Viages de Enrique Wanton al país de las monas. Tomo III. 2ª ed.

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Madrid

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Impresos
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spa
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359
Identificador
0000000203
Miniatura
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Traductor
Guzmán y Manrique, Joaquín de
Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Librería Razola
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1831
Formato
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ENRIQUE WANTON

g é • f'tîs

I mprenta de I. SANCHA: calìe de la Con
cepcion Gerónimo , nú/n. 3i.

DE

ENRIQUE WANTON
a / >. f / e / oj *y/ivo7fctJ.
THADUCTDOS

M 3nglcs itl 3tttli(ina, jj i>r rstc
al <Cspanol
P O R JD. G . J . V . D . G . Y . M .

CON REAL PR IY IL EG 10.
MADRID:

St li.illar’i en la lihreria de RAZOLA , calle de
la Concepcion G eronim a, n.* 3.
MAYO DK l8 3 l.

ENRIQUE WANTON
a/ 9

c/e /a j ty/íponaJ.

I V U ' U i ) W V I 'V U V W iV I W V I W W V I V 1 VVV> V A 'V U U V I V l lT V V V

CAPÍTULO PRIMERO.
Plan de la casa del señor Haya des­
pués de la boda: trátase también de
los lutos de corte.
respiraba otra cosa que profusión,
alegría y satisfacciones aquellos dias
inmediatos á la boda el palacio del se­
ñor Haya: oficiosa madama Espina es­
taba hecha una pura diligencia, sin
que en la propia y la nueva familia
hubiese asunto que ella permitiese paT omo iii.
i

3

VIAGES

sar por otra mano que la suya; dispo­
nía el ceremonial de las visitas; tenia
lista del orden con que habían de pa­
garse; fabricaba en su desbaratada fan­
tasía el tren con que el primer dia de­
bían salir al paseo los nuevos esposos:
era el único arbitrio de convidar á co­
mer la sopa (como ella decía en su
lengua mona) á los que eran de su agra­
do ; en una palabra, dio rienda á su
genio dominante para que ninguna otra
persona de la casa interviniese aun en
la mas ridicula menudencia. La señora
Lechuga se iba disgustando del despó­
tico gobierno de su madre; pues desde
el primer dia de casada quisiera haber
tomado á su cargo plenamente la direc­
ción de su familia. El señor Nuez-mos­
cada y su suegro, aunque todo lo cono­
cían, sufrian con prudencia, porque la
dulzura del uno y del otro genio repug­
naba á cualquier rompimiento. Los hi­
jos del señor Haya, especialmente mi
amigo Tulipán, divertidos fuera de casa,
como solo estaban presentes á la hora
de com er, cuidaban poco de lo que en
ella pasaba. Roberto y yo sin incluir­
nos en las materias domesticas, goza-

DE VVANT0N.

3

¿am os los buenos ratos que daba de sí
el tiem po, y echábamos el cuerpo fuera
cuando los asuntos que se trataban no
eran de nuestra inspección. Los criados
y criadas finalmente de una y otra fa­
milia estaban en continuas reyertas; los
antiguos querían mandar en calidad de
tales á los nuevos, y estos se defendían
con el com ú n , no me ¿oca, que tanto
reina en donde hay m uchos; y todo
paraba en perpetuos chismes, que am­
bas señoras oian con la atención mas
profunda, trasladándolos del oido al co­
razón, para que poco á poco indispues­
tos los ánim os, reventase la mina cuan­
do menos se pensase con desasosiego de
todos los de aquella casa, y general es­
cándalo del pueblo. Este era puntual­
mente el plan de la casa del señor Ha­
ya en aquella sazón.
Pero el asunto que mas ocupaba la
atención de aquellas m onas. era la pa­
ga de visitas de novia : todos los dias se
suscitaba una cuestión sobre el ceremo­
nial : fue muy reñida la que se dirigia
al orden con que habian de pagarse: por
voluntad de la señorita 4 la primera debia ser á la marquesita de la Remóla-

4

VI AGES

cha (que también hay títulos en aque­
llos países con tanta abundancia como
en nuestra Europa, aunque hasta aho­
ra no se ha ofrecido nombrarlos) her­
mana del novio, y por tanto de la pri­
mera obligación, porque aunque hacia
poco tiempo que por medio del matri­
monio habia la dicha salido á volar, y
no podía saber mucho de la etiqueta
mona, por cuanto estaba criada al lado
de una abuela que cansada de las lo­
curas de su juventud la habia tomado
por el opuesto extremo de una imperti­
nente y ridicula austeridad; no obstan­
te, una venerable quintañona tia de su
m arido, vieja de mala gana, de las
muchas que hay de semejante jaez en
aquella metrópoli, que á fuerza de arre­
bolarse y estirar sus arrugas quieren
engañar al publico que se rie de sus
extravagancias, la habia tomado á su
cargo para quitarla la corteza y poner­
la en el tono del gran mundo ; esta sin
duda con aire magistral la baria cono­
cer la gravísima falta que se cometía si
no se efectuaban las cosas como medi­
taba su cuñada, y el execrable atenta­
do contra la respetable ceremonia del

{

DE VVANTON,

5

estilo corriente ; pero al desembarazado
genio de madama Espina nada impedia
para hacer y gobernar lo que era mas
adecuado á sus caprichos; y asi á pesar
de las reconvenciones de su hija, dis­
puso la primera visita para madama
Cambronera; era esta señora viuda del
hermano mayor de madama Espina,
que había pocos años que habia muer­
to , y fue un ministro de crédito en
aquella curia; mona ya de avanzados
dias, de pocas y misteriosas palabras,
y de una seriedad fastidiosa capaz de
imponer sujeción aun á dicha madama
Espina, que es cuanto puede decirse.
Rechinando la hija hubo de dar gusto
á la madre tanto en aquel día, como en
los siguientes, de lo que se originaron
mil disgustos y quejas: á todas daba sa­
lida la madre, hasta que llego el negro
dia que trajo el mas difícil caso, el asun­
to mas intrincado, y la materia de ma­
yor peso que podía ocurrir en el largo
tratado del crítico ceremonial mono.
Estaba disponiéndose la novia y su
madre para ir aquella noche de visita
á casa de la célebre madama Zanaho­
ria ( de quien repetidas veces se ha

6

VI AGES

hecho mención) cuando subid un laca­
yo, y avisó que su ama madama Cebo­
lla esperaba á la puerta licencia para
hablarlas dos palabras, y que suplica­
ba no se excusasen, antes bien que la
recibiesen como se hallaran , porque el
negocio á que venia era arduo, y no
daba espera: luego que les fue intima­
do, entraron en un cuidado muy gran­
de, porque el general concepto de doc­
ta que tenia madama Cebolla acredita­
ba la duda por de suma importancia y
dificultad: aunque madama Espina es­
taba muy pagada de su trabajo, temió
errar la resolución, quiso asesorarse, y
envió un page para que cualquiera de
los dos, Roberto ó y o , el que mas
proporcionado se hallara, entrase en su
gabinete, y resolviera el caso según el
conocimiento que ya habíamos adqui­
rido del pais; Roberto habia salido , y
asi fui yo, que aun me hallaba en ca­
sa , el que asistió á la conferencia.
Ya habia entrado madama Cebolla
cuando yo llegué; la que después de
las formalidades de tabla, propuso en
breve su consulta en estas ó semejantes
palabras : ya sabéis, hija, el genio bur-

DE WANTON.

f

Ion y desahogado de mi amiga Zanaho­
ria; yo te confieso que la temo, y no
quisiera darla causa de que se riese de
m í; acabo de tener recado de un con­
vite suyo, pidiéndome la acompañe á
una pequeña diversión que hoy previe­
ne en su casa con motivo de recibir de
novia á tu hija. No puedo faltarla, pe­
ro en la duda que me ha ocurrido he
querido venir á consultarte para hacer
lo que tu y tu hija tengáis ánimo de
ejecutar: esta es, que como no ignoras
está la corte de luto, y me hallo per­
pleja acerca del trage que deberé lle­
var; ir de luto á un baile, y á una vi­
sita de novia me repugna; ir de gala,
tiene la contra de que lo reparen y se
rian á mi costa: consideradas estas y
las demás importantes y profundas ra­
zones , que por uno y otro lado pudie­
ran alegarse, respóndeme qué debere­
mos hacer.
No era el asunto tan frívolo (como
acaso parecerá á algunos de mis lecto­
res ) que no produjese la mas séria me­
ditación en el entendimiento de las mo­
nas : suspendióse madama Espina para
decidir con mejor acuerdo; callaba ma-

8

VIAGES

dama Cebolla; y la novia, como mu­
chacha al fin , decía mil despropósitos
acerca de los insuperables escollos que
por todos lados encontraba. No quiso
antes de oirme meter el montante ma­
dama Espina; y asi todas me rogaron
dijese mi parecer: peligrosa materia y
delicada es, dije, mezclarnos en las
particularidades de la etiqueta ó cere­
monial que deben observar las señoras;
pero supuesto que el presente punto de
lutos no comprende solo á estas, sino
también á los caballeros monos, diré
sencillamente lo que alcanzo, éste se­
gún tengo entendido, es un duelo por
un príncipe que ni aun parentesco tie­
ne con el soberano de estas provincias,
y por tanto de mera ceremonia; á esto
se añade que al presente se halla la cor­
te en el sitio, con que no parece que
la falta de este cumplimiento pueda ser
tan notable como se exagera: pero de­
mos de barato que el quebrantamiento
de esta dolorida demostración fuese un
insufrible defecto, esto debería enten­
derse con aquellos sugetos que compo­
nen lo formal de la corte, cuya entra­
da en palacio los constituye en la obli-

DE W A N TO N .

9

gacion de la observancia 'de semejante
ceremonial; pero los que no tienen en
ella otra intervención que la de vivir
en la capital, por mas circunstanciados
que sean por sus familias o empleos, se
hacen á la verdad risibles, cuando se
muestran tan sentidos por la muerte de
un personage que ni aun saben quien
fue; y no os perezca que esta es imper­
tinente nota de un extrangero, sino efec­
to de una tan garrafal ridiculez que se
viene á los ojos de cualquiera. ¿No'que­
réis que me r ia , habiendo sabido que
ayer (dia en que se publico el luto) no
quiso madama Batata salir al paseo con
su prima la marquesa, porque la mo­
dista no la había traído la gran cofia
empavesada de negro , siendo asi que
el dia antes me consta habia puesto en
el parte ( y no es el primero) un me­
morial , pidiendo á la liberalidad del
soberano una limosna, que fuese ayuda
de costa para mantener sus precisas
obligaciones? ¿Como queréis que haya
sugeto sensato que deje de dar carca­
jadas al ver repetidísimos ejemplares
como el de ese muñeco de enfrente de
casa, que porque come trescientos du-

io
viages
cados del real erario, que gana en una
oficina, adonde desde su antesala le
trasladó su amo , salía había dos horas
con un luto nías reverendo que el que
pudiera vestirse un gefe de palacio, pues
aun la contera del espadín llevaba for­
rada de bayeta negra?
Luce mas el despropósito de seme­
jantes mentecatos á vista de un gran
número de personages graves, que ó por
su calidad ó por sus empleos componen
una respetable porción de la ciudad, y
con todo eso como no tienen sn desti­
no inmediato al soberano, se desentien­
den de la que solo es ceremonia de
corte; bien públicos están los ejemplos;
con los empleos mas visibles de fuera
de palacio compite el del señor Haya;
la nobleza del señor Nuez-moscada es
de las mas sobresalientes de estas pro­
vincias ; el señor Peregil, primo de ma­
dama Cebolla, une á la gravedad d éla
judicatura el lustre de su nacimiento, y
con todo eso.... Ya entiendo donde vais
á parar, replicó madama Espina impa­
ciente al ver que mi razonamiento no
se adecuaba á sus ideas; nos proponéis
ejemplos de dentro de nuestras casas

DE

W AN TO N .

II

para que con mayor fuerza prevalezca
vuestro dictamen ; pero habéis de saber
que si ellos y sus semejantes por el
capricho de una afectada moderación no
quieren seguir los estilos de la corte,
nosotras que estamos (gracias al cielo)
dotadas de un superior espíritu para
despreciar la mordacidad de los mal
humorados críticos, conocemos que no
vamos decentes á las concurrencias pú­
blicas sin atemperarnos al uso y ves­
tirnos como nuestros iguales: ademas
de que no será extraño creer que mu­
chos por la singularidad de no hacer
lo que los demas de su clase, tendrán
mas vanidad de no vestirse de luto,
que los que indebidamente se enlutan
de ponérsele.
No es mi ánimo, querida mia, dijo
madama Cebolla, reprobar tu dictámen,
pero no puedo negar al mismo tiem­
po la razón del señor Enrique; y de
aqui es que aparece la misma duda
que al principio de nuestra sesión; y
mediante á que el tiempo insta, y que
de aquí no he de partir sin que lo re­
solvamos, quiero proponer Jo que pron­
tamente me ha ocurrido; esto es, que

12

VIAGES

varaos vestidas de luto con cabos de
gala; quiero decir, los vestidos negros
y los aderezos de diamantes, porque
de este modo se logra unir los senti­
mientos de la corte con las alegrías de
la boda. No se puede ponderar cuanto
celebraron aquellas buenas señoras el
hallazgo de madama Cebolla en la tal
quimera ó adorno, que inmediatamen­
te determinaron se abrazase y publica­
se como nueva moda con el nombre de
vestido de galiluto. Quien mas aplau­
dió tan delicado pensamiento fue la no­
via, porque por este medio saldria á
relucir el rico aderezo de diamantes,
con que á costa de un escandaloso mimero de pesos la habia engalanado el
novio el dia de la boda. Por último,
se despidió madama Cobolla dejando
sumamente alegres á sus amigas, de
quienes me separé, encaminándome á
mi cuarto para soltar los diques á la
risa con mas libertad en compañía de
mi Roberto , y á costa de aquellas
mentecatas.
Llegó por fin la noche, y á la bora
regular nos retiramos Roberto y yo en
calidad de convidados á casa de madama

DE W ANTON.

T3

Zanahoria, á quien como á todas sus
amigas, hallamos adornada según el
nuevo ceremonial (que en tan breve
tiempo corrió de una mona en otra la
decisión de la sapientísima madama Ce­
bolla); solo la Condesa de la Llanta
por haber estado todo el dia en una
casa de campo á divertirse , ignoraba
la promulgación de la nueva pracmática del galiluto, por lo cual se fue á
la isita cubierta de los mas lúgubres
{..avíos; pero gracias á la actividad de
la señora de la casa, no cometió el gra­
ve defecto de funestar el estrado, por
que salie'ndola al encuentro en la an­
tesala, y noticia'ndola el moderno esta­
blecimiento , pudo disponer su escon­
dite en un cuarto reservado hasta que
volviese un lacayo que envió á su ca­
sa por los diamantes suficientes para
poder comparecer en tan brillante con­
greso.
Entre los monos solamente los mi­
litares de menor graduación , dos ó
tres ministros provectos y otros tan­
tos arrendajos de ellos, esto es, preten­
dientes de plazas del ministerio , por
contemporizar con sus m ayores, eran

1-4

VIAGES

los que nos acompañaban sin luto; pero
los del restante número (que era gran­
de al olorcillo del baile) estaban según
me pareció por el trage , sumamente
sentidos; pero no tardé mucho en de­
poner mi falsa opinión, porque luego
que se acabó lo que llaman baile se­
rio, y comenzó la broma y mezcla de
los dos sexos, fue para mí un espec­
táculo de gran diversión ver saltar, pa­
tear y dar muestras de la mayor ale­
gría á toda aquella porción de monidoloridos. Prolongóse la tal especie de
locura á compás hasta una hora incó­
moda según costumbre, y finalizada
nos retiramos acompañando á las seño­
ras de casa; y en el camino notamos
mediante una ú otra indirecta, que no
iban acordes los ánimos de hija y madre.
Fueron éstos presagios del próximo
rompimiento. Madama Lechuga desea­
ba vivamente separarse de su madre
para regentar su estado independiente,
y asi al primer chisme que la trajo una
criada, tomó el partido de su familia;
madama Espina defendía la suya; enar­
deciéronse Jos ánimos, crecieron las vo­
ces, alborotaron la casa y escandaliza-

DE W ANTON.

I5

ron la vecindad: acudimos todos á so­
segar á aquellas dos tigres; á porfia
querian informarnos del principio de la
reyerta, pero cada proposición era ori­
gen de nuevos gritos; imposible fue
averiguar la verdad de la causa acci­
dental de la quimera , la sustancial y
motiva no se nos ocultaba.
En una palabra ( prorumpió mada­
ma Lechuga hablando con su marido)
yo no puedo aguantar mas á mi madre;
quiere ser despótica; si mando á mis
criados siempre encuentra motivos de
reprenderme, y es porque no haya otra
que mande en casa; si vienen visitas
á mi cuarto no las halla por conve­
nientes, y si no fuera faltar al respe­
to de madre, diria que mas que celo
es envidia porque no van al suyo, como
si de esto fuese otra la causa, sino que
ha nacido treinta anos antes que yo;
por fin, no hay en mí acción que no
note, ni respiración que no me cuente.
Mi libertad no debe ser tiranizada ni
sufrir dos dueños; luego que te di la
mano me constituí bajo tu obediencia,
y asi salí de la familia en que nací
par3 pasar de un todo á la tuya, Esto

16

VIAGES

y mi sosiego no es posible sin que se­
paremos absolutamente la casa, porque
dos tocas y un hogar se avienen mal;
conozco que el gasto será grande por
haber de comprar todo el mueble cor­
respondiente , pero no estamos tan atra­
sados que no pueda hacerse sin grave
dispendio; y en fin, si algo te empe­
ñases , mas vale que sea por esta causa,
que por la de mis funerales, que sin
duda llegarían muy presto si permane­
ciera mas tiempo en tan amarga cons­
titución ; y asi ten entendido que esta
noche no se lia de verificar que duer­
mo en esta casa. No fue fácil que mu­
dase de dictamen ni por los partidos
que el padre la hacia, ni por las jui­
ciosas reconvenciones del seííor Nuezmoscada, ni por nuestros ruegos; lo mas
á que se la pudo reducir fue á que no
saliera de casa de sus padres hasta que
se la pusiera la suya, con condición de
que fuese muy breve el plazo , y con
tal de que mientras se cumplía había
de estar retirada sin entrar por motivo
alguno en el cuarto de su madre ; cu­
ya propuesta cumplid tan exactamente,
que ni aun para comer dejaba su ga-

DE W ANT0N.

IJ7

bínete. El pobre marido andaba desa­
sosegado , ya solicitando muebles, y ya
procurando casa proporcionada para su
habitación por darla gusto , porque en
este intermedio no se la podía ver la
risa. ¡A que extremos no llega la obs­
tinada voluntariedad de una mona con­
sentida y m imada!
* /X -V V X .'W '% /V \ f \ > V W V ^ /V V

CAPÍTULO II.
Bel mutuo obsequio de Tulipán y la
marquesa de la M ielga.

D e dia en dia había ido creciendo la
amistad con que me trataba Tulipán,
que era como ya se ha dicho el hijo
menor del señor H aya; y al mismo
paso se iba acercando el tiempo en que
había de experimentar el cúmulo de
desgracias é incomodidades que me
ejercitaron en aquellos países : no es
mi ánimo fastidiar á mis lectores par­
ticularizándolas en estas memorias, y
asi solo pondré como por mayor aqueT omo

iii.

2

18

VIAGES

lias que tengan conexión con el hilo
de la historia. Era consecuencia de es­
ta estrechez hacerme Tulipán partíci­
pe de todos los secretos de su corazón
y de las pasiones que le agitaban, y mi
fidelidad en el sigilo en tan alto grado
que ni aun con Roberto los confería.
Gran necedad cometí en la observan­
cia de tan delicado punto de honor,
pues él me acercó mi precipicio; pero
lo conocí cuando no tuvo remedio.
Como yo deseaba una instrucción á
fondo de las costumbres y demas cir­
cunstancias de aquellos paises extraor­
dinarios, y lograba ésta mediante la
grande introducción que tenia Tulipán
con toda clase de personas , me era
forzoso por darle gusto contemporizar
muchas veces, y acompañarle contra
mi voluntad.
El mal humor que reinaba aquellos
dias en las señoras de casa, el senti­
miento del señor Haya, el desasosiego
de su yerno, el atropellamiento de los
criados, y la precipitación y bulla de
la mudanza, no hacían la mejor acogi­
da dentro del palacio ; con que agre­
gadas estas incomodidades d la eos-

DE WANTON.

*9

tumbre de Tulipán, de dar la mayor
parte del tiempo á sus devaneos, se
puede considerar su poca parada en él.
Una de sus mas preferidas visitas , ó
por decir lo mas cierto la principal,
era á la marquesa de la Mielga, joven
hermosa , pero boba; rica, pero pre­
sumida; bien nacida, pero mal criada,
estaba casada con un caballero mono;
juicioso, prudente y arreglado No era
este el único casamiento de esta espe­
cie en aquella metrópoli, dentro de
casa temamos otro poco mas ó menos,
y fuera noté tantos que parece que de
proposito buscaban tan discorde con­
trapunto. Era muy común en ellos por
consiguiente andar á paso igual la tole­
rancia y la locura. No quiero molestar
con largas reflexiones y episodios, en
que deslizándose tal vez la pluma , se
descubran retratos demasiado al vivo;
pero considérese que dilatadísimo cam­
po me ofrecía este punto.
El marqués su marido, no celoso si­
no honrado y con arreglo á sus obli­
gaciones, la impedia ya con seriedad,
ya con blandura el frecuente trato con
mi amigo. No ignoro, la decia , que

20

VI AGES

Tulipán es de igual clase á la tuya;
tampoco pongo duda en que conoces
muy bien las circunstancias con que
naciste ; ¿ pero será esto bastante escu­
do para el embate de un monito, cu­
ya desbaratada cabeza está bien señala­
da en la ciudad ? ¿ con qué idea solici­
ta tu oido, y es continuamente tu som­
bra dentro y fuera de casa ? ¿ Qué ma­
terias tan graves y dilatadas tiene que
conferir contigo? Aquellas miradas á
liurto , aquel sonriso , y á veces aquella
afectada languidez de espíritu cuando
no se te puede aproximar por la con­
currencia de otras visitas, ¿qué signifi­
can? Si no hay malicia en este trato,
y cuanto se habla es inocente, ¿ á qué
conduce el secreto con que se embozan
la? palabras y el misterioso artificio con
que se aparenta querer encubrir las ac­
ciones? Pero quiero por este instante,
solia añadir el marqués, darte de barato,
que no haya mas que una sencilla recí­
proca amistad ( por tu parte nunca me
lie hecho ni por pensamiento la ofensa
de juzgar diversamente ) y que todos los
demas aparatos se dirigen á una necia
vanidad de hacer creer otra cosa dis-

DE WANTON.

2I

tinta de la que en realidad hay, y i
dar como en rostro al resto de los mo­
nos , de que no son dignos de lograr
aquella distinción, y por tanto que de­
berían rebentar de envidia: fuera de
que tan insolente ostentación con quien
está ya con un indisoluble lazo unida
á otro dueño, es á todas miras intole­
rable, ¿será posible que los que ven y
oyen tales extremos, se pongan unáni­
memente de acuerdo, hacie'ndose cargo
de que son solo pasatiempo aquellas
demostraciones? Seguramente que no;
está cierta de que el escándalo de es­
tas pretendidas inocentes amistades es
público; yo lo oigo, y tal vez lo ha­
blo de otras monas; no tienes tú salvo­
conducto alguno que te ponga á segu­
ro de los pareceres del vulgo; no hay
duda, tu opinión y la mia padecen un
descalabro gravísimo; en esta lastimo­
sa constitución ya considerarás, que tú
debes dar de mano á esa distracción,
y que yo de ninguna manera te la de­
bo consentir.
Aunque no eran muy despejadas las
luces de la marquesa se hacia por en­
tonces cargo de la razón; tun de bulto

22

VI AGES

estaba, formaba nuevos proyectos, y
establecía en su imaginación un méto­
do de vida mas arreglada: un dia o
dos solian durar tan buenos propósi­
tos, porgue como mi amigo Tulipán
andaba á sombra de tejado, hurtando
el cuerpo de la vista del marqués , la
vigilancia de este no daba lugar á que
diariamente pudiera aquel hablarla ; pe­
ro apenas lograba esta satisfacción cuan­
do rodaba toda la máquina, sin que
quedase otro freno á aquel licencioso
comercio, que un miedo servil y bajo.
No pasó mucho tiempo sin que lo­
grasen con mas sosiego su amistad. Fue
el caso que aquel soberano se hallaba
en un ameno sitio, digna recreación
de su grandeza , que está no lejos de
la capital, adonde iba á divertirse se­
guido de su corte por algunas tempo­
radas ; y teniendo el marqués un dis­
tinguido empleo dentro de palacio, tu­
vo que marchar á cumplir su servi­
dumbre. O fuese porque no le parecía
proporcionado su alojamiento , ó por­
que consideró se le habían de originar
algunos gastos, que no podía sopor­
tar por ios empeños que había con-

DJ5 WANTON.

23

traído su casa, que eran grandes , de­
terminó no llevar consigo á la mar­
quesa Hizo esta muy bien su papel
de sentimiento por la ausencia ; suspi­
ró ; y encargó la diaria corresponden­
cia para consuelo de su soledad.
No bien había vuelto la espalda el
buen marqués, cuando ya estaba con­
solando Tulipán á su querida, y des­
embarazados de todo obstáculo, sol­
taron las riendas ú su pasión, hacien­
do público su mutuo obsequio ( con es­
te nombre cohonestan allí aquellas sin­
gularidades muy comunes entre mo­
nos y monas). Largas horas de la ma­
ñana, tarde y noche gastaba mi amigo
en aquella distracción, y lo peor era
las que me hacia perder por acompa­
ñarle, siendo para mí aquel un objeto
desagradable por todos motivos ¿ pres­
cindiendo del papel tan desairado, que
yo alli hubiera hecho, á haber sido
otro mono como él ; pero como me
consideraba de una clase en todo su­
perior , solo me servían de diversión
y pasatiempo las demostraciones que
presenciaba: la publicidad y descaro de
estas fue cundiendo en tanto extremo,

24
VIAGES
que ya en cualquier tertu lia, y en to­
da concurrencia especialmente de la
nobleza, siempre que se nombraba á
T ulipán, se anadia sin rebozo, el ob­
sequiante de la marquesita de la M iel­
ga , y lo mismo de parte de la señora.
Claro está que estas voces habian de
llegar al sitio, y penetrar el corazón
del pobre marqués , el cual consultan­
do con su prudencia el sesgo que de­
bería tomar en asunto tan delicado, de­
termino fingirse gravemente enfermo
para deslumbrará los murmuradores, y
prestar decente y justa causa de la pre­
cipitada marcha que ideaba de la mar­
quesa : fio todos sus pensamientos á
un criado muy antiguo y de ley que
le había educado 5 hízole entrar en un
coche y le instruyó en lo que habia de
p racticar: llegó este á la ciudad , y
ejecutó tan bien su papel , que enter­
neció i su am a, la cual creyendo no
encontrar ya vivo á su marido, cuando
llegase, no tardó en marchar desde el
arribo del criado mas tiempo que el
preciso para enganchar otro tiro de
ínu las, que habia prevenido con cui­
dado. No obstante el sobresalto que ha-

DE

W ANTON.

25

bia causado á la marquesa la noticia,
ocasionado (s i hemos de creer á Jo que
en su ausencia decían sus amigas ) no
del carino que tenia al marque's, sino
de que con la muerte de este se la aca­
baban las proporciones de triunfar y
lu c ir, por quedarla solamente una re­
ducida viudedad ; y no obstante tam­
bién la aceleración de su partida, no
se la olvidó dar parte de todo á su ob­
sequiante por medio de un papel.
Era una de las diversiones que por
entonces teníamos la concurrencia des­
pués de comer á una de aquellas casas
de que ya se ha hecho m ención, en
donde tiene sus delicias un numeroso
concurso de personas de todas clases,
que con libertad hablan de lo que no
entienden , disputan mil disparates y se
deleitan en beber aquella agua de car­
bón hirviendo: la siesta pues de la in­
fausta ausencia fue una de las que con
mas diversión y bulla se estaba pasan­
do el rato, no siendo Tulipán el últi­
mo en dar su parecer en las materias
que se trataban , á quien oian con gus­
to , ya por la distinción de su naci­
miento ( que hasta en las operaciones

26

VI AGES

del entendimiento lia pretendido supe­
rioridad ) ya por cierto aire y gracejo
que daba á las palabras, con que di­
vertía á los concurrentes.
Entre los muchos que aquella tarde
compusieron la tertulia, fueron los mas
distinguidos cierto capitán inválido,
cargado de años y cicatrices, tan pesa­
do como puerco; un teniente que de
sargento había llegado á aquel grado,
de que se infiere no era niño ; dos al­
féreces que acababan de apearse , des­
pués de haber mal digerido cuatro ele­
mentos de matemática, son los que re­
vestidos de bachillería se las querian
apostar en todos asuntos á la mas acen­
drada verdadera ciencia; y unos cuan­
tos cadeticos con tanto afeite y com­
postura como la mas delicada dama;
no tenían estos tales paz con sus hue­
sos; andaban por la sala con los pasos
desconcertados, el sombrero puesto al
reves o en una oreja, agarrado con la
mano izquierda el espadín sin sacarle
del viricd, la punta adelante ó hacia
arriba, y la mano derecha sobre el
cuello, ó por debajo del brazo del in­
mediato compañero; uno musitaba de-

DE W ANTON.

27

sentonada mente una contradanza , otro
ensayaba algunos pasos de baile, otros
secreteaban acerca de asuntos no los
mas honestos , según de una ú otra
palabra se podía traslucir; por ultimo
mas parecían aprendices de los primo­
res del estrado, que novicios de la es­
cuela de la campana.
Toctíse la conversación del poco
sueldo con que estaba dotada su carre­
ra , y hacían unas cuentas tan ajusta­
das que no quedaba á los subalternos
cosa alguna de é l , si habian de compa­
recer en el público con todo el aparato
de su clase en limpia media , zapato
siempre lucido, rica camisola, afeita­
do diario, peinado de dos horas de to­
cador , aguas, perfumes y semejantes
zarandajas indispensables, á quienes por
profesión siempre han de estar rindiendo
bellezas, sentándose en el estrado mez­
clarlos con el bello sexo, tomando ya de
una falda el abanico ó la caja , ya la
mano de otra mona menos escrupulosa
con pretexto de admirar su sortija , y iinalmente demostrando el buen gusto en
dar su voto acerca de peinados, trages
y cuanto pertenece el adorno femenil.

28

VlAGEá

El buen oficial ex-sargento sumaba
de otra suerte y con partidas mas jui­
ciosas ; en su cabeza sacaba la cuenta de
que con lo que el príncipe les tenia se­
ñalado es cierto no babia para vicios,
brillanteces y galanteos; pero sí para
vestir sin pompa y comer con sobrie­
dad , y que aun esta partida sobraba á
los que continuamente probando de
uno y otro cocinero se ahorraban de
encender lumbre en sus casas : replica­
ban los del partido contrario, mezclan­
do algunas indirectas, que disimulaba
el teniente con prudencia: encendióse
la disputa, y cuando mas alterada es­
taba dio un grito el capitán Pimentón
( este era su nombre) y asegurando el
alicaído sombrero sobre el pelucon des­
greñado , empolvando la casaca y sus
contornos, dijo: por vida del rey mi
amo, que no puedo sufrir á muchos
monos de la moda. ¡Co'mo quisiera ha­
berlos experimentado en la campaña,
especialmente en el célebre sitio y ren­
dición de Monimbourg, por ver como
con estos mondadientes que cuelgan
del lado se defendían de treinta mil
desesperados monimbourgueses, que ha-

DE WANTON.

29

ciendo una salida de la plaza, asaltaron
nuestras trincheras á las seis y diez mi­
nutos de la mañana! Alabo , dijo uno
de los matemáticos recien impresos, la
exactitud de la noticia, aunque extra­
fío que de plaza en que no caben mas
que tres mil saliese un número tan ex­
cesivo. ¿Qué sabéis vos, señor alférez?
respondió con tono de superioridad
nuestro Pimentón, ¿ pretendéis enten­
derlo solo por haberlo visto en el ma­
pa , y por haberlo leido en un libro
lleno de patrañas , mejor que yo que
he dormido, mas bien dijera he vela­
do, delante de sus murallas tres meses
y siete dias? Vuelvo á decir, señores,
que yo celebrara ver si bastaban todos
sus pañuelos empapados en agua de
olor para sufrir la hediondez de los
cuerpos muertos, que quedaron en el
campo en la sangrienta batalla de monotumba; por cierto que iba yo á otro
dia al amanecer mandando una man­
ga de flecheros, cuando: r: interpúso­
se el otro alférez que habia estado ca­
llando, con una conversación de otra
materia, diciéndome aparte: si deja­
mos á este pesado baladrón que baga

30

VI AGES

la relación de sus servicios, que esta­
mos fatigados de oir cadadia, será cuen­
to de nunca acabar : conocí que todos
estaban hechos del ojo para este efecto,
porque cada vez que el capitán solici­
taba seguir su relación, suscitaban es­
pecies distintas, hasta que habiéndole
hecho callar , de una en otra vinieron
á la murmuración de la administración
de justicia, que es en lo que experi­
menté que por lo general acaban tales
disputas: poníanse de acuerdo acerca
de la mala versación de los jueces y
ambición de los curiales; prendían y
ahorcaban con brazo militar á cuan­
tos les venían á la imaginación; por tin
abrogaban leyes, y establecían otras de
nuevo con tantos despropósitos, cuan­
tos es regular que diga quien se mete
en lo que no entiende.
Ya deseaba separarme de aquella
concurrencia, cuando entró por la sala
un mozo de los que alli asistían ( que
son á propósito para semejantes emba­
jadas), y llegándose hacia donde es­
tábamos, hizo una señal al disimulo á
Tulipán para que saliese; yo hallé el
cielo abierto cuando se levantó, pues

DE WANTON.

3I

marchando detras de é l , sin despedir­
nos de persona alguna , logré dejar
aquella conversación, en que había de
haber sido forzoso mezclarme, contra
mis designios de o ir , ver y callar. Sali­
mos á la puerta, en donde estaba es­
perando una mugrienta vieja, que mis­
teriosa y medio trémula separo á un
lado á mi compañero y am igo, y con
mil ademanes , mirando recelosa á to­
das, saco de entre el jubón y su piel
curtida y arrugada un billete bien cer­
rado , que le entregó apretándole la
mano con el esqueleto de las suyas , y
soltando una asquerosa marea de sus
ojos y narices.
No dejó de sobresaltarme aquel es­
pectáculo , conceptuando que aquella
espía del infierno traía según las seíías
alguna infausta noticia á Tulipán; y mas
creció mi cuidado , cuando acabadas de
leer las cortas cláusulas del papel, le
advertí demudado y sorprendido ; ya
pensaba en acometer á la maldita vieja
para que me declarase la novedad que
tanto estrago había causado , cuando
con un profundo suspiro volvió de sil
suspensión el distraído jo v en , habló al

32

V IAG E S

oido á la mensagera , y sacando algu­
nas monedas la agasajo y despidió in­
mediatamente.
¡ Ay , amigo mió ! me dijo Tulipán,
luego que salimos á la calle; ¡a y , ami­
go m ió! ¡qué lance tan apretado para
mí! Mirad ese papel mientras yo aca­
bo de recobrarme; le íle , y vi era de
la marquesa, en que le avisaba su pre­
cipitada marcha por orden de su ma­
rido , con motivo del grave accidente
que le había asaltado. No es causa, le
dije, á mi parecer para tan grande con­
moción este papel que acabo de regis­
trar; bien conozco sentiréis la ausen­
cia de quien tanto estimáis, pero no
es esta una desgracia de primer órden.
¡ A y ! replicóme, que no es la ausen­
cia el motivo de tan desmesurado de­
sasosiego : tiene mucho de sencilla mi
señora la marquesa, y luego cree con
facilidad; yo discurro con mas mali­
cia, y pocas veces lo yerro; el mar­
qués es astuto y prudente, y este es el
accidente tan repentino que le ha aco­
metido ; vigilante, no lo dudéis, sobre
la conducta de su esposa ha sabido las
demasiadas licencias que contra los pre-

DE WANTON

33

ceptos que la tiene impuestos me ha
franqueado$ y o , aliora que nadie nos
oye , y mas que veo lo sabéis m uy
b ien , pues hartóme habéis aconsejado,
me he ido deslizando, y asi perdí aque­
lla cautela que era necesaria; mas no
es m ucho, pues no lograba el vano
efecto de mi amistad , sino hacia pú­
blico mi buen gusto, y todos mis ri­
vales no me envidiaban fortuna de tai
tamaño ; bien lo he conseguido, pues
con dificultad hay otro mutuo obse­
quio de los muchos de la ciudad de
que con mas franqueza se h a b le; en
esta consideración no extraíio haya lle­
gado á oidos del marqués ; él disimula,
y está ofendido: yo temo mucho los
efectos de un agraviado sigiloso. ¿Quién
sabe por donde partirá? No sé, os ase­
guro, qué debo hacer: no marchar al
sitio para hallarme pronto en cualquie­
ra lance , no es cumplir con las leyes
de caballero, y es abandonar las obli­
gaciones de la estimación que la pro­
feso ; ir al sitio es despertar la malicia
del marqués, si acaso no es cierta la
mia , mayormente cuando no hay aho­
ra alli funciones que brinden á la conT omo 111.
3

34

VIAGES

currencia, ni yo tengo pretensiones qut
me llamen á la corte.
Soseguéle como pude, le aconsejé
que viese si podía averiguar dentro de
casa de la marquesa aquella noche al­
guna otra novedad ó indicio que pu­
diera dar mas luz; y sobre todo, que
diese tiempo al tiempo, pues nada se
adelantaba en los negocios con la pre­
cipitación , y menos con el aturdimien­
to. Con estas y algunas otras palabras
consolatorias calmó un poco la tribu­
lación de su ánimo; y siendo ya cerca
de anochecer, nos separamos, él para
hacer sus averiguaciones, y yo para
dar un paseo, y disipar especies para
mí tan impertinentes.
A la hora acostumbrada volvimos
á casa á recogernos, haciendo la casua­
lidad que nos encontrásemos en el por­
tal , desde donde hasta el cuarto de su
padre, mefué contando como nada ha­
bía adelantado con su examen; que los
domésticos no sabían otra cosa que la
grave enfermedad de su amo ; que el
criado que había venido, se manejó
con tal actividad, que ni aun de ro­
pas de camino había permitido se vis-

DE W ANTON.

35

tiera su señora diciendola que si en la
superfluidad de estos adornos malogra­
ba el tiempo, tal vez no encontraría
vivo á su marido; y que cuando no la
llevase su cariño, la moviese á lo me­
nos su interes, pues aun no había he­
cho testamento. Finalm ente, que la
marquesa toda bañada en lágrimas des­
pués de haber estado encerrada un bre­
vísimo rato en su gabinete ( que sin
duda fue para escribirme aquellos cua­
tro renglones) se había metido en
el coche , y partido para el sitio.
P ues, am igo, le d ije , esa relación
nada agrava vuestras presunciones; en
cuya consecuencia dejad venga el dia
de mañana, y si la necesidad forzase á
tomar algún partido, ella misma abri­
rá el camino. Con esta conversación
llegamos á vista del señor H aya, cuyo
semblante en el discurso de la cena ad­
vertimos con mutación, y todas sus ac­
ciones tan enagenadas á ratos, que des­
de luego demostraba tener algún cui­
dado entre manos. Acabóse la cen a, y
solo dijo á Tulipán: h a z, h a z, hijo
m ió , que mañana el ayuda de cáma­
ra te prevenga ropa decente para com-

36

VI AGES

parecer en la corte, porque pasado ma­
ñana hago ánimo que pases al sitio; ¡í
su tiempo te dire' la causa. Con esto
despidióse, cada uno se fue á su cuar­
to , y Tulipán por señas me hizo com ­
prender su alegría , pues no podía serle
causa alguna tan molesta y sensible,
como no estar en presencia del objeto
de su cariño; y mayormente cuando
según después me confesó, tenia ya en
su ánimo hecha la absoluta determi­
nación de marchar, siendo para él de
mas peso las razones que hallaba para
ejecutarlo con los antecedentes que van
dichos, que los obstáculos que su de­
masiada escrupulosidad le proponía en
un asunto, que solo quería una buena
y pronta resolución. Es el amor ciego,
y en la carrera que emprende á veces
experimenta irremediable el golpe, por
no ver los peligros que prudencialmen­
te debiera rezelar ciertos en lo futuro,
cuando amenazándole de presente los
tiene por dudosos.

DE W ANTON.

3-

% /W V V V W % v

C A PÍT U L O III.
Del diálogo que pasó entre Roberto y
Enrique, en que se descubre el carde*
ter , generalmente hablando, de los
jóvenes simiopolitanos.
P o r mas despejadas que posea el hom­
bre las luces de su entendimiento, si
le falta la guia de la experiencia, y la
docilidad para oir el dictamen del que
desinteresado le aconseja, ó ciego con las
tinieblas de su amor propio, ó deslum­
brado con el falso brillo de la apariencia
de las cosas, irá encadenando errores á
errores hasta dar en el último preci­
picio. Aquel entendimiento, que como
diamante sin pulir habia yo sacado os­
curo de mi casa , fue poco á poco descu­
briendo sus fondos á fuerza del continuo
trabajo y cuidado con que le habia ido
abrillantando Roberto; Roberto, aquel
mi buen amigo, que á su característico
distintivo de un acertadísimo don de
consejo agregaba un acopio de expe-

38

VIAGES

riencias que elevaban al mas alto cau­
dal suficiente para manejarme por mí
solo; bien lo conocía mi am igo, y asi
no omitia ocasión que fuese oportuna
para conducirme por las sendas de la
razón , si previa algún estorbo que po­
día desviarme de ellas.
Muchos dias había que traía entre
ojos aquella amistad tan expresiva que
conmigo tenia Tulipán, y no pudiendo llevar mas adelante su silencio en
los avisos que cerca de ella quería dar­
me , me d ijo : bien conozco, que­
rido Enrique, que no está vuestro en­
tendimiento tan en mantillas que no
tenga sus reservas en la comunicación
con los monos; pero no puede menos
mi cariño de avisaros cuando advierto
lo que se interna con el vuestro el tra­
to del joven Tulipán; bien veo que de
los de su clase es el que descuella; ge­
neroso , introducido, v iv o , animoso,
bien hablado, y fiel amigo de sus ami­
gos; pero yo os ruego pues casi dia­
riamente le acompañáis c[ue miréis á
buena luz tan sobresalientes prendas; y
hallareis que en él inclinadas á un ex­
tremo degeneran en otros tantos vicios;

DE

WANTON.

39

*u generosidad se convierte en prodi­
galidad, la introducción en libertinage, la viveza, en atolondramiento, la
valentía en fanfarronada, la verbosi­
dad en habladuría, y por illtimo la
fidelidad con sus amigos llega basta el
término de mezclarlos en pesados lan­
ces , de los que no salgan á costa de
pesadumbres, dinero, y tal vez del
honor. No permita la divina providen­
cia , que yo vea los efectos de tan per­
niciosas cualidades en mi amado com ­
pañero y amigo E nrique; vuestro co­
razón naturalmente do'cil, y vuestro
genio pundonoroso han ido insensible­
mente estrechando el lazo de esta amis­
tad hasta los términos de inseparable;
¿ y deberé yo callar cuando veo que
os vais empeñando en la comunicación
con un mono que observo tan vicioso?
Descifrad todo su porte, y le hallareis
que adolece de la enfermedad que los
mas de los monos de su clase y edad
padecen , modestos con un pcrsonage de
respeto, y con una boca escandalosa
entre sus amigos; compuestos en una
visita en donde nada interesan, porque
no encuentran apoyo; y disolutos en

40

VIAGE3

donde hallan lug3r para sus libertades;
entonados fantasmones con un pobre
honrado que les necesita, y no desde­
ñándose de las acciones mas soeces por
una monuela desenvuelta; finalmente,
por no cansaros con un punto de ho­
nor , ó que dirán, en muchedumbre
de asuntos, que no era necesario; y
atropellando al mismo tiempo sin ver­
güenza lo mas sagrado de las leyes por
dejarse arrebatar del torrente de sus vi­
cios : bien habéis visto los originales
de esta pintura en los mas de los ca­
balleros jovenes siiniopolitanos que co­
nocemos ; pues el señor Tulipán, sino
lleva la bandera entre ellos, á lo me­
nos no se queda atras, considerad si
un monito de tal calidad será digno de
la estrechez y confianza de un hombre
que con razón se precia de serlo , ha­
biendo este á aquella tan conocida dis­
tancia.
Basta, Roberto, le respondí: yo os
rindo mil gracias por vuestros saluda­
bles consejos mayormente en la parte
que teneis razón; digo en la parte por­
que no os la concedo en el todo: no
esteis en la inteligencia de que la amis-

DE WANTON.

4 1

tad con Tulipán llega al extremo de que
yo le entregue, no digo todo, pero ni
parte de mi corazón, tengo presente lo
que dista un verdadero hom bre, de
cuantos monos contiene lo vasto de es­
tas provincias; y mucho mas cuando
en el trato interior con ellos he notado
todos los defectos que habéis dicho, y
muchos mas que habéis callado, bien
conozco que todo en ellos es superflui­
dad y apariencia; acaban de murmu­
rar con impiedad de uno de sus com­
pañeros, y encontrándole en la calle
le besan y le abrazan; adulan con ba­
jeza á un poderoso, y luego que vuel­
ve la espalda siembran la mas zizaña
para hacerle malquisto en el pueblo:
obsequian y se humillan hasta los pies
de las damas; y en junta'ndose á con­
versación entre ellos, no hay crádito
en la ciudad bien puesto; gastan y
triunfan en convites y profusiones, y
sus criados suelen estar sin pagar y
muertos de ham bre: brillan sus perso­
nas con los mas exquisitos adornos, y
los libros de los mercaderes están lle­
nos de notas contra ellos: jueg.m con
exceso aunque sus rentas sean muy

42

VI AGES

cortas, pero no hay persona con quien
no esten indignamente entrampados:
cuando se encuentran se aprietan las
m anos, y se ofrecen los corazones con
cuanto puedan y valgan, porque para
las ocasiones son los amigos, y al ir­
se á buscar, para nada se hallan, mien­
ten sin térm ino, son libidinosos sin
medida; se bufonean de las acciones
y compostura de aquellos que se ajus­
tan á una moral arreglada, ni aun
en el vestir tienen subsistencia; en el
tiempo que ha que estamos en esta ca­
pital ha habido mil variaciones; ahora
ha crecido la casaca, cuando se ha
achicado la chupa; se han angostado
los zapatos, cuando excesivamente se
han ensanchado los calzones; se han
cercenado las vueltas en las camisolas*
dejándolas en la cortedad de un par
de dedos, cuanto se han agrandado los
corbatines hasta el término de ser unas
pequeñas sabanas; se ha disminuido el
sombrero, cuanto se ha aumentado la
bolsa del pelo en figura de una buena
manpara; y por poco que duremos en
el pais observaremos á la contra todo
lo referido; entrarán con calzador los

DE WANTON.

43

calzones, menguarán las bolsas; crece­
rán enormemente los sombreros, y asi
todo lo demas; por último no son bue­
nos para otra cosa que para ir de es­
trado en estrado trayendo y llevando
chismes con otros como ellos ; para
andar de baile en b a ile, donde sueltan
los diques á su desenfreno; para mar­
char por esas calles con el mayor ato­
londramiento ; y en fin para aprender
y ejecutar con grande estudio cuantas
gesticulaciones ven á los extrangeros que
de ellos se burlan lindamente, pues co­
nozco algunos cuya imitación llega has­
ta á el modo de tomar tabaco, escupir,
estornudar, sonarse, y cuantas funcio­
nes corporales permite la decencia en
p ú blico, haciendo en todo un increíble
esfuerzo para diferenciarse del resto de
sus compatriotas.
Reconoced pues ahora, mi Rober­
to , mediante esta inscripción que he
hecho para satisfaceros, si tongo bien
tanteado y penetrado el carácter de se­
mejantes monos; tampoco se me oculta
(b ien que no es de los mas relajados)
que con ellos hace número Tulipán;
pero habéis de saber qne sin su amis-

44

VIAGES

tac! y compañía no podia yo tener un
conocimiento tan exacto, él ha sido el
único medio de mi instrucción en este
punto; delante de él no se rezelaban,
abrían su pecho, y yo observaba su
disparatado porte; para lograr mis in­
tentos no podia menos de irme estre­
chando en su amistad, y para esta in­
timidad era fuerza seguirle y acompa­
sarle adonde violentamente he sido
muchas veces conducido; él me ha fia­
do enteramente su corazón; nada sabe
ya emprender ni aun dar un paso sin
m í, ya veis que ahora estoy en el ca­
so de la obligación en que me ponen
las leyes de agradecido , arrancarme de
un golpe de su lado sin particular nue­
vo motivo que lo exija, es una vitupe­
rable voltariedad; ademas de que sería
un lance que diese mucho que notar
en el público, cuando á la vista de
este ha sido tan continuada nuestra
unión; pero recayendo sobre mi cono­
cimiento la fuerza que me hacen vues­
tras razones, dirigidas por un verdade­
ro cariño para mi tranquilidad en lo su­
cesivo, me parece acertado el medio tér­
mino de ir poco á poco templando los
\

DE WANTON.

45

favores de la amistad, basta qne se lo­
gre verla totalmente resfriada. Esa tivieza; añadió Roberto, era la que iba
á proponeros , cuando vuestra impa­
ciencia interrumpió mi discurso; de
ninguna manera habia yo de aconseja­
ros que procedieseis sin consecuencia,
por lo cual el medio termino que ha­
béis elegido , me parece es lo único que
hay que practicar en el asunto.
En esta conversación estribamos
cuando llegó el ayuda de cámara de
Tulipán con un recado de parte de su
am o, para que luego que estuviese en
disposición de salir de casa , me pasase
por su cuarto sino me servia de inco­
modidad, pues por estar e'l muy ocupa­
do no venia á buscarme. Bien hubiera
querido excusarme para dar principio
á la obra en que Roberto y yo había­
mos quedado de acuerdo; pero viéndo­
se el pobre mono en el lance mas apu­
rado que habia tenido en su vida,
cuando no hallaba otro alivio que el
comunicarme hasta sus mas íntimos
pensamientos, ¿no hubiera sido el vol­
ver las espaldas un efecto de la mas
villana ingratitud que tanto afeábamos

46

VI AGES

en sus iguales? A l mismo tiempo, im ­
buido yo de una falsa idea de las
leyes del pundonor, no quería revelar
á mi compañero los secretos de T u li­
pán y y ved aquí el punto decisivo de
mis incomodidades en adelante. ¡ Que
desgraciadas consecuencias se siguen de
una acción mal gobernada por falta de
consejo ! Aprendan en mis aventuras
aquellos que entonados y orgullosos,
falsamente persuadidos de su amor pro­
pio, creen son bastantes por sí solos á
dirigir sus acciones, y escarmentando
en mi cabeza bajen do'ciles las suyas, y
gobiérnense por los prudentes avisos de
sus mayores. Yo regulo el modo de
pensar de Roberto en aquel tiempo
guardando la debida proporción, por el
que al fin de mis años cargado de canas,
experiencias y afanes he llegado á ad­
quirir, y es cierto que ahora conozco
manejé muy puerilmente aquellos lan­
ces de mi juventud. Despedime pues
de Roberto, y salí de mi cuarto para
buscar á Tulipán en el suyo.

