíntuplo el perjuicio pro­
bable que había de originar el corso á la
marina de los Estados Unidos.
En prueba de ello, basta fijar la vista
en los siguientes datos: marina mercan­
te norteamericana; vapores, 6,526 con
2.189,430 toneladas; buques de vela,
17,060 con 2.494,599; total: buques,
23,589; toneladas. 4.684,029.
Restando de estas últimas 1.515,000,
correspondientes á buques dedicados al
servicio de los lagos y los ríos, quedaban
3.169,029 toneladas, que constituían la
navegación marítima.
En cambio la estadística de la marina
mercante española no arrojaba más que
las siguientes cantidades: vapores, 474
con 455,489 toneladas; buques de vela,
1,233 con 196,650; total: buques, 1,707;
toneladas, 652,139.
Estas cifras comparadas ponían clara­
mente de manifiesto la inmensa ventaja
que sobre el enemigo tenía España, pres­
cindiendo de la excelente situación geo­
gráfica de la Península y de las posesiones

PRESENTE Y FUTURO

49

dte Ultramar para la organización, armamiento y refugio de los corsarios que navregasen con patente española.
Los hechos vinieron á confirmarlo piemámente, pues á los tres meses de decla­
mado el corso, las presas hechas por los
españoles representaban más de 300,000
tconeladas y las realizadas por los yankees
nto ascendían á 25,000. Sólo en el Pacífleco, cuya navegación americana equiva­
lga á 456,000 toneladas, los corsarios or­
ganizados en Filipinas apresaron varios
vrapores angloamericanos de gran porte
qiue, juntos, medían la décima parte de la
e>xpresada suma.
La declaración del corso fué, por lo
tainto, un golpe mortal para un país como
Iods Estados Unidos, cuyo comercio marítiimo figuraba entre los primeros del mun-

deo, conforme habían anunciado distingiuidos escritores al recordar el ejemplo
dee las guerras de España con Inglaterra,
em los siglos x v i, x v i i , xvm y principios
deel x ix (1).
(i) Mi querido amigo, el ilustre académico
dee la Historia, don Cesáreo Fernández-Duro,
tieene la bondad de facilitarme las siguientes lí7



NILO MARÍA FABRA

Mientras los corsarios con patente es­
pañola, entre los cuales figuraban muchos
neas, tomadas del tomo que saldrá en breve á
luz de su interesante Historia de la Armada Es­
pañola.
«Cuando el protector, 6 sea el dictador de
Inglaterra, Oliverio Cromwell, se apoderó de la
flota de Indias sin previa declaración de guerra,
y ésta se hizo necesaria, teniendo que atender
el Gobierno de Felipe IV á la que sostenía con
Francia en los Países Bajos, en Italia y en Ca­
taluña, y á la de Portugal, abrió la mano de la
concesión de armamentos en corso, haciéndose
en todos los puertos principales y de manera
que había personas, como el marqués de Villarrubia, que sostenían hasta ocho fragatas de 20
y 30 cañones. Además, dió el Rey autorización
al príncipe Roberto Stuart para armar con in­
gleses realistas; á un señor Muler para hacerlo
en Dinamarca, y á otro señor Patricio ó Patrik,
en Irlanda.
i>Los españoles establecieron los cruceros
principales en el estrecho de Gibraltar, en los
pasos de Córcega y Cerdeña, en el cabo de
Finisterre, Canal de la Mancha, islas Canarias y
Terceras.
»Hubo capitán, Pedro Elexes, de Mallorca,
que en dos años hizo 300 presas; los de Dunquerque, San Sebastián y Coruña las multipli­
caron, de manera que empezaron á quebrar en
Inglaterra los bancos, y se alzó clamor general
diciendo que el comercio estaba perdido.»

PRESENTE Y FUTURO

5*

\ vapores de procedencia inglesa, francesa
t é italiana, de rápido andar, destruían y
a aniquilaban el comercio marítimo de los
1 Estados Unidos y quebraban varias em-

1 presas navieras, y hasta era imposible á
1 los barcos yankees la pesca de la ballena
j y del bacalao, que representaba 88,000
t toneladas, se ultimaban en la Florida y
1 la Luisiana los preparativos de la expe-

cdición de 25,000 hombres destinada á la
i isla de Cuba. Dichas fuerzas, que constit tuían todo el ejército activo de la gran
1 República, iban á ser sustituidas en las

g guarniciones por otras que se organizaIban á toda prisa. Pero, á pesar de los
eenormes recursos pecuniarios de aquella
m arión y de los crecidos premios de engganche, no era tan fácil reclutar, como
pparecía á primera vista, un número conssiderable de soldados cuya disciplina insppirase confianza, echando mano de los
rnaturales ó de los residentes extranjeros,
ppues las clases proletaiias americanas est.taban influidas y dominadas por las moddernas tendencias contra el orden social,
eel principio de autoridad y el concepto
dde la patria. ¿Cómo formar en estas con-

52

NILO MARÍA FABRA

diciones un grande ejército, sin el temor
de que volviese las armas contra los orga­
nismos sociales?
Verdad es que para el sostenimiento
del orden público y para el servicio de
las plazas contaban los poderes públicos
con 107,000 hombres de milicias organi­
zadas; pero éstas no podían ser destina­
das á otras funciones de guerra.
Limitóse, por lo tanto, la recluta á
50,000 soldados, que con los 25,000 an­
teriormente citados, elevaban el ejército
activo de la gran República á 75,000;
cifra más que suficiente, en concepto del
Secretario de Estado de Washington, para
arrojar á los españoles, no sólo de Cuba,
sino también de Puerto Rico.
La escuadra española, compuesta de
dos acorazados de 9,000 toneladas, de
ocho cruceros protegidos de primera clase,
y de otros buques menores, enarbolando
uno de los primeros la insignia de vice­
almirante, hallábase anclada en el puerto
de la Habana, cuando, en virtud de órdedenes cifradas del Gobierno, se hizo á la
mar con rumbo á las aguas de Puerto
Rico, con objeto de proteger á una expe-

r RESENTE Y FUTURO

53

dlición de 30,000 hombres de refuerzo que
ern 25 vapores transatlánticos habían sa­
bido de España dos días antes del rompiimiento de las hostilidades. En la organi­
zación de estas fuerzas, así como de las
arnteriores enviadas á Cuba, el Ministro de
laa Guerra, que por fortuna de la nación
dlesempeñabaentonces dicha cartera, había
reevelado pericia, laboriosidad y previsión
siuperiores á todo encarecimiento, mereciiendo con justo título de propios y extra­
mos el dictado de Carnot español. La
cconducta del capitán de navio que deseimpeñaba la cartera de Marina no era
míenos digna de alabanza.
Sabedores los norteamericanos de la
saalida de la Habana de nuestra escuadra,
deecidieron dar un golpe de mano sobre
diicha plaza, empresa que consideraban
ccon muchas probabilidades de éxito, bien
peor la exagerada idea que tenían de su
peoder, bien por las falsas noticias que es­
parcían los laborantes acerca de la acti tuid del pueblo, al cual suponían dispuesto
á sublevarse para favorecer un desem­
barco.
A l efecto se dispuso la inmediata salida

54

NI LO M A R Í A F A R R A

de la expedición preparada en la Florida
y la Luisiana: componíase de 25,300
hombres de todas armas, con abundantes
pertrechos embarcados en 30 vapores
mercantes, y de una escuadra de 14 bu­
ques de alto bordo y otros menores.
Estas formidables é imponentes fuerzas

presentáronse de improviso delante del
puerto de la Habana, aunque fuera del
alcance de los cañones del Morro, y el
Almirante á cuyas órdenes estaban mandó
un parlamentario á tierra, intimando la
entrega de la plaza en el término impro­
rrogable de seis horas. Atracó al muelle
el bote que conducía al parlamentario;
pero éste no se atrevió á saltar en tierra

PRESENTE Y FUTURO

55

po)r temor á las iras populares, pues la
ciiudad, contra lo que esperaban los yankc/es, aprestábase á la defensa con mues-

trass de viril energía y verdadero entusiassmo, á pesar de su reducida guarnición,
porrque casi todo el ejército, dividido en
coliumnas, operaba en el interior de la
isla.. Los puntos estratégicos estaban ocu-

56

NILO MARIA FALBA

pados y defendidos por escasas fuerzas
regulares y por los batallones de volunta­
rios resueltos todos á morir antes que ver
hollado por el extranjero el sagrado suelo
de la patria.
Rechazó el Capitán General el ultimá­
tum, y el Almirante de la escuadra ame­
ricana, persuadido de que no podía con­
tar con ningún auxilio interior, ni atacar
plaza tan bien defendida y artillada, ni
aventurar sus naves en un puerto que dis­
ponía además de torpedos fijos, decidió
bloquearlo, dejando una división de cua­
tro cruceros y un aviso, y dirigirse con el
resto de los buques y las tropas de desem­
barco á la bahía de Matanzas.
Eran harto deficientes las defensas de
la misma, estando por terminar el empla­
zamiento de cañones de cincuenta tonela­
das; pero tenía tres líneas de torpedos
fijos, sistema Bustamante, que, al parecer,
la ponían á cubierto del ataque de una
escuadra.
Uno de los cañoneros angloamericanos,
al cual le correspondió en suerte ir á van­
guardia, logró romper sin accidente las
dos primeras líneas de torpedos, pues por

PRESENTE Y FUTURO

57

c:ausas que todavía se ignoran, no estalla­
ro n ; pero al chocar en la última prodiújose la explosión de terrible máquina
siubmarina, yéndose á pique el buque,
c(on pérdida de casi toda su tripulación.
Emtonces la escuadra penetró en el puer­
to), y sufriendo grandes averías y numerosais bajas, porque los españoles hicieron
urna defensa heroica con los escasos mediios con que contaban, logró apagar los
fuiegos de las baterías y operar el desem­
barco. Tanto el ejército como los volun­
tarios hicieron prodigios de valor para
impedirlo, cayendo muertos ó heridos
m ás de la mitad; pero el resto, consi­
derando de todo punto inútil prolongar
la resistencia, antes de verse obligados á
remdirse, se retiraron con el mayor orden
á Aguacate.
Dueños los yankees de Matanzas, que
ibai á servirles de base de operaciones, su
prim er cuidado fué poner la plaza en buen
estcado de defensa, especialmente por la
parrte de tierra, construyendo una línea
de fuertes de campaña.
(Quince días después, terminados los
tralbajos de atrincheramiento y artillado,
8

\

58

NILO MARÍA FARRA

disponíase el General en Jefe de las fuer­
zas enemigas á emprender la ofensiva
marchando por tierra sobre la Habana,
haciendo un movimiento combinado con
la escuadra; mas reconoció que le faltaba
gente para proseguir con éxito las opera­
ciones. La fiebre amarilla y las calentu­
ras palúdicas diezmaban la expedición.
Esto, unido á las bajas por acciones de
guerra, habían reducido aquélla á 16,000
hombres.
A l desembarcar la expedición en Ma­
tanzas se le agregaron 15,000 insurrectos,
á quienes se facilitó armamento y muni­
ciones; pero parte de ellos, la gente de
color, indignados del menosprecio con
que les trataban sus libertadores, volvié­
ronse á la manigua ó se presentaron á las
autoridades españolas. Los demás, bien
por no sujetarse al rigor de la Ordenanza,
bien porque no querían ponerse á las ór­
denes de militares extranjeros, bien por
estar quejosos de éstos, pues obraban
como en país conquistado, hasta el punto
de enarbolar en la plaza la bandera de
los Estados Unidos y no la de Cuba, in­
fundían justos recelos al General yankee.

PRESENTE Y FUTÜRO

59

Estas razones le indujeron á pedir refuer­
zas al Gobierno de Washington, utilizanctío un cable provisional recién tendido
entre Cayo Hueso y Matanzas.
Expidió el telegrama y no obtuvo res­
puesta.
La escuadra española, de vuelta de su
v/iaje, cumplida la misión de escoltar á
SSantiago de Cuba y á Nuevitas á los
transatlánticos que conducían los refuér­
zaos procedentes de la Península, había
c:ortado el nuevo cable y se hallaba cerca
dle Matanzas.
De los catorce buques de alto bordo
qpe los Estados Unidos enviaron á las
aiguas de la Grande Antilla, quedaban en
dlisposición de entrar en combate los
ciuatro cruceros que, como hemos dicho,
rcecibieron la orden de bloquear el puerto
dle la Habana, y seis acorazados, cuyo
p»orte variaba entre siete y diez mil tone1ardas: los restantes, con graves averías,
hiubieron de arribar á los arsenales.
Reunía la escuadra española igual númiero de buques de alto bordo, aunque su
imferioridad era notoria, no sólo por el
tonelaje, sino también por el espesor

6o

NILO MARÍA FABRA

de las corazas y la fuerza de las máqui­
nas: factor casi decisivo en toda guerra
marítima. Reconociólo desde luego nues­
tro Almirante; pero no por esto rehuyó
el combate, antes bien tomó la ofensiva,
aprovechando la circunstancia de hallarse
divididas las fuerzas contrarias, unas en
aguas de la Habana, y otras en la bahía
de Matanzas. Proponíase batirlas separa­
damente; pero el enemigo, receloso y pre­
visor, operó con rapidez un movimiento
de concentración á la altura del pequeño
puerto de Santa Cruz, desplegándose hacia
el Nordeste, llevando al frente cuatro aco­
razados de nueve á diez mil toneladas.
La escuadra española se fraccionó en
tres divisiones: la primera compuesta de
dos acorazados de 9,000 toneladas y dos
cruceros protegidos de 7,000; la segunda
de cuatro cruceros de primera clase, y
la tercera de varios buques ligeros. Estas
divisiones estaban escalonadas en el orden
indicado, formando cada cual un ángulo
saliente con la otra.
Arregladas las distancias y fijado el
orden de ataque, el Almirante, por un
rasgo de audacia propio de aquella inspi-

PRESENTE Y FUTURO

6i

raación militar maravillosa que en circuns­
tancias críticas y difíciles arriesga el todo
peor el todo, dió orden á la escuadra de
miarchar á tiro forzado sobre el enemigo
y romper su línea.
La vanguardia angloamericana inició

el fuego, al cual contestó la española sin
meoderar su movimiento de avance.
Pronto se generalizó aquél con los ca­
ñones de tiro rápido y la artillería gruesa,
logrando nuestra primera división cortar
la línea enemiga.
.La segunda y tercera siguieron á la an­
terior, maniobrando con tal acierto, que
el 'enemigo, desconcertado y falto de la
colhesión y disciplina, que son los mejores

Ó2

NILO MARÍA FABRA

auxiliares de la victoria, vióse obligado á
combatir en medio de espantosa confu­
sión, á la cual contribuía el denso humo
que por la carencia de viento envolvía á
los buques, hasta el punto de que durante
una hora fue imposible apreciar en todos
sus detalles la terrible lucha.

