Astolfo, viages a un mundo desconocido, su historia, leyes y costumbres: obra original. Tomo 1

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Madrid

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Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Imprenta de D. I. Boix
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1838
Formato
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A S T O la F O ,

VIAGES A UN MUNDO DESCONOCIDO.

t,

Í0AÍ7

astoifo,

VIAGES A UN MUNDO DESCONOCIDO,
SU HISTORIA,

LEYES Y COSTUMBRES.
OBRA ORIGINA*..

PüR D. F. DE M.
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TOMO I.
\\\V V \W \W W VV\

IM P R E N T A B E D . I . B O IX .

1838 .

E s propiedad de la

casa de boix.

¿LSTOXFQ,

I.
INTRODUCCION

QUE SI R V E

NACIMIENTO.*— MI

DE P R O L O G O .= MI

EDUC A C !O N = M IS

IN CL I-

NACIONES.— SALGO POR PRIMERA VEZ

DEL

HOGAR PATERNO.

1 a no son de moda los prólogos, y ala­
bo el pensamiento: esa antigua costum­
bre ponia en prensa los entendimientos,
los lectores formaban un concepto de Ja
obra que era casi siempre favorable , y
al concluir su lectura nada veian de
cuanto se les ofreciera: parecíanse á los
programas políticos que embaucan á cua­
tro crédulos, y muchas veces, no diré
todas, han sido transitorias promesas pa­
ra conseguir un solo objeto ; pero esto no
es de mi incumbencia. Yo te ofrezco,
querido lector, la historia de un viage
peregrino ; y solo por lo nuevo debe in­
teresarte. Si eres académico, no te pares

tomo



l

.(2 )

en mi estilo; jamas pertenecí á cuerpos
científicos, porque me conocía á mi mis­
mo : no lie formado parte en otra asocia­
ción que en una de ánimas de mi pue­
b lo , y puedo asegurarte que no conocí
jamás arriba de tres ó cuatro socios, que
eran los que distribuían y recaudaban
los contingentes. Escribo como historia­
dor, y leí, no me acuerdo en que autor
ni quiero buscarlo, por ser yo poco eru­
dito ni amigo de citas, qrn» los historia­
dores deben ser sencillos y precisos : asi
lo seré yo, y podrás juzgarlo. Si fueres
clásico, este es mi fuerte; pero uso un
nombre que no comprendo á fondo, pue­
do asegurarte que el corto tránsito que
hice en el gran mundo de esta corte, me
hizo formar tan desventajoso concepto de
las nuevas nomenclaturas que desde en­
tonces escribo con miedo, no me atrevo
a em itir mi opinión y vacilo en los con­
ceptos ; pero si tu me entiendes basta;
seras mi Mecenas, y lo demas me impor­
ta un bledo. También habrá en las aven­
turas sucesos sentimentales que afecten
al corazón; si eres algún lector sensible
y novel a quien esciten lágrimas los cua­
ti ros patéticos, te ofrezco mas de uno
donde puedas aplicar tu interes, y de­
ducir de fa verdad del colorido, sus som­
bras y actitudes. Tal vez si fueres lector
satírico podrías reconvenirme por el po-

. ( 3)

co tacto en m anejar el ridiculo : te lo
confieso , soy visoño en el arte y me fal­
ta genio para ello ; pero estudiaré con
detenimiento la sociedad, y en otra obra
quizá , entre con audacia en tal género.
No faltaran tampoco lancccillos de amor
en donde la vivaz coqueta encuentre al­
gún aliciente: pasa hojas, hallaras lo
que deseas , y juzga de mi como gustes.
Despache yo mi libro, dé publicidad a
mis viages , léanse mis observaciones, y
utilice el pueblo algunas máximas, que
es á todo cuanto aspiro. He leido tam ­
bién tantos libros malos ! Se leen tantos!
Se imprime tal fárrago de folletos ! que
podrá ser pase esta entre las composicio­
nes menos malas. Ya concluí mi prólogo,
introducción y proem io, entremos en el
ingreso.
Nací en uno de los pueblos de nues­
tras costas meridionales, mis padres poseian una regular fortuna ; éramos cinco
hermanos , y los cuatro me habían pre­
cedido al nacer, por consiguiente fui el
mas mimado. Eran los autores de mi vi­
da de aquellas gentes que se llaman bo­
nachonas , temerosos de Dios , y exactos
en sus paternales deberes. Mi hermano
m ayor, heredero de un pequeño vínculo
que la industria paternal había mejora­
d o , proporcionaba á su existencia una
clase independiente, si se contenia en

, .
,
( 4)
los lim ites de una no mezquina economía;
sin em bargo, contra la inveterada cos­
tum bre del p a is , le aconsejó mi padre
que emprendiese una carrera , y su n a­
tu ra l inclinación le hizo escoger el foro.
P u diera babcr sido un regular abogado,
y quizá, quizá, m agistrado ó ministro en
edad muy joven, porque dicen que era mo­
zo de provecho; pero m urió al cum plir los
cuatro lustros, y llenó la casa patern a
de desolación y luto. No pude conocer­
le ; porque á la sazón me tenían en un
convento y no contaba yo los años de
las reminiscencias.
Le seguía una herm ana que á los po­
cos años sostituyó á mi m adre en los des­
velos tiernos para el resto de la familia:
tuvo no sé que amorios desgraciados, era
de im aginación ex altad a, é hizo voto de
castidad. ¡ Pobre Ursula! no pasa dia que
no bendiga tus cuidados, y la memoria
de tu sincero cariño me acompaña en to­
das partes. Aun vive, pero lejos de aqui,
y muy feliz rodeada de hijos. Un capi­
tán que pasó por nuestro pueblo ad q u i­
rió tal ascendiente sobre su corazón, que
la convenció de su tem erario em peño, la
absolvió de los votos, y la condujo al
a lta r donde se ju raro n un am or conyu­
gal eterno: ambos cum plieron estricta­
mente sus juram entos ; nuestro m ilitar

, (5 )

cambió la espada por el arado: se dedi­
có á cultivar sus haciendas, y en el dia
es venturoso, en lo que cabe respecto á
felicidad domestica ; por lo demas es es­
pañol y bueno, y sufre lo que todos.
Un Baltasar seguía á U rsula, que d i­
cen que desde chiquitín fue travieso:
por un quítame allá estas pajas armaba
camorra con todo el mundo. En la es­
cuela se entretenia en hacer pájaras y
reirse del señor maestro, escalabraba á
sus compañeros y era insufnble. Mi buen
padre tuvo por conveniente enviai le á los
Toribios por consejo de toda la familia.
En aquel establecimiento lejos de recti­
ficar su carácter y modificar sus ímpetus
juveniles le atontaron á puro azote ; mi
padre lo sacó de mano de sus atormen­
tadores, le trajo á casa, estenuado y me­
dio im bécil, y el cariño y los años me­
joraron su constitución é índole , siendo
hoy el gefe de la familia , y desempeñan­
do con esactitud sus deberes. Su recto
juicio no le abandona hasta que pulsan
la cuerda sensible de su alma que es ha­
blar de Toribios: se enfurece entonces y
declama contra los abusos de nuestros
primeros tiempos, y el mal tino del go­
bierno de entonces por no saber montar
casas de educación, y correctivas pa­
ra la niñez, que no conoce aun los crí-

menes. ¡Dios le bendiga 1 Débole conse­
jos saludables y socorros ira terna les de
aquellos que jamás se olvidan. El tra­
vieso del lugar es boy el patriarca del
distrito: dirige todos los negocios con
una imparcialidad y justicia que pudie­
ra servir de modelo á mas de cuatro au­
toridades , para que los pueblos supiesen
apreciar las instituciones que ponen en
ridículo , y hacen de malos electos por
su poco criterio , y menos método. Me
ocurre una reflexión que me dispensarás
lector am ado, si causa digresión á mi
historia. Lo primero que yo hiciera si
fuera gobierno, seria examinar la con­
ducta doméstica de los empleados que
destinaba para mandos superiores : si un
geí’e de provincia era un mal padre de
fam ilia, un disipador, un abandonado en
la educación de sus hijos, y cuyo carác­
ter fuese irascible ó poco tratable ; aprovecharia sus talentos, si los ten ia, en un
ramo que ningún roce tuviera con la ad­
ministración pública ; porque mal podria
cum plir con ella el que no sabia gober­
nar su casa, ni atraerse el cariño de sus
dependientes. Esto baria yo : y me fuera
satisfactorio que una provincia estimara
á la autoridad que se interesara por ella y
la considerase como á un padre. Cuidado
que hablo de una provincia , y doy á es­
ta palabra toda su latitud; porque los

m

votos de unas pocas corporaciones ó de
un centenar de individuos, no forman el
sufragio general; y este aunque no cspresado materialmente por todos tiene
sus medios de hacerse entender; y se ha­
ce entender cuando le conviene. Basta
de digresión y volvamos á la historia.
Ambrosio fue el tercero; murió joven,
y no es regular remover sus cenizas.
' JIO n
, ' i ) ; ít .v . y
1 .>
Luisa me precedía en dos años, era
la dulzura misma, se educó-bajo la vijilancia de mi hermana mayor, y supo imi­
tarla. Hoy hace la felicidad de un hom­
bre de bien* y es madre de nueve hijos,
residiendo en una de las colonias que
nos quedan, gracias al buen juicio de
sus habitantes.
íuU V ) i

Ahora nos ocuparemos de mi que co­
mo héroe principal de la narración, y
haciendo en ella el papel del primer per­
sona ge, querréis saber minuciosamente
todos mis antecedentes* Nada os ocultaré
lectores; pero no juzguéis por ellos, por­
que no fuera prudente en un tiempo tan
azaroso, tan m udable, y en el que tienen
tan poca solidez los pensamientos de los
hombres. Hoy puedo discurrir de un mo­
do, y convencerme mañana que mis prin­
cipios eran erróneos y cam biar; ó, aun-

(«)

.

que aquellos fueran rectos, según mi con­
vencim iento convenirme otro dia rectifi­
carlos para m ejorar mi posición social:
como este mal ejemplo es tan general,
forma la base de educación moral en el
d ia , y con tales precedentes asi sale ella/
y asi son los frutos que produce. Pero
ellos m ejorarán: debemos esperarlo.
Considérame á los ocho años, viva­
racho , d ecid o r, y con una instrucción
no común en un lugar reducido de Es­
paña. Formaba las letras con unos rasgos
adm irables : de una N sabia formar una
águila y enlazaba una A m ayúscula con
una culebra que era cosa de ver. Mi maes­
tro era un lince en esta m ateria , y des­
pués de Torio se consideraba el mas aven­
tajado pendolista. Cuatro años me tuvo
em borronando cartapacios, y aseguraba
era yo el discípulo que mas progresos
hubiese hecho durante su m agisterio: pe­
ro á pesar de mis ra sg o s, no sabia escri­
b ir dos líneas iguales sin pauta. Decia
consistir esto en que el pulso no estaba
fo rmado; y decíalo tan serio y satisfecho
que lo creían a s i: yo tam bién lo creia
entonces. Leía de corrido con adm irable
velocidad, y sabia las cuatro cuentas.
Agrega base á esto conservar de memoria
todo el catecism o, ayudar á misa y
cantar en el coro á m aravilla. Tam bién

, , (*)

recitaba las fábulas de Samamego y mu­
chas relaciones de comedias y romances,
con que dejaba admirados á los oyentes
los dias de visita, y encantaba á los tra­
bajadores en las eras. Estaba yo tan or­
gulloso de mi ciencia que me persuadía
lio poderse saber mas. Tales elementos á
los ocho años, hacían prometer á papá y
mamá y demas de casa, que con el tiem­
po podría ser obispo.
Discordes andaban los pareceres acer­
ca de la carrera que debiera emprender
para arreglar á ella el plan de mis estu­
dios. Mi padre era de opinion que la
edad daria á mi inclinación el rumbo,
mi madre no tenia otra opinion que la
de su esposo ; pero otro personage respe­
table entre la familia debía emitir el su­
yo, sin el cual no podia decidirse de mi
suerte.
Tenia mi madre una hermana ma­
yor, que era la sibila de casa. Soltero­
na de mas de cuarenta , no mal parecida
y muy bien educada. Era beata sin afec­
tación ni gazmoñería; pero abrigaba cier­
to orgullo y espíritu de dominación, que
creia debérselo al estado de perfectibili­
dad que había abrazado, que no pocas
veces hacia entibiar las buenas relacio­
nes que con ella conservaba mi padre:

( 10)

pero jamás se rompieron las hostilidades,
la dulzura natural de mi madre era la
potencia conciliadora, y finalizaba la bue­
na armonia con ratificar las estipulaciones
hechas el dia de mi nacimiento reduci­
das a un sclo artículo: «que yo seria su
heredero universal.» Y como tenia algu­
nos bienes, los bastantes para su decen­
cia y atender al culto de las imágenes
de su devoción , que eran tantas como al­
tares habia en las dos iglesias del pue­
blo , algunas misas y regalillos á los pa­
dres que dirigían su conciencia ; no era
estraño que el tal tratado la diese dere­
cho para disponer de mi futura suerte.
Celebróse junta para fijarla , hubo
varios pareceres y prevaleció el de mi
protectora y tia , reducido á que podría
formarse con parte de su patrimonio una
capellania de sangre revertible á mis her­
manos ó sus descendientes por línea rec­
ta de mayor á menor, ordenarme á titu­
lo de ella, cantar misa , ser clérigo* y es­
perar de mi talento y sus oraciones que
ascendiese en mi estado de pureza , lle­
gando con el tiempo á ceñir una mitra,
Era tan elocuente y espresiva , tan ardien­
te su imaginación en cuestiones piadosas*
que ya me consideraba, y casi afirmaba
haberme visto en sus revelaciones con el
báculo universal gobernando la Iglesia.

(

1 1 ).

Mi padre se enternecía y llegó á creer­
la, mi madre lloraba de gozo, mis her­
manos mayores respetaban aquellas deci­
siones, y un marino antiguo, casado con
una hermana de mi padre , tomaba pol­
vos durante el coloquio, y se sonreía de
unos planes á que su ojo perspicaz me
veia poco inclinado. Aun, quedan algu­
nos años, decia entre si, y mi buen gru­
mete, tal era el nombre que me daba,
burlará con una maniobra pronta y un
diestro golpe de timón el rumbo que esa
gente le señala. El buen viejo acertó en
verdad, y á no ser por él te quedaras
lector sbi historia de mis via jes, porque
ciertamente no harria navegado; á no
ser que los hombres por un mero antojó
se hubiesen empeñado en hacerme via­
jar contra mi voluntad , como estamos
presenciando por desgracia muy á me­
nudo.
Se decidió que estiidíará gramática,
para entrar después ep estudios mayores;
y como el pueblo carecía de buenos maes­
tros, y el dómine qye Jiabia decía mi
padre que sabia tanto latín como su mer­
ced chino, acordó mi tía pasara á un
convento estacionado á legua y media,
donde á merced del prior y á la amistad
en Cristo que la profesaban aquellos
buenos padres, se encargarían de mi edu-

( 12)

cacion, y en poco tiempo haría sublimes
adelantos. No era pequeño conseguir, y
mi padre vio el cielo abierto. Aquel con­
vento era el noviciado de la orden , te­
nia escelentes maestros, hombres de c a r­
rera , y ¿dónde mejor podía yo adquirir
ejemplos de sabiduría y perfección, que
en un asilo de caridad y [de recogimien­
to donde se formaba la juventud para
ocupar en la religión los primeros car­
gos espirituales? Al otro dia mi padre
liablaria con el sub-prior que debia ve­
n ir á honrar nuestra mesa, y entre ta n ­
to acordó el pequeño congreso que acu­
diera yo á su barra para ser examinado
sobre mis verdaderas inclinaciones: ob­
tuvo la comisión de esplorarme mi bue­
na tia , y salió un emisario á buscarme.
¿Dónde dirás que estaba el futuro
p relado, amado lector? Pues has de sa­
ber que se hallaba muy contento en una
h uerta contigua con unas rapazuelas po­
co mas ó menos de su edad, ayudando á
comer el fruto de un manzano medio in­
clinado que las producia esquisitas. La
galanteria no se conocía aun bien en
aquel p u e b lo , particularmente entre la
gente de nuestra e d a d ; y no apreciaba
yo el valor del femenino sexo , ni sus
privilegios para ejercer el servicial em­
pleo de prevenir sus deseos. Mi persona

( 13 )

se hallaba recostada debajo el árbol de­
vorando una medio verde manzana, é in­
dicando á las jardineras encaramadas en
él las que estaban maduras, que pro­
curaba yo fuesen las mas elevadas. Apues­
to desde luego que daras con el fin que
me animaba y convendrás en que natu­
raleza me incitaba con precocidad al de­
seo de ver objetos, que sin saber definir
aun muy bien, me causaban un gozo in­
terior que no me era dable esplicar. Lo
cierto es que la llegada del mensagero
no me dio gusto; y rogué á mis compa­
ñeras no cogieran mas fruta hasta mi re­
greso, que aumentaria con una torta de
pan dormido de las que reservaba mi
madre para el chocolate.
Saltando sobre un pie precedí al me li­
sa gero pensando en las cogedoras de man­
zanas y sus bellas formas, y sus zagale­
jos bordados ; deseando concluir mi co­
misión , pedir la torta á la tia Blasa la
cocinera, y regresar á la huerta con to­
da la velocidad de mi carrera. Por en­
tonces se frustraron mis halagüeñas espe­
ranzas : tratábase de un negocio muy se­
rio , y el acto era mas largo y patético
que yo pensaba.
Entre en la habitación: veo la junta
patiiarcal, y la gravedad de los circuns-

(li)

,

tam.es nao hizo temer iba á ser reñido ó
residenciado, sobre alguna travesurilla íle
las <]ue solia hacer. Desapareció de mi
memoria el huerto y las manzanas, y un
casi temor embargaba mis potencias. Pron­
to saldré del paso dige entre mi, besé'la
mano a papá y mamá, tio y tia , y esta
me hizo quedar junto á si.
Comienza la sesión. Nuestra respeta­
ble vestal tomó la palabra. Astollo, me
dijo con cariño: estamos aqui reunidos
para tratar de tu buena suerte : eres un
niño apreciable, temeroso de Dios, y que
amas lo bastante a tus padres y mayores
para darles gusto: todo el suyo se cifra
en tu felicidad, á ella se encaminan
nuestros desvelos y oraciones, y quere­
mos, mediante la voluntad del Señor,
hacer de ti un hombre , y un hombre de
provecho para Dios, tu familia y el prógimo. No hay estado mas perfecto que
aquel que se dedica esclusivamenle al
servicio del Rey de cielos y tierra. Es­
to apetecemos, y persuadidos de tu bue­
na índole, nos prometemos que quer­
rás darnos gusto en estudiar mucho, pa­
ra abrazar el estado mejor y mas perfec­
to , el estado de los ángeles, el estado
propiciatorio a los ojos del que todo lo
puede. Sirviendo al altar se sirve inme­
diatamente á la divinidad, y abrazando

la carrera eclesiástica, llegarás á ser sa­
cerdote que es la dignidad suprema so­
bre la tie rra , te atraeras el respeto de
las generaciones y quien sabe, quien sa­
be para lo que el Señor te tiene desti­
nado, y si algún dia recibiremos postra­
dos tu santa bendición..... Dijo mucho
m as, que no puedo retener ahora, y yo
estaba absorto al contemplar aquel pa­
tético cuadro : todos estaban enterneci­
dos , todos lloraban, aun mi tio indica­
ba en su semblante el enternecimiento;
y yo sin saber por qué no pude reprim ir
el llan to : abracé , ó por mejor decir me
abrazó mi tia , diciendo entre sollozos,
aqui tenemos un ángel. ¿No es verdad,
hijo mió , que te sometes á la voluntad
de Dios y á los deseos de tus padres? Si
señora, la respondí; y entonces todos se
levantaron, todos me besaron y me lle­
naron el rostro de lágrimas de gozo y de
caricias. No puedo desechar la memoria
de aquella escena tan tierna. Segura­
mente que solo mi felicidad ocupaba á
mis parientes, y que en todos se encer­
raba la bondad misma.
Cada miembro de la junta me dirigió
un discurso: yo callaba, á todo decía
que s i, y la entrada de Blasa con una
bandeja de quijalones llenos de chocolate , y una m uchachuela con un plato de

( 16 )

bolles, pan y vizcochos, suspendió la
sesión , y se trató de ayudar la frágil vi­
da con aquel refrigerio. Me sentaron jun­
to á la mesa, me sirvieron la correspon­
diente jicara que flanquearon con mucho
pan, bollo y vizcocho, y desapareció de
mi vista el universo entero, para dedi­
carla esclusivamente al objeto que tenia
presente. Un muchacho de diez años no
piensa mucho, ni se detiene dos minutos
en un objeto. Comencé á sopar vizcochos
y á engullir, sin acordarme ya de mi
obispado, de mi pectoral, ni de la mitra.
Al dia siguiente muy temprano fui á
casa de mi tio: el buen señor solia dar­
me caramelos, me enseñaba estampas, y
me pintaba caballos, barcos, y hombres
con vigotes y lanzas, que yo cambiaba
por otros juguetes con los chicos, mis ca­
maradas. ¿Con que te vas? me dijo.=Si
señor.=¿ Ál convento?— Muy pronto: asi
me lo dijo papá.=Muy bien: y ya no seras
capitán de una fragata, ni pescarás, ni
verás países de animales tan bonitos, ni
pájaros que hablan y cuyas plumas re­
lucen ?=Que sé yo. = ¿ Y te gustará ser
cura ?r=Que se yo: tia dice que si.=Yeremos: á tu vuelta del convento, por­
que de tiempo en tiempo vendrás á ver­
nos, tendrás un barco pequeño como es­
te , ves : ( y me enseñaba uno que tenia

(H)
dibu jado en un cuadro) iremos á la bal­
sa grande y veras como anda.= ¿S olo?=
Si señor, solo; y le haremos ir donde
queram os.=¡ Qué gusto! tio ,¿ y m e ló
podré llevar ai convento ?=¿ Quién lo
duda? Comencé á saltar de gozo ; pero
sin duda prudente y reservado no quiso
volver á preguntarme acerca de mi car­
rera respetando la decision de mis pa­
dres; fuime contento con los bolsillos
atascados de anises ; ayudé dos misas
aquel dia ; y antes de comer, mi protec­
tora la sibila me habia hecho otra exortacion ayudada del sub-prior que estaba
en su casa y debía de comer en la mia.
Ya que tanto se inclinaba mi buena
lia al estado de perfectibilidad, estrañarás que aconsejada por frailes no la su­
giriesen la idea de vestirme ya el santo
hábito. Ten cachaza que antes de mu­
cho te iniciaré en este secreto, y tal vez
formes, contra la común opinion que cir­
culaba en el pueblo, mejor concepto del
P. Gomez, que era el sub-prior, direc­
tor espiritual de la buena señora, y el
que la separó de la inclinación que ha­
cia tiempo alimentaba para que me ci­
ñese la correa de su santa orden. Este
reverendo, pues, fue mi Mentor en los
seis años que duraron los estudios , á él
soy deudor de ruis escasas luces; y mi
iomo i.

2

(

18 )

a tolondra miento y poca aplicación me
han im pedido ser un hombre de pro­
vecho.
Aquel mismo dia quedó estipulado el
tratado, por el cual yo iria á vivir en el
convento, comeria con el P. Gómez en
su celda, que como definidor y jubilado
gozaba de este privilegio ; y me sujetaria
a las lecciones que se dignaria darme el
maestro de novicios y otros lectores gra­
ves, m ediante las limosnas que haria mi
padre á la casa , a pesar de no ser men­
dicante, ser rica y opulenta ; pero bajo
una regla tan económica, humilde y ad­
mirable, que nada rehusaba de cuanto
redundara en el pro-comunal.
Supon la despedida , instrucciones,
pláticas, abrazos, llantos, exhortaciones
que mediaron á mi partida, y óteme en
un carro con un buen colchón y alm oha­
das cubiertas de planchadas fundas con
encages de randa y cintas de rosa , en
que se bam boleaban el reverendísimo de­
finidor y el travieso m uchacho que aho­
ra tege los hilos de esta historia.
El llanto y sollozos me duraron al­
gunos minutos : era natural, me separa­
ba por primera vez de mi casa; y aun­
que el viagc no era largo pues se di vi-

( 19 )

,

,

.

saban las torres del convento desde nu
azotea , parecíame que era un nuevo m un­
do donde entraba; y á fé que no me en­
gañé, aquel viage fue el procursor de
los que tan distantes debía hacer después,
de mi patria. Me entretenía viendo cor­
rer los olivos al trote de nuestro caballo,
ansiando por visitar el convento , y em­
bebido en mis reflexiones no eché de ver
que mi compañero de viage se liabia dor­
m ido, y sesteaba según costumbre para
digerir una no mediana comida. El sue­
ño de su paternidad y mis cavilaciones
duraron hasta que el carro paró en la
portería del santo edificio.
Figúrale que su estension era mayor
que la de mi pueblo, pues sus altos m u­
ros contenían dentro del recinto, el tem ­
plo , el convento, varias casas de fami­
liares , oficinas , lagares, alm azaras, gra­
neros, corrales de ganado , una razona­
ble huerta y ja rd in , con un monte de
contem plación de espesos árboles , donde
jamas penetró sol, en el que iban los pa­
dres á rezar los pasos en un via crucis
de magníficas capillas. En fin era un lu­
gar de delicias, y un verdadero paraiso,
la mansión sacrosanta destinada á mis
primeros años, para estudiar y aprender
las lecciones que debían serme tan úti­
les en el transcurso de mi vida.

(20)
A la llegada del P. Gómez se abrió
la puerta de par en par; entramos en un
vasto zaguan, y por unos corredores y
escalera regia subimos á los primeros an­
deles del sur donde se hallaba situada la
humilde celda del reverendísimo.
Un recibimiento en que se bailaban
docena y media de pesados sillones de
castaño, asientos de cuero, claveteados
con relucientes chapas de cobre que pa­
recían rodelas, una gran mesa de bruñi­
do nogal , algunos cuadros de mérito y
un reloj de pared formaban el adorno de
la primera habitación donde cabían otros
tantos muebles. Seguia una sala de do­
ble dimensión : adornábanla taburetes de
nogal forrados de camelote, gran cómo­
da al testero con berra ge dorado, y en­
cima una urna colosal con la imagen del
santo patriarca : al otro estremo otra me­
sa mayor que la anterior un crucifijo de
marfil sobre ella , escribanía de loza de
Valencia con algunos libros y una estu­
penda poltrona para dos cuerpos. Una al­
coba con buena cama, retrete con lo ne­
cesario, oLro cuarto interior atestado de
libros de todos tamaños, y en él una al­
coba para vuestro servidor, desde la cual
se pasaba á otra pieza que por el olor
se deducía ser despensa, cantina, y al­
macén general de provisiones. Tal era el

reducido espacio que ocupaba mi patrón
a quien servia particularmente un dona­
do vivaracho, aseado y entrado en dias,
que desempeñaba también el cargo de se­
cretario.
Instalóme en mi nueva habitación,
encargóme gran cuidado con los libros
que desde mi cama contemplaba , y me
invitó saliese al balcón á esparcir la
vista.
Sí tuviera pluma á propósito para
pintorescas descripciones, te trazara una
que te encantaría ; pero figúrate lo mas
bello que á tu fantasía q u e p a , lo mas
magestuoso y ag rad ab le, y tendrás una
idea de la felicidad. Ahora que el tiem­
po y las latigas comienzan a encanecer
mis cabellos, quisiera una mansión tan
agradable como aquella, y una vida igual
á la del P. Gómez..... Querido lector,
desdúdale: para ser feliz completamente
y llegar al apogeo de las delicias huma­
nas ; de aquellas delicias que ni alteran
la sangre , ni agitan el corazón , es pre­
ciso pasar de cincuenta años, ser reli­
gioso ju b i la d o , obtener un rango en la
orden
y poseer una celda en un con­
vento semi-solitario como el en que yo
residia. Desde allí al cielo. ¡ Si vieras
cuán arrepentido estoy de no haber ce­
dido á los consejos de mi maestro de ar-

,

(

22 )

te s ! En el día seria; pero n o , no seria
nada : me olvidaba que estoy escribien­
do en el año 1838 en que ha variado
tanto el mundo que no se encuentran
aquellos asilos de paz y ventura , mira­
dos por lo eslerior. Voy á seguir el hilo,
pudiera incurrir en contradicciones ; la
memoria de los hermosos dias de la in­
fancia me hacen apetecer lo que no pue­
do gozar ; tal es la índole de la especie
hum ana.
El prim er dia lo pasé de huelga: me
enseñaron lo mas notable del edificio, la
iglesia, la huerta, los jardines, el monte
sacro, las cocinas, los refectorios, la enferm eria, las clases y habitaciones de los
novicios. Por obsequiarme , les permitió
el maestro, con la venia del prelado, que
aquella tarde nos entretuviéram os en el
monte. Poco caso hacian de mi en razón
á mis años pero no perdí mi tiem po, en­
tablé estrechas relaciones con un donadito conductor de pavos, y me contó las
cualidades de sus súbditos que se some­
tían respetuosos á la insignia de su dig­
nidad que era una larga caña. Me in d i­
có los arboles de la mas tem prana fruta,
solicitó mi protección corno niño consi­
derado por el segundo gefe de la casa , y
se la concedí latamente con tal que me
indicase abundantes nidos, y m adrigue-

( 23)

ras en el caso que me permitiesen salir
para acompañarle al campo.
Ya los días sucesivos los empleé en
repasar el arte de Nebrija, mi tarea no
era pesada, madrugaba m ucho, y des­
pués de repasar mi lección, ayudar la
misa á mi protector el dia que se levan­
taba tem prano, y el que no, que eran
los mas, después de almorzar, bajaba á
la clase , á las diez quedaba libre. Los
dias que el padre salia al pueblo me
permitia el donado visitar al pavero, por
la tarde clase, paseo á la hu erta, me­
rienda , una hora de estudio, otra de ca­
bezadas , cinco minutos para cenar y á
la cama. Tal fue mi vida por espacio de
tres años , en el cual pasé las pascuas y
los dias clásicos en el seno de mi familia,
que también venian muy á menudo a vi­
sitarme. Toda la comunidad me reputa­
ba ya como miembro de e lla , conocia
sus constituciones , sus fiestas , tenia no­
ticia de los santos de su orden , y habia
mas de una vez leido sus vidas. Mi ca­
rácter me grangeó el afecto de jóvenes,
ancianos y novicios, y los maestros decian que hacia mil prodigios. A los doce
años era lógico, y hubiese sido un con­
sumado ergotista si el buen juicio del
sub-prior no me hubiera enseñado el ver­
dadero objeto de la ciencia y la manera

_

. (24 ),

ile bien discurrir. Entre en la filosofía,
ya resolvía algunos problemas de mate­
máticas, sabia algún tanto la historia,
cuando el amigo de mi tia dijo que esclusivamente qucria encargarse de diri­
girme por la senda de unos estudios que
requieren mas reflexión que memoria y
mas instrucción que talento. No era ya
aquel rapaz atolondrado, pasaba algunas
horas leyendo á los antiguos poetas, me­
dio conocia las bellezas de algunos grie­
gos, y leia en el idioma de Fenelon los
sermones de Bossuet y algunas tragedias
de üacinne. Entonces me convencí que
la obesa figura del P. Gómez encerraba
muchos conocimientos , y que el especie
de respeto que le tributaban los religio­
sos y el prelado mismo , eran prueba con­
vincente de la consideración que goza­
ba. Electivamente , el era el prelado, á
él acudían para todas las consultas eco­
nómicas y administrativas de la casa
ademas de la correspondencia oficial de
los superiores, el general se carteaba á.
menudo con nuestro religioso , y los dio­
cesanos de la provincia le dirigian sus
consultas. Ya le miraba yo con mas res­
peto y benevolencia que antes, y escu­
chaba con profunda atención todas sus
palabras que descendian á mi corazón
como un balsamo saludable que me vi­
vificaba y hacia hombre.

(25

)

Llegó la época en que debía profun­
dizar los sacros principios de la teología
para entrar de lleno en la carrera ecle­
siástica : tratábase de recibir las prime­
ras órdenes ; todo lo cual liabia retarda­
do mi venerando protectora quien csclusivamente se liabia encargado la direc­
ción de mi carrera. Habia dos años que
no existia mi tierna madre , y mi padre
casi postrado por los sentimientos de su
pérdida, y la de mi hermano mayor, re­
clamaba á menudo mi existencia. El afec­
to verdaderamente paternal del definidor
no se entibió un momento, y un dia que
salimos á paseo mas temprano que otros;
después de varias conversaciones genera­
les me tuvo la siguiente.
« Querido Astolfo, ya eres un hombre:
ya es preciso que te hable con el lenguage de la amistad. El desarrollo de las pa­
siones van imprimiendo en tu fisonomía
un carácter vivo, impetuoso, emprendedor
poco á propósito para la vida contempla­
tiva : tu genio necesita un teatro mas basto
que el reducido á que quieren introdu­
cirte. Tal vez mis cálculos sean equivo­
cados 5 por esto quisiera exigir de tí un
acto de franqueza ; y si este anciano que
hace seis años sigue constantemente tus
pasos, escudriña tus pensamientos y estu­
dia tus inclinaciones, te merece confianza,

( 26 )

sé ingenuo, y habla sin rodeos. Ante todo
debo ponerte á la vista el verdadero esta­
do de tus negocios. La fortuna de tu pa­
dre regular y decente en el punto que
habita, á su fallecimiento recae en tu her­
mano mayor. Sus economías y la adqui­
sición que con ellas pudo hacer de algu­
nos bienes no serán bastantes á formarte
un patrimonio en la sociedad. Los bienes
de tu buena tia, después de deducir las
cargas piadosas con que los ha gravado,
son mas embarazosos que útiles. Debes
pues considerar que te es necesaria una
carrera para atender á tu subsistencia, y
á las necesidades que te has creado con
la educación. De esto se trata; pero cual­
quiera que emprendas debe ser hija del
convencimiento y del mas maduro exámen. Contempla tus deberes sociales, y
reflexiona para lo que nacistes , no eres
tuyo esclusivamente, después de Dios , te
debes á tu patria, es decir, á tus conciu­
dadanos, en cualquier estado es el hom­
bre útil á la sociedad; pero debe procu­
rar aquel en que mas servicios pueda pres­
tarle. Para fijar un destino estúdiese á sí
mismo, mida antes sus inclinaciones. Si le
domina el egoísmo concéntrese en un es­
tado abyecto; aléjese de la sociedad, se­
ria para ella una pesada carga. No pudiera
ser magistrado, no podria encargarse de
la defensa de los demás, el que se ama

( 27 )

.

asi mismo en demasía. No sacrificaría una
sola vigilia, su descanso, y á veces su re ­
putación y fortuna en obsequio de sus se­
mejantes, el hombre ensimismado á quien
un sentimiento de egoismo emancipó de
la familia común, no pertenece á ella, es
un ilota cuyo encuentro debe evitarse.
Este ser es nulo, y no contemos con él
para nada.s=La carrera militar es lucida,
es mas brillante que cómoda, exige un
genio particular para su buen desempeño,
e s p e s a d a ; son diversas las escalas que
abraza, se basa en la obediencia y ciega
sumisión ; esta educación primordial de la
carrera se arraiga en el alma , se contrae
un h á b ito , difícil de rectificar, avézase
desde un principio al mando cimentado
en la obediencia ciega; por esto vemos
diariamente un excelente general que con
su valor y conocimientos decide una ba­
talla, y es árbitro d?l destino de un rei­
no ; que organiza un ejército con la ma­
yor ra p id e z , y concibe un plan con la
misma velocidad que lo egecuta; que abar­
ca todos los conocimientos económicos y
administrativos que para un grande ejér­
cito son necesarios ; que los soldados ven
en él el padre común y el regulador de
las marciales leyes: sin embargo, este ilus­
tre guerrero que se coronó de laureles, á
quien su patria debe la independencia, y
que los pueblos aclaman Como un héroe

( 58 )
no sirve para el mando político de una
miserable aldea. El que en los combates
solo pudo entregarse á las glorias milita­
res no ha sabido ganarse la benevolencia
de un pueblo tranquilo y pacífico; y todo
esto lia consistido en el arraigo que tomó
en su corazón la marcial educación, y el
habito de la obediencia ciega, sin oir,
sin ver, sin considerar mas reflexiones que
la común de ca lle y obedezca. ¿Qué te diré
tle las ciernas profesiones? Todas requie­
ren su temple de alma análogo, todas tie­
nen fricciones propias, y hay que amoldar
á ellas como en las artes, el genio y la
inclinación. De un pusilánime , de una
alma abyecta no pueden esperarse accio­
nes generosas, ningún sacrificio de sí mis­
mo; las artes ni las ciencias no les serán
deudoras del menor descubrimiento, ja ­
mas podrá elevar su dignidad á la esfera
de lo grande y lo sublime, y siempre mez­
quino se cubrirá con el polvo de su mi­
seria. Exíjase de este hombre una carrera
que tenga roce con los intereses sociales;
llágase de él un magistrado, un guerrero,
un funcionario, será un ser nulo, sin pres­
tigio, sin opinión á quien rechazarán sus
conciudadanos.

......

m.

