Viage estático al mundo planetario. Tomo III

Lugar de publicación
Madrid

Ver datos completos

Tipo
Impresos
Idioma (código)
spa
Extensión
396
Identificador
0000000004
Miniatura
https://patrimoniodigital.ucm.es/r/thumbnail/789573
Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Imprenta de Aznar
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1794
Formato
image/jpeg
application/pdf
extracted text
VIAGE ESTÁTICO
AL

MUNDO

PLANETARIO.

TOMO

TERCERO.

í. ,


f

V

1

1

Ï

.J '

. ».

r
■»



O

u

f



,

VIAGE ESTÁTICO
AL MUNDO PLANETARIO,
EN QUE SE OBSERVAN EL M ECANISM O
y los principales fenómenos del Cielo; se indagan
sus causas físicas, y se demuestran la existencia
de Dios y sus admirables atributos.
OBRA

d e l A bate D . L orenzo H ervas r P a n d u r o ,

Socio de la Real Academia de las Ciencias y Anti­
güedades de Dublin y de la Etrusca
de Cortona.

,

DEDICADA

al E xcelentísimo S eñor D on A n t o n io P once
de L eón , C arrillo de A lbornoz , D uque

DE MONTEMAR , &C. &C. &C.

P A R T E S EGUNDA.
\

CON LICENCIA.

En Madrid , en la Imprenta de A znar.
AÑO MDCCXCIV.

4

Æ w a s , V/ays

Parte 2 . JVumJ,

5 K ‘/3.

E X P L IC A C IO N D E L M A P A L U N A R ,
intitulado S elenografía.

Q

^-JElenográfia , nombre compuesto de las pa­
labras griegas <rtjAz/ve/ ( Luna) y yp*(ptj ( pintura ),
quiere decir diseño ó descripción de la Luna;
como G eografía, nombre compuesto de yy (Tier­
ra ) , y ypa'Qui, que significa diseño ó descripción
de la Tierra. E l nombre primitivo ó mas anti­
guo de la Luna entre los Griegos es fjujvtf, según
el q u al, ellos llaman al mes /xtjv ; porque el
nombre del mes , como se lee en el Eclesiásti­
co ( i ) , corresponde al de la Luna , que es me­
dida visible de la duración del mes ; y por esto
á la Luna y al mes se da un mismo nombre por
muchas naciones. En el número 170 de mi Vo­
cabulario Poligloto noto cincuenta y nueve len­
guas , en que á la Luna y al mes se da subs­
tancialmente el mismo nombre. El nombre sele«*, aunque no tan antiguo como el nombre mcne , se usó mas freqiientemente por los Giiegos,
para significar la Luna. Platón , en su diálogo,
intitulado Cratilo , declara la etimología del nom­
bre selene, y dice, que proviene de la palabra
griega o - ( luz ) , y de las voces v¿cv ( nuevo )
y bvióv (a n tig u o ), y significa luz nueva-vieja;
porque la Luna siempre tiene luz , aunque pa­
rece que en el novilunio empieza á tenerla de
nue-

(1) A luna signum diei fe s ti : luminare , quod minilitur in consumationem : mentis secundum nomen eju s. Ecclesiast. 43. 7.

Tomo I I I .

il

nuevo : los Autores que han publicado mapas lu­
nares, han usado el nombre setene, llamando Se­
lenografía al mapa lunar , y yo he seguido su
exemplo.
Al renovarse el estudio astronómico en el si­
glo pasado , los Astrónomos previeron la impor­
tancia de hacer un mapa lunar , en que exáctamente se señalasen las manchas lunares con varios
nombres , y con sus propias y respectivas situa­
ciones ; y de este modo se tuviesen en la super­
ficie lunar términos ó parages ciertos, en que
se observen el progreso de la luz solar, ó de la
sombra terrestre en las dichas manchas , y otros
fenómenos dignos de observación , principalmen­
te en tiempo de eclipses lunares. Los Astróno­
mos antiguos miraron la Luna , como la mira
el vulgo , sin conocer , ni conjeturar la utilidad
que puede resultar de sus mapas. Plutarco, en
su opúsculo sobre la faz de la Luna , habla de
las manchas que en ésta llegan á descubrirse con
la simple vista, con la qual, aun en las perso­
nas que la tienen perspicáz , las manchas luna­
res se ven confusísimamente, como de un ob­
jeto , que no llega á distar menos de la Tierra
que 79862 leguas y media en su mayor cerca­
nía á ésta.
Los primeros Astrónomos que con los teles­
copios observaron atenta y útilmente la super­
ficie lunar , fueron , como dice Riccioli (1), Gali-

(1) Almagestum novum in tres tomos distributum : auctore Joanne Ricciolo , S. J . Bononice , 16 51 . fo l. E n e l tomo 1. lib. 4. cap. 7. pag. 203.

lileo y Scheiner. G alileo, en su larga carta es­
crita en el año de i ó n al Jesuíta Christoval
Griemberger ( Matemático , en compañía del cé­
lebre Christoval C la v io , en este Colegio Ro­
mano en que escribo), pone algunas figuras de
las manchas y montes lunares, y prescribe el
modo de medir la altura de estos. Griemberger
y el Jesuíta Josef Blancano , como consta de
sus cartas á Galileo ( i ) , aprobaron las obser­
vaciones de éste. Scheiner en el 1614 publi­
có (2) sobre los nuevos fenómenos celestes sus
investigaciones matemáticas, en que pone mapas
de la Luna , y de otros Planetas. Fontana (3)
en el 1646 publicó mapas planetarios, y entre
ellos puso veinte y ocho mapas lunares, en que
diseñó la superficie lunar, según sus observa­
ciones (4). Argolio reproduxo en dos pequeños
mapas lunares las observaciones de Fontana ; y
Cesar Lagalla , dice Riccioli citado, publicó un
mapa lunar, bastante imperfecto. El Capuchino
Rheita (5) publicó otro mapa algo mayor ; pero

á
(1) Opere di Galileo Galilei divise in I V tomi. Palova , 1744. 4. En el tomo 2 , número 457 , página 409 , se
pone la carta de Galileo á Griemberger : en los números
y páginas antecedentes se ponen la carta de Griemberger
á Galileo , y las de éste y de Blancano á Griemberger.
(2) Disquisitiones mathematicce sub presidio Christophori Scheiner de S. J . Inglostadii , 1614. 4. En el §. 2Ú , pág.
58 se pone el mapa lunar.
(3) Novce coelestium, S e . olservationes á Francisco Fon­
tana. Neapoli y 1646. 4.
(4) Andrece Argoli pandosion spbcericum. P a ta v ii , 1Ú44.
4. Se ponen dos mapas lunares en la página 228.
(5) Oculus Enoch , et E l ice , S e . Auctore F r. Antonio
a 2

Scheyr-

á todos estos Selenógrafos excedieron Miguél Flo­
rencio Langreno , Juan H evelio, Eustaquio de
Bivinis (nombre supuesto del Jesuíta Honorato
Fabri) , y el Jesuíta Gerónimo Sirsali. Langre­
no, Cosmógrafo del Rey Católico, en el año 1645,
añade R iccioli, publicó , y me envió sus mapas
lunares, formados según las observaciones que habia hecho en Madrid y en Bruxelas. Hevelio
en el 1Ó47 publicó su Selenográfia, que es un
grueso tomo en folio, y la Obra mas completa
en esta especie. Eustaquio de Divinis publicó un
mapa lunar del plenilunio de 28 de Marzo de
1649 , y Sirsali publicó otro mapa lunar del ple­
nilunio de 13 de Julio del 1650. Y o , dice Ric­
cioli , aunque antes habia grabado en madera
mapas lunares, habiendo después visto los de
Langreno y Hevelio, me determiné á hacer nue­
vos y exactos mapas de la Luna , observándola
con telescopios de Galileo, Fontana, Torricelli,
Manzini, Campani y de otros: el Padre Fran­
cisco Grimaldi , como nuevo Endimion , se en-,
cargó de hacer las observaciones lunares con el
mayor empeño y atención ; y tantas ha hecho,
que se podría formar un tomo con las que tiene
recogidas sobre los confines, regiones y perio­
dos de la libración lunar. El debe mucho á Langreno , Hevelio , Eustaquio y á otros Selenógra­
fos, que le preceden en anterioridad de tiempo,
y han sido excedidos mucho en la perfección
de la empresa.
Lan-

Scheyrlco de Rheita Ordin. Capucinor. Antuerpia , 1645. fo l.
vol. 2. Se pone el mapa lunar en el volumen primero.

Langreno distinguió las manchas lunares , po­
niéndoles nombres de Matemáticos, de algunos
amigos suyos , y de personas insignes en digni­
dad eclesiástica y seglar , que florecieron en el
siglo pasado. A las manchas grandes puso nom­
bres locales , con denominaciones morales y ci­
viles , llamándolas Tierra de la virtud , de la dig­
nidad , be. mar copernicano , océano Jihpico , be.
Hevelio á las manchas lunares puso nombres de
la Geografía , queriendo que la superficie lunar
'en la denominación de sus partes fuese seme­
jante á la terrestre. Riccioli y Grimaldi deno­
minaron las manchas lunares , no con nombres
de la Geografía , como hizo Hevelio , porque
la superficie lunar en nada se asemeja á la ter­
restre , sino en la redondéz ; ni con nombres
de personas de todos estados ó condiciones , co­
mo hizo Langreno , sino con nombres de au­
tores , que han ilustrado la Astronomía ; y á las
manchas grandes pusieron nombres alusivos á
los Meteoros, que ellas con su color parecian
indicar, llamándolas mar de frió, de vapores,
de nubes , de serenidad , &c.
El mapa Selenográfico de Riccioli y Grimal­
d i, luego que se publicó, se recibió como el mas
perfecto entre los Astrónomos, los quales hasta
ahora se valen de él para las observaciones , y
lo ponen en sus obras Astronómicas. La-Lande,
primer Astrónomo de Francia, en su conocimien­
to de los tiempos , pone un pequeño mapa lu­
nar , según la Selenográfia de Riccioli. El exJesuíta Maximiliano Hell, reconocido en toda la
Europa por su primer Astrónomo, en cada una
de las muchas efemérides astronómicas que ha
publicado, y sigue publicando anualmente , po­
ne

ne un mapa lunar , el qual, aunque mucho mas
pequeño que el de Riccioli, es muy exácto. Hell
conserva la denominación de todas las manchas
lunares á que Riccioli puso nombres, y aña­
dió otros á algunas de ellas , que no los tienen
en la Selenográfia de Riccioli. El mapa lunar
que pongo en esta obra, es totalmente conforme
al que anualmente publica Hell. Para inteligen­
cia del dicho mapa servirán las advertencias si­
guientes.
El mapa lunar representa toda la superficie
lunar , que en diversas ocasiones muestra la Lu­
na acia la Tierra. La Luna tiene un balancéo
ó menéo, llamado por los Astrónomos movi­
miento de libración (véase la página n ó d e este
volumen) , con el que parece balancearse sobre
el exe. YZ ( que se estiende desde oriente á
occidente) ácia los bordes ó extremidades bo­
real y austral , por lo que en éstas nos mues­
tra con alternación sucesiva algún espacio de su
emisferio superior ó invisible. En el mapa lu­
nar se pone el dicho espacio , que con el ba­
lancéo de la Luna se ve ácia sus bordes boreal
y austral, y por esto la figura de la Luna en
el mapa no es perfectamente redonda, sino algo
elíptica. El diámetro lunar se exprime por la
linea YFZ : el semicírculo punteado YPZ en la
parte boreal , y el semicírculo punteado Y28Z
en la parte austral compreende toda la superfi­
cie , que siempre es visible en la Luna : y los
espacios que hay entre dichos semicírculos , y
los bordes boreal y austral de la Luna , es la
dicha libración , y se ven con alternación suce­
siva en el balancéo de la Luna; de modo, que
y a , por exemplo , la mancha 116 se verá en el
mis-

mismo borde boreal, y ya la mancha 133 se
verá en el mismo borde austral. El mapa lu­
nar representa las manchas, como éstas se ven
desde la Tierra en el eclipse central de la Lu­
na , ó en un perfecto plenilunio.
A ciento y quarenta manchas del mapa lur
nar pongo números , con que las distingo y hago
corresponder á los nombres de otros tantos au­
tores , que después notaré. Riccioli en su Sele­
nografía pone y nombra mayor número de man­
chas lunares; pero y o , siguiendo el exemplo de
H e ll, he dexado de nombrar las que son poco
considerables ó inútiles para las observaciones
Astronómicas. Las manchas lunares que en el ma­
pa se señalan con letras mayúsculas ó minúscu­
las , tienen nombres de mares , lagos , & c. Hell
ha puesto nombres de nueve autores Matemáti­
cos á otras tantas manchas, que se señalan sin
nombres en la Selenografía de Riccioli , y ha
imitado á éste en distinguir con asterismos los
autores Jesuítas. Ultimamente , aunque el mapa
lunar de Riccioli se juzga el mas perfecto , y
es de común uso en las observaciones Astronómi­
cas ; pero porque es tan apreciable la volumi­
nosa Selenográfia de Hevelio , y porque los nom­
bres de sus manchas se citan en algunas obras
Astronómicas , v. g. la Teología Astronómica de
Guillermo Derham , Hell en sus efemérides As­
tronómicas ha publicado y publica siempre la
correspondencia de los nombres según Hevelio , á la de los nombres según Riccioli. Obser­
vo enteramente las ideas y el dibuxo de Hell
en mi mapa lunar , en el que con una cruz no­
to ó distingo los Matemáticos Jesuítas (éntrelos
que debían tener lugar Hell y Rojevio Boscovich,

v ic h , principes de la Astronomía), y con un
asterismo noto los nueve Matemáticos que Hell
ha añadido á la Selenográfia de Riccioli. A los
Astrónomos es notorio , que el observar el tiem­
po de la inmersión y emersión de las manchas
lunares en los eclipses de Luna , es medio ex­
celente para determinar la longitud Geográfica
de los países terrestres según el método que pres­
cribe Hell en sus efemérides del año 1764.
El diámetro del disco lunar por los Astró­
nomos se divide en doce partes, que ellos lla­
man dedos: tres de estas partes ó dedos se se­
ñalan en la escala que se pone báxo del mapa
lunar: cada parte ó dedo corresponde á 65 le­
guas : por lo que toda la escala será de 195 le­
guas , y el diámetro lunar YZ será de 780.
1

£í :

: '

7

.

M

:'J

'

■ .

.i

i '



•,

.

i

.

r

.





"

NOM -

NOMBRES DE LAS MANCHAS LUNARES
según Riccioli y Hevelio.
Según Riccioli. ------- Según Hevelio.
1. Riccioli, t ...........
2. Grimaldi, t . . . . Laguna Maroti.
3. Hevelio................Estanque Miris.
4. Cavaleri.. . . . . . Monte Terme.
5. Sirsali. t ..............Monte Climax.
6. Crugero............... Fuentes amargas.
7. Eichstadio.......... Monte Acabe.
8. Cardano...............
9. Galileo.................Monte Audo.
10. Halley. * ..........Monte Jambes.
n.Linem ano............ Península del mar Sírtico.
12. Schmelzero. t * .
13. Reinero................
14. Simon Mario. . . . Monte Germánico.
15. Zupi. t ................ Monte Ajax.
16. V ie ta ...................Monte Casio cerca del monte
Tarán.
17. Flamsteedio. * . . Monte Mampsario.
18. Fontana............... Monte sagrado.
19. Keplero................Lagares lagunosos.
20. Aristarco............. Monte Porfírite.
21. Derienes. t ..........Isla Lea.
22. Gassendo............. Monte Cataractes.
23. Schikardo............ Monte Troyano.
24. Morino.................Mar Sirbónico.
25. Billy. t ..........
26. Lansbergio.......... Isla Malta.
27. Reinholdo............Monte Neptuno.
28. Fociiides.............. Monte Jadnos.
Tomo III.
b
29, Ca-

Según Riccioli. -------- Según Hevelio.
29. Capuano.............. Monte Casio cerca del seno
Sirbon.
30. Molerio................Isla Zachinto.
31. Cleostrato............
32. Copérnico............Monte Etna.
33. Campano............. Isla Letoa.
34. Cicho....................Isla Dídima.
35. Bullialdo.............. Isla Creta.
36. Bayer...................
37. Rhético................ Parte del lago Hercúleo.
38. Scharpio. * . . . . Atlas menor.
39. Piteas Marsiliense. Isla Cerdeña.
40. Rostio. * ¿.......... Isla Melos.
41. Harpalo............... Isla del seno Hiperbóreo.
42. Munosio(Muñoz). Isla Carpates.
44! Domingo María".} La§° Herculeo45. Helicón Ciziceno. Isla Alboran ó del error.
46. Pitágoras.............
47. Scheiner. t .......... Parte del valle Hayalon.
48. Guillermo deHassia.................... Monte Horeb.
49. Pitato...................Mar muerto.
§o. Pi ofatio............... Isla Rodas.
51. Alpetragio...........Promontorio Enario.
52. Eratóstenes......... Isla Vulcania.
53. Timócaris............Isla Córcega.
54. Anaxímandro. . ,
55. Bartoli. t ............
56. Kircher. t ........... Valle Hayalon.
57. Longomontano. . Monte Anna.
58. Tico Brahe..........Monte Sinaí.
59. Blancano. t . . . . Desierto Rafidim.
60. A l-

Según Riccioli. -------- Según He ve lio.
6o. Alfonso , R e y .. . Monte Masicito.
6 1. Wolfio. * ............Parte del monte Apenino.
62. Arquímedes..........Monte Argentarlo.
63. Clavio. t ............. Desierto E vila.
64. Regiomontano.. >
Monte Líbano.
65. Purbachio. . . .>
66. Arzachel.............. Monte Grago.
Monte Sipilo.
67. Toloméo..........
68. Platón................... Lago negro mayor.
69. Magino................. Monte Seir.
70. Orontio................. Monte Hermen.
7 1. Valthero.............. Monte Tabór.
72. Vernero............ >
Anti-Líbano.
73. Aliacense.......... >
74. Albategni............. Monte Dídimo.
75 . H iparco................ Monte Olimpio.

76. Hijino,
77. Antólico...............Monte Montuniates.
78. Arístilo.................Monte Ligustino.
. 79. A rato....................Parte del Monte Apenino (61).
80. Timéo...................Lago negro menor.
8 1. Anaxágoras......... Montes Hiperbóreos (90).
82. Apiano..................Parte del Anti-Líbano (72).
83. StofHero............... Monte Calchastán.
84. Manilio................ Isla Bésbico.
85. Arquitas............... Escollos Hiperbóreos.
86. Julio Cesar.......... Lago Archerusio.
87. Sulpicio Galo. . .
88. Calippo.................Monte Eno.
89. Aristóteles............Monte Serroro.
l° i. EuTem
'i Montes Hií>erboreos (8r)92. Eudoxo.................Monte Carpathes.
b2
93. Me-

Según Riccioli.

Según Hevelio»

93. M enelao...
Bizancio.
94. Sosijenes. .
Lago Archerusio.
95. Baroccio. .
96. Maurólico. . . . v
Montes Uxios.
97. Rabbí Lebí. . .
98. Ricci, t ............ >
99. Jacquet. t * . . . . Isla Cianea.
100. Pitisco................ Monte Dalanquer.
101. Sta. Catalina.
102. S. C irilo .. . .
Monte Moscho.
103. S. Teófilo. . .
104. Plinio..............
Apolonia menor.
105. Schotti. t * . . . Promontorio de Hippolao.
106. Possidonio. . . . Isla Mera.
107. Vitruvio........... Apolonia mayor.
108. Beda................ Promontorio de Hércules.
109. Dionisio Exiguo Monte de Hércules.
110. San Isidoro. . . Monte Strobilo.
n i . Fracastorio. . . Lago Tospitis.
112. Regnatili, t *
113. Hércules.
Monte de Marcocemnio.
114. Atlas. . . ,
115. T ales.. . .
Lago Hiperbóreo superior.
116. Endimion
Lago Hiperbóreo inferior.
1 17. Glocenio.
Monte Caucaso.
118. Snellio.. .
Monte Parapamiso.
119. Taruncio.
Seno Tasiano.
120. Proclo. . .
Monte Corax.
121. Macrobio,
Montes Alanos.
122. Mercurio.
Montes Almedocos.
123. Petavio. t
Piedra Sogdiana.
124. Langreno.
Isla mayor.
125. Finnico..
Lagos amargos.
126. Cleó-

>

f

.

Según Hevelio.

Según TUccioli

126. Cleómedes. . .
127. Gèmino...........
128. Messhala........
129. Séneca..........
130. Malebranche.
131. Cabeo. t . . . .
132. Cysati. t . . . .
133. Moret. t . . . .
134. Simpelio. t . .
135. Curzio, t . . .
136. Tannerò, t . .
137. Rheita.............
138. Claram onti.. .
139. Piccolomini...
140. Tornerio.. . .

Montes Rífeos.
Monte Manno.

*

t

. . . .

Monte Techisandam en Persia.

Desierto Mingui ó Carmania.

Monte Coibacarani.
Monte Parapamiso.

M A-

MARES, LAGUNAS, ESTANQUES
y ensenadas.
Según Riccioli. ----- ---- Según Hevelio.
A A. Mar de los humores............. Seno de Sirbon , y mar Egipcio.
B. Seno de las epidemias............... Isla de Didima.
C C C. Mar de las nubes.............. Mar Panfilio.
D. Seno del rocío.......................... Seno Hiperbóreo.
E. Laguna de los nublados........... Seno Tarantino.
F F F. Seno medio, ó seno de los
estíos y calores........................... Mar Adriático.
G G. Mar de las lluvias............... Mar Mediterráneo.
H. Laguna de la podre................. Promontorio Circeo.
I. Mar de los vapores................... Propontis.
K. Laguna de las nieblas.............. Italia y montes Apennines.
L L L. Mar del frió........................ Mar Hiperbóreo.
M. Mar de la serenidad.............> Ponto Euxino.
N N. Mar de la tranquilidad.. £
O O O. Mar de néctar................... Seno Ateniense y seno último del
Ponto.
P. Estanque del hielo.................... Lago Hiperbóreo superior.
Q. Lago de la muerte.................... Montes Peuces.
R. Lago de los ensueños.............. Seno Corcinites.
S. Laguna del sueño..................... Lago de Corocondametes.
T T. Mar de fecundidad............... Mar Caspio.
V. Mar de crises y mar Caspio.. . Laguna Meoti.
X. Seno de los iris......................... Seno de Apolo.

TIER-

TIERRAS, ISLAS, PENINSULAS.
y playas ó

Según Riccioli.

- —

---------

riberas.

Según H e v e lio.

Tierra del calor : desde Grimal­
di hasta Longomontano y Scheiner................................................. /*La Tierra del calor , según Hevelio , corresponde al país de
Egipto , que está desde la
i Laguna Mareotis hasta el
monte Troyano , y al país
de Palestina , que está desde
monte Troyano hasta el
.<. eldesierto
Evila y el monte
Seir.
a a a. Tierra de la esterilidad. . . Arabia y parte de la Libia.
b b b. Playa eclíptica.................... Lagunas orientales.
c c. Península de los rayos, , , , . Mar Sírtico.
d d d. Isla de los vientos............ Isla Cercinna.
e e. Penínsulas de los delirios. .
f f f. Tierra de las escarchas. . . . Mauritania.
g g. Península de los relámpagos,
h h h. Tierra de las nieves. . .. * Romana.
i i i. Tierra del granizo................ Mesia.
Tierra de la sequedad (desde Pitágoras hasta Endimion).......... La Tierra de la sequedad es la
región Hiperbórea.
Tierra de la vida (desde las cos­
tas del mar de la serenidad has­
ta Séneca y Mercurio )............. La Tierra de la vida correspon­
de al Quersoneso , á la Táuri­
ca , y á las Lagunas Hiperbó­
Tierra del manná ( entre el mar reas.
del néctar y el de la fecundi­
dad )............................................. La Tierra del manná correspon­
de á la Colquis.
Tierra

Tierra de la sanidad ( desde el
mar de los vapores hasta Valtero y Fracastorio )..................La Tierra de la sanidad corres­
ponde al Asia menor.
Tierra de la fertilidad ( por linea
recta desde Fracastorio hasta
Valtero , y desde éste por Cíavio hasta el borde lunar ) . . . . La Tierra de la fertilidad corres­
ponde á la Persia.
Tierra del vigor (junto á Petavíq y Langreno ) .....................La Tierra del vigor corresponde
á parte de la Scitia.

1;

bJ

VIA-

r

Pág. i

VIAGE ESTATICO
AL MUNDO PL A N E TA R IO .
PARTE SEGUNDA.
P RI ME RA J ORNADA.
L A LUNA.
JEiLamo y convido otra vez tu atención, Leetor mió , para que vuelvas á emplearte en la
consideración de los Cielos, y continúes ob­
servando en mi compañía lo que en ellos la
mente humana por natural curiosidad desea
conocer; y á conocer no empezará sin sen­
tirse luego totalmente penetrada de íntima ad­
miración , agradecimiento , respeto y venera­
ción la mas profunda al Supremo Hacedor, de
cuyos incomprehensibles atributos la inmen­
sidad y las glorias predican todas sus obras,
y principalmente las que se ven y admiran
en los Cielos. En el racional la curiosidad de
saber es inseparable de la capacidad que tie­
ne para conocer : por lo que el hombre que
mas se instruye , es el que mas desea saber.
Todo hombre nace no menos curioso que senTomo I I I .
A
si-

2

Vi age estático

sible á los objetos de su racional y útil cu­
Con la sa­ riosidad : ésta no se dió por la naturaleza á
biduría se las bestias incapaces de satisfacerla , por la
aviva el de- privación de capacidad intelectual ; y con
séo de sa­ ellas se confunde el hombre, que las obras
ber.
de la naturaleza en que vive sumergido , y
que consigo mismo lleva, mira con la mis­
ma indiferencia con que las vería el vivien­
te , que como la bestia fuera incapáz de co­
nocerlas. Es la naturaleza el libro que Dios
por sí mismo ha escrito , para que los racio­
nales leyendo en él aprendan , sepan y co­
nozcan /juién y qual es su Supremo y único
Autor. Este , por esencia infinitamente Sabio,
se ha reservado la verdadera ciencia de to­
do ; y solo nos ha concedido el poder cono­
cer muchos efectos naturales , el opinar so­
bre muchos mas , y el admirar todos sus divi­
nos atributos. El libro de la naturaleza, por
todos los racionales inteligible, está siempre
abierto á la vista de todos ellos ; mas ¿ quantos le leen ? Innumerables hombres ven este
libro tan materialmente, como lo miran las
bestias , ó lo ven como los idiotas miran el
papel en parte blanco yen parte escrito, sin
distinguir sino visualmente su diferencia. Si
un hombre se criára en una obscura caver­
na , y en edad crecida saliera de ella , á la
primera vista de la tierra y del Cielo queda­
ría necesariamente estático en su contempla­
ción. Su curiosidad y atención llamaría todo
lo terrestre que vería ; mas al levantar la vis­
ta á los Cielos, su mente al verlos quedaría
luego dulcemente arrebatada en éxtasi de aléI
gre

al mundo Planetario .
3
gre admiración , y de curiosos deseos por co­
nocer lo que veía. El mas idiota , aunque
acostumbrado á ver los Cielos , hallándose en
la soledad de la campaña, quando la mente,
lexos del tumulto humano, obra con mayor
desembarazo y racionalidad , no puede levan­
tar á ellos la vista , sin quedar en dulce con­
templación casi con los sentidos enagenados.
Mientras él mira los Cielos , olvídase de to­
do lo terrestre: no siente la impresión dé los
objetos terrenos que le tocan , ó inmediata­
mente le rodean ; porque la vista de los ce­
lestes , aunque lexanos, mas que la de los ter­
restres cercanos é inmediatos hiere su mente,
y á su contemplación presenta materia , que
excediendo su capacidad intelectual la en­
canta y abisma. Quanto mas el idiota se de­
tiene en mirar y observar los Cielos , tanto
mas queda confusamente estático; y con ín­
tima sensible persuasión experimenta , que
ellos son la sublime escuela á donde subien­
do con la mente para admirar los portentos
de Dios el corazón humano , aprende á serle
humilde, y afectuosamente agradecido.
El sabio , observando los Cielos, se dife­
rencia del idiota solamente en que la confu­
sión de su mente crece á proporción que es
mayor el conocimiento que de ellos tiene.
Empieza el sabio á observar los Cielos con
la simple vista: ésta se cansa y confunde;
mas en su mente crecen el vigor y la curio­
sidad de conocer lo que ve. A su mente in­
quietamente curiosa , que por la vista corpo­
ral se asoma á observar los Cielos, y se
A 2
con-

E1 idiota se
llena de ad­
miración al
observar los
Cielos.

El sabio se
confunde
en la admi­
ración de
los Cielos,
que obser­
va.

4

Viage estático

confunde al mirar sus astros casi innumera­
bles , pretende dar satisfacción y desahogo
racional , haciendo que por medio del arte
llégue á distinguir los que á la vista natural
se ocultan ; y á este fin acude á la industria
y al socorro, que el mismo arte le submi­
nistra con el uso del telescopio. Por medio
de este precioso instrumento , el sabio em­
pieza á descubrir nuevos objetos ; y este des­
cubrimiento le da materia á su mayor curio­
sidad y admiración. Confusto antes á la sim­
ple vista de innumerables objetos portento­
sos , descubre ser desmesuradamente mayor
el número y la grandeza de los que se le
ocultaban. Insiste en la observación , y ésta
le hace conocer , que quanto mas y mayo­
res portentos celestes observa, tanto mas cre­
cen el número y la magnificencia de los que
aún se le ocultan en los umbrales de aquel
palacio, á nosotros siempre invisible, que el
Criador fabricó, para hacer visible su gloria
á sus fieles criaturas. El sabio, en fin, expe­
rimenta, que quanto mas su mente se alexa de
la tierra , y quanto mas pretende acercarse
al palacio invisible de la Divinidad , pene­
trando la inmensidad de sus umbrales , tan­
to mas se abisma y confunde en admirar lo
que ve sin llegar á conocerlo , y en conjetu­
rar lo mas portentoso que se le oculta ; así
é l , volviendo del mental deliquio , en que la
admiración , el regocijo y la confusión tuvie­
ron estático su espíritu , y con sombras le
pintaron la Sabiduría , el Poder y la Bondad
del Supremo Hacedor, suspira por conocer­
lo,

al mundo Planetario .
5
lo , y amargamente se duele, porque es aun
muy mortal para poder conocer, como de­
sea , al Inmortal.
Estos efectos de admiración y confusión
que igualmente experimentan el idiota y el
sabio al ver y observar los C ielos, nos ha­
cen conocer que estos por su naturaleza , y
para nuestra utilidad , llaman nuestra curio­
sidad y atención. Los escollos en que pere­
ció el antiguo paganismo en medio de sus
ciencias , fueron el ateísmo y el politeísmo;
y á estos escollos lo conduxo la ignorancia
del estudio celeste. "Cheremon y otros mu­
chos antiguos, decía Porfirio (1) (proponien­
do al Sacerdote Egipcio Anebo sus dudas so­
bre la Religión) , ninguna otra cosa recono­
cen anterior al mundo visible, y ni otros dio­
ses ponían en sus escritos Egipcios , sino los
que llamamos planetas, los signos zodiacales
y las estrellas fixas.” En este profundo error
cayó la sabiduría de los Egipcios, y del que
se llama antiguo sabio paganismo, porque en
orden al estudio de los Cielos, su decantada
sabiduría lo era solamente de nombre: si hu­
biera sido verdadera, hubiera hecho conocer
al


________

'

_____



••



( 1 ) La carta de Porfirio se halla en la obra
que su discípulo Jámblico , fingiendo el nombre
del Maestro Abammon , escribió respondiendo á
sus objeciones ; la obra se intitula : Jamblichi
Chalsidensis de mysteriis líber g r. ac lat. tdente
Thoma G ale. Oxonii 1678. fol.

La ignoran­
cia de la as­
tronomía
concurre al
ateísmo y
politeísmo.

6

Viage estático

al paganismo, que los astros para ser dioses
no tenían mas derecho que la mas ínfima cria­
tu ra, con la que se confunden en ser obras
del Supremo Criador. El mismo Porfirio en la
citada carta á Anebo, le decía : "Que la ig­
norancia y el error, en orden á las cosas di­
vinas, eran un manantial de toda impiedad é
impuridad ; ” y entre las investigaciones del
estudio de las cosas divinas , pone las de sa­
ber si son dioses el S o l, la Luna y los demás
cuerpos celestes (i). Estas proposiciones de
Porfirio, ingenioso Filósofo del paganismo, de­
muestran , que las luces adquiridas con el es­
tudio humano , quando el hombre por edu­
cación ó por vicio profesa alguna Religión fal­
sa, no suelen bastar para descubrirle clara­
mente, y hacerle conocer el Criador, por el
Precepto exámen y consideración de las criaturas. Moydivino de sés, que floreció diez y ocho siglos antes que
Moysés.
Porfirio , sin haber hecho la profesión de Fi­
lósofo como éste, y estando en un desierto,
sin libros y sin comunicación con sabios , or­
denó y escribió al Pueblo de Israél a s í: "N o
suceda jamás, que levantando vosotros la vis­
ta al C ielo , y viendo en él al S o l; la Luna
y los demás astros , arrastrados del engaño
los adoréis: y reverenciéis lo que vuestro Dios
crió
( i) Jámblico en la sección i. cap. 17. pág;
29. responde á Porfirio diciendo : Que el Sol y
la Luna eran dioses, y que es casi divina la na­
turaleza material de los Cielos.

al mundo Planetario.

p

crió para servicio de todas las gentes (i).” Hé
aquí en esta sola proposición una verdad que
la Teología natural dicta , distinguiendo al
Criador de con sus criaturas ; y otra verdad
física , que enseña haberse criado el S o l, la
Luna y los demás astros para servicio mate­
rial del hombre. Para conocer y proferir es­
tas verdades sin temor de errar, Moysés no
necesitó mas ciencia , que la que inspiran la
verdadera Religión y la razón natural.
Las tinieblas antiguamente esparcidas por
la astronomía y la mitología del paganismo,
que adoraba los astros por dioses , duran aún
densísimas y casi impenetrables en inmensos
países del Asia , que ocupan naciones abis­
madas en el politeísmo. E ste , y la supersti­
ciosa observación de los fenómenos celestes,
que hizo abominable el nombre de Astrólogo,
se han desterrado felizmente con el verda­
dero estudio de los Cielos, entre las naciones
que lo han hecho después de haber abrazado
la Religión Santa del Christianismo. Entre es­
tas naciones á proporción que se han desva­
necido las ideas de todos los Autores paga­
nos , cuya autoridad se fundaba en la igno­
rancia de los que los respetaban , se ha per­
feccionado el verdadero estudio, no solamen­
te de los C ielos, sino también de toda la na­
turaleza sensible. Su perfección se ha subli­
mado á tan alto estado entre los presentes, que
si
( i)

Deuteronom. 4. v. 19.

Tinieblas
de la astro­
nomía y mi­
tología de
los anti­
guos.

E í mundo
aparece hoy
de nuevo al
verdadero
sabio.

8
Viage estático
si entre ellos resucitára ahora un antiguo sa­
bio , juzgaría haber resucitado entre sabios
de un mundo diverso de aquel de que había
salido* Este tal oiría discurrir con claridad
de causas y efectos naturales, que antes si­
lenciosamente habia respetado como miste­
rios ; y vería un nuevo mundo de artes y me­
cánica , que han formado de nuevo los hom­
bres , con la luz y dirección de la ciencia de
lo sensible. Esta ha hecho que la observación
de los Cíelos sirva para descubrir inmensos
países y naciones, que forman nuevos mun­
dos , y que todos los hombres , miembros de
una misma familia, y provenientes de un mis­
mo común padre, como se lee en las Escri­
turas Sagradas, se reconozcan como tales, se
traten como hermanos, y mutuamente se co­
muniquen quanto concurre á su felicidad tem­
poral y eterna. A este fin los hombres, aun­
que terrestres, como las bestias por su naci­
miento corporal, que con ellas los confunde,
siendo por la sublimidad de su espíritu supe­
riores á toda la naturaleza sensible, toda ella
está destinada á su servicio, y de ella se apro­
vechan , y todos sus bienes mutuamente se
-hacen comunes, superando las montañas con
sus viages, los mares con sus navegaciones,
y el ayre con su vuelo. Si no existiera la cien­
cia de los Cielos, faltaría uno de los medios
principalísimos que la naturaleza material
ofrece á los hombres , para que conociendo
las obras grandes del Omnipotente , y apro­
vechándose de ellas, lo veneren y confiesen
con humilde agradecimiento en los efectos de
su

a l mundo Planetario.

9

su Poder, Bondad y Providencia. Mas la cien­
cia de los Cielos existe; y e lla , con obrás
prodigiosas , que presenta á la consideración
y vista de los hombres intelectuales y sen­
sibles, les enseña á conocer omnipotente é in­
finitamente sabio y bueno su Supremo Hace­
dor. En este conocimiento consiste el prin­
cipio de toda felicidad. El sumo bien que los
hombres son capaces de conocer y gozar, se
le muestra la naturaleza, aunque material é
insensible , para que conociéndolo , hallen y
posean en esta breve vida y en la eterna su
mayor felicidad.
A la infelicidad destina por lo contrario
la naturaleza á aquellos hombres, que resis­
tiendo obstinadamente á los impulsos de la
curiosidad que les ha dado, la tienen en con­
tinua inacción. "L a naturaleza , decia un Fi­
lósofo Pagano (1) , nos ha dado ingenio cu­ Curiosidad
rioso : e lla , sabidora de su artificio y her­ ingénita de
mosura , nos quiere observadores de tan gran­ la naturale­
des maravillas ; pues perdería su mayor fru­ za humana.
to mostrando solamente á la soledad sus por­
tentosas y admirables obras. Para que co­
nozcáis que la naturaleza quiere que no sola­
mente la veamos, sino también que la con­
templemos , observad , que nos ha colocado
enmedio de sí misma , y que al cuerpo del
hombre ha dado la mas idónea figura para
ver
(1) Séneca : De vita beata , vel de otio Sa*
pientis , cap. 32.
Tomo I I I .
B

io
Viage estático
ver y contemplar el movimiento de los as­
tros. La naturaleza nos representa el succesivo curso de ellos en el dia y en la noche,
no ocultando parte alguna de sus fenómenos;
y con lo que ofrece á nuestra vista, aguza
nuestra curiosidad para desear conocer lo que
no vemos ; pues que no llegamos á ver todo
lo que hay. No obstante esto, la perspicacia
de nuestro ingenio se aviva con la considera­
ción : descubre un nuevo camino que dirige
á la verdad , y pasando de lo visible á lo in­
visible, y de lo manifiesto á lo oculto, llega
á hallar que en el mundo hay un Sér mas
antiguo que el mismo mundo. Entonces extá­
ticamente contempla é investiga á quién de­
ben su existencia estos astros: qual fué el es­
tado del mundo antes que ellos girasen con
movimiento arreglado: qué mente los ha dis­
tribuido : quién ha dado á todas las cosas su
propiodugar : si por ventura los graves y le­
ves se dirigen por alguna ley : si es lo mas
verdadero, como ciertamente es lo mas pro­
bable , el que el espíritu humano sea parte
de la divinidad ; y que algunas centellas di­
vinas , baxando ó cayendo en tierra , á ésta,
aunque lugar impropio, se pegaron. A la ver­
dad , la perspicacia de nuestro pensamiento
penetra y atraviesa las barreras de los Cie­
los : no se contenta con saber lo que se ve,
sino que se arroja , y va mas allá del mun­
do.”
Las palabras del Filósofo pagano, que has­
ta ahora ha hablado , son , Lector m ió, vo­
ces de la razón natural, que grita en medio
del

al mundo Planetario,
n
del paganismo. É ste, entre las tinieblas de
su superstición y de sus vicios , con la consi­
deración de los Cielos, llega á distinguir aque­
lla lu z , que en ellas hace siempre visible el
Supremo Hacedor ; ¿ y nosotros , teniendo lu­
ces mayores de la nueva perfección del estu­
dio celeste , y las infinitamente mas claras y
vivas de la revelación divina , no nos apro­
véchamenos de ellas para conocer claramen­
te á nuestro Criador ? Si este fin no desea­
mos , si nuestro deséo no nos obliga á lograr­
la , sordos serémos á los gritos de la natura­
leza y á los consejos de la Religión : ciegos
en el cuerpo y en el espíritu á sus luces ; y
reos mas inescusables que los del paganismo,
delante de la misma naturaleza y de su Autor.
No hagamos , Lector mió , esta infame
Creacion
traycion á la naturaleza , á la razón y á nues­ del hombre.
tro Dios. Criados para conocer y amar la
bondad del Criador , que del no sér al sér nos Carácter de
pasó , haciéndonos atravesar en un momento su espíritu.
con su querer el infinito interválo que hay
entre la nada y nuestra existencia , y que ele­
vándonos sobre todo lo sensible , nos dio es­
píritu capáz y deseoso de lograr el infinito
bien de su conocimiento y am or, dexarémos
en la tierra lo que de ella recibimos y tene­
mos ; y con la m ente, capáz y deseosa de
conocer y amar á su Dios , subiremos á bus­
carle en el celestial Palacio , que fabricó pa­
ra manifestarnos su gloria. Mortales aún no­
sotros, porque no despojados enteramente del
manto mortal que encubre nuestro espíritu,
no podremos ver al Inmortal, ni nos será po­
li 2
si-

12
F ia ge estático
sible pasar de los umbrales de la celestial cor­
te de su gloria; mas los pregoneros de ésta
encontrarémos, y con mudos acentos las cria­
turas que veamos, se esforzarán á querer de­
cirnos , quién y qual es el Criador , y dár­
noslo á conocer. Este objeto , que en nuestro
primer viage á las regiones celestes hemos te­
nido , es , Lector mió , el que debemos tener
igualmente en el segundo viage, á que te con­
Conocimien
to del Cria­ vido. En éste , tanto mas nos acercaremos al
dor por me­ Cielo para conocer á nuestro Dios , quandio de la ob­ to mas nos alexemos de la tierra , olvidando
servación
aun la memoria de aquellos hombres que la
de las cria­ habitan como bestias , sin reconocer ni agra­
turas.
decer los efectos de la divina Bondad. A las
regiones celestes debemos subir con nuestro
espíritu : levanta ácia ellas tu vista , y ve­
rás que visiblemente te llaman , como á mo­
rador suyo. Tú viéndolas te olvidarás de to­
do lo terrestre , y repitiendo afectuosamente
lien quam sordet térra , dum coelum aspicio, sen­
El Cielo,
patria del
tirás dentro de tí un impaciente deséo de vi­
espíritu hu­ sitar los umbrales de la que será eternamen­
mano.
te tu morada. Ven , pues , á visitarlos con­
migo : yo te conduciré hasta sus primeras
puertas , con las que confinan lo inmenso y
lo eterno ; y desde a llí, con extática admira­
ción , verás como en sombras la imagen de
lo infinito que se nos oculta. Nosotros en es­
te segundo viage que harémos , para conti­
nuar la visita y observación de las regiones
del sistéma planetario , llegarémos hasta el
término , en donde lo que hayamos visto, lo
que veamos, y lo que no podamos v e r , nos
ha-

13
harán conocer lo infinito que ignoramos; y Convite pa­
nuestra ignorancia, no menos que nuestra ra hacer viamental
ciencia , servirán para conocer , que si Dios ge
por los Cie­
en todas sus admirables obras, es todo Sa­ los.
biduría , todo Poder y todo Bondad , aun en
las materiales se nos presenta no menos ado­
rable que incomprehensible. Nunca la cria­
tura conoció mejor á su C riador, que quando por sus obras llegó á descubrir que él es
incomprehensible. Para lograr este conoci­
miento , de que es capáz toda criatura racio­
nal , y en que consisten su verdadera ciencia
y felicidad, el medio mejor y la mas instruc­
tiva escuela, son la visita mental y la atenta
observación de los Cielos. A ellos, pues, de­
bemos volar con nuestros espíritus , si desea­
mos ser verdaderamente sabios y felices. Vo­
lemos á las regiones celestes , para lograr
tanto bien : con íntimo anhelo de nuestros
espíritus lleguemos mentalmente á donde de­
seamos ir : nosotros podemos ir mentalmen­
te á donde queramos , sin que se rompan los
lazos de nuestra m ortalidad, porque el es­
píritu puede volar á las regiones celestiales,
sin llevarla ni abandonarla. Cómo se haga es­ Perspicacia
te misterioso vuelo, lo ignoramos : solamen­ y vuelo de
mente hu­
te sabemos con certidumbre, que él mental­ la
mana.
mente vuela á donde quiere, sin abandonar el
punto de espacio en que presencialmente es­
tá. No dió el Criador al espíritu humano es­
ta misteriosa y casi inintelegible capacidad de
volar mentalmente para tenerla ociosa: se la
dió para que de ella usáse, observando men­
talmente , lo que desde lexos veía corporalmenal mundo Planetario.

14
Via ge estático
mente, y lo que por su inmensa distancia se
ocultaba ó era invisible á su vista corporal.
Tienes poder, tienes motivos, voluntad y
aun obligación para volar mentalmente, Lec­
tor mió , á las regiones celestiales ; ¿ por qué
no volamos ? Mas yo ahora conozco que con
mi discurso te he impedido hacer y acelerar
tu vuelo. Tú otra vez con prontitud y pla­
cer me has acompañado en la observación
de los Cielos : tú la has hecho con deséo de
continuarla en mi compañía : yo , pues , me
presento á tu mente, mírame, conóceme, yo
soy el que te háblo, yos oy tu antiguo fiel com­
pañero : no dudes de lo que con tu mente
oyes y ves , aunque no sea sensible á tu oí­
do m aterial, y á tu vista corporal se oculte:
vuela , vuela mentalmente conmigo acia las
regiones celestes: sígueme , Lector m ió, con
el antiguo carácter de amado Cosmopolita,

§. 1.
Vuelo desde la tierra acia la región lunar.
Vuelo acia
la Luna.

Observa­
ción del or­
be terrestre.

Stamos ya solos , Cosmopolita m ió: tú y
yo componemos todo el mundo racional
de estas aéreas y silenciosas regiones , por
donde empezamos á volar : no aceleres tu
vuelo para que podamos quietamente contem­
plar lo que vemos : nuestro destino no es vo­
lar , sino que volamos para observar lo que
llegamos á ver.
Vemos aun distintamente la superficie de
la Tierra que hemos dexado: mírala atentamen-

E

al mundo V ianet ario.
15
m ente, Cosmopolita , porque su hermosa vis­
ta nos presenta materia abundante de útil y
deliciosa contemplación. ¿ Qué inmensa abun­
dancia y hermosura de plantas la alfombran
y visten; y qué innumerables exércitos de
animales la pasean y pueblan ? Vé , observa
en unos países el manto verde, que empie­
za á cubrir su superficie , anunciando la pri­
mavera : vé en otros el matiz de ñores her­
mosas y risueñas á la presencia del Sol, que
las fomenta y alegra ; mas allá vé otros paí­
ses en que por avecinarse el estío la natura­
leza obliga las plantas á la producción de sus
frutos. Síguense otros países , en que sucesi­
vamente ácia el polo mas vecino se vé faltar
el verdor de unas plantas; otras parecen tron­
cos sin vida vejetable, y la superficie terres­
tre se observa vergonzosa y horriblemente
desnuda. Efectos son todos estos del crudo
invierno, en que falta ó se hace poco sensi­ Influxo del
sobre
ble la presencia del Sol. Las várias estacio­ Sol
las terres­
nes que éste causa succesivamente en todos tres produc­
los puntos de la superficie terrestre , y que ciones.
has visto señalarse claramente por las plan­
tas , se anuncian é indican también por los
innumerables animales que la pueblan. Así,
si vuelves á dar otra ojeada por los países que
antes has visto , advertirás que ya en unos y
ya en otros la naturaleza puebla , y succesi­
vamente despuebla la superficie terrestre con
el nacimiento y con la muerte , con la apa­
rición , metamorfosi y desaparición de innu­
merables exércitos de animales que inundan
y casi infestan la tierra , agua y ayre ; y que á

Mecanismo
divino déla
naturaleza
sensible.

Providen­
cia admira­
ble del Cria­
dor.

16
Via ge estático
las estaciones várias que el Sol causa en la
tierra , corresponden succesiva é invariable­
mente todos estos varios y admirables efectos.
En esta breve observación que hemos he­
cho de la harmónica é invariable conexión
entre el fluxo solar y el obrar de la natu­
raleza terrestre , da á la mente filosófica ma­
teria de reflexiones , con que ella se abisma,
reconociendo y admirando en la naturaleza
sensible la visible é incomprehensible provi­
dencia del Supremo Hacedor. La Sabiduría,
el Poder y la Bondad del Criador se descu­
bren claramente en la naturaleza, que gober­
nada siempre por las leyes que la dió, obra
continuamente dando á las semillas vigor pa­
ra nacer , y subministrando á las plantas ju ­
go y alimento para cre ce r, vestirse de hojas
y flores, y producir sus frutos. A este fin de
los inmensos depósitos de los quatro elemen­
tos saca ella sin cesar lo necesario para la
subsistencia y nutrición de los vejetables, ha­
ciéndolo pasar antes de llegar á ellos por in­
numerables y ocultos estados de mezclas y
transformaciones. En cada indivisible instan­
te emplea provisiones inmensas para la ma­
nutención de los vejetables, y no por esto sus
almacenes quedan vacíos , y ni menguan; pues
ellos son como el O c é a n o , de quien no sale
m ayor cantidad de agua , que la que en él
entra. Este obrar de la naturaleza no se inter­
rumpe ; él es continuo , siempre el mismo, y
siempre igualmente concertado, según el or­
den de estaciones que causa el S o l, rector
de los tiempos. La naturaleza no produce, ali­
men-

al mundo Planetario,
17
menta ni conserva los vegetables únicamente
para que vistan ó cubran la tierra : ella los
destina para alimento y conservación de los
innumerables exércitos de animales que la pue­
blan. De estos cuida , haciéndoles nacer y
criándoles : les da vida , alimento y fecundi­
dad necesaria para conservar y propagar sus
especies en servicio del hombre, al que, co­
mo á último fin, los destina. Para cada espe­
cie de animales prepara el alimento que les
conviene: no aparece sobre la tierra ningún
animal antes que en ella se vea la materia de
su existencia y nutrición. El S ol, indefecti­
ble relox en medir y arreglar la succesion de
los tiempos y el temple délas estaciones, se­
ñala el momento de la aparición y desapa­
rición de la mas despreciable planta , y del
mas vil insecto; é influye para que la pro­
vision de los vegetables corresponda á la ne­
cesidad de los animales que ha de producir
y sustentar la naturaleza. Tal es , Cosmopo­
lita , la harmónica y admirable corresponden­
cia entre la Tierra y el S o l: podremos conje­
turar , que otra oculta y no menos admira­
ble hay entre la Tierra y la Luna. La histo­
ria de las producciones terrestres no nos da
aun la luz necesaria para distinguir todos los
lazos que unen el obrar de la naturaleza ter­
restre , con el de la naturaleza celeste ; pero
nos da la que basta para conocer que existe
su union.
En estas breves reflexiones te he dado
grave fundamento, Cosmopolita , para con­
jeturar que todo lo visible forma un coinpueslom o H I.
C
to

Correspon­
dencia har­
mónica en­
tre el Sol y
la Tierra.

18
Todo lo sen­
sible terres­
tre y celestre está en­
lazado con
las leyes na­
turales.

Demonstracien prácti­
ca y natu­
ral de la
existencia
de Dios.

Via ge estático

to to tal, cuyas partes estrecha y harmónica­
mente se unen y ligan con ocultos lazos, que
son las leyes que el Criador dió á la mate­
ria. La naturaleza es un todo que resulta de
la materia y de sus leyes ; éstas no son ma­
teriales , ni le dan su esencia: materia y le­
yes son dos cosas físicamente distintas ; uni­
das forman la naturaleza ; y separadas for­
man el caos y la nada. Un punto de materia,
que por accidente natural ó por arte huma­
na pierde la virtud de transformarse , está
vecino al caos de que salió. Si á la materia
faltáran totalmente las leyes con que obra,
ella se reduciría á su antiguo caos, en que apa­
reció después de su creación , y en él estaría
eternamente confundida. El caos es materia
sin leyes; y la materia con leyes es la natu­
raleza. ¿ La materia por sí misma podrá dar­
se ó quitarse las leyes con que obra? ¿P o ­
drá por sí misma ser caos ó naturaleza ? Si
esto pudiera hacer la materia, cada punto de
ella sería Dios; porque un tal poder es pro­
pio solamente de la divinidad. Luego , ó ca­
da punto de materia terrestre y celeste es
Dios, ó hay un Ente superior y divino, que
á todos los puntos de ella da leyes para obrar.
¿Qué se podrá responderá este dilema, Cos­
mopolita mió? ¿Te parece posible que ra­
cional alguno, observando el obrar uniforme
de la materia terrestre y celeste , pueda sin
delirio juzgar que es divinidad cada punto de
ésta ? Este delirio, de que se cree incapáz la
razón humana , se ha oído y defendido entre
los hombres: él es monstruoso parto del vi'

ció

al mundo Vianet ario.
19
ció y de la ignorancia: es producción fantás­
tica de mentes ilusas; y el fruto terrestre del
árbol de las pasiones , que en el corazón cor­
rompido ha echado profundas raíces.
Mas y o , Cosmopolita, al querer darte en
el principio de nuestro viage una práctica idea
del misterioso é impenetrable enlace de la tier­
ra y del Cielo para dirigir las obras de to­
da la naturaleza sensible, he transgredido ca­
si los límites de un justo discurso, ó de la
intención que en hacerlo he tenido ; é insen­
siblemente del obrar de la naturaleza terres­
tre y celeste he formado una escala , que lle­
ga hasta el Criador, á cuyo conocimiento ne­
cesariamente conduce el de las criaturas. No
me arrepiento de haberte mostrado este se­
guro camino ; pero no es el que nos hemos
propuesto hacer en este viage, en que los Cie­
los solos, y no la tierra , ni quanto en ella
existe, son objeto de nuestras observaciones.
Las terrestres tienen su propio lugar y tiem­
po : ahora todo lo piden las celestes. Dexa,
pues, de mirar la tierra , para fixar tu aten­
ción en los Cielos, á donde vamos. Míralos,
no cubiertos de plantas , ni poblados de ani­
males, sino tachonados de innumerables é in­
mensos globos brillantísimos, que silenciosa­
mente cantan las alabanzas del Criador. A
observarlos te conduzco: no vas á ver única­
mente un S ol, como lo viste en el primer via­
novedad
ge ; vas á ponerte en sitio desde donde veas La
de objetos
innumerables soles, y conjetures la existencia
pide no­
de innumerables mundos. Lo que en este nue­ vedad de
vo viage verás, te hará olvidar lo mas maideas.
C 2
ra-

2o

Vi age estático

ravilloso que hasta ahora has visto. T u , vien­
do el mundo desde la T ie rra , juzgarías ha­
berlo conocido , porque lo habias visto; y
viéndolo ahora desde los Cielos , conocerás
que antes no lo habias conocido , y ni ape­
nas lo habias visto. Tú , después de haber
visto el mundo visible en que estás, volve­
rás á la T ie rra , con firme persuasión de no
haberlo visto jamás desde ella , ó volverás
con la idea de un nuevo mundo. No se da
novedad de ideas sin novedad de objetos.
Sobre esta renovación de ideas , siempre
correspondiente á la novedad y grandeza de
los objetos , que succesivamente conoce la
mente humana , permite , Cosmopolita , que
yo brevemente háble de la que con admira­
ción un poco graciosa experimenté en los pri­
meros meses del estudio astronómico. Hacía
yo éste con el mayor ardor y empeño , baxo de la instrucción de D. Tomás Cerda (*),
ilus—
(#) D. Tomás Cerda nació á 20 de Diciem­
bre de 1718 en la Ciudad de Tarragona,en la que
se hizo Jesuíta el de 1732. Enseñó la Filosofía en
la Ciudad de Zaragoza , y después pasó á la
de Marsella , en donde , baxo la dirección del
célebre náutico y astrónomo el Jesuíta Pezenas,
se instruyó fundamentalmente en las matemáti­
cas , que después enseñó en Barcelona y en Ma­
drid. Fué Cosmógrafo del Supremo Real Con­
sejo de Indias, y del curso matemático que dis­
ponía para darlo á pública luz , publicó algu­
nos

al mundo Vianetarlo,

21

ilustre y honradísimo sabio , y á la vista hu­
mana digno de la mayor fortuna, de que le
privó el común y fatal destino de sus com­
pañeros ; pero él ha sabido adquirírsela en su
venerable vejéz , con el retiro que ha logra­
do de la caridad de los Padres Dominicanos
de la Ciudad de F o rlí, entre los que ha de­
terminado vivir hasta volar á las celestiales
regiones, que fueron el objeto, no menos de
sus lecciones matemáticas , que de su celes­
tial meditación. Al favor y al mérito de mi
maestro , que por su sabiduría y virtud reveréncio , consagro este natural desahogo del
mas vivo agradecimiento: si has leído , Cos­
Elògio del
mopolita, el divino juramento de Hipócrates, ex-Jesuíta
que con letras de oro desearía yo ver escrito Tomás Cer­
en todas las escuelas , no te maravillarás que da.
y o , profesando la Religión mas santa, estre­
ne en orden á mi maestro el mas reverencial
y
nos tratados, de que hace mención el Señor Sempere en su biblioteca de Autores Españoles en
el reynado de Carlos III ; y yo la repetiré en
la biblioteca de los Españoles ex-Jesuítas. Don
Tomás Cerda murió en el 1 8 de Marzo de 1 7 9 1 ,
en el Convento de Padres Dominicanos de la
Ciudad de Forlí , y fue sepultado en la Iglesia
del mismo Convento. Hoy 25 de Marzo de 1 7 9 1
en que habiendo ya escrito la jornada á la L u ­
na , he sabido la muerte de Don Tomás Cerda,
he puesto y consagrado esta nota , á su memoria
y justo elogio.

,

y

22

Viage estático

y debido respeto, que Hipócrates mostró al
suyo, viviendo en el paganismo. Vuelvo á la
relación interrumpida. Mi fantasía , algo des­
enfrenada con el ardor juvenil, corría curio­
sa y aceleradamente por los inmensos espa­
cios que en las regiones celestes le descubría
el estudio astronómico , y desde los primeros
meses que en éste me ocupé, me parecía vi­
vir en otro mundo. En estas circunstancias
hablé á mi maestro una vez a s í: wPadre Cer­
da (este título entonces le convenia por su
estado), yo estoy persuadido á que los ma­
temáticos tenemos en nuestra cabeza un mun­
do diverso del que vemos, y totalmente di­
ferente del que en la suya tiene el común de
los hombres. He estudiado por siete años la
Con el estu­
Filosofía y Teología, y me parece que todo
dio astronó­
mico se lo­ su estudio en tanto tiempo no ha dado á mi
gran nue­ razón natural idea tan clara del Supremo Cria­
vas y admi­ dor , como la que en un mes he logrado con
rables ideas el estudio astronómico. Hasta aquí yo he
de los atri­ creído en Dios : he disputado filosófica y teo­
butos divi­ lógicamente de sus atributos; pero me pare­
nos.
ce', que hasta ahora por razón natural no ha­
bía empezado á conocer á Dios.” ffNo dudo
de lo que dices , me respondió mi maestro:
el estúdio astronómico te ha descubierto un
nuevo mundo, en el que entrando tú con es­
píritu de humildad y Religión christiana, lo­
grarás empezar á conocer por razón la Om­
nipotencia , Sabiduría y los demás atributos
de un Dios , que hasta ahora has creído por
fé. La Astronomía te ha hecho conocer la
que los hombres llaman grandeza d d orbe
ter-

a l mundo V ianet arlo.

23

terrestre, con la misma certidumbre con que
ves el pequeño espacio de tu aposento ; y
cotejando tú la llamada grandeza del orbe
terrestre con la inmensa de los globos celes­
tes , y de las regiones por donde ellos giran,
por observación y cálculo cierto has inferi­
do y conocido , que el globo terrestre en que
estás , y que los hombres suelen llamar mun­
do , es como un punto indivisible de la in­
mensa extensión de los Cielos. Hé aquí, dis­
cípulo mió , descubiertos el fundamento na­
tural y la diferencia de conocimientos , que
del Supremo Hacedor tenias antes y ahora
tienes : esta diferencia es tan grande , quanta
es la que hay entre un grano de arena y to­
do el globo terrestre : entre éste y la casi in­
finita grandeza de los Cielos.” Esta respues­
ta , digna de la sabiduría y religión de mi
maestro , deséo yo , Cosmopolita , se impri­
ma en tu mente : ella te dice la calidad y di­
ferencia de conocimientos, que la vista de los
astros que observarémos ha de producir ne­
cesariamente en tu mente , en la que no se
darán nuevas ideas, sinoles preceden nuevos
conocimientos.
Figúrate, Cosmopolita, al terrícola de ma­
yor talento sepultado siempre en la humilde
población en que nació. ¿Qué ideas tendrá
éste del mundo ? ¿ Qué concepto formará de
los objetos que se deben entender por las pa­
labras plazas inconquistables , formidables , a r ­

madas terrestres y navales , grandeza y es­
plendor de Cortes y soberbia de Monarcas ? Al Ideas de un

oír él éstas y otras semejantes expresiones,
apli-

aldeano.

24
F ia ge estático
aplicará su significación á los respectivos ob­
jetos que ve sobresalir en su humilde pobla­
ción : el mayor y mas despótico Monarca,
según su idea , será el que esté en un grado
superior al Alcalde mas despótico que ha co­
nocido : el hombre mas rico y mas sabio, se­
gún su opinión , será el que exceda algo en
conveniencias y en saber al menos miserable
y menos ignorante que conoce en su aldea.
Si de ésta sale el terrícola aldeano, y pasa
instantáneamente á ver la Corte de su Sobe­
rano , apenas entra en e lla , quando el cono­
cimiento , aunque confuso , de los nuevos y
grandes objetos que se ofrecen á su primera
vista , hace que fugitivamente desaparezcan
las antiguas ideas de la aldea , y que ocupen
su lugar otras nuevas, con que empieza á for­
mar concepto, tanto mas sublime del carác­
ter del Soberano, quanto la soberbia magni­
ficencia de la Corte que v e , excede á la pe­
queña y humilde aldea en que nació. Este
Aldeano es aldeano , Cosmopolita , es todo qualquier ter­
el terrícola.
rícola , que desde la Tierra en que nació vue­
la con su espíritu á estas regiones celestes, pa­
ra ver las obras de mayor magnificencia que
el Criador fabricó en el mundo sensible. En
las Monarquías terrestres la magnificencia de
sus Soberanos se descubre por las que se lla­
man obras suyas , como son las Plazas de Ar­
mas , los Puertos, las Cortes de su residen­
cia , los Paseos, los Caminos y las Armadas
terrestres y navales de su poder. En el mun­
do todo quanto hay es obra del Criador ; pero
los Cielos con particularidad se llaman obras
su-

al mundo Planetario .
25
suyas: " V o s , Señor (cantaba David(1 ) , con Himno á la
quien unirémos nuestros humildes afectos, pa­ eterna Sabi­
ra implorar la asistencia de la divina Sabi­ duría.
duría ) , sois el que en el principio de los tiem­
pos habéis apoyado sobre sus fundamentos el
globo Terrestre: los Cielos son obras de vues­
tras manos: llegará dia en que perezcan su her­
mosura y explendor, y como un vestido usa­
do se gastarán : Vos los desecharéis , como
manto envejecido , y los renovaréis: Vos so­
lo sois el que subsistiréis siempre el mismo;
pues que sois eterno sin número de años. . .
Señor, soberano dueño nuestro, en toda la
Tier(1) Salmo 101. v. 26. Initio tu, Domine, fer­
rarti fundasti : et opera manum tuarum sunt coeli : Ipsi peribunt , tu aiitem permanes : et omnes , sicut vestimentum , veterascent : et sicut
opertorium mutabis eos , et mutabuntur : tu au­
tem idem ipse es , et anni tui non dejicient. . .
Salmo 8. Domine , Dominus noster , quam ad mirabile est nomen tuum in universa terrai Quofiiam elevata est magnijicentia tua super coelos.
E x ere infantium , et lactentium perjecisti lau­
de m propter inimicos tuos , ut destruas inimicum, et ultorern. Quoniam videbo coelos tuos , ope­
ra digitorum tuorum , lunam , et stellas , qujc
tu fundasti. . . Domine , Dominus noster, quam
admirabile est nomen tuum in universa terra ....
Salmo ilo . v.9. Sanctum et terribile nomen ejus:
mitium sapientile timor Domini : intellectus bo­
nus omnibus facientibus eum.
Tomo H I.
D

26
Viage estático
Tierra no hay cosa que no esté penetrada de
admiración por Vos. Por mas altos que los
Cielos estén sobre nosotros, vuestra grande­
za y vuestra gloria se ha sublimado infinita­
mente sobre ellos. Tan sensible os habéis he­
cho á las criaturas , que los mas simples é
idiotas , mudos por su infancia, os reconocen
y alaban en ellas, con lo que confundís á los
impíos , vuestras enemigas é ingratas criatu­
ras. Nosotros , Señor , verémos y considerarémos vuestros Cielos, obra de vuestras ma­
nos : verémos la Luna y las Estrellas que Vos
habéis criado. . . Señor, soberano dueño nues­
tro , en todo el orbe Terrestre no hay cria­
tura que no conozca ser admirable vuestro
N om bre.. . El es santo y terrible ; mas el
temor de Vos es principio de la verdadera
sabiduría. Los que obran según este saluda­
ble temor, logran el verdadero conocimiento.”
El himno que de alabanza hemos canta­
do á nuestro D ios, con las afectuosas pa­
labras de su fiel Siervo D avid, nos dice que
ya no debemos pensar sino en la observación
de los Cielos, que es el objeto de nuestro
viage. La primera jornada de éste harémos á
la Luna , que es el planeta primero que encontrarémos en el rumbo que tomamos , pa­
ra llegar hasta los confines del sistéma pla­
netario. En éste poca figura hace la Luna,
que solamente tiene lugar en la clase de los
planetas, que los Astrónomos llaman satéli­
tes ó secundarios; pero la hace grande, res­
pecto de la Tierra, por su vecindad, compa­
ñía é influxo. Por estas calidades los terríco­
las

al mundo Planetario .
las dan lugar á la Luna inmediatamente des*
pues del S o l: ellos consideran la dignidad de
la L u n a, no según la que tiene en el sistéma
planetario del gran mundo , sino según la uti­
lidad que les resulta de su presencia é iníluxo. Este mismo fin nos obligará á nosotros,
q u e, aunque moradores del Cielo en espíritu,
aun no hemos dexado de ser terrícolas, á ob­
servar con particular atención y curiosidad
los fenómenos lunares. No perdamos tiempo
en observarlos, ya que desde el sitio en que es­
tamos podremos observar algunos de ellos mas
claramente, que quando estemos en la Luna.

§■ n .
Observación del movimiento de la Luna
desde lo interior de la A tm osfera
terrestre.

,

,

,

ira pues Cosmopolita ácia la región
celeste , que los terrícolas llaman orien­
tal ; mira allí la hermosa Luna , que estando
•ya en su plenilunio, nos muestra iluminada to­
da su faz. Con su bella y plácida luz viene
silenciosamente gobernando la noche, que so­
bre la Tierra va estendiendo su negro manto:
nos destierra las tinieblas , y nos alumbra, sin
ocultarnos la hermosura de las brillantes Es­
trellas. Estando aún nosotros envueltos en la
atmosfèra terrestre , vemos la Luna con la
misma ilusión , con que la ven los terrícolas
al salir por su orizonte. Quiero decirte : quan­
do los terrícolas observan la Luna en el oriD 2
zon-

M

Vista y ob­
servación
de la Luna
desde lo in­
terior de la

atmosfera
terrestre.

58
Via ge estático
zonte, ésta les aparece mayor, que quando la
observan en el cénit ó en su mayor altura,
lo que verdaderamente es una paradoxa; por­
que al aparecer la Luna en el orizonte , dis­
ta mas de quien la observa , que quando es­
tá en el cénit ; y esta diferencia de distancia
es considerable. Algunos Físicos creyeron, que
la Luna al dexarse ver sobre el orizonte, apa­
rece mayor por causa de la refracción de los
rayos de luz en la atmosfèra terrestre ; mas
la refracción , lexos de hacer aparecer mayo­
res los objetos, los hace aparecer menores.
Así por los efectos de la refracción muchas
veces aparecen elípticos el Sol y la Luna;
y Diodóro Siculo , ignorando la causa , cuen­
ta
como cosa rara , que en un país el Sol no
Efectos de se veía redondo , sino elíptico. La razón de
la refrac­ aparecer elípticos el Sol y la Luna, es clara;
ción.
porque la refracción hace aparecer los obje­
tos mas altos de lo que están ; y su efecto es
tanto mayor , quanto los objetos están mas
vecinos al orizonte. Ahora pues, al salir la
Luna , por exeinplo, del orizonte, no hay du­
da que su borde superior dista del orizonte
menos que el borde inferior ; y por conseqiiencia la refracción debe en éste hacer mayor
efecto que en aquel ; esto es, debe alterar
mas la altura del borde inferior, que la del
superior, y en los bordes de los lados opues­
tos causa igual efecto , pero con desigual
porción : por tanto , la Luna debe aparecer
elíptica ácia aquellos bordes en que la re­
fracción obra desigualmente.
No se explica tan facilmente el fenóme­
no
La Luna
aparece ma­
yor en el
orizonte,
que en el
cénit.

a l mundo "Planetario.

29

no de aparecer mayor la Luna en el orizonte que en el cén it, no obstante de estár en
éste menos distante de la Tierra. Según todas
reglas el objeto aparece mayor en su menor
distancia; y la refracción, aunque altere la
altura de un objeto, no aumenta su grande­
za , según la opinión de los Físicos : ¿ en qué,
pues, podrá consistir que la Luna en el orizonte aparezca mayor á los terrícolas que en
el cénit? Los Físicos dicen que esta aparien­
cia es ilusión de la vista ; porque si la Luna
al salir del orizonte se mira con un anteojo
de larga vista , ó con un tubo de papel, apa­
rece algo menor que quando se ve en el cé­
nit. Esta experiencia induce á conjeturar, que
el aparente aumento de la grandeza lunar es
efecto de ilusión óptica ó visual. De dónde
provenga esta ilusión, lo inferirás y entende­
rás, Cosmopolita, fácilmente, con este exemplo. Imagínate ver dos columnas totalmente
iguales, de las que una esté perfectamente
aislada ó separada de qualquier objeto , y la
otra esté rodeada de objetos de varias gran­
dezas , como de árboles, casas , &c. Obser­
vando estas dos columnas iguales desde un
mismo sitio, ó desde iguales distancias, te
parecerán desiguales en altura; esto es, te pa­
recerá que la columna aislada es la menos al­
ta. Esto mismo sucede á la Luna vista, ó ais­
lada ó no aislada: ella al levantarse sobre el
orizonte , y observarse vecina á diversos ob­
jetos , como árboles, fábricas ó montañas,
aparece mayor que quando se mira sola ó
aislada en su cénit. Es cierto , que si la Lu­
na

Ilusión óp­
tica en la
observación
de la Luna.

30
V i age estático
na estando en el cénit se observa por medio
de edificios, á la simple vista aparece menor,
que observada al levantarse sobre el orizonte ; mas este fenómeno é ilusión provienen
del poco número de objetos pequeños que se
interponen entre la Luna y la vista del ob­
servador , que por habitual práctica de ima­
ginación juzga de la vária grandeza y distan­
cia de un objeto, según el número de cuer­
pos , que entre su vista y el tal objeto visto se
interponen. Esta es , Cosmopolita , la expli­
cación que se da para entender el fenómeno
de la dicha ilusión visual, el qual no dexa
de ser misterioso, si absolutamente es verda­
dero, que quando la Luna se mira sobre el
orizonte , sin relación á otros objetos, apare­
ce mayor á la simple vista , que mirada en
el cénit; y que vista en éste por medio de
fábricas, á la simple vista aparece siempre
menor , que suele aparecer en el orizonte. Si
esto sucede tal vez , como se afirma por al­
gunos Físicos, será necesario recurrir á otras
causas de la ilusión óptica. Del examen de
éstas ( porque sería prolixo, y porque de él
se ha escrito largamente ( i ) ) prescindirémos
nosotros, y para ocupar mas útil y delicio­
samente el tiempo, que en llegar á la Luna
con vuelo lento tardarémos, convirtamos nues­
tra atención á considerar el movimiento que
des-

( i) Véase la Historia de la Academia Real
de las Ciencias de París, año de 1700, pág. 8.

al

mundo Vianet ario,
31
desde aquí claramente observamos en la Lu­
na , porque su observación nos dará materia
fecunda de reflexiones útiles. Ten la bondad
de oírlas, te suplico, amado Cosmopolita.
En la Luna la mas simple observación dis­
tingue dos movimientos: uno es, y se llama
de rotación sobre su exe, sobre el qual la
Luna da una vuelta cada mes : de este mo­
vimiento te hablaré quando lleguemos á ella.
E l segundo movimiento es aquel, con que la
Luna camina por su órbita al rededor de la
Tierra , y de este movimiento voy á hablarte
ahora. Se mueve , pues , la Luna al rededor
de la Tierra , describiendo una órbita elíptica.
H orocio, como nota Newtón (1), fue el primer
Físico que supuso elíptica la órbita lunar,
y á la Tierra puso en uno de los dos focos de
la órbita. Esta suposición se verifica clara­
mente por la observación , viéndose que el
diámetro lunar aparece unas veces mas gran­
de que otras; y ciertamente si la Luna se mo­
viera describiendo siempre órbita circular, su
diámetro debería parecer siempre de la mis­
ma grandeza á los terrícolas. Se advierte ob­
servando desde la Tierra la Luna con el te­
lescopio , que su diámetro unas veces aparece
de 29 minutos y 25 segundos ; y otras veces
de 33 minutos y 34 segundos, y estas obser­
vaciones hacen conocer claramente quando la
Luna está perijéa ó vecina á la T ierra, y
quan-

(1) Newtón : Principia Math. lib.3. prop.16.

Movlmiento de la Lu­
na.

Diámetrode
la Luna.

32

Via ge estático

quando está apojéa ó en su mayor distancia.
Estas mismas observaciones sirven para de­
terminar los puntos que se llaman ápsides de
la órbita lunar ( pues que en ellos la Luna es­
tá perijéa y apojéa) , y el movimiento dia­
rio y anual de dichos puntos. Esto e s, si ob­
servas dos veces seguidas la Luna en su apojéo por exemplo , advertirás , que cada vez
la Luna se ve apojéa en diferente parte del
Cielo ; y que esta diferencia es de mas de
3 grados en un mes lunar , ó de 40 grados
en un año. Este movimiento tan notable de
Movimien­ los apojéos y perijéos de la Luna , que se lla­
to del apo- ma movimiento de sus ápsides , ha dado , y
jéo lunar.
da no poco que hacer á los Astrónomos , de
los quales muchos han pretendido probar que
no conviene con la teórica de la atracción.
En efecto, el mismo Newtón , como nota un
excelente Astrónomo (1), y te dixe en otra
ocasión , conoció muy bien que el movimien­
to del apojéo lunar no correspondía á la teó­
rica de la atracción , y por esto habiendo expli(1) Teoría motús tunee autore L. Eidero. Petropoli 1 7 5 3 .4 . En la introducción. En las M e­
morias de la Academia de las Ciencias de París,
tomo del 1745 , impreso en París en el 1749 , des­
de la pág. 329 se pone la respuesta de Clairaut
á las reflexiones de Buífon sobre la ley de la atrac­
ción , y sobre el movimiento de los ápsides. Buffon trata de esta misma materia en su primer to­
mo del Suplemento á su Historia natural.

al mundo Planetario.
33
plicado, según ésta, varios fenómenos luna­
res, no quiso empeñarse en probar, según las
leyes de la atracción , el dicho movimiento
del apojéo. Además de este notable fenóme­
no , se advierten otros muy considerables en
el movimiento de la Luna , de los quales te
hablaré después de haberte explicado los va­
rios periodos ó meses, que se cuentan en la
revolución lunar , según el sentido en que los
Astrónomos la consideran.
Si observas, Cosmopolita, la Estrella á que
ahora corresponde perfectamente la Luna, y
te esperáras en este sitio hasta que habiendo
la Luna recorrido toda su órbita volviera otra
vez á corresponder á la misma Estrella , no­
tarías , que en este tiempo pasarían 27 dias y
7 horas, 43 minutos y 11 segundos. Si esta
observación, que se supone hacer respecto de
una misma Estrella , se hiciera respecto de
uno de aquellos puntos del Cielo , á que cor­
responde el Sol en uno de los equinoccios, ad­
vertirías entonces, que esta segunda revolu­
ción de la Luna duraba algo menos que la
primera. Para que prácticamente entiendas es­
ta diferencia de duración en las dos revolu­ Revolución
ciones, figúrate que ahora la Luna estuviera sidereal.
en el primer punto del Signo de A ries, en
que sucede el equinoccio déla primavera. En
este caso si esperáras aquí hasta que otra vez
la Luna correspondiera al punto equinoccial,ve­
rías que pasarían 27 dias y 7 horas, 43 minutos
y 4 segundos , y casi medio. Esta revolución, Revolución
que se llama periódica , á distinción de la an­ periódica.
tecedente , que se llama sidereal, es mas corTomo III.
E
ta

34

Via ge estático

ta que ésta casi 7 segundos de tiempo; por­
que mientras la Luna hace tal revolución, el
punto del equinoccio retrograda casi 4 segun­
dos de grado , y consiguientemente la L u­
na debe tardar menos tiempo en correspon­
der , ó en encontrar dicho punto equinoccial.
Se considera también la revolución de la
Revolución
Luna con relación al Sol, y entonces se lla­
sinódica.
ma revolución sinódica. Supon , por exemplo,
que la Luna está ahora en conjunción con el
Sol , ó lo que es lo mismo, que está perfec­
tamente entre el Sol y la Tierra , en cuyo tiem­
po empieza la Luna nueva, ó sucede lo que
llamamos novilunio. Si en este caso esperáras aquí hasta que la Luna volviera á estár
otra vez en novilunio , ó en conjunción con
el Sol, advertirías que pasarían 29 dias, 12
horas, 44 minutos, 3 segundos y 27 centési­
mas partes de un minuto segundo. Notarías
muy bien, que esta revolución excede á las
antecedentes en mas de 53 horas. La causa
del exceso es clara , si suponemos moverse el
Sol ó la Tierra ; pues que ciertamente uno de
los dos se mueve. Oye la clara explicación
de la causa : supongamos que el Sol se mue­
ve de Occidente á Oriente , como se mueve
la Luna: en este caso es cierto que la L u ­
n a , que h o y, por exemplo , está en conjun­
ción con el S o l, no volverá á estár con éste
en el mismo punto en que ahora sucede la
conjunción ; porque en el tiempo en que la
Luna recorre su órbita en 27 dias y 7 ho­
ras , respecto de una estrella fixa , el Sol mo­
viéndose con su movimiento medio ha cami­
na-

al mundo Platltfario.
35
nado 27 grados, y por tanto la Luna debe ha­
cer este nuevo camino además de su revolucíC;;,
para estár otra vez en conjunción con e! Sol.
Ve aquí como de una conjunción á otra de­
ben pasar mas de 29 dias y m edio; y este
tiempo es el que se suele llamar mes lunar en­
tre los terrícolas, los quales le cuentan según
los novilunios ó conjunciones con el Sol. No
déxo de advertirte , Cosmopolita , en orden
al mes lunar , que los terrícolas hoy están
persuadidos (1) á que la duración de dicho
mes es algo mas corta que dos mil años há.
Yo creo que esta diferencia de duración crez­
ca y disminuya después de algunos siglos;
mas si ella fuera siempre constante en dis­
minuir, después de algunos siglos debería ser
tan corto el mes lunar, que su duración se­
ría como la de un relámpago.
La duración de los periodos 6 meses lu­
nares , con relación ya á las Estrellas fixas,
ya á los Equinoccios , y ya al Sol , se ha in­
ferido calculando muchas revoluciones de la
Luna ; pues que la observación de una sola
revolución no bastaría , por ser muy desigual
el movimiento de la L u n a, como después te
di(1) Halley fue el primero que notó ser aho­
ra mas acelerado el movimiento de la Luna , que
era en los siglos pasados (Phil. tram. « 204. 218).
Mem. de 1* Acad. an. 1757. p. 426. Comm. Soc.
Gotring. 1752. p. 383. La-Lande : Astronomic,
n. 1483.

E2

36

Cálculo de
32585 re­
voluciones
lunares.