De repente, fuerte racha, disipando la
inmensa humareda que robaba los rayos
del sol, puso de manifiesto la completa
derrota de los norteamericanos.
Dos de sus mejores cruceros, pasados
por ojo por nuestros acorazados, habían
desaparecido; otro de segunda clase, ren­
dido y apresado, arbolaba en sus topes
la bandera española, y el resto de la es-

PRESENTE Y FUTURO

63

cuadra, perseguida de cerca, buscaba refu­
gio en la bahía de Matanzas.
En esta gloriosísima jornada, que in­
mortalizó el nombre de Santa Cruz, se
confirmó la superioridad de las dotacio­
nes españolas, que peleaban por la honra
de su bandera, sobre las mercenarias de
los Estados Unidos, que no tenían más
móvil que la soldada.
Nuestro Almirante, juzgando temeraria
empresa penetrar en el puerto de Matan­
zas, pues los yankees habían emplazado
cañones de grueso calibre, cuyos fuegos
se cruzaban, dió orden á la escuadra de
poner la proa á la Habana, donde, al
echar anclas, fué objeto de tales demos­
traciones públicas de entusiasmo que raya­
ban en el delirio. Sensibles y numerosas
bajas y considerables averías apenaban el
ánimo; pero no habíamos perdido ningún
barco.
El júbilo con que fué acogida esta noti­
cia en España sólo era comparable al que
sentían los españoles residentes en Amé­
rica, que con sus generosos y patrióticos
donativos contribuyeron á la regenera­
ción de nuestro poder marítimo.

64

NILO MARÍA FABRA

Los mismos iberoamericanos, para quie­
nes el concepto de la raza era muy supe­
rior á la razón geográfica que invocaba
hipócritamente la perfidia yankee, no po­
dían menos de regocijarse de las victorias
de España, cuya misión providencial en
el Golfo Mejicano limitábase á impedir y
contener la marcha del coloso del Norte
sobre el Sur, salvando la independencia
de aquellos Estados y la civilización la­
tina.
En cambio, la batalla naval de Santa
Cruz originó indescriptible pánico bursá­
til y mercantil en la gran República, lo
cual, unido á los enormes daños que el
corso infería al comercio, produjo ruinas
inmensas y despertó profundo odio y aver­
sión contra los vividores de la política
(politiquitiens), á quienes se atribuía la
responsabilidad de haber empujado al
país en una contienda desastrosa y á
todas luces injusta é inicua.
Mas no por esto desfallecieron las ener­
gías del Gobierno de Washington, antes
bien cobraron vigoroso impulso. Desecha­
ba en aquellas circunstancias toda idea de
paz, no porque creyese en la honra nació-

PRESENTE Y FUTURO

65

nal, concepto en su opinión de todo punto
anacrónico, sino porque juzgaba seguro el
éxito definitivo de la campaña, disponien­
do del nervio principal de la guerra: el
dinero. Tenía más confianza en tan evi­
dente superioridad sobre España que en
otro linaje de consideraciones; pero ya
veremos después cómo los recursos pecu­
niarios, por considerables que sean, no
bastan para obtener el triunfo, ni aun en
los tiempos que alcanzamos, en que la
guerra se convierte en luchas de máqui­
nas contra máquinas, porque éstas re­
quieren la dirección de la pericia que no
se improvisa, la fuerza admirable de la
abnegación que no se impone, y el heroi­
co sacrificio de la vida que no se compra
á ningún precio.

*

9

Votado por el Congreso de los Estados
Unidos un crédito de cuatrocientos millo­
nes de pesos á fin de proseguir la guerra
contra España, el Gobierno de Washing­
ton ordenó la salida para Cuba de una
nueva expedición, compuesta de 40,000
hombres, organizados precipitadamente,
y la recluta de otros 50,000, á cuyo efecto
se echó mano de cuantos naturales y
extranjeros se presentaron, ofreciéndose
crecidos premios de enganche.
L a expedición, conducida en vapores
mercantes, llegó sin contratiempo á Ma­
tanzas, yendo escoltada desde los puertos
de la Unión por otra escuadra, que se
formó con buques que se hallaban lejos

68

NILO MARÍA F A B R A

de las costas norteamericanas del Atlán­
tico al estallar la guerra.
E l General en jefe yankee, seguro de la
victoria con tan considerables fuerzas, de­

cidió tomar la ofensiva marchando sobre
la Habana, mientras la escuadra, que, con
los nuevos refuerzos, era muy superior á
la nuestra, restablecía el bloqueo de aquel
puerto y amagaba un ataque.
Y dejando 6,000 hombres en Matan-

PRESENTE Y FUTURO

69

zzas, con el resto del ejército, que ascendía
áí 50,000 de tropas regulares y 10,000 in­
surrectos cubanos, bien armados y equi­
p a d o s, emprendió el movimiento, sin enccontrar dificultad alguna hasta cerca de
S 5an Juan de Jaruco.
No lejos de dicha población hallábase
cconcentrado, ocupando excelentes posi­
cio n es, el ejército español, el cual, cansa­
dlo de la guerra de columnas en pos de
ernemigos fugitivos y dispersos, ardía en
dieseos de medir sus armas con fuerzas
reegulares para sucumbir con gloria ó al­
canzar los honores del triunfo.
No excedía de 40,000 el número de
niuestros soldados, mientras que el del
einemigo era de 60,000.
La batalla fué reñida y encarnizada.
L.os angloamericanos se batieron con indiudable valor y arrojo, aunque advertíase
píoca pericia en los oficiales, improvisad(os muchos de ellos, y falta de discipllina é instrucción en muchos regimien­
tos, compuestos de soldados bisoños, pro­
cedentes de la última expedición. En
cuianto á los insurrectos, que no desmentüan la bravura de su raza, se batían á

70

NILO MARÍA FABRA

vanguardia sin orden, desatendiendo las
del Estado Mayor.
En cambio nuestras aguerridas tropas,
conteniendo los naturales ímpetus de su
ardimiento, atentas sólo á la voz de sus
jefes, peleaban como en un campo de
maniobras, procurando sobre todo no
prodigar las municiones, defecto en que
incurren con las modernas armas de repe­
tición los soldados que desconocen la
disciplina en el fuego.
Merced á la mejor instrucción de las
tropas, á la pericia de los oficiales y al
valor que todos revelaban, poniendo de
manifiesto la inmensa superioridad de
una nación de tradicionales hábitos mili­
tares, donde se rinde culto al noble ejer­
cicio de las armas, sobre otro Estado que
entrega la defensa del símbolo de la
patria á aventureros asalariados, lograron
los españoles sostener sus posiciones du­
rante siete horas, no obstante las repeti­
das y violentísimas cargas dadas por los
yankees, en particular sobre el ala dere­
cha, que trataban de envolver con tenaci­
dad y porfía extraordinarias.
Era, sin embargo, mucho mayor en

PRESENTE Y FUTURO

71

número el enemigo, más potente su arti­
llería, aunque inferior en calidad su per­
sonal, y la situación de los nuestros por
momentos crítica y difícil. Comenzaban á
escasear las municiones, y algunas bate­
rías consumían sus escalones de reserva.
Varios batallones de infantería, agotados
los cartuchos, se cubrían de gloria dando
cargas á la bayoneta. Mas si menguaban
los elementos materiales con que prolon­
gar la lucha, crecía la intrepidez de nues­
tros soldados, dispuestos á vender caras
sus vidas y á disputar palmo á palmo el
terreno.
El General en jefe del ejército de Cuba,
que dirigía en persona la batalla, confir­
mando sus singulares dotes militares y su
valor y sangre fría á toda prueba, aguar­
daba con viva impaciencia la llegada de
las reservas que se dirigían sobre Jaruco.
Estas tropas, molestadas en su marcha
por numerosas partidas insurrectas, cuya
misión era cortar las comunicaciones, no
lograron llegar á la hora y al sitio que se
les había ordenado.
Los angloamericanos redoblaban el ata­
que con el auxilio de partidas insurrec-

72

NILO MARÍA

FABRA

tas montadas, que intentaron una diver­
sión sobre el ala izquierda de nuestro
ejército; y aunque éste seguía defen­
diendo con tesón sus posiciones, ante la
superioridad del número y la escasez de
municiones, la prudencia aconsejaba la
retirada sobre la Habana, cuyas obras de
defensa por la parte de tierra se hallaban
en excelente estado.
Así lo creyó el General en jefe cuando
mandó que se reuniese la división de
caballería para proteger la retirada, si
ésta se hacía precisa, mientras algunos
oficiales de Estado Mayor iban en busca
de las tropas de reserva, con orden de
estimular su marcha. Así las cosas, á las
dos de la tarde se supo que aquéllas se
acercaban. Componíanse de cinco bata­
llones de infantería, siete de voluntarios,
3,000 caballos y 12 cañones de montaña,
las cuales, cayendo de improviso sobre el
flanco izquierdo del enemigo, obligaron
á éste á iniciar la retirada. Entonces,
nuestra caballería, que renovaba las proe­
zas de su preclara historia, cargó con
furioso ímpetu á los gritos de «¡Viva
España! » sembrando la muerte y el pá-

PRESENTE Y FUTURO

73

nico en el ala izquierda del ejército in­
vasor.
El General en jefe juzgó llegado el

momento decisivo, y ordenó al Coman­
dante general de Artillería la reunión del
mayor número de piezas. En breves mo­
mentos se operó la concentración de tres
10

74

NILO MARÍA FABRA

baterías montadas y seis de montaña, que
formando una gran masa, rompieron el
fuego sobre el centro del enemigo Los
fuegos de granada y metralla produjeron
efecto terrible, enardeciendo el entusias­
mo de todo el ejército. Tomó la artillería
nuevas posiciones avanzando, y a. co­
menzar la retirada violenta del centro
enemigo, se dió la orden de avarce á
una división para que apoyase nuestras
piezas.
Derrotados la izquierda y el centro,
hubo de replegarse rápidamente el ala
derecha de los norteamericanos. Uno de
sus batallones, formando el cuadro, inten­
tó oponer resistencia; pero deshecho por
nuestra caballería, vióse obligado á ren­
dirse. Igual suerte cupo á dos baterías, á
pesar de su vivo fuego de metralla, am a­
das á la bayoneta por los valientes volun­
tarios de la isla, que ensordecían el aire
gritando: «¡Viva Cuba española!»
La infantería rayó á grande altura, apo­
derándose de otras piezas que los artille­
ros angloamericanos defendieron hasta el
último extremo.
Todas las armas, rivalizando en heroís-

presente

Y Futuro

75

mo y disciplina, contribuyeron á tan
señalada victoria. De ella daban elocuen­
te testimonio 27 cañones, 15,000 prisio­
neros, 14 banderas, numerosos caballos,
considerables pertrechos y 200 carruajes
atestados de municiones de boca.
Los muertos y heridos del enemigo
pasaron de 4,000, y los nuestros de 2,500.
El General en jefe americano, con tres
brigadas de tropas veteranas, logró reti­
rarse hasta ponerse al amparo de los
cañones de Matanzas.
El resto de su ejército, compuesto de
los soldados bisoños de la segunda expe­
dición, amotinándose á los gritos de
«jViva la Revolución social!» «¡ Mueran
los traidores!» «¡Abajo los oficiales!»
se dispersó, formando partidas de mero­
deadores ó engrosando las de los insu­
rrectos, que después de la derrota huye­
ron á la manigua.
¿Era de extrañar esta sedición en un
ejército de mercenarios derrotados, dada
la indisciplina social reinante, cuando en
épocas normales, en plena paz, como
hemos dicho anteriormente, desertaban en
los Estados Unidos una tercera parte de

76

NILO M A R ÍA F A R R A

los reclutas? ¡Tal será la suerte de los ejér­
citos vencidos que no cuenten como base
principal las sufridas y honradas nasas
rurales, esclavas del deber y la obedien­
cia y refractarias á las ideas disolventes
de los presentes tiempos! ¡ A y de las na­
ciones que confíen su honra ó la salva­
guardia de la paz pública á manos de
aventureros que se inspiran en el odio
contra el orden social ó en el menospre­
cio del concepto de la patria! ¡Vencedo­
ras, mantendrán tal vez el freno de la
disciplina; vencidas, se volverán contra
ellas sus propias armas!
E l ejército español siguió sobre Matan­
zas, cerrando las comunicaciones á la
plaza y practicando los trabajos prelimi­
nares para su asedio. Con la guarnición
y los soldados que permanecieron fieles á
sus banderas después del descalabro de
Jaruco, el General en jefe angloamerica­
no logró reunir cerca de 20,000 hombres.
Contaba además para prolongar la resis­
tencia, hasta la llegada de nuevos refuer­
zos pedidos con urgencia á los Estados
Unidos, con el auxilio de la escuadra,
que había regresado á Matanzas.

PRESENTE Y FUTURO

77

Las operaciones de sitio adelantaban
rápidamente. Dos fuertes destacados caye­
ron en nuestro poder, y comenzaban los
trabajos de aprochc contra el recinto. El
fuego de cañón, muy intenso por una y
otra parte, no se interrumpía ni aun du­
rante la noche, pues los sitiadores ilumi­
naban la plaza con proyectores eléctricos.
Entretanto, la escuadra española, re­
puesta de las averías, salía de la Habana;
y en vista de la inacción de la enemiga,
que no osaba abandonar la bahía de
Matanzas por advertirse á bordo de algu­
nos buques síntomas de insubordinación,
dirigíase á Cayo Hueso y se apoderaba,
después de vivo bombardeo, de aquel
foco del filibusterismo cubano.
Tiene dicho islote muy reducida super­
ficie (nueve kilómetros de largo por tres
de ancho); pero su excelente puerto, que
admite buques hasta de seis metros de
calado, y su proximidad á Cuba, de don­
de dista cien millas náuticas, le dan ver­
dadera importancia. Durante la guerra de
secesión lograron conservarlo los federa­
les, sacando de él mucho partido.

78

NILO MARÍA PARRA

*

*
*

Tres semanas habían transcurrido des­
de el desastre de Jaruco, cuando los yankees, que contaban con sobrados medios
para continuar la defensa de Matanzas en
la espera de nuevos refuerzos, enarbola­
ron bandera de parlamento para pedir un
armisticio, prometiendo abandonar la isla
de Cuba.
Gran sorpresa produjo este suceso en el
campo sitiador; pero pronto se tuvo noti­
cia de que los socialistas y anarquistas
de los Estados Unidos, aprovechando el
general disgusto producido por las infaus­
tas nuevas de la guerra, se levantaron en
armas, entregándose al saqueo, al asesi­
nato y al incendio, y que los reclutas des­
tinados á la tercera expedición hacían
causa común con los revolucionarios.
A pesar de la energía desplegada por las
milicias para reprimir el movimiento,
tomaba éste proporciones aterradoras:
Wall-Street, la calle de la aristocracia
mercantil de Nueva York, incendiada por
los petroleros, estaba convertida en un
montón de escombros; suntuosos palacios

PRESENTE Y FUTURO

79

eran devastados por las turbas; muchos
establecimientos de crédito, robadas las
cajas, no podían hacer frente á sus com­
promisos; suspendíanse en todas partes
las transacciones comerciales, y un ejérci­
to de harapientos armados amenazaba el
Capitolio de Washington. Allí los Cali,
los H itt, los Sherman, los Morgan, los
Turpie, antes defensores de los vándalos
de la manigua cubana, alzaban angustio­
sas voces en demanda de prontas y enér­
gicas medidas que salvasen el orden social
y restableciesen el imperio de las leyes:
hasta ellos pedían la vuelta del ejército,
compuesto de veteranos fieles y leales,
en mal hora enviado á las costas de la
Grande Anlilla. El Gobierno hubo de
acordarlo así, mientras á instancia del
Congreso entablaba negociaciones de paz
con España.
¿Era, sin embargo, de extrañar aquella
pavorosa revolución del proletariado, con­
secuencia lógica de una guerra infausta,
recordando el ejemplo de la Commune de
París, en los albores del socialismo con­
temporáneo? ¿No debían reproducirse las
horrorosas escenas de sangre y extermi-

So

NILO MARÍA FARRA

nio en una nación como los Estados Uni­
dos, donde el número de sectarios de las
diversas escuelas enemigas irreconcilia­
bles del orden social se elevaba á la
enorme cifra de tres millones? Con tales
y tan numerosos enemigos dentro, ¿no
aconsejaba el más vulgar instinto de con­
servación no buscarlos fuera y renunciar
á una política exterior agresiva y á todo
linaje de peligrosas aventuras? ¿Cabía
mayor demencia que la guerra cuando los
más altos intereses sociales y la solidari­
dad de la común defensa imponen la paz
y la concordia entre las naciones cultas?
Como suele acontecer, los mismos ele­
mentos patrioteros, los vividores de la
política que empujaron á los poderes
públicos á la lucha contra España, fueron
los que con más ahinco y vehemencia vitu­
peraron lo que antes ensalzaran; mas la
opinión sensata, cuyas aspiraciones limi­
tábanse á las conquistas pacíficas del
trabajo y de la industria, no se prestó al
engaño ni á la seducción de aquellos
mercaderes de la cosa pública, y al grito
de «abajo los politiquitiens (politicastros)»
y «América para los hombres de bien,»

PRESENTE Y FUTURO

8l

se organizó una gran cruzada para la des­
trucción de aquella plaga, la más funesta,
después de la socialista, que afligía á la
República anglosajona.

