Viage estático al mundo planetario. Tomo I
Ver datos completos ↓
- Tipo
- Impresos
- Idioma (código)
- spa
- Extensión
- 280
- Identificador
- 0000000002
- Miniatura
- https://patrimoniodigital.ucm.es/r/thumbnail/789575
- Notas
- Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
- Procedencia
- Jaureguízar, Agustín
- Colección de la edición
- Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
- Impresor
- Imprenta de Aznar
- Lugar de publicación
- Madrid
- Idioma
- Español
- Europeana Type
- TEXT
- Europeana Data Provider
- Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
- Derechos
- Universidad Complutense de Madrid
- Licencia de uso
- CC BY-NC-ND 4.0
- Fecha de creación
- 1793
- Formato
- image/jpeg
- application/pdf
- extracted text
-
*1
VIAGE ESTÁTICO
AL M U N D O
PLANETARIO.
TOMO PRIMERO.
I
VIAGE ESTÁTICO
AL MUNDO PLA N ETA R IO ,
EN QUE SE OBSERVAN E L M E C A N ISM O
y los principales fenoménos del Cielo ; se inda
gan sus causas físicas , y se demuestran la
existencia de Dios y sus admira
bles atributos.
OBRA
-
del A bate D . L orenzo M e rv Ás r P a n d u r o,
S ocio de ht Real Academia de las Ciencias y A n ti
güedades de Dublin , y de la Etrusca
de Cortona.
parte
CON
primera.
LICENCIA,
En Madrid 9 en la Imprenta de A znar.
AÑO MDCCXCIII.
Laurentius Hervàs , qui in Horcajo nobili oppido Marchiae
Laminitanae natus anno 1735 , cùm nomen dederit Soc. J.
in Italiana cum caeteris hujus religiosi ordinis anno 1767
deportatus, ab anno 1778 incipit typis Caesenatibus in lucem italicè emittere plura volumina sub titulo idea Universi,
in quibus decimum sextum cum duobus sequentibus, quae
de linguis agunt , admirationem mihi conciliavit propter
acumen ingenii, amplitudinem memoriae , et omnis gene
ris eruditionem , quae in iis elucent =
De signis idearum opus secundis curii latiùs auctum : auctore Andrea
Spagnio. Romae 1788. in 4. num. 3.
AL E X C . mo S E Ñ O R
D. ANTONIO PONCE DE LEON,
C arrillo de A lbornoz , D uque de M on
te mar , M arques del A guila , C onde de
V alhermoso, G rande de E spaña de
P rimera C lase , &c. &c.
EX C. mo SEÑ OR:
•0
1
»*
.111, A As ideas que á inspiraros en vuestra infancia
empecé feliz y fructuosamente, sin poder continuar
su cultivo , porque la adorable Providencia , que to
do sabiamente lo gobierna , diverso é inevitable des
tino me dió, me atrevo á renovar y promover en
*
es-
esta Obra , que obsequiosamente consagro á vuestra
dulce memoria é ilustre persona; sin ofensa ni des
doro de la mayor instrucción literaria y christiana,
que después os ha dado otro A yo mas afortunado
y hábil que y o , aunque no mas deseoso de darosla con el mayor empeño y atención. Las primeras
semillas que en vuestro espíritu sembré envolvién
dolas en la razón que luminosamente relampaguea
ba al espirar vuestra infancia , fueron las precisas
y necesarias de la santa Religión, y estas mismas
ya floridas, y aun con sus frutos , os presento en
esta Obra , en la que llamando toda la atención del
hombre , propongo á su vista corporal y mental la
excelsa fábrica de los Cielos , morada visible del
invisible y eterno S er, para que por medio de la
contemplación de las regiones celestes, el hombre co
nozca al Supremo Arquitecto en sus obras , y en
sus criaturas al Criador. Todo lo que el hombre
puede naturalmente conocer en Dios , llegará á co
nocerlo si quiere , »»porque ( i) todo lo que natu
ralmente es conocible en D io s, está visible á todos*
y á todos Dios se manifiesta : su divinidad , aunque
invisible , en sí hacen visibles sus criaturas.” Entre
estas los Cielos , que según la frase (2) de los li
bros sagrados, son obra de las manos del mismo
D io s, nos descubren y vocean sus gloriosos atribu
tos. Las regiones celestes están á la vista corporal
de los hombres , que no pueden mirarlas sin ambi
ciosa curiosidad de conocerlas. Esta curiosidad, por
ser innata al espíritu humano , no es reprensible,
an-
(1)
(2)
S. Paul, ad Román. Ep. cap. 1. v. 19.
Psalm. 18.
antes bien loable y buena en su origen , pues ella
hace á los hombres desear el don de la ciencia,
para conocer y encontrar lo que les conviene ha
llar. Por naturaleza el hombre ama su propio bien,
y desea curiosamente saberlo y encontrarlo; y ya
que en sí mismo no lo halla , ni lo puede hallar,
estimulado del innato amor de su Sumo Bien , y
de la ambiciosa curiosidad de conocerlo y hallar
lo , lo busca fuera de sí, y todas las criaturas al
buscarlo le dicen , que ellas no son su verdadero y
sumo Bien , sino que son solamente medio para mos-'
trar al Supremo Criador, que lo es de sí mismo , y
de todo lo criado. El medio, pues, de conocer á
Dios, como Autor natural, y la escala para subir
á él por las criaturas , presento en esta Obra al es
píritu humano en la estática observación de las in
mensas regiones celestes , cuya fructuosa contem
plación es su conquista cierta , ya que Dios no dio
al hombre la inquieta curiosidad de saber sobre ellas
lo que no podía ó debía lograr y gozar útilmente.
En la consideración , que desde el conocimien
to del Cielo visible nos lleve al del Supremo Cria
dor , propongo la conquista de aquel Cielo invisi
ble , cuya posesión formará nuestra eterna bien
aventuranza. Y he aquí, Excelentísimo Señor , que
esta Obra pide ser leída con espíritu militar, y con
ambición de conquistas. Este espíritu y esta ambi
ción convienen á todo hombre, porque la vida (i)
humana es verdadera milicia sobre la tierra. »La
vida mortal de los hombres es milicia terrestre y
corporal, con que se defiende justamente la patria
mun-
(i)
Job, cap. 7.
* 2
mundana; y es milicia celeste y espiritual con que
se conquista la patria Celestial. Si el valor del cuer
po es necesario para la milicia terrestre ; no me
nos indispensable es el valor del espíritu para la
milicia celeste , estando (i) escrito por la infalible
Verdad , que en el Cielo solamente hacen conquis
tas los valerosos.” Si la patria nos quiere militares
justamente defensores de ella , la Religión nos pide
m as; pues nos dice y m anda, que siempre seamos
militares conquistadores.
Religión , milicia y conquista son tres palabras,
Excelentísimo Señor, que no podréis leer sin enar
decimiento de sangre, y sin noble ansiedad de es
píritu : esto me hace juzgar vuestro carácter perso
nal : de éste, que precipitadamente he nombrado,
nada me atreveré á decir, porque no me reprenda
silenciosamente vuestra modestia : mas ésta no im
pedirá que lo llame, y deba llamar heredado; y si
pretende impedirlo obligándome al silencio, éste
acusarán gritando las loqüaces historias de los hé
roes nacionales.
Permitid que yo hable de estos, y por necesi
dad nombraré vuestros progenitores , no para elo
giarlos únicamente por su descendencia Real , que
respecto de las dos estirpes Ponce de León y Carrillo
de Albornoz en vos unidas, y hoy intituladas C as tramonte y M o n te m a r , leo registrada en escritos no
de romancescos genealogistas, sino de historiadores
críticos, pues tal encomio por el solo origen os ser
viría mas de confusión que de honor, si á él no
hubieran correspondido todos vuestros ascendientes
en
(i)
S. Matth. cap. n . v. 12.
en las succesivas generaciones, que con un (i) crí
tico genealogista hasta vuestra persona, cuento en el
número de 31 por parte de Castromonte, y en el
número de 25 por parte de Montemar desde Fernán
González , Conde de Castilla.
Se tiene y alaba por gloriosa la descendencia
Real de una familia; mas su gloria queda sepul
tada en su origen , quando falta el esplendor he
roico en los descendientes , los quales, en tal caso,
podrán considerarse como caudalosos rios , que sa
liendo del m ar, se ahogan luego ó se encenagan, ó
sumergiéndose en los abismos se reparten por ocul
tas venas de la tierra , sin ver jamás la luz que
inunda é ilustra su superficie. La gloria de vues
tra prosapia en su origen no fué mayor que ha si
do en la succesion de generaciones: en éstas se ha
vuelto á enlazar ó mezclar con la sangre R e a l, co
mo rio que renueva y ennoblece en el mar las aguas
que de él recibió.
En-
(1) Don Luis de Salazar y Castro , Genealogista exactí
simo , expone principios y succesivas generaciones de la fa
milia Osorez Ponce de León, en su Obra : Casa de Farnese,
tabla 10 , capítulo 5.
Felipe de la Gándara, Agustiniano , antes que Luis de
Salazar, trató largamente de la familia Osorez Ponce de
León , corrigiendo algunos errores que en la historia de és
ta habia escrito Prudencio de Sandoval : véase la Obra de
Gándara, intitulada : Nobiliario , Armas , S e . de Galicia. Ma
drid , 1677. fol. ¡ib. 2. cap. 6. p. 148. cap. 17. p. 216. cap.
25. p. 265:. El dicho Salazar trata de la genealogía Carrillo
de Albornoz (que empieza en Fernan-G onzalez, Conde de
Castilla ) , en su Obra : Historia genealógica de la Casa de
Lara. Madrid , 1696. fol. vol. 4. en el vol. 1. lib. 2. cap.
7. p. 71. en el vol. 3. lib. 19. cap. 1. p. 307. cap. 18. p.
369. y en la Obra ya citada Casa de Farnese.
Entre estos, Excelentísimo Señor, por el título
Castromonte leo enlazadas las estirpes Ponce de
León , y Osorez ú Osorio. Los Ponces no solamen
te recibieron de Reyes la sangre, mas también la
dieron (i) á un manantial, de donde se deriva la
de los Reyes Españoles. La unión de los Ponces con
los Osorez , que forma vuestra prosapia paterna , es
un enlace de héroes políticos , militares y santos. Las
historias (2) eclesiásticas de España nos hacen cono(1)
El Jesuíta Luis Carvallo en su Obra Antigüedades
del Principado de Asturias. Madrid , 1695. fol. part. 2. tit.
22. 9. 5. p. 259. dice : »Era un gran Señor por estos tiem
pos en Asturias el Conde Don G onzalo, y del linage de los
Ponces de este Reyno , que por entonces estaba muy sublima
do , como todo lo toca el Doctor Don Alonso Marrón de Es
pinosa , Arcediano de la Santa Iglesia de Oviedo , y con una
hija de este Conde , llamada Constancia , dice que casó el
Rey de Navarra , pariente muy cercano de esta Señora , y
natural de Asturias $ y era el Obispo Ponce , del qual ade
lante se tratará , el autor del matrimonio. De esta Señora
Asturiana , que casó con Don García , Rey de Navarra , na
ció Don Sancho el mayor , de quien descienden los Reyes de
España , como afirma Basco en el año 927 , por estas pala
bras , &c. & c.” El crítico Jesuíta Josef de Moret , en su Obra
Anales del Reyno de Navarra. Pamplona , 1684. fol. en el lib.
11. cap. 3. num. 4. p. 509. » N i sería nuevo á la Casa del
Conde Don Gonzalo ( Ponce ) dar en matrimonio hijas á Re
yes i porque la Reyna Doña Elvira , con quien casó Don Ordoño 111 de León , quando él repudió de Doña Urraca la hija
del Conde Fernan-Gonzalez , notoriamente fué hija de este
Conde Don Gonzalo. . . Y siendo , como parece , ciertas es
tas memorias, resulta, que Don Sancho el mayor y Don Alon
so V de León , eran tio y sobrino. . . Por ser ambos hijos de
dos hermanos ( Ponces ).”
(2) Véase Crónica general de la Orden de San Benito, por
F ray Antonio de Yepes , Benedictino. Valladolidt 1615. fol.
en el tomo 5. año 969. centur. ç. fol. 142 , S e .
nocer que los Osorez, militares ilustres por su Re
ligión , valor y parentesco Real , con una mano
triunfaban y recogían los triunfos militares , y con
otra los ofrecían en el santuario. Las empresas mi
litares , y las donaciones Religiosas, que de feudos
hicieron los Osorez ( vuestros abuelos, X V III, XXIII
y X X VI) demuestran su heroicidad y santidad. Es
tas dos virtudes resplandecen singularmente en el
Santo (i) Osorio Gutiérrez (ó h ijo d e G utierre), del
que como también de su hermano , y de su her
mana Urraca las memorias antiguas del Monasterio
de Lorenzana, publicadas por Yepes , exácto his
toriador , autorizan y confirman , que el valor mi
litar , la santidad y el celo del culto divino carac
terizaban su familia.
Esta se ilustró con la unión de los Ponces, cu
yo esplendor era tan grande , que á todos ellos el
nacimiento (2) daba igualmente la rica hombría, que
hoy se llama grandeza del R e y n o . A la segunda
generación del enlace, Pedro ( abuelo X V I ) , Álferez
mayor de Castilla , ó su Capitán General, casó con
Aldonza, hija del Rey Alonso IX ; y del valor y
lealtad de su hijo Fernán (abuelo X V ) , Adelanta
do mayor de la Frontera , y Ayo del Rey Fernando
IV. El Rey Alonso X , su primo hermano, en
sus (3) Querellas, y en su Testamento dexó glorio
sa
(1) La Fiesta del Santo Conde Osorio Gutiérrez se cele
bra en Lorenzana el Sábado ultimo de Agosto. Véase la citada
Obra de Gándara, lib. 2. cap. 6 . p. 150.
(2)
Advertencias históricas sobre las Obras de algunos
doctos Escritores modernos , por Don Luis de Salazar y Cas
tro. Madrid , 1688. 4. núm. 106. p. 264.
(3) El Rey Alonso X , en el libro de sus Querellas , que
dirigió á su primo hermano Fernan-Perez , Ponce ( esto es, á
Fer-
sa confesión y eterna memoria. Rodrigo , herma
no (i) de Fernán , fué Maestre de Calatrava, y Ayo
del Rey Fernando I V ; y Pedro , su hijo , fué Ade
lantado mayor de Andalucía , y Mayordomo ma
yor del Rey. Fernán, nieto del dicho Fernán , fué
Maestre de Alcántara; Pedro (abuelo XI) y Juan
(abuelo X ) fueron ilustres (2) guerreros, y defen
sores de la patria contra los enemigos de ella y de
la santa Religión. Rodrigo (abuelo IX ) (3) , fué hé
roe , y padre de héroes , cuyas memorias , como las
de sus descendientes inmediatos , publica la historia
moderna , á cuya publicidad nada podrá añadir lo
que yo sepa decir : Los timbres del heroísmo de
vuestra prosapia paterna , he insinuado rápidamen
te , Excelentísimo Señor, y con la mayor rapidéz
inFernan-Ponce , hijo de Pedro ) , empieza así: » A tí FernanPerez Ponce , leal cormano, é amigo , é firme vasallo.” El mis
mo Alonso X en su Testamento dice así: »É los Cabezaleros
(esto es, Testamentarios) que hacemos, son estos, el Infante
Don Ju an , nuestro hijo^ é Doña Beatriz, Reyna de Portu
gal 5 y D. Raymundo, Arzobispo de Sevilla ; y á D . FernanPerez Ponce , rico orne , nuestro hermano ( primo hermano ).”
Véase en las citadas advertencias de Luis Salazar , núm. 209.
pág. 275.
(1) Nobiliario del Conde de Barcelos Don Pedro , hijo del
R ey D. Dionis de Portugal, traducido y enmendado por Ma
nuel de Faria y Sousa. Madrid , 1646. fol. tit. 21. p. 131.
§. Portees-, y p. 452. plana 131. Luis de Salazar citado : His
toria de la Casa de Silva. Madrid , 1685» fo l• vol. 2. en el
vol. 1. lib. 3. cap. 3. p. 144- tabla 1.
(2) Nobiliario genealógico de los Reyes y Títulos de Es
paña , por Alonso López de Haro. Madrid , 1622. fol. en el
vol. ó part. 1. lib. 4. cap. 7. p. 198- y 199*
(3) » A R odrigo, por la excelencia y alteza de su perso
na , llaman comunmente nuestros Cronistas el gran M arquésAlcanzó por su gran valor y famosos hechos, grande esti
ma-
ndicaré los de vuestra prosapia materna. Sobre és
ta que ya representáis con el título de Montemar,
y por el genealogista Luis de Salazar, se empieza
desde Fernan-Gonzalez , Conde de Castilla, y si
gue por la linea García de Aza , después Albornoz
enlazada con la de Carrillo , brevemente os diré
»que la linea de Aza no fué menos fecunda , ni me
nos recomendable ( que la de L ara) , porque como
á emulación de la o tra, y por corresponder a su
alto principio produxo varones excelentes en todas
lineas . . . crió Princesas esclarecidas , se enlazó várias veces por casamientos en la Casa Real , y se
conservó muchos siglos en esplendor grande con la
posesión de gruesos Estados, y el goce de todos los
mayores honores que han sabido lograr las mas
ancianas y mas recomendables familias de esta mo
narquía (Española ).” Estas expresiones no mias, sino
del genealogista Salazar ( i ) , que las profirió alegan
do pruebas , me eximen de nombrar las ilustres dig
nidades de muchos personages de dicha linea hasta
el siglo XII, en que ella derramada se distinguió con
el título de su feudo Albornoz. »Fué la Casa de A l
bornoz (2) (habla el citado genealogista ) una de las
mas ilustres, y mas poderosas lineas que produxo
la de Aza , porque con la posesión de gran e Es
tados celebró ilustrísimas alianzas , procreó insignes
vamacion entre los Españoles y demás naciones estrangeras, co
mo son buenos testigos las Crónicas de estos Rey nos , & c.’?
Lopez de Haro citado , p. 201.
(1) Luis de Salazar citado : Casa de Lara , vol. 3. lib. 19.
cap. 1. p. 307.
(2) En el citado volumen 3. lib. 19. cap. 18. p. 365.
