Astolfo, viages a un mundo desconocido, su historia, leyes y costumbres: obra original. Tomo 1
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- Tipo
- Impresos
- Autor
- Madrazo, Federico de
- Idioma (código)
- spa
- Extensión
- 233
- Identificador
- 0000000075
- Miniatura
- https://patrimoniodigital.ucm.es/r/thumbnail/784760
- Notas
- Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
- Procedencia
- Jaureguízar, Agustín
- Colección de la edición
- Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
- Impresor
- Imprenta de D. I. Boix
- Lugar de publicación
- Madrid
- Idioma
- Español
- Europeana Type
- TEXT
- Europeana Data Provider
- Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
- Derechos
- Universidad Complutense de Madrid
- Licencia de uso
- CC BY-NC-ND 4.0
- Fecha de creación
- 1838
- Formato
- image/jpeg
- application/pdf
- extracted text
-
A S T O la F O ,
VIAGES A UN MUNDO DESCONOCIDO.
t,
Í0AÍ7
astoifo,
VIAGES A UN MUNDO DESCONOCIDO,
SU HISTORIA,
LEYES Y COSTUMBRES.
OBRA ORIGINA*..
PüR D. F. DE M.
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w u u w vvu w vw
TOMO I.
\\\V V \W \W W VV\
IM P R E N T A B E D . I . B O IX .
1838 .
E s propiedad de la
casa de boix.
¿LSTOXFQ,
I.
INTRODUCCION
QUE SI R V E
NACIMIENTO.*— MI
DE P R O L O G O .= MI
EDUC A C !O N = M IS
IN CL I-
NACIONES.— SALGO POR PRIMERA VEZ
DEL
HOGAR PATERNO.
1 a no son de moda los prólogos, y ala
bo el pensamiento: esa antigua costum
bre ponia en prensa los entendimientos,
los lectores formaban un concepto de Ja
obra que era casi siempre favorable , y
al concluir su lectura nada veian de
cuanto se les ofreciera: parecíanse á los
programas políticos que embaucan á cua
tro crédulos, y muchas veces, no diré
todas, han sido transitorias promesas pa
ra conseguir un solo objeto ; pero esto no
es de mi incumbencia. Yo te ofrezco,
querido lector, la historia de un viage
peregrino ; y solo por lo nuevo debe in
teresarte. Si eres académico, no te pares
tomo
l»
l
.(2 )
en mi estilo; jamas pertenecí á cuerpos
científicos, porque me conocía á mi mis
mo : no lie formado parte en otra asocia
ción que en una de ánimas de mi pue
b lo , y puedo asegurarte que no conocí
jamás arriba de tres ó cuatro socios, que
eran los que distribuían y recaudaban
los contingentes. Escribo como historia
dor, y leí, no me acuerdo en que autor
ni quiero buscarlo, por ser yo poco eru
dito ni amigo de citas, qrn» los historia
dores deben ser sencillos y precisos : asi
lo seré yo, y podrás juzgarlo. Si fueres
clásico, este es mi fuerte; pero uso un
nombre que no comprendo á fondo, pue
do asegurarte que el corto tránsito que
hice en el gran mundo de esta corte, me
hizo formar tan desventajoso concepto de
las nuevas nomenclaturas que desde en
tonces escribo con miedo, no me atrevo
a em itir mi opinión y vacilo en los con
ceptos ; pero si tu me entiendes basta;
seras mi Mecenas, y lo demas me impor
ta un bledo. También habrá en las aven
turas sucesos sentimentales que afecten
al corazón; si eres algún lector sensible
y novel a quien esciten lágrimas los cua
ti ros patéticos, te ofrezco mas de uno
donde puedas aplicar tu interes, y de
ducir de fa verdad del colorido, sus som
bras y actitudes. Tal vez si fueres lector
satírico podrías reconvenirme por el po-
. ( 3)
co tacto en m anejar el ridiculo : te lo
confieso , soy visoño en el arte y me fal
ta genio para ello ; pero estudiaré con
detenimiento la sociedad, y en otra obra
quizá , entre con audacia en tal género.
No faltaran tampoco lancccillos de amor
en donde la vivaz coqueta encuentre al
gún aliciente: pasa hojas, hallaras lo
que deseas , y juzga de mi como gustes.
Despache yo mi libro, dé publicidad a
mis viages , léanse mis observaciones, y
utilice el pueblo algunas máximas, que
es á todo cuanto aspiro. He leido tam
bién tantos libros malos ! Se leen tantos!
Se imprime tal fárrago de folletos ! que
podrá ser pase esta entre las composicio
nes menos malas. Ya concluí mi prólogo,
introducción y proem io, entremos en el
ingreso.
Nací en uno de los pueblos de nues
tras costas meridionales, mis padres poseian una regular fortuna ; éramos cinco
hermanos , y los cuatro me habían pre
cedido al nacer, por consiguiente fui el
mas mimado. Eran los autores de mi vi
da de aquellas gentes que se llaman bo
nachonas , temerosos de Dios , y exactos
en sus paternales deberes. Mi hermano
m ayor, heredero de un pequeño vínculo
que la industria paternal había mejora
d o , proporcionaba á su existencia una
clase independiente, si se contenia en
, .
,
( 4)
los lim ites de una no mezquina economía;
sin em bargo, contra la inveterada cos
tum bre del p a is , le aconsejó mi padre
que emprendiese una carrera , y su n a
tu ra l inclinación le hizo escoger el foro.
P u diera babcr sido un regular abogado,
y quizá, quizá, m agistrado ó ministro en
edad muy joven, porque dicen que era mo
zo de provecho; pero m urió al cum plir los
cuatro lustros, y llenó la casa patern a
de desolación y luto. No pude conocer
le ; porque á la sazón me tenían en un
convento y no contaba yo los años de
las reminiscencias.
Le seguía una herm ana que á los po
cos años sostituyó á mi m adre en los des
velos tiernos para el resto de la familia:
tuvo no sé que amorios desgraciados, era
de im aginación ex altad a, é hizo voto de
castidad. ¡ Pobre Ursula! no pasa dia que
no bendiga tus cuidados, y la memoria
de tu sincero cariño me acompaña en to
das partes. Aun vive, pero lejos de aqui,
y muy feliz rodeada de hijos. Un capi
tán que pasó por nuestro pueblo ad q u i
rió tal ascendiente sobre su corazón, que
la convenció de su tem erario em peño, la
absolvió de los votos, y la condujo al
a lta r donde se ju raro n un am or conyu
gal eterno: ambos cum plieron estricta
mente sus juram entos ; nuestro m ilitar
, (5 )
cambió la espada por el arado: se dedi
có á cultivar sus haciendas, y en el dia
es venturoso, en lo que cabe respecto á
felicidad domestica ; por lo demas es es
pañol y bueno, y sufre lo que todos.
Un Baltasar seguía á U rsula, que d i
cen que desde chiquitín fue travieso:
por un quítame allá estas pajas armaba
camorra con todo el mundo. En la es
cuela se entretenia en hacer pájaras y
reirse del señor maestro, escalabraba á
sus compañeros y era insufnble. Mi buen
padre tuvo por conveniente enviai le á los
Toribios por consejo de toda la familia.
En aquel establecimiento lejos de recti
ficar su carácter y modificar sus ímpetus
juveniles le atontaron á puro azote ; mi
padre lo sacó de mano de sus atormen
tadores, le trajo á casa, estenuado y me
dio im bécil, y el cariño y los años me
joraron su constitución é índole , siendo
hoy el gefe de la familia , y desempeñan
do con esactitud sus deberes. Su recto
juicio no le abandona hasta que pulsan
la cuerda sensible de su alma que es ha
blar de Toribios: se enfurece entonces y
declama contra los abusos de nuestros
primeros tiempos, y el mal tino del go
bierno de entonces por no saber montar
casas de educación, y correctivas pa
ra la niñez, que no conoce aun los crí-
menes. ¡Dios le bendiga 1 Débole conse
jos saludables y socorros ira terna les de
aquellos que jamás se olvidan. El tra
vieso del lugar es boy el patriarca del
distrito: dirige todos los negocios con
una imparcialidad y justicia que pudie
ra servir de modelo á mas de cuatro au
toridades , para que los pueblos supiesen
apreciar las instituciones que ponen en
ridículo , y hacen de malos electos por
su poco criterio , y menos método. Me
ocurre una reflexión que me dispensarás
lector am ado, si causa digresión á mi
historia. Lo primero que yo hiciera si
fuera gobierno, seria examinar la con
ducta doméstica de los empleados que
destinaba para mandos superiores : si un
geí’e de provincia era un mal padre de
fam ilia, un disipador, un abandonado en
la educación de sus hijos, y cuyo carác
ter fuese irascible ó poco tratable ; aprovecharia sus talentos, si los ten ia, en un
ramo que ningún roce tuviera con la ad
ministración pública ; porque mal podria
cum plir con ella el que no sabia gober
nar su casa, ni atraerse el cariño de sus
dependientes. Esto baria yo : y me fuera
satisfactorio que una provincia estimara
á la autoridad que se interesara por ella y
la considerase como á un padre. Cuidado
que hablo de una provincia , y doy á es
ta palabra toda su latitud; porque los
m
votos de unas pocas corporaciones ó de
un centenar de individuos, no forman el
sufragio general; y este aunque no cspresado materialmente por todos tiene
sus medios de hacerse entender; y se ha
ce entender cuando le conviene. Basta
de digresión y volvamos á la historia.
Ambrosio fue el tercero; murió joven,
y no es regular remover sus cenizas.
' JIO n
, ' i ) ; ít .v . y
1 .>
Luisa me precedía en dos años, era
la dulzura misma, se educó-bajo la vijilancia de mi hermana mayor, y supo imi
tarla. Hoy hace la felicidad de un hom
bre de bien* y es madre de nueve hijos,
residiendo en una de las colonias que
nos quedan, gracias al buen juicio de
sus habitantes.
íuU V ) i
Ahora nos ocuparemos de mi que co
mo héroe principal de la narración, y
haciendo en ella el papel del primer per
sona ge, querréis saber minuciosamente
todos mis antecedentes* Nada os ocultaré
lectores; pero no juzguéis por ellos, por
que no fuera prudente en un tiempo tan
azaroso, tan m udable, y en el que tienen
tan poca solidez los pensamientos de los
hombres. Hoy puedo discurrir de un mo
do, y convencerme mañana que mis prin
cipios eran erróneos y cam biar; ó, aun-
(«)
.
que aquellos fueran rectos, según mi con
vencim iento convenirme otro dia rectifi
carlos para m ejorar mi posición social:
como este mal ejemplo es tan general,
forma la base de educación moral en el
d ia , y con tales precedentes asi sale ella/
y asi son los frutos que produce. Pero
ellos m ejorarán: debemos esperarlo.
Considérame á los ocho años, viva
racho , d ecid o r, y con una instrucción
no común en un lugar reducido de Es
paña. Formaba las letras con unos rasgos
adm irables : de una N sabia formar una
águila y enlazaba una A m ayúscula con
una culebra que era cosa de ver. Mi maes
tro era un lince en esta m ateria , y des
pués de Torio se consideraba el mas aven
tajado pendolista. Cuatro años me tuvo
em borronando cartapacios, y aseguraba
era yo el discípulo que mas progresos
hubiese hecho durante su m agisterio: pe
ro á pesar de mis ra sg o s, no sabia escri
b ir dos líneas iguales sin pauta. Decia
consistir esto en que el pulso no estaba
fo rmado; y decíalo tan serio y satisfecho
que lo creían a s i: yo tam bién lo creia
entonces. Leía de corrido con adm irable
velocidad, y sabia las cuatro cuentas.
Agrega base á esto conservar de memoria
todo el catecism o, ayudar á misa y
cantar en el coro á m aravilla. Tam bién
, , (*)
recitaba las fábulas de Samamego y mu
chas relaciones de comedias y romances,
con que dejaba admirados á los oyentes
los dias de visita, y encantaba á los tra
bajadores en las eras. Estaba yo tan or
gulloso de mi ciencia que me persuadía
lio poderse saber mas. Tales elementos á
los ocho años, hacían prometer á papá y
mamá y demas de casa, que con el tiem
po podría ser obispo.
Discordes andaban los pareceres acer
ca de la carrera que debiera emprender
para arreglar á ella el plan de mis estu
dios. Mi padre era de opinion que la
edad daria á mi inclinación el rumbo,
mi madre no tenia otra opinion que la
de su esposo ; pero otro personage respe
table entre la familia debía emitir el su
yo, sin el cual no podia decidirse de mi
suerte.
Tenia mi madre una hermana ma
yor, que era la sibila de casa. Soltero
na de mas de cuarenta , no mal parecida
y muy bien educada. Era beata sin afec
tación ni gazmoñería; pero abrigaba cier
to orgullo y espíritu de dominación, que
creia debérselo al estado de perfectibili
dad que había abrazado, que no pocas
veces hacia entibiar las buenas relacio
nes que con ella conservaba mi padre:
( 10)
pero jamás se rompieron las hostilidades,
la dulzura natural de mi madre era la
potencia conciliadora, y finalizaba la bue
na armonia con ratificar las estipulaciones
hechas el dia de mi nacimiento reduci
das a un sclo artículo: «que yo seria su
heredero universal.» Y como tenia algu
nos bienes, los bastantes para su decen
cia y atender al culto de las imágenes
de su devoción , que eran tantas como al
tares habia en las dos iglesias del pue
blo , algunas misas y regalillos á los pa
dres que dirigían su conciencia ; no era
estraño que el tal tratado la diese dere
cho para disponer de mi futura suerte.
Celebróse junta para fijarla , hubo
varios pareceres y prevaleció el de mi
protectora y tia , reducido á que podría
formarse con parte de su patrimonio una
capellania de sangre revertible á mis her
manos ó sus descendientes por línea rec
ta de mayor á menor, ordenarme á titu
lo de ella, cantar misa , ser clérigo* y es
perar de mi talento y sus oraciones que
ascendiese en mi estado de pureza , lle
gando con el tiempo á ceñir una mitra,
Era tan elocuente y espresiva , tan ardien
te su imaginación en cuestiones piadosas*
que ya me consideraba, y casi afirmaba
haberme visto en sus revelaciones con el
báculo universal gobernando la Iglesia.
(
1 1 ).
Mi padre se enternecía y llegó á creer
la, mi madre lloraba de gozo, mis her
manos mayores respetaban aquellas deci
siones, y un marino antiguo, casado con
una hermana de mi padre , tomaba pol
vos durante el coloquio, y se sonreía de
unos planes á que su ojo perspicaz me
veia poco inclinado. Aun, quedan algu
nos años, decia entre si, y mi buen gru
mete, tal era el nombre que me daba,
burlará con una maniobra pronta y un
diestro golpe de timón el rumbo que esa
gente le señala. El buen viejo acertó en
verdad, y á no ser por él te quedaras
lector sbi historia de mis via jes, porque
ciertamente no harria navegado; á no
ser que los hombres por un mero antojó
se hubiesen empeñado en hacerme via
jar contra mi voluntad , como estamos
presenciando por desgracia muy á me
nudo.
Se decidió que estiidíará gramática,
para entrar después ep estudios mayores;
y como el pueblo carecía de buenos maes
tros, y el dómine qye Jiabia decía mi
padre que sabia tanto latín como su mer
ced chino, acordó mi tía pasara á un
convento estacionado á legua y media,
donde á merced del prior y á la amistad
en Cristo que la profesaban aquellos
buenos padres, se encargarían de mi edu-
( 12)
cacion, y en poco tiempo haría sublimes
adelantos. No era pequeño conseguir, y
mi padre vio el cielo abierto. Aquel con
vento era el noviciado de la orden , te
nia escelentes maestros, hombres de c a r
rera , y ¿dónde mejor podía yo adquirir
ejemplos de sabiduría y perfección, que
en un asilo de caridad y [de recogimien
to donde se formaba la juventud para
ocupar en la religión los primeros car
gos espirituales? Al otro dia mi padre
liablaria con el sub-prior que debia ve
n ir á honrar nuestra mesa, y entre ta n
to acordó el pequeño congreso que acu
diera yo á su barra para ser examinado
sobre mis verdaderas inclinaciones: ob
tuvo la comisión de esplorarme mi bue
na tia , y salió un emisario á buscarme.
¿Dónde dirás que estaba el futuro
p relado, amado lector? Pues has de sa
ber que se hallaba muy contento en una
h uerta contigua con unas rapazuelas po
co mas ó menos de su edad, ayudando á
comer el fruto de un manzano medio in
clinado que las producia esquisitas. La
galanteria no se conocía aun bien en
aquel p u e b lo , particularmente entre la
gente de nuestra e d a d ; y no apreciaba
yo el valor del femenino sexo , ni sus
privilegios para ejercer el servicial em
pleo de prevenir sus deseos. Mi persona
( 13 )
se hallaba recostada debajo el árbol de
vorando una medio verde manzana, é in
dicando á las jardineras encaramadas en
él las que estaban maduras, que pro
curaba yo fuesen las mas elevadas. Apues
to desde luego que daras con el fin que
me animaba y convendrás en que natu
raleza me incitaba con precocidad al de
seo de ver objetos, que sin saber definir
aun muy bien, me causaban un gozo in
terior que no me era dable esplicar. Lo
cierto es que la llegada del mensagero
no me dio gusto; y rogué á mis compa
ñeras no cogieran mas fruta hasta mi re
greso, que aumentaria con una torta de
pan dormido de las que reservaba mi
madre para el chocolate.
Saltando sobre un pie precedí al me li
sa gero pensando en las cogedoras de man
zanas y sus bellas formas, y sus zagale
jos bordados ; deseando concluir mi co
misión , pedir la torta á la tia Blasa la
cocinera, y regresar á la huerta con to
da la velocidad de mi carrera. Por en
tonces se frustraron mis halagüeñas espe
ranzas : tratábase de un negocio muy se
rio , y el acto era mas largo y patético
que yo pensaba.
Entre en la habitación: veo la junta
patiiarcal, y la gravedad de los circuns-
(li)
,
tam.es nao hizo temer iba á ser reñido ó
residenciado, sobre alguna travesurilla íle
las <]ue solia hacer. Desapareció de mi
memoria el huerto y las manzanas, y un
casi temor embargaba mis potencias. Pron
to saldré del paso dige entre mi, besé'la
mano a papá y mamá, tio y tia , y esta
me hizo quedar junto á si.
Comienza la sesión. Nuestra respeta
ble vestal tomó la palabra. Astollo, me
dijo con cariño: estamos aqui reunidos
para tratar de tu buena suerte : eres un
niño apreciable, temeroso de Dios, y que
amas lo bastante a tus padres y mayores
para darles gusto: todo el suyo se cifra
en tu felicidad, á ella se encaminan
nuestros desvelos y oraciones, y quere
mos, mediante la voluntad del Señor,
hacer de ti un hombre , y un hombre de
provecho para Dios, tu familia y el prógimo. No hay estado mas perfecto que
aquel que se dedica esclusivamenle al
servicio del Rey de cielos y tierra. Es
to apetecemos, y persuadidos de tu bue
na índole, nos prometemos que quer
rás darnos gusto en estudiar mucho, pa
ra abrazar el estado mejor y mas perfec
to , el estado de los ángeles, el estado
propiciatorio a los ojos del que todo lo
puede. Sirviendo al altar se sirve inme
diatamente á la divinidad, y abrazando
la carrera eclesiástica, llegarás á ser sa
cerdote que es la dignidad suprema so
bre la tie rra , te atraeras el respeto de
las generaciones y quien sabe, quien sa
be para lo que el Señor te tiene desti
nado, y si algún dia recibiremos postra
dos tu santa bendición..... Dijo mucho
m as, que no puedo retener ahora, y yo
estaba absorto al contemplar aquel pa
tético cuadro : todos estaban enterneci
dos , todos lloraban, aun mi tio indica
ba en su semblante el enternecimiento;
y yo sin saber por qué no pude reprim ir
el llan to : abracé , ó por mejor decir me
abrazó mi tia , diciendo entre sollozos,
aqui tenemos un ángel. ¿No es verdad,
hijo mió , que te sometes á la voluntad
de Dios y á los deseos de tus padres? Si
señora, la respondí; y entonces todos se
levantaron, todos me besaron y me lle
naron el rostro de lágrimas de gozo y de
caricias. No puedo desechar la memoria
de aquella escena tan tierna. Segura
mente que solo mi felicidad ocupaba á
mis parientes, y que en todos se encer
raba la bondad misma.
Cada miembro de la junta me dirigió
un discurso: yo callaba, á todo decía
que s i, y la entrada de Blasa con una
bandeja de quijalones llenos de chocolate , y una m uchachuela con un plato de
( 16 )
bolles, pan y vizcochos, suspendió la
sesión , y se trató de ayudar la frágil vi
da con aquel refrigerio. Me sentaron jun
to á la mesa, me sirvieron la correspon
diente jicara que flanquearon con mucho
pan, bollo y vizcocho, y desapareció de
mi vista el universo entero, para dedi
carla esclusivamente al objeto que tenia
presente. Un muchacho de diez años no
piensa mucho, ni se detiene dos minutos
en un objeto. Comencé á sopar vizcochos
y á engullir, sin acordarme ya de mi
obispado, de mi pectoral, ni de la mitra.
Al dia siguiente muy temprano fui á
casa de mi tio: el buen señor solia dar
me caramelos, me enseñaba estampas, y
me pintaba caballos, barcos, y hombres
con vigotes y lanzas, que yo cambiaba
por otros juguetes con los chicos, mis ca
maradas. ¿Con que te vas? me dijo.=Si
señor.=¿ Ál convento?— Muy pronto: asi
me lo dijo papá.=Muy bien: y ya no seras
capitán de una fragata, ni pescarás, ni
verás países de animales tan bonitos, ni
pájaros que hablan y cuyas plumas re
lucen ?=Que sé yo. = ¿ Y te gustará ser
cura ?r=Que se yo: tia dice que si.=Yeremos: á tu vuelta del convento, por
que de tiempo en tiempo vendrás á ver
nos, tendrás un barco pequeño como es
te , ves : ( y me enseñaba uno que tenia
(H)
dibu jado en un cuadro) iremos á la bal
sa grande y veras como anda.= ¿S olo?=
Si señor, solo; y le haremos ir donde
queram os.=¡ Qué gusto! tio ,¿ y m e ló
podré llevar ai convento ?=¿ Quién lo
duda? Comencé á saltar de gozo ; pero
sin duda prudente y reservado no quiso
volver á preguntarme acerca de mi car
rera respetando la decision de mis pa
dres; fuime contento con los bolsillos
atascados de anises ; ayudé dos misas
aquel dia ; y antes de comer, mi protec
tora la sibila me habia hecho otra exortacion ayudada del sub-prior que estaba
en su casa y debía de comer en la mia.
Ya que tanto se inclinaba mi buena
lia al estado de perfectibilidad, estrañarás que aconsejada por frailes no la su
giriesen la idea de vestirme ya el santo
hábito. Ten cachaza que antes de mu
cho te iniciaré en este secreto, y tal vez
formes, contra la común opinion que cir
culaba en el pueblo, mejor concepto del
P. Gomez, que era el sub-prior, direc
tor espiritual de la buena señora, y el
que la separó de la inclinación que ha
cia tiempo alimentaba para que me ci
ñese la correa de su santa orden. Este
reverendo, pues, fue mi Mentor en los
seis años que duraron los estudios , á él
soy deudor de ruis escasas luces; y mi
iomo i.
2
(
18 )
a tolondra miento y poca aplicación me
han im pedido ser un hombre de pro
vecho.
Aquel mismo dia quedó estipulado el
tratado, por el cual yo iria á vivir en el
convento, comeria con el P. Gómez en
su celda, que como definidor y jubilado
gozaba de este privilegio ; y me sujetaria
a las lecciones que se dignaria darme el
maestro de novicios y otros lectores gra
ves, m ediante las limosnas que haria mi
padre á la casa , a pesar de no ser men
dicante, ser rica y opulenta ; pero bajo
una regla tan económica, humilde y ad
mirable, que nada rehusaba de cuanto
redundara en el pro-comunal.
Supon la despedida , instrucciones,
pláticas, abrazos, llantos, exhortaciones
que mediaron á mi partida, y óteme en
un carro con un buen colchón y alm oha
das cubiertas de planchadas fundas con
encages de randa y cintas de rosa , en
que se bam boleaban el reverendísimo de
finidor y el travieso m uchacho que aho
ra tege los hilos de esta historia.
El llanto y sollozos me duraron al
gunos minutos : era natural, me separa
ba por primera vez de mi casa; y aun
que el viagc no era largo pues se di vi-
( 19 )
,
,
.
saban las torres del convento desde nu
azotea , parecíame que era un nuevo m un
do donde entraba; y á fé que no me en
gañé, aquel viage fue el procursor de
los que tan distantes debía hacer después,
de mi patria. Me entretenía viendo cor
rer los olivos al trote de nuestro caballo,
ansiando por visitar el convento , y em
bebido en mis reflexiones no eché de ver
que mi compañero de viage se liabia dor
m ido, y sesteaba según costumbre para
digerir una no mediana comida. El sue
ño de su paternidad y mis cavilaciones
duraron hasta que el carro paró en la
portería del santo edificio.
Figúrale que su estension era mayor
que la de mi pueblo, pues sus altos m u
ros contenían dentro del recinto, el tem
plo , el convento, varias casas de fami
liares , oficinas , lagares, alm azaras, gra
neros, corrales de ganado , una razona
ble huerta y ja rd in , con un monte de
contem plación de espesos árboles , donde
jamas penetró sol, en el que iban los pa
dres á rezar los pasos en un via crucis
de magníficas capillas. En fin era un lu
gar de delicias, y un verdadero paraiso,
la mansión sacrosanta destinada á mis
primeros años, para estudiar y aprender
las lecciones que debían serme tan úti
les en el transcurso de mi vida.
(20)
A la llegada del P. Gómez se abrió
la puerta de par en par; entramos en un
vasto zaguan, y por unos corredores y
escalera regia subimos á los primeros an
deles del sur donde se hallaba situada la
humilde celda del reverendísimo.
Un recibimiento en que se bailaban
docena y media de pesados sillones de
castaño, asientos de cuero, claveteados
con relucientes chapas de cobre que pa
recían rodelas, una gran mesa de bruñi
do nogal , algunos cuadros de mérito y
un reloj de pared formaban el adorno de
la primera habitación donde cabían otros
tantos muebles. Seguia una sala de do
ble dimensión : adornábanla taburetes de
nogal forrados de camelote, gran cómo
da al testero con berra ge dorado, y en
cima una urna colosal con la imagen del
santo patriarca : al otro estremo otra me
sa mayor que la anterior un crucifijo de
marfil sobre ella , escribanía de loza de
Valencia con algunos libros y una estu
penda poltrona para dos cuerpos. Una al
coba con buena cama, retrete con lo ne
cesario, oLro cuarto interior atestado de
libros de todos tamaños, y en él una al
coba para vuestro servidor, desde la cual
se pasaba á otra pieza que por el olor
se deducía ser despensa, cantina, y al
macén general de provisiones. Tal era el
reducido espacio que ocupaba mi patrón
a quien servia particularmente un dona
do vivaracho, aseado y entrado en dias,
que desempeñaba también el cargo de se
cretario.
Instalóme en mi nueva habitación,
encargóme gran cuidado con los libros
que desde mi cama contemplaba , y me
invitó saliese al balcón á esparcir la
vista.
Sí tuviera pluma á propósito para
pintorescas descripciones, te trazara una
que te encantaría ; pero figúrate lo mas
bello que á tu fantasía q u e p a , lo mas
magestuoso y ag rad ab le, y tendrás una
idea de la felicidad. Ahora que el tiem
po y las latigas comienzan a encanecer
mis cabellos, quisiera una mansión tan
agradable como aquella, y una vida igual
á la del P. Gómez..... Querido lector,
desdúdale: para ser feliz completamente
y llegar al apogeo de las delicias huma
nas ; de aquellas delicias que ni alteran
la sangre , ni agitan el corazón , es pre
ciso pasar de cincuenta años, ser reli
gioso ju b i la d o , obtener un rango en la
orden
y poseer una celda en un con
vento semi-solitario como el en que yo
residia. Desde allí al cielo. ¡ Si vieras
cuán arrepentido estoy de no haber ce
dido á los consejos de mi maestro de ar-
,
(
22 )
te s ! En el día seria; pero n o , no seria
nada : me olvidaba que estoy escribien
do en el año 1838 en que ha variado
tanto el mundo que no se encuentran
aquellos asilos de paz y ventura , mira
dos por lo eslerior. Voy á seguir el hilo,
pudiera incurrir en contradicciones ; la
memoria de los hermosos dias de la in
fancia me hacen apetecer lo que no pue
do gozar ; tal es la índole de la especie
hum ana.
El prim er dia lo pasé de huelga: me
enseñaron lo mas notable del edificio, la
iglesia, la huerta, los jardines, el monte
sacro, las cocinas, los refectorios, la enferm eria, las clases y habitaciones de los
novicios. Por obsequiarme , les permitió
el maestro, con la venia del prelado, que
aquella tarde nos entretuviéram os en el
monte. Poco caso hacian de mi en razón
á mis años pero no perdí mi tiem po, en
tablé estrechas relaciones con un donadito conductor de pavos, y me contó las
cualidades de sus súbditos que se some
tían respetuosos á la insignia de su dig
nidad que era una larga caña. Me in d i
có los arboles de la mas tem prana fruta,
solicitó mi protección corno niño consi
derado por el segundo gefe de la casa , y
se la concedí latamente con tal que me
indicase abundantes nidos, y m adrigue-
( 23)
ras en el caso que me permitiesen salir
para acompañarle al campo.
Ya los días sucesivos los empleé en
repasar el arte de Nebrija, mi tarea no
era pesada, madrugaba m ucho, y des
pués de repasar mi lección, ayudar la
misa á mi protector el dia que se levan
taba tem prano, y el que no, que eran
los mas, después de almorzar, bajaba á
la clase , á las diez quedaba libre. Los
dias que el padre salia al pueblo me
permitia el donado visitar al pavero, por
la tarde clase, paseo á la hu erta, me
rienda , una hora de estudio, otra de ca
bezadas , cinco minutos para cenar y á
la cama. Tal fue mi vida por espacio de
tres años , en el cual pasé las pascuas y
los dias clásicos en el seno de mi familia,
que también venian muy á menudo a vi
sitarme. Toda la comunidad me reputa
ba ya como miembro de e lla , conocia
sus constituciones , sus fiestas , tenia no
ticia de los santos de su orden , y habia
mas de una vez leido sus vidas. Mi ca
rácter me grangeó el afecto de jóvenes,
ancianos y novicios, y los maestros decian que hacia mil prodigios. A los doce
años era lógico, y hubiese sido un con
sumado ergotista si el buen juicio del
sub-prior no me hubiera enseñado el ver
dadero objeto de la ciencia y la manera
_
. (24 ),
ile bien discurrir. Entre en la filosofía,
ya resolvía algunos problemas de mate
máticas, sabia algún tanto la historia,
cuando el amigo de mi tia dijo que esclusivamente qucria encargarse de diri
girme por la senda de unos estudios que
requieren mas reflexión que memoria y
mas instrucción que talento. No era ya
aquel rapaz atolondrado, pasaba algunas
horas leyendo á los antiguos poetas, me
dio conocia las bellezas de algunos grie
gos, y leia en el idioma de Fenelon los
sermones de Bossuet y algunas tragedias
de üacinne. Entonces me convencí que
la obesa figura del P. Gómez encerraba
muchos conocimientos , y que el especie
de respeto que le tributaban los religio
sos y el prelado mismo , eran prueba con
vincente de la consideración que goza
ba. Electivamente , el era el prelado, á
él acudían para todas las consultas eco
nómicas y administrativas de la casa
ademas de la correspondencia oficial de
los superiores, el general se carteaba á.
menudo con nuestro religioso , y los dio
cesanos de la provincia le dirigian sus
consultas. Ya le miraba yo con mas res
peto y benevolencia que antes, y escu
chaba con profunda atención todas sus
palabras que descendian á mi corazón
como un balsamo saludable que me vi
vificaba y hacia hombre.
(25
)
Llegó la época en que debía profun
dizar los sacros principios de la teología
para entrar de lleno en la carrera ecle
siástica : tratábase de recibir las prime
ras órdenes ; todo lo cual liabia retarda
do mi venerando protectora quien csclusivamente se liabia encargado la direc
ción de mi carrera. Habia dos años que
no existia mi tierna madre , y mi padre
casi postrado por los sentimientos de su
pérdida, y la de mi hermano mayor, re
clamaba á menudo mi existencia. El afec
to verdaderamente paternal del definidor
no se entibió un momento, y un dia que
salimos á paseo mas temprano que otros;
después de varias conversaciones genera
les me tuvo la siguiente.
« Querido Astolfo, ya eres un hombre:
ya es preciso que te hable con el lenguage de la amistad. El desarrollo de las pa
siones van imprimiendo en tu fisonomía
un carácter vivo, impetuoso, emprendedor
poco á propósito para la vida contempla
tiva : tu genio necesita un teatro mas basto
que el reducido á que quieren introdu
cirte. Tal vez mis cálculos sean equivo
cados 5 por esto quisiera exigir de tí un
acto de franqueza ; y si este anciano que
hace seis años sigue constantemente tus
pasos, escudriña tus pensamientos y estu
dia tus inclinaciones, te merece confianza,
( 26 )
sé ingenuo, y habla sin rodeos. Ante todo
debo ponerte á la vista el verdadero esta
do de tus negocios. La fortuna de tu pa
dre regular y decente en el punto que
habita, á su fallecimiento recae en tu her
mano mayor. Sus economías y la adqui
sición que con ellas pudo hacer de algu
nos bienes no serán bastantes á formarte
un patrimonio en la sociedad. Los bienes
de tu buena tia, después de deducir las
cargas piadosas con que los ha gravado,
son mas embarazosos que útiles. Debes
pues considerar que te es necesaria una
carrera para atender á tu subsistencia, y
á las necesidades que te has creado con
la educación. De esto se trata; pero cual
quiera que emprendas debe ser hija del
convencimiento y del mas maduro exámen. Contempla tus deberes sociales, y
reflexiona para lo que nacistes , no eres
tuyo esclusivamente, después de Dios , te
debes á tu patria, es decir, á tus conciu
dadanos, en cualquier estado es el hom
bre útil á la sociedad; pero debe procu
rar aquel en que mas servicios pueda pres
tarle. Para fijar un destino estúdiese á sí
mismo, mida antes sus inclinaciones. Si le
domina el egoísmo concéntrese en un es
tado abyecto; aléjese de la sociedad, se
ria para ella una pesada carga. No pudiera
ser magistrado, no podria encargarse de
la defensa de los demás, el que se ama
( 27 )
.
asi mismo en demasía. No sacrificaría una
sola vigilia, su descanso, y á veces su re
putación y fortuna en obsequio de sus se
mejantes, el hombre ensimismado á quien
un sentimiento de egoismo emancipó de
la familia común, no pertenece á ella, es
un ilota cuyo encuentro debe evitarse.
Este ser es nulo, y no contemos con él
para nada.s=La carrera militar es lucida,
es mas brillante que cómoda, exige un
genio particular para su buen desempeño,
e s p e s a d a ; son diversas las escalas que
abraza, se basa en la obediencia y ciega
sumisión ; esta educación primordial de la
carrera se arraiga en el alma , se contrae
un h á b ito , difícil de rectificar, avézase
desde un principio al mando cimentado
en la obediencia ciega; por esto vemos
diariamente un excelente general que con
su valor y conocimientos decide una ba
talla, y es árbitro d?l destino de un rei
no ; que organiza un ejército con la ma
yor ra p id e z , y concibe un plan con la
misma velocidad que lo egecuta; que abar
ca todos los conocimientos económicos y
administrativos que para un grande ejér
cito son necesarios ; que los soldados ven
en él el padre común y el regulador de
las marciales leyes: sin embargo, este ilus
tre guerrero que se coronó de laureles, á
quien su patria debe la independencia, y
que los pueblos aclaman Como un héroe
( 58 )
no sirve para el mando político de una
miserable aldea. El que en los combates
solo pudo entregarse á las glorias milita
res no ha sabido ganarse la benevolencia
de un pueblo tranquilo y pacífico; y todo
esto lia consistido en el arraigo que tomó
en su corazón la marcial educación, y el
habito de la obediencia ciega, sin oir,
sin ver, sin considerar mas reflexiones que
la común de ca lle y obedezca. ¿Qué te diré
tle las ciernas profesiones? Todas requie
ren su temple de alma análogo, todas tie
nen fricciones propias, y hay que amoldar
á ellas como en las artes, el genio y la
inclinación. De un pusilánime , de una
alma abyecta no pueden esperarse accio
nes generosas, ningún sacrificio de sí mis
mo; las artes ni las ciencias no les serán
deudoras del menor descubrimiento, ja
mas podrá elevar su dignidad á la esfera
de lo grande y lo sublime, y siempre mez
quino se cubrirá con el polvo de su mi
seria. Exíjase de este hombre una carrera
que tenga roce con los intereses sociales;
llágase de él un magistrado, un guerrero,
un funcionario, será un ser nulo, sin pres
tigio, sin opinión á quien rechazarán sus
conciudadanos.
