Viages de Enrique Wanton al país de las monas. Tomo I. 2ª ed.

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Madrid

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Tipo
Impresos
Idioma (código)
spa
Extensión
307
Identificador
0000000201
Miniatura
https://patrimoniodigital.ucm.es/r/thumbnail/784762
Traductor
Guzmán y Manrique, Joaquín de
Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Librería Razola
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1831
Formato
image/jpeg
application/pdf
extracted text
Vl&GIES
DE

ENRIQUE

WANTON.
1 .°
\

I mprenta DE I. SANCHA: cal It dt ta Con­
cepcion G erànim a , mim. 3i.

VIAGES
DE
ENRIQUE WANTON
al País de las monas
TRADUCIDOS

Del inglés al italiano, y de éste al Español
Por D. G. J. V. D. G. Y. M.
Segunda edición

CON REAL PRIVILEGIO

MADRID:
Se hallará en la Librería de RAZOLA, calle de
la Concepción Gerónima, n. º 3
FEBRERO DE 1831

Oyente , si tú me ayudas
Con tu malicia y tu risa,
Verdades diré en camisa
Poco menos que desnudas.
Quevcd. Musa Terpsíchor. let. salir. í'i.

l'W % - W V % '» 'l^ V V W W V V » y V V W

PRÓLOGO.

E l viage al país de las monas
que ofrezco , trasladado del idio­
ma italiano al español, es una
aguda sátira , q u e , mezclada de
documentos morales , ridiculiza
los vicios de que todas las nacio­
nes abundan. Tuvo desdo luego
esta obra tal aceptación en el orbe
literario, que inmediatamente fue
necesario reimprimirla. Las pocas
copias que llegaron á España, me­
recieron la estimación de nuestros
literatos de buen gusto , no sin
motivo , pues á la verdad parece
quiso su autor, ya sea inglés, co­
mo él supone , ya de otra pro­
vincia , como se cree , imitar en
cierto modo á nuestros nunca

VI

bien alabados españoles, Quevedo
en la sátira, Calderón en los en­
laces, Cervantes en las ficciones,
Saavedra en las moralidades, y
Gracian en las Criticas , usando
de los primores de todos estos en
sus lugares oportunos.
Vertió el autor las sales de esta
obra con destino á ciertos domi­
nios de Italia; pero como la ma­
yor parte de los hombres adole­
ce de una misma enfermedad,
pueden cuaái todas sufrir su efec­
to en España, solo hay la distirn
rion, de que allí tal vez las piri-*
turas fueron determinados retra­
tos ; y aquí es imposible sino por
casualidad que tengan particular
aplicación, y en esto llevamos la
ventaja, porque en tanto la sáti­
ra es provechosa , honesta , de­
leitable , y por consiguiente per­
mitida, en cuanto ridiculiza á los
sugetós ; pero no á tales sugetos.
Como se tocan tantas materias,

T I!

no dudo haya muchas personas
que encuentren con su copia; pe­
ro en este caso me servirán dé
defensa unas cláusulas del mismo
autor al capítulo octavo de este
primer tomo, donde dice, que si
acaso hallan algunas el modelo de
si mismas en esta historia, culpen
á sus vicios, pero>no á quien pu­
blicando la verdad no piensa en
la idea crítica de dibujar sus cos­
tumbres : y asi , si él hace esta
salva entre los mismos para quie­
nes escribe ¿ qué se deberá en­
tender con quien , ajustado á una
precisa traducción , solo traslada
las extravagancias de aquel pais,
siendo únicamente por semejanza
las que hablen, con el suyo:1*
Con el mas grande y nunca
demasiado rigor reprende Terencio en la comedia intituladav4¿/c//í
á los hijos viciosos é inobedien­
tes , en cabeza de Eschino , por
boca de Demea su padre ; pero

nn

aunque ha tantos anos que escri­
bió :este poeta 9 »¿rá- ^cuántos Eschinos que conocemos:*! son aplitcables el dia deihby sus versos y
muchos unas ?> Nada tuvieron de
adivinas' Persio^ Ju.ven al y otros
espíritus festivos! y satíricos, y no­
tando muchos siglos ¡hace las vi­
ciosas ndi cu lee es de su era y de
su patria;, parece v* si sé leen eón
reflexión ;¡ qué* solo escribieron
para nuestra edad y país. En todo
tiempo y pn todas las naciones se
han fulminado lasiinas rígidas in­
vectivas contra los desarreglos de
un mal aconsejado joven; las ava­
ricias ¡de un ambicioso anciano;
lasufjcciones de u» áulico adula­
dor;« las dornnpcionés de un de­
pravado/juez; los?, enredos de un
abogado revoltosos; los (robos :de
un .escribano desalmado; los en­
gaños,<de úna vieja astuta ; las di­
soluciones de ú n a ' moza desen­
vuelta; los despropósitos de uri

IX

afeminado pisaverde; las extrava­
gancias de una danva zalamera;
las erratas de un médico igno­
rante jt las* patrañas de .un alguá*
cll interesado; la hinchazón de un
sabio á la antigua ; los dispara-»
tes de* un doctor á la moderna;
el lujo de un rico de mala con*
du cta; las »altanerías de un pobre
sob e rb ió ; das pesadeces de un
nuevo litigante; ' las desconfianzas
de \tm rústico malicioso ; las va*
nidades de un caballero ciudada­
no •;■ los artificios de un cortesano
reíiiifiido , y finalmente ( para no
molestar con otra!caterva seme­
jante); las preocupaciones de un
ciego vulgo: y en verdad que no
por resto se dará por; ofendido el
joven bien criado i e l» viejo vir­
tu oso, ;el palaciego » ingenuo , el
juez ín tegro, el abogado litera­
to & c. p antes bien , á vista de
los desaciertos de'aquellos , ten­
dían mayores brillos las honda*

des y1 buen manejo de cada uno
en su especie.
Generalmente es uno mismo
el material de la sátira universal
arreglada, la diversidad está en
el condimento: no es el mas de­
sabrido el presente, en que, figu­
rándose ciertos nuevos descubri­
mientos, se fingen con racionali­
dad unos brutos que crió la na­
turaleza con acciones tan seme­
jantes á las nuestras. Es forzoso
usar voces que sean conducentes
á este fin (que nadie hay tan sen­
cillo que no conozca que solo tie­
nen fuerza en la fábula) para dar
á las apariencias todos los realces
de realidad.
El curioso que haga cotejo
entre la obra y la traducción,
hallará una. ú otra cosa con al­
guna variación ú omitida, y acaso
alguna página entera: porque si
el traductor italiano por contem­
porizar separó (según dice) del

XI

originai in gles muchas expresiones
que no podría tolerar el genio de
su nación ; á nuestro delicado pa­
ladar desaionarian tal Vez otras
que él dejó esparcidas. En con­
secuencia de lo dichó, me parece
que ni el mas rígido Catón podrá
hallar proposición malsonante, ni
determinadamente ofensiva: pro­
tèsto qué ésta es mi intención,
y que siempre me encontrarán
pronto á reformar toda Cláusula,
que se me mánde borirar j!>or cual­
quiera de mis superiores, á cuyas
altas comprensiones rendidamente
m e sujeto.' i*
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H a b ie n d o llegado pocos años ha i
Venecia un mercader ingles, con mo­
tivo de sus asuntos particulares, se
hospedó en casa de una persona hon­
rada, y después de haberse detenido
en esta ciudad algunos meses, se vid
en la precisión de . tener que marchar
impensadamente para dirigirse á Ho­
landa, adonde le llamaban sus intere­
ses, por eausa de la quiebra que hizo
uno de los primeros mercaderes de
Amsterdan. Con la solicitud y prisa
de la partida, se olvidó de algunos li­
bros y manuscritos que quedaron en
poder de su patrón; e'ste, con repetidas
cartas, avisó á su amigo para que le
previniese el modo de enviárselos. E l

*

XIII

buen hombre , que sabia y seguía es­
crupulosamente todas las leyes de la
hospitalidad, nunca pudo tener res­
puesta de sus cartas. Con todo eso, no
contento con su primer honrado pro­
ceder , rogd á algunos amigos, que
procurasen adquirirle noticias en Ho­
landa del dicho inglés, para poder en­
tregarle lo que tenia á su cargo. Los
corresponsales ejecutaron la comisión,
mas no les fue posible hallarle j antes
bien escribieron, que no solo en Amsterdan, en donde habían hecho increí­
bles diligencias, no se conocia tal hom­
b r e , pero ni aun en Londres, de don­
de el ingle's decía era natural. Entonces
creyó con razón la sobredicha persona,
que su huésped, por uno de los mu­
chos motivos que pueden ocurrir en
tales casos, se habría mudado el nom­
bre cuando se transfirió á Venecia,
por lo cu a l, puso sobre seguro todos
los papeles que encontró, y esperó con
paciencia el aviso de su am igo, que

XIV

probablemente debía pedirle cuenta al­
gún día de sus libros y manuscritos.
Pasados dos años , imaginó -el deposita­
rio de ellos, que sin duda no conte­
nían cosa de cuidado, ¡y que esta fuese
la causa porque no se los pedia. Mo­
vióle la curiosidad á buscar; un intér­
prete, por lo cual mé rogó líos leyese
y le diese noticia de su contenido. Exa­
miné los libros y los manuscritos, y
en aquellos encontré las obras de los
mas sublimes ingenios de Inglaterra; y
en estos hallé cosas del todo nuevas y
extravagantes. Comuniqué al amigo mi
hallazgo, y como él no; Cs hombre de
grande penetración, solo deseó que en­
tre todos los manuscritos mas singular
res, le tradugese aquella obra que fuese
mas fácil; á su inteligencia: se escogió,
pues, la presente ^ en que se trata de
un viage ál pais de las monas. Ahora
que he sabido que;; él intenta hacer
imprimir esta mi traducción, he que­
rido advertir al público Üe los acci-

XV

dentes sobrevenidos, para que se áepa
el modo y la ocasión con que llegó ó
mis manos el dicho manuscrito.
El autor es inglés^ por lo que es
forzoso entender que se encuentran en
la obra muchas cosas que no podrían
sufrirse de un genio italiano: mi obli­
gación era omitirlas, para que el gusto
de la leyenda no estuviese contaminado
de máximas y reflexiones contrarias á
su quietud: he trabajado bajo estos prin­
cipios, y asi me lisonjeo de que no en­
contrará el lector cosa que pueda ofen­
der á su delicadeza.
Si yo fuera crítico, podría exami­
nar el fin de esta historia. Cualquiera
que tenga juicio, considerará que es
una continua sátira, y no creo que po­
drá persuadirse á que son realidades las
que en ella se leen, no obstante que
el autor, con un aire de sinceridad,
quiera continuamente dar á entender
que todo aquello que cuenta es certísi­
mo. Muchos pasages oscuros he omití-

r
XVI

do de propósito, porgue siendo este un
libro de placer y entretenimiento, no
he querido fatigar1 el discurso ná los
lectores, precisándoles á una particular
aplicación y examen de ellos. Si algu­
nas cosas parecieren hiperbólicas ó no
posibles, advierta el lector.que no to­
dos los hombres son semejantes á él
en el pensar y en el obrar : ni que en
todos los países son los genios lo mismo
que en el suyo.
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u ”kiV\ m v v H v u v u n ;tv v u i v i u w n

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eci ot.

1 j os accidentes que ha experimentado
mi vida en el número de tantos años
tan repetidos que ya me han consti­
tuido en una edad decrépita son tan­
tos y de tal calidad que intentaría un
imposible queriendo hacer descripción
de todos aun cuando me hallase exento
de aquellas incomodidades que general­
mente acompañan á la vejez, y me li­
sonjease también de que me restaba
tanto tiempo que v iv ir cuanto ya no
debo esperar después de una carrera tan
larga. Bien es verdad que todos los he
conservado en mi memoria y no me
faltan los materiales necesarios para
esta obra pero solo el coordinarlos me
serviría de un peso insoportable y tal
que no podrían conocerlo ni apreciarlo

,

,

,

,

,

;

;

T omo i .

,

2

,

,

XVIII

sino aquellos que tienen experiencia de
semejantes fatigas. Con razón puedo
ser conocido por un hombre maravi­
lloso , pues los accidentes á que he es­
tado expuesto, y que sin interrupción
me han egercitado , todos fueron sin­
gulares , y fuera de los términos de la
común creencia. Un continuo encade­
namiento de desgracias y fortuna, me
ha ensenado que no hay cosa alguna
estable en este mundo; por lo cual,
determiné dejarme llevar totalmente
de cuanto me preparase la fuerza dt
mi destino.
Lo que he llegado ú comprender
por mas cierto es, que parece han sa­
lido desterradas del mundo la verdad
y la razón, y el lugar de estas luces
celestiales han ocupado la falsedad y
la extravagancia. He visto al mundo,
le he observado, y le he conocido j ge­
neralmente son las costumbres seme­
jantes en lo esencial, solo varían en el
modo. He aquí en compendio el fruto



XIX

de mis viages y descubrimientos : se
podría creer que los países que la na­
turaleza separó enteramente de nuestro
continente y en los que yo he sido el
prim er hombre que puso el p ié debe­
rían variar en lo que mira á las cos­
tum bres por encontrarse poblados de
habitadores que siempre hemos tenido
por faltos de razón y entendimiento.
Yo mismo lo hubiera creído fundado
en que el vicio y la fa lsa idea son una
p este que introducidos en un reino
van poco á poco apoderándose de los
vecinos hasta que llega á ser general
el daño. Pero mis aventuras me han
desengañado y á costa de m i adm i­
ración he visto que en todo lugar
(aun sin la sospecha de la comunica­
ción) la naturaleza viciada inclina á
obrar lo peori y que estamos general­
mente engañados en el modo de j u z ­
gar. E l país de las monas que se tuvo
hasta ahora por un ente imaginario
et la prueba que confirma esta verdad¡

,

,

,

,

,

,

,

,

,

,

,

,

XX

y A fin de que algunos amigos mios
puedan encontrar en la lectura todo
aquello que yo en este asunto testigo
de v is ta halle con m i sufrim iento he
querido de entre todos mis descubri­
mientos comunicarles aquellas cosas que
en dicho pais he visto y han pasado
por m í mismo.
E n consecuencia p u e s de esta in­
tención he puesto en Arden las me­
morias que tenia concernientes á los
descubrimientos que hice en compañía
de un fie l amigo en aquel extraordi­
nario pais. Ruego por tanto á aquellos
amigos y conocidos mios á cuya noti­
cia pueda llegar este suceso juzguen
bien de mis fa tig a s sin desear hacer
experiencia de la verdad de las cosas
que aquí describo. M u y peligrosa sería
la p ru eb a sin que de ella el curioso
sacase mas fru to que el que le sumi­
nistra la misma lectura. L as acciones
ridiculas las extravagancias y la mal­
d a d se encuentran sin excepción en

,

,
,

,

,

,

,

,

,

,

,

,

,

XXI

todo el mundo ; por lo que el abandonar la p à tr ia , el experimentar sumos
riesgos , y el exponer la propia vida
sobre un frág il lefio á la discreción de
los vientos, son graves peligros que no
deben despreciarse por sola la curiosidad de ser exploradores de la general
locura. E l que no se digne de darme
crédito , téngame, en buen hora , por
un impostor ó visionario, que mas con­
tento estaré con tan indiscretos y no
merecidos epítetos , que no queriendo
que cualquiera de niis conciudadanos
se exponga á tantas incomodidades y
peligros , para que estos sean un nuevo
testimonio de mis relaciones. Final­
mente , escribo como un viagero y no
como literato , pues aunque yo tal fu e ­
se , en las circunstancias pasadas , no
hubiera podido escribir una historia
con elegante estilo , cuando semejante
obra pide aquel ócio y aplicación que,
á la verdad , no pueden encontrarse en
un aventurero ; y ahora en los últimos

xxn

•períodos de mi vida , sería ciertamen «■
te digno de risa verme aplicado al es­
tudio de las frases y bien hablar : creo
con seguridad no hallar entre mis lec­
tores algunos indiscretos que me culpen
por semejante fa lta ; pero si le hubiese
no me dá cuidado; dejare'le murmurar
á su satisfacción, puesto que yo he es­
crito solo por referir y no por atraer
con el adorno de las palabras. No que­
darán desagradecidos mis amigos con
el don que les presento , y la atención
que á sus respetos guardo ; y entretan­
to me aplicaré á ir juntando otros ma*
teriales que sirvan de divertirles en
una nueva historia.

DE

ENRIQUE WANTON
a ^ & a¿¿ e/e /cu ts/6 concu.
WWWWl/\rt/l VWVWW VW»'VWWVV*VWI W IW W I U»M/»V

CAPÍTULO PRIMERO.
Abandona Enrique su patria, y se
embarca para Bengala.
ntre las fortunas que pueden ser­
virme de lisonja, no es la menor á la
verdad la que logré naciendo en la ca­
pital de un poderoso y florido reino.
Mi padre fue un hombre de no despre­
ciable nacimiento, y aun superiores á
este eran sus riquezas; pero por des­
gracia, su corazón, que fácilmente 6«

2

r iA G E S

inclinaba á dar favor á cualquiera que
á él recurría, fue la causa de reducir­
le á un estado de fortuna muy infe­
rior al que mi abuelo Je había dejado.
Esta blandura de corazón le hacia m i­
rar á sus hijos, que podían ser el re­
paro de su fam ilia, con ojos de una
particular ternura ; pero un efecto muy
sustancial destruía en él las consecuen­
cias que de esta bondad podrían espe­
rarse $ este consistia en dejarse llevar
demasiado de su capacidad y luces, y
querer dar estado á sus hijos sin inda­
garles los genios y talentos para aque­
llos empleos á que les destinaba. Este
intelectual engano de mi padre, fue el
manantial de todas mis desventuras,
porque forzándome siempre á las cosas
que totalmente eran diversas y contra­
rías á mi inclinación, y no suminis­
trándome las necesarias asistencias para
la adquisición de las ciencias á que mi
genio me inclinaba, me preciso á ha­
cer en el mundo una infeliz figura,
dejándome desproveído de aquellos co­
nocimientos que en él pudieran haber­
me distinguido. He aquí la verdadera
causa, por la cual abandoné mi pátria,

.DE WANTON.

3

en donde, aunque se me concedía una
vida dirigida á la honradez y virtud,
no podía lograrla conforme á mis in­
clinaciones.
Aprendan de la leyenda de mis
aventuras aquellos padres que pusieren
los ojos en mis escritos: aprendan, re­
pito, á hacer un uso mas prudente de
la autoridad paterna, y á no querer
condenar á sus hijos á una vida llena
de amarguras por la caprichosa obsti­
nación de violentar sus espíritus. ¡Oh!
felices padres aquellos, cuyos hijos son
bien inclinados; pero aun mas felices
aquellos hijos, de quienes indagan los
padres su capacidad, para madurar con
proporcionados medios los frutos que
pueden recabar de ellos, siguiendo con
su dirección las inclinaciones del natu­
ral. Yo pues aparecía á sus ojos un hi­
jo boltario y desobediente; sucediendo
muy de ordinario considerar como obs­
tinados á los que no siguen las máxi­
mas que nos parecen útiles y razona­
bles, y despreciar á los que no convie­
nen con nuestra opinión. Cuando el
hombre tiene en su mano el poder, es
dificultosísimo que no se valga de él

4

VI AGES

para en cierto modo vengarse del des­
precio que se figura haber recibido su
autoridad; por esto mi padre ine dis­
tinguía de mis hermanos: negándome,
no obstante ser yo el primogénito, todo
aquello que concedia á los otros, y ha­
ciéndome carecer de Jas cosas que eran
indispensables á mis circunstancias. Por
largo tiempo sufrí esta cruel distinción
(perdónese á un hijo tal expresión por
yerdadera) sin quejarm e, porque te­
niendo por naturaleza una índole dulce
é inclinada á la ternura, no era capaz
de lamentarme de mis agravios, y aun
en medio de cuanto padecia , profesaba
cierto singular carillo á un padre, de
quien no parecía tener corresponden­
cia. Por otro término no podia en es­
tas cosas culparse del todo á mi padre,
que obrando á medida de su dictamen,
juzgaba fabricar mi fortuna con los
propios medios que debían de hecho
destruirla; de aquí era, que me pare­
cía crueldad lo que él intitulaba amor
y atención paterna; y por el contrario,
él creía encontraba en mí un hijo re­
belde , al paso que yo en mi resisten­
cia no hacia otra cosa que seguit las

DE

W ANTON.

voces de la naturaleza. Fuera de esto,
las reflexiones que el entendimiento en
mi juventud me propuso acerca de las
obligaciones del hom bre, me ensenaron
á respetar á mis padres con la mas es­
crupulosa puntualidad, y el honor de
mi familia me precisaba á no manifes­
tar á los estraííos las extravagancias que
necesariamente tenia que sufrir Espera»
ba con paciencia la protección del cíelo;
pero cansado finalmente de sufrir, y
guiado de mi inclinación á aprender,
tome' la incauta resolución de abando­
nar mi pa'tria, é ignorándolo mis pa­
dres , embarcarme en una nave que dis­
ponía su viage á las Indias Si por ven­
tura algún hijo que se halla eu seme­
jante caso, llegase á leer estas mis une*
m orias, espero que á lo menos se com­
padecerá de mí á causa de esta partida,
á que me veo inmediato; al paso que
los peligros en que mi inconsideración
jne ha puesto, le podrán servir de ré­
gimen para no seguir mi ejemplo. Me
encaminé pues en busca del capitán,
con quien me fingí un mercader deseoso
de traficar en las Indias orientales; y
ajustado con él el flete de mi persona

6

VIAGF.S

y mercadurías, volví á mi casa, en
donde recogí aquello poco que me per­
tenecía : reducidos después á dinero es­
tos cortos bienes ( hágaseme aquí la jus­
ticia de creer, no toqué á cosa alguna
que fuese de mi padre o hermanos),
compré algunas mercancías, cuya venta
sabia era fácil y lucrosa en Bengala,
adonde se dirigia la nave. Llegado el
dia de la marcha, fui á visitar á una
hermana mia que era la tínica de quien
fiaba mis secretos. Comuniquéla la re­
solución que había tomado, de la que
no pudo apartarme ni con sus persua­
siones ni con sus lágrimas. Abrazándo­
nos con una ternura inexplicable, y
después me regalo una considerable can­
tidad de oro, presagiándome feliz suce­
so en mi propuesta idea. Luego que
llegó la noche, llevé todos mis muebles
á la embarcación, y antes de partirme,
besé el paterno suelo, agüerándole del
cielo los mas afortunados y ventajosos
progresos. Finalmente con los ojos ba­
ilados en llanto entré en la nave, que
prontamente se hizo á la vela con un
viento favorable á la partida.

DE WANTON.

7

|j % 'V V W V i V V i i % V ^ V t 't V l % /V V % /V V

CAPÍTULO II.
Consuela Roberto á Enrique y empren­
den su amistad.
"V edme ya espuesto á las violencias
del agua y del aire, dos elementos ne­
cesarios, pero peligrosos para el hom­
bre. Inmediatamente tomaron lugar en
mi corazón las reflexiones, desnudo ya
de toda pasión, y considerando por una
parte los peligros que podían ocurririne, y el incierto éxito de las humanas
empresas, y por otra los tiernos senti­
mientos liácia mi pátria, padres, her­
manos y adorable hermana, cuyas lá­
grimas me habían hecho una impre­
sión vivísima, fijas estas en mi imagi­
nación , comenzaba á arrepentirme de
una resolución desesperada que me iba
privando de las mas dulces prendas de
la humanidad , para sumergirme en
mis aventuras, cuyo encadenamiento
seria el punto decisivo de lo que me
quedase de vida. Entonces conocí por

8

VIAGES

experiencia , que es la inconstancia cap
ráeter cuasi distintivo del hombre, pues
que' incapaz de lijar sus deseos, é ig­
norando en que consista la humana fe­
licidad, no le parece bien sino aquello
de que carece, y después que lo ob­
tiene, lo abandona y desprecia, y las
mas veces se arrepiente de haberlo de­
seado. No puedo bien explicar que efec­
to causaron en mi espíritu tales consi­
deraciones; sí diré, que me sumergie­
ron en la mas profunda melancolía; y
así llegada la hora de la cena para el
capitán y demás pasageroS, rehusé ir á
ella, y me retiré á un rincón de mi es­
tancia, en donde solté las riendas al
llanto, detestando la crueldad de mi
destino que había querido, sin dar yo
la causa, hacerme infeliz con tan buen
padre como el m ió: y que después me
habia puesto’ en términos de alejarme
de mi patria y domésticas dulzuras, por
evitar aquellos males que experimenta­
ba solo en fuerza de la suerte. Esta
misma inconstancia me representaba
muy bueno á aquel padre, que cuando
con él vivia me parecía cruel; y todo»
aquellos motivos y circunstancias, qoe

DE W ANTON.

9

en mi casa, cuando en ella me halla*

h a , eran la causa de mi enfado y de
mis quejas; en esta ocasión, yo los
convertia en objetos amables y que
conmovian mi ternura.
En efecto, mi padre, decía entre
m í, no ha solicitado otra cosa que mis
adelantamientos, con que sin duda fue
digno de alabanza aun cuando me des­
tino á aquella vida que no se propor­
cionaba con mi genio. Por el contra­
rio, proseguia igualmente diciendo en­
tre mí mismo, no puede imputárseme
á delito , el que llevado de la3 ideas que
en mi corazón esculpid la naturaleza,
constantemente haya rehusado seguir
otro camino que aqueste; en cuya con­
secuencia solo mi suerte es la culpable,
ó bien porque no me concedió un ge­
nio conforme á las inclinaciones de mi
padre, d bien porque negó á este el
suficiente discernimiento para conocer
mi índole,e igualmente entender aque­
lla máxima, que no todos los hombres
fueron formados para un mismo minis­
terio, y que el Criador ha querido di­
versificar así á sus criaturas para la
armonía de la humana sociedad, y para

10

YIAGES

aquellos adorables fines que deben res­
petarse y no examinarse por los hom­
bres. Así, neciamente hablando sobre
el destino, que no es otra cosa que una
voz inventada por el hombre para dar
razón de lo que no entiende, andaba
en mis sucesos acusando á la divina
Providencia, de quien no comprendien­
do los fines, no podía sino indigna é
inconsideradamente condenar los me­
dios. La pasión acostumbra de ordina­
rio servirse de semejantes expresiones,
las que aunque de ningún modo son
plausibles, suelen ser tolerables cuan­
do las profiere un hombre del todo po­
seído de la tristeza, á quien privó de
luces la desgracia, y que con tales ra­
zones pretende dar aliento á su cora­
zón, como queriéndose consolar, con
que sus infortunios no se originan de
culpa propia, ni agena. Este tal desti­
no que yo abultaba para mí tan infaus­
to, era por otro medio un término que
me debía conducir al descubrimiento
de cosas en el universo ignoradas, y así
mis particulares aventura? de una en
otra se iban enderezando á este fin que
tal vez podrá ser útil al común de los

DE WANT0N.

11

hombres. En este tiempo en que mis
ojos brotaban con mayor abundancia
las lágrimas, entro un joven que habia
de dormir en la misma estancia ; estaba
este dotado de una de aquellas presen­
cias ventajosas que atraen las volunta­
des á la primera vista, sin que después
desmintiese la cualidad de su corazón
la buena opinión que habia formado de
él luego que se me presento; era hijo
de un rico mercader ( como él mismo
me dijo) y viajaba por mandado de su
padre; tenia entonces cerca de veinte
y cuatro anos de edad, afab le, galan
y dotado de un vivo y penetrante espí­
ritu , cultivado ademas de esto con los
estudios y práctica del mundo. Luego
que me descubrid, me saludo afable^
mente, y viéndome anegado en llanto,
con el mas atento estilo me preguntó
la causa de mi tristeza. E l estado en
que entonces me hallaba me hizo ol­
vidar de mi ordinaria m áxim a, de que
nadie entendiese los motivos de mi aflic­
ción ; y en efecto hubiera conservado
la tal máxima, cuando estuviese :en el
caso en que reducido el hombre por
Jas humanas exigencias á estrecharse
Towo i .
3

18

VIAGES

solo dentro de sí propio, pierde la me­
moria de cuanto está fuera de él.
Al punto pues le conté cuanto pa­
saba en mi corazón. El sabio jóven pro­
curo consolarme con todas las razones
que le sugirió su viveza, con las que
ciertamente dio algún reposo á mi áni­
mo. El hombre, decía, debe conside­
rarse ciudadano del mundo, y no es
razón encarcele sus propios afectos en
los estrechos términos de una ciudad
y de su familia. Nosotros, anadia, que
habitamos sobre la tierra somos todos
hijos de un solo padre, que es Dios;
por esto todos los hombres son herma­
nos; y cualquiera lugar es propia pátria para aquel que se considera como
es en sí, esto es, hombre. Si habéis
abandonado aquellos muros donde teneis vuestro nacimiento, no por esto
os faltará tierra que os acoja', hombres
que se os aficionen, con quienes es­
trechéis vínculos de sociedad, viandas
que os alimenten, y sol que os ca­
liente. La divina bondad no ha limi­
tado sus beneficencias á sola nuestra pátria; en todas partes las ha difundido,
y á todos los vivientes ha -suministrado

DE WANTON.

13

con abundancia los dones necesarios
para la vida, y mil placeres que la
hacen deleitable : os persuadiréis á esta
verdad luego que hayais visto mas mun­
do. Entre tanto, si os enfada aquella
soledad de afectos con la cual se en­
cuentran los hombres como en un de­
sierto, cuando se miran entre personas
nuevas y desconocidas; yo os convido
con mi amistad que espero no os desa­
grade en lo que se os ofrezca. Me glo­
río de esta virtud y es la que mas amo;
de tal modo que ha habido ocasión en
que por un amigo he sabido abandonar
todos mis grandes intereses; y creed
que por vos no dudaré hacer lo mismo.
Didme respiración este discurso, y
haciéndole repetidas protestas de obli­
gación y agradecimiento, juré profe­
sarle una plena y perfecta amistad.
Preguntéle después su nombre, y en­
tendí llamarse Roberto; nombre que
me será siempre amable y venerado, y
que basta el último período de mi vida
permanecerá impreso en lo mas pro­
fundo del alma. Tuve en muchas oca­
siones por cosa maravillosa, el que con
motivo de los viages sean tan frecuen-

14

VIAGES

tes los encuentros que facilitan trabar
amistad con algunos hombres de méri­
to, siendo cierto que permaneciendo en
la patria, raras veces sucede que se
estrechen amistades tan perfectas como
en semejantes casos presenta la fortuna;
pero ahora no lo estrado; lo uno por
que la esperiencia me ha demostrado no
ser maravilla; y lo otro por haber co­
nocido que no es esto efecto del acaso,
sino una consecuencia cuasi necesaria
en los viajantes, por cuanto la pra'ctica
del mundo comunmente llena de mérito
y capacidad á estos hombres, y la ne­
cesidad de coadyuvarse mutuamente en
los caminos, los obliga á unirse con la
mayor intimidad. Esta amistad que se
emprendió por el propio bien de cada
uno, o enhorabuena digamos por pu­
ro interés prosigue mientras subsiste la
causa de haberla entablado, que es to­
do el tiempo que dura el viage, y cuan­
do llega el fin de éste, se considera un
tal amigo como modelo de la verdade­
ra amistad, que deja impresa una fiel
memoria suya. Ademas de esto, cuando
los hombres llegan á manifestar á los
otros hasta sus mas pequeños cuidados,

DE WANTOIT.

Ij

entonces en cierto modo se quedan á
pecho descubierto, desvaneciéndose así
las frívolas reservas que entibian la
amistad, y no ocultándose con aquella
máscara de simulación , tan ordinaria
en la sociedad, la cual no es después
posible volver á poner en planta. Yo
creo que mi lector podrá comprender
mi pensamiento, que se reduce á dar
á entender que el hombre en los viages, ó por mejor decir en las mayores
urgencias, vuelve sobre sí, y conside­
rándose simplemente hombre, se separa
de todo respeto de grandeza y de for­
malidad, y de aquellas vanas aparien­
cias, que con tanto tesón suele con­
servar en la vida civil. Este es un
asunto en que se pudiera largamente
discurrir sobre la naturaleza del hom­
bre j pero volvamos á nuestra historia.

J6

VI AGES
1

«

-

'

CAPÍTULO III.
Hacen los dos amigos distribución del
tiempo para mientras dure su na­
vegación.

F u im o s pues á la cama, y Roberto,
cuyo corazón estaba exento de unas
pasiones como las que atormentaban
al inio, prontamente cogió el sueno.
No me fue posible cerrar los ojos en
toda la noche, revolviendo siempre en
mi ánimo los momentos mas felices de
mi vida; y cuasi olvidado de las des­
gracias pasadas, no sabia pensar en
otra cosa que en los bienes que habia
gozado: en tanto grado es cierto que
el hombré sagaz para atormentarse en­
cuentra argumentos para considerarse
infeliz, aun en aquellos objetos que
deberían desterrar la tristeza. Mis in­
fortunios me habían hecho tomar la
resolución de dejar mi patria; pero
en aquella noche el recuerdo de las
felicidades que habia disfrutado, me

DE WANTON.

iy

hacia llorar la larga distancia de aque­
llos lugares y personas que podían fa­
cilitarme otras dichas semejantes. No
sabia mi imaginación separarse de la
contemplación de las buenas cualida­
des de mi padre, sus tiernas insinua­
ciones, el cuidado que puso en edu­
carme, su bellísima intención en pro­
curarme con eficacia un estado de for­
tuna permanente; me representaba los
afanes de mi madre viéndome perdí-'”
do; las diligencias que practicarían mis
hermanos para hallarme; y finalmente
las dudas que acerca del motivo se
originarían entre los parientes y los
amigos. Estas ideas abultadas por mi
pasión dieron motivo á mi desvelo:
llego el alba finalmente y dejamos la
cama. El fiel y prudente Roberto co­
nocid que en la noche pasada habia
mi fantasía aumentado mis tristezas,
por cuyo motivo renovó sus expresio­
nes que apoyó con la razón ; y sacu­
dida en parte la conturbación de mi
mente, quiso que tomase algún ali­
mento, después del cual me presentó
un vaso de vino de Borgoíía que res­
tauró alguna cosa mis fuerzas. Acaba-

18

VIAGES

do el desayuno, me asid Roberto de
la mano, y me condujo á la toldilla
de la nave, en donde me hizo obser­
var un espectáculo nuevo á mis ojos.
No se descubría tierra por parte algu­
na , ni otra cosa que cielo y agua; uno
y otro terminado por un vasto hori­
zonte.
Observad, mi amado Enrique, me
dijo entonces Roberto, la inmensidad
del mar y vuelta del cielo, y os pare­
cerá que en toda esta máquina no se
encuentran otros habitadores que no­
sotros; y en verdad que está muy po­
co distante la tierra que no descubri­
mos, porque lo débil de nuestra vista
y lo convexo del mar lo impiden: de
aquí deducid la grandeza de nuestro
globo, pero mucho mas la capacidad
del cielo, siendo nuestra tierra en su
comparación mucho menor que un gra­
no de arena, en parangón de todo el
globo terráqueo. Pero no se quedan
aquí, anadio, las especulaciones de una
mente filosófica; la cual no obstante
la debilidad de los sentidos, y princi­
palmente la de la vista, ha sabido me­
diante las relaciones, confrontaciones

DE WANTON.

I9

y razones geométricas, penetrar hasta
donde no se puede llegar con los ojos.
En aquel caos inexplicable de infini­
dad de cosas ó de posibles se pierde
nuestro entendimiento, el cual estre­
chándose en solas sus proporciones, no
puede señalar los límites que le con­
tienen. ¿ Y qué seremos pues nosotros
considerados á vista del universo ? Déjolo á vuestra consideración; no obs­
tante, tiene tanto cuidado el Altísi­
mo de criaturas tan pequeñas, como
si nosotros solos fuésemos la obra de
sus manos. ¡Qué sentimientos de gra­
titud para con un padre tan generoso,
y qué humilde idea de nosotros mis­
mos no nos sugiere esta justa consi­
deración ! Pensad, á la verdad, mi que­
rido amigo, que poco es lo que habéis
perdido separándoos de la casa de vues­
tro padre, y poniéndoos en manos de
la Providencia, que sabrá para todo
encontrar ministros, por cuyo medio
os dispense sus beneficios, como lo
supo hacer en vuestra pátria, sirvién­
dose de la mano de vuestro padre: este
no os daba sino es aquello solo que
Dios queria fuese vuestro entre todas

20

VI AGES

sus criaturas; y este mismo Dios, si de
él no os alejáis con acciones contra­
rias á su voluntad, y á las leyes eter­
nas que están impuestas á los hom­
bres, sabrá en un todo continuar con
su asistencia, suministrándoos aquellos
socorros que verá convienen á vuestra
naturaleza y necesidades.
El ñn de este discurso me hizo co­
nocer la intención que llevó Roberto
en proponerme la precedente conside­
ración , y en querer que mis propios
ojos descubriesen la grandeza del mar
y del cielo. En efecto me hallé mas
confortado, y le di gracias por el cui­
dado amoroso, que se habia tomado de
consolar á un amigo afligido. Aun no
es esto bastante, aíiadió Roberto; quie­
ro que mientras dure nuestro viage ha­
gamos un buen uso del tiempo, y que
distribuyamos las horas de modo que
nos aprovechen. Nos aplicaremos en al­
gunas horas de la noche á examinar
las constelaciones celestes y el periódi­
co giro de los cielos; observaremos los
movimientos de los planetas, y todo
lo acomodaremos al sistema universal.
Por el dia trasladaremos al papel estas

DE WANTON.

2I

observaciones ; describírémos los acci­
dentes del viage , y cuando desembar­
cáremos en alguna provincia, indaga­
remos sus costumbres, la cualidad del
terreno, sus productos, gobierno, ar­
tes y ciencias; y confrontando todas
estas cosas con las nuéstras, acaso ha­
llaremos que no es tanta la diferencia
que se halla entre pueblo y pueblo, á
lo menos en cuanto á lo esencial, y
que una justa balanza equilibra los
bienes y los m ales, á fin de que los
vivientes tengan igual porción en todos
ellos. Estas cosas las escribiremos igual­
mente para nuestra diversión que para
utilidad acaso de los amigos á quie­
nes comunicaremos nuestros descubri­
mientos y reflexiones. Ademas de esto
emplearemos algún tiempo en la lectura,
porque esta sirve mucho para avivar el
espíritu, y mas para reflexionar y de­
leitar la mente ya cansada con las in­
geniosas y útiles fatigas de otros. Acep­
té con gusto la oferta de mi am igo, y
dejé á su buen juicio la disposición de
lo que se había tratado. Estableció pues
que luego que dejásemos la cam a, em­
pleásemos una hora en el rezo, á la

22

VI AGES

que seguiría el desayuno; que sucederia á esto escribir los discursos de las
observaciones nocturnas, y después la
conversación con los amigos para re­
crear el espíritu ; que finalizada esta,
leyésemos en las historias romana y
griega basta la hora de comer; y lo
restante del dia emplearíamos en dis­
cursos y reflexiones acerca de lo que se
habia leído, á que se añadiría una hora
de lección y conferencia sobre la Odi­
sea , de Homero, por tener relación los
sucesos de Ulises con los accidentes á
que están sujetos los viageros ; puesto
el sol gastaríamos otra hora en nuestras
oraciones, y luego las primeras de la
noche estaríamos al descubierto en ob­
servación del curso de los cielos.
Seguimos todo este método con una
exactitud escrupulosa sin interrupción
alguna sino cuando estábamos en tier­
ra y entonces en vez de nuestras ordi­
narias ocupaciones, hacíamos un atento
examen de aquellos pueblos en que nos
hallábamos. Fueron para mí grandes
las ventajas que saqué de estos ejerci­
cios ; y puedo decir, que lo poco que
lie aprendido es. todo fruto de esta dis-

DE W/NTON.

53

tribucion. Roberto había estudiado las
ciencias con sábios maestros en cuya
compañía estuvo doce anos sin separar­
se jamás de e llo s; y asi de las instruc­
ciones que oyó continuamente á aque­
llos grandes hom bres, se había enriquetid o con un conjunto de conocimientos
que le podían hacer distinguido en cual­
quiera universidad. Fue mayor causa
para alejarle de su patria el deseo de
aprender m as, que los propios intere­
ses , pero él sabia unir lo uno con lo
otro. Sino se hubieran perdido los es­
critos que formábamos de nuestras ob­
servaciones , ellos solos pudieran dar al­
guna muestra de su m érito; pero el nau­
fragio que voy á contar, me robé un
tesoro que yo cuidadosamente hubiera
conservado. E l c ie lo , que nos prepa­
raba para ver cosas singularísimas, nos
privó de aquellas memorias , cuya pér­
dida puede resarcir Roberto cuando
quisiere.

24

V I AGES

%/%/% */*/% w v

CAPÍTULO IV.

Corren borrasca, y /oí dos en un esqui­
f e llegan á tierra.
Y a había yo alcanzado aquella entera
tranquilidad, que en toda mi vida no
habia esperimentado, y que era conse­
cuencia del juicioso método establecido
por Roberto, pues con la variedad de
las ocupaciones lograba distraer la ima­
ginación y separarla de aquellos molestos
y conturbados pensamientos que entris­
tecen al alma; y ya enteramente me
habia puesto en manos de la Providen­
cia, que adoraba con sincero y devoto
corazón, admirando sus operaciones para
con las infinitas criaturas de innumera­
bles especies que se hallan repartidas
sobre la tierra. Cuando llegábamos á
cualquiera pais de aquellos en donde
son las costumbres tan diversas de las
nuestras, en cuyos pueblos parecen los
hombres como de especie diferente de
la nuestra, ya por el color y configu-

CE WANTOIÍ.

25

ración del cuerpo, ya por el modo de
pensar y pasar la vida ; no caía en la
culpa de aquella vergonzosa é injusta
maravilla, que comprende á la mayor
parte de los hombres, y que es efecto
de una ciega y soberbia ignorancia: de
aquí es que sabia compadecerme de ios
yerros que hallaba acerca de las leyes
de la humanidad; y sin violencia ala­
baba aquellas costumbres, y obras que
veia conformes á la razón : huía la ne­
cia temeridad de apellidar bárbaro y
extravagante á un pueblo, ó porque se­
guía máximas diferentes de las nuestras
ó porque desterrados el lujo y superflui­
dades, vivía en una natural simplicidad,
ó porque los usos; vestidos, manteni­
mientos , habitaciones y otras cosas se­
mejantes me parecian nuevas. Bien pue­
de juzgarse no se llega á tal le'rmino
fin un atento estudio de sí mismo y de
los demas; para adquirir esta indife­
rencia filosófica no se necesita mas que
suspender los juicios que produce el
amor propio; consistiendo este adelan­
tamiento en deshacerse de aquellas preo­
cupaciones , que tenazmente se fijan en
nuestra alma, y que no tienen otro prin-

26

V1AGES

cipio que una temeraria ambición, me­
diante la cual solo aprobamos las co­
sas , que dicen alguna relación con las
nuestras, y desaprobamos las que no
la tienen. Conocí ciertamente que lo
general de los hombres no estudia en
otra cosa, que en engallarse, y que el
primer paso hácia la verdad es destruir
la mayor parte de las primeras opi­
niones.
No debia durar mucho esta tranqui­
lidad del ánimo, porque la Providencia
me había destinado á una rigorosa prue­
ba antes dé concederme este don celes­
tial. Cuando me acuerdo de los cami­
nos por donde Dios me ha conducido
antes de ponerme en aquel estado de
paz en que al presente me hallo, ¡d
cuan adorables me parecen sus santas
disposiciones! Ya habían pasado cuatro
meses desde la salida de nuestra pátria
tiempo parte gastado en el viage, y
parte en los pueblos forasteros, cuando
llegamos al cabo de Buena-Esperanza:
creíamos detenernos allí algunos meses,
pero el capitán mas sagaz y esperimentado que nosotros juzgo deber partir
« luego que se hiciesen las provisiones

DE WANTON.