« Pues si aquellas carreras ofrecen tan­
tos inconvenientes, si para ellas hay que
consultar el físico, y la moral del indivi-

(2 9 )

<luo, con cuanta mas razón debe el hom­
bre estudiarse, para entrar en la espinosa
de la iglesia? Su temperamento es la base
de la carrera. Vea si con él podrá poner
un dique á las pasiones: considérese sin
ellas, ó con imperio bastante para subyu­
garlas; y este imperio sobrenatural ¿po­
drá jactarse el hombre de obtenerlo? Si
las inclinaciones luchan, si la sangre se
enardece, si su ser se pronuncia y desar­
rolla, si la naturaleza, mas poderosa que
los hombres ejerce su dominio ¿quién sino
el Autor de ella podrá acallarla ? Sus le­
yes son inmutables, y el Supremo Criador
al dictarlas jamas pudo contradecirse.
Creó los seres, y formó leyes estables, sem­
piternas como su divinidad, consignadas
están en la naturaleza. Contrariarlas es
contrariarla, contrariar á su autor, y con­
trariar á Dios mismo. El estado que el
hombre emprenda en la sociedad es el de­
ber mismo que sanciona al abrazarle; co­
mo deber no puede infringirlo sin incur­
rir en una falta y estas faltas cuando in­
fluyen sobre la sociedad son crímenes.
También los hombres sancionan crímenes,
que califican de virtudes: tam bién contrarian á la naturaleza , vulneran á su
A utor, y engañados ellos mismos, ó con
la tendencia de engañar á los demas ele­
van al carácter de leyes las mayores mons­
truosidades ; pues sin embargo de serlo,

( 30 )

cuando los hombres las respetan, se some­
ten servilmente á ellas y están escritas en
sus códigos, delinquen si no las observan:
porque al crimen agregan el perjurio so­
cial : y para no incurrir en ambos estre­
ñios, el hombre justo debe evitar los com­
promisos de aquellas falsas leyes....... Me
esplicaré con mas claridad, porque sé que
hablo con un hijo. Como tal te adopto en
nombre de un padre que no está distante
del sepulcro. Mi historia te esplicara estos
raciocinios.
Me parece querido lector que el pa­
dre Gómez va a ocasionar un episodio
largo, y lo dejaremos para un nuevo ar­
tículo que esclusivamente le dedicaremos.

II.
HISTORIA DEL DEFINIDOR Y VICE PRIOR PADRK
GOMEZ.

" T u abuelo desempeñaba en una capital
de nuestra península un cargo respetable
en la magistratura : contaba á tu tia en­
tre sus hijos que hace mas de treinta
años era un modelo de las Gracias, y cu­
yo genial, las penas y el tiempo han tras­
tornado. Este hombre que te habla la
conoció, y vestía entonces diferente trage.»
« La casa de tu abuelo reunía el cír­
culo mas brillante de la ciudad y Marta
era su mejor ornamento , por lo qu«
se atraía la atención general, y muchos
jóvenes aspiraron á su mano. Reunia á
una esmerada educación los mas recomen­
dables modales, y al lenguage de amor
contestaba con la sumisión paterna. El
que mas supo grangearse su atención fue
un joven opulento de las primeras casas
de la provincia; pero jamas pudo lison­
jearse de obtener una esclusiva preferen-

( 32)

cia. Este joven pues, íue mi amigo, y á él
fui deudor del conocimiento de tu fami­
lia. Ya ves si la amistad data de una fe­
cha bastante larga. ¿ Cómo creerás que
este religioso que te habla , que este sa­
cerdote que goza entre sus hermanos de
una reputación sin mancha, y de un con­
cepto universal deba á una desgracia el
renombre que quiza mas de una vez ha­
brás admirado?»
«E nrique, nombre del joven á quién
tenian encadenado los encantos de tu tia
era mi primer amigo desde la niñez, am­
bos seguimos una misma carrera, y nues­
tra am istad, y algún parentesco fue mas
V mas estrechada en el corto recinto de
un colegio donde entramos en un dia. Segovia presenció nuestros ejercicios y lúe
testigo de una aplicación que nos mere­
ció muchas preferencias en los certáme­
nes, y el aprecio de nuestros superiores y
maestros: ya conocerás pues, que mi car­
rera fue m ilitar, que la aprendí en la
escuela facultativa que se reputaba por
mejor entonces en E uropa, y antes que
pudiésemos creer salir del colegio y ob­
tener el ascenso mas apetecido , salimos
ambos para los ensayos y mejoras que se
hicieron en nuestra arma para las cam­
pales maniobras. Considera tu á este an­
ciano haciendo su primera entrada en el

.

( »3 )

gran mundo á caballo mandando una
bateria, cuando acababa de salvar la lí­
nea que separa la infancia de la puber­
tad. Ambos fuimos destinados á un es­
cuadrón, que fue el maniobrero para au­
xiliar á la Francia contra sus enemigos.
Las miras de la familia de mi amigo se
opusieron á que saliese de España, obtu­
vo su retiro, y yo entré con otras tropas
en el pais de los héroes, en la nación
orgullosa que tenia encadenada á la vic­
toria, y guardaba en herencia las ban­
deras y estandartes conquistados en Marengo, en Austerlitz y en .lena , vencien­
do a los mayores y mas disciplinados
ejércitos del mundo. Tal era la nación
que nos llamaba hermanos, y que orgu­
llosos de este nombre y ansiosos de pro­
barla nuestra adhesión, nos dirigimos
hacia el Scalda para vengar los ultrages
que decia la habian hecho los habitan­
tes del norte. No te haré un detall de la
campaña, de los conocimientos que ad­
quirí, y las circunstancias de la guerra;
mi ansia de aprender me hacia aprove­
char los momentos escasos que mis obli­
gaciones me dejaran, y en breve tiempo
merecí particulares atenciones de los gefes de mas rango, Mi alma estaba enton­
ces absorvida en dos pasiones, ambas
nobles, y ambas generosas, las ciencias
y la guerra ; y en ambas obtuve triunfos
j o m o 1.
3

( 34 )

tanto mas lisongeros, cuanto la edad los
presenta con unos prismas mágicos, los
mas seductores y brillantes. Las vicisi­
tudes políticas complicaron los sucesos;
nuestros hermanos dejaron de serlo, nues­
tros aliados se convirtieron en invaso­
res...... La historia, mas estensa, le ha
enseñado estos sucesos que han dejado
trazados surcos muy amargos en nuestro
pais ; que han sentado precedentes mas
amargos au n , y que la presente genera­
ción y las futuras no habrán todavia
agotado las heces de un cáliz que mi
carácter me impide clasificar, y cuyo
velo por respeto no descorro.» Volvamos
á mi. «Muy joven au n , adornado con
varias condecoraciones y con el rango de
capitán de una arma tan distinguida, me
creía feliz y capaz de ascender a los pri­
meros cargos por las relaciones que con­
servaba. Esta es la época en que conocí
á tu fam ilia, y la que decidió de mi
suerte de una manera diam etralm ente
opuesta á la que yo esperaba. »
«Algunos años de separación no ha­
bían entibiado la ardiente amistad que
con Enrique me ligaba. Me hizo partí­
cipe de su amor y de sus esperanzas,
pintóm e el objeto de sus deseos con
los vivos colores de un apasionado, y
me prometió conducirme á sus pies, para

(. 35 )

que juzgase por mi mismo si eran exage­
radas sus pinturas. Ageno yo de amor,
miraba con sonrisa y compasión el ansia
y pasión decidida de mi amigo, otras me
habían hasta entonces dom inado; pero
no tenian aquel fuego, eran, si se quie­
ren mas vehem entes, petó tranquilas;
partían de la imaginación, las concebía
el alm a, y no afectaban al corazón ; nin­
guna de ellas le causó una sola palpita­
ción, ninguna le agitaba : el amor a las
ciencias, el entusiasmo por la gloria son
pasiones grandiosas, elevadas y las mas
sublim es; pero no parten de la natura­
leza , nacen inmediatamente de los dotes
que esta nos prodigara ; pero el amor,
esta otra pasión universal característica
á todos los seres, tiene su inmediato ori­
gen de la madre com ún, por esto sus
efectos abrazan todos nuestros órganos,
influyen en nuestras potencias y domi­
nan á todo el individuo ; es una pasión
in nata en el mismo ser, de la que parti­
cipa todo lo creado desde él animal has­
ta la planta, porque es la misma aura
reproductiva conservadora del universo.
¡ Feliz yo si la calma de la pasión del
am or , no se hubiera turbado con una
tem pestad tan cruenta que me aquejó
por muchos años ! »

« Condúceme mi amigo á los pies de

. ( 36 )

u amada , la miré sin prevención, con­
tem plé en ella una joven perfecta : pera^
no me inspiró ningún entusiasmo. No
sentí el indujo de aquellas miradas que
diz deciden por primera vez ; podrá ser
cierto pero siempre lo lie dudado. Poco
elevada y muy muelle debe ser el alma
á quien una mirada repentina pueda
causar tan profundas sensaciones; podrá
s i, inspirar deseos, mas serán pasageros
y deleznables, incapaces de ulteriores
consecuencias. Una mirada, empero, acom­
pañada del encanto de la voz, animada
de la persuasión, y aquel lenguage mu­
do que penetra los sentidos y fascina de
un modo irrem ediable, una mirada que
preceda á otra, y todas se aum enten de
interés , estas si podran ser precursoras
de sentimientos amorosos que alimenta­
dos sin cesar, fomenten una pasión. Di
a mi amigo la enhorabuena por su feli­
cidad y le deseé un éxito feliz. Como
éramos inseparables le debí el sacrificio
de aum entar el círculo de la tertulia eu
que él veia solo á su amada ; á mi todos
los objetos me distraían, en ninguno me
fijaba , y me mantenía feliz con un co­
razón independiente. Mas de una vez fui
el objeto de acaloradas discusiones entre
las jóvenes que concurrían , que jamas
querían creer que yo no amase: entonces
las decía que se equivocaban en rigor,

(3T)

que yo era muy sensible para dejar de
a m a r, que amaba con idolatría a mis
padres, que amaba á mis amigos , que
amaba en fin á todo el género hum ano,
porque cifraba en el amor la base de la
sociedad. Estas verdades decían que eran
especiosas, y que debía amar con algu*
na predilección á un solo objeto: procu­
raban lisonjearme , escitar mi amor pro­
pio , adularm e en fin, y comprometerme
a esplicaciones y revelaciones que á fe
no podía hacer ; tu tia era de las
que también algunas veces insistía, pero
con una reserva tal que parecía obliga­
da por la presencia de mi amigo : asi lo
creia yo, pero era su carácter; porque
ni sabia fingir, ni había dado lugar á
compromisos que la impusiesen la menor
sujeción ni reserva. Algunos meses trans­
currieron sin que por mi parte mediase
mas que una inclinación amistosa. No
rehusaba su compañía, ni la buscaba
con ansia: la costumbre estableció cier­
tas horas dedicadas a ocupar su lado, y
la misma costumbre me las hacia necesa­
rias ; faltar á ellas habria sido sacarme
de un elemento que me vivificaba. La es­
tim aba en fin , y con alguna predilección
sobre las de mas mugeres ; pero ya no
dudé que mi amigo no tenia esperanza,
y se lo signifiqué mas de una vez con el
lenguage de la convicción , de la amis-

. . ( 38)

tad é imparcialidad con que miraba los
objetos. Aconséjele que aventurase esplicaciones,y que exigiese aclaraciones que
pudieran tranquilizarle: temia un desen­
gaño, ó demasiado ilusionado, quizá se
prometía con el tiempo recabar lo que
hasta entonces no había conseguido. Bur­
lábame de su calma; porque electiva­
mente mi imaginación era mucho mas
ardiente que la suya , y no habría podi­
do esperar tanto tiempo. Aconsejóle que
cambiase de objeto que lucra mas feliz;
yo procedía de buena le v con el candor
de la inocencia; mi amigo dudaba de
mi según conocí después, y espiaba to­
das mis acciones , glosaba mis palabias,
y atribuía á mis sinceros consejos miras
siniestras. El no era ya mi amigo, y mi
amistad para con el no se habia de ma­
nera alguna alterado.»
«Quiero valerme de ti, di jome un
dia, tú mas diestro que yo, y mas cono­
cedor del corazón humano, podras sa­
carme de la ansiedad ; si eres tan buen
amigo como creo, no podrás rehusarme
un favor que podra causar mi ventura.
Advierto en ti algún ascendiente sobre el
corazón de Marta, tu carácter franco,
independiente y generoso te proporcio­
nan medios de arrancarla su secreto. Esplora su corazón, sondéale.... No me

( 39)

atrevo á encargarte de otra misión que
pudiera herir tu delicadeza..... Te enga­
ñas, le repliqué, conozco mi deber, res­
peto la amistad y cuanto se debe á su
sagrado nombre. Desde luego me encar­
go del empleo de embajador tuyo , y es­
ta prueba de tu confianza me honrará
sobremanera : si mi emba jada surtiera
buenos electos me gloriaría de haber con­
tribuido á tu bien y participaría de tus
satisfacciones; si ella me demostrase que
solo esperabas un desengaño, me lison­
jeara en diverso concepto, pues queda­
bas desengañado, y otra pasión mejor
correspondida te baria olvidar los sinsa­
bores que hace tantos meses alimentas.
A la primera ocasión veras mi eficacia,
y por mi esactitud juzgarás del aprecio
que te profeso. No tardó mucho tiempo
en presentarse.»
«Una ardorosa noche del estío con­
dujo la sociedad al jardín en busca de
una brisa refrigerante, y Marta tomó mi
brazo: un coloquio general nos ocupó en
los primeros momentos, varias preguntas
sobre los astros me hicieron descender á
la fábula , y á la escuela mitológica que
basaba en el amor todos los secretos na­
turales. Cantaban á la sazón dos ruise­
ñores y anudé en su canto la historia de
aquellos musiquillos, para deducir la fe*.

.
(« )
licidad de que gozaban, felicidad desti­
nada á todos los seres. Los deseos de ser­
vir á mi amigo pusieron en mis labios la
elocuencia , el anhelo de serle útil orna­
ron mis discursos de imágenes tan vivas,
y me sugirieron pinturas tan patéticas
que sentia la agitación de mi pareja por
la vibración de su brazo. Crei fuera aquel
oportuno momento para desempeñar mi N
misión, y aventuré algunas frases..... No
me hable vd. de Enrique, me dijo con
una voz que participaba de emociones:
le estimo como amigo de la familia, le
agradeceré siempre las atenciones que
ha tenido á bien prodigarme; su carác­
te r, empero, no guarda analogía con el
mió, no siento por él simpatíasc ruego
a vd. no insista en su favor, mi resolu­
ción es irrevocable. Conocí por su voz
alterada que su corazón padecia afectos
de al gun sentimiento: visoño yo en las
afecciones amorosas, juzgué á propósito
seguir pintando la delicia de las almas
que se unen por el amor: adorné esta
pasión con los colores mas brillantes,
aducí sus delicias, sus encantos..... el ce­
lo, lo aseguro, hacia que me escediese á
mi mismo. Marta me escuchaba con aten­
ción , sus miradas lánguidas se encontra­
ban con las mías, que brillaban con el
fuego de la amistad , mi mano en el ca­
lor de la improvisación asió la suya, que

,. («)

.

.

temblona y débil no opuso resistencia,
ni íijé en ello la atención, porqne mis
acciones y palabras eran inocentes. A ámonoa de aqu í, dijo Marta , el calor me
sofoca, busquemos en la fuente donde
están los demas, una aura mas lresca.=
Pero ¿y mi am igo? M arta..... perdone
vd. que insista,=Gom ez! por el cielo no
me atormente vd. ! ...=¿Sera vd. insensi­
ble á mi mediación ?=Su mediación de
vd. ! lietiró la mano, que basta entonces
no sentí que se hallaba enlazada con la
mi a ; y luego con mas dulzura continuó.
Su mediación de vd. es para mi de gran
precio, pero por el cielo no abogue mas
por un hombre que no podré amar..... Si
su alma fuese la de vd..... Conocí que se
había sonrojado.. .. se separó rápidam en­
te y se unió al resto de la compañia. Seguila m editabundo, recorrí mis espresiones..... Aquella noche no pude conciliar
el sueño, presentimientos crueles me agi­
taron; daban á ellos lugar reflexiones de
otra tendencia, sentía en mi un no se
q u é; casi remordimientos..... Estudié mi
corazón: n o ‘era ya tan independiente,
desde aquel dia comencé a sufrir , y un
cambio repentino se obró exi mi ser, mi
naturaleza sufrió una cruel revolución;
sin embargo, conservaba la pureza.»
«Hice á mi amigo una pintura fiel de

(«)

,

mí entrevista , no le oculté los resulta­
dos; y le di los consejos que me sugeria
la honradez y el alecto que le profesa­
ba. Nada estrañaba , me dijo; aguarda­
ba aquel desenlace : sus espresiones amar­
gas las atribuí al sentimiento de una pa­
sión no correspondida , y no me podía
persuadir que fuese capaz de atribuirme
iniras siniestras, porque durante algunos
meses había sido testigo de mis acciones:
nos separamos, compadeciéndole yo, y él
llevando en su corazón el despecho, y
los celos que despedazaban su alma.»
«Todo el dia estuve meditabundo y
menos tranquilo que lo ordinario. Desea­
ba con ansia ver a Marta para estudiar
en su semblante los electos de la noche
anterior: contaba las horas, admirándo­
me de una ansiedad para mi hasta en­
tonces desconocida. Llegó la hora, no
pude verla, no habia salido en todo el
dia de su habitación, a causa de una
fluxión que decían la aquejaba. Yo no
estuve tan jovial como otras veces, y me
atrage algunas ligeras reconvenciones de
mis contertulias que amenizaron con sá­
tiras ligeras. Ellas eran mas perspicaces
que yo: ellas veian mi corazón, habían
hecho observaciones, y deducieron a san­
gre fria lo que realmente pasaba. Retíre­
me mas temprano porque estaba distrai-

(«)-

tío, y sentia un peso que me abrumaba.
Comencé á sospechar lo que hasta en­
tonces no me habia ocupado ni un mo­
mento ; compadecía á Marta , deseaba
verla ; sentia un vivo interes por su suer­
te que creí identificada con la mia. De­
seaba entrar en esplicaciones, y al mis­
mo tiempo las temía : echaba de menos
mi natural tranquilidad, y sin embargo
en mi agitación hallaba un secreto pla­
cer que no podia definir. En aquel mo­
mento era incomprensible. Deseaba ver
á mi amigo, y deseaba también motivos
plausibles para dejar de verle. Sin saber
por qué temía su presencia , tcmia son­
rojarme á su vista, y sin ser criminal,
sin haber faltado un momento á mis de­
beres, sentia el remordimiento de los cul­
pables. Si estas sensaciones no eran de
amor, un esperto, por tales las habría
clasificado, y yo a fe no quería pene­
trarlas ni eludirlas. Padecia en verdad,
y sentia una causa desconocida hasta en­
tonces. ¿Por qué una pasión que es el
alma del universo, ha de ir mezclada con
tempestades tan azarosas? ¿ Por qué ge­
neralmente ha de ser devastadora en las
almas fuertes, y ha de causar mayor sen­
sación en las imaginaciones ardientes?
¿ Por qué por lo común han de ser des­
graciadas las primeras inclinaciones, y
rara vez se realiza el anhelo de los pri-

( 44 )

meros amores? Porque en mi sentir, cuan­
do no ha habido tempestades en la pri­
mavera de la vida , cuando las torm en­
tas no han disipado de la atmósfera los
vapores condensados por las lluvias del
invierno , el estío es fatal, y la natura­
leza sufre una dolencia que influye so­
bre todos los seres. La calma de las pa­
siones ha de ser precedida por las tem­
pestades; y estas son mas violentas á pro­
porción que las fibras y los nervios sean
mas sensibles. En la primera edad son
las pasiones mas vehementes pero no tan
durables; cuando la razón se halla mas
m adura, se establece la arm onía, y el
desarrollo se ha completado, es mas temi­
ble una pasión que por primera vez afec­
te el alma , halla mas resistencia es ver­
dad , deben ser mas violentas las sensa­
ciones para imprimir sus h u ellas; pero
estas son ya endebles, no es posible bor­
rarlas, y deciden completamente de la
suerte del que tuvo la desgracia de no
haberlas hasta entonces sentido.»
«A. los tres dias presentóme á Marta,
aquel desembarazo con que nos hablába­
mos desapareció, la reserva reemplazó á
la franqueza , y algunas furtivas miradas
que espresaban el estado de nuestros co­
razones: queria yo reconvenirme á mi
mismo por haber burlado la esperanza

(45)
de mi amigo; pero nunca íue amado,
ninguna esperanza le fue dada ¿y a mi?
tampoco. No tenia ya valor de despren­
derme de unos lazos que me presentaban
casi criminal, quise probarlo, hice mis
esfuerzos ; me torne débil, y el imperio
que hasta entonces habia obtenido sobro
mi corazón, decayó hasta el estremo de
ser esclavo sumiso de mi pasión. Astolfo!
Ya yo amaba.»
«No es de mi propósito entrar en los
detalles que mediaron, ni lo poco que
tuvimos que combatir para unir nuestros
corazones, ellos se comprendieron, se
miraron , se esplicaron y nosotros segui­
mos su torrente. Casi era feliz ; pues ya
no tenia remordimientos, abrí mi cora­
zón enteramente á Enrique , le di cuan­
tas satisfacciones pudiera exigir de un
amigo, le hice presente que en su obse­
quio sacrificarla mi pasión , si por este
medio alcanzaba que hiciese justicia á
mi inocencia : me lo prometió, mas mi
alucinamiento , y la embriaguez de mis
sentidos, no me dejaron enireveer el sar­
casmo que contenian sus convicciones, y
la sonrisa de la desesperación con que
las acompañaba.»
«No tardamos en convenir con Marta
Jos medios de nuestra unión. Su padre

(«)

la probaba, yo era libre, y las personas
con quienes tenia que consultar deseaban
solo que fuese feliz: los preparativos para
la boda se bacian con publicidad, y el pla­
zo estaba inmediato..... Todo se desvane­
ció en un momento. Furioso Enrique de
mi ventura , atribuyendo á mis arterias
la repulsa de su amada, poco cauto, me­
nos prudente, y yo demasiado desventura­
do, quiso tomar por los barbaros medios
de un reto la satisfacción de la creida
injuria ; las reflexiones que le hice fue­
ron inútiles, yo rehusaba derramar la
sangre de mi amigo; yo conservaba cier­
to apego á la vida , por la felicidad que
creia disfrutar en el seno del amor; pe­
ro el honor, esta invención mal entendi­
da de las leyes sociales, me hicieron pres­
cindir de los deberes..... Admití el reto,
se midieron nuestras armas, vencí, y es­
te vencimiento atrajo sobre mi el sello
fatal del infortunio. El lance lúe ruido­
so, los parientes de Enrique quisieron
vengarle y acudieron á las leyes ; mis
protectores no tuvieron ya poder, caye­
ron de la privanza; no pude defender­
me. Sufrí una prisión que hubiera ter­
minado con un fallo legal del que no
podia prometerme felicidad , ni la mano
ile Marta. Esta me aconsejó que huyera
si en algo estimaba su vida ; y entre otro
de los votos funestos que pronunció por

( 47 )
la conservación de la mia fue el mas fa­
tal para mi, encerrarse en un claustro.
Asi lo verificó al otro dia de haber deja­
do yo el castillo que me guardaba , des­
cendiendo de sus altos muros, para evi­
tar el compromiso de mis vigilantes
guardas.»
«Un momento de irreflexión formó
la desgracia de dos seres, que habrían
terminado su carrera practicando la vir­
tud en los deberes conyugales. El desti­
no, que no es otra cosa que el resultado
de nuestras pasiones, me condujo donde
menos esperaba.»
«Errante algunos dias quise saber no­
ticias de Marta, antes de emprender un
plan que fijase mi destino. Tenia un cer­
cano pariente con quien conservaba cor­
respondencia , cuyos consejos respetaba,
y con el cual tuve siempre una deferen­
cia filial, y este ocupaba un rango supe­
rior en la religión de que soy miembro.
Fui en su busca, me atrojé en sus bra­
zos, imploré su protección, le abrí mi
alma..... ¡Ay! era un sabio, un hombre
perspicaz ; conocedor del corazón huma­
no , sabia las flaquezas á que estamos
sometidos, se compadeció de mi suerte,
me consoló, me prestó un abrigo, me
cubrió con el manto de su protección , y

(Í8)

en su compañía gozaba mi seguridad las
mayores garantías. Trató mis dolencias
del corazón con la destreza de un médi­
co sabio, y si no consiguió curar sus alec­
ciones, previno al menos el modo de no
agravarlas, dejando al tiempo el cuida­
do radical de su cura.»
«Todas cuantas noticias adquirí de
Marta , me convencieron que se habia sa­
crificado para siem pre, conocía yo lo ir­
revocable que era en sus resoluciones, y
lo susceptible por su virtud ¿ inspiracio­
nes de personas que le merecieran el con­
cepto de piadosas. Estas la aconsejaron
que cortase nuestras relaciones, que in­
terpusiese una incomunicación absoluta
entre ella y yo, y que este era el único
medio de que Dios la perdonase de un
delito en que tenia la mayor parte. Crea­
ron escrúpulos en su pura conciencia,
destruyeron su físico, la fanatizaron en
fin, y cedió a cuanto de ella exigieron;
al paso mismo que conmigo cornelian la
felonía de engañarm e,suponiendo que se
liabia para siempre encerrado en un
claustro.»
«Apoderóse de mi la desesperación,
derram é copiosas lágrimas: y mi parien­
te conllevaba todos mis arrebatos. Hice
mil planes que destruía a los pocos mo-

( 19 )

me ntos de concebirlos. \a qucria partir
á los mares del Sur, y buscar entre sus
isleños una choza donde terminar mis
dias: ya caminaba á países estranjeros
en busca de la muerte: tan pronto esco­
gía un sepulcro entre los hielos del nor­
te , como en las abrasadas tierras de los
trópicos; en firi, llegué ¡hijo mió, lo
recuerdo con horror ! llegué basta que­
rer atentar á mis dias. Aquel anciano me
escuchaba , no me contradecía y me con­
solaba; sus consuelos llenos de unción y
de dulzura disipaban de algún modo mi
violenta desesperación: presentábame los
escollos en que iba á verme ; y mi ma­
yor contrario decia tenerlo yo en mi ima­
ginación y en mis pasiones. Combátelas,
me decia, y serás feliz, puedes serlo
adoptando nueva vida, puedes serlo si
borras de tu imaginación la perspectiva
halagüeña que de tu felicidad habías tra­
zado. Si Dios te hubiese arrebatado á tu
amada , si una dolencia natural la hu­
biese separado de tus brazos, y deforme
por la mano de la muerte, tu mismo la
hubieras acompañado basta la tumba, ¿te
revelaras contra la providencia? ¿La re­
signación no te hubiera consolado? ¿Fue­
ras el primer mortal aquejado de penas?
¿Cuál será el que se alabe de carecer ó
no haber esperimentado alguna ? Y sin
embargo: ahora que tus males han sido
tomo i.

4

(50)

labrados por tu mano, y que un crimen,
un crimen, si, un crimen horroroso á los
ojos de Dios y ele la ley por mas que eL
mundo necio lo consienta y apruebe, te
lia conducido á este estremo, ¿querrás
sancionarlo con otro aun mas odioso?
Vuelve en tí: vive si no para espiar tus
desvarios, al menos para bendecir á la
Providencia que te da lugar para que re­
cobres la razón, y puedas ser útil á
tus hermanos. Hijo mió: créeme , aun
puedes ser feliz , aun puedo presentarte
una copa de ventura, puedo ofrecerte la
seguridad , podré presentarte al mundo
como un hombre que infunda respeto:
podrás trabajar por los hombres , y po­
dras curarlos del mal de que tu adole­
ces , pues la esperiencia te liará aplicar
con tino los remedios. Descansa , ofréce­
me tranquilizarte, y mañana trataremos
de tu suerte. Piensa en que eres hombre,
y piensa en los deberes que al nacer te
impuso el Criador del universo.
«Sus reflexiones descendieron basta
mi corazón, y le aliviaron de cierto pe­
so. Por momentos aguardaba el d ia , y
una luz celeste disipó la tinieblas que
me ofuscaban, casi estaba en mi razón.
Mucho se alegró mi pariente de las bue­
nas disposiciones con que me presentaba.
Tu nombre, me dijo con mucha calma,

( 51 )
se halla proscrito; dos crímenes a la verreclaman tu cabeza, el primero fue fal­
tar a la ley , el segundo eludirla aban­
donando tus banderas; por ambos q u e ­
dará tu nombre infamado , y de nada
pudieran servirle tus servicios. Eres jo­
ven a u n , dotado de conocimientos; tus
talentos, tu esperiencia pueden no tan
solo ser útiles al estado y á la sociedad,
si que también á la religión: ella te lia
abierto su asilo , ella te lia consolado,
ella te lia recibido como un hijo escar­
riad o , ella te espera en sus brazos y con­
servará para ti una eterna predilección.
Si el falso principio del honor te hizo,
hollar las leyes de la n a tu ra le z a , el ver­
dadero honor te prescribe gratitud hacia
la religión que en vez de perseguirte ó
repelerte te acogió con un amor maternal
¿podras serla ingrato y desconocido? No:
tengo formada de tí muy buena opinión
para suponerte vicios tan detestables. Si
fueras menos virtuoso no habrías pade­
cido tanto, ni Dios te hubiese perdona­
d o ; pero en el dia ya has obtenido su
gracia , y te ofrece un sendero de flores
que te conduzca a su inmortal morada.
E lige; ó una vida errante llena de peli­
gros y compromisos, espuesta á malear
tu buen n a tu ra l, a maldecir la suerte, á
no ver jamas tu patria ; ó á reposar en
su seno con consideraciones y medios de

( 52 )

,

utilizarlos en favor de otros desgraciados
como tu, para librarlos de los males á
que la infelice humanidad se halla cspuesta por faltar á sus deberes. Me pa­
rece que la alternativa no es dudosa ; no
obstante, reflexiona, consulta tu corazón
y tu conciencia, y no ofrezcas lo que no
sepas cumplir.»
« Fuese al concluir estas palabras:
quedé por un momento sumergido en re­
flexiones, y como un curioso naturalista
que penetra en las sinuosidades de la
tierra , permanece en aquella lobreguez
con un hacha cuyo resplandor sofoca los
mefíticos vapores, sale de repente á la
luz, y su vista se halla herida del gran
foco que despide sin poder admitir su
beneficio si no gradualmente; de la pro­
pia manera me tuvieron suspenso algu­
nos minutos las palabras de mi amigo
sin poder conocer su valor sino por gra­
dos y á proporción que se disipaba la
impresión que en mi habían hecho. Vi
salvado el abismo que tanto me amena­
zaba , y ansioso de paz y felicidad corri
en su busca , me arrojé en sus brazos.
Soy vuestro! esclamé, disponed de mi,
me someto á todo : mi corazón lacerado
necesita tranquilidad , y en vuestro seno
la aguardo. El conocimiento ha ilumina­
do mi espíritu y os soy deudor de la vi-

.

(«)

da , conservádmela, conservndo mi vir­
tud. »

«Entró en los detalles de su proyecto:
gozaba de un favor inmenso en la corte,
que alcanzaba hasta el trono; los prime­
ros prelados de la nación y algunos estranjeros le honraban con su amistad.
Pertenecía á un estado á quien se atri­
buía el triunfo de una guerra desolado­
ra , la conservación del cetro para el mo­
narca que lo obtenía, y aun el venci­
miento del enemigo común. A los ruegos
y preces de los hombres de la religión,
á su influencia y esfuerzos se hallaban
sometidos los poderes de la monarquía;
por consiguiente sus ruegos eran manda­
tos que no se podian denegar ni dejar
de obedecer. A los pocos dias me halla­
ba no solo perdonado de los crímenes
que contra la sociedad había cometido,
si que la mas generosa regia resolución
me felicitaba por mi entrada en la reli­
gión , y la mas condecorada autoridad
de la provincia se tuvo por honrada en
presenciar mis votos. Préstelos solemne­
mente ; nuevas gracias y dispensas llo­
vieron sobre mi, por manera que al año
y algunos meses, gracias ai favor, y á
mi incesante estudio en las materias que
debía saber para mi nueva carrera, en­
tre en el sacerdocio, y mi persona era

( 54 )

respetada generalm ente, y buscada mi
sociedad con asiduo esmero. Hasta en­
tonces no supe la verdadera situación de
Marta. Habia desaparecido la brillantez
que la adornaba r era solo una m uger
vulgar á quien las penitencias y fanáti­
cos directores habian embrutecido en tér­
minos de padecer crueles vértigos que
liacian temer trastornasen su juicio. A
pesar de lodo , estaba tan arraigada eu
su alma la culpa de no poder desechar
mi memoria de su corazón , que no pu­
dieron reducirla que entrase religiosa.
No soy digna de postrarme a los pies del
señor y pedirle la gracia de ser su espo­
sa : no soy pu ra, no puedo desechar la
imagen de un mortal ; y de tal manera
seria infiel al Señor! ¡No quiero cargar
con nuevos crímenes ! Sin embargo , ofre­
ció separarse del mundo y observar en él
las reglas mas piadosas.»
«Obtuve al poco tiempo una comi­
sión honrosa é importante. Yo deseaba
m udar de clima , queria perfeccionarme
en mi nuevo estado, queria alejar obje­
tos demasiado caros á mi corazón , y po­
ner entre ellos y yo un espacio inmenso.
Los acontecimientos ocurridos en nues­
tras colonias habian relajado la discipli­
na del claustro, y el espíritu de inde­
pendencia llegaba hasta invadir los asi-

los de la penitencia. Comisionáronme
para una visita, revistióseme de faculta­
des omnímodas y con autorizaciones au­
gustas y santas. Mi misión hubiera podido
engreir á una alma nueva menos agota­
da por las penas: á ellas, pues, á mis
conocimientos, á mi natural predisposi­
ción, y á mi espíritu, fui deudor de una
elección que si no correspondía á todos
los deseos, evité grandes m ales, y mere­
cí á mi regreso las mas relevantes mues­
tras de cuan satisfechos quedaron mis
superiores y Jos gobiernos que me habian
nombrado. »
«Astolfo : aprende á conocer la espe­
cie humana. Aquel joven impetuoso que
si le hubieran dejado la v id a , habría
sido en cambio de arrastrarla ignominio­
samente sin honor y con las degradacio­
nes mas ignominiosas , lúe recibido con
consideraciones servilmente respetuosas
de muchos que no se hubieran dignado
dirigirm e otras veces la palabra : al mo­
narca mismo merecí particulares pruebas
de benevolencia. Mas cauto, empero, y
sabiendo dar á las fórmulas del m undo
el valor intrínseco que en si tienen, he
tenido bastante previsión para renunciar
las primeras prelacias de la orden, y los
cargos mas elevados de ella : á estas ho­
ras ceñiría una mitra si hubiera seguido

. que la( 5 fortuna
6)
el, camino
me trazaba;
pero he preferido la oscuridad , y á esta
convicción la han clasificado de modes­
tia , de virtud y de santidad; por mane­
ra , que me ha dado mayor considera­
ción y prestigio : la admisión tal vez
me acarreara animadversión, heridas fu­
nestas de los tiros de la envidia, disfa­
vor y ruina. He aqui los hombres en to­
dos los estados. Elegí esta casa por estar
inmediata á tu familia ; al regreso de mi
viage vi á Marta , la com padecí, conocí
su funesto estado y traté de curarla de
sus delirios: el afecto de un hermano
sustituyó á los deliquios de un amante;
y si no la curé del todo porque la fuera
nocivo y cruel , procuré rectificar su ra­
zón y lim piar su alma de los errores que
la atorm entaban: pero sin despojarla a b ­
solutamente de todos, por su propio bien
y por no aftctarla demasiado. »
«Tienes en mi un ejem plar de lo que
producen las pasiones. Esta historia pe­
regrina puede hacerte conocer los males
de que estamos rodeados en el m undo;
tu no le conoces. La naturaleza no ha
concluido en ti el desarrollo de todas
sus funciones. Medita detenidamente an­
tes de abrazar una carrera, las obliga­
ciones que ella te impone. Dueño de los
secretos del corazón de la mayor parte

(57)
de los seres que encierra este recinto y
otros; y otros innumerables he visto que
en el corazón humano hay uniformidad
tle inclinaciones, y que la madre común
imprimió sus huellas en todos sus hijos
con un mismo sello; que hizo casi igua­
les los efectos, mas ó menos sensibles,
según los temperamentos y la educación.
A mi corazón han llegado quejas ince­
santes , esfuerzos invencibles*, almas la­
ceradas han buscado remedio en mis
consejos, y en casi todos he leído el ar­
repentimiento y la desesperación por ha­
ber abrazado una carrera en una edad
juvenil que no podía concebir la estension del sacrificio. ¡ Cuánto perjurio,
cuán pocos votos se cumplen estricta­
mente ! Hijo mió: estuvieras horrorizado,
compadecieras á tus semejantes, y quizá
maldecerias tu error al profundizar los
corazones y sondear el abismo de excesos
que aquella impremeditación ha acar­
reado á seres que ahora observas con en­
vidia ; porque ves una calma aparente,
una serenidad fingida, una vocación y
resignación afectada. Y si de estos claus­
tros pasases á los que habitan las vírge­
nes , víctimas de iguales votos , si des­
cendiesen á tu corazón sus quejas, si le­
yeras su alma...., j Ay ! entonces huyeras
despavorido al ver como ducha el deber,
la complexión, y se resiste la naturaleza

,,

,,

( 58)

a las barbaras leyes que la contraria«,
la destruyen y presentan con un velo de­
forme que cubre su natural belleza, su
dulzura y su candor. Esta lucha conti­
nua de boy, m añana, y eternamente ha­
ce en lo general a las infelices víctimas
iracundas, vengativas é intolerantes para
con el resto de los mortales. El candor
es aparente, la virtud una máscara en­
gañosa con que- cubren deseos que les
atorm entan , las máximas de rígida mo­
ral una estudiada rutina que ni sienten
ni practican, y que a veces predican por
vengarse de la felicidad que en los tie­
rnas envidian..... No creas que este cua­
dro es exagerado , es demasiado ve­
raz por desgracia ; y ojala que el cielo
compadecido de la especie humana la
envie un remedio radical que la purgue
de los errores que la malean y destru­
yen. Sírvate esta pintura de espejo fiel
para que arregles tus resoluciones. Cerca
de seis años has pasado entre nosotros,
si eres observador, estudia los semblan­
tes de nuestros jóvenes y veras en ellos
trazada la mano de un infortunio se­
creto.»
Tales fueron las aventuras que se
dignó contarme el P. Gómez , y llama­
ron mi atención ; que me sugirieron va­
rias reflexiones y le tributé mayor vene-

(59)
ración y respeto. Ofrecíle meditar seria­
mente sobre cuanto me habia dicho acer­
ca de mi vocación, y en mi interior traté
de escudriñar y fondear á alguno de los
novicios con quien tenia mas frecuentes
relaciones.
Descansa amigo lector, que estas ob­
servaciones, y los resultados que tuvie­
ron serán materia de otro capítulo.