DE WANTON.
%/%,V

47

V \ X/V */%■'%'VV\A^VVV 4/

CAPITULO IV.
Determina Enrique acompañar á Tu\l real sitio.
lipan
la hora de haber llegado á Simiopolis el criado del marqués de la M iel­
ga , se habia divulgado por la ciudad
el grave accidente de su amo; aunque
en la relación tan desfigurado, que el
mismo que habia traido el aviso le
desconocería contándosele. En todas las
noticias observé en aquel pais que su­
cedía lo mismo; pasando de unos en
otros se diversificaban de tal modo,
que llegaba á contarse una cosa en que
nada se decía ya de la verdad del su­
ceso, mudándose aun los sugetos que
habían jugado en el lance; es el caso
que cada uno le explicaba al gusto de
su paladar, y como quisiera que hu­
biese sucedido; de aqui era que, qui­
tándole d poniéndole cada cual su ri­
bete ó circunstancia; llegaba á oirse
totalmente diverso, mayormente pasan-

415

VI AGES

do por tantas bocas, pues es increí­
ble el ansia con que andan todos de
averiguar noticias con que poder ame­
nizar la conversación en sus concur­
rencias nocturnas, que llaman tertulias:
de este principio se origina no igno­
rarse, no obstante lo populoso de la
ciudad , cuanto hace cada particular
aun de paredes adentro de su casa;
muchas veces oí lamentarse á algunos
sugetos de carácter de las excusadas
averiguaciones de vidas agenas, en que
se ejercitan muchos de aquellos habi­
tantes con el único fin de saciar su
flujo de hablar y contar novedades ; en
lo que no suele ser lo peor que refie­
ran desnudos los hechos, sino el énfa­
sis malicioso con que los visten sien­
do del todo inocentes, si llegasen bien
á escudrinarse; como pudiera exponer
de algunos sucesos que no acabando de
persuadírmelos según se decían, exa­
minados á fondo por mí mismo, ha­
llé originados de los falsos juicios y
suposiciones de los monos habladores
de profesión.
£1 empleo que el marqués de la
Mielga tenia en palacio era demasía-

49

DE WANTON.

damente distinguido para que no tuvie­
se un crecido número de pretendientes
en el caso de su vacante , por lo que
avivándose los deseos en la presente
ocasión de la decantada grave enferme­
dad del dicho marque's ya se daba por
supuesta: quién decia que no habia du­
da que estaba desauciado: otro que aun
dado el dificultosísimo caso de no mo­
rir, no quedaría en términos de poder
volver á servir, porque según ciertas
conjeturas ( esto guiñando misteriosa­
mente un ojo ) el accidente le dejaría
perturbado el cerebro: hubo quien ha­
biendo oido estas palabras abultando la
especie, decia ya entre sus amigos á me­
dio tono : creo que ha habido cuento
en palacio, y de la pesadumbre el mar­
qués se ha vuelto loco: por último, hu­
bo un voto decisivo que tuvo mucho
séquito, sobre que el marqués verda­
deramente ya habia muerto; pero que
aquel criado que habia llegado venia ins­
truido para no alborotar la casa y ape­
sadumbrar á su ama en no confesar sino
el cuidado que daba su enfermedad.
Estas voces llegaron á noticia del
señor Haya, quien pensó desde luego
T omo u i .

4

50

VIAGES

entablar la pretensión del empleo que
había vacado, ó seguramente según sus
juicios habia de quedar vacante por
muerte del marqués para Tulipán; aun­
que era este el menor de sus hijos, le
pareció debia ser preferido á sus her­
manos para este efecto, ya por su me­
jor figura, ya porque era el mas de­
sembarazado, y poseía un perfecto aire
palaciego: es cierto también que no
tenia méritos personales para su logro;
pero ademas de la poderosa fuerza del
ejemplo, que no faltaba en iguales cir­
cunstancias, tenia los méritos de su
padre, sino los mayores, los mas bien
ponderados: estos eran los pensamientos
que habían tenido suspenso al señor
Haya la noche antecedente mientras la
cena: con ellos se acostó, y los mismos
le desvelaron toda la noche, vacilando
sobre el modo con que deberia mane­
jarse la pretensión ; qué máquinas ha­
bían de emplearse; qué empeños serian
mas oportunos; qué rivales concurri­
rían; con qué artes habia de eludirse
la fuerza que pudieran hacer , y final­
mente sobre cuanto pudiese conducir al
mejor éxito del asunto.

DE WANTON.

51

Levantóse al amanecer altado de
estos pensamientos, y llamando á Tu­
lipán (según él me contó después) le
dijo : aunque algunos de tu clase,
hijo inio Tulipán, ó por inhábiles, de lo
que hay mucho, ó por ociosos y mal
criados, de lo que hay mas, conten­
tándose con el vano oropel de los ho­
nores heredados, como si estos á boca
llena pudieran llamarse propios, en­
greídos con las reverencias y sumisio­
nes de sus criados, como si estas na­
cieran de otro principio que de la ne­
cesidad y el interés; y considerando su­
ficientes para lograr sus gustos y ha­
cer disparates, las rentas que hereda­
ron á costa del sudor de sus abuelos,
no solicitan, por excusar un cortísimo
trabajo, el medio de sacudir la ociosi­
dad , madre de todos los vicios, em­
pleando sus tales cuales talentos en
servicio de su rey, y utilidad del res­
to de sus conciudadanos; no deberás
tú seguir tan pernicioso ejemplo, yo te
quiero empleado, y empleado digna­
mente. Ahora bien ¿en dónde podrás
con mas honor establecerte que en pa­
lacio ? Esta es la mas oportuna coloca-

52

VIAGES

cion de los nobles, de los que deben
al cielo tan distinguida cuna como vo­
sotros ; por lo que hace á lo personal
¿qué adorno te falta para ser alli bien
visto ? Tienes conocimiento de quien
eres para servir con prontitud y leal­
tad á tu dueño: tienes amor á Ja pa­
tria ( 6 patriotismo, como decis los
monitos ilustrados), sabrás procurar el
bien estar de tus paisanos; eres intro­
ducido y bullicioso, te harás entre tus
iguales mas visib le: con tus palabras
melosas y de buena crianza, aunque
sean vacías en la o b ra , dejarás muy
satisfechos á los que tengan la desgra­
cia de necesitarte; tus pocos anos y ha­
bilidades de tocar, cantar y b ailar, de
ser el primero en las modas, y de ma­
nejar tus acciones y gesto con cierto
airecillo halagüeño encantador de bobas,
no habrá albedrío que no arrastren, ni
inexpugnable muro de la mas desdeñosa
mona que no conquisten. Por último,
el esencialísimo requisito de poseer tan
á fondo (gracias á mi cuidado) los idio­
mas de nuestros vecinos reinos, la micancia y la cercopitecalia te tienen en
estado de poder tratar á los muchos

DE WANTON.

53

caballeros micos y cercopitecos que allí
te encontrarás á cada paso: ¡oh cuánto
te instruirá su trato! ¡con qué conoci­
mientos ilustrarán tu entendimiento! No
obstante no aprendas á cierra ojos todo
lo que te enseíien, si llega el caso que
vayas por allá.
Cuando llegaba á estas palabras el
buen viejo experimentado ( asi me lo
refirió Tulipán), madama Espina que
cuidadosa por haber advertido nove­
dad en su marido la noche antes, ha­
bía pasado muy temprano casi descalza
y en zagalejo á media pierna á espiar
desde el escondite de una puerta que
liabia dejado entreabierta las acciones
del señor Haya , por si por ellas podia
traslucir la causa de su desasosiego,
habiendo oido la arenga, salid de don­
de estaba revestida de su colérico ge­
nio , con ánimo de emplear todos sus
esfuerzos para desbaratar las ideas de
su marido, soltó los diques á la bachi­
llería , y peroro con el mayor ahinco
á favor de Jacinto; era este su hijo
mas amado, de un genio demasiado
condescendente, y no de los mayores
fondos, con lo cual se prometió su ma-

54

VIAGES

dre ser quien regentase el empleo, que
ella sabría hacer valer á medida de lo
menesteroso que le experimentára. ¡Que
colorido de tanto realce dio, entonces
á los defectos de Tulipán! Aqui si que
en admirable contrapunto se manifes­
tó , como una misma acción es lau­
dable ó pésima según las intenciones
de quien la juzga: la viveza de Tu­
lipán era para el padre una franqueza
de genio muy útil para que se ma­
nejase en palacio, y para la madre
un descaro insolentísimo ; su natural
gala y garbo se calificaba de aire d®
corte en sentir del señor Haya ; en
el de madama Espina de una insufri­
ble vanidad y entonamiento: la inte­
ligencia de lenguas de los dominios con­
finantes era, según el padre, un esencialísimo adorno en un mono de su cla­
se; según la madre, un abundante ma­
nantial en donde había bebido innu­
merables de sus erradas y perniciosas
máximas; de aqui concluía que en in­
teligencia de que aquel hijo se habia
absolutamente pervertido volviendo las
espaldas á las sabias y sanas instruc­
ciones con que ella le habia educado,

DE WANTON.

55

cambiándolas por una altanería incor­
regible, era de parecer ge le enviase
al ejercito donde le domasen, y las
voces de su honor le trajesen á la sen­
da de la rectitud.
Es muy común entre aquellos na­
turales, en teniendo un hijo mal incli­
nado ó travieso destinarle á ser solda­
do , como sino fuera una de Jas car­
reras en que mas se necesita y hace vi­
sible la honradez y buena conducta.
Hice la observación alguna vez, y ha­
lle que de este principio se derivaba
para muchos de ellos la desgracia que
vociferaban del atraso de sus ascen­
sos, porque mientras estos tales á costa
de reprensiones, sonrojos y castigos iban
entrando por la vereda del cumplimien­
to de sus obligaciones ( esto cuando no
tenian un desdichado fin sus travesu­
ras) se dedicaban al real servicio otros,
aunque los menos, cuya buena crian­
za junta con la aplicación al arte de
la guerra , les grangeaba la singular
estimación de sus gefes , haciéndoles
dignos de los ascensos que lograban
con antelación y excesivas ventajas, res­
pecto de los díscolos y inal criados.

56

VI AGES

Por mas alboroto que movio , y
despropósitos que dijo madama Espina,
no pudo desimpresionar á su marido
de las altas esperanzas que babia con­
cebido de las prendas de Tulipán, por
lo que desesperando de la consecución
de sus designios, llena de disgusto se
volvió á su cuarto. El señor Haya si­
guió su conversación, exhortando á Tu­
lipán á la viveza y sigilo con que ha­
bía de manejarse, y suministrándole
ideas que habia de poner en práctica
en su oportuno tiempo, proporción .'ndolas según los sugetos con quienes habia de tratar; de los que se babia de
precaver; y á los que babia de con­
trarestar ; finalmente llenóle de instruc­
ciones, que aunque muchas eran muy
agenas de un corazón noble y gene­
roso, se consideraban indispensables en­
tre la ruin turba de pretendientes: {li­
móla ruin, porque no obstante que in­
cluía una distinguida porción de los pri­
meros sugetos del reino, se avillanaban
estos por lo general en llegando á po­
ner los medios para conseguir sus asun­
tos , porque según decían, el llevar el
corazón en las manos no servia mas

DE WANTON.

que para que los demás que caminan
con doblez, escudrinen los medios de
que se vale su dueño, y levanten má­
quinas proporcionadas para estorbarle
el logro de su pretensión.
En consecuencia de los preceptos
de su padre, luego que Tulipán pasó
á su cuarto, comenzó á dar las órde­
nes relativas al viage, á cuyo tiempo
entré yo buscándole; al punto que me
vio, se vino á m í, y echándome los
brazos al cuello , exclamó: ¡oh, mi
Enrique, vivo ejemplo de la mas fina
amistad! Ahora mas que nunca nece­
sito me deis una prueba de ella: mi
padre me hace marchar al sitio en ca­
lidad de pretendiente, solicita que yo
suceda en el empleo al marqués de la
Mielga, que juzga que habrá ya muer­
to según la mas corriente sentencia,
pues como nadie interesa tanto como
yo en los asuntos de aquella casa, nin­
guno como yo malicia que es fingida
la enfermedad. Estas ideas de mi padre
sirven de resguardo á mis intenciones;
mediante ellas, voy á espiar de mas
cerca los proyectos del marqués, y á
exponer en todo trance como honrado

58

V I AGES

caballero mi persona , y cuanto valgo
en obsequio y defensa de mi señora
la marquesa; pero como por mí solo
no puedo poner en práctica todas las
diligencias precisas en tan arduo asun­
to , necesito vuestra compañía, pues
sois el único archivo de mis secre­
tos; vos sois persona en quien no re­
cae sospecha alguna, y por tanto que
podéis con mucha mas facilidad com­
prender cualquier designio que se fra­
güe en perjuicio de aquella dama, con
vuestra espada á mi lado no temo á
cuantos contrarios soliciten insultarme,
y con vuestros consejos no dudo el
acierto y salida de los mas dificul­
tosos empeños que se me ofrezcan. No
os liare* yo la injusticia de creer que
dudareis ni un punto en servir á un
amigo tan verdadero en el lance mas
crítico de su vida : conozco que algo
habéis de incomodaros; pero eso mas
tendré que agradeceros : por lo que
hace al público , bastante justo título
es habérseos venido á las manos la oca­
sión , acompañando á vuestro amigo,
de ir á admirar en este sitio un mi­
lagro de la naturaleza, del arte y del

DE WANT0N.

59

poder, mayormente en el tiempo en
que se halla allí la corte: en esta in­
teligencia , haced que os pongan un
par de vestidos en un cofre, pues por
lo que mira á las demas prevenciones
no os toca otra cosa que dejaros obse­
quiar. Confieso que no tuve corazón
para negarle la gracia que me pedia,
no encontrando en ella según aparecía
inconveniente alguno ; pues habia lu­
gar en adelante para ir resfriando la
am istad, sin ser forzoso romper cañas
de una v e z , como hubiera sucedido
si me hubiese negado á sus deseos. Con
la asquerosa demostración de un par de
besos en mis mejillas (costumbre de los
monos mas refinados, aunque no común
en el pais) agradeció mi amigo la con­
cesión de la gracia; y para que no pu­
diera hacer prevención alguna querien­
do fuesen todas de su cuidado, deter­
minó no separarse de mí en todo el dia.
Salimos pues de mi casa, y á pocos
pasos llegamos á un espacioso parage
de la ciudad, centro de los ociosos,
adonde comunmente se hallan también
todos Jos forasteros atraídos de la nu­
merosa concurrencia; uno de ella po-

6o
VtAGES
niéndosenos al paso, separó á corta dis­
tancia á Tulipán para hablarle en se­
creto: arduo asunto en un lugar ro­
deado por todas partes de acechadores,
y en donde el ruido no deja aun en
voz alta percibir las conversaciones;
quedénie solo arrimado á la puerta de
la tienda de un mercader, contemplan­
do la variedad de las cosas que allí se
congregaban; estaban á la sazón en un
corrillo media docena de micos, que
(según supe después) eran tres cocine­
ros, dos ayudas de cámara y un pre­
tendiente de cualquiera cosa, como fue­
ra proporcionada para hacer dinero,
hablando en su idioma que allí es mo­
neda tan corriente como la del pais,
murmurando y ridiculizando cuanto no
hallaban en Simio'poüs á la moda de
su patria ; no tuve que extrañar el
asunto, porque apenas liabia visto con­
currencias de estos personages, donde
no hubiese advertido esta falta de crian­
za y agradecimiento á una tierra en
donde les estaban sustentando y enri­
queciendo; pero sí admiré su avilan­
tez por ser el parage tan público , y
no reservarse ellos eu hablar, puesto

DE W ANTON.

6

1

que yo lo oia y estaba algo distante;
pero en este punto llegó cierto mono
simiopolitano de todos cuatro costados,
con el peinado, vestidos y acciones á
lo mico, esforzándose para hablarles
en su lengua, que había mal apren­
dido medio olvidando la nativa, y cuan­
do yo juzgue que con esto se acaba­
ría la conversación, ó que á lo me­
nos éste emprendería la defensa de su
patria, advertí que con mayor exceso
dio principio á satirizarla y hacerla
despreciable, suministrando especies tan­
to mas acreditadas cuanto eran de tes' tigo en causa que debiera ser propia;
confieso que me irritó esta sinrazón,
y le hubiera dado un par de tornis­
cones, aunque le hubiese desenhari­
nado y ajado la presunción del cope­
te , que conservaba á costa de sufrir la
intemperie por no ponerse el sombrero
y de mover con increíble tiento la ca­
beza ; últimamente por no oir sus ne­
cedades me retiré un poco á un pues­
to algo mas dominante de aquel parage.
No bien me habia colocado en él,
cuando llegó á mí una mónita llena de

6 ‘2

VIAGES

colores postizos, con mas gala que la
que correspondía á ir sola y á pié, ya
adormeciendo y parpadeando, ya gui­
ñando con afectado gracejo los ojos, y
finalmente con una sonrisa, como de
quien queria dar á entender que decía
una cosa y venia á otra; luego me im­
puse en que era una de las muchísimas
que por allí andaban cruzando con pro­
vocativos meneos, adornos y palabri­
tas de atracción al descuido dichas o
al paso; no bien había empezado á ha­
blar, cuando tuve que desviarla, agar­
rándola de un brazo para evitarla el
riesgo en que la vi con la tropelía del
coche de un gran señor, que como
otros muchos iba por allí corriendo,
arrollando cuanto se le ponía por de­
lante ; luego que pasó este peligro la
despedí; pero ella por no perder abso­
lutamente el viage ton un descaro, co­
mo si toda nuestra vida nos hubié­
ramos tratado con la mayor confianza
me pidió una corta cantidad, que dijo
ser suficiente para comprar uno de los
abanicos de moda que se vendían en
aquella tienda, á cuyo umbral yo es­
taba : estos se llamaban de la gigante,

DE W ANT0N.

63

a causa de representarse en su país una
mona de desmesurada estatura, que por
aquellos dias había venido á la ciudad
á ganar de comer, no permitiéndose á la
vista de quien no la pagase la curiosidad.
Este es el cebo en que irremedia­
blemente caen las incautas monas: en
dejándose ver, ú oir en la ciudad al­
guna novedad, que con razón
sin
ella (que es lo mas común) se lleva
las atenciones, tienen muy buen cui­
dado los mercaderes de sacar á luz una
gran porción de abanicos, que ya te­
nían olvidados
llenos de polvo por
m alos, d por no haberlos podido des­
pachar en su tiempo oportuno; y ha­
ciendo que un pinta-monas dibuje en
ellos un mamarracho, que tenga alu­
sión á la novedad del d ia , publican la
moda por medio de algunas conocidas,
de las que se dice que andan en la ma­
roma , envia'ndolas con gran misterio
un par de ellos, y diciéndolas son los
que han venido de muestra; pero que
en breve llegará una partida, y el viage que han tenido que hacer ha sido
desde el sdtano al mostrador; luego
que corre la voz vienen á porfía á lie-

ó

ó

64

VIAGES

varios algunas á docenas, porque es in­
creíble la pasión que tienen á dicho
m ueble; hasta los arrieros van carga­
dos de esta mercancía para repartirla
por sus respectivas provincias, en don­
de con impaciencia los están esperando
aquellas monas que allí sobresalen, sien­
do exactas pmitadoras de los estilos de
la corte. A esta invención debimos el
ser conocidos de lo dilatado de todo
aquel reino, aun de los que jamas nos
vieron , pues luego que llegamos des­
pacharon los mercaderes un prodigio­
so número de abanicos, en que Ro­
berto y yo estábamos dibujados con
bastante naturalidad , con una puntual
explicación de nuestro carácter y cir­
cunstancias.
Mi compañero conociendo el poco
gusto con que yo estaría esperándole,
no obstante la colección de tantos y
tan diversos objetos como allí se regis­
tran , procuró abreviar la conversación
y desembarazarse de aquel mono mo­
lesto : vínose á mí pidiéndome le per­
donase la detención, y contándome lo
que el dicho pretendía : ese que habéis
visto, me dijo, tiene la fortuna de

DE W ANTON.

65

fastidiar á todo el mundo, y á inf mas
que i todos, pero ha determinado ser
mi amigo por fuerza por solo haber
concurrido con di una vez en cierto
baile de señoras por lo exterior, y en
el fondo como su yo , me trata ya con
gran confianza ; todo aquel manoteo
que advertiríais mientras no me tenta­
ba uno á uno los botones de la casaca,
ó tenia entretenidos los dedos en fa­
bricar pelotillas de la inmundicia que
con ellos sacaba de sus narices, á costa
de la náusea que causaba á mi estó­
mago su puerca y mala crianza, se re­
ducía á persuadirme le diese veinte pe*
sos para remediar cierta urgentísima ne­
cesidad que en el dia le ocurría; res­
pondí á su estudiada y larga arenga
con una concisa negación, y fue su pe­
tición bajando hasta contentarse con
un real de plata para sacar un par
de cartas que tenia detenidas en el cor­
reo por falta de cuartos para pagar el
porte. Reimos la especie, aunque no
me cogió de nuevo, porque en cuanto
á los gorrones, puercos y mal criados,
encontró siempre innumerables monos
semejantes ¡í él en aquella metrópoli.
T omo iii.

5

66

YIAGES

C A P ÍT U L O

y.

D e los escritores públicos.

A .unque no teníamos ánimo Tulipán
y yo de despedirnos generalmente para
nuestro viage, no queríamos marchar
sin ejecutarlo en las casas de confianza,
y asi la intención que sacamos de casa
fue de hacer un par de visitas de estas;
pusímoslo en práctica, y fue la pri­
mera á madama Lechuga, la hermana
de mi amigo; entramos hasta el es­
trado donde estaba sentada la dicha seííora, y al punto que nos vid se levan­
tó para recibirnos, y haciéndonos una
muy circunspecta cortesía, no quiso vol­
ver á ocupar su silla hasta que nosotros
tomásemos las nuestras. Perdonad , se­
ñora , la dije, y permitidme que como
forastero, curioso y con deseos de apren­
der estilos que poder en otro tiempo
ensenar si fuesen útiles en mi patria,
os pregunte ¿que nuevo motivo os obli­
ga á este tan inusitado cumplimiento,

DE W.ANTON.

67

cuando aun á los personages de ma­
yor graduación y respeto reciben por
lo general en este pais las señoras con
una confianza como si desde sus ni­
ñeces se hubiesen criado juntos $ cuan­
do afectando ya superioridad, ya dis­
tracciones y ya poco cuidado, tienen
muchas veces la desatención de no res­
ponder á los que las saludan; cuando
con gran desembarazo salen á la v i­
sita á la hora que las acomoda y la
dejan de la misma manera, y final­
mente cuando se toman la libertad de
recibir á unos por de confianza, y al
mismo tiempo despedir á otros por de
cumplimiento, tal vez con cierta cien­
cia del despedido, ¿salimos ahora con
una ceremonia tan grave? Yo bien me
acuerdo haber leido en vuestras his­
torias , que antiguamente las señoras
monas jamas recibian ni despedían á
los caballeros que las visitaban, sino
levanta'ndose y haciéndoles unas cor­
tesías muy mesuradas, dejando la con­
fianza de permanecer sentadas, de no
levantar la cabeza de la labor para
cuando hablaban á sus lacayos y cria­
das j pero ahora que ya (como decis)

68

VIAGES

pasó el tiempo de las golillas, y lo*
monos habiendo dejado las calzas ata­
cadas han depuesto la seriedad y res­
peto con que os visitaban, guardándo­
se muy bien de pisar al sentarse la ori­
lla de la alfombra de vuestro estrado;
ahora que cualquier monillo á la se­
gunda visita se entra por vuestras salas
sin pediros permiso, como por su casa,
haciendo pinitos, sin parar hasta co­
locarse con tanta inmediación á vues­
tro lado, que suele sentarse encima
de las mismas ropas que os adornan;
ahora que vuestros maridos se ven obli­
gados á desentenderse de estas y otras
libertades, porque si las corrigen le
señalarán con el dedo (frase con que
intimidan á los mas sencillos), ¿qué
necesidad hay de tan excesiva demos­
tración y cortesanía? Mayormente aho­
ra que los que entran á recibir vues­
tros favores son un hermano vuestro
y un rendido criado que tiempo hace
tiene diariamente esta fortuna.
Sonrióse madama Lechuga, y con
Un aire entre irónico y jocoso me res­
pondió : sabed, señor que hasta ahora
habíamos estado las damas criadas en

DE YVANfON.

6^

la corte muy pagadas de nuestro tra­
bajo, creyendo que asi como eramos
capaces de introducir en lo restante
del reino el buen gusto en las modas,
por lo que hace á nuestros adornos,
igualmente seriamos el modelo de las
costumbres y política; pero y a , por
mas que nos duela , hemos experi­
mentado que para aprenderla nos es
forzoso tomar lecciones de las monas
que desde sus provincias vienen á fa­
vorecernos é instruirnos. Los monos
provectos, aquellos que mal hallados
con el tiempo presente, quisieran vol­
ver á los de los bigotes y la pera, ala­
ban todas las antiguallas que ya solo
se encuentran en esos lugarejos remo­
tos de esta coronada capital, y entre
ellas con especialidad la del levantar­
nos de nuestros asientos para recibir
sus visitas, como quiera que es una
ceremonia en que apareciendo rendi­
das , deponemos en algún modo las
altas debidas preeminencias de nues­
tro sexo; por este motivo no ha fal­
tado señora que habiendo llegado pocos
dias hace de su lugar, se ha captado
las voluntades de algunos caballeros con

yo
VIAGES
semejante afectada demostración, y lo
que es m as, ha dado ocasión de que
indirectamente nos echen en cara nues­
tra falta de crianza, ensalzando la suya;
en esta inteligencia se nos hace ya for­
zoso para evitar la nota entre nues­
tros cortesano*, imitar las acciones de
las forasteras, que son, según parece,
quienes deben darnos la le y ; y como
la perfección de lo que de nuevo se
aprende, se adquiere con el uso, es­
toy ensayándome en la nueva etiqueta:
veamos pues que os parece. ¿No puedo
ya ejecutarla aunque sea delante de la
misma inventora? Diciendo estas últi­
mas palabras, se levanto y sentó tres
ó cuatro veces, haciendo otras corte­
sías, fingiendo en el morderse los la­
bios que quería sufrir la risa, y por fin
ridiculizando el pasage.
No obstante que pudiera haber re­
chazado la burla de madama Lechuga
con solidas razones capaces de conven­
cer al mas pagado de su dictamen, co­
nocí que á ella y sus semejantes no
hubieran hecho fuerza, y asi la dejé
bregar con su signo, y que quedase
aquella cabeza muy imbuida en la ri-

Madama LechmOra se ensaya
J
en la nueva etiyueta del saludo

DE WANTON.

yi

ctícula idea de que solo en Simiopolis
había crianza, y de que toda acción
política que dimanase de un sugeto fo­
rastero (se entiende de sus paisanos),
en lugar de adoptarse como digna de
imitación, había de mirarse como obje­
to de risa y de mofa. Tocáronse en el
discurso de la visita algunas otras con­
versaciones en que decidía madama con
tanto peso y juicio como en la pasada,
hasta que á poco tiempo nos despedi­
mos, y marchamos cansados no menos
su hermano que yo de aguantar sus
necedades.
Salimos á la calle con ánimo de no
hacer mas visita porque ya era tarde,
y encaminados á casa encontramos un
gran corro de gente leyendo un cartel
que acababan de fijar en una esqui­
n a ; movióme la curiosidad y llegán­
dome , hallé que decía ; libro nuevo.
Origen, progresos, y estado de la len­
gua simiopolitana ; cinco remedios para
los sabañones\ tabla para aprender á
contar; y arte de cocina: su autor el
doctor Alcornoque. Pero haciendo del
Camueso, Abridor y Naran jo, ex-maes­
tro de política y primeras letras de

J72

VIAGES

los hijos del magnífico y muy ilustre
señor el señor de la Encina, alférez
reformado de los reales ejércitos, ex­
ayo de los sobrinos de madama flor
del Berro, maestro jubilado de la lengua
cercopitéca; y filo poeta-médico-chímicoteórica-práctico-matemático, 6fc. 6?c.
Desde luego se venia á los ojos lo ri­
dículo de la especie, ya en lo inco­
nexo de las materias que ofrecía en
un solo lib ro , ya en el extravagante
follage de apellidos y títulos con que
se anunciaba adornada la fachada de la
obra ; pero aun aparecía mas risible
con un rengloncito que decía al fin:
puede ir en carta, lo cual denotaba
que toda aquella descarga de tratados
que la desbaratada fantasía del cam­
panudo autor quiso publicar á un mis­
mo tiempo, se contenia en uno ó dos
pliegos de papel.
Fue tanta la risa que me causd el
papelejo , que luego que después de
comer nos retiramos Roberto y yo á
nuestro cuarto, no pude menos de con­
tarle el suceso. ¿ Es posible, le de­
cía , que en un pais en donde están
tomadas tantas precauciones en orden

DE ,WANTON.

73

al comercio de lib ros; en donde vi­
gilantes tribunales tienen doctos cen­
sores que separen la moneda corriente
de la falsa y contrahecha; y en donde
( aunque las extravagancias que hemos
notado reinen en un ignorante vulgo
falto de crianza) la mayor parte, que
se compone de la principal nobleza,
ministerio, y personas dedicadas al cul­
tivo del entendimiento, tiene en su
punto el buen gusto, y una delicada
crítica, con que castiga severamente
á los autores inútiles con el desprecio
que hace de sus vanas fatigas; ¡ es po­
sible , repito, tenga pase y permiso
de publicarse semejante obra! pero ¿que
digo semejante obra ? Repetidas veces
me he ido divirtiendo por esas calles
con la lectura de los cartelones con
que están forradas muchas esquinas de
este pueblo, que son tantos que es
forzoso que los pongan unos sobre otros,
y los mas son frutos de una instruc­
ción como la que da á entender tiene
el doctor Alcornoque; apenas se pu­
blica un libro que merezca la pena
de comprarse; si se miran sus por­
tadas prometen un gran intere's, uti-

74

VIAGES

lidad y diversión, pero en confron­
tándose con la obra , nos hallamos con
un insulso fárrago, sin mas efecto que
el de haber perdido el tiempo en su
lectura; planes fabricados en el vien­
to ; proyectos impracticables; sistemas
repugnantes á la razón; historias fabu­
losas ; poesías risibles , y otros mil
partos semejantes de unas imaginacio­
nes monstruosas, es lo que por ahora
sale á luz comunmente, ¿no es esto
un engallo manifiesto? ¿no es un ro­
bar sin peligro? Me parece deberian
estrecharse mas las licencias , y asi
se comprarían las obras con mas sa­
tisfacción.
Yo os diré, Enrique, respondió
Roberto, lo que siento acerca de ese
asunto. He tenido curiosidad de inves­
tigar cuidadosamente el estado que en
estas provincias tuvieron en otros tiem­
pos las ciencias, y comparándole con
el que hoy dia tienen, he hallado que
no es mucha diferencia; si nuevamente
se han hecho algunos útiles descubri­
mientos, de lo mas se debe Ja luz á lo
que dejaron escrito los antiguos: de es­
ta materia recorriendo una por una las

DE WANTON.

75

principales facultades, ya en otras oca­
siones os be dicho mi parecer; pero
por lo que hace á las producciones de
los presentes tiempos, tened entendido
que liay muchas de diversos sugetos
que son el honor de su siglo; en él pues
se han erigido con gran razón por maes­
tros del público, ilustrándole con pun­
tuales prontuarios; desengañándole de
sus mas comunes herrores con críticos
discursos; ensenándole las costumbres
que debe imitar ó huir de los demas
reinos extrangeros, y cuanto en este
asunto puede hallarse deleitable y pro­
vechoso con verídicas relaciones de pe­
nosos viages, instruyéndole para que
sepa desechar las voces inusitadas y ele­
gir las mas puras de su idioma con
ajustadísimos diccionarios; apartándole
de los derrumbaderos del corazón de
los mortales con las historias del delin­
cuente descamino de muchos; ponién­
dole delante cuanto puede apetecer pa­
ra su ejemplo y enseñanza con la rigo­
rosa descripción de lo mas sagrado de
su continente; deleitándole aun con sus
ocios en agudas poesías, ya serias, ya
jocosas, ya de antiguos para la imita-

y6

VI AGES

eion, ya de poetas modernos para una
emulación provechosa; por último, pa­
ra no seros molesto, no hay ciencia ni
arte en que no hayan puesto la pluma
con notable felicidad en el dia; por lo
que con razón llaman muchos al pre­
sente el siglo ilustrado; pero como es
grande el número de los que no han
sentido la fuerza de estas ilustraciones,
o mas claro , como hay monos para
todo , y es imposible que todos los pa­
ladares se conformen en un gusto , es
asimismo inexcusable que se escriba
mucho, que solo sirva para cierta es­
pecie de sugetos : ¿qué puede haber
mas propio sobre la mesa de una an­
tesala que un libro de novelas ? ¿ qué
ha de leer un extravagante aparente
estadista, sino proyectos que anuncien
felicidades y abundancias universales?
¿con qué se ha de divertir (por lo ge­
neral) una mona, sino con un mazo
de comedias y sainetes ridículos? ¿con
qué han de arrullar los ayos y amas
á sus señoritos, sino con los cuentecilios que hayan aprendido en algunos
papeles perio'dicos? ¿qué puede oir un
corro de lacayos que espera en un por-

DE WANTON.

77

tal la salida de sus amos , sino ciertos
versos, relaciones y curiosos romances
mascados por uno que se encontró por
casualidad que conociera las letras? En
esta inteligencia no se debe extrañar se
permita la publicación de tales escri­
tos, y con mas abundancia sin com­
paración respecto de los útiles, tanto
por la dificultad que hay en escribir
bien, cuanto porque es mucho mayor
el número de los necios: ya veis que
si en manos de estos no hubiera otros
libros que poner que los que necesitan
perspicacia y discernimiento para 6er
entendidos, se repetiría con mucha pro­
piedad el infeliz acaso de la iliada des­
truida i coces y bocados de un asno;
asi como son despreciables á todo sugeto sensato las obras que á ellos agradan,
les fastidian las que son el embeleso de
los doctos; aun entre los que se tienen
por tales vereis reinar el gusto hasta
tocar en lo extravagante; aquellos ceji­
juntos y melancólicos facultativos que
no han sabido salir jamas de la asom­
brosa muchedumbre de volúmenes de
fu profesión, exactos traslados por lo
común unos de otros, exceptuados los

y3

VIAGES

muchísimos que no sirven mas que de
pérdida de tiem po, roen y murmuran
cuanto se escribe que no es de su facul­
tad : buenos testigos teneis en aquellos
dos amigos con quienes paseamos antes
de ayer; el estudiante y el soldado; uno
y otro quisieron aprovechar los ratos
que permitían al ocio las tareas de su
destino; ambos anhelando á ser útiles
á sus conciudadanos, escribieron, aun­
que por diverso rum bo, invectivas con­
tra los vicios y malas costumbres, dig­
no asunto á mi ver de los que se pre­
cian de buenos patricios; pero los dos
tuvieron que embozar sus nombres; y
con todo eso, no obstante lo bien reci­
bidas que fueron sus obras en el públi­
co, no faltaron algunos de su oficio y
profesión de cuyo canino diente no se
vieron libres; no diré yo que por en­
vidia, pero si que por estar poseídos de
unos genios saturninos , sin ser útiles
para otra cosa que para el material ma­
nejo de la espada los unos, y los otros
para el preciso estudio de la materia
escolástica á que se dedicaron, como si
el buen gusto, las bellas letras, el hu­
mor jovial, y otras semejantes extensio-

B E W A N T0N .

79

nes de los entendimientos estuvieran
reñidas con los empleos y facultades su­
periores, siendo certísimo que á veces
son su vestido de gala, con que suelen
comparecer mas agradables que con las
arideces que en muchos puntos demues­
tran , si se nos presentan desnudas.
Hay ademas de lo dicho otros mo­
tivos para que se deban permitir esos
libros y papeles contra quienes habéis
levantado el grito; sabed que de esto
del escribir se ha hecho ya comercio
como de cualquiera otra mercancía; el
hambre es aguda; y la decencia exige
el cubrir las carnes, y si falta otro me­
dio de socorrer estas necesidades, el mas
rudo dará á luz los hijos buenos ó ma­
los de su entendimiento , cuya venta,
porque hay compradores para todo, le
saque del aprieto en que se m ira: bien
conocen los censores y los magistrados
no ignoran que pudiera aquel papel
emplearse en asuntos mas útiles; pero
á no ser absolutamente aun para el
vulgo despreciable, o contener propo­
siciones contra las regalías, el estado ó
buenas costumbres, dan permiso para
que se publique en consideración de

8o

VI AGES

que mas vale que el pdblico vea la
inutilidad de una obra, que la inde­
cencia de las carnes de su autor, pró­
ximas á asomarse por entre los pinga­
jos del vestido.
Tampoco quiero pasar en silencio
otro motivo poderosísimo para que com­
parezcan muchos escritos insulsos y ri­
sibles : bien habréis observado el im­
placable prurito que tienen por lo ge­
neral los monos en hacer numero en
el coro de los doctos y sugetos hábiles;
llenan sus cabezas de superficiales noti­
cias que recogen en las sumas y dic­
cionarios : hablan hueco y con cierto
aire enfático, traen por los cabellos las
conversaciones al punto que aquel dia
han leido , y en breve tiempo se de­
jan oir como oráculos de una turba de
majaderos que ni aun para aquella ma­
terialidad son suficientes; se entonan
con los aplausos, y deseando que vue­
le la fama de su literatura , toman la
pluma y producen; mal dije, abortan
unos asquerosos embriones y ridiculas
figuras que conmueven la risa de los
que los oyen de balde, y Ja ira de los
que malgastaron en ellos su dinero; y

D2 WANTON.

81

no es lo peor, sino que si algún amigo
llega á reconvenirles de sus disparates,
creen que es emulación ó falta de in­
teligencia y buen gusto; y asi tengo á
éstos por locos incurables y muy per­
niciosos en la república.
Tened, Roberto, le repliqué; los
que yo tengo por verdaderamente per­
niciosos en la república, son los escri­
tores satíricos; estos sí que por cumplir
con su inclinación punzante y maldi­
ciente, no dejan crédito, fama, acción
que no noten: no perdonan condición, es­
tado, persona de quien no se bufoneen;
en las viudas encuentran poca gravedad;
libertad en las casadas, y en las solte­
ras falta de recato; en los viejos afean
los verdores; la inmodestia en los jóve­
nes; se burlan de la paciencia de los
casados; se mofan de la solicitud de los
solteros; escudrinan la ambición en los
empleos; la mala versación en la admi­
nistración de justicia; manifiestan la
mala fe en los contratos; el robo en
todos los oficios; en fin no bay cosa
que no muerdan, y no es lo peor que
escriban libros y papelones acerca de
tales asuntos, sino que los lleven sobre
T omo iii .

6 ^

8 -j

VIAGES

el teatro y pongan de bulto los defec­
tos, para que aun el mas idiota com­
prenda su crítica y oiga sus ladridos;
esto es á la verdad incluirse en nego­
cios agenos, y tal vez retratar sus mis­
mos vicios por ellos no conocidos, por­
que los ciega su amor propio. Estos sí
que merecían grave castigo en pago de
su temeridad.
No confundáis, amigo mió, me res­
pondió Roberto, la pestilente y detes­
table sátira , con la que es el alma de
la rectitud y freno de los vicios: es
cierto que es digna del mas severo cas­
tigo aquella cuyo objeto es una determi­
nada persona , ó cuando es contra la
constitución, leyes ó policía del estado;
no es común aquella perspicacia que
se necesita para tratar tan elevadas ma­
terias, y no obstante no hay menestral
que desde su taller no gobierne la mo­
narquía: sin particular talento no sa­
bemos dirigir los negocios de nuestras
propias casas, contenidos en la estre­
chez de cuatro paredes, y como si tu­
viéramos en la mano la vasta exten­
sión de los negocios del reino, quere­
mos dirigirlos á nuestro antojo , sati-

DE W AN TON .

83

tizando las providencias que después de
una larga premeditación produce el in­
fatigable celo de los que gobiernan. Pe­
ro cuando la sátira ataca en derechura
al vicio, es digna del mayor elogio; el
pais en que nos hallamos no tiene un
público corrector de costumbres, y asi
solo el qué dirán es el que puede con­
tener los excesos de los monos; ven
estos en una sazonada y picante sátira
retratados con feo y detestable sem­
blante los comunes desaciertos , y en
su consecuencia hay muchos que por
no verse incluidos en el retrato ahogan
al nacer á sus pasiones: oye un gran
señor las carcajadas que da el público
cuando se habla con menosprecio de
las acciones bajas e indecentes de sus
iguales; y lo que no basta á enmendar
la brillantez de su cuna, corta en sus
principios, ó no deja brotar el temor
de la publicidad, logrando el que llega
á la dicha de tal conocimiento, que su
corazón se habitué á aspirar siempre á
la heroicidad para provecho de sus
compatriotas y eterna fama de sus ope­
raciones: el que se halla con propor­
ción y valor para cometer un desacier-

84

VTAGES

to en la administración de justicia, Iff
repetirla diversas veces si no le detu­
viera el temor de la pérdida de su re­
putación, cuando semejantes atropellamienios y monstruosidades salen á pú­
blica plaza en los escritos de los auto­
res satíricos. No pocas veces se obra
solo por vanidad, y una coplilla pun­
zante que cantan por la calle los mu­
chachos suele contenernos en el cum­
plimiento de nuestras obligaciones mas
que el natural hermoso aliciente de la
virtud. No da temor la sátira al varón
justo, y al que vive con arreglo; los
que se declaran siempre irreconcilia­
bles enemigos suyos son los avaros, los
miserables, los desarreglados, los lina­
judos y otros semejantes que componen
el monstruoso ejército que se avanza
contra el sosiego y unión de los ciu­
dadanos ; los tales no omiten medio,
por pernicioso que sea , que conduzca
al logro de sus Unes; roban al pupilo,
afligen á la viuda , desacreditan á las
personas calificadas, persiguen á las hon­
radas matronas, y escandalizan á cuan­
tos tratan; quisieran no obstante que
su miseria pasara por economía, su

DE W A N T O N .

85

avaricia por arreglo, su maledicencia
por celo, y asi los demas vicios por
sus virtudes opuestas, y como la sáti­
ra pone patentes sus hipocresías la abor­
recen, sie'ndoles forzoso, como canta
un antiguo poeta europeo, huir de los
autores satíricos tan lejos como del buey
falso, que para que le conozcan lleva
el heno en el cuerno, porque dicen que
con tal que les venga á la mano algún
motivo de reirse, no se la perdonarán
al mas amigo; pero es el caso que no
debían quejarse de la sátira sino de sí
mismos; reformen sus costumbres, ajus­
ten su conducta y no obren sino con
rectitud y justicia, y entonces vivirán
sin el miedo de que todos les señalen
con el dedo diciendo, de aquel habla
tal libro, á estotro retrata puntualmen­
te esta sátira.
En estas conversaciones pasamos
Roberto y yo la siesta, hasta que sien­
do ya una hora proporcionada nos se­
paramos, e'l á una junta con ciertos mi­
nistros para acordar unos negocios de
suma entidad , relativos al común bien
estar particularmente en materia de
abastos, y yo a buscar á mi amigo Tu-

86

VIAGES

lipan para ir á divertirnos al paseo: no
dejé en este punto de considerar la di­
versidad de destinos que llevábamos, y
á poco que profundicé en este pensa­
miento, hallé cuanto debemos y qué
mal pagamos á aquellos á costa de cu­
yos desvelos logramos paz, abundancia
y comodidad; mientras nosotros dormi­
mos descuidados en nuestras camas, es­
tán ellos con sus vigilias impidiendo
que nos asalten y destruyan, aprove­
chándose de nuestro descuido los per­
versos perturbadores de la república;
mientras nosotros comemos en delica­
das mesas y celebramos la profusión de
los banquetes, están ellos ideando me­
dios de evitar la carestía en los géne­
ros, impidiendo la venta de los perju­
diciales y facilitando el comercio de los
útiles; mientras nosotros divertimos la
imaginación por frondosas alamedas y
nos esparcimos por costosísimos paseos,
están ellos fatigándose en añadirles her­
mosura y magnificencia, y en propor­
cionar otros nuevos para que con la
variedad no llegue el caso de fastidiarse
los sentidos: esto y mas hacen en ob­
sequio del resto de sus conciudadanos,

DE WANTON.

8J

llevando muchas veces por pago una in­
justa murmuración de los mordaces y
nial contentadizos, que no contribuyen­
do por su parte en cosa alguna á la pú­
blica felicidad, en todo hallan repren­
sibles defectos; en lo magnífico encuen­
tran la superfluidad; en lo mediano la
miseria; en la abundancia la demasía;
en la escasez el desgobierno y asi en
todo, sin acudir á las fuentes, motivos
y ocasiones que dan justa causa para lo
mas y lo menos, que para ellos son so­
bras y faltas. Con estos pensamientos
llegué al cuarto de Tulipán, que cul­
pando mi tardanza, venia ya á bus­
carme en el mió para pasearnos aque­
lla tarde juntos, según desde por la
mañana habíamos dejado proyectado.
l'V V V W i^ V W 'V W V W V W V V ^ 'V

CAPÍTULO VI.
Ajusta Tulipán su viage para el real
sitio.
C>omo mi camarada no era amigo de
la soledad, fue necesario conducirnos al

88

VI AGES

paseo célebre aquel clia : era entonces
el tiempo que tienen destinado en
aquel pais para renovar , o por mejor
decir, para trocar los muebles de su3
casas, siendo el medio el dinero; no
puede decirse rigorosamente permuta
porque interviene compra y venta, pe­
ro en la sustancia viene á ser lo mis­
mo , porque uno que necesita por ejem­
plo un cuadro, le compra de su ve­
cino con el dinero que le dan por una
mesa; aquel vecino compra otra cosa
con el dinero que saco por el cuadro,
y asi todos los demas ; de manera que
una corta cantidad de dinero con poco
aumento ó diminución va circulando,
y siendo como un mozo de acarreo que
muda los trastos de una casa á otra; en
virtud de esto es digno de admiración
ver entapizadas y alfombradas todas las
calles de la ciudad con una prodigiosa
multitud de muebles de todas especies,
siendo muchos de tal calidad que se
hace increíble pueda haber persona que
ni regalados quiera llevárselos á su ca­
sa ; allí se ve una mesa con tres pies,
una silla sin asiento , un cofre sin ta­
pa , un candil sin candileja; aquí una

D E WANTOU.

^9

casaca sin forro ni botones, nn espadín
desecho el puno, par y medio de za­
patos con las suelas de respiración, un
guante sin compañero , &c. Todos los
interiores de las casas salen á la calle;
salas, gabinetes, retretes, alcobas, co­
cinas, todo se pone de venta al públi­
co; y lo que es mas mientras mas in­
decentes, puercos y maltratados son los
trastos, tanto mas acuden los marchan­
tes, vendic'ndose con mas facilidad que
las alhajas de valor y de gusto, sien­
do la causa , según he discurrido, el
excesivo número de pobres que tiene
la ciudad, los que á medida de su po­
sibilidad amueblan sus cuartos con la
menos costa que se les proporciona.
Por medio de tan crecida porción
de estropeados y tullidos fuimos cami­
nando hasta llegar al centro de estas
públicas almonedas; este es un parage
dentro de la ciudad espacioso y capaz
de contener una muchedumbre de cier­
ta especie de chozas y tiendas, donde
se vende lo nuevo y lo viejo, lo útil y
lo inútil; pero lo que tiene mas despa­
cho es la mercancía de diversos muñe­
cos de ridicula, y á veces puerca cons-

90

VIAGES

truccion de varias materias como barro,
estaiio y madera; y los femeniles ador­
nos de gorras, pañuelos, collares y se­
mejantes menudencias; los fabricantes
de tales bagatelas se pagan de su traba­
jo con una imponderable ganancia á
costa de los pobres monos, en quienes
seria una desairada acción haber de re­
gatear delante de las antojadizas monas,
en cuyo obsequio van poniendo en ajus­
te cuanto las agrada, que no es poco,
y mas si llevan por contera al niíio á
quien es fuerza acallar á peso de plata
malgastada en enredos de ningún pro­
vecho; no obstante nunca me pude per­
suadir á que todos andarían tan solíci­
tos como los observaba en servir á las
damas, y estas tan francas en recibir
cuanto se las proporcionaba, sin mas
fin que la acción de recibir y de dar,
mayormente cuando es refrán entre
ellos, que ni aun palos se dan de balde,
y que hasta el aire necesita correspon­
dencia; pero como yo no vi otra cosa
que la que he referido, no puedo ha­
blar mas que de ella.
Por entre la muchedumbre de con­
currentes en esta que ellos llaman di-

DE

W A N TO N .

