Viages de Enrique Wanton al país de las monas. Tomo III. 2ª ed.
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- Tipo
- Impresos
- Autor
- Seriman, Zaccaria
- Idioma (código)
- spa
- Extensión
- 359
- Identificador
- 0000000203
- Miniatura
- https://patrimoniodigital.ucm.es/r/thumbnail/784764
- Traductor
- Guzmán y Manrique, Joaquín de
- Notas
- Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
- Procedencia
- Jaureguízar, Agustín
- Colección de la edición
- Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
- Impresor
- Librería Razola
- Lugar de publicación
- Madrid
- Idioma
- Español
- Europeana Type
- TEXT
- Europeana Data Provider
- Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
- Derechos
- Universidad Complutense de Madrid
- Licencia de uso
- CC BY-NC-ND 4.0
- Fecha de creación
- 1831
- Formato
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- application/pdf
- extracted text
-
ENRIQUE WANTON
g é • f'tîs
I mprenta de I. SANCHA: calìe de la Con
cepcion Gerónimo , nú/n. 3i.
DE
ENRIQUE WANTON
a / >. f / e / oj *y/ivo7fctJ.
THADUCTDOS
M 3nglcs itl 3tttli(ina, jj i>r rstc
al <Cspanol
P O R JD. G . J . V . D . G . Y . M .
CON REAL PR IY IL EG 10.
MADRID:
St li.illar’i en la lihreria de RAZOLA , calle de
la Concepcion G eronim a, n.* 3.
MAYO DK l8 3 l.
ENRIQUE WANTON
a/ 9
c/e /a j ty/íponaJ.
I V U ' U i ) W V I 'V U V W iV I W V I W W V I V 1 VVV> V A 'V U U V I V l lT V V V
CAPÍTULO PRIMERO.
Plan de la casa del señor Haya des
pués de la boda: trátase también de
los lutos de corte.
respiraba otra cosa que profusión,
alegría y satisfacciones aquellos dias
inmediatos á la boda el palacio del se
ñor Haya: oficiosa madama Espina es
taba hecha una pura diligencia, sin
que en la propia y la nueva familia
hubiese asunto que ella permitiese paT omo iii.
i
3
VIAGES
sar por otra mano que la suya; dispo
nía el ceremonial de las visitas; tenia
lista del orden con que habían de pa
garse; fabricaba en su desbaratada fan
tasía el tren con que el primer dia de
bían salir al paseo los nuevos esposos:
era el único arbitrio de convidar á co
mer la sopa (como ella decía en su
lengua mona) á los que eran de su agra
do ; en una palabra, dio rienda á su
genio dominante para que ninguna otra
persona de la casa interviniese aun en
la mas ridicula menudencia. La señora
Lechuga se iba disgustando del despó
tico gobierno de su madre; pues desde
el primer dia de casada quisiera haber
tomado á su cargo plenamente la direc
ción de su familia. El señor Nuez-mos
cada y su suegro, aunque todo lo cono
cían, sufrian con prudencia, porque la
dulzura del uno y del otro genio repug
naba á cualquier rompimiento. Los hi
jos del señor Haya, especialmente mi
amigo Tulipán, divertidos fuera de casa,
como solo estaban presentes á la hora
de com er, cuidaban poco de lo que en
ella pasaba. Roberto y yo sin incluir
nos en las materias domesticas, goza-
DE VVANT0N.
3
¿am os los buenos ratos que daba de sí
el tiem po, y echábamos el cuerpo fuera
cuando los asuntos que se trataban no
eran de nuestra inspección. Los criados
y criadas finalmente de una y otra fa
milia estaban en continuas reyertas; los
antiguos querían mandar en calidad de
tales á los nuevos, y estos se defendían
con el com ú n , no me ¿oca, que tanto
reina en donde hay m uchos; y todo
paraba en perpetuos chismes, que am
bas señoras oian con la atención mas
profunda, trasladándolos del oido al co
razón, para que poco á poco indispues
tos los ánim os, reventase la mina cuan
do menos se pensase con desasosiego de
todos los de aquella casa, y general es
cándalo del pueblo. Este era puntual
mente el plan de la casa del señor Ha
ya en aquella sazón.
Pero el asunto que mas ocupaba la
atención de aquellas m onas. era la pa
ga de visitas de novia : todos los dias se
suscitaba una cuestión sobre el ceremo
nial : fue muy reñida la que se dirigia
al orden con que habian de pagarse: por
voluntad de la señorita 4 la primera debia ser á la marquesita de la Remóla-
4
VI AGES
cha (que también hay títulos en aque
llos países con tanta abundancia como
en nuestra Europa, aunque hasta aho
ra no se ha ofrecido nombrarlos) her
mana del novio, y por tanto de la pri
mera obligación, porque aunque hacia
poco tiempo que por medio del matri
monio habia la dicha salido á volar, y
no podía saber mucho de la etiqueta
mona, por cuanto estaba criada al lado
de una abuela que cansada de las lo
curas de su juventud la habia tomado
por el opuesto extremo de una imperti
nente y ridicula austeridad; no obstan
te, una venerable quintañona tia de su
m arido, vieja de mala gana, de las
muchas que hay de semejante jaez en
aquella metrópoli, que á fuerza de arre
bolarse y estirar sus arrugas quieren
engañar al publico que se rie de sus
extravagancias, la habia tomado á su
cargo para quitarla la corteza y poner
la en el tono del gran mundo ; esta sin
duda con aire magistral la baria cono
cer la gravísima falta que se cometía si
no se efectuaban las cosas como medi
taba su cuñada, y el execrable atenta
do contra la respetable ceremonia del
{
DE VVANTON,
5
estilo corriente ; pero al desembarazado
genio de madama Espina nada impedia
para hacer y gobernar lo que era mas
adecuado á sus caprichos; y asi á pesar
de las reconvenciones de su hija, dis
puso la primera visita para madama
Cambronera; era esta señora viuda del
hermano mayor de madama Espina,
que había pocos años que habia muer
to , y fue un ministro de crédito en
aquella curia; mona ya de avanzados
dias, de pocas y misteriosas palabras,
y de una seriedad fastidiosa capaz de
imponer sujeción aun á dicha madama
Espina, que es cuanto puede decirse.
Rechinando la hija hubo de dar gusto
á la madre tanto en aquel día, como en
los siguientes, de lo que se originaron
mil disgustos y quejas: á todas daba sa
lida la madre, hasta que llego el negro
dia que trajo el mas difícil caso, el asun
to mas intrincado, y la materia de ma
yor peso que podía ocurrir en el largo
tratado del crítico ceremonial mono.
Estaba disponiéndose la novia y su
madre para ir aquella noche de visita
á casa de la célebre madama Zanaho
ria ( de quien repetidas veces se ha
6
VI AGES
hecho mención) cuando subid un laca
yo, y avisó que su ama madama Cebo
lla esperaba á la puerta licencia para
hablarlas dos palabras, y que suplica
ba no se excusasen, antes bien que la
recibiesen como se hallaran , porque el
negocio á que venia era arduo, y no
daba espera: luego que les fue intima
do, entraron en un cuidado muy gran
de, porque el general concepto de doc
ta que tenia madama Cebolla acredita
ba la duda por de suma importancia y
dificultad: aunque madama Espina es
taba muy pagada de su trabajo, temió
errar la resolución, quiso asesorarse, y
envió un page para que cualquiera de
los dos, Roberto ó y o , el que mas
proporcionado se hallara, entrase en su
gabinete, y resolviera el caso según el
conocimiento que ya habíamos adqui
rido del pais; Roberto habia salido , y
asi fui yo, que aun me hallaba en ca
sa , el que asistió á la conferencia.
Ya habia entrado madama Cebolla
cuando yo llegué; la que después de
las formalidades de tabla, propuso en
breve su consulta en estas ó semejantes
palabras : ya sabéis, hija, el genio bur-
DE WANTON.
f
Ion y desahogado de mi amiga Zanaho
ria; yo te confieso que la temo, y no
quisiera darla causa de que se riese de
m í; acabo de tener recado de un con
vite suyo, pidiéndome la acompañe á
una pequeña diversión que hoy previe
ne en su casa con motivo de recibir de
novia á tu hija. No puedo faltarla, pe
ro en la duda que me ha ocurrido he
querido venir á consultarte para hacer
lo que tu y tu hija tengáis ánimo de
ejecutar: esta es, que como no ignoras
está la corte de luto, y me hallo per
pleja acerca del trage que deberé lle
var; ir de luto á un baile, y á una vi
sita de novia me repugna; ir de gala,
tiene la contra de que lo reparen y se
rian á mi costa: consideradas estas y
las demás importantes y profundas ra
zones , que por uno y otro lado pudie
ran alegarse, respóndeme qué debere
mos hacer.
No era el asunto tan frívolo (como
acaso parecerá á algunos de mis lecto
res ) que no produjese la mas séria me
ditación en el entendimiento de las mo
nas : suspendióse madama Espina para
decidir con mejor acuerdo; callaba ma-
8
VIAGES
dama Cebolla; y la novia, como mu
chacha al fin , decía mil despropósitos
acerca de los insuperables escollos que
por todos lados encontraba. No quiso
antes de oirme meter el montante ma
dama Espina; y asi todas me rogaron
dijese mi parecer: peligrosa materia y
delicada es, dije, mezclarnos en las
particularidades de la etiqueta ó cere
monial que deben observar las señoras;
pero supuesto que el presente punto de
lutos no comprende solo á estas, sino
también á los caballeros monos, diré
sencillamente lo que alcanzo, éste se
gún tengo entendido, es un duelo por
un príncipe que ni aun parentesco tie
ne con el soberano de estas provincias,
y por tanto de mera ceremonia; á esto
se añade que al presente se halla la cor
te en el sitio, con que no parece que
la falta de este cumplimiento pueda ser
tan notable como se exagera: pero de
mos de barato que el quebrantamiento
de esta dolorida demostración fuese un
insufrible defecto, esto debería enten
derse con aquellos sugetos que compo
nen lo formal de la corte, cuya entra
da en palacio los constituye en la obli-
DE W A N TO N .
9
gacion de la observancia 'de semejante
ceremonial; pero los que no tienen en
ella otra intervención que la de vivir
en la capital, por mas circunstanciados
que sean por sus familias o empleos, se
hacen á la verdad risibles, cuando se
muestran tan sentidos por la muerte de
un personage que ni aun saben quien
fue; y no os perezca que esta es imper
tinente nota de un extrangero, sino efec
to de una tan garrafal ridiculez que se
viene á los ojos de cualquiera. ¿No'que
réis que me r ia , habiendo sabido que
ayer (dia en que se publico el luto) no
quiso madama Batata salir al paseo con
su prima la marquesa, porque la mo
dista no la había traído la gran cofia
empavesada de negro , siendo asi que
el dia antes me consta habia puesto en
el parte ( y no es el primero) un me
morial , pidiendo á la liberalidad del
soberano una limosna, que fuese ayuda
de costa para mantener sus precisas
obligaciones? ¿Como queréis que haya
sugeto sensato que deje de dar carca
jadas al ver repetidísimos ejemplares
como el de ese muñeco de enfrente de
casa, que porque come trescientos du-
io
viages
cados del real erario, que gana en una
oficina, adonde desde su antesala le
trasladó su amo , salía había dos horas
con un luto nías reverendo que el que
pudiera vestirse un gefe de palacio, pues
aun la contera del espadín llevaba for
rada de bayeta negra?
Luce mas el despropósito de seme
jantes mentecatos á vista de un gran
número de personages graves, que ó por
su calidad ó por sus empleos componen
una respetable porción de la ciudad, y
con todo eso como no tienen sn desti
no inmediato al soberano, se desentien
den de la que solo es ceremonia de
corte; bien públicos están los ejemplos;
con los empleos mas visibles de fuera
de palacio compite el del señor Haya;
la nobleza del señor Nuez-moscada es
de las mas sobresalientes de estas pro
vincias ; el señor Peregil, primo de ma
dama Cebolla, une á la gravedad d éla
judicatura el lustre de su nacimiento, y
con todo eso.... Ya entiendo donde vais
á parar, replicó madama Espina impa
ciente al ver que mi razonamiento no
se adecuaba á sus ideas; nos proponéis
ejemplos de dentro de nuestras casas
DE
W AN TO N .
II
para que con mayor fuerza prevalezca
vuestro dictamen ; pero habéis de saber
que si ellos y sus semejantes por el
capricho de una afectada moderación no
quieren seguir los estilos de la corte,
nosotras que estamos (gracias al cielo)
dotadas de un superior espíritu para
despreciar la mordacidad de los mal
humorados críticos, conocemos que no
vamos decentes á las concurrencias pú
blicas sin atemperarnos al uso y ves
tirnos como nuestros iguales: ademas
de que no será extraño creer que mu
chos por la singularidad de no hacer
lo que los demas de su clase, tendrán
mas vanidad de no vestirse de luto,
que los que indebidamente se enlutan
de ponérsele.
No es mi ánimo, querida mia, dijo
madama Cebolla, reprobar tu dictámen,
pero no puedo negar al mismo tiem
po la razón del señor Enrique; y de
aqui es que aparece la misma duda
que al principio de nuestra sesión; y
mediante á que el tiempo insta, y que
de aquí no he de partir sin que lo re
solvamos, quiero proponer Jo que pron
tamente me ha ocurrido; esto es, que
12
VIAGES
varaos vestidas de luto con cabos de
gala; quiero decir, los vestidos negros
y los aderezos de diamantes, porque
de este modo se logra unir los senti
mientos de la corte con las alegrías de
la boda. No se puede ponderar cuanto
celebraron aquellas buenas señoras el
hallazgo de madama Cebolla en la tal
quimera ó adorno, que inmediatamen
te determinaron se abrazase y publica
se como nueva moda con el nombre de
vestido de galiluto. Quien mas aplau
dió tan delicado pensamiento fue la no
via, porque por este medio saldria á
relucir el rico aderezo de diamantes,
con que á costa de un escandaloso mimero de pesos la habia engalanado el
novio el dia de la boda. Por último,
se despidió madama Cobolla dejando
sumamente alegres á sus amigas, de
quienes me separé, encaminándome á
mi cuarto para soltar los diques á la
risa con mas libertad en compañía de
mi Roberto , y á costa de aquellas
mentecatas.
Llegó por fin la noche, y á la bora
regular nos retiramos Roberto y yo en
calidad de convidados á casa de madama
DE W ANTON.
T3
Zanahoria, á quien como á todas sus
amigas, hallamos adornada según el
nuevo ceremonial (que en tan breve
tiempo corrió de una mona en otra la
decisión de la sapientísima madama Ce
bolla); solo la Condesa de la Llanta
por haber estado todo el dia en una
casa de campo á divertirse , ignoraba
la promulgación de la nueva pracmática del galiluto, por lo cual se fue á
la isita cubierta de los mas lúgubres
{..avíos; pero gracias á la actividad de
la señora de la casa, no cometió el gra
ve defecto de funestar el estrado, por
que salie'ndola al encuentro en la an
tesala, y noticia'ndola el moderno esta
blecimiento , pudo disponer su escon
dite en un cuarto reservado hasta que
volviese un lacayo que envió á su ca
sa por los diamantes suficientes para
poder comparecer en tan brillante con
greso.
Entre los monos solamente los mi
litares de menor graduación , dos ó
tres ministros provectos y otros tan
tos arrendajos de ellos, esto es, preten
dientes de plazas del ministerio , por
contemporizar con sus m ayores, eran
1-4
VIAGES
los que nos acompañaban sin luto; pero
los del restante número (que era gran
de al olorcillo del baile) estaban según
me pareció por el trage , sumamente
sentidos; pero no tardé mucho en de
poner mi falsa opinión, porque luego
que se acabó lo que llaman baile se
rio, y comenzó la broma y mezcla de
los dos sexos, fue para mí un espec
táculo de gran diversión ver saltar, pa
tear y dar muestras de la mayor ale
gría á toda aquella porción de monidoloridos. Prolongóse la tal especie de
locura á compás hasta una hora incó
moda según costumbre, y finalizada
nos retiramos acompañando á las seño
ras de casa; y en el camino notamos
mediante una ú otra indirecta, que no
iban acordes los ánimos de hija y madre.
Fueron éstos presagios del próximo
rompimiento. Madama Lechuga desea
ba vivamente separarse de su madre
para regentar su estado independiente,
y asi al primer chisme que la trajo una
criada, tomó el partido de su familia;
madama Espina defendía la suya; enar
deciéronse Jos ánimos, crecieron las vo
ces, alborotaron la casa y escandaliza-
DE W ANTON.
I5
ron la vecindad: acudimos todos á so
segar á aquellas dos tigres; á porfia
querian informarnos del principio de la
reyerta, pero cada proposición era ori
gen de nuevos gritos; imposible fue
averiguar la verdad de la causa acci
dental de la quimera , la sustancial y
motiva no se nos ocultaba.
En una palabra ( prorumpió mada
ma Lechuga hablando con su marido)
yo no puedo aguantar mas á mi madre;
quiere ser despótica; si mando á mis
criados siempre encuentra motivos de
reprenderme, y es porque no haya otra
que mande en casa; si vienen visitas
á mi cuarto no las halla por conve
nientes, y si no fuera faltar al respe
to de madre, diria que mas que celo
es envidia porque no van al suyo, como
si de esto fuese otra la causa, sino que
ha nacido treinta anos antes que yo;
por fin, no hay en mí acción que no
note, ni respiración que no me cuente.
Mi libertad no debe ser tiranizada ni
sufrir dos dueños; luego que te di la
mano me constituí bajo tu obediencia,
y asi salí de la familia en que nací
par3 pasar de un todo á la tuya, Esto
16
VIAGES
y mi sosiego no es posible sin que se
paremos absolutamente la casa, porque
dos tocas y un hogar se avienen mal;
conozco que el gasto será grande por
haber de comprar todo el mueble cor
respondiente , pero no estamos tan atra
sados que no pueda hacerse sin grave
dispendio; y en fin, si algo te empe
ñases , mas vale que sea por esta causa,
que por la de mis funerales, que sin
duda llegarían muy presto si permane
ciera mas tiempo en tan amarga cons
titución ; y asi ten entendido que esta
noche no se lia de verificar que duer
mo en esta casa. No fue fácil que mu
dase de dictamen ni por los partidos
que el padre la hacia, ni por las jui
ciosas reconvenciones del seííor Nuezmoscada, ni por nuestros ruegos; lo mas
á que se la pudo reducir fue á que no
saliera de casa de sus padres hasta que
se la pusiera la suya, con condición de
que fuese muy breve el plazo , y con
tal de que mientras se cumplía había
de estar retirada sin entrar por motivo
alguno en el cuarto de su madre ; cu
ya propuesta cumplid tan exactamente,
que ni aun para comer dejaba su ga-
DE W ANT0N.
IJ7
bínete. El pobre marido andaba desa
sosegado , ya solicitando muebles, y ya
procurando casa proporcionada para su
habitación por darla gusto , porque en
este intermedio no se la podía ver la
risa. ¡A que extremos no llega la obs
tinada voluntariedad de una mona con
sentida y m imada!
* /X -V V X .'W '% /V \ f \ > V W V ^ /V V
CAPÍTULO II.
Bel mutuo obsequio de Tulipán y la
marquesa de la M ielga.
D e dia en dia había ido creciendo la
amistad con que me trataba Tulipán,
que era como ya se ha dicho el hijo
menor del señor H aya; y al mismo
paso se iba acercando el tiempo en que
había de experimentar el cúmulo de
desgracias é incomodidades que me
ejercitaron en aquellos países : no es
mi ánimo fastidiar á mis lectores par
ticularizándolas en estas memorias, y
asi solo pondré como por mayor aqueT omo
iii.
2
18
VIAGES
lias que tengan conexión con el hilo
de la historia. Era consecuencia de es
ta estrechez hacerme Tulipán partíci
pe de todos los secretos de su corazón
y de las pasiones que le agitaban, y mi
fidelidad en el sigilo en tan alto grado
que ni aun con Roberto los confería.
Gran necedad cometí en la observan
cia de tan delicado punto de honor,
pues él me acercó mi precipicio; pero
lo conocí cuando no tuvo remedio.
Como yo deseaba una instrucción á
fondo de las costumbres y demas cir
cunstancias de aquellos paises extraor
dinarios, y lograba ésta mediante la
grande introducción que tenia Tulipán
con toda clase de personas , me era
forzoso por darle gusto contemporizar
muchas veces, y acompañarle contra
mi voluntad.
El mal humor que reinaba aquellos
dias en las señoras de casa, el senti
miento del señor Haya, el desasosiego
de su yerno, el atropellamiento de los
criados, y la precipitación y bulla de
la mudanza, no hacían la mejor acogi
da dentro del palacio ; con que agre
gadas estas incomodidades d la eos-
DE WANTON.
*9
tumbre de Tulipán, de dar la mayor
parte del tiempo á sus devaneos, se
puede considerar su poca parada en él.
Una de sus mas preferidas visitas , ó
por decir lo mas cierto la principal,
era á la marquesa de la Mielga, joven
hermosa , pero boba; rica, pero pre
sumida; bien nacida, pero mal criada,
estaba casada con un caballero mono;
juicioso, prudente y arreglado No era
este el único casamiento de esta espe
cie en aquella metrópoli, dentro de
casa temamos otro poco mas ó menos,
y fuera noté tantos que parece que de
proposito buscaban tan discorde con
trapunto. Era muy común en ellos por
consiguiente andar á paso igual la tole
rancia y la locura. No quiero molestar
con largas reflexiones y episodios, en
que deslizándose tal vez la pluma , se
descubran retratos demasiado al vivo;
pero considérese que dilatadísimo cam
po me ofrecía este punto.
El marqués su marido, no celoso si
no honrado y con arreglo á sus obli
gaciones, la impedia ya con seriedad,
ya con blandura el frecuente trato con
mi amigo. No ignoro, la decia , que
20
VI AGES
Tulipán es de igual clase á la tuya;
tampoco pongo duda en que conoces
muy bien las circunstancias con que
naciste ; ¿ pero será esto bastante escu
do para el embate de un monito, cu
ya desbaratada cabeza está bien señala
da en la ciudad ? ¿ con qué idea solici
ta tu oido, y es continuamente tu som
bra dentro y fuera de casa ? ¿ Qué ma
terias tan graves y dilatadas tiene que
conferir contigo? Aquellas miradas á
liurto , aquel sonriso , y á veces aquella
afectada languidez de espíritu cuando
no se te puede aproximar por la con
currencia de otras visitas, ¿qué signifi
can? Si no hay malicia en este trato,
y cuanto se habla es inocente, ¿ á qué
conduce el secreto con que se embozan
la? palabras y el misterioso artificio con
que se aparenta querer encubrir las ac
ciones? Pero quiero por este instante,
solia añadir el marqués, darte de barato,
que no haya mas que una sencilla recí
proca amistad ( por tu parte nunca me
lie hecho ni por pensamiento la ofensa
de juzgar diversamente ) y que todos los
demas aparatos se dirigen á una necia
vanidad de hacer creer otra cosa dis-
DE WANTON.
2I
tinta de la que en realidad hay, y i
dar como en rostro al resto de los mo
nos , de que no son dignos de lograr
aquella distinción, y por tanto que de
berían rebentar de envidia: fuera de
que tan insolente ostentación con quien
está ya con un indisoluble lazo unida
á otro dueño, es á todas miras intole
rable, ¿será posible que los que ven y
oyen tales extremos, se pongan unáni
memente de acuerdo, hacie'ndose cargo
de que son solo pasatiempo aquellas
demostraciones? Seguramente que no;
está cierta de que el escándalo de es
tas pretendidas inocentes amistades es
público; yo lo oigo, y tal vez lo ha
blo de otras monas; no tienes tú salvo
conducto alguno que te ponga á segu
ro de los pareceres del vulgo; no hay
duda, tu opinión y la mia padecen un
descalabro gravísimo; en esta lastimo
sa constitución ya considerarás, que tú
debes dar de mano á esa distracción,
y que yo de ninguna manera te la de
bo consentir.
Aunque no eran muy despejadas las
luces de la marquesa se hacia por en
tonces cargo de la razón; tun de bulto
22
VI AGES
estaba, formaba nuevos proyectos, y
establecía en su imaginación un méto
do de vida mas arreglada: un dia o
dos solian durar tan buenos propósi
tos, porgue como mi amigo Tulipán
andaba á sombra de tejado, hurtando
el cuerpo de la vista del marqués , la
vigilancia de este no daba lugar á que
diariamente pudiera aquel hablarla ; pe
ro apenas lograba esta satisfacción cuan
do rodaba toda la máquina, sin que
quedase otro freno á aquel licencioso
comercio, que un miedo servil y bajo.
No pasó mucho tiempo sin que lo
grasen con mas sosiego su amistad. Fue
el caso que aquel soberano se hallaba
en un ameno sitio, digna recreación
de su grandeza , que está no lejos de
la capital, adonde iba á divertirse se
guido de su corte por algunas tempo
radas ; y teniendo el marqués un dis
tinguido empleo dentro de palacio, tu
vo que marchar á cumplir su servi
dumbre. O fuese porque no le parecía
proporcionado su alojamiento , ó por
que consideró se le habían de originar
algunos gastos, que no podía sopor
tar por ios empeños que había con-
DJ5 WANTON.
23
traído su casa, que eran grandes , de
terminó no llevar consigo á la mar
quesa Hizo esta muy bien su papel
de sentimiento por la ausencia ; suspi
ró ; y encargó la diaria corresponden
cia para consuelo de su soledad.
No bien había vuelto la espalda el
buen marqués, cuando ya estaba con
solando Tulipán á su querida, y des
embarazados de todo obstáculo, sol
taron las riendas ú su pasión, hacien
do público su mutuo obsequio ( con es
te nombre cohonestan allí aquellas sin
gularidades muy comunes entre mo
nos y monas). Largas horas de la ma
ñana, tarde y noche gastaba mi amigo
en aquella distracción, y lo peor era
las que me hacia perder por acompa
ñarle, siendo para mí aquel un objeto
desagradable por todos motivos ¿ pres
cindiendo del papel tan desairado, que
yo alli hubiera hecho, á haber sido
otro mono como él ; pero como me
consideraba de una clase en todo su
perior , solo me servían de diversión
y pasatiempo las demostraciones que
presenciaba: la publicidad y descaro de
estas fue cundiendo en tanto extremo,
24
VIAGES
que ya en cualquier tertu lia, y en to
da concurrencia especialmente de la
nobleza, siempre que se nombraba á
T ulipán, se anadia sin rebozo, el ob
sequiante de la marquesita de la M iel
ga , y lo mismo de parte de la señora.
Claro está que estas voces habian de
llegar al sitio, y penetrar el corazón
del pobre marqués , el cual consultan
do con su prudencia el sesgo que de
bería tomar en asunto tan delicado, de
termino fingirse gravemente enfermo
para deslumbrará los murmuradores, y
prestar decente y justa causa de la pre
cipitada marcha que ideaba de la mar
quesa : fio todos sus pensamientos á
un criado muy antiguo y de ley que
le había educado 5 hízole entrar en un
coche y le instruyó en lo que habia de
p racticar: llegó este á la ciudad , y
ejecutó tan bien su papel , que enter
neció i su am a, la cual creyendo no
encontrar ya vivo á su marido, cuando
llegase, no tardó en marchar desde el
arribo del criado mas tiempo que el
preciso para enganchar otro tiro de
ínu las, que habia prevenido con cui
dado. No obstante el sobresalto que ha-
DE
W ANTON.
25
bia causado á la marquesa la noticia,
ocasionado (s i hemos de creer á Jo que
en su ausencia decían sus amigas ) no
del carino que tenia al marque's, sino
de que con la muerte de este se la aca
baban las proporciones de triunfar y
lu c ir, por quedarla solamente una re
ducida viudedad ; y no obstante tam
bién la aceleración de su partida, no
se la olvidó dar parte de todo á su ob
sequiante por medio de un papel.
Era una de las diversiones que por
entonces teníamos la concurrencia des
pués de comer á una de aquellas casas
de que ya se ha hecho m ención, en
donde tiene sus delicias un numeroso
concurso de personas de todas clases,
que con libertad hablan de lo que no
entienden , disputan mil disparates y se
deleitan en beber aquella agua de car
bón hirviendo: la siesta pues de la in
fausta ausencia fue una de las que con
mas diversión y bulla se estaba pasan
do el rato, no siendo Tulipán el últi
mo en dar su parecer en las materias
que se trataban , á quien oian con gus
to , ya por la distinción de su naci
miento ( que hasta en las operaciones
26
VI AGES
del entendimiento lia pretendido supe
rioridad ) ya por cierto aire y gracejo
que daba á las palabras, con que di
vertía á los concurrentes.
Entre los muchos que aquella tarde
compusieron la tertulia, fueron los mas
distinguidos cierto capitán inválido,
cargado de años y cicatrices, tan pesa
do como puerco; un teniente que de
sargento había llegado á aquel grado,
de que se infiere no era niño ; dos al
féreces que acababan de apearse , des
pués de haber mal digerido cuatro ele
mentos de matemática, son los que re
vestidos de bachillería se las querian
apostar en todos asuntos á la mas acen
drada verdadera ciencia; y unos cuan
tos cadeticos con tanto afeite y com
postura como la mas delicada dama;
no tenían estos tales paz con sus hue
sos; andaban por la sala con los pasos
desconcertados, el sombrero puesto al
reves o en una oreja, agarrado con la
mano izquierda el espadín sin sacarle
del viricd, la punta adelante ó hacia
arriba, y la mano derecha sobre el
cuello, ó por debajo del brazo del in
mediato compañero; uno musitaba de-
DE W ANTON.
27
sentonada mente una contradanza , otro
ensayaba algunos pasos de baile, otros
secreteaban acerca de asuntos no los
mas honestos , según de una ú otra
palabra se podía traslucir; por ultimo
mas parecían aprendices de los primo
res del estrado, que novicios de la es
cuela de la campana.
Toctíse la conversación del poco
sueldo con que estaba dotada su carre
ra , y hacían unas cuentas tan ajusta
das que no quedaba á los subalternos
cosa alguna de é l , si habian de compa
recer en el público con todo el aparato
de su clase en limpia media , zapato
siempre lucido, rica camisola, afeita
do diario, peinado de dos horas de to
cador , aguas, perfumes y semejantes
zarandajas indispensables, á quienes por
profesión siempre han de estar rindiendo
bellezas, sentándose en el estrado mez
clarlos con el bello sexo, tomando ya de
una falda el abanico ó la caja , ya la
mano de otra mona menos escrupulosa
con pretexto de admirar su sortija , y iinalmente demostrando el buen gusto en
dar su voto acerca de peinados, trages
y cuanto pertenece el adorno femenil.
28
VlAGEá
El buen oficial ex-sargento sumaba
de otra suerte y con partidas mas jui
ciosas ; en su cabeza sacaba la cuenta de
que con lo que el príncipe les tenia se
ñalado es cierto no babia para vicios,
brillanteces y galanteos; pero sí para
vestir sin pompa y comer con sobrie
dad , y que aun esta partida sobraba á
los que continuamente probando de
uno y otro cocinero se ahorraban de
encender lumbre en sus casas : replica
ban los del partido contrario, mezclan
do algunas indirectas, que disimulaba
el teniente con prudencia: encendióse
la disputa, y cuando mas alterada es
taba dio un grito el capitán Pimentón
( este era su nombre) y asegurando el
alicaído sombrero sobre el pelucon des
greñado , empolvando la casaca y sus
contornos, dijo: por vida del rey mi
amo, que no puedo sufrir á muchos
monos de la moda. ¡Co'mo quisiera ha
berlos experimentado en la campaña,
especialmente en el célebre sitio y ren
dición de Monimbourg, por ver como
con estos mondadientes que cuelgan
del lado se defendían de treinta mil
desesperados monimbourgueses, que ha-
DE WANTON.
29
ciendo una salida de la plaza, asaltaron
nuestras trincheras á las seis y diez mi
nutos de la mañana! Alabo , dijo uno
de los matemáticos recien impresos, la
exactitud de la noticia, aunque extra
fío que de plaza en que no caben mas
que tres mil saliese un número tan ex
cesivo. ¿Qué sabéis vos, señor alférez?
respondió con tono de superioridad
nuestro Pimentón, ¿ pretendéis enten
derlo solo por haberlo visto en el ma
pa , y por haberlo leido en un libro
lleno de patrañas , mejor que yo que
he dormido, mas bien dijera he vela
do, delante de sus murallas tres meses
y siete dias? Vuelvo á decir, señores,
que yo celebrara ver si bastaban todos
sus pañuelos empapados en agua de
olor para sufrir la hediondez de los
cuerpos muertos, que quedaron en el
campo en la sangrienta batalla de monotumba; por cierto que iba yo á otro
dia al amanecer mandando una man
ga de flecheros, cuando: r: interpúso
se el otro alférez que habia estado ca
llando, con una conversación de otra
materia, diciéndome aparte: si deja
mos á este pesado baladrón que baga
30
VI AGES
la relación de sus servicios, que esta
mos fatigados de oir cadadia, será cuen
to de nunca acabar : conocí que todos
estaban hechos del ojo para este efecto,
porque cada vez que el capitán solici
taba seguir su relación, suscitaban es
pecies distintas, hasta que habiéndole
hecho callar , de una en otra vinieron
á la murmuración de la administración
de justicia, que es en lo que experi
menté que por lo general acaban tales
disputas: poníanse de acuerdo acerca
de la mala versación de los jueces y
ambición de los curiales; prendían y
ahorcaban con brazo militar á cuan
tos les venían á la imaginación; por tin
abrogaban leyes, y establecían otras de
nuevo con tantos despropósitos, cuan
tos es regular que diga quien se mete
en lo que no entiende.
Ya deseaba separarme de aquella
concurrencia, cuando entró por la sala
un mozo de los que alli asistían ( que
son á propósito para semejantes emba
jadas), y llegándose hacia donde es
tábamos, hizo una señal al disimulo á
Tulipán para que saliese; yo hallé el
cielo abierto cuando se levantó, pues
DE WANTON.
3I
marchando detras de é l , sin despedir
nos de persona alguna , logré dejar
aquella conversación, en que había de
haber sido forzoso mezclarme, contra
mis designios de o ir , ver y callar. Sali
mos á la puerta, en donde estaba es
perando una mugrienta vieja, que mis
teriosa y medio trémula separo á un
lado á mi compañero y am igo, y con
mil ademanes , mirando recelosa á to
das, saco de entre el jubón y su piel
curtida y arrugada un billete bien cer
rado , que le entregó apretándole la
mano con el esqueleto de las suyas , y
soltando una asquerosa marea de sus
ojos y narices.
No dejó de sobresaltarme aquel es
pectáculo , conceptuando que aquella
espía del infierno traía según las seíías
alguna infausta noticia á Tulipán; y mas
creció mi cuidado , cuando acabadas de
leer las cortas cláusulas del papel, le
advertí demudado y sorprendido ; ya
pensaba en acometer á la maldita vieja
para que me declarase la novedad que
tanto estrago había causado , cuando
con un profundo suspiro volvió de sil
suspensión el distraído jo v en , habló al
32
V IAG E S
oido á la mensagera , y sacando algu
nas monedas la agasajo y despidió in
mediatamente.
¡ Ay , amigo mió ! me dijo Tulipán,
luego que salimos á la calle; ¡a y , ami
go m ió! ¡qué lance tan apretado para
mí! Mirad ese papel mientras yo aca
bo de recobrarme; le íle , y vi era de
la marquesa, en que le avisaba su pre
cipitada marcha por orden de su ma
rido , con motivo del grave accidente
que le había asaltado. No es causa, le
dije, á mi parecer para tan grande con
moción este papel que acabo de regis
trar; bien conozco sentiréis la ausen
cia de quien tanto estimáis, pero no
es esta una desgracia de primer órden.
¡ A y ! replicóme, que no es la ausen
cia el motivo de tan desmesurado de
sasosiego : tiene mucho de sencilla mi
señora la marquesa, y luego cree con
facilidad; yo discurro con mas mali
cia, y pocas veces lo yerro; el mar
qués es astuto y prudente, y este es el
accidente tan repentino que le ha aco
metido ; vigilante, no lo dudéis, sobre
la conducta de su esposa ha sabido las
demasiadas licencias que contra los pre-
DE WANTON
33
ceptos que la tiene impuestos me ha
franqueado$ y o , aliora que nadie nos
oye , y mas que veo lo sabéis m uy
b ien , pues hartóme habéis aconsejado,
me he ido deslizando, y asi perdí aque
lla cautela que era necesaria; mas no
es m ucho, pues no lograba el vano
efecto de mi amistad , sino hacia pú
blico mi buen gusto, y todos mis ri
vales no me envidiaban fortuna de tai
tamaño ; bien lo he conseguido, pues
con dificultad hay otro mutuo obse
quio de los muchos de la ciudad de
que con mas franqueza se h a b le; en
esta consideración no extraíio haya lle
gado á oidos del marqués ; él disimula,
y está ofendido: yo temo mucho los
efectos de un agraviado sigiloso. ¿Quién
sabe por donde partirá? No sé, os ase
guro, qué debo hacer: no marchar al
sitio para hallarme pronto en cualquie
ra lance , no es cumplir con las leyes
de caballero, y es abandonar las obli
gaciones de la estimación que la pro
feso ; ir al sitio es despertar la malicia
del marqués, si acaso no es cierta la
mia , mayormente cuando no hay aho
ra alli funciones que brinden á la conT omo 111.
3
34
VIAGES
currencia, ni yo tengo pretensiones qut
me llamen á la corte.
Soseguéle como pude, le aconsejé
que viese si podía averiguar dentro de
casa de la marquesa aquella noche al
guna otra novedad ó indicio que pu
diera dar mas luz; y sobre todo, que
diese tiempo al tiempo, pues nada se
adelantaba en los negocios con la pre
cipitación , y menos con el aturdimien
to. Con estas y algunas otras palabras
consolatorias calmó un poco la tribu
lación de su ánimo; y siendo ya cerca
de anochecer, nos separamos, él para
hacer sus averiguaciones, y yo para
dar un paseo, y disipar especies para
mí tan impertinentes.
A la hora acostumbrada volvimos
á casa á recogernos, haciendo la casua
lidad que nos encontrásemos en el por
tal , desde donde hasta el cuarto de su
padre, mefué contando como nada ha
bía adelantado con su examen; que los
domésticos no sabían otra cosa que la
grave enfermedad de su amo ; que el
criado que había venido, se manejó
con tal actividad, que ni aun de ro
pas de camino había permitido se vis-
DE W ANTON.
35
tiera su señora diciendola que si en la
superfluidad de estos adornos malogra
ba el tiempo, tal vez no encontraría
vivo á su marido; y que cuando no la
llevase su cariño, la moviese á lo me
nos su interes, pues aun no había he
cho testamento. Finalm ente, que la
marquesa toda bañada en lágrimas des
pués de haber estado encerrada un bre
vísimo rato en su gabinete ( que sin
duda fue para escribirme aquellos cua
tro renglones) se había metido en
el coche , y partido para el sitio.
P ues, am igo, le d ije , esa relación
nada agrava vuestras presunciones; en
cuya consecuencia dejad venga el dia
de mañana, y si la necesidad forzase á
tomar algún partido, ella misma abri
rá el camino. Con esta conversación
llegamos á vista del señor H aya, cuyo
semblante en el discurso de la cena ad
vertimos con mutación, y todas sus ac
ciones tan enagenadas á ratos, que des
de luego demostraba tener algún cui
dado entre manos. Acabóse la cen a, y
solo dijo á Tulipán: h a z, h a z, hijo
m ió , que mañana el ayuda de cáma
ra te prevenga ropa decente para com-
36
VI AGES
parecer en la corte, porque pasado ma
ñana hago ánimo que pases al sitio; ¡í
su tiempo te dire' la causa. Con esto
despidióse, cada uno se fue á su cuar
to , y Tulipán por señas me hizo com
prender su alegría , pues no podía serle
causa alguna tan molesta y sensible,
como no estar en presencia del objeto
de su cariño; y mayormente cuando
según después me confesó, tenia ya en
su ánimo hecha la absoluta determi
nación de marchar, siendo para él de
mas peso las razones que hallaba para
ejecutarlo con los antecedentes que van
dichos, que los obstáculos que su de
masiada escrupulosidad le proponía en
un asunto, que solo quería una buena
y pronta resolución. Es el amor ciego,
y en la carrera que emprende á veces
experimenta irremediable el golpe, por
no ver los peligros que prudencialmen
te debiera rezelar ciertos en lo futuro,
cuando amenazándole de presente los
tiene por dudosos.
DE W ANTON.
3-
% /W V V V W % v
C A PÍT U L O III.
Del diálogo que pasó entre Roberto y
Enrique, en que se descubre el carde*
ter , generalmente hablando, de los
jóvenes simiopolitanos.
P o r mas despejadas que posea el hom
bre las luces de su entendimiento, si
le falta la guia de la experiencia, y la
docilidad para oir el dictamen del que
desinteresado le aconseja, ó ciego con las
tinieblas de su amor propio, ó deslum
brado con el falso brillo de la apariencia
de las cosas, irá encadenando errores á
errores hasta dar en el último preci
picio. Aquel entendimiento, que como
diamante sin pulir habia yo sacado os
curo de mi casa , fue poco á poco descu
briendo sus fondos á fuerza del continuo
trabajo y cuidado con que le habia ido
abrillantando Roberto; Roberto, aquel
mi buen amigo, que á su característico
distintivo de un acertadísimo don de
consejo agregaba un acopio de expe-
38
VIAGES
riencias que elevaban al mas alto cau
dal suficiente para manejarme por mí
solo; bien lo conocía mi am igo, y asi
no omitia ocasión que fuese oportuna
para conducirme por las sendas de la
razón , si previa algún estorbo que po
día desviarme de ellas.
Muchos dias había que traía entre
ojos aquella amistad tan expresiva que
conmigo tenia Tulipán, y no pudiendo llevar mas adelante su silencio en
los avisos que cerca de ella quería dar
me , me d ijo : bien conozco, que
rido Enrique, que no está vuestro en
tendimiento tan en mantillas que no
tenga sus reservas en la comunicación
con los monos; pero no puede menos
mi cariño de avisaros cuando advierto
lo que se interna con el vuestro el tra
to del joven Tulipán; bien veo que de
los de su clase es el que descuella; ge
neroso , introducido, v iv o , animoso,
bien hablado, y fiel amigo de sus ami
gos; pero yo os ruego pues casi dia
riamente le acompañáis c[ue miréis á
buena luz tan sobresalientes prendas; y
hallareis que en él inclinadas á un ex
tremo degeneran en otros tantos vicios;
DE
WANTON.
39
*u generosidad se convierte en prodi
galidad, la introducción en libertinage, la viveza, en atolondramiento, la
valentía en fanfarronada, la verbosi
dad en habladuría, y por illtimo la
fidelidad con sus amigos llega basta el
término de mezclarlos en pesados lan
ces , de los que no salgan á costa de
pesadumbres, dinero, y tal vez del
honor. No permita la divina providen
cia , que yo vea los efectos de tan per
niciosas cualidades en mi amado com
pañero y amigo E nrique; vuestro co
razón naturalmente do'cil, y vuestro
genio pundonoroso han ido insensible
mente estrechando el lazo de esta amis
tad hasta los términos de inseparable;
¿ y deberé yo callar cuando veo que
os vais empeñando en la comunicación
con un mono que observo tan vicioso?
Descifrad todo su porte, y le hallareis
que adolece de la enfermedad que los
mas de los monos de su clase y edad
padecen , modestos con un pcrsonage de
respeto, y con una boca escandalosa
entre sus amigos; compuestos en una
visita en donde nada interesan, porque
no encuentran apoyo; y disolutos en
40
VIAGE3
donde hallan lug3r para sus libertades;
entonados fantasmones con un pobre
honrado que les necesita, y no desde
ñándose de las acciones mas soeces por
una monuela desenvuelta; finalmente,
por no cansaros con un punto de ho
nor , ó que dirán, en muchedumbre
de asuntos, que no era necesario; y
atropellando al mismo tiempo sin ver
güenza lo mas sagrado de las leyes por
dejarse arrebatar del torrente de sus vi
cios : bien habéis visto los originales
de esta pintura en los mas de los ca
balleros jovenes siiniopolitanos que co
nocemos ; pues el señor Tulipán, sino
lleva la bandera entre ellos, á lo me
nos no se queda atras, considerad si
un monito de tal calidad será digno de
la estrechez y confianza de un hombre
que con razón se precia de serlo , ha
biendo este á aquella tan conocida dis
tancia.
Basta, Roberto, le respondí: yo os
rindo mil gracias por vuestros saluda
bles consejos mayormente en la parte
que teneis razón; digo en la parte por
que no os la concedo en el todo: no
esteis en la inteligencia de que la amis-
DE WANTON.
4 1
tad con Tulipán llega al extremo de que
yo le entregue, no digo todo, pero ni
parte de mi corazón, tengo presente lo
que dista un verdadero hom bre, de
cuantos monos contiene lo vasto de es
tas provincias; y mucho mas cuando
en el trato interior con ellos he notado
todos los defectos que habéis dicho, y
muchos mas que habéis callado, bien
conozco que todo en ellos es superflui
dad y apariencia; acaban de murmu
rar con impiedad de uno de sus com
pañeros, y encontrándole en la calle
le besan y le abrazan; adulan con ba
jeza á un poderoso, y luego que vuel
ve la espalda siembran la mas zizaña
para hacerle malquisto en el pueblo:
obsequian y se humillan hasta los pies
de las damas; y en junta'ndose á con
versación entre ellos, no hay crádito
en la ciudad bien puesto; gastan y
triunfan en convites y profusiones, y
sus criados suelen estar sin pagar y
muertos de ham bre: brillan sus perso
nas con los mas exquisitos adornos, y
los libros de los mercaderes están lle
nos de notas contra ellos: jueg.m con
exceso aunque sus rentas sean muy
42
VI AGES
cortas, pero no hay persona con quien
no esten indignamente entrampados:
cuando se encuentran se aprietan las
m anos, y se ofrecen los corazones con
cuanto puedan y valgan, porque para
las ocasiones son los amigos, y al ir
se á buscar, para nada se hallan, mien
ten sin térm ino, son libidinosos sin
medida; se bufonean de las acciones
y compostura de aquellos que se ajus
tan á una moral arreglada, ni aun
en el vestir tienen subsistencia; en el
tiempo que ha que estamos en esta ca
pital ha habido mil variaciones; ahora
ha crecido la casaca, cuando se ha
achicado la chupa; se han angostado
los zapatos, cuando excesivamente se
han ensanchado los calzones; se han
cercenado las vueltas en las camisolas*
dejándolas en la cortedad de un par
de dedos, cuanto se han agrandado los
corbatines hasta el término de ser unas
pequeñas sabanas; se ha disminuido el
sombrero, cuanto se ha aumentado la
bolsa del pelo en figura de una buena
manpara; y por poco que duremos en
el pais observaremos á la contra todo
lo referido; entrarán con calzador los
DE WANTON.
43
calzones, menguarán las bolsas; crece
rán enormemente los sombreros, y asi
todo lo demas; por último no son bue
nos para otra cosa que para ir de es
trado en estrado trayendo y llevando
chismes con otros como ellos ; para
andar de baile en b a ile, donde sueltan
los diques á su desenfreno; para mar
char por esas calles con el mayor ato
londramiento ; y en fin para aprender
y ejecutar con grande estudio cuantas
gesticulaciones ven á los extrangeros que
de ellos se burlan lindamente, pues co
nozco algunos cuya imitación llega has
ta á el modo de tomar tabaco, escupir,
estornudar, sonarse, y cuantas funcio
nes corporales permite la decencia en
p ú blico, haciendo en todo un increíble
esfuerzo para diferenciarse del resto de
sus compatriotas.
Reconoced pues ahora, mi Rober
to , mediante esta inscripción que he
hecho para satisfaceros, si tongo bien
tanteado y penetrado el carácter de se
mejantes monos; tampoco se me oculta
(b ien que no es de los mas relajados)
que con ellos hace número Tulipán;
pero habéis de saber qne sin su amis-
44
VIAGES
tac! y compañía no podia yo tener un
conocimiento tan exacto, él ha sido el
único medio de mi instrucción en este
punto; delante de él no se rezelaban,
abrían su pecho, y yo observaba su
disparatado porte; para lograr mis in
tentos no podia menos de irme estre
chando en su amistad, y para esta in
timidad era fuerza seguirle y acompa
sarle adonde violentamente he sido
muchas veces conducido; él me ha fia
do enteramente su corazón; nada sabe
ya emprender ni aun dar un paso sin
m í, ya veis que ahora estoy en el ca
so de la obligación en que me ponen
las leyes de agradecido , arrancarme de
un golpe de su lado sin particular nue
vo motivo que lo exija, es una vitupe
rable voltariedad; ademas de que sería
un lance que diese mucho que notar
en el público, cuando á la vista de
este ha sido tan continuada nuestra
unión; pero recayendo sobre mi cono
cimiento la fuerza que me hacen vues
tras razones, dirigidas por un verdade
ro cariño para mi tranquilidad en lo su
cesivo, me parece acertado el medio tér
mino de ir poco á poco templando los
\
DE WANTON.
45
favores de la amistad, basta qne se lo
gre verla totalmente resfriada. Esa tivieza; añadió Roberto, era la que iba
á proponeros , cuando vuestra impa
ciencia interrumpió mi discurso; de
ninguna manera habia yo de aconseja
ros que procedieseis sin consecuencia,
por lo cual el medio termino que ha
béis elegido , me parece es lo único que
hay que practicar en el asunto.