III.
DECIDOME A NO ABRAZAR EL ESTADO ECLE­
SIASTICO.^: ENTREVISTA CON MI T I O . — RE­
SULTADOS DE MIS OBSERVACIONES TARA UN
NUEVO ESTADO.— NUEVA CARRERA.

JEnla misma tarde me uní en el paseo

del monte sacro con el hermano Félix,
novicio, no de los mas modernos, que
por efecto de una dolencia que le aque­
jaba el pecho, y lo tenia algunos dias
en la enfermería , había conseguido al­
gunas horas de recreo. Casi todos me
m iraban con alguna deferencia por ser
el conductor de peticiones, frívolas por
supuesto, y el que interponía mis ruegos
para con el padre definidor para el perdon de alguna faltilla que á m enudo se
cometía en las reglas estrechas del novi­
ciado.
i

(Cl)

Pregunte* al bueno del hermanito por
su salud, y me contestó tristemente, ma­
nifestándome que no contaba vivir mu­
cho a consecuencia de la tristeza conti­
nua que le devoraba. Era la alegría mis­
ma cuando presté mis primeros votos;
apenas salido de la infancia , tanto me
ponderaron la vida religiosa, tantas ven­
tajas me pintaron en e lla , tal felicidad
y bienestar, que deseaba por momentos
vestir este hábito. Mi imaginación enton­
ces no se liabia lanzado en el camino
del porvenir, solo veia lo presente, ob­
servaba las consideraciones que obtenían
los religiosos de todo el pueblo, veia con
el respeto que en mi casa eran tratados
los que la frecuentaban. Considerábalos
contentos siempre y risueños, y envidia­
ba su estado feliz. Llegué aq u i, y si bien
no tengo un motivo de queja de mis
maestros, superiores y demas padres, ni
las reglas son tan austeras que puedan
atormentar á la juventud, siento un astío interior, una soledad, un no se qué
inesplicable. Cuando por las ventanas del
claustro contemplo en los dias festivos la
gente de la campiña que acude á nues­
tro templo, que miro a las jóvenes son­
reír candorosas al saludo jovial de los
labradores de su edad, y advierto en sus
miradas la alegria de la inteligencia ; dígome á mi mismo, son libres y ^son feli-

( 02 )

ces, se unirán con unos lazos tan sagra­
dos como los que á mi me unen a la re­
ligión y producirán otros seres: yo ni
puedo imitarlos ni acom pañarlos, estoysolo, siempre estaré solo, y solo cam ina­
ré al sepulcro. Esta consideración, Astolfo, me atormenta de continuo, y ator­
menta también mas ó menos a todos
nuestros hermanos. Dile algunos consue­
los que bien conocía eran estériles, pues
en su semblante se pintaban los efectos
de una lenta consunción, alim entada por
una imaginación ardiente y virtuosa ; la
virtud era su mayor mal. Le compadecí;
y casi en aquel acto hice formal resolu­
ción de no imitarle.
Fui consultando el interior de algu­
nos mas adultos, y no hallé sino en muy
pocos una verdadera vocación; y en es­
tos atribuía su conformidad á limitados
alcances, ó imprecocidad desús íacultadcs. Lo cierto es, que vi tam bién vicios,
y deducí que la naturaleza tan mal di­
rigida y cebada en la soledad los produ­
cía en algunos, que en el espacioso cam­
po del mundo hubieran dado otro giro
a las inclinaciones de aquellos seres con­
denados á sofocarlas. El resultado do mis
observaciones me convenció que yo no
habia nacido para un celibatismo volun­
tario; y si bien no sentia inclinaciones

(63)
que llamasen demasiado mi atención , tal
vez el sacrificio de ellas las hubiese he­
cho nacer y temia su vehemencia.
Resolvióte, pues, hablar á mi pro­
tector , revelarle el estado de mi alma y
suplicarle me diera sus consejos. Asi lo
hice al dia siguiente. Me dio algunas
palmaditas en el hombro, y me espresó
que asi lo había conocido ; y que por lo
mismo se creyó obligado a dilatar mi co­
razón , á entrar en esplicaciones, y ha­
cerme relación de sus infortunios para
evitarme un sacrificio del que algún dia
pudiera arrepentirme. Preciso es, pues,
continuó, pensar en colocarte y fijar tu
carrera. ¿ Has pensado en ello ? Posees
los elementos necesarios para emprender­
las todas, respecto á los conocimientos
preliminares que respectivamente requie­
ren : en ellas puedo encaminarte, y en­
señarte el camino, presentando en epí­
logo los deberes que abrazan. Te presen­
tare las ventajas y desventajas que pue­
dan ofrecerse; y el mas y menos tiempo
que puedas necesitar para acreditarte y
adquirir un nombre, pues en todas el
hombre oscuro es nulo, y el mediano po­
drá bien poco progresar á no valerse de
medios reprobados, ó ayudarle la fortu­
na, que como deidad ciega jamás sabe áquien prodiga sus favores.

(«*) ..

Solamente en la eclesiástica me ha­
bría estendido mucho mas en el caso de
haber tu insistido en ella; y te habría
hecho conocer que es solo para hombres
adultos, á no fijar otras leyes mas aná­
logas y en armonía con las de la natu­
raleza: ademas que...... Pero es in útil, y
aun fuera im prudente en tus pocos años
precederte en vaticinios, que sino me en­
gaño, el tiempo te aclarará y pondrá en
evidencia. Ciertamente que el P. Gómez
conocía el mundo y los sucesos, estudia­
ba el siglo, meditaba los acontecimientos
y formó corolarios curiosos que publica­
ré algún dia porque ha ofrecido legár­
melos. Vive aun, y es una alhaja. ¡Cuán­
to dieras, lector, por conocerle! Es el
hombre mas á propósito para desvanecen
errores. Perdona esta digresión que me
arranca el cariño y el entusiasmo que
me inspira mi protector y maestro.
Yo, padre mió , le dije, me estasiaba
cuando vd. contaba sus viages: conozco
que una vida sedentaria no me hiciera
bien , y si pudiese abrazar un estado que
ni fuera m ilitar, ni dependiera del foro,
no me sometiese á depender de un sala­
rio del gobierno, y me proporcionase ver
m undo, estudiar costum bres, y tratar al
hombre en todos los estados de la vida,
me hallaria en el elemento que mi razón
adopta.

Me place tu franqueza, m añana tra­
taremos de esto, me dijo, no hablemos
lioy de este particular, y con efecto ei
resto del dia y de la noche se pasó en
conversaciones generales. En el siguien­
te muy temprano vi entrar á mi buen
tio el anciano m arino, que se me olvidó
decir cumplió su palabra , y que en ei
estanque grande del convento naufraga­
ron mas de dos barcos de corcho con ve­
lamen y banderas, que el buen señor se
entretenia en labrarme ; y aun conserva­
ba uno de madera perfectamente deli­
neado y regular en sus proporciones, que
servia de adorno en una de las mesas de
la librería. Me abrazó cordialmente como
siempre. Ya me envió á decir el defini­
dor tu vocación , y hoy vengo á recibir
tus votos, me dijo lleno de alegría. Siem­
pre proveí que me reemplazarías en el
m undo en la mas noble ele las profesio­
nes; y á no haber dado en tan buenas
m anos, como en las de nuestro común y
antiguo amigo , habría robado á la na­
vegación un nuevo Colon que será la
envidia de su patria. Sobrino mió : no
hay que zozobrar , mantente firme y á
flor de agua, ponte á la capa y no te­
mas , las borrascas del mar se pasan mas
pronto que las de la vida , y navegar á
un largo es la delicia de un marino que
ye cam inar el bagel á su rumbo, partien»
TOMO i ,

5

( G6)
<lo su quilla las olas como cortas tu un
plato de natillas. Que nos dé de almor­
zar el bueno del hermanuco, daremos
inedia docena de bordadas en el jardín,
nos dará convoy el padre definidor, y
llegaremos, mediante Dios, con felicidad,
á nuestro puerto. ¡T ú , fraile! ¿fraile tú,
querido sobrino? no por cierto.... Bendi­
ga Dios, amen, al P. Gómez, merece ser
vicario general de la armada: á fe , á fe
que estuviera bien gobernado el estado
castrense, y habría mejores capellanes en
nuestros buques y departamentos. Pero
todo se acaba, y me parece que sobrará
en breve un monacillo para suministrar
el pasto espiritual á nuestra marina. Te­
nia el hombre tela larga que corlar sino
hubiese entrado el sub-prior , y no nos
hubiese conducido á la sala donde se nos
sirvió un abundante desayuno. Yo con­
cluí ya con Astoll’o , amigo mió: le dijo
á mi tio, me quiere abandonar: los mu­
ros de esta santa casa es bien corto es­
pacio para su genio, y lo entrego á vd.
para que le conduzca al anchuroso Océa­
no de limites desconocidos. Alli encon­
trará donde correr, y asi como yo le he
fijado reglas para conducirse en el ter­
reno del mundo, á vd. compete trazarlo
hases para poder surcar con seguridad
los niares. Si ambos llenamos nuestra mi­
sión , cumpliremos el encargo de sus pa-

( 67)

rientes y habremos llenado ambos los debeies de la amistad. El elige una carre­
ra activa que le proporcione viajar , no
encuentro otra mas propia que la marí­
tima : yo sentiré no tenerlo a mi lado, ó
al menos á mis inmediaciones; pero pre­
fiero su bien, y que siga el impulso de
su genio , toda vez que no sea opuesto a
sanos principios.
Salimos al jardín, y continuó el buen
padre. Con los bienes de su tia podre­
mos fijarle un c a p ita l, lo poco que al­
cance de sus padres, y lo que aum enten
los amigos y parientes pueden proporcio­
narle una independencia en el mundo,
para que en caso de un naufragio y pér­
dida de su pacotilla no quede exhausto
de recursos. Podrá navegar algunos años,
y si fatigado de luchar con los elemen­
tos quiere reposar, entonces imitando á
v d ., buen amigo, ó hará barcos de cor­
cho á sus hijos, si se casa y Dios se los
d a , ó como v d ., se entretendrá con sus
sobrinos en votar faluchos a los estan­
ques.
¡B ravo! esclamó mi tio , vale vd. un
imperio, padre definidor. Entremos en
examen. ¿Tu querrás ser guardia m ari­
no? Se practicaran las diligencias, y an­
tes de dos meses vestirás tu uniforme,

( 68)

ocuparás el camarote de una fragata
donde te enseñaran los nombres de los
x cabos y á encaram arte por la tabla de
jarcia basta los penóles.....= T io ! yo qui­
siera ser m arino , pero no m ilitar.=Cáspita! ¿y como podrás llegar a ser a Uni­
rán te ?= Es verdad, pero yo no quisiera
ser alm irante ; yo no rebuso servir a mi
patria, yo quiero serla ú til, pero sin ser­
la gravosa ; y yo juzgo que cuando un
ciudadano puede utilizar sus servicios en
beneficio de los demas , sin retribución,
ni salario, es mucho mas loable y hon­
roso.—Ya se ve: vd. le lia hecho leer
tanto que habla como un libro ; y dice
bien..... al cabo, al cabo hay tan pocos
buques que..... compañeros tengo yo que
hace cuarenta años que sirven, y no han
pasado del mando de un brulote. Pesada
carrera es en el dia...... Pero ¿qué pre­
tendes ? ¿ Ser capitán de un buque mer­
cante ?=S i, señor.=Pues para esto has de
estudiar el pilota ge, hacer tus campañas,
examinarte , emprender viages á Améri­
ca de simple piloto á fin de obtener el
cargo de un buque, para lo que ha de
preceder el favor de los armadores, si no
tienes caudal para mandar uno propio.=
Bien, estudiaré ei pilolage, pronto lo
aprenderé , no es para mi una ciencia
desconocida en teoría, pues he leido con
fruto y afición los libros de esta mate-

( 69)

iia.=Por esto el perillán andaba siempre
«á vueltas con mis libros elementales; y
desde que sabe las matemáticas y lo que
él llama filosofía , revolvía mis esferas,
mis instrumentos, mis cartas, y constan­
temente leyendo historias de viages y
descubrimientos, no dejaba descansar á
mis viejos compañeros Magallanes, Candish, Spilberg, Cowley , Anson, Biron,
Salazar , Mendoza, Quirós, Bougainville,
Ulloa, Cook , Laperouse y otros, cuya
colección fuera interminable.=Creo que
en breves dias podré presentarme á exa­
men y emprender mi primer campaña.
En aquel mismo quedó fijada mi re­
solución, y á los dos inmediatos debia
volver á mi casa, para que mi tio me exa­
minase lo que privadamente hubiese es­
tudiado, á fin de pasar á la capital de la
provincia donde debia hacerlo compe­
tentemente.
En los dos dias que permanecí con el
P. Gómez, le fui deudor de consejos y
advertencias que un padre no pudiera
haber dado con mayor detenimiento, me
despedí de él como si tuviera para con­
migo aquel respetable carácter, y del
resto de la comunidad con cordial afec­
to. ¡ Cuántos novicios y aun sacerdotes
jóvenes me envidiaban ! Leia en sus ojos

.(•O)

el mas puro sentim iento, y salí del con­
vento con lagrim as, y oprimido el cora­
zón por las víctimas y amigos que en él
me dejaba. En m i- casa me esperaban
iguales escenas de ternura, mi tia, débil
y estenuada, no sabia mi nueva resolu­
ción ni creyeron conveniente participár­
sela, pues tal vez abreviara el término
de sus dias. Le quedaban muy pocos co­
mo también á mi padre.
Em prendí con mi tio el estudio de
la náutica , en que me vio mas adelan­
tado que creia, en términos que fijó á
un mes el plazo de acompañarme él mis­
ino al examen, m ediante el favor y amis­
tad que conservaba con los gefes de ma­
rina , y la esperanza de hacer brillar á
su discípulo que podia presentarse con
satisfacción y desembarazo. Efectivamen­
te , llegó el dia, nos pusimos en marcha,
á los dos llegamos á nuestro destino y a
los ocho debía, ya exam inado, hacer mi
prim era campaña en un buque que pa­
saba á la Coruña. Hice mis ensayos con
tal aprovecham iento, saqué tan buen
fruto de mis observaciones y constante
aplicación ; que nada ignoraba de mi
nueva facultad á los seis meses de estar
continuam ente navegando en nuestras
costas, y solo me faltaba la esperiencia
que se adquiere en las largas navegacio­
nes del vasto Océano.

( 71 )
Proporcióneseme un vía ge á las An­
tillas, lo realicé en tres meses, redondo;
otro á las costas del Brasil, que hice
también con felicidad y éteme piloto de
altura a los dos años, y gracias á mis
muchas relaciones, buscado con ahinco
para encargarme de un buque. Armóse
en una de nuestras primeras plazas de
comercio una fragata que debia tocar á
las costas del mar del Sur y de allí pa­
sar á la India, habláronm e, y admití
gustoso porque uno de mis deseos era dar
la vuelta al mundo, y casi se me cumplia el deseo. Ajustóme de segundo, se
me hicieron ventajosas y lucrativas pro­
posiciones, y pasé á mi 'casa para hacer
todos mis aprestos, estábamos en el oto­
ño del año 1830, y á últimos de noviem­
bre debiamos hacernos á la vela.
Ya ves, querido lector , que en bre­
ve espacio te he hecho narración de mi
vida y juventud , y que hemos entrado
en el terreno que te ofrecí de mi largo
viaje. Lo fue en efecto mas que yo creia;
si tienes paciencia para seguirm e, y no
me consideras pesado en la descripción
de los sucesos , aguárdam e en Cádiz,
punto de partida, que no tardaré en lle­
gar, y en el próximo capítulo aparejare­
mos y emprenderemos el rumbo.

©©©©©©©©©e©©©©'©©©®©©©©©©©©®©©

IV.

VI AGE LARGO.— BU 1CVE RESUMEN DE EL HAS­
TA LA ENTRADA EN EL MAR DEL S U R .= T E M “
PE ST A D .=N A U FR A G tO .

i I a estamos en C ádiz,

ya he visitado
el bagel que debe conducirme á los
opuestos polos; le he examinado deteni­
damente ; he medido sus dimensiones, he
descendido hasta su construcción ; he cal­
culado su cargo, y en unión del coman­
dante y demás oficiales, hemos enmen­
dado los defectos que se le advirtieron
desde su salida del astillero hasta el
puerto de partida. Ya estamos corrientes,
y esperando que los cargadores finalicen
las formalidades correspondientes para
tirar la pieza de leva.


( 73 )
El 13 ele noviembre á las clos de la
tarde aparejamos de la bahía de Cádiz
con viento fresco: los primeros dias lo
tuvimos constante de oeste-nor-ocste bas­
tante fresco, de manera que el 23 avis­
tamos la isla de Hierro. Hicimos en esta
altura nuestras observaciones, corregimos
las estimas, nos sobrevinieron algunas
calmas, y el á de diciembre al medio
dia tomamos nuevo punto de partida. Al
tercer dia , el 8 , comenzaron á reinar
vientos fuertes, tuvimos una ligera ave­
ría que no impidió nuestra marcha, pe­
ro que nos hizo variar de rumbo y diri­
girlo á las costas del Brasil; mas el 20
de enero después del medio dia pasamos
la línea entre 27 y 28 grados de longi­
tud, y habiendo mejorado el tiempo, nos
dirigimos á las Malvinas. En esta travesia esperimentamos vientos variables de
nor-este al sud-oeste, mar gruesa y espe­
sa niebla. El 21 de febrero después del
medio dia empezamos á encontrar fondo,
el 23 no viendo tierra , aun cuando el
horizonte estaba despejado, y que según
nuestra estima debíamos hallarnos al es­
te de las Sebaldas , corrimos al oeste te­
miendo haber rebasado nuestro punto,
mas hallando los fondos del pais de los
patagones, nos afirmamos en nuestra di­
rección, viramos al este, y el 25 á las
tres de la larde descubrimos la tierra de

(11)
las islas Malvinas que teniamos al oeste
mas de diez leguas. Las corrientes nos
conducían á la costa de America , pero
el 27 á las seis de la tarde entramos en
la balda donde anclamos. Es bien públi­
ca la situación y estension de esta isla,
poblada por la Francia en 1764 y cedi­
da á España en abril de 1767. No atre­
viéndonos á entrar en el Océano Pacífi­
co sin recorrer el buque para librarlo de
las averías que pudiéramos correr en el
estrecho de M agallanes, rumbo que pre­
ferimos en vez de m ontar el cabo de Hor­
nos, nos detuvimos mas de un mes en
aquella isla. Nos habilitam os de provi­
siones frescas y el 11 de junio apareja­
mos para el cabo de las Vírgenes : nos
fue el tiempo bastante favorable. El 15
al salir el sol nos hallam os á su vista,
evitamos la tierra hasta no alcanzar la
latitud de 49 grados, el 16 la reconoci­
mos y pasamos al Sur del cabo unas sie­
te leguas de distancia. Desde el 19 que
ya veíamos la tierra del Fuego hasta el
17 no nos fue posible penetrar en el es­
trecho, en este dia se rompió nuestra inesana y dimos varias bordadas á fin de
envergarlo. El 18 penetramos en el ca­
nal y á las diez reconocimos el cabo de
Posesión, teniendo á la vista la tierra
del Fuego: tuvimos calm a, las corrientes
nos conducían sobre la costa, y habría-

(75)
mos caído sobre ella á no haber sobreve­
nido un viento bastante fresco que nos
hizo pasar el primer estrecho á las dos
horas, pero después de rebasarle , las
corrientes del Sur nos obligaron á dar
fondo en la bahía Bocolt. El 20 apareja­
mos gobernando a sud-este: el 21 hici­
mos poco cam ino, el 22 los vientos fue­
ron contrarios, sin embargo, refrescó un
momento , pasamos el segundo estrecho,
y al Norte de la isla de Santa Isabel di­
mos fondo permaneciendo detenidos tres
dias por la violencia del viento, granizo
y lluvia. Navegamos los dos siguientes
siempre con bordadas, pero ya al terce­
ro y en una ancha balda resguardada de
los vientos, dimos fondo para reparar
algunas averias y permanecimos en ella
todo el mes hasta mediados de julio. El
17 llovió sin interrupción, con un frió
tan intenso que apenas podíamos hacer
la m aniobras: sin em bargo, á las seis
salimos de la bahía á remolque, y luego
una brisa de nor-oeste nos condujo al
estrecho. Fondeamos durante el transito
varias veces, la ideve unas, el frió y el
agua otras, y el calor mas sofocante en
los intermedios, debe convencer á los
navegantes que elegimos la peor estación
para pasarle, y que la mas propia es
desde setiembre hasta marzo. No he tra­
tado de hacer la descripción de aquel

( 76 )
país árido siempre : su estension de unas
ciento veinte leguas, que graduamos des­
de el cabo de las Vírgenes hasta el cabo
rilares, nos costó setenta y cinco dias
de navegación.
Creiamos haber descansado de nues­
tras tareas mas peligrosas, las averias no
eran muy considerables, y el escorbuto
no habia hecho grandes estragos en la
tripulación, conservando algunos víveres
en buen estado, los suficientes hasta nues­
tra primer arribada. Como llevábamos
patente de nación neutral con los desidentes, nuestro pabellón iba seguro en
aquellos mares, llamados pacíficos por la
costumbre; pues si bien los vientos mas
constantes no producen tan horrorosas
tempestades, aquel elemento versátil es
igual á todos, y también se han sumer­
gido en sus embravecidas olas muchos
buques y millares de hombres.

,

Considerábame feliz al verme en aquel
inmenso Océano , que desplegaba á mi
genio la dulce esperanza de atravesarle.
Nuestra misión en las costas de la Amé­
rica septentrional no era de permanencia
muy larga, y tuvimos la felicidad de lle­
gar al puerto de la antigua capital del
Perú, donde pudimos descansar algunos
dias, reparar el buque, renovar los vi-

veres y preparar nuevos rumbos para ha­
cia aquellos mares que debían conducir­
nos al de la India, para uno de cuyos
puertos llevábamos comisiones de la ma­
yor importancia. Con que ansia esperaba
dejar las costas americanas, y un pais
que no presentaba a los ojos del obser­
vador sino un contraste mortífero de las
pasiones, ocasionado por la lucha de
hombres que anhelando ser libres no da«
han en los medios de conseguirlo: la sór­
dida ambición los preparaba de continuo
cadenas mas pesadas que las que arras­
traran por espacio de tres siglos. ¡O jalá
puedan ser felices! ¡O jalá consigan sa­
cudir el yugo de la esclavitud, y domi­
nar sus pasiones para establecer unas le­
yes normales que consoliden su paz,
abran á nuestro pabellón un libre acce­
so , y faciliten un comercio mutuo que
añude á los dos países con los lazos fra­
ternales de hermanados pueblos, unidos
por los vínculos de la sangre, de las cos­
tumbres, de la religión y del idioma.
Llegó el dia para mi afortunado de
recorrer nuevos países. Nuestra tripula­
ción estaba sana y animada , y solo tu­
vimos el sentimiento de haber perdido
an marinero. La salud y la alegría rei­
naban en nuestro buque, que aparejó el
iia 6 de noviembre, y fijamos el punto

(78)

de partida sobre las islas de San Ambro­
sio, á 200 leguas de las costas de Chile,
para desde ellas hacer nuestras observa­
ciones. Los primeros dias fueron felices,
sin otro contratiempo que la caida de un
hombre al agua que no pudimos salvar
por mas esfuerzos que hicimos, en razón
a que el mar estaba grueso y el viento
sumamente fresco.
Nos hallábam os a 27 grados y 7 mi­
nutos de latitud, y 104 y 12 de longitud
occidental, cuando comenzaron las cal-!
m as, la lluvia y los vientos del oeste:
diariam ente, poco después del medio dia, I
teníamos tronadas, pero estábamos muy,
lejos de temer el temporal que poco des­
pués esperim entam os, y del cual la P ro­
videncia me salvó milagrosamente. En la
m adrugada del 15 divisamos algunos pá­
jaros de aquellos que denotan la proxi­
midad de la tierra , y según mis calcu-i
los deberíamos estar 30 ó 40 leguas deí
unas islas que había fijado como punio¡
de mi rumbo. A las nueve veiamos á,(1
nuestro costado algunos montones de yer-|
ha marina que se desprende de las' cos-¡
las: la brisa de la mañana había cesa­
do, el mar conservaba, á pesar de la
calma del viento, un murmullo sordoj
al sol lo cubrían espesas nubes y la at­
mósfera estaba bastante cargada j todo

( .7 9 )

nos hacia presentir un próximo tempo­
ral. Recogimos nuestras velas , bajamos
los masteleros, recorrimos la maniobra y
tomamos cuantas precauciones nos pudie­
ran poner á cubierto de una desgracia;
¿ fin de presentar una írente serena á la
tempestad , y correr el temporal hacia
el rumbo que nos condujera. A lo lejos
se oian algunos truenos, las nubes se
iban amontonando sobre nuestras cabe­
zas, y el espacio de un inmenso orizonte estaba obstruido por el velo de una
niebla espesa que apenas permitía divi­
sar la maniobra del buque en su opuesta
banda: el mar seguia en sus murmullos,
las olas se engruesaban. ¡Jam ás he visto
un aspecto mas imponente y magestuoso!
Todos nos hallábamos sobre los puentes,
mirándonos en medio de un silencio pro­
fundo contemplando aquel contraste de
los elem entos, y esperando la solución
del problema que iba á resolverse en
breve..... Un rayo rasga el espacio, tras­
torna la naturaleza, nos deslum bra, en­
ciende la atmósfera y nos deja conster­
nados. Un horroroso trueno que produjo
el metéoro parecía el precursor del hun­
dimiento del universo,.... Esta fue la se­
ñal para desencadenarse todos los ele­
mentos. La cubierta se llenó de agua y
de granizo, las olas comprimiendo el
casco hacían rechinar sus trabazones, los

( 80)

mástiles se doblegaban y hacian m urm u­
rar al huracán que no esperaba hallar
en su solidez tan larga resistencia: no
gobernaba ya el timón , y amarrado éste
quedando la proa á la merced del vien­
to corria el buque á la ventura : los ma­
rineros consternados no tenian donde
guarecerse de los torrentes que descar­
gaban las nubes, que unidas á las salo­
bres olas que invadían la cubierta y ha­
bían trastornado gran parte de la obra
m u erta, nos tenia á todos esperando el
momento en que abriéndose quedáramos
envueltos entre aquellos montes de olas
que sin cesar pasaban sobre nuestras ca­
bezas...... L ector: preciso es haber nave­
gado para esperimentar los efectos que
produce una tempestad horrorosa en me­
dio del O céano, y su pintura varia se­
gún el físico del individuo. Yo no per­
día mi natural serenidad ; pero el aire
espeso impedia la respiración, y esta so­
lo percibía las sales de que estaba im­
pregnada la atmósfera. Una detonación,
por desgracia nacida en lo interior del
bagel, un grito general y una ola , un
monte entero con el mugido espantoso,
igual al que debe preceder á la destruc­
ción de nuestro frágil globo, acabó de
trastornarnos: bebí las amargas olas: pe­
netré en la oscuridad de los abismos,
huyó la luz de mis ojos, y dejé de exis­
tir.......

(81 )
Mi nueva vida , que tal debo llamar­
la, necesita un capítulo á parte: descan­
sa del susto, y prevente para leer pere­
grinas aventuras.

TOMO I.

6

V.

HALLOME

EN

UN

PA IS

H A BITA N TES.— LA
R O N .= P IN T U R A

D ESC ONO CID O. = S U S

A C O GI D A

QUE

ME

D IE­

D E A Q U E L P U E B L O . — AD *

M lR A C IO N .= FE N O M E N O .

1 1 o se cual fue mi suerte después del
fatal naufragio; no se el tiempo que tras­
currió, como me salvé, y por qué arca­
no de la Providencia me hallaba recos­
tado en una playa , estenuado en verdad,
agotadas mis fuerzas , y cual si saliera
de un pesado sueño. Levantéme : mis ves­
tidos estaban algo húmedos, estendí mis
miembros, y solo un entumecimiento ad­
vertí en las articulaciones muy semejado
al que se esperimenta después de una
larga marcha ó de algún cansancio ; por
lo demas, ni herida, ni la menor lesión
tenia mi cuerpo. Estendí la vista, y me

(83)
hallé en un pais ameno , bien cultivado,
florecientes los árboles cual si estuviéra­
mos en la primaveral estación; sin em­
bargo las plantas me eran desconocidas,
y los árboles que me rodeaban entera­
mente estraños á mis ojos. El mar estaba
tranquilo, bonancible, y divisaba algu­
nas velas á lo lejos; pero en la inmedia­
ción no observé el menor vestigio de
naufragio: por otra parte, según mis co­
nocimientos, mi estudio y las cartas de
aquellos mares, distábamos mucho de
tierra tan amena y cultivada , y de un
temple de temperamento como el que en
aquellos momentos esperimentaba. Acerqueme á un árbol, probé su fruta que
hallé de un gusto esquisito; me refrige­
ró y comí lo bastante para repararme
del desfallecimiento que sentia. Me subí
á una pequeña colina , y desde ella mi
vista se dilató hacia un pais inmenso que
)ne convenció ser parte de una isla , pues
no podia ser otra cosa, pero isla que no
hallaba en ninguno de mis derroteros de
estension tan dilatada, de un aspecto
tan encantador, ni de cultura como la
que pisaba. Creció mas mi admiración al
ver algunos edificios y poblaciones leja­
nas, que aun cuando estaban bastante
distantes no me dejaron duda pertene­
cían á un orden de arquitectura que des­
conocían los isleños del mar del Sur. Ca\

da vez era mayor mi admiración y no
podia volver en mi de la sorpresa.
Me dirijo hacia una de aquellas ha­
bitaciones; mi corazón palpitaba; las an­
gustias acrecían; hallábam e pobre y des­
valido en un clima tan lejos de mi pa­
tria ; y casi llegué a maldecir de mis in­
clinaciones por haberme reducido a un
estado tan precario y m iserable, en vez
del reposo y la tranquilidad que me ofre­
ciera otra carrera. GCual sera, decia en­
tre mi, la acogida que a estos naturales
les deba ? Si bien la cultura de eslas
cam piñas me indican el estado de civili­
zación de sus moradores; pero ¿no pu­
diera ser que algunas costumbres barba*
ras y atroces les indujera a sacrificar á
un mísero estrangero que el destino con­
duce a sus playas? ¿De qué me habria
servido evitar una muerte en cuyo seno
me hallaba, para sufrir otra mas cruel?
Kesuciiar para nuevos tormentos. Estas
y otras reflexiones a cual mas tristes iba
haciendo buscando el término de salir
de ansiedades..... ¡ Nueva sorpresa ! Con­
cluíase el sendero que desde la playa me
guiaba, y entro en un camino artificial
en el que veo impresas las huellas de la
civilización y de las artes en los carriles
que formaran los carruages al pasar: a
pocos pasos, otro motivo de admiración,

( 85)

un puente de no mal gusto unía el ca­
mino interceptado por un hondo barran­
co , y en una blanca piedra observo ca­
racteres que esculpiera una mano artista.
Con ansia me aproximo ; pero eran para
mi desconocidos; no obstante, hallé hom­
bres, decia yo enagenadode alegria, Va­
llé seres dotados de razón, amigos de
las artes; n o , no pueden ser salvages ni
feroces : los pueblos á quienes la cultu­
ra dio idea del bienestar son dulces y
apacibles, nunca podran complacerse en
derram ar la sangre inocente de un des­
graciado que llegue á pedirles la hospi­
talidad. Y aunque en las naciones mas
civilizadas suelen á veces las pasiones
hacer desconocer á los hombres todos los
principios de la naturaleza, llegando ob­
cecados hasta el estremo abom inable de
cometer mas escesos que los bárbaros
salvages antropófagos, es solo cuando el
genio mortífero de la guerra y las disen­
siones civiles arman á los hombres para
esterm inarse recíprocam ente: entonces su
ceguedad , su insaciable sed de sangre y
de venganza les embriaga con la copa
del delito, desconocen la moral y las
gratas sensaciones [que por su medio ha
cultivado el espíritu de los hombres. Es­
ta ligera reflexión «cabo de asegurarme,
y aunque bastante fatigado seguí un ca­
mino que si;i dada muy pronto me con_

(8G)

(ludria á una sociedad donde hallaría
paz en mi alm a, y un reposo de que ne­
cesitaba después de tantas angustias men­
tales.
En un prado artificial, en donde la lo­
zana yerba llegábame a la cintura, vi
como unas cincuenta cebras, tal me pa­
recieron por sus simétricos colores , aun­
que no tan irregulares en su íorrnacion
como las que había visto en algunos cu­
riosos gabinetes y en establecimientos
científicos de Europa. Aunque mucho
mayores, guardaban la proporción de los
hermosos caballos , y aquellos animales,
ni se sorprendieron, ni mi aproximación
les distrajo de sus pastos : convencióte
que estaban domesticadas, y que esta­
rían destinadas á el uso del hombre pa­
ra los mismos efectos que los caballos de
nuestro pais. Admirábame, em pero, no
ver hombre alguno, y hallar desierta la
campiña de gentes que la labrasen; no
debe parecerte estraño, amado lector,
algún tiempo después supe que aquel
dia era una fiesta nacional, en que los
habitantes descansaban sus fatigas en fa­
m iliares y públicos regocijos. Yo acelera­
ba el paso, y aunque rendido y casi ago­
tadas mis fuerzas me animaba la espe­
ranza de un próximo descanso. Me halla­
ba en la eminencia de una cuesta que

. ( 87)
formaba el camino, cuando divisé á unos
doscientos pasos y á la izquierda de él,
unos hombres, al parecer divertidos eu
algún juego, apresuro los mios, y al es­
tar próximo me observan y dirígense ha­
cia mi. No he vuelto á ver entre la cul­
ta Europa hombres mas bien formados:
yo , a pesar de tener una aventajada es­
tatura, les era muy inferior ; pero luego
hablaré de estas particularidades: hallá­
bame muy fatigado, mi espíritu padecia
y buscaba la tranquilidad. D ejad, lecto­
res que la consiga que ya llenaré vues­
tros deseos.

Rodeáronme, como dije antes, aque­
llos hombres que serian diez ó doce. No­
taba en ellos señales de sorpresa, hablá­
banme pero no comprendía su lengua ge:
valiente de las señas para pintarles mi
situación •. indiqueles como pude que
era víctima de una tempestad , que tba
en un b agel, que este había naufragado
y que el cielo me habia sin duda reser­
vado la vida para ser admirador de las
virtudes de un pueblo generoso y hospi­
tal ario: concluí suplicándoles me conce­
diesen su protección y me facilitasen al­
gún descanso. La vehemencia de mis ges­
ticulaciones, mis ojos que suplian todo
cuanto no pudieran espre«ar mis movi­
mientos , les decia mi snerte : obsarvé en

( 88) , .

todos ellos las seriales de la compasión,
y los sentimientos de la benevolencia; uno
tras de otro me abrazaron , diéronme un
pañuelo para que cubriese mi desnuda
cabeza , y me indicaron nos íbamos á
poner en camino. Demostreles entonces
con la hinchazón de mis pies y el ardor
de mi cabeza que no podia seguirles en
una cam inata larga , y uno de ellos sin
haber yo concluido mis accionados , se
habia desviado de sus compañeros, se di­
rigió hacia un bosquecillo, y le vi salir
con una cebra igual á las que habia vis­
to en los pastos , enjaezada, aunque de
un modo diverso al que yo conocia , y
me invitaron á que la montase : lo hice
con gentil denuedo á pesar de la agota­
ción de mis fuerzas; pues aquella ami­
gable recepción las habia anim ado, ó
por lo menos tranquilizado totalm ente
mi espíritu, deseando con una ansia, en
que tenia mayor parte la curiosidad , el
desenlace de aquellas aventuras; y aun
puedo asegurar, que en mi interior for­
mé el proyecto de hacer minuciosas ob­
servaciones para publicarlas algún dia.
Me creí en fin , un héroe de historia ; y
recorría en mi imagiacion las relaciones
«le cuantos viages habia leido , para de­
ducir semejanzas de situaciones iguales
á la mia.