Vi age estático

diré. Así Cassini ( 1) , calculándolas revolucio­
nes lunares que ha habido desde el eclipse lunar
del dia 19 del mes de M arzo, observado en
Babilonia por los Caldeos en el primer año
del cautiverio de los Israelitas, en tiempo de
Ezequías ( esto e s , 720 años antes de la Era
Christiana ) , hasta el eclipse de Septiembre
del año de 1 7 1 7 , infirió, que en el interválo de 890288 dias menos 4ó minutos la L u ­
na había hecho 32585 revoluciones ó vuel­
tas , y además de esto había caminado 186
grados y 7 minutos; y que por tanto , una
revolución periódica de la Luna constaba de
27 d ias, 7 horas , 43 minutos y 5 segun­
dos. Esta revolución , como te dixe antes , ac­
tualmente es mas corta medio minuto segun­
d o , ó 30 terceros; y según esto se infiere,
que la Luna camina cada dia en su órbita 13.
grados, 10 minutos, 35 segundos y 28 cen­
tésimas partes de un minuto segundo.
Te he dicho poco há , Cosmopolita , que
el movimiento de la Luna es muy desigual;
esta desigualdad quiero explicarte. Nosotros,
se-

(1) Elemens d’ Astronom, par M . Cassini.
Paris 1740. vol. 2. en el vol. 1. lib. 3. cap. 8. p.
293. El eclipse lunar observado por los Caldeos
en Babilonia , 720 años antes de la Era Chris-,
tiana , es la observación mas antigua de que se
conserva memoria en las historias Griegas y La­
tinas : en los anales de la China se hace mención
de observaciones de eclipses mas antiguos.

al mundo "Planetario.
357
según la confrontación de varios eclipses lu­
nares , sabemos el tiempo que la Luna gasta
en cada revolución ; pero á este tiempo lo lla­
mamos medio, á distinción del verdadero que
ella emplea. Quiero decir, podrá suceder que
la Luna en una revolución emplée un minuto
segundo mas que en otra ; pero porque lo que
una revolución crece, otra suele disminuir;
de aquí e s , que repartiendo igualmente en­
tre muchas revoluciones lunares el tiempo que
pasa de un eclipse lunar á otro , el particu­
lar tiempo que toca á cada revolución se lla­
ma medio. El tiempo verdadero es aquel que
la Luna tarda realmente en una determinada
revolución , ó en caminar un determinado es­
pacio de su órbita, y este tiempo se halla tan
desigual, que apenas la Luna jamás camina
uniformemente , sino que se ve ya ir ligera,
y ya ir despacio. En cada revolución lunar,
además de la desigualdad del movimiento de
su apojéo, de que te hablé antes, se advier­
ten otras tres desigualdades , que son las si­
guientes.
En primer lugar se observa que la Lu­
Tres des­
na tarda tanto tiempo en caminar la prime­ igualdades
ra mitad de su órbita , quanto emplea en gi­ del movi­
rar la segunda mitad de la misma órbita; mas miento lu­
no sucede esto en los tiempos que emplea en nar.
recorrer los dos quadrantes de cada mitad de
su órbita. Por exemplo , supongamos que la
Primera.
Luna tarda en su revolución 28 dias : en este
caso se hallará, que á la mitad de este tiem­
po la Luna ha caminado la mitad de su ór­
bita ; mas á la quarta parte del dicho tiempo
la

38

Segunda.

Tercera.

Desigual­
dad anual
de h Luna.

Viage estático

la Luna no habrá caminado un quarto ó quadrante de su órbita , que era lo que la cor­
respondía , sino que se hallará casi 6 grados
antes ó después del quadrante. A s í, á los 7
dias se halla comunmente en el sitio de la
Luna la diferencia de 5 á 6 grados: á los 14
dias la Luna se halla perfectamente en la mi­
tad de su órbita: á los 21 dias otra vez en
el sitio de la Luna se halla la diferencia de
5 á 6 grados ; y á los 28 dias desaparece es­
ta diferencia , y la Luna se halla en el fin
de su órbita. En segundo lugar se advierte,
que la dicha diferencia de 5 á 6 grados al estár la Luna en las quadraturas de su órbita,
llega á ser de 7 grados y dos tercios de gra­
do , en caso de hallarse entonces la Luna perijéa ó apojéa , ó de hallarse en su mayor ó
menor distancia á la Tierra. Se advierte en
tercer lugar , que quando la Luna está, no en
el quadrante de su conjunción ú oposición con
el S ol, sino entre una de éstas y la quadratura , se nota en su sitio una diferencia de
38 ó 39 minutos, la qual es independiente de
las otras dos diferencias antes expuestas.
A estas tres notables desigualdades que se
notan en cada revolución lunar, debo añadir
otra que se llama anual, porque se advier­
te , que en determinados meses del año la Lu­
na dista notablemente del sitio en que según
el cálculo debia estár; y en otros meses se
halla en el sitio en que la corresponde estár
según el cálculo. Esta diferencia suele ser de
11 minutos y 20 segundos en Marzo ; y en
Septiembre, en cuyo tiempo el Sol está en
sus

al

mundo Vianet ario,
39
sus distancias medias de la Tierra ; y quando éste está en su mayor distancia por Ju ­
nio , y en su menor -por Diciembre , no se
advierte diferencia alguna (1).
Estas son las principales desigualdades, lla­
madas anomalías , del movimiento de la Lu ­
na , además de las quales hay otras peque­
ñas , 'que provienen de otras causas menudí­
simas , cuya relación dexo porque es pesada.
Mas no debo omitir insinuarte otros dos fe­
nómenos singulares, que se advierten en la Fenómenos
particulares
órbita lunar. E l primero es , que notándose de la órbita
ésta siempre inclinada á la eclíptica , se ve lunar.
que
( 1 ) D e las quatro desigualdades explicadas
la primera se llama ecuación de centro ó de la.
órbita lunar. Tolomeo la llamó prim era y sim­
p le desigualdad ( A lm a g . lib. 14. cap. . y 1 1 ),
y Keplero la llamó desigualdad absoluta. La se­
gunda desigualdad , que Toloméo llamó prosneusi , y Copérnico postraferesi , se suele nom­
brar eveccion. L a tercera (que filé descubierta
por Tico-Brahe , como también la quarta ) se
llama 'variación. En el movimiento horario de la
Luna , que es de 32 minutos, 56 segundos y
quatro décimas partes de segundo , las desigual­
dades dichas causan notable diferencia. La 'va­
riación causa la desigualdad ó diferencia de 38
segundos : la eveccion la causa de 42 segundos;
y la eccentricidad de la órbita ocasiona en el
movimiento horario la variación de 3 minutos y
45 segundos.

6

40

Viage estático

que su inclinación varía en 19 minutos. A si
se advierte, que la dicha órbita lunar, unas
veces forma con la eclíptica un ángulo de 5
grados , menos minuto y medio , y otras ve­
ces le forma de 5 grados y 17 minutos y me­
d io , resultando la dicha diferencia de los 19
minutos. Tico-Brahe fué el primero que des­
cubrió esta variedad de inclinación en la ór­
bita lunar; por estár ésta inclinada á la eclíp­
tica , se infiere claram ente, que la tal órbita
corta á este círculo en dos partes ó puntos
opuestos; ó que la Luna debe en cada revo­
lución pasar dos veces por la eclíptica. Los
dos puntos por donde se unen ó cortan mu­
tuamente la órbita lunar y la eclíptica , se lla ­
man intersecciones ó ñudos. Adviértese, pues
( y éste es el segundo fenómeno ) , que los di­
chos ñudos en cada revolución lunar retro­
Ñudos lu­
gradan
ó vuelven atrás 1 grado, 26 minutos
nares.
y 48 segundos; ó lo que es lo mismo , en 18
meses retrogradan 30 grados, que es un sig­
no. A s í, si la Luna atraviesa hoy , por exemp lo , la eclíptica por el punto ó grado pri­
mero de A ries, después de 18 meses la atra­
vesará por el primero de Piscis , que está 30
grados mas atrás : y después de 18 años co ­
munes , 228 dias , 4 horas, 52 minutos , y
otros tantos segundos, la Luna volverá á atra­
vesar otra vez la eclíptica por el primer gra­
do de Aries. En menos, p u es, de 19 años
los ñudos recorren toda la eclíptica.
Estas son , Cosmopolita , las mas insignes
desigualdades que se advierten en el movimien­
to de la Luna y en su órbita. No dudo que


al mundo Planetario.
41
tú las habrás oído con placer y admiración,
y que al mismo tiempo habrás conjeturado,
que ellas son materia abundante de profun­
das reflexiones que presentan al ingenio hu­
mano. No te debo ocultar las que los Atraccionistas han formado con discursos casi so­
brehumanos , para concordar estos raros fe­
nómenos de la Luna con las leyes de la atrac­
ción.
Los primeros Astrónomos que se atrevie­
ron á publicar tablas ó cálculos, en que se­
gún las leyes de la atracción se señalaban la
carrera de la Luna y su movimiento , fueron
Isle y Grammatici , el qual calculó mas de 60
observaciones , y las halló perfectamente con­
formes (1) con las tablas que había hecho. Es­
te feliz suceso animó á los demás Atraccionistas, los quales creyeron poder proponer se­
gún las leyes de la atracción , y sin atender
á la observación , tablas exáctas del movimien­
to lunar. Algunos Atraccionistas han publica­
do (2), que su intento ha tenido el debido efec­
to ; mas si creemos al Astrónomo que en es­
tos años ha trabajado en esta materia con sin­
gular empéño , hasta ahora no se han visto
tablas hechas según las leyes de la atracción,
que convengan perfectamente con lo que se
ob-

(1) Tabulae limares ex theorica Newtonis d
quodam Uranophilo e S. J . Inglost adii 1726. 4.
(2) Eidero : Theoria motüs lun¿e , Introductio : obra citada en la pág. 32. de este vol.
Tomo I I I .
F

Si la atrac­
ción sea cau­
sa de las
desigualda­
des lunares.

Las tablas
lunares no
se pueden
formar con
las
reglas
que da la
atracción.

42
Via ge estático
observa en la Luna. Se advierte , dice el mis­
mo Astrónomo , que dichas tablas discrepan
muchas veces 5 minutos de la observación, y
que se fundan mas en ésta , que en la teóri­
ca de la atracción, de donde concluye di­
ciendo: " E l convenir ó desconvenir de estas
tablas con la observación , no sirve de prue­
ba á favor ni en contra de la atracción; por­
que el convenir las tablas con la observación
no se debe atribuir á la sola teórica de la
atracción ; y el discrepar las mismas de la
observación , tampoco se debe atribuir á la
sola teórica de la atracción , porque no se
fundan únicamente en ésta.” Newtón (1) co­
noció bien , y confesó ingenuamente la gran
dificultad de componer según la atracción las
desigualdades lunares, las quales en estos años
han dado continua materia de exercicio á los
mejores Astrónomos de Europa. Estos cre­
yendo que los principios de la atracción de­
bían bastar para determinar sin la ayuda de
la observación las desigualdades de la Luna,
han formado los mas ingeniosos cálculos que
se podían desear ; pero la experiencia ha he­
cho ver , que hasta ahora no se ha logrado
su intento, ni el efecto debido. En estos años
Ma(1) Sunt etiam a lie quídam inequalitates>
quibus motus lunares adeo perturbantur , ut nid­
ia hactenus lege ad regulam aliquant reduci
potuerint. Newtón : Philosophic naturalis p rin ­
cipia mathem. lib. 3. prop. 23.

a l mundo Planetario .
43
Mayer ha sido el que ha publicado las ta­
blas mas exáctas que se han visto para de­
terminar el sitio y movimiento de la Luna:
ellas convienen tanto con la observación, que
habiéndose hecho el cotéjo de centenares de
observaciones , apenas se hallan diez de és­
tas , que discrepen minuto y medio del cál­
culo ; pero de éstas y otras tablas de Astró­
nomos célebres habla así La-Lande: wLas
tablas de la Luna, dice (1 ), dadas por Keplero , Horoccio , Flamsteed , Cassini y Ma­
yer , tienen por fundamento las observaciones;
y aunque Newtón halló casi la forma de sus
equaciones, ó el principio de la atracción, habia determinado este Filósofo su cantidad , va­
liéndose de las observaciones de Flamsteed.
Convienen los Autores , en que es dudoso que
con la sola teórica de la atracción se puedan
determinar todas las desigualdades de la Lu­
na. Estas son tantas , que para formar las
tablas lunares, se ponen quince equaciones por
los Astrónomos modernos. Tanta muchedum­
bre y tanta confusión de cálculos prueban,
que los Astrónomos se imaginan con ellos le­
yes menos simples , que son las que la natu­
raleza observa en el movimiento de la Lu­
na. A fav o r, pues , de la atracción no po­
dremos decir , sino que ( como notó Eulero )
su teórica no se prueba claramente con los
fenómenos lunares , aunque parece que no dis­
ta mucho de la verdad.”

Y
(1)

La-Lande : Astronomie , n. 1475 , be.

F2

Viage estático
Y esto baste, Cosmopolita , para que comprehendas las desigualdades del movimiento
lu n ar, y sepas el juicio que actualmente se
hace de su correspondencia con las leyes de
la atracción : pasemos ya á hacer otras ob­
servaciones , entre las que elijo la de contem­
plar la iluminación de la Luna , porque esta
contemplación servirá para introducirnos en
la explicación de los eclipses suyos, y del ad­
mirable y útil uso que de ellos y de las re­
voluciones lunares han hecho y hacen los ter­
rícolas en las Ciencias y en su comercio civil.

44

§. n i .

,

Iluminación de la Luna y Eclipses
lunares y solares.
Es evidente
la causa de
la ilumina­
ción lunar.

Novilunio
y plenilu­
nio.

A causa de la iluminación de la Luna es
clara y patente. Qualquiera que obser­
ve un eclipse solar, en el que verá claramen­
te que la Luna oculta al Sol, ó se pone en­
tre éste y la T ierra, conocerá que la Luna es
un cuerpo opaco, sin luz alguna, y que ella
la recibe del Sol, en aquella parte que mira
ó se opone á éste. Así á la menor observa­
ción y reflexión notarás , que en el mismo dia
del novilunio no se distingue en la Luna al­
guna lu z , y que ésta se empieza á distinguir
á las treinta horas después del novilunio, en
el qual tiempo ya se ve bien desde la Tier­
ra una parte , aunque corta, iluminada de la
Luna. A proporción que la Luna se ve mas
distante del sitio del Sol, ella va mostrando

ma-

al mundo Vianetario,

45

mayor parte iluminada de su disco ; y en el
espacio de seis dias se ve en ella un semicír­
culo de luz , en cuyo caso la Luna se llama
dichotoma ó bisecta, ó en quadratura , que es
su primer quarto, ó quarto creciente. Conti­
nuando la Luna en alejarse del Sol, va mos­
trando mayor iluminación ; de m odo, que
quando ella está diametralmente opuesta al
S o l, presenta á la Tierra toda su faz ilumi­
nada : lo que llamamos sicigia primera , Lu­
na llena ó plenilunio , el qual sucede á los ca­
torce dias después del novilunio. En este ca­
so sale la Luna con corta diferencia quando
se pone el Sol. Después del plenilunio se ad­
vierte , que la Luna va decreciendo en luz,
ó que va presentando á la Tierra su faz me­
nos iluminada; de suerte, que á los veinte
y un dias se ve por los terrícolas iluminado
solamente un semicírculo, á lo que ellos lla­
man quadratura segunda , ó quarto menguan­
te ; y a s í, la luz va decreciendo á proporción
que la Luna se arrima al S ol, ó se avecina
al novilunio , en el que se ve obscura la par­
te del disco lunar que mira á la Tierra , y es
la que los terrícolas llaman sicigia segunda.
Esta simplicísima explicación de la ilumi­
nación lunar no descubre cosa , que todos los
mortales con su propia vista no observen ca­
da mes desde la Tierra, por la que nada de
nuevo ni admirable te he dicho. Te podré
hablar quizá con alguna novedad investigan­
do y explicándote varios fenómenos , que en
la iluminación lunar se advierten. Con una
simple ojeada de un eclipse solar, pudieran
los

46

Vi age estático

los antiguos muy bien inferir , que este tal
eclipse provenia del ponerse la Luna entre
la Tierra y el S o l, ó de impedir la vista de
éste á los terrícolas ; por lo que no me atre­
vo á creer las raras y necias opiniones que
Plutarco (i) nos refiere de algunos Filósofos,
que atribuían el eclipse solar á causas fan­
tásticas. Asimismo los antiguos viendo en los
dichos eclipses , que estaba obscura la faz lu­
nar que miraba á la Tierra , debieron cono­
cer , que la dicha faz no tenia luz propria.
Primeros Podrían dudar de la otra faz lunar , que po^
conocimien­ co á poco se ve iluminada : mas esta duda
tos de la ilu­ desaparecería á la menor reflexión conside­
minación
rando , que se veía iluminada aquella parte
lunar.
de la faz lunar , que miraba al S o l, y que
se veía tanto mas iluminada, quanto mas en­
frente estaba del mismo Sol. Este ilumina
siempre la mitad de la Luna ; pero los ter­
rícolas no pueden ver iluminada toda esta
mitad sino quando la miran opuesta al Sol,
como sucede en el plenilunio. Aunque esta
reflexión parece bastar para que los antiguos
conociesen que la iluminación de la Luna pro­
venia del S o l, no obstante podrían formar al­
guna duda observando , que siempre se veía
iluminada una misma faz del globo lunar, lo
que conocerían claramente al notar siempre
en

(i)
Plutarco trata de los fenómenos lunares
desde el capítulo 2 $ del libro 2 de su obra so­
bre las opiniones de los Filósofos.

a l mundo Vianet ario.

4^

en él las mismas manchas. Por esto podrían
dudar, si por ventura esta faz , que siempre
veían iluminada , y que parecia ser siempre
una misma , tenia alguna luz por sí propia;
pero saldrían de la duda , luego que viesen
eclipses lunares, en los que notarían , que que­
daba obscura succesivamente la misma faz,
que antes se veía iluminada. Según este ra­
ciocinio natural, se infiere claramente , que
los antiguos pudieron conocer á la menor re­
flexión , que la Luna recibía del Sol su ilu­
minación.
Mas ¿de dónde proviene, ó por qué suce­
de , me preguntarás , Cosmopolita , que los
terrícolas siempre vean iluminada una misma
faz lunar ? A esta curiosa duda procuraré sa­
Rotaeion
tisfacerte con clara y breve respuesta. La Lu­ de la Luna.
na va dando sobre su exe una vuelta , al mis­
mo tiempo que gira sobre su órbita , de mo­
do que tarda tanto en dar sobre su exe la
vuelta , quanto emplea en caminar su órbita,
y por esta razón los terrícolas deben ver siem­
pre una misma faz iluminada. Si quieres , Cos­
mopolita, ver con tus mismos ojos este fe­
Exemplo
nómeno , quando vuelvas á la tierra , haz que
práctico de
estando una luz en el rincón de un aposento, la rotación
y tú en medio de éste, gire uno al rededor lunar.
de tí con un globo en una mano, y que ha­
ga dar una vuelta al globo en el tiempo mis­
mo en que él da una vuelta al rededor de tí:
en este caso observarás, que siempre ves una
misma faz del globo , y que ésta se va ilu­
minando del modo mismo, con que la Luna
se ve desde la Tierra. En esta experiencia nota-

48

Viage estático

tarás , que al estár el globo entre la luz y el
sitio que tú ocupas , no se ve en el globo par­
te alguna iluminada , y esto te representará
el novilunio. Si el globo está perfectamente en­
tre la luz y tu vista , te ocultará la lu z , y
esto te hará ver la causa del eclipse solar. Si
tú estás perfectamente entre la luz y el glo­
bo , éste al entrar en tu sombra no se verá
iluminado , y esto te hará ver la causa de
los eclipses lunares , los quales solamente
pueden suceder, quando la Luna está opues­
ta al S o l, y la Tierra se halla entre éste y
la Luna.
Y ya que el discurso me ha introducido
insensiblemente en el asunto de los eclipses,
continuaré la explicación de ellos, para que
entiendas bien, Cosmopolita, sus fenómenos.
E l eclipse , pues, si es solar , no consiste en
otra cosa , sino en interponerse la Luna dere­
chamente entre la Tierra y el S o l, con lo
que éste no se ve por los terrícolas ; y como
la Luna solamente se puede interponer entre
el Sol y la Tierra al principio de su novilu­
n io , se infiere claramente, que solamente en
los novilunios puede haber eclipse solar. Es­
Tiempos en to mismo te hará conocer , que el eclipse so­
que suceden lar sucedido en la muerte de nuestro Salva­
los eclipses dor, fué milagroso , porque aconteció quando
lunares y
la Luna estaba cerca de su plenilunio ; esto
solares.
e s , quando estaba diametralmente opuesta al
S o l, en cuyo tiempo , según el orden de la
naturaleza, solamente puede suceder eclipse
lunar.
Este eclipse, por consistir en la interpo-

si-

al mundo Planetario .
49
sicion de la Tierra entre la Luna y el S o l, so­
lamente se puede dar en el plenilunio , en el
qual la Luna está enfrente del S o l, y la Tier­
ra entre éste y la Luna. Pero aunque los
eclipses solares no pueden suceder sino en el
novilunio, como ni tampoco los lunares sino
en el plenilunio, no por esto se infiere, que
en todo novilunio y en todo plenilunio deba
haber eclipses solares y lunares. La razón es
clara , porque se dan muchísimos novilunios
sin que la Luna esté perfectamente entre el
Sol y la T ierra; así como también se dan mu­
chos plenilunios sin que la Tierra esté entre
la Luna y el S o l; y esto depende de la in­
clinación de la órbita lunar con la eclíptica.
Si una y otra órbita estuvieran en un mismo
plano , en todos los novilunios habría eclipse
s o la r , y en todos los plenilunios habría eclip­
se lu n ar; mas porque las dichas órbitas es­
tando inclinadas se cortan ó encuentran en
dos puntos opuestos , llamados nudos , quando en estos ó cerca de ellos suceda el novi­
lunio , habrá eclipse so lar; y quando en ellos
ó cerca de ellos suceda el plenilunio , habrá
eclipse lunar. Quando los novilunios y ple­
nilunios suceden al estár la Luna cabalmente
en los dichos puntos ó nudos en que se en­
cuentran ó cortan la eclíptica y la órbita lu­
n a r, habrá eclipses solares y lunares centra­
Eclipses
les ; porque entonces los centros de la Luna, centrales.
de la Tierra y del Sol están derechamente en
una misma linea. Quando los dichos puntos
de intersección ó de corte de las órbitas dis­
tan cierto número de grados de aquellos siTomo I I I .
G
tios

50
V ia ge estático
tíos en que suceden el plenilunio y novilu­
nio, no habrá eclipse alguno. Por regla ge­
neral : si al tiempo del novilunio uno de los
Regla para puntos dichos de intersección ( los quales se
saber quan­ llaman ñudos de la órbita lunar) dista del Sol
menos de quince grados , habrá eclipse solar:
do deberá
suceder
si dista entre quince y veinte y un grados, se­
eclipse.
rá dudoso si habrá eclipse; y si dista mas de
veinte y un grados, ciertamente no habrá eclip­
se. Si al tiempo del plenilunio uno de los di­
chos puntos de intersección dista del Sol siete
grados y medio, ciertamente habrá eclipse lu­
nar : si dista entre siete grados y medio , y
catorce grados y medio , será dudoso si ha­
brá eclipse; y si dista mas de catorce grados
y medio , no habrá eclipse.
Debes aquí notar dos cosas , Cosmopolita:
Luna apola
primera
e s , que quando la Luna está apojéa , ó su
jéa
,
ó
en
su
mayor distancia de la Tierra, su
mayor dis­
diámetro aparece á los terrícolas de veinte y
tancia.
nueve minutos, y de veinte y cinco segundos;
y el diámetro del Sol nunca aparece á los ter­
rícolas menor de treinta y un minutos y me­
dio ; por tanto, si quando la Luna está apojéa se pone derechamente entre la Tierra y
el S o l, su disco no llega perfectamente á cu­
brir el solar ; y por esto en éste aparece un
anillo de luz , ó del cuerpo solar. Asimismo,
quando la Luna está apojéa ( y esta es la se­
gunda cosa que debes notar ) su distancia á la
Tierra es 91397 leguas, y en este caso su som­
bra no llegará á la Tierra ; de donde se infie­
re que la tal sombra no se estiende á tanto
número de leguas. La sombra de la Luna so-

al

mundo Planetario.
51
lamente tiene de largo 88950 leguas. Aquí
mismo debes notar , que por mas distante que
la Luna esté de la Tierra , no obstante quando ésta se halla perfectamente entre el Sol y
ella , ésta se eclipsa siempre , y se eclipsa to­
talmente.
De estas advertencias debes inferir á la Conseqüen­
menor reflexión várias conseqüencias. La pri­ cias de la
mera e s , que deben verse mas eclipses luna­ doctrina ex­
res que solares; y que de estos hay pocos que puesta.
sean totales. En efecto, hasta el año de 1900,
en gran parte de la Europa occidental sola­
mente se verán cincuenta eclipses solares, de
los quales ninguno será to ta l; pues que un
eclipse que sucederá á 9 de Octubre de 1847,
será anular ; esto es , la Luna distará tanto
de la T ie rra , que su disco no llegará á cu­
brir todo el S o l, y quedará al rededor de
ella un anillo de la luz de estotro. La segun­
da conseqüencia es , que la Luna algunas ve­
ces dista de la Tierra menos de 88000 le­
guas ; pues que su som bra, que no llega á ser
de 90000, llega á la misma Tierra en muchas
ocasiones. La tercera conseqüencia es, que la
Tierra es mayor que la Luna ; porque siem­
pre que entre ésta y el Sol está perfectamen­
te la Tierra, se ve que la sombra de ésta lle­
ga á la Luna ; y la de estotra , como te he di­
cho antes, no llega á la T ie rra , aunque la
Luna esté perfectamente entre la Tierra y el
Sol. La última conseqüencia e s , que todos
los demás planetas distan de la Tierra nota­
blemente mucho mas que la Luna dista de la
misma. Esta conseqüencia se infiere de estas
G 2
dos

$2

Viage estático

dos reflexiones: Primera , la sombra de la
T ierra, que es de 400000 leguas, no llega nun­
ca á eclipsar ningún planeta ; por tan to, no
hay planeta que no diste de la Tierra mas de
400000 leguas : Segunda , la Luna algunas ve­
ces dista de la Tierra mas de lo que es lar­
ga su som bra; y nunca se v e , que ésta llégue á eclipsar ningún otro planeta : luego á
lo menos no hay ningún planeta que no dis­
te de la Tierra mas de dos veces m as, que
Prueba
práctica del de la Luna dista la Tierra. Vé aquí, Cos­
mopolita , cómo se descubren naturalmente
respectivo
alexamien- aquellas primeras reflexiones , que pudieron
to de los
hacer desde luego nuestros antiguos, para ve­
planetas.
nir en conocimiento de estar distantísimos de
la Tierra los planetas , y de ser cuerpos des­
medidos ; pues que se distinguían grandes al­
gunos de ellos, en medio de tanta distancia.
Atendiendo á este natural raciocinio , y á que
se conserva memoria de discursos ingeniosos
y científicos de muchos Filósofos antiquísi­
mos , no parecen creíbles los despropósitos
que Plutarco (1) nos cuenta, ó pone en bo­
ca de los Filósofos antiguos, como son el de­
c i r : "L os Estoicos defienden, que la Luna es
Erradas
ideas de los mayor que la Tierra , y tan grande como el
Filósofos
Sol. Parmenides dice, que la Luna es tan gran­
antiguos so­ de como el Sol. Anaxágoras afirm a, que el
bre la gran­
Sol
deza del Sol
Largura de
la sombra
lunar.

y de la Lu­
na.

(1) Véase el tratado de Plutarco : Sobre las
sentencias ú opiniones de los Filósofos , lib. 2.
desde el cap. 21 hasta el 32.

al mando Vianetario.

53

Sol es mayor que el Peloponeso. Heráclito ha­
ce de un pie su diámetro. Epicúro dice , que
todas estas cosas son probables: Tales Milesio fué el primero que dixo que el eclipse so­
lar provenia de la interposición de la Luna
entre la Tierra y el Sol, &c.” Estos y otros
despropósitos ( excepto el dicho de Tales) son
increíbles en personas que hacían algún estu­
dio de las Ciencias naturales ; y para conocer
su falsedad bastaba levantar al Cielo la vis­
ta , y hacer aquellas solas reflexiones que se
oyen comunmente entre gente rústica de bue­
na razón; pues que no habrá país en el mun­
do , en el que no se encuentre labrador de
algún talento, que mirando el eclipse solar no
diga, que éste consiste en pasar delante del
Sol la Luna , la qual se ve con la vista na­
tural ; por lo que, antes que Tales Milesio
viniese al mundo, la gente mas rústica sabría
la verdadera causa del eclipse solar. La del
lunar no es tan clara , porque no forma jui­
cio de ella la mente , valiéndose de la vista;
pero á la menor reflexión que se haga al ver
que los eclipses lunares suceden quando la
Tierra está entre el Sol y la Luna , se cono­
cerá que los antiguos pudieron fácilmente in­
ferir , que como la sombra lunar llegaba á la
Tierra , así la sombra terrestre llegaría á la
Luna.
Me acuerdo de haber leído , que los Li­
bélanos , no obstante de tener la instrucción
astronómica , que se necesita para pronosti­
car con exactitud los eclipses , se engañan mu­
cho en la grandeza que asignan al Sol y á la
Lu-

54
Viage estático
L u n a, pues que hacen de 51 leguas el diáme­
tro solar ( 1 ) , y de 50 leguas el diámetro lu­
Preocupa­ nar ; y que los Indostanos ó Mogoles , igual­
ciones as­
mente instruidos en la astronomía , dicen , que
tronómicas
la Luna está sobre el S o l, y se fingen un sisde los Ti bé­ téma celeste extravagantísimo. "Quando se
fanos é Inquiere probar á los Brahmanes del Indostan,
dostanos.
dice el Jesuíta La-Lane (2 ), que por los eclip­
ses que ellos saben pronosticar, se infiere estár
la Luna debaxo del Sol , no responden otra
cosa , sino que esto contradice á sus princi­
pios.” ¿ Y qué principios te parecerán ser es­
to s, Cosmopolita? Los expone largamente el
Jesuíta Bouchet (3) en una carta , en que trata
de la legislación y de los tribunales del Indostan. "E n é ste, d ice, se juzga y se obra por
costumbre. La razón mayor que se a leg a , se
funda en la costumbre. Quando se d ice, que
una cosa no se acostumbra, se ha alegado la
mayor razón para probar que no se debe ha­
cer. Los Brahmanes, pues, hacen estudio de
las reglas para pronosticar los eclipses, y ar­
reglar el año lunisolar : pero en orden á la natu(1) Alghabetum Tibetanum ab Angustino
Georgio eremita angustia. Romœ 1762. fol. vol.
2. En el vol. 1. nûm. 77. p. 1S9.
(2) Lettres édifiantes écrites par quelques Misionaires de la Compagnie de Jesus. Paris 1713.
12. vol. 10. Lettre dup. de la Lane , p. 38.
(3) Lettres édifiantes, &c. Paris 1720. vol.
14. lettre dup. Bouchet, p. 328.

al mundo Vianetario.

55

turaleza de los astros , y de su situación, gran­
deza , influxo y demás fenómenos, toda su
ciencia se funda en la tradición mitológica; y
ésta es ley sagrada , que les cierra la puerta
para toda ciencia física.” Esta misma tradi­
ción y ley sagrada pudieron causar semejante
preocupación en la mente de los Griegos , los
quales, de la nación Indostana , mas que de
ninguna otra , recibieron la mitología celeste,
y muchos conocimientos astronómicos.
Vuelvo al discurso de los fenómenos de la
iluminación lunar y de los eclipses; y entre
estos fenómenos debo contar la luz que se lla­
ma secundaria de la Luna. Habrás advertido
en ésta , observándola al tercero y quarto dia Luz secun­
después del novilunio, que se distingue bastan­ daria de la
te bien desde la Tierra la parte obscura de su Luna.
disco, y aun se llegan á distinguir las man­
chas en la dicha parte. La luz que á los ter­
rícolas hace distinguible el disco lunar obscu­
ro , se llama luz secundaria lunar. Si te po­
nes á observar la Luna , de modo que sola­
mente veas su parte obscura , distinguirás bien
las manchas de ésta. Asimismo , quizá habrás
advertido , que después del quinto dia de la
Luna nueva hasta los quatro dias antes del
siguiente novilunio, no se distingue la parte
obscura de su disco, y que se vuelve á des­
cubrir en los dichos quatro dias, si se obser­
va por la mañana antes de la aurora. Estos
fenómenos provienen de la luz de la Tierra,
que desde ésta reílecte en la Luna. Al terce­
ro y quarto dia de la Luna nueva se advier­
te mejor ó mas viva la dicha luz secundaria,
por

56

Viage estático

por dos razones : La primera, porque viéndose
iluminada solo una pequeña parte de la Luna,
esta pequeña iluminación no llega á confun­
dir la luz secundaria de ella. La segunda ra­
zón es , porque en tal tiempo la Tierra envía
á la Luna mas luz , que después quando está
cercano el plenilunio, pues que en los dias in­
mediatos á éste , antes y después de é l, la
Luna se ve , quando la Tierra suele estár en
tinieblas. Por la misma razón que al tercero
y quarto dia después del plenilunio se ve bien
la luz secundaria , ésta se vuelve á distinguir
bien , quando á la Luna faltan tres ó quatro
dias para el novilunio. Según algunos Astró­
nomos , en este segundo caso se distingue me­
jor la luz secundaria que en el primero ; pe­
ro esto puede provenir de que en el segun­
do caso la Luna se observa poco antes de la
aurora, en cuyo tiempo la pupila ocular es­
tá mas dilatada con la obscuridad de la no­
che , y puede distinguir mejor qualquiera luz
sensible.
Habrás también notado, Cosmopolita , que
Fenómenos al aparecer iluminada la Luna al fin del pri­
de la luz lu­
mer quarto, su mitad iluminada aparece ma­
nar.
yor que la otra mitad obscura. Esta ilusión
proviene de la luz y del ayre iluminado, que
hacen aparecer mayores los cuerpos que tie­
nen luz ; así como en una pintura , en que ocu­
pen igual espacio las sombras y los claros , ó
colores vivos , el espacio de estos aparece ma­
yor que el de las sombras. Asimismo habrás
notado en la Luna varios colores, los quales
dependen de la atmosfèra terrestre, en que
se

Tiempos en
que se dis­
tingue me­
jor la luz se­
cundaria de
la Luna.

.

a l mundo P la n eta rio
se refractan los rayos de luz. A la misma cau­
sa debes atribuir los varios colores , con que
tal vez se ve la Luna eclipsada ; y la luz que
en ésta se suele ver al tiempo del eclipse, pro­
viene de la luz terrestre que en ella reflecte.
Sucede tal vez , que en los eclipses lunares y
solares algunos Astrónomos distinguen en la
Luna alguna luz y color; y otros distinguen
un color diferente, ó ninguno , y ninguna luz;
pero esto, como nota B riga(i)en su erudita
Obra de los eclipses, proviene de la interpo­
sición y variedad de vapores y exálaciones,
que se levantan en unos países con mas abun­
dancia que en otros.
En la luz lunar , por mas experiencias que
se han hecho con espejos ustorios (2), no se
siente en la Tierra calor alguno; y á la ver­
dad , si de la comparación de la luz lunar con
la solar inferimos el calor (3) que puede tener
la
( 1 ) Scientiae eclipsium commercio sinarum {Ilús­
tr a te d Melchiore a B riga , S. J . p ars 3. L u ­
ce 1747. 4. cap. 4. §. 13• pag. 154.
(2) Mem. de /’ Academ. 1699. p . 34. 170$.
p . 346.
(3) Según Hook la luz lunar , que en el ple­
nilunio viene á la Tierra , se estiende por una
esfera , cuyo diámetro es 188 veces mayor que
el de la Luna ; y de esto se infiere , que la luz
lunar es 104368 veces mas endeble que la solar.
Véase la Enciclopedia Parisiense impresa en eL
1761 , articulo Lunc.
Tomo I I I .
H

58

La luz lu­
nar es 3000
veces mas
endeble, que
la del Sol.

En la luz
lunar no se
advierte ca­
lor alguno.

Viage estático

la luz lu n ar, deberémos decir , que á lo mas,
el calor de ésta llega á ser igo9 veces menor
que el del S o l; y un calor tan pequeño de­
be ser insensible. Te he dicho , que el calor
de la luz lunar á lo menos llega á ser 150^
veces menor que el solar , porque problamente es doble m enor; pues que la luz lunar en
el plenilunio , según las experiencias de Bouguer (1) , en la Tierra es 300S) veces me­
nor que la solar, ó 300S) Lunas llenas alum­
brarían tanto como el Sol. Este cálculo no bas­
taría para persuadirnos , que el calor lunar es
insensible: es muy sensible la luz de la Lu­
n a , ¿por qué no lo será su calor, ya que
ella recibe la luz del S o l, que por su natu­
raleza puede y debe calentar ? A esta obje­
ción yo responderé con la experiencia , y sin
entrar en el confuso exámen del por qué la
sensibilísima luz lunar no calienta. Las expe­
riencias que delicadísimamente hizo A verani (2) con excelentes termómetros y espejos ustorios en el plenilunio, convencen que es in­
sensible el calor de la luz lunar : contra la ex­
periencia no hay respuesta.

§. IV.
(1) Boiiguer : Traite cC optique sur la grand,
de la lumiere. Paris , 1760. p. 89.
(2) Lezioni Toscane de Giuseppe Averani.
Firenze , 1746. 4. En el tomo 2. p. 186.

a l mundo Planetario .

59

§ . IV .
Uso y utilidad que los terrícolas sacan de
la vària iluminación de la Luna , de sus
revoluciones , y de los eclipses luna­
res y solares.

,

,

oncluyamos
Cosm opolita la sèrie de
nuestras observaciones sobre la ilumina­
ción lunar, con la consideración del admira­
ble uso , y de la utilidad grande que de las
que hemos hecho sacan los terrícolas. Discur­
riré en primer lugar de la utilidad de la ilu­
minación lunar, y después de los eclipses lunisolares, y en los dos discursos tendré pre­
sentes los efectos de las revoluciones de la
Luna.
I.°

C

Uso y utilidad de la iluminación lunar .
La Luna acompaña siempre á la Tierra,
al rededor de la qual se mueve incesantemen­
te , indicando á los terrícolas tan diversas du­
raciones en sus revoluciones , quantos son los
puntos celestes , á que los terrícolas las hacen
corresponder , como á mojones ó señales pa­
ra determinar el tiempo que dura cada revo­
lución. Te hice advertir antes , Cosmopolita,
que si al llegar la Luna á un astro fixo ó á
una estrella , la observas , y esperando que
vuelva á llegar ú ocultar la misma estrella,
computas exáctamente el tiempo que habrá
H 2
tar-

Revolución
sidereal de
la Luna.
Revolución
equinoccial.

Revolución
sinódica.

6o
V ia ge estático
tardado en pasar dos veces succesiva ó inme­
diatamente baxo de la misma estrella , baila­
rás , que el tiempo ó la duración habrá sido
de 27 dias, 7 horas , 43 minutos y 11 segun­
dos. Esta es la duración de la tal revolución,
llamada sidereal; porque se compúta con re­
lación á las estrellas. Revolución equinoccial
ó periódica de la Luna es , como antes te ex­
pliqué , la que en ésta se observa con rela­
ción á uno de los puntos celestes en que su­
cede el equinoccio del año solar; y revolución
sinódica ( nombre que proviene de la palabra
griega sínodo , que significa congreso , junta ó
concilio) es la que la Luna hace desde una
conjunción con el S o l, hasta otra inmediata
conjunción con éste , ó desde uno á otro no­
vilunio. Las duraciones de estas tres revolu­
ciones son diferentes, porque son diversos los
puntos ó términos á que se hacen correspon­
der ; y porque no se conocen con la misma
facilidad las dichas revoluciones y sus dura­
ciones, no son igualmente sensibles á la obser­
vación de los terrícolas. La sidereal y la equi­
noccial ó periódica, no se advierten bien, si
no se observan atentamente la estrella y el
punto equinoccial, á que se hacen correspon­
der. Estas dos revoluciones sirven para me­
dir el tiempo , ó formar los meses lunares,
que se llaman sidereal y periódico ; pero el
conocimiento de estos meses se reserva sola­
mente para los Astrónomos : si la Luna señalára solamente estos dos meses, y no el si­
nódico , la indicación de sus meses sería po­
co útil para el'común de los hombres, que
di-

al mundo Vianet ario.

61

difícilmente los distinguirían; no obstante, en
tal caso siempre sería verdadero que Dios crió
las lumbreras del Firmamento ( esto e s, el Sol
y la Luna) para distinguir los dias y las no­
ches , y para que sirviesen de señales visibles,
con que se conociese la duración de los tiem­
pos , de los dias y de las noches, como escri­
bió Moysés. Mas la bondad del Supremo Ha­
cedor, que concedió á la Luna el señalarlos
meses sidereales y periódicos , para digna ocu­
pación de los Astrónomos que se exercitáran
en observar el admirable mecanismo de los
Cielos , concedió á la misma Luna el señalar
el mes sinódico, que por indicarse con su vária iluminación pudiese fácilmente conocerse
por todos los terrícolas , y les sirviese de re­
gla fácil y clara para computar los tiempos.
El mes sinódico, como ya has oído, Cos­
mopolita , se señala por la varia iluminación
con que la Luna aparece á los terrícolas des­
de uno á otro novilunio. En el punto en que
éste empieza , empieza también la Luna , que
se suele llamar nueva ; porque habiendo per­
dido toda su antigua iluminación, empieza á
mostrarse á los terrícolas nuevamente ilumi­
nada. En este punto y momento la Luna es­
tá entre la Tierra y el Sol; y por esto se dice
estar en conjunción con él. Cada dia apare­
ce mas separada ó distante del Sol; y á pro­
porción que se va apartando de é l , aparece
mayor su iluminación á los terrícolas. Esto
e s, como te insinué antes , que con su diario
aumento les va indicando el número de dias
que ya han pasado desde el novilunio, ó des­
de

Todos los
hombres co­
nocen el mes
sinódico.

Explicación
del mes si­
nódico.
Novilunio,

Primer
quarto ó
quadrante
de la Luna.
Plenilunio.

Tercer
quarto de
la Luna.
Ultimo
quarto.

El uso de
las semanas
no alude á
los quartos
de la Luna.

62
Via ge estático
de el principio del mes sinódico, que comun­
mente se llama el mes lunar. Quando ha pa­
sado la quarta parte de éste, la Luna mues­
tra iluminada la mitad de su disco, y éste
es el momento en que se dice haber pasado el
primer quarto de la Luna. El segundo quarto se cuenta hasta el plenilunio en que se ve
la Luna llena, ó totalmente iluminada, apa­
reciendo redonda á la vista de los terrícolas.
El tercer quarto del mes lunar se cuenta,
quando empezando á menguar la iluminación
de la Luna , ésta ocupa solamente la mitad
de la faz de ella. El último quarto se cuenta
hasta el novilunio, ó hasta la Luna nueva
siguiente.
Siendo el mes lunar de 29 dias, 12 ho­
ras , 44 minutos, 3 segundos y 27 centési­
mas partes de minuto segundo, se infiere, que
cada quarto de mes dura 7 dias, 9 horas, 7
minutos y 24 segundos: esto es, dura pocas
horas mas que una semana, cuyo uso se ha­
lla inmemorial, y común en casi todas las
naciones civiles del mundo, y claramente alu­
de á los 7 dias en que Dios le crió. Los quar­
tos de la iluminación lunar convienen con po­
ca diferencia que no llega á un mediodia con
la duración de las semanas; mas no dieron
motivo á la institución de ellas, y por esto
las naciones continúan distribuyendo el tiem­
po en semanas sin atender á su correspon­
dencia con los quartos del mes lunar, al que
no sé que haya atendido ninguna nación si­
no la antigua Peruana, como después oirás.
E l uso de la semana debe su verdadero ori­
gen

al mundo Planetario.
63
gen y alusión á los 7 dias en que Dios crió
al mundo, y es anterior á la dispersión de las
gentes; pues que sin esta anterioridad no su­
cedería, como actualmente sucede, que el or­
den européo de contar los dias de la semana
conviniese con el de las naciones Indianas. De
este asunto, de que largamente he escrito in­
vestigando y combinando los modos, que ca­
si todas las naciones conocidas tienen para
dividir el tiempo en d ia s, semanas, años y
siglos, no debo discurrir mas por temor de
ser demasiadamente prolixo , y porque lo que
te podré decir, tú , si gustares, podrás leer en
mi historia de la división del tiempo usada
por las naciones bárbaras y civiles.
El Supremo Hacedor, cuidando de los hom­
bres con infinita providencia , bondad y cari­
dad , colocó la Luna cercana á su Tierra,
para que su iluminación desterrase las tinie­
blas nocturnas , y les sirviese de perpétuo relox , en que viesen señalada la duración de
los meses lunares, y la división de sus par­
tes. Si la Luna presentára á los terrícolas su
faz siempre igualmente iluminada , estos no
podrían distinguir la duración de los meses
lunares , y de las partes en que son clara­
mente divisibles. Supon, Cosmopolita , que la
Luna desde este momento empezase á apare­
cer siempre totalmente iluminada , y que así
se mostrase por veinte años: luego verías en
continua confusión innumerables naciones, que
para arreglar sus años, sementeras, cosechas
y trabajos rurales, no siendo capaces de leer
otros libros astronómicos, sino el único que
en

La Luna
sirve de relox y lám­
para á los
terrícolas.

*

64
Vi age estático
en sí misma muestra la Luna á la simple vis­
ta , quexosas contra el Cielo suspiraban , y se
lamentaban por haber quedado sin el norte
del tiempo de sus operaciones necesarias para
remediar las necesidades de su vida corpo­
ral. Ellas viéndose privadas del relox natu­
ral del tiempo, que tenían en la succesiva ilu­
minación de la Luna, aguzarían su ingenio y
vista para encontrar en los Cielos otro astro
que supliese igualmente la falta del perdido
relox; pero en vano lo buscarían, pues que
Utilidad de
la ilumina­ no lo hallarían. Esta reflexión, Cosmopolita,
ción lunar. nos hace conocer, que los hombres siempre
ingratos olvidan , y casi obstinadamente se
despojan del poder acordarse de los benefi­
cios de nuestro amable C riador: pues que ellos
no piensan en agradecer, ni aun en conocer
los útiles efectos, é incomparables beneficios
de la bondad divina en todas sus obras. Tú
jamás habrás reflexionado en la inmensa uti­
lidad del mes lunar que se señala , y deter­
mina con la succesiva iluminación de la Lu­
na : esta utilidad es una de las muchas que
produce la iluminación lunar: la física cono­
ce otras muchas utilidades , y no las sabe
todas. Bondad y caridad inmensa es verda­
deramente nuestro D io s, que nos colma aun
de beneficios que no somos capaces de co­
nocer.
El ano so­
Siendo tan fácil y clara la indicación, que
lar se ha
de
los
meses hace la Luna con su succesiva
usado siem­
y
vária
iluminación, todas las naciones la
pre entre
han reconocido y adoptado como medio ó
los terríco­
las.
relox celestial para arreglar el tiempo y los
años:

al mundo Planetario.
65
años: no porque hayan contado el número
de estos con los meses lunares, como falsa­
mente han juzgado algunos Autores; sino por­
que se han valido de dichos meses lunares
para establecer y dividir la duración del tiem­
po anual. En la observación , que, como te
he insinuado antes , he hecho de la división
del tiempo entre las naciones, he advertido,
que en muchísimos idiomas al mes, y á la
Luna les dan un mismo nombre ; denomina­
ción que debió usarse antes de la dispersión
de las gentes, verificándose como dixo el Ecle­
siástico ( 1 ) , que el mes es según el nombre de
la Luna; y que el mes lunar se ha considera­
do por todas las naciones civiles y bárbaras,
como parte del año, que siempre han esta­
blecido con relación al S o l, ó á sus efectos
dé calor, frió, &c. en las várias estaciones,
que forman ó componen el tiempo de su re­
volución por la eclíptica. A sí, muchas nacio­
nes llaman al año calor , frió y Sol; indican­
do con estos nombres , que la carrera y el
movimiento aparente ó verdadero del Sol mi­
den y arreglan el año , como la revolución
y la iluminación de la Luna miden y arre­
glan sus partes, que son los meses lunares.
Año solar.
Ningún número de estos puede llenar cum­
plidamente el año solar , que consta de 3Ó5
dias, 5 horas, 48 minutos primeros, 45 se­ Año lunar.
gundos y 30 terceros. Doce meses lunares no
lie—

(1) Mensis secundum nomen ejus (Luo#).
Eccli. 43. v. 8.
Tomo III ,
I

Los dias
festivos an­
tiguamente
se arregla­
ban con el
mes lunar.

66
Via ge estático
llegan á igualar el año solar , porque cons­
tando estos de 354 dias, 3 horas, 48 minu­
tos y 36 segundos, deben faltar casi once dias
para que los doce meses lunares hagan cum­
plidamente un año solar ; y la falta de estos
once dias dio motivo' á la invención de las
epactas, que se usan para combinar é igua­
lar en lo posible los meses lunares con el año
solar, como después te explicaré.
El mes lunar, por serla parte mas distin­
guible del tiempo y del año solar, se deter­
minó y fixó por las antiguas naciones,como
pauta para arreglar sus fiestas y trabajos me­
cánicos ; y por esto tuvieron particular em­
peño y atención en observar su principio, que
los Griegos llamaron neo-menia ; esto e s , nuevo-mes ó nueva-luna: pues que la palabra menia antiguamente entre los Griegos significa­
ba mes y Luna; y ésta después se llamó se­
tene*
La neomenia ( ó el principio del mes) era
tiempo consagrado á la Luna : signum diei fes¿/,dice el Eclesiástico (1); y Moysés dixo al
Pueblo de Israél (2): "E n las Calendas ó Neo­
menias ofrecerás sacrificio ai Señor.” Teme­
raria é ignorantemente dixeron los antiguos
Enciclopedistas de París, que el deseo de te­
ner meses felices habia introducido el uso de
so(1)

Eccli. 4 3 . v. 7.

(2) la calendis autem ojferetis holocaustum
Domino. Númer. 28. 1.

al mundo Planetario.
6y
solemnizar las Neomenias ó el principio de
los meses lunares: lo introduxeron la succesiva y no interrumpida tradición , y constan­
temente practicada costumbre, que desde el
principio del mundo tuvieron los hombres de
consagrar á Dios las primicias de los tiem­
pos. La solemnidad de las Neomenias se ha­
lla ser común entre las naciones, que difícil­
mente hubieran convenido en practicar una
fiesta inventada caprichosa, y separadamente
por cada una de ellas , y no heredada del
exemplo de los antiguos hombres antes de su
dispersión. Moysés prescribiendo la fiesta de
las Neomenias al Pueblo de Israél, no le in­
timó la observancia de una fiesta nueva , si­
no confirmó la práctica de la que inmemo­
rialmente se habia observado desde la mas re­
mota antigüedad. Los Hebreos por razón del
nuevo precepto la solemnizaron con particu­
lar atención, y hasta ahora la solemnizan. La
celebraban juntamente en nombre de la na­
ción , ofreciendo sacrificios, y cada particular,
según su espíritu de devoción , los ofrecía pri­
vadamente en su nombre. La solemnidad de­
bía celebrarse al mismo tiempo por todos, y
á este fin se determinaba la aparición de la
nueva Luna por un sinedrio ó junta de sa­
bios , que publicaba la solemnidad de la Neo­
menia , quando tenia la seguridad dedos tes­
tigos que habían visto la Luna nueva. La
Neomenia del principio del año civil , cuyo
primer m es, llamado Tizri , correspondía á
Septiembre, se celebraba con espe.cial solem­
nidad, y no era lícito trabajar en ella. Mai*
m oI2
.

\

/

Origen de
las Neome­
nias.

Fiesta de
las Neome­
nias entre
los Hebreos.

68

Via ge estático

mónides escribió un tratado sobre las N eo­
menias , que los Hebreos celebran actualmen­
te con muchas supersticiones, como nota Basnage (i).
Entre los
Los Griegos solemnizaron las Neomenias,
Griegos.
llamadas sagradísimas por Plutarco (2), no me­
nos que los antiguos H ebreos: las celebra­
ban en honor de todos los Dioses, y princi­
palmente de Apolo ( símbolo del S o l ) , que
por razón de la solemnidad se llamó Neome­
nia. En medio de la profanación , que de ésta
hicieron los Griegos con las supersticiones del
paganismo, conservaron la caritativa costum­
bre de hacer participantes á los pobres de los
grandes convites que hacían en las Neome­
nias, de las que hablan el Escoliastes de Ho­
mero (3 ), Eustatio , Demóstenes, Teofrasto,
H e(1) Historie des Juifs depuis Jesus-Christ
jusqu’ apresent , par Mr. Basnage , Amsterdam,
1707. 8. vol. 5. En el ruol. 3. lib. 5. cap. 14. p á ­
gina 727.
(2) Plutarclii oper. gr. ac lat. Francofurtit
1599. fol. 'val. 2. En el vol. 2. de 'vitando acre
alieno , p. 828.
(3) En la obra Joannis Meursi Gracia feriata. Lugd. Batavor. 16 19 .4 . En el artículo
vcvfxvjviet, p. 210. se citan sobre el uso de las Neo­
menias los textos Griegos del Escoliastes de Ho­
mero, de Eustatio, Demóstenes, Teofrasto, Hesiquio, Iíeródoto , Plutarco , Luciano, Teon , Libanio , Marino y Ateneo..

.

al mundo "Planetario
69
Hesiquio, Heródoto, Plutarco (1), y otros mu­
chos Autores antiguos.
Con los Griegos convenían los Romanos
en santificar las Neomenias, aunque se dife­
renciaban notablemente en el modo de divi­
dir el mes. Sobre la publicación y santifica­
ción de las Neomenias entre los Romanos, que
las llamaban calendas, Macrobio dice así (2):
"Antiguamente un Pontífice menor tenia el
encargo de observar la primera iluminación
del novilunio, y habiéndola visto, daba aviso
al Rey , que habia de sacrificar. Después de
Entre los
haberse hecho el sacrificio por el R e y , y por Romanos.
el Sacerdote, éste, habiéndose llamado el pue­
blo al capitolio, decía quantos dias faltaban
hasta las nonas del mes.” Las nonas de los
meses eran en el dia cinco (en los meses de
Marzo , Mayo , Julio y Octubre eran en el dia
siete) ; y porque el novilunio unas veces se
hace visible 20 y 30 horas mas ó menos tar­
de que otras, el Pontífice debería inferir de
3a iluminación lunar los dias que faltasen has­
ta el de las nonas. La antigüedad del sacri­
ficio que se hacía en el dia" de las calendas,
prueba ser inmemorial la solemnidad de las
Neomenias entre los Romanos. Los Coptos en
Entre los
EgipEgipcios.

(1) Archdologia greeca per Joan. Potterum.
Venetus 1734 4. vol. 2. En el vol. I. lib. 2. cap.
20. p. 435* al artículo vcv¡u,vi\na,.
(2) Aurel. Tbeodos. Macrobii Saturnal, lib.
I. cap. 1$.

Vi age estático

T’o

. Entre

Persas.

Egipto, dice Rabí Maim ( i ) , a l principio del
mes ofrecían un carnero á la Luna ; y los
antiguos Alemanes, refiere Julio Cesar (2), no
querían pelear antes del novilunio.
Los Persas celebraban al principio del año
el primer dia , que llamaban nau-ruz (nuevo
dia ): después por institución de Gie-laleadin
Melieshah , como conjetura H yde(3), se in“
troduxo la grande fiesta del nauruz , que se
solemnizaba por seis dias : este numero qui­
zá aludia á los seis tiempos, en que los Per­
sas (4) decían haberse criado el mundo. En
el calendario Persiano se nota , que en el no­
vilunio ó primer dia del mes nono se cele­
braba la fiesta de los Magos llamada cusa-berniskin ( desbarbado cavalcante): esta solemni­
dad de los Magos , que eran los Ministros de
la Religión , en el novilunio del nono mes
prueba la antigua costumbre de celebrarse las
Neomenias entre los Persas. Hyde juzga, que
la fiesta del dicho novilunio correspondía an­
tiguamente al dia primero del año, el qual
dia se llamaba azur 6 adur : á la verdad , el
mes que ahora es nono entre los Persas, y
corresponde á Noviembre, antes correspon­
día
( 1 ) H ist, orientalis , authore Joh. Hostingero , Tiguri , 1 6 5 1 . 4 . En el lib. 1. c. 8. n. ¿I.
p. 2. se pone el texto hebreo de Maim.
(2) Julio Cesar : D e bello gall. lib. 1. c. 23.
(3) Histor. Religionis Heterum Persarum d
Thoma Hyde , Oxcnii. 1700. 4. cap. 19 . p. 251.
(4) Véase Hyde citado, cap. 9. p. 168.

1

al mundo Vianetario,

?i

día á Marzo , primer mes de su antiguo año.
Quizá los Magos ñxaron en el novilunio del
nono mes su fiesta , porque el número nueve
es el número mas misterioso entre los Indostanos, de cuya Religión tomaron los Persas
muchas supersticiones.
Los antiguos Arabes á la Luna principal­
mente nueva llamaban a lila t , nombre, que
según Scalígero, significa Luna cornicular ; y
los que la solemnizaban , según el Geógrafo
Nubiense, se llamaban benihilal ínórroa; esto
es, hijos de la Luna. En los novilunios la Lu­
na se llamaba hilal , como notó B ochan; el
nombre hilal
parece provenir de bbrt, que
significa celebró. Los Mahometanos de varios
países orientales celebran ios novilunios; cos­
tumbre que probablemente han heredado de
los Arabes , junto con el mahometismo , co­
mo nota Spencer ( i ) : Los Turcos pueden ha­
berla heredado de los Tártaros , sus ascendien­
tes , cuyo calendario conviene con el de las
naciones Indianas. Pluche (2) en su excelente
Obra del Espectáculo de la naturaleza , ha­
bla del uso de las Neomenias entre los Ara­
bes y Turcos.
Entre los Chinos parece ser antiquísimo
el
(1) De legibus luebreeorum a Joan. Spc-ncero.
Lipsi¿e 170$. 4. 1¡ol. 2. En el vol. 2. sec. 4. cap.
1. p. 1056.

(2) Le Spect. de la na ture. Haye , 1739.
8. rol. 10. En el tomo 4. p. 2. Entretenimiento
i. p. 2S6.

Entre los
Arabes y
Turcos.

Entre los
Chinos.

$?2
Vi age estático
el uso de ofrecer á Dios sacrificios en la Neomenia. En los anales de la China (i) se nota,
que en el año 2857 antes de la Era Christiana , el Emperador Fou-hí hizo el primer
sacrificio público á D io s, y determinó el día
en que cada año se debía sacrificar pública­
mente : que en el 2Ó11 , antes de la Era Christiana , Hoang-tí hizo fabricar el primer tem­
plo que se vio en la China , y ofreció en él
con gran pompa sacrificios á D ios; y que en
el 7512 Tchuen-hio prohibió con pena de
muerte , que no se ofreciesen sacrificios sino
á Dios , Señor de Cielo y T ie rra , y que so­
lamente el Emperador pudiese ofrecerlos. Aun­
que en estas relaciones de los sacrificios no
se declara el dia en que se hacían , parece
que éste fué el de la Neom enia; pues que
en el año de 2285 se lee ■>
Chun en el pri­
mer dia de la primera Luna hizo las acos­
tumbradas ceremonias en la sala de los as­
cendientes del Emperador Y a o ; que éste en
el 2284 ofreció sacrificio en el primer dia de
la primera Luna ; y habiendo salido de su
Corte en la segunda Luna para visitar su Im­
perio, luego que llegó á la montaña Tai-song
ofreció un gran sacrificio.” Scalígero, citan­
do á los Misioneros Agustinianos de la Chi­
na,
( í ) Storia gene rale della Ciña del P. Giuseppe de Mojriac de Mailla , Jesuíta. Siena
1777. 8. rol. 35. En el vol. 2. páginas 14. 31,
48. 1 1 3. 1 1 4- y u s *

al mundo Planetario.
¿73
na , dice , que en ésta son festivas todas las
Neomenias , y que en ellas se usan las lustraciones. El Jesuíta Magallanes ( 1 ) , tratan­
do de los Templos imperiales de la China,
d ice: " E l segundo Templo se llama hien-yamtien ( palacio del Sol naciente) : es de her­
mosa y magnífica arquitectura , y está rodea­
do de nueve altísimas torres , todas ellas di­
ferentes. Estas nueve torres significan los nue­
ve primeros dias de la Luna , los quales, y
principalmente el nono , celebran los Chinos
con grandes fiestas.. . Dicen los Chinos , que
el número nueve tiene excelentes propieda­
des , con que se aventaja á los otros núme­
ros , y que lo hacen feliz para aumentar la
vida , la honra y las riquezas. Por esta ra­
zón todos los Chinos, pobres y ricos, en el dia
nono de ia Luna suben á las terrazas y tor­
res en el poblado, y á las montañas y colla­
dos en la cam paña, en donde se regalan en
compañía de sus parientes y am igos; y por­
que los Emperadores de la China difícilmen­
te salen de su palacio, han hecho edificar el
de las nueve torres, para mostrar y celebrar
esta fiesta común á todo el Imperio (2).” En
es(1) Nouvelle relation de la Chine compose par
Gabriel de jMagaillans, de la Comp. de Jésus.
Paris 1688. 4. cap. 20. p. 340.
(2) Del antiquísimo uso de las Neomenias
en la China , y de la ceremonia llamada miao%
que en ellas se hacía, trata G a u b il, en las páTomo I I I .
K
gi-

74
Viage estático
esta relación de la solemnidad de los prime­
ros nueve dias de la Luna, descubro yo la
antigua costumbre de celebrar en el primer
dia de la Luna la Neomenia ; mas esta fies­
ta se trasladó después al dia 9 , porque este
número se hizo celebérrimo entre los anti­
guos Gimnosofistas del Indostan , de donde á
todas las naciones, que desde éste hay hasta
los últimos términos del Asia , pasó la reli­
gión idólatra, que ellas profesan , como lar­
gamente demuestro en mi tomo de la Mito­
logía celeste.
Fiestas en
Por haberse hecho entre las naciones orien­
ei plenilu­ tales misteriosamente célebre el número 9 , y
nio.
porque la primera aparición del novilunio es
variable, distinguiéndose algunas veces 20 y
30 horas mas presto que otras, los Chinos
transfirieron al dia 9 la fiesta que hacían en el
primero del mes lunar. Por el segundo mo­
tivo quizá se determinaron á celebrar en el
dia 15 del primer mes lunar la fiesta de las
Linternas (r),q u e es la mas célebre del Im­
perio. El dia 15 del mes lunar corresponde
al
ginas 34 y 49 del tomo tercero de la Obra:
Observations mathématiques tirées des anciens
libres Chinois , publies p a r Etienne Souciet Jesuite. Paris 1732. 4. D e la palabra miao trata
Francisco Noel , Jesuíta , en la pág. 28. del se­
gundo tomo de su Obra : Philosophia Sinica.
Praga:. 1 7 1 1 . 4 .

(1)

Magallanes citado, cap. 6 .p. 127.

al mundo Planetario .
75
al plenilunio, cuya gran iluminación sirve de
señal mas clara que el novilunio, para indi­
car un dia determinado que se quiera solem­
nizar en el mes lunar. Los Egipcios , dice
Heródoto (1) , acostumbraban ofrecer sacri­
ficios de carne de puerco en el plenilunio: de
esta costumbre hace mención Rabí Abraan
Sabá en su libro del culto de los Egipcios.
Entre los Espartanos ó Lacedemonios era sa­
grado el plenilunio, dice Heródoto citado por
Plutarco (2); y según Estrabon (3), los Cel­
tíberos en la noche del plenilunio veneraban
con danzas , y festejaban un Dios sin nom­
bre. Los Romanos ponían los idus en el dia
14 del mes, el qual dia en su primitiva ins­
titución debió aludir al plenilunio , que suce­
de en el dia 14 del mes lunar. Los idus, di­
ce Macrobio (4) , son siempre en el plenilu-

(1) Herodoti Halicarnassei historiar, libri
IX .
ac lat. Francofurti 1608. fol. lib. 2.
cap. 4y. p. 108. En el mismo cap. 62. pág. 113.
Heródoto habla de la fiesta de las Linternas, que
se usaba en Egipto ; mas no dice en qué dia del
mes lunar se hacía la fiesta.
(2) Plutarco citado , en el vol. 2. de Hero­
doti malignitate , p. 861.
(3) Strabonis geographia cum notis Casanboni gr. ac lat. AmsteUdami 1707. fol. lib. 3.
n. 164. p. 249.
(4) Aurel. Theodos. Macrobii Saturnaliump
lib. 1. cap. 15.

76

Viage estático

n io ; y me parece que el nombre latino idus
provenga del etrusco iduare, que significa di­
vidir , porque los idus dividen el mes. Con
los idus de los Romanos conviene el solem­
nísimo dia en que los Hebreos celebraban
anualmente la Pasqua ; pues que ésta se ce­
lebraba el dia 14 de la primera Luna del año
Eclesiástico. En el Reyno del Nepal los dias
del mes lunar se cuentan hasta el dia 15 , y
después se vuelven á contar desde la unidad.
Este modo de contar nota Quinto Curcio (1)
en los países Indianos, adonde llegó Alexandro Magno, que penetró hasta cerca del Ne­
pal , confinante con el Indostan.
La fiesta de
Demasiadamente prolixo he estado en el
las Neome­
discurso de las Neomenias, en el que insen­
nias es tan
antigua co­ siblemente me he empeñado y detenido para
mo el géne­ indicarte , Cosmopolita , que su solemnidad
ro humano. parece ser tan antigua en el mundo como el
género humano ; pues que se halla inmemo­
rialmente observada por antiguas y modernas
naciones , que no se trataban ni se conocían.
E l crítico Spencer (2) reflexionó sobre la
costumbre que los antiguos Paganos tenían de
celebrar las Neomenias, y creyó que de ellas
proviniese el uso de celebrarlas entre los He­
breos. Estos, por descendencia y tradición no

in-

(1) Q. Curt. de rebus gestis Alex. Magni,
¡ib. 8. cap. 17.
' ( 12) Spencer en el volumen segundo (citado
en la pág. 71. de este vol.) , sec. 3. p. 1052.

a l mundo Planetario.
??
interrumpida con el vicio de la idolatría, ha­
bían heredado de sus mayores el conocimien­
to de la religión natural, y la práctica del
culto solamente debido á Dios. E s , pues,
creíble, que entre las ceremonias de este cul­
to hubiesen heredado la de solemnizar las
Neomenias , como primicias del mes , consa­
gradas á Dios. Si entre los Paganos se en­
cuentra esta costumbre inmemorial, no por
esto hay razón para negar que los Hebreos
la tuviesen heredada inmemorialmente. Hospiniano advirtió bien, como nota Spencer ci­
tado , que de las Sagradas Escrituras no se
podia inferir, "por quién, y quándo se ha­
bían instituido las Neomenias.” Dios no man­
dó la observancia de las Neomenias; dice
Spencer, mas solamente prescribió los sacri­
ficios que en ellas se deberían hacer. Es cier­
to que en el libro de los Números se man­
da á los Hebreos, que en las calendas hagan
•un sacrificio ( i ) ; pero no se hace distinción
de calendas , de mes solar , ni de Neomenias
de mes lunar , ni se prescribe circunstancia
que sea alusiva á la iluminación de la Lu­
na. Sabiéndose , pues , que los Hebreos cele­
braron religiosamente las Neomenias, y no
constando, que se les hubiese intimado pre­
cepto para que arreglasen sus meses con el
curso lunar, parece que ellos convenían con
las demás naciones en solemnizar las Neomenias,

( i)

Numeror. io. v. io. c. 28. v. 11 .

Causa de la
desigualdad
de los dias
en los me­
ses Roma­
nos.

Meses de
naciones de
la América
Septentrio­
nal.

$78
Fia ge estático
nias, antes que el Señor les prescribiese el sa­
crificio que en ellas debian hacer.
La antigua costumbre de solemnizar las
Neomenias .entre los Romanos, dió motivo á
la desigualdad de dias, de que constan los
meses. <cRómulo, dice Macrobio (1 ), contaba
el primer dia del mes desde el en que se veía
la Luna nueva ; y por eso sucede, que la
Luna no aparece siempre en el mismo dia,
y unas veces tarda mas que otras en apare­
cer , ó hacerse visible el novilunio por cier­
tas causas; de esto provino, que quando se
tardaba mas en ver el novilunio, se añadie­
sen mas dias al mes antecedente ; y que se
le diesen menos dias, quando mas presto se
veía el novilunio ; y de aquí resultó , que
unos meses tuviesen 31 dias, y otros tuvie­
sen solo 29.” Mayor conocimiento que Rómulo tuvieron los que entre los Mexicanos y
várias naciones bárbaras de la América Sep­
tentrional arreglaron el mes lunar. Los Me­
xicanos antiguamente tuvieron el mes lunar
de 26 dias , que llamaron Izalizpan , tiempo
de velar : y después contaban otro tiempo,
que llamaron Cochilizpan, tiempo de sueño.
Estas dos palabras Mexicanas, de cuya sig­
nificación debo la noticia al Señor Clavígero,
Autor de la célebre historia antigua de Mé­
xico , aluden al tiempo que se ve la Luna, y
al
(1) Macrobio , citado en la pág. 69. de este
volumen.

al mundo Planetario.
$79
al que suele estar invisible en el novilunio. En
esta interpretación que me aprobó el Señor
Clavígero , me confirmé al leer, que los Hu­
rones , y algunas naciones bárbaras del Ca­
nadá y Missisipi usan también el mes lunar
de 26 dias , que según el varón Hontan (1),
llaman mes de iluminación; y dias desnudos
llaman á los demás dias que restan para lle­
nar el mes lunar. Me acuerdo haber leído,
que estos dias desnudos se llaman por algu­
nas naciones de la América Septentrional Lu­
na muerta.
No se puede fácilmente determinar el nú­
mero de horas , que desde el momento del
novilunio pasan hasta que se vea la Luna nue­
va. Hevelio (2) trata de las causas que ade­
lantan ó atrasan la vista de la Luna nueva,
por razón de su movimiento mas ó menos li­
gero , del sitio celeste en que se hace su con­
junción con el S o l, y del tiempo en que és­
ta sucede; y duda , que aun en el caso de
concurrir todas las circunstancias que acele­
ran la vista de la Luna nueva , ésta se pue­
da ver jamás en el dia en que la Luna an­
tecedente se dexó de ver. Se dice, que Vespu(1) Mémoires de V Amérique Septentrionale
par M r. le Baron de la piontan. Amsterdam,
1705. 12. vol. 2. En el vol. 2. articulo Mœurs.
p. 108.
(2) Joan. Hevelii Selenographia. Gedani,
I ^47* fil. cap. 9. p. 274.

Número de
horas en
que la Lu­
na nueva
no es visi­
ble.

Iluminación
lunar consi­
derada as­
tronómica y
físicamente.

8o
V ia ge estático
pucho vio en un mismo dia la Luna antigua
y la nueva, hallándose mas allá de la linea
Equinoccial; lo que pudo suceder por la par­
ticular claridad de la atmosfera. Hevelio di­
ce haber visto la Luna nueva un dia después
de su conjunción, lo que pocas veces sucede:
comunmente no se ve sino 40 horas después
de su conjunción; y porque la Luna antigua
no se ve ya algunas horas antes de suceder
la conjunción en el novilunio, la Luna suele
estár invisible por dos dias, y casi 20 horas.
No obstante la variedad de tiempo, y la di­
ficultad en distinguir la Luna nueva , las na­
ciones antiguas conservaron con empeño la
costumbre de celebrar las Neomenias: tal em­
peño debió provenir de la inmemorial tradi­
ción de su solemnidad. Petavio advierte (i),
que entre los Griegos llegaron tal vez á dis­
crepar mucho el tiempo de la Neomenia ce­
leste , y el de la Neomenia civil.
La iluminación lunar, Cosmopolita , en el
orden astronómico se debe considerar como
medio natural y visibilísimo á todo terrícola,
para distinguir los meses del año solar, y los
dias de los meses. En el orden físico , la Luna
con su luz es émula del S ol, coadjutora del
d ia , hermosura de la noche y alegría de los
caminantes. Las varias apariencias que causa
en
( 1 ) Dionysii P eta v ii e S. J . opus de doctri­
na temporum. A n tu erp ia , 1 7 0 3 * fol.'vol. 3. En
el vol. 1. lib. 1*. cap. 8. p. II.

al mundo Planetario .

81

en la Luna su iluminación atravesando la at­
mosfera terrestre , sirven de señales para co­
nocer el estado de ésta , y preveer sus diver­
sos efectos , por lo que los Físicos dixeron:
Pálida Luna pluit: rubicunda fía t: alba serenat.
Otras muchas observaciones útiles podrás
leer en los libros, en que largamente se tra­
ta de los meteoros atmosféricos.
II.°
Uso y utilidad de los eclipses lunares
y solares .

El eclipse es efecto de la iluminación en
la Luna y en el Sol ; porque no se puede
eclipsar el cuerpo que no tenga luz. La palabra ec lip se , que es griega , parece haberse
usado antes que se tuviese conocimiento de
la verdadera causa de los eclipses ; los qua-r
les suceden en la Luna , porque la Tierra in­
terpuesta entre ella y el Sol, impide que és­
te la ilumine ; y en el Sol suceden , porque
la Luna interpuesta entre el Sol y la Tierra,
impide que los terrícolas vean al Sol. Nada
de esto se significa por la palabra griega eclip­
se , que primitivamente significa fallecimien­
to , defecto, disolución, imbecilidad y falta
de fuerzas. Estas significaciones declaran bien
la ignorancia y errónea idea, que los anti­
guos Griegos (con quienes convienen las na­
ciones civiles de Oriente , y las bárbaras AmeTomo I I I .
L
ri-

Causa físiCa de los
eclipses In­

nares y so­
lares*

Causa de
los eclipses
según el en­
tusiasmo de
muchas na­
ciones.

Naciones
America­
nas.

82
Via ge estático
ricanas ) tenían de la causa física de los eclip­
ses , creyendo que provenían por faltar al Sol
y á la Luna su vigor , 6 porque algún mons­
truo pretendiese aniquilarlos. Ten , Cosmopo­
lita , la bondad de oirme la breve relación
que te haré sobre el modo con que han pen­
sado las naciones bárbaras y civiles en orden
á la causa de los eclipses: te hablaré solo de
las opiniones-vulgares, node las filosóficas.
"E l Padre Du-Terre, dice Lafiteau ( 1 ), el
Ministro Rochefort, el Padre Le-Breton , y
otros muchos Autores, aseguran que los Sal­
vages meridionales ( de América ) piensan casi
lo mismo que los Indianos ( Asiáticos ) , sobre
el dragon , que quiere devorar la Luna mien­
tras dura su eclipse. Esto parece indicar al­
gún misterio simbólico, y el ruido que hacen
con sus m aracas , golpeando con ellas sobre las
cortezas de los árboles, sobre los timbales ó
sobre los calderos, indica manifiestamente un
culto religioso. Quando sucede el eclipse lu­
nar, dice el Padre Du-Terre, los Caribes juz­
gan que Maboya ( es su demonio ) se la co­
m e: por lo que danzan todos, jóvenes y vie­
jos, mugeres y hombres, saltando con los dos
pies juntos, con una mano sobre la cabeza,
y con la otra sobre una nalga : no cantan,

(1) Mœurs des sauvages Ameriquains par
le P. L a jita u , de la Comp. de Jesu. Paris 1724.

al mundo Planetario.
83
sino solamente dan gritos lúgubres y espan­
tosos. Los que una vez han empezado á dan­
zar , están obligados á proseguir la danza
hasta la aurora, sin cesar por causa alguna; y
mientras dura la danza una muger mueve una
calabaza que dentro tiene guijarros, y al so­
nido de estos procura arreglar su tosca voz../'
Casi estas mismas ideas, añade Lafiteau, tie­
nen las naciones de la América septentrional,
y un Misionero antiguo me ha dicho haber
oído á los Hurones, que ellos también las
tenian antiguamente.
"Los Peruanos, dice el Inca Garcilaso (1),
contaron los meses por Lunas de una Luna
nueva á otra; y así llaman al mes K illa tam­
bién , como á la Luna : dieron su nombre á
cada m es; contaron los medios meses por la
creciente y menguante de ella : contaron las
semanas por los quartos, aunque no tuvie­
ron nombres para los dias de ellas. Tuvie­
ron cuenta con los eclipses del Sol y de la
Luna; mas no alcanzaron las causas. Decían
al eclipse solar , que el Sol estaba enojado
por algún delito que habían hecho contra él,
pues mostraba su cara turbada como hombre
ayrado ; y pronosticaban á semejanza de los
Astrólogos, que había de venir algún grave
castigo. Al eclipse de la Luna, viéndola ir
ne-

(1) Comentarios Reales, &c. por el Inca Gar­
cilaso de la Vega. Lisboa , 1609. voh 2. En el
vol. 1. part. 4. lib. 1. cap. 23. fol. 48.

84
Viage estático
negreciendo , decían, que enfermaba este as­
tro ; y que si acababa de obscurecerse ha­
bía de morir , y caerse del Cielo, y coger­
los á todos debaxo, y matarlos, y que se
había de acabar el mundo. Por este miedo
en empezando á eclipsarse la Luna tocaban
trompetas, cornetas, caracoles , atabales y
tam bores, y quantos instrumentos podían ha­
ber que hiciesen gran ruido : ataban los per­
ros grandes y chicos, dábanles muchos pa­
los para que ahullasen y llamasen á la Lu­
n a , que por cierta fábula que ellos contaban,
decian, que este Planeta era aficionado á los
perros por cierto servicio que le habían he­
cho , y que oyéndolos llorar habría lástima
de ellos, y recordaría del sueño que la en­
fermedad le causaba. Para las manchas de la
Luna decian otra fábula mas simple que la
de los perros; que aun aquella se podía aña­
dir á las que la gentilidad antigua inventó y
compuso á su Diana haciéndola cazadora ; mas
la que se sigue es bestialísima. Dicen , que
una zorra se enamoró de la Luna viéndola
tan hermosa , y que por hurtarla subió al
Cielo , y quando quiso echar una mano de
ella , la Luna se abrazó con la zorra , y la
pegó á sí , y que de esto se le hicieron las
manchas: por esta fábula tan simple y tan
desordenada se podrá ver la simpleza de aque­
lla gente. Mandaban á los muchachos y ni­
ños , que llorasen y diesen grandes voces y
gritos llamándola mama K illa , que es madre
Luna, rogándole que no se muriese, porque
no pereciesen todos. Los hombres y las m u­
ge-

al inundo Vianetario.
85
geres hacían lo mismo: había un ruido y una
confusión tan grande, que no se puede enca­
recer. Conforme al eclipse grande ó peque­
ño juzgaban que había sido la enfermedad de
la Luna ; pero si llegaba á ser total, ya no ha­
bía que juzgar sino que estaba muerta ; y por
momentos temían se cayese la Luna, y pe­
reciesen ellos: entonces era mas de veras el
llorar y plañir, como gente que veía al ojo
la muerte de todos , y acabarse el mundo.
Quando veían que la Luna iba poco á poco
volviendo á cobrar su lu z , decían , que con­
valecía de su enfermedad , porque el Pechacamac (que era el sustentador del Universo)
la había dado salud , y mandadola que no
muriese porque no pereciese el mundo, y quan­
do acababa de estar del todo clara, la da­
ban la norabuena de su salud, y muchas gra­
cias porque no se había caído. Todo esto de
la Luna vi por mis ojos.” Hasta aquí el Inca
Garcilaso de la Vega.
De las erróneas y ridiculas ideas que los
Peruanos y otras naciones Americanas forma­
ban de los eclipses, no te maravilles, Cos­
mopolita ; porque las mismas hallarás hoy en
las naciones mas civiles del Oriente , y las
propias tuvieron las antiguas , que llamamos
sábias. No prolongaré inútilmente mi discur­
so , refiriéndote en particular la opinión de ca­
da una de las naciones orientales sobre la cau­
sa de los eclipses ; ya porque entre todas ellas
reyna casi una misma opinión ; y ya porque
sabrás la de casi todas oyendo la opinión de
la nación China, que es la mas civil de las
orien-

86

Nación
China.

F ia ge estático
orientales , y la que desde tiempo inmemorial
cultiva con gran empéño la Astronomía. Ten
la bondad de o ír, cómo esta nación piensa
sobre la causa de los eclipses, y lo que prac­
tica quando estos suceden.
"E l principal cuidado , dice Du-Halde (i),
del tribunal de Astronomía, es el de calcular los
eclipses , y con una súplica avisar al Empe­
rador el dia , la hora y el sitio celeste en que
sucederá el eclipse, y de quantos dedos se­
rá. . . El tribunal de Ritos y los Calaos guar­
dan estas observaciones y pronósticos, y tie­
nen cuidado de enviarlos á todas las Provin­
cias y Ciudades del Imperio , para que en ellas
se observen como en Peking, en donde es­
tá la Corte. Hé aquí las ceremonias que se
observan.. . .
Se avisa á todos los Mandarines de todas
las clases, para que según la costumbre se
hallen con sus vestidos de ceremonia en el
tribunal de la Astronomía , para esperar el
momento en que el eclipse se empezará. Todos
tienen grandes tablas, en que están delineando
el eclipse , y se ocupan en considerarlas , y
discurrir sobre los eclipses. En el momento
mismo en que conocen que el Sol ó la Luna
empiezan á obscurecerse, se ponen de rodi­
llas,
(i) De script ioti de V Empire de la Clune
fa r J. B. D u-H alde, de la Compagnie de Je­
sus. Paris , 1735. fol. voi. 4. En el voi. 3. §.
Astronomie , p. 276.

al mundo Planetario .
lias , y golpean la tierra con la frente, y al
mismo tiempo se oye un espantable ruido de
tambores y timbales por toda la Ciudad , aco­
modándose á la ridicula persuasión en que es­
taban antiguamente los Chinos , de que con
semejante ruido socorrían al Sol ó á la Luna,
é impedian que el Dragón celeste devorase
unos astros tan necesarios. Aunque los sabios
y las personas ilustres estén perfectamente de­
sengañadas de este antiguo error , y estén per­
suadidos á que los eclipses son efectos pu­
ramente naturales, no dexan de continuar sus
antiguas ceremonias : tanto son tenaces en sus
costumbres. Las dichas ceremonias se prac­
tican en todo el Imperio Chino.” Has oído,
Cosmopolita , las ceremonias de los Chinos en
tiempo de los eclipses, en el qual todos ellos
están arrodillados golpeando la Tierra con la
frente. ¡ Qué espectáculo tan raro ver 200
millones de personas ( tantas á lo menos tie­
ne el Imperio Chino) cosidas con la Tierra
por miedo de que el Dragón celeste se tra­
gue al Sol ó á la Luna ! Los Tibetanos juz­
gan (1), que ciertos Dragones que llaman tra- Nacion
celin y tra-cihen, y son medio-hombres, tie­ betana.
nen en sus fauces al Sol y á la Luna mien­
tras duran sus eclipses.
La vista de estos antiguamente atemoriza-

(1) Alphabetum tibetanum studio Augustini Qeorgii , eremita Augustin. Rom# , 1726. 4.
vol. 2. En el vol. 1. ó part. 1. num. 77. p. 1S9.