En esta conversación estribamos
cuando llegó el ayuda de cámara de
Tulipán con un recado de parte de su
am o, para que luego que estuviese en
disposición de salir de casa , me pasase
por su cuarto sino me servia de inco
modidad, pues por estar e'l muy ocupa
do no venia á buscarme. Bien hubiera
querido excusarme para dar principio
á la obra en que Roberto y yo había
mos quedado de acuerdo; pero viéndo
se el pobre mono en el lance mas apu
rado que habia tenido en su vida,
cuando no hallaba otro alivio que el
comunicarme hasta sus mas íntimos
pensamientos, ¿no hubiera sido el vol
ver las espaldas un efecto de la mas
villana ingratitud que tanto afeábamos
46
VI AGES
en sus iguales? A l mismo tiempo, im
buido yo de una falsa idea de las
leyes del pundonor, no quería revelar
á mi compañero los secretos de T u li
pán y y ved aquí el punto decisivo de
mis incomodidades en adelante. ¡ Que
desgraciadas consecuencias se siguen de
una acción mal gobernada por falta de
consejo ! Aprendan en mis aventuras
aquellos que entonados y orgullosos,
falsamente persuadidos de su amor pro
pio, creen son bastantes por sí solos á
dirigir sus acciones, y escarmentando
en mi cabeza bajen do'ciles las suyas, y
gobiérnense por los prudentes avisos de
sus mayores. Yo regulo el modo de
pensar de Roberto en aquel tiempo
guardando la debida proporción, por el
que al fin de mis años cargado de canas,
experiencias y afanes he llegado á ad
quirir, y es cierto que ahora conozco
manejé muy puerilmente aquellos lan
ces de mi juventud. Despedime pues
de Roberto, y salí de mi cuarto para
buscar á Tulipán en el suyo.
DE WANTON.
%/%,V
47
V \ X/V */%■'%'VV\A^VVV 4/
CAPITULO IV.
Determina Enrique acompañar á Tu\l real sitio.
lipan
la hora de haber llegado á Simiopolis el criado del marqués de la M iel
ga , se habia divulgado por la ciudad
el grave accidente de su amo; aunque
en la relación tan desfigurado, que el
mismo que habia traido el aviso le
desconocería contándosele. En todas las
noticias observé en aquel pais que su
cedía lo mismo; pasando de unos en
otros se diversificaban de tal modo,
que llegaba á contarse una cosa en que
nada se decía ya de la verdad del su
ceso, mudándose aun los sugetos que
habían jugado en el lance; es el caso
que cada uno le explicaba al gusto de
su paladar, y como quisiera que hu
biese sucedido; de aqui era que, qui
tándole d poniéndole cada cual su ri
bete ó circunstancia; llegaba á oirse
totalmente diverso, mayormente pasan-
415
VI AGES
do por tantas bocas, pues es increí
ble el ansia con que andan todos de
averiguar noticias con que poder ame
nizar la conversación en sus concur
rencias nocturnas, que llaman tertulias:
de este principio se origina no igno
rarse, no obstante lo populoso de la
ciudad , cuanto hace cada particular
aun de paredes adentro de su casa;
muchas veces oí lamentarse á algunos
sugetos de carácter de las excusadas
averiguaciones de vidas agenas, en que
se ejercitan muchos de aquellos habi
tantes con el único fin de saciar su
flujo de hablar y contar novedades ; en
lo que no suele ser lo peor que refie
ran desnudos los hechos, sino el énfa
sis malicioso con que los visten sien
do del todo inocentes, si llegasen bien
á escudrinarse; como pudiera exponer
de algunos sucesos que no acabando de
persuadírmelos según se decían, exa
minados á fondo por mí mismo, ha
llé originados de los falsos juicios y
suposiciones de los monos habladores
de profesión.
£1 empleo que el marqués de la
Mielga tenia en palacio era demasía-
49
DE WANTON.
damente distinguido para que no tuvie
se un crecido número de pretendientes
en el caso de su vacante , por lo que
avivándose los deseos en la presente
ocasión de la decantada grave enferme
dad del dicho marque's ya se daba por
supuesta: quién decia que no habia du
da que estaba desauciado: otro que aun
dado el dificultosísimo caso de no mo
rir, no quedaría en términos de poder
volver á servir, porque según ciertas
conjeturas ( esto guiñando misteriosa
mente un ojo ) el accidente le dejaría
perturbado el cerebro: hubo quien ha
biendo oido estas palabras abultando la
especie, decia ya entre sus amigos á me
dio tono : creo que ha habido cuento
en palacio, y de la pesadumbre el mar
qués se ha vuelto loco: por último, hu
bo un voto decisivo que tuvo mucho
séquito, sobre que el marqués verda
deramente ya habia muerto; pero que
aquel criado que habia llegado venia ins
truido para no alborotar la casa y ape
sadumbrar á su ama en no confesar sino
el cuidado que daba su enfermedad.
Estas voces llegaron á noticia del
señor Haya, quien pensó desde luego
T omo u i .
4
50
VIAGES
entablar la pretensión del empleo que
había vacado, ó seguramente según sus
juicios habia de quedar vacante por
muerte del marqués para Tulipán; aun
que era este el menor de sus hijos, le
pareció debia ser preferido á sus her
manos para este efecto, ya por su me
jor figura, ya porque era el mas de
sembarazado, y poseía un perfecto aire
palaciego: es cierto también que no
tenia méritos personales para su logro;
pero ademas de la poderosa fuerza del
ejemplo, que no faltaba en iguales cir
cunstancias, tenia los méritos de su
padre, sino los mayores, los mas bien
ponderados: estos eran los pensamientos
que habían tenido suspenso al señor
Haya la noche antecedente mientras la
cena: con ellos se acostó, y los mismos
le desvelaron toda la noche, vacilando
sobre el modo con que deberia mane
jarse la pretensión ; qué máquinas ha
bían de emplearse; qué empeños serian
mas oportunos; qué rivales concurri
rían; con qué artes habia de eludirse
la fuerza que pudieran hacer , y final
mente sobre cuanto pudiese conducir al
mejor éxito del asunto.
DE WANTON.
51
Levantóse al amanecer altado de
estos pensamientos, y llamando á Tu
lipán (según él me contó después) le
dijo : aunque algunos de tu clase,
hijo inio Tulipán, ó por inhábiles, de lo
que hay mucho, ó por ociosos y mal
criados, de lo que hay mas, conten
tándose con el vano oropel de los ho
nores heredados, como si estos á boca
llena pudieran llamarse propios, en
greídos con las reverencias y sumisio
nes de sus criados, como si estas na
cieran de otro principio que de la ne
cesidad y el interés; y considerando su
ficientes para lograr sus gustos y ha
cer disparates, las rentas que hereda
ron á costa del sudor de sus abuelos,
no solicitan, por excusar un cortísimo
trabajo, el medio de sacudir la ociosi
dad , madre de todos los vicios, em
pleando sus tales cuales talentos en
servicio de su rey, y utilidad del res
to de sus conciudadanos; no deberás
tú seguir tan pernicioso ejemplo, yo te
quiero empleado, y empleado digna
mente. Ahora bien ¿en dónde podrás
con mas honor establecerte que en pa
lacio ? Esta es la mas oportuna coloca-
52
VIAGES
cion de los nobles, de los que deben
al cielo tan distinguida cuna como vo
sotros ; por lo que hace á lo personal
¿qué adorno te falta para ser alli bien
visto ? Tienes conocimiento de quien
eres para servir con prontitud y leal
tad á tu dueño: tienes amor á Ja pa
tria ( 6 patriotismo, como decis los
monitos ilustrados), sabrás procurar el
bien estar de tus paisanos; eres intro
ducido y bullicioso, te harás entre tus
iguales mas visib le: con tus palabras
melosas y de buena crianza, aunque
sean vacías en la o b ra , dejarás muy
satisfechos á los que tengan la desgra
cia de necesitarte; tus pocos anos y ha
bilidades de tocar, cantar y b ailar, de
ser el primero en las modas, y de ma
nejar tus acciones y gesto con cierto
airecillo halagüeño encantador de bobas,
no habrá albedrío que no arrastren, ni
inexpugnable muro de la mas desdeñosa
mona que no conquisten. Por último,
el esencialísimo requisito de poseer tan
á fondo (gracias á mi cuidado) los idio
mas de nuestros vecinos reinos, la micancia y la cercopitecalia te tienen en
estado de poder tratar á los muchos
DE WANTON.
53
caballeros micos y cercopitecos que allí
te encontrarás á cada paso: ¡oh cuánto
te instruirá su trato! ¡con qué conoci
mientos ilustrarán tu entendimiento! No
obstante no aprendas á cierra ojos todo
lo que te enseíien, si llega el caso que
vayas por allá.
Cuando llegaba á estas palabras el
buen viejo experimentado ( asi me lo
refirió Tulipán), madama Espina que
cuidadosa por haber advertido nove
dad en su marido la noche antes, ha
bía pasado muy temprano casi descalza
y en zagalejo á media pierna á espiar
desde el escondite de una puerta que
liabia dejado entreabierta las acciones
del señor Haya , por si por ellas podia
traslucir la causa de su desasosiego,
habiendo oido la arenga, salid de don
de estaba revestida de su colérico ge
nio , con ánimo de emplear todos sus
esfuerzos para desbaratar las ideas de
su marido, soltó los diques á la bachi
llería , y peroro con el mayor ahinco
á favor de Jacinto; era este su hijo
mas amado, de un genio demasiado
condescendente, y no de los mayores
fondos, con lo cual se prometió su ma-
54
VIAGES
dre ser quien regentase el empleo, que
ella sabría hacer valer á medida de lo
menesteroso que le experimentára. ¡Que
colorido de tanto realce dio, entonces
á los defectos de Tulipán! Aqui si que
en admirable contrapunto se manifes
tó , como una misma acción es lau
dable ó pésima según las intenciones
de quien la juzga: la viveza de Tu
lipán era para el padre una franqueza
de genio muy útil para que se ma
nejase en palacio, y para la madre
un descaro insolentísimo ; su natural
gala y garbo se calificaba de aire d®
corte en sentir del señor Haya ; en
el de madama Espina de una insufri
ble vanidad y entonamiento: la inte
ligencia de lenguas de los dominios con
finantes era, según el padre, un esencialísimo adorno en un mono de su cla
se; según la madre, un abundante ma
nantial en donde había bebido innu
merables de sus erradas y perniciosas
máximas; de aqui concluía que en in
teligencia de que aquel hijo se habia
absolutamente pervertido volviendo las
espaldas á las sabias y sanas instruc
ciones con que ella le habia educado,
DE WANTON.
55
cambiándolas por una altanería incor
regible, era de parecer ge le enviase
al ejercito donde le domasen, y las
voces de su honor le trajesen á la sen
da de la rectitud.
Es muy común entre aquellos na
turales, en teniendo un hijo mal incli
nado ó travieso destinarle á ser solda
do , como sino fuera una de Jas car
reras en que mas se necesita y hace vi
sible la honradez y buena conducta.
Hice la observación alguna vez, y ha
lle que de este principio se derivaba
para muchos de ellos la desgracia que
vociferaban del atraso de sus ascen
sos, porque mientras estos tales á costa
de reprensiones, sonrojos y castigos iban
entrando por la vereda del cumplimien
to de sus obligaciones ( esto cuando no
tenian un desdichado fin sus travesu
ras) se dedicaban al real servicio otros,
aunque los menos, cuya buena crian
za junta con la aplicación al arte de
la guerra , les grangeaba la singular
estimación de sus gefes , haciéndoles
dignos de los ascensos que lograban
con antelación y excesivas ventajas, res
pecto de los díscolos y inal criados.
56
VI AGES
Por mas alboroto que movio , y
despropósitos que dijo madama Espina,
no pudo desimpresionar á su marido
de las altas esperanzas que babia con
cebido de las prendas de Tulipán, por
lo que desesperando de la consecución
de sus designios, llena de disgusto se
volvió á su cuarto. El señor Haya si
guió su conversación, exhortando á Tu
lipán á la viveza y sigilo con que ha
bía de manejarse, y suministrándole
ideas que habia de poner en práctica
en su oportuno tiempo, proporción .'ndolas según los sugetos con quienes habia de tratar; de los que se babia de
precaver; y á los que babia de con
trarestar ; finalmente llenóle de instruc
ciones, que aunque muchas eran muy
agenas de un corazón noble y gene
roso, se consideraban indispensables en
tre la ruin turba de pretendientes: {li
móla ruin, porque no obstante que in
cluía una distinguida porción de los pri
meros sugetos del reino, se avillanaban
estos por lo general en llegando á po
ner los medios para conseguir sus asun
tos , porque según decían, el llevar el
corazón en las manos no servia mas
DE WANTON.
que para que los demás que caminan
con doblez, escudrinen los medios de
que se vale su dueño, y levanten má
quinas proporcionadas para estorbarle
el logro de su pretensión.
En consecuencia de los preceptos
de su padre, luego que Tulipán pasó
á su cuarto, comenzó á dar las órde
nes relativas al viage, á cuyo tiempo
entré yo buscándole; al punto que me
vio, se vino á m í, y echándome los
brazos al cuello , exclamó: ¡oh, mi
Enrique, vivo ejemplo de la mas fina
amistad! Ahora mas que nunca nece
sito me deis una prueba de ella: mi
padre me hace marchar al sitio en ca
lidad de pretendiente, solicita que yo
suceda en el empleo al marqués de la
Mielga, que juzga que habrá ya muer
to según la mas corriente sentencia,
pues como nadie interesa tanto como
yo en los asuntos de aquella casa, nin
guno como yo malicia que es fingida
la enfermedad. Estas ideas de mi padre
sirven de resguardo á mis intenciones;
mediante ellas, voy á espiar de mas
cerca los proyectos del marqués, y á
exponer en todo trance como honrado
58
V I AGES
caballero mi persona , y cuanto valgo
en obsequio y defensa de mi señora
la marquesa; pero como por mí solo
no puedo poner en práctica todas las
diligencias precisas en tan arduo asun
to , necesito vuestra compañía, pues
sois el único archivo de mis secre
tos; vos sois persona en quien no re
cae sospecha alguna, y por tanto que
podéis con mucha mas facilidad com
prender cualquier designio que se fra
güe en perjuicio de aquella dama, con
vuestra espada á mi lado no temo á
cuantos contrarios soliciten insultarme,
y con vuestros consejos no dudo el
acierto y salida de los mas dificul
tosos empeños que se me ofrezcan. No
os liare* yo la injusticia de creer que
dudareis ni un punto en servir á un
amigo tan verdadero en el lance mas
crítico de su vida : conozco que algo
habéis de incomodaros; pero eso mas
tendré que agradeceros : por lo que
hace al público , bastante justo título
es habérseos venido á las manos la oca
sión , acompañando á vuestro amigo,
de ir á admirar en este sitio un mi
lagro de la naturaleza, del arte y del
DE WANT0N.
59
poder, mayormente en el tiempo en
que se halla allí la corte: en esta in
teligencia , haced que os pongan un
par de vestidos en un cofre, pues por
lo que mira á las demas prevenciones
no os toca otra cosa que dejaros obse
quiar. Confieso que no tuve corazón
para negarle la gracia que me pedia,
no encontrando en ella según aparecía
inconveniente alguno ; pues habia lu
gar en adelante para ir resfriando la
am istad, sin ser forzoso romper cañas
de una v e z , como hubiera sucedido
si me hubiese negado á sus deseos. Con
la asquerosa demostración de un par de
besos en mis mejillas (costumbre de los
monos mas refinados, aunque no común
en el pais) agradeció mi amigo la con
cesión de la gracia; y para que no pu
diera hacer prevención alguna querien
do fuesen todas de su cuidado, deter
minó no separarse de mí en todo el dia.
Salimos pues de mi casa, y á pocos
pasos llegamos á un espacioso parage
de la ciudad, centro de los ociosos,
adonde comunmente se hallan también
todos Jos forasteros atraídos de la nu
merosa concurrencia; uno de ella po-
6o
VtAGES
niéndosenos al paso, separó á corta dis
tancia á Tulipán para hablarle en se
creto: arduo asunto en un lugar ro
deado por todas partes de acechadores,
y en donde el ruido no deja aun en
voz alta percibir las conversaciones;
quedénie solo arrimado á la puerta de
la tienda de un mercader, contemplan
do la variedad de las cosas que allí se
congregaban; estaban á la sazón en un
corrillo media docena de micos, que
(según supe después) eran tres cocine
ros, dos ayudas de cámara y un pre
tendiente de cualquiera cosa, como fue
ra proporcionada para hacer dinero,
hablando en su idioma que allí es mo
neda tan corriente como la del pais,
murmurando y ridiculizando cuanto no
hallaban en Simio'poüs á la moda de
su patria ; no tuve que extrañar el
asunto, porque apenas liabia visto con
currencias de estos personages, donde
no hubiese advertido esta falta de crian
za y agradecimiento á una tierra en
donde les estaban sustentando y enri
queciendo; pero sí admiré su avilan
tez por ser el parage tan público , y
no reservarse ellos eu hablar, puesto
DE W ANTON.
6
1
que yo lo oia y estaba algo distante;
pero en este punto llegó cierto mono
simiopolitano de todos cuatro costados,
con el peinado, vestidos y acciones á
lo mico, esforzándose para hablarles
en su lengua, que había mal apren
dido medio olvidando la nativa, y cuan
do yo juzgue que con esto se acaba
ría la conversación, ó que á lo me
nos éste emprendería la defensa de su
patria, advertí que con mayor exceso
dio principio á satirizarla y hacerla
despreciable, suministrando especies tan
to mas acreditadas cuanto eran de tes' tigo en causa que debiera ser propia;
confieso que me irritó esta sinrazón,
y le hubiera dado un par de tornis
cones, aunque le hubiese desenhari
nado y ajado la presunción del cope
te , que conservaba á costa de sufrir la
intemperie por no ponerse el sombrero
y de mover con increíble tiento la ca
beza ; últimamente por no oir sus ne
cedades me retiré un poco á un pues
to algo mas dominante de aquel parage.
No bien me habia colocado en él,
cuando llegó á mí una mónita llena de
6 ‘2
VIAGES
colores postizos, con mas gala que la
que correspondía á ir sola y á pié, ya
adormeciendo y parpadeando, ya gui
ñando con afectado gracejo los ojos, y
finalmente con una sonrisa, como de
quien queria dar á entender que decía
una cosa y venia á otra; luego me im
puse en que era una de las muchísimas
que por allí andaban cruzando con pro
vocativos meneos, adornos y palabri
tas de atracción al descuido dichas o
al paso; no bien había empezado á ha
blar, cuando tuve que desviarla, agar
rándola de un brazo para evitarla el
riesgo en que la vi con la tropelía del
coche de un gran señor, que como
otros muchos iba por allí corriendo,
arrollando cuanto se le ponía por de
lante ; luego que pasó este peligro la
despedí; pero ella por no perder abso
lutamente el viage ton un descaro, co
mo si toda nuestra vida nos hubié
ramos tratado con la mayor confianza
me pidió una corta cantidad, que dijo
ser suficiente para comprar uno de los
abanicos de moda que se vendían en
aquella tienda, á cuyo umbral yo es
taba : estos se llamaban de la gigante,
DE W ANT0N.
63
a causa de representarse en su país una
mona de desmesurada estatura, que por
aquellos dias había venido á la ciudad
á ganar de comer, no permitiéndose á la
vista de quien no la pagase la curiosidad.
Este es el cebo en que irremedia
blemente caen las incautas monas: en
dejándose ver, ú oir en la ciudad al
guna novedad, que con razón
sin
ella (que es lo mas común) se lleva
las atenciones, tienen muy buen cui
dado los mercaderes de sacar á luz una
gran porción de abanicos, que ya te
nían olvidados
llenos de polvo por
m alos, d por no haberlos podido des
pachar en su tiempo oportuno; y ha
ciendo que un pinta-monas dibuje en
ellos un mamarracho, que tenga alu
sión á la novedad del d ia , publican la
moda por medio de algunas conocidas,
de las que se dice que andan en la ma
roma , envia'ndolas con gran misterio
un par de ellos, y diciéndolas son los
que han venido de muestra; pero que
en breve llegará una partida, y el viage que han tenido que hacer ha sido
desde el sdtano al mostrador; luego
que corre la voz vienen á porfía á lie-
ó
ó
64
VIAGES
varios algunas á docenas, porque es in
creíble la pasión que tienen á dicho
m ueble; hasta los arrieros van carga
dos de esta mercancía para repartirla
por sus respectivas provincias, en don
de con impaciencia los están esperando
aquellas monas que allí sobresalen, sien
do exactas pmitadoras de los estilos de
la corte. A esta invención debimos el
ser conocidos de lo dilatado de todo
aquel reino, aun de los que jamas nos
vieron , pues luego que llegamos des
pacharon los mercaderes un prodigio
so número de abanicos, en que Ro
berto y yo estábamos dibujados con
bastante naturalidad , con una puntual
explicación de nuestro carácter y cir
cunstancias.
Mi compañero conociendo el poco
gusto con que yo estaría esperándole,
no obstante la colección de tantos y
tan diversos objetos como allí se regis
tran , procuró abreviar la conversación
y desembarazarse de aquel mono mo
lesto : vínose á mí pidiéndome le per
donase la detención, y contándome lo
que el dicho pretendía : ese que habéis
visto, me dijo, tiene la fortuna de
DE W ANTON.
65
fastidiar á todo el mundo, y á inf mas
que i todos, pero ha determinado ser
mi amigo por fuerza por solo haber
concurrido con di una vez en cierto
baile de señoras por lo exterior, y en
el fondo como su yo , me trata ya con
gran confianza ; todo aquel manoteo
que advertiríais mientras no me tenta
ba uno á uno los botones de la casaca,
ó tenia entretenidos los dedos en fa
bricar pelotillas de la inmundicia que
con ellos sacaba de sus narices, á costa
de la náusea que causaba á mi estó
mago su puerca y mala crianza, se re
ducía á persuadirme le diese veinte pe*
sos para remediar cierta urgentísima ne
cesidad que en el dia le ocurría; res
pondí á su estudiada y larga arenga
con una concisa negación, y fue su pe
tición bajando hasta contentarse con
un real de plata para sacar un par
de cartas que tenia detenidas en el cor
reo por falta de cuartos para pagar el
porte. Reimos la especie, aunque no
me cogió de nuevo, porque en cuanto
á los gorrones, puercos y mal criados,
encontró siempre innumerables monos
semejantes ¡í él en aquella metrópoli.
T omo iii.
5
66
YIAGES
C A P ÍT U L O
y.
D e los escritores públicos.
A .unque no teníamos ánimo Tulipán
y yo de despedirnos generalmente para
nuestro viage, no queríamos marchar
sin ejecutarlo en las casas de confianza,
y asi la intención que sacamos de casa
fue de hacer un par de visitas de estas;
pusímoslo en práctica, y fue la pri
mera á madama Lechuga, la hermana
de mi amigo; entramos hasta el es
trado donde estaba sentada la dicha seííora, y al punto que nos vid se levan
tó para recibirnos, y haciéndonos una
muy circunspecta cortesía, no quiso vol
ver á ocupar su silla hasta que nosotros
tomásemos las nuestras. Perdonad , se
ñora , la dije, y permitidme que como
forastero, curioso y con deseos de apren
der estilos que poder en otro tiempo
ensenar si fuesen útiles en mi patria,
os pregunte ¿que nuevo motivo os obli
ga á este tan inusitado cumplimiento,
DE W.ANTON.
67
cuando aun á los personages de ma
yor graduación y respeto reciben por
lo general en este pais las señoras con
una confianza como si desde sus ni
ñeces se hubiesen criado juntos $ cuan
do afectando ya superioridad, ya dis
tracciones y ya poco cuidado, tienen
muchas veces la desatención de no res
ponder á los que las saludan; cuando
con gran desembarazo salen á la v i
sita á la hora que las acomoda y la
dejan de la misma manera, y final
mente cuando se toman la libertad de
recibir á unos por de confianza, y al
mismo tiempo despedir á otros por de
cumplimiento, tal vez con cierta cien
cia del despedido, ¿salimos ahora con
una ceremonia tan grave? Yo bien me
acuerdo haber leido en vuestras his
torias , que antiguamente las señoras
monas jamas recibian ni despedían á
los caballeros que las visitaban, sino
levanta'ndose y haciéndoles unas cor
tesías muy mesuradas, dejando la con
fianza de permanecer sentadas, de no
levantar la cabeza de la labor para
cuando hablaban á sus lacayos y cria
das j pero ahora que ya (como decis)
68
VIAGES
pasó el tiempo de las golillas, y lo*
monos habiendo dejado las calzas ata
cadas han depuesto la seriedad y res
peto con que os visitaban, guardándo
se muy bien de pisar al sentarse la ori
lla de la alfombra de vuestro estrado;
ahora que cualquier monillo á la se
gunda visita se entra por vuestras salas
sin pediros permiso, como por su casa,
haciendo pinitos, sin parar hasta co
locarse con tanta inmediación á vues
tro lado, que suele sentarse encima
de las mismas ropas que os adornan;
ahora que vuestros maridos se ven obli
gados á desentenderse de estas y otras
libertades, porque si las corrigen le
señalarán con el dedo (frase con que
intimidan á los mas sencillos), ¿qué
necesidad hay de tan excesiva demos
tración y cortesanía? Mayormente aho
ra que los que entran á recibir vues
tros favores son un hermano vuestro
y un rendido criado que tiempo hace
tiene diariamente esta fortuna.
Sonrióse madama Lechuga, y con
Un aire entre irónico y jocoso me res
pondió : sabed, señor que hasta ahora
habíamos estado las damas criadas en
DE YVANfON.
6^
la corte muy pagadas de nuestro tra
bajo, creyendo que asi como eramos
capaces de introducir en lo restante
del reino el buen gusto en las modas,
por lo que hace á nuestros adornos,
igualmente seriamos el modelo de las
costumbres y política; pero y a , por
mas que nos duela , hemos experi
mentado que para aprenderla nos es
forzoso tomar lecciones de las monas
que desde sus provincias vienen á fa
vorecernos é instruirnos. Los monos
provectos, aquellos que mal hallados
con el tiempo presente, quisieran vol
ver á los de los bigotes y la pera, ala
ban todas las antiguallas que ya solo
se encuentran en esos lugarejos remo
tos de esta coronada capital, y entre
ellas con especialidad la del levantar
nos de nuestros asientos para recibir
sus visitas, como quiera que es una
ceremonia en que apareciendo rendi
das , deponemos en algún modo las
altas debidas preeminencias de nues
tro sexo; por este motivo no ha fal
tado señora que habiendo llegado pocos
dias hace de su lugar, se ha captado
las voluntades de algunos caballeros con
yo
VIAGES
semejante afectada demostración, y lo
que es m as, ha dado ocasión de que
indirectamente nos echen en cara nues
tra falta de crianza, ensalzando la suya;
en esta inteligencia se nos hace ya for
zoso para evitar la nota entre nues
tros cortesano*, imitar las acciones de
las forasteras, que son, según parece,
quienes deben darnos la le y ; y como
la perfección de lo que de nuevo se
aprende, se adquiere con el uso, es
toy ensayándome en la nueva etiqueta:
veamos pues que os parece. ¿No puedo
ya ejecutarla aunque sea delante de la
misma inventora? Diciendo estas últi
mas palabras, se levanto y sentó tres
ó cuatro veces, haciendo otras corte
sías, fingiendo en el morderse los la
bios que quería sufrir la risa, y por fin
ridiculizando el pasage.
No obstante que pudiera haber re
chazado la burla de madama Lechuga
con solidas razones capaces de conven
cer al mas pagado de su dictamen, co
nocí que á ella y sus semejantes no
hubieran hecho fuerza, y asi la dejé
bregar con su signo, y que quedase
aquella cabeza muy imbuida en la ri-
Madama LechmOra se ensaya
J
en la nueva etiyueta del saludo
DE WANTON.
yi
ctícula idea de que solo en Simiopolis
había crianza, y de que toda acción
política que dimanase de un sugeto fo
rastero (se entiende de sus paisanos),
en lugar de adoptarse como digna de
imitación, había de mirarse como obje
to de risa y de mofa. Tocáronse en el
discurso de la visita algunas otras con
versaciones en que decidía madama con
tanto peso y juicio como en la pasada,
hasta que á poco tiempo nos despedi
mos, y marchamos cansados no menos
su hermano que yo de aguantar sus
necedades.
Salimos á la calle con ánimo de no
hacer mas visita porque ya era tarde,
y encaminados á casa encontramos un
gran corro de gente leyendo un cartel
que acababan de fijar en una esqui
n a ; movióme la curiosidad y llegán
dome , hallé que decía ; libro nuevo.
Origen, progresos, y estado de la len
gua simiopolitana ; cinco remedios para
los sabañones\ tabla para aprender á
contar; y arte de cocina: su autor el
doctor Alcornoque. Pero haciendo del
Camueso, Abridor y Naran jo, ex-maes
tro de política y primeras letras de
J72
VIAGES
los hijos del magnífico y muy ilustre
señor el señor de la Encina, alférez
reformado de los reales ejércitos, ex
ayo de los sobrinos de madama flor
del Berro, maestro jubilado de la lengua
cercopitéca; y filo poeta-médico-chímicoteórica-práctico-matemático, 6fc. 6?c.
Desde luego se venia á los ojos lo ri
dículo de la especie, ya en lo inco
nexo de las materias que ofrecía en
un solo lib ro , ya en el extravagante
follage de apellidos y títulos con que
se anunciaba adornada la fachada de la
obra ; pero aun aparecía mas risible
con un rengloncito que decía al fin:
puede ir en carta, lo cual denotaba
que toda aquella descarga de tratados
que la desbaratada fantasía del cam
panudo autor quiso publicar á un mis
mo tiempo, se contenia en uno ó dos
pliegos de papel.
Fue tanta la risa que me causd el
papelejo , que luego que después de
comer nos retiramos Roberto y yo á
nuestro cuarto, no pude menos de con
tarle el suceso. ¿ Es posible, le de
cía , que en un pais en donde están
tomadas tantas precauciones en orden
DE ,WANTON.
73
al comercio de lib ros; en donde vi
gilantes tribunales tienen doctos cen
sores que separen la moneda corriente
de la falsa y contrahecha; y en donde
( aunque las extravagancias que hemos
notado reinen en un ignorante vulgo
falto de crianza) la mayor parte, que
se compone de la principal nobleza,
ministerio, y personas dedicadas al cul
tivo del entendimiento, tiene en su
punto el buen gusto, y una delicada
crítica, con que castiga severamente
á los autores inútiles con el desprecio
que hace de sus vanas fatigas; ¡ es po
sible , repito, tenga pase y permiso
de publicarse semejante obra! pero ¿que
digo semejante obra ? Repetidas veces
me he ido divirtiendo por esas calles
con la lectura de los cartelones con
que están forradas muchas esquinas de
este pueblo, que son tantos que es
forzoso que los pongan unos sobre otros,
y los mas son frutos de una instruc
ción como la que da á entender tiene
el doctor Alcornoque; apenas se pu
blica un libro que merezca la pena
de comprarse; si se miran sus por
tadas prometen un gran intere's, uti-
74
VIAGES
lidad y diversión, pero en confron
tándose con la obra , nos hallamos con
un insulso fárrago, sin mas efecto que
el de haber perdido el tiempo en su
lectura; planes fabricados en el vien
to ; proyectos impracticables; sistemas
repugnantes á la razón; historias fabu
losas ; poesías risibles , y otros mil
partos semejantes de unas imaginacio
nes monstruosas, es lo que por ahora
sale á luz comunmente, ¿no es esto
un engallo manifiesto? ¿no es un ro
bar sin peligro? Me parece deberian
estrecharse mas las licencias , y asi
se comprarían las obras con mas sa
tisfacción.
Yo os diré, Enrique, respondió
Roberto, lo que siento acerca de ese
asunto. He tenido curiosidad de inves
tigar cuidadosamente el estado que en
estas provincias tuvieron en otros tiem
pos las ciencias, y comparándole con
el que hoy dia tienen, he hallado que
no es mucha diferencia; si nuevamente
se han hecho algunos útiles descubri
mientos, de lo mas se debe Ja luz á lo
que dejaron escrito los antiguos: de es
ta materia recorriendo una por una las
DE WANTON.
75
principales facultades, ya en otras oca
siones os be dicho mi parecer; pero
por lo que hace á las producciones de
los presentes tiempos, tened entendido
que liay muchas de diversos sugetos
que son el honor de su siglo; en él pues
se han erigido con gran razón por maes
tros del público, ilustrándole con pun
tuales prontuarios; desengañándole de
sus mas comunes herrores con críticos
discursos; ensenándole las costumbres
que debe imitar ó huir de los demas
reinos extrangeros, y cuanto en este
asunto puede hallarse deleitable y pro
vechoso con verídicas relaciones de pe
nosos viages, instruyéndole para que
sepa desechar las voces inusitadas y ele
gir las mas puras de su idioma con
ajustadísimos diccionarios; apartándole
de los derrumbaderos del corazón de
los mortales con las historias del delin
cuente descamino de muchos; ponién
dole delante cuanto puede apetecer pa
ra su ejemplo y enseñanza con la rigo
rosa descripción de lo mas sagrado de
su continente; deleitándole aun con sus
ocios en agudas poesías, ya serias, ya
jocosas, ya de antiguos para la imita-
y6
VI AGES
eion, ya de poetas modernos para una
emulación provechosa; por último, pa
ra no seros molesto, no hay ciencia ni
arte en que no hayan puesto la pluma
con notable felicidad en el dia; por lo
que con razón llaman muchos al pre
sente el siglo ilustrado; pero como es
grande el número de los que no han
sentido la fuerza de estas ilustraciones,
o mas claro , como hay monos para
todo , y es imposible que todos los pa
ladares se conformen en un gusto , es
asimismo inexcusable que se escriba
mucho, que solo sirva para cierta es
pecie de sugetos : ¿qué puede haber
mas propio sobre la mesa de una an
tesala que un libro de novelas ? ¿ qué
ha de leer un extravagante aparente
estadista, sino proyectos que anuncien
felicidades y abundancias universales?
¿con qué se ha de divertir (por lo ge
neral) una mona, sino con un mazo
de comedias y sainetes ridículos? ¿con
qué han de arrullar los ayos y amas
á sus señoritos, sino con los cuentecilios que hayan aprendido en algunos
papeles perio'dicos? ¿qué puede oir un
corro de lacayos que espera en un por-
DE WANTON.
77
tal la salida de sus amos , sino ciertos
versos, relaciones y curiosos romances
mascados por uno que se encontró por
casualidad que conociera las letras? En
esta inteligencia no se debe extrañar se
permita la publicación de tales escri
tos, y con mas abundancia sin com
paración respecto de los útiles, tanto
por la dificultad que hay en escribir
bien, cuanto porque es mucho mayor
el número de los necios: ya veis que
si en manos de estos no hubiera otros
libros que poner que los que necesitan
perspicacia y discernimiento para 6er
entendidos, se repetiría con mucha pro
piedad el infeliz acaso de la iliada des
truida i coces y bocados de un asno;
asi como son despreciables á todo sugeto sensato las obras que á ellos agradan,
les fastidian las que son el embeleso de
los doctos; aun entre los que se tienen
por tales vereis reinar el gusto hasta
tocar en lo extravagante; aquellos ceji
juntos y melancólicos facultativos que
no han sabido salir jamas de la asom
brosa muchedumbre de volúmenes de
fu profesión, exactos traslados por lo
común unos de otros, exceptuados los
y3
VIAGES
muchísimos que no sirven mas que de
pérdida de tiem po, roen y murmuran
cuanto se escribe que no es de su facul
tad : buenos testigos teneis en aquellos
dos amigos con quienes paseamos antes
de ayer; el estudiante y el soldado; uno
y otro quisieron aprovechar los ratos
que permitían al ocio las tareas de su
destino; ambos anhelando á ser útiles
á sus conciudadanos, escribieron, aun
que por diverso rum bo, invectivas con
tra los vicios y malas costumbres, dig
no asunto á mi ver de los que se pre
cian de buenos patricios; pero los dos
tuvieron que embozar sus nombres; y
con todo eso, no obstante lo bien reci
bidas que fueron sus obras en el públi
co, no faltaron algunos de su oficio y
profesión de cuyo canino diente no se
vieron libres; no diré yo que por en
vidia, pero si que por estar poseídos de
unos genios saturninos , sin ser útiles
para otra cosa que para el material ma
nejo de la espada los unos, y los otros
para el preciso estudio de la materia
escolástica á que se dedicaron, como si
el buen gusto, las bellas letras, el hu
mor jovial, y otras semejantes extensio-
B E W A N T0N .
79
nes de los entendimientos estuvieran
reñidas con los empleos y facultades su
periores, siendo certísimo que á veces
son su vestido de gala, con que suelen
comparecer mas agradables que con las
arideces que en muchos puntos demues
tran , si se nos presentan desnudas.
Hay ademas de lo dicho otros mo
tivos para que se deban permitir esos
libros y papeles contra quienes habéis
levantado el grito; sabed que de esto
del escribir se ha hecho ya comercio
como de cualquiera otra mercancía; el
hambre es aguda; y la decencia exige
el cubrir las carnes, y si falta otro me
dio de socorrer estas necesidades, el mas
rudo dará á luz los hijos buenos ó ma
los de su entendimiento , cuya venta,
porque hay compradores para todo, le
saque del aprieto en que se m ira: bien
conocen los censores y los magistrados
no ignoran que pudiera aquel papel
emplearse en asuntos mas útiles; pero
á no ser absolutamente aun para el
vulgo despreciable, o contener propo
siciones contra las regalías, el estado ó
buenas costumbres, dan permiso para
que se publique en consideración de
8o
VI AGES
que mas vale que el pdblico vea la
inutilidad de una obra, que la inde
cencia de las carnes de su autor, pró
ximas á asomarse por entre los pinga
jos del vestido.
Tampoco quiero pasar en silencio
otro motivo poderosísimo para que com
parezcan muchos escritos insulsos y ri
sibles : bien habréis observado el im
placable prurito que tienen por lo ge
neral los monos en hacer numero en
el coro de los doctos y sugetos hábiles;
llenan sus cabezas de superficiales noti
cias que recogen en las sumas y dic
cionarios : hablan hueco y con cierto
aire enfático, traen por los cabellos las
conversaciones al punto que aquel dia
han leido , y en breve tiempo se de
jan oir como oráculos de una turba de
majaderos que ni aun para aquella ma
terialidad son suficientes; se entonan
con los aplausos, y deseando que vue
le la fama de su literatura , toman la
pluma y producen; mal dije, abortan
unos asquerosos embriones y ridiculas
figuras que conmueven la risa de los
que los oyen de balde, y Ja ira de los
que malgastaron en ellos su dinero; y
D2 WANTON.
81
no es lo peor, sino que si algún amigo
llega á reconvenirles de sus disparates,
creen que es emulación ó falta de in
teligencia y buen gusto; y asi tengo á
éstos por locos incurables y muy per
niciosos en la república.
Tened, Roberto, le repliqué; los
que yo tengo por verdaderamente per
niciosos en la república, son los escri
tores satíricos; estos sí que por cumplir
con su inclinación punzante y maldi
ciente, no dejan crédito, fama, acción
que no noten: no perdonan condición, es
tado, persona de quien no se bufoneen;
en las viudas encuentran poca gravedad;
libertad en las casadas, y en las solte
ras falta de recato; en los viejos afean
los verdores; la inmodestia en los jóve
nes; se burlan de la paciencia de los
casados; se mofan de la solicitud de los
solteros; escudrinan la ambición en los
empleos; la mala versación en la admi
nistración de justicia; manifiestan la
mala fe en los contratos; el robo en
todos los oficios; en fin no bay cosa
que no muerdan, y no es lo peor que
escriban libros y papelones acerca de
tales asuntos, sino que los lleven sobre
T omo iii .
6 ^
8 -j
VIAGES
el teatro y pongan de bulto los defec
tos, para que aun el mas idiota com
prenda su crítica y oiga sus ladridos;
esto es á la verdad incluirse en nego
cios agenos, y tal vez retratar sus mis
mos vicios por ellos no conocidos, por
que los ciega su amor propio. Estos sí
que merecían grave castigo en pago de
su temeridad.
No confundáis, amigo mió, me res
pondió Roberto, la pestilente y detes
table sátira , con la que es el alma de
la rectitud y freno de los vicios: es
cierto que es digna del mas severo cas
tigo aquella cuyo objeto es una determi
nada persona , ó cuando es contra la
constitución, leyes ó policía del estado;
no es común aquella perspicacia que
se necesita para tratar tan elevadas ma
terias, y no obstante no hay menestral
que desde su taller no gobierne la mo
narquía: sin particular talento no sa
bemos dirigir los negocios de nuestras
propias casas, contenidos en la estre
chez de cuatro paredes, y como si tu
viéramos en la mano la vasta exten
sión de los negocios del reino, quere
mos dirigirlos á nuestro antojo , sati-
DE W AN TON .
83
tizando las providencias que después de
una larga premeditación produce el in
fatigable celo de los que gobiernan. Pe
ro cuando la sátira ataca en derechura
al vicio, es digna del mayor elogio; el
pais en que nos hallamos no tiene un
público corrector de costumbres, y asi
solo el qué dirán es el que puede con
tener los excesos de los monos; ven
estos en una sazonada y picante sátira
retratados con feo y detestable sem
blante los comunes desaciertos , y en
su consecuencia hay muchos que por
no verse incluidos en el retrato ahogan
al nacer á sus pasiones: oye un gran
señor las carcajadas que da el público
cuando se habla con menosprecio de
las acciones bajas e indecentes de sus
iguales; y lo que no basta á enmendar
la brillantez de su cuna, corta en sus
principios, ó no deja brotar el temor
de la publicidad, logrando el que llega
á la dicha de tal conocimiento, que su
corazón se habitué á aspirar siempre á
la heroicidad para provecho de sus
compatriotas y eterna fama de sus ope
raciones: el que se halla con propor
ción y valor para cometer un desacier-
84
VTAGES
to en la administración de justicia, Iff
repetirla diversas veces si no le detu
viera el temor de la pérdida de su re
putación, cuando semejantes atropellamienios y monstruosidades salen á pú
blica plaza en los escritos de los auto
res satíricos. No pocas veces se obra
solo por vanidad, y una coplilla pun
zante que cantan por la calle los mu
chachos suele contenernos en el cum
plimiento de nuestras obligaciones mas
que el natural hermoso aliciente de la
virtud. No da temor la sátira al varón
justo, y al que vive con arreglo; los
que se declaran siempre irreconcilia
bles enemigos suyos son los avaros, los
miserables, los desarreglados, los lina
judos y otros semejantes que componen
el monstruoso ejército que se avanza
contra el sosiego y unión de los ciu
dadanos ; los tales no omiten medio,
por pernicioso que sea , que conduzca
al logro de sus Unes; roban al pupilo,
afligen á la viuda , desacreditan á las
personas calificadas, persiguen á las hon
radas matronas, y escandalizan á cuan
tos tratan; quisieran no obstante que
su miseria pasara por economía, su
DE W A N T O N .
85
avaricia por arreglo, su maledicencia
por celo, y asi los demas vicios por
sus virtudes opuestas, y como la sáti
ra pone patentes sus hipocresías la abor
recen, sie'ndoles forzoso, como canta
un antiguo poeta europeo, huir de los
autores satíricos tan lejos como del buey
falso, que para que le conozcan lleva
el heno en el cuerno, porque dicen que
con tal que les venga á la mano algún
motivo de reirse, no se la perdonarán
al mas amigo; pero es el caso que no
debían quejarse de la sátira sino de sí
mismos; reformen sus costumbres, ajus
ten su conducta y no obren sino con
rectitud y justicia, y entonces vivirán
sin el miedo de que todos les señalen
con el dedo diciendo, de aquel habla
tal libro, á estotro retrata puntualmen
te esta sátira.
En estas conversaciones pasamos
Roberto y yo la siesta, hasta que sien
do ya una hora proporcionada nos se
paramos, e'l á una junta con ciertos mi
nistros para acordar unos negocios de
suma entidad , relativos al común bien
estar particularmente en materia de
abastos, y yo a buscar á mi amigo Tu-
86
VIAGES
lipan para ir á divertirnos al paseo: no
dejé en este punto de considerar la di
versidad de destinos que llevábamos, y
á poco que profundicé en este pensa
miento, hallé cuanto debemos y qué
mal pagamos á aquellos á costa de cu
yos desvelos logramos paz, abundancia
y comodidad; mientras nosotros dormi
mos descuidados en nuestras camas, es
tán ellos con sus vigilias impidiendo
que nos asalten y destruyan, aprove
chándose de nuestro descuido los per
versos perturbadores de la república;
mientras nosotros comemos en delica
das mesas y celebramos la profusión de
los banquetes, están ellos ideando me
dios de evitar la carestía en los géne
ros, impidiendo la venta de los perju
diciales y facilitando el comercio de los
útiles; mientras nosotros divertimos la
imaginación por frondosas alamedas y
nos esparcimos por costosísimos paseos,
están ellos fatigándose en añadirles her
mosura y magnificencia, y en propor
cionar otros nuevos para que con la
variedad no llegue el caso de fastidiarse
los sentidos: esto y mas hacen en ob
sequio del resto de sus conciudadanos,
DE WANTON.
8J
llevando muchas veces por pago una in
justa murmuración de los mordaces y
nial contentadizos, que no contribuyen
do por su parte en cosa alguna á la pú
blica felicidad, en todo hallan repren
sibles defectos; en lo magnífico encuen
tran la superfluidad; en lo mediano la
miseria; en la abundancia la demasía;
en la escasez el desgobierno y asi en
todo, sin acudir á las fuentes, motivos
y ocasiones que dan justa causa para lo
mas y lo menos, que para ellos son so
bras y faltas. Con estos pensamientos
llegué al cuarto de Tulipán, que cul
pando mi tardanza, venia ya á bus
carme en el mió para pasearnos aque
lla tarde juntos, según desde por la
mañana habíamos dejado proyectado.
l'V V V W i^ V W 'V W V W V W V V ^ 'V
CAPÍTULO VI.
Ajusta Tulipán su viage para el real
sitio.
C>omo mi camarada no era amigo de
la soledad, fue necesario conducirnos al
88
VI AGES
paseo célebre aquel clia : era entonces
el tiempo que tienen destinado en
aquel pais para renovar , o por mejor
decir, para trocar los muebles de su3
casas, siendo el medio el dinero; no
puede decirse rigorosamente permuta
porque interviene compra y venta, pe
ro en la sustancia viene á ser lo mis
mo , porque uno que necesita por ejem
plo un cuadro, le compra de su ve
cino con el dinero que le dan por una
mesa; aquel vecino compra otra cosa
con el dinero que saco por el cuadro,
y asi todos los demas ; de manera que
una corta cantidad de dinero con poco
aumento ó diminución va circulando,
y siendo como un mozo de acarreo que
muda los trastos de una casa á otra; en
virtud de esto es digno de admiración
ver entapizadas y alfombradas todas las
calles de la ciudad con una prodigiosa
multitud de muebles de todas especies,
siendo muchos de tal calidad que se
hace increíble pueda haber persona que
ni regalados quiera llevárselos á su ca
sa ; allí se ve una mesa con tres pies,
una silla sin asiento , un cofre sin ta
pa , un candil sin candileja; aquí una
D E WANTOU.
^9
casaca sin forro ni botones, nn espadín
desecho el puno, par y medio de za
patos con las suelas de respiración, un
guante sin compañero , &c. Todos los
interiores de las casas salen á la calle;
salas, gabinetes, retretes, alcobas, co
cinas, todo se pone de venta al públi
co; y lo que es mas mientras mas in
decentes, puercos y maltratados son los
trastos, tanto mas acuden los marchan
tes, vendic'ndose con mas facilidad que
las alhajas de valor y de gusto, sien
do la causa , según he discurrido, el
excesivo número de pobres que tiene
la ciudad, los que á medida de su po
sibilidad amueblan sus cuartos con la
menos costa que se les proporciona.
Por medio de tan crecida porción
de estropeados y tullidos fuimos cami
nando hasta llegar al centro de estas
públicas almonedas; este es un parage
dentro de la ciudad espacioso y capaz
de contener una muchedumbre de cier
ta especie de chozas y tiendas, donde
se vende lo nuevo y lo viejo, lo útil y
lo inútil; pero lo que tiene mas despa
cho es la mercancía de diversos muñe
cos de ridicula, y á veces puerca cons-
90
VIAGES
truccion de varias materias como barro,
estaiio y madera; y los femeniles ador
nos de gorras, pañuelos, collares y se
mejantes menudencias; los fabricantes
de tales bagatelas se pagan de su traba
jo con una imponderable ganancia á
costa de los pobres monos, en quienes
seria una desairada acción haber de re
gatear delante de las antojadizas monas,
en cuyo obsequio van poniendo en ajus
te cuanto las agrada, que no es poco,
y mas si llevan por contera al niíio á
quien es fuerza acallar á peso de plata
malgastada en enredos de ningún pro
vecho; no obstante nunca me pude per
suadir á que todos andarían tan solíci
tos como los observaba en servir á las
damas, y estas tan francas en recibir
cuanto se las proporcionaba, sin mas
fin que la acción de recibir y de dar,
mayormente cuando es refrán entre
ellos, que ni aun palos se dan de balde,
y que hasta el aire necesita correspon
dencia; pero como yo no vi otra cosa
que la que he referido, no puedo ha
blar mas que de ella.
Por entre la muchedumbre de con
currentes en esta que ellos llaman di-
DE
W A N TO N .