......
m.
« Pues si aquellas carreras ofrecen tan
tos inconvenientes, si para ellas hay que
consultar el físico, y la moral del indivi-
(2 9 )
<luo, con cuanta mas razón debe el hom
bre estudiarse, para entrar en la espinosa
de la iglesia? Su temperamento es la base
de la carrera. Vea si con él podrá poner
un dique á las pasiones: considérese sin
ellas, ó con imperio bastante para subyu
garlas; y este imperio sobrenatural ¿po
drá jactarse el hombre de obtenerlo? Si
las inclinaciones luchan, si la sangre se
enardece, si su ser se pronuncia y desar
rolla, si la naturaleza, mas poderosa que
los hombres ejerce su dominio ¿quién sino
el Autor de ella podrá acallarla ? Sus le
yes son inmutables, y el Supremo Criador
al dictarlas jamas pudo contradecirse.
Creó los seres, y formó leyes estables, sem
piternas como su divinidad, consignadas
están en la naturaleza. Contrariarlas es
contrariarla, contrariar á su autor, y con
trariar á Dios mismo. El estado que el
hombre emprenda en la sociedad es el de
ber mismo que sanciona al abrazarle; co
mo deber no puede infringirlo sin incur
rir en una falta y estas faltas cuando in
fluyen sobre la sociedad son crímenes.
También los hombres sancionan crímenes,
que califican de virtudes: tam bién contrarian á la naturaleza , vulneran á su
A utor, y engañados ellos mismos, ó con
la tendencia de engañar á los demas ele
van al carácter de leyes las mayores mons
truosidades ; pues sin embargo de serlo,
( 30 )
cuando los hombres las respetan, se some
ten servilmente á ellas y están escritas en
sus códigos, delinquen si no las observan:
porque al crimen agregan el perjurio so
cial : y para no incurrir en ambos estre
ñios, el hombre justo debe evitar los com
promisos de aquellas falsas leyes....... Me
esplicaré con mas claridad, porque sé que
hablo con un hijo. Como tal te adopto en
nombre de un padre que no está distante
del sepulcro. Mi historia te esplicara estos
raciocinios.
Me parece querido lector que el pa
dre Gómez va a ocasionar un episodio
largo, y lo dejaremos para un nuevo ar
tículo que esclusivamente le dedicaremos.
II.
HISTORIA DEL DEFINIDOR Y VICE PRIOR PADRK
GOMEZ.
" T u abuelo desempeñaba en una capital
de nuestra península un cargo respetable
en la magistratura : contaba á tu tia en
tre sus hijos que hace mas de treinta
años era un modelo de las Gracias, y cu
yo genial, las penas y el tiempo han tras
tornado. Este hombre que te habla la
conoció, y vestía entonces diferente trage.»
« La casa de tu abuelo reunía el cír
culo mas brillante de la ciudad y Marta
era su mejor ornamento , por lo qu«
se atraía la atención general, y muchos
jóvenes aspiraron á su mano. Reunia á
una esmerada educación los mas recomen
dables modales, y al lenguage de amor
contestaba con la sumisión paterna. El
que mas supo grangearse su atención fue
un joven opulento de las primeras casas
de la provincia; pero jamas pudo lison
jearse de obtener una esclusiva preferen-
( 32)
cia. Este joven pues, íue mi amigo, y á él
fui deudor del conocimiento de tu fami
lia. Ya ves si la amistad data de una fe
cha bastante larga. ¿ Cómo creerás que
este religioso que te habla , que este sa
cerdote que goza entre sus hermanos de
una reputación sin mancha, y de un con
cepto universal deba á una desgracia el
renombre que quiza mas de una vez ha
brás admirado?»
«E nrique, nombre del joven á quién
tenian encadenado los encantos de tu tia
era mi primer amigo desde la niñez, am
bos seguimos una misma carrera, y nues
tra am istad, y algún parentesco fue mas
V mas estrechada en el corto recinto de
un colegio donde entramos en un dia. Segovia presenció nuestros ejercicios y lúe
testigo de una aplicación que nos mere
ció muchas preferencias en los certáme
nes, y el aprecio de nuestros superiores y
maestros: ya conocerás pues, que mi car
rera fue m ilitar, que la aprendí en la
escuela facultativa que se reputaba por
mejor entonces en E uropa, y antes que
pudiésemos creer salir del colegio y ob
tener el ascenso mas apetecido , salimos
ambos para los ensayos y mejoras que se
hicieron en nuestra arma para las cam
pales maniobras. Considera tu á este an
ciano haciendo su primera entrada en el
.
( »3 )
gran mundo á caballo mandando una
bateria, cuando acababa de salvar la lí
nea que separa la infancia de la puber
tad. Ambos fuimos destinados á un es
cuadrón, que fue el maniobrero para au
xiliar á la Francia contra sus enemigos.
Las miras de la familia de mi amigo se
opusieron á que saliese de España, obtu
vo su retiro, y yo entré con otras tropas
en el pais de los héroes, en la nación
orgullosa que tenia encadenada á la vic
toria, y guardaba en herencia las ban
deras y estandartes conquistados en Marengo, en Austerlitz y en .lena , vencien
do a los mayores y mas disciplinados
ejércitos del mundo. Tal era la nación
que nos llamaba hermanos, y que orgu
llosos de este nombre y ansiosos de pro
barla nuestra adhesión, nos dirigimos
hacia el Scalda para vengar los ultrages
que decia la habian hecho los habitan
tes del norte. No te haré un detall de la
campaña, de los conocimientos que ad
quirí, y las circunstancias de la guerra;
mi ansia de aprender me hacia aprove
char los momentos escasos que mis obli
gaciones me dejaran, y en breve tiempo
merecí particulares atenciones de los gefes de mas rango, Mi alma estaba enton
ces absorvida en dos pasiones, ambas
nobles, y ambas generosas, las ciencias
y la guerra ; y en ambas obtuve triunfos
j o m o 1.
3
( 34 )
tanto mas lisongeros, cuanto la edad los
presenta con unos prismas mágicos, los
mas seductores y brillantes. Las vicisi
tudes políticas complicaron los sucesos;
nuestros hermanos dejaron de serlo, nues
tros aliados se convirtieron en invaso
res...... La historia, mas estensa, le ha
enseñado estos sucesos que han dejado
trazados surcos muy amargos en nuestro
pais ; que han sentado precedentes mas
amargos au n , y que la presente genera
ción y las futuras no habrán todavia
agotado las heces de un cáliz que mi
carácter me impide clasificar, y cuyo
velo por respeto no descorro.» Volvamos
á mi. «Muy joven au n , adornado con
varias condecoraciones y con el rango de
capitán de una arma tan distinguida, me
creía feliz y capaz de ascender a los pri
meros cargos por las relaciones que con
servaba. Esta es la época en que conocí
á tu fam ilia, y la que decidió de mi
suerte de una manera diam etralm ente
opuesta á la que yo esperaba. »
«Algunos años de separación no ha
bían entibiado la ardiente amistad que
con Enrique me ligaba. Me hizo partí
cipe de su amor y de sus esperanzas,
pintóm e el objeto de sus deseos con
los vivos colores de un apasionado, y
me prometió conducirme á sus pies, para
(. 35 )
que juzgase por mi mismo si eran exage
radas sus pinturas. Ageno yo de amor,
miraba con sonrisa y compasión el ansia
y pasión decidida de mi amigo, otras me
habían hasta entonces dom inado; pero
no tenian aquel fuego, eran, si se quie
ren mas vehem entes, petó tranquilas;
partían de la imaginación, las concebía
el alm a, y no afectaban al corazón ; nin
guna de ellas le causó una sola palpita
ción, ninguna le agitaba : el amor a las
ciencias, el entusiasmo por la gloria son
pasiones grandiosas, elevadas y las mas
sublim es; pero no parten de la natura
leza , nacen inmediatamente de los dotes
que esta nos prodigara ; pero el amor,
esta otra pasión universal característica
á todos los seres, tiene su inmediato ori
gen de la madre com ún, por esto sus
efectos abrazan todos nuestros órganos,
influyen en nuestras potencias y domi
nan á todo el individuo ; es una pasión
in nata en el mismo ser, de la que parti
cipa todo lo creado desde él animal has
ta la planta, porque es la misma aura
reproductiva conservadora del universo.
¡ Feliz yo si la calma de la pasión del
am or , no se hubiera turbado con una
tem pestad tan cruenta que me aquejó
por muchos años ! »
« Condúceme mi amigo á los pies de
. ( 36 )
u amada , la miré sin prevención, con
tem plé en ella una joven perfecta : pera^
no me inspiró ningún entusiasmo. No
sentí el indujo de aquellas miradas que
diz deciden por primera vez ; podrá ser
cierto pero siempre lo lie dudado. Poco
elevada y muy muelle debe ser el alma
á quien una mirada repentina pueda
causar tan profundas sensaciones; podrá
s i, inspirar deseos, mas serán pasageros
y deleznables, incapaces de ulteriores
consecuencias. Una mirada, empero, acom
pañada del encanto de la voz, animada
de la persuasión, y aquel lenguage mu
do que penetra los sentidos y fascina de
un modo irrem ediable, una mirada que
preceda á otra, y todas se aum enten de
interés , estas si podran ser precursoras
de sentimientos amorosos que alimenta
dos sin cesar, fomenten una pasión. Di
a mi amigo la enhorabuena por su feli
cidad y le deseé un éxito feliz. Como
éramos inseparables le debí el sacrificio
de aum entar el círculo de la tertulia eu
que él veia solo á su amada ; á mi todos
los objetos me distraían, en ninguno me
fijaba , y me mantenía feliz con un co
razón independiente. Mas de una vez fui
el objeto de acaloradas discusiones entre
las jóvenes que concurrían , que jamas
querían creer que yo no amase: entonces
las decía que se equivocaban en rigor,
(3T)
que yo era muy sensible para dejar de
a m a r, que amaba con idolatría a mis
padres, que amaba á mis amigos , que
amaba en fin á todo el género hum ano,
porque cifraba en el amor la base de la
sociedad. Estas verdades decían que eran
especiosas, y que debía amar con algu*
na predilección á un solo objeto: procu
raban lisonjearme , escitar mi amor pro
pio , adularm e en fin, y comprometerme
a esplicaciones y revelaciones que á fe
no podía hacer ; tu tia era de las
que también algunas veces insistía, pero
con una reserva tal que parecía obliga
da por la presencia de mi amigo : asi lo
creia yo, pero era su carácter; porque
ni sabia fingir, ni había dado lugar á
compromisos que la impusiesen la menor
sujeción ni reserva. Algunos meses trans
currieron sin que por mi parte mediase
mas que una inclinación amistosa. No
rehusaba su compañía, ni la buscaba
con ansia: la costumbre estableció cier
tas horas dedicadas a ocupar su lado, y
la misma costumbre me las hacia necesa
rias ; faltar á ellas habria sido sacarme
de un elemento que me vivificaba. La es
tim aba en fin , y con alguna predilección
sobre las de mas mugeres ; pero ya no
dudé que mi amigo no tenia esperanza,
y se lo signifiqué mas de una vez con el
lenguage de la convicción , de la amis-
. . ( 38)
tad é imparcialidad con que miraba los
objetos. Aconséjele que aventurase esplicaciones,y que exigiese aclaraciones que
pudieran tranquilizarle: temia un desen
gaño, ó demasiado ilusionado, quizá se
prometía con el tiempo recabar lo que
hasta entonces no había conseguido. Bur
lábame de su calma; porque electiva
mente mi imaginación era mucho mas
ardiente que la suya , y no habría podi
do esperar tanto tiempo. Aconsejóle que
cambiase de objeto que lucra mas feliz;
yo procedía de buena le v con el candor
de la inocencia; mi amigo dudaba de
mi según conocí después, y espiaba to
das mis acciones , glosaba mis palabias,
y atribuía á mis sinceros consejos miras
siniestras. El no era ya mi amigo, y mi
amistad para con el no se habia de ma
nera alguna alterado.»
«Quiero valerme de ti, di jome un
dia, tú mas diestro que yo, y mas cono
cedor del corazón humano, podras sa
carme de la ansiedad ; si eres tan buen
amigo como creo, no podrás rehusarme
un favor que podra causar mi ventura.
Advierto en ti algún ascendiente sobre el
corazón de Marta, tu carácter franco,
independiente y generoso te proporcio
nan medios de arrancarla su secreto. Esplora su corazón, sondéale.... No me
( 39)
atrevo á encargarte de otra misión que
pudiera herir tu delicadeza..... Te enga
ñas, le repliqué, conozco mi deber, res
peto la amistad y cuanto se debe á su
sagrado nombre. Desde luego me encar
go del empleo de embajador tuyo , y es
ta prueba de tu confianza me honrará
sobremanera : si mi emba jada surtiera
buenos electos me gloriaría de haber con
tribuido á tu bien y participaría de tus
satisfacciones; si ella me demostrase que
solo esperabas un desengaño, me lison
jeara en diverso concepto, pues queda
bas desengañado, y otra pasión mejor
correspondida te baria olvidar los sinsa
bores que hace tantos meses alimentas.
A la primera ocasión veras mi eficacia,
y por mi esactitud juzgarás del aprecio
que te profeso. No tardó mucho tiempo
en presentarse.»
«Una ardorosa noche del estío con
dujo la sociedad al jardín en busca de
una brisa refrigerante, y Marta tomó mi
brazo: un coloquio general nos ocupó en
los primeros momentos, varias preguntas
sobre los astros me hicieron descender á
la fábula , y á la escuela mitológica que
basaba en el amor todos los secretos na
turales. Cantaban á la sazón dos ruise
ñores y anudé en su canto la historia de
aquellos musiquillos, para deducir la fe*.
.
(« )
licidad de que gozaban, felicidad desti
nada á todos los seres. Los deseos de ser
vir á mi amigo pusieron en mis labios la
elocuencia , el anhelo de serle útil orna
ron mis discursos de imágenes tan vivas,
y me sugirieron pinturas tan patéticas
que sentia la agitación de mi pareja por
la vibración de su brazo. Crei fuera aquel
oportuno momento para desempeñar mi N
misión, y aventuré algunas frases..... No
me hable vd. de Enrique, me dijo con
una voz que participaba de emociones:
le estimo como amigo de la familia, le
agradeceré siempre las atenciones que
ha tenido á bien prodigarme; su carác
te r, empero, no guarda analogía con el
mió, no siento por él simpatíasc ruego
a vd. no insista en su favor, mi resolu
ción es irrevocable. Conocí por su voz
alterada que su corazón padecia afectos
de al gun sentimiento: visoño yo en las
afecciones amorosas, juzgué á propósito
seguir pintando la delicia de las almas
que se unen por el amor: adorné esta
pasión con los colores mas brillantes,
aducí sus delicias, sus encantos..... el ce
lo, lo aseguro, hacia que me escediese á
mi mismo. Marta me escuchaba con aten
ción , sus miradas lánguidas se encontra
ban con las mías, que brillaban con el
fuego de la amistad , mi mano en el ca
lor de la improvisación asió la suya, que
,. («)
.
.
temblona y débil no opuso resistencia,
ni íijé en ello la atención, porqne mis
acciones y palabras eran inocentes. A ámonoa de aqu í, dijo Marta , el calor me
sofoca, busquemos en la fuente donde
están los demas, una aura mas lresca.=
Pero ¿y mi am igo? M arta..... perdone
vd. que insista,=Gom ez! por el cielo no
me atormente vd. ! ...=¿Sera vd. insensi
ble á mi mediación ?=Su mediación de
vd. ! lietiró la mano, que basta entonces
no sentí que se hallaba enlazada con la
mi a ; y luego con mas dulzura continuó.
Su mediación de vd. es para mi de gran
precio, pero por el cielo no abogue mas
por un hombre que no podré amar..... Si
su alma fuese la de vd..... Conocí que se
había sonrojado.. .. se separó rápidam en
te y se unió al resto de la compañia. Seguila m editabundo, recorrí mis espresiones..... Aquella noche no pude conciliar
el sueño, presentimientos crueles me agi
taron; daban á ellos lugar reflexiones de
otra tendencia, sentía en mi un no se
q u é; casi remordimientos..... Estudié mi
corazón: n o ‘era ya tan independiente,
desde aquel dia comencé a sufrir , y un
cambio repentino se obró exi mi ser, mi
naturaleza sufrió una cruel revolución;
sin embargo, conservaba la pureza.»
«Hice á mi amigo una pintura fiel de
(«)
,
mí entrevista , no le oculté los resulta
dos; y le di los consejos que me sugeria
la honradez y el alecto que le profesa
ba. Nada estrañaba , me dijo; aguarda
ba aquel desenlace : sus espresiones amar
gas las atribuí al sentimiento de una pa
sión no correspondida , y no me podía
persuadir que fuese capaz de atribuirme
iniras siniestras, porque durante algunos
meses había sido testigo de mis acciones:
nos separamos, compadeciéndole yo, y él
llevando en su corazón el despecho, y
los celos que despedazaban su alma.»
«Todo el dia estuve meditabundo y
menos tranquilo que lo ordinario. Desea
ba con ansia ver a Marta para estudiar
en su semblante los electos de la noche
anterior: contaba las horas, admirándo
me de una ansiedad para mi hasta en
tonces desconocida. Llegó la hora, no
pude verla, no habia salido en todo el
dia de su habitación, a causa de una
fluxión que decían la aquejaba. Yo no
estuve tan jovial como otras veces, y me
atrage algunas ligeras reconvenciones de
mis contertulias que amenizaron con sá
tiras ligeras. Ellas eran mas perspicaces
que yo: ellas veian mi corazón, habían
hecho observaciones, y deducieron a san
gre fria lo que realmente pasaba. Retíre
me mas temprano porque estaba distrai-
(«)-
tío, y sentia un peso que me abrumaba.
Comencé á sospechar lo que hasta en
tonces no me habia ocupado ni un mo
mento ; compadecía á Marta , deseaba
verla ; sentia un vivo interes por su suer
te que creí identificada con la mia. De
seaba entrar en esplicaciones, y al mis
mo tiempo las temía : echaba de menos
mi natural tranquilidad, y sin embargo
en mi agitación hallaba un secreto pla
cer que no podia definir. En aquel mo
mento era incomprensible. Deseaba ver
á mi amigo, y deseaba también motivos
plausibles para dejar de verle. Sin saber
por qué temía su presencia , tcmia son
rojarme á su vista, y sin ser criminal,
sin haber faltado un momento á mis de
beres, sentia el remordimiento de los cul
pables. Si estas sensaciones no eran de
amor, un esperto, por tales las habría
clasificado, y yo a fe no quería pene
trarlas ni eludirlas. Padecia en verdad,
y sentia una causa desconocida hasta en
tonces. ¿Por qué una pasión que es el
alma del universo, ha de ir mezclada con
tempestades tan azarosas? ¿ Por qué ge
neralmente ha de ser devastadora en las
almas fuertes, y ha de causar mayor sen
sación en las imaginaciones ardientes?
¿ Por qué por lo común han de ser des
graciadas las primeras inclinaciones, y
rara vez se realiza el anhelo de los pri-
( 44 )
meros amores? Porque en mi sentir, cuan
do no ha habido tempestades en la pri
mavera de la vida , cuando las torm en
tas no han disipado de la atmósfera los
vapores condensados por las lluvias del
invierno , el estío es fatal, y la natura
leza sufre una dolencia que influye so
bre todos los seres. La calma de las pa
siones ha de ser precedida por las tem
pestades; y estas son mas violentas á pro
porción que las fibras y los nervios sean
mas sensibles. En la primera edad son
las pasiones mas vehementes pero no tan
durables; cuando la razón se halla mas
m adura, se establece la arm onía, y el
desarrollo se ha completado, es mas temi
ble una pasión que por primera vez afec
te el alma , halla mas resistencia es ver
dad , deben ser mas violentas las sensa
ciones para imprimir sus h u ellas; pero
estas son ya endebles, no es posible bor
rarlas, y deciden completamente de la
suerte del que tuvo la desgracia de no
haberlas hasta entonces sentido.»
«A. los tres dias presentóme á Marta,
aquel desembarazo con que nos hablába
mos desapareció, la reserva reemplazó á
la franqueza , y algunas furtivas miradas
que espresaban el estado de nuestros co
razones: queria yo reconvenirme á mi
mismo por haber burlado la esperanza
(45)
de mi amigo; pero nunca íue amado,
ninguna esperanza le fue dada ¿y a mi?
tampoco. No tenia ya valor de despren
derme de unos lazos que me presentaban
casi criminal, quise probarlo, hice mis
esfuerzos ; me torne débil, y el imperio
que hasta entonces habia obtenido sobro
mi corazón, decayó hasta el estremo de
ser esclavo sumiso de mi pasión. Astolfo!
Ya yo amaba.»
«No es de mi propósito entrar en los
detalles que mediaron, ni lo poco que
tuvimos que combatir para unir nuestros
corazones, ellos se comprendieron, se
miraron , se esplicaron y nosotros segui
mos su torrente. Casi era feliz ; pues ya
no tenia remordimientos, abrí mi cora
zón enteramente á Enrique , le di cuan
tas satisfacciones pudiera exigir de un
amigo, le hice presente que en su obse
quio sacrificarla mi pasión , si por este
medio alcanzaba que hiciese justicia á
mi inocencia : me lo prometió, mas mi
alucinamiento , y la embriaguez de mis
sentidos, no me dejaron enireveer el sar
casmo que contenian sus convicciones, y
la sonrisa de la desesperación con que
las acompañaba.»
«No tardamos en convenir con Marta
Jos medios de nuestra unión. Su padre
(«)
la probaba, yo era libre, y las personas
con quienes tenia que consultar deseaban
solo que fuese feliz: los preparativos para
la boda se bacian con publicidad, y el pla
zo estaba inmediato..... Todo se desvane
ció en un momento. Furioso Enrique de
mi ventura , atribuyendo á mis arterias
la repulsa de su amada, poco cauto, me
nos prudente, y yo demasiado desventura
do, quiso tomar por los barbaros medios
de un reto la satisfacción de la creida
injuria ; las reflexiones que le hice fue
ron inútiles, yo rehusaba derramar la
sangre de mi amigo; yo conservaba cier
to apego á la vida , por la felicidad que
creia disfrutar en el seno del amor; pe
ro el honor, esta invención mal entendi
da de las leyes sociales, me hicieron pres
cindir de los deberes..... Admití el reto,
se midieron nuestras armas, vencí, y es
te vencimiento atrajo sobre mi el sello
fatal del infortunio. El lance lúe ruido
so, los parientes de Enrique quisieron
vengarle y acudieron á las leyes ; mis
protectores no tuvieron ya poder, caye
ron de la privanza; no pude defender
me. Sufrí una prisión que hubiera ter
minado con un fallo legal del que no
podia prometerme felicidad , ni la mano
ile Marta. Esta me aconsejó que huyera
si en algo estimaba su vida ; y entre otro
de los votos funestos que pronunció por
( 47 )
la conservación de la mia fue el mas fa
tal para mi, encerrarse en un claustro.
Asi lo verificó al otro dia de haber deja
do yo el castillo que me guardaba , des
cendiendo de sus altos muros, para evi
tar el compromiso de mis vigilantes
guardas.»
«Un momento de irreflexión formó
la desgracia de dos seres, que habrían
terminado su carrera practicando la vir
tud en los deberes conyugales. El desti
no, que no es otra cosa que el resultado
de nuestras pasiones, me condujo donde
menos esperaba.»
«Errante algunos dias quise saber no
ticias de Marta, antes de emprender un
plan que fijase mi destino. Tenia un cer
cano pariente con quien conservaba cor
respondencia , cuyos consejos respetaba,
y con el cual tuve siempre una deferen
cia filial, y este ocupaba un rango supe
rior en la religión de que soy miembro.
Fui en su busca, me atrojé en sus bra
zos, imploré su protección, le abrí mi
alma..... ¡Ay! era un sabio, un hombre
perspicaz ; conocedor del corazón huma
no , sabia las flaquezas á que estamos
sometidos, se compadeció de mi suerte,
me consoló, me prestó un abrigo, me
cubrió con el manto de su protección , y
(Í8)
en su compañía gozaba mi seguridad las
mayores garantías. Trató mis dolencias
del corazón con la destreza de un médi
co sabio, y si no consiguió curar sus alec
ciones, previno al menos el modo de no
agravarlas, dejando al tiempo el cuida
do radical de su cura.»
«Todas cuantas noticias adquirí de
Marta , me convencieron que se habia sa
crificado para siem pre, conocía yo lo ir
revocable que era en sus resoluciones, y
lo susceptible por su virtud ¿ inspiracio
nes de personas que le merecieran el con
cepto de piadosas. Estas la aconsejaron
que cortase nuestras relaciones, que in
terpusiese una incomunicación absoluta
entre ella y yo, y que este era el único
medio de que Dios la perdonase de un
delito en que tenia la mayor parte. Crea
ron escrúpulos en su pura conciencia,
destruyeron su físico, la fanatizaron en
fin, y cedió a cuanto de ella exigieron;
al paso mismo que conmigo cornelian la
felonía de engañarm e,suponiendo que se
liabia para siempre encerrado en un
claustro.»
«Apoderóse de mi la desesperación,
derram é copiosas lágrimas: y mi parien
te conllevaba todos mis arrebatos. Hice
mil planes que destruía a los pocos mo-
( 19 )
me ntos de concebirlos. \a qucria partir
á los mares del Sur, y buscar entre sus
isleños una choza donde terminar mis
dias: ya caminaba á países estranjeros
en busca de la muerte: tan pronto esco
gía un sepulcro entre los hielos del nor
te , como en las abrasadas tierras de los
trópicos; en firi, llegué ¡hijo mió, lo
recuerdo con horror ! llegué basta que
rer atentar á mis dias. Aquel anciano me
escuchaba , no me contradecía y me con
solaba; sus consuelos llenos de unción y
de dulzura disipaban de algún modo mi
violenta desesperación: presentábame los
escollos en que iba á verme ; y mi ma
yor contrario decia tenerlo yo en mi ima
ginación y en mis pasiones. Combátelas,
me decia, y serás feliz, puedes serlo
adoptando nueva vida, puedes serlo si
borras de tu imaginación la perspectiva
halagüeña que de tu felicidad habías tra
zado. Si Dios te hubiese arrebatado á tu
amada , si una dolencia natural la hu
biese separado de tus brazos, y deforme
por la mano de la muerte, tu mismo la
hubieras acompañado basta la tumba, ¿te
revelaras contra la providencia? ¿La re
signación no te hubiera consolado? ¿Fue
ras el primer mortal aquejado de penas?
¿Cuál será el que se alabe de carecer ó
no haber esperimentado alguna ? Y sin
embargo: ahora que tus males han sido
tomo i.
4
(50)
labrados por tu mano, y que un crimen,
un crimen, si, un crimen horroroso á los
ojos de Dios y ele la ley por mas que eL
mundo necio lo consienta y apruebe, te
lia conducido á este estremo, ¿querrás
sancionarlo con otro aun mas odioso?
Vuelve en tí: vive si no para espiar tus
desvarios, al menos para bendecir á la
Providencia que te da lugar para que re
cobres la razón, y puedas ser útil á
tus hermanos. Hijo mió: créeme , aun
puedes ser feliz , aun puedo presentarte
una copa de ventura, puedo ofrecerte la
seguridad , podré presentarte al mundo
como un hombre que infunda respeto:
podrás trabajar por los hombres , y po
dras curarlos del mal de que tu adole
ces , pues la esperiencia te liará aplicar
con tino los remedios. Descansa , ofréce
me tranquilizarte, y mañana trataremos
de tu suerte. Piensa en que eres hombre,
y piensa en los deberes que al nacer te
impuso el Criador del universo.
«Sus reflexiones descendieron basta
mi corazón, y le aliviaron de cierto pe
so. Por momentos aguardaba el d ia , y
una luz celeste disipó la tinieblas que
me ofuscaban, casi estaba en mi razón.
Mucho se alegró mi pariente de las bue
nas disposiciones con que me presentaba.
Tu nombre, me dijo con mucha calma,
( 51 )
se halla proscrito; dos crímenes a la verreclaman tu cabeza, el primero fue fal
tar a la ley , el segundo eludirla aban
donando tus banderas; por ambos q u e
dará tu nombre infamado , y de nada
pudieran servirle tus servicios. Eres jo
ven a u n , dotado de conocimientos; tus
talentos, tu esperiencia pueden no tan
solo ser útiles al estado y á la sociedad,
si que también á la religión: ella te lia
abierto su asilo , ella te lia consolado,
ella te lia recibido como un hijo escar
riad o , ella te espera en sus brazos y con
servará para ti una eterna predilección.
Si el falso principio del honor te hizo,
hollar las leyes de la n a tu ra le z a , el ver
dadero honor te prescribe gratitud hacia
la religión que en vez de perseguirte ó
repelerte te acogió con un amor maternal
¿podras serla ingrato y desconocido? No:
tengo formada de tí muy buena opinión
para suponerte vicios tan detestables. Si
fueras menos virtuoso no habrías pade
cido tanto, ni Dios te hubiese perdona
d o ; pero en el dia ya has obtenido su
gracia , y te ofrece un sendero de flores
que te conduzca a su inmortal morada.
E lige; ó una vida errante llena de peli
gros y compromisos, espuesta á malear
tu buen n a tu ra l, a maldecir la suerte, á
no ver jamas tu patria ; ó á reposar en
su seno con consideraciones y medios de
( 52 )
,
utilizarlos en favor de otros desgraciados
como tu, para librarlos de los males á
que la infelice humanidad se halla cspuesta por faltar á sus deberes. Me pa
rece que la alternativa no es dudosa ; no
obstante, reflexiona, consulta tu corazón
y tu conciencia, y no ofrezcas lo que no
sepas cumplir.»
« Fuese al concluir estas palabras:
quedé por un momento sumergido en re
flexiones, y como un curioso naturalista
que penetra en las sinuosidades de la
tierra , permanece en aquella lobreguez
con un hacha cuyo resplandor sofoca los
mefíticos vapores, sale de repente á la
luz, y su vista se halla herida del gran
foco que despide sin poder admitir su
beneficio si no gradualmente; de la pro
pia manera me tuvieron suspenso algu
nos minutos las palabras de mi amigo
sin poder conocer su valor sino por gra
dos y á proporción que se disipaba la
impresión que en mi habían hecho. Vi
salvado el abismo que tanto me amena
zaba , y ansioso de paz y felicidad corri
en su busca , me arrojé en sus brazos.
Soy vuestro! esclamé, disponed de mi,
me someto á todo : mi corazón lacerado
necesita tranquilidad , y en vuestro seno
la aguardo. El conocimiento ha ilumina
do mi espíritu y os soy deudor de la vi-
.
(«)
da , conservádmela, conservndo mi vir
tud. »
«Entró en los detalles de su proyecto:
gozaba de un favor inmenso en la corte,
que alcanzaba hasta el trono; los prime
ros prelados de la nación y algunos estranjeros le honraban con su amistad.
Pertenecía á un estado á quien se atri
buía el triunfo de una guerra desolado
ra , la conservación del cetro para el mo
narca que lo obtenía, y aun el venci
miento del enemigo común. A los ruegos
y preces de los hombres de la religión,
á su influencia y esfuerzos se hallaban
sometidos los poderes de la monarquía;
por consiguiente sus ruegos eran manda
tos que no se podian denegar ni dejar
de obedecer. A los pocos dias me halla
ba no solo perdonado de los crímenes
que contra la sociedad había cometido,
si que la mas generosa regia resolución
me felicitaba por mi entrada en la reli
gión , y la mas condecorada autoridad
de la provincia se tuvo por honrada en
presenciar mis votos. Préstelos solemne
mente ; nuevas gracias y dispensas llo
vieron sobre mi, por manera que al año
y algunos meses, gracias ai favor, y á
mi incesante estudio en las materias que
debía saber para mi nueva carrera, en
tre en el sacerdocio, y mi persona era
( 54 )
respetada generalm ente, y buscada mi
sociedad con asiduo esmero. Hasta en
tonces no supe la verdadera situación de
Marta. Habia desaparecido la brillantez
que la adornaba r era solo una m uger
vulgar á quien las penitencias y fanáti
cos directores habian embrutecido en tér
minos de padecer crueles vértigos que
liacian temer trastornasen su juicio. A
pesar de lodo , estaba tan arraigada eu
su alma la culpa de no poder desechar
mi memoria de su corazón , que no pu
dieron reducirla que entrase religiosa.
No soy digna de postrarme a los pies del
señor y pedirle la gracia de ser su espo
sa : no soy pu ra, no puedo desechar la
imagen de un mortal ; y de tal manera
seria infiel al Señor! ¡No quiero cargar
con nuevos crímenes ! Sin embargo , ofre
ció separarse del mundo y observar en él
las reglas mas piadosas.»
«Obtuve al poco tiempo una comi
sión honrosa é importante. Yo deseaba
m udar de clima , queria perfeccionarme
en mi nuevo estado, queria alejar obje
tos demasiado caros á mi corazón , y po
ner entre ellos y yo un espacio inmenso.
Los acontecimientos ocurridos en nues
tras colonias habian relajado la discipli
na del claustro, y el espíritu de inde
pendencia llegaba hasta invadir los asi-
los de la penitencia. Comisionáronme
para una visita, revistióseme de faculta
des omnímodas y con autorizaciones au
gustas y santas. Mi misión hubiera podido
engreir á una alma nueva menos agota
da por las penas: á ellas, pues, á mis
conocimientos, á mi natural predisposi
ción, y á mi espíritu, fui deudor de una
elección que si no correspondía á todos
los deseos, evité grandes m ales, y mere
cí á mi regreso las mas relevantes mues
tras de cuan satisfechos quedaron mis
superiores y Jos gobiernos que me habian
nombrado. »
«Astolfo : aprende á conocer la espe
cie humana. Aquel joven impetuoso que
si le hubieran dejado la v id a , habría
sido en cambio de arrastrarla ignominio
samente sin honor y con las degradacio
nes mas ignominiosas , lúe recibido con
consideraciones servilmente respetuosas
de muchos que no se hubieran dignado
dirigirm e otras veces la palabra : al mo
narca mismo merecí particulares pruebas
de benevolencia. Mas cauto, empero, y
sabiendo dar á las fórmulas del m undo
el valor intrínseco que en si tienen, he
tenido bastante previsión para renunciar
las primeras prelacias de la orden, y los
cargos mas elevados de ella : á estas ho
ras ceñiría una mitra si hubiera seguido
. que la( 5 fortuna
6)
el, camino
me trazaba;
pero he preferido la oscuridad , y á esta
convicción la han clasificado de modes
tia , de virtud y de santidad; por mane
ra , que me ha dado mayor considera
ción y prestigio : la admisión tal vez
me acarreara animadversión, heridas fu
nestas de los tiros de la envidia, disfa
vor y ruina. He aqui los hombres en to
dos los estados. Elegí esta casa por estar
inmediata á tu familia ; al regreso de mi
viage vi á Marta , la com padecí, conocí
su funesto estado y traté de curarla de
sus delirios: el afecto de un hermano
sustituyó á los deliquios de un amante;
y si no la curé del todo porque la fuera
nocivo y cruel , procuré rectificar su ra
zón y lim piar su alma de los errores que
la atorm entaban: pero sin despojarla a b
solutamente de todos, por su propio bien
y por no aftctarla demasiado. »
«Tienes en mi un ejem plar de lo que
producen las pasiones. Esta historia pe
regrina puede hacerte conocer los males
de que estamos rodeados en el m undo;
tu no le conoces. La naturaleza no ha
concluido en ti el desarrollo de todas
sus funciones. Medita detenidamente an
tes de abrazar una carrera, las obliga
ciones que ella te impone. Dueño de los
secretos del corazón de la mayor parte
(57)
de los seres que encierra este recinto y
otros; y otros innumerables he visto que
en el corazón humano hay uniformidad
tle inclinaciones, y que la madre común
imprimió sus huellas en todos sus hijos
con un mismo sello; que hizo casi igua
les los efectos, mas ó menos sensibles,
según los temperamentos y la educación.