(89)
Entramos nuevamente en el ancho
camino, dos de aquellos benéficos seres
lio se separaban de mi lado para soste­
nerme, porque veian mi abatimiento, y
el resto precedía nuestra marcha. Enton­
ces los pude observar detenidamente, y
no quiero diferir por mas tiempo la pro­
mesa de delinearlos con la esactitud que
me sea dable. Su estatura quizá escedia
á los seis pies castellanos , sus miembros
fornidos, su musculatura robusta : el co­
lor de su rostro, al paso que se conocía
no estaba á cubierto de las intemperies,
era blanco y sonrosado, los cabellos de
un castaño muy claro, y los ojos rasga­
dos y de un hermoso azul, algunos los
tenian también garzos. Su fisonomía era
bastante semejante á la de nuestros ha­
bitantes del norte de Europa , aunque
mas pronunciadas todas sus facciones: la
voz varonil y armoniosa, el dialecto in­
comprensible enteramente , pues aunque
algún tanto gutural no le hallaba analogia con ninguno délos idiomas para mi
conocidos. En su tra je reinaba la regulari­
dad y el aseo. Cubrían sus pies una especie
de borceguí muy ajustado, de una piel
bien adobada, un calzón ancho que lle­
gaba hasta el borceguí de tela, a mi pa­
recer de algodón , coa varias labores, y
uno como levita corto , ó bien camisa,
muy plegado a la cintura con una correa:

( 90)

ademas del efecto agradable que causaba,
y en que se echaba de ver alguna co­
quetería en lo ajustado, presentaba mar­
cadas todas las formas varoniles de los
brazos y espaldas, y la rectitud del cuer­
po. El cuello y ptcho iban descubiertos,
y algunas trenzas del cabello flotaban so­
bre él y las espaldas. En sus cabezas lle­
vaban una especie de sombrero muy
gracioso adornado de cintas. Todos estos
t.rages eran uniformes y no se diferencia­
ba entre sí sino por los colores mas ó me­
nos obscuros. Los que me escoltaban eran
jóvenes casi im birbes la mayor parte; pe­
ro en sus maneras se traslucía una educa­
ción no com ún; jovialidad si, pero muy
reservada, lo que atribuí a mi estado, y
para que yo no pudiera creer que insul­
taban á la desgracia.
Estábamos no muy distantes de un
edificio bastante grande, uno de los de­
lanteros corrió hacia él con una agilidad
adm irable que bien pronto le perdimos
de vista entre los vergeles : al atravesar
nnos jardines y huertas perfectamente
cultivados, entramos en un camino deli­
cioso que flanqueaban unos árboles muy
parecidos a nuestros álamos, aunque de
hojas mucho mas anchas, y tam bién mas
elevado; al estremo de esta alameda se
hallaba la portada del edificio. No tar-

( 91 )

damos mucho tiempo en ver salir de él
bastante gente; y no dudé que su obje­
to fuese el recibirnos. A pesar de mi se­
renidad el corazón palpitaba, no de te­
m or, porque este se había enteramente
disipado, sino por la ansiedad que me
inspiraba la suerte futura y los deseos de
saber donde me hallaba Me apearon con
bastante cuidado, porque habiéndose en­
tumecido mis miembros durante el corto
transito, apenas podía tenerme en pie,
dos de ellos me sostenian, llegamos al
círculo de seres que iban á prevenirme
la mas generosa hospitalidad.
Un anciano respetable, que infundía
veneración , se adelantó el primero al la­
do del joven que le dio el aviso; quise
postrarme á sus pies, y me recibió en
sus brazos. Aquella paternal acogida escitó mi llanto , llanto de sensibilidad que
no interpretaron de otro modo. En aquel
momento no fijé la atención en el resto
de la sociedad que era numerosa, y si­
guiendo al anciano entramos en el edifi­
cio, se me condujo á una estancia don­
de entraron muy pocos; me sirvieron
una bebida que me reanim ó, me reco­
mendaron el descanso, y efectivamente
se apoderó de mi un dulce y profundo
sueño no interrum pido por imágenes es­
pantosas ni desagradables; al contrario,

(.92 )
desplegó la fantasia á mi vista un largo
espacio de felicidad , que borraba todas
mis penas y trabajos: ciertamente, era
el precursor del que me previno el cielo
en un clima y en un mundo hasta ahora
desconocido, y cuyos rumbos me fuera
imposible señalar.
Yo no sé el tiempo que empleé en
tan delicioso sueño. Al despertar me ba­
ilé con un nuevo trage, igual al de mis
huéspedes. Mis sentidos se hallaban des­
pejados, y con un vigor que no hahia
esperi menta do hasta entonces, tales efec­
tos hahia producido c'l cansancio y el
reposo que le subsiguió. INo sabia la ho­
ra que era, ni en que altura se hallaba
el sol, pero calculé no habia muchas ho­
ras que hubiese amanecido. Abrí una
ventana, y registré mi aposento. Sus
muebles eran en todo diferentes á los de
Europa pero tcnian los mismos elementos
de comodidad , porque se componian de
sitiales de madera sin respaldo, muy
bien labrados, asientos de piel, de una
solidez que prometia una larga duración;
lina mesa de bruñido material de sus­
tancia muy sólida mas pesada que nues­
tra caoba , que desde luego inferí pro­
ducto de algún árbol, y su forma muy
semejante á las nuestras : el lecho era
mas b a jo, porque se componía de unos

(93)
colchones muy delgados, también de
piel , puestos sobre una especie de tari­
ma en declive que hacia innecesario el
uso de las almohadas: las cubiertas erau
de tela labrada, y el todo lo cubría una
especie de cortina tegida con unos fila­
mentos que desconocí, y de forma espi­
ral. También vi en la pared algunos cua­
dros de una pintura y dibujo muy in­
correctos y de peor gusto, cuyos asuntos
eran peregrinos al hombre que descono­
cía hasta la existencia de aquel pais.
El mismo joven que avisó al anciano
entró á los pocos momentos de haberme
levantado: en su festivo semblante leí la
satisfacción de verme en tan buen esta­
do, me abrazó con el mas cordial afecto
y me indicó por señas que le siguiera.
Hícelo asi , y pasamos cá otra estancia
donde se hallaba el huésped de la vís­
pera. Corrí a é l , le abracé , inclíneme
para demostrarle mi gratitud y darle á
entender que absolutamente dependía de
é l ; que mis fuerzas las podia emplear eu
su servicio, y que mi mayor gloria la
cifraría en considerarle como padre y
tributarle los respetos de un hijo, el mas
sumiso. Seguramente comprenderla uii
accionado. Se sonrió, me alargó la mano
que besé con transporte; tomó una mía,
la enlazó con la del joven , nos hizo

( 94)
ab ra z a r, puso sus manos sobre nuestras
cabezas y nos besó en la frente. Me en­
ternecí, y desde entonces no me quedó
duda que habia sido adoptado como h i­
jo de aquel respetable patriarca. Creime
transportado á la edad de oro, al siglo
patriarcal , á las primeras edades de la
vida, casi, casi abjuré de mi patria, tal
vez llegué á olvidarla algunos momen­
tos..... No me acuse el lector de ligereza.
Era muy crítica mi situación, y el cam­
bio de pocas boras, el tránsito desde la
tempestad á esta nueva ventura habían
cambiado mi ser y hallábame otro hom­
bre. Mi nuevo padre me significó si sa­
bia escribir, pues tal lo comprendí al
tornar un estilo de metal que estaba so­
bre una mesa y trazar en ella algunos
caracteres: pedíselo, señalé la palabra
gratitud , y tracé en seguida , con rapi­
dez y la mayor corrección posible , los
lincamientos del rostro venerable que te­
nia al frente. Sus ojos seguian con ad­
miración las líneas, y advertí su satis­
facción y sorpresa.
Se me olvidó decir al enum erar las
ciencias que yo poseía , de que fui deu­
dor al P. Gómez, que no fue el dibujo
en la que bice menos progresos , el lo
sabia con perfección , conservaba buenos
modelos, y el convento me facilitó obrüs

maestras donde imitar coloridos , adm ira­
bles formas, y las mejores reglas del ar­
te. Al concluir mi cabeza la examinó de­
tenidamente el anciano, y por sus accio­
nes comprendí su placer y lo lisongeado
que estaba con mi obra: señalé algunos
cuadros, toqué los colores, y le di a en­
tender que si me los facilitaran pudiera
dedicarme á trabajos que espresaran ini
laboriosidad. Inclinó la cabeza : habló
con mi nuevo hermano, salió, y entró á
poco rato con una matrona tan respeta­
ble como mi protector y dos mugeres jó­
venes : la primera , después de hablar con
el gefe de aquella familia me besó en la
frente también , y mandó á las jóvenes
que me abrazaran.
¡Lector! ¿Por qué en nuestro pais
no habíamos de volver á la edad de la
inocencia ? ¿ Por qué en nuestro pais no
debieran rectificarse las costumbres, me­
jo rar los hombres y gozar las dulzuras
de la edad felice antes que la curiosidad
de Pandora nos llenara la tierra de vi­
cios?.... Puedo asegurarte que después de
mis hermanas eran aquellas las primeras
jóvenes que estreché en mis brazos, y las
únicas tam bién que me inspiraron un
afecto igual al de las compañeras de mi
infancia. ¡ Cuán bellas e ra n ! Su talla
era elevada y magestuosa, esbelta y li-

( 96)

gera a la par , con un talle el mas gra­
cioso. Su rostro blanco, con aquella
mezcla de púrpura virginal que no han
podido imitar los pintores, sus ojos gran­
des y modestos de azul y oro , color que
solo ostenta el iris , y un gracejo y b ri­
llantez que los corazones esperim entan,
que fascina y turba al hombre mas au­
daz : su nariz, su boca, su hermosa den­
tadura , todo, todo inspiraba veneración,
afecto, am or, respeto, entusiasmo y
aquel arrebato de la virtud que la natu­
raleza imprimió en el sexo hermoso. Vi­
da y esperanza infundían aquellas jóve­
nes: cada una de ellas era un modelo de
perfección y un simulacro de dicha. Si
este concepto formé á |ía primera vista,
¡ cuál serán los encomios que deberé tri­
butarles al estudiar su carácter , cuando
conozca sus inclinaciones , cuando admi­
re su corazón , y me ele\e á sus puros
sentim ientos!
Hallóme ya en el seno de una fami­
lia que desconozco hasta sus nombres,
que ignoro su idioma, y sin embargo me
prodigan caricias fraternales. Aquella
escena sencilla y tierna me afectó dema­
siado, conociéronlo, y mi hermano me
condujo á ver la casa y los verjeles. Los
adornos de esta , presentaban para mi la
misma novedad que los del aposento,

(97))

aunque todos cómodos, y en algunos de
ellos se veian el estímulo de las artes;
los jardines ofrecían frutos opimos en un
terreno feraz y muy bien cultivado, aun
cuando sus producciones me fuesen estrañas. Hablábame mi guia , repetíam e
los nombres , que conservé en la memo­
ria muchos de ellos, sobre todo los pro­
pios de la familia ; mi bienechor se lla­
maba Adeb, E lind su esposa, Eácli A bi­
dé las dos jóvenes y Odobé mi querido
hermano, no tardó este en pronunciar el
de A s lo lfo , y al menos podíamos nom­
brarnos. Fijaba toda mi atención en rete­
ner los nombres mas generales, y en pocas
horas enriquecí mi memoria con algunos
de ellos. La comida fue abundante aun­
que frugal , frutas, vegetales , y bebidas
dulces con algunas pastas de esquisito
gusto y sólido alimento formaron el ban­
quete, á cuyo fin se celebró una ceremo­
nia, que me persuadí fuese religiosa por­
que todos se levantaron y m antuvieron
graves ínterin el padre común de la fa­
m ilia recitó algunas palabras, que por
su rima conocí que eran versos. Nin­
guna novedad ocurrió el resto de la ta r­
de ; pero al ponerse el sol un fenómeno
adm irable me llamó la atención, y me
tuvo algunos momentos reflexivo y asus­
tado.
El astro del dia caminaba á su ocaso
tono i.

7

( 98)

y se precipitaba como una inole de fue­
go detras de unos montes muy altos que
estarian unas doce leguas de nuestra -vi­
vienda. Al este se liabia levantado magestuosa la casta Diana en su plenilunio:
y al propio tiempo observé otra luna en
que no había fijado la atención durante
la luz del d ia , que estaba sobre nues­
tras cabezas con todos los signos de men­
guante. Quedóme absorto, repito: pre­
gunte é Odobé la causa de aquel fenó­
meno con una espresion tal de sorpresa,
que hubo de adm irarle, pero le vi tran­
quilo y como avezado a lo que tanta no­
vedad me causaba : me dijo el nombre
de aquellos planetas; y al llegar á casa,
sin duda se lo esplicaria á su padre quien
me presentó una esfera..... Querido lec­
tor : también deberás adm irarte : por su
estructura, y juzgué que aquellos hom­
bres deliraban y que un crasísimo error
les ocultaba las leyes de la astronomia,
ó nosotros éramos los engáñanos: vi en
efecto dos lunas y otros infinitos plane­
tas..... O aquella era otra esfera , ó yo
me hallaba en otro globo. Déjame exa­
m inar detenidamente el instrum ento que
tenia á mi vista, y en otro capítulo ve­
ras cuantos progresos hago en el idio­
ma de aquel pais, para que entremos
en materia de adm iración y tal vez de
envidia.

GOGGGGGGGGGGGG-GGGGGGGGGGGGGG9

VI.

CONOZCO

POR

MIS

ESTOY

EN

EL

HABI TABA

OBSERVACI ONES
MUNDO

OTRO

QUE

SUBLUNAR ,

PL ANE TA. =

NO

Y QUE

S E NAL ANME

MAESTRO P A R A A P R E N D E R LA LE NGUA D EL
F A I S . = P I N T O ALGUNOS LI ENZOS QUE M E R E ­
CEN

GENERAL

COMPRENDER

A DMI RACI ON. =
EL

IDIOMA.=MIS

P UEDO

YA

PRIMERAS

CONVERSACI ONES.

a o veia un globo pequeño rodeado de
esferas : yo notaba el camino del sol,
veia dos lunas con sus innumerables sa­
télites: yo me confundía, pedí una car­
ta , mapas y libros , pues no podían ca­
recer de ellos donde se hallaba el pri­
mero en un estado de conservación que
denotaba couocia su uso ; con efecto, en-

( 100 )
toáronme e n un gabinete e n riq u e c id o de
lib r o s , todos m a n u sc rito s, y vi en la p a ­
red a lg u n o s m a p a s, y un planisferio per­
fec ta m e nte marcado. Considérese mi sor­
presa al ver países y mares desconocidos
en una estension inmensa y mayor según
su e scala, q u e nuestro g lo b o : hice que
me s e ñ a la r a n el p u n to de nuestra situa­
ción , y pusieron el estilo en la costa de
un c o n tin e n te tres veces mayor que el en
q u e se b a ila n com prendidas el Asia , el
Africa y E uropa : y no p u d o ser errado
mi c a l c u l o , porque me hice espresar los
dias ó soles q u e cada grado de aquellos
contenia y los red u g e á leguas: como
formaba mis cálculos sobre una especie
de papel que al efecto me ha b ia n dado,
vine a d e d u c ir , sin género de d u d a , que
yo h a b ría caido en a q u e l pla n e ta , que
el cielo h a b r ía obrado a q u e l m ilagro por
u n a rc a n o de su incom prensible sabidu­
ría ; y q u e ya h a b r ia de ja d o de existir
p a ra mi p a tr ia ...... ¡ Con qué rapidez
o b r a b a n en mi im a gina c ión los cálculos
mas e s t r a v a g a n t e s ! ¿ S i h a b ré m u e rto ,
decía e n tre m i , y el destino de los hom ­
bres al d e ja r la am arga vida sea el tr á n ­
sito á uno de los millones de globos con
q u e el c r ia d o r e n riq u e c ió el inmenso es­
pacio del u n iv e rso ? ¿Si acaso mis v irtu ­
d e s , sin yo conocerlas, me h a b ía n hecho
m e re c e dor de o c u p a r un pais delicioso,

( 101 )

como podia tocarme un planeta de des­
venturas en el caso do haber sido un
perverso? ¿Si encontraré algún otro ha­
bitante de la tierra? ¿Dónde transm igra­
rán estos naturales? Luego ¿ la transmi­
gración de las almas se verifica con los
cuerpos? Pero el polvo que yo he visto
en los sepulcros, los huesos dispersos en
los osarios ! No : estas son quimeras. No
puede ser: yo deliro.. .. Este es un mila­
gro que conmigo se ha dignado obrar la
Providencia. Aprovechareme de él y pro­
curaré ser siempre virtuoso. Esta perse­
verancia la confesé de corazón, y duran­
te mi estancia en aquel pais no traspasé
este propósito. Aquella noche no dor­
mí con estas reflexiones, al siguiente dia
me levanté al amcnecer , salí al jard ín
para respirar un aire libre y refrescar mi
frente del calor que me agobiaba por
efecto de mis cavilaciones..... A la hora
de reunirnos la fam ilia, mi bienhechor
me presentó a Abidé , significándome que
seria mi maestra , esta venia provista con
el papel y un estilo ; me repitió varios
nombres cuyo sonido escribí para rete­
nerlos, y después me trazó un abeceda­
rio que me hizo pronunciar, y tam bién
escribí ; por este método que íbamos rec­
tificando a proporción que adelantába­
mos, hice tales progresos que se adm ira­
ban todos de mis adelantos ; en pocos

v
.
( 102 >
días pronunciaba la mayor parte de los
muebles y manjares, repetia trozos de
versos, y leia correctamente los nombres
que conocía , con los cuales combinaba
los otros : los caracteres eran en mayor
número que los nuestros, pues cada in­
terjección tenia su signo marcado.
Los ratos que no dedicaba á la lec­
ción y al estudio, lo empleaba en la pin­
tura , para la cual me proveyeron de to­
do lo necesario. Hice algunos caprichos
que miraban como obras maestras ; pero
comencé á retratar á mis benéficos bien­
hechores, en cuya semejanza trabajaba
mi corazón ayudado de la gratitud, é
inspirado por el cielo, me escedí á mi
mismo, y yo propio me admiraba de mi
obra. No cesaban de elogiarlos, y la fa­
milia , sus dependientes y algunas per­
sonas de aquella comarca, hacían viages
de algunas leguas para admirar la habi­
lidad del pintor.
Me adquirí un renombre, que hacia
mas lamoso el ingenio con que aprendía
el idioma : no muchos dias transcurrie­
ron para que me dejara entender, y co­
mo incesantemente trabajaba y estudia­
b a , y mi memoria era feliz, me hallé en
el estado de poder seguir una conversa­
ción , que aun cuando presente mas cor-

(103 )

recta que lo que lúe efectivam ente, pe­
ro en esencia no vario su sentido: la pre­
sentaré en forma de diálogo para juzgar
mejor de los sentimientos de los inter­
locutores.
Abidé. Deseaba pudieses ya compren­
derm e, querido herm ano, y yo á ti. Tu
desgracia, tu naufragio nos ha compa­
decida» , y nos interesamos por un ser
desventurado que llegó á pedir la hos­
pitalidad á nuestro respetable padre.
A slo lfo . Si, Abidé. Mi desgracia pu- '
do ser mayor , á no haber hallado tan
benéfica acogida.
Abidé, Tu p atria, ¿está muy lejos?
A slo lfo . Tan lejos que he perdido la
esperanza de volver á ella.
Abidé. Lo siento por tus padres y
herm anos: en cuanto á mi, me alegro,
porque podras enseñarme algunas cien­
cias.
A slo lfo . S i: herm ana mia : después
que lias sido mi maestra justo es que yo
retribuya tus cuidados. Pero dim e, ¿cual
es este pais, como se llama , que osten­
sión tiene , y como se divide ? Satisface

( 104)
mi curiosidad, y proporcióname luego
libros de su historia. ¿Tu sabrás su his­
toria, querida y amable Abidé?

ALidé. Ciertamente : mi padre procu­
ró instruirnos en ella, como hace todo
geí’e de familia en este pais ; y no hay
un solo habitante que la ignore. Noso»
tros ocupamos la I d o l a n , comarca del
Loudor , que pertenece á la nación Oldoaga. Mas de cien soles necesitarlas sin
interrupción para dar la vuelta á nues­
tro pais, que es una pequeña parte de
la gran tierra poblada de otros, que tie­
nen también sus comarcas y sus leyes.
Hay otros muchos que separan los mares,
y cuya clasificación veras en nuestros li­
bros, (alli les llamaban mas propiamente
recuerdos.)
A stolfo. Y en este pais, ¿hay gran­
des poblaciones , ó reuniones de habi­
tantes ?
Abidé. Sin duda. Desde aquella coli­
na, donde aun no has estado, veras al­
gunas pequeñas, otras mayores mas dis­
tantes: desde aquella otra recorrerán tus
ojos otras reuniones de edificios, y á dis­
tancia de dos soles hay una mayor que
todas estas, y á la de quince, otra aun
mas grande ocho veces, donde hemos es-

( 105 )

tado muchas temporadas con mi padre.
(No me quedó duda que aquel globo
estaba dividido por continentes, reinos,
provincias y distritos, y que todos ellos
tenian sus capitales.)
A slolfo. Y d i, sabia Abidé : ¿qué re­
ligión profesáis vosotros?
Abidé. La del cielo : no conocemos
otra : la del criador de la tierra , de los
mares , de los hombres y las plantas. An­
tes hubo otras, pero dice mi padre que
se mandaron precipitar al olvido, que­
mar los recuerdos que hablaban de ellas
para que no hubiese memoria , á conse­
cuencia de los males que originaran. No
me acuerdo yo de esta época, y creo no
habia nacido ; pero la recuerdan con hor­
ror los ancianos y diariamente alabamos
al cielo por habernos libertado de un
azote tan cruel, que por millares de mi­
llones de soles sembró la tierra de cadá­
veres y de desolación.
A stolfo. ¿ Donde están los templos;
donde sus ministros que dan culto á la
divinidad ; como se llama ésta ; cuales
son sus atributos, dónde se halla?
Abidé. S i, hay tem plos, ya veras al-

(1 0 p)
gunos. E n ellos se re c tific an las leyes, se
h a c e n los c o n tr a to s , y se a d m in istra la
ju stic ia : m inistros lo son todos los q u e
por. su edad y v irtu d e s son elegidos p a r a
u n a misión ta n sagrada. La d iv in id a d se
lla m a O e , que ta m b ié n significa todo:
sus a trib u to s son la ju sticia y la verd a d
reside en todas partes. A qui , en nu e stro
corazón está su p r in c ip a l residencia, to ­
do lo o c u p a , nos v e , nos o y e , d i r i ­
ge nuestras acc ione s, y por esto son re c ­
ta s. A ntes, ¡ a y A s t o l f o 1 antes e r a n ma­
los los m o rta le s, perversos. O e los te n ia
aba n d o n a d o s á su s u e r te , y por eso e r a n
infelices ; pero desde q ue vino á residir
e n tre los hom bres , todo es ventura, todo
felicidad, no p u d ie ra p e rm itir una acción
m a l a ...... Y ¿ la d iv in id a d de tu pais, no es,
esta misma?

,

A s t o l f o . Si, inocente y virtuosa A b i­
dé , es la misma ; pero no q u ie re n cono­
cerla todos los hom bres , com ercian con
su nom bre , son m uy desventurados); pero
yo la tengo en mi c o r a z ó n , asi como
t u .....
A b id é. ( A p lic a n d o su m ano sobre m i
corazón.) E f e c tiv a m e n t e , siento que se
m u e v e , la p ercivo, dam e tu m a n o , a p lí­
cala sobre el m ió : ¿ s ie n te s , sientes cual
p a lp ita ?....

t i r o)

Venid m oríales, y admirareis el san­
tuario del candor v las virtudes. Santua­
rio celestial, -sagrado , respetuoso y pro­
fundo....» Yo tenia mi mano sobre el co­
razón de una beldad , se hallaba aplica­
da sobre un seno palpitante que cubria
un sutil velo, temblaba mi mano y todo
mi cuerpo ; pero era el tem blor de las
sensaciones mas puras y augustas: pare­
cíame que tocaba á la divinidad , y que
aquel magestuoso tacto me deificaba. Cos­
tum bres de los ángeles! Solo puede vi­
virse feliz en su práctica! yo era mora­
dor del cielo sin duda, Abidé era mi cus­
todio, mi consolador , y la recompensa
del cielo por mis buenas obras...... Los
sentimientos mas religiosos me unian á
aquellos seres, en quienes advertía el
mismo candor ; y era tal mi ansia para
registrar los anales de aquel pueblo , é
identificarm e con ellos, que ya me ju z ­
gaba morador de la gloria , y casi tan
puro como los ángeles.
¿Preferirías lector, (perdona esta di­
gresión) preferirías te contase sensacio­
nes fuertes, lúgubres, tristes y sangrien­
tas que afectaran tu alm a? ¿quisieras
que el infortunio con su mano de hierro
trazara las líneas de esta historia y que
en vez de costumbres suaves, hiciera del
crim en un instrumento poderoso para sub-

. ,

(108)envilecerla,
..
yugar la virtud, para
y sem­
brar su tránsito de horrores y desolación
salpicando con sangre y venenos estas
paginas? N o, no lo esperes. Hagamos
dulce el sendero de la vida, sembrémos­
le de olorosas flores: presentemos im agi­
nes efectivas que encanten nuestras al­
mas y sentidos, ahuyentemos el crimen
y todos los vicios desastrosos que condu­
ce el genio del mal. Si nuestro corazón,
por desgracia , se inclina á fatales sensa­
ciones ; si está propenso al m al, rectifiquémosle con buenos ejem plos, hagá­
mosle conocer que no es mal cuanto so­
bre la tierra aparece , que hay muchos
bienes, y pueden serlo todos, si los hom­
bres quieren. Huyamos de las tempesta­
des de la vida , y busquemos la felicidad
en nosotros mismos. Perdona esta digre­
sión , alma de fuego ; fogosas las quisie­
ra todas ; porque las que mas participan
tle este elemento son las mejor dispuestas
al bien , á la virtud y á la ventura. Re­
corre el globo, hallarás muchas A bidés,
pero sepas respetarlas, no corrompas la
virtud , para obtenerla preciso es que
te identifiques con ella , y el modo que
se conserve p u ra , que tenga aquella fra­
gancia celestial que emana del cielo, es
que no la envuelvas en el polvo corrup­
tor del mundo, entonces, no será virtud
y desaparecerán las gracias que la embe-

( 109 )

llecian y encadenaban con los mas du l­
ces y deliciosos lazos.
Este tono declamador tal vez te pa­
rezca exagerado, y opuesto á las doctri­
nas mas generales del círculo social; pe­
ro reflexiona que me hallo en una esfe­
ra mucho mas elevada que la tu y a, en
otro planeta donde se desterraron los vi­
cios ; y al saber las delicias que te cuen­
te de é l, estoy seguro que me envidies y
me compadezcas por haberle dejado......
Sígueme al centro de mi nueva familia,
y si fueres legislador juzga de aquellas
leyes, y dime si pudieras apetecer otras
mas equitativas para tu patria.

VII.

IN ST R U Y O M E

EN

LA S

LEYES

EEL

P A IS .= C O -

M IENZA EL

ANCIANO LA H I S T O R I A . — I N T E R ­

RU P CIO N ES

agradables

tran

que

me

su m in is­

SUS C O S T U M B R E S . — M A TR IM O N ÍO .

C ^ o n s i d e r a m e haciendo tercio en las con­
versaciones de aquella virtuosa lamilia,
que el dulce nombre de hijo y hermano
me eran prodigados con la mejor a lec­
ción, y que yo devolvia el de padres con
la cordialidad mas pura. Hacíales enu­
meración de los países que habia recor­
rido , de las cosas mas notables y de las
diversas costumbres, todo les admiraba:
como leia ya regularmente, me propor­
cionaron libros y pude instruirme en su
legislación. ¡Cuán sencilla! No daba lu-

(

111 )

gar á interpretaciones, porque sus pre­
ceptos eran terminantes, y partian do
un origen , de la ley natural. Esta ley
indeleble, innata, escrita en nuestros co­
razones por la mano del supremo Ilacecedor, es universal y tan eterna como eL
autor de lo creado.
O e principio del universo, y el todo,
ama á sus criaturas, y estas por deber y
por instinto deben amarle, porque se
aman á si mismas; y como el conjunto
forma el todo indivisible, y de este nace
el amor, bay tal unidad en todas las
partes, que no pueden dejar de amarse
mutua y colectivamente. Los padres son
la materia de que se vale Dios para nues­
tra formación, y como obra suya media­
ta y origen del gran principio, son los
que le representan en lo visible; por
consiguiente deben ser amados con doble
carácter , como á criaturas con quienes
estamos ligados con el lazo fraternal, y
como representantes de la divinidad por
habernos producido: después del todo,
los padres obtienen la preferencia. O e es
el principio de la vida, nadie tiene de­
recho sobre ella ; usurpa los atributos
del criador quien quiera arrebatarla á
su hermano ó a si mismo , y este es arro­
jado del centro de la familia común, es
un monstruo que solo debe vivir entre

( 112 )

las fieras. Los brutos llenan sus necesi­
dades por instinto, pero son seres menos
perfectos que el h o m b re, y por esto ca­
recen del habla y desconocen los precep­
tos del criador; se devoran , se persiguen,
se ultrajan ; no tienen relaciones entre
si; no les une ningún parestenco ni ca­
riño , y en los actos de la propagación
solo siguen la necesidad del instinto ; no
asi el hombre. P ara llenar este deber,
busca una compañera, y ofrecen ambos
llegar á ser representantes de O e y reci­
b ir de él los seres que quiere procrear:
no siendo por su via salen monstruos que
devoran á sus padres, que no los respe­
tan y obedecen , que infringen la ley y
deben habitar entre las fieras. Las pro­
piedades son sagradas, y la industria las
acrece; tiene mas el que es mas aplica­
d o ; todo cuanto se obtiene sin trabajo
es un delito , y lo es por consiguiente
usurpar lo que ha adquirido su herma­
no. Este hombre no puede vivir entre
los demas ; una vez se le reprende con
d u lzu ra , la segunda se le afea el vicio,
á la tercera como incorregible debe h a­
b ita r entre los que se devoran entre si,
porque no están habituados en ningún
género de trabajo. La reputación de un
herm ano, la paz de una familia, el cré­
dito de un ciudadano, es propiedad sa­
grada que no debe m an cillarse, ni con

( 113 )

palabras ni con acciones: el que inter­
rumpe este orden es perjudicial, pudie­
ra ocasionar muchos males, y tiene que
partir á regiones lejanas.
Tales son los preceptos de la ley na­
tural de este país adm irable, y las leyes
civiles no son muchas mas: su código lo
aprende un niño en ocho dias. Como se
desconocen muchos delitos , no hay pe­
nas establecidas; como hay rigidez en la
aplicación , no se necesitan comentarios
ni glosadores para eludirlas ; por conse­
cuencia , tampoco son necesarios hombres
esclusivamente destinados a guardarlas,
aplicarlas, ni consultarlas. Todos son le­
gistas, y todos pueden ser jueces.
E l gefe de nuestra fam ilia, deseoso
de instruirm e, de hacerme útil é interio­
rizarm e en la historia de su pais, satis­
faciendo una curiosidad á que me veia
tan inclinado, ofreció relatárm ela estensam ente, y para ello me invitó a que pa­
sase algunos dias a su aposento, donde
á solas me instruirla en sus anales, por,
reputarse esta ciencia como un arcano,
en qiue no se iniciaba á todos los mor­
tales..
Hij<o m ió, me d ijo , este pais ha sido
corno» e l tuyo, víctima triste de las pat o jí io

i.

8

(

114 )

sienes humanas. Por fortuna hace mas de
cien años que hizosu regeneración moral
y polílica ; y desde entonces hemos pro­
curado que las generaciones venideras no
pudieran saber debilidades y crímenes de
sus mayores, para no hacer perder el
prestigio venerable que merecen sus ce­
nizas. Todos los anales de aquellas épo­
cas de desventura yacen en[el olvido, y la
tradición , a consecuencia de las actua­
les costumbres, jamas podrá ser tan des­
favorable cual lo fuera el testo. Los ejem­
plos perniciosos deben borrarse por la
influencia fatal que egercen sobre la de­
bilidad hum ana, por esto han desapare­
cido nuestros archivos ; el fárrago de li­
bros que contenian, y la m ultitud de
doctrinas con que se fascinaba á la m ul­
titud , predicadas por hombres perversos,
locuaces, y que empleaban sus talentos
para desmoralizarla. La propensión na­
tural del hombre á todo lo estraordinario haria prosélitos , y bien pronto esta
paz y buena armonia que tanto adm iras,
tornara en disturbios, en horrores y en
males , peores tal vez , que los que la­
mentamos.
No hagas uso de la historia que voy
á referirte , sino para aprender á ser cir­
cunspecto y no revelar la de tu pais : si
los encargados de velar por la conserva­
ción de la moral pública te sorprendie-

(

115 )

ran en revelaciones que puedan ofender*
la, serias eliminado de la sociedad, por­
que podías turbarla con doctrinas que
la eran nocivas. El cuerpo moral de la
sociedad es un enfermo delicado a quien
afectan las mas leves impresiones, cui­
dado es de los médicos evitar que las
perciban para no acrecentar las dolen­
cias, ó hacer ineíicaces los remedios. La
especie humana es igual en todos los
globos; toda salió de una misma mano,
toda tiene iguales propensiones. Toda ne­
cesita igual remedio. Solo será mas feliz
la que mas pronto le adopte. Torrentes
de sangre nos costó a nosotros conseguir­
lo ; por esto nos mostramos tan avaros de
ella , y tememos, ya que estamos convalescientes, recaer de nuevo en los mórbicos errores. Nunca es mas fácil ser víc­
tima de las pasiones que en la infancia
de la vida, nosotros no hemos llegado
aun , permanecemos todavía en la cuna
de nuestra sociedad, solo lactancia nos
alim enta, no hemos comenzado a esperim entar los alimentos fuertes, y nos va­
mos con tiento en sum inistrarlos, no sea
que su digestión sea difícil, y al llegar
á la edad en que influyan las pasiones
predisponga en el estómago, por sus per­
niciosas soles, náuseas y otras dolencias
que la m aten. Mañana comenzaré mi
narración.

.(06)

Llegó este día para mi tan ansiado,
y después de una breve pausa , me di­
jo : Nuestro globo es tan antiguo co­
mo el en que tu naciste, porque todos
fueron creados en un dia , y esta m áqui­
na universal no pudiera caminar sin to­
dos los resortes que le dan acción y mo­
vimiento. Todos son de un mismo Autor,
y éste con su potente y sabia mano los
dirige y conserva. Este en que habita­
mos es una parte, asi como el tuyo, muy
pequeña , de la gran máquina ; cada es­
trella es un m undo, y considera si á la
vista humana mas perspicaz, aunque vi­
viera centenares de años, le fuera dable
enumerarlos. Pues todos, hijo m ió, estan sujetos á las mismas vicisitudes, y á
las mismas leyes-, y todos vivirán tanto
como su Artífice.
Este pais tiene , según has calculado,
mayor estension que el tuyo, y no te en­
gañas. El solo continente que habitamos
es mayor que toda la superficie de la
tierra y mares de tu pequeño planeta.
Sin em bargo, hay otros, hay infinidad
de mares, hay islas inm ensas, y queda
mucho que descubrir : considera , pues,
cuantos pueblos encerrarla , cuantas cos­
tumbres, y que diversidad de ritos y opu
niones m ediarían en los climas opuestos
que comprenden sus zonas.