Abandonada Cuba por el ejército norte­
americano, y faltos los insurrectos de au­
xilios y hasta de la esperanza de obtener­
los, fué fácil empresa la completa paci­
ficación del territorio. A ella contribuye­
ron los desengañados y particularmente
la gente de color, á quienes una dolorosa
experiencia enseñaba lo que podían espe­
rar de sus humanitarios y filantrópicos
protectores. Los mismos cubanos que se
rebelaron contra la madre patria, no pudiendo resistir la insolencia y los brutales
atropellos de los desertores yankees, los
perseguían y acosaban como á bestias fe­
roces para entregarlos á las autoridades
españolas.
Ya restablecida la tranquilidad en los
Estados Unidos, donde los consejos de
guerra funcionaron con más rigor que en
Cuba para la represión y castigo de los
11

82

KILO MARÍA FABRA

perturbadores del orden público, no que.
dando ni el recuerdo del espíritu que
informara el famoso protocolo de 1877,
se estipuló un tratado definitivo de paz y
amistad entre los gobiernos de Washing­
ton y Madrid.
Por una de sus cláusulas nos fué cedido
Cayo Hueso; pero como la nación espa­
ñola había renunciado para siempre á
toda idea de adquisiciones territoriales
en América — harto le costaba conservar
los últimos restos de su patrimonio ultra­
marino— decidió regalar aquel islote á
Méjico.
Si hubiese dependido de su voluntad,
arrancara los territorios de Tejas y Cali­
fornia de manos del usurpador para entre­
garlos á su legítimo dueño, pues ambicio­
naba solamente la prosperidad y engran­
decimiento de la América latina, y verla
á cubierto de la perfidia y rapacidad de
la moderna Cartago.
A tan alto fin tendió después la política
de las Repúblicas de origen ibérico, las
cuales firmaron inquebrantable pacto de
alianza ofensiva y defensiva, precursora
de la gran Confederación del Sur. Así, y

PRESENTE Y FUTURO

83

sólo así, opusieron firme valladar á la
pujanza invasora y absorbente de losjYan­
kees, que trataron de difundir el recelo y
la desconfianza contra Europa, la cual
desde el reconocimiento de la indepen dencia de las antiguas colonias no apeló
á la violencia en menoscabo de la inte­
gridad de dichos Estados; mientras que
ellos, los Quijotes, con intenciones de
Sancho, los aprovechados paladines de la
libertad y de la autonomía de los pueblos
americanos, detentaban las extensas re­
giones de Tejas, Nuevo Méjico y Califor­
nia, invadidas traidoramente y subyugadas
por las armas.
Y triunfando la lógica y el buen senti­
do de preocupaciones ridiculas, prejuicios
vulgares é injustas malevolencias, el nom­
bre de España fué unánimemente bende­
cido y reverenciado por las naciones del
Nuevo Mundo, desde Río Grande del
Norte hasta el Cabo de Hornos, unidas
todas por los vínculos estrechos de la
sangre y de los intereses recíprocos, cons­
tituyendo con aquélla una patria común,
única é indivisible en su concepto más pu­
ro, noble y sublime: la patria del espíritu.

Recuerdos de otra vida

Recuerdos de otra vida
Á LA EXCMA. SRA. MARQUESA DE ALELLA
QUE ME INSPIRÓ ESTE CUENTO

I
Catorce abriles, blanca como una azu­
cena, rubios y sedosos cabellos que com­
petían con el oro, ojos azules y expresi-

88

NTLO MARÍA FABRA

vos, rostro simpático y agraciado, bonda­
doso corazón y dulce carácter, y esas
maneras distinguidas, sin afectado estudio,
que dan claros y manifiestos indicios del
buen ejemplo recibido y del medio am­
biente en que una persona se ha criado:
tal era el retrato de mi prima Dolores.
Los padres de ésta, deseosos de que
completase su educación, decidieron con­
fiármela para que la acompañase á un co­
legio de París.
Salimos de Madrid en el Sud-expreso,
y al caer de la tarde del siguiente día,
que era de Enero, comenzó á nevar co­
piosamente. Dolores y yo ocupábamos
una de las mesitas del vagón-restaurant,
y nos disponíamos á comer, cuando el
tren se detuvo, y oímos gritar: «¡Orleans,
cinco minutos!»
— ¡Orleans! — exclamó la niña tapán­
dose el rostro con las manos.
— Sí, Orleans, la patria de la célebre
Juana de Arco.
— No,— me contestó Dolores con vi­
veza, descubriendo de nuevo su hermoso
rostro y mirándome fijamente;— no nació
aquí: tuvo su cuna en Domremy, y si es

PRESENTE Y FUTURO

89

conocida con el nombre de Doncella de
Orleans, se debe á sus hazañas impidien­
do que esta plaza cayera en poder de los
ingleses.
— Por lo visto recuerdas perfectamente
la historia de aquella mujer extraordi­
naria.
— ¿Que si la recuerdo? Con sus me­
nores detalles...
Y mi prima se quedó pensativa, sin
probar apenas los manjares que comen­
zaron á servirnos.
El tren prosiguió su marcha con direc­
ción á París; iba á todo vapor, á pesar de
la gran cantidad de nieve que caía sobre
el camino.
La niña estaba pálida y silenciosa. De
pronto advertí dos lágrimas en sus pupi­
las, y para distraerla, creyendo que el
recuerdo de sus padres causaba su tristeza,
le rogué encarecidamente que me contase
la vida de juana de Arco.
— ¿Quién no la conoce? — dijo con
visible agitación.— Juana era una pasto­
ra, una pobre pastora, hija de humildes
aldeanos. Contaba apenas diez y ocho
años, cuando una noche vió aparecer en12



NILO MARÍA FABRA

tre nubes un coro de ángeles, y en medio
de ellos á Santa Catalina, Santa Marga­
rita y San Miguel. Estas visiones repi­
tiéronse diferentes veces, y por fin el
arcángel anunció á Juana que estaba pre­
destinada á redimir á Francia del yugo
extranjero, y le mandó que buscase al
señor de Bandicourt, capitán de los guar­
dias del rey Carlos VII, para que la pre­
sentase á éste. La doncella obedeció el
mandato, á despecho de la oposición de
su familia, y abandonando su mísera ca­
baña de Domremy, en la Lorena, sin más
auxilio que sus débiles fuerzas, pero con
ciega confianza en el Dios Todopoderoso,
se encaminó á un pueblo de Turena, lla­
mado Chinon, donde se encontraba acci­
dentalmente la corte. Las facciones aso­
laban al país, y los ingleses, aliados de
los borgoñones, hacían cruda guerra al
monarca francés, cuya soberanía era más
nominal que efectiva. Grandes dificul­
tades tuvo que vencer la muchacha para
llegar, sola y á pie, hasta la residencia de
Carlos, y más, si cabe, para ser introdu­
cida á la presencia de éste y convencerle
de la misión que el cielo le había con-

PRESENTE Y FUTURO
fiado de salvar á la patria

91

Al cabo cedió

el Rey á los ruegos de Juana, poniendo á
sus órdenes un puñado de soldados, con
los cuales, en el espacio de ocho días, lo­
gró vencer á los ingleses que sitiaban á
Orleans. A éste siguieron otros no menos
gloriosos combates: tal era el entusiasmo
que aquella débil mujer, con la protección
divina, despertaba en el ejército, hasta á
la sazón desalentado y sin fuerza moral
alguna. Merced á repetidas victorias, con­
siguió, á los dos meses de salvar á Or­
leans, conducir en triunfo al Rey hasta
Reims, donde fué ungido solemnemente.
Entonces ella, creyendo realizada su mi­
sión, expresó el deseo de retirarse á su
casa; pero hubo de ceder á las órdenes
del Soberano y proseguir la campaña con­
tra ingleses y borgoñones.
— ¿Y los venció también?
— I A h ! no, — dijo Dolores, lanzando
un profundo suspiro; — desoyó los impul­
sos de su corazón y las misteriosas voces
que la aconsejaban desistir de nuevas
empresas. Ante los muros de París, al
intentar el asalto de la plaza, recibió una
herida, y apenas repuesta, abandonada

92

NILO MARIA FABRA

por sus propios soldados y víctima de in­
fame traición en las inmediaciones de
Compiegne, cayó en poder de Juan de
Luxemburgo, que militaba en el bando
de los borgoñones. Encerrada en el cas­
tillo de Beaurevoi, cerca de Cambray, al
principio fué objeto de las consideracio­
nes que merecía su desgracia; pero Juan
de Luxemburgo, dominado por la codicia,
la vendió en diez mil francos á Felipe,
duque de Borgoña, quien, á pesar del
sobrenombre el Bueno que le ha legado
la Historia, cometió la infamia y la vileza
de entregar á los ingleses á la infeliz pri­
sionera. ¡ Y aquí empieza su martirio, su
horrible martirio!
Dolores comenzó á llorar amargamente.
— La historia es ciertamente conmove­
dora,— le dije; — pero no veo motivo
para que te aflijas de ésta suerte. Sosié­
gate y hablemos de otra cosa.
— No, no,— respondió la niña.— Quiero
referirte el final. Conducida á Rúan, (á la
sazón bajo el dominio de Inglaterra), de­
vorada por la fiebre y el insomnio, escar­
nio y ludibrio de la soldadesca soez y
brutal, víctima de la crueldad de inquisi-

PRESENTE Y FUTURO

93

dores vendidos al oro británico, la pobre
Juana es encerrada como una fiera en una
jaula de hierro, con esposas en las manos
y grillos á los pies. No satisfechos sus
feroces verdugos, la someten á un tribu­
nal compuesto de jueces sobornados por
los enemigos de la patria, y la amenazan
con el tormento si no declara que ha
hecho pacto con el espíritu maligno. Ella
resiste con noble entereza, revelando el
temple de su alma, sus puras creencias
religiosas y el ardimiento de su corazón,
diciendo: «¿Queréis que hable contra
mí misma? Vengo de parte de Dios: nada
tengo que decir aquí: enviadme ante
Dios, de quien procedo. » Y sus palabras,
sus tiernos años, su cuerpo demacrado
por los sufrimientos, su inmensa desgra­
cia, no encuentran piedad en aquellos
corazones empedernidos, en aquellos se­
res degradados, en aquellos miserables
hipócritas, que bajo la máscara de la reli­
gión, invocando el nombre sacrosanto del
Altísimo, la condenan por hechicera á ser
quemada viva!
Y Dolores dejó de hablar, porque las
palabras se ahogaban en su garganta.

94

NILO MARÍA FABRA

En esto comenzó á silbar repetidas
veces la locomotora y el tren á reducir la
marcha, hasta pararse de pronto. Limpié
con la servilleta el empañado cristal de
la ventanilla, y vi á los guardas del ferro­
carril que presentaban el farol rojo.
— ¿Qué ocurre? — pregunté á uno de
los dependientes del tren que entraba en
aquel momento en el vagón-comedor.
— Un pequeño desprendimiento de
tierras sobre la vía; pero creo que ésta
quedará pronto libre: dos brigadas se ocu­
pan en repararla.
La niña no dejaba de llorar, sin adver­
tir, tal era el estado de su ánimo, que atraía
sobre sí la atención de algunos viajeros.
— Vén, — le dije, deseando poner tér­
mino á aquel espectáculo; y me siguió
maquinalmente á nuestro compartimiento.
Nos instalamos en él, y sin atreverme á
reprender á Dolores por no afligirla más,
me asomé á la ventanilla.
Magnífico y sorprendente panorama se
presentó á mi vista. En el horizonte, en­
tre negras nubes que descubrían una faja
de cielo cárdeno y plomizo, brillaban las
postreras claridades del crepúsculo: en el

PRESENTE Y FUTURO

95

fondo divisábase la tortuosa corriente de
un río, reflejando sobre su tersa y helada
superficie las iluminadas ventanas de un
caserío; á la izquierda mano, y en primer
término, veíase confusa mancha de árbo­
les, de cuyo ramaje, desnudo de hojas y
en parte vestido de nieve, pendían largos
y afilados carámbanos; y al lado opuesto
deslumbraban las rojas llamas de inmensa
hoguera, coronadas de denso penacho de
humo. Delante de ella pasaban y repasa­
ban numerosos operarios, ocupados en la
reparación de la vía, destacándose los obs­
curos contornos de aquéllos en medio de
los rojizos resplandores, y proyectándose
sus sombras movientes y dilatadas sobre
el blanco sudario de nieve que cubría la
tierra.
Después de contemplar el fantástico
cuadro que aparecía ante mis ojos, llamé
sobre él la atención de mi prima, la cual
se puso de pie, y acercándose á la venta­
nilla, permaneció breve rato silenciosa y
absorta, con los ojos desencajados y la
mirada fija en la hoguera, hasta que, de
repente, fuera de sí, como presa de súbito
acceso de demencia, exclamó:

96

NILO MARÍA FABRA

— ¡Mira, allá están mis verdugos! ¡Otra
vez me entregan al suplicio! ¡Y qué su­
plicio, Dios mío! ¡Morir abrasada! ¡Ya
percibo el humo que me ahoga; ya veo la
llama que prende en mis vestidos; ya
siento el calor que me abrasa, mientras
crujen mis dientes, se desgarran mis la­
bios, se retuercen mis miembros, y todo
mi cuerpo se estremece y crispa, y pugna
en vano para romper las ligaduras que le
sujetan!
Al oir estas palabras me quedé atónito
y confuso. ¡Pobre Dolores! ¿Había per­
dido la razón ? ¿ Era vértigo pasajero,
ofuscación del momento, ó grave síntoma
de enfermedad incurable? Bajé precipi­
tadamente la cortina de la ventanilla, y
tomando á la niña en brazos, la coloqué
sobre el sofá, la arropé con mi manta de
viaje y me senté á su lado sin apartar mi
vista de su rostro. Estaba pálida como la
cera, y sus ojos extraviados y vidriosos
me infundían espanto, insensiblemente
los fué cerrando, y se quedó dormida: su
respiración era fatigosa, y agitado el
sueño.
Al cabo de algún tiempo despertó, y

PRESENTE Y FUTURO

97

restregándose los ojos como si quisiera
alejar de sí una pesadilla, se incorporó,
paseó la mirada en torno suyo y me dijo:
— No puedes figurarte el espanto que
me produjo la hoguera.
— ¡La hoguera!—contesté;— ¿qué tiene
de particular?