9 I

versión, divisó á lo lejos Tulipán á una
de sus muchas conocidas, que aunque
ya se iba interiorizando en aquel labe­
rinto, no podia equivocarse con otra
( según él decía ) por el airecillo del
cuerpo y natural agraciado manejo con
que á larga distancia se conocia quien
e ra ; no se que particulares negocios
tendría que encomendarla en su ausen­
cia ; lo que no tiene duda es que se
empeñó en que habíamos de penetrar
por aquella confusión hasta poder lle­
gar á hablar dos palabras; empeño fue,
y empeño de marca m ayor, habiendo
de atravesar por medio de las filas de
los coches que van á hacer mas moles­
to aquel paseo, particularmente con lo
que acabábamos de presenciar; pues
habiendo tenido dos cocheros, cada cual
desde su muía, una descomunal batalla
de manoplazos sqbre quien habia de ir
mas inmediato á la zaga del coche que
iba delante de ellos, después de atropellar bárbaramente á los que pillaron
mas cerca, se espantaron las muletas
que llevaba el uno, y dejaron mala­
mente herido á un infeliz mozuelo que
fue mas descuidado que los demas; no

92

VIAGES

obstante avanzamos (haciéndonos cor­
rer un coche que se nos venia echan­
do encima ) hasta guarecernos entre
unos crecidos montones de sillas, es­
teras, baterías de cocina y muebles de
alfareros, todos los cuales forman un
intrincadísimo laberinto: no obstante
estar en aquel puesto seguro del tropel
de los dichos coches , era tal el de
la multitud que no se podian exami­
nar despacio; en común si vi que los
ocupaba una porción de figuras ilumi­
nadas , cuyos vestidos brillaban á com­
petencia con sus cabezas, aparentaban
un gozo y diversión singular, y al en­
contrarse se saludaban mutuamente con
tales extremos como si aquella fuera la
primera vez que se veian después de
muchos anos habien lo sido antes gran­
des amigas; todos ajuellos mas distin­
guidos en el espirita del mutuo obse­
quio, ó que para entrar en la cofradía
estaban corriendo sus caravanas , iban
allí á hacer su mérito , formados en
parada á una y otra banda del paso de
los coches, en donde apenas se descu­
bría el del objeto de sus fatigas, cuan­
do empezaban las prevenciones para

E»E WANTON.

93

hacer una rendida expresiva y afectada
cortesía se ponian en planta, erguian el
cuerpo, daban cierto aire á la postura
del sombrero (no se entiende este con
los que tenían peinado que no permitía
aquel estorbo en la cabeza) estiraban
las vueltas de la camisola, sacaban el
pañuelo de color para sonarse, el blan­
co para limpiarse el sudor, la caja pa­
ra tomar un polvo, el palillero para
poner un palillo en la boca con que
estar jugando (costumbre muy acredi­
tada entre los monos); en fin, cuanto
tenían almacenado en sus bolsillos les
proporcionaba modo de hacerse visibles
hasta que pasando la señora , la hacían
los honores , abrazando el sombrero
entre las dos manos puesto delante del
pecho, encogidos los hombros, arquea­
dos los brazos, hacia fuera los codos,
firme el pie izquierdo, arrastrando la
punta del derecho hasta poner la hebi­
lla de dste detras del talón de aquel,
inclinando finalmente el cuerpo de tal
manera que figurase un perfecto semi­
círculo ; de todo este manejo ejecutado
con cierto gracejo, adquirido á fuerza
de ensayos, constan las cortesías que

94

VI AGES

hacen los monos. Perdone el lector mal
humorado tan circunstanciada descrip­
ción , haciéndose cargo que se escribe
para todos, y sé muy bien que no pa­
recerá prolija á los que desean adornar­
se con los primores de la crianza extrangera; y estas acciones que se han
referido bien estudiadas delante de un
espejo de vertir, para el efecto que ha­
cen , podrán particularizar á cualquie­
ra de los nuestros y acreditar de perfec­
to imitador de aquellos extravagantes y
remotos naturales.
Poco mas pude ver de esta parte
del paseo, porque mi compañero no
paró hasta llevarme hacia el centro de
aquel laberinto, en donde decía esta­
ba la mayor diversión ; él la tendría
desde luego muy completa porque en­
contró habló y regaló á quien busca­
ba ; pero yo no hallé mas que empu­
jones , apreturas y tropiezos; dimos re­
petidas vueltas por aquel parage, siem­
pre describiendo líneas curvas, sin po­
der jamas formar una recta, si hacia
una pregunta tenia que esperarle un
cuarto de hora para oir la respuesta;
si empezábamos un razonamiento á ca-

DE W ANTON.

95

da paso cortábamos el hilo, truncán­
donos las palabras el numeroso con­
curso que atropelladamente nos separa­
ba ; por último allí no reinaba sino una
confusión muy á proposito para quien
en ella hallaba proporciones para su
mayor libertad; pero muy molesta pa­
ra quien no solicitaba sino diversión y
esparcimiento.
Luego que anocheció fue desapare­
ciendo el tropel de los coches y la ma­
yor parte de la concurrencia, quedan­
do alli solos los dueños de aquellas ha­
ciendas, y uno ú otro personage que
sin duda tendria que evacuar algunos
negocios de su particular inspección, y
se habrían citado á aquel parage; refi­
rámonos también nosotros , logrando
por el camino, hasta llegar á nuestra
ca sa , una continua adulación de los
oidos, y experimentando una extrema­
da cortesía; todo esto se hallaba en cier­
tas busconcillas que como espías per­
didas cruzaban por aquellos alrededo­
res, mercaderas de mala cara, cuyos
géneros desacreditados no habían teni­
do salida á buena lu z , y amparadas de
las sombras de la noche solicitaban su

96

VIAGES

despacho con diversas frases atractivas.
Admiróme por entonces tanto el
desorden de consentirlas, cuanto su des­
caro ; pero bien informado en casa por
Roberto que especulaba á fondo cual­
quiera particularidad que ocurría , co­
nocí no eran tan fácil estorbar la li­
bertad que se tomaban unas despilfar­
radas monuelas, con poco o nada que
perder, astutas en el manejo de sus di­
soluciones , y que por tanto por algún
tiempo sabian eludir los desvelos de la
Justicia, no obstante que de cuando en
cuando solia esta hacer una batida, en
que cayendo unas y espantándose otras
se limpiaba por algunos dias el terre­
n o : también por otro capítulo advertí
la necesidad de alguna connivencia con
estas dedichadas, considerándolas como
muro que defiende á las que viven hon­
radamente en sus casas, de los asaltos
y asechanzas de los viciosos y mal en­
tretenidos, mayormente en un reino
cuyas leyes tienen prohibidos los pú­
blicos lupanares.
Luego que llegamos á casa hallamos
que estaba esperando á mi amigo Tuli­
pán una cuadrilla de monos de rara

DE WANTON.

97

construcción, con unos zapatos de un
enrejado de cáñamo, unas malas y bas­
tas calcetas, calzón de tripe azu l, co­
gidas las boquillas con cordones y bor­
las, un jubón blanco, y encima otro
de color sin abrochar con unos gordos
y redondos botones de estaño , que me
parecieron al principio cascabeles, un
ancho y tosco pedazo de tela de lana
rodeado por la cintura, la cabeza cu ­
bierta con un alto bonete colorado de
figura cónica, y el gefe de ellos con un
sombrero construido en perfecto trián­
gulo equilátero; cada uno traia en su
mano una vara delgada, de cuya extre­
midad pendía un nudoso y ligero cordelillo, y su respectiva pipa introduci­
da en los ojales de la casaquilla; á po­
co tiempo conocí la pretensión de aque­
llos señores que venían á ajustar con
Tulipán el carruage que á otro dia babia de conducirnos al sitio: su habla
era tosca, y una especie de jerga que
solo ellos entendían cuando querían
conferenciar entre sí algún punto : yo
estaba embobado oyendo tantas y tan
diversas estratagemas y proposiciones
como exponían, para avanzar á un
T omo i u .

7

98

VIAGS 5

ajuste mas lucroso ; ya se despedían di­
ciendo que no les tenia conveniencia
abrazar tal ó tal partido; ya volvian
admitiéndole con ciertas condiciones ; y
ya un viejo m arrajo, que hasta el fin
habia estado callando, partia la dife­
rencia luego que conocia que no se ha­
bia de poder exprimir mas la naranja:
cerróse finalmente el ajuste; pidió el
capataz de aquella compañía algún di­
nero á cuenta de lo que habia de dár­
sele después, y todos con grande union
partieron á celebrar el alboroque en
alguna de las muchísimas ermitas de
Baco que tiene la ciudad.
Mucho sentia apartarme del apre­
ciable lado de mi compañero Roberto,
porque era el norte de mis operacio­
nes; pero la constitución de las cosas
se habia ido poniendo en términos de
serme inexcusable: la Providencia, que
no solo en las especies, como algunos
caprichosa y erradamente defienden,
sino también en el mas ínfimo indivi­
duo se interesa, destinándolos á sus al­
tos designios, iba proporcionando los
medios para el encadenamiento de su­
cesos ya prósperos, ya adversos, ya

de wAntón.
99
dentro, ya fuera de estas provincias
que había de experimentar en la car­
rera de mis años. Por no ser molesto
á mis lectores, no les describo los gra­
ves sentimientos y altas máximas que
en esta noche de mi despedida me su­
girió Roberto para mi manejo en el
sitio real. Tenia un profundo conoci­
miento de los laberintos de los pala­
cios , había hecho un largo estudio en
los caracteres de los cortesanos , y po­
seía un particular talento para hablar
á cada uno en su lengua; bajo tales
principios considérese qué raudal de
doctrina no comunicaría á un amigo
que queria tan de veras, é instruía de
corazón. ¡ Ojalá nunca hubiera faltado
de mi lad o ! y ¡ ojalá no hubiera yo
reservado de él cuantos secretos miste­
riosamente ocultaba ! Yo aseguro que
sus experiencias y consejos me hubie­
ran puesto en salvo, evitándome repe­
tidos sinsabores y reveses de la for­
tuna.
Llegó la mañana y al amanecer ya
estaba el coche á las puertas de casa
esperándonos ; venían de acompaña­
miento los que habian estado presen-

roo
VI AGES
tes al ajuste; todos clamaban por pro­
pina , unos por corredores , otro por­
que enseno la casa , otro porque me­
dió en la diferencia del precio , y asi
los demas, cada cual con su respecti­
vo motivo de tanta fuerza como los
otros: no pude aguantar aquella sinra­
zón ; por lo que tomando la palabra
por Tulipán, que era contra quien se
dirigía aquella granizada de peticiones
y socaliñas , les dije que marchasen á
lo que tuviesen que hacer, y no per­
dieran el tiempo en la solicitud de lo
que no habían de conseguir. ¡Pobre de
m í! No bien lo había proferido, cuan­
do rodeándome todos , se movió tal
gresca por querer cada uno informar­
me de su razón, que hube de quedar
aturdido con las voces, siendo lo mas
lindo del caso, que á ninguno entendí
mas palabra que uso, estilo & c., pro­
firiendo estas con tanta claridad como
faramalla las otras; apaciguó Tulipán
el alboroto sacando el bolsillo , á cu­
ya agradable vista resonó en sus risue­
ñas bocas el viva el señorito, y alar­
gando la mano , recibieron la maula,
y nos dejaron en paz.

DE W A N T 0N .

I OI

íQué tenga tanto poder, exclamé
y o , la fuerza de la costumbre que val­
ga mas que la razón! Pero ¡que mu­
cho qne en asuntos de tan poco mo­
mento se introduzca , si ha sentado su
imperio en lo mas sagrado de las le­
yes! No solo por sí las form a, sino que
deroga las establecidas por la supre­
ma potestad ; aquellos largos desvelos,
aquella profunda meditación , y aquel
común acuerdo que generalmente con­
curren á la formación de los mas sabios
y saludables estatutos, se oscurecen y
deshacen solo á la vista de este tirano no
uso. Muchas veces oí exclamar contra
sus desórdenes á algunos jurisconsultos
simiopolitanos juiciosos y científicos, y
siempre me hizo fuerza la reflexión
que hacían en este punto; el pueblo,
decían , procede para introducir cos­
tumbre contra la ley, ó por medio de
unos actos contrarios á ella por no ha­
berla entendido, y por tanto errando,
en cuyo caso no puede constituir cos­
tumbre , pues no bay cosa que mas
diste del unánime consentimiento que
para ella es necesario, qne lo qne es
un encadenamiento de errores : ó pro-

102

VI AGES

cede resistiéndose desde luego á la de­
bida obediencia al soberano, que esta­
blece la ley, en cuyo caso cuanto con­
tra ella ejecuta el pueblo vá revesti­
do de mala fé con visos de rebelión,
y muy opuesto al consentimiento del
príncipe, esencial requisito de la cos­
tum bre: o finalmente, teniendo justas
causas para que la ley no se observe
que sobrevinieron , ó no se tuvieron
presentes al tiempo de su promulga­
ción ; en cuyo caso, y existiendo los
demas requisitos necesarios para la in­
troducción de la costumbre, parece de­
beríamos admitirla y abrazarla con
fuerza de ley; pero ni aun existiendo
todos los justos motivos que quieran
suponerse, deberíamos darla corriente
pase en vista de las leyes del pais; es­
tas mandan en diversas partes, que si
alguna de ellas necesita declararse, in­
terpretarse, enmendarse, añadirse, can­
celarse ó mudarse , se acuda á la su­
prema potestad, fuente y origen de
toda legislación: ¿ cómo pues se po­
drá sufrir que el pueblo se arrogue
una autoridad , que ni por sí tiene, ni
la ley le concede ? Ponderaban estas y

DE

WANTOTÍ.

IO 3

otras reflexiones tocantes al asunto con
toda extensión, añadiendo mil precio­
sidades que corroborasen su dictamen;
concedían la razón de admitirse salu­
dables costumbres conformes á la ley
o en falta de ella; pero de ninguna ma­
nera las que fuesen derogatorias. No
me meteré á decidir esta causa , por­
que no me toca su inspección; lo que
no tiene duda es, que si llevaban ra­
zón, de poco les servia, pues yo ob­
servé repetidas veces, que las tales cos­
tumbres contrarias á sus estatutos se
alegaban en los tribunales, y tenían
fuerza para decidir las causas; y aun
pudiera decir , que han llegado sus
doctores á sutilizar y buscar tergiver­
saciones para darlas vigor aun contra
aquellas leyes, que expresamente ex­
cluyen cualquier costumbre ó no uso;
siempre los oí en continuas reyertas y
contradicciones sobre extender esta pro­
hibición á las costumbres futuras, 6
solo á las pasadas; y en imaginar me*
táfisicas distinciones entre no uso, no ob­
servancia y contraria costumbre. Disi­
múleme el lector esta corta digresión, que
ya vuelvo á tomar el hilo de mi historia.

104

VIAGES

%/%*%/%/%/%*.w * ./x

%, % u « v % v tu f

C A PÍT U L O YIT.

Be los discursos del señor Moral.

T á

labia la sazón una grande escasez
de carruages, y en el único que pudo
hallarse, ya de antemano tenían ajusta­
do sus asientos dos personas que nos
aseguraron los carruageros eran sugetos
decentes, y á quienes podíamos dar
nuestro lado: el deseo que tenia Tuli­
pán de no retardar su viage, y el común
concepto que hay en el pais de que en
los caminos todo pasa, le hizo admitir
cualquier partido. Como tomamos el
coche antes de amanecer, no permitía
la oscuridad distinguir claramente á
aquellos personages para poder formar
concepto. El bulto del que me deparo
enfrente mi suerte, daba á entender
ser un barrigudo mono de decente ta­
lle ; iba taciturno , y que no estaba
dormido solo se reconocia por una lar­
ga sucesión de regüeldos, cuyo pesti-

DE WANTON.

105

lente hedor demostraba se le babia en­
crudecido la cena con la madrugada.
Su compañero que ocupaba el frente
de mi amigo, con la humedad de la
noche (estando ya en el punto de ir á
romper el alba) dormia á pierna tendi­
da como en la mas mullida cama; al­
ternando el desagradable estrépito de
sus enormes ronquidos con los fétidos
eructos del repleto monazo : mi Tuli­
pán distraído con sus amores y cuida­
dos estaba en un continuo éxtasis; y
yo fastidiado de todos por diversos tér­
minos , solo esperaba que las luces del
d ia , que ya asomaban por el oriente,
mudasen el semblante de tan ridículo
cuadro.
Descubrió por fin el sol sus rayos,
que hiriendo en los ojos del dormido
roncador, con un esperezo, y abrien­
do desencajadamente una no común bo­
caza, miró á uno y otro lado, y nos
dió los buenos dias; volvió sobre sí mi
amigo como quien sale de un letargo;
y todos nos saludamos mutuamente.
Porque conoció sin duda los molestos
efectos que causaría en mis narices su
indigesto estómago, se empezó á quejar

IO Ó

VIAGES

de su indisposición mi vecino , y yo
compadecido de ¿1 y de mí le ofrecí
unos tragos de un buen aguardiente,
que para cualquier acontecimiento lle­
vábamos de prevención en una botella,
los que tom ó, y conseguimos que ce­
sase la acedía. Salimos de aquellas in­
comodidades, que se hubieran hecho mas
insufribles con las que se siguieron del
espeso polvo que produjo la entrada en
unos arenales , del calor que se au­
mentaba con exceso , y de un pesado
ejercito de moscas que se conjuró con­
tra nuestra paciencia: la desigualdad
del terreno y lo mal colgado de la caja
causaban un movimiento tan desagrada­
ble y violento, que de nada teníamos
mas gana que de dejarla : aprendimos
muy bien los nombres de las muías,
porque incesantemente las iban nom­
brando sus conductores, cuyas voces
agregadas á una numerosa porción de
incómodos cascabeles y campanillas que
llevaba cada una , nos atolondraban
lindamente las cabezas: era necesario
hablar á gritos, y si alguno distraído
con la conversación perdía el equili­
brio , regalaba al inmediato compañero

E>E WANTON.

1 07

una cabezada muy á proposito para
romperse las narices.
Bien desoavilado ya empezó á di­
vertirnos con sus razonamientos nues­
tro compañero Era este un verdadero
bijo de Simio'polis ; no sostenían sus
huesos cuatro onzas de carne; peque­
ro en la estatura, pero muy grande
en la avilantez de la lengua; de una
salud equívoca según la palidez del
rostro, no obstante que reconociendo
que la velada le habría desfigurado mas
de lo regular, había procurado reparar
este daño medio ahorcándose con las
dos varas de muselina que cubrían el
cu ello : llevaba el cabello recogido des­
de el cogote, y liado con una cinta,
imitando la figura de un gordo nabo,
echado como sardina que se vá á freír
sobre una copiosa porción de harina,
con que encubría á título de moda la
plasta ó sobrepuesto de grasa y por­
quería de su despifarrado vestido; un
pirámide de pelo, sebo y manteca se
elevaba por copete , y dos guedejas
á lo perdiguero se le bamboleaban á
los lados con el peso de los dos rizotes que las finalizaban, siendo este uno

Io8
VIAGES
(por lo que inferimos en el discurso
de su conversación) de los trescientos
veinte y tres modos de freír pelo , que
según los últimos modelos de los mas
diestros micos se habían basta entonces
descubierto. ¡ De qué punto de perfec­
ción no son susceptibles las artes í Lo
restante de su adorno era proporciona­
do á lo afeminado de su persona; so­
bre una almilla con presunciones de
chupa tenia una vestidura , que nom­
bró hasta con seis diversas voces, tan
larga para chupa , como corta para ca­
saca ; yo me imaginé si acaso había fal­
tado tela, por no haber guardado pro­
porción el sastre, habiendo sacado los
calzones mayores que ella, pues des­
de luego en cada uno cabían cuatro mus­
los como cualquiera de los §uyos, para
los que hubieran sobrado- unas fundas
de pistolas: de un ancho y relumbran­
te cinturón pendía un ni espada, ni
sable, ni cosa que pudiera ser útil para
mas que mondar alguna pera ó cosa
semejante; y en sus manos un bastón le
servia , no de apoyo según el destino
de la invención de estos muebles, sino
de juguete, por ser un delgado y en-

DE W ANTON.

I0 9

deble junco, qu e, para sacarles el di­
nero había puesto la astucia de los
mercaderes en mano de los insensatos
monos con nombre de bastones de ve­
rano , siendo unos verdaderos estorbos
de todos tiempos.
Este era el equipage de nuestro jo­
ven monito, y luego que empezó
hablar nos hizo conocer que los ador­
nos del alma no eran menos afectados
extravagantes y viciosos que los del
cuerpo: son estos tan hermanos, quede
ios de este se infieren por lo común los
de aquella: pero ¿ que digo de todos
los adornos? solo el sombrero, observé
generalmente en aquellos países, suele
ser el señuelo de sus interiores; ya en
el modo de usarle se descubren las cos­
tumbres de quien le lleva : la vanidad,
la estolidez, y el juicio tiene todos sus
distintivos en este mueble; ya hay quien
le apoye en las narices, ya hay quien
le cuelgue de una oreja, ya va puesto
por diadema, ya no sale de debajo del
brazo ; por último ocupara muchas pá­
ginas si hubiera de notar todas sus di­
ferencias; el de nuestro mono ( porque
no quede esta curiosidad al lector) no

á

110

VI AGES

era de aquellos triángulos equiláteros
con que denotan ó afectan el juicio
muchos, era sí un compuesto de todas
las superfluidades y ridiculeces de los
demás; era uno de aquellos en que en­
traban charreteras, cordones, hebi­
llas, broches, galones., plumas, en fin
tantas zarandajas que parece imposible
pudieran estar acomodadas en tan pe­
queño sugeto.
En su conversación afectaba un
aire entre superioridad y bufonada, ya
declamaba con una languidez tra'gica
y enigma'tica, ya sin mas artificiosa
transición que su subsistencia descen­
día á unas jocosidades bajas y truha­
nescas; todo lo disputaba; en todo de­
cidía , y aunque la materia fuese dig­
na de la mayor circunspección , cuan­
do le iban á los alcances en sus des­
cabelladas proposiciones ( que sucedia
muy frecuentemente) daba un pronto
tornillo á la altercación, haciendo bien
sonantes sus disparates á la sombra de
algún refrancillo, cuento ó salada poe­
sía . teniendo hecho concepto que aun
el blasfemar le era libremente permi­
tido con tal que lo hiciera con gracejo

DE WANTON.

III

y excitase la risa de los circunstantes;
la lástima era que había en aquella
corte una indecible multitud de estas
sabandijas, literatos de estrados, sábios de diccionarios y sumas, impíos
de profesión y tontos de capirote; estos
son los que con su libertinage de espí­
ritu y el continuo choque de sus mal
concertadas ideas, abusando de la vi­
veza de que suelen estar dotados, to­
do lo ponen en problema, y procuran
eclipsar aun las mismas luces de la
evidencia. ¡ Que' lógica tan ingeniosa;
aunque falta de solidez, aquella con
que que palian y defienden sus mas
enormes vicios, disoluciones y despro­
pósitos licenciosos! No falta entre ellos
quien todo lo justifique ; se encuentran
panegiristas de los mas excesivos abu­
sos ; y finalmente desnaturalizándose de
los sentimientos de racionalidad y de­
cencia solo tienen por objeto la adu­
lación entre los poderosos, la soberbia
entre sus inferiores, y la liviandad y
descompostura para con sus iguales, y
el diverso sexo.
De todo nos dio muestras en el
corto tiempo que le tratamos nuestro

I I2

VI AGES

compañero de viage. Puerro ( que este
era su nombre) mezclando entre lo
fútil de sus asuntos unas risitas insul­
tantes , unas acciones con un aire de des­
precio, y sobre todo unas provocativas
é insolentes ojeadas sobre el compañero
de su izquierda, el que por el contra­
rio con su fijo mirarle y arqueamiento de cejas á hurtadillas daba á en­
tender un interior que estaba diciendo:
véase aquí la muestra de las sabandi­
jas de la corte: véase en un ente tantos
y tan diversos objetos, cuantas son las
ideas inútiles y afeminadas que bullen
en su desconcertado cerebro: que uti­
lidad sacará de estos patricios! ¿Por
que un gobierno tan acertado no des­
terrará de en medio de la nación estos
zánganos tan perniciosos ? ¿ Por qué ha
de poner á cubierto del zelo de los ma­
gistrados á unos el esclarecido naci­
miento , á otros la protección de un
poderoso, originada las mas veces de
un vicioso principio ? De un vicioso
principio y con razón debe así consi­
derarse, pues son semejantes ociosos
materia dispuesta para instrumentos de
venganzas y fomento de liviandad: son

DE W /N TO N .

II3

los mas queridos ministros de la irasci­
ble y concupiscible de sus protectores:
véase que saeta volante sus lenguas:
véase que refinado escándalo sus accio­
nes : véase que universal peste de la
república.
Sin duda estas o semejantes pro­
posiciones revolvía en su mente el
sesudo mono que representaba estar
ya en el sexto decenario de su vi­
da , sin que lo desmintiese , como en
los viejos de la corte acontece, el afei­
te y compostura mayormente cuando
su barba se dejaba ver entre cana y de
no menor edad que de ocho dias: una
cabellera postiza que se adornó de gala
para ir al sitio, con un puíiado de ha­
rina sobre el seco pelo sin vanidad de
sebos, mantecas y pomadas cubrían de
medio lado su cabeza: sobre una cami­
sola, cuyos catacaldos tenían de embo­
zo á sus largas unas, vestía una raída
casaca negra con una chupa que se las
disputaba en lo cumplida y roñosa, y
solo la excedía en ciertas lameduras de
oro, entretejidas con unos vivísimos
florones encarnados en campo blanco:
se embarazaba infinito con la espada
T omo iii.

8

114

VIAGFS

por falta de uso; y últimamente se
apoyaba en un nudoso palo con hono­
res de bastón; estaba callado y pensa­
tivo mientras la taravilla de Puerro
iba desatada , arqueaba de cuando en
cuando sus bien pobladas cejas, y se
6onreia en tono de compasión o des­
precio. No tardo mucho nuestro bulli­
cioso compañero en sacarle algunas pa­
labras del cuerpo, á cuya obra contri­
buimos gustosos Tulipán y yo desean­
do saber su profesión y pretensiones,
pues desde luego creimos no iria á di­
vertirse semejante cínico.
Yo, seííores, respondió el señor Mo­
ral (asi se llamaba) soy un honrado hi­
dalgo, vecino de un pueblo que dista
sesenta leguas de la corte; hidalgo y
honrado os he dicho que soy, y asi
es; de modo que por lo hidalgo no
cedo á los mas encopetados que se sus­
tentan del aire de su necia vanidad en
Simidpolis; pero esto es de lo que me­
nos caso hice en mi vida, y que mas
que lustre me pareciera borron, sino
me acompaíía'ra la segunda parte que
es la honradez; esta pretendo cultivar
con la mayor escrupulosidad , y esta

DE W ANTON.

115

me ha hecho lugar en mi pueblo entre
mis compatriotas, pues todo mi esfuer­
zo se cifró siempre en estudiar cómo
pudiera serles útil. ¡Ridicula honradez
aquella de que no resulta el común
provecho! De aqui es que no hay em­
presa ó arduo negocio en el lugar que
no fien á mi dirección y cuidado; para
llenar uno y otro objeto creen en mi
bastante proporción: no les parece pue­
de faltar conducta á un mono como
y o , cuya juventud no tuvo otras de­
licias que el uso de los libros, llenan­
do mi entendimiento de todas aquellas
ideas que después habían de servirme
para mi manejo y método de vida, ma­
yormente cuando estaba por entonces
muy lejos de que al cabo de ella había
de parar en lo oscuro y mal ahilado
de una corta aldea ( de cuyo sosegado
destino doy ahora mil gracias á la Pro­
videncia). Dirigía mis intenciones á em­
plear mis luces tales cuales fuesen en
la pública utilidad de mi patria; no sa­
bré bien deciros si porque ellas no eran
bastantes, ó si porque no tuve amistad
estrecha con el favor, irreconciliable
enemigo por lo regular del m érito, no

I I6

VIAGES

pude lograr mis bien nacidos deseos
con la prontitud que mi viveza y al­
gún poquillo de presunción que por en­
tonces tenia, deseaban; cánseme de la
injusticia que á mi parecer me hacian,
y muy pagado de mi resolución me
vengué con retirarme á cuidar de los
pocos terrones que había heredado de
mis padres, corto caudal para hacer
una pomposa figura entre el crujido
de la seda de la corte, pero suficiente
á proveerme de una mediana subsisten­
cia , decente entre la jerga y parto par­
do de mi pais: aquellos que vosotros
( aqui dio una certuda mirada al buen
Puerro) monillos cortesanos, todo ex­
terioridad y nada substancia; aquellos,
repito, que vosotros llamáis por despre­
cio palurdos, y que habéis de estar en
que saben mas &>n su explicación, aun­
que no limada; sí genuina y significa­
tiva , que vosotros con vuestro afecta­
do aparato de voces, ya ridiculas, ya
hurtadas á otras lenguas, depuesta la
natural grosería que creeis les rebosa,
oyen gustosos mis consejos; y como de
allí está desterrada muchas leguas en
contorno la adulación, se les presenta

BE WANTOfí.

I I7

la verdad desnuda en las materias que
se ofrecen, de donde se sigue tener lo
mas andado para el acierto.
A estos motivos que les asisten para
fiar sus mas arduas pretensiones á mi
dirección, se les agrega la experien­
cia que tienen en la villa del desvelo
con que he mirado uno ú otro ne­
gocio que me ha encargado: están lle­
nos de ejemplares de la mala versa­
ción de otros diputados que han te­
nido , asi ellos como los pueblos de la
com arca: estos han sido de la clase
de aquellos á quienes señalan unas die­
tas considerables, vienen á un pais v i­
cioso, todo diversión y todo propor­
ciones que brindan al pasatiempo, fo­
mentan desmesurados gastos, y dejan
pasar los dias insensiblemente con una
total inacción en el asunto principal
de su encargo; y como los curiales
son generalmente unos monos, que si
no se les paga superabundantemente y
se les insta con la mayor actividad no
se m ueven, es un negocio perdurable
el que los tales diputados emprendie­
ron ; las dietas crecen, y el fondo de
adonde salen se apura ¿ reconocen al»

118

VIAGES

guna vez, aunque tarde su culpable
desidia, quieren hacer en cuatro dias
lo que pudieron ejecutar en dos ó mas
afios que se han estado divirtiendo; pi­
den para ello algunos cuartos, hace
los últimos esfuerzos el lugar y los en­
vía ; huelen los curiales el dinero fres­
co, y empieza á ponerse en movimien­
to toda la máquina de sus ideas: en­
tonces vierais (puede ser que lo hayais
experimentado) qué batallón de tram­
pas legales, que por mas legales que
las pinten no dejan de ser trampas;
qué introducción de artículos imperti­
nentes, cuántas excepciones dilatorias,
declinatorias, nulidades, réplicas y otras
mil preciosidades de difícil digestión pa­
ra un estómago delicado; pero no para
el de ellos, que como el de avestruz
digiere los metales.
El placentero Puerro no podía aguan­
tar conversación tan séria por largo tiem­
po; y al llegar el señor Moral á las re­
feridas palabras, sonrióse irónicamente
y dijo: bendigo mil veces el candor de
la gente que se cria ó se avecinda en
los pueblos cortos: j qué modos de pen­
sar tan puros i ¡ qué corazones tan sen-

DE WANTON.

I ig

cilios! no hay en su boca acción que
no sea sincera; no hay cortesano que
no obre con rectitud: aqui volvió otra
vez á echar su risita en tono de re­
lincho, mirándome y dando un par
de palmadas en el muslo de Tulipán
(que llevaba enfrente y mas á mano)
para captar nuestra aprobación; an­
tes que ecte lance pudiera llegar, ya
liabia dado media vuelta encarándo­
sele nuestro fdósofo aldeano, y enca­
potado el sobrecejo y mesurando el
estilo le dijo: pensará el seííor me­
quetrefe que ha dicho algo: el tal cum­
plimiento fue bien inge'nuo y conciso,
y al mismo tiempo se manifestaba con
su poco de picantillo insultante; pero
estuvo la prudencia de parte del char­
latán P uerro, que sin duda echo de
ver en aquel punto que la belluda y
nerviosa muñeca del seííor Moral ma­
nejaba un bastón mucho mas robusto
que el suyo. Sepa, prosiguió, que en
primer lugar yo hablo generalmente,
no he nombrado sugetos aunque pu­
diera, y asi nadie debe darse por sen­
tido en particular: en segundo lugar
que lo que digo tiene las cualidades

1 9.0

VI AGES

de pdblico, pues se ejecuta en medio
de la corte; y verdadero habiendo tan­
tos ejemplares que seria menester lar­
gos dias para solo citarlos; y ya que
me apura la paciencia, para que por
la uña se conozca el león, he de con­
tar por recien sucedido un caso que
tuviera por ficción á no haberlo todo
presenciado, por haber acaecido en mi
pueblo con un primo mió. Murió en
la corte un corresponsal suyo tan arre­
batadamente, que no tuvo lugar para
darle cuentas finales, y lo que fue peor
ni para hacer testamento: como era
sugeto de negocios y no dejaba herede­
ro nombrado, fue forzoso que entrase
á disponer en sus bienes de mano po­
derosa la justicia: no entendáis hablo
aqui de la sabia disposición de las le­
yes en tales casos, ni del juez á quien
correspondió conocer en la causa; éste
era íntegro, docto y que deseaba (me
consta) la prontitud y buen éxito del
negocio; pero esa es la lástima que no
pende del arbitrio de los jueces inferio­
res evitar, generalmente hablando, las
supercherías y maldades que se come­
ten por los dependientes de justicia:

DE WANTON.

I 2I

hablo de un sinnúmero de estas san­
guijuelas que se mezclaron en la causa,
cebando sus insaciables fauces en los
bienes de la desdichada testamentaría;
por entonces me acuerdo haber con­
tado hasta catorce; ¡ahí es nada! que no
fueron todos rectos en el obrar, y que
ya de malicia, ya de ignorancia, ya de
desidia dilataron culpablemente la cau­
sa , se manifiesta clarísimamente con
solo la sencilla narración del suceso:
fue indispensable á mi referido primo
pasar á la corte á solicitar se le satisfa­
ciese de los bienes del difunto una cor­
ta porción en que le alcanzaba liquida­
das las cuentas finales ; no ocupaban
estas entre cargo y data arriba de cua­
tro pliegos; las partidas por entrambas
partes estaban plenamente justificadas
y sin tergiversación, y todo el nego­
cio finalmente era materia de hecho;
pues no obstante (repitoos que no exa­
gero, aunque parece cuento por entre­
tener el camino, pero todo lo presen­
cié) tuvieron habilidad y mana los ta­
les alhajas manipulantes de la causa pa­
ra alargarla al espacio de seis anos, y
fue con precipitación según su refrán-

12 2

VI AGES

cilio: pleito de cuentas traslado á los
nietos; y los cuatro pliegos de papel
llegaron á componer cuatro volúmenes
de á folio; esto lo hacen fácilmente;
ya piden testimonios impertinentes, aun
de lo que consta en la causa, pues con
una tranquilla que se les busca quedan
desnaturalizados del país de los autos;
ya evacúan citas que no vienen al caso;
ya se dejan apremiar una y otra do­
cena de veces; ya piden término; ya
dicen que enfermó el abogado; ya que
se van á componer amigablemente; por
último son tantos los yaes que pudie­
ran decirse, que ellos solos llenaran la
mayor parte del tiempo y fastidiarían
á los oyentes: los escribientes por su
parte no se descuidan, ó con diez ó
doce renglones llenan una llana, y con
dos ó tres vocablos sesquipedales cada
renglón ; crecen los derechos de los
pedimentos á proporción del bulto, y
este es de la medida mas corpulenta;
auméntase el gasto del papel sellado;
finalmente los contrincantes llegan á
perder la paciencia y el dinero; por
falta de éste quedan sin aclarar mu­
chos y muy conocidos derechos, y por

DE WANTON.

123

no ejercitar mas aquella entran otros
en unas vergonzosas y descabelladas
transacciones, conociendo que si aca­
ban de pleitear, llegará á verificarse
lo que suele decirse , que antes de
empezarse la contienda es dudoso qué
parte tiene derecho á la cosa litigiosa;
pero finalizada se sabe repetidas ve­
ces que ni una ni otra por haberse
quedado entre las unas de los que la
manejaron.
Ved ahora si deberá estar escar­
mentado el infeliz pueblo, que por fal­
ta de buena elección envia á lidiar con
semejantes fieras á unos diputados de­
sidiosos , viciosos d poco inteligentes.
En m í, cuando no una grande com­
prensión en los negocios, á lo me­
nos han experimentado una actividad
mayor que para los mios, y una mo­
deración tan grande en los gastos, co­
mo que solo suenan en mis cuentas
los precisos, sin mas dietas ni ayudas
de costa; en esta inteligencia, y ha­
biendo ahora ocurrido. . . . Al llegar á
estas palabras, las muías que iban á
escape asombradas con el cadáver de
una de sus semejantes que había re-

124

VIAGIS

ventado , corriendo bárbaramente en
aquel camino, y según costumbre, se
liabia quedado en el mismo puesto en
que la aconteció la fatalidad, que fue
en medio de el; las muías, repito, re­
molinadas las delanteras, no obedecie­
ron á las desentonadas voces del ma­
yoral, y se arrimaron tanto á los ado­
quines del camino que montó el co­
che por encima de uno de los guardaruedas, y consiguientemente dimos con
nuestros cuerpos en tierra: sobre el
mió vino el de Tulipán, y sobre el
del rollizo Moral dió el del amigo
Piterro ; si hubiera sido al contrario,
no arrendara yo á este la ganancia, ha­
biendo de sufrir sobre sí mas de diez
arrobas de diputado; pero como le pe­
saba poco la carne, á un ligero esfuer­
zo pudo salir primero gateando por la
puertecilla que habia quedado libre,
siguióle Tulipán y yo á este; el infe­
liz diputado, como mas obeso, habién­
dose ido mas al fondo, sirvió á los tres
de estribo para la salida, con lo que
sufrió precisamente un solemne trio de
patadas: sacárnosle por fin entre todos
á fuerza de brazo, y viendo que sa*

DE WANTON.

1525

lia sin lesión, exclamó el festivo Puer­
ro : ¡ bendita sea la Providencia, pues
con tanta fortuna ha sido el vuelco!
Menos mi pateadura, dijo el señor Mo­
ral , poniéndose las manos en la ca­
beza y agriando el semblante con un
gesto tan confuso que nos hizo reto­
zar la risa en el cuerpo: mortificóle
mas con esto; pero tuvo que tomar el
partido que hay que abrazar en seme­
jantes casos, que es callar, ejercitando
la paciencia. No teniamos necesidad
de poca para aguantar á aquellos bár­
baros, malcriados carruageros, á quie­
nes, después de habernos expuesto á
una desgracia, no se oian mas que blas­
femias, execraciones y desvergüenzas;
sufrimos su poco respeto á nuestras
personas porque asi se estila en aquel
pais: yo aseguro que si una vez se
les pusiera freno y modo con la se­
riedad de un garrote bien manejado,
pronto se finalizaría la insolente cos­
tumbre , y sabrian reducir su ganado
y levantar la carga sin escándalo de
quien los escucha: dejémoslos en es­
ta maniobra, y mientras descansemos
un rato.

I2Ó
V /% / V

VI AGES
V V % /V W W

% /V V ^ V

CAPÍTULO VIII.
Siguen los discursos del señor M oral,

\^olvim os á ocupar nuestros lugares,
levantado ya el coche, y seguimos
nuestro camino, encargando á los carruageros, que supuesto no teníamos
prisa , no volviesen á exponernos á
otro chasco que pudiera darnos que
sentir; ellos dijeron que estaba bien,
y aunque hacían poquísimo caso de
nosotros, por ser en ellos natural lo
tosco y lo malcriado, no dejó de apro­
vechar la advertencia. La demasiada
formalidad de nuestro diputado ( que
asi le llamo, porque como se verá en
adelante asi lo e ra ) no tenia la apro­
bación del señor Puerro, y por tanto
para impedir prosiguiese como se te­
mía por la chaza que había dejado
puesta al tiempo del vuelco, torció
este la conversación á los asuntos de
su inteligencia, que eran á la verdad

DE WANTON.

12J

<Je poquísima substancia: de aqui fue
que pronto se le acabo la tela, y desean­
do yo profundizar mas en los modos
de pensar del señor Moral, bajo cuya
rústica corteza se descubría un no co­
mún fondo de instrucción y rectitud;
enderezando hacia él mis palabras le
dije: vuestros discursos, señor Moral,
son tan gustosos de ser oidos como
verdaderos; solos estamos, y aunque
hasta ahora no nos habéis tratado, el
honor nos obliga á seros leales en las
confianzas que queráis tener, dándo­
nos cuentas de los asuntos que os traen
á la corte; á menos de que sea cosa
tan reservada, que no debáis comuni­
cárnosla, pues en tal caso no preten­
demos ser de aquellos molestos que á
fuerza de ruegos intentan con la ma­
yor pesadez les revelen los secretos
que importa á sus amigos tener mas
ocultos. ¡O h, señor, exclamó él, de
esos hay gran cosecha en nuestros luga­
res! y no creáis que lo son movidos del
amor del prójimo para aconsejarle ó
aliviar su cuidado; nada menos; el ob­
jeto de ellos es, lo primero una vana
curiosidad, y lo segundo ir á los corrí-

128

VIAGES

líos á murmurarlo en tono de la'stima;
y para cumplir estos dignísimos cargos
toman al suyo tan estrechamente el in­
dagar lo que no les importa, que pa­
rece tienen creído que no cumple con
las leyes de buen vecino el que no es
buen acechador, ya que de otra ma­
nera no pueda escudrinar los negocios
que de e'l ocultan: lo que ahora me
trae al sitio no es de lo que no puede
absolutamente revelarse, y excepto al­
gunas secretas instrucciones para mi
manejo, puedo sin dificultad referíroslo
todo.
Sabed, seíiores, prosiguió diciendo,
que el pueblo en donde yo estoy ave­
cindado es lugar de señorío : esto es,
un caballero que vive en la capital de
mi provincia tiene el privilegio de po­
ner un criado suyo cada tres años por
corregidor : tened , señor Moral, dijo
mi amigo Tulipán, criado suyo no pue­
de ser; en mi casa hay un igual privi­
legio para ciertos lugares, y siempre se
buscan sugetos circunstanciados de cien­
cia y conciencia para que administren
justicia en ellos; pero nunca se en­
vía un criado de casa: ¡ buena anda-

DE WANTON.

I!?9

ría la justicia, cuando interviniesen,
como es muy com ún, los intereses de
la casa en las instancias con los parti­
culares ! Señor m ió, replicó M oral, lo
que se ejecuta en la vuestra no se';
desde luego doy de barato que en ella
y en otras sucederá lo que decís; pero
en la del señor de nuestro lugar in­
fiero que no es asi, de que á todos los
corregidores que he conocido, y no
lian sido pocos, siempre be oido de­
cir : mi amo manda, mi amo escribe,
mi amo & c ., y yo no creo que á no
ser ellos sus criados le darían este tí­
tulo: este corregidor es el que entiende
en los pleitos de los vecinos en pri­
mera instancia, y toma las providen­
cias gubernativas del pueblo: tiene el
referido caballero ademas de esta fa­
cultad de poner justicias, el privilegio
de percibir ciertas contribuciones que
le paga el vecindario, para cuya recau­
dación reside allí un mayordomo, que
ademas de este público ministerio tiene
reservadamente el de fiscal de las ac­
ciones , palabras y aun intenciones,
tanto del juez como de los vecinos,
especialmente de los que tienen alguna
T omo iii.

9

130

VIAGES

dependencia con el dicho señor, me­
diante cuya vigilancia se advierten re­
pentinamente unas ásperas providen­
cias , y no pocas veces unas tiranas al­
caldadas, que como por lo regular dan
en la parte mas débil y necesitada, se
sufren y callan por no exponerse á ex­
perimentar los efectos de la mas se­
vera indignación y resentimiento de su
grandeza; furibundo clausulon con que
generalmente finalizan sus desaforadas
cartas, anadiándose á ellas las enig­
máticas reprensiones que da el refe­
rido mayordomo, que comunmente sa­
be hacer muy bien su papel con arqueamiento de cejas, ahuecamiento de
carrillos, y con el ejemplar de tal cual
reciente tiranía ejecutada en alguno
de los infelices, sugerida por é l , y
perfeccionada por su subalterno el cor­
regidor.
Poco á poco, caballero m ió, dijo
interrumpiéndole Tulipán, conociendo
que el solfeo iba demasiadamente pe­
sado , y que de rechazo no dejarían
de dar algunas pedradas en el tejado de
su casa ; poco á poco, que en breves
palabras os vais llevando de calles la

DE WANTON.

*3 *

mas distinguida clase de nuestros do­
minios: ¿sabéis de quiénes habíais? ¿sa­
béis contra quiénes formáis una crítica
tan mordaz? Yo bien sé, respondió
M oral, de quienes y contra quienes
hablo ; no son los buenos el objeto
de mis razones, no aquellos que son
honra de nuestra nación , no los que
forman la parte mas esencial y acredi­
tada de la patria: hay algunos de es­
tos , no lo ignoro, pero son los me­
nos : me irrito contra los presuntuosos
entonados ídolos de la fortuna, que
desnudos de los sentimientos raciona­
les nos insultan como si fuéramos de
otra especie, nos desprecian como si
fueran de otro barro; estos que turban
nuestro reposo, que se imaginan que
honran con solo dejarse ver benignos,
hablándonos y tratándonos en tono de
superioridad y protección, como si por
mas que se estiren y engrían pasa­
sen de un mono como cualquiera hijo
de vecino: el infeliz pueblo que oye
hablar á uno de estos con sobrecejo,
andar con vanidad, y vencer injus­
tas dificultades á peso de dinero , le
cree de la casta de los semidioses, le

1 32

VIAGES

rinde adoraciones, y se humilla hasta
el íntimo polvo; la infame turba de
aduladores le rodea y ensalza aun sus
mas enormes vieios, y al compás de
tan desproporcionada música él se va
monstruosamente hinchando, hasta que
sirve de risible espectáculo á la con­
sideración de un verdadero filosofo des­
impresionado de las ilusiones de los
sentidos: este con el colirio de la ra­
zón sana los enfermos ojos de sus com­
patriotas, haciéndoles ver que aquel ar­
rogante fausto con que les insulta, es
el que por dias hace mas insoportable
su carga, pues se sostiene á costa de
su sudor y miseria; aquellas adulacio­
nes y mentiras que resuenan halagüe­
ñas en su oido, son los estorbos con
que no da lugar á que entre el llanto
de los infelices á mover su corazón
empedernido ; aquel lu jo , aparato y
grandeza son las distracciones y ceguera
para que no vea ni conozca que insen­
siblemente está bebiendo la sangre de
los desdichados, á quienes cupo la des­
gracia de tener la cerviz bajo de su
p ié : Ies hace conocer que la brillantez
con que quiere cegarlos, y el resplan-

DE WANTON.

133

dor de los metales y piedras con que
se engalana es una iluminación de fue­
go fatuo que ni quema ni dura; y por
fin si el asunto lo merece y va mas se­
r io , los aúna y anima á que levanten
el grito hasta que sus justas quejas, pe­
netrando la atmosfera que rodea al tro­
no , despierten en el corazón del so­
berano los sentimientos de piedad de
que está dotado, y desenvainando la
espada de su justicia proteja contra ios
tiranos que la oprimen á aquella por­
ción de fieles vasallos que imploran su
poder.
Aunque yo no sea, prosiguió, un
mono dotado de las bellas cualidades
que para excitar asi los ánimos se ne­
cesitan , tengo un no corto acopio de
experiencias de semejantes personas, un
mediano desenfado y una retórica, aun­
que no sublimada, bastantemente ex­
presiva : valido pues de estas armas,
y conmovido últimamente con la im­
piedad, que supe habia cometido el su­
sodicho administrador, vendiendo has­
ta los derrengados y despreciables mue­
bles de cierta infeliz viuda del pueblo
para hacerse pago de una corta por-

134

VIAGF.S

cion de maravedises que debía de atra­
sos de su tributo, en el mismo dia que
á una desenvuelta mozuela había re­
galado su amo una joya valuada en
tanto precio cuanto importaban los ré­
ditos del lugar en un aíío; junté á los
mas visibles del pueblo en mi casa, y
les hablé de esta manera:
No sé, honrados paisanos mios, con
que voces os describa lo mismo que sa­
béis y que estáis tocando; no quiero
perder el tiempo con vanos razonamien­
tos, ni exasperaros con exageraciones
que tienen parentesco inmediato con la
im postura; no necesito de abultadas
expresiones; hable vuestra misma in­
feliz situación; volved los ojos á esos
vuestros campos, en otros tiempos ri­
sueños y abundantes, y ahora cubier­
tos de espinas y malezas; esos públi­
cos edificios erigidos para el bien co­
m ún, ya veis que amenazan ruina, y
los particulares no tienen que temerla,
pues reducido el lugar á sitios eriales,
parece pueblo arrasado por el furor
de la mas sangrienta guerra; apenas
vuestras compañeras hallan un rincón
resguardado de la inclemencia, donde

DE WANTON.

135

criar á vuestros hijos: los viejos con
dificultad encuentran en donde recli­
nar su tre'mula cansada cabeza; el su­
dor de vuestro rostro pasa á agenas
manos, no ya para manteneros en paz
y justicia, no para defenderos de Jos
insultos de vuestros enemigos, no pa­
ra procuraros la abundancia; sino para
convertirlo en usos propios, para sus
vanidades y locuras; no se7 si me atreva
á deciros que estáis en la constitu­
ción miserable de consideraros de peor
condición que las bestias que pacen
por esos prados: pero ¿ como no ha
de deteriorarse cada dia mas nuestra
población ? La casa que se arruina no
se reedifica, el labrador que se pierde
con el rigor de uno y otro mal año,
no halla una mano bienhechora que
le sostenga; la infeliz que queda viuda
cargada de tiernos hijuelos, no en­
cuentra consuelo, ni mas ayuda para
criarlos-, que la cortísima labor de
sus manos; como no hay fomento, ce­
sa la industria; y como no hay pro­
porciones, no se dan al campo las la­
bores suficientes para que fructifique
como puede, y se vid en otros tiempos.

136
VI AGES
También es fuerte cosa, replicó en­
tonces el impaciente Puerro, que que­
ráis gobernar las acciones de los demas,
y que porque ese buen señor que decis tiene esos privilegios y rentas en
vuestro pueblo, forzosamente ha de
acudir á todas las necesidades, mayor­
mente cuando son tantas ; pues para
taparos las bocas, según se colige de
vuestro discurso, habia de mantener en
buen estado las obras públicas, habia
de coadyuvar á reedificar las de los
particulares, habia de sostener al la­
brador perdido , habia de tener cuen­
ta con los huérfanos, habia de ser bá­
culo de los impedidos ancianos, habia
de mantener el buen órden , la justicia,
la abundancia, y la defensa contra el
poder de los enemigos: ¿ ved si para
atar tantos cabos es bastante una per­
sona? Vaya, vaya, que el hablar cues­
ta poco. Si costara m ucho, respondió
el diputado, no hablarais vos tanto,
señor Puerro,- muchas respuestas tenia
que dar á vuestro razonamiento; pero
para no dilatarme, porque ya se divi­
san no lejos las torres del sitio, reducireme á dos puntos; uno si debe

DE WÁNTON.