27

necesarias, no queriendo hallarse en el
m ar en tiempo del In viern o, pues ya
estaba bastante avanzada la estación.
Prontas todas las cosas para la marcha
navegamos algunos dias en el océano
con viento favorable; pero este cesó
bien presto, siguiéndose inmediatamen­
te un viento de norte que causó una
horrible borrasca; no me detendré en
describirla , pues no tengo el genio de
ciertos viageros, que creen consiste to­
do el valor de sus relaciones en m over
la compasión de sus lectores con las
desgracias que han sufrido, ni estoy en
estado de particularizar un lance de los
de mi v id a , que aun el dia de hoy me
hiela la sangre en las venas cuando de
él me acuerdo. Fue el caso que por es­
pacio de tres dias estuvimos hechos ju ­
guetes del m a r , y llevados adonde el
viento nos im pelía, sin que el piloto
ni los marineros pudiesen sostener el
gobierno de la nave: al fin fuimos ar­
rojados con fuerza y ligereza terrible
contra un banco de arena , de modo que
se hizo pedazos. Todos los pasageros
procuraron salvarse, unos nadando asi­
dos á una tabla, otros en el esquife:

T omo í .

4

28

VI AGES

yo no sabia lo que me hacia, y cuan­
do ya estaba cuasi determinado á ti­
rarme al mar, me detuvo Roberto que
me hablo de esta forma: no se diga, ó
amigo, que vos mismo os procuráis la
muerte con resolueion desesperada ; no
seremos nosotros solos los que en pe­
ligro semejante á este en que nos ha­
llamos han 8’do salvos por mano de
Dios si con humilde resignación es­
peramos en su magestad el éxito de
nuestra suerte. Estemos pues dispuestos
á cuanto sea de su voluntad, y no
aceleremos nuestra ruina, arrojándonos
nosotros mismos en brazos de la muerte.
El terror apenas me dejaba libre el en­
tendimiento para poder reflexionar las
insinuaciones de mi amigo ; pero él in­
trépido me asió por un brazo , y me
sugirió tocias aquellas razones que po­
dían hacerme mudar de pensamiento.
Habíamos quedado solos los dos en la
nave sin saber el suceso de nuestros in­
felices compañeros , que según todas las
apariencias quedarían sepultados en el
mar. Roberto que unia á sus muchas
virtudes aquella, sin la cual no son mas
que vanidad las otras, esto es, la de la

D E VVANTON.

29

religión, me inspiró el ünico y verda­
dero partido de recurrir al Altísimo en
este trabajo, rogándole dispusiese de no­
sotros según nuestro mayor bien y su
eterna voluntad. Me dio después ejemplo
ponie'ndose de rodillas; yo le seguí, y los
dos hicimos al cielo las mas fervoro­
sas súplicas, y los mas sinceros votos,
del modo que saben los hombres orar
en semejantes casos; iba entre tanto cal­
mando el viento; pero nosotros no dejá­
bamos de pncomendarnos al Altísimo.
Sea pues que por efecto natural debió
finalizarse la tempestad, sea que Dios
apiadado de nuestra calamidad, y escu­
chando nuestras oraciones quisiese oirlas,
en poco tiempo cesó absolutamente el
dicho viento, y miramos con placer
quietas las olas y sereno el cielo Ro­
berto entonces me convidó á dar gra­
cias á Dios por el favor que nos habia
concedido, y á pedirle otro mayor que
era poder llegar á tierra, que en reali­
dad la veíamos muy próxima. Tomamos
pues un pequeño esquife que habia que­
dado en el buque, y lo botamos al mar:
después nos armamos para defendernos
de las bestias feroces que pudiésemos



VI AGES

encontrar; embarcamos nuestros libros,
algunas cosas mas necesarias, y un
corto bastimento de boca. Con tal car­
ga nos encaminamos hacia tierra, adon­
de arribamos una hora antes de po­
nerse el sol. Desembarcamos al punto
nuestras provisiones sobre la arena, y
seguidamente dimos gracias de nuevo
al Señor del universo por habernos li­
brado con tan especial ayuda de las
garras de la muerte. El pais estaba
cercado de la parte del oriente de al­
tos y enmarañados montes; en ellos
nos acogimos dentro de una caverna
con toda la ropa que nos habia que­
dado del naufragio. La cueva era gran­
de, y recibía la luz por un agugero
que tenia por la parte superior; cer­
ramos su boca con ramas y espinos
por miedo de las fieras, y en ella nos
restauramos tomando alimento, y des­
pués de él algún reposo.

DE XVANTON.
% / % V V W W V ¡ V W 4 / ' %- %/

'W W V

CAPÍTULO. V.
Iiacen los dos amigos su habitación den*
tro de una gruta.
í . a luz que entró por la sobredicha
quiebra en la gruta, nos hizo sacudir
el sueño, y echándonos fuera de ella,
comenzamos á consultar entre noso­
tros qué partido deberíamos tomar para
mantenernos en aquella situación sin
arriesgarnos á pasar los montes, en don­
de ignorábamos los peligros que podía­
mos encontrar por razón de los habir
tadores del pais ó por las bestias que
nos asaltasen. Bien que no supiéremos
á punto fijo cual era el parage en que
nos hallábamos, juzgamos por la di­
rección del viento que había movido
la tempestad, estibamos en las tierras
australes, en lo que después, mediante
la observación de las estrellas, nos ase­
guramos. Sabia muy bien, Roberto,
que antes de nosotros ningún europeo
había reconocido aquellas tierras , pero

32

VIAGEÍ

no me puso en recelo: fuera de esto,
á causa de la altura del polo antartico,
no se hallaba muy seguro ( aunque lo
calló por dejarme alentar con la espe­
ranza ) de que habría embarcación,
que poniendo la proa á aquellas pla­
yas , algún dia pudiese sacarnos de
aquel desierto. Nuestro estado era bas­
tante infeliz, porque toda la confianza
en que podíamos fundarnos, se cifraba
en las cortas provisiones que habi araos
traído; debiendo en lo sucesivo man­
tener la vida con la pesca que nos su­
ministrase el inar, y la fruta silvestre
de aquellos campos, que puesta á se­
ca r, nos serviría de provisión para las
estaciones lluviosas y rígidas; pero la
dificultad mayor consistía en encontrar
agua , pues si nos faltaba, nos reduci­
ría infaliblemente á la última miseria;
y asi, el primer cuidado de Roberto,
fue proponerme el ir en busca de al­
gún arroyo, que, según todas las apa­
riencias, no podia faltarnos entre tan­
tos montes : nos armamos para esto
con cuatro pistolas cada uno, y nos
colgarnos al lado la espada: asi equi­
pados , trepamos con infinito trabajo

DE W A N T O X .

33

por aquellos despeñaderos, y al rabo
de una exacta diligencia, nos condujo
la suerte al descubrimiento de un ma­
nantial que brotaba con abundancia un
agua cristalina, que gustamos y apro­
bamos por de un sabor muy agradable:
alegres con un descubrimiento, tanto
mas precioso, cuanto poco distante de
nuestra gruta, nos volvimos á la pla­
ya , donde probamos nuestra suerte
con la pesca, colgando de una vara un
hilo, y de éste un anzuelo que noso­
tros toscamente fabricamos. l)e tiempo
inmemorial gozaban en aquella playa
perfecta seguridad los peces, y acaso
fuimos nosotros los primeros que en
ella les armaron asechanzas; de aquí
puede deducirse que no fue escasa la
presa. Inmediatamente sacamos fuego
de un pedernal, y cortadas algunas ra­
mas, hicimos una grande hoguera, en
la que prontamente se compuso nues­
tra comida con notable gusto de en­
trambos , pues ya nos veiamos reme­
diados contra el hambre y la sed. Co­
mimos pues el pescado, que era de un
sabor exquisito, á que añadimos algu­
nas frutas, que aunque silvestres, nos

34

VIAGES

parecieron de muy buen paladar, y
liltimameute nos refrigeramos con la
bebida del agua de nuestra fuente. Sea
que después de los males extremos,
cualquiera pequeñísimo bien aparezca
delicioso; sea que la comida que se
adquiere con las propias fatigas, tenga
un sainete mas agradable; puedo decir
que en toda mi vida había comido con
mas gusto que esta vez. Roberto, alegre
de rostro, sazonaba la comida con su
agradable y jocosa conversación , y
yo, en cuanto me lo permitía la me­
diocridad de mi genio, seguía coad­
yuvando con mis palabras á la jovia­
lidad de mi amigo. Habiéndonos le­
vantado de la arena que nos sirvió de
silla y de mesa, dábamos un largo pa­
seo por la playa, cuando Roberto me
hizo el siguiente discurso.
Seamos nosotros, dijo, ó Enrique,
un modelo de los primeros hombres
que habitaron sobre la tierra, á quie­
nes suministraban el sustento la caza y
la pesca, sin que conociesen otra be­
bida que el agua. Ni la ambición, ni
la rapiña, ni el querer desordenado rei­
naba en sus ánimos, antes bien, solo

DE W ANTON.

35

las voces de la naturaleza formaban sus
deseos , y luego que se miraban satis­
fechas y contentas sus necesidades, se
hallaba, á la verdad, quieto su espí­
ritu. Nosotros, pues, no nos podemos
llamar menos felices que ellos; antes
gozamos aquellos bienes que solicita la
unión de los hombres, como es el co­
nocimiento , que es el fruto de las in­
venciones , y los sudores de un millar
de los mas sublimes ingenios, sin las
incomodidades que suelen provenir de
la misma sociedad. ¡ Felices nosotros si
supie'semos tomar el gusto á una vida
tan quieta hasta el fin de nuestros dias!
Pero temo no sea posible á nuestra in­
constancia, contentarnos por largo tiem­
po con un estado que se contiene en
los estrechísimos límites de la natura­
leza, sin desear aquellos bienes, que
con efectos de la sagacidad humana,
entre los que hemos nacido, y los que
una educación menos sencilla nos ha
representado como necesarios. Confie'sote , amado Enrique, que á todo me
acomodaré gustoso, exceptuando el ha­
ber de renunciar el feliz placer de po­
der ser útil al resto de los hombres,

36

VI AGES

lo que miro imposible en el estado en
que me hallo. ¡ Y o , pues, habiendo re­
cibido infinitos beneficios del género
humano, no lograré recompensar con
mis operaciones aquella utilidad que
he sacado de los otros! Verdad es que
la imposibilidad me absuelve de una
culpa, que me serviria de gravísima
inquietud, si por mi voluntad faltase
á las obligaciones de ciudadano y de
hombre: pero esta misma imposibili­
dad me aumenta el deseo de ejecutar­
lo. Ademas de esto, ¿ qué nos hare­
mos? Tenemos pocos libros, y su lec­
tura, aunque repetida, no nos sugeri­
rá mas que limitadas reflexiones ; nos
falta papel y tinta para ir escribiendo
nuestras observaciones; las ocupaciones
están en breve despachadas, y asi en
el resto del dia nos quedarán horas supérfluas; á estas seguirá el o'cio, y al
ocio la desidia, madre de la tristeza.
Conviene, pues, pensar seriamente en
este punto , y formar un método de
vida, el mas activo y menos fastidioso
que sea posible.
Quien quisiere reflexionar nuestro
suceso después del naufragio padecido,

DE WANTON.

37

verá cuán justas eran las consideracio­
nes de Roberto, el que sabia que la
felicidad de los hombres consiste en
que una á otra sucedan las ocupacio­
nes, y que después de la fatiga, se dé
lugar al recreo del cuerpo y del espí­
ritu, sin lo cual, se rendirían las fuer­
zas y acabaña la vida; y por el con­
trario, si la inacción y el divertimien­
to duran sin intermisión, se encuentra
el corazón humano en una especie de
tedio que hace le enfaden aun los mis­
mos placeres. El arte, pues, de inter­
polar en esta forma las horas del dia,
fue necesariamente introducido en el
mundo por aquellos legisladores que
llegaron á comprender el temple del
corazón humano; y observé después,
mediante la lectura, que aquella so­
ciedad tuvo mayor duración, que en­
tendió mejor esta máxima , y supo ap­
tamente aplicarla. Y o , bien que no
comprendiese d fondo la proposición
de Roberto, con todo, la alabé, y
como él había sido mi guia en todas
circunstancias después de la salida de
nuestra pátria, por tanto, le rogué dis­
pusiese aquello que mejor le pareciese,

38

riAGES

sometiéndome enteramente á sm talen>tos. En esta situación, respondió Ro*berto, encuentro millares de objetos
de seria y deleitable ocupación, que
nos pueden ir conduciendo cada vez
mas á conocer aquellos bienes que la
mano del Omnipotente nos ha dispen­
sado, y de aqui se despertarán en no­
sotros con mas viveza los sentimientos
de gratitud que jamas se excitan sufi­
cientemente en nuestras almas. De to­
dos estos objetos que la naturaleza nos
presenta delante de los ojos, quiero que
solo escojamos dos para hacer en ellos el
atento examen que incesantemente nos
conducirá á un fin tan bueno. Estará,
pues, ó amigo, á vuestro cuidado reco­
ger de entre estos peñascos aquellas
yerbas que se representen mas nueva*
á vuestro conocimiento, las examina­
remos las raíces, las flores que suelen
producir, las frutas, las semillas, y en
suma, reflexionaremos sobre ellas y su
eficacia, siguiéndolas, para decirlo asi,
desde su primer origen hasta su extin­
ción. Gori esto aprenderemos las varie­
dades de estos vegetales, y á fuerza de
examen, llegaremos tal vez á com-

DE WANTON.

39

prender el uso á que la naturaleza las
destino. Aunque este estudio necesita
una trabajosa atención, también sumi­
nistra un placer no corto, que crecerá
al paso de los descubrim ientos, que
irá haciendo nuestra paciencia filosófi­
ca. Ved cuanta extensión tiene un es­
tudio semejante, y si es inmensa la
materia que os propongo: y o , para mí,
reservo otro, tal vez menos ú til, aun­
que mas trabajoso, que es andar bus­
cando por estos montes aquellos insec­
tos que no son conocidos en Europa.
No se puede creer cuanta luz ha co­
municado á la filosofía natural la aten­
ción que á los nuestros merecen los
insectos: y o , pues, examinare sus huevezuelos, que procurará recoger , los
contemplaremos interiormente por me­
dio del microscopio, veremos que pa­
sos sigue el feto antes de sazonarse,
después indagaremos los diversos esta­
dos de estos insectos hasta su muerte.
Asi pues, respondí, quede establecido
entre nosotros; pero tened presente,
R oberto, que habrá menester conti­
nuamente vuestra asistencia, porque
m uy bú;n conozco cuan grave sea el

40

VIAGES

encargo que se me encomienda, y tan­
to de mayor entidad, cuanto yo soy
nuevo en las experiencias y reconoci­
mientos físicos. Roberto prometió' po­
nerme en camino para este estudio,
como en efecto lo ejecuto. En virtud
de esto, pasamos la vida en nuestra
caverna por espacio de mas de dos
meses, consumidos en los ratos de des­
canso , y en aquellas horas que ha­
bíamos destinado á nuestro egercicio
de lectura y meditación; y el resto
del tiempo, trepando de tronco en tron­
co por los cerros en busca de yerbas
é insectos, ó procurando en las pla­
yas defendernos del hambre por me­
dio de la pesca. Si quisiese aqui nu­
merar todos los trabajos que tuvimos
que sufrir en la estación en que nos
acaeció el naufragio, cansaría la pa­
ciencia de mis lectores: propónganse,
pues, las incomodidades é intempe­
rie á que estuvimos expuestos en tiem­
po de invierno, y figúrense que en el
infeliz estado en que nos hallábamos,
teníamos necesidad de infinitos socor­
ros de que era imposible proveernos;
y por aqui podrían formar alguna idea

DE WANTON.

41

proporcionada á nuestra situación. Omi­
tiré en lo sucesivo las circunstancias de
las estaciones, porque de nada sirve ha­
cer estas descripciones en que no se in­
teresa lo esencial de la historia; y bas­
tará para todo el remanente de mis su­
cesos, haber puesto en este lugar se­
mejante declaración.

CAPÍTULO VI.
Hace Roberto un nuevo descubrimiento
del país .

T Jn dia en que Roberto me habia en­
cargado me quedase en la playa para
el cuidado de nuestro alimento, mien­
tras él iba en busca de sus insectos;
yo andaba paseándome por la marina,
discurriendo como sorprender á mi
amigo, previniéndole para comer algu­
na vianda que hasta entonces tío hu­
biésemos gustado en nuestro desierto.
\ í por ventura junto á la arena mu­
chas conchas, y luego se me previno

42

VIAGES

juntar una porción de ostras, que se­
gún le había oido decir, eran para di
comida regalada; después de un corto
trabajo, llegué á encontrarlas, y en
efecto, eran de tan exquisito sabor, que
las nuestras en su comparación, serian
una vilísima vianda: en cierta red que
habíamos fabricado, y yo había echa­
do al agua, encontré un pez de extra­
ordinario tamaño, por lo que alegre
con mi duplicada felicidad, marché
cerca de la cueva para tener pronta la
comida á mi amigo, porque cuando
volviese, cansado de sus indagaciones,
tuviera el gusto de ver preparada una
mesa mas opípara que lo diario. Hice
fuego para cocer el pez poco antes del
mediodía, computando que la hora en
que, según costumbre, debia arribar
mi amigo, era puntualmente la opor­
tuna para hallarlo todo dispuesto: pe­
ro llegada esta, no vino: tuve á la ver­
dad paciencia por algún tiempo, pero
viendo el dilatado que pasaba, y que
él no parecía, recibí tal pena cual si
ya le hubiera perdido de todo punto.
¡Con cuanto fervor invoqué en aquel
suceso al cielo, no habiendo en toda

DE WANTON.

43

mi vida tenido un dolor semejante á
é l! Llamaba á gritos á Roberto, y ya
se me figuraba despenado por aquellos
precipicios; ya devorado de las fieras;
y ya finalmente perdido por algún otro
acaso desprevenido.
Si mi lector usa la benignidad de
imaginarse en mi estado, conocerá su­
ficientemente cuáles deberian ser mis
pensamientos en tan horrorosa situa­
ción , y qué terribles imágenes se pre­
sentarían á mi entendimiento en tan
lúgubres circunstancias. Yo creia, sin
remedio, perdido mi único apoyo, al
que el agradecimiento, el interés, la
amistad, y todos los respetos imagina­
bles, me unían con indisoluble lazo,
y sin el cual, no me servia la vida
mas que de un gravísimo peso. Aun
en el dia de hoy, en pensando alguna
vez cómo me hubiera yo hallado en
el caso que la divina Providencia hu­
biese dispuesto de Roberto, según me
dictaban mis temores, siento cubrirse
mi corazón de tales angustias, que me
es forzoso arrojar de mí una imágen
tan funesta: que no obstante estar se­
parada de la realidad, me llena de
T omo i.

5

44

VIAGES

tristeza indecible. Puédese creer no tu­
ve aliento de tomar un bocado. Me
senté sobre la arena, y cualquier mo­
vimiento de las hojas, me hacia volver
la vista por aquella parte que sentía el
ruido; ilusión que no servia sino de
acrecentar la aflicción de mi espíritu.
El esperar, que es tan molesto á quien
desea un gran bien, para mí era mor­
tal pena. Juzgue mi estado quien sepa
lo que son amistad, cuidado de la pro­
pia conservación y de todos los bienes
juntos. Sobrevino la noche y no se
veia que llegase Roberto , motivo de
que yo me sumergiese en una total
desesperación. Mis ojos, en vez de cer­
rarse para el sueño, permanecieron
siempre abiertos para el llanto, único
alivio en mi excesivo é inexplicable
desconsuelo. Rayó finalmente la auro­
ra , que hubiera estimado trajese el úl­
timo dia de mi vida; pues ya habia
determinado no sobrevivir á Roberto.
Mas no quiero dejar de decir que los
remordimientos que siempre acompa­
ñan á estas acciones, y los proyectos
contrarios á los preceptos de la reli­
gión, de cuando en cuando se ponian

DE WANTON.

45

delante de mis desesperados pensamien­
tos; pero en llegando la pasión á cier­
tos grados, presto desvanece todos los
sentimientos juiciosos, y reincide en
los primeros delirios; asi se mezclaban
mis resoluciones y las reflexiones pia­
dosas que iluminaban mi alma con las
llamaradas de la razón.
La mayor parte de la maíiana pa­
sé de este modo, hasta que escuchan­
do rumor cerca de la gruta, y miran­
do hacia aquella parte, vi entrar á
R oberto: fue tan grande mi alegría,
que faltd poco para que me quitase la
vida, ya que el pesar no lo había he­
cho : corrí á abrazarle como fuera de
mí con el júbilo : le estreché á mi
pecho con la ternura mas sensible: le
besé mil veces, y sin poder saciarme
de acariciarle, le miraba atentamente
temiendo siempre no fuese su presen­
cia una ilusión de mis sentidos. Luego
que pude recuperar las fuerzas para
articular la vo z, le expliqué la pena
que había tenido que sufrir por la lar­
ga ausencia que de mí había hecho;
y con un suave resentimiento me la­
menté de la dureza de su corazón, que

46

VIAGES

jhabia sido capaz de dejarme en un es­
tado que pudo ser el punto decisivo
de mi vida á haberse retardado mas
su vuelta.
Cuando las causas son legítimas y
cuasi necesarias, no conviene, respon­
dió Roberto, dolerse de los efectos ni
imputar á delito aquellas acciones que
tienen por consecuencia una cierta
utilidad, aunque estas al mismo tiem­
po hayan ocasionado algún disturbio.
Y o , anadió, no me he alejado por
puro capricho esta noche de nuestro
albergue; antes b ien , como la curio­
sidad condujese mis pasos á mas dis­
tancia de la que necesitaba mi encar­
go , me hallé en el empeño de irme
desviando, puesto que los objetos que
me incitaban á proseguir el camino
eran de tal naturaleza, que se hacia
forzoso reconocerlos. Estando yo en lo
alto de uno de estos montes, advertí
muy brillante la cumbre de un co­
llado; le iluminaba el sol, y el efecto
era parecido al que se experimenta en
el diamante cuando vuelve los reflejos
de los rayos de la luz que le hieren:
aunque me imaginase cual pudiera ser

DH WANTON.’

47

la causa de esto, á la verdad, seme­
jante fenómeno no debia ser desprecia­
do de un filósofo , y ya me hallaba
como en obligación de irle á buscar á
aquel lugar, en que se me descubria
este vivo reflejo, mayormente cuando
el parage no distaba de mí tanto, que
en el término solo de una hora, no
pudiese satisfacer mi curiosidad filosó­
fica. Me puse, pues, en camino ha­
cia aquella parte, y llegando á la co­
lina, observé que era una masa de
cristal de roca, herida de los rayos del
sol. Pero el espectáculo que mas me
sorprendió , fue el descubrimiento de
una llanura dilatada , que desde la fal­
da de la montaña se extendía hasta ter­
minar en un horizonte muy distante.
Saqué entonces de la faltriquera un
anteojo de larga vista que casualmente
había llevado., y registré que una cor­
dillera de sierras coronaba aquella lar­
ga llanura, y que las que finalizaban
á la parte contrapuesta á la en que
yo me hallaba, esto es, al oriente,
parecían por su gran distancia una nu­
be. Mucho me alegré con este hallaz­
go, y comencé á buscar con la vista

43

VIAGES

alguna habitación, que me figuré no
podia faltar en una llanura tan dila­
tada ; pero los árboles, que eran altí­
simos , me quitaban seguramente el gus­
to de algún descubrimiento; digo segu­
ramente, porque en medio de aquellas
elevadísimas plantas se registraba un
hueco de grande estension, que me
parecía ciudad 6 lago: para mejor in­
vestigar la verdad, subí sobre un ve­
cino cerro mas alto que el antecedente,
desde donde en efecto descubrí que co­
mo lo había juzgado, era aquel espacio
una ciudad, según ya claramente lo
demostraban los capiteles de sus tor­
res. No contento de esta evidencia,
busqué un monte mas elevado, desde
donde pudiese descubrir con especiali­
dad las fábricas mas sobresalientes, es­
to es, aquellas que por su magnificen­
cia son las primeras que se distinguen:
acabé entonces de ver por mis propios
ojos que no había sido falsa la primera
presunción; por lo cual sentí interior­
mente una indecible alegría, y gasté
mucho tiempo volviendo á ver aquella
nueva deliciosa escena que espero sirva
de objeto á nuestra aplicación y estu-

DE WANTON.

49

dio. Estaba el sol en términos que
quedaban ya pocas horas de l u z : era
á la verdad empresa arriesgada atre­
verme á volver, porque no teniendo
entero conocimiento del camino, podia
perderme entre aquellas sierras en ho­
ras tan peligrosas; y también por los
encuentros que podían presentárseme,
y por los precipicios en que podia dar
de los muchos que hay en aquellas
montanas. En virtud de esto , consumí
el resto del dia en buscar algún asilo
en que pasar la noche que ya estaba
vecina. Retíreme á una cueva, en don­
de, después de comer algunas yerbas
silvestres, y de beber de un arroyo de
una agua muy lim pia, me puse á dor­
mir gustosamente sin otro sentimiento
que el de pensar la situación de mi
amado Enrique por mi falta. Ved aqui,
amigo, el motivo de mi ausencia, á la
que me condujo la necesidad, causada
en primer lugar de la curiosidad, y
después del útil que puede sacarse del
descubrimiento de un nuevo pais. Con­
viene , pues, resolvernos á tentar nues­
tra suerte, y mañana, si gustáis, co­
menzaremos á emprender nuestras aven-

50

VI AGES

turas con todas aquellas cautelas que
sugiere la prudencia, y en todo acon­
tecimiento no nos faltará refugio en
nuestra gruta. Yo me consolé con las
palabras de Roberto, y aquel dia co­
mimos con entero gusto. Todas las ho­
ras restantes para la jornada, nos apli­
camos á pensar en nuestra futura ha­
zaña, y Roberto me dio mil sábios
consejos necesarios para la empresa á
que ya nos disponíamos inmediatamen­
te. ¿ Quién podrá formar una justa con­
sideración sobre la facilidad que tienen
las esperanzas para encantar y sacar
fuera de sí al espíritu humano? Estas
esperanzas impelen por lo general á los
hombres á las grandes y temerarias em­
presas, como yo tengo esperimentado
en mil lances de mi vida, de los que
me hubiera librado la prudencia: pero
en vano son las razones, mientras se
tiene la mira ds que pueda mudar de
semblante la fortuna. No obstante, con­
fiésese la verdad, muchos han fabrica­
do su precipicio por asentir á las pro­
puestas de sus imaginaciones ; otros
han labrado su dicha siguiéndola; pero
todos los hombres se lamentan de ha-

DE WANTON.

51

ber dejado huir el punto de su fortuna
por haber estado muy escrupulosamen­
te aligados á las consideraciones. Dis­
culpe , pues, mi lector nuestra resolu­
ción , y tenga á bien proseguir la lec­
tura de nuestra historia.

CAPÍTULO VII.
Encuentran los dos amigos una casa de
campo, y lo que en ella les sucedió.

-A 1 siguiente dia despertamos á buena
hora y nos dispusimos para la partida:
armámonos cada uno con cuatro pis­
tolas, la espada, y un grueso palo con
que poder sostenernos entre aquellos
derrumbaderos, y defendernos de las
fieras que acaso encontrásemos. Rober­
to llevo consigo su anteojo, y yo me
eché en la faltriquera un libro intitu­
lado: Ensayos del Señor de Montaña.
Con tales arreos estábamos dispuestos
para la m archa; pero antes de aban-

52

YIAGES

donar nuestra gruta, cerramos la en­
trada lo mejor que nos fue posible,
para que no nos quitasen las pocas
alhajas que habiamos librado del nau­
fragio, y que no podíamos llevar con
nosotros. Vednos ya , pues, en viage,
y prevenidos de una generosa y abun­
dante provisión para poder resistir la
incomodidad del camino, hasta tanto
que pudiésemos hallar la comida que
necesitásemos. Pasadas algunas horas,
arribamos al monte desde donde Ro­
berto había hecho su primer descu­
brimiento, y aqui me proporcionó go­
zar de la vista de una vasta llanura,
y una muchedumbre de habitaciones
que se descubrían por medio del an­
teojo. Satisfecha esta curiosidad, baja­
mos de la montaña, y nos hallamos
en el llano como una hora después de
mediodia , recobramos allí las fuerzas
con alguna comida; y después me dijo
Roberto, que era necesario buscar por
aquella campiña alguna casa de aldea­
nos , ó la guia de algún pastor, para
observar el genio de los habitantes,
con lo cual podíamos formar el plan
de nuestra empresa. Era amenísimo

DE W ANTON.

53

aquel campo, los sembrados conside­
rables , y en sazón, los árboles carga­
dos de fruta, y se encontraban frecuen­
tes arroyos que lo regaban todo; pare­
cía un jardín, y los objetos que se
presentaban á nuestros ojos, formaban
una de aquellas delicias que la pintu­
ra suele con frecuencia representar á
nuestra vista, pero que jam ás, ó muy
raras veces , nos hace gozar la natu­
raleza.
Después de haber solicitado por lar­
go tiempo encontrar alguna habitación,
descubrimos una que estaba rodeada
de frondosas encinas, que la servían
como de defensa ó muralla. Nos enca­
minamos hácia ella, y luego que lle­
gamos cerca de la puerta , advertimos
delante de nosotros dos pardos y dis­
formes monazos, uno macho, y otro
hem bra, sentados sobre un banquillo
prdximo á la entrada de la casa. ¡ Oh
Dios! que sorpresa fue esta para noso­
tros! La hembra tenia al rededor de
los lomos una saya de cierta tela tosca,
el cuerpo igualmente cubierto con un
vestido de lo mismo, y sobre la cabeza
llevaba una especie de sombrero hecho

54

VIAGES

de hojas de palma; el macho tenia un
vestido que caia desde el cuello á los
p ie s, y estaba con la cabeza descu­
bierta. Luego que nos vieron, se que­
daron suspensos por un rato; se pusie­
ron en pie y nos examinaron atenta­
m ente; y cuando yo creia que habia
de salir una gran cosa de atención tan
séria, prorrumpieron los bestiazas en tan
feroz carcajada, que se ofendió no po­
co mi delicada vanidad: particular­
mente la hembra no podia detener la
burla, y por cierto yo me hubiera da­
do por sentido, á no haberme adverti­
do Roberto con voz baja, que no era
aquella ocasión ni tiempo de sostener
una seriedad que hubiéramos entonces
perdido con mas vergüenza, y con in­
minente peligro de perder la v id a , si
nos hubiese sugerido el resentimiento
una delicadeza nada oportuna. Soseguéme pues esperando el fin de tener que
servir de objeto de bufonada á estos
dos asquerosos brutos. D io luego la
hembra un grito articulado, á cuyo
chillido acudió á la puerta de la ca­
sería que servia de estancia á nues­
tras bestias, una caterva de monillos,

DE WANTON.

55

entre los cuales los había de todas cla­
ses : á este tiempo sí que fue Ja come­
dia universal; cual de estos nos mira­
ba y echaba á re ir; cual registraba
nuestras pelucas blondas, creyendo que
era pelo natural; cual nos agarraba las
extremidades de los vestidos; y después
entre sí balbucientemente hablaban;
pero todos últimamente acompañaban
su admiración con aquellas burlas que
no son propias sino de los espíritus dé­
biles, cuando se les presentan cosas
para ellos nunca vistas. Uno de estos
pequeñuelos tenia una caña en la ma­
n o , y á medida del acostumbrado ins­
tinto de su edad, nos andaba dando
golpes con ella, ya en las piernas, ya
en los brazos, á semejanza de Jo que
hacen los nuestros con las monas. ¡ Qué
bueno era entonces ver á dos hombres
nacidos en uno de los países mas cul­
tos de Europa, que es por cierto una
parte del mundo mas cultivada incom­
parablemente que las demas; qué bue­
na vista, repito, dos hombres sirvien­
do de materia de juguete á unos ani­
males, que por el contrario, en la co­
mún estimación son los mas viles y

56

VIAGES

despreciados del universo! Aprendan
con este nuestro ejemplo aquellos so­
berbios genios, de los que no se dig­
nan bajar la cerviz en presencia de
aquellos á quienes el cielo ha conce­
dido un estado de vida inas lleno de
riquezas y honores; aprendan estos á
conformarse de una vez con el órden
en el mundo establecido, que es el
nervio y basa de la sociedad. Otro
chicuelo fue corriendo al parage don­
de comian los puercos, y trayendo
unas cuantas peras medio podridas,
nos las tiró para que las comiésemos.
Este trato de bestias me hizo temer
peores consecuencias, pues inferia que
ellos entre sí se habían convenido en
que éramos brutos; este mismo juicio
se hizo Roberto, el cual para mos­
trarles que estábamos dotados de ra­
zón , les dio á entender por señas que
queria otra comida, repugnando la de
las peras; después les pidió alojamien­
to para aquella noche con demostra­
ciones tan claras, que yo mismo quedé
admirado del arte con que lo había
ejecutado.
Mudóse la escena en un momento,

DE WANTON.

¿y

porque la mona vieja, después de aque­
llos pasatiempos, comenzó á temblar,
y (como después supimos) francamen­
te decidió, por ser la mas sabida de
la familia, que éramos encantadores,
y que convenia atarnos , para que
aunque recuperásemos nuestra propia
figura, no fuésemos capaces de ofen­
derlos ; pero como les era forzoso pen­
sar el modo de ejecutarlo, se tuvo un
congreso de toda la familia; y noso­
tros entre tanto no pudiendo adivinar
cosa alguna de sus ideas, ni de la causa
de tan grande mutación, estábamos dis­
curriendo qué podría sucedemos. Ami­
go , me dijo Roberto, conviene tomar
el tiempo como viene, no por dema­
siada fogosidad nos fabriquemos noso­
tros mismos el último daíio. Dejémos
obrar á estos sin valernos de nuestras ar­
mas sino en estremo riesgo, y aseguraos
de que el cielo nos asistirá: sus confabu­
laciones, según lie notado, proceden del
miedo que lian concebido de nosotros,
por haber conocido que estamos dotados
de razón ; este mismo temor pasará
con el tiempo á confianza, y esta nos
conquistará su cariño. Apenas había Ro-

53

V IA G E S

berto finalizado estas palabras, cuando
nuestros monos nos convidaron á en­
trar al recinto de su habitación; pero
ante todas cosas observamos que ha­
bían echado de allí á los monitos. To­
do se hacia por senas; con muchos y
diversos movimientos significamos nues­
tra gratitud, y entramos en el cortijo
acompañados de los dos viejos y de
muchedumbre de otros jóvenes y ro­
bustos monazos. Había dentro puestos
al sol y al aire diversos montones de
grano, y Roberto tomaba en la mano
algunos de cada especie y les explicaba
lo mejor que podia el uso que suele
hacerse de ellos. Los monos inclinan­
do la cabeza contestaban á lo que Ro­
berto les iba significando; pero obser­
vé que siempre nos tenían en medio,
y estaban haciendo rigurosa guardia,
no separando la vista de alrededor de
nosotros.
Vino á vernos una mona mocita,
cuyo color era semejante á la tintura
de nueces; tenia cortado el pelo hacia
la frente en figura circular, y sobre
las crines se había echado ciertos pol­
vos que hacían un pésimo maridage con

DE W ANTON.

59

el color del rostro: su vestido era azul
celeste, bastante curioso, y guarneci­
do por las costuras con una franja he­
cha de ojas de árboles de varios colo­
res; la cubría el pecho un velo tras­
parente , y estaba calzada con unas
pieles de oveja. Esta luego que llegó hi­
zo algunos ademanes, como menear un
poco la cabeza inclinándola sobre la
espalda, retirar un pie sin mover el
cuerpo, dar una sonrisa con mucho
gracejo , y quedarse inmediatamente
sdria, levantando algún tanto el pecho
como si respirase después de estar con­
movida de alguna grave pasión. Infirió
Roberto de estas aunque ridiculas por
lo común ordinarias demostraciones,
que no la habían desagradado nuestras
personas, y se verá en la continuación
de esta historia, que su inclinación no
nos sirvió de poco alivio en los acci­
dentes que nos ocurrieron en esta casa.
Llegó la hora de la cena, á la que
fuimos convidados con la mayor cor­
tesía , pero ejecutaban estas urbanida­
des, sacando fuerzas de flaqueza, co­
mo de ellas mismas lo conjeturábamos.
Esta cena se componía de unas polea-?

Tomo i.

6

ÓO

VIAGES ‘

das y pájaros que ellos habían cazado:
los dos cenamos poco, y durante la
mesa no omitimos cuanto pudiese con­
ducir á que - formasen una ventajosa
idea de nosotros: no dejó de producir
efecto v porque conocimos se habían
originado en la familia algunas con­
tiendas acerca de nuestras personas;
pero la vieja á cualquiera cosa que los
otros decían, se encolerizaba fuerte­
mente, y dió una bofetada á la joven
de quien hablamos poco ha. Acabada
la cena nos presentaron cierto licor
para beber, que nosotros no admitía­
mos por cuanto no conocíamos qué
bebida fuese aquella; pero habiendo la
probado uno de los convidados, no pu­
dimos rehusarla: bebimos pues y no
nos pareció de delicado sabor: pero un
sueno improviso bien pronto nos turbó
la m ente, y por tanto fue necesario
ceder á la debilidad de los sentidos.
Parece imposible que creyendo estos
que e'ramos hechiceros, hablasen entre
sí con tanta libertad delante de los
que podían entenderlos. Si el asunto
hubiera sido como ellos presumían,
ciertamente nos hubieran servido sus

DE W /NTON.

61

palabras para no dejarnos enganar, y
volver contra ellos propios sus proyec­
tos; pero fácilmente se desvanecerá la
estrañeza, si se consideran innumera­
bles contradiciones que se encuentran
en las relaciones de semejante natura­
leza, que tanto se hacen lugar en el
genio de las mugeres y de los hombres
necios ; gente que cuando se trata de
materia de fantasmas, cierra la puerta
á toda reflexión; y asi cuanto mas
imposibles parecen y ridiculas á cual­
quiera que tiene buen uso de razón,
con tanta mayor codicia y empeño las
adoptan los espíritus débiles.

CAPÍTULO VIII.
Prosiguen los sucesos de la casa de
campo.

í ue muy largo y pesado en aquella
noche nuestro sueño; despertamos fi­
nalmente, y nos hallamos en una ca­
balleriza aprisionados con gruesas ca-

6fi

VTAGES

denas^ pero el nudo (porque en aqúellos países no tienen el uso de cla­
vos, y en lugar de ellos se sirven de
varios nudos artificiosos) el nudo, re­
pito , con que sujetaron á nuestros pies
los hierros, no estaba muy difícil de
desatarse, aunque no le pareció con­
veniente i Roberto servirse por enton­
ces del descubrimiento de aquel artifi­
cio para hacer fuga, reservando el uso
de él para cuando la necesidad lo pi­
diese. Eran nuestros compañeros en es­
ta caballeriza un pequeñuelo y flaco
caballo, dos vacas, un cabrito y un
perro. Luego que desperté, y me ha­
llé en tan infeliz estado, no pude de­
tener las lágrimas. Mi amigo estaba
pensativo y taciturno , motivo para
que se aumentase mi tristeza; por lo
cual advirtiendo este mi llanto, mos­
tró mas alegre el rostro; y yo al ins­
tante le hice el siguiente discurso: ved­
nos aquí ya, ó Roberto, reducidos i
un estado á que jamas me pasó por el
pensamiento poder llegar. No solo es­
tamos considerados como brutos , é
igualada nuestra suerte á la de los que
habitan con nosotros en este mismo

DE WANTOW.

<3

establo, sino que sin dud* nos está
aparejado algún género de muerte cruel,,
como me la hacen temer todas estas
prevenciones. Es el morir consecuencia
infalible del nacer; pero acabar á ma­
nos de tan viles criaturas, me causa
m ayor dolor que la misma muerte.
¿ Y qué, si loq u e han determinado fuere
hacer que les sirvam os, o tenernos
para su entretenimiento? Ved que du­
ra se nos hará una vida tan ignom i­
niosa: ¡olí I cuanto mejor nos hubiera es­
tado haber corrido la misma fortuna que
nuestros compañeros , que quedaron
sepultados en el mar. Se me eriza el
cabello con solo proponérseme una idea
de la vida que nos espera rodeados de
horrorosas bestias, sustentados con des­
preciables alimentos, aherrojados á una
cadena , privados de todo bien y de
consuelo: ¿á quién en tal constitución
le parecerá apetecible el v iv ir ? ¡O h
desdichados padres, cuanto sería vues­
tro llanto si pudieseis imaginar que
vuestro Enrique se halla reducido á el
increíble extremo de ser esclavo de una
tropa de monos, para con los cuale*
está reputado por un animal ridíouiol

64

VIAGES

¡Adorada hermana, que eras en tiempos
pasados todo el consuelo de mis afliccio­
nes, si vieras átu desventurado hermano
atado con una cadena á un establo co-i
ido un irracional, cuál no seria tu do­
lor ! ¡ Ah Roberto, Roberto , qué será
de nosotros 1 Fingid al punto mi ami­
go por no aumentar mi amargura, un
semblante sereno, y me dijo: no sus­
piréis tanto Enrique, que no es nues­
tro mal tan 2 rande como lo abultáis.
Porque estemos en una caballeriza;
porque nos sujeten ridiculas monas;
parque al pie nos rodeen estas cade­
nas, ¿liemos perdido el ser hombres?
No , amigo; pues aun podemos obrar
con entendimiento, y no se nos ha
prohibido vivir unidos, y gozar del
placer de la amistad. Verdad es que
es desgraciada nuestra suerte; pero es­
to no puede durar, y cuando nuestros
nuevos señores perseveren en conde­
narnos á este tenor de vida, intenta­
remos la fuga; y entonces me mostro
el artificio con que estaban anudadas
las cadenas. Ved, anadió, como pode­
mos ejecutarlo cuando quisiéremos; y
si intentan cortarnos la huida, núes-

DE W A N T O N .

65

tras armas de fuego podrán intimidar
á los inconsiderados que tengan el atre­
vim iento de seguirnos; pero soy de
parecer de que esperemos el fin de esta
escena, no obstante los trabajos que
nos cercan: sabéis que hemos empren­
dido el viage desde nuestra cueva para
descubrir este nuevo pais, y para salimos
con nuestto intento debemos esponernos
á muchos peligros; y tened entendido
que no somos solos nosotros á los que
ha convenido encontrar gravísimas des­
gracias antes del logro del fin que se
han propuesto: tolos aquellos que han
viajado para ver países y pueblos no.
conocidos, se han espuesto á escesivos
riesgos, y las grandes empresas' no se
terminan sin pasar por dificultosísimos
m edios: finalmente, no se logra en las
aventuras un fin útil y glorioso, sino
por medio de infinitos trabajos; por­
que en este mundo es generalmente
proporcionado el premio al valor de
las cosas, séase e'ste real o quimérico.
Ademas de esto, en el estado presen­
te , por mas indigno que sea para nues­
tro ser , podemos hallar el deleite y
utilidad,que no pensamos: nosotros he-

66

VIAGES

mos traído el libro del setíor de Montafía, en cuya leyenda pasaremos algu­
nas horas; y después tratando con es­
tos monos, puede ser que poco á poco
lleguemos á dominarlos: no sera corto
el gusto cuando los examinemos, y
hagamos que admiren nuestra conducta.
Ea pues, Enrique, buen ánimo: poneos
enteramente en manos de la Providen­
cia, y servios como yo de la razón,
para lograr buen éxito en las presen­
tes circunstancias.
Este discurso de Roberto hizo cal­
mar algún tanto mis cavilaciones ; in­
mediatamente él se valió de la tal cual
tranquilidad de mi ánimo, para confir­
marme en la fortaleza; y abriendo el
dicho libro comenzó la lectura. Esco­
gió entre los muchos capítulos de es­
ta obra, el de la apología de Raimun­
do de Sebonda, como lo mas adecuado
á nuestro suceso, y que nos podía in­
ducir á que considerásemos á nuestras
monas con esperanzas mas favorables.
No duró mucho la lección, porque la
interrumpióla llegada de un mono, que
parecía ser uno de los criados de la
casa; entró este en la caballeriza con

DE WANTON.