— ¿Y la gente que anda alrededor?
— ¡La gente! ¡Unos pobres obreros
que, arrostrando la inclemencia del tiem­
po, trabajan sin descanso para que poda­
mos proseguir nuestro camino! ¡Ellos
muertos de frío y tal vez de hambre, mien­
tras que nosotros, después de opípara co­
mida, nos confortamos al tibio ambiente
caldeado por estos caloríferos! ¡Más que
>3

98

NILO MARÍA FABRA

horror, lástima y hasta el sentimiento de
gratitud debían inspirarte estos deshere­
dados de la fortuna!
— Es verdad. Ahora me mueven á
compasión y despiertan en mí la simpatía;
pero al verlos al resplandor de la hoguera
me ofusqué y se turbó mi mente. ¡Ah,
no sabes el espectáculo, el terrible espec­
táculo que evocaron en mi memorial
— ¡Un espectáculo terrible 1 Te conoz­
co desde que naciste: tu vida se ha desli­
zado tranquila y apacible en compañía de
tus amantes padres: ningún suceso trágico
ni doloroso ha empañado tu feliz exis­
tencia.
— ¡Si tú supieras!... Pero no, no quiero
decírtelo...; es un secreto que no he reve­
lado á nadie... no se por qué... me da
vergüenza...
— ¡Vergüenza 1 ¿De qué puedes acu­
sarte?
— ¡No, no; la culpa no es mía, sino de
mi destino 1
— ¡ Tu destino! Con esta palabra pre­
tendemos siempre justificar nuestras faltas.
— ¡Esque yo no he cometido ninguna!
— ¿De qué acusas al destino?

PRESENTE Y FUTURO

99

— Pues bien, te lo diré. Voy á hacerte
una confesión, á tí, á tí solo. Siempre te
he querido como si fueras mi hermano, y
sé que apreciarás la sinceridad de mis pa­
labras sin hacer de ellas objeto de burla.
— Habla.
— Has de saber que sospecho... ¿qué
digo sospecho? creo firmemente que yo he
estado antes en este mundo, y que mi es­
píritu perteneció á otra mujer.
— ¡ Qué locura 1
— Locura, no; convicción profunda.
— |Pero creer esto es pecado!
— Si es pecado, no puedo dejar de co­
meterlo; porque, á pesar mío, contra mi
voluntad, conservo indeleble el recuerdo
de mi existencia anterior.
— j Desvarios!
— No. Al llegar á Orleans acudieron
de nuevo á mi mente las reminiscencias
de mi vida primera. Recordé á mis po­
bres padres tristes, solos, abandonados en
su mísero hogar, mientras yo, débil mujer,
guiada por inspiración divina y arrostran­
do peligros sin cuento, combatía contra
los enemigos de mi patria. Luego, á la
presencia de la hoguera, se representó en

100

NILO MARÍA FABRA

mi imaginación la tragedia de Ruán, cuya
memoria hiela todavía mi sangre y eriza
mis cabellos. Atada al infamante madero,
befa y escarnio de la numerosa turba que
se apiñaba en el lugar del suplicio, veía á
mis pies el siniestro resplandor del fuego
que, chisporroteando en la crujiente y
verde leña, tomaba cuerpo, avanzaba y se
propagaba, atizado con implacable afán
por infernales verdugos, y me envolvía al
fin, privándome de la luz del día, pero no
de atroces sufrimientos que me parecían
eternos. Conservo aún claramente aquel
espantoso recuerdo de mi vida anterior.
¡No me cabe duda: yo he sido Juana de
Arco!

3*

II

Mi prima y yo llegamos á París, á la
una de la madrugada, con cuatro horas
de atraso. En la estación del Norte, tér­
mino del Sud-expreso, nos aguardaba,
llena de ansiedad, nuestra tía, la señora

to2

Nilo mar /a farra

de Álvarez, que no había visto á Dolores
desde que ésta salió de aquella capital, á
la edad de cinco años. Nos ofreció su
casa con reiteradas instancias, y la acepté
gustoso, porque el estado de la niña, que
después de la escena del tren me inspi­
raba vivísima inquietud, exigía los cuida­
dos de una persona de la familia, siendo
además preferible una casa particular á la
fonda. Nos instalamos, pues, en casa de
nuestra parienta, que ya tenía preparadas
las habitaciones, y dejando en la suya á
Dolores, que estaba rendida del viaje y se
acostó en el acto, me recogí en la mía.
A pesar del natural cansancio de treinta
y cuatro horas de ferrocarril, me levanté
temprano y di cuenta á mi tía de la ex­
traña perturbación mental de Dolores,
de que no poco se sorprendió la buena
señora. Recordé que un mi amigo, mé­
dico alienista español, director de un esta­
blecimiento hipnoterápico, se encontraba
accidentalmente en París, y me dirigí en
busca suya al hospital de la Salpetriére,
donde se dedicaba á perfeccionar sus es­
tudios sobre las enfermedades de los cen­
tros nerviosos, en las cuales era aven-

PRESENTE Y FUTURO

I03

tajado especialista. Tuve la fortuna de
encontrarle y de que, á una simple indi­
cación m ía, se prestase de buen grado á
la inmediata asistencia de mi prima, la
cual dormía aun cuando el doctor y yo
llegamos á casa.
— ¿Quiere usted que despierte á la niña?
— preguntó la señora de Alvarez al doc­
tor, mientras nos invitaba á tomar asiento
en la sala.
— No, señora,— dijo el médico;— antes
me permitirán ustedes que les dirija varias
preguntas. El señor me ha referido deta­
lladamente lo ocurrido en el tren, y deseo
conocer algunos hechos, que juzgo ne­
cesarios para hacer el diagnóstico. ¿Qué
edad tiene Dolores?
— Catorce años, — contestó mi tía.
— ¿Alguna persona de la familia ha pa­
decido de trastornos nerviosos?
— Ninguna, — dije yo.
— ¿Y usted, señora, conoce á la niña
desde su infancia?
— Nació en París, en esta misma casa,
y fui su segunda madre, hasta que, á la
edad de cinco años, marchó con sus
padres á Madrid.

io 4

NILO MARÍA FABRA

— Mientras estuvo usted en su compa­
ñía ¿notó en ella algo de extraordinario?
—Viveza de imaginación y sensibili­
dad exquisita. Tenía verdadera pasión por
todo lo maravilloso; pero como esto es
tan común en los niños, no le di impor­
tancia.
— ¿Y usted, amigo mío, durante la per­
manencia de la enferma en Madrid ob­
servó en ella excitaciones inmotivadas,
vértigos, monomanías, rarezas?
— Ninguna; pero ha revelado siempre
un carácter concentrado y serio, impro­
pio de sus años.
— ¿Y cuáles son sus aficiones?
— En primer lugar la lectura. Sabe al
dedillo la Historia de Francia, particular­
mente de la época de Carlos VII. Conoce
con sus menores detalles la vida de Juana
de Arco.
—Ya de muy niña, — añadió la señora
de Álvarez,— era su heroína favorita. Me
importunaba con frecuencia para que le
refiriese su biografía.
— ¿No recuerda usted cómo comenzó
esta predilección por la célebre doncella
de Orleans?

PRESENTE Y FUTURO

I°5

— No, señor.
— ¿La vió en la escena?
— No fué nunca al teatro mientras es­
tuvo en París.
El doctor se quedó un rato pensativo,
y fijando maquinalmente la vista en un
cuadro que adornaba el salón, dijo:

—Durante sus primeros cinco años,
Dolores vivió en esta casa, ¿no es verdad?
— Sí, señor.
— ¿Y entonces tenía usted ya ese cua­
dro?
— ¡Ah! sí, señor; y por cierto que es­
taba enfrente de la cama de Dolores.
— ¡He aquí el cuerpo del delito 1— ex­
clamó el médico, poniéndose de pie.
14

ioó

NILO MARÍA FABRA

El cuadro representaba el suplicio de
Juana de Arco: era una litografía ilumi­
nada, copia de la obra de Eugenio Déveria, existente en el Museo de Angers. La
heroína aparece de pie sobre la hoguera
que encienden los verdugos, mientras un
sacerdote le presenta una cruz.
— Corpus delicti, — repitió el médico
mirando atentamente el cuadro.— Señora,
despierte usted á Dolores, y que se vista
en seguida.
Y mi tía nos dejó solos.
— ¿Cómo se explica usted, doctor, el
origen de la enfermedad?
—Sencillamente: la niña era un sujeto
extraordinario: veía con mucha frecuen­
cia este cuadro, y acabó por identificarse
con el personaje principal. ¡Nos encon­
tramos en presencia de un caso de auto­
sugestión !
La señora de Álvarez nos anunció que
Dolores estaba levantada y que podíamos
entrar en su habitación. Lo hicimos así,
y el doctor, con mucha afabilidad y cari

PRESENTE Y FUTURO

ño, evitando toda alusión á la escena del
tren y á la extraña monomanía de la en­
ferma, sometió á ésta á un interroga­
torio; la pulsó, y la exploró, y terminó
diciendo que no tenía más que una ligera
indisposición.

—Voy á recetar,— añadió, dirigiéndose
hacia la puerta; pero de pronto volvióse
bruscamente, y clavando sus ojos, que
parecían saltar de sus órbitas, en los de
la niña, la fascinó de tal suerte, que la
rigidez de sus miembros, la expresión de
su semblante y la inmovilidad de sus pu­
pilas, como atraídas y subyugadas por
misterioso im án, dieron claras y ma-

io8

NILO MARÍA FABRA

nifiestas señales de que estaba hipnoti­
zada.
Yo sentí miedo, y mi tía se llenó de
terror ante aquella imponente escena.
— Tú fuiste Juana de Arco, ¿no es ver­
dad?— preguntó el doctor sin apartar la
vista de Dolores.
— Sí, señor, — contestó ésta con voz
débil y sumisa.
— Pues para que te persuadas de que
eres víctima del error, quiero, mando y
exijo que conserves en tu memoria la
causa que lo motivó. Al despertar de este
sueño hipnótico te dirigirás á la sala, y
fijando tu mirada en un cuadro, se avi­
vará en tu mente un recuerdo de la in­
fancia, y adquirirás el exacto conoci­
miento de la realidad. Yo te conjuro con
toda mi fuerza sugestiva á detestar, abo­
minar y execrar la falsa doctrina de la
transmigración de las almas, y á que te
convenzas de que los desvarios de tu ce­
rebro sobre una existencia anterior son
hijos de sensaciones por tí recibidas en
los primeros albores de la infancia.
El doctor ordenó después á mi prima
que conservase el recuerdo permanente

PRESENTE Y FUTURO

I O9

del estado de conciencia del sueño pro­
vocado, y la despertó (1).
Dolores se frotó los ojos con las manos:
luego recorrió con la vista toda la habi­
tación, sin reparar apenas en los que pre­
sentes allí estábamos. De pronto se levan­
tó, y entrando con paso resuelto y firme
en el salón inmediato, colocóse delante
del cuadro de Juana de Arco, y dijo:
— [Ahí ¡Este cuadro se hallaba en­
frente de mi cama cuando estuve en
París, siendo muy niñal... [Qué bien
lo recuerdoI... ¡Tonta de mil ¡Pues no
imaginé que antes de nacer fui Juana de
Arcol Olvidé el cuadro, pero me iden­
tifiqué con la imagen; y los vagos y
confusos recuerdos que quedaban en la
penumbra de mi memoria, me hicieron
creer en una vida anterior, cuando la
nuestra no tiene más que presente y
futuro. ¡Perdóname, Dios míol ¡Estaba
(1) El recuerdo de los estados de concien­
cia (sensaciones, actos, pensamientos, etc.) del
sueño provocado está abolido al despertar; pero
este recuerdo puede ser reavivado por sugestión,
ya temporalmente ó ya de una manera perma­
nente.— (E l sonambulismo provocado, estudies
fisiológicos y psicológicos por H. Beaunis).

no

NILO MARÍA FABRA

loca!... ¡ Pero este cuadro me parece ahora
más pequeño 1
— Es que usted ha crecido, y él no,—
dijo el doctor. — j Con los años se ven
más pequeñas las cosas I

I

Ì

61 futuro Apuntamiento
de /Vladrid

61 fu tu ro A p un tam iento
de ¿Madrid
i
ANTAÑO

En la R elación de los sucesos de la M o­
n arqu ía E spañ ola desde 16 5 4 d 16 5 8 , por

don Jerónimo Barrionuevo de Peralta,
publicada en la Colección de E scritores
Castellanos, se lee lo siguiente:
« Murió ayer don Francisco Sardineta,
15

NILO MARÍA FABRA

II4

regidor de Madrid, riquísimo; que no hay
quien no lo esté en entrando en el Ayun­
tamiento. »
HOGAÑO

Véanse los comunicados, sueltos y artí­
culos que inserta con frecuencia la prensa
política de esta villa y corte.
po staño

*

(FRAGMENTO DEL DIARIO DE CÁNDIDO BUENO)

M a d r id , 10 d e E n e r o d e 1943.

¡Ya soy concejal 1 Recia fué la pelea,
reñida la batalla, y asombrosa la victoria.
Nuestras huestes, dando gallarda muestra
de unión y de concordia, acabaron al fin
con el pérfido amaño, el descarado so­
borno y el insolente atrevimiento de la
innoble y egoísta burguesía.
De los cincuenta concejales que han de
componer el Ayuntamiento de la capital
de esta nación, que todavía se llama Es* Si decimos antaño y hogaño, ¿por qué no
se ha de expresar el tiempo venidero con la voz
postaño ?