88

Viage estático

zaba y desarmaba los mas valerosos ejérci­
tos. Sulpicio G alo , dice Tito Livio en el li­
bro 44 de su Historia Romana, previendo el
funesto efecto que en el exército podría ha­
cer la vista de un eclipse lunar , que estaba
para suceder , pidió licencia al Cónsul para
Nación
anunciarlo á los Soldados. Los Macedonios,
Griega.
añade Tito Livio , miraron el eclipse como
fatal agüero , y hasta que se acabó duraron
sus gritos y clamores. Plinio habla del ter­
ror que en Nicias , General Ateniense , causó
la vista de un eclipse (i). En el año 15 de
la Era Christiana un tumulto nocturno se cal­
mó repetinamente en Roma, porque los amo­
tinados vieron eclipsarse la Luna. Polibio di­
Nación Gá­ ce (2), que los Galos atemorizados con la
lica.
vista de un eclipse lunar no quisieron pasar
adelante con el Rey Attalo. La errónea y vul­
gar opinión que daba motivo al temor en
tiempo de los eclipses, duraba aún entre los
Christianos en el de San Máximo Taurinense ( ó de Turin ) , que contra dicho temor hizo
á su pueblo una homilía , en que le decía (3):

(1) Plinio: Hist. naturai, lib. 2. cap. 12.
(2) Polibii hìstorìarum libri y gr. ac lat.
Typis Wechelianis , 1619•'voi. 2. Enel voi. I.
lib. 5. p. 420.
(3) S. Maximi Taurinensis de defectu luna
liomilia : En la pàg. 14- del tomo V , de la Obra:
Magna bibl. Vcterum Patrum. Colonia Agrip­
pina, ióiS./o/.

a l mundo Planetario.
89
"E n la tarde del dia, en que sobre la ava­
ricia os prediqué últimamente, se oyó tal vo­
ciferación popular, que la irreligión llegó has­
ta el Cielo. Pregunté, quál fuese la causa de
los gritos, y me respondieron que con ellos
se daba ayuda á la Luna angustiada con el
eclipse. Al oír esta respuesta r e í, y me ad­
miré de vuestra vária opinión (1).” Los Ro­
manos voceaban, y hacían ruido mientras du­
raban los eclipses.
Has oído ya , Cosmopolita, la ridicula
idea que de la causa física de los eclipses
tenian y tienen las naciones paganas mas sábias: su sabiduría no ha bastado para des­
engañarlas , porque su errónea idea se fun­
daba en la persuasión que tenian de ser di­
vinidades los astros. Esta persuasión es la cau­
sa por la que los Indostanos, Tibetanos,
Chinos y otras naciones orientales, aunque
poseen el conocimiento astronómico que se
necesita para pronosticar los eclipses, conti­
núan en las supersticiosas ceremonias de su
antiguo paganismo ó politeismo. La ciencia
del

(1) Plinio ( H ist. natur. lib. 2. cap. 12.) indica el ruido que se hacia en los éclipsés , dei
que mas claramente hablô Juvenal (Satira 6.
v. 441 . ) , que de una muger gritadora , dice...
Verborum tanta cadit vis , tôt pariter pelvis,
et tintinnabula dicas : pulsari , jam nemo tu­
bas , atque <*rafatiget : Una laboranti poterit
succurrere Lunœ.
Tomo I I I .
M

9o

Viage estático

del Christianismo es la única que destierra de
la mente humana toda superstición é idea
falsa , aun en materia física.
Tiempo es ya que yo te hable del uso
y de la utilidad de los eclipses, para satisfa­
cer á tu expectación y á mi promesa. Los
eclipses son útilísimos para la Geografía y
Cronología, que con el estudio de ellos se
han ilustrado admirablemente. El Sol y la
Luna con su iluminación, y con las tinieblas
que de sus eclipses resultan , presentan á los
terrícolas señales para distinguir y arreglar
los dias , años y tiempos. En esta proposi­
ción, que substancialmente es de Moysés (i),
tienes anunciado el año lunisolar, que se usó
desde el principio del mundo. El Eclesiástico
nos dice (2), que la Luna hace visible el tiem­
po , y es señal del siglo. Este se señala por
la Luna con sus eclipses, los quales sirven
para que los hombres formen periodos de cenUtilidad de tenares de años. ¡ Quántas utilidades se deslos eclipses, cubren á la menor reflexión en los eclipses !
Brevemente indicaré algunas, y solamente se­
ré algo largo en exponer la que resulta á la
Cronología.
Los eclipses sirven al Astrónomo, como
te
(1) D ixit autem Deus : Jiant luminaria in
firmamento coeli; et dividant diem , ac noctemy
et sint in signa et témpora , et dies , et annos.
(2) E t Luna in ómnibus in tempore suo:
ostentio temporis, et signum
Eccli.43. v.6.
v.

>

. „

a l mundo Planetario.
gi
te he insinuado en otra ocasión, para deter­
minar la distancia y grandeza de los plane­
tas ; y con esta determinación ha ilustrado la
Astronomía y la Física. Sirven también los
eclipses para determinar la longitud terres­
tre de los países desde que se observan. Pa­
ra que entiendas , Cosmopolita , este útil ser­
vicio , te lo haré conocer con un exemplo
práctico. Supon que dos terrícolas desde di­
versos y distantes países observan un mismo
eclipse , y que después se comunican mutua­
mente el momento en que empezó ó acabó:
con esta noticia vendrán luego en conocimien­
to claro de la diferencia que hay de grados
de longitud entre los países, desde donde ha­
bían hecho la observación del tal eclipse. Si,
por exemplo , un observador notó, que en su
país era puntualmente una hora de la noche
quando empezó el eclipse lunar; y el otro
observador notó, que al empezar el eclipse
eran puntualmente dos horas de la noche en
su país, se inferirá que este país es mas oc­
cidental, que el primero el número de 15 gra­
dos, que son los que el Sol camina en una
hora. Por medio de esta industria los Jesuí­
tas Misioneros de la China , habiendo obser­
vado en ésta un eclipse, y cotejando después
con su observación la que del mismo se ha­
bla hecho en Europa, infirieron (1), que la
Chi-

(1) Ohservai iones mathematiche in India , et
China factoe d Francisco Noel, Soc. J. Praghe,
M2

1710.

Los eclipses
sirven para
formar pe­
riodos
de
tiempos, de­
terminar la
longitud ter
restre , & c.

92

l o s eclipses
sirven para
fixar las épo­
cas déla his­
toria.

Viage estático

China distaba de ésta 500 leguas menos que
lo que entonces ponian los mejores Geógra­
fos (1). Es cierto, que para determinar el interválo ó la distancia entre los países terres­
tres con mayor exáctitud , se logra esto ob­
servando los eclipses de los satélites de Jú­
piter ; pero esta observación no se puede ha­
cer sin el telescopio, y la de los eclipses lunisolares se puede hacer con la simple vista,
y tiene la ventaja de dar tiempo para que
el Astrónomo refiera su observación al prin­
cipio , medio ó fin del disco eclipsado, y á
qualquiera de las manchas (2) lunares, y de
las que freqiientemente se ven en el Sol.
Los eclipses que se notan en las historias,
aun con la mayor simplicidad , sirven para
establecer las épocas mas interesantes de la
Cro1710. 4. En esta Obra Noel pone la latitud y
longitud de muchas Ciudades de la China y de
las Indias, y las observaciones que para deter­
minar la longitud hizo de eclipses de S o l, Luna
y Satélites.
(1) Noel desde el 1684 hasta el 1708, en la
China , y en su viage á ella determinó acerta­
damente la longitud de muchas célebres Ciuda­
des del Oriente con la observación de los eclipses.
(2) En las Efemérides astronómicas del céle­
bre Maximiliano Hell para el año de 1764 , se
prescribe un nuevo método para determinar la
longitud terrestre por medio de la observación de
las manchas lunares.

al mundo Planetario .
93
Cronología. ¿ Quánto debe ésta á la laborio­
sidad del doctísimo Petavio, que ilustró la
ciencia cronológica con la astronómica de los
eclipses? El cálculo de un eclipse lunar, que
Josefa dice haber sucedido poco tiempo an­
tes de, la muerte de Herodes , Rey de Judéa ( el qual eclipse debió haber sucedido
en la noche que media entre los dias 12 y
13 de Marzo del año 4 de la Era vulgar ),
ha bastado para conjeturar con fundamento
el error que en dicha Era puede haber ha­
bido respecto á la época del Nacimiento de
nuestro Divino Salvador. Costard en su His­
toria de la Astronomía, ha fixado , por medio
de los eclipses en el año 603 antes de la Era
Christiana, el fin de la guerra entre los Lidios y Medos : en el año 478 ha fixado la
expedición de Xerxes contra los Griegos , la
qual se ponia en el 180, y ha conciliado lo
que Heródoto y Xenofante dicen sobre la
conquista que de los Medos hizo Ciro. Una
noticia exacta de todos los eclipses que se
notan en las historias antiguas, y la verifi­
cación del tiempo á que corresponden, halla­
da por el cálculo, ilustrarían y rectificarían
muchas épocas confusas de la Cronología. En
la historia antigua del Imperio de la China
se notan 36 eclipses desde el año 2159 antes
de la Era Christiana , hasta el tiempo de Confucio, que nació en el 551 antes de dicha
Era. ,rDe los 36 eclipses, dice el Jesuíta Josef Moyriac de Maillá en el prefacio á los
grandes Anales de la China , dos solamente
son falsos, y otros dos , según el cálculo, no

fue-

La Crono­
logía de la
historia de
los Chinos
demostra­
da por me­
dio de los
eclipses.

94

Vi age estático

fueron visibles en la China: los restantes, que
son 32 , son verdaderos. Los Jesuítas Kogler
y Slavissek han verificado muchos : yo he
calculado algunos, y el Padre Gaubil ha te­
nido el placer de exáminarlos.” Souciet, que
publicó las observaciones de los Chinos, se­
gún los documentos que le habian enviado
los Jesuítas Misioneros de la China, y prin­
cipalmente Gaubil, dice (1), que éste había
calculado y hallado justas las observaciones
de 26 eclipses antiguos notados en la histo­
ria China; y en el tomo 3 de su Obra pone
el Catálogo de eclipses desde el año 709 an­
tes de la Era Christiana , hasta el 1631 de di­
cha Era , exáminados por Gaubil. Por medio
de los eclipses han ilustrado y verificado tanto
los Jesuítas la historia China, que la han he­
cho de autoridad superior á todas las historias
profanas que se conocían en Europa. Los Me­
xicanos notaban también los eclipses en sus
Eclipses de
historias, que consistían en pinturas. El eru­
la historia
Mexicana. dito Mexicano Don Carlos de Sigüenza y Gón­
gora , habiendo hecho gran estudio en dichas
pinturas , compuso una Obra intitulada: Ciclografía Mexicana , en la qu al, valiéndose de los
eclipses, explicaba el sistéma astronómico de
los Mexicanos , y ajustaba sus épocas á las
nuestras; pero esta O bra, que el Autor no
im(1) Observations mathématiques Re digees, et
publiées par Etienne $ouciet , Jesmte. Paris ,
1732. 4. vol. 3. Enel vol. 1. Prelado, p. X III.

a l mundo V ianet año.
95
imprimió , se ha perdido por descuido de sus
herederos. Boturini (1) hubiera remediado es­
ta desgracia, si no hubiera tenido la de ser
perseguido por ignorantes, que en México lo
despojaron de las preciosas pinturas, con que
meditaba componer la historia antigua Me­
xicana, que anunció al público.
Siendo los eclipses señales tan insignes y
visibles , los terrícolas desde la mas remota
antigüedad se valieron de ellos para formar
periodos de tiempo , que sirviesen como ahora
sirven los siglos. Entre estos periodos uno de
los mas simples y antiguos es el que se lla­
ma Caldeo , y se estiende á 18 años y n
dias , en cuyo tiempo la Luna hace 223 re­
voluciones. Los antiguos observaron , que des­
pués de este número de revoluciones lunares
los eclipses volvian á suceder casi los mis­
mos , y por esto se valieron del dicho pe­
riodo de tiempo como de medio útil para la
Cronología y la Astronomía. Edmundo Halley en este siglo se ha dedicado mucho á
perfeccionar este periodo Caldeo, persuadién­
dose á que por su medio se pueden pronos­
ticar los eclipses. No se puede negar , que en
algunos periodos seguidos suceden los eclip­ Periodos de
ses eclipses.
(1) Lorenzo Boturini : Idea de una historia
general de Nueva-España , ère. M adrid , 1746.
Véase Storia antica del Messico de ! Abate D .
Francesco Clavigero. Cesena , 17S0. 4. voi. 4.
En el voi. 1. p. 16. lib. 2. p. 128.



Períodos de
los Caldeos.

Viage estático

ses con bastante conformidad; pero hay otros
periodos en que se advierte diferencia. Briga (i) hizo la comparación de iB periodos,
y halló gran uniformidad en sus eclipses. No
se puede aún afirm ar, que en tales periodos
no se halle algún medio constante y seguro
para venir en conocimiento de toda la série
de eclipses que hayan de suceder. Se halla
tal vez alguna diferencia en los periodos en
orden á los eclipses ; mas podrá ser que es­
ta diferencia esté fundada en alguna razón ó
proporción que se observe en los periodos,
y si se llega á descubrir esta razón, enton­
ces los eclipses que sucedan en el periodo de
18 años, servirán para pronosticar los que
hayan de suceder en los tiempos venideros.
Al periodo de 18 años he dado antes el
sobrenombre de Caldeo ; porque conjeturo con
Halley (2), que los antiguos Caldeos lo usa­
ron con el nombre de Saro. Beroso, Minis­
tro Sagrado de Babilonia , que vivia en el
año 300 antes de la Era Christiana , escri­
bió
(1) Briga (citado en la pág. 57. de este voi.),
veanse en su Obra , intitulada : Scienti# eclij)~
sium commercio sinarum illustrate : el tomo 2.
part. 3. cap. 4. §. 12. pág. 14 7; y la tabla V , al
fin de la part. 4. pág. 16.
(2) En el tomo de la Academia de las Cien­
cias de París del año 1756 , edición Parisiense del
1762 , á las páginas 55 y 70 se leen dos dis­
cursos de Gentil sobre el Saio Caldeo.

al mundo Planetario .
9?
bíó la historia de los Caldeos desde el prin­
cipio del mundo , y en ella habla de tres pe­
riodos llamados saro , ñero y sosso. Julio A fri­
can o , Autor del segundo siglo, citaba la his­
toria de Beroso ( que existe) en su crónica
griega, que también ha perecido. De estas dos
Obras se conservan algunas noticias en la
Cronografía del Monge Sincelo , Autor del si­
glo o c ta v o , que de los dichos periodos , ci­
tando á Julio Africano, habla en ella dos ve­
ces con distinción, mas quizá con poco acier­
to. Hé aquí las palabras de Sincelo (1): "B ero so , d ice, compuso el año con saros , ñeros
y
: el saro comprende 3644 años: el ñe­
ro incluye 600 años, y el sosso consta de
60 años: algunos Historiadores juzgan que es­
tos años son de dias. El saro (2), añade Sin­
celo , parece deber ser de 3600 dias , que ha­
cen 9 años , 14 meses y medio ( cada año
es de 365 dias): el ñero es de 600 dias, que
hacen un año y 7 meses con casi 3 sema­
nas ; y el sosso es de dos meses; y dando
Beroso á los diez Reyes (antediluvianos) el
tiempo de 120 saros, estos harán 1183 años, Periodo Sa­
6 meses y 25 dias.” Suidas dice: "L os sa­ ro.
ros

(1) Georgii monachi Sincelli chronographia, &c.
curd Jacobi Goar. Ord. Preed. P a risis, 165 2.
/«/.
p. 17.
.32.
p
(2) Suidce lexicon , gr. et lat. edente Ludolfh o Kustero. Cantabrigiae , 1705. fol. vol. 3.
£11 el vol 3. p. 289. al articulo <rctpci.
Tomo I I I .
N

98
Via ge estático
ros entre los Caldeos son medida y numeró:
120 saros hacen 2222 años, según el cálculo
de los C aldeos; porque el saro consta de 222
meses lunares, que hacen 18 años y medio.’7
Diciendo Suidas que el saro constaba de 18
años y m edio, se deben leer en su texto 229
meses lunares, menos pocos dias; ó se debe
leer a s í : " E l saro consta de 222 meses lu­
nares, que hacen 18 años menos algunos dias;’7
pero sin ninguna de estas dos correcciones se
lee el texto citado en las ediciones antiguas
de Suidas , y aun en la que últimamente con
magnificencia hizo Kuster (1), el q u a l , si hu­
biera consultado los códices manuscritos an­
tiguos, hubiera hallado probablemente en al­
gunos de ellos diferentes números. En casi
todas las ediciones de Plinio anteriores á la
que corrigió y publicó el célebre Juan Harduino , se le ía , que los eclipses volvían d su ­
ceder después de 222 meses lunares , y se de­
bía leer , que volvían d suceder después de 223
meses lunares , como lo enseña la experien­
cia , y como el mismo Plinio debió haber es­
crito; pues que en algunos códices manuscritos,
como advierte Harduino, se halla el núme­
ro 223. Es muy probable que el saro fuese
periodo de lunaciones ; porque la Luna en
cal(1) Véase la edición Parisiense de la Hist.
Nat. de Plinio en el 1723 , con Notas de Hardui­
no , vol. 1. lib. 2. cap. 13. §. 19. nota 8. pá­
gina 79.

al mundo Planetario.
99
caldeo se llamó sar ó shar , y en siriaco
sahro. Los Caldeos de Basora llaman actual­
mente á la Luna serva , y los Etiopes en su
lengua vulgar la llaman sheraca y cheraca.
E l saro al principio sería de 223 lunaciones,
y después lo harían los Caldeos de 2223 años,
y no 'de 2222 de estos , como se lee en Suidas
por equivocación ó error de los Escritores de
su lexicón. Quizá saro (1) primitivamente sig­
nificó en Caldeo el número 10 , pues que se
dice gsar , gasrhe en Caldeo ; asciar en Ará­
bigo literario; eserc en Arábigo vulgar ; y
asartu en Etiópico literario y vulgar. To­
das estas lenguas son dialectos de una misma
lengua matriz.
Según Beroso , dice Sincelo , el periodo
sosso constaba de 60 años, y el periodo ñero
constaba de 600 de ellos. Paréceine cierta esta
proposición de Beroso , que entiendo así. Des­
pués de 60 años los meses lunares vuelven á
suceder con el mismo orden , y con la dife­
rencia solamente de una décima parte. Los
Caldeos, al principio novicios en la Astrono­
mía , juzgaron que el periodo de las lunacio­
nes
(1) En Hesiqnio ( véase Hesichii lexicón groece , edente Joan. Alberto. Lugd. Batav. 1756.
'vol. 2. al artíc. cctpce, columna 1 1 5 6; y al ar­
tículo ctpoig , col. 565.) se lee: "Saros, nom­
bre de número entre los Persas.” En la lengua
moderna de los Persas aros significa número en
general;
N 2

Periodos
sosso y

nero.

i oo
Viage estático
nes era de 6o años; advirtieron después de
algunos periodos , que la diferencia era de
una décima parte ; y para incluirla en otro
periodo multiplicaron por el número io el nú­
mero 6o del periodo sosso , y de la multipli­
cación resultó el periodo ñero de 600 años.
N o te parezca , Cosmopolita , totalmente a r­
bitraria esta conjetura ; pues que el periodo
de 600 años filé conocido por los antiguos Pa­
ganos, según Plinio; y por los antiguos Pa­
triarcas , según Josefo Hebreo. Plinio dice (1):
"Q ue Hiparco pronosticó el curso del Sol y
de la Luna por el espacio de 600 años” ; y
Josefo dice (2): "Si los antiguos Patriarcas
110 hubieran vivido 600 años (de tantos cons­
ta el año grande ) , no hubieran podido pro­
nosticar nada de cierto.” Parece claro , Cos­
mopolita , que Beroso pone el periodo ñero (3)
de

(1)

Plinio: Historia Is atur a l, ¡ib. 2. c. 12.

(2) FlavU Josephi , oper. gr. ac Iflt. Edénte Sigeberto Havercampo. Amstel. 1726. fol.
•vol. 2. En el vol. 1. Antiquitatum Judaicar.
lib. 1. cap. 3. p . 7S.
(3) El periodo sosso de 60 anos (del que
se formó el periodo ñero de 600 años) quizá se
usó antes de la dispersión de las naciones , pues
que entre las orientales se halla usado desde tiem­
po inmemorial. " E l periodo o ciclo de 60 anos,
dice Gaubil ( véase la página 37 del Tomo 2.
dé l a obra citada, en el mira. 35 , e intitula-

al mundo Vianet ario.

ioi

de 6oo anos entre los Caldeos: que Hiparco
pronosticó por 600 años el curso del Sol y de
la Luna ; y que de 600 años era el año gran­
de entre los Patriarcas. Veamos como este
periodo de 600 años expresos por autorida­
des conformes se verifica en realidad. Cassini nos ha ahorrado el trabajo del exámen
que él mismo h izo , cotejando el dicho perio­
do con el que resultaba del curso del Sol y
de la Luna en 600 años. Cassini, pues , su­
poniendo que el año solar es de 365 dias, 5
horas, 51 minutos y 37 segundos y medio,
y que el mes sinódico lunar era de 29 dias,
12 horas, 44 minutos primeros y 3 segun­
dos , ha hecho el siguiente cálculo. Los 600
Verifica­
años solares hacen 18934258500 minutos se­
ción del pe­
gundos , que componen 219146 dias, 12 ho­ riodo de los
ras y 15 minutos. En este espacio de tiem­ Patriarcas
po debe haber puntualmente 7421 lunaciones antiguos.

ó

da : Observations mathematiques , &c. par Sonciet) , es de la mas remota antigüedad. L a his­
toria China que el Emperador Cam-hi hizo tra­
ducir en Tártaro, empieza á usar este ciclo des­
de el año 2357 antes de la Era Christiana. . .
En el Tribunal de los Matemáticos es inmemo­
rial el uso de poner el primer año del ciclo en
el año 81 de Yao , Emperador. . . Este periodo
sirve para años , y también para dias.” El ciclo
sexagenario se usa por los Japones, Indostanos,
Tártaros y Tibetanos. Véase la página 463 de
la Obra : Alphabetum Tibetanum.

102
Via ge estático
ó meses lunares, que hacen 18934258503 mi­
nutos segundos. La diferencia , pues , entre
600 años solares, y entre 7421 lunaciones , es
solamente de 3 segundos. ¿ Te parece casual
esta correspondencia tan exácta entre 600 cur­
sos solares y 7421 cursos lunares? Si supo­
nemos que el año solar sea de 365 dias , 5
horas , 48 minutos y 45 segundos y medio;
y el mes lunar sea de 29 dias, 12 horas, 44
min. y 2 segundos y 95 centésimas partes de
segundo, lo que es conforme á las tablas de
los Astrónomos modernos, hallarémos exáctísiina correspondencia entre los años solares,
y las lunaciones al fin de 600 años.
Según este cálculo y cotéjo de los años so­
lares y de las lunaciones, parece induvitable,
Cosmopolita , que los antiguos tuvieron co­
nocimiento del periodo lunisolar de seis si­
glos. Tú has visto verificado el ñero (1) de
Beroso , el periodo de Hiparco, y el año gran­
de de Josepho : la verificación es cierta: cier­
to es que Beroso , Hiparco y Josepho suponían
un periodo ó año grande de 600 años sola­
res : luego tenemos testimonios y vista del he­
cho ; ¿ podremos dudar de éste sin faltar á
la mas racional crítica? Es necesario, pues,
suponer los periodos por Beroso llamados ñero
y
(1) En las Memorias de Trévoux ( Mémoi­
res , èv. Paris. Abril 1760, artic. 42. g. 899.),
se pone un breve discurso sobre el año grande de
Josepho , y el nero de Beroso.

al mundo Vianet ario.
103
y sosso , y la cantidad de años que les da , co­
mo antecedentes ciertos en buena crítica. ¿ Po­
dremos decir lo mismo del periodo sa ro , que
Beroso, según Sincelo, hace de 3600 años? No
debemos suponer por cierto tal periodo. Oye
dos breves razones, que me obligan á no su­
ponerle por cierto. La primera es , porque
según el cálculo astronómico , no hallo nin­
gún periodo lunisolar de 3600 años : si re­
pugna la experiencia al periodo, éste no se
debe admitir. La segunda y principal razón
e s , porque inverisímilmente se afirma , que
Beroso, Sacerdote Caldeo, supusiese de 3600
años el periodo saro , pues que Suidas dice,
que saro entre los Caldeos era un periodo de
18 años y medio. Parece, pues , que debe­
remos decir , que falsamente se atribuye á
Beroso el periodo saro de 3600 ; pues que
por autoridad de Suidas sabemos que el saro
entre los Caldeos era de 18 años y medio,
y el cálculo astronómico nos dice , que este
número de años es periodo lunisolar con di­
ferencia de pocos dias.
Me parece, Cosmopolita, que es no me­
nos crítico, que justo , mi raciocinio ; y por
tanto Beroso se acercó mucho á la verdad,
quando dixo ( según refiere Sincelo ) , que los
diez primeros Reyes de Caldea desde la exis­
tencia del primer hombre hasta el diluvio, go­
bernaron 120 saros. Al oír esta conseqiiencia, con que el paganismo confirma la histo­
ria que Moysés hace del tiempo antediluvia­
no , y de las generaciones humanas que en
él hubo , no te parecerá, Cosmopolita , in­
útil,

104
V i age estático
ú til, ni prolixa la digresión que he hecho dis­
curriendo de los periodos lunisolares de los
C aldeos, de que con tanta variedad han ha­
blado los Cronologistas, y en adelante de­
berán hablar con uniformidad , si por ventura
no me he equivocado en los cálculos y re­
flexiones que te he hecho, con deséo de acer­
tar y de encontrar la verdad , y siempre te­
meroso de errar por mi gran ignorancia.
Además de los expuestos periodos luniso­
Exámen de lares hay todavía otros m uchos, de los que
20 periodos algunos fueron insignes entre los antiguos, y
hecho por
aun hoy lo son entre los modernos. El eru­
Briga.
dito Briga hace (1) exámen y crítica de vein­
te periodos, empezando desde el de Cleostrat o , que era de 8 años ó de 99 meses luna­
res, hasta el grande de Cassini, que se supo­
ne de i i 9 6 oo años; y resuelve, que ningu­
no de ellos basta para dar el retorno de los
mismos eclipses lunares y solares en el mis­
mo número , duración , sitio de la T ierra, la­
titud y longitud del Sol y de la Luna. Mas
esta resolución tan absoluta no prueba , que
unos periodos no puedan servir para pronosti(1) Briga , en su Obra citada en la pág. 57.
de este volumen : Scient. eclips. part. 3. cap. 3.
10. p. 134. Se trata también de los ciclos ó
periodos lunisolares en la Obra : ¿Ihnagestuni nolum d Joan. Ricciolio , S. J . Bononicc , 16$ 1.
fol. vol. 2. En el vol. 1. lib. 4. cap. 19. §. 4. pá­
gina 241.

al mundo ‘P lanetario .
105
ticar el retorno de los eclipses; pues que en
cada periodo se puede descubrir alguna ra­
zón constante entre ello s, como te dixe an­
tes, hablando del pequeño periodo de 18 años
y algunos dias, el qual se ve convenir mu­
chas veces con la observación.
No es justo , Cosmopolita , que discurrien­
do yo de los periodos lunisolares dexe en ol­ Periódo lla­
mado ciclo
vido el periodo célebre lunar que usan los lunar
ó áu­
Cronologistas. Comprehenderás ya que hablo reo núme­
del periodo usado en la Cronología , y es el ro.
que comunmente se llama ciclo lu n a r , hallado
por Meton 430 años antes de la Era Christiana. La Grecia apreció tanto este ciclo lu­
nar , que lo expuso al público con letras de
oro ; y por esto se suele llamar áureo núme­
ro. Este ciclo ó periodo consta de 19 años,
ó de 6939 dias, en cuyo tiempo suceden 235
lunaciones ; ó la Luna nueva empieza después
de los 19 años. Por exemplo, si suponemos
que en este año de 1791 ( como en efecto
ha sucedido), puntualmente fué Luna nueva
al anochecer del primer dia de Enero , se ha­
llará , que después de 19 años volverá á ha­
ber Luna nueva en el mismo dia. Mas es de
advertir, que después de los 19 años habrá
Luna nueva casi hora y media antes del ano­
checer del dia primero de Enero. Este ade­
lantamiento al fin de 312 años y medio hace
mas de un dia: por lo que la Luna nueva no
se tendrá en el dia primero de Enero. Por
esto el áureo número ó ciclo lunar no sirve
constantemente sino para 312 años; y para
que continúe sirviendo, al fin de 300 años se le
Tomo I I I .
O
aña-

io 6

Via ge estático

añade un dia , que es el espacio de tiempo en
que se diferencia. Pero aunque se añada este
dia de Sol después de los tres siglos , no por
esto vuelve á haber Luna nueva en aquel mo­
mento del dia primero de Enero , en que tres
siglos antes la hubo; mas esta diferencia no
llega á hacer un dia sino después de 2^400
años; y entonces se vuelve á remediar con
otra interpolación de un dia. Varios moder­
nos suponiendo el mes lunar algunos minutos
terceros menos de lo que lo ponían los anti­
guos , infieren, que hay la diferencia de un
dia, no á los 312 años y medio, como se su­
pone en el Calendario Romano , sino á los
308 años , 278 dias y 3 horas. Pero aunque
esto sea verdadero, se necesitan muchos mi­
llares de años para que el exceso ó diferen­
cia que se desprecicS por los antiguos llegue
á ser de un dia; y al dar las reglas para for­
mar el Calendario nuevo Romano se atendió
á la duración de 3008 años, como parece no­
tar Clavio (1), quien se hace cargo de las
pe( 1 ) JSfovi calendarii Romani apologia auciore Chistophoro Clavio è S. J . Reniñe , 1588. 4.
En el lib. 2. cap. 4. pág. 147 , Jayme Berrarri y
Manfredi han pretendido probar necesidad de al­
guna reforma del calendario Romano. Véase: E le ­
menti de la Cronologia di Eustachio M anfredi.
B o lo g n a , 1 7 4 4 , desde la p á g . 189. Briga exa­

mina diligentemente los principales ciclos ó perio­
dos lunisolares en la Obra citada , part, 3. c. 3.
§. 10. p. 139.

.

a l mundo Planetario
107
pequeñas dificultades que se pueden oponer
á dicha formación. E l ciclo lunar, pues, ha
servido por mucho tiempo para hallar el no­
vilunio en cada mes; mas notándose en él
alguna imperfección , se substituyó otro ciclo
llamado ciclo de las epactas, el qual también
es un periodo de 19 años, con relación á Tos
meses lunares; y se funda en este breve y
práctico discurso.
En el corriente año 1791 , á primero de
Enero fué Luna nueva ; y porque el año so­
lar consta de 365 dias, y 12 meses lunares
constan de 354 dias, se infiere, que la duodé­
cima Luna acabará 11 dias antes de concluirse
el año solar : este exceso de 11 dias se lla­
ma epacta del año siguiente, que en el or­
den de contar se llama segundo año. Por la
misma razón al fin de este año segundo se
tendrá otro exceso de once dias, y este nú­
mero se llama epacta del año siguiente, que
es el tercero. Al fin de éste sobrarán otros
11 dias, los quales con los 22 formarán la Periódo de
suma de 33 dias; y como en estos 33 dias
intercala­
tenemos ya un mes lunar, que se supone lie ciones , lla­
n o , ó de 30 dias, quedarán de pico 3 dias mado ciclo
para epacta del año siguiente, que es el quar- de epactas.
to; en cuyo fin sobrarán 11 dias , que con
los 3 harán la suma de 14 dias, que será la
epacta del año siguiente. Siguiendo de esta
manera se hallará , que siempre queda algún
numero de dias para epacta del año que si­
gue, menos en el fin del décimonono año, en
que la epacta es 30 dias, que hacen un mes
lunar justo; y así después de 19 años las
O 2
epac-

108

Año lunisolar.

Viage estático

epactas vuelven á empezar , como se dixo,
que volvia á empezar el áureo número des­
pués de los 19 años; y como este áureo nú­
mero en 312 años y medio se adelanta un
dia , así también las epactas desdicen un dia.
La correspondencia que entre sí tienen el
año solar y el mes lunar , ha sido objeto de
la curiosidad de todas las naciones civiles des­
de la mas remota antigüedad; pues que des­
de el principio del mundo conocieron , que
para su gobierno civil , y para la Agricul­
tura , necesitaban establecer periodos lunisolares. En los anales Chinos se lee, que en los
años 2600 y 2602 antes de la Era Christiana, gobernando el Emperador Hoang-ti, és­
te ordenó que se arreglasen el curso solar y
lunar, y se conoció la necesidad de estable­
cer un periodo lunisolar de 19 años. En el
año 2512 antes de dicha E ra , el Emperador
Tchuen-trio determinó, que el principio del
año empezáse en la Luna próxima al grado
15 de Aquario. En el año 2356 antes de di­
cha E ra, gobernando Y a o ,se determinó ser
de 3Ó5 dias, y poco mas de 5 horas la du­
ración del año solar ; y de 29 dias , y poco
mas de 12 horas el mes lunar , y se nota­
ron dos periodos lunisolares; uno de 19 años,
y otro de 4617 años, que sería época de per­
fecta conjunción del Sol y de la Luna. Es
creíble que los Egipcios , Caldeos, Persas , &c.
arreglaron desde la mas remota antigüedad
sus Calendarios con el Sol y con la Luna,
aunque sus historias no señalan la época de
la formación de ellos. E l que usaban los Mexi-

al mundo Planetario.
109
xicanos era perfectísimo, como demuestro en
una carta dirigida al Sr. Clavígero , que la ha
publicado en el segundo tomo de su historia
antigua de México. Los Mexicanos por sí solos,
y sin comercio con las naciones sábias , no
pudieron formar el Calendario tan perfecto
que usaban ; por lo que yo no dudo que ellos
lo aprendieron antes de la dispersión de las
gentes. Pero , Cosmopolita m ió, yo no debo
proseguir este discurso , porque insensiblemen­
te hemos volado tanto , que hemos llegado
al término de nuestra primera jornada.
§. V.
Distancia y grandeza de la Luna , su
rotación y libración.

,

,

É aquí Cosmopolita inmediatamente
presente á nuestra vista la hermosa Lu­
n a , á la que hemos llegado casi en el mismo
instante en que yo quería concluir el discur­
so sobre el uso y utilidad de los eclipses, cu­
ya ciencia ha hecho que los Astrónomos ha­
yan sido por naciones bárbaras venerados co­
mo divinidades. Esta veneración se da aún
por las naciones del Indostan , aunque sus
Sabios Sacerdotes , llamados Brahmanes, tie­
nen el conocimiento astronómico , que basta
para pronosticar los eclipses con gran estu­
dio , y con poca diferencia del tiempo en
que suceden. Me refirió un Misionero del Indostan , que á éste llegó en su tiempo un ex­
celente Astrónomo Européo, que calculó y
pro-

H

En el Indostán se
tiene por
divina l a !
ciencia de
los eclipses.

no
Via ge estático
pronosticó algunos eclipses con la mayor exáctitud. Viendo los Brahmanes que los eclipses
correspondieron al pronóstico, aun sin la di­
ferencia de un minuto , quisieron reconocer­
lo como inspirado divinamente de su gran
Dios Schiva , cuyo símbolo visible es el Sol,
y hacerle obsequios de veneración y adora­
ción. A la verdad , el pronóstico de los eclip­
ses , aun entre los Sabios antiguos se ha mi­
rado como efecto de ciencia divina : wDe su­
blime ingenio sois, decía Plinio ( i ) , intérpre­
tes del Cielo , entendedores de la naturaleza,
y descubridores de una razón con que ven­
cisteis á los dioses y á los hombres. ¿Quién
será aquel que observando estas cosas, y las
determinadas fatigas de los astros (seame lí­
cito usar de esta expresión) , no perdone á la
necesidad que lo engendró mortal ?” Mas vol­
vamos nuestra atención, Cosmopolita, al gran­
de objeto que tenemos presente.
Estamos ya en la Luna , y la tocamos.
En
el poco tiempo que ha durado el discur­
Llegada á
so
que
hasta aquí te he hecho, hemos cami­
la Luna.
nado 86324 leguas, que es la distancia me­
dia (2) de la Luna hasta la Tierra. La distan­
cia
(1) Plinio: Natur. Histor. lib. 2. cap. 12.
(2) La-Lande en el numero 1719 de su As­
tronomía , impresa en el año 1 7 7 5 » suPone
88860 leguas la distancia media de la Luna has­
ta la Tierra : después ha corregido esta distan­
cia en el tomo quarto y último de su Astrono­
mía,

a l mundo Vianet ario,
m
cía mayor en que de ésta llega á estar la Lu­
na , es de 91397 leguas; y la menor distan­
cia es de 80187 leguas. La Luna está ya mas
cermia , que publicó en París el año 1781 , corri­
giendo muchas cosas de los tres antecedentes to­
mos.
La distancia de la Luna hasta la Tierra va­
ría , según la paralage de la misma Luna. La
paralage menor (dice La-Lande en dicho tomo
quarto : Suplemens au libre I X . num. 1718. p.
6 1 5 ) , es de 5 3*5 3" , á la que corresponde la
distancia de 80187 leguas, y la distancia media
entre las dos extremas distancias es de 85792.
A la paralage media de 59^7^ corresponde la dis­
tancia de 85464 ; mas la distancia que corres­
ponde á la paralage de 57^" , y que es inde­
pendiente de las desigualdades lunares , es de
86324 leguas. Bailly en su Obra ( Histoire de
V Astronomie moderne. . . jusqu a /’ anno 1782.
V a ris , 1783. 4. vol. 3. En el vol. 3. disc. 2. p á ­
gina 1 02) dice, que en París la paralage media
lunar es de 57/39// , y da la distancia lunar de
85464 leguas, Cada minuto segundo correspon­
de á 25 leguas.
Murdoch determinó por medio de la atrac­
ción la paralage y la distancia de la Luna. Se
sabe , dice , el número de pies que un cuerpo
cae en un minuto segundo : se sabe el arco que
la Luna corre en un segundo : el seno verso de
este arco es el espacio de la caída. Dos espacios
están entre sí inversamente , como los quadrados

112

Distancia
desde la
Luna hasta
la Tierra.

Viage estático
cercana, y ya mas lexos de la Tierra , y la
diferencia de su mayor vecindad y alexamiento es de 11210 leguas; p o rlo que debe apa­
recer diferente su grandeza en diversas oca­
siones , y debe ser vària la actividad de su
luz. La mayor distancia de la Luna hasta la
Tierra no llega á ser de 929 leguas : este nú­
mero de ellas hacen muchos navegantes , que
han rodeado algunas veces el orbe terrestre,
ó que frequentemente comercian con las In­
dias Orientales; por tanto , la navegación des­
de la Tierra á la Luna no asustaría ni pare­
cería muy larga á los terrícolas , si la pudie­
ran hacer por medio de la nave aerostática ó
del palón volante. Mas sería temerario el ter­
rícola que se atreviera á venir á la Luna con
el palón volante , aunque éste pudiera traer­
lo á estas regiones ; porque no sabía él si la
atracción lunar sería tan tenáz , que no per­
mitiese al palón la vuelta á la Tierra. A la
verdad , la insensible atmosfèra lunar no se­
ría capáz de sustentar el palón ; y en este
caso el terrícola debería quedarse a q u í, y
agregarse á la sociedad de los lunícolas.
L a distancia de la Luna se cree hoy tam­
bién

dos de sus distancias: luego por medio del ra­
dio conocido de nuestro G lo b o Terrestre se pue­
de hallar la distancia de la Luna , que será de
60.08906 semidiámetros terrestres; ; y la paralage será de 57/i2 //34 (veanse Bailly citado , y
Transacciones Filosójicas , 176429).

al mundo Planetario .
113
bien conocida por los Astrónomos terrícolas,
que uno de ellos dice (1), que el error ma­
yor que puede haber en ella es de 50 leguas,
que corresponden á la mayor equivocación
dedos minutos segundos, que se puede hacer
en determinar la paralaxe lunar. El conoci­
miento de la distancia de la Luna sirve pa­
ra que se conozca el diámetro de ésta , que
se hace de 782 leguas. El volumen del globo
lunar es 49 veces menor que el terrestre; y
porque la densidad de la masa lunar se cree
ser siete décimas partes de la densidad ter­
restre , deberemos inferir , que la Tierra tie­
ne 80 veces mas masa que la Luna: en cu­
ya superficie los cuerpos tardan en caer 6 ve­
ces mas tiempo que en la terrestre ; esto es,
si en la superficie de la Tierra un cuerpo ca­
yendo camina en un minuto segundo algo mas
de 15 pies, en la superficie de la Luna ca­
minaría en el mismo tiempo 2 pies y 9 pul­
gadas y media. La cantidad de la masa lunar
y su densidad se infieren de los principios de
la atracción, la qual en la Luna se prueba
singularmente por su efecto en el íluxo y refluxo de los mares terrestres. Se puede de­
cir absolutamente, que en toda la física ce­
leste no hay prueba mas insigne de la exis­
tencia de la atracción , que la del fenómeno
del fluxo y refluxo de los mares ; mas esta
prueba no es tal , que no tenga algunas di­
ficultades en contrario.
Por

(1)

La-Lande: Astronomie , n. 1719.
P

Tomo I I I .

Diámetro
de la Luna.

Su densi­
dad , y la
cantidad de
su masa.

Gravedad
de los cuer­
pos lunares.

114

Viage estático
Por lo que toca al movimiento de rota­
ción de la Luna, ésta , como antes te insi­
nué, da vueltas sobre su exe; pero no obstan­
te estas vueltas los terrícolas ven siempre ilu­
minarse el mismo emisferio lunar : por lo que,
ó la Luna va mostrando siempre á los ter­
rícolas un mismo emisferio á proporción que
se ilumina por el Sol ; ó es necesario decir,
Rotación
que la Luna está inmoble, y que la Tierra
de la Luna. hace al rededor de ella una media vuelta, que
no sabremos concebir. La rotación lunar de­
be ser algo irregular, porque ella conviene
con el movimiento periódico algo irregular de
la Luna ; pero esta irregularidad no excede
el término de 29 dias, 7 horas, 43 minutos
y 4 segundos y medio , que es la perfecta
duración del dicho movimiento periódico, y
de una rotación lunar. La Luna , pues , en
este tiempo da una vuelta sobre su exe , y
juntamente describe su órbita entera ; y por
esto muestra siempre á los terrícolas una mis­
ma faz. Según los principios de física , se in­
fiere de la rotación de la Luna, que el diá­
metro de su equador es mayor que el de su exe;
así como en la Tierra se juzga que su diámetro
es mayor que su exe : mas con la observa­
ción ocular no se advierte en la Luna dife­
rencia entre su diámetro y exe. Algunos As­
Figura de trónomos creen que la figura suya esté pro­
la Luna.
longada acia la tierra; y fundan su creencia
en varios resultados ú observaciones que quie­
ren explicar según la teórica de la atracción:
pero sus cálculos son de poco momento, por­
que se fundan en observaciones inciertas , ó

al mundo Planetario.
115
quizá falsas : "N o vemos jamás (dice Bail l y ) (1) uu emisferio de la Luna; pero la
Geometría , según Newtón , nos dice, que el
exe dirigido ácia nosotros está prolongado
186 pies.” Esto que nos dice la Geometría,
no es visible á los terrícolas , porque nunca
ven el emisferio lunar opuesto al que todos
los meses se ilumina. Ellos no saben si el tal
emisferio es convexo ó cóncavo. ¡ O Cosmo­
polita mió! Esta ignorancia que los terríco­
las tienen de la figura del emisferio lunar obs­
curo me hace pensar a sí; quién sabe si tal
emisferio será cóncavo como el de un espejo
ustorio; y que en el último momento de los
La Luna
tiempos, en que los terrícolas, sus palacios,-, puede ser
y la tierra que habitan , se convertirán en ce­ espejo usto­
nizas, como lo dice la revelación divina con­ rio para
servada aun en la tradición del paganismo: abrasar la
¿Quién sabe, vuelvo á decir, si en aquel úl­ Tierra.
timo tiempo la Luna volverá ácia la Tierra
su emisferio cóncavo, el qual iluminado del
Sol la abrase como un espejo ustorio que re­
flecte los rayos solares? Podrás quizá decir­
me que este ofrecimiento parece poético; pe­
ro al mismo tiempo me confesarás , que na­
da tiene de inverisímil. Nuestra ignorancia
nos da motivo para conjeturar , y nuestras
conjeturas jamás nos dirán todas las mara­
villas que el Supremo Hacedor nos oculta en
los fenómenos naturales que vemos. En todos
los

(1)

Bailly citado , voi. 3. disc. I.
P2

Fenómenos
lunares.

Libración
de la Luna.

116
Viage estático
los astros, y principalmente en el lunar co­
mo mas cercano á la Tierra , la observación
de los terrícolas , quanto está mas atenta des­
cubre efectos mas raros, sin adivinar el iniluxo , la combinación y la armonía de sus cau­
sas. "Dos cosas raras dice Bailly ( i ) , se ad­
vierte en la Luna. La primera es , que su
revolución ó carrera al rededor de la Tierra
se hace precisamente en el tiempo mismo que
su rotación. La segunda es , que el movi­
miento de los ñudos de su equador es per­
fectamente igual al de los ñudos de su órbibita. ¡ O qué conformidad de efectos prove­
nientes de causas distintas! ” Mas no paran
aquí los fenómenos lunares.
Otro fenómeno singular se advierte en la
Luna, y es, que al mismo tiempo que des­
cribe su órbita, hace una especie de valanceo ó mecimiento, con el que sensiblemente
se ven acercarse algunas de sus manchas tres
y mas minutos á sus bordes; y se llega á des­
cubrir algo del emisferio opuesto á la Tierra.
Este mecimiento de la Luna , que en la As­
tronomía se llama movimiento de libración,
sucede en varios casos. Primeramente, al sa­
lir y al ponerse la Luna cada dia se ve un
poco del borde superior del emisferio opues­
to , y se oculta algo del borde inferior que
antes se veía. En segundo lugar , se advier­
te
(i)

Bailly citado, volumen 3 , discurso I,

pág. 54.

al mundo Vianet ario.

ny

te con especialidad este fenómeno de libra­
ción , quando la Luna está en su mayor la­
titud boreal, y en determinado sitio de lon­
gitud. Estos fenómenos se explican por los
Astrónomos , como efectos que provienen na­
turalmente de la atracción terrestre , de la
varia situación desde donde se ve la Luna,
del movimiento irregular de ésta , y de la
inclinación de su exe con el plano de la eclíp­
tica. Por exemplo , se dice que cada dia se
advierte libración en la Luna al salir y al po­
nerse , porque la linea que junta los centros
terrestre- y lunar , los une siempre en unos
mismos puntos , por lo que un terrícola, que
desde el centro terrestre miráse la L una, ve­
ría siempre en ella un mismo disco ; pero que
el terrícola que la mire desde la superficie
terrestre, debe ver ya un poco del borde su­
perior del emisferio opuesto , y ya un poco
del borde inferior. La libración que se ad­
vierte en la mayor latitud de la Luna , pro­
viene de la inclinación de su exe con la eclíp­
tica ; y la libración en longitud dimana del
movimiento irregular de la misma Luna por
su propia órbita.
Para explicar estos y los fenómenos an­
teriores , según la teórica de la atracción , se
supone primeramente, que la figura lunaresté prolongada acia la Tierra , lo que no se
sabe de cierto. Se supone en segundo lugar,
que el equador de la Luna está inclinado á
la eclíptica grado y medió , y según várias
observaciones la inclinación es de dos grados
y

Dificultad
en explicar
vários fenó­
menos luna­
res.

118

Viage estático

y medio (i). Se supone en tercer lu gar, que
los ñudos en que se cortan el equador lunar
y la eclíp tica, se mueven en cada mes cerca
de grado y medio, ó que en iB años dan
una vuelta entera , como la dan los ñudos en
que la órbita lunar corta á la eclíptica ; y
esta suposición (2) se niega por varios As­
trónomos como contraria á la observación.
Últimamente, el movimiento de rotación de
la Luna se supone uniforme por algunos As­
trónomos , y por otros (3) se niega tal unifor­
midad. De esto podrás inferir , Cosmopolita,
que en buena crítica , no tenemos cosa en que
que nos fundemos para entender la causa de
los
(1 ) Cassini citado : Elemens d 12
3Astronome,
lib. 3. cap. 3 .p. 256.
(2) Boscovich habiendo calculado las observa-»
ciones lunares de Mayer , infirió , que los ñudos
del equador lunar con la eclíptica tenían movi­
miento retrogrado mas ligero que los ñudos de la
órbita lunar con la eclíptica (La Lande : Astron.
n. 3205.) Alemberg (Recherches, tomo 2. pág.
no cree que los dichos ñudos del equa­
dor y de la órbita lunar se muevan igualmente.
(3) Veanse La-Lande : Astronomie , lib. 20,
y Bernoully : Traite sur le flux de la mer (en
el tercer tomo de la Obra : Philosophie naturalis principia mathem. Is. bSíezvtonis cum commentar. Thome Le-Seur , et F'ranc. Jacquier ex Minimor. fam ilia. Geneve , 1742* 4* vol. 4. )

al mando Vianet ario,
119
los raros y singulares fenómenos de la libra­
ción de la Luna , de la vuelta que ella da
sobre su exe , en el mismo tiempo en que ca­
mina su órbita , y del presentar siempre á la
Tierra una misma faz : cosas todas , que pro­
bablemente no suceden en ningún otro pla­
neta.
De esta breve relación inferirás muy bien, Ignorancia
Cosmopolita , que es cosa ociosa detenernos de las cau­
en indagar las causas que de efectos conoci­ sas de los
dos se proponen , haciendo suposiciones, que fenómenos
aun no se admiten como ciertas : por tanto, lunares.
bástete el haber oído en esta materia lo que
se necesita para formar juicio del estado de
evidencia ó probabilidad que tienen estos pun­
tos de la física lunar. Nosotros , en vez de
detenernos en formar largos discursos sobre
ellos, pasarémos al globo lunar, para que des­
de él observemos el mundo planetario , y lo
que merezca atención en el mismo globo. Sí­
gueme , fiel Compañero y buen amigo ; vole­
mos á la Luna, vamos á colocarnos en aquella
cumbre que se ve sobresalir en la parte mas
plácida de ella , y de la superficie que vemos.

§. vi.
M ontes

E

, desigualdades
, atmosfèra y vol­
canes del globo lunar,
,

,

Stamos ya Cosmopolita en esta subli­
me cumbre , que según algunos Astró­
nomos modernos es la mas alta que hay en
la

120

Viage estático

Subida á la la Luna , y por los terrícolas' se llama Santa
Luna.
Catalina. Galiléo (i) fué el primer Astrónomo
que ingeniosamente propuso varios modos de
determipar desde la Tierra la altura de los
montes lunares. Un moderno d ice, que G a­
liléo hacía los tales montes veinte veces mas
altos que los terrestres: y creyendo yo á es­
te moderno , repetí su dicho en la historia de
Altura de mi viage extático en Italiano. Después he leí­
Jos montes do la obra , en que Galiléo trata de la altu­
lunares.
ra de los montes lunares , y las cartas que so­
bre este asunto escribió , respondiendo á las
objeciones de algunos Astrónomos; y hallé,
que según Galiléo , algunos montes lunares te­
nían casi 5 millas de alto : proposición y me­
dida que convienen con las observaciones mo­
dernas. Hevelio, después de Galiléo, inves­
tigó la altura de los montes lunares , y no
dudó afirmar (2), que algunos tenían una le­
gua ó 3 millas de alto. El supone , que los
tales montes son mas altos que los terrestres,
porque pretende probar, que los mas subli­
mes de estotros tienen apenas media milla de
alto. Mas esta pretensión es van a, pues que
se-

(1) Véase la obra de Galiléo , intitulada:
Nuntius sydcreus , que está al principio del to-^
mo 2. de sus obras: Opere di Galileo , G alilei
divise in 4 tom. P adova , 1744 - 4 *
t0*
mo 2. p. 14 , 56 , 57 .
(2) Johannis H evelii selenograpiña. Gedan i } 1647. fol. cap. 8. p . 272.

al mundo Vianet ario.
121
según las observaciones de Saussure(i) he­
chas en la cumbre del monte llamado Blan­
co , en los A lpes, su cima se eleva sobre el
mar 2450 toesas ( una legua hacen 2283 toesas); y sobre el lago que está á los pies del
monte se eleva á lo menos 2218 de las mis­
mas. Pietet halló , que la elevación del mon­
te sobre dicho lago era de 2257 toesas. En
el Reyno de Quito , los montes de la céle­
bre cordillera Americana , llamada los Andes,
son mucho mas altos que los de los Alpes;
y probablemente son los mas elevados que
se conocen sobre la superficie terrestre. En
la dicha cordillera el monte Coyambos tiene
de alto 3028 toesas sobre el mar ; y el mon­
te Cimborazo tiene 3220 toesas de alto so­
bre el mar. Estos son los montes mas altos
que basta ahora se conocen en la Tierra. La
enorme elevación y grandeza de las monta­
ñas de la cordillera de los Andes , hacen ha­
bitable la América meridional, en que está la
cordillera ; y los montes grandes que hay en
la Luna hacen que ésta alumbre á los terrí­
colas sin abrasarlos. Riccioli, que escribió
después de Hevelio , juzgó (2), que el monte
de
( 1 ) Bibliotheca oltremontana. Torino, 1787.
V ease el Tomo X .
( 2 ) Riccioli , en su Almajesto cirado , tomo
I. lib. 4. cap. 8. qiiest. 3. p. 208. En el cap.
1 7 . problema 2. p. 234. se reio ma el calculo
sobre la altura de los montes lunares.

Tomo I I I .

Q

La mayor
altura de
los mon­
tes terres­
tres.

Manchas
lunares.

122
Viage estático
de Santa Catalina tenia 9 millas de alto ; y
conjeturó que había montes lunares mas al­
tos (1) en aquella cordillera blanca que ves
en la parte boreal de la faz lunar, y que por
los terrícolas se llama Tierra de las nieves
por razón de su perpétua blancura. Observa
atentamente, Cosm opolita, desde esta atala­
ya la superficie lunar, y la verás sembrada
de continuas desigualdades : aquí montañas,
allá valles profundos ; en unas partes faxas
blancas, y en otras inmensa estension de man­
chas obscuras. Mira allí entre el septentrión
y el occidente una mancha aislada , que se
llama mar de las crises , y parece al mar
terrestre llamado Caspio, que no tiene comu­
nicación con otro mar. Vé entre septentrión
y oriente el principio de otra mancha , que
por su grandeza sobre todas las demás luna­
res se llama mar océano de tempestades. Es­
te mar se llama tempestuoso por la variedad
inconstante de sus colores. Schirleo da la an­
chura á este mar de 470 leguas: de 100 leguas hace la de los montes de la Tierra de
jas n¡e v e s; y de otras 100 leguas la del mar
de las crises. Según el cálculo de Riccioli (2)
las medidas de Schirleo son demasiadamente
grandes. Si el mar tempestuoso tiene 470 le­
guas
(1) Boscovich juzga que no pasa de 9 mi­
llas la altura de ningún monte lunar.
(2) Boscovich al num. 142. p. 63. de su di­
sertación sobre la atmosfera lunar.

al mundo Planetario .
123
guas de ancho, será tres veces mayor que el
mar Caspio. Esas profundidades, manchas y
alturas que vemos, son necesarias, Cosmopo­
lita , como antes te he insinuado , para que
la luz lunar alumbre á los terrícolas sin abra­
sarlos. Si la superficie lunar fuera perfecta­
mente lisa y de masa densísima ó solidísi­
m a, la luz solar reílexando en la L u n ariaría á los terrícolas la noche mas caliente que
el dia. La Divina Providencia, que todo lo
gobierna sabiamente, en las desigualdades y
manchas de la superficie lunar dio á ésta el
modo de mitigar el ardor de los rayos sola­
res , y de enviar á los terrícolas la blan­
ca y hermosa luz con que se ilumina la no­
che.
Las desigualdades de la superficie lunar
Desigual­
se distinguen desde la Tierra claramente con dades de la
el telescopio al quarto dia después del novi­ superficie
lunio ; y se ven en la parte obscura de la lunar.
Luna muchos puntos luminosos , que son las
cumbres de sus montañas : no obstante esta
clara observación , algunos Astrónomos han
conjeturado, que el globo lunar es perfecta­
mente redondo sin desigualdad alguna. Para
que claramente concibas el fundamento, en
que se apoyan así estos Astrónomos, que nie­
gan las desigualdades lunares, como los de­
más Astrónomos, que defienden la existencia
de estas , oye en breve la relación de los fe­
nómenos lunares que todos estos Astrónomos
alegan; y acuérdate ó ten presente, que ha­
blo de pensamientos ó discursos formados por
gentes que viven en la Tierra.
Se
Q2

Observacio­
nes que
prueban ha­
ber desigu­
aldades en
la superfi­
cie lunar.

Á

124

Viage estático

Se advierten en la Luna manchas muda­
bles ó sitios que pasan sucesivamente de la
obscuridad á la iluminación , y de ésta á la
obscuridad. Esta succesion de obscuridad y
de iluminación parece provenir de los mon­
tes que impiden el paso de la luz solar , y
que hacen sombra ácia la parte opuesta que
son iluminados. No es creíble que tales si­
tios obscuros sean mares; porque la Luna,
como después expondré con pruebas, no tie­
ne atmosfera ; y ciertamente la tendría con
los vapores de los mares si los tuviera ; á no
ser que se diga arbitrariamente , que no se pue­
den evaporar con el calor solar los líquidos
de la Luna. Por esto creen algunos Astróno­
mos , que los sitios obscuros son grandes pro­
fundidades ; y á la verdad necesitan ser muy
notables éstas para que aparezcan constantes
algunas manchas lunares. Pero de éstas se
puede decir que provienen de materia obs­
cura , ó digamos de terrenos negros. Se ad­
vierten , como te dixe poco antes, ilumina­
dos algunos pequeños espacios de la parte
obscura de la Luna, y estos espacios se ven
iluminados antes de llegar á su sitio la ilu­
minación general de ella ; y después que
ha pasado el sitio de dichos pequeños espa­
cios. Esto hace creer, que los tales pequeños
espacios sean cumbres de montes altos , las
quales necesariamente se deben ver ilumina­
das antes que el Sol ilumine las llanuras que
están al rededor de los montes ; y también
se deben ver iluminadas después que el Sol
haya dexado de alumbrar las tales llanuras.
Asi-

a l mundo V ianet ario.

125

Asimismo se advierte, que várias manchas al
llegar á ellas la iluminación solar se van es­
trechando , y esto es señal de ser valles y
profundidades las dichas manchas. Ultima­
mente se advierte, que el término ó linde
de la iluminación del disco lunar aparece in­
terrumpido , lo que principalmente se nota
en el quarto ó quinto dia después del novi­
lunio , en cuyo tiempo se ve la dicha lin­
de con muchas puntas; y esto es señal clara
de las desigualdades lunares por aquel sitio.
Estas observaciones prueban , que en la Luna
hay montañas como en la T ierra; pero oye
ahora otras observaciones que prueban lo con­
trario.
Si en la Luna se mira el limbo opuesto Observacioal linde de la iluminación , no se advierte
ncs que
ninguna punta ó desigualdad en dicho lim­ prueban no
bo , sino que aparece como si estuviera per­ haber des­
fectamente igual, liso ó redondo. Quando se igualdades
eclipsa el Sol, la Luna se ve delante de éste, en la super­
y en todo su limbo ó circunferencia no se ve ficie lunar.
desigualdad alguna; mas su disco aparece
perfectamente liso. Asimismo al eclipsarse con
la Luna los planetas y estrellas, no se ve en
la entrada ó salida de estos astros por detrás
de la Luna algún efecto que indique desigual­
dades en la superficie lunar. Y sobre todo,
quando es Luna llena, tampoco se percibe
desigualdad alguna por toda la orilla en re­
dondo de su disco.
Según estas observaciones, Cosmopolita,
tenemos efectos claros de que h a y , y de que
no hay desigualdades en el disco lunar. ¿ Qué
de-

126
Combina­
ción de ob­
servaciones
contrarias.

Viage estático

deberemos, pues, juzgar en vista de resulta­
dos tan contrarios ? No hay duda , que en
uno de estos dos casos hay engaño ó ilusión
de la vista: la dificultad está en determinar
qual sea el caso en que sucede la ilusión. A
mi parecer el ver montañas sin haberlas es
mas difícil, que el no distinguirlas, aunque
las haya. Según esto deberemos decir, que en
la superficie lunar hay desigualdades como
en la Tierra : pero la dificultad está en ex­
plicar , por qué éstas no se ven en todos tiem­
pos. A esta dificultad da Galileo (1) las dos
siguientes soluciones. En primer lugar dice,
que en el limbo lunar iluminado no se dis­
tinguen los picos de las montañas, porque
quizá haya várias cordilleras de estas , y una
cordillera ocupe los vacíos de otra : así su­
cede, que si en la Tierra mira el observador
las cumbres de algunas cordilleras montuo­
sas , que entre sí estén casi paralelas, se le
figura ver una superficie llana , y lo mismo
suele suceder quando se mira la superficie del
m ar, en la que una fila de olas encubre los
vacíos de otras. En segundo lugar se podrá
suponer, que al rededor del globo lunar ha­
ya una atmosfèra densísima, la qual haga
aparecer el disco lunar algo m ayor, que en
realidad lo es ; y por esto la parte lunar
iluminada parece algo mayor que la que no

(1) Galileo en su Obra citada : Nuncius sy.
dereus, núm. 14. / . 9.

al mundo Vianet ario.
12 7
lo está. Estas soluciones de Galileo agrada­
ron á pocos M atem áticos, y la mayor parte
de ellos negó la existencia de ia atmosfèra
lu n a r, y procuró explicar sin ésta los fenó­
menos que parecían provenir de ella. En el
año 1748 Eulero promovió la opinion de la
existencia de la atmosfèra lunar, y en el 1753
Boscovich publicó su ingeniosa opinion , que
maravillosamente descubre las causas de los
fenómenos lunares provenientes de un fluido
lunar, y no de atmosfèra alguna.
Todo el globo lunar, dice Boscovich (1),
Ingenioso
está rodeado de un fluido homogéneo, que lle­
na todas sus concavidades, y llega á cubrir ofrecimien­
to de Bosco­
las cumbres de los montes. En virtud de es­ vich.
te fluido, que es resplandeciente, la refrac­
ción dé l a luz representa en su superficie, co­
mo en pin tura,las desigualdades de la super­
ficie lunar ; y quando la Luna se ve en los
eclipses solares entre el Sol y la T ierra , des-'
de ésta no se ven en el fluido tales desigualda(1) De lunce atmosphera dissertatio habita
in Colegio Romano , Romee 17 53. Esta Obra es
del Jesuíta Boscovich , cuyo nombre se pone
manuscrito en el exemplar que usó , y es de la
Biblioteca del Colegio Romano. Eulero publicó
su Memoria sobre la atmosfera lunar en el to­
mo de las Memorias de la Academia de Berlín
del año 1748- Boscovich en su disertación des­
de el num. 87. p. 36. impugna la Memoria de
Eulero.


128

Viage estático

dades, porque el tal fluido impide el paso de
la luz. Esta idea la confirma Boscovich con
un exempio práctico. "Póngase, dice, un li­
cor colorado en un globo de vidrio, y se ve­
rá , que el grueso de éste no se distingue, y
que en el mismo grueso hasta la superficie
del vidrio se ve el color del licor.” A la ver­
dad esta experiencia explica ingeniosamente
los fenómenos lunares; pero es necesario con­
fesar, que si la refracción de la luz solaren
el fluido lunar hace ver las desigualdades de
la Luna , esta refracción supone que algún
paso de la luz debiera también hacer visibles
algunas desigualdades en el limbo lunar ilu­
minado. Se ven constantemente lucidos por
gran tiempo algunos puntos de la Luna, que
se creen cumbres de montes, porque se ven
iluminados antes y después de llegar la luz
solar á la falda de dichos puntos. Estas cum­
bres llegan á recibir la luz solar siempre que
se ven ; y dan á conocer las desigualdades lu­
nares en todos los casos , menos quando se
hallan en el limbo de la Luna: parece, pues,
que la ilusión óptica proviene mas bien del
sitio en que se hallan , que no de la luz que
las ilumina. De qualquiera manera que se
quieran conformar entre sí las observaciones,
que denotan desigualdades en la Luna , y las
que no las persuaden , siempre ocurrirán mu­
chas dificultades. Se pudiera decir, que la mi­
tad de la Luna era lisa, y la otra mitad lle­
na de desigualdades; pero la libración lunar
hace conocer, que todo el globo de la Luna
tiene de una misma manera la superficie. Los
que

al mundo Vianetario.

129
que supongan en ésta el fluido, de que acabo
de hablar, no se empeñarán en poblar la
Luna, á no ser que quieran hacer aquáticos
á los lunícolas : mas quizá este fluido sea una
sutil atmosfèra , que á la Luna se concede
por algunos Físicos , y por otros se nie­
ga : oye, Cosmopolita , cómo piensan unos
y otros.
Newton dice en su óptica , que los ra­
Atmosfèra
yos de la luz al pasar cerca de un cuerpo
de
los pla­
experimentan alguna inflexión, según la qual
netas.
varios Astrónomos han querido explicar di­
versos fenómenos, que creen haber visto en
los planetas, y que según no pocos Físicos
son efectos de ilusión óptica. Sejour (1) pre­
tende ser cierta por la observación la infle­
xión de los rayos de lu z, que llegan á tocar
el borde lunar; y él hace esta inflexión de 4
segundos y medio, y la atribuye á la atmos­
fèra lunar. Un moderno , é ilustre Matemático
ha creído ser verisímil la opinion que conce­
de atmosfèra , no solamente á la Luna (2), si­
no también á los demás planetas. El infiere
de la luz zodiacal, de las manchas solares y
de otros fenómenos, que la atmosfèra del Sol
se estiende tanto, que no solamente envuelve
á
fi)

Véase La-Lande , Astronomi# , n. 1992.
(2) P a u ii F r isii opera Mediolani 178 5. 4.
'voi. 3. En el voi. 3. intitulado : Cosmographia
piaste a , et Mathematica , lib. 4. p. 219 . 223.
Torno I I I .
R

Contrarie­
dad é in­
constancia
de las opi­
niones hu­
manas.

La Luna no
tiene atmos­
fèra sensi­
ble.

130
Viage estático
á Mercurio, á Venus y á la Tierra, sino' que
llegue tal vez á Marte y á la Luna perielia,
ó en su mayor vecindad al S o l... La corona
luminosa con que la Luna aparece en los eclip­
ses totales , según el dicho Astrónomo , prue­
ba la existencia de la atmosfèra lunar. E l
conjetura, que Venus tenga alguna atmosfèra
de la que provienen las várias apariencias de
este planeta en su paso por delante del Sol
los años de 1761 y 1769; y últimamente juz­
ga , que las señales de atmosfèra son las va­
riaciones de las zonas, faxas ó manchas que
se ven en M arte, Júpiter y Saturno. Hé aquí,
Cosmopolita, la incertidumbre con que se
disputa en la Astronomía la qüestion de la
atmosfèra de los planetas. Este es un punto,
cuyo conocimiento ó ignorancia nada impor­
ta á lo temporal y espiritual de los hom­
bres , y por esto la Sábia Providencia les nie­
ga su ciencia verdadera , ai tiempo que les
concede saber las cosas mas difíciles que les
son útiles. La ciencia de los hombres en los
puntos de curiosidad consiste toda en el du­
dar y mudar de opinion. Se tenia ó suponía
por cosa casi cierta , que los planetas Mer­
curio , Venus, M arte, Júpiter y Saturno no
tenian atmosfèra, y se dudaba que la tu­
viese la Luna, y ahora se pretende probar,
que todos los planetas tienen atmosfèra.
La existencia de ésta solamente en la Lu­
na tiene algunos grados de probabilidad ; pe­
ro mas probable será la opinion que la nie­
gue. Riccioli en el siglo pasado no se atrevió
á

al mundo Vianetario,

131

á conceder la atmosfèra lunar (1) , aunque
para negarla no tenia los fundamentos que
ahora tenemos. Si la Luna tuviera atmosfèra,
al eclipsarse ú ocultarse los astros por ella,
se notaría novedad en su colo r, figura , lu­
gar , & c ., y nada de esto se advierte comun­
mente. Si la Luna tuviera atmosfèra, ésta se
vería iluminada , como se ve iluminada la
terrestre ; y muchas veces se confundiría el
limbo lunar, como el de los cometas se con­
funde con su atmosfèra. No parece posible
que la Luna pueda tener atmosfèra sin que
en la región lunar se viesen freqiientemente
muchos y varios efectos naturales de la at­
mosfèra , como manchas, nubes, variedad de
colores, &c. Venus se ha visto eclipsada por
la Luna sin mudanza alguna de color ; y en
un [eclipse de Júpiter por ella, se ha visto,
que sobre el limbo de éste estaba inmediato
el de la Luna. Los pocos y equívocos fenó­
menos , que se creían provenir de la atmos­
fèra lunar, se explican claramente, según la
opinion de Boscovich , que la funda en ra­
zones y experiencias. " Es necesario, pues,
decir , advierte (2) un Astrónomo moderno,
que la atmosfèra lunar sea poco densa y de
ayre , que apenas merezca este nombre : á lo
mas
(1) Riccioli c tado : Almagestum , rol. I.
hb. 4. cap. 2. nun. 3. p. 187.
. (2) Bailly en su Obra citada , rol. 3. dis­
curso 2. p. 79.

R 2

Volcanes

de la Luna,

132
V i age estático
mas será un fluido etéreo semejante al que
hay en la Tierra á la distancia de 5158 toesas, en la qual distancia, según Bouguer,es
insensible la refracción. Se puede decir tam­
bién , que no obstante las observaciones de
Sejour, la Luna no tiene atmosfèra; pues que
la que de aquellas resulta es imperfecta.”
tfSmith juzgó (1) no ser probable , que la Lu­
na estuviese rodeada de ay re como lo está
la Tierra.
El breve discurso, que acabas de oír so­
bre la atmosfèra lunar, probablemente te im­
pelerá , Cosmopolita, á conjeturar que no
existe tal atmosfèra : pero aunque te inclines
á esta opinion , no dexarás de conocer su
incertidumbre , pues que de tanto en tanto
tiempo algún célebre Astrónomo se declara
á favor de la opinion que defiende la exis­
tencia de la atmosfèra lunar. La dicha in­
certidumbre crece á mi parecer con un fenó­
meno , de que por ser modernísimo ó nue­
vamente observado, apenas se trata sino en
las efemérides astronómicas. Este raro fenó­
meno consiste en haberse observado volcanes en la Luna. Oye la historia de esta observacion , cuya noticia dará motivo para que
los Poétas terrícolas finjan , que Vulcano abando(1) Cours complet d'optique traduit de Vanglois de Robert. Smith par le pere Pezenas, àrc.
A.'vignon 1767. 4. vol. 2. En el vol. 2. lib. 4.
cap. 3. n. 1088. p. 369.

a i mundo "Planetario.
133
donando la fragua que tenia en el Volcan del
Etna haya volado á la Luna con sus cíclo­
pes monóculos, y formado en ella fraguas
mayores que en el Etna , pues que las lla­
mas de las herrerías lunares se llegan á dis­
tinguir con telescopios desde la Tierra.
Guillelmo Herschel, celebérrimo por la per­
fección que ha dado á la catadióptrica , con
un telescopio que amplifica seis mil veces los
objetos , observó en el ano 1787 tres volcanes
en la Luna : uno de estos en los dias 19 y 20
de Abril de aquel año vomitaba materias en­
cendidas con algún humo: su diámetro era de
tres millas ó de una legua , y su situación cerca
del limbo ó borde septentrional de la Luna.
E l resplandor de las llamas del volcan era tan
grande, que alumbraba las montañas y pro­
fundidades vecinas. La noticia de estos fenó­
menos observados por Herschel ha avivado la
fantasía y curiosidad de los Astrónomos pa­
ra observar con mayor atención el disco lu­
nar. Cesaris, que actualmente se ocupa con
empeño en la observación de los Cielos, ha­
blando de los volcanes descubiertos por Hers­
c h e l, dice (1): "L a Luna iluminada por el
Sol ofrece al principio á la vista una espe­
cie de esponja blanquecina, que hace apare­
cer

(0

Ephemerides Mediolani, anni 1790. edi-

t¿e 17 S 9 . Appendix. De montibus vulcaniis Lnnae

commentarius Angeli de Cesarie, p, 82, §. I.
$• 3 - §• 4 -

Tres volca­
nes lunares
vistos en el
año 1787.

134

Pronóstico
que Hevelio hizo de
los volcanes
lunares.

V i age estático
cer toda su masa semejante á la materia de
volcanes. Quanto mas atentamente se obser­
v a , tanto mayor aparece esta semejanza. Los
agujeros redondos y ovales que en la Luna
se ven , se asemejan á los lagos ó quebradas
de los volcanes. Del centro de estas figuras
salen ciertas hinchazones como de materia de
volcanes arrojada. Quizá es ígnea la materia
lunar. El monte, que Riccioli llama Aristar­
co , y Hevelio llamó Porfirites , parecióle á
Hevelio un volcan. No he visto á Hevelio,
cuyas palabras citaría, si lo hubiera visto.
Blanchini, observando en Roma el 1725 la
mancha lunar, Platón (hizo la observación
con una lente vidriosa de Giusepe Campani,
cuyo foco era de 150 palmos) al estar en
los confines de la Luna y de la sombra ad­
virtió, que el borde de la profundidad ó del
hueco se veía blanco, y que el fondo negrea­
ba. Advirtió asimismo , que en dicho hueco
se veía una ráfaga ó diámetro de luz algo
ro xa , que se desvanecía en la parte opuesta
al Sol. Blanchini (1) no conjeturó que hu­
biese fuego; mas creyó que en el dicho hueco
hubiese rendijas, que daban paso á la luz so­
lar , ó un fluido lucido en que se refrangiese
la
(1) En la Obra : Hesperi , et phosphori
nova phaenomena d Francisco Blanchinio. Ro­
mee 1728. fol. cap. 2. n. 2. p. 4. Se pone la
observación de la mancha Platón por Blanchi­
n i, y una lámina de su figura.

al mundo "Planetario.
135
la misma luz. Yo he observado esta s ráfagas
lucidas : en Diciembre del 1787 las vi salir
de la mancha llamada Petavio hasta su bor­
de ó margen : eran como luz reflexa de al­
gún sitio de la Luna. Bianchini observó á Pla­
tón en el confin de la luz y de la sombra;
y yo observé á Petadlo en luz llena. Bian­
chini vió que la ráfaga atravesaba de mar­
gen á margen la mancha Platón; y yo vi que
la ráfaga salía del centro de la mancha Petamo, . . Halley dice (1 ), que en el eclipse
solar del 1715 , á 22 dias de Abril (según
el antiguo Calendario ) á mediodia en Lon­
dres se tuvieron las tinieblas de la noche , y
entonces se vieron en la región lunar resplan­
dores de rayos. Louville dice, que este fenó­
meno fué efecto de tempestad mezclada con
la atmosfera lunar... Don Antonio de Ulloa (2)
viniendo desde las islas Azores á 24 de Ju­
nio del 1778, en un eclipse solar vió no so­
lamente la corona lucida del Sol al rededor
de la Luna , sino también le pareció ver en
ésta un agujero: pues que vió un punto lu­
cido , como si fuese luz solar entrada por un
agujero. Sobre este fenómeno se han escrito
ineptamente muchas cosas. El dicho punto lu­
cido distaba del limbo de la Luna la centé­
sima parte del diámetro lunar. Halley demos­
tró en la relación del eclipse del 171$, que
en
( 1 ) Véanse Transacciones filosóficas, año 1 7 1 5 .
( 2)
1 Iransacciones filosóficas, año 177 9 .

136

Via ge estático

en el confin del emisferio lunar antes de la
total inmercion ú obscuridad de la Luna habia una cumbre iluminada por el espacio de
15 segundos.. . Observé fuera del tiempo del
eclipse la parte obscura del disco lunar, quando se ilumina por la luz terrestre reflexa; y
vi una señal algo roxa. Tuve presente, que
en los eclipses lunares la faz lunar se ve roxear con luz dudosa.” Hasta aquí las observa­
ciones de Cesaris , que confirma la existencia
de los volcanes de la Luna, conjeturada con
mucha probabilidad por Hevelio, cuyas pa­
labras te referiré, ya que Cesaris deseó refe­
rirlas , y no pudo porque no habia visto la
Selenografía de Hevelio. Dice éste así (1):
"En la superficie lunar se ve en el pri­
mer quarto de la Luna el monte Porfírites
( está sobre la isla Cercinna ) , cuya vista cla­
ramente confirma que los montes se compo­
nen de materias diversísimas. El monte Porfirites (2) se compone, ó de tierra roxa co­
mo el pórfido de Egipto , ó de materia ni­
trosa y sulfúrea; y esta segunda cosa me pa­
rece mas cierta , y aun me persuado á que
en dicho monte hay fuego, y sea volcan co­
mo el E tna, el Hecla , el Vesubio y otros
vol(1) Hevelio : $elenograj)hia'• Obra citada,
cap. 23. p. 353.
(2) El monte Porfírites por Riccioli se lla­
ma Aristarco , y la isla Cercinna se llama : In­
sula •ventorum.

a l mundo Vianet ario.
13 ^
volcanes. Para hacer esta conjetura tengo los
siguientes fundamentos. Habiendo observado
en muchas y diversas circunstancias la/Luna,
he visto siempre que el monte Porfirites se
distingue notablemente de los demás montes
lunares en el color y resplandor; y que su
color es azafranado, dorado é ígneo. He ad­
vertido , que este color dura siempre desde
el primero hasta el último dia de la ilumina­
ción lunar: por lo que he debido juzgar, que
el dicho monte Porfirites se compone de ro­
cas roxas, ó de tierra encarnada; ó que en
él hay perpetuamente fuego.” Hasta aquí Hevelio, el qual conjetura que en la Luna (1) hay
diversos montes volcanes.
Te he referido, Cosmopolita , las moder­
nas observaciones, que obligan á conjeturar
la existencia de volcanes en la Luna. En el
siglo pasado los Astrónomos no sin admira­
ción habian advertido la constante variedad
de colores en las manchas lunares. "Se ad­
vierte, escribió Riccioli, que siempre blan­
quean luminosamente las manchas Aristarco ,
Menelao , Proclo, Dionisio Exiguo, Linemanno ; y
que son muy negras las manchas Jenostanes,
Platón , Zoroaster , Hcrmes , Goclenio, P ita ­
co , Kristmanno , Grimaldi. . . Entre sus man­
chas grandes las mas negras son las que se
llaman seno de los estíos , seno del rocío , lago
de

(1) Hevelio en el lugar citado, p. 3^4. y
en el cap. 13. p. 309.
Tomo I I I .
S

Diferencia
de colores
constante­
mente ob­
servada en
muchas
manchas
lunares.

138

Incoerencia
de efectos,
que los F í­
sicos obser­
van en Ja
naturaleza
lunar.

Vía ge estático

de los sueños. Varían en el color las manchas
Aristarco, Platón , Endimio , Possidonio , V itru-oio ; y varían mucho mas las manchas nom­
bradas mar de los 'vapores , y laguna del sue­
ño (1). La variedad de estos colores, quando
es inconstante y alusiva á la situación del Sol,
que los puede causar , se atribuye á la ilu­
minación solar : mas quando es constante é
independiente de la luz solar , se debe atribuir
á otras causas, entre las quales el fuego es la
principal , conforme á los últimos descubri­
mientos de Herschel, según los quales debe­
mos conjeturar, que en la Luna hay mas vol­
canes que en la Tierra; ó que los volcanes lu­
nares son mayores que los terrestres, porque
si no lo fueran, no se podrían distinguir des­
de la Tierra. No se cuentan 8 años, que Bailly escribiendo su historia de la Astronomía
moderna dudó de la existencia de la atmos­
fera lunar, y suponiendo que no existía , ó
era insensible, concluyó diciendo (2): "Si la
atmosfera es producción de emanaciones de
calor, es creíble que la Luna no las tenga.”
B ailly, pues, conjeturó que en la Luna no ha­
bía atmosfèra, porque faltaba el calor, que
causa los vapores atmosféricos, y las nuevas
observaciones nos ponen en la Luna volcanes
ó

(1) Riccioli citado : Almagestum , •voi. 1.
lib. 4. cap. 7. num. 11. cap. 206.
(2) Bailly citado : Historia de /’Astronomie*,
en el voi. 3. disc. 2. p. 97.

al mundo Vianet ario.