**
varones, y se hizo por las virtudes de ellos tan
señalada entre las primeras familias de la Nación
de España, que tuvo de mas el grande origen pa
ra ser una de ellas. Nacieron en ellas algunos Ricohombres , un Mayordomo mayor del Rey , tres Coperos mayores, dos Cardenales de la santa Iglesia,
un Arzobispo de Toledo , y otro de Taranto : un
Legado y General de la Iglesia, otro Gobernador
de Milán y Consejero de Estado : un Vicario ge
neral de las armas del patrimonio de S. Pedro: un
Comendador mayor de Aragón de la Orden de San
tiago : muchos Comendadores y Caballeros de las
otras Ordenes Militares; y finalmente , quantas gran
des calidades se hallan en las familias de mayor es
plendor de Castilla, veremos solo en esta genero
sa rama de la Casa de Aza.” Esta rápida enume
ración , que de los héroes de la linea Albornoz ha
ce el mas exácto genealogista Español , es confusa
y escasa. Quando se nombra al Cardenal Arzobis
po de Toledo , que fué Gil A lv a re z de A lb o rn o z ,
es digno de notarse , que por linea paterna y ma
terna tenia la gloria de descendencia R eal, como
advierte el crítico (i) Sepúlveda. El Cardenal A lbor-
(i) Historia de bello administrato in Italia per annos X V.
et confecto ä Card. iEgidio Albornotio Ab. Joan. Genesio
Sepulveda. Bononicc 1559. 4. Hb. 1. §. 5. »iEgidius. . . Patria
Conchensis ex clarissima Albornotiorum familia, patrem habuit
Garciam Albornotium, Principem virum , et multis populis do
minantem qui genus ab Alfonso V. legionensium rege perpetua stimmatis claritate repetebat: matrem Theresiam de Luna,
qur-e eadem summo loco nata genus ducebat ä Jaimo rege Aragcmum.” Sepulveda dedicö ä Don Luis Carrillo de Albornoz
de
bornóz conquistó todos estos Estados Eclesiásticos,
y pacificó toda la Italia, cuyas historias celebran
unánimemente con encomios su memoria : el Car
denal Albornoz , »dice la historia (i) Eclesiástica,
no debe ser nombrado jamás sin elogio : esclareci
dísimo en el gobierno y en la milicia, y el mas
benemérito de la Iglesia Romana en la recuperación
de sus Estados.” Mariana, severo en sus censuras, lo
juzgó digno de sus (2) elogios : todos los Historia
dores se los dan por su Religión , y acertado go
bierno militar y político , calidades que por bene
ficio divino heredó de su padre, cuya inscripción
sepulcral en la Catedrál de Cuenca , dice a s í: »Aquí
yace García Alvarez de Albornoz, fué buen Ca
ballero , y de buena vid a, y sirvió bien los Seño
res que ovo , y ayudó bien á sus amigos , y tobó
se siempre con Dios en todos sus fechos ; é Dios
le fizo muchas mercedes, y entre todas las otras
mercedes fizóle una en muchos fechos de peligro,
en que se acertó que nunca fué vencido.” De A l
varo ( vuestro abuelo XII ) , hermano del Cardenal,
el epitafio en la dicha Catedrál, dice a sí: »Aquí ya
ce Don Alvar García de Albornoz, fijo de Don
Gar-
de Cuenca esta O b ra , que con aprobación del mismo Sepúlveda publicó Antonio Vela , traducida en Español, é impre
sa en Toledo 1566. 8.
(1) Annalium Emmin. Card. Cass. Baronii continuatio per
Henricum Spondanum Episcopum , & c. Lutet'ue Parisiorum
1641. fol. tom. 1. armo 1367. p. 788. n. 2.
(2) Historia general de España, por Juan de M ariana, de
la Compañía de Jesús. Madrid 1618. fol. vol. 2. lib. 17. capít.
10. p. 92.
iy
García A lvarez... Mayordomo que fué del Rey En
rique, y fué buen Caballero , y sirvió lealmente al
Rey Don Alonso... al Rey Don Enrique , en el qual
Caballero honrado nunca ovo mengua en él su ser
vicio , y dexó de sí muchas y buenas fazañas.” Del
buen carácter de los Albornoces ^estaba cierto el
Papa Urbano V , el qual con (i) Breves , y por me
dio de su Nuncio, les convidó y pidió que viniesen
á gobernar y administrar estos Estados Eclesiásti
cos. El Cardenal Gil Albornoz , Arzobispo de Ta
ranto , que también se nombra por el genealogista.
La descendencia de este Cardenal por el Jesuíta (2)
Oldaini se nota también ser Real. El genealogista
omite otro Cardenal Albornoz , mas ilustre que el
Cardenal Arzobispo de Taranto, el Ilustrísimo A l
fonso Carrillo (3), pacificador de Roma, Legado Ponti-
(1) En la citada Obra de Sepulveda , lib. 3. fol. 43.
(2) Vine et reigesb'e Pontificum Romanor. et S* R .E , Cardinalium. Opera Alphonsi Ciaconi Ord. Prasdicat. et Augustini Oldoini S. J. Romee 1677. fol. vol. 4. en el vol. 4. año 1623.
§. 21. col. 562. iEgidius Carrillus Albornotius. . . Ex primaria
ulterioris Hispanice , quse etiam reges affinitate attingeret, nobilitate.
(3) Se trata largamente del Cardenal Alfonso Carrillo en
la Obra : Annales Ecclesiastici auctore Odorico Raynaldo. Ro
mee 1659. fol. tom.i%. año 1418. n. 14. año 1419. n. 9. año 1424.
ti. 18. año 1431. n. 16. año 1432. n. 22. .y año 1433. Raynaldo
critica y reprende al Cardenal C arrillo, por haber aceptado
del Concilio de Basilea la Sobreintendencia y gobierno de
Aviñón y Carpentras , Provincias de la Iglesia Romana en
Francia ; mas Spondano , Autor crítico , en su Obra citada,
tomo 2 , año 1432 , n. 10 , sesión 4 , del Concilio de Basilea,
refiere , sin crítica ni censura, el gran honor que todo el
Con-
tificio á España, para que se emprendiese la con
quista del Reyno de Granada, y para decir mucho en
pocas expresiones de personage tan ilustre, de quien
la severidad del crítico Mariana (i) habla así: »El
Cardenal Alonso Carrillo fué Varón de gran cré
dito por su doctrina y prudencia, amparo y pro
tector de nuestra nación. Sucedióle en el Obispado
de Sigüenza Alonso Carrillo.. . su sobrino.. . que
llegó á ser Arzobispo de Toledo.” »Hubo el Rey
(son palabras de la Crónica del Rey Don Juan Se
gundo) de su fallecimiento gran sentimiento, y vis
tióse por él de negro, y asimismo la Reyna y el
Príncipe , y todos los Grandes que en la Corte es
taban.” Esta demostración descubre el mérito del
gran Cardenal Carrillo de Albornoz con la nación
Española , que le honró con luto de persona Real.
En la dicha Crónica se dice , que había sido A yo
del Rey Don Juan Gómez Carrillo de Cuenca, pa
dre del Cardenal (2); »fué también Maestre-Sala de
los Reyes D. Juan II y D. Enrique IV , y Pedro Car
rillo , padre de Góm ez, fué Mayordomo mayor de
Enrique II, y uno de los mas valerosos Caballeros
del tiempo del Rey Alonso XI.” Del Arzobispo de
To-
Concilio hizo al Cardenal Carrillo , dándole , sobre las dichas
Provincias , todas sus facultades , que no agradaron al Papa
Eugenio IV. El crítico Alfonso Ciaconio ó Chacón , en su
Obra citada , vol. 2. año 1404. col. 745. se equivoca en ha
cer Asturiano al Cardenal Alfonso Carrillo, que nació en Cuen
ca. §. 19.
(1) Mariana citado, lia. 21. cap. . p. 276.
(2) Salazar citado , Casa de Lara , vol. $.lib. 19. cap. 18.
§. 2. p. 385. 38. y 4.
6
Toledo, sobrino del Cardenal Carrillo Mariana (i)
habla así : »»Falleció Don Alonso Carrillo y de Acu
ña , Arzobispo de Toledo, bien quede larga edad,
siempre de ingenio muy despierto, y apropósito, no
solo para el gobierno , sino para las cosas de guer
ra. >»E1 mismo Mariana advierte (2) , que Alonso
Carrillo , Obispo de Pamplona , era sobrino del Ar
zobispo Alonso Carrillo y de Acuña.” Velocísimamente he seguido el vuelo de la linea Carrillo de
Albornoz hasta el año 1649 , en el que ya ella pre
paraba con la nueva generación de Sevilla ( á don
de se habia transferido) nuevos héroes en los her
manos Francisco (abuelo III), Conde segundo de
Montemar , y Capitán General de Popayán ; Pedro,
Almirante General de los Galeones ; y Diego, Te
niente General de los Reales Exércitos, y en el va
leroso, prudente y christiano, Gran Capitán Gene
ral Josef ( visabuelo ) , que de Orán se apoderó con
verlo , y con desembaynar la espada á la frente
de sus Armadas , aterró á sus enemigos, y conquis
tó los Ducados de Mantua y Mirándola, los pre
sidios de Orbitelo , y los Reynos de Nápoles y Si
cilia , los quales hoy á vuestra descendencia no pro
meten otro premio , sino la gloria que quitarle no
pueden, de haber sido totalmente conquistados por
un progenitor que entre sus mas ilustres héroes re
conoce , alaba y admira el presente siglo. Este es
un bosquejo , que me he atrevido á hacer de los
timbres de vuestras prosapias , de los que mas li
bremente que de los vuestros personales, Excelen-
tí1)
2)
Mariana citado , lib. 24. cap. 12. p. 447.
Mariana citado , lib. 24. cap. 13. p. 428.
tísimo Señor, he podido discurrir ; pues aquellos
forman un honor no adquirido por los méritos de
quien lo heredó , mas destinado por la Suprema Pro
videncia para gloria de las familias , á cuyos in
dividuos no es pequeño consuelo descender de pro
genitores , sobre los que el Cielo derramó sus ben
diciones y gracias, y cuyas proezas y virtudes ha
alabado el mundo con admiración. Teneis, Exce
lentísimo Señor , exemplos domésticos , los quales,
quanto mas internamente os tocan , tanto mas os
empeñan á imitarlos para ser tan útil á la Religion
y Sociedad , como éstas esperan y se prometen , y
como Rieron vuestros progenitores. Las gloriosas ac
ciones de estos os he propuesto, y sus conspicuos
empleos , no para adularos , sino para deciros lo
que habéis heredado , y procuráis ser con la imi
tación , y para que los nuevos inventores de la to
tal igualdad civil entre todos los miembros de una
Nación , conozcan que la desigualdad aprobada y
formada por la buena legislación, es premio del he
roísmo , y manantial de héroes , como lo ha sido y
es vuestra prosapia.
Contra mi costumbre he sido difuso en esta De
dicatoria , porque en ella llegué á hablar de la glo
ria de vuestros progenitores , y no podia mencio
narla sin autorizarla, por ser tan común y antiguo (i)
en el mundo , enlazar con fingimiento ilustres pro
ge-
(i) Cicero in Bruto, cap. 16. H is laudationibus bistoria re
rum nostrarum est facta mendosior : multa enim scripta sunt in
eis , quce facta non su n t: fa lsi triu m ph i, plures consulates, ge
nera etiarn fa lsa , et a plebe transitiones , quum homines burniliores in aliorum ejusdem notninis infunderentur genus.
genitores en descendencias plebeyas. Mas si por di
fusión ó por alguna expresión poco limada yo hu
biere faltado, estoy cierto que la bondad con que
me favorecéis , y de todas maneras me honráis , di
simulará qualquiera defecto m ió, y que quanto os
ofrezco y he proferido , lo recibiréis y entendereis
como sincera producción de vuestro mas rendido,
fiel y aficionado servidor,
Lorenzo Hervas.
Roma 2 de Febrero de 1793.
IN -
I
INTRODUCCION.
!L o s Cielos son el objeto mas portentoso
que á la vista de los hombres presenta vi
sibles la gloria (i) del Supremo Hacedor,
la magnificencia de sus obras, y la gran
deza de su poder. Admirables por su in
definida extensión , y por el número, va
riedad y fenómenos de sus hermosos as
tros , ofrecen continuamente al espíritu
humano materia de sublime y útilísima
consideración: mas por fatal inconsidera Los Cielos,
aunque si
ción , ó vergonzosa ignorancia , los hom empre á la
bres acostumbrados á admirar mas las co visca de los
sas nuevas , que las ordinarias $ aunque hombres ,
se
éstas sean de magnificencia incomparable siempre
presentan
mente superior, suelen cebar solamente su admirables i
curiosidad en los efectos ó juegos extra su conside
ordinarios de la naturaleza , y dexan de ración.
considerar los mas maravillosos de ella. A
la clase de estos hombres, cuya atención
llama solamente no la calidad, sino la no
vedad de los objetos que se les presentan,
no pertenecen aquellos sabios verdaderos,
que no saben levantar la vista corporal á
las regiones celestiales, sin quedar men-tal( 1 ) Codi enarrant gloriara D e i , et opera,
tnanuum ejus annuntiat Jirmamentum. Psalm. 18.
P a rte I.
A
II
INTRODUCCION.
talmente absortos en su contemplación, ob
servando siempre en los Cielos con nove
dad y admiración los fcnoménos , que
aunque diarios, no por eso pierden el gran
mérito de ser los mas dignos de la curiosi
dad y atención humana. Los verdaderos
sabios en las mas comunes causas y efec
tos de la naturaleza descubren y leen los
caractéres divinos, con que están escritas
la magnificencia , sabiduría y gloria del
Supremo Hacedor. Este, aunque invisible,
se manifiesta , y hace conocer por sus
obras, hasta que los mortales, vestidos de
la inmortalidad, puedan (i) verlo y cono
cerlo en sí mismo. En este mundo mor
tal, dice San Pablo (2) , conocemos á Dios,
no en sí mismo, sino en sus obras(3) : del
mo(1) Quem nullus hominum r i d it , sed nec r i
dere potest. 1. ad Timoth. 6. 16.
(2) Nidemus nunc per speculum in enigmate , fune autem facie ad faciem. 1. adCorinth.
i3. 12.
(3) Quoniam Deus crearit hominem in exterminabilem , et ad imaginem similitudinis su ¿e f e
rii illuni. Sapient. 2. 23.
Inrisibilia enim ipsius d creatura mundi per
ea , quae fa cta sunt , intellecta conspiciuntur :
sempiterna quoque ejus rirtus , et divinità* t
ita ut sint in excusabiles. Ad Roman. 1. 20.
IN T R O D U C C IO N .
III
modo que podemos percibirlo , se nos da
á conocer. En todas éstas Dios está : en
todas lo podemos buscar , y en todas lo
hallaremos , si con atención meditamos.
No puede existir la criatura en ningún
punto del espacio ( i ) , sin que en él pue
da reconocer á su Criador} ni puede fixar su atención en ninguna cosa criada,
sin que ella misma le lleve al Autor. To
das las criaturas con su existencia sola
predican el inmenso poder del Supremo
Hacedor, que les hizo existir con solo que
rer que existiesen. Él hizo todo lo que
quiso: su querer fué el único principio de
su obrar } y en vano el Filósofo , que no
delira , hallará otra causa de la existencia
de las criaturas, de su continuación y sub
sistencia , sino la voluntad de quien ha
ciéndoles existir, quiso que continuasen
existiendo} pues que solamente puede ha
cer durable la existencia de las criaturas,
quien fué capáz de dársela. Existen todos EI Ciiador
los entes criados con cierto orden, rela inmediato á
la criatura
ción y fines prescritos por quien los crió: en el influporque no puede haber efectos que no pro- xo , é infi
ven- nitamente
(i) Quo ibo à spirita tuoi et quo d facie tua
fagiani ? Si ascenderò in coelum , tu Mie es : si
descendero in infernum, ades. Psalm. 138. 7.
A 2
distante de
ella en la
perfección.
IV
I NTRODUCCI ON.
vengan de alguna causa. Criador y cria
tura representan causa y efecto : inmedia
tos en el influxo de aquel, y en la depen
dencia de la criatura , é infinitamente dis
tantes en la perfección. Aunque la mas
perfecta de las criaturas en toda perfec
ción dista infinitamente de su Criador, la
série de todas ellas forma una escala, por
donde el hombre subiendo mentalmente
puede acercarse al Criador. Al fin de la
escala que forman las criaturas del mun
do material, está situada la región celes
tial , en que el Hacedor y Rector del Uni
verso estableció su morada, yen que se
revelará glorioso Remunerador á los hom
bres, que en este mundo mortal le sirvie
ron fielmente. No es lícito al hombre mas
justo, mientras está vestido de la mortali
dad , entrar, y ni aun ver la celestial re
gión en que rey na la inmortalidad} mas se
le permite ver su umbral, que forman los
interminables espacios que llamamos Cie
los , en que giran inmensamente los des
mesurados brillantes cuerpos que los ador
nan y hermosean. Estos Cielos , de que,
como de la obra material mas portentosa
del mundo , desde el principio de este dis
curso te he empezado á hablar , Lector,
llamando tu atención , presento como ob
jeto el mas maravilloso y agradable no
me-
INTRODUCCION.
V
menos á tu vista que á tu consideración.
M ira , ve atentamente y considera , L ec
tor m ió, los C ielo s, para conocer en ellos
al Supremo Hacedor : ellos no son nuestro
D io s , como fingió la ciega é impía igno
rancia $ mas lo hacen conocer. L a pala
bra ( i) Dios en su origen significó ver y
correr , como notó el docto Cardenal C u
sa ( 2 ) , con quien te diré : "C o rrer debe
mos buscando con la vista al que todo lo
ve.... E s necesario que la vista corporal
preceda á la intelectual, y le sirva de es
cala.’'
" E l estudio y la contemplación de los
C ielo s, decia un Filósofo (3 ), en cuya men
te
(1)
Platón en su diálogo llamado Cratilo , en
que trata de la imposición de los nombres, insi
núa , que la palabra Q c u g (d e que provienen los
nombres Deus , Dios , & c. ) , debe su origen á
la voz ©e¿y (corro): mas esta voz oiiginariamente significó también veo, miro , observo , &c. y el
gran numero de palabras derivadas de ©£¿y , que
significan visión , observación , &c. prueba clara
mente , que & ¿ a g en su origen significó ver , ob
servar , &c.
(2)
D . Nicolai de Cusa Cardinalis opera.
Basile^, 1565. íol. En el libro de qnarendo Deum
p. 292.
(3) Seneca. Quastion. natural, lib. 1. cap. 1.
,
/
VI
INTRODUCCION.
te no en vano alumbraba solamente la luz
de la razón natural, me conducen al cono
cimiento de quien es el Autor de la natura
leza ; de quien es Dios. Si por medio de la
contemplación de los Cielos no se me con
cediera paso libre para llegar al conoci
miento de D ios, cosa vana sería el haber
Ideas de la nacido. Entonces ¿qué cosa habría, por la
Filosofía pa
qual yo me alegrára de estar en el mundo,
gana sobre
la contem y de contarme en el número de sus vivien
plación de tes ? Por ventura ¿me alegraría y o , por
los Cielos.
que podía llenar de licores, y henchir de
manjares este cuerpo perecedero, 6 porque
yo existía para ser siervo de un enfermo,
ó para temer la muerte á que todos esta
mos destinados? Si para esto yo hubiera
de viv ir, no sería estimable la vida. ¡ O
qué despreciable es el hombre, si no levan
ta su pensamiento sobre las cosas huma
nas ! El estar sano, y el haber sujetado sus
pasiones , son bienes ; mas ellos no bastan
para formar todo el humano contentamien
to: al mayor bien el hombre llega , quando
con la consideración sube á registrar y pe
netrar los arcanos de la naturaleza en las
alturas de los Cielos. Desde estos el hom
bre, observando la grandeza y hermosura
de sus estrellas , mirará con desprecio , y
aun con risa los palacios de los ricos y de
toda la tierra , con el oro que ha dado, y
con-
INTRODUCCION.