9 I
versión, divisó á lo lejos Tulipán á una
de sus muchas conocidas, que aunque
ya se iba interiorizando en aquel labe
rinto, no podia equivocarse con otra
( según él decía ) por el airecillo del
cuerpo y natural agraciado manejo con
que á larga distancia se conocia quien
e ra ; no se que particulares negocios
tendría que encomendarla en su ausen
cia ; lo que no tiene duda es que se
empeñó en que habíamos de penetrar
por aquella confusión hasta poder lle
gar á hablar dos palabras; empeño fue,
y empeño de marca m ayor, habiendo
de atravesar por medio de las filas de
los coches que van á hacer mas moles
to aquel paseo, particularmente con lo
que acabábamos de presenciar; pues
habiendo tenido dos cocheros, cada cual
desde su muía, una descomunal batalla
de manoplazos sqbre quien habia de ir
mas inmediato á la zaga del coche que
iba delante de ellos, después de atropellar bárbaramente á los que pillaron
mas cerca, se espantaron las muletas
que llevaba el uno, y dejaron mala
mente herido á un infeliz mozuelo que
fue mas descuidado que los demas; no
92
VIAGES
obstante avanzamos (haciéndonos cor
rer un coche que se nos venia echan
do encima ) hasta guarecernos entre
unos crecidos montones de sillas, es
teras, baterías de cocina y muebles de
alfareros, todos los cuales forman un
intrincadísimo laberinto: no obstante
estar en aquel puesto seguro del tropel
de los dichos coches , era tal el de
la multitud que no se podian exami
nar despacio; en común si vi que los
ocupaba una porción de figuras ilumi
nadas , cuyos vestidos brillaban á com
petencia con sus cabezas, aparentaban
un gozo y diversión singular, y al en
contrarse se saludaban mutuamente con
tales extremos como si aquella fuera la
primera vez que se veian después de
muchos anos habien lo sido antes gran
des amigas; todos ajuellos mas distin
guidos en el espirita del mutuo obse
quio, ó que para entrar en la cofradía
estaban corriendo sus caravanas , iban
allí á hacer su mérito , formados en
parada á una y otra banda del paso de
los coches, en donde apenas se descu
bría el del objeto de sus fatigas, cuan
do empezaban las prevenciones para
E»E WANTON.
93
hacer una rendida expresiva y afectada
cortesía se ponian en planta, erguian el
cuerpo, daban cierto aire á la postura
del sombrero (no se entiende este con
los que tenían peinado que no permitía
aquel estorbo en la cabeza) estiraban
las vueltas de la camisola, sacaban el
pañuelo de color para sonarse, el blan
co para limpiarse el sudor, la caja pa
ra tomar un polvo, el palillero para
poner un palillo en la boca con que
estar jugando (costumbre muy acredi
tada entre los monos); en fin, cuanto
tenían almacenado en sus bolsillos les
proporcionaba modo de hacerse visibles
hasta que pasando la señora , la hacían
los honores , abrazando el sombrero
entre las dos manos puesto delante del
pecho, encogidos los hombros, arquea
dos los brazos, hacia fuera los codos,
firme el pie izquierdo, arrastrando la
punta del derecho hasta poner la hebi
lla de dste detras del talón de aquel,
inclinando finalmente el cuerpo de tal
manera que figurase un perfecto semi
círculo ; de todo este manejo ejecutado
con cierto gracejo, adquirido á fuerza
de ensayos, constan las cortesías que
94
VI AGES
hacen los monos. Perdone el lector mal
humorado tan circunstanciada descrip
ción , haciéndose cargo que se escribe
para todos, y sé muy bien que no pa
recerá prolija á los que desean adornar
se con los primores de la crianza extrangera; y estas acciones que se han
referido bien estudiadas delante de un
espejo de vertir, para el efecto que ha
cen , podrán particularizar á cualquie
ra de los nuestros y acreditar de perfec
to imitador de aquellos extravagantes y
remotos naturales.
Poco mas pude ver de esta parte
del paseo, porque mi compañero no
paró hasta llevarme hacia el centro de
aquel laberinto, en donde decía esta
ba la mayor diversión ; él la tendría
desde luego muy completa porque en
contró habló y regaló á quien busca
ba ; pero yo no hallé mas que empu
jones , apreturas y tropiezos; dimos re
petidas vueltas por aquel parage, siem
pre describiendo líneas curvas, sin po
der jamas formar una recta, si hacia
una pregunta tenia que esperarle un
cuarto de hora para oir la respuesta;
si empezábamos un razonamiento á ca-
DE W ANTON.
95
da paso cortábamos el hilo, truncán
donos las palabras el numeroso con
curso que atropelladamente nos separa
ba ; por último allí no reinaba sino una
confusión muy á proposito para quien
en ella hallaba proporciones para su
mayor libertad; pero muy molesta pa
ra quien no solicitaba sino diversión y
esparcimiento.
Luego que anocheció fue desapare
ciendo el tropel de los coches y la ma
yor parte de la concurrencia, quedan
do alli solos los dueños de aquellas ha
ciendas, y uno ú otro personage que
sin duda tendria que evacuar algunos
negocios de su particular inspección, y
se habrían citado á aquel parage; refi
rámonos también nosotros , logrando
por el camino, hasta llegar á nuestra
ca sa , una continua adulación de los
oidos, y experimentando una extrema
da cortesía; todo esto se hallaba en cier
tas busconcillas que como espías per
didas cruzaban por aquellos alrededo
res, mercaderas de mala cara, cuyos
géneros desacreditados no habían teni
do salida á buena lu z , y amparadas de
las sombras de la noche solicitaban su
96
VIAGES
despacho con diversas frases atractivas.
Admiróme por entonces tanto el
desorden de consentirlas, cuanto su des
caro ; pero bien informado en casa por
Roberto que especulaba á fondo cual
quiera particularidad que ocurría , co
nocí no eran tan fácil estorbar la li
bertad que se tomaban unas despilfar
radas monuelas, con poco o nada que
perder, astutas en el manejo de sus di
soluciones , y que por tanto por algún
tiempo sabian eludir los desvelos de la
Justicia, no obstante que de cuando en
cuando solia esta hacer una batida, en
que cayendo unas y espantándose otras
se limpiaba por algunos dias el terre
n o : también por otro capítulo advertí
la necesidad de alguna connivencia con
estas dedichadas, considerándolas como
muro que defiende á las que viven hon
radamente en sus casas, de los asaltos
y asechanzas de los viciosos y mal en
tretenidos, mayormente en un reino
cuyas leyes tienen prohibidos los pú
blicos lupanares.
Luego que llegamos á casa hallamos
que estaba esperando á mi amigo Tuli
pán una cuadrilla de monos de rara
DE WANTON.
97
construcción, con unos zapatos de un
enrejado de cáñamo, unas malas y bas
tas calcetas, calzón de tripe azu l, co
gidas las boquillas con cordones y bor
las, un jubón blanco, y encima otro
de color sin abrochar con unos gordos
y redondos botones de estaño , que me
parecieron al principio cascabeles, un
ancho y tosco pedazo de tela de lana
rodeado por la cintura, la cabeza cu
bierta con un alto bonete colorado de
figura cónica, y el gefe de ellos con un
sombrero construido en perfecto trián
gulo equilátero; cada uno traia en su
mano una vara delgada, de cuya extre
midad pendía un nudoso y ligero cordelillo, y su respectiva pipa introduci
da en los ojales de la casaquilla; á po
co tiempo conocí la pretensión de aque
llos señores que venían á ajustar con
Tulipán el carruage que á otro dia babia de conducirnos al sitio: su habla
era tosca, y una especie de jerga que
solo ellos entendían cuando querían
conferenciar entre sí algún punto : yo
estaba embobado oyendo tantas y tan
diversas estratagemas y proposiciones
como exponían, para avanzar á un
T omo i u .
7
98
VIAGS 5
ajuste mas lucroso ; ya se despedían di
ciendo que no les tenia conveniencia
abrazar tal ó tal partido; ya volvian
admitiéndole con ciertas condiciones ; y
ya un viejo m arrajo, que hasta el fin
habia estado callando, partia la dife
rencia luego que conocia que no se ha
bia de poder exprimir mas la naranja:
cerróse finalmente el ajuste; pidió el
capataz de aquella compañía algún di
nero á cuenta de lo que habia de dár
sele después, y todos con grande union
partieron á celebrar el alboroque en
alguna de las muchísimas ermitas de
Baco que tiene la ciudad.
Mucho sentia apartarme del apre
ciable lado de mi compañero Roberto,
porque era el norte de mis operacio
nes; pero la constitución de las cosas
se habia ido poniendo en términos de
serme inexcusable: la Providencia, que
no solo en las especies, como algunos
caprichosa y erradamente defienden,
sino también en el mas ínfimo indivi
duo se interesa, destinándolos á sus al
tos designios, iba proporcionando los
medios para el encadenamiento de su
cesos ya prósperos, ya adversos, ya
de wAntón.
99
dentro, ya fuera de estas provincias
que había de experimentar en la car
rera de mis años. Por no ser molesto
á mis lectores, no les describo los gra
ves sentimientos y altas máximas que
en esta noche de mi despedida me su
girió Roberto para mi manejo en el
sitio real. Tenia un profundo conoci
miento de los laberintos de los pala
cios , había hecho un largo estudio en
los caracteres de los cortesanos , y po
seía un particular talento para hablar
á cada uno en su lengua; bajo tales
principios considérese qué raudal de
doctrina no comunicaría á un amigo
que queria tan de veras, é instruía de
corazón. ¡ Ojalá nunca hubiera faltado
de mi lad o ! y ¡ ojalá no hubiera yo
reservado de él cuantos secretos miste
riosamente ocultaba ! Yo aseguro que
sus experiencias y consejos me hubie
ran puesto en salvo, evitándome repe
tidos sinsabores y reveses de la for
tuna.
Llegó la mañana y al amanecer ya
estaba el coche á las puertas de casa
esperándonos ; venían de acompaña
miento los que habian estado presen-
roo
VI AGES
tes al ajuste; todos clamaban por pro
pina , unos por corredores , otro por
que enseno la casa , otro porque me
dió en la diferencia del precio , y asi
los demas, cada cual con su respecti
vo motivo de tanta fuerza como los
otros: no pude aguantar aquella sinra
zón ; por lo que tomando la palabra
por Tulipán, que era contra quien se
dirigía aquella granizada de peticiones
y socaliñas , les dije que marchasen á
lo que tuviesen que hacer, y no per
dieran el tiempo en la solicitud de lo
que no habían de conseguir. ¡Pobre de
m í! No bien lo había proferido, cuan
do rodeándome todos , se movió tal
gresca por querer cada uno informar
me de su razón, que hube de quedar
aturdido con las voces, siendo lo mas
lindo del caso, que á ninguno entendí
mas palabra que uso, estilo & c., pro
firiendo estas con tanta claridad como
faramalla las otras; apaciguó Tulipán
el alboroto sacando el bolsillo , á cu
ya agradable vista resonó en sus risue
ñas bocas el viva el señorito, y alar
gando la mano , recibieron la maula,
y nos dejaron en paz.
DE W A N T 0N .
I OI
íQué tenga tanto poder, exclamé
y o , la fuerza de la costumbre que val
ga mas que la razón! Pero ¡que mu
cho qne en asuntos de tan poco mo
mento se introduzca , si ha sentado su
imperio en lo mas sagrado de las le
yes! No solo por sí las form a, sino que
deroga las establecidas por la supre
ma potestad ; aquellos largos desvelos,
aquella profunda meditación , y aquel
común acuerdo que generalmente con
curren á la formación de los mas sabios
y saludables estatutos, se oscurecen y
deshacen solo á la vista de este tirano no
uso. Muchas veces oí exclamar contra
sus desórdenes á algunos jurisconsultos
simiopolitanos juiciosos y científicos, y
siempre me hizo fuerza la reflexión
que hacían en este punto; el pueblo,
decían , procede para introducir cos
tumbre contra la ley, ó por medio de
unos actos contrarios á ella por no ha
berla entendido, y por tanto errando,
en cuyo caso no puede constituir cos
tumbre , pues no bay cosa que mas
diste del unánime consentimiento que
para ella es necesario, qne lo qne es
un encadenamiento de errores : ó pro-
102
VI AGES
cede resistiéndose desde luego á la de
bida obediencia al soberano, que esta
blece la ley, en cuyo caso cuanto con
tra ella ejecuta el pueblo vá revesti
do de mala fé con visos de rebelión,
y muy opuesto al consentimiento del
príncipe, esencial requisito de la cos
tum bre: o finalmente, teniendo justas
causas para que la ley no se observe
que sobrevinieron , ó no se tuvieron
presentes al tiempo de su promulga
ción ; en cuyo caso, y existiendo los
demas requisitos necesarios para la in
troducción de la costumbre, parece de
beríamos admitirla y abrazarla con
fuerza de ley; pero ni aun existiendo
todos los justos motivos que quieran
suponerse, deberíamos darla corriente
pase en vista de las leyes del pais; es
tas mandan en diversas partes, que si
alguna de ellas necesita declararse, in
terpretarse, enmendarse, añadirse, can
celarse ó mudarse , se acuda á la su
prema potestad, fuente y origen de
toda legislación: ¿ cómo pues se po
drá sufrir que el pueblo se arrogue
una autoridad , que ni por sí tiene, ni
la ley le concede ? Ponderaban estas y
DE
WANTOTÍ.
IO 3
otras reflexiones tocantes al asunto con
toda extensión, añadiendo mil precio
sidades que corroborasen su dictamen;
concedían la razón de admitirse salu
dables costumbres conformes á la ley
o en falta de ella; pero de ninguna ma
nera las que fuesen derogatorias. No
me meteré á decidir esta causa , por
que no me toca su inspección; lo que
no tiene duda es, que si llevaban ra
zón, de poco les servia, pues yo ob
servé repetidas veces, que las tales cos
tumbres contrarias á sus estatutos se
alegaban en los tribunales, y tenían
fuerza para decidir las causas; y aun
pudiera decir , que han llegado sus
doctores á sutilizar y buscar tergiver
saciones para darlas vigor aun contra
aquellas leyes, que expresamente ex
cluyen cualquier costumbre ó no uso;
siempre los oí en continuas reyertas y
contradicciones sobre extender esta pro
hibición á las costumbres futuras, 6
solo á las pasadas; y en imaginar me*
táfisicas distinciones entre no uso, no ob
servancia y contraria costumbre. Disi
múleme el lector esta corta digresión, que
ya vuelvo á tomar el hilo de mi historia.
104
VIAGES
%/%*%/%/%/%*.w * ./x
%, % u « v % v tu f
C A PÍT U L O YIT.
Be los discursos del señor Moral.
T á
labia la sazón una grande escasez
de carruages, y en el único que pudo
hallarse, ya de antemano tenían ajusta
do sus asientos dos personas que nos
aseguraron los carruageros eran sugetos
decentes, y á quienes podíamos dar
nuestro lado: el deseo que tenia Tuli
pán de no retardar su viage, y el común
concepto que hay en el pais de que en
los caminos todo pasa, le hizo admitir
cualquier partido. Como tomamos el
coche antes de amanecer, no permitía
la oscuridad distinguir claramente á
aquellos personages para poder formar
concepto. El bulto del que me deparo
enfrente mi suerte, daba á entender
ser un barrigudo mono de decente ta
lle ; iba taciturno , y que no estaba
dormido solo se reconocia por una lar
ga sucesión de regüeldos, cuyo pesti-
DE WANTON.
105
lente hedor demostraba se le babia en
crudecido la cena con la madrugada.
Su compañero que ocupaba el frente
de mi amigo, con la humedad de la
noche (estando ya en el punto de ir á
romper el alba) dormia á pierna tendi
da como en la mas mullida cama; al
ternando el desagradable estrépito de
sus enormes ronquidos con los fétidos
eructos del repleto monazo : mi Tuli
pán distraído con sus amores y cuida
dos estaba en un continuo éxtasis; y
yo fastidiado de todos por diversos tér
minos , solo esperaba que las luces del
d ia , que ya asomaban por el oriente,
mudasen el semblante de tan ridículo
cuadro.
Descubrió por fin el sol sus rayos,
que hiriendo en los ojos del dormido
roncador, con un esperezo, y abrien
do desencajadamente una no común bo
caza, miró á uno y otro lado, y nos
dió los buenos dias; volvió sobre sí mi
amigo como quien sale de un letargo;
y todos nos saludamos mutuamente.
Porque conoció sin duda los molestos
efectos que causaría en mis narices su
indigesto estómago, se empezó á quejar
IO Ó
VIAGES
de su indisposición mi vecino , y yo
compadecido de ¿1 y de mí le ofrecí
unos tragos de un buen aguardiente,
que para cualquier acontecimiento lle
vábamos de prevención en una botella,
los que tom ó, y conseguimos que ce
sase la acedía. Salimos de aquellas in
comodidades, que se hubieran hecho mas
insufribles con las que se siguieron del
espeso polvo que produjo la entrada en
unos arenales , del calor que se au
mentaba con exceso , y de un pesado
ejercito de moscas que se conjuró con
tra nuestra paciencia: la desigualdad
del terreno y lo mal colgado de la caja
causaban un movimiento tan desagrada
ble y violento, que de nada teníamos
mas gana que de dejarla : aprendimos
muy bien los nombres de las muías,
porque incesantemente las iban nom
brando sus conductores, cuyas voces
agregadas á una numerosa porción de
incómodos cascabeles y campanillas que
llevaba cada una , nos atolondraban
lindamente las cabezas: era necesario
hablar á gritos, y si alguno distraído
con la conversación perdía el equili
brio , regalaba al inmediato compañero
E>E WANTON.
1 07
una cabezada muy á proposito para
romperse las narices.
Bien desoavilado ya empezó á di
vertirnos con sus razonamientos nues
tro compañero Era este un verdadero
bijo de Simio'polis ; no sostenían sus
huesos cuatro onzas de carne; peque
ro en la estatura, pero muy grande
en la avilantez de la lengua; de una
salud equívoca según la palidez del
rostro, no obstante que reconociendo
que la velada le habría desfigurado mas
de lo regular, había procurado reparar
este daño medio ahorcándose con las
dos varas de muselina que cubrían el
cu ello : llevaba el cabello recogido des
de el cogote, y liado con una cinta,
imitando la figura de un gordo nabo,
echado como sardina que se vá á freír
sobre una copiosa porción de harina,
con que encubría á título de moda la
plasta ó sobrepuesto de grasa y por
quería de su despifarrado vestido; un
pirámide de pelo, sebo y manteca se
elevaba por copete , y dos guedejas
á lo perdiguero se le bamboleaban á
los lados con el peso de los dos rizotes que las finalizaban, siendo este uno
Io8
VIAGES
(por lo que inferimos en el discurso
de su conversación) de los trescientos
veinte y tres modos de freír pelo , que
según los últimos modelos de los mas
diestros micos se habían basta entonces
descubierto. ¡ De qué punto de perfec
ción no son susceptibles las artes í Lo
restante de su adorno era proporciona
do á lo afeminado de su persona; so
bre una almilla con presunciones de
chupa tenia una vestidura , que nom
bró hasta con seis diversas voces, tan
larga para chupa , como corta para ca
saca ; yo me imaginé si acaso había fal
tado tela, por no haber guardado pro
porción el sastre, habiendo sacado los
calzones mayores que ella, pues des
de luego en cada uno cabían cuatro mus
los como cualquiera de los §uyos, para
los que hubieran sobrado- unas fundas
de pistolas: de un ancho y relumbran
te cinturón pendía un ni espada, ni
sable, ni cosa que pudiera ser útil para
mas que mondar alguna pera ó cosa
semejante; y en sus manos un bastón le
servia , no de apoyo según el destino
de la invención de estos muebles, sino
de juguete, por ser un delgado y en-
DE W ANTON.
I0 9
deble junco, qu e, para sacarles el di
nero había puesto la astucia de los
mercaderes en mano de los insensatos
monos con nombre de bastones de ve
rano , siendo unos verdaderos estorbos
de todos tiempos.
Este era el equipage de nuestro jo
ven monito, y luego que empezó
hablar nos hizo conocer que los ador
nos del alma no eran menos afectados
extravagantes y viciosos que los del
cuerpo: son estos tan hermanos, quede
ios de este se infieren por lo común los
de aquella: pero ¿ que digo de todos
los adornos? solo el sombrero, observé
generalmente en aquellos países, suele
ser el señuelo de sus interiores; ya en
el modo de usarle se descubren las cos
tumbres de quien le lleva : la vanidad,
la estolidez, y el juicio tiene todos sus
distintivos en este mueble; ya hay quien
le apoye en las narices, ya hay quien
le cuelgue de una oreja, ya va puesto
por diadema, ya no sale de debajo del
brazo ; por último ocupara muchas pá
ginas si hubiera de notar todas sus di
ferencias; el de nuestro mono ( porque
no quede esta curiosidad al lector) no
á
110
VI AGES
era de aquellos triángulos equiláteros
con que denotan ó afectan el juicio
muchos, era sí un compuesto de todas
las superfluidades y ridiculeces de los
demás; era uno de aquellos en que en
traban charreteras, cordones, hebi
llas, broches, galones., plumas, en fin
tantas zarandajas que parece imposible
pudieran estar acomodadas en tan pe
queño sugeto.
En su conversación afectaba un
aire entre superioridad y bufonada, ya
declamaba con una languidez tra'gica
y enigma'tica, ya sin mas artificiosa
transición que su subsistencia descen
día á unas jocosidades bajas y truha
nescas; todo lo disputaba; en todo de
cidía , y aunque la materia fuese dig
na de la mayor circunspección , cuan
do le iban á los alcances en sus des
cabelladas proposiciones ( que sucedia
muy frecuentemente) daba un pronto
tornillo á la altercación, haciendo bien
sonantes sus disparates á la sombra de
algún refrancillo, cuento ó salada poe
sía . teniendo hecho concepto que aun
el blasfemar le era libremente permi
tido con tal que lo hiciera con gracejo
DE WANTON.
III
y excitase la risa de los circunstantes;
la lástima era que había en aquella
corte una indecible multitud de estas
sabandijas, literatos de estrados, sábios de diccionarios y sumas, impíos
de profesión y tontos de capirote; estos
son los que con su libertinage de espí
ritu y el continuo choque de sus mal
concertadas ideas, abusando de la vi
veza de que suelen estar dotados, to
do lo ponen en problema, y procuran
eclipsar aun las mismas luces de la
evidencia. ¡ Que' lógica tan ingeniosa;
aunque falta de solidez, aquella con
que que palian y defienden sus mas
enormes vicios, disoluciones y despro
pósitos licenciosos! No falta entre ellos
quien todo lo justifique ; se encuentran
panegiristas de los mas excesivos abu
sos ; y finalmente desnaturalizándose de
los sentimientos de racionalidad y de
cencia solo tienen por objeto la adu
lación entre los poderosos, la soberbia
entre sus inferiores, y la liviandad y
descompostura para con sus iguales, y
el diverso sexo.
De todo nos dio muestras en el
corto tiempo que le tratamos nuestro
I I2
VI AGES
compañero de viage. Puerro ( que este
era su nombre) mezclando entre lo
fútil de sus asuntos unas risitas insul
tantes , unas acciones con un aire de des
precio, y sobre todo unas provocativas
é insolentes ojeadas sobre el compañero
de su izquierda, el que por el contra
rio con su fijo mirarle y arqueamiento de cejas á hurtadillas daba á en
tender un interior que estaba diciendo:
véase aquí la muestra de las sabandi
jas de la corte: véase en un ente tantos
y tan diversos objetos, cuantas son las
ideas inútiles y afeminadas que bullen
en su desconcertado cerebro: que uti
lidad sacará de estos patricios! ¿Por
que un gobierno tan acertado no des
terrará de en medio de la nación estos
zánganos tan perniciosos ? ¿ Por qué ha
de poner á cubierto del zelo de los ma
gistrados á unos el esclarecido naci
miento , á otros la protección de un
poderoso, originada las mas veces de
un vicioso principio ? De un vicioso
principio y con razón debe así consi
derarse, pues son semejantes ociosos
materia dispuesta para instrumentos de
venganzas y fomento de liviandad: son
DE W /N TO N .
II3
los mas queridos ministros de la irasci
ble y concupiscible de sus protectores:
véase que saeta volante sus lenguas:
véase que refinado escándalo sus accio
nes : véase que universal peste de la
república.
Sin duda estas o semejantes pro
posiciones revolvía en su mente el
sesudo mono que representaba estar
ya en el sexto decenario de su vi
da , sin que lo desmintiese , como en
los viejos de la corte acontece, el afei
te y compostura mayormente cuando
su barba se dejaba ver entre cana y de
no menor edad que de ocho dias: una
cabellera postiza que se adornó de gala
para ir al sitio, con un puíiado de ha
rina sobre el seco pelo sin vanidad de
sebos, mantecas y pomadas cubrían de
medio lado su cabeza: sobre una cami
sola, cuyos catacaldos tenían de embo
zo á sus largas unas, vestía una raída
casaca negra con una chupa que se las
disputaba en lo cumplida y roñosa, y
solo la excedía en ciertas lameduras de
oro, entretejidas con unos vivísimos
florones encarnados en campo blanco:
se embarazaba infinito con la espada
T omo iii.
8
114
VIAGFS
por falta de uso; y últimamente se
apoyaba en un nudoso palo con hono
res de bastón; estaba callado y pensa
tivo mientras la taravilla de Puerro
iba desatada , arqueaba de cuando en
cuando sus bien pobladas cejas, y se
6onreia en tono de compasión o des
precio. No tardo mucho nuestro bulli
cioso compañero en sacarle algunas pa
labras del cuerpo, á cuya obra contri
buimos gustosos Tulipán y yo desean
do saber su profesión y pretensiones,
pues desde luego creimos no iria á di
vertirse semejante cínico.
Yo, seííores, respondió el señor Mo
ral (asi se llamaba) soy un honrado hi
dalgo, vecino de un pueblo que dista
sesenta leguas de la corte; hidalgo y
honrado os he dicho que soy, y asi
es; de modo que por lo hidalgo no
cedo á los mas encopetados que se sus
tentan del aire de su necia vanidad en
Simidpolis; pero esto es de lo que me
nos caso hice en mi vida, y que mas
que lustre me pareciera borron, sino
me acompaíía'ra la segunda parte que
es la honradez; esta pretendo cultivar
con la mayor escrupulosidad , y esta
DE W ANTON.
115
me ha hecho lugar en mi pueblo entre
mis compatriotas, pues todo mi esfuer
zo se cifró siempre en estudiar cómo
pudiera serles útil. ¡Ridicula honradez
aquella de que no resulta el común
provecho! De aqui es que no hay em
presa ó arduo negocio en el lugar que
no fien á mi dirección y cuidado; para
llenar uno y otro objeto creen en mi
bastante proporción: no les parece pue
de faltar conducta á un mono como
y o , cuya juventud no tuvo otras de
licias que el uso de los libros, llenan
do mi entendimiento de todas aquellas
ideas que después habían de servirme
para mi manejo y método de vida, ma
yormente cuando estaba por entonces
muy lejos de que al cabo de ella había
de parar en lo oscuro y mal ahilado
de una corta aldea ( de cuyo sosegado
destino doy ahora mil gracias á la Pro
videncia). Dirigía mis intenciones á em
plear mis luces tales cuales fuesen en
la pública utilidad de mi patria; no sa
bré bien deciros si porque ellas no eran
bastantes, ó si porque no tuve amistad
estrecha con el favor, irreconciliable
enemigo por lo regular del m érito, no
I I6
VIAGES
pude lograr mis bien nacidos deseos
con la prontitud que mi viveza y al
gún poquillo de presunción que por en
tonces tenia, deseaban; cánseme de la
injusticia que á mi parecer me hacian,
y muy pagado de mi resolución me
vengué con retirarme á cuidar de los
pocos terrones que había heredado de
mis padres, corto caudal para hacer
una pomposa figura entre el crujido
de la seda de la corte, pero suficiente
á proveerme de una mediana subsisten
cia , decente entre la jerga y parto par
do de mi pais: aquellos que vosotros
( aqui dio una certuda mirada al buen
Puerro) monillos cortesanos, todo ex
terioridad y nada substancia; aquellos,
repito, que vosotros llamáis por despre
cio palurdos, y que habéis de estar en
que saben mas &>n su explicación, aun
que no limada; sí genuina y significa
tiva , que vosotros con vuestro afecta
do aparato de voces, ya ridiculas, ya
hurtadas á otras lenguas, depuesta la
natural grosería que creeis les rebosa,
oyen gustosos mis consejos; y como de
allí está desterrada muchas leguas en
contorno la adulación, se les presenta
BE WANTOfí.
I I7
la verdad desnuda en las materias que
se ofrecen, de donde se sigue tener lo
mas andado para el acierto.
A estos motivos que les asisten para
fiar sus mas arduas pretensiones á mi
dirección, se les agrega la experien
cia que tienen en la villa del desvelo
con que he mirado uno ú otro ne
gocio que me ha encargado: están lle
nos de ejemplares de la mala versa
ción de otros diputados que han te
nido , asi ellos como los pueblos de la
com arca: estos han sido de la clase
de aquellos á quienes señalan unas die
tas considerables, vienen á un pais v i
cioso, todo diversión y todo propor
ciones que brindan al pasatiempo, fo
mentan desmesurados gastos, y dejan
pasar los dias insensiblemente con una
total inacción en el asunto principal
de su encargo; y como los curiales
son generalmente unos monos, que si
no se les paga superabundantemente y
se les insta con la mayor actividad no
se m ueven, es un negocio perdurable
el que los tales diputados emprendie
ron ; las dietas crecen, y el fondo de
adonde salen se apura ¿ reconocen al»
118
VIAGES
guna vez, aunque tarde su culpable
desidia, quieren hacer en cuatro dias
lo que pudieron ejecutar en dos ó mas
afios que se han estado divirtiendo; pi
den para ello algunos cuartos, hace
los últimos esfuerzos el lugar y los en
vía ; huelen los curiales el dinero fres
co, y empieza á ponerse en movimien
to toda la máquina de sus ideas: en
tonces vierais (puede ser que lo hayais
experimentado) qué batallón de tram
pas legales, que por mas legales que
las pinten no dejan de ser trampas;
qué introducción de artículos imperti
nentes, cuántas excepciones dilatorias,
declinatorias, nulidades, réplicas y otras
mil preciosidades de difícil digestión pa
ra un estómago delicado; pero no para
el de ellos, que como el de avestruz
digiere los metales.
El placentero Puerro no podía aguan
tar conversación tan séria por largo tiem
po; y al llegar el señor Moral á las re
feridas palabras, sonrióse irónicamente
y dijo: bendigo mil veces el candor de
la gente que se cria ó se avecinda en
los pueblos cortos: j qué modos de pen
sar tan puros i ¡ qué corazones tan sen-
DE WANTON.
I ig
cilios! no hay en su boca acción que
no sea sincera; no hay cortesano que
no obre con rectitud: aqui volvió otra
vez á echar su risita en tono de re
lincho, mirándome y dando un par
de palmadas en el muslo de Tulipán
(que llevaba enfrente y mas á mano)
para captar nuestra aprobación; an
tes que ecte lance pudiera llegar, ya
liabia dado media vuelta encarándo
sele nuestro fdósofo aldeano, y enca
potado el sobrecejo y mesurando el
estilo le dijo: pensará el seííor me
quetrefe que ha dicho algo: el tal cum
plimiento fue bien inge'nuo y conciso,
y al mismo tiempo se manifestaba con
su poco de picantillo insultante; pero
estuvo la prudencia de parte del char
latán P uerro, que sin duda echo de
ver en aquel punto que la belluda y
nerviosa muñeca del seííor Moral ma
nejaba un bastón mucho mas robusto
que el suyo. Sepa, prosiguió, que en
primer lugar yo hablo generalmente,
no he nombrado sugetos aunque pu
diera, y asi nadie debe darse por sen
tido en particular: en segundo lugar
que lo que digo tiene las cualidades
1 9.0
VI AGES
de pdblico, pues se ejecuta en medio
de la corte; y verdadero habiendo tan
tos ejemplares que seria menester lar
gos dias para solo citarlos; y ya que
me apura la paciencia, para que por
la uña se conozca el león, he de con
tar por recien sucedido un caso que
tuviera por ficción á no haberlo todo
presenciado, por haber acaecido en mi
pueblo con un primo mió. Murió en
la corte un corresponsal suyo tan arre
batadamente, que no tuvo lugar para
darle cuentas finales, y lo que fue peor
ni para hacer testamento: como era
sugeto de negocios y no dejaba herede
ro nombrado, fue forzoso que entrase
á disponer en sus bienes de mano po
derosa la justicia: no entendáis hablo
aqui de la sabia disposición de las le
yes en tales casos, ni del juez á quien
correspondió conocer en la causa; éste
era íntegro, docto y que deseaba (me
consta) la prontitud y buen éxito del
negocio; pero esa es la lástima que no
pende del arbitrio de los jueces inferio
res evitar, generalmente hablando, las
supercherías y maldades que se come
ten por los dependientes de justicia:
DE WANTON.
I 2I
hablo de un sinnúmero de estas san
guijuelas que se mezclaron en la causa,
cebando sus insaciables fauces en los
bienes de la desdichada testamentaría;
por entonces me acuerdo haber con
tado hasta catorce; ¡ahí es nada! que no
fueron todos rectos en el obrar, y que
ya de malicia, ya de ignorancia, ya de
desidia dilataron culpablemente la cau
sa , se manifiesta clarísimamente con
solo la sencilla narración del suceso:
fue indispensable á mi referido primo
pasar á la corte á solicitar se le satisfa
ciese de los bienes del difunto una cor
ta porción en que le alcanzaba liquida
das las cuentas finales ; no ocupaban
estas entre cargo y data arriba de cua
tro pliegos; las partidas por entrambas
partes estaban plenamente justificadas
y sin tergiversación, y todo el nego
cio finalmente era materia de hecho;
pues no obstante (repitoos que no exa
gero, aunque parece cuento por entre
tener el camino, pero todo lo presen
cié) tuvieron habilidad y mana los ta
les alhajas manipulantes de la causa pa
ra alargarla al espacio de seis anos, y
fue con precipitación según su refrán-
12 2
VI AGES
cilio: pleito de cuentas traslado á los
nietos; y los cuatro pliegos de papel
llegaron á componer cuatro volúmenes
de á folio; esto lo hacen fácilmente;
ya piden testimonios impertinentes, aun
de lo que consta en la causa, pues con
una tranquilla que se les busca quedan
desnaturalizados del país de los autos;
ya evacúan citas que no vienen al caso;
ya se dejan apremiar una y otra do
cena de veces; ya piden término; ya
dicen que enfermó el abogado; ya que
se van á componer amigablemente; por
último son tantos los yaes que pudie
ran decirse, que ellos solos llenaran la
mayor parte del tiempo y fastidiarían
á los oyentes: los escribientes por su
parte no se descuidan, ó con diez ó
doce renglones llenan una llana, y con
dos ó tres vocablos sesquipedales cada
renglón ; crecen los derechos de los
pedimentos á proporción del bulto, y
este es de la medida mas corpulenta;
auméntase el gasto del papel sellado;
finalmente los contrincantes llegan á
perder la paciencia y el dinero; por
falta de éste quedan sin aclarar mu
chos y muy conocidos derechos, y por
DE WANTON.
123
no ejercitar mas aquella entran otros
en unas vergonzosas y descabelladas
transacciones, conociendo que si aca
ban de pleitear, llegará á verificarse
lo que suele decirse , que antes de
empezarse la contienda es dudoso qué
parte tiene derecho á la cosa litigiosa;
pero finalizada se sabe repetidas ve
ces que ni una ni otra por haberse
quedado entre las unas de los que la
manejaron.
Ved ahora si deberá estar escar
mentado el infeliz pueblo, que por fal
ta de buena elección envia á lidiar con
semejantes fieras á unos diputados de
sidiosos , viciosos d poco inteligentes.
En m í, cuando no una grande com
prensión en los negocios, á lo me
nos han experimentado una actividad
mayor que para los mios, y una mo
deración tan grande en los gastos, co
mo que solo suenan en mis cuentas
los precisos, sin mas dietas ni ayudas
de costa; en esta inteligencia, y ha
biendo ahora ocurrido. . . . Al llegar á
estas palabras, las muías que iban á
escape asombradas con el cadáver de
una de sus semejantes que había re-
124
VIAGIS
ventado , corriendo bárbaramente en
aquel camino, y según costumbre, se
liabia quedado en el mismo puesto en
que la aconteció la fatalidad, que fue
en medio de el; las muías, repito, re
molinadas las delanteras, no obedecie
ron á las desentonadas voces del ma
yoral, y se arrimaron tanto á los ado
quines del camino que montó el co
che por encima de uno de los guardaruedas, y consiguientemente dimos con
nuestros cuerpos en tierra: sobre el
mió vino el de Tulipán, y sobre el
del rollizo Moral dió el del amigo
Piterro ; si hubiera sido al contrario,
no arrendara yo á este la ganancia, ha
biendo de sufrir sobre sí mas de diez
arrobas de diputado; pero como le pe
saba poco la carne, á un ligero esfuer
zo pudo salir primero gateando por la
puertecilla que habia quedado libre,
siguióle Tulipán y yo á este; el infe
liz diputado, como mas obeso, habién
dose ido mas al fondo, sirvió á los tres
de estribo para la salida, con lo que
sufrió precisamente un solemne trio de
patadas: sacárnosle por fin entre todos
á fuerza de brazo, y viendo que sa*
DE WANTON.
1525
lia sin lesión, exclamó el festivo Puer
ro : ¡ bendita sea la Providencia, pues
con tanta fortuna ha sido el vuelco!
Menos mi pateadura, dijo el señor Mo
ral , poniéndose las manos en la ca
beza y agriando el semblante con un
gesto tan confuso que nos hizo reto
zar la risa en el cuerpo: mortificóle
mas con esto; pero tuvo que tomar el
partido que hay que abrazar en seme
jantes casos, que es callar, ejercitando
la paciencia. No teniamos necesidad
de poca para aguantar á aquellos bár
baros, malcriados carruageros, á quie
nes, después de habernos expuesto á
una desgracia, no se oian mas que blas
femias, execraciones y desvergüenzas;
sufrimos su poco respeto á nuestras
personas porque asi se estila en aquel
pais: yo aseguro que si una vez se
les pusiera freno y modo con la se
riedad de un garrote bien manejado,
pronto se finalizaría la insolente cos
tumbre , y sabrian reducir su ganado
y levantar la carga sin escándalo de
quien los escucha: dejémoslos en es
ta maniobra, y mientras descansemos
un rato.
I2Ó
V /% / V
VI AGES
V V % /V W W
% /V V ^ V
CAPÍTULO VIII.
Siguen los discursos del señor M oral,
\^olvim os á ocupar nuestros lugares,
levantado ya el coche, y seguimos
nuestro camino, encargando á los carruageros, que supuesto no teníamos
prisa , no volviesen á exponernos á
otro chasco que pudiera darnos que
sentir; ellos dijeron que estaba bien,
y aunque hacían poquísimo caso de
nosotros, por ser en ellos natural lo
tosco y lo malcriado, no dejó de apro
vechar la advertencia. La demasiada
formalidad de nuestro diputado ( que
asi le llamo, porque como se verá en
adelante asi lo e ra ) no tenia la apro
bación del señor Puerro, y por tanto
para impedir prosiguiese como se te
mía por la chaza que había dejado
puesta al tiempo del vuelco, torció
este la conversación á los asuntos de
su inteligencia, que eran á la verdad
DE WANTON.
12J
<Je poquísima substancia: de aqui fue
que pronto se le acabo la tela, y desean
do yo profundizar mas en los modos
de pensar del señor Moral, bajo cuya
rústica corteza se descubría un no co
mún fondo de instrucción y rectitud;
enderezando hacia él mis palabras le
dije: vuestros discursos, señor Moral,
son tan gustosos de ser oidos como
verdaderos; solos estamos, y aunque
hasta ahora no nos habéis tratado, el
honor nos obliga á seros leales en las
confianzas que queráis tener, dándo
nos cuentas de los asuntos que os traen
á la corte; á menos de que sea cosa
tan reservada, que no debáis comuni
cárnosla, pues en tal caso no preten
demos ser de aquellos molestos que á
fuerza de ruegos intentan con la ma
yor pesadez les revelen los secretos
que importa á sus amigos tener mas
ocultos. ¡O h, señor, exclamó él, de
esos hay gran cosecha en nuestros luga
res! y no creáis que lo son movidos del
amor del prójimo para aconsejarle ó
aliviar su cuidado; nada menos; el ob
jeto de ellos es, lo primero una vana
curiosidad, y lo segundo ir á los corrí-
128
VIAGES
líos á murmurarlo en tono de la'stima;
y para cumplir estos dignísimos cargos
toman al suyo tan estrechamente el in
dagar lo que no les importa, que pa
rece tienen creído que no cumple con
las leyes de buen vecino el que no es
buen acechador, ya que de otra ma
nera no pueda escudrinar los negocios
que de e'l ocultan: lo que ahora me
trae al sitio no es de lo que no puede
absolutamente revelarse, y excepto al
gunas secretas instrucciones para mi
manejo, puedo sin dificultad referíroslo
todo.
Sabed, seíiores, prosiguió diciendo,
que el pueblo en donde yo estoy ave
cindado es lugar de señorío : esto es,
un caballero que vive en la capital de
mi provincia tiene el privilegio de po
ner un criado suyo cada tres años por
corregidor : tened , señor Moral, dijo
mi amigo Tulipán, criado suyo no pue
de ser; en mi casa hay un igual privi
legio para ciertos lugares, y siempre se
buscan sugetos circunstanciados de cien
cia y conciencia para que administren
justicia en ellos; pero nunca se en
vía un criado de casa: ¡ buena anda-
DE WANTON.
I!?9
ría la justicia, cuando interviniesen,
como es muy com ún, los intereses de
la casa en las instancias con los parti
culares ! Señor m ió, replicó M oral, lo
que se ejecuta en la vuestra no se';
desde luego doy de barato que en ella
y en otras sucederá lo que decís; pero
en la del señor de nuestro lugar in
fiero que no es asi, de que á todos los
corregidores que he conocido, y no
lian sido pocos, siempre be oido de
cir : mi amo manda, mi amo escribe,
mi amo & c ., y yo no creo que á no
ser ellos sus criados le darían este tí
tulo: este corregidor es el que entiende
en los pleitos de los vecinos en pri
mera instancia, y toma las providen
cias gubernativas del pueblo: tiene el
referido caballero ademas de esta fa
cultad de poner justicias, el privilegio
de percibir ciertas contribuciones que
le paga el vecindario, para cuya recau
dación reside allí un mayordomo, que
ademas de este público ministerio tiene
reservadamente el de fiscal de las ac
ciones , palabras y aun intenciones,
tanto del juez como de los vecinos,
especialmente de los que tienen alguna
T omo iii.
9
130
VIAGES
dependencia con el dicho señor, me
diante cuya vigilancia se advierten re
pentinamente unas ásperas providen
cias , y no pocas veces unas tiranas al
caldadas, que como por lo regular dan
en la parte mas débil y necesitada, se
sufren y callan por no exponerse á ex
perimentar los efectos de la mas se
vera indignación y resentimiento de su
grandeza; furibundo clausulon con que
generalmente finalizan sus desaforadas
cartas, anadiándose á ellas las enig
máticas reprensiones que da el refe
rido mayordomo, que comunmente sa
be hacer muy bien su papel con arqueamiento de cejas, ahuecamiento de
carrillos, y con el ejemplar de tal cual
reciente tiranía ejecutada en alguno
de los infelices, sugerida por é l , y
perfeccionada por su subalterno el cor
regidor.
Poco á poco, caballero m ió, dijo
interrumpiéndole Tulipán, conociendo
que el solfeo iba demasiadamente pe
sado , y que de rechazo no dejarían
de dar algunas pedradas en el tejado de
su casa ; poco á poco, que en breves
palabras os vais llevando de calles la
DE WANTON.
*3 *
mas distinguida clase de nuestros do
minios: ¿sabéis de quiénes habíais? ¿sa
béis contra quiénes formáis una crítica
tan mordaz? Yo bien sé, respondió
M oral, de quienes y contra quienes
hablo ; no son los buenos el objeto
de mis razones, no aquellos que son
honra de nuestra nación , no los que
forman la parte mas esencial y acredi
tada de la patria: hay algunos de es
tos , no lo ignoro, pero son los me
nos : me irrito contra los presuntuosos
entonados ídolos de la fortuna, que
desnudos de los sentimientos raciona
les nos insultan como si fuéramos de
otra especie, nos desprecian como si
fueran de otro barro; estos que turban
nuestro reposo, que se imaginan que
honran con solo dejarse ver benignos,
hablándonos y tratándonos en tono de
superioridad y protección, como si por
mas que se estiren y engrían pasa
sen de un mono como cualquiera hijo
de vecino: el infeliz pueblo que oye
hablar á uno de estos con sobrecejo,
andar con vanidad, y vencer injus
tas dificultades á peso de dinero , le
cree de la casta de los semidioses, le
1 32
VIAGES
rinde adoraciones, y se humilla hasta
el íntimo polvo; la infame turba de
aduladores le rodea y ensalza aun sus
mas enormes vieios, y al compás de
tan desproporcionada música él se va
monstruosamente hinchando, hasta que
sirve de risible espectáculo á la con
sideración de un verdadero filosofo des
impresionado de las ilusiones de los
sentidos: este con el colirio de la ra
zón sana los enfermos ojos de sus com
patriotas, haciéndoles ver que aquel ar
rogante fausto con que les insulta, es
el que por dias hace mas insoportable
su carga, pues se sostiene á costa de
su sudor y miseria; aquellas adulacio
nes y mentiras que resuenan halagüe
ñas en su oido, son los estorbos con
que no da lugar á que entre el llanto
de los infelices á mover su corazón
empedernido ; aquel lu jo , aparato y
grandeza son las distracciones y ceguera
para que no vea ni conozca que insen
siblemente está bebiendo la sangre de
los desdichados, á quienes cupo la des
gracia de tener la cerviz bajo de su
p ié : Ies hace conocer que la brillantez
con que quiere cegarlos, y el resplan-
DE WANTON.
133
dor de los metales y piedras con que
se engalana es una iluminación de fue
go fatuo que ni quema ni dura; y por
fin si el asunto lo merece y va mas se
r io , los aúna y anima á que levanten
el grito hasta que sus justas quejas, pe
netrando la atmosfera que rodea al tro
no , despierten en el corazón del so
berano los sentimientos de piedad de
que está dotado, y desenvainando la
espada de su justicia proteja contra ios
tiranos que la oprimen á aquella por
ción de fieles vasallos que imploran su
poder.
Aunque yo no sea, prosiguió, un
mono dotado de las bellas cualidades
que para excitar asi los ánimos se ne
cesitan , tengo un no corto acopio de
experiencias de semejantes personas, un
mediano desenfado y una retórica, aun
que no sublimada, bastantemente ex
presiva : valido pues de estas armas,
y conmovido últimamente con la im
piedad, que supe habia cometido el su
sodicho administrador, vendiendo has
ta los derrengados y despreciables mue
bles de cierta infeliz viuda del pueblo
para hacerse pago de una corta por-
134
VIAGF.S
cion de maravedises que debía de atra
sos de su tributo, en el mismo dia que
á una desenvuelta mozuela había re
galado su amo una joya valuada en
tanto precio cuanto importaban los ré
ditos del lugar en un aíío; junté á los
mas visibles del pueblo en mi casa, y
les hablé de esta manera:
No sé, honrados paisanos mios, con
que voces os describa lo mismo que sa
béis y que estáis tocando; no quiero
perder el tiempo con vanos razonamien
tos, ni exasperaros con exageraciones
que tienen parentesco inmediato con la
im postura; no necesito de abultadas
expresiones; hable vuestra misma in
feliz situación; volved los ojos á esos
vuestros campos, en otros tiempos ri
sueños y abundantes, y ahora cubier
tos de espinas y malezas; esos públi
cos edificios erigidos para el bien co
m ún, ya veis que amenazan ruina, y
los particulares no tienen que temerla,
pues reducido el lugar á sitios eriales,
parece pueblo arrasado por el furor
de la mas sangrienta guerra; apenas
vuestras compañeras hallan un rincón
resguardado de la inclemencia, donde
DE WANTON.
135
criar á vuestros hijos: los viejos con
dificultad encuentran en donde recli
nar su tre'mula cansada cabeza; el su
dor de vuestro rostro pasa á agenas
manos, no ya para manteneros en paz
y justicia, no para defenderos de Jos
insultos de vuestros enemigos, no pa
ra procuraros la abundancia; sino para
convertirlo en usos propios, para sus
vanidades y locuras; no se7 si me atreva
á deciros que estáis en la constitu
ción miserable de consideraros de peor
condición que las bestias que pacen
por esos prados: pero ¿ como no ha
de deteriorarse cada dia mas nuestra
población ? La casa que se arruina no
se reedifica, el labrador que se pierde
con el rigor de uno y otro mal año,
no halla una mano bienhechora que
le sostenga; la infeliz que queda viuda
cargada de tiernos hijuelos, no en
cuentra consuelo, ni mas ayuda para
criarlos-, que la cortísima labor de
sus manos; como no hay fomento, ce
sa la industria; y como no hay pro
porciones, no se dan al campo las la
bores suficientes para que fructifique
como puede, y se vid en otros tiempos.
136
VI AGES
También es fuerte cosa, replicó en
tonces el impaciente Puerro, que que
ráis gobernar las acciones de los demas,
y que porque ese buen señor que decis tiene esos privilegios y rentas en
vuestro pueblo, forzosamente ha de
acudir á todas las necesidades, mayor
mente cuando son tantas ; pues para
taparos las bocas, según se colige de
vuestro discurso, habia de mantener en
buen estado las obras públicas, habia
de coadyuvar á reedificar las de los
particulares, habia de sostener al la
brador perdido , habia de tener cuen
ta con los huérfanos, habia de ser bá
culo de los impedidos ancianos, habia
de mantener el buen órden , la justicia,
la abundancia, y la defensa contra el
poder de los enemigos: ¿ ved si para
atar tantos cabos es bastante una per
sona? Vaya, vaya, que el hablar cues
ta poco. Si costara m ucho, respondió
el diputado, no hablarais vos tanto,
señor Puerro,- muchas respuestas tenia
que dar á vuestro razonamiento; pero
para no dilatarme, porque ya se divi
san no lejos las torres del sitio, reducireme á dos puntos; uno si debe
DE WÁNTON.