PRESENTE Y FUTURO

” 5

pa fia, cuarenta y uno pertenecen al par­
tido socialista.
Los honores del triunfo corresponden
en primer lugar al compañero Isidro Ca­

zurro y Marrajo, alias el Catedrático, con­
secuente conservador, liberal y demó­
crata en los ominosos tiempos en que
dichos partidos imperaban en el Munici-

1 16

NILO MARÍA FABRA

pió, y más consecuente socialista ahora al
desaparecer para siempre de la Casa del
Pueblo la opresora tiranía de un régimen
capitalista tan de suyo cruel y depravado
como absurdo y anacrónico.
Isidro Cazurro, tabernero de altos vue­
los, en quien el natural despejo y el sen­
tido práctico suplen la ausencia de toda
instrucción, apercibió á las masas para la
defensa de sus santos y vulnerados dere­
chos, ora inculcando á los débiles el sen­
timiento de la dignidad humana, ora alen­
tando al menesteroso con pródiga mano,
ora llevando la persuasión y el convenci­
miento al ánimo de los descreídos y vaci­
lantes, ora, al frente de un puñado de
valientes, conduciendo á los comicios al
rebaño anónimo, refractario á la vida pú­
blica, y ora extirpando de aquéllos, con
la fuerza de la razón y la fuerza que ame­
drenta, la malicia, el engaño y la perver­
sidad con que la asquerosa y repugnante
burguesía intenta y ha intentado siempre
falsear la soberana voluntad de las clases
proletarias.
Entre los que han contribuido á tan
señalada victoria, secundando las órdenes,

n8

NILO MARÍA FABRA

del jefe, merecen especial mención: Cris­
tóbal Machuca y Tentetieso, hombre de
pelo en pecho, alta estatura y fornido bra­
zo, que usa por bastón un pino; Dimas
Largo de Uña, ex oficial de escribano,
más listo que Cardona y con más sabidu­
ría que Lepe; el probo y respetable Se­
vero Moral Guardarropía, que trocó el
arte dramático por la pluma de escritor
de extraordinarios, y por una vida consa­
grada al estudio de las ciencias políticosociales; Más Sagarra, muy popular entre
las clases pobres, cuyas necesidades re­
media á veces comprando papeletas del
Monte de Piedad; Perpetuo Borrego, ami­
go inseparable y desinteresado del compa­
ñero Cazurro, á quien presta ciega obe­
diencia; y Ambrosio Dulce y Manteca,
mozo barbilampiño, de afeminadas ma­
neras, apóstol incansable de los redento­
res principios contemporáneos entre el
sexo débil, al cual cautiva, rinde y avasa­
lla con una oratoria meliflua y persuasiva,
de tonos floridos y místicos, cualidad que
le ha valido el sobrenombre de Padre Ca­
pellán de la Social.
En el nuevo Municipio figuran los cita-

PRESENTE Y FU TU RO

iig

dos correligionarios, excepto el compa­
ñero Cazurro, quien, con una modestia
que no hay palabras para alabar, encare­
cer y poner en su punto, ha declinado
ahora, como en otras no menos propicias
ocasiones, la honra de tomar asiento en
los escaños concejiles. ¡Admirable ciuda­
dano, espejo de lealtad y consecuencia,
ejemplo de abnegación y desinterés, de­
chado de virtudes cívicas y privadas!
¡ Cubierto de gloria, alcanzado el triunfo,
se retira humildemente á su tienda!

]2 de Enero.

A los gritos de «¡Viva la Social!»
« ¡Vivan los hombres honrados! » « ¡Aba­
jo los ratas burgueses!» el pueblo nos
conduce en hombros á la Casa de la Villa.
Los balcones están colgados, y en todos
ondea la bandera roja. Machuca se en­
cargó de organizar el júbilo público, y
nadie ha dejado de atender á sus exhorta­
ciones: tan general es el regocijo, que
hasta rebosa por las orlas de la prensa
burguesa. Jamás presenció Madrid mani­
festación más espontánea.

120

NILO MARÍA FABRA

Congregado él Concejo, aprueba por
unanimidad las actas de los socialistas,
aplazando el debate de las restantes —
declaradas, naturalmente, sucias,— y cons-

tituyéndose en el acto, se procede á la
elección de alcalde presidente, tenientes
de alcalde y de las once comisiones en
que se divide el Ayuntamiento.
Por gran mayoría de votos soy elegido
alcalde. El compañero Cazurro me reco-

PR E S E N T E Y FU T U R O

I2I

mendó á sus amigos, y éstos me han vota­
do como un solo hombre.
| Qué honra para mí empuñar la vara
de la primera población de España en
estos tiempos de autonomía municipal,
cuando no está lejano el día en que se
aplique nuestra doctrina, resumida en
esta frase: «El Estado omnipotente, y el
Ayuntamiento su vicario! »
*

*

*

14 de Enero.

Los pretendientes no se dan punto de
reposo, ni yo le tengo; ayer me fué impo­
sible tomar la pluma. Para cada empleo
municipal llueven sobre mí centenares de
solicitudes, y por cada solicitud millares
de recomendaciones. Ahora resulta que
había en Madrid más socialistas que veci­
nos, y que todos tienen títulos y servicios
políticos que les hacen acreedores á figu­
rar en nómina. Por fortuna, el compañero
Cazurro, que, según dice, deseaba perma­
necer alejado de las miserias personales,
porque no quiere descender de la región
serena de los principios, tiene lástima y
compasión de mí, y me indica los nom16

122

N ILO M ARÍA F A B R A

bres de los correligionarios que por sus
servicios, competencia y honradez mere­
cen los puestos de más confianza en el
ramo de consumos. Ante todo la morali­
dad: en esto me propongo ser inflexible é
inexorable.
*

*

,

*

15 de Enero.

En la reunión celebrada hoy por el
Ayuntamiento hemos acordado la cesan­
tía en masa del personal de la corpora­
ción: hay que desinfectar aquella sentina
burguesa.
El colmo de las cesantías: terminada
la reunión, he dado un bando suprimiendo
á Dios. ¡Lástima grande que no deje vacantel

16 de Enero.

He nombrado los candidatos que el
jefe insigne del partido, mi respetable
amigo el compañero Cazurro, me propuso
en el retiro de su tienda de la calle de
Toledo, de la cual se ha negado á salir
después de nuestra victoria: y por cierto
que, conformándome con sus deseos, siem-

PRESENTE Y FUTURO

123

pre le veo sigilosamente, entrando en su
casa á deshora por una puerta trasera.
Las credenciales restantes se han re­
partido á prorrata entre los ediles del par­
tido. Así habrá paz.
*

*

*

18 de Enero.

Todos los empleos, incluso los de ba­
rrenderos, están provistos, y sin embargo,
continúa el diluvio de recomendaciones.
En vista de esto, mando lijar á la puerta
de la Casa de la Villa el siguiente cartel:
« Ya no hay vacantes ni quien las haga.»
*

*

*

19 de Enero.

La sesión del Ayuntamiento ha reves­
tido hoy verdadero interés, por tratarse
en ella de una mejora que reclama con
urgencia la opinión pública, y á la cual
sólo atendía á medias el antiguo régimen.
Se ha acordado cambiar los nombres
de todas las calles y plazas de Madrid.
*

*

*

20 de Enero.

Sesión de esta tarde. El compañero

124

NILO MARÍA FABRA

Moral, cuya austeridad y rectitud de prin­
cipios son proverbiales, promueve un
debate sobre el arbitrio de consumos,
denunciando el hecho, que califica de es­
candaloso, de acusar la recaudación nota­
ble y creciente baja.
(El compañero Perpetuo Borrego, que
se sienta al lado del orador, aprovechando
una pausa, le habla al oído).
«Disminuye la recaudación,—prosigue
el ex actor con voz enfática y tono me­
lodramático, — porque la mano oculta de
la vil burguesía alienta y favorece al ma­
tute para arrojar infamante mancilla sobre
la honra acrisolada de nuestro partido.
Con la mano puesta sobre el corazón, á
fuer de hombre imparcial, debo confesar,
reconocer y decir muy alto que jamás el
ramo de consumos ha tenido ni tendrá
más celosos, dignos y probos funciona­
rios que los que actualmente empuñan el
estoque fiscalizador en nuestros fielatos;
los que con la balanza de la justicia en la
mano no permiten que se incline al peso
de las dádivas del soborno, del halago de
la amistad ó de las seducciones del amor;
y los que en la extendida circunferencia

PRESENTE Y FUTURO

I25

de esta populosa capital, con ojo avizor y
oído atento, guardan, defienden y ampa­
ran noche y día el sagrado santuario del
interés del pueblo. Hecha esta declara­
ción, tan espontánea como todas las que
salen de mis labios, cúmpleme manifestar,
empero que, desde la elevada y serena re­
gión de los principios científicos, no
puedo menos de combatir enérgica y
constantemente el odioso arbitrio sobre
los artículos más necesarios á la existen­
cia humana, contra el cual se subleva, y
con razón, el sentimiento público.»
(El compañero Borrego tira de la cha­
queta al orador).
«Sin embargo,— continúa M oral,—
como la situación del erario concejil es
harto precaria y difícil por efecto de las
dilapidaciones, irregularidades, robos y
demás inmoralidades de la vergonzosa do­
minación capitalista, me atrevo á pro­
poner al Ayuntamiento que declare y
acuerde:
»i.° Que abomina, reprueba y con­
dena, como inicuo y contrario á nuestras
doctrinas económicas, el arbitrio de con­
sumos.

I2Ó

NILO MARÍA FARRA

» 2.0 Que está dispuesto á abolir dicho
impuesto en cuanto, sin recurrir á él, se
salden con superávit los presupuestos mu­
nicipales.
» 3.0 Recargar hasta cinco pesetas por
pieza los derechos sobre las gallinas y de­
más aves de corral, por ser artículo de
principal consumo de la inmunda bur­
guesía.
» Y 4.0 Dar un voto de confianza al
inteligente y pundonoroso cuerpo del res­
guardo, que tan relevantes servicios viene
prestando á despecho de las arterías del
maquiavelismo capitalista, confabulado
con el matute para infundir la sospecha,
la desconfianza y el descrédito en menos­
cabo de la rectitud de nuestra conciencia
y de la pureza de nuestra honra inmacu­
lada. He dicho.»
— ¡ Aprobado I ¡ aprobado 1 — gritan
todos.
— jPor unanimidad!— exclamó el com­
pañero Largo de Uña.
*

+

*

25 de Enero.

Cinco días há que rige la nueva tarifa

PRESENTE Y FUTURO

Î27

sobre las gallinas: pagan de derecho cinco
pesetas por pieza, y, sin embargo, se
venden en el mercado á este precio. Una
de dos: ó regalan las gallinas, ó las entran

de matute. Pido el estado de recaudación,
y advierto con asombro que, desde que el
Ayuntamiento aprobó el recargo, sólo
han adeudado un par de gallinas: las que
me envió un amigo de Vallecas. ¡Picaros
burgueses, que conspiráis contra el buen
nombre y justa fama de la Corporación

128

N IL O M ARÍA F A B R A

20 de Enero.

Fuerza es poner remedio al mal con
mano enérgica y decidida voluntad. Con­
voco la Comisión séptima, á la cual está
encomendada la administración y recau­
dación del arbitrio de consumos y el per­
sonal de este ramo. Forman dicha Comi­
sión nueve concejales, y entre ellos Largo
de Uña, Severo Moral, Cristóbal Machu­
ca, Más Sagarra, Ambrosio Dulce y Per­
petuo Borrego, todos amigos íntimos de
Cazurro Marrajo. Expongo en breves pa­
labras el estado lastimoso de los ingresos
en consumos y la necesidad de abrir una
información y girar una visita á los fiela­
tos. Algunos se oponen á semejantes medi­
das considerándolas inconvenientes y aun
ofensivas al decoro del personal del ramo;
otros me piden que las aplace, y Perpetuo
Borrego me aconseja que, antes de tomar
una resolución, consulte al compañero
Cazurro. En vista de estas observaciones)
ruego á la Comisión que se reúna de
nuevo mañana para seguir deliberando
sobre el mismo asunto.
Se despiden los concejales, y al encon-

PRESENTE Y FUTURO

129

trarme solo en mi despacho, el portero
me entrega un pasquín impreso, recie'n
arrancado de una esquina. Dice así:
TEATRO DE LA VILLA
TODOS LOS DÍAS

LA FAMOSA COMEDIA DE LEPE DE PEGA,
TITULADA I

EL MEJOR ALCALDE UN LILA
Vuelvo á leer el papel, y me quedo
pensativo...
*

*
27 de Enero.

¿Abusan los compañeros de mi buena
fe? ¿Soy un iluso, un necio, un mente­
cato? Fatigado de este pensamiento, no
he podido pegar los ojos durante la pasada
noche. Apenas raya el día, sin ser de
nadie visto ni oído, me echo á la calle,
embozándome con mi capa hasta los ojos.
De la plaza de La Moralidad Municipal
(antes Matute), donde tengo mi casa,
paso á la calle del Proletario (Príncipe) y
Carrera de Saint-Simón — único santo de
nuestro calendario: — atravieso la Plaza
l7

i3o

NILO MARÍA FABRA

de la Humanidad (Puerta del Sol), y si­
guiendo por las calles de La Huelga
Triunfante (Montera) y Descamisados
(Hortaleza), me dirijo á Las Cuatro Vías
de la Evolución Social (Cuatro Caminos).

Las pocas personas que encuentro al
paso no paran mientes en mí, y sin llamar
la atención entro en una taberna inme­
diata al fielato, muy frecuentada de agen­
tes de la defraudación y del resguardo, y
más durante un día como el de hoy, por
ser de riguroso invierno y llover á cánta-

PRESENTE Y FUTURO

I3I

ros. Me siento en un rincón, donde apenas
llega la luz, y mientras me sirven frugal
desayuno observo y escucho cuanto allí
se hace y habla. Tan poca es la cautela
y discreción de los concurrentes, que bien
merece la taberna el nombre que le han
dado los matuteros de Bolsa del Tra­
bajo.
¡Qué cosas llegan á mis oídos! jCómo
se trafica á costa de la Hacienda madri­
leña! ¡Cuán torpes, vulgares y descara­
dos los procedimientos para defraudarla!
Nc me cabe duda: estoy rodeado de trai­
dores, y lo peor, lo más triste, á juzgar
por las reticencias que salen de los labios
de contrabandistas y subalternos de con­
sumos, la maledicencia pública se ceba en
m í: soy el gran testaferro de Cazurro Ma­
rrajo, del rey irresponsable de esta Villa,
cuya lista civil se cobra con cargo á los
chanchullos concejiles... Pero necesito
pruebas; quiero confundir y entregar á los
tribunales á los prevaricadores, caiga el
que caiga, y poner de manifiesto mi ino­
cencia, la rectitud de mis intenciones y el
firme propósito de asentar sobre sólidas
bases el buen nombre del Ayuntamiento.