139

ó fraguas m ayores, que en la Tierra ha for­
mado la naturaleza. ¿Pero el calor de estos
volcanes nos da mayor fundamento para con­
jeturar la existencia de la atmosfera lunar ?
Nos da nuevo fundamento especulativo, que
se opone á la experiencia. Según ésta el ca­
lor es causa de los vapores atmosféricos en
la Tierra, y ciertamente no lo es en la Lu­
na ; pues que no se observa fenómeno que
demuestre su existencia.
Cesaris , de que antes te he hablado, sa­
biendo el descubrimiento que de los volca­
nes lunares habia hecho Herschel, y experi­
mentando que sus observaciones confirmaban
la verdad del descubrimiento , trata al mis­
mo tiempo de los volcanes lunares, y de la
atmosfèra lunar, y sobre ésta dice así (1):
"Mucho se ha disputado sobre la atmosfera
lunar ; pero á favor de ésta no hallamos la
razón : solo hay un argumento de ligera ana­
logía ; y la vista no descubre prueba algu­
na. El argumento se funda en la corona lu­
cida que se ve en la Luna en los eclipses so­
lares. Esta corona, según algunos Físicos , pro­
viene de nuestra atmosfèra ; y según otros es
efecto de causa óptica , como se demuestra
en los eclipses fingidos que se hacen en las
cámaras obscuras. Boscovich impugnó este
efecto en la Luna. Otros Físicos dicen, ( y
pa(1) Cesaris citado : D e montibus 'viilcaniis
Lunx , §. 2. j). S5.

Nuevas ob­
servaciones
hechas en el
1789 sobre
los volcanes
y la atmos­
fera de la
Luna.

140
V ìa ge estático
parece lo mejor ) que la corona lucida dima­
na de la atmosfera solar , de cuya existen­
cia son pruebas la aurora boreal , la luz zo­
diacal , y la especie de sombra que se ve cer­
ca de las manchas s o la r e s .... La dicha co­
rona solamente se ve en el tiempo de eclip­
se: lo mas probable es que no hay atmos­
fèra lunar. . . Yo observé á Saturno , Venus
y Júpiter eclipsados por la Luna , sin notar
en estos planetas mudanza alguna de figura.
Esto confiesan todos los Astrónomos , por lo
que no hay atmosfèra lunar. ¿ Pero sin fluido
aéreo podrá haber fuego en la Luna ? Scheel
y Bergman , célebres Filósofos, juzgan que el
calor es el ayre junto con el flogisto : no obs­
tante esta opinion, es necesario decir, que todos
los Físicos convienen, en que no habría in­
cendios terrestres si faltára el ayre en la
Tierra : por lo que ni en la Luna habrá in­
cendios , si no son de especie diferente de la
terrestre.”
En esta última reflexión tienes, Cosmo­
polita , apuntada otra nueva dificultad ; y es,
¿cómo en la Luna puede haber volcanes sin
atmosfèra y sin ayre? El fuego no se mues­
tra sin el ayre ; y en donde hay fuego y ay­
re , hay atmosfèra, que es su efecto. Parece
que el descubrimiento de los nuevos fenóme­
nos celestes solamente sirve para descubrir
nuestra mayor ignorancia , y la falsedad de
los sistèma« físicos, que los terrícolas quieren
acomodar á la naturaleza celeste. La Luna
es el planeta mas vecino á la Tierra, y sa­
télite suyo, á quien parece pertenecer en lo

al mundo "Planetario.
141
físico y aun en lo civ il; y no obstante los
fenómenos lunares hacen conocer á los terrí­
colas que su ciencia es toda terrestre, y en na­
da pertenece á la Luna. A cada paso que
damos en nuestro viage encontramos nuevas
pruebas de nuestra ilusión ó ignorancia , y de
los límites del humano conocimiento. Nuestro
observa­
viage parece servir mas bien para conocer La
ción de los
nuestra ignorancia y limitación, que para ins­ Cielos hace
truirnos. Mas grande será la ciencia , que en conocer la
él adquirirémos, si llegamos á conocer que limitación
la ciencia m ayor, mas sublime, mas difícil humana, y
y mas útil al hombre es la de conocerse á el ilimita­
sí mismo en lo físico y en lo moral. La cien­ do poder
de Dios.
cia, pues, que nos haga conocer nuestra ig­
norancia y limitación , no impide, antes bien
estimula, ayuda é ilustra nuestra mente pa­
ra admirar las obras del Altísimo: ¡Quánto
éste en sí mismo nos será incomprensible, quando sus obras materiales se esconden á nues­
tro conocimiento! Por esto mismo ellas nos
arrastran y llevan á la cumbre de la admi­
ración , del agradecimiento y de la alabanza
de nuestro Dios. Penetrados de estos justos
sentimientos continuarémos nuestras observa­
ciones , y para que éstas al tiempo mismo que
ceban tu curiosidad no abismen tu mente con
las dudas y reflexiones, que según su natura­
leza te deberé hacer, convirtámonos á ob­
servar ahora la calidad de dias y años del
mundo lunar , y cómo se forman; y después
dedicarémos algún tiempo para fixar nuestra
atención en la T ierra, que desde ningún pla­
ñe*

142

Via ge estático
neta se puede observar tan cercanamente co­
mo desde la Luna en que estamos.
§.

VIL

D ia s y años lunares , y observación de la
Tierra desde la Luna .
En la Luna
son iguales
el dia y el
año.

Duración
del dia y
año lunar.

,

N orden á los dias años y estaciones de
la Luna , desde luego conocerás, Cos­
mopolita , por lo que ya me has oído, que
toda esta succesion de tiempo se reduce al
corto espacio de 29 dias y medio , y algu­
nas horas, que es la duración del mes lunar.
Aquí, pues, el año y el dia natural son una
misma cosa, ó duran un mismo tiempo. La
razón es clara: porque el dia natural es el
tiempo que la Luna tarda en dar una vuelta
sobre su exe, con lo que el Sol la va ilu­
minando succesivamente; y el año es el tiem­
po que la Luna tarda en girar por su órbi­
ta. A hora, pues, ya has oído, que en cada
mes la Luna recorre una vez su órbita, y al
mismo tiempo da una vuelta sobre su exe;
con lo que el dia durará tanto quanto dura
el año lunar. Si aquí hubiera habitadores , cada
población de estos contaría el principio del
dia y del año desde aquel punto en que em­
pezaba á ver el S o l; por lo que en 19 años
terrestres contaría 235 años ó dias solares;
pues que otras tantas veces se vería salir el
Sol. La noche dura aquí la mitad del año ó
del dia natural; esto e s , dura 14 dias y me­
dio , y algunas horas, y en este interválo de la

E

al mundo Vianetarlo,

143

noche y del dia se tienen aquí las quatro es­ Duracion
las esta­
taciones del año: de modo, que aquí en una de
luna­
noche pasan todo un hibierno y una prima­ ciones
res.
vera en varios sitios, y en otros en un dia de
Sol pasan todo el estío y todo el otoño. De
aquí puedes inferir, que siendo tan breves las
estaciones del año lunar , no se puede conce­
bir, cómo en caso de estar poblada la Luna
nazcan, crezcan y se maduren las semillas y
frutos, los quales ciertamente tienen gran de­
pendencia del Sol y de las estaciones del año.
Por estar inclinado algunos grados el equa- En el mun­
dor de la Luna á la órbita lunar en algunos do lunar no
sitios del planeta , los dias de Sol son mayo­ hay crepús­
res que en otros ; y á proporción sucede lo culos.
mismo en la duración de la noche. Aquí hay
la particularidad de verse y desaparecerse de
fépeñte el Sol. En la Tierra por la mañana
precede la aurora antes de salir el Sol ; la
aurora y el crepúsculo en la Tierra son efec­
tos de la atmosfera terrestre , en la que los
rayos solares se refrangen y llevan la luz á
la Tierra antes de aparecer el Sol sobre el
orizonte ; pero como aquí no hay atmosfèra,
el Sol aparece y desaparece tan repentina­
mente , como si fuera una luz que se encen­
diera y apagára en medio de las tinieblas.
Asimismo por la falta de atmosfèra son aquí
los dias siempre claros, sin verse nube que
obscurezca ú oculte al Sol , por lo que la
Luna sería excelente observatorio astronó­
mico.
Siendo irregular el movimiento de la Lu­
na , como has oído antes, por esta irregulari-

144
Ilusión óp­
tica del mo­
vimiento de
los planetas.

Via ge estático

ridad , sucede , que desde aquí aparezca , que
el Sol y los demás astros se mueven con mo­
vimiento , ya acelerados, y ya retardados.
Por la misma razón se nota, que en unos si­
tios las mañanas son mas largas que las tar­
des , y que unos planetas se crean estaciona*
rios, y otros se crean retrógrados. Si supo­
nemos que el Sol se mueve , el movimiento
de éste servirá desde aquí para formar un año
de tanta duración como el de los terrícolas.
Lo mas singular que desde la Luna no­
tarían
sus habitadores , si los hubiera , sería
Reflexiones
nuestra
Tierra. Para venir en conocimiento
que harían
de
las
singulares
apariencias que los lunícolos lunícolas obser­
las verían en nuestro globo, es necesario que
vando la
te acuerdes , Cosmopolita , de lo que antes te
Tierra.
insinué, hablando de la rotación ó movimien­
to de la Luna sobre su e x e , con la qual ella
presenta siempre á la Tierra iluminada una
misma faz. Según esto podemos distinguir en
la Luna dos emisferios, de los quales el uno
se llamará visible, y es el que siempre se
ve iluminado por los terrícolas; y el otro se
nombrará invisible, y es el que nunca ven ilu­
minado aquellos. Los lunícolas, pues, del emisferio visible tendrian siempre á su vista nues­
tra Tierra ; y los del emisferio invisible no la
verían jamás. Solamente los lunícolas , que es­
tuviesen en los confines de los polos lunares,
verían por algunas horas nuestro globo por
razón de la libración ó mecimiento de la Lu­
na. Es creíble, que en caso de estar poblada
la Luna los lunícolas del emisferio invisible ha­
rían largos viages á este emisferio para ver
núes-

al mundo 'Planetario,
145
nuestra Tierra, que les aparecería de un diáme­
tro casi quatro veces mayor que parece el lu­
nar á los terrícolas , ó por mejor decir , el dis­
co terrestre les aparecería 15 veces mayor,
que el lunar aparece á los terrícolas. No sin
admiración verían la grandeza terrestre, y ten­
drían envidia de los lunícolas habitadores del
emisferio visible, al que se habia concedido
el privilegio de ver siempre la Tierra. La luz,
que ésta hace en la Luna, es casi quince ve­
ces mayor que la luz lunar en la Tierra; por
lo que los lunícolas que en su noche viesen
la Tierra, podrían servirse de la luz de ésta
para hacer muchas cosas , como si fuera de
dia. Los terrícolas dicen, y con razón, que
la Luna se crió entre otras cosas para que
les alumbráse de noche: esto no podrían de­
cir de nuestra Tierra todos los lunícolas ; pues
que algunos de ellos no la verían jamás des­
de su emisferio. Por esta razón los del emis­
ferio invisible pasarían sus largas noches , ó
por mejor decir, la mitad de su año , en obs­
curas tinieblas.
Los lunícolas del emisferio visible persua­
didos á que su orbe lunar no se movía , pues
que por una especie de ilusión atribuirían á
los planetas y á las estrellas el movimiento
de la Luna, creerían que la Tierra estaba
inmoble y pendiente en el a y re ; porque siem­
pre la verían enfrente. Unos la verían siem­
pre sobre sus cabezas; otros la mirarían en
su orizonte oriental ú occidental , mas ó me­
nos alta ó baxa. Los lunícolas, que estuvie­
ran en el círculo, que pasase por los polos
Tomo I II .
T
de

Grandeza,
de la Tierra
vista d.sde
la Luna.

Luz terres­
tre de la Lu­
na.

Noches obs­
curísimas
en un emis­
ferio lunar.

Los luníco­
las juzga­
rían que la
Tierra esta­
ba siempre
inmoble.

146

Viage estático

de la Luna , y por la mitad del emisferio
visible, verían siempre la Tierra en su me1 ¡diano. Grande admiración sin duda alguna
les causaría el ver siempre enfrente, y en un
mismo sitio una máquina tan grande como es
la Tierra.
A los luEstos lunícolas del emisferio visible dis­
nícolas la
tinguirían muy bien por las manchas de los
Tierra ser­
mares de la Tierra la rotación ó revolución
viría , como
diaria
de ésta sobre su exe. Ellos en 24 ho­
la Luna sir­
ve á los ter­ ras , en las que la Tierra da una vuelta so­
bre él , verían toda su superficie, sus mares,
rícolas.
sus llanuras y montañas ; y vendrían en co­
nocimiento del sitio del aquador, y de los
polos terrestres. En estas 24 horas verían en
la Tierra todos aquellos aspectos que los ter­
rícolas ven en la Luna en el espacio de un
mes. Esto es , verían el neogeo ó la noviterra , quarto creciente, el pangeo ó pleniterra , y el quarto menguante. Quando en la
Tierra sucede el plenilunio , entonces en la
Luna sucederá la noviterra ó el neogeo; y
quando acontece el novilunio en la Tierra , en
la Luna sucederá el pleniterra ó el pangeo.
Cada quarto de tierra, ó de la iluminación
de ésta podría servir de hora á los lunícolas,
los quales dividirían todo el dia natural terres­
tre en quatro partes de tiempo, de las que
La Tierra cada una constaría de seis horas. Podrían igual­
serviría de mente dividir el dia natural terrestre en par­
relox natu­
tes menores de tiempo, valiéndose de lo mas
ral á los ter­
ó
menos que duraba la vista de ciertas man­
rícolas.
chas terrestres. Por exem plo,al ver el prin­
cipio del Asia se vería una gran claridad en
la

al mundo Planetario .
14y
la Tierra por ocho horas, y en este tiem­
po notarianse várias manchas ácia los polos,
y las que harían el mar Caspio , el Mediter­
ráneo , &c. Después de verse pasar el Asia,
la Europa y el Africa , seguiría una gran man­
cha del mar oceano ; luego se seguiría una
gran claridad con la vista de la América , y
después se seguiría otra gran mancha al ver­
se pasar el mar Pacífico. Cada revolución de
la Tierra sería una , que llamarémos terra-*
don ; así como cada revolución lunar se lla­
ma lunadon, Algunas veces con la atmosfè­
ra , y nubes terrestres se ocultaría la Tier­
ra , y entonces no dexaría de causar admi­
ración á los lunícolas este expectáculo, en
que se eclipsaba la luz , y se les ocultaba la
muestra de su reloXt
En el espacio del año solar advertirían
los lunícolas alguna novedad en varios sitios
de la Tierra , que se verían ya obscuros, y
ya iluminados después de quatro, cinco y
seis meses. Notarían , que quando el Sol se
mueve desde el ecuador ácia las estrellas, ó
signo de Géminis , en cuyo tiempo va á ilu­
minar las tierras polares del Septentrión , se
empezarían á ver en éstas nuevos sitios ilu­
minados ; y lo mismo se vería en las Tierras
polares del austro después de seis meses ; y
de este modo con tales nuevas señales podrían
dividir el año solar en várias estaciones.
Los lunícolas tendrían aquí sus eclipses de
Sol por la interposición de la T ierra, así co­
mo en ésta suceden los mismos eclipses por
la interposición de la Luna delante del Sol.
T 2
El

148
Eclipses de
Sol y Tier­
ra observa­
dos desde
la Luna.

Viage estático

El eclipse solar en la Tierra es siempre en
el novilunio , y en la Luna será siempre en
el noviterra. El eclipse solar aquí es al mis­
mo tiempo en que desde la Tierra se ve el
eclipse lunar; y porque desde aquí el diá­
metro terrestre aparece quatro veces mayor
que el lunar á los terrícolas, se infiere cla­
ramente, que aquí los eclipses solares son mu­
chas veces universales ; y en la Tierra no pue­
den serlo sino rara v e z , porque ésta es mucho
mayor que la Luna. Por la misma razón hay
aquí mas eclipses solares que en la Tierra;
pues que la sombra de la Luna algunas ve­
ces no llega á la Tierra ; y la de ésta siem­
pre pasa tanto mas allá de la Luna , que és­
ta nunca llega á atravesar la sombra terres­
tre á un tercio de lo largo que tiene (1). La
sombra y penumbra lunar en la Tierra ja­
más pueden ocupar mas de 73 grados , por lo
que el eclipse solar en la Tierra no puede ser
á un mismo tiempo sino en una quinta parte
de la superficie terrestre. La sombra de la
Tierra ( sin contar la penumbra) á la dis­
tancia de la Luna tiene mas de mil leguas de
diámetro , de donde puedes inferir la dife­
rencia de duración en los eclipses , que pro­
vienen por la interposición de la Luna delante
del S ol, ó por la interposición de la Tierra.
§. VIII.
(1) La sombra de la Luna en su menor dis­
tancia hasta la Tierra , no llega á ocupar en la
superficie de ésta 3 grados.

al mundo Vianet ario,

140

§. V I I I .
Observación de los astros desde la Luna.
Abiendo observado desde la Luna las apa­
Observariencias , y los fenómenos de nuestro cion de los
globo Terrestre , observemos ahora , Cosmo­
astros desdf'
polita, desde la misma los de los demás pla­ la Luna.
netas ; ó por mejor decir escudriñemos las
ideas que aqui tendría un Astrónomo en or­
den á formar un sistéma astronómico. Un As­
trónomo aquí en la Luna, viendo constante­
mente corresponder á unos mismos puntos del
Cielo los polos lunares , desde luego distri­
buiría el Cielo en emisferios boreal y austral,
los quales se diferenciarían poco de los que
consideran los terrícolas ; pues que correspon­ Polos de la
derían los polos lunares á unos puntos del Luna.
Cielo, que distasen tres grados de los polos
celestes de los terrícolas. El polo boreal cor­
respondería á la estrella de quarta magnitud
de la constelación llamada Dragón; y el aus­
tral á las quatro estrellas de la constelación
llamada pez espada ó Jifia. Moviéndose la
Luna de occidente á oriente, ó dando una
vuelta sobre su exe al mismo tiempo que des­
cribe su órbita , el Astrónomo persuadiéndo­
se que la Luna está inmoble, creerá que los
planetas , y todos los Cielos dan una vuelta
Ilusiones
al rededor de la Luna en el tiempo que ésta
ópticas de
da la suya. En primer lugar atribuirá al Sol un Astró­
el movimiento de la Luna sobre su exe; y nomo en la
aunque éste propriamente, como te dixe an­ Luna.
tes

H

El lunícola
mas difícil­
mente que
el terrícola,
determina­
ría la órbi­
ta solar.

150
Via ge estático
tes , es de 27 d ias, 7 horas y 43 minutos,
no obstante juzgará que el Sol en dar una
vuelta tarda 29 dias, 12 horas y 44 minu­
tos ( que hacen la duración del mes lunar ó
sinódico para los terrícolas). Esta ilusión de
dar al Sol dos dias y horas mas que lo que
le conviene, consiste en el movimiento de la
Tierra, que se suponga moverse al rededor
del Sol; ó en el movimiento del S o l, que se
mueve al rededor de la Tierra, y en que el
Astrónomo empezará á contar cada revolu­
ción del Sol desde el momento en que em­
piece el dia en el sitio en que observa.
Por creer el Astrónomo inmoble á la Lu­
na * para entender el curso del Sol tendrá di­
ficultad en señalar la órbita de éste. El vien­
do siempre nuestra Tierra en un mismo sitio,
creerá, que ella está inmoble como la Lu­
na ; por tanto su ilusión supone en reposo dos
cuerpos ; y por esta razón tendrá mas difi­
cultad que los terrícolas en señalar la figura
de la órbita solar. Estos para señalar la ór­
bita del Sol, en suposición de estar inmoble
la Tierra, basta que den al Sol la órbita sim­
ple , que ésta describe según los Copernicanos; pero el Astrónomo lunícola para enten­
der el movimiento del Sol no le bastará dar
ó suponer en éste la órbita que describe la
Luna : es necesario que también haga entrar
en cuenta la órbita que se supone descri­
bir la Tierra. Atendiendo á esto el Astróno­
mo supondrá primeramente en el curso solar
una órbita como la que describe la Luna , y
después fingirá en ella un epiciclo de tal mo-

al mundo Vianet ario.

151

do , que en un año terrestre el centro de es­
te epiciclo camine por la dicha órbita; y en
cada dia lunar el Sol gire ó recorra el epi­
ciclo. Con la invención de este epiciclo él
compondrá la succesion de los dias artificia­
les , y de las noches en la Luna : creerá que Astronotnía
por el dia el Sol gira ó camina la mitad del confusa de
luníco­
epiciclo, y por la noche la otra mitad. Igual­ los
las.
mente el Astrónomo deberá fingir otros epi­
ciclos en cada uno de los demás planetas, pa­
ra entender y componer su movimiento. Los
terrícolas , que defienden la quietud de la
Tierra , componen muy bien, como antes te
he dicho, el movimiento del Sol, atribuyen­
do á éste la órbita, que los Copernicanos su­
ponen describirse por la Tierra; y en orden
á los demás planetas componen sus fenóme­
nos de acceleraciones, estaciones y retrogradaciones con suponer en sus órbitas un epi­
ciclo ; pero el Astrónomo lunícola deberá dar
á cada planeta otro nuevo epiciclo para tras­
ladar á ellos el movimiento, no solamente
de la Luna , sino también el de la Tierra , que
creerá inmoble.
La Luna, como te he dicho várias veces, tie­ Ilusión óp­
ne un mecimiento ó movimiento de libración; tica del meceo de la
y como el Astrónomo lunícola supondrá quie­ Tierra.
ta su Luna, este movimiento lo deberá atri­
buir á todos los astros , y á la Tierra. Y á la
verdad, á los lunícolas que estuvieran en el
borde ó limbo de la Luna no dexaría de ser­
virles de diversión el ver, y ocultarse la Tier­
ra , el Sol y los demás astros, como si fuera
juego de niños á esconderse; pues que á poco
in-

152
Viage estatico
intervalo de tiempo , y de horas ya verían
la Tierra y el S o l, y ya no verían nada. Es­
to, que sin duda sucedería , sería un buen en­
tretenimiento para divertirse , y pasar las ho­
ras como en un teatro, en que se divierte don
expectáculos la vista. Como el Astrónomo lunícola vería claramente tal mecimiento en los
astros y en la Tierra ; y en ésta vería cla­
ramente su revolución diaria en 24 horas , se
persuadiría , que su Luna en nada se parecía
á los demás cuerpos que veía ; y difícilmente
se presumiría que nuestra Tierra fuese habi­
tada , porque no podría entender habitadores
en un globo que se movía tan rápidamente.
Éste sería el pensar de un lunícola que su­
pusiese en quietud la Luna : pasemos ahora
á considerar brevemente el pensar de otro lu­
nícola que tuviese formado el celebro á la
Copernicana.
El sistèma Copernicano entre los lunícoAstrónomo las ( si los hubiera ) tendría grandes oposi­
Copernica­ ciones. El Astrónomo Copernicano para for­
mar aquí su sistèma debería defender, que
no en la
Luna.
se movían la Luna y la Tierra ; y uno y otro
movimiento se creerían disparatados. Los lunícolas en primer lugar juzgarían en quietud
su Luna con mejor razón y fundamento que
los terrícolas pueden juzgar en quietud per­
fecta su Tierra. La razón e s , porque si en­
tre los terrícolas ha habido muchos que no
crean la vuelta de la Tierra sobre su exe en
24 horas, porque les parecía que un movi­
miento, en que cada punto de la Tierra de­
be dar una vuelta en dicho tiempo, debiera
ha-

a l mundo "Planetario.

153

hacerse muy sensible en varios efectos ; ¿quántos mas Astrónomos habria entre los ' lunícola s , que absolutamente negasen e i sistèma Co­
pernicano , pues que se persuadirían, que en tal
caso el movimiento de la Luna, ó el de la
Tierra á lo menos se haría sensible , y aun
visible? Los lunícolas creerían inmobles la
Tierra y la Luna ; por tanto entre ellos cau­
saría tanta disonancia el sistèma Copernica­
n o , como entre los terrícolas podría causar
un sistèma que supusiese á la Tierra en mo­
vimiento , y en quietud la Luna. Mas si el
lunícola Copernicano, no obstante esta diso­
nancia, supusiera que la Luna se movía al re­
dedor de la T ierra, se podría valer del diá­
metro terrestre como de escala para deter­
minar las distancias de los planetas. Este diá­
metro es bastante sensible, pues que aparece­
ría de casi dos grados. Podría el lunícola co­
nocer y determinar la grandeza del diáme­
tro , de la superficie, y del volumen de su
orbe lunar , midiendo en éste los grados de
algún meridiano, como los terrícolas los han
medido en su orbe terrestre. La cantidad de
la materia lunar, y su densidad podría el lu­
nícola determinar observando los efectos que
en los planetas, y principalmente en la Tier­
ra , causaba su atracción mutua. Si en el glo­
bo lunar hubiera mares , su fluxo y refluxo,
que son efectos de la atracción , darían fun­
damento para conjeturar la que en dichos ma­
res causaban el Sol y la Tierra. Del infiuxo
atraccionario de la Luna sobre las mareas
terrestres han pretendido los terrícolas infeTomo I I I .
V
rir

154
Viage estático
rir la densidad de la masa lunar. "Si en la
Luna, dice Maclaurin ( i ) , hay mares gran­
des , y ella rueda sobre su exe de modo que
vaya volviendo ó presentando á la Tierra sus
Altura de diversas faces, el ñuxo y el refluxo en los
las marcas mares lunares serán diez veces mayores que
lunares.
en los mares terrestres; pero si en su rota­
ción vuelve siempre ácia la Tierra una mis­
ma parte de su superficie , en los mares lu­
nares no habrá otra marea, sino la que re­
sulta de la varia distancia de ellos hasta la
T ierra, y de las libraciones lunares : pues
que la acción del Sol sobre los mares luna­
res puede hacer poquísimo.”

§. IX.

,

Influxo de la L u n a y de los demás astros
sobre los cuerpos terrestres.
A Tierra y la Luna, dos planetas de gran
masa , y siempre tan vecinos , que no
llegan ad summum á separarse mas que 91397
leguas , deben necesariamente obrar entre sí
con recíproca y sensibilísima atracción, de
la que, según los Físicos modernos, es efecto
claro la marea ó el movimiento continuo que
se advierte en los mares grandes, y se lla ­
ma

L

Marea Ter­
restre.

(1) Exposition des Ecouvertes Philosophiques
de Mr. Newton par M. Maclaurin. Paris 1749.
en 4. en el lib. 4. cap. 7. p. 392.

a l mundo Vianet ario.
155
ma fiuxo y reíluxo. Además de este efecto,
que en gran parte se atribuye al infiuxo lu­
nar, casi todos los terrícolas ignorantes, y
muchos llamados sabios, conceden sin dificul­
tad á la Luna sobre todo quanto puebla á la
Tierra, un imperio de iniluencia, qual entre
los terrícolas suelen tener los criados , respec­
to de algunos amos de nombre.
La Luna se llama por los Astrónomos sa­
télite de la Tierra, de quien es como sierv a , que la naturaleza le ha dado ; y lá ig­
norancia y la preocupación pretenden, que
todo lo terrestre se sujete al infiuxo de la Lu­
na. Esta pretensión ha prevalecido tanto, que
según los terrícolas, todo quanto sucede na­
turalmente en la Tierra depende del infiuxo
de la Luna, y de los demás cuerpos celes­
tes, aunque casi infinitamente distantes del or­
be terráqueo. Ya habrás conocido y entendi­
do claramente, Cosmopolita, que hablo de
la ciencia llamada Astrología, famosa en los
tiempos de la ignorancia , que empiezan po­
co después del principio del mundo , y lle­
gan hasta nuestro tiempo. La antigüedad de
la ciencia Astrológica es contemporánea á la
de la ignorancia; y aunque su nombre se hi­
zo infame después que el Christianismo des­
cubrió la insubsistencia y falsedad de sus
dogmas y principios, no por esto su doctri­
na dexó de estudiarse y venerarse por mu­
chos siglos , en que reynó la ignorancia , que
en los hombres pretende combinar la supers­
tición con la Religión verdadera. En donde
ésta no ha entrado, la infame Astrología ha
V 2
es-

Antigüedad
de la Astro­
logía.

La Astrolo­
gía dester­
rada por el
Christianis­
mo.

156
Via ge estático
estado siempre pacíficamente recibida y res­
petada ; sin ella no se ha hallado, ni se en­
cuentra el Paganismo aun entre las naciones
mas literatas, que lo han profesado ó profe­
san. ¿ Podremos decir, que en el Pueblo Christiano, único depositario, y secuaz de la Re­
ligión verdadera, se han desarraygado ya to­
das las raíces de la superstición astrológica?
La Religión Santa ilumina, enseña y manda
desarraygarlas totalmente ; pero mas á su des­
pecho la preocupación las conserva ocultas
ó desfiguradas en la campaña y en las Ciu­
Vano temor dades. En aquella verás, que las labores se
de la luz lu­ proyectan , y hacen arreglándolas con los di­
nar.
versos aspectos de la Luna. La luz de ésta
es incapaz de hacer sensible su calor ; y ella
es efecto de la solar, que reflecte en el disco
lunar, y con la refleccion alumbra á los ter­
rícolas , que por lo menos distan de la Luna
86324 leguas. Los terrícolas desprecian los
efectos que puede causar el refiexo, que dé
la luz solar sobre un muro vecino, y en­
frente de la ventana del aposento en que es­
tán , leen, trabajan y duermen , lo alumbra;
¿ por qué, pues, forman tantos cálculos su­
persticiosos , y tienen tantos temores del reflexo de la Luna, que de ellos dista siempre
á lo menos 8 6 2 leguas ? La división de no­
vilunio , primer quarto ó Luna creciente , ple­
nilunio , y ultimo quarto ó Luna menguan­
te , según la común superstición ó ignorancia
humana, señalan quatro épocas formadas por
la naturaleza; pero á la menor reflexión des­
cubre la mente que las formó el arbitrio : pues
que

al mundo Planetario.
que arbitrariamente se dividió todo el’tiempo División ar­
déla iluminación visible de la Luna en qua- bitraria del
tro partes, pudiendo haberse dividido en dos, tiempo en
meses , se-'
seis , ocho, & c ., así como el tiempo ó la dura­ manas, & c.
ción del curso anual del Sol se puede distinguir
en 18 meses, y en 73 semanas de 5 dias,
que hacen 36$ dias, ó el año solar, como lo
usaban (1) los antiguos Mexicanos, cuyo Ca­
lendario no era de perfección inferior al re­
formado antiguamente por los Romanos. La
mitad de la Luna está siempre iluminada por
el S o l, y porque los terrícolas no ven con­
tinuamente la dicha mitad iluminada, sino que
unas veces la ven toda , y otras veces ven
solamente parte de ella, han distinguido ó di­
vidido ellos, y no la naturaleza el tiempo del
curso lunar en quatro partes: por lo que es
indubitable que esta división es accidental, y
no efecto de la naturaleza, que sin división
de quartos, ni quintos hace que la Luna ro­
dando, ó volviéndose sobre su exe al tiempo
mismo que recorre su órbita, muestre á los
terrícolas su iluminación sin interrupción, ni
división de tiempos, ni de partes. Igualmen­
te , es accidental la correspondencia de la ilu­
minación de la Luna con el número arbitra­
rio
(1 )

Storia antica del Messico : Opera d ì
D . Francesco Saverio Clavigero , ère. En el

voi. 2. p. 260. vease sobre el Calendario M e­
xicano mi Carta publicada en dicho tomo por
su Autor.

L a Luna no
influye so­
bre Jas pro­
ducciones
terrestres,
ni sobre las
enfermeda­
des de los
hombres.

Ilusión del
vulgo, y de
muchos te­
nidos por
sabios so­
bre el in fluxo lu­
nar.

158
V i age estático
rio de meses, en que variamente se dividé,
y se puede dividir el año por los hombres:
por lo que ignorante y ridiculamente se ali­
gan las Lunas á los meses; y la Luna que,
por exemplo, empieza en algún dia de Abril,
ridiculamente se llama Luna de Marzo ó de
Mayo. El número de meses, en que se divi­
de el año solar, es totalmente arbitrario, co­
mo también lo es el principio de ellos; pues
que el año solar se puede empezar á contar
desde qualquier momento del año c iv il: el
dicho número no tiene ninguna relación na­
tural con el S o l, ni con la Luna ; sino sola­
mente con el método cronológico, que cada
nación ha querido inventar para dividir el
tiempo , y fixar en él las épocas de los he­
chos. Esta accidentalidad de corresponden­
cias entre los meses, la iluminación lunar , y
los quartos de ésta , hace conocer claramen­
te , que por ignorancia ó ilusión se supone el
influxo lunar sobre las producciones terres­
tres , y sobre las enfermedades humanas.
Pero este claro conocimiento se ha ocul­
tado no solamente ai vulgo, sino también á
los sabios: por lo que no te maravilles, Cos­
mopolita , de ver aun al ignorante Labrador,
que teme matar la vid podándola, si le ar­
rima el hierro cortador antes que en la Lu­
na vea la señal, que él por ilusión cree de­
claradora de la licencia para podarla. El im­
perio de la misma ilusión hace, que del influxo lunar se juzgue depender la madurez de
la uba , y la vária calidad del vino que con
ella se hace; por lo que el mudarlo, ó trase-

al mundo "Planetario.
159
segarlo será lo mismo que exponerlo á su cor­
rupción , si la mudanza ó trasiego no se ha­
cen en el dia de la iluminación lunar prescripto por la ignorancia. No te maravilles,
pues , que los Campesinos , siguiendo la doc­
trina , y los consejos de Varron , Columela,
Plinio, y otros insignes Naturalistas, juzguen
preocupadamente , que todo lo vegetable se
sujeta al imperio del influxo de los astros, y
principalmente al de la Luna ; pues que los
Campesinos ignorantes no podian saber de este
influxo sino lo que les enseñaban los Astróno­
mos , con cuya ciencia nació y se crió el pre­
juicio del dominio de los astros sobre lo ter­
restre. Del influxo de los astros cantó así el
célebre Astrónomo Manilio (1):
.................................. Primique per artem
Sideribus vidére vagis pendentia fata. . . .
Nascendí qiue cuique d ie s , quce ista fu isset:
In quas fortuna leges quceque hora valeret:
Quantaque quam parvi facerent discrimina motum.

Hablaron , como Manilio , todos los antiguos
Astrónomos , cuyas ideas envistieron aun la
fantasía del insigne Keplero , el qual, sin ha­
ber sentido algún efecto de ellas, no podia ha­
ber tenido paciencia para reducir á cotejo y
cál(1) M. Manilii Astronomicon , libri V.
cum Commentar. Jos. Scaligeri. Lutetirt 1579*
8. lib. 1. 'vers. 64.

16o

Viage estático

cálculo tantas inútiles fi) proporciones como
publicó entre sus Obras Astronómicas , con
poco honor de sus ilustres descubrimientos,
en la física Astronómica. La preocupación del
influxo de los astros penetró hasta lo mas sa­
grado de la Teología natural de los mas ilus­
tres Autores paganos. Platón , Doctor Máxi­
mo de estos , habla en sus Obras del dicho
influxo , que Plotino Coriféo de la Escuela
Platónica, explicó no sin (2) contradicciones,
porque no llegó á despojarse totalmente de la
preocupación para dar lugar á la razón, que
por sí sola basta para conocer que la Astrologia es ciencia de la ignorancia; persuasion
que debió prevalecer en Alexandria, pues que,
como nota Suidas (3) , en ella se llamaba
blakkenomion ( esto es, estipendio de necios),
el tributo que los ignorantes daban á los As­
trólogos porque los astrologasen.

La
(1) Jo annis Kepple harmonices mundi. Lin­
d i Austri# 1519* fol. Ejusdem prodromus , seti
mj/sterium cosmographicum. Francojì
fol.
(2) Plotini opera gr. ac lat. interprete M ar­
silio Ficinio, Basile# 161$. fo l En el Indice á
las palabras astra , astrologia , se notan las opi­
niones de los Platónicos sobre el influxo de los
astros.
(3) Suidas : Lexicon gr. ac lat. Coloni#
Allobrogum 1619. fol. voi. 2. En la palabra
Blaka , p. $56. del voi. 1.

al mundo Planetario.
161
La ciencia ó ilusión del influxo de los as­
tros , y principalmente de la Luna sobre to­
do lo terrestre, y con especialidad sobre las
enfermedades humanas, apenas nacida se ani­
dó en la medicina , y ésta ( á principios del
siglo pasado escribía (i) un Profesor de ella)
lloraba aún su prisión entre los grillos de los
Astrólogos, y entre los lazos de los Mate­
máticos. " Antes que yo me hiciese familiares
las Obras del gran Hipócrates , y las leyese
con el singular gusto y afición, que después
en mí ha producido su lectura , tratando de
la preocupación sobre el influxo de la Lu­
n a , y de los demás astros, escribí ” , que los
M édicos, siguiendo el genio de sus grandes
Maestros ( Hipócrates y Galeno ) , con polí­
tica dieron acogida en su facultad Médica á
las ideas astrológicas, que conocían ser úti­
lísimas para executar sus desaciertos , y en­
gañar dulcemente á los enfermos; por lo que
el error del influxo lunar se propagó conifcgiosamente por toda clase de personas , que
leían los pronósticos de los lunarios con la
misma fé con que se podría leer un libro de
profecías santas.
De estas proposiciones impresas en el
Viage (2) estático, que publiqué en idioma
Ita-

(1) Threnodia medica alidore Raimundo Minderero. Augusta 1619. 8. cap. 17. p. 376.
(2) Véase mi Obra : Idea del Universo. Ce­
sena 1778. 4. En el tom. X II. Jornada I. §. 6.
P- 293Tomo III .
X

Asílo dado
por la medi­
cina al fin­
gido inHuxo de los as­
tros.

Hipócrates
no dió influxo á los
astros sobre
lo terrestre.

162
Via ge estático
Italiano, yo debo retratar y borrar el nom­
bre del gran Hipócrates, de quien no es el
disparatado libro , que en dicho Viage cito
con el título de la significación de la vida y
muerte según el movimiento de la Luna , y
el aspecto de los planetas. Qualquiera que
tenga práctica de los tratados ciertos y legí­
timos de Hipócrates , fácilmente conocerá su
moderación en hablar sobre la corresponden­
cia de las enfermedades con los astros y con
el tiempo. El citado libro no se halla entre
las Obras de Hipócrates publicadas por Jano
Cornario, y por el crítico Gerónimo Mercu­
rial , que cuenta los tratados atribuidos á Hi­
pócrates sobre los dias decretónos, y pro­
nósticos entre sus Obras de tercera clase , y
por tales entiende las Obras (1), que no es­
cribió, ni dictó Hipócrates, y que sus discí­
pulos , ú otros publicaron. Linden (2) en su
correcta edición de las Obras Griegas de
Hipócrates pone el dicho tratado en latín sin
el texto griego; lo que indica no hallarse nin­
gún códice griego, que se pueda atribuir á Hi­
pócrates, ni á sus discípulos.
Un
(1) Operum Hippocratis Coi qu<e grecè , et
Ìatine extant, curante Hieronymo Mercuriali. V enetiis i$88. fol. voi. 2. Véase en el voi. I. Cen­
sura , p 4.
(2) Magni Hippocratis Coi opera omnia gr.
et lat. industria Joan. Vander. Linden. Lugd.
Batavor. 1665. voi. 2. En el voi. 1. p. 412.

a l mundo Planetario.
163
Un moderno é ilustre Médico , tratando Mala inter­
dei influxo de los astros sobre los cuerpos hu­ pretación
manos defiende (1), "que no solamente el Sol de algunos
textos de
y la Luna , sino también los demás astros, y Hipócrates.
principalmente los planetas, tienen influxo so­
bre los cuerpos sublunares, y que éste se exercita especialmente por medio de la materia
etérea y atmosférica , la qual alterada por
los astros, altera los cuerpos vegetables y ani­
males.” Esta opinion pretende probar el di­
cho moderno con la experiencia , y con el
sentir de Hipócrates , que él lee expreso en
su admirable Tratado del a y re , del agua y
de los lugares. Pareceme , que este Físico
moderno abusó de los excelentes textos de
Hipócrates, que cita. Hipócrates en dicho tra­
tad o , como notó bien Reyes (2), habla cla­
ramente de las enfermedades, que en determi-

(1) Frederici Hojf'manni opera omnia physico-medica. Genette 1748. toi. 8. tom. 6. En el
tomo V . disertación de syderum injìuxu , § 2.
pdg. 71.
(2) Elysius jucundarum quœstionum campus:
Autore Gaspare d Reyes. Franco/. 1670. 4.
quœst. 7$. man. 27. p. 102y Illa , quœ ab H ip ­
pocrate aJJ'eruntur , libris de aere , aquis , et lo­
ris , et de diata , multo aliter sunt accipienda:
non enim tu lt a s tr a .. . ideo attendenda propter
aliquam tini , quam morbis , illorumqiie causis
inférant. . . . Sed illud tantum toluit ob magna
mutationes , qu# tum temporis in aere J lu n t , ère.
X2

164
Viage estático
minados tiempos y climas suceden ; y por­
que siempre se advierten circunstancias ó se­
ñales particulares en la atmosfèra ( como en
ésta se notan para pronosticar la lluvia , la
serenidad, el viento y la calm a); advierte
que se observen estas señales, y el nacimien­
to , y el ocaso de los astros. Estos indican,
y determinan las épocas del año solar, en el
que son mayores ó menores el calor del Sol,
las lluvias, los vientos, la muchedumbre de
insectos, y otras circunstancias , que produ­
cen ó promueven las enfermedades ; y por
esto Hipócrates dice, que conviene advertir
el periodo de las enfermedades regionales , y
las épocas del tiempo en que suceden. Hipó­
Consejo de crates escribió en tiempos y países , en que
Hipócrates.
no habia, como ahora, Calendarios públicos,
en que se leyese preventivamente la succesion de estaciones ; ni tampoco habia libros,
en que se hubiesen notado las circunstancias
temporales y locales de las enfermedades re­
gionales ; y prescribió el método con que el
Médico de cada país debia observarlas, te­
niendo presentes su agua , atmosfèra y situa­
ción. La práctica de este consejo ó instruc­
ción en cada población sería útilísima, y á
El Médico este fin debían los Médicos hacer efemérides
no tiene ne­
de la calidad de enfermedades del país , en
cesidad de
que exercitan su profesión, notando la esta­
saber de la
ción del año , el peso de la atmosfèra, el ca­
Astrono­
mia, ni aun lor y grados de humedad, y describiendo
su nombre.
exáctamente los síntomas de las enfermeda­
des. Si se tuvieran estas efemérides médicas,
no necesitarían los Médicos saber ni el nom­
bre

165
bre de la Astronomia para exercitar bien su
profesión, sino que les bastaría tener un Ca­
lendario simple, para saber las estaciones, me­
ses y dias del año , y los instrumentos lla­
mados barómetro, termómetro, é higrómetro,
que sirven para graduar el calor, el peso y
la humedad de la atmosfèra.
El Labrador, el Jardinero, y los demás
operarios del campo no tienen necesidad al­
guna de atender al curso de la Luna , ni al
de otros astros ; sino que les basta saber por
medio del Calendario las estaciones, meses y
dias del año para inferir y conocer el esta­
do y la actividad del Sol, de cuyo influxo
dependen los vejetables ; y porque las esta­
ciones se suelen atrasar ó adelantar por rara
combinación de lluvias, vientos y vapores
terrestres, el atraso ó adelantamiento se co­
nocen claramente con el termómetro , que in­
dica los grados del calor atmosférico.
A estos poquísimos, fáciles y prácticos
conocimientos se reduce toda la ciencia As­
tronómica , que tienen necesidad de saber el
Labrador del campo , y el Médico : no lo juz­
gará así el que dé fé á innumerables Médi­
cos antiguos, y á no pocos modernos, que
tienen por .dogmático en su ciencia el inftuxo de los astros , queriéndolo autorizar con
la opinion que falsamente se atribuye á Hi­
pócrates , y demasiadamente se promovió por
Galeno, que en su último libro de los dias
decretónos pone un lunario para las enferme­
dades.
No sin compasión y daño de la peligro­
sa

al mundo Vianetario.

Instrumen­
tos físicos
útiles al Mé­
dico.

166
to s luna­
rios son li­
bros perni­
ciosos.

Via ge estático

sa y desgraciada vida , y de la endeble sa­
nidad de los hombres, se oye hablar conti­
nuamente de lunarios en las visitas de los en­
fermos y achacosos. tfNada es hoy, escribía
un Médico ( i ) , q u e floreció á últimos del si­
glo pasado, mas común no solamente á los
Médicos, sino también á los enfermos , que
el hacer pronósticos sobre las enfermedades
atendiendo á los astros; y estos Profetas ha­
blan con tanta pompa, y aun con tanto atre­
vimiento , que tratan de ignorantes á los que
les exceden notablemente en sabiduría; pero
ellos generalmente son ignorantísimos.” ¿ Pe­
ro será esperable , que el perjuicio de estos
se destierre de la república literaria, y prin­
cipalmente de la medicina , en que se ha for­
tificado con daño de la salud , y de la vida
de los hombres? Muy lisongera debe ser la
esperanza que se conciba , quando vemos que
en nuestro tiempo Hoffmann , Médico acre­
ditado , se atreve á publicar sobre el influxo
de los astros una disertación, en que hállo
escrito casi todo quanto sobre el mismo in­
fluxo se escribió por Plotino en tiempo en
que no se tenia idea alguna de la Física celeste.
La correspondencia de periodos, me po­
días oponer , Cosmopolita , que se advierte
entre los menstruos femeniles , las enfermeda­
des,
( i) Jacobi Primerosii de vulgi erroribus in
medicina Roterodami 1668. 12. cap. 20. ^ * 7 5 ’

a l mundo P la n eta rio .
167
des , y los achaques humanos de una parte;
y de otra entre el nacimiento , ocaso y cur­
so de los astros, y principalmente de la Lu­
na, parece probar el influxo de estos sobre los
cuerpos terrestres. Esta correspondencia , te
responderé, es fantástica en innumerables ca­
sos , y en otros muchos es accidental. Todo
lo sensible forma la que llamamos naturale­
za ; por lo que en todo lo sensible son unas
mismas sus leyes invariables. Según éstas pe­
riódicamente se mueven los cuerpos celestes,
y los terrestres fermentos sin que unos influ­
yan sobre otros ; así como con las mismas
leyes naturales, con que la serpiente vive, y
arrastra humildemente por la Tierra , la al­
tanera águila vive volando rápidamente por
las regiones etéreas, y no por esto la eleva­
da águila tiene influxo alguno sobre la baxa
serpiente.
Las calenturas , por exemplo, son fermen­
taciones periódicas de los humores anímales:
su periodo común es de 24 horas, y varios
accidentes particulares restringen ó alargan la
duración del periodo : el principio de su no­
table fermentación es la época del periodo
sin ninguna relación al periodo diario del Sol;
y á la fermentación sería accidental el naci­
miento, u el ocaso de éste, si la atmosfèra
se mantuviera siempre invariable ; mas por­
que ésta por la noche se encrudece, la fer­
mentación siente los perniciosos efectos de la
crudeza. El menstro femenil es un periodo,
cuyas épocas en cada persona son diferentes,
é independientes de las que arbitrariamente
se

Observa­
ción á favor
del influxo
de los as­
tros.
Respuesta á
la observa­
ción.

Correspon­
dencia de
leyes entre
lo celeste y
lo terrestre
sin ningu­
na depen­
dencia.

168

E l iluso es
enemigo de
las ciencias
verdaderas.

Via ge estático

se asemejan á los quartos de la Luna. Al se­
xo femenil dio la naturaleza un periodo men­
sual poco diferente, é independiente del lu­
nar ; y á las aguas del mar quizá dió un pe­
riodo , cuyas épocas conviniesen con los me­
ses de la Luna, sin depender de ésta. Si por
ventura te inclinas á juzgar que el movi­
miento y la fermentación de las aguas ma­
rinas son efecto del intìuxo lunar , no ten­
dré dificultad en concedertelo, porque el tal
movimiento (que llamamos fluxo y refluxo)
es un mecanismo de la atracción , en el qual
se halla particular correspondencia , y se per­
ciben la causa y los efectos ; pero no te con­
cederé el influxo lunar respecto de las enfer­
medades y achaques ; ya porque su causa
evidente se descubre, y halla en la calidad
de los humores animales , y en el influxo
cierto é inmediato de la atmosfèra terrestre
diversamente fria , caliente , ligera , pesada,
húmeda , seca, pura ó llena de vapores pes­
tilenciales ; y ya porque si el periodo de una
fermentación animal conviene accidentalmen­
te con el lu n ar, discrepan de éste los perio­
dos de mil fermentaciones animales. Las en­
fermedades , pues , tienen correspondencia , no
con los astros, sino con la naturaleza de los
anim ales, con la estación del año, y con el
ayre , agua y clima regional ; y de toda es­
ta sola correspondencia habla Hipócrates en
sus Obras , y principalmente en el Tratado,
que intituló del ayre , del agua, y de los lu­
gares. Hipócrates era verdadero sabio, y por
tanto tan enemigo de la ciencia falsa del in­
dù-

al mundo Vianetario,

169

fluxo de los astros, como los preocupados
suelen ser enemigos de las ciencias verda­
deras.
Esta larga doctrina, que he querido dar­
te , Cosmopolita , sobre el fingido influxo de
los astros, y principalmente del lunar, por­
que la juzgo útilísima al hombre, y dignísi­
ma de su mayor atención , concluiré redu­
ciéndola á pocas palabras , claras y decisivas.
En los astros se pueden concebir diversos influxos, que llamaremos morales, animales,
vegetables, metereológicos y mecánicos so­
bre los cuerpos terrestres. Los iníiuxos mo­
rales son los que se refieren á las costum­
bres y al destino de los hombres , y tales
influxos no existen en los astros. Los infiuxos animales son los que se pueden concebir
proprios para alterar la sanidad de los hom­
bres y de los animales , y para alargarles
ó acortarles la vida ; tampoco en los astros
existen tales influxos ; porque si existieran, el
Criador hubiera hecho misteriosa é inaccesi­
ble la ciencia médica, no siendo posible al
hombre el averiguar las relaciones que los
astros tuviesen con los cuerpos humanos y
animales. La medicina es ciencia (1) que sa­
lió del seno de la Eterna Sabiduría , y su
conocimiento es necesario al hombre. A és­
te negó la naturaleza el innato instinto que
las bestias tienen para discernir los alimen­
tos
(1 )

Eclesiástico 38.

Tomo III.

Y

Compendio
decisivo de
la doctrina
expuesta.

Influxo mo­
ral.
Influxo ani­
mal.

i po

Influxo ve­
getable y
metereológico.

lnfluxo me­
cánico.

Viage estático

tos medicinales, porque el Criador le inspiró
é infundió una centella divina, con que vie­
se y distinguiese los géneros medicinales. El
hombre podrá facilmente llegar al fin de lo­
grar esta distinción é instrucción, si todo el
estudio de la medicina estriva sobre observa­
ciones terrestres ; mas no la podrá lograr, si
en el estudio de la medicina se hace entrar
el conocimiento inadquirible del desconocido
iníluxo de los astros.
Los influxos vegetables y metereológicos
consisten en calentar , fomentar, promover,
alterar y desordenar los cuerpos terrestres; y
estos iníluxos son relativos á las estaciones
del ano , y á la calidad de la atmosfèra re­
gional. Los influxos mecánicos estrivan en
la presión , atracción ó repulsión , que unos
cuerpos causan mediata ó inmediatamente en
otros por razón de su movimiento, peso y
virtud atractiva ó repulsiva. Al influxo me­
cánico de la atracción de la Luna y del Sol,
atribuyen los Físicos modernos el movimien­
to continuo de fluxo y refluxo, que se ad­
vierte en los mares terrestres. De este influxo mecánico trato en mi Historia física de
la Tierra , á la que propriamente pertenece:
basta haberte dado esta noticia , si la juzgas
no indigna de tu curiosidad para leer mi dis­
curso sobre las mareas terrestres , de las que
no debo hablar mas para no mezclar la his­
toria terrestre con la celeste, que ahora es
objeto de nuestro viage , estudio y atención.
A este breve discurso se reduce mi opinion
sobre el influxo de los astros.
He-

.

al mundo Planetario
ip i
Hemos observado , Cosmopolita, los fenó­
menos que nos presentan la vista y la inme­
diación de la Luna ; hemos volado para co­
locarnos sobre ésta ; y desde una de sus mas
altas atalayas hemos observado el mundo ce­
leste , y el iníiuxo lunar sobre el terrestre:
hemos también observado en la Luna, y des­
de ella todo quanto nuestra curiosidad nos
ha dictado, y nuestra perspicacia ha descu­
bierto ; el fin de nuestra observación lo de­
be ser de nuestra detención en este sitio, adon­
de hemos venido solamente para conocer y
admirar las obras de nuestro Criador. De la
gran figura y papel que la Luna hace en la
Mitología de los terrícolas , nada te digo,
porque de tí depende el saberla , leyendo lo
que sobre ella he escrito en mi Mitología ce­
leste. No siendo ya útil para tu instrucción
nuestra detención en la Luna, la dexarémos,
Cosmopolita mió , y para continuar nuestro
Viage estático volarémos abandonando este
hermoso planeta , que la bondad de nuestro
Criador ha querido criar y destinar para fiel
y perpétuo compañero de la Tierra. Esta com­
pañía durará indisoluble , mientras nuestro
Dios, según sus indefectibles promesas, go­
bernará á los hombres como Padre: " Dios
mió ( exclamaba (i) un Profeta divinamente
ins( i ) David , para Salomón figura de JesuChristo , pide la sabiduría y justicia en el Salmo 7 1 j y con espíritu profético dexa la fígnY2
ra,

172

Vi age estático

inspirado), dad vuestra sabiduría al nuevo
R ey; y vuestra equidad al hijo, que me ha­
béis dado. Haced, Señor , que el Salvador de
los hombres lo juzgue , como á pueblo vues­
tro , según la ley de la justicia; y que ha­
ga prevalecer la razón, que asiste á vuestros
Himno al pobres. Las montañas y los collados reciban
Criador. y gusten la dulzura de la paz, y los frutos
de la justicia del Padre que los gobierna. El
Salvador empleará su poder á favor de los
pobres, que ha de juzgar y salvar: á los
hijos de éstos acogerá baxo del manto de su
protección , y llenará de confusión á sus ca­
lumniadores. De siglo en siglo durará su go­
bierno , permaneciendo éste mientras el Sol
y la Luna alumbren á los mortales. El baxará al Trono de su gobierno , como la man­
sa
ra , y habla del figurado , á quien únicamente
pueden convenir sus expresiones proféticas, que
dicen así:
Deus judicium tuum regida et justitiam
jilio regis judicare populum tuum in ju stitia
et pauperes tuos in judieio. Suscipiant montes
pacera populo , et colies justitiam . Judicabit pauperes populi et salvos faciet jilios pauperum
et humiiiabit caiumniatorem. E t pernianebit eum
Solé , et ante Lunam in generatione et generationem. Descendet sicut pluvia in vellus et
sicut stillicidia stillantia super terram. Orietur
in diebus ejus ju stitia et abundantia paeis,
doñee auferatur Luna.

;

:

,

,

,

,

,

,

1^ 3
sa lluvia, que riega los prados recientemente
segados; y como el delicado rocío, que pe­
netra la Tierra. En el tiempo de su gobier­
no florecerá la justicia , y producirá un in­
agotable manantial de paz , que de él manará
hasta que de los Cielos falte la Luna.” Hé
aquí, Cosmopolita, el pronóstico de la dura­
ción de este planeta, de la que en otra oca­
sión , sumergido en angustiada y respetuosa
admiración , te volveré á hablar. La Luna,
medida de los tiempos , faltará al fin de es­
tos. Ella entretanto continuará executando
el servicio á que la destinó la adorable pro­
videncia de nuestro Dios , haciendo la lám­
para , que desterrando las tinieblas de la
noche en ausencia del Sol, alumbráse á los
habitadores de la Tierra. ¿ Reconocen estos
los bienes que la Luna , hermoso y útil
planeta, les dispensa ? ¿ Corresponden por
ellos con su agradecimiento, y con debidas
alabanzas al Supremo Bienhechor ? ¡ O ! Imperfectísimos son los conocimientos que los
terrícolas tienen de los bienes que reciben
de la Bondad Divina , y su ingratitud es su­
perior á su conocimiento. ¡ O ! si nosotros,
abismados en el conocimiento y en la ad­
miración de la Bondad Divina por sus bene­
ficios , fuéramos capaces de corresponderle en
nombre de todos los terrícolas, nuestros her­
manos , con el agradecimiento y con las ala­
banzas , de que ellos son deudores á nuestro
amoroso Criador. Dígnese de aceptar la Di­
vina Magestad nuestra humilde súplica y ardien-

al mundo Vianetario,

íl

1^74

Viage estático

diente deseo, y de asistirnos con su especial
protección en nuestro viage , para que conoz­
camos nuevos motivos de lo infinito que de­
bemos al Criador, todo bondad y caridad
con sus criaturas. Sigamos, Cosmopolita, nues­
tro viage seguros de particular asistencia di­
vina. Volemos ya al inmediato planeta, que
es Marte. Vamos á él.

SE-

al mundo Vianet ario.

SEGUNDA JORNADA.
MARTE.
j k
Marte se ha dirigido nuestro vuelo, Cos­
mopolita : hemos llegado á él. Marte es este
planeta, que á nuestra vista y presencia te­
nemos , y que casi tocamos. Hé aquí solita­
rio por estas inmensas regiones á M arte, á
quien la superstición etrusca , adoptada por
los Romanos, dedicaba (como dice Vitrubio ( i ) ) los Templos fuera de la población,
para significar que en ésta no debiese haber
disensión , y que Marte debia defenderla con­
tra las invasiones de los enemigos. La natu­
raleza dio á Marte la soledad, y el paganis­
mo estableció su culto en el campo desier­
to ; pero la soledad de Marte y de sus Tem­
plos no conviene con el bullicioso y horrible
tumulto de los militares exércitos, de que el
mismo paganismo hacía generalísimo á Mar­
te. Todas las naciones idólatras se han fin­
gido un Dios, que presidiese á sus exércitos,
y las mas científicas han convenido en hallar(i) M. Vitruvii Polionis, de ar chitedura li­
bri X . cum castigationibus Gulitlmi Casttlicnii.
Argentorati 1560. 8. lib. 1. cap. 7.
4$.

i? 6
Fia ge estático
liarlo en este planeta, que tenemos delante.
Observemos en él los fenómenos naturales,
cuya vista ha podido á estas naciones indu­
cir ó sugerir aparente motivo para d a r á es­
te solitario planeta la investidura de Dios de
los exércitos militares ó de la guerra, y es­
ta observación nos pondrá en estado de ha­
cer las demás que sugiera nuestra curiosidad.

§. i.
Observación de M arte , su color y man­
chas : no tiene atmosfèra.
E , Cosmopolita , al encendido ó roxo
M arte, que el Pagano adoró, y temió
como á Dios de las disensiones , de las guer­
ras , y de los sucesos trágicos. El color en­
cendido ó de sangre, que tiene este plane­
ta , fué el único motivo que tuvo el paga­
nismo para darle el nombre de aquella dei­
dad , que se adoraba como protectora de los
Color de valerosos y guerreros. Por esta razón tam­
b a r t e . bien los Egipcios lo llamaban Dios de la des­
trucción , cuyos hijos son el terror y el es­
panto. Los Hebreos, y algunos Griegos (i),
le
( i ) Los Egipcios llamaron á Marte Meloch
ó Dios de la destrucción : los Hebreos lo lla­
maron M aadim , ó resplandeciente de color de
sangre : los Caldeos lo llamaban A ris : los Grie­
gos le daban un nombre poco desemejante , que

era

al mundo Vianetarlo.

ijy

le dieron nombres correspondientes á su co­
lor de fuego ó de sangre. Los terrícolas, que
por la calidad del color en muchas cosas in­
fieren ó conjeturan el elemento que en ellas
domina, viendo tan encendido el color de
Marte han sospechado que éste abunda en
fuego; y esta sospecha se quiere confirmar
con la freqüente desaparición de las grandes
manchas, que várias veces se ven en Marte.
Pero esta desaparición es un fenómeno que
Manchas.
difícilmente se explica por los terrícolas. Es­
tos tienen cerca de sí á la Luna terrestre, y
advierten que la aparición y desaparición de
sus manchas son constantemente periódicas, y
corresponden á la vária situación, con que
desde la Tierra se ve el globo lunar ilumina­
do por el Sol; pero en M arte, como ni tam­
poco en Júpiter, no advierten tal correspon­
dencia, pues que en estos dos planetas se ven
aparecer y desaparecer, crecer y menguar
muchas manchas sin orden ni periodo algu­
no. Siendo esto así parece necesario conjetu­
rar , que las apariciones y desapariciones de
las manchas son efectos de lucha ó guerra
entre los elementos contrarios ; y si supone­
mos esta conjetura , parece también cosa necesaera A res. Platón le dió el nombre de Pur , el
qual no era nombre griego ( véase su tratado
intitulado: E l Cratilo ó la recta invención de
los hombres) ; y los Arabes llamaron á Marte
Elm arigh. Véase mi M itología celeste.

Tomo III.

Z

178
Via ge estático
saria inferir , que en Marte deba haber atmos­
fèra.
En efecto, algunos Astrónomos terrícolas
han pretendido probar con todo empeño que
Marte tiene atmosfera, á la que Cassini atri­
buía varias irregularidades (i) , que resultan
de sus observaciones cotejadas entre s í , y con
las de otros terrícolas. Frisi ha publicado en
estos años pasados sobre la atmosfera de los
Marte no planetas (2) una disertación, que fué premiatieneatmos- da por la Academia de París ; pero á todo lo
lera.
que sobre la atmosfèra de los planetas nos
pueden decir los terrícolas , se oponen dos co­
sas. La primera e s , si los planetas la tuvie­
ran , ésta se debería conocer por ciertos efec­
tos constantes, proprios é innegables ; y la ex­
periencia nos enseña , que no podemos juzgar
cosa cierta de tales efectos, ni podemos infe­
rir cosa que concluya. La segunda e s , que
entre los efectos constantes de la experiencia
no se deben contar el anillo luminoso, que al­
gunos Astrónomos dicen haber advertido en
Mercurio y Venus al pasar estos planetas de­
lante del Sol , ni la refracción celeste que
otros Astrónomos dicen haber notado en al­
gunos planetas ; pues que tales fenómenos, que
por otros muchos Astrónomos no se han no-.
ta( 1 ) Veanse las observaciones astronómicas de
Cassini, y la Obra Memoires pour servir á V
histoire, ère. Petersburg. 1738.
(2) Veanse las Obras citadas de Frisi.

al mundo Planetario.
1^9
tado y se niegan, pueden resultar de ilusión
óptica , y si de ésta no resultan , servirán so­
lamente para hacer conocer á los terrícolas
la ignorancia que tienen de los elementos pla­
netarios : por lo que un moderno é ilustre As­
trónomo dice (1) : "E s imposible determinar
cosa cierta sobre la existencia de la atmosfèra
de los planetas ; ” y otro Astrónomo (2) mo­
derno ha escrito así: "Sobre la atmosfèra de
los planetas la Académia de las ciencias de
París en el 1758 propuso premio, que se dio
á Frisi por su disertación latina de la atmos­
fèra de los cuerpos celestes ; pero no obstan­
te estas observaciones nuevas, no se sabe hoy
mas que en el siglo pasado. Algunas observa­
ciones que se leen en la Obra de Frisi, han
hecho conjeturar atmosféras en Marte , Ve­
nus y Mercurio ; pero otras destruyen estas
conjeturas : si la observación habla para con­
tradecir , no se dé sentencia. El conocimien­
to solo que se tiene, es de una pequeñísima
atmosfèra lunar, que se descubrió en el eclipse
solar de Abril del 1764. Eulero quiso pro­
bar la atmosfèra de la Luna con los eclipses,
y la supone capáz de la refracción de 20 mi­
nutos segundos. . . Y Sejour , en fuerza de las
observaciones del dicho eclipse en el 1764, la
daba la refracción sola de 4 minutos segun­
dos

(1) La-Lande : Astronom ie , num. 2271.
(2) Bailly: H is to ir e de V Astronom ie : En
el vol. 3. dise. 2. p. 95. y 96.

Contradic­
ción de los
Astrónomos
sobre la at­
mosfèra de
los plane­
tas.

180

Viage estático

dos y medio.” Hé aquí, Cosmopolita , refe­
ridos los nombres de los ilustres Matemáti­
cos Frisi, Eulero y Sejour , que conjeturan y
aun conceden á los planetas la atmosfèra ; y
ésta la niegan La-Lande, Bailly y Boscovich,
ilustrísimos Astrónomos, con quienes convie­
nen los que actualmente hacen famoso el ob­
servatorio de Brera , que tenían los Jesuítas en
Milán , y de éstos fueron Socios. El cotejo
Los libros de estas noticias te hará conocer , Cosmopo­
Físico-As­
lita , que debes leer con particular cautela los
tronómicos
libros Físico-Astronómicos, si no quieres per­
se deben
der tiempo en leer los inútiles, y exponerte
leer con
al peligro de estudiar ilusiones en lugar de
cautela.
verdades. Permíteme este modo de hablar sin
ofensa de ningún Autor, y que yo podría
omitir con ofensa cierta de la verdad, cuyo
descubrimiento es mi objeto esencialmente ne­
cesario para que en ella te instruya. No de­
bo darte por cierto lo dudoso , ni por proba­
ble lo inverosímil, para no llenar de ilusio­
nes tu fantasía, y hacerte de peor condición
que es la del ignorante. El Filósofo, amante
de la verdadera sabiduría, no debe introdu­
cir en la ciencia natural el dogma de la au­
toridad , ni arrojarse á proferir sino lo que
la Naturaleza presenta á su vista, y del mo­
Causa de do con que lo presenta. En esta suposición yo
las manchas no sabré decirte, Cosmopolita, en qué con­
de Marte.
sista el verdadero y cierto fenómeno de las
manchas de M arte, sobre el qual yo suelo
hacer la siguiente reflexión : El calor solar en
Calor en
Marte
es mucho menos activo que en la Tier­
Marte.
ra ; por tanto á la actividad de dicho calor
no

al mundo Vianetario,

181

no podemos atribuir la frequente aparición y
desaparición de las manchas, si no suponemos
que Marte consta de una materia sumamente
vaporosa é inflamable; y en este caso debiera
hacerse muy sensible su atmosfèra , como se
hace en la Tierra. Por otra parte, la aparición
y desaparición frequente de sus manchas no
pueden provenir sino de notables (i) mudan­
zas de la superficie de Marte : pues que de
otra manera aquellas no se hicieran visibles á
la distancia de quince y mas millones de le­
guas en un globo mucho menor que el ter­
restre , qual es el de Marte. En la historia de
la Tierra apenas hallamos rara vez algún ca­
so ( como sería la aparición y desaparición de
alguna grande isla ) en que podamos conce­
bir que un observador desde aquí en Marte
pudiera notaren el globo terrestre semejante
aparición ó desaparición de manchas. Vien­
do , pues, tan desemejantes los fenómenos en
nuestra Tierra y en los demás planetas, ¿creerémos facilmente que estos son perfectamen­
te semejantes á aquella ? La Tierra siempre
rodeada de atmosfèra , los planetas sin ella:
algunos de estos siempre mostrando altera­
ciones notabilísimas en su superficie , y la
Tierra casi siempre sin novedad sensible: ¿Qué
juicio, pues, se deberá formar de tanta diversi(i) Cerca del equador de Marte se suelen
ver muchas manchas mudables. Vease el erudito
Monteiro: Vhysica Astronómica , num. 262. trc.

Desemejanza de la
Tierra á los
planetas.

Los plane­
tas son se­
mejantes en­
tre s í, y de­
semejantes
de la Tierra.

182 /
Tinge estático
sidad de efectos ? Los terrícolas , enseñados á
discurrir según lo que ven en su planeta, no
podrán facilmente por medio de tales discur­
sos llegar á conocer, en qué consiste la ver­
dadera diferencia entre los planetas y la Tier­
ra; pero si no conocerán jamás la causa física
de tal diferencia, no podrán menos de cono­
cen y confesar su esencial distinción.
La Física nos enseña á discurrir de todo
lo visible en una misma manera , y á supo­
ner en todas las cosas las mismas leyes que
se observan en los elementos terrestres. Se­
gún esta doctrina no se pueden atribuir las
grandes novedades que se advierten en los dis­
cos de los planetas, sino á la acción del fue­
go y del agua ; á luchas entre estos elemen­
tos ; á evaporaciones, fermentaciones ,
; y
en donde suceden estos efectos, es necesario
que resulte una atmosfèra , que es seqiiela na­
tural de la lucha de los elementos y de las
fermentaciones. De aquí es, que el darse tan­
tas alteraciones en los planetas, y el no ha­
cerse sensibilísima su atmosfèra , son fenóme­
nos que nos obligan á conjeturar ó suponer en
la masa de los planetas unas leyes diversas y
elementos diferentísimos de los terrestres.
En la jornada á la Luna , y en presencia
de ésta te hice advertir , Cosmopolita , los
volcanes lunares , sin el efecto de la menor
evaporación que causáse alguna atmosfèra al
rededor del disco lunar: en Marte no halla­
mos atmosfera alguna ; vemos algunas ráfa­
gas de color permanente de fuego ó sangre,
y notamos alternativa aparición y desapari­
ción

al mando "Planetario,
183
don de sus manchas : si cotejamos estos fe­
nómenos de Marte con los lunares, ¿n otendrémos gravísimo fundamento para conjetu­
rar , que los elementos de la masa de la Lu­
na y de M a rte, diversísimos de los terrestres,
son semejantísimos entre sí ; y consiguiente­
mente que todos los planetas semejantes en­
tre ellos son desemejantes al orbe terrestre ?
Podrá suceder que el calor permanente de
fuego en Marte provenga de su masa algo
encendida ó ro x a , como lo es la Tierra en
algunos sitios del orbe terrestre; pero la apa­
rición y desaparición de las manchas grandes
de aquel planeta son probablemente efectos
de incendios, y estos existirán en M arte, co­
mo los volcanes existen en la Luna sin cau­
sar en ella evaporación, ni formar atmosfè­
ra. Gran conexión tiene con los incendios el
color permanente roxo , que en este planeta se
observa siempre desde la Tierra.

§. 11.
Grandeza de M a r te , su masa , densidad ,
ó rb ita , años y dias,
EI color y de las manchas de Marte
poco he discurrido , Cosmopolita , por­
que poquísimo es lo que la corta perspicacia
humana descubre y permite hablar : veamos
si ésta percibe mas sobre su grandeza , ma­
s a , densidad y órbita; y sobre las naturales
conseqiiencias que de la observación de estos
fenómenos resultan. En el viage que desde el
Sol

D

184

V i age estático

Sol hicimos á la Tierra , notarías, Cosmopo­
lita , que los planetas crecian en grandeza á
proporción que distaban del Sol ; así vimos,
que V enus, mayor que M ercurio, era menor
que la Tierra : ahora falta esta le y , pues que
Marte es mas pequeño no solamente que la
T ie rra , sino también que Venus. El diáme­
tro de Marte , que es de 1899 leguas, llega
Su diáme­
á ser solamente dos tercios del terrestre; de
tro.
donde se infiere, que su volumen es respec­
to al volumen de la Tierra , casi como el nú­
mero 2 es al número 7 , lo que hace ver ser
la Tierra notablemente mayor que Marte : así
Volumen.
como el número 7 es notablemente mayor que
el número 2. Si la densidad de la masa ó ma­
Densidad. teria de Marte fuera igual á la de la Tierra,
se podría inferir, que entre una y otra masa
había la sola diferencia de ser la terrestre
tanto mayor que la de M arte, quanto el nú­
mero 7 es mayor que el número 2 ; pero no
se halla tal igualdad de densidad, antes bien
se cree que la masa terrestre es un tercio (1)
mas densa que la de M arte; y por esta razón
se infiere que en la Tierra hay casi cinco
veces mas masa que en Marte. Y esto ( si fue­
se verdadero ) nos hace conocer, que en or­
den á la densidad se observa una ley algo
cons-

Grandeza
de Marte.

(1) La densidad de Marte respecto de la ter­
restre se supone como 7292 á 10000; y la masa
de Marte á la terrestre se supone como 21230
á 100000.

á l mundo Vianet ario,
185
constante , y e s , que los planetas quanto mas
distan del S o l, son tanto menos densos. A ten­
dida , pues, la razón de la cantidad de masa
de M arte y de su densidad , se infiere que
en éste los cuerpos pesan mas de una mitad
menos que en la Tierra (1).
D e la grandeza que tiene la órbita de M ar­
t e , formarás con cep to, C osm opolita, por su
distancia hasta el S o l, la qual es v a ria , co ­
mo en todos los demás planetas. M arte, pues,
en su distancia media dista del Sol 52 m illo­
nes de leguas : en su menor distancia dista cin­
co millones de leguas m enos, y en su m ayor
distancia dista cinco millones mas de leguas.
En recorrer esta órbita gasta M arte 686 dias,
22 horas (2 ), 18 minutos y 27 segundos; de
donde inferirás que este planeta camina con
notable lentitud. Si cotejas la órbita de M er­
curio con la de M a rte , h a llará s, que ésta no
__________
lie—
(1 ) Según la razón, que la masa de Marte
y sil densidad tienen á la masa y á la densidad
de la Tierra , un cuerpo de 27 libras de peso en
Marte , pesaría en la Tierra 15 i libras , y con­
siguientemente se infiere , que en el tiempo en
que un cuerpo terrestre cayendo caminaría i£ i
pies , en Marte caminaría en el mismo tiempo so­
lamente 72 pies.
(2) Se habla del año trópico de Marte , al
qual La-Lande ( Astron. n. 1 1 6 2 . ) añade tres
décimas partes de minuto segundo. El año side­
real de Marte excede al trópico en una hora, 12
minutos y 16 segundos.
Tomo I I I .
Aa

Distancia
de Marte
hasta el
Sol.
Año de
Marte.

186
Via ge estático
llega á ser quatro veces mayor que aquella:
por tanto , si Marte se moviera tan ligeramen­
te como Mercurio, debería recorrer la suya
Movimien­ en 330 dias ; pero porque tarda 686 dias y
to ligero de algunas horas , desde luego se infiere , que
Mercurio y
Mercurio se mueve mas de dos veces mas li­
Venus.
geramente que Marte. Venus también se mue­
ve con mas ligereza que éste ; pues que si Mar­
te se moviera con tanta ligereza como se
mueve Venus, recorrería su órbita en 480 dias.
Y aquí es necesario confesar , Cosmopolita,
que la mayor lentitud con que se mueven los
planetas mas distantes del Sol , corresponde
en algún modo á los resultados de la atrac­
ción, como en otra ocasión te haré ver. El
afelio de Marte , ó el punto de su órbita en
que éste se halla mas distante del Sol, es el
mas fácil de determinar entre los afelios (1)
de los demás planetas, y por esto Newtón se
valió del cálculo del afelio de Marte ■ para de­
terminar el afelio de los demás planetas. El
movimiento del afelio de Marte se halla de­
terminado con poca diferencia en várias ta­
blas astronómicas.
La órbita de Marte hace con la eclíptica
un
(1) En las tablas de Cassini al afelio de Mar­
te se da el movimiento anual de i / y 1 2 " : y e n
las de Halley el de 1' 10" : lo que es conforme
á las tablas de La-Lande. Otros Astrónomos dan
al dicho afelio el movimiento anual de i' y y" ,
ó el movimiento de 1. 5 1 / y 40." por cada siglo.

aí mundo "Planetario.
187
un ángulo de un grado y 50 minutos (1): y Los dias en
es la que después de la de Júpiter está me­ Marte son
casi igua­
nos inclinada á la misma eclíptica. De esta les.
pequeña inclinación, y de que el equador de
Marte conviene con su órbita, puedes desde
luego inferir , Cosmopolita , que en este pla­
neta los dias son casi iguales ; pues que la di­
ferencia entre el mayor y el menor dia de su
año no llega á ser de una hora.
Ya que el discurso naturalmente nos ha
hecho tratar de los dias de M arte, sigamos
este asunto. E l año de M a rte, como has oí­
do , es mucho mayor que el terrestre, pues
que consta de 686 dias terrestres , 22 horas
y 18 minutos. Keplero (2) sospechó, que des­
pués de algunos siglos se observaba diferen­
cia sensible en el año de M arte, como pare­
ce indubitable que se halla en los años de
Júpiter y de Saturno ( de que después habla­
ré ) : mas los Astrónomos modernos juzgan
que Marte emplea actualmente en describir su
órbita el mismo tiempo q u e, según las obser­
vaciones, ha empleado en los siglos anterio­
res. La duración de los dias de Marte se ha
inferido, como en otros planetas, de la revo(1) Alemberg supone , que la inclinación de
la órbita de Marte sea mayor un minuto : K e ­
plero la suponía menor medio minuto ; y Cas­
sini 15 segundos.
(2) Veanse , Epistol# mutu# J . ELepleri,et
Mattili# Berneggeri.

Aa 2

188

Descubri­
miento de
las manchas
de Marte.

Revolución
de las man­
chas.

Cada mes
de Marte
tiene 57
dias y 6
horas.

Via ge estático

volucion de sus manchas visibles. Francisco
Fontana, y el Jesuíta Gabriel Bartoli (1) pa­
rece haber sido los primeros que observaron
éstas en Marte. Fontana las observó en el año
de 16 3 6 , y Bartoli en el de 1644; pero nin­
guno de estos dos observadores determinó el
tiempo que las tales manchas gastaban en dar
una vuelta. Roberto Hook en el año 1665 co­
noció muy bien que las manchas aparecían
moverse , mas tampoco determinó el tiempo
de su revolución. Cassini fué (2) el primero
que en el año de 1666 , después de varias ob­
servaciones, juzgó que las manchas se movían
de oriente á occidente, y que aparecían ha­
ber dado una revolución entera en 24 horas
y 40 minutos. Según estas observaciones te­
nemos , Cosmopolita, que el dia de Marte es
poco mayor que el terrestre ; pero entre el
año de Marte y el de la Tierra hay la dife­
rencia de centenares de d ias, pues que éste
es menor que aquel en 321 dias terrestres, y
algunas horas. Si distribuimos el año de M ar­
te
(1) Vease Riccioli citado : Almagestum , 6v.
yol. 1. lib. 7. cap. 2. n. 5. p. 4S6.
■ ""(2) Vease el tratado de Cassini intitulado:
M ariis área proprium axsm revolubilis obser•vationes bonnonienses. Masaldi habiendo observa­
do á Marte en los años 1704. y 1706. ( Memoir.
de V Acad.) 1706. 17 19 . 1720.) juzgó que sus
manchas aparecían dar una vuelta en 24 horas
y 39. minutos.

al mundo Vianet ario.
189
te en doce partes iguales, que podremos lla­
mar meses, cada uno de estos constará de 57
dias terrestres, y de cerca de 6 horas mas.
Te insinué antes que el tiempo que los
planetas gastan en describir sus órbitas, al qual
damos el nombre de año , tenia alguna rela­
ción con las leyes de la atracción; mas esto
no sucede con la duración de sus dias , ó con
el tiempo que emplean en dar una vuelta so­
bre su exe. El Filósofo crítico no descubre el
for qué físico , ó la razón física de la dife­
rencia de dias de los planetas, que hemos vi­
sitado, ni de los que todavía visitarémos. Sien­
Marte
do casi siempre en Marte los dias iguales á elEnaño
es
las noches, el año será una continua prima­ primavera
vera , como entre los terrícolas lo es en el continua.
Reyno de Quito y en otros países que hay
baxo del equador;pero se halla una diferen­
cia no pequeña entre lo que pasa en Marte y
en los países terrestres, que están baxo de la
equinoccial, y es, que en estos el año es una
primavera, por razón de ser los dias siempre
iguales ; pero el calor unas veces es mayor y
otras menor con notable exceso ; lo que no su­ Calor en
cede en Marte, en quien el calor mayor excede Marte.
al menor solamente en un tercio. El mayor ca­
lor de Marte es quando éste está en su perielio ; y entonces es la mitad del mayor que
hace en la Tierra por el estío. Asimismo la
luz solar en Marte es una mitad menos viva
que la mas activa en la Tierra. Siendo tan tem­ Clima de
plado el clima en M arte, no sé por qué al­ Marte.
gunos Astrónomos han querido considerar co­
mo efecto del vario calor la freqüente apari­
ción

Mancha de
dos mil le­
guas en
Marte.

Población
de Marte.