VII
conserva aun escondido en sus entrañas pa
ra cebar la avaricia de los venideros. No
puede el hombre despreciar las grandezas
terrenas sino subiendo á los espacios inter
minables de los Cielos, desde donde vea lo
pequeño del orbe terrestre tan cubierto de
mares en unas partes, y en otras tan áspe
ro y silvestre. Entonces dirá : Este es el
punto de tierra , que á fuerza de guerras y
fuego se divide entre las gentes.”
Estos son los sentimientos de un sabio,
que discurre fomentando las simples y so
las ideas, que le subministra la razón na
de la
tural : i quales deberán ser los nuestros, si Ideas
Filosofía
á las ideas naturales añadimos las que en Christiana.
nuestro espíritu producen la série de tantos
descubrimientos astronómicos, y las máxi
mas santas de la Religión? Los impulsos,
pues, de la naturaleza, las ideas innatas
de la razón , los deseos justos de una cu
riosidad racional y voluntad no corrompi
d a , la práctica y autoridad de los sabios,
y sobre todo, los consejos de los libros
santos nos estimulan y obligan á contem
plar los Cielos para conocer á nuestro Cria
dor , y reprueban como vana la persuasión
de los que por preocupación ó ignorancia
piensan , que la contemplación de los es
pacios y cuerpos celestiales es estudio , en
que temerariamente se introduce y ocupa
el ingenio humano.
Si
VIII
Es vana la
opinión de
los que re
prueban el
estudio de
los Cielos.
INTRODUCCION .
Si esta persuasion fuera cierta, vano
sería el dictamen de la razón , que nos es
timula á conocer por la fábrica admirable
de los Cielos á su supremo A rtífice: vana
sería la voz de Dios , que en los libros san
tos nos aconseja su contemplación $ é in
útilmente ha puesto á nuestra vista siempre
abierto el libro grande de la naturaleza , si
nos niega leer en él $ ó es ilícito saciar con
su lectura nuestra natural curiosidad. Los
fenoménos celestiales, que Dios propone á
nuestra vista y demás sentidos , no suce
den ni se presentan para que solamente los
veamos , y sintamos como juegos inescru
tables de la naturaleza, sin licencia de pen
sar y discurrir sobre ellos: no son oprobio
de nuestra eterna ignorancia, ni objeto de
temeraria esperanza de poder conocerlos
solamente
por revelación. Con tales feno
El Criador
por medio ménos Dios se nos manifiesta como Autor
de sus obras de la naturaleza , y para oír sus voces bas
habla á sus
ta la razón natural. ¿ Quién , sino Dios,
criaturas ra
podrá determinar los límites de ésta en el
cionales.
conocimiento de la naturaleza ? E l hombre
los ignora 5 y sabe al mismo tiempo, que
quanto mas se exercita en la consideración
de las criaturas , tanto mas se acerca á su
Criador, cuyo poder, sabiduría y gloria
resplandecen en todo lo criado. El hombre,
pues, debe caminar y adelantar con tenaci-
INTRODUCCION.
IX
hombre
cidad en las ciencias físicas, hasta encon Elignor
trar los límites , que el Criador le haya límitesa losde
prescrito , y debe despreciar como vano y su ciencia
pueril el temor de los que por ignorancia natural.
6 superstición creen descubrir ó encontrar
en la naturaleza obras ó verdades , que Esta no con
contradigan á la infalibilidad de la revela tradice á la
ción divina. Este temor estaría bien en el divina reve
Filósofo mahometano, que por dogma de lación.
su secta debe vivir sepultado en la igno
rancia, sin libertad para exáminar sus má
ximas } mas no en el Filósofo christiano,
que por máxima de Religión profesa útil
y aun necesario el estudio de todas las cien La sabidu
cias , y mira (i) la sabiduría como dima ría verdade
nación de fuente divina , que las reparte ra es dòn
sobre todas las obras del Altísimo , y co celestial.
munica liberalmente á los que la desean. La
sabiduría, según las máximas del christianísmo, es locución del Criador á la cria
tura , y de Dios al hombre. A la razón de
éste habla Dios como Autor natural ( 2 )
_______________________
por
( 1 ) Eccle.r. Omnis sapientia d domino Deo est...
et effudit Ulani super omnia opera sua , et super
omnem carnem secundum datum suum , et pr<abuti Ulani diligent ibus se.
( 2 ) Eccle. 13-5- ad magnitudine cnim speciei,
et creatura cognoscibiltièr poterti creator horum
videri.
Parte I .
B
La naturale
za es eJ li
bro de los
Filósofos, y
la revela
ción es el de
los Teólo
gos.
La ciencia
natural, y la
revelación
divina con
ducen á un
mismo fin.
X
^INTRODUCCION.
por el órgano de la naturaleza $ y á su fé
habla como Autor sobrenatural por el ór
gano de la revelación. Dos son los libros
en que debe leer el sabio, dice con razón
Briga ( 1 ) : uno es el mundo, y otro la Es
critura sagrada 5 esto es, naturaleza y re
velación : ésta nos descubre la voluntad del
Criador , y aquella nos hace conocer su
poder y su sabiduría: En el primer libro
lee el Físico, y en el segundo el Teólogo.
Con la consideración y con el conocimiento
de la naturaleza el hombre rastréa el po
der inmenso de su Criador, y se enciende
en deseos de saber su voluntad santísima,
que se manifiesta por la revelación. Entre
el poder y la voluntad divina, de quienes
dependen naturaleza y revelación , no hay
contrariedad ú oposición alguna, porque
proceden de un mismo manantial 5 y aun
que van por caminos diferentes, conducen
al hombre á un mismo fin. Así discurría el
profundo Tertuliano (2), diciendo: Que el
________ ____________________________es(1) Melchior Briga , jesuíta : Scientiae eclipsium commercio sinarum illustrata. Romde, et
Lucde , 1745. 4. vol. 4. P ars 3. Epístola acad.
Rekiniensi.
(2) Tertuliano: De resurrect. carn. n. 12.
Dtum pr demissis se naturam magistram , quo fa cilius credas prophetia discipulus natura.
INTRODUCCION.
XI
estudio ó conocimiento de la naturaleza lexos de oponerse á la revelación , era como
maestro que encaminaba y disponía los
hombres á ella. La naturaleza apareció an
tes que la revelación , para que con su ma
gisterio y sublime hermosura nos dispusié
semos fácilmente á creer las profecías. " E n
nada , dice bien Huet ( i ) , deroga la razón
á la fé que exige la Religión santa: si la
razón no es causa de creer , no dexa de ser
instrumento que facilita la creencia.” Co
nozcamos , pues , que la Religión natural
se funda en la razón y en la naturaleza; y
que éstas allanan el camino á la revelación
y felicidad eterna.
En el buen uso y combinación de la ra
zón y estudio de la naturaleza se funda
también nuestra felicidad temporal. Para
prueba de esta verdad no haré prolixa re
lación de los innumerables beneficios que
debemos á la Medicina , Química , M ecá
nica y demás ciencias física s, mas restrin
giéndome á los límites de la Astronomía,
objeto principal del presente discurso , so
lamente insinuaré , que en los astros tene
mos
( i ) P e tr iD a n ie lis H u e t, qu ¿ostiones alnetan*
de concordia ration . et Jidei. Paris. 1690. 4. lib.
1. c. 5. n. 7. p. 65.
La felicidad
temporal se
aumenta
con la cien
cia natural.
Ventajas
temporales
de la Astro
nomía.
XII
INTRODUCCION.
mos los medios únicos é infalibles para dis
tinguir y dividir los siglos , edades , años,
meses , dias y horas, con que maravillosa
mente arreglamos el tiempo , y hacemos
oportunamente las sementeras , recogemos
los frutos terrestres, y nos empleamos en
la caza y pesca de los animales. Los astros
son nuestras guias y maestros para saber
y señalar desde nuestras casas todos los
puntos del Cielo y de la tierra con la ma
yor certidumbre , como si los hubiéramos
visitado personalmente. Con la dirección
de los astros emprendemos sin temor, y ha
cemos sin errar largos caminos y navega
ciones , para buscarnos, comunicarnos y
asistirnos fraternalmente todos los hijos de
Adán , como miembros de una misma fa
milia. Por medio de la ciencia astronómica
hacemos que sean comunes en cada punto
de la tierra las innumerables y várias pro
ducciones que ella nos da en climas y lu
gares diversos para nuestra subsistencia y
comodidad : nos comunicamos las ventajas
y los adelantamientos en las artes mecáni
cas y en las ciencias , y nos unimos con
vínculos de nueva y felicísima hermandad
en Religión. La relación de la ciencia as
tronómica con la felicidad civil de la So
ciedad humana ha abierto , como notan los
Historiadores modernos, la puerta á los Minis-
INTRODUCCION.
X III
nistros Evangélicos en todo el Oriente , y
principalmente en el gran Imperio de la Chi
na. En éste el Jesuíta Matéo Ricci (i) introduxo el catolicismo por medio del estu
dio astronómico, y no se obtuvo la licen
cia de anunciarlo públicamente hasta que
los célebres Jesuítas (2) Rho y Schall, re
formadas las tablas astronómicas, y el Kalendario Chino , pronosticaron al Empera
dor de la China el tiempo verdadero de los
eclipses, que erróneamente predecían los
Astrónomos Chinos.
Esta breve enumeración de los benefi
cios incomparables que en lo espiritual y
corporal produce la ciencia astronómica,
nos descubre la intrínseca relación de ésta,
con nuestra felicidad eterna y temporal;
y hace ver que piensan siniestramente los
que juzgan unir la piedad religiosa con la
ignorancia de las ciencias naturales. Los
progresos que en éstas hacemos deben su
ori( 1 ) H istoric societatis J e su : pars V . anetore Josepho Ju'vencio ejusd. societ. Romee. 17 10 .
Jol. en el lib. 19. n. 15, p. 535.
(2) Dell’ historia della Compagnia di Gesù:
China: da Daniello Bartoli gesuita. Roma, 1663.
fol. lib. 4. p. 1096. Véase Briga citado: E pis
tola Academia pekin. p . 4.
X IV
INTRODUCCION.
origen , como bien dice Séneca ( i) , á las
semillas que nos son innatas y procréan
nuestras id eas, aguzando Dios ocultamente
nuestra mente. Todo lo que se halla de nue
vo es producción humana y don divino, di
ce con razón Plinio (2); y desconocido é
ingrato será á los dioses el que no recono
ce sus dones graciosos en todo lo inventa
do. Don divino son también la laboriosidad
de nuestros antiguos en cultivar y adelan
tar las ciencias, y su humanidad en comu
nicarnos lo que han inventado.
En la ciencia astronómica debemos mu
cho á la venerable antigüedad : imitemos
Somos deu su exem plo, y hagamos que nos deba a l
dores de la
go la posteridad. Es limitado el ingenio hu
antigüedad:
mano , y breve la vida del hombre que de
seamos
acreedores
sea saber mas que lo que por sí mismo pue
de la pos
de conocer. Por esto con la succesion de
teridad.
generaciones debemos conspirar á perfec
cionar y aumentar nuestros conocimientos.
Los nuevos y admirables descubrimientos
que cada dia se hacen en las ciencias físi
cas
( 1 ) Seneca, lib.4. benefìc. c.6. N e dixeris illa,
qiue invenimus, esse nostra. Semina artium om
nium insita sunt nobis ; et Deus magister ex oc
culto a cu it, et excitat ingenia.
(2) Plinio , N a tu ra l. hist or. lib. 27. cqp. 1.
INTRODUCCION.
XV
cas demuestran, que el mundo, después de
tantos siglos como cuenta desde su crea
ción , aun es joven; y esto mismo hace co
nocer claramente su poca antigüedad y
dura la
principio cierto. Si el mundo fuera tan an Aúnjuventud
tiguo como quieren algunos Filósofos, ¿có del mundo.
mo es posible que se hubiera adelantado
tan poco aun en aquellas ciencias, cuyos
progresos dependen en gran parte de la ca
sualidad , y se logran ciertamente con la
succesion de tiempos y con la experiencia?
Se verifica aún que la antigüedad de los
siglos no basta para que en el orden filo
sófico llamemos viejo al mundo, cuya ju
ventud deben conocer y confesar los sa
bios que reflexionen bien sobre la moder
na invención de tantas cosas en la Astrono
mía , Física , y en las artes mas mecánicas.
Ef mundo será viejo, quando el ingenio y
la industria de los hombres'cesen de inven
tar , y falte materia á la novedad. La ex
periencia diaria de tantas invenciones nue
vas y modernísimas hace conocer que dista
mos mucho del tiempo en que empezará la
vejéz del mundo. En éste, dixo el Sabio (i) Falta mu
cho tiempo
di- para
que lle
gue la vejéz
Quid est qùod fu it ì ipsum , quod futu del mundo.
rum est : qiiid est , quod factum est ? ipsum quod
faciendum est. N ihil sub sole novum. Eccles. 1. v.9.
(i)
\
XVI IN T R O D U C C IO N .
divinamente iluminado , no hay cosa nue
va : lo que se hizo en tiempos pasados per
severa en los presentes; y lo que se verá
en los venideros, ya ha sucedido en los pa
sados. Todo esto se verifica en el orden fí
sico , en el qual la naturaleza, según su
obrar constante y subordinado á las leyes
inalterables que la impuso el Supremo Au
tor , produce hoy los mismos efectos que
producirá hasta el fin del mundo , y ha
producido desde su principio. No sucede
esto en las producciones que dependen de
la industria y del conocimiento humano, y
que en su variedad, novedad y número cre
cen continuamente á proporción que corre
el tiempo: el mundo camina á su vejez, se
multiplican los accidentes , se combinan las
casualidades, y el hombre se aplica al es
tudio y á la observación de la naturaleza.
Al complexo de estas causas debemos la
série admirable de tantos descubrimientos
no menos útiles que nuevos en las artes y
ciencias naturales , y principalmente en la
astronomía, que dará materia útil y deleytable á los discursos que se harán en esta
Obra , que he juzgado intitular Viage Es
tático al mundo Vianetario ; porque en éste
se observan los fenómenos astronómicos, y
porque para observarlos , es necesario que
elevándonos estáticamente con la mente recor-
I N T R O D U C C I O N . XVII
corramos, penetremos y viagemos por to
dos sus espacios inmensos. En este viage
no seguiré el rumbo de aquellos Autores
peregrinantes y medio dormidos , que con
título de sueños, recreaciones y entreteni
idad
mientos hablan de los Cielos criando ca deInútil
los
prichosamente nuevos mundos, fingiendo ri mances.ro
diculamente pobladores , é inventando le
yes y modos fantásticos de gobierno. Este
método de escribir itinerarios que invento
el entusiasmo de algunos Poétas , y pro
movió la fantasía desordenada de algunos
Filósofos, si no es nocivo , solamente po
drá servir para divertir, ó como se dice
comunmente , para pasar el tiempo. Esta
verdad conoció y confesó Fontenelle en una
relación ó romance que en este estilo escri
bió sobre los planetas. Tales métodos, que
se creen útiles para deleytar , son cierta
mente inútiles para instruir y descubrir la
verdad $ ó por mejor decir , serán única
mente propios para que el hombre nunca la
conozca, y se deleyte solamente con la fal
sedad. Miserable y viciosa es la mente que La falsedad
repugna al
en ésta juzga encontrar el placer que no verdadero
se puede hallar sino en la verdad. Las co placer del
sas falsas por mas sorprendentes que se fin espíritu.
jan ó pinten , no pueden ser agradables si
rio á las mentes villanas, que se alimentan
con la inverisimilitud y ridiculéz de chistes
Parte I.
C
v
XVIII
Guias y na
ve aerostá
tica pata ha
cer el viage
estático.
INTRODUCCION.
y bufonadas. Las mentes ilustres y nobles
en el pensar se alimentan solamente con la
razón y verdad. Con estas ideas, Lector
mió , te propongo y convido á hacer por
los espacios etéreos un viage ó navegación
estática, en que nuestro objeto será la ver
dad 5 la razón y la experiencia serán nues
tras fieles g u ia s, y la fantasía solamente
nos servirá de barca para navegar , y de
pintor para figurarnos todo lo que hemos
de ver. En este viage mental visitarémos
en los Cielos mas de lo que alcanzamos á
ver desde la tierra: mucho vemos desde és
ta , mas nuestra vista es muy endeble $ y
nuestra mente con una perspicacia poco
inferior á su curiosidad casi divina es su
mamente penetrante y capáz de introducir
nos mas allá de lo que alcanzamos á ver.
En este viage yo mismo , Lector mió,
te serviré de criado , compañero, director
y maestro : te mostraré mas de lo que
llegas á ver desde el orbe terrestre, y to
do lo que ha logrado conocer el estudio as
tronómico de los terrícolas. Verás con gus
to , y entenderás con admiración lo que
tú muchas veces has visto casi como las
bestias , sin reflexión y sin curiosidad ra
cional. T e llevaré sin temor de errar por
los caminos y senderos que han descubier
to y pisado otros sabios , cuyos pasos se
g u í-
I N T ROD U C C I ON .
XIX
güiras. Seré fiel en mi dirección : tu te
abandonarás á ella , y yo á la razón y ver
dad. Espero que no puedas decir de mí lo
que Huighens (i) del sabio K irchér, que
viajó por los espacios etéreos , y por no ha
blar lo que sentía según Huighens, dexó de
decir cosas mejores que las que produxo en
sus escritos públicos. Ignoro si acertaré á
decirte siempre lo mejor 3 mas sé que siem
pre te declararé sincéramente quanto sien
to. Deseo decirte siempre la verdad : si La verdad
acierto á decírtela , sé que no yerro , por no se cono
que la verdad se opone á todo error. Si á ce si no falta
la preocupami empleo de director conviene llevarte por don.
el camino de la verdad y razón $ al tuyo
de instruido y de amante de la Sabiduría
convendrá desterrar de tu espíritu toda
preocupación, para seguirme sin tropezar,
y entender claramente todo lo que te he de
explicar. En el viage tendrás la bondad,
y aun paciencia de ver y oír solamente: fi
gúrate , te suplico, que estás para oír la
explicación de los escritos del grande Pitágo(i)
C o g ita v i non nunquam melior a d K i r che-
ro expect a r i potuisse , si qu<£ sentiebat , libere
Christiani Hugenii ope
ra v a r ia . Lugd. B a t a v . 1734. 4. voi. 2. Enel
voi. 1. Cosmothéoros lib. 2. p. 693.