132

NILO MARÍA FABRA

Me presento en el fielato, cuyo admi­
nistrador conozco, y giro una visita de
inspección. Las pruebas están allí, claras,
evidentes, abrumadoras. Existe una vasta
conspiración organizada para defraudar
en grande escala el arbitrio municipal. Al
frente de ella está Cazurro, á quien se­

cundan varios individuos de la Comisión
del ramo. Los restantes defraudadores
son gente de poca monta, cuyas dádivas
constituyen los gajes de los subalternos;
la parte del perro, los desperdicios de las
reses que el montero arroja á la jauría.
Llamo aparte al administrador, y al
pedirle estrecha cuenta de su proceder,
me contesta:

PRESENTE Y FUTURO

133

— ¿A quién he de servir? ¿A quien
firma las credenciales ó á quien las da y
] la.s quita?
Regreso á mi casa, y mando llamar al
(com pañero Cazurro y á los individuos de
1la Comisión que aparecen comprometidos,
i Acuden á la cita, y sin rodeos ni circunlloquios les refiero cuanto he oído y visto.
(Creí confundirlos, y lejos de inmutarse se
ssonríen y encogen de hombros.
Cazurro contesta con el mayor cinismo
(que las elecciones se hacen con dinero;
(que él lo ha gastado para conseguir nuesttro triunfo, y que, por consiguiente, es
jiusto y natural que busque la manera de
recobrarlo.
Largo de Uña observa que el matute no
deja de tener un lado práctico, porque
contribuye á la baratura de los artículos
más necesarios á la subsistencia.
Ambrosio Dulce exclama con voz meli­
flua y atiplada:
— ¡Nosotros, que aspiramos á la reden­
ción del proletario, no tenemos derecho á
extremar el rigor contra tantos infelices
de ambos sexos que acaso morirían de
hambre si les faltase el mísero pedazo de

134

NILO MARÍA FABRA

pan que les proporciona el ejercicio del
contrabando!
Más Sagarra sostiene que como la prin­
cipal fuerza de la infame burguesía ha*,
sido el capital, los socialistas obran cuer­
damente en adquirirlo para contrarrestar
los manejos de aquélla y vencerla com
sus propias armas. «¿Qué se nos puede
argüir? — pregunta. — ¿Que cuando no
ingresa en las arcas municipales el dinero
á ellas destinado se quita al pueblo? Pues
si nosotros se lo devolvemos á éste en
forma de mayores derechos y libertades,
aumento de jornales y disminución de
horas de trabajo, ¿no pagamos con creces
el anticipo?»
Moral, el sociólogo austero, me ende­
reza un discurso filosófico que termina así:
«¿La moral absoluta es objetiva ó subje­
tiva? Para mí es puramente objetiva, y
por lo tanto puedes profesar, sin menos­
cabo de tu conciencia, sin oposición al
sentimiento interno de justicia, una moral
relativa y oportunista; porque á veces las
circunstancias políticas, las necesidades
de los partidos, y hasta el mismo interés
de la sociedad, se sobreponen á la moral

PRESENTE Y FUTURO

*35

en su concepto más noble y sublime. Suele
además acontecer que por el camino del
mal se llega más pronto á la conquista
del bien, suprema aspiración hacia la cual
encaminamos nuestros pasos.»
— ¡ Basta I — exclamo indignado. —
¡Basta de sofismas, argucias y sutilezasl
Ninguna de ellas me hará vacilar del
propósito que abrigo y abrigaré siempre
de vivir dentro de las leyes del honor,
leyes eternas é inmutables, contra las cua­
les no puede prevalecer esa moral aco­
modaticia que invocáis para justificar y
encubrir vuestras torcidas intenciones y
reprobadas artes. No quiero ser cómplice
ó encubridor de la inmoralidad municipal.
¡Ni su interesado instrumento, ni su com­
placiente auxiliar! Más delinque á veces
la debilidad, el silencio ó el mal entendi­
do espíritu de cuerpo, que la misma pre­
varicación. Ni cerraré, cobarde, los ojos
para no ver, ni rehuiré mi asistencia á las
sesiones para eludir responsabilidades, ni
figuraré en el montón de falsos hombres
de bien, incapaces del mal, pero que lo
toleran y soportan resignados. Antes pre
fiero retirarme de la vida pública.

136

NILO MARÍA FABRA

Machuca enarbola el pino que le sirve
de bastón, y mirándome fijamente habla
de esta suerte:
— ¡Cuidado! ¡Mira lo que haces 1 Si
quieres escándalo, escándalo habrá; pero
ha de ser en tu daño. Sobre tí haremos
recaer la culpa...
— Publicaré una hoja, — interrumpe
Moral, — acusándote de concusionario, y
lo probaré...
— ¡Concusionario yol — grito fuera de
mí. — ¡Miserable, infame, calumniador!
¡ Por respeto á esta casa no te arranco la
lengua!...
— ¡Calma! ¡calma 1— dice Cazurro in­
terponiéndose;— ya sabemos que eres un
bendito; por esta razón, á propuesta mía,
te eligieron alcalde; pero, si te empeñas
en dar la campanada, inocente y todo,
daremos contigo en la cárcel. Acuérdate
del refrán: «No vive más el leal, que
cuanto quiere el traidor.» Piensa, refle­
xiona, consulta con la almohada. Si no
quieres ingresar en nuestra sociedad, haz
como muchos de aquella casa: vista gor­
da, ó cierra los ojos; porque, si allí hay
mentecatos, están en mayor número los

PRESENTE Y FUTURO

'

137

que se empeñan en parecerlo: los hipó­
critas de la tontería, j Hasta mañana,
compañero Bueno! ¡Salud y Revolución
Social!
Perpetuo Borrego, que no había desple­
gado los labios, exclama, á manera de
despedida, mientras sigue á sus amigos
con dirección á la puerta:
— ¡ Y Moralidad!
*

*

*

Todos se alejan, y permanezco largo
tiempo silencioso, triste y meditabundo.

— ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué solos
quedan los hombres de bien!... ¿Pero he
18

138

NILO MARÍA FABRA

dicho Dios?... ¿No lo he suprimido?... Si
me falta, ¿á quién invocaré en la tremen­
da lucha contra la injusticia y la perver­
sidad de los hombres?...

II

M a d r id , 28 d e E n e r o d e 1943.

Todavía resuenan en mis oídos los dis­
cursos de los compañeros en vísperas de
las últimas elecciones del Ayuntamiento
de Madrid. ¡ Qué de promesas si triun­
faba la santa causa, representada por el
partido socialista! ¡Cómo se abría el co­
razón á la esperanza ante la risueña pers­
pectiva de la victoria! Aquel organismo
impuro, aquel foco de inmoralidad inve­
terada, aquel establo de Augías, que se
llama Casa de la Villa, pedía á voces los
trabajos de Hércules y las purificadoras
aguas del río Alfeo, y á nosotros, sólo á
nosotros, estaba reservado emular las por­
tentosas hazañas del héroe de la Mitolo­
gía. ¡Qué desencanto! Los que en la

140

NILO MARIA FABRA

oposición alardeaban de Alcides, en el
poder rinden culto á Mercurio.
El desorden, el despilfarro, la prevari­
cación, el cohecho, que durante el régi­
men burgués echaran raíces en la Cor­
poración, parece que retoñan con nueva
y más vigorosa savia. El mismo apetito
desenfrenado que despertaban antes los
bienes de la colectividad, la misma falta
de sentido moral en presencia del Erario
público, prevalecen ahora, sin que veamos
realizarse ninguno de los ofrecimientos
en el orden político y administrativo que
figuraban en nuestro programa. Ni se su­
prime el irritante arbitrio de consumos,
ni se reducen las cargas municipales que
más afectan á las clases pobres, ni hace­
mos nada, absolutamente nada, para orga­
nizar el trabajo y disminuir la miseria, á
no ser alentar la vagancia con la distribu­
ción de jornales á amigos y paniaguados
que sólo prestan servicios de carácter per­
sonal ó de dudosa utilidad política.
¿Me opondré á la corriente de inmora­
lidad que invade á nuestro partido, como
invadió á los que le precedieron en la
administración urbana? Por grandes que

PRESENTE Y FUTURO

I4I

sean mis energías, ¿alcanzarán á ellas las
fuerzas necesarias? ¿Cerraré, pusilánime,
los ojos, como han hecho tantos en cir­
cunstancias análogas á las mías, ó mar­
charé con paso firme y resuelto por el
camino del deber?... ] DeberI | Qué abru­
madora carga 1 ¡Cuán cómodas y preferi­
bles no son la hipócrita ignorancia, la
complicidad pasiva ó la calculada iner­
cia!... ¿Qué culpa es la mía si los que so­
ñaban con los trabajos de Hércules han
despertado Cacos en ese monte Aventino
que se llama Ayuntamiento de Madrid?
¿He elegido acaso los concejales? ¿Pesa
sobre mí la responsabilidad de que los
empleados sigan su ejemplo? Verdad es
que yo firmé sus nombramientos; pero
¿podía contar con el apoyo de la Cor­
poración sin satisfacer su insaciable vora­
cidad de credenciales?... ¡Ah! ¡Mísera
condición humanal ¡El egoísmo quiere
ahogar la voz de la conciencia!... ¡Seguiré
los generosos impulsos de ésta, y respiraré
tranquilo con el goce íntimo del bien
realizado, del deber cumplido y de las
leyes del honor satisfechas!
Mis enemigos son fuertes y poderosos;

142

NILO MARÍA FABRA

cuentan con las simpatías de las masas
ciegas y fanáticas; conocen los resortes
con que moverlas y empujarlas; disponen
de ocultos medios de corrupción para
conducirlas por torcidos derroteros; mas
yo apelaré á la conciencia universal, al
sentimiento de honradez, de bondad y de
rectitud que existe siempre en el fondo
de las grandes colectividades, y al fin
triunfará la causa de la razón, de la mora­
lidad y de la justicia.
Necesito el concurso de la prensa, po­
derosa palanca de la opinión pública, y
no me faltará seguramente su auxilio noble
y desinteresado. Por fortuna gozamos de
absoluta libertad de imprenta, la única
conquista de estos tiempos, y merced á
ella la antorcha de la verdad disipará las
tinieblas, en las cuales se recatan y ocul­
tan los desleales y pérfidos servidores de
la soberana voluntad del pueblo.

29 de Enero.

Ayer, pretextando ligera dolencia, per­
manecí encerrado en mi casa, sin recibir
á persona alguna. Hoy me decido á pre-

PRESENTE Y FUTURO

143

sidir la reunión del Ayuntamiento. Los
vocales de la Comisión de consumos á
quienes convoqué anteayer en mi domici­
lio me saludan con aparentes muestras de
afecto, no haciendo la menor alusión á
nuestra anterior entrevista. Recibo un
B. L. F. besa la frente, (fórmula con que
hemos sustituido el servil besa la manó)
del compañero Cazurro, quejándose de la
turbia, casi secular, del Lozoya, y después
del despacho de los asuntos urgentes abro
la sesión del Concejo.
Severo Moral pide la palabra para una
cuestión de orden.
Antes de concedérsela, en medio de la
mayor espectación y produciendo gene­
ral asombro, anuncio que he descubierto
grandes defraudaciones en consumos, y
sin acusar á nadie, declaro mi firme
resolución de llevar este asunto á los
tribunales, para que el fallo inexorable
de la ley caiga sobre los culpables, sin
consideraciones á la amistad ó á la po­
lítica.
Severo Moral, un tanto turbado, dice
con voz balbuciente que pidió la palabra
para una cuestión de orden.., económico,

144

NILO MARIA FABRA

porque se proponía denunciar los mismos
hechos á que yo me refería; pero que, ha­
biéndome anticipado, no podía menos de
felicitarse de mis gallardas iniciativas.
«Todos,— añade con tono declamatorio,
repuesto de la emoción,— todos, y yo el
primero, estamos resueltos á mantener en­
hiesta en nuestras manos la bandera de
la moralidad, y á prestar nuestro eficaz é
incondicional concurso al dignísimo al­
calde que nos preside, en una obra que
tanto afecta al prestigio y buen nombre
de esta Corporación. Si el árbol de la
libertad tiene ramas podridas, caigan á
los golpes de la afilada segur de la ley.
Si alguien intenta enriquecerse á costa
del pan y del sudor del proletario, entre­
gúesele á la execración de las gentes y al
fallo de la justicia.»
Contesto que tal es mi propósito, y que
nada, absolutamente nada, hará torcer mi
voluntad de arrancar la máscara á los
hipócritas y traidores que convierten en
vil mercancía el sagrado depósito que
la confianza pública ha puesto en sus
manos.
Estas palabras son acogidas con nutrí-

P R E S E N T E Y FU T U R O

x45

dos y ruidosos aplausos en los bancos
concejiles.

30 de Enero.

¡ Qué día el de hoy! ¡Quedará graba­
do eternamente en mi memoria! ¡Jamás
hombre alguno ganó mayor nombre y
fama que yo, ni disfrutó de aura popular
semejante á la mía!
Los manifestantes, congregados en el
Prado, Recoletos y la Castellana, tarda­
ron diez horas en desfilar delante de la
tribuna que yo ocupaba en el Hipódromo,
‘9

146

NILO M ARÍA FA B R A

Madrid se ha despoblado para tributarme
los honores de un triunfo sin precedente
en la historia por lo grandioso y espontá­
neo, y por la diversidad de clases y gentes
que figuraban en la manifestación; en ella
tomaron parte hasta las monjas exclaus­
tradas.

31 de Enero.

No en vano tenía fe en la conciencia
pública, en el sentimiento universal de
probidad y en el anhelo del bien que
se advierten en las palpitaciones de las
masas sociales.
E l Megáfono, tridiario que imprime en
cada edición centenares de miles de ejem­
plares, hablando de la demostración de
ayer, se expresa en estos términos:
« Madrid padece hambre y sed de justi­
cia. Como todos los pueblos meridiona­
les, por naturaleza refractarios á ideas
abstractas, necesita una representación
sensual de sus más ardientes aspiracio­
nes; una personalidad en quien resumir
el valor, la entereza, el desinterés, la
virtud sublime, capaz de hacer frente y

PRESENTE Y FUTURO

147

combatir en su propio antro á la hidra
asquerosa de la corrupción administra­
tiva. Esta personalidad, este verdadero
carácter, este asombroso y extraordinario
ejemplo de integridad y civismo, cuando
todo se sacrifica á las conveniencias, á las
consideraciones personales y á las tenden­
cias utilitarias, nos los ofrece el nunca
como se debe bastante alabado compa­
ñero Cándido Bueno, el más grande de
nuestros alcaldes, cuyo preclaro nombre
pasará á la Historia, figurando entre los
principales bienhechores del género hu­
mano. »

6 de Febrero.

Seis días há que no salgo del Juzgado;
ni tiempo me queda para tomar la pluma.
En los siglos anteriores la justicia histó­
rica era objeto de duras invectivas; pero
¿qué dirían ahora nuestros antepasados si
tuviesen que habérselas con jueces y ma­
gistrados elegidos por el sufragio univer­
sal de Cazurro y compañía?
El juez de instrucción, abrumado por
la pesadumbre de centenares de causas,

148

NILO MARÍA FABRA

delega en el escribano, y éste, que no
sabe cómo empezar, anegado en un mar
de legajos y confusiones, delega en un
mozalbete, casi un niño, que pasa horas y
horas tomándome declaración y emba­
durnando folios y más folios de papel
sellado.

No me cabe duda: Cazurro y sus ami­
gos han logrado que desaparezcan todas
las pruebas de su intervención en las de­
fraudaciones de consumos. Entretanto, el
Juzgado no se da punto de reposo en em­
brollar la causa.

7 de Marzo.

Me faltan las fuerzas y sufro frecuentes
vahídos. Durante un mes, mañana, tarde

PRESENTE Y FUTURO

14 9

y noche he tenido que presentarme en
el Juzgado. Ya no sé lo que declaro ni lo
que firmo; parece que el oficial del escri­
bano ha conseguido hipnotizarme. Así se
busca en estos tiempos la verdad. Antes
se aplicaba el tormento para esclarecer
los hechos; ahora el cansancio para fal­
searlos.

30 de Marzo.

Por fin el juez de instrucción, compelido y empujado por la opinión pública,
acuerda elevar la causa á plenario.
Cesa el secreto á voces del sumario, y
para nadie es un misterio que el proceso
sólo arroja el hecho plenamente probado
de que durante una noche obscura se in­
trodujo en Madrid una cantidad enorme
de matute; pero que toda la responsabi­
lidad recae única y exclusivamente en el
perro de un vigilante que no ladró á
tiempo.
*

*

*
l.° de Abril.

El Juzgado me deja en paz; vuelvo á
encargarme de la Alcaldía, que dejé pro-

15°

NILO MARÍA FABRA

visionalmente para consagrar mi tiempo
al aprendiz de escribano, y decido seguir
el rastro de otras inmoralidades y entre­
gar á los culpables á la vindicta pública,
pues en ello está empeñada mi honra.
Por fortuna, todo es orégano en la Sierra
Morena Municipal.

2 de Abril.