67

un azadón en la mano, y vid que leía­
mos: quedó atónito al mirarnos, y es­
te paso hubiera aumentado mis mie­
dos , porque juzgaría que naciese de
que aquellos monos creerían encontrar­
nos muertos, á no haber notado en él
un particular júbilo, al paso que se
había maravillado. Le llamamos, y se
llegó á nosotros agasajándonos: yo cor­
respondí á su urbanidad, le apreté la
mano, y Roberto con rostro alegre y
con ciertas señas le hizo comprender
serle agradable su visita y su compa­
ñía. Nos preguntó, llegando la mano á
su boca, si queríamos ó temarnos necesi­
dad de comer; y aunque no era mucha
nuestra gana, no obstante, por un efecto
de cortesía le respondimos que nos ha­
ría favor, porque deseábamos con ánsia
recibir algún alimento por venir de sus
manos, las que no cesábamos de aca­
riciar. Admirado éste de nuestro pro­
ceder , nos puso la mano sobre la ca­
beza en señal de agasajo, y se marchó.
No negaré que esta visita despertó en
nosotros aquellas esperanzas que tenía­
mos cuasi perdidas con motivo de los
accidentes que el dia antes nos habían

68

VIAGES

ocurrido; y mi amigo me convidó á
dar gracias al Altísimo por habernos
prolongado la vida hasta aquel mo­
mento, implorando su especial asisten­
cia en lo sucesivo: lo que ejecutamos
juntos , con los mas vivos sentimientos
del alma. Vino entre tanto el mono
con un canasto de fruta, un tazón de
cuajada y dos panes aun calientes, y
presentándonos con la mayor generosi­
dad del mundo esta provision, comi­
mos de ella con gusto.
De allí á poco tiempo entró el
monazo viejo acompañado del resto de
su familia, escepto la vieja, cuya falta
no nos causó mucha desazón. La mozuela que la noche antes había lleva­
do el bofetón de la rabiosa vieja, se
presentó en la caballeriza con sem­
blante tan alegre que no puede bien
significarse: aproximóse á nosotros, ha­
ciendo tales espresiones cariñosas, que
demostraba haberse enamorado de al­
guno, y como las hembras no suelen
hacer sus juicios sobre lo razonable
de los objetos, sino por sus caprichos
y genios; no es de estrañar que ésta
formase una idea favorable hácia no-

DE VVANTON.

6q

sotros, y en su consecuencia nos tra­
tase con modos tan corteses. Confieso
que su rostro, su presencia y todas las
cualidades del cuerpo, unidas á sus in­
finitas ridiculas disposiciones, me re­
volvían el estómago; no obstante, nues­
tra situación nos precisaba á que reci­
biésemos con agrado sus demostracio­
nes, obligándonos ademas de esto el
agradecimiento á hacerla entender no
éramos insensibles á sus favores. Dicho­
so yo, pues se declaró finalmente por
Roberto; bien puede creérseme que no
le tuve envidia, como también que
mi amigo jamas sintió por mi causa
motivo alguno de celos, en el largo
tiempo de esta amorosa y estravagante
aventura. Bien estoy en que este mis­
mo sistema profesan en todas las partes
del mundo las hembras, que ordina­
riamente emplean sus afectes, no en
quien tiene el verdadero mérito , sino
antes bien en favor de aquellos que
saben adular á sus genios, no obstan­
te, no se crea que por esto quiera yo
injuriar á aquellos afectos acostumbra­
dos al agrado, que en efecto no son
otra cosa que unas voces de la natu-

70

VTAG ES

raleza que las dirige enteramente en
semejantes circunstancias , sin dejar
tiempo al juicio para poder hacer elec­
ción. Yo escribo una historia, y cuen­
to lo que ha sucedido, si acaso en es­
ta hallan algunas personas el modelo
de sí mismas, no culpen a' un escritor
que publicando la verdad de sus acae­
cimientos, no piensa en la idea crítica
de dibujar sus costumbres.
Fuera de esto, quiso la suerte que
ía dicha mona pusiese su inclinación
en un hombre que sabia sacar prove­
cho de cualquiera cosa;- que es para
io que yo ciertamente no tenia ta­
lento. El viejo que vino á vernos,
nos hizo muchas demostraciones de
afecto, pero se conocia que estaban lle­
nas de dudas, sin acabar de determi­
narse á hacer juicio de si eramos ani­
males racionales ó brutos. Le honro
Roberto como á señor de aquella ca­
sa, y le hizo señas para que se senta­
se: pero él, acaso ocupado en las dis­
posiciones domésticas, dio muestras de
agradecimiento, y marché: los chiquituelos comenzaron á importunarnos; y
habiendo yo agarrado á uno, comea-

DE WANTON.

.^1

<¿é á -temblar la pobre m oza, pareciéndola que yo quería tomar vengan­
z a ; pero luego respiro viendo que le
hacia fiestas; muchas veces me deter­
m iné á besarle, pero otras tantas me
■retire por el asco que me daba. Ella
hizo ausentarse á los criados, y que
fuesen saliendo también uno á uno los
chicuelos, y después se sentó junto á
Roberto. Este se valió de la ocasión, y
señalando las cadenas, la dio á enten­
der el deseo que teníamos de quedar
en libertad; pero ella encogiéndose de
hom bros, nos hizo comprender que
no estaba en su arbitrio el conceder­
nos este gusto, y después con sus gestos
anadia, que llegaría el tiempo en que
también lograríamos esta satisfacción.
Según todas Jas apariencias, no tenia
ella mucha gana de que nos viésemos
libres, porque la libertad nos suge­
riría la fuga, que ella ciertamente
no podía querer en consecuencia de la
pasión que profesaba á Roberto, ó en
virtud de la opinión que ya nos había­
mos grangeado por las atenciones de
m i amigo. Desvanecida esta maquina,
se aplicó Roberto á hacerla decir los

72

VI AGES

nombres de aquellas frutas que nos
habían regalado, y nosotros los repe­
tíamos muchas veces hasta llegarlos á
significar como ella, que nos corregía
siempre que cometíamos algún yerro
en su pronunciación. Ved pues ya á
una mona hecha nuestra maestra, ami­
ga y amante. Dá gusto acordarse de
los trabajos pasados, pero es también
motivo de avergonzarse, la memoria
de un estado á que ningún hombre ha
estado sujeto antes que nosotros, ni
será jamas reducido , según puede bien
creerse. Debiera aquí hacer una des­
cripción del idioma de estos naturales,
según la costumbre de todos los viageros; pero tengo muchas causas para
omitir esta afectada explicación, y la
mayor de ellas es, porque no creo se
halle persona en Europa que deseé
aprender la lengua de las monas, que
seria un ridiculísimo golpe de eru­
dición: no dudo que algunos curiosos
que estudian toda su vida cosas absolu­
tamente inútiles para sí y para los de­
mas, me acusara'n de negligente por
no haber emprendido esta fatiga; pero
yo les prometo para que se sosieguen*

D E W ANTON.

73

suministrarles una gramática á propó­
sito para ellos, siempre que tengan la
paciencia de esperar que la componga.
Ni juzguen que digo esto por burlar­
me, sino crean ciertamente que los
haré que en pocas lecciones lleguen á
ser perfectos monos.
Pregunto Roberto á la mona co­
mo se llamaba; ella no solo respondió
cortesanamente , sino que de mas á mas
explicó qué significaba aquella voz;
esto es, que su nombre se derivaba de
oliva. Aquí es forzoso advertir que en
aquel pais, machos y hembras toman
sus nombres de alguna planta, yerba,
fruta ó flor; y asi es cosa ordinaria
encontrarse con muchas calabazas, rá­
banos, serbas, sáuces, y esto es sepa­
rado ce los apellidos que igualmente
son sacados del reino de los vegetales:
nosotns pues en lo sucesivo la llama­
remos Oliva, y asi la distinguiremos
de las demas monas con quienes en el
espacio de tantos aííos liemos tenido
la casualidad de tratar. Ella nos ense­
ñó después los nombres de las bestias
de nuestra compañía en el establo, los
de todas las partes del cuerpo, y de

74

VIAGES

las demás cosas que podíamos por se­
rias preguntarla. Mas de dos horas ha­
bía pasado Oliva con nosotros cuando
se retiro: prontamente Roberto y yo
fuimos repitiéndolo todo, y á reserva
de muy pocas cosas, se nos quedó
todo en la memoria. Pasamos lo que
quedaba del dia con algún desahogo,
viniendo ya uno, ya otro á visitarnos,
y cuando podíamos haber á las manos
alguno de los chiquillos, con nuestras
demostraciones le hacíamos hablar, y
siempre aprendíamos algo de nuevo.
Antes que llegase la noche, nuestra
oficiosa Oliva no faltó á hacernos visi­
ta, en la que repetimos la lección, de
lo que ella quedó satisfecha, y anadió
á la primera otra nueva. Aquella no­
che me propuso Roberto que nos desa­
tásemos las cadenas para ir á tomar un
poco de aire al campo: no deseaba yo
menos que él dar un paseo; por lo
que mutuamente ayudándonos, bien
pronto nos las quitamos: mas cuando
llegamos á la puerta para salir, el
maldito perro empezó á ladrar tan fuer­
temente, que despertó á la familia.
Sentimos luego ruido; pero estuvimos

DE WANTON.

75

prontos & volvernos á aprisionar con
nuestras cadenas, y nos recostamos so­
bre un monton de heno, fingiendo que
dormíamos. Acudieron los criados con
el viejo, y el perro siempre enfurecido
contra nosotros, no dejaba de ladrar­
nos: por tanto se llegaron primero á
Roberto, y después á m í, creyéndo­
nos dormidos; y reconocidas las cade­
nas, se volvieron á sus estancias. No­
sotros que vimos desvanecido nuestro
proyecto, temiendo algún nuevo acci­
dente, tuvimos por mejor desistir de
nuestro primer pensamiento.
t V V W V « y V A W » ' W V V \ V 1 '% 'V Í \ V

C A PÍT U L O IX.
Prosiguen los buenos oficios
de Oliva.

] \ Judíos dias pasaron sin que nos
sucediese cosa alguna de nuevo. Pro­
seguíamos tomando diariamente nues­
tras lecciones de la lengua mona, y
así en el término de mes y medio lleT omo i .

7

?6
VIAGES
gamos á entender todo lo que decía
nuestra maestra; lo que nos sirvió del
mayor consuelo, pues por este me­
dio se nos abría camino para el mu­
tuo comercio con aquella sociedad.
Oliva no se cansaba en la continua­
ción de sus visitas, instruyéndonos, y
dándonos gusto en todas aquellas cosas
que preveía podían ser de nuestro
agrado. Roberto comenzó antes que yo
á formar algunas cláusulas en aquel
dificultosísimo idioma, y entonces lo
primero que indagó, fue que opinión
habían formado de nosotros aquellos
habitantes; y Oliva nos contó lo si­
guiente.
Aquella tarde que Uegásteis á nues­
tra casa, después de la risa que vues­
tras ridiculas figuras causaron á todos si­
no es á m í, que no hallé en vosotros
aquel objeto de escarnio que los demas
después de aquella befa, repito, habien­
do mis viejos padres notado en vosotros
un discernimiento, cual no es común
en las bestias, inmediatamente se sobre­
cogieron con un terror pánico; y tenién­
doos por encantadores, resolvieron apri­
sionaros con esos hierros, por haber de-

DE WANTON.

77

cidido mi madre, que es sugeto de gran
crédito en la comarca, que se os debía
a ta r, para que se deshiciese el encanto,
obligándoos así á comparecer en vuestra
ordinaria figura, y haciéndoos deponer
las apariencias de unos animales nunca
vistos. Condescendió mi padre á esta
sentencia ; pero como era cosa bastan­
temente peligrosa poner en práctica
aquel intento, determinaron el embor­
racharos con aquel licor que se os pre­
sentó. Mientras cenámos, estuvimos en
observación de vuestras acciones ^ d e ­
puestos los primeros movimientos del
miedo, formamos mejor juicio de vues­
tras personas. ¡ Pobres bestias! dije yo:
Ved aqu i, que por ser dóciles, y noso­
tros dotados de razón cometemos la v i­
leza de formar una alevosía, ponién­
doos el cebo para que caigáis en la tram­
pa. A este tiempo mi madre, como si
hubiese dicho una blasfemia me dió
aquel ruidoso bofetón de que fuisteis
testigos de vista. Fue finalmente puesta
en práctica la sentencia de la obstina­
da vieja; pero como al dia siguiente os
encontrásemos en la misma figura; para
su desprecio, y confusión, todos se rie-

^8

VIAGES

ron de sus temores; pero ella siempre
firme en su primera opinión no quiso
veros, dando por pretesto, que todo
esto era en fuerza de los conjuros y he­
chizos, los que no podian desvanecerse
hasta pasado un mes. Todos estaban
del parecer de mataros , si os hubie'semos encontrado desatados, y durante
este tiempo velaba siempre un criado
para que no urdieseis algún encanto.
Yo os temí ciertamente en aquella no­
che que el perro nos desveló con sus la­
dridos ; y os aseguro que en aquel mo­
mento me puse toda temblando, y es­
taba arrepentida del bien que había eje­
cutado en favor vuestrogracias al cie­
lo que salió vano aquel tem or; y ahora
pues ha pasado ya el mes todos estamos
libres de sustos. Pero sabed, que yo,
exceptuando aquella noche , siempre
he permanecido en la firme creencia
de que era una necedad tener miedo de
vosotros; y mucho mas porque he visto
salir falsas cuantas predicciones hace la
vieja, que á la verdad sino fuese mi
madre, á pesar de todo su crédito diría
que era una grandísima tonta.
Yo me liabia demostrado, como

DE W ANTON.

79'

llero dicho , la mas animosa, por ío
cual me dejaron la libertad de traeros
la comida, y serviros de la misma ma­
nera que lo usamos con las otras bes­
tias. Confieso que á los principios ha­
bía creído que fueseis de raza de algunos
animales mansos y cobardes, sin per­
suadirme á que de hecho tuvierais uso
de razón, hasta que he visto los rápidos
progresos con que habéis adelantado en
nuestra lengua. Sospeche' que no erais
simples animales, cuando escuché vues­
tra curiosidad con tantas preguntas co- nio me hicisteis; fue en adelante au­
mentándose esta presunción, y cuasi
del todo acabé de persuadirme, luego
que en vuestra memoria descubrí un
portento: todo aquesto pudiera acaso
engañarme; mas ahora que he adverti­
do en vosotros mi discurso, y un dis­
cernimiento exquisito, tengo sumo gus­
to en trataros, sin dejar de manifestar
cuanto de mí habéis querido inquirir:
justo será que me concedáis la gra­
cia de declararme vuestro ser, de qué
paises habéis venido, y con qué causa
habéis llegado á los nuestros. Roberto
la dijo, como habia unas tierras ia-

8o

VIAGES

mensas del todo separadas de las suyas,
de las cuales eramos nosotros dos habi­
tadores ; la contó nuestras costumbres,
varias prácticas, diferentes gobiernos , y
generalmente todo aquello de que era
ella capaz. Se admiraba la mona, y no
podia acabar de creer que las monas en
nuestro continente fuesen puras bestias.
No digáis tal cosa, nos advertia , á per­
sona alguna, porque serán vuestras len­
guas reputadas por infames, y será cier­
tamente la muerte el castigo de vuestra
imprudencia.
Nosotros la pedimos nos diese noti­
cia de aquel pais, y ella nos respondió
así: hay entre nosotros diversas repú­
blicas, provincias y ciudades, en las
cuales son los usos muy distintos. Yo
soy una aldeana, y jamás he estado en
la ciudad , pero no lejos de esta ca­
sería, está el lugar, adonde viene de
cuando en cuando á esparcirse una se­
ñora de la corte , que me cuenta las
costumbres de los ciudadanos. De ella
he aprendido lo que os he dicho, y
otras muchas cosas de que podré in­
formaros cuando quisiereis saberlas.
Fuera de esto, debe pactarse entre no-

DE W ANTON.

3 1

sotros, que cualquiera noticia que yo
os dé dejestos países, debáis pagármela,
participándome alguna cosa de los vues­
tros. Justísima es la petición, respondí,
y no os corresponderíamos, si con usu­
ras no pagásemos vuestras cariñosas fa­
tigas. Estas fueron mis primeras pala­
bras en aquel lenguagc, y me costó mu­
cha dificultad el pronunciarlas. Me las
alabo mucho nuestra m ona, por lo cual
tomé ánimos para hablar francamente
en lo sucesivo. Preguntéla, si sabían sus
padres, que aprendíamos su modo de
h ablar; á lo que me respondió, que no,
y que asi nos guardásemos de proferir
en su presencia palabra alguna, porque
esto no podía producir sino un pésimo
efecto en la mente de la vieja desde lue­
go declarada contra nosotros, y que por
su puntillo, estaba empeñada en poner­
nos de mala fe en todo cuanto podia.
¿Y q u é , respondió R oberto, podrán
hacer ya con nosotros vuestros padres?
Nosotros nos hallamos de peor condi­
ción que todas las bestias de este esta­
blo ; porque á estas á lo menos las lle­
van al campo ; pero nosotros continua­
mente estamos aquí sujetos á las cadenas,

82

VTAGES

como si fuésemos dos bestias feroces.
Hacednos el favor, cortés Oliva, de
explicarnos, en qué piensan, y á qué
es á lo que nos destinan. Prometió in­
dagarlo con todo cuidado, y referirnos
lo que pudiese penetrar, y después par­
tió. Roberto hizo sus consideraciones
acerca de las repúblicas y ciudades de
aquel continente, y nos resolvimos al
gusto de verle; pero era necesario to­
mar bien nuestras medidas para huir
de aquella prisión, y cautelarse mas en
adelante. Roberto dijo, que era menes­
ter que corriese la fama de nosotros,
porque con esto los principales de la
ciudad entrarían en deseo de ver los
monos del otro mundo, como en efec­
to nos llamaron después. Concertamos
en fin rogar á Oliva, que fuese espar­
ciendo esta maravilla , pues entretanto
mas diestros ya en el idioma, nos ha­
llaríamos en estado de intentar nuestra
suerte y huir del poder de los indiscre­
tos villanos.

DE WANTON.
%/% A 'V V A

83

V V V %/W ' %/%/%/%. V V

C A P ÍT U L O X.

D e lo que les sucedió con una mona de
la corte que vino á verlos
al establo.

A l dia siguiente volvió Oliva antes
de su hora acostumbrada, tan afligida
y pensativa , que nos recelamos un
grave mal. ¿Qué os ha sucedido, la di­
jo Roberto, ó amada bienhechora nues­
tra , que os advierto tan triste y sus­
pensa? ¡Ah! respondió ella, he des­
cubierto lo que jamás hubiera querido
saber; el deseo de complaceros me ha
hecho venir en conocimiento de la tra­
ma que han urdido mis padres contra
vosotros. Sabed , que si han permitido
que con tanta continuación os sirva, y
se os alimente con la comida mas ex­
quisita , ha sido porque piensan hacer
con vosotros un regalo á la señora que es
nuestra vecina, como de dos bestias
muy extrañas j y este mismo dia pre-

t>4

VIAGES

v e o , qué es el en que os he de perder.
Y o demostré sentimiento de esta nove­
dad ; pero interiormente tenia una no­
table alegría, esperando que en manos
de un distinto personage se nos abriria
camino para darnos á con ocer: nosotros
entendíamos el idiom a, y asi con esta
ventaja podíamos prometernos algunos
adelantamientos. La mona jo v e n , cre­
yendo com o sincero nuestro disgusto,
buscó medios de consolarnos, diciéndonos: alentad, amigos m ios, porque yo
soy muy servidora de esta señora, que
tiene mucho gusto de que la vaya á vi­
sitar, y aun quisiera siempre tenerme
consigo en el tiempo que viene á di­
vertirse al cam p o: cuando esteis en su
pod er, tendré el gusto de repetir las
visitas á la casa de dicha señora bajo
cualquiera pretesto; y en ella lograréis
la satisfacción de verme con la mayor
frecuencia, que pueda. Asegurárnosla de
nuestro eterno agradecimiento, rogán­
dola continuase en franquearnos su amis­
tad, y en espiar las resultas de esta ofer­
ta ; lo que ella prometió ejecutar con
particular cuidado.
Luego que esta partid, principió

DE WANTON.

85

Roberto á aconsejarme el modo con que
debíamos portarnos con aquella, que
según lo referido, había de ser nuestro
dueño. Debemos, decía, ir poco á poco
abriéndonos camino para no dar en los
peligros, en que con estos rústicos hemos
caído: esta mozuela podrá servirnos de
gu ia; y la prudencia, que hemos adqui­
rido con la esperiencia de las pasadas
desgracias, nos servirá de norma para go­
bernarnos mejor en lo por venir. Adver­
tid , amigo, que conviene tener mucha
paciencia para llegar á conseguir buen
éxito en los negocios y que estamos en un
mar muy grande y borrascoso en el que
es preciso sufrir peligros y molestias,
antes de poder arribar á un puerto se­
guro. Yo prometí á mi amigo toda
sumisión á cuanto dispusiese. No res­
pondió Roberto, no os pretendo obe­
diente sino compañero; deseo con efi­
cacia , que seáis paciente cuando la ra­
zón lo d icte, no porque mi capricho lo
pretenda; y por el contrario cuando
vuestras razones sean mejores que las
m ias, no me detendré en abrazarlas y
seguirlas. No se puede desear otra cosa
de un amigo y director. ¡ Felices los que

86

VIAffES

logran por guia y maestro un hombre
de semejante carácter! No molesta en
tal caso la sumisión y obediencia que
se le conserva, porque es el amor quien
las acompaña,
No tardó mucho nuestra mona en
entrar á decirnos, como habia ido su
padre á visitar á la señora, á quien con­
tó mil maravillas de nosotros, por lo
cual ella habia entendido con agrade­
cimiento la oferta, pero habia reserva­
do el aceptarla hasta venir á vernos.
No sé llevar en paciencia, añadió nues­
tra Oliva, estos pasos: estas ciudadanas
tratan con nosotros los pobres, como si
fuésemos animales de otra especie; pre­
tenden la humillación, la servidumbre,
la dependencia, y todo nos lo pagan
con una mirada, una sonrisa, y mu­
chas veces ni aun nos hacen caso. ¿ Y
qué, es esto solo ? Nosotros somos unos
desdichados, cualquiera de ellas una
señora rica, y con todo eso, si la ha­
cemos algún regalo, juzga que nos fa­
vorece mucho, si no rehúsa el tomarle;
y esto es no pasando á recibir el don,
hasta ver si la agrada. Yo la dije que
tenia razón ; pero que nosotros en este ca-

DE

W A N TO M .

87

so estábamos mas vilipendiados de ellos,
pues no solo eramos equiparados á las
bestias, sino que aun para que nos re­
cibiesen por regalo, era forzoso ser an­
tes vistos y ejcaininados. Poco mas pu­
dimos hablar, porque entró el dueño
de la casa con los criados, que traian
agua caliente y toallas. Mandó el viejo
á la joven, que marchase, y obedeció
prontamente. Luego dispusieron que nos
desnudásemos, cuyo precepto fue nece­
sario obedecer, y después eon aquella
agua cuasi hirbiendo nos lavaron todo
el cuerpo, en cuya operación tuvimos
mucho que sufrir, pero lo toleramos
sin que se nos oyese un quejido: nos
untaron después con un pestilente un­
güento , que entre ellos estaba reputado
por un precioso bálsamo, al que me hube
de hacer en adelante eon el uso; pero
aquel dia no pude comer de asco por su
hediondez, y me atormentó un agudísi­
mo dolor de cabeza. Vol vémonos á ves­
tir, y esperábamos nuestra nueva suer­
te , que considerábamos ya como prin­
cipio de mejor fortuna. Entonces com­
prendimos el motivo, por que , aun
después del mes, que puso por tórmin0 Ia

88

VI AGES

vieja, habíamos permanecido aprisio­
nados ; y era que tem ían, que nos es­
capásemos j de aqui fue que para que
no intentásemos alguna huida, y para
asegurarse de nosotros, siempre nos te­
nían puestas las cadenas, porque habían
formado el designio, de que nuestras
personas pudiesen servirles de gran pro­
vecho, bien vendiéndonos á quien me­
jor lo pagase, d bien regalándonos á
algún personage distinguido.
Dos horas antes de ponerse el sol
del mismo d ia, se oyd en el cortijo
un ruido muy grande como de pisadas
de caballos, discurrimos seria la dama
que se esperaba, y por cierto no nos
engañamos. Abrieron de par en par
las puertas de la caballeriza, y vimos
comparecer una mona de regular esta­
tura y mediana edad, acompañada de
una tropa de machos y hembras que
iban en su séquito. Nuestros viejos la
venían haciendo la cdrte uno á cada
lado, pero por el debido respeto, se­
guían dos pasos mas atrás. Venia vesti­
da estravagantemente, según entonces
nos parecid, porque después, con el
tiempo, encontramos mas razonables

DE WANTON.

89

aquellos vestidos, que en esta ocasión
juzgamos ridículos: asi es cierto que
sola la novedad conmueve á nuestros
sentidos, y que llamamos proporción,
á lo que se adecúa á las primeras ideas
que se forman de lo bueno y bien pa­
recido: cuando estas primeras ideas se
van poco á poco borrando de nuestra
mente , suceden otras, según las cua­
les tomamos el modelo del gusto, y
de lo que llamamos bello. Perdone el
lector esta digresión, que si se empeña
en e llo , le concederé que aqui no vie­
ne al caso. La dama, pues, ( para lo
sucesivo debo valerme de los términos
del pais) estaba adornada con una ves­
tidura de seda bastante buena, de co­
lor celeste; pero era particular el cor­
te, porque por delante no la llegaba mas
que á media pierna, y por detras la
arrastraba en forma de cola. Un círcu­
lo como de unas tres brazas de diámetro
tenia pendiente de la cintura, el que
se ensanchaba proporcionalmente hasta
los pies, y estrivaba sobre él el dicho
vestido de seda que la cu bría, por lo
que parecía esta dama un medio busto
puesto sobre un cono truncado; figu-

90

VIAGE3

ra tanto mas horrible, ó bien si asi
se quiere entender, tanto mas digna
de risa, cuanto mas se separaba de la
forma del cuerpo humano. Traia vesti­
das las piernas de un algodón finísimo;
y los zapatos eran de una piel roja
pintada de varias flores: no se la des­
cubría sino parte de los brazos, por­
que la mitad, asida hasta el codo al
medio cuerpo superior, parecia estar
cubierta con el círculo, y la otra m i­
tad estaba desnuda; los llevaba rodea­
dos de unos riquísimos brazaletes, y
pendía de su garganta un collar de
corales de perfecta figura redonda. Te­
nia en la mano derecha un largo y
grueso bastón, guarnecido el puno de
esmeraldas, y en la izquierda un aba­
nico muy grande de plumas de varios
pájaros. Desde la cabeza hasta el me­
dio del lomo traia pendiente un peda­
zo de tela dividido en trozos, que eran
juguete del viento, pues los impelía
ya sobre los hombros, ya sobre el pe­
cho , por lo que la era forzoso valerse
continuamente de su abanico para po­
nerlos en el sitio que les correspondía.
La porción de sus cabellos que per-

DE W ANTON.

9 1

tenecia hacia la frente, estaba muy
elevada y unida, conociéndose que el
arte, y no la naturaleza, era quien los
habia puesto en aquella disposición;
todo lo cual la representaba á nues­
tros ojos mas disforme y ridicula: dos
gruesos diamantes la servian de bro­
quelillos ; mas noté que estaban atados
á las orejas, pues aun no las habia
podido persuadir la vanidad á que se
agujereasen su propia carne para pare­
cer mas bellas. En efecto, si una euro­
pea se dejase ver en este pais con las
orejas horadadas, no dejarian las mo­
nas de hacer mucha burla de una va­
nidad que las pone en términos de tal
estravagancia. Me acuerdo que algunas
de mis compatriotas, oyendo contar á
un viagero que las indianas se traspa­
san la nariz para colgarse algunas pie­
dras preciosas, no podían dejar de no­
tar con risa semejante uso, y deducían
de aqui la barbarie de aquellas orien­
tales. ¡O h, qué fácil es desaprobar y
escarnecer en otros nuestros mismos
defectos, y dar título de bárbaras á
aquellas propias costumbres que entre
nosotros llamamos civilización y políT omo i.

8

92

VI AGES

tic a ! Su mas inmediato servidor estaba
poco mas ó menos del mismo gusto;
mas como de las inodas de estos, ten­
dremos ocasión de hablar frecuente­
mente; dejo por ahora las digresiones,
para tratar del punto esencial de mi
historia (*).
Entro, pues, esta con aquel aire de
grandeza que suele hacer tanta impre­
sión en los bobos, y que tanto fasti­
dia á los genios racionales: nos estuvo
mirando algún tiempo sin hablar pa­
labra, y entre tanto los de su séquito
detenían la risa por respeto á la seño­
ra; pero hacían mil contorsiones, que
á nosotros nos enfadaban mas que la
misma risa. Véase aqui el gracioso es­
pectáculo de que estuvimos sirviendo
( * ) Nota. L a p rim or» ed ic ió n d e este lib r o
se h izo en A lc a lá de H e n a r e s , en la im p re n ta
d e ])oi!a M a ría G a r c ía B rio n e s en e l . a í í o de
17 6 9 en 4 .° : por ta n to , la s á tira ó c r ític a que
se hace d e las m odas y c o s 'u m b re s , son ad e­
cu ad as á aq uello s tie m p o s , sin que en las re­
p etid a s reim p res’ones que se h an h ech o des­
pués de la obra , se h a y a v a r ia d o en ella s ,
a u n q u e en m u ch a p arte éstas se h a n d iv e r s ifi­
ca d o ; este m isin o m éto d o se ha segu id o a h o ra ,
qu e es la segunda ve/, que se re im p rim e en .»,
y se co rrige la eu ic io n por no fa lta r á la d e b id a
p u n tu a lid a d .

8

DE WANTON.

93

á estos monos: finalmente, la dama,
con semblante de desprecio , volvió á
uno y otro lado la cabeza, diciendo:
¡qué asquerosas bestiazas! ¿ Y voso­
tros, replicó, necios villanos, habéis
tenido el atrevimiento de ir á incomo­
dar á una mona de mis circunstancias,
para que venga á vuestra caballeriza
á ver dos monstruos de naturaleza,
dos hediondos defectuosísimos brutos?
Os perdono por la ignorancia; pero de­
bíais , no obstante, advertir que estos
son dos monos monteses, que están
hidrópicos por el dañoso jugo de la
tierra de que se mantienen en los bos­
ques, y que han perdido el pelo por
las incomodidades que pasan en la vi­
da campesina y brutal. Lo que mejor
pudierais hacer, ó buenos viejos, era
matarlos y enterrar sus cadáveres bien
lejos de vuestra casa para que no in­
festasen el aire; porque su vida de
nada os sirve sino de gravamen, y no
podéis esperar otra cosa que algún agra­
vio de estos salvages, que serán sin
duda malignos y fieros por naturaleza,
y siempre que puedan librarse de las
cadenas , os pagarán vuestra caridad,

94

viages

dándoos la muerte y á toda vuestra
desdichada familia. Fuese esta maldita
mona después de semejantes palabras,
á las que se siguieron mil improperios
de toda su corte, que por adularla,
cuando les faltase otro motivo, nos in­
sultaron á su satisfacción. Bien fácil es
conocer la razón porque esta dama ri­
dicula juzgó que éramos dos monos
monteses, que nos habíamos puesto hi­
drópicos con los dañosos alimentos de
los bosques; porque como la natura­
leza no ha concedido á estos animales
alrededor de los huesos otra cosa que
una piel fácil á arrugarse, por tanto
viéndonos ella con alguna especie de
carnosidad, supuso que esta seria un
defecto, y una incomodidad originada
de la razón arriba dicha. Cerróse la
caballeriza y nos dejaron solos, en­
tonces Roberto hizo que recorriésemos
nuestras pistolas, porque había llega­
do el tiempo de defendernos con es­
fuerzo, siendo muy probable que las
palabras de la dicha dama hubiesen
hecho impresión en los ánimos de los
villanos. Registramos, pues, las ar­
mas , y las hallamos en estado de po-

I>E WÁNTON.

95

(les servirnos muy bien; temamos con
nosotros mucha pólvora para volver á
cargarlas en caso que fuese forzoso ha­
ber de combatir largo tiempo : de las
pistolas y de la munición necesaria pa­
ra ellas, no nos habian despojado los
monos porque no conocían su uso; por
lo cual, nos hallamos en positura de
hacer pagar caras nuestras vidas á los
agresores. Nadie vino á visitarnos en
el resto del dia, ni aun nuestra pia­
dosa Oliva ; y asi determinamos velar
toda la noche para no ser sorprendi­
dos. Para estar mas á punto de una
vigorosa defensa, tuvimos por conve­
niente desatarnos las cadenas luego que
conociésemos próximo el peligro. Es­
perando, pues, la hora en que estos
rebeldes villanos viniesen á poner en
práctica el consejo de aquella impía
dam a, ( perdone el lector si por la
costumbre de llamarlas asi á estas , me
sirvo de términos impropios), Roberto
me habló de la manera que se sigue.
Amigo, estamos en el estado en
que como veis vos mismo , se requie­
re un ánimo grande, porque el asun­
to del dia es nuestra vida y nuestra

i)6

VI AGES

suerte. Mientras creí que el sufrimien­
to pudiese abrirnos camino para mejo­
rar nuestra condición, siempre fui de
parecer de que nos aprovechásemos de
e l; pero cuando se trata de lo mas
esencial, conviene revestirse del valor,
y separarnos de todo miramiento, aban­
donando las esperanzas pasadas. Me li­
sonjeo de que los dos solos podemos
resistir á un egército de monos, pues
no siendo conocidas de ellos las armas
de fuego, el uso que de ellas haga­
mos, ademas del daño que podrá cau­
sar á estos pérfidos, imprimirá en sus
corazones un terror que nos será mas
ventajoso aun, que el mismo estrago.
Huiremos, pues de sus manos, deján­
dolos castigados por tantos malos tra­
tamientos como han ejecutado con notros , y volveremos á nuestra gruta,
en donde pasaremos una vida tranqui­
la y exenta de injurias y peligros.
¿Quién sabe si la Providencia nos pre­
para el regreso á la pátria por medio
de algún impensado accidente ? La oca­
sión sin duda puede proporcionarse
mas fácilmente habitando las playas,
que no viviendo tierra adentro. Por

DE WANTON.

t)J

lo que he ido notando , poco vamos á
perder en no ver las ciudades de este
continente, porque en ellas debe de
reinar igualmente el fausto y la igno­
rancia; de lo cual, en nuestra aventu­
ra hemos visto ya una prueba con el
ridículo desprecio de la dama, y con
la falsedad del juicio que formó de no­
sotros. Nos hubiera sido gustoso visitar
estas provincias, no teniendo que pa­
sar por tantas desazones; pero á costa
de tales penas es necedad el desear con
anhelo el ir indagando locuras del mis­
mo o mayor tamaño que las de los
europeos. Me puse de acuerdo con mi
amigo, el que añadid que en el ataque
debíamos llevar cuidado de no ofender
de manera alguna á la persona de Oli­
va, de quien habiamos recibido conti­
nuos y verdaderos beneficios. Asentí
gustoso á esta proposición; pero por lo
que mira á la vieja , habia determina­
do hacerla una burla que la diese á
conocer como deben ser tratados los
hombres: Roberto, que entendió mi
idea, me previno que ella era digna de
compasión, puesto que no somos due­
ños de nosotros mismos respecto de las

98

VIAGES

primeras impresiones que suele causar
la estrañeza de los objetos en nuestros
espíritus; á lo que debia añadirse su
ignorancia y la vejez que la habia
puesto en posesión de proferir cual­
quiera proposición con la seguridad de
que la adoptaría toda su familia. Los
viejos, prosiguió Roberto, están en el
pié de decidir en todas aquellas cosas
que se supongan fundadas sobre las opi­
niones mas recibidas y antiguas. Es ver­
dad que el juicio que formó la vieja,
fue ligeramente fundado y desmentido
con el mismo suceso y con las razones
de los demas; pero no es tan fácil co­
mo suponéis, el empeño de hacer mu­
dar su dictámen á un viejo; pues por
mas desproporcionado que sea, echa en
su corazón muy profundas las raíces;
fuera de que desaprobar en los últimos
períodos, por decirlo asi, de la vida,
todo aquello que por un largo trans­
curso de años se ha abrazado como ver­
dadero , y confesar haber estado hasta
entonces sumergido en un caos de er­
rores, no es prueba fácil de buscar en
un viejo, acostumbrado á que los jó­
venes tributen una contemplativa su-

_ ____

D13 W /N TO TÍ.

99

misión á su autoridad. En efecto, asen­
tir á que el que nacid después de no­
sotros ha conocido mejor la verdad, es
un asunto de mucha mortificación, y
solo los filósofos serán capaces de con­
fesión semejante; por lo cual, se debe
perdonar á la vieja un error que sien­
do tan com ún, no se ha de castigar en
ella sola.
V %./%/% %/V'V W 'V % / % 'X %/%/%/

C A P ÍT U L O

XI.

D e otra aventura que tuvieron en el
establo con la que dieron á conocer
su valor.

,

Pasam os la noche en vela, y siem­
pre recelándonos algún daño: llego el
d ia ; vino Oliva á vernos, y por la
mucha tristeza de su rostro, pronosti­
camos que nos amenazaba alguna gran­
de desgracia. ¿ Y b ien : dijo Roberto,
estáis por vuestra parte determinada á
seguir el indigno consejo de aquella
necia, que con un tren tan lleno de

IC O

VI AGES

fausto, y con tan inaguantable arro­
gancia fue introducida ayer por voso­
tros en esta caballeriza para vernos?
¡ O h, cuánto mas afortunada seria aque­
lla loca, si en vez de los ricos vestidos
y joyas que adornaban su cuerpo , es­
tuviera su espíritu dotado de aquella
preciosa luz de razón que escede á to­
dos los dones de la fortuna! Nos dijis­
teis en otra ocasión que esta era una
señora de circunstancias, educada con
la buena crianza y cultura de la corte
y de la ciudad; pero si el comercio
civil entre vosotros no sirve de mas
que de aumentar la estupidez en los
entendimientos, yo antepongo sin dis­
puta vuestras débiles luces á ios pre­
sumidos conocimientos de estos vues­
tros insensatos ciudadanos. ¡ Se pudie ­
ra haber formado mas injusta deci­
sion ! Pero decidnos ahora libremente
el efecto de esta visita.
Desdichados vosotros , respondió
Oliva, si mi madre hubiera callado,
que sin duda os habrian muerto; por­
que la autoridad de la señora pudo
tanto con mi padre, que infaliblemen­
te ya no vivierais. ¿Co'mo puede ser,

DE W ANTON.

IO I

respondí yo, que debamos la vida á
nuestra peor enemiga ? Es necesario
creer que ella arrepentida de los falsos
juicios que hizo de nosotros, querrá
recompensarnos los daños que nos ha
causado, con otros tantos beneficios;
ó bien que ya haya pensado en su in­
terior otra cosa que la que demostró
en el primer encuentro. No os apre­
suréis, dijo Oliva, á agradecérselo,
porque su ansia de veros muertos es
el motivo de que aun esteis vivos.
Luego que marchó la dama, propuso
la vieja que instantáneamente os ma­
tasen ; pero respondió mi padre que
no era de mucha importancia que se
retardase algunas horas la ejecución,
no porque quisiese preservaros de la
muerte, sino porque otros negocios le
divertían la imaginación á cosas de
mayor entidad. La vieja se obstinó;
pero su terquedad irritó á mi padre;
el cual, con el fin único de castigarla
su atrevimiento, (bien que contra su
costumbre) no quiso prontamente sa­
tisfacerla el deseo, y por consiguiente,
no ejecutó la propuesta que la dicha
señora le hizo. Ved, añadió, en vir-

102

VIAGES

tud de esto, qué inevitable es vuestra
ruina; por tanto, bañados mis ojos
en lágrimas, vengo á hacer la última
despedida, no teniendo ánimo para
volver á veros; porque en cada mo­
mento de los que estoy con vosotros,
se me figura vivamente el instante de
aquella tragedia que seguramente ha
de sucederos.
No somos nosotros los hombres pri­
meros que han sido preservados de las
mayores desgracias por las disensiones
que se han originado entre sus propios
enemigos acerca del tiempo 6 modo
de dar el golpe. Aquel camino que
parece que infaliblemente debe condu­
cirnos al exterminio, suele por el con­
trario ser el de salvamento, y se en­
cuentra en el enemigo contra su vo­
luntad , aquel socorro que intentaría
en vano suministrar cualquier amigo.
A no haberse suscitado esta discordia
entre los dos viejos, no hubiera tal
vez llegado el paso de que yo escri­
biese nuestra historia ; pero aquella
mano que todo lo, gobierna, querién­
donos sacar de las garras de la muer­
te , se sirvió para conservarnos, de

DE

W A N TO N .

I0 3

aquellos propios instrumentos que apa­
recían destinados para nuestra ruina.
De aqui se puede inferir la necedad
con que obran aquellos que anticipan
con sus propias manos el golpe que
juzgan inevitable por las agenas. Cual­
quiera que se ponga á examinar aten­
tamente las circunstancias de su vida,
no dejará de hallar algunos momentos
en que le habrá parecido enfadoso aun
el mismo v iv ir , y como que no le pe­
saría su muerte 3 pero luego un peque­
ño viento favorable de fortuna, le ha­
brá conducido el alivio á su desfalle­
cido espíritu. Me be detenido á hacer
esta reflexión, por haberme visto fre­
cuentemente en semejantes circunstan­
cias, pues puedo decir con razón que
mi vida siempre ha sido un continuo
período de extremas infelicidades, y
repentinas alegrías 3 pero sigamos el
suceso.
Roberto se revistió de gravedad, y
luego la respondió: no permita Dios
que tu padre intente tal empresa; por­
que solo el conato le costaría la v i­
da. E l ignora que con un mero m ovi­
miento de nuestra m an o , podremos

I 04

VIAGES

abrasarle, y á toda su mal aconsejada
familia. El agradecimiento con que te
estoy obligado, ó fidelísima amiga
nuestra, me fuerza á advertirte que
no permitas que tu padre se mezcle en
tal asunto; porque si asi fuese, le ha
de salir muy caro su atentado. Por lo
que toca á tu persona, no temas; pues
no solo no padecerás el menor detri­
mento, sino que te defenderemos en
todo tiempo, y te daremos los socor­
ros que ni aun caben en tu imagina­
ción. Mientras estábamos en estos dis­
cursos, oímos los gritos de algunos
monos; por Jo que interrumpimos
nuestro razonamiento para entender el
motivo de aquella gritería, y escucha­
mos que el viejo porfiaba con una
persona, cuya voz no conocíamos; se
iba enfervorizando la riña, cuando vi­
mos entrar á nuestro dicho patrón
apresuradamente en la caballeriza; y
queriendo cerrar la puerta para que­
dar seguro, fue atacado de un robus­
to y joven monazo, que iba detrás de
él con un cuchillo en la mano. El mi­
serable viejo se retiré refugiándose de­
trás de nosotros. Inmediatamente Ro-

DE WANTON.

I C>5

berto amartilló una pistola, y dijo al
agresor: detente, porque de otro mo­
do, descargaré sobre tí un rayo que
te hará cenizas. ¡Oh, monstruo de na­
turaleza! replico el monazo, ¿qué ar­
rogancia es la tuya para hablar de esa
suerte conmigo? y diciendo esto, se ar­
rojó furioso á él para matarle; yo que
á ejemplo de mi amigo estaba con una
pistola en la mano, viéndole en peligro,
descerajé contra el agresor un pistole­
tazo : el tiro fue afortunado, y el mo­
nazo cayó muerto. El estrépito, el
olor de la pólvora, y el terror, obra­
ron efectos maravillosos; el viejo que­
dó como muerto, Oliva desmayada,
y las bestias que estaban en el establo,
hicieron terribles esfuerzos para rom­
per las cuerdas con que estaban ata­
das y después huir. El ruido llamó á
la caballeriza á todos los de la familia,
y viendo al monazo nadando en su
propia sangre, y al viejo y á su hija
como muertos, no sabían qué pensar.
Corred, dijo entonces Roberto, y so­
corred á vuestro dueño y á la pobre
Oliva, que no están muertos, sino
desmayados por el susto; pero sobre

106

VIAGES

todo, si estáis bien con vuestra vida,
no nos insultéis, porque os castigare­
mos como á este que yace abrasado
por nuestra mano , en pena de haber
intentado quitar la vida á este pobre
viejo. Luego que escucharon estos que
hablábamos, como hasta entonces nos
habian tenido por animales mudos, escepto Oliva, que era la sola parti­
cipante del secreto, se olvidaron de
sus dueños; y ocupados de un terror
pánico y repentino, se pusieron en una
apresuradísima fuga. No sabíamos que
partido tomar; y últimamente deter­
minamos desatarnos de nuestras cade­
nas para dar favor á los dos del desma­
yo. Asi fue, yo agarre' al viejo, y le le­
vanté la cabeza rociándosela con agua,
y lo mismo hizo Roberto con Oliva.
A este tiempo llego' la vieja, que
habiendo enviado á sus criados para
saber la causa de aquel estrépito , y
no habiéndolos visto volver, vino para
indagar por sí misma el suceso. Encon­
trónos en aquella positura, y mirando
al cadáver de aquel infeliz todo baña­
do en sangre , ¡ ah ! traidores, nos di­
jo , vosotros me habéis muerto á mi

DE WAÑTON.