( 117)
Cada uno se gloriaba de poseer los
preceptos únicos y verdaderos de la re­
ligion. Cada cual se envanecía de haber­
la recibido de las manos del Dios verdar o : en un reducido espacio que apenas
gastarías dos soles en recorrerlo, halla­
bas contradiciones cronológicas acerca de
su antigüedad ; unos contaban la dura­
ción del mundo á un tiempo difícil de
enumerar, al paso que sus vecinos le da­
ban un principio mas reciente. Todos
pintaban a su Dios colérico, vengativo,
enemigo del hombre, y sujeto a las pa­
siones marcadas de predilección hacia
unas criaturas mas que á otras. Varias
veces le habían hecho descender á la
tierra en formas diversas : unos cual un
venerable anciano que instala al primer
hombre en un delicioso vergel , que le
duerme y luego le divicie para formar los
dos sexos. Otros como un ser cruel que
devora á sus hijos , aquellos le suponen
una feroz serpiente , éstos un cocodrilo,
quienes un buey, cual una paloma.....No
puedes figurarte los delirios que la ima­
ginación humana pudo suponer para
pintar á la divinidad. A esta misma dei­
dad creadora de todos los átomos, la su­
ponen de tan escaso poder que no puede
evitar el mal, y lo erige en principio
que dirige a las criaturas para contra­
riar , desobedecer y despreciar á su au-

(U8)

tor. Este mal, lo hacen genio inmortal,
susceptible á recibir formas , y adoptar
las que le dirige su antojo para comba­
tir al primer elemento de lo creado. El
mismo hacedor supremo tiene que com­
batirle, y en el cielo hacen comenzar
las guerras , antes que el instinto cruel
del hombre inventase las armas mortífe­
ras para destruir su especie. No te pare­
ce que semejantes precedentes debian
ser fatales á la humanidad , que imbui­
da esta en unos principios tan contrarios
a la misma naturaleza, sus resultados
deberían ser crueles? No habia una sola
página de la historia desde la creación
del mundo que no estuviera salpicada
en sangre: los primeros vivientes, las
obras primeras del Criador, fueron ya
imperfectas ; y no bien respiraron deso­
bedecieron al artífice. Los unos quieren
aspirar á su suprema ciencia, los otros
le roban un rayo.... Todos fueron casti­
gados, empero , del modo mas horroroso
é inaudito: condenólos á muerte, pero
lenta, cruel, con todas las agonías que
inventaran los mas odiosos tiranos.... Tal
eran los dioses que el capricho de los
humanos quiso trazar, tan mezquinos y
miserables como ellos: pintura deshon­
rosa a su dignidad , á su magestad au­
gusta , á su sagrada prepotencia. Juzga
tu que podían ser unos hombres educa-

i 1!9.)

dos por unos principios tan opuestos á
la moral, á la razón y á la naturaleza
misma ! Entretanto , el verdadero Dios
solo era adorado y acatado por unos
cuantos humanos, á quienes sus semejan­
tes perseguían como blasfemos, y arroja­
ban á las llamas y tormentos. Si los pre­
ceptos religiosos adolecían de un defecto
tan capital, ¿qué podían ser las leyes
sociales? otro mostruo, otro tegido de
contra principios tan perjudiciales como
el primero. Si los vicios se erigen en dei­
dades tutelares ¿cómo no habian de aca­
tarlos el frágil instinto y la inclinación
humana ? En un pueblo se preceptúa la
infinidad de mugeres para deleitar al
hombre voluptuoso, y en otro se prescri­
be el celibatismo como la vocación mas
perfecta. En aquel clima se levantan
templos á la lascivia , y se sacrifica en
sus aras al pudor, y en el vecino se obli­
ga á la naturaleza á sofocar sus leyes,
encerrando entre muros a la virgen para
inutilizar el objeto con que fue creada.
Todos los estreñios se miraban como su­
blimes; apenas se hallaba un medio. To­
dos estos errores los producia la lalacia
de los oráculos de la divinidad ¡ los
hombres iniciados en sus secretos, los
únicos con quien se dignaba familiari­
zarse. Estos eran los reguladores de ^
especie humana , los que recibían los in-

( l-’ O )

ciensos y el homenage del seducido pue*
blo: poder, v id a, honor, riquezas, has­
ta la lanza del im pertérrito guerrero se
hum illaba ante aquel poderoso prestigio
que infundía el ministro de la divini­
dad : como la suponian exaltada siempre,
siempre vengativa , para aplacarla la
ofrecían víctimas hum anas, y cuando faltap estas, talan y degüellan á naciones
enteras.
Llaman sin em bargo, á aquellos tiem­
pos los heroicos, y las edades mas ven­
turosas. La civilización no había desar­
rollado los principios de la ciencia, no
se habían hecho descubrim ientos, y las
artes en la infancia no pudieran produ­
cir los elementos posibles del bienestar;
con su desarrollo se crearon otras exi­
gencias, se comunicaron los pueblos, co­
marcas ignoradas fueron concurridas por
pueblos de la zona opuesta ; los móviles
del interes crearon la ambición y el an­
sia de dominarse: no habiendo motivos
plausibles, suscitan la religión, esplotan
este poderoso elemento , y á pretesto de
instruir y hacer reconocer al verdadero
Dios, m atan, roban, destruyen, y sus
ministros clasifican de héroes y coronan
cpn el triunfo a unos bandidos, ó unos
asesinos. Las recientes conquistas acre­
cientan necesidades, los hombres no se

( 121 )

contentan de dominar al bruto, si que
ansian someter al yugo al hombre mismo
y lo venden como á la bestia mas despre­
ciable : y para comprar hombres se ne­
cesitan mas riquezas. Preciso era, pues,
mudar las religiones, reformarlas y ad­
quirir cada cual una supremacía. Hom­
bres audaces, Uámanse enviados de Dios,
fascinan á otros miserables, engrosan el
número de creyentes, forman ejércitos,
y ensayan nuevos esterminios. No se con­
tentan los ministros de aquellos falsos
dioses en dominar los espíritus , aspiran
á otro dominio mas visible, tío quieren li­
mitarse á los templos, erigen palacios,
forman ejércitos y se hacen dueños tem­
porales y espirituales de los nacidos; y
gefes supremos de los demas hombres co­
mo enviados de Dios, como sus represen­
tantes y sus h¡j os predilectos. Otra cade­
na mas que se labran los mismos seres
que les obedecen. Astolfo, ¿para qué
enumerarte mas? este resumen te demues­
tra la corrupción general en que vacia
la especie humana , el vergonzoso error
que la arrastraba al menosprecio del
verdadero Dios, y el engañoso culto que
dedicaba a los falaces simulacros que
inventó la impostura y la maldad con so­
lo el objeto ele enriquecerse, y gozar lo­
dos los placeres.

( 122 )

Este compendio de la historia gene­
ral de este globo, puede darte una idea
de cual seria el estado de este continen­
te ; sin embargo, te tejeré la historia
mas moderna, para que te convenzas de
cuan justa fuera la revolución que hace
cien años mudó su aspecto, y la faz
de un pais cuya estension comprendía
mas de cien naciones diversas.
Esta población contaba unas cuantas
comarcas que mandaban gefes particula­
res ; sus rivales les tenían en continua
guerra , y sus súbditos apenas podían de­
dicarse a la labranza, todos eran guer­
reros, y no se conocía otra profesión que
la de las armas. Acababan de reconquis­
tar el pais á otra belicosa nación que to­
do lo subyugara, y que casi llegara á
dominar el globo ; los caudillos de las
tropas se erigieron en gefes de co­
marcas , establecieron leyes ; pero ¡ qué
leves, querido Astolfo! Un tegido de mons­
truosidades humanas: llamábanse libres,
como si pudiera haber libertad entre los
hombres que cifran todo su poder en la
fuerza : como si entre guerreros fuera
dable establecer aquella moral, aquella
libertad que se busca sobre costumbres
puras, inocentes y virtuosas: y estas
nunca las puede adquirir quien se ali­
menta con sangre , quien propende á la

( 123)
destrucción , quién se com place en im ­
poner á los otros el yugo de la opresión,
y no conoce otra ley que la Tuerza, y lo
que le impone el c a udillo que suele con­
d u c irle á la matanza. Y ¿ q u e r r á s c re e r
q ue los ministros de Dios eran ta m b ié n
gue rre ro s, y que desde el pie del ara
corrían al c o m b a te , y con las manos tin ­
tas a u n con enemiga sangre r e n d ía n pre­
ces a los dioses, a quienes lla m a ba n n ú ­
menes de p a z ? y , no creas que se t r a t a ­
se m uchas veces de naciones d iv id id a s
por los cultos; no, hombres acordes en
principios religiosos, de una misma c r e e n ­
c ia , de un distrito mism o, después de
u n a b a ta lla d a b a n gracias al cielo por
su victoria, y eran tanto mayores sus ho­
locaustos cuanto mas numerosos los ca­
d á v e re s enemigos que hubiesen sacrifica­
do., j B árbaros 1 ¡C ó m o podían con c e b ir
fu e r a n gratas al Autor del universo las
p r u e b a s de b a rb a rie ] ¡Cóm o pudiera la
justicia celestial m irar sin horror sa c r i­
ficadas sus c ria tu ra s, y d isp u ta r los seres
c u a l e r a mas c r u e l, c u a l mayores vícti­
mas habia inm olado a nom bre de un
Dios d e justicia , de paz y de ven tu ra !
A quellos frenéticos, e m p e ro , fanatizados
p o r sus sacerdotes, se creían venturosos
en p re se n ta r al tem plo las m a n c h a s d e l
crim e n , el corazón p a lp ita n te de un her­
m a n o , ó las e n tra ñ a s de una virgen q u e

(«*)

prefiriera la muerte á la violación. Pues
estos hombres, querido hijo mió , se en­
vanecían en llamarse libres, religiosos y
los de mayor virtud sobie la tierra. Con­
sidera si unas costumbres que resiste la
naturaleza, podian abrigar una sana mo­
ral, que es la que constituye la esencia
de los pueblos libres.
Muchos anos transcurrieron entre es­
ta lucha de pasiones, muchos gefes se
sucedían ; y como las costumbres no te­
nían un cimiento sólido, y la moral no
dirigía las acciones humanas, los males
iban en aumento, las venganzas y la am­
bición dominaban á la especie, y con­
quistadores mas audaces reemplazaban á
sus víctimas.
De unos climas á otros divagaban los
ejércitos de aquellos seres fanatizados:
de los abrasados terrenos roas próximos
al sol, volaban las hordas a los climas
glaciales en busca de sangre, de rique­
zas, de esclavos y conquistas: y desde
las mas heladas temperaturas caían sobre
las ardientes arenas enjambres de hom­
bres armados para hacer la guerra á puebl os indefensos. ¿Y qué protestos podian
objetar para acciones tan bárbaras? A
veces los mas frívolos. Millones de vícti­
mas, sacrificios de mil pueblos, y guer-

( 125 )
ras'de muchos años costara á veces la
posesión de un solo y vacio sepulcro que
decían haber pertenecido a un profeta,
y los sacerdotes de un Dios de paz acau­
dillaban las bandas, arrancaban de los
brazos de la esposa , del seno de sus hi­
jos, y del cultivo de las tierras al hom­
bre sencillo y virtuoso para conducirle
á los combates, para hacerle atravesar
paises inmensos, donde el hambre y la
peste, antes que la guerra, absorvian las
víctimas: las familias abandonadas y sin
apoyo quedando á la merced de la mi­
seria , crecían en los vicios, y en una
corrupción que formaran de este globo
una sentina de plagas las mas devasta­
doras....
Aqui llegaba el anciano cuando fui­
mos interrumpidos por dos jóvenes que
entraron con el resto de la familia. Ha­
bían pasado ambos de los cuatro lustros,
pero brillaban en sus rostros los colores
y gracias infantiles de la inocencia. Venian asidos de la mano y abrazaron al
anciano. Mañana cumplo el plazo que
faltaba para ser hombre, dijo el varón
agraciado, Amaré hace dias que termi­
nó el suyo para ser muger, y venimos
para anunciarte que nos acompañes á
que O e oiga nuestros votos y nos conce­
da la gracia de la paternidad. S i , hijos

. ( 156)

inios , mañana iremos a recibir del cielo
la mas sublime de sus gracias. Aqui tie­
nes dos jóvenes, dijo dirigiéndose a mi,
que han cumplido la edad que la ley
previene para enlazarse. Dabuié i que es
este gallardo mozo, ha cumplido el pla­
zo de veinte y seis años según el tiempo
de tu pais, y Amaré los veinte y cuatro.
La esperieneia nos ha enseñado en estos
climas que hasta este tiempo no ha he­
cho la naturaleza lodo el acrecimiento y
desarrollo en la especie humana, y por
lo mismo no se les conceptúa aptos para
la generación de seres robustos que man­
tengan la belleza de las hormas y el equi­
librio de todo el organismo humano.
Antes de este, tiempo, solo produjeran,
individuos débiles , enfermizos, y cuyo
sistema cerebral y legido muscular, ja­
mas fuera tan robusto como se necesita
para llegar al término final, sin dolen­
cias ni achaques. De este modo hasta los
cincuenta años son aptas nuestras mugeres para la concepción, y los hombres
de ochenta están aun ágiles para los
trabajos mas penosos de la agricultura.
Estos jóvenes lian obtenido el benepláci­
to de sus padres , que jamas se lo nie­
gan, son parientes muy cercanos, se han
educado juntos, y una misma moral bri­
lla en todas las acciones. \ como yo soy
el magistrado del car.ton por tres años,

( 127 )

debo sancionar la unión en la casa ma­
gistral, donde nos acompañarás mañana,
y luego celebraremos la unión como el
dia mas venturoso de la vida. Desde
aquel acto es ya Dabulé ciudadano, es
decir, hombre y miembro del cuerpo so­
cial ; tiene que desempeñar los cargos
que le pertenezcan ; si permaneciera cé­
libe , aun cuando tuviera mas edad, ja­
más se le considerara hombre , porque
este noble título solo corresponde al que
es apto para multiplicar su especie. En
fin , las demas ceremonias tpie lias de
presenciar te instruirán á íondo de nues­
tras costumbres.
Quedó estipulado que al amanecer
nos pondríamos en marcha , y como du­
rante el tiempo que permanecía entre
aquellos naturales no había presenciado
ninguna de sus ceremonias civiles ni re­
ligiosas, ansiaba iniciarme en ellas.
¿Qué rito observaban, pues, y qué
culto tributaban á la divinidad , estarás
entre ti diciendo? Algunos dias trans­
currieron hasta que pude observarlo. To­
do el culto esterior se reduce, á una
oración que recita el gefe de la familia
al concluirse la comida , hora en que se
hallan todos reunidos, y á las oraciones
parciales que cada individuo dirige al

«Tutor del universo la primera vez que
sale al dia al aire libre, levanta las ma­
nos y su mirada al cielo, y dice : «O e:
»aquí me tienes presente , yo procuraré
»seguir tus preceptos , amarle y amar á
»mis herm anos; encamina mi espíritu
vpara que sea yo siempre hombre de
»bien, a fin que mi nombre no se borre
»jamas del libvo de tus hijos. Todas las
»obras que haga durante el presente sol
»te las dedico. ¡Ojala que sean perfec»tas y dignas de tu gloria ! » Cada diez
dias era señalado para descanso de todas
las tareas, durante él se entregaban los
jóvenes á los regocijos , se unian los an­
cianos, se visitaban, y al declinar el sol
el elegido por su dignidad trienal, diri­
gía un discurso moral a la asamblea en
que el nombre de O e era siempre alaba­
do , recomendándose el trabajo , la vir­
tud , el respeto á las leyes, y el amor al
prógimo.
No dejarás, querido lector, de tener
muchos motivos de admiración en el
transcurso de esta historia: ciñámonos
por ahora á presenciar una de las fiestas
mas plausibles de aquellos habitantes y
la mas augusta en la naturaleza.
Llegó la aurora para mi tan deseada,
en el pórtico del edificio estaba prepa-

( 129 )

ratlo un anchuroso carro, tirado por cua­
tro robustas cebras y entoldado de una
m anera la mas cómoda , entramos en él
nuestros venerables padres y mis tres
hemiarios. No estará demás que te pinte
los trages de aquellas mugeres, por si el
capricho de la moda pudiera inspirarte
el im itar alguno. Un a justado calzado de
piel de brillantes colores, sobre un pié
mas blanco que el armiño : una especie
de pantalón que solo llegaba á la rodi­
lla , y una túnica abierta por delante
m uy ajustada á la cintura y recogida al
cuello, delineaba perfectamente todas
las formas de aquellos rectos cuerpos; un
m anto, que sabían usar con gracia , pren­
dido al hombro izquierdo, daba un nue­
vo realce a su esbelta y magestuosa ta­
lla : la cabeza iba descubierta, cayendo
ondulantes rizos sobre su pecho y espal­
da , ciñéndola una sencilla cin ta, la que
ornaban á veces con lrescas y olorosas
flores: los brazos iban descubiertos bas­
ta el hombro con unos braceletes hijoá
del capricho de las artes, que eran rnas
ó menos costosos segun la fortuna de la
inuger que los llevaba. En las m atronas
no se notaba otra diferencia que llevar
los brazos cubiertos, el pantalón, quo
asi le llamaremos, sujeto a la garganta
del pie, y la cabeza cubierta éon un ve­
lo que caia con mucha gracia sobre el
TOMO I.

9

( <30 )

hombro derecho. Los colores, el género
de los trages y su hechura mas ó menos
elegante, dependia siempre del gusto de
la m uger, propensa como en todas par­
tes al prurito de agradar y de ser am a­
ble : con solo la diferencia , que en
aquel planeta por efecto de su sencilla
educación, conservaban constantemente
el pudor hasta los últimos dias de su
vida.
Nuestra marcha fue feliz y risueña,
refiriendo las virtudes y gracias de los
que iban á ser esposos: contando los bie­
nes que debian poseer, porque todos los
parientes tenian que hacerles un regalo
proporcionado á sus haberes, con lo cual
el menos acomodado juntaba un capital
que unido á su trabajo, producía lo bas­
tante para llenar sus obligaciones.
Mas de una legua habríamos cami­
nado, cuando hallamos otro carro que
conducía a la familia de los esposos , y
estos elegantemente vestidos m ontaban
ambos una cebra graciosamente enjaeza­
da. Llegamos cuando el sol estaría en el
m eridiano a una magnífica rotunda eri­
gida sobre una colina plantada de árbo­
les y rodeada de jardines que la consti­
tuían el mas delicioso recinto. Este era
anchuroso, de una arquitectura magní-

( 131 )

íiea , y capaz tle contener mas de qui«
nientas personas, no tenia cúpula, y los
rayos del sol la penetraban, como tam­
bién el aire libre por entre las columnas
que la circundaban. Esta columnata cir­
cular tenia en lo interior una escalinata
de piedra para que se sentasen los espec­
tadores: en el centro babia también una
gran meseta circular con sus gradas de
piedra, que era el arca sobre que se ce­
lebraban las ceremonias. Debajo de esta
meseta babia una abertura hermética­
mente cerrada con una losa de piedra
que conducía á una subterránea habita­
ción, donde se conservaban los libros sa­
grados en que se escribían las actas de
toda la comarca. Aquel recinto era guar­
dado por un ministro á quien los veci­
nos retribuían con una pensión para el
cuidado de aquel templo. Tenia su ha­
bitación inmediata á é l, donde residía
con su familia. Este cargo vitalicio era
de suma consideración entre los habitan­
tes, cuyo nombramiento hacian estos en
favor siempre de persona digna de res­
peto y veneración por sus virtudes.
Este guarda del templo, que estaba
ya avisado, salió a recibirnos revestido
con su trage de ceremonia, reducido á
una túnica de lana blanca ceñida con
un cíngulo del mismo color, los cabellos

( 132 )

flotante» y una corona de siemprevivas.
Abrazó á mi amado bienhechor el
p rim ero, como magistrado de la com ar­
ca, en seguida a los demas que le acom­
pañam os, y los esposos permanecían en
el bosqueeillo inm ediato, pues no se p re ­
sentaban hasta cierto tiempo. Entró el
primero el m agistrado, siguióle el g uar­
da del edificio, y luego entramos los de­
más unidos a un concurso no poco n u ­
meroso que habla acudido á la ceremo­
nia : subióse el magistrado á la mesa de
piedra y dirigió un discurso breve a la
asamblea m anifestando, que Dabulé y
jamuré deseaban que O e les concediese
la gracia de la paternidad ; que ambos
eran llegados a la edad que la ley p re­
fijaba ; que eran aptos y robustos; que
no habian desmerecido del concepto de
sus hermanos, y que aguardaban de que
estos admitiesen con benevolencia á los
dos esposos. Los padres de Dabulé se
aproximaron á la meseta , levantaron las
manos y la vista al cielo, y dirigiéndose
en seguida al m agistrado, le dijeron:
Dabulé es nuestro hijo, es virtuoso, le
hemos enseñado los preceptos para llegar
a ser hovibre y a ser padre: sabe que tiene
que trabajar como todos los hijos de O e
para mantener a su esposa y a sus hijos,
aquella es de su elección, y espontanea-

( 133 )
mente la toma : nosotros los bendecimos,
Retiráronse en seguida, y de la propia
forma se aproximaron los padres de Antu­
ré , que dijeron: Amare es nuestra hija.
Suplica á O e que la permita ser madre.
Cumplió los soles que la ley previene,
es robusta y virtuosa , sabrá educar á sus
h ijos; la hemos instruido en sus deberes,
ama a Dabulé, su corazón le ha elegido,
nosotros los bendecimos. El concurso
prorrum pió en estas voces: son virtuosos,
pueden ser padres. También los bendigo
yo, dijo el m agistrado, que se presenten
y pronuncien su juramento.
E ntran llenos de jú b ilo , agarrados
por la mano ambos jóvenes, la asamblea
los saluda con un grito de alegría , só­
bense á la meseta , los abraza el magis­
trado , abrázam e en seguida, se arrodi­
l l a n , apoya cada una de sus manos so­
bre sus cabezas, levanta los ojos al cie­
lo , y esclama : O e : admite á estos dos
esposos, aumentaran tus glorias y las de­
licias de su patria. Siguióse por algunos
momentos un profundo silencio , y pro­
siguió: X nombre de O e ya sois esposos.
Dalnilé ya eres hombre: Amaré ya eres
m uger : tened hijos que se os parezcan.
Levantáronse y quedó consumada la ce­
remonia : todos los concurrentes les di­
mos la enhorabuena y abrazamos á los

( 134)

re c ie n esposos. El g u a rd a del tem plo sa­
có el lib ro sa g ra d o , inscribiéronse los
nom b re s de los consortes con su filiación,
firmólo el m a g istra d o , y q u e d a ro n te r ­
m in a d a s todas las d ilig e n c ia s , esponsales,
velaciones, a r r a s , cartas dótales y dem as
que usan en el m u n d o s u b lu n a r y que
ta n ta s veces se infrin g e n é invalidan.
E n uno de los bosquecillos estaba
prevenido el b a n q u e te n u p c ia l , del q ue
hic ie ro n los honores los recien desposa­
dos. En a q u e l mismo re c in to c a d a pa­
r ie n te les in d ic ó el regalo con q u e po­
d ía n co n ta r y constituía su patrim onio.
Los cantares , el baile y la mas c o m p le ­
ta alegria , sin una espresion q u e p u d ie ­
ra ofender el pu d o r donde las acciones
e ra n inocentes, term inó la función , u n a
de las mas a u g u sta s de la vida y q u e se
celebraba en el pais como p u d ie r a n los
antiguos u n triu n fo guerrero.
R etiráronse los c o n c u rre n tes y noso­
tros ta m b ié n , e sperando yo que h a g a s
tu otro t a n t o , q u e rid o le c to r, para q u e
continué el a nciano en el c a p ítu lo i n ­
m ediato la n a r ra c ió n que que d ó pen­
d ie n te .

VIII.

CONTINUA

MI

PROTECTOR

JUICIO

DE

UN

UNA F A M I L I A ,

SU

NARRACION.=

P L E I T O . ^ I NF ORTUNI O
FELIZ

DE

REMEDIO.

A l otro dia temprano estaba ya en el
cuarto del anciano para que continuase
su narración , haciéndolo en esta forma.
La mas profunda hipocresia reinaba en
este pais por espacio de muchos años,
bajo un gobierno paternal que engendra­
ba los mayores abusos; las artes y las
ciencias no habían podido hacer todos
los progresos de que era susceptible por
su feracidad y riqueza, porque otras co­
marcas vecinas mas civilizadas, se apro­
vechaban de la desidia de nuestros gefes

( 136 )
para sustraer nuestras riquezas. Los lla­
mados’ ministros del cielo, henchidos de
poder, nadando en la abundancia, do­
minaban hasta al gefe mismo del estado,
de quien eran los arbitros y legisladores.
El pueblo infeliz no tenia goce alguno,
los que rodeaban al poder le tenían es­
clavizado, y dueños de todo el pais, ca­
si todos los habitantes reducidos a la
servidumbre, dependían ó de ellos ó de
los ministros del culto.
La creencia religiosa estaba reducida
a una obligación fortuita, con tal rigor,
que era imposible dudarse de ella, a pe­
sar de los errores que contenia, sin esponcrse á la muerte ó los tormentos. Las
riquezas, la instrucción, el discurrir tejiian unas trabas tan ignominiosas, que
dependían absolutamente del querer de
los intérpretes del cieiow Los mas suntuo­
sos palacios les pertenecían , los mas fe­
races terrenos eran suyos, y un lujo y
una molicie escandalosa eran el patrimo­
nio de aquellos seres dedicados esclusi­
vamente, según sus aparentes institucio­
nes , a la caridad y a la modestia y po­
breza.
Esta clase tenia también un primitivo
gefe ó gran sacerdote, que ostentaba to­
do el lu jo y el poder de un ge fe tempo-

( 137 }

ra l, rodeado de una corte, habitando
magnífico* palacios, teniendo ejércitos á
.sus órdenes, y disponiendo de la suerte
universal de toóos los estados que com­
prendía este continente. El ponía y qui­
taba gefes a su arbitrio, y como VieeDios dec¡a tener facultades uel cielo mis­
mo gnu para esterm iuar al género huma­
no. üifp de estos, por sugestión de al­
gunos sacerdotes y prevaliéndose de un
gcfft débil y tim orato, estableció un tri­
bunal llamado de las iras celestes para
impío.,ner penas á los irreligiosos. En cor­
tos, soles.las íortuuas de millares de ha­
bitantes fueron á parar á inanos de este
tribunal y sus m inistros, pereciendo sus
lejítimos poseedores entre las torturas
ó la m iseria, en lejanos países, para
evitar la muerte mas horrorosa. Al paso
se establecieron también recompensas pa­
ra después de la m uerte, que se compra­
ban á precio de oro. Todos los crímenes
podían redimirse con aquel m etal, y es­
te purria á raudales para enriquecer á los
ministros de un Dios que deberia estar
horrorizado del vil monopolio que á su
nombre se ejercía.
De esta manera transcurrieron algu­
nos siglos de ignominia, hasta que ha­
brá unos cien años que en una comarca
vecina á la nuestra, no pudiendo sus

( 138)

habitantes resistir el yugo opresor, sacu­
diéronle con esfuerzos tan violentos que
repugna á la memoria enumerarlos.
El gefe de aquel estado, sus minis­
tros , los del culto, y hasta sus suntuo­
sos palacios fueron víctimas de la ira po­
pular. Inmoral ésta, sin principios esta­
bles y arrastrada por el solo instinto de
sus pasiones, se entregó á la venganza
de los males que la esclavitud le habia
ocasionado. Sin gefe el estado, sin leyes,
sin costum bres, ludibrios de la ambición,
se sucedían los tiranos , hasta que uno
mas audaz ó mas afortunado, reprimió el
torrente de los crím enes, ató el carro de
una sangrienta revolución, se nombró
gefe, estimuló el espíritu guerrero, for­
mó legiones y trató de conquistar el
universo; su genio especial le pudiera
haber conducido al apogeo de la gloria,
si la ambición no le hubiese obcecado.
Dictó algunas leyes justas y equitativas
en verdad, al paso que espedia otras
cual emanaciones de la mas inaudita tirania. Formó el plan de quitar á los gefes de todas las comarcas, quiso organi­
zar las leyes que en ellas regian , toma­
ba por pretesto el bien del pueblo ; pero
éste, en vez de encontrar el mas peque­
ño a liv io , compraba con su sangre las
coronas que el tirano universal amonto-

( 139)

naba sobre su cabeza, y cuyo peso debe­
ría sin duda abrumarle.
Este hombre infeliz, que estaba en
íntima amistad con el gefe que regia es­
tos estados, trató de dom inarlos, y lo
consiguiera tal vez, si el espíritu guer­
rero de los hombres de entonces no se
hubiera opuesto á tan odiosa tentativa.
Muchos años tuvieron que luchar para
defenderse del audaz guerrero, que te­
nia en su poder al gefe por quien el
pueblo hacia los mayores sacrificios. Este
pueblo, en fin, sacudió su poder, rom­
pió sus huestes, y huérfano y sin tener
quien le mandase, reunió ancianos que
dictasen leyes en armonía en lo posible
con las equitativas de la naturaleza. Ve­
rificáronlo , aunque no fueran tan per­
fecta entonces cual reclamaba el espíri­
tu del siglo. Muchos opositores, empero,
encontraron : los ministros del cielo,
aquellos hombres avezados á ser dueños
del sudor del pueblo, no podían consen­
tir que este fuese legislador y que se
sancionase un principio de igualdad in­
concuso según las leyes inm utables de la
naturaleza. Sometiéronse por el poder de
las circunstancias, destruyóse al tirano,
regresó el adorado gefe, obcecóle una
turba de aduladores, rodeáronle los ór­
ganos celestes, destruyó las leyes á las

( HO)

coales debía su conservación, su poder
v rango; y poco esperto en las lecciones
de la historia y del ejemplo de los acon­
tecimientos , instaló en su gracia á los
mismos que hacían gemir á los hombres,
se entregó á sus consejos, y la opresión
tornó á imperar después de mucha san­
gre vertida. Era la corle un hediondo
mercado, donde á vil precio se negocia­
ban las gracias y los empleos , la dela­
ción y la impostura ocupaban las prime­
ras gradas del trono , y la disipación y
las orgias eran el entretenimiento común
de los cortesanos.
El tribunal de las celestes iras fue
de nuevo instalado, y sus ministros no
pensaron desde entonces en juzgar deli­
tos religiosos, sino en inquirir otros, frí­
volos y especiosos, cuya clasificación les
daba su intención y antojo. La guerra
cruel había emancipado algunas colonias
de este pais situadas al opuesto polo, y
en vez de atraerlas con espíritu concilia­
dor, se declaró una nueva guerra quo
paralizó la industria , que obstruyó
el comercio, que aminoró la riqueza , os­
cilando la codicia estraña al aprovecha­
miento de la impolítica de nuestro go­
bierno. Incapaz este de conocer sus inte­
reses, y muy lejos su gefe de querer tra­
tados que si humillaban su dignidad re-

( 141 )

ilutan al menos en bien público, prefirió
a la conveniencia general seguir ios im­
pulsos de su amor propio, y estableció
un ejército numeroso para que fuese á
verter su sangre en abrasados climas y
por medio de amontonados cadáveres ven­
tilar un derecho precario , cuya esencia
y origen itabia sido un crim en.
Nueva interrupción sufrimos en la
narración de la historia , por la que me
convencí de la analogía que m ediaba
entre toda la raza hum ana. Ansiaba sin
em bargo, saber por qué medios habian
podido conseguir obtener al íin el triun­
fo sobre errores envejecidos y preocupa­
ciones arraigadas en ia sociedad.
Las tareas ordinarias del anciano y
sus cargos respetables, le impedían en­
tregarse todos los momentos que quería
á mi instrucción. Esta vez se paralizó la
historia para que ejerciera uno de los
cargos magistrales que le estaban enco­
m endados: iba d adm inistrar justicia, llogoine que presenciara el acto á fin de
discurrir sobre él después de realizado.
Los litigantes eran labradores de me­
diana edad, que con el modo mas a mical venían juntos á esponer sus respecti.
vos agravios para alcanzar justicia. Ef

( U2)

de mas anos liabló el primero: juez,
(lijóle á mi protector, pongo en noticia
de tu sabiduría que habrá nueve años
que le dije á mi vecino Oviday , que es­
ta presente, si necesitaba un terreno del
cultivo de tres soles que tenia junto á
mi heredad, y que solo estaba sembrado
de abrojos, el cual desde mi niñez habia
siempre visto inculto: mi amigo, deseo­
so de complacerme en un negocio que
ningún perjuicio le causaba, cedió á mi
demanda , permitiéndome desmontar el
terreno con la condición que al transcur­
rir diez años le retribuyera, ó á sus des­
cendientes, una parte del producto que
estipularan dos de nuestros vecinos mas
inmediatos: yo y mis hijos regamos con
nuestro sudor por espacio de muchos so­
les aquel áspero terreno , y transcurrie­
ron centenares de ellos hasta que pude
hacerle vegetar, sombrearle con algunos
árboles y hacerle dócil al arado: habrá
dos años que comenzó á dar algunos
frutos , y este último sobre todos , ha si­
do tan feraz que me ha indemnizado en
parte de los anticipados trabajos que en
él tenia empleados. No ha espirado aun
el término estipulado para contribuirle
en la parte que señalaron los vecinos, y
de la que como hombre estoy muy lejos
de apartarme. Habrá dos soles, empero,
que Oviday vino a verme diciendo que-

( 143 )

vía enagenar aquel terren o, porque sus
largas enfermedades y otras pérdidas le
tenian exhausto de recursos: preguntóle
el precio , y me lo pidió tan ex horb itante , cual vale el terreno en el dia , por
mi beneficiado á costa de tantos afanes ,
gastos y sudores. Contéstele se apartaba
de la razón y que en consecuencia de
nuestro contrato, si bien no podía impe­
dirle la enagenacion, tampoco debia pri­
varme del fruto de mis tareas, y que si
vendía el terreno á otro que no fuese yo,
no podria aquel percibir durante mi
vida mas que el fruto acordado por los
dos vecinos; á menos que yo por una in­
demnización no cediese todo el cultivo.
Esta es la relación que tengo que hacer­
te , y tu como buen ju ez, oyendo á Oviday, determ inarás lo que estimes justo.
C alló, y el juez ordenó al dem anda­
do que hablase. Damidon tiene razón en
lo que acaba de decirte, ju ez, dijo Oviday , mis necesidades son ciertas , hay
quien compre aquella parte de heredad
y quien me dé mayor precio. Damidon
prevalido del derecho que tiene á su cul­
tivo, ó pide demasiado por su indemni­
zación, ó me da poco por la venta, yo
deseo que tu te hagas cargo de nuestras
respectivas pretcnsiones y las juzgues.

( 1«)
Traéis promedia clores de vuestro liti­
gio, dijo el juez, ¿habéis discutido p ri­
meramente los dos solos eri la c úspide de
una colina para que ü c os viese, y lle­
gasen a su presencia vuestras razones, y
que la verdad las dirigiera? ¿Los prom ediadores, han podido arreglaros? He­
mos hecho cuanto nos preguntas, dijeron
á la vez los litigantes , pero no podemos
avenirnos , nuestro juicio es muy limita­
do, esperamos que el tuyo nos convenza.
Hizo entonces el juez entrar a los dos
testigos, repitieron á su presencia los
litigantes sus respectivas alegaciones : les
invitó nuevamente a la concordia , é in­
sistiendo que solo se sometían á su arbi­
trio , les interrogó del modo siguiente.
¿C uánto valia la heredad antes de
estar beneíiciada , y que Damidon la hu­
biese surcado con el arado ? responde
O viday: cien esterilles, dijo éste; cien
esterilles, íepitió Damidon y los dos pro­
mediadores. ¿ Cuanto valdra en el di»
Damidon y repitió el juez? Trescientos
esterilles, contestó aquel. Trescientos esterin es, respondió Oviday y los dos promediadores. ¿Cuánto pides, O viday, por
tu terreno? volvió a preguntar el juez.
Trescientos esterilles, contestó el último.
V tú ¿cuanto das, Damidon? Ciento cin­
cuenta. ¿ Juzgáis , promediadores, justa

(

145 )

la oferta y la demanda atendidas las cir*
eunstancias? No, ju ez, contestaron éstos,
y asi lo hemos hecho presente á nues­
tros dos hermanos: volvióse el juez á los
litigantes y les dijo: ¿suponéis en estos
vuestros herm anos, señalando á los ave­
nidores, algún espíritu de parcialidad
aunada entre ellos que pueda perjudica­
ros? ¿Los creeis hombres honrados y
dignos hermanos vuestros? Los creemos
virtuosos, dijeron los pleiteantes, y rcrposamos en tu conciencia y en las suyas.
Pues bien retiraos, dijo-el juez á Damir
don y Oviday, quedando conferenciando
con los dos arbitradores.
Reunidos los tres, dijo el magistra»
do, en mi opinion nadie mejor que Dar
midon pudiera quedarse con el campo,
toda vez que cuenta recursos para ello;
graduándole otros cuarenta años de vida
que su robustez ofrece , debe retribuir á
Oviday por su primitivo contrato una su­
ma bastante crecida, según los produc­
tos que confiesa rendirle la tierra, de
consiguiente, los ciento cincuenta esterines que ofrece, aunque parezca á pri­
mera vista corta porción relativam ente al
valor intrínseco de la heredad, es bastante;
ocúrrem e también que si Oviday hubiese
conservado esta en el estado yermo que
la tenia, no encontrara quien en el ¿lia.

