Viages de Enrique Wanton al país de las monas. Tomo IV. 2ª ed.

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Madrid

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Impresos
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spa
Extensión
328
Identificador
0000000204
Miniatura
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Traductor
Guzmán y Manrique, Joaquín de
Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Librería Razola
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1831
Formato
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DE

ENRIQUE WANTON.
4 .°

I mfreista i>e I. SANCHA: calle de la Clonn-

cepcion Geronima , nàta. 3 i.

T om o

n:

P ortada

/t u f

bon asaltados por una tropa
»Ir VaiidoJtTos.

DE

ENRIQUE
a

WANTON

^É au ¿/e / o j is /fávonctJ.
t
TRADUCIDOS

M 3mjlc6 ni 3taliaita, £ íie ¿stc
al (Español
POR D. G. J . y . D. G . Y. M.

SetjuuDa ¿D iciop .

CON REAL PRIVILEGIO.

MADRID:
Se hallará en la librería de RAZOLA , calle de
la Concepcion Gerónima, n.® 3.
MAYO DE

i 83i .

2

VIAGE3

Cer la dificultad de llegar á su elevadaa
cim a; emboscáinonos por entre lo en­
marañado de la sierra, y por mas quee
desde cada uno d‘e los cerrillos que iba-tmos encontrando, procurábamos atalaayar por si descubríamos casa, alquerraa
ó lugar en donde pasar la noche, nao
veiamos otra cosa que troncos y nüeevas sierras, que parecia se nos ibatn
poniendo á nuestro paso, cerrándole deel
todo: lo agrio del camino, y lo delica-ttlo de mi salud aun no del todo con-tvalecida, nos determinaron, viendo quae
cerraba la noche, y podíamos dar enn
algún precipicio como ignorantes dde
aquellas veredas, á echar pie á tierraa,
y guarecernos basta que amaneciera '£cn
una gruta bastante capaz, y desembanxazada de ramas y de todo obstáculos,
que nos deparó la suerte poco distancíe
del camino; la noche había ido refresscando por lo cual nuestro lacdyb O'ro »i
zuz trajo del monte unos hacecillos dde
leña de la mas seca que pudo hallaar
cón lo que encendió una hoguera quoc
nos refrigeró, y pudo en ella compon
ner haciendo asador de una rama unn
par de conejos, que aunque ahúman-

DÉ WANTON.

3

dos y sin sal, nos parecieron tan ex­
quisitamente sazonados contó si''se hu­
bieran asado en la cocina mas primo­
rosa : finalizada nuestra cena , y ha­
biéndome acometido la sed, salí so­
lo de la cueva ó fin de buscar con el
favor de la escasa luz de las estrellas
«dgun arróyuelo donde satisfacerla ; no
le encontré en las inmediaciones, por
lo cual me desvié algo mas de lo que
pensaba.
1
Poco mas de un cuarto de hora tar­
daría en volver á nuestra gruta , y al
-acercarme escuché un murmullo de
voces para mí desconocidas; aproxíme­
me silenciosamente, y por entre unas
ramas inmediatas á su boca pude ver
-y oir el mas inesperado lance que po•dia sücedernos: cuatro horrendos monazos con saííudo semblante, y carigados de armas tenían rodeado nri
infeliz compañero y al criado; estaban
estos en el suelo; aligerados de ropa
'y atadas las manos á- la espalda; y los
salteadores ya habían hecho un lio
>de cuanto pudieron hallar, que les pa­
reció podii servirles; perdonaban las
caballerías por no ser por ellas íastrea.-

4

VIAGES

dos, y cuando ya estaban para par­
tir, tuvo uno de ellos el piadoso pen­
samiento de no dejarlos vivos; era eel
caso, que advirtió por las ropas y irni
espada , que habían alli encontradco,
que faltaba lo menos uno en la compaafíía; y temiéndose que tal vez vinien­
do , pudiese libertando á sus compaifieros seguirlos y descubrirlos, quisso
quitar de en medio estos enemigoss;
asi lo resolvió unánime aquel malditeo
conciliábulo, y sin esperar mas razoines sacó el principal consejero un agual­
do puñal, y se arrojó sobre el indefernso Tulipán para acabar con su vidda;
fue todo este suceso tan precipitado quue
yo no tuve lugar para otra cosa quue
para amartillar una pistola, y descerraajarle un tiro desde el puesto en dondde
me hallaba; le logré con tanto aciert to
que cayó bañado en su sangre sobre í el
mismo que iba á asesinar; huyeron daos
de ellos despavoridos por el m onte, y
como sabian bien sus derrumbaderoos
en brevísimo tiempo desaparecieron, íel
cuarto que quiso escapar cargado coon
un lio, tropezó al salir en unas ramaas,
y cayendo me eché precipitadamentite

DE W ANTON.

5

s<obre é l, le desarme', y agarrándole de
líos cabezones le entré en la cueva: pus>e en libertad á Tulipán y á Orozuz,
c:uyas vidas habían estado en tan evidlente riesgo, y desatando el lio reco­
braro n sus vestiduras; pero una buena
p arte del dinero que llevábamos, y que
iiba en poder del criado para que fuera
hiaciendo el gasto en las posadas, absoliutamente pareció, porque se la llevarron los ladrones que huyeron. Asegu­
ram os bien á aquel bribón que había­
nnos pillado, y pasando en vela lo que
{quedaba de la noche, luego que descu­
brim os por el oriente los crepúsculos
dlel dia nos pusimos á caballo, llevando
co n nosotros al preso bajo el cuidado
dle Orozuz para entregarle al brazo de
Ha justicia en el primer lugar que en­
contrásemos.
La aspereza del camino, y su mala
ssuerte llevaban al salteador mal paracdo: Orozuz era de esta especie de gentte que se llena de compasión en las
{ocasiones que menos viene al caso; ó á
lio menos se conduele de las cosas según
aparecen por la corteza, sin fondear en
e lla s , ni reflexionar en sus consecuen-

6

VIAGES t

cia s: esta falsa 'piedad destruye repe­
tidas veces las mas saludables leyes
y establecimientos. ¡ Qué constitución
mas digna de la mejor república que la
que tienen en aquel pais , para que
ningún criado pueda despedido de una
casa acomodarse en otra sin un papel en
que conste su justa despedida, y su
buen porte en la servidumbre antece­
dente ! A la verdad que esta providen­
cia no puede resistirse sino por aquel
mono infam e, cuyas costumbres repug­
nan , á que su amo pueda dar un ho­
norífico testimonio de su conducta;
pero ¿que sucede? sale un bribón de
estos borracho, lujurioso, ratero, despídenle por sus buenas habilidades;
solicita otra casa en donde proseguirlas;
y el nuevo amp qué le recibe, se con­
tenta con un informe por medio de un
recado político que envia á la casa de
donde acaba de salir ; entonces entra
aquella diabólica caridad. ¡ Oh quien
35 ha de tener corazón para quitará es55te pobrecito su acomodo! A llá se las
55 hayan puede ser que se haya entnen55 dado: para nosotros baste no tenerle ni
?3 sufrirle en casa; y sobre todo.yo no

DE WANTON.

^

tengo ánimo para hacer mal á persa-*
»na alguna.» De este discurso se pasa
á mentir en perjuicio de tercero , á dar
alas á un picaro para que prosiga 6
adelante en sus malas mafias; y última­
mente á faltar á la verdadera caridad^
pues bajo de este informe el incauto
nuevo amo , fia y pone su casa en ma*
nos de quien le roba, ó da otros sen­
timientos de marca mayor. Yo puedo
deponer con toda sinceridad que mien­
tras estuve en Simiopolis , oi quejarse
á sus naturales de ;var.ias desgracias
originales de estas gentes, y experi­
menté diversos hurtos domésticos ; pe­
ro jamas supe de informe dado acerca
de criado, que no fuese para calificar­
le de bueno; á lo menos en las prin­
cipales y menos sospechosas partidas;
por tanto luego que conocí su carácter
en este asunto , no me'condolía de sus
danos, viendo que les pro venia de la
falta de observancia de sus leyes y bifcn
acordados establecimientos.
De esta manera pues Orozuz movi­
do de la dicha aparente piedad comen­
zó á interceder por aquel malhechor
para ‘que le pusiesen en libertad, ya
99

8

viages

que nosotros estábamos fuera del peli­
gro de sus manos. ¿ Te parece bien, le
respondí, que porque nosotros estemos
ya (según nos parece) lejos del poder
de estos impíos asesinos, dejemos li­
bres á unas de estas fieras que puede
descubrir la camada de sus compañe­
ros? ¿A una de estas fieras tan perju­
diciales para los pobres desprevenidos
caminantes ? ¿ A una de estas fieras ,
repito, tan crueles que no contentas
con despojar á sus semejantes tirana­
mente de sus bienes, tratándolos con
vileza , aprisionándolos y ajándolos,
conspiran á sangre fria contra las vi­
das de unos infelices indefensos? No
creas que yo tenga semejante debili­
dad ; le compadezco, do lo dudes; pe­
ro su delito y las consecuencias de él
me horrorizan. No lo extraño, señor,
replicó el reo que hasta entonces había
ido callando; no extraño que nuestras
atrocidades os llenen de horror; pero
si hubiera alguna disculpa para ser
malo se encontraría en nosotros. Los
cuatro que esta noche pasada habéis
visto, éramos cuatro buenos vecinos
de cierto lugar no muy lejos de est?

DE WANTON.

9

sierra; teníamos en él una labor del
campo, si no grande, suficiente para
mantener cada uno sus respectivas obli­
gaciones ; así pasa'bamos la vida aun­
que sin esplendidez razonable , cuan­
do el dueño de nuestro pueblo, que es
uno de aquellos viciosos, á quienes na­
da basta para sus disipaciones, no con­
tento con esquilmar lindamente á la
villa por medio de sus administradores,
determinó hacerse labrador, y comprar
tierras para sus siembras y plantíos:
dicho se está que un poderoso tan .sin
igual , ayudado del accidente de un
par de años estériles, en breve tiem­
po haria suyo cuasi todo el tér­
mino : los labradores pobres; y aun
los de una medianía como nosotros
quedamos por puertas, habiéndonos
visto obligados por la necesidad á
vender nuestras hazas y aperos de
labraduría. Destruido el lugar en un
todo, no faltó una buena alma que
aconsejase á nuestro tirano, que si
quería que se recuperase lo perdido, que
los vecinos que habían quedado no to­
casen el punto de su desesperación, y
Volviesen á sus hogares los que los ha-

IO

VIAGES

bian abandonado, publicase que daba
sus posesiones en enfitápsis con un mo­
derado canon solo en señal de su do-i
minio directo , pues de este modo vería
en pocos años volver á llorecer aquel
pueblo, serle mas útil que cuanto pro­
vecho se imaginaba y había experi­
mentado en el proyecto de su labran­
za , y por último obraría con justicia
y equidad; pero el encaprichado con
sus primeras ideas, siguió adelan­
tándolas á mas no poder ; asi logró
acabar de una vez con todo , pues
■viéndonos los vecinos hechos unos m i­
serables braceros, que solo comiamos
mal á costa de nuestro sudor , y á
merced suya, que nos empleaba si nos
necesitaba, y cuando n o , nos dejaba
perecer, tomamos varias determina­
ciones : todos conformes en desamparar
el lugar que ha quedado cuasi despo­
blado y sin que aquel lobo devorador
halle ya aun los precisos trabajadores
para mantener sus haciendas labra­
das -7 á los cuatro que habéis visto tocó
tan mala suerte que no pusimos la
mano en cosa que nos saliese á medida
de nuestros deseos ¿ de lugar en lugar

DE WANTON.

11

y de cortijo en cortijo, andábamos
buscando el sustento, y por puntos
crecía la necesidad; esta llegó un dia
á cuasi extrema , y en su consecuen­
cia nos abandonamos á nuestros pensa­
mientos, que fueron tan ruines, como
determinarnos á buscarlo por los medios
mas ilícitos; y como las acciones peca­
minosas tienen entre sí una especie de
conexión y mutua alianza, de el bus­
car el mantenimiento con violencia pa­
samos a' el despojar con la misma á
cuantos hallábamos de la honra, de la
hacienda, y no pocas veces de la vida.
¡ Oh pobreza, de cuantas villanías sue­
les ser origen ! En llegando á este
punto os aseguro,. señores, que reca­
pacitando las atrocidades que he co­
metido y el opuesto extremo en que
lie caído, desde la honrada crianza que
me dieron mis padres, y el mediano y
sosegado estado de fortuna que tenia,
quisiera que mil veces me faltara la
vida, y asi estoy tan lejos de pediros
que rae dejeis en libertad, que antes
con los mayores esfuerzos os suplico
me entreguéis al brazo de la justicia,
para que bajo su vengadora espada sa-

12

VIAGES

tisfaga con mi cabeza todos los delitos
de que soy responsable á la pública
venganza.
Esto decia bañado en llanto aquel
miserable, y yo no pude dejar de re­
plicarle: malo es el robar, no es du­
dable; pero parece que vuestra nece­
sidad y acasos daban algún colorido á
este exceso; mas la atroz acción de
quitar la vida al infeliz caminante que
cayó en vuestras manos, es crueldad
que horroriza, y para la que no se ha­
lla disculpa alguna; por tanto solo ella
cierra la puerta á que se tenga con vo­
sotros conmiseración. Es verdad, res­
pondió é l, que es una impiedad des­
medida privar de la vida á uno de nues­
tros semejantes ; pero habéis de estar
en que ni es tan á sangre fr ia , como
os parece, ni dejamos de tener algunas
veces motivo para ello: sabed que por
las leyes de estos reinos incurrimos por
el mero hecho de robar á los pasageros en pena capital: ocurre que nos te­
memos por algunas probables conjetu­
ras, que el despojado puede descubrir­
nos; es uno de los principios de nuestra
facultad la sentencia que d ice: mono

DE WANTON.

I3

muerto no h a b la ; la mayor ó menor
gravedad del delito nos hace poca
fuerza, y como al fin si nos pren­
den , seamos d no monicidas nos ahor­
can , nos determinamos á ocultar mas
nuestra m aldad, quitando de en me­
dio un testigo de ella. Esta es una
de las leyes nuestras, me dijo inme­
diatamente Tulipán , que siempre me
lian parecido duras imponer pena de la
vida al que hu rta; me parece que con­
tra ellas están perpetuamente gritando
las leyes de la naturaleza: ¿porquó se
ha de derramar la sangre de aquel
que no conspiró contra la conserva­
ción ni vida de su prójimo ? A una so­
lo de estas, á la del mas oscuro in­
dividuo de la república no es compa­
rable todo el oro del mundo; ¿ y será
bien que se escuchen las voces de al­
gunos millares de adoradores de este
metal , y que á su contemplación se
sacrifiquen las vidas de tantos desdi­
chados á quienes cegó y arrastró ( cuan­
do no la necesidad) una codicia, no
tan afortunada como la de sus posee­
dores ? Ellos quitan unos bienes de cor­
la consideración, y se les despoja de lo

14

VIAGE5

mas precioso, de lo mas sagrado, de
su vida. ¡ Bella compensación entre la
tre la pena y el delito!
¡Qué pomposos clausulones! ¡qué
aparato de voces ! ¡ y qué discursos tan
patéticos no podriais aíia'dir á ese vues­
tro corto razonamiento t, si estuvieseis
ilustrado con la lectura de ciertos papelitos que acerca de la materia tene­
mos por allá en nuestros países los
hombres! Asi respondía yo á Tulipán
¡como podriais exornar vuestro parecer
con el follage y juego de brillantes
voces y epítetos, como: espada venga­
dora , mano sangrienta , sacrosantos
derechos, ley natural inviolable, hu­
manidad ultrajada, odioso espectáculo,
afrentosa barbarie, atropellada sociedad,
y otros infinitos de este jaez , que con
solo daros á leer una tragedia de mo­
da hallaríais en cada página, ó po­
dríais (como hacen otros con la mis­
ma facultad que la vuestra) inventar­
las á vuestro capricho! Bien pudiera
yo explicaros algo acerca de esto; pe­
ro ni la ocasión ni el parage, ni cir-cunstancia alguna de las presentes ConÍ Aida á que gaste mucho tiempo en

DE W ANTON.

15

la m ateria; no obstante no quiero de*jar de deciros cuatro palabras, según
lo que comprendo, hablando en gene­
ral. Yo contemplo á los delitos ba*jo diversas consideraciones, ya respec­
to de la maldad que en sí incluyen
por la parte que quebrantan la ley na­
tu ral, respecto del perjuicio que traen
á la ligación, unión ó sociedad del
resto de nuestros semejantes , en lo
cual quebrantan las leyes positivas $
ya respecto de mal ejemplo y sus
consecuencias : de la misma manera
las penas en la justicia distributiva creo
que se deben considerar, ya absoluta­
mente igualándolas al delito; tales son
las del talion, tal es la que prescribe
que muera el que culpablemente matd,
ya respectivamente en consideración á
la comunidad, ya proporcionalmente
en razón de escarmiento, según la ma­
yor y menor necesidad de él en atenci'on á la frecuencia del delito, desobe­
diencia de la ley, y menosprecio de las
penas mas leves. Las repúblicas y co­
munidad esen sus principios necesitan
menos leyes, porque sus individuos vi*ven mas arreglados; de estas muy ra-

1 6

VIAGES

ras son de pena capital, porque lofe
mismos no han perdido aun de vista
el derecho natural, y en su consecuen­
cia ni son perjudiciales á sus herma­
nos, ni se burlan de los castigos por
suaves que sean; pero lutígo que se au­
menta el numero de sus individuos, e
inmediatamente empiezan estos á de­
clinar ya en uno, ya en otro vicio, el
legislador, que es el alma de aquel
todo, se ve precisado á remediar el
dado con mas ó menos violencia, según
las circunstancias; y de aquí proviene
el irse aumentando las leyes penales.
¿Creeis por ventura, que vuestros prin­
cipales legisladores y los soberanos que
después les siguieron, formaron sus de­
terminaciones sin premeditación, o per­
diendo de vista los preceptos de la
ley natural? ¿Os habéis persuadido á
que no se habían oido en el mundo
hasta la nueva presente ilustración esos
aparentes argumentos en contra de las
mas sabias y meditadas determinacio­
nes? Pues os enganais. En la materia
porque se ha suscitado esta conversa­
ción, hallareis suficientes pruebas de
todo lo dicho: los dos grandes legis-

DE WANTON.

17

ladores, de cuyas sabias disposiciones
tomó norma el mundo en lo sucesivo,
hallaron tan diversa necesidad de co­
hibir el desenfreno de los mortales,
en cuanto al vicio del hurto, que uno
le prohibió bajo la pena solo de la
restitución doble de la cosa hurtada,
y el otro impuso pena de la vida con­
tra los ladrones; de aquí es que todos
los príncipes en sus respectivos domi­
nios, según la diversidad de tiempos,
de cualidades de sugetos y de otras
circunstancias, han variado en las pe­
nas fulminadas contra tales delitos;
unas veces se han contentado con un
destierro; otras con la restitución cua­
drupla ; otras con la pérdida temporal
de la libertad en una cáfcel, en un
presidio ó en las obras públicas; pero
en algunas temporadas que han expe­
rimentado en sus estados el exceso del
vicio, han exacerbado las penas, man­
dando ya que sean azotados, ya ate­
naceados , ya precipitados de lo alto
de un peñasco, y ya ahorcados; y aun
en la severidad de estas mismas penas
han tenido muchas veces diversas con­
sideraciones, atendidas las circunstanT omo iv .
a

j8

vi ages

cias de la edad del delincuente, 6 cua­
lidades del robo, como diestros ciru­
janos del cuerpo místico de la repú­
blica, que no por cualquiera llaga cor­
tan aquel miembro que enfermo; an­
tes procuran con remedios suaves sa­
narle : si estos no bastan, usan el cau­
terio ú otros mas violentos, hasta que
temiendo que la gangrena infeccione
lo restante del cuerpo, le cortan y se­
paran. De aquí se infiere, que es im­
posible dar una regla general en la
materia; y asimismo que la proporción
que debe mediar entre el pecado y la
pena, no mira precisamente ú la mera
y absoluta materia del delito, esto es,
á que el bien de que la pena priva
sea equivalente al bien de que el de­
lito privó á su prójimo; sino que de­
be estimarse la dicha pena con res­
pecto á cierto fin, que es la desobe­
diencia ó quebrantamiento de la ley,
de la perturbación del público sosiego,
y recíproca quietud de los ciudada­
nos : nada mas conforme al derecho
natural, ó sea de gentes, supuesta la
división de las cosas, que velar sobre
la pacífica posesión y goce de lo que

DE W AN TO N .

19

es de cada in dividuo; por lo que se­
gún la mayor ó menor turbación de
esta tranquilidad, se debe aumentar ó
disminuir el castigo de quien la causa:
en una palabra, una cosa es castigar el
delito según es en s í, y otra dar ejem­
plo para lo sucesivo, sirviendo la pena
de escarmiento al resto de la com u­
nidad , y sujetando el orgullo y la in ­
continencia de los malvados.
Bien com prendo, replicó Tulipán,
aunque no he sido instruido en m i
juventud en la facultad leg a l, lo que
acahais de decirm e; y me hace fuerza
que deba imponerse mayor pena que
la que corresponde al delito en s í,
cuando esta no basta á sujetar el desen­
freno de los que le com eten , y que
por tanto es necesario horrorizarlos con
el escarmiento; pero ¿ no bastaba con
privarlos perpetuamente de su liber­
tad ? ¿ Ha de ser lícito quitarles la
vida ? ¿ Quión ha dado á los legisla­
dores esa facultad?. Y o tengo concebi­
do que estos no tienen otra que la que
se depositó en ellos por medio del pac­
to ó contrato con que cada uno se
despojó de sus naturales derechos, po-

2O

VI AGES

niúndolos en manos de los dichos res­
pectivamente, para que usasen de ellos
como fuese necesario en conveniencia
del todo de la comunidad; y en ver­
dad que nadie tiene facultad para con­
tratar con otro , consintiendo en que
se le quite la vida en caso de que
le robe sus bienes, pues el tal con­
trato seria injusto, porque disponía de
su vida sobre la que no tiene impe­
rio ; seria bárbaro por la despropor­
ción de las cosas en que recaia, seria
insensato, porque es incomparablemen­
te mas útil que viva un individuo de
la república, que no el que otro goce
de algunos bienes y comodidades , tal
vez exclusivas 6 superfluas.
Por cierto, amigo mió, le respon­
d í, que aunque no habéis estudiado la
facultad, apuntáis muy bien las difi­
cultades en que aparece el tropiezo del
presente asunto; pero brevemente quie­
ro deciros, prescindiendo de la verdad
del supuesto en que largamente pu­
diera hablaros, que dado caso que el
príncipe no obrara ( como o b ra) por
el poderío que la Providencia le ha
dudo sobre sus súbditos, ni los legi$lat

DE WANTON.

2I

dores decretaban sus justos y saluda­
bles establecimientos por medio de los
altos designios de la misma; dado el
caso, repito, que no tuvieran otra fa­
cultad que la que mera y temporal­
mente resulta del todo de las socieda­
des, no obstante justamente pueden y
deben imponer pena capital en los de­
litos que no logran evitar por los me­
dios mas suaves: haced cuenta que el
contrato que hizo cada individuo en­
cierra en sí la obligación de no hacer
con otro lo que no quiere que otro ha­
ga con é l; cualquiera que tácitamente
á lo menos no se hubiera aligado á esta
obligación, no hubiera sido admitido
en la comunidad ó compañía: ahora
bien, para afianzar este individuo el
cumplimiento de esta obligación, es ne­
cesario que se sujete, no al castigo que
él se quiera imponer, que sería ridicula
obligación, sino al que atendidas las
circunstancias parezca á la compañía,
ó al que hace cabeza, en quien está
depositada la voz común y pública: en
esta inteligencia, si el conjunto de cir­
cunstancias y tiempos lo pide, publica
este legislador que nadie hurte, so-

22

VIAGES

pena de muerte al que cometa este
delito, no con proporción á su ma­
teria , sino al escarmiento y pública
necesidad; y ved ligado á esta obser­
vancia á cada uno de los individuos
mediante el contrato con que entro en
compañía con el resto de sus seme­
jantes, sin que este contrato sea injus­
to , pues dispone de su vida, no él
precisamente, sino la comunidad, 6 su
cabeza representándola, que tiene fa­
cultad para ello; y de otra suerte pro-»baria vuestro argumento o reparo mas
de lo que intenta, pues si por tanto
no puede ser condenado un individuo
de la sociedad á muerte por hurto, por
cuanto él no tiene imperio sobre su
vida, tampoco podría ser condenado
á pena capital, por haber hecho una
muerte culpable; y si en este caso
debe ser condenado á perder la vida,
porque la naturaleza y la recta razón
gritan que muera el m atador, tam­
bién gritan que muera el ladrón, á
quien no corrigen las penas mas sua­
ves , y que perturba el orden y tran­
quilidad pública. Tampoco el dicho con­
trato es bárbaro, sino muy racional,

DR WANTON.

*3

porque como os he repetido varias ve­
ces no se guarda en él la proporción
respecto á la m ateria, sino al ejem­
plo y escarmiento. Y por últim o, no
es insensato; y en cuanto á esto último, perdonad que os diga que se co­
noce que aun sois muy joven, por­
que el reparo es muy pueril y solo
aparente; ¿ por qué ha de ser útil ni
justo que viva un individuo de la re­
pública que no permite que gocen de
la debida tranquilidad los restantes?
Como puede privar á su prójimo de
lo supérfluo, que raras veces aconte­
cerá , puede dejarle sin lo útil y nece­
sario, como es lo mas común y regu­
lar: considerad ¿qué utilidad sacará el
público de un miembro tan perjudicial
y agangrenado? Ved sino será juiciosa
y acertada providencia separarle del
cuerpo para siempre para que no in­
feste á los restantes.
No os quiero molestar mas, aunque
pudiera dilatarme si fuera haciendo me­
moria de las grandes reflexiones que
acerca de este punto he oido hacer en
favor de mi instrucción á mi amado
compañero Roberto j este fue quien me

24

VTAGES

arrebaté de las manos algunos libri­
llos , que me iban llenando la fanta­
sía de ilusiones y sofisterías, y á el
debo el aviso que os comunico ahora
por el carillo que os tengo; este es,
que cuando concurráis en los estrados,
cafáes y puertas de tiendas, que es en
donde encontrareis á los alumbrados
por la moderna instrucción, y por con­
siguiente en donde se agita este punto
con todo el condimento del nuevo ar­
te , os abstengáis de oponeros á sus
dictámenes , produciendo las razones
que acabais de oir ú otras que vuestro
discurso vaya deduciendo: lo primero
porque son gente incorregible, capri­
chuda , novelera , y mas que todo osa­
da ; y lo segundo porque os quitarán
bonitamente el cre'dito, pasareis por un
mono falto de ilustración , imbuido ea
las rancias ideas de vuestros mayores,
forastero en el pais de la crítica, igno­
rante de la bella lección de libros extrangeros y patrios extrangerados, y
últimamente preocupado por las leyes
que os gobiernan, y contra las que ellos
descaradamente levantan el grito. Y tu
in feliz, dije, volviendo el rostro á núes-

DE WANTON.

25

tro preso mal aconsejado, no puedes
creer el dolor que me causa tu suer­
t e ; si á costa de cuanto tengo y valgo
pudiera mejorártela , voluntariamente
me despojara de todo, y me llenara de
gozo al verte sin la carga enorme de
tus pasados yerros; pero al paso que
rebosa mi corazón estos sentimientos
de humanidad, la rectitud de la justi­
cia , el amor de la tranquilidad pu­
b lica , y la verdadera piedad para con
los habitantes de estos contornos, qui­
tándoles tan perjudicial enem igo, me
están interiormente avisando que no me
exponga, dejándote en libertad , á un
eterno remordimiento, considerándome
en algún modo causa de los detesta­
bles afectos que producirá en tí esta
prenda tan deseada naturalmente de to­
dos : en esta inteligencia, á pesar de
mi ternura, prevente para entrar en
poder de la justicia, bajo cuya correc­
ción según el mérito de tu culpa ser­
virás de miserable ejemplo, que mo­
dere el desenfreno de tus semejantes.
Diciendo estas palabras, comenza­
mos á descubrir un lugarcillo adonde
llegamos á tomar algún descanso. Bus-

26

VTAGES

camos al alcalde que encontramos dé
vuelta del trabajo del campo con su
liazadon al hombro, mono de polaina
y montera, zaino de semblante, y rus­
tico de pies á cabeza; contárnosle todo
el caso y le entregamos el reo. ¡Oh lo
que me alegro, dijo, que haya caído
el ratón en la ratonera! Yo le haré
ahora pagar todo lo que é l , y las bue­
nas alhajas de sus compañeros nos han
atemorizado. Yo os ruego 4 le repliqué,
señor alcalde, que depongáis todo el
enojo que teneis contra este desdicha­
do , y cuando la ojeriza sea tal que no
podáis separaros de e lla , que os inhi­
báis de la causa; tan lejos está de que
debáis portaros con él según vuestros
sentimientos particulares, que desnudo
de todos ellos, y acordándoos única­
mente de vuestro respetable carácter,
habéis de llenar vuestro corazón de
amargura, cuando las circunstancias de
la causa sean tales que no os den luj
gar para libertar del suplicio al mise­
rable reo : el celo activo y la vengado­
ra vara de vuestro ofieio han de mane­
jarse contra el delito; pero considerando
atentamente que ejerceis vuestra juris*

DE WANTON.

27

dicción contra uno de vuestros seme­
jantes, compadecedle culpable, y re­
flexionad que por la combinación de
ciertas ocultas causas ha caido en el
precipicio en que se h a lla , del que
tal vez tampoco vos os hubierais li­
brado si hubiesen concurrido semejan­
tes en desgracia de vuestro proceder.
¡O feliz juez el que llega á penetrar
bien á fondo los dos puntos en que
estriva lo mas delicado de la jurispru­
dencia crim inal; infundir un gran ter­
ror para el escarmiento, respecto del
delito, por medio de los mas espanto­
sos aparatos de la justicia, y compade­
cerse en secreto del delincuente, ali­
viándole en cuanto dé de sí la materia!
¡Como no se podrirían los infelices en
un oscuro encierro, ni padecerían todo
género de aflicciones y tormentos, de­
seando por alivio que llegue la hora
de servir de público escarmiento en el
cadahalso!

28

VIAGES

ift/v t% v i\w v v v

*/% /% /

CAPITULO II.
De la tertulia á que asistieron Enrique
y Tulipán en un lugar de su tránsito,
-A quella ternura y sensibilidad que re­
bosaban [en mi corazón, efecto ó bien
de una delicada crianza , 6 bien de
cierta interior organización que poco á
poco me había dirigido á habituarme
á ellas, luego que el infeliz reo quedó
entregado al poder de la justicia , me
entristecieron y llenaron tanto de amar­
gura, que nada deseaba mas que dejar
aquel pueblo, que habia sido el teatro
en que yo había representado tan fatal
escena. Es cierto que obre' con rectitud,
reduciéndole á un calabozo, y liber­
tando á la tierra de tan contagioso ene­
migo ; pero tampoco es dudable que
aquel desdichado, después de un dilu­
vio de miserias que tendría que pade­
cer en la cárcel, habría finalmente de
dar su vida en un patíbulo en castigo
r

DE WANTON.

29

de sus delitos, y para público ejem­
plo y freno de los malhechores. Todo
esto recapacitaba y revolvía en mi men­
te ; por tanto solicitando mi sosiego,
determiné que salie'senios prontamente
del lugar, conociendo que en breve se
liallarian algunas naevas extravagancias
del pais, que me disiparían aquellos
melancólicos pensamientos, y me pon­
drían nuevamente en mi natural buen
humor.
Ya había tres horas que caminába­
mos á buen paso, cuando divisamos un
pueblo que no parecia de mucha con­
sideración ; á poco mas de una hora
llegamos á é l, y juzgándole á propó­
sito para descansar, preguntamos por
la mejor posada, d la que dirigidos
por un monuelo nos encaminamos in­
mediatamente. Era ella poco mas de­
cente que la del pasado descalabro ( á
estilo del pais) pero por fin tenia un
par de cámaras menos incómodas , de
las cuales tomamos una por nuestra
cuenta: el huésped no era tan bárbaro
como el de nuestra anterior aventurabien presto lo echamos de v er, pues á
breve rato después de la llegada, en*-

30

VI AGES

tró en nuestro cuarto con el sombre­
ro en Ja mano, y pidiéndonos diez ó
doce perdones, nos preguntó los nom­
bres , y la dirección que traiamos, y que
liabiamos de tomar , porque tenia que
dar diariamente razón al señor alcalde
de la gente que recogía en su casa. Pa­
recióme admirable esta providencia, ma­
yormente si se ejecuta con toda la vi­
gilancia , y las precauciones que se ne­
cesitan para el logro de sus rectas in­
tenciones. Mi amigo Tulipán muy po­
co acostumbrado á dar cuenta de sus
acciones , como señorito criado entre
una tropa de aduladores y truhanes,
creyó que aquel pobre mono había he­
cho una injuria á todo su linage con el
formidable desacato de preguntarle de
orden de la justicia, quién era y adon­
de se encaminaba; ésto le parecia cu­
riosidad excusada, y lo otro ofensa de
su carácter, pues como apenas liabia
salido en su vida del recinto de la ca­
pital , extrañaba siempre que se ofre­
cía semejante lance que hubiese en to­
do el reino ángulo en donde no hu­
biese noticia de su persona y circuns­
tancias : en esta inteligencia rae dijo

DE

W A N T0N .

3 1

aparte tímido y acordándose de lo pa­
sado : no quiero por no exponeros á
un nuevo chasco, dar á este desver­
gonzado la respuesta que merecía su
atrevimiento: pero tampoco me pare­
ce razón que pasemos por la bajeza, ha­
biendo tanta distancia de la suya á
nuestras personas, de satisfacer indivi­
dualmente á lo que viene á indagar,
«olo por meter su cucharada en lo que
no le importa ; y asi digámosle en lu­
gar de los nuestros cualquiera otro nom­
b re , y acerca de la dirección de nues­
tra marcha hagamos lo mismo.
Tened, Tulipán, le repliqué inme­
diatamente. ¿Es posible que por una
ridicula y mal fundada vanidad habéis
de acordaros del punto de honor de vues­
tras circunstancias y nacimiento tan fue­
ra de propo'sito , y á renglón seguido
habiais de cometer una vileza tan agena de aquel lustre? Mentir redonda­
mente , ocultar vuestro nombre, ha­
cer sospechosa vuestra marcha, y ¿con
quién? con la justicia; con quien lleva
por delante el nombre del rey , sa­
grado nombre, á cuyo eco las armas
de la nobleza no sirven mas que para

32

VIAGES

defenderle, las personas para servirle,
y para obsequiarle las palabras. Men­
tir es la nota mas infame de las perso­
nas honradas; ocultar su nombre es la
cosa mas agena de los sugetos de ca­
rácter : y ¿ cuál seria vuestro rubor
cuando prontamente os vierais conven­
cido de embustero por un mono soez
y bajo , como ese que está esperando
nuestra respuesta ? ¿ No conocéis que
es imposible que yo pueda ocultarme
ó equivocarme en todo el reino con
otro que con Roberto ? La noticia de
nuestras dos personas, ya por pintu­
ras , ya por relaciones, ya porque en
la corte que es patria común nos han
visto, ha corrido por todo este conti­
nente ; y aun por eso como podéis ad­
vertir la admiración al verme en al­
gunos es ninguna, y en otros no es
tanta como nos prometiamos. Poneos
pues , amigo m ió, de mejor acuerdo,
y concurramos gustosos á unos fines
tan rectos , como por medio de esta
providencia se propone el gobierno po­
lítico. Dicho esto , hice aproximar al
hue'sped, que todo este tiempo habia
estado descubierto y sin moverse, de la

im

___

L’íde el Po «adoro lo s n om b res ,
.Tulipán, quiere n eg ar el suyo y E n
rique le persuade a que dígala ver

DE W A N TO N .

33

puerta, esperando con gran paciencia
el fin de nuestra secreta controversia}
infofrméle de cuanto solicitaba saber,
apuntólo en un papel roñoso por apén­
dice de la cuenta de paja y cebada,
y repitiendo sus cortesías se separó de
nosotros.
i
N o 'd ejé de extrañar esta tal cual
crianza en uno de aquellos cuya clase
Cs el modelo de la desvergüenza y gro­
sería; y habiendo averiguado la causa,
halle que era el personage que tenia la
mejor tertulia que había en el pueblo:
era aquel lugar de forzosa parada para
los que transitaban por aquella carre­
ra , que era una de las mas concurridas
del reino; en virtud de esto el alcal­
de y el regidor del estado noble, los
del general, el escribano , el fiel de fe­
chos , el maestro de niños, el barbero
y cuatro ó cinco de aquellos republi­
canos mas granaditos y puestos en lim ­
pio ocupaban por las tardes el banco
del herrador que estaba á la puerta de
Ja posada, un escaño cuyos pies se igua­
laban con un pedazo de teja que se
ponia bajo uno de ellos, y dos ó tres
-sillas despide huespedes , por ser su
t o m o iv.
3

34

VIAGES

asiento de tabla y de lo mismo el res­
paldo , con sus laborcitas sacadas á
punta de navaja, y perfiladas de tinta
y roda; allí alternando con los cigar­
ros, sonsacando para saber las interio­
ridades de las casas á cuantas incautas
mozas de servicio pasaban de guardapiesillo por especias á la tienda ó i la
fuente por agua, y averiguando, por
hablar únicamente, de los gañanes y
pastores que se les ponian delante el
estado del campo y de los ganados, y
siempre que podían las intenciones de
sus amos acerca de sus asuntos parti­
culares , gobernaban no solo su rincón,
sino la provincia, el reino todo y aun
los demas del continente, aunque ni
aun su situación material sabian; pero
el motivo mas poderoso que los con­
gregaba en aquel puesto era la curio­
sidad de ver á los forasteros que arri­
baban al mesón, y saber las noveda­
des que podían pillar al vuelo.
Como fue nuestra llegada entre dos
luces, ya no estaban a llí, por ser la
hora en que iban á poner gobierno en
sus casas , á cenar, y á tomar la espa­
da debajo de la capa, para andar loe-

DE W AN TON .

35

go toda la noche de g a llo ; pero antes
que saliesen á sus rondas y cotarrerías,
mientras llegaba el tiempo competente
tenían mas de dos horas de tertulia,
sentados en unos anchurosos poyos que
había alrededor del hogar del para­
dor j y aunque siempre faltaban unos
li otros, la noche de nuestra llegada,
ya fuese casualidad, ya haber corrido
la voz de nuestro a rrib o , estuvo m uy
completa la asamblea. E l frió apretaba,
y la soledad nos era fastidiosa , con
que á pocas instancias que nos hizo el
huésped, lleno de atención , nos diri­
gimos á la cocina á aumentar la tertu­
lia. Fueron recíprocas las preguntas,
aunque ellos por ser m as, y tener mas
materias sobre que inquirir, cargaron
bonitamente la mano.
Nuestro lacayo Orozuz se había ido
quejando toda la tarde antecedente des­
de la hora en que debía haber hecho
cocción la comida , de un dolor de
estómago, que le incomodaba bastan­
te : yo no dudé que en un congreso
tan lucido estaría forzosamente el mé­
dico del lugar ;• y deseando saber su
parecer acerca de aquel accidentillo,

36

VI AGES

pregunté por él en voz baja al qu«
estaba junto á m í ; pero este algo mai
que á medio tono me dijo: aun no ha
llegado , señor, porque hace poco que
se ha elegido, y sino quisiera venir
nos liarla mucho favor. ¿ Aun respiráis,
señor maestro por la herida ? respon­
dió el que estaba en frente : ¿ con que
porque la villa no ha dado el partido
á quien queriais no será acertada la
elección? Vos porque sois maestro de
primeras letras pretendéis que fuese
médico uno de vuestros discípulos, co­
mo si tuviera conexión el enseñar á de­
letrear con el curar tabardillos. Es ej
caso, caballeros, añadió volviéndose ú
nosotros por si no lo comprendéis, co­
mo forasteros, que estos señores á títu­
lo de suficiencia todo lo quieren, en
todo se meten, y por todas partes go­
biernan : no creen que pueda tener un
verdadero mérito, sino el que precisa­
mente haya mamado la leche de su
doctrina ; y lo que es mas gracioso,
siendo asi que esta no es mas que la
correspondiente á los primeros* pueri­
les rudimentos, se persuaden á que no
estando echados estos fundamentos por

DE W ANTON.

37

Bu pupilaje ó dirección, no puede ser

sólido cuanto después sobre otro se edi­
fique. ¡ Ridicula pretensión! Pero ya,
señores, nuestros alcaldes han penetra­
do muy bien estas razones, y saben
buscar lo mas conveniente á este ve­
cindario ; admiten gustosos á vuestros
discípulos, cuando es del caso por ra­
zón de hábiles para los ministerios que
se necesitan; pero no os conceden un
privilegio exclusivo, ni los emplean por
solo el motivo de discípulos vuestros;
esta fuera una extravagancia tan risi­
ble , cual seria la de traer á la villa
una mona por ser una célebre maestra
de hacer encages, cuando hubiera ne­
cesidad de una comadre de parir.
El señor maestro quedó taciturno y
confundido, parte por las palpables ra­
zones de aquel discurso, parte porque
(como después supimos) el que le con­
tradijo era uno de los hidalgos del pue­
blo, y aquel ipfeliz hubiera cometido
un horrendo desaguisado si hubiese que­
rido redargüirle ; pero otro de los de
su estado, que ocupaba la izquierda de
Tulipán, y que por no sé qué parti­
culares motivos de interés era del par-

38

VI AGES

tido del serior maestro, replicó al ins­
tante : en hora buena la razón sola de
pupilage no sea suficiente para ocupar
los cargos del pueblo, en lo que tenia
que hablar largamente, y concedamos
que se busquen sugetos á propósito
donde los haya; pero en el presente
caso hacedme favor de decirme, ¿de
adonde han sacado nuestros alcaldes
al doctor Albahaca para traerle por
módico del pueblo? ¿Quién es este?
¿Cuáles son sus méritos y circunstan­
cias ? Acalorado el maestro con la auto­
ridad y defensa del grave personage,
dijo entre otras palabras irónicas y son­
riéndose: dicen que es escritor publico,
y que acaba de dar á luz un tratadito
acerca del plantío, conservación y au­
mento de las huertas y jardines : cier­
tamente, quien sabe el método de cul­
tivar las berengenas, no puede menos
de tener grande caudal de conocimien­
tos para exterminar las epidemias: va­
ya » si esto es cosa de....
Esto es cosa de que yo tome la ma­
no, dijo con una severidad papiriana
uno de los alcaldes: es á cuanto puede
llegar el descaro y el poco juicio,

DE WANTON.

39

señor m aestro, atreviéndoos d hablar
asi en publico, y en donde puede lle­
gar á los oidos de la justicia, de los
mismos que han hecho la elección, y
de los que facilísimamente podrían qui­
taros la gana de hablar con tanta mor­
dacidad. Mas extraño es aun qne se
haga partidario vuestro uno de aquellos
mismos que aspiran á ser padres de la
pa'tria. ¡Qué bellos pronósticos se pue­
den formar del modo de pensar que
descubre, y del respeto con que dis­
curre de las providencias del gobierno,
cuyas riendas ansiosamente solicita to­
m ar, tal vez por medios!... pero bas­
ta , usemos de moderación para buen
ejemplo.
La gravedad con que se insinuaba
el venerable monazo, y lo que es mas,
el respeto y el miedo con que le mi­
raban, porque (como allí dicen común
y vulgarmente) tenia la sartén por el
mango, Ies impuso un profundo silen­
c io , aunque interiormente le echarían
m uy buenas bendiciones; pero é l , no
contento con aquella reprensión gene­
ral, añadió: aunque es cierto que el
ayuntamiento no tiene obligación alguna

40

VIAGES

'

de dar razón de sus determinaciones á
cada uno de los necios murmuradores,
que se sueíían con autoridad suficiente
para juzgar de ellas ; no quiero en es­
ta ocasión , ya que me he dado por
entendido, dejar de decir dos palabras,
para que los forasteros que-nos escu­
chan formen de nosotros mas justa idea
que la que les habrá propuesto á su
imaginación la pintura que han hecho
estos caballeros, y asi enderezando á>
ellos la plática , y á cuantos me deban>
entender, yo les ruego confiesen de
buena fe si sus preguntas son sinceras;
porque á la.verdad, señores; murmu­
rar la elección de médico del lugar en
el doctor Albahaca, é ignorar sus cir­
cunstancias, méritos y ciencia, os ca­
racteriza por tinos solemnísimos maja­
deros; pero si vuestras dudas son afec­
tadas, quedáis de peor condición, por­
que sois unos rematados maldicientes, y
yo creo esto último mas bien que lo pri­
mero ; porque ¿ cómo es posible que igno­
réis quién es, cuando no una ni dos, sino
repetidísimas veces se ha conferido en pú­
blicos ayuntamientos acerca de lo con­
veniente que seria para el lugar el traer-:

DE WANTON.