190
Viage estático
cion y desaparición de sus manchas, las quales tal vez son tan largas, que se estienden
por dos mil leguas ó algo mas de la mitad
del disco de Marte , como era la que observó
Christiano Huighens (1), la qual era muy obs­
cura y ancha, y se estendía ácia sus polos,
como el océano se estiende entre la América
y el continente de Europa.
Atendida la bella disposición de M arte, en
que por razón de ser su exe perpendicular á
su órbita, y de estar ésta muy poco incli­
nada á la eclíptica, los dias son siempre casi
iguales, y el clima es casi siempre el mismo,
parece que este planeta podría estar habita­
do , así como lo está el globo Terrestre; y se
podrá decir , que si Dios repentinamente trasladára á Marte algunos hombres terrícolas de
los que viven en países templados cerca del
equador, estos no encontrarían en Marte di­
ferencia muy grande en la duración de los
dias , ni en el calor, y quizá juzgarían que
no habían mudado de clim a; pero aunque en
Marte, por su buen clima y buena distribu­
ción de dias no repugne la población , se des­
cubre muy bien alguna repugnancia en las
causas que conspiran á la freqüente aparición
y desaparición de sus grandes manchas; y se
descubre también en no hallarse razón por­
qué
(1) Cliristiatii Hugenii opera 'varia. Lugd.
Batav. 1724. 4. 'volf 2. En el vol. 1. Sustenta
saturnium, p. 540.

al mundo Vianet ario,
191
qué siendo ciertamente Marte un planeta co­
mo Mercurio , éste , según los principios de la
Física terrestre, no pueda ser habitado como
aquel. En buena Filosofía, para inferir unifor­
midad ó semejanza en los efectos, es necesa­
rio suponer igual semejanza en las causas res­
pectivas, físicas y morales. Mas dexando por
ahora este punto , de que en otra ocasión mas
oportuna se podrá hablar, pasemos á obser­
var desde aquí el aspecto de los C ielos, pues
que Marte en sí no nos ofrece otra cosa par­
ticular.
Un Astrónomo desde este sitio tendría que
trabajar mas que los terrícolas para formar
sistémas astronómicos ; porque la gran distan­
cia del Sol y de los demás planetas , y la
pequeñez del globo de Marte son otros tan­
tos obstáculos para llegar á determinar la paralage de los planetas , la qual es como el
fundamento sobre que se funda todo sistéma
astronómico. A esta dificultad se añade otra;
y e s , que Marte carece de Luna ó satélite,
la qual á los terrícolas ha dado mucha luz
para formar sus sistémas astronómicos. El Sol
desde a q u í, si lo observas, Cosmopolita, te
aparecerá ahora una tercera parte menos que
aparece desde la T ie rra ; esto e s , aquí apa­
rece su diámetro de 20 minutos. Este diáme­
tro se muestra algo mayor quando Marte
está en su perielio, y aparece algo menor quan­
do está en su afelio.
Mercurio desde aquí hace poquísima figu­
ra ; pues que aparece casi siempre envuelto en
los rayos del S o l, y en la digresión de 17
gra-

Observacion de los
Cielos desde
Marte.

Vista del
Sol.

192

Via ge estático

grados. Venus se dexa ver tan grande desde
este sitio, como aparece Mercurio á los terrí­
colas ; pero se muestra 8 grados mas lexos del
Sol, que se suele ver Mercurio en su mayor
digresión ó separación del mismo Sol. La Tier­
ra desde aquí aparece algo menor que Venus
á los terrícolas; y su digresión del Sol es 2
grados menos que la m ayor, con que desde la
Tierra se ve Venus. La paralage de la Tierra
aparece ser de 12 minutos; y en su superfi­
cie se notan manchas no poco semejantes á las
que los terrícolas ven en Venus; pero porque
la Tierra está muy cubierta de agua, su luz
nos aparece mas pequeña y lánguida, que la
de Venus á los terrícolas. La Luna terrestre
Vista de la
desde aquí no se hace visible á la simple vis­
Luna ter­
ta , y parece tan cerca de la Tierra, mirada
restre.
con el telescopio , que su digresión no llega á
ser de un grado. Estos serían, Cosmopolita,
los fenómenos que el Astrónomo desde Marte
observaría en los planetas inferiores, entre los
quales la Tierra y Venus serían los que se ob­
servarían con mayor atención en sus pasos
delante del Sol , los quales sucederían muy
rara vez.
Si levantamos la atención á los planetas
superiores, el primero ó mas vecino que en­
contramos es Júpiter , el qual por su suma dis­
tancia serviría tan poco á un Astrónomo en
Marte para formar sistéma astronómico, co­
mo sirve á los terrícolas para formarlo con
sus observaciones celestes desde la Tierra. Lo
mismo te digo de Saturno y de los demás as­
tros celestes. Podemos, pues, concluir, que la

Vista de
Mercurio,
Venus y de
la Tierra.

a l mundo 'Planetario .
193
situación de Marte respecto de la Tierra es
mas favorable á los terrícolas para venir en
conocimiento de la verdadera Astronomía, que
al Astrónomo en Marte pueden ser las situa­
ciones de Júpiter y de Saturno.
En el discurso que acabo de hacer, Cos­
mopolita, he procedido suponiendo las obser­
vaciones desde M arte, sin entrar en cuenta
la ilusión que el Astrónomo colocado en el
mismo planeta padecería por razón de la ro­
tación ó vuelta que este tal da sobre su
exe en 24 horas y 40 minutos. He creído cosa
superflua, que para experimentar los efectos
de tal ilusión subamos á Marte; pues que ya
tú mismo, por lo que has oído , visto y experi­
mentado sobre este asunto en otros planetas,
inferirás, que un observador desde Marte atri­
buiría á los demás planetas el movimiento de
rotación del mismo Marte.
Parece , pues , que no hay necesidad de
que á éste subamos para hacer desde él ob­
servaciones astronómicas, ya que teniéndolo
inmediato á nuestra vista y presencia , hemos
hecho desde este punto todas las que podría­
mos hacer colocados sobre el globo de Marte.

Tomo I I I.

Bb

$. III.

194

Viage estático

§.

III.

Descubrimiento de todo quanto se puede ha­
llar y saber sobre la existencia de los
planetícolas y de la muchedumbre
de mundos.

U

Na especie de suspensión mental descu­
bro visible en tu aspecto, Cosmopolita;
parece que con ella me significas oír no sin
novedad la ninguna necesidad que tenemos de
colocarnos sobre el globo de Marte para ob­
servar los fenómenos del sistéma planetario.
No por esto quiero decirte que no volemos
á su globo , pues que tengo presente el empe­
ño de mi palabra dada en nuestro primer via­
ge , para investigar en Marte la verdadera ó
falsa existencia de los planetícolas. Con tu
casi ceñudo semblante querias, Cosmopolita,
recordarme la palabra empeñada ; ten la bon­
dad de disimular la libertad que me tomo de
avisarte , que el ceño áspero es contra las re­
glas de la christiana civilidad , que profeso y
deseo enseñarte. Si por ventura yo falto á mi
deber, deseo que me lo avises; sé por razón
y experiencia que soy inocentemente falaz,
aun quando deseo acertar y buscar, ó decir
la verdad, y por tanto estoy firmemente per­
suadido, á que si alguno me oye sin corregir­
me, es un adulador ó es mas ignorante que
yo. Oygo con gusto la corrección ; pero de­
seo oírla con aquel modo civil que solamen' '

te

al mundo Planetario .
195
te inspira el Christianismo, enseñando á ha­
cerla con la mayor humanidad y dulzura. To­
da corrección para la natural soberbia del
hombre es un aguijón ; y éste se envenena si
la corrección no se hace con la mayor sua­
vidad. No te ofenda, Cosmopolita , esta di­
gresión : tú me has dado motivo para hacer­
la sin ofenderme; antes bien éste servirá pa­
ra que yo con particular empéño procure sa­
tisfacer á la curiosidad con que tu espíritu
se agita por descubrir la verdad ó falsedad
de la existencia de los planetícolas , de que
en la Tierra hablan freqüentemente los ter­
rícolas sabios é ignorantes.
Para que logres este deseado descubri­
miento vuela conmigo, y nos colocarémos so­
bre Marte : vamos á é l .. . . Estamos yá en
este planeta, Cosmopolita. Veo en tí de vulto
la curiosidad é inquietud con que por todas
partes miras la superficie de Marte para des­
cubrir los deseados planetícolas. Refrena los
curiosos é inquietos ímpetus de tu mente, si
quieres descubrir si en él hay ó no hay po­
blación. Este descubrimiento se hace sola­
mente con la mente abismada en el sosiego,
y no con ver los martícolas en caso que aquí
los haya. Acuérdate y conoce , Cosmopolita,
que aunque con fantasma mental, ó en es­
píritu hemos venido á Marte , y estamos en
é l , aún pertenecemos á la clase de los mor­
tales , porque cadúca y mortal es la mortaja
corporal, de que aun no se ha desprendido
nuestro espíritu. Esta mortaja mientras esté
animada del espíritu , le es en todos sitios y
Bb 2
lu-

Vuelo al
globo de
Marte.

Conocí- /
mientos del
espíritu hu­
mano en el
mundo mor­
tal.

19 6

Via ge estático
lugares un v e lo , que la impide ver la-natu­
raleza como es en sí. El espíritu para verla
atraviesa el velo ; pero su vista es un puro
intelectual conocimiento : con éste solo no es­
peres poder ver sensiblemente los martícolas
en caso que esten aquí; podrás tú estar en­
tre ellos sin tocarlos , oírlos , ni verlos , por­
que aquí no tienes los órganos, por donde al
espíritu se comunica la sensibilidad de los ob­
jetos tangibles, oíbles y visibles. Si por des­
gracia tuya , ó por culpable descuido de los
que cuidaron de tu educación, has leído a l­
guna vez los romances que algunos locos ter­
rícolas han hecho fingiéndose hombres encan­
tados y mágicamente invisibles, figúrate que
esos fingidos encantados deben ser los martí­
colas para nosotros incapaces de distinguir­
los sensiblemente, porque á nuestro espíritu
faltan aquellos órganos de la física sensibili­
dad. Los m artícolas, habitadores de un glo­
bo m aterial, deben ser en parte materiales; y
solamente pueden hacérsenos material y sen­
siblemente conocibles: j. Cóm o, pues , será po­
sible , que nuestro espíritu solo determinado
á no sentir cosa material sino por los órga­
nos corporales, mientras no se separe total­
mente del cuerpo, conozca aquí sensiblemen­
te lo material ? Con un exemplo práctico te
explicaré sernos imposible la física visión de
los martícolas. Tú , Cosmopolita m ió, habien­
do sabido el convite que yo te habia hecho
para que te dignases de recibirme por servil
guia y fiel compañero en el Viage estático
que hacemos por los Cielos, me honraste con

al mundo Planetario.
ig y
la dignación de resolverte á admitirme en tu
compañia, y á viajar mentalmente según mi
dirección. Hemos empreendido el viage, y lo
continuamos en dulce y amigable compañia;
yo te hablo continuamente, y tú siempre me
favoreces oyéndome con agrado : nos enten­
demos mentalmente, y estáticamente viajamos
sin vernos, ni oírnos material ó sensible­
mente ; porque aquí nuestros espíritus no es­
tán envueltos en la mortaja que dexamos en
el orbe terrestre, y que les sirve de medio
mecánico para recibir las sensaciones de los
objetos materiales. Si nosotros, pues, que via­
jamos en compañia, y mentalmente nos ha­
blamos , no podemos en el viage vernos, ni
oírnos sensiblemente, ¿podrás creer por cosa
posible que sensiblemente veamos y oigamos
á los martícolas?
Paréceine ver ya en t í , Cosmopolita, cal­
madas la inquietud y la curiosidad con el dis­
curso que acabas de oír; pero esta calma qui­
zá sea aparente, ó efecto de haber desprecia­
do una curiosidad , que habrás juzgado incapáz de ser satisfecha. Sea la que fuere la cau­
sa de esta calma , yo pretendo resucitar otra
vez tu curiosidad con esperanza de satisfa­
cerla. Tú me has puesto en el empéño de ha­
blar de los planetícolas, y de descubrir el
misterio de su verdadera ó falsa existencia;
no desespéro de lograr este descubrimiento,
que se ha de hacer mas con la razón , que
por medio de las sensaciones de los órganos
corporales. Estas son falacísimas: prueba freqiiente y clara de su falacia te dan los tea­
tros

Falacia de
las sensacio­
nes.

198

Viage estático
tros cómicos , en que si creyera el espíritu
á lo que en ellas ve, viviría en perpétuo en­
gaño. Los objetos materiales engañan con su
sensibilidad al espíritu quando los ve , oye y
toca ; y le engañan fantásticamente quando
en el sueño corporal se figura ver, oír y to­
c a r, lo que ciertamente no v e , o y e, ni toca.
Hé aquí, Cosmopolita, que los objetos ma­
teriales engañan al espíritu por medio de las
sensaciones reales en los órganos corpóreos,
y por medio de sus especies ideales en la
fantasía. La razón es la que no engaña , ni
La verda­
puede engañar, quando ella sola habla al es­
dera razón píritu , y éste con la razón descubre y dis­
nunca es
tingue la realidad ó la apariencia de los ob­
falaz.
jetos sensibles. Esta razón que tenemos aquí,
y siempre con nosotros, y que es dimanación,
necesaria é inseparable de nuestro espíritu, es
la que nos hará descubrir la existencia ver­
dadera ó falsa de los planetícolas. Para ha­
El acierto
cer este descubrimiento no necesitamos los
está en el
abandono
sentidos corporales , con que freqiientemente
á la razón.
se engaña nuestro espíritu ; antes bien hemos
menester no hacer uso de ellos para abando­
narnos mas á la razón, con cuya única di­
rección se descubre la verdad. Y o , pues, me
abandonaré á la razón en todo el discurso que
te haré sobre los planetícolas: abandónate tú
á e lla , Cosmopolita , siguiendo mi exemplo,
y el impulso natural de tu espíritu. Tenien­
do á la vista de éste tal gu ia, no la pierdas
de ella; pues que yo voy á decirte tantas y
tales cosas, que si no estás con la mayor aten­
ción llegarás quizás á vacilar tal v e z , ó casi

al mundo ."Planetario.
199
á perder el camino que te muestra la guia.
Este aviso anticipado sírvate para que no va­
ciles ó te pierdas por mas que algunas de
mis reflexiones te parezcan delirios. Ten la
bondad y paciencia de oírlas todas, y des­
pués de haberlas oído podrás formar recto
juicio de la calidad de todas las reflexiones,
que ya empiezo á exponerte con el siguiente
discurso.
Debemos razonar y conjeturar como ra­
cionales que somos, Cosmopolita , aun en los
mas impenetrables y sublimes misterios de la
Naturaleza; no volemos mas con la conjetu­
ra , que con la razón: sujetemos á ésta lo que
conocemos, y lo que conjeturamos. Lo que de
cierto no se sabe, se puede y debe conjetu­
rar ; pero la conjetura no traspase los lími­
tes que la razón la prescribe para que no pa­
se á la esfera propria del delirio. Si nuestra
mente en la conjetura traspasa la esfera, en
que ésta se contiene limitada, se desenfrena
luego, se ciega, dexa de razonar, y empieza
á delirar. Una breve suposición admitida sin
reflexión por la mente, basta para que ella de­
lire en las conseqiiencias que infiere conjetu­
rando. El hombre tal vez en el silencio de
la noche buscando el sueño por inopinado
ofrecimiento se finge momentáneamente ser
poderoso y rico, ó ser Rey: este momentá­
neo ofrecimiento , y esta ideal suposición se
adaptan sin exámen , ni repugnancia; y lue­
go la mente del fingido Rey volando por la
série de las conseqiiencias de una suposición
que adoptó como cierta, se precipita en un
abis-

La conjetu­
ra sin razón
es delirio.

Delirios ó
sueños del
hombre dispierto.

200
Via ge estático
abismo de despropósitos. Esto es, Cosmopoli­
ta , lo que sucede á la mayor parte de los
Autores , que han escrito historias ó discur­
sos sobre los planetícolas. La idea de estos se
ofreció á los terrícolas desde que estotros em­
pezaron á tener algún conocimiento astronó­
mico de los C ielos, con cuya observación se
promovió y pretendió afianzar la conjetura
de los pobladores de los planetas; pero esta
Historias
conjetura apenas apareció en el estudio astro­
romances­
nómico, quando se presentó casi con toda la
cas de los
poca claridad de que es capáz , ó con que
planetíco­
puede presentarse á la especulación de los
las.
terrícolas; y los mas sabios entre estos no re­
conocieron en la tal conjetura sino remotos
fundamentos para formar abstractas ideas de
la posible existencia de los planetícolas. Así
R iccio li(i) yH e v e lio (2 ), Autores que escri­
bieron contemporáneamente , discurrieron es­
peculativa y abstractamente de la posible exis­
tencia de los lunícolas. Fontenelle en su Tra­
tado de la Pluralidad de los mundos, á la es­
peculativa conjetura que de estos se tenia, no
añadió pruebas , sino chistosas expresiones pa­
ra divertir el ocio de los lectores poco ins­
Romances truidos. Huighens , que escribió después de
de Fonte- Fontenelle, se propuso discurrir matemáticanelle y de
menHuighens.

(i)
Riccioli : Almagestum novum : En el
vol. i. lib. 2. cap. 2. n. 4. p. 187. cap. 9. n. 22.
pág. 2i<.
(2) Hevelio : Selenographia , cap. 12. p. 294.

a l mundo V ia n et ario.

201

mente de los planetícolas, y antes de intro­
ducirse en el discurso dice (1 ): "Con certi­
dumbre creíamos que nunca se sabrá , y en
vano se desea saber , quáles sean las obras
de la naturaleza que existan en los planetas
y com etas: ” no obstante esta confesión , des­
pués se abandona á la fantasía, y refiere ó
conjetura de los planetícolas, lo que ni la ra­
zón descubre, ni la Astronomía enseña. Gui­
llermo D erham (2), en el discurso preliminar
á su Teología astronómica , habló de los plane­
tícolas insinuando su inclinación á conjeturar
su existencia, sin empeñarse en aprobarla. Derh a m , moderado en sus expresiones sobre los
planetícolas, tuvo la desgracia de ser impug­
nado por un crítico principiante (3), que es­
cribió contra él casi sin impugnarlo. Lambert
supone (4) habitados los planetas, porque así
lo cree aunque no lo prueba ; pero discurre
con menos entusiasmo y paciencia inútil , que
tuvo Buífon para señalar en los cálculos que
pu(1) Christiani Hugenii opera v a ria : Enel
Vol. i. Cosmetheoros , lib. 1. fi. 646.
(2}
Théologie astronomique par Guillaume
T>erham. Paris. 1729. 8. p. 47.
(3) Confutazione Tipologico-fìsica del siste­
ma di Derham , che vuole l‘pianeti abitati di
D . Giovanni Cadouici. Brescia 1760.8. El A u­
tor impugna también á Fontenelle , alega po­
cas razones y muchas autoridades.
(4) Lambert : Sjsterne du monde. Bovillon 1770.
Tomo I I I .
Ce

202

Via ge estático

publicó por suplemento á su sistema munda­
no las respectivas épocas temporales, en que
cada planeta pudo ser habitado, y cesará de
serlo por su excesiva frialdad. Bonnet, que
quando publicó la primera vez su Obra de
la Contemplación de la naturaleza , se había
contentado con indicar su propensión á creer
la existencia de los planetícolas , se afianzó
en su buena creencia después que leyó el sistéma del Mundo publicado por L am bert, á
quien colma de elogios en las notas ( i) que
añadió á la dicha Obra de la Contemplación
de la naturaleza.
Has oído, Cosmopolita , la crítica que he
hecho de los principales Autores que han
escrito sobre los planetícolas: otro la ha­
rá de lo que yo te diré sobre estos. Mi re­
lación, si corresponde á mi intento, será fi­
losófica , no romancesca : no adelantaré con
el discurso lo que no me dicte la razón. A
ésta por materia ó asunto se presenta la po­
blación de los planetas y cometas ; pero la
materia sin pruebas no da fundamento al dis­
curso. Y o , pues, las tomo de la larga diser­
tación , que en qpestra jornada á Mercurio te
hice sobre la existencia de los planetícolas.
Llamemos á la memoria las principales prue­
bas que entonces alegué, porque ellas han de
ser
(i)
Contemplazione de la natura di Cario
Bonnet. Napoli 1787. 8. voi. 3. En el voi. í.
part. 1. cap.
p. 78.

al mundo Planetario.
203
ser el único fundamento sobre que he de fa­
bricar mi discurso. La observación de las le­
yes físicas con que se gobiernan los planetas
y cometas , y los Telescopios con que desde
la Tierra se han visto la figura, el movimien­
to , las desigualdades , manchas y otros fenó­
menos de los globos planetarios y cometarios,
nos dicen que estos son substancialmente co­
mo el orbe terrestre: si éste está poblado, y Razones fí­
sicas en fa­
para que fuese poblado se c rió , ¿ por qué se vor de la
ha de decir que los planetas y cometas es­
existencia
tán desiertos ? Si estos no están poblados, ó de los pla­
netícolas.
son incapaces de población , ¿ para qué, ó por
qué Dios los crió? El Filósofo debe señalar
la causa, ó el /or qué físico y moral de su
creación.
Breve y claramente te he reproducido,
Cosmopolita , las pruebas fundamentales de
la población de los planetas y cometas. Debo
ahora analizarlas para exáminar y descubrir
su peso y valor ; ó por mejor d ecir, debo
cotejarlas con las que convencen ser impro­
bable la dicha población. Tú oirás quanto so­
bre este asunto yo sabré decirte: te expon­
dré las pruebas que la Física nos subministra
para conjeturar improbable la existencia de
los planetícolas: me atreveré á discurrir del
/or qué físico y moral de la creación de los
astros errantes y fixos; y últimamente te pro­
pondré las pruebas que sugiere la Etica , y
que quizá se esconden en la Física para con­
jeturar la pluralidad de infinitos mundos. Ale­
garé todas estas pruebas sin decidir lo que
Ce 2
de

4

204
V ia ge estático
de ellas resulta mas conforme á la razón : á
la tuya dexo la decisión: soy observador de
las obras del Supremo C riad or, no Juez de
ellas.

§.

IV.

Razones físic a s contra la existencia de los
planetícolas y cometícolas.
A Tierra es semejante á los planetas en su
movimiento, figura y desigualdades su­
perficiales , dicen los defensores de los plañe*
tícolas; mas esta semejanza no es tan grande
como se afirma ; ó no es t a l , que baste para
inferir que los planetas y cometas están ha­
bitados como lo está la Tierra. Que ésta per­
manezca inmoble sin describir ninguna órbi­
ta al rededor del Sol, y que diariamente pa­
ra
formar la succesiva duración de los dias
Examen de
la semejan­ y de las noches dé vueltas sobre su e x e , co­
mo las dan los planetas , es cosa que se afir­
za de la
ma , y nunca se llega á demostrar. Todo es­
Tierra con
los planetas to será probable ; pero en buena crítica no
y cometas.
se podrá llamar cierto; pues que todos los A s­
trónomos convienen, en que la apariencia de
los fenómenos celestes es combinable con los
d^s sistémas Copernicano y anticopernicano.
Este puede ser de maneras diferentes de aque­
lla que se figuró Tico-Brahe.
Mas si no es evidentemente cierto ningún
movimiento de la T ierra, á lo menos se di­
rá ser evidente la semejanza de ésta en la fi­
gura y en sus desigualdades superficiales á los
pía-

L

al inundo Víanetario.

205

planetas ; y esta semejanza , aunque superficial,
bastará para conjeturar que los planetas están
poblados como lo está la Tierra. Concedo es­
ta aparente y superficial semejanza de la Tier­
ra con los planetas en la figura; pero parece
que ella no baste para inferir la misma seme­
janza en la población. En el globo terrestre
los países polares son de tierra y agua como
los australes: tienen montañas y valles como
estos ; y no obstante están desiertos, y pro­
bablemente son incapaces de ser poblados, co ­
mo lo son los australes : luego la semejanza
aparente de la figura de los planetas y de la
Tierra no puede dar fundamento para conje­
turar la población de los planetas ; sino so­
lamente para d ecir, que quizá sea posible su
población.
La semejanza superficial de la Tierra y de
los planetas tiene mas conexión con deber ser
semejantes los planetas y la Tierra en la at­
mosfèra , que con deber serlo en la población;
porque la atmosfèra parece un natural efecto
de la combinación de los elementos ; y la po­
blación no puede provenir de sola acción de
estos : no obstante el ser la atmosfèra efecto
natural de los elementos, y de suponerse es­
tos en los planetas , hasta ahora no se ha des­
cubierto ningún planeta que tenga atmosfèra.
Algunos Físicos pretenden probarla en la Lu­
na , pero sus pretensiones se prueban mas con
sus deseos, que con razones. Tuvo presente
esta dificultad Bailly hablando de la atmos­
fèra lunar, de cuya existencia llega á dudar.

"Si

206
Viage estático
"Si su atmosfera, dice ( i) , es producción de
emanaciones de c a lo r, es creíble que la Luna
no las tenga ; será , pues, cuerpo estéril en
reposo y helado : ¿ Estos son estados de muer­
te de los cuerpos inanimados ? ¿ Cómo la Lu­
na podrá tener calor y líquidos sin emana­
ción ? ¿ Cómo en ella podrá haber vivientes
sin agua y sin ayre ? ¿ Cómo podrán crecer
los vegetables, si nada sacan del seno lunar ?
Todo está conexo en la naturaleza : los gran­
des cuerpos, las masas habitadas están orga­
nizadas , como la máquina humana y econo­
mía animal en que la vida depende de tan­
tos elementos. La ausencia y la destrucción
de estos bastan para interrumpir la vida y
destruir la organización.” En estas expresio­
nes Baili y quiere y no quiere conceder la po­
blación de la Luna : él debió tener presente,
que suponiéndose en ésta los mismos elemen­
tos de que consta la Tierra , los lunícolas de­
berían ser corporales , como los terrícolas ; y
que vivientes corporales, como los que pue­
blan la Tierra , no pueden vivir sin atmosfera.
Mas en la Luna y en los demás planetas,
podrás decirme , Cosmopolita , habrá vivien­
tes de especies diferentísimas de las terrestres;
y en los cometas, que se ven rodeados de es­
pesa atmosfèra , habrá especies de vivientes
como los terrestres. Esta objeción está bien he_______________________________ cha,
( i) Bailly en el voi. 3. de su historia de la
Astronomía , disc. 2. p. 97.

al mundo Vianetario.

io?

c h a , Cosmopolita ; es justo que yo te dé res­
puesta, con la que te persuada á no figurarte
en los planetas, y ni en los cometas viviente
alguno , quando no los quieras poblar con es­
pecies de espíritus puros ó con duendes. Sobre
esta extravagante población nada nos dice la
Física, según cuyos principios ahora discur­
rimos , y debemos establecer , que ó ellos son
falsos , ó es necesario conceder que en los
cuerpos celestes existen los elementos mate­
riales que componen la Tierra. La luz solar,
su reílexíon desde los planetas, la atmosfèra
de los cometas y otros fenómenos semejantes,
son efectos que prueban existir elementos ter­
restres , ó semejantes á los terrestres en los
cuerpos celestes, en los que consiguientemen­
te la organización de vegetables y animales
terrestres, y el frió y el calor deberán cau­
sar en los cuerpos celestes organizados los
efectos que causan en los terrestres.
Te acordarás, Cosmopolita, que quando
visitamos á Mercurio te hablé de su calor,
y te dixe, que llegaba á ser poco menos que
dos veces mas activo que el calor terrestre
del agua hirbiendo ; y que el calor natural
de un habitador de Mercurio debería ser quatro veces mas activo que el del agua hirbiendo. Según estos principios debemos discurrir
así: si los habitadores de Mercurio, aunque
sean de especie diferentísima , tienen espíritu
y cuerpo, éste debe ser sensible, y debe cons­
tar de materia organizada: ¿Qué materia,
Habitadopues, organizada se puede concebir, que re­ res de Mer­
sista á un calor tan grande que bastaría para curio.
der-

208

Vi age estático

derretir los metales ? Y si te parece poco es­
te calor , Cosm opolita , vamos á exáminar el
de algunos co m etas, que según los Astróno­
mos se han observado muy cercanos al Sol:
por exem plo, el cometa del año 1680 á 8 de
D iciem bre, según Newtón , como te dixe es­
tando en el S o l, se hallaba tan vecino á és­
t e , que su distancia hasta el S o l, respecto de
la distancia de la T ie rra , era como el núme­
ro 6 al número 1000 ( 1); de donde en buen
cálculo se infiere (2 ), que en el tal com eta
hacía veinte y ocho mil veces mas calor que
sienten los terrícolas en tiempo de estío ; es­
to e s , un calor quatro mil veces m ayor que
el del agua hirbiendo ; ó mas de mil (3) veces
m ayor que el del plomo derretido. Según esto,
Actividad yo pregunto, Cosmopolita , ¿ cómo es posible
de calor que
con-

Habitadores
de los co­
metas.

imposibilita
la existen­
cia de los
planetícolas.

(1) El cometa estaba 166 veces mas vecino
al Sol , que éste dista de la Tierra.
(2) Siendo la distancia terrestre hasta el Sol
¿ la distancia del cometa hasta éste , como 1000
á 6 , se infiere , que el calor en el cometa era
tanto mayor que el terrestre en estío , quanto el
quadrado de ioooes mayor que el quadrado de 6;
esto es, quanto 1000000 es mayor que 36 ; y es­
te número es casi menor que el otro 27777 ve­
ces.
(3) El calor del hierro ardiendo es dos veces
y media mayor que el del agua hirbiendo. Vease
la Obra de los principios matemáticos de N e w ­
tón con su Comentario, lib. 3. p. 4 r *

al mundo Vianetarlo.

209

concebir un cuerpo organizado ( sea de la es­
pecie que se quiera fingir ) , el qual resista á
un calor tan activo ? Si en nuestro globo ter­
restre no hallamos cuerposs tan duros, de los
quales podamos asegurarnos, ó afirmar que
resistan al m ayor calor que pueda hacer en
é l , 1 cómo nos podremos persuadir que haya
vivientes corporales capaces de resistir á un
calor mas de mil veces mas activo que el del
plomo derretido ? Esta persuasión tienen los
hombres fundándose, no en las leyes de la na­
turaleza , sino en el dogma de la revelación,
según la qual conciben posibilidad milagrosa
para que los cuerpos ardan eternamente sin
consumirse en el infierno. E l hombre concibe
este caso posible por m ilag ro ; mas por razón
natural no concibe, que la unión de las par­
tículas de materia en un cuerpo organizado
sea tan te n a z , que no ceda naturalmente á la
actividad de un calor mas de mil veces ma­
y o r que el 'del plomo derretido. Menos puede
concebir el hombre la diferencia de estados,
que succesivamente experimentarían los des­
graciados habitadores del dicho cometa , pa­
sando momentáneamente del sumo frió al su­
Alteración
mo calor. E l cometa llega á alexarse (1) del
Sol de sumo ca­
lor y frió.

(1)
Infiérese la dicha distancia de la pro­
porción que Newtón ( Vrincip. mathem. lib. 3.
prop. 4 1 . ) pone entre la distancia media de la
Tierra al Sol , y el exe mayor de la órbita del
cometa. Esta proporción es como iooooá 1382957.
Tomo I I I .
Dd

210
Via ge estático
Sol mas de 4753 millones de leguas: en cu­
yo caso debemos discurrir del frió con la mis­
ma proporción con que se ha discurrido del
inmenso calor en su mayor cercanía al Sol.
Bailly teniendo presente esta reflexión , dixo:
" E l cometa (1) del año 1680, según H alley,
tiene el periodo de 575 años; y volverá en el
año de 2255;. ¿Quántas generaciones pasarán
hasta este tiempo ? El diámetro de su órbita
es 69 veces mayor que el de la órbita ter­
restre. Este cometa baxó desde la distancia
de 5700 millones de leguas, y se acercó al
Sol hasta no distar de él sino 200$ leguas.
Estas alteraciones de calor y frió hacen du­
dar de la población de los cometas. Parece
que la vida pide un estado de temple me­
diano, y que ella no se pueda hallaren glo­
bos, en que existen tales extremos de la na­
turaleza. Peí o ésta tiene sus compensaciones
desconocidas: ella opone causas á causas:
todo en el Universo está equilibrado ; en el
equilibrio se fundan la duración de las. co­
sas y su vida. "En estas expresiones nos dice
Bailly claramente faltarnos en el orden natu­
Frialdad'ex- ral los fundamentos necesarios para estable­
cesivísima
cer según éste la población de los cometas, á
en los pla­
netas y co­ la que se opone la suma contrariedad de sus.
dos extremos de calor y frió. Estos extremos
metas..
se hallan también en algunos planetas. E l frió,
que

£1) Histoire de /’ Astronomie moderne par
M r. Bailly. En el vol. 3. dise. 2. p. 77.

al mando Planetario.
2 11
que siempre debe hacer en Saturno, es exce­
sivo ; pues que el calor en él es dos veces me­
nor que el terrestre. En el planeta Urano ó
Herschel, nuevamente descubierto , es el frió
mucho mayor que el de Saturno ; pues que
dista del Sol casi al doble mas que estotro.
Y en el cometa, de que antes te hablé, ¿ quánto mayor será el frió ? Este en su mayor dis­
tancia del Sol llegará á ser mas de 19& ve­
ces mayor (1) que el que hace en la Tier­
ra. La mente humana, Cosmopolita, casi se
pierde en estos discursos no sabiendo cómo
combinar, ni entender los efectos de la natu­
raleza, que se supone una misma en lo celes­
te y terrestre.
Según estas conseqüencias, y el gran fun­
damento en que estriva el cálculo del calor
y frió, que te he insinuado , me parece, Cos­
mopolita, que en el tribunal de la mente ra­
cionalmente crítica, las razones que prueban
improbable la existencia de los planetícolas,
Cotejo de
deben pesar infinitamente mas que las que la la probabi­
proponen probable : porque la probabilidad lidad é im­
se apoya en una especie de congruencia fun­ probabili­
dad de la
dada en la aparente semejanza de la Tierra
y de los planetas; y la improbabilidad de la población
existencia de los planetícolas se funda en ra­ planetaria.
zones gravísimas, que convencen imaginaria la
existencia de vivientes corpóreos invulnera­
bles

(1) Esto es, sería á lo menos 19125 veces
mayor.
*

Dd2

212

Viage estático

bles é insensibles á la actividad del inmenso
frió y calor. No debo dexar en olvido , Cos­
mopolita, la vária aparición y ocultación de
manchas, que se han notado en algunos pla­
netas, como en Marte y Júpiter. En este úl­
timo algunas de ellas tienen de largo casi
quanto ocupa la superficie de nuestra Tier­
ra , y se ha notado que algunas de las tales
manchas desaparecen , y después vuelven á
verse de nuevo otras , ya mayores, y ya me­
nores. Haciéndose visibles estas manchas en
la distancia de tantos millones de leguas co­
mo hay desde la Tierra hasta Júpiter, es ne­
cesario que en este planeta sucedan tales al­
teraciones , que sean casi comparables al di­
Frequentes luvio universal en nuestra Tierra. Según esta
incendios y prudente conjetura es necesario persuadirse,
diluvios en que si Júpiter está poblado, los pobres jovíJúpiter.
colas deban vivir entre incendios y diluvios
casi universales ; pues que ya se ven, y ya se
ocultan desmedidas manchas roxas y obscu­
ras. A la verdad , Cosmopolita , deberémos
decir , que la población de los planetas no
solamente aparece irracional por las razones
que acabo de alegarte , sino también apare­
ce ser parto ó discurso de mentes inhumanas
ó crueles; pues que quieren poner criaturas
Son inhu­
manos los en tales sitios, que solamente serían buenos
para cárcel de condenados. Los Autores, in­
que supo­
nen pobla­ ventores de la población planetaria, podrían
dos los pla­ muy bien reflexionar y considerar , que sien­
netas.
do tan admirable la providencia de nuestro
Dios con los terrícolas , con los que se mues­
tra Padre amoroso, colmándolos de tantos bene-

al mundo Planetario.
213
neficios temporales, no debían suponer ó fin­
gir en los planetas la existencia de criatu­
ras, con las que el Señor hiciese las veces
de rigoroso padrastro. Si en Júpiter hubiera
habitadores, su noticia cierta movería nues­
tra compasión al observar en este planeta las
grandes alteraciones de sus manchas , como
indicios de incendios , diluvios, uracanes y
otros semejantes desastres en que los infeli­
ces jovícolas gemirían. ¿ Y qué compasión no
daría el ver ó saber que los habitadores de ción la no­
los planetas Saturno y Urano eternamente ha­ ticia de laj
bían de estar desterrados del Sol , no obs­ población
planetaria
tante de tener derecho para gozar de su in­ se
aíiige la
mediato infiuxo , no menos que los terrícolas, humanidad.
pues que todos pertenecían igualmente al sistéma solar? Desde el planeta Urano, que dis­
ta del Sol 19 veces mas que la Tierra, y casi
Distancia
dos veces mas que del mismo Sol dista Sa­ desde Ura­
turno , ¿ qué figura podrá hacer en tanta dis­ no hasta el
tancia la vista del disco solar? ¿Quéinfluxo Sol.
podrán causar la luz y el calor del Sol ? En
las grandes Monarquías los Soberanos gobier­
nan á los súbditos mas lexanos de su trono
por medio de Vicarios , que les hacen expe­
rimentar inmediatamente los efectos de su so­
berano gobierno: el Sol no puede enviar Vi­
carios suyos á los planetas; no puede acer­
car á sí los mas lexanos, ni alexar de sí los
mas vecinos ; por lo que en estos los influxos solares se hacen intolerables por su ac­
tividad , y en los lexanos serán inútiles por
su ineficacia.
Hasta aquí, Cosmopolita m ió, he procu­
ra­

214

Viage estático

rado hacerte conocer las dificultades que con­
tra la existencia de los planetícolas resultan
de la situación y constitución física de los
planetas, en los que los argumentos de su se­
mejanza á la Tierra inducen á suponer la po­
blación de habitadores solamente corpóreos; no
puramente espirituales. Las pruebas á favor
de la población de los planetas se fundan en
la Física , por lo que en ésta he procurado
hallar las razones para descubrir su insubsis­
tencia. Para concluir la impugnación de di­
chas pruebas , que deberemos llamar físicas,
te haré algunas breves reflexiones sobre el fun­
damento en que ellas estrivan. Este funda­
mento , como antes te he insinuado, consiste
en suponer identidad ó semejanza de efectos
en causas que aparecen substancialmente se­
mejantes. De esta suposición se infiere presen­
temente, como axioma universal é incontras­
Axioma fí­ table de Física, que en todo el mundo sensi­
sico.
ble sean uniformes los efectos, porque es una
misma la naturaleza que los causa. Yo sería
inmensatamente prolixo y aun molesto, si em­
prendiera el exámen y la enumeración de mi­
llares de casos particulares , que obligan y en­
señan á limitar la universalidad de tal axio­
m a; ó por mejor decir, enseñan á entender­
Se ignora
lo ccn una limitación , que hasta ahora no ha
la aplica­
señalado la Física, ni es capaz de señalarla
ción del
por razón de la limitación del conocimiento
axioma.
humano. Lexos de emprender tal exámen in­
menso, y con el fin de hacerte conocer la
obscura y difícil aplicación del dicho axio­
ma para argumentar en la presente materia , te

Nuevo exámeu de las
pruebas de
la pobla­
ción pla­
netaria se­
gún los
principios
de Física.

al mundo Vianet ario.
215
haré presente las siguientes dudas. No con­
vienen , ni pueden convenir los hombres mas
con los planetícolas (en caso que existan ) que
con los animales terrestres en el orden físico
de la generación corporal , y por la seme­
janza de los hombres con los animales en el
cuerpo ¿ se podrá inferir ser universal la que
tienen en el órden físico de su generación ?
¿Porque las plantas no son animales , no po­
drán ser semejantes en el órden de la genera­
ción ; ó porque en ésta les son semejantes,
lo serán también en la vitalidad ? Entre los
hombres no se da generación sin el concurso de
varón y hembra; ¿por esto será justo inferir, que
siendo los hombres semejantes á los anima­
les en la organización corporal, no se pueda
fdar entre estos generación sin concurso de ma­
cho y hembra? "D e tres modos, dice la Fí­
sica moderna (1), es la generación de los ani­
males : los hay que nacen del concurso de
macho y hembra separados : hay otros, que
en su mismo cuerpo contienen la virtud mas­
culina y la femenina , como los caracoles , sin
ser perfectamente hermofrodüas ; y hay ani­
males , que son perfectamente hermofrodítas.*
Los vegetables son no menos admirables que
los animales en su generación^ wTodos los géne-

(1) Hermanni Boerhaave- prœlectiones A ca­
demice* \ edidit Albertus Haller. Taurini 174$.
4. tom. 5. En el tomo 5. §. 729. pág. 120.

Efectos di­
versos de
causas se­
mejantes.

2i 6
Viage estático
ñeros de flores, dice el mas exacto observa­
dor ( i ) , que de estas hasta ahora ha habido,
según mi opinión, se reducen principalmente
á tres; esto es , á flor macho , á flor hembra
y á flor herinofrodita , que contiene los dos se­
xos. Por tanto , todas las plantas se reducen
solamente á tres géneros : el primero es de
plantas de flor hermofrodita : el segundo es
de plantas con flores de dos sexos; estas plan­
tas llevan ó contienen en un mismo pie ó
tronco, y en partes separadas , dos especies
de flores , que se distinguen en macho y hem­
bra : el tercero es de plantas con un solo se­
xo sobre un pie ó tronco de la misma espe­
cie ; esto es, un pie tiene la flor macho y otro
pie tiene la flor hembra : tales plantas son las
que antiguamente se dividieron en masculina
y femenina; como las palmas , los pistacos y
otras plantas semejantes. No admito el quarto
género de flores y plantas, que se podría lla­
mar neutro; esto e s , que no es de sexo al­
guno , como las flores dobles, sus plantas y
otros monstruos semejantes , que por acciden­
te nacen estériles ó faltos de los órganos ne­
cesarios para la generación de las semillas; por­
que ellos se comprenden en alguno de los tres
gé( i) La natura é coltura de fiori per il P.
Filippo Arena de la Comp. di Je su. Palermo
1767. 4. voi. 3. En el voi. 1. part. I. cap. 2.
päg. 14.

al mundo Vianet ario,

2 1?

géneros indicados: son de la especie misma
de donde provienen , y del género mismo de
sus engendradores ; y por tanto, pertenecen al
género de estos, y como monstruos no forman
género separado.
Según esta doctrina de los modernos ob­ Limitación
servadores de la naturaleza, de sus causas y y corrección
efectos , debemos inferir , Cosmopolita mió, de axiomas
físicos.
que necesitan recibirse con exámen y crítica
los comunes proverbios de los Físicos , en que
se dice que efectos semejantes corresponden
á causas semejantes; que la naturaleza es sim­
plísima en su obrar , y que no hace por me­
dio de muchedumbre de causas lo que pue­
de conseguir con la acción de una sola. Apli­
ca á los casos dichos de la generación de los
animales , y de los vegetables esta doctrina de
la semejanza de causas y efectos, y de la sim­
plicidad que en su obrar tiene la naturaleza,
y te hallarás muy confuso y embrollado en
su aplicación, según la qual deberás inferir,
que es frustánea la generación de los hom­
bres, porque no se hace con la simplicidad
con que la naturaleza obra en la de los ani­
males y vegetables. De la expuesta doctri­
na infiere también, Cosmopolita, que la su­
puesta semejanza de la Tierra con los plane­
tas no da fundamento para imaginarse en es­
tos todas las criaturas que existen en la Tier­
ra , y que arbitrariamente se supone analo­
gía entre los pobladores de ésta y los de los
planetas; porque la población debe ser de vi­
vientes corpóreos, y no se concibe cómo estos
puedan subsistir en las regiones planetarias.
Tomo III .
Ee
Mas

218

Viage estático
Mas si la población de los planetas y co­
metas , según los principios de Física, apare­
ce improbable ó naturalmente imposible; ¿por
qué y para qué, me preguntarás, ha criado
Vicios físi­ el Supremo Hacedor tan innumerables é in­
cos y mora­ mensos cuerpos celestes ? Esta pregunta (Cos­
les de la cu­ mopolita mió, permíteme que como amigo te
riosidad hu­ hable con confianza; y que como Christiano
mana.
no haga trayeion á la conciencia) puede pro­
venir de grande ignorancia, 6 de arrogante
atrevimiento: vicios el uno físico, y el otro
m oral, que impiden al hombre conocer la
limitación de su entendimiento, y lo impe­
netrable de las obras del Criador. Si á la cien­
cia humana pertenece indagar por qué y para
qué Dios ha criado los astros, también la per­
tenecerá inquirir por qué y para qué ha cria­
do á los hombres mortales expuestos á tantas
enfermedades del cuerpo, y á tantos delirios
de la mente : por qué habiéndoles dado ra­
zón les dexa obrar contra ella con detrimen­
to de su felicidad temporal y eterna : por qué
no los ha hecho muy robustos y fuertes, y
menos menesterosos de conveniencias: por qué
no ha criado mas ó menos especies de ani­
males que los que hay en la T ierra: por qué
en el sistéma solar no ha puesto sino ocho pla­
netas : por qué. . . . Mas yo necesitaría recor­
rer todos los entes criados, y sus efectos pa­
ra indicarte el por qué y para qué de infini­
tas cosas que ignoramos, y siempre ignorare­
mos. Nuestra curiosidad , superior á nuestro
conocimiento, se debe sujetar á nuestra razón,
la qual en lo poco que nos puede descubrir
.
nos

al mundo Planetario.
219
nos ensena, que no existe cosa la mas ínfi­
ma sin su por qué, y que el Supremo Ha­
cedor lo ha criado todo con algún fin digno
de su infinita sabiduría y bondad. La criatura
no es capaz de investigar por qué y para qué
el Criador ha hecho cada cosa que hay en el
mundo; pero su razón , y la revelación divi­
na le hacen conocer que todo existe con su
por qué, y con algún fin justo. Esto bastaría,
Cosmopolita, para responder á tu pregunta,
mas porque yo aunque te he criticado algo,
conozco que tú la has hecho con sincéra cu­
riosidad y buen deseo de saber ; y porque mi
obligación de director tuyo , no menos que mi
placer en instruirte, me empeñan en satisfacer
á tus justos deseos, te responderé con nuevas
reflexiones que quizá no te desagraden , y á
mi entendimiento presenten, como espero, nue­
va luz para analizar mas y mejor la verdade­
ra ó falsa existencia de los planetícolas. Podrá
ser que nuestra mente ilustrada no tan solo
por la razón , sino también iluminada con la
revelación divina, los llégue á descubrir. Ten
la bondad de oírme con atención.
II.
"Reflexiones sobre los fines físicos y morales
del Supremo Criador en las obras
de la naturaleza.
En todas las obras de nuestro Supremo
Criador es necesario, Cosmopolita, distin­
guir los fines que podemos llamar físicos y
Ee 2
mo-

220
Fin físico
y moral de
toda criatu­
ra.

Viage estático

morales, como en otra ocasión te dixe. En
orden á los fines ó causas físicas , que consis­
ten en la razón física, por qué ó para qué
sirve cada cosa en este mundo visible; todos
debemos confesar que no existe cosa alguna,
la qual no conspire, y aun sea necesaria para
conservar el buen orden y armonía de la na­
turaleza. Si el buen artífice humano no hace
máquina alguna, en la qual no haya cosa que
no convenga al buen orden de ella , ¿ creere­
mos que el Supremo Artífice ha dispuesto el
admirable é incompreensible mecanismo de es­
te mundo, sin el mayor orden, simetría y pro­
porción ? Es cierto que muchas cosas natu­
rales son incomprehensibles ; mas no por esto,
prescindiendo de los fines ocultos de la suma
Sabiduría de nuestro Dios , dexamos de cono­
cer necesariamente , que lo incompreensible es­
tá hecho con el mayor orden. Un Idiota , que
ve el concertado orden que tiene un relox,
desde luego, según la razón natural , se ve
obligado á reconocer y confesar la admira­
ble y armónica disposición de la máquina y
la habilidad del que la hizo : así nosotros,
aunque no comprendamos el artificio, el me­
canismo , ni la proporción de las criaturas,
no obstante al observar varios efectos de
ellas nos vemos obligados á confesar que
todas se criaron con la mayor sabiduría. Pa­
ra explicarte prácticamente lo que nos suce­
de en la consideración de este mundo visi­
ble , yo te quiero proponer, Cosmopolita , es­
te exemplo material. Supongamos que un Idio­
ta entra en un gran Muséo de Cirugía, As­
tro-

al mundo "Planetario.

221

tronomía y Física experimental ; este Idiota
al entrar en el Muséo quedará admirado vien­ El hombre
do tanta variedad y muchedumbre de instru­ mas sabio
mentos y de máquinas, que él no entiende, ni está en el
mundo co­
sabe para qué sirven , ni cómo se manejan. mo
un Idio­
Si en estas circunstancias ve hacer algunas ex­ ta en los
periencias físicas, empezará á reconocer con Muséos fí­
nueva admiración el uso de aquellos instru­ sico-astro­
mentos ó máquinas, cuyo artificio, aunque él nómicos.
no lo compreenda , deberá mirarle como ma­
ravilloso. Así en gran p arte, Cosmopolita,
sucede á nosotros, que colocados en el gran
Muséo de este mundo observamos en él innu­
merables cosas que no compreendemos, y en
que al mismo tiempo nos vemos obligados á Utilidad de
admirar el mayor artificio , considerando el los conoci­
concertado orden con que se nos presentan, mientos as­
y los prodigiosos efectos que en utilidad nues­ tronómicos.
tra resultan. Si contemplamos los progresos de
la Astronomía, hallarémos en ella que el co­
nocimiento de los Cielos nos ha enseñado á
formar ó arreglar los años, meses, semanas
y dias; á ordenar las Cronologías; fixar las
épocas ; á conocer la latitud y longitud de
los lugares ( sin las quales los hombres no
podrían vivir como hermanos, que forman una
familia ) ; á determinar la figura y grandeza Utilidad de
de la Tierra ó casa , que el Señor nos ha dado los conoci­
para habitación ; y así se puede discurrir de mientos fí­
otras verdades ó conocimientos. Si contem ­ sicos.
plamos los progresos de la Física y de la His­
toria N atural, encontrarémos en las plantas,
en los animales, en los metales y en los mis­
mos elementos innumerables prodigiosos efec­
tos

222
Viage estático
tos y utilidades que redundan en provecho
nuestro , y al mismo tiempo sirven para que
se mantengan con succesiva propagación to­
das las criaturas destinadas al servicio del
hombre.
El discurso, Cosmopolita , nos ha lleva­
do insensiblemente á considerar los fines mo­
rales del Señor, que resplandecen en las cria­
turas visibles: mas ya que afortunadamente
hemos caído en tal consideración , prosigá­
mosla; pues que ella servirá para responder
mejor á tu curiosa pregunta. Al continuar es­
ta consideración me viene oportunamente á la
memoria un pensamiento ó proposición de un
sabio terrícola, la qual ha servido para for­
mar ó autorizar el sistema que hoy defien­
Argumento den los terrícolas en la Física y Astronomía.
de Newton
La proposición , pues, se reduce á estas bre­
en el orden
ves expresiones ( i ) : "L a naturaleza es sim ­
físico.
ple , y no abunda en causas superfluas ; por
tanto, los efectos naturales de un mismo g é ­
nero se deben creer parto de unas mismas cau­
sas , y así se debe pensar de las causas de
la respiración en el hombre y en la bestia,
de la caída de una piedra en la América y
en la Europa; de la luz del fuego terrestre

_____________________________________ y
( i ) Newrón , en el principio del lib. 3, de
los Principios Matemáticos, establece las dichas
expresiones b3xo el nombre Reglas de filosofar,
y sobre ellas funda todas las grandes conseqiiencias que en el mismo libro saca tratando de los
fenómenos celestes.

al tvt¿rido Vianetarlo.

223

y del so lar; de la reflexión de la luz en la
Tierra y en los planetas , &c.” Esta propo­
sición, ó modo de pensar del sabio terrícola
han hecho, que en todo lo visible se crea un
mismo obrar físico; y aunque en los cuerpos
celestes se notan tal vez fenómenos rarísimos
y contradictorios , no obstante, al ver que al­
gunos efectos de ellos se acomodan algo ó
corresponden al dicho modo de pensar, los
sabios terrícolas han adoptado por sistéma
universal físico el mecanismo de causas físi­
cas que observan en la Tierra. Yo, pues, re­
duciendo al sistéma, que podremos llamar
m oral, el fin moral, que claramente se ad­
vierte en todas las criaturas terrestres, pro­
pongo la misma proposición de este modo:
Todo quanto existe en la Tierra , se ve cria­
do para servicio del hombre: al mismo ser­
vicio se ven conspirar muchas criaturas ce­
lestes : nosotros, por tanto , debemos juzgar Uso del di­
que todas ellas fueron criadas para el mis­ cho argu­
en el
mo servicio ; esto es, el hombre que por ra­ mento
orden mo­
zón natural se reconoce criado para servir á ral.
D ios, por la misma razón , y por la expe­
riencia conoce igualmente que el Señor, que­
riendo obligarle mas y mas á su servicio, y
darle materia de reconocimiento á su Supre­
ma Bondad, Sabiduría y Providencia, ha
criado las criaturas terrestres para su servi­
cio ; y porque igualmente le sirven muchas
celestes, llega á inferir que todas éstas se
criaron con el mismo fin.
Que los animales, las plantas y todas las
innumerables criaturas, que con su muchedum-

224

Viage estático

dumbre y variedad enriquecen y hermosean
la Tierra , sean destinadas para el servicio
del hom bre, y que éste en todas las criatu­
ras pueda y deba encontrar innumerables
motivos (1) de reconocer y admirar la Sábia
Providencia de nuestro C riad or, es claro y
manifiesto; y para certificarse de esto bas­
ta dar una ojeada á todo el orbe terráqueo,
y ver si en él se encuentra otra criatura de
mayor ó igual perfección que la del hombre,
á la qual sirvan las criaturas terrestres co­
Argumento
mo sirven al hombre ; ó que , como éste , se
físico que
encuentre
alguna criatura poderosa y capáz
demuestra
de
aprovecharse
de todo lo criado. Ninguna
la superio­
criatura , sino es el hombre, se hallará capáz
ridad del
hombre á
de sujetar á su dominio , utilidad y conve­
las demás
niencia todo quanto se admira vário , raro y
criaturas
grande en la Tierra ; y ninguna se hallará
sensibles.
que sea capáz de reconocer á su Criador por
tan admirables obras y particulares benefi­
cios. El Supremo Hacedor ha hecho todo lo
terrestre únicamente para servicio del hom­
bre , que es la sola criatura que en la Tierra
puede agradecer el beneficio, y correspon­
der

(1) Sobre este asunto se encuentran muchos
buenos discursos en la excelente obra del Señor
Pluche , intitulada : Espectáculo de la N a tu ra ­
leza. El docto Nieuwenryt trata el mismo asun­
to en su obra intitulada : Le existence de Dieu
demontreé p ar les merveilles de la Nature : la
qual es dignísima de ser leída.

al mundo Vianet arlo»
225
der al bienhechor. Que si levantamos la con­
sideración desde las criaturas terrestres á las
celestes, desde luego empezarémos á descu­
brir que estas sirven prodigiosamente de in­
numerables modos al hombre presentándole
continuamente motivos de reconocer la ama­
ble providencia del Criador. Levantemos la
consideración para fixarla en el S o l, y luego
hallarém os, que éste con sus arreglados mo­
vimientos en el orden civil nos forma y hace
distinguir los dias , las noches, los años y las
varias estaciones de estos. Veremos que en el
orden físico con su calor y variedad admirable
de estaciones de tiempo hace fecunda la Tier­
ra en tanta muchedumbre de plantas, frutos
y animales. En una palabra, no hay quien no
conozca, que faltando el Sol faltarían en la
Tierra el buen orden y servicio de las cosas
terrestres. Consideremos la Luna Vicaria del
S o l, y veremos que ella en ausencia de éste,
por disposición admirable y bondad suma del
Altísimo, consuela á los terrícolas, destierra
las tinieblas nocturnas y alumbra sin el fas­
tidio del calor. La iluminación lunar no es
siempre la misma, sino que varía de un mo­
do constante; y de esta manera sirve en el
orden civil de señalar los dias, sjemanas y me­
ses ó años lunares á las persogas mas idio­
tas. En el orden físico la Luna probablemen­
te nos hace el incomparable beneficio de te­
ner con el fluxo y refluxo en continuo movi­
miento las aguas de nuestros mares impidien­
do que estos se corrompan y hielen. La Lu­
na se ve colocada en poca distancia de la
Jom o I I I .
Ff
T ier-

Servicio de
las criaturas
celestes al
hombre.

Utilidades
del Sol en el
orden civil
y físico.

Utilidad de
la Luna.

226

Viage estático

T ierra , y su curso atraviesa la eclíptica , y
con esta disposición admirable suceden los eclip­
ses ya solares y ya lunares, que sirven pa­
ra determinar las épocas de los tiempos , y
la longitud de los lugares. Si de la Luna y
Sol pasamos á considerar los demás astros, la
limitación de nuestro ingenio descubrirá en al­
gunos de ellos importantísimos servicios al gé­
Utilidad de nero humano. E l astro ó estrella polar sirve
tanto á los terrícolas, que estos sin la tal es­
la estrella
polar , del
trella caminarían por la Tierra , como una
zodiaco y de nave por el mar sin gobernalle. Las estrellas
las demás
del zodiaco nos sirven como de señales y lin­
estrellas.
deros para computar mejor la carrera solar
de que depende el gobierno civil de nuestras
Cronologías. Cada estrella que pasa por el
zenit de cada país nos está señalando oculta­
mente la latitud de éste para que la poda­
mos hallar sin buscarla á ciegas. Si las estre­
llas se mueven , como algunos dicen , ¿quién
sabe si su lentísimo movimiento forma el gran
año de la duración del mundo ? Las estrellas
ciertamente indican el principio, medio, fin y
succesivo curso de la noche; y sirven de relox natural al navegante, al pastor y al ope­
rario, para arreglar el tiempo del viage, del
reposo y del principio de la fatiga. Ellas dan
mas exáctamente que el Sol á todos regla fixa para determinar la duración de la hora,
del d ia , del año y del siglo. Si las estrellas
desaparecieran repentinamente , ¡ qué pobres
é infelices quedarían la Astronomía y la Geo­
grafía de los terrícolas ! Estas ciencias tan úti­
les á la sociedad humana casi desaparecerían
fal-

al mundo Vianet ario.
127
faltando las estrellas; \ qué obscura y horri­
ble sería entonces la noche! En ésta las ti­
nieblas serían palpables; los hombres en cam­
po llano y descubierto caminarían como cie­
gos. ¿ Y qué diré de la utilidad de los pla­
netas que giran al rededor del Sol ? El giro
de Mercurio y Venus, quando estos pasan de­
lante de é l , nos señala ciertos puntos de épo­
ca , y nos descubre un nuevo campo , en que
la observación encuentra á cada momento lo
útil y lo delicioso. Los satélites, que giran
al rededor de Júpiter en breve tiempo, nos
hacen conocer la verdadera longitud de los
lugares terrestres: sin tal socorro quizá no la
conoceríamos jamás con exactitud , por lo que
los terrícolas sabios (1) han llegado á decir,
que el descubrimiento de los satélites de Jú­
piter ha dado en poquísimos años mas per­
fección á las cartas geográficas con indecible
utilidad de la sociedad humana, que pudie­
ran haber dado diez mil años de viages in­
cómodos , y de peligrosas navegaciones.
Ved aquí, Cosmopolita , cómo á la me­
Cotejo de
nor reflexión se descubre, que los cuerpos ce­ los fines en
lestes sirven en lo civil y en lo físico con el orden fí­
innumerables utilidades al hombre , por lo que sico y mo­
si los Filósofos terrestres infieren del meca­ ral.
nismo de las leyes físicas en la Tierra el de
las leyes físicas en los cuerpos celestes, por­
que estos en su obrar se asemejan algo á los
cuer(1)

La-Lande : Astronomie Vrefaee.
Ff 2

228
Viage estático
cuerpos terrestres : nosotros con mayor ra­
zón del fin moral de las criaturas terrestres,
y del servicio que estas hacen al hombre , in­
feriremos el mismo fin moral y servicio en
los cuerpos celestes, pues que claramente ve­
mos , que estos no menos que las criaturas ter­
restres sirven en lo civil y físico al hombre.
Es cierto que ignoramos el servicio que nos
hacen y pueden hacer muchísimos otros: mas
no por esto debemos dexar de creer, que fue­
ron criados para el fin mismo que los demás
astros , cuyos servicios y utilidad conocemos.
Dime, Cosmopolita , ¿ quántas cosas hay en
la Tierra, que por ignorancia no conocemos
útiles á nuestro servicio ? Son innumerables,
y no obstante por la experiencia que tene­
mos ya de nuestra limitación de entendimien­
t o , y ya de descubrirse cada dia nuevas uti­
lidades en lo que se creía inútil, juzgamos
acertadamente, que todo lo terrestre se crió
en orden, número y medida para nuestra uti­
lidad y servicio. Yo te pregunto mas. Dime,
dos mil años h á , quando aun no se conocía
el admirable uso que hoy hacemos de la pie­
dra imán , ¿ qué concepto formarían los hom­
bres de esta piedra ? La mirarían como la
cosa mas inútil de la naturaleza ; y con el
tiempo su virtud nos ha hecho conocer que
ella es de las cosas mas prodigiosas y mas
útiles de la misma naturaleza. El metal lla­
mado platina se ha mirado hasta pocos años
há con desprecio sumo por su inutilidad. Di­
me mas. Al descubrirse en el siglo pasado los
satélites de Júpiter, ¿qué concepto formaron

a l 'mundo V ianet arlo.
229
los hombres de tal descubrimiento ? Enton­
ces se le empezó á mirar como un hallazgo
de cosa peregrina é inútil; mas luego que á
breve tiempo se ofreció á los Astrónomos la
inmensa utilidad que de los eclipses de ta­
les satélites podian sacar para arreglar con
la mayor exactitud la longitud geográfica de
todos los puntos de la T ierra, ellos miraron
al tal descubrimiento como un beneficio in­
comparable de la Divina Providencia. ¿ Quién
sabe , pues, Cosmopolita , si con el tiempo
nuestros sucesores descubrirán otras iguales
utilidades y beneficios semejantes en los de­
más fenómenos de los cuerpos celestes ? La
experiencia nos dice, que quanto mas estu­
diamos en las cosas terrestres, tanto mas se
halla de útil y prodigioso en ellas en bene­
ficio nuestro. Esto mismo hallamos verificar­
se en los cuerpos celestes. La experiencia asi­
mismo nos enseña con los continuos nuevos
descubrimientos, que nosotros estudiamos po­
co en la consideración de las cosas terrestres;
ó que somos muy tardos en conocerlas , no
obstante de tenerlas cerca de nosotros: Si es­
to , pues ,• nos sucede con los cuerpos que nos
rodean y nos tocan, ¿ quánto mas nos suce­
derá con los cuerpos celestes, que distan de
nosotros millones de leguas ? El hombre, Cos­
mopolita mió, inventa menos que lo que pue­
de , y siempre ignora mas que sabe.
Puedes ya conocer é inferir, Cosmopoli­
ta , que es arrogante y necia la superficial cu­
riosidad de quien, sin atender á estos discur­
sos y razones tan sólidas, desde luego sin ningu-

230
Viage estático
guna reflexión se atreve á decir, por exemplo: "Mercurio está poblado como la Tierra,
porque á ésta es semejante en la figura; y si
no está poblado , ¿ por qué ó para qué lo
crió Dios ? ” Curiosidad necia y arrogante:
es necia esta curiosidad porque no se conoce
el mérito de las razones, que en el orden fí­
sico, en que se hace el argumento, conven­
cen la imposibilidad de la población. Es asi­
mismo arrogante la curiosidad porque no se
reflexiona ya en el servicio uniforme que ha­
cen al hombre los cuerpos celestes como los
terrestres; y ya en la limitación de nuestro
entendimiento, que no sabe señalar el fin fí­
sico para que sirven innumerables cosas de
la Tierra en que vivimos. Añadiré mas, Cos­
mopolita : la tal curiosidad es propria de una
mente perversa , que no reconoce las luces ó
conocimientos naturales, que la observación
de las criaturas le hace adquirir para admi­
rar y alabar la suma sabiduría , providencia
y omnipotencia de nuestro Criador. Esta pro­
posición quiero ilustrarte con una breve re­
flexión. Ten la bondad de oirla.
El Señor ha puesto en la naturaleza que
nos rodea, un libro abierto en que leamos sus
maravillas; y leyendo vengamos en conoci­
miento de su saber y poder infinito. Para con­
vencernos de esta verdad basta fixar la con­
sideración en el mas despreciable insecto de
ella ; y en su economía digestiva y sensitiva
hallarémos innumerables motivos de admirar
la Sabiduría y Poder de nuestro gran Dios.
El Señor, que en todas las criaturas terres­
tres
*

Curiosidad
necia y ar­
rogante.

La natura­
leza es libro
escrito por
el Criador.

al mundo Planetario.
231
tres que nos rodean y sirven, ha unido nues­
tra utilidad y su gloria ; para manifestarnos
mas ésta con objetos proporcioríadós á la gran­
deza de su Magestad , ha criado los Cielos,
de quienes se dice con especialidad (1 ), que
son obras de las manos Omnipotentes , que
nos demuestran la grandeza del Criador. Si en
el mundo hubiera solamente Sol y Estrellas,
Las obras
ó Astros fixos , nosotros miraríamos el Sol
de Dios
unen su
como árbitro de los tiempos, que divide la
duración de estos en minutos, horas , dias, gloria con
meses, años y siglos (2), y como regulador la utilidad
humana.
de las estaciones , dándoles el orden necesa­
rio para que en tiempo debido nazcan las
plantas , y maduren los frutos. Lo miraría­
mos últimamente como padre, que atrayen­
do con sus rayos los vapores , y convinién­
dolos en lluvias, ó destilándolos en rocíos,
hace fecunda la Tierra. Nuestros discursos’
no pasarían adelante ; esto e s , nosotros en
tal caso difícilmente sabríamos admirar la
grandeza del S ol, ni su distancia ; y menos
podríamos conjeturar la de las estrellas. Care(1) Salmo 18.
(2) Como el curso del Sol con su órbita mi­
de la duración del año solar; así la lenta di­
minución del ángulo de dicha órbita con el
equador es medida exactísima del siglo. Si en­
tre los hombres por tradición se conservara no­
ticia del <¿tio en que Dios crió el Sol , se sa­
bría con toda exactitud la anrrgiiedad del mundo.

232
Viage estático
receríamos entonces de la idea m ayor , aun­
que m aterial, del Poder y Magestad de nues­
tro Dios. E l Señor , pues, para que pudié­
semos naturalmente venir en conocimiento de
su Magestad Suma , crió otros cuerpos celes­
te s, por medio de los quales, como de otros
tantos escalones, pudiésemos subir á tan al­
ta consideración. Crió dos planetas , que son
Mercurio y Venus entre la Tierra y el Sol,
y por medio de ellos el hombre empieza á
fundar sus discursos y conseqüencias para
conocer probablemente la grandeza enorme
de los planetas, su desmesurada distancia y
su casi increíble velocidad. Crió los plane­
tas M arte, Júpiter y Saturno, dando á es­
tos dos últimos sus lunas, como la Luna ter­
restre , y por medio de estos planetas el hom­
bre llega á conjeturar con fundamento la can­
tidad mayor ó menor de materia que con­
tienen muchos cuerpos celestes, y adelanta
tanto sus conocimientos, que investiga la na­
turaleza y carrera ú órbita de los cometas.
Apoyado ó fundado el hombre sobre estos
conocimientos, empieza á formar sus cálcu­
los , y halla planetas que son mayores qui­
zá un millón de veces que la Tierra , la qual
él miraba como una vasta mole de grandeza:
halla que hay astros errantes ( 1 ) , que llegan
á distar de la Tierra mas de quatro mil setem*x\

(1) El cometa del año de 1680 w de quien
se habló poco antes..
>3 r

a l mundo "Planetario.
233
tecientos y cincuenta millones de leguas; y
halla que hay cuerpos (1) en la naturaleza
que caminan treinta y quatro millones de le­
guas en poco mas de ocho minutos.
¿Qué te parece, Cosmopolita, de estos
conocimientos que probablemente no se ten­
drían si en el mundo hubiera solamente (2)
Sol y estrellas? Dim e, ¿se puede en lo na-*tural formar mayor idea del poder de nues­
tro D ios, que la que claramente presentan á
la vista y á la razón estos conocimientos de
la grandeza, distancia y velocidad de estos
cuerpos celestes ? Mas no paran aquí los dis­
cursos humanos; estos valiéndose de los pla­
netas como de escalones, suben casi hasta las
estrellas ó astros fixos; y aunque no deter­
minan su grandeza y distancia , pero llegan
á inferir, según el natural y fundado racioci­
nio,
(1 ) L a luz del Sol tarda 8 minutos y 7 se­
gundos en llegar á la Tierra quando ésta está en
su distancia media del Sol, que es de 34357480
leguas.
(2) Qualquiera puede conocer que si en el
mundo estuviera solamente el Sol , la idea que
entonces se podría prudentemente formar de la
grandeza de los Cielos , sería muy inferior á la
que ahora se forma : si hubiera solamente esr
trellas y Sol , la idea de los Cielos aun sería
bastantemente inferior á la que se puede formar
en virtud de la existencia de los planetas y de
su conocimiento.

Tomo III.

Gg

234

V 'iage estático

n io ,q u e la distancia de las estrellas mas cer­
canas á la T ierra debe ser de mas de seis­
cientos mil millones de leguas ( 1 ) ; y que á
proporción debe ser la grandeza de sus cuer­
pos , que en tanta distancia se hacen visibles
desde la T ierra. ¿ Te parecen de poco mo­
mento, Cosm opolita, estos conocimientos que
tan patentemente nos muestran el poder in­
menso de nuestro Dios ? ¿ Quién al hacer es­
tas consideraciones, á que naturalmente lo
llevan la razón y el natural discurso , fun­
dándose en la • observación de estos planetas,
no quedará ya maravillado de ver los me­
dios naturales que Dios le ha dado para v e ­
nir en conocimiento de su Divinidad ; y ya
absorto al observar criaturas m ateriales, y es­
L a admira­ pacios que exceden el discurso humano ? Ved
ción verda­ aquí , Cosm opolita, .cómo la Sabiduría, y no
dera es par­ la ignorancia , como dixo el temerario Hobto de la sa­
bes , engendra la justa admiración y conoci­
biduría.
miento respetoso de la Divinidad ; la adm i-

( 1 ) Si se conociera la paralaje anual de las
estrellas , vendríamos en conocimiento de la dis­
tancia de éstas; mas porque no se distingue la
tal paralaje, se infiere que las estrellas deben
distar de la Tierra mas que la distancia pro­
puesta. Si la dicha paralaje anual fuera de un
solo segundo, la distancia de las estrellas sería
de 6 77 17 70 millones de leguas ( véase La Laude:
AstrcnGm. n. 2782 ) ; en caso de ser verdadero
que la Tierra se mueva al rededor del Sol.

.

a l mundo "Planetario
235
ración y conocimiento de ésta inducen natu­
ralmente á su temor y cu lto ; y de estos na­
ce necesaria y naturalmente la Religión. Ved
como todo lo criado terrestre y celeste se
endereza y encamina á un mismo fin prima­
rio , que es la gloria de nuestro Criador ma­
nifestada á los hombres. El Señor ha criado
tantas cosas, cuyo conocimiento nos vaya
por grados manifestando la Divinidad al tiem­
po mismo que los hombres viciosos la quie­
ren desconocer. Todos los nuevos conocimien­
tos que cada dia tenemos, nos hacen cono­
cer naturalmente que todas las criaturas gri­
tan : D ios infinitamente Sabio , B u en o , Pode roso , y P a dre del género humano. Si quieres
autoridad de esta verdad , tienes la de to­
das las naciones: si quieres razón , tienes tu
misma conciencia , la consideración de todo
este mundo visible, y la absoluta necesidad
que tú siendo libre tienes de conocerlo. He
concluido el discurso, que me he propuesto
hacerte sobre el por qué y p a ra qué crió Dios
los planetas , cometas y demás astros; mas
no por esto he dado fin al de los planetícola s : vuelvo á discurrir de ellos : si me hon­
ras , Cosmopolita, con tu atención , como espéro , proseguiré gustosamente. Oyeme.

III.
N uevas reflexiones sobre la existencia
de los planetícolas.

Valiéndome de las razones de la Física
Gg 2
he

Nuevas
pruebas fí­
sicas sobre
la existen­
cia de los
planetícolas y come­
tíanlas.

236
V i age estático
he procurado, Cosmopolita , impugnar la opi­
nion de los que con principios físicos pre­
tenden probar la existencia de los planetícola s , y mi impugnación, no ha excedido los
límites de la objeción. Esta se contiene en la
esfera de las leyes naturales conocidas , y
dentro de la misma se ha encerrado siempre
la impugnación. Pero ahora se me ocurre es­
ta reílexlon sobre las leyes naturales : la va­
riedad y combinación de cuerpos que se pue­
den hacer , y son compatibles con las leyes
de la naturaleza , son innumerables : á la hu­
mana compreension se ocultan el número, la
calidad y los efectos , que pueden resultar
de tal variedad y ^combinación ; ¿ por qué,
pues , en los planetas y cometas no podrá
haber habitadores , que en orden á lo cor­
poral convengan solamente con los terríco­
las; esto es, á estos sean solamente semejan­
tes en ser compuestos de elementos materia­
les ; y que se diferencien m as, ó tanto en la
combinación de estos, quanto el fuego se di­
ferencia del agua? La falta de atmosfèra,
por exemplo, en los planetas se juzga incom­
patible con su población , porque lo sería con
la terrestre ; en el orbe terráqueo hay innu­
merables vivientes , quales son los peces , cu­
ya atmosfèra , que es el agua , sería incom­
patible con la vida.de los hombres y de los
animales terrestres ; y si en la Tierra hay ani­
males aquáticos, cuya atmosfèra aquosa, pa­
ra ellos sana y necesaria , sería mortal para
los animales terrestres: en los planetas podrá
haber animales, para los quales sea mortal
)

a l mundo P lanetario.

237

la atmosfèra en que viven los hombres. La
física repugnancia de las leyes naturales con Puede ha­
planetíla población de los planetas no se puede ab­ ber
colas corpó­
solutamente afirmar sin conocer todos los reos , que i
efectos de que es capáz la innumerable com­ no tengan
binación , que se puede hacer de los elemen­ necesidad
tos materiales. Difícilmente se probará, que de atmos­
en los planetas no pueda haber infinitas es­ fera.
pecies de vivientes , las quales se diferencien
mas de la humana en lo material , que ésta
se diferencia de la mas ínfima de los viles
insectos. Considera bien, Cosmopolita, la ca­
si increíble diferencia que hay entre las es­
pecies de los animales que llamamos perfec­
tos é imperfectos : ¿ quantos hay entre estos,
que habiendo tenido una vida efímera ó po­
co durable , se sepultan en el polvo , y des­
pués por sí mismos , ó por artificio de los
hombres vuelven á resucitar ? Si estos pro­
digiosos efectos no se vieran y experimentáran , el Físico los negaría posibles, porque
los juzgaría contrarios á las leyes naturales.
Cosmopolita m io, quien mas estudia en el li­
bro de la naturaleza , mas conoce la igno­
rancia humana, y mas admira la Sabiduría
y la Omnipotencia del Criador.
A la inmensa Magestad de éste parece Dios no ha
pertenecer que no estén desiertos los inmen­ criado los
sos é innumerables globos, que en el Cielo ve­ planetas pa­
mos y admiramos, como campos de las arma­ ra que estén
das del Omnipotente. ¿ Astros tan hermosos, eternamen­
quales son ios planetas, estarán desiertos quan­ te desiertos.
do está poblado el lodo de nuestra Tierra ?
Esta sola proposición proferí yo apenas en
una

238

Cadena de
los entes
sensibles,
terrestres
y celestes.

Viage estático

una Académia Romana, quando uno de sus
miembros , interrumpiéndome prontamente,
me dixo : frEn el lodo están los hom bres, pa­
ra cuyo servicio se han criado los astros, y no
para ser poblados.” Oí con paz la proposi­
ción del que me interrumpió, y pidiéndole
licencia para responderle, hablé así. Permiti­
rás , Cosmopolita , que te repita la respues­
ta que entonces di académica é hipotética­
mente , pues que en el mismo sentido hablo
presentemente.
Todos los entes terrestres, dixe, forman
una série ó cadena tan estrechamente enla­
zada , que si en ésta faltára un eslabón solo,
faltaría toda la cadena ; como no sin grave
fundamento piensan hoy los Físicos. La ca­
dena de los entes terrestres puede enlazarse
con la de los entes celestes, pues que una mis­
ma es la naturaleza de todo lo visible; y se
podrá decir , que aunque el hombre sea el
principal anillo de la cadena, ésta no pueda
existir sin su enlace con los demás anillos.
En el sistéma mundano forman su cadena la
Tierra y todos los planetas, y estos no exis­
tirían si faltára la Tierra ; por lo que justa­
mente se dice que á ésta sirven ; ¿ pero el
fin de este servicio se opone al que la Tier­
ra puede hacer á los planetas, y estos mu­
tuamente se pueden hacer á sí mismos ? Por­
que el Sol se criáse para alumbrar á la Tier­
ra , ¿no podrá alumbrar á la Luna y á los
demás planetas? Y si los alumbra, ¿no se in­
fiere claramente de este efecto , que el Sol
se crió también para alumbrarlos ? Si en una
cau-

a l mundo P lan etario.

239

causa natural vemos efectos ciertos y nece­
sarios , debemos inferir que ella se crió para
producirlos.
Por revelación divina sabemos que Dios,
además del género humano , ha criado gerarquías de innumerables espíritus puros ó de
ángeles : ¿si no hubiéramos tenido esta no­
ticia por revelación, diriamos que no había
espíritus puros ? ¿ Diriamos que era imposi­
ble ó improbable su existencia? Si Dios ha
criado gerarquías de innumerables criaturas
puramente espirituales , ¿ por qué no habrá
criado innumerables especies de criaturas es­
pirituales y corporales, que pueblen tantos
astros como vemos en las regiones celestes?
Los astros son palacios habitables: el Arqui­
tecto que los ha fabricado tiene poder para
hacerlos habitar; ¿por qué , pues , el Supre­
mo Hacedor ha fabricado tantos , tan inmen­
sos y tan hermosos palacios , si estos nunca
se han de habitar ?
M oysés, que por revelación divina escri­
bió la historia déla Creación del mundo, se
me podrá decir, no hace mención de los po­
bladores de los planetas ; y esto basta para
que se afirme que no los hay. Este argumen­
to no prueba que Moysés niegue la pobla­
ción de los planetas, ó que refiere cosas que
con ella son incompatibles. Es cierto que
Moysés no hace mención de los pobladores
de los planetas; mas no por esto se prueba
que no existan , porque este Legislador no se
propuso dar noticia de todas las cosas que en el
mundo existían. Moysés, escribiendo para los
ter-

La revela­
ción divina
no declara
quántas es­
pecies de
criaturas
racionales
hayan si­
do cria­
das.

240

Vi a ge estático

terrícolas la historia de la creación del mun­
do , no habló de lo que estos no tenían ne­
cesidad de saber. "L a Religión, dice un mo­
derno , piadoso y sabio Escritor (1) , nada
nos enseña en favor ni en contra de la po­
La revela­ blación de los planetas. Si estos y los co­
ción divina
metas están habitados por criaturas raciona­
no enseña
les , por hombres mas ó menos semejantes á
ni niega la
nosotros , la providencia siempre sábia y con­
existencia
de muchos siguiente para conducirlas á su último fin, las
habrá surtido ó dado el orden de cosas con­
mundos.
venientes ; y este orden será semejante ó di­
verso del nuestro respecto al Divino Mesías,
manantial de toda gracia y de todo mérito:
se podrá decir, que tales criaturas no tienen
necesidad de Redentor , como nosotros la he­
mos tenido; ó que si la tienen , sus méritos
han sido aplicados por ellas , como por no­
sotros , del modo que la Eterna Sabiduría ha­
brá querido determinar.”
La Religión solamente nos da noticia cla­
ra de la creación de los elementos , de los
vegetables, animales y hombres en el mun­
do sensible, y de la creación de los entes pu­
ramente espirituales (llamados comunmente
Angeles), significándonos que entre estos no
pocos fueron criaturas ingratas al Criador.
Con
(1) Théorie des etres sensibles ; ou cours com­
p le t de physique p a r V Pbbbe P a r a du P h a n ja s . P a ris. 1772. 8. vol. 8. En el vol. 4. sec. 1.
a. 1207. p. 145.

al mundo Planetario.
241
Con la noticia clara de la creación de estos
entes materiales y espirituales , no son incom­
patibles la posibilidad y la existencia de otras
criaturas también materiales y espirituales.
Porque no sepamos que existen éstas, no po­
demos , ni debemos negar que existan. En la
revelación no encontramos fundamento para
afirmar , ni negar su existencia ; pero los en­
contramos en innumerables é inmensos mun­
dos celestes que vemos distribuidos por las
regiones etereas , y en la magestad del Su­
premo Hacedor , digno de ser servido y ado­
rado de infinitas criaturas, obras todas de
su Omnipotencia y Sabiduría infinita. No sa­
bemos , si entre éstas habrá algunas, de las
quales se puedan verificar literalmente las
palabras de nuestro Divino Salvador y Pas­
to r, que dixo (1) : "Tengo otras ovejas, que
no son de este rebaño ; y conviene que yo
las trayga : ellas oirán mi voz : todas for­
marán un rebaño, del que uno solo será el
Pastor.” La Religión , se me podrá objetar,
declara que en el mundo sensible no hay
mas criaturas intelectuales que los hombres;
pues que nos dice (2); "Que el Cielo del Cie­
lo

(1) E t alias oves habeo, qtue non sunt ex
hoc ovili : et illas oportet me adducere : et vocem meam audient : et jie t unum ovile , et unus
Pastor. Joan. io. v. 16.
(2) Coelum coeli Domino : Terram autem dedit jìliis hominum. Psalm. 113.
16.
Tomo I I I .
Hh

La existen­

cia de los
Angeles y
del mundo
terrestre no
es incompa­
tible con la
de los planetícolas.