IÓ 7

marido y á mi hija, pero en breve oí
veré yo también en el mismo estado.
Detente, ó vieja, la respondí; haz me­
jor juicio de nosotros ; y acaben tus
persecuciones en recompensa del be­
neficio que hemos hecho á tu casa, li­
bertando á tu esposo de las manos de
este malvado que intentaba quitarle la
vida, si nosotros no le hubiéramos da­
do la muerte con uno de nuestros ra­
yos. La vieja que no esperaba que la
respondiésemos, pues ni sabia que entendiamos nosotros su lenguage, ni qué
hablábamos, comenzó á tem blar; y si
no se hubiera asido de uno de aqué­
llos maderos que atravesaban para sos­
tener la trabazón del establo, cierta­
mente hubiera dado en tierra. La ame­
naza que nos habia hecho era una de
aquellas llamaradas de pasión, en cu­
yo caso acostumbramos hablar á las
bestias y á las cosas insensibles, maldiciéndolas, amenazándolas, y algunas
veces castigándolas. El apoyo que ha­
llaron sus manos cuando se iba ca­
yendo, la sirvió de evitarla alguna
grave desgracia; y el esfuerzo que hi­
zo para sostenerse, la minoró la ira-

Tomo i .

q

I0 8

VIAGES

presión que había introducido en su
espíritu el temor, y asi tuvo bastante
fuerza para pedir favor. Ninguno la
escucho; pero entre tanto Oliva y el
viejo volvieron en sí, y aseguraron á
la vieja como habíamos libertado la
vida de éste, por cuyo motivo se la
quitamos al que alli estaba muerto.
Estos infelices que no podían figu­
rarse al artificio de nuestras armas, nos
creyeron dos genios que habíamos ve­
nido á su casa para socorrer á su fami­
lia , y quisieron adorarnos como á
dioses tutelares. Oliva que había sido
nuestra maestra de lengua, quedo me­
nos sorprendida que sus padres; pero
al mismo tiempo llena de asombro. No­
sotros impedimos estas adoraciones, ase­
gurándoles que éramos criaturas de este
mundo, dotadas de cuerpo y de inte­
ligencia. Fuera de esto, añadió Rober­
to , no os manifestamos por menor
nuestro ser, porque no sois capaces de
comprender cuanto pudiéramos deciros;
pero tened entendido, que es tanta
nuestra virtud, que si quisiéramos re­
sistiríamos á todos los pueblos juntos
de estas provincias, sin que todos fue-

DE WANTON.

1 09

seis jamás capaces de vencernos. Se esplico Roberto con este hipérbole, para
impedir que en adelante urdiesen algu­
na trama contra nosotros. Después aña­
dió : adm irad, amigos, nuestra tole­
rancia permitiendo que nos tuvieseis
atados á una cadena tantos meses, sien­
do asi que podíamos, como v e is, po­
nernos en libertad siempre que nos hu­
biera parecido, pero esperábamos algu­
na ocasión en que darnos á conocer; y
nos alegramos fuese esta la que se pre­
sentase , en que hemos preservado la
vida de este viejo , que era el que tenia
determinado darnos la muerte. Vuestra
buena fortuna ha querido que retardáseis la ejecución, porque de otra forma,
ninguno de vosotros estuviera vivo á
estas horas. Quedaron ellos tanto mas
asombrados, cuando vieron descubier­
tos sus designios; nos pidieron m il per­
dones por todo lo pasado, nos tributa­
ron gracias por el auxilio dado al amo
de la casa, y nos juraron una sumisión
rendida y una unión inviolable en lo
sucesivo.

I

lio
t V

VIAGBS
% / V ''X / W v % /

w

CAPITULO XIL
JDe los recados que les envió la dama
de quien poco antes habían sido
despreciados.
ya pues hechos dueños de estos villanos, que por agradecimiento
de lo que habíamos ejecutado en su
favor, arrepentidos de los malos trata­
mientos que habían practicado con no­
sotros, nada les quedaba que hacer
para demostrarnos su reconocimiento y
estimación. Roberto tuvo el capricho
de regular los negocios de aquella casa;
á este fin les sugirió los principios de
una verdadera economía, y les anadió
muchas lecciones de industria. Estaban
todos ellos admirados de nuestras ope­
raciones y capacidad, asegurándonos
que en aquellas tierras jamas se habían
oido tan sabios y ventajosos dictáme­
nes como los que nosotros les sugería­
mos. Bien presto se esparció nuestra
fa m a; por lo que aquella dama que

DE WANTON.

III

habia formado tan indigno concepto y
un juicio tan falso acerca de nuestro
ser, se avergonzó de su hecho ; y pe­
sarosa también de haber rehusado acep­
tar la oferta que la hicieron de nues­
tras personas, se imaginó reparar estos
daños, solicitando que volviese á re­
petir el viejo el regalo que antes había
propuesto de nosotros ; pero éste la res­
pondió que éramos ya árbitros y due­
ños de él y de su familia; y asi que
no solamente no tenían acción para
concederla la petición, sino que mas
bien sufrirían cualquiera desgracia que
hacernos la mas mínima injuria. La se­
ñora se dio por ofendida de esta res­
puesta ; y creyendo que podría lograr
con nosotros por su autoridad lo que
no había podido conseguir del villano,
nos envió un criado, diciéndonos que
ella quería vernos, y que asi absolu­
tamente nos mandaba ir á su palacio.
Roberto para castigarla su arrogancia
respondió asi.
Yo fuera gustoso á saber que es lo
que desea de nosotros con tanto anhelo
tu dueño, sino tuviese entendido que
no puede menos de serla muy desagra-

| I2

VIAGES

dable nuestra visita, pues á la verdad,
ó ella juzga aun que somos asquerosas
bestias y abominables monstruos, y en
tal caso no la serviremos mas que de
enfado y asco, o nos supone personas
dotadas de alma racional; y entonces
haciéndola conocer cuan inferior es á
la nuestra su capacidad, tendrá que
avergonzarse de la flaqueza de su en­
tendimiento, y de la falsedad de sus
juicios; en uno y otro caso queremos
evitarla el disgusto, y así no acepta­
mos el convite: y si acaso lo manda
como un gran personage de distinción,
dila que nosotros hemos nacido en un
clima, en donde se nos hace conocer á
las hembras de su especie, y se las
pinta con aquella misma idea que ella
habia formado de nuestras personas; y
por tanto la calidad de su nacimiento
para nosotros no es de consideración
alguna: dila finalmente, que si tiene
súbditos de quienes o por razón ó por
fuerza se hace obedecer; como nosotros
no lo somos, nos consideramos exentos
de tales leyes, y aun de las generales
que comprenden á estas provincias; y
que mediante un poder incomprensible

DE WANTON.

113

para e lla , é insuperable para todos los
de su especie, nos lisongeamos libres
de toda subordinación y de todo temor:
pero que si después su antojo la esti­
mula á un acto que ella ciertamente
debe creer como vileza, esto es, á ve­
nir á vernos, puede asegurarse deque
nosotros, siguiendo las leyes de una
escrupulosa hospitalidad, la concedere­
mos los honores que mas sean de su
agrado, y satisfaremos su curiosidad
en todos los puntos sobre que con efi­
cacia guste preguntarnos.
Luego que se fue el criado, me di­
jo Roberto que para humillar la alti­
vez de la dama mona, y para hacer
concebir una alta idea de nosotros, ha­
bía enviado aquella respuesta; pero
que se contendría de otro modo cuan­
do tuviese la ocasión de hablar con
ella. No temáis, anadió, que por ver
rebatida su pretensión con nuestra res­
puesta , se desdeñe de venir á vernos,
porque es común estilo en las hembras
correr en seguimiento de quien las
desprecia, llevándolas su innata vani­
dad á hacer la conquista de aquellas
cosas de que tienen mas lejos la espe-

11 4

VIAGES

ranza. Fuera de que nosotros somos
dos fenómenos singulares en estos paí­
ses, y así la curiosidad es quien ha de
obligar á todos aquellos que tienen ge­
nio de ver las cosas mas particulares,
á que deseen conocernos de mas cerca,
y á indagar una novedad de la que no
pueden tener formada idea ni traza en
su memoria, ni en sus historias si ea
que aquí las hay: la misma curiosidad
debe necesariamente conducir á esta
dama, que ciertamente tardará poca
en venir á vernos.
Todo sucedió puntualmente como
Roberto lo habia previsto, y en el
mismo dia tuvimos la visita de la da­
ma. Una hora antes de su venida llegó
uno de aquellos miserables criados que
están mantenidos por sus dueños para
que delante de las bestias que los con­
ducen , les sirvan de correr mas que
ellas, á advertirnos que su señora ha­
bia congregado á toda la nobleza que,
estaba divirtiéndose por aquellas casas
de campo, y que con tan magestuoso
tren se ponía en camino para vernos.
Yo le pregunte que semblante habia
puesto su ama con la primera respues-

DE WANTON.

I 15

ta; á lo que él me dijo, que como
ella no esperaba semejante repulsa que­
dó mortificada y arrepentida del anti­
guo suceso; que después echó una fuer­
te quimera á algunos de sus criados y
sus doncellas, que la habían adulado
con motivo de lo que había rehusado
aceptar el regalo que la hacían de
nosotros; y que luego llamó á una
criada que era su favorita, con la que
se aconsejó.
Las dos tenían grandes deseos de
hablaros, añadió el criado, pero temían
no despreciaseis su propuesta, y así
volvieron á llamar al del primer reca­
do , y éste repitió el informe con vues­
tra promesa de recibir á mi señora con
toda urbanidad y cortesía, siempre que
se dignase de venir á esta casa; por lo
que determinaron convidar á toda la
nobleza, para que vosotros á vista de
un acompañamiento tan circunstancia­
do, y que no os había dado motivo
alguno de disgusto, no intentaseis ven­
garos de la afrenta que de ella reci­
bisteis: de esta manera y con todo este
acompañamiento juzgan poder ponerse
sin temor de ultraje ni peligro en la

II6

VI.AGES

presencia de aquellos á quienes poco»
dias ha despreciaron, y ahora con tan­
tas ansias anhelan volver á ver. Púsose
en planta el proyecto, y todos los
criados de casa se emplearon en ir lle­
vando recados de convite por el con­
torno. Asintieron y se pusieron en mo­
vimiento todas las personas mas distin­
guidas de ambos sexos, viniendo á
congregarse al palacio de mi dueño,
que las contó mil prodigios de voso­
tros. Muchos de los convidados habían
oido algunas cosas acerca de vuestras
acciones; otros llamaban ilusos á los
que lo creían; pero todos fueron de
parecer de venir á saciar con sus pro­
pios ojos esta curiosidad tan conforme
á razón, persuadido cada uno á que
la confrontación les confirmaría en su
primer dictamen. Se han convenido
igualmente entre sí en trataros con to­
da urbanidad; y siempre que encuen­
tren en vosotros aquellas cualidades
que en tal caso juzguen necesarias, de­
terminan ofreceros el conduciros á la
ciudad , y allí no solo hacer que seáis
vistos, sino también que gocéis de las
maravillas y de todas las grandezas de

D E ' WANTON.

11 7

estas provincias. Escuchamos con mu­
cho gusto este razonamiento conside­
rándonos inmediatos á aquel término
á que tantos meses habia aspirábamos
con increíble ansia, expuestos á los
mas bárbaros desaires y á un continuo
peligro.
X ' X / V X ' V X X

V W i V W W

CAPÍTULO XIII.
De la visita de la dama y otrés
cortesanos y lo que en ella
sucedió.

,

IN o pasó mucho tiempo entre esta
conversación con el volante y la ve­
nida de la dama. Sonó un gran ruido
como de caballos, y se vid entrar en
el cortijo la numerosa comitiva. La se­
ñora fue la primera á desmontarse de
su caballo; pero hubo mil ceremonias
antes de que llegase á ejecutarlo: un
criado la tenia un estribo, otro la bri­
da, y dos la ayudaban á dar el salto;
con todo esto, poco faltó para que die-

I I8

VIAGES

se en tierra. Inmediatamente se lle­
garon los caballeros á dar la mano á
las demas damas; y noté que aquellas
de mas elevadas circunstancias eran
menos diestras que las otras, efecto
ordinario de una delicada educación,
bajo cuyas máximas separan á la juven­
tud de aquellos ejercicios que acostum­
bran el cuerpo á la agilidad. Nosotros
salimos al encuentro de aquella noble
compañía, á la que Roberto hizo el
siguiente discurso.
Un portento que jamas vosotros,
ó señores y señoras, habíais oido, di­
rige vuestros pasos á ver dos criaturas
que han nacido en un mundo total­
mente dividido del vuestro por medio
de una vasta é increíble estension de
agua. La naturaleza que es tan varia
en sus operaciones nos ha producido
como veis; y de aquí es que en nues­
tros paises no se encuentran otras cria­
turas racionales que las de nuestra
especie, y cuando se ven vivientes
semejantes á vosotros, se tiene por cier­
to que son brutos ó animales que ca­
recen de entendimiento; el mismo efecto
debe infaliblemente producir en voso-

CE W/NTON.

II9

tros el encontraros con unos viviente*
que no se conforman totalmente en la
figura exterior con la vuestra; y así
juzgáis, y muy verosímilmente, que
seremos brutos á quienes habrá negado
la naturaleza aquel rayo celestial que
llamamos razón. De este modo aquella
misma maravilla que os sorprende,
viéndonos dotados de todas aquellas lu­
ces que antes creíais que á vosotros so­
los habia concedido la naturaleza, es
la que también nos admira, cuando
hemos hallado todas las cualidades que
se encuentran en las criaturas racio­
nales de nuestro mundo, en unos ob­
jetos que hasta ahora habíamos creído
incapaces de razón. Depongamos pues
ya las admiraciones de una y otra
parte: venzamos aquella oposición que
mutuamente sentiamos unos hacia otros,
y que es efecto de la novedad y de
la opinión demasiado buena que tenía­
mos formada de nosotros mismos. Si
separamos todas nuestras preocupacio­
nes , podremos agradarnos reciproca­
mente ; porque vosotros participándo­
nos todo lo bueno y magnífico que en
estas provincias se goza, conquistareis

120

VIAGES

en nosotros dos sinceros panegiristas y
os quedaremos muy agradecidos3 y no­
sotros comunicándoos nuestros conoci­
mientos y todo lo mejor que se prac­
tica en E uropa, no os serviremos de
poco provecho, añadiendo á las per­
fecciones de estos paises las maravillas
del nuestro. Podremos establecer tam­
bién un comercio ventajoso á los es­
píritus y á los intereses de la vida en­
tre una y otra nación; cuando nos
conceda el cielo poder volver á nuestra
patria; del cual si nosotros recibiére­
mos de vosotros una mediana utilidad,
me lisonjeo que habéis de sacar voso­
tros mayor ganancia. L a sinceridad re­
cíproca sea quien una nuestras amis­
tades, y desvanézcanse desde este pun­
to las risadas irracionales y las pueri­
les burlas: en los nobles ánimos no
debe reinar el engaño: mas si acaso
para solicitarnos algún daño, d en la
vida d en la libertad, se ha coligado
la presente unión (que por lo demás
nos es m uy honrosa y de estimación)
os intimo que os guardéis de proseguir
tales designios, porque somos mucho
mas poderosos que lo que os podéis

DE WANTON.

I 21

persuadir; ni os pase por el pensamien­
to experimentar la verdad de estas pa­
labras, porque os seria prueba de mu( cha costa, y á nosotros muy sensible
la necesidad de ponernos . en defensa.
Ea pues, señores, hagamos corro ami­
gablemente, y haced aquellas pregun­
tas de lo que con mayor eficacia de­
seéis satisfaceros, que nosotros con to­
do gusto aceptamos el honor de vues­
tra amable conversación.
La dama que conducía aquella
compañía, que creyó la competia de
derecho respondernos, dijo así: yo me
alegro mucho que no seáis bestias, si­
no monas del agua, que también sa­
bemos por acá que son muy gruesas.
Estos señores están por mi informados
de que habéis estado atados á una ca­
dena, como yo os vi entonces, y re­
husé aceptaros en aquel estado; por lo
que seguros de que sois de buena ín­
dole, no han venido para haceros mal.
Por vida de dama de honor, os juro
que gustaré saber como van vestidas
vuestras hembras en los países ultra­
marinos , de donde aseguráis que venís,
pero cuidado con no engañarme; yo

I 2 '¿

VIAGES

os regalaré mucho, y aun os rogaré
que hagais que venga una para mi
entretenimiento. Ella seguia su discur­
so con una semejante porción de ri­
dículos despropósitos, cuando un caba­
llero la interrumpió, previendo muy
bien que aquella tonta no nos daba
mucho gusto. Con vuestra licencia,
dijo, madama Níspero ( este era su
nom bre), permitid que yo como varon, y el mas viejo de la compañía,
dé respuesta al sabio razonamiento de
estos señores, que merece la reflexión
y ponderación que acaso no suponéis.
Hablad enhorabuena, señor Haya, res­
pondió ella desdeñosamente, que poco
me importa: luego arqueó las cejas,
torció el gesto, abrió su abanico y se
empezó á echar aire.' El caballero hizo
poco caso del resentimiento de madama
Níspero, y habló así.
Las cosas maravillosas, ó señores,
que vosotros en vuestras personas y
acciones habéis traído antes que otro
alguno á la provincia de las monas,
han dado motivo á que hayamos ve­
nido á visitaros: no hay en nosotros
otro designio que este; y si así no fue-

DE WANTOtf.

1í 3

se, vengaos de nuestra deslealtad con
uno de aquellos omnipotentes rayos
con que habéis sabido aterrar al indig­
no enemigo del dueño de esta casa.
Nos adm ira, y no es extrano por la
novedad, oir que haya en el mundo
otros países distintos de estos, en don­
de unos monos, totalmente diversos
de nosotros en el aspecto, señoreen á
los demas animales. No podemos com­
prender de qué modo habéis podido
pasar un mar tan grande, y con qué
fines arribasteis á nuestra tierra , de
la que es regular tuvieseis alguna no­
ticia anticipada, sin la cual no podíais
haber imaginado transferiros á nues­
tras playas. Objetos dignos de maravi­
llarse son vuestro poder, vuestro su­
frimiento y la pericia en nuestro idio­
ma : de todas estas cosas hablaremos
á su tiempo , como también de las
costumbres, los artes y cualidad de
vuestro pais : nos basta ahora que
nos hagais sabedores del modo de
vuestra venida y ocasión de ella; re­
servándonos para otra conferencia el
explicarnos las infinitas cosas que
tenemos que preguntaros. Pero antes
Todk? i .

io

1 24

VIAGE3

que yo os incomode rogándoos me deis
respuesta, supongo que ninguno de
esta noble compañía tomará á mal que
convidándoos yo á venir á habitar en
mi palacio, me solicite una ventaja
cuyo valor no es fácil comprendan to­
dos : sereis en él servidos con aquella
atención que es debida, y emplearé
toda mi eficacia en reparar el daño
que tan generosamente habéis sufrido
en la indiscreta prisión que hallasteis
entre estos rústicos. Iremos después á
la ciudad, en donde me obligo á in­
troduciros en todas nuestras asambleas,
en las que podréis satisfacer vuestra
curiosidad. Tengo ademas de esto es­
peranza y aun seguridad de que ha­
lléis acogida en nuestro soberano, que
es muy amante de los forasteros, y
gusta de las cosas singulares y curio­
sas. Confiad pues en m í, y aseguraos
de que deseo estrechar con vosotros el
nudo de una perfecta amistad.
Comenzó luego Roberto á contar­
les como el arte de los europeos es
tan excelente, que han hallado modo
de unir, mediante la navegación, los
paises que tiene separados la misma

CE WANTOK.

I2 5

naturaleza con la interposición de di¡atadísimos mares; que unas barcas de
increíble magnitud caminan impelidas
de los vientos por medio de las aguas,
y que de ellas suelen servirse los hom­
bres á proporción de lo que han me­
nester; que de este arte incomparable
redundan á los estados infinitas ven­
tajas, particularmente la de transpor­
tar á otros países los efectos de que
abunda el propio, y traer de fuera los
géneros de que carece. Siguió expli­
cándoles, que no obstante la pericia
de los pilotos, y las reglas del arte
náutica , aquellas máquinas llamadas
navios muchas veces no pueden con­
trarrestar á la violencia y furioso so­
plo de los vientos, de lo que se sigue
la desunión del leño, y la pérdida de
las personas. Expuso nuestro naufra­
gio, el milagroso arribo á sus tierras,
nuestro retiro en la gruta, nuestra dia­
ria ocupación en aquel desierto, el des­
cubrimiento de la llanura, nuestra ve­
nida á aquella casa, los accidentes en
ella ocurridos, las instrucciones y so­
corro que debíamos á O liv a , y final­
mente el término de nuestra prisión.

I 26

VIAGES

Concluida la relación de estos suce­
sos, añadid: yo, señor Haya, acepto
el convite que nos habéis hecho con
vuestra casa y asistencia, del mismo
modo y con el gusto que tendría de
serviros en mi tierra y en mi casa,
si os hubiera sucedido toda esta serie
de accidentes que ha pasado por noso­
tros : pero antes de marchar adonde
teneis la generosidad de conducirnos,
permitidnos volver á nuestra cueva,
por si podemos hallar aquellas alhajuelas que tenemos escondidas en ella:
condescendió nuestro generoso caba­
llero , y aun se ofreció á irnos acom­
pañando hasta la gruta el dia si­
guiente.
A este tiempo una cierta hembra,
cuyos ademanes en nuestros países des­
de luego la hubieran caracterizado por
un perfecto modelo de vanidad y po­
co seso, y cuyos vestidos no respi­
raban otra cosa que fausto y ridi­
culez , nos dijo : señores monos extra­
vagantes , dadme el gusto de fulmi­
nar uno de vuestros rayos contra al­
guno de los animales que hay en esta
casería, para que pueda yo decir en

DE WANTON.

f 27

lü ciudad que he presenciado esta ma­
ravilla ; si me queréis complacer os
quedaré muy agradecida, pero sobre
todo mirad que sea esto sin que me
espante. Respondila : señora, eso e»
imposible , porque como es regular
que un estallido improviso' y sulfúreo*
cause algún temor ( á lo que debe aña­
dirse la novedad) no sabemos qué
impresión es la que podrá ocasionaros.
Un mozuelo, que desde luego se co­
noció era su obsequiante, nos respon­
dió, que no esperaba que unos anima­
les desconocidos, como éramos noso­
tros, hiciesen tal desaire á madama
Zanahoria. El señor Haya aprobo mi
respuesta como muy juiciosa 7 pero
aquel insensato se obstinó en que ha­
bíamos de hacer la prueba, llamán­
donos impostores, y que procurábamos
con supuestos pretextos evitar la con­
testación. Roberto con su discurso y
acostumbrado modo de darse á com­
prender, procuró persuadir al mozue­
lo á que no se empeñase en solicitar
una experiencia que era fuera de tiem­
po \ y con la posible blandura le hizo
patente lo injusto de sus reseutimiea-

128

VlAGES

tos, y la poca crianza del modo de
darlos á entender: este mentecato, acos­
tumbrado á la adulación, se agrio mu­
cho mas con la repulsa, á cuyo pa­
recer se unieron en aquella junta, tan­
to los que habian ido á visitarnos mo­
vidos de la curiosidad, como los que
estaban incrédulos de estos efectos.
Roberto entonces pensó en diver­
tirles de aquel pensamiento, por lo cual
sacó de su faltriquera el anteojo, y les
d ijo : nobilísima com itiva; ya que no
me arriesgo á ejecutar la prueba del
ra y o , dignaos de observar otra ma­
ravilla : con este instrumento podréis
descubrir los objetos distantes, aproxi­
mándolos á la vista , y asi vereis vues­
tra ciudad, y aun vuestras mismas ca­
sas ; parece esta una habladuría de al­
gún charlatán , que vende por porten­
tosas las cosas mas triviales: todo el
mundo es pais: ríase pues, y búrlese de
sí mismo pijes él asi lo quiere. Acepta­
ron todos la oferta, y nos pusimos so­
bre un puesto eminente. Uno á uno no
hubo quien no quedase admirado de
aquella m aravilla; y realzaron hasta las
estrellas al dicho instrumento.

DE W ANTON.

129

Roberto que quería vengarse de
[ madama Zanahoria y del señor Gi­
rasol su amigo, puso todo cuidado en
que quedasen los últimos para hacer
sus observaciones con el telescopio; y
entretanto me hablo á la oreja advirtiendome lo que habia de ejecutar. Lle­
vaba ella cuidadosamente en brazos un
hermoso perrillo, como los que suelen
alimentar nuestras damas con mas cui­
dado que á sus hijos, y amar mas que
á sus criados, y que á cualquiera cria­
tura humana: cuando Roberto la dió
el anteojo, ella puso el faldero en el
suelo, yo entonces descerrajando una
de mis pistolas, le aseguré el golpe,
y el pobre perro quedó sin vida. El
estallido produjo infinitos efectos, pero
los mas singulares fueron el de mada­
ma Zanahoria, que cayó de espaldas
vergonzosamente, y e! de su servidor,
que poseído del miedo, llenó los cal­
zones de aquella materia que por el he­
dor se deja conocer antes de verse: asi
quedó vengado el ultraje con que nos
habían tratado aquellos dos amantes, á
los cuales fue forzoso ocultarse mucho
tiem po, porque no podían sufrir la

130

V1AGES

burla de sus amigos. Fuera de los di­
chos, cada uno de los de la comitiva
hizo su particular movimiento, y ma­
dama Níspero contrajo desde aquel dia
un temblor, de que no la fue posible
convalecer. Parece que quiso el cielo
en aquel punto que tomásemos satis­
facción de aquellos que nos habían
ofendido de todos modos, y con es­
to advertir á los demas que nos mira­
sen con mas respeto. Supimos después
que la pérdida del perro había sido muy
sensible á madama Zanahoria ; pero era
de justicia, que queriendo ella ver
muerto á un bruto, pereciese el que
era de quien había hecho la propuesta,
y que recayese el daño en quien í otro
se lo había deseado. El señor Haya ala­
bó mucho nuestra acción; pero nadie
pudo descubrir qué medio había usado
para matar el perro, porque el golpe
fue repentino, y asi ninguno tuvo tiem­
po de ver la pistola, pues el temor de
unos, y el pasmo que quedó en otros
después de ejecutado el golpe, dio pro­
porción para poder esconderla. Poco du­
ró luego la conversación porque cons­
ternados todos se despidieron; el señor

DE WANTON.

I3 I

Haya ratificó su promesa, y nos dijo
vendría al dia siguiente para que jun­
tos fuésemos á la gruta, y desde allí
pasáramos á su habitación, donde nos
detendríamos algunos dias; y después
nos encaminaríamos á la ciudad, one­
ciéndonos de nuevo en ella toda su asis­
tencia y cuidado.
vvw vw

CA PÍTU LO XIV.
Del recibimiento que tuvieron Enrique
y Roberto en casa del señor Haya.
I^ a noche que antecedió á nuestra par­
tida fue muy triste para aquella rústica
familia, que tanto nos había maltratado
en el tiempo anterior; que es común
costumbre aun entre nosotros, no ha­
cer caso del bien cuando podemos go­
zarlo, y llorarlo y desearlo eficazmen­
te cuando se ha perdido, ó se ve que va
á perderse. Los dueños de la casa par­
ticularmente se quejaban de no haberse

13 2

VIAGES

sabido aprovechar de una dicha que
habían tenido consigo tantos tiempos y
que se les iba de entre las manos, cuasi
tan presto como la habían conocido.
Llegó la mañana que aguardábamos con
impaciencia, y no falto el señor Haya
á su palabra , viniendo á acompañarnos
seguido de muchos criados. Nuestra
partida costo muchas lágrimas á aque­
llos pobres monos, particularmente á
Oliva que no hallaba consuelo, vien­
do que la desamparábamos': nosotros la
prometimos un agradecimiento perpetuo
y el señor Haya también la aseguró
tendría su protección; la que fue en
adelante para ella muy ventajosa , por­
que él á nuestra instancia la colocó poco
tiempo después muy honrosamente.
Partimos pues, y en el camino nos co­
municamos muchas noticias con un pla­
cer particular de ambas partes. El señor
Haya nos dijo que el camino que tomá­
bamos le era absolutamente desconocido
y que según lo que le parecía, la pla­
ya adonde habíamos arribado después
de nuestro naufragio, estaba sin duda
ignorada de los habitadores de aquellas
tierras. Llegamos á la gruta bien tarde,

DE W ANTON.

!

I3 3

por cuanto los discursos que habíamos
ido haciendo retardaron demasiado nues­
tra marcha. La hambre y el cansancio
no nos mortificaron mucho; pero no
obstante el señor Haya había llevado
consigo sus provisiones, y quiso que co­
miésemos sobre un collado poco después
del medio dia. Admiraba con gusto este
caballero el lugar en donde habíamos
sabido vivir tan alegremente sin el so­
corro de criaturas racionales , y se le
figuraba aquel desierto y nuestro mo­
do de vida asunto de algún cuento ó
de alguna novela. Nosotros le íbamos
demostrando con la mano los sitios mas
ordinarios de nuestra pesca; la fuente
de donde tomábamos el agua para apa­
gar la sed; la playa en donde paseán­
donos dábamos algún desahogo á nuestro
espíritu, comunicándonos los mutuos
descubrimientos, las reflexiones sobre
ellos; el lugar adonde nos sentábamos
á tomar algún refrigerio con la comida,
y finalmente el retiro en que pasábamos
la noche. Como aun no se había ausen­
tado el sol al horizonte opuesto, propuso el señor Haya que nos empleásemos
en el gusto de la pesca, y que otro

134

VIAGBS

fuese A traer el agua de la fuente acos­
tumbrada , á fin de experimentar él tam­
bién aquella noche nuestro modo de
vida pasada. Yo pues eché mis anzue­
los á los peces, y tuve la suerte de pes­
car algunos. Roberto fue á hacer la
provision del agua % y después habiendo
gastado algún tiempo discurriendo en
nuestros descubrimientos acerca de las
yerbas y los insectos, le hicimos ver
una portentosa experiencia sobre uno
de ellos, de la que hablaré en el capí­
tulo siguiente, y con esto finalizó el
dia. Al siguiente no hubo cosa alguna
señalada de que hacer mención acerca
de nuestro viage á la casa del caballe­
ro , adonde llegamos por la noche, lle­
vando con nosotros aquellos muebles
que habiamos podido salvar de nuestro
pasado naufragio.
Habia muchos criados esperando
nuestra llegada con hachas de pez en
la portada del palacio: estos indiscretos
y villanos racionistas se pusieron á reir
luego que llegamos adonde estaban
pero una ojeada de su amo los contuvo
á que estuviesen como debían. Nos sa­
lieron al encuentro sus tres h yas, una

DE WANTON.

13,=}

Mja y su esposa: los primeros mostra­
ron mucha alegría con nuestra venida,
pero su consorte nos hizo un cum pli­
miento muy sucinto y poco expresivo,
de lo que inferimos que nuestra presen­
cia no era muy de su agrado. La cau­
sa que tenia para este sinsabor según
después pude descubrir, era una detes­
table avaricia en todo lo que miraba al
interior gobierno de la c a sa ; de lo
que provenia que era el verdugo de
sus criados que hablaban m uy mal de
ella y aunque las murmuraciones de
estos no sean suficiente argumento pa­
ra inferir la cualidad de los amos sien­
do costumbre de esta viciosa canalla
el no esta r jamas contentos; no obs­
tante hablando de la señora Espina,
( asi se llamaba la esposa de nuestro
magnánimo bienhechor) no mentían
én cuanto la desacreditaban. Por otro
lado esta cuando se trataba de lujo y
de placer, consumiría todo el patri­
monio de la familia para presentarse
como una dama de alto cara'cter en el
m undo, y para estar con satisfacción
de sí misma en las ocasiones que se la
«freciesen. .Así madama Espina unía.

136

VIAGES

como lo hacen muchas de su calidad, uní
avaricia vergonzosa á una prodigalidad
sin límite, poniendo en práctica la prime­
ra para escasear á su marido, á sus hijos
y á toda la casa lo conveniente y nece­
sario; y ejercitando la segunda en todo
lo supórfluo para hacerse caracterizar
por una insensata. La hija estaba mo­
destamente vestida, y con su compos­
tura demostraba una exterior gravedad
pero se leia en sus ojos el ardiente de­
seo de imitar á su madre, aunque era
un perfecto ejemplo de la locura. L la­
mábase Lechuga esta señorita; luego que
nos vid nos hizo una cortesía muy tie­
sa y afectada, y nos d ijo : bien venidos;
pero al mismo tiempo torció el gesto,
queriendo con las palabras y movimien­
tos darnos á entender que la sumisión
á su padre la obligaba á cumplimen­
tarnos; pero que nuestras personas le eran
desagradables y asquerosas. Yo me ha­
bía acostumbrado ya á semejantes ex­
travagancias , y asi no me did mucho
sentimiento el modo con que nos trata­
ron estas monas.
El señor Haya destinó para ambos
una misma habitación, é intimó á do*

DE W AN T 0 N.

I37

criados, que estuviesen obedientes á
cuanto mandásemos, sin que en ade­
lante reconociesen á otro amo que
á nosotros: oyó esta orden mada­
ma Espina , y bastó para que se al­
terase viendo que por este medio sa­
lían de su jurisdicción dos personas
de la casa; por lo que enfadada dijo
asi á su m arido: ¿ Con que por estos
lucidos sugetos que habéis introducido
en casa, yo quedaré privada de dos
criados? ¿Qué injusticia es esta? ¿P o r
dos monstruos que no se sabe de adonde
han ven id o, y que acaso habrán naci­
do de la hez del pu eblo, se vilipendia
de este modo á una seííora de mis
¡ circunstancias ? Yo entonces me presen: té con el modo mas político que ella
| era capaz de entender, y la rogué se
sosegase , asegurándola que nosotros
antes sufriríamos cualquiera molestia
que servirla de incomodidad y desa­
zón ; y a l mismo tiempo Roberto ro­
gó al señor H aya que se sirviese dis­
poner las cosas de otro m odo, para no
dar este disgusto á su consorte: pero
j él que conocia el genio de esta, y que
j quería ser solo el dueíio de su casa

138

VIAGES

respondió que no acostumbraba tratar
de otra forma á sus huespedes; y coa
una severa mirada impuso silencio á la
señora Espina, que tuvo que tragar
el amargo bocado de ver sin efecto su
pretensión delante de nosotros.
Llegó la hora de la cena, y los hijos
del caballero H aya, que á manos llenas
nos franqueaban las finezas, nos hicie­
ron sentar cerca de ellos, por no haber
en aquel pais el estilo de que los foras­
teros se pongan inmediatos á las seño­
ras, por cuanto estas traen consigo el
enfado de tener que servirlas, con lo
que disminuye el placer de la mesa:
fue esto para mí de mucho contento,
pues jamas he tenido tan estragado
el gusto, que haya deseado aproxi­
marme á aquellos objetos que su­
ponen honran cuando son dignos de
compasión. Ademas de que siempre he
tenido una insuperable aversión al faus­
to y d la arrogancia, y en todo tiem­
po he procurado alejarme de aquellas
personas para quienes conozco soy poco
agradable. La mesa fue servida con
muchas viandas, poco mas ó menos de
la misma composición que las nuestras^

D E W ANTON.

13 9

esto es en la que se alteraba la natu­
raleza de los manjares, agregando en
los condimentos algunos materiales del
todo diversos, cuya unión por las dis­
tintas cualidades que se combinan sue­
le ser dañosísimo nutrimento para nues­
tros cuerpos. Ningún plato era del gus­
to de la señora , porque uno estaba muy
insípido, otro muy agrio, aquel con
mucha especia, este con poca, y final­
mente en todos se habia portado el
cocinero como un bruto.
El señor Haya se volvió hácia Ro­
berto , y le preguntó riéndose, si nues­
tras damas entablaban semejante con­
versación en la mesa delante de los
huespedes que jamas habian visto. Ella
se mortificó mucho con aquella pre­
gunta , y Roberto le respondió sábiamente que todo el mundo era pais;
pero que aquella dama se habría con­
siderado en los precisos términos de
estar sola con su familia ; pues fuera
de esta no tenia á su mesa mas que á
dos desdichados que de su mera corte­
sía y liberalidad recibían el sustento.
La respuesta agradó á madama Espina,
con lo cual se serenó un poco ; pero
Tomo i .

ii

1

40

VIAGES

de allí á un breve momento , llamó
al despensero para preguntarle el va­
lor de aquellas provisiones. Todo la pa­
reció de un precio exhorbitante, por lo
que decidió sin detenerse en cosa al­
guna que aquel pobre criado era un
ladrón, que con lo que ponía de mas
en la cuenta, quería enriquecerse, re­
duciendo su casa á un miserable es­
tado. Tuvo que callar este infeliz; co­
mo igualmente hubo de disimular el
que cuidaba de la bodega, á quien su
indiscreta ama imputó que había gas­
tado el vino para venderle y lucrarse.
El señor Haya puso fin á estas imper­
tinencias, levantándose de la mesa: nos
dió las buenas noches, y se retiró con
madama Espina á su cuarto. Los hijos
nos condujeron al nuestro en el que
nos encerramos. La cama era blanda,
compuesta de muchos colchones de al­
godón , las colchas de finísima seda.
La pieza estaba llena de pinturas his­
tóricas, y en lo demas adornada cua­
si como las nuestras: solo faltaban los
espejos, por lo que resolví ( suponien­
do ignoraban ellos este invento) sor­
prenderles al dia siguiente, mostrán-

DE W ANTON.

141

doles uno de los que habíamos llevado
con nosotros.
C A PITU LO XV.

,

Del descubrimiento de una yerba y un
insecto muy particulares y pareceres
de algunos doctores monos.

A

ntes de ceñirme á la narrativa de
lo que noté y me sucedió con las mo­
nas ciudadanas, quiero dar parte á mi
lector de dos descubrimientos que hi­
cimos en nuestro desierto en aquellos
tiempos en que yo andaba por los
montes en busca de yerbas desconoci­
das, para hacer las observaciones á que
estaba destinado por Roberto, y el iba
también buscando sus insectos.
Hallé pues un dia en la cima de un
pequeño collado algunas yerbas, cuya
figura movió á hacer alto á mi curio­
sidad. Las estuve mirando por algún
i tiempo, y aunque mas iba haciendo
memoria de todas las de nuestro pais,

1^2

VIAGES

encontraba de estas á aquellas una to­
tal diferencia, sin que pudiese imagi­
nar para qué uso se producirian estas
otras. Cogí un pequeño manojo de ellas
y me las llevé á la gruta: Roberto es­
tuvo registrándolas, y aunque él era
muy versado en la botánica, le pare­
cieron totalmente nuevas: estaban lle­
nas de polvo, por lo que fuimos á la
playa para lavarlas: luego que las echa­
mos en el agua, vimos á esta tinturar­
se tomando un color amarillo como el
del azafran : no me sorprendí mucho
de este fenómeno, y dije á Roberto
que discurria que esto proviniese del
polvo que las cubria, que siendo sin
duda de aquel color, interpolado con
el agua, producirla aquel efecto. Bien
puede ser eso, respondió Roberto, pero
cuando se trata de esperiencias, es ne­
cesario no quedarse en las primeras ra­
zones que se presentan á nuestro en­
tendimiento, que muchas veces suelen
ser mas arbitrarias que verdaderas, si­
no repetir las pruebas para ver si el
hecho corresponde á la razón ideada:
hagámoslo pues a si, y renovemos la
operación, porque si es originado del

DE W A N T O N .

I 43

polvo el efecto de tomar el agua esta
tin tu ra , ahora que ya están limpias,
aunque se laven de nuevo en la mar
no advertiremos mutación alguna5 pero
fii la causa está en las mismas yerbas,
se verá el mismo efecto que antes. El
discurso de Roberto era muy puesto en
razón, por lo que reiteramos el esperimento con las yérbas que ya estaban
totalmente limpias del polvo; y ha­
biendo tomado el agua el mismo tinte,
conocimos que tenían la dicha virtud
en s í ; y como esta me ha parecido ma­
ravillosísima, he querido introducir es­
ta relación en mis memorias para que
no se pierda el conocimiento de la re­
ferida planta.
La otra maravilla que me sorpren­
dió m ucho, y que Roberto confesó
que destruía todos los sistemas sobre la
generación de los insectos, acaeció acer­
ca de un animal con muchos pies, que
no conocido por Roberto, le había traí­
do á la gruta para examinar sus pro­
piedades; le cogió junto á un arroyuelo que corría culebreando no lejos de
nuestra fuente. No puedo describir su
figura, porque pasaba facilísimaraente

144

VI AGES

de un estado á otro, ya aumentándose su
extensión á dos veces tan crecida como
su común magnitud, ya reduciéndose
á un cuasi indecible tamaño. Mientras
estábamos admirando semejante parti­
cularidad en el insecto, tuvo Roberto
la curiosidad de dividir uno para ver
como estaba formado su cuerpo en lo
interior, por lo cual le cortó transver­
salmente: no perderé tiempo en contar
como era la composición de sus miem­
bros , porque en esto no consiste la
maravilla. Dejamos por accidente sobre
una tabla de que nos servíamos en se­
mejantes casos al dicho animalillo divi­
dido en dos partes ; pero ¡ qué pasmo!
á la mañana siguiente el tal insecto no
estaba muerto, antes se halló duplica­
do; la parte de la cola habia produci­
do una cabeza con lo demas del cuer­
po que le faltaba; y la parte á que
habia quedado unida la cabeza, se ha­
bia perfeccionado en lo restante, que­
dando el animal entero. Creimos uno
y otro que soñábamos este descubri­
miento, por lo que bien se deja cono­
cer renovaríamos la experiencia y la
observación. Roberto que no era hom-

DE W A N TO N .

145

bre que se dejaba llevar de vanas apa­
riencias, tomó tres de aquellos insec­
tos, separó al uno transversalmente en
cuatro partes, á otro dividid por me­
dio desde la cabeza hasta la cola, que
dejo entera, y al tercero finalmente
abrid por medio desde la cola hasta la
cabeza, que dejó también entera; cu­
brimos todos los pedazos para mayor
seguridad, y esperamos al dia siguiente
para ver lo que sucedia. Apenas nos
levantamos de la cam a, no dejamos
de ir corriendo á registrar nuestros in­
sectos, y hallamos que el primero que
quedó separado en cuatro partes trans­
versalm ente, se liabia convertido en
cuatro insectos enteros, y asi que de cada
pedazo se había formado uno. Aquel
que quedó dividido á lo largo desde la
cabeza á la co la , pero sin tocar á esta,
se había transformado en un mons­
truo de dos cabezas y dos cuerpos que
se unían en sola una cola. Finalmente,
al tercero á quien habíamos abierto
á lo largo desde la cola á la cabeza,
dejándole esta entera, vimos mudado
en otro monstruo de dos cuerpos con
una cabeza sola.

146

VI AGÍS

Roberto no sabia qué pensar, es­
taba como fuera de sí, y le parecía
que era una ilusión lo que miraba.
¡Ah! dijo, mi amado Enrique, este
descubrimiento, en el que temo que
mis ojos me engaiten, hace bien pa­
tente lo débiles que son los entendi­
mientos humanos, y que de ligero se
creen los hombres cuando juzgan que
han encontrado el verdadero camino
por donde se dirige la naturaleza en
sus producciones, esto es, lo que ellos
llaman sistema, por el cual á veces
combaten entre sí con tanto tesón, que
parece que ya han penetrado los mas
secretos arcanos d# la creación. Para
dar mayor valor á la verdad de este
fenómeno, repetimos de varias mane­
ras los esperimentos, pero siempre fue­
ron uniformes los efectos, y siempre
sucedió que cada pedazo de animal re­
producía lo restante, y dentro de po­
cas horas se encontraba en su perfec­
ción , aunque con esta diferencia, que
las partes próximas á la cola, se rein­
tegraban con mayor prontitud que las
que estaban inmediatas á la cabeza, y
asi proporcióftalmente las demás.