41

Ib eh otras vacantes que hemos tenido,
cuya ejecución no se pudo hasta ahora
poner en práctica? ¿Como no habéis
de saber de adonde le liemos sacado,
cuando prescindiendo de sus carabanas
y largos estudios de varias ciencias, úl­
timamente ha estado asistiendo en ese
hospital general, que solo dista de este
pueblo seis leguas, con tantos aciertos
como en el mismo vociferan, nada me­
nos que por el espacio de veinte aíios?
Y ¿como habéis de estar agenos de sus
circunstancias, cuando por varias ca­
sualidades él las ha hecho constar por
tantos títulos, y aun en este lugar es­
tán bien públicas? Y en cuanto á la
mordacidad de ese mentecato , aunque
solo debiera contestar con el desprecio,
mayormente cuando la agrega una iro­
nía tan chocarrera, prescindiendo del
encadenamiento que tienen las ciencias
unas con otras, y de la demostración
que hace cualquiera que está dedicado
á una facultad cuando escribe en asun­
tos agenos de ella, de la extensión de
su entendimiento á varias naciones, y
de su incansable aplicación, pues no se
entrega al ocio en los ratos que toma

42

VI AGES

por via de desahogo de su principal
intento: no quiero pasar en silencio,
por dar alguna satisfacción á los extrangeros que nos escuchan, que el tal
libro ó libros que ha citado ese mono
están escritos y empezados á dar á luz
por el doctor Albahaca diez anos hace;
que en este intermedio ha habido va­
rias vacantes de médico en el pueblo;
que ha dado la casualidad que en esas
ocasiones hemos sido alcaldes los mis­
mos que este año ; y con todo eso es
certísimo que ni se ha pensado siquiera
en darle el partido; colegid pues, se­
ñores, si habremos hecho especial cau­
dal de sus escritos para este fin: mu­
cho mas dijera y mas eficazmente sino
fuera por no molestar á estos señores,
que nada interesan en nuestros asun­
tos particulares; y asi les suplico enca­
recidamente disimulen esta libertad quo
me he tomado en su presencia, y que
no he podido excusar en vista del cuer­
po que iban tomando algunos atrevi­
mientos , que es fuerza cohibir con pa­
labras, antes que sea necesario emplear
el rigor de las obras.
A estas razones llegaba el alcalde

DE WANTON.

43

muy alterado, sin que nadie se movie­
se á repugnarle, cuando oimos gran
bulla de carruages y caballerías que en­
traban por el parador: mucho me ale­
gré de este accidente, por ver si mu­
daba de semblante el congreso presen­
tándonos nuevos objetos; como efecti­
vamente sucedió, y veremos en el ca­
pítulo siguiente.
% W W V W V W W W V V V \ W W 'V

CAPÍTULO III.
Llegan algunos forasteros á la posada
y entre ellos un antiguo amigo de
Enrique.

,

E s común estilo de aquellos países
siempre que han de poner en planta
algún viage largo, en que la precipita­
ción no sea forzosa, procurar unirse
varias fam ilias, ó bien diversos vian­
dantes, para con la compañía evitar el
fastidio del camino, y darse mutua­
mente auxilios en caso de necesidad;
pero como por lo común en aquellas

44

VI AGES

provincias están las malditas posada»
tan escasas de provisiones, como abun­
dantes de incomodidades , éstas se ha­
cen mas intolerables mientras es mayor
el concurso en ellas : algunos no obs­
tante avanzan y pasan por todo, pos­
poniendo estos trabajos á la alegría y
gusto que encuentran en la unión de
varios sugetos puestos en movimiento,
entre los que es difícil no reine por
lo general el buen hum or, mayormen­
te siendo gente moza y de ambos sexos.
Asi sucedia con nuestros nuevos
huéspedes, cuya comitiva se compo­
nía de ocho hembras y diez machos,
repartida en dos coches, tres calesas y
cuatro caballos ; las seis mocitas, jo­
viales y bien dispuestas , gobernadas
por dos ancianas de aquellas quie no
quieren serlo, y que para disimularlo,
I en cuanto está de su p arte, no des­
componen partido en que se cuente
con ellas, y es fuerza que á pesar del
gusto sea en todos para que no agüen
las funciones: los mozuelos parte eran
parientes de los que no estorban, y
parte obsequiantes de aquellas damas;
pero todos con bella armonía y sin í'a*-

DE W ANTON.

45

tidicsas partícularidadés, á lo menos
en el exterior; rebosaba en sus sem­
blantes el espíritu de concordia, y en
sus bocas la alegría y la broma : luego
que se apearon, antes que las provi­
siones del estómago, se descolgaron con
gran tiento las de la zambra, esto es,
la guitarra, tiple &c.: y sin mas cum­
plimientos que su desembarazo, se en­
caminaron todos juntos hacia nosotros:
levanta'monos á hacerles el cumplido,
e inmediatamente por los trages, el
airecillo y salutaciones en todo bur­
lesco comprendimos que eran familias
de la corte.
Luego que se aproximaron cono­
cimos á algunas de aquellas damas, por
haber concurrido con ellas en Simiópolis; y tres ó cuatro de sus acompa­
ñantes se destacaron á echarnos los bra­
zos al cuello con aquel gozo que re­
sulta comunmente cuando en países extrangeros se encuentran los sugetos que
se han tratado, en los que se ha es­
tado avecindado : en efecto, eran an­
tiguos conocidos, y entre ellos tuve
gran satisfacción de ver uno de los que
yo había comunicado con mas frecuen-

46

VI AGES

cia y familiaridad en Simiopolis; este
era el señor Tomate, mono de un ge­
nio despejado, de una mediana ins­
trucción , y de un no común discer­
nimiento. Toda aquella alegre comitiva
( siguiendo su diaria distribución cuan­
do llegaba á las posadas) armó una
función de cascabel gordo, á que fue­
ron convidados aquellos capitulares y
republicanos que allí se hallaban, los
que haciendo paréntesis á sus parti­
culares resentimientos, y deponiendo
la gravedad unos de los anos, otros
de la judicatura, fueron los que mas
se señalaron en las pernadas, brincos,
zapatetas y movimientos convulsivos de
que constaba el tal baileeillo.
El señor Tomate y yo nos retira­
mos á un rincón, por ser los únicos á
quienes aquella diversión no agradaba.
Entablamos nuestra conversación; y yo
le dije: ¿ qué es esto, amigo, cómo
habéis tenido valor de dejar la corte?
¿Vos, para el que nada habia como
Simiopolis ; vos, que en Simiopolis
deciais encontrabais como en compen­
dio todas las ventajas de cada una de
las provincias del reino, y. el con.-

DE W ANTON.

47

junto de los primores y magnificen­
cias de las demas cortes extrangeras,
cómo abandonáis asi aquellos atracti­
vos; pues del aparato y completa zaga,
que lleváis en el coche, infiero que
esto es mudar de domicilio , y no una
salida de mera diversión ó paseo? ¿Adon­
de pues se dirigen vuestros pasos por
estos caminos, rodeados de tanta comi­
tiva? ¿Qué? ¿Suspiráis? ¿Arqueáis las
cejas? Desahogaos con un amigo que
os estim a; no esteis receloso; no hay
persona alguna tan inmediata á noso­
tros que pueda escuchar vuestros sen­
timientos.
M iró á todos lados el buen mono,
y viendo que no podían o irle, me ha­
bló en estos términos: bien habéis con­
jeturado , amigo Enrique, no es este
viage un solo paseo; voy efectivamente
á establecerme fuera de la corte, sin
que por eso tenga que desdecirme de
cuanto en esa materia me habéis oido
en otros tiempos. Es Simiópolis, re­
pito, uno de los pueblos de mayor her­
mosura para mi gusto de cuantos tiene
el universo; á lo menos en lo que he
viajad«?, que no ha sido ppco, no he

48

■’

VIAGES

hallado ciudad con el compleiriento dé
diversión y comodidad que nuestra ca­
pital; unas se singularizan, y la aventajan por una particularidad, otras.por
otra, pero el complexo de circunstan­
cias de ella en ninguna se encuentra;
todo esto es verdad, pero no es me­
nos cierto que la vanidad y el lujo
ha extendido en ella tanto los límites
de su imperio, que quien no tiene qüe
expender unas crecidas rentas hace un
papel muy desairado; y ¿qué diré si
su inevitable destino conduce á algún
infeliz á buscar, y por consiguiente
á encontrar sin falta una perpetua com­
pañía, que será forzosamente (á no im­
pedirlo alguna rara casualidad,) una
-mona de la gran moda ? ¿ qué cab­
dales podrán abastecer á una de estas
insaciables y destructoras carcomas de
las casas mas opulentas? Todo lo ha­
cen razón de estado; todo debido á
su carácter: ¡ oh , exclaman, un sugeto de mis circunstancias sin un pe­
luquero diario de los mas atusados,
con una gran mesada que deberá ga­
nar aun cuando yo esté ausente por
largo tiempo, y que me sufra, como

DE W ANTON.

49

yo á él las impertinencias! ¡una mo­
na de mi carácter sin tiro de caballos,
sin delanterillo sonsacado, sin un cau­
dal en cada librea ! ¡ oh , dicen otras,
qué fuera de nosotras, si nuestra gran
cofia no fuese de las de el perro dur­
miendo ; del gato á la izquierda; de
la friolera-, de la dormilona; de ¿adon­
de estás? fj?c. & c . £í?c. montada, per­
filada, y dispuesta en un todo por las
inimitables manos del nunca bien ce­
lebrado m ico, el señor N . ! ¡ah qué
se dijera si nuestros coches llevaran la
indecencia de un solo lacayo, si estos
no fuesen unos gallardos jovenes, sino
se adornasen con hebillas, medias, ca­
misolas, y demás arreos de mayor pri­
mor y precio, que los de boda de
nuestros^ abuelos! finalmente, amigo,
unas en monos, otras en el aparato de
la casa, aquellas en el tren de la calle,
estas en la superfluidad de las visitas,
no hay caudal que no gasten, ni pa­
ciencia que no consuman.
Terrible estáis, señor Tom ate, le
repliqué; pero en verdad que yo en la
corte conocí á muchas señoras, que
distaban tanto de la disipación que
T omo iv .
4

5o
rrAGEs
ponderáis, que antes bien su economía,
su moderación y su gobierno era un
perpetuo manantial de felicidades para
sus casas, y aun seguro aumento de
las rentas de sus consortes. Muy bien
lo creo, anadio él; muy bien creo, y
aun sé que hay alguna de semejante
carácter; pero ¡qué rara! ¡qué digna
de la común admiración y alabanza!
Sí, Enrique m ió, es muy común en
ellas vociferar su aplicación, pero es
muy singular la que entiende lo que es
esta virtud; á cada paso oiréis: ¡oh, el
gobierno de fulana, la economía de zutana es una maravilla ! Preguntádselo á
quien paga, y hallareis que los tales
gobiernos suelen consistir en que no
se dé á hacer fuera de casa un par
de calcetas, en que se eche un cuarto
de garbanzos menos en el pechuro, y
en otras semejantes ridiculas vagatelas;
y á estas mismas al propio tiempo no
lian de faltar el puesto á toda costa en
las mas funciones públicas; la gala ma­
yor no correspondiente muchas veces
á su estado y fuerzas; y por fin, cuan­
tas extravagancias se previenen á su
desbaratada fantasía, siempre fecunda

DE W ANTON.

5 1

en despropósitos. Aunque os parezca
b aja, no quiero dejar de referiros una
comparación que tengo oida á un mo­
no bien serio acerca de la ponderada
economía de muchas. Decia el tal, que
esta era muy semejante á la razón de
conveniencia que hallan algunos en te­
ner gatos, para librarse del estrago que
causan los ratones, pues por evitar
que estas sabandijas se coman en la
despensa un par de quesos al cabo de
un a fia, mantienen y regalan durante
todo él á un animalito, que en un mi­
nuto echa á rodar y rompe una pieza
de china de gran valor, ó deja sin cena
á su amo la noche que tiene huespedes
del mayor cumplimiento ( * ) .
En este breve rasgo ó amago de di­
bujo del gran lienzo que pudiera pinta­
ros acerca de esta materia, conoceréis
qué desgracia será la de aquel que
se casa con una de estas mónitas, que(*)
( * * ) Lo mismo que este mono previo cier­
to poeta europeo, cuando hablando con el me»
de Enero dijo:
Piensas que me haces favor
Con facilitarme el par^o
De quien me come un ratón,
\ me cttua dos gazapos.

5<í

VI AGES

( como suelen explicarse en el país)
andan en la maroma, sin que sus ha­
beres alcancen á mas que á una decen­
te , pero no supérflua manutención;
pues sabed ahora, amigo mío, que yo
soy uno de estos; caí en la tentación
de casarme con una jdven bizarra, de
espíritu alegre, y . .. digámoslo de una
vez, loca; esto es, de aquellas que en
lo substancial no son malas; porque
ellas son fieles á sus esposos, y en cier­
tos puntos de consideración jamas pa­
san de los límites del honor y de la
docencia, pero tienen el perverso se­
creto de saber unir estas loables cuali­
dades á los detestables accidentes, que
son la polilla de sus casas: en frente de
la uña estaba una de aquellas, que re­
partidas por toda la capital han estable­
cido los micos, como otras tantas ba­
terías, desde donde rinden y someten
á su dominio al mas encastillado bolsi­
llo ; desde inis ventanas se registraba
el maldito taller de sus máquinas; pre­
sidian á todas ellas dos astutos micazos
macho y hembra ; el uno parecía tener
hecho de goznes su cuerpo, luego que
entraba en su tienda alguna incauta

DE WANTON.

53

mona, de quien esperaba sacar algún
lucro; y la otra levantándose inmedia­
tamente de su asiento , se ponía tres ó
cuatro veces en cuclillas; su vestido
valdría seis maravedís, pero le sabia
dar cierto airecillo encantador de men­
tecatos , y estaba guarnecido de gasas,
cintajos y otras vagatelas de poquísima
sustancia; entrambos prodigalizaban tra­
tamientos y cumplidos, y cuando no
les tenia cuenta el ajuste ó alguna otra
circunstancia , con el defensivo de no
entender bien la fuerza del idioma de­
jaban muy satisfechos á sus devotos:
era un continuo flujo y reflujo de en­
trantes y salientes la dicha casa; siem­
pre había coches á sus. puertas; la que
tenia que hacer algún regalo allí acudía
para su desempeño; las novias sacaban
de allí sus oropeles; la que quería lu­
cir entre si¿s amigas con algún extra­
vagante y sobresaliente adorno, consul­
taba únicamente á aquel oráculo.
Este tropiezo tenia mi amada com­
pañera á la vista; y ella que no necesi­
taba en este punto que la pusieran mu­
chas cbinitas para caer , cada dia se que­
braba en él los ojos; mas uo era lo pees

54

VI AGES

que estuviese antojadiza de lo que ob­
servaba en las demas , sino que ponia
en práctica sus deseos, y como estos
eran interminables, porque la astucia
de aquellos sacatrapos tiene inuy buen
cuidado de que con solo el intermedio
de quince ó veinte dias se sucedan unas
á otras las modas, siempre diferentes,
y cada vez mas inútiles y costosas; por
dias me iba metiendo en nuevos em­
peños, é imposibilitando mi subsisten­
cia en la corte. ¿Por que', le repliqué
y o , no la entrábais en carrera hacién­
dola ver la razón con aquella pruden­
cia y arte que siempre os caracteriza­
ron por uno de los sugetos mas sen­
satos del reino J Por eso que decís,
respondió é l ; porque las circunstan­
cias que me distinguen me obligan á
manejarme prudentemente: yo os ase­
guro que ella se vendria al camino de­
recho , si como manejo solamente la
lengua enarbolara un garrote ; no os
riáis, qpe hablo como lo siento; ¿ os
parece por ventura que habrá otra co­
sa que ésta, que haga fuerza á quien
se burla de las reconvenciones juicio­
sas, y á quien tiene tan poca vergüen-

DE WANTON.

55

za, que habiendo ,oido lo que yo la
he hecho escuchar varias veces, no hace caso, y sigue con sus extravíos? y
para que conozcáis á que grado llega
la locura de semejantes mentecatas, es­
cuchad.
Como os he dicho, desde los bal­
cones de mi casa se vé y oye lo que
pasa en la de estos nuestros vecinos,
mayormente en el verano, tiempo en
que están abiertas las ventanas de no­
che, que es cuando ellos tratan de sn
comercio y adelantamientos; ¡cuántas
veces llamó á mi esposa para que oye­
se sus reyertas y máximas ! ya se cul­
paban mutuamente porque habían da­
do por menos de lo que podían babeé
sacado tal bata, tal capotillo; es ver­
dad , solian decir, que ella n o ' nos te­
nia de costa mas que diez, y nos va­
lió quince ; pero debieran haber sido
veinte, puesto que mi señora la mar­
quesa es tonta y antojadiza : bravamen­
te ^ repetían otras veces soltando la car­
cajada , van cayendo con el cebo los
incautos pececillos; mira lo que yo te
dije, para las monas no hay mas que
hacerlas creer que es la última moda

56

TI AGES

de Micancia , y vendrán á porfía i
soltar los doblones por nuestras extra­
vagancias; lo que yo admiro, solia ¿1
añadir, es tu descuido; parece que ya
vas olvidando el oficio; no menos que
tres semanas hace que nada has ade­
lantado en cuanto á adornos de la ca­
beza , es menester que los sombreri­
llos , que hemos introducido, de tan­
to precio y tan poco valor, desde ma­
ñana á mas tardar se diga que ya es
eosa viejísima, ahora hemos de hacer­
las poner de montera, de gorro , ó
de cosa semejante; vaya, vaya , te ase­
guro que necesito toda la considera­
ción de cuanto nos importa, para de­
tener el torrente de risa que me anda
retozando , cuando entre nuestras cor­
tesías, y ceremonias burlescas viene á
consultarnos con gran seriedad y cir­
cunspección una de estas simples, so­
bre si la pluma á de ir á la derecha, ó
á la izquierda; sobre si ha de ser borla
ó cinta la que cuelgue en la gran co­
fia, ó sobre otro grave punto de. tan­
ta consideración ; y sino, acuérdate»
de la condesa de ayer tarde, que esta­
ba en disputas, y conclusiones de mu-

DE WANTON.

57

das contigo, al paso que su gente de
librea estaba á gritos haciéndola las
honras en el portal sobre la miseria y
empeños de su casa: ta mbien es buena
pieza aquella vieja arrebolada , que es
una de las mas continuas parroquianas
que nos engordan el talego á costa de
cuatro adulaciones y mentiras, no so­
lo suelta ella su plata , sino también es
un agente continuo, que nos trae cada
dia nuevos cofrades; por fin , aqui que
nadie nos oye ( nos escondiamos noso­
tros detras de la celosía, y asi habla­
ban sin rebozo) no sé como no nos
pujan el oficio, y corno hay personas
que sean tan ignorantes que tomen otro;
trabajo ninguno tenemos , pues para el
material sobran esas mozuelas que aqui
están entretenidas, y para el de la in­
vención no creo ser menester mucho
estudio, pues hacer con quitar y po­
ner guarniciones , agrandar y achicar
gorras, alargar y encoger vestidos, se­
gún venga al interes , aunque no al
easo, teniendo cuidado que la muta­
ción sea continua, por lo qüe impor­
ta ; se come y se pasea bien, y ültiraainente tenemos ( ¿ quién podrá autori-

58

VIAGES

zar su persona con semejante grande­
za? ) trescientas ó cuatrocientas monas
para nuestra diversión, que nos pagan
d peso de oro que las pongamos de mogiganga. *
Este y otros muchos coloquios de
igual jaez tenían á sus solas aquestos
astutísimos estafadores de las incautas
monas, y mi consorte, una de ellas,
llegó á estar tan aletargada , que no
fue posible viniese en su acuerdo, aun­
que la apliqué unos remedios de tanta
actividad , cortio hacer que se informa­
se por sus propios sentidos. Al llegar el
sefíor Tomate a estas palabras vimos
venir hacia nosotros una corpulenta
mona, limpiándose el sudor del rostro
con un lienzo, porque acababa de ha­
ber estado dando vueltas y saltos á
compás y á porfia con otro de los de
la comitiva, sobre quien se rendía an­
tes en aquel violento ejercicio ; traia
un vestido verde, y oro de extraña
configuración, muy agraciado, y ajus­
tado al cuerpo ; estaba peinada con
bucles y coleta como los monos, y
tenia puesto como al desgaire un som­
brerillo de tres picos, lleno de plumas,

1)3 WANTON.

59

talcos, oro, y otros varios relumbro­
nes, á cuyos airosos atavíos, su natu­
ral brio y desembarazo daba otro tan­
to realce; asi que ella se fue aproxi­
mando, mi amigo en voz baja me di­
jo : esa es mi dignísima consorte : yo
inmediatamente me levante' para salu­
darla ; hícela mi cumplido , y ella me
respondió mesurada y cortesanamente;
después con gran cariño ( fuese apa­
rente ó verdadero ) culpó á su espo­
so el retiro; y por último, añadió: hi­
jo . no tienes que cansarte ; á lo menos
luego que se acabe el baile, y para
descansar empiecen los juegos de pren­
des, no nos has de dejar, y el señor
tu amigo no dejará también de hacer­
nos favor, que ya bastante se ha ha­
blado y habrá andado bien lista la ti­
jera ; y ahora con su licencia , oye
aparte dos palabras. El señor Tomate
se encogió de hombros, frunció la bo­
ca , y arqueó las cejas en ademan de
mortificado , porque no le dejaban pro­
seguir su plática , que llevaba señas
de dilatarse por largo rato; pusiéron­
se aparte á conferir el punto; los sem­
blantes estaban muy diversos, el del

6o
VIAGES
amigo on poco desabrido, y el de ella
zalamero: yo no podía ni quería oir
cosa alguna, y asi me quedé senta­
da en el mismo puesto que antes ocu­
paba, notando desde él algunas parti­
cularidades de la zambra que había
en medio de la cocina, que no- dejaba
de dar materia suficiente á mis ob­
servaciones.
/VX /V V V I W I V V %/ V%' «

VX/V W X

CAPÍTULO IV.
De los juegos llamados de prendas.

Impertinencias y mas impertinencias,
dijo , despedida su consorte, el seiior
Tomate, recobrando su asiento á mi
izquierda: piensa ésta que yo soy al­
gún negado, que no conozco que to­
dos sus agasajos nacen de su interesj
en fin, vamos adelante: la infernal ra­
zón de estado , sus circunstancias, y
querer tenerla contenta para que no
diese por otro peor derrumbadero , me
ponían cuasi en precisión de tener que
dar gusto á esta nina, y cada dia me iban

DE WANTON.

6l

conduciendo á nuevos empeños ; Lien
creereis que ésta fue ía causa de que yo
tomase la determinación de salir de la
corte ; pues no, no la juzguéis como úni­
ca, fue una de las impulsivas, pero oirás
concurrieron para mí de mas grave peso;
otras, que me llegaban al alma, cuan­
do ésta no pasaba del bolsillo.
Ya sabéis que sin que me cueste
gran trabajo, sea porque abunde de
humor melancólico, sea por las expe­
riencias y encadenamiento de sucesos
raros de mi vida, yo soy naturalmente
retirado; los bullicios me incomodan;
las concurrencias no me dan mas que
motivos de fastidio; y el común trato
de los ociosos me ostiga: de aquí es,
que mi genio abstraído, ó enhorabue­
na le llaméis caviloso, me hace obser­
var el mundo por adentro ; una conti­
nua meditación de los genios de los cor­
tesanos , con quienes por largos anos he
tenido que estar tratando, me ha dado
á conocer sus artificios, sus tramoyas y
todas sus apariencias: habíais de diver­
tiros un rato si leyerais mis observacio­
nes, especialmente un diccionario de á
fòlio que tengo escrito de artes y cien-

62

V I A G ES

cia de corte: es una corta recopilación,
que demuestra en abreviatura el mane­
jo que en sus particulares y respectivas
facultades tienen los simiopolitanos; no
aquellos que saben hacer buen uso de
los talentos de que están dotados, y de
los puestos y dignidades que ocupan en
la república, sino los que por el con­
trario emplean sus luces en ofuscar y
deslumbrar los ojos de sus conciudada­
nos , para que pasen lo blanco por tin­
to, y compren gato por liebre: no pue­
do tener el gusto de que lo leáis, por­
que ya le he enviado á mi destino con
los demas libros; pero esperad , que
ahora me acuerdo que aunque no todos,
lie de tener algunos de los borradores
en mi maleta, porque vienen en ellos
envueltas algunas menudencias ; no fal­
tarán otros que los sustituyan en este
oficio, y aunque me cueste el sacar
todos los trastos , y volver á componer­
la , he de ir por ellos, porque bago
inas aprecio de vuestro voto, que del
de diversos amigos que le han leido,
aunque le han alabado con exagera­
ción; es necesario tengáis un poco de
paciencia, porque para esta maniobra

DE

W ANTON.

63

es fuerza gastar algún tiempo. Dicho
esto, se levantó, dejando pendiente su dis­
curso; dio una vo z, acudió un criado,
llevó luz al cuarto, y el marchó apre­
surado á sacar los referidos borradores.
Ya rendidas las mas de las monas,
habian acabado el b a ile ; y habiendo
visto la esposa del señor Tomate la no­
vedad de ir éste con prisa hacia el cuar­
to , entró en algún cuidado; pero no
atreviéndose á ir detras de él por te­
mor de alguna respuesta ágria en cas­
tigo de su curiosidad, se vino adonde
yo estaba á indagar la causa del mo­
vimiento ; soseguéla refiriéndola todo el
asunto , y ella en pago de la buena
noticia no quiso que quedase allí solo,
y me rogó que •me agregase al resto de
la compañía , pues ya dejado el baile,
para descansar, habian determinado pa­
sar el tiempo en una diversión que ella
juzgaba no dejaría de ser de mi gusto;
ésta era la de juegos de prendas, entre
los cuales, decía, había varios en que
poder ejercer el entendimiento, y hacer
alarde de la agudeza: yo no podia ex­
cusarme sin pasar plaza de incivil y
pojpo sociable entre aquellas monas que

64

VIAGES

en esta especie de pasatiempo, las mas
veces pueril, encontraban una de sus
mayores delicias, mayormente hallán­
dose metido en danza como uno de tan­
tos, mi amigo y compañero Tulipán.
Cuando yo me llegué á ellas, ya
todas habían hecho corro; no sé si cui­
dadosamente o por acaso era tan simé­
trica la colocación de los puestos que
no había dos hembras juntas: después
en otras ocasiones ya entendí que esto
se hace con todo estudio, no descuidán­
dose recíprocamente los que tienen al­
gún interesillo en no estar separados; y
lo que es mas, las madres’, aquellas
madres que se lisonjean de dar buena
crianza á sus hijas, y de quitarlas de
en medio de toda ocasión de tropiezo,
son generalmente tan simples, que no
encuentran peligro alguno en tales di­
versiones bajo este método : tiénenlas
únicamente por un festivo desahogo;
pero en verdad que dificulto haya me­
jor proporción para cuanto pueda de­
searse. Habiendo yo notado la afición
dominante de la juventud del pais á
éstos entretenimientos, y no hall-ando
en ellos todo aquel placer que se pop-

DE tV ANTÓN.

65

deraba, me puse en una tí otra ocasión
que tuve cabida, á especular cuidado­
samente el principio de adonde podía
dimanar, y como yo por lo regular no.
les era persona sospechosa, no ocultan­
do de mí sus acciones y palabras ; áí
poco que profundicé hallé todo lo quesolicitaba. A llí vi capitulaciones amo­
rosas, guerras de celos, incentivos de
las pasiones, y otros varios efectos de
la mezcla de los dos sexos, y d éla s,
proporciones de hablarse unas veces sin
testigos, otras por medio de indirectas,,
y: otras por cifras con clave infalible
entre los interesados.
¡
o; Celebraron todos mi llegada, por­
que aumentado el numero de concur- >
rentes, crece la bulla, y a rio revueltoganancia de pescadores: colocáronme
en medio de las dos reverendas ancianas,
á quienes se estaba cayendo la baba,
por ver á los retoños de sus entrañas,
alivios de su vejez, y objetos de susf
fatigas, tan divertidas con sus corres-,
j»onsales, y tan bien halladas con los
halagos del oid o, que podian quitarlas
mil canas. Hubo después varias alter­
caciones sobre el juego con que había

T omo iv .

5

66

VIAGES

de comenzar la función, y no teniendo
concierto sus medidas, determinaron
dejarlo á la elección de no sé qué sugeto de bastante expedición, y no cor­
ta verbosidad que venia con ellas : hubo
todo aquello de escusarse, rogárselo,
meter el montante las viejas , y por
último no condescender hasta que con
cierto aire de desden la que ocupaba
su derecha, que era una mónita de las
llamadas de bello espíritu y mucho
mérito, con estas tres palabras : vaya
sin pesadez, le hizo entrar por carrera,
no quedándole, arbitrio de replicar á
tan soberana insinuación.
Comenzó la diversión por un juego
que i no haberle oido llamar asi, yo
hubiera tenido por unas veras muy des­
caradas y muy pesadas chanzas: redu­
cíase á que el sugeto á quien tocaba la
penitencia se sentaba separado de los
dexnas en medio del corro, y el que an­
tes de él h^bia sufrido la pena, servia
de recoger secretamente el voto de cada
uno de por sí, que indicaba la causa
por qué, según el juicio de cada cual,
debía estar allí públicamente peniten­
ciado.: débansele después todos los mo»

DE WANTON.

6?

ti vos en alta voz, y él tenia que acer­
tar la persona que habia dicho aquello
que mas le ofendía; y si la erraba, se
repetía la misma cantinela, hasta que
acertándola la culpada iba á ocupar su
puesto, y á sufrir otra semejante des­
carga: á este juego llamaban Págalas
todas; y con razón, porque se decían
én él hartas claridades y atrevimientos
de marca mayor; el infeliz á quien to­
caba estar hecho espectáculo del públi­
co y objeto de aquella burla, se veia
precisado ( porque era juego) á tolerar
cuantas claridades, desvergüenzas y osa­
días quisieran decirle, aunque fuesen
acerca de los asuntos mas reservados,
y que él pretendiese tener ocultos; per­
manecía en el puesto hasta que ( co­
mo hemos dicho) acertaba con quien
le habia aplicado alguno de aquellos
dicterios, en cuyo caso, como este ocu­
paba su plaza, él se vengaba á satisfac­
ción, aplicándole aquella jocosidad que
mas podía ofenderle, y que conocía
que habia de picarle mas, porque, co­
mo era juego, no podía darse por sentido.
Asi se estuvieron divirtiendo con
algunos pobres que cayeron bajo su ju-

68

. VIAGES

risdiccion, hasta que cansados de aquel
pasaron á otro juego que llamaban de
las Confianzas, y de este á otros varios
que podían muy bien tener el moistn
nombre, pues todos en lo sustancial se
reducían á hablarse al oido, cuyas de­
tenciones en alguno de aquellos señores,
risitas y semblante alegre de las monas,
eran unas señales nada equívocas de
que en aquel coloquio secreto pasaba
algo mas que las puerilidades del di­
cho juego; y cuando no hubiese ello
por sí estado tan patente, me lo hubie­
ra hecho conocer las indirectas y poco
gusto con que estaba una de las monas
de la comitiva, que ya por no ser muy
recomendable su persona, ya porque
pasaba de los treinta años, no logro á
su lado algún jovencito que la lisonjea­
se al oido; por tanto no paró hasta que
las hizo finalizar todo juego en que in­
terviniesen secretos, porque, decía, la
incomodaba demasiado el airoso papel
que se hace en tales casos por los que
están presentes sin interes particular en
el asunto; ellas no quisieron disgustar­
la , y todas acordes dispusieron que se
pasase el rato con los que llaman de

DE W ANTON*

69

prendas, por reducirse á que el que
yerra deposite una alhaja de las de su
uso, para asegurar con ella que cum pli­
rá al fin la penitencia que se le impon­
ga por su culpa, sin cuyo requisito no
vuelve a recobrarla.
A fuerza de molestas instancias
liube de condescender y entrar en
corro en aquellas puerilidades y pen­
dida de tiempo; pero tuve la fortuna de
que á breve rato vino el amigo Toma­
te , ocupada la mano de papeles me­
dio rasgados y sin coordinación: llamó­
me para que fue'semos á leerlos algo
separados del bullicio junto al candil
de la cocina; y con este motivo tuve
un honesto pretexto de dejar aquel pa­
satiempo ; pero como tuviese empeñada
mi sortija por via de prenda en pena de
cierto yerro que había cometido, no
liubo forma de dejarme partir sin que
la rescatase; esto había de ser cumplien­
do la penitencia que para ello me im ­
pusieran , y cada una de las monas se
creía con pleno derecho para arbitrar
en la m ateria; disputaron entre sí so­
bre cuantas frialdades son imaginables,
basta que una de las dueñas quintado-

70

VIAGE3

ñas pronunció para sosegar discordias,
la sentencia como pudiera el catedrá­
tico de mayor presunción disolver des­
de su cátedra la dificultad mas enre­
dosa : mando pues para absolución de
m i venial cu lpa, que les dejase pro­
puesto un enigm a, para que las niíias
y aquellos señores se divirtiesen un ra­
to discurriendo para acertarle: no era
razón repugnar, siendo tan fácil darlas
gusto; lo primero que me ocurrid fue
el célebre caso sucedido en Europa el
año de 1 6 6 3 , y desde luego concep­
tuando que no era para cabezas de mo­
nos el descifrarle fácilmente, le propu­
se de semejante modo:
¿ Cómo puede ser que dos
Entre sí hermanos carnales
Tuviesen padres distintos ,
Y también diversas madresj?
Tomáronle m uy bien de memoria,
y quedaron diciendo sobre él varios
despropósitos: yo las dejé en su duda,
y fui adonde me estaba esperando el
am igo; no sé si llegarian á acertarlo,
porque no volví á hablar con ellas en

el asunto.

DE W ANTON.

JT|

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n

C A P ÍT U L O

V.

De los hidalgos de los lugares en
aquellas provincias.
Separám onos con efecto un poco del
bullicio para ver con sosiego los pa­
peles ; estos eran unos borradores sin
concierto, porque, según dijo , eran los
primeros que habia escrito, y habia
ido poniendo las especies según obser­
vaba ó se le ocurrian; pero después
las coordinó al sacarlas en lim pio, po­
niendo cada cosa en su lugar: mucho
-sentí que no los tuviese alli todos, por­
que para dar alguna idea de la metró­
poli simiopolitana me hubiera condu­
cido bastante, y hubieran aumentado
ellos solos un tomo á mi obra no el
mas desagradable, y tal vez el mas
ú t i l ; pero ya que ni entonces pu­
de lograr esta fortuna, por no tener­
los a lli, ni después por no haber vuel­
to á ver al dicho Tomate, á lo me­
nos no defraudaré al público de lo que

72

VIAGES

>

recogí de ellos, y valga por lo que
merezca , al fin de estas memorias irá
colocado por parecerme que ahora in­
terrumpiría demasiado el hilo de mi
narración. El señor Tomate iba leyen­
d o, y á cada artículo ponía de pala­
bra un apéndice exornado con tantas
ponderaciones y ejemplos que desde lue­
go podia aplicársele aquello de ser me­
jor la salsa que las tajadas. Lo frágil
de mi memoria ha motivado la pérdi­
da de sus anécdotas; ¡ y con qué propie­
dad pudiera mucha parte de su crítica
no solo servir en su pais y aplicarse á
los monos, sino en el nuestro y á gran
número de hombres!
He aqu i, amigo m ió, añadió el se­
ñor Tomate una memoria de las obser­
vaciones que tengo hechas en la corte
y sus farándulas: he aqui el conoci­
miento que me hace examinar sus oro­
peles y apariencias, y disculpad aho­
ra mis determinaciones acerca de sepa­
rarme de su tropel, confusión y vicios.
¡ Ah ! si yo no estuviese ligado con el
disoluble lazo que me aprisiona ! Un de­
sierto fuera mi habitación , y las fieras
mis compañeros; por-fin en ellas no rei-

DE WAN'TON.

73

na como entre nuestros hermanos un
espíritu de traición y de venganza; estan de allí m¿]y Jejos la simulación y
la envidia; son incapaces de vanidad
y de partidos; y por fin allí no cabe
la em ulación, los proyectos y las alti­
veces, al paso que nuestras acciones
gozan de toda libertad que correspon­
de á nuestra naturaleza, sin que se ad­
viertan escarnecidas, o vanamente ju z­
gadas , á no tener poéticamente por ri­
sueñas á las fuentes, y por murmura­
dores á los arroyuelos.
Es cierto, le repliqué, que en la
soledad os veríais exento de experi­
mentar las incomodidades y el batallón
de vicios del resto de vuestros semejan­
tes; pero contrapesad, os ruego, estos
beneficios con los agravios que hacéis
á vuestra racionalidad; prescindo ahora
del tedio de semejante modo de vida, de
la tolerancia necesaria para sufrir las
inclemencias de los tiempos, y del va­
lor de que era menester revestirse para
hacer frente á la multitud de bestias,
que os acoineterian y amenazarían vues­
tra v id a , ¿ de qué os aprovechaban en­
tonces aquellas decantadas ventajas de

^4

VI AGES

Vuestra naturaleza sobre la de las fieras?
¿ De que os servían aquellos bienes que
en vos depositó el autor de la vida,
si separado de todo comercio, no los
comunicabais á los demas? Tendríais
cuasi sin uso la facultad de juzgar, de
elegir , y las restantes que dependen del
entendimiento; no podríais poner en
práctica aquellas excelentísimas virtu­
des que debeis al rayo celestial, que
decís os ilumina y vivifica; no podéis
sino caprichosamente negar, que sois
naturalmente sociable, y que así co­
mo los otros de los vuestros necesitáis
del mutuo comercio de sus oficios y
beneficios: es cierto que los malos y
perturbadores de vuestro interior sosie­
go os acometen e incomodan con ven­
ganzas , emulaciones, engaños, envidias,
traiciones, avanderizamientos, murmu­
raciones, altiveces, burlas, vanidades
y otros efectos de su miseria de seme­
jante jaez ; pero en verdad que esos
mismos os proporcionan motivos de que
brillen vuestras virtudes, y la rectitud
de vuestras obras haciendo que gus­
téis aquella inexplicable dulzura de la
interior satisfacción del bien obrar; y

DE WANTON.

al mismo tiempo los buenos y de co­
razón sincero os conducen á gozar de
todas las ventajas y comodidades de la
sociedad; su amistad oficiosa, sencillo
reconocimiento, su apacible trato, su
caridad ardiente, su afable humanidad,
y en fin su ánimo pronto y dispuesto
á aumentar con sus demostraciones vues­
tras dichas en el tiempo de felicidades,
y á dulcificar con sus alivios vuestras
penas en las ocasiones de sentimiento
no podían experimentarse por un ab­
soluto retiro de las gentes.
De todo eso, respondió ú l, y de
cuantas reflexiones ocurren en esta
materia estoy hecho cargo, y no me
faltarían razones para redargüidos; pe­
ro desde luego me di á partido, ma­
yormente cuando las obligaciones de
casado no me permiten poner en prác­
tica , lo que es fuerza que quede úni­
camente en un vago y pasagero pensa­
miento ; pero ya que no del todo, no
he podido menos de determinarme á
que en parte se logren mis ideas; no
resolví finalmente irme á una horro­
rosa soledad; pero sí ausentarme de
una sociedad inquieta; pretendí (para

76

VIAGES

dar algún colorido á mi mutación ) se
me confiriese algún empleo, aunque
de poco sueldo, de ligero trabajo en
un lugar corto, y á costa de mi dili­
gencia y empeños le logré: mucha di­
ficultad y lágrimas costó á mi consorte
el arrancarse de Simiópolis; pero no
habia remedio, la era indispensable la
obligación de seguirme, y á haber pa­
sado adelante la repugnancia, me hu­
biera visto precisado á usar con ella
de la autoridad y poderío que me han
dado las leyes naturales y civiles: dis­
puse mi viage lo mas pronto que pu­
de antes que algún caso pudiese per­
turbar mis intenciones; y ya ( gracias
á Dios) caminamos á nuestro destino,
ella consolada, y yo lleno de júbilo.
S í, amigo, lleno de júbilo, pues aun­
que voy á vivir entre gentes, y gen­
tes que adolecerán regularmente de los
vicios de sus semejantes , esto e s , de
murmuración envidias , altercaciones
y venganza, á lo menos, como quiera
que habitan un lugar corto y modera­
do , carecerán de aquellos que mas me
han dado siempre en rostro como los
de altivez, menosprecio, engaño, va-

DE W A N T0N .

77

nidad , simulación y otros tales que
son mas característicos de los cortesa­
nos, que de las personas populares y
de educación que ellos llaman gro­
sera.
Estando en esto se destacó hacia
nosotros un mono de los de la comi­
tiva , que sin reparo ni atención á que
estábamos en disposición de hablar con­
fidencialmente, se metió entre nosotros
á lo bárbaro, como si toda su vida
nos hubiera estado tratando, con su
montera calada, y sacando por debajo
del embozo un largo cigarro que en­
cendió en la luz á que habiamos es­
tado leyendo, se puso á chupar sen­
tado entre los dos, y perfumándonos
ú su satisfacción. No podiamos menos
de hablarle alguna cosa; y asi le pre­
guntamos el oficio que tenia en aquel
lugar. ¿Pues qué, nos respondió, escu­
piendo por el colmillo, tengo yo traza
de sastre ó zapatero ? En verdad • ami­
go, le repliqué, que yo he visto y
conozco menestrales de muy buena tra­
za; sí por cierto, porque los conoz­
co, que moderadamente vestidos, no
exceden del papel que el autor de este

7$

VIAGES

mundo, comparable á una farsa, les
lia repartido en él, y llevan de ven­
taja á los presumidos, vanos y orgullo­
sos (á quienes por raros accidentes cu­
po la representación de otra figura bri­
llante , cuyo papel termina brevísimam ente, quedando todos iguales en el
sepulcro) una honradez muy en su
punto, y un exacto cumplimiento de
sus obligaciones. Todo eso, añadió el
ropalizon, está muy bien; pero en este
mundo es fuerza que haya sus ge*
rarquías; y yo (para serviros) nací en
la mas elevada, en la mas distinguida,
y en la que mas se ha atraído las ve­
neraciones de este pueblo; de mas de
cien años á esta parte manifiestan los
libros de ayuntamiento mi hidalguía:
mi padre fue hidalgo, hidalgo fue mi
abuelo, y todos mis parientes hidalgos;
por último no consta que desde el
principio del mundo haya habido en
mi familia ascendiente mió que no ha­
ya sido hidalgo.
A todo esto el señor hidalgo estaba
revuelto en una mala capa parda, por
debajo de la cual se descubrían unas
medias de celosía, y unos zapatos muy

DE WANTON.

79

trabajosos , arneses todos capaces de
abatir la vanidad á quien no la tuviese
tan arraigada como él. Pues á lo que
se v é, seuor, le replicamos, inqy nial
os ha pagado la fortuna; porque vemos
bien poco premiado el me'rito que siq
duda tendréis contraido; encerrado eq
un lugar corto, y con trazas de no es­
tar muy sobrado, no podréis desde lue­
go sin gran trabajo ser útil al público,
haciendo profesión de vuestra nobleza,
que es la cualidad que agregada á una
ilustre y antigua raza, constituye á un
sugeto verdaderamente noble: y ahora
permitidme por via de buena conver­
sación, le dije, que os pregunte, ¿por
qué ramo de los diversos que tiene
la nobleza continuáis la que heredas­
teis de vuestros abuelos? ¿Por ven­
tura servísteis al monarca en alguno
de los muchos empleos honoríficos de
su palacio ? ¿ Acaso tomasteis las ar­
mas en gloriosa defensa de los derechos
de vuestro rey y de vuestra pátria?
¿Procurasteis ilustrarla con vuestros es­
critos , desvelos y tareas escolásticas ?
¿Ocupasteis el tiempo en el alto y gra­
voso ministerio de la administración,

8o

•* VIAGES - '

de justicia, conservación de las leyes
fundamentales del estado, ó con vues­
tra ilustración en la defensa del pu­
pilo , la viuda, el huérfano, el necesi­
tado de cualquiera calidad ó clase? ¿Di­
rigisteis, siendo órgano vivo de los de­
cretos del príncipe, los innumerables1
asuntos que dependen de sus provi­
dencias en la vasta extensión de estos1
dominios? Tal vez por varios acciden­
tes que sin culpa propia se conjuran
Contra las intenciones mas rectas, ó
por falta de salud os habréis visto pre­
cisado á retiraros al rincón de vuestro
hogar y antigua alcurnia; ó bien ha­
brá sido, porque habiendo recaído en
vos vuestra casa por muerte de vues-1
tros padres, y no teniendo otros her­
manos que cuiden de vuestra hacien­
da, habréis venido á acabar vuestros
dias, cultivándola y fomentándola con­
tantas mas ventajas, cuantas puede con­
seguir un entendimiento ilustrado.
Dio una gran risada el tal bárbaro,
y dijo: ¿ qué disparates son los que es-A
tais ensartando? Vos sin duda jamás1
habéis salido de la corte; á poco que.
os hubierais desviado de ella conoce-

DE WANTON.