I3 7

acudir i. tantas obligaciones ( y mu­
chas que se os quedaron por decir)
el que tiene semejantes privilegios en
los lugares ; y otra, si una sola perso­
na es suficiente para cumplir con to­
das : la decisión de este segundo es mas
fácil de comprender, pues dejando las
pruebas especulativas, se demuestra con
la práctica de los ejemplos, no preci­
samente de los muchos que en los si­
glos pasados nos propone la historia,
sino de ciertos señores de la corte y
de lo restante del reino, que actual­
mente viven , y todos conocemos: aqui
hizo una enumeración de aquellos que
con razón debian proponerse como mo­
delo de la moderación , racionalidad
y exactitud, y prosiguió : y para mis
compatriotas el que tenian mas á la vis­
ta , y les propuse fue el señor del pue­
blo mas inmediato al nuestro, en don­
de á costa de su desvelo reinaba la so­
ciabilidad , la abundancia y la paz ; la
necesidad del buen vecino no tiene allí
que irle á buscar para el socorro, pues
no ha nacido cuando ya se halla reme­
diada : los jueces de sus estados tienen
órden de que en toda instancia entre

-

138

VIAGES

el señor y los vecinos, siempre que
el derecho sea dudoso, sentencien á
favor de estos, y en contra suya: sus
administradores y mayordomos no lo
son antes de no haber dado unas no
equívocas pruebas de un corazón pia­
doso, mediante el cual y á medida de
las rectas intenciones de su amo , no
halla el afligido por la pérdida de su
hacienda ó salud á un impío que le
anada aflicción , estrechándole, persi­
guiéndole, encarcelándole, y dejándo­
le por puertas, para que pague una
contribución á que en tal caso no hay
derecho alguno, si bien se especula, que
pueda obligarle; antes compasivo le
sobrelleva, le dá la m ano, y le ayuda
á salir de la desgracia á que le condu­
jo su suerte: ¡qué bendiciones no es­
cucha de boca de aquellos desdichados!
¡qu é dias tan llenos los de un señor
que tiene tan raros compañeros! ¡ oh
como cumple con las obligaciones que
la Providencia , el monarca y el pue­
blo pusieron á su cargo!
Sí, señor, obligaciones, que es el otro
punto en que hallábais dificultad : esto
decia encarado con Puerro, que ya lie-

BE WANTON.

I39

vaha un miedo mas que mediano: si
supierais el origen de estas contribucio­
nes , si ascendierais al principio y fuen­
te de estos privilegios, yo sé que ni
asomo hallaríais de duda ; y pues la
distancia de nuestro destino aun lo per­
mite ; recopilando cuanto pueda lo que
necesitaba largos discursos si hubiera
de desmenuzarse , he de explicároslo,
tomando el hilo desde el mas remoto
tiempo , ya para que otra vez no re­
pliquéis en lo que no teneis bien exa­
minado , ya porque á un forastero tan
curioso é instruido como el señor En­
rique no puede ser molesto el o ir , aun­
que en resumen y por mayor , la his­
toria de este nuestro continente. Díle
gracias con la mayor expresión que
pude , y él prosiguió de esta manera.
No es dudable la ley que nos inspi­
ró sabia la naturaleza de nuestra pro­
pia conservación; ley establecida so­
peña de la destrucción total de nues­
tro género; de aqui se sigue el dere­
cho de adquirir cada uno aquello que
es indispensablemente necesario á su
existencia; adquisición que trae consi­
go el derecho de retenerlo con exclu-

14 O

VIAGES

sion de otro cualquiera , en consecuen­
cia de que teniéndole como derecho
natural de su conservación, le debe ha­
ber adquirido de modo que ninguno
pueda disputársele. A proporción del
aumento que iban tomando nuestras
familias iba creciendo el consumo, y
como la tierra no daba espontánea­
mente tan copiosos los frutos que que­
dase absolutamente remediada la gene­
ral existencia, era necesario labrarla
mas cuidadosamente, para que á fuerea de incesantes fatigas facilitase sus in­
mensos tesoros; pero como esta indus­
tria y trabajos provenian del común
de la nación, y en ella se encontraban
muchos mal morigerados, perezosos, y
que fiados en el trabajo de sus seme­
jantes se entregarían á un detestable
ocio 5 siendo también de una eterna
altercación, aun entre los laboriosos,
la medida de lo mas o lo menos con
que cada uno contribuía á la masa co­
mún , y lo que de ella sacaba para su
mantenimiento, era preciso que cada
familia se apropiase cierta porción de
tierra que había de cultivar para sí so­
la , y cuya propiedad habia de perte-

DE WANTON.

14 1

necerla peculiarmente en adelante, no
( como algunos de nuestros sábios qui­
sieron) porque la ocuparon antes que
otro, sino porque al ocuparla hubo un
consentimiento de parte del resto de
la comunidad, á quien en común per­
tenecía , ó bien fuese expreso, expo­
niendo la convención verbalmente, ó
bien fuese tácito, cuando á vista y
paciencia de ella se apropió , labró y
usufructuó dicha familia cierto terreno,
cuyo común consentimiento, junto á
la prescripción, la aseguran en su ab­
soluto y pleno derecho, que de otra
suerte seria una usurpación.
Esta división de los bienes de la
tierra, como se hizo entre familias de
distinto número , y de diversa capaci­
dad y proporciones para la industria y
el trabajo, fue forzosamente desigual,
y asi unas quedaron mas poderosas que
otras, por consiguiente nació de esta
desigualdad la dependencia y el mutuo
comercio de oficios y beneficios ; no
solo entre las familias, mas dentro de
una misma produjo la diversidad de
genios, fuerzas y entendimientos una
grande desigualdad , enriqueciéndose

142

VIAGES

unos mas que otros, y por tanto que­
dando entre sí subordinados, los unos
acudiendo con sus obras y servicios á
los otros que descargan en ellos sus
cuidados, haciéndose cargo de recom­
pensa de su mantenimiento, y forzo­
sas necesidades de la vida. En tal esta­
do se debe considerar en este nuestro
continente á cada padre de familias co­
mo un soberano con autoridad y facul­
tades sobre los suyos; pero como estos
no conservasen por largo tiempo el can­
dor de vida y rectitud necesaria para
semejante gobierno, no cumpliendo con
las obligaciones que requería su cargo,
y abusando del poder que se les con­
fiaba , ellos mismos conocieron la in­
dispensable necesidad de las socieda­
des civiles que inmediatamente forma­
ron, elevando sobre sus cabezas á uno
de aquellos, cuyas facultades, rique­
zas y poder le hacían descollar entre
todos, como destinado por la Provi­
dencia para ser el soberano univer­
sal de dicha’ sociedad civil ; en este
solo se reunieron la autoridad y poder
físico que cada cabeza de familia tenia,
quedando todas entre sí iguales y su-

DE

WANTON.

143

bordinadas á este únicóJpoderío moral,
para cuya conservación, lustre y segu­
ridad todos se obligaron á contribuir
con sus haciendas, industria y perso­
nas en caso de necesidad; siendo la
obligación por su parte cuidar de la fe­
licidad de aquellos pueblos que se po­
nían bajo su protección, haciendo que
entre ellos reinase la abundancia y la
tranquilidad á cuyo efecto siendo im­
posible que en lo vasto de su domina­
ción por sí solo manejase cuanto se
requería A este fin , creó magistrados y
jueces de diversas gerarquías por cuyo
medio se cultivase la paz interior de
su reino, terminando las diferencias
que entre los súbditos ocurriesen, dan­
do á cada uno lo que fuese suyo , y
siendo los cauces por donde dirigiese
sus premios á los dignos, y el castigo
á los malhechores : levantó asimismo
tropas armadas que protegiesen á sus
pueblos de la violencia de los enemi­
gos exteriores que intentasen molestar­
los : y finalmente, instituyó cuantos
oficios y empleos eran conducentes á
la soberanía de su persona, como ob­
jeto del amor y respeto de sus vasa-

1

44

VIAGES

líos, y del terrpr de los enemigos del
estado.
Asi se estableció nuestro gobierno,
y asi floreció la felicidad y la abundan­
cia en nuestros países , en tanto grado
que llegaron á ser apetecidos de la am­
bición de cuantos conquistadores po­
derosos tuvieron conocimiento de ellos.
Varias fortunas experimentó este im­
perio, cuya exacta relación no cabe en
la brevedad con que voy corriendo
nuestros principios, ni el tiempo por
ahora la permite; pero nuestra heroi­
ca nación, que ( como dijo un sabio
escritor natural de aquellos países, en
donde generalmente cuando hablan de
nosotros ó por ignorancia ó por en­
vidia, ó lo mas cierto por natural ha­
bladuría , procuran oscurecer nuestra
fama desacreditando nuestras acciones)
nuestra heroica nación , repito, que
dentro de sí misma conserva cierto
principio de grandeza que ninguna si­
niestra suerte ha sido capaz de aniqui­
lar, con la paciencia, el tiempo y el
valor llegó á formarse y admitir por
sus soberanos á unos generosos caudi­
llos , bajo cuya dominación vivió por

DE W ANTON.

14 5

muchos siglos dichosa: pero la fortuna
que en ningún objeto emplea mas fá­
cilmente los tiros de su volubilidad que
en los grandes establecimientos, en
breves dias procuró arruinar la obra de
tantos anos. De la abundancia pasó la
nación al tedio del trabajo, del tedio
al o c io , del ocio al vicio ; patrocinó á
este el gefe principal y quedó el pais
aletargado; era consiguiente haberse em­
botado el filo de las armas, haberse
desguarnecido las plazas, y haber abier­
to los puertos, paso franco á los in­
sultos de ios enemigos.
En esta ¿nieliz situación estaban es­
tos dominios cuando abortó el mar en
nuestras playas una confusa multitud
de monstruos marinos, que no bailan­
do resistencia en ellas en pocos tiem­
pos llevaron el terror , la crueldad y
sus conquistas basta lo mas remeto del
rein o: por pronto que quisieron sacu­
dir el sueño sus habitantes , la feroci­
dad y fortuna de los conquistadores ha­
bían hecho tan rápidos progresos, que
no quedó mas arbitrio á los miserable*
que rendirse á merced del vencedor,
vie'ndose precisados por conservar sus
TOMO III.

1o

I46

VI AGES

vidas á gemir bajo de un tirano yugor
á este tiempo un puñado de valerosos
guerreros que por no consentir infa­
mes pactos, abandonando sus riquezas
habian vuelto las espaldas al riesgo,
fortificándose en lo mas escabroso de
unas escarpadas sierras, adonde no ha­
bía podido penetrar el furor de los ene­
migos, salió conducido de un genero­
so caudillo lleno de esfuerzo á hacer
frente á la multitud, no pudiendo con­
tener su espíritu en el corto recinto de
los montes. Desde aquel dichosísimo
instante comenzó á respirar nuestra
oprimida pátria, recuperando nuestros
soberanos á punta de lanza con in­
decibles trabajos cuanto á sus vasallos
había robado el furor de la guerra; pero
como un gefe no era suficiente por sí
solo para llenar las vastas ideas que
formaba sobre las conquistas que ofre­
cía un pais tan dilatado , y se espera­
ban del indecible valor de sus natura­
les, á proporción de las ocasiones que
se presentaban en los varios accidentes
de esta célebre restauración , se valia ya
de uno ya de otro de aquellos mas va­
lerosos capitanes que llevaba el ejérci-

DE W ANTON.

I4 7

to , á quienes su espíritu belicoso , su
pericia militar y su riqueza adquirida
por la industria y mérito, ya propio,
ya de sus ascendientes, habían hecho
sobresalir entre sus compatriotas, y ha­
bían ido poco á poco proporcionando
á que fuesen respetados por príncipes
de la nación ; á el cuidado de estos fia­
ba varias expediciones, la toma de di­
versos pueblos y la conquista de mu­
chas plazas ; el efecto correspondía á
las esperanzas que de sus bríos y espí­
ritu se formaba ; y aquellos vasallos
recuperada su perdida libertad, volvían
á reconocer á su antiguo soberano po­
niendo á sus pies los socorros necesa­
rios , para que les conservase la justi­
cia y sirviese de defensa contra sus ene­
migos.
Muchas de estas nuevas conquistas
(aquí os pido la mayor atención) <5
quedaban gobernándose por la direc­
ción de estos famosos caudillos, o bien
se daban en dote á algunas princesas,
para premiar con su mano los servi­
cios de tan grandes capitanes; de aqui
es que el gefe de la nación, fundando
sus esperanzas en la gran cuenta que

148

VIACES

tenia i estos el conservarlas y fomen­
tarles, les confiaba su gobierno y sn
defensa , permitiéndoles ya poner unos
tenientes que en su ausencia velasen
en la administración de justicia entre
los vecinos, ya armarlos contra las in­
vasiones de sus contrarios saliendo á
capitanearlos en persona á la camparía;
y como estos particulares gefes de los
pueblos llenaban de este modo las obli­
gaciones que tenia sobre sí la cabeza
principal de toda la nación de conser­
varlos en justicia, fomentarlos y de­
fenderlos, nada podía ser mas confor­
me á razón, como el que tuviesen el
privilegio de percibir en parte aquellas
contribuciones con que los vecinos con­
currían para los dichos fines: no fue
ni pudo ser el ánimo del soberano
concederles poder alguno que no fuese
dimanado de su real autoridad, y siem­
pre á ella subordinado. Es cosa quimé­
rica pensar que baya un vasallage en
los súbditos de un mismo reino, dife­
rente del que se debe al príncipe, por­
gue en la naturaleza no hay mas que
un poderío físico , fundamento y raiz
jdel poderío moral: aquel ( como be di-

2?B WANTON.

cho poco h a ) residía en las padres de
fam ilia, los que unánimemente en la
formación de la sociedad civil le re­
nunciaron en el gefe general que subs­
tituyeron , en el cual reside el poderío
moral único y universal sobre los sub­
ditos, sostenido por el poderío físico
de toda la nación , del que sus indivi­
duos se despojaron moralmente en fa­
vor de la soberanía, quedando todos
sin distinción subordinados al principal,
é iguales entre sí en razón de súbditos,
distinguiéndose después las varias gerarquías del reino, según las diversas
elevaciones que reciben del soberano
en recompensa de los méritos y servi­
cios de las familias.
Concluyese pues de todo lo dicho,
que ninguno hay exceptuado desde la
formación de las sociedades civiles de
contribuir con parte de aquella subs­
tancia , que en la división general con
la mutua convención se había apropia­
do á la subsistencia y lustre de aquel,
en cuya mano ponen confiados los súb-^
ditos su sosiego, su defensa, su aumen­
to , su conservación y todo su bien,
proporcionándole con sus personas y

1

50

VIAGES

haciendas los medios conducentes para
ello, obligándose él por su parte á
mantenerles la justicia , abundancia y
defensa de sus enemigos : que en la res­
tauración de estas provincias no podía
por sí solo acudir un gefe á todas las
necesidades que ocurrían, y que por
tanto destinó á aquellos mas valerosos
capitanes que experimentaba al lado de
su persona , para que le ayudasen al
complemento de sus hazañas: que en
pago de las que ejecutaban los pre­
miaba con el señorío de varios pueblos
y plazas: que este señorío no se pue­
de entender mas que en nombre de su
soberanía , pero no con un poderío
propio, el cual solo corresponde al
príncipe : que aunque es indubitable
que no conviene á los reyes usar de
tanta liberalidad , que se convierta en
vicio de destrucción, agraviando á los
sucesores en el reino con Ja desmem­
bración considerable de sus estados;
también es certísimo que les pertenece
conceder gracias , y hacer mercedes á
sus naturales y vasallos, para que se
honren y sean ricos, acrecentándose
igualmente su dominación por este me-

DE

WANTON.

151

d io , y mucho mas á aquellos que á
costa de su sangre les aseguraron la co­
rona , ayudando ¿ la recuperación de
sus dominios: que como ellos gober­
nando aquellas poblaciones recien con­
quistadas , o por sí o por sus tenientes,
las mantenían en justicia ; á costa de
sus desvelos las procuraban la abun­
dancia, y á riesgo de sus personas y
bienes las defendían de sus enemigos;
nada era mas natural que el que tuvie­
ran el privilegio de cobrar por su mano
aquellas contribuciones destinadas á es­
tos fines: y finalmente, que si son ta­
les y tan grandes las obligaciones de
los que tienen estos privilegios mereci­
dos por su valor, y adquiridos á pun­
ta de lanza, cómo podrán lícitamen­
te desentenderse de ellas aquellos que
los obtienen con títulos menos airosos
por mas distinguidos que sean? A ho­
ra bien , concluyó el señor M oral,
aquel señor que en lugar de juez pone
en su pueblo un tirano, que no ayuda
á los necesitados, que no piensa sino
como ha de exigir tributos, no pocas
veces imaginarios; que con sus gruesas
rentas en cuasi nada ayuda á su sobe-

152

VTAGE3

rano contra los enemigos que insultan
el esta l o ; que no emplea su persona
en servicio del príncipe y del reino,
y que es un vicioso disipador de aque­
llas contribuciones, que para tan di­
versos fines le concedió el gefe gene­
ral , y ponen en su mano los necesita­
dos , ¿ os parece que no puede ser re­
putado poco menos que como un trai­
dor contra la patria, pues por su par­
te se esfuerza á arruinarla? Y aquellos
caudales que entran en poder de tal
monstruo ¿os parece que llevan el des­
tino para que se desposen de ellos sus
dueños? Inferid de aquí, señor Puerro,
si tienen obligación de invertirlos en la
felicidad de sus pueblos, é inferid to­
dos, señores, el destino de mi diputa­
ción al sitio.
Todas estas razones y -mas las que
conducían, aplicadas en particular, ex­
ponía yo á mis convecinos. ¿Podre'mos
m ira r, anadia, con indiferencia las in­
justicias de nuestros pobres paisanos,
los agravios propios y la opresión de la
patria ? Tened entendido que por esta
son nuestros votos: el amor á ella me
obliga á excitar en vosotros los sentí-

DB WANTON.

153

mientos dignos de quienes son y deben
ser su apoyo: no es mi bien particular
el que procuro: ya el curso de mi v i­
da está en el último termino; pero en
los pocos instantes que me restan de
aliento quisiera lograr la dicha de verla remediada: bien considero que si va
aumentándose el daño llegará a desplo­
marse agoviada con su propio peso, y
tal vez confundirá entre sus ruinas á
quien las causa; pero ¿qué alivio será
para nosotros tan lastimosa catástrofe?
¿de que nos aprovechará entre los hor­
rores del sepulcro tan desventurada ven­
ganza ? Hechos cargo aquellos mas granaditos de mi pueblo, cada cual á me­
dida de sus alcances, de la fuerza de
mi propuesta, y recordando varias in­
justicias de que particularmente esta­
ban resentidos, y que no son del caso
por ahora para mi relación, determina­
ron con unánime consentimiento que yo
pasase con sus poderes representando el
general clamor á los pies de nuestro so­
berano : no dudan un felicísimo éxito
de su justificada pretensión: saben muy
bien la integridad de los ministros que
rodean al trono: no ignoran que estos

154

VIAGES

son de la clase de aquellos que reves­
tidos del poder que se les ha confiado,
reciben afablemente los memoriales de
los menesterosos, oyen el clamor de los
agraviados, examinan por sí mismos los
abusos que insensiblemente van toman­
do cuerpo en el reino, no se asustan
de soberbios fantasmones, son exactos
observadores de la ley y la justicia , y
en una palabra, lejos de un miedo ser­
vil hablan la verdad al príncipe, á un
príncipe que sabe en alto grado el di­
fícil arte de reinar y las obligaciones
que le cercan: considerad de estos an­
tecedentes si es bien fundada la espe­
ranza de unos consiguientes dichosos.
No se me oculta que emprendo mis
acciones contra uno de estos llamados
poderosos, de estos tenidos por felices
en la tierra; pero como yo no miro
estas cosas por la exterioridad y tras­
ciendo á la realidad de ellas, he ha­
llado risible su poder, y su felicidad
transitoria y ridicula.
Aquí si que el seíior Puerro dio' una
gran carcajada, y le interrumpid di­
ciendo: ¿con qué no es poderoso y fe­
liz un mono rodeado de una multitud

I>E

W ANTON.

155

que solo espera saber su voluntad pa­
ra ponerla por obra? ¿un mono que se
ríe de vuestras amenazas, consideran­
do insuficientes vuestras fuerzas para
llegarle al pelo de la ropa? ¿un mono
que os desprecia seguro de vuestras ar­
mas? ¿un mono finalmente, á favor
del cual se ha empeñado la naturaleza
para contribuir á sus comodidades y
adular su gusto ? Ese mono , dijo el
señor M oral, que pintáis con todos esos
coloridos, aun dado y no concedido que
logre todas las cualidades de que le di­
bujáis revestido, si le falta el interior
testimonio del bien obrar, es un co­
barde y desdichado; os engañáis si le
creeis esforzado y poderoso; no basta
solo para serlo no temer la espada de
los demas monos, debe no temer á sus
lenguas y á sus plum as: os miente si
os dice que está anegado en placeres de
la vida, no le creáis por mas que se le
contemple con todos los que propor­
ciona el arte para halago de los senti­
dos , estos no pasan de la materialidad
del cuerpo ; pero en medio de ellos está
su espíritu lleno de remordimientos que
le acibaran sus mas apetecidas diver-

1^6

VTAGEff

siones; siempre temeroso', siempre so­
bresaltado, hasta de su sombra se asus­
ta: y sino ponedle en contraposición
del que no obstante que viva en cor­
ta fortuna , no apartó de su corazón
por motivo alguno los propósitos que
formó desde luego de conservarle in­
corrupto é inseparado de la justicia y
equidad, y bailareis á éste inmutable
y sin decaimiento' de ánimo aunque ad­
vierta trastornarse todo el m ando, ai
paso que á ese ídolo de la fortuna asus­
ta el menor amago de contratiempo:
decidle que 0$; responda con sinceridad
si en su interior no juzga que los mas
de sus pasatiempos son pueriles y sin
sustancia; la brillantez de sus ador­
nos y palacios, como el oropel de los
teatros, papel y perspectiva; su re­
presentación y ventajosa pompa apo­
yadas en un orgullo y refinada política
para alucinar insensatos, é inspirar un
servil miedo; y por último imposibi­
litado por su mal obrar de gozar el
mayor y mas puro de los placeres, que
es el de ser amado de sus semejantes,
habiéndose hecho indigno de ello por
sus obras: á la verdad que no se podrá

DE WANTON.

157

Ksongear, como cierto pequeño poten­
tado de estas provincias, que concur­
riendo en un convite con otros de mas
considerables estados, vanagloriándose
estos de sobremesa de la extensión y
numero de sus vasallos, después que se
hincharon á su satisfacción, e'l les dijo
enfáticamente: no os envidio el poderío
y fuerzas de que hacéis alarde; tampo­
co os puedo competir en ellas, y solo
tengo que decir acerca d* mis pueblos,
que en cualquier dia puedo pasearme
solo y seguro por ellos, sin recelo de
sus aceros, sus lenguas y sus plumas.
jOh cuan pocos pueden lisongearse de
semejante felicidad ! ¡ Oh que contados
los que dirigen sus operaciones al fin
de conseguirla!
W VW V W X « V M /V W W tV ilW

CAPÍTULO IX.
De la escuela pública que tenia en el
real sitio el doctor Tamarisco.
C uando mas enfervorizado iba el señor
Moral en sus reflexiones, y nosotros mas

15^

VI AGES

silenciosos oyéndole, nos hallamos en
medio de una frondosa y dilatadísima
arboleda que se extendía por la mas
agradable llanura, cubierta á uno y otro
lado de yerbas olorosas, entretegidas
con la variedad de colores oe cuantas
flores produce la fertilidad de la prima­
vera ; regábanla unos cristalinos arroyuelos, que corriendo mansamente so­
bre sus rizadas arenas, y por entre unos
pequeños guijarros, formaban el susur­
ro mas sonoro: el armonioso canto de las
aves que á vandadas cruzaban sobre las
copas de los altos álamos, y el sosiego con
que á manadas pacían la húmeda yerba
sin que los sobresaltasen los caminantes,
los brutos de los vecinos bosques demos­
traban la libertad que gozaban en aque­
lla su deliciosa república, y todo aquel
conjunto de amenidad y deleite daba
unas no equívocas señas de la inmedia­
ción del real sitio; nos confirmamos mas
eri nuestro parecer, cuando á poco rato
nos hallamos rodeados de vistosísimos
jardines, en donde el juego de las aguas,
el murmullo de 1ts fuentes, la armonía
de las cascadas, la magnificencia de su
estructura, la aromática suavidad del

DE YVANTON.

159

aire y simétrica colocación de plantas
y flores conducían á todos los sentidos
á una dulce inexplicable delicia, en la
que quedamos absortos, sin volver del
todo en nuestro acuerdo hasta que im ­
pensadamente nos hallamos á la puer­
ta de nuestra posada.
Era esta una de las muchas casas
que hay en aquel sitio con apariencias
de comodidad y amagos de decencia, en
donde pagándose á peso de oro el hospedage, se tiene que sufrir bajo de un
mismo techo la compañía de toda clase
de personas: saliónos á recibir un obe­
so cefo, que después de largos años que
habitaba en Simiópolis, habia olvidado
su idioma, y no habia aprendido el del
paisj haciendo con el gorro una corte­
sía á la granadera, nos cumplimentó
con la elegancia que prometía su tosca
y desaliñada figura: fuese porque cono­
ció á Tulipán, fuese porque nuestro
peí age le pareció de mas consecuencia,
nos dispuso el mejor alojamiento de los
que habia en la casa: éste, no obstan­
te la absoluta independencia de los de­
más, estaba en parage que era univer­
sal registro de ellos. Apenas se sacudió

IÓO

VIAGES

Tulipán el polvo del camino, cuando
llamado de su cuidado salió solo, por­
que yo determinó descansar, y no otra
cosa. Desde mi cuarto registraba la di­
versidad de figuras que entraban y sa­
lían en los otros , particularmente en
uno que se descubría frente del mió.
Después de algún tiempo, cuando ya
estaba inas sosegado aquel continuo flu­
jo y reflujo de visiones, salí á dar un
paseo por los corredores, y á breve ra­
to se puso en ellos con la misma deter­
minación , ya desembarazado de visitas
en bata y chinelas el mono que llevo
dicho me había tocado de vecindad: yo
estaba desocupado, y para disipar al­
gunos fastidiosos pensamientos, hijos de
la soledad, me agregué al referido salu­
dándole ; correspondióme atento, y tra­
bamos conversación • sin duda , señor
le dije , es de notable trabajo el em­
pleo que os ocupa, si advierto el nu­
meroso concurso de sugetos que desde
el corto tiempo que ha que he llegado
he visto entrar y salir en vuestro alo­
jamiento.
¡Ah, señor! exclamó él, esos son
mis deseos, tener empleo que me ocu-

DE WANT0N.

l6 l

pe y dé de comer, en esta solicitud he
venido siguiendo la corte en cualidad
de pretendiente; harto os he dicho, te­
nedme la'stima: el despacho se me pro­
longaba, se me acababa el dinero, y el
comer no daba espera; pero el vientre,
que (según dicen escribid cierto anti­
guo) es el mejor maestro del arte de la
industria y fomento de la ingeniatura,
me dictó una que creí me valiese pa­
ra un entre tanto; y me ha salido en
el efecto una abundantísima mina que
provee á mi subsistencia: esta es una
ocupación, empleo d ministerio jamas
visto ni inventado en estos paises: hay
en ellos una increible afición á los tea­
tros como habréis experimentado en el
tiempo que ha que estáis entre nosotros;
los afectos á las diversas compañías de
la capital están divididos en varios ban­
dos ; la emulación es excesiva, la pro­
tección se hace tema, y se incluyen en
ella aun los personages mas entonados;
de aqui es, que sean gracias en unos
actores las mismas expresiones que en
otros frialdades , en aquellos primores
lo que en estos defectos, y lo mas chis­
toso del cuento, que un mismo sugeT omo iii.

ii

16 *

VI AGIS

to pierda el mérito de su habilidad pa­
ra los que le alaban por solo el hecho
de pasar al teatro del otro partido : en
esta inteligencia yo determiné sacar mi
provecho y divertirme á costa de tan­
to mentecato; y aunque me temí que
por no estar en Simiopolis, que es en
donde reinan estos partidos, no podrian
sacar tantas ventajas de mi invento,
fue vano mi temor, porque como es
grande el comercio que hay entre este
sitio y la capital, no he tenido que
echar menos la estada en ella, pues
aquí me vienen á consultar con tanta
frecuencia como si allá estuviese.
Ya tendréis deseo, añadid, de saber
que invento es el de que os hablo,
pues sabréis que en inteligencia de las
pasiones que iba diciendo reinan en este
pais, fijé unos carteles, que poco mas
ó menos decian asi: escuela general del
teatropreceptos breves, fáciles y cla­
ros para todo género de personas que
de cualquier modo tengan dependencia
ó connotación con él para el perfecto
cumplimiento de sus obligaciones á la
moderna ; observados , recopilados y
ofrecidos al público por el doctor Ta-

DE W A N T 0 N .

163

marisco ( un servidor vuestro). Se su­
ministrarán á cada uno según su exis­
tencia y ministerio. E l precio se deja
al arbitrio de los sugetos que soliciten
su instrucción. Mas que el pensamiento
me admira, le repliqué, que cuando el
invento es para utilizaros con lo que de
de sí, dejeis la paga al arbitrio de los
educandos. ¡ Oh como no conocéis bien,
respondió, el genio, emulación y vani­
dad de mi pais! Aquella clausulita ( es­
to sea dicho para entre nosotros sola­
mente ) es el mayor manantial de la tal
estafa; no es original el pensamiento,
que le he visto diversas veces para otros
asuntos puesto en práctica en Simiópolis; pero le he querido seguir por refi­
nado, y me ha surtido el mas bello
efecto; es verdad que muchos de los
que llegan son unos infelices, que ni
por sí tienen ni hallan protector que les
suministre para que triunfen y gasten á
medida de sus deseos; pero también es
cierto que para uno que venga de esta
clase, van cayendo innumerables mo­
nos de las otras, que dejados llevar de
su risible ventolera á costa de cuatro
cortesías y vanos títulos que prodigali-

164



VIAGES

zo con ellos, y ponderándoles la libera­
lidad del marques fulano, ó de la seño­
ra zutana (cabeza del contrario parti­
do ), sueltan la plata sin medida; y pa­
ra que lo experimentéis á la primera
ocasión que se ofrezca lo habéis de ver,
pues yo desde luego, aunque nunca os
traté , por las muchas noticias que de
vuestras circunstancias tengo, os he de
hacer partícipe del modo de portarme
en este asunto; y asi presenciareis las
lecciones que gustareis, que no tardará
mucho en venir alguno, pues ya ano­
chece, y es el tiempo en que van acu­
diendo muchos de incógnito.
Hablando estábamos estas palabras,
cuando vimos írsenos acercando dos
monos que venian convoyando á una
mona; y adelantándose uno de ellos,
llamó aparte al amigo Tamarisco , el
que á brevísimo rato volvió á mí y me
dió las señas competentes para que por
una segunda puerta entrase en su alo­
jamiento , y pudiese atender sin ser vis­
to la sesión que habia de tener con es­
tos personages: yo estaba con humor de
divertirme, y asi ejecuté lo que me di­
jo ; depositóme en su alcoba que estaba

DE WANTON.

1 65

inmediata á una salita, en donde ya
tenían su conferencia entablada. Noso­
tros, le decía el mayor de edad, com­
ponemos una pobre familia para cuyo
sustento es necesario solicitar algún me­
dio; este ya porque la edad no es pro­
porcionada para e llo , ya porque lo re­
siste nuestra natural pereza , no puede
ser el aprender algún nuevo oficio cu­
yos rudimentos nos cuesten una grande
dificultad , y que acaso no nos surta el
efecto que deseamos; en tales dudas
fluctuábamos mi nuera , mi hijo y yo,
cuando se nos previno la bella idea pa­
ra ellos de tomar partido en una com­
pañía de cómicos que pasa á cierta ca­
pital , y para mí de meterme á poeta
entremesero, teniendo para esto lo mas
adelantado, pues ya llevo compuestas
diversas obras de relaciones, curiosos
romances, villancicos y motes de fin de
año, en las que he echado de ver que
no me es ingrata esta ocupación; hemos
puesto en planta el pensamiento como
adecuado á nuestras proporciones y de­
seos, pues con un trabajo divertido y
no grande, vemos (por experiencia en
cabeza agena) que se triunfa, se vive

166
riAGEs
alegremente, se viste seda , se come
con abundancia y se adquieren protec­
tores para casos de necesidad en algu­
nos de los deslicillos en que suele tro­
pezar nuestra miseria: sí, señor, anadia
con zalamería la mona, es mucha nues­
tra fragilidad, y sino tiene una perso­
na quien la guarde las espaldas y dé la
mano en cayendo, está expuesta á in­
numerables pesadumbres, y mas en el
ejercicio: calla nina, dijo interrumpién­
dola el buen suegro , ahí es lerdo el se­
ñor para que no lo conozca todo, sepa
lo que pasa, y penetre nuestra loable
intención, no le molestemos con lo que
no es del caso; á lo que venimos es á
tomar lecciones (según ofrecéis) que
nos perfeccionen y enseñen los tesoros
escondidos del teatro; á los muchachos
por la parte representable , y á mí por
la poética al gusto mas delicado moder­
no ; en cuya recompensa podéis esperar
un no pequeño prem io, pues aunque
como hemos dicho , somos pobres , no
nos falta ya un caritativo poderoso
mono , que previendo lo útiles que
por estos ramos podemos ser á la re­
pública, nos franquea á manos abiertas

DE WANTOI*.

I 67

su dinero á efecto de nuestra enseñanza.
Bien astuto anduvo este mono en
dar tan esencial advertencia al señor
Tamarisco, porque ya desde el princi­
pio de la conversación, habiendo oido
que eran pobres habia torcido el gesto
y no cesaba de dar vuelcos en su silla
en guisa de quien está incómodamente
sentado; pero luego que escuchó las
últimas palabras deí razonamiento, dió
paz á sus huesos, asomó á sus labios
la risa y con semblante placentero,
después de una corta arenga y alaban­
za de su determinación , mayormente
con los deseos de perfeccionarse en el
arte respectivo, según la rigurosa mo­
da, empezó su enseñanza por medio
de unos preceptos que les hacia repe­
tir ó ejecutar según requería el paso :
mucho me alegrara de que se me hu­
bieran quedado todos en la memoria,
y mucho mas la parola con que los
iba exponiendo; pero para que mis
lectores formen idea , expondré por
mayor aquellos que me vaya acor­
dando.
Empezó por el suegro, y le decia;
no os tiene; señor m ió , que acobar-

1 68
VIAGES
dar para conseguir la laureola de un
perfecto poeta dramático de moda, el
no haber leido ni aun tener noticia de
los mejores poetas antiguos, así propios
como extrangeros, porque habéis de
estar cierto en que tampoco ellos leye­
ron ni tuvieron noticia de vos ni de
vuestras obras , con que asi váyase lo
uno por lo otro; ademas que esto fuera
bueno para imitarlos y vos habéis de
procurar ser original , y á los que asi
no lo hagan, llamareis plagiarios ( en
otra ocasión os esplicard el te'rminillo)
que no por esto infernareis vuestra con­
ciencia poe'tica; procurad siempre ele­
varos tanto que lleguéis si pudieseis,
hasta los espacios imaginarios , y á
fuerza de figurar las cláusulas las ha­
béis de desfigurar de modo que no las
conozca ni el poeta que las parid, que
sereis vos mismo: que eso del camino
carretero es cosa de poetillas de tres al
cuarto. Las antítesis ( este se explicará
cuando el otro) han de ser vuestras fi­
guras de mayor estimación, porque dan
mucho realce á los clausulones altiso­
nantes : podéis decir sin escrúpulo poé­
tico á una mona sobre el teatro, que

DE WANTON.

I 69

está hermosamente fea, á un rey, que
es Jiberalmente avaro; á una cabana
que está humildemente soberbia, y asi
en otras cosas, porque estas son expre­
siones de grande consideración; por
ningún caso significareis las cosas con
sus inteligibles y naturales nombres;
sino con alguna delicada oscura frase ó
figura, como por ejemplo, al mar lla­
mareis el salado monstruo, y mas que
haya quien entienda que habíais de
algún canal de tocino; el perrillo de
faldas, soy de parecer se explique ba­
jo los términos del animal mansueto, y
crea enhorabuena cualquiera de los
que escuchan, que habíais del borrico;
pues nada de esto pende de vuestra si­
niestra explicación, sino de su mala in­
teligencia : la influencia liareis consistir
en amontonar epítetos que llenen los
versos aunque no amplíen la significa­
ción , como si hablando de la luna di­
jereis que es la radíente, luminosa,
clara antorcha de la noche, procura­
reis en vuestros entremeses y sainetes,
que generalmente haya algún majo ó
m aja, en cuya boba teneis licencia de
poner cuantos despropósitos vengan á la

j y o

VIAGES

pluma*, siempre hablarán con desgarro
insultarán á las personas de buena crian­
za , y escandalizarán representados co­
mo al vivo: en sabiendo distribuir los
papeles de estos á medida de vuestra
fantasia, añadiéndoles al canto un ma­
trimonio infiel, un cortejante; un ru­
fián, una vieja y dos payos, teneis una
considerable porción de sainetes; mu­
dándolos de lugar y locuciones, aun­
que estas substancialmente deberán ser
las mismas : el majo guapo; el corte­
jante cobarde; el marido paciente; su
consorte loca; la vieja astuta; los pa­
yos tontos maliciosos; y al rufián pon­
dréis las puntas ( término facultativa
que significa los chistes escandalosos y
equívocos, mal sonantes y triquitra­
ques): estas no escribiréis muy al des­
cubierto de modo que conocidas por los
censores no os las dejen pasar, sino
debajo de cierto artificioso velo, que
con poco estudio pueda correr el actor
al decir d accionar los versos, bien sea
por vuestro aviso, bien por su pericia
en el arte, y advertid que esta es una
de las partes que á pesar de los oidos
limpios harán mas famosa vuestra obra:

DE WANTON.

I7 I

os amonesto, y aun en cuanto maestro
os mando no os contentéis con estos
géneros de poesía; haced que salgan co­
mo escapadas ( ó bien sea á medio ga­
lope ) de vuestro ingenio otras muchas
obras teatrales, porque mediante mis
preceptos podéis atreveros á componer
pastorelas, zarzuelas, autos, follas, co­
medias , y cuanto quisiereis, aunque
sea de invención propia. No os asuste
aquella quisicosa que habéis oido de las
tres unidades, porque el buen poeta
moderno ( creedlo bajo de mi palabra)
puede creer licenciosamente sin detener­
se en las unidades por las decenas cen­
tenas, millares &c. Ademas que todas
vuestras obras en cierto modo las ten­
drán; la de lugar en el teatro N. , la
de tiempo á las tantas de la tarde ; la
de acción tocar al arma contra el bol­
sillo mas renitente. No obstante, si
sois tan nimio que no queréis contra­
venir á la orden que dejaron por escri­
to los mal humorados antiguos á sus
sucesores, lo liareis fácilmente con es­
tas observaciones: en cuanto á la uni­
dad de tiempo diréis que está observa­
da en vuestra obra, poniendo en boca

172

VIAGES

de uno de los actores una dosis de au­
rora bien á las claras al principio, á la
mediación un chicharrero del mediodía
y finalizando la cosa entre dos luces,
sin que esto impida que las acciones
intermedias ni pudiesen acontecer ni
efectivamente aconteciesen en muchos
años, porque ¿quién ha de ir á medi­
ros tan escrupulosamente el tiempo?
En cuanto á la unidad de lugar habéis
cumplido no poniendo acotaciones de
mutación de teatro , sino que toda la
acción se ejecute, por ejemplo en una
sala, en ella podéis recibir embajado­
res tramar conjuraciones, despachar
negocios del gabinete, dar batallas, con­
ducir reos al suplicio, y todo lo que
convenga á vuestra obra sin salir de
ella; esto tendrá tanto mas de admira­
ble cuanto mas de irregular; la unidad
de acción aun es mas fácil; adornad
vuestra comedia con todos los sucesos
conexos ó inconexos que os vengan á
la imaginación; decid que estos se lla­
man episodios, y para que todos pa­
rezca que tienen union entre sí, haced
que los sugetos repitan, para que se
juzgue miran á un mismo objeto, el

DE WANTON.

I73

tftulo que habéis dado al drama, en
el cual habéis de poner grandísimo
cuidado, porque es la convocatoria de
los desprevenidos; ademas de tener el fin
que llevo dicho, será muy oportuno
que sea en verso, también que ocupe
diversos renglones; pero mucho mas
celebre será si incluye alguna cosa ad­
mirable nunca o id a, d algún refrán
como por ejemplo: el duelo entre dos
difuntos, y al fin se canta la gloria:
apearse por las orejas & c. &e. En el
pasage historial y sus adiciones no teneis que pararos; tomaos una am­
plia libertad de inventar nombres, d
poner á los interlocutores los primeros
que se os vengan á la memoria ; an­
tepondréis d pospondréis los sucesos
como mas os haga al caso, que entre
los circunstantes no habrá muchos que
aun por oidas conozcan los anacronis­
mos: á los reyes y héroes de la farsa
daréis una buena porción de láudano
para que todos sean dormilones, y con
facilidad podáis introducir el paso nun­
ca visto de que se les venga el sueno,
salga un traidor á matarlos, y á de­
fenderlos el galan , cuyas acciones

I 74

VIAGES

deberá equivocar siempre el que des­
pierta; los monos de acompañamiento
han de ser perpetuamente sordos, por­
que delante de ellos se han de tra­
tar los asuntos mas sigilosos, y es me­
nester que á nadie lo digan : los gra­
ciosos que han de ejecutar sin falta
uno de los papeles principales no han
de hablar sino inoportunísimamente,
como e s , mientras se da una batalla,
cuando una dama á la vista de su aman­
te estando inocente se halla culpada en
la apariencia, cuando un tirano en fuer­
za de su poder separa á dos consortes
ó al padre de su hijo para acabar con
ellos, al tiempo que un soberano des­
cubre la conjuración que amenazaba al
reino y á su vida, o en otros lances
semejantes, para que con un par de
bufonadas pueda templarse lo lastimoso
que incluye Ja materia, dando un fes­
tivo desahogo á los oyentes desatareis
el enlace ó la dificultad con alguna
cosa estrepitosa. extraordinaria ó ex­
travagante, para lo cual tendréis siem­
pre á mano escondites para los inte­
resados, fantasmas, duendes hablado­
res , deidades bachilleras, y diablos

DE WÁNTON.

175

que vayan 6 vengan echando chispas:
si hubiese alguna célebre cantarína, y
quisiereis introducirla en vuestra come­
dia, la pondréis un papel acomodado
á sus fuerzas, mezclando algunas arias
en los pasages mas del caso, como es
cuando van á sacrificar á su esposo, ó
cuando la están obligando á que tome
un veneno al tiempo que tiene la taza
( ó sea jicara) en la mano. Tendréis
asalariados ( que esto se consigue con
poquísimos cuartos) diez ó doce tunos
que esparzan la voz de que habéis com­
puesto el drama en poco mas de dos
dias, que es vuestro ingenio monstruo­
so, y por último estos mismos la tarde
primera de la función se pondrán en
diversos puestos del coliseo, con el des­
tino de dar palmadas que por todas
partes resuenen por cualquier friolera,
aunque no vengan al caso, pues este
es el mas seguro modo de que quede
sentado vuestro crédito poético; pero
si ( lo que no quiera la suerte) apesta
la función y os la silban, os queda el
recurso de publicar por medio de vues­
tros amigos y por vos mismo, que no
ha parecido bien la obra, porque no

176

VIAGES

han sabido dar á los versos el alma y
sentido con que están escritos; que los
cómicos son unos haraganes, que no
hay forma de hacerlos estudiar; que el
autor de ellos es delicadísimo y que no
lo entiende, y para darle gusto fue me­
nester quitar las mejores escenas; que
las demas iban sin corregir por la pre­
cipitación con que las pidieron; que
os visteis en la precisión de dar un pa­
pel principal á la señora N. no obstan­
te que es absolutamente inútil, porque
se empeñó en ello cierto sugeto, su
protector, á quien no podiais negaros;
por último podéis inventar otras mil
disculpas por este corte con que sos­
tendréis vuestra fama , y caiga el que
cayere, que primero es vuestra persona;
finalmente vuestros escritos no reconoz­
can á ese estorbo de los espíritus enco­
gidos, esto es, á la moderación; lla­
mareis ánimo y despejo á la mordaci­
dad ; abundad en ella y con diente ca­
nino ( esto es de perro) despedazad el
crédito de quien os ofenda, sacadle ri­
diculizado al teatro, que esto no tiene
mas peligro que el de que e'l sea tan
desembarazado de manos, como vos de

DE WANTON.

17 7

poesía, y os rompa el molde de adonde
la sacasteis; bien que si tal os sucede
os podéis consolar con los ejemplos de
otros grandes autores que han tenido
que sufrir semejante infortunio , los
que para tales lances debereis tener en
la ufia.
Aunque os parezca que be estado
difuso no es esto mas que empezar,
siendo lo dicho solo preliminar á los
inagotables preceptos que tengo que da­
ros en los innumerables ramos que abra­
za el arte que vais á ejercer; pero por
esta noche baste lo d icho, que no es
razón que vuestros hijos, que han es­
tado escuchando tanto de lo que no en­
tienden ( ni deben entender para ser
perfectos en su a rte) se vayan con las
orejas vacías sin haber oido algo de lo
perteneciente á su instituto.
Debeis pues, seíiores mios, en pri­
mer lugar aprender á andar; no os ad­
miréis , que no es lo mismo hollar la
tierra que pisar las tab las; aquello sé
hace naturalmente y esto debe ser, co­
mo todo lo que allí se ejecuta, con
grandísima afectación; y asi todo soli¿
loquio ha de ser con contratiempos, toT omo iii .

12

VIAGES

do diálogo con sostenidos y con pirue­
tas toda vu elta ; no por eso quiero de­
cir que aprendáis á bailar, porque aun­
que es verdad que se os ofrecerá repe­
tidas veces con hacer gala de la igno­
rancia, diciendo que no es de vuestra
profesión, podéis quedar muy satisfe­
chos : encargóos mucho la cadencia al
decir los versos, de modo que se co­
nozca que lo son, lo cual se consigue
diciendo cada renglón separado, y el
sentido que le vayan á buscar los oyen­
tes que no ha de estar todo á vuestro
cargoj no solo debeis separar un verso
de otro, sino también los verbos de los
nom bres, los adjetivos de sus substan­
tivos, y los oblicuos de sus rectos; mas
claro con ejemplos porque esto es de­
masiada gramática , diréis: la razón no
quiere. . . . y dentro de dos minutos fu er­
za: ó asi, os debo dulces, y luego ca­
riños : ó de otro m odo, cuanto ejer­
citan ú un pobre las materias. . . . y
después del honor; la acción ha de ser
m edida; no quiero deciros con esto
que se ha de contener en ciertos estre­
chos lím ites, sino que ha de ser me­
dida á lo que se dice, especialmente

DE WANTON.

Iyg

hablo con vos ( se encaró con el mono
joven), que según vuestra gallarda pre­
sencia, no obstante que la habilidad sea
corta, siempre habéis de pretender par­
tido de primero, aunque os quedéis mu­
cho mas abajo; pero en todo caso cuan­
do se os ofrezca relacionar algún su­
ceso, en cuya conversación se inclu­
yen pinturas de serpientes, caballos,
naufragios y otras mil impertinencias,
tendréis gran cuidado de separaros un
gran trecho de la persona con quien
habíais, ocupando la extremidad del
lado derecho del teatro; gastareis el
tiempo de los cuatro ó seis primeros
versos en calzaros los guantes, aunque
esteis hablando cou un rey ú otro per­
sonage de respeto, que ellos os perdo­
narán la descortesía por el justísimo
motivo de ir á echar una relación; en
ella se necesita mas particular cuidado
que en lo restante de los diálogos, en
el manejo ó manoteo ; de forma que
en la pintura, por ejemplo, de un ca­
ballo , al decir el anca señalareis las
vuestras; al nombrar la cola demostra­
reis el puesto donde debiais tenerla, ya
que no os la concedió la naturaleza;

l8 0

*T' VIAGES

en fin todo se ha de ejecutar tan al na­
tural, que pintando á un ahorcado, os
debierais ahorcar (y aquí sí que fuera
el aplauso); pero ya que no pueda ser
esto porque la vida es amable, á lo
menos imitareis toda la acción, caídos
los brazos, torcido el pescuezo, la len­
gua de fuera &c. Ahora esta naturali­
dad no ha de ser en tales términos que
en todo y por todo la hayais de obser­
var; y asi no obstante que sobre las
tablas debeis hablar como si únicamente
os escuchara el que allí está con vos,
le volvereis cuando os parezca ( y sea
á menudo) la espalda, ó á lo menos la
cabeza, y dirigiréis la pla'tica á los
mosqueteros, que no es razón esten
aquellos señores presentes toda la tarde
sin que haya quien les diga una pa­
labra (este precepto habla también con
las damas). Si estuviereis bien con el
gracioso ( aunque sea en ocasión de es­
tarle reprendiendo) por cualquiera frial­
dad que diga, fingiréis ser asaltado de
la risa hasta el término de no poder
proseguir representando; pero si estáis
de mal humor con é l, le sentareis la
mano pesadamente cuando lo requiera

DE W ANTON.

ifr l

el paso í cuando se os encargue papel
de preso, habéis de vestiros de luto,
que aunque nadie se os haya muerto
debéis estar de tristeza ; también os
proveeréis de una larga y ruidosa ca­
dena, que sacareis recogida por un ea.
bo en la mano, dejándola caer de golpe
al empezar á hablar; pero por si acaso
habéis excitado demasiado la compasión
4el pueblo, conozca éste en la lige­
reza con que os retiráis que pesa muy
poco y no os mortifica. Si representáis
parte jocosa no os atendréis rigurosa­
mente al papel; podéis añadir, quitar
y citar las particularidades y sucesos
que se os prevengan, aunque sean de
los acaecidos única y precisamente en­
tre vuestros compañeros, que aunque
el público no lo entienda, nada impor­
ta como vosotros os divirtáis: con los
amigos que están inmediatos al teatro
y con los músicos de la orquesta ten­
dréis vuestras chanzas á media voz para
que os sirva de desahogo del princi­
pal trabajo y cumplimiento de vuestra
obligación: si con la acción ó modo
de decir viciáis los versos que admiten
algún equívoco, aunque sea chocar-

1 02

VI AGES

rero , mal sonante ó s u c i o 1legareis
á tocar lo mas refinado y sublime del
arte moderno: por último si habéis de
cantar ( en lo que no os detendréis,
aplicando aquí la doctrina que dejé
sentada acerca del baile) como quiera
que no es de vuestra inspección impertinenciareis bonitamente al autor y
á cuantos lo desean, bien sean vues­
tras compañeras, bien sus protectores,
sacando todo el mayor partido que po­
dáis, y quejándoos siempre de lo mal
premiada que está vuestra habilidad;
acostumbraos á conservar cierto aire
de superioridad con los llamados mete­
muertos , mozos del teatro, del acom­
pañamiento &c., y aun entre las perso­
nas de graduación pretendereis hacer
una respetable figura , tomándoos el
mejor lugar y hablando á todos con el
sombrero puesto, porque al fin habéis
sido repetidas veces general de victo­
riosos ejércitos , valido de grandes mo­
narcas, y ni aun el cetro se ha des­
deñado de ocupar vuestra mano.
Con vos, señora ( miró á la monuela que ya esperaba remilgada su lec­
ción), también habla lo dicho , y mu-

DE WANfON.