Existen en Madrid varios mataderos
clandestinos. Ya estoy sobre la pista. Los
explota en grande escala un testaferro del
choricero y concejal Morcillo Picado, en
compañía del contratista de caballos de
la Plaza de Toros y de los laceros que
recogen perros en la vía pública.
Voy á dar el golpe, y me presento de
improviso á la puerta de una casa donde,
según noticias ciertas, existe el principal
y más importante de dichos mataderos;
pero el conserje me cierra el paso, invo­
cando la inviolabilidad del domicilio y el
respeto á la ciencia,
— ¿Qué ciencia?— pregunto.
Y el conserje contesta señalándome un
rótulo puesto en el umbral, que dice:

PRESENTE Y FUTURO

I5I

ANFITEATRO ANATOMICO DE VETERINARIA LIBRE
Y me retiro confuso ante la inviolabi­
lidad del domicilio y de los presuntos
embutidos de caballo y perro.

Me hablan de los chanchullos del Reti­
ro. El concejal Hormigo y Mañas, que es
especialista en el ramo de indemnizacio­
nes, ha conseguido del Ayuntamiento que

152

NILO MARÍA FABRA

éste abone diez mil pesetas al arrendata­
rio de las lanchas del estanque, como in­
demnización á la renuncia de parte de
sus derechos.
Pido el expediente, y veo con asombro
que la indemnización se funda en la con­
veniencia y utilidad de ensayar por cuenta
del Municipio la navegación sublacustre.

Resulta de varios expedientes de la co­
misión de Ensanche que, en previsión del
desarrollo de Madrid, se han expropiado
terrenos en las crestas del Guadarrama.
Inspecciono el servicio de limpiezas, y
veo la escoba erigida en símbolo de cla­
ses pasivas; examino los contratos de em­
pedrados, y encuentro suministros de pie­
dra partida sin piedra; reviso las cuentas
de la Tesorería, y descubro que las mate­
máticas son la más inexacta de las cien­
cias; visito el Archivo, y reflexiono sobre
la inmensidad del caos; mando hacer el
arqueo de caja, y siento el vértigo de las
alturas.
Nada diré de las escuelas trashumantes

PRESENTE Y FUTURO

I53

y arriendos de sus locales; ni de los con­
tratos de testaferros edilicios; ni del pago
de los intereses de la deuda que vencen á
gusto del mejor postor; ni de la extraña
rapidez con que se pagan ciertos créditos
y se posponen otros; ni de la compra de
solares, alineación de calles, rasantes y
otros excesos; ni de la continua remoción
de las columnas, más útiles que ornamen­
tales, cuya ingrata vecindad evitan los
propietarios influyentes ó generosos: ni
de la asombrosa facilidad, en fin, con que
un concejal entra á pie en el Ayuntamien­
to y sale en coche.
De todas las irregularidades, concusio­
nes y cohechos tengo pruebas ciertas, evi­
dentes, abrumadoras; pero ¿á qué ne­
garlo? á pesar de las excitaciones de la
prensa y de la opinión, no me atrevo á
hacerlas públicas ni á denunciarlas al
juez, porque el primer culpable soy yo,
que autoricé inconscientemente las mayo­
res iniquidades y las más enormes pre­
varicaciones. De fiscal me convierto en
reo.
¡Necio de mí, que, cegado por la pro­
pia lealtad, no recelé de la traición ajena;
20

154

NILO MARÍA FABRA

que me inspiré en la rectitud de mis in­
tenciones sin sospechar de la de mis fal­
sos amigos; que di harta satisfacción á la
vanidad del cargo, sin atender con pru­
dente cautela á los ímprobos y solícitos
deberes que me imponía 1 ¡Necio de mí,
que hice ostentoso alarde de moralidad,
cuando la arrogancia es mala compañera
hasta en el camino del bien! ¡Soñé en la
redención de la sociedad, en el perfeccio­
namiento de la especie humana, en el
triunfo universal de la justicia, olvidando
que la virtud absoluta sólo se encuentra
en las divinas leyes!
Mas si ellas me absuelven, ¿cómo pro­
baré mi inocencia ante la justicia de los
hombres? ¡Tal vez hoy me amenaza la
cárcel, mañana el presidio!... El terror se
apodera de mí, siento mortal congoja, y
frío glacial invade mis venas...

Y me despierto, y poco á poco recobro
el sentido de la realidad y el estado de
conciencia, y me convenzo de que ni me
llamo Cándido Bueno, ni ha corrido me-

PRESEN1 E Y FUTURO

I 55

dio siglo en el espacio de una noche, ni
soy alcalde, ni siquiera concejal, y por
esta merced doy gracias á Dios y á los
electores de Madrid, á cuya mayoría, que
exige de los ediles probidad intachable,
honor intransigente y hasta virtud heroica,
le falta valor ó le sobra pereza para acu­
dir á las urnas.

Teitdn el Soberbio

Teitán el S o b erb io
CUENTO DE LO POR VENIR

A las grandes nacionalidades que res­
pondían á razones estratégicas, á los acci­
dentes geográficos y al origen de raza,
siguieron las confederaciones continenta­
les, y á éstas, tras largas y terribles gue­
rras, la unidad política de nuestro planeta,

i6o

,

NILO MARÍA FABRA

en el cual la rapidez de las comunicacio­
nes y la asombrosa facilidad de los me­
dios de transporte habían producido en
el transcurso de muchos siglos la unidad
de lenguaje.
Prodigiosos fueron los adelantos obte­
nidos en el orden material; pero ni las
ciencias sociales, ni el arte de gobernar,
ni los principios de justicia y equidad,
aplicados á la administración pública,
progresaron en manera alguna. Plabíanse
ensayado todas las formas de gobierno, y
los pareceres andaban todavía discordes
sobre cuál era la mejor; sometidas al te­
rreno experimental las teorías de las dife­
rentes escuelas socialistas, desde el indi­
vidualismo anárquico hasta el Estado
omnipotente, reconstituíase la obra social
según los antiguos planos; buscaba la
humanidad el perfeccionamiento de sí
misma, menospreciando el auxilio de las
creencias religiosas, y sucumbía víctima
de su propia flaqueza. Leyes, gobiernos,
instituciones, organismos políticos y so­
ciales; todo pudo cambiar, transformarse
ó reaparecer; pero la naturaleza humana
seguía inmutable á través del tiempo.

PRESENTE Y FUTURO

l 6l

*

*

*

Rayaba el centesimo siglo, y era rey de
la Tierra Teitán el Soberbio, (personi­
ficación del Estado-Dios), quien tenía á
su servicio los inventos más peregrinos y
extraordinarios que concibió el genio de
la ciencia y perfeccionó la actividad in ­
cansable de la industria.
Inmensas redes de alambres telegrá­
ficos y telefónicos y de cables subterrá­
neos y submarinos cruzaban en todas di­
recciones, y el Monarca universal regía al
Mundo con un ejército de electricistas, al
cual estaba confiado el resorte más pode­
roso del Gobierno: el espionaje.
Cubiertos los techos y paredes de los
edificios y los pavimentos de las calles y
caminos de millones de micrófonos, en
comunicación con el Ministerio de Poli­
cía, los sonidos, por distantes que fuesen,
llegaban á él y se imprimían en aparatos
telefonográficos', mientras que innumera­
bles cámaras obscuras transmitían por
medio de teleteidoscopios las imágenes leja­
nas que reproducía en colores, con fideli­
dad y exactitud notables, la telefotografía.

1Ó2

NILO MARÍA FABRA

Hasta en los aereostatos y en los aereociclos, vehículos muy comunes, había apa­
ratos dedicados al espionaje, en los cua­
les quedaban estampadas las vibraciones
del aire y de la luz.
Nunca el azote de la tiranía castigó en
tan alto grado á la especie humana, ni
nunca fué ésta más digna de lástima. Una
palabra equívoca, pronunciada acaso en el
seno de la intimidad ó involuntariamente
proferida en sueños, registrada por los
misteriosos confidentes telefonográficos,
bastaba para que los esbirros del Rey,
apelando á la electrocución, se convirtie­
sen en verdugos de un ciudadano.
Enormes minas, cuyos hornillos ence­
rraban materias explosivas, superiores á la
dinamita, extendíanse en el subsuelo de
las poblaciones, y el tirano, por medio de
hilos eléctricos que comunicaban con su
palacio, tenía al alcance de la mano la par­
cial ó general ruina. Merced al terror y al
monopolio de la electricidad, era dueño
del orbe: las nobles conquistas y porten­
tosos triunfos de las ciencias físicas sobre
la materia habíanse convertido en serviles
instrumentos de opresión y esclavitud.

PRESENTE Y FUTURO

163

Tan inmenso poder, que nunca tuvo
mortal alguno, no saciaba, sin embargo,
la hidrópica sed de ambición de aquel
soberano, sin rivales, ni émulos, ni vasa­
llos rebeldes, ante quien muda se postra­
ba la humanidad entera.
Quería algo más; y fatigado de este
pensamiento, abatida la frente, cruzados
los brazos, torvo el ceño y despidiendo
llamaradas por los ojos, paseábase á gran­
des trancos por el salón del trono de su
palacio de Teitanópolis.
Era la regia estancia de colosales pro­
porciones é incomparable magnificencia:
de malaquita el pavimento, de jaspe las
paredes y de oro purísimo las columnas.
En los adornos de las basas, capiteles,
entrepaños, cornisamento y zócalo cam­
peaban, formando artístico conjunto, la
esmeralda, el rubí, el diamante y otras
piedras preciosas. En las amplias bóve­
das, cuyo atrevimiento acusaba la presen­
cia del ligero y resistente aluminio, apuró
el arte pictórico los más peregrinos en­
cantos de la ficción.
Veíanse á un lado los juegos olímpicos:
caballos á escape, tendido el cuello, eriza-

164

NILO MARÍA FABRA

das las largas y copiosas crines, abierta la
roja nariz, rebelde la boca al freno, arras.traban en medio de nubes de polvo, lige ­
ros carros, sobre los cuales apuestos man­
cebos, con la fusta al aire, sueltas las riela­
das, los ojos desencajados, inclinada la
cintura y el ardimiento en el corazón, pro­
clamábanse victoriosos del espacio.
En otra parte se presentaba un circo
romano: sobre la arena, bañada por lia
luz meridiana, aparecían grupos de cris­
tianos arrojados á las fieras; un atleta
medio desnudo, descubriendo la exube­
rante musculatura de sus brazos, la rigidez
de sus piernas que oprimían la tierra, y la
corpulencia del velludo pecho, desafiaba,
con noble y varonil ademán, á un arro­
gante león que parecía subyugado por la
mirada fascinadora de su víctima; una
tierna doncella, elevadas al cielo las bri­
llantes pupilas, aguardaba de hinojos, en t
místico arrobamiento, la palma del mar-tirio; una matrona que, cubierta de mor­
tales heridas, caía desplomada y convulsa,,
apretaba al pecho al hijo pequeñuelo,,
como si intentara, con las últimas gotas;
de su sangre, prolongarle la vida; un sa-.

PRESENTE Y F U fU R O

i65

cerdote de venerables canas y surcado
rostro, luchando con la agonía, haciendo
supremo esfuerzo, alzaba el tembloroso
brazo para bendecir á sus verdugos; y la
enorme y apiñada muchedumbre, puesta de
pie en las inmensas gradas, ebria de cruel­
dad, aplaudía frenética y devoraba con los
ojos aquel terrible y cruento espectáculo
de animales feroces despedazando, desga­
rrando y triturando cuerpos humanos.
Como si el artista, después de presen­
tar la apoteosis de la fuerza animal, se
hubiese propuesto hacer la de las fuerzas
naturales avasalladas por la ciencia y la
industria, admirábanse en otro lugar cua­
dros gigantescos representando aeróstatos
que, movidos por poderosas y ligeras má­
quinas, surcaban el espacio; obras hidráu­
licas ciclópeas destinadas á utilizar como
motor el movimiento de las olas del Océa­
no; torres Eiífel de aluminio de mil me­
tros de altura con basamento aislador,
cuyo objeto principal era recoger, apri­
sionar y acumular la electricidad atmos­
férica; y colosales espejos ustorios, tan
grandes como montañas, los cuales seguün el curso aparente del Sol, y refle-

i66

NILO MARÍA FABRA

jando sus rayos, caldeaban el ambiente
durante los rigores del invierno para con­
vertir á éste en apacible primavera.
Pero lo más admirable de aquellas ar­
tísticas ficciones era que, merced al inge­
nioso mecanismo del cinematógrafo, las
figuras todas se presentaban á la vista con
su natural movimiento: hasta las hojas de
los árboles parecían agitadas por el aire.
*

*

*

Teitán el Soberbio, con visibles seña­
les de impaciencia, proseguía á grandes
zancadas, su paseo por aquel grandioso y
magnífico recinto. De pronto, no pudiendo refrenar la cólera, sacudió un látigo
eléctrico que tenía en la mano, y brillando
al extremo del mismo una centella, se oyó
un ruido sordo y prolongado, como de
trueno, que retumbó en las espaciosas y
dilatadas naves del palacio.
A breve rato abrióse una ventana sobre
la cornisa del salón y asomó un anciano,
caballero en una aereo-bicicleta, quien
bajó pausadamente describiendo una es­
piral, y apeándose de la máquina, que
quedó suspendida en el aire á un palmo

i68

NILO MARÍA FABRA

del suelo, fué á arrojarse á los pies del
Soberano.
— Señor,— dijo con voz sumisa y apa­
gada,— ¿qué manda Vuestra Cósmica
Majestad?
— Niketes, — contestó Teitán, sentán­
dose en el trono y dirigiendo una mirada
altanera al recién llegado, — te llamé por­
que no quiero que abuses más tiempo de
mi paciencia. Todo cuanto existe en el
orbe y en sus recónditas entrañas es mío:
la tierra, los mares, y los seres que los
pueblan: hasta los fluidos que la inteli­
gencia humana arrancó á los misterios de
la Naturaleza y convirtió en dóciles ins­
trumentos de su voluntad, dependen sólo
de la mía. Mi poder es tan grande, que
cuanto existe sobre el mundo que habita­
mos existe por mi beneplácito. Tengo en
mi mano la destrucción del género huma­
no... ¿qué digo? hasta de nuestro planeta,
pues bastaría un acto de mi voluntad para
que reventase como una granada y, con­
vertido en millares de asteroides, pertur­
bara el ordenado movimiento de los as­
tros. Todos los hombres se postran á mis
plantas y me rinden culto; pero ¿de qué

PRESENTE Y FUTURO

169

me sirve su servil sumisión, averiguar sus
acciones y conocer sus palabras, incluso
las pronunciadas en el seno del hogar y
en sueños, porque las paredes son con­
fidentes míos, si carezco del medio de es­
cudriñar sus pensamientos? ¿De qué me
sirve el dominio de las manifestaciones
externas si mi acción fiscal no alcanza á la
mente? Soy el rey de la materia y quiero
serlo también del espíritu. No me basta
saber lo que los hombres hacen y dicen:
quiero inquirir lo que piensan. «Debajo de
mi manto al rey m ato,» dice un antiguo
refrán, y quiero averiguar si tengo vasa­
llos capaces del regicidio en su fuero in­
terno. El castigo ha de alcanzar hasta á
la intención cobarde é impotente que se
esconde en lo más recóndito del cerebro.
¿Has encontrado por fin el procedimiento
de dar completa satisfacción á mi volun­
tad, ante la cual se estrella lo imposible?
— Señor,—respondió Niketes,— no des­
canso noche y día: he logrado descubrir
el aparato; pero es tan imperfecto aún,
que me atrevo á pedir á Vuestra Cósmica
Majestad se digne concederme breve pla­
zo para completar mi obra.
22