C2
exponere ausns
fu isset.
XX I N T R O D U C C I O N .
goras, y que debes escuchar y atender con
aquel profundo silencio con que sus discí
pulos los oían explicar al mismo Autor. Si
yo no soy otro Pitágoras , persuádete que
por medio de mi persona te hablan varios
Filósofos no inferiores á Pitágoras en el in
genio , y superiores en la observación de la
naturaleza: Filósofos tales, á quienes Pi
tágoras cediendo su magisterio hubiera oí
do como el mas humilde discípulo.
Nuestro viage estático, compañero mió
carísimo , no se hará de un vuelo, sino por
jornadas ^ parándonos en cada uno de los
planetas , para observar atentamente en
ellos su grandeza, su curso, sus habitado
res, si los hubiese, y dem ás fenómenos dig
nos de nuestra curiosidad racional. Desde
la tierra observamos los astros , y con la
vista , aunque material y endeble , nuestro
espíritu vuela y va a visitarlos . en nuestro
viage la observación se hará en los mismos
astros , remontándose sobre ellos nuestro es
píritu , el qual sin necesidad de viático,
ni de la nave aerostática del Jesuíta Lanis,
ni del palón volante de Montgolfier (i), su( i ) Montgolfier en el año 178 3 se valió del ayre
inflamable para elevar un palón, que sirviese como
de
INTRODUCCION. XXI
birá á las mas elevadas alturas, y girará
por la inmensidad de los espacios etéreos.
Harémos este vuelo mental sin necesidad de
aplicar los olores de Des-Cartes á nuestro
cuerpo , para que quedando enagenado de
sentidos se facilite la salida á nuestro espí
ritu. El cuerpo que tenemos como terríco
las quedará entre estos : y sin necesidad
de atormentarlo , el espíritu que lo anima,
y nos hace semejantes á los celícolas , vo
hombre
lará , como á su patria y centro , á los esE1 terrícola
espacios celestiales. Habitadores de la tier por el cuer
ra con el cuerpo, y observadores del Cielo po,)' celíco
por el es
con el espíritu exercitarémos el noble y lapíritu.
gran carácter, que el Hacedor nos ha da
do de Cosmopolitas y Señores del univer
so. Al salir de la tierra, amado compañe
ro mió, no te juzgues forastero en los nue
vos países que visitarás $ porque á todos
ellos te dan derecho patricio el título y la
dignidad que gozas de Cosmopolita $ nom El hombre
bre con que te llamaré en todo el viage, es Cosmo
, que
para hacerte presente, y renovarte conti polita
tiene
dere
nuamente la memoria del carácter y fin con cho patricio
que viajamos. No te asuste , ¡ ó Cosmo- á los Cielos.
po
de barca para navegar por la atmósfera. El primer
navegante fué el célebre y desgraciado Pilatre de
Rozier.
XXII
INTRODUCCION.
políta mió! la idea de la gran significación
de tu nombre : ni te desaníme el objeto de
la empresa, porque v a s , no á conquistar,
mas á ver y señorearte de mundos nuevos y
mayores que los que aturdieron á Alexandro. Somos gente de p az, y vamos á países
pacíficos, en que jamás se oyó qué cosa
sea guerra , y ni quizá se tiene idea de su
nombre. Vamos á entrar en reynos de sa
bios, sobrios en las pasiones , pobres dé pa
trimonios terrestres , y ricos por la pose
sión de la virtud y sabiduría, y por el se
ñorío de las regiones celestiales. Entre los
terrícolas se creen felices los destinados á
descubrimientos de nuevos mundos $ y mas
felices los primeros que gozan sus rique
zas : ésta y mayor felicidad tendremos no
sotros sin temor de que el infame amor del
oro nos obligue á cometer aquellas vilezas,
que con horror de la humanidad, han co
metido muchos terrícolas en los descubri
mientos terrestres.
No te persuadas, Cosmopolita mió, que
somos los primeros en esta empresa , en
que nos han precedido tropas de sabios de
todas naciones ; mas no por esto se nos ne
gará el honor de entrar en el rango de Con
quistadores 5 pues que en la inmensidad del
nuevo mundo que visitarémos , hay aún in
numerables regiones por descubrir. Tam po-
INTRODUCCION. XXIII
poco creas , que nuestro viage es por si
tios tan solitarios, que no encontremos en
ellos muchedumbre de terrícolas que los
freqüentan, 6 han elegido por su habita
ción perpetua. Acuérdate , que como refie
re el Jesuíta Daniel (i) "apenas se empezó queNaciones
á hablar del nuevo mundo de Des-Cartes, chohanviagehe
quando muchedumbre de Franceses , In al mundo de
gleses y Holandeses resolvió luego visitar Des-Carees.
lo y reconocerlo. Los Españoles, dice el
dicho Autor, viendo que no se trataba de
minas de oro y plata , no se mostraron
deseosos de hacer nuevos descubrimientos
en tal mundo. A la verdad, en el mun
do hipotético de Renato Des-Cartes la
tierra se mueve al rededor del Sol, como
se supone moverse en el mundo de Copérnico : y se sabe que Des-Cartes ha com
binado algunas reflexiones , quizá melancó
licas , con las resultas y accidentes del po
bre Galiléo, por haberse obstinado en dar
á la tierra el movimiento, que el vulgo da
ba al Sol.” Te he querido referir, Cosmo
polita mió, este chiste curioso, que se lee
en el viage al mundo de Des-Cartes, pa
ra que en el que harémos prontamente al
mun( i ) V oyage du monde de Des-Cartes. Ams
terdam , 1700. 8. Première partie, p. 1 .
XXIV I N T ROB UCCIO N.
mundo planetario, procedas sin preocupa
ción , y con el mayor conocimiento. Es
cierto , que por no pocos años se ha te
nido gran dificultad en fletar embarcaciones
para el mundo planetario, y se escaseaban
los pasaportes, por temor de que los via
jantes inspirados de espíritu de novedad,
engañasen al vulgo con relaciones poco sin
ceras de lo que habían observado en los
nuevos descubrimientos : mas después que
la historia de estos se ha publicado por
viajantes de autoridad $ ya libremente des
de todos puertos se permite, y aun se pre
mia la embarcación para qualquiera región
del mundo planetario. En éste , si creemos
á las noticias y relaciones de Luciano , Dan
te , Ariosto , Huighens , Daniel, Estancél,
Fontenelle , y de otros historiadores 6 ro
mancistas , encontraremos ángeles , planc
heólas , espíritus de terrícolas pitagóricos,
peripatéticos, copernicános, cartesianos,
neutonianos , y tropas de naciones Européas , principalmente Francesa, Inglesa y
Holandesa. El Holandés ciertamente no se
suele encontrar sino en los países en que
compra ó vende especería : el Inglés mira
como patria propia los puertos en que se
hace comercio de mar ; y el Francés vo
luntariamente se detiene en todos los paí
ses en que se cocina bien, se peyna con ga
lán-
I N T R O D U C C I O N . XXV
lantería , hay gran despacho de quinqui
llería, y reyna el espíritu de la moda. To
dos estos objetos de ocupación ó ambición
humana faltan, Cosmopolita , en el mundo
Planetario que visitarémos : faltan también,
según mis observaciones hechas en otra
visita ó viage , los moradores naturales y
forasteros , que el entusiasmo de algunos
romancistas fingió ó juzgó vanamente exis
tir en él : por lo que no te persuadas via
jar por continuas poblaciones, sino por so
ledades eternamente silenciosas: ni juzgues
encontrar fantasmas que te asusten, ó es
pecies de vivientes que te diviertan ú hor
roricen. Nada de esto verás: mas su falta
no disminuirá el placer , y casi continuo en
canto , en que se abismarán gustosamente
nuestra consideración , curiosidad y admi
ración , al observar continuamente objetos
nuevos y estupendos, que nos harán cono
cer y adorar humildemente la Omnipoten
cia y Providencia del supremo Hacedor. H a
brás oído contar cosas grandes del mundo
Planetario: mas al oírlas , tu fantasía te las
El que no
habrá figurado ó pintado con el color y con viaja
estáti
la calidad de las ideas que te suministra la camente á
vista de los objetos terrestres. En una pala los Cielos,
estos so
bra , del Cielo tú solamente sabes el nombre; de
lamente sa
y la idea que de él formas, es la misma que be el nom
tienes de la tierra, porque no has visto si- bre.
Parte I.
D
no
XXVI I N T R O D UCCIO N.
no cuerpos terrestres. No dudo que habrás
oído hablar mucho de la diferencia entre
estos y los celestiales $ mas quando se tra
ta de objetos sensibles y sumamente dife
rentes , la vista, y no el oído, es el medio
único para formar idea justa de su verda
dera naturaleza y diferencia. La vista tam
bién de los objetos celestes servirá para que
con la ocular observación descubras mu
chas particularidades que no habrás oído.
El curioso no viaja jamás , aun por los paí
ses mas conocidos , sin que descubra mu
chas cosas nuevas. Quantas podremos y de
beremos descubrir nosotros , que vamos á
emprender por las regiones celestes un viage incomparablemente mas glorioso, que el
mas famoso hecho al rededor de la tierra.
Los Españo España fué la primera, que habiendo des
les fueron
los prime cubierto la América , envió cinco navios
ros que ro al comando de Hernando Magallanes pa
dearon el ra observar y descubrir la figura de todo
orbe terres el orbe terráqueo : y ¿en quanta expecta
tre.
ción estuvo toda Europa al oír el proyec
to de esta inaudita empresa? Se efectuó el
proyecto} y al publicarse su execucion y
la noticia del deseado descubrimiento, la
admiración dexó estáticos á los vivientes}
y podemos creer, que en otro orden de na
turaleza tumultuariamente se hubiera levan
tado de sus sepulcros toda la antigüedad
pa-
XXVII
para oírlo y verlo. Nosotros, pues , Cos
mopolita , sin tanto aparato de navios harémos silenciosamente una navegación ma
yor que la de Magallanes. E l viage de és
te fué tan célebre, que al navio en que se
embarcó, se dio el nombre de Victoria (i),
porque victoriosamente se habia rodeado
todo el mundo con él ; y para que no pe
reciese su memoria , se ordenó (2) que to
dos los años se carenáse y compusiese. Si
el viage de la náo Victoria se hubiera he
cho en tiempo del antiguo paganismo, és
te la hubiera colocado en el lugar que ocu
pa entre las celestes costelaciones la celes
te nave Argos. Draco, 76 años después de
Magallanes, rodeó el orbe terrestre , y la
nave en que navegó fué celebrada (3) , co
mo
I N T R O D U C C I O N.
(1) Abraam Ortelio pone á la náo Victoria el
siguiente elogio , que refieren Murillo y Riccioli,
que se citarán inmediatamente:
Prima ego volivolis ambivi curribus orbern,
Magallane novo te duce ducta fr e ía
A rnbivi, meritoque vocor Victoria : sunt mi
Vela , al¿e , premium , gloria , pugna mare.
(2) Véase Geographias , et hydrographi# reformatíe libri X II. auct. Joan. Baptista Ricciolio
§. I. Bononias , 1661. fol. lib. 10. c. 39. p. 541.
(3) Camdeno pone el siguiente elogio á la
náo de Draco:
Plus
D2
.
X X V III
IN TR O D U C C IO N
mo en nuestros dias ha sido también cele
brado el palón con que Blanchard pasó en
compañía de otro el estrecho de mar desde
DouPIus ultra , herculeis inscribas , D r a c e , colnmnis:
E t magno, d icas, H ercule major ero.
D ig n a ra tis, qu¿e stet radiantibus inclyta stcllis.
Supremo coeli 'vértice digna ratis.
A lo de Agosto de 1 5 1 9 salió del Puerto de Se
villa Hernando Magallanes con cinco navios y
2 37 hombres. Magallanes fué muerto en Mactan
enfrente de Cebú ; y Ju an Sebastian Cano , V iz
caíno , entró á comandar en lugar de Magallanes.
D e los cinco navios uno solo llamado Victoria,
con 18 hombres entró en el Puerto de Sevilla el
dia 8 de Septiembre de 1 5 2 2 , habiéndose em
pleado en la navegación 1 1 2 4 dias. A Cano dio
^Carlos Quinto el escudo en que estaba el glo
bo terrts re con este epígrafe: Primus circundedis-
ti me.
Draco emprendió en el 1 5 7 7 sil navegación, y
tardó 1056 en rodear el globo terrestre : era hijo
de un pescador , y fué hecho Caballero en In g la
terra. Riccioli en su Geografía citada , lib. 3. c.
24. p. 10 4 . pone las siete navegaciones , que ro
deando el globo terrestre se hicieron desde el año
de 1 5 1 9 hasta el de 1625 ; y en el cap. 22. p. 92.
refiere las mas insignes navegaciones hechas desde
el año 127 0 hasta el 16 4 3. Claudio Bartolomé
Mor isoto , en su obra Orbis m aritim i historia.
Divione. 16 4 3 . f 0^
hb. 2. cap. 20. p. 483.
re-
INTRODUCCION.
X X IX
D ouvre hasta Calais. M as estos via g es,
con que se hicieron principalmente célebres,
no solo los que rodearon el orbe terrestre,
sino también las naves en que navegaron,
son muy inferiores, y como un breve pa
seo de convaleciente respecto de lo que no
sotros viajaremos. E l viage de la náo V ic
toria , que se cree el mayor de quantos
viages se han hecho después por otras na
ves con que se ha rodeado el orbe ter
restre , no llegó á ser de quince mil le
guas ( i) : y el nuestro será de millares de
millones de leguas. Haremos este inmenso
viage sin el equipage de navio , provisio
nes , soldados , cañones , ni defensa algu
na de personas ó arm as, porque viajare
mos por regiones, en que es superfluo, y
no se permite este pomposo aparato de vanirefiere algunas navegaciones de los Españoles, de
quienes dice : O ceanus vondum co gn itu s in Ib ero rum im-perium consentit. Murillo en su Geografía,
que se citará inmediatamente, vol. i. lib. i . c. $.
trata brevemente de algunas navegaciones de los
Españoles.
( 1 ) Geografía histórica por Pedro Murillo,
jesuíta. Madrid , 1752. 4. vol. 10. En el vol. 1.
lib. 1. c. 5. p. 7 1 . dice , que la náo Victoria nave
gó 14,414 leguas. Este número se determina ar
bitrariamente.
INTRODUCCION .
nidad ó de guerra. Harémos nuestro viage,
no por vil ambición de honores mundanos,
ni por la siempre engañosa esperanza de
premios mortales} sino únicamente por amor
de la verdadera sabiduría , y por el ho
nesto deseo de descubrir y ver las obras
maravillosas de nuestro Dios, y de alabar
lo y bendecirlo por la suma bondad , sa^
Fines del biduría y omnipotencia que resplandecen
presente via
gc estàtico. en ellas. Lo harémos no para descubrir paí
ses y rodear la tierra, sino para descubrir
espacios inmensos y rodear el Cielo, en el
qual el hombre mas estúpido no puede fixar la vista, dixo la profana Filosofía (i),
sin dexar de conocer el supremo Hacedor.
No puedes desear , Cosmopolita mió,
motivos ni mas racionales , ni mas justos
para emprender tal viage. Todo conspira á
hacerlo. Conspiran la natural curiosidad que
en nuestra mente ha esculpido el Criador:
la magnificencia de las regiones que visita
remos y de las obras que verémos: la dig
nidad infinita de su Arquitecto: el convite
que él nos hace para que las veamos y con
sideremos } y las sumas ventajas que de su
visXXX
(i) Cicerón: De aruspic. respons. n. 4. Quis
est tam vecors , qui cum suspexerit coelum, non sentia t Deutn esse ?
I N T R O D U C C I O N . XXXI
vista y consideración sacaremos. Dispongá
monos , pues , para hacer este grande y
Utilísimo viage, siguiendo los impulsos de
la natural curiosidad y los consejos de la
Religión: viage reservado para las almas
felices de aquellos sabios, que abandonán
dose á los impulsos de la naturaleza , y á
la dirección siempre acertada de la Reli
gión sin dexar de ser moradores de la tierra,
de ésta se han elevado con el espíritu hasta
penetrar lo mas recóndito de los Cielos.
Felices anima, quibus hac cognoscere primum,
Inque domos superas scandere cura fuit. ( i )
Sigamos el exemplo de tantos afortu
nados sabios, los quales , porque de su es
píritu era mas patria el Cielo , que la tier
ra lo era de su cuerpo , viajaron estáti
camente por todas las inmensas regiones
de los Cielos.
(2) Admovere oculis distantia sidera nostris:
Mtheraque ingenio supposuere suo.
Nos quoque sub ducibus ccelum metabimur lilis.
Volemos , pues, Cosmopolita , con el
espíritu á su celestial patria , dexando nues
tro
(1)
Ovidio : F a sto ru m , lib. V I . en ei lib . 1.
(2)
O vidio, en el citado lib. 1. de los Fastos.
XXXII I N T R O DUCCIO N,
tro pesado cuerpo en la tierra, en que es
su mansión propia. Para volar con nues
tro espíritu , basta que avivándose nues
tra fantasía , la voluntad mande volar.
Nuestra mente es una flecha , que á la me
nor insinuación de la voluntad se dispara,
y llega al término de su destino en el mo
mento mismo en que la voluntad la quiere
disparar. T ú , Cosmopolita mió , que al
presente lees este consejo y convite pa
ra viajar en mi compañía , si quieres acep
tarlo , aunque no me has visto jamás , te
parecerá que me ves luego que lo aceptes
y determines á honrarme con tu compa
ñía. Tú , aunque distante de mí centena
Extasi ó vue res de leguas , con tu mente me buscarás
lo mental
desde la cier ó me llevarás adonde tú estás. Heme aquí:
estoy contigo, sígueme: ¿quieres seguir
ra.
me? ya me has seguido.. . . No te asus
tes, Cosmopolita mió: estamos sotos, y á
la vista y presencia del Sol, manantial de
luz, y padre, que los terrícolas suelen lla
Llegada al mar de los vivientes. Hemos hecho nues
Sol.
tra primera jornada : hemos llegado al tér
mino de ella: estamos ya en otro mundo,
en que lo sensible se hace visible á nues
tro espíritu : observemos con éste sus ma
ravillas.
\
VIA-
VIAGE ESTATICO
AL MUNDO PLANETARIO.
PRI MERA
JORNADA.
EL SOL.
§. I.
A dm irable velocidad d el pensamiento huma
no. H um ilde súplica á la eterna S abid u ría
p a r a im plorar su asistencia. D istancia des
de e l S o l á la tierra» Itin erario ó d escrip
ción d el camino que se h a rá en el
v iag e estático.