I fij

cho mas cuando á las referidas cir­
cunstancias se anade la principalísima
y nunca bien ponderada de dama y da­
ma de gran me'rito por vuestra cara,
prenda del mayor valor para la carrera
que emprendéis, y con la que se os supli­
rán las faltas de habilidad, y mas fácil­
mente podréis hallar qüien os patrocine
y ayude á sostener los grandes gastos
del teatro, mayormente habiendo de
comparecer con atavíos sobresalientes y
ventajosos á los de las demas; lo qué
habéis de observar tan sin respetos al
carácter que representáis, que aunque
vuestro papel sea de villana, pastora 6
criada de las mas inferiores, vuestro
peinado, aderezo, vestido y otros ador­
nos no han de ceder, antes sí sobrepujar,
si os alcanzan las fuerzas, á los de las
que representan princesas ó reinas; pero
si es tal vuestra desgracia ó poca mana,
que no ha sabido proporcionarse con
un poderoso, y carece de alhajas con
que presentarse brillante, no os falte
á lo menos una buena poreion de flores
de papel, talco, oropel, lantejuela, ga­
lones falsos, sortijas, aderezos y joyas
de asientos de vasos de cristal, con

1 84

VIAGES

otras zarandajas semejantes, y por nii
cuenta sino luciereis tanto como la mas
estirada y bien prendida, que por algo
se dijo, mas vale maña que fuerza.
Aunque tengáis intención y aun pre­
cisión en cierto modo de quedaros para
el año siguiente, haciendo igual ó me­
nor parte de la que teneis en la com­
pañía, poned gran cuidado en aparen­
tar todo lo contrario cuando esteis para
cum plir, echando la voz bien de que
no queréis seguir representando, bien
de qrfe en tal ó tal ciudad os ofrecen
un ventajosísimo partido, pues con esto
se aumenta vuestro crédito, y tal vez
lograreis que os rueguen, con lo que
sacareis algunas ventajas. Procurareis
que se os aficione alguna mona de ca­
rácter, que sufrague los muchos gastos
que teneis que sufrir , y tocareis en
lo mas fino y delicado de vuestra pro­
fesión , cuando podáis demostrar al pu­
blico la confianza con que la traíais,
presentándoos en su aposento cargada
de cintajos y relumbrones, y no dejará
igualmente de ser muy del caso, que
en el lance mas serio de la función,
haciendo con el abanico sombra para

DE

W ANTON.

I 85

que no os dé la luz de las lamparillas
en el rostro, la hagais un par de be­
samanos como á hurtadillas con gana
de que lo vean todas las gentes, para
que conozcan que aquella no es en rea­
lidad la reina N . , sino la señora N.
protegida, amiga y confidente de la
marquesa de N. ¡ Oh co'mo captareis
todo el aplauso á la moda! Si cantáis
algún aria que por largos tiempos os
habrá estado enseñando al clave un
músico vuestro cortejante en segundo
grado, haced que os ponga varios tri­
nados , cuyos gorgoritos haréis siempre
en una misma postura, esto es, na
mirando á la persona con quien ha­
bíais, sino al auditorio, que es prime­
ro, inclinando el cuerpo hacia adelante
en acción reverente, y puesta la mano
bien extendida en el pecho como quien
le sujeta para que no reviente con
la supresión violenta de la respiración:
si el poeta ha tenido la impertinen­
cia de que al fin de la comedia os
pongáis de luto, estando al principio
de gala , no por eso os habéis de inco­
modar mudándoos cuando conviene,
bastará que de medio cuerpo abajo

1 86

VIAGES

esteis de color, y de medio arriba po­
déis desde luego salir de negro, pro­
nosticando la desgracia que tiene que
aconteceros: del mismo modo, si ha­
ciendo papel serio os acoplan alguno
en los entremeses y sainetes, saldréis
á ejecutarle ( por mas ridículo que sea)
con los atavíos brillantes de la come­
dia , extendiéndoos lo mas á poneros
un capotillo, que no es razón os aco­
meta un resfriado con la continua mu­
danza de vestidos; ademas de no ser
muy repugnante oir y ver á una maja
o aldeana llena de plumas y de joyas
con tontillo, bata & c., haciendo los
ademanes y gesticulaciones correspon­
dientes á su desgarrado ó sencillo ca­
rácter : si movido únicamente de cari­
dad, lograseis un rico protector. . . Ese
soy yo, dijo, entrando muy embozado
en un capote de grana bordado de oro
un bulto de no grande corpulencia;
ese soy y o , señor Tamarisco, que sa­
biendo lo que aquí se trata, me lie
tomado la licencia de entrarme sin lla­
m ar, viniendo de oculto á hallarme
en la sesión, y á participar de vuestra
doctrina; diciendo estas palabras se

DE WANTON.

I 87

desembozó, é inmediatamente se le­
vantó la asamblea para cumplimentar­
le; el charlatán Tamarisco con mil ade­
manes y sumisiones empezó á signifi­
car la inaudita fortuna que se le habia
entrado por sus puertas; apenas con
el gozo hallaba silla que arrimar para
que se sentase, ni palabras que expre­
sasen su dicha; llenóle de dictados, y
colmóle de alabanzas, ya fuese por el
recato con que estaba y hablaba, ya
porque tenia la espalda hácia el lugar
de mi escondite, no pude conocerle;
pero las demostraciones de los circuns­
tantes me hicieron conceptuar que era
un gran personage.
Sentóse el señorón, colocóse á su
lado la monilla, y por señas hizo que
los demas tomasen asiento: todos calla­
ban , y el empezó á hablar de esta
manera á Tamarisco : no le admire,
buen mono, que yo haya tomado á
mi cargo la protección de esta niña,
aunque las arrugas de mi rostro, la
calva que encubre mi peluca, lo tré­
mulo de las piernas, lo agoviado de la
persona sean irrefragables testigos de
mis años, que demuestran que por ellos

1 88

VIAGES

pudiera ser sobradamente su abuelo:
porque como no es esta una pasión in­
decente y culpable, no son impedi­
mento de ella estas faltas; ademas que
aunque ella fuera , como suelen pen­
sar los que ven las exterioridades, soy
mono rico, y esto baste; pero mi pro­
tección solo estriba en un cierto afecto
y afición á sus gracias, que se insi­
núa dulce y agradablemente sin pasar
de estos límites, está lejos de injustos
deseos, y de otro fin que el de que
de ningún otro mono necesite; y no
obstante lo ajustado y recto de mis pen­
samientos, procuro recatarme cuanto
ine es posible, para que nadie sepa
que yo la protejo, pues siendo mi
objeto únicamente el caritativo de ha­
cerla bien , para nada he creído ne­
cesaria la publicidad : y pues la casua­
lidad me ofrece la ocasión de instruir­
me en algunas finuras pertenecientes á
mi destino, en que yo no estaré dies­
tro , pido al buen Tamarisco me ad­
vierta por mayor lo que tenga por con­
veniente. Levantóse éste, hizo una pro­
funda , seria y misteriosa cortesía , y
volviéndose á sentar, dijo: permítame

DE W ANTON.

18 9

vuestra grandeza que admire su sin­
gular benignidad, pues tiene á bien to­
mar instrucciones de aquel á quien po­
día ensenar en la m ateria: bien me
acuerdo (no ha muchos años) de cuan­
do vuestra grandeza ejercía el cargo
con cuanto primor en él cabe, sin que
se me baya olvidado el honroso di­
simulado destierro que tuvo que pade­
cer , porque dieron en decir las malas
lenguas, que vuestra grandeza era un
escandaloso, siendo solo su oficio so­
correr á una pobrecita huérfana ; pero
ya que quiere que diga algo de lo que
ocurre en el empeño en que nueva­
mente se mete, patrocinando á esta se­
ñorita ( que muy bien lo merece) pro­
testando la fuerza , la obediencia y
cuanto de derecho sea necesario, digo
que en primer lugar debe vuestra gran­
deza reformar ese sigilo que observa,
porque es á mi parecer incompatible
con una verdadera y perfecta protec­
ción , ademas de que se priva de la
nunca bien ponderada vanidad, de que
todo el mundo sepa su generosidad y
¡buen gusto, siendo por él envidiado
de los mas resoplados pisaverdes : de-

190

VIAGEf

cia que era también incompatible, por­
que es de obligación de un fino pro­
tector. tener diario asiento en la lu ­
neta, desde el cual siempre que la pro­
tegida se halle en el teatro, deberá
estar observándola con un anteojo sin
mirar á otro objeto: sus palmadas se­
rán las primeras que resuenen para
animar las de los incautos y despreve­
nidos ( que hay muchos que victorean
solo porque lo hacen otros); su ca­
beza estará como sobre un muelle para
ejercitarla igualmente en aplauso de la
señora; su sonrisa demostrará la satis­
facción con que se halla; y por último,
siempre que ella finalice cualquier pa­
so ( hay quien afirme se puede tam­
bién ejecutar en la meditación ) , dirá
á los monos inmediatos- con voz sonora
é inteligible, aun á los que esten bien
desviados: esto es lo que hasta ahora
no hemos oido en tablas, esto sí que
es inim itable; que v iv a , que viva & c.
Si tuviese ella que cantar alguna to­
nadilla , debe él saberla de memoria,
y estar al mismo tiempo que ella re­
citándola entre dientes ; á lo menos
lleve el compás con el pié y la cabeza

DE W ANTON.

J91

cuanto incomode á los que se hallen
junto á él: visítela diariamente, y com­
ponga á fuerza de dinero las peloteras
que todos los dias debe hallar armadas
contra el sastre, el peluquero, la criada y cuantos tengan con ella dependen­
cia : en cuanto al regalarla, no se pue­
de dar regla fija; y para no cansarnos,
en una palabra, todas las conversa­
ciones de dentro y fuera de su casa
han de girar sobre este importantísimo
objeto; dirá que es una muchacha de
un nacimiento m uy a lto , pero que
cierta- desgracia de su casa la condujo
á abrazar este partido ; que sus cos­
tumbres son inocentísimas, y que es
un cargo de conciencia que esté en tal
ejercicio; pero que ya está pensando
en ponerla un suficiente situado para
que salga de é l , y se libre de los pe­
ligros que la cercan; no obstante que
teme que no lo admita, por el desin­
terés singular con que se maneja.
En la explicación de tan importan­
tes puntos se hallaba el dicho marta­
gón, cuando llegaron á mi oido unas
voces que proferian mi nombre, con
cuya ocasión, por donde habia entra*

192

VIAGES

do ocultamente, salí á buscar á quien
las d aba; era este mi amigo Tulipán
que estaba ya de vuelta de su expedi­
ción , y andaba buscándome ; metímonos en nuestro cuarto, en donde le
conté mi aventura ; celebróla mucho,
y dejó para el dia siguiente el partici­
par de ella porque ya era tarde; pero
fue nuestra mala suerte la que expe­
rimentó el charlatan, porque celosa la
justicia le intimó aquella misma noche,
para impedir tan conocida estafa, que
en término de seis horas saliese de la
corte y sitios reales, con lo cual se nos
frustró la esperanza que habíamos con­
cebido de divertirnos á su costa.
% /W

V V V \ V V V V V \ W 'V

CAPÍTULO X.
Convite que tuvo Enrique p a r a comer
en casa de la marquesa de la
Castaña.

N o esperaba yo tan pronto la venida
de Tulipán; pero fue el motiv o , según

DE WANTON.

I 93

me dijo , que había visto llegar de
vuelta del paseo á la marquesita de la
Mielga ( objeto de sus desasosiegos)
coa su marido, y que habiendo man­
dado encerrar el coche, era clara se­
ñal de que no salían de casa en aquella
noche; anadió, que había dado repe­
tidos giros por delante de los balcones
de su casa, sin que pudiese conseguir
ver aun á aquellas criadas sus confi­
dentes, estando todas las ventanas tan
cerradas como las de la mayor clau­
sura : acabóse de verificar su recelo de
la fingida enfermedad del marqués, y
se avivaron sus deseos de ver á la mar­
quesa , cuya expedición dejó para otro
dia. ¡Qué perezosa viene la aurora, para
quien espera desvelado la luz de la ma­
ñana! Cuán larga parecería la noche
á mi am igo, dejo á la consideración
de los que han experimentado seme­
jantes inquietudes. Llegó por fin el
suspirado d ia, y no bien nos había­
mos levantado de la cama, cuando tu­
vimos un recado de la marquesa de la
Castaña, que por cartas de Simiópolis
había recibido la noticia de nuestro ar­
rib o , dándonos la bienvenida y conviT omo ur.
13

194

VI AGES

dándonos á com er; esto era prevenir­
nos para qne no admitiésemos en otra
parte , porque como en aquel sitio es
tan excesivo el mi mero de mesas ostentosas con que lucen los individuos
de la corte, unos de oficio y obli­
gación , y otros ( como la de nuestro
convite ) de vanidad y buen deseo de
gastar lo que tienen, y muchas veces
lo que no tienen, se ven en preci­
sión de andar á caza de gente que
las honre : admitimos con agradeci­
miento las expresiones de la dicha se­
ñora , y después que nos peinamos y
vestimos, citándonos para su casa á
la hora acostumbrada, salimos con di­
versos fines; Tulipán de sus aventu­
ras mutuo-obsequiosas , y yo de di­
vertirme con lo que diese de sí el
acaso en la calle No encontré en ella
cosa que ocupase mi atención, y asi
me encaminé á los jardines, cuya fron­
dosidad y juego de aguas eran su­
ficiente diversión para llenar el rato
ocioso.
Paseábame admirando su magnifi­
cencia, cuantío por una de sus calles
vi venir al señor M oral; el fondo de

DE WANTON.

I9 5

buen discernimiento é instrucción que
había experimentado en di y lo desocu­
pado que me hallaba, me determina­
ron á admitir su compañía que desde
luego me ofreció cortesano. Trabamos
conversación de varias materias de po­
co momento, y de unas en otras vini­
mos á parar en la de la dicha mar­
quesa de la Castaña: esta señora, me
decia, está casada con un buen mono,
paisano mió-, es rico, pero presto no
lo será, como no enviude, porque ella
se da muy buena maña á triunfar y
malgastar según corren por el lugar las
noticias, que no lo sé por otro motivo;
y si os he de decir la verdad, me ale­
gro infinito que él esté de servidumbre
en esta jornada, porque de esta ma­
nera tengo lugar de examinar á fondo
en los dias qne aqui me baile, muchas
cosas de las que por allá se murmu­
ran , y asi podré después hablar con
conocimiento de causa: ya estuve á v i­
sitarla esta mañana, y no pudo recibir­
m e , porque aun no se habla levantado;
por cierto que me pareció muy bien,
y hallé falsa una de las cosas que nos
liacian mas ruido, pues nos contaban

196

VI AGES

que tenia la franqueza de recibir mu­
chas veces á sus visitas estando en la
cam a, no por.;enferma, sino por re­
galona y perezosa , cuya indecencia
siempre nos pareció ponderación y cuen­
to, y ahora lo he experimentado; mas
no obstante que no la dude v e r, me
convidó á comer por medio de un re­
cado que me dio el page de parte de
su ama: yo acepté agradecido á su fa­
vor , y aun encargué á aquel criado
dijese á su señora que ya sabia que yo
no era de cumplimiento, y asi que no
dispusiese cosa alguna, pues para mí
bastaba con lo que se prevenia para
su diario; sonrióse el page y me dijo;
señor , en esta casa no hay para que
hacer esas prevenciones, porque mis
amos dan todos los dias mesa sin lim i­
tación de convidados; admiré una li­
beralidad tan magnífica, y que según
luis cuentas no podian sostener sino que
hubiesen heredado, ó empeñádose mu­
cho; pero al mismo tiempo suspendí mi
ju icio , porque si tienen para ello y sig­
nifica esta mesa abierta lo que puede
ser y yo me persuado no se hallará en
el mundo mejor uso de la riqueza, no

PE WANTON.

19?

habrá un ejemplar mas digno de imi­
tación , y su corazón podrá ser mode­
lo del de todos los poderosos de la
tierra.
Y o, que (como llevo dicho) cono­
cía ya el carácter del señor M oral, no
quise quedarme con la curiosidad de
saber su modo de pensar en este pun­
to, mayormente con lo que habia apun­
tado, ínstele para que aclarase sus pro­
posiciones, y prontamente siguió dicien­
do : os dirá con lisura lo que me per­
suado pueda ser; estos señores no están
obligados por su destino á dar esas me­
sas francas y opulentas, en que lucen
los empleos y brilla el esplendor de
la corte; estas son obligatorias en cier­
to modo y que deben sostenerse por
determinado numero de sugetos aun­
que sean de un espíritu el mas mode­
rado; de éstas no hablo en manera al­
guna: en cuya inteligencia no será ex­
traño que la de nuestro asunto sea una
mesa puesta para los necesitados; una
mesa para saciar á los verdaderamente
ham brientos: el sitio en que estamos
es una verdadera pátria común: aquí
vienen en solicitud de sus, negocios mu-

i 9 8

VTAGES

dios monos tan honrados como pobres.
¡Cuantos de ellos, tal vez, pasaran el
dia con el mantenimiento que escasísimamente podrá considerarse lo preci­
so para sustentar la vida, mientras la
gula de otros (acaso de no tan buena
condición) está previniéndoles la des­
trucción de su salud en la hartura! Pues
¿qué mas apreciable destino pueden dar
á sus haberes el marqués y su esposa,
que el del socorro de estos desvalidos?
¿que' testimonio mas irrefragable del
amor á sus semejantes, basa fundamen­
tal de toda sociedad? Mucho mas ad­
mirable será esta mesa, porque siendo
para un convite , no de profusion, sino
de piedad, reinará en ella la frugalidad
y parsimonia; considerarán el duerlo y
los convidados que cada uno tiene un
estomago, y este de tan corta cabida y
fuerzas que con poco está satisfecho;
no se andarán chamuscando diez ó do­
ce monos coa antelación de dias, para
satisfacer los ojos y la gula de otros con
el condimento de unos simples mucho
mas proficuos, mientras menos altera­
dos: allí el padre de familias bendeci­
rá la mesa, y al fin dará gracias á la

DE WANTON.

199

Providencia (aunque no sea moda) en
reconocimiento de cuanto se debe á su
benéfica m ano, que tan sensiblemente
cuida de nuestra subsistencia : en ella
girará la conversación sobre objetos ho­
nestos y deleitables, no mordiendo en
el crédito de los ausentes, ni desazonan*
do á los presentes con chanzas soeces
6 sales picantes: los sirvientes, llenos
del buen ejemplo que en obrag y pa»
labras recibirán de sus dueños , no
compondrán una infame turba de inso­
lentes bribones , sino una noble por­
ción de pobres honrados á quienes no
ha envilecido el destino que les pro­
porcioné su suerte; no serán los con­
vidados una detestable junta de fieras
devoradoras y carniceras, sino una ejem­
plar compañía de comedidos racionales;
se contentarán con las viandas que ha­
llen á sus inmediaciones sin incomodar
descortesmente á los demas, para que
satisfagan su golosina y glotonería con
las mas retiradas: ¡oh! (si ello es cual
yo conceptúo) ¡cómo habrán hallado
el admirable secreto de conservar en
perfecto equilibrio aquella mezcla de
humores que constituyen una salud

200

VI AGES

completa; esto es, la moderación y elec­
ción en las comidas y bebidas! ¡ cómo
gozarán de aquel indecible deleite que
es no estar enfermo! deleite lícito, y
uno de los mayores que dicta la racio­
nalidad, y que excede á cuantos hala­
gan á los sentidos; objeto digno de un
verdadero filósofo que conoce las ven­
tajas de la templanza y el peligro del
exceso; que no se sienta á comer lle­
nándose brutalmente mas por hábito
que por apetito; no creáis que es exa­
geración ; si repaso en mi memoria al­
gunos principios de filosofía á que tuve
inclinación cuando muchacho, hallo
que estos viciosos tragones aunque sean
jóvenes, no pueden menos de tener es­
tragado el apetito hasta el punto de ha­
berle cuasi perdido: oid la prueba. Es
cosa sentada que los órganos de nuestra
sensación están cubiertos de ciertas su­
tilísimas partículas sobresalientes pira­
midales: que mientras se conservan me­
nos agitadas están mas sensibles y elás­
ticas; pero el uso inmoderado que ha­
cen de ellas aquellos que viviendo co­
mo bestias no saben el preciosísimo
tesoro que ha depositado en ellos la na-

DE W ANTON.
2or
turaleza, con la continua mutación de
manjares, con la demasiada alteración
de los simples , y con la violencia de
la hartura las desnaturalizan, y de un
tacto fino y delicioso , las convierten en
una sensación dura y desabrida. Por
tanto, y siendo este convite que me
imagino precisamente preparado por el
juicio y la virtud , no por una osten­
tación , d forzosa por la razón de es­
tado, ó viciosa por la superfluidad, des­
de luego creo que no será su mesa una
mutación de teatro, donde hay gale­
rías , jardines, fortificaciones, bailes y
semejantes despropósitos; no disimularán
los manjares con coloridos y nombres
de capricho, para cuya inteligencia es
menester estudiar un diccionario de á
folio; y á la verdad, amigo mió, que
si yo supiera que no era así, me ve­
ría muy perplejo acerca de admitir el
convite, porque aunque me crié en la cor­
te, han pasado muchos años, y las muta­
ciones en todo son continuas : ¿ qué será
en un punto como este? Ademas que
el no uso es bastante para haberme en­
torpecido el manejo y borrado las es­
pecies, de modo que cometiera alli al-

20 2

VI AGES

guna acción que diese que reir á los
circunstantes.
Pues si os he de hablar, le repliq ué, según lo que concibo, y aqui que
nadie nos oye , por las noticias que ten­
go de dicha m arquesa, sé que es la
criatura mas vana que puede imagi­
narse ; y asi e s, que solo por dar ese
golpe de grandeza mantiene la mesa
abierta que sabéis; en esta inteligen­
cia no tengo Ja menor duda que no ha­
brá primor , delicadeza y superfluidad
de cuantas introduce la moda y el lujo
que no se halle en ella; pero no con­
templo que esto pueda exponeros á no
demostrar la crianza del mas infame
mono de cuantos allí hubiese, no obs­
tante los motivos que me habéis dicho;
es fá c il, si cuando en cualquiera ac­
ción se os ofreciere alguna duda, no
pasareis á ejecutarla y decidirla por
vuestro dictámen, porque aunque sea
el mas racional, tal vez no será el mas
de m oda, y observareis lo que hacen
los mas ilustrados en la corriente prác­
tica ; si cuando no conociéreis alguna
de las viandas, que será con frecuen­
cia, según los excitadores d (mejor los

DE WANTON.

2© 3

estragadoras del apetito las desnatura­
lizan , no la probareis , porque tal vez
su sabor pésimo al paladar no hecho
á ello, no os obligue á torcer el gesto
con complacencia de los que os obser­
van; sino os metiereis en el laberinto
del trinchar ( objeto de la mayor va­
nidad en la educación mona), mayor­
mente si tenéis la desgracia de no ha­
ber hecho estudio en algún tratadito
acerca del manejo de los instrumentos
cortantes; sino os admirareis de cosa
alguna que veáis ú oigáis, por mas ex­
travagante ó grosera que os parezca,
inteligenciado de que esto proviene de
que no lo entendéis; pero ello sin du­
da es bueno porque es estilo del dia;
y por último, si en el modo de man­
dar á los criados cuando algo se os
ofrezca; si en la conversación, y si en
las ceremonias y urbanidades remedia­
reis puntualmente las gesticulaciones,
la futilidad y la afectación de los mu­
chos monos que allí ocurrirán sin du­
da, dignos modelos de tales estudiosas
exterioridades, peritos facultativos adies­
trados en tantas cátedras cuantas son
las mesas opulentas en que de gorra y

204

TI AGES

pegote rellenan la concavidad de su in­
saciable vientre.
¿Cómo es eso, replicó al punto Mo­
ral, de gorra y pegote? pues que ¿en
los palacios de los poderosos tienen en­
trada esos zánganos de la república?
¿Está patente la puerta para semejan­
tes moscones que son la hez del pue­
blo? Ahora me afirmo mas en que to­
do va perdido. ¡Ah! En mis tiempos
¡qué tiempos aquellos! pero hoy dia...
Se conoce, le respondí, que sois vie­
jo , y que todo vuestro despejado en­
tendimiento no es suficiente para sofo­
car los vicios de la edad; ello es que
todos habéis de ser ensalzadores del
tiempo pasado, y murmuradores del
presente; dificultosamente se hallará an­
ciano que no sea un impertinente hoidiarista, por mas que la razón pelee
contra su mal contentadizo é hipocon­
driaco temperamento. La experiencia
dicta que los vicios y defectos siempre
. son unos mismos; ya reinan unos, ya
otros, caminando todos con una rota­
ción perpetua á proporción de las di^
versas combinaciones extrínsecas que
los propagan ú oprimen.

DE WANTON.

205

En dos cosas habéis tropezado con,
mi proposición, que si volvéis los ojos
á lo que en vuestra mocedad visteis d,
oísteis en la corte, con poca alteracioa
encontrareis haber sucedido en otros
tiempos: extrañáis que entre la opulen­
cia de esos banquetes haya gorrones, y
creeis que los gorrones son de la clase
ínfima de la república; pues ni habéis
de admiraros de lo primero, ni habéis
de estar inteligenciado en lo segundo:
en este ejercicio se hallan individuos de
todos los estados y gerarquías; los hay
de la mas elevada \ si estuviéramos mu­
cho tiempo juntos os pudiera demos­
trar algunos que conozco: pero aun
ahora puedo saciar vuestra curiosidad,
dándoos la muestra del paño ; ¿veis á
aquel mono tan cuadrado que cruza por
detras de aquella fuente? advertid qué
papada tan abultada, qué carrillos tan
rellenos y qué vientre tan recalcado;
pues todo eso es pringue de cocinas
agenas; todo lo ha adquirido cebándo-,
se de mesa en mesa , á esfuerzos de
cuatro adulaciones á sus dueños; que
sabe tal vez con mucha gracia (como
yo he dicho) convertir en otras tantas

20Ó

viages

sátiras contra los mismos, si se hallan
ausentes, cuando todavia está él regol­
dando de repleto á costa agen*: ¡pues
el que va con é l ! Ese no está tan obe­
so , no por falta de estar bien cebado,
sino porque los anos, que ya son mas
de los que parecen , le van desecando
y acecinándoles menos perjudicial que
su compañero porque es mas tonto; pe­
ro tiene á lo bobo una tijera muy de­
cente, y es perrito de todas bodas: en
alcance de los dos viene aquel que
apresurado se divisa: no os dé cuidado
tenerle siempre lejos, pues es un bufon con capa de seriedad ; mirad que
erguido y pagado de su trabajo se les
acerca; aquellas amistosas demostracio­
nes y falsa risa nacen de que ellos para
nada le necesitan, y son sugetos de quie­
nes los validos y poderosos hacen aprecio;
pero si vos engañado creyendo que pue­
de algo , os valéis de su patrocinio, os
le prometería con un aire de superiori­
dad y fantasmada, que á no daros yo
este aviso de antemano, ya os prome­
teríais el mas feliz desempeño en vues­
tras pretensiones; pero el éxito os de­
mostraría que lo poco que puede para

DE WANTON.

£ OJ

sí lo necesita, y que no todos los que
tratan á los poderosos son sugetos de
quienes ellos forman concepto para co­
sas graves ; tienen estos que aguantar á
muchos mentecatos (como ese) porque
hacen bulto, acompañan y los divier­
ten , ó con sus necedades ó con sus tru­
hanerías; pero en llegando á puntos que
necesitan otros fondos , representan los
tales un papel muy ridículo y despre­
ciable: conoces aquellos que sus corte­
sías y sumisiones son á sus empleos, y
que acabados estos los obsequiarían tan­
to como lo hacian antes de obtenerlos,
que jamas los visitaron: en fin, e'l es
uno de los que vamos hablando, honrador de todas las mesas francas y abun­
dantes; y los tres sugetos, aunque no
iguales, suficientemente caracterizados,
y de nacimiento respetable; como ellos
hay una numerosa turba que tal vez
iremos encontrando; y no faltará en
casa de la marquesa alguno, pues aun­
que ella es una mona in ú til, suele te­
ner por probar de la obra de su coci­
nero uno u otro concurrente de esta
clase; os le demostrará si os sentáis jun­
to á mí (pues yo también estoy como

208

'viages

vos convidado). Alegróse mucho de'la
noticia, y determinamos ir juntos á la
casa consabida.
Ya era una hora mas del mediodia
cuando nos pareció ser conveniente ir­
nos acercando á nuestro destino: entra­
mos en casa de la marquesa y hallamos
que estaba aun en el tocador. Recibió­
nos placentera y en un tono zumbón
nos dio á entender con indirectas bien
claras, que e'ramos muy llegados á las
horas del comer, y que por eso seria
el tomarlo con tiempo para no incomo­
darla haciéndola esperar: abochornóme
un poco con su indiscreta jocosidad: pe­
ro el señor Moral que no gastaba chan­
zas, la dijo: yo, seíiora, por medio de
vuestro criado he sido convidado á co­
mer , no á merendar; en verdad que
vuestro esposo, cuando aun no había
mudado la decente casa que tenia en
el lugar para aniquilarla en la corte
(bien que entonces no habia logrado la
dicha de vuestra mano), á estas horas
ya estaba pensando en levantarse de
dormir la siesta; y como por acá no
tiene negocios graves que le ocupen la*
mañana, no podía yo imaginar que so-

DE WANTON.

209

lo por moda trastornase en tanto extre­
mo el érden que había llevado toda su
vid a; he errado, lo confieso; y para
en adelante sabré que no hay primor,
por mas extravagante que parezca, que
no acompaííe á un mono gurrumino,
quyas acciones se dirigen por la concer­
tada cabeza de una mona del gran mun­
do. M uy mortificada quedé la señora
con las palabras del amigo; era esta
una de las muchas que alli pasan por
vivas y de espíritu desembarazado; de
aquellas de quienes los incautos con-,
templativos dicen con grande énfasis:
¡.Oh! fulanita es mucha alhaja: ¡qué
talentos aquellos! ¡qué salada! Y todo
su chiste y gracejo suele consistir en
una solemne desvergüenza é descaro que
tolera un infeliz por no pasar plaza de
mal criado, y celebra una muchedum­
bre de mentecatos que la adulan por
sus fines particulares. Por esta vez no
surtieron tan buen efecto sus vivezas á.
la marquesa, porque dié en quien te­
nia mas de ingenuo que de artificioso
cortesano: no hallé pues otra vengan-,
za que la común en ellas para tales ca­
sos, de tratarle de grosero y atrevido;.
T omo ni.
14

tlO

VIAGES

tampoco se hubiera quedado este favor
sin recompensa, para la que ya se pre­
venia el señor Moral , sino lo hubiera
impedido la entrada de algunos de los
convidados que ya iban poco á poco
acercándose, los que con su conversa­
ción tan insustancial como alborotada,
disiparon el mal humor de madama,
recayendo la lluvia de indirectas, secreticos y risas falsas sobre mi tosco
compañero, mientras acabó de colocar
un sinnúmero de grupos de pelo pos­
tizo en la alta torre de su cabeza.
Ya había llegado después de largo
rato el amo de casa , y Tulipán no
parecia; empezó á darme cuidado su
detención, y cuando estaba haciendo
cálculos sobre su paradero, he aqui
que le vi entrar por la sala; pero ¡qué
demudado! pálido el semblante y azo­
radas las acciones daban á entender
habia sido acometido de algún acci­
dente ó lance desazonado: preguntáron­
le si tenia alguna novedad ó queria al­
go ; á que respondió, que solo habia
sentido un ligero vapor , que no era
cosa de cuidado; y que por él no se
detuviese la comida: asi se ejecutó, re-

DE

WANTÚN.

6 11

cobrado el por un corto rato, y cuan­
do iba á tomar cada uno su respecti­
vo asiento, llegándose á mí me dijo
aparte : después hablaremos, que hay
mucho que com unicar: no dejó esto
de sobresaltarme sabiendo los peligro­
sos pasos en que andaba; pero disimu­
lé cuanto pude.
Procuró el señor Moral no desasir­
se de mi lado, y asi se colocó á mi
izquierda, desde donde me disparó tal
earga cerrada de preguntas , cual era
correspondiente á un mono curioso
por naturaleza, é Ignorante por acci­
dente de todo lo que se le presenta­
ba ; hizo mil despropósitos durante la
comida en todo lo que no tomaba con­
sejo, que no siempre podia , y dió
que reir con disimulo ( que de otra
suerte no lo hubiera sufrido ) á los cir­
cunstantes : uno de los principios de
buena crianza, que se impuso desde
luego , fue no comer cosa alguna con
las manos, hasta tal término que ha­
biéndole echado unas aceitunas de las
enteras, determinó comerlas también
con el tenedor; resistierónsele por su
dureza al primero y segundo impulso;

2| ^

VIA G Eb

duplicándole en el tercero, lo hizo con
tanta violencia , que saltando ella del
plato, regaló al inmediato compañero
de su izquierda un solemne aceitunazo
en un ojo; entonces fue la comedia
completa, y él no dejó de ponerse un
poco colorado para pedir perdón al
paciente; finalizóse la comida, y pu­
sieron delante de cada uno las enjuaderas: nuevo y nunca visto mueble
para mi amigo M oral; sin duda los
demas se hicieron del ojo para aguar­
dar á ver que ejecutaba éste; yo no
pude avisarle aparte, y él no dificul­
tando sobre el uso que debia hacer de
aquella agua tib ia , creyendo firmemen­
te ( según después me dijo) que era
moda bebería, después de haber comi­
do algo mas de lo regular, como él lo
habia hecho bien á satisfacción se echó
el vaso á pechos , y le vio el suelo; no
tardó ésta muchos minutos en hacer
su regular operación, movióle una in­
tolerable náusea, y á no haber tenido
la advertencia de ir prontamente a eva­
cuar el vómito por un balcón, a todos
nos hubiera removido de asco : los
circunstantes llevaron que celebrar por

DE

2 13

W ANTON.

mochos dias en sus concurrencias; yo
me compadecí de ver un pobre mono
de bellísimas luces , escarnecido por
falta de práctica de unas cosas bien
materiales • y de poquísima considera­
ción ; y él sin despedirse, desahogado
ya de su insulto, marchó precipitado
detestando aquel y semejantes ban­
quetes.
* / V -'V W

V

% /% /V

■'% / V *

C A P ÍT U L O

X I.

De las aventuras de Tulipán y sucesos
de sijen jo y sus paisanos.
F in aliz a d o s los enjuagues y lavato­
rio s, demasiado puercos los de algunos
no obstante su afectada buena crianza*
pasamos á otra pieza en donde nos te­
nían prevenirla aquella agua negra hir­
viendo ( de que liemos hablado) , muy
proporcionada para despcar el jugo ner­
vioso , y poner trémulos á los que
continuamente la usan , según leí en
diversos escritos de algunos de sus fí-

2 14

VIAGES

sieos: tomaron después de esta bebida
otros licores no menos perjudiciales al
estomago y contrarios á la acción de
la digestión; y por último andaban de
mano en mano ciertas cajas llenas de
unas yerbas secas y hechas polvo, que
metían á toda priesa con el mayor de­
leite por sus narices: ellos dicen que
para llamar la destilación por aquel
conducto; pero yo siempre creí que la
continuación y abundancia con que la
usan no puede menos de ir embotando
muchos de los órganos de sus operacio­
nes, especialmente los de la memoria;
asi es que por allá suele flaquear esta
potencia: por último yo me hube de
persuadir á que semejantes juntas se re­
ducen á conjurarse contra la vida, me­
diante todo aquel conjunto de enemi­
gos halagüeños de la salud, y acabé de
confirmarlo , cuando en lugar de re­
posar la comida con aquella dulce
quietud que se requiere para este efec­
to , vi entrar unas mesas de juego en
que á porfía se iban colocando, procu­
rando cada uno no hubiese quien le
aventajase en conseguir una indigestión:
convidóme madama á que concurriese

DE WANTON.

2I5

6 hiciese partido ; pero yo excusándo­

me hube de pasar plaza de incivil, que
á tal término había allí llegado esta pa­
ción dominante del juego , que ya era
capítulo de su decantada civilización y
crianza, saber perder el tiempo por
largas horas , y tal vez faltar á las pre­
cisas obligaciones, por acudir á hacer
mérito con una dama ó con un pode­
roso por medio- de esta diversión , sen­
sata solo cuando por b*eve tiempo se
toma como esparcimiento y paréntesis
cortp de las respectivas ocupaciones.
Dejélos con su tem a, y hecha una
seña á Tplipan partimos de la sala di­
simuladamente. No quiso éste que por
el camino hasta casa hablásemos de su
asunto, porque no hubiese quien oyen­
do alguna palabra pudiese sacar por la
hebra el ovillo, que no hubiera sido
muy extraño en un pais donde tienen
fruición de escuchar é introducirse en
los asuntos que nada les importan. Lle­
gamos por fin á nuestra posada , en
donde libres de todo embarazo pror­
rumpid Tulipán en semejantes pala­
bras: y a, amigo mió, llegó el tiempo
de echar el resto de mis aventuras con

2l6



VI AGES

la marquesita ; anoche os referí mis pa­
seos, anhelos y acechos delante de sus
balcones, aunque sin efecto, y ébtá maíiana advertiríais el cuidado coii qúe sa­
lí de casa ; doy por supuesto que des­
de luego penetrasteis mi destinó; ob­
serve atentamente la salida del marqués
que partid á palacio al cumplimiento
de sus obligaciones, y yo me hallé al
punto en la mia de hacer una visita á
su esposa; pero como las obras mas
que las palabras explican un buen afec­
to , valiéndome de la confianza con .que
la trataba , busqué en una tienda que se
hallaba inmediata alguna fineza para no
presentarme con las manos vacías : lo
que hallé mas á mano y de moda fue
una espada y un sombrero, cujos
muebles compré porque eran primoro­
sos para hacer mi regalo. Tened, le re­
pliqué al instante: ¿estáis por ventura
desvariando ? ¿ espada y sombrero á una
dama? pues si ella os ha de recompen­
sar os deberá hacer el regalo de un co­
llar y una rueca : perdonad que os in­
terrumpiese, que no he podido menos
al oir tal despropósito No lo es, me
íespondid sonriéhdose; se conoce que

DE WANTON.

2 17

poca impresión os hacen, y que corto
reparo os merecen las monas; tienen
estas las modas siempre en perpetuo
movimiento, nada las es durable; lue­
go que desde las señoras pasan á lo res­
tante del pueblo , inventan otras que
por mas extravagantes que sean se
adoptan generalmente; ya lia algunos
dias que pudierais haber advertido esta
en Simiopolis , no la extrañaríais aho­
ra. No son de los que hablo unos som­
breros del tamaño y materia de los
nuestros; son una especie de diademas
con un sombrajo hacia el rostro o ha­
cia un lado, adornados con varios colgajos de cintas, borlas y otras mil in­
venciones que no caben sino en la ex­
plicación de una de las dichas; con­
sultadla y hallareis la mayor erudición
de cualquiera de estos adornos , desci­
frándoos hasta lo esencialísimo del nu­
mero de alfileres con que debe pren­
derse, en que ocasiones lia de llevarse,
y tal vez la hora en que el peluquero
ha de ir á ponerle. ¡Oh! ¡qué adelan­
tamientos dignos del presente sig lo !
Por lo que hace á la espada, tampoco
es del tamaño de las nuestras, no obs-

2l8

V1AGES

tante que ya se han abreviarlo tanto
estas que es poco menos; ésta vá en la
cabeza por rascamoño , porque como
sus copetes han tomado tan excesiva
elevación y ahuecamiento, no basta lo
largo de los dedos para que las uñas
hagan su oficio cuando las llega á pi­
car la caspa. Acordéme al decirme es­
tas razones Tulipán de que esta moda
de las monas ya hace muchos años
ocurrid á las mugeres en nuestra Eu­
ropa (*); pero disimulé como era ra­
zón , porque como se mofaría de ellas
quien por este motivo asi se burlaba de
slis paisanas?
Siguió Tulipán diciendo: satisfecha
ya vuestra curiosidad, vuelvo á tomar
el hilo de mi narración: compre pues,
haciéndome pagar (según costumbre)
los mercaderes mi antojo á buen pre­
cio , una espadilla de oro guarnecida
de diamantes, y un sombrerillo de los
mas airosos y engalanados que pude
(<*)

bascábanse con las ufías
En paz las antiguas clamas,
Y boy con espadillas de oro
Dan en esgrimir la caspa.
Quered. Mus. 6. rom. 3o.

DE W ANTON.

2 19

hallar : ufano con mis preseas entré en
casa de la marquesa, pero ¡ qué con­
moción sentiría mi corazón cuando
luego que me puse en su presencia, ad­
vertí que toda acongojada y llorosa se
levantó turbada en ademan de huir de
mi vista ! ¿Qué es esto, señora? la di­
je , ¿ asi pagais mis desvelos ? ¿ llegó
acaso el infeliz punto de mi vida de
ser aborrecible á vuestros ojos? ¿la de­
cente veneración con que os rindo mi
obsequiosa voluntad merece un desden
tan rigoroso? Apartaos de m í, añadí,
tirándolas sobre una de las sillas del es­
trado 5 apartaos, alhajuelas de poco va­
lo r , pero del mayor indicio de una
fineza verdadera, quedaos á acusar de
ingratitud al corazón mas infiel, á la
correspondencia mas traidora y á la
mona mas voluble del universo; que­
daos mientras yo . . . . esto decía vol­
viéndola la espalda, cuando precipita­
damente se vino hácia m í, y detenien­
do mi resolución, me dijo entre afligi­
da y temerosa: ¿yo ingrata? ¿yo volu­
ble ? ¡ Ah ! Tulipán , Tulipán ! A pesar
de mi sobresalto no he de dejaros ir
sin ¡satisfacción, porque ha penetrado

‘2 Z O

VlAGES

demasiado en mi corazón vuestra que­
ja : sabed que por mas que ayer pre­
tendisteis recataros cuando dejamos el
coche de vuelta del paseo, no pudis­
teis encubriros de mi cariño, ni del re­
celoso cuidado del marqués: en mí no
hubo duda alguna , pero él quedó per­
plejo; disimuló prudente, aunque yo
no dejé de brujulearle alguna inquie­
tud : observóle después y advertí que
entre abierta una ventana de su cuarto,
por el corto resquicio desde donde po­
día registrarse la calle, ayudado de la
claridad de la noche y de vuestra poca
precaución, llegó á verificar sus sos­
pechas conociéndoos cuando sin duda
estabais rondando ó hecho centinela de
mis balcones, entró en mi cuarto de­
mudado , y no obstante su prudencia
leí en el sobrescrito del rostro la inte­
rior desazón que devoraba su sosiego;
ni durante la cena ni en el lecho me
habló una palabra, ni depuso su aira­
do sobrecejo; pasó toda la noche en
incesantes vuelcos y yo en una teme­
rosa vigilia ; no se le oian mas que des­
consolados suspiros, y una lí otra pala­
bra , como remedio , escándalos, sufrí-

DE WANTON.

22 1

miento, hasta &c. Apenas rayó la au­

rora dejo la cama ; yo fingía dormir,
y vi que me daba una mirada entre ai­
rada y piadosa ; levanto sus manos al
cielo , y volviendo á apretarlas apasio­
nadamente delante de su pcelio, dio
clarísimas señales del dolor que le cau­
saba haber de tomar una ágria resolu­
ción ; encerróse en su cuarto, al que
por medio de un papel llamo á un sugeto de edad y experiencia amigo su­
yo , y los dos se han estado en con­
sulta hasta que fue la hora de que mar­
chase á palacio.
Este es el plan de mi miserable cons­
titución r ved si tengo justísimo moti­
vo de estar sobresaltada: ¿quien sabe
la determinación que tomará un mari­
do contra una esposa en cierto modo
culpable? Sí, Tulipán, culpable: no os
admire; aunque mi juventud y cortos
alcances pudiesen servirme de disculpa,
¿no me están acusando los avisos y
amonestaciones de un consorte tan ca­
riñoso como advertido ? es nuestro tra­
to inocente, no hay duda; pero esto
solo nosotros lo sabemos: ¿ piensa por
ventura el malicioso vulgo lo que es ó

22 2

VIAGES

lo que puede ser? Y por últim o,'juz­
gue en hora buena con sana intención
el público ; sea nuestro trato el mas
recto y adificante del mundo; ¿los re­
celos de un esposo no son suficiente
causa para impedirle? ¿no podrá exigir
de mi corazón éste ( llamémosle a si)
sacrificio, quien anda siempre solícito
buscando proporciones de demostrar­
me lo amoroso y fiel del suyo? Ha­
blemos claro: hasta ahora todas estas
reflexiones habian hecho en mí una
impresión pasagera, porque la dulzu­
ra del genio del marqués, que debiera
haber excitado en mí ideas mas ajusta­
das á sus intenciones, no me sirvió' mas
que para abusar de su tolerancia; pero
ahora he visto ya el rostro á la amena­
za , ya le he advertido enojado, ya me
considero el blanco de sus iras, y lo
que en nosotras no puede la suavidad
consigue el ri*;or : la razón siempre ha
estado de su parte; pero yo no he lle­
gado á conocerla hasta que me la ha
hecho ver el miedo y el sobresalto; en
esta inteligencia, hasta aqui pudo lle­
gar, Tulipau iriio, nuestra correspon­
dencia ; si el único interes que en ella

DE W ANTON.

2 23

siempre habéis llevado es estimarme,
sin que jamas pasase el amor á atrevi­
miento , ahora se os presenta la mas
oportuna ocasión de darlo á conocer;
no queráis hacerme infeliz siguiendo
porfiado vuestros obsequios ; mostrad
un corazón va ron il, pues yo á pesar
del mas vivo sentimiento os enseno el
cam ino; no mas rondar mis balcones,
no mas ser mi som bra, no mas pape­
les , no mas recados, no mas expresio­
nes y finezas, siendo la primera que os
deba, que recojáis esas vuestras alha­
jas ; quitadlas de mi presencia, que ya
las miro con tanto susto que me pare­
cen principio de mi mayor infortunio:
me parecen alhajas por las que oigo de­
cir . . . ¿ Qué alhajas son esas ( dijo en­
trando el marqués desprevenidamente )
de que hablabas , y que ya estoy viendo?
y vos, señor ¿qué buscáis favoreciendo
mi casa ? Muerta se quedo al ^:o de
su voz la m a r q u e s a y yo mas muerto,
considerando lo estrecho del lance; pe­
ro sacando fuerzas de flaqueza tomé la
palabra, y después de un regular cum­
plim iento, porque á sugeto enojado
buenas razones, dije como aquellas al-

2 24

VIAGES

hajuelas eran encargo que me había he­
cho en Simidpolis, sabiendo que venia
al sitio, una parienta Je su esposa (co­
nocida m ia, y de quien podiamos fiar
contestaría preguntada para sacarnos
del lance, qüe por allá no faltan tam­
bién parientas caritativas) que se las
enviaba por ser adorno de moda, y que
yo para cumplir exactamente con la
comisión las había traido en persona;
pero el marque's que conocía bien á la
dicha parienta , y que presumid sin
duda la disculpa, respondid: y o , ca­
ballero , permito á mi esposa sus visi­
tas y amistades; pero nunca he queri­
do que las mida por la razón de paren-,
tesco sino por la de juicio; mucho ten­
drá esa dama que habéis nombrado,
pero no se conforma por de contado
con el mió; en esta inteligencia es re­
gular también no me acomoden sus
corresponsales; por tanto podéis vol­
veros con vuestra comisión y alhajas, y
ved si hay otra cosa en que serviros.
La respuesta y su ceno exigian que yo
con el inio pidiese alguna satisfacción,
pero mi turbación y sobrecogimiento
no me dieron lugar á mas, que á la

DE WANTON.

£25

airosa acción de recoger mis muebles,
hacerle una profunda cortesía y volver
la espalda.
Amigo m ió , le respondí, poco teneis que estudiar la resolución que lue­
go luego debeis tom ar: los recelos de
ese caballero han llegado ya á su últi­
mo punto 5 están de por medio nada
menos que el honor y quietud de una
dama noble y afligida ; ella os ruega la
separación y el olvido, ¿qué teneis pues
que dudar? esta misma noche debería­
mos partir j creo muy bien que os cos­
tará algún sentimiento ; pero no hay
remedio ni precaución mas segura en
estos lances que poner tierra en medio.
Yo lo liaría como lo decís, replicó Tu­
lipán por lo que hace al am or, que no
es tanto como mi vanidad $ pero esta
repara en el que dirán en Simidpolis
mis amigos y conocidas cuando sepan
que al primer contratiempo vuelvo la
cara y no tengo valor para arrostrar á
las dificultades; ésto por un lad o, y
por otro el saber las resultas del lance
y si ha tenido que sentir la marquesi­
t a , me obligan á suplicaros que nos
detengamos por esta noche, y que me
T omo iii.
15

226

VIAGES

acompañéis en e lla , pues pretendo que
disimuladamente demos una vuelta por
su casa, en donde si ha habido alguna
mala resulta, no faltará una piadosa
criada (que las tiene m uy á proposito
para el caso) que me inform e del su­
ceso: para evitar que pueda alguien co ­
nocernos, aguardaremos á que sea ho­
ra de que esté recogido el marqués y
también su casa ; pero por cuanto siem­
pre es forzoso vivir con precaución,
llevaremos por lo que pueda acontecer
á cierto matasiete , bravo de profesión
y bribón de oficio que nos guarde las
espaldas ; y o le conozco y sé donde
v iv e , aunque anda de escondite por no
sé que frioleras ó descuidos que quiere
averiguarle la justicia ; después que
anochezca iremos á buscarle, y á fuer­
za de dinero conseguiremos su auxilio.
Las personas de obligaciones y tan ele­
vadas com o la vuestra no saben desam­
parar á sus amigos en los lances mas
estrechos, y asi ni aun por imaginación
dudo de vuestra compañía : es cierto que
en el asunto principal nada interesáis,
pero la ley de la amistad os constituye
en el mas inexcusable punto de honor,

DE W ANTON.