A mi corazón han llegado quejas ince
santes , esfuerzos invencibles*, almas la
ceradas han buscado remedio en mis
consejos, y en casi todos he leído el ar
repentimiento y la desesperación por ha
ber abrazado una carrera en una edad
juvenil que no podía concebir la estension del sacrificio. ¡ Cuánto perjurio,
cuán pocos votos se cumplen estricta
mente ! Hijo mió: estuvieras horrorizado,
compadecieras á tus semejantes, y quizá
maldecerias tu error al profundizar los
corazones y sondear el abismo de excesos
que aquella impremeditación ha acar
reado á seres que ahora observas con en
vidia ; porque ves una calma aparente,
una serenidad fingida, una vocación y
resignación afectada. Y si de estos claus
tros pasases á los que habitan las vírge
nes , víctimas de iguales votos , si des
cendiesen á tu corazón sus quejas, si le
yeras su alma...., j Ay ! entonces huyeras
despavorido al ver como ducha el deber,
la complexión, y se resiste la naturaleza
,,
,,
( 58)
a las barbaras leyes que la contraria«,
la destruyen y presentan con un velo de
forme que cubre su natural belleza, su
dulzura y su candor. Esta lucha conti
nua de boy, m añana, y eternamente ha
ce en lo general a las infelices víctimas
iracundas, vengativas é intolerantes para
con el resto de los mortales. El candor
es aparente, la virtud una máscara en
gañosa con que- cubren deseos que les
atorm entan , las máximas de rígida mo
ral una estudiada rutina que ni sienten
ni practican, y que a veces predican por
vengarse de la felicidad que en los tie
rnas envidian..... No creas que este cua
dro es exagerado , es demasiado ve
raz por desgracia ; y ojala que el cielo
compadecido de la especie humana la
envie un remedio radical que la purgue
de los errores que la malean y destru
yen. Sírvate esta pintura de espejo fiel
para que arregles tus resoluciones. Cerca
de seis años has pasado entre nosotros,
si eres observador, estudia los semblan
tes de nuestros jóvenes y veras en ellos
trazada la mano de un infortunio se
creto.»
Tales fueron las aventuras que se
dignó contarme el P. Gómez , y llama
ron mi atención ; que me sugirieron va
rias reflexiones y le tributé mayor vene-
(59)
ración y respeto. Ofrecíle meditar seria
mente sobre cuanto me habia dicho acer
ca de mi vocación, y en mi interior traté
de escudriñar y fondear á alguno de los
novicios con quien tenia mas frecuentes
relaciones.
Descansa amigo lector, que estas ob
servaciones, y los resultados que tuvie
ron serán materia de otro capítulo.
III.
DECIDOME A NO ABRAZAR EL ESTADO ECLE
SIASTICO.^: ENTREVISTA CON MI T I O . — RE
SULTADOS DE MIS OBSERVACIONES TARA UN
NUEVO ESTADO.— NUEVA CARRERA.
JEnla misma tarde me uní en el paseo
del monte sacro con el hermano Félix,
novicio, no de los mas modernos, que
por efecto de una dolencia que le aque
jaba el pecho, y lo tenia algunos dias
en la enfermería , había conseguido al
gunas horas de recreo. Casi todos me
m iraban con alguna deferencia por ser
el conductor de peticiones, frívolas por
supuesto, y el que interponía mis ruegos
para con el padre definidor para el perdon de alguna faltilla que á m enudo se
cometía en las reglas estrechas del novi
ciado.
i
(Cl)
Pregunte* al bueno del hermanito por
su salud, y me contestó tristemente, ma
nifestándome que no contaba vivir mu
cho a consecuencia de la tristeza conti
nua que le devoraba. Era la alegría mis
ma cuando presté mis primeros votos;
apenas salido de la infancia , tanto me
ponderaron la vida religiosa, tantas ven
tajas me pintaron en e lla , tal felicidad
y bienestar, que deseaba por momentos
vestir este hábito. Mi imaginación enton
ces no se liabia lanzado en el camino
del porvenir, solo veia lo presente, ob
servaba las consideraciones que obtenían
los religiosos de todo el pueblo, veia con
el respeto que en mi casa eran tratados
los que la frecuentaban. Considerábalos
contentos siempre y risueños, y envidia
ba su estado feliz. Llegué aq u i, y si bien
no tengo un motivo de queja de mis
maestros, superiores y demas padres, ni
las reglas son tan austeras que puedan
atormentar á la juventud, siento un astío interior, una soledad, un no se qué
inesplicable. Cuando por las ventanas del
claustro contemplo en los dias festivos la
gente de la campiña que acude á nues
tro templo, que miro a las jóvenes son
reír candorosas al saludo jovial de los
labradores de su edad, y advierto en sus
miradas la alegria de la inteligencia ; dígome á mi mismo, son libres y ^son feli-
( 02 )
ces, se unirán con unos lazos tan sagra
dos como los que á mi me unen a la re
ligión y producirán otros seres: yo ni
puedo imitarlos ni acom pañarlos, estoysolo, siempre estaré solo, y solo cam ina
ré al sepulcro. Esta consideración, Astolfo, me atormenta de continuo, y ator
menta también mas ó menos a todos
nuestros hermanos. Dile algunos consue
los que bien conocía eran estériles, pues
en su semblante se pintaban los efectos
de una lenta consunción, alim entada por
una imaginación ardiente y virtuosa ; la
virtud era su mayor mal. Le compadecí;
y casi en aquel acto hice formal resolu
ción de no imitarle.
Fui consultando el interior de algu
nos mas adultos, y no hallé sino en muy
pocos una verdadera vocación; y en es
tos atribuía su conformidad á limitados
alcances, ó imprecocidad desús íacultadcs. Lo cierto es, que vi tam bién vicios,
y deducí que la naturaleza tan mal di
rigida y cebada en la soledad los produ
cía en algunos, que en el espacioso cam
po del mundo hubieran dado otro giro
a las inclinaciones de aquellos seres con
denados á sofocarlas. El resultado do mis
observaciones me convenció que yo no
habia nacido para un celibatismo volun
tario; y si bien no sentia inclinaciones
(63)
que llamasen demasiado mi atención , tal
vez el sacrificio de ellas las hubiese he
cho nacer y temia su vehemencia.
Resolvióte, pues, hablar á mi pro
tector , revelarle el estado de mi alma y
suplicarle me diera sus consejos. Asi lo
hice al dia siguiente. Me dio algunas
palmaditas en el hombro, y me espresó
que asi lo había conocido ; y que por lo
mismo se creyó obligado a dilatar mi co
razón , á entrar en esplicaciones, y ha
cerme relación de sus infortunios para
evitarme un sacrificio del que algún dia
pudiera arrepentirme. Preciso es, pues,
continuó, pensar en colocarte y fijar tu
carrera. ¿ Has pensado en ello ? Posees
los elementos necesarios para emprender
las todas, respecto á los conocimientos
preliminares que respectivamente requie
ren : en ellas puedo encaminarte, y en
señarte el camino, presentando en epí
logo los deberes que abrazan. Te presen
tare las ventajas y desventajas que pue
dan ofrecerse; y el mas y menos tiempo
que puedas necesitar para acreditarte y
adquirir un nombre, pues en todas el
hombre oscuro es nulo, y el mediano po
drá bien poco progresar á no valerse de
medios reprobados, ó ayudarle la fortu
na, que como deidad ciega jamás sabe áquien prodiga sus favores.
(«*) ..
Solamente en la eclesiástica me ha
bría estendido mucho mas en el caso de
haber tu insistido en ella; y te habría
hecho conocer que es solo para hombres
adultos, á no fijar otras leyes mas aná
logas y en armonía con las de la natu
raleza: ademas que...... Pero es in útil, y
aun fuera im prudente en tus pocos años
precederte en vaticinios, que sino me en
gaño, el tiempo te aclarará y pondrá en
evidencia. Ciertamente que el P. Gómez
conocía el mundo y los sucesos, estudia
ba el siglo, meditaba los acontecimientos
y formó corolarios curiosos que publica
ré algún dia porque ha ofrecido legár
melos. Vive aun, y es una alhaja. ¡Cuán
to dieras, lector, por conocerle! Es el
hombre mas á propósito para desvanecen
errores. Perdona esta digresión que me
arranca el cariño y el entusiasmo que
me inspira mi protector y maestro.
Yo, padre mió , le dije, me estasiaba
cuando vd. contaba sus viages: conozco
que una vida sedentaria no me hiciera
bien , y si pudiese abrazar un estado que
ni fuera m ilitar, ni dependiera del foro,
no me sometiese á depender de un sala
rio del gobierno, y me proporcionase ver
m undo, estudiar costum bres, y tratar al
hombre en todos los estados de la vida,
me hallaria en el elemento que mi razón
adopta.
Me place tu franqueza, m añana tra
taremos de esto, me dijo, no hablemos
lioy de este particular, y con efecto ei
resto del dia y de la noche se pasó en
conversaciones generales. En el siguien
te muy temprano vi entrar á mi buen
tio el anciano m arino, que se me olvidó
decir cumplió su palabra , y que en ei
estanque grande del convento naufraga
ron mas de dos barcos de corcho con ve
lamen y banderas, que el buen señor se
entretenia en labrarme ; y aun conserva
ba uno de madera perfectamente deli
neado y regular en sus proporciones, que
servia de adorno en una de las mesas de
la librería. Me abrazó cordialmente como
siempre. Ya me envió á decir el defini
dor tu vocación , y hoy vengo á recibir
tus votos, me dijo lleno de alegría. Siem
pre proveí que me reemplazarías en el
m undo en la mas noble ele las profesio
nes; y á no haber dado en tan buenas
m anos, como en las de nuestro común y
antiguo amigo , habría robado á la na
vegación un nuevo Colon que será la
envidia de su patria. Sobrino mió : no
hay que zozobrar , mantente firme y á
flor de agua, ponte á la capa y no te
mas , las borrascas del mar se pasan mas
pronto que las de la vida , y navegar á
un largo es la delicia de un marino que
ye cam inar el bagel á su rumbo, partien»
TOMO i ,
5
( G6)
<lo su quilla las olas como cortas tu un
plato de natillas. Que nos dé de almor
zar el bueno del hermanuco, daremos
inedia docena de bordadas en el jardín,
nos dará convoy el padre definidor, y
llegaremos, mediante Dios, con felicidad,
á nuestro puerto. ¡T ú , fraile! ¿fraile tú,
querido sobrino? no por cierto.... Bendi
ga Dios, amen, al P. Gómez, merece ser
vicario general de la armada: á fe , á fe
que estuviera bien gobernado el estado
castrense, y habría mejores capellanes en
nuestros buques y departamentos. Pero
todo se acaba, y me parece que sobrará
en breve un monacillo para suministrar
el pasto espiritual á nuestra marina. Te
nia el hombre tela larga que corlar sino
hubiese entrado el sub-prior , y no nos
hubiese conducido á la sala donde se nos
sirvió un abundante desayuno. Yo con
cluí ya con Astoll’o , amigo mió: le dijo
á mi tio, me quiere abandonar: los mu
ros de esta santa casa es bien corto es
pacio para su genio, y lo entrego á vd.
para que le conduzca al anchuroso Océa
no de limites desconocidos. Alli encon
trará donde correr, y asi como yo le he
fijado reglas para conducirse en el ter
reno del mundo, á vd. compete trazarlo
hases para poder surcar con seguridad
los niares. Si ambos llenamos nuestra mi
sión , cumpliremos el encargo de sus pa-
( 67)
rientes y habremos llenado ambos los debeies de la amistad. El elige una carre
ra activa que le proporcione viajar , no
encuentro otra mas propia que la marí
tima : yo sentiré no tenerlo a mi lado, ó
al menos á mis inmediaciones; pero pre
fiero su bien, y que siga el impulso de
su genio , toda vez que no sea opuesto a
sanos principios.
Salimos al jardín, y continuó el buen
padre. Con los bienes de su tia podre
mos fijarle un c a p ita l, lo poco que al
cance de sus padres, y lo que aum enten
los amigos y parientes pueden proporcio
narle una independencia en el mundo,
para que en caso de un naufragio y pér
dida de su pacotilla no quede exhausto
de recursos. Podrá navegar algunos años,
y si fatigado de luchar con los elemen
tos quiere reposar, entonces imitando á
v d ., buen amigo, ó hará barcos de cor
cho á sus hijos, si se casa y Dios se los
d a , ó como v d ., se entretendrá con sus
sobrinos en votar faluchos a los estan
ques.
¡B ravo! esclamó mi tio , vale vd. un
imperio, padre definidor. Entremos en
examen. ¿Tu querrás ser guardia m ari
no? Se practicaran las diligencias, y an
tes de dos meses vestirás tu uniforme,
( 68)
ocuparás el camarote de una fragata
donde te enseñaran los nombres de los
x cabos y á encaram arte por la tabla de
jarcia basta los penóles.....= T io ! yo qui
siera ser m arino , pero no m ilitar.=Cáspita! ¿y como podrás llegar a ser a Uni
rán te ?= Es verdad, pero yo no quisiera
ser alm irante ; yo no rebuso servir a mi
patria, yo quiero serla ú til, pero sin ser
la gravosa ; y yo juzgo que cuando un
ciudadano puede utilizar sus servicios en
beneficio de los demas , sin retribución,
ni salario, es mucho mas loable y hon
roso.—Ya se ve: vd. le lia hecho leer
tanto que habla como un libro ; y dice
bien..... al cabo, al cabo hay tan pocos
buques que..... compañeros tengo yo que
hace cuarenta años que sirven, y no han
pasado del mando de un brulote. Pesada
carrera es en el dia...... Pero ¿qué pre
tendes ? ¿ Ser capitán de un buque mer
cante ?=S i, señor.=Pues para esto has de
estudiar el pilota ge, hacer tus campañas,
examinarte , emprender viages á Améri
ca de simple piloto á fin de obtener el
cargo de un buque, para lo que ha de
preceder el favor de los armadores, si no
tienes caudal para mandar uno propio.=
Bien, estudiaré ei pilolage, pronto lo
aprenderé , no es para mi una ciencia
desconocida en teoría, pues he leido con
fruto y afición los libros de esta mate-
( 69)
iia.=Por esto el perillán andaba siempre
«á vueltas con mis libros elementales; y
desde que sabe las matemáticas y lo que
él llama filosofía , revolvía mis esferas,
mis instrumentos, mis cartas, y constan
temente leyendo historias de viages y
descubrimientos, no dejaba descansar á
mis viejos compañeros Magallanes, Candish, Spilberg, Cowley , Anson, Biron,
Salazar , Mendoza, Quirós, Bougainville,
Ulloa, Cook , Laperouse y otros, cuya
colección fuera interminable.=Creo que
en breves dias podré presentarme á exa
men y emprender mi primer campaña.
En aquel mismo quedó fijada mi re
solución, y á los dos inmediatos debia
volver á mi casa, para que mi tio me exa
minase lo que privadamente hubiese es
tudiado, á fin de pasar á la capital de la
provincia donde debia hacerlo compe
tentemente.
En los dos dias que permanecí con el
P. Gómez, le fui deudor de consejos y
advertencias que un padre no pudiera
haber dado con mayor detenimiento, me
despedí de él como si tuviera para con
migo aquel respetable carácter, y del
resto de la comunidad con cordial afec
to. ¡ Cuántos novicios y aun sacerdotes
jóvenes me envidiaban ! Leia en sus ojos
.(•O)
el mas puro sentim iento, y salí del con
vento con lagrim as, y oprimido el cora
zón por las víctimas y amigos que en él
me dejaba. En m i- casa me esperaban
iguales escenas de ternura, mi tia, débil
y estenuada, no sabia mi nueva resolu
ción ni creyeron conveniente participár
sela, pues tal vez abreviara el término
de sus dias. Le quedaban muy pocos co
mo también á mi padre.
Em prendí con mi tio el estudio de
la náutica , en que me vio mas adelan
tado que creia, en términos que fijó á
un mes el plazo de acompañarme él mis
ino al examen, m ediante el favor y amis
tad que conservaba con los gefes de ma
rina , y la esperanza de hacer brillar á
su discípulo que podia presentarse con
satisfacción y desembarazo. Efectivamen
te , llegó el dia, nos pusimos en marcha,
á los dos llegamos á nuestro destino y a
los ocho debía, ya exam inado, hacer mi
prim era campaña en un buque que pa
saba á la Coruña. Hice mis ensayos con
tal aprovecham iento, saqué tan buen
fruto de mis observaciones y constante
aplicación ; que nada ignoraba de mi
nueva facultad á los seis meses de estar
continuam ente navegando en nuestras
costas, y solo me faltaba la esperiencia
que se adquiere en las largas navegacio
nes del vasto Océano.
( 71 )
Proporcióneseme un vía ge á las An
tillas, lo realicé en tres meses, redondo;
otro á las costas del Brasil, que hice
también con felicidad y éteme piloto de
altura a los dos años, y gracias á mis
muchas relaciones, buscado con ahinco
para encargarme de un buque. Armóse
en una de nuestras primeras plazas de
comercio una fragata que debia tocar á
las costas del mar del Sur y de allí pa
sar á la India, habláronm e, y admití
gustoso porque uno de mis deseos era dar
la vuelta al mundo, y casi se me cumplia el deseo. Ajustóme de segundo, se
me hicieron ventajosas y lucrativas pro
posiciones, y pasé á mi 'casa para hacer
todos mis aprestos, estábamos en el oto
ño del año 1830, y á últimos de noviem
bre debiamos hacernos á la vela.
Ya ves, querido lector , que en bre
ve espacio te he hecho narración de mi
vida y juventud , y que hemos entrado
en el terreno que te ofrecí de mi largo
viaje. Lo fue en efecto mas que yo creia;
si tienes paciencia para seguirm e, y no
me consideras pesado en la descripción
de los sucesos , aguárdam e en Cádiz,
punto de partida, que no tardaré en lle
gar, y en el próximo capítulo aparejare
mos y emprenderemos el rumbo.
©©©©©©©©©e©©©©'©©©®©©©©©©©©®©©
IV.
VI AGE LARGO.— BU 1CVE RESUMEN DE EL HAS
TA LA ENTRADA EN EL MAR DEL S U R .= T E M “
PE ST A D .=N A U FR A G tO .
i I a estamos en C ádiz,
ya he visitado
el bagel que debe conducirme á los
opuestos polos; le he examinado deteni
damente ; he medido sus dimensiones, he
descendido hasta su construcción ; he cal
culado su cargo, y en unión del coman
dante y demás oficiales, hemos enmen
dado los defectos que se le advirtieron
desde su salida del astillero hasta el
puerto de partida. Ya estamos corrientes,
y esperando que los cargadores finalicen
las formalidades correspondientes para
tirar la pieza de leva.
✓
( 73 )
El 13 ele noviembre á las clos de la
tarde aparejamos de la bahía de Cádiz
con viento fresco: los primeros dias lo
tuvimos constante de oeste-nor-ocste bas
tante fresco, de manera que el 23 avis
tamos la isla de Hierro. Hicimos en esta
altura nuestras observaciones, corregimos
las estimas, nos sobrevinieron algunas
calmas, y el á de diciembre al medio
dia tomamos nuevo punto de partida. Al
tercer dia , el 8 , comenzaron á reinar
vientos fuertes, tuvimos una ligera ave
ría que no impidió nuestra marcha, pe
ro que nos hizo variar de rumbo y diri
girlo á las costas del Brasil; mas el 20
de enero después del medio dia pasamos
la línea entre 27 y 28 grados de longi
tud, y habiendo mejorado el tiempo, nos
dirigimos á las Malvinas. En esta travesia esperimentamos vientos variables de
nor-este al sud-oeste, mar gruesa y espe
sa niebla. El 21 de febrero después del
medio dia empezamos á encontrar fondo,
el 23 no viendo tierra , aun cuando el
horizonte estaba despejado, y que según
nuestra estima debíamos hallarnos al es
te de las Sebaldas , corrimos al oeste te
miendo haber rebasado nuestro punto,
mas hallando los fondos del pais de los
patagones, nos afirmamos en nuestra di
rección, viramos al este, y el 25 á las
tres de la larde descubrimos la tierra de
(11)
las islas Malvinas que teniamos al oeste
mas de diez leguas. Las corrientes nos
conducían á la costa de America , pero
el 27 á las seis de la tarde entramos en
la balda donde anclamos. Es bien públi
ca la situación y estension de esta isla,
poblada por la Francia en 1764 y cedi
da á España en abril de 1767. No atre
viéndonos á entrar en el Océano Pacífi
co sin recorrer el buque para librarlo de
las averías que pudiéramos correr en el
estrecho de M agallanes, rumbo que pre
ferimos en vez de m ontar el cabo de Hor
nos, nos detuvimos mas de un mes en
aquella isla. Nos habilitam os de provi
siones frescas y el 11 de junio apareja
mos para el cabo de las Vírgenes : nos
fue el tiempo bastante favorable. El 15
al salir el sol nos hallam os á su vista,
evitamos la tierra hasta no alcanzar la
latitud de 49 grados, el 16 la reconoci
mos y pasamos al Sur del cabo unas sie
te leguas de distancia. Desde el 19 que
ya veíamos la tierra del Fuego hasta el
17 no nos fue posible penetrar en el es
trecho, en este dia se rompió nuestra inesana y dimos varias bordadas á fin de
envergarlo. El 18 penetramos en el ca
nal y á las diez reconocimos el cabo de
Posesión, teniendo á la vista la tierra
del Fuego: tuvimos calm a, las corrientes
nos conducían sobre la costa, y habría-
(75)
mos caído sobre ella á no haber sobreve
nido un viento bastante fresco que nos
hizo pasar el primer estrecho á las dos
horas, pero después de rebasarle , las
corrientes del Sur nos obligaron á dar
fondo en la bahía Bocolt. El 20 apareja
mos gobernando a sud-este: el 21 hici
mos poco cam ino, el 22 los vientos fue
ron contrarios, sin embargo, refrescó un
momento , pasamos el segundo estrecho,
y al Norte de la isla de Santa Isabel di
mos fondo permaneciendo detenidos tres
dias por la violencia del viento, granizo
y lluvia. Navegamos los dos siguientes
siempre con bordadas, pero ya al terce
ro y en una ancha balda resguardada de
los vientos, dimos fondo para reparar
algunas averias y permanecimos en ella
todo el mes hasta mediados de julio. El
17 llovió sin interrupción, con un frió
tan intenso que apenas podíamos hacer
la m aniobras: sin em bargo, á las seis
salimos de la bahía á remolque, y luego
una brisa de nor-oeste nos condujo al
estrecho. Fondeamos durante el transito
varias veces, la ideve unas, el frió y el
agua otras, y el calor mas sofocante en
los intermedios, debe convencer á los
navegantes que elegimos la peor estación
para pasarle, y que la mas propia es
desde setiembre hasta marzo. No he tra
tado de hacer la descripción de aquel
( 76 )
país árido siempre : su estension de unas
ciento veinte leguas, que graduamos des
de el cabo de las Vírgenes hasta el cabo
rilares, nos costó setenta y cinco dias
de navegación.
Creiamos haber descansado de nues
tras tareas mas peligrosas, las averias no
eran muy considerables, y el escorbuto
no habia hecho grandes estragos en la
tripulación, conservando algunos víveres
en buen estado, los suficientes hasta nues
tra primer arribada. Como llevábamos
patente de nación neutral con los desidentes, nuestro pabellón iba seguro en
aquellos mares, llamados pacíficos por la
costumbre; pues si bien los vientos mas
constantes no producen tan horrorosas
tempestades, aquel elemento versátil es
igual á todos, y también se han sumer
gido en sus embravecidas olas muchos
buques y millares de hombres.
,
Considerábame feliz al verme en aquel
inmenso Océano , que desplegaba á mi
genio la dulce esperanza de atravesarle.
Nuestra misión en las costas de la Amé
rica septentrional no era de permanencia
muy larga, y tuvimos la felicidad de lle
gar al puerto de la antigua capital del
Perú, donde pudimos descansar algunos
dias, reparar el buque, renovar los vi-
veres y preparar nuevos rumbos para ha
cia aquellos mares que debían conducir
nos al de la India, para uno de cuyos
puertos llevábamos comisiones de la ma
yor importancia. Con que ansia esperaba
dejar las costas americanas, y un pais
que no presentaba a los ojos del obser
vador sino un contraste mortífero de las
pasiones, ocasionado por la lucha de
hombres que anhelando ser libres no da«
han en los medios de conseguirlo: la sór
dida ambición los preparaba de continuo
cadenas mas pesadas que las que arras
traran por espacio de tres siglos. ¡O jalá
puedan ser felices! ¡O jalá consigan sa
cudir el yugo de la esclavitud, y domi
nar sus pasiones para establecer unas le
yes normales que consoliden su paz,
abran á nuestro pabellón un libre acce
so , y faciliten un comercio mutuo que
añude á los dos países con los lazos fra
ternales de hermanados pueblos, unidos
por los vínculos de la sangre, de las cos
tumbres, de la religión y del idioma.
Llegó el dia para mi afortunado de
recorrer nuevos países. Nuestra tripula
ción estaba sana y animada , y solo tu
vimos el sentimiento de haber perdido
an marinero. La salud y la alegría rei
naban en nuestro buque, que aparejó el
iia 6 de noviembre, y fijamos el punto
(78)
de partida sobre las islas de San Ambro
sio, á 200 leguas de las costas de Chile,
para desde ellas hacer nuestras observa
ciones. Los primeros dias fueron felices,
sin otro contratiempo que la caida de un
hombre al agua que no pudimos salvar
por mas esfuerzos que hicimos, en razón
a que el mar estaba grueso y el viento
sumamente fresco.
Nos hallábam os a 27 grados y 7 mi
nutos de latitud, y 104 y 12 de longitud
occidental, cuando comenzaron las cal-!
m as, la lluvia y los vientos del oeste:
diariam ente, poco después del medio dia, I
teníamos tronadas, pero estábamos muy,
lejos de temer el temporal que poco des
pués esperim entam os, y del cual la P ro
videncia me salvó milagrosamente. En la
m adrugada del 15 divisamos algunos pá
jaros de aquellos que denotan la proxi
midad de la tierra , y según mis calcu-i
los deberíamos estar 30 ó 40 leguas deí
unas islas que había fijado como punio¡
de mi rumbo. A las nueve veiamos á,(1
nuestro costado algunos montones de yer-|
ha marina que se desprende de las' cos-¡
las: la brisa de la mañana había cesa
do, el mar conservaba, á pesar de la
calma del viento, un murmullo sordoj
al sol lo cubrían espesas nubes y la at
mósfera estaba bastante cargada j todo
( .7 9 )
nos hacia presentir un próximo tempo
ral. Recogimos nuestras velas , bajamos
los masteleros, recorrimos la maniobra y
tomamos cuantas precauciones nos pudie
ran poner á cubierto de una desgracia;
¿ fin de presentar una írente serena á la
tempestad , y correr el temporal hacia
el rumbo que nos condujera. A lo lejos
se oian algunos truenos, las nubes se
iban amontonando sobre nuestras cabe
zas, y el espacio de un inmenso orizonte estaba obstruido por el velo de una
niebla espesa que apenas permitía divi
sar la maniobra del buque en su opuesta
banda: el mar seguia en sus murmullos,
las olas se engruesaban. ¡Jam ás he visto
un aspecto mas imponente y magestuoso!
Todos nos hallábamos sobre los puentes,
mirándonos en medio de un silencio pro
fundo contemplando aquel contraste de
los elem entos, y esperando la solución
del problema que iba á resolverse en
breve..... Un rayo rasga el espacio, tras
torna la naturaleza, nos deslum bra, en
ciende la atmósfera y nos deja conster
nados. Un horroroso trueno que produjo
el metéoro parecía el precursor del hun
dimiento del universo,.... Esta fue la se
ñal para desencadenarse todos los ele
mentos. La cubierta se llenó de agua y
de granizo, las olas comprimiendo el
casco hacían rechinar sus trabazones, los
( 80)
mástiles se doblegaban y hacian m urm u
rar al huracán que no esperaba hallar
en su solidez tan larga resistencia: no
gobernaba ya el timón , y amarrado éste
quedando la proa á la merced del vien
to corria el buque á la ventura : los ma
rineros consternados no tenian donde
guarecerse de los torrentes que descar
gaban las nubes, que unidas á las salo
bres olas que invadían la cubierta y ha
bían trastornado gran parte de la obra
m u erta, nos tenia á todos esperando el
momento en que abriéndose quedáramos
envueltos entre aquellos montes de olas
que sin cesar pasaban sobre nuestras ca
bezas...... L ector: preciso es haber nave
gado para esperimentar los efectos que
produce una tempestad horrorosa en me
dio del O céano, y su pintura varia se
gún el físico del individuo. Yo no per
día mi natural serenidad ; pero el aire
espeso impedia la respiración, y esta so
lo percibía las sales de que estaba im
pregnada la atmósfera. Una detonación,
por desgracia nacida en lo interior del
bagel, un grito general y una ola , un
monte entero con el mugido espantoso,
igual al que debe preceder á la destruc
ción de nuestro frágil globo, acabó de
trastornarnos: bebí las amargas olas: pe
netré en la oscuridad de los abismos,
huyó la luz de mis ojos, y dejé de exis
tir.......
(81 )
Mi nueva vida , que tal debo llamar
la, necesita un capítulo á parte: descan
sa del susto, y prevente para leer pere
grinas aventuras.
TOMO I.
6
V.
HALLOME
EN
UN
PA IS
H A BITA N TES.— LA
R O N .= P IN T U R A
D ESC ONO CID O. = S U S
A C O GI D A
QUE
ME
D IE
D E A Q U E L P U E B L O . — AD *
M lR A C IO N .= FE N O M E N O .
1 1 o se cual fue mi suerte después del
fatal naufragio; no se el tiempo que tras
currió, como me salvé, y por qué arca
no de la Providencia me hallaba recos
tado en una playa , estenuado en verdad,
agotadas mis fuerzas , y cual si saliera
de un pesado sueño. Levantéme : mis ves
tidos estaban algo húmedos, estendí mis
miembros, y solo un entumecimiento ad
vertí en las articulaciones muy semejado
al que se esperimenta después de una
larga marcha ó de algún cansancio ; por
lo demas, ni herida, ni la menor lesión
tenia mi cuerpo. Estendí la vista, y me
(83)
hallé en un pais ameno , bien cultivado,
florecientes los árboles cual si estuviéra
mos en la primaveral estación; sin em
bargo las plantas me eran desconocidas,
y los árboles que me rodeaban entera
mente estraños á mis ojos. El mar estaba
tranquilo, bonancible, y divisaba algu
nas velas á lo lejos; pero en la inmedia
ción no observé el menor vestigio de
naufragio: por otra parte, según mis co
nocimientos, mi estudio y las cartas de
aquellos mares, distábamos mucho de
tierra tan amena y cultivada , y de un
temple de temperamento como el que en
aquellos momentos esperimentaba. Acerqueme á un árbol, probé su fruta que
hallé de un gusto esquisito; me refrige
ró y comí lo bastante para repararme
del desfallecimiento que sentia. Me subí
á una pequeña colina , y desde ella mi
vista se dilató hacia un pais inmenso que
)ne convenció ser parte de una isla , pues
no podia ser otra cosa, pero isla que no
hallaba en ninguno de mis derroteros de
estension tan dilatada, de un aspecto
tan encantador, ni de cultura como la
que pisaba. Creció mas mi admiración al
ver algunos edificios y poblaciones leja
nas, que aun cuando estaban bastante
distantes no me dejaron duda pertene
cían á un orden de arquitectura que des
conocían los isleños del mar del Sur. Ca\
da vez era mayor mi admiración y no
podia volver en mi de la sorpresa.
Me dirijo hacia una de aquellas ha
bitaciones; mi corazón palpitaba; las an
gustias acrecían; hallábam e pobre y des
valido en un clima tan lejos de mi pa
tria ; y casi llegué a maldecir de mis in
clinaciones por haberme reducido a un
estado tan precario y m iserable, en vez
del reposo y la tranquilidad que me ofre
ciera otra carrera. GCual sera, decia en
tre mi, la acogida que a estos naturales
les deba ? Si bien la cultura de eslas
cam piñas me indican el estado de civili
zación de sus moradores; pero ¿no pu
diera ser que algunas costumbres barba*
ras y atroces les indujera a sacrificar á
un mísero estrangero que el destino con
duce a sus playas? ¿De qué me habria
servido evitar una muerte en cuyo seno
me hallaba, para sufrir otra mas cruel?
Kesuciiar para nuevos tormentos. Estas
y otras reflexiones a cual mas tristes iba
haciendo buscando el término de salir
de ansiedades..... ¡ Nueva sorpresa ! Con
cluíase el sendero que desde la playa me
guiaba, y entro en un camino artificial
en el que veo impresas las huellas de la
civilización y de las artes en los carriles
que formaran los carruages al pasar: a
pocos pasos, otro motivo de admiración,
( 85)
un puente de no mal gusto unía el ca
mino interceptado por un hondo barran
co , y en una blanca piedra observo ca
racteres que esculpiera una mano artista.
Con ansia me aproximo ; pero eran para
mi desconocidos; no obstante, hallé hom
bres, decia yo enagenadode alegria, Va
llé seres dotados de razón, amigos de
las artes; n o , no pueden ser salvages ni
feroces : los pueblos á quienes la cultu
ra dio idea del bienestar son dulces y
apacibles, nunca podran complacerse en
derram ar la sangre inocente de un des
graciado que llegue á pedirles la hospi
talidad. Y aunque en las naciones mas
civilizadas suelen á veces las pasiones
hacer desconocer á los hombres todos los
principios de la naturaleza, llegando ob
cecados hasta el estremo abom inable de
cometer mas escesos que los bárbaros
salvages antropófagos, es solo cuando el
genio mortífero de la guerra y las disen
siones civiles arman á los hombres para
esterm inarse recíprocam ente: entonces su
ceguedad , su insaciable sed de sangre y
de venganza les embriaga con la copa
del delito, desconocen la moral y las
gratas sensaciones [que por su medio ha
cultivado el espíritu de los hombres. Es
ta ligera reflexión «cabo de asegurarme,
y aunque bastante fatigado seguí un ca
mino que si;i dada muy pronto me con_
(8G)
(ludria á una sociedad donde hallaría
paz en mi alm a, y un reposo de que ne
cesitaba después de tantas angustias men
tales.
En un prado artificial, en donde la lo
zana yerba llegábame a la cintura, vi
como unas cincuenta cebras, tal me pa
recieron por sus simétricos colores , aun
que no tan irregulares en su íorrnacion
como las que había visto en algunos cu
riosos gabinetes y en establecimientos
científicos de Europa. Aunque mucho
mayores, guardaban la proporción de los
hermosos caballos , y aquellos animales,
ni se sorprendieron, ni mi aproximación
les distrajo de sus pastos : convencióte
que estaban domesticadas, y que esta
rían destinadas á el uso del hombre pa
ra los mismos efectos que los caballos de
nuestro pais. Admirábame, em pero, no
ver hombre alguno, y hallar desierta la
campiña de gentes que la labrasen; no
debe parecerte estraño, amado lector,
algún tiempo después supe que aquel
dia era una fiesta nacional, en que los
habitantes descansaban sus fatigas en fa
m iliares y públicos regocijos. Yo acelera
ba el paso, y aunque rendido y casi ago
tadas mis fuerzas me animaba la espe
ranza de un próximo descanso. Me halla
ba en la eminencia de una cuesta que
. ( 87)
formaba el camino, cuando divisé á unos
doscientos pasos y á la izquierda de él,
unos hombres, al parecer divertidos eu
algún juego, apresuro los mios, y al es
tar próximo me observan y dirígense ha
cia mi. No he vuelto á ver entre la cul
ta Europa hombres mas bien formados:
yo , a pesar de tener una aventajada es
tatura, les era muy inferior ; pero luego
hablaré de estas particularidades: hallá
bame muy fatigado, mi espíritu padecia
y buscaba la tranquilidad. D ejad, lecto
res que la consiga que ya llenaré vues
tros deseos.
Rodeáronme, como dije antes, aque
llos hombres que serian diez ó doce. No
taba en ellos señales de sorpresa, hablá
banme pero no comprendía su lengua ge:
valiente de las señas para pintarles mi
situación •. indiqueles como pude que
era víctima de una tempestad , que tba
en un b agel, que este había naufragado
y que el cielo me habia sin duda reser
vado la vida para ser admirador de las
virtudes de un pueblo generoso y hospi
tal ario: concluí suplicándoles me conce
diesen su protección y me facilitasen al
gún descanso. La vehemencia de mis ges
ticulaciones, mis ojos que suplian todo
cuanto no pudieran espre«ar mis movi
mientos , les decia mi snerte : obsarvé en
( 88) , .
todos ellos las seriales de la compasión,
y los sentimientos de la benevolencia; uno
tras de otro me abrazaron , diéronme un
pañuelo para que cubriese mi desnuda
cabeza , y me indicaron nos íbamos á
poner en camino. Demostreles entonces
con la hinchazón de mis pies y el ardor
de mi cabeza que no podia seguirles en
una cam inata larga , y uno de ellos sin
haber yo concluido mis accionados , se
habia desviado de sus compañeros, se di
rigió hacia un bosquecillo, y le vi salir
con una cebra igual á las que habia vis
to en los pastos , enjaezada, aunque de
un modo diverso al que yo conocia , y
me invitaron á que la montase : lo hice
con gentil denuedo á pesar de la agota
ción de mis fuerzas; pues aquella ami
gable recepción las habia anim ado, ó
por lo menos tranquilizado totalm ente
mi espíritu, deseando con una ansia, en
que tenia mayor parte la curiosidad , el
desenlace de aquellas aventuras; y aun
puedo asegurar, que en mi interior for
mé el proyecto de hacer minuciosas ob
servaciones para publicarlas algún dia.