DE W A N T O N .

147

Esta admirable novedad fue des­
pués motivo de lograr yo un largo y
serio entretenimiento con algunos mo-<
nos sabios del pais, habiendo tenido la
curiosidad de visitar todas las universi­
dades de aquellas singulares provincias,
y de conocer todos los doctos que tie­
nen los primeros puestos, como larga­
mente referiré cuando tenga que ha­
blar de las extravagantes opiniones que
reinan en aquel nuevo mundo ; pero
puede ser que cuando tengan ocasión
de hablar de ellos, acaso se me olvi­
den aquellas explicaciones que me die­
ron sobre este asunto; por lo que ya
que se me presenta la ocasión de este
prodigioso insecto, el lector me per­
mitirá una corta digresión, en la que
diré lo que acerca de este portento pen­
saban aquellos monos físicos, y la ra­
zón que daban de sus efectos.
Uno de ellos, con aquel aire de
seguridad con que semejantes sugetos
se hacen creer del vulgo, dijo que no
era otra la causa de la renovación del
sobredicho animal : que un desarro­
llamiento. Y o , que por instrucción de
mi amigo, tenia algunos principios de

148

VIAGES

las curiosidades físicas, resolví que era
forzoso explicar este desenvolverse, ha­
ciéndome conocer cómo y de qué ar­
tificio se valia para él la naturaleza;
ademas de que seria cosa dificultosísi­
ma explicar, como de la cabeza sepa­
rada del cuerpo del animal se fuese
desarrollando todo lo restante. Señores,
añadí, no creo que sea fácil empresa
determinar en qué parte del insecto
consista el principio de la v id a , por­
que del portentoso efecto que de él re­
sulta, parece que en todas se encuen­
tra. Luego que dije estas palabras, se
fue levantando con algún trabajo un
monazo viejo, y habló semejantes ra­
zones.
Ved aquí, ó sapientísimas lumbre­
ras de la filosofía, un sincero y desinreresado testimonio de un mono del
otrp mundo , con el que se confirma
mi doctrina , y de mis compañeros y
discípulos. Yo entonces me presumí
oir una exacta explicación, y que me
decidiría el problema, por lo cual rogué á aquel doctor que me aclarase el
punto que se controvertía. El filósofo,
después de muchos preámbulos del to-

D E WANTON.

I 49

do supérfluos, dijo, que la naturaleza
se encontraba toda en todas las partes
del universo, y entera en el entero.
Quiso darme á conocer como se en­
tendía esta opinión; pero confieso la
verdad, que si la palabra desarrollamie.nto no me hacia comprender cosa
de nuevo, la explicación de este ulti­
mo anadia oscuridad á oscuridad.
Otro que allí había con un vestido
ceniciento, me dijo que era cosa sa­
bida que la corrupción de uno causa­
ba la generación de otro , por lo que
no era maravilla, que de la parte cor­
tada y corrompida del insecto se pro­
dujese un perfecto animal. Refutaron
todos los doctores esta doctrina, di­
ciendo que no eran ya tolerables estas
antiguallas, y que convenia dar razo­
nes físicas y mecánicas. Después de esta
altercación, uno de los reputados por
sábios entre ellos dijo asi.
Me parece, señores, que todos en
esta explicación os lleváis poco, y que
vosotros , señores novadores , no ha­
béis dado mas adelantamientos á la fi­
losofía , que mudar nombres , introdu­
ciendo otros algo mas inteligibles, pe-

150

TI AGES

ro que en efecto, aun con vuestros
tan poderosos descubrimientos, en sus­
tancia nada se ha rastreado de la rea­
lidad de las cosas. Mi parecer es, que
el filósofo debe descubrir y admirar,
contentándose con proponer historial­
mente cuanto sabe producir la naturateza , sin tener la demencia de querer
dar razón de todos sus efectos, demen­
cia que os ha hecho proferir todas las
extravagancias que han podido ridicu­
lizaros delante de este forastero, que á
lo que entiendo no es ignorante en es­
tos principios. Mucho se congenió con­
migo esta respuesta, que puso punto
en boca á aquellos presuntuosos doc­
tores.
La continuación en la lectura que
hahiamos hecho Roberto y yo en el
señor de Montaña, único libro que tu­
vimos en la prisión, y alivio de aque­
llas desgracias, me habia despertado la
atención á las cosas naturales, y par­
ticularmente las que pertenecen i las
acciones de las bestias. Sucedió un caso
en la casería de nuestros villanos pocos
dias antes de nuestra partida, que á
una atención filosófica puede dar mo-

DE WANTON.

1 51

tivo de especulación ; por lo que antes
de finalizar este capítulo no quiero
omitir la relación de é l , teniendo pre­
sente que acaso no encontraré otro lu­
gar en estas memorias en que poder
introducirle.
Habiendo salido á caza un dia los
hijos del dueño de aquella rústica ha­
bitación , se dirigieron á un bosque en
donde encontraron la caverna de una
cierva, que habiéndose alejado de aquel
lugar por alguna necesidad de comer
o b eb er, habia dejado allí sus hijos
pequeñuelos, de los que uno era macho
y otro hembra. Los monos jóvenes
agarraron á los cervatillos, y los tra­
jeron á su casa; estos crecieron jun­
tos apartados de los demas animales
en un pequeño corral separado de lo
restante del terreno, mediante un re­
cinto de juncos; teníanse entre sí un
recíproco amor los dos m ellizos, tanto,
que ni por un momento sabian estar
separados; sucedió que la hembra se
puso enferma de una hinchazón que
la sobrevino en la quijada derecha; el
mal se agravó, y no teniendo ya mas
resistencia se murió. Esto fue ya cerca

T52

viages

de la noche, y el ciervo no dio' señal
alguna de sentimiento , pero siempre
se le advertia inmediato como si estu­
viera ella durmiendo. A otro dia des­
pués de com er, determinó el dueño de
la casa desollar la cierva para aprove­
char á lo menos la p ie l, por lo que
dadas las órdenes convenientes á sus
hijos, y ellos provistos de los instru­
mentos necesarios para esta obra, fue­
ron al dicho corral. Nosotros que allí
vivíamos sin forzosas ocupaciones, de­
terminamos seguirlos , no tanto por
observar si los monos hacian aquella
operación de la misma manera que se
ejecuta entre nosotros, cuanto por in­
terrumpir siquiera una hora nuestro
metódico modo de pasar el tiempo.
Acompañamos á nuestros monos, y
entramos con ellos en el referido cor­
ral. E l ciervo miraba á su hermana,
pero no mostraba semblante de triste­
za : cuando nos vio entrar dió un bra­
mido como pidiéndonos favor, ó aca­
so avisándonos para que no interrum­
piésemos el sueño de su compañera,
que según lo que aparecía, él estaba
en que dormía. Nuestros villanos se

D E W ANTON.

15 3

llegaron á la muerta, y en brevísimo
tiempo cumplieron el mandato de su
padre. El ciervo estaba inmoble mi­
rando la operación, pero luego que vio
desollada á su compañera, di<5 tres d
cuatro bramidos terribles, erguiendo
el cuello y pateando la tierra, después
se echó sobre la yerba, lanzó algunos
suspiros, bajó la cabeza, y de alli á
poco tiempo espiró.
Quedamos Roberto y yo enterne­
cidos con aquel accidente, del que sa­
camos muchos motivos de reflexionar.
Si me hubiera impuesto el cargo de fi­
lósofo y de especulador, describíria con
este motivo todas las observaciones que
mutuamente nos comunicamos; pero
siendo forzoso volver á tomar el hilo
que se ha interrumpido de nuestra his­
toria, dejo al lector el examen de un
hecho tan singular, y del que aseguro
en realidad he sido testigo de vista.

154

VI AGES

C A PÍT U L O XVI.
Descríbese el palacio del señor Haya
y el tocador de madama Espina .

,

13
escansamos con toda comodidad en
el palacio del seáor Haya. La nueva

cabecera tiene la propiedad de hacer
despertar temprano al que en ella duer­
m e, por lo que me levanté antes que
otro alguno de la familia hubiese de­
jado su cuarto. Salí por el palacio pa­
ra registrar la arquitectura, y exami­
nar el adorno del jardin y las flores
que se cultivaban en él. El palacio
constaba de diversas partes, que las
mas eran inútiles; liabia abundancia
de columnas en donde el peso que sos­
tenían no necesitaba de la décima par­
te de aquel apoyo. Aquellos puestos
que debian estar fabricados con un ma­
terial fuerte y pesado, estaban con el
mas ligero; y por el contrario, en
muchos lugares se miraba empleado
aquel en lugar de este todo repugnante

DK W ANTON.

155

i lo que requería la fábrica. Finalmen­
t e , el conjunto era extravagante, y se
veia que el artífice había cuidado muy
poco de la proporción, y nada de la
realidad que es la esencia de todos los
artes. La mayor hermosura del pala­
cio consistía en mil supérfluos adornos
que sirven de perfecto gusto á los ojos
del vulgo; pero que son fastidiosos á
los inteligentes.
Me acuerdo que hice con Roberto,
hablando de la arquitectura de estos
monos, una comparación de ella con
nuestras novelas; porque asi como en
estas lo admirable destruye á lo vero­
símil y verdadero, y tanto mas agra­
dan í los ociosos é ignorantes que las
leen, cuanto mas llenas están de mons­
truosidades y quimeras ; semejante­
mente una tal arquitectura toma su va­
lor de lo falso y extravagante, y se
hace del agrado de los ignorantes ar­
quitectos á proporción de los errores
que se cometen en ella. No se crea
que yo quiera en esto aludir á nues­
tros arquitectos, pero líbrenos Dios de
que ellos tomen el ejemplo de nues­
tros monos; pues en el regreso que
T omo i .
12 °

I¿ 6

VIAGES

he hecho á Europa, he visto ya un
principio de este falso gusto, que me
alegrara mucho que se destruyera del
todo antes que echase mas hondas raí­
ces. Algunos encontré también de
nuestros monos que lo desaprobaban,
y entre todos un cierto filósofo que
podía compararse en su tenor de vida
á los griegos cínicos, el que para qui­
tar de los artes, y especialmente de la
arquitectura este indigno abuso, que­
ría reducir esta parte de la matemá­
tica á una simplicidad magestuosa y
primordial. El gritaba por todos los
ángulos de la ciudad, que en donde
no se encuentra lo verdadero en la
arquitectura, no era admisible ornato
alguno j y que teniendo la materia su
especí^ca cualidad, convenia atenerse
escrupulosamente á su índole para no
separarse de lo verdadero. El cínico
explicaba su doctrina con un entusias­
mo que se aproximaba mucho á furor,
y aunque fuesen sus discursos geomé­
tricos y puestos en razón, con todo la
novedad del sugeto que los proferia,
la sumisión que se tiene á las obras
de los antiguos, y finalmente el enfá-

DE WANTON.

*57

tico modo con que daba á entender su
pensamiento, le hacia caracterizar por
un solemnísimo majadero. Tuve muchas
ocasiones de conferir con él, y no en­
contré que reprobar otra cosa en su
sistema, que la eficacia mas que poéti­
ca con que le explicaba. Era una co­
media ver como el cínico constante
en las oposiciones de los inteligentes,
firme contra las persecuciones de los
maestros del arte, y paciente con los
que le escuchaban gustosos, todos los
dias hacia algún progreso. Obtuvo al
fin algunas ventajas, porque hechos ya
los oidos del publico á una doctrina,
que á primera vista parecía enemiga
de un arte tan noble, y cuasi rea de
estado por querer destruir en la opi­
nión de los ciudadanos la reputación
de las fábricas mas suntuosas y acre­
ditadas , le fue preciso hacerse cabeza
de secta y alistar bajo sus banderas á
muchos sugetos eminentes en grado y
con fama de sabios.
Tal era pues la estructura del pa­
lacio del señor Haya. El jardín no era
del mejor gusto: en estos se debe imi­
tar con arte á la naturaleza, pero de

158

VIAGES

tal conformidad que aquel quede ocul­
to y parezca producción natural lo
que es efecto de un artificio delicado.
En el jardín de que varaos hablando
todo era al contrario, porque no se
advertía la naturaleza fomentada y
ayudada, sino forzada y ceñida para
aquellos efectos que son del todo con­
trarios á su instituto. Registrábase, por
ejemplo, un árbol cortado en figura
de una mona, una cifra compuesta de
pequeños bojes, á los que impedían
que creciesen para que conservasen
aquella extraordinaria figura, y final­
mente todas las cosas estaban dispues­
tas y obligadas á seguir unas sendas
opuestas á lo que las suele destinar
la naturaleza. Había mucho número
de flores, pero colocadas con tal or­
den y violenta proporción, que el ar­
tificio que en ellas afectadísimamente
se echaba de ver, quitaba todo aquel
gusto que suelen experimentar los ojos
acostumbrados á mirar las cosas en su
disposición natural, y que se halla
cuando se fija la vista en un prado
esmaltado de flores en tiempo de pri^
mavera, espectáculo anto mas her-

DE WANTON.

I5 9

cuanto tiene de menos artificio.
El tener encerrados los peces dentro
de los límites de un largo estanque es
antiquísima costumbre de los pueblos
mas dados al lujo; próximo al jardín
hallé uno de estos recintos de agua,
en el que se mantenían muchos peces
que cada u n o, según el cómputo que
me hizo uno de los jardineros, costaba
á su dueño doble precio del que le cos­
taría si tuviese que comprarle. El se­
ñor Haya conocia esta verdad, pero la
mal entendida idea de cierta forzosa
grandeza le mantenía en la continua­
ción de este abuso, y le hacia que so­
portase voluntariamente la sinrazón de
gastos duplicados.
Y a á este tiempo por la puerta
principal deí palacio salía Roberto,
acompañado de los tres hijos del señor
H ay a , discurriendo con ellos acerca
de las costumbres de Europa. Estos
habland' en verdad, tenían crianza,
pero según noté, el mayor cuidado de
su educación consistía en el adorno de
una cultura exterior. Hacían las corte­
sías con mucho garbo, mesuraban las
palabras, y en sus rostros siempre
d io s o ,

l6 o

VIAGEf

aparecia una risa atractiva; sabían los
nombres de las mejores damas del país;
tenían prontas las especies de las co­
nexiones y genealogías de las princi­
pales familias ; hablaban de guerras,
contaban mil galanterías en materias
amorosas; jugaban muy bien cuando
se ofrecía alguna partida; danzaban
perfectamente, y en un cierto instru­
mento parecido á nuestros violines to­
caban de memoria dos ó tres baileciUos. Con tan bellos dotes no podían
menos de parecer muy bien á los ojos
de las damas, y en efecto eran bien
recibidos en todas las concurrencias.
Pero, por otro término, cuando se tra­
taban discursos solidos, pocas veces
les oí proferir un juicio de peso, pues
por lo regular fundaban sus opiniones
en las comunes preocupaciones del pais,
6 en la autoridad de aquellos que pa­
saban por iluminados ó doctos.
No obstante que fuese cosa mara­
villosa encontrar tantas cualidades aun­
que exteriores en una sola familia, yo
tuve el atrevimiento de decir un dia
al señor Haya, me admiraba que sien­
do él un sugeto de tanta cordura y

DE WAHTON.

I6I

buen gusto, no hubiese dirigido á aus
hijos por la carrera de ocupaciones mas
dignáis de criaturas racionales. Verdad
es, me respondió, ó amigo, eso que
dec/s; pero si hubiese querido educar
i mis hijos según vuestras máximas,
me hubiera atraido el menosprecio de
todo el mundo, que me nótaria de
persona extravagante y enemigo de la
bella sociedad: ademas de que si estu­
vieran excluidos del comercio de lo que
se llama mundo civil, tampoco pudie­
ran esperar adelantamiento alguno en
la corte. El mundo, aíiadió Roberto,
es de esta condición, hace poco aprecio
de lo fundamental y sólido, dejándose
únicamente llevar de lo superficial y
aparente ; por eso el señor Haya pensó
bien cuando condujo á sus hijos por
el camino de la fortuna; el ejemplo
de su padre, y el uso de la vida po­
drán hacerlos filósofos cuando la na­
turaleza los prepare para este efec­
to ; y si no tuviesen las disposicio­
nes que se requieren, de nada sirve
todo el estudio, toda la instrucción y
todas las máximas.
Al tiempo que estábamos de con-

I62

VIAGES

versación con los monos jovenes, lle­
gó el señor Haya á cumplimentarnos,
preguntando si habíamos pasado bien
la noche: después de nuestra respues­
ta, y de otras semejantes formalida­
des introducidas para martirio de los
espíritus sensatos , pero que son el
asunto ordinario de los discursos de los
necios, nos brindó el dicho señor á que
entrásemos en el cuarto de madama,
que ya se había levantado. Ni su vis­
ta ni su compañía tenían á la verdad
atractivos para que dejásemos la agra­
dable conversación de sus hijos ; no
obstante, la política nos obligó á ad­
mitir aquel convite, que para las per­
sonas del gran mundo hubiera sido
apreciado como muy honroso y ape­
tecible. Luego que llegamos á la ha­
bitación de madama Espina nos salió
al encuentro con un rostro muy ri­
sueño, y con expresiones del mayor
agrado; de forma que no parecía la
misma que la noche antes había he­
cho tan poco caso de nosotros: en vez
de los acostumbrados adornos, se nos
presentó de aquel modo que se ponen
nuestras damas cuando se sientan al

C E WAN T 0 N.

163

tocador. Quedé pasmado viendo su m u­
tación ; y el señor Haya que estaba
leyéndome el pensamiento, me sacó
de la duda diciendo á madama E spina:
ved aquí, señora, aquellos dos por­
tentosos personages que no obstante
tener tal poder con sus rayos, han to ­
lerado con paciencia tanto tiempo una
esclavitud de que no quisieron librarse
hasta que se les vino la ocasión á
las manos de preservar la vida á aquel
que los estaba oprimiendo. Con estas
palabras conocí la causa de tan m a­
ravilloso efecto : el temor de no ex­
perimentar nuestra ira en su fam ilia,
y sobre todo la vanagloria de tener
por huéspedes dos sugetos tan singu­
la res, dieron motivo á que así cam ­
biase de semblante. El señor H aya
después de habernos presentado á su
esposa, se separó de nosotros para en­
tender en sus negocios. Madama luego
que quedamos solos, nos llevó á su
gabinete, en donde la aguardaban m u ­
chas doncellas para disponer el acos­
tumbrado adorno de la cabeza. U na
de ellas estaba en pie enfrente de su
a m a, y era el juez que proferia la

164

VI AGES

inapelable sentencia sobre las acciones
de las demás; porque como no cono­
cían en aquellos pueblos el uso de los
espejos, era forzoso que hubiese de­
lante alguna criada docta en la mate­
ria que supliese esta falta. Había pues­
tos sobre una mesa pequeña mil ins­
trumentos de la vanidad, que cada
cual tenia su particular oficio.
Llegaron temblando las doncellas
á la cabeza de su ama para dar prin­
cipio á aquella grande obra, y pu­
sieron en ella las manos con tal seriedad
delicadeza y estudio, que no gasta tan­
to ciertamente un abogado cuando exa­
mina las razones que deben decidir la
justicia de su parte. Un solo cabello
que no obedeciese al peine, era el
mas grave delito para aquella infe­
liz criada que no sabia acomodarle;
este era el caso en que la obser­
vadora insinuaba el yerro á su ama,
y esta montando en cólera, amena­
zaba á la delincuente con los mas
crueles tratamientos ; corrían inme­
diatamente á darla favor como ami­
gas las manos de las compañeras, y
i fuerza de la manteca y de los de-

DE W ANTON.

165

mas" instrumentos estaban trabajando
hasta enmendar aquel desorden , y
someter á la debida obediencia á aquel
rebelde pelo. El repartimiento del ca­
bello , el órden de los bucles y la
cualidad de los polvos, era materia
de una eterna y bien pensada con­
sulta : finalmente , se terminó toda
esta célebre operación , y madama
Espina se levantó del tocador mu­
cho mas horrible que estaba antes de
peinarse. Llamó á su hija para que
se pusiera también en el potro del
lujo. Yo la supliqué me diese su li­
cencia , ofreciendo volver inmediata­
mente. Fui á mi cuarto, tomé el es­
pejo, y corriendo me presenté otra
vez á madama Espina para sorpren­
derla con una maravilla que proba­
blemente jamas habría visto. Póse­
la delante el espejo , y estuvo in­
moble mirando su propia figura; des­
pués me dijo así: no puede negarse,
ó forastero, que no es natural esta
pintura; ¿ pero quién es la hembra
tan horrorosa cuyo retrato estoy vien­
do ? Llegóse la hija para ver ella
también aquel tenido por retrato; pero

*66

VIÁGES

luego que se aproximó á su madre,
y que esta vio ponerse junto á la
prim era la figura de su h ija , se sor­
prendió en extremo , y presumiendo
al punto lo que aquello podría ser,
no se atrevió á hablar mas palabra,
faltando poco para que se la cayese
el espejo al suelo. ¡ ( >h espejo por­
tentoso, dijo entonces Roberto en nues­
tro idioma n a tu ra l, tá solo has po­
dido sacar una confesión tan sincera
de la mas vana de las hem bras! Pu­
blicóse después con sentimiento mió
el chasco por una de las criadas de
la casa que fue despedida de allí á
poco; esta del mismo modo que su­
cede con las nuestras, apenas salió de
servir á madama Espina, contaba por
extenso los defectos de su ama , y
entre otras cosas esta aventura , me­
diante lo c u a l, se divulgo por todo el
pueblo.

DE W ANTON.

167

CAPÍTULO XVII.
De Jas instrucciones que daba madama
Espina ú su h ija .

-A- ejemplo de la madre no fue menos
delicado el peinado de la h ija: desa­
zonó repetidas veces á las doncellas, y
se acabó la obra sin quedar ella conten­
ta. Yo, decía, cuando me case no be de
tener la paciencia de mi madre, y quien
quiera comer mi pan ha de servir mu­
cho mejor que vosotras. Harás muy
bien respondió la madre , porque es ne­
cesario hacerse respetar de esta canalla,
que no piensan en otra cosa que en
asesinar á sus amos. Nosotras, anadió,
que descendemos de tiempo inmemorial
de una sangre que trae su origen de las
venas de antiguos he'roes, estamos por
lo regular envilecidas, humillándonos á
estas, que después de lograr la con­
veniencia de que se las tolere, tienen
el atrevimiento de no guardarnos toda
aquella sumisión que nos es debida.

IÓ O

VIAGES

Otras mil extravagancias digeron éstas
dos nécias en presencia de sus criadas
que de miedo no se atrevían á alzar los
ojos; pero es regular que en su interior
estuviesen llenando de maldiciones á su
ama. Después mandó madama Espina
á su hija que fuese á vestirse con toda
decencia para recibir las visitas que
fueran llegando : ella obedeció y nos
dejó con la madre que tuvo la curiosi­
dad de que la contásemos los sucesos
de madama Níspero y de madama Za­
nahoria, y rió á banderas desplegadas
con las sobredichas aventuras; mostró
particular gusto en saber que habían
sido burladas, y dijo muy mal de ellas.
Entre tanto llegó la hija.
Entró la señorita á presencia de su
madre con todos los adornos que la mo­
da heibia introducido en aquel extraor­
dinario pais; y que habiéndose inven­
tado para procurar hacer mas bien pa­
recidas á las señoras, producían acaso
todo el efecto contrario. Si quisiera ha­
cerme cargo de escribir todas las baga­
telas que el uso ha propuesto como res­
petables, y que el lujo ha hecho seguir
como cosas necesarias, consumiría mu-

DE W A N T 0 N .

I 69

cho tiempo y gastaría mucho papel en
escribirlas. Imagínese mi lector un con­
junto de extravagancias, y todas estas
figuras colocadas en un sugeto por sí
mismo ridículo 5 pues ni aun con esto
podrá formar una justa idea del agre­
gado de galas que llevaba esta señora:
parecerá hipérbole asegurar que tenia
esta sobre sí tanta porción de telas,
cuanta sería suficiente para que se vis­
tiesen otras doce monas, ó que el di­
nero empleado en adornar esta horro­
rosísima figura seria capaz de alimentar
una familia entera por espacio de un
año ; pero la mas grande extravagancia
consistía, en qne la mayor parte de
las telas estaba empleada en aquellos
parages, en donde parece que la natu­
raleza lo necesita menos, porque de la
cintura abajo la adornaban la mitad
mas que en lo restante del cuerpo. La
principal hermosura en aquel pais con­
siste en el buen color del rostro y del
cabello; pero no obstante que estos
dotes de naturaleza son deseados con
toda eficacia por aquellas monas que
solicitar parecer bien, han sabido ha­
llar el arte de hacer maravillosos los

170

VIAGES

defectos; en cuya consecuencia reparten
sobre sus rostros ciertas manchas ne­
gras , que á ser naturales fueran para
ellas el asunto de mayor desazón, y á
toda costa procurarían ocultarlas, espar­
cen también sobre sus cabellos ciertos
polvos blancos muy menudos, con los
que encubriéndose lo negro del cabello,
que es indicio de los verdores de la mo­
cedad, hacen que parezca encanecido
aun el de la mas joven. Asi contrarias
en sus mismos deseos, buscan en la de­
formidad los aumentos de su buen pa­
recer, y como haciendo burla de los
defectos á que se han de ver sujetas
algún dia, si logran la fortuna de que
se prolonguen sus anos hasta la edad
mas avanzada, quieren las haga mucha
gracia aquello que cuando lo tuvieran
por medio de un efecto natural, lo con­
siderarían como una infelicidad muy
grave. Véase de que manera en aquel
desatinado pais se turba solo por ca­
pricho el orden de las cosas, y se bur­
la lo verdadero con lo aparente.
Luego que llegó madamita creyó
la madre que atraería á sí nuestra esti­
mación, dándola una seria lección de

DB W ANTON.

I^ I

las obligaciones con que debía cumplir
una mona como e lla ; y poco mas ó
menos la dijo de esta forma : cuando
llegues, hija m ia, á ser visible en el
mundo por medie del vínculo del ma­
trimonio, haz cuenta que para tí en­
teramente se mudó la escena, pues em­
piezas á hacer el papel de un personage
muy diferente del que hasta aquí has
representado. En esta novedad y en la
incertidumbre de tus acciones no hallarás
otra guia ni refugio que la memoria
de las instrucciones que te haya co­
municado tu madre. Al primer paso
encontrarás mil jovenes ilustres que te
harán declaración de lo que te estiman,
que en el lenguage de la nobleza sig­
nifica amar, se dedicarán á servirte , y
el tiempo te demostrará el sentido que
tienen estos servicios. La moda te obli­
gará á hacer elección de alguno de es­
tos servidores; pero cuidado en este caso
de no dejarte llevar precisamente de tus
inclinaciones: pues si así lo ejecutáras
te vieras perdida para siempre, y de tí
se diria en la ciudad lo que se habla
de otras muchas locas, con lo que lle­
garían á saberse otros tantos accidentes,

T omo i .

i3

172

VIAGES

cuantos después darían materia á los
discursos de las conversaciones públicas.
No permita el cielo que yo tenga la
desgracia de ser madre de una dama
imprudente , por lo que en el manejo
de estas cosas no ha de mirarse la ac­
ción , sino el modo de ejecutarla. Te
convendrá pues elegir ó al mas rico, ó
al mas noble, o al mas poderoso de los
pretendientes, y con esto te grangearás
un respetable lugar entre tus iguales, y
servirá de que todo el mundo te rinda
sus obsequios. Ten entendido asimismo,
que en aceptando á cualquiera no pien­
ses en entregarle tu corazón, porque
así te verias perdida y sin remedio; este
viva solo contigo, porque cuando te
parezca puedas tomar otro mejor par­
tido si te lo depara la suerte. Ve aqui
el primer punto de mis advertencias.
En tu casa te deberás recoger úni­
camente á las horas de comer y dormir,
porque una dama de rumbo no ha de te­
ner hora en que pueda parar en su pro­
pia casa. La visita, el paseo, los juegos,
los teatros, las tertulias son ocupaciones
que necesitan demasiado tiempo, para
que sobre alguno en que nos avillane-

DE W ANTOK.

1 73

mos en compañía de nuestras criadas.
Marchítense enhorabuena entre las pa­
redes domésticas aquellas á quienes cupo
la infeliz suerte de un espíritu abatido
y melancólico, ó si no las que por su
edad se miran precisadas, á mas no po­
der, á retirarse por no verse afrentadas
y burladas universalmente en los con­
cursos mas lucidos.
Una señora debe jugar; por loque,
hija mia, mira con seriedad este punto,
que es acaso el mas esencial de nues­
tro modo de vivir. Y á la verdad ¿ cdmo
podrian durar las tertulias, si cuando se
va acabando la conversación por falta
de materia en que discurrir, no ocur­
riese la especie de ponerse á jugar,
único remedio á un mal tan escesivo?
Tú pues pon cuidado para salir maestra
en el juego, pues es asunto tan indis­
pensable á una dama; la prueba de esta
verdad la encontrarás en madama Nuezj
ella está instruida en todos los conoci­
mientos de estas provincias; tiene su
trato con gente literata, y se informa
de todos los artes; pero como no tiene
gusto en el juego, ni habilidad para
aprenderle, no va á las concurrencias

174

VIACES

y está mal vista en todas las conver­
saciones piíblicas: por el contrario su
hermana no abre la boca sino para
una necedad, si hemos de dar crédito
á los rígidos censores de las damas ;
pero con todo eso como sabe manejar
muy bien los naipes, es generalmente
seguido de todas su ejemplo: ella dis­
fruta todos los placeres de la vida civil
mientras madama Nuez con su virtud
afectada pasa las noches enteras meti­
da entre cuatro paredes, rodeada de sus
hijos ( ¡ qué bella compañía !) y ocupa­
da en leer algunas antiguallas.
Proseguía dando la madre sus ins­
trucciones, hasta que conocid en el
semblante que no las aprobaba Ro­
berto , y vuelta hacia él le dijo: ¿y
bien señor, no viven acaso del mis­
mo modo en vuestro pais las señoras
de altas circunstancias ? Es cierto, respondid Roberto, que muchas de las
nuestras siguen ese método de vida que
habéis insinuado como el mas plausible
á vuestra dignísima hija ; pero perdonad
mi sinceridad, estas tales no son las mas
alabadas. ¡Ah! ya os entiendo, señor
Roberto; vos sois uno de aquellos es-

BE WANTON.

I y5

piritas melancólicos, que caracterizan de
malo todo lo que no se hace según lo
que les agrada; pero á pesar de los rí­
gidos sentimientos que vos y vuestros
semejantes sostenéis, queriendo desterrar
del mundo la buena vida, las que esta­
mos dotadas de un ingenio sobresalien­
te, hemos sabido quedar superiores á
vuestras injustas censuras. Roberto to­
mo á buen partido el callar; y mada­
ma que por ventura quería dar mues­
tras de su buena crianza con las dichas
máximas, y advirtió que las desapro­
bábamos no quiso proseguir en sus do­
cumentos. Es verdad que las palabras
de Roberto nos privaron del gusto de
informarnos de la educación con que
se crian los nobles del pais; pero es­
ta pérdida no fue mas que por enton­
ces, atento á que en mil ocasiones he­
mos esperimentado lo restante de tan
detestable doctrina.

jy6

VIAGES

% /% /% %/%>%/l / W W V W / V ^ / V W W W V

CAPÍTULO XVIII.
De la aventura con el doctor
Cilantro.

]N*o es mi intento abusar de la espe­
ra y tolerancia de mis lectores en la
descripción de las menudencias que nos
sucedieron en esta casa, instándome la
historia para que cuanto antes vaya des­
cribiendo los usos de la ciudad, en
donde, como en un espacioso teatro,
se miran con mayor realce las extra­
vagancias. Sí diré solamente, que en
este palacio encontré en el señor Haya
y sus hijos unas luces regulares, cul­
tivadas al estilo de la gente ilustre, esto
es, con unos superficiales conocimien­
tos, y en las hembras no con otra cosa
que con la depravación del gusto y
una continua falsedad en los juicios.
Paso á contar el motivo de nuestro viage á la ciudad, adonde no estaba he­
cha la intención de que volviera aque­
lla familia tan presto, si un acciden-

DE WANTON.

177

te improviso no hubiese' obligado al
señor Haya á acelerar su regreso.
Fue el caso que Jacinto, el mayor
de los hijos, cayo malo con una ca­
lentura, que el afecto del padre y la
delicadeza del sugeto hicieron aparecer
como peligrosa. De nada sirvieron las
propuestas de Roberto , que aseguraba
á los padres del enfermo que el mal
era de poca consecuencia; ni quisieron
aceptar la oferta que les hizo de cu­
rarle en pocos días- No dieron crédito
á su habilidad, en lo que yo tuve un
interior placer, conociendo bien que
peligrosa podia ser á nuestra fortuna
esta experiencia. Es muy común ju z­
gar las cosas por el éxito de ellas, por
lo que asi como puede darse, que la
suerte haga que salgan felices las ope­
raciones de un médico ignorante, co­
mo es lo que mas frecuentemente su­
cede, asi también la misma fortuna por
lo general enemiga del verdadero mé­
rito, podrá hacer comparecer como ma­
tadora aquella mano que obra docta,
amorosa y prudentemente. Resolvieron
enviar á la ciudad en busca de uno
de los mas acreditados médicos, no

iy f l

VIAGES

habiendo querido conceder la madre
que se oyese la opinion de cierto mé­
dico del lugar, al que (aunque solia
servirse de él en caso de necesidad pa­
ra los criados cuando alguno se ponia
malo) no queria que se llamase para
las ocurrencias de las personas princi­
pales de su casa. El viage desde la ciu­
dad á la aldea en que nos hallábamos,
no era mas que de tres horas, por lo
cual en aquel mismo dia llegó el mé­
dico , que fue abrazado de toda la fa­
milia como un ángel venido del cielo.
Yo estaba en la alcoba del enfermo
al lado de su cama á la hora que lle­
gó el Hipócrates de las monas. Luego
que me vió, prorrumpió en un horri­
ble chillido cayendo espantado en tier­
ra , por no haber tenido la precaución
de advertir á su señoría sapientísima
los raros huéspedes que se albergaban
en aquella casa. Reíase el enfermo á
carcajadas y todos hacían lo mismo,
sino el señor H aya, que deseoso con
ansia de.la salud de su hija, temía que
acaso el accidente sucedido al docto
personage pudiese retardar la cura. Las
doncellas corrieron por espíritus para

DE WANTON.

I 79

hacer volver en sí al pobre médico;
los criados le levantaron del suelo, y
cada cual empleo cuanto estaba de su
parte para el alivio del venerable monazo Finalmente, á fuerza de confor­
tativos le hicieron recobrarse; y luego
empezaron á contarle como habíamos
arribado de lejísimas tierras, y le di­
jeron mil alabanzas en favor nuestro.
Avergonzóse el doctor de su debilidad,
y para dar á entender su instrucción,
dijo que sabia muy bien que había
países en que vivian otras monas de
diverso aspecto, y que su caída no fue
por haberse asustado, sino por un re­
pentino desvanecimiento. El queria en­
cubrir asi su flaqueza; pero bien co­
nocieron todos que era aquella una es­
cusa , pues el grito did señales m ani­
fiestas de su temor.
Nos saludd después atentamente y
llegándose á la cama de Jacinto, le
preguntó como había pasado la noche,
é informado de que habia dormido ra­
zonablemente , quiso saber si el cuerpo
estaba obediente á sus regulares opera­
ciones, y se le respondió que camina­
ba bien el enfermo en este asunto.

l8o
VIAGES
Agarróle el brazo, tomóle el pulso, y
después de haber estado pensando con
una seriedad magestuosa, decidid que
el mal necesitaba algún cuidado. El
señor Haya y sus hermanos solicitaron
saber las causas y cualidades de la en­
fermedad , á lo que correspondió el
médico exponiendo su doctrina con un
largo discurso aplaudido de toda la
familia. No pude entenderle una pala­
bra, porque se sirvió de unos térmi­
nos que yo jamás había oido. Volvíme al señor Haya, rogándole se dig­
nase explicarme alguna cosa, pero él
me respondió sinceramente que tam­
poco lo había comprendido. Yo estaba
pasmado de las admiraciones que habian hecho de lo que no entendían, y
tuve en fin el atrevimiento de pregun­
tar al doctor acerca del significado de
aquellos terminotes; pero éste que era
un astuto embustero, solo me dió por
respuesta una sonrisa compasiva , con
la que quiso dar á entender á los que
allí estaban, que despreciaba mi te­
meraria pregunta , como proferida por
una persona ignorante é incapaz de los
arcanos de la medicina. Llegado el caso

DE WANTON.

I8 1

ríe haber de mandar los medicamen­
tos , pidió recado de escribir y puso
con unos caracteres diabólicos ciertas
palabras bárbaras y en abreviatura,
que no pudo leer persona alguna de
la casa. Preguntáronle qué era lo que
recetaba, y respondió como lo que or­
denaba era un purgante.
Roberto no pudo detener la risa,
con la que se irritó el médico en su­
mo grado. ¿Qué motivo teneis , dijo
éste, para reiros y hacer burla de mi
ciencia? Yo, respondió, señor doctor,
no pretendo ofenderos, pero no pue­
do dejar de reirme, cuando oigo que
á un enfermo, cuyas operaciones ca­
minan metódicamente, mandáis tomar
una purga, que forzosamente debe cau­
sar en su cuerpo una conmoción , que
cuanto menos se conoce necesaria pue­
de ser tanto mas nociva. Puso tan di­
ficultoso el semblante el médico, que
daba miedo. Comenzó luego á expli­
car desde los principios la medicina, y
con un discurso larguísimo y fuera de
propósito, resolvió finalmente que no
habia en su arte otro remedio seguro
sino el purgante.

1 82

VIAGES

Yo 03 concederé, replied Roberto,
qne este surta el efecto para que le
aplicáis, que es para que se evacúe el
cuerpo; pero creia yo que se tratase
en este caso de averiguar si tenia ne­
cesidad el enfermo de esta evacuación:
esto no habrá de conocerse, sino de­
terminando cual sea la ocasión de su
m a l, y entonces combinándola con el
ordinario temperamento del paciente,
hacer juicio de si á uno y á otro po­
drá ser provechoso el medicamento que
se propone: porque yo permito, por
ejemplo , que tal simple y tal droga
tengan una cualidad intrínsica ardien­
te ó refrigerante, y que sábiamente se
apliquen en el caso que el doliente se
halle con enfermedad que requiera por
sí semejantes remedios ; pero en ver­
dad, señor m ió, que si á un enfermo
de complexion fogosa mandáis tomar
nn medicamento cálido, le haréis el
beneficio de que jamás vuelva á sentir
otro m al: asi pues no se ha de tratar
tínicamente de saber la virtud de una
yerba , de una droga ó cosa semejan­
te, no se ha de conocer solamente la
enfermedad del que en su urgencia os

DE WANTON.

I 83

pide socorro, sino que es necesario al
mismo tiempo que comprendáis la ac­
tividad del remedio, hecha compara­
ción con la necesidad que tiene de él
el doliente, y que sepáis aplicarle á
proporción según los grados del mal.
Yo en realidad no niego la eficacia de
los remedios; tampoco creo imposi­
ble , aunque sí dificultosísimo, el ver­
dadero reconocimiento de las causas
que alteran la salud de los vivientes;
pero aseguro que el punto mas arduo
es saber aplicar aquellos á estos con
oportunidad para que produzcan el
efecto que se solicita.
Ahora vengamos al caso presente,
¿ Por qué causa queréis hacer evacuar
á un cuerpo que no se siente cargado ?
¿Por qué le proponéis un medicamen­
to que forzosamente ha de producir
una alteración que no sabéis en qué
vendrá á parar ? Yo dijera que en es­
ta especie de mal se debería mas bien
coadyuvar á la naturaleza que irritar­
la : no sabemos aqui qué origen será
el de la calentura de que vamos ha­
blando , por lo cual siempre será pe­
ligrosa la experiencia de buscarle don-

I 84

VIAGES

de acaso no está, y con remedios fue­
ra de propósito agravar una enferme­
dad, de la que dejando solo obrar á
la naturaleza, brevemente se verá li­
bre nuestro joven, según de todas las
apariencias se colige. Mas todo lo refe­
rido juzgúese lo he dicho únicamente
movido de puro zelo por el calenturiento, y para ini mayor inteligencia.
El medico estaba muy sofocado, y
creo que esto proviniese de que se veia
concluido; y queria no obstante res­
ponder á las razones de Roberto; pe­
ro á este tiempo nos llamaron á comer.
E l lugar preeminente cedieron todos
á la sabiduría , y yo logré el honor
de colocarme inmediato á este oráculo
de la medicina. El doctor observaba
un gran silencio , y tenia un aspecto
tan serio y melancólico, que parecía
estaba abstraído en profundísimas con­
templaciones. Madama Espina le pre­
guntó acerca de la cualidad de todos
los manjares , y él respondió alabando
la dieta y los alimentos simples, fun­
dando su razón en que las comidas
alteradas con las diversas cualidades de
sus composiciones, no podían menos

DE WANTON.

I 85

de ser nocivas á nuestro cuerpo: no
hubo quien no aprobase su doctrina:
yo para aprender con mayor funda­
mento la verdad de su opinión, de­
terminé seguir su ejemplo, imaginán­
dome que quien tanto la ensalzaba pa­
ra los otros, la practicarla con mayor
puntualidad consigo mismo; pero co­
nocí prontamente que no bastaba mi
estómago para poder imitarle, porque
fue tan voraz en el tragar, y parti­
cularmente de las viandas alteradas,
que si me hubiese empeñado en se­
guirle sin duda hubiera reventado.
Acabóse la comida, y de sobreme­
sa se entabló la conversación de algu­
nos discursos físicos. Nosotros conta­
mos muchas maravillas de nuestro pais;
pero Roberto, deseando divertir con
mas particularidad á los oyentes, los
informó de su singular descubrimiento
acerca del insecto de muchos pies, de
que ya queda hecha mención. Luego
que oyó el médico que de cada parte
del animalejo que se dividió en diver­
sos trozos, después de pocas horas se
completaba un todo perfecto, se le pro­
puso que se le habia venido la ocasión

i 86

VlAGES

á las manos para tomar venganza de
R o b e rto , por haberle concluido con
motivo de la purga; en virtud de lo
cual, con mil bufonadas se puso á reir
de la relación de este suceso; yo le di­
je que no me parecía muy buena crian­
za desmentir con befa un hecho en pre­
sencia de dos que eran testigos de vista
de él. Vosotros estabais durmiendo, me
respondió, y soñasteis eso, porque-ello
es un imposible. ¿ Y por qué es impo­
sible ? añadí yo. P orqu e, replicó él,
jamás se lia visto ni oido cosa seme­
jante. ¿Con quién pensáis que estáis
hablando? añadí yo entonces no pudiendo sufrir mas ; no somos nosotros
tan necios como os parece; ni menos
ciegos secuaces de vuestras decisiones
com o estáis generalmente acostumbra­
do á encontrar. Vuestras palabras, se­
gún v e o , pretenden hacernos creer
que todo lo sabéis, y que no ejecuta
la naturaleza cosa alguna de que no
tengáis noticia. ¿Con que no puede ser
una cosa solo porque vos no lo enten­
déis? ¿Q u é , teneis vos comprendidos
todos los secretos y modos de que sé
vale la naturaleza para la generación

DE WANTON.

187

de los vivientes ? Según lo que habíais
á lo menos lo pretendéis; pero entre
el intentar y el conseguir hay tanta
diferencia como entre el cuerpo y la
sombra. Yo os haré un argumento tan
cierto como concluyente. El fenómeno
del insecto es cierto porque está esperimentado, y porque puede repetirse
esta experiencia cuando se quiera; vos
no lo. entendéis; luego confesáis vues­
tra ignorancia; vos por no entenderlo
lo negáis; luego vos mismo os caracte­
rizáis de un ignorante soberbio; y úl­
timamente, vos os mofáis de é l, luego
á vuestra ignorancia y soberbia, se de­
berá aííadir vuestra desvergüenza.
El médico se resintió mucho con
mis palabras , y poco faltó para que
perdiese el respeto al lugar en que se
hallaba; pero el señor Haya que has­
ta este punto había estado callando,
dijo de esta suerte: no soy yo de los
más fáciles á dar asenso á unos efectos
tan portentosos no viéndolos por mí
mismo; pero con todo eso, nunca lle­
garla mi atrevimiento á hacer burla
de lo que me contasen, por maravi­
lloso que fuera, oyéndolo en boca de
T omo i .