8l

riáis que esa es una lengua descono­
cida para nosotros los hidalgos; pero
ya lo iréis experimentando cuando os
vayais internando por nuestras provin­
cias (asi fue en efecto). ¡Nosotros ir
á servir á palacio! Pues vaya que el
aseo con que nos crian nuestros pa­
dres , la política con que nos educan,
y los primores con que nos adornan,
son estimables prendas para ir al pais
de la presunción , donde cuentan por
acá que reparan hasta en los pies y
las manos, porque dicen que en ellos
(allá vá ese despropo'sito).
Parece que los cielos soberanos
La distinción pusieron
De los que nobles o villanos fueron.
Pues yo soy noble y nobilísimo co­
mo el mas estirado de por allá; y mi­
rad qué pie tan pulidito, y qué manitas
tan lindas para poner un plato en la
mesa del re y ; y diciendo esto, sacó
una formidable pata, emulación de la
mas horrorosa pesuña; y unas manos
de tejón, que pudieran muy bien por
su suavidad servir de rastrillos. Pues
T omo iv .

6

82

VIAGES

digo, j ir á una universidad i habili­
tarnos para las varias carreras de las le­
tras que habéis iusinuado ! ¿Qué peca­
dos hemos cometido nosotros para que­
brarnos las cabezas con tantas gerigonzas, como nos cuentan aquí los ve­
ranos los hijos del tio Chaparro, mono
extravagante, que porque su padre fue
un viejo hipocondriaco y mal humora­
do, que (como él dice) desde pequeño
le echo á volar por el mundo, no quie­
re que sus chiquillos se crien en el
lugar como los demas hijos de vecino,
y por tanto los ti^ne en la universi­
dad ? Ellos dicen que saben muchas
lenguas; que adivinan lo por venir,
pues el año pasado nos previnieron la
hora en que el sol nos dejaría á bue­
nas noches: en los pleitos que tenemos
continuamente unos con otros nos di­
cen quién tiene razón, y en qué leyes
se funda; por ultimo, en todo hablan,
todo lo saben, y para todo tienen ca­
llejuela ; pero preguntadles con cuarto
trabajo han adquirido todo ese saber;
indagad cuando dejarán los libros de
la mano en cualquiera carrera que em­
prendan por este medio. Ved si es roe-

DE W ANTON.

83

nester tener cabeza de hierro para de­
dicarse á este objeto.
Pues no digo nada de la milicia:
¿yo queríais que hubiera tenido la lo­
cura de ir á sufrir las inclemencias del
tiempo, el rigor de la hambre y la sed,
y cuantas miserias son imaginables, de­
jando tal vez mi pellejo por las tierras
de allende; y todo sobre la porfía de
que tengan nuestros dominios media le­
gua mas ó menos de extensión? Vayan
en hora mala á estas correrías esos mo­
zuelos á quienes no cupo la alta dig­
nidad de nacer hidalgos; o bien los
que, aunque naciesen, tienen por pa­
dres á unas personas, cuyas cabezas
están llenas de esos fantasmas de ho­
nor, patriotismo y otras gerigonzas con
que quieren persuadirnos á que deje­
mos las conveniencias de nuestras ca­
sas, y nos determinemos á ir á reme­
diar los trabajos de las agenas; como
los hijitos de nuestro alcalde, que desde
edad de ocho anos los echó de su casa,
y aunque es verdad que ahora tie­
nen mucho nombre y crédito, y se ha­
llan condecorados con honoríficas gra­
duaciones en el ejército, ¿ qué de in-

84

VTAGES

comodidades no habrán tenido que
padecer hasta los veinte y cinco años
que tiene el mas pequeño ? Bien se
puede perdonar el bollo por el cos­
corrón.
A este tiempo se vino acercando
hacia nosotros el señor alcalde del esta­
do noble, que era un venerable ancia­
n o , que debajo de su capa parda en­
cubría un cierto aire de no común
crianza, que en todas sus acciones y
palabras á cada paso se brujuleaba:
luego que supo no se trataba asunto
alguno reservado, pidiéndonos permi­
so , y no permitiendo de modo alguno
ocupar el puesto preeminente que le
ofrecimos, se sentó con nosotros: esto
bastó para que cesase aquel cerebro
desconcertado, que tenia tan desarre­
gladas ideas de la verdadera ocupación
y carreras de los nobles; y no solo
puso fin á su disparatado discurso, sino
q u e , haciéndonos un amago de cor­
tesía con la montera, volvió á encen­
der la punta del cigarro que habia apa­
gado antes entre sus dedos, y marchó
sin mas cumplimientos; el buen alcal­
de se sonrió, y quedó cabeceando un

DE W A N TO N .

85

rato, arqueadas las cejas en acción de
entre lástima y burla; y Tulipán y yo
fuimos llamados por nuestro Orozuz
para la cena que ya nos estaba preve­
nida. Fueron tantas las instancias que
hice á Tomate para que fuese á favo­
recernos, que no pudo resistirse, y to­
mando la venia, como buen casado de
su consorte, se separó de su comitiva,
de la que ningún otro quiso condes­
cender á nuestro cumplido; y el alcal­
de, que dijo había ya cenado, se vino
con nosotros para darnos un rato de
conversación de sobre mesa.
V V A V 'V V W

CAPÍTULO VI.
Instrucción que dio el alcalde acerca
de los hidalgos del lugar.
a Tulipán en el corto tiempo que
había estado con los forasteros había
tomado razón de todos ellos, especial­
mente de las mónitas y de algunas de
sus particularidades; en virtud de esto

86

VIAGES

did pie para que el amigo Tomate, de­
poniendo por un rato sus cuidados,
diese rienda á su genio jocoso, y sazo­
nase la mesa con mil sales agudas, pero
no punzantes; para nada es menester
mas entendimiento que para chanciearse, y él poseia este tiento en alto gra­
do ; asi es, que sus gracejos con T u ­
lipán fueron con tanta ligereza que to­
dos quedamos divertidos, y agraviado
ninguno.
Acabóse la cena, levantaron los
manteles, y nos quedamos reposándola
con algunas conversaciones indiferen­
tes ; una ú otra palabra que el alcalde
liabia línicamente hablado, liabia sido
con tanto pulso y madurez, que co­
menzó á picarme la curiosidad de oirle
acalorado en materias de su particu­
lar inspección; pero mucho mas lo
deseaba por ver si podia, indirecta­
mente á lo menos, dar á entender á
mi amigo Tomate que aquellos vicios,
que tanto detestaba, y de cuyos efec­
tos ya se creía libre huyendo de la cor­
te , de la que los tenia por característi­
cos , se encontraba proporcionalmente
aun en los lugares mas reducidos: ya

DE

W ANTON.

87

en dos palabras le había contado yo la
reyerta que había presenciado con el
maestro de ñiños, por lo que mira al
espíritu de partido, y por lo que res­
pecta al de vanidad no era menester
mas sino que reflexionase sobre la del
joven malcriado que Acabamos de oir.
Como observamos que él había en­
mudecido, y desocupado el puesto pre­
cipitadamente luego que llego el alcal­
de , y que este se habia quedado son­
riendo , yo le pregunté ¿ qué monito
era aquel, y qué circunstancias de no­
bleza las que tanto exageraba? El al­
calde entonces volviendo á fruncir un
tanto cuanto la boca, me respondió:
¿qué mono queréis que sea el que ha­
b la , como sin duda le habrais oido?
Esta es la muestra del paño que se es­
tila en los lugares de estas provincias.
Estos son los hidalgos comunmente; y
tan comunmente, que en este pueblo
en donde hay catorce familias de ellos,
y todas con sucesión, no han salido
de entre las paredes domésticas otros
que los hijos de un tal Chaparro y los
m ios, cuyo ejemplo les hace tan poca
fuerza, que lo tienen en aquel por

88

VIAGES

ambición de actos positivos en su fa­
m ilia, por haber sido ¿1 el primero que
la ennobleció; y en mí por efecto de
un genio áspero y de unas entrañas du­
ra s, por lo cual miro con semblante
sereno la separación de mis hijos, que
debiera serme ñaturalmente sensible.
Una vez sola me lo echaron en rostro;
pero yo os aseguro no lo vuelvan á
hacer; huyen de mí, porque les digo
las verdades, porque les pongo ejem­
plos que los confunden, porque los ex­
horto á que los sigan, y porque les
doy sujeción en lo que respecta á sus
conversaciones de nobleza, sienten que
les diga que toda su distinción provie­
ne del vientre, de la concepción y del
parto ; se mantienen con la ridicula
pompa de lisonjearse de que su abuelo
fue alcalde, regidor su padre, y el
alguacil mayor, siendo toda su juris­
dicción sobre un lugar de doscientas
casas, la mitad derribadas, hasta que
finalmente llega la muerte, y tienen la
desatinada fortuna *le que sus huesos
aumenten ios que están depositados en
la asquerosa y húmeda bóveda de sus
mayores. Embobados con esta risible

DE W ANTON.

89

gloria , viven asi hambreando entre
cuatro terrones y entre cuatrocientas
trampas, inútiles para sí, inútiles para
sus paisanos, é inútiles para todo el
mundo, pero en todo caso hidalgos;
que no deja de ser dicha grande para
un patiestevado que su padre tuviera
buenas piernas; y para que quede sa­
tisfecha una mona horrorosa y tuerta
no hay mejor remedio que contarla
que fueron muy bonitas sus abue­
las, y de unos ojos hermosísimos su
madre.
No obstante, señor al calle ( replico
Tulipán, que era á quien tocaba algo
de la doctrina , por ser persona de po­
quísima utilidad en el reino, aunque
con aptitud para aplicarse en adelante),
la nobleza heredada es del primer apre­
cio , y digna de toda atención; los es­
forzados procrean á otros esforzados,
porque las generosas águilas no pue­
den engendrar tímidas palomas; asi es
que la nobleza inmemorial trae con­
sigo una cierta necesidad que impone
á los que reciben este don del cielo,
para que no degeneren de sus ante­
pasados.



VI AGES

Y o, caballero, respondió el alcal­
de, no impugno la nobleza de origen;
en este caso escupiría al cielo para que
me cayese en la cara; porque ( gracias
á Dios ) nací de padres tan ilustres,
que á nadie tengo que envidiar en es­
te punto; lo que quiero decires, que
mas aprecio y mas digno es de la aten­
ción del soberano y del público el que
desmintiendo lo oscuro de su nacimien­
to con sus acciones , con su aplica­
ción y con sus servicios á la nación
le esclarece , que el vano y orgulloso
que llenas sus antesalas de estafermos
de sus abuelos, tiene cubierto su cora­
zón de vilezas, sin servir su ociosidad
en el mundo mas que de pésimo ejem­
plo; aquel se enriquece con méritos
brillantes, siendo propio y peculiarísimo de su persona cnanto en ella se en­
cuentra de heróico y admirable: este
se oscurece con vicios detestables, sien­
do solo propio del sugeto cuanto en él
se mira de bajo y aborrecible: los lu­
nares de aquel héroe son á él antece­
dentes , y lo que existió antes de no­
sotros no es nuestro : las perfecciones
de este se originan solo del lustre de

DE WANTON.

91

sus abuelos, y ninguno vivió para per­
sonalizar nuestra gloria : uno ilustra;
otro oscurece i su fam ilia; ¡y cuánto
hay de esto! Volved os ruego los ojos,
especialmente á estas ciudades de nues­
tro continente, en donde están muchos
de los descendientes de aquellos doctí­
simos ministros que fueron gloria de
su siglo ; de aquellos políticos famo­
sos que tanto honor dieron á la pa­
tria ; de aquellos profundísimos litera­
tos, en quienes cifró el reino su orna­
mento , y de aquellos capitanes va­
lerosos que fueron el terror de los ene­
migos del estado; examinad si acaso
ascienden al templo del honor y de la
fama siguiendo las huellas de sus abue­
los ; nada menos , nada menos ; los ve­
réis hijos del o cio , m uy contentos con
tener una docena de legajos de pape­
les viejos, en donde constan los hechos
de sus mayores , disipando injustamen­
te las rentas mas floridas, y capitanean­
do cada uno un ejercito de vicios, man­
tenidos con e^ precio del sudor de los
miserables. Estos , amigo mió , por en­
cumbrados que esten, no son mas que
nobles de morcilla , pues lo son sólo

92

VI AGES

de sangre, y de sangre por ellos cor­
rompida. Es inseparable cualidad de to­
do lo bueno ser comunicable. Quien es
un bribón de cuatro suelas , ¿ qué uti­
lidad traerá con su nobleza al público?
¿ Qué comunicación ni comercio de bie­
nes logra éste con que el tal tuviese
unos abuelos que fueron buenos, si ya
acabó esta bondad, y ahora solo ex­
perimenta la insolencia del nieto ? Y
por el contrario ¿ qué importa que el
virtuoso y aplicado no pueda adornar
sus antecámaras de los ahumados re­
tratos y medallones de sus antepasados,
si á su honradez, procederes y aplica­
ción debe en el dia su gloria , nombre
y brillos la pátria?
Sonrióse Tulipán , y en el mismo
tono dijo: con que ¿de qué sirve la
nobleza heredada ? Si yo soy bueno
( según vuestro discurso ) y útil al es­
tado y al resto de mis compatriotas,
poco quiere decir que haya tenido abue­
los oscuros ; si yo soy un ocioso inútil,
no me pone á defensa de los insultos y
pareceres del vulgo lo ilustre de mi as­
cendencia ; con que es un fantasma, y
no otra cosa esto de prosapia ilustre y

DE WANTON.

93

ascendientes generosos: ahora ved que
graciosas consecuencias pudieran dedu­
cirse de estos antecedentes.
N o, señor, prosiguió el alcalde, no
quiero yo decir eso, habrá consistido
en mi mala explicación no haber sido
entendido: poseer un sugeto la noble­
za con perfección comprendo yo que es
proceder de raza ilustre, y conservar­
la con acciones generosas, que entren
en el interés y comercio del público,
porque la nobleza es un bien que el
Altísimo nos dispensa; y ya os dije que
es propiedad suya ser comunicable; asi
es, que yo mejor quisiera , no ha­
biendo de poseerla en todo el grado
de su perfección, tener la personal sin
la natural, que ésta sin aquella ; pe­
ro no tiene duda que la natural ó he­
redada es un camino que conduce rec­
tamente á la personal, porque como
todas las cosas vuelven con facilidad
á su origen, siendo innegable que toda
nobleza de sangre, por antigua que sea,
tuvo su principio de la personal, cual­
quiera sugeto de prosapia ilustre está
en una cuasi necesidad de no degene­
rar de su clase, siéndole muy fácil el

94

VLAGES

camino de la heroicidad , ya porque re­
gularmente no estando falto de bienes
de fortuna no está expuesto á una ba­
jeza , ya por los ejemplos que dentro
de casa le suministran aquellos prime­
ros héroes de su familia, que á costa
de sus fatigas y méritos derivaron á su
posteridad sus glorias.
Contrayendo pues ahora todo esto
á aquel caballerito que oísteis , ¿ qué
juicio haríais de él y de otros cuantos
que pudieran haber venido , y hubiérais escuchado del mismo tenor, si yo
os dijera que ni tiene nobleza por sí,
porque no es mas que un tunillo á
quien no se cae la capa del hombro en
todo el dia, ni por sus padres ni abue­
los, porque todos ellos fueron otros ta­
les? Yo dijera , replicó al punto Tuli­
pán , creyendo que había ya cogido
en flanco al alcalde, que no era no­
ble, y acabóse cuanto en esta materia
habéis estado discreteando j él no te­
nia el lustre adquirido, porque, según
habéis pintado, todas sus acciones son
oscuras: tampoco tenia el heredado, por­
que éste, según habéis establecido, pro­
viene del personal, y porque diréis,

DE WANTON.

95

como algunos parecidos á vos, que no
hay familia ilustre que no empezase á
ennoblecerse por uno , que dejando el
arado ó semejante instrumento , pensó
y consiguió emplearse en acciones hon­
radamente ruidosas, cuyo eco resonó en
su posteridad eternamente; luego el di­
cho mocito no debe ser propuesto como
modelo de la nobleza.
El dicho, prosiguió el alcalde, es
una perfecta muestra de los hidalgos
de pergamino como e'l , y de los de
solo sangre como algunos otros; pero
á todos igualmente se ha metido en la
cabeza el diablo de la vanidad en tan­
to grado que á nadie ceden en ella.
¡Vanidad! dijo el señor Tomate, se­
rá bien ridicula por cierto: ¡vanidad!
¿ pues sobre que' recae ? Noble sin bri­
llo es una alhaja de oro metida en una
caja de cuerno tan cerrada por todas par­
tes, que jamas pueda verse; pues ahora
bien, aqui y en semejantes lugares, en
donde, exceptuando un par de labrado­
res ricos, los demas vecinos, cual mas,
cual menos, andan si alcanza ó no llega
al fin del año para la precisa manuten­
ción, ¿quó brillantez puede encontrarse?

96

V IA G E S

Queddsele mirando nuestro alcalde,
y por fin prorumpid: parece que ve­
nís de nuevo al mundo ; ¿ pues hay
persona -que por poco que reflexione,
con soloque abra los ojos, no advier­
ta que es la vanidad un vicio que no
se para en relumbrones y abundancias?
La vanidad entra por un pequeño res­
quicio ; ¿no hay mono que se pone in­
aguantable por solo estrenar un par
de zapatos ? ¿ no hay mona que se hin­
cha por solo cuatro palabras que se
lleva el viento, que la dice otro men­
tecato como ella? El afeitarse es un
adorno de la hermosura y bien pare­
cer ; pues yo he conocido quien tenia
vanidad en las barbas: el oro y la seda
son materia del vestido de los perso­
nages de autoridad , graduación y na­
cimiento ; pues yo sé quien se envanece
por vestirse de jerga : vanidad hay en
el andar, en el mirar , en todas las ges­
tiones del cuerpo; en todos sus ador­
nos y los del alma ; y por últim o, hay
sugttos que hacen vanidad de no te­
ner vanidad. Considerad pues ahora si
aunque el lugar sea corto y pobre no
tendrá también sus tropiezos respecti-

DE WANTON.

97

vos en este vicio. Lo peor es , que el
tal defecto que está mas arraigado que
en los restantes vecinos , en los hidal­
gos los conduce precipitadamente á una
altivez inaguantable, y un menospre­
cio arrogante de los que ellos creen in­
feriores.
c
El amigo Tomate á cada palabra
de estas hacia una contorsión ; yo en­
tonces le hablé al oido diciéndole : á
un lugar vais huyendo de estos vicios
característicos de la corte; ¿qué os pa­
rece? Por cierto que la casualidad nos
Sia traido á la mano el desengaño: él
no pudo menos de replicar , y hacer
unas cuantas preguntas al alcalde en­
tretejidas de varias admiraciones; pe­
ro este con tono inalterable prosiguió
dicicndole : yo, señor, aunque nací en
este lugar, me crié en la capital, y cre­
cí en la campaña ; tengo bastante noti­
cia del mundo, porque le he observa­
do, he estado en varios reinos y pro­
vincias, y particularmente he paseado
las de este continente; pero no he ha­
llado rincón en donde haya vivientes
que carezca de vicios, en donde no
sean unas misuias las ilusiones del enTOMO IV.

7

98

U viages

tendí miento, y no se padezcan unoS
misinos estragos, como efectos del amor
p rop io; la distinción está únicamente
en los objetos, acerca de los cuales se
versa ; en lá corte un gran señor se en­
vanece de que tiran su coche seis brio­
sos caballos^ cuyos arreos y pertrechos
de plumas son el embeleso de los mu­
chachos y gente que tier.e los; ojos solo
de carne ; y aqui en el lugair hay hi­
dalgo que tío cabe en é l, ponqué el as­
no que monta para ir y venir á su cho­
za en el campo es ergui lo dé oreja, y
tiene cuatro dedos mas alto el lomo
que el de áu vecino : un gramde personage se ensoberbece en la capital al oir
sus generosidades y a preciables prendas
en boca de una cuadril a de adulado­
res , que no pueden de otro modo en­
gañarle para que suelte ti oro que ate­
sora ; y en la aldea el librador se hin­
cha al escuchar como brindan á su sa­
lud en un vaso de madera del aire doi
gañanes y un pastor que le adulan pará
sacarle un cuarto mas de soldada: en la
metrópoli una ilustre mona vá mas
llueca que un pavo haciendo la rueda,
metida en los cristales de un coche re-

DE WANTON.

99

luciente, que la conduce á dar tres <5
cuatro vueltas á un pasco, en donde
haga media docena de cortesías afecta­
das: en el lugar está inaguantable la
hidalga que tiene un carro, en el que
con sus amigas entre colchas y mantas
que hagan sombra, puede ser llevada
á las vecinas romerías, tocando un pan­
dero lleno de monos , y dando vaya á
cuantos encuentran por el camino: por
allá todos aquellos necios que están des­
nudos de los verdaderos sentimientos
que dicta la racionalidad , y que son
el borron y deshonra de nuestra natu­
raleza, vereis como desprecian á los
demas , que por varias disposiciones de
la Providencia no están colocados en
su clase , sea de nacimiento, sea de
otros accidentes; apenas se dignan mi­
rarlos; si los hablan es en este tono
de superioridad, y finalmente disparan
un par de coces al que se ha fiado in­
cautamente de ellos; pues del mismo
modo á proporción por acá aquellos
hidalgos engreídos solo con los letrerones de su ejecutoria ( que jamas tieron
otra cosa) advertiréis como insultan,
como menosprecian al miserable labra-

IO O

VIAGES

dor, al pobre jornalero, que para co­
mer su pan honradamente no dejan el
hazadon de las manos.
Pero aquí, aunque de paso, quiero
que consideréis que ideas tan groseras
tienen estas gentes de la verdadera esti­
mación y punto de honor; lodo este
desprecio que hacen de los que ganan
su vida con el sudor de su rostro, se
funda en creer que el trabajo se hizo
únicamente para unas manos viles, y
que es ageno de los que debieron al
cielo una ilustre cuna ; pero la gracia
es ver componer estos sentimientos con
una hambre perdurable que padecen
muchos de ellos, viniendo á parar toda
esta torre de soberbia en la bajeza de
ir á servir á otro mono, porque tiene
seis maravedís mas que ellos, de don­
de proviene, que no habiendo queri­
do servirse á sí mismos trabajando pa­
ra su manutención, tienen que servir
á otro á cuya disposición alquilan sus
obras y sujetan su voluntad, llevando
por pago , mientras dura su servidum­
bre, una infeliz ración, que se acaba
el día que el seuoron vino de mal hu­
mor á casa , porque perdió al juego¿

DK W A N T O N .

I OI

porque la mozuela con quien está es­
candalizando le hizo traición, d por
otro motivo de semejante gravedad, le
envía enhoramala á tiempo que ya es­
tá duro para aprender oficio, y está
viejo para volver á servir, con lo cual
tiene que venirse al lugar á mantener­
se á expensas de la piedad, y siendo
gravoso á sus parientes y amigos; no
obstante, los hidalgos miran a' este des­
tino como honrado, y como indecoro­
so el de labrar por sus manos la tierra:
riámonos á carcajadas. ¡ Y que porción
de ejemplares se me ocurre! ¿ Pero
creereis que aunque las experiencias se
les entran por los ojos, aun no ha lle­
gado por acá el desengaño?
Cuando mas acalorado estaba el al­
calde, sentimos pasos, pusimos aten­
ción , y por la tos conocid éste que el
que venia era su escribano ; esta es otra
(añadid el alcalde), este que suena vie­
ne sin duda con alguna embajada; no
quiero romper de una vez con é l, y
asi disimulo, aunque le conozco; pero
si pudiera hablaros de sus milagros, yo
os aseguro que hahia de divertiros un
buen rato; mas dejémoslo por abora.

102

VI AGES

Dicho y hecho; mesuró el amigo su
semblante, y se puso á hablar de la
cosecha de pepinos que aquel afio ha­
bía cogido en el lugar, con tanto disi­
m ulo, como sino hubiera estado ha­
blando de otra cosa mientras habia du­
rado nuestra sesión. Esta especie de te­
m or, ó sea en hora buena tolerancia, se
hacia tanto mas admirable, en cuanto
recaía en un mono que con tanto tesón
y vehemencia habia sabido defender sus
derechos en público, como experimen­
tamos y oimos en el lance con el maes­
tro de la escuela; pero como ignorá­
bamos los motivos , era fuerza suspen­
der el juicio.
V-%-% l/V V tV 'V W V V % 'V » V < V W \'% i% V

C A P ÍT U L O

Y II.

J)cl convencimiento del señor Tomate
acerca de los vicios de los lugares.

JV ntrd en efecto el escribano apresu­
rado , cuya traza daba bien á entender
su trastienda 3 nos hizo un regular cuín*

DE WANTON.

103

plimiento, y después dirigió su plátic^
yl alcalde : contóle con la mayor exa->
geracion un pesado lance que acababa
de suceder en casa de uno de los hidal­
gos del pueblo, en donde sobre no sé
que" mentirillas de poco provecho, y
que no habían causado otro perjuicio
que el corto de desacreditar á un veci­
no suyo, habían los dos venido de las
lenguas á las manos, y de estas á las
narices, cuya progresión habían impe­
dido él y otros dos amigos, sacando
por testimonio de la paz no sé qué nú­
mero de torniscones, y tal cual araño
de poca consecuencia; ponderó con in­
creíbles exageraciones las circunstan^
cias del alboroto; acriminó el todo de
la acción ; y añadió por último: yo,
señor alcalde, pudiera haber dado pri­
mero parte á vuestro compañero que
mas cerca le tuve; pero como el suce­
so ha recaído en dos nobles, no me pa­
reció muy acertado dar el conocimien­
to de la causa á un juez del estado ge­
neral, cuyo encono .con los de la otra
clase ha manifestado tantas veces; ade­
mas de esto, él e* un pohre lego de
poca experiencia, y de ninguna espera^

104

VI AGES

por tanto be querido venir d buscaros
en derechura, reconociendo en vos un
acopio de ciencia y prudencia cual en
ninguno del pueblo: sé que pondréis el
pie en el asunto con firmeza, y sin pa­
sión ni tropelía: el negocio es arduo;
pero para sustanciarle con todo el apa­
rato que se requiere aquí estoy yo, que
al lado de tal juez haré prodigios. Me
alegrara, señores, prosiguió hablando
con nosotros, que supierais en qué lan­
ces tan estrechos se ha visto este caba­
llero, y con qué aire ha salido de to­
dos ellos: si se ofrece alguna controver­
sia con algún militar que viene á pedir
alojamiento, que no una sola vez ha
sucedido ser un atrevido y desvergon­
zado, que viendo que es un lugar cor­
to , nos ha querido tratar de palurdos,
y nos ha puesto en el disparador para
perdernos; este señor nos ha dulcifica­
d o, y ií los tales ha hecho entrar por
la senda de la razón, enseñándoles cuan
bien criados y políticos tienen obliga­
ción de mostrarse los que abrazan es­
ta profesión; y en qué grado poseen la
virtud de la moderación Jos gefes que.
los mandan y envían con instrucciones

DE W ANTON.

105

adecuadas á ella: ¡lo que haré haber
militado! Pues no digo nada acerca de
las desazones domesticas que acontecen
entre los vecinos; ¡cómo procura la paz
entre los casados! cómo contiene en su
debido respeto á los criarlos para con
los amos, y á e'stos para con aquellos
en el correspondiente buen trato! ¡có­
mo cuida del bello orden en los abastos
del pueblo! Pero ¿para que me canso?
¡como es todo para todos! Vaya, yo le
hiciera alcalde perpetuo.
El tal alcalde, que aunque varias
veces lo habia intentado, no había has­
ta entonces podido impedir la desatada
taravilla desús alabanzas, conociendo
al astuto adulador que las prodigalizaba,
le hizo callar, y llamándome aparte,
me dijo: yo os suplico detengáis á este
mono con vosotros un breve ra to ; no
serán menester muchos esfuerzos, por­
que él es hablador por naturaleza, y os
dará dinero encima porque le escuchéis:
no quiero llevarle conmigo, porque voy
derechamente á la casa en que ha acae­
cido el lance que habéis escuchado; co­
mo mi intención es mediar amistosa­
mente, y ver si con ruegos, con razo-

106

VIA G E S

nes y con autoridad puedo suavizar sus
ánimos, deseo separar todos los obstá­
culos que tendría sin duda esta obra:
ese que habéis oido con capa de ca­
ridad , ha avisado, no por el bien de
la p a z, sino pora enredar el asunto,
y para enzarzar una ruidosa causa so­
bre una gran friolera, que será toda
la razón de diferencia que entre ellos
habrá habido: ¡ahi es que con una so­
la palabra á tiempo no los sabría él
exasperar , desvaneciendo cuanto yo
hubiese trabajado en largas liaras! El
dice que si la caña no corre el pesca­
dor se pierde; y a s i, si no le vamos
á la mano, es capaz de gastar por res­
mas el papel sellado: ¡qué perjuicios
hace una fiera de estas en un pueblo!
Oiréis, señor, á todos estOvS pobrecitos
labradores estar siempre sobresaltados
con el miedo de la langosta, de la pie­
dra , de la sequedad y de los demas
accidentes de los tiempos; y corren ino­
centemente á meter entre sus hogares
á un abogado revoltoso, á un escriba­
no astuto y á un médico ignorante,
rigorosas estaciones vivientes , cuyos
destemples se llevan impía y rápida-.

DE

WANTON.

IO7

mente su salud, su sosiego y sus ha­
ciendas. Pero como conozco á este bri­
bón, os aseguro que si puedo muy po­
ca tinta ha de gastar durante el tiem­
po que yo empuñe Ja vara.
Volvióse luego á él , y le intimó
que no le siguiese, y que en caso de
necesidad le llamaria : no puso muy
buena cara á este precepto, porque él
tenia ya por otra regla tiradas sus lí­
neas; pero era fuerza obedecer; y asi
él se quedó, y se marchó solo el al­
calde: trabamos conversación, y aun­
que al principio se resistia á nuestras
indagaciones, ya por fin, acalorándose
en ella, fue entrando en conüanza y
familiaridad, y la razón de forasteros,
que no habian de hacer mansión larga
en el Jugar, acabó de quitarle los gri­
llos del miedo; y desatando la maldi­
ta, dijo preciosidades de cuantos se le
ofrecieron á su imaginación: no hubo
soborno de juez superior, trampa de
alojamientos, mala versación de propios,
robos de pósito, tala de montes , encu­
brimiento de contrabandos, y finalmen­
te , enredos de todas clases que no nos
relatase ya de aquel, ya de los demas

IOÍJ

VIAGES

pueblos de la comarca: y esto es, ana­
dió irónicamente, que nos ha venido de
pocos años á esta parte un celador del
bien común, un remediador de todos
los malos ¿ucesos del lugar, ese caba­
llero, ese que acaba de salir de aquí,
ese que todo lo manda, que en todo se
mete, que en todas partes se halla
con motivo de persona de mundo, que
ha servido al rey por espacio de treinta
años, cree que nada ignora : ya que al
fin de sus dias se ha retirado á su casa
á cuidar de su pingüe hacienda, por
haber recaido en él toda, y ser único,
habiendo muerto todos sus hermanos,
¿por qué no hace lo que alguno^ como
él que yo conozco en otros lugares no
lejos de este, que en tomando el oficio
de ociosos en nada piensan sino en des­
cansar de sus pasadas fatigas, y en lle­
varse una buena vida? El dice que es­
tá aun para trabajar, que aborrece es­
tar ocioso, y que las luces y conoci­
mientos que ha adquirido en el curso
de sus viages y experiencias de nada le
sirven sino las emplea en beneficio de
sus amados compatriotas : bajo de estos
principios apenas hay año que ya de

DE

W A N TO N .

IO 9

regidor, ya de diputado, ya de alcalde,
no nos haga el honor de mandar en el
concejo; pero otros amigos que miran
esto con desinterés, á quienes con sus
ridiculeces tiene atados corto, y á mí
entre ellos, juzgamos muy diversamen­
te de estas acciones, porque conocemos
que lo qute domina es la ambición de
gobernar y disponer en la villa como
árbitro de todas las voluntades.
Ya estoy oyendo que me replicáis,
¿que como comprendiéndolo yo asi,
poco ha alabé tanto su celo patriótico
(como él dice) y su acertado gobierno?
pues sabed , seíiores, que fue porque le
temo, porque gasta pocas chanzas; y
porque de algunos lances que lia tenido
con otros vecinos (bien que revoltosos)
siempre ha salido con victoria, pues
los tribunales superiores le han favore­
cido en todo, declarándole juez recto,
desinteresado y capaz de hacer feliz al
lugar: en esta inteligencia no se pue­
de derribar ú este gigante cara á cara,
son necesarios los estratagemas; y esta
obra es negocio que pide tiem po: no
obstante, en este lance que habéis oido le
tengo m uy bien armada la zancadilla , y

I IO

VIAGES

como me hubiera llevado consigo, no
hubiera dejado de caer: el insultante
es pariente cercano suyo, y el insul­
tado uno de los que él llama perjudi-'
cíales en la república por holgazán; yo
estoy alerta, y ya tengo escrito lo bás­
tante para que se arme una buena cha­
musquina si se le tuerce la vara de la
justicia.
Ya con estas conversaciones se ba­
hía avanzado la noche; el escribano se
despidió de nosotros, y el amigo To­
mate quedó cuasi del todo convencido
por mis consideraciones, y por lo que
acaba de experimentar en el corto
espacio de una noche, de que la ma­
yor parte de los hombres adolece de
unos mismos vicios; los estragos del
amor propio, el desordenado deseo de
mandar, la venganza cautelosa, el ar­
tificioso doblez, la falsedad de cora-i
zon, que juzgaba se hallaban única y
precisamente entre el bullicio y engrei­
miento de los cortesanos, se le presen­
taron á su imaginación de tropel en
aquel breve tiempo; no ya erugiendo
sedas y brocados, sino con abarcas y
parlo pardo colocados en los mismos

DE \VANfOiT.

ÍIÍ

lugares qite creia asilo del desengaño,
déla humildad, de la limpieza de co­
razón , de la ingenuidad y del candor!
pero ya no tenia remedio su retiro á
un lugar, porque hubiera denotado
una insufrible veleidad renunciar an-ites de entrar en posesión de un empleo
que con toda eficacia había solicitado
y adquirido ú fuerza de paciencia, tienepo y empeños: ademas de que, según
la conversación que tuvo conmigo al
principio de la noche , había pagado á
lindó precio la bizarría, desembarazo
y la llamada buena crianza, habién­
dole puesto esta en bastante estrechura,
de conformidad que para salir de sus
alcances, y verse desahogado fuese ne­
cesario retirarse del peligro, y encer­
rarse entre las sequedades de un lugar,
en donde no podia soltar tanto la rien­
da á sus brillantes despropósitos.
1 Debíamos separarnos por la mañana
según el plan de nuestra ru ta , y el
destino adonde se dirigía nuestro ami­
go , habiendo de tomar este el camino
de la izquierda, y nosotros el de la de­
recha ; pero como hubiese compren­
dido por el discurso de la conversa-

I I2

VIAGES

cion, que nuestra intención solo era
viajar por el reino , sin mas fin que
el de la curiosidad, y el de hacer mas
suave nuestro destierro con la varia­
ción de los objetos que se nos presen­
taban diariamente, hizo los mas vivos
esfuerzos para que mudando de plan
á lo menos por un par de semanas,
torciésemos nuestro camino, y le acom­
pañásemos en el suyo hasta el pueblo
de su destino en donde decia poliamos descansar los dias que gustáramos,
y después volveríamos á seguir nuesr
tro primer pensamiento. A pocos de­
bates , y al cabo de algunas cortesa­
nías hubimos de condescender obligan
dos de sus amistosas instancias.
Grande fué el gusto que recibid
con la concesión de la gracia , porque
decia que con nuestra compañía y agra­
dable trato su esposa disiparía los fas­
tidiosos pensamientos que la ocurrían
con la mutación y diversidad tan gran­
de de su establecimiento, á lo menos
en aquella primera entrada; pues como
ella era una mona como las mas de su
sexo, á quienes el llamaba animales de
costumbre, en quienes poco ó nada

DE WANTON.

113

labra la reflexión , y hacen todo el
gasto los objetos m ateriales, después
llegaría á estar, sino del todo conten­
ta , por lo menos mas esparcida. Mien­
tras pasa'ron estos razonamientos ya
habían venido á avisarle para que fue­
ra á acostarse: despedímonos mutua­
m ente, y quedamos acordes en tomar
la madrugada para adelantar la jornada
lo que pudiésemos: encargóse Orozuz
de despertarnos temprano, y nosotros
después de unas cortas reflexiones so­
bre los sucesos de la noche, nos me­
timos en la cama.

CAPÍTULO VIII.
Dase idea de los Murámonos y de las
aventuras del señor R oble

.

P U lím o n o s por la mañana temprano
en marcha Tulipán y yo con nuestro
lacayo á caballo, y Tom ate, su espo-»
s a , y una criada despedidos de la res­
tante com itiva, que llevaba diversa
T omo iy .
ü

X1

4

VIAGES

ruta, en un coche. Caminamos lar£o
trecho, sin que en este intermedio su­
cediese cosa notable: mi amigo iba
sumameute gustoso y contenta su con­
sorte, pues por de contado tenia aque­
llos ratos menos de soledad : llegamos
finalmente á un lugar capital ( que en
la tierra de los ciegos el que tiene un
ojo es rey ) de una especie de pequeño
cantón llamado la Mararnonería en
donde habían de hacer su residencia,
y fuimos á hospedarnos ú casa de un
mono soltero que por razón de intimidad
y no sé si alguna conexión con To­
mate los estaba esperando. Adornaba á
nuestro huésped un trage co'modo y
moderadísimo, pero en todo diverso del
que se usaba en las demas provincias
de aquel continente. No extraño nuestro
amigo el dicho trage, pero sí que le
usase aquel caballero; y asi le dijo:
que es esto que veo , amigo Roble ?
¿Después de haber sido el asombro de
vuestros enemigos en la campaña, el
ejemplo de vuestros compatriotas, y el
objeto de las atenciones de nuestros ge­
nerales, habiendo ocupado tan res­
petables puestos en la milicia, y ha-

D E W A NTO N .

115

hitándoos retirado á descansar en lo*
años de vuestra vejez coronado de
trofeos, y tal vez ya cansado de aplau­
sos, os encuentro tan avillanado, vis­
tiendo las toscas telas que los demás
vecinos de estas aldeas y lugarejos,
cual si fuerais un miserable bracero,
que tuvierais que sustentaros con el
sudor de vuestra frente, ó traginando
por esos caminos para ganar á costa de
tanto trabajo vuestra vida?
¡A y, amigo! respondió ¿l pronta­
m ente, que dichosas fueran estas re­
giones, si cada uno proporcionalmente imitara nuestros estilos! Estáis en
una pequeña, pero dichosísima porción
de terreno, que aunque adolezca de uno
ú otro vicio no tiene estos en el gra­
do y altura que las restantes provin­
cias del reino: está dentro de aque­
lla misma famosa provincia que did
nombre y glorias invencibles á aque­
llos soberanos que á costa de sus fatigas
quitaron el pesado yugo que sufrid de sus
enemigos por largos años nuestra ilus­
tre nación: si aqui no halláis candor,
costumbres arregladas, caridad frater­
na y general sosiego, no lo busquéis

| I6

VIAGES

por todos esos opulentos y ruidosos' ter­
ritorios ; apenas hay noticia de noso­
tros en el mundo simiopolitano; y por
poco no degeneramos de nuestros pai­
sanos , dejando de ser monos; esto es
forzoso , porque con lo general de
ellos hacemos muy perversa concor­
dancia.
Aqui se sacan cuantas ventajas son
.posibles á la racionalidad, aqui donde
no se las impiden el estrépito de la»
pasiones'desordenadas: ya queréis sa­
ber el secreto mediante el cual nos
manejamos para lograr estas felicidades;
pues sabed que el primero y princi­
pal fundamento consiste en haber cer­
rado la puerta al lujo, y como cree­
mos seguramente que uno de los mas
nctivos fomentos de éste monstruo son
los trages, se ha establecido con uná­
nime consentimiento de toda esta nues­
tra dichosa comunidad uno constante y
fijo para todos, sin que la larga suce­
sión de los siglos hasta ahora le haya
alterado en lo mas mínimo , habiéndose
prohibido bajo de rigorosísimas penas
que pueda inmutarle persona alguna
aunque ocurran los motivos mas sin-

Dff WANTON.

117

guiares; de modo que si nuestro rey
tuviera la humorada de visitar este riuconcito de sus dilatados dominios, no
de otra manera que ahora nos veis,
iría su honrado concejo á echarse á sus
pie3: y para que en este su edicto per­
petuo é inmutable ley suntuaria no
pueda haber tergiversación, ni pueda
entrar el abuso abriendo algún peque-,
ño resquicio, si alguno de los hijos de
nuestra amada patria como hay repetidos
ejemplares, hace progresos por las ar­
mas, las letras, ó cualquiera carre­
ra que se proponga, aunque haya sido
el mas respetable togado, el general
mas experto, ó el político mas fino, si
por sus ayes, su edad , su cansancio, o
cualquiera otro motivo quiere retirarse
á este su antiguo solar y casa dé su
nacimiento , no de otra suerte entra
en nuestra unión y común felicidad,
que 'deponiendo los arreos de su fausto
y adornándose con los distintivos carac­
terísticos de este territorio: os pare­
cerá esto tal vez cosa de poca consi­
deración ; pues creer que por acá esta­
mos en que este es un punto de Los de
mayor interés para haber podido con-

11 8

VIAGES

Servar nuestra moderación y estilos ile­
sos 5 es increible cuanto influyen los
trages en la corrupción de costumbres.
En efecto, experimentamos y ad­
miramos en su trato una cómoda in­
genuidad sin grosería, y un atento
cumplimiento sin afectación. Comimos
sin vana ostentación, pero con limpie­
za y abundancia; y de sobremesa nos
divirtió con la conversación de su v i­
da que parecía una novela , aunque
m uy bien purgada de alabanzas pro­
pias y mordacidades agenas. El amigo
Tomate le dijo, interrumpiéndole, que
extrañaba que en medio de tantas
aventuras no hubiese tenido la de
casarse, porque mozo, galan, con di­
nero y bien colocado, eran prendas de­
masiado sobresalientes ; para no haber
caído en la trampa, á no haber sido
porque su adversión al matrimonio hu­
biese sido tal que preponderase á las
dichas circunstancias.
N o, amigo, respondió él con toda
ingenuidad; ni desordenada afición ni
aversión caprichosa be tenido al matri­
monio ; algunas veces lie hecho refle­
xión sobre este estado, y siempre en

DE WANTON.

II9

<*1 hallé, al paso que motivos de re­
traerme , otras muchas ventajas ali­
cientes, pero sola una proporción lie
tenido para él en mi vida; no llamo
proporciones a aquellas llamaradas de
los aíios juveniles, en que dando pá­
bulo á las pasiones, solo se desea lo
que conseguido atrae generalmente nues­
tra ruina. La proporción que yo tuve
era de un objeto tan adecuado á las
mas ajustadas ideas, que podía lison­
jear aj gusto del menos propenso á se­
mejante establecimiento. Era una seííora, cuya clase no inferior á la mia,
no podía alterar la vanidad de mis pa­
rientes, ni la de los suyos tenia que
sentir, no excediéndome en calidad,
ni habiendo en mí accidentes que la
sirviesen de desdoro; su edad, siendo
de veinte y ocho años, cuando yo me
hallaba en la de cuarenta, igualaba el
partido, que no lo es no habiendo una
docena de años de diferencia, y ex­
ceso del varón á la hembra, según con
seguros fundamentos lo afirman los que
con todo estudio han examinado sin
preocupación la m ateria; ademas de
esto, ya tenia el tiempo suficiente para

120

VIAGES

haber hecho constar al mundo su ju i­
ciosa conducta, que en pocos anos sue­
le afectarse para no hacer difícil su
salida, pero por tan dilatado espacio se
debe creer genial.
Su salud era robusta, y con señas
de no frustrarme la esperanza de per­
petuar mi posteridad; no era de aque­
llas bellezas, que arrastrando agenos
albedríos, llevan consigo un desasosiego
continuo á la casa propia; ni de aque­
llos monstruos, que dentro y fuera de
e lla , ó espantan con su deformidad, ó
' son objeto de mofa por su ridiculez:
sus bienes de fortuna no eran tan co­
piosos que la ensoberbecieran de modo
que creyera habia venido á sacarme de
m iseria, ni eran tan escasos. que en
su manutención y decencia hubiera yo
echado un censo perpetuo á m i legí­
tima : en el gobierno de su rasa no la
experimentaban una melindrosa ó ex­
travagante que jamas supiera dejar las
comodidades de su estrado; ni por el
otro extremo una asquerosa ecónoma,
que no acertase á estar fuera de la co­
cina : por fin , en todas las malidades
guardaba aquel medio que la acredita-

DE WANTON.