Me creí en fin , un héroe de historia ; y
recorría en mi imagiacion las relaciones
«le cuantos viages habia leido , para de
ducir semejanzas de situaciones iguales
á la mia.
(89)
Entramos nuevamente en el ancho
camino, dos de aquellos benéficos seres
lio se separaban de mi lado para soste
nerme, porque veian mi abatimiento, y
el resto precedía nuestra marcha. Enton
ces los pude observar detenidamente, y
no quiero diferir por mas tiempo la pro
mesa de delinearlos con la esactitud que
me sea dable. Su estatura quizá escedia
á los seis pies castellanos , sus miembros
fornidos, su musculatura robusta : el co
lor de su rostro, al paso que se conocía
no estaba á cubierto de las intemperies,
era blanco y sonrosado, los cabellos de
un castaño muy claro, y los ojos rasga
dos y de un hermoso azul, algunos los
tenian también garzos. Su fisonomía era
bastante semejante á la de nuestros ha
bitantes del norte de Europa , aunque
mas pronunciadas todas sus facciones: la
voz varonil y armoniosa, el dialecto in
comprensible enteramente , pues aunque
algún tanto gutural no le hallaba analogia con ninguno délos idiomas para mi
conocidos. En su tra je reinaba la regulari
dad y el aseo. Cubrían sus pies una especie
de borceguí muy ajustado, de una piel
bien adobada, un calzón ancho que lle
gaba hasta el borceguí de tela, a mi pa
recer de algodón , coa varias labores, y
uno como levita corto , ó bien camisa,
muy plegado a la cintura con una correa:
( 90)
ademas del efecto agradable que causaba,
y en que se echaba de ver alguna co
quetería en lo ajustado, presentaba mar
cadas todas las formas varoniles de los
brazos y espaldas, y la rectitud del cuer
po. El cuello y ptcho iban descubiertos,
y algunas trenzas del cabello flotaban so
bre él y las espaldas. En sus cabezas lle
vaban una especie de sombrero muy
gracioso adornado de cintas. Todos estos
t.rages eran uniformes y no se diferencia
ba entre sí sino por los colores mas ó me
nos obscuros. Los que me escoltaban eran
jóvenes casi im birbes la mayor parte; pe
ro en sus maneras se traslucía una educa
ción no com ún; jovialidad si, pero muy
reservada, lo que atribuí a mi estado, y
para que yo no pudiera creer que insul
taban á la desgracia.
Estábamos no muy distantes de un
edificio bastante grande, uno de los de
lanteros corrió hacia él con una agilidad
adm irable que bien pronto le perdimos
de vista entre los vergeles : al atravesar
nnos jardines y huertas perfectamente
cultivados, entramos en un camino deli
cioso que flanqueaban unos árboles muy
parecidos a nuestros álamos, aunque de
hojas mucho mas anchas, y tam bién mas
elevado; al estremo de esta alameda se
hallaba la portada del edificio. No tar-
( 91 )
damos mucho tiempo en ver salir de él
bastante gente; y no dudé que su obje
to fuese el recibirnos. A pesar de mi se
renidad el corazón palpitaba, no de te
m or, porque este se había enteramente
disipado, sino por la ansiedad que me
inspiraba la suerte futura y los deseos de
saber donde me hallaba Me apearon con
bastante cuidado, porque habiéndose en
tumecido mis miembros durante el corto
transito, apenas podía tenerme en pie,
dos de ellos me sostenian, llegamos al
círculo de seres que iban á prevenirme
la mas generosa hospitalidad.
Un anciano respetable, que infundía
veneración , se adelantó el primero al la
do del joven que le dio el aviso; quise
postrarme á sus pies, y me recibió en
sus brazos. Aquella paternal acogida escitó mi llanto , llanto de sensibilidad que
no interpretaron de otro modo. En aquel
momento no fijé la atención en el resto
de la sociedad que era numerosa, y si
guiendo al anciano entramos en el edifi
cio, se me condujo á una estancia don
de entraron muy pocos; me sirvieron
una bebida que me reanim ó, me reco
mendaron el descanso, y efectivamente
se apoderó de mi un dulce y profundo
sueño no interrum pido por imágenes es
pantosas ni desagradables; al contrario,
(.92 )
desplegó la fantasia á mi vista un largo
espacio de felicidad , que borraba todas
mis penas y trabajos: ciertamente, era
el precursor del que me previno el cielo
en un clima y en un mundo hasta ahora
desconocido, y cuyos rumbos me fuera
imposible señalar.
Yo no sé el tiempo que empleé en
tan delicioso sueño. Al despertar me ba
ilé con un nuevo trage, igual al de mis
huéspedes. Mis sentidos se hallaban des
pejados, y con un vigor que no hahia
esperi menta do hasta entonces, tales efec
tos hahia producido c'l cansancio y el
reposo que le subsiguió. INo sabia la ho
ra que era, ni en que altura se hallaba
el sol, pero calculé no habia muchas ho
ras que hubiese amanecido. Abrí una
ventana, y registré mi aposento. Sus
muebles eran en todo diferentes á los de
Europa pero tcnian los mismos elementos
de comodidad , porque se componian de
sitiales de madera sin respaldo, muy
bien labrados, asientos de piel, de una
solidez que prometia una larga duración;
lina mesa de bruñido material de sus
tancia muy sólida mas pesada que nues
tra caoba , que desde luego inferí pro
ducto de algún árbol, y su forma muy
semejante á las nuestras : el lecho era
mas b a jo, porque se componía de unos
(93)
colchones muy delgados, también de
piel , puestos sobre una especie de tari
ma en declive que hacia innecesario el
uso de las almohadas: las cubiertas erau
de tela labrada, y el todo lo cubría una
especie de cortina tegida con unos fila
mentos que desconocí, y de forma espi
ral. También vi en la pared algunos cua
dros de una pintura y dibujo muy in
correctos y de peor gusto, cuyos asuntos
eran peregrinos al hombre que descono
cía hasta la existencia de aquel pais.
El mismo joven que avisó al anciano
entró á los pocos momentos de haberme
levantado: en su festivo semblante leí la
satisfacción de verme en tan buen esta
do, me abrazó con el mas cordial afecto
y me indicó por señas que le siguiera.
Hícelo asi , y pasamos cá otra estancia
donde se hallaba el huésped de la vís
pera. Corrí a é l , le abracé , inclíneme
para demostrarle mi gratitud y darle á
entender que absolutamente dependía de
é l ; que mis fuerzas las podia emplear eu
su servicio, y que mi mayor gloria la
cifraría en considerarle como padre y
tributarle los respetos de un hijo, el mas
sumiso. Seguramente comprenderla uii
accionado. Se sonrió, me alargó la mano
que besé con transporte; tomó una mía,
la enlazó con la del joven , nos hizo
( 94)
ab ra z a r, puso sus manos sobre nuestras
cabezas y nos besó en la frente. Me en
ternecí, y desde entonces no me quedó
duda que habia sido adoptado como h i
jo de aquel respetable patriarca. Creime
transportado á la edad de oro, al siglo
patriarcal , á las primeras edades de la
vida, casi, casi abjuré de mi patria, tal
vez llegué á olvidarla algunos momen
tos..... No me acuse el lector de ligereza.
Era muy crítica mi situación, y el cam
bio de pocas boras, el tránsito desde la
tempestad á esta nueva ventura habían
cambiado mi ser y hallábame otro hom
bre. Mi nuevo padre me significó si sa
bia escribir, pues tal lo comprendí al
tornar un estilo de metal que estaba so
bre una mesa y trazar en ella algunos
caracteres: pedíselo, señalé la palabra
gratitud , y tracé en seguida , con rapi
dez y la mayor corrección posible , los
lincamientos del rostro venerable que te
nia al frente. Sus ojos seguian con ad
miración las líneas, y advertí su satis
facción y sorpresa.
Se me olvidó decir al enum erar las
ciencias que yo poseía , de que fui deu
dor al P. Gómez, que no fue el dibujo
en la que bice menos progresos , el lo
sabia con perfección , conservaba buenos
modelos, y el convento me facilitó obrüs
maestras donde imitar coloridos , adm ira
bles formas, y las mejores reglas del ar
te. Al concluir mi cabeza la examinó de
tenidamente el anciano, y por sus accio
nes comprendí su placer y lo lisongeado
que estaba con mi obra: señalé algunos
cuadros, toqué los colores, y le di a en
tender que si me los facilitaran pudiera
dedicarme á trabajos que espresaran ini
laboriosidad. Inclinó la cabeza : habló
con mi nuevo hermano, salió, y entró á
poco rato con una matrona tan respeta
ble como mi protector y dos mugeres jó
venes : la primera , después de hablar con
el gefe de aquella familia me besó en la
frente también , y mandó á las jóvenes
que me abrazaran.
¡Lector! ¿Por qué en nuestro pais
no habíamos de volver á la edad de la
inocencia ? ¿ Por qué en nuestro pais no
debieran rectificarse las costumbres, me
jo rar los hombres y gozar las dulzuras
de la edad felice antes que la curiosidad
de Pandora nos llenara la tierra de vi
cios?.... Puedo asegurarte que después de
mis hermanas eran aquellas las primeras
jóvenes que estreché en mis brazos, y las
únicas tam bién que me inspiraron un
afecto igual al de las compañeras de mi
infancia. ¡ Cuán bellas e ra n ! Su talla
era elevada y magestuosa, esbelta y li-
( 96)
gera a la par , con un talle el mas gra
cioso. Su rostro blanco, con aquella
mezcla de púrpura virginal que no han
podido imitar los pintores, sus ojos gran
des y modestos de azul y oro , color que
solo ostenta el iris , y un gracejo y b ri
llantez que los corazones esperim entan,
que fascina y turba al hombre mas au
daz : su nariz, su boca, su hermosa den
tadura , todo, todo inspiraba veneración,
afecto, am or, respeto, entusiasmo y
aquel arrebato de la virtud que la natu
raleza imprimió en el sexo hermoso. Vi
da y esperanza infundían aquellas jóve
nes: cada una de ellas era un modelo de
perfección y un simulacro de dicha. Si
este concepto formé á |ía primera vista,
¡ cuál serán los encomios que deberé tri
butarles al estudiar su carácter , cuando
conozca sus inclinaciones , cuando admi
re su corazón , y me ele\e á sus puros
sentim ientos!
Hallóme ya en el seno de una fami
lia que desconozco hasta sus nombres,
que ignoro su idioma, y sin embargo me
prodigan caricias fraternales. Aquella
escena sencilla y tierna me afectó dema
siado, conociéronlo, y mi hermano me
condujo á ver la casa y los verjeles. Los
adornos de esta , presentaban para mi la
misma novedad que los del aposento,
(97))
aunque todos cómodos, y en algunos de
ellos se veian el estímulo de las artes;
los jardines ofrecían frutos opimos en un
terreno feraz y muy bien cultivado, aun
cuando sus producciones me fuesen estrañas. Hablábame mi guia , repetíam e
los nombres , que conservé en la memo
ria muchos de ellos, sobre todo los pro
pios de la familia ; mi bienechor se lla
maba Adeb, E lind su esposa, Eácli A bi
dé las dos jóvenes y Odobé mi querido
hermano, no tardó este en pronunciar el
de A s lo lfo , y al menos podíamos nom
brarnos. Fijaba toda mi atención en rete
ner los nombres mas generales, y en pocas
horas enriquecí mi memoria con algunos
de ellos. La comida fue abundante aun
que frugal , frutas, vegetales , y bebidas
dulces con algunas pastas de esquisito
gusto y sólido alimento formaron el ban
quete, á cuyo fin se celebró una ceremo
nia, que me persuadí fuese religiosa por
que todos se levantaron y m antuvieron
graves ínterin el padre común de la fa
m ilia recitó algunas palabras, que por
su rima conocí que eran versos. Nin
guna novedad ocurrió el resto de la ta r
de ; pero al ponerse el sol un fenómeno
adm irable me llamó la atención, y me
tuvo algunos momentos reflexivo y asus
tado.
El astro del dia caminaba á su ocaso
tono i.
7
( 98)
y se precipitaba como una inole de fue
go detras de unos montes muy altos que
estarian unas doce leguas de nuestra -vi
vienda. Al este se liabia levantado magestuosa la casta Diana en su plenilunio:
y al propio tiempo observé otra luna en
que no había fijado la atención durante
la luz del d ia , que estaba sobre nues
tras cabezas con todos los signos de men
guante. Quedóme absorto, repito: pre
gunte é Odobé la causa de aquel fenó
meno con una espresion tal de sorpresa,
que hubo de adm irarle, pero le vi tran
quilo y como avezado a lo que tanta no
vedad me causaba : me dijo el nombre
de aquellos planetas; y al llegar á casa,
sin duda se lo esplicaria á su padre quien
me presentó una esfera..... Querido lec
tor : también deberás adm irarte : por su
estructura, y juzgué que aquellos hom
bres deliraban y que un crasísimo error
les ocultaba las leyes de la astronomia,
ó nosotros éramos los engáñanos: vi en
efecto dos lunas y otros infinitos plane
tas..... O aquella era otra esfera , ó yo
me hallaba en otro globo. Déjame exa
m inar detenidamente el instrum ento que
tenia á mi vista, y en otro capítulo ve
ras cuantos progresos hago en el idio
ma de aquel pais, para que entremos
en materia de adm iración y tal vez de
envidia.
GOGGGGGGGGGGGG-GGGGGGGGGGGGGG9
VI.
CONOZCO
POR
MIS
ESTOY
EN
EL
HABI TABA
OBSERVACI ONES
MUNDO
OTRO
QUE
SUBLUNAR ,
PL ANE TA. =
NO
Y QUE
S E NAL ANME
MAESTRO P A R A A P R E N D E R LA LE NGUA D EL
F A I S . = P I N T O ALGUNOS LI ENZOS QUE M E R E
CEN
GENERAL
COMPRENDER
A DMI RACI ON. =
EL
IDIOMA.=MIS
P UEDO
YA
PRIMERAS
CONVERSACI ONES.
a o veia un globo pequeño rodeado de
esferas : yo notaba el camino del sol,
veia dos lunas con sus innumerables sa
télites: yo me confundía, pedí una car
ta , mapas y libros , pues no podían ca
recer de ellos donde se hallaba el pri
mero en un estado de conservación que
denotaba couocia su uso ; con efecto, en-
( 100 )
toáronme e n un gabinete e n riq u e c id o de
lib r o s , todos m a n u sc rito s, y vi en la p a
red a lg u n o s m a p a s, y un planisferio per
fec ta m e nte marcado. Considérese mi sor
presa al ver países y mares desconocidos
en una estension inmensa y mayor según
su e scala, q u e nuestro g lo b o : hice que
me s e ñ a la r a n el p u n to de nuestra situa
ción , y pusieron el estilo en la costa de
un c o n tin e n te tres veces mayor que el en
q u e se b a ila n com prendidas el Asia , el
Africa y E uropa : y no p u d o ser errado
mi c a l c u l o , porque me hice espresar los
dias ó soles q u e cada grado de aquellos
contenia y los red u g e á leguas: como
formaba mis cálculos sobre una especie
de papel que al efecto me ha b ia n dado,
vine a d e d u c ir , sin género de d u d a , que
yo h a b ría caido en a q u e l pla n e ta , que
el cielo h a b r ía obrado a q u e l m ilagro por
u n a rc a n o de su incom prensible sabidu
ría ; y q u e ya h a b r ia de ja d o de existir
p a ra mi p a tr ia ...... ¡ Con qué rapidez
o b r a b a n en mi im a gina c ión los cálculos
mas e s t r a v a g a n t e s ! ¿ S i h a b ré m u e rto ,
decía e n tre m i , y el destino de los hom
bres al d e ja r la am arga vida sea el tr á n
sito á uno de los millones de globos con
q u e el c r ia d o r e n riq u e c ió el inmenso es
pacio del u n iv e rso ? ¿Si acaso mis v irtu
d e s , sin yo conocerlas, me h a b ía n hecho
m e re c e dor de o c u p a r un pais delicioso,
( 101 )
como podia tocarme un planeta de des
venturas en el caso do haber sido un
perverso? ¿Si encontraré algún otro ha
bitante de la tierra? ¿Dónde transm igra
rán estos naturales? Luego ¿ la transmi
gración de las almas se verifica con los
cuerpos? Pero el polvo que yo he visto
en los sepulcros, los huesos dispersos en
los osarios ! No : estas son quimeras. No
puede ser: yo deliro.. .. Este es un mila
gro que conmigo se ha dignado obrar la
Providencia. Aprovechareme de él y pro
curaré ser siempre virtuoso. Esta perse
verancia la confesé de corazón, y duran
te mi estancia en aquel pais no traspasé
este propósito. Aquella noche no dor
mí con estas reflexiones, al siguiente dia
me levanté al amcnecer , salí al jard ín
para respirar un aire libre y refrescar mi
frente del calor que me agobiaba por
efecto de mis cavilaciones..... A la hora
de reunirnos la fam ilia, mi bienhechor
me presentó a Abidé , significándome que
seria mi maestra , esta venia provista con
el papel y un estilo ; me repitió varios
nombres cuyo sonido escribí para rete
nerlos, y después me trazó un abeceda
rio que me hizo pronunciar, y tam bién
escribí ; por este método que íbamos rec
tificando a proporción que adelantába
mos, hice tales progresos que se adm ira
ban todos de mis adelantos ; en pocos
v
.
( 102 >
días pronunciaba la mayor parte de los
muebles y manjares, repetia trozos de
versos, y leia correctamente los nombres
que conocía , con los cuales combinaba
los otros : los caracteres eran en mayor
número que los nuestros, pues cada in
terjección tenia su signo marcado.
Los ratos que no dedicaba á la lec
ción y al estudio, lo empleaba en la pin
tura , para la cual me proveyeron de to
do lo necesario. Hice algunos caprichos
que miraban como obras maestras ; pero
comencé á retratar á mis benéficos bien
hechores, en cuya semejanza trabajaba
mi corazón ayudado de la gratitud, é
inspirado por el cielo, me escedí á mi
mismo, y yo propio me admiraba de mi
obra. No cesaban de elogiarlos, y la fa
milia , sus dependientes y algunas per
sonas de aquella comarca, hacían viages
de algunas leguas para admirar la habi
lidad del pintor.
Me adquirí un renombre, que hacia
mas lamoso el ingenio con que aprendía
el idioma : no muchos dias transcurrie
ron para que me dejara entender, y co
mo incesantemente trabajaba y estudia
b a , y mi memoria era feliz, me hallé en
el estado de poder seguir una conversa
ción , que aun cuando presente mas cor-
(103 )
recta que lo que lúe efectivam ente, pe
ro en esencia no vario su sentido: la pre
sentaré en forma de diálogo para juzgar
mejor de los sentimientos de los inter
locutores.
Abidé. Deseaba pudieses ya compren
derm e, querido herm ano, y yo á ti. Tu
desgracia, tu naufragio nos ha compa
decida» , y nos interesamos por un ser
desventurado que llegó á pedir la hos
pitalidad á nuestro respetable padre.
A slo lfo . Si, Abidé. Mi desgracia pu- '
do ser mayor , á no haber hallado tan
benéfica acogida.
Abidé, Tu p atria, ¿está muy lejos?
A slo lfo . Tan lejos que he perdido la
esperanza de volver á ella.
Abidé. Lo siento por tus padres y
herm anos: en cuanto á mi, me alegro,
porque podras enseñarme algunas cien
cias.
A slo lfo . S i: herm ana mia : después
que lias sido mi maestra justo es que yo
retribuya tus cuidados. Pero dim e, ¿cual
es este pais, como se llama , que osten
sión tiene , y como se divide ? Satisface
( 104)
mi curiosidad, y proporcióname luego
libros de su historia. ¿Tu sabrás su his
toria, querida y amable Abidé?
ALidé. Ciertamente : mi padre procu
ró instruirnos en ella, como hace todo
geí’e de familia en este pais ; y no hay
un solo habitante que la ignore. Noso»
tros ocupamos la I d o l a n , comarca del
Loudor , que pertenece á la nación Oldoaga. Mas de cien soles necesitarlas sin
interrupción para dar la vuelta á nues
tro pais, que es una pequeña parte de
la gran tierra poblada de otros, que tie
nen también sus comarcas y sus leyes.
Hay otros muchos que separan los mares,
y cuya clasificación veras en nuestros li
bros, (alli les llamaban mas propiamente
recuerdos.)
A stolfo. Y en este pais, ¿hay gran
des poblaciones , ó reuniones de habi
tantes ?
Abidé. Sin duda. Desde aquella coli
na, donde aun no has estado, veras al
gunas pequeñas, otras mayores mas dis
tantes: desde aquella otra recorrerán tus
ojos otras reuniones de edificios, y á dis
tancia de dos soles hay una mayor que
todas estas, y á la de quince, otra aun
mas grande ocho veces, donde hemos es-
( 105 )
tado muchas temporadas con mi padre.
(No me quedó duda que aquel globo
estaba dividido por continentes, reinos,
provincias y distritos, y que todos ellos
tenian sus capitales.)
A slolfo. Y d i, sabia Abidé : ¿qué re
ligión profesáis vosotros?
Abidé. La del cielo : no conocemos
otra : la del criador de la tierra , de los
mares , de los hombres y las plantas. An
tes hubo otras, pero dice mi padre que
se mandaron precipitar al olvido, que
mar los recuerdos que hablaban de ellas
para que no hubiese memoria , á conse
cuencia de los males que originaran. No
me acuerdo yo de esta época, y creo no
habia nacido ; pero la recuerdan con hor
ror los ancianos y diariamente alabamos
al cielo por habernos libertado de un
azote tan cruel, que por millares de mi
llones de soles sembró la tierra de cadá
veres y de desolación.
A stolfo. ¿ Donde están los templos;
donde sus ministros que dan culto á la
divinidad ; como se llama ésta ; cuales
son sus atributos, dónde se halla?
Abidé. S i, hay tem plos, ya veras al-
(1 0 p)
gunos. E n ellos se re c tific an las leyes, se
h a c e n los c o n tr a to s , y se a d m in istra la
ju stic ia : m inistros lo son todos los q u e
por. su edad y v irtu d e s son elegidos p a r a
u n a misión ta n sagrada. La d iv in id a d se
lla m a O e , que ta m b ié n significa todo:
sus a trib u to s son la ju sticia y la verd a d
reside en todas partes. A qui , en nu e stro
corazón está su p r in c ip a l residencia, to
do lo o c u p a , nos v e , nos o y e , d i r i
ge nuestras acc ione s, y por esto son re c
ta s. A ntes, ¡ a y A s t o l f o 1 antes e r a n ma
los los m o rta le s, perversos. O e los te n ia
aba n d o n a d o s á su s u e r te , y por eso e r a n
infelices ; pero desde q ue vino á residir
e n tre los hom bres , todo es ventura, todo
felicidad, no p u d ie ra p e rm itir una acción
m a l a ...... Y ¿ la d iv in id a d de tu pais, no es,
esta misma?
,
A s t o l f o . Si, inocente y virtuosa A b i
dé , es la misma ; pero no q u ie re n cono
cerla todos los hom bres , com ercian con
su nom bre , son m uy desventurados); pero
yo la tengo en mi c o r a z ó n , asi como
t u .....
A b id é. ( A p lic a n d o su m ano sobre m i
corazón.) E f e c tiv a m e n t e , siento que se
m u e v e , la p ercivo, dam e tu m a n o , a p lí
cala sobre el m ió : ¿ s ie n te s , sientes cual
p a lp ita ?....
t i r o)
Venid m oríales, y admirareis el san
tuario del candor v las virtudes. Santua
rio celestial, -sagrado , respetuoso y pro
fundo....» Yo tenia mi mano sobre el co
razón de una beldad , se hallaba aplica
da sobre un seno palpitante que cubria
un sutil velo, temblaba mi mano y todo
mi cuerpo ; pero era el tem blor de las
sensaciones mas puras y augustas: pare
cíame que tocaba á la divinidad , y que
aquel magestuoso tacto me deificaba. Cos
tum bres de los ángeles! Solo puede vi
virse feliz en su práctica! yo era mora
dor del cielo sin duda, Abidé era mi cus
todio, mi consolador , y la recompensa
del cielo por mis buenas obras...... Los
sentimientos mas religiosos me unian á
aquellos seres, en quienes advertía el
mismo candor ; y era tal mi ansia para
registrar los anales de aquel pueblo , é
identificarm e con ellos, que ya me ju z
gaba morador de la gloria , y casi tan
puro como los ángeles.
¿Preferirías lector, (perdona esta di
gresión) preferirías te contase sensacio
nes fuertes, lúgubres, tristes y sangrien
tas que afectaran tu alm a? ¿quisieras
que el infortunio con su mano de hierro
trazara las líneas de esta historia y que
en vez de costumbres suaves, hiciera del
crim en un instrumento poderoso para sub-
. ,
(108)envilecerla,
..
yugar la virtud, para
y sem
brar su tránsito de horrores y desolación
salpicando con sangre y venenos estas
paginas? N o, no lo esperes. Hagamos
dulce el sendero de la vida, sembrémos
le de olorosas flores: presentemos im agi
nes efectivas que encanten nuestras al
mas y sentidos, ahuyentemos el crimen
y todos los vicios desastrosos que condu
ce el genio del mal. Si nuestro corazón,
por desgracia , se inclina á fatales sensa
ciones ; si está propenso al m al, rectifiquémosle con buenos ejem plos, hagá
mosle conocer que no es mal cuanto so
bre la tierra aparece , que hay muchos
bienes, y pueden serlo todos, si los hom
bres quieren. Huyamos de las tempesta
des de la vida , y busquemos la felicidad
en nosotros mismos. Perdona esta digre
sión , alma de fuego ; fogosas las quisie
ra todas ; porque las que mas participan
tle este elemento son las mejor dispuestas
al bien , á la virtud y á la ventura. Re
corre el globo, hallarás muchas A bidés,
pero sepas respetarlas, no corrompas la
virtud , para obtenerla preciso es que
te identifiques con ella , y el modo que
se conserve p u ra , que tenga aquella fra
gancia celestial que emana del cielo, es
que no la envuelvas en el polvo corrup
tor del mundo, entonces, no será virtud
y desaparecerán las gracias que la embe-
( 109 )
llecian y encadenaban con los mas du l
ces y deliciosos lazos.
Este tono declamador tal vez te pa
rezca exagerado, y opuesto á las doctri
nas mas generales del círculo social; pe
ro reflexiona que me hallo en una esfe
ra mucho mas elevada que la tu y a, en
otro planeta donde se desterraron los vi
cios ; y al saber las delicias que te cuen
te de é l, estoy seguro que me envidies y
me compadezcas por haberle dejado......
Sígueme al centro de mi nueva familia,
y si fueres legislador juzga de aquellas
leyes, y dime si pudieras apetecer otras
mas equitativas para tu patria.
VII.
IN ST R U Y O M E
EN
LA S
LEYES
EEL
P A IS .= C O -
M IENZA EL
ANCIANO LA H I S T O R I A . — I N T E R
RU P CIO N ES
agradables
tran
que
me
su m in is
SUS C O S T U M B R E S . — M A TR IM O N ÍO .
C ^ o n s i d e r a m e haciendo tercio en las con
versaciones de aquella virtuosa lamilia,
que el dulce nombre de hijo y hermano
me eran prodigados con la mejor a lec
ción, y que yo devolvia el de padres con
la cordialidad mas pura. Hacíales enu
meración de los países que habia recor
rido , de las cosas mas notables y de las
diversas costumbres, todo les admiraba:
como leia ya regularmente, me propor
cionaron libros y pude instruirme en su
legislación. ¡Cuán sencilla! No daba lu-
(
111 )
gar á interpretaciones, porque sus pre
ceptos eran terminantes, y partian do
un origen , de la ley natural. Esta ley
indeleble, innata, escrita en nuestros co
razones por la mano del supremo Ilacecedor, es universal y tan eterna como eL
autor de lo creado.
O e principio del universo, y el todo,
ama á sus criaturas, y estas por deber y
por instinto deben amarle, porque se
aman á si mismas; y como el conjunto
forma el todo indivisible, y de este nace
el amor, bay tal unidad en todas las
partes, que no pueden dejar de amarse
mutua y colectivamente. Los padres son
la materia de que se vale Dios para nues
tra formación, y como obra suya media
ta y origen del gran principio, son los
que le representan en lo visible; por
consiguiente deben ser amados con doble
carácter , como á criaturas con quienes
estamos ligados con el lazo fraternal, y
como representantes de la divinidad por
habernos producido: después del todo,
los padres obtienen la preferencia. O e es
el principio de la vida, nadie tiene de
recho sobre ella ; usurpa los atributos
del criador quien quiera arrebatarla á
su hermano ó a si mismo , y este es arro
jado del centro de la familia común, es
un monstruo que solo debe vivir entre
( 112 )
las fieras. Los brutos llenan sus necesi
dades por instinto, pero son seres menos
perfectos que el h o m b re, y por esto ca
recen del habla y desconocen los precep
tos del criador; se devoran , se persiguen,
se ultrajan ; no tienen relaciones entre
si; no les une ningún parestenco ni ca
riño , y en los actos de la propagación
solo siguen la necesidad del instinto ; no
asi el hombre. P ara llenar este deber,
busca una compañera, y ofrecen ambos
llegar á ser representantes de O e y reci
b ir de él los seres que quiere procrear:
no siendo por su via salen monstruos que
devoran á sus padres, que no los respe
tan y obedecen , que infringen la ley y
deben habitar entre las fieras. Las pro
piedades son sagradas, y la industria las
acrece; tiene mas el que es mas aplica
d o ; todo cuanto se obtiene sin trabajo
es un delito , y lo es por consiguiente
usurpar lo que ha adquirido su herma
no. Este hombre no puede vivir entre
los demas ; una vez se le reprende con
d u lzu ra , la segunda se le afea el vicio,
á la tercera como incorregible debe h a
b ita r entre los que se devoran entre si,
porque no están habituados en ningún
género de trabajo. La reputación de un
herm ano, la paz de una familia, el cré
dito de un ciudadano, es propiedad sa
grada que no debe m an cillarse, ni con
( 113 )
palabras ni con acciones: el que inter
rumpe este orden es perjudicial, pudie
ra ocasionar muchos males, y tiene que
partir á regiones lejanas.
Tales son los preceptos de la ley na
tural de este país adm irable, y las leyes
civiles no son muchas mas: su código lo
aprende un niño en ocho dias. Como se
desconocen muchos delitos , no hay pe
nas establecidas; como hay rigidez en la
aplicación , no se necesitan comentarios
ni glosadores para eludirlas ; por conse
cuencia , tampoco son necesarios hombres
esclusivamente destinados a guardarlas,
aplicarlas, ni consultarlas. Todos son le
gistas, y todos pueden ser jueces.
E l gefe de nuestra fam ilia, deseoso
de instruirm e, de hacerme útil é interio
rizarm e en la historia de su pais, satis
faciendo una curiosidad á que me veia
tan inclinado, ofreció relatárm ela estensam ente, y para ello me invitó a que pa
sase algunos dias a su aposento, donde
á solas me instruirla en sus anales, por,
reputarse esta ciencia como un arcano,
en qiue no se iniciaba á todos los mor
tales..
Hij<o m ió, me d ijo , este pais ha sido
corno» e l tuyo, víctima triste de las pat o jí io
i.
8
(
114 )
sienes humanas. Por fortuna hace mas de
cien años que hizosu regeneración moral
y polílica ; y desde entonces hemos pro
curado que las generaciones venideras no
pudieran saber debilidades y crímenes de
sus mayores, para no hacer perder el
prestigio venerable que merecen sus ce
nizas. Todos los anales de aquellas épo
cas de desventura yacen en[el olvido, y la
tradición , a consecuencia de las actua
les costumbres, jamas podrá ser tan des
favorable cual lo fuera el testo. Los ejem
plos perniciosos deben borrarse por la
influencia fatal que egercen sobre la de
bilidad hum ana, por esto han desapare
cido nuestros archivos ; el fárrago de li
bros que contenian, y la m ultitud de
doctrinas con que se fascinaba á la m ul
titud , predicadas por hombres perversos,
locuaces, y que empleaban sus talentos
para desmoralizarla. La propensión na
tural del hombre á todo lo estraordinario haria prosélitos , y bien pronto esta
paz y buena armonia que tanto adm iras,
tornara en disturbios, en horrores y en
males , peores tal vez , que los que la
mentamos.
No hagas uso de la historia que voy
á referirte , sino para aprender á ser cir
cunspecto y no revelar la de tu pais : si
los encargados de velar por la conserva
ción de la moral pública te sorprendie-
(
115 )
ran en revelaciones que puedan ofender*
la, serias eliminado de la sociedad, por
que podías turbarla con doctrinas que
la eran nocivas. El cuerpo moral de la
sociedad es un enfermo delicado a quien
afectan las mas leves impresiones, cui
dado es de los médicos evitar que las
perciban para no acrecentar las dolen
cias, ó hacer ineíicaces los remedios. La
especie humana es igual en todos los
globos; toda salió de una misma mano,
toda tiene iguales propensiones. Toda ne
cesita igual remedio. Solo será mas feliz
la que mas pronto le adopte. Torrentes
de sangre nos costó a nosotros conseguir
lo ; por esto nos mostramos tan avaros de
ella , y tememos, ya que estamos convalescientes, recaer de nuevo en los mórbicos errores. Nunca es mas fácil ser víc
tima de las pasiones que en la infancia
de la vida, nosotros no hemos llegado
aun , permanecemos todavía en la cuna
de nuestra sociedad, solo lactancia nos
alim enta, no hemos comenzado a esperim entar los alimentos fuertes, y nos va
mos con tiento en sum inistrarlos, no sea
que su digestión sea difícil, y al llegar
á la edad en que influyan las pasiones
predisponga en el estómago, por sus per
niciosas soles, náuseas y otras dolencias
que la m aten. Mañana comenzaré mi
narración.
.(06)
Llegó este día para mi tan ansiado,
y después de una breve pausa , me di
jo : Nuestro globo es tan antiguo co
mo el en que tu naciste, porque todos
fueron creados en un dia , y esta m áqui
na universal no pudiera caminar sin to
dos los resortes que le dan acción y mo
vimiento. Todos son de un mismo Autor,
y éste con su potente y sabia mano los
dirige y conserva. Este en que habita
mos es una parte, asi como el tuyo, muy
pequeña , de la gran máquina ; cada es
trella es un m undo, y considera si á la
vista humana mas perspicaz, aunque vi
viera centenares de años, le fuera dable
enumerarlos. Pues todos, hijo m ió, estan sujetos á las mismas vicisitudes, y á
las mismas leyes-, y todos vivirán tanto
como su Artífice.
Este pais tiene , según has calculado,
mayor estension que el tuyo, y no te en
gañas. El solo continente que habitamos
es mayor que toda la superficie de la
tierra y mares de tu pequeño planeta.
Sin em bargo, hay otros, hay infinidad
de mares, hay islas inm ensas, y queda
mucho que descubrir : considera , pues,
cuantos pueblos encerrarla , cuantas cos
tumbres, y que diversidad de ritos y opu
niones m ediarían en los climas opuestos
que comprenden sus zonas.