I3 7
acudir i. tantas obligaciones ( y mu
chas que se os quedaron por decir)
el que tiene semejantes privilegios en
los lugares ; y otra, si una sola perso
na es suficiente para cumplir con to
das : la decisión de este segundo es mas
fácil de comprender, pues dejando las
pruebas especulativas, se demuestra con
la práctica de los ejemplos, no preci
samente de los muchos que en los si
glos pasados nos propone la historia,
sino de ciertos señores de la corte y
de lo restante del reino, que actual
mente viven , y todos conocemos: aqui
hizo una enumeración de aquellos que
con razón debian proponerse como mo
delo de la moderación , racionalidad
y exactitud, y prosiguió : y para mis
compatriotas el que tenian mas á la vis
ta , y les propuse fue el señor del pue
blo mas inmediato al nuestro, en don
de á costa de su desvelo reinaba la so
ciabilidad , la abundancia y la paz ; la
necesidad del buen vecino no tiene allí
que irle á buscar para el socorro, pues
no ha nacido cuando ya se halla reme
diada : los jueces de sus estados tienen
órden de que en toda instancia entre
-
138
VIAGES
el señor y los vecinos, siempre que
el derecho sea dudoso, sentencien á
favor de estos, y en contra suya: sus
administradores y mayordomos no lo
son antes de no haber dado unas no
equívocas pruebas de un corazón pia
doso, mediante el cual y á medida de
las rectas intenciones de su amo , no
halla el afligido por la pérdida de su
hacienda ó salud á un impío que le
anada aflicción , estrechándole, persi
guiéndole, encarcelándole, y dejándo
le por puertas, para que pague una
contribución á que en tal caso no hay
derecho alguno, si bien se especula, que
pueda obligarle; antes compasivo le
sobrelleva, le dá la m ano, y le ayuda
á salir de la desgracia á que le condu
jo su suerte: ¡qué bendiciones no es
cucha de boca de aquellos desdichados!
¡qu é dias tan llenos los de un señor
que tiene tan raros compañeros! ¡ oh
como cumple con las obligaciones que
la Providencia , el monarca y el pue
blo pusieron á su cargo!
Sí, señor, obligaciones, que es el otro
punto en que hallábais dificultad : esto
decia encarado con Puerro, que ya lie-
BE WANTON.
I39
vaha un miedo mas que mediano: si
supierais el origen de estas contribucio
nes , si ascendierais al principio y fuen
te de estos privilegios, yo sé que ni
asomo hallaríais de duda ; y pues la
distancia de nuestro destino aun lo per
mite ; recopilando cuanto pueda lo que
necesitaba largos discursos si hubiera
de desmenuzarse , he de explicároslo,
tomando el hilo desde el mas remoto
tiempo , ya para que otra vez no re
pliquéis en lo que no teneis bien exa
minado , ya porque á un forastero tan
curioso é instruido como el señor En
rique no puede ser molesto el o ir , aun
que en resumen y por mayor , la his
toria de este nuestro continente. Díle
gracias con la mayor expresión que
pude , y él prosiguió de esta manera.
No es dudable la ley que nos inspi
ró sabia la naturaleza de nuestra pro
pia conservación; ley establecida so
peña de la destrucción total de nues
tro género; de aqui se sigue el dere
cho de adquirir cada uno aquello que
es indispensablemente necesario á su
existencia; adquisición que trae consi
go el derecho de retenerlo con exclu-
14 O
VIAGES
sion de otro cualquiera , en consecuen
cia de que teniéndole como derecho
natural de su conservación, le debe ha
ber adquirido de modo que ninguno
pueda disputársele. A proporción del
aumento que iban tomando nuestras
familias iba creciendo el consumo, y
como la tierra no daba espontánea
mente tan copiosos los frutos que que
dase absolutamente remediada la gene
ral existencia, era necesario labrarla
mas cuidadosamente, para que á fuerea de incesantes fatigas facilitase sus in
mensos tesoros; pero como esta indus
tria y trabajos provenian del común
de la nación, y en ella se encontraban
muchos mal morigerados, perezosos, y
que fiados en el trabajo de sus seme
jantes se entregarían á un detestable
ocio 5 siendo también de una eterna
altercación, aun entre los laboriosos,
la medida de lo mas o lo menos con
que cada uno contribuía á la masa co
mún , y lo que de ella sacaba para su
mantenimiento, era preciso que cada
familia se apropiase cierta porción de
tierra que había de cultivar para sí so
la , y cuya propiedad habia de perte-
DE WANTON.
14 1
necerla peculiarmente en adelante, no
( como algunos de nuestros sábios qui
sieron) porque la ocuparon antes que
otro, sino porque al ocuparla hubo un
consentimiento de parte del resto de
la comunidad, á quien en común per
tenecía , ó bien fuese expreso, expo
niendo la convención verbalmente, ó
bien fuese tácito, cuando á vista y
paciencia de ella se apropió , labró y
usufructuó dicha familia cierto terreno,
cuyo común consentimiento, junto á
la prescripción, la aseguran en su ab
soluto y pleno derecho, que de otra
suerte seria una usurpación.
Esta división de los bienes de la
tierra, como se hizo entre familias de
distinto número , y de diversa capaci
dad y proporciones para la industria y
el trabajo, fue forzosamente desigual,
y asi unas quedaron mas poderosas que
otras, por consiguiente nació de esta
desigualdad la dependencia y el mutuo
comercio de oficios y beneficios ; no
solo entre las familias, mas dentro de
una misma produjo la diversidad de
genios, fuerzas y entendimientos una
grande desigualdad , enriqueciéndose
142
VIAGES
unos mas que otros, y por tanto que
dando entre sí subordinados, los unos
acudiendo con sus obras y servicios á
los otros que descargan en ellos sus
cuidados, haciéndose cargo de recom
pensa de su mantenimiento, y forzo
sas necesidades de la vida. En tal esta
do se debe considerar en este nuestro
continente á cada padre de familias co
mo un soberano con autoridad y facul
tades sobre los suyos; pero como estos
no conservasen por largo tiempo el can
dor de vida y rectitud necesaria para
semejante gobierno, no cumpliendo con
las obligaciones que requería su cargo,
y abusando del poder que se les con
fiaba , ellos mismos conocieron la in
dispensable necesidad de las socieda
des civiles que inmediatamente forma
ron, elevando sobre sus cabezas á uno
de aquellos, cuyas facultades, rique
zas y poder le hacían descollar entre
todos, como destinado por la Provi
dencia para ser el soberano univer
sal de dicha’ sociedad civil ; en este
solo se reunieron la autoridad y poder
físico que cada cabeza de familia tenia,
quedando todas entre sí iguales y su-
DE
WANTON.
143
bordinadas á este únicóJpoderío moral,
para cuya conservación, lustre y segu
ridad todos se obligaron á contribuir
con sus haciendas, industria y perso
nas en caso de necesidad; siendo la
obligación por su parte cuidar de la fe
licidad de aquellos pueblos que se po
nían bajo su protección, haciendo que
entre ellos reinase la abundancia y la
tranquilidad á cuyo efecto siendo im
posible que en lo vasto de su domina
ción por sí solo manejase cuanto se
requería A este fin , creó magistrados y
jueces de diversas gerarquías por cuyo
medio se cultivase la paz interior de
su reino, terminando las diferencias
que entre los súbditos ocurriesen, dan
do á cada uno lo que fuese suyo , y
siendo los cauces por donde dirigiese
sus premios á los dignos, y el castigo
á los malhechores : levantó asimismo
tropas armadas que protegiesen á sus
pueblos de la violencia de los enemi
gos exteriores que intentasen molestar
los : y finalmente, instituyó cuantos
oficios y empleos eran conducentes á
la soberanía de su persona, como ob
jeto del amor y respeto de sus vasa-
1
44
VIAGES
líos, y del terrpr de los enemigos del
estado.
Asi se estableció nuestro gobierno,
y asi floreció la felicidad y la abundan
cia en nuestros países , en tanto grado
que llegaron á ser apetecidos de la am
bición de cuantos conquistadores po
derosos tuvieron conocimiento de ellos.
Varias fortunas experimentó este im
perio, cuya exacta relación no cabe en
la brevedad con que voy corriendo
nuestros principios, ni el tiempo por
ahora la permite; pero nuestra heroi
ca nación, que ( como dijo un sabio
escritor natural de aquellos países, en
donde generalmente cuando hablan de
nosotros ó por ignorancia ó por en
vidia, ó lo mas cierto por natural ha
bladuría , procuran oscurecer nuestra
fama desacreditando nuestras acciones)
nuestra heroica nación , repito, que
dentro de sí misma conserva cierto
principio de grandeza que ninguna si
niestra suerte ha sido capaz de aniqui
lar, con la paciencia, el tiempo y el
valor llegó á formarse y admitir por
sus soberanos á unos generosos caudi
llos , bajo cuya dominación vivió por
DE W ANTON.
14 5
muchos siglos dichosa: pero la fortuna
que en ningún objeto emplea mas fá
cilmente los tiros de su volubilidad que
en los grandes establecimientos, en
breves dias procuró arruinar la obra de
tantos anos. De la abundancia pasó la
nación al tedio del trabajo, del tedio
al o c io , del ocio al vicio ; patrocinó á
este el gefe principal y quedó el pais
aletargado; era consiguiente haberse em
botado el filo de las armas, haberse
desguarnecido las plazas, y haber abier
to los puertos, paso franco á los in
sultos de ios enemigos.
En esta ¿nieliz situación estaban es
tos dominios cuando abortó el mar en
nuestras playas una confusa multitud
de monstruos marinos, que no bailan
do resistencia en ellas en pocos tiem
pos llevaron el terror , la crueldad y
sus conquistas basta lo mas remeto del
rein o: por pronto que quisieron sacu
dir el sueño sus habitantes , la feroci
dad y fortuna de los conquistadores ha
bían hecho tan rápidos progresos, que
no quedó mas arbitrio á los miserable*
que rendirse á merced del vencedor,
vie'ndose precisados por conservar sus
TOMO III.
1o
I46
VI AGES
vidas á gemir bajo de un tirano yugor
á este tiempo un puñado de valerosos
guerreros que por no consentir infa
mes pactos, abandonando sus riquezas
habian vuelto las espaldas al riesgo,
fortificándose en lo mas escabroso de
unas escarpadas sierras, adonde no ha
bía podido penetrar el furor de los ene
migos, salió conducido de un genero
so caudillo lleno de esfuerzo á hacer
frente á la multitud, no pudiendo con
tener su espíritu en el corto recinto de
los montes. Desde aquel dichosísimo
instante comenzó á respirar nuestra
oprimida pátria, recuperando nuestros
soberanos á punta de lanza con in
decibles trabajos cuanto á sus vasallos
había robado el furor de la guerra; pero
como un gefe no era suficiente por sí
solo para llenar las vastas ideas que
formaba sobre las conquistas que ofre
cía un pais tan dilatado , y se espera
ban del indecible valor de sus natura
les, á proporción de las ocasiones que
se presentaban en los varios accidentes
de esta célebre restauración , se valia ya
de uno ya de otro de aquellos mas va
lerosos capitanes que llevaba el ejérci-
DE W ANTON.
I4 7
to , á quienes su espíritu belicoso , su
pericia militar y su riqueza adquirida
por la industria y mérito, ya propio,
ya de sus ascendientes, habían hecho
sobresalir entre sus compatriotas, y ha
bían ido poco á poco proporcionando
á que fuesen respetados por príncipes
de la nación ; á el cuidado de estos fia
ba varias expediciones, la toma de di
versos pueblos y la conquista de mu
chas plazas ; el efecto correspondía á
las esperanzas que de sus bríos y espí
ritu se formaba ; y aquellos vasallos
recuperada su perdida libertad, volvían
á reconocer á su antiguo soberano po
niendo á sus pies los socorros necesa
rios , para que les conservase la justi
cia y sirviese de defensa contra sus ene
migos.
Muchas de estas nuevas conquistas
(aquí os pido la mayor atención) <5
quedaban gobernándose por la direc
ción de estos famosos caudillos, o bien
se daban en dote á algunas princesas,
para premiar con su mano los servi
cios de tan grandes capitanes; de aqui
es que el gefe de la nación, fundando
sus esperanzas en la gran cuenta que
148
VIACES
tenia i estos el conservarlas y fomen
tarles, les confiaba su gobierno y sn
defensa , permitiéndoles ya poner unos
tenientes que en su ausencia velasen
en la administración de justicia entre
los vecinos, ya armarlos contra las in
vasiones de sus contrarios saliendo á
capitanearlos en persona á la camparía;
y como estos particulares gefes de los
pueblos llenaban de este modo las obli
gaciones que tenia sobre sí la cabeza
principal de toda la nación de conser
varlos en justicia, fomentarlos y de
fenderlos, nada podía ser mas confor
me á razón, como el que tuviesen el
privilegio de percibir en parte aquellas
contribuciones con que los vecinos con
currían para los dichos fines: no fue
ni pudo ser el ánimo del soberano
concederles poder alguno que no fuese
dimanado de su real autoridad, y siem
pre á ella subordinado. Es cosa quimé
rica pensar que baya un vasallage en
los súbditos de un mismo reino, dife
rente del que se debe al príncipe, por
gue en la naturaleza no hay mas que
un poderío físico , fundamento y raiz
jdel poderío moral: aquel ( como be di-
2?B WANTON.
cho poco h a ) residía en las padres de
fam ilia, los que unánimemente en la
formación de la sociedad civil le re
nunciaron en el gefe general que subs
tituyeron , en el cual reside el poderío
moral único y universal sobre los sub
ditos, sostenido por el poderío físico
de toda la nación , del que sus indivi
duos se despojaron moralmente en fa
vor de la soberanía, quedando todos
sin distinción subordinados al principal,
é iguales entre sí en razón de súbditos,
distinguiéndose después las varias gerarquías del reino, según las diversas
elevaciones que reciben del soberano
en recompensa de los méritos y servi
cios de las familias.
Concluyese pues de todo lo dicho,
que ninguno hay exceptuado desde la
formación de las sociedades civiles de
contribuir con parte de aquella subs
tancia , que en la división general con
la mutua convención se había apropia
do á la subsistencia y lustre de aquel,
en cuya mano ponen confiados los súb-^
ditos su sosiego, su defensa, su aumen
to , su conservación y todo su bien,
proporcionándole con sus personas y
1
50
VIAGES
haciendas los medios conducentes para
ello, obligándose él por su parte á
mantenerles la justicia , abundancia y
defensa de sus enemigos : que en la res
tauración de estas provincias no podía
por sí solo acudir un gefe á todas las
necesidades que ocurrían, y que por
tanto destinó á aquellos mas valerosos
capitanes que experimentaba al lado de
su persona , para que le ayudasen al
complemento de sus hazañas: que en
pago de las que ejecutaban los pre
miaba con el señorío de varios pueblos
y plazas: que este señorío no se pue
de entender mas que en nombre de su
soberanía , pero no con un poderío
propio, el cual solo corresponde al
príncipe : que aunque es indubitable
que no conviene á los reyes usar de
tanta liberalidad , que se convierta en
vicio de destrucción, agraviando á los
sucesores en el reino con Ja desmem
bración considerable de sus estados;
también es certísimo que les pertenece
conceder gracias , y hacer mercedes á
sus naturales y vasallos, para que se
honren y sean ricos, acrecentándose
igualmente su dominación por este me-
DE
WANTON.
151
d io , y mucho mas á aquellos que á
costa de su sangre les aseguraron la co
rona , ayudando ¿ la recuperación de
sus dominios: que como ellos gober
nando aquellas poblaciones recien con
quistadas , o por sí o por sus tenientes,
las mantenían en justicia ; á costa de
sus desvelos las procuraban la abun
dancia, y á riesgo de sus personas y
bienes las defendían de sus enemigos;
nada era mas natural que el que tuvie
ran el privilegio de cobrar por su mano
aquellas contribuciones destinadas á es
tos fines: y finalmente, que si son ta
les y tan grandes las obligaciones de
los que tienen estos privilegios mereci
dos por su valor, y adquiridos á pun
ta de lanza, cómo podrán lícitamen
te desentenderse de ellas aquellos que
los obtienen con títulos menos airosos
por mas distinguidos que sean? A ho
ra bien , concluyó el señor M oral,
aquel señor que en lugar de juez pone
en su pueblo un tirano, que no ayuda
á los necesitados, que no piensa sino
como ha de exigir tributos, no pocas
veces imaginarios; que con sus gruesas
rentas en cuasi nada ayuda á su sobe-
152
VTAGE3
rano contra los enemigos que insultan
el esta l o ; que no emplea su persona
en servicio del príncipe y del reino,
y que es un vicioso disipador de aque
llas contribuciones, que para tan di
versos fines le concedió el gefe gene
ral , y ponen en su mano los necesita
dos , ¿ os parece que no puede ser re
putado poco menos que como un trai
dor contra la patria, pues por su par
te se esfuerza á arruinarla? Y aquellos
caudales que entran en poder de tal
monstruo ¿os parece que llevan el des
tino para que se desposen de ellos sus
dueños? Inferid de aquí, señor Puerro,
si tienen obligación de invertirlos en la
felicidad de sus pueblos, é inferid to
dos, señores, el destino de mi diputa
ción al sitio.
Todas estas razones y -mas las que
conducían, aplicadas en particular, ex
ponía yo á mis convecinos. ¿Podre'mos
m ira r, anadia, con indiferencia las in
justicias de nuestros pobres paisanos,
los agravios propios y la opresión de la
patria ? Tened entendido que por esta
son nuestros votos: el amor á ella me
obliga á excitar en vosotros los sentí-
DB WANTON.
153
mientos dignos de quienes son y deben
ser su apoyo: no es mi bien particular
el que procuro: ya el curso de mi v i
da está en el último termino; pero en
los pocos instantes que me restan de
aliento quisiera lograr la dicha de verla remediada: bien considero que si va
aumentándose el daño llegará a desplo
marse agoviada con su propio peso, y
tal vez confundirá entre sus ruinas á
quien las causa; pero ¿qué alivio será
para nosotros tan lastimosa catástrofe?
¿de que nos aprovechará entre los hor
rores del sepulcro tan desventurada ven
ganza ? Hechos cargo aquellos mas granaditos de mi pueblo, cada cual á me
dida de sus alcances, de la fuerza de
mi propuesta, y recordando varias in
justicias de que particularmente esta
ban resentidos, y que no son del caso
por ahora para mi relación, determina
ron con unánime consentimiento que yo
pasase con sus poderes representando el
general clamor á los pies de nuestro so
berano : no dudan un felicísimo éxito
de su justificada pretensión: saben muy
bien la integridad de los ministros que
rodean al trono: no ignoran que estos
154
VIAGES
son de la clase de aquellos que reves
tidos del poder que se les ha confiado,
reciben afablemente los memoriales de
los menesterosos, oyen el clamor de los
agraviados, examinan por sí mismos los
abusos que insensiblemente van toman
do cuerpo en el reino, no se asustan
de soberbios fantasmones, son exactos
observadores de la ley y la justicia , y
en una palabra, lejos de un miedo ser
vil hablan la verdad al príncipe, á un
príncipe que sabe en alto grado el di
fícil arte de reinar y las obligaciones
que le cercan: considerad de estos an
tecedentes si es bien fundada la espe
ranza de unos consiguientes dichosos.
No se me oculta que emprendo mis
acciones contra uno de estos llamados
poderosos, de estos tenidos por felices
en la tierra; pero como yo no miro
estas cosas por la exterioridad y tras
ciendo á la realidad de ellas, he ha
llado risible su poder, y su felicidad
transitoria y ridicula.
Aquí si que el seíior Puerro dio' una
gran carcajada, y le interrumpid di
ciendo: ¿con qué no es poderoso y fe
liz un mono rodeado de una multitud
I>E
W ANTON.
155
que solo espera saber su voluntad pa
ra ponerla por obra? ¿un mono que se
ríe de vuestras amenazas, consideran
do insuficientes vuestras fuerzas para
llegarle al pelo de la ropa? ¿un mono
que os desprecia seguro de vuestras ar
mas? ¿un mono finalmente, á favor
del cual se ha empeñado la naturaleza
para contribuir á sus comodidades y
adular su gusto ? Ese mono , dijo el
señor M oral, que pintáis con todos esos
coloridos, aun dado y no concedido que
logre todas las cualidades de que le di
bujáis revestido, si le falta el interior
testimonio del bien obrar, es un co
barde y desdichado; os engañáis si le
creeis esforzado y poderoso; no basta
solo para serlo no temer la espada de
los demas monos, debe no temer á sus
lenguas y á sus plum as: os miente si
os dice que está anegado en placeres de
la vida, no le creáis por mas que se le
contemple con todos los que propor
ciona el arte para halago de los senti
dos , estos no pasan de la materialidad
del cuerpo ; pero en medio de ellos está
su espíritu lleno de remordimientos que
le acibaran sus mas apetecidas diver-
1^6
VTAGEff
siones; siempre temeroso', siempre so
bresaltado, hasta de su sombra se asus
ta: y sino ponedle en contraposición
del que no obstante que viva en cor
ta fortuna , no apartó de su corazón
por motivo alguno los propósitos que
formó desde luego de conservarle in
corrupto é inseparado de la justicia y
equidad, y bailareis á éste inmutable
y sin decaimiento' de ánimo aunque ad
vierta trastornarse todo el m ando, ai
paso que á ese ídolo de la fortuna asus
ta el menor amago de contratiempo:
decidle que 0$; responda con sinceridad
si en su interior no juzga que los mas
de sus pasatiempos son pueriles y sin
sustancia; la brillantez de sus ador
nos y palacios, como el oropel de los
teatros, papel y perspectiva; su re
presentación y ventajosa pompa apo
yadas en un orgullo y refinada política
para alucinar insensatos, é inspirar un
servil miedo; y por último imposibi
litado por su mal obrar de gozar el
mayor y mas puro de los placeres, que
es el de ser amado de sus semejantes,
habiéndose hecho indigno de ello por
sus obras: á la verdad que no se podrá
DE WANTON.
157
Ksongear, como cierto pequeño poten
tado de estas provincias, que concur
riendo en un convite con otros de mas
considerables estados, vanagloriándose
estos de sobremesa de la extensión y
numero de sus vasallos, después que se
hincharon á su satisfacción, e'l les dijo
enfáticamente: no os envidio el poderío
y fuerzas de que hacéis alarde; tampo
co os puedo competir en ellas, y solo
tengo que decir acerca d* mis pueblos,
que en cualquier dia puedo pasearme
solo y seguro por ellos, sin recelo de
sus aceros, sus lenguas y sus plumas.
jOh cuan pocos pueden lisongearse de
semejante felicidad ! ¡ Oh que contados
los que dirigen sus operaciones al fin
de conseguirla!
W VW V W X « V M /V W W tV ilW
CAPÍTULO IX.
De la escuela pública que tenia en el
real sitio el doctor Tamarisco.
C uando mas enfervorizado iba el señor
Moral en sus reflexiones, y nosotros mas
15^
VI AGES
silenciosos oyéndole, nos hallamos en
medio de una frondosa y dilatadísima
arboleda que se extendía por la mas
agradable llanura, cubierta á uno y otro
lado de yerbas olorosas, entretegidas
con la variedad de colores oe cuantas
flores produce la fertilidad de la prima
vera ; regábanla unos cristalinos arroyuelos, que corriendo mansamente so
bre sus rizadas arenas, y por entre unos
pequeños guijarros, formaban el susur
ro mas sonoro: el armonioso canto de las
aves que á vandadas cruzaban sobre las
copas de los altos álamos, y el sosiego con
que á manadas pacían la húmeda yerba
sin que los sobresaltasen los caminantes,
los brutos de los vecinos bosques demos
traban la libertad que gozaban en aque
lla su deliciosa república, y todo aquel
conjunto de amenidad y deleite daba
unas no equívocas señas de la inmedia
ción del real sitio; nos confirmamos mas
eri nuestro parecer, cuando á poco rato
nos hallamos rodeados de vistosísimos
jardines, en donde el juego de las aguas,
el murmullo de 1ts fuentes, la armonía
de las cascadas, la magnificencia de su
estructura, la aromática suavidad del
DE YVANTON.
159
aire y simétrica colocación de plantas
y flores conducían á todos los sentidos
á una dulce inexplicable delicia, en la
que quedamos absortos, sin volver del
todo en nuestro acuerdo hasta que im
pensadamente nos hallamos á la puer
ta de nuestra posada.
Era esta una de las muchas casas
que hay en aquel sitio con apariencias
de comodidad y amagos de decencia, en
donde pagándose á peso de oro el hospedage, se tiene que sufrir bajo de un
mismo techo la compañía de toda clase
de personas: saliónos á recibir un obe
so cefo, que después de largos años que
habitaba en Simiópolis, habia olvidado
su idioma, y no habia aprendido el del
paisj haciendo con el gorro una corte
sía á la granadera, nos cumplimentó
con la elegancia que prometía su tosca
y desaliñada figura: fuese porque cono
ció á Tulipán, fuese porque nuestro
peí age le pareció de mas consecuencia,
nos dispuso el mejor alojamiento de los
que habia en la casa: éste, no obstan
te la absoluta independencia de los de
más, estaba en parage que era univer
sal registro de ellos. Apenas se sacudió
IÓO
VIAGES
Tulipán el polvo del camino, cuando
llamado de su cuidado salió solo, por
que yo determinó descansar, y no otra
cosa. Desde mi cuarto registraba la di
versidad de figuras que entraban y sa
lían en los otros , particularmente en
uno que se descubría frente del mió.
Después de algún tiempo, cuando ya
estaba inas sosegado aquel continuo flu
jo y reflujo de visiones, salí á dar un
paseo por los corredores, y á breve ra
to se puso en ellos con la misma deter
minación , ya desembarazado de visitas
en bata y chinelas el mono que llevo
dicho me había tocado de vecindad: yo
estaba desocupado, y para disipar al
gunos fastidiosos pensamientos, hijos de
la soledad, me agregué al referido salu
dándole ; correspondióme atento, y tra
bamos conversación • sin duda , señor
le dije , es de notable trabajo el em
pleo que os ocupa, si advierto el nu
meroso concurso de sugetos que desde
el corto tiempo que ha que he llegado
he visto entrar y salir en vuestro alo
jamiento.
¡Ah, señor! exclamó él, esos son
mis deseos, tener empleo que me ocu-
DE WANT0N.
l6 l
pe y dé de comer, en esta solicitud he
venido siguiendo la corte en cualidad
de pretendiente; harto os he dicho, te
nedme la'stima: el despacho se me pro
longaba, se me acababa el dinero, y el
comer no daba espera; pero el vientre,
que (según dicen escribid cierto anti
guo) es el mejor maestro del arte de la
industria y fomento de la ingeniatura,
me dictó una que creí me valiese pa
ra un entre tanto; y me ha salido en
el efecto una abundantísima mina que
provee á mi subsistencia: esta es una
ocupación, empleo d ministerio jamas
visto ni inventado en estos paises: hay
en ellos una increible afición á los tea
tros como habréis experimentado en el
tiempo que ha que estáis entre nosotros;
los afectos á las diversas compañías de
la capital están divididos en varios ban
dos ; la emulación es excesiva, la pro
tección se hace tema, y se incluyen en
ella aun los personages mas entonados;
de aqui es, que sean gracias en unos
actores las mismas expresiones que en
otros frialdades , en aquellos primores
lo que en estos defectos, y lo mas chis
toso del cuento, que un mismo sugeT omo iii.
ii
16 *
VI AGIS
to pierda el mérito de su habilidad pa
ra los que le alaban por solo el hecho
de pasar al teatro del otro partido : en
esta inteligencia yo determiné sacar mi
provecho y divertirme á costa de tan
to mentecato; y aunque me temí que
por no estar en Simiopolis, que es en
donde reinan estos partidos, no podrian
sacar tantas ventajas de mi invento,
fue vano mi temor, porque como es
grande el comercio que hay entre este
sitio y la capital, no he tenido que
echar menos la estada en ella, pues
aquí me vienen á consultar con tanta
frecuencia como si allá estuviese.
Ya tendréis deseo, añadid, de saber
que invento es el de que os hablo,
pues sabréis que en inteligencia de las
pasiones que iba diciendo reinan en este
pais, fijé unos carteles, que poco mas
ó menos decian asi: escuela general del
teatropreceptos breves, fáciles y cla
ros para todo género de personas que
de cualquier modo tengan dependencia
ó connotación con él para el perfecto
cumplimiento de sus obligaciones á la
moderna ; observados , recopilados y
ofrecidos al público por el doctor Ta-
DE W A N T 0 N .
163
marisco ( un servidor vuestro). Se su
ministrarán á cada uno según su exis
tencia y ministerio. E l precio se deja
al arbitrio de los sugetos que soliciten
su instrucción. Mas que el pensamiento
me admira, le repliqué, que cuando el
invento es para utilizaros con lo que de
de sí, dejeis la paga al arbitrio de los
educandos. ¡ Oh como no conocéis bien,
respondió, el genio, emulación y vani
dad de mi pais! Aquella clausulita ( es
to sea dicho para entre nosotros sola
mente ) es el mayor manantial de la tal
estafa; no es original el pensamiento,
que le he visto diversas veces para otros
asuntos puesto en práctica en Simiópolis; pero le he querido seguir por refi
nado, y me ha surtido el mas bello
efecto; es verdad que muchos de los
que llegan son unos infelices, que ni
por sí tienen ni hallan protector que les
suministre para que triunfen y gasten á
medida de sus deseos; pero también es
cierto que para uno que venga de esta
clase, van cayendo innumerables mo
nos de las otras, que dejados llevar de
su risible ventolera á costa de cuatro
cortesías y vanos títulos que prodigali-
164
•
VIAGES
zo con ellos, y ponderándoles la libera
lidad del marques fulano, ó de la seño
ra zutana (cabeza del contrario parti
do ), sueltan la plata sin medida; y pa
ra que lo experimentéis á la primera
ocasión que se ofrezca lo habéis de ver,
pues yo desde luego, aunque nunca os
traté , por las muchas noticias que de
vuestras circunstancias tengo, os he de
hacer partícipe del modo de portarme
en este asunto; y asi presenciareis las
lecciones que gustareis, que no tardará
mucho en venir alguno, pues ya ano
chece, y es el tiempo en que van acu
diendo muchos de incógnito.
Hablando estábamos estas palabras,
cuando vimos írsenos acercando dos
monos que venian convoyando á una
mona; y adelantándose uno de ellos,
llamó aparte al amigo Tamarisco , el
que á brevísimo rato volvió á mí y me
dió las señas competentes para que por
una segunda puerta entrase en su alo
jamiento , y pudiese atender sin ser vis
to la sesión que habia de tener con es
tos personages: yo estaba con humor de
divertirme, y asi ejecuté lo que me di
jo ; depositóme en su alcoba que estaba
DE WANTON.
1 65
inmediata á una salita, en donde ya
tenían su conferencia entablada. Noso
tros, le decía el mayor de edad, com
ponemos una pobre familia para cuyo
sustento es necesario solicitar algún me
dio; este ya porque la edad no es pro
porcionada para e llo , ya porque lo re
siste nuestra natural pereza , no puede
ser el aprender algún nuevo oficio cu
yos rudimentos nos cuesten una grande
dificultad , y que acaso no nos surta el
efecto que deseamos; en tales dudas
fluctuábamos mi nuera , mi hijo y yo,
cuando se nos previno la bella idea pa
ra ellos de tomar partido en una com
pañía de cómicos que pasa á cierta ca
pital , y para mí de meterme á poeta
entremesero, teniendo para esto lo mas
adelantado, pues ya llevo compuestas
diversas obras de relaciones, curiosos
romances, villancicos y motes de fin de
año, en las que he echado de ver que
no me es ingrata esta ocupación; hemos
puesto en planta el pensamiento como
adecuado á nuestras proporciones y de
seos, pues con un trabajo divertido y
no grande, vemos (por experiencia en
cabeza agena) que se triunfa, se vive
166
riAGEs
alegremente, se viste seda , se come
con abundancia y se adquieren protec
tores para casos de necesidad en algu
nos de los deslicillos en que suele tro
pezar nuestra miseria: sí, señor, anadia
con zalamería la mona, es mucha nues
tra fragilidad, y sino tiene una perso
na quien la guarde las espaldas y dé la
mano en cayendo, está expuesta á in
numerables pesadumbres, y mas en el
ejercicio: calla nina, dijo interrumpién
dola el buen suegro , ahí es lerdo el se
ñor para que no lo conozca todo, sepa
lo que pasa, y penetre nuestra loable
intención, no le molestemos con lo que
no es del caso; á lo que venimos es á
tomar lecciones (según ofrecéis) que
nos perfeccionen y enseñen los tesoros
escondidos del teatro; á los muchachos
por la parte representable , y á mí por
la poética al gusto mas delicado moder
no ; en cuya recompensa podéis esperar
un no pequeño prem io, pues aunque
como hemos dicho , somos pobres , no
nos falta ya un caritativo poderoso
mono , que previendo lo útiles que
por estos ramos podemos ser á la re
pública, nos franquea á manos abiertas
DE WANTOI*.
I 67
su dinero á efecto de nuestra enseñanza.
Bien astuto anduvo este mono en
dar tan esencial advertencia al señor
Tamarisco, porque ya desde el princi
pio de la conversación, habiendo oido
que eran pobres habia torcido el gesto
y no cesaba de dar vuelcos en su silla
en guisa de quien está incómodamente
sentado; pero luego que escuchó las
últimas palabras deí razonamiento, dió
paz á sus huesos, asomó á sus labios
la risa y con semblante placentero,
después de una corta arenga y alaban
za de su determinación , mayormente
con los deseos de perfeccionarse en el
arte respectivo, según la rigurosa mo
da, empezó su enseñanza por medio
de unos preceptos que les hacia repe
tir ó ejecutar según requería el paso :
mucho me alegrara de que se me hu
bieran quedado todos en la memoria,
y mucho mas la parola con que los
iba exponiendo; pero para que mis
lectores formen idea , expondré por
mayor aquellos que me vaya acor
dando.
Empezó por el suegro, y le decia;
no os tiene; señor m ió , que acobar-
1 68
VIAGES
dar para conseguir la laureola de un
perfecto poeta dramático de moda, el
no haber leido ni aun tener noticia de
los mejores poetas antiguos, así propios
como extrangeros, porque habéis de
estar cierto en que tampoco ellos leye
ron ni tuvieron noticia de vos ni de
vuestras obras , con que asi váyase lo
uno por lo otro; ademas que esto fuera
bueno para imitarlos y vos habéis de
procurar ser original , y á los que asi
no lo hagan, llamareis plagiarios ( en
otra ocasión os esplicard el te'rminillo)
que no por esto infernareis vuestra con
ciencia poe'tica; procurad siempre ele
varos tanto que lleguéis si pudieseis,
hasta los espacios imaginarios , y á
fuerza de figurar las cláusulas las ha
béis de desfigurar de modo que no las
conozca ni el poeta que las parid, que
sereis vos mismo: que eso del camino
carretero es cosa de poetillas de tres al
cuarto. Las antítesis ( este se explicará
cuando el otro) han de ser vuestras fi
guras de mayor estimación, porque dan
mucho realce á los clausulones altiso
nantes : podéis decir sin escrúpulo poé
tico á una mona sobre el teatro, que
DE WANTON.
I 69
está hermosamente fea, á un rey, que
es Jiberalmente avaro; á una cabana
que está humildemente soberbia, y asi
en otras cosas, porque estas son expre
siones de grande consideración; por
ningún caso significareis las cosas con
sus inteligibles y naturales nombres;
sino con alguna delicada oscura frase ó
figura, como por ejemplo, al mar lla
mareis el salado monstruo, y mas que
haya quien entienda que habíais de
algún canal de tocino; el perrillo de
faldas, soy de parecer se explique ba
jo los términos del animal mansueto, y
crea enhorabuena cualquiera de los
que escuchan, que habíais del borrico;
pues nada de esto pende de vuestra si
niestra explicación, sino de su mala in
teligencia : la influencia liareis consistir
en amontonar epítetos que llenen los
versos aunque no amplíen la significa
ción , como si hablando de la luna di
jereis que es la radíente, luminosa,
clara antorcha de la noche, procura
reis en vuestros entremeses y sainetes,
que generalmente haya algún majo ó
m aja, en cuya boba teneis licencia de
poner cuantos despropósitos vengan á la
j y o
VIAGES
pluma*, siempre hablarán con desgarro
insultarán á las personas de buena crian
za , y escandalizarán representados co
mo al vivo: en sabiendo distribuir los
papeles de estos á medida de vuestra
fantasia, añadiéndoles al canto un ma
trimonio infiel, un cortejante; un ru
fián, una vieja y dos payos, teneis una
considerable porción de sainetes; mu
dándolos de lugar y locuciones, aun
que estas substancialmente deberán ser
las mismas : el majo guapo; el corte
jante cobarde; el marido paciente; su
consorte loca; la vieja astuta; los pa
yos tontos maliciosos; y al rufián pon
dréis las puntas ( término facultativa
que significa los chistes escandalosos y
equívocos, mal sonantes y triquitra
ques): estas no escribiréis muy al des
cubierto de modo que conocidas por los
censores no os las dejen pasar, sino
debajo de cierto artificioso velo, que
con poco estudio pueda correr el actor
al decir d accionar los versos, bien sea
por vuestro aviso, bien por su pericia
en el arte, y advertid que esta es una
de las partes que á pesar de los oidos
limpios harán mas famosa vuestra obra:
DE WANTON.
I7 I
os amonesto, y aun en cuanto maestro
os mando no os contentéis con estos
géneros de poesía; haced que salgan co
mo escapadas ( ó bien sea á medio ga
lope ) de vuestro ingenio otras muchas
obras teatrales, porque mediante mis
preceptos podéis atreveros á componer
pastorelas, zarzuelas, autos, follas, co
medias , y cuanto quisiereis, aunque
sea de invención propia. No os asuste
aquella quisicosa que habéis oido de las
tres unidades, porque el buen poeta
moderno ( creedlo bajo de mi palabra)
puede creer licenciosamente sin detener
se en las unidades por las decenas cen
tenas, millares &c. Ademas que todas
vuestras obras en cierto modo las ten
drán; la de lugar en el teatro N. , la
de tiempo á las tantas de la tarde ; la
de acción tocar al arma contra el bol
sillo mas renitente. No obstante, si
sois tan nimio que no queréis contra
venir á la orden que dejaron por escri
to los mal humorados antiguos á sus
sucesores, lo liareis fácilmente con es
tas observaciones: en cuanto á la uni
dad de tiempo diréis que está observa
da en vuestra obra, poniendo en boca
172
VIAGES
de uno de los actores una dosis de au
rora bien á las claras al principio, á la
mediación un chicharrero del mediodía
y finalizando la cosa entre dos luces,
sin que esto impida que las acciones
intermedias ni pudiesen acontecer ni
efectivamente aconteciesen en muchos
años, porque ¿quién ha de ir á medi
ros tan escrupulosamente el tiempo?
En cuanto á la unidad de lugar habéis
cumplido no poniendo acotaciones de
mutación de teatro , sino que toda la
acción se ejecute, por ejemplo en una
sala, en ella podéis recibir embajado
res tramar conjuraciones, despachar
negocios del gabinete, dar batallas, con
ducir reos al suplicio, y todo lo que
convenga á vuestra obra sin salir de
ella; esto tendrá tanto mas de admira
ble cuanto mas de irregular; la unidad
de acción aun es mas fácil; adornad
vuestra comedia con todos los sucesos
conexos ó inconexos que os vengan á
la imaginación; decid que estos se lla
man episodios, y para que todos pa
rezca que tienen union entre sí, haced
que los sugetos repitan, para que se
juzgue miran á un mismo objeto, el
DE WANTON.
I73
tftulo que habéis dado al drama, en
el cual habéis de poner grandísimo
cuidado, porque es la convocatoria de
los desprevenidos; ademas de tener el fin
que llevo dicho, será muy oportuno
que sea en verso, también que ocupe
diversos renglones; pero mucho mas
celebre será si incluye alguna cosa ad
mirable nunca o id a, d algún refrán
como por ejemplo: el duelo entre dos
difuntos, y al fin se canta la gloria:
apearse por las orejas & c. &e. En el
pasage historial y sus adiciones no teneis que pararos; tomaos una am
plia libertad de inventar nombres, d
poner á los interlocutores los primeros
que se os vengan á la memoria ; an
tepondréis d pospondréis los sucesos
como mas os haga al caso, que entre
los circunstantes no habrá muchos que
aun por oidas conozcan los anacronis
mos: á los reyes y héroes de la farsa
daréis una buena porción de láudano
para que todos sean dormilones, y con
facilidad podáis introducir el paso nun
ca visto de que se les venga el sueno,
salga un traidor á matarlos, y á de
fenderlos el galan , cuyas acciones
I 74
VIAGES
deberá equivocar siempre el que des
pierta; los monos de acompañamiento
han de ser perpetuamente sordos, por
que delante de ellos se han de tra
tar los asuntos mas sigilosos, y es me
nester que á nadie lo digan : los gra
ciosos que han de ejecutar sin falta
uno de los papeles principales no han
de hablar sino inoportunísimamente,
como e s , mientras se da una batalla,
cuando una dama á la vista de su aman
te estando inocente se halla culpada en
la apariencia, cuando un tirano en fuer
za de su poder separa á dos consortes
ó al padre de su hijo para acabar con
ellos, al tiempo que un soberano des
cubre la conjuración que amenazaba al
reino y á su vida, o en otros lances
semejantes, para que con un par de
bufonadas pueda templarse lo lastimoso
que incluye Ja materia, dando un fes
tivo desahogo á los oyentes desatareis
el enlace ó la dificultad con alguna
cosa estrepitosa. extraordinaria ó ex
travagante, para lo cual tendréis siem
pre á mano escondites para los inte
resados, fantasmas, duendes hablado
res , deidades bachilleras, y diablos
DE WÁNTON.
175
que vayan 6 vengan echando chispas:
si hubiese alguna célebre cantarína, y
quisiereis introducirla en vuestra come
dia, la pondréis un papel acomodado
á sus fuerzas, mezclando algunas arias
en los pasages mas del caso, como es
cuando van á sacrificar á su esposo, ó
cuando la están obligando á que tome
un veneno al tiempo que tiene la taza
( ó sea jicara) en la mano. Tendréis
asalariados ( que esto se consigue con
poquísimos cuartos) diez ó doce tunos
que esparzan la voz de que habéis com
puesto el drama en poco mas de dos
dias, que es vuestro ingenio monstruo
so, y por último estos mismos la tarde
primera de la función se pondrán en
diversos puestos del coliseo, con el des
tino de dar palmadas que por todas
partes resuenen por cualquier friolera,
aunque no vengan al caso, pues este
es el mas seguro modo de que quede
sentado vuestro crédito poético; pero
si ( lo que no quiera la suerte) apesta
la función y os la silban, os queda el
recurso de publicar por medio de vues
tros amigos y por vos mismo, que no
ha parecido bien la obra, porque no
176
VIAGES
han sabido dar á los versos el alma y
sentido con que están escritos; que los
cómicos son unos haraganes, que no
hay forma de hacerlos estudiar; que el
autor de ellos es delicadísimo y que no
lo entiende, y para darle gusto fue me
nester quitar las mejores escenas; que
las demas iban sin corregir por la pre
cipitación con que las pidieron; que
os visteis en la precisión de dar un pa
pel principal á la señora N. no obstan
te que es absolutamente inútil, porque
se empeñó en ello cierto sugeto, su
protector, á quien no podiais negaros;
por último podéis inventar otras mil
disculpas por este corte con que sos
tendréis vuestra fama , y caiga el que
cayere, que primero es vuestra persona;
finalmente vuestros escritos no reconoz
can á ese estorbo de los espíritus enco
gidos, esto es, á la moderación; lla
mareis ánimo y despejo á la mordaci
dad ; abundad en ella y con diente ca
nino ( esto es de perro) despedazad el
crédito de quien os ofenda, sacadle ri
diculizado al teatro, que esto no tiene
mas peligro que el de que e'l sea tan
desembarazado de manos, como vos de
DE WANTON.
17 7
poesía, y os rompa el molde de adonde
la sacasteis; bien que si tal os sucede
os podéis consolar con los ejemplos de
otros grandes autores que han tenido
que sufrir semejante infortunio , los
que para tales lances debereis tener en
la ufia.
Aunque os parezca que be estado
difuso no es esto mas que empezar,
siendo lo dicho solo preliminar á los
inagotables preceptos que tengo que da
ros en los innumerables ramos que abra
za el arte que vais á ejercer; pero por
esta noche baste lo d icho, que no es
razón que vuestros hijos, que han es
tado escuchando tanto de lo que no en
tienden ( ni deben entender para ser
perfectos en su a rte) se vayan con las
orejas vacías sin haber oido algo de lo
perteneciente á su instituto.
Debeis pues, seíiores mios, en pri
mer lugar aprender á andar; no os ad
miréis , que no es lo mismo hollar la
tierra que pisar las tab las; aquello sé
hace naturalmente y esto debe ser, co
mo todo lo que allí se ejecuta, con
grandísima afectación; y asi todo soli¿
loquio ha de ser con contratiempos, toT omo iii .
12
VIAGES
do diálogo con sostenidos y con pirue
tas toda vu elta ; no por eso quiero de
cir que aprendáis á bailar, porque aun
que es verdad que se os ofrecerá repe
tidas veces con hacer gala de la igno
rancia, diciendo que no es de vuestra
profesión, podéis quedar muy satisfe
chos : encargóos mucho la cadencia al
decir los versos, de modo que se co
nozca que lo son, lo cual se consigue
diciendo cada renglón separado, y el
sentido que le vayan á buscar los oyen
tes que no ha de estar todo á vuestro
cargoj no solo debeis separar un verso
de otro, sino también los verbos de los
nom bres, los adjetivos de sus substan
tivos, y los oblicuos de sus rectos; mas
claro con ejemplos porque esto es de
masiada gramática , diréis: la razón no
quiere. . . . y dentro de dos minutos fu er
za: ó asi, os debo dulces, y luego ca
riños : ó de otro m odo, cuanto ejer
citan ú un pobre las materias. . . . y
después del honor; la acción ha de ser
m edida; no quiero deciros con esto
que se ha de contener en ciertos estre
chos lím ites, sino que ha de ser me
dida á lo que se dice, especialmente
DE WANTON.
Iyg
hablo con vos ( se encaró con el mono
joven), que según vuestra gallarda pre
sencia, no obstante que la habilidad sea
corta, siempre habéis de pretender par
tido de primero, aunque os quedéis mu
cho mas abajo; pero en todo caso cuan
do se os ofrezca relacionar algún su
ceso, en cuya conversación se inclu
yen pinturas de serpientes, caballos,
naufragios y otras mil impertinencias,
tendréis gran cuidado de separaros un
gran trecho de la persona con quien
habíais, ocupando la extremidad del
lado derecho del teatro; gastareis el
tiempo de los cuatro ó seis primeros
versos en calzaros los guantes, aunque
esteis hablando cou un rey ú otro per
sonage de respeto, que ellos os perdo
narán la descortesía por el justísimo
motivo de ir á echar una relación; en
ella se necesita mas particular cuidado
que en lo restante de los diálogos, en
el manejo ó manoteo ; de forma que
en la pintura, por ejemplo, de un ca
ballo , al decir el anca señalareis las
vuestras; al nombrar la cola demostra
reis el puesto donde debiais tenerla, ya
que no os la concedió la naturaleza;
l8 0
*T' VIAGES
en fin todo se ha de ejecutar tan al na
tural, que pintando á un ahorcado, os
debierais ahorcar (y aquí sí que fuera
el aplauso); pero ya que no pueda ser
esto porque la vida es amable, á lo
menos imitareis toda la acción, caídos
los brazos, torcido el pescuezo, la len
gua de fuera &c. Ahora esta naturali
dad no ha de ser en tales términos que
en todo y por todo la hayais de obser
var; y asi no obstante que sobre las
tablas debeis hablar como si únicamente
os escuchara el que allí está con vos,
le volvereis cuando os parezca ( y sea
á menudo) la espalda, ó á lo menos la
cabeza, y dirigiréis la pla'tica á los
mosqueteros, que no es razón esten
aquellos señores presentes toda la tarde
sin que haya quien les diga una pa
labra (este precepto habla también con
las damas). Si estuviereis bien con el
gracioso ( aunque sea en ocasión de es
tarle reprendiendo) por cualquiera frial
dad que diga, fingiréis ser asaltado de
la risa hasta el término de no poder
proseguir representando; pero si estáis
de mal humor con é l, le sentareis la
mano pesadamente cuando lo requiera
DE W ANTON.
ifr l
el paso í cuando se os encargue papel
de preso, habéis de vestiros de luto,
que aunque nadie se os haya muerto
debéis estar de tristeza ; también os
proveeréis de una larga y ruidosa ca
dena, que sacareis recogida por un ea.
bo en la mano, dejándola caer de golpe
al empezar á hablar; pero por si acaso
habéis excitado demasiado la compasión
4el pueblo, conozca éste en la lige
reza con que os retiráis que pesa muy
poco y no os mortifica. Si representáis
parte jocosa no os atendréis rigurosa
mente al papel; podéis añadir, quitar
y citar las particularidades y sucesos
que se os prevengan, aunque sean de
los acaecidos única y precisamente en
tre vuestros compañeros, que aunque
el público no lo entienda, nada impor
ta como vosotros os divirtáis: con los
amigos que están inmediatos al teatro
y con los músicos de la orquesta ten
dréis vuestras chanzas á media voz para
que os sirva de desahogo del princi
pal trabajo y cumplimiento de vuestra
obligación: si con la acción ó modo
de decir viciáis los versos que admiten
algún equívoco, aunque sea chocar-
1 02
VI AGES
rero , mal sonante ó s u c i o 1legareis
á tocar lo mas refinado y sublime del
arte moderno: por último si habéis de
cantar ( en lo que no os detendréis,
aplicando aquí la doctrina que dejé
sentada acerca del baile) como quiera
que no es de vuestra inspección impertinenciareis bonitamente al autor y
á cuantos lo desean, bien sean vues
tras compañeras, bien sus protectores,
sacando todo el mayor partido que po
dáis, y quejándoos siempre de lo mal
premiada que está vuestra habilidad;
acostumbraos á conservar cierto aire
de superioridad con los llamados mete
muertos , mozos del teatro, del acom
pañamiento &c., y aun entre las perso
nas de graduación pretendereis hacer
una respetable figura , tomándoos el
mejor lugar y hablando á todos con el
sombrero puesto, porque al fin habéis
sido repetidas veces general de victo
riosos ejércitos , valido de grandes mo
narcas, y ni aun el cetro se ha des
deñado de ocupar vuestra mano.