12 I

ba persona en quien concurría un com­
plexo de perfecciones, que tarde ó nun­
ca suelen hallarse en una sola ; sus
padres estaban gustosos con que se
efectuase nuestro contrato, y el mió
(que aun vivía) igualmente informado
por mí de las apreciables circunstan­
cias de la señora; los contratantes no
teníamos, como buenos hijos, mas vo­
luntad que la de nuestros mayores; y
por último, todo parece que concur­
ría á facilitar los medios de efectuar
el tratado.
Ya en buen estado las cosas, lo
línico que faltaba eran los conciertos;
aqui fue en donde luego temí las difi­
cultades; no la tuvieron los contratantes
de parte de la novia en convenir con­
migo, en que por motivo alguno no
hubiese gastos de boda, en que, según
estilo del pais, dejan por muchos anos
empeñados á los nuevos esposos la va­
nidad, el lujo, la glotonería y otros
semejantes enemigos de la racionali­
dad; asimismo entraron sin repugnan­
cia en que de parte á parte no hu­
biese regalos ó franquezas esponsalicias,
porque si en la futura unión había de

12 3

VTAGES

haber una absoluta comunicación de
bienes, ¿i qué conduce destruirse an­
tes de llegar al fin, y sacar fiado de
casa de los mercaderes ( franqu ísimos
en semejantes ocasiones) lo que des­
pués no puede tal vez satisfacerse ?
Bien iba todo hasta este punto „ por­
que aunque en contra de tales pactos
estaba por lo general la costumbre, po­
derosísima trinchera de donde no se
desvian los que no saben pelear á cuer­
po descubierto, no obstante ya había
algunos ejemplares de igual naturaleza;
por tanto no hubo gran repugnancia
en convenir en las dichas condicio­
nes; pero de allí pasamos á la que
fue el diablo de la discordia; aquel fa­
tal estorbo de las mas brillantes y fi­
losóficas acciones, el ¿qué dirán? fue
el principal y mas fuerte obstáculo
para que se avinieran á mis proposicio­
nes; pero por mi parte militaban la ra­
zón, el recelo y la experiencia; estuvo
pues el tropiezo en la carta de dote:
yo gustosamente prometía firm ar, y
hacerme cargo de restituir, disuelto el
contrato, cuanto se me entregara en
bienes raíces, en oro, plata y pedre-

DE W/NTON.

I2 3

ría , y finalmente en acciones y crédu­
lo , satisfaciendo con el dinero cobrado,
6 con los papeles en ser; pero de modo
ningunb pudieron convencerme á que
admitiese en la escritura dotai los ves­
tidos y adornos de la novia, y otras
bagatelas que cada una de por sí era
de poco ó ningún provecho, y todas
ellas ascendían á un capital enorme.
¿Si en los antecedentes pactos había­
nlos dispuesto no regalarnos mutuamen­
te , no era dar un tornillo á los con­
tratos, y obligarme á que hiciese unos
donativos exorbitantes, firmando el res­
titu ir, aunque fuese al cabo de treinta
6 mas años', unas alhajas tasadas i un
precio imaginario y excesivo? Es cierto
que yo había de traerla vestida con la
decencia correspondiente á nuestro ca­
rácter ; ¿ pero quién dirá que es cor­
respondiente decencia tan prodigioso nu­
mero de batas, tanta tela supèrflua, tan­
tos encajes delicados, que á la primer
contradanza del dia del recibo acaba­
rían su duración, durando solo el aca­
bar con mi bolsillo, cuando se re­
novase su valor, después acaso de una
docena de años? Lo mismo digo de

T 24

VIAGES



tanta cofia, tanta cinta, tanto mofu*
no sé si lo habréis experimentado, se­
ñores, no hay trapo viejo, mneble in­
decente, ni cosa alguna por inútil que
sea, que no tenga su nicho y coloca­
ción en la dichosa carta de dote.
Toda esta metralla me amenazaba
en mi tratado; aflemas de la ropa vieja
y nueva de la novia, tasada por la mi­
tad mas de lo que les había costado
(porque muchos de los tasadores res­
pectivos de toda especie hallan por allá
moral en tales casos para mentir á
rienda suelta), se me prevenía otra
porción de muebles qne valían un te­
soro, imaginario en la realidadj pero
efectivo en mi hacienda; por cientos
los bonetillos, toquillas, sombrerillos
y otros que sonaban á diminutivos^
pero que no eran sino verdaderos au«¿
mentativos de mi destrucción: los aba­
nicos no tenían número, habiéndolos
tan exquisitos y delicados , que el airé
de los mismos era suficiente á que que­
dasen juntamente Conmigo destruidos:
por docenas se contaban las vandejai
de charol, porque es costumbre que
en ella se remitan los regalos que la»

DE WANTON.

125

parientas y amigas hacen á la novia, y
fuera insufrible falta que en la prolija
y ponderada lista que de ellos luego se
dá al público , hubiera alguna de sus
partidas, en que diciéndose, como es
estilo, pongo por ejemplo: la condesa
de Uña Gata, tía del cuñado de la
sobrina del suegro del novio, una bata
muy exquisita de Micancia, con so­
brepuestos de talco j una parlamenta­
ria de punto de malla; unos vuelos
muy ricos de encajes de verano, y
otros de invierno; dos abanicos, el uno
de aire del norte, y el otro del medio­
día para todos tiempos, nunca vis­
tos en estos países, con varillas de ná­
car y pelo; cuatro juegos de cintas á
la unión inviolable; seis ramos de jlores de Cercopitecalia ; guantes, bar­
ros y otras menudencias de gusto: se­
ria, repito, una falta digna de la mas
severa y reflexiva crítica entre las mo­
nas de la rigorosa etiqueta el no aiiadir por contera la cláusula corriente:
iodo en vandeja de charol.
Ahora advertid aquí de paso por
vía de curiosidad, que no solo es res­
ponsable el infeliz incauto que se deja

12 6'

VI AGES

»educir i todas estas baratijas, que en
el primer año de casados destruye la
novia, si es de las que se usan; sino
también á sus consecuencias , pues to­
das estas liberalidades de cada una de
las monas que regalan ( muchas con
frívolos motivos, por sola la vanidad
de sonar en la referida lista) son luego
recompensadas, no pocas veces con ex­
ceso, por su turno, ya cuando ellas
ó sus hijas se casan, ya cuando paren,
ya cuando enviudan, ya en otro cual­
quier lance que se forma del polvo de
la tierra para lograr ocasión de pagar
la deuda; y como quiera que esto se
ejecuta regularmente durante el matri­
monio, podéis haceros cargo de quien
es el que lleva las pedradas, que es
aquel infeliz que viene á soltar su di­
nero dos veces , cada una de ellas exce­
siva e injustamente; una cuando á su
coste se compra el regalo de recom­
pensa; y otra cuando restituye en plata
el primero que su consorte consumió
en moños, luego que por muerte ó di­
vorcio se disuelve el contrato.
No toco aquí la materia de ganan­
ciales, porque como tenia alguna se-

DE WANTÓN.

I2JT

guridad de la economía de la señora de
quien se habla, de su aplicación á la
labor, y de sn habilidad para diversos
puntos que me prometian un no común
ahorro en mis haberes, no se hablo en
este asunto ai tiempo de los conciertos;
pero no hay duda de que yo me expo­
nía á que engañado en mis juicios me
hubiera tocado la suerte de una seme­
jante á varias que habia en mi regi­
miento, y conocí en diversas partes en
donde residí por algún tiempo: pues-á
la verdad que son gananciales muy dig­
nos de risa los que pide una viuda sin
sucesión de un oficial militar, de un
ministro togado, ó de otra semejante
persona de honor, que vivid solo arre­
glado á aquellos sueldos que gano á cos­
ta de sus fatigas en la campaña y en
los tribunales, con tantos riesgos y car­
gos como son notorios; al paso que ella
disfrutando los inciensos no se ocupo
en su vida mas que gastando alegremen­
te del tocador á la visita, de la visita
al paseo , del paseo á cuantas diversio­
nes públicas da de sí el pueblo, sean ó
no costosas, y tal vez sin que hayan
llevado otro dote que la fortuna de su

12 8

YlAGEa

posesión. Qué ayudas de costa tan dig­
nas de traerse después á colación en una
testamentaría , las que se acarrean los
muchos desdichados á quienes cupo la
suerte de tan excelente mayorazgo.
Pero yo, señores, esíoy abusando
de vuestra tolerancia con lo que poco
ó nada os interesa; y asi para no dila­
tarme mas, contraye'ndome á la pre­
gunta de mi amigo: concluyo mi aven­
tura diciéndoos, como los padres de la
novia, después de varios debates y con­
sultas con sus parientes, determinaron
que de ninguna suerte entrarían en el
tratado, sino haciéndome cargo en la
escritura dotal de cuanta ropa, ador­
nos y bagatelas llevaba la señorita,
porque asi lo habían hecho sus padres
y abuelos, asi era la costumbre; y por
último, no había en el pueblo ejemplar
de lo contrario; pero como no me ha­
cían fuerza sus ejemplares y costum­
bres contra lo justo y razonable de mi
propuesta, cada uno se quedó pagado
de su parecer, y yo contento, no obs­
tante las dichas ventajas, en no salir
del estado de celibato; perdida aquella
proporción, no voIyí á tener otra que

DE WANTON.

IZ 9

mereciese el-nombre de t a l ; y asi per­
manezco con la felicidad de libre, en
la que ya espero m o rir, sino se me
baraja el juicio.
Tulipán y yo celebramos la histo­
ria del señor Roble; el amigo Tomate
dio un suspiro, y su esposa torció el
gesto; y con pretexto de descansar un
rato del camino, se disolvió la compaxiía, retirándose cada uno á su respec­
tivo departamento.
V V'V VW'%.'XV'V'V %/%VV'V V V i v n v

C A P IT U L O IX .

Llegan Enrique y Tulipán á la provin­
cia Egestaria.
N o obstante que el lugar era de poca
diversión, el señor Roble nos procura­
ba toda la posible; yo le debí una sin­
gular estimación ; y demostró notable
sentimiento cuando al tercer dia le in­
timamos que al siguiente habíamos de
marchar sin falta: mi amigo Tomate
hubo también de conformarse, y á su
TOMO IV .

9

130

VIAGES

consorte creo que costo alguna disimu­
lada lagrimilla nuestra separación: es
verdad que la gallarda juventud de Tu­
lipán , aquel su aire de corte, y su tra­
to halagüeño disculpaban cualquiera pa­
sioncilla de una mona del gran mundo.
Aunque Orozuz era práctico en los
cam inos, como nos hallábamos algo
desviados de la ruta que temamos pre­
meditada, tuvimos necesidad de sacar
del lugar un mozo que fuese diestro,
y nos acompañase hasta ponernos en el
camino real que deseábamos tom ar, co­
mo en efecto lo ejecutó á toda nuestra sa­
tisfacción. Aquella mañana de la marcha
quisimos tomar la madrugada, ya por
hacer la jornada con mas convenien­
cia , ya por excusar el renovar en nues­
tros amigos el pesar de la despedida;
pero no pudimos al fin excusar éste,
porque ellos no se descuidaron, y al
estarnos desayunando entraron en nues­
tro cuarto * y no nos dejaron hasta que
montamos á caballo , renovando sus
ofrecimientos, y jurándonos recíproca­
mente una eterna amistad; y si se ha
de confesar lo cierto, no por otra cosa
sentí después no volver por aquella#

CE W ANTON.

I3 I

inmediaciones, que por no haber po­
dido repetirles una visita.
Marchamos al fin con nuestro es­
polique delante de los caballos, que uos
pidió una espada, bastón ó cosa se­
mejante que poder llevar en la mano,
porque dijo que acostumbrados á este
ligero peso no pueden caminar
su
gusto sin é l : si era por esta causa
por otra no averigüé; pero sí vi que
siempre lo ejecutaba de esta forma: yo
temí que este pobre mono como iba á
pie nos detendría el paso de los caba­
llos; pero luego que entró en calor,
fue forzoso arrear bien para darle al­
cance ; en fin, como dije antes , á bre­
ve diligencia nos sacó á parage que ya
conocía O ro zu z, y asi desde allí le
despedimos agasajándole como merecía.
Si malos son los caminos, general­
mente hablando de todo aquel conti­
nente, los de la provincia Egestaria,
que era en donde habíamos ya entrado,
podían apostárselas á los peores. Trepan­
do sierras y avanzando derrumbaderos,
á pocas jornadas, después de un diluvio
de incomodidades en las malditas posa­
das, avistamos una tarde á la capital

á

6

132

VIAGEfi

que aunque parecia estar cerca , no dis­
taba tao poco que no fuese entre dos
luces cuando llegamos, y bien molidos
á ella: como hacíamos nuestro viage ya
por mi convalecencia, ya por lo áspe­
ro del camino, ya por otros incidente*
á jornadas lentas , y algunas veces de­
teniéndonos en los lugares, hubo bas­
tante tiempo para que desde Simiópolis, adonde habiamos avisado nuestro
paradero, escribiese el señor Nuez-mos­
cada á la dicha capital de la provincia
i. sus parientes para que hospedasen á
su cunado; en consecuencia de este en­
cargo salían diariamente al camino á
esperarnos, por lo cual tuvimos un
honroso recibimiento; no obstante, pa­
ra que no faltase azar aun en lo que
se disponía para nuestro cortejo, hubo
allí alguna diferencia sobre quien ha­
bía de llevarnos á su casa: ya se iban
formalizando los seílores Nuez-vdmica
y Nuez-metéla, primos entre sí por su
varonía, y parientes del señor Nuezmoscada , según decían, y en contem­
plación del cual cada uno procuraba ser
preferido en aquel cumplimiento ; nin­
guno quería ceder, y asi dejaron la

DE WANTON.

I3 3

elección en manos de Tulipán: éste por
excusarse de quejas la puso en mi arbi­
trio; y yo que ya tenia gana de descan­
sar , y estaba fastidiado de aquella eter­
na contienda, habiéndome sido siempre
mas detestable la cautelosa falsedad de
los cumplimientos de las personas que
se dicen de crianza, que la sencilla
rusticidad de los que solo obran por los
naturales y verídicos movimientos de
su corazón, no excusé la decisión de
tan apretado lance, considerando que
el aparente desaire de aquel cuyo con­
vite quedaba sin aceptar se recompen­
saba superabundantemente con el inte­
rior gozo que recibiría de ver que ha­
bía cum plido, y se libertaba de la
molestia, puesto que los huéspedes, aun­
que se traten con confianza, indispen­
sablemente causan inquietud, gasto y
ruido ; en esta inteligencia, bajo e! pre­
texto de que según la conversación ha­
bía dado de sí el señor Nuez-metéia era
soltero, fue el preferido, como mas pro­
porcionado y libre; quedaron acordes los
ánimos; y todos en amable compañía nos
dirigí mosá casa, en donde logramos nues­
tro apetecido descanso aquella noche.

134

VIAGES

Los primeros dias pasaron recibien­
do las bienvenidas de la nobleza del
pais, que es de las mas erguidas y ran­
cias del reino; pero no es menos su
vanidad: en ella ocupaba el primer lu­
gar , según su inteligencia, la del señor
Nuez-metela: pronto descubrí yo la
muestra del paño; fue el caso, que ha­
biendo dejado la cama una mañana
mas temprano de lo regular, y di rién­
dome los criados que su amo también
estaba levantado, pasé á su cuarto á
darle los buenos dias: hállele rodeado
de libros , pergaminos arrollados y le­
gajos de papeles antiguos, que despe­
dían de sí un olor á almizcle, capaz de
volcar á la cabeza mas fuerte: delante
tenia un papelón del tamaño como de
tres ó cuatro pliegos de marca mayor,
lleno todo de ovalitos, y por orla una
porción de escudos de armas, tan llenos
como su cerebro de fantasías y extra­
vagancias. ¡Oh amigo! exclamó asi que
en tré, ¡ á que bella ocasión venís! Vos
que sois curioso, vos que sois tan há­
bil como dice vuestra fam a, y yo he
experimentado en el tiempo que ha que
estáis favoreciendo mi casa, yenidj sen-

BE WANTON.

I3 5

ta o s , y os instruiréis por lo que hace i
estas provincias de la antigüedad, lus­
tre y nobleza de nuestras familias: su­
pongo que allá en vuestra pátria sois
hidalgo, porque sino esto seria habla­
ros un lenguaje desconocido; no se h i­
cieron tan elevadas materias para el ru­
do vulgo é ignorante plebe.
Ahora me cogéis con las manos en
la masa; esos gruesos tomos que aqui
veis son todos crónicas y teatros ge­
nealógicos de la mas escogida noble­
za : sus autores son una especie de his­
toriadores y ensalzadores de nuestras
ilustres fam ilias; no dirán una cosa fal­
sa ni aun dudosa por cuanto hay en
el mundo; en ellos hallareis hazañas
famosas que sobrepujan cuasi las fuer­
zas de la naturaleza; princesas enamo­
radas de nuestros abuelos; reyes de quie­
nes de rama en rama provenimos; eti­
mologías muy propias de nuestros no­
bilísimos apellidos; explicación literal
de los respetables escudos de nuestras
armas , de sus orlas y sus motes ó gri­
fos : registrad éste de á folio que tengo
mas inm ediato, porque acabo de ho­
jearle 3 e'ste se escribió únicamente por

136

VIAGES

la elevada y extendidísima familia de
los Nogales, que en esta ciudad se di­
viden en Vómicos que son mis primos,
y Metélos, que somos nosotros : los fo­
rasteros han querido también emparen­
tar , entroncándose por solo el sonso­
nete del apellido; pero si os he de de­
cir lo que siento ( y ésto vaya en conr
fianza), muy buenos serán en su país;
pero yo creo que hay una gran diferen­
cia entre los señores Nueces moscadas
y nosotros; pero ¿qué se ha de hacer?
Ellos están en astillero, y nos buscan
por parientes, fuerza es condescender
y permitirles este oropel: estos papeles
y pergaminos son ejecutorias y escudos
de armas de los conquistadores de es­
tos reinos, todos forzosamente descen­
dientes de nuestra provincia : estas mas
hermosas- son las nuestras ; véislas aqui
campo de púrpura á la mona de oro
rapante entre tres nogales, y el mo­
te que dice: mas es el ruido que las
nueces ; lo cual proviene de que mi vigésimonono abuelo y sus dos herma­
nos , viéndose solos y bloqueados den­
tro de una plaza fronteriza, que era la
defensa de todo el reino, tuvieron ar-

DE WANTON.

137

cHd para hacer creer á un ejercito de
seÍ3 mil tities que iba á acometerla, que
había dentro del recinto de sus mura­
llas muchas huestes armadas j lo cual
habiéndose ejecutado por medio de va­
rios toques de guerra en diversos án­
gulos de la plaza, mucha gritería y al­
gazara, que tuvieron los tres habilidad
de fingir, después de haber hecho de­
campar á los enemigos, sabiéndose su
estratagema de tanta felicidad como
aliento v se les dio por timbre el dicho
mote. Este que tengo entre manos es el
árbol genealógico de la ilustrísima ca­
sa de la condesa de la Berengena, por­
que acaban de proponérmela sus pa­
rientes en casamiento para lograr el al­
to honor del entronque con mi casa;
y voy á ver si en la larga sucesión de
sus abuelos, que aqui llegan á setenta
y dos, hay alguno que desdiga de los
altos timbres de los que ennoblecen mi
sangre.
Pues, señor, dije prontamente, dad­
me licencia de que os deje solo en
consulta con todos esos caballeros; por­
que estos puntos son mejores para tra­
tados á solas, ó con quien lo entien-

135

VIAGES

da, que en compañía mayormente de
quien como yo no tiene instrucción en
el asunto ; permitidme asimismo que
no la tom e, valiéndome de vuestra eru­
dición heráldica, porque como no he
hecho ánimo de casarme en estos paí­
ses , no deseo saber lo rancio ó lo fres­
co de sus familias. Haced lo que gus­
téis , me respondió , encogiéndose de
hombros , y sonriéndose al disimulo,
como compadeciéndose de mi ignoran­
cia ó mal gusto. Yo salí de alli fasti­
diado , y burlándome de tanto escu­
do , y tan poca dinero , porque los
aparatos de la casa del señor Nuesm etéla, luego que los examiné con cui­
dado, hallé que se sostenían con mas
aire que substancia ; y por entonces
admiré que un sugeto como é l , que
no era un necio, antes tenia una no
común instrucción, según en otras ma­
terias le había experimentado, se de­
jase llevar de semejantes fruslerías ; pe­
ro después de estar alli algunos tiem­
pos experimenté que era vicio del pais.
Son en Egestaria generalmente linaj id »s rpenas entré en casa alguna en
donde no me informase por menor de

DE WANTON.

I3 9

la larga ascendencia de sus abuelos, de
la limpieza de su sangre, y de la por­
quería de la de los otros; en esto tie­
nen sus delicias y embeleso: asi me lo
decía un melancólico viejo, que por
ciertas disposiciones de su suerte había
tenido que ir á avecindarse á aquella
capital desde su edad constante ; tenia
un despejado discernimiento, y por con­
siguiente una especial comprensión de
toda la Egestaria adquirida á fuerza de
experiencia; de éste tomé yo las noti­
cias suficientes para el conocimien!to de
aquella provincia.

CAPÍTULO X.
De los motivos de la mala figura
de muchos monos.
E n tre varios asuntos que en diversas
ocasiones tocamos el sobredicho viejo
y yo, no pasaré en silencio uno que
dá alguna luz de la inclinación de aque­
llos naturales: en las jornadas que por

14 0

VTAGES

aquella tierra habíamos hecho, y de los
lugares que hasta llegar á la capital ha­
bíamos hallado, no había visto, gene­
ralmente hablando, mas que monos
patiestevados, contrahechos, y de ruinísima talla; todos podían pasar por su
figura por grandes caballeros de la cor­
te. Asi se lo referia yo un dia á mi
buen viejo consultor, á lo que e'l pron­
tamente me satisfizo dieiéndome : son
muy distintas las causas que influyen,
en la enfermiza complexión y figura
imperfecta de los cortesanos, y las que
motivan las imperfecciones que habéis
notado en los naturales de esta provin­
cia: no se os oculta en la especulación
que me dijisteis alguna vez, que ha­
béis hecho de las costumbres y demas
adherentes de los simiopolitanos, ¡ qué
descuidada está la educación de aque­
lla nobleza ! conténtame los señores eon
que sus hijos en los mas tiernos anos
aprendan cuatro superficialidades al la­
do y vigilancia de un ayo almidonado
de camisola, y enharinado de pelo, si*
puede ser extrangero, á lo menos en
la inclinación , lenguaje y porte; la
corta sujeción que les dá semejante per-

P E W ANTON.

141

somge , está precisamente limitada á
oiertas exterioridades , y dura hasta que
ya el señorito tiene suficiente edad para
sacar los pies del plato , é intimidar á
su pedagogo, que ó porque tiene por­
que callar, 6 porque teme perder la
©lia boba , sufre, disimula, y lo dá
alas que no suelen servir mas que para
su precipicio.
Atajéle la palabra replicándole; aun­
que os he dicho eso y mucho mas de
la crianza de aquella nobleza, no lo
habéis de tomar tan absolutamente que
creáis que no hay algunos, aunque no
m uchos, que sean doctrinados por sus
mismos padres, ó por unos celosísimos
maestros , que no perdonan trabajo ó
fatiga alguna á fin de instruirlos y fun­
damentarlos en los principios mas úti­
les y necesarios á su estado, y á la rec­
titud de costumbres : dígolo porque
quien os oyese , creería que yo con vos
habia murmurado con una maldita mor­
dacidad , sin exceptuar ni separar lo
laudable de lo vicioso. Si alguno de
aquellos, me respondió el viejo, nos
escuchase; ó era tal cual le he pintado,
y entonces quejárase de su vicio, y en-

142

VI AGES

mendárase, sino quería que le com­
prendiese la crítica; d no era de aquel
carácter, y en tal caso se desentendería
de lo que no hablaba con él , por lo
que, señor niio, no rae seáis tan deli­
cado, que aqui tratamos el asunto en
general, sin tirar por modo alguno á
ventana conocida.
Asi pues, como iba diciendo, los
tales señoritos, en consecuencia de es­
ta crianza destruyen su naturaleza an­
tes de acabar de formarse , sus padres
creen en la tardanza , ó que pierden
ciertas proporciones de adelantamien­
to , o que se les queda la casa sin su­
cesión, por lo que atropellan por to­
do , y apenas salen los hijos de la in­
fancia los casan con otras de igual edad,
y por consiguiente de tan poco vigor
como ellos j de aqui es que si logran
algún hijo , es un monito endeble y
disminuido como producción de unas
naturalezas aun no acabadas de formarj
luego que tiene sucesión asegurada , hu­
yen los dos consortes de que se repita
esta fortuna; ella porque se incomoda
con la necesidad de cierto régimen, de
abstenerse de hacer disparates, de pri-

DK W ANTON.

14 3

varíe de brincar en los bailes, y de
gozar de otros placeres incompatibles
con las delicadezas del preñado ; y él
por su parte porque asi lo solicité en
acabar de desposeerse de las pocas vir­
tudes morales que sacó de su crianza;
navega á vela tendida por el mar de su
libertinage; se deja cautivar de ciertas
mozuelas, que mientras adulan á su
gusto van fomentando su destrucción; y
por último altera su salud, abrevia sus
dias, y bebe hasta las heces una ponzona , que incorporada en su sangre, y
ya con él connaturalizada, no sirve mas
que para fermentarse y cooperar al tem­
peramento enfermizo de algún otro nue­
vo hijo que suelen al fin de algún tiem­
po procurarse, considerando arriesgada
la sucesión de su casa en una sola y en­
deble cabeza. Ved aqui apuntada y co­
mo en diseño la causa de la mala figura
y poca robustez de muchos de los refe­
ridos.
Por lo que hace á los naturales de
esta provincia, ni son de mala figura,
ni lisiados, ni de pequeña talla como
os habíais imaginado, no sin algún mo­
tivo } en vista de los que se os han pre-

144

VI AGES

sentado por esos lugares; pero habéis
de estar inteligenciado en que los que
habéis hallado son como la escoria, ó
á lo menos el desecho de toda esta
tierra; son sus hijos por lo general muy
bien formados, robustos, y de una de­
cente estatura, y luego que depuesto lo
zafio de su crianza se ponen en limpio,
quedan desconocidos, ya por esto , ya
porque su resistencia al trabajo: su su­
bordinación á los superiores, y lo que
es m as, su inclinación á las armas los
hace útiles para la guerra; una parte
de lo mas escogido de la juventud abra­
za la profesión de las armas; pero la
otra parte que queda, que suele ser''
la mas bien dispuesta y numerosa, al
misma paso que la mas bribona y aragana escoge el partido de inutilizarse
para el pais, y huir del trabajo: os
daría compasión si morarais en él al­
gún tiempo, ver salir anualmente una
porción de mozos de los mas escogi­
dos abandonando sus hogares, sus cam­
pos , sus esposas y sus misinos hijos,
siendo el destino de estos ir á Simiopolis á ocupar la trasera de un coche.
Los cortesanos que celosos ( en el

DE WANTON.

145

nombre y de palabras) por la pobla­
ción, por la utilidad de los vasallos,
y por la moderación del lujo y super­
fluidades, son unos continuos molestos
predicadores, de lo que debiera hacer­
se para la pública felicidad , son los
primeros que fundan una vanidad ina­
guantable en que vayan sus carrozas
adornadas; y formando la figura mas
lucida con una gente de librea joven
brillante, y de estatura si puede ser
gigantesca (excepto el delantero en cu­
ya ocupación se emplea siempre un niño
que atropella á todo viviente), llegan
do su desenfreno y manía basta el pun­
to de pujársela, sonsacársela , y reñir
por un bribón de estos como por un
asunto de la mayor importancia (á lo
menos esto se usaba por allá en mis
tiempos), como si para abrir y cerrar
la puertecilla de un coche, para llevar
de uno á otro la caja de barros, o la
monada de los nuditos, ó el punto de
peluca, y para errar cinco recados de
los seis que les encargan , no bastaran
unos monos de mayor edad, o defec­
tuosos, imposibilitados para otros mi­
nisterios útiles á lo menos en su proT omo iv .

1 0

146
VIAGES
\incia ; y no que esta , sino se pone
remedio á su desorden, llegará á dege­
nerar, sin que en ella se vean ó crien
mas que visiones ridiculas que para na­
da puedan servir. ¡Fuerte cosa es que
se ponga gran cuidado en una buena
raza de caballos, de perros, y de otras
bestias , y que se haya de descuidar
tan abandonadamente la perfección de
nuestra casta!
Asi exclamaba, y aun mas eficaz­
mente este celoso patricio cuando se
tocaban semejantes puntos ; yo bien
comprendía que algunas veces tenia ra­
zón en muchas de sus consideraciones;
pero le contradecia por examinar el
fondo de su discurso De esta forma
pasé en aquella ciudad bastantes dias
cortejado no solo de nuestro huésped y
su primo, que se esmeraron en ex­
tremo , sino también de los sugetos
mas principales, entre quienes no pue­
de negarse que hay muchos de muy
buena crianza, hasta que recobrado de
mis pasadas tormentas, vistas las par­
ticularidades y obras publicas de ella,
y conocido el carácter en general de
aquellos patricios, que era, como he

DE

W ANTON.

147

dicho, ostentar y realzar su nobleza en
medio de lo mísero del pais, que les
obligaba algunas veces á ajarla, salien­
do de el á ocuparse en ministerios har­
to humildes; con acuerdo de mi com­
pañero Tulipán nos despedimos de los
amigos y de nuestro patrón el señor
Nuez-metéla: pero habiendo determi­
nado ir á pasar el verano á una ciudad
marítima de la provincia confinante,
rogamos á este caballero que nos dijese
si tenia en ella conocimiento de alguna
casa honrada, en donde por nuestro di­
nero fuésemos asistidos, pues ni queriamos padecer las incomodidades de una
posada pública, ni dar molestia, y to­
mar sujeción, hospedándonos en alguna
casa principal de amigo ó pariente su­
yo ; condescendió á nuestra instancia, y
nos dirigió á la de un pobre zapatero que
estaba casado con una mona que había
sido criada suya, y que era, según di­
jo , muy limpia , y de buen agrado; y
por último no tenia otra familia cono­
cida en el pueblo del carácter que no­
sotros deseábamos; por tanto abrazamos
el partido, y nos pusimos en camino.
Volvimos á trepar cerros y avistar

148

VI AGES

despeñaderos, y sin dejar el mal cami­
n o , á poca diligencia entramos en Inopialia, provincia confinante con Egestaria, parecida á ella en diversas par­
ticularidades, no tan vana, pero mas
mísera, y su rival perpetua: no había
mucho que caminábamos, cuando di­
visamos una maííana, luego que salid
el so l, una polvareda á lo lejos, movi­
da por objetos que se nos iban acer­
cando ; entramos en cuidado, porque
nos veiamos en medio de un monte muy
espeso, sin mas arrimo d defensa que
la que nos procurásemos con nuestras
armas si acaso eramos acometidos : no
era sin fundamento nuestro recelo, por­
que no teníamos conocimiento del pais,
y en lo poco que habíamos andado so­
lo habíamos hallado monos monteses,
cuya figura tosca, piel denegrida, des­
nudez y rusticidad los distinguía total­
mente de cuantos habíamos visto en
todo el reino: agregábase que no había­
mos encontrado hasta entonces pobla­
ción considerable, sino algunas casillas
que podían pasar muy bien por cuevaá
de aquellos habitantes; y en nuestros
recelos no nos consolaba otra cosa que

DE WANTON.

14 9

el concepto que teníamos formado de
que eran animales cobardes, pues siem­
pre que habíamos procurado acercarnos
á ellos para tomar lengua y algún co­
nocimiento de la ruta que llevábamos,
aunque fuesen muchos juntos, no nos
aguardaban , antes volviendo la espal­
da nos dejaban con la palabra en la
boca, y hablando en una jerga, que ni
aun Tulipán entendía, se amboscaban
apresuradamente.
En nuestras dudas fluctuábamos,
cuando habiendo subido á lo alto de
un ribazo, descubrimos desde él ya
con toda claridad, y no muy distante
de nosotros un numeroso ejército de
monos, todos uniformes de blanco y
pardo, que á grandes pasos se nos acer­
caba; considerábamos que traía también
su cuerpo de reserva ó retaguardia, por­
que á cierta distancia se levantaba otra
polvareda qiae nos presumimos ser mo­
vida por la misma causa: cuando está­
bamos mas inmediatos, advertimos que
iban todos los monos que componían
esta tropa armados no con morriones,
petos, ni espaldares, pues bien veía­
mos que su cabeza se cubría con uu

150

VIAGES

pedazo de tela tosca, y que mostraban
al aire su curtido y cerdoso pecho; pe­
ro en sus manos empuñaban unas te­
mibles guadañas que llevaban al horrobro mientras iban marchando: no de­
jó de consternarnos este espectáculo,
porque el número de ellos era superior
á nuestro poder; pero sacando fuerzas
de flaqueza, pues ya no podiamos ha­
cer otra cosa, les dejamos libre el paso,
y formamos los tres en batalla á la ori­
lla del camino, asegurando nuestra es­
palda en unos árboles corpulentos, en­
tre los cuales pensábamos hacernos fuer­
tes en caso de necesidad ; pero cuando
esperábamos un acometimiento, vimos
que todo aquel batallón pasaba tan de
paz, que no quedó uno de la comiti­
va que no nos saludase con la mayor
cortesía, desgorrándose, y bajando su
guedujuda cabeza. Quedamos admirados
de lo que habíamos visto, y á corta
distancia experimentamos lo mismo en
otra tropa igualmente armada y nume­
rosa que la primera : buena gana tuve
de detener á alguno de ellos, y pre­
guntarle si habia guerra por aquellos
países, que era á lo que se inclinaba

■" '

V.

A ventura que tu v iero n en la
P ro v in cia de In opialia.

DE WANTON.

151

Tulipán, creyendo seguramente que eran
las tiendas para acampar donde les con­
viniese, unos grandes rollos de lienzo
que advertimos llevaban consigo; pero
el demasiado miedo de éste impidió el
logro de mis deseos , pues no se atre­
vía aun á hablar mientras pasaron.
VWVWWVWV*. ^ v iv v i vv

C A P ÍT U L O XI.

De la aventura que experimentaron en
la provincia de Inopialia.

c .

i seguimos nuestro camino mas animo­
sos dejándonos guiar por Orozuz, que
era el que presumía de diestro por el
oficio en que antiguamente se había
ejercitado, no obstante que ya estaba
algo olvidado, pues dudaba á veces, y
á veces le perdia; en la clase de estas
últimas ha de colocarse la tarde de
aquel dia; ya se había puesto el sol,
y nosotros nos hallábamos en lo mas
fragoso del monte ; mas de tres horas
andubimos después de anochecido al

15*

VIAGES

favor de la escasa luz de la luna, que
se disminuía de cuando en cuando, im­
pidiendo sus rayos algunos nubarrones
con que estaba cargada la atmosfera;
esta alternativa de luces y sombras ha­
cia mas horrorosa la noche: estaba ca­
paz de infundir pavor al ánimo mas
alentado; no se oia mas que el silvido del viento, que iba por puntos ar­
reciando, y el melancólico canto de
las agoreras aves nocturnas, que vola­
ban rápidas sobre nuestras cabezas, in­
timidando aun á los mismos brutos que
nos conducían ; el cuidado que me iba
llamando á no perder de vista el terre­
no en que ponia los pies, me había
separado del gusto de fijarla en la her­
mosura de los astros; pero la demasia­
da oscuridad en que iba quedando el
bosque, movió mi curiosidad á que
parando el caballo alzase los ojos hacia
el firmamento : solicite primeramente
descubrir al planeta mas luminoso de
la noche, y le halle oscurecido con un
tenebroso eclipse , tanto para mi mas
espantoso, cuanto mas inesperado; ape­
nas se distinguía en todo el disco de la
luna mas que un cortísimo rayo de luz,

DE WANTON.

I 53

que ya iba también á quedar prontamen­
te extinguido: rodeonos finalmente una
espantosa noche, y cayo sobre el cora­
zón de mis compañeros todo el horror
de las tinieblas.
¡Qué prondsticos todos lúgubres no
deducían de aquel eclipse! ¡que' desa­
tinos no se les ocurrieron para afligir
sus ánimos! Toda la opinión que yo
hacia para ellos fue' necesaria para de­
simpresionarlos de sus vulgaridades; allí
aunque de paso y á medida de su com­
prensión , Ies di á entender la causa de
semejantes fenómenos, el ningún influ­
jo que tenia en los sublunares, y el
orden natural con que necesariamente
acaecían, mediante el cual sabían con
antelación los astrónomos el dia y hora
en que debe observarse, y el tiempo
de su duración: pero cuando mis pala­
bras iban confortando su espíritu, to­
dos proporcionalmente nos consterna­
mos , habiéndonos advertido rodeados
del resplandor de un relámpago, á que
siguió un trueno sordo, anuncios todos
de una próxima tempestad; habían ido
reuniéndose y tomando cuerpo los nu­
blados, y á toda prisa nos los traía en-

i54

viages

cima el viento, cuyos bramidos, el
ruido de la nube, y el estallido de los
truenos que resonaba en las próximas
concavidades de los montes, formaban
el horror mas formidable; en poco tiem­
po creció la oscuridad hasta quedar pal­
pables las tinieblas; los objetos mas
próximos se confundieron en tan pro­
funda noche, y ni aun nosotros mis­
mos podiamos distinguirnos, no obstan­
te la inmediación: con un estrepitoso
trueno despidió, rasgándose la nube, un
rayo que cayó cuasi á nuestros pies, á
cuyo espanto hocicaron temerosos los
caballos: siguióse á él un diluvio de
agua y granizo con tanta fuerza y abun­
dancia, que creimos anegarnos: no sa­
bíamos donde guarecernos, hasta que á
la luz de un terrible relámpago adver­
timos que no lejos de nosotros se veia
blanquear una fábrica, encaminémonos
hacia ella llenos de susto por las iras
con que amenazaba el cielo á nuestras
cabezas, y no con menor cuidado para
no hallar en la tierra un precipicio : el
resplandor de los relámpagos nos servia
de guia, y en breve nos hallamos in­
mediatos á unas paredes; ni encontré-

DE WANTON.

I 55

hamos la puerta para llam ar, ni habia
quien se condoliese de nosotros, y res­
pondiese á nuestros gritos; los relám­
pagos daban ya muy poca lu z, porque
habia pasado la fuerza de la tempestad;
pero* habia quedado la oscuridad en el
mismo grado: en este apuro determina­
mos desmontar, reatar los caballos, y
buscar á tientas la puerta de la casa.
Un gran trecho anduvimos palpan­
do las paredes, y parecía que se nos
huían las puertas : el susto sin medida
de Tulipán y el criad o , y las vulgares
impresiones en que estaban imbuidos,
iban hacie'ndolos creer que aquel era
castillo encantado, y asimismo se aca­
baron de persuadir á que esta y las de­
mas aventuras de la noche habian sido
presagiadas por el sobredicho eclipse.
Los necios y preocupados tienen unos
medios y modos mas exquisitos de con­
tristar sus ánim os, que el que examina
las cosas no por lo que aparecen, sino
por lo que en sí son: yo no decaí del
m ió , y asi á poco tiempo hallé la puer­
ta de aquel edificio: no respondían á
nuestros golpes, por lo que fue preci­
so franqueárnosla, aunque fuese violen-

156

VIAGB6

tándola; no fue necesario un grande im­
pulso para que se abriera; reinaba en
la interior un profundo silencio, que
junto á la oscuridad, acabo' de acobar­
dar á mis compañeros, y tira'ndose á
tierra medio desmayados, determina­
ron no levantarse de allí mientras la
luz no les descubriese el sitio en que
se hallaban: yo me paré un breve ins­
tante á reflexionar, y considerando que
hasta allí no había ocurrido cosa que
110 fuese mediante un efecto natural, y
que las incomodidades que habíamos
padecido habían sido respectivas al cuer­
po; pero que nada había pasado que
debiese hacer impresión de la tranqui­
lidad interior de un ánimo que forma­
se justas ideas de las cosas, sin que le
avilanase la falsa opinión que forma el
vulgo de los acasos y efectos naturales,
me determiné á entrar en aquella casa;
no separaba las manos de la pared pa­
ra que me sirviese de guia, y mis pa­
sos se dirigían con la mayor lentitud;
asi anduve largo trecho por un descu­
bierto que me parecía patio ó corralón,
sin que pudiese hallar otra cosa: mien­
tras mas me internaba encontraba peor

DE WANTON.

157

el sitio; no hallaba donde fijar el pie,
tropezando continuamente, y pareciéndome siempre que caminaba sobre mon­
tones de escombros; ya me picó la cu­
riosidad , y bajándome con mucho tien­
to haciendo equilibrio, eché la mano á
ver si por el tacto conocía el terreno
que me sostenía, y hallé.... confieso
que me sorprendí, y que el natural pa­
vor y sobresalto hicieron su oficio; erizáronseme los cabellos, y un sudor he­
lado cubrid todos mis miembros; hallé,
repito, unos frios montones de calave­
ras y huesos que estaba hollando, y
me rodeaban por todas partes: paréme
un corto rato en contemplación de tan
inesperado objeto, y ya algún tanto
recobrado, depuesto el susto, di entra­
da á las prudentes reflexiones.
Aun cuando estos tristes despojos,
decia entre m í, fuesen de otros hom­
bres como y o , ¿por qué he de dejarme
llevar de las ideas comunes , y he de
contemplarlos con una vista llena de
terror y espanto ? ¿ No son ellos unos
desordenados residuos de aquella mara­
villosa máquina, laberinto ó cárcel don­
de estuvo detenida y como encerrada

15^

VIAGES

toda la inexplicable grandeza de una
alma espiritual? Asi es. Pues lejos de
horrorizarme, deben llenarme de una
verdadera alegría, puesto que ofrecen á
mi vista una imagen de la mas dicho­
sa libertad: aquí paré mis pasos, pe­
netrado de un cierto respeto, y todo
transportado, dejándome llevar de una
profundísima meditación respectiva á
semejantes lugares: yo me consideré en
un cementerio, olvidado del pais en que
me hallaba, y como si pisara los hue­
sos de mis semejantes; las tinieblas que
me rodeaban, aquel silencio, aquella
quietud, y todos los aparatos medrosos
de los que se entregan á las ideas vul­
gares, eran para mí unos objetos subli­
mes : aquí yacen; aquí reposan, me de­
cían , ¿ pero con que diferencia ? el or­
gulloso , el soberbio en este lugar desa­
pareció para siempre; se contenta con la
miserable vanidad de que le pongan un
lisongero epitafio , reproduciendo sus
quiméricos títulos sobre una urna muy
dorada, que contiene unos huesos desnu­
dos, ó un cuerpo rodeado de una pesti­
lente corrupción. ¿De qué sirve tanto
nombre ostentoso á quien ya no tiene

DS

W ANTON.

159

nombre? ¿á quien la inexorable guadaña
de la muerte introdujo ya en la tenebro­
sa noche del olvido? Acércate ambicio­
so, lisongero, y considera esa calavera
helada, en que algún dia se fabricaban
los viciosos proyectos que ahora en la
tuya; mírala encerrada en esa apolillada
tum ba, en que ya dejó el tiempo inteli­
gibles los pomposos letrerones que en
otro tiempo grabo la vana ostentación
de su dueño. Pero por el contrario,
tú , varón justo, para quien fue la vi­
da un encadenamiento de infortunios,
¿qué importa que no hayas levantado
soberbios pirámides sobre tus cenizas,
si dejaste por eterno indeleble monu­
mento en la memoria de los mortales
los constantes y rectos caminos que se­
guiste del honor y la virtud ? ¡ Oh mil
veces dichoso tú , miserable, despre­
ciado , que miraste este lugar como tér­
mino de tus trabajos, como centro de
tu descanso ! Aproxímate , infeliz á
quien agovia la pesada cadena de una
continua desventura ; tu que naciste
objeto de las iras del soberbio, despre­
cio del poderoso, y juguete de la for­
tu n a, llena de gozo tu alma, esa tu

1 60

VIAGES

grande alma mucho mas hermosa y so­
segada que la del tirano que te aflige,
y mira esas reliquias de un cuerpo se­
mejante al tu y o , que ya descansa de
su pasada fatiga ; advierte como se apo­
yan sobre las de aquel gran seiior que
se desdeñaba en el mundo de que to­
case á su brocado la tosca jerga que
le malcubria de las inclemencias de los
tiempos.
Altamente embebido estaba en se­
mejantes consideraciones, cuando un
buho solitario, que temeroso de la hor­
rorosa tempestad se habia guarecido
entre aquellos esqueletos, dando un
ronco graznido, levanto' el vuelo para
mudar de sitio , y al apoyarse ( según
lo mas prob ab le) sobre una descarna­
da calavera ( tal vez de un gran perso­
nage , o de una delicada hermosura)
la hizo rodar desde la altura en que la
vana presunción la habia colocado has­
ta la profundidad, en que indistinta­
mente mezcladas estaban las de las per­
sonas mas abatidas y despreciables; el
cascado y sordo ruido que formo' al
bajar dando de unas en otras, como
extraño en aquel parage, en que rei-

DE WANTON.