E s t a m o s , Cosmopolita, en el Sol , cuya vista y cercanía infunden una admiración que
llega á engendrar espanto y aun terror. Es
tamos ya en otro mundo, á donde la mente,
impelida de la voluntad, ha llegado en el mo
mento mismo en que nos determinamos á ve
nir. El salir de la tierra , y el llegar á este si
tio atravesando espacios inmensos , han sido
erecto momentáneo en que el tiempo gastado
en llegar, se mide con el tiempo que se tarda
en querer. D ios, con solo el imperio de su vop *r*c
E
2
Viage estático
luntad, hizo que existiese lo que era nada; y
nuestro espíritu, imagen de la divinidad, con
su solo querer penetra momentáneamente in
mensos espacios, y de un sitio pasa á otro in
finitamente distante midiendo sus distancias co
mo si fueran nada. Así en el único indivisible
momento , que bastó para que aceptases mi
convite, y te determinases á honrarme con tu
compañía, yo luego momentáneamente me he
presentado á la vista de tu mente: nos hemos
visto con ésta : nos hemos conocido y acompa
ñado : en el querer volar , hemos volado men
talmente ; y hemos llegado instantáneamente
á este sitio atravesando tan inmenso espacio,
que para recorrerlo tardaría mas de 934 años
una nave aerostática (qual se la figuró el inge
nioso L a n is), que cada dia camináse ó voláVelocid id
se cien leguas (1). Figúrate el vuelo mas rápi
de la bala de do , qual sería el de una ave , que voláse tan
cañón , del
ligeramente como va una bala de cañón (2),
sonido y de
que en un dia camináse mas de 3,784 leguas:
Ja luz.
con este vuelo tan rápido el ave tardaría 25
años en llegar desde la tierra á este sitio. Fi
gúrate que nuestro pensamiento tuviera sola
mente la velocidad que tiene el sonido, el qual
ca-
Velocidad
incompren
sible de la
mente hu
mana.
( 1 ) La legua, de que en toda esta Obra se ha
bla, tiene 13,698 pies de Francia, que hacen 2,283
toésas.
(2) La bala de canon en un minuto segundo
camina 6co pies (Cours de phisique p a r M r. H a rtsoekér. Haye. 1730. 4. lib. 4. chap. I. p. 234.)
del mundo Planetario.
3
camina en un dia casi 6,908 leguas: en este
caso, nosotros tardaríamos 13 años en llegar
mentalmente á este sitio. La velocidad de la
luz es la mayor que, según los físicos, se co
noce en quantos cuerpos movibles se hallan
en el mundo sensible. Tú mismo, Cosmopoli
ta , habrás tal vez notado la gran velocidad
de la luz , viendo desde alguna distancia dis
parar cañones : pues que habrás visto el fue
go del cañón por tiempo sensible, ó mucho an
tes que oyeses el sonido del estallido ó del
dispáro (1). La luz, según los físicos newtonianos,
( 1 ) Muchas experiencias se han hecho para in
dagar el tiempo en que por determinado espacio
se propaga el sonido , cuya velocidad se ha halla
do diferente en diversos tiempos y países: masía
diferencia de velocidades en el sonido es efecto de
la vária combinación de causas accidentales. La
Academia de las Ciencias de París al principio del
espirante siglo suponía , que el sonido en un mi
nuto segundo caminaba i,oSopies; ó en una ho
ra caminaba 283 leguas (R eg id scientiar. A cademi# historia: auct. Jo. D a-Ham el. París. 1701.
4. lib. . sect. 1. cap. 1. n. 5. p. 569. ). La dicha
Academia de las Ciencias volvió á examinar la ve
locidad del sonido encargando sus experiencias á
Maraldi , La-Caille y Cassini de T hury , que las
refirió en una memoria ( Histoiré de /’ Academice
royale des Sciences , anuo 1738. París. 1740. p.
12 8 ) , en que se lee, que el sonido en un minuto
segundo camina 1,038 pies. Se trata largamente de
E 2
la
6
4
Viage estático
nos, se propaga tan velozmente, que en un mi
nuto camina quatro millones de leguas : por
lo que la velocidad de la luz es á lo menos un
millón y seiscientas mil veces mayor que la
de la bala de cañón. Admirable y casi incom
prensible parece ser la prodigiosa velocidad de
la luz: mas ella es infinitamente inferior á la
de nuestro pensamiento, el qual no ya en un
minuto de tiempo, que los Astrónomos divi
den en centenares de momentos sensibles ; mas
en un momento indivisible penetra, atraviesa
y mide todo espacio que no sea infinito.
Estos exemplos, aunque materiales , Cos
mopolita , te harán formar alguna idea de la
naturaleza de nuestra mente divina. Debe lla
marse divina , porque la revelación de Dios
nos enseña, que en ella se halla aquel rasgo de
la divinidad , que la misma mente en sí expe
rimenta y demuestran sus prodigiosos efectos,
invisibles á la vista corporal; mas sensibles ín
timamente al espíritu humano. Este en noso
tros , Cosmopolita, por medio de la razón , ha
ce que nos busquemos , hallemos, conozcamos
y hablemos. De la razón se vale nuestra men
te para que nos unamos, y viajemos en dul
ce y amigable compañía por estas inmensas y
desla propagación del sonido en las Obras siguientes:
Lezioni toscane di Giuseppe Auerani. Firenze.
1746. 4. vol. 2. En el vol. 2. p. 19 r . " E ssa i de
physique par Pierre F a n Musschenbroek. Ley den.
1739. 4- ' v ° l - 2*”
v°l- 2 ’ n .145 1 *
P* 7 1 5*
a l mundo Planetario .
5
desconocidas regiones. Ella es nuestra guia: no
podemos errar, si seguimos su dirección ; pues
que nos lleva á nuestro Dios. Desapareceré yo
de este mundo perecedero , restituyéndole las
sombras con que vistió y encubrió mi espíritu,
y si después de mi desaparición duráse en la es
critura lo que ahora mi razón te habla , tú le
yéndolo harás conmigo el mismo viage que
ahora haces, mientras aún vivo gimiendo baxo del peso de la mortalidad. Este modo de
hablarnos , tratarnos y acompañarnos en todos
tiempos y países, ¿ no prueba claramente la na
turaleza casi divina de nuestro espíritu , con
el que, aun vestidos de la mortalidad y habi
tadores del mundo cadúco, nos comunicamos
mutuamente nuestras (ideas , como hacen los
Ángeles en el Cielo ? A estos, Cosmopolita, imitarémos, si, aunque con la vista corporal no nos
conocemos, mentalmente nos unimos , acom
pañamos y tratamos como hermanos; pues que
lo somos por ser hijos de un mismo Padre : Patrern nolite •vocdre vobis sujier tcrram ( nos dice
la Eterna Sabiduría) (1) unus est enim pater ves-ter , qui in Coelis est. Nos considerarémos ya,
Cosmopolita , y nos tendremos no solamente
por amigos , sino por hermanos , como lo so
mos. Como tales nos tratarémos en este viage,
en que yo seré tu director; no porque pre
tenda ser tu hermano m ayor, pues que haré
las veces de tu hermano menor , y aun de tu
cria(i)
M a tth . 23. 9.
E1 habla del
hombre du
ra tanto,quanro duran
sus escritos.
Hermandad
de todos Jos
hombres.
6
Cómo un
hombre es
dios de otro
hombre.
Viage estático
criado: mas solamente porque soy práctico en
las regiones inmensas que debemos visitar. Co
mo fiel director tu y o , Cosmopolita , te guia
ré y encaminaré por aquellos senderos que en
orden á la indagación de la série de efectos y
causas naturales conducen á descubrir lo veri
símil , quando se oculta lo verdadero; y te
mostraré el ancho , delicioso é inerrable cami
no que nos lleva al conocimiento del supremo
Autor de la naturaleza , por medio de la con
templación de sus obras. Si de éstas sé ó co
nozco algo , deséo, pretendo y quiero, que tú
nada ignores de lo que yo sé.
El mayor bien que con el estudio de las
ciencias naturales he logrado , es el de cono
cer con la luz de ellas á nuestro Dios : de es
te bien, en que toda nuestra felicidad consis
te , mientras vivimos en el mundo m ortal, de
séo hacerte participante, para que conociendo
á tu Dios le sirvas, y con el servicio fiel ase
gures el eterno premio de gozarlo en la glo
ria. No puedo hacerte mayor bien , y ni hay
criatura que sea capaz de lograr otro mayor.
Yo estoy obligado á procurarte y hacerte este
bien : no juzgues que mi servicio es gracioso
ó digno de tu agradecimiento: porque yo ha
go lo que sería delito dexar de hacer. Entre
los antiguos Griegos, por proverbio (i) se dix o : o¿\iQpct)7rog c¿vf)pc*)7re ^ctifxoviov : el qual pro
verbio por los latinos se traduxo a s í: Ho
mo
(i)
Véase su Historia Natural. Edic. Paris.
al mundo "Planetario.
?
tno homini Deus ; y por Plinio se declaró con
la siguiente sentencia : Deus est mortali juvare mortalem : et haec est ad oeternam gloriam via:
Dios del hombre es aquel que le asiste y ayu
da. Esta asistencia y ayuda son el objeto mas
sagrado de nuestra santa Religión , que nos
manda (i) »que todos nos amemos , y mutua La caridad
Christ iana
mente nos hagamos bien , como hijos de un d i v i n i z a los
mismo Padre Celestial, que hace nacer el Sol hombres.
para alumbrar no menos á los buenos que á
los malos.” »Nosotros, declara (2) é intima el
oráculo de la misma santa Religión * hemos
conocido y creído en la caridad que Dios nos
tiene, y que el mismo Dios es caridad.” Ca
ridad es Dios con los hombres, para que es
tos lo sean entre sí mismos : por medio de la
caridad los hombres se asemejan á D ios, y
casi se divinizan. Mas ¿cómo podrémos cono
cer que Dios es caridad con los hombres ? Lo
conocerémos, si oímos lo que nos dice la Re
ligión revelada ; y lo conocerémos también, si
oímos lo que con voces mudas nos dice la na
turaleza en las prodigiosas é innumerables
obras , que hechuras de la divina Omnipoten
cia se presentan á la contemplación humana,
para que en ellas los hombres conozcan, sir
van y amen á su D ios, todo bondad , cle
mencia y caridad con ellos.
Este conocimiento se esconde culpablemen
te
(1)
(2)
Matth. 5. v. 44 , &c.
1. Epístola S. Joannis 4. v. 16.
8
La Sabidu
ría munda
na es cien
cia dei vi
cio.
V ia g e está tico
te (i) á la sabiduría mundana , que semejante
á la que el invisible enemigo del género hu
mano prometió falsamente á sus progenitores,
hace al hombre ingrato , soberbio y viciosa
mente ignoranre. Apenas sobre la tierra apa
recieron los primeros padres del género huma~
no , quando el invisible enemigo los tentó pro
metiéndoles la ciencia divina: » E ritis , les dixo ( 2) , sicut d i i , scientes bonum et malumV
Les prometió la sabiduría , como premio de
su ingrata desobediencia á Dios : y sabiduría
tal, que los hiciese ser dioses. Esta sabiduría
es la ciencia de la soberbia y de la ignoran
cia ; y 1a sabiduría que yo te propongo, es la
ciencia de la humildad agradecida, que al
hombre diviniza, haciendo que conozca á su
Dios , lo glorifique y sirva.
El mas humilde en la verdadera escuela
del saber, es el mas sabio: porque Dios , eter
na sabiduría, se revela solamente á los hu
mildes. De esta verdad deséo íntimamente pe
netrado tu espíritu , Cosmopolita, para que
en la contemplación de las obras del Supre
mo Hacedor logres su conocimiento, que es
(1)
Invisibilìa enim ipsius à creatura mundi
fer e a , qua: fa c ta su n t , intellect a conspiciuntur:
sempiterna quoque ejus v irtu e , et divinità* , ita
ut sint inexcusabiles ; quia cum cognovissent
Deum , non sicut Deum glorifie averunt , ire. ”
Ad Roman. I. 20.
(2) Genes. 3. 5.
al mundo Planetario.
9
el don de su divina sabiduría. Pues que es
te don á los humildes solamente se concede,
con la esperanza de lograrlo de la bondad de
nuestro Dios , obliguémoslo pidiéndole con la
mayor humildad que nos lo conceda. Dios
todo caridad con sus criaturas cuida siempre
de ellas con la misma providencia con que las
crió. Para sacarlas de la nada no consultó si
no á su divino querer ; y á éste solo , como
Autor natural, consulta para conservarlas: mas
por exceso de su bondad infinita se dignó de
revelar á los hombres su eficáz voluntad de
asistirles sobrenaturalmente (1), en quanto le
pidiesen con viva fé como á padre : así la in
mensa caridad de nuestro Dios ha hecho de
algún modo dependientes de nuestra eficáz vo
luntad y fé viva su poder y sus beneficios;
bastando para lograrlos, que los pidamos. El Es divino el
don , pues , de la verdadera Sabiduría, que ne don de la
verdadera
cesitamos y deseamos tener en este viage , es
Sabiduría.
beneficio que la bondad de Dios ha hecho de
pendiente de nuestra eficáz voluntad de lo
grarlo. Pidámoslo con las palabras mismas,
que en los libros de la santa Religión dictó la
revelación celestial para enseñarnos á implo
rar la asistencia de nuestro Dios. Unidos,
Cosmopolita, con espíritu de humildad y con
fé viva de conseguir lo que nuestro Dios pro
metió y sujetó á nuestra eficáz petición , can
temos así:
■;
?>Dios
í
'"
i
(i) E t omnia qu¿ecumque petieritis in oratione credentes , accipietis. Matth. 21. 22.
Parte I.
p
Himno á la
eterna Sabi
duría.
io
Viage estático
"D ios de nuestros padres (i) y Señor de la
misericordia, Vos que todas las cosas hicisteis
solamente con decir que existiesen ; Vos que al
hombre adornasteis con vuestra misma imagen,
para que con ella dueño fuese de todas las cria
turas que habéis hecho ; y para que con equi
dad y justicia'gobernase el mundo , y con rec
titud de ánimo se rindiese á la razón : dignaos
de comunicarnos aquella sabiduría que á vues
tro augusto trono asiste: y no queráis jamás
desconocernos ,com o si no fuéramos hijos vues
tros : pues que somos vuestros siervos é hijos
de madres que os han servido profesando vues
tra santa Religión. Somos hombres endebles,
de poca experiencia , é ineptos para distinguir
bien los rumbos de la razón y de la ley : y
si por ventura entre los hijos de los hombres,
alguno de ellos llegáse á ser algo , él luego
se reduce á ser nada , si no le asiste tu sabi
duría. . . . Con Vos está vuestra sabiduría, la
qual conoce vuestras obras; y ella con Vos
asistió, quando criabais el mundo. Ella sabía
lo que era agradable á vuestra vista , y lo que
se conformaba con vuestro querer. Desde lo
sublime de vuestros santos Cielos , y desde la
misma residencia de vuestra magestad , haced
baxar la sabiduría para que esté con nosotros,
y con nosotros afatígue : enviadla , Señor , pa
ra que por medio de ella sepamos lo que os
es aceptable : pues que ella sabe todas las co
sas,
( i)
Sapient. cap. 9. v. I. hasta el v. 12.
a l mundo Planetario,
11
sas , y todas las comprende , ella con pruden
cia nos dirigirá en nuestras empresas, y con
su poder nos protegerá.”
Hemos implorado y pedido humildemente
al Altísimo , que se digne asistirnos con el don
de la verdadera y celestial sabiduría para ha
cer útiles los conocimientos que de la huma
na adquirirémos en este viage: no dudemos,
Cosmopolita, de la gracia que se promete á
todos los que llenos de confianza la piden: por
lo que seguros y ciertos ya de la posesión de
tan precioso don continuemos el discurso em
pezado sobre la inmensa distancia que en un
momento hemos caminado. La distancia es de
Distancia
casi 35 millones de leguas, y es la mayor que del Sol á la
llega á haber entre el Sol y la tierra. Tanto tierra.
nos hemos alexado de ésta. No sé si esta noticia
te dará materia de aflicción ó de risa : de aflic
ción , si crees verdadera la noticia , por el des
consuelo que en t í , como sucede á muchos ter
rícolas , puede causar el alexamiento de su pa
tria ; ó de risa , si juzgas falsa la noticia, por
la facilidad con que yo , según tu opinión , pro
nuncie y finja distancias inmensas por capri
cho y sin prueba alguna. No querré, amado
mió Cosmopolita , que afectos tan viles y con
trarios empiecen á perturbar tu espíritu con
perjuicio de mi sinceridad , y de la verdad que
en todo deséo declararte. El girar por los in
mensos espacios de las regiones celestiales no
es alegarte de tu patria, antes bien es acer
carte é< introducirte en ella; pues que patria
tuya es todo el mundo, como lo indica el
nombre nuevo con que dignamente te llamas.
F2
La
12
Via ge estático
La tierra de donde salimos solamente es se
pulcro de los despojos viles y corporales , con
La tierra se que el Supremo Hacedor envolvió nuestro es
pulcro cor píritu : despojos que de ella se tomaron , y que
poral * y ios la asquerosa podredumbre le volverá á resti
Cielos pa
tuir. Nuestra patria es todo el mundo: su artria espiri bañal es la tierra , y estas regiones celestia
tual.
les son los apartamientos nobles y propios de
nuestra habitación. ¿Qué tenemos y gozamos
en la miserable tierra, que no gocen también
las bestias y las plantas ? No pueden formar
nuestras delicias aquellos bienes terrenos , que
son comunes á los hombres y á las bestias. No,
no , Cosmopolita m ió; no es la tierra objeto
propio, ni digno de nuestro espíritu : ella ma
terial en todo podrá satisfacer á las necesida
des de nuestro cuerpo, de las bestias y délos
vegetables : los Cielos , adonde la considera
ción é innata curiosidad arrastra , lleva y en
salza nuestro espíritu , son nuestra heredad y
morada propia, á que derecho natural nos dan
los impulsos de continua curiosidad, que nos
animan para observarlos, y desear saber quanLa curiosi to en ellos hay y sucede. Estos impulsos en
dad útil es el hombre no son actos libres ; sino efectos
naturales y necesarios , que le hacen conocer
innaca al
hombre.
las intenciones del Supremo Autor , y las ideas
innatas que se ocultan en la mente humana.
Si los Cielos son la morada propia de nues
tro espíritu, que aun quando esta encarcela
No hay es do en el cuerpo terrestre á ellos vuela rá p i
pacio por
damente con la consideración : y si la exten
donde la
sión de las regiones celestiales debe correspon
mente no
der
á los grandes y desmedidos vu elos, que
pueda volar.