Con vos, señora ( miró á la monuela que ya esperaba remilgada su lec
ción), también habla lo dicho , y mu-
DE WANfON.
I fij
cho mas cuando á las referidas cir
cunstancias se anade la principalísima
y nunca bien ponderada de dama y da
ma de gran me'rito por vuestra cara,
prenda del mayor valor para la carrera
que emprendéis, y con la que se os supli
rán las faltas de habilidad, y mas fácil
mente podréis hallar qüien os patrocine
y ayude á sostener los grandes gastos
del teatro, mayormente habiendo de
comparecer con atavíos sobresalientes y
ventajosos á los de las demas; lo qué
habéis de observar tan sin respetos al
carácter que representáis, que aunque
vuestro papel sea de villana, pastora 6
criada de las mas inferiores, vuestro
peinado, aderezo, vestido y otros ador
nos no han de ceder, antes sí sobrepujar,
si os alcanzan las fuerzas, á los de las
que representan princesas ó reinas; pero
si es tal vuestra desgracia ó poca mana,
que no ha sabido proporcionarse con
un poderoso, y carece de alhajas con
que presentarse brillante, no os falte
á lo menos una buena poreion de flores
de papel, talco, oropel, lantejuela, ga
lones falsos, sortijas, aderezos y joyas
de asientos de vasos de cristal, con
1 84
VIAGES
otras zarandajas semejantes, y por nii
cuenta sino luciereis tanto como la mas
estirada y bien prendida, que por algo
se dijo, mas vale maña que fuerza.
Aunque tengáis intención y aun pre
cisión en cierto modo de quedaros para
el año siguiente, haciendo igual ó me
nor parte de la que teneis en la com
pañía, poned gran cuidado en aparen
tar todo lo contrario cuando esteis para
cum plir, echando la voz bien de que
no queréis seguir representando, bien
de qrfe en tal ó tal ciudad os ofrecen
un ventajosísimo partido, pues con esto
se aumenta vuestro crédito, y tal vez
lograreis que os rueguen, con lo que
sacareis algunas ventajas. Procurareis
que se os aficione alguna mona de ca
rácter, que sufrague los muchos gastos
que teneis que sufrir , y tocareis en
lo mas fino y delicado de vuestra pro
fesión , cuando podáis demostrar al pu
blico la confianza con que la traíais,
presentándoos en su aposento cargada
de cintajos y relumbrones, y no dejará
igualmente de ser muy del caso, que
en el lance mas serio de la función,
haciendo con el abanico sombra para
DE
W ANTON.
I 85
que no os dé la luz de las lamparillas
en el rostro, la hagais un par de be
samanos como á hurtadillas con gana
de que lo vean todas las gentes, para
que conozcan que aquella no es en rea
lidad la reina N . , sino la señora N.
protegida, amiga y confidente de la
marquesa de N. ¡ Oh co'mo captareis
todo el aplauso á la moda! Si cantáis
algún aria que por largos tiempos os
habrá estado enseñando al clave un
músico vuestro cortejante en segundo
grado, haced que os ponga varios tri
nados , cuyos gorgoritos haréis siempre
en una misma postura, esto es, na
mirando á la persona con quien ha
bíais, sino al auditorio, que es prime
ro, inclinando el cuerpo hacia adelante
en acción reverente, y puesta la mano
bien extendida en el pecho como quien
le sujeta para que no reviente con
la supresión violenta de la respiración:
si el poeta ha tenido la impertinen
cia de que al fin de la comedia os
pongáis de luto, estando al principio
de gala , no por eso os habéis de inco
modar mudándoos cuando conviene,
bastará que de medio cuerpo abajo
1 86
VIAGES
esteis de color, y de medio arriba po
déis desde luego salir de negro, pro
nosticando la desgracia que tiene que
aconteceros: del mismo modo, si ha
ciendo papel serio os acoplan alguno
en los entremeses y sainetes, saldréis
á ejecutarle ( por mas ridículo que sea)
con los atavíos brillantes de la come
dia , extendiéndoos lo mas á poneros
un capotillo, que no es razón os aco
meta un resfriado con la continua mu
danza de vestidos; ademas de no ser
muy repugnante oir y ver á una maja
o aldeana llena de plumas y de joyas
con tontillo, bata & c., haciendo los
ademanes y gesticulaciones correspon
dientes á su desgarrado ó sencillo ca
rácter : si movido únicamente de cari
dad, lograseis un rico protector. . . Ese
soy yo, dijo, entrando muy embozado
en un capote de grana bordado de oro
un bulto de no grande corpulencia;
ese soy y o , señor Tamarisco, que sa
biendo lo que aquí se trata, me lie
tomado la licencia de entrarme sin lla
m ar, viniendo de oculto á hallarme
en la sesión, y á participar de vuestra
doctrina; diciendo estas palabras se
DE WANTON.
I 87
desembozó, é inmediatamente se le
vantó la asamblea para cumplimentar
le; el charlatán Tamarisco con mil ade
manes y sumisiones empezó á signifi
car la inaudita fortuna que se le habia
entrado por sus puertas; apenas con
el gozo hallaba silla que arrimar para
que se sentase, ni palabras que expre
sasen su dicha; llenóle de dictados, y
colmóle de alabanzas, ya fuese por el
recato con que estaba y hablaba, ya
porque tenia la espalda hácia el lugar
de mi escondite, no pude conocerle;
pero las demostraciones de los circuns
tantes me hicieron conceptuar que era
un gran personage.
Sentóse el señorón, colocóse á su
lado la monilla, y por señas hizo que
los demas tomasen asiento: todos calla
ban , y el empezó á hablar de esta
manera á Tamarisco : no le admire,
buen mono, que yo haya tomado á
mi cargo la protección de esta niña,
aunque las arrugas de mi rostro, la
calva que encubre mi peluca, lo tré
mulo de las piernas, lo agoviado de la
persona sean irrefragables testigos de
mis años, que demuestran que por ellos
1 88
VIAGES
pudiera ser sobradamente su abuelo:
porque como no es esta una pasión in
decente y culpable, no son impedi
mento de ella estas faltas; ademas que
aunque ella fuera , como suelen pen
sar los que ven las exterioridades, soy
mono rico, y esto baste; pero mi pro
tección solo estriba en un cierto afecto
y afición á sus gracias, que se insi
núa dulce y agradablemente sin pasar
de estos límites, está lejos de injustos
deseos, y de otro fin que el de que
de ningún otro mono necesite; y no
obstante lo ajustado y recto de mis pen
samientos, procuro recatarme cuanto
ine es posible, para que nadie sepa
que yo la protejo, pues siendo mi
objeto únicamente el caritativo de ha
cerla bien , para nada he creído ne
cesaria la publicidad : y pues la casua
lidad me ofrece la ocasión de instruir
me en algunas finuras pertenecientes á
mi destino, en que yo no estaré dies
tro , pido al buen Tamarisco me ad
vierta por mayor lo que tenga por con
veniente. Levantóse éste, hizo una pro
funda , seria y misteriosa cortesía , y
volviéndose á sentar, dijo: permítame
DE W ANTON.
18 9
vuestra grandeza que admire su sin
gular benignidad, pues tiene á bien to
mar instrucciones de aquel á quien po
día ensenar en la m ateria: bien me
acuerdo (no ha muchos años) de cuan
do vuestra grandeza ejercía el cargo
con cuanto primor en él cabe, sin que
se me baya olvidado el honroso di
simulado destierro que tuvo que pade
cer , porque dieron en decir las malas
lenguas, que vuestra grandeza era un
escandaloso, siendo solo su oficio so
correr á una pobrecita huérfana ; pero
ya que quiere que diga algo de lo que
ocurre en el empeño en que nueva
mente se mete, patrocinando á esta se
ñorita ( que muy bien lo merece) pro
testando la fuerza , la obediencia y
cuanto de derecho sea necesario, digo
que en primer lugar debe vuestra gran
deza reformar ese sigilo que observa,
porque es á mi parecer incompatible
con una verdadera y perfecta protec
ción , ademas de que se priva de la
nunca bien ponderada vanidad, de que
todo el mundo sepa su generosidad y
¡buen gusto, siendo por él envidiado
de los mas resoplados pisaverdes : de-
190
VIAGEf
cia que era también incompatible, por
que es de obligación de un fino pro
tector. tener diario asiento en la lu
neta, desde el cual siempre que la pro
tegida se halle en el teatro, deberá
estar observándola con un anteojo sin
mirar á otro objeto: sus palmadas se
rán las primeras que resuenen para
animar las de los incautos y despreve
nidos ( que hay muchos que victorean
solo porque lo hacen otros); su ca
beza estará como sobre un muelle para
ejercitarla igualmente en aplauso de la
señora; su sonrisa demostrará la satis
facción con que se halla; y por último,
siempre que ella finalice cualquier pa
so ( hay quien afirme se puede tam
bién ejecutar en la meditación ) , dirá
á los monos inmediatos- con voz sonora
é inteligible, aun á los que esten bien
desviados: esto es lo que hasta ahora
no hemos oido en tablas, esto sí que
es inim itable; que v iv a , que viva & c.
Si tuviese ella que cantar alguna to
nadilla , debe él saberla de memoria,
y estar al mismo tiempo que ella re
citándola entre dientes ; á lo menos
lleve el compás con el pié y la cabeza
DE W ANTON.
J91
cuanto incomode á los que se hallen
junto á él: visítela diariamente, y com
ponga á fuerza de dinero las peloteras
que todos los dias debe hallar armadas
contra el sastre, el peluquero, la criada y cuantos tengan con ella dependen
cia : en cuanto al regalarla, no se pue
de dar regla fija; y para no cansarnos,
en una palabra, todas las conversa
ciones de dentro y fuera de su casa
han de girar sobre este importantísimo
objeto; dirá que es una muchacha de
un nacimiento m uy a lto , pero que
cierta- desgracia de su casa la condujo
á abrazar este partido ; que sus cos
tumbres son inocentísimas, y que es
un cargo de conciencia que esté en tal
ejercicio; pero que ya está pensando
en ponerla un suficiente situado para
que salga de é l , y se libre de los pe
ligros que la cercan; no obstante que
teme que no lo admita, por el desin
terés singular con que se maneja.
En la explicación de tan importan
tes puntos se hallaba el dicho marta
gón, cuando llegaron á mi oido unas
voces que proferian mi nombre, con
cuya ocasión, por donde habia entra*
192
VIAGES
do ocultamente, salí á buscar á quien
las d aba; era este mi amigo Tulipán
que estaba ya de vuelta de su expedi
ción , y andaba buscándome ; metímonos en nuestro cuarto, en donde le
conté mi aventura ; celebróla mucho,
y dejó para el dia siguiente el partici
par de ella porque ya era tarde; pero
fue nuestra mala suerte la que expe
rimentó el charlatan, porque celosa la
justicia le intimó aquella misma noche,
para impedir tan conocida estafa, que
en término de seis horas saliese de la
corte y sitios reales, con lo cual se nos
frustró la esperanza que habíamos con
cebido de divertirnos á su costa.
% /W
V V V \ V V V V V \ W 'V
CAPÍTULO X.
Convite que tuvo Enrique p a r a comer
en casa de la marquesa de la
Castaña.
N o esperaba yo tan pronto la venida
de Tulipán; pero fue el motiv o , según
DE WANTON.
I 93
me dijo , que había visto llegar de
vuelta del paseo á la marquesita de la
Mielga ( objeto de sus desasosiegos)
coa su marido, y que habiendo man
dado encerrar el coche, era clara se
ñal de que no salían de casa en aquella
noche; anadió, que había dado repe
tidos giros por delante de los balcones
de su casa, sin que pudiese conseguir
ver aun á aquellas criadas sus confi
dentes, estando todas las ventanas tan
cerradas como las de la mayor clau
sura : acabóse de verificar su recelo de
la fingida enfermedad del marqués, y
se avivaron sus deseos de ver á la mar
quesa , cuya expedición dejó para otro
dia. ¡Qué perezosa viene la aurora, para
quien espera desvelado la luz de la ma
ñana! Cuán larga parecería la noche
á mi am igo, dejo á la consideración
de los que han experimentado seme
jantes inquietudes. Llegó por fin el
suspirado d ia, y no bien nos había
mos levantado de la cama, cuando tu
vimos un recado de la marquesa de la
Castaña, que por cartas de Simiópolis
había recibido la noticia de nuestro ar
rib o , dándonos la bienvenida y conviT omo ur.
13
194
VI AGES
dándonos á com er; esto era prevenir
nos para qne no admitiésemos en otra
parte , porque como en aquel sitio es
tan excesivo el mi mero de mesas ostentosas con que lucen los individuos
de la corte, unos de oficio y obli
gación , y otros ( como la de nuestro
convite ) de vanidad y buen deseo de
gastar lo que tienen, y muchas veces
lo que no tienen, se ven en preci
sión de andar á caza de gente que
las honre : admitimos con agradeci
miento las expresiones de la dicha se
ñora , y después que nos peinamos y
vestimos, citándonos para su casa á
la hora acostumbrada, salimos con di
versos fines; Tulipán de sus aventu
ras mutuo-obsequiosas , y yo de di
vertirme con lo que diese de sí el
acaso en la calle No encontré en ella
cosa que ocupase mi atención, y asi
me encaminé á los jardines, cuya fron
dosidad y juego de aguas eran su
ficiente diversión para llenar el rato
ocioso.
Paseábame admirando su magnifi
cencia, cuantío por una de sus calles
vi venir al señor M oral; el fondo de
DE WANTON.
I9 5
buen discernimiento é instrucción que
había experimentado en di y lo desocu
pado que me hallaba, me determina
ron á admitir su compañía que desde
luego me ofreció cortesano. Trabamos
conversación de varias materias de po
co momento, y de unas en otras vini
mos á parar en la de la dicha mar
quesa de la Castaña: esta señora, me
decia, está casada con un buen mono,
paisano mió-, es rico, pero presto no
lo será, como no enviude, porque ella
se da muy buena maña á triunfar y
malgastar según corren por el lugar las
noticias, que no lo sé por otro motivo;
y si os he de decir la verdad, me ale
gro infinito que él esté de servidumbre
en esta jornada, porque de esta ma
nera tengo lugar de examinar á fondo
en los dias qne aqui me baile, muchas
cosas de las que por allá se murmu
ran , y asi podré después hablar con
conocimiento de causa: ya estuve á v i
sitarla esta mañana, y no pudo recibir
m e , porque aun no se habla levantado;
por cierto que me pareció muy bien,
y hallé falsa una de las cosas que nos
liacian mas ruido, pues nos contaban
196
VI AGES
que tenia la franqueza de recibir mu
chas veces á sus visitas estando en la
cam a, no por.;enferma, sino por re
galona y perezosa , cuya indecencia
siempre nos pareció ponderación y cuen
to, y ahora lo he experimentado; mas
no obstante que no la dude v e r, me
convidó á comer por medio de un re
cado que me dio el page de parte de
su ama: yo acepté agradecido á su fa
vor , y aun encargué á aquel criado
dijese á su señora que ya sabia que yo
no era de cumplimiento, y asi que no
dispusiese cosa alguna, pues para mí
bastaba con lo que se prevenia para
su diario; sonrióse el page y me dijo;
señor , en esta casa no hay para que
hacer esas prevenciones, porque mis
amos dan todos los dias mesa sin lim i
tación de convidados; admiré una li
beralidad tan magnífica, y que según
luis cuentas no podian sostener sino que
hubiesen heredado, ó empeñádose mu
cho; pero al mismo tiempo suspendí mi
ju icio , porque si tienen para ello y sig
nifica esta mesa abierta lo que puede
ser y yo me persuado no se hallará en
el mundo mejor uso de la riqueza, no
PE WANTON.
19?
habrá un ejemplar mas digno de imi
tación , y su corazón podrá ser mode
lo del de todos los poderosos de la
tierra.
Y o, que (como llevo dicho) cono
cía ya el carácter del señor M oral, no
quise quedarme con la curiosidad de
saber su modo de pensar en este pun
to, mayormente con lo que habia apun
tado, ínstele para que aclarase sus pro
posiciones, y prontamente siguió dicien
do : os dirá con lisura lo que me per
suado pueda ser; estos señores no están
obligados por su destino á dar esas me
sas francas y opulentas, en que lucen
los empleos y brilla el esplendor de
la corte; estas son obligatorias en cier
to modo y que deben sostenerse por
determinado numero de sugetos aun
que sean de un espíritu el mas mode
rado; de éstas no hablo en manera al
guna: en cuya inteligencia no será ex
traño que la de nuestro asunto sea una
mesa puesta para los necesitados; una
mesa para saciar á los verdaderamente
ham brientos: el sitio en que estamos
es una verdadera pátria común: aquí
vienen en solicitud de sus, negocios mu-
i 9 8
VTAGES
dios monos tan honrados como pobres.
¡Cuantos de ellos, tal vez, pasaran el
dia con el mantenimiento que escasísimamente podrá considerarse lo preci
so para sustentar la vida, mientras la
gula de otros (acaso de no tan buena
condición) está previniéndoles la des
trucción de su salud en la hartura! Pues
¿qué mas apreciable destino pueden dar
á sus haberes el marqués y su esposa,
que el del socorro de estos desvalidos?
¿que' testimonio mas irrefragable del
amor á sus semejantes, basa fundamen
tal de toda sociedad? Mucho mas ad
mirable será esta mesa, porque siendo
para un convite , no de profusion, sino
de piedad, reinará en ella la frugalidad
y parsimonia; considerarán el duerlo y
los convidados que cada uno tiene un
estomago, y este de tan corta cabida y
fuerzas que con poco está satisfecho;
no se andarán chamuscando diez ó do
ce monos coa antelación de dias, para
satisfacer los ojos y la gula de otros con
el condimento de unos simples mucho
mas proficuos, mientras menos altera
dos: allí el padre de familias bendeci
rá la mesa, y al fin dará gracias á la
DE WANTON.
199
Providencia (aunque no sea moda) en
reconocimiento de cuanto se debe á su
benéfica m ano, que tan sensiblemente
cuida de nuestra subsistencia : en ella
girará la conversación sobre objetos ho
nestos y deleitables, no mordiendo en
el crédito de los ausentes, ni desazonan*
do á los presentes con chanzas soeces
6 sales picantes: los sirvientes, llenos
del buen ejemplo que en obrag y pa»
labras recibirán de sus dueños , no
compondrán una infame turba de inso
lentes bribones , sino una noble por
ción de pobres honrados á quienes no
ha envilecido el destino que les pro
porcioné su suerte; no serán los con
vidados una detestable junta de fieras
devoradoras y carniceras, sino una ejem
plar compañía de comedidos racionales;
se contentarán con las viandas que ha
llen á sus inmediaciones sin incomodar
descortesmente á los demas, para que
satisfagan su golosina y glotonería con
las mas retiradas: ¡oh! (si ello es cual
yo conceptúo) ¡cómo habrán hallado
el admirable secreto de conservar en
perfecto equilibrio aquella mezcla de
humores que constituyen una salud
200
VI AGES
completa; esto es, la moderación y elec
ción en las comidas y bebidas! ¡ cómo
gozarán de aquel indecible deleite que
es no estar enfermo! deleite lícito, y
uno de los mayores que dicta la racio
nalidad, y que excede á cuantos hala
gan á los sentidos; objeto digno de un
verdadero filósofo que conoce las ven
tajas de la templanza y el peligro del
exceso; que no se sienta á comer lle
nándose brutalmente mas por hábito
que por apetito; no creáis que es exa
geración ; si repaso en mi memoria al
gunos principios de filosofía á que tuve
inclinación cuando muchacho, hallo
que estos viciosos tragones aunque sean
jóvenes, no pueden menos de tener es
tragado el apetito hasta el punto de ha
berle cuasi perdido: oid la prueba. Es
cosa sentada que los órganos de nuestra
sensación están cubiertos de ciertas su
tilísimas partículas sobresalientes pira
midales: que mientras se conservan me
nos agitadas están mas sensibles y elás
ticas; pero el uso inmoderado que ha
cen de ellas aquellos que viviendo co
mo bestias no saben el preciosísimo
tesoro que ha depositado en ellos la na-
DE W ANTON.
2or
turaleza, con la continua mutación de
manjares, con la demasiada alteración
de los simples , y con la violencia de
la hartura las desnaturalizan, y de un
tacto fino y delicioso , las convierten en
una sensación dura y desabrida. Por
tanto, y siendo este convite que me
imagino precisamente preparado por el
juicio y la virtud , no por una osten
tación , d forzosa por la razón de es
tado, ó viciosa por la superfluidad, des
de luego creo que no será su mesa una
mutación de teatro, donde hay gale
rías , jardines, fortificaciones, bailes y
semejantes despropósitos; no disimularán
los manjares con coloridos y nombres
de capricho, para cuya inteligencia es
menester estudiar un diccionario de á
folio; y á la verdad, amigo mió, que
si yo supiera que no era así, me ve
ría muy perplejo acerca de admitir el
convite, porque aunque me crié en la cor
te, han pasado muchos años, y las muta
ciones en todo son continuas : ¿ qué será
en un punto como este? Ademas que
el no uso es bastante para haberme en
torpecido el manejo y borrado las es
pecies, de modo que cometiera alli al-
20 2
VI AGES
guna acción que diese que reir á los
circunstantes.
Pues si os he de hablar, le repliq ué, según lo que concibo, y aqui que
nadie nos oye , por las noticias que ten
go de dicha m arquesa, sé que es la
criatura mas vana que puede imagi
narse ; y asi e s, que solo por dar ese
golpe de grandeza mantiene la mesa
abierta que sabéis; en esta inteligen
cia no tengo Ja menor duda que no ha
brá primor , delicadeza y superfluidad
de cuantas introduce la moda y el lujo
que no se halle en ella; pero no con
templo que esto pueda exponeros á no
demostrar la crianza del mas infame
mono de cuantos allí hubiese, no obs
tante los motivos que me habéis dicho;
es fá c il, si cuando en cualquiera ac
ción se os ofreciere alguna duda, no
pasareis á ejecutarla y decidirla por
vuestro dictámen, porque aunque sea
el mas racional, tal vez no será el mas
de m oda, y observareis lo que hacen
los mas ilustrados en la corriente prác
tica ; si cuando no conociéreis alguna
de las viandas, que será con frecuen
cia, según los excitadores d (mejor los
DE WANTON.
2© 3
estragadoras del apetito las desnatura
lizan , no la probareis , porque tal vez
su sabor pésimo al paladar no hecho
á ello, no os obligue á torcer el gesto
con complacencia de los que os obser
van; sino os metiereis en el laberinto
del trinchar ( objeto de la mayor va
nidad en la educación mona), mayor
mente si tenéis la desgracia de no ha
ber hecho estudio en algún tratadito
acerca del manejo de los instrumentos
cortantes; sino os admirareis de cosa
alguna que veáis ú oigáis, por mas ex
travagante ó grosera que os parezca,
inteligenciado de que esto proviene de
que no lo entendéis; pero ello sin du
da es bueno porque es estilo del dia;
y por último, si en el modo de man
dar á los criados cuando algo se os
ofrezca; si en la conversación, y si en
las ceremonias y urbanidades remedia
reis puntualmente las gesticulaciones,
la futilidad y la afectación de los mu
chos monos que allí ocurrirán sin du
da, dignos modelos de tales estudiosas
exterioridades, peritos facultativos adies
trados en tantas cátedras cuantas son
las mesas opulentas en que de gorra y
204
TI AGES
pegote rellenan la concavidad de su in
saciable vientre.
¿Cómo es eso, replicó al punto Mo
ral, de gorra y pegote? pues que ¿en
los palacios de los poderosos tienen en
trada esos zánganos de la república?
¿Está patente la puerta para semejan
tes moscones que son la hez del pue
blo? Ahora me afirmo mas en que to
do va perdido. ¡Ah! En mis tiempos
¡qué tiempos aquellos! pero hoy dia...
Se conoce, le respondí, que sois vie
jo , y que todo vuestro despejado en
tendimiento no es suficiente para sofo
car los vicios de la edad; ello es que
todos habéis de ser ensalzadores del
tiempo pasado, y murmuradores del
presente; dificultosamente se hallará an
ciano que no sea un impertinente hoidiarista, por mas que la razón pelee
contra su mal contentadizo é hipocon
driaco temperamento. La experiencia
dicta que los vicios y defectos siempre
. son unos mismos; ya reinan unos, ya
otros, caminando todos con una rota
ción perpetua á proporción de las di^
versas combinaciones extrínsecas que
los propagan ú oprimen.
DE WANTON.
205
En dos cosas habéis tropezado con,
mi proposición, que si volvéis los ojos
á lo que en vuestra mocedad visteis d,
oísteis en la corte, con poca alteracioa
encontrareis haber sucedido en otros
tiempos: extrañáis que entre la opulen
cia de esos banquetes haya gorrones, y
creeis que los gorrones son de la clase
ínfima de la república; pues ni habéis
de admiraros de lo primero, ni habéis
de estar inteligenciado en lo segundo:
en este ejercicio se hallan individuos de
todos los estados y gerarquías; los hay
de la mas elevada \ si estuviéramos mu
cho tiempo juntos os pudiera demos
trar algunos que conozco: pero aun
ahora puedo saciar vuestra curiosidad,
dándoos la muestra del paño ; ¿veis á
aquel mono tan cuadrado que cruza por
detras de aquella fuente? advertid qué
papada tan abultada, qué carrillos tan
rellenos y qué vientre tan recalcado;
pues todo eso es pringue de cocinas
agenas; todo lo ha adquirido cebándo-,
se de mesa en mesa , á esfuerzos de
cuatro adulaciones á sus dueños; que
sabe tal vez con mucha gracia (como
yo he dicho) convertir en otras tantas
20Ó
viages
sátiras contra los mismos, si se hallan
ausentes, cuando todavia está él regol
dando de repleto á costa agen*: ¡pues
el que va con é l ! Ese no está tan obe
so , no por falta de estar bien cebado,
sino porque los anos, que ya son mas
de los que parecen , le van desecando
y acecinándoles menos perjudicial que
su compañero porque es mas tonto; pe
ro tiene á lo bobo una tijera muy de
cente, y es perrito de todas bodas: en
alcance de los dos viene aquel que
apresurado se divisa: no os dé cuidado
tenerle siempre lejos, pues es un bufon con capa de seriedad ; mirad que
erguido y pagado de su trabajo se les
acerca; aquellas amistosas demostracio
nes y falsa risa nacen de que ellos para
nada le necesitan, y son sugetos de quie
nes los validos y poderosos hacen aprecio;
pero si vos engañado creyendo que pue
de algo , os valéis de su patrocinio, os
le prometería con un aire de superiori
dad y fantasmada, que á no daros yo
este aviso de antemano, ya os prome
teríais el mas feliz desempeño en vues
tras pretensiones; pero el éxito os de
mostraría que lo poco que puede para
DE WANTON.
£ OJ
sí lo necesita, y que no todos los que
tratan á los poderosos son sugetos de
quienes ellos forman concepto para co
sas graves ; tienen estos que aguantar á
muchos mentecatos (como ese) porque
hacen bulto, acompañan y los divier
ten , ó con sus necedades ó con sus tru
hanerías; pero en llegando á puntos que
necesitan otros fondos , representan los
tales un papel muy ridículo y despre
ciable: conoces aquellos que sus corte
sías y sumisiones son á sus empleos, y
que acabados estos los obsequiarían tan
to como lo hacian antes de obtenerlos,
que jamas los visitaron: en fin, e'l es
uno de los que vamos hablando, honrador de todas las mesas francas y abun
dantes; y los tres sugetos, aunque no
iguales, suficientemente caracterizados,
y de nacimiento respetable; como ellos
hay una numerosa turba que tal vez
iremos encontrando; y no faltará en
casa de la marquesa alguno, pues aun
que ella es una mona in ú til, suele te
ner por probar de la obra de su coci
nero uno u otro concurrente de esta
clase; os le demostrará si os sentáis jun
to á mí (pues yo también estoy como
208
'viages
vos convidado). Alegróse mucho de'la
noticia, y determinamos ir juntos á la
casa consabida.
Ya era una hora mas del mediodia
cuando nos pareció ser conveniente ir
nos acercando á nuestro destino: entra
mos en casa de la marquesa y hallamos
que estaba aun en el tocador. Recibió
nos placentera y en un tono zumbón
nos dio á entender con indirectas bien
claras, que e'ramos muy llegados á las
horas del comer, y que por eso seria
el tomarlo con tiempo para no incomo
darla haciéndola esperar: abochornóme
un poco con su indiscreta jocosidad: pe
ro el señor Moral que no gastaba chan
zas, la dijo: yo, seíiora, por medio de
vuestro criado he sido convidado á co
mer , no á merendar; en verdad que
vuestro esposo, cuando aun no había
mudado la decente casa que tenia en
el lugar para aniquilarla en la corte
(bien que entonces no habia logrado la
dicha de vuestra mano), á estas horas
ya estaba pensando en levantarse de
dormir la siesta; y como por acá no
tiene negocios graves que le ocupen la*
mañana, no podía yo imaginar que so-
DE WANTON.
209
lo por moda trastornase en tanto extre
mo el érden que había llevado toda su
vid a; he errado, lo confieso; y para
en adelante sabré que no hay primor,
por mas extravagante que parezca, que
no acompaííe á un mono gurrumino,
quyas acciones se dirigen por la concer
tada cabeza de una mona del gran mun
do. M uy mortificada quedé la señora
con las palabras del amigo; era esta
una de las muchas que alli pasan por
vivas y de espíritu desembarazado; de
aquellas de quienes los incautos con-,
templativos dicen con grande énfasis:
¡.Oh! fulanita es mucha alhaja: ¡qué
talentos aquellos! ¡qué salada! Y todo
su chiste y gracejo suele consistir en
una solemne desvergüenza é descaro que
tolera un infeliz por no pasar plaza de
mal criado, y celebra una muchedum
bre de mentecatos que la adulan por
sus fines particulares. Por esta vez no
surtieron tan buen efecto sus vivezas á.
la marquesa, porque dié en quien te
nia mas de ingenuo que de artificioso
cortesano: no hallé pues otra vengan-,
za que la común en ellas para tales ca
sos, de tratarle de grosero y atrevido;.
T omo ni.
14
tlO
VIAGES
tampoco se hubiera quedado este favor
sin recompensa, para la que ya se pre
venia el señor Moral , sino lo hubiera
impedido la entrada de algunos de los
convidados que ya iban poco á poco
acercándose, los que con su conversa
ción tan insustancial como alborotada,
disiparon el mal humor de madama,
recayendo la lluvia de indirectas, secreticos y risas falsas sobre mi tosco
compañero, mientras acabó de colocar
un sinnúmero de grupos de pelo pos
tizo en la alta torre de su cabeza.
Ya había llegado después de largo
rato el amo de casa , y Tulipán no
parecia; empezó á darme cuidado su
detención, y cuando estaba haciendo
cálculos sobre su paradero, he aqui
que le vi entrar por la sala; pero ¡qué
demudado! pálido el semblante y azo
radas las acciones daban á entender
habia sido acometido de algún acci
dente ó lance desazonado: preguntáron
le si tenia alguna novedad ó queria al
go ; á que respondió, que solo habia
sentido un ligero vapor , que no era
cosa de cuidado; y que por él no se
detuviese la comida: asi se ejecutó, re-
DE
WANTÚN.
6 11
cobrado el por un corto rato, y cuan
do iba á tomar cada uno su respecti
vo asiento, llegándose á mí me dijo
aparte : después hablaremos, que hay
mucho que com unicar: no dejó esto
de sobresaltarme sabiendo los peligro
sos pasos en que andaba; pero disimu
lé cuanto pude.
Procuró el señor Moral no desasir
se de mi lado, y asi se colocó á mi
izquierda, desde donde me disparó tal
earga cerrada de preguntas , cual era
correspondiente á un mono curioso
por naturaleza, é Ignorante por acci
dente de todo lo que se le presenta
ba ; hizo mil despropósitos durante la
comida en todo lo que no tomaba con
sejo, que no siempre podia , y dió
que reir con disimulo ( que de otra
suerte no lo hubiera sufrido ) á los cir
cunstantes : uno de los principios de
buena crianza, que se impuso desde
luego , fue no comer cosa alguna con
las manos, hasta tal término que ha
biéndole echado unas aceitunas de las
enteras, determinó comerlas también
con el tenedor; resistierónsele por su
dureza al primero y segundo impulso;
2| ^
VIA G Eb
duplicándole en el tercero, lo hizo con
tanta violencia , que saltando ella del
plato, regaló al inmediato compañero
de su izquierda un solemne aceitunazo
en un ojo; entonces fue la comedia
completa, y él no dejó de ponerse un
poco colorado para pedir perdón al
paciente; finalizóse la comida, y pu
sieron delante de cada uno las enjuaderas: nuevo y nunca visto mueble
para mi amigo M oral; sin duda los
demas se hicieron del ojo para aguar
dar á ver que ejecutaba éste; yo no
pude avisarle aparte, y él no dificul
tando sobre el uso que debia hacer de
aquella agua tib ia , creyendo firmemen
te ( según después me dijo) que era
moda bebería, después de haber comi
do algo mas de lo regular, como él lo
habia hecho bien á satisfacción se echó
el vaso á pechos , y le vio el suelo; no
tardó ésta muchos minutos en hacer
su regular operación, movióle una in
tolerable náusea, y á no haber tenido
la advertencia de ir prontamente a eva
cuar el vómito por un balcón, a todos
nos hubiera removido de asco : los
circunstantes llevaron que celebrar por
DE
2 13
W ANTON.
mochos dias en sus concurrencias; yo
me compadecí de ver un pobre mono
de bellísimas luces , escarnecido por
falta de práctica de unas cosas bien
materiales • y de poquísima considera
ción ; y él sin despedirse, desahogado
ya de su insulto, marchó precipitado
detestando aquel y semejantes ban
quetes.
* / V -'V W
V
% /% /V
■'% / V *
C A P ÍT U L O
X I.
De las aventuras de Tulipán y sucesos
de sijen jo y sus paisanos.
F in aliz a d o s los enjuagues y lavato
rio s, demasiado puercos los de algunos
no obstante su afectada buena crianza*
pasamos á otra pieza en donde nos te
nían prevenirla aquella agua negra hir
viendo ( de que liemos hablado) , muy
proporcionada para despcar el jugo ner
vioso , y poner trémulos á los que
continuamente la usan , según leí en
diversos escritos de algunos de sus fí-
2 14
VIAGES
sieos: tomaron después de esta bebida
otros licores no menos perjudiciales al
estomago y contrarios á la acción de
la digestión; y por último andaban de
mano en mano ciertas cajas llenas de
unas yerbas secas y hechas polvo, que
metían á toda priesa con el mayor de
leite por sus narices: ellos dicen que
para llamar la destilación por aquel
conducto; pero yo siempre creí que la
continuación y abundancia con que la
usan no puede menos de ir embotando
muchos de los órganos de sus operacio
nes, especialmente los de la memoria;
asi es que por allá suele flaquear esta
potencia: por último yo me hube de
persuadir á que semejantes juntas se re
ducen á conjurarse contra la vida, me
diante todo aquel conjunto de enemi
gos halagüeños de la salud, y acabé de
confirmarlo , cuando en lugar de re
posar la comida con aquella dulce
quietud que se requiere para este efec
to , vi entrar unas mesas de juego en
que á porfía se iban colocando, procu
rando cada uno no hubiese quien le
aventajase en conseguir una indigestión:
convidóme madama á que concurriese
DE WANTON.
2I5
6 hiciese partido ; pero yo excusándo
me hube de pasar plaza de incivil, que
á tal término había allí llegado esta pa
ción dominante del juego , que ya era
capítulo de su decantada civilización y
crianza, saber perder el tiempo por
largas horas , y tal vez faltar á las pre
cisas obligaciones, por acudir á hacer
mérito con una dama ó con un pode
roso por medio- de esta diversión , sen
sata solo cuando por b*eve tiempo se
toma como esparcimiento y paréntesis
cortp de las respectivas ocupaciones.
Dejélos con su tem a, y hecha una
seña á Tplipan partimos de la sala di
simuladamente. No quiso éste que por
el camino hasta casa hablásemos de su
asunto, porque no hubiese quien oyen
do alguna palabra pudiese sacar por la
hebra el ovillo, que no hubiera sido
muy extraño en un pais donde tienen
fruición de escuchar é introducirse en
los asuntos que nada les importan. Lle
gamos por fin á nuestra posada , en
donde libres de todo embarazo pror
rumpid Tulipán en semejantes pala
bras: y a, amigo mió, llegó el tiempo
de echar el resto de mis aventuras con
2l6
•
VI AGES
la marquesita ; anoche os referí mis pa
seos, anhelos y acechos delante de sus
balcones, aunque sin efecto, y ébtá maíiana advertiríais el cuidado coii qúe sa
lí de casa ; doy por supuesto que des
de luego penetrasteis mi destinó; ob
serve atentamente la salida del marqués
que partid á palacio al cumplimiento
de sus obligaciones, y yo me hallé al
punto en la mia de hacer una visita á
su esposa; pero como las obras mas
que las palabras explican un buen afec
to , valiéndome de la confianza con .que
la trataba , busqué en una tienda que se
hallaba inmediata alguna fineza para no
presentarme con las manos vacías : lo
que hallé mas á mano y de moda fue
una espada y un sombrero, cujos
muebles compré porque eran primoro
sos para hacer mi regalo. Tened, le re
pliqué al instante: ¿estáis por ventura
desvariando ? ¿ espada y sombrero á una
dama? pues si ella os ha de recompen
sar os deberá hacer el regalo de un co
llar y una rueca : perdonad que os in
terrumpiese, que no he podido menos
al oir tal despropósito No lo es, me
íespondid sonriéhdose; se conoce que
DE WANTON.
2 17
poca impresión os hacen, y que corto
reparo os merecen las monas; tienen
estas las modas siempre en perpetuo
movimiento, nada las es durable; lue
go que desde las señoras pasan á lo res
tante del pueblo , inventan otras que
por mas extravagantes que sean se
adoptan generalmente; ya lia algunos
dias que pudierais haber advertido esta
en Simiopolis , no la extrañaríais aho
ra. No son de los que hablo unos som
breros del tamaño y materia de los
nuestros; son una especie de diademas
con un sombrajo hacia el rostro o ha
cia un lado, adornados con varios colgajos de cintas, borlas y otras mil in
venciones que no caben sino en la ex
plicación de una de las dichas; con
sultadla y hallareis la mayor erudición
de cualquiera de estos adornos , desci
frándoos hasta lo esencialísimo del nu
mero de alfileres con que debe pren
derse, en que ocasiones lia de llevarse,
y tal vez la hora en que el peluquero
ha de ir á ponerle. ¡Oh! ¡qué adelan
tamientos dignos del presente sig lo !
Por lo que hace á la espada, tampoco
es del tamaño de las nuestras, no obs-
2l8
V1AGES
tante que ya se han abreviarlo tanto
estas que es poco menos; ésta vá en la
cabeza por rascamoño , porque como
sus copetes han tomado tan excesiva
elevación y ahuecamiento, no basta lo
largo de los dedos para que las uñas
hagan su oficio cuando las llega á pi
car la caspa. Acordéme al decirme es
tas razones Tulipán de que esta moda
de las monas ya hace muchos años
ocurrid á las mugeres en nuestra Eu
ropa (*); pero disimulé como era ra
zón , porque como se mofaría de ellas
quien por este motivo asi se burlaba de
slis paisanas?
Siguió Tulipán diciendo: satisfecha
ya vuestra curiosidad, vuelvo á tomar
el hilo de mi narración: compre pues,
haciéndome pagar (según costumbre)
los mercaderes mi antojo á buen pre
cio , una espadilla de oro guarnecida
de diamantes, y un sombrerillo de los
mas airosos y engalanados que pude
(<*)
bascábanse con las ufías
En paz las antiguas clamas,
Y boy con espadillas de oro
Dan en esgrimir la caspa.
Quered. Mus. 6. rom. 3o.
DE W ANTON.
2 19
hallar : ufano con mis preseas entré en
casa de la marquesa, pero ¡ qué con
moción sentiría mi corazón cuando
luego que me puse en su presencia, ad
vertí que toda acongojada y llorosa se
levantó turbada en ademan de huir de
mi vista ! ¿Qué es esto, señora? la di
je , ¿ asi pagais mis desvelos ? ¿ llegó
acaso el infeliz punto de mi vida de
ser aborrecible á vuestros ojos? ¿la de
cente veneración con que os rindo mi
obsequiosa voluntad merece un desden
tan rigoroso? Apartaos de m í, añadí,
tirándolas sobre una de las sillas del es
trado 5 apartaos, alhajuelas de poco va
lo r , pero del mayor indicio de una
fineza verdadera, quedaos á acusar de
ingratitud al corazón mas infiel, á la
correspondencia mas traidora y á la
mona mas voluble del universo; que
daos mientras yo . . . . esto decía vol
viéndola la espalda, cuando precipita
damente se vino hácia m í, y detenien
do mi resolución, me dijo entre afligi
da y temerosa: ¿yo ingrata? ¿yo volu
ble ? ¡ Ah ! Tulipán , Tulipán ! A pesar
de mi sobresalto no he de dejaros ir
sin ¡satisfacción, porque ha penetrado
‘2 Z O
VlAGES
demasiado en mi corazón vuestra que
ja : sabed que por mas que ayer pre
tendisteis recataros cuando dejamos el
coche de vuelta del paseo, no pudis
teis encubriros de mi cariño, ni del re
celoso cuidado del marqués: en mí no
hubo duda alguna , pero él quedó per
plejo; disimuló prudente, aunque yo
no dejé de brujulearle alguna inquie
tud : observóle después y advertí que
entre abierta una ventana de su cuarto,
por el corto resquicio desde donde po
día registrarse la calle, ayudado de la
claridad de la noche y de vuestra poca
precaución, llegó á verificar sus sos
pechas conociéndoos cuando sin duda
estabais rondando ó hecho centinela de
mis balcones, entró en mi cuarto de
mudado , y no obstante su prudencia
leí en el sobrescrito del rostro la inte
rior desazón que devoraba su sosiego;
ni durante la cena ni en el lecho me
habló una palabra, ni depuso su aira
do sobrecejo; pasó toda la noche en
incesantes vuelcos y yo en una teme
rosa vigilia ; no se le oian mas que des
consolados suspiros, y una lí otra pala
bra , como remedio , escándalos, sufrí-
DE WANTON.
22 1
miento, hasta &c. Apenas rayó la au
rora dejo la cama ; yo fingía dormir,
y vi que me daba una mirada entre ai
rada y piadosa ; levanto sus manos al
cielo , y volviendo á apretarlas apasio
nadamente delante de su pcelio, dio
clarísimas señales del dolor que le cau
saba haber de tomar una ágria resolu
ción ; encerróse en su cuarto, al que
por medio de un papel llamo á un sugeto de edad y experiencia amigo su
yo , y los dos se han estado en con
sulta hasta que fue la hora de que mar
chase á palacio.
Este es el plan de mi miserable cons
titución r ved si tengo justísimo moti
vo de estar sobresaltada: ¿quien sabe
la determinación que tomará un mari
do contra una esposa en cierto modo
culpable? Sí, Tulipán, culpable: no os
admire; aunque mi juventud y cortos
alcances pudiesen servirme de disculpa,
¿no me están acusando los avisos y
amonestaciones de un consorte tan ca
riñoso como advertido ? es nuestro tra
to inocente, no hay duda; pero esto
solo nosotros lo sabemos: ¿ piensa por
ventura el malicioso vulgo lo que es ó
22 2
VIAGES
lo que puede ser? Y por últim o,'juz
gue en hora buena con sana intención
el público ; sea nuestro trato el mas
recto y adificante del mundo; ¿los re
celos de un esposo no son suficiente
causa para impedirle? ¿no podrá exigir
de mi corazón éste ( llamémosle a si)
sacrificio, quien anda siempre solícito
buscando proporciones de demostrar
me lo amoroso y fiel del suyo? Ha
blemos claro: hasta ahora todas estas
reflexiones habian hecho en mí una
impresión pasagera, porque la dulzu
ra del genio del marqués, que debiera
haber excitado en mí ideas mas ajusta
das á sus intenciones, no me sirvió' mas
que para abusar de su tolerancia; pero
ahora he visto ya el rostro á la amena
za , ya le he advertido enojado, ya me
considero el blanco de sus iras, y lo
que en nosotras no puede la suavidad
consigue el ri*;or : la razón siempre ha
estado de su parte; pero yo no he lle
gado á conocerla hasta que me la ha
hecho ver el miedo y el sobresalto; en
esta inteligencia, hasta aqui pudo lle
gar, Tulipau iriio, nuestra correspon
dencia ; si el único interes que en ella
DE W ANTON.
2 23
siempre habéis llevado es estimarme,
sin que jamas pasase el amor á atrevi
miento , ahora se os presenta la mas
oportuna ocasión de darlo á conocer;
no queráis hacerme infeliz siguiendo
porfiado vuestros obsequios ; mostrad
un corazón va ron il, pues yo á pesar
del mas vivo sentimiento os enseno el
cam ino; no mas rondar mis balcones,
no mas ser mi som bra, no mas pape
les , no mas recados, no mas expresio
nes y finezas, siendo la primera que os
deba, que recojáis esas vuestras alha
jas ; quitadlas de mi presencia, que ya
las miro con tanto susto que me pare
cen principio de mi mayor infortunio:
me parecen alhajas por las que oigo de
cir . . . ¿ Qué alhajas son esas ( dijo en
trando el marqués desprevenidamente )
de que hablabas , y que ya estoy viendo?
y vos, señor ¿qué buscáis favoreciendo
mi casa ? Muerta se quedo al ^:o de
su voz la m a r q u e s a y yo mas muerto,
considerando lo estrecho del lance; pe
ro sacando fuerzas de flaqueza tomé la
palabra, y después de un regular cum
plim iento, porque á sugeto enojado
buenas razones, dije como aquellas al-
2 24
VIAGES
hajuelas eran encargo que me había he
cho en Simidpolis, sabiendo que venia
al sitio, una parienta Je su esposa (co
nocida m ia, y de quien podiamos fiar
contestaría preguntada para sacarnos
del lance, qüe por allá no faltan tam
bién parientas caritativas) que se las
enviaba por ser adorno de moda, y que
yo para cumplir exactamente con la
comisión las había traido en persona;
pero el marque's que conocía bien á la
dicha parienta , y que presumid sin
duda la disculpa, respondid: y o , ca
ballero , permito á mi esposa sus visi
tas y amistades; pero nunca he queri
do que las mida por la razón de paren-,
tesco sino por la de juicio; mucho ten
drá esa dama que habéis nombrado,
pero no se conforma por de contado
con el mió; en esta inteligencia es re
gular también no me acomoden sus
corresponsales; por tanto podéis vol
veros con vuestra comisión y alhajas, y
ved si hay otra cosa en que serviros.
La respuesta y su ceno exigian que yo
con el inio pidiese alguna satisfacción,
pero mi turbación y sobrecogimiento
no me dieron lugar á mas, que á la
DE WANTON.
£25
airosa acción de recoger mis muebles,
hacerle una profunda cortesía y volver
la espalda.
Amigo m ió , le respondí, poco teneis que estudiar la resolución que lue
go luego debeis tom ar: los recelos de
ese caballero han llegado ya á su últi
mo punto 5 están de por medio nada
menos que el honor y quietud de una
dama noble y afligida ; ella os ruega la
separación y el olvido, ¿qué teneis pues
que dudar? esta misma noche debería
mos partir j creo muy bien que os cos
tará algún sentimiento ; pero no hay
remedio ni precaución mas segura en
estos lances que poner tierra en medio.
Yo lo liaría como lo decís, replicó Tu
lipán por lo que hace al am or, que no
es tanto como mi vanidad $ pero esta
repara en el que dirán en Simidpolis
mis amigos y conocidas cuando sepan
que al primer contratiempo vuelvo la
cara y no tengo valor para arrostrar á
las dificultades; ésto por un lad o, y
por otro el saber las resultas del lance
y si ha tenido que sentir la marquesi
t a , me obligan á suplicaros que nos
detengamos por esta noche, y que me
T omo iii.
15
226
VIAGES
acompañéis en e lla , pues pretendo que
disimuladamente demos una vuelta por
su casa, en donde si ha habido alguna
mala resulta, no faltará una piadosa
criada (que las tiene m uy á proposito
para el caso) que me inform e del su
ceso: para evitar que pueda alguien co
nocernos, aguardaremos á que sea ho
ra de que esté recogido el marqués y
también su casa ; pero por cuanto siem
pre es forzoso vivir con precaución,
llevaremos por lo que pueda acontecer
á cierto matasiete , bravo de profesión
y bribón de oficio que nos guarde las
espaldas ; y o le conozco y sé donde
v iv e , aunque anda de escondite por no
sé que frioleras ó descuidos que quiere
averiguarle la justicia ; después que
anochezca iremos á buscarle, y á fuer
za de dinero conseguiremos su auxilio.