I6 1

naba solo un melancólico silencio; me
hizo volver de mi éxtasis, mediante lo
cual proseguí mi camino con gran tien­
to ; pero por mas que lo procuré no
pude evitar, poniendo un pie en vago,
el tropezar y caer precipitado desde
lo mas alto de uno de aquellos monto­
nes : recibidme una sepultura , que
prevenida tal vez para algún cadáver
determinadamente, estaba abierta en
aquel cam po, y tras de mí me lle­
vé una porción no pequeña del mate­
rial de que abundaba el terreno : há­
lleme en un punto en las entrañas de
la tierra, lastimado del golpe, rodeado
del horror, enterrado en vid a , y ha­
bitando la región de los m uertos: ya
el pavor me desanimaba, ya me res­
tablecían las reflexiones, ya me aíligia
mi infeliz situación, ya me recobraba
la esperanza de mejorar de suerte : unas
veces acusaba de temeridad á mis dis­
cursos ; otras culpaba mi mala conduc­
ta; finalmente estuve batallando con
mi destino: y padeciendo con la po­
sible constancia mis*trabajos, hasta que
al fin de largo tiem p o, acabándose ya
mis fuerzas y resistencia, abrí los ojos,
T omo

iv .

i i

I62

VIAGES

y los volví hacia el cielo para pedir su
auxilio; pero ¡qué consuelo no recibiria mi alma cuando advertí que ya no
estaban densas las nubes, y que se des­
cubría alguna claridad, bien que entre
celages! A estos anuncios siguió pron­
tamente el todo de la serenidad; en
breve tiempo sp fueron retirando so­
bre los horizontes, y de grado en gra­
do iba recobrando su esplendor el disco
de la luna. Era tan profundo el hoyo
en que había caido, eran tantas las
calaveras y huesos que sobre mí se vi­
nieron, y estaba tan lleno de agua, y
escurridizo el terreno con lo mucho
que liabia llovido, que me fué impo­
sible por mas esfuerzos que hice salir
de aquel parage sin ser ayudado.
Mis compañeros, según después su­
pe, habían estado sujetos con los gri­
llos del miedo, hasta que con la cla­
ridad habian tomado algún aliento, y
determinaron entrar á buscarme; pero
apenas encontraron con los primeros
huesos, que ya con la luz de la luna
blanqueaban, y se distinguían clara­
mente, cuando reconociendo el lugar
en que se hallaban, cubiertos de sus-

DE WANTON.

16 3

to volvieron pies atras, y á no dete­
nerlos la ley de la amistad, por no de­
jarme solo , creo no hubieran parado
hasta verse dos leguas desviados de
aquel parage: detuviéronse á esperar­
me en la inmediación; pero no tan le­
jos que mis lastimosos ayes no llegasen
á sus oidos; gritaba llamándolos en mi
socorro, y á mi acento, sacando fuer­
zas de flaqueza, entraron á favorecer­
me; guiados de la voz llegaron al se­
pulcro en que había caido y asomán­
dose , quedaron sobrecogidos sin saber
lo que les pasaba, ni como babria su­
cedido aquello: yo conocí de qué na­
cía su inacción y pasmo y asi los ani­
mé diciéndoles: acercaos, amigos; acer­
caos sin pabor ni susto alguno; yo es­
toy aqui por un efecto natural, los
muertos no son capaces de tales accio­
nes , no traigáis á la memoria esos
cuentos que habéis oido varias veces,
juguetes muy buenos para arrullar ni­
ños: este es el pais del descanso, de
la quietud, del silencio: esos vampi­
ros, esos fantasmas, y la mayor parte
de esas apariciones no tienen mas cuer­
po que el que les da la débil fantasía,

164

viages

la malicia detestable, o la vulgar igno­
rancia: yo perdí el tino en medio de
las tinieblas; no pudo mantenerme la
débil subsistencia de los a'ridos hue­
sos que formaban un monton inme­
diato á esta hoya, lo cual junto á no
haber sentado bien el pie, fue causa de
que cayese dentro: el ligero peso de
ellos los precipito sobre mí, y la pro­
fu ndidad de ella , agregada á lo cena­
gosa y resbaladiza que la ha dejado
la mucha agua que ha recibido, me
imposibilita la salida sin vuestra ayu­
da. Estas razones les infundieron al­
gún ánimo, y últimamente favorecido
de sus esfuerzos salí de tan miserable
constitución.
El golpe, la humedad y la mala no­
che me habian dejado entumecido y
muy débil, y lo peor era que no te­
nia donde tomar reposo mas que la
desnuda tierra: ya asomaba la auro­
ra; y á beneficio de su luz determi­
nó Orozuz subir á un cerrillo que es­
taba inmediato por si desde él veia
alguna casa en que poder ir á descan­
sar; prontamente volvió á nosotros di­
ciendo, que como á cosa de doseientoj

DE W A N TO N .

I 65

pasos del cerrillo dicho se descubría
una que tenia muy buena traza. Yo
no estaba para ir á caballo , y á pie
necesitaba caminar sostenido, por lo
que y por la poca distancia , llevan­
do nuestros caballos de reata, llegué
ayudado de los dos á la puerta de la
casa referida.
Después de un largo llam ar, sa­
lió un venerable mono á una ven­
tana , y luego que por mayor se in­
formó de nuestras aventuras, mandó
abrir las puertas , que se ejecutó por
una horrorosa monaza, que nos sa­
ludó con tosquísimo cumplimiento, y
guió á Orozuz para que acomodase
las cabalgaduras. Nosotros subimos, y
como si nos experase aquel buen mo­
no muy de antemano, hallamos en
una cámara, aunque pequeña, aseada,
un par de camas con una elevación
que era menester una escalera para
subir á colocarse en ellas, unas sá­
banas muy sahumadas, y toda la ro­
pa oliendo á lim pia; sin hacernos de
rogar aceptamos la caridad de nues­
tro generoso huésped, quien para qui­
tarnos toda ocasión de cumplimien-

1

66

VIAGES

tos, mandd i la dicha mozallona que
sacase mis vestidos adonde se seca­
sen y limpiasen; y que de ningún
modo volviese á entrarlos, porque
aquel dia todo había de ser de des­
canso , y que á la hora que la pi­
diéremos se nos sirviese en la cama
la comida. Dimos expresivas gracias
por beneficios tan singulares y no
pensamos después mas que en des­
cansar y dormir á pierna suelta todo
aquel dia.

CArÍTÜLO XII.
Del buen hospedage que encontraron
después de su suceso.
N o quedd primor de los quedaba de
sí el parage en que nos hallábamos
que no gastasen con nosotros en aque­
lla caritativa casa, ya por la maííana
hallamos á nuestra respectiva cabece­
ra nuestros vestidos secos y lim pios; le­
van támonos cuando aun no sonaba

DE WANTON.

167

ruido alguno, y no queriendo inco­
modar nos mantuvimos paseando por
nuestra alcoba, y por una especie de
galería que había delante de e lla ,
aqui Tulipán halló gran complacencia
en las muchas y buenas pinturas que
la adornaban , acordándose de la co­
lección esquisita que había de ellas en
su casa; pero al llegar al medio de
ella, me llamo admirado, y me dijo:
¿ creereis que aunque en casa y en las
de algunos parientes y amigos de Simiópolis hay tal variedad de pinturas
como sabéis, me cogen de nuevo los
objetos que se representan en estas, y
que no hallo entre ellas los que por
allá apetece el gusto de los inteligentes?
Entonces me puse á registrarlas con
cuidado, y le respondí: sin duda , ami­
go , el dueño de esta casa tiene muy
esquisito el su y o ; aqui admiro, que
en una colección de pinturas mas que
mediana, no se halla una en que pue­
da tropezar la mas delicada modestia;
tampoco registro aquellos genios fabu­
losos ; tantas veces dibujados, de que
están llenas vuestras casas, los que por
su eterna repetición han hecho los pin-

1 68
VIAGES
tores tan fastidiosos á la vista, como
los poetas á los oidos, que apenas sa­
ben ensalzar á un he'roe, alabar una
hermosura o exagerar una acción de
cualquier tamaño sin traer á la compa­
ración media docena de estos persona­
ges ademas de sus soeces aptitudes , pues
no representan mas que ambiciones,
adulterios, robos, embriagueces y otros
vicios avivados á la imginacion por el
colorido y delicadeza del pincel; tam­
poco entre estas l)an dado lugar á las
adulatorias, que es otra especie de peste
en esta clase; me acuerdo haber visto
en una galería de vuestra casa, de la
mas diestra mano, la imagen de uno
de los mortales mas sangrientos que
habrá conocido el mundo, adornado
de todas las insignias del heroísmo,
deificado, y amenazando al orbe con
sus rayos, y entre las mas celebradas
del gabinete, la de aquel monstruo
que abortó el abismo para ruina de
tantos infelices, elevado, y en acción
de escribir sus opiniones, dictadas de
superiores luces; pero ¡que risa! ellos
desaparecieron, condenó el mundo sus
acciones y doctrina; y ia adulación del

DE VVANTON.

169

pintor no quedó mas que para ser es­
carnecida de los sabios.
Muy diferente es el gusto de nues­
tro hue'sped; algunos lienzos tiene aquí
que únicamente pueden servir á la di­
versión, pero los mas son emblemáti­
cos que instruyen, y en un abrir y
cerrar de ojos presentan las especies de
los diversos caracteres ( según presu­
mo) de algunos países remotos. ¡Ojalá
se apareciera por ah í, y nos los ex­
plicara! Mirad este primero; contiene
un personage magestuoso con un aire
de indolencia, mirando risueño despe­
dazarse á su costado unas aves de rapiíía , teniendo abrazados á un mismo
tiempo, y bajo de su manto acaricia­
dos perros y gatos, lobos y ovejas;
pero observados todos atentamente por
una zorra. Estotro que hace juego con
e'l representa á otro personage mon­
tado en un leopardo con alas, cuyos
pies se afirman en una roca en medio
del mar, en acción de bolar ha'cia unas
playas remotas que se divisan al fondo
del cuadro, con un azote ensangren­
tado en la mano izquierda, y una tea
encendida en la derecha; pero adver-

1



VI AGES

tid con que viveza, aunque entre som­
bras , se descubren allá ciertas figuras
en ademan de mofarse de sus fanfar­
ronadas amenazándole con desprecio:
á su espalda se dejan ver dadas las ma­
nos las figuras de la hipocondría y el
suicidio. Veamos ahora los dos que cor­
responden al frente: este primero re­
presenta un cinocéfalo de bastante edad,
pero sin pelo de barba, vestido de ne­
gro , llena de harina la cabeza, y en
acción de estar celoso de una jdven,
que burlándose de él se abraza con
una ridicula figura, vestida de un há­
bito lleno de remiendos de todos colo­
res, con una bolsa en la mano; pero se
demuestra que se templa toda su ira al
oir un golpe de música, que se cono­
ce vá á acompañar con sus ecos, se­
gún la aptitud de contorsiones, afec­
tación y afeminamiento con que está
delineado. La cuarta tiene mas que ver
que todas las demas. Mirad en aquel
rincón una mica llena de salserillas,
con un vestido y peinado de rara in­
vención, y tan extraordinario que en
un pedazo de cabeza está pegado al cas­
co, en otro se eleva extravagantemente,

DE W ANTON.

i y i

en otro está remangado y ancho, y en
otro caido y angosto; por allí se la
descubren perlas falsas; por allá plu­
m as, por la otra parte gasas, por esta
flores ; ¡ alabo la destreza del dibujo,
que en cabeza tan ruin supo colocar
tantas extravagancias! Mas extraíío si
cabe es el mico, su pareja, que se vé
en el otro rincón; y mas particular la
fantasía del pintor, pues siendo uno mis­
mo el sugeto, se advierte que insubsis­
tente en sus ideas, la mitad del rostro
muestra alegre, mirando á una botella
que tiene en su derecha, y la otra mi­
tad afligido, considerando un puñal que
esgrime en la izquierda: estos dos personages están en ademan de bailar al
son que les hace un coro de músicos
que tanen unos instrumentos nunca oi­
dos; aquel suena una caldera, el otro
una piedra de amolar, este mete ruido
con una caja que contiene una multi­
tud de baratijas, cintas, botones, blon­
das, piedras falsas & c.; el de mas allá
con una vara de medir sobre un mos­
trador lleno de diversas telas; y asi
otros varios llevando el compás con
una porción de libros ; los mas á la

1 ? '¿

VIAGES

rústica , aquel mico pequeilillo que ha­
ciendo gestos parece que dice: todos
á una; y es lo que mas extraño, lo
cuidadosamente que procura taparlos
con el faldón de su casaca, poniendo
también delante á algunos de su fac­
ción, para ocultarlos de aquel lince que
está en lo mas alto del cuadro miran
dolé atentamente.
Estando en esto, entró en la gale­
ría el amo de la casa vestido de una
ropa talar negra, con ciertos visos por
el pecho de color de teja: unos zapa­
tos ramplones, y un gorro calado hasta
las cejas; hízonos un cumplimiento tos­
co, pero expresivo; entablamos conver­
sación, y en ella demostraba unas me­
dianas luces, bien que amortiguadas
por el poco trato de gentes que tenia
entre aquellas brefías. Yo nací, nos
decía, en la capital de esta provincia;
pero los raros acasos de mi vida me
han puesto en la precisión de venir á
vivir entre estos aldeanos; salud y co­
modidades para mi subsistencia no me
faltan; pero como entre ellos no abun­
da la ociosidad, porque cada uno está
dedicado á su trabajo, ni aun con la

DE

W ANTON.

173

rusticidad de sus concurrencias puede*
divertirme; de aqui es, que suelo sa­
lir á esos caminos i caza de gente, que
me hace mucho favor en recibir mi
hospedage, pues de este modo logro
algunos ratos de compañía con quien
raciocinar, por lo que no teneis que
estimarme lo que ejecuto por mi mis­
ma conveniencia ; antes bien podéis
con toda franqueza admitir mi obse­
quio, inteligenciados en que recibiré
mayor favor , mientras sea mas dila­
tado el tiempo que os hospedéis en mi
casa: repetimos nuestro agradecimien­
to , y dejada la conversación de las
pinturas, que dijo habia heredado de
sus antecesores, con las que le sucedía
k> que á muchos de los literatos de
moda, que cargan de libros, que ni
entienden, ni sirven mas que de ocu­
par empolvados los huecos de los es­
tantes de su biblioteca; pasé á contarle
nuestras aventuras de la noche ante­
cedente.
No es extraño, me respondió, no
encontraseis lugar en donde refugiaros,
porque no le hay en todas estas inme­
diaciones; aquí se vive mas conforme

174

viages

á la primera institución de las cosas;
cada labrador posee una pequeña por­
ción de terreno que puede él mismo
cultivar, y en medio de él tiene su
choza ó casilla en que refugiarse de
noche, guardar sus bienes, y criar á
sus hijos: en llegando el tiempo del
agosto, no teniendo que hacer ya en
sus respectivas haciendas, salen en cua­
drillas ( y estos son los ejércitos que
habéis encontrado), y repartidos por
varias provincias del reino, se ocupan
en el trabajo mas penoso del campo,
resistiendo la abrasadora fuerza de los
rayos del sol i cuerpo descubierto con
un increible tesón, ganando miserable­
mente su vida á costa del mal trato
que se dan y del imponderable trabajo
á que tienen acostumbradas sus perso­
nas, hasta que finalizada aquella espe­
cie de labor, se restituyen á sus hoga­
res á proseguir en las propias, trayendo
á sus casas un decente repuesto que
han ahorrado á pagar de su pellejo; y
que han ganado con la venta de sus
hilados y lencería; con lo que tienen
para pasar su vida, y mantener á su nu­
merosa familia por todo el resto del año.

DE W ANTON.

1^5

Según lo que me decis, le repliqué,
ya conozco el lugar ó casa en donde
he pasado la noche; este es sin duda
el que teneis destinado para enterrar
vuestros muertos: asi es, seííor, me
respondió; aquel es un campo cercado,
adonde llevamos los cadáveres que per­
manecen debajo de tierra hasta que
quedan los huesos desnudos, que en­
tonces se hacinan arrimados á las pa­
redes; por acá no tenemos á los muer­
tos mezclados indistintamente con los
vivos, pues este tal campo no está con• tiguo á habitación alguna de los veci­
nos; asi es que no padecemos las inco­
modidades que de sepultarlos en po­
blado he oido diversas veces que suelen
experimentarse; y si os he de decir la
verdad, la costumbre que he leido te­
nían algunos antiguos pueblos de que­
marlos, jamás me pareció fuera de pro­
pósito ; porque si bien se examina, no
dejaban de fundarse en cierta razón de
limpieza y conveniencia; porque yo
no encuentro mas que cinco maneras
de disponer de los cadáveres; esto es,
ó sepultarlos desde luego en los vien­
tres de las fieras, ó hacerlos ceniza, ó

176

VIAGES

dejarlos suspendidos en el aire para
pasto de las a v e s, ó arrojarlos ata­
dos á un gran peso al fondo del mar á
ser mantenimiento de los peces; ó últi­
mamente depositarlos en la tierra, tal
vez dentro de cajas ricas y bien res­
guardadas (lo cual pocos pueden hacer),
en donde se vayan pudriendo, y lle­
nando de asquerosos gusanos, hasta que
quedan sus huesos á ser objeto de lás­
tima y del m iedo: en esta inteligencia,
yo dijera que el mas noble y honroso
destino de estos cinco que puede darse
á un cadáver es el de entregarle a¡ fue­
go , por ser el mas puro y resplande­
ciente de los elementos, enemigo de la
corru pción , que purifica y consume
toda materia asquerosa y pestilente,
vecino del cielo , y signo de la inmor­
talidad; todo contrario del de la tierra,
que es la sentina del m un do, madre
de la podredumbre, habitación de ti­
nieblas y gusanos, que son causa del
horro r, del asco y de la ignominia,
pues quedan nuestros cadáveres igua­
les en este punto á los de las mas des­
preciables bestias de la tierra. ¡Cuánto
menos horroroso espectáculo serian unas

CE W/NTON.

'2¿7

blancas y limpias cenizas, en que se
convirtió el cuerpo de un hóroe, ó
cualquiera otro personage, cuya me­
moria deba conservarse, ocupando una
pequeña urna, que los miserables des­
pojos de su esqueleto, en que se en­
cuentran mas motivos de pavor ó lás­
tima , que de respeto ó veneración!
Asi raciocinaba únicamente con las lu­
ces naturales aquel filósofo, á quien
respondiendo di á entender la venera­
ble antigüedad y bien fundadas razo­
nes en que se sostenía la actual cos­
tumbre adoptada generalmente, sin ex­
playarme á mas de aquello de que ól
rae pareció capaz. Si se convenció ó
n o , no puedo decir; lo cierto es que
calló; tal vez seria efecto de modera­
ción , no creyendo del caso la disputa
sobre esta m ateria; ademas de esto ya
se había llegado la hora de com er; por
lo cual fue necesario dejar todo otro
asunto que el de ir á recibir su favor
en la mesa.

T omo iv .

i2

I78

VIAGES

% / % ^ / % / % / W W W W V-■%
. V l " » \ %/%V w

V

CAPÍTULO XIII.
D e la clase y carácter
Cánamo.

del

maestro

L u e g o que finalizó nuestra comida,
deseoso de tener mas noticias de aque­
lla provincia y de sus moradores, le
pregunté si acaso el hoyo en que yo
caí estaba preparado para algún cadá­
ver del d ia ; á lo que me respondió
prontamente con un suspiro: ayer, se­
rior , metimos en él á uno de los mas
honrados labradores y venerables an­
cianos de la aldea; éste ( y por su pin­
tura reconoced la mayor parte de los
de este p a is) nació hijo de uno de
nuestros vecinos, que le dió una edu­
cación proporcionada á su posibilidad,
inspirándole las acciones virtuosas, y
estimación á sus semejantes; cuando
sus fuerzas aun no eran robustas, se­
guía á su padre, instruyéndose en las
labores en que algún dia había de ocu­
parse : creció, y se unió en casamien-

DE W A N T O N .

179

to á la bija del vecino mas inmedia­
to á su casa, que sino era la mas rica
del pueblo , era sí para él la mas pro­
porcionada , pues se agregaba de este
modo su hacienda á la de su consorte,
y podía con mas comodidad cultivar­
la y fomentarla : su trabajo correspon­
dió á sus esperanzas , y sus cosechas
se aumentaban á proporción de su cui­
dado : viendo á su padre anciano , no
le permitió volver á echar la mano al
arado; porque supo á costa de enca­
llecer las suyas, hacerle reposar de sus
largas fatigas: en la temporada que sus
campos le dejaban descansar, huyen­
do del ocio, buscaba en las provincias
remotas las ocasiones y modos de au­
mentar su caudal, y de proseguir en­
dureciéndose en el trabajo : cincuenta
años seguidos salió de la aldea con la
hoz al hombro , y con la tela que su
esposa hiló en el rigor del invierno de­
bajo del brazo : la sombra que le re­
frigeraba en el ardor de la siesta y de­
fendía de los rayos del sol, debió á la
solicitud con que plantó los frutales
que se le enviaban; el grano de sus
trojes era efecto del sudor de su ros-

l8 o

VIAGES

t í o ; y el vino que parcamente be­
bía se había exprimido de los racimos
que produjeron sus vides: enemigo ju­
rado de la holgazanería; de cuatro hi­
jos que tuvo encargó á dos el cultivo
de su hacienda , y dedicó los otros dos
de mejor talla y presencia al uso de las
armas, animándolos con el ejemplo de
sus compatriotas, c inflamándolos con
el entusiasmo del amor de la pátria, y
el común concepto de excelentes guer­
reros, que habían adquirido sus natu­
rales por todos los siglos anteriores.
. ¡ Cómo blasfemaba de aquellos pai­
sanos suyos, que abandonada la hon­
radez de una ú otra verdadera y útil
carrera, entraban en la de la bribo­
nería, y últimamente la coronaban con
vestir una librea , con echarse al hom­
bro un esportillo de compra, que les
adquiría el nombre de sisones, esto es,
de ladrones frecuentes, públicos y sin
peligro , ó cuando mas con solicitar
una triste ganancia, ya hechos machos
de litera, sosteniendo una silla de ma­
rros, ya comprimida su cabeza , encar­
nizados sus ojos, y brotando á canos
f l sudor de su rostro con el enorme

DE W ANTON.

18 1

peso de on fardo que sufren sobre su»
costillas, carga mas propia para una
bestia, que para nuestros semejantes!
Huid, decía á sus hijos aun jóvenes,
huid á toda costa de que el rico, el
soberbio, el vano se ria de vosotros,
no mas que porque tiene dinero, solo
porque sois pobres r dos carreras honra­
das y seguras se os preparan, las ar­
mas y la agricultura; confundid su or­
gullo y sus vicios con vuestra honra­
dez y vuestra virtud. Luego que el pe­
so de sus dias le agovió la espalda;
luego que la edad de mas de ochenta
años debilitó sus piernas, obligándole
á echar mano á un báculo para soste­
nerse , servia á toda la aldea con su
cabeza; aquel acopio de experiencias,
que por tan larga edad habia adquiri­
do, aquel exacto cálculo del tiempo pa­
ra las labores mas oportunas de cada
estación , y aquella astronomía natu­
ral que para la variación de los tiem­
pos y oportunidad de las prevenciones
campestres habia estudiado en la obser­
vación de los astros, eran el norte mas
seguro de todos estos labradores , y
fomentaban toda la felicidad de la al-

18 i

VI ACES

í

dea. Ved pues, señores, en este cortí­
simo rasgo ó pintura de un personage
mas digno de ser alabado que los cele­
brados héroes que apuran los mármo­
les y bronces, porque devastaron la
tierra , regando sus laureles con copio­
sísimos arroyos de sangre; ¡ qué pérdi­
da la nuestra en el dia en que amane­
cimos privados de vecino tan ú til, y
en la tarde en que depositamos en las
entrañas de la tierra un dechado de la
honradez, un ejemplar de la virtud mas
sencilla!
¡O h, exclamé yo entonces, si los
sugetos á quienes he oido elogiar des­
pués de sus dias, hubieran poseido un
fondo de acciones virtuosas, semejan­
tes á las que nos describis de vuestro
aldeano , como no hubiera tenido á sus
panegiristas por unos indecentes adu­
ladores ! Al oir un lúgubre epicedio, ó
una parentación acerca de las accio­
nes y virtudes de un poltrón poderoso,
que fue rico de nacimiento , y mal­
gastador de vicio; de un privado que
ascendió por tramoya , y se mantu­
vo por industria; de un político impío,
de un ministro ambicioso, de una se-

DE W ANTON.

18 3

flora.... no quisiera enardecerme en es­
te punto, que basta insinuar: al oir,
repito , que hay quien tenga la debili­
dad de emplear sus voces y energía á
favor de semejantes sugetos; no se co­
mo no hay quien le interrumpa con
viva voz llena de celo , y le diga: ca­
lla , miserable adulador; si á las ya
frias cenizas de ese monstruo del m un­
do tributas unos humos de tan servil
incienso, ¿ como llegarán tus sentimien­
tos á los oidos de los poderosos de la
tierra que aun viven ? ¿ que caudal po­
drá hacerse de tus alabanzas de los que
no han muerto si asi las prodigalizas
con los indignos que ya no existen ?
De «qui tomamos pie para dar un re­
paso por aquellos que no solo han te­
nido valor para decirlo, sino que han
llegado á la increible osadía de pa­
sarlo á la posteridad , dejando libros
enteros de este asunto, que son otros
tantos testimonios de su adulación, ó
por la parte mas piadosa, de su bajo
interes.
En estas conversaciones pasamos
gran rato, y en pasear aquellos cam­
pos algunos d ia s, en que disfrutamos

1 84

VIAGES

la amable hospitalidad del licenciado
Nabos nuestro huésped ; al cabo de
ellos , aunque con sentimiento suyo
y de Orozuz, á quien iba alli muy
bien, y ya habia tomado carnes con
la olla boba que se le habia venido á
las manos sin trabajo , nos despedimos,
y con una guia de la tierra partimos
para el próximo puerto de xm ar, como
llevábamos premeditado. A pocas jor­
nadas , y no sin algunas incomodida­
des, llegamos á él, é inmediatamente
buscamos la casa de la señora Pavía,
criada que habia sido de la del señor
Nuez-metéla , y adonde nos dirigió es­
te caballero , cuando disfrutamos en
Egestaria el favor de su generosidad;
la suavidad de su genio, y la recomen­
dación de su señorito, como ella de­
cía, nos facilitaron una bella acogida
en su casa, exenta del fastidio de las
ceremonias y cumplimientos que hu­
biéramos tenido en cualquiera otra ca­
sa de aquellos mas erguidos inopialos:
estos ya por la curiosidad de verme y
oirme, por la fama general que Ro­
berto y yo teníamos en todo el reino,
ya por la natural civilidad suya, ya

DE WANTON.

18 5

por las circunstancias de mi compañe­
ro , vinieron prontamente á cumpli­
mentarnos. Es la ciudad regalada , y de
buen tem ple, aunque de un piso fa­
tal : nuestro hospedage nada tenia de
ostentoso; pero no nos hallamos muy
mal en él pasados los primeros dias,
acostumbradas ya nuestras narices ai
olor del cerote: era nuestro huésped
un maestro de obra prima, excelente
en su oficio, y mas excelente en su
honradez, por lo cual le elegimos pa­
ra conductor nuestro en los dias que
allí estuvimos examinando las magnífi­
cas obras que hay que admirar.
Pero antes de determinarnos á ir á
dar un paseo por el pueblo, no pu­
dimos menos de extrañar cierta singu­
laridad que advertimos en casa de nues­
tro buen huésped ; no solo los ban­
quillos en que él y sus oficiales tra­
bajaban eran de tres pies, según esti­
lo de estos menestrales, sino que todo
mueble que se sostenía en pies estaba
sobre tres, y no sobre cuatro, como
generalmente se acostumbra: las sille­
tas eran trípodes, y trípodes las me­
sas lo mismo eran un escalio que ha-

1 86

VIAGES

bia en la cocina, el escaparate en que
guardaba los zapatos mas primorosos,
y el armario del pan : por último,
para no ser molesto , el tablado de
cada una de las camas se sostenía so­
bre tres pies derechos.
No pudimos menos de preguntar al
señor maestro la causa de aquella ra­
reza ; y él que era complaeente, nos
respondió sin hacérnosla desear por
mas tiempo: sabréis, señores, que por
este pais hay cierta costumbre que lla­
man inmemorial, de exigir uno de los
mas tiranos tributos que habréis oido;
en la aldea en que yo viví antes de
venir á este puerto, que pertenecía á
cierto señor del reino, estaba en su
mayor fuerza esta impiedad: llámase el
expresado impuesto la Quejicosa; quizá
por las quejas , llantos y suspiros que
suele acarrear su paga : redúcese ésta á
contribuir al señor del territorio, lue­
go que muere algún vecino , con la
mejor alhaja del difunto , que vienen
á exigir los arrendatarios , administra­
dores ó mayordomos del tal señor con
mano cruel y poderosa: sobre esta ter­
rible costumbre se ha introducido otra

DE W A N T 0N .
I 87
acerca de la inteligencia que se dá, de
cual se ha de creer la mejor alhaja que
dejó el difunto, y ya sin tergiversa­
ción se entiende un cuadrúpedo; pues
con esto no queda vaca, buey, oveja
ú haca que no sea despojo de esta ga­
bela ; pero lo que hay mas gracioso en
el asunto e s , que cuando la pobreza
llega al extremo de que carezca aquel
infeliz vecino de algún animalejo de
aquella ó semejante clase, no por eso
aquellos insaciables monstruos se satis­
facen, antes bien por no faltar á su
decantada costumbre y antiguo derecho
( aquí de vuestras carcajadas) echan
mauo de una mesa , una silla ó cosa
semejante , pues con tal que tenga cua­
tro palitroques que la sostengan (lla­
mados pies), dicen que también debe
comprenderse bajo el nombre genérico
cuadrúpedo, que es el que hallan en
su instrucción y formulario.
Prescindo ahora, porque no es del
caso, de los gravísimos inconvenientes
y lastimosas consecuencias que se dedu­
cen de tan infaustas exacciones como
yo, llenos mis ojos de lágrimas, he vis­
to j pero ya que el poner remedio á es-

I 88

VIA (ÍES

tos perjuicios no corresponde £ un po­
bre zapatero ; como cada uno en su
casa es un pequeño legislador en cier­
tos términos, considerando yo la ridi­
cula extravagancia de las exacciones en
el modo dicho j y no teniendo ganados
o- animal alguno cuadrúpedo , determi­
ne' no tener asimismo cuadrúpedos mis
muebles: con esto mis hijos ó mi viu­
da podrán tal vez librarse de estas aves
de rapiña, pues si por tanto defienden
ellos su derecho de pillar una mesa &c.,
porque llamando pies á sus cuatro sus­
tentáculos , debe comprenderse en la
costumbre de exigir un cuadrúpedo, mis
herederos probarán su excepción cum­
plidamente siempre que no sean cua­
drúpedas sino trípodes mis alhajas; y yo
creo que la risa de esta instancia seria
capaz de hacerme resucitar si fuese po­
sible. Reimos todos la especie , y que­
damos satisfechos.
Habiendo comenzado á poner en
práctica nuestra curiosa distribución,
llegue' á advertir en las primeras veces
cuando salimos de cosa, que Cáñamo
(asi se llamaba nuestro zapatero) iba
algo detras de nosotros, y desgorrado;

D E WAJfTON.

18 9

en la primera salidí. lo creí, ó casua­
lidad, ó propia conveniencia; pero lue­
go conocí que lo ejecutaba con estudio,
y asi le pregunté que por qué no venia
á nuestro lado. ¿A vuestro lado? me
respondió; ] parecería muy bien que un
pobre menestral como yo fuese igual
por la calle con unos señores de tal
clase! Pues es bueno que los que ba­
jan mucho de punto se desdeñan de ello,
¿ y vuestra grandeza había de pasar por
semejante desdoro ? Aquí estamos ense­
ñados á estar delante de las persones de
gerarquía elevada con una particular
sumisión, los ojos bajos, el cuerpo con
una temerosa compostura, y el sombre­
ro en la mano, mientras ellos, mirán­
donos arrugado el entrecejo y con ojos
de compasión, arqueadas las cejas, nos
deelaran su patrocinio, que para nada
nos sirve; nos hablan poco y burlesco*
como cuando se trata con gente igno­
rante; nos vuelven la espalda sin dar­
nos respuesta, y se dignan de admitir
nuestras obras sin pagarlas, hasta que
nos cueste una docena de paseos desde
nuestras casas á sus zaguanes.
Pues nosotros, le respondí, amigo

190

VIAGES

Cáñamo, tratamos de otra manera á las
personas con quienes conversamos; ve­
neramos la virtud en cualquiera sugeto
que la hallamos; tenemos buena corres­
pondencia con el que por su trato la
merece, aunque sea un pobre oficial;
asi como nos es un objeto de desprecio
aquel que es indigno esclavo de sus vi­
cios, aunque los accidentes de su cuna
le hayan constituido en la mas alta
clase del reino. Si se tratase, anadió
Tulipán, de encontrar nuestras casas
por medio de un casamiento, ya habia mas disculpa para hacer la distin­
ción y acepción de personas; sufrible
seria entonces averiguar y escudrinar
escrupulosamente qué familia habia de­
jado el azadón de las manos primero
que otra que se hallase en igual grado;
pero cuando gira el asunto sobre la co­
municación de los espíritus y el trato
familiar, la nobleza, la riqueza, la
hermosura y la graduación del sugeto,
son accidentes muy fuera de propósito;
y asi, con licencia de mi compañero,
que veo piensa' del mismo modo, su­
puesta la cultura que en vos, señor Cá­
ñamo, hemos experimentado, como tam-

DE WAKTON.

191

bien vuestra buena crianza, y todas las
demas prendas que deberían envidiar,
venir á imitar muchísimos de los fan­
tasmones tan ridículos como nobles de
la corte; venid desde hoy en adelante
á nuestro lado, terciad en nuestras con­
versaciones, especialmente cuando es­
tamos solos, y favorecednos con vues­
tras amenas noticias, inteligenciado de
que estamos muy persuadidos á que el
espíritu no está sujeto á los accidentes
de la fortuna. Asi lo hizo en adelante,
aunque como tenia prudencia, usaba,
y no abusaba de la franqueza de trato
que le habíamos permitido; y no obs­
tante él y nosotros no dejamos de ser
objeto de la murmuración, particular­
mente de aquellas damas, cuya vanidad
y soberbia está tan en su punto, que
creen contaminadas su nobleza y pre­
eminencias si cuando semejantes infeli­
ces las hablan, no las rinden poco me­
nos que adoraciones, exceptuando úni­
camente el caso de cuando sus capri­
chos las avillanan hasta pasar con ellos
íu s mas ridículos oficios.

19 2

V1AGE 3

/V V - '4/% /% /% \ X -"V/ X / W %, X /X X X X / X X /X /X 'X<X

CAPITULO XIV.
Llegan Enrique y Tulipán d las costas
meridionales de aquel continente.

N o es dudable el buen trato de gen­
tes que hay en la ciudad de que iba
hablando ; sus bellas proporciones y
agradable acogida atraen ’á muchos fo­
rasteros, de cuyas conversaciones solía­
mos Tulipán y yo disfrutar diversos
dias , instruyéndonos en varios puntos
curiosos por este medio. Como nuestro
hospedage no nos causaba sujeción,
cuando nos parecía nos íbamos á comer
á una casa pública que había para este
destino en la ciudad, en donde á costa
de la corta cantidad con que cada uno
contribuye, se pone una mesa decente,
á la que generalmente concurren los extrangeros que desean conversación. En
una de estas ocasiones tuvimos la sobre­
mesa muy divertida con cierto diálogo
entre un mono del pais y otro forastero
que llegaron á contrapuntarse: era este
un monago cetrino, adornado de cuatro

DE

W AN TO N .

I93

trapitos curiosos, pero de poco valor:
en la conversación afluente y exagerativo, con su granito de sal que le ame­
nizaba , y el semblante con aire de im­
poner sujeción á los concurrentes: su
contrincante era mas basto y tardo en
la explicación, de una espera que to­
caba en majadería, y de una acción y
gesto burlesco, que suplía la gracia de
que carecía su lenguaje; uno y otro
tenia su respectivo acento cerrado pro­
vin cial, mediante lo cu a l, cuando los
dos se alteraban en la reyerta y habla­
ban á un tiempo, ni se entendían entre
s í, ni los entendíamos los oyentes. Uno
de los puntos que mas se controvertían
era el de la alabanza de sus patrias res­
pectivas : el forastero era de una de las
provincias meridionales de aquel con­
tinente , que según supe después, hacia
muchos tiempos que tenían la preten­
sión de preferencia sobre las restantes del
reino; difícil empeño, y ^ J-e continua­
mente estaba exponiendo á pesados lan­
ces á sus naturales, esto es, á aquellos
que tenían la facilidad de persuadírselo,
no á otros que después halle' muy sensa­
tos, que aunque conocían las ventajas de
T omo i v .

i3

194

VI AGES

su país en la fertilidad y hermosura,
no dejaban de advertir estos mismos be­
neficios proporcionalmente en otros, asi
como los defectos de su propio suelo.
Nuestro mono por el contrario, era
de aquellos solemnes mentecatos, capa­
ces de desacreditar á cualquiera provin­
cia si hubiera de conocerse el paño por
la muestra : falto de toda crianza, en­
tre otras cosas, con un tono de despre­
cio, trato de mísero aquel país, y de
mezquinos á sus naturales ; á cuyos
dicterios respondid su contrario, toman­
do un polvo con grande pausa; no hay
que hacer, habéis tocado el punto con
que podéis zaherirnos mas á vuestra
satisfacción: es cierto que este pais es
pobre; pero con ese recado id á la na­
turaleza: lo que no tiene disputa es,
que en lo que admite cultura no se des­
cuidan sus habitantes, que estos se con­
tentan con lo que da de s í ; y que de
ninguna otra provincia hallareis menos
holgazanes: ademas que no obstante
vuestra decantada fertilidad, no creo
que en vuestro pais todos indistintamen­
te sean poderosos, y yo he conocido tan
lindos hambrones de por allá, como de

DE WAKTTOM.

195

cualquiera otra parte. Yo no sé, repli­
co el otro, como puede ser eso en cuan­
to á la gente de circunstancias; porque
allí el que menos tiene dentro de su ca­
sa un decente modo de pasar la vida,
y esto es no hablando de los mayorazgos:
yo os propondré un buen ejemplo: no­
sotros somos oclio hermanos varones y
cuatro hembras; mi casa no pasa de
mediana; pues con todo eso, no con­
tando aun el mayor que lleva la casa,
ni con el que se le sigue, que tiene su
mayorazguillo de segundos, que no pasa
de cuatro mil ducados de renta , ni ha­
ciendo tampoco caso de los que se funda­
ron para dote de mi hermana la condesa,
y para mi otra hermana la marquesa, so­
lo en dinero efectivo partimos á cien mil
pesos cada uno, que es con lo que yo
me ando bandeando; y espero si me saje
bien el asuntillo en que me he metido,
volver á mi casa doblado mi capital.
Un mono ya provecto, que estaba
junto á m í, con traza de padecer ac­
cidentes hipocondriacos, y que duran­
te la comida y la sobremesa 110 había
hablado cuatro palabras, luego que oyd
la pasada descarga, se levanto impa-

196

VI ACE S

cíente, y comenzó á dar paseos por la
sala, los que no dejó hasta que el re­
ferido monuelo, con pretexto de cier­
tos quehaceres, desembarazó el puesto;
sosegóse entonces el d icho, recobró su
asiento, y nos dijo : no fue efecto, se­
ñores , de mala crianza la descompos­
tura que en mi habréis notado, sino
de no poder aguantar mas á semejan­
te embustero: le conozco muy bien y
á su casa; y el mayorazguillo de se­
gundos y primeros se reduce á que su
padre vivió siempre del contrabando,
por lo que acerca de los cien mil pesos
quedará me parece servido quitando á
la cantidad la palabra m il, y dejando
sola la de ciento: este es uno de los
caballeros de la industria, que salen de
su pais con muchísima lábia y poquí­
sima sustancia; tampoco quiero que por
tales muñecos se haga juicio de aque­
llas magníficas provincias; he estado en
ellas, y desde luego confieso que su
abundancia , su hermosura , su comer­
cio y su variedad las hacen digno ob­
jeto de un viagero.
Hizo una breve explicación de ellas
el referido mono , pintándolas con tan

DE

WANTON.

I97

hermosos y vivos coloridos y que desde
luego formé la idea de verlas; comuniquéla en casa con Tulipán, y condes­
cendió gustoso, por lo que determina­
mos ponerla en práctica inmediatamen­
te. Bien hubiera yo querido hacer el
viage por tierra, siguiendo la banda
del poniente para ver sus provincias
aunque fuese de paso hasta llegar á las
meridionales ; pero mi compañero se
opuso fuertemente á este proyecto. Esas
costas, me decia, están habitadas por
una gente ’vana, hinchada y muy opues­
ta á nosotros; exceptuando la capital
no hay en toda su extension cosa par­
ticular que llame nuestra atención, y
esto solo no es bastante para que va­
mos á experimentar tal vez mala aco­
gida en sus naturales; mucho mas hay
que recelar esto, por cuanto no tie­
nen noticia de vuestra persona, y acaso
la admiración que hallasteis en la no­
bleza de Sim iópolis, puede ser que
entre ellos sea burla ó desprecio por
falta de civilización ; la clase que me
distingue de poca sombra podría allí
serviros, porque no seria el primero de
la roia á quien no han respetado los

198

VIAGE5

vecinos de su metrópoli, ¿que podra­
mos pues esperar de lo restante de aque­
lla provincia? Estad entendido de que
sola la razón de simiopoiitano es bas­
tante motivo para experimentar los efec­
tos de su mala crianza , que tanto mas
os daría en rostro, cuanto mas opuesta
es á vuestro modo de pensar; y para
cada persona que podriamos encontrar
bien educada, y de trato racional, ten­
dríamos primero que sufrir millares
de necios de la baja plebe ( que es
de quien con particularidad voy ha­
blando) llenos de ridicula hinchazón,
fastidiosos , y tan extravagantemente
preocupados por su tierra, que se creen
equivalentes ellos solos al resto del
mundo.
No extrañe mucho esta última espe­
cie en aquellos remotísimos paises, por­
que ya había reido á carcajadas otra
semejante que leí escapada de una áéria y elegante pluma dias hace en nues­
tra Europa. Bien comprendí al mismo
tiempo que las proposiciones de Tuli­
pán contenían demasiada exageracion9
dimanada de su natural oposición á
aquellos habitantes, de quienes habia

1)13 W A N TO N .

I99

oido en otros tiempos, que no obs­
tante sus vicios conocidos, tenían tam­
bién sus virtudes y heroicidades con
que compensarlos; pero pudo mas que
mi curiosidad el deseo de complacer
á Tulipán; y asi de acuerdo con ¿1
fleté una lanchilla, que es la especie
de embarcaciones que por allí se reco­
nocen , y con las que hacen sus natu­
rales los viages de unos á otros puer­
tos; y una maíiana en que el mar es­
taba sosegado, y despejada la atmos­
fera, salimos costeando, encaminados
á la ciudad mas famosa, rica y de ma­
yor comercio entre las marítimas de
aquel reino.
En breves dias, después de algunos
sustos origiinados de la poca seguridad
del vaso qiue nos transportaba, y de
los peligros del camino, cuando los ví­
veres se nos iban acabando, logramos
entrar por su bahía: confieso que me
sorprendieron á primera vista su her­
mosura , fortaleza y situación : desem­
barcamos por fin, entramos por sus
puertas; y por el favor de nuestro di­
nero hubo muchos de los monos que
estaban en la playa que á porfía solici-

200

VI AGES

taban servirnos conduciendo las male­
tas , y dirigiéndonos á una de las mu­
chas posadas decentes de que abunda
la ciudad. Antes que nosotros habían
llegado recomendaciones de la corte
para que nos agasajasen ; esto agregado
al natural buen trato que se acostum­
bra allí tener con los forasteros, nos
proporcionó muy buena acogida. Está
la ciudad llena de extrangeros de to­
dos los estados y dominios conocidos
en aquellos países, unos de paso , y
otros establecidos, y todos deseosos de
cortejar á sus amigos; nosotros entrá­
bamos en este número para con los
mas distinguidos de Polypiticon, que
era como se llamaba la ciudad, y en­
tre todos nos declaro mas á manos lle­
nas su protección el señor Plátano, co­
merciante poderoso, y de un corazón
muy franco. Recorrimos con él las
obras públicas, que son magníficas,
asistimos á los teatros, que daban de
sí mucho asunto de diversión ; y por
ñltimo determinó solo por festejarnos
tener un gran banquete en su casa.
No solo nos contentábamos con re­
correr lo que habia mas digno de verse

DE W ANTON.