.
al mundo Vianet arlo
13
el espíritu puede y desea hacer , ¿ quién du
da , que el Supremo Criador habrá colocado
los astros en distancias inmensas de la tierra,
para que por ellas se pueda espaciar nuestra
mente voladora? ¿Qué angustias y estreche
ces serían las de nuestra curiosidad y espíri
tu , si todo el espacio visible se reduxera so
lamente al pequeño, que ocupan el orbe ter
restre , y su atmósfera ? Esta reflexión induce
á conjeturar la inmensidad de los espacios ce
lestiales ; mas ella no basta, me dirás , para
afirmar francamente que llega á ser de casi
35 millones de leguas la mayor distancia que
suele haber desde el Sol hasta la tierra : dis
tancia , que se concibe con admiración , y di
fícilmente se prueba. No me desagradan , Cos
mopolita , este tono magistral, y la descon
fianza con que hablas; pues que el justo te
mor de 110 encontrar la verdad te hará mas
atento para descubrirla y entenderla , y á mí
me obligará á probarla con mayor empeño
y claridad.
Los terrícolas no sin admiración , y tal
vez con risa , oyen á los Astrónomos, que ha
l a ignoran
blando de los Cielos , describen su extensión, cia demasia
y la distancia , que de millones de leguas su damente se
ponen en los astros, con tanta facilidad y ca admira órie
si certidumbre como los texedores cuentan de la Astro
y dicen el número de palmos, que tienen las nomía.
telas que texen : mas la demasiada admiración,
no menos que la risa, suelen ser efectos de
una ignorancia incapáz de entender, que la
mente humana puede medir con la vista y ra
ciocinio las distancias de los objetos lexanos,
co
14
Via ge estático
como la mano mide con el compás la de los
presentes. Te daré idea breve y clara de la
medida visual y mental , que de los objetos
lexanos puede hacer el espíritu que los con
templa atentamente.
Por experiencia y razón sabes, Cosmopo
lita , que los objetos lexanos é inmobles te
aparecen tanto mayores ó menores , quanto mas
ó menos te acercas á ellos; y si los objetos
son movibles , y tú estás inmoble, ellos te apa
recerán tanto mayores ó menores , quanto mas
ó menos se alexan de tí. Según esta máxima
práctica y cierta en toda especie de objetos vi
sibles , los terrícolas infieren, que el Sol en Di
ciembre les está mas cercano que en Junio,
porque en este mes les aparece menor, que en
El Sol apa Diciembre. En el solsticio de estío , que suce
rece mas pe de en Junio, el diámetro solar suele aparecer
queño en
de 31 minutos á los terrícolas ; y de 32 mi
verano que
nutos en el solsticio de invierno, que sucede
en invierno.
en Diciembre : y de esta diversidad de gran
dezas del diámetro solar infieren , que el Sol
en el solsticio invernal está un millón de le
guas mas vecino á la tierra que en el solsti
cio estivo , si es cierto , que el Sol en su ma
yor alexamiento dista de la tierra casi 35 mi
llones de leguas. No obstante esta vecindad
El Sol cali de un millón de leguas en Diciembre, los Euenta mas la ropéos , y demás habitadores del emisferio
tierra, quan- boréal terrestre, sienten mas el calor solar en
do mas dista Junio que en Diciembre; porque el Sol en es
de ella.
te mes envía á dicho emisferio sus rayos ó
calor con mayor obliquidad que en Junio. En
tenderás bien esta variedad de efectos con el
exem-
al mundo Vianet ario.
15
exemplo siguiente. Sobre la llama de lina can
dela perpendicularmente coloca tu mano dies
tra á la distancia de dos palmos; y á un lado
de la llama arrima tu mano izquierda á la dis
tancia de un palmo. En este caso sentirás en
la mano derecha mas calor que en la izquier
da , aunque ésta se avecina á la llama dos ve
ces mas que la diestra; y la causa de este fenoméno consistirá en que la llama obra ó en
vía perpendicularmente su calor á la mano de Causa del
recha ; y lo envía lateral ú obliquamente á la mayor calor
del Sol en
izquierda. Por la misma razón el S o l, que al
cénit de Europa , por exemplo, se acerca mas su mayor
distancia de
en Junio , y obra contra ella menos obliqua Ja
tierra.
mente que en Diciembre, hace entonces á los
Européos mas sensible su calor, aunque está
mas distante de la tierra que en Diciembre, en
que la mayor obliquidad de los rayos solares
hace poco sensible el calor. Basta esto para so
lución de la dificultad que resulta de la distan
cia solar: volveré á renovar su discurso, que
ahora debo interrumpir, para continuar el princi
pal ya propuesto sobre la dicha distancia solar.
Te he insinuado, Cosmopolita, el método
práctico, con que fácilmente se distingue la
mayor ó menor vecindad del Sol á la tierra:
paso ahora á explicarte el que se usa para
determinar el quantitativo de su distancia has Incertidumta la misma tierra. A este efecto , la Física bre del sis
físico
y Astronomía suministran industrias ingenio tèma
de la atrac
sas. Murdoch (1) valiéndose de los resultados ción para in
del ferir la dis
(1)
Véase página 102 del volumen 3 de la
Obra
tancia deJ
Sol.
16
Viage estático
del sistèma físico de la atracción determinó,
que la distancia de la Luna hasta la tierra era
de 60 semidiámetros terrestres. Horsley con
los mismos principios h a lló , que el Sol dis
taba de la tierra casi 43 (1) millones de le
guas , distancia que no conviene con la que se
infiere de los resultados Astronómicos que en
el asunto presente se debe preferir á los Fí
sicos , por las razones que en otra ocasión te
expondré, haciéndote conocer prácticamente la
incongruencia evidente , é inutilidad de la f í
sica moderna para calcular varios fenoménos
principalísimos de la Astronomía.
E sta, pues, por medio de la observación
de la paralaxe de los astros , nos suministra el
medio mas seguro ó menos incierto , que te
nemos para determinar su distancia hasta la
tierObra de Bailly : Histoire de V Astronomie mo
derne depuis la jundation de V Ecole d ’ Alexan
drie , jusqu d V an. 1782. Paris. 1785. 4. vol. 3.
Murdoch hace de 60 ó 8906 semidiámetros ter
restres la distancia de la Luna ; y su paralaxe de
57'í 2//34./// Supongo de 2865 leguas el diámetro
terrestre.
( 1 ) Véanse Bailly citado, y transaciones filosófi
cas año 1764. p. 29. y año 1767. p. 179. Horsley
suponiendo de 60. $ semidiámetros terrestres la dis
tancia lunar , según los principios de atracción in
fiere , que el solar es de 3000 8. 5 semidiámetros
terrestres, y que la paralaxe solar es de
Esta paralaxe es muy pequeña.
al
mundo Vianet ario.
ip
tierra. La distancia del Sol hasta la tierra se
infiere claramente de su paralaxe ( i) ; si la can
tidad de ésta fuera evidente , evidente sería
también el quantitativo de dicha distancia. Los
Astrónomos varían en la cantidad de la para
laxe solar, y para determinarla con la mayor
exáctitud, han juzgado hallar el mejor medio
en las observaciones del paso de Venus de
lante del Sol. De este paso te hablaré larga
mente en la jornada que harémos para visitar
á Venus : y para el asunto presente te baste
saber, que según la observación del paso de
Venus en el año 1761 , Pingré halló la para
laxe solar de diez minutos segundos y medio;
Short de ocho y medio, y Hornsby (2) de
nueve y tres quartas partes de minuto. Los
Astrónomos quedaron poco contentos de los resul-
( 1 ) L a paralaxe de la altura de un astro es la
diíerencia entre las distancias verdaderas y apa
rentes del mismo astro hasta el cénit. Si un astro
se mira al mismo tiempo por dos observadores, de
los que uno se suponga en el centro de la tierra , y
otro sobre su superficie , el astro aparecerá en si
tios diferentes de altura > y la diferencia será tan
to m ayor, quanto el astro está mas orizontal ó mas
distante del cénit. El Astrónomo calcula la dife
rencia de altura , con que el astro se ve por los dos
observadores , y esta diferencia de altura ó de dis
tancia de los astros hasta su cénit es su paralaxe.
(2) Trans. pililos, an. 1763. p. 46 7. B a illy
citado , p. 106.
Parte I.
G
Método As
tronómico
para deter
minar la dis
tancia del
Sol.
Paralaxe so
lar.
Observacio
nes sobre
ella.
18
Via ge estático
sultados de esta observación; pues que la di
ferencia de un minuto segundo en la paralaxe
solar causa la de quatro millones en la dis
tancia del Sol. Si 8 minutos segundos de pa
ralaxe dan la distancia solar de 32 millones
de leguas; 10 minutos darán la distancia so
lar de 40 millones de leguas. Se pensó en ve
rificar mejor la paralaxe solar con las obser
Verificación vaciones del paso de Venus en el año 1769;
de la para
y según (1) ellas Pingré fixó la paralaxe so
laxe solar.
lar de 8 minutos segundos , y tres quartas par
tes de minuto segundo ; Lexell la hizo de 8
minutos segundos , y seis décimas partes de
minuto ; y La- Lande* ( desechando la observa
ción del Jesuíta Hell admitida por Pingré y
L e x e ll) la fixó de 8 minutos segundos y me
dio. La distancia , pues, del S o l, según LaLande , es 400,000 leguas mayor que según Lex e l ; y un millón de leguas m a y o r que según
Pingré. El S o l, como te he dicho antes , en
diversas estaciones del año varía su distancia
de la tierra : la m enor, que es en el solsticio
invernal, es de 33,780,220 leguas; la mayor,
Disrancias
que es en el solsticio estivo , es de 34,934,740;
varias del
Sol en di
y la mediana en los dos equinocios es de
versos me 34,357,480 leguas. Estas distancias solares es
ses del año.
tablecidas según la paralaxe solar que se in
firió en la observación del paso de Venus en
el
(1) Bailly , p. 108. Memor. de la Academia
Real de las Ciencias de París , 1770. p. 416. LaLande, Astronomía n. 1739. &c.
a l mundo "Planetario.
19
el año 176 9 , se citarán y repetirán en la As
tronomía hasta el año de 1874, en que los
terrícolas volverán á ver otro paso de Venus
delante del Sol. En la determinación de di
chas distancias sigo la observación de Lexel,
que supone la paralaxe solar de 8." 6 ; menor
que la paralaxe según Pingré , y mayor que la
misma según La-Lande , el qual en su compen
dio de Astronomía publicó una tabla de la dis
tancia y grandeza del Sol calculadas con rela
ción á la dicha paralaxe de 8." 6. D élos cál
culos que te he expuesto sobre la distancia del
S o l, inferirás , Cosmopolita , que Newtón , G alile o , Cassini y Halley con sus conocimientos
no nos han acercado al Cielo , como dice Bailly ( 1); antes bien nos han alexado inmensa
mente con los principios físicos y métodos As
tronómicos que han propuesto , para determi
nar la distancia de los astros. El mundo de
los antiguos Astrónomos, respecto del mundo
según los modernos, se debe mirar , como la
pequeñéz de una humilde choza respecto de
la mole del orbe terrestre.
No debemos, Cosmopolita, detenernos mas
en el discurso de la distancia solar en que
casi intempestivamente me ha empeñado el de
seo de hacerte conocer el gran vuelo , que mo
mentáneamente ha hecho nuestro espíritu des
de la tierra penetrando y discurriendo por el
es-
(1)
Bailly citado (núm. 20.), en el discurso
I. del volumen 3.
G 2
peql]eñéz
del mundo
según los
antiguos,
20
Itinerario
del viage es
tático.
Viage estático
espacio de tantos millones de leguas con el
acto instantáneo de su voluntad. Antes de em
peñarme en la exposición de los demás fenoménos solares , atendiendo á tu mejor instruc
ción , debo convidarte á observar desde este
sitio, el mas claro y despejado del mundo,
los nuevos y hermosos Cielos que descubri
mos , y que han de ser mar pacífico é inmen
so de nuestra navegación , espacio intermina
ble de nuestros desmedidos vuelos , y objeto
delicioso de nuestra consideración y curiosi
dad. Con esta observación anticipada de los
Cielos, que aunque desde aquí nos aparecen
nuevos , son los mismos que los terrícolas ven
con menos claridad , podré fácilmente seña
larte todos los sitios , ó reynos, ó mundos que
hemos de visitar. Un navegante que se em
barca para hacer largo viage, observa prime
ro en los mapas el rumbo que ha de seguir,
y los puertos que ha de tocar. Nosotros no
tenemos necesidad de mapas para ver el rum
bo de nuestro viage : basta que demos una
simple ojeada á los inmensos espacios que des
de aquí se descubren ; y con ella veremos el
rumbo que hemos de seguir, y todos los si
tios en que nos hemos de detener. En orden
al rumbo de nuestro viage te deberé decir,
que él será derecho desde un planeta á otro;
pues que no hay escollos que temer , ni de
pendemos de viento alguno que nos pueda tras
tornar , impedir ó arrojar á alguna playa. En
orden á los sitios que hemos de visitar, voy
á mostrártelos brevemente para que los dis
tingas ó conozcas , y formes alguna idea de
nuestro itinerario.
Tien-
a l mundo V ianet ario.
21
Tiende la vista , ¡ ó Cosmopolita ! por esas
inmensas regiones celestiales que ves : mira por
todos lados : mira ácia arriba , ácia abaxo : por
delante , por detrás y por todas partes. Fixa
primeramente tu atención en los astros mas
inmediatos, que nos rodean girando al rede
dor de nosotros, y que se distinguen de los
demás por su mas ligero movimiento. Estos
astros , llamados comunmente planetas mayo
res , son siete : los antiguos conocieron sola
mente seis.
El mas inmediato á nosotros se llama Mer
curio. Después de Mercurio está el astro que
se llama Venus; y mas altó de Venus verás
otro astro tan pequeño á nuestra vista, que
con dificultad lo distinguirás. Temo que tu
vista no llégue á ver claramente lo que es
toy viendo. En esta ocasión necesitabas ver
daderamente , ¡-ó Cosmopolita! uno de aquellos
telescopios copérnico-newtonianos que se usan
entre los terrícolas : la viveza de tu espíritu
supla la falta de este instrumento, ó fabríca
lo tú en la oficina de tu fantasía. Es ésta un
artífice que hace ver aun lo que no hay : los
mismos astrónomos terrícolas se sirven de
ella para ver lo que quieren que se vea; ellos
forman un sistéma según sus ideas ó capricho,
y luego ven por medio de tales telescopios el
sistéma que han ideado. De este modo , y con
tal prevención , no dudo que tú verás aquel
pequeño astro, como, y de la manera que
quieren los terrícolas que desde aquí se vea.
Este astro, pues, es nuestra tierra, la qual
des-
Vista de los
siete plane
tas.
Mercurio.
Venus.
l a tierra
vista desde
el Sol ; su
pequenez.
Reflexión
sobre la pe
quenez de la
tierra.
22
V i age estático
desde aquí nos parece (i) seis mil doscientas
noventa y dos veces mas pequeña , que la Lu
na aparece á los terrícolas. Esto propiamen
te , Cosmopolita , es representársenos la tier
ra como un pequeñísimo grano de arena. Yo
quisiera aquí conmigo aquellos terrícolas que
se muestran tan soberbios y poderosos , por
que poseen algo sobre aquel punto de arena.
Permíteme, ¡ó Cosmopolita] que en vis
ta de la pequenez con que desde aquí apare
ce nuestra tierra , yo , desfogando mi espíritu,
te acuerde los pleytos , discordias, injusticias
y guerras sangrientas del género humano so
bre aquel punto de arena. ¡ Quién sin admira
ción y aun horror podrá acordarse de tanta
sangre derramada por los terrícolas sin mas
objeto que conquistar un escollo , ó dividir
en partecillas aquella pequeñísima y despre
ciable porción terrestre! La viva memoria de
tantos funestos accidentes, como suceden con
tinuamente por tal motivo entre los terríco
las , me hace representar á estos como tantos
hormigueros, que disputan, pleytean y se
matan sobre la presa de la partecilla de un
gra(i) El diámetro terrestre aparece desde el Sol
de i j J ' l . y el lunar aparece de 1365 / á los terríco
las : los quadrados de dichos números están entre
sí, como 1, y 6292.
Supongo la tierra vista
desde el Sol en su distancia media , y que en la
misma distancia media la Luna se ve desde la tierra.
al mundo Vianet ario.
23
grano de mijo. Mas no angustiemos nuestra
humanidad con estas funestas consideraciones:
ellas son dignas de hacerse; pero no es aun
tiempo de hacerlas. No debo amargar en el
principio del viage el dulce consuelo que sien
to con tu amable compañía ; sigamos la des
cripción de nuestro itinerario.
Vuelve á buscar con la vista la tierra : mirala : y cerca de ella verás un punto lucien
te que la rodea : ese punto es el astro amigo
de los terrícolas, que lo llaman Luna , y lo
hacen cincuenta veces menor que la tierra:
¿ si ésta desde aquí aparece tan pequeña, có
mo nos deberá aparecer la Luna? Esta nos
aparece (1) mas de ciento y diez y seis mil
veces mas pequeña que la ven los terrícolas.
Vista mas que de lince debemos tener para
ver objetos tan pequeños.
Levantemos mas la vista , y fixemosla en
el astro que se ve inmediatamente mas allá
de la tierra y de la Luna. Este astro que
ves tan solitario sin ninguna Luna, es el guer
rero Marte. Después de éste verás otro que lla
ma nuestra atención ; ya porque , no obstante
su
( 1 ) La Luna terrestre en su distancia media
desde el Sol aparece de 4." y desde la tierra en la
distancia media á los terrícolas aparece de 1 3 6 ^./y
los quadrados de estos números están entre sí, como
I, y 1 1 6 , 3 8 2 . - por lo que la Luna desde el Sol
debe aparecer 116,382 veces mas pequeña , que
la ven los terrícolas.
Luna vista
desde el Sol:
su peque
nez.
Marte.
24
Via ge estático
su gran distancia , aparece mayor que los de
más astros que hemos observado; y ya por
la numerosa tropa de Lunas que la acompa
ñan y rodean. Este astro es Júpiter , á quien
Júpiter.
el Supremo Hacedor distinguió en la grande
za y en el número de quatro Lunas que le
ha concedido. Después de Júpiter verás otro
astro, cuya figura y número mayor de Lu
nas lo distinguen de todos los demás. Este as
Saturno.
tro se llama Saturno, el qual es el último de
los que se llamaban antiguamente planetas por
los terrícolas. Desde aquí á Saturno, quando
Distancia de éste está en su distancia m edia, se cuentan
Saturno.
trescientos veinte y seis millones de leguas.