( 117)
Cada uno se gloriaba de poseer los
preceptos únicos y verdaderos de la re
ligion. Cada cual se envanecía de haber
la recibido de las manos del Dios verdar o : en un reducido espacio que apenas
gastarías dos soles en recorrerlo, halla
bas contradiciones cronológicas acerca de
su antigüedad ; unos contaban la dura
ción del mundo á un tiempo difícil de
enumerar, al paso que sus vecinos le da
ban un principio mas reciente. Todos
pintaban a su Dios colérico, vengativo,
enemigo del hombre, y sujeto a las pa
siones marcadas de predilección hacia
unas criaturas mas que á otras. Varias
veces le habían hecho descender á la
tierra en formas diversas : unos cual un
venerable anciano que instala al primer
hombre en un delicioso vergel , que le
duerme y luego le divicie para formar los
dos sexos. Otros como un ser cruel que
devora á sus hijos , aquellos le suponen
una feroz serpiente , éstos un cocodrilo,
quienes un buey, cual una paloma.....No
puedes figurarte los delirios que la ima
ginación humana pudo suponer para
pintar á la divinidad. A esta misma dei
dad creadora de todos los átomos, la su
ponen de tan escaso poder que no puede
evitar el mal, y lo erige en principio
que dirige a las criaturas para contra
riar , desobedecer y despreciar á su au-
(U8)
tor. Este mal, lo hacen genio inmortal,
susceptible á recibir formas , y adoptar
las que le dirige su antojo para comba
tir al primer elemento de lo creado. El
mismo hacedor supremo tiene que com
batirle, y en el cielo hacen comenzar
las guerras , antes que el instinto cruel
del hombre inventase las armas mortífe
ras para destruir su especie. No te pare
ce que semejantes precedentes debian
ser fatales á la humanidad , que imbui
da esta en unos principios tan contrarios
a la misma naturaleza, sus resultados
deberían ser crueles? No habia una sola
página de la historia desde la creación
del mundo que no estuviera salpicada
en sangre: los primeros vivientes, las
obras primeras del Criador, fueron ya
imperfectas ; y no bien respiraron deso
bedecieron al artífice. Los unos quieren
aspirar á su suprema ciencia, los otros
le roban un rayo.... Todos fueron casti
gados, empero , del modo mas horroroso
é inaudito: condenólos á muerte, pero
lenta, cruel, con todas las agonías que
inventaran los mas odiosos tiranos.... Tal
eran los dioses que el capricho de los
humanos quiso trazar, tan mezquinos y
miserables como ellos: pintura deshon
rosa a su dignidad , á su magestad au
gusta , á su sagrada prepotencia. Juzga
tu que podían ser unos hombres educa-
i 1!9.)
dos por unos principios tan opuestos á
la moral, á la razón y á la naturaleza
misma ! Entretanto , el verdadero Dios
solo era adorado y acatado por unos
cuantos humanos, á quienes sus semejan
tes perseguían como blasfemos, y arroja
ban á las llamas y tormentos. Si los pre
ceptos religiosos adolecían de un defecto
tan capital, ¿qué podían ser las leyes
sociales? otro mostruo, otro tegido de
contra principios tan perjudiciales como
el primero. Si los vicios se erigen en dei
dades tutelares ¿cómo no habian de aca
tarlos el frágil instinto y la inclinación
humana ? En un pueblo se preceptúa la
infinidad de mugeres para deleitar al
hombre voluptuoso, y en otro se prescri
be el celibatismo como la vocación mas
perfecta. En aquel clima se levantan
templos á la lascivia , y se sacrifica en
sus aras al pudor, y en el vecino se obli
ga á la naturaleza á sofocar sus leyes,
encerrando entre muros a la virgen para
inutilizar el objeto con que fue creada.
Todos los estreñios se miraban como su
blimes; apenas se hallaba un medio. To
dos estos errores los producia la lalacia
de los oráculos de la divinidad ¡ los
hombres iniciados en sus secretos, los
únicos con quien se dignaba familiari
zarse. Estos eran los reguladores de ^
especie humana , los que recibían los in-
( l-’ O )
ciensos y el homenage del seducido pue*
blo: poder, v id a, honor, riquezas, has
ta la lanza del im pertérrito guerrero se
hum illaba ante aquel poderoso prestigio
que infundía el ministro de la divini
dad : como la suponian exaltada siempre,
siempre vengativa , para aplacarla la
ofrecían víctimas hum anas, y cuando faltap estas, talan y degüellan á naciones
enteras.
Llaman sin em bargo, á aquellos tiem
pos los heroicos, y las edades mas ven
turosas. La civilización no había desar
rollado los principios de la ciencia, no
se habían hecho descubrim ientos, y las
artes en la infancia no pudieran produ
cir los elementos posibles del bienestar;
con su desarrollo se crearon otras exi
gencias, se comunicaron los pueblos, co
marcas ignoradas fueron concurridas por
pueblos de la zona opuesta ; los móviles
del interes crearon la ambición y el an
sia de dominarse: no habiendo motivos
plausibles, suscitan la religión, esplotan
este poderoso elemento , y á pretesto de
instruir y hacer reconocer al verdadero
Dios, m atan, roban, destruyen, y sus
ministros clasifican de héroes y coronan
cpn el triunfo a unos bandidos, ó unos
asesinos. Las recientes conquistas acre
cientan necesidades, los hombres no se
( 121 )
contentan de dominar al bruto, si que
ansian someter al yugo al hombre mismo
y lo venden como á la bestia mas despre
ciable : y para comprar hombres se ne
cesitan mas riquezas. Preciso era, pues,
mudar las religiones, reformarlas y ad
quirir cada cual una supremacía. Hom
bres audaces, Uámanse enviados de Dios,
fascinan á otros miserables, engrosan el
número de creyentes, forman ejércitos,
y ensayan nuevos esterminios. No se con
tentan los ministros de aquellos falsos
dioses en dominar los espíritus , aspiran
á otro dominio mas visible, tío quieren li
mitarse á los templos, erigen palacios,
forman ejércitos y se hacen dueños tem
porales y espirituales de los nacidos; y
gefes supremos de los demas hombres co
mo enviados de Dios, como sus represen
tantes y sus h¡j os predilectos. Otra cade
na mas que se labran los mismos seres
que les obedecen. Astolfo, ¿para qué
enumerarte mas? este resumen te demues
tra la corrupción general en que vacia
la especie humana , el vergonzoso error
que la arrastraba al menosprecio del
verdadero Dios, y el engañoso culto que
dedicaba a los falaces simulacros que
inventó la impostura y la maldad con so
lo el objeto ele enriquecerse, y gozar lo
dos los placeres.
( 122 )
Este compendio de la historia gene
ral de este globo, puede darte una idea
de cual seria el estado de este continen
te ; sin embargo, te tejeré la historia
mas moderna, para que te convenzas de
cuan justa fuera la revolución que hace
cien años mudó su aspecto, y la faz
de un pais cuya estension comprendía
mas de cien naciones diversas.
Esta población contaba unas cuantas
comarcas que mandaban gefes particula
res ; sus rivales les tenían en continua
guerra , y sus súbditos apenas podían de
dicarse a la labranza, todos eran guer
reros, y no se conocía otra profesión que
la de las armas. Acababan de reconquis
tar el pais á otra belicosa nación que to
do lo subyugara, y que casi llegara á
dominar el globo ; los caudillos de las
tropas se erigieron en gefes de co
marcas , establecieron leyes ; pero ¡ qué
leves, querido Astolfo! Un tegido de mons
truosidades humanas: llamábanse libres,
como si pudiera haber libertad entre los
hombres que cifran todo su poder en la
fuerza : como si entre guerreros fuera
dable establecer aquella moral, aquella
libertad que se busca sobre costumbres
puras, inocentes y virtuosas: y estas
nunca las puede adquirir quien se ali
menta con sangre , quien propende á la
( 123)
destrucción , quién se com place en im
poner á los otros el yugo de la opresión,
y no conoce otra ley que la Tuerza, y lo
que le impone el c a udillo que suele con
d u c irle á la matanza. Y ¿ q u e r r á s c re e r
q ue los ministros de Dios eran ta m b ié n
gue rre ro s, y que desde el pie del ara
corrían al c o m b a te , y con las manos tin
tas a u n con enemiga sangre r e n d ía n pre
ces a los dioses, a quienes lla m a ba n n ú
menes de p a z ? y , no creas que se t r a t a
se m uchas veces de naciones d iv id id a s
por los cultos; no, hombres acordes en
principios religiosos, de una misma c r e e n
c ia , de un distrito mism o, después de
u n a b a ta lla d a b a n gracias al cielo por
su victoria, y eran tanto mayores sus ho
locaustos cuanto mas numerosos los ca
d á v e re s enemigos que hubiesen sacrifica
do., j B árbaros 1 ¡C ó m o podían con c e b ir
fu e r a n gratas al Autor del universo las
p r u e b a s de b a rb a rie ] ¡Cóm o pudiera la
justicia celestial m irar sin horror sa c r i
ficadas sus c ria tu ra s, y d isp u ta r los seres
c u a l e r a mas c r u e l, c u a l mayores vícti
mas habia inm olado a nom bre de un
Dios d e justicia , de paz y de ven tu ra !
A quellos frenéticos, e m p e ro , fanatizados
p o r sus sacerdotes, se creían venturosos
en p re se n ta r al tem plo las m a n c h a s d e l
crim e n , el corazón p a lp ita n te de un her
m a n o , ó las e n tra ñ a s de una virgen q u e
(«*)
prefiriera la muerte á la violación. Pues
estos hombres, querido hijo mió , se en
vanecían en llamarse libres, religiosos y
los de mayor virtud sobie la tierra. Con
sidera si unas costumbres que resiste la
naturaleza, podian abrigar una sana mo
ral, que es la que constituye la esencia
de los pueblos libres.
Muchos anos transcurrieron entre es
ta lucha de pasiones, muchos gefes se
sucedían ; y como las costumbres no te
nían un cimiento sólido, y la moral no
dirigía las acciones humanas, los males
iban en aumento, las venganzas y la am
bición dominaban á la especie, y con
quistadores mas audaces reemplazaban á
sus víctimas.
De unos climas á otros divagaban los
ejércitos de aquellos seres fanatizados:
de los abrasados terrenos roas próximos
al sol, volaban las hordas a los climas
glaciales en busca de sangre, de rique
zas, de esclavos y conquistas: y desde
las mas heladas temperaturas caían sobre
las ardientes arenas enjambres de hom
bres armados para hacer la guerra á puebl os indefensos. ¿Y qué protestos podian
objetar para acciones tan bárbaras? A
veces los mas frívolos. Millones de vícti
mas, sacrificios de mil pueblos, y guer-
( 125 )
ras'de muchos años costara á veces la
posesión de un solo y vacio sepulcro que
decían haber pertenecido a un profeta,
y los sacerdotes de un Dios de paz acau
dillaban las bandas, arrancaban de los
brazos de la esposa , del seno de sus hi
jos, y del cultivo de las tierras al hom
bre sencillo y virtuoso para conducirle
á los combates, para hacerle atravesar
paises inmensos, donde el hambre y la
peste, antes que la guerra, absorvian las
víctimas: las familias abandonadas y sin
apoyo quedando á la merced de la mi
seria , crecían en los vicios, y en una
corrupción que formaran de este globo
una sentina de plagas las mas devasta
doras....
Aqui llegaba el anciano cuando fui
mos interrumpidos por dos jóvenes que
entraron con el resto de la familia. Ha
bían pasado ambos de los cuatro lustros,
pero brillaban en sus rostros los colores
y gracias infantiles de la inocencia. Venian asidos de la mano y abrazaron al
anciano. Mañana cumplo el plazo que
faltaba para ser hombre, dijo el varón
agraciado, Amaré hace dias que termi
nó el suyo para ser muger, y venimos
para anunciarte que nos acompañes á
que O e oiga nuestros votos y nos conce
da la gracia de la paternidad. S i , hijos
. ( 156)
inios , mañana iremos a recibir del cielo
la mas sublime de sus gracias. Aqui tie
nes dos jóvenes, dijo dirigiéndose a mi,
que han cumplido la edad que la ley
previene para enlazarse. Dabuié i que es
este gallardo mozo, ha cumplido el pla
zo de veinte y seis años según el tiempo
de tu pais, y Amaré los veinte y cuatro.
La esperieneia nos ha enseñado en estos
climas que hasta este tiempo no ha he
cho la naturaleza lodo el acrecimiento y
desarrollo en la especie humana, y por
lo mismo no se les conceptúa aptos para
la generación de seres robustos que man
tengan la belleza de las hormas y el equi
librio de todo el organismo humano.
Antes de este, tiempo, solo produjeran,
individuos débiles , enfermizos, y cuyo
sistema cerebral y legido muscular, ja
mas fuera tan robusto como se necesita
para llegar al término final, sin dolen
cias ni achaques. De este modo hasta los
cincuenta años son aptas nuestras mugeres para la concepción, y los hombres
de ochenta están aun ágiles para los
trabajos mas penosos de la agricultura.
Estos jóvenes lian obtenido el benepláci
to de sus padres , que jamas se lo nie
gan, son parientes muy cercanos, se han
educado juntos, y una misma moral bri
lla en todas las acciones. \ como yo soy
el magistrado del car.ton por tres años,
( 127 )
debo sancionar la unión en la casa ma
gistral, donde nos acompañarás mañana,
y luego celebraremos la unión como el
dia mas venturoso de la vida. Desde
aquel acto es ya Dabulé ciudadano, es
decir, hombre y miembro del cuerpo so
cial ; tiene que desempeñar los cargos
que le pertenezcan ; si permaneciera cé
libe , aun cuando tuviera mas edad, ja
más se le considerara hombre , porque
este noble título solo corresponde al que
es apto para multiplicar su especie. En
fin , las demas ceremonias tpie lias de
presenciar te instruirán á íondo de nues
tras costumbres.
Quedó estipulado que al amanecer
nos pondríamos en marcha , y como du
rante el tiempo que permanecía entre
aquellos naturales no había presenciado
ninguna de sus ceremonias civiles ni re
ligiosas, ansiaba iniciarme en ellas.
¿Qué rito observaban, pues, y qué
culto tributaban á la divinidad , estarás
entre ti diciendo? Algunos dias trans
currieron hasta que pude observarlo. To
do el culto esterior se reduce, á una
oración que recita el gefe de la familia
al concluirse la comida , hora en que se
hallan todos reunidos, y á las oraciones
parciales que cada individuo dirige al
«Tutor del universo la primera vez que
sale al dia al aire libre, levanta las ma
nos y su mirada al cielo, y dice : «O e:
»aquí me tienes presente , yo procuraré
»seguir tus preceptos , amarle y amar á
»mis herm anos; encamina mi espíritu
vpara que sea yo siempre hombre de
»bien, a fin que mi nombre no se borre
»jamas del libvo de tus hijos. Todas las
»obras que haga durante el presente sol
»te las dedico. ¡Ojala que sean perfec»tas y dignas de tu gloria ! » Cada diez
dias era señalado para descanso de todas
las tareas, durante él se entregaban los
jóvenes á los regocijos , se unian los an
cianos, se visitaban, y al declinar el sol
el elegido por su dignidad trienal, diri
gía un discurso moral a la asamblea en
que el nombre de O e era siempre alaba
do , recomendándose el trabajo , la vir
tud , el respeto á las leyes, y el amor al
prógimo.
No dejarás, querido lector, de tener
muchos motivos de admiración en el
transcurso de esta historia: ciñámonos
por ahora á presenciar una de las fiestas
mas plausibles de aquellos habitantes y
la mas augusta en la naturaleza.
Llegó la aurora para mi tan deseada,
en el pórtico del edificio estaba prepa-
( 129 )
ratlo un anchuroso carro, tirado por cua
tro robustas cebras y entoldado de una
m anera la mas cómoda , entramos en él
nuestros venerables padres y mis tres
hemiarios. No estará demás que te pinte
los trages de aquellas mugeres, por si el
capricho de la moda pudiera inspirarte
el im itar alguno. Un a justado calzado de
piel de brillantes colores, sobre un pié
mas blanco que el armiño : una especie
de pantalón que solo llegaba á la rodi
lla , y una túnica abierta por delante
m uy ajustada á la cintura y recogida al
cuello, delineaba perfectamente todas
las formas de aquellos rectos cuerpos; un
m anto, que sabían usar con gracia , pren
dido al hombro izquierdo, daba un nue
vo realce a su esbelta y magestuosa ta
lla : la cabeza iba descubierta, cayendo
ondulantes rizos sobre su pecho y espal
da , ciñéndola una sencilla cin ta, la que
ornaban á veces con lrescas y olorosas
flores: los brazos iban descubiertos bas
ta el hombro con unos braceletes hijoá
del capricho de las artes, que eran rnas
ó menos costosos segun la fortuna de la
inuger que los llevaba. En las m atronas
no se notaba otra diferencia que llevar
los brazos cubiertos, el pantalón, quo
asi le llamaremos, sujeto a la garganta
del pie, y la cabeza cubierta éon un ve
lo que caia con mucha gracia sobre el
TOMO I.
9
( <30 )
hombro derecho. Los colores, el género
de los trages y su hechura mas ó menos
elegante, dependia siempre del gusto de
la m uger, propensa como en todas par
tes al prurito de agradar y de ser am a
ble : con solo la diferencia , que en
aquel planeta por efecto de su sencilla
educación, conservaban constantemente
el pudor hasta los últimos dias de su
vida.
Nuestra marcha fue feliz y risueña,
refiriendo las virtudes y gracias de los
que iban á ser esposos: contando los bie
nes que debian poseer, porque todos los
parientes tenian que hacerles un regalo
proporcionado á sus haberes, con lo cual
el menos acomodado juntaba un capital
que unido á su trabajo, producía lo bas
tante para llenar sus obligaciones.
Mas de una legua habríamos cami
nado, cuando hallamos otro carro que
conducía a la familia de los esposos , y
estos elegantemente vestidos m ontaban
ambos una cebra graciosamente enjaeza
da. Llegamos cuando el sol estaría en el
m eridiano a una magnífica rotunda eri
gida sobre una colina plantada de árbo
les y rodeada de jardines que la consti
tuían el mas delicioso recinto. Este era
anchuroso, de una arquitectura magní-
( 131 )
íiea , y capaz tle contener mas de qui«
nientas personas, no tenia cúpula, y los
rayos del sol la penetraban, como tam
bién el aire libre por entre las columnas
que la circundaban. Esta columnata cir
cular tenia en lo interior una escalinata
de piedra para que se sentasen los espec
tadores: en el centro babia también una
gran meseta circular con sus gradas de
piedra, que era el arca sobre que se ce
lebraban las ceremonias. Debajo de esta
meseta babia una abertura hermética
mente cerrada con una losa de piedra
que conducía á una subterránea habita
ción, donde se conservaban los libros sa
grados en que se escribían las actas de
toda la comarca. Aquel recinto era guar
dado por un ministro á quien los veci
nos retribuían con una pensión para el
cuidado de aquel templo. Tenia su ha
bitación inmediata á é l, donde residía
con su familia. Este cargo vitalicio era
de suma consideración entre los habitan
tes, cuyo nombramiento hacian estos en
favor siempre de persona digna de res
peto y veneración por sus virtudes.
Este guarda del templo, que estaba
ya avisado, salió a recibirnos revestido
con su trage de ceremonia, reducido á
una túnica de lana blanca ceñida con
un cíngulo del mismo color, los cabellos
( 132 )
flotante» y una corona de siemprevivas.
Abrazó á mi amado bienhechor el
p rim ero, como magistrado de la com ar
ca, en seguida a los demas que le acom
pañam os, y los esposos permanecían en
el bosqueeillo inm ediato, pues no se p re
sentaban hasta cierto tiempo. Entró el
primero el m agistrado, siguióle el g uar
da del edificio, y luego entramos los de
más unidos a un concurso no poco n u
meroso que habla acudido á la ceremo
nia : subióse el magistrado á la mesa de
piedra y dirigió un discurso breve a la
asamblea m anifestando, que Dabulé y
jamuré deseaban que O e les concediese
la gracia de la paternidad ; que ambos
eran llegados a la edad que la ley p re
fijaba ; que eran aptos y robustos; que
no habian desmerecido del concepto de
sus hermanos, y que aguardaban de que
estos admitiesen con benevolencia á los
dos esposos. Los padres de Dabulé se
aproximaron á la meseta , levantaron las
manos y la vista al cielo, y dirigiéndose
en seguida al m agistrado, le dijeron:
Dabulé es nuestro hijo, es virtuoso, le
hemos enseñado los preceptos para llegar
a ser hovibre y a ser padre: sabe que tiene
que trabajar como todos los hijos de O e
para mantener a su esposa y a sus hijos,
aquella es de su elección, y espontanea-
( 133 )
mente la toma : nosotros los bendecimos,
Retiráronse en seguida, y de la propia
forma se aproximaron los padres de Antu
ré , que dijeron: Amare es nuestra hija.
Suplica á O e que la permita ser madre.
Cumplió los soles que la ley previene,
es robusta y virtuosa , sabrá educar á sus
h ijos; la hemos instruido en sus deberes,
ama a Dabulé, su corazón le ha elegido,
nosotros los bendecimos. El concurso
prorrum pió en estas voces: son virtuosos,
pueden ser padres. También los bendigo
yo, dijo el m agistrado, que se presenten
y pronuncien su juramento.
E ntran llenos de jú b ilo , agarrados
por la mano ambos jóvenes, la asamblea
los saluda con un grito de alegría , só
bense á la meseta , los abraza el magis
trado , abrázam e en seguida, se arrodi
l l a n , apoya cada una de sus manos so
bre sus cabezas, levanta los ojos al cie
lo , y esclama : O e : admite á estos dos
esposos, aumentaran tus glorias y las de
licias de su patria. Siguióse por algunos
momentos un profundo silencio , y pro
siguió: X nombre de O e ya sois esposos.
Dalnilé ya eres hombre: Amaré ya eres
m uger : tened hijos que se os parezcan.
Levantáronse y quedó consumada la ce
remonia : todos los concurrentes les di
mos la enhorabuena y abrazamos á los
( 134)
re c ie n esposos. El g u a rd a del tem plo sa
có el lib ro sa g ra d o , inscribiéronse los
nom b re s de los consortes con su filiación,
firmólo el m a g istra d o , y q u e d a ro n te r
m in a d a s todas las d ilig e n c ia s , esponsales,
velaciones, a r r a s , cartas dótales y dem as
que usan en el m u n d o s u b lu n a r y que
ta n ta s veces se infrin g e n é invalidan.
E n uno de los bosquecillos estaba
prevenido el b a n q u e te n u p c ia l , del q ue
hic ie ro n los honores los recien desposa
dos. En a q u e l mismo re c in to c a d a pa
r ie n te les in d ic ó el regalo con q u e po
d ía n co n ta r y constituía su patrim onio.
Los cantares , el baile y la mas c o m p le
ta alegria , sin una espresion q u e p u d ie
ra ofender el pu d o r donde las acciones
e ra n inocentes, term inó la función , u n a
de las mas a u g u sta s de la vida y q u e se
celebraba en el pais como p u d ie r a n los
antiguos u n triu n fo guerrero.
R etiráronse los c o n c u rre n tes y noso
tros ta m b ié n , e sperando yo que h a g a s
tu otro t a n t o , q u e rid o le c to r, para q u e
continué el a nciano en el c a p ítu lo i n
m ediato la n a r ra c ió n que que d ó pen
d ie n te .
VIII.
CONTINUA
MI
PROTECTOR
JUICIO
DE
UN
UNA F A M I L I A ,
SU
NARRACION.=
P L E I T O . ^ I NF ORTUNI O
FELIZ
DE
REMEDIO.
A l otro dia temprano estaba ya en el
cuarto del anciano para que continuase
su narración , haciéndolo en esta forma.
La mas profunda hipocresia reinaba en
este pais por espacio de muchos años,
bajo un gobierno paternal que engendra
ba los mayores abusos; las artes y las
ciencias no habían podido hacer todos
los progresos de que era susceptible por
su feracidad y riqueza, porque otras co
marcas vecinas mas civilizadas, se apro
vechaban de la desidia de nuestros gefes
( 136 )
para sustraer nuestras riquezas. Los lla
mados’ ministros del cielo, henchidos de
poder, nadando en la abundancia, do
minaban hasta al gefe mismo del estado,
de quien eran los arbitros y legisladores.
El pueblo infeliz no tenia goce alguno,
los que rodeaban al poder le tenían es
clavizado, y dueños de todo el pais, ca
si todos los habitantes reducidos a la
servidumbre, dependían ó de ellos ó de
los ministros del culto.
La creencia religiosa estaba reducida
a una obligación fortuita, con tal rigor,
que era imposible dudarse de ella, a pe
sar de los errores que contenia, sin esponcrse á la muerte ó los tormentos. Las
riquezas, la instrucción, el discurrir tejiian unas trabas tan ignominiosas, que
dependían absolutamente del querer de
los intérpretes del cieiow Los mas suntuo
sos palacios les pertenecían , los mas fe
races terrenos eran suyos, y un lujo y
una molicie escandalosa eran el patrimo
nio de aquellos seres dedicados esclusi
vamente, según sus aparentes institucio
nes , a la caridad y a la modestia y po
breza.
Esta clase tenia también un primitivo
gefe ó gran sacerdote, que ostentaba to
do el lu jo y el poder de un ge fe tempo-
( 137 }
ra l, rodeado de una corte, habitando
magnífico* palacios, teniendo ejércitos á
.sus órdenes, y disponiendo de la suerte
universal de toóos los estados que com
prendía este continente. El ponía y qui
taba gefes a su arbitrio, y como VieeDios dec¡a tener facultades uel cielo mis
mo gnu para esterm iuar al género huma
no. üifp de estos, por sugestión de al
gunos sacerdotes y prevaliéndose de un
gcfft débil y tim orato, estableció un tri
bunal llamado de las iras celestes para
impío.,ner penas á los irreligiosos. En cor
tos, soles.las íortuuas de millares de ha
bitantes fueron á parar á inanos de este
tribunal y sus m inistros, pereciendo sus
lejítimos poseedores entre las torturas
ó la m iseria, en lejanos países, para
evitar la muerte mas horrorosa. Al paso
se establecieron también recompensas pa
ra después de la m uerte, que se compra
ban á precio de oro. Todos los crímenes
podían redimirse con aquel m etal, y es
te purria á raudales para enriquecer á los
ministros de un Dios que deberia estar
horrorizado del vil monopolio que á su
nombre se ejercía.
De esta manera transcurrieron algu
nos siglos de ignominia, hasta que ha
brá unos cien años que en una comarca
vecina á la nuestra, no pudiendo sus
( 138)
habitantes resistir el yugo opresor, sacu
diéronle con esfuerzos tan violentos que
repugna á la memoria enumerarlos.
El gefe de aquel estado, sus minis
tros , los del culto, y hasta sus suntuo
sos palacios fueron víctimas de la ira po
pular. Inmoral ésta, sin principios esta
bles y arrastrada por el solo instinto de
sus pasiones, se entregó á la venganza
de los males que la esclavitud le habia
ocasionado. Sin gefe el estado, sin leyes,
sin costum bres, ludibrios de la ambición,
se sucedían los tiranos , hasta que uno
mas audaz ó mas afortunado, reprimió el
torrente de los crím enes, ató el carro de
una sangrienta revolución, se nombró
gefe, estimuló el espíritu guerrero, for
mó legiones y trató de conquistar el
universo; su genio especial le pudiera
haber conducido al apogeo de la gloria,
si la ambición no le hubiese obcecado.
Dictó algunas leyes justas y equitativas
en verdad, al paso que espedia otras
cual emanaciones de la mas inaudita tirania. Formó el plan de quitar á los gefes de todas las comarcas, quiso organi
zar las leyes que en ellas regian , toma
ba por pretesto el bien del pueblo ; pero
éste, en vez de encontrar el mas peque
ño a liv io , compraba con su sangre las
coronas que el tirano universal amonto-
( 139)
naba sobre su cabeza, y cuyo peso debe
ría sin duda abrumarle.
Este hombre infeliz, que estaba en
íntima amistad con el gefe que regia es
tos estados, trató de dom inarlos, y lo
consiguiera tal vez, si el espíritu guer
rero de los hombres de entonces no se
hubiera opuesto á tan odiosa tentativa.
Muchos años tuvieron que luchar para
defenderse del audaz guerrero, que te
nia en su poder al gefe por quien el
pueblo hacia los mayores sacrificios. Este
pueblo, en fin, sacudió su poder, rom
pió sus huestes, y huérfano y sin tener
quien le mandase, reunió ancianos que
dictasen leyes en armonía en lo posible
con las equitativas de la naturaleza. Ve
rificáronlo , aunque no fueran tan per
fecta entonces cual reclamaba el espíri
tu del siglo. Muchos opositores, empero,
encontraron : los ministros del cielo,
aquellos hombres avezados á ser dueños
del sudor del pueblo, no podían consen
tir que este fuese legislador y que se
sancionase un principio de igualdad in
concuso según las leyes inm utables de la
naturaleza. Sometiéronse por el poder de
las circunstancias, destruyóse al tirano,
regresó el adorado gefe, obcecóle una
turba de aduladores, rodeáronle los ór
ganos celestes, destruyó las leyes á las
( HO)
coales debía su conservación, su poder
v rango; y poco esperto en las lecciones
de la historia y del ejemplo de los acon
tecimientos , instaló en su gracia á los
mismos que hacían gemir á los hombres,
se entregó á sus consejos, y la opresión
tornó á imperar después de mucha san
gre vertida. Era la corle un hediondo
mercado, donde á vil precio se negocia
ban las gracias y los empleos , la dela
ción y la impostura ocupaban las prime
ras gradas del trono , y la disipación y
las orgias eran el entretenimiento común
de los cortesanos.
El tribunal de las celestes iras fue
de nuevo instalado, y sus ministros no
pensaron desde entonces en juzgar deli
tos religiosos, sino en inquirir otros, frí
volos y especiosos, cuya clasificación les
daba su intención y antojo. La guerra
cruel había emancipado algunas colonias
de este pais situadas al opuesto polo, y
en vez de atraerlas con espíritu concilia
dor, se declaró una nueva guerra quo
paralizó la industria , que obstruyó
el comercio, que aminoró la riqueza , os
cilando la codicia estraña al aprovecha
miento de la impolítica de nuestro go
bierno. Incapaz este de conocer sus inte
reses, y muy lejos su gefe de querer tra
tados que si humillaban su dignidad re-
( 141 )
ilutan al menos en bien público, prefirió
a la conveniencia general seguir ios im
pulsos de su amor propio, y estableció
un ejército numeroso para que fuese á
verter su sangre en abrasados climas y
por medio de amontonados cadáveres ven
tilar un derecho precario , cuya esencia
y origen itabia sido un crim en.
Nueva interrupción sufrimos en la
narración de la historia , por la que me
convencí de la analogía que m ediaba
entre toda la raza hum ana. Ansiaba sin
em bargo, saber por qué medios habian
podido conseguir obtener al íin el triun
fo sobre errores envejecidos y preocupa
ciones arraigadas en ia sociedad.
Las tareas ordinarias del anciano y
sus cargos respetables, le impedían en
tregarse todos los momentos que quería
á mi instrucción. Esta vez se paralizó la
historia para que ejerciera uno de los
cargos magistrales que le estaban enco
m endados: iba d adm inistrar justicia, llogoine que presenciara el acto á fin de
discurrir sobre él después de realizado.
Los litigantes eran labradores de me
diana edad, que con el modo mas a mical venían juntos á esponer sus respecti.
vos agravios para alcanzar justicia. Ef
( U2)
de mas anos liabló el primero: juez,
(lijóle á mi protector, pongo en noticia
de tu sabiduría que habrá nueve años
que le dije á mi vecino Oviday , que es
ta presente, si necesitaba un terreno del
cultivo de tres soles que tenia junto á
mi heredad, y que solo estaba sembrado
de abrojos, el cual desde mi niñez habia
siempre visto inculto: mi amigo, deseo
so de complacerme en un negocio que
ningún perjuicio le causaba, cedió á mi
demanda , permitiéndome desmontar el
terreno con la condición que al transcur
rir diez años le retribuyera, ó á sus des
cendientes, una parte del producto que
estipularan dos de nuestros vecinos mas
inmediatos: yo y mis hijos regamos con
nuestro sudor por espacio de muchos so
les aquel áspero terreno , y transcurrie
ron centenares de ellos hasta que pude
hacerle vegetar, sombrearle con algunos
árboles y hacerle dócil al arado: habrá
dos años que comenzó á dar algunos
frutos , y este último sobre todos , ha si
do tan feraz que me ha indemnizado en
parte de los anticipados trabajos que en
él tenia empleados. No ha espirado aun
el término estipulado para contribuirle
en la parte que señalaron los vecinos, y
de la que como hombre estoy muy lejos
de apartarme. Habrá dos soles, empero,
que Oviday vino a verme diciendo que-
( 143 )
vía enagenar aquel terren o, porque sus
largas enfermedades y otras pérdidas le
tenian exhausto de recursos: preguntóle
el precio , y me lo pidió tan ex horb itante , cual vale el terreno en el dia , por
mi beneficiado á costa de tantos afanes ,
gastos y sudores. Contéstele se apartaba
de la razón y que en consecuencia de
nuestro contrato, si bien no podía impe
dirle la enagenacion, tampoco debia pri
varme del fruto de mis tareas, y que si
vendía el terreno á otro que no fuese yo,
no podria aquel percibir durante mi
vida mas que el fruto acordado por los
dos vecinos; á menos que yo por una in
demnización no cediese todo el cultivo.
Esta es la relación que tengo que hacer
te , y tu como buen ju ez, oyendo á Oviday, determ inarás lo que estimes justo.
C alló, y el juez ordenó al dem anda
do que hablase. Damidon tiene razón en
lo que acaba de decirte, ju ez, dijo Oviday , mis necesidades son ciertas , hay
quien compre aquella parte de heredad
y quien me dé mayor precio. Damidon
prevalido del derecho que tiene á su cul
tivo, ó pide demasiado por su indemni
zación, ó me da poco por la venta, yo
deseo que tu te hagas cargo de nuestras
respectivas pretcnsiones y las juzgues.
( 1«)
Traéis promedia clores de vuestro liti
gio, dijo el juez, ¿habéis discutido p ri
meramente los dos solos eri la c úspide de
una colina para que ü c os viese, y lle
gasen a su presencia vuestras razones, y
que la verdad las dirigiera? ¿Los prom ediadores, han podido arreglaros? He
mos hecho cuanto nos preguntas, dijeron
á la vez los litigantes , pero no podemos
avenirnos , nuestro juicio es muy limita
do, esperamos que el tuyo nos convenza.
Hizo entonces el juez entrar a los dos
testigos, repitieron á su presencia los
litigantes sus respectivas alegaciones : les
invitó nuevamente a la concordia , é in
sistiendo que solo se sometían á su arbi
trio , les interrogó del modo siguiente.
¿C uánto valia la heredad antes de
estar beneíiciada , y que Damidon la hu
biese surcado con el arado ? responde
O viday: cien esterilles, dijo éste; cien
esterilles, íepitió Damidon y los dos pro
mediadores. ¿ Cuanto valdra en el di»
Damidon y repitió el juez? Trescientos
esterilles, contestó aquel. Trescientos esterin es, respondió Oviday y los dos promediadores. ¿Cuánto pides, O viday, por
tu terreno? volvió a preguntar el juez.
Trescientos esterilles, contestó el último.
V tú ¿cuanto das, Damidon? Ciento cin
cuenta. ¿ Juzgáis , promediadores, justa
(
145 )
la oferta y la demanda atendidas las cir*
eunstancias? No, ju ez, contestaron éstos,
y asi lo hemos hecho presente á nues
tros dos hermanos: volvióse el juez á los
litigantes y les dijo: ¿suponéis en estos
vuestros herm anos, señalando á los ave
nidores, algún espíritu de parcialidad
aunada entre ellos que pueda perjudica
ros? ¿Los creeis hombres honrados y
dignos hermanos vuestros? Los creemos
virtuosos, dijeron los pleiteantes, y rcrposamos en tu conciencia y en las suyas.
Pues bien retiraos, dijo-el juez á Damir
don y Oviday, quedando conferenciando
con los dos arbitradores.
Reunidos los tres, dijo el magistra»
do, en mi opinion nadie mejor que Dar
midon pudiera quedarse con el campo,
toda vez que cuenta recursos para ello;
graduándole otros cuarenta años de vida
que su robustez ofrece , debe retribuir á
Oviday por su primitivo contrato una su
ma bastante crecida, según los produc
tos que confiesa rendirle la tierra, de
consiguiente, los ciento cincuenta esterines que ofrece, aunque parezca á pri
mera vista corta porción relativam ente al
valor intrínseco de la heredad, es bastante;
ocúrrem e también que si Oviday hubiese
conservado esta en el estado yermo que
la tenia, no encontrara quien en el ¿lia.