227

con el que no cumplís ciertamente si
me volvéis las espaldas , negándome
vuestro patrocinio.
Yo falto aun de muchas experien­
cias del mundo, no bien hube oido que
era punto de honor, cuando me repre­
senté vivamente, sin reflexionar las con­
secuencias, la obligación de hacer fren­
te á todas las dificultades. No sabia aun
que el honor verdaderamente tal no es
otra cosa, que cierto glorioso eco que
resuena por reflexión en nuestra alma,
como efecto de una acción realmente
virtuosa hecha á la vista del mundo,
que nos dá un irrefragable testimonio
de aquello que los demas creen de no­
sotros, y se nos convierte en indecible
consuelo y alegría de espíritu: ignoraba
asimismo que por mas perfección, va­
lor o mérito que incluya en sí una ac­
ción ( como es la de favorecer á un
amigo en todo riesgo sin límite en los
asuntos ) si pierde el norte de la virtud,
si no produce un efecto excelente, dig­
no de alabanza, gloria y crédito, es in­
capaz de dicho verdadero honor. Asi
pues dejándome llevar del eco de la
v o z , persuadido por un joven vicioso,

2 28

VIAGES

y falto del consejo de un prudente
enligo , hube de condescender á la eje­
cución de una acción que fue el prin­
cipio de mis incomodidades , desasosie­
gos y trabajos: véase á qué precipi­
cios conduce una mala compañía , y
qué males produce el alejarse de la co­
municación de los sábios y experimen­
tados.
Acercóse la noche , y llego' el tiem­
po de conducirnos en busca del jaque
que baba de ser nuestro apoyo; aguar­
damos á que se cubriesen enteramente
de tinieblas los horizontes, y al estar á
lo ultimo del poblado, llegamos á cier­
ta despreciable casilla que estaba pega­
da á la falda de una pequeña sierra;
luego que tocamos á la puerta salid á
recibirnos una arrugadísima y denegri­
da vieja, encubriendo su esqueleto con
el pergamino de una escamada piel;
traía en la mano un mocoso candil, á
cuya opaca luz levantando trabajosa­
mente los ojos conocio á mi amigo; la­
zóle un tremendo cumplimiento, y no­
sotros bajando la cabeza pudimos en­
trar por su magnífica puerta; atrancó­
la luego que estuvimos dentro, y sin

---------- ^









I

íim u? ¡lì

Jluf. 229

DE WANTON.

229

aguardar á que nos preguntase para no
perder tiempo la dijo Tulipán, como
nuestro asunto no era otro que hablar
á Ajenjo, que no nos le negase, pues
la costaba la seguridad, y por último
la dio ciertas monedas que la allanaron
todas las dificultades; arrastro una ar­
ca desconcertada que Labia arrimada á
la pared; y quitado de en medio el es­
torbo, se descubrid la oscura boca de
una profunda cueva que estaba oculta
con aquel artificio; dudoso estuve en
entrar por ella o en quedarme con un
vestigio tan horrendo; pero finalmen­
te me determine' á seguir á Tulipán,
ya por si necesitaba de mi auxilio; ya
porque no atribuyese á cobardía el es­
perarle de la parte de afuera; quedóse
la vieja á oscuras para darnos el alivio
de la luz ; tomó el candil mi compa­
ñero , y medio á gatas entramos por
aquella garganta del abismo (que ni aun
el Cerbero á la puerta la faltaba) y
fuimos caminando estrechos y encogidos;
fiado yo en que Tulipán estaba diestro
en el camino, por no ser la primera vez
que habia andado en estas correrías, y
asi no le soltaba la ropa como si fue-

230

VI AGES

ra lazarillo de ciego; presto lo queda­
mos los dos porque tropezando él en
la bella igualdad del pavimento dio
con el candil en tierra, y quedamos á
buenas noches; no fue' uno solo el cos­
corrón que dio mi cabeza hasta llegar
á tientas adonde estaba la puerta ó
trampa del sepulcro de aquel viviente;
pudimos distinguirla por la luz que de
entre sus rendijas salía, y al punto que
llamamos nos dio de adentro el ¿quien
vive? una hueca y fanfarrona voz, á
que correspondió mi compañero con la
suya mas entonada que jamas le había
oido i diciendo: Simidpolis y flor del
berro: aunque esto me olia á despro­
pósito , reflexioné que tiene la picares­
ca á imitación de la verdadera milicia
sus senas y contrasellas; estas lo eran
para allí, y tan seguras que no bien
acabaron de oirse cuando se nos abrió
la puerta, y se hizo patente una con­
cavidad ó cueva natural de aquel cer­
rillo capaz de contener media docena
de personas, que era el número de la
respetable asamblea que allí se hallaba,
incluyéndose una mona y su chiquillo,
en medio se quemaba un puñado de

DE WANTON.

231

astillas sobre las que de una cadena
pendía un caldero que era toda la ba­
tería de su cocina; el humo de estas y
el continuo que estaban echando sus
bocas , habían formado una colgadura
de luto que haciendo juego con las te­
larañas cubría las paredes y techum­
bre, y aun les sobró tela bastante para
forrar sus manos y caras; respirábase
congojosamente , pues solo constaba el
salón de una tronera que finalizaba des­
pués de un largo camino en la hendi­
dura de unos peñascos: era la sillería
muy al natural y duradera, pues la componian unos pedazos de troncos de ár­
boles gruesos, y los demas muebles que
estaban acinados á un rincón demostra­
ban ser sus miserables ropas y algunas
raídas mantas que les servían de cama.
Levantóse la cuadrilla luego que
avistó á Tulipán, y llevando la voz
un horrendo monazo ( era el señor
Ajenjo) muy cerrado y negro de bar­
ba , rizado y largo de patillas hasta las
quijadas, calado de entrecejo, y forra­
do de una piel cuasi negra, fondo en
verde; tendría sus dos varas y media
de alto: el pelo alisado y recogido en

523 2

VI AGES

un gordo moño sobre el cogote , la cha­
pa ó vestido interior de jerga; cogidas
las mangas con un sinnúmero de varas
de cinta, y sobre él una especie de ca­
pote con tontillo ( dentro del cual, se­
gún me dijeron , iban todos los trastos
de m atar) del paño de color de la la­
n a, guarnecido por encima con mil
labores hechas de tiras de terciopelo
negro y adornado del colgajo de un par
de gruesos cordones hechos nudos, con
ciertos herretes de plomo cuasi de una
cuarta de largo, que finalizaban en
unos corazoncitos; el calzón de ante
laboreado de seda negra con sus bu­
ches y borlones: polaina bordada de
colores; y zapatos de becerro: estos
eran los arreos de nuestro custodio; y
poco mas ó menos los de sus compa­
ñeros : no era su trato tan bronco
como prometía el conjunto de circuns­
tancias que yo habia advertido; antes
bien me pareció muy agradable; dio
mil seguridades por aquellos que con
él se hallaban, que eran sus amigos,
y de su misma profesión: hizo una in­
finidad de sumisiones á Tulipán , y
aunque jamas me habia visto me col-

DE WANTON.

233

md de alabanzas: púsose también en
pie la mona, que solo porque tenia
faldas se podia conocer que era hem­
bra , con tantos andrajos como mo­
rios , y tanta mugre como labia,
y repitiéndome mil zalamerías, mien­
tras hablaba mi compañero, con Ajen­
jo , se sentó junto á mí ; á la ter­
cera palabra ya me habia pedido di­
nero, para tres o cuatro cosas ; y que­
riéndome admirar de la franqueza con
que me trataba, me dijo uno de aque­
llos señores, que esta era costumbre
entre ellos ; que eran unos pobrecitos; y que no tenían de adonde sa­
car para comer, sino de lo que les
suministraba el garbo de los caba­
lleros que trataban; que ellos con es­
pecialidad necesitaban mas usar de es­
tos medios, porque ciertas travesurillas y destrezas los tenían arredrados,
sin poder ejercer su comercio en las
ferias de su pais ( que distaba mas de
cincuenta leguas de aquella tierra ) hu­
yendo de manos de la justicia , no por­
que les faltaba allá protección de los
principales caballeros de los pueblos,
sino porque sabían muy bien á costa

234

V I AGES

de una desagradable experiencia, que
mas vale salto de mata que ruego de
buenos: de estas conversaciones yo in­
feria que aquellos eran monos de otra
casta que la de los demás, y para in­
formarme mas de raiz, se lo pregunté
al amigo Ajenjo, que era sin duda el
docto de la cuadrilla, el que sin ha­
cerse de rogar al instante desde su
asiento quedando el resto de la com ­
partía callando y oyendo con la boca
abierta y los ojos fijos en su rostro me
habló de este modo.
Me mandáis, señor que renueve el
inexplicable dolor de la perdida liber­
tad de nuestra gente, de la disipación
de nuestros bienes, y de nuestra des­
truida república, queréis que os cuen­
te aquellas miserias que yo mismo ex­
perimenté toca'ndome mucha parte, y
por las que al volver á referirse, ni aun
nuestros mismos enemigos podrian con­
tener las lágrim as; y aunque la hu­
medad y pesadez de la noche, que ya
está algo avanzada, mas convidaban á
dormir que andar en historias ; por en­
tretener el tiempo, pues en siendo mas
tarde ( según me ha dicho mi padrino)

DE WANTON.

235

hemos de salir á no sé que lancecillo
de honra, ya que teneis ardiente deseo
de saber nuestros sucesos y de oir
nuestra ruina, aunque al acordarme de
ella me horrorizo, he de daros gusto;
y asi sin mas preámbulos empiezo: des­
pués que cansada la suerte de sernos
propicia derramo por diversas regiones
á nuestras familias, pues aunque ya
somos todos naturales de este y de
los reinos inmediatos , traemos nues­
tro origen ( según cuentan nuestras
abuelas) de un poderosísimo imperio,
que estuvo establecido en unas pro­
vincias separadísimas de este continen­
te ; nuestros primeros progenitores en
é l, agitados de peregrinas fortunas, v i­
nieron desde tan lejas tierras, y en
breve tiempo fecundaron estas con
tanto exceso, que pudimos extendernos
por todas ellas, formando insensible­
mente parte por el descuido de sus
naturales, parte por nuestra genial
industria, un formidable cuerpo ; es­
tablecimos nuestro gobierno por una
especie de tribus o centurias , nom­
brando en cada una un gefe ó compa­
ñero principal á cuyas órdenes todos

23 6

VI/GES

los demás se sometian ; diferenciába­
mos nuestras costumbres de las restan­
tes de las provincias ; solicitábamos
nuestros adelantamientos por medios
muy peligrosos, pero seguros para el
caso, si surtían efecto nuestros proyec­
tos; huimos de tener posesiones, con­
tentándonos con que otros las cuida­
sen como propias haciendo nuestros
por varios medios sus productos; era
don característico nuestro la cortesía y
rendimiento con todo el mundo, es­
pecialmente en poblado; nuestras bem- j
bras tenían como por oficio el arte de
agradar y alabar con exageración cuan­
tas acciones indiferentes se ejercitaban
delante de ellas; nuestros hijos jamás
daban que hacer en los lugares á
aquellos maestros que había para doc­
trinar públicamente á los hijos de
vecino, porque nosotros cuidábamos
de su educación á nuestro modo ; ha­
bíamos ideado para nuestro interior
manejo cierto lenguage desconocido de
todos los demas; nuestro principal des­
tino fue el de adiestrar y avivar á los
brutos mas rudos y locos , vendiéndo­
los y trocándolos en siendo maestros,

DE WANT 0 N.

237

por otros cuasi inservibles, todo en
favor de la causa pública, y su efec­
to en provecho privado nuestro; en­
durecidos en los trabajos , resistien­
do á la inclemencia habitamos los
desiertos, no teniendo mas trato ó co­
municación que con los que viajaban
por los parages inmediatos á nuestras
cuevas; el amor que profesábamos á
nuestros prójimos era tan ardiente,
que solo porque nos traía á la me­
moria su muerte , huíamos como de
nuestro mayor enemigo, del que te­
nia el oficio de darles sepultura; por
último, tanta aversión tuvimos á ser
gravosos al resto de los monos, que
ni aun después de morirnos les fuimos
perjudiciales , pues nosotros teníamos
gran cuidado de dar destino á nuestros
difuntos, sin participar al público su
fallecimiento: gastábamos la vida ale­
gremente festejando con nuestras mú­
sicas y bailes á diversos que se decla­
raron nuestros devotos , y que en cuan­
to les era posible copiaban nuestras cos­
tumbres, trato y adornos, no siendo
los últimos algunos jovenes nobles á
quienes agradaba mas nuestra libertad,

238

VIAGES

que el encogimiento de la crianza que
les daban en sus casas; amantes de la
sociedad, y unidos todos en nuestras
respectivas fam ilias, no admitíamos se­
paración aun material, muchas tenían
pequeña casa en las entrañas de una
gruta nada reparada, cubriendo una
misma sombra al común hogar, sus
dueños, bienes y ganados.
Este era nuestro establecimiento,
esta la profunda paz que por dilata­
dos años estuvimos gozando, y esta la
gente contra quien se levantaron el
mas fiero nublado , la borrasca mas
desecha , y la persecución de ma­
yor horror que podíamos experimentar;
pues aunque otras diversas veces se nos
liabia intentado perseguir, fácilmente
eludíamos la vigilancia de los superio­
res obedeciendo al pronto sus decretos,
sometiéndonos sin resistencia al princi­
pio , para ir después insensiblemente
volviendo á nuestro antiguo método de
vida, como efectivamente acaecia; pero
la ilustración que dicen reina al pre­
sente , y que había empezado á rayar
tiempo hace, luego que estas provincias
lograron la dicha de ir poniéndose en

DE WANTON.

239

bonanza, sosegadas felizmente las alte­
raciones que las habían perturbado por
largos años, tomó en breve el aumen­
to suficiente para empezar á especular
nuestras acciones, nuestra vida y nues­
tra utilidad ó inutilidad en la repúbli­
c a : al advertirnos sin domicilio fijo, se
nos declaró por vagos: considerándonos
habitadores de los mas enmarañados y
escabrosos m ontes, se nos tuvo por
foragidos; nuestro chiste y desenfado se
definió por desenvoltura; nuestro trá­
fico y comercio por latrocinio; nues­
tras sumisiones y zalamerías por esta­
fa; y lo que es mas digno de compa­
sión, se nos creyó irreligiosos é im ­
píos de cuatro costados, ya por cier­
tas observaciones que hicieron acerca
de nuestra conducta, ya porque no fal­
tó quien acusase á nuestras hembras
de chiromáticas; os confieso que esto
me llegó al corazón, mayormente por­
que por mucho tiempo estuve sin sa­
ber qué casta de pájaro era la tal chixománcia de que oia acusarlas ; que co­
mo no lo entendía, no podía hacerlas
enmendar si acaso era cierto, ó defen­
derlas si era impostura, hasta que qui-

240

VIAGES

so la suerte que la casualidad trajese á
mis manos á un estudiante, cuya con­
versación y viveza me dieron á enten­
der su despejado discurso, y valiéndome de la ocasión, le pregunte' si en­
tendía acaso qué queria decir chirománcia; á lo que me respondió morti­
ficado : ¡ olí , cómo no conocéis al ^ to ­
no con quien estáis tratando! ¡A un
estudiante de la era presente, á un
cursante que tiene ya mas de tres anos
de universidad, preguntar dudando si
sabe que significa un vocablillo de una
lengua antiquísima, sapientísima, ne­
cesarísima y adornadísima de otra infi­
nidad de superlativos que no digo, por­
que no son para vuestra inteligencia!
Andad, que os perdono, porque en es­
tas materias sois un pobre hippócomo
ignorantón; y para que no esteis mas
dudoso, sabed que clnrománcia quiere
decir: arte de adivinar por las manos
y sus rayas, cuyos principios debe la
palestra literaria al incomparable.....
Basta, basta , le dije entonces atajando
el raudal de su pedantesca erudición,
porque ya estoy consolado, consideran­
do que nuestras hembras no tienen ni

DE WANTON.

2
‘ 41

ejercen la habilidad de adivinar por las
manos, como piensa el rudo vulgo, si­
no la de agarrar con la mano, como
conocen los no preocupados: gracias á
la alta comprensión que de la tal lengua
tenia el dicho tunante, como él me dio
á entender, y sin duda debia de ser
cierto porque lo que me llamo', que yo
no entendí ni me atreví á preguntarle,
me olió á ser sacado de la misma, y
sin duda allí vendría al caso, pues que
él lo dijo.
Vuelvo á tomar el hilo de mi his­
toria, abreviándola lo posible, porque
las llagas menos duelen mientras menos
se tocan. Toda esta inquisición que se
hizo de nuestra vida y costumbres, y
todos los juicios que á vista de ella se
formaron, fueron los antecedentes para
el inevitable golpe que experimentamos.
Era cabo principal de nuestro rancho
un venerable anciano tan valeroso co­
mo astuto, prudente como el solo, y
experimentado como ninguno; éste pues
una noche que había salido á no se que
diligencias, al tiempo (pie el primer
sueño se había apoderado de nuestros
miembros cansados del trabajo del dia,
T omo iii.

16

34 a

VI AGES

llegó despertándome todo azorado, dan-1
do unos profundos suspiros, y cubierto
de sudor y polvo/ j Ah ! ¡que' tal esta­
ba! ¡qué distinto del mismo, cuando
en otras ocasiones solia volver cargado
de despojos! Yo, asustado luego que le
vi, antes que me hablara, le dije sa­
cando fuerza de flaqueza : ¿ qué es esto,
lumbre de mis ojos , segurísima espe­
ranza de nuestra gente? ¿En donde tan­
to te has detenido? ¿De qué parage vie­
nes? ¿Qué causa tan indigna para un
varón tan fuerte, te ha desfigurado y te
lia inmutado como advierto ? Nada res­
pondió á preguntas tan excusadas, y solo
sacando un suspiro desde el mas retirado
escondite del pecho, me dijo: huye, hu­
ye hijo, no te detengas, escapa, líbrate
del peligro: caimos en el lazo: nuestros
enemigos han logrado el tiro : á toda pri­
sa van apoderándose á fuego y sangre de
las cuevas y habitaciones de nuestro#
compañeros: cayó toda nuestra nación
de la alta fortuna en que se hallaba;
basta ya lo que por ella y los nuestros
hemos trabajado; si pudiera defenderse
á fuerza de armas, no estuviera ociosa
mi espada en la vaina; pero ni ella sir-

DE W AÑTON.

2.4^

v e , 'ni mi persona ya pesada con los
años puede escapar sin que la alcancen:
tu eres mozo y ligero; en tí están to-*
das nuestras confianzas; llévate contigo
á estos infelices compañeros en tu suéla­
te; no está lejos el m ar; algún barqui­
llo no te faltará qué te conduzca a otras
playas en donde encuentres mejor for­
tuna : esto d ijo , y sin dejarle ya hablar
los sollozos, me entregó con sus pro­
pias manos como recomendándomela
particularmente á su hija la hermosísi­
ma Jeringuilla, que asi se llam aba, y
era por entonces mi propietaria.
Vuelto en mí como de un sueño,
salgo de la cueva, subo sobre un cerri­
llo , póngome á escuchar con toda aten­
ción , y advierto que ya se nos iba
aproximando bien claro el ruido de gen­
te armada; conoce el buen viejo la cer­
canía del peligro, y entonces esforzó
con mas ahinco sus ruegos: ea , decía,
vosotros, á quienes está hirviéndo la
sangre y cuyo valor esta en su fuerza,
líuid, huid, que yo inútil ya por mis
años no puedo serviros mas que de es¿
torbo; dejadme m orir, pues se prolon­
gó mi vida basta él lastimoso fin dé

244

VIAGES

nuestras familias. ¿De qué puedo ya
servir en el mundo? La muerte, aque­
lla muerte que para otros sirve de tan­
to horror, para mí será un consuelo y
un descanso: estas y otras cosas decía
estando siempre fijo en su parecer. ¿Go­
mo es posible, le repliqué, que salga
de tu boca proposición semejante? ¿Pu­
diste creer que yo diese un paso para
ponerme en salvo quedando tú en el
peligro ? Dejémonos, señor, de alter­
caciones , porque no ha de ser mas de
lo que yo diga: mozo y robusto soy,
monta sobre mi cogote, como cuando
muchacho harías la gigantilla: yo te sa­
bré llevar sobre mis hombros sin que
me parezca pesada esta carga, venga lo
que viniere, los dos experimentaremos
un mismo riesgo; y si llegamos á salva­
mento, los dos igualmente lograremos un
mismo sosiego; venga detras nuestra
querida Jeringuilla, y de escolta nos ser­
virán los restantes compañeros, y pues
no he de admitir disculpa: manos á lo
dispuesto, lie cada cual su mochila, y al­
to á marchar según el orden que aca­
bo de proponer. Aprobaron todos la
disposición, y sé ejecuto Como se dijo.

DE WANTON.

24,5

Mientras estaba haciendo Ajenjo es­
ta pintura con mas extensión que la
que voy refiriendo, me acordaba que
si se puede hacer comparación de las
cosas de poco momento con las grandes
y famosas, era este un plan muy pare­
cido á la toma de Troya: y ¿qué ex­
traño que yo lo discurriese asi, si en
un lance que distaba mucho de las cir­
cunstancias del presente, fue un pen­
samiento que ocurrió á un grande hom­
bre aunque haciendo la misma salva ?(*)
He querido anotar esto, porque h i^
murmuradores de tan buen diente qiífé
en todo se ceban ; por lo mismo tam­
bién advierto que el haberme detenido
á referir por extenso la clase y cirbunstancias de esta casta de monos, de quie­
nes voy hablando, y el suceso por me­
nor ; es lo primero para dar á conocer
que también entre ellos hay heroicidad
y patriotismoj lo segundo, porque ha(* ) Si licet ?n parvis exempli* grandibus uti,
Haec facics Troya , dura caperetur, erat.

Ovid. T.rist. I. I.

F.sto es: Si es licito en lo humilde de ejemplos
grandes el uso,
Esta figura Troya , siendo tomada , tuv».

346

VIAGES

biéndome propuesto fa i,dea «de dar á
cpnqcer Jas diversas clases en que se
dividen los naturales de aquellos países,
UQ me pareció justo pasar en silencio
esta qúese diversifica tanto de las de
lqs restante?, monos ; .y lo tercero, que
el lector de mis memorias que no qui­
siere saberlo, con pasarlo en blanpo,
puede hacer, cpepta de que no se egr
roedor;4e nfisipscritos, diga lo que qui­
siere v ,qqp ,no estoy tap despacio que
me sobre Ipgar para dar satisfacciones;
y mas fuandQ Ajenjo me aguarda car-r
gado sobre sus lomos del maduro anCÍaqorAncliif\es aquella tropa0 fuese por la carga, prosiguió núes-*
tro ipono,, ó fuese porque; los d£ atras
(según, suele decirse) parren mas, ó
( lo qqe es mas,cierto) porque nuestrq
destino lo qui,sp asi, por mas que pro­
curamos hacer la agachadiza al sentir
que se acercaban , dieron con nosotros
los ministros de justicia: quede en si­
lencio el mal trato y descortesía de los
esbirros, porque no cabe en mi ponde­
ración, y paso á haceros presente qué

DE WANTON.

£47

dolor y qué aflicción seria la nuestra
al ver que la estrecha y desacomodada
cárcel adonde fuimos conducidos, esta­
ba llena de nuestros compañeros; todo*
Jos ranchos de nuestra nación que habia repartidos en la comarca se halla­
ban reducidos á aquella estrechez; á
cada cual remordia la conciencia por
diverso capítulo, y todos juntos eran la
causa de nuestra común desgracia : un
alguacil entro á este tiempo, habiendo
pedido licencia al alcaide para hablar­
me dos palabras; este era un amigo mió
con quien yo habia comido y bebido
muchas veces, y á quien habia favoreci­
do en algunos lancecillos apretados, por­
que fue siempre costumbre nuestra ha­
cer ga villa, excepto en los casos reser­
vados,, con alguaciles y soplones, no
por amistad verdadera, porque los abor­
recíamos, sino por miedo para que no
nos armaran la zancadilla: éste pues
entró adonde yo estaba, me dio mil sa­
tisfacciones acerca de su inocencia en el
lanqe, y de no haber podido avisarme
con anticipación, como lo habia hecho
en otras ocasiones, porque en esta los
jueces habían tenido mas reserva, y

248

V I AGES

no habían dado cuenta de lo que se iba
á ejecutar á los que no es necesario que
sepan mas que obedecer lo que se les
manda en el mismo acto; y finalmente,
me dio la bella consolatoria, que según
había oido, aquella era causa común,
y que habría sucedido igual lance en
las demas provincias del reino; pero que
por lo que hacia á nosotros, ¿1 que­
daba a' la m ira,-y baria cuanto estu­
viese de su parte en nuestro abono y
defensa. ¡Quien no había de confiar con
sugeto de tan grande empeño! Por úl­
timo , abreviando porque no quiero
cansaros, después de un diluvio de tra­
bajos con que purgamos la buena vida
que hasta entonces hubiamos tenido;
después de diversos destinos partícula-*
res; después de varios capítulos concern
nientes á la enmienda de nuestra vldia
pasada, fuimos precisados á domiciliar­
nos y á avecindarnos con pie fijo en las
poblaciones de este continente; nos fue
prohibido otro oficio ó tráfico que el de
la agricultura ; fuimos aligados á un es­
tablecimiento cierto sin sernos libre la
salida de e l , ni peregrinación alguna
sin expresa licencia de nuestros supe-

DE W A N T0N.

249

riores; fae disipada nuestra coligación
y forma de cuerpo separado dentro de
la nación; se nos desnaturalizo tenién­
dose por suplantado nuestro decantado
antiguo origen ; se declaro por infame
hasta nuestro nombre, aquel nombre
que nos acordaba nuestro pais, y que
nos distinguía y singularizaba entre los
habitadores de este, y últimamente que­
do la justicia velando atenta sobre nues­
tras operaciones; pero como estas so*
mas y con mayor cautela que los ojos
de aquella, aun nos quedan muchos
rastros de nuestra antigua libertad; no
fue fácil quitarnos nuestra habilidad y
ligereza de manos; no el desarraigar
del todo nuestras costumbres, enmude­
cer nuestra labia y sujetarnos á un tra­
bajo ímprobo ; no todos los jueces tie­
nen una misma integridad y celo; la
condescendencia de estos en las mate­
rias leves es el apoyo de nuestras habi­
lidades; lo malo es si después de un
íefíor de*estos de buen genio, esto es;
después de un poltrón toma las riendas
del gobierno uno de estos, ó verdade­
ramente activo y exactamente atento al
cumplimiento de su cargo, ó que por-

250

VIAGES

que es nuevo en el ejercicio de esta
clase de empleos, desea diestra ó sinies­
tramente acreditar su vigilancia; y sin
atender á que el sumo derecho es su­
ma injuria, empieza á perseguir des­
validos, y á formar causas á los pobrecitos, tales como nosotros; enton­
ces da al traste nuestra maraña, y se
paga en una semana el holgorio de mu­
chos anos.
Esto es puntualmente lo que pasa
al presente por mí y por toda esta gen­
te honrada; fue el caso que acaeció una
friolera no muy limpia en nuestra ve­
cindad, y luego se nos echó la culpa;
decretóse nuestra prisión; pero no tan
sigilosamente que no llegase algunas
horas antes á la sagaz comprensión de
mi compañero el alguacil, el que tuvo
la caridad de venir inmediatamente á
avisarnos del peligro; mejor le estuvo
esta noticia que la prisión, porque le
valió incomparablemente mas; y en
cuanto al cumplimiento de su obliga­
ción, él tendria opinión para poderlo
hacer, porque ellos la encuentran para
todos: salimos los que veis, y todos
nuestros bienes, sino á uña de caballo,

D E W A N T 0N .

251

porque no le teníamos, á lomo de bor­
rico, pues sobre las mataduras de dos
de estas bestias acomodamos el ajuar y
las personas por turno: andábamos de
noche fuera de camino y sin descansar
en poblado, temiendo las requisitorias
que después supimos se habian despa­
chado en busca nuestra. ¡Quien creye­
ra eramos personas de tanta importan­
cia! Por fin, pasadas varias fortunas,
que era largo referir, encontramos en
ese bosque vecino un dia á esa bendi­
ta vieja que nos sirve de portera; ella
nos recogió, ella nos ensenó este escon­
dite , y ella cuida de dia de nuestra
subsistencia que la pagamos á peso de
dinero, que por varios caminos (todos
honrados) solicitamos saljendo algunas
noches á buscarle. Este, señor, es el
último de los trabajos de mi vida ; este
el te'rmino que en mí ha tenido el lar­
go suceso de nuestra historia: en este
encierro ó sepulcro espero que la suel­
te ha de hallar camino de Rosegar mi*
turbaciones y fatigas, no dudando que
el cielo me depare una mano podero­
sa , que invocada en mi auxilio, ,se
conmueva y baga experiencia de la

252

VI AGES

fuerza de su poder, librando de tantas
miserias á un desdichado. .Asi el fa­
moso Ajenjo habiendo estado todos aten­
tos mientras ed solo hablaba, recopiló
las fortunas y destrucción de su na­
ción , como también sus particulares
sucesos y jornadas; y después de una
narración tan prolija, hizo punto, dió
una recia palmada sobre su nervioso
muslo , y puesta la mano en la meji­
lla, sus accione^, rostro y palabras que­
daron en suspensión á un mismo tiempo.

C A P ÍT U L O

XJI.

Del destierro de Enrique y Tulipán;
y camino que emprendieron.

I jos guapos y el buen vino duran po­
co, dice un adagio vulgar; y nosotros
lo hubimos de conocer por experien­
cia en la persona de nuestro fanfarrón
Ajenjo. ¡ Con qué aire se encasquetó
un sombrero blanco, largo de ala , y
duro de copa como el yelmo de mas
resistencia! ¡ Que' peroración tan corta,

DE WANTON.

25 3

pero tan baladrona, nos hizo para ani­
marnos con el valor.de su brazo! ¡Qué
escupir por el colmillo y sobre el hom­
bro entre una y otra dicción enfática
y preñada! Por últim o, sus acciones,
palabras y movimientos eran capaces
de hacer creer á cualquiera que Íba­
mos á la conquista de una provin­
cia ; y todo el aparato se reducía á
ir á inquirir noticias de algún criado
de una casa que suponíamos sumergida
ya en el mas profundo sueno, siendo
el llevar con nosotros á este jaque (bajo
su palabra) solo una precaución pru­
dente, ó mejor un gran miedo de mi
amigo Tulipán, que no fiaba del todo
en mi brazo su defensa, y queria te­
ner quien le guardase las espaldas para
cualquiera lance que él juzgaba no
obstante sumamente remoto. Seria una
hora mas de la media noche cuando
todo ya en quietud, sin oirse el mur­
mullo de las gentes, ni el ladrido de
los perros, alumbrados solo de la clari­
dad de la luna que se hallaba en lo
mas alto de su carrera, salimos los tres
despedidos de la restante comitiva que
se ofreció cortés y valiente á irnos sir-

254

VIAGES

viendo, aunque no admitimos su ob­
sequio por no juzgarle necesario. Una
y otra vuelta dimos á la casa del mar­
qués, en donde puertas y ventanas es­
taban cerradas, sin haber hallado res­
quicio por donde cumpliese Tulipán sus
deseos; tosia, se sonaba, escupía, todo
con fuerza bastante para ser oido de
cualquiera criada, que según él se li­
sonjeaba estuviera en vela esperando su
arribo; pero nada surtía efecto; ya le
habia yo aconsejado que nos retirá­
ramos puesto que no teníamos que es­
perar mas que perder el tiempo, y
él cumpliendo con las obligaciones de
caballero andante, no habia desampa- |
rado el puesto y calle de su dama; I
y ya habia también condescendido á
mis razones, aunque suplicándome tu- i
Viese á bien dar otra última y peren­
toria vuelta antes de retirarnos; no le
repliqué porque fuese completamente
satisfecho; pero apenas movimos el pié
para ir á ejecutarlo, cuando por las
dos envocaduras de la calle vimos ir- ■
senos acercando, cogiéndonos en medio,
una porción de bultos no pequeña.
Ya extrañaba y o , dije, que el peligro

DE WANTON.

255

no encontrara con quien anda buscán­
dole. El ¿quién vá? la común res-'
puesta, y el hallarnos por una y otra
parte acometidos fue tan en breves mo­
mentos , que apenas tuvimos los sufi­
cientes para tirar de las espadas; Tu­
lipán y yo, haciendo cara á unos, de­
fendidas nuestras espaldas con las de
Ajenjo, que hizo intrépidamente frente
á los que acometieron por el costa­
do opuesto, nos pusimos en defensa;
este permaneció' sin poder adelantar
mas que el mantenerse-, pero nosotros
( sin ser menester que yo apelase al es­
trépito de las armas de fuego) nos hi­
cimos lugar por medio de nuestros ene­
migos, intimidándoles de modo que no
nos impidiesen el retirarnos; fue for­
zoso dejar en el peligro al valentón,
ya por no ser conocidos, ya porque
era necesario ceder á la fuerza.
Acosados del riesgo y llenos de zo­
zobra llegamos apresuradamente á nues­
tra posada; encerrémonos en el cuarto,
y por un rato quedamos suspensos mi­
rándonos recíprocamente, hasta que rom­
piendo yo el silencio le dije: ¿y bien,
estáis contento? Ya echasteis el resto á

256

VIAGES

vuestras aventuras; lo peor es que sin
comerlo ni beherlo sacare' yo tal vez
en vuestra desgracia mas parte que la
que hasta aqui me lia tocado en el sus­
to que acabamos de experimentar. Vues­
tro punto de honor y mi mal acon­
sejada condescendencia nos han metido
en un laberinto, que me temo fun­
dadamente ha de sernos de muy di­
fícil salida: no espereis de mí que
aguarde mas lances: la enmienda de
estos yerros no puede ser otra que Ja
ausencia; y asi alto á marchar, y es­
tad inteligenciado en que si os resis­
tís á este único medio que nos deja
abrazar la estrechez de nuestros su­
cesos , os gobernareis en adelante solo
por vuestro dictamen abandonado del
mió, pues mas de lo debido he cum­
plido hasta aqui con las leyes de la
amistad. Razón teneis, amigo mió, res­
pondió' Tulipán; razón teneis, yo me
cegué, mi vano y ridículo punto del
qué dirán me condujo á este lance.
¡ Ah falta de reflexión! ¡ cuánto mas
pesado y demas deplorables conse­
cuencias será el qué dirán de ahora!
El de antes era efecto de una cordura

DE W AN T0N .

257

prudente, y el actual de una desbo­
cada locura. ¡ A h , Enrique, Enrique!
marchemos enhorabuena pues no hay
otro arbitrio, pero sea en medio de las
tinieblas ; permanezcamos todo el pre­
sente dia escondidos, por si anoche
nos reconocieron , no sea que vie'ndonos salir nos armen alguna emboscada,
en que sorprendidos no nos valga el
brio y caigamos indefensos en manos
de los que solicitan perdernos: el la­
cayo que traemos para que nos sirva
es bastante vi vo, saldrá disfrazado y
averiguará lo que pueda, y de cual­
quier modo á media noche marchare­
mos con mayor seguridad. Quedamos
acordes, recogímonos un rato, y luego
que fue bien de dia encargamos al pa­
trón que á nadie dijese si nos busr
caban que nos hallábamos en casa por­
que nos importaba estar ocultos, y di­
mos al lacayo la comisión de la pes­
quisa que solicitábamos.
Pasamos hasta el medio dia encer­
rados haciendo varias reflexiones muy
buenas para el dia antes, pero que ya
no venian al caso: es efecto consiguien­
te al mal obrar el áspero remordimiem
TOMO III.

i j

258

VIAtiES

to. Ya deseábamos la vuelta de nues­
tro emisario para saber las novedades
ocurridas; no tardo éste, y fue su ar­
ribo un nuevo motivo de cuidado. Con
la mayor cautela, d ijo , desde que me
aparté de aquí empezé á inquirir, pre­
guntando generalmente por novedades,
y encontré repetido en bocas de to­
dos los que iba hablando el suceso de
una grande quimera que había habido
aquella noche , pero con tan diver­
sos accidentes y tan vario también en
la sustancia, que no se podía formar
ju icio : unos contestaban en que eran
ladrones que habían querido robar en
casa de la marquesa de la M ielga,
y que habian sido sentidos y recha­
zados por los criados: otros que era
cierto enemigo del marqués acompa­
ñado de asesinos, que había pretendido
escalar su casa para quitarle la vida,
pero que sorprendidos por una patru­
lla , después de una corta defensa ha­
bian vuelto las espaldas: otros que eran
unos cortejantes de las criadas , que
habian sido impedidos por algunos ce­
losos de la correspondencia de ellas: en
estos corrillos se contaban las muer-

DE WANTON.

259

tes á pares; en aquellos se tomaba á
risa diciendo que era una friolera; y
por último señas y asuntos eran tan
diversos en las relaciones, que yo con
ánimo de averiguarlo con mas funda­
mento fui hacia casa de la marquesa
por si podia hablar á un mozo de li­
brea paisano mió que está alli sirvien­
do , y sin duda lo sabría todo, porque
estos son los cauces seguros por donde
averiguamos las interioridades de las
casas; logrólo como lo pensé, pues él
había sido uno de los que se hallaron
en la refriega: dos horas antes, me re­
firió', de la media noche mandó mi amo
que todos los criados de la casa nos ar­
másemos , y unidos á otra porción de
gente que tenia prevenida, saliésemos
con él divididos en dos cuadrillas, una
gobernada por sí propio, y otra por su
mayordomo: mas de tres horas estuvi­
mos sin hacer otra cosa que rondar la
calle y sus alrededores; ninguno sabia
el fin de esta expedición, pero no nos
pertenecía mas que obedecer; conoció
mi amo que ya estaríamos cansados, y
parto por darnos algún descanso, par­
te porque debió de creer que ya era

86o

VI AGES

excusada su diligencia, unid las cuadri­
llas y nos condujo no lejos de su casa
á una de un criado para que tomáse­
mos un refresco, dejando escondido y
en acecho un centinela con las órde­
nes correspondientes: el tal en obser­
vancia de ellas vino después de un rato
avisando com o'liabia visto tres bul­
tos dar vuelta por el palacio del mar­
qués. Alarmóse este prontamente, di­
vidió la gente segunda v e z , dio orden
de que no se concediese cuartel á quien
se resistiera, y partimos en disposición
de cogerlos en m edio: asi se logró;
pero fue tal el valor y manejo de dos
de ellos, que después de haber herido
aunque levemente á algunos de los nues­
tros , lograron retirarse á despecho del
marqués : entonces unidos todos con­
tra el que quedaba, no hubo dificul­
tad en rendirle, aprisionarle y llevarle
á un calabozo entregándosele á la jus­
ticia , reconociendo que era persona
ordinaria. Este es todo el suceso de
anoche; pero ahora acabo de o ir, aun­
que con muchos misterios, que el pre­
so es un gran bribón, que andaba hu­
yendo de la justicia por varios feos y

DE WANTON.

36I

atroces delitos, que sin duda pagará
ahora por junto; á la primera declara­
ción que esta mañana le han tomado,
se dice que depuso, que él sin saber
el objeto ó motivo que tenia el señor
Tulipán, hijo del caballero Haya, para
haber ido á tal deshora y tal casa,
le habia acompañado, y á un amigo
íntimo de dicho señor, por si se les
ofrecía algún lance apretado: con es­
tas noticias, prosiguió diciéndojne mi
paisano, hubo varios dictámenes en la
casa; pero mi ama se conocía estaba
entre confusa y apesadumbrada , sin
que hubiese quien se atreviera á ha­
blarla una palabra; y mi amo sin ha­
berse querido recoger: después de haber
pasado el resto de la madrugada encer­
rado en su cuarto, salió muy tem­
prano, y se fue á casa del primer mi­
nistro: si quieres saber lo que alli baya
pasado, y la determinación que se to­
ma, ven hacia acá á la tarde, que yo
luego que lo oiga no tendré mas cui­
dado que de tomarlo bien de memo­
ria para comunicártelo, y á cuanto»
vengan de nuestra ropa al portal de
casa, lugar de nuestras juntas, por no

VI AGES

faltar á las obligaciones del oficio. Esta
e s , señores, toda la relación que se
me ha hecho, si fuese necesario saber
otra cosa, volveré á evacuar la cita,
que él no faltaré á ella, porque es
criado que sabe serlo con todos los re­
quisitos de tal.
j Ay amigo Tulipán, exclamé, esto
está peor que estaba! El marqués (no
pongáis duda) ha ido determinado á
dar queja de vuestros excesos, ó bien
en derechura al soberano, ó bien por
medió del ministro de quien puede se­
guramente confiarse, porque las altas
circunstancias y rectitud de éste re­
pugnan á que cometa la detestable trai­
ción de ocultar la verdad á su prin­
cipe; y diciéndosela, ¿como se podrá
evitar el ejemplar castigo que le dic­
tará su justicia? No os puede poner
á cubierto vuestra ilustre sangre, por­
que si vos mismo no habéis correspon­
dido á la heroicidad de las acciones á
que os llama , ¿ como se os ha de tra­
tar según exigian sus privilegios? Yo
también experimentaré justamente el ri­
gor de su sentencia aunque bien á san­
gre fria , habiendo sido co'mplice solo

DE

VVANTON.

£63

por una inconsideración; no puedo sa­
tisfacer, diciendo que os acompañé por
ser vuestro am igo, porque la amistad
no es motivo que sirve para las ac­
ciones oscuras y mal sonantes; antes
bien como vínculo de almas virtuo­
sas las evita por todos cam inos;. tam­
poco los favores que á Roberto fran­
quea el soberano y á mí por conse­
cuencia pueden ser escudo contra sns
iras, pues estos son como el calor del
s o l, que obra diversamente según el
sugeto que le recibe; derrite á la cera,
y endurece al barro, siendo él uno
mismo; asi pues en Roberto serán fa­
vores porque se los granjea, los que
en mí castigos, pues con mis yerros
los atraje sobre mi cabeza. Ya no hay
remedio á lo hecho, me interrumpió
Tulipán : yo siento que mi amistad
os baya expuesto á estos sinsabores:
marchemos, am igo, al punto por si
la ausencia puede abrir algún camino
á la enmienda. Esto d ijo , y dio or­
den al lacayo para que buscase carruage que nos restituyese en aquella
misma noche á la corte: este volvió sin
haberle encontrado, y con sola la es-

£64

VI AGES

peranza de que por la maílana le ha­
bría; quedo en el encargo de solicitarle
al amanecer, y nosotros cansados de la
mala noche antecedente, y de la inac­
ción del dia nos resolvimos á recoger­
nos muy temprano.
En lo mejor de nuestro sueno es­
tábamos cuando oímos unos recios gol­
pes á la puerta del cuarto; levantóse
el lacayo que se quedaba con nosotros,
abrid, y vimos entrar un mono con
traza de inválido, vestido con el uni­
forme de la casa real, y en la mano
un largo garrote con una especie de
lanzon al fin de é l ; bronco de voz,
y serio de semblante pregunté por mí;
como yo estaba á medio despertar, des­
prevenido , y con la conciencia no sa­
na , luego que vi delante de la cama
aquella estantigua armada de tan for­
midable instrumento, creí que era mi
hora llegada; mas no obstante mi mie­
do me iba á poner en estado de de­
fensa, cuando él me dijo sosegadamente
que no temiese que venia á traerme
un pliego del secretario de estado: yo
le recibí temblando, conociendo que
aquello no era otra cosa que mi sen-

DE WANTON.

265

tcncia ; abríle, y di el sobrescrito al
portador para testimonio de la entrega;
y luego que volvimos á encerrarnos,
le leí en alta voz (después que supe
su contenido) para que le oyese mi
compañero; y decia de este modo:

Amigo Enrique.
nrLa dulzura de vuestro genio (lo
conozco) os ha conducido á una con­
descendencia que debia traeros conjssecuencias muy funestas, si yo car55 gado ya de canas y experiencias no
33 hubiera procurado cortar el lance con
jila prudencia mas posible. Tulipán jo33 ven inconsiderado ha escandalizado la
55 casa de un sugeto noble y pundo­
no ro so. El marqués ofendido se tem33 pío con
mis reflexiones , y queda
33satisfecho con unas providencias exsjtrajudiciales: no ha podido mi amis3?tad excusaros el ser incluido en ellas
3 3 porque estáis acusado como cómplice:
33en esta inteligencia se hace forzoso
33que á las tres horas de recibir este
55pliego salgáis del sitio, acompañado
?jde Tulipán, dirigiéndoos á las ciu33

206
VIAGES
jjclades que gustaseis con tal que disjjten lo menos cuarenta leguas de la
35corte, sin que podáis volver á ella
35sin real decreto; advirtiendo á vues35 tro compañero que esta orden tiene
33para sus efectos la misma fuerza que
33si hubiera sido pronunciada en vista
33de causa; por convenir asi al so73 siego público. Y para que sin ex33cusa podáis cumplir lo aquí conte33 nido, á la puerta de vuestra posa33da hallareis á la hora caballos para
33 vosotros y para un lacayo. Yo quedo
33encargado de mirar por vos, para
3? que podáis restituiros luego que esten
33 sosegadas las presentes turbaciones;
3?pues en todos tiempos es vuestro se»guro amigo y servidor
Rosal.
No quedaba ■mucho que discurrir
en el asunto: recogimos nuestros mue­
bles que se pusieron en una m aleta, ca­
paz de ir en la gurupa del caballo; fia­
mos en la experiencia que tenia el la­
cayo de los caminos por haber sido
postilion, la dirección de nuestro viage;

DE W ANTON.

267

y nos prevenimos al punto para la
marcha. Aproveché el breve tiempo
que nos restaba noticiando á Roberto
mi destino, diciéndole:
Amado compañero y amigo mió
Roberto:
ce ¡Cuán á mi costa experimento la
»falta de vuestra dirección y consejo!
»No estaba aun mi entendimiento ca»paz de soltar las velas, gobernando
??el timón un conocimiento falto toda»vía de muchas experiencias: guiado
»de un falso punto de honor condes»cendí con las travesuras de un joven
»que me ha traido al estado de verme
»desterrado vergonzosamente, ya he em»pezado á sentir incomodidades, sustos
» y sobresaltos inseparables compañeros
»de la inconsideración. Yo parto á la
»hora sin saber adonde: gobernado por
»un mono soez y bajo, expuesto por
»esas provincias de este continente á
»ser espectáculo de otros monos, tanto
»mas molestos cuanto menos cultos. In» digno soy del alto carácter de hombre,
»pues ni aun
monos he sabido

entre

263

TIAGES

»conservarle; con razón pago mi eul»pa. Desde todas partes os iré dando
»cuenta de mis peregrinaciones y tra» bajos. Gozad en paz de un reposo
»que vuestra moderación, pulso y ma»durez lian sabido grangearos aun en»tre tan distinta clase de gentes, y
»lastimaos de corazón de vuestro in» feliz amigoEnriquer.
Encargué la remisión de este plie­
go á nuestro patrón, pagárnosle el alo, jam iento; y á la puerta de él halla­
mos tres caballos, y un criado del se­
ñor Rosal, que de parte de su amo
me entregó un bolsillo capaz de pro­
veer á nuestra subsistencia por mu­
chos dias con un atento recado , de
que en cualquier aprieto contase con
sus haberes, y en todo tiempo con sut
a mistad : respondí agradecido, y acepté
el don que su liberalidad me franqueaba,
porque no sabia los varios sucesos que
podían pasar por nosotros, y la preci­
pitación de la marcha era un pretexto
decente para abrazar cualquier partido.
Poco mas seria de la media noche

DE W ANTON.

269

cuando ayudados de la claridad de la
luna tomamos la ruta hacia donde qui­
so Orozuz nuestro lacayo : en lo que
de ella restaba y en los tres dias que
siguieron , picamos de martinete con
tanta diligencia que conseguimos po­
nernos en el término de las cuarenta
leguas desviados de la corte y sitios
reales , que se nos intimé en la senten­
cia. Paramos por la noche en una ca­
sa que había en medio del campo de
las muchas que se encuentran en aque­
llos países, que sirven para tomar des­
canso los pasageros , cuando están muy
distantes los poblados que sucede fre­
cuentemente. Desde luego el frontis­
picio daba á conocer la magnificen­
cia del trato interior. Yo creí que peor
piso que el de los caminos no po­
dría encontrar, aun en los mas ásperos
cerros; pero era porque jamas habia
pisado el pavimento de estas habita­
ciones : unas grandes y desiguales pie­
dras formaban su entrada tan resvaladiza que hubo de hocicar mi caballo
y dar conmigo en tierra, si yo hubie­
ra ido un poco descuidado : desmon­
témonos , y sino hubiésemos llevado

27O

T I AGES

lacayo, hubiéramos tenido que condu­
cir nosotros mismos los caballos al es­
tablo. Yo tenia muy buena gana de
cenar y mayor de tomar algún descan­
so ; buscamos al huésped, que al fin
de preguntar á varios hallamos en la co­
cina , calada la montera hasta los hom­
bros, con una cara de pocos amigos,
y trage de mucho parentesco con el
del amigo Ajenjo; mas me pareció un
vandolero que un mono de regular
crianza, como creí debiera ser por ra­
zón del continuo trato que allí tenia
con los primeros sugetos de la monar­
quía, que cuando caminaban por aquel
parage necesariamente tenian que ha­
cer tránsito en aquella casa: saludá­
rnosle cortesmente, y no se dignó de
mirarnos ocupado en el grave asunto
de celebrar á carcajadas, y atender al
suceso nada limpio que un arriero con­
taba, acaecido con la moza de un me­
són ; acabóse éste antes que nuestra pa­
ciencia, y volviéndose á nosotros en­
capotado el semblante , no nos dijo
mas de ¿qué se ofrece? Suplicárnosle
nos preparase un cuarto poniéndonos
unas camas y dándones de cenar: ya^

DE WANTON.