Las personas de obligaciones y tan ele
vadas com o la vuestra no saben desam
parar á sus amigos en los lances mas
estrechos, y asi ni aun por imaginación
dudo de vuestra compañía : es cierto que
en el asunto principal nada interesáis,
pero la ley de la amistad os constituye
en el mas inexcusable punto de honor,
DE W ANTON.
227
con el que no cumplís ciertamente si
me volvéis las espaldas , negándome
vuestro patrocinio.
Yo falto aun de muchas experien
cias del mundo, no bien hube oido que
era punto de honor, cuando me repre
senté vivamente, sin reflexionar las con
secuencias, la obligación de hacer fren
te á todas las dificultades. No sabia aun
que el honor verdaderamente tal no es
otra cosa, que cierto glorioso eco que
resuena por reflexión en nuestra alma,
como efecto de una acción realmente
virtuosa hecha á la vista del mundo,
que nos dá un irrefragable testimonio
de aquello que los demas creen de no
sotros, y se nos convierte en indecible
consuelo y alegría de espíritu: ignoraba
asimismo que por mas perfección, va
lor o mérito que incluya en sí una ac
ción ( como es la de favorecer á un
amigo en todo riesgo sin límite en los
asuntos ) si pierde el norte de la virtud,
si no produce un efecto excelente, dig
no de alabanza, gloria y crédito, es in
capaz de dicho verdadero honor. Asi
pues dejándome llevar del eco de la
v o z , persuadido por un joven vicioso,
2 28
VIAGES
y falto del consejo de un prudente
enligo , hube de condescender á la eje
cución de una acción que fue el prin
cipio de mis incomodidades , desasosie
gos y trabajos: véase á qué precipi
cios conduce una mala compañía , y
qué males produce el alejarse de la co
municación de los sábios y experimen
tados.
Acercóse la noche , y llego' el tiem
po de conducirnos en busca del jaque
que baba de ser nuestro apoyo; aguar
damos á que se cubriesen enteramente
de tinieblas los horizontes, y al estar á
lo ultimo del poblado, llegamos á cier
ta despreciable casilla que estaba pega
da á la falda de una pequeña sierra;
luego que tocamos á la puerta salid á
recibirnos una arrugadísima y denegri
da vieja, encubriendo su esqueleto con
el pergamino de una escamada piel;
traía en la mano un mocoso candil, á
cuya opaca luz levantando trabajosa
mente los ojos conocio á mi amigo; la
zóle un tremendo cumplimiento, y no
sotros bajando la cabeza pudimos en
trar por su magnífica puerta; atrancó
la luego que estuvimos dentro, y sin
---------- ^
—
—
—
—
I
íim u? ¡lì
Jluf. 229
DE WANTON.
229
aguardar á que nos preguntase para no
perder tiempo la dijo Tulipán, como
nuestro asunto no era otro que hablar
á Ajenjo, que no nos le negase, pues
la costaba la seguridad, y por último
la dio ciertas monedas que la allanaron
todas las dificultades; arrastro una ar
ca desconcertada que Labia arrimada á
la pared; y quitado de en medio el es
torbo, se descubrid la oscura boca de
una profunda cueva que estaba oculta
con aquel artificio; dudoso estuve en
entrar por ella o en quedarme con un
vestigio tan horrendo; pero finalmen
te me determine' á seguir á Tulipán,
ya por si necesitaba de mi auxilio; ya
porque no atribuyese á cobardía el es
perarle de la parte de afuera; quedóse
la vieja á oscuras para darnos el alivio
de la luz ; tomó el candil mi compa
ñero , y medio á gatas entramos por
aquella garganta del abismo (que ni aun
el Cerbero á la puerta la faltaba) y
fuimos caminando estrechos y encogidos;
fiado yo en que Tulipán estaba diestro
en el camino, por no ser la primera vez
que habia andado en estas correrías, y
asi no le soltaba la ropa como si fue-
230
VI AGES
ra lazarillo de ciego; presto lo queda
mos los dos porque tropezando él en
la bella igualdad del pavimento dio
con el candil en tierra, y quedamos á
buenas noches; no fue' uno solo el cos
corrón que dio mi cabeza hasta llegar
á tientas adonde estaba la puerta ó
trampa del sepulcro de aquel viviente;
pudimos distinguirla por la luz que de
entre sus rendijas salía, y al punto que
llamamos nos dio de adentro el ¿quien
vive? una hueca y fanfarrona voz, á
que correspondió mi compañero con la
suya mas entonada que jamas le había
oido i diciendo: Simidpolis y flor del
berro: aunque esto me olia á despro
pósito , reflexioné que tiene la picares
ca á imitación de la verdadera milicia
sus senas y contrasellas; estas lo eran
para allí, y tan seguras que no bien
acabaron de oirse cuando se nos abrió
la puerta, y se hizo patente una con
cavidad ó cueva natural de aquel cer
rillo capaz de contener media docena
de personas, que era el número de la
respetable asamblea que allí se hallaba,
incluyéndose una mona y su chiquillo,
en medio se quemaba un puñado de
DE WANTON.
231
astillas sobre las que de una cadena
pendía un caldero que era toda la ba
tería de su cocina; el humo de estas y
el continuo que estaban echando sus
bocas , habían formado una colgadura
de luto que haciendo juego con las te
larañas cubría las paredes y techum
bre, y aun les sobró tela bastante para
forrar sus manos y caras; respirábase
congojosamente , pues solo constaba el
salón de una tronera que finalizaba des
pués de un largo camino en la hendi
dura de unos peñascos: era la sillería
muy al natural y duradera, pues la componian unos pedazos de troncos de ár
boles gruesos, y los demas muebles que
estaban acinados á un rincón demostra
ban ser sus miserables ropas y algunas
raídas mantas que les servían de cama.
Levantóse la cuadrilla luego que
avistó á Tulipán, y llevando la voz
un horrendo monazo ( era el señor
Ajenjo) muy cerrado y negro de bar
ba , rizado y largo de patillas hasta las
quijadas, calado de entrecejo, y forra
do de una piel cuasi negra, fondo en
verde; tendría sus dos varas y media
de alto: el pelo alisado y recogido en
523 2
VI AGES
un gordo moño sobre el cogote , la cha
pa ó vestido interior de jerga; cogidas
las mangas con un sinnúmero de varas
de cinta, y sobre él una especie de ca
pote con tontillo ( dentro del cual, se
gún me dijeron , iban todos los trastos
de m atar) del paño de color de la la
n a, guarnecido por encima con mil
labores hechas de tiras de terciopelo
negro y adornado del colgajo de un par
de gruesos cordones hechos nudos, con
ciertos herretes de plomo cuasi de una
cuarta de largo, que finalizaban en
unos corazoncitos; el calzón de ante
laboreado de seda negra con sus bu
ches y borlones: polaina bordada de
colores; y zapatos de becerro: estos
eran los arreos de nuestro custodio; y
poco mas ó menos los de sus compa
ñeros : no era su trato tan bronco
como prometía el conjunto de circuns
tancias que yo habia advertido; antes
bien me pareció muy agradable; dio
mil seguridades por aquellos que con
él se hallaban, que eran sus amigos,
y de su misma profesión: hizo una in
finidad de sumisiones á Tulipán , y
aunque jamas me habia visto me col-
DE WANTON.
233
md de alabanzas: púsose también en
pie la mona, que solo porque tenia
faldas se podia conocer que era hem
bra , con tantos andrajos como mo
rios , y tanta mugre como labia,
y repitiéndome mil zalamerías, mien
tras hablaba mi compañero, con Ajen
jo , se sentó junto á mí ; á la ter
cera palabra ya me habia pedido di
nero, para tres o cuatro cosas ; y que
riéndome admirar de la franqueza con
que me trataba, me dijo uno de aque
llos señores, que esta era costumbre
entre ellos ; que eran unos pobrecitos; y que no tenían de adonde sa
car para comer, sino de lo que les
suministraba el garbo de los caba
lleros que trataban; que ellos con es
pecialidad necesitaban mas usar de es
tos medios, porque ciertas travesurillas y destrezas los tenían arredrados,
sin poder ejercer su comercio en las
ferias de su pais ( que distaba mas de
cincuenta leguas de aquella tierra ) hu
yendo de manos de la justicia , no por
que les faltaba allá protección de los
principales caballeros de los pueblos,
sino porque sabían muy bien á costa
234
V I AGES
de una desagradable experiencia, que
mas vale salto de mata que ruego de
buenos: de estas conversaciones yo in
feria que aquellos eran monos de otra
casta que la de los demás, y para in
formarme mas de raiz, se lo pregunté
al amigo Ajenjo, que era sin duda el
docto de la cuadrilla, el que sin ha
cerse de rogar al instante desde su
asiento quedando el resto de la com
partía callando y oyendo con la boca
abierta y los ojos fijos en su rostro me
habló de este modo.
Me mandáis, señor que renueve el
inexplicable dolor de la perdida liber
tad de nuestra gente, de la disipación
de nuestros bienes, y de nuestra des
truida república, queréis que os cuen
te aquellas miserias que yo mismo ex
perimenté toca'ndome mucha parte, y
por las que al volver á referirse, ni aun
nuestros mismos enemigos podrian con
tener las lágrim as; y aunque la hu
medad y pesadez de la noche, que ya
está algo avanzada, mas convidaban á
dormir que andar en historias ; por en
tretener el tiempo, pues en siendo mas
tarde ( según me ha dicho mi padrino)
DE WANTON.
235
hemos de salir á no sé que lancecillo
de honra, ya que teneis ardiente deseo
de saber nuestros sucesos y de oir
nuestra ruina, aunque al acordarme de
ella me horrorizo, he de daros gusto;
y asi sin mas preámbulos empiezo: des
pués que cansada la suerte de sernos
propicia derramo por diversas regiones
á nuestras familias, pues aunque ya
somos todos naturales de este y de
los reinos inmediatos , traemos nues
tro origen ( según cuentan nuestras
abuelas) de un poderosísimo imperio,
que estuvo establecido en unas pro
vincias separadísimas de este continen
te ; nuestros primeros progenitores en
é l, agitados de peregrinas fortunas, v i
nieron desde tan lejas tierras, y en
breve tiempo fecundaron estas con
tanto exceso, que pudimos extendernos
por todas ellas, formando insensible
mente parte por el descuido de sus
naturales, parte por nuestra genial
industria, un formidable cuerpo ; es
tablecimos nuestro gobierno por una
especie de tribus o centurias , nom
brando en cada una un gefe ó compa
ñero principal á cuyas órdenes todos
23 6
VI/GES
los demás se sometian ; diferenciába
mos nuestras costumbres de las restan
tes de las provincias ; solicitábamos
nuestros adelantamientos por medios
muy peligrosos, pero seguros para el
caso, si surtían efecto nuestros proyec
tos; huimos de tener posesiones, con
tentándonos con que otros las cuida
sen como propias haciendo nuestros
por varios medios sus productos; era
don característico nuestro la cortesía y
rendimiento con todo el mundo, es
pecialmente en poblado; nuestras bem- j
bras tenían como por oficio el arte de
agradar y alabar con exageración cuan
tas acciones indiferentes se ejercitaban
delante de ellas; nuestros hijos jamás
daban que hacer en los lugares á
aquellos maestros que había para doc
trinar públicamente á los hijos de
vecino, porque nosotros cuidábamos
de su educación á nuestro modo ; ha
bíamos ideado para nuestro interior
manejo cierto lenguage desconocido de
todos los demas; nuestro principal des
tino fue el de adiestrar y avivar á los
brutos mas rudos y locos , vendiéndo
los y trocándolos en siendo maestros,
DE WANT 0 N.
237
por otros cuasi inservibles, todo en
favor de la causa pública, y su efec
to en provecho privado nuestro; en
durecidos en los trabajos , resistien
do á la inclemencia habitamos los
desiertos, no teniendo mas trato ó co
municación que con los que viajaban
por los parages inmediatos á nuestras
cuevas; el amor que profesábamos á
nuestros prójimos era tan ardiente,
que solo porque nos traía á la me
moria su muerte , huíamos como de
nuestro mayor enemigo, del que te
nia el oficio de darles sepultura; por
último, tanta aversión tuvimos á ser
gravosos al resto de los monos, que
ni aun después de morirnos les fuimos
perjudiciales , pues nosotros teníamos
gran cuidado de dar destino á nuestros
difuntos, sin participar al público su
fallecimiento: gastábamos la vida ale
gremente festejando con nuestras mú
sicas y bailes á diversos que se decla
raron nuestros devotos , y que en cuan
to les era posible copiaban nuestras cos
tumbres, trato y adornos, no siendo
los últimos algunos jovenes nobles á
quienes agradaba mas nuestra libertad,
238
VIAGES
que el encogimiento de la crianza que
les daban en sus casas; amantes de la
sociedad, y unidos todos en nuestras
respectivas fam ilias, no admitíamos se
paración aun material, muchas tenían
pequeña casa en las entrañas de una
gruta nada reparada, cubriendo una
misma sombra al común hogar, sus
dueños, bienes y ganados.
Este era nuestro establecimiento,
esta la profunda paz que por dilata
dos años estuvimos gozando, y esta la
gente contra quien se levantaron el
mas fiero nublado , la borrasca mas
desecha , y la persecución de ma
yor horror que podíamos experimentar;
pues aunque otras diversas veces se nos
liabia intentado perseguir, fácilmente
eludíamos la vigilancia de los superio
res obedeciendo al pronto sus decretos,
sometiéndonos sin resistencia al princi
pio , para ir después insensiblemente
volviendo á nuestro antiguo método de
vida, como efectivamente acaecia; pero
la ilustración que dicen reina al pre
sente , y que había empezado á rayar
tiempo hace, luego que estas provincias
lograron la dicha de ir poniéndose en
DE WANTON.
239
bonanza, sosegadas felizmente las alte
raciones que las habían perturbado por
largos años, tomó en breve el aumen
to suficiente para empezar á especular
nuestras acciones, nuestra vida y nues
tra utilidad ó inutilidad en la repúbli
c a : al advertirnos sin domicilio fijo, se
nos declaró por vagos: considerándonos
habitadores de los mas enmarañados y
escabrosos m ontes, se nos tuvo por
foragidos; nuestro chiste y desenfado se
definió por desenvoltura; nuestro trá
fico y comercio por latrocinio; nues
tras sumisiones y zalamerías por esta
fa; y lo que es mas digno de compa
sión, se nos creyó irreligiosos é im
píos de cuatro costados, ya por cier
tas observaciones que hicieron acerca
de nuestra conducta, ya porque no fal
tó quien acusase á nuestras hembras
de chiromáticas; os confieso que esto
me llegó al corazón, mayormente por
que por mucho tiempo estuve sin sa
ber qué casta de pájaro era la tal chixománcia de que oia acusarlas ; que co
mo no lo entendía, no podía hacerlas
enmendar si acaso era cierto, ó defen
derlas si era impostura, hasta que qui-
240
VIAGES
so la suerte que la casualidad trajese á
mis manos á un estudiante, cuya con
versación y viveza me dieron á enten
der su despejado discurso, y valiéndome de la ocasión, le pregunte' si en
tendía acaso qué queria decir chirománcia; á lo que me respondió morti
ficado : ¡ olí , cómo no conocéis al ^ to
no con quien estáis tratando! ¡A un
estudiante de la era presente, á un
cursante que tiene ya mas de tres anos
de universidad, preguntar dudando si
sabe que significa un vocablillo de una
lengua antiquísima, sapientísima, ne
cesarísima y adornadísima de otra infi
nidad de superlativos que no digo, por
que no son para vuestra inteligencia!
Andad, que os perdono, porque en es
tas materias sois un pobre hippócomo
ignorantón; y para que no esteis mas
dudoso, sabed que clnrománcia quiere
decir: arte de adivinar por las manos
y sus rayas, cuyos principios debe la
palestra literaria al incomparable.....
Basta, basta , le dije entonces atajando
el raudal de su pedantesca erudición,
porque ya estoy consolado, consideran
do que nuestras hembras no tienen ni
DE WANTON.
2
‘ 41
ejercen la habilidad de adivinar por las
manos, como piensa el rudo vulgo, si
no la de agarrar con la mano, como
conocen los no preocupados: gracias á
la alta comprensión que de la tal lengua
tenia el dicho tunante, como él me dio
á entender, y sin duda debia de ser
cierto porque lo que me llamo', que yo
no entendí ni me atreví á preguntarle,
me olió á ser sacado de la misma, y
sin duda allí vendría al caso, pues que
él lo dijo.
Vuelvo á tomar el hilo de mi his
toria, abreviándola lo posible, porque
las llagas menos duelen mientras menos
se tocan. Toda esta inquisición que se
hizo de nuestra vida y costumbres, y
todos los juicios que á vista de ella se
formaron, fueron los antecedentes para
el inevitable golpe que experimentamos.
Era cabo principal de nuestro rancho
un venerable anciano tan valeroso co
mo astuto, prudente como el solo, y
experimentado como ninguno; éste pues
una noche que había salido á no se que
diligencias, al tiempo (pie el primer
sueño se había apoderado de nuestros
miembros cansados del trabajo del dia,
T omo iii.
16
34 a
VI AGES
llegó despertándome todo azorado, dan-1
do unos profundos suspiros, y cubierto
de sudor y polvo/ j Ah ! ¡que' tal esta
ba! ¡qué distinto del mismo, cuando
en otras ocasiones solia volver cargado
de despojos! Yo, asustado luego que le
vi, antes que me hablara, le dije sa
cando fuerza de flaqueza : ¿ qué es esto,
lumbre de mis ojos , segurísima espe
ranza de nuestra gente? ¿En donde tan
to te has detenido? ¿De qué parage vie
nes? ¿Qué causa tan indigna para un
varón tan fuerte, te ha desfigurado y te
lia inmutado como advierto ? Nada res
pondió á preguntas tan excusadas, y solo
sacando un suspiro desde el mas retirado
escondite del pecho, me dijo: huye, hu
ye hijo, no te detengas, escapa, líbrate
del peligro: caimos en el lazo: nuestros
enemigos han logrado el tiro : á toda pri
sa van apoderándose á fuego y sangre de
las cuevas y habitaciones de nuestro#
compañeros: cayó toda nuestra nación
de la alta fortuna en que se hallaba;
basta ya lo que por ella y los nuestros
hemos trabajado; si pudiera defenderse
á fuerza de armas, no estuviera ociosa
mi espada en la vaina; pero ni ella sir-
DE W AÑTON.
2.4^
v e , 'ni mi persona ya pesada con los
años puede escapar sin que la alcancen:
tu eres mozo y ligero; en tí están to-*
das nuestras confianzas; llévate contigo
á estos infelices compañeros en tu suéla
te; no está lejos el m ar; algún barqui
llo no te faltará qué te conduzca a otras
playas en donde encuentres mejor for
tuna : esto d ijo , y sin dejarle ya hablar
los sollozos, me entregó con sus pro
pias manos como recomendándomela
particularmente á su hija la hermosísi
ma Jeringuilla, que asi se llam aba, y
era por entonces mi propietaria.
Vuelto en mí como de un sueño,
salgo de la cueva, subo sobre un cerri
llo , póngome á escuchar con toda aten
ción , y advierto que ya se nos iba
aproximando bien claro el ruido de gen
te armada; conoce el buen viejo la cer
canía del peligro, y entonces esforzó
con mas ahinco sus ruegos: ea , decía,
vosotros, á quienes está hirviéndo la
sangre y cuyo valor esta en su fuerza,
líuid, huid, que yo inútil ya por mis
años no puedo serviros mas que de es¿
torbo; dejadme m orir, pues se prolon
gó mi vida basta él lastimoso fin dé
244
VIAGES
nuestras familias. ¿De qué puedo ya
servir en el mundo? La muerte, aque
lla muerte que para otros sirve de tan
to horror, para mí será un consuelo y
un descanso: estas y otras cosas decía
estando siempre fijo en su parecer. ¿Go
mo es posible, le repliqué, que salga
de tu boca proposición semejante? ¿Pu
diste creer que yo diese un paso para
ponerme en salvo quedando tú en el
peligro ? Dejémonos, señor, de alter
caciones , porque no ha de ser mas de
lo que yo diga: mozo y robusto soy,
monta sobre mi cogote, como cuando
muchacho harías la gigantilla: yo te sa
bré llevar sobre mis hombros sin que
me parezca pesada esta carga, venga lo
que viniere, los dos experimentaremos
un mismo riesgo; y si llegamos á salva
mento, los dos igualmente lograremos un
mismo sosiego; venga detras nuestra
querida Jeringuilla, y de escolta nos ser
virán los restantes compañeros, y pues
no he de admitir disculpa: manos á lo
dispuesto, lie cada cual su mochila, y al
to á marchar según el orden que aca
bo de proponer. Aprobaron todos la
disposición, y sé ejecuto Como se dijo.
DE WANTON.
24,5
Mientras estaba haciendo Ajenjo es
ta pintura con mas extensión que la
que voy refiriendo, me acordaba que
si se puede hacer comparación de las
cosas de poco momento con las grandes
y famosas, era este un plan muy pare
cido á la toma de Troya: y ¿qué ex
traño que yo lo discurriese asi, si en
un lance que distaba mucho de las cir
cunstancias del presente, fue un pen
samiento que ocurrió á un grande hom
bre aunque haciendo la misma salva ?(*)
He querido anotar esto, porque h i^
murmuradores de tan buen diente qiífé
en todo se ceban ; por lo mismo tam
bién advierto que el haberme detenido
á referir por extenso la clase y cirbunstancias de esta casta de monos, de quie
nes voy hablando, y el suceso por me
nor ; es lo primero para dar á conocer
que también entre ellos hay heroicidad
y patriotismoj lo segundo, porque ha(* ) Si licet ?n parvis exempli* grandibus uti,
Haec facics Troya , dura caperetur, erat.
Ovid. T.rist. I. I.
F.sto es: Si es licito en lo humilde de ejemplos
grandes el uso,
Esta figura Troya , siendo tomada , tuv».
346
VIAGES
biéndome propuesto fa i,dea «de dar á
cpnqcer Jas diversas clases en que se
dividen los naturales de aquellos países,
UQ me pareció justo pasar en silencio
esta qúese diversifica tanto de las de
lqs restante?, monos ; .y lo tercero, que
el lector de mis memorias que no qui
siere saberlo, con pasarlo en blanpo,
puede hacer, cpepta de que no se egr
roedor;4e nfisipscritos, diga lo que qui
siere v ,qqp ,no estoy tap despacio que
me sobre Ipgar para dar satisfacciones;
y mas fuandQ Ajenjo me aguarda car-r
gado sobre sus lomos del maduro anCÍaqorAncliif\es aquella tropa0 fuese por la carga, prosiguió núes-*
tro ipono,, ó fuese porque; los d£ atras
(según, suele decirse) parren mas, ó
( lo qqe es mas,cierto) porque nuestrq
destino lo qui,sp asi, por mas que pro
curamos hacer la agachadiza al sentir
que se acercaban , dieron con nosotros
los ministros de justicia: quede en si
lencio el mal trato y descortesía de los
esbirros, porque no cabe en mi ponde
ración, y paso á haceros presente qué
DE WANTON.
£47
dolor y qué aflicción seria la nuestra
al ver que la estrecha y desacomodada
cárcel adonde fuimos conducidos, esta
ba llena de nuestros compañeros; todo*
Jos ranchos de nuestra nación que habia repartidos en la comarca se halla
ban reducidos á aquella estrechez; á
cada cual remordia la conciencia por
diverso capítulo, y todos juntos eran la
causa de nuestra común desgracia : un
alguacil entro á este tiempo, habiendo
pedido licencia al alcaide para hablar
me dos palabras; este era un amigo mió
con quien yo habia comido y bebido
muchas veces, y á quien habia favoreci
do en algunos lancecillos apretados, por
que fue siempre costumbre nuestra ha
cer ga villa, excepto en los casos reser
vados,, con alguaciles y soplones, no
por amistad verdadera, porque los abor
recíamos, sino por miedo para que no
nos armaran la zancadilla: éste pues
entró adonde yo estaba, me dio mil sa
tisfacciones acerca de su inocencia en el
lanqe, y de no haber podido avisarme
con anticipación, como lo habia hecho
en otras ocasiones, porque en esta los
jueces habían tenido mas reserva, y
248
V I AGES
no habían dado cuenta de lo que se iba
á ejecutar á los que no es necesario que
sepan mas que obedecer lo que se les
manda en el mismo acto; y finalmente,
me dio la bella consolatoria, que según
había oido, aquella era causa común,
y que habría sucedido igual lance en
las demas provincias del reino; pero que
por lo que hacia á nosotros, ¿1 que
daba a' la m ira,-y baria cuanto estu
viese de su parte en nuestro abono y
defensa. ¡Quien no había de confiar con
sugeto de tan grande empeño! Por úl
timo , abreviando porque no quiero
cansaros, después de un diluvio de tra
bajos con que purgamos la buena vida
que hasta entonces hubiamos tenido;
después de diversos destinos partícula-*
res; después de varios capítulos concern
nientes á la enmienda de nuestra vldia
pasada, fuimos precisados á domiciliar
nos y á avecindarnos con pie fijo en las
poblaciones de este continente; nos fue
prohibido otro oficio ó tráfico que el de
la agricultura ; fuimos aligados á un es
tablecimiento cierto sin sernos libre la
salida de e l , ni peregrinación alguna
sin expresa licencia de nuestros supe-
DE W A N T0N.
249
riores; fae disipada nuestra coligación
y forma de cuerpo separado dentro de
la nación; se nos desnaturalizo tenién
dose por suplantado nuestro decantado
antiguo origen ; se declaro por infame
hasta nuestro nombre, aquel nombre
que nos acordaba nuestro pais, y que
nos distinguía y singularizaba entre los
habitadores de este, y últimamente que
do la justicia velando atenta sobre nues
tras operaciones; pero como estas so*
mas y con mayor cautela que los ojos
de aquella, aun nos quedan muchos
rastros de nuestra antigua libertad; no
fue fácil quitarnos nuestra habilidad y
ligereza de manos; no el desarraigar
del todo nuestras costumbres, enmude
cer nuestra labia y sujetarnos á un tra
bajo ímprobo ; no todos los jueces tie
nen una misma integridad y celo; la
condescendencia de estos en las mate
rias leves es el apoyo de nuestras habi
lidades; lo malo es si después de un
íefíor de*estos de buen genio, esto es;
después de un poltrón toma las riendas
del gobierno uno de estos, ó verdade
ramente activo y exactamente atento al
cumplimiento de su cargo, ó que por-
250
VIAGES
que es nuevo en el ejercicio de esta
clase de empleos, desea diestra ó sinies
tramente acreditar su vigilancia; y sin
atender á que el sumo derecho es su
ma injuria, empieza á perseguir des
validos, y á formar causas á los pobrecitos, tales como nosotros; enton
ces da al traste nuestra maraña, y se
paga en una semana el holgorio de mu
chos anos.
Esto es puntualmente lo que pasa
al presente por mí y por toda esta gen
te honrada; fue el caso que acaeció una
friolera no muy limpia en nuestra ve
cindad, y luego se nos echó la culpa;
decretóse nuestra prisión; pero no tan
sigilosamente que no llegase algunas
horas antes á la sagaz comprensión de
mi compañero el alguacil, el que tuvo
la caridad de venir inmediatamente á
avisarnos del peligro; mejor le estuvo
esta noticia que la prisión, porque le
valió incomparablemente mas; y en
cuanto al cumplimiento de su obliga
ción, él tendria opinión para poderlo
hacer, porque ellos la encuentran para
todos: salimos los que veis, y todos
nuestros bienes, sino á uña de caballo,
D E W A N T 0N .
251
porque no le teníamos, á lomo de bor
rico, pues sobre las mataduras de dos
de estas bestias acomodamos el ajuar y
las personas por turno: andábamos de
noche fuera de camino y sin descansar
en poblado, temiendo las requisitorias
que después supimos se habian despa
chado en busca nuestra. ¡Quien creye
ra eramos personas de tanta importan
cia! Por fin, pasadas varias fortunas,
que era largo referir, encontramos en
ese bosque vecino un dia á esa bendi
ta vieja que nos sirve de portera; ella
nos recogió, ella nos ensenó este escon
dite , y ella cuida de dia de nuestra
subsistencia que la pagamos á peso de
dinero, que por varios caminos (todos
honrados) solicitamos saljendo algunas
noches á buscarle. Este, señor, es el
último de los trabajos de mi vida ; este
el te'rmino que en mí ha tenido el lar
go suceso de nuestra historia: en este
encierro ó sepulcro espero que la suel
te ha de hallar camino de Rosegar mi*
turbaciones y fatigas, no dudando que
el cielo me depare una mano podero
sa , que invocada en mi auxilio, ,se
conmueva y baga experiencia de la
252
VI AGES
fuerza de su poder, librando de tantas
miserias á un desdichado. .Asi el fa
moso Ajenjo habiendo estado todos aten
tos mientras ed solo hablaba, recopiló
las fortunas y destrucción de su na
ción , como también sus particulares
sucesos y jornadas; y después de una
narración tan prolija, hizo punto, dió
una recia palmada sobre su nervioso
muslo , y puesta la mano en la meji
lla, sus accione^, rostro y palabras que
daron en suspensión á un mismo tiempo.
C A P ÍT U L O
XJI.
Del destierro de Enrique y Tulipán;
y camino que emprendieron.
I jos guapos y el buen vino duran po
co, dice un adagio vulgar; y nosotros
lo hubimos de conocer por experien
cia en la persona de nuestro fanfarrón
Ajenjo. ¡ Con qué aire se encasquetó
un sombrero blanco, largo de ala , y
duro de copa como el yelmo de mas
resistencia! ¡ Que' peroración tan corta,
DE WANTON.
25 3
pero tan baladrona, nos hizo para ani
marnos con el valor.de su brazo! ¡Qué
escupir por el colmillo y sobre el hom
bro entre una y otra dicción enfática
y preñada! Por últim o, sus acciones,
palabras y movimientos eran capaces
de hacer creer á cualquiera que Íba
mos á la conquista de una provin
cia ; y todo el aparato se reducía á
ir á inquirir noticias de algún criado
de una casa que suponíamos sumergida
ya en el mas profundo sueno, siendo
el llevar con nosotros á este jaque (bajo
su palabra) solo una precaución pru
dente, ó mejor un gran miedo de mi
amigo Tulipán, que no fiaba del todo
en mi brazo su defensa, y queria te
ner quien le guardase las espaldas para
cualquiera lance que él juzgaba no
obstante sumamente remoto. Seria una
hora mas de la media noche cuando
todo ya en quietud, sin oirse el mur
mullo de las gentes, ni el ladrido de
los perros, alumbrados solo de la clari
dad de la luna que se hallaba en lo
mas alto de su carrera, salimos los tres
despedidos de la restante comitiva que
se ofreció cortés y valiente á irnos sir-
254
VIAGES
viendo, aunque no admitimos su ob
sequio por no juzgarle necesario. Una
y otra vuelta dimos á la casa del mar
qués, en donde puertas y ventanas es
taban cerradas, sin haber hallado res
quicio por donde cumpliese Tulipán sus
deseos; tosia, se sonaba, escupía, todo
con fuerza bastante para ser oido de
cualquiera criada, que según él se li
sonjeaba estuviera en vela esperando su
arribo; pero nada surtía efecto; ya le
habia yo aconsejado que nos retirá
ramos puesto que no teníamos que es
perar mas que perder el tiempo, y
él cumpliendo con las obligaciones de
caballero andante, no habia desampa- |
rado el puesto y calle de su dama; I
y ya habia también condescendido á
mis razones, aunque suplicándome tu- i
Viese á bien dar otra última y peren
toria vuelta antes de retirarnos; no le
repliqué porque fuese completamente
satisfecho; pero apenas movimos el pié
para ir á ejecutarlo, cuando por las
dos envocaduras de la calle vimos ir- ■
senos acercando, cogiéndonos en medio,
una porción de bultos no pequeña.
Ya extrañaba y o , dije, que el peligro
DE WANTON.
255
no encontrara con quien anda buscán
dole. El ¿quién vá? la común res-'
puesta, y el hallarnos por una y otra
parte acometidos fue tan en breves mo
mentos , que apenas tuvimos los sufi
cientes para tirar de las espadas; Tu
lipán y yo, haciendo cara á unos, de
fendidas nuestras espaldas con las de
Ajenjo, que hizo intrépidamente frente
á los que acometieron por el costa
do opuesto, nos pusimos en defensa;
este permaneció' sin poder adelantar
mas que el mantenerse-, pero nosotros
( sin ser menester que yo apelase al es
trépito de las armas de fuego) nos hi
cimos lugar por medio de nuestros ene
migos, intimidándoles de modo que no
nos impidiesen el retirarnos; fue for
zoso dejar en el peligro al valentón,
ya por no ser conocidos, ya porque
era necesario ceder á la fuerza.
Acosados del riesgo y llenos de zo
zobra llegamos apresuradamente á nues
tra posada; encerrémonos en el cuarto,
y por un rato quedamos suspensos mi
rándonos recíprocamente, hasta que rom
piendo yo el silencio le dije: ¿y bien,
estáis contento? Ya echasteis el resto á
256
VIAGES
vuestras aventuras; lo peor es que sin
comerlo ni beherlo sacare' yo tal vez
en vuestra desgracia mas parte que la
que hasta aqui me lia tocado en el sus
to que acabamos de experimentar. Vues
tro punto de honor y mi mal acon
sejada condescendencia nos han metido
en un laberinto, que me temo fun
dadamente ha de sernos de muy di
fícil salida: no espereis de mí que
aguarde mas lances: la enmienda de
estos yerros no puede ser otra que Ja
ausencia; y asi alto á marchar, y es
tad inteligenciado en que si os resis
tís á este único medio que nos deja
abrazar la estrechez de nuestros su
cesos , os gobernareis en adelante solo
por vuestro dictamen abandonado del
mió, pues mas de lo debido he cum
plido hasta aqui con las leyes de la
amistad. Razón teneis, amigo mió, res
pondió' Tulipán; razón teneis, yo me
cegué, mi vano y ridículo punto del
qué dirán me condujo á este lance.
¡ Ah falta de reflexión! ¡ cuánto mas
pesado y demas deplorables conse
cuencias será el qué dirán de ahora!
El de antes era efecto de una cordura
DE W AN T0N .
257
prudente, y el actual de una desbo
cada locura. ¡ A h , Enrique, Enrique!
marchemos enhorabuena pues no hay
otro arbitrio, pero sea en medio de las
tinieblas ; permanezcamos todo el pre
sente dia escondidos, por si anoche
nos reconocieron , no sea que vie'ndonos salir nos armen alguna emboscada,
en que sorprendidos no nos valga el
brio y caigamos indefensos en manos
de los que solicitan perdernos: el la
cayo que traemos para que nos sirva
es bastante vi vo, saldrá disfrazado y
averiguará lo que pueda, y de cual
quier modo á media noche marchare
mos con mayor seguridad. Quedamos
acordes, recogímonos un rato, y luego
que fue bien de dia encargamos al pa
trón que á nadie dijese si nos busr
caban que nos hallábamos en casa por
que nos importaba estar ocultos, y di
mos al lacayo la comisión de la pes
quisa que solicitábamos.
Pasamos hasta el medio dia encer
rados haciendo varias reflexiones muy
buenas para el dia antes, pero que ya
no venian al caso: es efecto consiguien
te al mal obrar el áspero remordimiem
TOMO III.
i j
258
VIAtiES
to. Ya deseábamos la vuelta de nues
tro emisario para saber las novedades
ocurridas; no tardo éste, y fue su ar
ribo un nuevo motivo de cuidado. Con
la mayor cautela, d ijo , desde que me
aparté de aquí empezé á inquirir, pre
guntando generalmente por novedades,
y encontré repetido en bocas de to
dos los que iba hablando el suceso de
una grande quimera que había habido
aquella noche , pero con tan diver
sos accidentes y tan vario también en
la sustancia, que no se podía formar
ju icio : unos contestaban en que eran
ladrones que habían querido robar en
casa de la marquesa de la M ielga,
y que habian sido sentidos y recha
zados por los criados: otros que era
cierto enemigo del marqués acompa
ñado de asesinos, que había pretendido
escalar su casa para quitarle la vida,
pero que sorprendidos por una patru
lla , después de una corta defensa ha
bian vuelto las espaldas: otros que eran
unos cortejantes de las criadas , que
habian sido impedidos por algunos ce
losos de la correspondencia de ellas: en
estos corrillos se contaban las muer-
DE WANTON.
259
tes á pares; en aquellos se tomaba á
risa diciendo que era una friolera; y
por último señas y asuntos eran tan
diversos en las relaciones, que yo con
ánimo de averiguarlo con mas funda
mento fui hacia casa de la marquesa
por si podia hablar á un mozo de li
brea paisano mió que está alli sirvien
do , y sin duda lo sabría todo, porque
estos son los cauces seguros por donde
averiguamos las interioridades de las
casas; logrólo como lo pensé, pues él
había sido uno de los que se hallaron
en la refriega: dos horas antes, me re
firió', de la media noche mandó mi amo
que todos los criados de la casa nos ar
másemos , y unidos á otra porción de
gente que tenia prevenida, saliésemos
con él divididos en dos cuadrillas, una
gobernada por sí propio, y otra por su
mayordomo: mas de tres horas estuvi
mos sin hacer otra cosa que rondar la
calle y sus alrededores; ninguno sabia
el fin de esta expedición, pero no nos
pertenecía mas que obedecer; conoció
mi amo que ya estaríamos cansados, y
parto por darnos algún descanso, par
te porque debió de creer que ya era
86o
VI AGES
excusada su diligencia, unid las cuadri
llas y nos condujo no lejos de su casa
á una de un criado para que tomáse
mos un refresco, dejando escondido y
en acecho un centinela con las órde
nes correspondientes: el tal en obser
vancia de ellas vino después de un rato
avisando com o'liabia visto tres bul
tos dar vuelta por el palacio del mar
qués. Alarmóse este prontamente, di
vidió la gente segunda v e z , dio orden
de que no se concediese cuartel á quien
se resistiera, y partimos en disposición
de cogerlos en m edio: asi se logró;
pero fue tal el valor y manejo de dos
de ellos, que después de haber herido
aunque levemente á algunos de los nues
tros , lograron retirarse á despecho del
marqués : entonces unidos todos con
tra el que quedaba, no hubo dificul
tad en rendirle, aprisionarle y llevarle
á un calabozo entregándosele á la jus
ticia , reconociendo que era persona
ordinaria. Este es todo el suceso de
anoche; pero ahora acabo de o ir, aun
que con muchos misterios, que el pre
so es un gran bribón, que andaba hu
yendo de la justicia por varios feos y
DE WANTON.
36I
atroces delitos, que sin duda pagará
ahora por junto; á la primera declara
ción que esta mañana le han tomado,
se dice que depuso, que él sin saber
el objeto ó motivo que tenia el señor
Tulipán, hijo del caballero Haya, para
haber ido á tal deshora y tal casa,
le habia acompañado, y á un amigo
íntimo de dicho señor, por si se les
ofrecía algún lance apretado: con es
tas noticias, prosiguió diciéndojne mi
paisano, hubo varios dictámenes en la
casa; pero mi ama se conocía estaba
entre confusa y apesadumbrada , sin
que hubiese quien se atreviera á ha
blarla una palabra; y mi amo sin ha
berse querido recoger: después de haber
pasado el resto de la madrugada encer
rado en su cuarto, salió muy tem
prano, y se fue á casa del primer mi
nistro: si quieres saber lo que alli baya
pasado, y la determinación que se to
ma, ven hacia acá á la tarde, que yo
luego que lo oiga no tendré mas cui
dado que de tomarlo bien de memo
ria para comunicártelo, y á cuanto»
vengan de nuestra ropa al portal de
casa, lugar de nuestras juntas, por no
VI AGES
faltar á las obligaciones del oficio. Esta
e s , señores, toda la relación que se
me ha hecho, si fuese necesario saber
otra cosa, volveré á evacuar la cita,
que él no faltaré á ella, porque es
criado que sabe serlo con todos los re
quisitos de tal.
j Ay amigo Tulipán, exclamé, esto
está peor que estaba! El marqués (no
pongáis duda) ha ido determinado á
dar queja de vuestros excesos, ó bien
en derechura al soberano, ó bien por
medió del ministro de quien puede se
guramente confiarse, porque las altas
circunstancias y rectitud de éste re
pugnan á que cometa la detestable trai
ción de ocultar la verdad á su prin
cipe; y diciéndosela, ¿como se podrá
evitar el ejemplar castigo que le dic
tará su justicia? No os puede poner
á cubierto vuestra ilustre sangre, por
que si vos mismo no habéis correspon
dido á la heroicidad de las acciones á
que os llama , ¿ como se os ha de tra
tar según exigian sus privilegios? Yo
también experimentaré justamente el ri
gor de su sentencia aunque bien á san
gre fria , habiendo sido co'mplice solo
DE
VVANTON.
£63
por una inconsideración; no puedo sa
tisfacer, diciendo que os acompañé por
ser vuestro am igo, porque la amistad
no es motivo que sirve para las ac
ciones oscuras y mal sonantes; antes
bien como vínculo de almas virtuo
sas las evita por todos cam inos;. tam
poco los favores que á Roberto fran
quea el soberano y á mí por conse
cuencia pueden ser escudo contra sns
iras, pues estos son como el calor del
s o l, que obra diversamente según el
sugeto que le recibe; derrite á la cera,
y endurece al barro, siendo él uno
mismo; asi pues en Roberto serán fa
vores porque se los granjea, los que
en mí castigos, pues con mis yerros
los atraje sobre mi cabeza. Ya no hay
remedio á lo hecho, me interrumpió
Tulipán : yo siento que mi amistad
os baya expuesto á estos sinsabores:
marchemos, am igo, al punto por si
la ausencia puede abrir algún camino
á la enmienda. Esto d ijo , y dio or
den al lacayo para que buscase carruage que nos restituyese en aquella
misma noche á la corte: este volvió sin
haberle encontrado, y con sola la es-
£64
VI AGES
peranza de que por la maílana le ha
bría; quedo en el encargo de solicitarle
al amanecer, y nosotros cansados de la
mala noche antecedente, y de la inac
ción del dia nos resolvimos á recoger
nos muy temprano.
En lo mejor de nuestro sueno es
tábamos cuando oímos unos recios gol
pes á la puerta del cuarto; levantóse
el lacayo que se quedaba con nosotros,
abrid, y vimos entrar un mono con
traza de inválido, vestido con el uni
forme de la casa real, y en la mano
un largo garrote con una especie de
lanzon al fin de é l ; bronco de voz,
y serio de semblante pregunté por mí;
como yo estaba á medio despertar, des
prevenido , y con la conciencia no sa
na , luego que vi delante de la cama
aquella estantigua armada de tan for
midable instrumento, creí que era mi
hora llegada; mas no obstante mi mie
do me iba á poner en estado de de
fensa, cuando él me dijo sosegadamente
que no temiese que venia á traerme
un pliego del secretario de estado: yo
le recibí temblando, conociendo que
aquello no era otra cosa que mi sen-
DE WANTON.
265
tcncia ; abríle, y di el sobrescrito al
portador para testimonio de la entrega;
y luego que volvimos á encerrarnos,
le leí en alta voz (después que supe
su contenido) para que le oyese mi
compañero; y decia de este modo:
Amigo Enrique.
nrLa dulzura de vuestro genio (lo
conozco) os ha conducido á una con
descendencia que debia traeros conjssecuencias muy funestas, si yo car55 gado ya de canas y experiencias no
33 hubiera procurado cortar el lance con
jila prudencia mas posible. Tulipán jo33 ven inconsiderado ha escandalizado la
55 casa de un sugeto noble y pundo
no ro so. El marqués ofendido se tem33 pío con
mis reflexiones , y queda
33satisfecho con unas providencias exsjtrajudiciales: no ha podido mi amis3?tad excusaros el ser incluido en ellas
3 3 porque estáis acusado como cómplice:
33en esta inteligencia se hace forzoso
33que á las tres horas de recibir este
55pliego salgáis del sitio, acompañado
?jde Tulipán, dirigiéndoos á las ciu33
206
VIAGES
jjclades que gustaseis con tal que disjjten lo menos cuarenta leguas de la
35corte, sin que podáis volver á ella
35sin real decreto; advirtiendo á vues35 tro compañero que esta orden tiene
33para sus efectos la misma fuerza que
33si hubiera sido pronunciada en vista
33de causa; por convenir asi al so73 siego público. Y para que sin ex33cusa podáis cumplir lo aquí conte33 nido, á la puerta de vuestra posa33da hallareis á la hora caballos para
33 vosotros y para un lacayo. Yo quedo
33encargado de mirar por vos, para
3? que podáis restituiros luego que esten
33 sosegadas las presentes turbaciones;
3?pues en todos tiempos es vuestro se»guro amigo y servidor
Rosal.
No quedaba ■mucho que discurrir
en el asunto: recogimos nuestros mue
bles que se pusieron en una m aleta, ca
paz de ir en la gurupa del caballo; fia
mos en la experiencia que tenia el la
cayo de los caminos por haber sido
postilion, la dirección de nuestro viage;
DE W ANTON.
267
y nos prevenimos al punto para la
marcha. Aproveché el breve tiempo
que nos restaba noticiando á Roberto
mi destino, diciéndole:
Amado compañero y amigo mió
Roberto:
ce ¡Cuán á mi costa experimento la
»falta de vuestra dirección y consejo!
»No estaba aun mi entendimiento ca»paz de soltar las velas, gobernando
??el timón un conocimiento falto toda»vía de muchas experiencias: guiado
»de un falso punto de honor condes»cendí con las travesuras de un joven
»que me ha traido al estado de verme
»desterrado vergonzosamente, ya he em»pezado á sentir incomodidades, sustos
» y sobresaltos inseparables compañeros
»de la inconsideración. Yo parto á la
»hora sin saber adonde: gobernado por
»un mono soez y bajo, expuesto por
»esas provincias de este continente á
»ser espectáculo de otros monos, tanto
»mas molestos cuanto menos cultos. In» digno soy del alto carácter de hombre,
»pues ni aun
monos he sabido
entre
263
TIAGES
»conservarle; con razón pago mi eul»pa. Desde todas partes os iré dando
»cuenta de mis peregrinaciones y tra» bajos. Gozad en paz de un reposo
»que vuestra moderación, pulso y ma»durez lian sabido grangearos aun en»tre tan distinta clase de gentes, y
»lastimaos de corazón de vuestro in» feliz amigoEnriquer.
Encargué la remisión de este plie
go á nuestro patrón, pagárnosle el alo, jam iento; y á la puerta de él halla
mos tres caballos, y un criado del se
ñor Rosal, que de parte de su amo
me entregó un bolsillo capaz de pro
veer á nuestra subsistencia por mu
chos dias con un atento recado , de
que en cualquier aprieto contase con
sus haberes, y en todo tiempo con sut
a mistad : respondí agradecido, y acepté
el don que su liberalidad me franqueaba,
porque no sabia los varios sucesos que
podían pasar por nosotros, y la preci
pitación de la marcha era un pretexto
decente para abrazar cualquier partido.
Poco mas seria de la media noche
DE W ANTON.
269
cuando ayudados de la claridad de la
luna tomamos la ruta hacia donde qui
so Orozuz nuestro lacayo : en lo que
de ella restaba y en los tres dias que
siguieron , picamos de martinete con
tanta diligencia que conseguimos po
nernos en el término de las cuarenta
leguas desviados de la corte y sitios
reales , que se nos intimé en la senten
cia. Paramos por la noche en una ca
sa que había en medio del campo de
las muchas que se encuentran en aque
llos países, que sirven para tomar des
canso los pasageros , cuando están muy
distantes los poblados que sucede fre
cuentemente. Desde luego el frontis
picio daba á conocer la magnificen
cia del trato interior. Yo creí que peor
piso que el de los caminos no po
dría encontrar, aun en los mas ásperos
cerros; pero era porque jamas habia
pisado el pavimento de estas habita
ciones : unas grandes y desiguales pie
dras formaban su entrada tan resvaladiza que hubo de hocicar mi caballo
y dar conmigo en tierra, si yo hubie
ra ido un poco descuidado : desmon
témonos , y sino hubiésemos llevado
27O
T I AGES
lacayo, hubiéramos tenido que condu
cir nosotros mismos los caballos al es
tablo. Yo tenia muy buena gana de
cenar y mayor de tomar algún descan
so ; buscamos al huésped, que al fin
de preguntar á varios hallamos en la co
cina , calada la montera hasta los hom
bros, con una cara de pocos amigos,
y trage de mucho parentesco con el
del amigo Ajenjo; mas me pareció un
vandolero que un mono de regular
crianza, como creí debiera ser por ra
zón del continuo trato que allí tenia
con los primeros sugetos de la monar
quía, que cuando caminaban por aquel
parage necesariamente tenian que ha
cer tránsito en aquella casa: saludá
rnosle cortesmente, y no se dignó de
mirarnos ocupado en el grave asunto
de celebrar á carcajadas, y atender al
suceso nada limpio que un arriero con
taba, acaecido con la moza de un me
són ; acabóse éste antes que nuestra pa
ciencia, y volviéndose á nosotros en
capotado el semblante , no nos dijo
mas de ¿qué se ofrece? Suplicárnosle
nos preparase un cuarto poniéndonos
unas camas y dándones de cenar: ya^
DE WANTON.