Tono i,
10
(H6)
le diese por ella mas de los eien esteri
nes ; por consiguiente, si atendida su si
tuación perjudicásemos al nuevo cultiva
dor en sus afanosos trabajos, seria una
injusticia. Damidon procede como buen
herm ano y paga mas que suficiente el
'valor del terreno ; deseoso sin embargo,
de no faltar á la justicia, quisiera mere
ceros vuestra opinión para rectificar, en
caso, la mia antes de pronunciar el fa
llo. Nos parece ju sta, respondieron los
avenidores ; porque si el nuevo cultiva
dor hubiese comprado el campo antes de
cultivarle solo le hubiera costado cien
esterines , de consiguiente el mas valor
que tenga en el dia es capital propio
que en él ha em pleado, y los cincuenta
esterines que da ademas, es un beneficio
que Oviday no debiera nunca esperar
por el abandono en que lo tenia : unidos
de este modo los dictámenes del juez y
sus ¡dos asesores, mandaron entrar a las
partes que pleiteaban , se les hicieron es
tas mismas reflexiones, á las que nada
tuvo que objetar el dueño del terreno y
se dio por contento del fallo y agradeci
do a su vecino por el regalo que le ha
cia de los cincuenta esterines, convenci
d o , no habiendo aun llegado el plazo de
la retribución por la parte de las mejo
ras. Allí mismo sancionaron la venta, re
ducida á las siguientes palabras que se
( 147)
escribieron en el libro del magistrado,
• O viday , hijo de A lbet, residente en la
• comarca de Alvin, vende hoy, el vigési«nio sol de la época primaveral año qo»venta y uno del hombre, un campo de
• tres soles de cultivo, situado á la bañ
ada solar de la colina Amiré con sus lí»mites señalados de piedra, en ciento
• cincuenta esterines que le ha dado Davmidon , hi jo de Qsmial , habitante deL
»mismo cantón.» Firmaron el magistra
do y los cuatro presentes, que se retirayon bendiciendo al juez,
Miróme en seguida mi bienhechor, y
me dijo, ¿en tu pais, cual habría sido
el resultado de este juicio? Señor, le
respondí, como allí las costumbres no
son tan puras ni los litigantes de tan
buena fe , no responden tan esplícitamente á pesar del juramento con que va
rias veces se hacen justificar los estre
ñios. De aqui nace que para deducir ca
da cual su derecho se hubieran valido
de un abogado, habrían tenido que pre
sentar documentos legales de sus ante
riores contratos, agrimensores estableci
dos hubiesen medido y tasado el terre
no , todas estas diligencias las habría
actuado un hombre público á quienes
las partes tuvieran que retribuir como á
los anteriores, con escesivos salarios : e|
(
148 )
juez habria también llevado los suyos, y
aun el papel que se empleara para es
tas diligencias, que ascenderían á m u
chísimas páginas, hubiese sido especial y
de un valor crecido. Aun cuando tuvie
ra la misma term inación el contrato ú l
timamente celebrado, contuviera la ma
yor parte del proceso y los gastos , des
pués de infinitos soles de ansiedad,
viages y sobresaltos continuos, absol
verían una parte del valor del campo
que se litigaba. ¿Y cuantas personas, re
plicó el anciano, interm ediarían en el
negocio? Contadlas, dije yo. Dos procu.
radores uno por cada parte, y dos abo
gados, cuatro ; dos agrim ensores, y uno
en caso de discordia, siete; el ju e z , y
si no era letrado, su asesor, nueve; esto
en la suposición que no luera recusado:
el escribano diez, y si habia algunas re
beldías habria de mediar un alguacil,
que eran ya once : en la suposición de
no conformarse las partes con la senten
cia del prim er juez y apelar á un trib u
nal superior , pasaba la causa al admi
nistrador de correos, y van doce ; éste la
entregaba á un conductor que la volvía
á entregar á otro adm inistrador, y este
á un cartero ó alguacil y son quince: la
recibia el fiscal de la audiencia y son
diez y seis ; este la entregaba al escriba
no do cámara semanario y son diez y sie-
( 149 )
t e , el cual la entregaba al repartidor, y
este al actuario que correspondiera, y
ya ascienden á diez y nueve : el últi
mo debia dar cuenta al trib u n a l, com
puesto lo menos de cinco jueces que com
ponen el número de veinte y cuatro; de
resultas de esta diligencia debia encar
garse del proceso el relator para dar
cuenta de é l , y son veinte y cinco. He
cha la relación por este último funciona
rio y estimando los jueces que los liti
gantes usasen de su derecho, otros nue
vos cuatro individuos, dos procuradores
y dos abogados tenían que volver á re
gistrar aquel espediente, y son veinte y
nueve ; presentados los alegatos si esti
maba el tribunal oir el parecer del fis
cal , lo pasaba á este , lo despachaba su
agente , y son treinta y uno; terminado
el negocio y sentenciado, lo tomaba un
tasador para regular los derechos, y son
cuarenta. Todos estos debe entenderse
que tienen sus honorarios, y absorven
una parte dtd capital que se litiga ; no
entrando en cuenta el nuevo número de
personas que habrían de intervenir si se
suplicase de esta última sentencia.
Sonrióse el anciano y me dijo , tam
bién poco mas ó menos pasaba otro tan
to en nuestro globo, pero auri cuando
aquellos abusos tenían algún remedio,
( 150 )
tuvo este que ser muy lento, en razón á
que las clases de funcionarios que has
espresado, desempeñaban aquel cargo co
mo una profesión de que dependía su
suerte y las de sus familias.
Todo gobierno debe procurar parti
cularmente que las reformas radicales no
hieran á muchos individuos, porque el
remedio suele acrecentar el mal; en este
continente se estirparon estos abusos, se
estinguieron estos funcionarios ; pero en
nada se les perjudicó personalmente.
Siendo la justicia la base de la reforma
de Un gobierno, debe aplicarse con equi
dad para traspasar el primordial princi
pio, porque si la base se desquicia no
puede ser el edificio muy durable , y el
menor vaivén lo precipita. Prohibióse
por de pronto que ningún habitante em
prendiera una carrera que debia elimi
narse, los que iban faltando no se reem
plazaban , y los que quedaban podian
muy bien subvenir, en medio de la len
titud Con que se obraba , para aminorar
los emolumentos. Por ejemplo. La capi
tal de este distrito contaba con doscien
tos funcionarios de aquella clase , seña
lóse el plazo de cinco años para la mo
dificación de un sistema de administrar
la justicia: y durante este término con
siderando la poca esperanza de progre-
(ISI )
»ar en aquella carrera, se separaron de
ella mas de cincuenta , m urieron otro*
tantos , y quedó á la m itad su número:
como no se estirpó totalm ente la fórmu
la de juicios, y solo se redujo á una mi
tad los ingresos por los trám ites estable
cidos, resultó de aqui que los ciento no
padecieron disminución en los productos
que la facultad les redituab a, porque
desempeñaban el trabajo de los restan
tes: y de esta m anera, de cinco en cin
co años, resultó que á los veinte pudo
adoptarse una medida general, pues solo
quedaban unos treinta empleados que el
distrito mantuvo á su costa , dism inu
yendo anualm ente su contribución por
los fallecimientos de los partícipes da
e lla , asi se verificó con otras clases que
debían ser reform adas, y á los cuarenta
años conoció el pueblo el grande benefi
cio , sus ahorros, y la felicidad que les
ocasionaba la estirpacion de los males.
Pero si esto mismo se hubiese hecho do
una vez y en un solo d ia , ni se habrian
los beneficiados podido acostum brar ; ni
su corazón estimara el beneficio por la
afectación que la miseria de sus conciu
dadanos arrojados de su bienestar debía
ocasionarles. Los mejores remedios son
mortíferos no aplicándose oportunam en
te : un tósigo en diversas pociones cura
una enfermedad , y 6Í el paciente la to-
( 152 ) _
íftara ae una vez abrasaría sus entrañas-
y la muerte seria el resultado del poco
tino con que se le habia adm inistrado.
Lo mismo acontece con las enfermeda
des políticas, adolecen de la misma gra
vedad , y requieren método en los reme
dios; sobre todo, gran cuidado en la conValescencia: el menor síntoma agraba el
Jhal, y si no permanece en la clase de
crónico mata al paciente.
Estas observaciones , y otras muchas
que conforme se tocaban las materias iba
aclarándom e el anciano , me parece po
dran ser de utilidad á los que sin medi
tación alaban ó vituperan , todas las me
didas gubernativas sin profundizarlas:
pero á sü tiempo iré repitiendo las re
flexiones de mi bienhechor para que se
pruebe al menos la posibilidad de cier
tos actos que se juzgan imposibles.... Mas
volvamos á mi historia.
Absorvido estaba yo en estos dias,
cuando oí algunos lamentos en la habi
tación esterior , salgo al momento, y h a
llo consternadas á las m ugeres, señálanme la puerta , salgo á ella , y una luz
refulgente y estraordinaria me impuso
del suceso: una granja inmediata estaba
ardiendo, el poseedor era padre de una
numerosa fam ilia, encerraba en ella su
( 153 )
pequeña cosecha que formaba su tesoro.
No perdamos tiempo, dijo el magistrado,
corramos á salvar a nuestros hermanos.
Y toda la familia y sus dependientes
acudimos al incendio.
Llegamos en pocos minutos y presen
ciamos la escena mas cruel, eran inúti
les los remedios, las voraces llamas ha
bían tomado el mayor incremento y muy
poco podia salvarse i el dueño de ello
azorado, rodeado de su familia que mi
lagrosamente había podido salir del edi
ficio, contemplaba con llorosos ojos la
pérdida de su fortuna. Observo en esto
que el voraz elemento no se habia inter
nado aun en un ángulo de la casa, cu
ya techumbre pertenecía intacta ; agar
ro una hacha , penetro entre las llamas,
súbome por un muro que comunicaba al
techo, llamo á otros, me imitan, le des
trozamos, cae este sobre el fuego, lo
comprime , lo sofoca , y en el interiu pu
dimos salvar los aperos de labor y otros
muchos efectos preciosos para la infeliz
fam ilia: el mal sin dejar de serlo fue
menor, y todos me colmaban de bendi
ciones por mi intrepidez en arrostrar un
peligro en obsequio de la humanidad
afligida. No hubo una sola persona que
no se esmerase en consolar á aquellos
desgraciados. Permanecimos hasta que
( 1 54 )
el incendio term inó, que fue al salir la
aurora; y el magistrado aplazó para el
siguiente al dueño de la granja con la
cuenta formal de cuanto hubiese per
dido.
Volvimos á nuestra c a s a , y por el ca
mino me refirió que todos los labradores
á proporción de sus haberes contribuían
cada cosecha con una parte de frutos
que se vendían , con lo cual se había
creado un fondo crecido de esterines y
almacenes en cada comarca de toda cía»
se de semillas para facilitarlas al labra
dor en las malas cosechas, y para aten
der á la siembra, y socorrerles en sus ne
cesidades cuando nacian de causas im
previstas. Estos fondos también cubrian
los gastos ocurridos por incendios, inun
daciones, u ra c a n e s , tempestades y de
mas plagas fortuitas; y de esta manera
contaban los agricultores con una pro
tección propia , con un capital común,
que les consolaba de los años estériles.
Al siguiente dia se presentó el hombre
que había sufrido aquella desgracia con
la cuenta esacta del valor de su pérdida,
y de cuanto necesitaba para reparar su
arruinado edificio. Habíanse convocado
tam bién los tres prohombres elegidos pa
ra adm inistrar y responder de aquello*
( 155 )
fondos , la exam inaron, y se le citó para
el siguiente á efecto de recibir su im
porte, que se le entregó sin rebaja al
guna.
Y si este hom bre, por un efecto de
ambición hubiese supuesto pérdidas ima
ginarias, ó tal vez promovido el incen
dio para reparar su fortuna perdida por
otras causas, dije yo al anciano, ¿no
fuera un abuso contra la credulidad y
buena fe? A mi entender su simple nota
debía ser mas detenidam ente examinada.
Estoy muy lejos de dudar de la probi
dad de este honrado hom bre; pero en
obsequio de la beneficencia y justicia
misma , yo impusiera mayor circunspec
ción en estos actos. Tienes razón, me d i
jo mi escelente protector, estas precau
ciones no estuvieran de mas en 'u n pais
viciado é inm oral, donde el dudar de
un hombre no es un agravio; pero aquí
se creyera ofendida la dignidad si se pu
siese en duda la palabra de un habitan
te; asi como el faltar á ella es lo sufi
ciente para estar deshonrado y tener que
abandonar el pais, por no Ver borrado
su nombre del libro de los habitantes.
¿Creerás que en veinte años no ha ha
bido mas que dos ejemplos de mala fe,
y los dias que se impuso el castigo esta-,
ba la comarca consternada como si abrí-
(
150 )
_
gara en ella una fiera sangrienta? Cuan
to menos vulgares se hacen los castigos
son mas imponentes. Cien años atrás no
estaban libres las mieses en los campos,
y sin embargo los castigos eran diarios.
Abora que son raros son contemplados
com o un fenómeno. En otro tiempo el
mas sencillo contrato tenia que sancio
narse á presencia de testigos y por ante
un hombre de la ley, y esta circunstan
cia se consideraba tan trivial, que la ha
cían los padres con los hijos y toda cla
se de personas: y ¿en qué consistía el
establecim iento de esta fórm ula? en que
la probidad no residia en la tierra , en
que se dudaba de la palabra , y que las
mas íntimas relaciones, los lazos mas sa
grados se m iraban en poco, y mas res
petable y valedera una firma ante otros
hom bres, como la única garanda del tra
to so cial, como salvaguardia de la in
consecuencia y mala fe que reinaba en
tre los hombres. Aqui tienes el efecto de
las costumbres. Si en el dia , por ejem
plo, al estipular un contrato exigieses de
tu herm ano que lo presenciaran otros, y
lo garantizase con su firm a, se creería
altam ente insultado y m ancillada su dig
nidad , bastaba para que se dudase de
ti, y se te reputara por un perverso. Tal
es la fuerza de la opinión, hijo mió. De
ja que los hom bres no tengan mas eslí-
( »57 )
mulo que la h o n rad ez, aleja el crimen
y la duda de su vista, y serán buenos;
si los fam iliarizas con el m al no podran
menos de contagiarse. En otros tiempos
remotos, las penas precedían á ios d e li
tos, y se a vezab a al hombre á oir conti
nuamente horrores, su corazón se empe
dernía , se vo lvia c r u e l , y miraba la vir
tud como un prodigio. No te admires,
pues, de nuestras leyes. Este labrador
h abrá procurado ser esacto ; como no te
nemos por que ocultar nuestras cosechas
y todos nuestros bienes porque los im
puestos son llevaderos , se sabe a lo que
asciende el capital de cada h abitante, lo
que posee y ahorra , todo es p ú b lico , no
h a y motivo de ocultaciones , y la fran
queza fraternal es el alma de nuestras
instituciones : el primer decenario se pon
drá al p ú b l i c o la desgracia de nuestro
vecino , se fija rá su pérd id a, y á lo que
ha ascendido la r e p a r a c i ó n ; de consi
guiente todos lo esaminan , y tienen de
recho de fiscalizarlo por ser comunes los
fo n d o s; asi q u e , seria una impudencia
m uy espuesta acrecentar unas cuentas
qu e p u d ie ra n deshonrarlo para siempre:
y donde el honor es la prenda esencial
d el hombre, se tiene en gran estima para
esponerse a perderla.
Convenciéronme las razones del an-
( «58 )
eiano: y deseaba poder algún dia mejo->
rar las costumbres de mis compatriotas;
pero decia entre mi, si á estos seres, que
me parecen sobrenaturales les duró casi
un siglo la grande obra de su regenera
ción, ¿cuántos deberían emplearse en el
mió , donde es un hábito la mala fe, y
un crimen ser virtuoso? Si te parece de
masiado rígido mi ju ic io , amigo lector,
recorre la sociedad, y veras diariam ente
entronizado el delito: conócenlo los liom-i
bres, y sin embargo le respetan , porque
el prestigio de la grandeza y el poder
obscurece todos los vicios.
Cuantas veces habremos visto que un
funcionario ha conducido á un reo por
un crimen que él comete todos ios dias.
Cuántas veces un juez habrá fallado la
sentencia contra un culpable, acusado
de un delito que habrá el mismo juez
cometido de reciente; y cuán común ha
sido, por desgracia, imponer penas por
delitos de fraude, los mismos que se en
riquecían con los seguros que les daban
los grandes defraudadores!
Mientras tales vicios imperen en la
sociedad , difíciles son las reformas re-¡
pentinas de costum bres; una mano de
hierro puede solo hacerla, solo el Omni*!
potente; y aun con el tiempo y reílexion.
IX.
P R O SI G U E
LA
N A R R A C I O N .— I N C I D E N C I A
S A G R A D A B L E . — UN
SUICIDIO. =
DE
CONST ERN A-
CION G E N E R A L . — C E R E M O N IA R E L IG I O S A ,
^ J f u e d a m o s , querido Astolfo, á la vista
de un ejército numeroso destinado por
los consejeros impolíticos de nuestro gefe , á subyugar un pais colocado á un
polo opuesto, y en cuyo tránsito debía
la disenteria decenar la mayor parte. El
descontento y los abusos del poder su
blevaron aquellos soldados, que pidieron
mesuradamente al gefe del estado que
adoptara una ley que en su ausencia se
liabia sancionado, y que creían le pusie-
(ICO).
ra a cubierto de la intriga , de la am bi
ción y de perniciosos consejos. Aquella
ley, amigo mió, no era para tales hom
bres, necesitaban muchos años de virtud
para gozarla, habia demasiados crímenes
para que imperase. El gefe, pues, cedió
a tan justas peticiones , dio el ejemplo
mas veraz, al parecer, de deferencia y
buena le , y la mandó observar impo
niendo como im puso, severas penas á
quien no la cumpliese. Mas como por
desgracia tenia aquella ley muchos ene
m igos, y los que cedieran al primer im
pulso no lo verificaron de corazón, ellos
mismos armaron las manos fratricidas y
tornó á anegarse en sangre el pais1 que
no habia podido borrar au n , la que se
prodigara pocos años antes. La cabala y
ambición dominó á los hombres : el gefe del estado, poco religioso en su pala
bra, débil , quizá en dcm asia, y seduci
do por los m alvados, fomentó la lucha
civil; encarnizóse de nuevo, y en cua
tro años se cometieron crímenes inaudi
tos........ Olvidémoslos, querido Astolfo,
querian los pueblos ser mejores y consi
guieron acostumbrarse á la m atanza: as
piraban a la paz y encarnizaron la guer
ra , ansiaban la justicia y hollaban sus
altares. Nada consiguieron , se hizo un
hábito del delito y el perjurio; una vir
tud de la inconsecuencia ; y una gloria
( ÍGt ) .
Je la crueldad. Retrocedieron en el or
den regular y moral mas de medio siglo;
la superstición crió nuevas raíces, la ven
ganza adquirió riquezas nuevas, y el
pueblo con tales ejemplos Cfa mas cruel,
y mas esclavo.
Todo el continente ardía en guerra
intestina; las pasiones axaltadas querían
la felicidad, buscándola por opuestos ca
minos ; aspiraban ser libres sin acertar en
los medios, buscaban la virtud con el
trage del crimen, y esta virgen celestial
huia en vista de aspectos tan desagrada
bles; por esto no era fácil encontrarla ;que*rian reformar á los demas sin conocerse
á si mismos: y finalmente, anhelaban la
libertad queriendo encadenarse. Asi lo
consiguieron ; y vimos víctimas de la ti
ranía á los mayores héroes , vimos com
prar la sangre inocente a peso de oro, y
traficar á los que mandaban con las ca
bezas de las víctimas, Y no juzgas up
bien que hubiésemos arrancado de la
vista de nuestros hijos unas páginas hor
rorosas é inmorales de la historia del
hombre. ¿Qué habríamos conseguido cori
hacerla pública ? Nuestros padres, hu
biésemos dicho, fueron unos malvados,
y ¿deberemos por esto maldecirlos, y
odiar su memoria ? Habria sido un pre
cedente fatal; y al educar á nuesirps
tomo
i.
H
( 162 )
inocentes hijos, inculcándoles el buen
ejem plo, dijeran, ¿y vosotros, por qué
dejasteis de seguir el de los vuestros?
Decirles que habían sido perniciosos y
que por esto no los habíamos obedecido era
un contra principio inm oral y opuesto á
la naturaleza misma. Mejor es, pues,
acordaron los sabios legisladores, borrar
la tradición y en lo sucesivo no se pre
senten sino buenos ejemplos.
H ablaism e, señor, de un tiempo casi
en contacto con la época de vuestra re
generación; y siendo asi que las costum
bres habían llegado al apogeo de la cor
ru pción, que no había moral , y que la
virtud se consideraba peregrina entre los
hombres, solo puedo creer que un m ila
gro del Altísimo pudiera obrar semejan
te revolución. ¿Y quién lo duda? prosi
guió el anciano, solo el Autor del uni
verso podía hacer una obra tan magnífi
ca é inesperada , solo á él como padre
universal le era dado influir en el cora
ron del hom bre, solo él pudo obrar en
el corazón hum ano para convencerle de
sus errores. La parte de esta historia es
la mas interesante. Los mismos hombres
cuyas pasiones mas vehem entes, cuya
ambición habia conducido al colmo de
la desmoralización, fueron los primeros
que buscaron la virtud. Conocieron su»
(lf,3) _ _
errores, porque O e habló a su corazón,
vieron la suma de males en que habían
precipitado al pueblo y estaban ellos
mismos sumidos. Viéronse en un caos de
vicios donde debían perecéf rodeados de
llanto y maldiciones, atormentados por
la reconvención , por la amarga queja y
revoloteando incesantemente en torno su
yo las sombras desventuradas que habian
sacrificado. Entonces es cuando O e de
terminó regenerar la especie humana;
contuvo el resorte de las pasiones, y di-,
jo: reformemos al hombre, hagámosle
feliz a su pesar, avranqucmosle del ge?>
men de la vida las sales mef ticas que
ocasionaban sus dolencias morales: ilu
minémosle , y quedó hecho ; un destello
celestial de su aureola penetró en el co
razón humano, y este comenzó á \er
porque se disiparon las nubes del error
que ocultaban la verdad. Desde entonces
ya no fue difícil emprenderlo todo, se
obraba con ayuda del Altísimo, y á su
omnipotente poder nada se resiste. For
máronse las leyes políticas sobre el tipo
de la ley natural; no se consideró á otro
padre universal que á O e mismo, los
hombres se miraron como hermanos , el
principio de igualdad natural era la pri
mera ley social , como lo es de la natu
raleza ; y la regeneración se iba hacien
do por sí misma porque no habia oposb
(<■«.*)
clon , no habla obstáculos, desaparecie
ron las pasiones criminales, imperaba la
virtud , y solo el nombre de O e era aca
tado como el del supremo legislador. Con
venciéronse los humanos de su impoten
cia para legislar , y que en vez de for
mar leyes solo creaban monstruos ; por
que las separaban de la ley indeleble es
crita en nuestros corazones que era la
ley de O e , tan antigua como el hombre.
Entonces, querido Astolfo, cambió la
faz del mundo, brillaba la alegría , ternpinó la guerra , los mayores enemigos
se llamaban hermanos , cesaron las odio
sas denominaciones que causaron su rui
na y enemistad, y solo se llamaban hijos
del padre universal. Ellos mismos al di
siparse el error maldecían las tinieblas
que les habían obcecado, abrazábanse
de corazón ; jamás , jamás , decian , vol
veremos á blandir las armas fratricidas,
j Cuán bárbaros hemos sido!! ¡Cuan dul
ce es la reconciliación ! ¡ Cuán bella la
virtud !.... ¡O e ! Estermínanos antes que
podamos desconocerte , ni que el crimen
vuelva á manchar nuestras manos.... Her
manos, solo hermanos desde este sol, es
te sea el mas bello de la vida. Desde en
tonces se celebra anualmente y es el pri
mero y mas respetable del año ; no tar
dará en llegar y presenciarás el mas au
gusto de los actos de este globo.
( 165 )
interrumpiéronnos también para otro
lance que reclamaba la presencia del ma
gistrado. Llegó el parte del mcnsagero,
y observé que palidecía y sus manos
tem blaban. ¡ Cielo, esclamó, un suicidio!
¡ un suicidio en este pais ! había ya tre
ce años que no habia ocurrido ninguno,
Astolfo : un acontecimiento de esta clase
me horroriza por la impresión funesta
que causa a estos habitantes. ¡Fatales
pasiones! Un pueblo con paz, con abun
dancia , con justicia , con seguridad, pa
rece que no debia abrigar hombres tan
olvidados de sí que fueran capaces de
despreciar la vida , y corresponder tan
mal á la gracia de su criador..... Sin em
bargo , este crimen ha sido perpetrado
por un joven , ric o , juicioso, con virtu
des y el ornamento de la sociedad. ¡Des
graciado ! ¡U n nombre tan bello deberá
ser borrado del libro de [sus hermanos!
Acompáñame ; no es corto el viage; nos
informal einos del suceso, y quiera O e que
pueda aminorar el delito del agresor: so
lo pudiera cometerlo en un rapto de de
mencia ; porque estoy persuadido que to
dos los crímenes de esta especie no tie
ne otro origen que la descomposición ce
rebral.
Nos pusimos en m archa á los pocos
momentos, y á las dos leguas llegam os
( 166)
a un delicioso valle, en el que estau«.
construida una magnífica habitación mas
propia de recreo que de labranza: el
buen gusto y la simetría resplandecían
en los jardines exornados con varias
obras maestras de arquitectura del pais.
Esta quinta, díjome el anciano* pertene
ció en los lejanos tiempos á un potenta
do que habitaba en la corte y ocupaba
Jos primeros escalones del trono de aquel
gefe * puesto que habían obtenido todos
sus antecesores. Después de la regenera
ción escogió entre otros muchos bienes
de que era poseedor, esta magnífica quin
ta , en la que habitan la mayor parte
del año sus descendientes} porque á su
fallecimiento se dividieron los estados
entre sus hijos según nuestras leyes. El
actual poseedor* viznieto de aquel, es el
que vamos á visitar, y en cuyo techo se
ha perpetrado el crimen por un pariente
suyo. Apresuremos el paso* deseo infor
marme de los detalles de un suceso que
me desvela , y me ha de ocasionar senti
mientos por tener que imponer una de
las penas que se juzgan aqui por capi
tales porque la de muerte es desconoci
da * y no pudiera concebir la actual ge
neración qUe estuviesen facultados los
hombres para destruir lo que O e hace.
Llegamos al edificio, y hallamos cu-
( 167 )
Herios de luto á todos los dependientes,
y nos informaron que el dueño se halla*
ba en la mayor consternación. Respetó
el magistrado el sentimiento de aquella
familia ; pasamos á la habitación donde
se hallaba el desventurado cadáver que
hakian retirado de un estanque donde se
habia arrojado á presencia de la mayor
parte de los habitantes de la casa.
Mandó el juez que se condujera al
templo de las actas públicas , y con un
acompañamiento numeroso nos encami
namos al sitio que ya ha visitado el lec
tor otra vez, y donde se hallaba reuni
do un concurso inmenso convocado á
nombre de la ley. Al llegar al recinto
sagrado, se dejó en el atrio el cadáver.
Entró la muchedum bre , colocóse en las
g r a d a s , el magistrado ocupó la meseta
asistido del guarda del edificio. Entonces
levantó las manos al cielo, y dirigió un
discurso á la asamblea dándoles cuenta
del horrible suceso que acaba de come
ter un hermano de los habitantes. « Ha
»cometido, esclamó, el horroroso atenta»tado de terminar una vida que le con
c e d i ó O e por medio de sus padres. Ha
»abandonado á todos sus herm anos: se
»ha negado servir á su patria, ha holla■do sus leyes, ha arrebatado al Autor
■del universo la esclusiva facultad de
•
(1C8)
»disponer de sil vida. Rotos los lazos que
»le unían al país, ningún derecho pue#de alegar en é l , no tiene patria, y don-*
«de haya encaminado su espíritu que la
»busque : esta ya no le pertenece. Hom*
»bres, mugeres, habitantes todos de la
'»comarca ! Este criminal nos ha abando
n a d o , ha despreciado las leyes , estas
»le condenan , estas en vuestro nombre
»exigen su decoro: al desertor de su pais
»natal, al asesino de su legislación, de»be borrársele para que su nombre nun»ca resuene. Si se conservara pudiera
»atraerse el baldón y la ignominia , y
»cada vez que se le viese escrito recor-»
»daría el crimen y pudiera atraerse al»guna maldición..... Ofe no quiere mal*
adiciones, ni que seamos vengativos,
»riiándá ho acordarse de las injurias, y
»que se olvíde el nombre de los répro-»
»bos : para que asi sea , en nombre de
»la ley , ( tomó el gran libro en que se
bailaban inscriptos los habitantes , equi-»
valente a nuestros registros bautismales,
y borró perfectamente el nombre del reo,
de manera que no pudiera leerse ) desa»pareció el nombre de ese desgrociado.
»Pad res , no teneis un hijo ; hermanos,
»ya no teneis un hermano ; patria , ya te
falta un individuo, y p ara siempre.» P a
ra Siempre , contestó la asamblea , y urt
llanto y consternación general se apode
ró de los circunstantes.
ou cuerpo debiera quedar espueslo
»á las fieras, únicas á quienes pertenece
»el que abandona á los hombres; los hi»jos de O e no son crueles. Parientes de
»ese infeliz: llevaos su cadáver, sepul»tadlo donde el resto de la población
»ignore el sitio, y elegid para ello las
»tinieblas de la noche. A nadie indiquéis
»el parage : la ley os lo previene. Ale*»jadío.
Con efecto, salieron cuatro del con~
curso y se llevaron el cadáver, perma
neciendo los restantes en el edificio don
de el magistrado les hizo otra exhorta
ción para que evitasen semejantes eseesos. Asi terminó un acto que causó la
mas viva impresión en la comarca.
En los paises cultos se lia controver*
tido mucho la cuestión del suicidio, y la
tolerancia en unos , y el espíritu nacio
nal en otros , lo lia clasificado general
mente de un acto espontáneo del hom
bre, único en que ejerce su poder. De
seaba yo oir discurrir á mi patrón sobre
materia tan difícil, y me aventuré á de
cirle , parecíame muy cruel la nota de
infamia impuesta al desgraciado que aca
baba de-juzgar. Tal vez tengas razón,
me dijo, tanto mas, cuanto generalmen
te ei hombre que se suicida no está en
s i , y solo poseído de un treucai
rio que le quito la reflexión; estoy segu
ro que el joven cuyo cadáver nos ha escitado nuestro llanto , sea víctima de
un acceso de demencia ; porque su sano
discurrir no le hubiese permitido incur
rir en semejante esceso , (tu hermano nos
contará la aventura , era su amigo y es
taba interiorizado en los pormenores de
su v id a ;) pero el legislador, que tal
vez conocia esto mismo, quiso que no se
generalizase el mirar con indiferencia un
suicidio : y si su objeto filosófico no se
encaminó precisamente á castigar en un
cadáver el delito del hombre vivo , por
que fuera un delirio, ni creyó tampoco
que las penas pudieran retraer á un fre
nético de un arrojo tan cruel; porque
poco podra temer á las leyes el que tra
ta de eludirlas para siempre, quiso al
menos que la educación, rectificando las
costumbres, las nivelase de manera que
tuviesen influencia en lo moral como en
lo físico. Las costumbres morigeradas por
las leyes, influyen en toda la organiza
ción humana y son una especie de hi
giene que contribuye á la conservación
del individuo, tempera sus humores,
obra sobre todo su sistema nervioso , y
el aparato cerebral en donde se engen
dran los miasmas y los accesos de de
mencia, están en una armonía completa
< *71 )
.„.inervan la salud por medio de las
buenas costumbres. En los siglos ante
riores habia cien suicidios por cada uno
que se presenta en el dia: y en una estensa isla poco distante de nuestro con
tinente se contaban por millares, antes
de la reorganización social, cuando en
el dia son tan raros corno entre nosotros.
Los males morales son endémicos, hijo
mió , y sus dolencias siguen la moda; la
habilidad está en saberlos evitar. La es
cena que has presenciado hoy quedará
grabada por mucho tiempo, y se trans
mitirá de padres á hijos; cada vez que
se refiera irá acompañada la relación con
algunas reflexiones , por manera que que
da impreso en la memoria el horror de
un crimen ; esta impresión se hace tan
profunda que se le cobra odio, y pocas
veces propende el hombre á emprender
aquello que aborrece. Varias opiniones
reinaban aqui acerca de esta demencia,
los mejores moralistas y aun los mas pa
catos, sostenían que el cielo mismo auto
rizaba el homicidio de si propio antes de
incurrir en la infamia , la violación ó el
sacrilegio ; otros anadian que también
pódia arrostrarse después de perdido el
honor ó la libertad, siendo tantas las
doctrinas, y tan latas, que hasta llegó á
sancionarse que el hombre cuya fortuna
no le prestaba recursos para la subsis«
(m,
tencia, debía desaparecer del teai.~ a* ,a
vida. Hubo épocas también en que era
moda, se reputaba un acto de heroismo,
se le rendía una especie de culto social,
y adquiría el infeliz que lo ejecutaba un
renombre que le valia numerosas compoposiciones poéticas. Con aquel estímulo
se exaltaban las imaginaciones débiles y
se liacian muy comunes aquellos actos.
Nuestros legisladores que no perdieron
de vista estos precedentes trataron de cu
rarlos en lo posible, y buscaron el me
dio de afectar el corazón humano, por
medio de la moral, acercándola hácia
las leyes naturales, que son las únicas
sabias y perfectas. Si aquellas prohiben
atentar á la vida de otro se entiende
esplícitamente que la prohibición se estiende á la propia, y todos los especiosos
ejemplos que se enumeren , y los casos
que deduzcan es permitido atentar con
tra la propia vida, siempre atacaran á
la moral. Si el hombre que sufre el yu
go de la tiranía mas atroz , creyéndose
ultrajado en su dignidad humana atenta
á sus dias para evitarla, es un criminal,
es un cobarde: el verdadero heroismo y
la legítima virtud, es sufrir resignado
hasta que tenga un momento en que ausiliado de su valor pueda derrocarla. Si
muere en la empresa será un héroe, mue
re defendiendo su dignidad , muere co-
,
•
( 173)
mo un valiente, y en el lugar que le
corresponde. Si la impostura y la male
dicencia atacaren su opinión, si su repu
tación se hallase asaltada por tantos
traidores que le fuere imposible recha
zar de pronto, será un heroísmo resistir
les, sufrir, padecer, resignarse; dia ven
drá en que podrá justificarse y adquiri
rá la gloria , la que no consigue encer
rándose en la tumba, porque pocas ve
ces descienden mas alia los pensamientos
y conceptos humanos. Los demas casos no
merecen refutarse porque son hijos de
cerebros desorganizados, y el mas me
diano criterio los repele; en cuanto á la
defensa de la conciencia y de la pureza,
Dios es el juez de ella ; una muger vio
lada no dejara de ser casta y pura, si no
pudo defenderse de la fuerza brutal:
nunca el concepto público la acusará:
era inocente, é inocente permanece; ni
podía evitarlo con la muerte , ni con ella
borra un crimen ya perpetrado, porque
nunca luc criminal. En cuanto á la con
ciencia, solo un fanatismo pudo llegar á
inducir al hombre á matarse, primero
que cometer un sacrilegio: este crimen
cualquiera que sea no lo comete é l, lo
hace la fuerza, Dios ve su corazón y sa
be que es inocente : de lo contrario co
metiera un crimen, y en rigor en el pri
mero solo fuera una debilidad $ véase
cual es preferible.
(H4) _
Mi hermana llegó al siguiente día pa^
ra referirnos la historia del desventurado
yígoben, que este era el nombre del in
feliz que se habia sustraído de la vida.
No habia sido la sola víctima, otra tam
bién habia arrastrado hacia el sepulcro,
la bella Dugbé, encanto de la comarca;
y el esposo de ésta se hallaba en un es
tado de abatimiento y debilidad que ha
cia temer viviera pocos soles. Ningún
crimen mediaba en aquella historia, to
dos eran virtuosos y dignos de mejor
suerte, el amor cruel era la causa de sus
males.
Agobcn y Dugbé procedían de unas
familias ricas, y eran deudos bastante
cercanos. La amistad y las recomenda
bles cualidudes de todos sus individos no
se habían interrumpido jamás , y estos
jóvenes desde la iníancia habían vivido
juntos, se educaron bajo unos mismos
principios, y crecían á la par con igua
les alimentos y fruiciones. Se amaban
desde que comenzaron á hablar, y en
sus infatiles juegos se llamaban esposos,
permaneciendo ya mas crecidos en la
perseverancia de legitimar tan augusto
nombre cuando la edad se lo permitiera.
Sus padres
os de oponerse á esta unión,
alimentaban sus esperanzas y aguarda
ban con ansia pasasen los años para ver-
.