2J7I

respondió, poco piden; vaya que pa­
recen personages de pelo, aunque el
tren es bien reducido: caballeros, cuarto
no hay mas que uno, y ese está siem­
pre reservado para gente de modo, y por
tanto se ha dado á unos señores de co­
che que acaban de llegar: cama no hay
otra que la del galgo, y asi podrán
hacer la rosca en la cocina, en el por­
tal o en la caballeriza; y en cuanto á
cenar se guisará lo que traigan en aca­
bando los arrieros, y sin esperar mas
respuesta empezó á gritar con un mo­
zo de tan buena traza como e l , que
tenia para que diese la paja y cebada
según el arreglo que le había confiado,
y por no sé que medida de mas ó de
menos se hundía la casa á juramentos
y maldiciones recíprocas. Este mono
es sin duda la piedra de toque de nues­
tra tolerancia, dije á mi compañero:
veamos, respondió él, á que quilates
llega; pero oyéndolo Orozuz nos re­
plicó : ¡ oh ! señores, pues ahora se co­
mienza ; esta es la muestra del paño;
bien podéis armaros de paciencia, pues
como este son cuasi todos los que se
hallan en semejantes casas por el rei-

272

VI AGES

no , insolentes, malcriados y .... pero la
experiencia os dirá lo que callo: la co­
modidad en todas ellas es la misma, y
asi acomodémonos como se pueda que
una noche mala de cualquiera suerte
se pasa. Dicho esto, suplicó al patrón
que á lo menos nos diese un puñado
de sal y un poco de aceite y vinagre;
condescendió como haciendo un favor
muy grande, y aun añadió una cebo­
lla por via de gracia ; con cuyos avíos,
colando el vinagre para quitarle un sin
número de moscas que habian caído en
el sarroso y deshocicado jarro, con el
pan que llevábamos se hizo un gazpa­
cho que comimos con tanto apetito
como si fuese uno de los mayores re­
galos ; yo siempre había hecho ascos á
la cebolla por su olor fétido , pero
aquella noche'hie olia á ambar. Digan
los glotones que el mucho regalo no
estraga al apetito; pero experimenten
algún dia la necesidad y el ham bre, y
verán con que aceros tan distintos se
sientan á la mesa. Por último, no hu­
bo mas remedio para descansar un rato
que acostarse vestidos sobre las cap,as
en un rincón del portal.

DE WANTON.

273

c Aunque el cansancio nos convidd al
sueño se deja discurrir que lo mullido
de los colchones nos echaría bien tem­
prano de la cama ; antes de amanecer
ya teníamos de punta los huesos; ensi­
llados los caballos y prontos á marchar,
llamamos al patrón para pagarle el des­
engañado hospedage que nos había da­
do y cortísima costa que le hicimos;
vino al punto con tantas cortesías y
cara de risa que parecía otro, aunque
tardó poco en sacar las uñas; pidiónos
una exorbitancia , tanto que nos sor­
prendió , y aun á Orozuz con estar
hecho á los golpes: con la mayor mo­
deración le replicamos diciéndole, que
sin duda habia equivocado la cuenta,
porque no sabíamos en qué podiamoá
haber causado un costo tan crecido. E l
recuperando el encapotado gesto de la
entrada, meciéndose y puesto en jar­
ras , nos dijo con la mayor desver­
güenza: estos muñecos de la corte, to­
do bambolla y poquísima moneda, quie­
ren siempre que se les asista y sir­
va á título de suficiencia; si habían de
tener tanta dificultad en la paga, ¿por
qué no se quedaron á pasar, la noche
T omo iii.

i8

«74

V I AGES

en el mesón de la estrella, que allí no
puesta dinero? Estaré yo aqui solo por
tener la honra de servirles como si los
comestibles que hay en la casa ( ya he
dicho de lo que nos proveyó ) nacie­
ran en esos campos , como si me die­
ran la casa de balde.
Supe después en otra ocasión que
sobre ser ellos generalmente una gente
vilísima se les dá pie para que sean mas
ladrones, por el excesivo precio en que
los señores de las tales casas se las ar­
riendan., sin mas medida ni proporción
que su antojo, su lucro sin tasa, y las
temosas pujas de ellos entre sí, resul­
tando estos desarreglos contra el infe­
liz pasagero que tiene que pagarlos pa­
ra que el dueño principal lo disfrute
$in trabajo; y el bribón del inquilino
pumpla el injusto arrendamiento , y
saque fruto de su tema con una noto­
ria pública injusticia. Parece exagera­
ción ésta y cuento de viageros, pero
creáseme que no hay duda en que asi
pasa.
Tulipán tenia la pólvora mas seca,
y ya conocía yo que le iba faltando la
paciencia ¿ por esto y porque aquel

DE WANTON.

S75

bárbaro no dijese mas desvergüenzas
y despropósitos le respondí sosegado:
teneis mucha razón en querer se os pa­
gue, bien creo que os cuesta vuestro
dinero todo lo que habéis dicho, y
nosotros desde luego estamos prontos
¿ satisfaceros , pero ignoramos como
monta tanto nuestro gasto. Serenóse un
poco y dijo : pues , sí señor , eso im­
porta rebajado lo que os hacia de gra­
cia ; pero ya que queréis la cuenta por
m enor, pagareis lo que sumen las par­
tidas ; id pues contando: de cebada. . .
de paja . . . de atadero . . . de mozo . . .
de emporcar la caballeriza. . . del col­
gadero de los arreos de los caballos. . .
de aceite . . . de vinagre ( no contó las
moscas tal vez por via de gracia)... de
sal.... de agua.... de cebollas ( esta par­
tida debió entrar en singular) . . . . de
asistencia... de camas (esto es una man­
ta que dió para los tre s)... de ruido...
de l u z . . . y por lo que hace á la casa
daréis lo que gustareis; la de los alfile­
res á la moza es partida volpntaria (bas­
tantes necesitaba si habia de prenderse
todos los girones que la colgaban).
Fue poniendo las partidas á tanto pre-

26

‘?

VI AGES

eio que sumaron al fin doble porción
que habia pedido primero ; puso pies
en pared sobre que se le pagase según
esta cuenta , y anadió tanta insolencia,
que yo me enfade ya un poco, y mi
compañero acabando de perder los es­
tribos , levantó la mano, y le sacudió
tan buen torniscón que le hizo la mos­
taza.
Aqui sí que fue la gritería comple­
ta , juró, blasfemó y llamó en su ayu­
da á todos sus amigos : rodeónos al
punto una muchedumbre de monos,
porque todos los. arrieros y demas gen­
tualla que habia agregada en la casa, se
conjuraron contra nuestras vidas; no
hubo tranca en el corral, tenazas en la
cocina, ni pala y hurgonero en el hor­
no que no amenazasen á nuestras ca­
bezas ; pusímonos en defensa y nos
fuimos retirando hasta el medio del
campo; pero allí nos siguieron coa
jtanta tenacidad, qug me fue ya preciso
pasar de la mera defensa, á la ofensa;
por lo cual pude separarlos por algún
espacio : esto fue peor en el efecto,
porque viendo que no podion ofender­
nos aproximándose, echaron mano i

DE WANT0N.

2^7

las armas arrojadizas, y un pastor que
se les había agregado nuevamente de
aquellos que tienen vinculado en su
mano un tino sin igual, disparándome
con la honda un mediano guijarro lo­
gró descalabrarme y aturdir m e, dando
con mi cuerpo en tierra : falto de mí
auxilio mi compañero, asi como su cria­
do , tuvo que rendirse inmediatamente
á voluntad de aquellos impíos villanos,
los cuales aprisionándonos fuertemente
de pies y manos, nos condujeron con el
mayor descomedimiento á la cueva de
la casa , en donde mas que por cari­
dad por miedo de que me desangrase me
cogieron la sangre, y ataron á la ca­
beza un asqueroso trapo, dejándome
asi encerrado cou Tulipán y Orozuz has­
ta tomar sus providencias.

378

VIAGES

CAPÍTULO XIII.
De la prisión de Enrique y Tulipán
en una aldea al paso de su viage.

Y a estaba bien avanzada la tarde, y
no habían aun tenido los villanos con­
miseración de nosotros , entrándonos
algún alimento: la falta de la sangre y
los muchos nudos que tenían las liga­
duras con que me habían sujetado los
pies y las manos vueltas á la espalda,
impedían que yo hubiera podido rom­
perlas , y hacer esfuerzos de libertar­
nos á toda costa. ¡ Qué miserable cons­
titución la nuestra! ¡ qué escarmiento
de mal aconsejados ! Todo este daño
era dimanado de un solo error. Aun
del consuelo de la luz estábamos pri­
vados ; tirados como bestias por los sue­
los en un terreno humedísimo y des­
igual, sin acción, ni libertad para que
con Ja variedad de posiciones tomase
el cuerpo algún descanso: adormecidos

D E W A N T0N .

2JT0

los miembros con la compresión de
los cordeles; perseguidos de diversas
sabandijas que nos incomodaban no
poco; descaecidos por falta de alimen­
to , pero mucho mas por la considera­
ción de nuestro paradero ; y en fin
rodeados de miserias y de aflicciones
del cuerpo y del espíritu , comencé á
persuadirme á que era ya aquella mi
ultima hora ; no tanto la temía por­
que mi vida se finalizaba en medio de
una edad lozana y briosa, cuanto por
la causa; una muerte honrosa es coro­
na y gloria de nuestra carrera; una
muerte vil y baja es oprobio de la vi­
da : ¡ qué congojas pues no sentiría yo 1
al considerar que acababa la mia en un
oscuro encierro, ó á los crueles filos
del cuchillo, 6 á la dura inclemencia
del ham bre! No fue este solo el tor­
mento que me afligid por entonces:
llego Tulipán á los términos de un cai­
miento de espíritu tan deplorable, que
tuve que sacar fuerzas de flaqueza pa­
ra consolarle , porque no tocase en
desesperación. Orozuz que tenia bas­
tante ligereza pudo arrastrando ir po­
co á poco ganando terreno hasta 11c-

280
VIAGES
gar adonde yo estaba, y con loé dien­
tes no sin alguna dificultad logró desa­
tar los nudos y lazadas que me tenían
Sujetas las manos, con lo cual ya li­
bre pude desaprisionar-á los otros; pe­
ro toda la satisfacción y gusto que lo­
gramos de vernos en nuestra libertad
se nos acibaró inmediatamente cuando
después de haber buscado á tiento la
puerta, ósta resistió á mis impulsos;
aqui fue cuando Tulipán soltó las rien­
das á su apocamiento , y llegando al
extremo se arrestó á proponer que
nos quitásemos la vida por nuestras
propias manos. ¿ Seríamos , decia, los
primeros que generosamente lo han
ejecutado ? Ejemplos tenemos dentro
de nuestro mismo continente de pue­
blos enteros , cuyas murallas, riquezas
y habitantes acabaron á un mismo
tiem po, entregándose ellos mismos á
la voracidad de las llamas antes que á
la ferocidad de sus enemigos; y por
cierto que diversas veces he oido en­
salzar esta acción como de la mayor
heroicidad y gloria; glori a tan inmor­
tal que llena de honor aun á algunos
naturales de aquellas provincias, por-.

DE W ANTON.

28 I

qué aunque es verdad que no quedó
viviente ni piedra sobre piedra de aque­
llas ciudades , ni otro vestigio que el
suelo en donde estuvieron ; aunque
también es indubitable que los actua­
les pueblos sus herederos se fundaron
muchos anos después, y en otro para­
ge , les basta el contacto físico del ter­
reno para que se lisonjeen de esta ho­
norífica descendencia: ¿No es un tes­
timonio auténtico de la libertad de
nuestra naturaleza, y un apoyo de la
grandeza de nuestro espíritu tener en
nuestra mano el medio de eludir la ti­
ranía de nuestros enemigos, previnien­
do por nosotros mismos el funesto gol­
pe que su violencia nos prepara ? ¿ Po­
demos con semblante sereno esperar
en la miserable constitución en que
nos hallamos una muerte, tanto mas
violenta cuanto mas involuntaria? Me
horrorizo solo de pensar el áspero tra­
tamiento, la indecorosa b u rla , y por
último el cruel suplicio á que esta­
mos expuestos. Gocemos pues infeli­
ces compañeros del mayor de los do­
nes que nos ha franqueado la Providen­
cia , dejando en nuestro arbitrio la pro-

28*

VIAGES

porción de finalizar nuestros males*
de no permitir á otro que ejecute á
nuestro despecho sus sangrientas in­
tenciones, y desarmar los tiros de la
suerte contraria cortando la carrera de
nuestros dias antes de sufrirlos vergon­
zosamente hechos juguete de la for­
tuna.
Asi discurría Tulipán , y aun dispo­
nía ya el medio de poner en práctica
sus designios, que nunca faltan ocasio­
nes de perderse al que anda sutilizan­
do modos de acarrearse su última rui­
na. No podía yo asentir á las descabe­
llarlas proposiciones de Tulipán , pres­
cindiendo de otras mas graves razones
por solas las de una racional filosofía;
y asi prontamente le repliqué: no, Tu­
lipán, no permitiré yo la ejecución de
una acción tan torpe y desesperada:
no debeis dejaros llevar de ejemplos
que mas que la grandeza de alma pro­
dujo un ímpetu de fiereza, dejad que
los alaben aquellos que advirtiendo la
acción solo por la exterioridad no exa­
minan el fondo de furor bárbaro que
incluye: pensar en morir antes que
ser vencido es una ley dictada mas bien?

DE W AN TO N .

283

por la necedad, que por el valor: ¿qué
fuerza hay que no sea limitada, y que
defensa que no se contenga en ciertos
términos? pues ¿porqué no podrá ocur­
rir un mayor poder por esfuerzo, por
número, por pericia, ó por otro cual­
quier accidente al que sea prudencia ce­
der ? morir con las armas en la mano en
medio de sus enemigos destruyéndolos
podrá ser disculpa de un¡ ánimo esfor­
zado ; pero matarse por no morir ¿ qué
puede ser sino locura ? Estad cierto
de que no pasa de cobardía, impacien­
cia y apocamiento de espíritu el no
tener ánimo para aguardar con rostro
firme los golpes de la fortuna, no
hay cosa mas fácil que despreciar la
vida cuando esta es una pesada carga
rodeada de adversidades; la mas difícil
empresa es atreverse á ser desdichado;
mayor fortaleza es necesaria para sufrir
la pesada cadena que nos oprime que
para romperla; porque la verdadera
virtud de la constancia no cede á los
males y contratiempos, antes son estos
el fuego que la acrisolan : ¡ oh ! si supiérais cuantos desde la cárcel en donde
esperaban animosamente su última ho-

2^4

'

VIAGES

ra fueron conducidos á la mas alta for­
tuna ! Si estos dejándose llevar de la
aprensión de su infortunio, hubiesen
querido prevenirle dándose la muerte
con sus propias manos, hubieran cerra­
do la puerta á sus felicidades. Estas y
semejantes razones consolatorias estaba
proponiendo á Tulipán , no obstante
las amarguras de mi corazón ,* cuando
sentimos un grande ruido de gente que
se acercaba á la puerta; ebrióse ésta y
nos vimos prontamente rodeados de
una innumerable multitud de monos
que con luces y armas seguían á uno
que parecía por las senas el cabo ó
gefe de todos; traía un palo alto en
la mano , y de su trage y habla no
nos podíamos prometer mucha civili­
dad ; sus acciones no obstante demos­
traron mas compasión que hasta en­
tonces habíamos experimentado , pues
no permitid que nos volvieran á atar,
los que admirados de vernos libres
iban á ejecutarlo segunda vez; se in­
formó también acerca de nuestro ayu­
no , y mandó se nos diese algún re­
frigerio ; luego nos dijo: yo bien qui­
siera , caballeros, excusaros el disgusto

DE W ANTON.

285

de la detención de vuestro viage , el
arresto que es necesario, y el coste que
os ha de tener forzosamente la causa;
pero me veo obligado á petición de
parte. Asi que llegué á mi casa esta
tarde de vuelta del trabajo del campo
(que en mi aldea no hay esa casta de
holgazanes que en las grandes pobla­
ciones, pues todos tienen algún desti­
no ) me encontré con una hija del bribonazo dueño de esta casa, que nos
dá mas que hacer que todo el pueblo,
querellándose de vosotros por haber
herido malamente á su padre, como
también á otros tres ó cuatro; plíse­
me al punto en camino , que será co­
mo de media legua, trayendo conmi­
go al barbero del lugar para hacer la
pesquisa; y aunque hemos hallado que
no son cosa de cuidado las heridas , es
indispensable seguir la causa por razón
de la querella dada; por tanto es fuerza
©s deis á prisión y vengáis con nosotros;
pero antes , maestro, registrad la heri­
da que según el trapo ensangrentado
tiene el señor en la cabeza. Hízolo asi
el barbero con tanta suavidad como si
fuesen sus manos dos rastrillos ; sufrí

286

VIAGES

como pude aquel martirio : y después
nos fue igualmente preciso dejarnos
conducir á la cárcel del referido pueblo inmediato.
Era largo é inútil referir por exten­
so los trabajos que experimentamos en
la prisión, mayormente cuando está
al principio , desconfiando el juez de
nuestra seguridad, fue un estrecho y
oscuro calabozo lleno de hediondez
y sin respiración; basta considerar que
en un lugareillo infeliz, en donde los
que pasan plaza de ricos y hacenda­
dos tienen que sufrir mil incomodida­
des eu sus propias casas, era consi­
guiente fuese infernal el lugar desti­
nado para la detención de los reos; la
comida era proporcionada al hospeda*
ge, y la cama el desnudo suelo: algún
tiempo duró esta áspera penitencia , al
cabo del cual logramos un corto ali­
vio en todos estos ramos por recomen­
dación que vino de la corte solicitada
por mi amigo Roberto, á quien luego
que tuvo proporción informe" de nues­
tra infeliz suerte. Pero ¡qué bien, qué
fortuna, qué dicha tuve jamas, que no
me viniera por esta mano bienhecho-

CE W AN TON .

287

r a , por éste sin igual ejemplo de ver­
dadera amistad! Aun mas que los ali­
vios corporales me alentó el que reci­
bió mi espíritu con una carta suya,
que en breves palabras me hablaba al
alm a, y decia de este modo:
M i amado E n rique:
o?Aunque no el total que deseo, mi
» mediación os ha conseguido algún
»alivio en esa prisión que os molesta;
» yo hubiera ido en persona á dárosle
»si me hubiera sido permitido , pero
»las continuas honras de este príncipe
» va n diariamente añadiendo eslabones
»de oro á la cadena que me sujeta á
»sus órdenes. Permitid que me admi­
a r e de haber leido vuestro dolor en
»unos términos tan distantes del mo»do de pensar que teníais cuando li»bremente hablábamos á solas acerca
» de nuestra fortuna. No creí yo que
» m i Enrique pudiera caer en un aba»tim iento de espíritu tan vergonzoso.
» La prisión, el destierro son las aflic» dones que os conducen á una amar»gura de corazón tan funesta. ¡ Será

288

VIAGES 'T

»posible que no hayais reflexionadcr
»sobre estas dos especies de adversi-*
»dades ! Vuestro espíritu se aflige
»¿acaso vuestro espíritu es el preso?
»¿No se pasea libremente por donde
»le agrada, sin que poder alguno dei
»orbe, ni todo el mundo junto, ni el
» mismo cuerpo que le rodea pueda,
» no digo aprisionarle, pero ni aun con» tenerle en límite’alguno ? El cuerpo
» padece , es cierto; pero la parte prin»cipal, que es el alma, tiene ocasión
»de demostrar su heroicidad, su pa» ciencia, su tolerancia, y cuantas vir»tudes pueden hacer á un sugeto en»trar en el templo de la Fama : fácil
»será ejercitarlas si la prisión es corta
» y poco cómoda; si es larga y dura,
»será mayor la gloria que os quepa
»por haberlas puesto en práctica. No
»adquirid tanto crédito para con pa» tridos y extrangeros el incomparable
»Tomas Moro entre las felicidades de
»su libertad, como entre los horrores
»de su prisión. Nuestro célebre gene»ral Stanhop, luego que derrotadas en»teramente sus tropas en Brihuega fue
»hecho prisionero por los españoles,

DE WAN^ON.

289

dedicó el tiempo de su prisión al
5? estudio del sistema de la gravedad
55 de los cuerpos que aplicó á Jos pla55 netas el caballero Newton , hacien33 do sabiamente á su infortunio esca33 Ion que le condujese á las ilustracio33 nes de su entendimiento. A despechó
53 de la tiranía no ha habido tormento
33 material que se atreva á ofender al
33 espíritu , ni r ^ ros ó encierros que ha33yan podido aprisionarle ; preguntád33 selo á Anajarco, cuando ya medio
33 quebrantados los huesos dentro de
33 un mortero no respondió al tirano,
33 que pretendía sujetar su ánimo, otra
33 cosa que : despedaza, rompe el saco
33 que incluye al espíritu de Anajarco,
33 que por mas que emplees tu poder,
33él siempre permanecerá ileso y libre.
3 3 No una carta, tomos enteros podia
'33 escribiros de. reflexiones sobre este
33 asunto ; pero no teneis que hacer
33 otra cosa sino traer
á la memoria
33 nuestras antiguas consideraciones , y
33 los muchos escritos que os he cita33 do , que tratan largamente de esta
33 materia. Otro tanto y mas os podria
33 decir acerca de vuestro destierro. ¿Os
n

T omo irr.

19

290
VI AGES
55conduce á otra aflicción, os acarrea
33 otro daño que el que abulta vuestra
53 fantasía ? Para el sabio todo el alun­
a d o es pais sin particularidad en uno
33mas que o tro: todas las tierras tienen
33poco mas ú menos unas mismas pro33ducciones, unas mismas fieras ; nos
33proveen de lo que necesitamos , y
33nos proporciona fieles amigos, si por
33 nuestros buenos oficios sabemos no33sotros concibámoslos. El hermoso bri33 lio de los astros y planetas , la grau33deza de los cielos, y lo admirable de
33 su curso en todas partes se nos ma­
ss nifiesta igualmente, tanto mas digno
33 de nuestra consideración, cuanto siem33 pre lo vemos en una misma distancia,
>3en un mismo orden y una misma
3 3 magnitud, tan diversa de la de la
33tierra, que solo un planeta de los
33 que comprende nuestra vista es mas
?3de ciento sesenta veces mayor que
3 3 ella, y nada de él se nos ocultaj
33 cuando ,no obstante la pequenez de
33 ésta, apenas descubrimos diez ó doce
33 leguas de su extension. Pasad la con33 sideración á esa incomprensible y pas33 mosa m áquina, yereis que
está en

DE. WANTON.

29 I

jj continua rotación, haciéndose visible

33 á nuestras observaciones por toda la
j?tierra. ¿No es una mera preocupación
»considerarse desdichado por no vivir
33 ó dejar sus huesos ( como suelen de?3cir estos imaginados infelices) en un
33 lugar en donde tuvo su primera cu3 3 na? ¿Por ventura no fue accidental
33 que nuestra madre nos pariera en este
33 ó en el otro pais ? Es mucha debili33 dad y bajeza creerse extrangero en
33 parte alguna del orbe: todo él es nues33 tra patria mientras vivimos ; á todas
33 partes llevamos nuestro mismo espí33 ritu , virtudes y vicios; éstos no se
33 circunscriben á determinado terreno;
33 éstos nos hacen felices ó desdichados;
3 3 tristes ó gustosos; libres ó esclavos:
33 en esta inteJigencia hallarse bien ó mal
33 cuando mudamos habitación depen33de en la mayor parte de nosotros
33 mismos. ¡ Cuántos no han visto el
33 rostro á la felicidad , hasta que por
33 medio de un destierro han salido del
33 lugar de su nacimiento y crianza!
33 ¡Cuántos voluntariamente se han des33 terrado ! ¡ Cuantos después ae levan3>tado su destierro no han querido de-

292
VI AGES
jarle, afirmando no haber vivido mas
jj tiempo que el que ha durado esta sejjparacion de su pátria! Acordaos de
jjlas historias que para consuelo de
jj nuestra peregrinación tantas veces he55 mos referido, particularmente las de
55 aquellos ilustres romanos Rutilio y
55 Marcelo. Pero ¿ para quá me canso?
jj ¿ V o s, mi Enrique : no estáis tan
jj desterrado de vuestra pátria en Si55 roidpolis, como en cualquiera otra
parte de este continente? Pues exajj minad que era lo que ya os tenia mas
55 tranquilo en esta capital
y vereis
» que eso mismo os hará después me»nos áspera la separación de ella. No
55 son los consejos que os dicta mi cajj riíio meras consolatorias; desterrado
estoy de mi pátria igualmente que
»vos por los altos designios de la Pro55videncia; y no obstante, vos misipo
habéis sido testigo ocular de la prác2»tica de ellos en mi persona, sin
jjque contratiempos ni trabajos algujjnos me hayan hecho perder de vista
55 la tranquilidad interior que siempre
55 he juzgado digna de la grandeza del
js espíritu del hombre; sino os parece
jj

DE WANTON.

293

33fácil la ejecución, creed que muchas
33veces aparecen difíciles las cosas, no
55 porque lo sean en sí mismas, sino
33 porque nosotros no nos atrevemos á
33 ponerlos en práctica: esforzaos, conso33laos y contad en todo lance con vues33tro mas verdadero amigo
Roberto.
Con las reflexiones á que me exci­
taba esta carta, y que me sugería mi
discurso, no solo tomé aliento pa­
ra sufrir paciente mi adversidad , si­
no para fortificar á Tulipán en su cai­
miento de ánimo. En fin , poco" á
poco fuimos ganando la voluntad de
nuestros rústicos jueces , y á fuerza de
tiempo y de dinero conseguimos, que
bajo de fianzas se nos diese el lugar
por cárcel, y se nos permitiese alojar­
nos en una casa de las mas principales
del pueblo. Algunos meses pasaron
primero que estuvo la causa en estado
de sentencia j fue el caso que la parte
contraria era terca y con dinero: tenia
bien agasajado al asesor del alcalde que
era un abogado de la comarca, ham­
brón y capaz de detener aíios enteros

294

VIAGES

unos autos si le daban barro á mano
y últimamente el escribano tenia con
nuestro referido competidor cuentas
pendientes sobre ciertas fanegas de tri­
go que le tenia tapada la boca, y de­
satadas las manos: ; infelices nosotros,
si nuestro juez hubiera entrado á la
parte en su maldita coligación! Mas
este era uno de aquellos labradores po­
bres, pero honradísimos, de que están
Henos los pueblos de aquellos países :
era uno de los de aquella clase de gen­
te que se tiene por incivil y grosera
porque no está adornada de Cuatro ac­
cidentes fantásticos, que constituyen á
un mono cortesano; pero que en la
substancia es el nervio del estado, el
fundamento de las artes y el comercio,
y á quien debe el príncipe su subsis­
tencia, los poderosos su descanso, su
lujo y sus relumbrones, las capitales
su brillantez; por último en el cuer­
po místico de la república, asi como el
soberano tiene las veces de la cabeza,
y las milicias togada y armada la de
los brazos; esta clase ejerce la del es­
tómago, oficina desde donde se fomen-¡
tan todos los miembros, y se les da

DE WANTON.

«95

vigor para que puedan cumplir con las
funciones de su cargo: si el estado se
halla extenuado , sus contribuciones le
enriquecen; si el Rey tiene necesidad,
sus donativos le desempeñan; si el rei­
no ha menester defensa, sus mismos
hijos dejan el hazadon y empuñan la
espada; si se acusa de atrasada á la
nación, su industria lo desmiente. Tiéndase la vista sobre la campiña, y se
verá hecha un jardin con sus labores,
regada con su sudor; entremos en sus
casas, y nos pasmará el gobierno in­
terior con que las manejan sus esposas
y compañeras; el aseo con que las
adornan, y el admirable cuidado con
que crian á sus hijuelos; y para no
hablar indeterminadamente , yo me
alegrara poder llevar á uno de estos
nuestros erguidos palaciegos á la casa
del honrado aldeano que nos hospeda­
ba ; no veria en él un ceremonioso
embustero que encubre su pérfido in­
terior con el velo de cuatro agasajos
superficiales: no oiria unas frases hin­
chadas y en gerigonza, sin mas ver­
dad en, su objeto, que pureza en el
lenguage, no trataria con unos vende-

296

VI AGES

dores de humo , que asomando una
falsa risa á los labios, disimulan su en­
venenado corazón ; no experimentada
la común desigualdad de los necios
presumidos, desdeñándose de mirar hoy
al que ayer habian abrazado y dado
testimonio de la amistad mas sincera;
no tendría que sufrir á un entonado
poderoso con tantos artificios, mentiras
y tramoyas, como se necesitan para
cumplir con sus parentescos, empeños,
intereses y pasiones á costa de sacrifi­
car tal vez al inocente, tal vez al be­
nemérito ; no observaría una figura ri­
dicula, soberbia en sus pensamientos,
soberbia en sus exterioridades, y aun
en el andar á compás soberbia, exi­
giendo la veneración y rendimiento de
todos sus hermanos, solo porque por
uno y otro lado va enjaezada, y lleva
cuatro señales de distinción con que la
honro el príncipe, las mas veces no por
virtudes adquiridas, sino heredadas y
conservadas vergonzosamente; no tendria que tolerar... pero ¿para qué me
canso y abuso del sufrimiento de mis
lectores? vería en una palabra un sugeto digno de la mayor atención y res-

DE W ANTON.

297

peto, ingenuo en el trato, llano en la
conversación , verídico en sus promesas,
humano con sus dependientes, honra­
do en su modo de pensar , moderado
en su mesa y su vestir, exacto en sus
ebligaciones, y amigo sin doblez de sus
amigos: asi lo experimentamos Tuli­
pán y yo en los tiempos en que dis­
frutamos su casa.
Aunque los primeros dias que
pasé en esta aldea ya por la diversidad
de vida , ya por la falta de trato me
causaban indecible tedio, tiene tanta
fuerza la costumbre, que poco á poco
fui estando sino gustoso por el motivo
á lo menos no enfadado. Tomo mi ro­
bustez puevas fuerzas con el saludable
aire que en ella se respiraba; allí go­
zaba del cielo y los elementos con en­
tera libertad; la tierra me demostraba
sus frutos en sí misma, y no tenia que
tomar el sol por tronera , sino de cuer­
po entero y abiertamente. El ejercicio
que con licencia particular del alcalde
hacia muchos dias por aquellos cam­
pos me fortificaba y excitaba el ape­
tito ; los mantenimientos como mas na­
turales, aunque groseros, no cargaban

298

VI AG ES

mi estómago causando peligrosas indi­
gestiones; los vicios (excepto la detrac­
ción que tiene allí su domicilio) no cor­
rían por aquellas calles en tropas des­
medidas como observó en las capitales,
había mas rebozo, habia mas vergüen­
za ; las conversaciones, no entrando á
la parte (como he insinuado) las mur­
muraciones con que mordían las vidas
y honras de sus convecinos, por lo de­
mas eran inocentes, y aunque no de
sustancia, estaban por lo común libres
de artificios y dobleces, de que tanto
abundan las cortes y metrópolis: final­
mente, aquel celestial fuego que anima
á nuestro espíritu, que está violento
siempre que se quiere tener como apri­
sionado, aquí elevando su vuelo libre­
mente y reuniendo sus fuerzas, todo se
entrega á delicados pensamientos y gus­
tosas meditaciones, adquiriendo aquellos
grados de ciencia de que era capaz y á
que le conducía la vida campestre; la
que hubo quien dijo era parienta con­
sanguínea de la sabiduría: á lo menos
es cierto que en su retiro contempla
con sosiego exenta del bullicio de los
negocios propios y agenos que tanto

DE WANTON.

299

turban en las ciudades, y de los oficios
de civilidad 6 visitas impertinentes (*)
que solo son ladrones del tiempo.
Todo esto y mucho mas que omito
en su corroboración por no ser molesto
es indubitable; apenas habrá tan em­
botado entendimiento, que no se con­
venza de las ventajas de la vida de la
aldea: jcuántos grandes escritores han
gastado suavísimos rasgos de sus plumas
en alabarla y ensalzarla sobre la corte­
sana! No hay mas que decir, aun á
Tulipán hacían fuerza las razones; esta
es la mas exquisita ponderación, por­
que aunque le habían dado muy buena
crianza y eran despejadas sus luces, no
(<*) Z acarías U rsino Breslawense, sugeto m uy
docto del siglo X V I , siendo enem iguísim o de
la pérdida del perapo , y hallándose fatigado
de las co n tin u as im pertinentes visitas de sus
am igos , puso en grandes caracteres estos versos
á la p uerta de su estudio :

,

A m i c e q u isquís hite v e n ís ,
A u t a gito paitéis , a ut u bi ,
A u t m e lu b o ru n tem adjuca.
Esto e s :
A m ig o , seas quien fu e r e s ,
Que has ven id a p o r a c á
O no gastes prosa ó m archa
O aj údam e á trabajar.

,

,

300

VIAGES

las tenia cultivadas mas que como la
mayor parte de los eaballeritos de su
clase; cuatro exterioridades, media do­
cena de noticias superficiales, una total
instrucción de la insustancial etiqueta
cortesana, andar en solfa y hablar por
un vocabulario fastidioso que á todos se
acomoda; asi es, que en llegando á de­
licadezas metafísicas y exquisitos pro­
fundos discursos del espíritu, se que­
daba á buenas noches, y como si ha­
blara en otro idioma que jamas hubie­
ra saludado: ve'ase pues qué demostra­
bles son las ventajas de la vida rustica;
con todo eso, como esto es convenci­
miento solamente del entendimiento, y
la nobleza de esta potencia es tal que
luego se da á partido con la luz de la ra­
zón; es todo ello muy bueno para la teó­
rica, para escribirlo y para decir cosas
muy gustosas en el asunto; pero en lle­
gando á quererlas practicar, nos sale
al encuentro la voluntad que no entien­
de de razones, y que es una potencia
que por lo regular no está de acuerdo
con el entendimiento, es poderosa y le
avasalla, no se interna en el fondo de
las cosas, se paga de oropeles y exte-

DE WANTON.

301

rieridades: la hace presente el entendi­
miento que el cargo es una verdadera
carga pesada de quien le maneja que
suele acabar abrumándole; pero ella se
envanece porque ve relucir el vestido
y brillar las piedras: el entendimiento
hace visible por razón y experiencia,
que las sumisiones y cortesías no son al
sugeto, sino al empleo, y que quien le
besa la mano quisiera cortársela, y ella
se entona y pasa por de ley aquella fal­
sísima moneda: el entendimiento la
persuade lo transitorio y ridículo de to­
da especie de embelesos que la rodean;
pero ella se deja halagar de todo lo
sensual, y que mas dista de las verda­
deras delicias del espíritu: esto pun­
tualmente sucedia con mi amigo Tuli­
pán y con mis discursos; convencíanle,
se daba á partido su entendimiento, pe­
ro su voluntad repugnaba y se hallaba
disgustada en extremo; aquí no veia el
aparato y suntuosidad de los teatros,
edificios y jardines de Simiúpolis; no
oia delicadas músicas, ni gustaba aque­
lla especie de manjares y condimentos
á que úl estaba acostumbrado; asi fue
que eayd en una profunda melancolía:

30*2

VIAGE5

yo que deseaba aliviarle, y también
que se finalizase á cualquier precio
aquella pesada y fastidiosa instancia,
me estreché con el alcalde con quien
ya habia grangeado algún ascendente,
supliquéle el breve despacho, y le hice
presente las facultades que le compe­
tían para compeler al asesor á que no
detuviese mas tiempo los autos: el era
un buen mono, hízose cargo de todo,
montó en cólera, y me dió palabra re­
donda de evacuar el expediente, senten­
ciando la causa luego que pasasen aque­
llos quince dias, dentro de los cuales
nos hallábamos que no podia ser antes,
porque estos eran sumamente ocupados
para los mas sugetos del lugar, y espe­
cialmente para el dicho asesor y el es­
cribano, y asi era costumbre conceder­
les estas vacaciones para que despacha­
sen sus asuntos: dile repetidas gracias;
y comuniqué á Tulipán una noticia pa­
ra él tan plausible, y para mí también
en lo que cabe; pues ya nos veiamos
en términos de finalizar aquellas inco­
modidades que hasta entonces nos ha­
bían ejercitado.

/

Á

DE WANTON.

V V V V iíX A t W

303

%A V

CAPÍTULO XIV.
Llegada de Enrique y Tulipán á una
«
universidad.
C>omo mi oficio y destino principal en
aquellos remotísimos paises era el de
pbservador, no dejé de entrar en curio­
sidad y deseo de saber cual era el asun­
to tan preciso que en aquellos dias ocu­
paba el tiempo á aquella pobre gente j
con este pensamiento sfuí á mi patrón
que, como llevo dicho, era un honra­
do y machucho labrador de corbata y
polaina, que á veces gastaba unas chu­
zonas raarrajerías que me solian caer
en gracia: comuniquele la especie y
prontamente me respondió: ¡oh! señor,
este es tiempo en que se fatigan con la
mayor solicitud y mas seria meditación
todos los mas vecinos del pueblo, y
cuanto digo de este,, tened entendido de
los restantes de la comarca, y creo que
de las demas provincias del reino ; es
tiempo en que no se piensa de otra cosa,

304

vi ages

y ni en la estación de las respectivas
cosechas se anda con mayores afanes;
estos son los dias en que no hay des­
pensa en el lugar que no quede vacia;
no hay cuba ni tinaja en las bodegas
que no se deje desocupada, vereis un
innumerable ejército de cántaros de
arrope y m iel, un prodigioso acopio de
quesos, tortas, bollos y cuantas golo­
sinas da de sí el pais; no hay cochino
contra quien no se toque á degüello; no
escarba gallo en los corrales que no que­
de viudo; no se encuentra capón o pabo que no vaya atado cruelmente por
los pies, publicando por esas calles á
graznidos su desventura; en fin señor,
todo es confusión y ruido en estos dias.
Quedé aturdido de su relación, que exa­
geró con términos aun mas patéticos
que los que yo aquí expreso: ¿ y qué
es esto, le repliqué, hay por ventura
temores de rompimiento con alguna po­
derosa potencia , y son estas prevencio­
nes municiones de boca que se prepa­
ran para vivir con precaución, ó su­
cede por combinación de ocultas causas
la fatalidad de que se vuelven locos
los vecinos del lugar por este tiempo?

DE WANTON.

305

Nada de eso , me respondió, porque ni
son astrólogos , estadistas, arbitristas,
ni metafísicos para temer lo segundo;
ni para lo primero experimentamos por
acá una revolución tan general y for­
m idable; es asunto mas grave el nues­
tro; se trata nada menos que de los
particulares intereses de cada familia;
sabed que se acerca el fin del año, y
es invariable costumbre de estos na­
turales agasajar con todo género de fru­
tos del pais á los vecinos de Simiópolis; Simiópolis, aquella insaciable ba­
llena, que con el gran mar que for­
man los pueblos de este continente, to­
do lo devora, todo se lo traga, después
que nos apura el dinero, ya en con-,
tribuciones ya en préstamos, ya en
moños para nuestras antojadizas monas;
ahora es el tiempo en que exige como
de justicia nuestros frutos, y cuantos
comestibles estamos adquiriendo ó crian­
do para todo el resto del año, y que
nos han dejado de las temporadas en
que vienen por via de desahogo á fa­
vorecer nuestros hogares.
En poco habéis dicho m ucho, le
repliqué; pero me parece que no sois
T omo iii .
20

306

viages

exacto en lo que relacionáis, pues a«
os quedan por contar las recompensas,
que sin duda recibiréis de los cortesa­
nos. No creí, me respondió, que que­
ríais saber tanto; pero no tengo difi­
cultad en decíroslas: por lo que hace
al liospedage y obsequios que les ha­
cemos cuando se dignan honrar nues­
tras casas, nos corresponden con de­
jarnos (no siempre) cuando vamos á la
corte un papelón pintado en que está
escrito su nombre, en la infeliz posada
que nos está desollando; y nosotros que­
damos m uy huecos de haber merecido
esta dignación, y cuando vamos á pa­
garles la visita, suele un lacayo no
permitir que pasemos de la escalera.
Por lo tocante á los regalos, se han
de remitir pagadas la conducción y la
entrada; se ha de decir que es una me­
moria y un atrevimiento; se ha de pe­
dir perdón como de un delito; y luego
se ha de exponer una rendidísima sú­
plica para que nos llagan el honor de
recibirlos; á todo lo cual corresponden
firmando una carta que ni aun han leí­
do , en la que se dan por bien servi­
dos; ahora por no faltar á la verdad,

DE

W /N T 0 N.

307

no puedo dejar de decir que algunos de
mis paisanos envían sus regalos con una
carta, que aunque no expresa, lleva
esta tácita, pero indubitable cláusula:
reOs remito los frutos de mi pais para
33 que me recompenséis con los del vues93 tro .” Ya queréis saber cuales son es­
tos: ecPara que hagais un enredo que
93 embrolle las picardías que yo estoy
33haciendo en el lugar: para que me
93 proporcionéis un empleo de justicia
33para el año que viene, porque me la
33 ha de pagar cierto vecino que me tie33 ne agraviado: para que se me pasen
»sin repugnancia las cuentas de lo que
relia estado á mi cargo: para que á mi
33 pariente 6
mi paniaguado se dé un
33 acomodo que ni merece ni entiende.”
L o peor es que asi sucede muchas ve­
ces, y si conociérais bien el lugar, yo
os citara ejemplares 3 pero basta que se
me va la lengua, y de una narración
simple me voy pasando á una odiosa
mordacidad.
Quedé á fondo informado de los
gravísimos motivos que retardaban la
conclusión de nuestra causa; por fin,
para abreviar , estuve alerta , y pasados

308

.

VIAGES

algunos d ías, antes que con el arlo en­
trase nueva justicia y hubiese nuevas
dificultades, inste" importunamente y
logré que se diese sentencia difinitiva;
en ella se nos condenó en costas, en el
gasto de la cura de los heridos (que se
echó por largo) y en una multa no
chica. No quisimos apelar de tan injus­
ta sentencia cansados de litigio, y tu­
vimos por menos malo que lo pagase el
dinero; la consentimos y cumplimos
inmediatamente, y dispusimos para el
siguiente dia nuestra marcha.
A l cabo de dos jornadas descubri­
mos inmediato un pueblo, cuyas torres
y edificios demostraban que era de al­
guna consideración : esa , señores nos
dijo O rozuz, es una ciudad no grande,
pero muy ilu stre ; antiguamente fue
bastante populosa, mas ahora está algo
destruida; no obstante no deja de tener
algunos monumentos, cuya especula­
ción satisfará vuestra curiosidad, ma­
yormente la del señor Enrique por su
gusto de la instrucción y literatura, por­
que este pueblo es un estudio general
adonde concurren de todas partes del
reino cuantos solicitan aprender funda-

DE WANTON.

309

mentalmente alguna facultad. Recibí
con esta noticia el mayor gusto que
puede imaginarse, porque se me pro­
porcionaba enterarme en este punto
lo que en toda mi detención en aque­
llos países no babia podido lograr; en
esta inteligencia determinamos resuel­
tamente buscar una decente posada, y
detenernos en Polymatia (que asi se lla­
maba aquella ciudad) todo el tiempo
que fue necesario para llenar mis deseos;
descansar de las fatigas pasadas, y avi­
sar á nuestras casas para que nos socor­
rieran, porque ya estaba dando bo­
queadas el bolsillo con los grandes gas­
tos ocurridos.
Llegamos justamente á tiempo que
encontramos por las calles una porción
de figuras á caballo , la mayor parte
de ellas tan ridiculas, que desde luego
conceptuamos que era una mogiganga:
Tulipán, como mozo, se divirtió mu­
cho con aquel gracioso espectáculo; y
al punto que nos vimos en nuestra po­
sada preguntamos que á qué asunto se
lvacian fiestas en la ciudad, porque
habíamos encontrado la máscara bur­
lesca al entrar en el puehlo; no pudo

310

. VIAGES

detener la risa nuestra huéspeda, y no­
sotros quedamos mortificados creyendo
que se nos burlaba : no os ofendáis,
nos dijo prontamente, que mi risa so­
lo nace de lo desprevenida que me ha
cogido la sinceridad de vuestra pregun­
ta , mucho mas cuando habéis forma­
do un juicio tan contrario del fin de
lo que habéis visto: habéis creido bur­
lesco el acto mas serio y grave que
tenemos en la ciudad; esta que decis
mogiganga es una lucida y pomposa
cabalgata, en que va como en triunfo
uno de aquellos grandes personages, que
después de pasar por largos y penosos
trabajos literarios, coge mañana el in­
comparable fruto de ellos, desposán­
dose publicamente con su facultad, y
coronándose del inmarcesible laurel
que le deja famoso en la nación por
todos los siglos de los siglos si ella du­
rase tanto. Asi será, replicó Tulipán;
pero los medios para hacer magnífica
esa función, si son como Jos que esta
tarde hemos visto , no están tomados
con tanta proporción como para un efec­
to tal se requerían; es cierto que mar­
chaban con gravedad y mesura algu-

}
DE WANTON.

3 11

nos de los sugetos del acompañamiento;
pero esto me parecía tanto mas extra­
vagante, cuanto lo hacian al compás
de una música ratonera de desconcer­
tadas chirimías y roncos bajones, alter­
nada con los desatinados golpes de unos
antiquísimos atabalillos , compaseados
por un par de bribones vestidos ridicu­
lamente y tan borrachos que iban bam­
boleándose sobre los rocines: y omito
©tras particularidades, porque no las
pude descifrar al paso menudamente;
pero creo que por su término han de
tener mucha parte en lo risible de ese
acto tan serio que ponderáis, y que no
dudo7que por su objeto asi debería ser.
Yo quedé con vivos deseos de pre­
senciar esta función á otro dia, y asi
habiendo sabido que era en parte en
donde se permitía generalmente la en­
trada, fui allá con bastante tiempo pa­
ra no perder cosa alguna de ella; seria
largo y de ningún interes para mis lec­
tores particularizarla del todo; baste
decir que luego que pareció en el tea­
tro el candidato, conocí que era el hijo
del señor Rom ero, de cuya educación
tengo hablado ya en otro lugar de es-

312

VIAGES

tas memorias: muchas cosas admiré en
este lance, y entre ellas con particula­
ridad , lo uno que siendo hijo de un
mono de tanto poder y manejo, se can­
sara la cabeza en lo que, según el con­
cepto del pais, no es destino sino de
desvalidos y pobres; y lo otro que en
pocos años y con menos de medianas
luces hubiese venido á un término
adonde no creí yo fuese posible lle­
gar sino después de m uchos, y de un
incesante estudio que recayese sobre
un entendimiento despejado. Trabé con­
versación con un mono que estaba in­
mediato á mí envuelto en una ropa ta­
lar negra, desaliñado el cabello, y no
de lerdo el semblante, y entre otras
cosas le propuse estas dificultades á que
me satisfizo prontamente haciéndome
saber la refinada astucia del padre del
laureando, y que por sus asuntos y fi­
nes particulares quería colocar á su hijo
en los tribunales del reino, y como por
mas que intentasen favorecerle los que
Jiabian de hacerlo, seria m uy violento
arrancarle de los brazos de su madre
para poner desde luego en sus ignoran­
tes manos la honra, la vida y hacienda

DE WANT0N.

3

13

de los vasallos; por tanto se coloreaban
los defectos con enviarle cuatro dias á
aquella ciudad, en donde jugando y pa­
seándose á satisfacción , se habia pro­
porcionado en la cuarta parte del tiem­
po al logro del último premio en el
drden del mérito literario, para cuya
consecución tienen que afanar los que
navegan á palo seco largos años, no
perdiendo tiempo, y cultivando los ta­
lentos con una continua aplicación;
aquello se hace fácilmente; se ganan
cursos que no han corrido; se acrecien­
tan años imaginarios; se ponderan ade­
lantamientos que no existen; y sien
los enredos que para la fábrica de esta
maraña son necesarios, se levantan al­
gunas contradicciones, ó se oponen al­
gunas dificultades, toma parte en el
asunto la autoridad y poderío del señoron , y á sus insinuaciones, llenos to­
dos de un temor servil, bajan la cabe­
za y entran por el aro: condecorado ya
el niño con tan lustroso sobrescrito, se
empiezan á ponderar sus méritos, se
grita su atraso, se esfuerza el empeño,
y por fin se le sienta en un tribunal
para que á diestro y siniestro disponga

3 14

V IA G E S

de cuanto hay mas digno de considera­
ción en la república: ¡ qué felicidades
no debe prometerse el estado de seme­
jantes patricios que tienen que ser en
lo sucesivo columnas que le sostengan!
¡Con qué ejemplos podria corroborar
cuanto os he dicho! Pero mas vale po­
ner fm á semejante conversación, por­
que en llegando á este punto suele no
encontrarse la moderación muy á mano.
Aunque hubiese algo de pondera­
ción en las expresiones del escolar,
bien comprendí que no le faltaba razón
en lo que decía; como en Simidpolis
había estado yo largo tiempo, y lleno
de introducciones, pude conocer mucha
parte de estas verdades. Hay allí no po­
cos personages que por varios modos
procuran escalar á la cumbre de la for­
tuna, aunque no sean los mas decentes
e los mas justos, con tal que les parez­
can los mas proporcionados á sus ideas,
no tienen reparo en ponerlos en prácti­
ca. El señor Romero era un bribón de
cuatro costados; prodigalizando sumi­
siones , y á costa de una desmedida
adulación había llegado hasta un pues­
to respetable; no habia reparado en los

DE W AN TON .

3 r5

medios de conseguirle, que aunque fue­
sen algo oscuros, poco importaba ( co­
mo él decia) si la consecución era bri­
llante. Me acuerdo que siempre que
concurría con é l, que era con frecuen­
cia , le observaba, le oia, y cada vez
admiraba mas que los primeros perso­
nages de la monarquía no se desdeñasen
de su tra to ; me pasmaba ver que no
advirtiesen sus máximas. ¡Qué palabras
tan indiadas, pero tan sin sustancia!
¡ Qué arqueamiento tan misterioso de
cejas, pero para tan ridiculas materias!
¡ Qué bufón con capa de seriedad! ¡Que
murmurador maldiciente en ausencia de
los mismos que le favorecían! ¡ Qué
soez lisonjero á vista del poderoso! ¡ Que
ingrato, últimamente, por no ser mo­
lesto, con aquellos mismos sugetos que
fueron el instrumento para su felici­
dad ! Un monstruo de tal naturaleza no
es extraño que condujese á su hijo por
la senda del valor, aunque fuese echan­
do por los atajos de la injusticia.
Quería seguir su conversación el es­
tudiante , yo le hice callar para que
me dejase atender al panegírico del gra­
duando , para el que se prevenia un

316

VIAGES

monillo de poca autoridad por su fi­
gura , pero de grande desenfado : co­
menzó por una baja y adulatoria ala­
banza de los circunstantes, y siguió
con una larga exposición del árbol ge­
nealógico del Señor Romero ; yo me
persuadí á que falto de tela de los mé­
ritos propios de su héroe, le fue pre­
ciso echar mano de sa nobleza para
que hubiese alguna parte por donde asir­
le, y él pudiera llenar la media hora
de su oración. El estilo de ella, el mé­
todo, la fuerza, el fuego, las imágenes,
todo iba por una misma línea, todo era
bajo en el orador, menos el tono; á
fuerza de chillidos quería sin duda que
los circunstantes entendiesen sus discur­
sos ; difícil empeño siendo tan corta la
porción de sus verdaderos literatos. Era
el caso que esta arenga se pronunciaba
no en la lengua del pais, sino en un
idioma que fue propio de ciertos anti­
guos conquistadores de aquellas pro­
vincias ; y la magestad y extensión de
dicha lengua , agregándose el ser ya
m uerta, habían originado una dificul­
tad tan grande en poseerla, que era
muy raro el que se dedicaba á apren-

DE W A NTON.