Tono i,

10

(H6)
le diese por ella mas de los eien esteri­
nes ; por consiguiente, si atendida su si­
tuación perjudicásemos al nuevo cultiva­
dor en sus afanosos trabajos, seria una
injusticia. Damidon procede como buen
herm ano y paga mas que suficiente el
'valor del terreno ; deseoso sin embargo,
de no faltar á la justicia, quisiera mere­
ceros vuestra opinión para rectificar, en
caso, la mia antes de pronunciar el fa­
llo. Nos parece ju sta, respondieron los
avenidores ; porque si el nuevo cultiva­
dor hubiese comprado el campo antes de
cultivarle solo le hubiera costado cien
esterines , de consiguiente el mas valor
que tenga en el dia es capital propio
que en él ha em pleado, y los cincuenta
esterines que da ademas, es un beneficio
que Oviday no debiera nunca esperar
por el abandono en que lo tenia : unidos
de este modo los dictámenes del juez y
sus ¡dos asesores, mandaron entrar a las
partes que pleiteaban , se les hicieron es­
tas mismas reflexiones, á las que nada
tuvo que objetar el dueño del terreno y
se dio por contento del fallo y agradeci­
do a su vecino por el regalo que le ha­
cia de los cincuenta esterines, convenci­
d o , no habiendo aun llegado el plazo de
la retribución por la parte de las mejo­
ras. Allí mismo sancionaron la venta, re­
ducida á las siguientes palabras que se

( 147)
escribieron en el libro del magistrado,
• O viday , hijo de A lbet, residente en la
• comarca de Alvin, vende hoy, el vigési«nio sol de la época primaveral año qo»venta y uno del hombre, un campo de
• tres soles de cultivo, situado á la bañ­
ada solar de la colina Amiré con sus lí»mites señalados de piedra, en ciento
• cincuenta esterines que le ha dado Davmidon , hi jo de Qsmial , habitante deL
»mismo cantón.» Firmaron el magistra­
do y los cuatro presentes, que se retirayon bendiciendo al juez,

Miróme en seguida mi bienhechor, y
me dijo, ¿en tu pais, cual habría sido
el resultado de este juicio? Señor, le
respondí, como allí las costumbres no
son tan puras ni los litigantes de tan
buena fe , no responden tan esplícitamente á pesar del juramento con que va­
rias veces se hacen justificar los estre­
ñios. De aqui nace que para deducir ca­
da cual su derecho se hubieran valido
de un abogado, habrían tenido que pre­
sentar documentos legales de sus ante­
riores contratos, agrimensores estableci­
dos hubiesen medido y tasado el terre­
no , todas estas diligencias las habría
actuado un hombre público á quienes
las partes tuvieran que retribuir como á
los anteriores, con escesivos salarios : e|

(

148 )

juez habria también llevado los suyos, y
aun el papel que se empleara para es­
tas diligencias, que ascenderían á m u­
chísimas páginas, hubiese sido especial y
de un valor crecido. Aun cuando tuvie­
ra la misma term inación el contrato ú l­
timamente celebrado, contuviera la ma­
yor parte del proceso y los gastos , des­
pués de infinitos soles de ansiedad,
viages y sobresaltos continuos, absol­
verían una parte del valor del campo
que se litigaba. ¿Y cuantas personas, re­
plicó el anciano, interm ediarían en el
negocio? Contadlas, dije yo. Dos procu.
radores uno por cada parte, y dos abo­
gados, cuatro ; dos agrim ensores, y uno
en caso de discordia, siete; el ju e z , y
si no era letrado, su asesor, nueve; esto
en la suposición que no luera recusado:
el escribano diez, y si habia algunas re­
beldías habria de mediar un alguacil,
que eran ya once : en la suposición de
no conformarse las partes con la senten­
cia del prim er juez y apelar á un trib u ­
nal superior , pasaba la causa al admi­
nistrador de correos, y van doce ; éste la
entregaba á un conductor que la volvía
á entregar á otro adm inistrador, y este
á un cartero ó alguacil y son quince: la
recibia el fiscal de la audiencia y son
diez y seis ; este la entregaba al escriba­
no do cámara semanario y son diez y sie-

( 149 )
t e , el cual la entregaba al repartidor, y
este al actuario que correspondiera, y
ya ascienden á diez y nueve : el últi­
mo debia dar cuenta al trib u n a l, com­
puesto lo menos de cinco jueces que com­
ponen el número de veinte y cuatro; de
resultas de esta diligencia debia encar­
garse del proceso el relator para dar
cuenta de é l , y son veinte y cinco. He­
cha la relación por este último funciona­
rio y estimando los jueces que los liti­
gantes usasen de su derecho, otros nue­
vos cuatro individuos, dos procuradores
y dos abogados tenían que volver á re­
gistrar aquel espediente, y son veinte y
nueve ; presentados los alegatos si esti­
maba el tribunal oir el parecer del fis­
cal , lo pasaba á este , lo despachaba su
agente , y son treinta y uno; terminado
el negocio y sentenciado, lo tomaba un
tasador para regular los derechos, y son
cuarenta. Todos estos debe entenderse
que tienen sus honorarios, y absorven
una parte dtd capital que se litiga ; no
entrando en cuenta el nuevo número de
personas que habrían de intervenir si se
suplicase de esta última sentencia.
Sonrióse el anciano y me dijo , tam­
bién poco mas ó menos pasaba otro tan ­
to en nuestro globo, pero auri cuando
aquellos abusos tenían algún remedio,

( 150 )
tuvo este que ser muy lento, en razón á
que las clases de funcionarios que has
espresado, desempeñaban aquel cargo co­
mo una profesión de que dependía su
suerte y las de sus familias.
Todo gobierno debe procurar parti­
cularmente que las reformas radicales no
hieran á muchos individuos, porque el
remedio suele acrecentar el mal; en este
continente se estirparon estos abusos, se
estinguieron estos funcionarios ; pero en
nada se les perjudicó personalmente.
Siendo la justicia la base de la reforma
de Un gobierno, debe aplicarse con equi­
dad para traspasar el primordial princi­
pio, porque si la base se desquicia no
puede ser el edificio muy durable , y el
menor vaivén lo precipita. Prohibióse
por de pronto que ningún habitante em­
prendiera una carrera que debia elimi­
narse, los que iban faltando no se reem­
plazaban , y los que quedaban podian
muy bien subvenir, en medio de la len­
titud Con que se obraba , para aminorar
los emolumentos. Por ejemplo. La capi­
tal de este distrito contaba con doscien­
tos funcionarios de aquella clase , seña­
lóse el plazo de cinco años para la mo­
dificación de un sistema de administrar
la justicia: y durante este término con­
siderando la poca esperanza de progre-

(ISI )
»ar en aquella carrera, se separaron de
ella mas de cincuenta , m urieron otro*
tantos , y quedó á la m itad su número:
como no se estirpó totalm ente la fórmu­
la de juicios, y solo se redujo á una mi­
tad los ingresos por los trám ites estable­
cidos, resultó de aqui que los ciento no
padecieron disminución en los productos
que la facultad les redituab a, porque
desempeñaban el trabajo de los restan­
tes: y de esta m anera, de cinco en cin­
co años, resultó que á los veinte pudo
adoptarse una medida general, pues solo
quedaban unos treinta empleados que el
distrito mantuvo á su costa , dism inu­
yendo anualm ente su contribución por
los fallecimientos de los partícipes da
e lla , asi se verificó con otras clases que
debían ser reform adas, y á los cuarenta
años conoció el pueblo el grande benefi­
cio , sus ahorros, y la felicidad que les
ocasionaba la estirpacion de los males.
Pero si esto mismo se hubiese hecho do
una vez y en un solo d ia , ni se habrian
los beneficiados podido acostum brar ; ni
su corazón estimara el beneficio por la
afectación que la miseria de sus conciu­
dadanos arrojados de su bienestar debía
ocasionarles. Los mejores remedios son
mortíferos no aplicándose oportunam en­
te : un tósigo en diversas pociones cura
una enfermedad , y 6Í el paciente la to-

( 152 ) _
íftara ae una vez abrasaría sus entrañas-

y la muerte seria el resultado del poco
tino con que se le habia adm inistrado.
Lo mismo acontece con las enfermeda­
des políticas, adolecen de la misma gra­
vedad , y requieren método en los reme­
dios; sobre todo, gran cuidado en la conValescencia: el menor síntoma agraba el
Jhal, y si no permanece en la clase de
crónico mata al paciente.
Estas observaciones , y otras muchas
que conforme se tocaban las materias iba
aclarándom e el anciano , me parece po­
dran ser de utilidad á los que sin medi­
tación alaban ó vituperan , todas las me­
didas gubernativas sin profundizarlas:
pero á sü tiempo iré repitiendo las re­
flexiones de mi bienhechor para que se
pruebe al menos la posibilidad de cier­
tos actos que se juzgan imposibles.... Mas
volvamos á mi historia.
Absorvido estaba yo en estos dias,
cuando oí algunos lamentos en la habi­
tación esterior , salgo al momento, y h a­
llo consternadas á las m ugeres, señálanme la puerta , salgo á ella , y una luz
refulgente y estraordinaria me impuso
del suceso: una granja inmediata estaba
ardiendo, el poseedor era padre de una
numerosa fam ilia, encerraba en ella su

( 153 )

pequeña cosecha que formaba su tesoro.
No perdamos tiempo, dijo el magistrado,
corramos á salvar a nuestros hermanos.
Y toda la familia y sus dependientes
acudimos al incendio.
Llegamos en pocos minutos y presen­
ciamos la escena mas cruel, eran inúti­
les los remedios, las voraces llamas ha­
bían tomado el mayor incremento y muy
poco podia salvarse i el dueño de ello
azorado, rodeado de su familia que mi­
lagrosamente había podido salir del edi­
ficio, contemplaba con llorosos ojos la
pérdida de su fortuna. Observo en esto
que el voraz elemento no se habia inter­
nado aun en un ángulo de la casa, cu­
ya techumbre pertenecía intacta ; agar­
ro una hacha , penetro entre las llamas,
súbome por un muro que comunicaba al
techo, llamo á otros, me imitan, le des­
trozamos, cae este sobre el fuego, lo
comprime , lo sofoca , y en el interiu pu­
dimos salvar los aperos de labor y otros
muchos efectos preciosos para la infeliz
fam ilia: el mal sin dejar de serlo fue
menor, y todos me colmaban de bendi­
ciones por mi intrepidez en arrostrar un
peligro en obsequio de la humanidad
afligida. No hubo una sola persona que
no se esmerase en consolar á aquellos
desgraciados. Permanecimos hasta que

( 1 54 )
el incendio term inó, que fue al salir la
aurora; y el magistrado aplazó para el
siguiente al dueño de la granja con la
cuenta formal de cuanto hubiese per­
dido.
Volvimos á nuestra c a s a , y por el ca­
mino me refirió que todos los labradores
á proporción de sus haberes contribuían
cada cosecha con una parte de frutos
que se vendían , con lo cual se había
creado un fondo crecido de esterines y
almacenes en cada comarca de toda cía»
se de semillas para facilitarlas al labra­
dor en las malas cosechas, y para aten­
der á la siembra, y socorrerles en sus ne­
cesidades cuando nacian de causas im­
previstas. Estos fondos también cubrian
los gastos ocurridos por incendios, inun­
daciones, u ra c a n e s , tempestades y de­
mas plagas fortuitas; y de esta manera
contaban los agricultores con una pro­
tección propia , con un capital común,
que les consolaba de los años estériles.
Al siguiente dia se presentó el hombre
que había sufrido aquella desgracia con
la cuenta esacta del valor de su pérdida,
y de cuanto necesitaba para reparar su
arruinado edificio. Habíanse convocado
tam bién los tres prohombres elegidos pa­
ra adm inistrar y responder de aquello*

( 155 )

fondos , la exam inaron, y se le citó para
el siguiente á efecto de recibir su im­
porte, que se le entregó sin rebaja al­
guna.
Y si este hom bre, por un efecto de
ambición hubiese supuesto pérdidas ima­
ginarias, ó tal vez promovido el incen­
dio para reparar su fortuna perdida por
otras causas, dije yo al anciano, ¿no
fuera un abuso contra la credulidad y
buena fe? A mi entender su simple nota
debía ser mas detenidam ente examinada.
Estoy muy lejos de dudar de la probi­
dad de este honrado hom bre; pero en
obsequio de la beneficencia y justicia
misma , yo impusiera mayor circunspec­
ción en estos actos. Tienes razón, me d i­
jo mi escelente protector, estas precau­
ciones no estuvieran de mas en 'u n pais
viciado é inm oral, donde el dudar de
un hombre no es un agravio; pero aquí
se creyera ofendida la dignidad si se pu­
siese en duda la palabra de un habitan­
te; asi como el faltar á ella es lo sufi­
ciente para estar deshonrado y tener que
abandonar el pais, por no Ver borrado
su nombre del libro de los habitantes.
¿Creerás que en veinte años no ha ha­
bido mas que dos ejemplos de mala fe,
y los dias que se impuso el castigo esta-,
ba la comarca consternada como si abrí-

(

150 )

_

gara en ella una fiera sangrienta? Cuan­
to menos vulgares se hacen los castigos
son mas imponentes. Cien años atrás no
estaban libres las mieses en los campos,
y sin embargo los castigos eran diarios.
Abora que son raros son contemplados
com o un fenómeno. En otro tiempo el
mas sencillo contrato tenia que sancio­
narse á presencia de testigos y por ante
un hombre de la ley, y esta circunstan­
cia se consideraba tan trivial, que la ha­
cían los padres con los hijos y toda cla­
se de personas: y ¿en qué consistía el
establecim iento de esta fórm ula? en que
la probidad no residia en la tierra , en
que se dudaba de la palabra , y que las
mas íntimas relaciones, los lazos mas sa­
grados se m iraban en poco, y mas res­
petable y valedera una firma ante otros
hom bres, como la única garanda del tra­
to so cial, como salvaguardia de la in­
consecuencia y mala fe que reinaba en­
tre los hombres. Aqui tienes el efecto de
las costumbres. Si en el dia , por ejem­
plo, al estipular un contrato exigieses de
tu herm ano que lo presenciaran otros, y
lo garantizase con su firm a, se creería
altam ente insultado y m ancillada su dig­
nidad , bastaba para que se dudase de
ti, y se te reputara por un perverso. Tal
es la fuerza de la opinión, hijo mió. De­
ja que los hom bres no tengan mas eslí-

( »57 )
mulo que la h o n rad ez, aleja el crimen
y la duda de su vista, y serán buenos;
si los fam iliarizas con el m al no podran
menos de contagiarse. En otros tiempos
remotos, las penas precedían á ios d e li­
tos, y se a vezab a al hombre á oir conti­
nuamente horrores, su corazón se empe­
dernía , se vo lvia c r u e l , y miraba la vir­
tud como un prodigio. No te admires,
pues, de nuestras leyes. Este labrador
h abrá procurado ser esacto ; como no te­
nemos por que ocultar nuestras cosechas
y todos nuestros bienes porque los im­
puestos son llevaderos , se sabe a lo que
asciende el capital de cada h abitante, lo
que posee y ahorra , todo es p ú b lico , no
h a y motivo de ocultaciones , y la fran­
queza fraternal es el alma de nuestras
instituciones : el primer decenario se pon­
drá al p ú b l i c o la desgracia de nuestro
vecino , se fija rá su pérd id a, y á lo que
ha ascendido la r e p a r a c i ó n ; de consi­
guiente todos lo esaminan , y tienen de­
recho de fiscalizarlo por ser comunes los
fo n d o s; asi q u e , seria una impudencia
m uy espuesta acrecentar unas cuentas
qu e p u d ie ra n deshonrarlo para siempre:
y donde el honor es la prenda esencial
d el hombre, se tiene en gran estima para
esponerse a perderla.

Convenciéronme las razones del an-

( «58 )

eiano: y deseaba poder algún dia mejo->
rar las costumbres de mis compatriotas;
pero decia entre mi, si á estos seres, que
me parecen sobrenaturales les duró casi
un siglo la grande obra de su regenera­
ción, ¿cuántos deberían emplearse en el
mió , donde es un hábito la mala fe, y
un crimen ser virtuoso? Si te parece de­
masiado rígido mi ju ic io , amigo lector,
recorre la sociedad, y veras diariam ente
entronizado el delito: conócenlo los liom-i
bres, y sin embargo le respetan , porque
el prestigio de la grandeza y el poder
obscurece todos los vicios.
Cuantas veces habremos visto que un
funcionario ha conducido á un reo por
un crimen que él comete todos ios dias.
Cuántas veces un juez habrá fallado la
sentencia contra un culpable, acusado
de un delito que habrá el mismo juez
cometido de reciente; y cuán común ha
sido, por desgracia, imponer penas por
delitos de fraude, los mismos que se en­
riquecían con los seguros que les daban
los grandes defraudadores!
Mientras tales vicios imperen en la
sociedad , difíciles son las reformas re-¡
pentinas de costum bres; una mano de
hierro puede solo hacerla, solo el Omni*!
potente; y aun con el tiempo y reílexion.

IX.

P R O SI G U E

LA

N A R R A C I O N .— I N C I D E N C I A

S A G R A D A B L E . — UN

SUICIDIO. =

DE­

CONST ERN A-

CION G E N E R A L . — C E R E M O N IA R E L IG I O S A ,

^ J f u e d a m o s , querido Astolfo, á la vista
de un ejército numeroso destinado por
los consejeros impolíticos de nuestro gefe , á subyugar un pais colocado á un
polo opuesto, y en cuyo tránsito debía
la disenteria decenar la mayor parte. El
descontento y los abusos del poder su­
blevaron aquellos soldados, que pidieron
mesuradamente al gefe del estado que
adoptara una ley que en su ausencia se
liabia sancionado, y que creían le pusie-

(ICO).

ra a cubierto de la intriga , de la am bi­
ción y de perniciosos consejos. Aquella
ley, amigo mió, no era para tales hom­
bres, necesitaban muchos años de virtud
para gozarla, habia demasiados crímenes
para que imperase. El gefe, pues, cedió
a tan justas peticiones , dio el ejemplo
mas veraz, al parecer, de deferencia y
buena le , y la mandó observar impo­
niendo como im puso, severas penas á
quien no la cumpliese. Mas como por
desgracia tenia aquella ley muchos ene­
m igos, y los que cedieran al primer im­
pulso no lo verificaron de corazón, ellos
mismos armaron las manos fratricidas y
tornó á anegarse en sangre el pais1 que
no habia podido borrar au n , la que se
prodigara pocos años antes. La cabala y
ambición dominó á los hombres : el gefe del estado, poco religioso en su pala­
bra, débil , quizá en dcm asia, y seduci­
do por los m alvados, fomentó la lucha
civil; encarnizóse de nuevo, y en cua­
tro años se cometieron crímenes inaudi­
tos........ Olvidémoslos, querido Astolfo,
querian los pueblos ser mejores y consi­
guieron acostumbrarse á la m atanza: as­
piraban a la paz y encarnizaron la guer­
ra , ansiaban la justicia y hollaban sus
altares. Nada consiguieron , se hizo un
hábito del delito y el perjurio; una vir­

tud de la inconsecuencia ; y una gloria

( ÍGt ) .

Je la crueldad. Retrocedieron en el or­
den regular y moral mas de medio siglo;
la superstición crió nuevas raíces, la ven­
ganza adquirió riquezas nuevas, y el
pueblo con tales ejemplos Cfa mas cruel,
y mas esclavo.
Todo el continente ardía en guerra
intestina; las pasiones axaltadas querían
la felicidad, buscándola por opuestos ca­
minos ; aspiraban ser libres sin acertar en
los medios, buscaban la virtud con el
trage del crimen, y esta virgen celestial
huia en vista de aspectos tan desagrada­
bles; por esto no era fácil encontrarla ;que*rian reformar á los demas sin conocerse
á si mismos: y finalmente, anhelaban la
libertad queriendo encadenarse. Asi lo
consiguieron ; y vimos víctimas de la ti­
ranía á los mayores héroes , vimos com­
prar la sangre inocente a peso de oro, y
traficar á los que mandaban con las ca­
bezas de las víctimas, Y no juzgas up
bien que hubiésemos arrancado de la
vista de nuestros hijos unas páginas hor­
rorosas é inmorales de la historia del
hombre. ¿Qué habríamos conseguido cori
hacerla pública ? Nuestros padres, hu­
biésemos dicho, fueron unos malvados,
y ¿deberemos por esto maldecirlos, y
odiar su memoria ? Habria sido un pre­
cedente fatal; y al educar á nuesirps
tomo

i.

H

( 162 )

inocentes hijos, inculcándoles el buen
ejem plo, dijeran, ¿y vosotros, por qué
dejasteis de seguir el de los vuestros?
Decirles que habían sido perniciosos y
que por esto no los habíamos obedecido era
un contra principio inm oral y opuesto á
la naturaleza misma. Mejor es, pues,
acordaron los sabios legisladores, borrar
la tradición y en lo sucesivo no se pre­
senten sino buenos ejemplos.
H ablaism e, señor, de un tiempo casi
en contacto con la época de vuestra re­
generación; y siendo asi que las costum­
bres habían llegado al apogeo de la cor­
ru pción, que no había moral , y que la
virtud se consideraba peregrina entre los
hombres, solo puedo creer que un m ila­
gro del Altísimo pudiera obrar semejan­
te revolución. ¿Y quién lo duda? prosi­
guió el anciano, solo el Autor del uni­
verso podía hacer una obra tan magnífi­
ca é inesperada , solo á él como padre
universal le era dado influir en el cora­
ron del hom bre, solo él pudo obrar en
el corazón hum ano para convencerle de
sus errores. La parte de esta historia es
la mas interesante. Los mismos hombres
cuyas pasiones mas vehem entes, cuya
ambición habia conducido al colmo de
la desmoralización, fueron los primeros
que buscaron la virtud. Conocieron su»

(lf,3) _ _
errores, porque O e habló a su corazón,
vieron la suma de males en que habían
precipitado al pueblo y estaban ellos
mismos sumidos. Viéronse en un caos de
vicios donde debían perecéf rodeados de
llanto y maldiciones, atormentados por
la reconvención , por la amarga queja y
revoloteando incesantemente en torno su­
yo las sombras desventuradas que habian
sacrificado. Entonces es cuando O e de­
terminó regenerar la especie humana;
contuvo el resorte de las pasiones, y di-,
jo: reformemos al hombre, hagámosle
feliz a su pesar, avranqucmosle del ge?>
men de la vida las sales mef ticas que
ocasionaban sus dolencias morales: ilu­
minémosle , y quedó hecho ; un destello
celestial de su aureola penetró en el co­
razón humano, y este comenzó á \er
porque se disiparon las nubes del error
que ocultaban la verdad. Desde entonces
ya no fue difícil emprenderlo todo, se
obraba con ayuda del Altísimo, y á su
omnipotente poder nada se resiste. For­
máronse las leyes políticas sobre el tipo
de la ley natural; no se consideró á otro
padre universal que á O e mismo, los
hombres se miraron como hermanos , el
principio de igualdad natural era la pri­
mera ley social , como lo es de la natu­
raleza ; y la regeneración se iba hacien­
do por sí misma porque no habia oposb

(<■«.*)

clon , no habla obstáculos, desaparecie­
ron las pasiones criminales, imperaba la
virtud , y solo el nombre de O e era aca­
tado como el del supremo legislador. Con­
venciéronse los humanos de su impoten­
cia para legislar , y que en vez de for­
mar leyes solo creaban monstruos ; por­
que las separaban de la ley indeleble es­
crita en nuestros corazones que era la
ley de O e , tan antigua como el hombre.
Entonces, querido Astolfo, cambió la
faz del mundo, brillaba la alegría , ternpinó la guerra , los mayores enemigos
se llamaban hermanos , cesaron las odio­
sas denominaciones que causaron su rui­
na y enemistad, y solo se llamaban hijos
del padre universal. Ellos mismos al di­
siparse el error maldecían las tinieblas
que les habían obcecado, abrazábanse
de corazón ; jamás , jamás , decian , vol­
veremos á blandir las armas fratricidas,
j Cuán bárbaros hemos sido!! ¡Cuan dul­
ce es la reconciliación ! ¡ Cuán bella la
virtud !.... ¡O e ! Estermínanos antes que
podamos desconocerte , ni que el crimen
vuelva á manchar nuestras manos.... Her­
manos, solo hermanos desde este sol, es­
te sea el mas bello de la vida. Desde en­
tonces se celebra anualmente y es el pri­
mero y mas respetable del año ; no tar­
dará en llegar y presenciarás el mas au­
gusto de los actos de este globo.

( 165 )

interrumpiéronnos también para otro
lance que reclamaba la presencia del ma­
gistrado. Llegó el parte del mcnsagero,
y observé que palidecía y sus manos
tem blaban. ¡ Cielo, esclamó, un suicidio!
¡ un suicidio en este pais ! había ya tre­
ce años que no habia ocurrido ninguno,
Astolfo : un acontecimiento de esta clase
me horroriza por la impresión funesta
que causa a estos habitantes. ¡Fatales
pasiones! Un pueblo con paz, con abun­
dancia , con justicia , con seguridad, pa­
rece que no debia abrigar hombres tan
olvidados de sí que fueran capaces de
despreciar la vida , y corresponder tan
mal á la gracia de su criador..... Sin em­
bargo , este crimen ha sido perpetrado
por un joven , ric o , juicioso, con virtu­
des y el ornamento de la sociedad. ¡Des­
graciado ! ¡U n nombre tan bello deberá
ser borrado del libro de [sus hermanos!
Acompáñame ; no es corto el viage; nos
informal einos del suceso, y quiera O e que
pueda aminorar el delito del agresor: so­
lo pudiera cometerlo en un rapto de de­
mencia ; porque estoy persuadido que to­
dos los crímenes de esta especie no tie­
ne otro origen que la descomposición ce­
rebral.
Nos pusimos en m archa á los pocos
momentos, y á las dos leguas llegam os

( 166)

a un delicioso valle, en el que estau«.
construida una magnífica habitación mas
propia de recreo que de labranza: el
buen gusto y la simetría resplandecían
en los jardines exornados con varias
obras maestras de arquitectura del pais.
Esta quinta, díjome el anciano* pertene­
ció en los lejanos tiempos á un potenta­
do que habitaba en la corte y ocupaba
Jos primeros escalones del trono de aquel
gefe * puesto que habían obtenido todos
sus antecesores. Después de la regenera­
ción escogió entre otros muchos bienes
de que era poseedor, esta magnífica quin­
ta , en la que habitan la mayor parte
del año sus descendientes} porque á su
fallecimiento se dividieron los estados
entre sus hijos según nuestras leyes. El
actual poseedor* viznieto de aquel, es el
que vamos á visitar, y en cuyo techo se
ha perpetrado el crimen por un pariente
suyo. Apresuremos el paso* deseo infor­
marme de los detalles de un suceso que
me desvela , y me ha de ocasionar senti­
mientos por tener que imponer una de
las penas que se juzgan aqui por capi­
tales porque la de muerte es desconoci­
da * y no pudiera concebir la actual ge­
neración qUe estuviesen facultados los
hombres para destruir lo que O e hace.
Llegamos al edificio, y hallamos cu-

( 167 )

Herios de luto á todos los dependientes,
y nos informaron que el dueño se halla*
ba en la mayor consternación. Respetó
el magistrado el sentimiento de aquella
familia ; pasamos á la habitación donde
se hallaba el desventurado cadáver que
hakian retirado de un estanque donde se
habia arrojado á presencia de la mayor
parte de los habitantes de la casa.
Mandó el juez que se condujera al
templo de las actas públicas , y con un
acompañamiento numeroso nos encami­
namos al sitio que ya ha visitado el lec­
tor otra vez, y donde se hallaba reuni­
do un concurso inmenso convocado á
nombre de la ley. Al llegar al recinto
sagrado, se dejó en el atrio el cadáver.
Entró la muchedum bre , colocóse en las
g r a d a s , el magistrado ocupó la meseta
asistido del guarda del edificio. Entonces
levantó las manos al cielo, y dirigió un
discurso á la asamblea dándoles cuenta
del horrible suceso que acaba de come­
ter un hermano de los habitantes. « Ha
»cometido, esclamó, el horroroso atenta»tado de terminar una vida que le con­
c e d i ó O e por medio de sus padres. Ha
»abandonado á todos sus herm anos: se
»ha negado servir á su patria, ha holla■do sus leyes, ha arrebatado al Autor
■del universo la esclusiva facultad de



(1C8)

»disponer de sil vida. Rotos los lazos que
»le unían al país, ningún derecho pue#de alegar en é l , no tiene patria, y don-*
«de haya encaminado su espíritu que la
»busque : esta ya no le pertenece. Hom*
»bres, mugeres, habitantes todos de la
'»comarca ! Este criminal nos ha abando­
n a d o , ha despreciado las leyes , estas
»le condenan , estas en vuestro nombre
»exigen su decoro: al desertor de su pais
»natal, al asesino de su legislación, de»be borrársele para que su nombre nun»ca resuene. Si se conservara pudiera
»atraerse el baldón y la ignominia , y
»cada vez que se le viese escrito recor-»
»daría el crimen y pudiera atraerse al»guna maldición..... Ofe no quiere mal*
adiciones, ni que seamos vengativos,
»riiándá ho acordarse de las injurias, y
»que se olvíde el nombre de los répro-»
»bos : para que asi sea , en nombre de
»la ley , ( tomó el gran libro en que se
bailaban inscriptos los habitantes , equi-»
valente a nuestros registros bautismales,
y borró perfectamente el nombre del reo,
de manera que no pudiera leerse ) desa»pareció el nombre de ese desgrociado.
»Pad res , no teneis un hijo ; hermanos,
»ya no teneis un hermano ; patria , ya te
falta un individuo, y p ara siempre.» P a ­
ra Siempre , contestó la asamblea , y urt
llanto y consternación general se apode­
ró de los circunstantes.

ou cuerpo debiera quedar espueslo
»á las fieras, únicas á quienes pertenece
»el que abandona á los hombres; los hi»jos de O e no son crueles. Parientes de
»ese infeliz: llevaos su cadáver, sepul»tadlo donde el resto de la población
»ignore el sitio, y elegid para ello las
»tinieblas de la noche. A nadie indiquéis
»el parage : la ley os lo previene. Ale*»jadío.
Con efecto, salieron cuatro del con~
curso y se llevaron el cadáver, perma­
neciendo los restantes en el edificio don­
de el magistrado les hizo otra exhorta­
ción para que evitasen semejantes eseesos. Asi terminó un acto que causó la
mas viva impresión en la comarca.
En los paises cultos se lia controver*
tido mucho la cuestión del suicidio, y la
tolerancia en unos , y el espíritu nacio­
nal en otros , lo lia clasificado general­
mente de un acto espontáneo del hom­
bre, único en que ejerce su poder. De­
seaba yo oir discurrir á mi patrón sobre
materia tan difícil, y me aventuré á de­
cirle , parecíame muy cruel la nota de
infamia impuesta al desgraciado que aca­
baba de-juzgar. Tal vez tengas razón,
me dijo, tanto mas, cuanto generalmen­
te ei hombre que se suicida no está en

s i , y solo poseído de un treucai
rio que le quito la reflexión; estoy segu­
ro que el joven cuyo cadáver nos ha escitado nuestro llanto , sea víctima de
un acceso de demencia ; porque su sano
discurrir no le hubiese permitido incur­
rir en semejante esceso , (tu hermano nos
contará la aventura , era su amigo y es­
taba interiorizado en los pormenores de
su v id a ;) pero el legislador, que tal
vez conocia esto mismo, quiso que no se
generalizase el mirar con indiferencia un
suicidio : y si su objeto filosófico no se
encaminó precisamente á castigar en un
cadáver el delito del hombre vivo , por­
que fuera un delirio, ni creyó tampoco
que las penas pudieran retraer á un fre­
nético de un arrojo tan cruel; porque
poco podra temer á las leyes el que tra­
ta de eludirlas para siempre, quiso al
menos que la educación, rectificando las
costumbres, las nivelase de manera que
tuviesen influencia en lo moral como en
lo físico. Las costumbres morigeradas por
las leyes, influyen en toda la organiza­
ción humana y son una especie de hi­
giene que contribuye á la conservación
del individuo, tempera sus humores,
obra sobre todo su sistema nervioso , y
el aparato cerebral en donde se engen­
dran los miasmas y los accesos de de­
mencia, están en una armonía completa

< *71 )

.„.inervan la salud por medio de las
buenas costumbres. En los siglos ante­
riores habia cien suicidios por cada uno
que se presenta en el dia: y en una estensa isla poco distante de nuestro con­
tinente se contaban por millares, antes
de la reorganización social, cuando en
el dia son tan raros corno entre nosotros.
Los males morales son endémicos, hijo
mió , y sus dolencias siguen la moda; la
habilidad está en saberlos evitar. La es­
cena que has presenciado hoy quedará
grabada por mucho tiempo, y se trans­
mitirá de padres á hijos; cada vez que
se refiera irá acompañada la relación con
algunas reflexiones , por manera que que­
da impreso en la memoria el horror de
un crimen ; esta impresión se hace tan
profunda que se le cobra odio, y pocas
veces propende el hombre á emprender
aquello que aborrece. Varias opiniones
reinaban aqui acerca de esta demencia,
los mejores moralistas y aun los mas pa­
catos, sostenían que el cielo mismo auto­
rizaba el homicidio de si propio antes de
incurrir en la infamia , la violación ó el
sacrilegio ; otros anadian que también
pódia arrostrarse después de perdido el
honor ó la libertad, siendo tantas las
doctrinas, y tan latas, que hasta llegó á
sancionarse que el hombre cuya fortuna
no le prestaba recursos para la subsis«

(m,

tencia, debía desaparecer del teai.~ a* ,a
vida. Hubo épocas también en que era
moda, se reputaba un acto de heroismo,
se le rendía una especie de culto social,
y adquiría el infeliz que lo ejecutaba un
renombre que le valia numerosas compoposiciones poéticas. Con aquel estímulo
se exaltaban las imaginaciones débiles y
se liacian muy comunes aquellos actos.
Nuestros legisladores que no perdieron
de vista estos precedentes trataron de cu­
rarlos en lo posible, y buscaron el me­
dio de afectar el corazón humano, por
medio de la moral, acercándola hácia
las leyes naturales, que son las únicas
sabias y perfectas. Si aquellas prohiben
atentar á la vida de otro se entiende
esplícitamente que la prohibición se estiende á la propia, y todos los especiosos
ejemplos que se enumeren , y los casos
que deduzcan es permitido atentar con­
tra la propia vida, siempre atacaran á
la moral. Si el hombre que sufre el yu­
go de la tiranía mas atroz , creyéndose
ultrajado en su dignidad humana atenta
á sus dias para evitarla, es un criminal,
es un cobarde: el verdadero heroismo y
la legítima virtud, es sufrir resignado
hasta que tenga un momento en que ausiliado de su valor pueda derrocarla. Si
muere en la empresa será un héroe, mue­
re defendiendo su dignidad , muere co-

,



( 173)

mo un valiente, y en el lugar que le
corresponde. Si la impostura y la male­
dicencia atacaren su opinión, si su repu­
tación se hallase asaltada por tantos
traidores que le fuere imposible recha­
zar de pronto, será un heroísmo resistir­
les, sufrir, padecer, resignarse; dia ven­
drá en que podrá justificarse y adquiri­
rá la gloria , la que no consigue encer­
rándose en la tumba, porque pocas ve­
ces descienden mas alia los pensamientos
y conceptos humanos. Los demas casos no
merecen refutarse porque son hijos de
cerebros desorganizados, y el mas me­
diano criterio los repele; en cuanto á la
defensa de la conciencia y de la pureza,
Dios es el juez de ella ; una muger vio­
lada no dejara de ser casta y pura, si no
pudo defenderse de la fuerza brutal:
nunca el concepto público la acusará:
era inocente, é inocente permanece; ni
podía evitarlo con la muerte , ni con ella
borra un crimen ya perpetrado, porque
nunca luc criminal. En cuanto á la con­
ciencia, solo un fanatismo pudo llegar á
inducir al hombre á matarse, primero
que cometer un sacrilegio: este crimen
cualquiera que sea no lo comete é l, lo
hace la fuerza, Dios ve su corazón y sa­
be que es inocente : de lo contrario co­
metiera un crimen, y en rigor en el pri­
mero solo fuera una debilidad $ véase
cual es preferible.

(H4) _

Mi hermana llegó al siguiente día pa^
ra referirnos la historia del desventurado
yígoben, que este era el nombre del in­
feliz que se habia sustraído de la vida.
No habia sido la sola víctima, otra tam­
bién habia arrastrado hacia el sepulcro,
la bella Dugbé, encanto de la comarca;
y el esposo de ésta se hallaba en un es­
tado de abatimiento y debilidad que ha­
cia temer viviera pocos soles. Ningún
crimen mediaba en aquella historia, to­
dos eran virtuosos y dignos de mejor
suerte, el amor cruel era la causa de sus
males.
Agobcn y Dugbé procedían de unas
familias ricas, y eran deudos bastante
cercanos. La amistad y las recomenda­
bles cualidudes de todos sus individos no
se habían interrumpido jamás , y estos
jóvenes desde la iníancia habían vivido
juntos, se educaron bajo unos mismos
principios, y crecían á la par con igua­
les alimentos y fruiciones. Se amaban
desde que comenzaron á hablar, y en
sus infatiles juegos se llamaban esposos,
permaneciendo ya mas crecidos en la
perseverancia de legitimar tan augusto
nombre cuando la edad se lo permitiera.
Sus padres
os de oponerse á esta unión,
alimentaban sus esperanzas y aguarda­
ban con ansia pasasen los años para ver-

.