242

El orbe ter­
restre es
cárcel de
los Ange­
les malos,
y destier­
ro ó pere­
grinación
para los
hombres.

Viage estático

lo es para el Señor , y éste ha criado la Tier­
ra para los hombres.” Si esta expresión se
entendiera literalmente , como se objeta ; era
necesario decir , que los hombres no se ha­
bían criado y redimido divinamente para ha­
bitar eternamente en los Cielos , gozando pa­
ra siempre la presencia y gloria del Cria­
dor. La divina revelación nos dice que desde
los Cielos fueron precipitados á la Tierra los
espíritus angélicos, que ensoberbecidos de sus
excelsos dones no reconocieron ni adoraron hu­
mildemente á su Supremo Autor : " ¿ Cómo,
exclamaba Isaías (1), caiste arrojado desde
el C ielo, tú Lucifer, luego que fuiste cria­
do ? Caiste precipitado en la Tierra.” "T ú ,
dice Ezequiel (2), estuviste en las delicias
del Paraíso. . . Rebosaste de iniquidad: pe­
caste , y te arrojé del sublime monte de Dios:
te perdí, ¡ó Querubín! que te defendías en
medio de tu explendor: tu corazón se enso­
berbeció con tu hermosura , en la que perdis(1) Quomodo cecidisti de codo Lucifer , qui
mane oriebaris C Cornasti in terram . Isaías, 14.
v. 12.
(1)

In deliciis paradisi D e i fuisti. . . R e­
pleta sunt interiora tua iniquitate , et peccas­
t i : et ejeci te de monte D e i ; et p e r d ili te , ò
Cherub , protegens de medio lapidimi ignitorum.
j Et elevatum est cor tuum in decore tuo : perdidisti sapientiam tuam in decore tuo : in ter­
ram projeci te. Ezechiel , 28. v. 13» •
*6.

a l mundo Planetario.
243
diste tu sabiduría , y te arrojé á la Tierra.”
Hé aquí la descripción histórica del destier­
ro de los Angeles malos , echados desde el
Cielo á la Tierra , como á cárcel. Dios crian­
do ésta y los Cielos destinó los servicios, que
sabemos haber sido efectuados por su sábia dis­
posición. "Guerreamos, nos dice el Apóstol
San Pablo (1), contra espíritus malignos de
las regiones celestes; ” esto es , que están
en las regiones aéreas , dice San Gerónimo,
el qual añade ser opinión de todos los Doc­
tores , que ellas están habitadas de espíritus
malignos, y contrarios á los hombres. Si estos
malignos espíritus están en las regiones terres­
tres y aéreas, como en cárcel, deberémos de­
cir que ellas se criaron para que fuesen mora­
da de momentánea peregrinación á los hom­
bres, y de cárcel perpetua á los espíritus ma­
lignos ; y no obstante no será falso que Dios
dio la Tierra á los hombres , como nos ense­
ña la revelación , y conoce la razón natural.
La revelación dice: "Que el Cielo del
Cielo es para el Señor ; ” esta expresión con»tiene un idiotismo ó frase hebrea , en que se
significa que el Cielo invisible á la mortal vis­
ta , y superior á los Cielos que vemos, se desti( 1 ) Contra spiritualia nequitioe in coelesti*
bus. A d Ephes. 6. 2. Sobre la interpretación de
San Gerónimo , véase Commentaria in omnes D .
Pauli Epístolas auctore Cornelio d Lapide, S. J.
Antuerpia, 16 14 . fol. p. 600.
Hh 2

244
V ia ge estático
tiñó para que en él se hiciese sensible la glo­
ria del Criador á sus fieles criaturas. Este es
el destino del Cielo, que comunmente se lla ­
ma Empíreo, Paraíso y Gloria , y que en el
texto hebreo se nombra Cielo del Cielo. Mas
en este texto nada se dice del Cielo visible
é inferior al Empíreo ; y este Cielo visible,
de inmensa extensión , está poblado de innu­
merables globos celestes, que pueden ser otros
tantos mundos. Cada planeta ciertamente es
un mundo material: ¿quién podrá contener­
se en juzgar , que tantos y tan grandes mun­
dos no existen sin ser habitados de criatu­
ras racionales, que sirvan al Criador , y agra­
decidos reconozcan y admiren los efectos de
su Bondad , Omnipotencia y Sabiduría ?
La revelación , se volverá á objetar, dice,
que Dios crió á los hombres poco inferiores
á los Angeles : que ellos son sus delicias ; y
á la Tierra, que es habitación del género hu­
mano , y no á los planetas y cometas , se dig­
nó baxar el mismo Dios haciéndose visible
Hombre á los hombres, para enseñarles el
camino de la vida eterna , y abrirles la puer­
ta del Paraíso, cerrada por la desobediencia
del primer y común padre, de quien des­
cienden. Esta objeción mezcla antecedentes
ciertos y verdaderos , con conseqüencias in­
ciertas ó falsas ; y la conseqüencia mas fal­
sa que de ellos se podrá sacar , será la que
se oponga á la existencia probable de innu­
merables mundos poblados de criaturas ra­
cionales. Es cierto que Dios crió á los Hom­
bres poco inferiores á los Angeles ; pero si en

al mundo Vlanetario.
245
el orden físico queremos entender esta poca
inferioridad, hallarémos en ella un espacio
casi infinito para que el Señor con su Omni­
potencia é infinita Sabiduría pueda criar , 6
haya criado infinitas especies de criaturas ra­
cionales , que medien entre las naturalezas
angélica y humana. A todos los entes pura­
mente espirituales damos el nombre de es­
píritus angélicos ; pero ¿ quién podrá determi­
nar las innumerables especies que se pueden
contener en esta expresión espíritu angéli­
co ? De los espíritus angélicos se habla en el
libro de Job, quando se dice ( cap. i$.v. 3.):
JSfumquid. . . et numerus militum ejus ? Las es­
pecies de estos espíritus probabilísimamente
son muchas, porque como reflexiona Suare z (i), valiéndose de las congruentísimas ra­
zones de Santo Tomás de Aquino , la distin­
ción y el orden de especies conspiran á la
perfección del mundo , y hacen mas ostensi­
bles la Sabiduría y el Poder de Dios. Si los
espíritus angélicos son innumerables: si á la
perfección del mundo angélico y á la mayor
ostentación de los atributos divinos conspiran
la distinción y el orden vário de sus espe­
cies ; ¿ por qué á la perfección del mundo vi­
sible , y á la ostentación de los atributos del
Criador no conspirará la muchedumbre de
es(1) Doctoris Francisci Suarez é S. J . de
Angelis tractatus. Lugduni 1620. fol. lib. 1. cap.
12. n. 6. g>. 38.

\

Entre el
Angel y el
hombre hay
interválo
infinito pa­
ra innume­
rables espe­
cies de cria­
turas.

246
Viage estático
especies de criaturas racionales que pueblen
el inmenso mundo visible ?
Los hombres son las delicias de Dios: son
ias criaturas racionales que han experimen­
tado los mayores y mas tiernos efectos de su
bondad ; \ pero por esto la soberbia humana
negará al Criador la gloria de haber criado
infinitas criaturas que le sirvan en, los mun­
dos celestes? ¿Por esto el hombre, habita­
dor de un mundo lodoso , presumirá que él
solo debe existir en el mundo visible; y que
por su soberbia deban estár desiertos los bri­
llantes mundos que vemos en las regiones ce­
lestes ? Si todos los hombres pensáran así,
no hubieran sido ellos el objeto de las mise­
ricordias divinas. La humildad , fué la gran
virtud, que hizo baxar á Dios desde el Cie­
lo á la Tierra : " Aprended, ¡ó hombres ( i) í
nos dixo Dios humanado , aprended de mí,
que soy manso y humilde aun en los pro­
fundos deseos del corazón.” Un Dios todo
bondad y misericordia se compadeció del linage humano, destinado por especial gracia
suya para que lo gozáse eternamente. Nin­
guna criatura tiene derecho alguno para go­
zar la gloria divina ; esto es , un premio in­
finito , á que no tiene derecho ningún ente
finito ó criado. El derecho lo da el Criador
por gracia suya particular: lo dio al linage
hu(1) Discite á me quia mitis sum , et humilis corde. S. Math. 11. 29.

al mundo Planetario,
humano al criarlo ; pero esta gracia la per­
dió el primer hombre criado para ser pa­
dre de todos los hombres ; por culpa suya
perdió para s í , y para sus descendientes un
derecho que él y estos tenian solamente por
gracia. Este fué el funestísimo efecto del pe­
cado de Adam , padre del género humano.
Ningún individuo de éste tenia derecho pa­
ra gozar de Dios: el que mejor le sirviese,
como debía, no podía tener derecho á la di­
vina gloria , que es premio de infinito méri­
to ó de infinita gracia. Dios quiso elevar el
ningún mérito de los hombres para que ob­
tuviesen el infinito premio. A. su consecución
aspiran tantos con la gracia divina , vivien­
do valerosamente en continua guerra contra
las pasiones de su carne, y contra las ase­
chanzas de los espíritus malignos, sus enemi­
gos. En.esta série de hechos que.enseña la
revelación, nada se contiene incompatible con
la existencia de innumerables criaturas racio­
nales en otros mundos: la incompatibilidad
es pura ficción de la ignorancia , ó de la so­
berbia de quien la defiende.
Supongamos existentes innumerables mun­
dos , ó poblados todos los astros. Supongamos
que respecto de estos nuestra Tierra es co­
mo el lodo respecto de los metales precio­
sos. Supongamos que los terrícolas sean los
mas humildes habitadores de todos los mun­
dos. Todas estas suposiciones nada prueban
contra lo que nos enseña, la Religión santa,
que profesamos por revelación divina. Nada
prueban contra el exceso de bondad del mis­
mo

248
Viage estático
mo Dios , que se ha dignado ser Maestro y
Salvador del linage humano ; antes bien, la
misma Religión divina conspira á hacernos
creíble esta infinita dignación de nuestro Dios:
"Que habitando (i) en lo mas excelso está
siempre mirando lo mas humilde que hay en
el Cielo y Tierra. Nuestro Dios salvará la
gente humilde, y confundirá los soberbios...
Solamente el poder de nuestro Dios es ver­
daderamente grande ; y , solamente los hu­
mildes le dan gloria... E l lo emplea en re­
sistir á los soberbios , y en colmar de be­
neficios á los humildes. Destronizó á los so­
berbios , y ensalzó á los humildes.” Este es
el obrar de nuestro Dios ; éstas son las máxi­
mas de la Religión santa , con que le servi­
mos según su revelación. Por ésta sabemos,
que la soberbia de Lucifer y de los espíritus
secuaces los precipitó en el abismo, aunque
eran criaturas de excelsa y superior perfec­
ción á la humana, y que la humildad subli­
ma
( i) Quis sicut Dominas Deus noster , qui in
altis habitat, et humilia respicit in coelo , et in
terra (Psalm. 112. $). Quoniam tu populum humilem salvum facies , et oculos superborum humiliabis (Psalm. 17. 28). Quoniam magna potentia Dei solius : et ab humilibus honoratur
( Eccli. 3. 21
Deus superbis resistiti humiiibus autem dat gratiam ( S. Jacobi Epist. 4.
6)... Deposuit pot entes de sede, et ex alt avit
humiles (S. Lue. 1. 52 ).

al inundo Vianet ario.
249
ma y eleva los terrícolas humildes hasta los
Cielos. Si esto sabemos por revelación divi­
n a , y lo confesamos por Religión , ¿cómo, 6
por qué se negará que haya innumerables
mundos , porque nuestro Dios ha usado in­
finita clemencia con los hombres ? Esta cle­
mencia ha sido compatible con la justicia con
que ha castigado á los Angeles rebeldes, no
dándoles tiempo ni medios extraordinarios
para arrepentirse de su rebeldía ; ¿ por qué,
pues , no lo será con la clemencia que el Se­
ñor tenga con otras infinitas criaturas de in­
numerables mundos ? Dios los ha podido ha­
cer : Dios los ha hecho ; ¿por qué no los ha­
brá poblado de criaturas que lo conozcan,
alaben y sirvan ? La criatura racional que á
esto se opone, ignorante ó soberbiamente, se
opone á la gloria de su Criador.
Figúrate, Cosmopolita mió , contigo ha­
blo y a , y no con el Académico Romano, con
quien hasta ahora he discurrido : figúrate,
vuelvo á decir , que el Supremo Criador unie­
se al vil cuerpo de una hormiga un espíritu
racional: podría éste , como el de los hom­
bres , imaginarse sola criatura racional en la
T ierra, presumir que en ésta no debiese ha­
ber otra sino ella , y juzgar que los astros
no debían estár poblados, porque servían pa­
ra alumbrar á la Tierra. Figúrate que Dios
uniese un espíritu racional á una planta de
heno , como lo puede hacer : este espíritu en­
tonces era capaz de presumir que en toda la
superficie terrestre no debia haber otro ve­
getable sino el heno. ¿ Qué soberbia sería la
Tomo I I I .
Ii
de

250

Viage estático

de estos nuevos espíritus, si así ellos pensáran ?
el hombre, si llegáse á pensar como,
ellos , no será monstruo , y aun desecho de
la misma soberbia ?
Yo , Cosmopolita , quando me hallo en la
soledad humana de la campaña poblada de
animales, y adornada de las obras de la
naturaleza , lexos de pensar como tales es­
píritus , me convierto á las criaturas que veo,
y les digo: "Sois criaturas como yo, que de
la nada atravesasteis instantáneamente un in­
menso espacio , pasando á la existencia que
el Criador os dio con su voluntad ; porque
el obrar es su querer. Obras de sus manos
sois ; pero incapaces de conocer á vuestro
Autor. ; 0 , Señor! todo Bondad;, todo Pot
der y todo Sabiduría, desearía yo que .to­
das vuestras obras os pudieran conocer , y
alabaros Infinito, Bueno, Poderoso y Sabio
como sois. Yo entre tan innumerables obras
vuestras , que se presentan á mi vista y co­
nocimiento , ¿podré alabaros por todas ellas?
Concurrid vosotras en quanto podéis á la ala­
banza del Supremo Criador: publicad , aun­
que mudamente, con vuestra material existen­
cia , su Omnipotencia y Sabiduría infinita:
"Obras del Señor, todas, todas bendecidlo,
alabadlo , y por todos los siglos celebrad sus
glorias.
Angeles del Señor bendecid á vuestro Cria­
dor : bendecidlo también vosotros, ,Cielos. „
Aguas que estáis suspendidas en el ayre
bendecid á vuestro Señor : bendecidlo voso­
tros todos los espíritus celestiales.
Sol

al mundo Vianet ario,
251
Sol y Luna bendecid á vuestro Hacedor:
bendecidlo también vosotros todos los astros.
Lluvias todas quantas sois , rocíos todos
quantos sois , bendecid á vuestro Señor : M i­
nistros del Omnipotente bendecidlo.
Fuego y calor del estío bendecid al Se­
ñor : frió y rigor del invierno bendecidlo.
Nieblas y escarchas bendecid á vuestro
Autor : hielo y frió bendecid á vuestro Señor.
Hielos y nieves bendecid á vuestro Señor:
bendecidlo noches y dias del tiempo».
Luz y tinieblas bendecid también voso­
tras al Hacedor : relámpagos y nubes ben­
decidlo igualmente.
La Tierra bendiga al Señor , lo alabe y
por siglos ensalce su gloria.
Montañas y collados bendecid á vuestro
H acedor: bendecidlo todas quantas plantas
brotáis de la Tierra.
Fuentes, bendecid al Señor: bendecidlo
mares y rios.
Ballenas y demás peces que en las aguas
vivís , todos bendecid á vuestro Criador:
bendecidlo vosotras todas las aves que vo­
láis por el a y re.
Vosotras, bestias silvestres y domésticas,
todas bendecid al Señor: bendecidlo voso­
tros todos los hombres.”
Vuelvo en m í, Cosmopolita, y advierto,
que yo casi enagenado en el deséo de que
todas las criaturas fueran capaces de cono­
cer á nuestro adorable Criador , las he combidado á alabarlo con las afectuosas expre­
siones del Cántico de D aniel, usado en la
Ii 2
Ora-

252
Viage estático
Oración que hacemos al Señor , según el ri­
to de nuestra Santa Religión Católica. Los
Profetas, ilustrados del Espíritu divino , y
la Santa Iglesia Católica , órgano de su voz,
desean y piden , que todas las criaturas ala­
ben y celebren las glorias del Criador ; ¿ y
podrá temerse que contra la inspiración del
mismo Espíritu divino sea el desear, y aun
creer que haya en los innumerables astros
otros tantos mundos , en que varias criatu­
ras racionales bendigan, alaben y ensalcen
las glorias del Supremo Hacedor ? De este
temor es causa no solamente la ignorancia
de espíritus pusilánimes , sino también el
amor propio , ó un oculto orgullo , de que
los irreligionarios se valen para insultarlos.
El escándalo que la ignorancia de algunos
Los irreli­
Christianos se finge al oír la probable exis­
gionarios
tencia
de innumerables mundos, es la única
en sus ar­
arma con que el vicioso irreligionario les ha­
gumentos
ce guerra , pretendiendo infamar al Chrisabusan de
la piedad
tianismo. Pero en vano se pretende armar
de los ig­
la Religión contra la existencia de infinitas
norantes.
criaturas racionales, que en otros mundos re­
conozcan y alaben al Criador. En éste la
Religión conoce y confiesa ser infinitos su
Poder, su Bondad , su Sabiduría y demás
atributos: enseña á adorarlo y servirlo por
todas las criaturas que existan y puedan exis­
tir ; y objetándonos la limitación de lamen­
te humana en el conocimiento de lo terres­
tre , y su ignorancia suma en orden á lo ce­
leste, nos dice : "Si difícilmente conocéis, ¡ó
hombres! el mérito y utilidad de las cosas
ter-

s

a l mundo "Planetario.
253
terrestres (1 ), y con gran fatiga halláis las
que teneis inmediatas á vuestra vista; ¿quién
será aquel que llegará á investigar las cosas
que hay en los Cielos?” En la naturaleza
no hay cosa que se oponga á la pluralidad
de mundos poblados por criaturas racionales:
ella nos presenta en los Cielos inmensurables
espacios , en que el Señor ha colocado innu­
merables globos , que se descubren con la
vista natural : otros innumerables hay que á
ésta se ocultan , y se descubren con el ar­
tificio de los telescopios; y otros mas hay
que desde la Tierra se distinguen solamente
por el confuso resplandor de sus soles. To­
do esto lo ven sensiblemente los terrícolas,
y no obstante por ignorancia , irreflexión ú
orgullo se han acostumbrado á llamar Mun­
do y Universo al solo punto terrestre en que
habitan , juzgando errónea é irracionalmente
que no esté ni pueda estár poblado ningún
otro punto de las regiones celestes. Esta vária persuasión se pretende autorizar ignoran­
temente con la Religión; y como tal persua­
sión á la menor reflexión se descubre poco
conforme á la razón, á las obras visibles de
la naturaleza y á los atributos de nuestro gran
D io s; en los espíritus pusilánimes la ignoran­
cia

(1) Difficile ¿estimamus , qu¿e in terra sunt:
ct qu¿e in prospecta sunt, iwvenimus cum labo­
re \ quíe autem in coeli sunt, quis investigabitl
Sapient. 9. 16.

2 $4

Viage estático

cia produce escándalo nocivo á la Religión, y
á los impíos la irreligión subministra por ar­
mas del aparente triunfo de su impiedad la
ignorancia , el temor y la pusilanimidad de
los buenos. ¡O! quantos daños causan en la
Religión Santa la ignorancia culpable de los
que la profesan , y el entusiasmo aun mas
culpable de los que juzgan fomentar la ig­
norancia , como pátil á la piedad y devoción
de la Religión. Esta nos manda sujetar nues­
tro entendimiento limitadísimo á la divina in­
falibilidad que se revela á nosotros , y nos
habla ; pero en la revelación no es posible
encontrar nada contra la razón. Muchas ver­
dades , cuyo conocimiento á ésta es superior
ó imposible , las sabemos por revelación di­
vina ; mas ninguna de ellas nos dice que las
brillantes estrellas no puedan ser otros tan­
tos soles de innumerables sistémas mundanos,
en los que los planetas y cometas sean mun­
dos poblados , como en nuestra Tierra ; y
que en estos mundos no haya criaturas racio­
nales , que se empleen én servicio debido al
Criador. Inmenso, Omnipotente é Infinito en
todos sus atributos nuestro Dios , ha criado
innumerables soles , que sirvan de luz á in­
finitos mundos opacos, como á nuestra Tier­
ra sirve su Sol. El número de criaturas in­
finitas que en los innumerables mundos pue­
da haber , no es capáz de confundir los efec­
tos de su Providencia , la qual á cada cria­
tura asiste, como si fuera sola. Figúrate, Cos­
mopolita , que en la inmensidad del espacio
criado no hubiera sino Dios solo, y una criatu-

al mundo Planetario.
tura sola : ésta entonces no ocuparía ma¿ á
nuestro Dios , ni experimentaría mayores efec­
tos de su solícita y cuidadosa providencia,
que los experimentaría ciertamente en caso
de ser infinitos los mundos de criaturas ra­
cionales. La unidad y la infinidad de cria»
turas son una misma cosa en los cálculos de
la Omnipotencia , de la Sabiduría inmensa y
de la infinita Bondad de nuestro Dios. Este
á cada uno de nosotros nos m ira, observa,
mantiene y cuida , como si fuéramos solos.
Todos somos criaturas suyas , que á su vo­
luntad debemos el sér y la conservación: todos debemos servirle con quanto somos y
tenemos por Bondad suya. Nada harémos que
se oculte á su infinita perspicacia, y por lo que
de su infinita piedad y justicia no recibamos
el galardón ó castigo justamente merecido;
Nosotros los terrícolas, que en vasos de bar­
ro tenemos y llevamos nuestro inmortal es»
píritu, imagen ó sombra déla Divinidad, he­
mos experimentado efectos inexplicables de
la Bondad de un Dios , que pone su gloria
en ensalzar á los humildes. No seamos cul­
pablemente curiosos en indagar los beneficios,
que á otras criaturas suyas se ha dignado
hacer. Sabemos por revelación divina los in­
mensos , que á nosotros, grei humilde, nos
ha hecho , y que á innumerables espíritus an­
gélicos , por su infame rebeldía, ha confun­
dido y envuelto en eternos castigos de su
justicia. ¿ Quién no temblará de la justicia de
un Dios ayrado ? ¿Hay criaturas que se atre­
van á ofenderlo? ¿Las puede haber que no
y
.
se

2$6

Viage estático

se empleen continuamente en alabarlo , ado­
rarlo y servirlo? Criaturas quantas sois, obras
de nuestro D ios, esparcidas por los inmen­
sos espacios y mundos que se ha dignado
c ria r: todas , todas , por todo tiempo cele­
brad sus glorias: servidlo siempre, esperan­
do firmemente los premios de su Bondad , y
temiendo los castigos ciertos de su Justicia.
Mas yo , Cosmopolita mió , no puedo ya
proseguir mi discurso : me siento todo pene­
trado de respeto , temor , agradecimiento,
amor y gozo al conocerme y considerarme
criatura de un Dios Omnipotente é infinita­
mente Justo , Amable y Terrible. Hasta aho­
ra me parece no haber conocido lo que era
mi Dios , y lo que yo debía hacer en servi­
cio suyo , ó por esperanza de sus premios,
ó por temor de sus castigos; pero qué digo,
por esperar bienes , ó por temer males ; di­
ré , que no he conocido ni sabido hacer lo
que debo por su infinita Bondad. Yo no pue­
do discurrir mas ; me falta el vigor natural
á la presencia de lo que en mí obra el co­
nocimiento de mi Dios. Concluyamos breve­
mente nuestro discurso , Cosmopolita , repi­
tiendo el Himno, que un moderno (i) sabio
y piadoso ha compuesto , meditando sobre
el asunto mismo de que yo hasta ahora he
ha(i) Considerazioni sopra l opere di Dio , di
C. C. Sturm. Napoli , 1784* 8.
***•
e^
voi. 5. M aggio, p . 90.

.

a l mundo P lan etario
25J7
hablado : digamos en espíritu de unión:
¡ O criaturas, quanto se han multiplicado
las obras de nuestro Dios! ¡Qué hermoso y
magestuoso expectáculo presenta á nuestra
vista la estrellada bóbeda de los Cielos!
¡Quánto en estos resplandece la infinita gran­
deza del Criador ! Millones de millones de
mundos anuncian su gloria , y las criaturas
intelectuales que los habitan , reconocen y
adoran al que los ha criado. ¡ O , qué moti­
vo y qué ocasión es ésta para que uniendo
nuestras voces con las de las criaturas celes­
tiales , hagamos resonar las alabanzas del Al­
tísimo por todo el inmenso mundo! Su vis­
ta feliz, y gracioso expectáculo se empiezan
á manifestar: nosotros en la eternidad conocerémos estos innumerables mundos , y compreenderémos lo maravilloso que en ellos hay.
¿Quales serán nuestra admiración y nuestro
casi aturdimiento al descubrir objetos total­
mente nuevos; ó de los que antes no tenía­
mos sino una idea imperfectísima ? ¡ Qual se­
rá el resplandor en que distinguirémos las di­
vinas perfecciones , cuyo imperio se dilata
hasta una infinidad de mundos al tiempo mis­
mo que nosotros creíamos que se empleaba
en el solo mundo que habitamos ! ¡Qué ma­
nantial inagotable de conocimientos tan nue­
vos y diferentes! ¡Qué materia tan deliciosa
y abundante para glorificar al Criador, y ár­
bitro Señor de tantos mundos! ”
Te he declarado , Cosmopolita mió , con
sincéra y religiosa ingenuidad , los pensamienTomo I I I .
Kk
tos

2 =; 8

Viage estático

tos de mi mente , y los afectuosos impulsos
de mi voluntad , sobre la existencia de la mu­
chedumbre de mundos poblados. Sobre las alas
de la consideración y admiración de Dios y de
sus incompreensibles atributos , ha volado mi
espíritu con su conocimiento y con sus afec­
tos , contemplando lo que puede existir, y
prescindiendo de lo que existe. La idea de lo
que puede existir, y de lo que existe en reali­
dad , aunque producción de mente limitada,
tiene por su objeto el ilimitado poder del Su­
premo Hacedor ; y consiguientemente se estiende á lo infinito. En éste únicamente Dios
sabe lo que hay ó puede haber , porque sola­
mente el que es infinito en el obrar , puede sa­
ber lo que hay ó puede haber en lo infinito.
El Omnipotente es únicamente el omniscio
verdadero. El solo sabe lo que ha hecho , lo
que puede hacer , y lo que hará. Estas breves
y claras reflexiones, Cosmopolita mió, bastan
para que todas las criaturas humilladas al solo
oír el nombre del Omnipotente pongamos in­
superables límites á la curiosidad, y en el
mas profundo abismo de la ignorancia y de
la rebeldía, no nos precipitemos impelidos de
aquella soberbia luciferina, que inficionó el
corazón de los desgraciados progenitores del
linage humano, lisongeandoles con abomi­
nable seducción llegar á ser sabios como Dios;
ó que las criaturas llegasen á ser el mismo
Criador.
He concluido mi discurso de los planetícolas para no volver á hablar de ellos, ya
que

al mundo T Janet ario.
259
que á mi parecer sobre este asunto te he indi'
cado claramente quanto la racional curiosidad
desea saber, y la criatura puede conocer. La
conclusion del discurso debe dar fin á nues­
tra morada en este planeta , desde donde, pro­
siguiendo nuestro viage estático , volarémos al
inmediato , que es Júpiter : helo allí : dirija­
mos á él nuestro vuelo... Vamos , Cosmopolita:
volemos á Júpiter.

i. -

\

%;•

Kk 2

TE R -

i

260

Via ge estático

TERCERA JORNADA.
JUPITER.
JOf^Emos llegado, Cosmopolita, al planeta
Júpiter, á quien tocó el nombre de la mas
poderosa divinidad , que reconoció el ciego
paganismo , el qual, según los etimologistas
latinos, le dió tal nombre, como á Dios que
ayudaba á los hombres. Los Hebreos lo lla­
maron justicia ó equidad, y los Egipcios dios
de la vida. Habiendo dado el paganismo al
planeta que juzgaba ser el mas remoto del
Sol el nombre de Saturno , consiguientemen­
te debió dar el de Júpiter, hijo de Saturno,
á este planeta , que se seguía descendiendo
inmediatamente; y porque el hijo se celebró
por los paganos, como mas poderoso que su
padre ; ellos hallaron, ó se fingieron , en la
extraordinaria grandeza de este planeta , un
símbolo exterior , con que denotar el gran po­
der de Júpiter. En efecto, este planeta, co­
mo estás viendo, es el mayor después del
Sol; y además de su extraordinaria grande­
za nos presenta á la vista un hermosísimo y
raro expectáculo, en las quatro lunas ó saté­
lites que continuamente le rodean, como la
Luna terrestre rodea á nuestra Tierra.
Desde ésta los terrícolas ven siempre á
Júpiter, aunque éste en su mayor cercanía

al mando Vianet ario.
261
á ellos diste 144 millones de leguas, y en su
mayor alexamiento llégue á distar de ellos
312 millones de leguas. Desde tales distan­
cias Júpiter no puede ser visto sin ser de
grandeza extraordinaria y maravillosa. Esta
jornada, Cosmopolita, es verdaderamente de
cosas grandes y extraordinarias; por esto, no
puede menos de ser gustosa. No perdamos
tiempo: empecemos nuestras observaciones;
y la primera sea sobre su grandeza , en que
notablemente se distingue de los demás pla­
netas que rodean al Sol.

Distancia
de Jiípitet
hasta la
Tierra.

§. 1.
Grandeza

, manchas , densidad y figura
de Júpiter .

N Júpiter, que podemos llamar el gigan­ G randeza
te de los planetas, su diámetro es mas de J tipi—
de 11 veces mayor que el terrestre (1): su
ter.
superficie es mas de 126 veces mayor que la
terrestre; y su volumen es mas de 1428 ve­
ces mayor que toda la Tierra. Verdadera­
mente es admirable la grandeza de Júpiter,
que tanto excede á la terrestre. Si los terrí­
colas, después de seis mil años que habitan
su Tierra , aun no han descubierto toda la
superficie de su globo, ¿quantos años tarda­
rían

E

(1) El diametro terrestre es al de Júpiter,
como 1000 á 11262.

262
Via ge estático
rían para descubrir la de Júpiter, que es mas
de 126 veces mayor que la de la Tierra? Si
Júpiter estuviera poblado , en tanta estension
¿quantos imperios y reynos dilatados se po­
drían formar? A la grandeza luminosa de
Júpiter no corresponde la cantidad de su ma­
sa ; pues que excediendo Júpiter en grande­
za á la Tierra mas de 1428 veces, no obs­
tante se cree, que tenga solamente 328 ve­
ces mas masa que la Tierra ; y de esto mis­
mo se podrá inferir, que la densidad de la
masa de Júpiter es á la terrestre , como 100
á 23 ; esto e s , la masa terrestre es casi quatro veces mayor que la de Júpiter. Si éste
estuviera habitado, se podría considerar co­
mo efecto de particular providencia la va­
riedad de su masa ; pues que esta variedad
se podría mirar como un resultado del sumo
ca lo r, que en su interior habrá por razón de
abundar en azufre y betumen ; y según esto
se podría habitar un planeta que por distar
sumamente del Sol , y no recibir de éste ca­
si calor ninguno , parece inhabitable , á causa
de su gran frió. Prueba de esta conjetura pa­
rece ser el color de fuego , que se ha obser­
vado no pocas veces en algunas grandes man­
chas de Júpiter. Este color puede provenir
de la salida de algunos volcanes , que abrasen
varios sitios de su superficie. Esta conjetura,
Cosmopolita, podría pasar, si contra ella no
se ofrecieran unas fuertes razones. Es cierto
que el calor de la masa jovial pudiera equi­
librar al sumo frió que en ella hay ; mas no
por esto dexaría de ser calor tan activo, que
no

al mundo 'Planetario .
263
no impidiese la población de Júpiter; porque En Júpiter
en éste probabilísimamente hace 27 veces mas hace 27 ve­
ces mas frió
frió que en la Tierra ; por tanto, para tem­ que en la
plar su ayre se necesitaba que el calor fue­
Tierra.
se 27 veces mayor que el que suele hacer
en la Tierra, ó á lo menos se necesitaría un
calor 4 veces mayor que el del agua hirbiendo. Pero para que en el ayre se introduxese
tal calor , era necesario que la masa de Jú­
piter estuviera totalmente encendida , y en
este caso aunque un jovícola tuviera de hielo
los pies , si caminaba por un fuego tan ac­
tivo debería experimentar en sí los efectos
de la actividad , á no ser que tuviese carnes
mas duras que un diamante. A esto se aña­
den las grandes mudanzas que se observan
en las grandísimas manchas de Júpiter ; las
quales mudanzas no pueden suceder sin que
en Júpiter haya diluvios de agua , ó de fue­
go : por lo que los jovícolas deberían ser sa­
lamandras , ó especie de peces raros. Y ya
que hemos tocado el punto de las manchas
de Júpiter (1), concluyamos la relación de lo
que sobre ellas se ha observado. Fontana, y
los Jesuítas Zupi y Bártoli se nombran en­ Manchas de
tre los primeros observadores de las manchas Júpiter.
de Júpiter , en el que ( dice Cassini (2)) Gali-

(1)

Riccioli citado: Almag. lib. 7. cap. 2.

§•$•/• 4 8 6 .

<

(2) Cassini citado : Plemens cC Astronom.
En el vol. 1. lib. 5. cap. 1. p. 402.

264
Viage estático
lileo habia observado muchas bandas obscu­
ras paralelas entre s í , y según la dirección
del curso de Júpiter. En las notas al trata­
do Nuncio sidereo de G alileo, que en él ha­
bla de haber descubierto los satélites de Jú­
piter , se lee así (1): wMuchas novedades se
han descubierto después del tiempo de G ali­
leo : primeramente se ha observado, que la
superficie de Júpiter es escabrosa y desigual,
principalmente por algunas zonas ó faxas que
la atraviesan ; y las muchas manchas que se
ven durar mas y menos, demuestran que Jú­
piter , así como la Luna , tiene algunas par­
tes que reflecten la luz solar mas vivamen­
te que otras. Las faxas suelen ser muchas,
y tres entre sí paralelas se ven principalmen­
te variar en su anchura, ya mayor y ya me­
nor , y algunos años están sin variación. T al
vez parece, que una faxa se divide en ra­
mos ó pedazos , y que estos después se unen:
por lo que su descripción es muy vària en
los libros astronómicos ; y tanta variedad de
las faxas ha dado motivo para que los A s­
trónomos y Filósofos conjeturen que en Jú­
piter hay mares y ríos grandísimos ; y que
lo rodea una atmosfèra semejante á la terres­
tre.” Huighens (2) infirió de la observación
de
(1) Galileo citado , tcm. 2. note sopra il nun­
zio sidereo , p. 32.
(2) Huighens , voi. 1. Sj sterna Saturnium,

539

-

al mundo Vianetario.

265

de las faxas variables en grandeza y luz, que
ellas eran nubes al rededor de Júpiter. Tal
vez las faxas aparecen mas luminosas , que
lo demás del disco del planeta ; y de este
fenómeno infirió K ircher(i), que este astro
tenia alguna luz propia; y supuso, que su
Teodidacto al llegar á Júpiter se maravilló
de su gran luz. Cassini describe individual­
mente no pocas observaciones, que hizo del
número , de la situación , y de la grandeza
varia de las manchas de Júpiter ; y su rela­
ción dá motivos para conjeturar , que si las
manchas provienen de nubes , éstas se for­
men de océanos volantes por la atmosfèra
del planeta. En el siglo pasado se descubrió
en Júpiter una mancha, que ocupaba la ma­
yor parte del diámetro suyo: de donde se
infiere, que la dicha mancha se estendia ca­
torce mil leguas. Si esta mancha provinie­
ra de algún mar que hubiera en Júpiter, el
océano terrestre, respecto de tal mar , sería
como un pequeño lago; ¿y qué navios po­
drían resistir á las furiosas tempestades que
se formarían con tanta masa de aguas?
Atendiendo á la gran masa de Júpiter, se­
gún las leyes de la gravedad terrestre , se
infiere (si ésta consiste en la atracción), que
los cuerpos en este planeta pesan mas de dos Peso de los
veces y media mas que en la Tierra ; esto cuerpos en
es, Júpiter.
(1)

A thanasii K ircheri è S. J. itinerarium
extaticum. Romœ , 1656. 4. cap. 7. p. 206.
Tomo I I I .
L1

266
Via ge estático
es, lo que en ésta pesa io libras, en aquel pla­
neta pesaría mas de 25 libras. Según esto, un
comerciante desde la Tierra á Júpiter gana­
ría solamente en el peso mas de 15 por ca­
da 10. ¡Quánto darían los Holandeses y G e­
noveses por encontrar un secreto tan venta­
joso á su tráfico! Y puede ser que en Júpi­
ter pese n libras (1) lo que en la Tierra
P e(1) En Júpiter se supone 328 veces mas ma­
sa que en la Tierra i porque si los semidiáme­
tros de ésta y de Júpiter fueran iguales , J ú ­
piter atraería 328 veces mas que la Tierra ; pe­
ro porque el semidiámetro de Júpiter es mas de
I I veces mayor que el terrestre», y porque el
quadrado de la distancia desde la superficie de
Júpiter á su centro es 125 veces mayor que el
quadrado de la distancia desde la superficie de
la Tierra á su centro , la dicha atracción debe
disminuirse 125 veces, ó debe dividirse por 125
el número 328 > y en este caso resulta , que el
peso ó la atracción de los cuerpos en la superfi­
cie de Júpiter es mas de dos veces y media ma­
yor que es el peso de los cuerpos terresties. Si la
densidad de Júpiter fuera igual a la terrestre,
entonces Júpiter tendría 1428 veces mas masa
que tiene la Tierra » y dividiéndose este nume­
ro por el quadrado 125 , resultaría , que el pe­
so de los cuerpos en Júpiter era mas de 11 ve­
ces mayor que en la Tierra. La aceleración de
los graves que caerían en la superficie de Júpi­
ter y correspondería á su peso.

.

a l mundo Planetario
ib ?
pesa una libra ; en cuyo caso se ganaría mas
de un ioo por io. Esta conjetura, Cosmo­
polita , según mi opinion , no es desprecia­
ble , aunque ella sea contra el parecer de los
Astrónomos modernos. Estos con Newton su­
ponen tanto menos densos los planetas, quan­
to mas distan del S o l, y según este princi­
pio hacen la densidad de Júpiter poco mas
que una quinta parte de la terrestre ; pero si
la masa de aquel planeta fuera tan poco den­
sa ( aunque toda fuera homogénea ) , sería me­
nos pesada que el agua natural de la Tier­
ra ; y en este caso yo no puedo persuadir­
me , que Júpiter no debería tener una gran
atmosfèra. No me respondas , Cosmopolita,
que por razón del gran frió en Júpiter los
vapores se quedan helados en su superficie;
y que por esto no hay atmosfèra á su alre­
dedor ( i): porque á esta respuesta yo te opon­
dré
( i ) Newtón ( Princip mathem. lib. 3. projj.
l o . ) dice, que en la Tierra hay 506 veces mas
materia , que habría , si todo el globo terráqueo
fuera de agua ; por lo que infiere , que Júpiter
es poco mas denso que el agua. Pero si esta su­
posición fuera verdadera , es necesario decir que
en la Tierra hay tanta materia , como si toda
ella fuera un globo de cobre calcinado , lo que
es difícil de creer. Atendiendo á que los meta­
les fo imán una pequeñísima parte de la Tierra;
á que ésta por todas partes está penetrada del
agua , y á que la gravedad de los marmoles es
L 12
po-

Por qué Jú­
piter no tie­
ne atmosfè­
ra.

268

Viage estático

dré la atmosfera grandísima de los cometas,
que se han visto en mayor distancia del Sol,
que está Júpiter , y que consiguientemente
debían estár mas fríos que éste lo está. Mas
prescindamos de la razón cierta , que á la
densidad terrestre tenga la de Júpiter , y si­
gamos nuestro discurso. Se conjetura que en
este planeta suceda lo contrario que en la
Tierra, en orden á la mayor ó menor den­
sidad de su masa en varios sitios , y en or­
den á la diferencia entre el diámetro de su
equador, y el exe que atraviesa por sus po­
Fenómeno los. Yo te explicaré, Cosmopolita , brevemen­
particular
te este fenómeno. Has de saber que los As­
de Júpiter
trónomos (1) calculando según las leyes de
en orden á
la

la densidad.

poco mas que doble de la del agua , no se ha­
ce improbable que la densidad terrestre sea co­
mo la mitad de la que tendría el globo terrá­
queo, si todo él fuera de cobre calcinado ; en cu­
yo caso la densidad jovial sería una mitad me­
nor que la del agua , si Júpiter es poco mas que
<5 veces menos denso que la Tierra. Y constan­
do Júpiter de materias muy eterogéneas , como
se inhere de sus manchas variables, no es im­
probable que- en él se hallen cuerpos 7 y 8 ve­
ces menos densos que el agua , los quales serian
muy proporcionados para evaporar, formar at­
mosfera , &c.
(1) Newtón : Vrinc. mathem. lib. 3. pr. 19.
La-Lande ( Astron. n. 3589.) hace la dicha di­
ferencia igual á —
6

23 1 .

-

- ,

aJ mando Vianet ario.

269

la atracción , la diferencia entre el diámetro
y el exe terrestre , hallan que éste es menor
que el otro una doscientésima treintésima par­
te (en este cálculo se supone homogénea to­
da la Tierra). Los mismos Astrónomos (1),
calculando la dicha diferencia del diámetro,
según las observaciones hechas del valor de
varios grados de latitud, dicen, que el exe
es menor que el diámetro una centésima setentésima nona parte. La diferencia, pues,
entre el diámetro y el exe terrestre , según
la observación , es mayor que la que resulta
según la atracción , suponiendo homogénea
la Tierra. Lo contrario puntualmente se di­
ce de Júpiter (2). "E n éste, según las leyes
de la atracción , suponiéndose igualmente den­
sa su masa , se infiere, que la diferencia en­
tre su diámetro y exe sea casi una undécima
parte, y según la observación resulta mayor
la dicha diferencia.” El Filósofo (3) que es­
cribió la proposición que acabo de proferir,
pre(1 ) La-Lande : Astron. n. 2690.
(2) Newrón : Princ. math lib. 3. prop. 19.
Cassini , citado por iNewtón , halló que el diá­
metro de Júpiter excedía á su exe en una déci­
ma quinta parte. Según las observaciones de
Pound el exceso es de una parte duodécima ó
décima quarta ; y Short últimamente ha obser­
vado , que es de una parte décima quarta (L a Lande : Astron. n. 32221 ).
(3) NeWtón citado.

270

"

Via ge estático

'

'

p reveyó en e lla alguna contrariedad ó difi­
cultad ; y por esto conjeturó , que Júpiter
fuese mas denso en su equador , que ácia sus
p o lo s ; pero esto se opone á lo que se cree
suceder en la Tierra , en la que ácia los po­
los se supone m ayor densidad , que ácia el
e q u ad o r; y esta suposición , que es bastan­
temente conforme con la experiencia , se mi­
ra como un resultado del movimiento de ro ­
tación. Tenemos , pues , Cosm opolita , que
en la T ie r r a , si fuera igualm ente densa, se­
gún las leyes de la atracción ( i ) , la diferen­
cia entre su diámetro y exe sería m enor de
la que resulta por la observación ; y que lo
contrario sucede en Júpiter. Asimismo , éste
se supone mas denso en su e q u ad o r, que en
sus polos , y lo contrario sucede en la T ie r­
ra ; y parece que debería suceder en Júpiter,
si
( i ) Boscovich (L a-L ande: A s tr . n. 2692.)
queriendo acortar las medidas de grados de me­
ridianos hechas en sitios terrestres de diferente
latitud , y omitiendo la medida del grado de la
Laponia ( que se diferencia notablemente de las
medidas de los grados de la América y de la
B o em ia), halla que entre los exes terrestres la
diferencia es — ■ ; y que según las leyes de la
341

j

atracción la diferencia debe ser ——

En mi his­

toria física de la Tierra , impresa en idioma Ita­
liano , trat. i . cap. 1. establezco que la dicha
diferencia es

400.

al mando Vianet arlo.

2¿ri

si en él se da movimiento de rotación. Por
Calumnia
esta aparente contradicción dicen algunos in­ de algunos
civilmente , que la atracción es como la men­ Físicos con­
tra la atrac­
tira , ó como el punto de calza, que se alar­ ción.
ga y se acorta , quando y cómo se quiere.
Mas los que profieren esta proposición no se
hacen cargo, que las circunstancias en Júpi­
ter por razón de su acelerada rotación , y
de la tropa de las quatro lunas que lo ro­
dean , no son las mismas que en la Tierra ; y
que por tanto, los Atraccionistas siempre en­
cuentran alguna cosa de que agarrarse , así
como los Abogados siempre descubren en las
causas que defienden , alguna circunstancia
que los pone al abrigo contra la ley que les
es contraria.
Según la diferencia que te acabo de po­
ner , Cosmopolita , entre el diámetro y el
exe de Júpiter, se infiere, que éste es mas
de 2100 leguas menor que aquel. Esta dife­
Diferencia
rencia es verdaderamente notable , respecto
notable en­
de lo que pasa en la T ierra, en la que, la tre el exe y
dicha diferencia á lo mas es de 16 leguas (i). el diámetro
N o.dexo de decirte aquí, que según muchas de Júpiter.
observaciones (2 ), la diferencia entre el diá­
metro y el exe de Júpiter no son constantes:
su globo, que según dice Cassini, se ha vis­
to redondo algunos tiempos (3) , aparece ser
mas
(1) La-Lande: Astron. n. 2690.
(2) Newtón citado.
(3) Cassini: Elementos de Astronom. lib. 5.
cap. 1. pdg. 402.

2^2
Viage estático
mas largo de oriente á occidente , que de aus­
tro á septentrión. Este fenómeno explican los
Atraccionistas , diciendo con un Filósofo in­
signe ( i): "Que si el movimiento diurno de
un planeta se accelera , entonces es mayor la
diferencia de sus diámetros; y ésta se dismi­
nuirá , si crece la densidad del planeta/' Pa­
ra ver si esta respuesta venía al caso, era
necesario observar la diferencia de los diá­
metros de Júpiter en diversas distancias del
S o l, en las que su movimiento es muy di­
ferente ; y también será algo diversa su den­
sidad , por razón del mayor ó menor calor
solar. Yo solamente te diré,, que la vária di­
ferencia entre los diámetros de Júpiter da á
entender , que su materia es muy distinta de
la terrestre ; pues que de otra manera no se
concibe tan notable variedad de fenómenos (2)
en su figura o v a l, y en tantas alteraciones
como se observan en susupeincie. Dexemos
al cuidado , y á la curiosidad de los Físicos
adivinos la investigación de su causa , que sin
rubor confesarémos desconocida á nosotros, y
pasemos á observar la órbita y el movimiento

(1) Newtón citado.
(2) En las observaciones de Júpiter se de­
bía notar si mengua ó crece el diámetro de su
equador , con alguna relación á su exe , ó si és­
te es el que crece ó mengua; y en uno y otro
caso ocurren dificultades que no convienen con
la teórica de la atracción.

al mundo Planetario.
2^3
de Júpiter : dos fenómenos en que la mente
humana halla también materia de curiosidad.

§. i i .
Orbita y movimiento de Júpiter : fenóme­
no raro que en el movimiento de éste
y de Saturno se advierte .
E los dos movimientos que tiene Júpi­
ter, el primero, deque ocurre discur­
rir , es el de rotación, el qual, como nota Gregori (1), en Júpiter y en otros planetas se debía
conjeturar, constando ser esferoide su figura.
tfFué opinión de algunos, dice Gottignies (2),
que Júpiter rodáse sobre su exe; pero faltan
pruebas legítimas de la opinión , y después
que inferí estas pruebas de las manchas ob­
servadas en Júpiter, el Señor Juan Domingo
Cassini impugnó mi opinión , y ahora la pu­
blica como suya.” El Jesuíta Gottignies, pro­
Descubri­
fesor de Matemáticas en el Colegio Romano, miento de la
en donde tengo mi habitación entre los ter­ rotación de
rícolas , fué el primero que descubrió el mo­ Júpiter.
vimiento de Júpiter en una observación (3),
que

D

(O .Daviáis Gregari : Astronomic Element
ta. Geneva , 1726. 4. ml. 2. £11 el vol. 1. lib.
I. propos. II. p. 5 i.
(2) Lettera del Jesuíta Egidio Francesco
Gottignies. Roma , 1666. S. p 86.
(3) Gottignies citado ; pág. 79.
Tomo I I I .
Min

2^4

Via ge estático

que por mas de quatro horas hizo en la no­
che del 9 de Julio de 1665 con varios litera­
tos. Cassini impugnó la opinión de Gottignies en una Carta que éste mismo refiere , y
después la quiso hacer propia. De la obser­
vación de Gottigni.es, Divini , que se halló
presente, habla así (1): "D iré todo lo que
sucedió en la noche de Julio pasado , en la
Dudas que que con un telescopio de 50 palmos , á ins­
se tuvieron tancia del Señor Serra, y por servir al Señor
de las man­
Cassini, fui á la casa del Señor Cesario Giochas de J ú­
r
i , que está en el monte de San Onofrio, en
piter.
donde estando presente este Ilustrísimo Señor,
los Jesuítas Honorato, Fabri, Gil Francisco
Gottignies , Francisco Sansedoni y Jorge Cattone, el Señor Feliz Savioli y el Señor Fran­
cisco Serra , hermano del dicho Serra , to­
dos hábiles é inteligentes, esperaron la figu­
rada ( por Cassini) sombra del tercer satéli­
te , y en lugar de una sombra figurada por
el Señor Cassini, se vieron dos sombras, y
una se movía sobre otra con igualdad ; por
lo que el Jesuíta Gottignies juzgó muy pro­
bablemente que las dos manchas estaban en
el disco de Júpiter, y que tenían el movi­
miento de Júpiter sobre su exe. . . En otra
observación hecha con mi telescopio nuevo
de óo palmos, no viéndose la mancha figu­
rada , sino otra en sitio inferior , después de
ha(1) Lettera di Eustachio Divini. Roma,
1666. 8. p . 6.

a l mundo Planetario.
275
haberse hecho otras observaciones, el Señor
Serra insistió en salvar la opinión de Cassini sobre la sombra del satélite; mas yo no
debo entrar en qiiestiones fuera de mi pro­
fesión. . . Serra dio luego aviso á Cassini, que
estaba en la Ciudad D ella-Pieve, y se le res­
pondió que la nueva apariencia no era man­
c h a , sino alguna cosa accidental; y el mis­
mo Cassini ha estado después en esta opi­
nión , publicándola en una Carta impresa con
fecha de 26 de Octubre de 1665.” Te he
referido , Cosmopolita , este largo párrafo de
una Carta de D ivin i, para que de él infieras
que hasta 9 de Julio de 1665 no se conocie­
ron con certidumbre las manchas de Júpiter
( fuera de sus fa x a s, que se habian observa­
do an tes), ni se tenia prueba alguna de la
rotación de aquel planeta , de la qual Gottignies se persuadió tanto, que se atrevió á pro­
nosticar el regréso y nueva aparición de una
mancha vista antes en Júpiter.
La rotación de éste se hace en 9 horas y
56 minutos; y este tiempo (1) forma la dura ( 1) Memoir, de V A cad. 1699. 1708. 17 14 .
Anden. Memoir. tom. 2. p. 104. Juan Bernoull
calcula que la distancia en que á Júpiter se hi­
zo la primitiva impresión , hasta el centro era
una parte 7^ de su semidiámetro. Véase Joan.
Bernoulli opera omnia. Lausanne , 1747. 4.
'vol. 4. En el vol. 4. n. 177. de planetar. motUy
§• 77 - P- 2 8 3 Mm 2

2^6

Via ge estático

ración de un dia en Júpiter. Es cosa nota­
ble , que siendo este planeta el mayor des­
pués del S o l, tenga sus, dias menores que
los que se han observado en otros planetas.
Estos clias , aunque tan pequeños , tienen la
ventaja de estár igualmente divididos en no­
che , y en horas de S o l, lo que se infiere
de observarse poca ó ninguna inclinación ó
ángulo entre el equador de Júpiter y el pla­
no de su órbita. Este ángulo se supone por
algunos de tres grados (i) ; y otros en el
cálculo lo suponen de ningún valor. Las no­
ches, pues, duran siempre cerca de cinco
horas, y otro tanto se ve al Sol. Dias tan
pequeños serían buenos para niños de dos
años, y no para habitadores de mas de 13
pies de alto , que un Matemático (2) quiere
fingirse en Júpiter, fundando la ficción en
la gran dilatación de pupila, que tendrían por
causa de la poca luz que hace en Júpiter.
Luz en Jú­ En efecto , ésta es poquísima, pues que es
piter.
27 veces menor que la terrestre, ó por me­
jor decir , es como la que se ve en la Tier­
ra en un gran eclipse solar. Los páxaros noc­
turnos de la Tierra volarían aquí todo el dia
sin temer la luz del S o l; y si un habitador
de Júpiter (3) fuera repentinamente traslada­
do
Duración
de los dias
de Júpiter.

(1) Memoir. de V Acad. 1y 66 . Véase la me­
moria de B *i 11y , 12. p. 3^3.
(2) Christiani W oljf elementa mathes. Geneva , 1734. 4. voi. 5. Astronomía , n. 527.
(3) Cúbrase un telescopio con una lámina:
si

a l mundo "Planetario.
27^
do á M ercurio, quedaría ciego; porque se­
ría modado á un país , en que la luz era
1Ó9 veces mayor que en el suyo. Si Júpiter
estuviera habitado , y sus habitadores cor­
respondieran en algún modo á la pequeñéz
del dia de Júpiter, y á la poca luz y gran­
dísimo frió que en él hacen , era necesario
que tuvieran interiormente fuego de alquitrán
para que la sangre no se les heláse con los
grandes frios, que serán 27 veces mayores
que los del invierno en la Tierra : asimismo
serían de vista tan tierna como los murcié­
lagos , y serían de tan poco aguante, que
necesitarían reposar y dormir de cinco en
cinco horas , que es la duración de sus dias.
Pasemos ya , Cosmopolita , á considerar
én Júpiter su movimiento de traslación, ó
por su órbita , el qual forma el año jovial.
L a órbita de Júpiter está inclinada á la eclíp­
tica solamente un g ra d o , 19 minutos y 20
segundos ; y esta inclinación se mantiene ca­
si constantemente : lo que no sucede con la
órbita de otros planetas, como te lo diré des­
pués,
si en esta se hace un agujero circular , cuyo
diámetro sea a la longitud del telescopio , como
I es á 570 , y si puesto el telescopio al Sol los
rayos solares se reciben en un papel colocado
en la parte opuesta , se verá pintada la imagen
del Sol , como se ve desde Júpiter; pero la cla­
ridad solar sera mayor que la que hay en J ú ­
piter.

Calor.

Frió.

278

Fia ge estático

pues , en la jornada de Saturno. En orden á
la grandeza desmesurada de la órbita de Jú ­
p ite r , desde luego podrás hacer concepto por
la m ayor ( i ) y menor distancia de este pla­
neta hasta el S o l, de la qual distancia se in­
fiere , que el exe de dicha órbita tiene de
Grandeza largo mas de 357 millones de leguas. Por es­
de la órbita to mismo conocerás, que Júpiter deberá tar­
de Júpiter. dar gran tiempo en describir órbita tan in­
mensa : en efecto lo tarda , pues que gasta
Duración 4330 dias , 8 h oras, 58 minutos y 27 se­
de su año.
gundos. Es de notar una cosa particular en
orden al movimiento de Júpiter por su ór­
bita , y e s , que se advierte (2) sensiblemen­
te
( 1 ) La distancia mayor de Júpiter hasta el
Sol es de 213050010 leguas; y la menor dis­
tancia es de 144335050 leguas.
(2)
Si se compara la observación de Jú p i­
ter hecha el año de 240 , antes de la Era Christiana , con la observación hecha en el año de
508 (que refiere Boulliaud ) , se encuentra el
movimiento de Júpiter de 2 minutos y 40 se­
gundos por 83 años, fuera de las siete revolu­
ciones enteras. Si la conjunción de Júpiter con
la estrella Regulus , observada á 1 2 de Octubre
de 1 6 2 3 , se compara con otra observación se­
mejante , que se hizo en el año de 1706 , se ha­
llará que por 83 años el dicho movimiento es
no ya de 2 minutos y 40 segundos, sino de 2 1
minutos : cantidad verdaderamente notable. Halley juzgó ser indubitable la ligereza mayor de

al mundo "Planetario

.
2^9
te caminar mas ligero en cada siglo : de ¿o n ­
de necesariamente debe resultar , que cada
siglo gaste menos tiempo en recorrer su ór­
bita , y consiguientemente el año de Júpiter
( que es el tiempo que él emplea en caminar
su órbita ) , cada siglo será sensiblemente mas
pequeño. Este es un fenómeno verdadera­
mente extraordinario, que algunos preten­
den explicar adivinando, que después de a l­
gún tiempo Júpiter se moverá mas lentamen­
te , y con esto se desquitará de lo que ha­
ya adelantado con la m ayor ligereza que en
él se nota ahora ; pero esta explicación per­
tenece al arte de adivinar , y no á la cien­
cia físico-astronómica. Si Júpiter va siguien­
do ó creciendo en ligereza, llegará tiempo
en que sea el planeta mas ligero ; y podrá
HeJú p iter; y por tanto, supone en sus tablas el
movimiento de Júpiter por 83 años mayor en
9 minutos , que el que resulta de las observa­
ciones del año de 240 , antes de la Era Christiana , y del año de $08. La Laude ( Ostrón.
n. 1 17 0 .) aumenta en 2 minutos el movimiento
que cada siglo suponen en Júpiter las tablas
de Cassini ; y con todo eso la observación cita­
da del año de 240, antes de la Era Christiana,
desdice de lo justo un grado y 20 minutos. E l
mismo La-Lande ( n. 1 1 7 1 ) confiesa ser innega­
ble la mayor ligereza de Júpiter , y la supone
conociendo que no se puede determinar con to­
da exactitud.

Fenómeno
en el movi­
miento de
Júpiter.

280
Viage estático
llegar tiempo , en que en un abrir de ojos
recorra su órbita. Este fenómeno, que pa­
rece ser innegable, debe dar mucho que ha­
cer á los Atraccionistas : ya porque no se le
nota en Marte (i) , ni en el Sol, en la Tier­
ra , ni quizá en ningún otro planeta ; y ya
porque siendo Júpiter tan grande , y distan­
do tanto de los otros planetas, no parecía
que la atracción de estos pudiese causar en
él un efecto tan sensible.
Y o , que te he hablado del fenómeno que
se advierte en el movimiento de Júpiter , po­
dré oportunamente anticiparte la noticia de
otro fenómeno que se nota en el movimien­
to de Saturno por su órbita; pero considera­
blemente , y en todo contrario al fenómeno
de Júpiter. El fenómeno de Saturno consis­
te en que sus años van creciendo, ó en que
es mas lento su movimiento ; y esta lenti­
tud (2) es ya tan notable, que el año de
Sa( 1)

Memoir, de l ' Academ. ano 17 ^7 . ^>.431 .

(2) Keplero escribiendo en el año de 1625
nota , que los sitios de Júpiter y Saturno no
correspondían á los que resultaban de su movi­
miento medio , según las observaciones de T o­
lomeo y de Ticc-Brahe. Lo mismo notó Flams­
teed en la observación de la conjunción de Jú­
piter en el año de 1682 (Tra nsac t. pililos, n.
149. 204. 2 18 .) Cassini , comparando la oposi­
ción de Saturno á 2 de Marzo del año 228,
antes de la Era Christiana ( véase el Almajesro

aí mundo Planetario.
281
Saturno, segun el confronto de nueve obser­
vaciones , resulta quatro dias mayor que lo
señalaba Cassini. Si Siturno sigue de esta
manera , llegará tiempo en que su ano cons­
te de muchos s’glos. Pero los Astrónomos se
lisongean que esta alteración en el movimien­ Lentitud
to de Saturno procede de la atracción gran­ de Satur­
de de su planeta vecino Júpiter , como ha­ no.
bía dicho Newtón (1). No ha faltado Astró­
nomo (2) , que para confirmar la opinión de
ser efecto de la atracción la mayor ligereza
que se nota en Júpiter , y la mayor lentitud
que se advierte en Saturno, ha querido su­
poner alteración en el año terrestre; y que
por tanto, la Tierra también padece nove­
dad en su movimiento; mas esto en buenos
térde Tolomeo , lib. I I . cap. 7 . ) , con otra sucedi­
da á 6 de Febrero de 17 14 (en cuyo espacio de
tiempo, que hace 1943 años comunes, 10$ dias,
7 horas y 15 minutos , Saturno habia dado 66
vueltas, menos 28' 1 4 ") halló que el movimien­
to medio de Saturno por cada año era de 1 1' 1 3'
35" I4/// , y no obstante le añadió 46 minutos
terceros. La-Lande ( Astron. n. 1 1 6 4 .) cotejan­
do varias observaciones ha encontrado en Satur­
no la diferencia de 7 grados en longitud.
(1) Newtón : Princ. math. lib.
prop. 13.
(2) Eulero en sus Opúsculos. .Del año ter­
restre hay observaciones antiquísimas , las quales cotejadas entre sí no dan en él diferencia al­
guna. Véase La-Lande citado.
Tomo I I I .
]\Tn

282

Viage estático

términos es querer defender la atracción á
diestro y á siniestro. Podrás preguntarme,
Cosmopolita , si por ventura esta contrarie­
dad tan notoria de lentitud mayor en Satur­
no , y de mayor ligereza en Júpiter se ex­
plica bien por medio de la atracción. A es­
ta pregunta responderé brevem ente, diciendote dos cosas. La primera e s : hay varios
Astrónomos que pretenden explicar dichos
fenómenos, como efectos bastantemente cla ­
ros de la atracción ; mas no por esto se po­
drá decir , que su explicación es tan clara
como se pinta ; y para esto baste d ecir, que
habiendo un moderno Atraccionista elegido
várias observaciones, en que siendo casi unas
mismas la distancia y correlación entre Jú­
piter y Saturno, no resultáse en éste cosa
particular por la atracción de aquel ; no obs­
tante esta precaución se ha hallado bastan­
temente enredado, sin dar solución clara
á la dificultad (1). La segunda cosa es : que
Dudas so­
este mismo Atraccionista ha reconocido, que
bre los efec­
además de la alteración dicha del movimien­
tos de la
to
de Saturno, se descubre en el mismo mo­
atracción.
vimiento (2) otra notable alteración, en que
no
La atrac­
ción causa
de fenóme­
nos opues­
tos.

(1) La-Lande : A str. n. 1 164. 1 166. 3$ 1
(2) Los Astrónomos viendo que habia al­
guna diferencia en las revoluciones de Saturno,
conocieron que se necesitaba señalar los minu­
tos ó grados , que después de uno ó muchos si­
glos formaban dicha diferencia , que comunmen­
te

al mundo Vianetario,

283

no puede tener parte alguna la atracción de
Júpiter, que es el único planeta que por su
vecindad y grandeza podía causar novedad
en el movimiento de Saturno. Este segundo
fenómeno es tan considerable, que reflexio­
nándose sobre varias observaciones moder­
nas , hechas 190 años h á , y prescindiendo
de las desigualdades de movimiento conoci­
das en Saturno, las vueltas ó revoluciones
de éste se diferencian casi una semana. El
Atraccionista (1), reflexionando bien sobre es­
te
te se llama equacion secular de Saturno. Pero
últimamente se ha advertido que su revolución
aún se muestra inconstante ó variable , según
las circunstancias en que ella se observa. Así,
cotejando las observaciones de los años de 1688
y de 1745 , se halla que en este interválo de
59 años el movimiento medio de Saturno por
cada año es de i i ' 13' 2$ " 4 6"', y comparando
las observaciones de los años de 1701 y de 1760
en el mismo interválo de 59 años se halla que
el movimiento de Saturno ha sido mas conside­
rable en 13 minutos de grado, los quales ha­
cen que cada revolución de aquel planeta en
dicho tiempo sea mas de 6 dias y medio mas
corta , que eran las revoluciones del mismo Sa­
turno , en el interválo de tiempo entre los años
de 1686 y de 174$. Este mismo resultado se
halla comparando otras observaciones mas y me­
nos antiguas ( Mem. de V A cad. 1766. p. 368.)
(1) La-Lande : Astronom. tt. 1 1 6 7 y 1163.

Nn 2

284
Viage estático
te fenómeno , llega á decir : *■*A fuerza de co*
tejar observaciones con gran desagrado mió,
he llegado á conocer este raro fenómeno en
Saturno , y no descubriendo ninguna causa fí­
sica en tal irregularidad ( pues es cosa cla­
ra que ésta no depende de la atracción de
Júpiter ) , .yo resistia y rehusaba creer tal
resultado ; pero últimamente , ha sido nece­
sario ceder á la verdad. Yo ignoro quál se­
rá la causa ; pero puede ser que ésta consis­
ta en la atracción de algún cometa.” Los que
escriban después de haberse descubierto el pla­
neta Urano, dirán que la atracción de éste
causa la dicha irregularidad.
De la relación que te acabo de hacer,
Cosmopolita, inferirás la dificultad que hay
en componer todos los fenómenos celestes por
medio de las leyes de la atracción. Esto no
se puede negar ; como ni tampoco que el sistéma Copernicano pierde otro tanto de pro­
babilidad , quanto mas son sus resultados
contra las leyes de la atracción. Es cierto
que estos resultados, sin perjuicio de dichas
leyes, pueden provenir de causas ó circuns­
tancias que están ocultas; pero hasta que és­
tas se descubran, siempre se deberá estar con
alguna desconfianza del sistéma físico y as­
tronómico , que actualmente reyna entre los
terrícolas. Una cosa me parece innegable en
esta m ateria, y es , que se alegan á favor
de la atracción resultados, que se fundan en
la distancia de los planetas ; y se alegan con­
tra la atracción resultados que se fundan en
el tiempo que los planetas emplean en sus revo-

a l mundo "Planetario,

285

voluciones; ¿qué resultados, pues, serán mas
convincentes ? A mi parecer deben ser aque­
llos que se funden sobre las causas mas cier­
tas. Las causas ciertas é inciertas son las dis­
tancias y los varios tiempos que los plane­
tas tardan en hacer sus revoluciones, llegar
á sus afelios , preelios, ñudos ; &c. y nin­
guno puede dudar , que entre estas dos cau­
sas la primera á lo mas es probable ; y la
segunda es clara y evidente. Si queremos bus­
car en el orbe terráqueo pruebas de la atrac­
ción , no las hallarémos en él tan claras co­
mo en los planetas. Concluyamos, pues, es­
te punto, reduciendo toda la qüestion á po­
cas palabras. Los antiguos suponían en los
planetas diferentes leyes físicas que en la Tier­
ra ; y por esto solamente se gobernaban por
la observación. Los modernos suponen las
mismas leyes físicas en todo lo visible ; y por
esto resisten algo á la observación. Abando­
nar el estudio de las leyes físicas en los pla­
netas , como hadan los antiguos, no es de
Filósofos. Empeñarse en suponer siempre el
efecto de leyes que no son evidentes , como
lo hacen los modernos , no es de Físicos. Su­
poner en la Tierra y en los planetas diferen­
tes leyes físicas, es cosa que se puede lla­
mar ardua; pero no se debe creer imposible;
pues que las observaciones no dexan de dar­
nos fundamento para dudar, si los planetas
son mas semejantes entre s í, que la Tierra
loes á ninguno de ellos, particularmente en
orden á los elementos que la componen. De
este ofrecimiento mió te daré idea práctica
con

Causas cier­
tas é incier­
tas para in­
ferir los sistémas físi­
cos.

Cotéjo en­
tre los Físi­
cos anti­
guos y mo­
dernos.

Nos son
desconoci­
dos los ele­
mentos de
los planetas.

286

En lo inte­
lectual se
adelanta
mas que
en lo físi­
co.

Falacia de
los senti­
dos.

Vi age estático

eon las siguientes reflexiones sobre dudas fá­
ciles de entender. Nosotros vemos innume­
rables compuestos terrestres , como Tierra,
metal , leño, &c. y no podemos determinar,
ni saber, si su materia es homogénea 6 ete­
rogènea ; y siendo eterogènea no sabemos
tampoco determinar sus leyes particulares;
pero nos contentamos ó detenemos en las
comunes , que son la figura , estension , im­
penetrabilidad , inmobilidad, &c. No forman­
do nosotros idea de lo sensible, sino con re­
lación á la impresión que el mismo sensible
hace en nuestros sentidos , no podemos con­
cebir compuestos materiales de especies que
no vemos ó sentimos; y se puede decir, que
nada adelantamos en lo material : quando por
lo contrario en lo intelectual hacemos los
grandes progresos que se ven en tantas ver­
dades y conseqüencias nuevas é ingeniosas,
que se contienen en las ciencias. No obstan­
te de ser innegable la limitación de nuestra
mente en orden á lo sensible , porque para
su conocimiento depende délos sentidos, no­
sotros viendo en los planetas figura , esten­
sion , y otras propiedades comunes á lo ma­
terial terrestre , pasamos en fuerza de éstas
solas á figurarnos 6 concebir los planetas, co­
mo nuestra Tierra ; y suponiendo como cier­
tas nuestras ideas, sacamos todas aquellas
conseqüencias, que nos subministra el inge­
nio ; pero estas conseqüencias , como várias
veces te he dicho , Cosmopolita mio , no se
deben mirar como verdades incontrastables,
sino como parto ingenioso de una mente, que
go-

a l mundo Vianet ario.
28?
gobernándose por los sentidos falaces, se pue­
de engañar con facilidad , y muchas veces
se engaña. En algunas ocasiones yo te he
propuesto , Cosmopolita , pruebas prácticas
de Astronomía, que te hagan conocer esta
verdad , y el fundamento verdadero ó apa­
rente , en qne se apoyan várias curiosas no­
ticias que se leen de los astros. Entre éstas,
son dignas de consideración las que se pro­
ponen sobre la cantidad de materia de los
planetas , sobre su densidad , y sobre los gra­
dos que tienen de velocidad los graves en su
superficie : por esta razón quiero concluir es­
te discurso, declarándote los fundamentos
de lo que sobre este asunto se dice. Oyelos
con atención , te suplico.
Los Astrónomos, queriendo señalar la den­
sidad y cantidad de masa de los planetas , fixan la consideración en la Tierra y en la
Luna terrestre , y después pasan á compa­
rar con otros planetas lo que ven en la Tier­
ra y en la Luna. Por exemplo : ellos dicen
así, siguiendo el método que les ha dexado
su Príncipe Atraccionista. El primer satélite
de Júpiter dista de éste casi lo mismo que
de la Tierra dista su Luna : pues que la di­
ferencia entre las dos distancias apenas es
una duodécima parte. Si el dicho satélite empleáse en describir su órbita al rededor de
Júpiter el mismo tiempo que la Luna tarda
en recorrer la suya al rededor de la Tier­
ra , la fuerza ó atracción de Júpiter para de­
tener al satélite en su órbita , sería en tal
caso igual á la fuerza ó atracción de la Tier­
ra

288

Cálculo so­
bre la ma­
sa y atrac­
ción de Jú­
piter.

Cálculo hi­
potético so­
bre la masa
y atracción
de la Tier­

ra.

Vlage estático

ra para detener la Luna en la su ya; y en
dicho caso la cantidad de masa ó materia en
Júpiter sería igual á la cantidad de la masa
terrestre. Mas porque el volumen de Júpiter
es 1428 veces mayor que el terrestre, si en
Júpiter hubiera la misma cantidad de masa
que hay en la Tierra, la dicha masa debería
ser en Júpiter 1428 veces menos densa que en
la Tierra. Todo este discurso se funda en la
suposición de emplear el satélite de Júpiter
en caminar su órbita el tiempo mismo que
la Luna tarda en recorrer la suya ; pero la
suposición es falsa, porque el dicho satélite
tarda en recorrer su órbita 17 veces menos
tiempo que la Luna ; por tanto , Júpiter de­
be atraer su satélite mucho mas fuertemente
que la Tierra atrae su Luna , y á proporción
de la atracción mayor de Júpiter debe ser
mayor su masa.
En esta suposición se procede a s í: aho­
ra la Tierra para detener la Luna en su ór­
bita exercita sobre ella una determinada atrac­
ción , la qual supongamos igual á la unidad;
y si la Luna se moviera con una velocidad
17 veces mayor , ó recorriera su órbita en
una décima séptima parte del tiempo que aho­
ra emplea en describirla, la Tierra, para man­
tenerla en su órbita , debería exercitar sobre
ella una atracción que creciese como el quadrado de la nueva velocidad ; esto es, debe­
ría ser la atracción 289 veces mayor ; por­
que el número 289 es quadrado de 17 , que
exprime la nueva velocidad; y debiendo la
atracción terrestre ser 289 veces m ayor, se
ín-

al mando Vianet arlo.

289

infiere, que la Tierra tendría en tal caso 17
veces mas masa. De aquí se toma el argu­
mento para Júpiter y su satélite. Teniendo
éste 17 veces mas velocidad que la Luna, de­
be Júpiter exercer sobre él una atracción,
que sea 289 veces mayor que la terrestre so­
bre la Luna ; y consiguientemente Júpiter ten­
drá 289 veces mas materia que la Tierra.
Mas porque el volúmen de Júpiter es 1428
veces mayor que el terrestre, se infiere que
una masa 289 veces mayor que la terráquea,
contenida en un volúmen 1428 veces mayor
que el de la Tierra, debe ser una quinta vez
menos densa que la terrestre (1). Vé aquí/
Cosmopolita , el hilo del discurso , ó la série de ideas , en que se fundan la densidad
y cantidad de masa que se suponen en Jú­
piter ; y porque semejante discurso no se
pue(1) En este cálculo para mayor claridad he
supuesto , que la velocidad del satélite es 17 ve­
ces mayor que la de la Luna ; pero en realidad
apenas llega á ser 16 veces mayor. La dicha su­
posición he hecho para que el resultado de la
densidad de Júpiter convenga mejor con la den­
sidad que antes se le atribuyó , y esta densidad
debe tener relación á la atracción solar sobre la
Luna , de la qual atracción he prescindido en
el cálculo. La densidad en un cuerpo es como
la masa dividida por su volúmen ; así en J ú ­
piter será como 289 dividido por 1428 i esto
e s , igual á *-

Tomo I I I .

1*5 *

Oo

Cálculo hi­
potético so­
bre la masa
y densidad
de Marte,
Venus y
Mercurio.

290

Vi age esitático

puede hacer con Marte , Venus, ni Mercu­
rio , que no tienen satélites, los Astrónomos,
para determinar en estos planetas la masa
y densidad su ya, se vahen de la siguiente con­
jetura : En la Tierra , -en Júpiter y Saturno,
que tienen satélites, vem os, dicen ellos, que
sus densidades van decreciendo á proporción
que distan del S o l, pues; que la Tierra es mas
densa que Júpiter ; y é ste mas que Saturno:
luego lo mismo sucederá en Marte, Venus y
Mercurio. Esto es , Marte será menos denso
que la Tierra , y mas que Júpiter : Venus
tendrá mayor densidad que la Tierra , y me­
nor que Mercurio ; y és te por ser el mas cer­
cano al Sol será el mas denso de todos los
planetas. ¿ Y quánta será la respectiva den­
sidad de cada uno de estos planetas ? A es­
to responden los Astrónomos diciendo , que
la proporción de tales densidades se encuen­
tra en la proporción que tienen las raíces
de su movimiento medio. Hé aquí descubier­
to el misterio de los mágicos cálculos sobre
la masa y densidad de los planetas. Oye
otros cálculos curiosos.
Los Astrónomos pasan á determinar la
velocidad
de los cuerpos, que caerían sobre
Cálculos hi­
potéticos so­ la superficie de un planeta , y discurren así:
bre la cele­ Un g ra v e , dicen , cayendo en Tierra corre
ridad de los 15 pies y una pulgada en un minuto segun­
graves en
do. Si la Tierra tuviera doble masa , el gra­
los plane­
ve en un segundo caminaría doble espacio;
tas.
y si tuviera tres, quatro v e ce s, &c. mas ma­
sa con el mismo volúmen , caminaría tres,
quatro, & c. veces mayor espacio. Si un pla­
ne-

.

a l mundo "Planetario
291
neta tuviera 100 veces mas masa que la Tier­
ra , debería hacer que el grave caminase 100
veces mas espacio. Esto se entiende en supo­
sición de ser de igual volumen la Tierra y di­
cho planeta: si éste fuera mayor que la Tier­
ra , era necesario descontar en el cálculo la
mayoría ó el exceso del quadrado del diá­
metro del planeta sobre el quadrado del diá­
metro terrestre. Supongamos que el quadrado
del diámetro del planeta fuera 9 veces mayor
que el del globo terrestre : en este caso sien­
do el número 3 i quadrado del número 9 , es
necesario dividir por este quadrado el núme­
ro 100; ó lo que es lo mismo, el espacio 100
veces mayor (que el grave caminaría al caer
en el planeta de masa 100 veces mayor que
la terrestre), se debe disminuir 3 i veces, por­
que la atracción disminuye en razón del qua­
drado de la distancia ; por tanto , hecha la
división resultará, que el grave caminaría al
caer sobre la superficie del planeta un espa­
cio que fuese un quinto m ayor, que el que
caminaría al caer en la Tierra ; esto es, ca­
minaría en un segundo 18 pies; y esto efec­
tivamente deberá acontecer en Saturno , que
tiene 100 veces mas masa que la Tierra, su­
poniéndose su diámetro 9 veces mayor que
el terrestre. El diámetro de Saturno es casi
10 veces mayor que el terrestre , y por es­
to el grave en un minuto segundo caminaría
18 pies, y 7 décimas de otro ; pero por ma­
yor claridad he supuesto dicho diámetro 9
veces mayor.
Esta e s , Cosmopolita , la escala ó série
Oo 2
de

Escala
atraccionaria.

Suposicio­
nes físicas.

Examen de
las suposi­
ciones.

292
Viage estático
de discursos , por donde los Astrónomos su­
ben para señalar en los planetas la cantidad
de su materia y densidad , y la vária velo­
cidad de los graves al caer sobre su superficie.
En esta escala los travesanos y escalones son
la atracción terrestre , su obrar en razón di­
recta de la masa , y en razón inversa del quadrado de la distancia de los objetos , la se­
mejanza perfecta de la materia terrestre con
la de los planetas, y que el satélite de Jú­
piter es tan grande y denso como la Luna:
se suponen exáctamente determinadas las dis­
tancias de Júpiter al Sol, y del satélite á Jú­
piter ; y consiguientemente la razón , que la
velocidad de éste y de su satélite tienen á la
de la Tierra y de la Luna: se supone últi­
mamente , que la razón entre las densidades
de los planetas corresponde á la que tienen
las raíces de sus movimientos medios. Pero
como de todas estas suposiciones unas se con­
tienen dentro de los límites de aparente pro­
babilidad , y otras dentro los límites de ar­
bitrarias conjeturas , sucede que las conseqiiencias que se infieren de tales suposicio­
nes , deban encerrarse en los límites de ésta.
Por exemplo : hablemos de la distancia de
Júpiter comparada con la de la Luna. En és­
ta tenemos su gran paralaje orizontal, y los
eclipses, que son unos medios singularísimos
para hallar su distancia hasta la Tierra : no
obstante tales medios, todo Astrónomo pru­
dente debe confesar , que puede haber el yer­
ro de 150 leguas en el número de 8386o, que
*se dan á la distancia media de la Luna. En
Jú-

al mundo Vianetario,

293

Júpiter , que no presenta á los Astrónomos
tan excelentes medios como hay en aquella
para determinar su distancia , se podrá con­
jeturar que es posible el error de 600 leguas
por cada 1008) de ellas; y en este caso, ¿qué
Distancía
error tan grande no podrá haber en la dis­ de Ju pitancia de mas de 178 millones de leguas que ter hasta la
se da á Júpiter ? De este error nacen otros Tierra.
de la distancia que se da á su satélite , de
la velocidad de estos , &c. Pero sería obra
larga , Cosmopolita , examinar aquí todas las
suposiciones de que se hacen inferir los re­
sultados que te he indicado : sería necesario
en tal caso llamar á juicio el valor de la fuer­
za de proyección en los planetas y en sus sa­
télites , su coartación por la fuerza de atrac­
ción , y otros accidentes que influyen y al­
teran el orden sistemático de los planetas.
Bástete haber oído este breve discurso, con
que habrás conocido dos cosas importantes:
la primera , es la fuente de donde nacen los
cálculos , que tantas veces habrás oído sobre
la cantidad de masa de los ,planetas , sobre
Manantial
su densidad , y sobre la velocidad de los gra­
de cálculos
ves en su superficie; y la segunda , es la na­ en la fisica.
turaleza de la probabilidad de tales cálculos.
Estos se varían algo cada dia , según el rum­
bo , ó las nuevas observaciones de los Astró­
nomos : por exemplo , en los años pasados
Montagne y Baudouin, como dice Paulian en
su Diccionario físico á la palabra satélite,
vieron un satélite distante de Venus tanto,
como la Luna dista de la Tierra ; y en la re­
lación que de tal satélite hizo Baudouin á la
Aca-

294
V i age estático
Académia de las Ciencias de París, se lee,
que el tal satélite concluía su revolución pe­
riódica en nueve dias y siete horas ; y que
su diámetro era un quarto del de Venus:
en cuyo caso , según lo que antes se dixo,
se infiere, que la densidad de Venus, que
se creía poquísimo mayor que la terrestre,
es casi io veces mas densa que ésta. Si es­
to fuera verdadero, y fueran verdaderas las
suposiciones hechas antes, sería necesario de­
cir , que la densidad de Mercurio es 20 ve­
ces mayor que la terrestre ; y que por lo
contrario , la densidad de los planetas supe­
riores era mucho menor que lo que se creía;
y en este caso los cálculos hechos sobre la
razón de la masa solar respecto á la de los
planetas , irían á tierra.
Nosotros, pues , Cosmopolita mió, dexarémos correr estas opiniones y cálculos so­
bre la materia , densidad , & c. de los plane­
tas : respetarémos los ingeniosos modos de
pensar con que los Astrónomos revuelven to­
do el exército de razones y proporciones que
se encuentran en los elementos geométricos
de Euclídes, diciendo que las distancias son
como los cubos; los tiempos , como los quadrados directamente; las atracciones direc­
tamente , como las masas ; ó inversamente,
como los quadrados de las distancias en que
obran , &c. &c. dexarémos correr en hora
buena estos cálculos y variedad de razones,
hasta que vengan otros Astrónomos, que ajus­
tándose mas al contrario gusto de su siglo,
destierren tanta variedad de razones y de le­
yes,

al mundo "Planetario.
295
yes , y pongan una sola , á que se sujete to­
do lo visible y sensible , así como el inge­
nioso Boschovich se lisongea y pretende se­
ñalarla para explicar todo el obrar de la
naturaleza terrestre.
§.

iii.