14

188

VIAGES

dos personas cuya sinceridad no tuvie­
se por sospechosa. Tenedlo pues por
cierto, señor doctor; y si el afirmarlo
yo , juntamente con estos dos foraste­
ros, no puede inducir vuestro ánimo
á persuadiros á la verdad de lo que se
ha referido, usad á lo menos de mas
prudencia para no oponeros, y dad á
estos señores una idea mejor de nues­
tros sabios. El señor Cilantro, ( que
este era puntualmente su nombre ) tu­
vo que poner fin á la disputa, y que
sufrir la mortificación duplicada de ver
confundida su soberbia con la deposi­
ción de un testigo tan honorífico para
nosotros, y de oir la justa reprensión
que merecia su atrevimiento y falta de
política. No obstante, este triunfo nos
costó caro en muchas ocasiones, por­
que aunados los módicos, nos declara­
ron una continua guerra, y nos dic$
motivo á sufrir muchas calumnias.
He hecho la observación de que no
hay peor enemigo en el mundo que el
que se adquiere cualquiera con ocasión
de desprecio en materia de entendi­
miento ; y asi los literatos ó concluidos
ó escarnecidos jamas la perdonan. Ha-

DE WANTON.

l8 (^

l»lo de aquellos literatos que solo ador­
nados de palabras, y acostumbrados á
disputar con obstinación, están al mis­
mo tiempo absolutamente vacíos de
aquellos conocimientos, que deberían
ser su verdadero adorno. Los verdade­
ros fdosofos caminan exentos de seme­
jantes preocupaciones, y contentos con
ir buscando la verdad, no tienen la
descabellada pretensión de creer haber­
la encontrado totalmente. A las inju­
rias de los médicos no respondíamos
con injurias, sino solo con la risa, y
con aquel noble menosprecio que es
propio de un juicio recto : nunca ha­
cíamos caso de sus acometimientos. Pe­
ro con todo eso, esta nuestra médica
persecución, causó notables danos á sus
profesores en aquel pais, pues con sola
una máxima que esparcimos, y con
muchos ejemplos y declaraciones que
insinuamos en los corazones de aque­
llos patriotas, la falsa medicina per­
dió mucho de aquel lustre y crédito
de que había estado en posesión por
tiempo inmemorial. La máxima fue,
que mejor era pelear con un enemigo
que con dos: luego viniendo á su apli-

19 0

VIAGES

cacion , mostrábamos que el medico,
por lo regular, es un enemigo mas da­
ñoso que el mismo m al; porque o por
impericia en é l , ó por un involuntario
engaño, impide con sus medicamentos
la cura de un accidente, del que la
misma naturaleza en poco tiempo nos
libraria. Luego que fue bien compren­
dida esta máxima en el mundo mono,
muchos fueron los que desterraron de
su casa á los médicos, y puedo asegu­
rar que en aquellas familias entre las
que se tomó esta providencia se goza­
ba perfectísima salud; lo que no su­
cedía en aquellas que aun continuaban
en enriquecer á los médicos y botica­
rios. Digna de alabanza debe juzgarse
la satisfacción que de ellos tomamos,
pues descubriendo sus imposturas, res­
tituimos la salud á este pais, que es el
bien mas principal é interesante.
El doctor Cilantro, temeroso de que
no le tratásemos peor, pidió su licen­
cia para volverse á la ciudad, acaso
suponiendo su indefectible asistencia
para algún enfermo, con la mira si le
detenían por fuerza, de poder dar ma­
yor aumento á su crédito, y acrecen-

DE W ANTON .

191

tamiento á su bolsa: pero el señor Ha­
ya que le consideraba ya supérfluo pa­
ra su h ijo, y que ponía su entera con­
fianza en Roberto , que le había ofre­
cido ponerle bueno, le concedió fría­
mente la licencia que le pedia para
marchar. Fuese pues aquel científico
personage, que pudo computar desde
aquel dia la época de la decadencia de
una estimación que ciertamente no me­
recía. Ved aqui por donde nos hicimos
médicos. Roberto mandó suspender el
purgante que el excelentísimo Cilantro
había dispuesto, y en su lugar substi­
tuyó solo caldo y agua. No nos apar­
tamos de la cabecera de Jacinto con
una atención cariñosa y necesaria, por­
que nos importaba. La fortuna y buen
régimen coronaron nuestras fatigas; y
por el buen e'xito, como generalmen­
te sucede en todas las cosas , la fa­
milia nos dió aplausos, y Jacinto nos
quedó eternamente agradecido, confe­
sando que absolutamente nos era deu­
dor de su vid a, no obstante que el
mal no hubiese sido de mucha consi­
deración.
Ya se había dispuesto nuestro re-

192

VIAGES

greso á la ciudad al punto que cayó
malo Jacinto, por lo cual no pareció
conveniente retrasar la orden. Noso­
tros temamos vivísimos deseos de co­
nocer objetos de mayor consideración
que una casa de pobres boyeros y un
solo palacio de nobles. En las ciuda­
des á cada paso se encuentran ocasio­
nes de ver, de admirar y de reir. Ya
se iba aproximando el tiempo de que
gozásemos de este nuevo teatro, por Jo
que puede imaginarse cual seria nues­
tro gozo. Roberto antes que partiése­
mos , me separó para hablarme de la
manera siguiente.
En el desierto, para que pudiése­
mos estar entretenidos, temamos hecha
distribución de nuestras ocupaciones*
y ahora en la ciudad se hace mas for­
zosa esta división, por la infinidad de
objetos que han de presentársenos: no
será malo, me parece, que yo tome
á mi cargo la aplicación al conoci­
miento de su gobierno civil, la inda­
gación del sistema y mas recónditos
secretos de su gabinete, y la consi­
deración de sus fuerzas, sus riquezas
y sus leyes: iré observando y escri-

DE WANTON.

I 93

biendo todas estas noticias, y á ex­
cepción de estos puntos que para mí
reservo, los demas asuntos habrán de
ser de vuestra inspección. Nuestros
recíprocos descubrimientos podrán ser­
virnos de gusto mutuamente; porque
leyendo vos mis memorias , y recor­
riendo yo las vuestras, pasaremos asi
el rato que nos parezca cuando cual­
quiera de nosotros desee saberlo por
sí solo. Acepté la propuesta ; por lo
que mis lectores no esperen que yo
trate en aquellas materias que para sí
reservé Roberto, sino que algo se to­
que por incidencia. En mi relación
solo encontrarán aquellas cosas que
yo he descubierto, visto y conside­
rado ; y si quisieren tener una com­
pleta idea de estos países, podrán apli­
carse á leer la historia que por su
parte ha compuesto mi amigo.

194

VIAGES
%✓%/%/%/%'w % / V % / % / v k ^ v t v v

C A P IT U L O XIX.

De la opinión que formaron de Roberto
y Enrique las monas de la corte.

Jjleg ó la suspirada mañana de nues­
tra partida de la aldea, á la que pre­
cedieron las acostumbradas visitas de
formalidad que se practican por los
vecinos en tales casos. Asi que estuvo
pronto el carruage, nos pusimos en
camino, y al fin de tres horas arri­
bamos á la ciudad que es la metrópo­
li de aquellas provincias. Tendrá este
pueblo como dos leguas y media de
circuito, las fábricas públicas y par­
ticulares son muy suntuosas, pero de
un mal gusto por lo general, y se­
mejantes á proporción á la del señor
Haya en orden á la arquitectura , las
calles largas , anchas y algunas mag­
níficas ; finalmente, me pareció en to­
do muy semejante á nuestras ciudades
de Europa. Hacer prolija descripción

DE WANTON.

I 95

de toda ella, seria prolongar mucho
mi historia , que por la multiplicidad
de las materias, no dejará de ser bas­
tante dilatada.
Luego que se esparcid la novedad
de nuestra llegada, se apresuraron mas
los conocidos y amigos del señor Ha­
ya para venir á hacer la visita de bien­
venida : esta prisa que en semejantes
casos no suele ser tanto efecto de ca­
riño , como uu conformarse con la
moda que está introducida, era en
aquella ocasión mucho mayor por la
curiosidad que los traia á registrar con
sus propios ojos una novedad de la
que habían oido maravillarse á todos.
Nosotros éramos el objeto de esta cu­
riosidad , en lo que ejercite' notable­
mente mi sufrimiento, no solo por
verme hecho espectáculo de tantos personages, sino también por haber de
repetir una y otra vez las mismas
cosas á todos los que venían de nue­
vo; porque cada uno, deseoso de in­
dagar de nosotros misinos lo que los
demas les contaban, nos hacian mil
preguntas , que poco mas ó menos
siempre eran lo mismo unas que otras.

196

VIAGES

Imagínese mi lector en el estado de
la enfermedad mas larga que haya te­
nido en su vid a , y podrá traer á la
memoria, que una de las mayores in­
comodidades en aquel lance, le pro­
venia de las continuas preguntas que
para saber como lo pasaba le iban ha­
ciendo una á una todas las personas
que entraban á visitarle en la cama;
es forzoso en tal caso ir satisfaciendo
á todos; pero es tan enfadoso, que yo
me acuerdo que he perdido muchas
veces la paciencia en semejantes lan­
ces. Asi sucedió aquel dia , bien que
jamás mostré disgusto alguno, mucho
mas , viendo que Roberto, bastante
apartado de m í, y Con mayor toleran­
c ia , estaba desatando dudas, explican­
do diversos asuntos, argumentando y
persuadiendo. Convinieron todos aque­
llos monos en que éramos dos criatu­
ras dignas de su estimación, y ase­
guraron al seíior Haya la satisfacción
que habian tenido en hablarnos. No
sé si serian en todos sinceros estos sen­
timientos , pero en muchos de ellos es
cierto que experimenté después una
amistad inmutable.

DE WANTON.

I 97

LaS Señoras no dejaron de hacer
también sus visitas á madama Espina
y á su hija. Repetidas veces tuve que
entrar en el cuarto de estas damas
para pasar revista delante de unas per­
sonas que según todas sus palabras,
me parecían insensatas , y que conti­
nuamente estaban delirando en los jui­
cios que formaban de nuestras perso­
nas. Cual de ellas nos consideraba co­
mo dos bestias ; cual después de un
inútil y largo examen, nos caracte­
rizaba por dos genios malignos, veni­
dos de los infiernos para perturbar al
mundo; y cual finalmente, nos juzga­
ba dos espíritus benéficos y celestia­
les, que habíamos descendido para uni­
versal provecho de Ja especie mona.
Estos pareceres entre sí tan distantes,
causaron en mi mente diversas impre­
siones ; conocí que ordinariamente se
piensa, adaptando los objetos á la de­
bilidad de nuestro entendimiento, y
á proporción del genio que nos incli­
na á hacer el juicio. No fue esta sola
la reflexión á que me condujo tal di­
versidad de sentimientos, pues esto me
diera únicamente á conocer la corta

I$ 8

VIAGES

extensión del entendimiento de los de­
mas ; por cuanto el hombre se con­
suela comparándose ¿1 mismo á los
otros, y comprendiendo en este paran­
gón, que las incongruentes ideas y fal­
sos juicios de aquellos, hacen parecer
brillantes sus propios conocimientos;
pero el fruto que de aquí se deri­
va solo es el de la vanidad ; quise
yo sacar mayor provecho, y así á
proporción de los discursos que for­
maban acerca de nosotros , fundé
una regular esperanza , y adiviné
inmediatamente lo que nos habia de
suceder.
El mundo se compone de tres es­
pecies de personas, hablando de aque­
llas con quienes nos es preciso tra ta r;
esto es amigas, enemigas é indiferen­
tes; el número de las últimas es cuasi
infinito; pero el de las otras dos es
muy corto: esta división se funda en
la razón y en la experiencia, y todo
el que tenga práctica del mundo con­
vendrá conmigo en esta verdad, sin
que sea necesario el dilatarme en ar­
gumentos que convenzan á ini lector
de una cosa que á primera vista puede

DE WANTON.

199

conocer por sí mismo sin disputa.
Otra máxima necesito hacer presente,
y es que todos generalmente amamos,
juzgamos , excusamos , condenamos,
defendemos y protegemos á los demas
según las primeras impresiones, á no
ser que alguna gravísima razón nos
separe de una adherencia , que nos
parece que se deriva de la naturaleza
misma, y es efecto de cierto instinto
cuya causa se busca en vano, aun­
que queremos que aparezca como una
justa elección , conociendo el mérito
y la virtud. Por no hacer dilatada
la digresión en mi historia, no ex­
plico por menor que la mayor par­
te de las incongruencias en la socie­
dad humana proviene de este instinto
con que nos dejamos llevar de lo sen­
sible , y nos separamos de aquel
examen que pudiera hacernos conocer
el mérito ó demérito del sugeto á
quien encamina, ú de quien aparta
á nuestra inclinación.
Previ pues que entre aquellas da­
mas habia algunas que en adelante ha­
bían de fomentar nuestros intereses,
siendo nuestras amigas y protectoras,

•B

200

VIAGES

y estas eran del número de las que nos
consideraban como espíritus celestiales,
que habíamos descendido para prove­
cho universal de aquellos pueblos. La
máxima de que la primera impresión
es quien todo lo dirige después por lo
general en las personas de razón , me
consoló mucho acerca de estas, que
prontamente comprendí con el carác­
ter de poderosas protectoras en lo su­
cesivo : conservaron en efecto este tí­
tulo hasta nuestra partida de aquel
continente ; porque á aquella causa
oculta y natural que las hizo á pri­
mera vista declararse por nosotros, se
agregaron todas aquellas razones que
aun en una total indiferencia las hu­
bieran determinado á favorecernos. Es­
peré también que estas mismas razo­
nes , que no eran otras que nuestra
moderada conducta , de que podria
resultar un no despreciable beneficio á
aquellas provincias, llegarían á hacer
que reformasen su opinión las que tan
malignamente habían pensado acerca
de nosotros: desde luego consideró á
estas como enemigas nuestras, y por
tanto empleé después todo mi conato

DE WANTON.

201

en hacerlos deponer aquella preocu­
pación que nos hacia tanta injusticia:
en efecto, mis esfuerzos no se frus­
traron del todo, porque pude conven­
cer á muchas, bien que quedaron otras
obstinadamente en su engaño. No me
admiré de ello , porque en todo el
mundo he encontrado ciertos espíritus
tercos, que atropellando á la razón,
se apasionan ó aborrecen á aquellos
objetos que el instinto, la inclinación
ó una cierta simpatía ( perdóneseme un
vocablo que nada significa ) hacen
comparecer muy distintos de lo que
fon en sí. Las damas que nos tuvieron
por bestias fueron las indiferentes, y
estas con el tiempo se declararon por
nosotros, y nos fueron tanto mas ami­
gas, cuanto por sola la razón se ha­
bían determinado á estimarnos.

202

VIAGES

CAPÍTULO XX.
De lo que pasó en la tienda del café.

T o d o aquel dia se gastó en referir
unas mismas cosas , presentándonos á
los que vinieron de visita á la casa
del señor,Haya, estando expuestos á la
compasión de muchos, á la risa de
algunos y concillándonos la estimación
de los restantes. A la noche nuestro
liberal huésped volvió á asegurarnos
sus beneficencias , jurándonos por vida
suya que emplearía toda su atención
en que el tiempo que permaneciése­
mos en su patria, estuviésemos con
gusto completo, y de tal manera com­
placidos , que pudiésemos olvidarnos
de las delicias de Europa. Para que
las obras correspondiesen á las pala­
bras , mandó á su hijo segundo que
se llamaba Narciso, que nos llevase
á otro dia por todos los puestos mas
divertidos de la ciudad , advirtiéndole
nos procurase la amistad de aquellos

D i* lo

DE WANTON.

SO3

sugetos mas visibles , reservando para
sí el generoso oficio de preparar á fa­
vor nuestro los ánimos de los mas
grandes señores de la corte.
A la mañana siguiente salimos de
casa acompañados de nuestro conduc­
to r, y después de pasar por entre la
multitud de burlas de la insolentísima
p leb e, que en todas partes es una
m ism a, y á la que no pudo contener
la autoridad del caballero joven , en­
tramos en una á manera de tienda, en
donde estaba congregada ana muche­
dumbre de personas de varios estados.
El oficioso tratante nos salió al en­
cuentro, mordiéndose los labios para
contener la risa; hízonos un cumpli­
miento bastante ridículo, que consis­
tía en expresiones hiperbólicas, y hu­
millaciones que parecían contorsiones
de una criatura asaltada de dolores y
retortijones de tripas, y nos arrimó
después unas sillas para que nos sen­
tásemos. Todos los que allí estaban
se quedaron en sumo silencio , y con
una descortesía provocativa se nos pu­
sieron á mirar de hito en hito: como
no estábamos acostumbrados á tan deT omo i .
15

204

VIAGEÍ

sagradable pasage, por modestia y por
vergüenza tuvimos que bajar los ojos.
De esta primera experiencia de la in­
discreción de aquellos monos, pasa­
mos á otra, que fue el principiar á
hablarse á la oreja, dándonos una ojea­
da entre palabra y palabra, con lo
que ya demostraban admiración y ya
desprecio , según la diferencia de sus
genios y de la impresión que les ha­
bía causado nuestra vista, ó según los
varios puntos del escrutinio que iban
haciendo de nosotros. La compañía del
señor Narciso nos libertó de tener que
responder á muchas preguntas , y aca­
so también de algún insulto ; porque
él aseguró á todos que éramos sugetos de distinción, y amigos muy es­
trechos de su casa. Esta proposición
originó nuevas conversaciones secretas,
pero ninguno se atrevió á aproximar­
se á nosotros, tal vez temiendo que
entendiésemos su lenguage.
Como nos llevó la atención la di­
ferencia de personages que habíamos
encontrado en aquella tienda, y tu­
vimos que pasar por la vergüenza de
vernos hechos objetos de la conversa-

DE WANTON.

205

cion y de la maravilla de todos, no
me quedó tiempo para poder exami­
nar que mercadurías eran las que se
despachaban en aquella casa; pero in­
mediatamente llegó el tendero^, y me
dió una taza de un licor negro que
venia echando vaho : antes de admi­
tirla di una ojeada al rededor , y no
descubrí en todo aquel recinto otra
cosa que semejantes vasijas , que eran
las que componían el capital de nues­
tro mercader. Vedme pues ya en pre­
cisión por no hacerme reparable, de
llegarme á la boca una bebida que no
conocía , y que solo el olor me levan­
taba el estómago : páseme á bebería,
y con su amargura y el calor que
conservaba , sudé mucho y me inco­
modé mas: apurada finalmente la ta­
za , pregunté á mi conductor que de
qué era aquel zumo: sonrióse gracio­
samente el señor Narciso, y me ex­
plicó de lo que se componia, con lo
que yo quedé enterado de que había
bebido agua teñida con polvos de car­
bón; bien que fuese de carbón de una
semilla particular. Son muy aficiona­
dos á esta bebida aquellos naturales.

200

viages

Supe después que estas tiendas sirven
también de dar algún esparcimiento á
los espíritus en las horas que necesi­
tan buscar el recreo, porque en ellas
se encuentra siempre mucha concur­
rencia de personas que con la variedad
de sus discursos entretienen á los que
los escuchan. En estos lugares se en­
lazan algunas amistades, se tratan ne­
gocios de entidad, y suceden al mis­
mo paso muchísimas extravagancias.
Fui conociendo estas verdades con la
práctica y frecuencia que después en­
tablé en semejantes casas; porque aque­
lla mañana fue muy poco lo que pude
comprender. Para que mi lector se fi­
gure una idea de mi sencillez en aquel
tiempo, quiero referirle la opinión que
formaba entonces de algunos de los que
se hallaban en la dicha tienda ; y esto
podrá servir al mismo tiempo para dar­
le á conocer el singular carácter de
ciertos monos.
Mientras yo bebía aquel amargo y
negro licor , entablaron la conversa­
ción dos de los que allí estaban sobre
el asunto de una guerra vivísima que
se liabia por entonces encendido entre

DE WANTON.

Hoy

dos de sus príncipes: uno sostenía las
razones por uno de ellos, y otro las
del partido contrario. Me maraville de
sus noticias, é inmediatamente concebí
un singular respeto á estos dos perso­
nages que disputaban; fue el motivo
que habiéndolos oido contar muy por
menor la fuerza de las dos potencias
beligerantes; lo cuantioso de sus rique­
zas ; los mas ocultos manejos de sus
cortes; las últimas órdenes que se ha­
bían despachado á los generales; al
punto me creí que los tales eran sin
duda de los mas íntimos de los gabi­
netes de aquellos príncipes de quienes
con tunta franqueza hablaban: volvíme al señor Narciso y le pregunté si
por ventura eran aquellos dos minis­
tros de estado, ó privados de los sobe­
ranos, cuyos secretos sabían tan pun­
tualmente. Ni el uno ni el otro, rae
respondió; estos no son mas que dos
mentecatos que se empeñan en abor­
recer á quien no conocen, y amar al
que no hace caso de ellos, ni sabe si­
quiera si existen sobre la tierra; pero
lo mas admirable en ellos (que cuasi
s«rá increíble si diariamente no nos lo

208

vi ages

ensenara la experiencia) es que se apa­
sionan por uno de todo corazón, y de
allí á nada son ya sus enemigos para
sostener otra disputa; yo he visto á
muchos de ellos estar llenos de pena
porque la noticia de los sucesos no era
á medida de sus inclinaciones. Y ad­
vertid que todo eso que están diciendo
son las mas extravagantes quimeras de
sofiados desatinos. Se cree semejante
gente con entera facultad de forjar im­
posturas, y llega su disparatar á tanto
grado , que después de ser ellos mis­
mos los inventores de las mentiras que
van sembrando poco á poco, llegan á
creer por reales y verdaderos aquellos
hechos que tienen origen solo en sus
desbaratadas imaginaciones. Pero á lo
menos, repliqué yo, es necesario que
esta gente esté bien instruida; porque
los oigo citar reinos, ciudades, terri­
torios, rios y mil particularidades de
todo vuestro continente: ademas de es­
to están versados en genealogías, tra­
tan de los fines políticos, y parece
que tienen una exacta noticia del po­
der de vuestros príncipes. No entien­
den, replico' Narciso, una palabra de

DE \ V ANTON.

209

todo eso: si hablan de geografía todo
lo confunden; no tienen ni por ima­
ginación idea de las cosas de que so­
lo saben el nom bre; y lo mismo les
sucede en los demas asuntos. ¿ Pues
cómo, dije yo, pretenden alucinar con
tales imposturas á todo el mundo y
aun á sí mismos? Ello es asi, respon­
dió nuestro conductor, y lo experi­
mentareis en llegando á tener alguna
mas práctica de estos fanáticos.
Roberto me hizo seña de que ca­
llase , y luego que llegamos á casa,
me amonestó, y me dijo, que no me
admirase otra vez de las locuras que
igualmente que en aquel pais se en­
contraban en todas las partes del mun­
do. Conocí con el tiempo que me acon­
sejaba con verdad, pero siempre que se
me presentaron semejantes ocasiones,
no dejó de maravillarme de tales extra­
vagancias, que son por cierto incontras­
table prueba del poco entendimiento
de los que tienen la desgracia de in ­
currir en ellas: he visto prácticamente
cuan á menudo se hallan en el mundo
los despropósitos, y esta misma experien­
cia me ha confirmado en mi opinión.

í 10

VIAGES

Mientras estábamos en nuestro dis­
curso , vimos venir por la calle un
joven que con desenfado se fue entran­
do por la tienda. Este era uno de los
que parece ponen todo su estudio en
que aquellos que los ven los tengan
por insensatos, creyendo ellos que sus
propiedades y modo de manejarse son
de unos genios desembarazados; vicio
que por lo general se encuentra en la
nobleza de aquel pais, y con el que
logran perfectamente el efecto que es
regular, esto es , el desprecio de todas
las gentes de juicio. Traía en la mano
derecha una caíia que volteaba entre
los dedos, y con ella daba golpecitos
ya á unos, ya á otros en las piernas,
como baria un niño jugando con un
palito ; tenia la otra mano puesta en
la cintura ; se paseaba muy derecho
con la cabeza muy erguida ; y con
una voz desentonadísima cantaba aturdiendonos una tonadilla que no sa­
bia. Pased éste joven la tienda lu­
ciendo su figura sin dignarse de dar á
persona alguna los buenos dias, te­
niendo entendido como los demas de
su especie, que con el trato de buena

DE WANTON.

1! 11

crianza y cortesía , se exponía á que
le perdiesen los demás el respeto. Lle­
go hasta nosotros siguiendo siempre
su destemplada música, y mirando las
telarañas del techo; cuando por casua­
lidad bajó la vista, la puso en noso­
tros, y al punto, ó sorprendido, ó
de miedo, ó no se por qué otro efec­
to , interrumpió su canción ; quedó al­
gún tiempo inmoble como una esta­
tua , y después echó á huir precipi­
tada mente.
Este ridículo pasage ejecutado por
un mono que parecía que intentaba
poner sujeción á todos con aquel aire
afectado de superioridad, movió la ri­
sa universal de la asamblea. Entonces
los circunstantes trabaron conversación
ccn nosotros , y procuramos satisfacer
á sus preguntas con aquella prontitud
que es común cuando se solicita cap­
tar la benevolencia y buen concepto
de alguno. En efecto, les agradó nues­
tro proceder; y noté que para demos­
trarlo, empezaron A murmurar sin tér­
mino, de aquel joven soberbio y de
poco seso ; hablaron de sus talentos,
de sus bienes, de sus parentescos, y

212

VIA GES

de sus acciones de un modo bien dig­
no de compasión ; y desenterraron has­
ta la memoria de su bisabuelo que
según decian había sido boyero ; como
si la falta de nobleza de éste tuviese
conexión alguna con las ridiculeces del
biznieto.
No pararon las murmuraciones bas­
ta la venida de otro joven que llegó
á hablar á nuestro conductor : yo le
tuve por un bailarín, ó cosa semejan­
te, á vista de los movimientos con
que agitaba todo su cuerpo. Le juró
al seííor Narciso que no tenia su gusto
completo sino cuando estaba en su
compañía; y que daría la sangre de
sus venas por él si se ofreciera , aña­
diendo otras hiperbólicas expresiones.
Ya entonces le gradué por uno de sus
mayores amigos, y lo confirmé cuan­
do vi que el señor Narciso nos presen­
taba á é l: inmediatamente nos ofreció
su amistad hasta la muerte ; y siendo
asi que jamas nos habia visto, comen­
zó á alabar nuestra virtud, nuestro
pais, y nuestro nacimiento ; yo estaba
aturdido oyéndole hablar de esta ma­
nera. Sentóse después junto á Narciso,

DE WANTON.

2I3

y llamo su atención para contarle
unas novedades de grande importan­
cia : yo al punto apliqué el oido lle­
vado de la natural curiosidad y con
el deseo de ir formando una idea de
aquel pueblo. El principio diciendo
que el dia antes había presenciado
una partida de juego muy grande
en casa de madama Manzana ; que se
liabia ya alterado la moda de los
festones con otro nuevo estilo ; que
un sastre habia introducido un cor­
te de calzones mas pulido que el
que hasta entonces estuvo en uso;
por irrefragable prueba de esto que
decia , nos ensenó los suyos, y para
hacernos ver mejor su linda hechu­
ra , se levantó hasta la cintura las
faldillas. Aprobárnoslo todo , y el se­
ñor Narciso , para libertarse de esta
m aza, se despidió al punto ; repitió
él sus expresiones con la misma ta­
ra villa que antes , y con gran tra­
bajo nos separamos de aquel impor­
tuno, saliéndonos de la tienda á to­
da prisa. Roberto preguntó á nues­
tro amigo quien era aquel simple; á
lo que le respondió, que no le co-

214

V1AGES

nocía mas que por haberle visto una
sola vez en casa de una parienta
s u y a , en donde se había introduci­
do sin que aun ella supiese sus cir­
cunstancias.
Se iba haciendo tarde, y así de­
terminamos volvernos al palacio del
señor Haya. La comida fue como
siempre magnífica. Se propuso de so­
bremesa que nos condujesen después
de comer al paseo, de dste al tea­
tro , y luego á la tertulia ; pero
Roberto, ya por mostrar la estima­
ción que hacia de la fam ilia, ya por
el verdadero amor que profesaba á
Jacinto, did á entender quería que­
darse aquel dia en casa para hacer­
le compañía. Mucho agrado á todos
una propuesta tan atenta , y por tan­
to se defirieron hasta el siguiente las
sobredichas diversiones, quedando de
acuerdo que nos acompañase también
á ellas Jacinto pues ya se había pues­
to bueno.

DE W ANTON.

2 {5

CAPÍTULO XXI.
De la equivocación de Enrique acerca
de los peluqueros del pais.

A p enas con indecible gusto de todos
se hallaba ya restablecido enteramen­
te de su ligera desazón nuestro gene­
roso amigo Jacinto , cuando tomó á su
cargo con todo empeño el acompañar­
nos para que examinásemos las ma­
ravillas de aquella metrópoli, y para
introducirnos con todos los sugetos
mas visibles de la ciudad. Al salir del
palacio nos rogó tuviésemos á bien que
ante todas eosas se dirigiesen nuestros
primeros pasos á la casa de un céle­
bre compositor de cabezas, porque es­
taba cansado de esperarle: es necesa­
rio, dijo, acomodarse á la práctica, y
seria cosa que disonada mucho com­
parecer en el gran mundo sin aque­
llos requisitos que él tiene por indis­
pensables ; por lo cual, amigos, ha­
bréis de tener la tolerancia de asistir

2I6

VIAGES

á un ejercicio penoso, pero que se ha
hecho forzoso en la vida civil. Ro­
berto le respondió que nuestro gusto
se cifraba en ejecutar lo que fuera su
voluntad, y que su compañía en to­
das partes nos seria siempre de mucha
estimación. Yo que criado en el mos­
trador de un mercader no tenia prác­
tica alguna del mundo, no entendí á
Jacinto una palabra de todo su dis­
curso ; quedándoseme solamente im­
preso el nombre de compositor de ca­
bezas , permanecí algún tiempo sor­
prendido y sobresaltado. Después con
aquella sencillez que provenia de mi
ignorancia , y con la inquietud que
sugiere un verdadero cariño, le dije
estas palabras.
¿Qué infortunio, Jacinto mió, os
ha sobrevenido ? ¿ Qué nueva desven­
tura os ha puesto en necesidad de un
mono que os componga la cabeza? ¿ Teneis alguna contusión? ¿ Estáis herido?
¿ Es de nacimiento el mal ó adquirido ?
¿Es reciente el daño ó es antiguo?Estas
preguntas que fueron intempestivas pa­
ra todos , y que provenían de un buen
corazón, hicieron de tal modo reir á

DE WANTOK.

2 17

los dos hermanes y á Roberto que hu­
be de quedar avergonzado. Jacinto en­
tonces me respondió7: yo gracias al cie­
lo no tengo mal alguno, vos no habéis
entendido bien mi conversación; pero
el hecho os desengañará sin que tenga
yo necesidad de explicaros lo que den­
tro de poco será fácil que comprendáis
por vos mismo enteramente. Entonces
os reiréis de vuestra sencillez que tan­
to me ha obligado, pues vuestro tími­
do rezelo ha declarado cuanto os inte­
resáis en mi bien estar, y me habéis
dado cuanto mas descuidado estaba una
eficaz prueba de vuestra voluntad. No
hay duda que se descubren francamen­
te las intenciones y el interior de
cualquiera en los lances impensados
por no tener lugar la cautela; y obli­
ga con mas intimidad á los corazo­
nes una candidez ignorante, que to­
das las sutiles y estudiosas máquinas
de los aduladores.
No obstante que las palabras de
Jacinto pudiesen disminuir mucho la
mortificación que pasé haciéndome ri­
dículo con mi necedad; el desengaño
que recibí no dejo de entristecerme.

2I 8

VIAGES

No hay mas terrible nota que la que
recae sobre yerros del entendimiento,
sin que quede otro recurso, cuando es­
to sucede, que el de hilar mas delgada
en otro lance; pero puede suceder mu­
chas veces á los necios por reparar el
primer defecto incurrir en otros por el
extremo contrario, y asi perfeccionan
el hacerse enteramente extravagan­
tes. Esto es puntualmente lo que me
hubiera sucedido si hubiese dado á
entender cuanto se me ocurrid en
este caso.
Determinado pues á corregir mi
error, juzgué que esto que material­
mente habia entendido; debía com­
prenderse alegóricamente , y asi decía
entre m í: ¡ qué necio he estado ! Bien
claro se deja entender que este com­
positor de cabezas es un sublime filó­
sofo , que con las máximas de rectitud
y prudencia corrige los defectos de los
entendimientos. De estos censores bas­
tante necesidad tienen todos, porque es
cosa muy fácil apartarse de la senda
de la razón, escuchando las voces del
amor propio; la cual es forzoso volver
á tomar de cuando en cuando, no sea

DE VVANTON.

2I9

q u e , echando hondas raíces los errores
en nuestra alm a, se haga después im­
posible á lo menos dificultosísima la
corrección. Sin duda esto es que Ja­
cinto, como ha estado fuera de la ciu­
dad, se ha privado por este tiempo de
tan ventajosa asistencia y quiere resar­
cirlo : de aqui sacaba motivos entre
mí de admirar la conducta de aquel
sábio joven que solicitaba que endere­
zase sus primeros pasos el maestro de
vivir honestamente. Hecho cargo de
que esto era a si, iba preparándome
para hacer una figura menos ridicula
delante de aquel monazo, que me le
ideaba yo de un carácter muy severo,
y de una grande atención en examinar
los defectos del entendimiento y del
corazón. Fuimos caminando sin que ni
los dos hermanos ni mi amigo recabasen
de mí una sola palabra aunque in­
tentaban desechar de mi imaginación
cualquiera pensamiento fastidioso y de
mortificación que me pudiese haber
acarreado el pasado accidente : tan me­
tido iba yo en mi fantasía, y prem e­
ditando cómo hacerme lugar con aquel
filosofo imaginado para resarcir asi el
T omo i .

i6

220

VIAGES

crédito que me parecía había perdido
con mi ignorancia.
Cuando mas solícito estaba estu­
diando cumplimientos y mesurando el
rostro para comparecer decorosamente
en esta visita, me hallé junto á una
tienda, de donde salid un mozuelo,
delgado como un espárrago, y suelto
como una ardilla: llego á nosotros y
besando los vestidos de los dos her­
manos, les dio la bienvenida y con­
vidó á entrar en su tienda. La forma­
lidad , las cortesías y las expresiones de
este mono eran tan dignas de risa, sien­
do con la mayor extravagancia cuanto
hacia y decia. Vínose después á m í, y
agarrando una porción de mi pelo ( ya
habiamos dejado las pelucas) alabó su
color y sutileza. Siempre juzgué que
á este, como á todos, sorprendiese
nuestra primera vista ; pero él no hizo
reflexión alguna en nuestras personas,
y solo se detuvo en examinar lo que
menos de particular temamos.
A este tiempo volviéndose hacia
mí atentamente Jacinto, me dijo : mi­
rad el compositor de cabezas que vos
entendisteis por un cirujano. Cuan gran-

DE WANTON.

22 1

de fuese mi admiración puede imagi­
narlo quien separado de las preocupa­
ciones del uso, sabe muy bien que ri­
diculez tan formidable es apropiar
nombres sublimes á unos objetos vilí­
simos. Puedo asegurar que fue tal mi
estrañeza, que no pude dejar de vol­
verme á Roberto; y en nuestro natu­
ral idioma, hablarle asi: ¿como, decid­
me , podrá componerme la cabeza este
que demuestra que no tiene para sí,
aun una onza de compostura? Rióse
Roberto, y con esto movió la curiosi­
dad de Narciso, por lo que fue necesa­
rio explicarle al oido todo el asunto:
renovóse la función : y yo que todavía
no había podido llegar á entender cosa
alguna estaba como aturdido.
Entramos en la tienda que era an­
gosta, y lo que era peor, toda estaba
tan cubierta de polvo, que no era fácil
sentarse sin desasearse el vestido. Yo
andaba registrando que mercadurías se
venderían allí, ó Cuales serian los ins­
trumentos de un arte, cuyo objeto no
acababa de comprender; pero, por mas
diligencia y atención que puse no pude
ha41ar otra cosa que tres ó cuatro ca-

82*

VIAGES

bezas de palo, un barreño lleno de
agua , un monton de pelos de mona, y
finalmente, algunos hierros, uno de los
cuales, que tenia figura de tenazas es­
taba puesto á la lumbre. Jacinto se
acomodó en una silla, y luego aquel
mi imaginado filosofo tomó el hierro
que estaba abrasando , y se le aplicó
á la cabeza. Yo ya estuve para gritar
tente bestia; pero aunque me dio gran­
de sobresalto lo que podria suceder en
una operación, cuyos principios me
parecieron muy peligrosos, me hizo
callar la experiencia anterior, que me
había enseñado que el hablar sin con­
sideración es origen regularmente de
tener que avergonzarse y de padecer
algún daño, por la poca cautela de
dejarse llevar del propio dictamen. El
compositor de cabezas comenzó á freirle los cabellos; después con el peine
los dirigia y ensortijaba, y últimamen­
te se los cubrió todos de trigo hecho
polvo. Una niebla se levantó entonces
con los dichos polvos por toda la tien­
da , que juzgué que me ahogaba, por­
que era tan densa que impedia la res­
piración. Acabada la grande obra se

DE WANTON.

223

levanto Jacinto de la silla, y fue cor­
riendo á mirarse en el agua que estaba
en la referida vasija, y quedo satisfe­
cho del señor maestro alaba'ndole su
trabajo. Ya otra vez he dicho que en­
tre las monas no se conocía aun la in­
vención de los espejos, por lo que, no
pudiendo usar de este artificio, se
servían del agua que en algún mo­
do refleja la imagen que á ella se pre­
senta. Finalizada la compostura de Ja­
cinto , se puso Narciso en el lugar de
su hermano, y éste se llego á mí son­
riéndose y diciéndome: ved aqui ya
mi cabeza compuesta: mas bien, le
respondí, podéis decir : ved aqui los
cabellos compuestos; habláraisme en
estos términos, si queríais que os en­
tendiese ; mas no me admiro de vos
que siguiendo el uso común, creíais
que os escuchaba alguno de vuestros
conciudadanos; me pasmo sí de estos
artífices que dedicados á tan inútil y
vano ejercicio, tienen atrevimiento de
apropiarse un nombre que solamente
puede convenir á los cirujanos ó á los
filósofos. Mucha razón tuvierais, res­
pondió Roberto, para hablar de este

2 24

V IA G E S

modo , cuando hubierais arribado de
un pais en que no hubiese tales artes;
bien que estáis en algún modo discul­
pado á causa de la vida oscura y re­
tirada que habéis tenido en nuestra pátria, por lo cual ignoráis que en todas las
partes del mundo se ha introducido el
abuso de enmascarar el lujo y el vicio
con nombre de conveniencia y de vir­
tud. Estábamos hablando con voz baja
de modo que no pudiese entendernos
aquel operario, y asi él seguía em­
pleando su habilidad en Narciso que
estaba con curiosidad de saber aquel
discurso que no o ia, pero que de la
risa de Jacinto y de Roberto argüía
que era digno de su atención. En esto,
Roberto nos pidió licencia por un
corto tiempo para ir á satisfacer cier­
ta necesidad corporal. Yo me quedé con
Jacinto observando al artífice, el cual
miraba y contemplaba cada bucle que
iba formando con la misma atención
con que un pintor registra y examina
la igualdad de sus mas delicados pin­
celes.

DE WANTON.
%'■%/% I W

V W

fc V X

225

* /% .'V '* / % / V V '% '%

CAPÍTULO XXII.
Prosiguen los lances de la peluquería ;
y de la peligrosa aventura en que
se vio Roberto.

lluego que se finalizo la peinadura de
Narciso, se vino á raí aquel artífice,
convidándome á que me dejase servir.
Yo le respondí, que no tenia necesidad
de su arte, por cuanto no estaba acos­
tumbrado á tanta delicadeza; pero le
di gracias por su ofrecimiento, aunque
no se fundaba en otra cosa que en la
esperanza de la ganancia ; ¿1 me re­
plicó, que no dando principio á las
cosas jamas se llegaba al caso de usar­
las; por lo que era conveniente que yo
comenzase á entrar en la moda , de
que no podía exceptuarme si había de
vivir en el mundo civil, y compare­
cer con decencia entre aquellos caba­
lleros de quienes me veia acompañado.
Ademas, añadid, que yo os sabré to­
mar el aire del rostro, con lo que

22Ó

VIAGES

conseguiréis ver corregida en parte la
fealdad de vuestra cara, de forma que
en lo sucesivo, no tengáis una presen­
cia tan espantosa. Aunque nada me
agrado este último cumplimiento, tuve
que disimular por dos razones, la una
porque, defendiendo las facciones euro­
peas; infaliblemente habia de ofen­
der las de los monos; la otra y mas
principal fue, porque, con las perso­
nas de cierto carácter, es mejor callar
que resentirse, pues el silencio puede
mortificarlas y confundirlas; y el dar­
se por sentidos no sirve mas que de
honrarlas, mostrando que se quiere
competir con unos sugetos de quienes
no debe buscarse otra cosa que respe­
to y sumisión. Narciso con cortesía me
quería persuadir á que siguiese su ejem­
plo ; pero yo sinceramente le respon­
dí, qne no llegaba mi locura á tal
término que me dejase tostar los se­
sos por dar al pelo unos dobleces que
la naturaleza no le habia concedido.
La reflexión era justísima ; pero el
muy bruto del artífice entendió que
yo habia proferido la mas necia y ex­
travagante máxima.

\

DE WANTON.

2 2JT

En esta disputa estábamos, que iba
siendo de mi agrado, porque como la
bondad de mis amigos no se ofendia
de mis razones, yo hablaba con liber­
tad lo que se me ofrecía en el asunto,
y habia alcanzado tal ascendiente y
ventaja, que aun en aquello que an­
tes me contradecían, me hacían ya la
justicia de concederme la razón que
no podían desapasionadamente negar­
m e, cuando entró en la tienda, con
gesto de menosprecio, un joven de
aquellos que entre nosotros llamamos
malas cabezas; saludó entre dientes
á los hermanos, y después con poquí­
sima crianza entabló una conversación
en que poder motejarme: preguntó al
dueíío de la casa qué novedades se de­
cían , y éste respondió que nada sabia
de nuevo: pues por la ciudad, dijo
él, corren voces de que los monstruos
están en grande altura con la nobleza
y las damas. Pronunció estas últimas
palabras guiñando un ojo hácia mí y
con una risa irónica.
Se encendieron en cólera mis ami­
gos ; y el asunto no hubiera tenido
buenas consecuencias, si el amo de la

2 28

VIAGES

tienda no hubiese tomado el partido
de pedir con grande cortesía al desa­
tento mozuelo ciertos dineros que mu­
cho tiempo había le estaba debiendo
de la paga de su anterior trabajo. Hi­
zo que se admiraba de la demanda, y
respondióle: me maravillo que un ca­
nalla como tú, tenga la temeridad de
hacer pasar el papel de poco puntual
á un sugeto de mis circunstancias de­
lante de dos caballeros tan recomen­
dables , y de un forastero que, cre­
yendo tus imposturas, puede formar
una opinión que me haga poco favor,
y llevar á su pátria una relación nada
honrosa á la nobleza de estos países.
Obsérvese, que éste tomo en cierto
modo por defensores á aquellos que
poco antes había ofendido. El pelu­
quero levantó el grito y le dijo, que
á los sugetos mas los distinguen las
acciones que el nacimiento: que no
se debía responder con malas palabras
á quien pedia el justo precio de su su­
dor ; y que pensase en pagarle , por­
que sino iria á dar cuenta á quien
conviniese. Bastó esta palabra para li­
brarnos de aquel importuno, porque,

DE WANTON.