201

dentro de la ciudad, sino también en
las inmediaciones: no cabiendo sus ve­
cinos en la estrechez de sus muros solo
con nombre de casas de placer han
sabido edificar á poca distancia una
que pudiera pasar por famosa ciudad,
y aun competir en cierto modo con la
principal: ¡qué palacios! ¡que' jardines!
¡ qué brillantez ! ¡ qué lejos de allí
creíamos las miserias y trabajos, per­
petuos compañeros de nuestra triste
v id a! Pero cierto dia nuestro sabio
compañero, inmediatamente que nos
vio tan admirados, quiso darnos otro
espectáculo mas digno de considera­
ción : volved el rostro, nos dijo, y
desde la vista de esa grandeza llevad
los ojos á esa casa que se divisa no le­
jos ; ó mejor asomad la cabeza y re­
gistrad lo que hay dentro: asi lo hici­
mos; pero ¿quién podrá explicar la
conmoción que sintió mi alma al ver
tan lastimoso objeto? En una sala, ó
mas bien sucia caballeriza, estrecha
para la décima parte de lo que conte­
nia , se encerraban muchos centenares
de monos que unos á otros se oprimian,
respirando dificultosamente, y teniendo

20 2

VI AGES

que sufrirse mutuamente los alientos,
cubrían sus carnes con unas asque­
rosas y mal tratarlas ropas, abrigo de
innumerables incómodos animalillos; y
comian un pan correspondiente á su
destino: el ruido de las cadenas, el
pestilencial olor, originado de los eflu­
vios que exbalaban los cuerpos de aque­
llos desdichados, y las lágrimas, mal­
diciones y gritos de su desesperación,
abandono y corage que por todos los
ángulos resonaban , eran la mas viva
representación ó irnágen del infierno:
no pudimos sufrir mucho tiempo tan
lastimoso espectáculo; y Tulipán ex­
clamó : ¡ será posible que estos sean
mis semejantes! ¡Estos son de mi mis­
ma naturaleza! ¡Aun las fieras creo
no podrían tolerar este castigo! ¿De
que os aprovecha, infelices, esa mi­
serable vida que escapó entre los hor­
rores de una estrecha cárcel de los fi­
los de la espada de la justicia, si aquí
acompañado de la privación de vues­
tra libertad, se ha precipitado sobre
vuestras cabezas todo el rigor de la
suerte inas im portuna, mas cruel y
mas digna de conmiseración ? Muy

DE WAN T O N .

Zrj

enormes serán vuestros delitos, cuan­
do les ha correspondido tan crecida
pena. No gastan mucho tiempo los di­
chosos en hacer consideraciones sobre
las desventuras y miserias de sus se­
mejantes , porque creen que solo el
pensamiento de las lástimas es capaz
de contaminar su buena fortuna; asi es
que el señor Plátano no quiso que por
mas tiempo permaneciéremos en aquel
lugar de desdichas: separónos para en­
señarnos algunos otros objetos dignos
de la mas atenta curiosidad ; y asi
disipo algún tanto nuestras compasi­
vas ideas.
Llegó el dia por fin del gran con­
vite en casa del señor Plátano , y á la
hora regular nos fuimos acercando á
ella: hallárnosla toda adornada de mue­
bles tan aseados como ricos; la mesa
estaba prevenida con una ostentación
digna de un príncipe; sus aparado­
res, vajilla y servidumbre no respi­
raban mas que opulencia, y por ul­
timo, la delicadeza de los manjares y
licores podia competir con la de las
mesas mas finas de la corte. Mucho me
alegré de haber presenciado este ban-

204

VIAGES

quete, en que pude desimpresionarme
de algunas de las necias ideas que tie­
nen y oí varias veces en Simiópolis
acerca del comercio y de los individuos
á él dedicados en este y otros puertos
de aquellos dominios. Estos son unos
sugetos, generalmente hablando, cria­
dos en el seno de la abundancia, que
jamás vieron el rostro á la necesidad,
y por tanto con mucha dificultad pue­
den dar entrada á pensamientos ruines
y villanos, por lo común hijos de la
pobreza: el trato que tuve con ellos
por medio de mi am igo, me dió á co­
nocer sus amables partidas, buena crian­
za, y sobre todo el lucimiento con que
se tratan, sin perdonar gasto alguno
que conduzca á la brillantez y como­
didad de sus personas, en tanto grado
que ya me pareció exceso, y que abu­
saban de sus riquezas por medio de un
culpable lujo; y asi se lo dije un dia
á nuestro dicho am igo; pero él me sa­
tisfizo, dándome á entender que la mag­
nificencia de los particulares respectiva
á sus haberes no era el lujo perjudi­
cial sobre que debe levantarse el grito;
que ellos eran los que tenían el di-

DE WANTON.

2C>5

ñero del reino, adquirido á fuerza de
su industria, y de los peligros á que
se exponen continuamente; y asi si se
determinasen á guardarlo, cada vez le
irian aumentando exorbitantemente con
notable perjuicio del común; pero poT
el contrario, su esplendidez era causa
de que ocupados los artífices y arte­
sanos, ganasen todos en sus respecti­
vas manufacturas, y el dinero girase
en conveniencia de los aplicados y fo­
mento de la industria: y en cuanto á
los repetidos convites, me añadid, que
tenian también su razón de convenien­
cia; pues al mismo tiempo que cum­
plían con los forasteros y agasajaban
á sus amigos, solian hacer su nego­
cio ; porque repetidas veces les su­
cedía dejar finalizado en una sobreme­
sa aquel que en repetidas sesiones no
habían podido ajustar por largo tiempo.
Yo hubiera celebrado que en la
nuestra se hubieran hallado aquellos
que, como iba diciendo, no tienen el
debido concepto de este importantísi­
mo ramo del reino: allí hubieran vis­
to incluidos en di personas de un ta­
lento singular, de un juicio el mas sen-

200

vtages

tado, y de una nobleza enlazada con
la mas brillante y escogida de aque­
llas provincias, allí hubieran visto qué
rectitud de pensamientos, y qué in­
tenciones, tan sanas, unas puestas ya
por obra, otras proyectadas con unas
medidas las mas seguras; el dueño de
la casa las aprobaba , y aconsejaba los
medios de mejorarlas en la parte que
aparecian defectuosas ; después de sig­
nificar las que por su parte meditaba;
sí, señores, les decía, atraigamos á no­
sotros las bendiciones que se derraman
sobre las manos bienhechoras y gene­
rosos ; si la Providencia deposito en las
nuestras parte á sus altas miras; el pu­
pilo , las huérfanas, las viudas, los
necesitados de todas clases, en una pa­
labra esperan su alivio de nuestro po­
der; las artes y ciencias sus adelanta­
mientos con nuestra ayuda ; las ciuda­
des su hermosura y utilidad con nues­
tros edificios ; el estado su felicidad
con nuestros proyectos é industria; y
el menestral, el labrador, y cuantos
comen del sudor de su frente, su fo­
mento con nuestro auxilio; bien lo
conocéis y experimentáis, y asi lo po-

D E W A VTO N .

207

neis por obra : yo os doy mil gracias,
porque delante de estos señores foraste­
ros dais á conocer el espíritu que os
anim a, y tal vez los desimpresionareis
de aquel bajo y no merecido concep­
to en que para algunos estamos dp am­
biciosos , usureros, miserables; de que
con el dinero en las arcas, y la dure­
za en el corazón tenemos formada una
especie de oculta conjuración contra
el menesteroso como complaciéndonos
de su miseria, y burlándonos de sus
penas y fatigas; ya con vuestra con­
versación habrán conceptuado la ini­
quidad de estas imposturas, y el ad­
mirable uso que hacemos de la rique­
za. Asi pasaron el resto de sobremesa
discurriendo sobre el alivio de sus pró­
jim os, esforzandose con una envidia­
ble porfía á ser los primeros en hacer
algún beneficio señalado al público , y
animándose mutuamente á separar de
sus corazones unas intenciones tan
loables; y siendo una hora correspon­
diente cada cual partid á su respecti­
vo destino.

2 08

VIAJEIS
w % /v % /% /v w v

C A PÍTU LO X V .
Be la lucha de Tigres.

1

Ijargos dias pasamos en aquella ciu­
dad , hasta que recibido socorro sufi­
ciente determinamos pasar adelante,
prosiguiendo nuestra vuelta por aque­
lla provincia de Fastuaria. Llegamos á
su capital e'mula de la gran Simiópolis en donde nos propusimos detener­
nos por mucho tiempo, que todo se­
ria necesario para admirar aquella ciu­
dad y el carácter de sus habitantes; y
como sea cierto que esto no puede de­
linearse mejor que descubriendo aque­
llas diversiones á que tienen mayor in­
clinación los naturales de quienes se
desea conocer; habiéndosenos venido
prontamente á las manos la ocasión de
observarlas las pintaremos con la mas
posible sinceridad, para que por ellas
se pueda formar alguna idea. Los pa­
rientes que el señor Haya tenia en

DE W.NTON.

*09

aquella ciudad no ros permitieron per­
manecer en la pos?da; y entre todos
se singularizó el sefor Limón , que no
se separó de nuest o lado hasta que
nos condujo á su casa: era esta una
de las muchas magníficas que hay en
la ciudad: y asi pudo alojarnos con la
mayor decencia, é independientes de
su familia: si grande era el agrado de
este caballero, mayor fue el agrado
que hallamos en madama Manzanilla
su esposa: era aun jóven, no obstante
tener ya cuatro hijos, los tres varones,
y una nina de cinco años, que era la
mayor de los hermanos.
Era justamente el dia de mayor
tráfago de la casa aquel en que llega­
mos : todos los criados andaban albo­
rotados, y era un perpetuo entrar y
salir cargados con variedad de muebles;
tenian que pasar por delante de nues­
tro cuarto, por lo que me fue fácil pre­
guntar á uno de los que me pareció
iban mas desocupados; y cuya-traza
demostraba mas asiento que la de to­
dos los demas que había visto, si po­
día decirme que' cosa era este bullicio
que observábamos y conceptuábamos
TOMO IV.

14

a IO

VIAGBS

desde luego seria extraordinario; á lo
que prontamente respondió: esto es,
señor, que mañana hay lucha de ti­
gres , y mi amo es diputado, que quie­
re decir que tiene á su cuidado las
disposiciones para esta celebridad. Es­
tando en esto le llamáron á toda pri­
sa , y asi ni pude informarme del lu­
gar ni de la especie de las otras fie­
ras con quienes habian de com batir,
ni de una docena de dificultades que
me ocurrieron en el asunto; pero me
consoló con que presto habia de sa­
tisfacerme por mis ojos.
En la sobremesa de aquel dia tra­
tó madama Manzanilla de que fuése­
mos acompañándola por la tarde al
paseo; allí es, nos dijo, donde vereis
lo mas lucido de la ciudad y de los
forasteros que concurren sin número
á estas nuestras funciones; los caballeritos por entre nuestros coches, y no­
sotras en ellos dando un sin número
de vueltas alrededor del anfiteatro,
formamos una hermosa vista, aunque
molesta á lo restante del populacho,
muy agradable á nosotras; la dificul­
tad está en cómo nos hemos de acó-

DE WANTON.

2I!

modar en un solo coche: cuando se ha­
llaba agitada con estas dudas, entró
un criado con un papel cerrado de su
cuñada la vizcondesa de la P ita , que la
sacó de ellas, pues en breves razones
decía de este modo:
33 Hermana querida; ya sabes ( en
53 confianza) qué exactas imitadoras de53 bemos ser de las modas de la corte,
33 y no ignoras por las individuales re53 laciones de nuestros amados corres53 ponsales los cadetes &c. ( ya me en33 tiendes) , qué desairadas salen ahora
33 por allá las señoras, que propia ó
33 agena no sacan en su coche algu33 na criaturita al paseo: no quisie33 ra que la mona que sabes , que aca33 ba de llegar de Simiopolis, tenga por
33 tampoco civilizadas á las señoras fas33 tuarienses que falten á la esencial
33 ceremonia de la corriente ilustración
33 ¡dichosa tu que tienes proporción de
33 seguir la moda tan superabundante33 m ente, pues puedes refinarla hasta
33 llevar á tu lado al ama con su ves33 tido , por acá inusitado, de mon33tera, toca, refajio y otras zarandajas,
55 dando un pecho como el de una

2I2
55 vaca

VIAGES

á un chiquillo, que si va en55 canijado será otro tanto o ro ! Todo
55 esto podrá acreditarte de persona de
55 gusto, digna habitante del gran mun55 d o ; pero ¡ pobre de mi que ni aun
55 una nina tullidita siquiera, que es un
55equivalente, tengo con que presentar55 me al paseo del d ia : por tanto, fiada
55 en nuestra amistad y parentesco, te
55 suplico me prestes uno de mis so55 brinos, el que menos falta te haga
55 para tus lucimientos , con el cual
55 podré yo ir en coche sin vergüenza:
55 mayormente si fuese la nina, que ya
55 tiene la gracia de ir haciendo corte55 sias con su abaniquito. Asi lo espe55 ro de lo mucho que me favoreces; y
55 quedo tuya de corazón. 55
Vid el cielo abierto la señora con
la ocasión que se la proporcionaba de
cumplir y salir de aprieto con una
misma acción; hizo al punto adornar
á la nina llenándola de moños; colocó
á uno de los de pechos variedad de dijes
y cascabeles, y con una de las dos
amas serranas que tenia los envió á la
casa de su cuñada: quedáronse para ir
con la señora de casa, y con nosotros

DE WANTON.

ilj

(su consorte salió con otros amigos)
la otra ama que era montañesa ; y los
dos niños, uno de pecho, y otro de
cuatro años, vestido de mogiganga: este
nos crucificó á preguntas impertinen­
tes, se le antojaron cuantas golosinas
(que eran muchas) allí vió, y llevó
una inquietud imaginable ; el otro vol­
vió la leche, manchó la bata á su ma­
dre, se ensució lindamente, y por fin
para acallarle fue necesario guardar
nosotros silencio, y arrullarle el ama
con una música muy propia para el
caso: estas son las conveniencias y di­
versión con que logramos el paseo de
aquella tarde, y no dudo que poco mas
ó menos sucedería lo mismo á todos
los que por seguir la corriente moda
cargaban con semejantes muebles.
El espectáculo de la lucha de ti­
gres es uno de los objetos de diversión
de todas las provincias de aquel con­
tinente ; pero su perfección y conser­
vación deben estas á la gran provin­
cia de Fastuaria, y aun según la sa­
bia indagación de algunos anticuarios,
se encuentran diversas medallas moho­
sas , de las que como también de unas

214

VIAGES

iniciales mal distintas que se hallan en
cierta antiquísima lápida, y descifraban
en este sentido, se infiere que en estas
animosas gentes tuvieron su principio es­
tas fiestas. Sea como quiera, lo cierto
es que no puede bien ponderarse la
afición de los Fastuarienses á semejan­
tes diversiones, á la que igualaba, sino
excedía, la de Tulipán: por rara com­
binación de especies no las hubo mien­
tras yo estuve en la corte, y lo que
es mas ( parece increíble), jamas de­
lante de mí se habló de ellas; por lo
cual siendo ahora para mí todo ello
un objeto de nueva especulación, diré
con ingenuidad lo que observé, sin
meterme á censor ni apologista de es­
ta su apetecida diversión.
Llegó por fin la deseada mañana, y
desde el amanecer comenzó la agita­
ción, carruages, caballerías y monos
todos estaban en perpetuo movimien­
to : corrían por aquellas calles como
quien teme le falte el tiempo ó el pues­
to; y rebosaba la alegría en todos los
semblantes; embelesado estaba con tan­
tos objetos; y no volvía los ojos á parte
alguna donde no me hallase con prepa-

DE WANTON.

2 l5

ratívos para la gran fiesta : por aquí
iban á caballo unos monos con altos
plumages en los sombreros, y unos ar­
reos extraordinarios de montar; por alli
otros con capas de diversos colores,
sombreros blancos, cofias de grandes
borlones largos hasta la cintura, hebi­
lla á la punta del pie , y chupillas co­
sidas las mangas con un sin número
de varas de cinta; á los que imitaba del
todo indistintamente la juventud de to­
das las clases de la ciudad : por un
lado trotaban unas muías enjaezadas,
llenas de campanillas, cintas y bande­
rolas; por otro corrían varias trahillas
de feroces perros de presa ; por acá
llevaban unos haces de larguísimas va­
ras empapeladas las puntas de uno de
sus lados; por allá unos grandes canas­
tos llenos de palitroques , guarnecidos
de papel recortado , y de varios colo­
res : en fin parecía ó que todos se ha­
bían vuelto locos , o que repentina­
mente por algún encanto yo me había
transportado á otro pais absolutamen­
te diverso del que el dia antes había
habitado.
Entramos por último en un balcón

216

VIAGES

que el serfor Limón había alquilado pa­
ra su familia, desde el cual descubría­
mos en una sola ojeada todo el lugar
en donde había de celebrarse la fun­
ción ; era este un soberbio y anchuro­
so circo, rodeado de espaciosas gale­
rías y gradas, en las que con la mayor
conveniencia, aunque á costa de su di­
nero, se acomodaba el numeroso con­
curso que asistía á ella; no puedo ne­
gar que el conjunto y variedad de es­
pecies formaban el teatro mas hermo­
so y magnífico que hasta entonces se
liabia ofrecido á mi vista en aquellos
países ; no era tan agradable para el
oido, pues alternando con la música de
clarines y timbales, formaban un hor­
roroso estrépito la gritería, silbidos y
paloteado que armaban con unos gran­
des garrotes sobre los tableros que te­
nían delante de sí los mas próximos á
la arena, para estar seguros del acome­
timiento de las fieras.
Cerca de la hora conveniente para
dar principio , vi tomar varias saluda­
bles precauciones para evitar los desór­
denes y las desgracias que podrían
acarrearse los menos cautos : durante

DE WANTOtí.

2 17

el rato de estas preparaciones, que no
es corto, me aproveché de la instruc­
ción de Tulipán acerca de estas mate­
rias: unas grandes puertas que había
cerradas y apalancadas cuidadosamente
enfrente de nosotros, me dijo que eran
las que custodiaban el ganado, esto es,
los tigres que habian de salir al coso:
lo entiendo, le respondí; pero no des­
cubro el lugar que encierra las otras
fieras que han de luchar con ellos.
¿ Qué decis ? me replicó al punto; si
os oyeran se reirían de vuestra sinceri­
dad ; no son fieras, son monos los que
salen ahi en medio á jugar con estos
anim alillos; son ciertas personas que
tienen por oficio el ejercicio que lla­
man de tigrear; lo aprenden como arte,
y su habilidad, ligereza y ardides con­
trarestan á la ferocidad, fuerzas y agi­
lidad de semejantes brutos; por tan­
to se cree muy remoto el peligro, y
por consiguiente se permiten semejantes
diversiones.
Estando en esta conversación hicie­
ron la señal de empezar ; creció la gri­
tería; preparáronse en medio del cir­
co los que se destinaban i divertir al

*I8

VI AGES

público; abrióse la puerta, salió la fie­
r a , y yo me apliqué á observar cuanto
me pareció digno de la curiosidad de
un forastero: era el bruto corpulento,
de hermosa piel, y de una fiereza inex­
plicable; no obstante me pareció que
su primer objeto no era el de hacer da­
ño , sino el de buscar su huida , y no
encontrándola, y viéndose insultado,
acometia á cuanto se le ponía por de­
lante , no con espíritu de venganza, ni
segunda intención, de lo que es ab­
solutamente incapaz una fiera , sino
obrando por los principios de su natu­
ral ímpetu , ó bien sea sola maquinal­
mente; no obstante, á breve rato, des­
pués de llenarle de heridas y golpes, al
son de los instrumentos bélicos se le
intimaba sentencia de muerte, que sin
apelación se ejecutaba al punto. Asi
poco mas ó menos, visto uno estaban
vistos los demas cuando acometían; pero
cuando la inferior disposición del bruto
no tenia todo el ímpetu ó fuerza de que
es capaz en su especie, á lo que aquellos
inteligentes llaman cobardía, entonces
como por vituperio ó desprecio , le en­
tregaban á la furia de unos feroces per-

DE WANTON.

219

ros, que rodeándolo, en breve le ha­
cían trofeo de sus agudas presas; ape­
nas el inocente bruto á quien ni aun
aquellas apariencias de timidez ponían
á cubierto de los insultos de sus con­
trarios caía en tierra, rodeado de tan
crueles enemigos que por todas par­
tes le estaban impíamente desgarrando,
cuando corría hácia él un mono en­
furecido , como si le hubiera agraviado
con el mayor exceso, y por uno de
sus costados le entraba una punzante
espada con que le atravesaba el cora­
zón , quedándose el bárbaro sonriendo
al ver el borboton de sangre con que
salpicaba su ya rendida máquina al sa­
lir por la formidable boca que había
abierto en sus carnes; éste era el pun­
to en que el concurso connaturalizado
ya por la costumbre en la dureza de
corazón, no sé si muy dispuesta á de­
clinar en crueldad, se llenaba de albo­
rozo , y saciaba su vista, como con
un pasatiempo gustosísimo y deleitable
fiesta, viendo á aquella infeliz fiera
revolcarse en su sangre, lanzar amar­
gos quejidos, y batallar con una dolorosísima muerte en medio de las mor-

2 20

V I/O E S

deduras de los perros , y las heridas
de las espadas que seguían penetrán­
dola hasta acabar con su inculpable
vida.
Fuese por no estar acostumbrado,
fuese porque forzosamente ha de ser
muy diverso el gusto de los hombres
del de los monos; ó últimamente, si
se quiere asi creer, fuese enhorabuena
por falta de inteligencia y demasiada
blandura de ánimo, yo volví el rostro
separando los ojos de tan lastimoso es­
pectáculo ; pero ¡ qué admiración la
mia , cuando vi que aquel sexo, que
es naturalmente dulce, compasivo, tier­
no de corazón , no demostraba me­
nos complacencia que los monos! Aun
mas: mi patrona madama Manzanilla,
que al salir de casa se puso el abanico
delante del rostro por no ver sangrar
á una de las muías de su coche, que
estaban en el patio de la casa , diciéndome que era de un ánimo tan apoca­
do y compasivo que la faltaba aun pa­
ra ver degollar á un pollo ¿ no con in­
diferencia , sino atenta , sin parpadear,
y llena de gusto miraba risueíia aquel
objeto tan digno de lástima , y tenia

Do la lu d ia de T igres

■ i

•\ri.

DE W ANTON.

221

agriamente á sus hijuelos si con pregun­
tas molestas la impedían la atención de
los mas apretados lances, entonces con­
ceptué que habia en este punto mucha
falta de reflexión en los circunstantes.
Divertido con el concurso, habia rato
que no miraba lo que pasaba en la are­
na , cuando me llevó la acción natu­
ral á ella un grito general, mas pene­
trante que el continuo , y hallé que
descuidado el mono que estaba á caba­
llo alanceando i los tigres , erró el
golpe á uno, cuya velocidad y bravu­
ra aventajaban á las de los otros, y al­
canzando al caballo, esgrimió sobre las
ancas sus inexorables garras, y dando
con él y con el ginete en tierra, todos
creyeron le habia sucedido la ultima
desgracia; que aunque son muy comunes
{según me dijeron) estas caidas, no
fiempre como en esta ocasión sucede
tener que sacar del circo al caballero
entre cuatro monos; aun mayor pudo
¿er el infortunio, por cuanto uno de
los que tigreaban á pie, por correr á la
defensa y auxilio de su compañero, tro­
pezó, cayó, y por un rato anduvo he­
cho un ovillo entre las uñas y las pre-

2 22

VIAGES

sas de la fiera; yo creí que éste fuese
el suceso que conmoviese excesivamen­
te á los circunstantes ; pero nunca los
vi mirar la fiesta mas á sangre fria y so­
segados que mientras éste su semejante
estaba siendo juguete de un feroz bru­
to ; la palabra mas consolatoria que oí,
fue: á bien que es tu oficio ; para eso
s$ te paga ; y otras de igual caridad.
Confieso que me horroricé , y tenia
gran deseo de saber el suceso de aque­
llos infelices; pronto se cumplid, por­
que luego corrid la voz de que habia
sido una friolera; el de á pié habia
quedado no mas que descalabrado, y
con un rasguño en un muslo, y el de
á caballo roto un brazo, y con una
contusión en un costado.
Volví luego á Tulipán y le dije:
á fé que no es tan remoto el peligro
como me asegurabais, ni tan rara co­
mo me habéis dicho una desgracia,
pues no creo yo que dejen de serlo las
que acabamos de ver: este es un arte,
me respondid; y por tanto tiene su
cierta economía y seguras reglas tanto
para tigrear á pié como á caballo, y
no faltando á ellas me afirmo con los

DE W AN TO N .

2 33

roas de mi nación en que el peligro es
remotísimo y cuasi imposible; si estos
que han caido son unos bárbaros, y
ó no las saben, ó 110 tienen destreza,
¿quién los manda meterse en lo que no
entienden? Asi pierden su estimación
las facultades por ignorancia de sus pro­
fesores. Repliquéle inmediatamente: que
es un arte, ya lo ve o , y que ninguno
es mas liberal ; que tenga reglas no
lo dudo; que sean seguras lo permito;
pero lo que no me liareis creer es que
haya en toda vuestra nación quien las
sepa, <5 tenga todas presentes en tanta
y tan diversa combinación de lances
como ocurren; y aun cuando esto se
admitiera, y no se niegue el corazón
alentado de los que se ponen delante
de una fiera, insultándola, ofendién­
dola y burlándola, ¿dan siempre lugar
los dichos lances de ponerlas en prác­
tica? ¿es lo mismo guardar las pro­
porciones, medir las distancias, y bus­
car las huidas al tiempo preciso, cuasi
indivisible del vario violento acometi­
miento de una bestia, que hallarlas
geométricamente, y enseriarías muy des­
pacio con un compás en la mano, co-

2 24

VlAGEd

ino lo ejecuta un escritor de estos asun­
tos sobre el bufete de su estudio? ¿Y
los acasos están sujetos á regla? Un res­
balón , un calambre, un vértigo, un
leve descuido, una idea equivocada, y
otros mil accidentes exponen nada me­
nos que á perder la vida á un infeliz,
que busca su mantenimiento tan á ries­
go de ella: esto sí que no tiene duda:
yo no quiero moralizar, mucho menos
motejaros; cada nación tiene sus parti­
cularidades y costumbres, y fuera ri­
dículo que quien tal vez no lo entien­
de, se metiera á querer criticarlas; y
asi omitiendo, porque esto no me toca,
el que sean buenas, ó sean malas es­
tas funciones, y que tales juegos se
deban tener por efecto de valor ó de
barbaridad, en lo que únicamente yo
también me afirmo, porque es mate­
ria de hecho, porque hoy lo he vist° , y porque sin temeridad no lo po­
déis negar, es en que estos juegos son
unas chanzas muy pesadas de parte
de los monos para los tigres, y de
parte de los tigres para los monos:
que se necesita un corazón, sino fe­
roz , muy duro para los recíprocos

DE WANTON.

2 25

lances de estas funciones: que lo que
se juega y expone es la vida; y por
últim o, que este peligro, como antes
os dije, no es tan remoto como se pien­
sa ; pero pues ya se ha acabado la
fiesta, y parece nos vamos á casa,
no hay tiempo para hablar mas en
el asunto.
%/%/%/*/%/■vv v v

CAPÍTULO XVI.
Dase una idea en general de los
monos fastuarienses.

Y o creí que en dando fin á la fiesta
se finalizaba la diversion; pero en aque­
llas gentes es interminable; toda la no­
che en la tertulia, y algunas de las si­
guientes nos fastidiaron completamente
con las disputas de sus partidos; creen
que porque ellos se interesan y acalo­
ran , los restantes que solo callan , y
por buena crianza los sufren, estarán
muy satisfechos de sus necias alterca­
ciones y maestrías; si al dar estocadas
T omo iv.

15

226

VIAGES

en la desdichada fiera, el codo dere­
cho se había de llevar mas alto ó mas
bajo; si el pie izquierdo debió sacarse
una cuarta mas afuera, ó meterse dos
dedos mas adentro; si la hirieron en el
cerviguillo ó en la espaldilla; si el de
á caballo no pudo remediar que le alcanzára el tigre; ó si fue un bárbaro,
y se metió sin conocimiento; y otras
cosas semejantes son el objeto no de
una ó dos conversaciones, sino de una
docena cada d ia , defendiendo cada uno
la acción , según quien la haya eje­
cutado , y haciendo su demostración
matemática en medio de un estrado
entre damas, y supliendo una silla las
veces de la fiera, que para el caso lo
mismo es que en medio de una plaza
entre los silbos y dicterios de un pue­
blo descomedido, y delante de una bes­
tia feroz que arremete con la mayor
velocidad, para hacer pedazos al que
se le pone delante si padece el mas
leve descuido.
Tulipán era también de los llama­
dos inteligentes en la materia, y asi se
incluía en estas disputas: tomó como
diestro el partido del mayor número,

DE

WANTON.

2 27

en el que estaban los mas osados, esto
es, el de los que defienden su parecer,
si llevan razón á gritos, sino la tienen
á plantas y chuladas: mediante esto se
hizo mucho lugar entre todos los pisa­
verdes de la ciudad; por consiguiente
no tenían cabalgata ó función á que no
fuera el primer llamado, y yo por
concomitancia seguía con la corriente.
Son aquellos naturales generalmente di­
vertidos, alegres, y llenos de unas sa­
les agudas y jocosas; todo esto contri­
buye á hacer apetecibles sus concurren­
cias ; nos dieron en ellas muy buenos
ratos, y últimamente se confabularon
y determinaron una partida de campo
para tres ó cuatro dias, con asistencia
de las señoras respectivas, que eran
las de la primera casa de la ciudad, y
por tanto de unas casas de lo mas ilus­
tre del reino: es tal la unión que hay
entre ellos para todas estas diversiones,
que cuentan con los ausentes como si
presentes estuvieran, y asi basta que
un amigo d pariente se encargue de ha­
cerles saber lo dispuesto para que con­
curran al puesto el dia señalado. De
este modo se praeticd con el señor

2 28

VIAGES

Azahar, pariente muy cercano del se­
ñor Limón: este se hizo cargo de po­
ner en su noticia lo determinado, pro­
metiendo que por su parte no habría
dificultad alguna; asi lo aseguraba, por­
que aunque era certísimo que el dicho
señor Azahar era sumamente pobre,
era también gran caballero, y la vani­
dad contraida por esta cualidad no le
permitía ( á estilo del pais) confesar
aquella flaqueza, aunque tuviese que
buscar la corta cantidad que se necesi­
taba para la tal junta á costa de cuatro
trampas mas de las que tenia.
Llegó la víspera del dia aplazado;
y aquella noche, á vuelta de la tertu­
lia , conoció la señora Manzanilla que
su consorte traía algún enfado, y luego
que se retiraron los criados, que no
conviene sean testigos de las interiori­
dades de las familias, procurd indagar
la causa, á que concurrimos nosotros
con nuestros ruegos. A pocas instancias
di manifestó su desazón, y nos dijo:
¿qué queréis que traiga? Las vanida­
des y soberbia de Azahar me tienen
aburrido. Le predico continuamente
que no siga los despropósitos de núes-

DE WANTON.

229

tros paisanos; le hacen fuerza mis ra­
zones ; y al haber de ponerlas en prác­
tica, todas se le borran de la memoria.
Si está pobre y cargado de familia,
¿por qué ha de tener unos humos in ­
sufribles de poderoso ? Acaba de en­
trársele por las puertas un asomo de
fortuna, y se las cierra para que esta
no entre aun por asomo. Es el caso
que el marqués de la Algarabía, her­
mano de su esposa, la hermosa Anagálide, natural (com o sabes) de una de
las provincias llamadas Unidia , que
corresponden á la playa contrapuesta
en situación y costumbres á esta nues­
tra , y son las mas escabrosas de nues­
tro continente, pero centro de la gente
mas honrada y sencilla de trato que
conocemos, queriendo seguir la prác­
tica de su patria, del mutuo auxilio
que parientes y paisanos se prestan, ig­
norante de la altivez y fuego de los
nuestros, le ha escrito una carta diciéndole. . . . pero ¿para qué me canso?
el enfado con que le volví la espalda
fue causa de que por olvido me que­
dase con e lla , y con el borrador de su
respuesta: estos os informarán de cuan-

23O

VIAGES

to yo puedo ponderaros: dicen pues
así:
Hermano querido mió:

reLos accidentes de la fortuna sort
varios; y para mí han sido tan favoarables que han llegado á colocarme
rjpor la benignidad de nuestros sobera33 nos en uno de los cargos mas hon33 rosos del reino; este me proporcio55 na no solo conveniencias propias, si39 no también ocasiones de facilitar á
33 mis parientes pobres los medios de
53 labrarse su felicidad; tú que eres el
33 mas próximo, acaso eres el mas ne?3cesitado: tengo noticia de lo vivo y
í j bien agestado de mi sobrino, tu hijo
?3mayor; y he pensado que vinie'ndo33 me á servir inmediato á mi empleo,
ssse irá instruyendo, y á su tiempo se
33 le podrá acomodar en una carrera
33de honor, en donde asegure una vida
33descansada, y se presente al gran tea33 tro del mundo con un sobrescrito vi33sible: no dificultes enviármele al pun33 to , sin que te sirva de detención
33la servidumbre, que no contradice á
33 tu ilustre nacimiento, pues esta es al
5?

DE W A N T O N .

23 I

»empleo, y no á la persona: Simid» polis esta lleno de ejemplares; si á mi
»padre hubiera ocurrido este reparo
»para enviarme á que sirviese á mi tio,
»en lugar de la brillantez que me ilus»tra, estaría en mi tierra oscurecido,
»lleno de trabajos, y muerto de ham»bre; podia entonces contentarme con
»los pergaminos de mi ejecutoria: ¡ ad»mirable consuelo! En cuanto á lo
»demas no dudes que nada le faltará
»á mi lado, pues siempre estará asis»tido y respetado del resto de la fami»lia como sobrino de tu hermano.”
El marques de la Algarabía.
¿Quien creyera que no respondiera
á esta carta con las mas expresivas gra­
cias? ¿qué no se le hiciera tarde para
poner en camino al muchacho ? ¡ Qué
contenta estaba ya Anagálide, creyen­
do acomodado á un hijo, considerán­
dole para en adelante báculo de su ve­
jez, y sombra de sus hermanos meno­
res ! Pero ¡ qué lejos estaba de pene­
trar la diferencia del carácter de los
hidalgos pobres de su pais y de los

232

VIAGES

del de su esposo! Bien pronto se la
hicieron conocer con la respuesta de
la dicha carta; oidla, que es curiosa.
Querido Anagálide.
r?Te desconozco por tu carta: sin
33 duda los humos de los inciensos de
33 tus empleos y marquesado te han ofus5?cado la memoria. ¡El hijo de un rao33 no de mis circunstancias a servir! ¿Y
33 á quién? ¡A su tio ! ¡Es posible que
55hayas podido persuadirte tal bajeza!
33 ¡Será creible que con semejantes penwsamientos td seas ilustre rama del re33 tono mas floreciente, y arrimado al
33 tronco de aquel vuestro decantado ár33 bol de Unidia, que ahora no me acuer55do como se llama; pero td no lo igno33 ras, y en consideración de lo cual me
33 digné de dar mi mano á tu hermana!
33 Yo te ruego no vuelvas á escribirme
33 si ha de ser para insultarme; que ni
?3de tí, ni de tu título, ni de tu em?3pleo necesitan los monos como yo; y
?3por último, si tus despropósitos insis33ten en que entre los dos ha de haber
33dependencia, envíame á tu primogé-

DE W A N TO N .

233

jnnito, que no faltará también en que
jjocuparle en casa; en donde asimismo
«será tratado de la familia como sobri»no de tu hermano.??
Azahar de Limón

.

¿Os podríais persuadir á que esta
carta baya sido dictada por un mono
cargado de tanta familia como necesi­
dad? Parece que no: pues sin mas con­
sulta que la de su desbaratada fantasía
asi ha respondido á su cufiado: yo le
he dicho lo que se me ha ocurrido con
tanta libertad cuanta puede tener un
primo que le socorre cuasi diariamente
para que pueda mal com er, y que pa­
ra la dispuesta y semejantes concurren­
cias que tenemos á escote, tiene que
suministrarle su contingente: aumenta­
ba con sus respuestas sus vanidades; y
yo viendo que era un loco sin cura, le
deje" como á tal, aunque os confieso que
me ha desazonado. Torad la palabra la
señora M anzanilla, dictándole: ¿quién
creeria que aun no conocieras el carác­
ter del primo y de semejantes menteca­
tos que con tanta abundancia tenemos

234

VI AGES

por acá? Considera esa carta por la par­
te que tiene de ridicula, y te servirá de
risa, d á lo menos de lástima, pero
nunca de enfado; mira como quiere
mas bien que procurarle su bien estar
por medios muy honrados, que se crie
su hijo como la turba de otros muchos
de iguales conveniencias, sin mas habi­
lidad que la de malmontar un rocín;
del cortijo á la ciudad, y de la ciudad
al cortijo; cigarro en boca, capa al
hombro , y espadita debajo del brazo:
advierte con qué sosiego están los tales,
viendo como uno ú otro (que no faltan
algunos) no solo de los que nacieron
con pocas conveniencias, pero aun de
aquellos que gozan los copiosos mayo­
razgos que hay en estas provincias, en­
vían á sus hijos fuera del pais, para
que con el trato de gentes, o en la cor­
te, o en las universidades, d en el ejér­
cito abrillanten aquellos grandes talen­
tos de que generalmente están dotado*
los fastuarienses. Sino fuera, señores,
añadid volviéndose á nosotros, por no
pasar entre los forasteros por la nota de
bachillera d apasionada , os daría á co­
nocer, asi como digo las faltas de algu-

DE W A N T O N .

235

nos necios, las amables partidas, la
grandeza de alm a, y el agigantado in­
genio del resto de mis paisanos ; con
unos ejemplares sin comparación os iria
llevando recorriendo los siglos anterio­
res, adonde admiraríais su arrogancia
convertida en valor y pericia militar,
la viveza de su espíritu aplicada á la
penetración y pasmosos adelantamientos
de las ciencias; y sus cavilaciones no
ya terminadas á fruslerías, sino al co­
nocimiento político, y prudente mane­
jo de los mas importantes negocios del
gabinete; y desde aquellos remotos tiem­
pos hasta el presente os demostraría los
que actualmente son el ornamento del
reino. Todo esto ven y conocen esos
díscolos, indolentes, que son el opro­
bio de nuestro territorio; pero conna­
turalizados con su modo de pensar no
lo remedian, y crian á sus hijos con la
misma leche que ellos se criaron. Deje­
mos á cada loco con su tem a, pues no
está en nuestra mano la enmienda; y
ahora pensemos solo en divertirnos, que
es lo que da de sí el tiempo.
Todos contribuimos al esparcimien­
to del señor Limón con cuantas razo-

236

VIAGEÍ

nes nos sugería nuestro discurso; le di­
mos á entender cuan dificultosísima co­
sa fuera constituirnos responsables de
las acciones desarregladas de nuestros
parientes, mayormente de aquellos so­
bre quienes ningún dominio tenemos, y
que mucha menos impresión deben ha­
cernos los despropósitos de nuestros
paisanos; pues un puñado de gente vi­
ciosa y mal criada nada influye en una
provincia , particularmente como la
opulenta y extensa de Fastuaria, cuyos
bizarros hijos tenían acreditadas cuan­
tas amables prendas podían hacerlos fa­
mosos y bien quistos en el reino. Sose­
góse nuestro huésped, y prometió ol­
vidar la especie ; pero su esposa que
conocia bien el genio caviloso de sus
pasiones, exigía de él mayores seguri­
dades que la mera palabra; y el que
no solicitaba mas que darla gusto, hi­
zo el último esfuerzo, que fue jurar­
lo por la gran torre de la ciudad, ju ­
ramento para los fastuarienses de mas
peso, que para la gentilidad el de la
formidable laguna Estigia : acaricióle
entonces la hermosa Manzanilla ; y to­
dos nos retiramos á descansar un rato

1)E

W A N TO N .

237

mientras se hacia hora de ir al paseo
prevenido.

CAPÍTULO XVII.
Enrique y Tulipán siguen sus viages
por las provincias de aquel continente.

ï)ie n creimos que las desazones acae­
cidas entre los señores Limon y Azahar
podrían tal vez aguarnos algo la fun­
ción; pera nada de esto sucedió : te­
nían prudencia, y asi guardaron sus
razones de diferencia para entre sí so­
los, y en la publicidad se alegraron
con los que se alegraban. En todos los
espíritus rebosaba el gusto, y en todas
las bocas el chiste limpio y no perju­
dicial , especialmente en las señoras;
tan impuestas como están las damas
fastuarienses en la etiqueta, y tan rigo­
rosamente observantes como son del
cumplimiento y la ceremonia dentro de
la ciudad, tanto mas decentemente li­
bres se las observa en las partidas de

238

VI AGES

diversión ; se separan totalmente del
melindre; no deshacen partido, y dan
rienda al natural gracejo de que están
dotadas: descollaba entre todas una so­
brina de nuestra patrona, joven de diez
y ocho años, adornada de aquellas gra­
cias que allí son comunes en las de sus
circunstancias de bailar, de cantar, y
saber dar un buen rato de conversación:
habia dias que la empleaba singulari­
zando á otro caballero su vecino, el
que, como era regular, se hallaba en
la concurrencia. Mi amigo Tulipán era
tierno de corazón, y las prendas de la
señorita tenian el mayor atractivo: in­
fiérase la consecuencia; á pocos asaltos,
forastero , galan y obsequioso, fue for­
zoso rindiese la fortaleza: su rival celo­
so, en su patria, y con humos de va­
lentón, tramaba sin duda su despique;
y yo escarmentado de los pasados sin­
sabores , observaba los semblantes, y
atendía á las conversaciones de todos.
Por algunas palabras sueltas y va­
rias confabulaciones del dicho monito
con sus iguales, que ya todos traían
entre ojos al forastero, comprendí que
se iba formalizando el asunto; por lo

DE WANTON.

239

cual, llamando aparte á Tulipán, le
intimé mi resolución de partir inmedia­
tamente con el mas honesto pretexto
que pareciese del caso, pues no quería
volver á exponerme á nuevos riesgos:
le signifiqué el peligro en que se ha­
llaba de algún lance pesado, y Ja nue­
va pesadumbre que daría á sus padres,
cuyas cartas venían continuamente amo­
nestándole su modo de portarse, y que
jamas se separase de mi lado y de mi
consejo. Mucha dificultad le costó el
condescender, porque tenia (aunque ya
no lo era) amor de niño, que entra
de pronto y de recio; pero no había
medio, porque yo le hablé séria y re­
sueltamente: acordamos entre los dos el
motivo que había de pretextarse, é in­
mediatamente se puso en planta. El se­
ñor Limón y su esposa sintieron nues­
tra resolución, porque ya meditaban
nueva diversión para en finalizándose
aquella: de Tulipán nada digo $ y yo
en lo que cabe, confieso me hallaba en
Fastuaria gustoso, pero no tenia reme­
dio ; y asi salimos sin detención de la
ciudad, y á pocos dias de la provincia.
No era nuestro intento internarnos

34°
VI AGES
en lo vasto de aquellos dominios, á lo
menos por entonces: ademas de esto ya
estábamos cansados, porque habia mu­
cho tiempo que rodábamos sin mas des­
tino que el que nos habiamos propues­
to de conocer el genio y carácter de
aquellos naturales, mientras se procu­
raban componer nuestros asuntos, para
que levantando el destierro, pudiésemos
regresarnos á nuestras casas; los traba­
jos que habiamos padecido eran gran­
des; por todo lo cual determinamos de­
tenernos poco en las demas provincias
que habiamos meditado visitar; estas
eran las litorales por la banda de orien­
te; y asi dejadas tierra adentro la Equi­
para y la Botulia, provincias confinan­
tes con la Fastuaria, y (según nos di­
jeron) muy parecidas á ella en sus mo­
radores y costumbres, atravesando por
Punicipolis, pais hermosísimo y fértil,
aunque por partes tan montuoso y ás­
pero , que pudo abrigar entre sus bre­
ñas al último resto de los monstruos
marinos que infestaron aquel reino en
otro tiempo, entramos en la celebrada
Bombicina: algunos dias estuvimos en
una ciudad marítima de esta provincia,

DE WANTON.

24r

puerto de los mas seguros del reino,
fuerte por arte y por naturaleza; y vis­
to cuanto daba de sí el pueblo, deter­
minamos ir á pasar el invierno á Moreriquia, que distaba poco, y era la
famosa capital del pais. No bien había­
mos llegado, cuando el populacho ro­
deó la casa para verme, cuya particu­
laridad anoto en esta ciudad, no por­
que en los demas no hubiese sido ob­
jeto de la misma curiosidad, sino por­
que entre estas gentes lo fui mas sin­
gularmente por su mayor novelería.
Aquellos nobles, que asi como en
lo ilustre á nadie ceden en vanidad, se
dijo tuvieron'su consulta sobre si nos
visitarían d no; los votos estuvieron
muy divididos, basta que entró al con­
greso un viejo genealogista, y les dijo
no tuviesen duda en ir todos á darnos
la bienvenida, porque la rebisabuela
de Tulipán habia tenido un primo que
había estado casado con una señora
principal del pais, con quien la mayor
parte de la nobleza de la ciudad esta­
ba emparentada, y por tanto se le po­
día encartar, y acordarle los privile­
gios de noble; asi lo hicieron} pero las
Tomo iv .
i6

24*

VIAGES

señoras (según nos contaron) no con­
tentas con la decisión de los machos,
registraron el libro de su etiqueta para
el punto de enviar recado: no lo ex­
traño, porque se tiene por tradición in­
memorial, que en Equipara tuvieron
las señoras igual conciliábulo sobre dar
ó no la bien llegada á una de las prin­
cesas de la casa r e a l, que hizo alguna
parada en aquel pueblo, fundada la
duda en que no las volvería la visita.
Lo cierto es que en unos pueblos está
el ceremonial de las damas mas en su
punto que en otros; pero por lo gene­
ral se hallan muy de asiento su vani­
dad y orgullo en todos los del reino.
Mas como nadie vive en este mun­
do sin algún contrario que le ejercite,
como se ve en el gato perseguido del
perro, en el ratón del gato, en la mos­
ca de la araña, y asi en otros innume­
rables; las damas de las provincias tie­
nen para su ejercicio á las de la corte;
pues cuando aquellas observan con to­
da su fuerza el cumplimiento y la cere­
monia, estas se rien de ellas, y hacien­
do no mas que lo que las acomoda, pa­
san hasta las verdaderas faltas de crian-

DE WANTON.