Desde Saturno te haré observar al nuevo pla
neta llamado Urano, que los terrícolas des
cubrieron en el 1781 , y que llega á distar del
Urano : su
Sol 650 millones de leguas. Este es el cami
ducancia.
no que hemos de hacer para visitar los seis
planetas conocidos por los antiguos, y obser
var el séptimo planeta Urano descubierto por
los modernos: mas nuestro viage no se aca
bará aquí; hemos de hacer otra jornada mas
a llá , hasta encontrar el astro que se ve in
mediatamente después de Saturno. Levanta,
Region de
pues
, tu vista sobre éste, y observa que en
los come
un espacio casi interminable giran ó se mue
tas.
ven innumerables astros , con direcciones y fi
guras muy diferentes de las que has visto y
observado en los planetas. A unos de estos as
tros verás rodeados de atmósferas resplande
cientes
: á otros que llevan ó arrastran pom
Figura vària
posas
colas
de luz : á otros muchos verás co
de los co
mo puntos lucientes, que se quieren esconder
metas.
a l inundo Planetario .
25
de nuestra vista; y en todos últimamente no
tarás, que su movimiento es ahora mucho mas
lento que en los planetas, porque están en
su mayor distancia del Sol. Estos astros er
rantes y tan varios son los que los terrícolas
llaman cometas, los quales hoy en la Astro
nomía se miran como otros tantos planetas: y
por esto pertenecen al mundo Planetario que
hemos de visitar. Toda esta extensión en que Término
se mueven los planetas y cometas, es objeto del viage es
de nuestro viage; mas no por esto te quiero tático.
decir, que nos hemos de detener en todos los
astros , que en espacio tan inmenso giran. No
tenemos necesidad de hacer tantas mansiones:
nos bastará visitar todos los antiguos seis pla
netas ; algunas de sus lunas, que llamanse co
munmente satélites ó planetas inferiores ó se
gundario^ , y un cometa que será el mas ve
cino al Sol.
Los cometas son casi todos bastantemente
semejantes, y son muchos en número : por es
tas dos razones no debemos empeñarnos en
visitarlos todos ; nos bastará visitar uno , y
desde él observarémos aquellos astros brillan
tes y fixos , que forman el último objeto de Estrellas ó
nuestra vista. Estos astros, que se ven brillar astros fixos.
por sí mismos , y están siempre inmobles, son
los que se llaman estrellas fixas. Siendo éstas
unos astros, que están en eterno reposo , nos
sirven como de mojones , señales y linderos
para determinar el curso y dirección de los
astros errantes , que giran por los espacios in
mensos que hay hasta la aparente bóbeda ó
lugar de las estrellas fixas, llamado por los
Parte I.
H
Grie-
Cielo llama
do Firma
mento.
Sistema so
lar.
Distancia
del cometa
menos lexano.
Jurisdicción
é imperio
dilatadísi
mo del Sol.
Se ignoran
los limites
del imperio
solar.
26
Via ge estático
Griegos aplanes ; esto es , no-errantes , y que
nosotros solemos llamar firmamento. No me
atreveré , Cosm opolita, á indicarte la distan
cia que desde aquí hay hasta el firmamento,
y quanta es la conjeturada estension del espa
cio en que se mueven los planetas y come
tas , cuyo complexo forma el sistéma llamado
hoy solar , porque , según la Astronomía mo
derna , dependen del S o l, y á él pertenecen to
dos los inmensos cuerpos que vuelan ó giran
por dicho espacio: te diré solamente que se
gún las observaciones cometarias , de que lar
gamente te hablaré en la última jornada de
nuestro viage al cometa llamado octavo pla
neta , se infiere, que uno de los cometas co
nocidos llega á alexarse de este sitio solar 138
veces mas que nuestra tierra, ó casi 4,700 mi
llones de leguas. Tan grande y sorprendente
es la jurisdicción , que, según las observaciones
de los Astrónomos modernos,se concede al Sol,
en cuyo inmenso imperio la tierra es como un
átomo volante; y Júpiter, que á lo menos es
126 veces mayor que ella, hace en el sisté
ma solar casi la misma figura que un mosqui
to en el reyno animal terrestre , según los mo
dernos Astrónomos. La observación obliga á
conjeturar , que el Sol exercita su jurisdicción
sobre cuerpos volantes , que en él llegan á dis
tar á lo menos 4700 millones de leguas; y
hasta ahora nos oculta los medios para cono
cer y determinar la extensión verdadera de
su im perio, en que cada dia descubrimos nue
vas distancias y regiones desconocidas. »An
tes de la invención del telescopio , nota bien
Der-
al mundo Planetario.
27
Derham (1) en su superficial Teología astro
nómica , se creía , que el Cielo se restringía á
límites mucho mas estrechos, que los que des
pués se han h a lla d o .... Los límites antiguos,
aunque estrechísimos , bastaban para dar á co
nocer el Criador del firmamento y de los as
tros : mas con las modernas observaciones,
que á las antiguas exceden notablemente en su
exáctitud, hallamos en los Cielos una obra
mas maravillosa , mas sorprendente y mas dig
na de la potencia infinita de su C riad or, que
se podia hallar ó conocer según el sistéma As
tronómico de los antiguos. Si en virtud de las
observaciones modernas no podemos aún de
terminar la grandeza de innumerables cuerpos
celestes , no por esto dexamos de conocer con
certidumbre , que es inmensa su extensión : y
esta verdad convence que ellos son obras de
Dios.”
El sistéma solar , Cosmopolita, ó el espa
cio inmenso en que se mueven los planetas y
cometas , serán objeto delicioso de nuestro viag e , visita y observación , en que se ocupará La observa
y abismará nuestra consideración, y pábulo con ción de ios
Ciclos es
tinuo encontrarán nuestras conjeturas, y curio
manantial
sidad. El Sol estiende su señorío por un im de dudas fí
perio inmenso : si las estrellas fixas que vemos, sico-astro
son otros tantos soles; cada una de ellas ten nómicas.
drá su propio imperio, en que por espacios inmen(1)
Guillermo Derham : Theologie Astronomique. Par. 1729. 8. iib. 1. cap. 1. p. 56.
H2
28
Son innu
merable;. los
imperios so
lares.
Dudas que
excitan la
curiosidad*
y la abis
man.
V i age estático
mensos exercitará su jurisdicción. [O quanfcos
imperios solares é interminables descubre ó
conjetura ya nuestra curiosidad! ¿Se oculta
rán quizá otros mayores ? Mas dexemos en el
silencio estas dudas y conjeturas que excitan,
y al mismo tiempo abisman nuestra mente en
su misma curiosidad : yo no debo aun propo
ner ni indicar estas escabrosas dudas , porque
temo el peligro de confundir mi instrucción,
ó de escandalizar y acobardar tu pusilanimi
dad hasta ahora ignorante. La experiencia y
los nuevos conocimientos que adquirirás en el
viage , dispondrán tu mente para conjeturar lo
verisímil sin escándalo de til ignorancia pre
sente , y dudar de lo improbable por el temor
prudente de errar. Si en las ciencias por me
dio de lo conocido se pasa y llega á enten
der lo desconocido : así en este viage por la
consideración del Sol , que es el astro mas sen
sible , y visible á los terrícolas , llegarémos á
entender y conocer mejor los fenoménos de
los astros celestes mas insensibles y casi invi
sibles. A este fin nuestro primer vuelo y jor
nada han sido para visitar y observar el Sol
que tenemos presente , y que casi tocamos. An
tes de empezar esta observación debo adver
tirte , que freqiientemente hablaré de la dis
tancia y grandeza de los planetas con relación
á nuestra tierra. Quiero decirte. Un terrícola
aislado y contemplador de la naturaleza, con
sidera y mide la distancia y grandeza de los
objetos terrestres con relación á su cuerpo:
así juzga , que tal objeto es alto , ó dista tan
tos pies, pasos, palmos , brazas, &c. : que son
me-
al mundo Planetario .
29
medidas de su cuerpo. Así también nosotros
terrícolas en estas regiones celestiales contemplarémos y medirémos los astros con relación
á la distancia y grandeza de nuestra tierra,
valiéndonos de ella , como de medida grande
y conocida. Las medidas , pues , de nuestra
tierra , según los principios que establezco en
su historia física, tratando de su figura y gran
deza , son las siguientes: El semidiámetro ter
restre es de 1,432 leguas y media ; por lo que
el diámetro será de 2,865 leguas; y su circun
ferencia de 8,996 leguas (que tal vez supon
dré de 9000 leguas, como numero mas com
pleto , y poco diferente del verdadero. La su
perficie regular de un globo tan grande co
mo la tierra , contendría 25,785,000 leguas
quadradas , y su solidéz ó volumen sería de
12,312,337,500 leguas cúbicas: y de este nú
mero de leguas quadradas y cúbicas supondré
constar la superficie y la solidéz, ó volumen
del orbe terrestre.
Grandeza de
la tierra.
Su diáme
tro.
Su circuito
ó circunfe
rencia.
Su superfi
cie.
Su solidéz ó
volumen.
5. 11.
Grandeza del Sol.
,
,
,
Mpecemos pues Cosmopolita á hacer
atenta y cuidadosa observación de las in
numerables curiosidades que en el Sol descu
brirá nuestra consideración. Su grandeza enor
Fenómenos
me , su substancia, su hermosura, su luz ó que se ob
resplandor , su calor y actividad , su atmós servarán en
fera y manchas , su movimiento y situación, el Sol.
son otros tantos fenoménos, en que hallarémos
E
30
Via ge estático
mos muchos motivos de reconocer y alabar el
poder y bondad de nuestro D io s, que crió es
te grande y hermoso astro para servicio de
los hombres. E l S o l, con estas admirables y
utilísimas calidades , al mismo tiempo puede
ser benéfico con nuestra tierra y con otros in
numerables planetas : mas no por esto , nues
tro agradecimiento á la bondad de quien lo
crió , debe ser inferior al que le tendriamos en
caso que lo hubiera criado únicamente para
nuestro servicio. ¿ Sería justo que los terríco
las no agradeciesen al Criador el don de la
luz solar , porque ésta también alumbra á los
mas viles insectos de la tierra ? Si así pensáran los terrícolas, ellos serían no hombres,
sino monstruos inhumanos de ingratitud , en
vidia é ignorancia. Sea, pues, criado el Sol,
para hacer á todos los planetas y cometas par
ticipantes de las beneficencias, que por di
rección de la mano graciosa y liberal del Cria
dor , reparte in cesan tem en te sobre la tierra:
nosotros las contemplarémos todas como si se
empleáran únicamente en nuestra utilidad y
ventaja : porque de este modo gozamos de to
das ellas por efecto de la admirable y pia
dosa providencia de nuestro Dios. Con esta
disposición de reconocido y humilde agra
decimiento , debes , Cosmopolita , oír la ins
trucción y explicación que te haré de las ca
lidades que hemos de contemplar en el Sol.
La primera, que por ser la mas visible,
arrebatará tu atención , será sin duda la enor
mísima grandeza solar. E sta , á la verdad, es
ta l, que no puede ser observada, sin que uno
se
a l mundo V ianet ario.
31
se sienta penetrado de estática admiración.
Entre los terrícolas se forma gran concepto de
la magestad de los Príncipes , por la grande
za y por el esplendor de sus C ortes, y por la
soberbia de sus Palacios. Sabemos por la his
toria , que en la antigüedad muchos sabios cu
riosos iban á Egipto para ver sus soberbias
pirámides ( 1 ) , laberintos y el famoso lago de
M e ris; las quales fábricas se miraban como Grandeza de
obras portentísimas del ingenio humano. Con las pirámi
fieso que no sin admiración se puede ver la des de Egip
pirámide m ayor, cuya solidéz es de trescien to.
tas y trece mil quinientas y noventa toésas
cúbicas. Con m ayor admiración se veía el la
go de M e ris: éste tenia de circuito catorce
le( 1 ) Las pirámides de Egipto fueron llamadas
milagros ó maravillas del mundo. En una de ellas
(Plinto , lib. 26. cap. 12. ) trabajaron 360$ hom
bres veinte años. La pirámide mayor de Menfis,
según la relación que Chazelles hizo á la Aca
demia de las Ciencias de París en el año 1695,
tiene una base quadrada , cuyo lado es de loo
toésas. Su altura perpendicular es de 77 toésas
y i ■ La superficie de las fachadas de la pirámi
de (que son triangulares) constan 12,10 0 toésas
quadradas.
Chazelles halló , que los ángulos de dicha pi
rámide miraban perfectamente á los quatro puntos
cardinales del mundo : esto prueba la invaria
ble situación de la esfera celeste , y la antigüe
dad del estudio astronómico.
Lago de
Mtiis.
Grandeza
del Sol.
32
F ia ge estático
leguas , y de profundidad trescientos pies; y
para que la posteridad conociese que lago tan
grande habia sido hechura de hombres, en
medio de él habia hecho colocar el Rey Meris dos pirámides , que sobresalían trescientos
pies sobre el agua. Estas y otras semejantes
fábricas de los Egipcios , que con razón lla
mó Plinio(i): Regum pecunia otiosa et stulta
ostentatio , y otras soberbias fábricas de los
Caldeos y Romanos, se han celebrado y cele
bran entre los terrícolas como maravillas del
arte, y pruebas del poder , y riqueza de al
gunos Príncipes de la tierra. Mas todo quanto admiran los hombres en ésta como grande
y magnífico , respecto de la grandeza del glo
bo solar , es como una gota de agua compa
rada al Océano. Las maravillas del arte que
he insinuado , se celebran como obras gran
des : y no obstante , ocupan tan poco terre
no , que son una nada respecto de todo el or
be terráqueo: pues ¿ qué serán respecto de es
ta mole solar, que es un millón trescientas
y ochenta y cinco mil quatrocientas y seten
ta veces mayor que nuestra tierra ? Si la obra
de una pirámide que está en pocos pies de
tierra, hace que los hombres conciban gran
de idea del poder del R e y , que la fabricó por
mano agena , y en muchos años; ¿qué concep
to no deberémos formar los racionales del su
mo poder de nuestro D ios, que en un momen
to,
(1)
Hist. Nat. lib. 26. cap. 12.
al mundo Vianetario.
33
t o , con el solo querer, hizo de la nada este
cuerpo solar tan grande y tan hermoso ? Dios
quiso que el Sol existiese : y el Sol existió tan
grande y tan hermoso como Dios quiso. ¡ O
fuerza incomprensible del Poder Omnipoten
te , en quien el obrar es el querer!
El Señor , que criando el espíritu huma
no á su semejanza, lo colocó en el cuerpo ma
terial adornado de vista, le puso en este Sol
una lámpara inextinguible, que lo alumbráse. Fué , pues , hecho el Sol para alumbrar el
mundo; y como éste es tan grande, la sábia Providencia Divina lo hizo de grandeza
proporcionada al lugar para que lo destina
ba. No sé , ¡ ó Cosmopolita m ió! cómo hay
racional, que viendo este desmesurado inex
tinguible fanal, no reconozca en él la Provi
dencia y Omnipotencia de nuestro Dios. ¿ Quién
entrando en el salón de un gran Palacio , y
viendo en él una hermosa lámpara que alurnbráse , creería , que esto era un acaso ó ac
cidente de la naturaleza? ¿Y quién viendo el
Sol que nos alumbra en este grande mundo,
no reconocerá en él un efecto prodigioso del
poder de nuestro excelso Señor? Bestias fue
ron aquellos hombres que contemplando y ad
mirando la grandeza y hermosura del Sol ido
latraron en é l , creyendo que la divinidad era
el Sol, objeto visible, que por su belleza mas
se distinguía en la naturaleza. Bestias fueron
tales hombres , porque viendo con los ojos cor
porales , se mostraban ciegos en el espíritu : mas
los que no conocen en su Autor la Suprema
Divinidad , yo los llamaré mas que bestias:
Parte I.
I
por-
El Sol lám
para del
mundo.
34
En unas
obras mas
que en otras
se descubre
Jo maravi
lloso de la
divina Pro
videncia.
r
la s obras de
Ja naturale
za tanto mas
admirables,
quanto mas
pequeñas.
•
estático
porque piensan, como si estuvieran ciegos en
el espíritu y cuerpo ; verificándose de estos lo
que ( i ) está escrito : que viendo no verían, y
oyendo no oirían ni entenderían.
Deseando ¡ ó Cosmopolita! aprovecharme
de todo lo particular que nos ofrece la ob
servación de la naturaleza, para reconocer en
ésta el poder y la bondad de nuestro Supre
mo Criador , yo te he hecho levantar á éste
la consideración que en nosotros excita la
vista de la desmesurada grandeza del S o l: por
que aunque en todas las obras de la naturale
za podemos y debemos reconocer y admirar
el poder de nuestro D ios, no hay duda , que
en algunas de ellas su poder es mas digno de
admiración; ó porque tales cosas son extraor
dinarias, ó porque mas inmediatamente nos
descubren la suma sabiduría del Artífice. La
grandeza del cuerpo solar ha llamado con sin
gularidad nuestra atención, porque aún con
servamos el resabio de m aravillarnos, como
los terrícolas, entre los que por vicio de edu
cación ó por efecto de ignorancia , lo mas gran
de en qualquiera linea suele ser lo mas ad
mirable : mas yo te deberé decir ¡ó Cosmo
polita! que según mi sentir, y según los prin
cipios de la Filosofía mas racional, hallamos
generalmente en las obras pequeñas de la na
turaleza mayores motivos de admiración que
en
( i) Quia 'videntes non vident , et eludientes
non andiunt, ne^ue intelligunt. S. Matth. 13 . 13 .
al mundo Planetario.
35
en las grandes : así como solemos admirar mas
la habilidad de un artífice en cosas sutiles y
delicadas, que en las grandes. Yo te debo con
fesar , que á mí me causa menor admiración
la vista de la grandeza del S o l, que la con
templación de un insecto pequeño , como el
-gusano de seda : el qual con notable é incom
prensible metamorfosi se convierte de gusano
en grisálida , y después en mariposa. Me ad
mira el ver á este gusano , que después de ha
ber comido la hoja tierna de morera, va vo
mitando de su estómago una baba que se se
ca al salir: la hila, y forma con ella un ca
pullo , que le sirve de sepulcro. Me admira
el considerar á este insecto inmoble , y como
aletargado ó muerto en el centro del capullo
(en el que está sin que en él se pueda descu
brir señal alguna de su primera figura ), y que
después con el calor del estío volviéndose á
animar ó á dispertar, rompa su sepulcro, y
aparezca como un nuevo ente armado con alas
para acabar en breve su vida , dexandonos
abundancia de huevos, conque se perpetúe su
posteridad.
Mas si un Filósofo ¡ó Cosmopolita ! quiere
considerar objetos, que siendo casi indistingui
bles á la vista corporal dan la mayor mate
ria de admiración , no necesita de otra cosa
sino de ponerse á observar la naturaleza con
un microscopio ; y luego descubrirá un nuevo
mundo de vivientes, cuya atenta contempla
ción le hará conocer el poder de Dios mejor
que la vista de los desmesurados cuerpos pla
netarios que se observan con el telescopio. Un
I2
Fí-
El microsco
pio hace vet
ulia natura
leza que pajete nueya.