( 175)
les felices. Tenían estos jóvenes otro pa
riente de su misma edad, compañero de
sus inocentes juegos é inclinaciones lla
mado A dudar, y en los tres mediaba
constantemente la mas Ctiifipleta armo
nía. Dugbé era el ídolo de la fam ilia, se
atraía la benevolencia general y era el
objeto apreciado de todos. Su corazón no
habia podido decidirse «á una esclusiva
preferencia formal entre los dos adm ira
dores que tanto la am aban, hasta que
los años formaron su razón. Estimaba á
A golen y á A dudar, pero al primero
por razón de permanecer mas tiempo
ju ntos, le tenia mayor benevolencia, és
ta fue creciendo, y si el segundo era su
primer am igo, A golen podía considerar
se su único amante. Ningún motivo de
celos ni rivalidad mediaban entre estos
tres seres inocentes , que procuraban re
cíprocamente complacerse y agradarse, y
en la ausencia de uno de ellos consolaba
el otro á su am iga, hablaban continua
mente de él y llenaban su hueco con la
continua memoria de sus sencillas accio
nes grabadas en aquellos corazones naci
dos para la amistad.
Asi crecieron , hasta que llegados á
los veinte años se decidió que A golen
seria el esposo de la bella Dugbé, y el
amigo común mostraba la mas sincera
( 176)
alegría y satisfacción
Tenia A golen un pariente cercano,
cuyos hijos habia perdido ; prendado de
las virtudes de este joven, y sin esperanza de tener sucesión , le habia
adoptado. Este ciudadano desempeñaba
cargos importantes por su integridad y
conocimiento de los negocios: habia sido
nombrado para pasar al otro estremo del
continente á negociar con el gobierno de
aquel pais algunos tratados de comercio;
quiso llevarse á su hijo adoptivo para
instruirle en los negocios, y que llegado
el tiempo de ser hombre y ascender a los
derechos de tal, pudiera utilizar sus talentos en beneficio de sus compatriotas,
de quienes era generalmente amado.
Este viage trastornó a nuestros jóvenes: y apenas podia distinguirse entre
los que quedaban cual tenia un sentirmiento mas intenso. Si: Adudar te aeom*
panara, decía la encantadora joven, fue
ra mayor mi confianza en los peligros
que ofrece un.viage tan largo entre paí
ses remotos cubiertos de nieve, y cuyo
clima es tan cruel. Adudar te cuidaría,
hablaríais ambos de mi , y vuestro dulce
eco llegara hasta mi corazón. Y si este
amigo me siguiera, decía el enamorado
joven, ¿quién te cuidará en mi ausen-
(07)
eia , quien prevendrá tus gustos, quién
te cogiera flores para adornar tu frente?
¿Cómo podrias vivir sin los amigos que
te rodean sin cesar? Al menos la amistad
sabra consolarte por mi ausencia, te ha
blará de mi , repetiréis incesantemente
mi nom bre, y permanece a tu lado otro
yo. Querido herm ano, cuídame á mi es
posa , es el único tesoro de precio des
pués de O y de mis padres, que embe
llece mi vida..... La despedida fue cruel,
y Dugbé permaneció muchas horas llo
rando en el seno de su amigo. ¡ Qué dias
tan amargos pasaron estos desventurados
durante el viage de su amigo! Pasó mu
cho tiempo sin que llegara a su destino,
pero sabían de él lo mas á menudo que
fue dable. La buena armonía, la afección,
la amistad , el amor no se entibió jamás
en estos sencillos corazones, que habian
nacido para modelo de virtud y para ser
venturosos.
e
La comisión fue mas larga que era
de esperar por la complicación de los
negocios y por las distancias que tenian
que recorrer las comunicaciones : ya ha
bían transcurrido dos años sin que estos
amigos se vieran, y el fuego sagrado de
sus puras inclinaciones no se había ni
levemente entibiado. Todas las cartas re
comendaban una esposa á la amistad , y
tomo i,
12
( 17S)
la amistad y el am or, fieles en sus prin
cipios, respondian en los mismos térm i
nos. Una larga enfermedad impidió al
padre putativo de Agoben ponerse en ca
mino después de casi otro tanto tiempo,
y ésta se hizo tan aguda que exigía la
asistencia precisa de su hijo : cualesquie
ra que fuesen sus ansias para volver á
su patria, ¿cómo se dejaba entre manos
estranjeras á un padre en un pais estraño , en edad avanzada, y con dolencias
las mas alarm antes ? Después de tiempo
dilatado no pudo aquel anciano resistir
á la crudeza del clima y murió en bra
zos de su hijo , dándole su bendición y
deseándole la mayor felicidad. La carta
de esta noticia fatal llenó de tristeza á
los que con tanta ansia esperaban al au
sente. ¡Q ué perspectiva mas halagüeña
se desplegaba a su vista! ¡Qué porvenir
mas venturoso! Jóvenes, ricos, conside
rados y robustos, podían contar con una
vida larga de venturas inagotables. Poco
menos de veinte soles necesitaba el au
sente para arreglar todos sus negocios, y
a los tres meses confiaba llegar a los bra
zos de sus amigos , término casi igual
que designaba la ley para poder unirse
con su amada. Ya estaban previniendo
los aprestos para tan felices momentos,
y por instantes aguardaban su llegada.
( 179 )
Cúmplese el térm ino y no llega A go
len , despáchanse correos, y en ningún
puerto , ni en los inmediatos estrangeros
se tenia noticia de su llegada : transcur
ren cuatro meses mas, igual silencio,
mayor incertidum bre, los dos jóvenes llo
raban horas enteras, ella por la incerti
dum bre de la existencia de un esposo,
Adudar por los temores que le ocasionaba la pérdida de un amigo. Súpose en
este intermedio por un buque que salie
ra posteriormente del mismo puerto estrangero donde se embarcó A g o le n , que
efectivamente hacia mas de nueve meses
que el buque el Ligero habia salido de
aquel puerto con dirección á su patria.
INuevos motivos para tem er; ninguna
plaza comercial habia recibido avisos de
arribada del Ligero á otros puertos : no
quedó comerciante ni marino que no fue
se interrogado: el gobierno mismo acti
vó las indagaciones, porque como padre
común tenia un interes por la suerte de
todos sus hijos.
Mas de un ano liabria transcurrido
desde estas fatales ansiedades, cuando
anunciaron los papeles públicos de un
pais vecino , que el buque Ligero habia
naufragado en unas costas desconocidas,
y que de los pocos individuos que se ha
blan salvado, habían llegado tre s, úni-
( 180 )
eos que habían sobrevivido , en otro b u
que estranjero que había arribado á a q u e
llos países.
Estos náufragos no tardaron en lle
gar y fueron al momento examinados: no
quedaba duda, A g o le n había perecido por
una ola furiosa al tiempo de estrellar el
buque contra las rocas ; y en ocasión en
que algunos marineros se habían arroja
do al agua , esclamó el nombre de O e,
el de sus padres y las dos personas que
mas amaba. Salvados estos desventura
dos, vieron entre las rocas los vestigios
del perdido buque , algunos cadáveres
horriblemente m utilados, entre ellos re
conocieron el del joven A g o len .
Esta relación era c e r t e r a , no dejaba
duda de la desgracia , el amante y el
amigo ya no existia , y su cadáver se ha
bía consumido entre las rocas de un pais
desconocido , estéril é inhabitado. Todos
sus parientes y amigos se vistieron luto.
Puede considerarse cuales fueran las
sensaciones de los seres que tanto ama
ban á aquel desventurado. La desgracia
da joven que iba a ser su esposa estaba
inconsolable, y las reflexiones de su ami
go apenas podían distraerla de un conti
nuo lla n to , ambos gemían , ambos sus-
( 181 )
piraban, se abrazaban ¿ menudo y ha
llaban un mutuo consuelo.
Después de algunos meses de esta fa
tal desgracia , el virtuoso Adudar no po
día por mas tiempo diferir los deberes de
hom bre; necesitaba una esposa para cum
plir con los preceptos de la ley, y con
sultó con su amiga Dugbe. Hermana , la
d ijo , el sentimiento justo que nos devo
ra no debe hacernos perder de vista
cuanto debemos a nuestra patria. Si la
ley lo perm itiera, me haria un deber de
dicar el resto de mis dias á tu lado;
yo no puedo amar mas que a tí, yo no
puedo elegir esposa ; no pudiera avenir
me en dedicar mis afecciones á otra que
no sea la amiga de mi infancia. Sabes
que hace mucho tiempo que mis padres
me aconsejan adopte una resolución: no
puedo acutlir a las asambleas, la ley me
rechaza de las concurrencias públicas,
cum plí los soles para ser hombre y dejo
de serlo por el sentimiento que me de
vora. Tu eres mager también y la natu
raleza te llama a la m aternidad.=M uerto A goben, ¿puedo tener yo otro esposo?
No, jamas podría am arle, le engañara:
querido A dudar, dediquemos nuestros
dias á la amistad..... Pero ¡ay! no pode
m os, la ley nos quita el único recurso:
tenemos que sacrificarnos..... querido her-
( 182 )
mano, se hambre, busca una esposa , ha
llarás muchas bellas y amables que lle
nen tu corazón de dulzura , que derra
men en él el bálsamo del consuelo.... No
dejarás por esto de amarme, de verme,
de prodigarme las fraternales caricias;
únicas qne pueden embellecer mis fati
gados dias..... S i, querido A du d ar, cum
ple con tu patria : yo , no , no puedo de
dicarme al himeneo, ¿quién habia de
querer un corazón lacerado? ¿quién ?..,=
¿Quién habia de quererle, idolatrada
amiga , dijo con precipitación Aduáary
te atreves a preguntarlo ? ¿Acaso tu ima
gen encantadora dejara de tener admira
dores y apasionados en cuantos te conoz
can? ¿Quién te habia de querer ?... Her
mana mia , aliviemos mùtuamente nues
tra suerte , no nos separemos jamás , vi
vamos el uno para el otro, consolémonos
mutuamente, cumplamos con la ley y
con nosotros mismos: sé mi esposa ; pero
vo solo seré..... tu hermano..... Nadie po
dra admirarte ni respetarte mejor que
y o , nadie sino Agoben podia escederme
en amor: si , yo te idolatraba, y aunque
reprimía con los deberes de la amistad
los sentimientos de una pasión mas gran
diosa y noble; aunque encerraba en unos
límites mas estrechos las sensaciones del
amor, tu imagen me acompañaba á to
das partes. Veia en ti la esposa de mi
( 183 )
amigo , la amiga de mi infancia , la nuiger destinada á otro , y que otro mortal
mas feliz debia poseer ; pero le miraba
sin envidia, y consolábame con verte.
Cada vez que te estrechaba en mi seno,
que mis labios se unian á los tuyos y
respiraba tu aliento, mi ser se animaba,
un fuego delicioso discurría por mis ve
nas, hallaba un placer celestial, con él
me hubiese contentado siempre, y a na
da ambicionara, ni otro ser te usurpara
el lugar único y eterno que ocuparas en
mi corazón..... lugar que jamas OGupará
otra muger. Mi resolución es irrevoca
ble..... Te he descubierto mi alma, me
lie desahogado en el seno de una ami
ga...... Diras aun, ¿quién podrá amarte?
¿ Dudaras de mi pasión y de mi virtud?
Te dejo hasta mañana. Resuélvete: cum
ple con la sociedad, cumplamos ambos
con ella: pero yo..... yo..... solo seré lo
que tu quieras, tu amigo, tu esposo, tu
esclavo ; viva a tu lado y seré feliz , verte eternamente y mi vida sera afortuna
da , y a nadie envidiaré en el universo,
ni aun á la sombra vaga de mi amigo
que ocupa tu corazón. Sombra ilustre,
¿ por qué no habías de presentarte é in
clinar el corazón de tu amada?...... A
Dios, hermana, á Dios.... Salió ofrecien
do volver al dia inmediato.
( 18Í )
Es necesario haber am ado, conocer
todas las delicias de un corazón enamo
rado y virtuoso , para concebir la situa
ción de dos seres que gemian entre la es
timación, el deber, la memoria de un ob
jeto caro, y una pasión violenta que el
infeliz Adudar abrigaba.
El me ama, decia al quedarse sola la
triste Dugbé, me ama con un frenesí que
be conocido antes de ahora, su virtud
era digna de una feliz recompensa ; pero
yo, solo puedo ofrecerle una estéril amis
tad , un corazón disecado.... y ¿que di
jeran los que conocían los lazos que me
unian con A g o le n ? Leyes crueles; ¿por
qué habéis de violentar á los humanos?
¿por qué impedirme vegetar en el silen
cio y la soledad, cebándome con mis lá
grimas y la memoria de un desgracia
do?..... Y tú , mortal adm irable , genero
so Adudar ; ¿ por qué no buscas una es
posa que te baga feliz, que endulce tus
d ias, y te baga olvidar a la que no es
digna de tí? Pero él ama ! Conociendo
yo la violencia de una pasión ¿he do
estrañar que no quiera á otro objetu?....
Estoy resuelta tam bién; no me escederas
en generosidad.
Al dia siguiente se vieron estos ami
gos singulares, Adudar estaba demuda-
( 185 )
d o , ciertamente las horas que habían
mediado no las había dedicado al des
canso. D ugbé estaba menos agitada.... Te
meroso se acerca el tímido amigo á su
amada, no corrió á sus brazos como otras
veces, le contenia un respeto indecible,
se creia crim inal, digno de reconvencio
nes; sin embargo, su alma era pura. Co
nociólo la encantadora joven : leia un
corazón que le era familiar desde la in
fancia, y solo le habia ocultado un se
creto, el de su amor. Viendo su situa
ción le alarga una mano, que con trans
porte fue besada. ¿Qué has resuelto ?...=
Que seamos menos desgraciados.=¿ Me
perdonas ?=¿ De qué, corazón interesan
te? pudiera dejar de perdonarte aun cuan
do me hubieses ofendido ; y tu ofender
me.....=No ; jamas , querida Dugbé , no
pudiera ofenderte.....=Ya he resuelto. Si
amas á tu amiga , si respetas su dolor , si
ofreces aliviar sus penas y conllevar su
corazón lacerado, condúceme al templo:
seremos esposos para la comarca, vivire
mos juntos, ni un solo instante me sepa
raré de tu lado, enjugaras mi llanto, se
remos unos..... hermanos..... nada mas: si
te resuelves, y quieres hacer tan costoso
sacrificio.....—¡Sacrificio! idolatrada ami
ga : no, no haré sacrificio alguno en obe
decer tus preceptos..... M as: jamás me
acercaré á tí sin que preceda tu orden....
( 186)
seré tu esc1avo.=Ser generoso, ¿por qué
no he de poder amarte con el delirio
que tu virtud merece? Se arrojó á sus
brazos, la recibió en ellos A dudar, y es
clamò. ; Hombres! Tenedme envidia ¡ po
seo la imagen de O . S i, idolatrada vir
gen: solo la divinidad pudiera disputar
te este corazón que es tuyo , solo luyo,
el supremo hacedor para nada le necesi
ta : desde este momento te lo sacrifico:
la imagen celestial del Eterno no estu
viera mas respetada que tu , si se digna
ra descender hacia los mortales y estu
viera a mi lado. Divina esposa : soy feliz,
no me compadezcas: no abrigaré otra
pena que el no poder convertir tu cora
zón, y verlo rebosar en alegria..... Diera,
créem e, mi existencia, te entregara al
mismo A goben, ¿pudiera hacer mas?
e
¡ Alma interesante digna de otra es
fera ! L ector: cuan pocos hombres se en
cuentran ! Mugeres virtuosas y amables,
que sabéis am ar, ¿cual de vosotras po
día no adm itir, y aun envanecerse de
poseer un corazón tan noble y generoso?
A los ocho soles ya eran esposos, y
habitaban en la quinta de este hombre
interesante, que no se separaba un mo
mento del lado de su amiga, l'n año
transcurrió siendo modelos de amor con-
( 187 )
yugal y de beneficencia, eran la envidia
de los casados por su continua unión,
jam ás se veian separados , y em pleaban
el producto de sus cuantiosos bienes en
prodigar auxilios á los necesitados, y en
los establecimientos de beneficencia. To
dos les deseaban sucesión, y las personas
á quienes socorrian les man i Testa ban que
pedían incesantemente á O e que les con
cedieran la ventura de ser padres. Se
sonreían al oir los sencillos votos de sus
herm anos, y una sombra de tristeza os
curecía sus miradas. D esgraciados! Se
am aban, y cierto decoro interior les im
pedia entregarse á la efusión que sus co
razones sentían.
Dugbé cada dia adquiría nuevas gra
cias, desapareció la palidez de sus megillas, y brillaba cierta alegria en sus mi
radas. Buscaba solícita á su hermano y
le espresaba no podia vivir sin él un so
lo instante. Estas muestras de confianza
comunicaban el contento en aquel gene
roso corazón, y se daba por satisfecho de
ver aquella mudanza ; pero religioso en
su palabra, jam as salió de sus labios otra
espresion que la de la mas candida amis
tad , y la alegria también comunicó un
nuevo ser en su persona.
Pocos meses duró este contento : i’a l-
( 188 )
tarian unos treinta soles para la consu
mación ele la fatal trag e d ia, cuando una
tristeza mortal devoraba á A d u á a r, pro
curaba evitar el encuentro de su amiga;
y cada vez cjue ésta , mas fina y mas ca
riñosa que nunca, le preguntaba la cau
sa de su desvio y asomaba bellas lagri
mas cá sus ojos para significarle la pena
que la causaba , él se desprendía de sus
brazos y se internaba en los bosques bus
cando la soledad que ansiaba. En poco
tiempo hizo dos viages acelerados a la
capital de la comarca, y traía de ellos
nueva melancolía.
Dugbé que atribuía la tristeza de su
amigo al esceso de una pasión no corres
pondida , que había llegado al colmo:
ella que se persuadía que aquel desgra
ciado huia por no declarar la vehemen
cia de un fuego que le devoraba , y es
clavo de un deber impuesto arrastraba
una existencia amarga..... Ella que le
amaba al fin, y sentía hacia él mayor
pasión que la que en sus primeros años
alim entara, pues no podia sin ser injusta
dejar de admirar á un ser tan perfecto;
padecía á la par , y temia por un efecto
de delicadeza escesiva atraerse justas re
convenciones de un hombre tan adora
ble. ¡Ay! aquellos dos esposos que po
dían haber terminado los dias en la ma-
( 189 )
yor ventura , lenian sobre si la imagen
espantosa de la muerte que el destino fa
tal les preparaba.
Un sol antes que cumpliese el hado
su trágico término estuvo ausente Adudar,
una carta le hizo salir precipitadam ente.
Decídese Dugbé, y aguarda que llegue
para arrojarse á sus brazos y decirle le
am o, soy tu y a, quiero ser tu esposa........
Perseveraba en este dulce convencimien
to de su alm a, contaba los instantes: pé
nese el so l, la noche cubre á la tierra
con su manto , encerrada en el gabinete
de su amigo , cada ruido le anuncia su
llegada, viendo que tard a, que no llega,
desahoga su pecho escribiéndole , su co
razón se dilata..... La aurora penetra con
su débil reflejo el aposento, siente su al
ma comprimida y su cabeza ardia, quie
re respirar el aire, sale al jardin: los que
la servian no habian tampoco descan
sado.....
Arrímase á un estanque, los objetos
ya se distinguían, el dia comenzaba á
aparecer, un hombre se le acerca , páli
do, con paso lento..... parecía un espec
tro...... Cree la infeliz ver una fantasma,
recuérdale la imaginación un objeto que
jamas ha podido olvidar. Tem blaba , é
inmóvil corno la estatua de la sorpresa.
( 190 )
permanece casi exánime. ... Acércase el
objeto que turba sus sentidos, se descu
bre..... era..... Agoben !
Sombra fatal !1 dice la desventura
da..... No: esclaraa él. No es una sombra,
es el mismo Agoben, perjura , que vie
ne á reconvenirte 1 El infeliz Agoben,
que por ti ha arrostrado los tormentos....
Acércase, ella se estremece : se arrodilla,
y cual la imagen del dolor que implora
al genio del delirio, contemplaba fuera
de si al objeto que tenia presente......
Oyénse pasos, se acercaba mucha gente.
Adudar los precedía..... Sois felices: gri<t
taba desde lejos, corred á mis brazos.....
Los dos seres desventurados á quie
nes iban dirigidas aquellas consoladoras
palab ras, no podian escuharías. Agoben
al ver á su antiguo am igo, se estreme
ce..... Malvado ! esclarna en su delirio.....
Perjura! Agarra una mano de Dugbé, la
aprieta con la suya , fria como la de un
cadáver! M ira, la dice, allí viene tu se
d u c to r: gozaos con mi desgracia.... Os
aborrezco !!.... Y se precipita en el estan
que. Dugbé exhala un grito..... Llega su
esposo, la halla sin sentido, acude al es
tanque , precipitánse con él varios de su
séquito, buscan a Agoben'. era ya un
cadáver.
( 191)
Aquel modelo de amor y de amistad
se hallaba al lado del lecho doloroso de
su esposa procurando volverla á la vi
da..... su pulso cada vez mas débil pre
sentaba pocas esperanzas. Había sido de
masiado vehemente lo que en pocos ins
tantes sufriera su corazón. Cuando soli
citó verle mi hermano adoptivo , le hizo
entrar. Ya me quedé sin Dugbé , querido
hermano , le dijo , no puedo tornar á la
vida ! Y ¿ para qué? Cuando iba a pro
porcionarla la felicidad, cuando yo mis
mo presentaba el objeto de mis adoracio
nes a otro hombre , cuando le iba á de
cir: tómala , te la he conservado casta y
pura como el cielo mismo.... ¡ Bárbaros!
j Tan poco confiaban en m i!....
Hace cerca de cuarenta soles que tu
ve noticia de su vida , y desde entonces
conseguí un triunfo sobre mi corazón.
O e me hizo digno de su gloria. Ayer re
cibo una carta; tómala con esta otra,
ellas te instruirán. Permite que dedique
mis desvelos á la mas infeliz de las cria
turas.
Esto es lo que contenían, nos dijo
Odobé : «Desde esta capital, (era la de
un pais estranjero vecino) te escribo, ami
go querido : y cuando creíais que el des
tino me hizo desaparecer de la tierra,
( 192 )
tendréis el placer de verme antes de
treinta soles para consolarme de los mu
chos años de desventuras. No leas esta
carta a mi esposa sin prevenirla con pre
caución. ¡Es tan sensible! ¡Ay! con que
ansia espero llegar a sus brazos y los tu
yos, solo en ellos, en el centro del amor
y la amistad espero recobrar la vida que
se halla casi estinta de este cuerpo, que
apenas tenia resistencia para soportar
tantos infortunios.
»Después que perdí á mi buen padre,
que llené todos los deberes que el mun
do me imponía, y que llenaban mi cora
zón de amargura, deseaba llegar á mi pa
tria para buscar entre vosotros el con
suelo que necesitaba. Habíamos cruzado
mares inmensos cuando una tempestad
nos arrojó contra unas costas, donde era
inevitable nuestra pérdida, creedlo, ca
ros objetos de mi afección: padres, espo
sa, amigos, solos vosotros ocupabais mi
imaginación , y solo por vosotros temia
la muerte. El peligro se hacia mas inmi
nente á proporción que el viento y las
corrientes arrastraban el buque hacia el
escollo: no podia ya evitarse el mal , la
quilla rozaba ya contra las rocas: el Ím
petu de las olas le hacia flotar, en su
retroceso quedaba encallado, la mayor
parle de la tripulación se arrojó al agua.
( ion)
j Ay! yo los veia luchar contra el agita
do y furioso elem ento, y las impetuosas
olas estrellarlos contra los peñascos que
quedaban teñidos con su sangre. En mi
concepto todos perecieron, porque divi
saba sus mutilados cadáveres flotar en
tre la espuma del mar embravecido.
Aquel espectáculo cruel hizo retirarm e,
nadie habia quedado en el destrozado
buque que veia romperse por instantes,
y en cuyo espacio penetrara el agua.
Otro esfuerzo del temporal acabó de abrir
le, y al retirarse las aguas de una ola
como un monte , arrastraron tras si un
trozo grande de desenclavadas tablazo
nes, en las que n.e quedé asido y retro
cedieron largo trecho de la costa , otra
impetuosa corriente se apoderó de aquel
fragmento y le condujo con una veloci
dad increible hacia un rumbo opuesto;
de manera , que ya entrada la noche es
taba casi enclavado en un banco de are
na que distaba corto trecho de la costa.
Di gracias a O e y esperé el dia para sa
ber donde me hallaba. El rumbo rápido
que recorrí, me condujo sin duda á otro
esireino de la isla ; pues me hallaba fren
te de una playa arenosa , no alcanzaba
mi vista las atroces rocas donde perecie
ron mis compañeros, y el pais no pre
sentaba el horrible aspecto de la víspe
ra : no distaba el banco de tierra , y aun-
10 mo I.
13
( 194 )
que me hallaba débil de tanto padecer
me arriesgué a ganarla: lo conseguí con
mas de un temor de no poder llegar a la
playa ; me abandonaban las fuerzas y
juzgué mas de una vez no volver a reco
brarlas.
»Por fin, daba ya gracias al Criador
de haberme salvado de la muerte por
aquellos momentos ; pero no sabia si me
esperaba otra mas cruel. Intérneme para
buscar una sombra donde guarecerme,
pues á pesar de hallarse mis vestidos mo
jados, no podia soportar el calor de la
atmósfera ni los rayos de un sol nacien
te que me abrasaba. Mi cansancio y de
bilidad escitaron la sed , también debia
buscar agua ó yerba con que refrigerar
mis secos labios. Anduve bastante trecho,
traspuse un monte de arena , y divisé a
alguna distancia bastantes árboles: la
fatiga tal vez me impidiera llegar , pero
como es tan dulce la vida , reuní cuan
tas fuerzas pude , y después de infinitos
descansos y angustias me hallé debajo de
los primeros arboles apagando mi sed en
un charco cenagoso producto de las llu
vias. No pude caminar mas, y me entre
gué a un descanso que le creí precursor
del eterno reposo.»
»No se el tiempo que dorm í, mi debi-
( IOS )
litlad ero suma : levantóme con bastante
trabajo y me acerqué a otros arboles que
tenían algún fruto, no me era posible
subir á ellos, y con penoso alan pude
con algunas piedras hacer caer algunos
racimos maduros, de una especie difícil
de trazarle, no tenían mal gusto, y rea
nimaron mis fuerzas.»
»De esta manera pasé aquel dia cruel;
al siguiente repuesto de mi fatiga , y ha
llándome mas ágil, recorrí algún espa
cio de terreno, hallé un arroyo, pude
refrescarme%hallé otros frutos, me agra
daron mas y me entoné por grados de
tal modo que a los tres dias me hallé
capaz de dirigir mas lejos mis incursio
nes. Hasta entonces no habia visto el
menor vestigio de planta humana , ni de
animales temibles. Mi vista se dilataba
por si algún desgraciado pudo haberse
salvado como yo: pero eran vanas mis
esperanzas. Dirigime hacia el punto del
naufragio, caminé todo el dia, mante
niéndome solo con frutas, hasta el otro
no llegué a él, el terreno era escarpado,
pero el mar estaba en su mayor calma.
Hallé felizmente muchos tablones espar
cidos entre las rocas, trozos de velamen,
muchas cosas útiles en aquella situación;
pero ¿cómo transportarlos a otro punto
menos agreste y cruel i* Los cadáveres de
( ),
196
mis tristes com pañeros, ó fueron devora
rlos por los monstruos marinos , ó se los
llevarían las corrientes.»
»Al llegar á este puerto he sabido se
salvaron cuatro marineros que perm ane
cieron en la isla algunos meses; pero la
fatalidad para mi les hizo tom ar un rum
bo opuesto, y jamas pude verlos. Me ha
bría salvado con el buque que los reco
gió y arribó a la opuesta costa , y yo no
habría tardado dos años mas en veros.
Creóme ya salvo y conseguirlo en breve.
Continúo mi desgraciada narración.»
»Poco distante de aquellos escollos
habia un valle regado por un arroyo y
cubierto de frondosos árboles. Al 1i esta
blecí mi residencia, allí conduge los
efectos que arranqué del m ar, allí que
rido amigo he pasado cerca de tres años
alim entado con frutas, con alguna pesca
y legumbres de la isla , que poco a poco
recorrí hasta casi visitarla toda. Tendría
dos soles de circunferencia. Muchas ve
ces divisaba buques que procurarían sin
duda evitarla , hacíales señales, pero fue
en vano. O e seguramente compadecido de
mis votos, se dignó dirigir una mirada
de compasión hacia un atomo del gran
de universo, vió en él una criatu ra, y
dispuso salvarla. Una tarde al retirarm e
( 197)
ele mis incursiones en busca de frutas
frescas, divisé de lo alto de un peñasco
que me servia de atalaya un buque poco
distante: el mar estaba en calina , y no
presentaba el horizonte la menor señal
de viento : prendí luego á varias ramas
que tenia prevenidas , y á poco rato vi
botar una pequeña embarcación al agua,
y al poco tiempo arrimarse á la costa,
bajé á las rocas, hice varias señales , se
acercaron á la voz: conocí su idioma, les
hablé en el mismo..... ¡ Amigos m ios! fui
salvado, antes de dos horas me hallaba
entre hombres sensibles que procuraban
consolarme de tantos padeceres.»
»Dos dias permanecimos á la vista de
aquella isla por falta de viento, la visi
taron mis salvadores, saqué algunos ob
jetos de historia natural que conservo, y
los efectos que tan preciosos me fueron
para conservar mi existencia. Durante la
navegación adquirí un nuevo ser, pero
aun estoy bastante dem udado: he llega
do á esta capital, y salgo para ese pais
dentro de poco tiempo esperando abraza
ros. Amigo querido, prepara á mi tierna
esposa para una sorpresa que pudiera
serle p erju dicial, porque me creerá per
dido para siempre ; y tu prevente para
endulzar los dias de tu mejor amigo. E n
trega tam bién esta relación á mis padres,
( 198)
previniendo antes su sensible corazón.
La otra carta estaba ya fechada en la
capital de aquella residencia: dictábala
el furor, y el mas completo delirio.
«Creí tener esposa y amigo: creí des
pués de tanto infortunio hallar consuelo
en los seres que en la infancia me die
ran pruebas de una eterna afección.... En
mi patria he hallado monstruos. O e me
libertó de una roca estéril situada en
medio de anchurosos mares: ningún mons
truo atentó a mis dias, los tenia encadenatíos el genio de la vida; y aqui, aqui
he venido é buscar fieras, a genos de vir
tud , desnudos de constancia , falsos,
mentirosos, que se gozaban con la muer
te de un desgraciado. La sensible, la
inocente Dngbé es la esposa del honrado
Adudar. De esos modelos de amor y amis
tad..... ¡Pérfidos! ¡Cual os complacíais
al considerar mi cuerpo mutilado luchan
do con las ansias de la muerte, invocan
do vuestros nombres como el de unos es
píritus celestiales obra de O e mismo:
juzgabaisme insepulto y os gozabais de
un infortunio que os unia para siem
pre!.... ¿Y pensáis que pueda ver tran
quilo vuestra infamia , vuestra poca fe,
vuestra falacia? Vuelo hacia vuestra man
sión J Lo he prometido: para acabar de
( 199)
ser felices es preciso que veáis á un in
feliz , que holléis su cadáver, y os com
plazcáis en una obra de vuestras impu
ras manos.»
Esta carta precedió un dia á su au
to r, y cuando salió Adaáar en su busca
para desengañarlo y echarle en cara sus
injustas sospechas, supo después de una
larga cannnata que el delirante Agoben
habia tomado otro camino. Por mas que
aceleró sus pasos..... llegó tarde: pocos
minutos antes le hubiera salvado.
Estas cartas, continuó Odobc , fui á
devolverlas a 1 desventurado modelo de la
mas pura v irtu d , á quien hallé en un
fatal conflicto: la esposa acababa de es
pirar en sus brazos llamándole con los
nombres mas dulces, y habiéndole en
cargado con voz desfallecida que leyese
la carta que dejaba en su gabinete. No
le dejé un instante ; hizo traer la carta,
la leyó con rapidez, y se abrazó con el
cadáver de manera que nos l'ue forzoso
arrancarle de aquella habitación. El pa
pel que le causara tan vivas sensaciones
es el siguiente.
«Esposo: hermano, am igo, todos es
tos nombres son dulces, todos los mere
ces. O e manda respetar á la virtud , tu
( 200 )
la encierras sublime cual emana de aquel
Ser eterno: yo te respeto, yo te amo,
querido Aduar, y no juzgándome digna
de ti, me retraía decírtelo. Si tu melan
colía nace de abrigar á tu lado á un co
razón rebelde que no te conocia, ni po
día acercar al tuyo, ven, y dígnate re
cibirme en tu seno , yo me abandono a
él , deseo identificarme contigo y ser tu
verdadera esposa. Si alguna vez se esca
pa alguna lágrima de mis ojos en memo
ria de un amigo que amé, compadéceme,
pero no te juzgues menos amado. AUL
obraba la simpatía, ahora el convenci
miento ejerce sobre mi alma toda su in
fluencia. Perdóname, dulce amigo: y si
crees que no te merezco muda de reso
lución ; puedo merecerte perque te co
nozco, y sé que mi amor ya no puede
ofender á una sombra ni á ningún hom
bre : amar á ti es amar la perfección
misma , y O e y él me lo mandan porque
nadie después de ellos lo merece mas que
tu. Soy tuya, y si crees que mi amor
puede hacerte feliz , quiero tu felicidad,
y en nada me violento, sigo los impul
sos de mi corazón, corazón que hace mu
chos soles es tuyo.»
Sepultóse el cadáver de la desventu
rada Dagbé. Mi hermano permaneció por
espacio de muchos dias al lado de aquel
..
. ( 201;
hombre inconsolable, no dudando que
su resignación volvería á la comarca el
ser benéfico que todos am aban, y aun
estoy persuadido que una de mis herm a
nas destruiría su misantropía, y propor
cionaría al país hombres que se le ase
mejaran para bien de la humanidad. Ve
remos si en el transcurso de esta histo
ria se cumplen mis vaticinios.
S I G U E N O T R A V E Z LOS S UCE S O S D E LA H I S T O
RIA DEL
P A I S . = M AESTHO
I>R1MAR1A.=ESCUELA
DE
INSTRUCCION
DE C O S T U M B R E S . = R E -
FLEXIONES.
^ os sucesos lamentables de la familia
del valle, me impidieron algunos dias
oir de mi anciano protector la narración
tantas veces interrumpida. Comenzóla,
pues, á la primera ocasión del modo si
guiente.
«En medio de tantos horrores, abu
sos y dilapidaciones que en este y otros
paises vecinos se esperimentaban , murió
nuestro geí'e : un hermano suyo quiso
usurparle el p o d e r, su virtuosa viuda
( 203 )
que presentía cual pudiera ser la suene
de los habitantes regidos por un fanáti
co, que no recibia mas impresiones que
las de los ministros de un culto tan opues
to á las miras del criador, reclam ó la
ayuda tie los pueblos en favor de un hi
jo inocente y de pocos años , que pudie
ra llegar á hacer la felicidad de la patria:
los primeros grandes del reino, los cau
dillos de los guerreros acudieron al lla
mamiento de la ilustre viuda , levanta
ron sobre sus a meses al vastago de tan
tos geles, y desterraron al opresor de sus
dominios. Este paso adm irable, que bien
dirigido pudo atraer un bien electivo a
todas las comarcas , escitó los celos y la
venganza de los falaces enemigos de O e ,
que unidos con otros gefes estrangeros
ofrecieron introducir la guerra civil en
estos dominios,
»Ni los esfuerzos de la augusta Cori
ne , madre de nuestro joven gefe , ni el
de muchos de sus consejeros llenos de
virtud y ciencia , supieron evitar la tem
pestad que fraguaban sus contrarios pa
ra inundarnos con sangre.
»Lo primero que aquella m uger be
néfica dispuso, fue devolver á la patria
los hijos desventurados que la injusticia
atroz desterrara do ella y estaban disper-
( 204 )
sos en climas estranjeros. Estas justas me
didas merecieron general aceptación, pe
ro en ella vieron algunos ambiciosos y
fanatizados, la ruina de su dominación.
»Si por un lado los que ansiaban la
continuación de los abusos veian una
sombra fatal y un obstáculo en las me
didas de Corine, temiendo con razón que
todos aquellos que habían sido víctim as
de sus manejos , trataran de vengarse y
arrebatarles el poder : estos últimos por
su parte, no menos ansiosos de obtener
lo , y tal vez con visos de ju sticia, no
perdonaban tampoco medios para atri
buir á sus adversarios el loco de una re
belión que debía estallar en breve. Los
hombres reflexivos no tuvieron el tacto
suficiente para desvanecer con política
los temores de los unos, y acallar la an
siedad de sus adversarios. Una lucha
cruel , oculta, silenciosa y reconcentra
d a, pugnaba en el corazón de la misma
corte, y sus estragos corrían con rapidez
hacia todas las comarcas.