2J7I
respondió, poco piden; vaya que pa
recen personages de pelo, aunque el
tren es bien reducido: caballeros, cuarto
no hay mas que uno, y ese está siem
pre reservado para gente de modo, y por
tanto se ha dado á unos señores de co
che que acaban de llegar: cama no hay
otra que la del galgo, y asi podrán
hacer la rosca en la cocina, en el por
tal o en la caballeriza; y en cuanto á
cenar se guisará lo que traigan en aca
bando los arrieros, y sin esperar mas
respuesta empezó á gritar con un mo
zo de tan buena traza como e l , que
tenia para que diese la paja y cebada
según el arreglo que le había confiado,
y por no sé que medida de mas ó de
menos se hundía la casa á juramentos
y maldiciones recíprocas. Este mono
es sin duda la piedra de toque de nues
tra tolerancia, dije á mi compañero:
veamos, respondió él, á que quilates
llega; pero oyéndolo Orozuz nos re
plicó : ¡ oh ! señores, pues ahora se co
mienza ; esta es la muestra del paño;
bien podéis armaros de paciencia, pues
como este son cuasi todos los que se
hallan en semejantes casas por el rei-
272
VI AGES
no , insolentes, malcriados y .... pero la
experiencia os dirá lo que callo: la co
modidad en todas ellas es la misma, y
asi acomodémonos como se pueda que
una noche mala de cualquiera suerte
se pasa. Dicho esto, suplicó al patrón
que á lo menos nos diese un puñado
de sal y un poco de aceite y vinagre;
condescendió como haciendo un favor
muy grande, y aun añadió una cebo
lla por via de gracia ; con cuyos avíos,
colando el vinagre para quitarle un sin
número de moscas que habian caído en
el sarroso y deshocicado jarro, con el
pan que llevábamos se hizo un gazpa
cho que comimos con tanto apetito
como si fuese uno de los mayores re
galos ; yo siempre había hecho ascos á
la cebolla por su olor fétido , pero
aquella noche'hie olia á ambar. Digan
los glotones que el mucho regalo no
estraga al apetito; pero experimenten
algún dia la necesidad y el ham bre, y
verán con que aceros tan distintos se
sientan á la mesa. Por último, no hu
bo mas remedio para descansar un rato
que acostarse vestidos sobre las cap,as
en un rincón del portal.
DE WANTON.
273
c Aunque el cansancio nos convidd al
sueño se deja discurrir que lo mullido
de los colchones nos echaría bien tem
prano de la cama ; antes de amanecer
ya teníamos de punta los huesos; ensi
llados los caballos y prontos á marchar,
llamamos al patrón para pagarle el des
engañado hospedage que nos había da
do y cortísima costa que le hicimos;
vino al punto con tantas cortesías y
cara de risa que parecía otro, aunque
tardó poco en sacar las uñas; pidiónos
una exorbitancia , tanto que nos sor
prendió , y aun á Orozuz con estar
hecho á los golpes: con la mayor mo
deración le replicamos diciéndole, que
sin duda habia equivocado la cuenta,
porque no sabíamos en qué podiamoá
haber causado un costo tan crecido. E l
recuperando el encapotado gesto de la
entrada, meciéndose y puesto en jar
ras , nos dijo con la mayor desver
güenza: estos muñecos de la corte, to
do bambolla y poquísima moneda, quie
ren siempre que se les asista y sir
va á título de suficiencia; si habían de
tener tanta dificultad en la paga, ¿por
qué no se quedaron á pasar, la noche
T omo iii.
i8
«74
V I AGES
en el mesón de la estrella, que allí no
puesta dinero? Estaré yo aqui solo por
tener la honra de servirles como si los
comestibles que hay en la casa ( ya he
dicho de lo que nos proveyó ) nacie
ran en esos campos , como si me die
ran la casa de balde.
Supe después en otra ocasión que
sobre ser ellos generalmente una gente
vilísima se les dá pie para que sean mas
ladrones, por el excesivo precio en que
los señores de las tales casas se las ar
riendan., sin mas medida ni proporción
que su antojo, su lucro sin tasa, y las
temosas pujas de ellos entre sí, resul
tando estos desarreglos contra el infe
liz pasagero que tiene que pagarlos pa
ra que el dueño principal lo disfrute
$in trabajo; y el bribón del inquilino
pumpla el injusto arrendamiento , y
saque fruto de su tema con una noto
ria pública injusticia. Parece exagera
ción ésta y cuento de viageros, pero
creáseme que no hay duda en que asi
pasa.
Tulipán tenia la pólvora mas seca,
y ya conocía yo que le iba faltando la
paciencia ¿ por esto y porque aquel
DE WANTON.
S75
bárbaro no dijese mas desvergüenzas
y despropósitos le respondí sosegado:
teneis mucha razón en querer se os pa
gue, bien creo que os cuesta vuestro
dinero todo lo que habéis dicho, y
nosotros desde luego estamos prontos
¿ satisfaceros , pero ignoramos como
monta tanto nuestro gasto. Serenóse un
poco y dijo : pues , sí señor , eso im
porta rebajado lo que os hacia de gra
cia ; pero ya que queréis la cuenta por
m enor, pagareis lo que sumen las par
tidas ; id pues contando: de cebada. . .
de paja . . . de atadero . . . de mozo . . .
de emporcar la caballeriza. . . del col
gadero de los arreos de los caballos. . .
de aceite . . . de vinagre ( no contó las
moscas tal vez por via de gracia)... de
sal.... de agua.... de cebollas ( esta par
tida debió entrar en singular) . . . . de
asistencia... de camas (esto es una man
ta que dió para los tre s)... de ruido...
de l u z . . . y por lo que hace á la casa
daréis lo que gustareis; la de los alfile
res á la moza es partida volpntaria (bas
tantes necesitaba si habia de prenderse
todos los girones que la colgaban).
Fue poniendo las partidas á tanto pre-
26
‘?
VI AGES
eio que sumaron al fin doble porción
que habia pedido primero ; puso pies
en pared sobre que se le pagase según
esta cuenta , y anadió tanta insolencia,
que yo me enfade ya un poco, y mi
compañero acabando de perder los es
tribos , levantó la mano, y le sacudió
tan buen torniscón que le hizo la mos
taza.
Aqui sí que fue la gritería comple
ta , juró, blasfemó y llamó en su ayu
da á todos sus amigos : rodeónos al
punto una muchedumbre de monos,
porque todos los. arrieros y demas gen
tualla que habia agregada en la casa, se
conjuraron contra nuestras vidas; no
hubo tranca en el corral, tenazas en la
cocina, ni pala y hurgonero en el hor
no que no amenazasen á nuestras ca
bezas ; pusímonos en defensa y nos
fuimos retirando hasta el medio del
campo; pero allí nos siguieron coa
jtanta tenacidad, qug me fue ya preciso
pasar de la mera defensa, á la ofensa;
por lo cual pude separarlos por algún
espacio : esto fue peor en el efecto,
porque viendo que no podion ofender
nos aproximándose, echaron mano i
DE WANT0N.
2^7
las armas arrojadizas, y un pastor que
se les había agregado nuevamente de
aquellos que tienen vinculado en su
mano un tino sin igual, disparándome
con la honda un mediano guijarro lo
gró descalabrarme y aturdir m e, dando
con mi cuerpo en tierra : falto de mí
auxilio mi compañero, asi como su cria
do , tuvo que rendirse inmediatamente
á voluntad de aquellos impíos villanos,
los cuales aprisionándonos fuertemente
de pies y manos, nos condujeron con el
mayor descomedimiento á la cueva de
la casa , en donde mas que por cari
dad por miedo de que me desangrase me
cogieron la sangre, y ataron á la ca
beza un asqueroso trapo, dejándome
asi encerrado cou Tulipán y Orozuz has
ta tomar sus providencias.
378
VIAGES
CAPÍTULO XIII.
De la prisión de Enrique y Tulipán
en una aldea al paso de su viage.
Y a estaba bien avanzada la tarde, y
no habían aun tenido los villanos con
miseración de nosotros , entrándonos
algún alimento: la falta de la sangre y
los muchos nudos que tenían las liga
duras con que me habían sujetado los
pies y las manos vueltas á la espalda,
impedían que yo hubiera podido rom
perlas , y hacer esfuerzos de libertar
nos á toda costa. ¡ Qué miserable cons
titución la nuestra! ¡ qué escarmiento
de mal aconsejados ! Todo este daño
era dimanado de un solo error. Aun
del consuelo de la luz estábamos pri
vados ; tirados como bestias por los sue
los en un terreno humedísimo y des
igual, sin acción, ni libertad para que
con Ja variedad de posiciones tomase
el cuerpo algún descanso: adormecidos
D E W A N T0N .
2JT0
los miembros con la compresión de
los cordeles; perseguidos de diversas
sabandijas que nos incomodaban no
poco; descaecidos por falta de alimen
to , pero mucho mas por la considera
ción de nuestro paradero ; y en fin
rodeados de miserias y de aflicciones
del cuerpo y del espíritu , comencé á
persuadirme á que era ya aquella mi
ultima hora ; no tanto la temía por
que mi vida se finalizaba en medio de
una edad lozana y briosa, cuanto por
la causa; una muerte honrosa es coro
na y gloria de nuestra carrera; una
muerte vil y baja es oprobio de la vi
da : ¡ qué congojas pues no sentiría yo 1
al considerar que acababa la mia en un
oscuro encierro, ó á los crueles filos
del cuchillo, 6 á la dura inclemencia
del ham bre! No fue este solo el tor
mento que me afligid por entonces:
llego Tulipán á los términos de un cai
miento de espíritu tan deplorable, que
tuve que sacar fuerzas de flaqueza pa
ra consolarle , porque no tocase en
desesperación. Orozuz que tenia bas
tante ligereza pudo arrastrando ir po
co á poco ganando terreno hasta 11c-
280
VIAGES
gar adonde yo estaba, y con loé dien
tes no sin alguna dificultad logró desa
tar los nudos y lazadas que me tenían
Sujetas las manos, con lo cual ya li
bre pude desaprisionar-á los otros; pe
ro toda la satisfacción y gusto que lo
gramos de vernos en nuestra libertad
se nos acibaró inmediatamente cuando
después de haber buscado á tiento la
puerta, ósta resistió á mis impulsos;
aqui fue cuando Tulipán soltó las rien
das á su apocamiento , y llegando al
extremo se arrestó á proponer que
nos quitásemos la vida por nuestras
propias manos. ¿ Seríamos , decia, los
primeros que generosamente lo han
ejecutado ? Ejemplos tenemos dentro
de nuestro mismo continente de pue
blos enteros , cuyas murallas, riquezas
y habitantes acabaron á un mismo
tiem po, entregándose ellos mismos á
la voracidad de las llamas antes que á
la ferocidad de sus enemigos; y por
cierto que diversas veces he oido en
salzar esta acción como de la mayor
heroicidad y gloria; glori a tan inmor
tal que llena de honor aun á algunos
naturales de aquellas provincias, por-.
DE W ANTON.
28 I
qué aunque es verdad que no quedó
viviente ni piedra sobre piedra de aque
llas ciudades , ni otro vestigio que el
suelo en donde estuvieron ; aunque
también es indubitable que los actua
les pueblos sus herederos se fundaron
muchos anos después, y en otro para
ge , les basta el contacto físico del ter
reno para que se lisonjeen de esta ho
norífica descendencia: ¿No es un tes
timonio auténtico de la libertad de
nuestra naturaleza, y un apoyo de la
grandeza de nuestro espíritu tener en
nuestra mano el medio de eludir la ti
ranía de nuestros enemigos, previnien
do por nosotros mismos el funesto gol
pe que su violencia nos prepara ? ¿ Po
demos con semblante sereno esperar
en la miserable constitución en que
nos hallamos una muerte, tanto mas
violenta cuanto mas involuntaria? Me
horrorizo solo de pensar el áspero tra
tamiento, la indecorosa b u rla , y por
último el cruel suplicio á que esta
mos expuestos. Gocemos pues infeli
ces compañeros del mayor de los do
nes que nos ha franqueado la Providen
cia , dejando en nuestro arbitrio la pro-
28*
VIAGES
porción de finalizar nuestros males*
de no permitir á otro que ejecute á
nuestro despecho sus sangrientas in
tenciones, y desarmar los tiros de la
suerte contraria cortando la carrera de
nuestros dias antes de sufrirlos vergon
zosamente hechos juguete de la for
tuna.
Asi discurría Tulipán , y aun dispo
nía ya el medio de poner en práctica
sus designios, que nunca faltan ocasio
nes de perderse al que anda sutilizan
do modos de acarrearse su última rui
na. No podía yo asentir á las descabe
llarlas proposiciones de Tulipán , pres
cindiendo de otras mas graves razones
por solas las de una racional filosofía;
y asi prontamente le repliqué: no, Tu
lipán, no permitiré yo la ejecución de
una acción tan torpe y desesperada:
no debeis dejaros llevar de ejemplos
que mas que la grandeza de alma pro
dujo un ímpetu de fiereza, dejad que
los alaben aquellos que advirtiendo la
acción solo por la exterioridad no exa
minan el fondo de furor bárbaro que
incluye: pensar en morir antes que
ser vencido es una ley dictada mas bien?
DE W AN TO N .
283
por la necedad, que por el valor: ¿qué
fuerza hay que no sea limitada, y que
defensa que no se contenga en ciertos
términos? pues ¿porqué no podrá ocur
rir un mayor poder por esfuerzo, por
número, por pericia, ó por otro cual
quier accidente al que sea prudencia ce
der ? morir con las armas en la mano en
medio de sus enemigos destruyéndolos
podrá ser disculpa de un¡ ánimo esfor
zado ; pero matarse por no morir ¿ qué
puede ser sino locura ? Estad cierto
de que no pasa de cobardía, impacien
cia y apocamiento de espíritu el no
tener ánimo para aguardar con rostro
firme los golpes de la fortuna, no
hay cosa mas fácil que despreciar la
vida cuando esta es una pesada carga
rodeada de adversidades; la mas difícil
empresa es atreverse á ser desdichado;
mayor fortaleza es necesaria para sufrir
la pesada cadena que nos oprime que
para romperla; porque la verdadera
virtud de la constancia no cede á los
males y contratiempos, antes son estos
el fuego que la acrisolan : ¡ oh ! si supiérais cuantos desde la cárcel en donde
esperaban animosamente su última ho-
2^4
'
VIAGES
ra fueron conducidos á la mas alta for
tuna ! Si estos dejándose llevar de la
aprensión de su infortunio, hubiesen
querido prevenirle dándose la muerte
con sus propias manos, hubieran cerra
do la puerta á sus felicidades. Estas y
semejantes razones consolatorias estaba
proponiendo á Tulipán , no obstante
las amarguras de mi corazón ,* cuando
sentimos un grande ruido de gente que
se acercaba á la puerta; ebrióse ésta y
nos vimos prontamente rodeados de
una innumerable multitud de monos
que con luces y armas seguían á uno
que parecía por las senas el cabo ó
gefe de todos; traía un palo alto en
la mano , y de su trage y habla no
nos podíamos prometer mucha civili
dad ; sus acciones no obstante demos
traron mas compasión que hasta en
tonces habíamos experimentado , pues
no permitid que nos volvieran á atar,
los que admirados de vernos libres
iban á ejecutarlo segunda vez; se in
formó también acerca de nuestro ayu
no , y mandó se nos diese algún re
frigerio ; luego nos dijo: yo bien qui
siera , caballeros, excusaros el disgusto
DE W ANTON.
285
de la detención de vuestro viage , el
arresto que es necesario, y el coste que
os ha de tener forzosamente la causa;
pero me veo obligado á petición de
parte. Asi que llegué á mi casa esta
tarde de vuelta del trabajo del campo
(que en mi aldea no hay esa casta de
holgazanes que en las grandes pobla
ciones, pues todos tienen algún desti
no ) me encontré con una hija del bribonazo dueño de esta casa, que nos
dá mas que hacer que todo el pueblo,
querellándose de vosotros por haber
herido malamente á su padre, como
también á otros tres ó cuatro; plíse
me al punto en camino , que será co
mo de media legua, trayendo conmi
go al barbero del lugar para hacer la
pesquisa; y aunque hemos hallado que
no son cosa de cuidado las heridas , es
indispensable seguir la causa por razón
de la querella dada; por tanto es fuerza
©s deis á prisión y vengáis con nosotros;
pero antes , maestro, registrad la heri
da que según el trapo ensangrentado
tiene el señor en la cabeza. Hízolo asi
el barbero con tanta suavidad como si
fuesen sus manos dos rastrillos ; sufrí
286
VIAGES
como pude aquel martirio : y después
nos fue igualmente preciso dejarnos
conducir á la cárcel del referido pueblo inmediato.
Era largo é inútil referir por exten
so los trabajos que experimentamos en
la prisión, mayormente cuando está
al principio , desconfiando el juez de
nuestra seguridad, fue un estrecho y
oscuro calabozo lleno de hediondez
y sin respiración; basta considerar que
en un lugareillo infeliz, en donde los
que pasan plaza de ricos y hacenda
dos tienen que sufrir mil incomodida
des eu sus propias casas, era consi
guiente fuese infernal el lugar desti
nado para la detención de los reos; la
comida era proporcionada al hospeda*
ge, y la cama el desnudo suelo: algún
tiempo duró esta áspera penitencia , al
cabo del cual logramos un corto ali
vio en todos estos ramos por recomen
dación que vino de la corte solicitada
por mi amigo Roberto, á quien luego
que tuvo proporción informe" de nues
tra infeliz suerte. Pero ¡qué bien, qué
fortuna, qué dicha tuve jamas, que no
me viniera por esta mano bienhecho-
CE W AN TON .
287
r a , por éste sin igual ejemplo de ver
dadera amistad! Aun mas que los ali
vios corporales me alentó el que reci
bió mi espíritu con una carta suya,
que en breves palabras me hablaba al
alm a, y decia de este modo:
M i amado E n rique:
o?Aunque no el total que deseo, mi
» mediación os ha conseguido algún
»alivio en esa prisión que os molesta;
» yo hubiera ido en persona á dárosle
»si me hubiera sido permitido , pero
»las continuas honras de este príncipe
» va n diariamente añadiendo eslabones
»de oro á la cadena que me sujeta á
»sus órdenes. Permitid que me admi
a r e de haber leido vuestro dolor en
»unos términos tan distantes del mo»do de pensar que teníais cuando li»bremente hablábamos á solas acerca
» de nuestra fortuna. No creí yo que
» m i Enrique pudiera caer en un aba»tim iento de espíritu tan vergonzoso.
» La prisión, el destierro son las aflic» dones que os conducen á una amar»gura de corazón tan funesta. ¡ Será
288
VIAGES 'T
»posible que no hayais reflexionadcr
»sobre estas dos especies de adversi-*
»dades ! Vuestro espíritu se aflige
»¿acaso vuestro espíritu es el preso?
»¿No se pasea libremente por donde
»le agrada, sin que poder alguno dei
»orbe, ni todo el mundo junto, ni el
» mismo cuerpo que le rodea pueda,
» no digo aprisionarle, pero ni aun con» tenerle en límite’alguno ? El cuerpo
» padece , es cierto; pero la parte prin»cipal, que es el alma, tiene ocasión
»de demostrar su heroicidad, su pa» ciencia, su tolerancia, y cuantas vir»tudes pueden hacer á un sugeto en»trar en el templo de la Fama : fácil
»será ejercitarlas si la prisión es corta
» y poco cómoda; si es larga y dura,
»será mayor la gloria que os quepa
»por haberlas puesto en práctica. No
»adquirid tanto crédito para con pa» tridos y extrangeros el incomparable
»Tomas Moro entre las felicidades de
»su libertad, como entre los horrores
»de su prisión. Nuestro célebre gene»ral Stanhop, luego que derrotadas en»teramente sus tropas en Brihuega fue
»hecho prisionero por los españoles,
DE WAN^ON.
289
dedicó el tiempo de su prisión al
5? estudio del sistema de la gravedad
55 de los cuerpos que aplicó á Jos pla55 netas el caballero Newton , hacien33 do sabiamente á su infortunio esca33 Ion que le condujese á las ilustracio33 nes de su entendimiento. A despechó
53 de la tiranía no ha habido tormento
33 material que se atreva á ofender al
33 espíritu , ni r ^ ros ó encierros que ha33yan podido aprisionarle ; preguntád33 selo á Anajarco, cuando ya medio
33 quebrantados los huesos dentro de
33 un mortero no respondió al tirano,
33 que pretendía sujetar su ánimo, otra
33 cosa que : despedaza, rompe el saco
33 que incluye al espíritu de Anajarco,
33 que por mas que emplees tu poder,
33él siempre permanecerá ileso y libre.
3 3 No una carta, tomos enteros podia
'33 escribiros de. reflexiones sobre este
33 asunto ; pero no teneis que hacer
33 otra cosa sino traer
á la memoria
33 nuestras antiguas consideraciones , y
33 los muchos escritos que os he cita33 do , que tratan largamente de esta
33 materia. Otro tanto y mas os podria
33 decir acerca de vuestro destierro. ¿Os
n
T omo irr.
19
290
VI AGES
55conduce á otra aflicción, os acarrea
33 otro daño que el que abulta vuestra
53 fantasía ? Para el sabio todo el alun
a d o es pais sin particularidad en uno
33mas que o tro: todas las tierras tienen
33poco mas ú menos unas mismas pro33ducciones, unas mismas fieras ; nos
33proveen de lo que necesitamos , y
33nos proporciona fieles amigos, si por
33 nuestros buenos oficios sabemos no33sotros concibámoslos. El hermoso bri33 lio de los astros y planetas , la grau33deza de los cielos, y lo admirable de
33 su curso en todas partes se nos ma
ss nifiesta igualmente, tanto mas digno
33 de nuestra consideración, cuanto siem33 pre lo vemos en una misma distancia,
>3en un mismo orden y una misma
3 3 magnitud, tan diversa de la de la
33tierra, que solo un planeta de los
33 que comprende nuestra vista es mas
?3de ciento sesenta veces mayor que
3 3 ella, y nada de él se nos ocultaj
33 cuando ,no obstante la pequenez de
33 ésta, apenas descubrimos diez ó doce
33 leguas de su extension. Pasad la con33 sideración á esa incomprensible y pas33 mosa m áquina, yereis que
está en
DE. WANTON.
29 I
jj continua rotación, haciéndose visible
33 á nuestras observaciones por toda la
j?tierra. ¿No es una mera preocupación
»considerarse desdichado por no vivir
33 ó dejar sus huesos ( como suelen de?3cir estos imaginados infelices) en un
33 lugar en donde tuvo su primera cu3 3 na? ¿Por ventura no fue accidental
33 que nuestra madre nos pariera en este
33 ó en el otro pais ? Es mucha debili33 dad y bajeza creerse extrangero en
33 parte alguna del orbe: todo él es nues33 tra patria mientras vivimos ; á todas
33 partes llevamos nuestro mismo espí33 ritu , virtudes y vicios; éstos no se
33 circunscriben á determinado terreno;
33 éstos nos hacen felices ó desdichados;
3 3 tristes ó gustosos; libres ó esclavos:
33 en esta inteJigencia hallarse bien ó mal
33 cuando mudamos habitación depen33de en la mayor parte de nosotros
33 mismos. ¡ Cuántos no han visto el
33 rostro á la felicidad , hasta que por
33 medio de un destierro han salido del
33 lugar de su nacimiento y crianza!
33 ¡Cuántos voluntariamente se han des33 terrado ! ¡ Cuantos después ae levan3>tado su destierro no han querido de-
292
VI AGES
jarle, afirmando no haber vivido mas
jj tiempo que el que ha durado esta sejjparacion de su pátria! Acordaos de
jjlas historias que para consuelo de
jj nuestra peregrinación tantas veces he55 mos referido, particularmente las de
55 aquellos ilustres romanos Rutilio y
55 Marcelo. Pero ¿ para quá me canso?
jj ¿ V o s, mi Enrique : no estáis tan
jj desterrado de vuestra pátria en Si55 roidpolis, como en cualquiera otra
parte de este continente? Pues exajj minad que era lo que ya os tenia mas
55 tranquilo en esta capital
y vereis
» que eso mismo os hará después me»nos áspera la separación de ella. No
55 son los consejos que os dicta mi cajj riíio meras consolatorias; desterrado
estoy de mi pátria igualmente que
»vos por los altos designios de la Pro55videncia; y no obstante, vos misipo
habéis sido testigo ocular de la prác2»tica de ellos en mi persona, sin
jjque contratiempos ni trabajos algujjnos me hayan hecho perder de vista
55 la tranquilidad interior que siempre
55 he juzgado digna de la grandeza del
js espíritu del hombre; sino os parece
jj
DE WANTON.
293
33fácil la ejecución, creed que muchas
33veces aparecen difíciles las cosas, no
55 porque lo sean en sí mismas, sino
33 porque nosotros no nos atrevemos á
33 ponerlos en práctica: esforzaos, conso33laos y contad en todo lance con vues33tro mas verdadero amigo
Roberto.
Con las reflexiones á que me exci
taba esta carta, y que me sugería mi
discurso, no solo tomé aliento pa
ra sufrir paciente mi adversidad , si
no para fortificar á Tulipán en su cai
miento de ánimo. En fin , poco" á
poco fuimos ganando la voluntad de
nuestros rústicos jueces , y á fuerza de
tiempo y de dinero conseguimos, que
bajo de fianzas se nos diese el lugar
por cárcel, y se nos permitiese alojar
nos en una casa de las mas principales
del pueblo. Algunos meses pasaron
primero que estuvo la causa en estado
de sentencia j fue el caso que la parte
contraria era terca y con dinero: tenia
bien agasajado al asesor del alcalde que
era un abogado de la comarca, ham
brón y capaz de detener aíios enteros
294
VIAGES
unos autos si le daban barro á mano
y últimamente el escribano tenia con
nuestro referido competidor cuentas
pendientes sobre ciertas fanegas de tri
go que le tenia tapada la boca, y de
satadas las manos: ; infelices nosotros,
si nuestro juez hubiera entrado á la
parte en su maldita coligación! Mas
este era uno de aquellos labradores po
bres, pero honradísimos, de que están
Henos los pueblos de aquellos países :
era uno de los de aquella clase de gen
te que se tiene por incivil y grosera
porque no está adornada de Cuatro ac
cidentes fantásticos, que constituyen á
un mono cortesano; pero que en la
substancia es el nervio del estado, el
fundamento de las artes y el comercio,
y á quien debe el príncipe su subsis
tencia, los poderosos su descanso, su
lujo y sus relumbrones, las capitales
su brillantez; por último en el cuer
po místico de la república, asi como el
soberano tiene las veces de la cabeza,
y las milicias togada y armada la de
los brazos; esta clase ejerce la del es
tómago, oficina desde donde se fomen-¡
tan todos los miembros, y se les da
DE WANTON.
«95
vigor para que puedan cumplir con las
funciones de su cargo: si el estado se
halla extenuado , sus contribuciones le
enriquecen; si el Rey tiene necesidad,
sus donativos le desempeñan; si el rei
no ha menester defensa, sus mismos
hijos dejan el hazadon y empuñan la
espada; si se acusa de atrasada á la
nación, su industria lo desmiente. Tiéndase la vista sobre la campiña, y se
verá hecha un jardin con sus labores,
regada con su sudor; entremos en sus
casas, y nos pasmará el gobierno in
terior con que las manejan sus esposas
y compañeras; el aseo con que las
adornan, y el admirable cuidado con
que crian á sus hijuelos; y para no
hablar indeterminadamente , yo me
alegrara poder llevar á uno de estos
nuestros erguidos palaciegos á la casa
del honrado aldeano que nos hospeda
ba ; no veria en él un ceremonioso
embustero que encubre su pérfido in
terior con el velo de cuatro agasajos
superficiales: no oiria unas frases hin
chadas y en gerigonza, sin mas ver
dad en, su objeto, que pureza en el
lenguage, no trataria con unos vende-
296
VI AGES
dores de humo , que asomando una
falsa risa á los labios, disimulan su en
venenado corazón ; no experimentada
la común desigualdad de los necios
presumidos, desdeñándose de mirar hoy
al que ayer habian abrazado y dado
testimonio de la amistad mas sincera;
no tendría que sufrir á un entonado
poderoso con tantos artificios, mentiras
y tramoyas, como se necesitan para
cumplir con sus parentescos, empeños,
intereses y pasiones á costa de sacrifi
car tal vez al inocente, tal vez al be
nemérito ; no observaría una figura ri
dicula, soberbia en sus pensamientos,
soberbia en sus exterioridades, y aun
en el andar á compás soberbia, exi
giendo la veneración y rendimiento de
todos sus hermanos, solo porque por
uno y otro lado va enjaezada, y lleva
cuatro señales de distinción con que la
honro el príncipe, las mas veces no por
virtudes adquiridas, sino heredadas y
conservadas vergonzosamente; no tendria que tolerar... pero ¿para qué me
canso y abuso del sufrimiento de mis
lectores? vería en una palabra un sugeto digno de la mayor atención y res-
DE W ANTON.
297
peto, ingenuo en el trato, llano en la
conversación , verídico en sus promesas,
humano con sus dependientes, honra
do en su modo de pensar , moderado
en su mesa y su vestir, exacto en sus
ebligaciones, y amigo sin doblez de sus
amigos: asi lo experimentamos Tuli
pán y yo en los tiempos en que dis
frutamos su casa.
Aunque los primeros dias que
pasé en esta aldea ya por la diversidad
de vida , ya por la falta de trato me
causaban indecible tedio, tiene tanta
fuerza la costumbre, que poco á poco
fui estando sino gustoso por el motivo
á lo menos no enfadado. Tomo mi ro
bustez puevas fuerzas con el saludable
aire que en ella se respiraba; allí go
zaba del cielo y los elementos con en
tera libertad; la tierra me demostraba
sus frutos en sí misma, y no tenia que
tomar el sol por tronera , sino de cuer
po entero y abiertamente. El ejercicio
que con licencia particular del alcalde
hacia muchos dias por aquellos cam
pos me fortificaba y excitaba el ape
tito ; los mantenimientos como mas na
turales, aunque groseros, no cargaban
298
VI AG ES
mi estómago causando peligrosas indi
gestiones; los vicios (excepto la detrac
ción que tiene allí su domicilio) no cor
rían por aquellas calles en tropas des
medidas como observó en las capitales,
había mas rebozo, habia mas vergüen
za ; las conversaciones, no entrando á
la parte (como he insinuado) las mur
muraciones con que mordían las vidas
y honras de sus convecinos, por lo de
mas eran inocentes, y aunque no de
sustancia, estaban por lo común libres
de artificios y dobleces, de que tanto
abundan las cortes y metrópolis: final
mente, aquel celestial fuego que anima
á nuestro espíritu, que está violento
siempre que se quiere tener como apri
sionado, aquí elevando su vuelo libre
mente y reuniendo sus fuerzas, todo se
entrega á delicados pensamientos y gus
tosas meditaciones, adquiriendo aquellos
grados de ciencia de que era capaz y á
que le conducía la vida campestre; la
que hubo quien dijo era parienta con
sanguínea de la sabiduría: á lo menos
es cierto que en su retiro contempla
con sosiego exenta del bullicio de los
negocios propios y agenos que tanto
DE WANTON.
299
turban en las ciudades, y de los oficios
de civilidad 6 visitas impertinentes (*)
que solo son ladrones del tiempo.
Todo esto y mucho mas que omito
en su corroboración por no ser molesto
es indubitable; apenas habrá tan em
botado entendimiento, que no se con
venza de las ventajas de la vida de la
aldea: jcuántos grandes escritores han
gastado suavísimos rasgos de sus plumas
en alabarla y ensalzarla sobre la corte
sana! No hay mas que decir, aun á
Tulipán hacían fuerza las razones; esta
es la mas exquisita ponderación, por
que aunque le habían dado muy buena
crianza y eran despejadas sus luces, no
(<*) Z acarías U rsino Breslawense, sugeto m uy
docto del siglo X V I , siendo enem iguísim o de
la pérdida del perapo , y hallándose fatigado
de las co n tin u as im pertinentes visitas de sus
am igos , puso en grandes caracteres estos versos
á la p uerta de su estudio :
,
A m i c e q u isquís hite v e n ís ,
A u t a gito paitéis , a ut u bi ,
A u t m e lu b o ru n tem adjuca.
Esto e s :
A m ig o , seas quien fu e r e s ,
Que has ven id a p o r a c á
O no gastes prosa ó m archa
O aj údam e á trabajar.
,
,
300
VIAGES
las tenia cultivadas mas que como la
mayor parte de los eaballeritos de su
clase; cuatro exterioridades, media do
cena de noticias superficiales, una total
instrucción de la insustancial etiqueta
cortesana, andar en solfa y hablar por
un vocabulario fastidioso que á todos se
acomoda; asi es, que en llegando á de
licadezas metafísicas y exquisitos pro
fundos discursos del espíritu, se que
daba á buenas noches, y como si ha
blara en otro idioma que jamas hubie
ra saludado: ve'ase pues qué demostra
bles son las ventajas de la vida rustica;
con todo eso, como esto es convenci
miento solamente del entendimiento, y
la nobleza de esta potencia es tal que
luego se da á partido con la luz de la ra
zón; es todo ello muy bueno para la teó
rica, para escribirlo y para decir cosas
muy gustosas en el asunto; pero en lle
gando á quererlas practicar, nos sale
al encuentro la voluntad que no entien
de de razones, y que es una potencia
que por lo regular no está de acuerdo
con el entendimiento, es poderosa y le
avasalla, no se interna en el fondo de
las cosas, se paga de oropeles y exte-
DE WANTON.
301
rieridades: la hace presente el entendi
miento que el cargo es una verdadera
carga pesada de quien le maneja que
suele acabar abrumándole; pero ella se
envanece porque ve relucir el vestido
y brillar las piedras: el entendimiento
hace visible por razón y experiencia,
que las sumisiones y cortesías no son al
sugeto, sino al empleo, y que quien le
besa la mano quisiera cortársela, y ella
se entona y pasa por de ley aquella fal
sísima moneda: el entendimiento la
persuade lo transitorio y ridículo de to
da especie de embelesos que la rodean;
pero ella se deja halagar de todo lo
sensual, y que mas dista de las verda
deras delicias del espíritu: esto pun
tualmente sucedia con mi amigo Tuli
pán y con mis discursos; convencíanle,
se daba á partido su entendimiento, pe
ro su voluntad repugnaba y se hallaba
disgustada en extremo; aquí no veia el
aparato y suntuosidad de los teatros,
edificios y jardines de Simiúpolis; no
oia delicadas músicas, ni gustaba aque
lla especie de manjares y condimentos
á que úl estaba acostumbrado; asi fue
que eayd en una profunda melancolía:
30*2
VIAGE5
yo que deseaba aliviarle, y también
que se finalizase á cualquier precio
aquella pesada y fastidiosa instancia,
me estreché con el alcalde con quien
ya habia grangeado algún ascendente,
supliquéle el breve despacho, y le hice
presente las facultades que le compe
tían para compeler al asesor á que no
detuviese mas tiempo los autos: el era
un buen mono, hízose cargo de todo,
montó en cólera, y me dió palabra re
donda de evacuar el expediente, senten
ciando la causa luego que pasasen aque
llos quince dias, dentro de los cuales
nos hallábamos que no podia ser antes,
porque estos eran sumamente ocupados
para los mas sugetos del lugar, y espe
cialmente para el dicho asesor y el es
cribano, y asi era costumbre conceder
les estas vacaciones para que despacha
sen sus asuntos: dile repetidas gracias;
y comuniqué á Tulipán una noticia pa
ra él tan plausible, y para mí también
en lo que cabe; pues ya nos veiamos
en términos de finalizar aquellas inco
modidades que hasta entonces nos ha
bían ejercitado.
/
Á
DE WANTON.
V V V V iíX A t W
303
%A V
CAPÍTULO XIV.
Llegada de Enrique y Tulipán á una
«
universidad.
C>omo mi oficio y destino principal en
aquellos remotísimos paises era el de
pbservador, no dejé de entrar en curio
sidad y deseo de saber cual era el asun
to tan preciso que en aquellos dias ocu
paba el tiempo á aquella pobre gente j
con este pensamiento sfuí á mi patrón
que, como llevo dicho, era un honra
do y machucho labrador de corbata y
polaina, que á veces gastaba unas chu
zonas raarrajerías que me solian caer
en gracia: comuniquele la especie y
prontamente me respondió: ¡oh! señor,
este es tiempo en que se fatigan con la
mayor solicitud y mas seria meditación
todos los mas vecinos del pueblo, y
cuanto digo de este,, tened entendido de
los restantes de la comarca, y creo que
de las demas provincias del reino ; es
tiempo en que no se piensa de otra cosa,
304
vi ages
y ni en la estación de las respectivas
cosechas se anda con mayores afanes;
estos son los dias en que no hay des
pensa en el lugar que no quede vacia;
no hay cuba ni tinaja en las bodegas
que no se deje desocupada, vereis un
innumerable ejército de cántaros de
arrope y m iel, un prodigioso acopio de
quesos, tortas, bollos y cuantas golo
sinas da de sí el pais; no hay cochino
contra quien no se toque á degüello; no
escarba gallo en los corrales que no que
de viudo; no se encuentra capón o pabo que no vaya atado cruelmente por
los pies, publicando por esas calles á
graznidos su desventura; en fin señor,
todo es confusión y ruido en estos dias.
Quedé aturdido de su relación, que exa
geró con términos aun mas patéticos
que los que yo aquí expreso: ¿ y qué
es esto, le repliqué, hay por ventura
temores de rompimiento con alguna po
derosa potencia , y son estas prevencio
nes municiones de boca que se prepa
ran para vivir con precaución, ó su
cede por combinación de ocultas causas
la fatalidad de que se vuelven locos
los vecinos del lugar por este tiempo?
DE WANTON.
305
Nada de eso , me respondió, porque ni
son astrólogos , estadistas, arbitristas,
ni metafísicos para temer lo segundo;
ni para lo primero experimentamos por
acá una revolución tan general y for
m idable; es asunto mas grave el nues
tro; se trata nada menos que de los
particulares intereses de cada familia;
sabed que se acerca el fin del año, y
es invariable costumbre de estos na
turales agasajar con todo género de fru
tos del pais á los vecinos de Simiópolis; Simiópolis, aquella insaciable ba
llena, que con el gran mar que for
man los pueblos de este continente, to
do lo devora, todo se lo traga, después
que nos apura el dinero, ya en con-,
tribuciones ya en préstamos, ya en
moños para nuestras antojadizas monas;
ahora es el tiempo en que exige como
de justicia nuestros frutos, y cuantos
comestibles estamos adquiriendo ó crian
do para todo el resto del año, y que
nos han dejado de las temporadas en
que vienen por via de desahogo á fa
vorecer nuestros hogares.
En poco habéis dicho m ucho, le
repliqué; pero me parece que no sois
T omo iii .
20
306
viages
exacto en lo que relacionáis, pues a«
os quedan por contar las recompensas,
que sin duda recibiréis de los cortesa
nos. No creí, me respondió, que que
ríais saber tanto; pero no tengo difi
cultad en decíroslas: por lo que hace
al liospedage y obsequios que les ha
cemos cuando se dignan honrar nues
tras casas, nos corresponden con de
jarnos (no siempre) cuando vamos á la
corte un papelón pintado en que está
escrito su nombre, en la infeliz posada
que nos está desollando; y nosotros que
damos m uy huecos de haber merecido
esta dignación, y cuando vamos á pa
garles la visita, suele un lacayo no
permitir que pasemos de la escalera.
Por lo tocante á los regalos, se han
de remitir pagadas la conducción y la
entrada; se ha de decir que es una me
moria y un atrevimiento; se ha de pe
dir perdón como de un delito; y luego
se ha de exponer una rendidísima sú
plica para que nos llagan el honor de
recibirlos; á todo lo cual corresponden
firmando una carta que ni aun han leí
do , en la que se dan por bien servi
dos; ahora por no faltar á la verdad,
DE
W /N T 0 N.
307
no puedo dejar de decir que algunos de
mis paisanos envían sus regalos con una
carta, que aunque no expresa, lleva
esta tácita, pero indubitable cláusula:
reOs remito los frutos de mi pais para
33 que me recompenséis con los del vues93 tro .” Ya queréis saber cuales son es
tos: ecPara que hagais un enredo que
93 embrolle las picardías que yo estoy
33haciendo en el lugar: para que me
93 proporcionéis un empleo de justicia
33para el año que viene, porque me la
33 ha de pagar cierto vecino que me tie33 ne agraviado: para que se me pasen
»sin repugnancia las cuentas de lo que
relia estado á mi cargo: para que á mi
33 pariente 6
mi paniaguado se dé un
33 acomodo que ni merece ni entiende.”
L o peor es que asi sucede muchas ve
ces, y si conociérais bien el lugar, yo
os citara ejemplares 3 pero basta que se
me va la lengua, y de una narración
simple me voy pasando á una odiosa
mordacidad.
Quedé á fondo informado de los
gravísimos motivos que retardaban la
conclusión de nuestra causa; por fin,
para abreviar , estuve alerta , y pasados
308
.
VIAGES
algunos d ías, antes que con el arlo en
trase nueva justicia y hubiese nuevas
dificultades, inste" importunamente y
logré que se diese sentencia difinitiva;
en ella se nos condenó en costas, en el
gasto de la cura de los heridos (que se
echó por largo) y en una multa no
chica. No quisimos apelar de tan injus
ta sentencia cansados de litigio, y tu
vimos por menos malo que lo pagase el
dinero; la consentimos y cumplimos
inmediatamente, y dispusimos para el
siguiente dia nuestra marcha.
A l cabo de dos jornadas descubri
mos inmediato un pueblo, cuyas torres
y edificios demostraban que era de al
guna consideración : esa , señores nos
dijo O rozuz, es una ciudad no grande,
pero muy ilu stre ; antiguamente fue
bastante populosa, mas ahora está algo
destruida; no obstante no deja de tener
algunos monumentos, cuya especula
ción satisfará vuestra curiosidad, ma
yormente la del señor Enrique por su
gusto de la instrucción y literatura, por
que este pueblo es un estudio general
adonde concurren de todas partes del
reino cuantos solicitan aprender funda-
DE WANTON.
309
mentalmente alguna facultad. Recibí
con esta noticia el mayor gusto que
puede imaginarse, porque se me pro
porcionaba enterarme en este punto
lo que en toda mi detención en aque
llos países no babia podido lograr; en
esta inteligencia determinamos resuel
tamente buscar una decente posada, y
detenernos en Polymatia (que asi se lla
maba aquella ciudad) todo el tiempo
que fue necesario para llenar mis deseos;
descansar de las fatigas pasadas, y avi
sar á nuestras casas para que nos socor
rieran, porque ya estaba dando bo
queadas el bolsillo con los grandes gas
tos ocurridos.
Llegamos justamente á tiempo que
encontramos por las calles una porción
de figuras á caballo , la mayor parte
de ellas tan ridiculas, que desde luego
conceptuamos que era una mogiganga:
Tulipán, como mozo, se divirtió mu
cho con aquel gracioso espectáculo; y
al punto que nos vimos en nuestra po
sada preguntamos que á qué asunto se
lvacian fiestas en la ciudad, porque
habíamos encontrado la máscara bur
lesca al entrar en el puehlo; no pudo
310
. VIAGES
detener la risa nuestra huéspeda, y no
sotros quedamos mortificados creyendo
que se nos burlaba : no os ofendáis,
nos dijo prontamente, que mi risa so
lo nace de lo desprevenida que me ha
cogido la sinceridad de vuestra pregun
ta , mucho mas cuando habéis forma
do un juicio tan contrario del fin de
lo que habéis visto: habéis creido bur
lesco el acto mas serio y grave que
tenemos en la ciudad; esta que decis
mogiganga es una lucida y pomposa
cabalgata, en que va como en triunfo
uno de aquellos grandes personages, que
después de pasar por largos y penosos
trabajos literarios, coge mañana el in
comparable fruto de ellos, desposán
dose publicamente con su facultad, y
coronándose del inmarcesible laurel
que le deja famoso en la nación por
todos los siglos de los siglos si ella du
rase tanto. Asi será, replicó Tulipán;
pero los medios para hacer magnífica
esa función, si son como Jos que esta
tarde hemos visto , no están tomados
con tanta proporción como para un efec
to tal se requerían; es cierto que mar
chaban con gravedad y mesura algu-
}
DE WANTON.
3 11
nos de los sugetos del acompañamiento;
pero esto me parecía tanto mas extra
vagante, cuanto lo hacian al compás
de una música ratonera de desconcer
tadas chirimías y roncos bajones, alter
nada con los desatinados golpes de unos
antiquísimos atabalillos , compaseados
por un par de bribones vestidos ridicu
lamente y tan borrachos que iban bam
boleándose sobre los rocines: y omito
©tras particularidades, porque no las
pude descifrar al paso menudamente;
pero creo que por su término han de
tener mucha parte en lo risible de ese
acto tan serio que ponderáis, y que no
dudo7que por su objeto asi debería ser.
Yo quedé con vivos deseos de pre
senciar esta función á otro dia, y asi
habiendo sabido que era en parte en
donde se permitía generalmente la en
trada, fui allá con bastante tiempo pa
ra no perder cosa alguna de ella; seria
largo y de ningún interes para mis lec
tores particularizarla del todo; baste
decir que luego que pareció en el tea
tro el candidato, conocí que era el hijo
del señor Rom ero, de cuya educación
tengo hablado ya en otro lugar de es-
312
VIAGES
tas memorias: muchas cosas admiré en
este lance, y entre ellas con particula
ridad , lo uno que siendo hijo de un
mono de tanto poder y manejo, se can
sara la cabeza en lo que, según el con
cepto del pais, no es destino sino de
desvalidos y pobres; y lo otro que en
pocos años y con menos de medianas
luces hubiese venido á un término
adonde no creí yo fuese posible lle
gar sino después de m uchos, y de un
incesante estudio que recayese sobre
un entendimiento despejado. Trabé con
versación con un mono que estaba in
mediato á mí envuelto en una ropa ta
lar negra, desaliñado el cabello, y no
de lerdo el semblante, y entre otras
cosas le propuse estas dificultades á que
me satisfizo prontamente haciéndome
saber la refinada astucia del padre del
laureando, y que por sus asuntos y fi
nes particulares quería colocar á su hijo
en los tribunales del reino, y como por
mas que intentasen favorecerle los que
Jiabian de hacerlo, seria m uy violento
arrancarle de los brazos de su madre
para poner desde luego en sus ignoran
tes manos la honra, la vida y hacienda
DE WANT0N.
3
13
de los vasallos; por tanto se coloreaban
los defectos con enviarle cuatro dias á
aquella ciudad, en donde jugando y pa
seándose á satisfacción , se habia pro
porcionado en la cuarta parte del tiem
po al logro del último premio en el
drden del mérito literario, para cuya
consecución tienen que afanar los que
navegan á palo seco largos años, no
perdiendo tiempo, y cultivando los ta
lentos con una continua aplicación;
aquello se hace fácilmente; se ganan
cursos que no han corrido; se acrecien
tan años imaginarios; se ponderan ade
lantamientos que no existen; y sien
los enredos que para la fábrica de esta
maraña son necesarios, se levantan al
gunas contradicciones, ó se oponen al
gunas dificultades, toma parte en el
asunto la autoridad y poderío del señoron , y á sus insinuaciones, llenos to
dos de un temor servil, bajan la cabe
za y entran por el aro: condecorado ya
el niño con tan lustroso sobrescrito, se
empiezan á ponderar sus méritos, se
grita su atraso, se esfuerza el empeño,
y por fin se le sienta en un tribunal
para que á diestro y siniestro disponga
3 14
V IA G E S
de cuanto hay mas digno de considera
ción en la república: ¡ qué felicidades
no debe prometerse el estado de seme
jantes patricios que tienen que ser en
lo sucesivo columnas que le sostengan!
¡Con qué ejemplos podria corroborar
cuanto os he dicho! Pero mas vale po
ner fm á semejante conversación, por
que en llegando á este punto suele no
encontrarse la moderación muy á mano.
Aunque hubiese algo de pondera
ción en las expresiones del escolar,
bien comprendí que no le faltaba razón
en lo que decía; como en Simidpolis
había estado yo largo tiempo, y lleno
de introducciones, pude conocer mucha
parte de estas verdades. Hay allí no po
cos personages que por varios modos
procuran escalar á la cumbre de la for
tuna, aunque no sean los mas decentes
e los mas justos, con tal que les parez
can los mas proporcionados á sus ideas,
no tienen reparo en ponerlos en prácti
ca. El señor Romero era un bribón de
cuatro costados; prodigalizando sumi
siones , y á costa de una desmedida
adulación había llegado hasta un pues
to respetable; no habia reparado en los
DE W AN TON .
3 r5
medios de conseguirle, que aunque fue
sen algo oscuros, poco importaba ( co
mo él decia) si la consecución era bri
llante. Me acuerdo que siempre que
concurría con é l, que era con frecuen
cia , le observaba, le oia, y cada vez
admiraba mas que los primeros perso
nages de la monarquía no se desdeñasen
de su tra to ; me pasmaba ver que no
advirtiesen sus máximas. ¡Qué palabras
tan indiadas, pero tan sin sustancia!
¡ Qué arqueamiento tan misterioso de
cejas, pero para tan ridiculas materias!
¡ Qué bufón con capa de seriedad! ¡Que
murmurador maldiciente en ausencia de
los mismos que le favorecían! ¡ Qué
soez lisonjero á vista del poderoso! ¡ Que
ingrato, últimamente, por no ser mo
lesto, con aquellos mismos sugetos que
fueron el instrumento para su felici
dad ! Un monstruo de tal naturaleza no
es extraño que condujese á su hijo por
la senda del valor, aunque fuese echan
do por los atajos de la injusticia.