170

NILO MARÍA FABRA

— ¡Jamás! ¡jamás!— exclamó Teitán
montando en cólera.— Si dentro de trein­
ta horas no terminas la máquina á entera
satisfacción mía, con este látigo ele'ctrico,
símbolo de mi realeza, te daré la muerte!
Yé y trabaja sin levantar mano, que ma­
ñana por la noche quiero hacer por mí
mismo la prueba de tu nuevo invento.
*

*

*

Al siguiente día, cerrada ya la noche (y
digo noche porque el Sol había traspuesto
el horizonte, sustituyéndole enormes focos
eléctricos que iluminaban el espacio con
la claridad de aquél), recibió Teitán en
privada é íntima audiencia á Niketes, su
ingeniero de Cámara.
— Señor,— dijo éste, entregando al Rey
una especie de casco de aluminio, — en
cumplimiento de las celestiales órdenes
de Vuestra Cósmica Majestad, tengo la
honra de poner en sus divinas manos el
fruto de mis desvelos y vigilias, al cual
he dado feliz cima y remate, bautizándole
con el nombre de epistemégrafo.
— jQue me place! —exclamó el tirano.
— Nombre sonoro y significativo, refrac-

PRESENTE Y FUTURO

I7I

tario á la comprensión del vulgo, y tor­
mento de la lengua de la plebe! Prosigue.
— Después de profundos y detenidos
estudios descubrí que, así como las vibra­
ciones del aire dejan huella permanente
en el papel de estaño del fonógrafo, cu­
yas rayas reproducen los sonidos, los fe­
nómenos mentales dan lugar en las célu­
las del cerebro á vibraciones nerviosas,
que quedan grabadas en la parte externa
del cráneo. Merced al aparato de mi in­
vención, estas manifestaciones cerebrales
externas se transforman en sonidos, y por
ellos se puede descubrir, á voluntad del
operador, no sólo lo que piensa una per­
sona, sino también lo que pensó en época
determinada.
— Voy á hacer la prueba por mí mismo,
— dijo Teitán.
Y se puso el casco de aluminio.
— ¿Qué pensamientos desea Vuestra
Cósmica Majestad que reproduzca al apa­
rato? — preguntó el sabio.
— Los primeros en cuanto tuve uso de
razón, — contestó el Monarca.
Niketes oprimió un botoncito que tenía
el casco en la parte correspondiente á la

172

NILO MARÍA FABRA

cimera, y de una trompetilla, parecida á
la de los fonógrafos, con que aquél rema­
taba, salió una voz chillona y vibrante
diciendo:
«¿Por qué no matan á mi padre? Y o
sería rey.»
Y Teitán, quitándose el casco, quedó
largo tiempo pensativo.
De pronto, arrojando el casco al suelo
y dándole un latigazo eléctrico que lo
hizo trizas, exclamó:
— ¡Prefiero ignorar siempre los pensa­
mientos ocultos de mi hijo!
Y volviéndose á Niketes, añadió:
— En premio de tus servicios, vengo en
nombrarte Sabio de Casa y Boca.

61 Premio Grande

61 Prem io G rande

Toda era júbilo la calle del Ave María.
Diego, el barbero, sangrador, maestro de
guitarra y cantador á lo flamenco, y el
mozo de más gracia y de más sal del ba­
rrio de Lavapie's y calles adyacentes había

176

NILO MARÍA FABRA

sido agraciado en el sorteo de aquel día
con el premio grande.
¡Ochenta mil pesetas! ¡Qué felicidad!
No más apuros diarios, ni apremios men ­
suales del casero, ni exigencias incesan­

tes de prestamistas usureros, ni prendas
empeñadas en el Monte de Piedad, y sobre
todo, no más desazones con el sastre de la
casa de enfrente, el padre de la hermosa
Isabel.
Anochecía, y mientras una murga colo­
cada junto á la tienda del barbero atro­
naba el aire, y aquél recibía los plácemes
de amigos y parroquianos, el sastre, de

PRESENTE Y FUTURO

177

pie, detrás del mostrador, seguía corta
que corta paño, é Isabel, sentada delante
de una máquina de coser, dale que dale
al pedal sin levantar los ojos de la labor.
— Parece que el vecino está de enhora­
buena, — dijo el sastre después de largo
silencio. — Ya sabrás que le ha tocado la
lotería.
— Sí, papá, — murmuró la muchacha.
— ¡Ochenta mil pesetas! No le han
de durar un año. En buenas manos es­
tán... es un jugador... un perdido... un
loco rematado... ¿No piensas lo mismo?
¿No me contestas?
— ¡Ah! Sí, papá.
— Si no supo ahorrar cuando disponía
sólo del costoso fruto de su trabajo y todo
se le iba en juegos y en francachelas, ¿qué
no hará ahora al verse de improviso due­
ño de tanto dinero? La suerte será su
perdición: siquiera ahora tiene el hábito
del trabajo y como renunciará seguramen­
te á él, en cuanto se le acabe el último
maravedí, que será pronto, se encontrará
sin parroquianos y sin maldito el deseo
de ganarse la vida honradamente. ¿No
crees también que va á dejar la barbería?
23

178

NILO MARÍA FABRA

— ¿Yo qué sé, papá?...
— Pues yo te lo digo, vas á ver como
mañana mismo cierra la tienda si no
puede traspasarla. ¡Bueno es él para se­
guir afeitando con ochenta mil pesetas en
el bolsillo!
En aquel momento se abrió la puerta
de cristales de la sastrería y apareció un
hombre.
Isabel levantó los ojos, y suspendiendo
sin darse cuenta de ello, el movimiento
de la máquina de coser, se puso colorada
como la grana, mientras que el sastre, con
las tijeras en la mano derecha, apoyada
en el mostrador la izquierda, inclinado el
cuerpo y la vista fija en la puerta, parecía
representar un cuadro vivo: tal fué el
asombro que produjo en ambos la inespe­
rada visita de Diego.
— ¡Buenas noches! — dijo éste tímida­
mente, y luego, haciendo un esfuerzo, aña­
dió: — Señor Isidro, deseo hablar con
usted.
— ¿Conmigo? — preguntó el sastre.
— Sí, señor, con usted y á solas.
— Creí que todo había acabado entre
nosotros.

PRESENTE Y FUTURO

179

— Quisiera que tuviera usted la bondad
de oirme una palabra.
— Sea, — dijo el sastre después de bre­
ve pausa.
Y abriendo la puerta de la trastienda
invitó á Diego á entrar en ella.
Isabel proseguía su labor; pero el mo­
vimiento del pedal ya no era tranquilo
y acompasado como antes.
El barbero y el sastre aparecieron poco
después en la tienda: aquél cabizbajo
como abrumado por la pena; éste con los
ojos desencajados, encendido el rostro y
en actitud colérica.
— Buenas noches, — murmuró Diego,
dirigiéndose á la puerta vidriera de la calle
y mirando de soslayo á Isabel, que no se
atrevía á levantar los ojos de la costura.
— Yaya usted con Dios,— refunfuñó el
sastre.
— Buenas noches,—repitió en voz baja
la muchacha.
Cerróse la puerta de la calle y padre é
hija quedaron solos y pensativos, y al cabo
de largo silencio aquél lo interrumpió di­
ciendo:
— ¡Qué osadía! ¿Sabes lo que ha hecho?

íSo

Nilo María Labra

— ¿Quién, papá?
— Ese.
— ¿Qué, papá?
. — ¡Pedirme tu mano! ¡ Cabe mayor
atrevimiento! ¡Como si un manirroto, un
calavera, un vicioso engreído por la suerte
pudiera hacer tu felicidad!
Y una lágrima humedeció la labor de
Isabel.

Un patio de una casa de vecindad en
la calle del Ave María. Diálogo entre va- rias mujeres:
— Diga usted, señá Antonia. ¿Es ver- dad que la hija del sastre se casa con un i
hortera de la calle de Postas?
— Esto desearía el padre, pero ella erre i
que erre que quiere entrar en un coni- vento.
— ¿Monja la muchacha más guapa d«el 1
barrio ?
— ¡ Qué lástima!
— Y dejando á su padre solo en (el 1
mundo.
— Pero sospecho que la niña tiene más 3
vocación de barbera que de monja.

PRÉSENTE V FUTURO

181

— ¿De barbera?
— Pues qué, ¿no saben ustedes lo que
pasó hace dos años?
— Cuente usted.
— Dicen que Diego miraba con buenos
ojos á la niña, y aún se añade que eran
novios á hurtadillas del padre, y que el bar­
bero fue á ver á éste y le pidió á Isabel.
— ¿Y no quiso?
— ¡ Qué había de querer! ¡ Bueno es
el ruin del sastre para consentir el matri­
monio de su hija con un tronera seme­
jante!
— Entonces era rico: le había tocado
el gordo.
— Es verdad; pero el sastre conocía el
paño y no le faltaba razón, como se ha
visto después. Las ochenta mil pesetas
del premio grande volaron en menos de
dos años en los frontones, garitos y admi­
nistraciones de la timba del Gobierno. Al
pobre Diego ni siquiera le queda la bar­
bería : no tiene más recurso que afeitar á
domicilio.
— Pst... silencio que se dirige hacia aquí.
Vendrá á pelar al prestamista del prin­
cipal.

NILO MARIA FABRA

— Ese debe ser duro de pelar.
— |Cá! si se pela de fino.
Y Diego atravesó el patio con la bacía
debajo del brazo, el paso lento, la frente

caída, los ojos extraviados y el eterno re^
cuerdo de Isabel en el alma.

Al caer de la tarde reinaba profundo
silencio en la sastrería. Isabel hallábase

PRESENTE Y FUTURO

183

en su cuarto y los oficiales se habían reti­
rado. El sastre, sentado en un rincón con
un codo en el mostrador y la mano en la
frente, al verse sin testigos dió rienda
suelta á su pena, llorando amargamente.

Su hija idolatrada, su hija única, le dejaba
sumido en espantosa soledad. Debía par­
tir al día siguiente para no volver.
— Enterrada en vida en un claustro, —
decía para sí el pobre anciano,—y yo solo,
completamente solo en el mundo. Todo
me sobra si me falta ella. ¿Quién cerrará
mis ojos cuando hartos de llorar se que­
den secos y enjutos para siempre? Pero,
antes muerta que casada con Diego.

184

NILO MARÍA FABRA

En aquel momento abrió éste la puerta
de cristales de la calle y entró en la tien­
da. Él sastre hizo un movimiento de eno­
jo ; pero pudiendo más el dolor que la có­
lera rogó al barbero que se sentase.
— No te quiero mal, — le dijo, — y voy
á hablarte con completa sinceridad.
A fines de 1844 se establecieron en esta
calle en nuestros respectivos oficios, tu
abuelo y mi padre, á quienes unía estrecha
amistad, á pesar de sus encontrados y
opuestos caracteres.

Era aquél alegre,

decidor y fastuoso y el encanto de las
mozas del barrio; parecía que todas se
lo disputaban, y fácilmente, porque el
amor entra muchas veces por los ojos de
la vanidad, supo rendir la entereza de la
hija de un carnicero rico, á despecho de
la tenaz resistencia de éste, que al fin y al
cabo hubo de dar su consentimiento al
matrimonio. Pocos años después tu abue­
lo había dado al traste con la dote y la
herencia de su mujer. Lo propio hizo tu
padre con aquella santa que te dió la exis­
tencia, á quien los sinsabores y la miseria
acortaron los días.
En cambio mi padre, hombre circuns-

PRESENTE Y FUTURO

i 85

pecto, sencillo y ordenado, sin más patri­
monio que su trabajo, depositaba cada
año las modestas economías de su laborio­
sidad incansable en la Caja de Ahorros;
primero en nombre propio y después en
el de mi madre, en el mío y en el de
mis hermanos á quienes he heredado.
Yo he seguido el ejemplo respecto de
mi hija.
Desde 1845 á 1894, ambos inclusive
impusimos anualmente mi padre y yo mil
pesetas, las cuales dan un producto total
por capital é intereses compuestos, de
141,881 pesetas y 24 céntimos (1). Este
es el dote que tenía reservado á mi Isabel,
dote que yo consideraba á cubierto de
guerras, revoluciones y bancarrotas de
bancos y aun del mismo Estado; pero no
de las dilapidaciones de un marido pró­
digo. Aunque la ley defiende y ampara
el patrimonio de las mujeres casadas,
pocas son las que logran resistir, ya por
debilidad, ya por cariño, ya por temor al
(1)

Se ha tenido en cuenta que desde 1845

hasta 1881, ambos inclusive, la Caja de Aho­
rros de Madrid pagó el interés de 4 por ciento,
y después de 1882 á 1894 sólo el 3.

24

18 6

NILO MARIÀ FABRA

escándalo, á las imposiciones, exigencias
ó solicitudes del compañero de su vida.
Ahora comprenderás la verdadera cau­
sa de mi tenaz oposición á tus amoríos.
Has heredado de tus mayores la pasión

violenta del juego, y no quiero que, como
aconteció con tu pobre madre, mi hija no
tenga un día un pedazo de pan que llevar
á la boca y muera de dolor y de vergüen­
za, y sea preciso apelar á la amistad com­
pasiva para enterrarla. ¡Antes monja que
en poder de quien ha de sumirla en la mi­
seria y ser causa de su eterna desventura!

PRESENTE Y FUTURO

187

Diego seguía guardando silencio. El
sastre cesó de hablar y con las manos cru­
zadas y el cuerpo encorvado permanecía
pensativo. De pronto se puso el barbero
de pie y exclamó:
— Tiene usted razón, señor Isidro. ¡Las
palabras de usted me llegan al alma, pero
yo puedo corregirme!
— ¡Corregirte! Tu abuelo y tu padre
hacían á diario propósitos de enmienda,
pero era más poderosa que ellos su ciega
afición al juego. -Calculo que en el espa­
cio de cincuenta años se han gastado en
tu casa ciento cincuenta mil pesetas sólo
en billetes de la lotería. Gracias á un pre­
mio mayor llegaste un momento á recu­
perar dos terceras partes. No tenías de­
recho á más por una ley matemática. Ese
banquero inmoral que se llama Estado
debía disfrutar del resto. En cambio esas
150,000 pesetas impuestas á razón de tres
mil cada año en las Cajas de ahorro,
hubieran representado ahora 425,644 y
todavía sería mayor esta cifra de haber
entregado las cantidades, coincidiendo
con las fechas de cada sorteo, en lugar de
hacerlo á fin de cada anualidad. Serías

i88

N ILO M A R ÍA F A B R A

rico, poseedor del enorme capital de
425,644 pesetas y tendrías tal vez lo que
vale más que el dinero: la costumbre de
poseerlo, el hábito de ahorrarlo.
— Y a he comenzado á adquirirlo. Des­
de hace un año, desde mi completa ruina,
impongo todas las semanas en la Caja de
Ahorros el producto de todas mis econo­
mías: ¡diez pesetas! Aquí tiene usted mi
libreta.
— Basta. Ahora te creo.
En aquel momento apareció Isabel ane­
gada en llanto; pero en llanto de júbilo.
Y el pobre viejo exclamó con la libreta
de la Caja de Ahorros en la mano:
— ¡Este, hijos míos, es el verdadero
premio grande!

índice
La guerra de España con los Estados
Unidos..............................................

7

Recuerdos'de otra vida...........................

85

El futuro Ayuntamiento de Madrid.

III

.

Teitán el Soberbio..................................

157

El premio grande........................

173

Colecciones