Un pequeño amago estalló en la Pca
pital en favor del gefe desterrado, que
dio la señal de alarma y desencadenó las
pasiones: estas ya no conocieron límites;
los consejeros vieron su nulidad por la
falta de previsión , y dejaron el puesto
{ -’05 )
para otros menos sagaces todavía. Las
pa siones iban en aum ento, la ambición
acrecía , la lucha interior adquiría nue
vo pavulo, y en un ángulo del pais re
sonó el grito de guerra. Cuan fácil ha
bría sido sofocarla , contener la rebelión
y señalar límites al querer de todos los
partidos ! Pero esta empresa que reque
ría mas maña que talento, mas tacto que
instrucción, y mas decoro que firmeza,
no tuvo por desgracia hombres que su
piesen adoptar estos medios: y de error
en error prepararon una arena donde por
muchos años se dieran los mas sangrien
tos combates. Los hombres que al prin
cipio se dividieran en dos fracciones po
líticas, crearon otras sueesivameute á
cual mas nociva , que en vez de term inar
la guerra civil la acrecentaran.....
»En medio de un teatro de desola
ción y sangre quisieron formar leyes!
¡ Cómo pudieran estas ser puras, veraces
y suficientes para hacer feliz al hombre,
si los que las dictaban y discutían res
piraban una atmósfera mefítica de san
gre putrefacta y corrompidos cadáveres!
¿Como pudieran sus corazones disfrutar
la calma y la paz que necesita un legis
lador , si incesantemente oian los lamen
tos de las victimas que inmolaba el ge
nio de la guerra ? No siendo las leyes
( 200 )
hijas de la calma, sus electos debian ser
fatales; y asi es que se sucedían sin in
terrupción como los legisladores, y estos
v aquellos adolecían del fatal indujo de
Jas pasiones que imperaban en todos.
¡Qué de estragos, cuantos horrores pro
ducía la poca sabiduría de los gober
nantes, que si bien se compusiera de
hombres íntegros y virtuosos en la vida
privada , ascendidos al poder y respiran
do una aura de esfera mas elevada creían
acertar errando: escuchaban siniestras
inspiraciones, no conocían las exigencias
del pais, suponían que la ansiedad de un
círculo reducido que les rodeaba era la
verdadera del pueblo: todos cuantos se
sucedian era el ludibrio y el juguete de
algunos ambiciosos, que sin fe y sin pa
tria querían a costa de ésta levantar co
losales fortunas!....
»En vez de terminarla guerra cifran
su prurito en obtener códices, y una ley
fundamental que abrazase la ventura
del pais. Querían formar leyes cuando
no tenian patria , querían dictarlas cuan
do estaban las costumbres corrompidas,
querían legislar cuando no se encontra
ba moral, y algunos de los legisladores
se vendían al poder dominante sacrifi
cándole su opinion, y vendiéndole su
sufragio, por un miserable cargo púbíi-
( 207 )
co que á veces duraba lanío como los
resplandores de una aurora boreal.
»Con tales elementos, poca duración
y efecto podían tenerlas leyes, y asiera
que se m udaban, se interpretaban, se
eludian , según las pasiones de los en
cargados de su aplicación.
»Ya el espíritu de venganza no se estendia entre los defensores del joven gefe y los de su tirano usurpador; no, en
tre hombres que profesaban unos mismos
principios, hombres que predicaban unas
mismas doctrinas, entre hombres en fin,
sujetos á iguales compromisos, vagaba
el genio de la m uerte, y la discordia
atizando los furores , las venganzas, los
crímenes y la impostura. Viéronse hom
bres virtuosos y en otro tiempo modelos
de probidad, encenagarse en el fango de
la corrupción , por un espíritu de ven
ganza y otras pasiones innobles. Los des
tierros, las mas inauditas esacciones y
tropelías, las exigencias de los partidos,
todos estos elementos mediaban en la
elección de legisladores, y en vez de ser
estos el producto de una genuina volun
tad general, lo eran tan solo de las ar
terías de los partidos que mayor cons
tancia , maña ó poder habian tenido en
tre los que elegían. Las leves eran por
i
( 208 )
consecuencia viciosas, las que hoy san
cionaban unos, derogaban mañana sus
contrarios; esta inestabilidad en 'la base
social, desvirtuaba ¿ los hom bres, des
quiciaba la m oral, y acabó de corrom
per las costum bres: hízose general el
disentimiento y la desconfianza : los que
hoy eran amigos, mañana pugnaban con
el mayor encarnizam iento: los habitan
tes eran gladiatores, y la nación un cir
co donde incesantemente se inmolaban 1
»La [razón hubiese desaparecido to
talmente de entre los hom bres; y tal vez
los estragos de una disolución general
habrían convertido en escombros las po
blaciones mas principales, si O no diri
giera una mirada compasiva sobre sus
criaturas.
e
»Estaba nuestro1] continente subdivi
dido entre varios im perios, cuyas luanas
de gobierno diferían notablem ente, ha
bía alianzas entre si; y todos aquellos
que eran regidos por una forma repre
sentativa, quisieron unirse para balancear
el poder de los que no conocían mas lev
cjue el querer de un solo ge fe. ¿No era
fácil calcular por el fondo y esencia de
aquellos gobiernos, cuales presentaban
mayores garantías á la paz y al bienestar
de los hombres. Si los primeros gozaban
(ÍOD )
del d erecho de d ic ta r sus le ye s, te n ia n
<jue lu c h a r entre varios poderes que constitu ia n el suprem o, y no h a b ie n d o armonia entre unos elementos ta n hetereogeneus , jam as podia reducirse á un ver
dadero pu n to c e n tra l la fuerza g u b e r n a
tiva del estado. Los otros nin g u n a in te r
vención tenian en la legislación, esta la
concebía un solo h om bre, todos se suje
ta b a n á su c a p ric h o , y a veces los d e
cretos mas monstruosos y degradantes á
la especie hum ana, salían de un origen
in m o ra l que con su lta n d o su solo q u e r e r
ó el de cuatro a d u la d o re s perversos, sum ian en la desgracia á millares de seres
ta n nobles como é l , ta n hijos de O e co
mo el tirano que les oprimía. E n tre los
p r im e r o s , como las pasiones eran el mó
vil de los encargados de velar por el bien
p ú b lic o , estas se d escarriaban por el efec
to de su misma d e b ilid a d ; c arecían de
tina base estable de la moral celeste; y
p o r co n sig u ie n te , unos decretos h u m a
nos que no pa rtia n de origen tan s a g r a
do d ebían ser nocivos en lo g e n e r a l , ó
no pro d u c ir ios electos que se esperaban.
A dem as, los gobiernos por un e rro r i n
concebible m ira b a n con prevención á los
p u e b lo s, estos c o n te m p la b a n a aquellos
con desconfianza ; y ilegó á ser nece
saria la creación de poderes in te rm e
dios que templas*’3 la anim adversión cíe
fÜMO i.
14
( 21° )
uno, y las exigencias del otro: por ma
nera , que todas las bases se separaban
cada vez mas de la moral y de la natu
raleza. Tener que contemporizar entre el
que manda y obedece prueba que hay
una especie de odiosa tea arrojada en
medio de unos y otros, que alguna vez
debe producir malos electos. Pues si esta
discordancia y viciosa índole de gobier
no formaba los que se titulaban libres,
¿cual seria la esencia de los absolutos,
mas viciados aun por el mayor estímulo
de las pasiones? En éstos la obediencia
era estricta y forzada, no podía censu
rarse cualquier error, so pena de desapa
recer del seno de sus fam ilias: en aque
llos se dilucidaban las cuestiones, se per
mitía criticarlas, y habia hombres desti
nados para ello; como también para de
mostrar la fuerza de la opinión por me
dio de los bronceados moldes. Y ¿crees
por ventura que los efectos eran felices?
No por cierto. Estos escritores buscaban
un salario , emitían la opinión que sus
pasiones les sugerian, hoy contradecían lo
que ayer presentaban como axiom a, el
hombre que los compraba era el mas
virtuoso en sus planchas, el mas instrui
do y el único para hacer la felicidad;
los demas eran en su concepto seres des
preciables que traian consigo la ruina.
Esta desmoralización tenia la mas fatal
< 2ÍÍ ) tan odiosas se
tendencia , y si. doctrinas
pintaban con el atractivo que el talento
presta , ó con el aliciente de> una sátira
mordaz é insinuante, acababan de des
m oralizar, y eran aquellos, cortos recuer
dos. Siempre crei que asi querría llamar
el anciano á los periódicos ó folletos;
porque recuerdos eran libros según el
idioma de aquel planeta , ) los nocivos
maestros de la corrupción, porque de
m ostraban y convencían que no había
hom bre alguno virtuoso. Que acatam ien
to ni veneración podía merecer del pú
blico un consejero, un m agistrado, un
hombre cualquiera á quien se acusaba
de incapaz , de ignorante, de peí verso y
hasta de traidor? pues todos merecían
igual denom inación, porque los que en
salzaban á unos, deprimian otros, y el
resultado era que todos se atraian tan
inicua nota. Los gobiernos mismos no te
nían el tacto suficiente para poner un
dique á tamaños abusos, no conocían
otro medio que la prohibición ó la tole
rancia ; ambos eran nocivos, escogitar un
interm edio era la habilidad, y ésta nin
guno la tenia : ó débiles ó tiranos, tales
eran los hombres. Y ¿por qué? Por que
en vez de tener el freno en su corazón
lo tenían en escritas leyes ; en lugar de
cim entar la moral , la destruían, y lejos
de afianzar el remedio en la reforma de
( 212 )
las costum bres, ellos daban el ejemplo
de relajación.»
»En tan cruel alternativa un destello
de razón iluminó á algunos hombres y
comenzó entre aquellos mas avezados a
bien discurrir, porque no podían oir dis
cursos que estraviasen su natural racio
cinio. Comenzó entre aquellos que en
cerrados en un circulo de temores, no
liabian podido corromperse entre el bu
llicio de discursos especiosos, y las olea
das tum ultuarias de desenfrenadas pasio
nes. Dió principio al fin , entre los que
oprimidos por la mano férrea de un atroz
despotismo, y víctimas del capricho de
uno solo, quisieron recobrar su dignidad
y que imperasen las leyes de la natura
leza. Estos sacudimientos estallados en
algunos puntos, puso en espeetacion á
los gefes aliados que querían conservar
se oprimiendo á los pueblos : los gobier
nos libres aprovecharon aquella coyun
tura , y en las margenes de un rio que
sirve de límites á varios estados , y que
es el mas caudaloso de este continente,
se resolvió el problema universal, en que
triunfó O e y sus sagradas leyes, y para
siempre desaparecieron de la tierra los
centenares de sectas que dividian á los
hom bres, y eran el origen de toda la in
moralidad.»
( 213 )
Cuando mas embebido estaba yo oyen
do al anciano, y ansioso por saber la re
volución de aquel planeta, fuimos in
terrumpidos por un persona ge que llamó
mucho mi atención, y al que vas á co
nocer conm igo, querido lector, si te pa
sas al salón de ceremonias magistrales.
Era un anciano tan respetable como
mi bienhechor, á quien este recibió con
la mas cordial y respetuosa benevolen
cia. Mañana es el d ia , le dijo aquel , en
que debes venir á presidir un acto de
los mas plausibles, y vengo á anunciár
telo en persona , convencido como estoy
que el éxito coronará mis deseos y los
tuyos. Mi patrón le contestó afectuoso
dándole las gracias por su bondad, y
acudió toda la familia á cum plim entar
al persona ge. Yo c re i, sin género de du
da , que fuera el gefe del cantón, ó una
de las primeras autoridades de la comar
ca ; su continente, su dulzura, su len
gua ge tan puro , su mirada penetrante,
y su decir elocuente, me lo hicieron mi
rar como uno de aquellos célebres ora
dores que se atraen el respeto universal;
y no me engañaba : hice esta observación
a mi hermana y preceptora, quien á.
media voz me espresó, que era un sabio,
y <[ue aquel hombre tan respetable , y
que honraría nuestra mesa, era nada me-
( 214 )
ros que el maestro de primera educación
de la comarca. Aquel nada menos pro
nunciado con seguridad, me indicó que
era un título de consideración de los
mas respetables entre aquellos sencillos
habitantes. Crei no haberlo oido bien,
me lo repitieron , y no me quedó la me
nor duda. ¡ El maestro de escuela de una
aldea con tanta reputación! ¡Un hombre
tan respetable! Sin d u d a, dige entre mi,
habrá sido algún personage de rango en
tre estos hombres , y hoy , ó por efecto
de las costumbres de este clima , ó por
otras causas que ignoro, se verá reduci
do por capricho tal vez, ó por su situa
ción á desempeñar un cargo el mas mi
serable. i Como me engañaba! ¡Qué fuer
tes son las primeras impresiones de la ni
ñez ! Acostumbrado en mi pueblo á ver
encargado en la dirección de la niñez á
un mercenario ignorante, sin educación
ni talento, reducido á una mezquina re
tribución que apenas le bastara para sub
sistir , mal vestido y peor considerado
por sus convecinos; y hecho á veces la
mofa y el escarnio de la inconsiderada
juventud , no podia concebir como her
manar aquellas ideas como las que aqui
se me presentaban. Deseaba salir de tan
tas dudas.
Durante la comida tuve lugar de ad-
(215)
mirar la profundidad de su ingenio, y
terminada ésta, después de hablar de las
prevenciones del dia siguiente para lo
cual fui invitado, discurrí con mi pro
tector acerca de la estrañeza que me cau
saba el que un hombre de tan profun
dos conocimientos desempeñara profesión
tan humilde.
Prescindiendo de tu error en todas
las costumbres de este pais, me dijo el
sabio maestro y padre mió, y de tu preo
cupación en materias de profesiones, cuan
do aqui no hay ninguna humilde; la esperiencia, el convencimiento y el natu
ral instinto enseñan que el cargo de di
rigir la niñez para enseñarla á poder ca
minar por el sendero de la vida es el
mas sublime, el mas respetable y el que
mayor dosis de instrucción y filosofía ne
cesita.
En otro tiempo se hallaba aqui tan
descuidada, como allá en tu planeta, la
enseñanza de la niñez; y por esto las
costumbres se resentían de aquel aban
dono, y jamas la buena moral podia influir en las acciones de tan tiernas plan
tas. Ahora lian conocido los legisladores
que los niños componen la generación
que ha de ocupar los puestos que desem
peñamos hoy sobre la tierra: aquellos
( 216 )
seres que vemos entretenidos en pueriles
juegos, que una hormiga llama su aten
ción , y que la pérdida de un juguete
causa en su fibra los mas amargos des
consuelos, m añana desempeñara en la
escena del universo el cargo de legisla
dor, tendrá á su cuidado la suerte de un
distrito, regirá á los dem as, serán hom
bres y nos sustituirán en todos los debe
res sociales. Estos niños, pues, no deben
inspirarnos indiferencia, ponemos todo
nuestro esmero en su educación, debemos
evitar que destruyan nuestras obras, y
nuestro anhelar ha de cifrarse en que so
conserven y acaten las que hayamos deja
do. Para esto preciso es que los e duque
mos por medio de máximas equitativas y
con la mas esquisita moral. Y ¿quién
podrá llenar tan penosa tarea? ¿podría
desempeñarla alguna alma vulgar? ¿ P o
d rá penetrar en el corazón de cien ino
centes infantes un ojo común, inesperto,
poco practico en el mundo, y menos ver
sado en la ciencia del corazón humano?
Un ser sin una vasta erudición, sin co
nocimientos generales, sin poseer la físi
ca y otras accesorias ciencias naturales,
¿podrá hablar al instinto i n fa n til, nit
influir en sus inclinaciones? De manera
alguna. No podría penetrar en el cora
zón de sus alum nos, no p u d iera , como
un jardinero, dirigir esas tiernas plantas
( 217 )
con la rectitud que hace aquel con los
árboles; no sabría destorcer sus inclina
ciones, carecería del modismo para pre
parar su alma á otras impresiones mayo
res á proporción que creciera en años.
¿ P o d rá nadie dudar que las prime
ras impresiones de la niñez son las mas
durables, permanentes é indelebles? Quién
ha podido borrarlas aun en la edad mas
provecta? Aquellas lecciones, aquella
primera instrucción, aquellas máximas
nunca se borran , influyen en lo sucesi
vo sobre todas nuestras acciones, y deci
den nuestro obrar. Podran el tiempo y
las ciencias rectificar errores de la niñez,
aclarar dudas entonces concebidas; pero
rara vez hacen cambiar el giro del dis
curso , ni la impresión que hicieran en
el cerebro aquellas máximas.
Pues si podemos conseguir que en la
entrada de la vida sean perfectas y justas las impresiones; si las que s e |h a n de
desarrollar después y adquirir mayor estension con el ausilio de otras ciencias
análogas á los años, tienen hondas ra í
ces y no varian en la esencia, ¡c u á n
grande no será la u tilid ad que reporte
mos ! Se educa á los niños para que sean
hombres, y para ello la moral es la que
deben beber eu sus primeras fuentes. Na-
(2i8 )
da les admira después, ninguna impre
sión maravillosa deteriora las primeras,
todas siguen un giro igual y uniforme;
no perciben otras, y aprenden á ser hombi ’es desde la infancia : para todo esto
debe mediar un profesor practico, inte
ligente, perspicaz, hábil y conocedor de
nuestra especie. Amable y dulce para in
sinuarse en el corazón de sus alumnos;
cariñoso para ganar su benevolencia;
amable para saber conservarla , indul
gente para sufrir sus inocentes imperti
nencias y atolondramientos..... En fin, un
ser especial, organizado para este solo
objeto. Y á fe , que estos hombres son
ra ro s, y por esto es preciso conservarlos.
El esmero mayor de nuestro gobierno
se cifra en promover la enseñanza pri
maria, porque de ella proceden todas las
fuentes de la ilustración, de la moral y
<1e las buenas costumbres. La comarca, ó
el distrito que adquiere un buen precep
to r , cree haber hecho la mejor adquisi
ción y lo respeta. Todos los habitantes
acuden con su contingente para sostener
este importante r a m o , y cada profesor
cuenta con honorarios mas que decentes
a fin de atender á sus obligaciones: go
zan de preeminencias distinguidas y han
solido desempeñar cargos los mas honro
sos. El anciano que tenemos la compla-
( 219 )
cencia y fortuna de tener en esta comar
ca , ha sido legislador, magistrado, con
sejero, y por su talento é instrucción, y
su natural deferencia en ser útil á sus
semejantes, alcanzó coil gGílGral aplauso
este honroso encargo.
Mañana deducirás por el sistema que
aqui adoptamos si la instrucción primi
tiva ha podido llegar á un grado de
perfección , que sino es el mejor es el que
mas se aproxima á la perfectibilidad.
Al dia siguiente nos dirigimos al re
cinto destinado para la instrucción de la
juventud: era un local bastante espacio
so, con muchas habitaciones, en las que
estaban los alumnos divididos por clases,
y el sistema de enseñanza era muy igual
al mutuo, adoptado generalmente en Eu
ropa. Descender al minucioso detalle en
que estaban subdivididas las clases , al
régimen interior para el silencio y com
postura, al aseo y circunspección de los
concurrentes, y aun á los castigos im
puestos , seria obra larga , baste decir que
tenia su origen en el esacto discernimien
to, y en la mas filosófica y detenida
atención sobre la índole de las pasiones
en la edad primera.
Tratábase en aquel acto de un exa-
( 220 )
incn para premiar á los mas sobresalien
tes en sus respectivas clases, y se permitia á los concurrentes hacer las pregun
tas que gustasen dentro del círculo de
la respectiva clase de instrucción. La pri
mitiva , que comprendia los elementos
primordiales para desde al¡i entrar en
ciencias mayores, se dividía en la escaia
siguiente.
1. a Conocimientos de los caracteres.
2. a Union de los caracteres para for
mar sílabas y nombres.
3. a Reunir éstos y leer escribiendo al
tiempo mismo.
4. a Lógica infantil, ó coordinación
de ideas con principios de moral.
5. a Ley natural y conocimiento del
gran Ser.
6. a Deberes del hombre y obligacio
nes sociales.
7. a Gramática.
8. a Aritmética y geografía.
0.a Matemáticas y agricultura.
10 y última.
yes del pais.
(221 )
Conocimiento de las le
Tal era en resumen la escala de ele
mentos que comprendía la instrucción
primitiva y á la que debian arreglarse
las preguntas. Muy raro era el que á los
diez años no se hallase perfectamente
instruido en todas las materias de aquel
programa , cuando generalmente á los
cinco era cuando se admitian en el esta
blecimiento.
Antes de esta edad habian calculado
los hombres mas conocedores del corazón
hum ano, que era imposible imprimir
ideas capaces de permanecer en el cere
bro infantil.
Preparado el acto para el examen y
presentes en el gran salón los alumnos
clasificados para sufrirlo: ocupados los
asientos por los concurrentes y precedido
de un solemne discurso del preceptor,
se dio principio á las preguntas sencillas
y propias de la edad de los que debian
responder á ellas, en la forma siguiente.
P regunta á un niño de cinco años
que solo habia quince días que estaba
en el establecimiento. ¿ Cuántos son los
signos y letras ?
.( 222 )
Respond*. Ciento tres. ( Adviértase
que como tengo dicho en otro lugar ha})ia varios signos representativos para las
interjecciones y otras voces comunes, de
una ó dos sílabas.)
P.
¿ Para que sirven estos signos?
Tí.
Para formar palabras.
P.
¿Y sabes tu formar estos signos?
Tí.
Sí.
P.
Fórmalos.
Tomó un estilo y trazó sobre una pie
dra todos los caracteres perfectamente
formados.
Se repitieron estas preguntas á varios
de su clase, y casi todos contestaron con
la misma precisión.
Pasóse á la segunda, y del mismo mo
do niños que apenas sabian hablar pro
nunciaban sílabas v nombres, los escri
bían con esactitud, subdividian las le
tras y distinguían perfectamente su dife
rente sonido y aplicación.
Los de la tercera clase correspondie-
( 225 )
ron con igual esmero á la esperanza de
los espectadores leyendo y escribiendo
correctamente, niños que apenas conta
ban los seis años, (debo advertir que en
aquel planeta por efecto de las costum
bres ó del giro que habia tomado la mo
ral en su naturaleza, no era esta tan pre
coz como en estos climas ; pero también
en aquellos se conservaba la robustez y
perfección de los sentidos entre los cen
tenarios, de los que se contaban sesenta
por cada uno de los nuestros. Tal era el
influjo de las costumbres debidas á su
escelente legislación.)
En la cuarta clase las preguntas eran
mas complicadas y variadas: tratábase
de la lógica natural sin los adornos del
arte que ayudaba á concebir y espresar
las ideas. La muestra que presentaré de
unas cuantas preguntas hara formar jui
cio del minucioso cuidado del preceptor
en formar aquellos seres. Siete años ten
drían poco mas ó menos los que van á
responder.
P . ¿ De qué partes principales se
compone tu cabeza ?
P - De cráneo, ojos, nariz, boca y
oidos.
( 22 i )
P.
¿ Para que sirve cada una de es
tas partes ?
R. En la primera reside el cerebro,
el cual sirve para recibir las sensaciones
que se comunican á los demas sentidos:
sirven los ojos para ver, para oler las
narices, para hab lar y comer la b oca, y
para oir los oidos.
P. ¿ Y que hicieras si te faltasen es»
tos sentidos?
R. Llorar y sentir, porque ni pudie
ra ver á mis padres, *oir a mis amigos,
o ler las flores, ni hablar con los compa
ñeros de mi infancia.
P. ¿ Y qué uso debes hacer de estos
sentidos para que merezcas una recom
pensa i
R. Debo mirar con atención cuanto
liaga, debo oir los preceptos de mis ma
yores que retengo en la memoria porque
todos son buenos, debo hablar siempre
bien de O e que me ha criado, y no
ofender con mis palabras a ninguna p er
sona.
Por las contestaciones que como este
dieron los demas, se venia en conoci
miento que sabían discurrir v formar
( 225 )
itleas basadas en la moral. Fueron mu
chos los que sobresalieron en esta clase,
y casi todos se hicieron acreedores á los
premios.
No llegarían á ocho anos los que pre
sentaron para sufrir el examen de la
quinta clase. Las preguntas fueron mas
estensas ; y sin embargo que las contes
taciones requerian mas premeditación,
eran no obstante tan concisas y satisfac
torias, que por ellas se venia en conoci
miento de la comprensión y aprovecha
miento de aquellas plantas humanas tan
bien dirigidas.
Espondré una muestra del carácter
intelectual de aquellos aplicados niños.
P. ¿ Por que el primer deber huma
no es respetar á O e y á nuestros padres?
¿Dónde está O e que tanta veneración
nos impone ?
R. O e se halla en este lugar y es el
que me dicta estas palabras: sino por él
no permanecería este edificio, ni el pue
blo, ni el mundo , ni mis padres, ni tú:
y como que lo creó todo, y creó á mis
padres para que estos me creasen á mi,
el cuidado que ponen para alimentarme
y enseñarme exigen mi amor para con
tomo I.
15
(226 )
ellos, y para con O e de quien des
cienden.
.i Puede formarse un raciocinio mas
esacto respecto al deber filial y al amor
y gratitud que el hombre debe tener al
Ser suprem o, el que encierra esta senci
lla contestación de uu niño? ¿Puede espresarse con mayor esactitud el deber
hum ano, para con Dios y los padres?
Pues de la misma manera satisfacían á
otras preguntas contenidas en el círculo
de esta clase , que no detallo por que en
vista de la primera pueden deducirse las
demas.
Alguna poca mas edad ó casi la mis
ma coritarian los que se presentaron á
esplicar el deber del hombre y sus obli
gaciones sociales. En sus contestaciones,
con un lenguage sencillo é ingenuo co
mo su inocencia , manifestaban el gran
principio moral que dirigía sus accio
nes, cuya tendencia hacia la sociedad,
estribaba en unas costumbres irreprensi
b les, y en un amor sincero hacia sus se
mejantes. Amar a O , á los demas hom
bres como á hermanos, socorrerles, no
ofenderles ni dañarles en la menor cosa,
tal era la base del deber social.
e
Los gramáticos distinguían perfecta-
( 221 )
inente las partes de la oración, y hacían
el análisis de todas ellas, enumerando la
etimología de las voces, y su propiedad.
Los aritméticos conocian perfecta
mente el cálculo, y aplicaban todas las
reglas á las diversas operaciones mercan
tiles: poseían la geografía del pais y ge
neral, median las distancias, graduaban
los climas sabiendo el giro de los astros.
Los matemáticos resolvieron los mas
difíciles problemas ; y en el ramo de
agricultura después de clasificar los fru
tos análogos á cada estación, su cultivo,
los plantíos, educación de los arboles,
manera de ingerirlos, beneficio de las
tierras, riegos, esplotacion de aguas, po
zos, y cuanto contribuye á su acreci
miento, hacían las espiraciones de una
manera tan sencilla, que probaba la im
presión permanente de sus teorias, y que
sabrían aplicarlas en la práctica.
En la legislación del pais, como era
tan sucinta en sus artículos , y todos te
nían por objeto la moral, hacian pro
gresos rápidos, y raro era el niño que no
poseyese en su imaginación un resumen
de todas ellas.
En fin , el auditorio quedó complací-
( 228 )
do, y los alumnos aventajados recibie
ron de mano del magistrado los premios,
reducidos á objetos análogos á las cla
ses. Los concurrentes asistieron al ban
quete de la niñez, espléndido sin duda,
porque todos llevaron á él algunos rega
los ; aquella mezcla de sencillez é ino
cencia encantaba á los corazones sensi
bles , y era un estimulo para los tiernas,
a fin de aplicarse y participar de igual
gloria.
El profesor nos obsequió con una de
licadeza la mas urban a, y en su familia
brillaba la am abilidad y los recomenda
bles y distinguidos dotes. ; Qué. contras
te aquel con nuestros establecimientos
rurales de instrucción prim aria! y ¡qué
diferencia de profesores !
Al retirarnos, mi ilustrado protector
me hizo las mas sabias observaciones
acerca de su legislación que había in
culcado la idea de preferir para la pri
mitiva enseñanza á los hombres mas res
petables por su saber y virtudes.
Si fin catedrático de medicina , por
ejem plo, se le señala una dotación bas
tante para vivir independiente, no es
menos justo que al que forma á la niñez
para acudir con aprovechamiento á oir
(239)
f
sus esplicaciones, se le de otra relativa
a su trabajo- Analicemos cual es mayor,
y cual requiere mas pro!uncios conoci
mientos.
El primero , se baila tan solo redu
cido al pequeño círculo de esplicar á
sus alumnos la facultad señalada al cur
so de los varios en que se subdivide la
ciencia. Tiene autores marcados por el
cuerpo facultativo y aprobados por la
ley, donde beber doctrinas; y su traba
jo es transmitirlas, resolver las objecciones que se le opongan , y aguzar su in
genio para aplicar sus conocimientos so
bre la materia de una manera que lle
gue á los alcances de sus discípulos ; que
todos ellos se hallan en la edad de re
flexión , están adornados de otros cono
cimientos, y oyen al preceptor con gus
to, á proporción que su elocuencia y de
cir sea mas ameno , preciso, lógico é in
sinuante. Este círculo, empero, es muy
reducido comparativamente con el otro.
Todos los dias puede formar su esplicacion detenidamente y con profundo es
tudio para adornarla con las galas de su
ingenio; porque aquella, y solo aquella,
es la orden del dia que ha de obser
var...... Pero un preceptor de recien for
mados seres, tiene que hacer un estudio
particular sobre el carácter de cada dis-
( 230 )
cípulo; y su mayor ó menor perspicacia
liara el estudio mas ó menos dilatado.
Sus esplicaciones debe amoldarlas á un
lenguage infantil, natural y que esté al
alcance de unos seres que no conocen el
idioma, y tienen aun muy confusas las
ideas: necesita creárselas, é ir desarro
llando sus sentidos, mas perspicaces ó
prematuros en unos que otros: esta obli
gado a ir corrigiendo los vicios que aso
man á proporción de los años del alum
no ; debe estirpar errores adquiridos en
la cuna y en el seno materno ; índoles
altivas, recibidas en los primeros dias de
la vida , antojos nutridos en la lactancia
para acallar su llanto ; y un número con
siderable de defectos minuciosos, que de
no cortarlos de raiz matarían la tierna
planta. Para esta instrucción no bastan
discursos estudiados, no hay autores:
cada individuo es una naturaleza, un
pequeño mundo, diferente á los demas
que reclama su particular perseverancia,
su idioma, su método, y aplicación de
las teorias generales. En la cátedra, un
discurso es escuchado por ciento, y to
dos poco mas ó menos lo comprenden de
una manera misma, que á tal debe en
caminarse el esmero del preceptor; y
aqui cada oyente necesita su explicación
particular , un lenguage arreglado á su
libra , a su complexión é índole. En lili,
(231 )
fuera nunca acabar: un preceptor de ni
ños, tal como debe ser, ha de reunir
todas las facultades , ó al menos tener
nociones generales de ellas , si ha de ser
perfecto y convertir en hombres unos se
res informes y brutos, á cuyo cargo se
halla la civilización, la impresión de
ideas, moral y costumbres. Y atendida la
diferencia de trab ajo , la dosis de cono
cimiento que cada tarea necesita , y los
estudios empleados para su perfectibili
dad , ¿ podrá dudarse aun que la retri
bución deba ser diferente? Por esta ra
zón nuestros profesores en todos las fa
cultades son hombres esclarecidos, que
adaptan la penosa tarea de la enseñanza
después que una larga practica del m un
do les da la suficiente instrucción para
llenar sus difíciles deberes: las rentas
que gozan les ponen á cubierto de la in
digencia , les coloca en un rango supe
rior , porque son los maestros de los hom
bres ; y por su edad y posición carecen
de miras ambiciosas personales , los cua
les podían satisfacer por el influjo que
gozan sobre sus alumnos. Son admitidos
en los actos legislativos, porque sus lu
ces son útiles, y sus observaciones con
tinuas sobre el hombre cercioran al legislaoor de cual es la pasión mas dom inan
te de este para cortarla si fuese nociva
al orden social. Ellos son los que exarni-
(23 2 )
nitn las obras que se clan al público;
pues en medio de la libertad que todos
los ciudadanos gozan para publicar sus
ideas; esta misma fuera perjudicial, si a
su sombra se generalizasen máximas in
morales ó atentatorias á las leyes ó cos
tumbres; y es mas fácil evitar su publi
cación que tener que recogerla después
que haya pervertido su lectura. Para es
ta censura se sigue un orden imparcial
y rápido: el autor al entregar su pro
ducción á los profesores, exige señala
miento de dia para la discusión: la pre
sencia , y toma la palabra para respon
der á las objcccioues ; por manera que
sufre el escrito una completa corrección
y sale perfecto en todas sus partes ; si se
desaprueba por perjudicial ó por conte
ner doctrinas contrarias, se le permite
asociar miembros á su arbitrio. No ha
acontecido aun un egemplar de esta na
turaleza , pues los autores se han some
tido á las reflexiones , han enmendado
sus obras, las que lo han exigido, y las
que no el auLor ha merecido la gloria
de estar correcta. Esta ley que á primera
vista parece demasiado rígida, es al conirario, un estímulo para el talento y un
bien para el pais ; porque no se publi
can sino libros perfectos que han pasado
por el crisol de las ciencias : y los escri
tores adquieren mayor gloria, porque el
(
)
acto censorio es privado, y los miembros
jarnos revelan , ni las obras desechadas,
ni las corregidas.
Qué falta hace, decia yo, en mi pais
Tina censura semejante! y ahora añado:
si felizmente estuviera establecida , al
paso que esta obrilla contendrá cente
nares de defectos, alambicada por la
censura de tantos hombres inteligentes
¿no quedaria purgada de los errores que
contenga, en tantos ramos como abraza,
y de la cual no soy mas que un mero
narrador? Ciertamente que no nos vería
mos plagados de producciones que con
tienen doctrinas muchas veces opuestas
¿ la moral, á la legislación y á las cos
tumbres , con el solo objeto de halagar
ciertos espíritus y corromperlos.
No pretendo meterme á censor, ni estenderme mas en una materia que pu
diera atraerme la animadversión de cier
tos escritores que confunden la libertad
con la licencia, y creen que la de obrar
y pensar , no debe tener límites, cuando
lo son las buenas costumbres en todo pais
aun el mas libre. Asi acontecia en
aquel felice planeta cuya historia me ho
propuesto trasmitir á mis lectores.
FIN DEL TOMO PRIMERO.
ERRA TAS,
f
P á g in a .
5
15
25
L ín e a .
D ice.
12
31
12
escalab rab a
gii i ja l o n e s
e x isten cia
■ t
L éase .
d e s c a la b ra b a
c a g ilo n e s
a sisten cia
INDICE
DE
LAS
M A T E R IA S
CO N TEN IDAS
TOMO
PR I M E R O .
EN
ESTE
Pág-
I. Introducción que sirve de prólolo g o .= M i nacimiento,—Mi edur cacion.—Mis inclinaciones .—Sal
go por primera vez del hogar
paterno....................................... ,
1
II. Historia del definidor y vicei prior padre Gómez. : ................. 31
III. Decidome d no abrazar el esta
do eclesiástico.—Entrevista con
mi lio.^Resultados de mis ob< \screaciones para un nuevo esta
do. — Nueva carrera. . . . . . . .
60
JV. Víage largo. — Breve resumen
de él hasta la entrada en el
l mar del Sur.—Tempeslad.=Nau- ‘
fr a g io ............................................ 72
¡V. Hallóme en un país desconocido.
Sus habitantes.=La acogida que
me dieron. — Pintura de aquel
pueblo. — Admiración.—Fenóme
no........................................
VI. Conozco por mis observaciones
que no estoy en el mundo sub
lunar , y que habitaba otro pía-
82
neta.—Senálanme maestro para
aprender la lengua del país =
Pinto algunos lienzos que merecen general admiración.—Puedo
ya comprender el id io m a s Mis
primeras conversaciones............. 99
,\11. Instruyóme en las leyes del
país.—Comienza el anciano la
historia. = Interrupciones agra
dables que me suministran sus
costumbres.^Malrimonio. , . . . 110
M U . Conlínua mi protector su nar
ración.—Juicio de un pleito.—
Infortunio de una fa m ilia , fe
liz remedio.....................................135
IX. Prosigue la narración.—Inciden
cia desagradable. —Un suicidio.
Consternación general. — Cere
monia religiosa................. ..
159
X. Siguen otra vez los sucesos de la
historia del país.—Maestro de
instrucción primaria. — Escuela
de costumbres.—Reflexiones. . . 202