3 17

derla fundamentalmente ; asi acontecía
que por lo general se contentaban los
doctores monos con la mera inteligen­
cia de los ramplones y bárbaros ter­
minotes que usaban en las escuelas para
sus respectivas facultades. Jamas pude
hallar genuina razón que me determi­
nase á creer menos útil y razonable el
tratar fácil y cultamente en el idioma
pátrio las ciencias que bárbaramente
en otro extrangero, entendido de pocos
y con grande dificultad; pero demos de
barato que para ello haya razón convin­
cente , ¿ la podrá haber para que asi se
ejecute en las arengas públicas? ¿No las
dicen para que sean atendidas y entendi­
das de todos? Pues el común del pueblo
no ha saludado este su amado idioma.
Aquí reflexioné el poco honor que
liacian á su lengua, y cuanto descuida­
ban su propagación y estudio, siendo
asi que y o , en cuanto puede alcanzar
un forastero, la contemplaba por una
de las mas abundantes, sonoras y doc­
tas , sin que me quede duda de que en
ella se puede formar cualquiera expre­
sión ó cláusula, y toda oración retórica
por mas elegante y magestuosa que

319

VIAGES

quiera significarse, sin que deba réconocer ventaja en las mas cultas que tie­
ne ni tuvo jamas aun nuestra Europa.
Finalm ente, mucho de lo restante
que fui viendo en aquella función me
admiró en extremo; lo cierto es que lo
mas de todo ello era meramente cere­
monial: el grado fue de jurisprudencia,
y la cuestión se propuso de ética; sé
formaba una dificultad y no se daba la
solución; se presentaban al laureando
unas armas impertinentes ( según mi
mala inteligencia) y le daban el ósculo
de paz muchos de los que (según el
embayetado sopista me advertia ) soli­
citaban perderle. Asi poco mas ó me­
nos pasó el resto del cúmulo de cere­
monias que en breve tiempo fueron
allí ejecutando: acabáronse estas, y vol­
vió á resonar el desconcierto y rechi­
nido de sus descomunales instrumentos;
y yo conociendo que aquel era ya el
último victor con que aplaudían al gra­
duado , me retiré hacia mi casa acom­
pañado de mi nuevo Mentor el sopista,
de quien esperaba algunas noticias que
me ilustrasen en aquellos particulares
en que mas deseaba ser instruido.

r
DE W ANTON.

3 I9

% /% /v

CAPÍTULO XV.
"Observaciones acerca de las ciencias de
aquellas provincias.

pocas instancias que Tulipán y yo
hicimos al escolar se nos quedó de con­
vidado : era bastante despejado de genio
y antiguo en la carrera de las letras,
en cuya inteligencia di por supuesto se
hallaría ya con aquellas graduaciones
que le correspondan , mayormente
cuando de su explicación y viveza co­
legia yo no lo habría omitido por de­
fecto de suficiencia, pero él prontamen­
te respondió : muchos aííos me sobran,
señor, por lo que hace á tiempo para
haber cogido este lucido fruto que dan
de sí las tareas literarias, y por lo que
hace á aptitud yo he visto que mu­
chos á quienes he sido capaz de dar
instrucción, han ejercitado y salido de
sus funciones con aplauso ; bastante
prueba me parece: pero aunque me ha­
llo adornado de estas indispensables

f

320

VIAGES

cualidades, me faltan otras dos no me­
nos precisas cuando no se quieran tener
por de mayor monta; estas son el fa­
vor y el dinero: ¿qué? ¿os admiráis?
diréis ¿qué conexión tienen el dinero y
el favor con examinar y escudrinar á
fondo la suficiencia de un sugeto estu­
dioso? Parece que poco era necesario
de uno y otro para este efecto, pues
os engalláis: aquí nada se hace de ofi­
cio : la rigurosa prueba que exigen
nuestras leyes, se ejecuta con asisten­
cia de un numeroso concurso de exa­
minadores, y á cada uno de ellos se
recompensa con una buena cantidad de
maravedises, sin ella ninguno asiste, y
sin su asistencia no hay examen; al
mismo tiempo, este coro de sabios, es­
tos luminosos astros ( según ellos se
creen ) de las ciencias tienen la debi­
lidad de estar divididos en varias fac­
ciones y partidos; unos con otros se sos­
tienen , porque los unos tienen miedo
de los otros, y el infeliz que porque
no anda vestido de colorado no es del
un bando: ó porque no anda de mo­
rado no es del otro, es víctima de sus
odios, de sus caprichos y de su torci-

DE WANT0 N.

32 I

da intención; no faltan entre ellos al*
gunos de invencible rectitud y de no­
bleza de corazón , pero son muy po­
cos , y aunque estos franqueen su pa­
trocinio á un desvalido, no basta para
hacer frente al numeroso ejército de
los revoltosos abanderizados. Ved pues
la necesidad que hay de dinero y de
favor para incorporarse en la venera­
ble comunidad de los doctos.
Instruido en este punto , deseando
me sucediese lo mismo en cuanto á las
facultades que allí se estudiaban , le
pregunté si por ventura me seria posi­
ble ir á otro dia á las escuelas á oir la
explicación de los archi-maestros de las
ciencias, expecialmente la de los depo­
sitarios de la sabiduría lega l, aquellos
vivientes archivos de los decretos de los
príncipes 5 en una palabra, aquellos in­
signísimos jurisconsultos, que sin duda
serian de lo mas excelente que se hallaria en aquel reino , pues eran los
maestros públicos, á cuyo cuidado es­
taba el formar el corazón, é ilustrar el
entendimiento de los jóvenes que en
adelante habian de ser las columnas de
su patria, y en cuyos hombros habia
T omo iii.

ai

>

J2S

VIAGES

de apoyarse el grave peso de la admi~
nistracion de justicia. Mañana, me res­
pondió, solo hay unas conclusiones pú­
blicas de filosofíaj si hubierais venido
dos dias antes las hubierais oido de ju­
risprudencia, en las que hubierais te­
nido la satisfacción de comprender un
rasgo de lo mas refinado de la enseñan­
za de esta ciencia, que también podréis
oir de sus oráculos cuando desde la cá­
tedra difunden sus luces entre sus oyen­
tes : hubierais entendido á fondo las
doctrinas correspondientes á los siervos,
á las manumisiones, á los libertos y li­
bertinos, á los adscriptos al césped y
colonos, á la potestad pátria, á las
emancipaciones, adopciones, adrogacio­
nes y sus respectivas formalidades, á 13
autonomía 6 derecho de vivir según sus
propias leyes que tenían ciertas antiguas
ciudades, á la formación de los testa­
mentos en las públicas asambleas, á la
silla, vestidura y preeminencias qué
corresponden al flamendial, al agonóteta , al edil, al censor, y á otros cuan­
tos caballeros de semejante pelage que
solo por el nombre hemos conocido;
Allí hubierais visto como se alambicó
.. 1 i

OIS W A N T O N .

323

el sentido de las leyes contenidas en
unos antiquísimos librotes , digeridos
por órden de un cierto señor, cuyas
letras están tan en duda , que ha habi­
do quien se atreva á asegurar que no
supo leer; y compuestos de retazos,
oraciones mutiladas y sentencias dichas
á otros asuntos por unos sábios juris­
consultos de escuelas absolutamente con­
trarias y enemigas; pero gracias á los
glosadores é intérpretes que después v i­
nieron , que se esmeraron en concor­
darlos , y se empeñaron en que no ha­
bía entre las innumerables especies de
tantas decisiones y pareceres la mas mí­
nima contradieion; ello no es dudable
que se llega á ciertos casos en que se
encuentran contradictorias las sentencias; pero ¿qué dificultad hay en que
no queden acordes siempre que se quite
el no á la negativa, ó se añada á la
afirmativa? Esto con echar la culpa al
descuido de los copiantes está concluido
y conseguido el fin: por último, hu­
bierais allí visto con qué ardor se en­
cendió la disputa sobre el modo de en­
tender una de estas leyes; mas de una
hora duró el argumento, y finalmente

3 'H

VI AGES

se quedd cada uno en su opinión sin
que le convenciesen las razones del otro :
también es cierto que importaba poquí­
simo cualquiera de los convencimientos,
porque como los asuntos dichos son ma­
terias que del modo que las tratan por
acá no están en práctica, y el volumi­
noso cuerpo de leyes sobre que se sufre
el trabajo citado, y la mas seria ocu­
pación del estudio legal de esta ciudad,
es de unos decretos, acuerdos, estable­
cimientos y pareceres con fuerza de ley,
dispuestos y proporcionados para otras
gentes distintas de las que en el dia
ocupamos este continente, y adecuados
á unas circunstancias y tiempos abso­
lutamente diversos de los presentes; na­
da quiere decir para la jurisprudencia
simiopolitana, que aquellas leyes se en­
tiendan en uno d otro sentido; que sus
compiladores errasen ó no, y que en­
tre ellas haya d no verdadera contra­
dicción: será muy buena para unos dis­
cursos académicos, y para una erudi­
ción útil algunas veces y muchas pe­
dante; pero estoy en que se pierde mu­
cho tiempo del que debería ocuparse en
el estudio de la jurisprudencia del pajs.

DE W ANTON.

$ '¿$

¿Pues qué, le repliqué inmediata­
mente, no es la jurisprudencia patria
la que se explica en vuestras escue­
las? De un gran número de cátedras,
me respondió, que hay en ellas con
destino á la enseñanza de las leyes,
apenas hallareis una en que se hable
algo de las del pais, y en esta como
de gracia, de paso y solo de una pe­
queña parte del grande y juicioso cuer­
po que tenemos de ellas; en todas las
demas cátedras, y comunmente en las
públicas conferencias y actos, solo se
trata de las dichas antiguas, de las que
unas son solas conocidas por el nom­
b re, otras contrarias á nuestros esta­
blecimientos y circunstancias , y las
que se adecúan á nuestras pragmáticas
sanciones, no tienen á lo mas otra
fuerza que la de un autor grave y de
primera nota. Pues yo degisto, le dije,
del intento que os insinué tenia de oir
á vuestros jurisconsultos teóricos, por­
que para escuchar disertaciones acadé­
micas eruditas no necesito tomarme es­
te trabajo, y yo estaba inteligenciado
de que aquí no se venia á aprender an­
tigüedades precisamente, sino lo que

(
326

VI AGES

conducía á juzgar y defender las cau­
sas que ocurriesen en la nación, arre­
glándose á sus leyes y establecimien­
tos ; pero si de estas no se trata, ya
conozco que el que se haya de des­
tinar á este fin, tiene que hacer por sí
un estudio muy distinto del que le die­
ron vuestros maestros. Tampoco quiero
deciros, anadio' é l , que todo el tra­
bajo que en esta materia se hace de las
leyes , costumbres y establecimientos
antiguos de las dichas gentes sea in­
útil y tiempo perdido; es esta instruc­
ción muy útil y digna, considerada en
todas sus partes para los maestros de la
facultad que dedicados al único fin de
la enseñanza deben entender radical­
mente cuanto es concerniente á ella;
pero si digo desde luego que á los jór
venes que vienen á habilitarse para el
foro, se hace perder por mi cuenta
mas de la mitad del# tiem po, cargán­
dolos con un fárrago de noticias im­
pertinentes para su destinos, dejándo­
los vacíos de las que necesariamente
deben saber y tienen que aprender des­
pués; en una palabra, permítase que
por aquel rancio método, y aquellos

DE W ANTON.

327

rudimentos aprendan algunos princi­
pios, y cuanto es análogo á nuestros
establecimientos, y desembarácese el
camino que emprenden de lo enmaranado de tantas sutilezas de derecho,
fórmulas inusitadas, leyes abolidas, dis­
putas ridiculas, formalidades imperti­
nentes y especies sueltas, sustituyendo
en su lugar un exacto conocimiento
de las leyes del pais asi antiguas como
modernas, sus revoluciones, las causas
de la abolición de muchas, sus loa­
bles costumbres, la creación, autori­
dad y oficio de sus tribunales y jue­
ces, y por último cuanto es concer­
niente á nuestro derecho público, para
lo cual tenemos entre nuestros auto­
res de jurisprudencia muchos y muy
excelentes sin necesidad de ir á mendi­
gar instrucción extrangera que en mu­
chos puntos no. puede enseñarnos, lo
que la de los maestros de dentro de
casa: tanto mas necesario es esto (cuan­
to ( para hablar con las palabras de un
escritor moderno) rees tanta, á la ver5)dad, la multitud en el dia de dere>5cho y de leyes en todas partes, y la
»confusión que de aquí ha nacido que

328

VIAGES

»jamás hubo siglo desde el principio
»del mundo ni hay al presente reino
»alguno ó república en donde bajo el
»pretexto de derecho mas peligrosa» mentó se yerre, y de tal modo se
»oprima la justicia, é impida la eje»cucion de las causas juzgadas, como
»ahora acontece después que renació
»el derecho y que nos le imaginamos
»corno bajado de los cielos; como sue»le experimentarse en aquellas provin»cias en donde mas florecen la cien»cia y razón del mismo derecho, y
»se vocifera que está en práctica con
»mayor actividad.” Me pareció que no
iba descaminado el buen escolar, y no
quise apurarle en esta materia, por­
que no me dijese mas de lo que nadie
ignora.
Pregúntele después acerca del es­
tado de la medicina, y me dijo otras
tantas preciosidades, aunque por lo que
hace á incertidumbre, atrasos y de­
fectos no podia por mas que se es­
forzase adelantar á lo muchísimo que
dicen sus mas celebrados escritores fa­
cultativos y críticos; anadió que todos
Jos dias se disputaban agriamente en

DE W ANTON.

,

329

sus escuelas, pero aun no se habían
decidido las cuestiones (de poquísima
importancia) sobre si mata ó sana la
sangría; si restituyen ó aniquilan la
salud ciertas pócim as; si algunas en­
fermedades provienen del hígado ó del
bazo; si de frió ó de calor; si de có­
lera ó flema; últimamente sobre las
innumerables opiniones de la práctica,
y las interminables de la farmace'utica,
en las que de nada menos se trata que
de nuestra salud. Estoy muy persuadi­
do, le replique, á cuanto en esta mate­
ria tiene que padecer nuestra miserable
vid a ; pero no es dudable que el dia
de hoy ha logrado grandes adelanta­
mientos esta facultad con las explica­
ciones anatómicas, las que se harán
aquí, como es regular y debido en un
estudio general. N o , señor, me res­
pondió; aquí no conocemos á la ana­
tomía mas que por el nombre: nues­
tro sabio gobierno bien ha intentado
establecerla en esta ciudad, como en
otras partes del reino lo ha hecho, lo­
grando por medio de sus disecciones
admirables progresos en la medicina y
cirugía, no siendo ya comprensible que

3JO

VI AGES

pueda perfeccionarse en estas faculta­
tivo alguno sin la esencial ayuda de
aquella; pero como nosotros natural­
mente repugnamos los establecimien­
tos modernos, siendo testarudamente se­
cuaces de la antigua costum bre, sin
que haya quien nos convenza de las
mejoras que de otro modo podemos
lograr, hemos hallado un millón de
ostáculos, y otros tantos motivos de
representar á la superioridad, para evi­
tar por este medio, ó á lo menos re­
tardar sus acertadas disposiciones, y
asi tenemos la fortuna de conservar­
nos aun en el método antiguo con la
medicina en mantillas, y una tintura
de cirugía honoraria. ¡Oh! ¡cuánto te­
nia que hablaros sobre esta materia,
sino temiera molestaros! ¿Será creíble
que de un arte en que se interesa
tanto no haya sido pasible á la hora
de esta desterrar el espíritu de siste­
ma tan funesto para nuestra infeliz
naturaleza? La vida y la salud son
los mas preciosos dones que tenemos
que conservar: ¿qué cosa mas propor­
cionada y digna del ingenio de los
mortales, que hallar entre los despo-

DE WANTON.

33I

jos de la muerte los principios para
aliviar ó curar las dolencias de los v i­
vientes? ¿Qué semblante tan diverso
tomarían estas importantísimas facul­
tades , si en lugar de andar haciendo
análisis de ciertas cuestiones imperti­
nentes meramente teóricas, y de en­
redarse en un intrincado laberinto de
aforismos extravagantes, se aplicarán
sus profesores ( hablo de mi estudio que
en los demas no sé lo que pasa) á des­
cubrir el oscuro principio de nues­
tros males? ¿Si en lugar de hincharse,
luego que pueden andar en ínula y lle­
var sortijon, desdeñándose de subir á
una guardilla á visitar á un pobrecito
desvalido, fuera cuando en los hospi­
tales y entre desdichados se cubrieran
de gloria y honor por dar la salud 4
un miserable prójimo, demostrando en
su caridad el desinterés, y en el feliz
éxito su ciencia? ¿Si en vez de ser
unos charlatanes sin sustancia, fueran
unos exactos y profundos observado­
res de la naturaleza, especuladores del
temperamento del enfermo y síntomas
del accidente ? ¡ O h , como no harían
al débil estómago del doliente campo

33 2

VIAGES

de batalla de sus tisanas, drogas y ve­
nenos! Vendrían á conocer con algu­
nos (aunque pocos) de sus compañe­
ros, que á fuerza de su infatigable es­
tudio han llegado á la fortuna de des­
engañarse, que generalmente hablan­
do , obra la naturaleza en la nutrición
del cuerpo animal del mismo modo
en su proporción que en la intusuncion del vegetable; y asi como las plan­
tas enferman, se marchitan, y final­
mente se secan por la espesura ó falta
de este admirable suco que las v iv i­
fica ; asi nuestra vida fa lta , ó nues­
tra salud padece por la coagulación o
difícil circulación de la sangre y de­
mas humores; y de aqui es que ex­
perimentamos diariamente cuanto se re­
cobran nuestras fuerzas caídas, y cuan­
to se alienta nuestra salud debilitada
con la aplicación de las plantas olo­
rosas y balsámicas; porque como abun­
dan de sales volátiles, son muy pro­
porcionadas para disolver la sangre,
haciéndola circular fácilmente, y que
tome su antiguo equilibrio. ¡ Qué se­
cretos maravillosos tal vez encerrarán
en sí á favor de nuestra vida esos siin-

DE WANTON.

333

pies de que no hacemos caso por falta
de la meditación y espíritu de soli­
citar nuevos descubrimientos! Tal vez
un tísico, un hidrópico, un rabioso,
un gotoso, y otros que tenemos en
el dia por incurables hallarán por los
campos una simple yerbecilla, que fá­
cilmente los restituiria al estado de
sanidad. No ha muchos siglos que á
los repetidos experimentos de los que
no eran facultativos, debió la salud
publica el descubrimiento del mas cier­
to febrífugo, del simple mas maravi­
lloso de cuantos hoy se conocen: si
los facultativos se aplicaran á investi­
gar todas sus virtudes, ¿de qué benefi­
cios no les seriamos deudores? Hasta
estos inmediatos tiempos ha estado en­
cubierta la importantísima de su efica­
cia para atajar la gangrena; parece que
próvida la naturaleza puso en tal vege­
table un sánalo todo, ó un árbol de la
vida. ¡Pero con qué abandono se ha
mirado hasta ahora que uno ú otro
sabio les va dando en rostro con su
ignorancia!
Hice punto á su conversación, por­
que me diese otras noticias, especial-

334

VI AGES

mente tocante á la educación de la
juventud, y en consecuencia de ser
aquel un estudio general, supuse ten­
drían cátedras de lenguas. Sí, señor,
respondió al punto, cátedras hay de
lenguas, en donde los jóvenes pierden
los años mas preciosos, y los mas aptos
para aprender una infinidad de cono­
cimientos útiles á la sociedad, y para
el adelantamiento de las ciencias supe­
riores : en ellas se les enseñan unas
lenguas muertas que solo practican (y
esto los maestros) á fuerza de lo qué
llaman imitación, y en realidad no es
mas que robo de períodos, estropeamiento de cláusulas, afectación de es­
tilo , y finalmente su conjunto una al­
garabía bárbara y risible, por lo que
se dijo alguna vez, que si resucitaran
los que las poseyeron antiguamente,
podían estar seguros de que no los har
bian de entender.
No obstante que sus mas insignes
pedantes no pueden dejar de conocer,
que cuanto mas quieren en ellas per­
feccionarse, tanto mas inútilmente tra­
bajan , y que no son capaces de re­
cibir de ellas el menor conocimiento

DE WANTON.

335

de las gentes con quienes han de vivir,
con todo eso están imbuidos en que en
ellas se encierra la universal sabiduría.
No es mi ánimo levantar aquí el grito
contra todas; la constitución de estas
provincias exige que para algunos fi­
nes , los que se dirigen á ellos, tomen
alguna instrucción, especialmente en
una de ellas; pero no soy de parecer
de que sea necesaria para otros usos en
que se emplea el dia de h o y , llenán­
donos nuestros académicos los oidos á
cada paso de solecismos, barbarismos
y emistichios desfigurados, ignorando
al mismo tiempo las que reinan ac­
tualmente en diversas partes de esta
bella ilustrada porción del mundo: no
hallareis uno solo de estos nuestros im ­
pertinentes gramáticos , cazadores de
vocablos antiguos , espíritus débiles,
sujetos á un diccionario que no en­
tienden, que (como no haya salido
de este pequeño recinto) sepa mane­
jar una de las eruditas é instructivas
obras que continuamente están produ­
ciendo las naciones vecinas nuestras:
mas ¿qué digo de los libros extrangeros ? No creáis pondero, os llenareis

336

VIAGES

de aquel no sé que', compuesto de
burla y co'lera, risa y enfado, al com­
prender que estos atentos investigado­
res de las palabras, figuras, tropos y
propiedad con que hablaron los que
habitaron el mundo diez y seis ó diez
y ocho siglos hace, no pueden formar
dos cláusulas en su idioma nacional
sin dos docenas de errores. Llegaos á
ellos, y decidles que os distingan las
voces bajas y vulgares de las elegan­
tes y limadas; las frases admitidas y
usadas de las bárbaras y antiguas; que
os expliquen las figuras que mas ador­
nan á nuestra locución; el estilo y sus
diferencias; la elección de vocablos; en
una palabra, todo lo concerniente á
la gramática y retórica simiopolitana,
y hallareis que de nada entienden me­
nos que de esto; ni aun las conversa­
ciones familiares les oiréis, sin que ad­
virtáis, no obstante ser extrangero, un
sinnúmero de vulgaridades y absur­
dos : todo esto depende de falta de
estudio del propio idiom a, y sus mo­
dificaciones; cada uno le posee al natu­
ral , y si logra algunos adelantamien­
tos es á costa del particular y privado

DE WANTON.

337

trabajo que lia hecho en é l , porque se
cree que para esto no es necesaria la
publica enseñanza.
Otros diversos puntos tocamos en
el discurso de nuestra conversación, y
por el todo de ella llegué d compren­
der el gran fondo que había en aquel
su estudio , para poder ser admira­
ción aun de los mas celebrados, si se
enmendaran los defectos que se le no­
taban mas palpables: aquellos grandes
sugetos que indubitablemente produ­
cía en toda especie de literatura, eran
mas dignos de admiración, cuando se
consideraba el particular trabajo que
se habian tomado para salir consuma­
dos; pues hablando en verdad, no pue­
de dejar de decirse, que (aunque pocos)
había algunos dignísimos personages en
todas las facultades, cuya gravedad, ma­
gisterio y complexo de circunstancias
igualaban sino excedían d cuantos con
razón celebramos en nuestra Europa.
¡Qué adelantamientos no habrían con­
seguido estos mismos, si en los mas
preciosos años, en aquellos que son
proporcionados para los rudimentos de
todas las artes, no se les hubiera preT omo 111.

22

\

338

VIAGES

cisado á perder la mas noble porción
del tiem po, guiados por unos maes­
tros pedantes, y dotados de un risi­
ble orgullo ; envueltos unos en las
ideas y fantasmas de una tenebrosa lo'gica, otros en los sistemas, muchas
veces quiméricos de la mas oscura me­
tafísica; estos ocupados en hojear el vo­
luminoso cuerpo de innumerables au­
tores miserables copiantes unos de otros,
aquellos fatigados en llenar la memo­
ria con el crecido fárrago de inúti­
les fechas, épocas y textos; y todos
ellos unos lastimosos egoístas, que pre­
tenden ocultar la pobreza de su en­
tendimiento á fuerza de enredos y so­
fismas! Por mas despejadas que sean
las luces de los particulares, de quie­
nes él iba hablando, no pueden hacer
los progresos que después se dejan ver,
hasta que pasada esta tempestad salen
del poder de semejantes necios, y á
costa de indecible trabajo, depuesta la
preocupación y con el favor de algún
verdadero sabio, o de la buena elec­
ción de escritos logran introducirse en
el pais de la ciencia y la verdad. ¡Ojalá
no fueran tan ciertos, como liemos in-

D E W ANTO N .

339

sinuado, estos perjuicios, aun en lo
mas cultivado de nuestra Europa! Y
mucho mas ¡ojalá por enmendarlos no
hubiera declinado al contrario extremo
un maligno escuadrón de decantados fi­
lósofos, cuyas venenosas máximas han
llegado á infestar lo nías sagrado! Pero
demasiado serio es esto para quien solo
escribe por ahora las memorias c!e su
viage al pais de las monas; volva­
mos á nuestra pertenencia, sin meter
la hoz en mies agena.
%

/

W W W ' V W W ' V V V ' V V W

CAPITULO XVI.
Prosigue la materia del capítulo
antecedente.

N
l ^ o faltó á la mañana siguiente nues­
tro escolar, que vino para acompañar­
nos según habíamos proyectado el dia
antecedente. Dirigímonos á la univer­
sidad para oir las conclusiones filosófi­
cas que nos había anunciado el tal so­
pista ; ya estaban desgañotándose desa-

340

VI AGES

foranamente cuando llegamos, toma­
mos asiento sin interrumpir la función,
y á pesar de la confusión de los gritos,
á poco tiempo pude comprender la
importantísima cuestión que se estaba
ventilando; toda la terquedad o dis­
puta se sufria sobre averiguar, por qué
debían ser tenidos aquellos dos hue­
sos que salen de la boca del elefante
por los lados de la trompa: ed sus­
tentante defendía, que eran verdade­
ros colmillos y no cuernos; ya por la
antigua costumbre de llamarlos asi el
común consentimiento en las conver­
saciones familiares; ya porque el para­
ge de donde salen es el de los dientes y
colmillos, como también por su figura
y pulimento sin que lo desmienta la
solidez, de la cual carecieran sino lo
fuesen; ya porque en los cuernos, si
se especulan cuidadosamente, se ha­
llan ciertos círculos que cada año se
van aumentando uno á uno, lo que
no acaece en los dientes; ya porque
solo los brutos de pesuña hendida tie­
n e n ' cuernos, lo que no se verifica en
el elefante; y últimamente porque asi
lo escriben doctísimos autores fildsofos

DE WANTON.

341

y naturalistas, que eon todo magis­
terio se ponen á examinar á fondo
la gravedad de esta y semejantes cues­
tiones : nada de esto hacia fuerza al
que argüía, queriendo convencer que
eran verdaderos cuernos : no la cos­
tumbre , porque esta, decía, se funda
en una impropia y vulgar locución; no
el parage, porque aunque es cierto que
salen por la boca ó las encías, su na­
cimiento se halla en el cráneo, y su
nutrición proviene de las venas cefá­
licas, todo lo cual es propio de los
cuernos, sin que los deba desnaturali­
zar la dirección que después toman;
pues aunque se halla sobre la nariz, no
deja de ser cuerno el del rinoceronte:
aun mas: la razón de su figura no con­
tradice á que sean cuernos, pues estos
las admiten muy diversas, como se vé
en la variedad que hay de animales
cornudos, siendo también los de algu­
nos solidos, y sin tales círculos anua­
les; asimismo aunque generalmente son
de pesuña hendida los brutos que tie­
nen cuernos, no es esencial esta par­
ticularidad , pues en algunos otros ani­
males que no la tienen, se lian visto

34 2

V I AGES

muchas veces, sin exceptuar Jos vo­
látiles y reptiles con diversidad de con­
sistencia, configuración y lugar de su
nacimiento : yo en cuanto á los auto­
res que patrocinaban la opinion contra­
ria , reponía otros tantos de no me­
nor nota qüe sostenían la suya ; ana­
dia á esto otras razones de mucha con­
sideración en favor de su sentencia co­
mo eran, que aquellos huesos se ha­
cían flexibles, se domaban al fuego, y
se prestaban fáciles á la industria y al
arte, admitiendo cualquier figura pla­
n a , cuadrada ó circular, todo lo cual
conviene á la materia de que se for­
man los cuernos, y no á la de los
dientes y colmillos ; y últimamente,
que según las observaciones de los na­
turalistas, el elefante los muda y re­
nueva muchas veces, lo que no baria
si fuesen colmillos, y sí siendo cuer­
nos , como se observa en los ciervos á
quienes acontece esta renovación en los
suyos. Sostenían vigorosamente los dos
su parecer sin darse por vencidos ;
enardeciéronse los ánimos, y de los si­
logismos vinieron á las desvergüenzas;
saludáronse mùtuamente con un tur-

DE WANTON.

343

bion de dicterios , y poco falto para
tirarse las gorras; pero el que presidia
en la cátedra fue el iris de tanta tor­
menta : levantóse con gravedad, echo
el compás con la mano, destosióse, y
con un semblante risueño, mirando á
todos lados para conciliar la atención
de los circunstantes , dijo mesurada­
mente arqueando las cejas: verdadera­
mente , señores., que el punto es ar­
duo; la importancia de la decisión está
bien patente : ¡ allí es nada ! ¡ averi­
guar si son colmillos d cuernos aque­
llos, d sean adornos d defensas que la
naturaleza puso á los lados de la trom­
pa del elefante! Sino hubieran cono­
cido la necesidad de la averiguación
de este punto á fondo, no le hubie­
ran examinado tan menuda y escru­
pulosamente unos escritores de la ma­
yor autoridad. ¿Y que liaré yo cuando
los encuentro tan contrarios en sus opi­
niones? Las razones con que cada uno
procura establecer su sentencia son del
mayor peso; las considero, padres cons­
criptos ; me hacen fuerza y me tie­
nen confuso, pero ahora mismo se me
previene aquel medio término con que

344

VI AGES

los sabios legisladores muchas veces
abrazaron las sentencias entre sí opues­
tas de los antiguos jurisprudentes, y
este rumbo pretendo seguir: para que
sean colmillos hay razones muy con­
trarias ; y muy contrarias razones tam­
bién para que sean cuernos; pues no
sean precisamente lo uno ni lo otro;
pero participen de las dos cosas, y
lla'mense en adelante colmilli-cuernos
ó cuerni-colmillos, según mas agrade
á vuestra profunda sabiduría d cuya
decisión juiciosa someto mi parecer.
Aplaudió el congreso el feliz hallaz­
go, asi quedó establecido para en ade­
lante , y enriquecido aquel teatro li­
terario con tan importante descubri­
miento.
El otro asnnto que mientras estuvi­
mos allí se ventiló, fue acerca del al­
ma de los brutos. El reverendo barbón
de la cátedra sostenía, que esta no era
otra cosa que una entidad , aunque ma­
terial , distinta de toda materia, la cual
vivifica al b ru to , y es el principio de
sus operaciones y de su sensación; con­
firmaba su doctrina con mil ejemplos:
no se comprende, decía, cómo sin prin-

DE W ANTON.

345

cipio de sensación podrá explicarse el
eretismo y expeluzamiento de la cola
del gato á la vista del perro su con­
trario ; como ( y dirigid hacia mí el sem­
blante ) lo que testigo de vista el caba­
llero Enrique, nos anunció la gaceta
anos pasados, como particularidad dig­
na de la pública noticia , del ciervo que
se murió apesadumbrado por haber per­
dido su compañía. ¿Para qué aun los
mismos del partido opuesto á nues­
tra sentencia castigan á las bestias que
tienen á su cuidado, á fin de que sus­
pendan ó ejecuten algunas de las accio­
nes de que son capaces, si estas no obran
mediante principio alguno de sensación?
Finalmente , se valió de mil preciosas
corroboraciones, que á favor de su sen­
tencia recogió en un viage que hizo por
el mundo indagando verdades cierto doc­
to filósofo.
Era el argumentante un mono jóven y resoplado, dotado de tanta fuer­
za de pulmones que á breve rato logró
atolondrar á los circunstantes; su in­
tento se reducía á persuadir que no eran
las bestias otra cosa que ciertas máqui­
nas sin razón ni sensación alguna, en-

346

VI AGES

yas operaciones tenían sus principios de
los espíritus animales; esto es, de aque­
lla parte de sangre mas su til, mas pu­
ra y mas espirituosa que se trabaja en
el cerebro del bruto, y desde alli dis­
curre por todos sus miembros , gober­
nándolos, vivificándolos y nutriéndolos,
ó en los que se dice no tienen sangre,
de la porción mas purificada de aquel
humor q suco que equivalentemente cor­
re por sus propios canales: no le ha­
cían fuerza los ejemplos innumerables
que en su favor habia propuesto el con­
trario ; pu es, replicaba, es necesario
concluir que si las acciones de las bes­
tias de temor , de gozo, de amor , de
reconocimiento y de las demas pasiones
de que parece son agitadas, provienen
de conocimiento que tienen de su enemigo, de su bien, de su compañía, de
su bienhechor o de cosas semejantes, yo
puedo inferir contra vuestra sentencia
que raciocinan. ¿ Qué otra cosa es sino
raciocinar en el concurso de varias ideas
comparar el tiempo presente con el pa­
sado , reflexionar sobre sus actos , é in-*
ferir varias consecuencias! y ¿qué otra
cosa cjecqtan las bestias si obran con

DR W A N T O N .

34

7

conocimiento ó llámese instinto? El per­
ro del ciego, que cuando su amo liace
cierta sena salta por el arillo, y cuan­
do la omite ladra sin querer brincar,
en suposición de vuestra sentencia del
alma sensitiva, es fuerza que asi lo
haga porque se acuerda de que cuando
•le ensenaron le castigaban con el la'tigo
sino saltaba al ejecutarse la tal sena;
y por el contrario : pregunto ¿ podrá
esto explicarse sin que manifiestamente
se vea que este animalillo compara el
tiempo presente con el pasado, y con
una lógica natural infiera , luego que
ve" la contraseña, con que si ahora no
salto, sufrirá como antes el castigo; ó
por el contrario? y ¿ no es esto racio­
cinar? Si lo negáis adquiere mi senten-'
cia mayor corroboración, y se destru­
yen vuestros fundamentos, pues si aun­
que veamos en las bestias uqas opera­
ciones totalmente semejantes á las que
se obran mediante una alma racional,
no obstante afirmáis que no raciocinan;
igualmente , aunque advirtamos en ellas
los efectos de una verdadera sensación,
yo puedo defender que no tienen la di­
cha alma sensitiva. Aíiadia á todo esto,

343

VIAGES

que sino se admitían las operaciones de
los brutos como efectos necesarios del
mecanismo de unas máquinas compues­
tas por la sabia naturaleza, sino por el
principio de un alma sensitiva, que los
determina sus acciones en fuerza del
discernimiento de los objetos, es muy
difícil comprender ú explicar que no
están dotadas de una perfecta libertad
de indiferencia; porque ¿ qué les falta
para ella , si tienen la excepción de ser
forzados interiormente para algún acto,
y son dotados de una total espontanei­
dad para ejecutarlo ? El dicho perro del
ciego que salta aunque esté cansado,
dá á entender que comparando su can­
sancio con el dolor del látigo que le
amenaza , tiene á elte por mas inso­
portable que aquel, y asi elige el sal­
tar por evitar el castigo. Por ventura
¿no sucede lo mismo á los racionales
dotados de libertad, que eligen uno de
dos contrarios, después que examinadas
las razones hallan por mas convenien­
te ejecutar la acción que suspenderla, ó
por el contrario?
Como aqui no es mi animo escribir
cuestiones, sino dar á entender el es-

DE WANTON.

34 9

tado de las ciencias por mayor de aque­
llos países, no quiero añadir otras mu­
chas razones , argumentos y sutilezas,
que acerca de este punto se propusie­
ron por una y otra parte; ello es que
la contienda paró como la antecedente
en voces , en que ni uno ni otro se da­
ba por vencido; y en que el monazo
catedrático hubo de sosegar los ánimos
y hablar magistralraente de este modo:
no se puede negar, señores , que en una
y otra sentencia hay insuperables difi­
cultades; apenas puede darse solución
á una, cuando renacen de ella duplica­
das objeciones, muchas y largas con­
sideraciones me ha debido este punto,
y no he hallado convencimiento que
ine haga fuerza, hasta que ( según mi
común método) he abrazado un medio
término entre los dos extremos, defi­
niendo al alma de los brutos: una sus­
tancia media y participante de los dos
extremos materia y espíritu , capaz de
percepción y sentimiento, y privada
de raciocinio y de discurso.
Luego que propuso este sábio su sis­
tema me levanté, y haciendo una pro­
funda cortesía al respetuoso teatro, me

350

VIAGES

encaminé á la calle ; siguióme mi ami­
go Tulipán, y aunque quiso hacer el
escolar lo mismo , le rogamosv no se
incomodase mas por nosotros ; y por
último a' fuerza de nuestras instancias,
después de una descarga cerrada de im­
portunos cumplimientos, logramos que­
dar solos. Insinuóme mi compañero que
con gusto se hubiera quedado alli otro
rato para haber oido explicar aquella
para él nueva sentencia acerca del alma
de los brutos; respondíle que desde lue­
go la hubiera complacido á haber lle­
gado á comprender su gusto, bien que
solo por contemporizar , no porque yo
desease oirla: paréceme, replicó, que
no os ha agradado aquel sistema, porque
habíais de él fuera de vuestra acostum­
brada política con una especie de des­
precio ; pues yo á la verdad soy de pa­
recer que con él se desatan las prin­
cipales dificultades que acabo de oir
de los dos partidos opuestos : ¿qué in­
conveniente puede haber en admitir una
sustancia media, que para no dotarla
de racionalidad y discurso participe de
la materia; y para no hallar contradic­
ción en que siendo materia perciba y

DE WANTON.

351

sienta, se la haga participante del espí­
ritu? Yo á la verdad no la encuentro;
con ella voy aquí interiormente alla­
nando todas las dificultades que en las
demás opiniones se han hallado; y mien­
tras no comprenda mas claras que la
luz del mediodia las nulidades de esta
sentencia, he de ser á la corbata su
partidario acérrimo. Pues creed, le res­
pondí, que ni á vos ni á los filósofos
sug secuaces he determinado concluir ni
convencer; pero estad también seguro
de que no seré yo del número de ellos,
mientras no me expliquen sin sofismas
como se pueden componer las grandísi­
mas contradicciones que contiene el tal
sistema ; y para que no creáis que es ha­
blar sin graves fundamentos, os he de
proponer algunas de sus dificultades por
mayor, lo que diese de sí el breve tiem­
po que nos resta para llegar á nuestra
posada.
Esta sustancia que se pretende que
no siendo solamente materia, ni sien­
do solamente espíritu, sea partícipe de
uno ú otro, no puede admitir medio
entre tener ó no tener extensión ; si la
tiene es compuesta de partes, por tan-

352

V IA G E S

to es d ivisib le, y consiguientemente
excluye toda participación de espíritu
que es indivisible ; sino tiene exten­
sion, no se por donde se puede con­
ceptuar material, porque la nocion de
sustancia sin extension, capaz de sen­
tir y p ercib ir, es la que concebimos
en la explicación del alma racional; y
en tal caso raciocinarían los brutos,
pues no apareceria fundamento para
probar lo contrario: se hace también
mediante la dicha sentencia, impercep­
tible la diferencia específica entre el al­
ma racional y la de Jas bestias: en pri­
mer lugar en sus operaciones, porque
si Ja de los brutos sin ser solo mate­
ria ni solo espíritu tiene sensación ; la
racional podría , sin ser solo materia
ni solo espíritu, tener raciocinio, por­
que mas difícil se comprende sin du la
el paso desde la privación de sentido á la
percepción del objeto, que el paso des­
de el sentir al raciocinar, ¡ absurdo ina­
guantable ! En segundo lugar en cuan­
to á su muerte; pues no siendo la mor­
talidad ó destrucción de las criaturas
materiales otra cosa que la descompo­
sición y desunión de las diversas par-

D E WANTON.

353

tes de materia que entre sí estaban en­
lazadas; si el alma de los brutos, co­
mo establece esta opinión, por la par­
ticipación y parte que tiene de espíri­
tu carece de extensión, y no puede ser
dividida, porque como es espiritual es
indivisible, por consiguiente no puede
perecer sino por aniquilación: ¿en qué
se distingue entonces del alma racio­
n a l? ¡impío absurdo! Ademas de lo di­
c h o , si esta alma media entre espíritu
y materia solo está dotada de sensa­
ción , ¿cómo entenderemos bien expli­
cados los raros fenómenos de la indus­
tria , afectos, pasiones é instintos ó co­
mo quieran llamarlos de los brutos?
Concluyamos, amigo Tulipán, y con­
venzámonos de la cortedad de nuestros
discursos, cuando solicitamos engolfar­
nos en aquel inagotable océano de los
prodigios de la naturaleza; observémos­
la para lo que corresponde á nuestro
aprovechamiento y necesidades de la
vid a ; pero no queramos entrar en el
insondable mar de sus arcanos: utiliCiémonos con los prodigiosos efectos y
virtudes que en las criaturas nos des­
cubre la experiencia., y adelantemos
T omo iii ,

23

354

VIAGES

esta con la repetición de operaciones,
sin perder demasiado el tiempo en la
averiguación de sus ocultas causas.
¿Cuánto mas debemos al que descu­
brid en el imán la virtud refractiva,
que á los que con fatiga inútil andan
averiguándole por qué tiene ó en qué
consiste la atractiva? ¿Cuánto mas útil
fuera á las necesidades de nuestra mi­
serable vida descubrir algún maravi­
lloso efecto del m arfil, ó algún secre­
to para usarle y trabajarle con mas
facilidad, que gastar largas páginas en
la pueril y fútil controversia de inda­
gar si son cuernos ó colmillos los del
elefante ?
¡Cuánto tiempo pierde la juventud
en la averiguación de semejantes frus­
lerías! ¡y qué útiles fueran sus luces
al resto de los mortales, si desprecia­
das estas pedanterías y puerilidades, en­
trasen á ocupar su lugar las ideas de
una lógica sin sofisterías, de una física
fundada en seguras experiencias, y úl­
timamente de unos conocimientos y
principios en todas las ciencias y fa­
cultades , purgados de errores , pasa­
tiempos y ridiculeces! en estas conver-

DE WANTON.

355

saciones llegamos á casa á hora ya de
comer; descansamos y pasamos el res­
to del dia recibiendo algunas visitas de
aquellos naturales, que con la noticia
de nuestra llegada vinieron con espíritu
de curiosidad á tratarme. Entre otras
conversaciones tocaron la del estudio de
la física, y particularmente las conclu­
siones del dia ; yo no pude menos de de­
cir mi sentir acerca de esta materia,
confesando la dificultad de encontrar las
causas de los maravillosos efectos de la
naturaleza, y la mayor utilidad que
trae el descubrirlos que el averiguarlas;
los mas de aquellos doctos, aunque con
diversas opiniones, sostenian obstinada­
mente la claridad con que mediante su.
física tenian como en la mano el cono­
cimiento de las causas de sus fenóme­
n o s; entonces yo asegurándoles el su­
puesto con las mejores pruebas , y bajo
mi palabra como testigo ocular , les pro­
puse, que en virtud de lo que decían,
rae descifrasen según sus respectivos sis-'
temas de la generación de los insectos,
la causa de la renovación de aquel que
mientras estuvimos en la gruta halló
un dia Roberto á las orillas de un arro-

356

VIAGES

yuelo, y que tanto llegó í admirarnos*
gegun tengo escrito en mi capítulo XV.
del tomo I. Todos á un mismo tiem­
po querian decir su parecer; yo les
supliqué que para mejor poder enten­
der sus decisiones hablasen por turno;
y ejecutándolo asi, significaron sus opi­
niones según en el capítulo citado ten­
go escrito, adonde remito al lector por
no duplicar un mismo asunto.
Poco mas poco menos eran muy
parecidas á estas las restantes universi­
dades , que en mi vuelta por el reino
encontré repartidas por sus vastas pro­
vincias, que por no ser demasiado mo­
lesto no especificaré en sus lugares res­
pectivos ; en unas estaba en mayor
auge una facultad, en otras otra; en
esta reinaba una extravagancia , en
aquella otro disparate; hallé médico
que me dijo, que la anatomía no ha­
bía traído á la medicina los adelanta­
mientos que se creian; encontré juris­
ta que trataba á vista y paciencia de
todos los legisladores, de bárbara, impía
é inculta la legislación ( especialmente
criminal) con que desde tiempo in­
memorial se gobernaban todos aquellos

DE WANTON.

357

países; hablé con matemático que ( no
obstante estar propuesto como parado­
ja ) en media docena de páginas habia
dado á luz disuelto ( según decía ) el
problema de la cuadratura del círculo;
traté á físico que sostenía que el gusto no
era sentido distinto del tacto y del olfato,
sino un compuesto de los dos; como
también que la distinción que hacia la
oveja y todo animal que pace entre las
yerbas venenosas y proficuas, apacen­
tándose de éstas, y no tocando á aque­
llas, pendía de un sentido inominado,
de que carecen los racionales; por úl­
tim o, para abreviar , no habia ciencia
ó arte que careciese de sus despropó­
sitos , ni se pensaba despropósito que
no fuese adoptado por algunos de sus
facultativos: á tanto llegaba en unos la
ignorancia, y en otros el insaciable de­
seo de singularizarse. Pero volvamos á
tomar el hilo de nuestras memorias. ¡
Detuvímonos algunos meses en Polym atia, en donde recibimos un co­
pioso socorro de Simiópolis ,• según ha­
bíamos enviado á pedir, aunque des­
pués de algún tiem po, por causa del
poquísimo comercio de dinero que des-

\

353

VTAGES

de aquella ciudad de las letras hay con
lo restante del reino; allí trabé amis­
tad con algunos ( pocos ) sabios , con
cuyas luces pude separar la alquimia
del oro, ésto es, los verdaderamente
tales, de los que lo son solo en la apa­
riencia ; unos se lo persuadian á sí mis­
mos, y estos eran tontos incurables;
otros hinchados y soberbios atraian á
su ignorancia á mil incautos qiie se de-?
jaban guiar de su necedad y de su or­
gullo; estos eran tontos perjudiciales; y
unos y otros los que formando partidos
irresistibles, se erguian á fuerza de nú­
mero , y de no sé qué ocultas protec­
ciones, y tenían el pie sobre la cerviz
de los que estaban colmados de un ver­
dadero mérito. Nunca pude ponerme de
parte de .sus sinrazones; esto bastó para
hacernos odiosos á sus ojos; y no pudiendo súfrirnos, armaron contra noso­
tros sus máquinas; el poder, que tenían
con algunos poderosos era el móvil pa­
ra la ejecución de sus injusticias ; experimenta'moslas nosotros, pues al cabo
de cerca de un aíio, sin saber el mo­
tivo y nosdiallamos con cartas dela corte
mandándonos seguir nuestro camino; lie-

DE WANTON,

359

garon estas á tiempo que yo me halla­
ba convaleciendo de unas molestas ter­
cianas que me habian debilitado mu­
cho; pero el corregidor de la ciudad
era del bando de los revoltosos, y pu­
diéramos haber tenido que sentir (jus­
ta 6 injustamente, porque era causa
de empeño de sus amigos) sino hubié­
ramos obedecido prontamente , por lo
que á costa de mil incomodidades y
trabajos hube de resolver el ponerme
en marcha con peligro de recaida; despedímonos de nuestros amigos, que que­
daron blasfemando de sus compañeros,
y emprendimos nuestro viage á jorna­
das muy cortas por mi quebrantada
salud.

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m u vm v \\n vv\u vvv\u \\m m u i

ÍNDICE
de los capítulos que contiene este
tomo tercero.

C apítulo i . P la n de la casa del
señor Haya después de la boda :
trátase también de los lutos de
corte ........... ; . . . . . . .

pág. i

C ap. ii. D e l mutuo obsequio de
Tulipán y la marquesa de la
M ielg a. . . . . . . . . . . . .

17

C ap. iii. D e l diálogo que pasó en­
tre Roberto y E n r iq u e , en que
se descubre el •cará cter , gene­
ralmente hablando , de los j ó ­
venes simiopolitanos ...............

37

C ap. iv. Determ ina Enrique acom­
pañar á Tulipán en su v i age al
real sitio

47

Gap. v Be los escritores públicos. 66
Cap. vi . Ajusta Tulipán su viage

para el real s itio . ..........................87

Cap. vir. De los discursos del se­

ñor Moral......................................104

Cap . viii. Siguen los discursos del

señor Moral...................................126

C ap. ix . De la escuela pública que

tenia en el real sitio el señor
Tam arisco. ..........................
15
Cap. x. Convite que tuvo Enrique
en casa de la marquesa de la
Castaña. . . . . . . . . . . . . 192
Cap. xi. De las aventuras de Tu­
lipán y sucesos de Ajenjo y sus
' paisanos. . . . . . . . . . , . . 213
Cap. xii. Del destierro de E nri­
que y Tulipán ; y camino que
emprendieron. . . . v . . . - . . 252
C ap. xiii. De la prisión de Enri- \
que y Tulipán en una cddea al
paso de su viage. ...................... 278*
C ap. xiv. Llegada de Enrique y
, Tulipán á una universidad. . 303

Cap. xv. Observaciones acerca de

las ciencias de aquellas provin­
cias.................................................319
C ap . xvi. Prosigue la materia del
capítulo antecedente.................... 339

\

3M

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