229

fingiéndose enfadado, partió alborota­
damente de la tienda, amenazándole y
jurando vengarse de su osadía. Luego
me preguntó Jacinto si me liabia pa­
recido bien la delicadeza de aquel jo'ven en el punto de defender su cré­
dito ; respondile con ironía que muy
bien ; aunque no sin admiración de
oirle mantener con tanto tesón el ho­
nor que en la realidad y obras no tenia.
Cuando estuvimos en casa le conté
á Roberto este suceso, y él me dijo:
¿qué os maravilla la conducta de ese
joven ? Sabed que la mayor parte de
los hombres entre nosotros ( y lo mis­
mo sucederá entre los monos) pone
mas cuidado en comparecer con honra
que en seguir el verdadero punto del
honor; de aqui nace la común distin­
ción del término de honor y del de
reputación; lo primero no es otra cosa
que el exacto cumplimiento de las mas
esenciales obligaciones, y lo segundo
consiste en el crédito y opinión que
los demas forman de nuestro proceder
y de la observancia de nuestras obli­
gaciones: asi es, que un hombre suele
estar tenido en grande reputación sin

230
VI AGES
tener el mas mínimo honor; y por el
contrario, alguno que será honradísi­
mo en todos sus procederes, puede te­
ner la desgracia de no ser reputado
por lo que es en realidad. Ved pues
la razón porque aquel jóven tanto se
ofendió sobre el punto de honra que
no tiene, temiendo perder su reputa­
ción , pues conoceria para sí muy bien
sus defectos, aunque no cuidase de
enmendarlos en la realidad: sabria por
experiencia, y por un cierto consen­
timiento interno, que el mayor mal
que podía sucederle, y que redunda­
ría en perjuicio de sus intereses, seria
el que se derivase de la pérdida de es­
timación común, por tanto quiso de­
fender su fam a, no solo en la aparien­
cia ( bien que en substancia no era
otra cosa) sino también en la delica­
deza con que cumplía sus obligacio­
nes, según le dictaban sus circunstan­
cias, nacimiento y trato de la vida ci­
vil. Por esto vereis siempre á los hom­
bres encolerizarse y llegar á exponerse
hasta lo sumo, aunque corra riesgo la
misma vid a, solo por defender la fa­
ma y el crédito que los distingue en-

DE W ANTON.

23 I

tre todas las gentes; al paso que , á
sangre fr ía , y tal vez con gusto, se
complacen en violar las mas sagradas
leyes de la humanidad y del decoro.
Haced reflexión en estas razones, y
vereis que es lo que al pie de la le­
tra sucede, por lo que no teneis que
extrañar de aqui adelante los lances de
esta naturaleza, ni tampoco dejaros
llevar del engaño de estas apariencias
y ficciones.
Mientras con los dos hermanos es­
taba en la tienda confiriendo sobre las
acciones de aquel joven, se oyó re­
pentinamente un grande rumor que
parecía dimanar de algún grave é im ­
pensado accidente. Salimos á la calle,
movidos de la curiosidad ordinaria en
semejantes ocasiones, y el ruido iba
aumentándose , por lo que nos dirigi­
mos hacia donde se advertía; y enton­
ces oimos repetir unas voces que de­
cían : d a le , mátale. Caminaba una
tropa de artesanos al parage hácia don­
de se escuchaban aquellos ecos con las
armas en la mano. Nosotros tiramos
de las espadas, y en el camino pre­
gunté á uno que llegó junto á mí el

232

VIAGES

motivo de aquel alboroto: dicen, me
respondió', que está el demonio en
aquella ca lle, y el pueblo vá corrien­
do á ahuyentarle. Si yo no hubiese
adivinado el motivo de aquella equi­
vocación, me hubiera divertido mu­
cho con la inconsiderada necedad del
populacho ; pero comprendiendo por
aquel razonamiento lo que podria ser
en realidad, entré en un grave temor
á causa de haberse poco antes sepa­
rado de nosotros mi amigo Roberto.
Aceleramos el paso, y en efecto no
salid errado mi pronóstico, porque fue
el caso, que habiéndose él alejado á
una callejuela oculta para satisfacer
una urgencia corporal, cuando se cre­
yó solo, y por tanto libre de aquella
sujeción que en tales lances acarrea la
vergüenza, fue descubierto desde una
ventana por una m ozuela, que igno­
rando nuestra llegada á aquellos paises, se espantó á la vista de un ani­
mal parecido en parte á la especie de
los monos. Esta novedad produjo en
ella tal miedo, que prorrumpió en ter­
ribles gritos: acudió la familia, y pre­
guntóla qué tenia, respondió que ha-

DE WANTON.

233

bia visto al diablo en la calle. Al
punto creció el temor en todos los ve­
cinos , y aunándose , marcharon arma­
dos para echar de alii á tan peligroso
enemigo. La fortuna de Roberto fue,
que el terror pánico de aquellos men­
tecatos no les daba lugar á acercarse
para hacerle daño; unos á otros se
incitaban, pero ninguno quería apro­
ximarse.
La continua gritería y reiteradas
voces de estos, fueron congregando
mas m onos; y por fortuna nosotros
nos dejamos llevar de aquella conmo­
ción popular, y llegamos á tiempo de
poder sacar á nuestro amigo libre de
los golpes de algún temerario que no
hubiese tenido miedo del diablo. Con
la espada en la m ano, y con la auto­
ridad de nuestros nobles compañeros,
nos hicimos calle hasta juntarnos con
Roberto, que nos dio parte de todo el
suceso. No tanto las razones pomo los
respetos de los dos hermanos, calma­
ron el tum ulto, y nos volvimos juntos
á la tienda. No habia sido ligero el pe­
ligro en que mi amigo se habia visto,
pero como su presencia de espíritu era

234

VI AGES

superior á todo riesgo, estuvo después
con nosotros riéndose de la ligereza
del vulgo tan fácil en creer sobrenatu­
rales aquellas cosas que nunca ha visto:
y hablando también de las bastas ideas
que se forman de los objetos incorpó­
reos. Pero no es solo este pueblo el
propenso á adoptar tan vergonzosos
despropósitos: ¡Ojalá que en nuestra
Europa llegase algún dia el común de
los hombres á saber hacer distinción
entre la idea de la materia y de los
espíritus! En este asunto se han fati­
gado los filósofos para confundir infi­
nitos errores que existen en la mente
del vulgo. ¿Pero qué fruto han saca­
do? La general repugnancia y el co­
mún desprecio.

DE W ANTON.
% V V i% V U ^ 'V V V I 'W V % V W

235
V W V

CAPÍTULO XXIII.
D e la audiencia que dió el príncipe
á Enrique y á Roberto.

-A 1 tiempo que íbamos á salir de la
tienda, llegó el señor Haya acompa­
ñado de una multitud de personages
del primer orden : venia á avisarnos
que su príncipe quería vernos: la co­
mitiva se componía de lo mas florido
de la corte; porque no bien compren­
dieron la voluntad de su soberano los
palaciegos, cuando se apresuraron á
porfía para encontrarnos, y todos, con
las mas agradables expresiones, iban
al rededor de nosotros , procurando
complacernos con sus atentos procede­
res y estilos políticos.
Considérese á aquel Roberto que,
poco antes, reputado por un demonio
se vio en riesgo de perder la vida á
manos de lo ma$ vil del insolente po­
pulacho, escoltado ya de la mas ilus­
tre nobleza de la corte, y reverenciaT omo i .
17

22 6

VI AGE?

do en todas las calles por donde nos
dirigíamos, de aquella misma plebe
que en repetidas ocasiones nos había
dado muchas y bien molestas pruebas
de su desprecio, Reíase Roberto de esta
graciosa é impensada metamorfosis, y
luego que estuvimos juntos, me dio
una larga y provechosa lección acerca
de las mudanzas de la fortuna. Y o, á
la verdad, no tenia tantas experiencias
que hubiera podido dejar á proporción
de las ocasiones de ensoberbecerme con
los sucesos felices y abatirme con los
accidentes contrarios; y asi el mas se­
guro me'todo de hacer el corazón á to­
das pruebas, es el renovar en cual­
quiera acaecimiento las reflexiones pru­
dentes.
Llegamos á palacio, y no solo nos
hallamos rodeados de los cortesanos,
sino también de una infinidad de pue­
blo; subimos una magnífica escalera
precedidos de la guardia, que con gran
trabajo iba franqueándonos el paso por
entre un nublado de curiosos. El señor
Haya á nuestro lado iba refiriéndonos
que después que salimos de casa había
sido llamado á la corte, y que habien-

DE W ANTON.

837

do comparecido ante su príncipe, éste
le había dado á entender, aunque con
su natural benignidad, algún resenti­
miento, porque hasta entonces no nos
había proporcionado la honra de be­
sarle la m ano, que también por haber
oido cosas tan maravillosas de nosotros
se dignaba concedernos su excelsa pro­
tección , y que quedaba esperándonos
sin mas tardanza. Entretenidos con es­
ta conversación, nos hallamos en un
suntuoso salón, y de éste pasamos
unas dilatadísimas galerías y magestuosas salas, todas adornadas de alhajas
de exquisito gusto y de valor excesi­
vo ; y luego que estuvimos inmediatos
al gabinete en que se hallaba el prín­
cipe,, se le avisó de nuestra llegada.
A esta sazón salió á recibirnos su
primer ministro: este personage estaba
dotado de una antigua y madura ex­
periencia ; tenia un entendimiento des­
pejado , pronto, penetrante, y adorna­
do de todo aquello que puede llamarse
ciencia profunda y bellas letras. Con
afabilísimo rostro se llegó á nosotros,
explicándose en semejantes términos:
el príncipe mi amo ha llevado á bien

á

238

VIAGES

vuestro arribo á estos dominios; tiene
la determinación de que experimentéis
su piedad, siendo vuestro bienhechor,
y en señal de su benevolencia os con­
cede el singular honor de daros á be­
sar su mano. Roberto respondió, que
jamás había podido concebir mayor ni
mas noble deseo, que aquel que la
bondad del príncipe nos franqueaba
aun antes de tener la osadía de ima­
ginarlo, y que la noticia de tan subli­
me gracia podia envanecer á cualquie­
ra que no fuese como nosotros, que co­
nocíamos muy bien que favor tan sin­
gular era solo dimanado de su inexpli­
cable beneficencia. Acabadas estas pa­
lab ras, levantaron una cortina, y se
nos mandó pasar adelante.
Entramos en la cámara , y vimos
bajo un riquísimo dosel á un venerable
anciano que nos habló con el mas aten­
to estilo. Roberto llegó prim ero, y
rendidamente le besó la mano 5 yo eje­
cuté después la misma cerem onia: el
príncipe correspondió dándonos con sem­
blante benigno la bienvenida á sus es­
tados. Luego que cumplimos las prime­
ras acostumbradas form alidades, traje-

DE WANTON.

*39

ron dos banquillos rasos en que man­
daron que nos sentásemos. Callaron
todos, y se nos propuso por primera
pregunta, si estábamos contentos en
aquellos paises ; á- lo que respondió
concisamente Roberto, que no podia
piadoso el cielo habernos preparado
mejor fortuna después de tantas des­
gracias como nos habian ejercitado.
Preguntosenos después si era nuestro
ánimo permanecer ya por toda la vida
en aquella tierra. Nosotros, dijo pron­
tamente mi compañero, estamos resig­
nados en la voluntad del cielo, que
privándonos de la esperanza de volver
á nuestra pátria y de morir en su seno,
nada podia disponer mas favorable que
traernos á unos dominios , cuyo sobe­
rano y primera nobleza son la mas
verdadera imágen de la hospitalidad y
esplendidez; pero como es á todos con­
natural el amor á la pátria , confe­
samos q u e , no obstante la honra sin
igual que recibim os, nos es imposible
despojarnos de é l ; por lo que si el cie­
lo quisiere algún dia abrirnos camino
para poder restituirnos á nuestra tier­
ra , no tendriamos libertad para esco-

940

VIAGES

ger entre el partir y el quedarnos,
siendo solo la necesidad quien nos obli­
gase á semejante resolución. Pareció
m uy bien esta respuesta al príncipe, y
alabó nuestro amor á la pátria, y nues­
tro sincero modo de explicarnos, y por
último nos mandó asistir diariamente
á la corte. Nosotros, señor, añadió Ro­
berto , nos procuraremos ese honor,
obedecie'ndoos, y todos los dias ven­
dremos á palacio á recibir vuestros
preceptos, y ponerlos en ejecución. Levantámonos de nuestros asientos para
despedirnos del príncipe, que ya ha­
bía hecho señal para que nos retiráse­
m os, pero antes nos previno que su
ministro tenia los suficientes documen­
tos para instruirnos, que oyésemos sus
advertencias, y que del fruto que sa­
cásemos de ellas, se inferirian nuestros
talentos: volvimos á besarle la mano
y partimos.
Apenas salimos de la audiencia, nos
rodearon todos los cortesanos, quien
nos ensalzaba hasta las estrellas, quien
nos prometía una eterna amistad, y
quien finalmente se recomendaba á
nuestra protección. Bello campo de

DE

WANTON.

241

reflexiones se nos ofrecía sino estuvie­
ra ya recogida la mies por celebérri­
mos autores, que lian examinado la
materia con perfectas indagaciones de
lo general de las costumbres y adula­
ciones de las cortes y de los áulicos.
Condujéronnos á la antecámara, en don­
de se hallaba congregada la flor de la
nobleza del pais. A lli estaba el primer
ministro, que salid de la audiencia an­
tes que nosotros; le hicimos nuestros
cumplimientos, y dijimos como espe­
rábamos con impaciencia los sábios do­
cumentos con que de drden superior
debia instruirnos: vosotros, respondió
el m inistro, sois bastante sábios; mas
si sucede el caso de tener que adverti­
ros en algún asunto en que os baya de
manifestar la intención de mi sobera­
no, lo haré de modo que vosotros mis­
mos vengáis en conocimiento del error
cometido, ó del peligro que os ame­
nace. Atended pues á cuanto os diga
cuando llegue la ocasión de poner es­
tas órdenes en práctica.

«4*

VIAGES
CAPITULO XXIV.

De la novela doctrinal que contó el
ministro.

J\odeados en la antecámara de los
dichos sobresalientes personages, se en­
tablo la conversación de nuestros paí­
ses, y nosotros le dimos puntual razón
de cuanto nos preguntaban. Alguna
repugnancia mostraban en dar crédito
á nuestras relaciones; oposición que
ciertamente nacía de la común cos­
tumbre de no querer creer aquellas co­
sas que nos parecen maravillosas, por­
que son del todo diversas de las que re­
gularmente experimentamos: no obs­
tante que proponian sus dificultades con
toda atención y urbanidad, me di por
ofendido, y me alteré un poco, no tan­
to porque no diesen fe á nuestras pala­
bras, cuanto por un celo indiscreto y
fuera de tiempo hacia mi patria. Que­
riendo defenderla con demasiado ardor,
y sin permitir qxie fuese ajada, en

DE WANTON.

2^3

cierto modo venia á despreciar aquel
pais, en donde acababa de recibir tan­
tas demostraciones de distinción y afec­
to. No es bastantemente alabado el fo­
rastero que usa circunspección en tales
puntos; yo, con los afíos y experien­
cias , conocí después los inconvenientes
que se originan de lo contrario. Ro­
berto, como mas práctico y sabio, mo­
deré mis expresiones, que ya se iban
acalorando, y ademas de ensenarme
con sn ejemplo el modo con que debia
contenerme, manifestó á los circuns­
tantes en que grado tan elevado tenia
la virtud de la templanza. En aquella
pequeña disputa , el ministro habia es­
tado callando, y cuando comprendió
que se habia finalizado en sus prin­
cipios por la agudeza de Roberto, di­
jo asi.
Sabréis, señores, que en mis juve­
niles años tuve grandes deseos de cor­
rer nuevos países, de cuyo genio me
deje llevar finalmente sin guia ni con­
sejo. Permitidme que os cuente mis
descubrimientos, y os ruego no os ex­
pongáis con indiscreta incredulidad á
juzgar falsa mi relación; mas si al-

244

VIAGES

gunos de tan nobles oyentes pretendíaren oponerse con espíritu crítico á los
sucesos que voy á contar , adviertan,
antes de hacerlo, que la moralidad que
se puede sacar del examen de ellos, es
muy distinta y de mayor valor que
el quimérico deleite de pasar plaza
de sabios por el medio de ir haciendo
crítica de las proposiciones que escu­
chan por parecerles muy extraordina­
rias, y fuera del orden natural.
En los verdores de mi juventud
vivía yo con mi padre en una casa de
campo que teníamos algunas jornadas
distantes de esta capital : estaban con
nosotros , ademas de ciertos nobles
hue'spedes, mi maestro de lenguas, y
un bailarín que me enseñaba á dan­
zar. Un dia que, entre nosotros, está­
bamos hablando de los países extrangeros , dijeron estos tantas maravillas
que habían leído en los libros de los
viageros, que se me avivó ardentísimá­
mente el deseo de ir á ver mundo, y
de informarme con mi propia vista de
los portentos que les oia contar, y en
que yo no ponía la menor duda.
Hecho pues el proyecto de buscar

DE WANTON.

24 5

aventuras, pedí licencia á mi padre pa­
ra dar una vuelta por las principales
ciudades de estos estados, rogándole me
concediese por compañero á mi maes­
tro de lenguas, que era un solemnísi­
mo pedante, y á quien estimaba mu­
ch o , y al bailarín para que me fuese
sirviendo en cualidad de mayordomo.
Condescendió á mis instancias el buen
viejo, y disponiéndome un equipage
correspondiente á mi nacimiento, me
proveyó de bastante dinero, me dió
muchos consejos saludables, y me dejó
poner en camino. La primera máxima
que me propuse, según la costumbre
pésima de los de aquella edad, fue la
de no seguir en cosa alguna las insi­
nuaciones de mi padre, teniéndolas por
impertinencias de un viejo decrépito.
Formamos nuestra primera idea con el
designio de salir de estos dominios, y
encaminarnos á buscar las mas teme­
rarias aventuras.
M i director que tenia menos juicio
que y o , me propuso que emprendiése­
mos nuestro viage hácia unos ciertos
montes elevadísimos, por donde, según
tradición muy antigua, nadie habia

246

VIAGES

pasado; estos estaban distantes de lo»
confines de nuestros estados, como una*
doce jornadas; resolvilo á su instancia,
y con sumo gusto nos encaminamos ha­
cia aquella parte. Habiéndonos aproxi­
mado á ellos, encontramos un bosque
que llegaba hasta su falda , estendiéndose por toda su pendiente desde la ci­
ma. Con muchísimo trabajo, y con lar­
guísimos rodeos por razón de la espesu­
ra y crecido de las plantas, llegamos
hasta lo mas fragoso. Empezaron á fal­
tarnos las provisiones , lo que nos po­
ma en suma sugecion, y nos arrepen­
tíamos de habernos alejado tanto, ame­
nazados del peligro de morir de ham­
bre. Ya no podíamos volver atras por
la incertidumbre de hallar camino que
nos condujese á alguna población. El
pedante nos demostró unos castaños que
había visto, con lo que tomamos no
poco aliento, seguros de que ya no podia faltarnos la comida. Comenzamos
á solicitar abrirnos camino, y al cabo
de una hora nos hallamos en la aber*
tura de una roca, desde donde descu­
brimos un valle muy dilatado. Alegres
por haber vencido una dificultad que

D E W A N T0N .

247

jamas había emprendido persona algu­
na , no nos faltaba otra cosa que ha­
llar una bajada que nos condujese á la
llanura que habíamos descubierto.
Mientras estábamos registrando el
terreno por una y otra parte, pronta­
mente venimos á dar en manos de una
tropa de bandoleros, que provistos de
espadas y otras armas nos rodearon por
todas partes. Tuvimos fortuna de que
nos perdonasen las vidas ; pero nos qui­
taron cuanto llevábamos, y nos deja­
ron cuasi desnudos: los criados huye­
ron llenos de miedo , y asi me quedé
solo con el pedante y el bailarín; éste
lloraba amargamente, y yo estaba lle­
no de amargura; pero el pedante excla­
mé : ¡ gracias al cielo que ya estamos
seguros! No puede faltarnos la comida,
pues no falta para estos asesinos. Mu­
cho me irrité con estas palabras; pero
él sin alterarse me propuso los ejem­
plos de algimos héroes fabulosos de la
antigüedad , que pasaron por semejan­
tes aventuras, y de ellas se les siguie­
ron muchas fortunas : se apoderaron de
reinos, se casaron con hermosísimas
princesas, y sojuzgaron pueblos muy

248

VI AGES

guerreros. No obstante que no había­
mos tenido fuerzas para defender­
nos de unos ladrones; la autoridad de
mi maestro, y mas que todo las teme­
ridades juveniles pudieron tanto, que
consolaron y disiparon mis penas.
Después de alguna fatiga encontra­
mos una senda angosta que llegaba
basta el valle ; bajamos con bastante
riesgo : pero por último llegamos á la
llanura é inmediatamente nos juntamos
á decidir qué era lo que habíamos de
hacer. Por mas importante que pare­
cía el asunto, obstinado el pedante, es­
taba firme en su opinión de que nues­
tro terror era pánico. Pero nosotros,
mas ajustados á la razón que él, no
hicimos caso de sus jactancias; y antes
de pasar adelante, quisimos establecer
el orden que deberíamos seguir en lo
sucesivo. El bailarín dijo: en el estado
actual vos, señor , debeis deponer el
carácter de vuestras circunstancias, y
emplearos igualmente con nosotros en
buscar el sustento necesario para nues­
tras vidas. Eso, le respondí, es cosa
muy puesta en razón. Entonces el bai­
larín exageró el mérito de su arte, di-

DE WÁNTON.

249

ciendo: y o , adonde lleguemos, pondré
mi escuela de baile, arte necesarísimo
para saber llevar el cuerpo , para la
buena dirección de los pasos, para el
desembarazo de la persona, para la v i­
da c iv il, para la sociedad política, pa­
ra enamorar, & c. & c.
Yo , respondió interrumpiéndole
precipitadamente el pedante y echando
chispas el rostro, ensenaré á leer, es­
cribir, hablar, y á componer con pri­
mor; arte entendido por pocos, y prac­
ticado por menos, necesario á los no­
bles, á los jueces, á los abogados, á los
notarios , á los negociantes, á los artí­
fices, y á todos los secuaces del amor.
¿ Sin é l , cómo podrán explicarse los
conceptos del alma , las produciones
del entendimiento, las agudezas de la
fantasía , los..... Poco á poco, dije, po­
co á poco, seííor maestro, ahora no es
tiempo de declamaciones, cada uno de
vosotros liará prodigios en su arte, no
se trata aquí de decidir cual de ellos
sea mas excelente: vosotros, no hay
duda, ganareis cuanto baste para un
honrado mantenimiento. ¿ Pero yo en
qué me emplearé? Decidióse entonces

250

VI AGES

que fuese una voca in ú til, y un asno
cíe buena fortuna; pero el pedante en­
contró modo de recompensarse de cuan­
to podía suministrarme en el tiempo
que necesitase de su asistencia : á vos,
dijo, acudiremos con lo necesario no­
sotros , y os sostendremos hasta la vuel­
ta á nuestra patria, pero bajo el pac­
to de que en llegando á ella, habéis
de consignar á los dos una pensión vi­
talicia con que podamos mantener nues­
tra familia con toda comodidad. Bas­
taban estas condiciones para arruinar
á una persona opulenta; mas fue for­
zoso aceptarlas. Dejo á vuestro juicio
la intención que yo tendría de cumplir
tan desarreglada promesa. No os moles­
tare contándoos nuestras aventuras,
hasta que llegamos á visitar una ciu­
dad ; y los indecibles trabajos que su­
frimos.
Diciendo estas palabras, llegó un
gentil hombre á avisar al ministro Je
llamaba su príncipe para un negocio
de importancia. Partid inmediatamente
dejando la prosecución de estos sucesos
para luego que volviese. No tanto lo
que pudiera ser doctrinal, cuanto el

DE W ANTON.

251

deseo de saber el fin de una historia
que hasta entonces creiamos verdadera,
obligo' á todos á esperar la vuelta del
ministro: en este intermedio se llegó á
mí un caballero de bello aspecto lla­
mado el señor Jazm in, de quien ha­
blaremos adelante.
»/VVV»

W % VVVV%'%'I * V

C A PÍT U L O XXV.
Prosigue la materia del capítulo
antecedente.
Antes que volviese el ministro, me
llamó Roberto advirtiéndome que es­
tuviese atento á aquella historia; sospe­
chando del discurso que antes había
tenido con nosotros que seria sin duda
mas misteriosa que verdadera. ¿Quién
sabe, añadió, si acaso quiere darnos
alguna sábia instrucción del modo de
contenernos en lo sucesivo? Yo conoz­
co que este es un sugeto lleno de mé­
rito , y que sabe mezclar lo útil con lo
deleitable. Con esta advertencia, duT omo i .

18

252

VIAGES

pliqutí mi atención, y con ella alcancé
el fruto que deseaba, quedando instrui­
do para en adelante con la relación de
tan agradable novela.
Desembarazado de su comisión el
m inistro, volvio á la antecámara, y
nos dijo : ya puedo proseguir mi suce­
so, que si bien me acuerdo quedo sus­
penso poco después de haber contado
la gravosa condición que me impusie­
ron mis dos compañeros: pero vereis
en adelante, como estos me debieron
mas de lo que podian imaginarse.
Después de haber andado largo
tiempo por aquellos campos desiertos
de habitadores y por consiguiente del
todo incultos; después de haber pasado
muchos dias trabajosísimamente, a li­
mentándonos de raices, de yerbas y de
castañas, descubrimos casualmente, no
muy distantes, las murallas de una
ciudad: antes de atrevernos á entrar en
ella , procuramos cada uno por su lado
encontrar alguien que nos pudiese in­
formar de sus habitantes, temiendo no
exponernos á algún peligro sin reparo.
Salid vana toda nuestra diligencia, por
lo cual era menester convenirnos, tí en,

DE WANTON.

253

abandonar el proyecto de pasar adelan­
te, ó en armarnos de constancia y pru­
dencia para todos los accidentes que
nos pudiesen ocurrir. El pedante, que
tenia mas arrogancia que las personas
de mayor temeridad, reprendió nues­
tro miedo, insultándonos con títulos de
viles y de cobardes, y se avanzó el
primero á las puertas de la ciudad:
seguírnosle y entramos todos sin de­
tenernos.
Lo primero que encontramos fue
una cuadrilla de cojos, vestidos como
soldados ; á uno faltaba un p ie , á otro
una pierna, cual caminaba con mule­
tas , cual llevaba arrastrando el cuerpo
por la tierra. Nos hicimos cargo de co­
mún acuerdo, de que estos eran solda­
dos inválidos que habían salido del hos­
pital para tomar alguna recreación, y
la casualidad los había conducido á
aquel sitio. Como en las ciudades ex­
trañas es forzosa la cortesía mas que en
la propia, nos pareció debido llegar á
saludarlos asi que los vimos. Luego que
nos aproximamos, prorrumpieron en
unas carcajadas de risa tan destempla­
das, que creí que alguno de ellos re-

254

viages

bentase. En el estado en que nos hallá­
bamos , no venia al caso resentimiento
alguno , pero no fue de este parecer el
pedante que les pago el escarnio diciéndoles mil agravios. Ellos no se ofendie­
ron , antes continuaron su risa burlán­
dose de nosotros con ridículos gestos, y
señalándonos con el dedo como acos­
tumbran los bufones: el pasage parecía
un entremes: tuvímoslos por tontos , y
comenzamos á reirnos siguiendo ellos
también la bu rla: duró una hora esta
comedia , sin que pudiésemos reducir­
los á hablar siquiera una palabra.
Cansados finalmente de su provo­
cativo modo de proceder, yo fui el
primero que los dejé para pasear las
calles de la ciudad, los otros dos ine
siguieron. Reinaba un profundísimo si­
lencio en todas, y nadie andaba por
ellas por ser la hora del medio dia. A
poco tiempo encontramos una mona
viejecilla que llevaba con gran trabajo
su enfermo cuerpo , apoyándose en un
palo : no bien nos colum bró, cuando
puso la mano en la cara por no vernos;
el bailarín la hizo algunas preguntas,
pero fue lo mismo que si las hubiera

DE WANTON.

255

hecho á una piedra. Ya empezaba el
pueblo á salir á las calles , y entonces
fue nuestro mayor pasmo, viendo que
todos los habitantes de cualquiera edad
y sexo que encontrábamos, eran cojos
o estropeados; á esto se añade , que
asi que nos veian echaban á reir como
los soldados que estaban á la puerta,
sin hablar una palabra ni aun entre
ellos mismos.
Gracias á Dios , dijo el pedante al
bailarín, que por fin hemos llegado á
un pais en donde los habitantes tienen
por naturaleza los pies formados con
bellísima proporción para que los en­
señéis vuestras habilidades. ¡ Qué dis­
cípulos sacareis tan diestros! ¡ Qué ga­
nancias tendréis aqui! ¡ Qué magnífi­
camente vivirá este caballero con vues­
tras habilidades! El pobre bailarín res­
pondió desesperado : siempre me ha
perseguido la desdicha; pero jamas lle­
gó á pasarme por el pensamiento que
en mi arte pudiese faltarme modo de
ganar la vida, pues para que me su­
cediera esta desgracia era forzoso que
las monas naciesen sin pies. La burla
del insolente pedante me enfadó, por-

256

VIAGES

que no me pareció' justo insultar á una
persona que padecía tan grande infor­
tunio; y para tomar una especie de
venganza, le dije: á lo que voy vien­
do , los habitadores de esta desdichada
ciudad no solo son cojos y baldados,
sino que también son mudos; y si es
asi como en realidad me lo temo, es­
pero, muy amado señor maestro, que
aquí nos moriremos de hambre.
Ya en efecto nos urgía la necesidad
de tomar alimento, con lo cual y mis
últimas razones iba perdiendo el color
el pobre pedante; no obstante, sacando
fuerzas de flaqueza , seguidme , dijo,
que yo lo compondré todo. Llegóse al
punto á una como hostería, en donde
el patrón le recibió con la misma risa
que los demas; no se espantó nuestro
héroe, antes con una formalísima ora­
ción retórica pretendía obligarle á fin
de que nos diese alguna cosa con que
sosegásemos nuestro hambriento estó­
mago : el figonero estaba mirándole con
grande atención, y sin hacer el menor
movimiento; pero cuando llegó á com­
prender que pedia de comer por cari­
dad , dió la respuesta al orador con una

DE W ANTON.

257

estupenda carga de lena en las costillas.
El pobre pedante muerto de hambre y
muy bien apaleado, depuso sus brios y
todas las máximas del heroísmo; púso­
se á llorar como un muchacho; y á
no haber sido también tan lamenta­
ble mi suerte, no hubiera podido de­
tener la risa, porque es muy justa y
natural la complacencia que se tiene
cuando se ve á los baladrones aco­
bardados.
Pero ni fue este el término de nues­
tra mala ventura. No paso mucho tiem­
po á este suceso , cuando nos hallamos
cercados de una tropa de esbirrios, tra­
yendo el que hacia de cabo una tabli­
lla que puso en nuestras manos, en la
que venian escritas estas palabras: ó
morir, o cojear. Este breve, elocuen­
tísimo , y supremo decreto , nos dejó
inmobles como estatuas: despidiéronse
con una ruidosa salva de carcajadas
quedando nosotros llenos de confusión.
Era forzoso obedecer ó haber de expe­
rimentar nuestro último exterminio.
E l pedante, poco antes temerario y va­
liente, fue el primero que buscó un
árbol de donde cortó un garrote para

258

VI AGES

hacer una pierna de palo, que colocó
en el puesto de la natutal doblando es­
ta para fingir la cogerá. Comenzó á
ensayarse á andar en aquella postura,
pero á los dos pasos resvaló, y dio de
narices en un basurero: buena fue su
suerte en no encontrar con un guijarro,
porque el porrazo fue grande, y se hu­
biera hecho mucho mal á no dar en
blando. Era este espectáculo, para una
persona que lo mirase con indiferencia,
de los mas risibles y gustosos, oyendo
los ayes del pobre maestro, observan­
do sus ridículos gestos, viendo el asco
que le daba aquella hedionda mate­
ria , y escuchando las maldiciones que
proferia contra todos los cojos. El bai­
larín no acababa de determinarse á
afear aquella parte de su cuerpo que
estimaba por la mas excelente; no sien­
do dudable que estos prefieren los pies
á la cabeza. Apesar de su aversión tu­
vo que acomodarse al tiempo y á la
sentencia que nos habían intimado; por
lo que determinó fingirse tullido, co­
lumpiando el cuerpo sobre dos muletas.
Era una comedia oirle suplicarnos que
no esparciéremos aquella aventura en

DE W A N T O N .

259

nuestra pàtria, si acaso volvíamos á
ella: yo, decia, quedaría eternamente
perdido si llegara á saberse que liabia
andado con muletas; todos los de mi
arte echarían la voz de que era inhá­
bil para nuestro ejercicio, los autores
no me darían partido para sus teatros ;
las damas me negarían la entrada en
sus casas, todo se acababa para mí.
Lloraba el mentecato, como si el te­
ner que fingirse cojo fuera lo mismo
que haber perdido el juicio. Yo agarré
una tranca bien gruesa, y apoyándome
en ella , fingía dificultad en los movi­
mientos y caminaba medio arrastrando
como si en realidad no pudiera servir­
me de mis pies.
Pues no pararon en esto las desgra­
cias. Ya estábamos resueltos á marchar
de la ciudad con tan lucidos arneses,
hambrientos y contrahechos, cuando
volvieron á sorprendernos los alguaci­
les, que de orden del gobernador ve­
nían á llevarnos á la cárcel. Echónos
mano aquella insolente canalla sin ha­
blar una palabra, mostrándonos por
escrito el auto del juez; éste y la fuer­
za nos obligaron á no resistir al man-

2ÓO

VIAGES

damiento. Fuimos conducidos á un os­
curo calabozo, de donde á pocas ho­
ras nos sacaron para llevarnos ante el
gobernador.
Llegando el ministro á estas pala­
bras de su suceso, que referia con aque­
lla sal que era propia de la viveza y
fecundidad de su espíritu, y que yo no
puedo en lo mas mínimo imitar en mi
descripción: salid por aquella antecá­
mara un sobrino del príncipe, por lo
que fue preciso interrumpir la relación
para ir á hacerle la corte; nos hizo
mil agasajos, y nos aseguro que su tio
había concebido las mas favorables
intenciones hacia nosotros, cuyos efec­
tos prontamente experimentaríamos. Be­
sárnosle la mano, y suplicárnosle nos
protegiese; asegurónos su gracia y man­
dando al ministro se quedase siguien­
do su conversación. Todos los circuns­
tantes deseaban saber el fin de tan
curiosa historia.

DE WANTON.

%/%% i V V t W W V I / V

s6 l

v u

C A PÍT U L O XXVI.
Finalízase el asunto de los dos capítulos
anteriores.

Acabados los debidos cumplimientos,
prosiguió así el ministro sus aventuras:
presentados pues al gobernador que era
un robusto monazo, nos preguntó quie­
nes éramos, y de donde veníamos. Res­
pondió el pedante que e'ramos tres viageros que nos habíamos dejado llevar
del genio y deseo de ver países extra­
ños, y observar fuera de nuestra patria
nuevas costumbres ; que habíamos an­
dado dilatados caminos, y sufrido in­
decibles incomodidades antes de haber
podido llegar á aquella ciudad, en don­
de creiamos encontrar (como se practi­
ca en todo el mundo) personas que nos
hospedasen y suministrasen el preciso
mantenimiento para conservar las vidas;
que con pasmo y aflicción nuestra ha­
bíamos experimentado negársenos aquel
socorro que aun á los brutos se con-

2Ó 2

VIAGES

cede; que nos veiamos obligados á fin­
girnos contrahechos; y que después de
haber sido objeto de risa de todos, por
colmo de nuestra mala ventura, habla­
mos tenido la desgracia de ser aprisio­
nados sin saber el motivo y con miedo
de mayores desdichas.
Entonces el gobernador nos dijo: ó
sois personas muy maliciosas y obsti­
nadas en vuestro error, ó absolutamen­
te estáis privadas de uso de razón. ¿Sien­
do reos de tres gravísimos delitos, teneis aun osadía para llamaros inocen­
tes? Pero antes que os haga cargo de
ellos , decidme ; ¿ cuáles son vuestras
habilidades, ó qué artes ensenáis ? El
hailarin respondió, que era diestrísimo
en la danza. ¿Qué es eso de danza?
preguntó alterado el gobernador. Esta
dijo nuestro bailarín, es un arte de lle­
var derecha y airosamente el cuerpo,
de mover los pies á compás, de saltar
con compostura, y de dar ciertas vuel­
tas con agilidad y con gracia. Ya , ya
lo entiendo, anadió el gobernador rién­
dose sin medida; eso es lo que saben
hacer los potros: después recobrando
su rigurosa seriedad, le dijo : temerario,

DE WANTON.

263

¿ qué malvado espíritu te ha conducido
á venir á hacer burla de este pueblo y
de todo el estado ? ¡ Un bailarín en la
tierra de los cojos! ¡ enseñar á dar sal­
tos y la destreza en el andar, adonde
no hay el uso de los pies! Bien mere­
ces un ejemplar castigo, y espérale pro­
porcionado á la gravedad de tus delitos.
Volviéndose después al pedante in­
quirid en qué se ocupaba. E l, todo
temblando y haciendo mil cortesías,
respondió : yo enseño á hablar bien, y
el arte de persuadir. ¿Qué arte tan pro­
vechoso es ese ? replicó el gobernador.
La verdad no necesita para ser abraza­
da de exteriores auxilios; y asi el mé­
rito de lo que sabes enseñar, es hacer
parecer falso á lo verdadero , y verda­
dero á lo falso: td eres un monstruo,
del que es forzoso librar á la tierra.
Fuera de esto, venir á un pais en don­
de por leyes muy antiguas y sábias es­
tá prohibido el hablar con otro que con
su superior; ó dentro de su propia fa­
milia á enseñar lo que no puede ejer­
citarse, es una de las culpas mas exce­
sivas que pueden cometerse.
Dejo á vuestro discurso como que-

264

VIAGES

dañan mis dos compañeros, contem­
plándose culpados en lo que juzgaban
serles de mas recomendación, y en lo
que fundaban sus mayores esperanzas.
Quiso después saber quien era y o , y
comprendida la verdad, exclamo: ¡O
pobre joven! ¿quién te ha engañado
para que te agregues á estos delincuen­
tes? A este tiempo llego' á querellarse
el hosterero, de quién ya he hablado,
del delito de haberle pedido limosna.
Aquí fue la inquietud del gobernador:
desde la fundación de esta ciudad, dijo,
centelleándole los ojos, no se ha oido
maldad de tal tamaño. Atónitos que­
damos con este nuevo infortunio, y
todo tre'mulo el señor maestro de len­
guas, rogó con la mayor humildad le
explicasen en qué consistía la grave­
dad de su pecado. Tú eres un animal,
le respondió el gobernador, digno de
mil muertes por la atrocidad de tus
culpas, y por el atrevimiento de tus
preguntas. ¿ Qué osadía es la tuya de
querer mantenerte á costa de los de­
más? ¿M is súbditos han de trabajar y
sudar para que venga á tragarse sus
bienes un holgazán, un bribón, un

DE WANTON.

265

tunante ? Pero ya es tiempo de impo­
ner el castigo á tantos delitos.
Abrieron las puertas, y entró en
el salón el numeroso pueblo á oir la
sentencia que nos daba el gobernador,
el cual dijo a si: á este ( señalando al
bailarin) que ha tenido valor para va­
nagloriarse saltador y maestro de estas
ligerezas, en un pais en donde los ha­
bitadores hacen gala de no poder an­
d ar, cortareis los pies, que serán col­
gados sobre los muros de la ciudad,
para terror universal: á esotro (señalan­
do al pedante ) que se lisongeó de querer
enseñar el modo de bien hablar á un
pueblo que es mudo por ley y por
costumbre, sacareis la lengua y corta­
reis las manos, para que en adelante
no pueda hablar ni escribir ; y £stos
miembros serán echados á los perros.
El tercero finalmente, á quien no en­
cuentro reo de particular delito, será
comprendido con sus dos compañeros
en un bando en que se mande , que
dentro de dos dias salgan para siempre
de nuestros estados, bajo de pena ca­
pital si á él contravinieren. Pronun­
ciada esta sentencia, se levantó el go-

266

VIAGES

bernador y partid, dejándonos en po­
der de los ministros de justicia , que
nos volvieron á las prisiones.
Pasamos en la cárcel toda la noche
llorando y pidiendo al cielo socorro.
Me movían á piedad mis dos misera­
bles compañeros, condenados sin cul­
pa á unos castigos tan crueles, y aun­
que joven pense' algún modo de poder­
los librar. Llame al alcaide, á quien
mostré una piedra de mucho valor que
pude reservar de los ladrones, prome­
tiendo dársela si nos permitía huir: no
se atrevía á resolverse; pero dejándose
iiltimamente llevar del precio de la
alhaja, llamo aparte al verdugo, y le
ofreció la mitad de la ganancia; con­
sintió éste al punto, y como la senten­
cia se habia de ejecutar ocultamente,
determinaron ir á el lugar en que en­
terraban sus muertos, y cortar á un
cadáver que habían depositado aquella
noche , la lengua , los pies y las ma­
nos. Volvieron alegres á la prisión, re­
cibieron el anillo prometido, pusieron
unas vendas en los pies al bailarín, y
otras en las manos al pedante, después
nos abrieron las puertas del encierro y

DE WANTON.

»67

despidieron. Salimos de la ciudad sin
obstáculo, porque la guardia sabia ya
la sentencia de destierro.
No puedo decir que sucedió en la
ciudad después de nuestra partida. No­
sotros nos acogimos á un bosque, en
donde arrojando las vendas, la pierna
de palo, la tranca y las muletas, vol­
vió á quedar en libertad nuestro cuer­
po. Era forzoso apartarnos cuanto pu­
diéramos de la Cojilandia, (asi se lla­
maba aquella infeliz provincia) para
no incurrir en el último desastre. Re­
solvimos , por no aventurar nuestras
vidas, dejarnos llevar de la fuerza del
destino, y seguir el camino por lo en­
marañado del bosque, hasta tanto que
encontrásemos quien nos guiase y en­
senase por donde podriamos volver á
nuestra patria. En fuerza de esta aven­
tura, hicimos ánimo por si acaso llegá­
bamos impensadamente á algún nuevo
extravagante pais, de seguir por donde
fuéramos, las costumbres y genios de
sus habitantes, sin tener la necia pre­
sunción de querer distinguirnos , y
atraernos por tanto su ódio y perse­
cución.

T omo i .

l9

2 08

VI AGES

Después de haber andado errantes
por la selva algunos dias, siendo solo
agua y frutas silvestres nuestra comida
y bebida, llegamos al reino de los pa­
pagayos. Inmediatamente comenzamos
á batir los brazos como ellos las alas;
malformábamos los acentos imitando su
lenguage; saltábamos sobre las ramas
mas fuertes de las plantas gruesas, y
en todo hadamos vida de pájaros. Agra­
do nuestra conducta á la reina que go­
bernaba aquellos estados, por estar en
su menor edad el heredero de la coro­
na. Con quien mas congenió fue con el
pedante, á quien tuvo la generosidad
de conferir una cátedra de filosofía.
Muy tentado le vi de la vanidad, y
ciertamente hubiera el aceptado el ho­
nor de ser el filósofo de los papagayos,
entre los que podia pasar por un doc­
tísimo personage, si la memoria de los
peligros pasados no le hubiera hecho
conocer enteramente que en ningún lu­
gar se vive con mayor seguridad que
en la propia pátria. Renunció, aunque
suspirando, aquel honor ; pero cono­
ciendo que jamas se había hecho una
igual justicia debida como premio á su

DE WANT0N.