Quería seguir su conversación el es
tudiante , yo le hice callar para que
me dejase atender al panegírico del gra
duando , para el que se prevenia un
316
VIAGES
monillo de poca autoridad por su fi
gura , pero de grande desenfado : co
menzó por una baja y adulatoria ala
banza de los circunstantes, y siguió
con una larga exposición del árbol ge
nealógico del Señor Romero ; yo me
persuadí á que falto de tela de los mé
ritos propios de su héroe, le fue pre
ciso echar mano de sa nobleza para
que hubiese alguna parte por donde asir
le, y él pudiera llenar la media hora
de su oración. El estilo de ella, el mé
todo, la fuerza, el fuego, las imágenes,
todo iba por una misma línea, todo era
bajo en el orador, menos el tono; á
fuerza de chillidos quería sin duda que
los circunstantes entendiesen sus discur
sos ; difícil empeño siendo tan corta la
porción de sus verdaderos literatos. Era
el caso que esta arenga se pronunciaba
no en la lengua del pais, sino en un
idioma que fue propio de ciertos anti
guos conquistadores de aquellas pro
vincias ; y la magestad y extensión de
dicha lengua , agregándose el ser ya
m uerta, habían originado una dificul
tad tan grande en poseerla, que era
muy raro el que se dedicaba á apren-
DE W A NTON.
3 17
derla fundamentalmente ; asi acontecía
que por lo general se contentaban los
doctores monos con la mera inteligen
cia de los ramplones y bárbaros ter
minotes que usaban en las escuelas para
sus respectivas facultades. Jamas pude
hallar genuina razón que me determi
nase á creer menos útil y razonable el
tratar fácil y cultamente en el idioma
pátrio las ciencias que bárbaramente
en otro extrangero, entendido de pocos
y con grande dificultad; pero demos de
barato que para ello haya razón convin
cente , ¿ la podrá haber para que asi se
ejecute en las arengas públicas? ¿No las
dicen para que sean atendidas y entendi
das de todos? Pues el común del pueblo
no ha saludado este su amado idioma.
Aquí reflexioné el poco honor que
liacian á su lengua, y cuanto descuida
ban su propagación y estudio, siendo
asi que y o , en cuanto puede alcanzar
un forastero, la contemplaba por una
de las mas abundantes, sonoras y doc
tas , sin que me quede duda de que en
ella se puede formar cualquiera expre
sión ó cláusula, y toda oración retórica
por mas elegante y magestuosa que
319
VIAGES
quiera significarse, sin que deba réconocer ventaja en las mas cultas que tie
ne ni tuvo jamas aun nuestra Europa.
Finalm ente, mucho de lo restante
que fui viendo en aquella función me
admiró en extremo; lo cierto es que lo
mas de todo ello era meramente cere
monial: el grado fue de jurisprudencia,
y la cuestión se propuso de ética; sé
formaba una dificultad y no se daba la
solución; se presentaban al laureando
unas armas impertinentes ( según mi
mala inteligencia) y le daban el ósculo
de paz muchos de los que (según el
embayetado sopista me advertia ) soli
citaban perderle. Asi poco mas ó me
nos pasó el resto del cúmulo de cere
monias que en breve tiempo fueron
allí ejecutando: acabáronse estas, y vol
vió á resonar el desconcierto y rechi
nido de sus descomunales instrumentos;
y yo conociendo que aquel era ya el
último victor con que aplaudían al gra
duado , me retiré hacia mi casa acom
pañado de mi nuevo Mentor el sopista,
de quien esperaba algunas noticias que
me ilustrasen en aquellos particulares
en que mas deseaba ser instruido.
r
DE W ANTON.
3 I9
% /% /v
CAPÍTULO XV.
"Observaciones acerca de las ciencias de
aquellas provincias.
pocas instancias que Tulipán y yo
hicimos al escolar se nos quedó de con
vidado : era bastante despejado de genio
y antiguo en la carrera de las letras,
en cuya inteligencia di por supuesto se
hallaría ya con aquellas graduaciones
que le correspondan , mayormente
cuando de su explicación y viveza co
legia yo no lo habría omitido por de
fecto de suficiencia, pero él prontamen
te respondió : muchos aííos me sobran,
señor, por lo que hace á tiempo para
haber cogido este lucido fruto que dan
de sí las tareas literarias, y por lo que
hace á aptitud yo he visto que mu
chos á quienes he sido capaz de dar
instrucción, han ejercitado y salido de
sus funciones con aplauso ; bastante
prueba me parece: pero aunque me ha
llo adornado de estas indispensables
f
320
VIAGES
cualidades, me faltan otras dos no me
nos precisas cuando no se quieran tener
por de mayor monta; estas son el fa
vor y el dinero: ¿qué? ¿os admiráis?
diréis ¿qué conexión tienen el dinero y
el favor con examinar y escudrinar á
fondo la suficiencia de un sugeto estu
dioso? Parece que poco era necesario
de uno y otro para este efecto, pues
os engalláis: aquí nada se hace de ofi
cio : la rigurosa prueba que exigen
nuestras leyes, se ejecuta con asisten
cia de un numeroso concurso de exa
minadores, y á cada uno de ellos se
recompensa con una buena cantidad de
maravedises, sin ella ninguno asiste, y
sin su asistencia no hay examen; al
mismo tiempo, este coro de sabios, es
tos luminosos astros ( según ellos se
creen ) de las ciencias tienen la debi
lidad de estar divididos en varias fac
ciones y partidos; unos con otros se sos
tienen , porque los unos tienen miedo
de los otros, y el infeliz que porque
no anda vestido de colorado no es del
un bando: ó porque no anda de mo
rado no es del otro, es víctima de sus
odios, de sus caprichos y de su torci-
DE WANT0 N.
32 I
da intención; no faltan entre ellos al*
gunos de invencible rectitud y de no
bleza de corazón , pero son muy po
cos , y aunque estos franqueen su pa
trocinio á un desvalido, no basta para
hacer frente al numeroso ejército de
los revoltosos abanderizados. Ved pues
la necesidad que hay de dinero y de
favor para incorporarse en la venera
ble comunidad de los doctos.
Instruido en este punto , deseando
me sucediese lo mismo en cuanto á las
facultades que allí se estudiaban , le
pregunté si por ventura me seria posi
ble ir á otro dia á las escuelas á oir la
explicación de los archi-maestros de las
ciencias, expecialmente la de los depo
sitarios de la sabiduría lega l, aquellos
vivientes archivos de los decretos de los
príncipes 5 en una palabra, aquellos in
signísimos jurisconsultos, que sin duda
serian de lo mas excelente que se hallaria en aquel reino , pues eran los
maestros públicos, á cuyo cuidado es
taba el formar el corazón, é ilustrar el
entendimiento de los jóvenes que en
adelante habian de ser las columnas de
su patria, y en cuyos hombros habia
T omo iii.
ai
>
J2S
VIAGES
de apoyarse el grave peso de la admi~
nistracion de justicia. Mañana, me res
pondió, solo hay unas conclusiones pú
blicas de filosofíaj si hubierais venido
dos dias antes las hubierais oido de ju
risprudencia, en las que hubierais te
nido la satisfacción de comprender un
rasgo de lo mas refinado de la enseñan
za de esta ciencia, que también podréis
oir de sus oráculos cuando desde la cá
tedra difunden sus luces entre sus oyen
tes : hubierais entendido á fondo las
doctrinas correspondientes á los siervos,
á las manumisiones, á los libertos y li
bertinos, á los adscriptos al césped y
colonos, á la potestad pátria, á las
emancipaciones, adopciones, adrogacio
nes y sus respectivas formalidades, á 13
autonomía 6 derecho de vivir según sus
propias leyes que tenían ciertas antiguas
ciudades, á la formación de los testa
mentos en las públicas asambleas, á la
silla, vestidura y preeminencias qué
corresponden al flamendial, al agonóteta , al edil, al censor, y á otros cuan
tos caballeros de semejante pelage que
solo por el nombre hemos conocido;
Allí hubierais visto como se alambicó
.. 1 i
OIS W A N T O N .
323
el sentido de las leyes contenidas en
unos antiquísimos librotes , digeridos
por órden de un cierto señor, cuyas
letras están tan en duda , que ha habi
do quien se atreva á asegurar que no
supo leer; y compuestos de retazos,
oraciones mutiladas y sentencias dichas
á otros asuntos por unos sábios juris
consultos de escuelas absolutamente con
trarias y enemigas; pero gracias á los
glosadores é intérpretes que después v i
nieron , que se esmeraron en concor
darlos , y se empeñaron en que no ha
bía entre las innumerables especies de
tantas decisiones y pareceres la mas mí
nima contradieion; ello no es dudable
que se llega á ciertos casos en que se
encuentran contradictorias las sentencias; pero ¿qué dificultad hay en que
no queden acordes siempre que se quite
el no á la negativa, ó se añada á la
afirmativa? Esto con echar la culpa al
descuido de los copiantes está concluido
y conseguido el fin: por último, hu
bierais allí visto con qué ardor se en
cendió la disputa sobre el modo de en
tender una de estas leyes; mas de una
hora duró el argumento, y finalmente
3 'H
VI AGES
se quedd cada uno en su opinión sin
que le convenciesen las razones del otro :
también es cierto que importaba poquí
simo cualquiera de los convencimientos,
porque como los asuntos dichos son ma
terias que del modo que las tratan por
acá no están en práctica, y el volumi
noso cuerpo de leyes sobre que se sufre
el trabajo citado, y la mas seria ocu
pación del estudio legal de esta ciudad,
es de unos decretos, acuerdos, estable
cimientos y pareceres con fuerza de ley,
dispuestos y proporcionados para otras
gentes distintas de las que en el dia
ocupamos este continente, y adecuados
á unas circunstancias y tiempos abso
lutamente diversos de los presentes; na
da quiere decir para la jurisprudencia
simiopolitana, que aquellas leyes se en
tiendan en uno d otro sentido; que sus
compiladores errasen ó no, y que en
tre ellas haya d no verdadera contra
dicción: será muy buena para unos dis
cursos académicos, y para una erudi
ción útil algunas veces y muchas pe
dante; pero estoy en que se pierde mu
cho tiempo del que debería ocuparse en
el estudio de la jurisprudencia del pajs.
DE W ANTON.
$ '¿$
¿Pues qué, le repliqué inmediata
mente, no es la jurisprudencia patria
la que se explica en vuestras escue
las? De un gran número de cátedras,
me respondió, que hay en ellas con
destino á la enseñanza de las leyes,
apenas hallareis una en que se hable
algo de las del pais, y en esta como
de gracia, de paso y solo de una pe
queña parte del grande y juicioso cuer
po que tenemos de ellas; en todas las
demas cátedras, y comunmente en las
públicas conferencias y actos, solo se
trata de las dichas antiguas, de las que
unas son solas conocidas por el nom
b re, otras contrarias á nuestros esta
blecimientos y circunstancias , y las
que se adecúan á nuestras pragmáticas
sanciones, no tienen á lo mas otra
fuerza que la de un autor grave y de
primera nota. Pues yo degisto, le dije,
del intento que os insinué tenia de oir
á vuestros jurisconsultos teóricos, por
que para escuchar disertaciones acadé
micas eruditas no necesito tomarme es
te trabajo, y yo estaba inteligenciado
de que aquí no se venia á aprender an
tigüedades precisamente, sino lo que
(
326
VI AGES
conducía á juzgar y defender las cau
sas que ocurriesen en la nación, arre
glándose á sus leyes y establecimien
tos ; pero si de estas no se trata, ya
conozco que el que se haya de des
tinar á este fin, tiene que hacer por sí
un estudio muy distinto del que le die
ron vuestros maestros. Tampoco quiero
deciros, anadio' é l , que todo el tra
bajo que en esta materia se hace de las
leyes , costumbres y establecimientos
antiguos de las dichas gentes sea in
útil y tiempo perdido; es esta instruc
ción muy útil y digna, considerada en
todas sus partes para los maestros de la
facultad que dedicados al único fin de
la enseñanza deben entender radical
mente cuanto es concerniente á ella;
pero si digo desde luego que á los jór
venes que vienen á habilitarse para el
foro, se hace perder por mi cuenta
mas de la mitad del# tiem po, cargán
dolos con un fárrago de noticias im
pertinentes para su destinos, dejándo
los vacíos de las que necesariamente
deben saber y tienen que aprender des
pués; en una palabra, permítase que
por aquel rancio método, y aquellos
DE W ANTON.
327
rudimentos aprendan algunos princi
pios, y cuanto es análogo á nuestros
establecimientos, y desembarácese el
camino que emprenden de lo enmaranado de tantas sutilezas de derecho,
fórmulas inusitadas, leyes abolidas, dis
putas ridiculas, formalidades imperti
nentes y especies sueltas, sustituyendo
en su lugar un exacto conocimiento
de las leyes del pais asi antiguas como
modernas, sus revoluciones, las causas
de la abolición de muchas, sus loa
bles costumbres, la creación, autori
dad y oficio de sus tribunales y jue
ces, y por último cuanto es concer
niente á nuestro derecho público, para
lo cual tenemos entre nuestros auto
res de jurisprudencia muchos y muy
excelentes sin necesidad de ir á mendi
gar instrucción extrangera que en mu
chos puntos no. puede enseñarnos, lo
que la de los maestros de dentro de
casa: tanto mas necesario es esto (cuan
to ( para hablar con las palabras de un
escritor moderno) rees tanta, á la ver5)dad, la multitud en el dia de dere>5cho y de leyes en todas partes, y la
»confusión que de aquí ha nacido que
328
VIAGES
»jamás hubo siglo desde el principio
»del mundo ni hay al presente reino
»alguno ó república en donde bajo el
»pretexto de derecho mas peligrosa» mentó se yerre, y de tal modo se
»oprima la justicia, é impida la eje»cucion de las causas juzgadas, como
»ahora acontece después que renació
»el derecho y que nos le imaginamos
»corno bajado de los cielos; como sue»le experimentarse en aquellas provin»cias en donde mas florecen la cien»cia y razón del mismo derecho, y
»se vocifera que está en práctica con
»mayor actividad.” Me pareció que no
iba descaminado el buen escolar, y no
quise apurarle en esta materia, por
que no me dijese mas de lo que nadie
ignora.
Pregúntele después acerca del es
tado de la medicina, y me dijo otras
tantas preciosidades, aunque por lo que
hace á incertidumbre, atrasos y de
fectos no podia por mas que se es
forzase adelantar á lo muchísimo que
dicen sus mas celebrados escritores fa
cultativos y críticos; anadió que todos
Jos dias se disputaban agriamente en
DE W ANTON.
,
329
sus escuelas, pero aun no se habían
decidido las cuestiones (de poquísima
importancia) sobre si mata ó sana la
sangría; si restituyen ó aniquilan la
salud ciertas pócim as; si algunas en
fermedades provienen del hígado ó del
bazo; si de frió ó de calor; si de có
lera ó flema; últimamente sobre las
innumerables opiniones de la práctica,
y las interminables de la farmace'utica,
en las que de nada menos se trata que
de nuestra salud. Estoy muy persuadi
do, le replique, á cuanto en esta mate
ria tiene que padecer nuestra miserable
vid a ; pero no es dudable que el dia
de hoy ha logrado grandes adelanta
mientos esta facultad con las explica
ciones anatómicas, las que se harán
aquí, como es regular y debido en un
estudio general. N o , señor, me res
pondió; aquí no conocemos á la ana
tomía mas que por el nombre: nues
tro sabio gobierno bien ha intentado
establecerla en esta ciudad, como en
otras partes del reino lo ha hecho, lo
grando por medio de sus disecciones
admirables progresos en la medicina y
cirugía, no siendo ya comprensible que
3JO
VI AGES
pueda perfeccionarse en estas faculta
tivo alguno sin la esencial ayuda de
aquella; pero como nosotros natural
mente repugnamos los establecimien
tos modernos, siendo testarudamente se
cuaces de la antigua costum bre, sin
que haya quien nos convenza de las
mejoras que de otro modo podemos
lograr, hemos hallado un millón de
ostáculos, y otros tantos motivos de
representar á la superioridad, para evi
tar por este medio, ó á lo menos re
tardar sus acertadas disposiciones, y
asi tenemos la fortuna de conservar
nos aun en el método antiguo con la
medicina en mantillas, y una tintura
de cirugía honoraria. ¡Oh! ¡cuánto te
nia que hablaros sobre esta materia,
sino temiera molestaros! ¿Será creíble
que de un arte en que se interesa
tanto no haya sido pasible á la hora
de esta desterrar el espíritu de siste
ma tan funesto para nuestra infeliz
naturaleza? La vida y la salud son
los mas preciosos dones que tenemos
que conservar: ¿qué cosa mas propor
cionada y digna del ingenio de los
mortales, que hallar entre los despo-
DE WANTON.
33I
jos de la muerte los principios para
aliviar ó curar las dolencias de los v i
vientes? ¿Qué semblante tan diverso
tomarían estas importantísimas facul
tades , si en lugar de andar haciendo
análisis de ciertas cuestiones imperti
nentes meramente teóricas, y de en
redarse en un intrincado laberinto de
aforismos extravagantes, se aplicarán
sus profesores ( hablo de mi estudio que
en los demas no sé lo que pasa) á des
cubrir el oscuro principio de nues
tros males? ¿Si en lugar de hincharse,
luego que pueden andar en ínula y lle
var sortijon, desdeñándose de subir á
una guardilla á visitar á un pobrecito
desvalido, fuera cuando en los hospi
tales y entre desdichados se cubrieran
de gloria y honor por dar la salud 4
un miserable prójimo, demostrando en
su caridad el desinterés, y en el feliz
éxito su ciencia? ¿Si en vez de ser
unos charlatanes sin sustancia, fueran
unos exactos y profundos observado
res de la naturaleza, especuladores del
temperamento del enfermo y síntomas
del accidente ? ¡ O h , como no harían
al débil estómago del doliente campo
33 2
VIAGES
de batalla de sus tisanas, drogas y ve
nenos! Vendrían á conocer con algu
nos (aunque pocos) de sus compañe
ros, que á fuerza de su infatigable es
tudio han llegado á la fortuna de des
engañarse, que generalmente hablan
do , obra la naturaleza en la nutrición
del cuerpo animal del mismo modo
en su proporción que en la intusuncion del vegetable; y asi como las plan
tas enferman, se marchitan, y final
mente se secan por la espesura ó falta
de este admirable suco que las v iv i
fica ; asi nuestra vida fa lta , ó nues
tra salud padece por la coagulación o
difícil circulación de la sangre y de
mas humores; y de aqui es que ex
perimentamos diariamente cuanto se re
cobran nuestras fuerzas caídas, y cuan
to se alienta nuestra salud debilitada
con la aplicación de las plantas olo
rosas y balsámicas; porque como abun
dan de sales volátiles, son muy pro
porcionadas para disolver la sangre,
haciéndola circular fácilmente, y que
tome su antiguo equilibrio. ¡ Qué se
cretos maravillosos tal vez encerrarán
en sí á favor de nuestra vida esos siin-
DE WANTON.
333
pies de que no hacemos caso por falta
de la meditación y espíritu de soli
citar nuevos descubrimientos! Tal vez
un tísico, un hidrópico, un rabioso,
un gotoso, y otros que tenemos en
el dia por incurables hallarán por los
campos una simple yerbecilla, que fá
cilmente los restituiria al estado de
sanidad. No ha muchos siglos que á
los repetidos experimentos de los que
no eran facultativos, debió la salud
publica el descubrimiento del mas cier
to febrífugo, del simple mas maravi
lloso de cuantos hoy se conocen: si
los facultativos se aplicaran á investi
gar todas sus virtudes, ¿de qué benefi
cios no les seriamos deudores? Hasta
estos inmediatos tiempos ha estado en
cubierta la importantísima de su efica
cia para atajar la gangrena; parece que
próvida la naturaleza puso en tal vege
table un sánalo todo, ó un árbol de la
vida. ¡Pero con qué abandono se ha
mirado hasta ahora que uno ú otro
sabio les va dando en rostro con su
ignorancia!
Hice punto á su conversación, por
que me diese otras noticias, especial-
334
VI AGES
mente tocante á la educación de la
juventud, y en consecuencia de ser
aquel un estudio general, supuse ten
drían cátedras de lenguas. Sí, señor,
respondió al punto, cátedras hay de
lenguas, en donde los jóvenes pierden
los años mas preciosos, y los mas aptos
para aprender una infinidad de cono
cimientos útiles á la sociedad, y para
el adelantamiento de las ciencias supe
riores : en ellas se les enseñan unas
lenguas muertas que solo practican (y
esto los maestros) á fuerza de lo qué
llaman imitación, y en realidad no es
mas que robo de períodos, estropeamiento de cláusulas, afectación de es
tilo , y finalmente su conjunto una al
garabía bárbara y risible, por lo que
se dijo alguna vez, que si resucitaran
los que las poseyeron antiguamente,
podían estar seguros de que no los har
bian de entender.
No obstante que sus mas insignes
pedantes no pueden dejar de conocer,
que cuanto mas quieren en ellas per
feccionarse, tanto mas inútilmente tra
bajan , y que no son capaces de re
cibir de ellas el menor conocimiento
DE WANTON.
335
de las gentes con quienes han de vivir,
con todo eso están imbuidos en que en
ellas se encierra la universal sabiduría.
No es mi ánimo levantar aquí el grito
contra todas; la constitución de estas
provincias exige que para algunos fi
nes , los que se dirigen á ellos, tomen
alguna instrucción, especialmente en
una de ellas; pero no soy de parecer
de que sea necesaria para otros usos en
que se emplea el dia de h o y , llenán
donos nuestros académicos los oidos á
cada paso de solecismos, barbarismos
y emistichios desfigurados, ignorando
al mismo tiempo las que reinan ac
tualmente en diversas partes de esta
bella ilustrada porción del mundo: no
hallareis uno solo de estos nuestros im
pertinentes gramáticos , cazadores de
vocablos antiguos , espíritus débiles,
sujetos á un diccionario que no en
tienden, que (como no haya salido
de este pequeño recinto) sepa mane
jar una de las eruditas é instructivas
obras que continuamente están produ
ciendo las naciones vecinas nuestras:
mas ¿qué digo de los libros extrangeros ? No creáis pondero, os llenareis
336
VIAGES
de aquel no sé que', compuesto de
burla y co'lera, risa y enfado, al com
prender que estos atentos investigado
res de las palabras, figuras, tropos y
propiedad con que hablaron los que
habitaron el mundo diez y seis ó diez
y ocho siglos hace, no pueden formar
dos cláusulas en su idioma nacional
sin dos docenas de errores. Llegaos á
ellos, y decidles que os distingan las
voces bajas y vulgares de las elegan
tes y limadas; las frases admitidas y
usadas de las bárbaras y antiguas; que
os expliquen las figuras que mas ador
nan á nuestra locución; el estilo y sus
diferencias; la elección de vocablos; en
una palabra, todo lo concerniente á
la gramática y retórica simiopolitana,
y hallareis que de nada entienden me
nos que de esto; ni aun las conversa
ciones familiares les oiréis, sin que ad
virtáis, no obstante ser extrangero, un
sinnúmero de vulgaridades y absur
dos : todo esto depende de falta de
estudio del propio idiom a, y sus mo
dificaciones; cada uno le posee al natu
ral , y si logra algunos adelantamien
tos es á costa del particular y privado
DE WANTON.
337
trabajo que lia hecho en é l , porque se
cree que para esto no es necesaria la
publica enseñanza.
Otros diversos puntos tocamos en
el discurso de nuestra conversación, y
por el todo de ella llegué d compren
der el gran fondo que había en aquel
su estudio , para poder ser admira
ción aun de los mas celebrados, si se
enmendaran los defectos que se le no
taban mas palpables: aquellos grandes
sugetos que indubitablemente produ
cía en toda especie de literatura, eran
mas dignos de admiración, cuando se
consideraba el particular trabajo que
se habian tomado para salir consuma
dos; pues hablando en verdad, no pue
de dejar de decirse, que (aunque pocos)
había algunos dignísimos personages en
todas las facultades, cuya gravedad, ma
gisterio y complexo de circunstancias
igualaban sino excedían d cuantos con
razón celebramos en nuestra Europa.
¡Qué adelantamientos no habrían con
seguido estos mismos, si en los mas
preciosos años, en aquellos que son
proporcionados para los rudimentos de
todas las artes, no se les hubiera preT omo 111.
22
\
338
VIAGES
cisado á perder la mas noble porción
del tiem po, guiados por unos maes
tros pedantes, y dotados de un risi
ble orgullo ; envueltos unos en las
ideas y fantasmas de una tenebrosa lo'gica, otros en los sistemas, muchas
veces quiméricos de la mas oscura me
tafísica; estos ocupados en hojear el vo
luminoso cuerpo de innumerables au
tores miserables copiantes unos de otros,
aquellos fatigados en llenar la memo
ria con el crecido fárrago de inúti
les fechas, épocas y textos; y todos
ellos unos lastimosos egoístas, que pre
tenden ocultar la pobreza de su en
tendimiento á fuerza de enredos y so
fismas! Por mas despejadas que sean
las luces de los particulares, de quie
nes él iba hablando, no pueden hacer
los progresos que después se dejan ver,
hasta que pasada esta tempestad salen
del poder de semejantes necios, y á
costa de indecible trabajo, depuesta la
preocupación y con el favor de algún
verdadero sabio, o de la buena elec
ción de escritos logran introducirse en
el pais de la ciencia y la verdad. ¡Ojalá
no fueran tan ciertos, como liemos in-
D E W ANTO N .
339
sinuado, estos perjuicios, aun en lo
mas cultivado de nuestra Europa! Y
mucho mas ¡ojalá por enmendarlos no
hubiera declinado al contrario extremo
un maligno escuadrón de decantados fi
lósofos, cuyas venenosas máximas han
llegado á infestar lo nías sagrado! Pero
demasiado serio es esto para quien solo
escribe por ahora las memorias c!e su
viage al pais de las monas; volva
mos á nuestra pertenencia, sin meter
la hoz en mies agena.
%
/
W W W ' V W W ' V V V ' V V W
CAPITULO XVI.
Prosigue la materia del capítulo
antecedente.
N
l ^ o faltó á la mañana siguiente nues
tro escolar, que vino para acompañar
nos según habíamos proyectado el dia
antecedente. Dirigímonos á la univer
sidad para oir las conclusiones filosófi
cas que nos había anunciado el tal so
pista ; ya estaban desgañotándose desa-
340
VI AGES
foranamente cuando llegamos, toma
mos asiento sin interrumpir la función,
y á pesar de la confusión de los gritos,
á poco tiempo pude comprender la
importantísima cuestión que se estaba
ventilando; toda la terquedad o dis
puta se sufria sobre averiguar, por qué
debían ser tenidos aquellos dos hue
sos que salen de la boca del elefante
por los lados de la trompa: ed sus
tentante defendía, que eran verdade
ros colmillos y no cuernos; ya por la
antigua costumbre de llamarlos asi el
común consentimiento en las conver
saciones familiares; ya porque el para
ge de donde salen es el de los dientes y
colmillos, como también por su figura
y pulimento sin que lo desmienta la
solidez, de la cual carecieran sino lo
fuesen; ya porque en los cuernos, si
se especulan cuidadosamente, se ha
llan ciertos círculos que cada año se
van aumentando uno á uno, lo que
no acaece en los dientes; ya porque
solo los brutos de pesuña hendida tie
n e n ' cuernos, lo que no se verifica en
el elefante; y últimamente porque asi
lo escriben doctísimos autores fildsofos
DE WANTON.
341
y naturalistas, que eon todo magis
terio se ponen á examinar á fondo
la gravedad de esta y semejantes cues
tiones : nada de esto hacia fuerza al
que argüía, queriendo convencer que
eran verdaderos cuernos : no la cos
tumbre , porque esta, decía, se funda
en una impropia y vulgar locución; no
el parage, porque aunque es cierto que
salen por la boca ó las encías, su na
cimiento se halla en el cráneo, y su
nutrición proviene de las venas cefá
licas, todo lo cual es propio de los
cuernos, sin que los deba desnaturali
zar la dirección que después toman;
pues aunque se halla sobre la nariz, no
deja de ser cuerno el del rinoceronte:
aun mas: la razón de su figura no con
tradice á que sean cuernos, pues estos
las admiten muy diversas, como se vé
en la variedad que hay de animales
cornudos, siendo también los de algu
nos solidos, y sin tales círculos anua
les; asimismo aunque generalmente son
de pesuña hendida los brutos que tie
nen cuernos, no es esencial esta par
ticularidad , pues en algunos otros ani
males que no la tienen, se lian visto
34 2
V I AGES
muchas veces, sin exceptuar Jos vo
látiles y reptiles con diversidad de con
sistencia, configuración y lugar de su
nacimiento : yo en cuanto á los auto
res que patrocinaban la opinion contra
ria , reponía otros tantos de no me
nor nota qüe sostenían la suya ; ana
dia á esto otras razones de mucha con
sideración en favor de su sentencia co
mo eran, que aquellos huesos se ha
cían flexibles, se domaban al fuego, y
se prestaban fáciles á la industria y al
arte, admitiendo cualquier figura pla
n a , cuadrada ó circular, todo lo cual
conviene á la materia de que se for
man los cuernos, y no á la de los
dientes y colmillos ; y últimamente,
que según las observaciones de los na
turalistas, el elefante los muda y re
nueva muchas veces, lo que no baria
si fuesen colmillos, y sí siendo cuer
nos , como se observa en los ciervos á
quienes acontece esta renovación en los
suyos. Sostenían vigorosamente los dos
su parecer sin darse por vencidos ;
enardeciéronse los ánimos, y de los si
logismos vinieron á las desvergüenzas;
saludáronse mùtuamente con un tur-
DE WANTON.
343
bion de dicterios , y poco falto para
tirarse las gorras; pero el que presidia
en la cátedra fue el iris de tanta tor
menta : levantóse con gravedad, echo
el compás con la mano, destosióse, y
con un semblante risueño, mirando á
todos lados para conciliar la atención
de los circunstantes , dijo mesurada
mente arqueando las cejas: verdadera
mente , señores., que el punto es ar
duo; la importancia de la decisión está
bien patente : ¡ allí es nada ! ¡ averi
guar si son colmillos d cuernos aque
llos, d sean adornos d defensas que la
naturaleza puso á los lados de la trom
pa del elefante! Sino hubieran cono
cido la necesidad de la averiguación
de este punto á fondo, no le hubie
ran examinado tan menuda y escru
pulosamente unos escritores de la ma
yor autoridad. ¿Y que liaré yo cuando
los encuentro tan contrarios en sus opi
niones? Las razones con que cada uno
procura establecer su sentencia son del
mayor peso; las considero, padres cons
criptos ; me hacen fuerza y me tie
nen confuso, pero ahora mismo se me
previene aquel medio término con que
344
VI AGES
los sabios legisladores muchas veces
abrazaron las sentencias entre sí opues
tas de los antiguos jurisprudentes, y
este rumbo pretendo seguir: para que
sean colmillos hay razones muy con
trarias ; y muy contrarias razones tam
bién para que sean cuernos; pues no
sean precisamente lo uno ni lo otro;
pero participen de las dos cosas, y
lla'mense en adelante colmilli-cuernos
ó cuerni-colmillos, según mas agrade
á vuestra profunda sabiduría d cuya
decisión juiciosa someto mi parecer.
Aplaudió el congreso el feliz hallaz
go, asi quedó establecido para en ade
lante , y enriquecido aquel teatro li
terario con tan importante descubri
miento.
El otro asnnto que mientras estuvi
mos allí se ventiló, fue acerca del al
ma de los brutos. El reverendo barbón
de la cátedra sostenía, que esta no era
otra cosa que una entidad , aunque ma
terial , distinta de toda materia, la cual
vivifica al b ru to , y es el principio de
sus operaciones y de su sensación; con
firmaba su doctrina con mil ejemplos:
no se comprende, decía, cómo sin prin-
DE W ANTON.
345
cipio de sensación podrá explicarse el
eretismo y expeluzamiento de la cola
del gato á la vista del perro su con
trario ; como ( y dirigid hacia mí el sem
blante ) lo que testigo de vista el caba
llero Enrique, nos anunció la gaceta
anos pasados, como particularidad dig
na de la pública noticia , del ciervo que
se murió apesadumbrado por haber per
dido su compañía. ¿Para qué aun los
mismos del partido opuesto á nues
tra sentencia castigan á las bestias que
tienen á su cuidado, á fin de que sus
pendan ó ejecuten algunas de las accio
nes de que son capaces, si estas no obran
mediante principio alguno de sensación?
Finalmente , se valió de mil preciosas
corroboraciones, que á favor de su sen
tencia recogió en un viage que hizo por
el mundo indagando verdades cierto doc
to filósofo.
Era el argumentante un mono jóven y resoplado, dotado de tanta fuer
za de pulmones que á breve rato logró
atolondrar á los circunstantes; su in
tento se reducía á persuadir que no eran
las bestias otra cosa que ciertas máqui
nas sin razón ni sensación alguna, en-
346
VI AGES
yas operaciones tenían sus principios de
los espíritus animales; esto es, de aque
lla parte de sangre mas su til, mas pu
ra y mas espirituosa que se trabaja en
el cerebro del bruto, y desde alli dis
curre por todos sus miembros , gober
nándolos, vivificándolos y nutriéndolos,
ó en los que se dice no tienen sangre,
de la porción mas purificada de aquel
humor q suco que equivalentemente cor
re por sus propios canales: no le ha
cían fuerza los ejemplos innumerables
que en su favor habia propuesto el con
trario ; pu es, replicaba, es necesario
concluir que si las acciones de las bes
tias de temor , de gozo, de amor , de
reconocimiento y de las demas pasiones
de que parece son agitadas, provienen
de conocimiento que tienen de su enemigo, de su bien, de su compañía, de
su bienhechor o de cosas semejantes, yo
puedo inferir contra vuestra sentencia
que raciocinan. ¿ Qué otra cosa es sino
raciocinar en el concurso de varias ideas
comparar el tiempo presente con el pa
sado , reflexionar sobre sus actos , é in-*
ferir varias consecuencias! y ¿qué otra
cosa cjecqtan las bestias si obran con
DR W A N T O N .
34
7
conocimiento ó llámese instinto? El per
ro del ciego, que cuando su amo liace
cierta sena salta por el arillo, y cuan
do la omite ladra sin querer brincar,
en suposición de vuestra sentencia del
alma sensitiva, es fuerza que asi lo
haga porque se acuerda de que cuando
•le ensenaron le castigaban con el la'tigo
sino saltaba al ejecutarse la tal sena;
y por el contrario : pregunto ¿ podrá
esto explicarse sin que manifiestamente
se vea que este animalillo compara el
tiempo presente con el pasado, y con
una lógica natural infiera , luego que
ve" la contraseña, con que si ahora no
salto, sufrirá como antes el castigo; ó
por el contrario? y ¿ no es esto racio
cinar? Si lo negáis adquiere mi senten-'
cia mayor corroboración, y se destru
yen vuestros fundamentos, pues si aun
que veamos en las bestias uqas opera
ciones totalmente semejantes á las que
se obran mediante una alma racional,
no obstante afirmáis que no raciocinan;
igualmente , aunque advirtamos en ellas
los efectos de una verdadera sensación,
yo puedo defender que no tienen la di
cha alma sensitiva. Aíiadia á todo esto,
343
VIAGES
que sino se admitían las operaciones de
los brutos como efectos necesarios del
mecanismo de unas máquinas compues
tas por la sabia naturaleza, sino por el
principio de un alma sensitiva, que los
determina sus acciones en fuerza del
discernimiento de los objetos, es muy
difícil comprender ú explicar que no
están dotadas de una perfecta libertad
de indiferencia; porque ¿ qué les falta
para ella , si tienen la excepción de ser
forzados interiormente para algún acto,
y son dotados de una total espontanei
dad para ejecutarlo ? El dicho perro del
ciego que salta aunque esté cansado,
dá á entender que comparando su can
sancio con el dolor del látigo que le
amenaza , tiene á elte por mas inso
portable que aquel, y asi elige el sal
tar por evitar el castigo. Por ventura
¿no sucede lo mismo á los racionales
dotados de libertad, que eligen uno de
dos contrarios, después que examinadas
las razones hallan por mas convenien
te ejecutar la acción que suspenderla, ó
por el contrario?
Como aqui no es mi animo escribir
cuestiones, sino dar á entender el es-
DE WANTON.
34 9
tado de las ciencias por mayor de aque
llos países, no quiero añadir otras mu
chas razones , argumentos y sutilezas,
que acerca de este punto se propusie
ron por una y otra parte; ello es que
la contienda paró como la antecedente
en voces , en que ni uno ni otro se da
ba por vencido; y en que el monazo
catedrático hubo de sosegar los ánimos
y hablar magistralraente de este modo:
no se puede negar, señores , que en una
y otra sentencia hay insuperables difi
cultades; apenas puede darse solución
á una, cuando renacen de ella duplica
das objeciones, muchas y largas con
sideraciones me ha debido este punto,
y no he hallado convencimiento que
ine haga fuerza, hasta que ( según mi
común método) he abrazado un medio
término entre los dos extremos, defi
niendo al alma de los brutos: una sus
tancia media y participante de los dos
extremos materia y espíritu , capaz de
percepción y sentimiento, y privada
de raciocinio y de discurso.
Luego que propuso este sábio su sis
tema me levanté, y haciendo una pro
funda cortesía al respetuoso teatro, me
350
VIAGES
encaminé á la calle ; siguióme mi ami
go Tulipán, y aunque quiso hacer el
escolar lo mismo , le rogamosv no se
incomodase mas por nosotros ; y por
último a' fuerza de nuestras instancias,
después de una descarga cerrada de im
portunos cumplimientos, logramos que
dar solos. Insinuóme mi compañero que
con gusto se hubiera quedado alli otro
rato para haber oido explicar aquella
para él nueva sentencia acerca del alma
de los brutos; respondíle que desde lue
go la hubiera complacido á haber lle
gado á comprender su gusto, bien que
solo por contemporizar , no porque yo
desease oirla: paréceme, replicó, que
no os ha agradado aquel sistema, porque
habíais de él fuera de vuestra acostum
brada política con una especie de des
precio ; pues yo á la verdad soy de pa
recer que con él se desatan las prin
cipales dificultades que acabo de oir
de los dos partidos opuestos : ¿qué in
conveniente puede haber en admitir una
sustancia media, que para no dotarla
de racionalidad y discurso participe de
la materia; y para no hallar contradic
ción en que siendo materia perciba y
DE WANTON.
351
sienta, se la haga participante del espí
ritu? Yo á la verdad no la encuentro;
con ella voy aquí interiormente alla
nando todas las dificultades que en las
demás opiniones se han hallado; y mien
tras no comprenda mas claras que la
luz del mediodia las nulidades de esta
sentencia, he de ser á la corbata su
partidario acérrimo. Pues creed, le res
pondí, que ni á vos ni á los filósofos
sug secuaces he determinado concluir ni
convencer; pero estad también seguro
de que no seré yo del número de ellos,
mientras no me expliquen sin sofismas
como se pueden componer las grandísi
mas contradicciones que contiene el tal
sistema ; y para que no creáis que es ha
blar sin graves fundamentos, os he de
proponer algunas de sus dificultades por
mayor, lo que diese de sí el breve tiem
po que nos resta para llegar á nuestra
posada.
Esta sustancia que se pretende que
no siendo solamente materia, ni sien
do solamente espíritu, sea partícipe de
uno ú otro, no puede admitir medio
entre tener ó no tener extensión ; si la
tiene es compuesta de partes, por tan-
352
V IA G E S
to es d ivisib le, y consiguientemente
excluye toda participación de espíritu
que es indivisible ; sino tiene exten
sion, no se por donde se puede con
ceptuar material, porque la nocion de
sustancia sin extension, capaz de sen
tir y p ercib ir, es la que concebimos
en la explicación del alma racional; y
en tal caso raciocinarían los brutos,
pues no apareceria fundamento para
probar lo contrario: se hace también
mediante la dicha sentencia, impercep
tible la diferencia específica entre el al
ma racional y la de Jas bestias: en pri
mer lugar en sus operaciones, porque
si Ja de los brutos sin ser solo mate
ria ni solo espíritu tiene sensación ; la
racional podría , sin ser solo materia
ni solo espíritu, tener raciocinio, por
que mas difícil se comprende sin du la
el paso desde la privación de sentido á la
percepción del objeto, que el paso des
de el sentir al raciocinar, ¡ absurdo ina
guantable ! En segundo lugar en cuan
to á su muerte; pues no siendo la mor
talidad ó destrucción de las criaturas
materiales otra cosa que la descompo
sición y desunión de las diversas par-
D E WANTON.
353
tes de materia que entre sí estaban en
lazadas; si el alma de los brutos, co
mo establece esta opinión, por la par
ticipación y parte que tiene de espíri
tu carece de extensión, y no puede ser
dividida, porque como es espiritual es
indivisible, por consiguiente no puede
perecer sino por aniquilación: ¿en qué
se distingue entonces del alma racio
n a l? ¡impío absurdo! Ademas de lo di
c h o , si esta alma media entre espíritu
y materia solo está dotada de sensa
ción , ¿cómo entenderemos bien expli
cados los raros fenómenos de la indus
tria , afectos, pasiones é instintos ó co
mo quieran llamarlos de los brutos?
Concluyamos, amigo Tulipán, y con
venzámonos de la cortedad de nuestros
discursos, cuando solicitamos engolfar
nos en aquel inagotable océano de los
prodigios de la naturaleza; observémos
la para lo que corresponde á nuestro
aprovechamiento y necesidades de la
vid a ; pero no queramos entrar en el
insondable mar de sus arcanos: utiliCiémonos con los prodigiosos efectos y
virtudes que en las criaturas nos des
cubre la experiencia., y adelantemos
T omo iii ,
23
354
VIAGES
esta con la repetición de operaciones,
sin perder demasiado el tiempo en la
averiguación de sus ocultas causas.
¿Cuánto mas debemos al que descu
brid en el imán la virtud refractiva,
que á los que con fatiga inútil andan
averiguándole por qué tiene ó en qué
consiste la atractiva? ¿Cuánto mas útil
fuera á las necesidades de nuestra mi
serable vida descubrir algún maravi
lloso efecto del m arfil, ó algún secre
to para usarle y trabajarle con mas
facilidad, que gastar largas páginas en
la pueril y fútil controversia de inda
gar si son cuernos ó colmillos los del
elefante ?
¡Cuánto tiempo pierde la juventud
en la averiguación de semejantes frus
lerías! ¡y qué útiles fueran sus luces
al resto de los mortales, si desprecia
das estas pedanterías y puerilidades, en
trasen á ocupar su lugar las ideas de
una lógica sin sofisterías, de una física
fundada en seguras experiencias, y úl
timamente de unos conocimientos y
principios en todas las ciencias y fa
cultades , purgados de errores , pasa
tiempos y ridiculeces! en estas conver-
DE WANTON.
355
saciones llegamos á casa á hora ya de
comer; descansamos y pasamos el res
to del dia recibiendo algunas visitas de
aquellos naturales, que con la noticia
de nuestra llegada vinieron con espíritu
de curiosidad á tratarme. Entre otras
conversaciones tocaron la del estudio de
la física, y particularmente las conclu
siones del dia ; yo no pude menos de de
cir mi sentir acerca de esta materia,
confesando la dificultad de encontrar las
causas de los maravillosos efectos de la
naturaleza, y la mayor utilidad que
trae el descubrirlos que el averiguarlas;
los mas de aquellos doctos, aunque con
diversas opiniones, sostenian obstinada
mente la claridad con que mediante su.
física tenian como en la mano el cono
cimiento de las causas de sus fenóme
n o s; entonces yo asegurándoles el su
puesto con las mejores pruebas , y bajo
mi palabra como testigo ocular , les pro
puse, que en virtud de lo que decían,
rae descifrasen según sus respectivos sis-'
temas de la generación de los insectos,
la causa de la renovación de aquel que
mientras estuvimos en la gruta halló
un dia Roberto á las orillas de un arro-
356
VIAGES
yuelo, y que tanto llegó í admirarnos*
gegun tengo escrito en mi capítulo XV.
del tomo I. Todos á un mismo tiem
po querian decir su parecer; yo les
supliqué que para mejor poder enten
der sus decisiones hablasen por turno;
y ejecutándolo asi, significaron sus opi
niones según en el capítulo citado ten
go escrito, adonde remito al lector por
no duplicar un mismo asunto.
Poco mas poco menos eran muy
parecidas á estas las restantes universi
dades , que en mi vuelta por el reino
encontré repartidas por sus vastas pro
vincias, que por no ser demasiado mo
lesto no especificaré en sus lugares res
pectivos ; en unas estaba en mayor
auge una facultad, en otras otra; en
esta reinaba una extravagancia , en
aquella otro disparate; hallé médico
que me dijo, que la anatomía no ha
bía traído á la medicina los adelanta
mientos que se creian; encontré juris
ta que trataba á vista y paciencia de
todos los legisladores, de bárbara, impía
é inculta la legislación ( especialmente
criminal) con que desde tiempo in
memorial se gobernaban todos aquellos
DE WANTON.
357
países; hablé con matemático que ( no
obstante estar propuesto como parado
ja ) en media docena de páginas habia
dado á luz disuelto ( según decía ) el
problema de la cuadratura del círculo;
traté á físico que sostenía que el gusto no
era sentido distinto del tacto y del olfato,
sino un compuesto de los dos; como
también que la distinción que hacia la
oveja y todo animal que pace entre las
yerbas venenosas y proficuas, apacen
tándose de éstas, y no tocando á aque
llas, pendía de un sentido inominado,
de que carecen los racionales; por úl
tim o, para abreviar , no habia ciencia
ó arte que careciese de sus despropó
sitos , ni se pensaba despropósito que
no fuese adoptado por algunos de sus
facultativos: á tanto llegaba en unos la
ignorancia, y en otros el insaciable de
seo de singularizarse. Pero volvamos á
tomar el hilo de nuestras memorias. ¡
Detuvímonos algunos meses en Polym atia, en donde recibimos un co
pioso socorro de Simiópolis ,• según ha
bíamos enviado á pedir, aunque des
pués de algún tiem po, por causa del
poquísimo comercio de dinero que des-
\
353
VTAGES
de aquella ciudad de las letras hay con
lo restante del reino; allí trabé amis
tad con algunos ( pocos ) sabios , con
cuyas luces pude separar la alquimia
del oro, ésto es, los verdaderamente
tales, de los que lo son solo en la apa
riencia ; unos se lo persuadian á sí mis
mos, y estos eran tontos incurables;
otros hinchados y soberbios atraian á
su ignorancia á mil incautos qiie se de-?
jaban guiar de su necedad y de su or
gullo; estos eran tontos perjudiciales; y
unos y otros los que formando partidos
irresistibles, se erguian á fuerza de nú
mero , y de no sé qué ocultas protec
ciones, y tenían el pie sobre la cerviz
de los que estaban colmados de un ver
dadero mérito. Nunca pude ponerme de
parte de .sus sinrazones; esto bastó para
hacernos odiosos á sus ojos; y no pudiendo súfrirnos, armaron contra noso
tros sus máquinas; el poder, que tenían
con algunos poderosos era el móvil pa
ra la ejecución de sus injusticias ; experimenta'moslas nosotros, pues al cabo
de cerca de un aíio, sin saber el mo
tivo y nosdiallamos con cartas dela corte
mandándonos seguir nuestro camino; lie-
DE WANTON,
359
garon estas á tiempo que yo me halla
ba convaleciendo de unas molestas ter
cianas que me habian debilitado mu
cho; pero el corregidor de la ciudad
era del bando de los revoltosos, y pu
diéramos haber tenido que sentir (jus
ta 6 injustamente, porque era causa
de empeño de sus amigos) sino hubié
ramos obedecido prontamente , por lo
que á costa de mil incomodidades y
trabajos hube de resolver el ponerme
en marcha con peligro de recaida; despedímonos de nuestros amigos, que que
daron blasfemando de sus compañeros,
y emprendimos nuestro viage á jorna
das muy cortas por mi quebrantada
salud.
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ÍNDICE
de los capítulos que contiene este
tomo tercero.
C apítulo i . P la n de la casa del
señor Haya después de la boda :
trátase también de los lutos de
corte ........... ; . . . . . . .
pág. i
C ap. ii. D e l mutuo obsequio de
Tulipán y la marquesa de la
M ielg a. . . . . . . . . . . . .
17
C ap. iii. D e l diálogo que pasó en
tre Roberto y E n r iq u e , en que
se descubre el •cará cter , gene
ralmente hablando , de los j ó
venes simiopolitanos ...............
37
C ap. iv. Determ ina Enrique acom
pañar á Tulipán en su v i age al
real sitio
47
Gap. v Be los escritores públicos. 66
Cap. vi . Ajusta Tulipán su viage
para el real s itio . ..........................87
Cap. vir. De los discursos del se
ñor Moral......................................104
Cap . viii. Siguen los discursos del
señor Moral...................................126
C ap. ix . De la escuela pública que
tenia en el real sitio el señor
Tam arisco. ..........................
15
Cap. x. Convite que tuvo Enrique
en casa de la marquesa de la
Castaña. . . . . . . . . . . . . 192
Cap. xi. De las aventuras de Tu
lipán y sucesos de Ajenjo y sus
' paisanos. . . . . . . . . . , . . 213
Cap. xii. Del destierro de E nri
que y Tulipán ; y camino que
emprendieron. . . . v . . . - . . 252
C ap. xiii. De la prisión de Enri- \
que y Tulipán en una cddea al
paso de su viage. ...................... 278*
C ap. xiv. Llegada de Enrique y
, Tulipán á una universidad. . 303
Cap. xv. Observaciones acerca de
las ciencias de aquellas provin
cias.................................................319
C ap . xvi. Prosigue la materia del
capítulo antecedente.................... 339
\
3M