Observación de los Planetas mayores.

,

Exados ya los puntos sistemáticos de
que tantas veces nos ha sido necesario
hablar, volvamos nuestra consideración, Cos­
mopolita , á observar desde aquí el mundo
planetario. Vuelvete, pues, ácia el Sol , y
tiende la vista por todo el espacio que he­
mos caminado. A primera ojeada te parece­
rá que se han desaparecido todos los pla­
netas que hemos visitado , y que ha queda­
do solamente el Sol en todo el inmenso es­
pacio que desde aquí se estiende hasta él.
Si en Júpiter estuvieran los terrícolas , no
verían sino al Sol, á Saturno y á Urano: los
demás planetas serían para ellos como si no
fuesen; pues que ninguno de los tales se des­
cubre desde aquí con la simple vista. Si Jú­
piter estuviera poblado , y los jovícolas tu­
vieran la vista tan tierna , como deciamos
antes, y lo da á entender su poca luz , des­
de luego nos podíamos persuadir , que Dios
no había criado los planetas inferióles para
servicio de ellos ; pues que poco ó nada se
podrían aprovechar de su vista. Nosotros,
que observamos los Cielos con la vista de
nues-

D

Desde Jú­
piter se ven
solamente
el S ol, Sa­
turno y
Urano.

296
V i age estático
nuestra mente , alcanzamos muy bien á dis­
tinguir desde aquí todos los planetas inferio­
res. Mira ácia ellos, Cosmopolita, y fixa pri­
meramente tu vista en el Sol. Este se nos
Aparente
presenta con un diámetro mas de 5 veces me­
pequeñéz
nor que lo ven los terrícolas ; esto es , des­
del Sol.
de aquí nos aparece cinco veces mayor que
suele aparecer á aquellos el diámetro del
planeta Venus. De aquí inferirás la poca fi­
gura que en este sitio hace la vista del Sol;
y á proporción puedes discurrir lo mismo so­
bre sus influxos. Si el Sol se retirára tanto
de la Tierra, como está lexos de Júpiter,
yo conjeturo , que en un mes la Tierra que­
daría despoblada ; su superficie á lo menos
padecería alteraciones sensibles, y se muda­
ría todo el obrar constante de la naturaleza.
Esta conjetura me hace sospechar , que si
Júpiter tiene alguna dependencia del S o l, co­
mo la tiene la Tierra , deben necesariamen­
te ser en él muy diferentes los efectos de
la naturaleza.
Si apartas la vista del S o l, Cosmopoli­
Vista de ta , luego distinguirás unos cuerpos , como
Mercurio y
átomos indivisibles , los quales son Mercu­
Venus.
rio , Venus , la Tierra y Marte. Mercurio es
el que se ve tan arrimado al S o l, que apa­
rece d ista rle él poco mas de 4 grados. Ve­
nus dista del Sol 7 grados ; y la Tierra dis­
ta 1 r grados. Mira bien, Cosmopolita, nues­
tra Tierra , patria de nuestro cuerpo , destier­
Vista de
ro de nuestro espíritu , y teatro trágico de
la Tierra.
las miserias humanas. ¿Quién pudiera traer
á este sitio los soberbios que en ella habitan,
pa-

al mundo Vianet ario. ■ 2 9 ^
para que á vista de átomo tan despreciable,
y de la inmensa fábrica de los Cielos , apren­
dieran á despreciar aquella, y admirar y ala­
bar el poder inmenso de nuestro Dios? ¡O!
y con quanta razón repetía freqüentemente
San Ignacio de Loyola, heu quam sordet tér­
ra , dum coelum aspido. A la verdad , Cosmo­
polita m ió, no puedo menos de confesarte,
que estando yo no pocas veces en mi retiro
terrestre, y volando tal vez de repente á es­
tas inmensas distancias, al contemplar que
nuestro globo Terráqueo desde aquí desapa­
rece á la simple vista, como si no existiera
en el mundo , y á la vista mas lince apare­
ce como un indivisible átomo ; considerando
Extática
entonces que éste es la morada y cárcel del
contempla­
género humano , y teatro de las mas iniquas ción sobre
tragedias, yo me quédo absorto por horas la Tierra.
enteras , sin encontrar modo con que figurar­
me la inconsideración de los terrícolas , cria­
turas racionales , que siendo capaces de co­
nocer lo despreciable del átomo que habi­
tan , viven como bestias , sin levantar los
ojos de la mente á estos vastísimos espacios
y desmesurados astros, que el Poder Divi­
no colocó á nuestra vista para que admiráse­
mos y alabásemos su Bondad y Sabiduría. Al
ver la magnificencia de este mundo celeste,
la ignorancia en que vivimos sobre sus habi­
tadores , y la pequeñéz de la Tierra , yo me
figuro el mas soberbio y grande palacio, en
el que vive un solo hombre ( que se llama
y es Re y) , no porque lo necesite todo para
su habitación , sino porque quiere dar una
Tomo I I I .
Pp
idea

298

Viage estático

idea visible de su magnificencia y superio­
ridad de dignidad. Si entramos en este pala­
cio , encontramos espaciosos atrios, magestuosas salas y antesalas , y que en un peque­
ño y cómodo gabinete vive el hombre. Así
miro yo la Tierra , como pequeño gabinete,
ó morada del linage humano ; y miro todos
estos espacios y planetas, como otros tantos
monumentos , que dan á entender la dignidad
del Género Humano , que vive en la Tierra,
y el Poder y Bondad de nuestro Dios , que
con tan portentosa fábrica llama continua­
mente al hombre á reconocer el Soberano Ar­
tífice. Después de esta consideración vuelvo
en m í, Cosmopolita , abro la vista corporal,
y viendo con la luz del Sol volar cerca de
mí algunos átomos , empiezo á pensar así:
Cada uno de estos átomos se me figura aho­
ra como poco antes me parecia la Tierra;
cosa accidental es , que ésta sea mayor que
un átomo, si tal me parece aun á la vista
desde alguna distancia ; y si ella verdadera­
mente es como un átomo en comparación de
los inmensos Cielos. ¿Será, pues, cosa jus­
ta , que yo tenga apego á tal átomo, y que
quiera siempre vivir en él? ¿Yo que me re­
conozco criatura capaz de recorrer los in­
mensos espacios celestes , y de contemplar
las grandezas del Supremo Hacedor: yo que
me veo dotado de un conocimiento superior
á todo lo material, he de vivir con apego
á un átomo, y no he de desear salir de él
para acabar de ver las obras sin término, ni
límite que ha hecho mi Soberano Criador ? Es­
tas

al

mundo "Planetario.
299
tas y otras semejantes reflexiones, que déxo,
Cosmopolita mió , por no molestarte , com­
baten freqüentemente mi espíritu , y me ha­
cen desear aquella hora, en que el Criador
se digne sacarme de la prisión de la Tierra,
y dar libertad á mi espíritu para que se ocu­
pe eternamente en la contemplación de su Po­
der , de su Bondad, y de su misma Divini­
dad. Perdona , Cosmopolita , si inconsidera­
do he abusado de tu paciencia con esta di­
gresión. Volvamos á la contemplación de los
Cielos.
Desde aquí el Astrónomo terrícola mas
v jsta
vigilante pocas veces podría descubrir á Mar- Marte,
te , el qual aparece tan cerca del S ol, como
desde la Tierra se ve Mercurio , quando es- *
tá muy próximo al mismo Sol. Si levanta­
mos la vista á los espacios celestes sobre JúVista de
piter encontrarémos al tardo Saturno, el qual, Saturno,
por su gran distancia nos aparece desde aquí
menor, que desde la Tierra se ve Venus. El
diámetro de Saturno desde este sitio apare­
ce de 40 segundos, ó aparece tan grande, co­
mo los terrícolas ven el de Júpiter en su ma­
yor aproximación á la Tierra. Un jovícola,
dotado de la misma vista que tienen los ter­
rícolas, viviría en Júpiter sin ver ordinaria­
mente sino al Sol , á Saturno y á Urano , que
se ve distar inmensamente de Saturno: los
planetas inferiores desaparecerían á su sim­
ple vista ; y los cometas mas cercanos no los
distinguirían , sino quando baxasen ó se arri­
masen ácia el Sol. El cometa que se cree mas
cercano, es el que apareció en el año de 1750,
Pp 2
y

300
Viage estático
y éste llega á distar de Júpiter 8 veces mas
que de aquí dista la Tierra. De esto puedes
inferir , Cosmopolita, que la gran distancia
en que estamos de la Tierra nada nos hace
para que veamos las estrellas mayores, que
las ven los terrícolas.
En esta suposición , un Astrónomo aquí
Sistema que para formar su sistéma atendería principalíun Astróno­
mo forma­ simamente al Sol, á Saturno y á Urano, que
ría estando se distinguen con la vista natural. El se per­
en Júpiter. suadiría que Júpiter era el mas vecino al
Sol: vería pasar delante de el disco de éste
en sus tiempos debidos á los planetas inferio­
res ; pero este paso le parecería como el de
Aparente puntos de nube. Su natural ofrecimiento se­
quietud de ría , que Júpiter estaba quieto , y que el Sol
Júpiter.
se movía ; porque lo vería todos los dias sa­
lir por su orizonte oriental, y ponerse por el
occidental; y como los dias aquí son tan pe­
queños , él atribuiría al Sol un movimiento
casi dos veces y media m ayor, que el que
aparece tener desde la Tierra.
El Astrónomo se confirmaría en esta opi­
nión viendo claramente que los quatro saté­
lites ó lunas de Júpiter daban vuelta al re­
dedor de este planeta. Levantaría la vista á
los mas sublimes Cielos , y vería á Saturno
acompañado de cinco lunas, y á Urano ro­
deado de dos lunas á lo menos, y se persua­
diría que Urano y Saturno daban vueltas al
rededor de Júpiter ; en cuyo caso , reflexio­
nando sobre las várias apariencias de Satur­
no y Urano , que se verían estacionarios y
retrógrados; esto e s, unas veces quietos por
al-

al mundo Vianet ario.

301

algún minuto, y otras retrocediendo, tendría
que recurrir á los epiciclos de Toloméo pa­
ra determinar su órbita , y arreglar las apa­
riencias de los satélites de Saturno y Urano,
los quales satélites probabilísimamente alcan­
zaría á ver con la vista natural.
El Astrónomo , viendo con atención que
los cinco satélites de Saturno y los dos de
Urano rodeaban á sus respectivos planetas,
no podría menos de sospechar, que quizá Jú­
piter se movería también , como veía mover­
se á Saturno y Urano. La vista de las cinco Conjetura
lunas que rodean á Saturno , y la vista de sobre el mo­
las dos que rodean á Urano , le harían gran vimiento de
impresión , y le darían motivo para conje­ Júpitet.
tu rar, que Saturno y Urano eran muy seme­
jantes á Júpiter en tener lunas que los rodea­
sen. En vista de esto formaría la duda siguien­
te. Si Saturno y Urano , aunque rodeados de
lunas, se ven mover, ¿por qué no se move­
rá también Júpiter con las quatro que tiene?
Esta duda por su naturaleza parece que se­
ría bastante para que se persuadiese que Jú­
piter se movía también , como Urano y Sa­
turno. En este pensamiento se confirmaría,
si con los telescopios llegara á distinguir bien
la Tierra y los planetas inferiores , los qua­
les vería pasar delante del disco solar. Pero
contra esta persuasión se le ofrecerían algu­
nas dificultades, que consistirían en la dese­
mejanza que notaba entre Júpiter y los de­
más planetas. El vería á Saturno con el so­
berbio anillo ó círculo que lo rodea , y lo
hace aparecer totalmente desemejante de Júpi-

302
V ia ge estático
piter ; y en los otros planetas que vería con
el telescopio , como puntos , se figuraría el
mismo círculo que notaba en el cercano pla­
neta Saturno , pues que es cosa natural figu­
rarse en todo semejantes los cuerpos que no
se ven en algo parecidos ; así como los ter­
rícolas creen semejantes á su Luna estas quatro lunas de Júpiter , y las cinco de Saturno.
A s í, pues , el Astrónomo creería , que todos
los planetas tenian figura muy diferente de la
de Júpiter ; y esta diferencia de figura le ha­
ría sospechar igual diferencia en otras pro­
piedades. No dexaría tampoco de hacerle mu­
cha impresión la vista de los cometas con
Vista de los
sus largas colas ; y puede ser que esto le hi­
cometas.
ciese creer que los planetas inferiores, que ve­
ría como confundidos con la atmosfèra solar,
eran otros tantos cometas. Estas y otras re­
flexiones semejantes harían nacer en su espí­
ritu mas dudas , que las que se suscitan en el
de los curiosos terrícolas.
Sobre todo , es creíble que el jovícola,
si se aplicáse á la observación de las quatro lunas de Júpiter, encontrase en éstas
abundante materia en que exercitar su in­
Vista de los genio ; porque si los terrícolas que tienen una
sola Luna, han trabajado inmensamente so­
satélites.
bre ella , y hasta ahora no se dan por sa­
tisfechos , ni se deben dar ; ¿ quanto debe­
rían trabajar en Júpiter los jovícolas para
conocer bien los fenómenos de sus quatro
lunas? Ellos tendrían todos los dias varie­
dad de fenómenos que observar ; y si entre
los jovícolas entrára el prurito que tienen

al mundo 'Planetario.
303
algunos terrícolas de hacer lunarios para en­
gañar á bobos, i quántas especies de luna­
rios se verían en Júpiter ? En poco mas tiem­
po que la Luna terrestre da 15 vueltas , el
quarto satélite de Júpiter da 26 de ellas, el
tercero da 61 , el segundo da 123, y el pri­
mero da 247. Según esto , podrás inferir muy
bien , Cosmopolita , que los lunaristas esta­
rían aquí grandemente empleados. Y si el nú­
mero de lunarios correspondiera aquí al nú­
mero de lunas y al de sus revoluciones, to­
dos los jovícolas serían lunáticos. Pero dexemos ya , Cosmopolita , estas consideraciones
que parecen propias de lunarios , y pasemos
á hacer discursos mas sérios sobre las quatro lunas que nos rodean. Vamos á Júpiter:
subamos sobre su globo, y desde él hare­
mos nuestras observaciones.

Júpiter es
buen plane­
ta para for­
mar luna­
rios.

§. I V.
Obsérvame desde Júpiter sus quatro
satélites ó lunas.

E

,

,

,

'Stamos ya Cosmopolita en Júpiter cuj yo movimiento de rotación debe nece­
La figura
sariamente causar en nosotros aquella ilusiónde los pla­
que en otros planetas hemos experimentado, netas indi­
atribuyendo el tal movimiento de rotación en ca si tienen
estos á los objetos que desde ellos observá­ ó no rota­
bamos. De esta ilusión , de que en otras oca­ ción.
siones he discurrido, y tú estás bien infor­
mado , no debo hablar , sino solamente de los
quatro satélites ó lunas que con órbitas dife-

Soberbia de
los terríco­
las , prove­
niente de su
ignorancia.

Desgracia
del vicioso
y del igno­
rante.

304
Viage estático
ferentes y periódicos movimientos rodean á
Júpiter, y á nuestra vista ofrecen hermosísi­
mo expectáculo. Para la observación nos fa­
vorecen las presentes circunstancias, pues que
ahora empieza la noche de Júpiter en este
sitio en que estamos , y todos los satélites
tenemos á nuestra vista y casi como en fila.
El verlos nos causa una admiración tan
grande , como á los terrícolas podría causar
la repentina aparición de quatro lunas que
girasen al rededor de su Tierra. Vivían los
terrícolas falsa ó ignorantemente ufanos y en­
gañados , juzgando que en todo el mundo sen­
sible era su Tierra el astro privilegiadísimo,
porque ella sola tenia un satélite ó luna , que
rodeándola la alumbraba de noche, y les
servia de relox celestial para dividir el año
en meses , los meses en semanas y dias , y
estos en horas. La ciencia y las conjeturas de
los terrícolas eran tan limitadas, como su vista
natural: ni los términos de ésta no traspasaban
su pensamiento ; por lo que la limitación de
su conocimiento era la causa de la ignoran­
cia en que vivian de las grandes obras del
Criador , y de la soberbia con que vanamen­
te se persuadían ser su Tierra el astro mas pri­
vilegiado del mundo. Cosmopolita m ío , la
mayor desgracia que á la criatura racional
puede suceder , es el no haber conocido ja­
más la virtud y la sabiduría : si ella fué siem­
pre viciosa é ignorante, no sabe conocer el
bien de que carece , ni la infeliz miseria en
que vive. El que jamás supo ni oyó el nom­
bre de riqueza , no tiene por desgracia el mi­
se-

al mundo Planetario.
305
serable estado de la pobreza: así el que no
gustó jamás la dulzura de la virtud y sabi­
duría , no tuvo por asquerosamente amarga
la bebida del vicio , ni por horriblemente te­
nebroso el estado de la ignorancia.
Llegó la hora, Cosmopolita m ió, en que
los terrícolas habiendo inventado con el uso
de los anteojos el modo de suplir el defecto
ó cansancio de la vista natural , los perfec­
cionaron luego haciendo que ellos sirviese^
para que el hombre con los anteojos llegás^
á ver objetos que por su distancia ó pequeñéz se escondían , ó eran indiscernibles á su
vista natural. Esto e s , inventaron anteojos,
que llamamos telescopios para divisar obje­
tos que por su gran distancia eran indiscer^
nibles á la mayor perspicacia de la vista hu­
mana : é inventaron otros instrumentos llamar
dos microscopios, para descubrir los objetos,
que- aunque cercanísimos á la vista humana,
leerán imperceptibles por su pequenez. "Jayme Mezio (1), de Alckmaer (Ciudad de Ho­
landa ) , manejando vidrios de figuras diferen­
tes halló casualmente la invención del ante­
ojo de larga vista.” Galileo habiendo oído la
noticia de esta invención, pensó sobre la ma­
nera de ponerla en execucion, y por sí misr
mo hizo un anteojo ó telescopio de tal perfec(1) Véase en el tomo segundo de las obras
de Galileo citadas el tratado : Note sopra el nunj
zio sidereo di Galileo , p. 32.
Tomo I I I .
Qq

Invencion
de los teles­
copios y mi­
croscopios.

Historia
del descu­
brimiento
de los saté­
lites de Jú­
piter.
Descubri­
mientos de
Galileo.

306

Viage estático

feccion , que con él descubrió en el Cielo los
nuevos y estrepitosos fenómenos, que publi­
có al mundo en su Nuncio sidéreo. En éste,
publicado por Galileo en Marzo de 16 10 , él
dice así ( 1 ) " En el dia 7 de Enero del cor­
riente año de 16 10 , á la hora primera de la
siguiente noche, observando yo las estrellas
con el telescopio, se presentó Júpiter á mi
observación , y habiendo yo dispuesto un ex­
celente instrumento óptico vi tres estrellas
que estaban cerca de é l : eran pequeñas y
muy claras; y aunque me parecieron ser del
número de los astros errantes , no obstante
su vista me causó alguna admiración, por­
que se veían en linea derecha , y paralela á
la eclíptica, y aparecían mas resplandecien­
tes que otras de su misma grandeza. . . E l
dia 13 vi la primera vez quatro estrellas (ó
satélites') cerca de Júpiter.” Continuó Gali­
leo sus observaciones hasta la noche del dia
2 de Marzo : notó las várias situaciones de los
quatro satélites ál oriente y al occidente de
Júpiter, y las publicó en su Nuncio sidéreo,
dando á las lunas de Júpiter el nombre de
estrellas mediceas, en honor á la familia de
Médicis , que gobernaba en Toscana , en que
nació Galileo.
Quatro años después de haberse publica­
da
(1)

Véase en el dicho tomo segundo de Ga­
lileo el tratado de éste , intitulado : Nuncius sjdereus , en la pag. I 5.

.

al mundo "Planetario
3o$r
Descubri­
do el dicho Nuncio sidéreo , Simón Mario
Guntzenhusano, Matemático ( y también Mé­ mientos de
dico) de los Marqueses de Brandemburg, dió Mario.
á luz pública la Obra intitulada Mundo jovial^
en cuyo prefacio dice así ( i ) : "E n el año 1608,
quando por otoño era la feria de Francfort,
estaba en ésta el Caballero y Capitán Juan
Felipe Fuchsio de Bimbac , Consejero íntimo
de los Marqueses de Brandemburg, y oyó
decir á un Mercader, que en la feria de Franc­
fort estaba un Flamenco, que había inven­
tado un instrumento con que se veían los ob­
jetos lexanos, como si estuvieran cercanos.
Hizo por ver al inventor Flamenco y el ins­
trumento , y halló que aumentaba los obje­
tos. Quiso comprarlo, y no lo compró por­
que el Flamenco lo queria vender carísimo...
Nos enviaron desde Flandes un anteojo de
larga vista en el verano de 1609; y desde
este tiempo empecé á observar las estrellas...
Y una noche al fin de Noviembre observan­
do yo el Cielo en mi observatorio, vi la pri­
mera vez á Júpiter en oposición con el Sol,
y distinguí sus pequeñas estrellas , en linea
derecha delante y detrás de Júpiter. Al prin­
cipio juzgué que eran estrellas fixas... Estan­
t
do ya retrogrado Júpiter , y viendo en Di­
ciembre las dichas estrellas , me adm iré, y
creí

(1) Mundus jovialis atino 1609. delectus : in­
ventorc et authore Simón M a no Guntzenhusano. Ñor iberg# , 1614.4. Prefatio.
Qq 2

308

Via ge estático

creí que ellas diesen vuelta al rededor de
Júpiter , como los cinco planetas las dan al
rededor del S o l, y desde 29 de Diciembre
empecé á notar las observaciones en circuns­
tancias , en que las tres estrellas se veían en
linea recta acia el occidente de Júpiter... En
las observaciones hasta el dia 12 de Enero
distinguí que eran quatro las estrellas de Jú­
piter... Esta es la historia verdadera: no po­
dría yo faltar impunemente á la verdad pu­
blicando estos hechos, quando vive aún el
dicho Señor Fuchsíov>
Según estas relaciones sobre el descubri­
miento de los satélites de Júpiter , parece que
Simón Mario los distinguió nueve dias á lo
menos antes que Galileo. En su mundo jo­
vial publicó tablas poco exactas para calcu­
lar el movimiento de los satélites joviales; y
de esta poca exactitud algunos han inferi­
do (1) una prueba prácticamente convincen­
te para dudar que Mario las hubiese obser­
vado ; pero la poca exáctitud de las tablas
no se opone al descubrimiento de los satéli­
tes , sino solamente á la exáctitud de las ob­
servaciones, ó á la ciencia necesaria para ha­
cer buen uso de ellas* Herschel acaba de des­
cubrir al planeta Urano y sus satélites , y
no ha tenido ni tiene la ciencia necesaria pa­
ra
•• (1) Histoire des mathématiques par Mr.
Montucla. Paris , 1758. 4 - En el vol. 2. part. 4.
lib. 4. §. 4. p. 230,
i

aí mando Planetario.
309
ra formar tablas astronómicas de su movi­
miento. Mario alegó por testigo de su des­
cubrimiento al Caballero Fuchsio , entonces
vivo ; y no es creíble que alegase este tes­
timonio para ser descubierto engañador. Es
creíble que Mario, en los primeros meses de
sus observaciones , no conociese que las nue­
vas estrellas de Júpiter eran planetas ; y por
esto no pensáse en publicar el descubrimien­
to. En el prefacio de su obra citada, dice
también Mario, que había observado las man­
chas del Sol desde el dia 3 de Agosto de 1611.
Esta observación se hace muy creíble ; pues
que Mario siendo Astrónomo , y teniendo la
cómoda proporción de observar con telesco­
pio pudo fácilmente haber tenido el ofreci­
miento de observar el S o l, y necesariamen­
te en dicho dia notaría las manchas que en
él había , según la relación de Sheiner y Galileo. Pero estos dos, como te dixe en la jor­
nada al Sol (1), habían descubierto las man­
chas solares antes del dia 3 de Agosto del
1611 , por lo qual Mario no les puede dis­
putar la anterioridad de tiempo en su des­
cubrimiento.
Demasiadamente he ocupado, quizá mo­
lestando tu atención , Cosmopolita, con la his­
toria del descubrimiento de los satélites jo­
viales , del qu al, la historia para que pue­
das

(1) Véase la parte primera de este Viage ex­
tático , tomo primero , pág. 151, y 152.

310

Vicige estático

das formar concepto ,—y dar sentencia de su
primera época y primer descubridor, yo de­
bía referirte, como lo he hecho con la ma­
yor imparcialidad, ya que la verdad , y no
algún espíritu de partido ( que suele serlo del
engaño), me ha dictado todo quanto has oí­
do. Poco nos importan las guerras literarias,
que los terrícolas se hacen mutuamente sobre
los derechos que pleytean de primeros des­
cubridores de algún fenómeno celeste: estos
derechos son aéreos , quando no sea útil el
descubrimiento , y la gloria grande se debe al
primero que descubre su verdadera utilidad.
Debemos confesar ingenuamente , que el
Utilidad
descubrimiento de los satélites joviales es uno
grande del
de los mas útiles que la Astronomía ha lo­
descubri—
grado en muchos siglos ; y quien considere
miento de
bien las grandes ventajas que los terrícolas
los satéli­
sacan del descubrimiento de las lunas de Jú­
tes jovia­
piter para determinar la situación de los lu­
les.
gares terrestres , se persuadirá que después
del Sol , de la Luna terrestre , y de la es­
trella polar , no hay astros mas útiles al co­
mercio de la sociedad humana , que los saté­
lites de Júpiter. Y si la utilidad que los mor­
tales sacan de las obras del Altísimo dan á
entender muy bien el fin de la creación de
éstas, ¿quién dudará que los satélites de Jú­
piter han sido próvidamente criados para uti­
lidad y beneficio de los hombres ? Conocien­
do estos sus ventajas se han aplicado con to­
do cuidado á su observación , en la que se ha
adelantado mucho sobre los puntos que son
útiles. Entre estos el principal es determinar

al mundo Vianet arlo.
311
el tiempo que gastan en dar uua vuelta al
rededor de Júpiter. El tiempo que cada sa­
télite emplea en dar dicha vuelta se ha infe­
rido por el interválo que pasa entre sus eclip­
ses , y según estos se ha hallado que el mas
cercano satélite» que se llama primero, em­
plea en dar su revolución 42 horas y 1613
segundos : el segundo satélite tarda 65 horas
y 825 segundos: el tercero tarda 171 horas
y 1453 segundos; y el quarto emplea 16 dias
con 16 horas y 1928 segundos. Estos son los
tiempos de las revoluciones de estos satéli­
tes , que se llaman sinódicas ; y de la poca
duración de éstas inferirás , que aquí apenas
pasa semana en que no haya tres ó quatro
eclipses de satélites visibles á los terrícolas;
y si á estos eclipses añades otros tantos so­
lares , que causan los mismos satélites en Jú­
piter , como la Luna causa á la Tierra , po­
drás inferir, que aquí cada dia se ve un eclip­
se. La distancia de estos satélites hasta Jú­
piter es la siguiente. El primero dista casi lo
mismo que la Luna se aparta de la Tierra (1):
el segundo dos tercios mas que el primero:
el tercero dista casi tres veces y un tercio
mas que la Luna de la T ierra; y el quarto
dista quatro veces y media mas que la Lu­
na de la Tierra. Haciéndose el primer sa­
télite tan grande como Marte desde aq u í, en

Jú(1) La distancia media de la Luna á la Tier­
ra es de 88S) leguas.

Tiempo en
que se hace
la revolu­
ción de ca­
da uno de
los satélites.

Todos los
dias hay
eclipses en
Júpiter.

Distancia
de los saté­
lites h asta
Júpiter.

312
V iage estático
Júpiter debe aparecer el diámetro del dicho
satélite una vez y media mayor que apare­
ce á los terrícolas el de la Luna. Los otros
satélites aparecen casi lo mismo (i) que la
Luna á los terrícolas.
Esto es en substancia, lo que sin entrar
en varios fenómenos enredosos de los satéli­
tes , te puedo decir, Cosmopolita , sobre las
cosas que en ellos principalmente se obser­
van y conjeturan. La Astronomía moderna
se ocupa hoy tanto en la observación de los
satélites de Júpiter , y en la explicación de
sus fenómenos , como pudieron ocuparse los
antiguos Astrónomos en la observaciou de los
planetas mayores. Sería obra larga el dete­
nerme á referirte las observaciones , los re­
sultados y las aplicaciones que de ellos ha­
cen los modernos Astrónomos : tú mismo lo
puedes colegir de la simple idea , que te voy
á dar de las desigualdades que se advierten
en el movimiento de dichos satélites; y esta
breve noticia te servirá para entender fun­
damentalmente todo lo que te dexo de decir.
En
( i ) En algunas disertaciones astronómicas se
lee determinada la cantidad de masa de cada sa­
télite ; pero esta deteiminacion supone que se
conoce su densidad ; y para conocer ésta no hay
principios ni aun probables. Todo quanto se di­
ce sobre la cantidad de la masa de los satélites
es muy incierto j ó por mejor decir , es cosa ima­
ginaria.

al mundo Planetario.
313
Irregulari­
En los satélites de Júpiter se advierten
dad
de los
notables desigualdades, por las que se ve,
satélites.
que sus eclipses unas veces tardan y otras v e ­
ces se adelantan mas de lo que parece in­
ferirse de sus revoluciones periódicas. En vis­
ta de este raro fenómeno los Astrónomos se
aplicaron con todo cuidado á averiguar y
exáminar su causa. En el año de 1675 ( t),
se ofreció á Romer un raro pensamiento so­
bre tal fenómeno , y fué atribuir la tardan­
za de los eclipses al tiempo que la luz em­
pleaba en llegar á la Tierra. E l pensamiento
Propaga­
fué recibido con aplauso; y á la verdad no
ción succese puede negar , que es muy conforme á la
siva de la
física; porque según ésta parece natural, que luz.
la imagen de un objeto lexano tarde algún
tiempo en llegar á la vista. Si á una gran
distancia se enciende una lu z , no aparece ra­
zón por la qual esta luz sea vista en el mo­
mento en que se ha encendido : antes bien,
la razón y el obrar de la naturaleza nos di­
cen , que es necesario concebir algún tiem­
po en que la imágen de un objeto llega á la
Vis(1) Cassini en el año de 1675 publicó un
escrito , en que anunciando la configuración y
situación de los satélites de Júpiter , hablaba de
la propagación succesiva de la luz ; y Romer,
pocos meses después, se sirvió de esta propaga­
ción para explicar la tardanza de los eclipses de
dichos satélites ( Reg- Scientiar. Acad. historia.
Anctore Duhamel, 1698. p. 145. )
Tomo I I I .
Rr

314
V i age estático
vista del observador; ó entre el momento
de encenderse la luz , y el acto de ser vis­
ta en gran distancia. Según este raciocinio,
fundado en casi práctica experiencia, se en­
tiende muy bien , que quando Júpiter está
mas lexos de la Tierra, la imágen del eclip­
se de sus satélites debe tardar en llegar á
ella mas que tarda quando Júpiter está ve­
cino á la Tierra. Es cierto , que algunos As­
trónomos (i)han pretendido probar , que tal
vez se ha notado tardar mas de lo justo la
vista de los eclipses de los satélites , quando
Júpiter estaba próximo á la Tierra ; pero á
esto se responde , que padeciendo los satéli­
tes muchas alteraciones por razón de la mu­
tua atracción de ellos y de Júpiter , pudo la
mucha tardanza. provenir de haberse retar­
dado el movimiento del satélite eclipsado por
causa de la atracción de los otros satélites y
de Júpiter. Vuelven á replicar los dichos As­
Solución trónomos diciendo , que la suposición de la
de las difi­ propagación succesiva de la luz conviene muy
cultades
bien al satélite mas vecino , pues que con
contra la di­
ella se entiende muy bien la tardanza en ver
cha propa­
gación de la su eclipse , el qual, según su revolución perió­
dica , debía haber sucedido antes; pero que
luz.
la dicha suposición no conviene á los fenó­
menos de los otros satélites (2). A esta répli(1)

Cassini y Mararaldi : Memoir. Acad.

1707. Ivíako : P/risica , f . 2. sect. 1. c. 1. n. 4.

(2)

Boscovich ( dissert. de lumine') respondien-

al mundo "Planetario.
315
plica respóndese comunmente , que notoria­
mente el primer satélite no padece grandes
alteraciones en su movimiento ; de donde se
infiere, que en él no hace tanto efecto la
atracción, como en los otros satélites. A la
propuesta dificultad se responde también di­
ciendo , que la succesiva propagación de la
luz se confirma con el descubrimiento de la
aberración de las estrellas , la qual aberra­
ción no es otra cosa sino un movimiento, que
aparece tener cada fixa describiendo una elip­
se tan pequeña , que su diámetro parece ser
de 40 segundos. Una de las causas de este
fenómeno se cree que consista en la suce­
siva propagación de la luz. Hasta aquí te
he hablado , Cosmopolita, según la opinión
newtoniana, la que según Cassini no convie­
ne en la observación. Maraldi , exáctísimo
obdiendo largamente á las dificultades que propo­
ne Maraldi , dice así : wSi en los eclipses del pri­
mer satélite nos hacemos cargo del tiempo que
tarda en llegar á la Tierra la luz, solamente se
suele notar la desigualdad de 3 minutos, que
suele provenir de la excentricidad de Júpiter.
En los demás satélites solemos hallar la desigual­
dad de 32 y mas minutos , si cotejamos su mo­
vimiento con las tablas de Maraldi ; pero si de
estos 32 minutos atribuimos 16 al tiempo que
la luz tarda en venir á la Tierra , quedarán 14
minutos de desigualdades, que provienen de las
atracciones recíprocas.”

Rr 2

Aberración
de las estre­
llas.

316
' Viage estático
observador y juzgó falsa la dicha opinión ; y
Fontenelle la creyó dudosa. La-Lande, aun­
que protector de dicha opinión , no dexó de
confesar "que conviene bastantemente á todos
los satélites , lo que se supone resultar de la
excentricidad de Júpiter , y de la sucesiva
propagación de la luz ; pero que de otros
resultados notorios por la observación se ig­
nora la causa.” En estas expresiones pare­
ce que La-Lande quiere decir , que de los re­
sultados ó fenómenos de las lunas joviales al­
gunos se explican suficientemente, según la
opinión de la succésiva propagación de la
luz, y otros son misteriosos, porque no se des­
cubre su causa. Parece, pues, que mirando
en complexo los fenómenos de las lunas jo­
viales, podremos dudar de haber conocido la
verdadera causa de algunos de ellos. No obs­
tante, si por muchos años se observan con
la mayor exáctitud los eclipses de los saté­
lites de Saturno , se podrá esperar nueva prue­
ba de la probabilidad de la momentánea ó
succésiva propagación de la luz ; y á mi pa­
recer también podrían dar gran luz en este
asunto algunas exáctas observaciones del pa­
so de Venus y de Mercurio delante del Sol.
Sigamos el discurso de las desigualdades de
los satélites de Júpiter.
Estas son muy notables en todos los sa­
télites, y en unos son mayores que en otros:
con lo que los Astrónomos terrícolas han te­
nido no poco que pensar para unir la obser­
vación , y su sistéma de atracción. O ye, Cos­
mopolita , en pocas palabras los fenómenos
ra-

al mundo Vianetarlo.
31^
raros de estos satélites , y el modo que tie­
nen de componerlos los Atraccionistas. En
primer lugar suponen succesiva la propaga­
ción de la lu z , y por' esto en todos los fe­
nómenos de los satélites descuentan el tiem­
po que la luz puede tardar en llegar á la Tier­
ra , según la mayor ó menor distancia en que
se halla Júpiter. En segundo lugar, los As­
trónomos tienen presentes las desigualdades
que se advierten en las revoluciones de Jú­
piter , y que es necesario entrarlas -en cuen­
ta. No se puede negar, que la irregularidad
del movimiento de Júpiter debe causar dife­
rencia ó desigualdad en los fenómenos perió­
dicos de los satélites. Por exemplo: supon,
Cosmopolita, que estando nosotros en la Tier­
ra observamos eclipsarse el satélite primero.
En este caso el satélite entra en la sombra
de Júpiter, la qual está al lado opuesto del
Sol. Para que suceda otro eclipse del mismo
satélite, es necesario que éste dé una vuel­
ta al rededor de Júpiter, el qual, si estuvie­
ra quieto ó inmoble, al acabar de dar la vuel­
ta el satélite éste entraría otra vez en la som­
bra y veríamos el eclipse; pero porque Jú­
piter se mueve al mismo tiempo que el sa­
télite da la vuelta al rededor de él , por
tanto es necesario que suceda una de estas
dos cosas : esto es, ó que el satélite encuen­
tre la dicha sombra antes de acabar de dar
su vuelta; ó que la encuentre algún tiem­
po después de haberla acabado. Según esto,
los eclipses del satélite unas veces se verán
antes de concluir su vuelta, y otras veces
se

Cómputos
de los
Atraccio­
nistas pa­
ra compo­
ner las des­
igualdades
de los sa­
télites jo­
viales.

318

Via ge estático

se verán después : y esta desigualdad (1) se
debe tener presente , como cosa clara. No
son tan claras de explicar otras desigualda­
des que se notan en todos los satélites. Se
advierten , pues, desigualdades en todos , y
estas desigualdades son muy diferentes , no
solamente entre todos, sino también en ca­
da uno: por lo que debiéndote yo informar
de todo, deberé hacer una breve historia de
las alteraciones de cada satélite.
Cassini, que fué el primer Astrónomo que
formó tablas astronómicas para determinar
el tiempo en que los terrícolas verían los
eclip( 1 ) L a desigualdad que proviene por ser ir­
regular el movimiento de Júpiter , es común en
todos los satélites ; y como la irregularidad de
dicho movimiento se cree que pueda ser de £.®
34 / Según esto, en el quarto satélite , conforme á
las últimas observaciones, se juzga resultar la des­
igualdad de 6 horas , y 1 3 minutos: en el tercer
satélite de 2 horas , 39 minutos y 42 segundos:
en el segundo satélite de 1 hora , 19 minutos y
1 3 segundos; y en el primer satélite 39 minu­
tos y 22 segundos. Esta desigualdad se advier­
te en los eclipses de los satélites por razón del
movimiento de Jú p iter ; y como la: irregulari­
dad de éste no está determinada con tanta pre­
cisión , que no pueda haber error de algún mi­
nuto , como se dixo antes , de aquí es , que es­
te mismo error debe resultar en los eclipses de
los satélites.

al mundo Planetario.
319
eclipses y otros fenómenos de los satélites de
Júpiter , conoció desde luego , que para ha­
cer bien los cálculos , y determinar la ho­
ra en que se verían desde la Tierra los di­
chos eclipses, era necesario tener presente
la desigualdad , que resultaría en ellos con
motivo de la irregularidad del movimiento
de Júpiter ; pero como Cassini no se hacía
cargo del tiempo que la imagen ó visión del
eclipse tardaba en llegar á la Tierra, juzgó que
esta desigualdad provenia también del mo­
vimiento irregular de Júpiter. Los Astróno­
mos modernos atribuyen una parte de la des­
igualdad de los dichos eclipses al irregular
movimiento de Júpiter, y otra parte la acha­
can al tiempo, que suponen tardar su visión
en llegar á la Tierra. Estos fenómenos son
comunes á todos los quatro satélites : hay
otros fenómenos particulares ó propios de ca­
da uno de ellos. Oye algunos de estos par­
ticulares y misteriosos fenómenos. Nótase en
el primer satélite, que sus eclipses duran
unas veces
minutos mas que otras , lo que
hace creer , que el satélite algunas veces se
mueve mas despacio que otras , y esta no­
vedad de movimiento se atribuye á la atrac­
ción de los otros satélites (1). La órbita del
pri(1) Se cree que la atracción del segundo sa­
télite cause principalmente la dicha desigualdad.
Wargentin señala en el primer satélite la ma­
yor desigualdad de 3 minutos , y 30 segundos
de

Irregulari­
dad de los
eclipses de
los satéli­
tes.

Fenómenos
propios del
satélite pri­
mero.

'

320

Viage estático

primer satélite hace con la de Júpiter un án-»
guio de 3 grados , 18 minutos j 38 segun­
dos : y al mismo tiempo se advierte , que
quedan siempre inmobles los puntos en que
la órbita del satélite corta á la de Júpiter,
los (1) quales puntos en la Astronomía se lla­
man ñudos. Y aquí ocurre , Cosmopolita mió,
un reparo no indiferente sobre la atracción,
el qual haré después de haber expuesto las
desigualdades y fenómenos de los otros tres
satélites.
En el segundo satélite se advierte la des­
nomenos
satélite igualdad de ió minutos y medio de tiempo,
;undo.
la qual se atribuye á la atracción de los sa­
télites primero y tercero. Su órbita está in­
clinada algunos grados á la de Júpiter ; pe­
ro esta inclinación varía sensiblemente un
grado : pues que unas (2) veces se ve de 2
grados y 48 minutos. Los ñudos ó puntos
en que la órbita del segundo satélite corta
á la de Júpiter, según la observación , se
ven
de tiempo ; y esta desigualdad se pone en las
últimas tablas de los Astrónomos. Según Bradley esta desigualdad desaparece á los 4 3 7 dias.
( 1 ) Véanse W argentin : Essai sur la théo­
rie des satellit. de Jupiter■ 1766. p^g- 77 ' ^ as
observaciones de Bradley ( Philos. trans. 1726.
« . 3 9 4 ) . La-Lañde: Astronom. mim. 2900. áre.
2941. &c. y 2963. ère. Aíem. de l* Acad. 1729*
(2 ) Veanse los Autores citados , y Alemoir.
de r Academie des scienc. 1 7 4 1 . I 7 ^*2,
1 * 76 8 ’

al mundo "Planetario.
321
ven inmobles siempre , y corresponden á un
mismo punto del Cielo. En el tercer satéli­
te se advierten igualmente las siguientes co­
sas. Primera : la desigualdad de tantos ó mas
minutos de tiempo que en el primer satélite.
Segunda: su órbita se inclina á la de Júpi­
ter en tal manera , que esta inclinación en
el siglo pasado era de 3 grados, y en el
año de 1765 (1) era de 3 grados y 26 minu­
tos. Tercera : sus ñudos, según algunos As­
trónomos , están inmobles; y según otros tie­
nen un pequeñísimo movimiento por algún
tiem po, pero luego vuelven á su antiguo lu­
gar. En el satélite quarto se notan las co­
sas siguientes. Primera : la desigualdad de una
hora y 30. minutos segundos. Segunda : la in­
clinación de su órbita á la de Júpiter , que
es constante de 2 grados y 36 minutos. Ter­
cera : sus ñudos tienen según la observación
el movimiento anual de 4 minutos y 19 se­
gundos (2).
Estas son , Cosmopolita, las particulares
y mas notables desigualdades de los satéli­
tes joviales , las quales pretenden los Atraccionistas acordar ingeniosamente con la atrac­
ción. Un moderno , entre ellos célebre, di­
ce dos veces (3), que las dichas desigualda­
des
(1) Memoir. de ! Acad. 1745 y 1765.
(2) Memoir. de I Academ. 17^8. p. 191. an.
1 76 6 .^ 3 6 3 (3 ) -La-Lande : Astronomie , n. 2669. 3383.
Jomo I I I .
Ss

Fenómeno
del satélite
tercero.

Fenómeno
del satélite
quarto.

Causa de
dichos fe­
nómenos.

322

Viage estático

des se juzgaban absolutamente efecto de la
atracción; y en confirmación de esta opinión
cita ingeniosas disertaciones que se han pu­
blicado para combinar las desigualdades con
las leyes de la atracción. El mismo Autor
moderno no dexa de hacer esta reflexión (1):
"Por la observación , dice , se ha conocido la
desigualdad que hay en el movimiento y
en la revolución de los satélites: se ha de­
terminado por medio de la misma observa­
ción la dicha desigualdad , con poca diferen­
cia de minutos, sin conocer perfectamente
la causa de tal fenómeno.” No puedo menos
de decirte , Cosmopolita , que al leer en un
mismo Autor Atraccionista estas proposicio­
nes tan poco conformes, llegué á sospechar,
que la suma dificultad en combinar con las
leyes atraccionarias las desigualdades de las
lunas joviales, obligaba tal vez los Autores
á no ser muy conseqiientes en sus explica­
ciones.. En este pensamiento me confirmé al
leer la variedad, quizá substancial, con que no
pocos Atraceionistas proponen ó explican las
circunstancias , y los sitios de Júpiter y de
sus satélites para verificar sus efectos , según
Reflexiones el sistéma de la atracción. Yo advertí en ta­
sobre dicha les explicaciones, que unos ponian ó se fi­
causa.
guraban ya aquí y ya allá los satélites, co­
mo quien muda piezas del ajedrez para sa­
car los resultados que deseaban. Advertí que
es(1)

La-Lande , n. 2899.

al mundo Planetario.
323
estos resultados eran tan diferentes en núme­
ro , como era el de los Autores, y que al­
gunos de estos prescindían de ciertas cosas,
como inútiles, y otras las consideraban co­
mo necesarias.
No quiero meterte, Cosmopolita , en el
labyrinto de las observaciones que se podrían
hacer sobre las variantes circunstancias y re­
sultados , que se hallan en los cálculos de al­
gunos Astrónorños para combinar con la atrac­
ción las desigualdades de las lunas joviales:
quizá con el tiempo los críticos , después de
haber concluido las grandes obras que ac­
tualmente publican sobre las variantes lec­
ciones de los escritos que se leen en los có­
dices antiguos, emprendan publicar las va­
riantes de los Físicos-Astrónomos en la com­
binación de los fenómenos celestes y terres­
tres con el sistéma atraccionario. Dexando,
pues, de referirte en el presente asunto las
variantes de los Autores sistemáticos, te in­
dicaré las siguientes breves dudas sobre la
causa á que los modernos atribuyen los fe­
nómenos de las lunas joviales. Has oído, Cos­
mopolita , que según la observación están in­
mobles los ñudos de los satélites primero y
segundo; esto e s, están inmobles los puntos
ó intersecciones en que las órbitas de estos
satélites atraviesan ó cortan la órbita de Jú­
piter. Has oído también que se ignora si son
ó no son movibles los ñudos del tercer sa­
télite. Todos estos efectos no convienen, an­
tes bien contradicen á los resultados del cál­
culo. Bailly , suponiendo y considerando que
Ss 2
el

Dudas so­
bre la cau­
sa de los fe­
nómenos de
los satéli­
tes joviales.

324

Respuesta á
las dudas.

Via ge estático

el globo de Júpiter está claramente chato ácia
sus polos , infirió ( 1 ) , que suponiéndose seme­
jante la masa de Júpiter debia resultar un mo­
vimiento anual de 104 grados en los ñudos
de la órbita del primer satélite ; de 20 gra­
dos en los ñudos del segundo satélite ; de 4
grados en los ñudos del tercer satélite ; y en
orden á los ñudos del quarto satélite infiere
Bailly , que según las leyes de la atracción
ellos debían retroceder 33 minutos y 8 se­
gundos cada año , lo que es contrario á la ob­
servación ; y Wargentin y Maraldi (2) pre­
tenden probar, que según las leyes de la atrac­
ción los tales ñudos deben tener movimien­
to progresivo , ó ácia delante. Estos son los
resultados , que según la atracción saca Bailly (3), á los quales los Atraccionistas dan várias
(1)
Bailly infiere en los ñudos del primer sa­
télite el movimiento de 104o 9' 31" por año de
20o 34" en los ñudos del segundo ; y de 40 i' 52"
en los ñudos del tercero. El mismo Bailly infie­
re menor dicho movimiento , suponiendo que la
densidad del globo de Júpiter decrezca desde el
centro á la circunferencia , como el quadrado de
la distancia : en este caso dicho movimiento se­
ría aún tan sensible , que los ñudos del segun­
do satélite caminarían en un año 90 26/ Véan­
se Memoir.de /’ Academ. 1766. p. 353 ; y la teó­
rica de Bailly.
(2) Memoir. de V Acad. 1762. pag. 230.
(3) Eulero ( veanse las memorias de la Acadé-

al mundo Vianet ario,
325
rías respuestas, figurándose no pocas suposi­
ciones para que el pretendido efecto de la
atracción quede inútil en estas circunstancias,
por razón de las contrarias luchas de las mu­
tuas atracciones de los satélites y de Júpi­
ter. Sería obra larga , Cosmopolita, insinuar­
te aquí todas las dichas respuestas , que son
verdaderamente ingeniosas; pero sin meter­
me á hacer su relación no dexo de apuntar­
te una, sobre el gran movimiento de mas de
104 grados que deberían tener en cada año
los ñudos del primer satélite, los quales, se­
gún la observación , se ven inmobles. Dicen,
pues, los Atraccionistas : wPrimeramente , si
se supone que la órbita del primer satélite
conviene con el equador de Júpiter , enton­
ces sus ñudos deben estár inmobles ; y esta
suposición se puede hacer porque es poquísidémia de Berlin del año de 1763 ) suponiendo
que los diámetros de Júpiter sean como 8 y 9,
infiere , que en el quarto satélite el movimiento
anual de sus ápsides es de i ° 2 3 /4o//, y e n los
otros tres satélites el dicho movimiento anual es
de 288 grados; de 57 grados y 3 minutos ; y
de 11 grados y 10 minutos. Supone Eulero asi­
mismo , que Júpiter sea homogéneo : es cierto
que la razón de los diámetros de Júpiteres al­
go menor que la que supone Eulero , pues que
es como 13 á 14 ; pero aunque sea menor la di­
cha razón , siempre resulta gran movimiento en
los ápsides de los satélites.

Respuesta
primera.

326

Via ge estático

Segundi.

sima la diferencia. En segundo lu g ar, la ma­
sa de Jú p iter, según Bailly , se supone ho­
mogénea , pero ciertamente no lo será ; y en
caso de ser eterogènea su densidad , no debe
resultar , según la atracción, tan grande mo­
vimiento en los ñudos del primer satélite. Úl­
Tercera.
timamente dicen , que aunque según la obser­
vación se creen inmobles los ñudos del pri­
mer satélite ; pero que en esta suposición no
se han verificado otros fenómenos de éste, y
que por tanto, es necesario suponer algún mo­
Réplicas á
vimiento en dichos ñudos. A estas tres res­
las respues­
puestas
se hacen sus respectivas réplicas, que
tas.
son las siguientes. Primera : consta que la ór­
Réplica pri­ bita del primer satélite está inclinada algu­
nos grados al equador de Júpiter ; y si no obs­
mera.
tante de ser la Tierra tan pequeña , la in­
clinación de la órbita lunar con el equador
terrestre se hace sensible quando es su di­
ferencia de pocos grados ; ¿ por qué, pues,
siendo tan grande Júpiter no se tendrá pre­
sente la inclinación que de cerca de dos gra­
dos pueda hacer con su equador la órbita del
primer satélite ? Los Atraccionistas quando
les hace al caso no desprecian un minuto, y
quando les tiene cuenta desprecian grados.
La órbita de todos los satélites probabilísimamente es elíptica (1) y no circular, por lo
que
( 1 ) La órbita del quarto satélite , segun los
mejores observadores, es elíptica : de donde , co­
mo en otros fenómenos se infiere , que también

al mundo Vianet ario.

32?

que el movimiento de los ñudos se debe ha­
cer mas notable , como Newton insinúa en
sus Principios matemáticos (1). A la segunda
respuesta se opone la réplica siguiente. Es
muy creíble que sea eterogènea la densidad
en Júpiter , como lo es en la Tierra ; pero si
en ésta no se cree necesaria la consideración
de tal eterogeneidad para inferir varios re­
sultados , según las leyes de la atracción ; tam­
poco será necesario que tal eterogeneidad se
tenga presente en los cálculos que en Júpi­
ter se hacen , según las leyes de la atracción.
Basta suponer en él la cantidad de masa, co­
mo se supone ; y de tal suposición deben pro­
venir los cálculos , como provienen en otros
planetas. A la última respuesta se puede ha­
cer la siguiente réplica : La constante obser­
vación por dos siglos convence , que están in­
mobles los ñudos de las órbitas del primero,
segundo y tercer satélite ; y la misma obser­
vación enseña , que la inclinación de la órbi­
ta
son elípticas las órbitas de los demás satélites. La
varia duración de los eclipses de estos es prueba
clara de tener sus órbitas una inclinación notable
á la de Júpiter. Los eclipses del tercer satélite
unas veces duran 40 minutos , y otras veces una
hora y 34 minutos. El quarto satélite da su vuel­
ta no pocas veces sin eclipsarse. Estas son prue­
bas claras.
(1) Lib. 3. prop. 23. Véase el Comentario
de Le-Seur y Jacquier sobre esta proposición.

Segunda.

Tercera.

328
Vi age est ¿iti co
ta del quarto es constante : en esta suposi­
ción , porque no se concilien ni concuerden
otros fenómenos , ¿deberémos creer que la ob­
servación engaña? Si creemos esto, la Astro­
nomía irá á tierra, pues que aun en el pla­
neta mas conocido , qual es la Luna , la ex­
periencia nos dice, que los Astrónomos que
mas yerran , son los que sin atender á la ob­
servación quieren señalar todos sus fenóme­
nos , según las leyes de la atracción. Pero
supongamos que la observación engaña : ¿por
esto se verifican los cálculos ? Algunos dicen
que sí (1) ; mas no ha faltado Astrónomo cé­
lebre (2) que diga ser casi imposible combi­
nar las semiduraciones de los eclipses del quar­
to satélite si se supone que no es constante
la inclinación de su órbita ; y el mismo As­
trónomo , suponiendo inmoble tal inclinación,
ha llegado á verificar las observaciones que
se han hecho en un siglo. No ignoro que con
una suposición arbitraria, claramente falsa, se
pueden verificar muchísimos fenómenos en un
planeta ; así se sabe que Keplero verificó sin
grande error doce oposiciones de Marte , su­
poniendo circular su órbita , que realmente
es elíptica ; pero como Keplero abandonó su
suposición , no por capricho , sino porque vio
evi(1) Veanse La-Lande : Astronom. n. 2970.
Mem. de V Acad. 1761.,/. 378.
(2) Maraldi. Véase Mem, de /’ Acad. iy$o.
pag. 119.

a l mundo V ianet ario.

329

evidentemente que la suposición no se conci­
llaba con los demás fenómenos ; ast también
solamente se ha de despreciar una suposición,
quando se vea que no corresponde á los de­
más fenómenos. Lo que se sabe por la ob­
servación , no se debe llamar suposición ar­
bitraria , que se deba despreciar : los resulta­
dos de la observación dicen los efectos cla­
ros de las causas; y las suposiciones se sue­
len referir á las mismas causas que comun­
mente se ocultan.
Estas son, Cosmopolita, las réplicas que
Decision
se pueden hacer contra las respuestas de los
Atraccionistas. Si deseas saber el juicio que sobre las
de unas y otras yo hago , no tengo dificul­ respuestas
y réplicas
tad de decírtelo en pocas palabras. A mi pa­ propuestas
recer los Atraccionistas en los fenómenos de
los satélites encuentran gran materia y cam­
po para hacer suposiciones cómo y de la ma­
nera que mejor les conviene. La grande dis­
tancia de los satélites, y los pocos fenóme­
nos que en estos se pueden observar con exac­
titud , son cosas verdaderamente ventajosas
para hacer suposiciones arbitrarias ; y así ve­
mos que cada Atraccionista las hace á su mo­
do. No obstante esto experimentamos , que
no se conciban sino muy aparentemente , y
en algunos pocos casos, la observación y las
leyes de la atracción. Se podrá afirmar ab­
solutamente , que los satélites tienen solamen­
te de común con los demás planetas el mo­
verse por órbitas que parecen elípticas , y el
observar en algo la ley de Keplero, según la
qual los quadrados de los tiempos de sus reTomo I I I .
Tt
vo-

V ia ge estático
voluciones tienen entre sí la misma razón, que
los cubos de sus distancias hasta Jú p iter: es­
tas dos cosas (que no son evidentes ( i ) ) , no
prueban directamente la atracción ; pues que
pueden estár muy bien sin ella. A s í, pues,
parece que tenemos de cierto ser arbitrarias
muchas suposiciones que se hacen en orden
á los satélites ; y dudamos con gran funda­
mento , si la observación en várias cosas se
opone derechamente á lo que debía resultar
según las leyes de la atracción. De aquí yo
infiero, que los Atraccionistas hacen á ésta
po33°

( i ) Si se suponen en el primer y quarto sa­
télite los tiempos periódicos (qu e son el retorno
de ellos á un mismo punto del Cielo visto des­
de Jú p iter) de un dia , 1 8 horas y 28 minutos;
y de 16 d ias, 16 horas y 32 minutos; y se ha­
ce proporción entre los quadrados de los tiempos,
y los cubos de las respectivas distancias de los
dos mismos satélites (los quales son 5 , 6 y 2 5 3 )
se hallarán iguales sus razones ( Véase Newtón:
Princip . mathem. cum coment. Le-Ssur , é v . lib.
3. Ph¿en. 1 ). En orden á la distancia de los saté­
lites hasta Júpiter hay variedad de opiniones en­
tre los Astrónomos. Se cree que las órbitas de los
satélites son elípticas : esta creencia se funda en
ciertas observaciones del quarto satélite. Newtón
(en el lugar citado) juzgó que eran circulares
las dichas órbitas, y en esta suposición sería cla­
ro que en los satélites se observa la dicha ley
de Keplero.

al

mundo "Planetario.
331
poco favor con decir á boca llena , que el
sistéma atraccionario se prueba nuevamente
con los fenómenos de los satélites. Este es mi
sentir, con el que doy fin al discurso de las
desigualdades de los satélites, para dar tiem­
po á la consideración de otros fenómenos.
Entre estos cuento y o , Cosmopolita , la
Ligereza
suma ligerezq de ese satélite, que tenemos del primer
mas vecino. E l , como te dixe antes, dista de satélite.
aquí casi lo mismo que de la Tierra dista su
Lu n a, y no obstante ésta tarda 17 veces mas
tiempo que el primer satélite en dar una vuel­
ta , ó en describir su órbita. Añade á es­
to , que aunque ese satélite dista de nosotros
lo que la Luna terrestre dista de la Tierra,
pero la órbita lunar es mucho menor que la
del satélite ; porque el diámetro de Júpiter
es de 32264 leguas, y el de la Tierra tiene
solamente 2865 , y ya ves claramente que I3
cuenta se ha hecho no desde el centro de Jú ­
piter , sino desde este sitio de su superficie.
Vé a q u í , Cosmopolita, cómo al tardo Júpi­ Ligereza de
ter Dios le ha dado una luna ligera e* su­ Jupiter.
mo grado. Llamo tardo á Júpiter ee com­
paración del rápido movimiento de Mercu­
rio, Venus y Marte; pero su movimiento, con­
siderado sin este respeto, se ded>e llamar ligerísimo ; pues que es 71 vece* inas veloz que
el de una bala de cañón. Reflexiona bien,
Cosmopolita, lo que quiere decir, que un cuer­
po 1428 veces mayor que nuestra T ierra, se
mueva 71 veces mas ligeramente que la ba­
la de cañón. Gran Poder divino que al in­
menso monton de materia inerte imprimiste

332

Ligereza de
los demás
satélites.

Cotéjo de
la ligereza
de Jos saté­
lites con la
de Júpiter.

Via ge estático

movimiento tan rápido. Las mas encumbra­
das montañas se abismarán de respeto y ter­
ror al oír tu nombre. Los terrícolas viendo
á Júpiter ¿ no conocen que éste es un monton
de materia incapáz de moverse por sí mis­
ma ; y que en el veloz y arreglado movi­
miento de su desmesurado cuerpo presenta
visible á la consideración de ellos el obrar
del Supremo Hacedor ? No s é , ni compreendo , Cosmopolita , cómo hay hombre que le­
vantando la vista al Cielo , y viendo clara­
mente moverse en éste por espacios inmen­
sos , y con increíble velocidad tan grandes
cuerpos , no reconozca de vulto la Suprema
Divinidad. Volviendo á discurrir de la velo­
cidad de los satélites que tenemos á la vis­
ta , no dexo de advertirte, que la velocidad
del primero es un quinto mayor que la de
Júpiter ; y en esto vemos una cosa contraria
á lo que pasa en la velocidad de la Luna
terrestre , la q u a l, lexos de ser mayor que
la de la Tierra , es casi 28 veces menor que
ella. La velocidad de los demás satélites es
algo menor que la de Júpiter ; pero si ha­
cemos la suma de las velocidades de aque­
llos , y las comparamos con la de Júpiter,
hallaremos que exceden á éste en poco mas
que una quadragésima parte : por lo que siem­
pre es verdadero , que en la velocidad de
estos satélites se ve un fenómeno contrario
á lo que pasa en las velocidades de la Tier­
ra y de su Luna.
Aunque las distancias de los satélites jo­
viales hasta este sitio son muy diferentes, co\ mo

al mundo Vianet ario,

333

mo también lo son los tiempos que ellos gas­
tan en dar una vuelta al rededor de Júpi­
ter , no obstante tales diferencias se advier­
te , que los tres mas cercanos satélites en el
interválo de 437 dias , 3 horas y 40 minu­
tos , se vuelven siempre á ver en la situa­
ción misma en que estaban antes. Esto es,
si estuviéramos aquí todo el tiempo dicho,
los veríamos otra vez en las propias distan­
cias y situaciones en que ahora están. Se cree
que el quarto satélite vuelva á estár en la
misma configuración con los otros á los 435
dias , 14 horas y 16 minutos , según lo qual
su diferencia es de 37 horas y algunos mi­
nutos , y puede ser que esta diferencia con­
sista en algún defecto de observación ; por­
que la gran conformidad de los tres satéli­
tes en una cosa , hace sospechar también la
del quarto. En el interválo de los 437 dias
se cuentan 457 revoluciones de todos los quatro satélites , de donde podrás inferir , que
cada 24 horas se ven desde aquí eclipses lu­
nares y solares , lunas crecientes , lunas lle­
nas y lunas menguantes: lo que sin duda se­
ría espectáculo vistoso y agradable á los ter­
rícolas , si tales fenómenos sucedieran en la
Tierra. Por razón de la continua variedad de
aspectos, principalmente en los tres prime­
ros satélites (cuyos tiempos periódicos son
cortísimos), y por razón de la suma distan­
cia hasta el S o l, la luz que aquí hacen to­
das estas lunas, es notablemente inferior á la
que hace sola la Luna terrestre. Es cierto
que estos satélites son quatro , y algunos son
qui-

Época no­
table de al­
gunos fenó­
menos
de
los satéli—
tes.

Luz de los
satélites.

Vuelo al
primer sa­
télite.

334
V i age estático
quizá mayores que la Luna terrestre; pero
la luz de ésta es 27 veces mas viva que la
de estos satélites , que por su poquísima ilu­
minación desde la Tierra aparecen como es­
trellas de sexto orden, las quales no se ven
quando está llena la Luna terrestre. Esto es,
Cosmopolita, todo lo particular, que me ocur­
re observar desde aq u í: mudemos de sitio;
y porque en tí descubro vivo y claro deséo de visitar los satélites de Júpiter , vole­
mos á ellos para que tu curiosidad quede sa­
tisfecha , y yo pueda instruirte mejor so­
bre sus_fenómenos. Vamos al primer satéli­
te : sígueme volando á él.

§. v.
Observaciones desde el primero y segundo
satélite de Júpiter .

E

Dudas so­
bre el fin
físico de los
satélites.
Respuesta
á ellas.

,

,

Stamos Cosmopolita en la primera lu­
na de Júpiter , á la que hemos llegado
en el momento mismo en que hemos queri­
do volar á ella ; y en este mismo momento
se me ha ofrecido una duda ó curiosidad, y
es la siguiente : Si Júpiter, digo y o , no es­
tá habitado , ¿ para qué sirve esta tropa de
lunas , que continuamente lo acompañan gi­
rando al rededor de é l , como la Luna ter­
restre acompaña y gira al rededor de nues­
tra Tierra ? Esta curiosa duda , me respon­
derás , Cosmopolita mió , se funda en una de
aquellas analogías , que los modernos, con seducentes paralogismos, venden por demostra-

al mundo "Planetario.
335
traciones. Me parece, Cosmopolita , que me
respondes bien; pues que ciertamente nues­
tra T ierra, que está habitada, no lo está por­
que tiene su Luna que la acompañe; y por
tanto , el privilegio de las quatro lunas de
que goza Júpiter , no prueba que él esté ha­
bitado. Esta reflexión me aquieta algo: no
quiero pensar sobre ella, porque preveo que
quanto mas piense , mas me confundiré con
mis dudas , y con los fantásticos ofrecimien­
tos que podré tener , fingiéndome que los ha­
bitadores de Júpiter y de sus lunas quizá ten­
gan la facultad ó habilidad de visitarse na­
vegando por el ayre con el beneficio de la
continua luz de las lunas, ó que éstas sean
prisiones de espíritus rebeldes , como lo es la
T ierra, &c. Prescindamos, pues, de la in­
útil qíiestion de los habitadores de Júpiter;
y suponiendo que no los h a y a , en esta mis­
ma suposición descubrirémos , que es útilísi­
ma á los terrícolas la existencia de los saté­
lites por el incomparable bien que de sus
eclipses ellos sacan para perfeccionar la Náu­
tica y la Geografía. ¿Y quién sabe si con el
tiempo se descubrirán otras utilidades mas
importantes ? Antes que se descubriesen las
grandes, que hoy los terrícolas logran , la
vista de los satélites joviales llenaba de ad­
miración y confusion , ignorándose todo fin
físico de su creación : el Supremo Criador se
ha dignado permitir que los terrícolas co­
nozcan y experimenten algunos de los fines
para quienes los satélites pudieron ser cria­
dos , i quién será capáz de conocerlos todos?
Es-

Utilidad de
los satéli­
tes.

33 6

Viage estático

Estos están depositados en los senos de la
Providencia Suprema , en los que existe el
por qué físico y moral de la existencia de to­
do lo criado en número , peso y medida. E l
conocimiento de esta verdad , de que larga­
mente te he hablado en otra ocasión , y de
que probablemente volveré á hablarte, es el
que tiene necesariamente toda criatura racio­
nal , y el que le basta para que su curiosi­
dad no se atreva temerariamente á indagar,
ó desée saber los arcanos de la Divinidad.
Empecemos á hacer nuestras observaciones.
Este satélite en que estamos, probable­
Movimien­
to de rota­ mente tiene su movimiento de rotación , que
ción en los nosotros no podemos distinguir por causa de
satélites.
la ilusión óptica , que á los terrícolas hace
imperceptible el movimiento de su Tierra.
Los terrícolas han notado en las observacio­
nes (i) de estos satélites los siguientes fenó­
menos , que indican su movimiento de rota­
ción. Se observa desde la Tierra , dicen los
terrícolas, que en las conjunciones de los sa­
télites
con Júpiter se ven algunas veces sus
Pruebas de
manchas
en la parte adonde corresponde la
dicho movi­
linea tirada desde la Tierra á ellos, y mu­
miento.
chas veces no se ven tales manchas; y este
fenómeno puede provenir de estár sus man­
chas
( i ) Cassini : Elcmens d' Astron. vol. i.lib .
9. cap. 1. pdg. 622. Véase la historia de la Aca­
demia Real de París en los años 1707 •> 17

*7*4 y I734-

al mundo "Planetario.

33 ^
chas principales ya en el emisferio visible á
los terrícolas , y ya en el emisferio invisible
á ello s, ú opuestos al disco de Júpiter.
Asimismo se observa desde la Tierra que
un propio satélite en diferentes tiempos, y á
la misma distancia aparente hasta Júpiter apa­
rece de diversas grandezas. Frecuentemente
el satélite quarto parece mas pequeño que los
otros tres, y tal vez se muestra mas grande
que el primero y el segundo ; y la sombra
que hace sobre el disco de Júpiter siempre pa­
rece mas grande que la sombra de estos dos
satélites. El tercer satélite parece comunmen­
te ser mas grande que los otros tres , y al­
guna vez parece ser igual á los dos prime­
ros satélites. Estos fenómenos pueden prove­
nir de las manchas de los satélites, las quales , quando están ácia la Tierra harán que
el emisferio en que están, aparezca mas pe­
queño á los terrícolas. Últimamente , desde
la Tierra se observa que un mismo satélite
aparece tardar algunas veces mas tiempo que
otras en entrar ó salir delante de Júpiter, y
en la sombra de éste. Tal vez se verá que
el satélite gasta 10 minutos en entrar, y otras
veces tarda solamente 6 minutos : esta dife­
rencia de tiempo debe ser aparente , y pro­
veniente de las manchas del satélite , que
ocultan á los terrícolas el momento puntual
en que entra ó sale de Júpiter.
Estos fenómenos te he referido , Cosmo­
polita , como otros tantos motivos para con­
jeturar el movimiento de rotación en los sa­
télites ; pero supongamos que estos tienen atTomo I I I .
Vv
mos-

Dudas
sobre las
pruebas
expues­
tas.

338

Reprensi­
ble ambi­
ción hu­
mana de
saber.

Luz de los
satélites.

Viage estático

mosféra tan densa como la terrestre : en es­
ta suposición , los dichos fenómenos pueden
provenir de nubes obscuras de su atmosfèra,
y por tanto, ellos no dan prueba alguna pa­
ra establecer en los satélites el movimiento
de rotación. Hé a q u í, Cosmopolita , echadas
á tierra todas las pruebas, que dan motivo
para conjeturar el movimiento de rotación,
que quizá tú ya creerías cierto en los saté­
lites. Esta reliexíon te he hecho para ense­
ñarte prácticamente á no dar facilmente asen­
so á las conjeturas, que se llaman prudentes
por los que reflexionan poco, y en realidad
suelen ser juicios temerarios. La misma re­
flexión te servirá para que conozcas el abis­
mo de ignorancia , en que está profundizada
la curiosidad de los terrícolas, siempre de­
seosos de saber lo que somos incapaces de
conocer , y siempre descuidados en saber lo
que tenemos facilidad y obligación de cono­
cer. Ellos aspiran siempre por lograr la cien­
cia de la Divinidad , y no piensan en adqui­
rir la de la Humanidad. Soberbios por des­
cendencia y herencia de sus primeros padres,
que pretendieron ser sabios como D ios, an­
helan por transgredir los límites que el Om­
nipotente puso á la ciencia humana. V olva­
mos á la observación de los satélites.
Advierten los terrícolas que al pasar un
satélite delante del disco jo v ia l, se confunde
su luz con la de Júpiter ; por lo que con
razón infieren , que éste y sus satélites tie­
nen casi la misma luz. Advierten asimismo,
que al pasar los satélites delante del disco
jo-

al mundo Planetario.
339
jovial se distingue algunas veces en el sitio
en que se debian ver , ó debían estar , una
mancha mas pequeña que su sombra , y es­
to hace conjeturar, que dicha mancha sea
propia del disco de los satélites, quando no
sea nube de su atmosfèra. Las manchas de
los satélites, quando estos están fuera de Jú­ Manchas
de los sa­
piter , no se pueden notar por los terríco­
télites.
las; pues que en tal caso solamente hacen que
el disco de ellos les aparezca mas pequeño.
Los satélites joviales, semejantísimos á la
Luna terrestre en su oficio y circunstancias,
se parecerán á ésta en muchos fenómenos.
Gregori conjeturó que tendrían , como la Lu­
na terrestre , movimiento de libración poco
sensible en longitud, y muy notable en la­
titud.
Parece, Cosmopolita, que el discurso de
Observa­
los fenómenos de los satélites te divierte ó ción de
agrada poco ; pues que advierto que estás co­ Júpiter.
mo estático observando á Júpiter. A la ver­
dad la vista de este planeta desde sitio tan
cercano , como es éste en que estamos, lle­
na de admiración la mente, y casi la enagena de su conocimiento. Grande y terrible es
la mole de Júpiter : quanto mas se mira, tan­
to mas monstruosa parece ser su grandeza. Su grande­
Si Júpiter se dexára ver tan cerca de la Tier­ za. .
ra como ahora está de nosotros , ¿ qué ne­
gra nube de pasmo no se estenderla entre to­
dos los terrícolas al ver en el Cielo un pla­
neta , cuya superficie iluminada sería 348 ve­
ces mayor que la de la Luna llena? Júpiter
desde este sitio nos parece un inmenso globo
Vv 2
pen-

340

Viage estático

pendiente en el ayre sin movimiento ( 1 ) ; y
los demás satélites se ven claram ente dar vuel­
Ideas de un tas al rededor de nosotros. Esto juzgaría des­
Astrónomo de aquí un A stró n o m o , que creyese quieto
situado en
este satélite : entonces refundiría por engaño
los satéli­
en los demás satélites el movimiento de Jú­
tes.
piter , y de ‘este primer satélite ; y en esta
ilusión óptica se confirmaría viendo que su
satélite era privilegiado en estár el mas cer­
cano al gran Júpiter. E l Astrónom o aquí pa­
decería las mismas ilusiones que el que des­
de la Luna terrestre observase la Tierra. N o
sucedería esto al Astrónomo que estuviese en
los otros satélites. Pasemos , Cosm opolita , al
Vuelo al
segundo de e llo s , y desde él verás práctica­
segundo
mente la diferencia de ilusiones ópticas que
satélite.
experimentarás. Estamos y a en el segundo sa­
télite : observa ahora con atención los demás
de su especie y á Júpiter. T ú mismo ves que
un Astrónomo a q u í, creyendo inmoble á este
satélite, notará con admiración que siempre
están ácia un mismo lado Júpiter y el primer
satélite. Verá que éste no está jamás en opo­
sición con Júpiter , y que los demás satélites
lo rodean, y están en oposición con dicho pla­
neta. A l advertir estos fenómenos tan raros
él querría dar ó fingir movimiento en Júpiter;
y entonces le parecerá que el primer satéli­
te

(1) El diámetro de Júpiter desde su primer
satélite aparece 18 veces mayor que el lunar des­
de la Tierra.

aí mundo ‘P lanetario.
341
te tiene una especie de libración de oriente
á occidente, describiendo arco de círculo. Que­
riendo dar movimiento á Júpiter no se per­
suadirá que su centro deba ser el Sol, que
por su pequeñéz no lo juzgará digno del pri­
vilegio central : por esto el Astrónomo se ve­
ría obligado á inventar nueva Astronomía,
desemejante totalmente de la terrestre. Él de­
bería pensar alguna cosa con que satisfacer
á su curiosidad , y á lo que observaba ; por­
que el racional si no encuentra la verdad se
la finge á su manera. Esto sucede en lo re­
ligioso y en lo científico : en aquello los vi­
ciosos buscan la verdad , y porque sus pa­
siones se la ocultan , se la fingen en la reli­
gión abominable , que según ellas se forman.
Én lo científico los hombres buscan la ver­
dad , y comunmente no la hallan ; porque se
la ocultan la ignorancia y el entusiasmo, que
inducen á fingir en su lugar la falsedad. ¡O
quántas falsedades fingen en el sistéma celes­
te la ignorancia , el entusiasmo y la curio­
sidad humana de saber lo que hay y suce­
de en los Cielos! Sobre éste empezaron los
hombres á pensar disparatando : tienes la his­
toria de sus primeros disparates en los libros
segundo y tercero, que de las opiniones de
los Filósofos escribió Plutarco: la historia de
los disparates modernos no se ha escrito has­
ta ahora , y ni se encontrará fácilmente quien
la pueda escribir ; porque no basta la vida
del hombre para escribirlos. Las opiniones
despropositadas forman hoy en la ciencia
físico-astronómica un océano en que siem­
pre

Ficciones
viciosas.

Historia de
las opinio­
nes falsas.

342

Curiosidad
virtuosa y
curiosidad
viciosa.

Ideas de
bárbaros
America­
nos , y de
los prime­
ros Físieos.

Viage estático

pre se navega con tempestad, y nunca se lle­
ga al puerto. Dexemos á estos navegantes
engolfados en su mar borrascoso , y noso­
tros sigamos volando por estas plácidas re­
giones celestes, para conocer prácticamente
ya los términos de la ciencia humana, y ya
el principio del caos , en que se confunde nues­
tra ignorancia , y admirar en ésta las obras
incompreensibles del Omnipotente. La nueva
y gran ciencia que en nuestro viage adquirirémos , consistirá en aprender á refrenar
nuestra curiosidad , para que ésta, que por su
naturaleza es virtud útilísima de nuestra men­
te , no se convierta en perjudicialísimo vicio.
La curiosidad es siempre causa del deséo de
satisfacerla , quando. la sana reflexión no dis­
tingue ser incompreensibles al hombre los ob­
jetos que desea saber. Si falta esta reflexión,
la curiosidad se desfoga con ficciones , y con
ellas se alimenta. Por fin de mi discurso y
de nuestras observaciones en este satélite,
oye la chistosa ficción , con que se cebaba la
curiosidad de un bárbaro, llamado Chobirús.
Acompañaba éste á mi amigo , el gran eru­
dito Señor Don Joaquin Camaño , Misionero
de la Nación llamada Chiquita , por los de­
siertos Americanos , y en una noche de her­
mosa Luna , el Señor Camaño preguntó á
Chobirús, ¿ qué concepto forma vuestra na­
ción de la Luna, dV$u luz y de la variedad
de aspectos, conque succesivamente se de­
xa ver en un mes ? Todas estas cosas , res­
pondió Chobirús, nosotros explicamos así:
"La Luna es un cuerpo redondo, que tiene
una

al mundo Planetario .

343

una mitad resplandeciente, y la otra mitad
tiene de tierra ó barro : ella va dando vuel­
tas , como se ve claramente, y en cada una
de éstas va mostrando poco á poco su luz,
y su tierra ó barro. Tal vez se obscurece
quando está llena ; y esto es efecto de las
nubes gruesas , que pasan delante de la Lu­
na.” Hé aq u í, Cosmopolita mió , como no
hay nación bárbara, que no finja algo para
satisfacer á la curiosidad que tiene , viendo
los Cielos. Tienes en Chobirús un Anaxímandro (1) , que decía ser propia de la Luna su
luz amortiguada : tienes al Astrónomo Berosio que decía, que en los eclípsesela Luna
presentaba á los terrícolas el emisferio que
no tenia fuego; y tienes últimamente á los
que se llamaban pitagóricos modernos , y de­
fendían , que la Luna se obscurecía á pro­
porción , que en ella se apagaba el fuego , el
qual volvía otra vez á encenderse. Chobirús
queda honrado con este cotéjo , no hablo mas
de é l , ni de los restantes satélites de Júpi­
ter : volemos para visitar al remotísimo Sa­
turno : este vuelo será el mayor que hemos
hecho en nuestro viage ; pero^el tiempo que
en llegar á dicho planeta tardarémos, será
un momento indivisible, como lo es el de
quererlo hacer. Volemos, Cosmopolita : sí­
gueme.
QUAR(1) Plutarco en el libro segundo de las opi
niones de los Filósofos , cap. 28 y 29.

344

Viage estático

QUARTA JORNADA.
SATURNO.
Distancia
desde Jú ­
piter has­
ta Satur­
no.

Distancia
de Satur­
no hasta
el Sol.