269

mérito. Partimos, finalmente, colma­
dos de mil elogios de la nobleza y del
pueblo.
Varios accidentes é incomodidades
siguieron á la fortuna que tuvimos en­
tre los papagayos, hasta que llegamos
á una dilatadísima laguna, imperio de
las ranas; estas, no obstante ser cada
una de la corpulencia de un buey, te­
nían tanta ligereza como las nuestras.
No puedo dejar de decir que nos costo
un sumo trabajo adaptarnos á sus cos­
tumbres ; pero era forzoso acomodarse
á ellas. De aquí es, que nos era ne­
cesario caminar juntando las piernas
con las ancas; sentarnos continuamen­
te sobre la tierra; dar saltos de charco
en charco; gritar de dia y de noche,
y fingir que comiamos aquellos ali­
mentos asquerosos. No pasaba dia en
que el pobre pedante no corriese ries­
go de ahogarse en algún estanque, por­
que como tenia un cuerpo tan pesado,
le faltaba la agilidad que se requeria
para aquellos saltos. En esta laguna
adquirid grandes créditos el bailarín,
de suerte que se atrajo toda la estimaoion ranal. La comandante le tomd

270

VIAGES

cariño, y andaban voces de que que­
ría casarse con él : el pobre mono no
se hallaba en caso tan desesperado.
Aun mas : por impedir una rebelión,
y que no corriese riesgo la regencia,
fue menester huir de noche y guare­
cernos nuevamente en otro bosque.
Fatigas, miserias y peligros, fueron
los perpetuos compañeros que tuvimos
en el tiempo de nuestra larga peregri­
nación , hasta que , cuando plugo al
cielo, nos hallamos á la falda del mon­
te de que al principio hice mención.
Tuvimos que andar buscando la sen­
da por donde habíamos bajado; pero
aunque logramos la fortuna de encon­
trarla , nos costó mucho trabajo per­
suadir al pedante á que volviésemos á
pasar por la estrechura de la roca, acor­
dándose de los sustos pasados, y del
encuentro de los salteadores: no obs­
tante , la consideración de que no lle­
vábamos cosa que poder perder, le
convenció á que pasara. Asi lo hici­
mos , respirando después al vernos ya
con la seguridad de haberse terminado
nuestros afanes. No os molestar», se­
ñores, contándoos mil particularidades

V (U f

2. 7 /

13oì anim o «pie torni «tt*on R o-j
hol lo \ |‘'nrn(ito «lo p o n e r « ala
y p o r <[tie d o s ilh o r o n «I«' su m~
tarilo.

DE WANTON.

27 I

y curiosos acaecimientos de nuestro
v ia g e ; basta saber que llegamos á vernos salvos en esta ciudad, bien satis­
fecha la curiosidad de viajar, y casti­
gada la locura de querer sobresalir en
aquellos parages en donde la distinción
no conduce mas que á un continuado
peligro, y aun al último infortunio.

* -v

CArÍTULO

X X V II.

D e l ánimo que form aron Roberto y
E nrique de poner casa ; y por qué de­
sistieron de su intento.

l i a virtud de Roberto y sus pruden­
tes consejos, me habían ido condu­
ciendo á un estado de vida aun mas
ventajoso que el que podía prometer­
me la constitución de aquel destino.
De los viles tratamientos de los igno­
rantes é indiscretos villanos , pasé re­
pentinamente cuasi de las garras de la
m uerte, al mas alto grado de honras
y felicidades. Gozaba el fruto de la

272
VI AGES
sábia dirección de un buen amigo, y
admiraba en mis fortunas el precio de
la verdadera amistad, que debe ser tan­
to mas estimada, cuanto es el encon­
trarla mas difícil. Muchas veces es em­
presa mas ardua conservar la buena
suerte, que saber adquirirla : los mé­
ritos de Roberto la alcanzaron: él, por
consiguiente, habia de llevar el peso de
mantenerla. Las continuas advertencias
de mi am igo, y las luces y experien­
cias que producen las desgracias, de­
bían bastarme para dirigirme sabiamen­
te por mí mismo, sin haber de llevar
al lado siempre un consejero de mis
pasos. Yo me creí ya capaz de mane­
jarme en los ordinarios sucesos de la
vida , y tal fue también la opinión de
R oberto, q u e, ademas de esto, no po­
día estar siempre conmigo , porque la
bondad del príncipe le habia ocupa­
do en negocios de honor y de conse­
cuencia.
De aqui fu e, que para el recípro­
co conocimiento de nuestros descubri­
mientos , establecimos entre nosotros el
método de comunicarnos todos los dias
nuestras observaciones, y cuanto nos

DE WANTON.

273

sucediese. Por esto yo aprendía de el
las leyes, la política y otros puntos de
grandísima consideración, que forman
lo esencial de aquel gobierno, y en
recompensa él sabia por mí las costum­
bres y caracteres de los ciudadanos,
que mas le servían de pasatiempo que
de instrucción. A poco tiempo, llegué
á estar muy versado en todos los pun­
tos que pertenecían á mi compañero;
el que de mí, repito, no sacaba mas
fruto que unos conocimientos de poco
v alo r, pero que no le desagradaban
en las horas ociosas. De lo que yo le
contaba, tomaba materia para instruir­
me en el manejo con que debía portar­
me , y algunas veces me corregia los
defectos involuntarios que cometía , su­
giriéndome máximas, con las que, en
iguales circunstancias aprovechaba, al
paso que me atraía la común alaban­
za. ¡Dichoso yo si en todo hubiese se­
guido su dictamen ! El escrúpulo en
algunas ocasiones de no revelar secre­
tos de otros, me impedia comunicarle
muchas cosas que pedían su consejo
mas que las otras; de donde dimana­
ron las desgracias que me sucedieron

274

VI AGES

después, y que hubiera podido evitar
m uy fácilmente. Demostraránse estas
verdades en el discurso de estas me­
morias.
No olvidado Roberto de la doctri­
na que nos dio' el ministro, me pro­
puso que mudásemos los vestidos, aco­
modándonos al estilo del pais. No ig -1
noraba é l, que la variedad en los truges no debe influir en la opinión que
se forma de los que se sirven de ellos;
pero por lo general los monos tienen
tal contrariedad á los adornos que se
diversifican totalmente de los suyos,
que lian concebido una especie de rus­
ticidad en los que asi lo usan. Que­
damos exentos de la nota, vistiéndo­
nos á la moda de aquellos naturales.
Conocióse inmediatamente el buen efec­
to del cambio, porque el pueblo cesó
de insultarnos, no se desdeñaban los
jóvenes mas altaneros de pasear á nues­
tro lado por las calles piiblicas, y las
damas depusieron mucha parte de su
fastidio. Aun lo mas escogido del rei­
no alabó en extremo nuestra determi­
nación ; de modo que ya cuasi no nos
consideraban hombres, sino del todo

DE WANTON.

275

monos. Asi es verdad, que hay ciertas
preocupaciones que no las adopta solo
la plebe, sino que poco á poco van
introduciéndose de clase en clase hasta
contaminar provincias y reinos enteros.
Todas las circunstancias parece que
á porfía concurrían á elevarnos al gra­
do mas superior; pero aun nos que­
daba que desear aquello , sin lo cual
los honores no son mas que un ver­
gonzoso peso. En un pais forastero,
sin los auxilios necesarios para la vida,
¿como podíamos prometernos una de­
corosa manutención y lustre entre aque­
llos ciudadanos? Verdad es, que la l i ­
beralidad del señor Haya nos sumi­
nistraba todo lo que habiamos menes­
ter. Pero ¿ hasta cuándo deberíamos
serle gravosos? ¿Quién podía asegurar­
nos que él podría ó querría continuar­
nos su beneficencia? Finalmente, por
mas brillante que apareciese nuestro
porte, siempre le considerábamos in­
mediato al precipicio. Todo el que tie­
ne entendimiento sabe cuanto acibara
este pensamiento á los mas excesivos
gustos del favor de la fortuna; y asi,
teniéndole nosotros presente en núes-

276

viages

tro estado, nos encontrábamos en el
mayor ahogo.
No quiso el cielo que tuviésemos
largo tiempo esta zozobra. El prínci­
pe se hizo cargo de nuestros sucesos,
y previo la agitación en que nos ten­
dría la falta de medios para mantener­
nos en un pais separado del nuestro
por medio de una vastísima extensión
de agua. En consecuencia de sus re­
flexiones para socorrernos, providencio
aplicar una pensión vitalicia á cada
uno de nosotros sobre las rentas de su
erario. La liberalidad acompañaba ai
beneficio, por consistir la consignación
en mil escudos de oro anuales para
Roberto y otros tantos para mí. Esta
inesperada clemencia colmó nuestros
ánimos de un verdadero consuelo, vién­
donos mediante una asignación tan ge­
nerosa, libres de los males que trae
consigo la pobreza, y con medios pa­
ra poder comparecer entre los mas
ilustres monos con aquella grandeza
esplendor, sin la cual desprecia, ó
lo menos no hace caso el vulgo de los
mas sobresalientes adornos del ánimo y
del entendimiento.

DE WANTON.

277

Dimos las debidas gracias, haciendo
las regulares protestas y promesas de
un eterno reconocimiento que las su­
giere el interés, y nos queremos ha­
cer creer á nosotros mismos que son
efectos del agradecimiento ; y después
me expuso Roberto lo que le pareció
debiamos ejecutar, dicie'ndome: ya es
tiempo de que pensemos en no ser mas
gravosos á la casa de un amigo, á
quien debemos nuestras fortunas; ra­
zón será, pues tenemos suficiente pro­
porción para mantenernos con decen­
cia, que no continuemos en molestar
á quien nos favorece: por tanto es mi
parecer, que pongamos nuestra casa,
y en ella viviremos con aquella co­
modidad y decoro que nos permitan
nuestras rentas. Gustoso condescendí á
las razones de mi amigo , y resolvimos
despedirnos aquel mismo dia de la casa
del señor Haya.
#
Antes de dar este paso le enviamos
un regalo, que consistía en parte de
nuestras armas , que eran el objeto de
su admiración, y algunas otras cosillas europeas, que eran en sí de poco
valor, pero de bastante estimación por

278

VI/GEá

nuevas. Recibió el generoso huésped
con todo aprecio este tributo de nues­
tra gratitud , y vino en persona con
sus hijos á demostrarnos su mas vivo
reconocimiento. Después de las acos­
tumbradas formalidades , le declaró
Roberto el designio de ser ya muy de­
bido relevarle de la molestia de nues­
tras personas. Mudó todo el color al
oir esta noticia, asaltándole una ver­
dadera tristeza , y nos dijo: ¿ y habré
de creer como cierto, amados amigos
mios, que queréis privarme del mayor
bien que jamas puedo esperar poseer?
S í, no hay duda que por mi medio
habéis alcanzado la gracia del prínci­
pe, por qué se ha de convertir en mi
daño el beneficio? No me servís voso­
tros de molestia, antes bien de honorj
aquellas cortas asistencias que os su­
ministro, me recompensáis abundan­
temente con las ventajas que recibo
de vuestra capacidad y sabiduría; mi
palacio es bastante capaz para daros
alojamiento en él, y asi no incomodi­
dad , muchísima honra sí se me sigue
de que os digneis habitar conmigo: ha­
ced lo que pensáis, si es vuestra vo-

DE WANTON.

2^9

Juntad poner á un amigo en la mayor
aflicción; pero si aun teneis el corazón
compasivo, olvidad un, designio que
ha de serme funesto. A estas expre­
siones unieron con todo esfuerzo sus
instancias los hijos, rogándonos que no
tuviese efecto aquel proyecto que los
dejaba inconsolables.
Forzoso fue ceder á tan obligato­
rias violencias, y asi resolvimos que­
darnos en el mismo alojamiento. A fin
de que nos fuese menos incomoda la
detención en su casa, nos destino cuar­
to absolutamente separado de la fami­
lia, con un criado para cada uno, que
no tuviese otra obligación que la de
hacer lo que le mandásemos: pero Ro­
berto, zozobroso por no poder recom­
pensar tantas generosidades, quiso á
lo menos dar á entender su reconoci­
miento, poniéndolo en noticia del prín­
cipe , quien tomó por su cuenta la sa­
tisfacción de esta deuda, y en su con­
secuencia confirió á nuestro bienhechor
un lustroso empleo que vacó de allí á
pocos dias. Ya entonces (aunque siem­
pre con la debida gratitud) nos queda­
mos sin cortedad en aquel alojamiento,

280
VI AGES
en donde nos trataba madama Espina
con todo agasajo después de los adelan­
tamientos que por nuestro medio tenia
su consorte.

CAPÍTULO x x v u r .
Del convite que tuvo Enrique en casa
del señor Jazmín .
Y a con uno ya con otro de mis ami­
gos me iba introduciendo en todas las
asambleas mas ilustres, en donde pro­
curaba con mis acciones y con la pre­
caución en el hablar, atraerme las vo­
luntades v no dando disgusto á persona
alguna. A poco tiempo, la mayor par­
te de la nobleza me concedió el honor
de su amistad, con la que comenza­
ron á respetarme el pueblo, y á tole­
rarme los malévolos; estos escondían
sus malvadas intenciones en lo mas in­
terno de su corazón, sin atreverse á
volar la mina por el debido obsequio
á la alta protección , bajo cuya som-

DE WANTON.

28 I

bra vivíamos, y por no haber podido
encontrar fundamento aun en mi con­
ducta , de donde poder dar fomento á
los efectos de su aversión.
Entre los muchos que con ansia so­
licitaban mi amistad fue uno el señor
Jazmin, que ya cité arriba, esforzan­
do todos los medios de obtenerla. Con­
vidóme un dia á comer con tantas
instancias, que no podia excusarme
en buena cortesía: acepté pues, y nos
fuimos juntos á su casa: entré en un
magnífico palacio, lleno de una pro­
digiosa multitud de criados, en cuya
consecuencia hice un alto concepto de
este caballero, el que aumenté cuan­
do fui viendo los preciosos adornos,
y sobresalientes alhajas que se descu­
brían por todas partes: recibio'me con
la mayor urbanidad y estimación en
un gabinete enriquecido con los or­
natos mas raros y delicados que son
imaginables, y una desmesurada monaza, rodeada de mónitas pequeñas;
estas eran la esposa é hijas del señor
Jazmin. Apenas me hube sentado so­
bre una especie de banco forrado de
rica tela, cuando la señora me pregun-

282

VIAGES

to si había estado alguna vez enamo­
rado. Algo me sorprendió esta primer
pregunta, porque ciertamente no la
esperaba; pero respondí, que mi edad
aun juvenil hasta entonces , me habia tenido exento de las incomodida­
des de las pasiones amorosas : antes
bien habéis de decir, replico ella, que
teneis que envidiar los placeres que se
derivan del amor. Entonces me hizo
un confuso, largo y poco honesto dis­
curso acerca de la felicidad de los ena­
morados ; añadiendo, que en tanto es
un bien la vid a , en cuanto el amor
la dirige. Las mónitas aplaudían esta
doctrina, y anadian las reflexiones que
su madre había omitido. Como yo era
un joven inexperto, no dejé de escan­
dalizarme , viendo tanta pericia del
arte de am ar, en sugetos que habían
de ignorar los principios; y me ma­
ravillé también de que en un cuer­
po tan grande, y en una cuantidad de
tanto peso pudiese habitar un espíritu
tan ligero.
Mas no paró aqui este lance, pues
madama Calabaza ( asi s’e llamaba la
madre) quería empeñarme en ciertos

DE W ANTON.

283

asuntos amorosos: yo entendí el miste­
rio , y respondí, que no habiendo en
aquella tierra hembras de mi especie,
era imposible que yo me determinase
á am ar, no debiendo persuadirme á
que las monas tuviesen el depravado
gusto de poner en mí sus cariaos. No
conocéis vos al mundo, replicó ella;
cuando se trata de colocarse un sugeto
ventajosamente, es necedad pararse en
reflexionar ni las cualidades del cuer­
po, ni los dotes del alma; basta saber
si el que se prepara para esposo tiene
proporcionados haberes, según las ideas
de los padres de la esposa , que en tal
caso poco importa que su figura difie­
ra poco de la de los b ru tos, y que
tenga su espíritu alguna tintura de bes­
tialidad. Horrorizóme esta m áxima, sin
llegar á persuadirme á que lo general
de los padres la siguiese; pues según
las leyes de la naturaleza , de la jus­
ticia y de la sangre, debieran estos en
la colocación de sus hijas, indagar con
gran cuidado, y escoger aquel partido
que pueda conducir á las pobres inte­
resadas á un verdadero estado de feli­
cidad , y no hacerlas desdichadas para
T omo i .

20

284

VIAGES

siempre. Pero es tanta la pasión de las
riquezas y de la avaricia, que para sa­
tisfacerla , se desprecian todas las leyes
naturales y civiles.
Aunque las últimas palabras de ma­
dama Calabaza me pudieran haber he­
cho resentir, quise darme por desen­
tendido, y echando á lo mejor el dis­
curso, respondí, que miraba como im­
posible se hallase persona que entrega­
se su hija á un forastero, que por un
raro accidente se hallaba en aquel pais
de donde era regular marchase luego
que tuviese ocasión oportuna. ¿ Y si
fuese á vos? replico entonces madama.
Si hablara eso conmigo, añadí, no se
hallaría en mí la facilidad que se pien­
sa para ligarme con un lazo tan des­
proporcionado de que no podría seguír­
seme otra cosa, que dolorosas conse­
cuencias. Mientras duraba esta conver­
sación estaba la hija mayor echándome
unas ojeadas expresivas, que causaban
en mi corazón un efecto totalmente
contrario á el que ella se imaginaba.
Yo estaba confuso sin determinarme á
creer si aquellos discursos se habían
introducido para incluirme en un ein-

DE W AN TO N .

285

peño, que era peor que la muerte o
á fin de burlarse de mí para ¡ridiculi­
zarme después por toda la ciudad;
dos cosas que no sabia cual tener por
menos mala.
Viendo mi constancia, y que na­
da se adelantaba, la jóven de las mi­
radas, qne se llamaba Ortiga , se le­
vantó de su puesto, y se vino á sen­
tar á mi lado. Empezó suspirando á
hablar de la pasión del amor con tér­
minos enfáticos, en los que iba mez­
clando rail bellas y graciosas conside­
raciones. Para que reventase la mina,
ó si era burla, para volverla contra
quien la armaba, dije asi: juzgo, se­
ñora , que os hacéis vos misma un
grande agravio; mostrándoos tan eru­
dita en un arte, que á vuestro estado
repugna saber; y vos parece que en
él pretendéis la gloria de maestra. ¿En
donde habéis aprendido á enmascarar
una tan viciosa pasión , y adornarla con
tantas gracias? En la ópera respondió
ella francamente, he hallado todos estos
sentimientos. Yo que entonces no en­
tendía la palabra ópera , equivocándola
proseguí con mas seriedad la repren-

® 86

VIAGES

gion, y cuando me imaginaba haber
mortificado muy bien á la señorita,
y me estaba ya vanagloriando de mi
triunfo; me hallé burlado de todas,
que empezaron á reir á carcajadas con
mi sencillez. Llego á este tiempo el
señor Jazmin , contóle su esposa el su­
ceso, y él sonriéndose procuró desci­
frarme la equivocación después porque
ya era hora de sentarnos á la mesa.
Pusímonos á comer , y me tocó la
suerte, ó por mejor decir, la desgra­
cia de sentarme junto á un jóven muy
mal criado que era hijo del señor Jaz­
min: tenia cuanta altivez era imagi­
nable , á la que agregaba una igno­
rancia incapaz de corrección por estar
unida á la alta idea que tenia forma­
da de sí mismo. Acababa de salir de
un colegio de nueva invención, en que
á fuerza de querer enseñarlo todo, se
quedaban los discípulos sin saber una
palabra. No podía hablarse en materia
alguna, porque inmediatamente quería
decidirla antes de saber el estado de la
cuestión. Según su dictámen todos sus
conciudadanos estaban enteramente ig­
norantes de todas las ciencias y artes,

DE W ANTON.

*8 7

de las que ¿1 solo era quien tenia cla­
ras , y distinguidas ideas: habló sin
venir ai caso, de los movimientos de
los planetas, del número de las estre­
llas , del flujo del m ar, del alma de los
brutos, y se dejó por tocar la suya:
cuando yo proferia una palabra, me
miraba con ojos de compasión, como
que tenia lástima de mi ignorancia. Tu­
ve que sufrir á este mentecato, porque
estaba en su casa, y porque sus padres
le escuchaban con la boca abierta y
fuera de sí, por el consuelo de tener un
hijo, que á su parecer era un pozo
inagotable de ciencia, un oráculo ver­
dadero, y un portento de virtud.
Semejantes frutos sacan las ciegas
preocupaciones y una pésima educación
según cuyos principios, acompañados
de la aprobación de quien debiera cor­
regirles los defectos, quedan incurables
los infelices que reciben tales doctri­
nas. En efecto este joven fue después
en las conversaciones común pieza de
entretenimiento, sin que por esto soli­
citase su enmienda, porque intitulaba
envidia á la justicia que se hacia á
su falta de mérito. Después de adulto

288

VIAGES

siempre quedo un necio imbuido en
algunas impertinentes cuestiones físicas,
incapaz de toda ocupación de gobierno.
Yo estaba muy resentido de la bnrla que habian hecho de mí aquellas
monas, por lo que no me sosegué has­
ta que me sacaron de mi error. La
equivocación de aquella vez me ba­
hía hecho formar, un concepto inju­
riosísimo á la señorita O rtiga, siendo lo
que ella quería darme á entender, que
en cierta representación que entre ellos
se usaba, había aprendido los senti­
mientos mas delicados de la pasión
amorosa. Y o no tenia formada idea de
estas representaciones : por lo que rogué
al señor Jazmín me instruyese en este
punto. Quería satisfacer e'ste mi curio­
sidad, cuando el atrevido mozuelo in­
terrumpid á su padre para resolver el
asunto. Ante todas cosas me honró con
el título de bárbaro, y después añadid
que en estas representaciones se imitan
las acciones de los héroes. ¿Y qué tie­
ne que ver el enamoramiento con el
heroísmo? repliqué y o ; pero nunca lo
hubiera d ic h o : se conoce muy bien,
respondió que pensáis como lo que sois;

DE WANT0N.

289

por lo cual, ¿para qué me he de can­
sar en explicaros lo que no podéis en­
tender? Quedeme pues con el deseo de
informarme de una cosa que este doc­
tor á la moderna o no sabia, ó no se
dignaba comunicarme. Volvieron á sa­
lir á luz las proposiciones que me hi­
cieron én el gabinete: yo continué de­
fendiéndome, y el señor Jazmin me hizo
la guerra á lo político; su hijo calló un
rato, y poco tiempo después montó en
cólera, gritóle el padre, reprendióle la
hermana, él se levantó amenazándome
con el ceno , y partió. Asi se finalizó
aquel deliciosísimo convite.
l \ A / W V A V V » ^ W W W % W V %/%/%/

C A PIT U L O XXIX.
Prosigue~ la materia del capítulo
antecedente.
T\etiráronse las damas á su cuarto, y
yo quedé solo con el señor Jazmin,
que me fue enseñando el palacio, y
demostrando una infinidad de raras y

29O

VIAGES

preciosas labores que nuevamente ha­
bía ido añadiendo á la magnificencia
en la fábrica. Yo estaba admirado vien­
do tantas riquezas, mas no pudo mi
curiosidad dejar de preguntarle el pre­
cio de cierta colgadura que adornaba el
salón en qué entonces estábamos. Me
hacéis, dijo, una pregunta que ni aho­
ra , ni acaso jamas podré exactamente
satisfacer. No obstante que la respues­
ta pudiese hacerme entrar en sospecha,
la supuse de buena fé y que quería de­
cir , que no había hecho perfectamente
la cuenta de su coste, y que por esto
no podía responderme. Como no enten­
dí á fondo sus palabras, volví á pre­
guntarle cuanto le habían costado cier­
tas finísimas molduras muy bien dora­
das que estaba mirando. ¿ No os he di­
cho ya , replicó, que no puedo deciros
su valor, porque no corre por mi cuen­
ta? Con que, según eso, añadí y o , otro
lo dará por vos; sin duda será vuestra
esposa que tendrá el manejo de toda
vuestra casa, y no la tomareis cuentas
en confianza de su integridad: perdo­
nad mi atrevimiento, y considerad, que
la curiosidad, madre del saber, es in-

DE WANTON.

291

dispensable en un forastero que se ha­
lla en un país tan distante del suyo.
Suspiró el señor Jazmín, y dijo,
¡ A y am igo, aun no habéis penetrado
la fuerza de mis razones! os he dicho
que no corre por mi cuenta, y es ver­
dad, porque no lo pago. Los mercade­
res , de quienes saco cuanto se me an­
toja , escriben mi nombre y el precio
de los géneros que me fian, en cierto
libro que ellos llaman de crédito; pero
que con mas justa causa babian de lla­
mar de cartas de pago, por lo que á
mí y á muchos toca: los artesanos con­
curren voluntariamente á darme gusto:
con esto entendereis ahora todo el sen­
tido de lo que yo os respondia. Acaso
os parecerá imprudente mi confesión;
pero el designio que tengo formado con
vuestra persona, me hace tener la con­
fianza de comunicaros las noticias de
las cosas en que algún dia tendréis par­
te. Quedé suspenso con la delación y
con su prevenido designio, de que ya
tenia sospechas en virtud del coloquio
que tuve con las señoras; pero quise
valerme de esta ocasión para saber con
que habilidad sacaba de manos de los

292

VIAGES

mercaderes su hacienda, teniendo estos
una moral certidumbre de no volverse
á juntar con e lla , y como conseguia
que le sirviesen los artífices sin espe­
ranza de la paga de su trabajo.
E l nacimiento, las conexiones y las
amistades, me respondió, que tengo
en esta corte, son para mi inagotables
m inas: todos los artesanos y mercade­
res me suministran con la mayor libe­
ralidad su trabajo y sus mercadurías:
porque ganan por mi medio mucho mas
de lo que vale lo que me presentan, ó
por mejor decir lo que me regalan. Os
explicare' todo el secreto: si algún pa­
riente ó amigo mió emprende una obra,
ó fábrica costosa, ó algunos gastos mag­
níficos , al punto vienen á rogarme to­
dos ellos que les proporcione aquellas
ganancias; voy inmediatamente á en­
contrarme con la dicha persona, y con
mil solicitaciones, con promesas de la
conveniencia que ha de experimentar,
con alabanzas regularmente falsas de
mis recomendados, la obligo en cierto
modo á que se valga de aquellos de
quienes la inform o: estos, que conocen
que aquel es tiempo de aprovecharse,

DE WANTON.

293

confiados en mi apoyo, añaden al valor
principal una tercera parte mas por la
parte mas corta ; asi á costa de mis fa­
tigas, se hacen pago de una porción de
sus créditos. Si acaso alguno de los de­
mas que no son los principales de la
ciudad, quiere hacer algunos grandes
gastos, me bajo á irle á suplicar que
emplee á mis recomendados; y la va­
nidad de habérselo yo pedido, les hace
que al punto condesciendan: si luego
hay alguno de estos que quiere mode­
rar el precio de las excesivas pretensio­
nes de los artífices, entonces entro yo
gritando , amenazando, y otras veces
sirviéndome de las persuasiones para
desvanecer sus intentos; de este modo
en los que no aprovecha la blandura,
produce el temor seguro e fe cto : asi me
manejo por toda la ciudad muchos tiem­
pos hace. Decidme ahora, si no doy á
estos en el espacio de un año la mitad
mas de lo que ellos me suministran de
sus haciendas o' trabajos.
Bien decís, respondí y o ; pero no
encuentro en esos procederes la debida
justicia, ni la honradez en esas accio­
nes, que debe ser consecuencia de un

* 94

TI AGES

noble nacimiento. ¡Ah Enrique! ex­
clamó el caballero; el ilustre nacimien­
to es la causa de estas acciones, por­
que de él se deriva la necesidad del
lujo y la grandeza. Quería provarme
que era industria, y no injusticia su
modo de obrar. Conocí que no habia
de adelantar con él cosa alguna , y asi
no quise hacerme odioso, contradiciéndole una proposición que él mismo no
ignoraba que era falsísima.
Díjele después, que tenia que ir á
mi alojamiento, y por tanto que me
diese su licenciaj él mostró mucho sen­
timiento por haberse de apartar de mí;
me abrazó, me besó, é hizo m il pro­
mesas de su estimación y carin o, ase­
gurándome que dentro de poco me da­
ría de esto una segura prenda. Yo le
hubiera dispensado gustosísimámente
tantas formalidades ; pero mucho mas
todos sus amores y su prenda. Era
forzoso despedirse de las damas, lo que
hice m uy de mala gana. Madama Ca­
labaza volvió á instarme para que fue­
se mas sensible á la pasión amorosa,
determinándome á algún objeto 3 y aun
prometió procurarme ella la ocasión

DE WANTON.

295

oportuna para este efecto: la señorita
me rogó no dejase de ir á la opera,
para que formase mejor concepto de
e lla : quedé escandalizado de ver á unas
monas tan libres ; respondí como pude,
y marché inmediatamente fastidiado de
todos los de aquel palacio.
No puedo bien ponderar el abor­
recimiento que tomé á las máximas del
señor Jazm ín; pero sobre todo, lo que
mas detestaba, era el designio de que­
rer darme á una hija suya por esposa;
de la misma manera que merecía la
risa y desaprobación universal un ca­
ballero europeo que quisiese casar á
su hija con un monazo por ahorrarse
la dote. Luego que llegué á casa, con­
té al señor Haya y á Roberto mi aven­
tura, y se divirtieron á mi costa un
rato. Después el dicho señor me did
varios consejos acerca de que debia no
trabar amistad con una persona, cu­
yas acciones, según su misma confe­
sión, distaban tanto de la rectitud y
de la decencia. Asi también lo com­
prendía y o : ¿ pero cdmo podría sepa­
rarme de la amistad de un sugeto im­
portuno , ni por qué medios, sin con-

296

VIAGES

ciliarme su odio, y sin acarrearme un
peligroso enemigo ? Roberto formó mil
proyectos, pero en todos habia sus di­
ficultades : el señor Haya era de pare­
cer de que le dijese abiertamente que
no queria su comunicación; anadiendo,
que la protección del príncipe era bas­
tante para hacer contener á este espíri­
tu, que me perseguía para turbar mi re­
poso; pero nosotros que queríamos ad­
quirirnos la estimación y afecto común,
encontrábamos en esta claridad muchas
razones para no adherir á tal pensa­
miento. Nada se resolvió por enton­
ces ; y por divertir mi imaginación agi­
tada, me propusieron mis amigos que
fuésemos á pasearnos; aceptó gustosa­
mente la oferta, y nos fuimos á la mu­
ralla de la ciudad, en donde la hermo­
sura del sitio, el concurso de las per­
sonas , y la variedad de objetos que en­
contrábamos, fueron gustoso motivo de
esparcir mis ideas. Después de haber­
nos entretenido un largo rato en aquel
sitio, volvimos á casa, en donde en­
contró la única y segura receta contra
aquel mal , que iba tomando cuerpo
con notable peligro de mi sosiego.

DE WANTON.

297

CAPÍTULO XXX.
De los billetes que enviaron á Enrique
los hijos del señor Jazm ín, ¡y- sus
respuestas.
A l entrar en el palacio se presentó
un criado del señor Haya , y le dijo
como habían venido dos lacayos de ca­
sa del señor Jazmín, que querían ha­
blarme á solas ; que el uno decia que
venia de parte de su hijo con todo se­
creto, y con los mismos misterios el
otro de parte de la hija; y por tanto,
para que no se encontrasen, y asi se
descubriesen los intentos de sus res­
pectivos dueños, los tenia separados en
dos distintos cuartos. Alabo el señor
Haya la cautela de aquel criado, y le
mandó que hiciese entrar á uno de los
dos lacayos: éste se presentó muy mis­
terioso , y hablándome aparte, me en­
tregó un papel del hijo del señor Jaz­
mín , rogándole que no le abriese sino
á puerta cerrada ; despidióse, y apre-

298

VIAGES

suradamente se alejo del palacio. E l se­
gundo lacayo me dijo también en se­
creto, todo temblando, que tenia que
cumplir un delicadísimo precepto; este
era la entrega de un billete que puso
en mis manos, informándome de ser de
su señorita Ortiga ; me suplicó que
guardase silencio, y me pidió la mau­
la , prometiendo servirme fielmente:
yo no podia negársela sin nota ; besó­
me la mano, y me advirtió última­
m ente, que con zozobra esperaba su
ama la respuesta, y asi que no la re­
tardase este consuelo.
Luego que este se despidió, quedó
confuso con semejante aventura; im ­
paciente estaba por abrir los papeles;
pero hube de tener que resistir la cu­
riosidad, esperando para dar gusto á
Roberto, el que el señor Haya vol­
viese , porque se había separado de
nosotros con motivo de cierta disposi­
ción doméstica: no tuvimos que sufrir
la dilación por mucho tiempo, porque
vino prontamente. Sabidas las comi­
siones de los lacayos, tuvieron por
conveniente que nos retirásemos á una
pieza interior para leer con mas liber-

DE WANT 0 N.

*9 9

tad los billetes, y consultar sobre su
contenido. Asi se hizo, cerramos la
puerta, y se abrid primero el del her­
mano , que estaba concebido en estos
términos:
Temerario animal:
re Tu vana presunción de oscure» cer la altísima nobleza de mi sangre,
»aspirando á los gloriosísimos despo­
so rio s con mi hermana, se funda en
»tu ignorancia y en el vilísimo aja» miento propio de mi padre. Mien»tras tenga valor y vida, no solamen»te td , que eres una disforme bestia,
»no obtendrás este honor, pero ni
»otro alguno que baje un solo grado
»de mi excelso nacimiento. Antes pa» saré el corazón á mi hermana, ver»teré la sangre de mi padre y opri»miré á toda mi familia, que consen»tir igual indignidad. Por lo que hace
» á tí, ten entendido, que si en cuan»to te queda de vida, te pasa por el
7>pensamiento poner los pies en mi ca» sa, ten entendido, te repito, que no
»siendo correspondiente á mi honor
T omo i .

21

30 0

VIAGES

» manchar mi acero en tus asquerosí­
sim a s venas, á garrotazos sacaré de
jj tu cuerpo un alma tan malvada. Pien» sa bien en tu peligro , y acuérdate
»de que me declaro
» Resueltísimo vengador de mis
» agravios
Pepino.»
La lectura de este papel hizo mon­
tar en cólera al señor Haya, pero no­
sotros le hicimos reflexionar que la ne­
cedad de este mozuelo no era digna
de su enfado, y asi aquietamos su de­
sazón. Abrimos después el billete de
la hermana, que se explicaba del te­
nor siguiente:
Corazón y alma miar
cc Un fuego devorador se me ha injjtroducido hasta los huesos. ¡Ay de
jj m í! ¡Ay de mí! Yo desfallezco; yo
jj me muero; yo exhalo el alma, que
» vuela en busca de su ídolo para alijjviar sus cruelísimas angustias, como
»alrededor de la luz dá tornos la ma-

DE W ANTON.

30I

55 riposilla: ya me determino á busca» ros, esperando de vos el refrigerio de
»m is tormentos; á no ser que uséis
» una crueldad semejante á la de la
»llam a, convidando con tu belleza á
» mi corazón para abrasarle después las
» alas, convertirle en cenizas y des» truirle. Pero ¿ qué otro consuelo pue»de haber jam as, que conforte mis
»amorosas profundísimas llagas, sino
» el de nuestro himeneo ? ¡ A y objeto
» amado! Resolveos pronto; no me
»dejeis penar por mas largo tiempo.
»Desde el punto que estas desgracia»das niñas de mis ojos vieron la gra»ciosa serenidad de aquellas estrellas
»que brillan en el cielo de vuestro
»rostro; y desde aquel instante que
»salieron de vuestros labios de coral
»aquellas melosas palabritas que me
»traspasaron el pecho , ni sé esperar,
» ni amar otra cosa que á vos solo. He
» quedado como aquella flor que siem»pre vá siguiendo de cara al mayor
» de los planetas, y asi mis pensa»mientos no tienen sino un solo ob»jeto, y este no es otro que vos mis»mo. Si obtengo el suspirado conten-

302
VIAGES
jjto de veros m ió, de estrecharme con
5? vos y de abrazaros, andaré adivinanjjdo vuestros preceptos, como la aujj rora precede al s o l; seguiré vuestros
55 pasos, como la tortolilla los de su
5 5 consorte; no me separaré de vos,
55 como la golondrina de los alrededo55 res de su nido. Vos sereis solo el na55 vichuelo que navegue en el rio de
55 mi belleza; y y o , semejante á la pa55 lom a, siempre estaré afectuosa y agra55 decida á vuestros cariños. Haced pues
5 5 la demanda á mi padre, que os ase55guro la aceptará con gusto; y mien55 tras llega este caso, recibid mi co55 razón en prendas de tanto afecto. ¡ Ah
5 5 simple! ¿qué delirio es este? No,
55 bien m ió, no puedo daros por pren55 da lo que ya es vuestro. No seáis in5 5 grato á mis ternuras; de vos depen5 5 de mi destino; y vuestra respuesta
55 será la decisión de mi vida ó de mi
5 5 muerte. A D ios, mi, tesoro, mis en55trañas y mi todo. A Dios.??
Vuestra desentranadísima amante

Ortiga.

DE WANTON.

303

Si nos dio motivo al desprecio la
carta del señor P epino, ésta por el
contrario nos movió á risa: la leíamos
una y otra vez , y no sabíamos cómo
poder darla el realce que requerían las
ridiculas extravagancias que se conte­
nían en ella. Finalizando el gustoso
examen de sus expresiones, pasamos
á consultar lo substancial del hecho, y
convenimos en que la malicia y no la
necedad era quien la había notado.
Pretender esponsales de una persona
de diversa especie, protestar un exce­
sivo amor á quien una sola vez se ha­
bía visto, y asegurar el consentimien­
to del padre, eran todos puntos que
daban á conocer ser esta una refinada
pieza de la fecunda mente del señor
Jazmín. Concluyó el señor H aya, cre­
yendo que el padre y la hija habían ca­
minado de acuerdo para procurar en­
gañarme, y que el hijo, no consin­
tiendo por su natural soberbia á los
imaginarios adelantamientos de la fa­
milia , habia ideado aquellas amenazas
y desprecios para ponerme miedo y
alejarme de aceptar el partido que me
proponían. Todo esto era un asunto

304

VI AGES

que hablaba conmigo; pero el señor
Haya, que tomaba á su cuenta cual­
quiera ofensa que nos hacian ó decian,
entro también en consulta para la res­
puesta de estos papeles; y por último
se resolvió que la del señor Pepino
fuese de esta manera:
Ignorante animal:
re Aquel horror que tú concibes por
una alianza que te parece tan des33 honrosa, es el mismo que yo tengo,
33 considerando mi matrimonio con tu
33 hermana como una obra contra la
33naturaleza. No me deslumbran las
33 grandezas que voceas de tu familia,
33que, cuando fuesen verdaderas, to>3 das quedarían oscurecidas con tus vi33lísimas acciones. No tengo ánimo de
33 poner los pies en tu casa, porque he
>3descubierto en todos los tuyos unas
33 malicias indignas de toda esa nobleza
3 3 que exageras; no porque me dé mie33 do ese garrote, del que me rio : mi
33poder hace que me burle de tu te33 meridad; con solo querer pudiera ar3 3 ruinarte para siempre; tengo piedad
35

DE WANTON.

305

55de tu locura, que es la que te deja
55exento del resentimiento de un homjsbre que no puedes tú conocer cuanto
55vale. Marcha al hospital á que te
53administren el vedegambre, que es
53de lo que tienes necesidad. Cúrate,
53y vive.»
El animal que de tí se burla
Enrique.
Fue menester dejar que pasase a l­
gún rato para ponernos á escribir la
respuesta á Ortiga, por motivo de la
risa á que su ridiculez nos incitaba;
no obstante, convenia responderla para
poner en práctica el proyecto que ha­
bíamos formado; dio cada uno su pa­
recer , y la escribí lo siguiente:
Nobilísima señora:
« S i vuestra nobleza quiere desterde sí las adulaciones, y las inten3 3 ciones interesadas, no llegará el caso
53 de ponerse con mi repulsa en peli33gro de m uerte ; solo s í, no os que33 rar

306

viages

dará la esperanza de uniros á una
53criatura que abomináis sin duda en
»vuestro corazón, y que por condes»cender á las instrucciones de vuestro
» padre, y á la ridicula vanidad de ha»cer figura en el teatro del mundo,
r> llamáis vuestra alma, corazón, ído» lo , fuego, luz , sol, tórtola, nido,
» rio , paloma, tesoro, entrafias y to53 do. Hablemos claros; yo no he de
53 ser cuerpo de vuestra alma, ni seno
53de vuestro corazón. Os aborrezco, y
53me enfadaríais, aun cuando fueseis
53una hembra de mi especie. Por lo
53que podéis dedicaros á quien quisie53reis, siendo enhorabuena para el que
53os agrade , mariposa, girasol, auro33 ra, tórtola, golondrina, navichuelo,
53paloma y cuanto os parezca. Tratad53me de bárbaro y de tirano, que na53 da importa, pues me persuado que
53en vuestro interior no dejareis de ha» cerme la justicia de creer que soy
33

Vuestro sincerísimo servidor

Enrique.»

DE WATÍTON.

307

Cerradas las dichas cartas, se llamd
i un lacayo para que al dia siguiente
las llevase al palacio del señor Jazmín,
pero encargándole que estuviese en la
calle esperando la ocasión de entrar al
tiempo mismo que saliese de casa el
padre, y que encontrándose con é l , y
siendo preguntado, respondiese que lle­
vaba dos papeles de suma importan­
cia para entregarlos á sus dos hijos, el
señor Pepino y la señora Ortiga. Para
que la función fuese mas completa, á
la carta del hermano se puso el so­
brescrito para la hermana, y á la de
ésta para el otro. Asi se tomaba ente­
ra venganza , y se llegaba á descubrir
en toda la familia la temeridad de los
jovenes y el enredo que habían tra­
mado los padres para echar fuera la
carga de su hija mayor por un medio
que aun yo mismo desaprobaba.

■ ,!

___

vyy) v i m

u v iY v v \v v v \iY v u \m \ì/m

a i

ÍNDICE
de los capítulos que contiene este
primer tomo.

( C apítulo i . Abandona Enrique

su p à tr ia , y se embarca para
Bengala ...................................pág.
Cap. ii . Consuela Roberto á E n ­
rique , y emprenden su amistad.
Cap. iii . Hacen los dos amigos dis­
tribución del tiempo pa ra m ien­
tras dure su navegación. . . .
Cap. iv . Corren borrasca , y los
dos en un esquife llegan á tie r­
ra .................................................
Cap. v. Hacen los dos amigos su
habitación dentro de una gruta.
Cap. v i . Hace Roberto un nuevo
descubrimiento del país. . . .
Cap. vii. Encuentran los dos ami­
gos una casa de campo , y lo
que en ella les sucedió,

i
y

16
24
31
41

5i

C ap . viíi. Prosiguen los sucesos de

la casa de campo. . . . . . .

6r

C ap . ix . Prosiguen los buenos ofi­

cios de Oliva............................75

C ap . x. De lo que les secedió con

una mona de la corte que vino
á verlos al establo................... 83
C ap . xi. De otra aventura que tu­
vieron en el establo, con la que
dieron á conocer su valor. . . 99
Ca p . xir. De los recados que les
envió la dama de quien poco
antes habían sido despreciados. 110
C ap . xiii . De la visita de la da­
ma y otros cortesanos , y lo
que en ella sucedió...................117
C ap . xiv . Del recibimiento que tu­
vieron Enrique y Roberto en
casa del señor Haya............... 131
C ap . xv. Del descubrimiento de
una yerba y un insecto muy
particulares , y pareceres de al­
gunos doctores monos............... 141
C ap . xvi. Descríbese el palacio
del señor Haya , y el tocador
de madama Espina................154
C ap . xvii. De las instrucciones que
daba madama Espina á su hija. 167

Cap. xviii. De la aventura con el

doctor Cilantro................

C ap. xix . De la opinión que for­

176

maron de Roberto y Enrique
las monas de la corte............. 194
C ap. xx. De lo que pasó en la
tienda del café............................ 202
Cap . xxi. De la equivocación de
Enrique acerca de los peluque­
ros del pais ...............................215
C ap. xxii. Prosiguen los lances de
la peluquería , y de la peligro­
sa aventura en que se vio Ro­
berto. . . i ............................... 225
C ap. xxiii. De la audiencia que
dió el príncipe á Enrique y á
Roberto. . . ............................235
C ap. xxiv. De la novela doctrinal
que contó el ministro ...............242
C ap. xxv. Prosigue la materia del
capítulo antecedente...................251
C / p . xxvi. Finalízase el asunto de
los dos capítulos anteriores. . . 261
Cap. xxvii. Del ánimo que forma­
ron Roberto y Enrique de po­
ner casa ; y por qué desistieron
de su intento............................ 271
C ap. xxvui. Del convite que tuvo

Enrique en casa del señor Jaz­
m ín ........................................... 2B0
C ap . xxix. Prosigue la materia
del capitulo antecedente. . . . »89
C ap. xxx. De los billetes que en­
viaron á Enrique los hijos del
señor Jazm ín , y sus respues­
tas............................................. 297

Colecciones