( 175)

les felices. Tenían estos jóvenes otro pa­
riente de su misma edad, compañero de
sus inocentes juegos é inclinaciones lla­
mado A dudar, y en los tres mediaba
constantemente la mas Ctiifipleta armo­
nía. Dugbé era el ídolo de la fam ilia, se
atraía la benevolencia general y era el
objeto apreciado de todos. Su corazón no
habia podido decidirse «á una esclusiva
preferencia formal entre los dos adm ira­
dores que tanto la am aban, hasta que
los años formaron su razón. Estimaba á
A golen y á A dudar, pero al primero
por razón de permanecer mas tiempo
ju ntos, le tenia mayor benevolencia, és­
ta fue creciendo, y si el segundo era su
primer am igo, A golen podía considerar­
se su único amante. Ningún motivo de
celos ni rivalidad mediaban entre estos
tres seres inocentes , que procuraban re­
cíprocamente complacerse y agradarse, y
en la ausencia de uno de ellos consolaba
el otro á su am iga, hablaban continua­
mente de él y llenaban su hueco con la
continua memoria de sus sencillas accio­
nes grabadas en aquellos corazones naci­
dos para la amistad.
Asi crecieron , hasta que llegados á
los veinte años se decidió que A golen
seria el esposo de la bella Dugbé, y el
amigo común mostraba la mas sincera

( 176)

alegría y satisfacción

Tenia A golen un pariente cercano,
cuyos hijos habia perdido ; prendado de
las virtudes de este joven, y sin esperanza de tener sucesión , le habia
adoptado. Este ciudadano desempeñaba
cargos importantes por su integridad y
conocimiento de los negocios: habia sido
nombrado para pasar al otro estremo del
continente á negociar con el gobierno de
aquel pais algunos tratados de comercio;
quiso llevarse á su hijo adoptivo para
instruirle en los negocios, y que llegado
el tiempo de ser hombre y ascender a los
derechos de tal, pudiera utilizar sus talentos en beneficio de sus compatriotas,
de quienes era generalmente amado.
Este viage trastornó a nuestros jóvenes: y apenas podia distinguirse entre
los que quedaban cual tenia un sentirmiento mas intenso. Si: Adudar te aeom*
panara, decía la encantadora joven, fue­
ra mayor mi confianza en los peligros
que ofrece un.viage tan largo entre paí­
ses remotos cubiertos de nieve, y cuyo
clima es tan cruel. Adudar te cuidaría,
hablaríais ambos de mi , y vuestro dulce
eco llegara hasta mi corazón. Y si este
amigo me siguiera, decía el enamorado
joven, ¿quién te cuidará en mi ausen-

(07)

eia , quien prevendrá tus gustos, quién
te cogiera flores para adornar tu frente?
¿Cómo podrias vivir sin los amigos que
te rodean sin cesar? Al menos la amistad
sabra consolarte por mi ausencia, te ha­
blará de mi , repetiréis incesantemente
mi nom bre, y permanece a tu lado otro
yo. Querido herm ano, cuídame á mi es­
posa , es el único tesoro de precio des­
pués de O y de mis padres, que embe­
llece mi vida..... La despedida fue cruel,
y Dugbé permaneció muchas horas llo­
rando en el seno de su amigo. ¡ Qué dias
tan amargos pasaron estos desventurados
durante el viage de su amigo! Pasó mu­
cho tiempo sin que llegara a su destino,
pero sabían de él lo mas á menudo que
fue dable. La buena armonía, la afección,
la amistad , el amor no se entibió jamás
en estos sencillos corazones, que habian
nacido para modelo de virtud y para ser
venturosos.
e

La comisión fue mas larga que era
de esperar por la complicación de los
negocios y por las distancias que tenian
que recorrer las comunicaciones : ya ha­
bían transcurrido dos años sin que estos
amigos se vieran, y el fuego sagrado de
sus puras inclinaciones no se había ni
levemente entibiado. Todas las cartas re­
comendaban una esposa á la amistad , y
tomo i,

12

( 17S)

la amistad y el am or, fieles en sus prin­
cipios, respondian en los mismos térm i­
nos. Una larga enfermedad impidió al
padre putativo de Agoben ponerse en ca­
mino después de casi otro tanto tiempo,
y ésta se hizo tan aguda que exigía la
asistencia precisa de su hijo : cualesquie­
ra que fuesen sus ansias para volver á
su patria, ¿cómo se dejaba entre manos
estranjeras á un padre en un pais estraño , en edad avanzada, y con dolencias
las mas alarm antes ? Después de tiempo
dilatado no pudo aquel anciano resistir
á la crudeza del clima y murió en bra­
zos de su hijo , dándole su bendición y
deseándole la mayor felicidad. La carta
de esta noticia fatal llenó de tristeza á
los que con tanta ansia esperaban al au­
sente. ¡Q ué perspectiva mas halagüeña
se desplegaba a su vista! ¡Qué porvenir
mas venturoso! Jóvenes, ricos, conside­
rados y robustos, podían contar con una
vida larga de venturas inagotables. Poco
menos de veinte soles necesitaba el au­
sente para arreglar todos sus negocios, y
a los tres meses confiaba llegar a los bra­
zos de sus amigos , término casi igual
que designaba la ley para poder unirse
con su amada. Ya estaban previniendo
los aprestos para tan felices momentos,
y por instantes aguardaban su llegada.

( 179 )

Cúmplese el térm ino y no llega A go­
len , despáchanse correos, y en ningún
puerto , ni en los inmediatos estrangeros
se tenia noticia de su llegada : transcur­
ren cuatro meses mas, igual silencio,
mayor incertidum bre, los dos jóvenes llo­
raban horas enteras, ella por la incerti­
dum bre de la existencia de un esposo,
Adudar por los temores que le ocasionaba la pérdida de un amigo. Súpose en
este intermedio por un buque que salie­
ra posteriormente del mismo puerto estrangero donde se embarcó A g o le n , que
efectivamente hacia mas de nueve meses
que el buque el Ligero habia salido de
aquel puerto con dirección á su patria.
INuevos motivos para tem er; ninguna
plaza comercial habia recibido avisos de
arribada del Ligero á otros puertos : no
quedó comerciante ni marino que no fue­
se interrogado: el gobierno mismo acti­
vó las indagaciones, porque como padre
común tenia un interes por la suerte de
todos sus hijos.
Mas de un ano liabria transcurrido
desde estas fatales ansiedades, cuando
anunciaron los papeles públicos de un
pais vecino , que el buque Ligero habia
naufragado en unas costas desconocidas,
y que de los pocos individuos que se ha­
blan salvado, habían llegado tre s, úni-

( 180 )
eos que habían sobrevivido , en otro b u ­
que estranjero que había arribado á a q u e ­
llos países.
Estos náufragos no tardaron en lle­
gar y fueron al momento examinados: no
quedaba duda, A g o le n había perecido por
una ola furiosa al tiempo de estrellar el
buque contra las rocas ; y en ocasión en
que algunos marineros se habían arroja­
do al agua , esclamó el nombre de O e,
el de sus padres y las dos personas que
mas amaba. Salvados estos desventura­
dos, vieron entre las rocas los vestigios
del perdido buque , algunos cadáveres
horriblemente m utilados, entre ellos re­
conocieron el del joven A g o len .
Esta relación era c e r t e r a , no dejaba
duda de la desgracia , el amante y el
amigo ya no existia , y su cadáver se ha­
bía consumido entre las rocas de un pais
desconocido , estéril é inhabitado. Todos
sus parientes y amigos se vistieron luto.
Puede considerarse cuales fueran las
sensaciones de los seres que tanto ama­
ban á aquel desventurado. La desgracia­
da joven que iba a ser su esposa estaba
inconsolable, y las reflexiones de su ami­
go apenas podían distraerla de un conti­
nuo lla n to , ambos gemían , ambos sus-

( 181 )

piraban, se abrazaban ¿ menudo y ha­
llaban un mutuo consuelo.
Después de algunos meses de esta fa­
tal desgracia , el virtuoso Adudar no po­
día por mas tiempo diferir los deberes de
hom bre; necesitaba una esposa para cum­
plir con los preceptos de la ley, y con­
sultó con su amiga Dugbe. Hermana , la
d ijo , el sentimiento justo que nos devo­
ra no debe hacernos perder de vista
cuanto debemos a nuestra patria. Si la
ley lo perm itiera, me haria un deber de­
dicar el resto de mis dias á tu lado;
yo no puedo amar mas que a tí, yo no
puedo elegir esposa ; no pudiera avenir­
me en dedicar mis afecciones á otra que
no sea la amiga de mi infancia. Sabes
que hace mucho tiempo que mis padres
me aconsejan adopte una resolución: no
puedo acutlir a las asambleas, la ley me
rechaza de las concurrencias públicas,
cum plí los soles para ser hombre y dejo
de serlo por el sentimiento que me de­
vora. Tu eres mager también y la natu­
raleza te llama a la m aternidad.=M uerto A goben, ¿puedo tener yo otro esposo?
No, jamas podría am arle, le engañara:
querido A dudar, dediquemos nuestros
dias á la amistad..... Pero ¡ay! no pode­
m os, la ley nos quita el único recurso:
tenemos que sacrificarnos..... querido her-

( 182 )

mano, se hambre, busca una esposa , ha­
llarás muchas bellas y amables que lle­
nen tu corazón de dulzura , que derra­
men en él el bálsamo del consuelo.... No
dejarás por esto de amarme, de verme,
de prodigarme las fraternales caricias;
únicas qne pueden embellecer mis fati­
gados dias..... S i, querido A du d ar, cum­
ple con tu patria : yo , no , no puedo de­
dicarme al himeneo, ¿quién habia de
querer un corazón lacerado? ¿quién ?..,=
¿Quién habia de quererle, idolatrada
amiga , dijo con precipitación Aduáary
te atreves a preguntarlo ? ¿Acaso tu ima­
gen encantadora dejara de tener admira­
dores y apasionados en cuantos te conoz­
can? ¿Quién te habia de querer ?... Her­
mana mia , aliviemos mùtuamente nues­
tra suerte , no nos separemos jamás , vi­
vamos el uno para el otro, consolémonos
mutuamente, cumplamos con la ley y
con nosotros mismos: sé mi esposa ; pero
vo solo seré..... tu hermano..... Nadie po­
dra admirarte ni respetarte mejor que
y o , nadie sino Agoben podia escederme
en amor: si , yo te idolatraba, y aunque
reprimía con los deberes de la amistad
los sentimientos de una pasión mas gran­
diosa y noble; aunque encerraba en unos
límites mas estrechos las sensaciones del
amor, tu imagen me acompañaba á to­
das partes. Veia en ti la esposa de mi

( 183 )

amigo , la amiga de mi infancia , la nuiger destinada á otro , y que otro mortal
mas feliz debia poseer ; pero le miraba
sin envidia, y consolábame con verte.
Cada vez que te estrechaba en mi seno,
que mis labios se unian á los tuyos y
respiraba tu aliento, mi ser se animaba,
un fuego delicioso discurría por mis ve­
nas, hallaba un placer celestial, con él
me hubiese contentado siempre, y a na­
da ambicionara, ni otro ser te usurpara
el lugar único y eterno que ocuparas en
mi corazón..... lugar que jamas OGupará
otra muger. Mi resolución es irrevoca­
ble..... Te he descubierto mi alma, me
lie desahogado en el seno de una ami­
ga...... Diras aun, ¿quién podrá amarte?
¿ Dudaras de mi pasión y de mi virtud?
Te dejo hasta mañana. Resuélvete: cum­
ple con la sociedad, cumplamos ambos
con ella: pero yo..... yo..... solo seré lo
que tu quieras, tu amigo, tu esposo, tu
esclavo ; viva a tu lado y seré feliz , verte eternamente y mi vida sera afortuna­
da , y a nadie envidiaré en el universo,
ni aun á la sombra vaga de mi amigo
que ocupa tu corazón. Sombra ilustre,
¿ por qué no habías de presentarte é in­
clinar el corazón de tu amada?...... A
Dios, hermana, á Dios.... Salió ofrecien­
do volver al dia inmediato.

( 18Í )
Es necesario haber am ado, conocer
todas las delicias de un corazón enamo­
rado y virtuoso , para concebir la situa­
ción de dos seres que gemian entre la es­
timación, el deber, la memoria de un ob­
jeto caro, y una pasión violenta que el
infeliz Adudar abrigaba.
El me ama, decia al quedarse sola la
triste Dugbé, me ama con un frenesí que
be conocido antes de ahora, su virtud
era digna de una feliz recompensa ; pero
yo, solo puedo ofrecerle una estéril amis­
tad , un corazón disecado.... y ¿que di­
jeran los que conocían los lazos que me
unian con A g o le n ? Leyes crueles; ¿por
qué habéis de violentar á los humanos?
¿por qué impedirme vegetar en el silen­
cio y la soledad, cebándome con mis lá­
grimas y la memoria de un desgracia­
do?..... Y tú , mortal adm irable , genero­
so Adudar ; ¿ por qué no buscas una es­
posa que te baga feliz, que endulce tus
d ias, y te baga olvidar a la que no es
digna de tí? Pero él ama ! Conociendo
yo la violencia de una pasión ¿he do
estrañar que no quiera á otro objetu?....
Estoy resuelta tam bién; no me escederas
en generosidad.
Al dia siguiente se vieron estos ami­
gos singulares, Adudar estaba demuda-

( 185 )
d o , ciertamente las horas que habían
mediado no las había dedicado al des­
canso. D ugbé estaba menos agitada.... Te­
meroso se acerca el tímido amigo á su
amada, no corrió á sus brazos como otras
veces, le contenia un respeto indecible,
se creia crim inal, digno de reconvencio­
nes; sin embargo, su alma era pura. Co­
nociólo la encantadora joven : leia un
corazón que le era familiar desde la in­
fancia, y solo le habia ocultado un se­
creto, el de su amor. Viendo su situa­
ción le alarga una mano, que con trans­
porte fue besada. ¿Qué has resuelto ?...=
Que seamos menos desgraciados.=¿ Me
perdonas ?=¿ De qué, corazón interesan­
te? pudiera dejar de perdonarte aun cuan­
do me hubieses ofendido ; y tu ofender­
me.....=No ; jamas , querida Dugbé , no
pudiera ofenderte.....=Ya he resuelto. Si
amas á tu amiga , si respetas su dolor , si
ofreces aliviar sus penas y conllevar su
corazón lacerado, condúceme al templo:
seremos esposos para la comarca, vivire­
mos juntos, ni un solo instante me sepa­
raré de tu lado, enjugaras mi llanto, se­
remos unos..... hermanos..... nada mas: si
te resuelves, y quieres hacer tan costoso
sacrificio.....—¡Sacrificio! idolatrada ami­
ga : no, no haré sacrificio alguno en obe­
decer tus preceptos..... M as: jamás me
acercaré á tí sin que preceda tu orden....

( 186)

seré tu esc1avo.=Ser generoso, ¿por qué
no he de poder amarte con el delirio
que tu virtud merece? Se arrojó á sus
brazos, la recibió en ellos A dudar, y es­
clamò. ; Hombres! Tenedme envidia ¡ po­
seo la imagen de O . S i, idolatrada vir­
gen: solo la divinidad pudiera disputar­
te este corazón que es tuyo , solo luyo,
el supremo hacedor para nada le necesi­
ta : desde este momento te lo sacrifico:
la imagen celestial del Eterno no estu­
viera mas respetada que tu , si se digna­
ra descender hacia los mortales y estu­
viera a mi lado. Divina esposa : soy feliz,
no me compadezcas: no abrigaré otra
pena que el no poder convertir tu cora­
zón, y verlo rebosar en alegria..... Diera,
créem e, mi existencia, te entregara al
mismo A goben, ¿pudiera hacer mas?
e

¡ Alma interesante digna de otra es­
fera ! L ector: cuan pocos hombres se en­
cuentran ! Mugeres virtuosas y amables,
que sabéis am ar, ¿cual de vosotras po­
día no adm itir, y aun envanecerse de
poseer un corazón tan noble y generoso?
A los ocho soles ya eran esposos, y
habitaban en la quinta de este hombre
interesante, que no se separaba un mo­
mento del lado de su amiga, l'n año
transcurrió siendo modelos de amor con-

( 187 )

yugal y de beneficencia, eran la envidia
de los casados por su continua unión,
jam ás se veian separados , y em pleaban
el producto de sus cuantiosos bienes en
prodigar auxilios á los necesitados, y en
los establecimientos de beneficencia. To­
dos les deseaban sucesión, y las personas
á quienes socorrian les man i Testa ban que
pedían incesantemente á O e que les con­
cedieran la ventura de ser padres. Se
sonreían al oir los sencillos votos de sus
herm anos, y una sombra de tristeza os­
curecía sus miradas. D esgraciados! Se
am aban, y cierto decoro interior les im­
pedia entregarse á la efusión que sus co­
razones sentían.
Dugbé cada dia adquiría nuevas gra­
cias, desapareció la palidez de sus megillas, y brillaba cierta alegria en sus mi­
radas. Buscaba solícita á su hermano y
le espresaba no podia vivir sin él un so­
lo instante. Estas muestras de confianza
comunicaban el contento en aquel gene­
roso corazón, y se daba por satisfecho de
ver aquella mudanza ; pero religioso en
su palabra, jam as salió de sus labios otra
espresion que la de la mas candida amis
tad , y la alegria también comunicó un
nuevo ser en su persona.
Pocos meses duró este contento : i’a l-

( 188 )
tarian unos treinta soles para la consu­
mación ele la fatal trag e d ia, cuando una
tristeza mortal devoraba á A d u á a r, pro­
curaba evitar el encuentro de su amiga;
y cada vez cjue ésta , mas fina y mas ca­
riñosa que nunca, le preguntaba la cau­
sa de su desvio y asomaba bellas lagri­
mas cá sus ojos para significarle la pena
que la causaba , él se desprendía de sus
brazos y se internaba en los bosques bus­
cando la soledad que ansiaba. En poco
tiempo hizo dos viages acelerados a la
capital de la comarca, y traía de ellos
nueva melancolía.
Dugbé que atribuía la tristeza de su
amigo al esceso de una pasión no corres­
pondida , que había llegado al colmo:
ella que se persuadía que aquel desgra­
ciado huia por no declarar la vehemen­
cia de un fuego que le devoraba , y es­
clavo de un deber impuesto arrastraba
una existencia amarga..... Ella que le
amaba al fin, y sentía hacia él mayor
pasión que la que en sus primeros años
alim entara, pues no podia sin ser injusta
dejar de admirar á un ser tan perfecto;
padecía á la par , y temia por un efecto
de delicadeza escesiva atraerse justas re­
convenciones de un hombre tan adora­
ble. ¡Ay! aquellos dos esposos que po­
dían haber terminado los dias en la ma-

( 189 )

yor ventura , lenian sobre si la imagen
espantosa de la muerte que el destino fa­
tal les preparaba.
Un sol antes que cumpliese el hado
su trágico término estuvo ausente Adudar,
una carta le hizo salir precipitadam ente.
Decídese Dugbé, y aguarda que llegue
para arrojarse á sus brazos y decirle le
am o, soy tu y a, quiero ser tu esposa........
Perseveraba en este dulce convencimien­
to de su alm a, contaba los instantes: pé­
nese el so l, la noche cubre á la tierra
con su manto , encerrada en el gabinete
de su amigo , cada ruido le anuncia su
llegada, viendo que tard a, que no llega,
desahoga su pecho escribiéndole , su co­
razón se dilata..... La aurora penetra con
su débil reflejo el aposento, siente su al­
ma comprimida y su cabeza ardia, quie­
re respirar el aire, sale al jardin: los que
la servian no habian tampoco descan­
sado.....
Arrímase á un estanque, los objetos
ya se distinguían, el dia comenzaba á
aparecer, un hombre se le acerca , páli­
do, con paso lento..... parecía un espec­
tro...... Cree la infeliz ver una fantasma,
recuérdale la imaginación un objeto que
jamas ha podido olvidar. Tem blaba , é
inmóvil corno la estatua de la sorpresa.

( 190 )

permanece casi exánime. ... Acércase el
objeto que turba sus sentidos, se descu­
bre..... era..... Agoben !
Sombra fatal !1 dice la desventura­
da..... No: esclaraa él. No es una sombra,
es el mismo Agoben, perjura , que vie­
ne á reconvenirte 1 El infeliz Agoben,
que por ti ha arrostrado los tormentos....
Acércase, ella se estremece : se arrodilla,
y cual la imagen del dolor que implora
al genio del delirio, contemplaba fuera
de si al objeto que tenia presente......
Oyénse pasos, se acercaba mucha gente.
Adudar los precedía..... Sois felices: gri<t
taba desde lejos, corred á mis brazos.....
Los dos seres desventurados á quie­
nes iban dirigidas aquellas consoladoras
palab ras, no podian escuharías. Agoben
al ver á su antiguo am igo, se estreme­
ce..... Malvado ! esclarna en su delirio.....
Perjura! Agarra una mano de Dugbé, la
aprieta con la suya , fria como la de un
cadáver! M ira, la dice, allí viene tu se­
d u c to r: gozaos con mi desgracia.... Os
aborrezco !!.... Y se precipita en el estan­
que. Dugbé exhala un grito..... Llega su
esposo, la halla sin sentido, acude al es­
tanque , precipitánse con él varios de su
séquito, buscan a Agoben'. era ya un
cadáver.

( 191)
Aquel modelo de amor y de amistad
se hallaba al lado del lecho doloroso de
su esposa procurando volverla á la vi­
da..... su pulso cada vez mas débil pre­
sentaba pocas esperanzas. Había sido de­
masiado vehemente lo que en pocos ins­
tantes sufriera su corazón. Cuando soli­
citó verle mi hermano adoptivo , le hizo
entrar. Ya me quedé sin Dugbé , querido
hermano , le dijo , no puedo tornar á la
vida ! Y ¿ para qué? Cuando iba a pro­
porcionarla la felicidad, cuando yo mis­
mo presentaba el objeto de mis adoracio­
nes a otro hombre , cuando le iba á de­
cir: tómala , te la he conservado casta y
pura como el cielo mismo.... ¡ Bárbaros!
j Tan poco confiaban en m i!....

Hace cerca de cuarenta soles que tu­
ve noticia de su vida , y desde entonces
conseguí un triunfo sobre mi corazón.
O e me hizo digno de su gloria. Ayer re­
cibo una carta; tómala con esta otra,
ellas te instruirán. Permite que dedique
mis desvelos á la mas infeliz de las cria­
turas.
Esto es lo que contenían, nos dijo

Odobé : «Desde esta capital, (era la de

un pais estranjero vecino) te escribo, ami­
go querido : y cuando creíais que el des­
tino me hizo desaparecer de la tierra,

( 192 )

tendréis el placer de verme antes de
treinta soles para consolarme de los mu­
chos años de desventuras. No leas esta
carta a mi esposa sin prevenirla con pre­
caución. ¡Es tan sensible! ¡Ay! con que
ansia espero llegar a sus brazos y los tu­
yos, solo en ellos, en el centro del amor
y la amistad espero recobrar la vida que
se halla casi estinta de este cuerpo, que
apenas tenia resistencia para soportar
tantos infortunios.
»Después que perdí á mi buen padre,
que llené todos los deberes que el mun­
do me imponía, y que llenaban mi cora­
zón de amargura, deseaba llegar á mi pa­
tria para buscar entre vosotros el con­
suelo que necesitaba. Habíamos cruzado
mares inmensos cuando una tempestad
nos arrojó contra unas costas, donde era
inevitable nuestra pérdida, creedlo, ca­
ros objetos de mi afección: padres, espo­
sa, amigos, solos vosotros ocupabais mi
imaginación , y solo por vosotros temia
la muerte. El peligro se hacia mas inmi­
nente á proporción que el viento y las
corrientes arrastraban el buque hacia el
escollo: no podia ya evitarse el mal , la
quilla rozaba ya contra las rocas: el Ím­
petu de las olas le hacia flotar, en su
retroceso quedaba encallado, la mayor
parle de la tripulación se arrojó al agua.

( ion)

j Ay! yo los veia luchar contra el agita­
do y furioso elem ento, y las impetuosas
olas estrellarlos contra los peñascos que
quedaban teñidos con su sangre. En mi
concepto todos perecieron, porque divi­
saba sus mutilados cadáveres flotar en­
tre la espuma del mar embravecido.
Aquel espectáculo cruel hizo retirarm e,
nadie habia quedado en el destrozado
buque que veia romperse por instantes,
y en cuyo espacio penetrara el agua.
Otro esfuerzo del temporal acabó de abrir­
le, y al retirarse las aguas de una ola
como un monte , arrastraron tras si un
trozo grande de desenclavadas tablazo­
nes, en las que n.e quedé asido y retro­
cedieron largo trecho de la costa , otra
impetuosa corriente se apoderó de aquel
fragmento y le condujo con una veloci­
dad increible hacia un rumbo opuesto;
de manera , que ya entrada la noche es­
taba casi enclavado en un banco de are­
na que distaba corto trecho de la costa.
Di gracias a O e y esperé el dia para sa­
ber donde me hallaba. El rumbo rápido
que recorrí, me condujo sin duda á otro
esireino de la isla ; pues me hallaba fren ­
te de una playa arenosa , no alcanzaba
mi vista las atroces rocas donde perecie­
ron mis compañeros, y el pais no pre­
sentaba el horrible aspecto de la víspe­
ra : no distaba el banco de tierra , y aun-

10 mo I.

13

( 194 )

que me hallaba débil de tanto padecer
me arriesgué a ganarla: lo conseguí con
mas de un temor de no poder llegar a la
playa ; me abandonaban las fuerzas y
juzgué mas de una vez no volver a reco­
brarlas.
»Por fin, daba ya gracias al Criador
de haberme salvado de la muerte por
aquellos momentos ; pero no sabia si me
esperaba otra mas cruel. Intérneme para
buscar una sombra donde guarecerme,
pues á pesar de hallarse mis vestidos mo­
jados, no podia soportar el calor de la
atmósfera ni los rayos de un sol nacien­
te que me abrasaba. Mi cansancio y de­
bilidad escitaron la sed , también debia
buscar agua ó yerba con que refrigerar
mis secos labios. Anduve bastante trecho,
traspuse un monte de arena , y divisé a
alguna distancia bastantes árboles: la
fatiga tal vez me impidiera llegar , pero
como es tan dulce la vida , reuní cuan­
tas fuerzas pude , y después de infinitos
descansos y angustias me hallé debajo de
los primeros arboles apagando mi sed en
un charco cenagoso producto de las llu­
vias. No pude caminar mas, y me entre­
gué a un descanso que le creí precursor
del eterno reposo.»
»No se el tiempo que dorm í, mi debi-

( IOS )
litlad ero suma : levantóme con bastante
trabajo y me acerqué a otros arboles que
tenían algún fruto, no me era posible
subir á ellos, y con penoso alan pude
con algunas piedras hacer caer algunos
racimos maduros, de una especie difícil
de trazarle, no tenían mal gusto, y rea­
nimaron mis fuerzas.»
»De esta manera pasé aquel dia cruel;
al siguiente repuesto de mi fatiga , y ha­
llándome mas ágil, recorrí algún espa­
cio de terreno, hallé un arroyo, pude
refrescarme%hallé otros frutos, me agra­
daron mas y me entoné por grados de
tal modo que a los tres dias me hallé
capaz de dirigir mas lejos mis incursio­
nes. Hasta entonces no habia visto el
menor vestigio de planta humana , ni de
animales temibles. Mi vista se dilataba
por si algún desgraciado pudo haberse
salvado como yo: pero eran vanas mis
esperanzas. Dirigime hacia el punto del
naufragio, caminé todo el dia, mante­
niéndome solo con frutas, hasta el otro
no llegué a él, el terreno era escarpado,
pero el mar estaba en su mayor calma.
Hallé felizmente muchos tablones espar­
cidos entre las rocas, trozos de velamen,
muchas cosas útiles en aquella situación;
pero ¿cómo transportarlos a otro punto
menos agreste y cruel i* Los cadáveres de

( ),

196
mis tristes com pañeros, ó fueron devora­
rlos por los monstruos marinos , ó se los
llevarían las corrientes.»
»Al llegar á este puerto he sabido se
salvaron cuatro marineros que perm ane­
cieron en la isla algunos meses; pero la
fatalidad para mi les hizo tom ar un rum ­
bo opuesto, y jamas pude verlos. Me ha­
bría salvado con el buque que los reco­
gió y arribó a la opuesta costa , y yo no
habría tardado dos años mas en veros.
Creóme ya salvo y conseguirlo en breve.
Continúo mi desgraciada narración.»
»Poco distante de aquellos escollos
habia un valle regado por un arroyo y
cubierto de frondosos árboles. Al 1i esta­
blecí mi residencia, allí conduge los
efectos que arranqué del m ar, allí que­
rido amigo he pasado cerca de tres años
alim entado con frutas, con alguna pesca
y legumbres de la isla , que poco a poco
recorrí hasta casi visitarla toda. Tendría
dos soles de circunferencia. Muchas ve­
ces divisaba buques que procurarían sin
duda evitarla , hacíales señales, pero fue
en vano. O e seguramente compadecido de
mis votos, se dignó dirigir una mirada
de compasión hacia un atomo del gran­
de universo, vió en él una criatu ra, y
dispuso salvarla. Una tarde al retirarm e

( 197)

ele mis incursiones en busca de frutas
frescas, divisé de lo alto de un peñasco
que me servia de atalaya un buque poco
distante: el mar estaba en calina , y no
presentaba el horizonte la menor señal
de viento : prendí luego á varias ramas
que tenia prevenidas , y á poco rato vi
botar una pequeña embarcación al agua,
y al poco tiempo arrimarse á la costa,
bajé á las rocas, hice varias señales , se
acercaron á la voz: conocí su idioma, les
hablé en el mismo..... ¡ Amigos m ios! fui
salvado, antes de dos horas me hallaba
entre hombres sensibles que procuraban
consolarme de tantos padeceres.»
»Dos dias permanecimos á la vista de
aquella isla por falta de viento, la visi­
taron mis salvadores, saqué algunos ob­
jetos de historia natural que conservo, y
los efectos que tan preciosos me fueron
para conservar mi existencia. Durante la
navegación adquirí un nuevo ser, pero
aun estoy bastante dem udado: he llega­
do á esta capital, y salgo para ese pais
dentro de poco tiempo esperando abraza­
ros. Amigo querido, prepara á mi tierna
esposa para una sorpresa que pudiera
serle p erju dicial, porque me creerá per­
dido para siempre ; y tu prevente para
endulzar los dias de tu mejor amigo. E n­
trega tam bién esta relación á mis padres,

( 198)
previniendo antes su sensible corazón.
La otra carta estaba ya fechada en la
capital de aquella residencia: dictábala
el furor, y el mas completo delirio.
«Creí tener esposa y amigo: creí des­
pués de tanto infortunio hallar consuelo
en los seres que en la infancia me die­
ran pruebas de una eterna afección.... En
mi patria he hallado monstruos. O e me
libertó de una roca estéril situada en
medio de anchurosos mares: ningún mons­
truo atentó a mis dias, los tenia encadenatíos el genio de la vida; y aqui, aqui
he venido é buscar fieras, a genos de vir­
tud , desnudos de constancia , falsos,
mentirosos, que se gozaban con la muer­
te de un desgraciado. La sensible, la
inocente Dngbé es la esposa del honrado
Adudar. De esos modelos de amor y amis­
tad..... ¡Pérfidos! ¡Cual os complacíais
al considerar mi cuerpo mutilado luchan­
do con las ansias de la muerte, invocan­
do vuestros nombres como el de unos es­
píritus celestiales obra de O e mismo:
juzgabaisme insepulto y os gozabais de
un infortunio que os unia para siem­
pre!.... ¿Y pensáis que pueda ver tran­
quilo vuestra infamia , vuestra poca fe,
vuestra falacia? Vuelo hacia vuestra man­
sión J Lo he prometido: para acabar de

( 199)

ser felices es preciso que veáis á un in­
feliz , que holléis su cadáver, y os com­
plazcáis en una obra de vuestras impu­
ras manos.»
Esta carta precedió un dia á su au­
to r, y cuando salió Adaáar en su busca
para desengañarlo y echarle en cara sus
injustas sospechas, supo después de una
larga cannnata que el delirante Agoben
habia tomado otro camino. Por mas que
aceleró sus pasos..... llegó tarde: pocos
minutos antes le hubiera salvado.
Estas cartas, continuó Odobc , fui á
devolverlas a 1 desventurado modelo de la
mas pura v irtu d , á quien hallé en un
fatal conflicto: la esposa acababa de es­
pirar en sus brazos llamándole con los
nombres mas dulces, y habiéndole en­
cargado con voz desfallecida que leyese
la carta que dejaba en su gabinete. No
le dejé un instante ; hizo traer la carta,
la leyó con rapidez, y se abrazó con el
cadáver de manera que nos l'ue forzoso
arrancarle de aquella habitación. El pa­
pel que le causara tan vivas sensaciones
es el siguiente.
«Esposo: hermano, am igo, todos es­
tos nombres son dulces, todos los mere­
ces. O e manda respetar á la virtud , tu

( 200 )

la encierras sublime cual emana de aquel
Ser eterno: yo te respeto, yo te amo,
querido Aduar, y no juzgándome digna
de ti, me retraía decírtelo. Si tu melan­
colía nace de abrigar á tu lado á un co­
razón rebelde que no te conocia, ni po­
día acercar al tuyo, ven, y dígnate re­
cibirme en tu seno , yo me abandono a
él , deseo identificarme contigo y ser tu
verdadera esposa. Si alguna vez se esca­
pa alguna lágrima de mis ojos en memo­
ria de un amigo que amé, compadéceme,
pero no te juzgues menos amado. AUL
obraba la simpatía, ahora el convenci­
miento ejerce sobre mi alma toda su in­
fluencia. Perdóname, dulce amigo: y si
crees que no te merezco muda de reso­
lución ; puedo merecerte perque te co­
nozco, y sé que mi amor ya no puede
ofender á una sombra ni á ningún hom­
bre : amar á ti es amar la perfección
misma , y O e y él me lo mandan porque
nadie después de ellos lo merece mas que
tu. Soy tuya, y si crees que mi amor
puede hacerte feliz , quiero tu felicidad,
y en nada me violento, sigo los impul­
sos de mi corazón, corazón que hace mu­
chos soles es tuyo.»
Sepultóse el cadáver de la desventu­
rada Dagbé. Mi hermano permaneció por
espacio de muchos dias al lado de aquel

..

. ( 201;

hombre inconsolable, no dudando que
su resignación volvería á la comarca el
ser benéfico que todos am aban, y aun
estoy persuadido que una de mis herm a­
nas destruiría su misantropía, y propor­
cionaría al país hombres que se le ase­
mejaran para bien de la humanidad. Ve­
remos si en el transcurso de esta histo­
ria se cumplen mis vaticinios.

S I G U E N O T R A V E Z LOS S UCE S O S D E LA H I S T O ­
RIA DEL

P A I S . = M AESTHO

I>R1MAR1A.=ESCUELA

DE

INSTRUCCION

DE C O S T U M B R E S . = R E -

FLEXIONES.