^Estarnos y a , Cosmopolita m ió, en el si­
tio por donde en breve tiempo ha de pasar
Saturno. Hemos dado un vuelo de 150 mi­
llones de leguas para llegar á este puesto ; y
si siguiéramos mas adelante nuestro viage
por várias jornadas, presto en cada una de
éstas tendríamos que dar vuelos de millares
y centenares de millones de leguas. Desde el
Sol hasta Marte están colocados los planetas
á distancias- no muy extraordinarias ; pero
luego que se pasa M arte, las distancias de
un planeta á otro son sumamente grandes.
Por la suma distancia en que nos hallamos
hasta la Tierra , deberíamos sin duda descu­
brir desde aquí muchedumbre de objetos , que
desde aquella no se descubren ; así debería
ser , si Jos astros errantes en estos celestes
espacios no distáran tanto entre s í : esta su­
ma distancia hace que no obstante el larguí­
simo viage que de mas de 327 millones de
leguas hemos hecho vólando desde el Sol has­
ta este sitio vecino á Saturno , no podamos
descubrir mas mundo que el que descubría­
mos desde el Sol y desde la Tierra. No
llegamos á descubrir mayor mundo, porque
el espacio que hemos volado , y parece inmen-

.

al mundo Planetario
345
menso á nuestras cortísimas medidas, es co­
mo un cero respecto de la inmensidad en que
está colocado y metido el mundo que visi­
tamos. La visita nos hace descubrir en éste
muchos y admirables fenómenos, que se ocul­
tan á la simple vista de los terrícolas ; y en­
tre ellos merecen singular atención las tropas
de satélites que rodean á Júpiter y á Saturno.
En Júpiter* no sin admiración has visto ya
quatro satélites , mira y observa ahora el
vecino Saturno, y lo verás rodeado de cin­
co de ellos, y con un arco luminoso de in­
mensa grandeza. En los tiempos en que no
se tenia noticia de estas tropas de satélites
ó lunas, se miraba y aun respetaba nuestra
Tierra como privilegiadísima entre los pla­
netas , por la única Luna que la acompaña y
rodea; pero este respetable privilegio des­
aparece á la vista y presencia de Júpiter y
Saturno , acompañados de tropas satelicias.
Si como entre los terrícolas el mayor núme­
ro de cortejantes y criados de un Señor es dePrivílegio
los pla­
prueba de su señoría, ó clase superior, fue­ netas que
ra también entre los planetas señal de supe­ tienen sa­
rioridad el mayor número de lunas que les télites.
rodean , desde luego deberíamos inferir, que
Júpiter era superior á la Tierra en dignidad;
y por la misma razón se deberá inferir, que
Saturno, á quien acompañan cinco lunas, es
superior en dignidad á Júpiter. Según esta ex­
plicación ó alusión , la dignidad de los pla­
netas crece á proporción que mas distan de
su Monarca, que es el Sol. Entre los terrí­
colas sucede al contrario; pues que los de
Tomo I I I .
Xx
su-

346
V ia ge estático
superior clase entre ellos son los que están
mas inmediatos al solio del que es Supremo
en dignidad. Es cosa rara , que Saturno , mas
privilegiado que Júpiter por el número de lu­
nas , sea mas que una vez y media menos
luminoso que el mismo Júpiter; pero ya que
Saturno es menor que éste , él está rodeado
de un soberbio arco ó corona , con que apa­
rece pomposo y grande , como suelen verse
los Soberanos terrestres en pompa magestuosa , cargados de insignias , mantos y coronas;
ó como las mugeres aparecen mostruosamente abultadas con sus desmesurados tontillos.
Figura
e
Te
v e o , Cosmopolita , como embelesado al
Saturno.
mirar la extraordinaria figura de Saturno; y
á la verdad tienes razón para embelesarte por
la raridad de su aspecto, del qual no se con­
ciben la causa ni el fin. El gran círculo que
rodea á Saturno y lo hace admirable , se lla­
ma anillo por los terrícolas : te hablé de es­
te anillo en la jornada al Sol , y te volveré
á hablar de él otra vez después de haber dis­
currido de la grandeza, densidad y clima de
Saturno. Te suplico que me favorezcas con
tu atención.

§. 1.

,

G ra n d eza densidad y clima de Saturno.

Aturno es el planeta que hasta el dia de
ayer (por este dia entiendo el dia 13 de
Abril de 1781) todos los Astrónomos anti­
guos y modernos juzgaron ser el mas remoto
del Sol. Los Hebreos lo llamaron schabtar
( re-

S

al mundo

P la neta rio.
34^
(reposo y hartura): los Egipcios rephan (dios
Nombres
del tiem po): los Griegos cronos (tiem p o); y expresivos
los Romanos Saturno , el qual nombre, se­ de Saturno.
gún lo que de Saturno refiere la mitología,
significa harto de años , devorador de sus hi­
jos , ó dios de la siembra. En el diccionario
Amarasinga, que lo es del Sanscret , idioma
antiguo y sagrado de la Religión Brahmana,
manantial de la mitología planetaria, este
planeta se llama chani ( frió , humedad , hú­
m edo); manda (tardío, lento ); madañi (lentofu eg o); mander ( lento-hombre); pangú ( c o ­
jo , corcobado ) ; kala ( tiempo) , kaladosam
( de tiempo, iniquidad ); kalavartamdnam (detiempo-novedad ). En estos epítetos de la len­
gua Sanscret se describen el carácter verda­
dero , y el mitológico de Saturno. El verda­
dero se jdescribe quando se le dan los nom­
bres de tardío , lento , frío , humedad , tiempo;
pues que siendo Saturno entre los planetas
visibles el mas remoto del Sol , fuente de la
luz y del c a lo r , y el que mas tarda en des­
cribir su órbita, debió creerse frió, húmedo,
tardío , y el símbolo del tiempo, por el mu­
cho que tarda en caminar aquella. Los nom­
bres de cojo y corcobado personifican al pla­
neta Saturno, y lo suponen viejo, tardío en
el caminar ; y según esta idea la mitología
de los Griegos y Romanos lo pintaba viejo, Genealogía
y lo hacía padre de los dioses. Fingió la mis­ de Satur­
ma mitología que Saturno era hijo de Ura­ no , corre­
gida por la
no; esto e s, del C ie lo , porque habiendo su­
moderna
puesto y creído toda la antigüedad hasta el
Astrono­
dia de a y e r , como te he dicho antes, que
mía.
.
Xx 2
Sa-

348

Viage estático

Saturno era el mas remoto de los planetas,
lo suponía inmediato al C ielo , y por esto lo
fingió hijo suyo. Se acaba de descubrir, co­
mo te he insinuado en otras ocasiones , y des­
pués largamente te contaré, un nuevo pla­
neta mas distante del Sol que está Saturno;
á este planeta se ha dado el nombre de Ura­
no , que antes se daba al Cielo ; y hé aquí
que éste por razón del nuevo descubrimien­
to no será padre , sino abuelo de Saturno.
Casi sin querer me he introducido en la mi­
tología planetaria , de que hasta aquí no ha­
bía querido hablar , porque en la que impri­
miré , tú leerás, si gustares , lo que yo aquí
te podría decir. He faltado á este propósito
con la breve digresión que te he hecho de
los nombres de Saturno , porque su noticia te
podrá servir para conocer su carácter astro­
nómico , de que yo solamente debo hablar
ahora , como lo execúto, si me favoreces con
tu atención.
Este planeta es un globo ó cuerpo esfé­
Diámetro y
rico , como los demás planetas, de quienes se
grandeza de distingue substancialmente por el mostruoso
Saturno.
cerco que lo rodea. Su diámetro tiene de lar­
go 28601 leguas (1), y es casi 10 veces ma­
yor
( 1 ) Se pone la grandeza de Saturno según
las últimas observaciones del ex-Jesuíta Maxi­
miliano Hell en sus efemérides astronómicas del
1 7 7 7 , impresas en Viena el 1776 , á la página
lo ó ; y de La-Lande en el quarto tomo : Suplemen-

al mundo Planetario.
349
yor que el terrestre : de donde se infiere, que
Saturno es 995 veces mayor que la Tierra.
Si su densidad fuera como la de ésta , des­
de luego se inferiría que Saturno excedía á la
Tierra no menos en su masa que en su vo­
lumen ; mas porque se cree que la densidad
Su densi­
en Saturno es menor n veces que la terres­ dad.
tre, Saturno solamente tendrá 103 veces mas
masá que la Tierra ; y porque la gravedad
ó peso de los cuerpos sobre la superficie de
un planeta disminuye á proporción que es Peso de los
mayor el volumen del tal planeta , y es me­ graves <en
nor su densidad , se infiere de lo dicho , que Saturno.
en Saturno pesará 157 libras un cuerpo que
en la Tierra pese 151.
De lo que te acabo de decir, Cosmopo­
lita , sobre la densidad de Saturno , inferirás,
que quanto mas nos alexamos de la fuente del
calor , que es el S o l, tanto menos densidad
encontramos en los planetas ; y así Saturno,
que es el planeta mas distante del S ol, es el
que tiene menos densidad entre todos los de
su
mentó á su Astronomía , impresa en P a rís el
1781 , al núm. 1398. pág. 618. La Caille (véa­
se D . L a Caille lectiones Astronomía in latinum
traducta d C. S. e S. J . T^ienn# 1757. 4. núm.
170. p. 8 4 ) , Mako ( Compendiaría physicce institutio d P. Mako e S. J . F'indobona , 1762. 8.
'vol. 2. en el vol. 1. n. 200. p. 293 ) , y otros As­
trónomos suponen que el diámetro de Saturno es
siete veces y un quarto mayor que el terrestre.

Efectos na­
turales de
Saturno
contrarios
á los de la
naturaleza
terrestre.

1

350
V i age estático
su especie. En la T ierra, según el obrar de
la naturaleza , y los efectos que de este obrar
resultan , vemos que la densidad de los cuer­
pos disminuye á proporción que tienen me­
nos calor, y aumenta á proporción que sue­
len estar fríos; y en Saturno, cuyo frió es 91
veces mayor que en la Tierra , su densidad,
lexos de ser mayor que la terrestre , es 11
veces menor. El fenómeno (1) mas general
que vemos en la naturaleza, es que los cuer­
pos sean menos densos en tiempo de calor,
que en tiempo de frió : aunque el decremen­
to de densidad no sea con razón constante,
como notan los Físicos. A esto responden los
modernos diciendo, que con la densidad de
los cuerpos no tiene alguna relación el c a ­
lor ; pero su mayor ó menor densidad se in­
fiere legítimamente de los efectos mayores ó
menores de la atracción en ellos, porque sien­
do propio de toda materia el atraer , entre
dos globos iguales en grandeza , y desigua­
les en la cantidad de materia , se verá que
atrae mas el que tiene mas materia , ó el que
es mas denso. Ve aqu í, Cosmopolita , cómo
la densidad mayor ó menor se infiere de los
efectos de la atracción. Los que no reciben
la
(1) De los cuerpos que con el calor se rare­
facen ó condensan , se trata en la obra : E ssa i
de phisique par Air. Pierre V an Musschenbroek.
Leiden. 1739- 4 - vol. 2. En el vol. í . du f e u , n.
942 , &c. p. 458.

a l mundo V ianet ario.

351

la doctrina atraccional como dogma , dan va­
rias respuestas á esta ilación de la densidad;
y los que absolutamente se oponen á la atrac­
ción , niegan que la densidad de los cuerpos
distantes se pueda conocer. Yo no quiero aho­
ra detenerme en este punto de atracción, de
que tantas veces te he hablado ; mas no por
esto dexo de advertirte , que aunque se con­
ceda la atracción á toda materia , no se pue­
de negar , que sin relación á ella algunos cuer­
pos pueden atraer, y efectivamente atraen
mas que otros; así como la piedra imán atrae
mas que lo que corresponde á la cantidad y
densidad de su materia , y lo propio puede
decirse de los cuerpos eléctricos. Prescindien­
do , pues , de que hay ciertas materias mas
atraentes que otras , el solo saber que unos
cuerpos atraen mas que otros , aunque sean
menos densos que estos , nos sirve de moti­
vo para sospechar , que la atracción no bas­
ta para determinar la mayor 6 menor den­
sidad de los cuerpos que atraen. Yo querría
que en tantas experiencias como se citan pa­
ra probar la atracción de los fluidos y sóli­
dos terrestres , se tuviese cuenta con la varia
densidad de estos, y se viese si había algu­
na correlación entre la densidad y la atrac­
ción. Si establecemos la máxima de suponerse
atraente toda m ateria, es cierto que parece
inferirse, que dos globos iguales de diferen­
te densidad deben atraer desigualmente; pe­
ro aunque esta ilación parece legítima , no
obstante debe probarse con la experiencia;
porque puede ser que la suposición no sea verr:;]
da-

Exámenes
de las prue­
bas y de los
efectos de la
densidad.

Graduación
del calor y
del frió en
los metales.

Experien­
cias contra­
rias á las
ideas comu­
nes.

352
Viage estático
dadera. La experiencia nos dice cada día que
son falsas muchas conseqüencias que nosotros
creemos sacar naturalmente de suposiciones
ciertas. Por exemplo : calentando y dexando
después enfriar los seis metales estaño , hier­
ro , cobre , plata , plomo y oro , se observa
que no reciben el calor, ni. se enfrian según
el orden de su densidad. Esta en los dichos
metales es según el orden con que los aca­
bo de nombrar ; y el orden con que se ca­
lientan hasta cierto grado, y después se en­
frian , es el siguiente: estaño , plomo , plata,
oro , co'bre y hierro.
Ve aquí, Cosmopolita, que siendo el hier­
ro el segundo en la menor densidad entre los
metales dichos , es el último en calentarse y
en enfriarse; y el plomo, que es mas denso
que todos los metales, exceptuando el oro,
es el que después del estaño se calienta y se
enfria mas presto que todos los demás. Estos
efectos , que aprendemos con la experiencia,
se oponen á la idea común que hasta ahora
han tenido los Físicos de creer proporcional­
mente á la densidad de los metales el tiem­
po que tardaban en calentarse y enfriarse. Y
á la verdad , tal idea parecía bien fundada;
porque si tardan mas en calentarse con un
mismo fuego tres onzas de agua, que una
onza; ¿quién no diría que tres onzas de oro
no deberían tardar mas en calentarse, que una
onza de hierro? ¿Quién esperaría ver que el
o ro , tanto mas pesado que el hierro , se ca­
len táse antes que éste ? En efecto , si pones
á un mismo fuego del horno dos globos igua-

al mundo Vianetario.

353

Jes de una pulgada de diámetro , el uno de
o ro , el otro de hierro , y los tienes al fuego
un mismo tiempo , hallarás que el o ro , no obs­
tante de tener casi tres veces tanta materia
y peso como el hierro, se calienta y se en­
fria antes que éste ; y la diferencia es tan no­
table, que llega á ser de un minuto en cada
seis minutos; esto es , si el oro se enfria en
quince minutos, el hierro por lo menos tar­
da 18 minutos en enfriarse. Así también su­
cede , que el mercurio , no obstante el ser
13 ó 14 veces mas denso que el agua, secalienta y se enfria mas presto que ésta.
Viéndose , pues, que el orden de tiempos
en calentarse y en enfriarse los metales y los
fluidos no correspondía al orden de densidad
entre ellos, los Físicos conjeturaron (1) si por
ventura sucedería esto mismo en los demás
cuerpos, que no fuesen fluidos ni pertene­
ciesen al reyno mineral; y la experiencia ha
enseñado que en los cuerpos vitriosos y piedrosos el tiempo en calentarse y en enfriar­
se correspondía al orden de su densidad (2).

(1) Veanse las Memorias que en el primer to­
mo del suplemento á su historia natural publicó
Buífón.
(2) Los metales, medio-metales y fluidos se
calientan y enfrian sin ninguna proporción con
su densidad; pero adviértese,que el mayor ó menor
tiempo en calentarse y enfriarse corresponde á su
mayor ó menor facilidad en derretirse y en fluir.
Tomo I I I .
Yy

354

Frio en Sa­
turno.

Gradua­
ción del ca­
lor en va­
rios cuer­
pos.

Viage estático

Vé y a , Cosmopolita, como propiamente la
naturaleza nos enseña á fiarnos poco de to­
dos los discursos que hacemos de los objetos
sensibles, sin la luz de la experiencia que sea
bastante universal; y á este fin te he hecho
esta digresión sobre la diferencia de tiempos
que pasa en calentarse y en enfriarse los
cuerpos de diferente densidad. Volvamos á
nuestro planeta Saturno , y consideremos en
él la graduación de su frió, reguladora de su
clima.
En éste , como te he insinuado antes, ha­
ce 91 veces mas frió que en la Tierra. De una
frialdad tan excesiva los terrícolas no for­
man concepto , porque no tienen objetos ma­
teriales , que de ella les den idea , como se
la dan del calor muchos cuerpos encendidos.
Por esto , para formar concepto del sumo frió
de Saturno te servirá esta comparación. E l
calor del plomo derretido es casi 20 veces ma­
yor que el del Sol por el estío en la Tierra.
El calor del estío es doble del que hace en
la mitad de la primavera ; por tanto , el ca­
lor del plomo derretido será 4 veces mayor
que el que en la Tierra hace á mitad de la
primavera. En esta suposición si en la Tierra
hiciera un calor casi doble del que tiene el
plomo derretido, en Saturno correspondería
solamente al calor que en la Tierra hace por
la primavera. De aquí inferirás, Cosmopoli­
ta , el increíble frió que hace en este plane­
ta , en el qual los fluidos de la Tierra se he­
larían tanto, que parecerían mármoles. Por
lo que si aquí hubiera habitadores, podrían
es-

al mundo "Planetario.
355
estos hacer palacios con hielo, sin temor de
que se arruinase la fábrica. E l hielo aquí se­
ría casi como el mármol blanco entre los ter­
rícolas , y el vino llamado negro sería como
el pórfido. Y si lo mismo sucediese á propor­
ción á los demás fluidos que se conocen en
la Tierra ; no se concibe cómo en este pla­
neta pudiera haber ninguna especie de las
plantas , ni de los vivientes que pueblan la
Tierra. La luz que aquí hace es 91 veces me­
nor que la que hace en la T ierra: luz ver­
daderamente casi amortiguada es la de Satur­ Luz solar
no , de cuya superficie un grandísimo espacio en Saturno.
estará sombrío , por causa de la sombra que
en él hará su desmesurado anillo.

§■

11.

Anillo de Saturno .
I este anillo le viéramos en Mercurio, di­
ríamos que la Suprema Providencia lo Misterioso
había colocado allí para que sirviese de asi­ destino del
lo á sus habitadores contra la viva luz y el anillo de Sa­
activo ardor del Sol; pero en Saturno , en que turno.
la luz solar es tan d éb il, y su calor es tan
poco sensible, no puede servir sino de au­
mentar las tinieblas y el frió. El anillo es un
verdadero quitasol: ¿quién jamás pudo con­
jeturar que los quitasoles se pongan por la
naturaleza en los sitios en que parece desear­
se y necesitarse la luz y el calor del Sol ?
Misteriosos verdaderamente son , é incompren­
sibles los servicios y el fin de este anillo : es
Yy 2
jus-

S

356
Via ge estático
justo que en su contemplación nos detengahios algún tiempo.
No es creíble, Cosmopolita , la gran con­
fusión de ideas y de opiniones que entre los
terrícolas corrían sobre la figura de Saturno
antes que Huighens en el siglo pasado llega­
se á conjeturar que este planeta estaba ro­
deado de un anillo. Los Astrónomos , antes de
usarse los telescopios y anteojos de larga vis­
ta , suponían que Saturno era de figura esfé­
Primeras rica, como los demás planetas; pero después
observacio­ de la invención de aquellos observaron, que
nes de di­ Saturno aparecía siempre con figura diferen­
cho anillo.
te. Galileo y Scheiner (1) fueron los primeros
As( 1 ) Galileo en una carta que se pone en el
tomo segundo citado de sus obras, página 53,
fecha á 25 de Febrero de 1610 , dice al fin de
ella : " N o sé si habrán oído, que 9 meses há se
observó por mí el planeta Saturno , en el que
hay no una estrella sola , sino tres estrellas , las
quales parece tocarse : la estrella que está en me­
dio es mayor quatro veces que las laterales : es­
tán inmobles entre sí.” El editor de las obras de
Gali leo no dice á quién escribió la dicha carta.
Scheiner ( en su obra d i seguísitian es mathematicae snb presidio Chrisofori Scheiner de S. J . Ing o ls ta d ii, 1 6 1 4 . 4 . al §. último , pág. 8S. ) escri­
bió en el 1 6 1 4 : ct Safar mis vel invidia , vel malitia Astrónomos v e r s a t, a u t verius ludijicat:
'varia enim ipsis visa objicit: nam modo unus
modo tríceps comparet: alias procerus, altas rotun -

al mundo Vianetario,

35^

Astrónomos que publicaron la rara figura con
que Saturno se veía, ya redondo, ya largo,
ya como un agregado ó compuesto de tres
cuerpos , y ya comoun globo con asas. Esta
variedad de figuras llamo la atención de los
Astrónomos , entre los quales Huighens se dis­
tinguió , sospechando que la variedad de las
figu ras con que aparecía Saturno , provenia
de un anillo, que lo rodeaba á alguna distan­
cia. El ofrecimiento fué raro, porque ¿ quién
en vista de la figura de los demás planetas
podría discurrirse que este planeta tan gran­
de estuviese rodeado de un anillo ? Huighens
Descubri­
siguió observando á Saturno con la mayor
miento
de
atención , para ver si sus apariencias corressu figura.
pondian á su conjetura , y halló tal correspontundus qu¿e omnict melius intelligentur , ex adjecto S c h e m a t e Scheiner pone dos figuras de
Saturno : una redonda , y otra con dos promi­
nencias leteralmente opuestas. Estas dos figuras
debió haberlas observado en tiempos ,-diversos.
Cerca de las figuras de Saturno pone la situación
de tres estrellas , y la de Venus y de la Luna,
según las observaciones que habia hecho en los
dias 12 , 13 y 14 de Febrero de 1614. Algunos
confundiendo estas observaciones con la primera
que Scheiner hizo de la figura de Saturno , dicen
que Scheiner las observó la primera vez en el
1 6 r4 ; pero de las dos figuras diversas que pone
de Saturno se infiere , que habia observado una
de ellas algunos años antes del 1614.

358

Explicación
de los va­
rios aspec­
tos del ani­
llo.

Viage estático

pondencia , que pudo anunciar como y quándo Saturno, mirado desde la Tierra , debe­
ría verse con asas , sin ellas, y como un agre­
gado de tres cuerpos. Los Astrónomos oye­
ron con admiración el anuncio, y con anhe­
lo esperaron su verificación , que sucedió puntualísimamente.
En efecto , todas las varias apariencias de
Saturno se explican y entienden muy bien su­
poniéndolo rodeado de un anillo. Si el pla­
no de éste mirára ácia la T ierra, desde ésta
se debería ver Saturno claramente rodeado
de un círculo ó anillo ; mas como dicho pla­
no no mira derechamente ácia la Tierra; por
esto se ve Saturno rodeado como de un ani­
llo elíptico. Si Saturno se mantuviera siempre
en una misma situación respecto de la Tier­
ra , siempre aparecería de una propia figura;
pero como al describir su órbita ya presen­
ta á los terrícolas el plano de su anillo, y ya
les presenta su borde; unas veces Saturno ne­
cesariamente se debe ver como un cuerpo re­
dondo , atravesado de una linea, y otras ve­
ces se verá como un globo con asas. Si el pla­
no del anillo se halla dirigido ácia el centro
del Sol, entonces como él no recibe luz sino
en su borde , no se ve por los terrícolas, y
tampoco se puede ver por estos , quando su
borde mira á la Tierra. Para que se vean des­
de ésta las asas del anillo , ó para que se le
advierta iluminado desde la Tierra , es necesa­
rio que su plano á lo menos esté medio minu­
to de grado mas baxo que la Tierra , y que
el Sol esté elevado 8 minutos sobre dicho pla­
no.

al mundo "Planetario.
3559
no. Quando el borde del anillo mira á la Tier­
ra y al S o l, los terrícolas no distinguen en
Saturno nada , porque la luz del borde es tan
pequeña , que no se les hace visible. Y esto
prueba, que el borde del anillo reflecte po­
ca luz ; porque si la reflectiera bien , el di­
cho borde debería verse y distinguirse bien
desde la Tierra , así como se distingue la som­
bra que en Saturno hace lo grueso del mis­
mo anillo. Se duda si éste es perfectamente
llano (1); porque si lo fuera , sus asas debe­
rían desaparecer á un mismo tiempo; y es­
to no sucede algunas veces. Heinsio y Sejour
han escrito curiosas observaciones sobre las
diversas apariencias del anillo, las quales con
gran exáctitud pronostican los Astrónomos,
que las calculan según el sistéma de Huighens, que al principio, dice Montucla (2),
tuvo por impugnador á Eustaquio D ivini, ó
por mejor decir al Jesuíta Fabri, que con tal
nombre publicó contra Huighens un libro bas­
tante áspero. Huighens respondió: y el Je­
suíta ya célebre , ha merecido excusa de la
posteridad adoptando el sistéma de Huighens.
En el año de 1684 G a lle t, Astrónomo de A viñón , conocido por sus escritos y algunas ob­
servaciones ventajosas , pretendió , que todas
las
(1) La Lande : Astronomía, n. 3225.
(2) Histoire des mathématiques par Mr.
Montucla. Paris , 1758. 4. vol. 2. part. 4. lib.
8. §. 1. p. 481.

Estratage­
ma de Huighens para
que ningu­
no le robáse
la gloria de
sus descu­
brimiento.

360
V ia ge estático
las observaciones de Saturno y Júpiter eran
ilusiones de la refracción óptica ; pero esta
singular opinión no ha tenido la honra de ser
impugnada. Entre los Astrónomos está en pa­
cífica posesión el sistéma que Huighens pro­
puso para entender las diversas apariencias
de Saturno , y todos le conceden la gloria de
ser su primer inventor. Fortuna particular que
Huighens debe á su cautela ; pues que luego
que le ocurrió el ofrecimiento de estár Sa­
turno rodeado de un anillo , publicó á 5 de
Marzo de 1656 un manifiesto con este título:
" Christiani Hugenii (1) de Satur ni luna obser'vatio nova ; ” y concluyó el manifiesto dicien­
do : "C ujus systemalis Satnrni summam sequent i %ripho consignare visum e s t ; ut siquis fortasse Ídem invenísse existim et, spatium habeat ad
exponendum ; ñeque a nolis Ule , aut nos ab illo
mutuati dicamus : aaaaaaa ccccc d eeee te g h

iiiiiii lili mm nnimnnnnn 0000 pp rr s ttttt uuu
uu.” Huighens á 5 de Julio de 1659 publicó
sus observaciones en el tratado intitulado:
Systema Saturnium ; y en él declaró , que to­
das las letras antes puestas contenían esta ex­
presión : tc Anuido cingitur , tenui , plano , ñusquam coherente , ad eclipticam inclinato
Con
es(1) Huighens en su primer volumen cita­
do, pág. $23 y 566. En esta última página por
yerro de impresión se dice , que el manifiesto se
publicó á 25 de Marzo de i6$6. Debe decir
el dia $ de M arzo.

a l mundo Vianet ario.
361
esta precaución , hoy necesaria para que no
triunfe el engaño de los ambiciosos , Huighens aseguró la gloria de la invención de su
sistema ó anillo saturnal.
En orden á la grandeza de éste los terrí­
colas la infieren y computan con relación al
disco de Saturno. E llos, según las modernas
observaciones, concluyen , que el diámetro del
anillo es respecto al diámetro del disco de
Saturno, como el número 7 es respecto al nú­
mero 3: de donde se infiere, que el diáme­
tro del anillo tiene de largo 768733 leguas.
Mas porque se ve que el anillo dista de la
superficie de Saturno tanto, quanto tiene de
ancho el mismo anillo, se inferirá, que la
faz del anillo tiene 98 leguas de largo. Esto
es , la faz del anillo es mas de tres veces ma­
yor que el diámetro de la Tierra. Lo grueso
del anillo no corresponde á lo largo de su faz;
pero no dexa de ser muy grande, pues que
desde la Tierra se distingue la sombra, que
en Saturno hace el mismo grueso; por lo que
es creíble que éste sea de mas de 700 leguas.
El espacio entre el anillo y Saturno es igual,
como te he dicho , á lo largo de la faz del
anillo, por lo que se infiere, que éste dista
de la superficie de Saturno otras 98 leguas.
En la faz del anillo , quando está iluminada,
se distinguen claramente ( j ) algunas rayas obscu-

(1) Trans. Pililos, n. 37S. La-Lande : A s­
tronomía , «.3228.
Tomo I I I .
Zz

Diámetro y
del
anillo.
solidez

362

Via ge estático

curas, que son concéntricas al mismo anillo;
y estas rayas para hacerse visibles desde la
Tierra deben tener de ancho á lo menos 400
ó 500 leguas.
Te he hecho, Cosmopolita , la descrip­
ción exácta del anillo , sortija ó arco que ro­
dea á Saturno. ¿ Qué juicio formas tú de es­
ta soberbia fábrica? Cassini conjeturó (1) que
el anillo de Saturno estaba formado de sa­
télites unidos , ó que era como una corona
engarzada de globos lunares. Maupertuis, Fi­
lósofo algo á la moda , explicó la formación
de este anillo diciendo , que era la cola de
un cometa , que Saturno hacía dar vueltas al
rededor de sí. Esto e s , Maupertuis nos pin­
ta á Saturno jugando con un cometa, como
los niños juegan con un tizón encendido dán­
dole vueltas; y así como el tizón dexa un
rastro aparente de círculo de luz movido rá­
pidamente , así el cometa con su cola dando
rápidas vueltas al rededor de Saturno apa­
rece como un círculo á los terrícolas. ¿Qué
te parece este modo de pensar ? Este pensa­
miento caería bien en la mente del Indio Chi­
quito Chobirús , de que te hablé poco tiem­
po há. La constante grandeza del anillo, su
configuración permanente , y sus rayas du­
raderas siempre en un sitio , nos dicen y per­
suaden que él es un cuerpo sólido y estable
al
(1) Cassini en el primer tomo citado de su
Astronomía , lib. 4. cap. I. pág. 338.

al mundo Planetario .
363
al rededor de Saturno. Se ju zga, no sin fun­
damento , que la superficie del anillo tiene,
como la terráquea, la de Venus y la d e ja
Luna terrestre , desigualdades , o montanas
Y valles.
, .
¿ Y qué juicio ó conjetura se podra ha­
cer , Cosmopolita , del ministerio ó destino
de un arco tan grande y tan extraoidinaiio
qual es este anillo? A esta duda respondo di­
ciendo , que el pretender conocer la causa y
el fin de los fenómenos extraordinarios, y to­
talmente desemejantes de todo lo que vemos,
es temeridad de los que se llaman sabios, que
con ella dan prueba de su ignorancia. ¿Qué
mente humana pretenderá descubrir el fin de
un fenómeno singular en la naturaleza , quando por experiencia se sabe que de los fenó­
Ignorancia
menos semejantes á otros conocidos no siem­ del fin y de
pre se señala causa , ni se da razón que so­ la utilidad
sieguen la justa curiosidad de los Físicos ? del anillo.
Nosotros , por exemplo , vemos la Luna ter­
restre : conocemos por experiencia su minis­
terio y servicio , de que nos aprovechamos
con gran utilidad, haciendo por la noche m i­
chos exercicios, que no haríamos si faltára
su luz : ahora , pues , yo te pregunto , Cos­
mopolita ; ¿ y las quatro lunas que rodean á
Júpiter, de qué sirven? ¿Y las cinco que acom­
pañan á Saturno , qué empléo tienen ? Me di­
rás que hacen el empléo de alumbrar por la
noche en estos planetas, como en la Tierra
alumbra la Luna terrestre. Te vuelvo á pre­
guntar, ¿ á quién y para qué alumbran las ta­
les lunas en Júpiter y Saturno? Aquí responZz 2
den

364

Viage estático

den los defensores de los planetícolas dicien­
do, que estas lunas sirven para alumbrar á
los jovícolas y á los saturnícolas. Les vuel­
vo á preguntar otra vez , y ¿ por qué ó para
qué tantas lunas á Júpiter y á Saturno, y nin­
guna á los solitarios M arte, Mercurio y Ve­
nus? Si á Júpiter y á Saturno la Providencia
del Criador ha concedido tropas de lunas, pa­
ra que éstas puedan suplir la poca luz que
en ellos hay por razón de su suma distancia
hasta el Sol, ¿á M arte, que dista de éste mas
que la Tierra , debería á lo menos haberle
concedido dos lunas , pues que la Tierra tie­
ne una ? Y si las lunas en Saturno sirven para
alumbrar á sus habitadores, ¿ qué significa ese
anillo, que teniendo de ancho g'd leguas im­
pide que desde innumerables países de Satur­
no se vean las lunas y el Sol? Si en la Tier­
ra estuviera esta gran pantalla, muchos terrí­
colas pasarían meses sin ver al Sol ; y mu­
chos dias nublados serían tan obscuros como
la noche. Al ver ese gran pantallon al re­
dedor de Saturno , me parece , Cosmopolita,
<p.ie podemos afirmar una cosa como cierta;
y e s , que no puede servir sino de hacer in­
mensa sombra en Saturno , y esto nos hace
conocer que en vano conjeturamos, que los
planetas mas distantes del Sol tienen tropas
de lunas , para que éstas suplan la falta de
luz solar ; pues que las lunas á presencia de
la luz del Sol nada alumbran , y de noche
no goza de la luz lunar casi todo el inmen­
so espacio, que en la superficie de Saturno
está debaxo del anillo.
No

al mundo Vianet ario.

365

No encontrándose empléo ni ministerio
que podamos dar á ese anillon de Saturno,
nos cansamos en vano, Cosmopolita, si que­
remos averiguar por qué Dios ha distingui­
do este planeta con tan raro é incompreensible fenómeno. Te diré , que observando yo
algunas veces éste y otros fenómenos raros
en el Cielo, y viendome sumergido en un mar
de dudas y de ignorancia (estas dos cosas
forman el principal capital de la ciencia de
los hombres), me hablaba algunas veces á mí
mismo en estos términos : ¿ Quándo conoce­ Extática
rás tu grande ignorancia ? ¿ No la palpas al considera­
ver que tu vista se alarga á mas que tu en­ ción del
tendimiento ? ¿Quieres compreender quanto anillo.
ves, y no adviertes que el verlo y el no com­
prenderlo son efectos visibles de la Suprema
Providencia , que te hace tocar con la mano
su infinito Poder y Sabiduría? ¿No advier­
tes , que esa limitada compreension , é ili­
mitada curiosidad de tu mente te están di­
ciendo que hay otra vida , en que has de
entender lo que ahora ignoras y deseas sa­
ber ? ¿Por ventura te persuades, que ponien­
do el Criador á tu vista esos fenómenos , y
negando á tu mente curiosa la noticia de sus
causas y fines , te ha infundido tal curiosi­
dad para que siempre vivas sin saciarla? ¿Te La curiosi­
del es­
imaginas que te ha criado solamente para que dad
píritu
viendo esas obras de sus manos Omnipoten­ mano hu­
es
tes , tengas continua y viva curiosidad de prueba evi­
compreenderlas y las ignores eternamente ? dente de su
El Criador Supremo no da á la criatura mas inmortali­
vil instintos naturales, que no puedan saciar­ dad.
se;

366

Viage estático

s e ; ¿ y será posible que los pueda dar al hom­
bre dotado de razón? ¿Le habrá dado á és­
te facultad de pasearse con su mente por es­
tos inmensos espacios , para que así con el ar­
te y estudio crezca mas la fuerza de su na­
tural curiosidad , que no se sacie jamás? No,
no; porque si el instinto de la natural y ra­
cional curiosidad del hombre no se hubiera
de saciar jamás, el hombre sería de peor con­
dición que las bestias ; lo que repugna á la
razón.
Con estas y otras semejantes razones, Cos­
mopolita mió , aquietaba y o , y ponía en per­
fecta calma mi mente fluctuante en el inmen­
so mar de curiosas é inútiles dudas: te las
he indicado porque me lisongéo , que su efi­
cacia y solidez en tu espíritu harán la misma
impresión , que yo sentí en el mió. Estas mis­
mas razones servirán para que conozcas, que
sobre el rarísimo fenómeno del anillo de Sa­
turno nada podemos , no solamente descubrir,
mas ni pensar sin arrojarnos temerariamente
en el abismo de la dudosa y curiosa igno­
rancia : deberémos confesar con un Sabio (1)
terrícola , »que los hombres ignoran ahora,
y quizá siempre ignorarán el empléo y los
usos del anillo de Saturno , porque en toda
la naturaleza no encuentran cosa alguna que
se le parezca. Debemos, pues, admirar la
Ma (1) Joan Keill. introductio ad 'veram pliysicam , et astronomíam. Mediolani , 1742. 4.
Introduci, ad astronom. lect. 3. pdg, 242.

al mundo V ia n et ario.
36 ^
Magestad y el Poder del Criador, que en es­
tos últimos tiempos nos ha facilitado y per­
mitido el ver nuevas y portentosas obras de
sus manos.” A la verdad , efecto nuevo de
la naturaleza , y jamás pensado por los hom­
bres es el anillo de Saturno, que distando de
su planeta nueve mil leguas le rodea entera­
mente. Todos los astros, sino Saturno , que se
contienen dentro de los límites de la vista hu­
mana , tienen una misma figura , significán­
donos con ella , que todos se han formado,
no por el acaso, sino con un mismo modélo
por la misma mano Omnipotente. Todos los
cuerpos celestes ó terrestres convienen en la
figura esférica ó cilindrica. Los cuerpos gran­ Figura que
des , que fueron estrenas de la creación > tie­ la naturale­
da á los
nen figura esférica ; las producciones terres­ za
cuerpos só­
tres comunmente la tienen esférica ó cilindri­ lidos.
ca ; la naturaleza terrestre no produce árbo­
les semi-circulares, angulares , quadrados , &c.
Tampoco produce cuerpos, que estando se­
parados por interválo sensible estén siempre
acompañados. En Saturno solamente vemos
dos cuerpos en perpétua compañía , y con la
distancia entre sí de 9% leguas: en él sola­
mente vemos un cuerpo, qual es su anillo,
con el vacío de millares de leguas entre sus
limbos interiores. Estos fenómenos son total­
mente nuevos: son portentosos y admirables:
son obras divinas, que se muestran á las cria­
turas racionales para que en ellas encuentren
sensibles los límites de su perspicacia mental
y objeto visible , que confunda su inútil ó te­
meraria curiosidad.
$. III.

368

Viage estático

§. n i .
Movimiento de Saturno.

D

Irregulari­
dades del
movimien­
to de Jú­
piter y Sa­
turno.

,

,

Exemos Cosmopolita con admiración
y confusión el discurso del anillo de Sa­
turno: mucho hemos adelantado en él cono­
ciendo nuestra ignorancia : conocimiento ver­
daderamente el mejor y mas útil que puede
adquirir la criatura en el estudio de las cien­
cias humanas. Convirtamos nuestra atención
al movimiento de Saturno, que da materia
de ingeniosos cálculos á los Astrónomos; y á
nosotros podía darla de nuevas reflexiones so­
bre el sistéma atraccionario, de que tantas
veces se ha tratado. Temería yo, Cosmopo­
lita , abusar de tu bondad , y aun de tu pa­
ciencia , si te refiriera las muchas indagacio­
nes que los Astrónomos han hecho sobre las
irregularidades del movimiento de Júpiter y
Saturno : ellos para hacerlas han agotado los
tesoros del mas sublime cálculo , y de todo
el sistéma atraccionario. No quiero ni debo
exponerte á la molestia de oír un discurso,
que no te pueda ser gustoso ; mas no por es­
to me debo dispensar de insinuarte lo que bas­
ta para que formes concepto de lo que déxo
de exponerte difusamente. Yo preveo, que
con estas expresiones he excitado en tu men­
te la curiosidad de saber algo de lo mucho
que te pudiera decir ; y conozco que puedo
satisfacerla brevemente sin peligro de abusar
de tu bondad, y con el buen efecto de ilu—
mi-

al mundo Vianet ario.
369
minar tu instrucción , para que mejor descu­ Cálculos de
bras la mayor ó menor probabilidad de los los Astró­
nomos so­
sistémas físicos : me parece que con dos bre­ bre
dichas
ves reflexiones puedo instruirte en lo que so­ irregulari­
bre el presente asunto deséo que sepas. Oye­ dades.
las , te suplico , con atención.
La primera verificación del sistèma atraccionario, quando se hallaba en su infancia, Reflexiones
se hizo reduciendo los fenómenos del mo­ sobre dichos
vimiento de los planetas á las leyes de Ke­ cálculos.
plero ( de que te he hablado antes en la jor­
nada del Sol), y á los resultados de la atrac­
ción ; pero esta verificación y reducción fue­
ron como á vulto ; por lo que para estable­
cer en la naturaleza la verdadera existen­
cia de las leyes keplerianas y de la atrac­
ción , pensaron juiciosamente los Astrónomos
en verificarlas con los fenómenos del mo­
vimiento de cada planeta en particular. La
verificación y aplicación de dichas leyes á
las irregularidades del movimiento de la Lu­
na terrestre costaron no poca dificultad , y
mucho mayor fué la que se experimentó en
combinar con dichas leyes las irregularidades
del movimiento de Júpiter y de Saturno, que
se creían los dos últimos solitarios planetas
del sistèma solar. En esta creencia ( que aca­
ba de descubrirse falsa ), viendo los Astróno­
mos que en el sistèma solar los tres astros
ó cuerpos mayores eran el Sol, Júpiter y Sa­
turno , reduxeron á estos tres sus m iras, é hi­
cieron célebre el problema llamado de los
tres cuerpos , en el qual formaban sus cálcu­
los , suponiendo que fuesen solos en el sistéTomo ILI.
Aaa
ma

3^0
V i age estático
ma solar ; ya que de los demás planetas por
su pequeñéz se debia despreciar su pequeñí­
simo iníluxo, para disturvar los efectos, que
en el movimiento de Júpiter y Saturno se de­
bían advertir, y deberían suceder según las
leyes de Keplero y de la atracción. Ilustres
Astrónomos han publicado ingeniosas diserta­
ciones para explicar , según las dichas leyes,
los fenómenos , ó las irregularidades del mo­
vimiento de Júpiter y de Saturno: entre di­
chos Astrónomos merece un lugar privilegia­
do Eulero, que en su disertación sobre dichas
irregularidades, premiada y publicada por
la Real Académia de las Ciencias de París,
dice así (i) : "Las observaciones astronómi­
cas nos han hecho conocer, que los planetas
Júpiter y Saturno no observan exáctamente
en su movimiento las reglas establecidas por
Keplero ; y que Saturno en particular sensibilísimamente no se sujeta á ellas, especial­
mente quando los planetas se hallan cerca
de su conjunción. Debemos este conocimien­
to á la observación; pero ella quizá no nos
descubre todo ; pues que se puede temer, que
los Astrónomos , no obstante sus cuidadosas
observaciones, no frieguen jamás á conocer tan­
to el orden que reyna totalmente en las irre( i) Recueil des p e c e s , qui ont remporte le
p r ix de V A cadem ie royale des sciences , tomo
V I L P a ris , 1769.4. Disertación segunda de

dicho tomo VII.

al mundo 'Planetario.
3^1
regularidades , que su conocimiento baste pa­
ra que se pronostique quánto en todos tiem­
pos ellas se aparten de lo que prescriben las
reglas de Keplero. Por tanto, no hay otro
medio que la teórica , que pueda servir de
guia en algunas indagaciones, y de ella so­
lamente se han de procurar inferir las reglas
que los dos planetas observan en su movimien­
to , por mas irregular que éste sea.”
En estas expresiones preliminares que Eulero pone á la disertación, en que pretende
combinar con el sistéma atraccionario las ir­
regularidades del movimiento de Júpiter y
Saturno , tienes, Cosmopolita, un buen es­
tratagema para verificar el mas absurdo sistéma fínico. Eulero supone, que no se pue­
den observar todos los fenómenos del movi­
miento de dichos planetas ; y él conjeturan­
do quiere suplir con las reglas de la teórica,
lo que no descubre la perspicacia de los ob­
servadores : de este modo la naturaleza se
acomodará á los sistémas físicos , y no estos
á la naturaleza. Boscovich , no menos céle­
bre que Eulero , en el cálculo astronómico,
escribió sobre las dichas irregularidades otra
disertación, que la Académia de las Ciencias
aceptó con aplauso (1 ) , y dexó de unir con
la de Eulero, como habia determinado, por­
que el año de 1756 se habia publicado en
Ro(1) Véase la primera página del tomo V II
citado.
Aaa 2

3^2
Via ge estático
Roma (i). En dicha disertación mostró Boscovich su ingenio y su particular modo de
pensar sobre las leyes de la atracción : por
lo que se puede decir, que los dos Astróno­
mos no procedieron por un mismo camino,
y consiguientemente no propusieron una mis­
ma verdad ; y difícilmente podian proponer­
la y menos hallarla ; porque ellos para for­
mar sus cálculos suponen ^1 célebre proble­
ma de los tres cuerpos , creyendo que Jú­
piter y Saturno eran los únicos planetas que
giraban en los confines del sistéma solar , y
se ha descubierto que en éste hay toda­
vía otro planeta mas distante del Sol que Sa­
turno.
Hé aqu í, Cosmopolita , un nuevo moti­
vo para desconfiar de las verdades que se su­
ponen resultar de los cálculos, con que se
quieren arreglar ó reducir al sistéma atraccionario las irregularidades de Júpiter y Sa­
turno. Los Astrónomos para combinarlas no
habían tenido presente , y ni habían conjetu­
rado , que sobre Saturno hubiese otro plane­
ta , el q u a l, en caso de ser verdadero el sistéma atraccional , debíase con su influxo al­
terar el movimiento del mismo Saturno ; y
no obstante esta ignorancia , ó falta de previ(i) De in<£qualitatibus Saturnia et Jovis ad
farisiensem Acad. Aucthore Rogerio Boscovich,
S. J. Romae , 1756. 8. Buscovich escribió des­
pués de haber visto la disertación de Eulero.

a l mundo "Planetario . *

3^3

visión , se lisongean de haber descubierto
y señalado todas las causas de las irregula­
ridades de dicho movimiento ; pero esta li­
sonja parece ser vana, ya que nos consta exis­
tir sobre Saturno el planeta Urano ; y que
entre las causas del movimiento irregular de
Saturno no se ha contado la que necesaria­
mente debe provenir del infiuxo atraccional
de Urano. Si unes estas reflexiones , Cosmo­
polita , inferirás de ellas , que es necesario
renovar todos los cálculos hechos para en­
tender las causas físicas de las irregularida­
des del movimiento de Júpiter y Saturno ; y
que la observación de los pocos fenómenos
que en los Cielos puede descubrir la limita­
dísima perspicacia de los terrícolas, hace e<>
nocer al verdadero crítico , que ellos en tiem­
po y lugar distan aún mucho de-aquel-mof
mento y punto de donde se pueda descubrir
la verificación de un verdadero sistéma fí­
sico. Cosmopolita inio , ten por cosa cierta,
que el crítico , con el estúdio de la natura­
leza , descubre en cada* observación de ella
ignorancia é ilusión de parte de los hombres,
y de parte del Criador : Omnipotencia e iny
finita Sabiduría.
He concluido las breves reflexiones que
he prometido hacerte : ellas» te deben bastar
para que sepas , quál-ep eli estado de los co­
nocimientos Astronómicos, qué los terrícolas
han logrado sobre el molimiento de Saturno
al rededor del Sol ; paso á discurrir histó­
ricamente del mismo movimiento, después que
con la mayor brevedad te haya dado noticia
de

Desconciertoqueen los
cálculos as­
tronómicos
causa el des­
cubrimien­
to del pla­
neta Ura­
no.

3^4
Rotación
de Satur­
no.

Bandas ó
faxas que
se obser­
van en Sa­
turno.

Viage estático

de lo que los Astrónomos dicen de la rota­
ción de Saturno.
En el viage que has hecho por el mundo
planetario, has visto que el S o l, Mercurio,
Venus , la Luna terrestre , Marte y Júpiter
dan vueltas sobre su exe , ó tienen movimien­
to de rotación : luego este mismo movimien­
to , inferirás, se halla en Saturno. Esta conseqüencia infieren comunmente los Físicos se­
gún la teórica, y sin la ayuda ó autoridad
de la observación. Huighens, infatigable ob­
servador de Saturno, fundándose en que éste
se asemejaba mucho á Júpiter por razón de
algunos fenómenos del primer satélite que los
rodea , conjeturó que el movimiento de ro­
tación en Saturno, era como el que parece
observarse en Júpiter. Huighens formó su con­
jetura comparando la distancia y el tiempo
periódico de los primeros satélites de Júpiter
y Saturno: comparación que según Gregori,
no da motivo para conjeturar la existencia
uniforme de la rotación en los dos planetas.
¿ Se hallará motivo en la rotación que se su­
pone conocida de los demás planetas? Si la
analogía con estos diera motivo , deberíamos
decir , que Saturno era en todo como los de­
más planetas; y la singularidad incomprensi­
ble de su anillo nos dice , que él es diferen­
tísimo de todos los planetas y cometas. La
observación, lexos de favorecer á la rotación,
parece contradecirla. Los terrícolas llegan á
distinguir en el disco de Saturno dos bandas
sombrías. "N o he descubierto , dice Cassin i, ninguna mancha en Saturno, como la he
des-

al mundo Vianet ario,
3^5
descubierto en la mayor parte de los demás
planetas (1). Se ven solamente en él una ó dos
bandas ó faxas casi en linea recta, y para­
lelas al diámetro grande del anillo. Cerca del
bn de Marzo del 1 7 1 9 , en cuyo tiempo el
anillo habia desaparecido á la vista, y Sa­
turno aparecía perfectamente redondo , con un
telescopio de 114 pies de largo, vi sobre su
disco tres bandas ó faxas obscuras , parale­
las entre s í , y en linea recta : la faxa del
medio, que era la mas endeble, se formaba
por la sombra que hacía el anillo sobre la
superficie del planeta : las otras dos faxas eran
mas visibles, y la meridional era mas larga
que la septentrional.” El paralelismo constan­
te de estas bandas parece indicar , que Sa­
turno no ruede sobre su exe , quando no se
diga, que todas ellas son perpendiculares al
tal exe , y que por toda la superficie de Sa­
turno conserven la misma anchura, y el mis­
mo intervalo. Modernamente los Astrónomos
con exquisitos telescopios han llegado á des­
cubrir en Saturno manchas obscuras , y pun­
tos luminosos, y la exácta observación de
aquellas y estos podrá dar á conocer , si tie­
ne ó no movimiento de rotación. Sobre estas
manchas el ingenioso observador Angel de
Cesaris ha publicado las siguientes observa­
ciones : v Tres Astrónomos , dice, observába­
mos
(1) Cassini citado en el vol. 1. lib. 4. cap.
Pág. 335.
*

3^6
V i age estático
mos á Saturno (i) en los meses de Agosto
y Octubre del año 1789. Uno lo observaba
con el telescopio catadióptrico de Short , que
aumenta 300 veces los objetos, y dos obser­
vaban con telescopios de Dollond. Se dice,
que Hersc.hel haya descubierto en Saturno un
Conjetura sexto satélite : nosotros vimos solamente cin­
del sexto sa­ co de ellos , y observamos en el disco de
télite de Sa­
Saturno bandas ó faxas algo obscuras, como
turno.
las de Júpiter : no se distinguen bien estas
faxas. Vi dos ó tres de ellas en la parte aus­
tral de Saturno : una de las quales quizá se­
ría el anillo , y otra sería su sombra. V i tam ­
bién un espacio negreante en la superficie de
Saturno, y un punto luminoso en su parte
boreal. Creimos , que este punto fuese saté­
lite. Después vimos otros puntos luminosos con
intervalo en la misma parte boreal : en la
austral no los he descubierto. A 28 de Agosto
Mancha y vimos claramente el anillo que apareció, co­
puntos lu­
mo una linea luminosa , mas no de luz se­
cidos en Sa­
guida ; pues que parecía una cadena de parturno.
tecillas lucidas. Todos convenimos en esta ob­
servación , la que si es verdadera , prueba,
que hay interrupciones en la masa del anillo,
Su anillo
y que los puntos lucidos , que antes habíamos
no es liso.
visto, pertenecen al an illo, del qual las par­
tes
(1)
Epliemerides astronomicae. Mediolani,
1789. ad annum 1791* 8. En el articulo obserrvationes amiuli Saturni in Augusto , et Otto­
bri anni 1789. ab Angelo de Cesaris Alediolani.

al mundo Planetario.

3^?

tes mas altas se iluminarán con el Sol.” Es­
tas observaciones de Cesaris descubren algu­
nos fenómenos ( quales son la mancha de Sa­
turno y los puntos lucidos), que servirán pa­
ra poder determinar , si existe ó no el mo­
vimiento de rotación. Si Saturno no lo tiene,
en él habrá dias y noches de quince años:
tales dias se podrán llamar de gloria ; y las
noches serán propias de países infernales.
Del movimiento de Saturno al rededor del
Sol se sabe mas que de su rotación. Desde
la mas remota antigüedad las naciones civi­ Movimien­
les de Europa y Asia advirtieron su movi­ to de Satur­
miento lentísimo, y con poca diferencia de­ no.
terminaron el tiempo de su duración , notan­
do , que tardaba casi un mes solar en cami­
nar un grado de los trescientos sesenta , en
que se divide su órbita , que describe al re­
dedor del Sol. Según las mas exáctas obser­
vaciones de los modernos , Saturno en treinta
dias terrestres camina un grado y quince mi­
nutos segundos de grado ; ó en recorrer toda
su órbita tarda diez mil setecientos y sesenta
y un dias , que hacen cerca de treinta años.
Por razón del gran tiempo que Saturno tarda
en caminar su órbita, los Hebreos le llama­
ron reposo , los Egipcios dios del tie m p o , y
los Brahmanes ta rd ío , lento. Saturno se llama
lento, no porque camina lentamente, sino por­
que tarda cerca de treinta años en describir
su órbita, por la que va cincuenta veces mas
ligeramente que se mueve ó vuela la bala
disparada de un cañón : ésta tardaría cin­
cuenta dias en caminar el espacio de go2 leTomo I I I .
Bbb
guas,

378

Hueco del
anillo de
Saturno.

Viage estático
guas, que Saturno camina en veinte y quatro horas. El aparecer Saturno tan lento á
los terrícolas consiste en la grandísima ór­
bita que él camina , la qual órbita tiene de
largo mas de 28058 millones de leguas. Por
tan inmenso espacio se ve caminar este pla­
neta con ese anillo ó corona , que tiene de
alto 668730 leguas. Cosmopolita, si los ter­
rícolas á la distancia de su Luna terrestre
vieran de repente á Saturno con su corona
tan monstruosa , creerían , que iba á caer to­
do el Cielo sobre la Tierra. En este caso la
corona ó anillo de Saturno ocuparía la quarta parte del emisferio celeste. Podría muy
bien caer la corona de Saturno sobre la Tier­
ra , sin que tocáse á ésta ; pues que el hueco
de la tal corona es de 47S660 leguas , y el
diámetro de la Tierra es solo de 28865 de
ellas. La Tierra, pues, podría pasar por el
hueco de la corona, como un huevo pasa por
un aro que sea diez y siete veces mayor que
el tal huevo.
La órbita de Saturno hace con el equador de éste un ángulo de treinta y un gra­
dos (1) á lo menos; por lo que en este pla­
neta la duración de los dias y de las estacio­
nes de su año son muy diferentes de las que
he( 1 ) Heinsio hace de 31o 23'' 17" el ángulo
del equador de Saturno con su órbita. Maraldi lo hace de 31° 20' Menioir. de V Academ.
att. 17 16 .

al mundo Planetario.
3^9
hemos visto en otros planetas. Para ver cla­
ramente esta variedad de fenómenos en Sa­
turno volemos á su anillo , y pongámonos so­
bre él. Vamos allá , si querémos ver un ra­
ro expectáculo : sigueme volando.
§.

IV .

,

*Zonas de Saturno
estaciones de sus años
y fenómenos que de éstas y de la situa­
ción de su anillo resultan

,

.

,

Esde este sitio como desde la mejor
atalaya, descubrimos , Cosmopolita , to­
do quanto pasa y hay en Saturno : nosotros
estamos perfectamente sobre la mitad de es­
te planeta , pues que el anillo corresponde á
su equador. Si en Saturno hacemos distinción Division de
de zonas , como se usa en la Geografía ter­ las zonas
restre , deberémos hacer la distribución de de Satur­
no.
esta manera. Toda la zona tórrida á lo me­
nos constará de sesenta y dos grados y me­
dio ; y éste será el interválo que hay entre
sus dos trópicos boreal y austral. Cada zo­
na frígida ó fria tendrá treinta y un grados
y algunos minutos; esto e s , empezará des­
pués de los cincuenta y ocho grados de la­
titud , y consiguientemente cada zona tem­
plada tendrá menos de veinte y ocho grados.
Según esta justa división la zona mejor, que
es la templada , es la menor en Saturno. Lo
contrario sucede en la Tierra , en la que las
zonas templadas ocupan mas superficie, que
todas las demás zonas. Por ser tan grande el
Bbb 2
án-

D

380

Viage estático

El invierno ángulo, que forma la órbita de Saturno con
en Saturno su equador , es necesario , que las estaciones
es excesiva­ del año se diferencien mucho mas que las
mente frió

y largo.

terrestres en el calor y frió ; y que por tan­
to en muchos sitios de Saturno hácia las zo­
nas templadas y frígidas haga en invierno cien
veces mas frió que hace en la Tierra. Y al oír
la estación del invierno no creas, Cosmopolita,
que aquí se trata de tres meses de invierno,
como entre los terrícolas : esta estación en Sa­
turno dura siete años, y mas de quatro me­
ses. Si en este planeta las cosechas se hicie­
ran como en la Tierra , sería necesario espe­
rar mas de veinte años para lograr la cose­
cha del trigo en muchísimos sitios. Si aquí
hubiera habitadores , serna preciso que la pro­
videncia del Criador concediera á las semi­
llas , que sembrasen ó plantasen tal virtud,
que ellas naciesen , creciesen y madurasen,
no menos en tiempo del mayor frió , que en
tiempo de calor ; porque de otra manera no
se entiende, cómo los saturnícolas podrían pa­
sar un invierno de siete años: quando 110 su­
pongamos en él las cosechas tan abundantes,
que su provisión bastase para invernada de
siete años ; así como el Santo Josef Hebreo
proveyó milagrosamente á Egipto por otros
siete de carestía. Estas reflexiones , que pa­
recen ser conformes á la racional física , te
podrán servir , Cosmopolita , para conocer,
que quando queremos discurrir de estos pla­
netas , según las ideas que tenemos de la na­
turaleza terrestre, nos vemos obligados á in­
ferir conseqüencias improbables ó ridiculas.
:
Lar-

al mundo Vianet ario.
381
• Larguísimo será el invierno en Saturno ; y
con la misma proporción serán larguísimas las
otras tres estaciones del año saturnal. Los
dias y las noches en este planeta serán ya
de mayor , y ya de menor duración que las
estaciones. Las noches serán de años enteros
en los sitios, ó en el interválo que hay des­
de cincuenta y nueve grados de latitud ácía
los polos en un emisferio ; y al mismo tiem­
po en el emisferio opuesto los dias durarán
otro tanto tiempo. Una ciudad que en Satur­
no estuviese á la latitud boreal de cincuen­
ta y nueve grados y cincuenta y seis minu­
tos , en que está Petersbourg , Corte del Im­
perio de los Rusos , tendría en tiempo de in­
vierno noches que durarían cerca de cinco
años ; y en tiempo de estío tendría dias, que
durasen otros tantos años. A los setenta gra­
dos de latitud en Saturno habrá dias y no­
ches que duren nueve años , y en los polos
Duración
las noches serán de quince años, y otro tan­ de ios dias
to durarán los dias. En tiempo de los equir en Saturno.
nocios , que en Saturno son quando este pla­
neta , mirado desde el S o l, aparece á veinte
y un grados y medio de Virgo y de Piscis,
los dias serán iguales á las noches en toda la
superficie de Saturno. Los solsticios de Sa­
turno ó el principio de su estío é invierno
son , quando el planeta , mirado desde el Sol,
aparece á veinte y un grados y medio de Sa­
gitario y de Géminis
Los habitadores que estuvieran en las zo­
nas .frígidas de Saturno no , verían este ani­
llo ; solamente los que estuvieran al princL
*
pió

.

382
Sitios desde
donde los
saturnícolas verían
el anillo.

Viage estático

pío de dichas zonas lo verían en una parte
de su orizonte, como si fuera un arco de nu­
be. Los que estuvieran desde los cincuenta y
cinco grados de latitud hasta el equador ve­
rían el dicho anillo, y quanto mas cerca es­
tuviesen del equador, tanto mejor descubri­
rían su hueco. Los que estuvieran en el equa­
dor de Saturno , y en sus inmediaciones, no
verían al Sol por algunos dias en tiempo de
equinocio, porque caminando el Sol perfec­
tamente sobre el mismo anillo , el grueso de
éste impediría que viesen á aquel. Los que
estuvieran en las zonas templadas , y al últi­
mo de la zona tórrida , verían ocultárseles el
Sol todos los dias antes de medio dia y vol­
ver á aparecer otra vez después de algunas
horas; y esto debería suceder siempre que el
Sol estuviese en el emisferio opuesto: en cu­
yo tiempo todos los dias habría tinieblas me­
ridianas, las quales serían tanto mayores, quan­
to el Sol estuviese mas cercano al trópico
opuesto.
Los habitadores del emisferio boreal de
Saturno , que llegáran á distinguir bien el ani­
llo , verían á éste iluminado de dia por to­
da la primavera y todo el estío ; así como
los terrícolas ven de dia la Luna. Igualmen­
te verían de noche iluminada la faz borea4
del anillo ; pero en tiempo de otoño y de in­
vierno , en que el Sol estaría en el emisferio
austral , no venan iluminada la tal faz , ni
de dia ni de noche : con la misma proporción
se debe discurrir de los habitadores del emis­
ferio austral.

.

al mundo "Planetario
383
Estos son, Cosmopolita , los principales
fenómenos que la variedad de estaciones, y
la situación de este anillo causarían en la
superficie de Saturno : pasemos ahora á con­
templar esa tropa de satélites que nos rodean,
y al mismo tiempo darémos una ojeada á los
demás planetas,
§. V.

.

Observación de los planetas y de las
lunas saturnales

,

,

lxa Cosmopolita tu atención en el Sol,
que tantas veces hemos observado, por
ser el centro de este gran mundo planetario.
Al mirarlo no te maravilles de no verlo tan
hermosamente resplandeciente , como lo has
visto desde los demás planetas. Aquel gran
abismo de luz y de fuego , que te admiró y
pasmó al mirarlo de cerca, ahora parece una
pequeña llama de pequeñísimo volcán. El Sol
desde aquí parece haberse convertido en es­
trella , pues que su diámetro aparece tan pe­
queño , que no llega á ser tres veces mayor
que el de Venus. Si los terrícolas se halláran de repente con un S ol, cuyo diámetro
fuese solamente triplo del de Venus, cree­
rían que el mundo se acababa ; ó que la Tier­
ra se convertía en habitación de animales noc­
turnos. Si quando estés en la Tierra quieres
ver al Sol , como aparece desde aquí , pon
en el telescopio una lámina con un agujero
circular , cuyo diámetro sea á la longitud del
telescopio , como la subtensa de tres minu­
tos

F

384
Vista de
Mercurio.

Vista de
Júpiter.

Vista de las
lunas satur­
nales.

Via ge estático

tos de grado es al radio del círculo; y ob­
servando el Sol con este telescopio , lo ve­
rás casi lo mismo, que aparece desde aquí.
Mercurio desde este sitio se v e , como apa­
recería un átomo luminoso y volante al re­
dedor del Sol. Los telescopios terrestres no
servirían para poderlo distinguir. Júpiter es
el que desde Saturno se distingue claramen­
te ; pues que su diámetro aparece tres veces
mayor que el de Mercurio á los terrícolas,
quanto está próximo á la Tierra. Las lunas
de Júpiter no se distinguen desde aquí á la
simple vista ; pues que distamos de ellas mas
que distan los terrícolas. La digresión ó dis­
tancia de Júpiter hasta el Sol aparece desde
aquí algo menor, que á los terrícolas la de
Venus. En una palabra , Júpiter nos apare­
ce tal , qual podría aparecer á los terrícolas
un planeta que se viese entre Venus y M er­
curio , el qual planeta fuese algo mayor que
éste, y menor que aquel.
Pongamos ahora nuestra atención en esos
cinco satélites , que pasando sobre nosotros
rodean á Saturno. Huighens , que se dedicó
con el mayor empéño á observar este plane­
ta , fué el primer terrícola que á 25 de M ar­
zo (1) de 1655 descubrió en él un satélite,
que es el quarto : éste es el mayor de todos.
Juan Domingo Cassini descubrió el quinto en
Oc(1) Huighens: Systema Saturnium ( obra ci­
tada en la página 360 de este vol.) pag. 541.

al mundo Planetario.
385
Octubre de 1671 : en el año siguiente distin­
guió el tercero; y en Marzo de 1684 descu­
brió el primero y el segundo (1). El descu­
brimiento de las lunas saturnales oyeron los
terrícolas no sin admiración, y algunos As­
trónomos Ingleses dudaron de su existencia,
porque no llegaban á distinguirlas. La incre­
dulidad de los Ingleses duró hasta el año de
1718 , en que Pound , con un anteojo de 163
pies vió todos los cinco satélites. El pri­
mero , segundo y quinto de ellos se ven con
gran dificultad desde la Tierra con anteojos
de 40 pies de largo. De el sexto satélite, que
se pretende haber visto en Saturno, no háb lo , porque su existencia aún no es cierta.
Si con atención observas los quatro primeros
satélites, verás que se mueven casi sobre nues­
tro zenit, ó tienen sus órbitas sobre este ani­
llo : la situación de éstas es excelente para
que los satélites se puedan ver desde todos
los puntos de la superficie de Saturno. No su­
cede esto al quinto satélite , cuya órbita ha­
ce con el plano de este anillo, ó con el equador de Saturno, un ángulo de 15 grados y
medio ; y por causa de este ángulo y del obs­
táculo causado por el anillo en cada revolu(1)
Veanse Trans. pililos, n. 13 3. be. Jour­
nal des szavans. Alars. 1 6 7 7 . 1^ 7 8- AIem.de
1’ Acad. 1 7 1 4 . 1 7 1 5 - 1 7 1 6 . M o n tu cla citado:
Historia de las matemáticas , rol. 2. p. 4. lib,
S. §. 3. p. $00.
Tomo III.
Ccc

Época de su
descubri­
miento.

Órbitas dé­
los satélites
saturnales.

386

Tiempo que
los satélites
tardan en
recorrer sus
órbitas.

En Saturno
hay cinco
meses luna­
res diver­
sos.

Distribu­
ción de di­
chos meses.

Población
del anillo
saturnal.

V i age estático

lucion se oculta ó se dexa ver por mucho tiem­
po desde los sitios de Saturno, que están en
el emisferio opuesto á la parte de la órbita
que recorre el dicho satélite.
Los tres primeros satélites gastan poquí­
simo tiempo en dar una vuelta al rededor
de Saturno. El primero tarda 45 horas y 18
minutos : el segundo emplea 65 horas y 41 mi­
nutos: el tercero gasta 108 horas y 15 mi­
nutos: el quarto ocupa 15 dias y medio, y
41 minutos; y el último satélite tarda 79
dias , 7 horas y 48 minutos. De la relación
de estos tiempos periódicos inferirás , que en
Saturno son freqiientísimas las lunaciones;
pues que en su año saturnal solamente del
primer satélite hay 5700 lunaciones. Como no
en todo Saturno se ven igualmente todas las
cinco lunas, si en él hubiera habitadores, ca­
da nación de éstas tendría el año ó mes lu­
nar , que mas al caso le hiciese. El año so­
lar es tan largo en Saturno, que sería mira­
do como siglo , y con relación á éste podrían
los habitadores arreglar y considerar como
años las revoluciones ó periodos del quinto
satélite : podrían hacer meses de su año los
periodos del quarto satélite : los del tercero
harían bien el oficio desemanas grandes: los
del segundo serían semanas pequeñas; y los
del primero serían horas. Esta distribución
se podría hacer solamente en los pocos paí­
ses , en que se viesen todas las cinco lunas.
V si estuviera poblado este anillo de Satur­
no , ¿ cómo se manejarían sus habitadores ?
El adivinar lo que sucedería á tales habitan­
tes,

/
al mundo Vianet ario.
38^
te s , es cosa difícil , Cosmopolita mió. A la
verdad, los Astrónomos terrícolas, que juz­
gando los planetas semejantes á la Tierra los
llenan de habitadores , no deben dexar desier­
to á este anillo , de cuyo borde la superficie
es mucho mayor que toda la terrestre ; pues
que si en la Tierra descontamos lo que es
inhabitable por causa de los mares y rios,
la superficie de este borde será á lo menos
ocho veces mayor que la terrestre. Y si ha­
cemos cuenta de la superficie de todo el ani­
llo encontrarémos, que en éste pueden ha­
bitar millones de millones de personas mas
que sobre la de la Tierra.
Contra la probabilidad de la población
anillaría podrás oponer, Cosmopolita , la pe­
ligrosa situación del anillo , del que sus ha­
bitadores al menor descuido ó resvalo de pies
podrían caer en el inmenso precipicio de iS9
leguas hasta Saturno. A esta objeción respon­
do primeramente, que este peligro se impe­
diría con poner al rededor del borde del ani­
llo una buena varandilla, como los antiguos
Chinos pusieron contra las incursiones de los
Tártaros Mancheus la muralla de 400 leguas
al rededor de su Imperio. Pero porque esto
sería obra larga y costosísima , te responde­
ré mejor con la doctrina de los Atraccionistas , según los quales la atracción , que de
los habitadores haría la gran masa del ani­
llo , serviría de verdadera y segurísima va­
randilla ; pues que tiraría de ellos no dexandoles caer en Saturno. La caída en éste les
sería tan difícil, baxo este supuesto, como
Ccc 1
á

388

Saturnícolas y anillícolas.

Distancias
de los saté­
lites hasta
Saturno.

Via ge estático

á los terrícolas les es el volar hasta la Lu­
na. Según esta doctrina se compone muy bien,
que todo el anillo por todas partes pueda estár y esté poblado , así como la Tierra está
poblada por todos los puntos de su superfi­
cie. No es de dudar, que si Saturno y su ani­
llo estuvieran poblados , los saturnícolas y
anillícolas podrían llegarse á ver por medio
d-e telescopios; ó á lo menos podrían distin­
guir mutuamente sus edificios, ciudades y ma­
res. Y en este caso, ¿ quién podrá explicar
el mar de dudas y curiosidades en que na­
vegarían estos habitadores, que se verían sin
poderse tratar ni conocer ? Figúrate t ú , que
los terrícolas llegáran á descubrir ciudades,
casas y habitadores en la Luna ; ¿ qué calen­
darios no formarían sobre lo que viesen , sin
poder llegarlo á conocer perfectamente? C a­
lendarios mayores y mas intrincados se for­
marían por los saturnícolas y anillícolas, vién­
dose colocados en cuerpos de tan diferente
figura. Pero dexemos estos discursos de fan­
tasía alborotada para aquellos terrícolas, que
empleando su vida en leer comedias y ro­
mances, aprendieron á leer para estudiar prác­
ticamente la ilusión : continuemos la obser­
vación empezada, que con motivo de la fan­
tástica población de este anillo hemos inter­
rumpido.
Volvamos, Cosmopolita, á mirar los sa­
télites. Observa y verás que estos distan de
Saturno mucho mas que la Luna terrestre de
la Tierra. El primero dista 253*382$ leguas:
el segundo dista 3213750 : el tercero se aparta

al mundo Planetario .
389
4299 leguas : el quarto dista un millón 299600:
el quinto se desvia tres millones 8898 oo leguas.
Según estas grandes distancias de los satéli­
tes de Saturno se infiere, que algunos de ellos
deberán ser mayores que Mercurio, y otros
tan grandes como la Tierra , para que su luz
pueda alumbrar aquí tanto , como la Luna
terrestre alumbra á los cinco ó seis dias des­
pués del novilunio.
Un Astrónomo, que fuese habitador de El Astróno­
Saturno , no tendría gran dificultad en creer mo en Sa­
verdadero el sistema Ticónico ; pues que con turno.
él compondría bastante bien los fenómenos
de sus lunas , y de las apariencias del Sol.
A l ver á Júpiter rodeado de quatro de ellas
(si por ventura las podía distinguir), y res­
petable por su grandeza , podría conjeturar,
que la suerte de Saturno debería ser la mis­
ma que la de Júpiter , al qual vería mover­
se ; pero al notar que Saturno se distinguía
de Júpiter , no solamente por el mayor nú­
mero de satélites , sino aun mas por el gran
anillo ó corona , se persuadiría que su pla­
neta era de clase superior , y que por tanto,
no estaría sujeto á las leyes de movimiento
que advertía en Júpiter. A la verdad, los saturnícolas darían á su Saturno la gloria que
se merecía por el anillo ó corona que le ro­
dea. Esta corona tan desmesurada y brillan­
te , que cerca al inmenso globo de Saturno,
no merece menos respeto, que las coronillas
que llevan de metal y piedrecillas algunos
terrícolas en sus cabezas para infundir ve­
neración y terror. Confirmaríase el Astróno­
mo

390

Las conje­
turas de los
hombres so­
bre la natu­
raleza son
relativas á
los conoci­
mientos de
ellos , y no
á las leyes
de ésta.

V

iVia ge estático

mo en la persuasión de ser Saturno el Rey
del mundo planetario, al verlo distinguido
entre todos los planetas , no solamente por
la corona , sino también por la mayor tro­
pa de satélites destinados para su corte y
servicio.
De esta manera conjeturo yo que pensa­
ría el Astrónomo que estuviese en Saturno,
porque yo así pensaría si me halláse en él.
No es posible , Cosmopolita , que yo pue­
da adivinarte los pensamientos que tendría el
Astrónomo , sino diciendote los que yo ten­
dría. Esta es la limitada miseria de nuestros
conocimientos, de los que no podemos atri­
buir á otras personas sino los que tenemos
nosotros mismos ; y esta es también la limi­
tada miseria de nuestra física , en la que su­
ponemos y enseñamos aquellas leyes natura­
les , que somos capaces de concebir ó idear,
aunque no existan. Con esta limitación te he
explicado yo hasta ahora, Cosmopolita mió,
todos los fenómenos , que has observado en
los planetas que hemos visitado. Del planeta
Saturno, en que estamos , te he dicho quanto
sé con el conocimiento y persuasión cierta, de
que todo terrícola, hasta que dexe de ser pe­
regrino en la Tierra, posee por herencia la ig­
norancia de lo que no le importa , ni es útil sa­
ber. Desde Saturno y desde su anillo hemos
observado de cerca sus satélites, y como infi­
nitamente alexados los demás planetas del
mundo solar. Si subimos á alguno de los sa­
télites, nuestra observación desde él será ca­
si la misma que la que hemos hecho desde

al mundo Vianet ario.
391
Saturno , por lo que inútilmente volaremos
para hacerla en alguno de esos cinco satéli­
tes. Con esto quiero decirte, que hemos con­
cluido la visita á los planetas del mundo so­
lar, que los antiguos conocieron. Saturno , se­
gún estos, era el último de los planetas; por
lo que te puedes figurar , que como ellos en
el país marítimo mas occidental de Europa
pusieron el Jinis-terr¿e del orbe terrestre cenocido, así también en Saturno pusieron el
jinis-mundi del mundo planetario conocido.
En el estrecho marítimo de Gibraltar pusie­
ron los antiguos dos columnas , llamadas de
Hércules, en las que se leía non flus ultra:
expresión con que se significaba , que no ha­
bía mas Tierra : que allí empezaba el impe­
rio del interminable mar , y que ninguno de.bia pasar del sitio adonde últimamente llegó
Hércules. La antigua tradición del paso de los
hombres por la isla Atlántida para poblar la Saturno, el
América meridional (la septentrional se po­ non plus ul­
bló por el estrecho de Anian ) , se habia per­ tra de los
es
dido y borrado totalmente en la memoria antiguos,
el plus ultra
de los hombres , quando entre ellos reynaba de los mo­
la ignorancia ; por lo que ellos miraban co­ dernos.
mo límites ó términos de las últimas tierras
las columnas de Hércules ; y la inscripción
non plus ultra leían y respetaban como ley
ó decreto escrito por la misma naturaleza.
Vaciló el imperio de la ignorancia , y sucediendole en el gobierno la sabiduría , empe­
zaron con ésta los hombres á saber mas que
lo que leían escrito por los antiguos; y con­
jeturando ser limitado el imperio del océa-

Descubri­
miento de
innumera­
bles mun­
dos nuevos.

392
Víage estático
no, emprendieron ver sus límites, y lograron
verlos: con lo que en la dicha inscripción se
quitó la negación non, que había puesto la
ignorancia ; y lo demás de ella , que consis­
te en las palabras plus ultra , quedó para hon­
rar las acciones de la Nación Española, que
supo descubrir nuevos mundos. El plus ultra
que los Españoles pusieron en las columnas
que forman parte de su escudo nacional, pondrémos nosotros en Saturno para significar el
descubrimiento de nuevos mundos, que en los
Cielos ha hecho la Astronomía moderna. Es­
ta no da ya á Saturno el nombre de plane­
ta último , porque ha descubierto á otro so­
bre aquel planeta. Este entre los siete plane­
tas que conoció la antigüedad , completaba
el número septenario, y lo hacía sagrado:
el planeta nuevamente descubierto sobre Sa­
turno hace ya respetable el número ocho: no
sabemos quánto tiempo durará el respeto á
este número.
La moderna Astronomía ha descubierto
también sobre Saturno inmensa región , adon­
de llegan , y en donde girando se ocultan mu­
chos años á la perspicacia de los terrícolas
los astros errantes, que llamamos cometas, y
que pertenecen al mundo planetario. Hé aquí,
Cosmopolita , quántos nuevos mundos, y qué
inmensas regiones han descubierto los moder­
nos Astrónomos. Si por ventura deseamos ver­
los , y determinamos visitarlos, deberémos
decir, que ahora empieza nuestro viage; pues
que los millones de leguas que hemos volado
hasta llegar aquí, respecto de las inmensas
re-

a l mundo V ianet ario,

393

regiones que podrémos ver sin traspasar los
confines del sistéma planetario , son como un
paso respecto del largo camino que se nece­
sita hacer para rodear todo el orbe terrestre.
Para hacer viage tan largo no basta la vida
m ortal, Cosmopolita m ió; después que de ella
salgamos, lo harémos. Pero entre tanto ¿vivirémos con total ignorancia de todo lo que
pasa en esas inmensas regiones ? El Criador
permite que sepamos algo ; mas esto es tan
poco , que solamente basta para que se ve­
rifique , que no lo ignoramos todo. Con esta
expresión te he indicado , Cosmopolita , lo
que tú puedes saber , y yo te puedo enseñar
sobre las inmensas regiones , que desde aquí
se estienden hasta los incompreensibles tér­
minos del mundo planetario. Para que tú y
yo logremos el intento que deseamos, no es
necesario que hagamos muchos vuelos : des­
de este planeta en que estamos podemos ob­
servar los fenómenos de Urano, que así se
Observallama el octavo y último planeta , descubier­ cionde Ura­
to pocos años há ; y después de haber con­ no , octavo
cluido su observación , volarémos hasta en­ planeta.
contrar el cometa que menos se alexa del
Sol, y desde él observaremos la inmensa re­
gión cometaria.

Tomo I I I .

Ddd

IN-

394

INDICE

DE

LO C O N T E N I D O
en este Tomo.

PRIMERA

JORNADA.

L a L una ........................ , .....................Pág. i.
§. I. Vuelo d esde la T ierra acia la región
lu n a r ......................................................... 14.
$. II. O bservación del movimiento de la Lu­
na desde lo interior de la a tm osfera ter ­
r e s t r e ............................. .....................- 27*
§. III. Iluminación de la Luna , y E clipses
lunares y so la res .....................................44.
§. IV. Uso y u tilidad que los terrícola s s a ­
can de la v a r ia iluminación de la Lu­
na , de sus revoluciones , y de los eclip­
ses lunares y sola res ...................................59.
Primero. Uso y utilidad d e la iluminación
lu n ar ..................................................^ • ibíd.
Segundo. Uso y u tilidad de los eclip ses lu­
n a res y sola res ............................................ 81.
§. V. D istan cia y gra n d ez a de la L una ,
su rotación y libración .............................. 109«
§. VI. M ontes , d esigu a ld a d es , a tm osfera
y volcanes d el globo lu n ar .......................119»
§. VII. D ias y años lunares , y observación
de la T ierra desde la Luna ................... 142.
§. VIII. O bservación de los a stros d esd e la
L una ........................................................... I 49*
§. IX. Influxo de la Luna , y de los d e­
más

395

mas astros sobre Jos cuerpos terrestres. 154.

SEGUNDA JORNADA.
M a r te ................
17$.
$. I. Observación de M a rte , su color y
manchas
no tiene atmosfera .................. 176.
§. II. G randeza de M a r te , su masa ,
densidad , órbita , años y d ia s .............. 183.
§. III. Descubrimiento de todo quanto se
puede hallar y saber sobre la existen­
cia de los planetícolas , y de la muche­
dumbre de mundos....................................... 194.
5. IV. Razones física s contra la existencia
de los planetícolas ycometícolas..................204.
II. Reflexiones sobre los fines físicos y mo­
rales del Supremo Criador en las obras
de la naturaleza ......................................... 219.
III. M uevas r e f exiones sobre la existencia
de los planetícolas ....................................... 23S*

TERCERA JORNADA.
J ú p ite r .............................................................. 260.
§. I. G randeza , manchas ,densidad y f i - .
gura de J ú p iter ......................................... 261.
§. II. Orbita y movimiento de Jú p iter : f e ­
nómeno raro que en el movimiento de és­
te y de Saturno se advierte .................... 273.
§. III. Observación de los Planetas mayo­
res .................................................................. 295.
§. IV. Observanse desde Jú piter sus quatro satélites ó lunas ....................................303.
§• V. Observaciones desde el primero y se-

gun•

1

396

gundo satélite de Júpiter ........................334.

QUARTA JORNADA.
Saturno. . .................. - . . . ...................344.
§. I. Grandeza , densidad y clima de Sa­
turilo................. ; ................................. . 346.
§. II. Anillo de Saturno...............................355.
§. III. Movimiento de Saturno..................... 368.
§. IV. Zonas de Saturno , estaciones de sus
años , y fenómenos que de éstas y de la
situación de su anillo resultan .............. 379*
§. V. Observación de los planetas y de las
lunas saturnales.......................................383.

Colecciones