243

za por civilización, desembarazo y aire
cortesano. Bien lo experimentaban las
señoras de Moreriquia con madama Za­
nahoria, que era oriunda de aquella
ciudad , y tenia en ella todos sus pa­
rientes: allí galleaba entre ellas, y m e­
tía el montante como maestra de todas
ciencias; no obstante que por no haber
nacido con muchas conveniencias se
había criado, y había estado hasta que
se caso en casa de su tio, distinguido y
rico labrador de un lugar inmediato,
afectaba un olvido graciosísimo, aun
de las cosas mas triviales; preguntaba
cómo se hacia el pan, y adonde estaban
los uvares; por último, no podía cum­
plir con mas exactitud su papel, aun­
que hubiera sido de aquellos monos in­
sensatos, que con ridículo estudio son
el deshonor de su patria, desdeñándose
de las costumbres de ella, y fastidian­
do á todo el mundo con las suyas, solo
porque han gastado media docena de
meses paseándose en la Micancia, sucedie'ndoles por arte lo que á los Unidios
por naturaleza, que no aprenden la fo­
rastera , y olvidan la lengua nativa.
No estaban muy satisfechas de su

»44

VIAGF.S

trato aquellas señoras, y como esta es
una casta de gente que no sufre fácil­
mente sus defectos, tuvimos todo aquel
invierno en las tertulias muy buenos
ratos con sus altercaciones: aquellas es­
taban alerta para notarla los que ellas
tenían por defectos de crianza, y ella
no las perdonaba cuanto la parecía dig­
no de motejarse, porque no se adecua­
ba á sus ideas; pero bien considerado,
no llevaba comunmente razón , pues
no hay duda que es imprudencia gran­
de querer poner en ridículo las costum­
bres que por si nada tienen de esto,
solo porque no son lo mismo que las
de nuestra patria; ó por el contrario,
las de nuestro pais solo por hacernos
singulares y personages de gusto delica­
do. Siguiendo esta doctrina, no pude
agradar á madama Zanahoria , que por
conocida antigua, por concurrente con­
migo en la corte, y por ser yo extrangero, solicitaba con ciertas risitas falsas
y preguntas indirectas, que entrase en
el partido de sus burlas, apoyando sus
ideas desbaratadas; pero el mal éxito la
did á entender que estas causas de adu­
lación para los espíritus débiles no ha-

DE WANTON.

2^5

blan con los hombres sensatos, y que
saben cumplir con las obligaciones de­
bidas A la dignidad de su especie: de
aquí fue que enfadada conmigo, tomó
el despique de proceder de acuerdo con
Tulipán, en quien como verdadero mo­
no, pudo hallar mejor apoyo de sus ri­
diculeces. Con este motivo se vio el
dulce atractivo de la moderación y com­
postura, pues no obstante ser uno de
la misma nación y otro extrangero, ex­
perimenté yo en la primer nobleza tan­
tos obsequios, como Tulipán desaires.
Esto junto á que estábamos ya á entra­
das de la primavera, fue causa de que
él desease salir de Bombicinia, y asi
me instó para que fuésemos á tener el
siguiente verano en Eschenovacia, con
motivo del agradable temple que de­
cían se experimentaba en la capital de
esta gran provincia.
No puedo ponderar suficientemen­
te el agasajo, el obsequio y buen hospedage que experimentamos en esta in­
signe ciudad. Remeda en su grandeza y
opulencia á la corte, su nobleza igua­
la á la de la primera gerarquía, sus
obras públicas son un milagro del arte,

246

VI AGE S

sus paseos magníficos; el casco d é l a
ciudad no tiene la mejor plan ta; pero
respira cierto aire de antigüedad que la
hace magestuosa, y las casas son unos
palacios con las comodidades mas opor­
tunas , y entre ellos acaso de los mejo­
res el del marqués del P ebrot, caba­
llero de los mas conocidos de la pro­
vincia , y quien, luego que supo nues­
tra llegada, fue en persona en una car­
roza, rodeado de criados á llevarnos á
su casa, sin admitir excusa alguna.
; Que' conjunto de circunstancias tan
agradable! ¿ y qué diré de sus damas?
Siempre me quedaré corto, porque es
poco ponderar el decir que son.el verbi
gracia de la delicadeza, la quinta esen­
cia del filis, el emblema del aseo; y
aunque en el colorido del chiste y de
las gracias las damas fastuarienses y las
de Polipiticon en lo subido de punto de
las modas y adornos pretendan, no sin
algún m otivo, la preferencia, no lie­
mos por esto de decir, que á ellas no
tocó también en la común repartición
de los francos dones del arte y la na­
turaleza una gran porción de estos pri­
mores. ¡Asi hubieran logrado la mitad,

DE

W ANTON.

247

«n cuanto á subsistencia en sus parece­
res ! Pero ¿ que se ha de hacer ? Nada
hay completamente perfecto en todas
sus partes.
x/x/x x'x-xx/*..xx/

CAPÍTULO XVIII.
De la Eschenovacia.

E l marqués de Pebrót, nuestro pa­
trón, estaba casado con una de estas
seíioras, rama de la antiquísima casa
de las Albacoras, y los dos á porfia se
esmeraban en nuestro cortejo; el mar­
qués particularmente me hacia unas
expresiones que no pudieran ser ma­
yores si me debiese los favores inas
grandes; si se hubiese criado conmigo,
siendo dueño de mis confianzas, no pu­
diera haberme entregado mas su cora­
zón; y por ultimo, ni otro hombre
como yo, ni el mismo Roberto, que
es cuanto puedo ponderar, seria capaz
de significarme en mas alto grado su
particular inclinación y cariño: yo, á

»4^

VTAGE3

título de agradecido, le daba í enten­
der el m ió; pero muy fríamente en mi
interior, pues no conceptuaba que í
primera vista pudiera una persona con­
geniar con otra hasta un término tan
estrecho, mayormente en una distancia
ta l, cual mediaba entre los dos, y no
habiendo especial motivo-para, semejan­
te apretura; por tanto me hice cargo
por entonces de que aquel era genial
agrado del pais, lo que hube de con­
firmar con los muchos cariaos que ex­
perimenté á los .principios con diversos
parientes -y amigos del marqués. No
obstante, en uno u otro, y particular­
mente en el señor Melocotón, observé
que siempre tenian conmigo una aspe­
reza de trato y unas caras de vinagre,
sin haberles tocado al pelo de la ro­
pa, como si les hubiera muerto á to­
da su casta; si me miraban era con
sobrecejo, y si me saludaban, mas pa­
recía que era para insultarme con sus
desprecios, que para favorecerme con
su agrado: á fuerza de la repetición de
estos actos, depuse el primer concepto
que llevo dicho, y le formé del ca­
rácter de aquellos naturales, compren-

DE W A N T0N .

*49

diéndole todo extremos, por no saberle
contener en un buen medio.
Tulipán por su parte experimentaba
otra tanta variación de trato y de sem­
blantes; me lo refería admirado, y yo
le explicaba , en cuanto él podia com­
prender, la diferencia de genios que se
encuentran'en el mundo, y cuanto in­
fluye en ellos la naturaleza del clima;
al mismo tiempo le aconsejaba la ver­
dadera estimación que debía hacer de
algunos (que en todas partes hay ex­
cepciones de las reglas generales) que
venciendo las inclinaciones del pais,
guardaban una prudente medida, pro­
porcionando sus afectos á corresponden­
cia de las causas y ocasiones que los
excitaban, con los que les era fácil con­
servar una inicíosa igualdad con los que
los trataban; y en cuanto á los restan­
tes, le amonestaba que sufriese atento
á los ásperos y mal humorados, com­
padeciéndolos, y usase de los favores de
los agradables, y extremamente cariño­
sos, no fiándose de ellos.
En el numero de estos dltimoe en­
traba empatándoselas á su consorte, la
señora Albacora , y hallándose en el

25°

VIAGES

dia sumamente ocupado con el plausi­
ble motivo de haberse casado una so­
brina suya con el conde del Arroz, sugeto, por sus buenas prendas, muy ama­
do de la nobleza, y la plebe del pais,
quiso que fuésemos con ella á casa del
novio, para que gozásemos de las gran­
dezas con que se celebraba la boda:
entre todas ellas no era la menor la de
la conducción de la novia desde la casa
de sus padres en medio de un lucido
acompañamiento; no la faltaba circuns­
tancia para que hubiese podido lucir,
aunque fuese en Simiopolis, pues has­
ta la carroza que ocupaba aquella mo­
na enjaezada, era de un gusto tan de­
licado , como puede comprenderse, por
lo que d iré : yo observaba curioso
cuanto allí se ejecutaba, y cuantos per­
sonages componían el todo de aquella
tropa; entre ellos advertí tres ó cua­
tro no adornados con oro y joyas, co­
mo los otros, sino con unos vestidos
ordinarios, y prevenidos de cuerdas,
tenazas, martillos y otros instrumen­
tos, los cuales iban inmediatos á la di­
cha máquina dorada : no pude menos
de llegarme á uno de ellos y pregun-

DE WANTON.

251

tarle, que papel era el suyo en aque­
lla comitiva; á lo que me respondió:
nosotros, señor , somos los oficiales del
célebre maestro Garrofa, que vino des­
de provincias remotas á introducir el
buen gusto en esta ciudad; por la di­
rección de este se ha hecho esta gran
carroza, á la cual tenemos que ir muy
próximos para ir componiendo aque­
llas maderas que se desencajen, la cla­
vazón que se afloje , ó los sobrepues­
tos que salten con el traqueo; no obs­
tante que se ha encargado á los coche­
ros que la lleven muy despacio, por­
que es alhaja de tiraquedo.
Pues si es nueva, le repliqué, y
esta la primera vez que sale, ¿como es
que habiéndose hecho á costa de una
escandalosa cantidad de dinero, viene
desde el taller con necesidad de irla
remendando? Yo cVeo, que aunque
fuera de alcorza, no podría ser mas
delicada. Sefior, anadio é l, nuestras
obras no pueden ser eternas, y las
que son de semejante calidad, siem­
pre tienen desperdicios; y diciendo es­
to, me volvió la espalda; respuesta
muy propia de un oficial del señor

252

VIAGES

Garrofa, y muy digna de darse á los
cofrades del buen gusto, que se dejan
engañar miserablemente con mas ex­
ceso y menos disculpa, que en otro
tiempo los americanos de nuestros eu­
ropeos. No crean mis lectores que es
pasatiempo, pues les aseguro con toda
verdad, que en los mismos términos
que be contado , sucedió este lance
conmigo; el que refiero para que se
comprenda el valor que en todas par­
tes tienen lás apariencias , pues el
conde del Arroz, que nada tenia de
tonto, aunque conocia los grandes de­
fectos que se encubrian con aquellos
relumbrones y pintura , no obstante
por seguir el gusto moderno de ciertos
filetes y primores de moda, preferia
el dicho maestro á otros muchos de
la ciudad, que tal vez á menos costa
le hubieran servido con obras no infe­
riores en el parecer, y que no hubie­
ran tenido desperdicios.
Por esta misma línea había el con­
de tomado las medidas para los demás
renglones de aquel lucimiento; las jo­
yas estaban trabajadas por mano del
mico fulano , los vestidos por el ciño-

DE W ANTON.

853

cèfalo zutano ; los dulces se lìabian
tralcio de la tierra de los Titíes ; los
vinos todos de fuera del reino ; de
suerte, que echándose á sonar modos
y medios de gastar supèrfluamente , no
podía hallar otros mas proporcionados;
de aquí inferí que era forzoso que hu­
biese mucho dinero en aquella provin­
cia , y aun valiéndome de aquel entra­
ñable amor que me profesaba el mar­
qués del P eb rot, y por el cual no se
separaba de mi lado, me introduje con
él en la conversación de esta materia:
contestóme inmediatamente. y en uno
de los discursos que tuvo , me dio á
comprender muy bien que era cierto
que la provincia era muy fértil, y sus
cosechas de la mayor importancia; pero
que era también indubitable, que por
lo general en los pueblos que tiene
de consideración, son muy pocos los
monos que hay ricos, siendo el mo­
tivo de esto , que la substancia del
pais correspondía á los pingües mayo­
razgos que hay en él, y que aun estos,
si estuviesen divididos, siendo entre sí
incompatibles, podrían hacer feliz á
otra muy grande porción de indivi-

254

VIAGES

duos de dicha provincia. ¡Será bueno,
anadia , que la saludable institución
y modo de conservar las familias haya
facilitado el medio de oscurecerlas !
Pues asi es ; el que posee un gran
mayorazgo, con cuya fundación pensó
uno de sus antecesores perpetuar su
memoria y linage, sino tiene mas que
una hija , al punto solicita se case
con el poseedor, si puede ser, de otro
de mayores intereses, el que oscurece
al ’de su consorte, como que este se
incorpora, pospuesto al de otra va­
ronía absolutamente distinta ; esto mis­
mo sucede con otro en la siguiente
generación, y asi llega dAcontecer que
cada dia se disminuya y pierda la me­
moria de los fundadores, consumién­
dose y menoscabándose las casas prin­
cipales, en las cuales muchos de sus
parientes y criados y otros hijosdalgo
se acostumbraban mantener y sostener,
lo cual, demas de ser pérdida de los
tales linages, que merecen ser soste­
nidos y conservados, es asimismo en
daño y perjuicio del reino; pues dis­
minuyéndose las casas de los nobles
de é l, no habrá tantos caballeros y

DE WANT 0 N.

255

personas principales que le ilustren y
6¡rvan j llegando á consumir un solo
sugeto por la unión de diversas casas,
lo que bastaría á sustentar decente­
mente á media docena de familias; pero
no obstante que yo y otros paisanos
mios conocemos este perjuicio, como
ninguno quiere que empiece por su
casa la reforma, seguimos la costum­
b re , é incurrimos en lo mismo que
vituperamos.
De todo lo dicho se infiere, que es
preciso que haya también otro grave
m al, que es la pérdida de tantos indi­
viduos de la república,cuantos son los
hidalgos hambrones, que ociosos están
infestando todos los pueblos de ésta,
como de las demás provincias del con­
tinente. Lo que habéis oido de los no­
bles , podéis también tener entendido
de cierto estado medio, muy antiguo
y distinguido, que reconocemos por
acá superior al plebeyo; pero estotro,
por lo que toca á los lugares de toda
la Eschenovacia, generalmente hablan­
do , es muy pobre: si entráis en ellos,
apenas hallareis mas que gente misera­
ble , dándose un trato infeliz: de al-

a56

TI AGES

gunos son el principa) mantenimiento
las legumbres, de los más las semillas,
siendo su común pan el de maiz d el
de cebada ; y gracias á que la cosecha
de este genero les liá abierto el camino
de un comercio no poco ú til, pues
con ella han sabido dar los pobres con
cierto invento que les facilita el medio
de despacharla, confeccionando una be­
bida regalada y saludable para los mo­
nos con una semilla que era princi­
palmente pienso de caballerías ; adelan­
tando esta su industria hasta el término que han podido introducirla por
todo el reino , destronando por este
medio del antiguo imperio de las gar­
rafas, sino del todo, en mucha parte,
á aquella porción de monos septentrio­
nales , que desde lo escarpado de las
rocas de su nativo suelo se distribuye
por lo vasto de estos dominios, tan
cargada de ejecutorias, como de sim­
ples para la composición de sus brevages. ¿Y es este, le repliqué yo, el
tínico empleo en que se ejercitan por
lo común los que no se aplican al
trabajo del campo , Ja guerra d las
artes?

DE

W ANTON.

257

También tienen por acá, respondió
el marque's, su particular modo de v i­
vir los bribones y holgazanes; se apro­
vechan para sacar su partido de la na­
tural é increíble ligereza de que con
preferencia á las demás provincias, nos
lia dotado el cie lo ; y para este fin se
juntan y forman varias compañías aque­
llos monos Eschenovates mas diestros,
y con sus varias extraordinarias habili­
dades ganan de comer en todas par­
tes; ¿pero para que he de cansarme en
explicarlas? Mañana podemos ir á verlas desde un balcón, pues ahora tene­
mos en la ciudad una de las mas fa­
mosas compañías. Asi lo hicimos pun­
tualmente, y me admiró la tal diver­
sión tanto ó m as, guardando la pro­
porción debida, que me había admi­
rado la lucha de tigres de Fastuaria.
Dividíanse en varios ramos las habi­
lidades que habían prometido al pú­
blico , y que ejecutaron exactamente:
unos marchaban con indecible agilidad,
y bailaban con tanta destreza, como
si estuvieran en el suelo, sobre una
maroma muy tirante; otros en otra que
estaba floja daban vueltas, y liaciaa
tomo iv.

17

25^

VIAGES

equilibrios dificultosísimos, quedándose
asidos ya de una mano, ya de las cor­
vas , ya de las puntas de los pies,
y pendiente lo restante del cuerpo;
otros desde una increible altura salta­
ban , dando una vuelta en el a ire, ya
de cara, ya de espaldas: por último,
hadan tales y tantas contorsiones con
su cuerpo, y daban brincos tan des­
medidos, que parecía no le tenían com­
paginado como el de los restantes mo­
nos; pero no eran sus habilidades la
causa de mi admiración, sino el que ni
ellos las tenían por admirables, ni los
circunstantes las celebraban sino al paso
que entraba á la parte el peligro de per­
der sus vidas: asi es que los saltos se
llamaban mortales, y las destrezas de
la cuerda, que serian lo mismo hechas
una vara distantes del suelo, no se creían
tales, sino se ejecutaban en una eleva­
ción , desde la cual si ( como es muy
posible) cayeran, se harían irremedia­
blemente pedazos. De este modo dan
á entender estos miserables con cuanta
facilidad se puede arriesgar públicamen­
te la vida en un ejercicio tan inútil
como indecente y monstruoso en al-

DE W ANTON.

259

gunas aptitudes, y que no hay des­
treza, placer y diversión donde no hay
riesgo de muerte ; y los que asisten
sin sobresalto, y con una gustosa ad­
miración á tales espectáculos, bien cla­
ramente demuestran una opinión de
lo indiferente , ó de poquísima im­
portancia, que les parece la pe'rdida
de la vida de uno de sus semejan­
tes. Tal vez seria no entenderlo; pero
confieso que en esta y semejantes fies­
tas no podía componer el amor fra­
ternal que dicen que se profesan, con
la no solo indiferencia , sino parti­
cular complacencia y deleite que de­
muestran en asistir á espectáculos en
que entra por parte principal de la
habilidad y la diversión el riesgo de
muerte de algunos de los individuos
de su especie: yo estuve tan sobre­
saltado toda la tard e, que renuncié
desde luego para en adelante las ape­
tecidas y alabadas funciones de los Eschenovates.

26o

VIAGES
vw v

CAPÍTULO XIX.
Del establecimiento de Enrique en la
provincia de Antimicancia.
O tra s varias diversiones honestas y
deleitables, que no faltan entre las
personas de buen gusto de la ciudad,
me llenaron muchos ratos del tiempo
que permanecí en ella: mi amigo Tu­
lipán había buscado una de diversa ca­
lidad, aunque mas juiciosa que las que
hasta allí le habían ocupado; pensó
seriamente en su establecimiento y co­
locación con una señorita , para él
muy proporcionada en el nacimiento,
hija única de un caballero rico y ya
anciano, el que desde luego entraba
en el partido bajo de dos condiciones;
la primera que había de quedarse á
vivir con él Tulipán, pues no quería
al fin de su vida separarse de la dulce
compañía de su hija; y la segunda
que no se había de efectuar el trato
hasta que por medio de sus empeños

DE WANTON.

2Ó l

y los del señor Haya se le levantase
el destierro, porque no obstante que
la pena no había recaído sobre ma­
teria contra el honor , tampoco era
muy lucido, decía, casar á su hija con
un mono castigado, aunque fuese por
delito de gente honrada: el viejo ha­
bía sido, según parece, de la cáscara
amarga.
Comunicó conmigo mi compañero
sus determinaciones, y el estado del
asunto; y no solo se lo aprobé, sino
que mediante mi informe condescen­
dió su padre, y se ajustó del todo el
negocio, comenzándose desde luego á
practicar diligencias sobre la absolu­
ción del destierro: esta no era tan fácil
como Tulipán pensaba; pero sí había
buenas esperanzas para después de al­
gún tiempo: tanta tardanza no se con­
formaba con mis ideas; bien conocí
que mi amigo sentiría que le dejase,
como sucedió luego que le propuse
mi ánimo; pero por fin sosegué el su­
yo esperanzándole en una pronta vuel­
ta para poder acompañarle en el tiem­
po de su boda. Tanto mas me ins­
taba la m archa, cuanto experimentaba

2Ó2

VIAGES

diferentísimo el trato del marques del
Pebrút, y mucho m as, como menos
prudente, el de su esposa madama Albacora ; desde los excesos de un amor
entrañable á los de una sequedad fas­
tidiosa no hubo mas intermedio que
una noche; yo examinaba mi conduc­
ta , y ni aun remotísimamente encon­
traba causa de una mudanza tan repen­
tina; por lo que no me pudo quedar
duda de que era únicamente efecto de
su natural inconstancia; no tarde mu­
cho en confirmarme en mi discurso,
pues aquel mismo mono, el señor Me­
locotón , que hasta entonces me habia
manifestado tanto desagrado como he
referido , comenzó á practicar conmi­
go las acciones no solo de la mayor
urbanidad, sino de la mas grande ex­
presión ; ni estas me engañaron , ni me
dieron gran pesadumbre las otras , pues
considerándolas todas, como llevo di­
cho , originadas de su insubsistencia y
volubilidad, veia que con poco ó nin­
gún motivo se mudaría la veleta.
Salí por fin de Eschenovacia , y sin
entrar en la Cadenaria , pequeña, pero
celebrada provincia, ni detenerme en

DE WANTON.

263

la celebre Barrosa , que dejé para
cuando volviese de mi peregrinación,
me encaminé á la famosa Antimicanc i a , objeto digno de la especulación
de un forastero por la diversidad de
asuntos que se le presentan. Por todo
el camino fui admirando la aplicación
sin igual en aquellos países de sus na­
turales ; si el terreno á proporción de
ella les fuera menos ingrato, creo que
serian dueños del dinero de Simidpolis : no se veia en toda la extensión
de sus campiñas un palmo de tierra
sin cultivo, y á las cimas de los mon­
tes , adonde no se les franqueaba el
paso sin exponerse al riesgo de un pre­
cipicio , subian atados con unas cuerdas,
solicitando á fuerza de su trabajo que
fructificasen aquellas cortas porciones
de terreno que hallaban proporciona­
das para este electo. Sus antiguas y
hermosas ciudades en donde me iba de­
teniendo algunos dias , no respiran mas
que industria y adelantamiento en to­
da especie de manufacturas : pero so­
bre todas, la que es como el epílogo
de los primores de la provincia; esta
es una magnífica población , famoso

264

VIAGES

puerto y phza inexpugnable, en don­
de está como en su centro el fomen­
to de todas las artes ; hubiera tenido
por increíble sino hubiera visto los
almagacenes y provisiones de aquellos
artífices, lo que en todo el reino es
público , esto es , que en veinte y cua­
tro horas de término habilitan y visten
á un regimiento, aunque pase su nú­
mero de mil guerreros: el cuero, la
lana , el lino, la seda , los metales, las
piedras, todos son materiales en que
emplean felizmente la destreza de sus
manos; todo en ellas se pule ; y ver­
daderos alquimistas, gastando su na­
tural calor , han sabido hallar la pie­
dra filosofal en las varias producciones
de la naturaleza , no por medios risi­
bles y quiméricos, sino por el certísimo
camino de la meditación y trabajo en
las materias, cuyo uso mas necesita el
comercio y trato de las gentes, y que
á peso de oro tienen estas que sacar de
entre sus laboriosas manos.
En esta ciudad determiné establecer
mi residencia por largo tiempo, según
merecia el conjunto de sus circunstan­
cias , y habiendo solicitado se me bus-

DE WANTON.

2 65

case una casa en que á mi costa pu­
diera mantenerme, hallé la de un mer­
cader de libros, que tenia la suficiente
para poder subarrendarme un cuarto,
en el que comoda y decentemente me
aposenté , tomando un criado de la
tierra (porque Orozuz se quedé , co­
mo era regular, con su amo) el cual
era ágil, y me servia para todo lo
que necesitaba : aquí gocé por algún
tiempo de una vida quieta y privada:
en los ratos ociosos me iba á la libre­
ría, en donde concurrían varios sugetos naturales y extrangeros : otras ve­
ces salía á ver algunas de las muchas
cosas que hay dignas de observación en
la ciudad ; y lo restante del dia pasaba
en mi habitación, en donde me dejaban
en paz las visitas impertinentes, porque
como alli cada cual está á su nego­
cio , y empleado en su respectivo tra­
bajo, no abunda la ociosidad; por tan­
to , la curiosidad y novelería, bien que
haya alguna, no es tanta como la que
liabia experimentado en las restantes
provincias de aquellos paises.
Entre los varios que acudían dia­
riamente á la librería á conversación,

206

VIAGES

era uno el señor Brusco, mono de tar­
da y tosca explicación , particularmen­
te cuando para que le entendiéramos
no hablaba cierta jerga , propia de
aquellos naturales ; pero como todos
sus paisanos conservaban siempre un
acento desagradable, y unas ciertas fra­
ses nada pulidas, con lo que se hacia
áspero y grosero su trato, en especial
para los que no estábamos hechos á
él : no obstante , todo se lo sufría por
otras partidas buenas que le hallaba;
era ingenuo y sociable , y con su direc­
ción pude internarme, y observar al­
gunas particularidades de la ciudad ; de
aqui era que me inclinaba á é l, singu­
larizándole entre todos los concurren­
tes: advirtiólo mi huésped que era ya
antiguo en aquel pais, y conocía muy
bien el carácter de aquellas gentes ; y
no le sufrió su corazón el dejar de
darme un ligero aviso para norte de
mi conducta : os veo, me dijo , señor
Enrique, de algunos meses á esta par­
te muy franco en vuestro trato, y que
os fiáis demasiado de las personas con
quienes conversáis , permitidme que
me tome la licencia de daros un con-

DE

W ANTON.

267

sejo fundado en mis experiencias : estais en un pais en donde no se puede
caminar tan fácilmente como en otros
con el corazón en las manos; no sé si
por contagio de cierta vecindad, si por
particular influencia del clim a, si por
su natural y sobresaliente inclinación á
la codicia, el primer objeto de estas
gentes es el de su propio negocio, sin
que para llegar á este fin haya obs­
táculo alguno que pueda embarazar­
los ; ya de aqui inferiréis, que la bue­
na fe correrá mucho riesgo entre ellos;
ó á lo menos que no será un sagrado
de tanta seguridad como en otras pro­
vincias; en esta inteligencia caminad
siempre con reserva, que no perderéis
mucho en vivir con cautela , entre
quienes con la mayor del mundo os
tratarán, aun cuando os parezcan mas
ingenuos. Ágradécile su buena inten­
ción , pero no por eso hice novedad
con Brusco, ya porque concebí que
era verdaderamente sencillo , y que
conm igo, aun cuando asi no fuese, no
habia de teríer motivo de dobleces;
ya porque de una regla tan general
comprendí, y con el tiempo experi-

263

VIAGES

menté que era fuerza exceptuar i m a­
chos ; y que alli había de todo co­
mo en todas partes , aunque fuesen los
dichos los vicios dominantes de la pro­
vincia.
Did en acudir á nuestra tertulia de
la librería cierto monillo resoplado, cu­
yo aire dominante, y decisión en los
asuntos que se tocaban, le hicieron fas­
tidioso para con todos, pero mas par­
ticularmente para con Brusco , el que
jurado enemigo de la afectación , siem­
pre se oponía á sus dictámenes : era es­
te el señor Camueso-ingerto, mono de
viveza , dotado de aquellas luces de
primera fachada, terminotes de moda,
clausulones de cajón, languidez de es­
tilo , tintura de lenguas extrangeras,
desprecio de su patria , palabras enfáti­
cas, y distracciones bien estudiadas de
cuando en cuando; por fin , era un
viajante, no de aquellos que después
de un conocimiento de su pais muy
afondo, ya sea universal, ya en algu­
no de sus importantes ramos , pasan
á los extraños y remotos , y á cos­
ta de sus fatigas y de su incesante tra­
bajo hacen comparación con el suyo

DE W A N T O N .

269

en aquellas materias en que solicitan
instrucción , estudian los motivos de
*us atrasos, y se enriquecen de noticia»
para fomentar unos ventajosos adelan­
tamientos , los cuales merecen ser hon­
rados , pues son los celosos patricios
i quienes la nación dehe su ornamen­
to ; sino de aquellos insensatos que sa­
len ignorantes de su pais, y vuelven á
él presumidos: éstos son aquellos que
van línicamente á pasar el tiempo, á
mal gastar el dinero , y á dejarse lle­
var de la materialidad de cuatro super­
ficialidades ; pero pregúnteseles acerca
del estado de aquellas legislaciones; de
las fuerzas terrestres, y navales de aque­
llos reinos ; de los adelantamientos de
las ciencias; de la policía de su gobier­
n o , é interiores registros con que se
maneja ; de la industria de sus naturales;
de su comercio ; de sus producciones:
en fin , de cuanto sea ú til, ó para lo
que se necesita alguna meditación 6
discernimiento, que no sea el material
de los sentidos. Tan osados son, que
no se excusarán de responder en estas
materias ; pero que risa será entonces
la que excitarán en quien los oiga , al

2 ^0

VIAGES

escuchar la descarga de despropósitos
con que dan á entender lo limitado de
sus talentos? No obstante, para decir­
lo todo, es cierto que si no aprove­
chan por defecto de luces en los asun­
tos de entidad, recompensan estas fal­
tas con el bello acopio que traen á su
patria de las extravagancias extrangeras.
Pero las inagotables fuentes de adon­
de estos beben el raudad de semejante
erudición, con que después fecundan
su patria, son de la M icancia; cual­
quiera monillo de estos viajantes de pa­
satiempo, que recorre el dicho pais,
vuelve á los suyos tan inaguantable,
como instruido el que le examina con
ojos filosóficos 5 se burla de sus paisa­
nos sobre si llevan ovaladas las hebi­
llas debiendo ser cuadrilarguísim as,
como las de los m icos; se rie de las
señoras monas, porque los bucles del
peinado no son tantos cuantos las se­
ñoras micas llevan, insultan finalmente
á todo viviente que no gobierna sus
acciones, arregla su trage, tiene sus
m uebles, y sigue los usos á la sirniopolitana , siendo esto , prescindien­
do de lo ridículo, tan imposible como

DE WANTON.

271

se deja comprender, por razón de la
insubsistencia de las costumbres de
aquellos señores ( hablando de semejan­
tes bagatelas) , y del continuo flujo y
reflujo que se dice se observa en sus
modas, reputándose por muy antigua
la que duró quince dias.
Nuestro mequetrefe era puntual co­
pia de este retrato, añadie'ndole la mo­
fa con que siempre estaba llenando de
dicterios á su patria: yo por mas que
lo examine', jamas pude averiguar de
que provincia liabia salido alhaja de
tan buen gusto, pues en sola su per­
sona se descubria lo vicioso de todas
las de aquel continente; por lo fanfar­
rón me parecía fastuariense, por lo tes­
tarudo barroso, por lo linajudo egestario,
por lo mezquino inopialo, por lo vo l­
tario eschenovate, por lo confuso unidio,
y por el conjunto de sus extravagancias
simiopolitano: lo sufria, aunque me
enfadaba , y del mismo modo todos
los concurrentes, castigándole solo con
el desprecio de no hacer caso de sus ba­
chillerías; él tomó alas con nuestra
tolerancia , y así aumentaba diariamen­
te su insolencia, mucho mas si no es-

272

VIAGES

taba presente el amigo Brusco, que
era el único que le contestaba : ya un
(lia llegaron á las dagas, y este le di­
jo , que para que viera que era un po­
bre mentecato que solo hablaba por
querer levantar figura por este medio,
aunque en sus voces era poco limado,
en sus discursos le daria á conocer lo
mejor instruido que estaba que él, y le
baria alabar su memoria en la puntua­
lidad de las citas, para que no creye­
ra que sostenía la disputa solo por an­
tojo. Encendiéronse en la altercación el
famoso monimico, que sostenía que en
Micopolis todo era bueno, todo agra­
dable, y todo embeleso de Jos senti­
dos, y el cerrado antimicancio Brusco,
que aseguraba que allí nada había si­
quiera mediano, nada que no fuese
desagradable, y nada que pudiera ser­
vir de halago o atractivo ; á no ser lo que
habían llevado, ó imitado de Simiopolis.
Tanta preocupación contenían estas
proposiciones , como risible falsedad
las otras; los mas de los oyentes eran
sugetos eruditos, y de una crítica muy
corregida, y no ignoraban que en todos

DE WANTON.

273

Jos países hay de todo, que unos exce­
den á otros en unas particularidades, y
los mismos son en otras excedidos:
Brusco me dijo después, que él jamas
Labia sido de diverso parecer; pero
que tratando con semejantes votarates
era menester negárselo todo, ya para
reirse de ellos, viendo que no saben
desenredarse de los argumentos con
que se les convencen, ya por contra­
decir á sus generales y absolutas pro­
posiciones.

C A P ÍT U L O XX.
De la conversación de Brusco
y Camueso.
N o quedó escarmentado el buen monimico de la reyerta referida, y así
continuó en frecuentar aquel sitio, sin
desistir de su propuesto tema, hasta que
en cierto dia aciago llena'ndose de mos­
cas el mal humorado Brusco; después
de haberle dado un buen solfeo entre
T om o

iv .

i 8

274

viages

burlas y veras, y habiéndole impug­
nado todas sus proposiciones, anadió:
para que veáis que no hablo de me­
m oria, y que los defectos que notáis
en vuestra patria y paisanos, son los
mismos de que adolecen esos micopoütanos, que tanto ensalzáis, pues esta­
mos en tan buen parage vos mismo ha­
béis de leerlo en los libros que os cite,
mientras yo en nuestro idioma digo li­
teralmente el texto que ha de compro­
bar mi justa defensa, y para evitar to­
da nota de sospecha, no os pondré en
manos autor que no sea de dentro de
su misma casa, para que veáis qué jui­
cio tan distinto del vuestro hacgn ellos
de esos mismos asuntos de su pais: no
guardare orden en la respuesta á vues­
tra sátira, ya sea porque vos tampoco
para hacerla le observáis, ya porque en
semejante casta de defensas importa es­
te muy poco, con tal que el que vindica
su honor, su fama, ó sus costumbres ha­
ga ir entrando todas sus ideas, cuando y
como le acomoden.
Y para empezar por el primer re­
paro , con que siempre estáis quebrán­
donos la cabeza, echándonos en cara,

DE WANTON.

275

eon capa de celo , la variación de nues­
tra lengua respecto de los siglos pasa­
dos, poniéndola al mismo tiempo en
parangón con la micopolitana , que tan­
to apreciáis , alabando su dulzura y
abundancia; omitiendo lo mucho que
hay dicho en este asunto, no quiero
que leáis mas que cuatro palabras de
un autor pequeño en el nombre , y
grande en el orbe literario; alcanzad ese
librito de pocas hojas, pero de exce­
lente doctrina, que teneis á la mano
derecha, intitulado: Diálogos satíricos
y morales; buscad el X T lI, que es el
que'pasa entre cierto vocablo del pais,
y su gramática, y hallareis á la pa­
gina 230 como él habla en estos térmi­
nos: Gram ática, yo os ruego me digáis
¿por qué ciertos hermanos mios y yo
nos hallamos proscriptos por sentencia
de vuestros maestros ? ¿ Por ventura
hemos cometido inadvertidamente al­
gún delito graveé á lo que ella res­
ponde : preguntádselo vos mismo á esos
señores, porque y o , hablando en rea­
lidad’ , os confieso que no tengo parte
en sus caprichos ; antes bien me hacen
sufrir lo mismo que á vosotros: ellos

276

VIAGES

disponen de mis géneros; transforman
mis masculinos en femeninos: y por el
contrario , ordenan á medida de su
gusto las conjugaciones, y el régimen
de mis verbos están entre sí en conti­
nuos pleitos sobre los relativos , sobre
las partículas , sobre un que, o so¿/-e w/i
qui. Por último, no esíoy yo menos can­
sada de sus insubsistentes determinacio­
nes ,
lo debe estar nuestra lengua, y
con mucha razón ; bien sabéis como
se queja ella de su escasez. A lo cual
añade el inmediatamente: es esta mas
grande que lo*que puede creerse. ¿Pero
no era ya ella por sí misma bastante po­
bre , sin que se conjurasen, para que
mis camaradas y yo saliésemos des­
terrados de su diccionario & c. ?

No obstante, replico el señor Ca­
mueso-ingerto, nada de eso ha estor­
bado que estos maestros de las ciencias
den Á luz producciones elegantísimas
en su propio idioma: así será , respon­
dió el amigo Brusco, pero el vicio y
defectos de ellas no han de ser nota­
dos por m í, sino por lo que uno de
ellos, que tiene voto en el asunto, de­
cida , á vuestra espalda teneis un tomo

DE WANTON»

2 /7

en octato i la rústica intitulado..... AI
llegar los enardecidos contrincantes á
estas palabras, me estorbo oir lo que
decia el libro citado, un escrito cuyo
contenido era de mas altos respetos
para mí que aquella curiosidad: fue
el caso, que un mozo de la librería
entro diciéndome que mi criado me
traia aquella carta (que él puso en mi
mano), que acababa de entregarle un
propio , el cual marcho porque dijo
no tenia respuesta. Retireme á un la­
do para abrirla y vi que era de mi
amigo y compañero Roberto; sorpren­
dióle la novedad que contenia, pero
me pareció que no dehia darme por
entendido con aquellos monos has­
ta que con plena deliberación estudia­
se lo que debiera hacer, por tanto
determiné por entonces disimular y se­
guir en mi tertulia, hasta hallar pro­
porción de retirarme á mi cuarto sin
nota.
Cuando volví adonde estaba ad­
vertí que el tal Camueso-ingerto he­
cho un basilisco y echando chispas el
rostro, tiró el libro á sus pies, sobre
el que descargó un turbión de patadas

2^3

VIAGES

que hubo de acabar con él lo cual
visto por el amigo Brusco, le dijo con
gran soflama. ¿Q ué tiráis el libro?
¿tanto os han ofendido sus cláusulas?
No le tiro por las que se han leído,
respondió prontamente el mono amicad o ; sino porque al paso he registrado
nn sin número de proposiciones dignas
del fu ego, en fin escritas según se
sonaron como él previene: á esto ana­
dió el señor Brusco, pues, amigo si
se ha de tirar toda la literatura de
ellos , que no es como de personas
dormidas , bien podéis ir derribando
libros de esos estantes. Parece que os
reís creyendo mi proposición como
dicterio de enemigo; pues tened enten­
dido que me he propuesto no deciros
en esta materia cláusula que no sea dis­
curso literal de ellos mismos; y para
que en lo presente no os quede asomo
de duda, abrid ese librito que se inti­
tula el P . obra cómica y moral, que
se imprimió poco hace, y entre sus
páginas que son pocas, pero buenas, si
buscáis la 119 leereis: nada les parece
tan delicioso como la libertad de pensar,
la que ellos hacen consistir en dar ú

DE W ANTON.

' l ’J 9

lu z todo lo que han soñado', de suerte
que la mayor parte de sus libros no
contiene otra cosa que sus sueños. Ver­

dad es que acerca de este asunto ya
habia dicho en la página 1 1 1 : los unos
(escritores) se celebraron por inteligi­
b le s , y mientras fu e mas d ifícil adi­
vinarlos , se aumentaron mas sus elo­
gios: los otros amontonaron paradojas
sobre p ara doja s , y hablaron como en
sueños. Desaparecieron la ciencia y la
eru dición : y lo que llam an bello espí­
ritu ocupó la plaza que tenían la razón
y la experiencia. Cada uno pretende
la gloria de instruir al universo , ó á
lo menos de d iv e r tir le ; y asi es cuasi
tan grande el número de autores como
el de ignorantes.

No quiero, replicó el defensor, me­
terme en disputas, que bien tenia mu­
cho y muy fundamentado que respon­
der á esas sátiras; pero aun cuando to­
do fuera cierto , siempre defenderé á los
micos en todas partes por la ley de agra­
decido ; confieso que mientras estuve en
Micdpolis disfruté cuantas diversiones
puede dar de sí el mundo, y debí á
aquellos señores favores singularísimos,

280
• VIAGES r
efectos todos de su liberalidad sin se­
gunda; que yo sé que en esta partida
nadie tendrá que notarlos. Tened, dijo
el Antimica ntáo, que los estiméis e*
muy justo, pues os favorecieron; tam­
bién será bien visto que los alabéis;
pero esto sin hacer odiosas comparacio­
nes , porque es mucha debilidad y po­
breza de discursos no saber ensalzar á
unos, sin deprimir la gloria de otros, y
en cuanto á su decantada liberalidad ó
largueza, será verdad respecta á lo que
experimentasteis; pero en cuanto á lo
general, tan sentado tiene allí su impe­
rio la avaricia, como en donde mas
pueda exagerarse; como yo no he via­
jado, no lo se por experiencia; pero sí
lo he leido en uno de los mas clásicos
y grandes eruditos de su nación: á la
mano le teneis; ese libro es que está
á vuestra izquierda, intitulado: Obras
diversas del señor B en el discurso V III
de la gloria , á la página 155 dice:
Tengo sentimiento de haber de decir,
y de echar en cara á una nación tan
noble y tan estimada como la nuestra,
un vicio tan bajo y despreciable como
el de la avaricia. E s muy cierto que

DE WANTOíí.

2uI '

este infeliz interés , que no debiera ser
conocido sino entre los mostradores y
casas de cambio , es el Dios de la corfe, y el objeto y fin de los cortesanos.
E s también certísimo que en su obse­
quio se sacrifican los pensamientos , />«labras y acciones; y que se hace que
le sirvan el espíritu , la b iza rría , la
v irtu d , eZ vicio, y tanto las buenas
como las malas acciones.

De aquí pasaron á los defectos de
unos y otros naturales, y á las faltas
de unas y otras cortes, en que hubo
mucho de proverbios pueriles, cuentccillos de bodegón, y dicharachos de la
plebe ; el señor Brusco seguía procu­
rando afirmar todas sus proposiciones
con retazos de sus mismos escritores
piíblicos y acreditados, y aun con li­
bros enteros de crítica acerca de sus
costumbres, como el espíritu y la cosa:
el modo de injerir el ju ic io ; y otros
muchos, cuya relación ahora no es del
caso: el señor Camueso-ingerto por el
contrario, producía otros tantos en su
defensa, se afirmaba en cuanto había
propuesto, añadiendo mil preciosidades,
y por último dijo: dadme otras cabezas

282

VfAGES

mas fecundas en proyectos nunca oídos,
y en inventos mas útiles al comercio
de las gentes; omito los muchos que
sabéis y estáis experimentando, y ven­
go á lo mas moderno, y que acaso ni
habréis siquiera imaginado posible: ya
una de estas, cuya fermentación es inapurable, á costa de fatigas y desvelos
continuados ha podido hallar el modo
de transitar por los aires; ved, en po­
niendo en práctica esta invención, sino
se deberá mas á este caballero, que
cuantos ingenios han brillado en las
demas naciones por la larga generación
de los siglos: ved si esto solo no es ca­
paz de acreditar, no digo á una ciudad
una provincia, sino á muchos reinos:
no tengo que ponderaros la importan­
cia de este invento, pues sus utilidades
están tan á la vista y son tan claras
que no se ocultan á persona alguna.
A estas palabras dio una gran car­
cajada el señor Brusco; picóse su an­
tagonista, y se encendió la disputa con
mas fuerza: lo único que yo saqué de
ella fue entender, que el inventor de
tan célebre máquina se ofrecía á dar­
la corriente luego que hubiese quien se

á

ó

DE WANTON.

atreviera á costearla ; que su velocidad
era increíble, pues podia caminar trein­
ta leguas en una hora sola; que ni los
ardtíres del sol, ni las violencias del
viento, ni los vapores del mar impe­
dían sus maniobras , teniendo varios
muelles y registros para manejarse cuan­
do la acometían estos contrarios; y que
la respuesta mas genuina que podia
darse á las objeciones acerca de la im­
posibilidad de mantenerse sobre una
columna de aire, que aun concibiéndose de la mayor gravedad, siempre
liabia de ser incompatiblemente mas
leve que el peso que debía sostener,
pendía de materia de hecho, pues el
que se determinara á suplir los gastos,
vería vencidas estas dificultades: asi de­
fendía su partido, y á fuerza de pul­
mones el referido caballerito, hasta que
haciéndose tarde, se puso término á
la disputa, y cada cual marcho á su
destino.