^ os sucesos lamentables de la familia
del valle, me impidieron algunos dias
oir de mi anciano protector la narración
tantas veces interrumpida. Comenzóla,
pues, á la primera ocasión del modo si­
guiente.
«En medio de tantos horrores, abu­
sos y dilapidaciones que en este y otros
paises vecinos se esperimentaban , murió
nuestro geí'e : un hermano suyo quiso
usurparle el p o d e r, su virtuosa viuda

( 203 )

que presentía cual pudiera ser la suene
de los habitantes regidos por un fanáti­
co, que no recibia mas impresiones que
las de los ministros de un culto tan opues­
to á las miras del criador, reclam ó la
ayuda tie los pueblos en favor de un hi­
jo inocente y de pocos años , que pudie­
ra llegar á hacer la felicidad de la patria:
los primeros grandes del reino, los cau­
dillos de los guerreros acudieron al lla­
mamiento de la ilustre viuda , levanta­
ron sobre sus a meses al vastago de tan­
tos geles, y desterraron al opresor de sus
dominios. Este paso adm irable, que bien
dirigido pudo atraer un bien electivo a
todas las comarcas , escitó los celos y la
venganza de los falaces enemigos de O e ,
que unidos con otros gefes estrangeros
ofrecieron introducir la guerra civil en
estos dominios,
»Ni los esfuerzos de la augusta Cori­
ne , madre de nuestro joven gefe , ni el

de muchos de sus consejeros llenos de
virtud y ciencia , supieron evitar la tem­
pestad que fraguaban sus contrarios pa­
ra inundarnos con sangre.
»Lo primero que aquella m uger be­
néfica dispuso, fue devolver á la patria
los hijos desventurados que la injusticia
atroz desterrara do ella y estaban disper-

( 204 )

sos en climas estranjeros. Estas justas me­
didas merecieron general aceptación, pe­
ro en ella vieron algunos ambiciosos y
fanatizados, la ruina de su dominación.
»Si por un lado los que ansiaban la
continuación de los abusos veian una
sombra fatal y un obstáculo en las me­
didas de Corine, temiendo con razón que
todos aquellos que habían sido víctim as
de sus manejos , trataran de vengarse y
arrebatarles el poder : estos últimos por
su parte, no menos ansiosos de obtener­
lo , y tal vez con visos de ju sticia, no
perdonaban tampoco medios para atri­
buir á sus adversarios el loco de una re­
belión que debía estallar en breve. Los
hombres reflexivos no tuvieron el tacto
suficiente para desvanecer con política
los temores de los unos, y acallar la an­
siedad de sus adversarios. Una lucha
cruel , oculta, silenciosa y reconcentra­
d a, pugnaba en el corazón de la misma
corte, y sus estragos corrían con rapidez
hacia todas las comarcas.
Un pequeño amago estalló en la Pca­
pital en favor del gefe desterrado, que
dio la señal de alarma y desencadenó las
pasiones: estas ya no conocieron límites;
los consejeros vieron su nulidad por la
falta de previsión , y dejaron el puesto

{ -’05 )
para otros menos sagaces todavía. Las
pa siones iban en aum ento, la ambición
acrecía , la lucha interior adquiría nue­
vo pavulo, y en un ángulo del pais re­
sonó el grito de guerra. Cuan fácil ha­
bría sido sofocarla , contener la rebelión
y señalar límites al querer de todos los
partidos ! Pero esta empresa que reque­
ría mas maña que talento, mas tacto que
instrucción, y mas decoro que firmeza,
no tuvo por desgracia hombres que su­
piesen adoptar estos medios: y de error
en error prepararon una arena donde por
muchos años se dieran los mas sangrien­
tos combates. Los hombres que al prin­
cipio se dividieran en dos fracciones po­
líticas, crearon otras sueesivameute á
cual mas nociva , que en vez de term inar
la guerra civil la acrecentaran.....
»En medio de un teatro de desola­
ción y sangre quisieron formar leyes!
¡ Cómo pudieran estas ser puras, veraces
y suficientes para hacer feliz al hombre,
si los que las dictaban y discutían res­
piraban una atmósfera mefítica de san­
gre putrefacta y corrompidos cadáveres!
¿Como pudieran sus corazones disfrutar
la calma y la paz que necesita un legis­
lador , si incesantemente oian los lamen­
tos de las victimas que inmolaba el ge­
nio de la guerra ? No siendo las leyes

( 200 )

hijas de la calma, sus electos debian ser
fatales; y asi es que se sucedían sin in­
terrupción como los legisladores, y estos
v aquellos adolecían del fatal indujo de
Jas pasiones que imperaban en todos.
¡Qué de estragos, cuantos horrores pro­
ducía la poca sabiduría de los gober­
nantes, que si bien se compusiera de
hombres íntegros y virtuosos en la vida
privada , ascendidos al poder y respiran­
do una aura de esfera mas elevada creían
acertar errando: escuchaban siniestras
inspiraciones, no conocían las exigencias
del pais, suponían que la ansiedad de un
círculo reducido que les rodeaba era la
verdadera del pueblo: todos cuantos se
sucedian era el ludibrio y el juguete de
algunos ambiciosos, que sin fe y sin pa­
tria querían a costa de ésta levantar co­
losales fortunas!....
»En vez de terminarla guerra cifran
su prurito en obtener códices, y una ley
fundamental que abrazase la ventura
del pais. Querían formar leyes cuando
no tenian patria , querían dictarlas cuan­
do estaban las costumbres corrompidas,
querían legislar cuando no se encontra­
ba moral, y algunos de los legisladores
se vendían al poder dominante sacrifi­
cándole su opinion, y vendiéndole su
sufragio, por un miserable cargo púbíi-

( 207 )

co que á veces duraba lanío como los
resplandores de una aurora boreal.
»Con tales elementos, poca duración
y efecto podían tenerlas leyes, y asiera
que se m udaban, se interpretaban, se
eludian , según las pasiones de los en­
cargados de su aplicación.
»Ya el espíritu de venganza no se estendia entre los defensores del joven gefe y los de su tirano usurpador; no, en­
tre hombres que profesaban unos mismos
principios, hombres que predicaban unas
mismas doctrinas, entre hombres en fin,
sujetos á iguales compromisos, vagaba
el genio de la m uerte, y la discordia
atizando los furores , las venganzas, los
crímenes y la impostura. Viéronse hom­
bres virtuosos y en otro tiempo modelos
de probidad, encenagarse en el fango de
la corrupción , por un espíritu de ven­
ganza y otras pasiones innobles. Los des­
tierros, las mas inauditas esacciones y
tropelías, las exigencias de los partidos,
todos estos elementos mediaban en la
elección de legisladores, y en vez de ser
estos el producto de una genuina volun­
tad general, lo eran tan solo de las ar­
terías de los partidos que mayor cons­
tancia , maña ó poder habian tenido en­
tre los que elegían. Las leves eran por
i

( 208 )

consecuencia viciosas, las que hoy san­
cionaban unos, derogaban mañana sus
contrarios; esta inestabilidad en 'la base
social, desvirtuaba ¿ los hom bres, des­
quiciaba la m oral, y acabó de corrom­
per las costum bres: hízose general el
disentimiento y la desconfianza : los que
hoy eran amigos, mañana pugnaban con
el mayor encarnizam iento: los habitan­
tes eran gladiatores, y la nación un cir­
co donde incesantemente se inmolaban 1
»La [razón hubiese desaparecido to­
talmente de entre los hom bres; y tal vez
los estragos de una disolución general
habrían convertido en escombros las po­
blaciones mas principales, si O no diri­
giera una mirada compasiva sobre sus
criaturas.
e

»Estaba nuestro1] continente subdivi­
dido entre varios im perios, cuyas luanas
de gobierno diferían notablem ente, ha­
bía alianzas entre si; y todos aquellos
que eran regidos por una forma repre­
sentativa, quisieron unirse para balancear
el poder de los que no conocían mas lev
cjue el querer de un solo ge fe. ¿No era
fácil calcular por el fondo y esencia de
aquellos gobiernos, cuales presentaban
mayores garantías á la paz y al bienestar
de los hombres. Si los primeros gozaban

(ÍOD )
del d erecho de d ic ta r sus le ye s, te n ia n
<jue lu c h a r entre varios poderes que constitu ia n el suprem o, y no h a b ie n d o armonia entre unos elementos ta n hetereogeneus , jam as podia reducirse á un ver­
dadero pu n to c e n tra l la fuerza g u b e r n a ­
tiva del estado. Los otros nin g u n a in te r­
vención tenian en la legislación, esta la
concebía un solo h om bre, todos se suje­
ta b a n á su c a p ric h o , y a veces los d e ­
cretos mas monstruosos y degradantes á
la especie hum ana, salían de un origen
in m o ra l que con su lta n d o su solo q u e r e r
ó el de cuatro a d u la d o re s perversos, sum ian en la desgracia á millares de seres
ta n nobles como é l , ta n hijos de O e co­
mo el tirano que les oprimía. E n tre los
p r im e r o s , como las pasiones eran el mó­
vil de los encargados de velar por el bien
p ú b lic o , estas se d escarriaban por el efec­
to de su misma d e b ilid a d ; c arecían de
tina base estable de la moral celeste; y
p o r co n sig u ie n te , unos decretos h u m a ­
nos que no pa rtia n de origen tan s a g r a ­
do d ebían ser nocivos en lo g e n e r a l , ó
no pro d u c ir ios electos que se esperaban.
A dem as, los gobiernos por un e rro r i n ­
concebible m ira b a n con prevención á los
p u e b lo s, estos c o n te m p la b a n a aquellos
con desconfianza ; y ilegó á ser nece­
saria la creación de poderes in te rm e ­
dios que templas*’3 la anim adversión cíe
fÜMO i.

14

( 21° )

uno, y las exigencias del otro: por ma­
nera , que todas las bases se separaban
cada vez mas de la moral y de la natu­
raleza. Tener que contemporizar entre el
que manda y obedece prueba que hay
una especie de odiosa tea arrojada en
medio de unos y otros, que alguna vez
debe producir malos electos. Pues si esta
discordancia y viciosa índole de gobier­
no formaba los que se titulaban libres,
¿cual seria la esencia de los absolutos,
mas viciados aun por el mayor estímulo
de las pasiones? En éstos la obediencia
era estricta y forzada, no podía censu­
rarse cualquier error, so pena de desapa­
recer del seno de sus fam ilias: en aque­
llos se dilucidaban las cuestiones, se per­
mitía criticarlas, y habia hombres desti­
nados para ello; como también para de­
mostrar la fuerza de la opinión por me­
dio de los bronceados moldes. Y ¿crees
por ventura que los efectos eran felices?
No por cierto. Estos escritores buscaban
un salario , emitían la opinión que sus
pasiones les sugerian, hoy contradecían lo
que ayer presentaban como axiom a, el
hombre que los compraba era el mas
virtuoso en sus planchas, el mas instrui­
do y el único para hacer la felicidad;
los demas eran en su concepto seres des­
preciables que traian consigo la ruina.
Esta desmoralización tenia la mas fatal

< 2ÍÍ ) tan odiosas se
tendencia , y si. doctrinas
pintaban con el atractivo que el talento
presta , ó con el aliciente de> una sátira
mordaz é insinuante, acababan de des­
m oralizar, y eran aquellos, cortos recuer­
dos. Siempre crei que asi querría llamar
el anciano á los periódicos ó folletos;
porque recuerdos eran libros según el
idioma de aquel planeta , ) los nocivos
maestros de la corrupción, porque de­
m ostraban y convencían que no había
hom bre alguno virtuoso. Que acatam ien­
to ni veneración podía merecer del pú­
blico un consejero, un m agistrado, un
hombre cualquiera á quien se acusaba
de incapaz , de ignorante, de peí verso y
hasta de traidor? pues todos merecían
igual denom inación, porque los que en­
salzaban á unos, deprimian otros, y el
resultado era que todos se atraian tan
inicua nota. Los gobiernos mismos no te­
nían el tacto suficiente para poner un
dique á tamaños abusos, no conocían
otro medio que la prohibición ó la tole­
rancia ; ambos eran nocivos, escogitar un
interm edio era la habilidad, y ésta nin­
guno la tenia : ó débiles ó tiranos, tales
eran los hombres. Y ¿por qué? Por que
en vez de tener el freno en su corazón
lo tenían en escritas leyes ; en lugar de
cim entar la moral , la destruían, y lejos
de afianzar el remedio en la reforma de

( 212 )

las costum bres, ellos daban el ejemplo
de relajación.»
»En tan cruel alternativa un destello
de razón iluminó á algunos hombres y
comenzó entre aquellos mas avezados a
bien discurrir, porque no podían oir dis­
cursos que estraviasen su natural racio­
cinio. Comenzó entre aquellos que en­
cerrados en un circulo de temores, no
liabian podido corromperse entre el bu­
llicio de discursos especiosos, y las olea­
das tum ultuarias de desenfrenadas pasio­
nes. Dió principio al fin , entre los que
oprimidos por la mano férrea de un atroz
despotismo, y víctimas del capricho de
uno solo, quisieron recobrar su dignidad
y que imperasen las leyes de la natura­
leza. Estos sacudimientos estallados en
algunos puntos, puso en espeetacion á
los gefes aliados que querían conservar­
se oprimiendo á los pueblos : los gobier­
nos libres aprovecharon aquella coyun­
tura , y en las margenes de un rio que
sirve de límites á varios estados , y que
es el mas caudaloso de este continente,
se resolvió el problema universal, en que
triunfó O e y sus sagradas leyes, y para
siempre desaparecieron de la tierra los
centenares de sectas que dividian á los
hom bres, y eran el origen de toda la in­
moralidad.»

( 213 )

Cuando mas embebido estaba yo oyen­
do al anciano, y ansioso por saber la re­
volución de aquel planeta, fuimos in­
terrumpidos por un persona ge que llamó
mucho mi atención, y al que vas á co­
nocer conm igo, querido lector, si te pa­
sas al salón de ceremonias magistrales.
Era un anciano tan respetable como
mi bienhechor, á quien este recibió con
la mas cordial y respetuosa benevolen­
cia. Mañana es el d ia , le dijo aquel , en
que debes venir á presidir un acto de
los mas plausibles, y vengo á anunciár­
telo en persona , convencido como estoy
que el éxito coronará mis deseos y los
tuyos. Mi patrón le contestó afectuoso
dándole las gracias por su bondad, y
acudió toda la familia á cum plim entar
al persona ge. Yo c re i, sin género de du­
da , que fuera el gefe del cantón, ó una
de las primeras autoridades de la comar­
ca ; su continente, su dulzura, su len­
gua ge tan puro , su mirada penetrante,
y su decir elocuente, me lo hicieron mi­
rar como uno de aquellos célebres ora­
dores que se atraen el respeto universal;
y no me engañaba : hice esta observación
a mi hermana y preceptora, quien á.
media voz me espresó, que era un sabio,
y <[ue aquel hombre tan respetable , y
que honraría nuestra mesa, era nada me-

( 214 )

ros que el maestro de primera educación
de la comarca. Aquel nada menos pro­
nunciado con seguridad, me indicó que
era un título de consideración de los
mas respetables entre aquellos sencillos
habitantes. Crei no haberlo oido bien,
me lo repitieron , y no me quedó la me­
nor duda. ¡ El maestro de escuela de una
aldea con tanta reputación! ¡Un hombre
tan respetable! Sin d u d a, dige entre mi,
habrá sido algún personage de rango en­
tre estos hombres , y hoy , ó por efecto
de las costumbres de este clima , ó por
otras causas que ignoro, se verá reduci­
do por capricho tal vez, ó por su situa­
ción á desempeñar un cargo el mas mi­
serable. i Como me engañaba! ¡Qué fuer­
tes son las primeras impresiones de la ni­
ñez ! Acostumbrado en mi pueblo á ver
encargado en la dirección de la niñez á
un mercenario ignorante, sin educación
ni talento, reducido á una mezquina re­
tribución que apenas le bastara para sub­
sistir , mal vestido y peor considerado
por sus convecinos; y hecho á veces la
mofa y el escarnio de la inconsiderada
juventud , no podia concebir como her­
manar aquellas ideas como las que aqui
se me presentaban. Deseaba salir de tan­
tas dudas.
Durante la comida tuve lugar de ad-

(215)
mirar la profundidad de su ingenio, y
terminada ésta, después de hablar de las
prevenciones del dia siguiente para lo
cual fui invitado, discurrí con mi pro­
tector acerca de la estrañeza que me cau­
saba el que un hombre de tan profun­
dos conocimientos desempeñara profesión
tan humilde.
Prescindiendo de tu error en todas
las costumbres de este pais, me dijo el
sabio maestro y padre mió, y de tu preo­
cupación en materias de profesiones, cuan­
do aqui no hay ninguna humilde; la esperiencia, el convencimiento y el natu­
ral instinto enseñan que el cargo de di­
rigir la niñez para enseñarla á poder ca­
minar por el sendero de la vida es el
mas sublime, el mas respetable y el que
mayor dosis de instrucción y filosofía ne­
cesita.
En otro tiempo se hallaba aqui tan
descuidada, como allá en tu planeta, la
enseñanza de la niñez; y por esto las
costumbres se resentían de aquel aban­
dono, y jamas la buena moral podia influir en las acciones de tan tiernas plan­
tas. Ahora lian conocido los legisladores
que los niños componen la generación
que ha de ocupar los puestos que desem­
peñamos hoy sobre la tierra: aquellos

( 216 )

seres que vemos entretenidos en pueriles
juegos, que una hormiga llama su aten­
ción , y que la pérdida de un juguete
causa en su fibra los mas amargos des­
consuelos, m añana desempeñara en la
escena del universo el cargo de legisla­
dor, tendrá á su cuidado la suerte de un
distrito, regirá á los dem as, serán hom­
bres y nos sustituirán en todos los debe­
res sociales. Estos niños, pues, no deben
inspirarnos indiferencia, ponemos todo
nuestro esmero en su educación, debemos
evitar que destruyan nuestras obras, y
nuestro anhelar ha de cifrarse en que so
conserven y acaten las que hayamos deja­
do. Para esto preciso es que los e duque­
mos por medio de máximas equitativas y
con la mas esquisita moral. Y ¿quién
podrá llenar tan penosa tarea? ¿podría
desempeñarla alguna alma vulgar? ¿ P o ­
d rá penetrar en el corazón de cien ino­
centes infantes un ojo común, inesperto,
poco practico en el mundo, y menos ver­
sado en la ciencia del corazón humano?
Un ser sin una vasta erudición, sin co­
nocimientos generales, sin poseer la físi­
ca y otras accesorias ciencias naturales,
¿podrá hablar al instinto i n fa n til, nit
influir en sus inclinaciones? De manera
alguna. No podría penetrar en el cora­
zón de sus alum nos, no p u d iera , como
un jardinero, dirigir esas tiernas plantas

( 217 )
con la rectitud que hace aquel con los
árboles; no sabría destorcer sus inclina­
ciones, carecería del modismo para pre­
parar su alma á otras impresiones mayo­
res á proporción que creciera en años.
¿ P o d rá nadie dudar que las prime­
ras impresiones de la niñez son las mas
durables, permanentes é indelebles? Quién
ha podido borrarlas aun en la edad mas
provecta? Aquellas lecciones, aquella
primera instrucción, aquellas máximas
nunca se borran , influyen en lo sucesi­
vo sobre todas nuestras acciones, y deci­
den nuestro obrar. Podran el tiempo y
las ciencias rectificar errores de la niñez,
aclarar dudas entonces concebidas; pero
rara vez hacen cambiar el giro del dis­
curso , ni la impresión que hicieran en
el cerebro aquellas máximas.
Pues si podemos conseguir que en la
entrada de la vida sean perfectas y justas las impresiones; si las que s e |h a n de
desarrollar después y adquirir mayor estension con el ausilio de otras ciencias
análogas á los años, tienen hondas ra í­
ces y no varian en la esencia, ¡c u á n
grande no será la u tilid ad que reporte­
mos ! Se educa á los niños para que sean
hombres, y para ello la moral es la que
deben beber eu sus primeras fuentes. Na-

(2i8 )
da les admira después, ninguna impre­
sión maravillosa deteriora las primeras,
todas siguen un giro igual y uniforme;
no perciben otras, y aprenden á ser hombi ’es desde la infancia : para todo esto
debe mediar un profesor practico, inte­
ligente, perspicaz, hábil y conocedor de
nuestra especie. Amable y dulce para in­
sinuarse en el corazón de sus alumnos;
cariñoso para ganar su benevolencia;
amable para saber conservarla , indul­
gente para sufrir sus inocentes imperti­
nencias y atolondramientos..... En fin, un
ser especial, organizado para este solo
objeto. Y á fe , que estos hombres son
ra ro s, y por esto es preciso conservarlos.
El esmero mayor de nuestro gobierno
se cifra en promover la enseñanza pri­
maria, porque de ella proceden todas las
fuentes de la ilustración, de la moral y
<1e las buenas costumbres. La comarca, ó
el distrito que adquiere un buen precep­
to r , cree haber hecho la mejor adquisi­
ción y lo respeta. Todos los habitantes
acuden con su contingente para sostener
este importante r a m o , y cada profesor
cuenta con honorarios mas que decentes
a fin de atender á sus obligaciones: go­
zan de preeminencias distinguidas y han
solido desempeñar cargos los mas honro­
sos. El anciano que tenemos la compla-

( 219 )

cencia y fortuna de tener en esta comar­
ca , ha sido legislador, magistrado, con­
sejero, y por su talento é instrucción, y
su natural deferencia en ser útil á sus
semejantes, alcanzó coil gGílGral aplauso
este honroso encargo.
Mañana deducirás por el sistema que
aqui adoptamos si la instrucción primi­
tiva ha podido llegar á un grado de
perfección , que sino es el mejor es el que
mas se aproxima á la perfectibilidad.
Al dia siguiente nos dirigimos al re­
cinto destinado para la instrucción de la
juventud: era un local bastante espacio­
so, con muchas habitaciones, en las que
estaban los alumnos divididos por clases,
y el sistema de enseñanza era muy igual
al mutuo, adoptado generalmente en Eu­
ropa. Descender al minucioso detalle en
que estaban subdivididas las clases , al
régimen interior para el silencio y com­
postura, al aseo y circunspección de los
concurrentes, y aun á los castigos im­
puestos , seria obra larga , baste decir que
tenia su origen en el esacto discernimien­
to, y en la mas filosófica y detenida
atención sobre la índole de las pasiones
en la edad primera.
Tratábase en aquel acto de un exa-

( 220 )

incn para premiar á los mas sobresalien­
tes en sus respectivas clases, y se permitia á los concurrentes hacer las pregun­
tas que gustasen dentro del círculo de
la respectiva clase de instrucción. La pri­
mitiva , que comprendia los elementos
primordiales para desde al¡i entrar en
ciencias mayores, se dividía en la escaia
siguiente.
1. a Conocimientos de los caracteres.
2. a Union de los caracteres para for­
mar sílabas y nombres.
3. a Reunir éstos y leer escribiendo al
tiempo mismo.
4. a Lógica infantil, ó coordinación
de ideas con principios de moral.
5. a Ley natural y conocimiento del
gran Ser.
6. a Deberes del hombre y obligacio­
nes sociales.
7. a Gramática.
8. a Aritmética y geografía.
0.a Matemáticas y agricultura.

10 y última.
yes del pais.

(221 )
Conocimiento de las le­

Tal era en resumen la escala de ele­
mentos que comprendía la instrucción
primitiva y á la que debian arreglarse
las preguntas. Muy raro era el que á los
diez años no se hallase perfectamente
instruido en todas las materias de aquel
programa , cuando generalmente á los
cinco era cuando se admitian en el esta­
blecimiento.
Antes de esta edad habian calculado
los hombres mas conocedores del corazón
hum ano, que era imposible imprimir
ideas capaces de permanecer en el cere­
bro infantil.
Preparado el acto para el examen y
presentes en el gran salón los alumnos
clasificados para sufrirlo: ocupados los
asientos por los concurrentes y precedido
de un solemne discurso del preceptor,
se dio principio á las preguntas sencillas
y propias de la edad de los que debian
responder á ellas, en la forma siguiente.
P regunta á un niño de cinco años
que solo habia quince días que estaba
en el establecimiento. ¿ Cuántos son los
signos y letras ?

.( 222 )

Respond*. Ciento tres. ( Adviértase
que como tengo dicho en otro lugar ha})ia varios signos representativos para las
interjecciones y otras voces comunes, de
una ó dos sílabas.)
P.

¿ Para que sirven estos signos?

Tí.

Para formar palabras.

P.

¿Y sabes tu formar estos signos?

Tí.

Sí.

P.

Fórmalos.

Tomó un estilo y trazó sobre una pie­
dra todos los caracteres perfectamente
formados.
Se repitieron estas preguntas á varios
de su clase, y casi todos contestaron con
la misma precisión.
Pasóse á la segunda, y del mismo mo­
do niños que apenas sabian hablar pro­
nunciaban sílabas v nombres, los escri­
bían con esactitud, subdividian las le­
tras y distinguían perfectamente su dife­
rente sonido y aplicación.
Los de la tercera clase correspondie-

( 225 )

ron con igual esmero á la esperanza de
los espectadores leyendo y escribiendo
correctamente, niños que apenas conta­
ban los seis años, (debo advertir que en
aquel planeta por efecto de las costum­
bres ó del giro que habia tomado la mo­
ral en su naturaleza, no era esta tan pre­
coz como en estos climas ; pero también
en aquellos se conservaba la robustez y
perfección de los sentidos entre los cen­
tenarios, de los que se contaban sesenta
por cada uno de los nuestros. Tal era el
influjo de las costumbres debidas á su
escelente legislación.)
En la cuarta clase las preguntas eran
mas complicadas y variadas: tratábase
de la lógica natural sin los adornos del
arte que ayudaba á concebir y espresar
las ideas. La muestra que presentaré de
unas cuantas preguntas hara formar jui­
cio del minucioso cuidado del preceptor
en formar aquellos seres. Siete años ten­
drían poco mas ó menos los que van á
responder.
P . ¿ De qué partes principales se
compone tu cabeza ?
P - De cráneo, ojos, nariz, boca y
oidos.

( 22 i )

P.

¿ Para que sirve cada una de es­

tas partes ?

R. En la primera reside el cerebro,
el cual sirve para recibir las sensaciones
que se comunican á los demas sentidos:
sirven los ojos para ver, para oler las
narices, para hab lar y comer la b oca, y
para oir los oidos.
P. ¿ Y que hicieras si te faltasen es»
tos sentidos?
R. Llorar y sentir, porque ni pudie­
ra ver á mis padres, *oir a mis amigos,
o ler las flores, ni hablar con los compa­
ñeros de mi infancia.
P. ¿ Y qué uso debes hacer de estos
sentidos para que merezcas una recom­
pensa i
R. Debo mirar con atención cuanto
liaga, debo oir los preceptos de mis ma­
yores que retengo en la memoria porque
todos son buenos, debo hablar siempre
bien de O e que me ha criado, y no
ofender con mis palabras a ninguna p er­
sona.
Por las contestaciones que como este
dieron los demas, se venia en conoci­
miento que sabían discurrir v formar

( 225 )

itleas basadas en la moral. Fueron mu­
chos los que sobresalieron en esta clase,
y casi todos se hicieron acreedores á los
premios.
No llegarían á ocho anos los que pre­
sentaron para sufrir el examen de la
quinta clase. Las preguntas fueron mas
estensas ; y sin embargo que las contes­
taciones requerian mas premeditación,
eran no obstante tan concisas y satisfac­
torias, que por ellas se venia en conoci­
miento de la comprensión y aprovecha­
miento de aquellas plantas humanas tan
bien dirigidas.
Espondré una muestra del carácter
intelectual de aquellos aplicados niños.
P. ¿ Por que el primer deber huma­
no es respetar á O e y á nuestros padres?
¿Dónde está O e que tanta veneración
nos impone ?
R. O e se halla en este lugar y es el
que me dicta estas palabras: sino por él
no permanecería este edificio, ni el pue­
blo, ni el mundo , ni mis padres, ni tú:
y como que lo creó todo, y creó á mis
padres para que estos me creasen á mi,
el cuidado que ponen para alimentarme
y enseñarme exigen mi amor para con
tomo I.

15

(226 )

ellos, y para con O e de quien des­
cienden.
.i Puede formarse un raciocinio mas
esacto respecto al deber filial y al amor
y gratitud que el hombre debe tener al
Ser suprem o, el que encierra esta senci­
lla contestación de uu niño? ¿Puede espresarse con mayor esactitud el deber
hum ano, para con Dios y los padres?
Pues de la misma manera satisfacían á
otras preguntas contenidas en el círculo
de esta clase , que no detallo por que en
vista de la primera pueden deducirse las
demas.
Alguna poca mas edad ó casi la mis­
ma coritarian los que se presentaron á
esplicar el deber del hombre y sus obli­
gaciones sociales. En sus contestaciones,
con un lenguage sencillo é ingenuo co­
mo su inocencia , manifestaban el gran
principio moral que dirigía sus accio­
nes, cuya tendencia hacia la sociedad,
estribaba en unas costumbres irreprensi­
b les, y en un amor sincero hacia sus se­
mejantes. Amar a O , á los demas hom­
bres como á hermanos, socorrerles, no
ofenderles ni dañarles en la menor cosa,
tal era la base del deber social.
e

Los gramáticos distinguían perfecta-

( 221 )

inente las partes de la oración, y hacían
el análisis de todas ellas, enumerando la
etimología de las voces, y su propiedad.
Los aritméticos conocian perfecta­
mente el cálculo, y aplicaban todas las
reglas á las diversas operaciones mercan­
tiles: poseían la geografía del pais y ge­
neral, median las distancias, graduaban
los climas sabiendo el giro de los astros.
Los matemáticos resolvieron los mas
difíciles problemas ; y en el ramo de
agricultura después de clasificar los fru­
tos análogos á cada estación, su cultivo,
los plantíos, educación de los arboles,
manera de ingerirlos, beneficio de las
tierras, riegos, esplotacion de aguas, po­
zos, y cuanto contribuye á su acreci­
miento, hacían las espiraciones de una
manera tan sencilla, que probaba la im­
presión permanente de sus teorias, y que
sabrían aplicarlas en la práctica.
En la legislación del pais, como era
tan sucinta en sus artículos , y todos te­
nían por objeto la moral, hacian pro­
gresos rápidos, y raro era el niño que no
poseyese en su imaginación un resumen
de todas ellas.
En fin , el auditorio quedó complací-

( 228 )

do, y los alumnos aventajados recibie­
ron de mano del magistrado los premios,
reducidos á objetos análogos á las cla­
ses. Los concurrentes asistieron al ban­
quete de la niñez, espléndido sin duda,
porque todos llevaron á él algunos rega­
los ; aquella mezcla de sencillez é ino­
cencia encantaba á los corazones sensi­
bles , y era un estimulo para los tiernas,
a fin de aplicarse y participar de igual
gloria.
El profesor nos obsequió con una de­
licadeza la mas urban a, y en su familia
brillaba la am abilidad y los recomenda­
bles y distinguidos dotes. ; Qué. contras­
te aquel con nuestros establecimientos
rurales de instrucción prim aria! y ¡qué
diferencia de profesores !
Al retirarnos, mi ilustrado protector
me hizo las mas sabias observaciones
acerca de su legislación que había in­
culcado la idea de preferir para la pri­
mitiva enseñanza á los hombres mas res­
petables por su saber y virtudes.
Si fin catedrático de medicina , por
ejem plo, se le señala una dotación bas­
tante para vivir independiente, no es
menos justo que al que forma á la niñez
para acudir con aprovechamiento á oir

(239)

f

sus esplicaciones, se le de otra relativa
a su trabajo- Analicemos cual es mayor,
y cual requiere mas pro!uncios conoci­
mientos.
El primero , se baila tan solo redu­
cido al pequeño círculo de esplicar á
sus alumnos la facultad señalada al cur­
so de los varios en que se subdivide la
ciencia. Tiene autores marcados por el
cuerpo facultativo y aprobados por la
ley, donde beber doctrinas; y su traba­
jo es transmitirlas, resolver las objecciones que se le opongan , y aguzar su in­
genio para aplicar sus conocimientos so­
bre la materia de una manera que lle­
gue á los alcances de sus discípulos ; que
todos ellos se hallan en la edad de re­
flexión , están adornados de otros cono­
cimientos, y oyen al preceptor con gus­
to, á proporción que su elocuencia y de­
cir sea mas ameno , preciso, lógico é in­
sinuante. Este círculo, empero, es muy
reducido comparativamente con el otro.
Todos los dias puede formar su esplicacion detenidamente y con profundo es­
tudio para adornarla con las galas de su
ingenio; porque aquella, y solo aquella,
es la orden del dia que ha de obser­
var...... Pero un preceptor de recien for­
mados seres, tiene que hacer un estudio
particular sobre el carácter de cada dis-

( 230 )

cípulo; y su mayor ó menor perspicacia
liara el estudio mas ó menos dilatado.
Sus esplicaciones debe amoldarlas á un
lenguage infantil, natural y que esté al
alcance de unos seres que no conocen el
idioma, y tienen aun muy confusas las
ideas: necesita creárselas, é ir desarro­
llando sus sentidos, mas perspicaces ó
prematuros en unos que otros: esta obli­
gado a ir corrigiendo los vicios que aso­
man á proporción de los años del alum­
no ; debe estirpar errores adquiridos en
la cuna y en el seno materno ; índoles
altivas, recibidas en los primeros dias de
la vida , antojos nutridos en la lactancia
para acallar su llanto ; y un número con­
siderable de defectos minuciosos, que de
no cortarlos de raiz matarían la tierna
planta. Para esta instrucción no bastan
discursos estudiados, no hay autores:
cada individuo es una naturaleza, un
pequeño mundo, diferente á los demas
que reclama su particular perseverancia,
su idioma, su método, y aplicación de
las teorias generales. En la cátedra, un
discurso es escuchado por ciento, y to­
dos poco mas ó menos lo comprenden de
una manera misma, que á tal debe en­
caminarse el esmero del preceptor; y
aqui cada oyente necesita su explicación
particular , un lenguage arreglado á su
libra , a su complexión é índole. En lili,

(231 )

fuera nunca acabar: un preceptor de ni­
ños, tal como debe ser, ha de reunir
todas las facultades , ó al menos tener
nociones generales de ellas , si ha de ser
perfecto y convertir en hombres unos se­
res informes y brutos, á cuyo cargo se
halla la civilización, la impresión de
ideas, moral y costumbres. Y atendida la
diferencia de trab ajo , la dosis de cono­
cimiento que cada tarea necesita , y los
estudios empleados para su perfectibili­
dad , ¿ podrá dudarse aun que la retri­
bución deba ser diferente? Por esta ra­
zón nuestros profesores en todos las fa­
cultades son hombres esclarecidos, que
adaptan la penosa tarea de la enseñanza
después que una larga practica del m un­
do les da la suficiente instrucción para
llenar sus difíciles deberes: las rentas
que gozan les ponen á cubierto de la in­
digencia , les coloca en un rango supe­
rior , porque son los maestros de los hom­
bres ; y por su edad y posición carecen
de miras ambiciosas personales , los cua­
les podían satisfacer por el influjo que
gozan sobre sus alumnos. Son admitidos
en los actos legislativos, porque sus lu­
ces son útiles, y sus observaciones con­
tinuas sobre el hombre cercioran al legislaoor de cual es la pasión mas dom inan­
te de este para cortarla si fuese nociva
al orden social. Ellos son los que exarni-

(23 2 )

nitn las obras que se clan al público;
pues en medio de la libertad que todos
los ciudadanos gozan para publicar sus
ideas; esta misma fuera perjudicial, si a
su sombra se generalizasen máximas in­
morales ó atentatorias á las leyes ó cos­
tumbres; y es mas fácil evitar su publi­
cación que tener que recogerla después
que haya pervertido su lectura. Para es­
ta censura se sigue un orden imparcial
y rápido: el autor al entregar su pro­
ducción á los profesores, exige señala­
miento de dia para la discusión: la pre­
sencia , y toma la palabra para respon­
der á las objcccioues ; por manera que
sufre el escrito una completa corrección
y sale perfecto en todas sus partes ; si se
desaprueba por perjudicial ó por conte­
ner doctrinas contrarias, se le permite
asociar miembros á su arbitrio. No ha
acontecido aun un egemplar de esta na­
turaleza , pues los autores se han some­
tido á las reflexiones , han enmendado
sus obras, las que lo han exigido, y las
que no el auLor ha merecido la gloria
de estar correcta. Esta ley que á primera
vista parece demasiado rígida, es al conirario, un estímulo para el talento y un
bien para el pais ; porque no se publi­
can sino libros perfectos que han pasado
por el crisol de las ciencias : y los escri­
tores adquieren mayor gloria, porque el

(

)

acto censorio es privado, y los miembros
jarnos revelan , ni las obras desechadas,
ni las corregidas.
Qué falta hace, decia yo, en mi pais
Tina censura semejante! y ahora añado:
si felizmente estuviera establecida , al
paso que esta obrilla contendrá cente­
nares de defectos, alambicada por la
censura de tantos hombres inteligentes
¿no quedaria purgada de los errores que
contenga, en tantos ramos como abraza,
y de la cual no soy mas que un mero
narrador? Ciertamente que no nos vería­
mos plagados de producciones que con­
tienen doctrinas muchas veces opuestas
¿ la moral, á la legislación y á las cos­
tumbres , con el solo objeto de halagar
ciertos espíritus y corromperlos.
No pretendo meterme á censor, ni estenderme mas en una materia que pu­
diera atraerme la animadversión de cier­
tos escritores que confunden la libertad
con la licencia, y creen que la de obrar
y pensar , no debe tener límites, cuando
lo son las buenas costumbres en todo pais
aun el mas libre. Asi acontecia en
aquel felice planeta cuya historia me ho
propuesto trasmitir á mis lectores.
FIN DEL TOMO PRIMERO.

ERRA TAS,

f

P á g in a .

5
15
25

L ín e a .

D ice.

12
31
12

escalab rab a
gii i ja l o n e s
e x isten cia

■ t

L éase .

d e s c a la b ra b a
c a g ilo n e s
a sisten cia

INDICE
DE

LAS

M A T E R IA S

CO N TEN IDAS

TOMO

PR I M E R O .

EN

ESTE

Pág-

I. Introducción que sirve de prólolo g o .= M i nacimiento,—Mi edur cacion.—Mis inclinaciones .—Sal­
go por primera vez del hogar
paterno....................................... ,
1
II. Historia del definidor y vicei prior padre Gómez. : ................. 31
III. Decidome d no abrazar el esta­
do eclesiástico.—Entrevista con
mi lio.^Resultados de mis ob< \screaciones para un nuevo esta­
do. — Nueva carrera. . . . . . . .
60
JV. Víage largo. — Breve resumen
de él hasta la entrada en el
l mar del Sur.—Tempeslad.=Nau- ‘
fr a g io ............................................ 72

¡V. Hallóme en un país desconocido.

Sus habitantes.=La acogida que
me dieron. — Pintura de aquel
pueblo. — Admiración.—Fenóme­
no........................................
VI. Conozco por mis observaciones
que no estoy en el mundo sub­
lunar , y que habitaba otro pía-

82

neta.—Senálanme maestro para
aprender la lengua del país =
Pinto algunos lienzos que merecen general admiración.—Puedo
ya comprender el id io m a s Mis
primeras conversaciones............. 99
,\11. Instruyóme en las leyes del
país.—Comienza el anciano la
historia. = Interrupciones agra­
dables que me suministran sus
costumbres.^Malrimonio. , . . . 110
M U . Conlínua mi protector su nar­
ración.—Juicio de un pleito.—
Infortunio de una fa m ilia , fe ­
liz remedio.....................................135
IX. Prosigue la narración.—Inciden­
cia desagradable. —Un suicidio.
Consternación general. — Cere­
monia religiosa................. ..
159
X. Siguen otra vez los sucesos de la
historia del país.—Maestro de
instrucción primaria. — Escuela
de costumbres.—Reflexiones. . . 202

Colecciones