384

viag.es

C A P ÍT U L O X X L

De la salida de Enrique y Roberto
de aquellos países, y regreso á su
patria.
Ji-n tré en mi cuarto, y al punto sa­
qué y volví á leer la carta que acaba­
ba de recibir de mi amado Roberto;
la novedad que contenia era muy re­
gular en los términos que él se había
puesto; la voluntad del soberano se ma­
nejaba enteramente por la suya; por
consiguiente, debían ser tantos sus ému­
los, cuantos son los ambiciosos corte­
sanos que pisan los palacios: tenia m u­
chos motivos Roberto para no captar
la benevolencia de estos; era un ver­
dadero sábio ; y asi, la preocupación,
la envidia, la adulación y los demas
vicios capitales de que ellos abundan,
eran forzosamente sus contrarios: para
llenar las obligaciones de su cargo ha­
bía de mover guerra á estos verdade­
ros enemigos del príncipe y del estado;

DE WANTUN.
285
las armas para sojuzgarlos, son la ilus­
tración , la verdad , la justicia y las
demas virtudes, inseparables compañe­
ras de la sabiduría, que no están bien
avenidas con aquella miserable turba
de necios: asi fue que no perdía pro­
porción para desacreditarle, ni ocasión
que les pareciese podían servirle de
camino para su ruina; prontamente
penetraba él sus intenciones , y mas fá­
cilmente disipaba todas las nubes que
pretendían oscurecer sus hechos; pero
cansado ya de pelear con las bestias
tan indómitas, solicitó retirarse del inar
nejo; halló repulsas en el soberano,
que sabia bien á fondo la rectitud de
íu valido, y las felicidades con que
colmaba los dias de su gobierno; pero
duplicando las instancias, suplicándolo
como premio de sus servicios, y pre­
textando lo quebrantado de su salud,
alcanzó el decreto de su libertad (asi
3e llamaba é l ) con pleno gusto de sus
contrarios, pero con indecible senti­
miento de aquella noble porción de
juiciosos personages, que no dando Jua­
gar en sus pechos al feo monstruo de
áa envidia, saben hacer estimación ds

*86

VlAGEf

los sugetos dotados por la Providencia
de los talentos necesarios para gober­
nar al mundo.
Por extenso me informaba de sus
pasages con algunas reflexiones mora­
les sobre semejantes asuntos, que no
refiero por no hacerme difuso, y por
que él en sus memorias las tiene apun-*
tadas con mas delicada pluma; al mis­
mo tiempo me decía, como por me­
dio de su grande amigo el secretario
Rosal, sugeto digno de las mayores ala­
banzas , había alcanzado se levantase
el tácito destierro de Tulipán, con cu­
ya circunstancia ya no tenia impedi­
mento para celebrar sus bodas, y que
por consiguiente podía yo usar de mi
libertad; que era de parecer, que de­
jadas mis peregrinaciones, no exponién­
dome á padecer mas trabajos, me fue­
se á unir con él para ver si juntos po­
díamos conferir y hallar algún modo
de salir de aquellos paises, y restituir­
nos á nuestra amada pátria.
No necesitaba proponerme muchos
alicientes para aceptar el partido que
mas debia desear; pero él para no
omitir circunstancia, me formaba el

DE

WANTON.

287

plan de vida tranquila que se Labia
imaginado, si ( como era regular ) no
hallábamos modo ó medio para nues­
tro regreso. Había vendido todos aque­
llos muebles que no podían servirle pa­
ra comodidad de la vid a, y que solo le
liabian autorizado la persona por razón
de su empleo; había recibido del prín­
cipe un largo donativo, como por una
señal de recompensa de sus buenos ser­
vicios, ademas de haberle dejado sus
sueldos; la cantidad que de estos había
ahorrado con la única mira de hacer
á favor de aquel estado, de donde los
habia recibido, algún señalado bien,
era muy crecida; y todas estas partidas
juntas ascendían á un capital capaz de
llenar sus ideas. Estas me diseñaba por
mayor en su referida carta; y me decia
como para ponerlas en práctica se ha­
bia retirado al campo con nuestros an­
tiguos patrones, aquellos rústicos villa­
nos que nos dieron la primera acogida
en aquel continente; a llí, me decia,
quedaba tirando sus líneas para fabricar
una casa, cuyas comodidades no nos de­
jasen que apetecer, y en donde, despre­
ciados los oropeles de Siinio'polis, y las

-s 8 8

VIAGF.S

necedades de sus naturales, podríamos
•vivir como verdaderos racionales dedi­
cados al estudio de la filosofía, procu­
rando con nuestras observaciones y apli­
cación aquellos adelantamientos que
desde luego se proponia habían de em­
belesarnos, haciendo mas llevadero nues­
tro destierro, y dulce aquella soledad,
hasta que la Providencia nos propor­
cionase otro destino, según las miras
de sus altos designios.
Luego que consideré los deseos de
mi querido compañero, y reflexioné en
las especies que acababa de oir á Ca­
mueso-ingerto, sin dudar un punto,'to­
mé la pluma , y puse por extenso á
Roberto la noticia, diciéndole mi pare­
cer acerca de la ocasión que se nos pre­
sentaba por este medio para dirigirnos
á nuestra patria en brevísimo tiempo y
sin riesgo: el perfecto conocimiento que
él tenia de la astronomía, vencía el
grande obsta'culo de la ignorancia de los
rumbos, pues caminando de noche, no
liabria astro que no pudiera servirnos
de piloto en nuestra aérea peregrinación;
la otra no pequeña dificultad del gasto,
tal vee inútil, que era menester sufrir

DE W ANTON.

289

para costear la máquina, no hablaba
con R oberto, pues su ningún apego al
dinero no me dejaba lugar aun para la
duda. Asi fue, que sin perdida de tiem­
po me respondió agradeciéndome la de­
tención que yo había hecho en la ciu­
dad para facilitar desde mas cerca nues­
tros designios si eran de su aprobación;
en cuanto á costear el artificio no tuvo
inconveniente alguno, para lo cual me
dió letra abierta contra un rico merca­
der de aquel pueblo; pero por lo que
hace al éxito lo dificultó, porque me
decía, que ya muchos de nuestros euro­
peos, en diversos tiempos habian inten­
tado hacer transitable el a ire, y que
sobre esta materia habian escrito varios
matemáticos célebres; pero que nunca
había llegado á sazón el proyecto; mas
no obstante, que supuesto que aquí es­
tábamos en el caso de la experiencia,
tomase las medidas como me pareciera,
pues todo lo dejaba en mis manos á la
regulación de mi prudencia.
l o por abreviar, tomadas todas las
noticias y precauciones conducentes al
logro de mis deseos, valiéndome de di­
cho Camueso-ingerto para que me diese
T omo iv.
19

a y o

VT AGES

conocimientos en Miedpolis, y dirigiese
las cartas: manejé el asunto con tanta
fortuna, que bajo las fianzas que le di
en mi abono para su íntegra paga, al
cabo de seis meses me escribid el inge­
niero mico que estaba ya en estado de
servir la ma'quina. Pusímonos de acuer­
do acerca del dia en que había él en
persona de traérmela, y el lugar en que
liabia de p arar; este era un elevado
cerro inmediato i la ciudad, adonde si­
gilosamente hice conducir envalijados
mis mueble-cilios, y una corta porción
de municiones de boca por lo que pu­
diera acontecer. Iba avecinándose la no­
che, y mi matemático no parecía; ya
estaba yo desconfiado, y acusando mi
demasiada credulidad , solo disculpable
por lo mucho que iba á ganar en la
certeza de las promesas; atalayaba des­
de la cima del cerro, y por ningún la­
do veia cosa alguna; cansábame la vis­
ta, y apenas la retiré para tomar nue­
vas fuerzas, cuando repentinamente sen­
tí sobre mi cabeza un ruido como de
una numerosa bandada de palomas que
pasaban cortando el viento; y alzando
«1 rostro para observar esta novedad,

/

DE W A N t O N .

29I

hallé el artificio y al maquinista ya á
mi lado. Saludóme cortés, hablándo­
m e , bastante para entenderle, en la
lengua mona, y me pidió perdón de
la tardanza, que había consistido en no
haber podido salir temprano aquella
mafíana de su casa; pero que no habia
gastado en llegar mas que diez horas, no
obstante haber corrido trescientas le­
guas.
¡Qué consuelo sentiría mi corazón
al ver logrados mis deseos en cuanto á
la primera parte, que era lo pertene­
ciente á la máquina! y ¡qué esperanzas
no concebiría de que ya habia llegado
el suspirado dia del regreso á mi patria,
después de una tan penosa y larga
ausencia! Quedóse el célebre mico aque­
lla noche conmigo, recogidos ambos en
la dicha máquina, porque tenia tam­
bién su cubierto á manera de una caja
de coche, para defenderse de los malos
temporales; encendimos un gran farol
que estaba en la trasera ó popa (como
quisieren mis lectores) en la forma que
le tienen las naves en Europa; y ert
breves razones (gracias á su claridad)
me instruyo en todo t i uso de cuerdas,

292

. - VIAGES

'

muelles; garruchas, palan cas,' tornos,
cuñas, velamen, clavijas y demas ins­
trumentos don que para parar, ó para
cualquiera de las siete leyes del movi­
miento ya lento, ya apresurado, se ma­
nejaba aquella mole; me instruyo dei
peso que podia sufrir, á proporción de
la elevación que se tomase, pudiendo
este llegar basta el enorme de veinte
arrobas (cosa que me dijo, ni aun por
el pensamiento había pasado á cuan­
tos hidrostáticos habían solicitado has­
ta entonces este descubrimiento); me
proveyó de m artillo, tenazas clavos y
otras prevenciones^ por si ocurría al­
gún accidente en que fueran necesa­
rias; y últimamente, instruido de la
ruta que yo quería tom ar, me dio una
especie de brújula para que me sirvie­
se como de guia hasta el puesto en
donde determinaba hacer parada, y una
carta geográfica de aquellas provincias
y de los reinos adyacentes, para que
me pasease á mi satisfacción por todas
partes: ignoraba é l , porque no era del
caso revelarlas, mis intenciones.
Llegó por fin la inedia noche: es­
tábamos cu el plenilunio, y arreció el

DE W ANTON.

293

norte , conjunto de circunstancias que
no quiso el sábio mico que perdiese;,
considerándolas oportunísimas para mi
viage; recibió de mi mano el resto del
precio pactado; partióse para la casa de
un amigo paisano que tenia en la ciu­
dad , y yo me remonté' por la región
del aire, perdiendo de vista en breves
minutos el elevado monte de donde ha­
bía partido: no me pareció que con
la novedad llevaba el tino tan seguro
que hubiera sabido poner en práetiea
las doctas lecciones que me habia co­
municado aquella sapientísima lumbre­
ra de la maquinaria, si hubiese llega­
do el caso necesario ; pero como, so­
plaba el viento tan felizmente, no tu­
ve que hacer mas que dejarme con­
ducir. Tres horas y media llevaba de
viage cuando comenzó á rayar la auro­
ra, saquá mi anteojo, suspendí el vue­
lo ; reconocí el terreno aunque estaba
distantísimo; y (¡qué pasmo!) me ha­
llé perpendicular mente sobre el tejado
de la casa de cam|>o de los villanos
en donde se hospedaba Roberto; que es
decir , que anduve en aquel tiempo rnas
de cjen leguas con el mas feliz suceso.

*94

VI AGE?

Di un pequeño torno hácia la ma­
rina, y luego que estuve en las pla­
yas ole nuestra antigua arribarla, hice»
dar fondo á mi bagel volante , escon­
diéndole en el valle inmediato á da cue­
va, que fue nuestro primer receptácu­
lo en aquellas distantísimas regiones; ya
iba á salir el sol cuando llegué á lla­
mar en la casa de aquella rústica fa­
milia; fué la que salid á abrirme la
oficiosa Oliva con un hijuelo de man­
tillas en los brazos: tuve que sufrir el>
fastidio de sus afectos, y el singular
con que favorecen por allá general­
mente las incautas madres á las per­
sonas que mas estiman de entregarlas
el muñeco para que le hagan gorgear
y le besen; siempre me estomagaron
estas expresiones, pero muchas veces
era fuerza condescender por no de­
sairar su buena voluntad y cariños:
sus padres cargados de años y soste­
nidos en sus respectivas muletas, sa­
lieron á abrazarme , y todos se sor­
prendieron por mi inesperado arribo,
y mas no viendo carruage ni caba-i
Hería alguna.
Renováronse memorias antiguas,

DET W A N T O N .

295

creció el alboroto, y llegaron las vo­
ces hasta los ordos de K oberto, que
inmediatamente dejo la cama. Moles­
ta y nada útil á mis lectores fuera la
relación del tierno diálogo que pasó
entre los dos, luego que acabados los
primeros públicos plácemes, quedamos
solos ; por tanto omito expresarla por
menor: hicimos una breve recopilación
de nuestros aventuras; expliqoále las
apreciables circunstancias de la admi­
rable máquina, concebimos nuevamen­
te unos vivos deseos de la v u t’ ta á
nuestra patria; conferimos con toda re­
flexión lo que debíamos ejecutar para
el logro- de nuestros deseos, oculta­
mos á aquella familia nuestros pro­
yectos , no fuera que un imprudente
cariño nos los desbaratara; y pretex­
tando que teníamos que hacer desde
lo alto de un cerro unas observacio­
nes astronómicas, que podrían serles
muy útiles en adelante, en donde ne­
cesitaríamos permanecer sin trato de
gentes por una semana, les hicimos
conducir á el que estaba mas inme­
diato al valle en que habia yo colo­
cado la m áquina, una abundante pro-

296

V I AGES

:

visión de pan, fiambres, fruta, vino
y agua, como para ocho dias; no per­
mitimos quedase persona alguna como
ellos querían á servirnos ; y solo le
prevenimos, que al fin de la semana
viniese un mono, por si se nos ohecia alguna cosa: es regular .que asi lo
hiciesen; pero ¡ qué admiración seria
la de aquellos rústicos, y qué jui­
cios tan graciosos y ridículos los de
la supersticiosa vieja, cuando no ha­
llaran allí mas rastro de nosotros, que
la tienda de campana que para mayor
disimulo se había armado en aquel
puesto, y una porción de monedas en
unos papeles con proporción y distin­
ción para todos ellos! Aunque puntual­
mente no puede saberse, se deja bru­
julear por los risibles necios discursos,
que siempre forma el vu lgo, ruando
se le oculta las causas de unos efectos
maravillosos, á lo menos en la apairiencia.
Desembarazados de aquella compat­
ina , descendimos al lugar del escontdite de la tal m áquina, y aunque pe:sada, luego que pusimos en juego ha
maniobra correspondiente -de ruedas jy

lomo

D e la salida de Enrique y
lieTto de a q u e llo s p a í s e s y re
greso á su p a tria .

DE W ANTON.

297

palancas, la movimos con tanta fa­
cilidad, como lo cuento; subírnosla á
la cim a , acomodamos en ella nues­
tras provisiones^ encomendémonos muy
de veras en manos de la Providen­
cia Divina con todo el fervor y de­
voción que respiraba la religiosidad del
corazón de Roberto ; y siendo como
las siete de la tarde, al ponerse el
so l, levantamos el vu elo, soplándonos
el viento de poniente. Llevábamos en­
cendida la gran linterna, y la brú­
jula y el relox á la m ano; inclinóse
un poco el aire á sud oeste, y en­
tonces me dijo Roberto: parece, amigo,
que todo se nos vá proporcionando á
medida del deseo: según el tiempo que
lia que caminamos ya hemos volado
treinta leguas; por tanto, estamos fue­
ra del golfo de Eschenovacia; y si el
ruido de las olas, y la altura del polo
no me engañan, nos hallamos sobre
el mismo banco de arena, en que des­
pués de la deshecha borrasca, que por
tres dias padecimos en el océano, fra­
casamos, y deshecha nuestra nave, per­
maneciendo solos en el mal coinpagi-

298

VI AGES

nado resto del buque que habia que*
dado de ella, fuimos zozobrando, y
dirigiendo nuestras deprecaciones al Al­
tísimo, hasta que al estar á la vista
de la playa , cesando la tempestad pudimos tomar tierra, salva'ndonos por
el dicho golfo en el pequeño esquife
que nos habían dejado nuestros des­
dichados compañeros; y como á este
parage en que estamos nos condujo
un norte deshecho, para lograr apar-*
tamos felizmente de las tierras incóg­
nitas australes, y llegar á algunas cos­
tas conocidas, necesitábamos que se
levantase un buen viento de su r: y
esto es puntualmente lo que va suce­
diendo; en cuya inteligencia, podéis;
pues lo entendéis mejor que y o , to­
car los registros convenientes; y dando
media vuelta á la izquierda, dirigir el
rumbo hacia el septentrión.
Asi se ejecutó, y asi caminamos
basta las diez de la noche, en que ya
estaba el viento fijo al mediodía; pero
habiendo tomado poco á poco cuerpo,
pasó últimamente á ser un deshecho*
h u ra c á n a lte ró s e el m a r, y las olas

DE WANTON.

29 9

que rtoá amenazaban i bramidos, tan­
to se encresparon que nos fue fuerza
remontar el vuelo para no anegarnos;
enton es fue cuan lo embistiendo un re­
cio torbellino á. la máquina, lo pri­
mero que hizo fue arrancar el farol,
y dejarnos envueltos en la oscuridad,
pues unas densas nubes tenian ofus­
cada la claridad de la luna ; rompió
los cables, deshizo las velas, desba­
rato todas las obras sobrepuestas, y
nos llevo algún tiempo hechos pelota
y juguete de su poder violento: no
nos había quedado ya socorro en lo
humano, y cuando por momento es­
perábamos, que perdiendo su fuerza
el viento, no pudiendo sostenerse la
máquina por haberse ya deshecho su
artificio , seriamos sepultados en el
centro del mar , fuimos arrebatados
por un furioso remolino, y dando in­
decibles vuelcos, estrello (según des­
pués colegimos) aquel armatoste con­
tra una escarpada roca , que sobre­
salía en medio de las ondas : privó­
nos de sentido el terrible golpe; pero
con poca diferencia de tiempo vol-

P*300

VtAGTtS

vimos en nuestro acuerdo, y abriendo
los ojos, nos hallamos como unos pa­
jarracos sobre un alto escollo , sin
abrigo ni auxilio alguno , sin saber
cuanto tiempo estuvimos zozofrando
por los aires, ni á que hora acaeció
aquella aventura, pues ya iba ama­
neciendo, cuando finalizó nuestro pa­
rasismo ; de la famosa máquina ape­
nas habia quedado tabla con tabla,
ni alguna otra cosa de toda su com­
posición; y finalmente, solo estaban
junto á nosotros las maletas en donde
llevaba yo estos borradores de mis
aventuras, y alguna parte de nues­
tros bastimentos; todo lo demas ha­
bia , sin duda, rodado basta la ori­
lla , de donde lo arrebató la resaca
de las olas; y entre las pérdidas no
fue la menor la de algunos legajos
de apuntaciones y memorias de las
observaciones de mi amigo Roberto;
cuya lección hubiera sido en Europa
de grande instrucción y deleite.
En esta situación nos hallábamos
sin saber qué partido tomar , y asi
pasamos toda la mañana, hasta que

DE W A N TO N .

3O I

& media tarde descubrimos como á
dos leguas de distancia unas velas,
que cruzaban aquellos mares; recibi­
mos un inexplicable consuelo ; y para
atraer con la novedad á aquellos pasageros, atando al cabo de unos res­
tos de tablas de nuestra máquina los
pedazos de lona que había perdonado
el viento, levantándolos en a lto , los
movíamos á uno y otro lad o , para
habernos visibles ; como lo pensamos
lo conseguimos, porque los visos de
los reflejos del sol en el lienzo les
llevó la atención , y con el anteojo
distinguieron prontamente nuestras per­
sonas, y haciéndose cargo de que se­
riamos algunos miserables náufragos,
dirigieron su rumbo liácia nosotros.
Tiempo habia de ven ir, nos deciamos
mutuamente , en que se finalizasen
nuestros trabajos, cuya memoria nos
servirá algún dia de complacencia; por
fin llegó el caso de que la Provi­
dencia Divina se apiadase de estas sus
criaturas; démosla humildemente gra­
cias por su clemencia, y aproveché­
monos de sus beneficios : ya al fin

302

VIAGES

de tales coloquios había corrido la na«
ve lo bastante para conocer que era
un navio mercante , trayendo para
complemento de nuestras satisfaccio­
nes la bandera inglesa: recogiéronnos
en el bote, y brevemente en el bu­
que principal , en donde al oirnos
hablar ingle's, y vernos vestidos tan
extraordinariamente , se llenaron de
admiración , y nuestros ojos de lá±
grimas movidas de la ternura y gus­
to que inundaron á nuestros corazo­
nes al recibir los plácemes y bien­
venidas de nuestros honrados compa­
triotas.
Un mes duró la navegación, basta
que con la mayor felicidad llegamos
á Portsmouth, y en todo él no hubo
día en que no tuviésemos que satisfacer
la curiosidad de nuestros conductores.
Les parecía cosa de sueno nuestro su­
ceso; cada una de nuestras raras aven­
turas les causaba la mayor extraileza;
pero sobre todas les sorprendió la de la
máquina volante. ¡Qué pérdida, decian,
tan incomparable! ¡Qué lástima que fue­
se tan corto el tiempo que estuvisteis

DE

WANTON.

303

en e lla , que no pudieseis habér com­
prendido su construcción! ¡Qué servi­
cio hubierais hecho á la patria! ¿Quien
hubiera en tal caso podido resistirnos,
si á nuestro espíritu revoltoso por mar,
se hubiera agregado el ambulativo por
el viento? No habían entonces de bur­
larse de nuestras arengas, de nuestros
discursos patéticos, y lo que es peor,
de nuestro poder lo s.. . . Aquí se mi­
raban unos á otros, y por el bien de
la paz dejaban el razonamiento, en lo
que claramente se dejaba conocer, que
aun entre tan corto número no faltaba
su partido de oposición. Nosotros agra­
decidos , á ninguno queríamos dejar
descontento $ y solo en punto á la pér­
dida de aquel nunca bien alabado arte­
facto volátil, los consolábamos diciéndoles, que supuesta la habilidad del
diestro hidrostátieo, que le invento y
puso en práctica con feliz suceso, pues
no es culpa del arte que el artificio
tenga que ceder á una fuerza extraor­
dinaria de los elementos, si D ios, por
adelantamiento de las artes, le concede
la larga vida que le deseamos, vere-

1

3°4

VI AGES

mos con el tiempo venir vagando por
la región del aire tal porción de ellos,
que se inundará de micos y de mo­
nos nuestra Europa.

R E T A Z O S (*)
DEL

3°5

GR A N DICCI ONARI O
DE

CIENCIAS Y ARTE DE CORTE,
Que compuso el experimentado señor To­
mate , según pude recoger y poner en
orden de los borradores que manchados ,
rotos , y por la m ayor parte ininteligibles ,
me regaló él m ism o , como dejam os a r­
riba insinuado a l fo l. 6 1 de esta obra.

A

dulaciones

(**): unas píldoras de

hermosísima

configuración por de-

(**) Aunque se tenga por baja esta voz , se
lia puesto asi por parecer que se acomoda roas
con su texto original; no obstante que un eru­
dito del tiempo estuvo muy empeñado en que
escribiese rasopdius ; sobre lo que , según cos­
tumbre de estas sabandijas, babló mil d iv in i­
dades acerca del vestido encarnado ó azul de
los rapsodistas para recitar la Diada ó la O dysea , y otras varias cosas tan del caso corno es­
tas : no hice asunto de sus despropósitos ; y él
en venganza me amenazó con desacreditar mi
o b ra ; yo recibí esta noticia del eruditísim a
desacreditador con una salva de carcajadas, co­
nociendo que el público daría á sus notas igual
graduación á la que ba concedido á las de sus
habladorísimos mentecatos compañeros.
( * * ) No se debe extrañar que en aquello

TOMO IV.

20

fuera, pero interiormente de una con­
fección del mas activo veneno: recétanse comunmente para personas del
alto carácter, y se toman por el
oido.
a la b a n z a : especie de prisma en que
aparecen les colores que no hay :
sirve de diversión á las gentes ricas
y poderosas j pero le usan por nece­
sidad los inferiores.
Amistad : mascarilla para disfrazar cualremotísimos países una misma voz tenga dos
sentidos , y tan diversas las significaciones co­
mo ser una la de la común acepción, y otra la
que explica el Gran Diccionario ; pues lo mis­
mo frecuentemente vemos que acontece en nues­
tra Europa. Quien entre nosotros oyese decir
(sin mas antecedente) que uno habia hecho
un regalo de unas medias blancas y un Agnus
D e i : ¿ no creería que se hablaba de un presente
para una novia de aldea , que consistía en un
buen calzado para el día de la boda, y un dige
ó relicario para que le colgase al la d o , dando
envidia á las restantes mocitas que no tuviesen
una gala semejante? Pues puede ser el signifi­
cado tan diverso, como dar á entender haber
regalado á alguno que estuviese contagiado de
la numismo-manía, unas monedas españolas de
bajo precio, las primeras del reinado de D. Juan
el I. por los anos de 1290, y las otras un siglo
mas m odernas, en los tiempos de D. E nri­
que I II .
Las voces significan lo que quiere el común
consentimiento de las gentes.

307

quierá sus verdaderas y reales fac­
ciones, y obrar sin ser conocido.
barbarie : una materia sutilísima que
se introduce en muchas composi­
ciones celebradas por un milagro
del arte y de la ciencia.
b ien es : instrumentos muy á proposi­
to para hacer las máquinas llamadas
Méritos.
brazos : velas con que se navega fe­
lizmente aun en tiempo de mayor
borrasca.
S uena f e Aquí estaba rasgada una
porción del papel de modo que no se
podía leer cosa alguna y en verdad
que espérdida pero pérdida que hu­
biera podido repararse si yo no fue' ra flaco de memoria porque acerca
de este punto me dijo admirables co­
sas el señor Tomate y puso muy de
bulto los ejemplos.
buenas palabras : cierto simple • de
un sabor agradable, que está en mo­
da recetar para todos los males; pe­
ro que jamas surte efecto por 6Í
solo.

i

...

;

;

,

,

CEJAS ( ARQUEAMIENTO DE ) í Según los

últimos cálculos fisionomicos, es una

3°8

de las indefectibles señales de próxima
mentira.
ceremonias : ciertos perfiles y sobre­
puestos de las obras, por lo regular
risibles ó supe'rfluos.
charlatanería : arte enciclopédico pa­
ra poder sin estudios hablar admira­
blemente en todos los asuntos que se
ofrezcan, con la misma inteligencia
en unos que en otros.
cortesías : formulario del arte de men­
tir por hábito; las fórmulas son di­
versas , como por ejemplo : besoos las
manos; ni se besan, ni tal cosa se
desea: no hay mas que mandar lo
que se ofrezca ; jamas se cree llegue
el caso de cansarse en obedecer. Hay
otras proporcionadas al carácter de
los sugetos que las usan, como: tí
Dios , señor para los que se creen
personages de suposición : á Dios,
señor mió , para aparentar protección
con fingimiento de agasajo, y reali­
dad de vanidad y soberbia. Alguna
vez suele ser por efecto de mentecatismo : á Dios , amigo, ’ para tomar
el tono de superioridad con una men­
tira al canto: d la órden, para arren-

3°9
dajos de palaciegos afectados : siem­
pre tuyo , para embusteros de cuatro
costados &c.
desvalidos : aquellos agentes principa‘ les de las fuerzas centrífugas.
dones : segurísimo emplasto con que
maduran los humores mas empe­
dernidos.
empeños : palancas, cuyas fuerzas son
mayores ó menores á proporción de
cuanto son mas 6 menos compuestas,
y según la habilidad del facultativo
respecto á los casos y tiempos de su
aplicación.
enredo : fuerza resultante; es la úni­
ca que proviene de diversas fuerzas
paralelas , cuyas direcciones se enca­
minan á la unión. Vúase intereses.
erudición : arte de hablar en todo,
y de entender en todas materias. En
Simiúpolis se aprende fácilmente por
haber innumerables escuelas públi­
cas , particularmente en los estra­
dos , antesalas y tiendas ; hay quien
asegura se ven ya algunas en las co­
cinas, con motivo de la gran colec­
ción que en ellas se ha hecho de
cantidad de códigos de la facultad,

3 *^

que han parado allí envolviendo Es­
pecias : se espera que prontamente
las haya en los portales y caballeri­
zas, en recompensa de las diversio­
nes que de estos lugares ha enviado
.. la librería á los gabinetes.
>
esperanzas : unas á modo de caran­
toñas de cartón, que aparentan cer­
rar un tesoro, y solo contienen pedacitos de vidrio ó latón : son muy
buenas para entretener y hacer ca­
llar á los chiquillos que aun están con
la leche en los labios.
farándula : arte de hacerse persona
enigmática y de protección.
fortuna : alguna vez suelen asi llamar­
se ciertos pantanos y cenagales muy
cubiertos de yerbas y florecitas , en
donde perece el que pone despreve­
nidamente el pie encima.
gracejos : ciertas sales tan contrarias de
las comunes, que todo lo corrompen
. y dañan.
gracias picantes : unas salsas de que
se hace mucho uso en las mesas de
.algunos poderosos, porque su estraga­
do paladar se conforma con semejan­
te gusto; pero de pe'sijno sabor para

3i *
las personas sensatas, y m uy nocivas
para los inocentes.
habladuría : máquina bélica, que cau­
sa terribles destrozos ; los que la lo­
gran con toda su perfección son tan
osados como aborrecidos , y suelen
perecer precipitados por ella misma.
holgazanería : adornos diarios para to­
dos tiempos de gente r ic a ; parecen
m uy m al, y no obstante no se ad­
quieren sino i costa de grandes cau­
dales.
ingeniatura : voz del arte venatorio,'
genérica, comprensiva de toda suerte
de lazos, cepos, trampas & c. para
todo género de piezas.
intereses : fuerzas paralelas, cuya di­
rección se encamina á reunirse: los
hay de diversísimas especies, no son
los de menos resistencia los de
metal.
•j actan cia : unas grandes vejigas muy
hinchadas que revientan con grande
estrépito, pero que no contienen otra
cosa que aire.
lagotería : arte mecánico; suele ejer­
cerse bajo de otros nombres por sugetos de graduación y gerarquía:

312
tiene varios curiosos instrumentos,
como á los pies de V. fuelle para
llenar de vientos varios cuerpos que
inflaman fácilmente. La innata pie­
dad de V. tenazas para descerra­
jar el cofre ó escritorio mas reni­
tente &e.
manejo : ciertas trampas para pillar
leones, tigres y otras fieras de ma­
yor entidad.
m an o : instrumento de diversas signi­
ficaciones , según su varia aplica­
ción , co m o : tener mucha mano;
es un acopio de materiales opor­
tunos , para hacer las fábricas mas
disparatadas que ocurran : dar la
mano, es usar con los graves de
dicho instrumento , para que po­
niéndose mas leves que la espuma,
queden en aptitud de subir hasta
adonde se aplique la máquina. M a­
no á mano, es la unión de estos
instrumentos , con que sin ruido
puesto en ellos el material corres­
pondiente, se forman las madejas,
y de allí los ovillo s: también en
. la misma máquina suelen fabricar­
se cuerdas, cuchillos y otros varios

3*3
instrumentos cortantes y magullan­
tes. Mano sobre el pecho, suele de­
notar algunos síntomas del corazón
á veces aparentes.

menesterosos: yunques en donde, pues­

tos á proporción, se descargan los
golpes de los imprudentes.

méritos : ciertas máquinas pneumáti­

cas de unos muelles muy fuertes
para elevar diversas materias, que
por su pesadez jamas saldrían del
polvo de la tierra: se hacen con
varios materiales; las liay de oro
y plata; otras de paños de varios
colores; otras de papeles genealógicos; otras de tierras gredosas y
bien unidas &c.
moneda: cierto simple necesarísimo pa­
ra la perfección de todos los com­
puestos en las ciencias y artes. Otras
veces significa lo mismo que má­
quina de transformación. Aquí al
margen había una nota que decía:
egemplos: luego que aprendieron á
ponerla en movimiento, el señor N.
de un mono necio é inhábil para
todo , quedó docto, eruditísimo, y
apto para cualquiera empleo ó dig-

3*4
nidad: el conde de N. de un delin­
cuente perjudicial en la república,
se volvió un padre de la patria:
el caballero N. de un pobre pechero
villano y de ínfima raza, se trans­
formó repentinamente en un noble
de cuatrocientos costados, y mas si
hubiera querido &c.
monería : ciencia de rendir fortalezas
por sorpresa y por asalto.
mutua dependencia : unas ayudas muy
eficaces, que facilitan todo lo que
en otras circunstancias seria de difí­
cil digestión.
nobleza :.... Aquí habían caído unos
borrones que impedían la lectura, y
yo por no faltar d la debida legali­
dad he querido dejar en blanco este
artículo.
obsequios : cebo para cazar aves de vuelo
muy remontado.
oropeles : ciertos muebles, cuyo con­
tacto entontece y emboba á quien los
maneja sin interior conocimiento: por
lo regular se halla en los que se de­
jan llevar únicamente de su exterior
brillantez.
paciencia : fruta del pais muy nece-

3J5

áaria para el mantenimiento de po­
bres y desvalidos. También es medi­
cinal. Véase quejas.
pesetas : un específico eficacísimo con­
tra toda especie de insultos: es pro­
bado.
pobreza : accidente muy común en aque­
llos países, debilita de pies á cabeza
á quien acomete , y le deja inhábil
para todo : .solo se cura con el espe­
cífico pesetas.
pretendientes : especie de mazos, con
que debe labrarse la dureza de los
poderosos; se hacen de diversas ma­
terias , como de papel, de madera, de
plomo; estos últimos son mas útiles.
queredla : es lo mismo que el sonido
bajo de cualquiera cosa: y suele ser
tan remiso, que es menester gran
perspicacia de oido para llegar á per­
cibirle.
qubjas : unos tonos tan patéticos, que
lastiman demasiado al pecho, y si
alguno se aventura á ejecutarlos,
queda de resultas necesitado para su
curación de usar con abundancia de
cierta frutilla del pais que hay para
* tales casos. A dase paciencia.

316
no inteligentes pasan fácilmente por
la ley; hay de ellas algunas absolu­
tamente falsas: otras tienen parte de
liga.
sinceridad : arma prohibida: está ex­
puesto á grandes penas el que la usa:
ya se halla muy rara.
soberbia : unos risibles aparatos y
composturas para dar.aum ento, y
realce á lo que por sí es ridículo y
despreciable.
trápala : especie de escala con que se
llega á grandes eminencias ; pero no
suele ser muy seguro este instrumen­
to por sustentarse en unos pies muy
resbaladizos.
tratamiento : unos humos de muy
buen olor, pero que trastorna las
cabezas, y singularmente las de las
monas.
truaneria i arte de medrar.
valimientos : ciertos muelles con que
obran las fuerzas centrípetas.
vanidad : un condimento de pésimos
efectos, pero no obstante de gene­
ral uso.
vervosidad : por lo común se conoce
risitas : moneda contrahecha que los

3r 7
con este nombre una dolencia de
mucho riesgo; y el que la padece
está en un continuo delirio.
zalamería : salvo conducto con el que
se concede entrada franca, aunque
sea en la plaza mas cerrada y de­
fendida.
zelo : una especie de capa para lograr
la propia conveniencia. También sue­
le servir para ocultar las armas
ofensivas y prohibidas por todas
leyes.
Estos son artículos que sin ter­
giversación alguna estaban íntegros en
los referidos papeles; se omiten otros
muchos por no faltar á la prometida
legalidad, pues para haberlos puesto
corrientes hubiera sido necesario en­
mendarlos, y suplirlos en varias par­
tes en que se hallaban defectuosos.

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ÍNDICE
de los capítulos que contiene este
tomo cuarto.
C japitulo i . Enrique y Tulipán

son asaltados de una tropa de
vandoleros............. .... . . . Pág. i
c a p . i i . De la tertulia á que asis­
tieron Enrique y Tulipán en un
lugar de su tránsito .................. 28
ca p . i i i . Llegan algunos foraste­
ros á la posada , y entre ellos
un antiguo amigo de Enrique. 43
c a p . iv. De los juegos llamados
de prendas ..................................60
c a p . v. De los hidalgos de los lu­
gares en aquellas provincias. . 71
c a p . v i. Instrucción que dió el
alcalde acerce de los hidalgos
del lugar...................................... 85
cap . vil. Del convencimiento del se­
ñor Tomate acerca de los vi­
cios de los lugares.................... 102
cap . v iii . Dase idea de los M a m ­
mones y de las aventuras del
señor Roble ..................... . . . 113.
cap . ix. Llegan Enrique y Tuli-

320
pan á la provincia Egestaria. 129
x. De los motivos de la mala figura de muchos monos. . . 139
cap. xi. De la aventura que ex­
perimentaron en la provincia
de Inopiala ..................................1 5 1
cap. xii . Del buen hospedage que
■ encontraron después de su suceso. 16 ó
cap. xiii . De la clase y carácter
del maestro Cáñamo ................. 178
cap. xiv . Llegan Enrique y T u­
lipán á las costas meridionales
de aquel continente.
192
cap. xv. De la lucha de tigres. 208
cap. xvi. Dase una idea en gene­
ral de los monos fastuarienses. 225
cap. xvii . Enrique y Tulipán si­
guen sus viages por las provin­
cias de aquel continente. . . . 237
cap . xvrm. De la Eschenovacia. 247
cap. xix. Del establecimiento de
Enrique en la provincia de A n timicancia ...................................260
cap. xx. De la conversación de
Brusco y Camueso.....................273
cap. xxi . De la salida de E n ri­
que y Roberto de aquellos paí­
ses, y regreso á su patria . . 284
cap.

LISTA
de los señores suscriptores.
E l Senno. Sr. Infante Don Francisco
de Paula.
D. Severo Camino.
Doña Gregoria Ayuso.
D. Pedro Diaz.
D. Francisco Albert.
D. Pedro Antonio Madrid.
D . Vicente Escribano.
D. Fernando Montoya, por 2 ejemps.
D. Pascual de Yrigoyen.
D. José Diaz Jimenez.
D. Javier Millen.
D. Juan de Dios Munguía.
D. Juan Saluso.
D. Luis Beldrof y Plaza.
El teniente coronel D. Diego Contador.
E l Marqués de Casares.
D. Carlos Maria de Llanos.
D. Tomás Jimenez Coronado, primer
comandante de escuadrón de Reales
Guardias de Corps.
D. J. L.
D . Luis Ortega Morejon.
TOMO IV .

21

322
D . Juan Jose Delicado.
D. José Amoi Lopez.
D. Manuel Ramirez de Arellano.
D. José A bella.
D. Andrés de Ogarriza.
D. Zacarías de la Torre.
D. Francisco Chaves y Artacho.
Doiîa Dominga Bermudez.
D. Pedro Polvorinos.
D. Jsidro Gonzalez.
D. Juan Fdiguel de san Vicente.
Lie. D. Pedro Lujan.
D. Ignacio Llopis.
D. Bernardo de Salazar.
D. Manuel Pardo.
D. José Fernandez Merino.
D . Zacarías Moreno y Velez.
D . Andres Iranzo.
D . Gil Castelao.
D . Francisco Antonio Bonafon.
D. Celedonio Burgos.
D . Luis Garcia Puente.
D. Marcelino Perez y Rodriguez.
D . Francisco Martinez Noriega.
Dona Asuncion Pardio.
D . José Maria del Rio.
D. Y . V.
D . Angel de Imaz.

I). Pedro Àlcéntara Pinto.
El coronel D. Miguel Duarte.
D. Antonio Lopez.
D. Juan Sanz.
D. Bernardo Buiza.
Doua Carmen Valle.
D. Manuel Cuesta.
D. José Monténégro.
D. Ambrosio Guerra.
D. Mateo José Lopez.
D. Luis Lopez de Orelie.
D. José Rodriguez de la Presa.
Doua Petra Calderon
FV José Anduaga.
El Marqués de la Cuadra.
D. Mariano Alvarez y Calvo.
D. Antonio Moreno.
D. Manuel Maria Pusterlâ.
D. Angel Fernandez de Amaya.
D. José Rivas.
D. Sébastian Ruiz Alvarez.
D. Pascual Ortega.
D. lsidro Salomon.
D. Joaquin Marcoleta.
D. Nicasio Sainz de Baranda.
D. Juan de la Cruz Osés.
D. Nemesio de la Llana.
D. R. T.

D . Juan Jo3¿ Gfajera.
D . Antonio Melendez.
D . Manuel Maria de Olarte.
D . José Maria Larra.
D . Santiago Martinez.
D . Domingo Aguirre.
D . Fermin del Rio.
D . Juan Saez.
D. Benito Soto y Loro.
D. José Mariscal.
Dona Juana Duran.
D. Geronimo Aguilar.
D . Narciso Rubio.
Doiîa Juana Diaz.
D . Luciano Paz de Membriela.
D . Genaro Guio.
D. Antonio Garcia Bermejo.
D . Elias Tolosa.
D . Angel Palmerani.
D . José García Acevedo.
D . Ramon de Alecha.
D. José Cano Caballero.
Doña Maria Valdés.
D . Mariano Alcaide.
D. José Santiago Martinez.
Dona Maria de los Dolores Granes.
D . Seralin Nicolás Aranda.
D. José Salcedo.

D. Salvador Querol.
D. Luis Muiioz.
D. José Gonzalez Ortiz.
El Conde del Valle.
D. Joaquin Mayone.
D. Juan Redondo.
D. José Jimenez de Cisneros.
D. Manuel Martinez Valdes.
D. Juan Pinillos.
D. Mariano Monseguer.
D. José Rivero.
D. Luis Molina.
D. Manuel Santa Maria.
D. Antonio de Ayllon.
Don José Montoro.
D. Angel Chamorro.
Doña Joaquina Aguirre.
El Coronel D. José Maria Ochano
D. Antonio Maria de Ibarrola.
D. Y. 0.
D. Francisco Losada.
D. Fernando del Rio.
D. Antonio Giardoni.
D. José Judas Romo.
D. Crisanto Maria Espiga.
D. José Rincon.
El Conde de Torrepilare*.
D. Juan Pertines.

326
D. Bartolomé González Florez.
D. E. H. por 2.
D. Tiburcio Carrasco, por 4.
Dona María Cambronero.
D. Alejandro Rodríguez, por 2.
D . Luis Juan Ferrer y Bonis.
EN TOLEDO.
Dona María Hernández y sobrino por
4 ejemplares.
OVIEDO.
D. Nicola's Fernandez Trabanco.
D- Juan Camayan.
D. Juan Prieto y Prieto.
D . José Alverci.
D. Eleuterio Merino Treceno.
D . Bernardo Naredo, Presbítero.
D. Custodio Saltuierri, oficial de cor­
reos.
D. Manuel Barlet.
BAR CELO N A.
La señora viuda de Brussi, por 50.
CORUÑA.
D. Ramón Calvete, por 2.
ZARAGOZA.
D. Eugenio Sierra, Administrador de
la aduana de Mullen.

3*7
D. Martin Marticorena.
D. Joaquín Gironza.
D. Mariano Ponzano.
D. D. G. Y.
D. J. L. M.
D. Manuel Cesareo de Osma.
D. Angel Polo, por 3.
SALAM ANCA.
D. Vicente Bianco, por 2.
PLASENCIA.
D. Isidro Pis, por 3.
V ALLAD O LID .
D. Ramon Rubio, del Consejo de S. M.
D . Julián Pastor, por 2.
G RAN ADA.
D. José Maria Almendros., presbitero.
Doíía Joaquina Soldevilla.
D. Manuel Quintana.
D. José Antonio Crespo.
D. M. M. S.
D. José Sanz.
SEVILLA.
D . Bartolomé Caro, por 4.

323

D. Ventura Sedaño, Superintendente d<e
la fábrica de tabacos.
D. Francisco de Paula Ramos.
D. Pascual Carballeda.
D. Manuel Rabancho.
Doña Ana Buise.
D. Cristóbal Ricbardo.
D. Manuel López y Soto.
LEON.
D. Marcos Delgado, por í .
SANTIAGO.
D. Francisco Rey Romero, por 8
D. F. R.
D. P.
Fray. Rosendo Martínez, Monge Be<,enedictino.
D. Francisco Camacho.
VALENCIA.
Los Sres, Mallen, por 6.
BADAJOZ.
D. Félix Pablo Carrillo, por a.
PAMPLONA.
D. Paulino Longas, por a.

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