36
Viage estático
Físico (1) llegó á observar en una gota de agua
de pimienta mas de ocho millones de insec
tos: y en el hígado de una melva creyó que
terrestres.
habia mas insectos que hombres sobre la tier
ra. E l inmenso número de pequeñísimos in
sectos , que suele haber en el agua estañada,
hace que ésta aparezca verd e, obscura, en
carnada y de diferentes colores. La pequeñéz
de tales insectos llega á ser t a l , que estos suelea
aparecer, como otros tantos átomos que se con
funden con las partes elementales de agua. Ben
jamín Martin dice haberse hecho tales descu
brimientos de insectos pequeños , que en una
gota de agua puede estár un millón de millo
nes de ellos. Algo hiperbólica parece la pro
posición de Martin ; mas la experiencia sin hi
pérbole alguna demuestra que el número de
insectos es poco menor, que el de puntos sen
A la grande sibles de materia. Apelo , Cosmopolita , á tu
za de los as bondad y paciencia para oírme sobre este
tros la tier asunto, que aunque terrestre merece ser tra
ra opone la tado en las regiones celestiales, á cuyos as
pequenez ad
tros
Número' in
terminable
de insectos
mirable de
sus insectos.
(1 ) Antonio Van-Leeuwenhoek observó en la
dicha gota de agua 8,280,000 insectos ( Benjamín
M artin , Gramática delle scienze. B as sano. 1778.
8. p. 4. c. 5.). Leeuwenhoek en su Obra : A r
cana natura detecta. Delphis Bata'vorum. 1695.
4. En la epístola 4. p. 42. epístola 75. p. 336, &c.
refiere sus experiencias, en que vio millones de
insectos, que ocupaban el espacio que correspon
de á un grano de arena.
al mundo ’P lanetario.
gjr
tros maravillosos por la grandeza opone nues
tra tierra exércitos innumerables de insectos,
que sorprenden la mente humana por su pequeñéz casi increíble. Quiero, pues, contarte
un discurso breve, que casi encantado de pla
cer y curiosidad oí el año de 1787 en Roma
á un venerable anciano (1) en la Librería de
Venancio Monaldini.
Concurren á ésta muchos literatos Roma
nos después del paséo para descanso del cuer
po y recreo del ánimo* Entré una tarde en
ella,
Discurso
con un sa
bio enveje
cido en la
observación
(1) El Ex-Jesuíta Felipe Arena ( q u e d e 82 de los insec
años de edad murió el 1789 en esta Ciudad de tos.
R o m a ), célebre por su Obra sóbrela cultura de
las flores, publicada en Italiano , y traducida en
Alemán. Contiene tres tomos en quarto. El año
1 77 7 publicó en Roma un tomo en quarto , con
el título : Physic<e qucestiones precipua , tom. 1.
Disponia la impresión de dos tomos de física , que
por-su muerte quedaron inéditos: en ellos secóntienen muchas experiencias y observaciones cu
riosas con el nuevo sistéma físico del Autor , que
habiéndome conocido en la dicha Librería , quiso
y me empeñó para que yo reviese sus manuscri
tos de física. De este Autor y de algunas obser
vaciones de Leeuwenhoek sobre los insectos, dis
curro mas largamente en el capítulo 2 de la Obra
que he escrito con el título : E l hombre físico , ó
Anatomía humana fisico-Jiiosójica > y que en
viaré prontamente á España para que se imprima
en Madrid.
Método de
observar la
naturaleza.
Newtón
empezó á
observar la
naturaleza
por lo má
ximo.
La naturale
za se debe
empezar á
observar
por io mí
nimo.
38
Via ge estatico
e lla , y habiendo ocupado puesto cerca de un
anciano octogenario , que hablaba con el Li
brero Monaldini sobre la impresión de una
Obra nueva de Física, y sobre su contenido,
oí con atención y novedad parte del discurso,
y habiéndolo concluido el anciano, procuré
renovarlo con cortesía y habilidad , reprodu
ciendo várias proposiciones del discurso que
habían herido mi fantasía. Entonces el vene
rable anciano , jovenizandose repentinamente
con boca risueña y vista alégre, me habló así:
«Ignoro, Señor Abate, tu nombre y carácter:
mas tus curiosas dudas me hacen conocer que
te son notorios los descubrimientos físico-as
tronómicos de Newton ; y esto me basta pa
ra que yo con gusto satisfaga á tus preguntas,
y á las objeciones que en ellas me propones
:enmascaradas. Respeto el mérito de Newton,
y adopto en general su sistèma ; aunque co
nozco , que éste enei orden físico no se per
feccionará hasta que la observación penetre
los ocultísimos senos, en que se esconden las
partes ú obras mínimas de la naturaleza. New
ton observó á ésta en sus partes y obras má
ximas , quales son los globos inmensos que gi
ran por los Cielos ; y desde estos baxó á la
tierra : mas yo por lo contrario desde ésta su
bo al Cielo. Yo empiezo á observar la natu
raleza desde sus obras mínimas y casi indistin
guibles á la vista corporal ; paso después á las
visibles pequeñas, medianas , mayores y má
ximas , y todas ellas las miro y hallo como
anillos de una misma cadena, y como escalo
nes de una misma escalera , que me facilitan
la
al mundo Vianet arlo.
39
la subida hasta las eminentes alturas de los
Cielos.” El anciano probó y confirmó estas
proposiciones con várias reflexiones y expe
riencias , y entre éstas me refirió la siguiente,
diciendo: »»Empleado yo desde mi juventud
en el estudio de las ciencias físico-matemáticas
que he enseñado en Sicilia y Malta , he teni
do siempre presente la necesidad de indagar
los íntimos secretos de la naturaleza; y con
este fin he procurado observar sus mas míni
mas obras , persuadiéndome á que el conoci
miento de éstas nos encamina al de sus pro
ducciones máximas. A este efecto, con pérdi
da de la vista y salud por mas de 20 años, me
Reyno ani
ocupé continuamente en observar el reyno in mal invisi
menso de vivientes innumerables que esconde ble en la na
la naturaleza; y esta observación me obliga turaleza.
á conjeturar que Dios en el principio del mun
do crió un ente viviente con cada punto de
materia. Esta proposición , Señor A bate, te La materia
parecerá exótica , mas no es inverisímil. Para terrestre se
su prueba podré alegar várias experiencias, en crió anima
tre las que elijo la siguiente ; y si deseas satisfa da.
cer tu curiosidad con otras , yo te enviaré mis
manuscritos , en que las leas. En el clima calien
te de Sicilia y Malta he puesto algunas ve
ces sobre agua clara, expuesta al Sol ardien
te de estío , algunas hojas de c o l, y en menos
de ocho horas he visto desencarcelarse los in
numerables entes vivientes que en ellas se
escondían, y formaban su aparente materia.
Atento siempre con microscopios que yo mis Aparición
mo habia hecho, y aumentaban diez millo de la materia
nes de veces los objetos, jamás descubrí, ni animada.
40
Viage estático
ilegué á ver insecto alguno , que traído por el
a y re reposáse ó cayese sobre las hojas; mas
en éstas observé siempre , que desuniéndose con
el calor solar innumerables globillos de que
se componen las hojas, y empezando á mo
verse, daban señales ciertas del ente viviente
que los animaba. Aparecían después desenvol
viéndose los globillos , maquinillas vivientes en
todos ellos, con figuras diversas y rarísimas.
Veinte mil
La muchedumbre de vivientes algunas veces
«laminillas era tanta, que en la gota de agua que estaba
vivientes
en la punta de un alfiler había diez m il, quin
puede alo
ce
m il, y casi veinte mil maquinillas vivien
jarse sobre
tes
, que con extrema paciencia llegué á contar.
U punta de
El
vaso de agua en que habia puesto las hojas
un alfiler.
de col, parecía un Océano poblado de vivien
tes aquátiles, que estaban en continua guerra,
como los peces en el mar y los hombres en
la tierra. Su figura era vária , y tan horrible
la de algunos vivientes, que su vista daba ter
ror á los que no eran prácticos en observar
Horrible va los. Me divertí algunas veces , presentando á
riedad de fi varios amigos este monstruoso y guerrero es
guras que
pectáculo , cuya vista horrorizaba á algunos.
tienen los
Persistí
no pocas veces en observar los suce
insectos.
sos y el fin de la breve vida de los vivientes;
y hallé que todos ellos acababan , como sue
len acabar los peces , entre los que á los pe
queños comen los grandes, y á estos comen
después los hombres. Así en pocas horas des
aparecía la inmensa muchedumbre de vivien
tes aquátiles, como en pocos años desapare
ce y se renueva la generación de los terres
tres. Esta experiencia , Señor A bate, te hará
del mundo Vianet ario.
41
conocer , que todas las plantas se componen
de puntos de m ateria, en que están escondi
dos y encarcelados otros tantos entes vivien
tes : y á la acción de estos se debe el mo
vimiento que tienen algunas plantas, y que
hasta ahora se han explicado mal en la físi
ca , como digo en mi Obra , ya publicada so
bre el cultivamiento de las flores. Vivientes
hay también encarcelados en los puntos de
materia de que se componen los planetas y
cometas , cuyo movimiento en buena física no
se entiende bien sin algún principio de vida.”
El anciano continuó este discurso por mas de
una hora : no quiero molestarte con referirte
todas las experiencias y reflexiones que en
él o í ; mas permíteme, que y o , teniendo á la
vista la pequeñéz admirable de las produccio
nes invisibles de la naturaleza, haga la si
guiente observación. Has oído que en un punto
de agua se han llegado á contar hasta vein
te mil vivientes : todos estos tienen sus ór
ganos y mecanismo corporal, como los ani
males grandes ; esto es , tienen celebro , estó
mago , intestinos , venas, arterias, glándu
las , & c. proporcionadas á la grandeza ó pe
queñéz de sus cuerpos. Según esto , sabiendo
que un grano de arena puede cubrir en el
cuerpo humano millares de glándulas ( 1 ) , ¿có
mo
( 1)
El numero de las glándulas de nuestro
cuerpo es maravilloso {como dice Benjamín M a r
tin citado , p. q,. cap. 5- )• Se quiere qu
P a r te I .
K
no
Cada plane
ta es un agre
gado de in
sectos.
Los planetas
y cometas
son masas
de insectos.
Indetermi
nable peque
nez de los
m.embros
de los insec
tos.
42
Vi age estático
mo serán éstas en un insecto , cuya grande
za sea de una millonésima de pulgada ? ¿ Qué
pequeñísimos deberán ser los vasos por don
de corren los fluidos de su cuerpo? ¿Quién
podrá considerar los órganos de esta casi in
visible máquina viviente, sin quedar estático
y lleno de admiración? Por ventura, ¿apa
Dios admi
recerá
mas estupenda la grandeza de este cuer
rabilísimo
po
solar
, que la suma pequeñéz de tantos gra
en la peque
nos
(1)
en
un insecto casi invisible ? ¡ O h , quán
nez de los
cier
insectos.
no de arena pueda cubrir 125,000 glándulas. Si
suponemos dos mil granos de arena en el espacio
quadrado de una pulgada , y que la superficie
del cuerpo humano conste de catorce pies quadrados, habrá en la cute de un hombre de estatura
ordinaria 324,000,000,000 glánd ulas. C a d a una de
éstas contiene un canal ó poro para la respiración.
(1) Si suponemos una pulgada dividida en un
millón de partes , y que 29 de éstas sea la gran
deza de un insecto, que sea tan largo, como ancho,
la superficie de éste constará de 0000000000.84;
esto es , de 84 partes de cien mil millones de par
tes iguales de una pulgada quadrada. N o nos de
be causar maravilla tanta pequeñéz en algunos
insectos , á vista de las innumerables partecillas,
en que el arte divide un cuerpo pequeño. Boile dice , que con un grano de oro se puede hacer
una hoja de 50 pulgadas quadradas : por tanto,
si suponemos que lo largo de una pulgada se di
vide en 200 partes visibles , la tal hoja de oro
tendrá dos millones de partes visibles.
43
a l mundo "Planetario.
cierto e s, Cosmopolita , que los hombres , co
mo dixo el grande Agustín (i) , se admiran,
muchas veces , no de lo que es mas maravi
lloso , sino de lo que es mas raro! y por es
to pasan la vida como bestias, sin recono
cer al Supremo Hacedor en tantos y tan pro
digiosos efectos de la naturaleza , que los ro
dean , tocan , y continuamente se presentan á
su vista.
Volvamos otra vez, Cosmopolita , al asun
to primero de nuestra observación, de que
nos hemos apartado algo. No obstante de ser
tan grande el S o l, él aparece tan pequeño á
los terrícolas, que su diámetro parece ser de
un palmo solo. Mas esta apariencia proviene
de su gran distancia : así por experiencia ve
mos , que los objetos van apareciendo meno
res á proporción que nos alexamos de ellos.
La distancia desmiente la grandeza de los ob
jetos : mas quando nos consta quanto sean dis
tantes , el conocimiento de la distancia nos sir
ve para determinar su pequeñéz ó grandeza:
así viendo los terrícolas, que el diámetro so
lar les parece de un palmo en la distancia de
Diámetro
treinta y quatro millones trescientas cincuen del disto so
ta y siete mil quatrocientas y ochenta leguas, lar.
infieren, que dicho diámetro tiene de largo
trescientas diez y nueve mil trescientas y noven-
(i) Illud mirantur homines , non quia majus
est , sed quiet rarum cst. S. Aug. tract, 24. in
Joann.
K2
44
Figura del
Sol,
Viage estático
venta y siete leguas. Con particular providen
cia el Señor ha colocado en tan grande dis
tancia de la tierra este inmenso fan al; ya pa
ra que por su cercanía no abrasáse á los ter
rícolas , y á quanto puebla la tierra; y ya
porque si el Sol estuviera tan vecino á ésta,
como la Luna , quando saliese, casi todo el
Cielo sería Sol. En tal caso, éste ocuparía dos
cientos (i) y quince grados del Cielo visible
á los terrícolas.
La distancia del S o l, mirado desde la tier
ra , hace variar su aparente figura. Desde la
tierra el Sol aparece un plano luciente , no
obstante de ser un globo. La causa de esta
apariencia ó engaño es la dicha distancia; así
si desde lexos miramos un globo , éste nos
parece un plano circular ; porque por razón
de la distancia no podemos distinguir, que las
partes interiores están mas baxas ó altas que
las del limbo ó circunferencia. La rotación que
se ha observado en el S o l, y el movimien
to (2) de sus manchas , son dos pruebas de la
figura esférica del cuerpo solar.
§. III.
( 1 ) En suposición de distar la Luna de la tier
ra 88,860 leguas , un grado de la órbita lunar
contiene 1,481 leguas; y como el diámetro solar
es de 319,397 leguas, se infiere que éste ocu
paría 215 grados de la órbita lunar , y ^ de
(2) Se observa que el movimiento de las man
chas que se ven en el limbo ú orillas del Sol , es
mas
/
a l mundo Planetario.
45
§. n i.
Substancia y calor solar .
Bservada la desmesurada grandeza del
cuerpo solar , es justo ¡ó Cosmopolita! que
nos internemos á considerar su substancia. Es
ta , como se echa de v e r, por todos sus efec La materia
tos , calienta y alumbra : es ígnea y lumino solar es íg
sa. En ella advertimos los efectos de calor y nea y lumi
nosa.
lu z , que comunmente se hallan en el fuego
terrestre. La luz solar es tan grande, que alum
bra inmensos espacios : es tan v iv a , que im
pide mirar su manantial con la vista corpo
ral ; y cegaría al terrícola que se empeñáse
mirar al Sol un dia entero. El calor solar es
Actividad
no menos universal y activo, que la luz. No
del
calor so
obstante la gran distancia del Sol á la tier
lar.
ra , si los rayos solares que llegan á ésta, se
unen en el fuego del espejo ustorio, derriten
los mas duros metales (1) en un momento. To
da
O
mas lento que el de las manchas que están en lo
interior : asimismo las manchas del limbo apare
cen mas estrechas , que las interiores. Todo esto
prueba ser esférico el Sol.
(1) Según las experiencias de Tschirnhauso,
Homberg , Geoftroy , Boerhaave , &c. todo lo
combustible se inflama luego con las lentes y es
pejos ustorios. Los metales y medio-metales* se
derriten prontamente. Aead. des setene, an. 1699.
A ct.
46
Viage estático
da la actividad del fuego terrestre parece una
nada en comparación de la que puede tener
El Sol hoel calor del Sol. Este, pues, ¡ ó Cosmopolígueray lám- t a ! sirve de hoguera para calentar el mundo,
para del
y de lámpara para alumbrarlo. Siempre arde,
mundo.
y siempre alumbra en beneficio de los mor
tales. ¿Qué racional, pregunto y o , hallándo
se todas las noches con luz y fuego preparado
en su habitación , se persuadirá á que esto es
un efecto del acaso? ¿Y habrá terrícola, que
no conozca la providencia del Señor en el Sol,
que como fuego y luz inextinguibles tiene siem
pre preparado para calentar y alumbrar la
tierra, y á quantos la pueblan?
En la substancia solar he distinguido, Cos
mopolita , sus dos mas visibles y maravillo
sas propiedades , que son el calor y la luz. De
una y otra es necesario hablar con distinción.
Empiezo por el calor. La actividad del ca
lor solar se echa de ver , ó se colige muy
bien , por el que en la tierra experimentamos
en tiempo de estío. Si distando la tierra del
Sol mas de treinta (1) y quatro millones de
leguas, el calor solar en ciertos meses se ha
ce
Act. Erudit. Lips. 1697. Trans. Philos, n. 522.
Boerhaav. Elem. Chym. tom. 1.
(1) En tiempo de estío, en que el Sol mas
se alexa de; la tierra , dista de ésta 34,934,74°
leguas.
al mundo Planetario.
Atf
ce casi insufrible; ¿quanta será su actividad
en su fuente y origen ? Nosotros , como es
pirituales , aunque inmediatos al S o l, no sen
timos aquí el efecto de tal actividad , mas nos
es fácil el conjeturarlo , constándonos por ex
periencia lo mucho que se suele sentir en la
Calor que
tierra, y lo que un fuego pierde de eficacia concibió el
por razón de la distancia. Podrás conjeturar cometa apa
lo también por el ca lo r, que según algunos recido en el
Físicos llegó á concebir el cometa del año 1680; 1680.
no obstante , que en su mayor cercanía al Sol,
distaba (1) de él 53,233 leguas. Newtón (2)
juzgó tan grande el calor solar en este come
ta , que llegó á suponer su actividad 28$ veces
mayor , que la del mismo calor solar sobre la
tierra en estío. Según el mismo Autor un glo
bo de hierro ardiendo, é igual en grandeza al
terrestre, conservaría el calor cincuenta mil
años ; y según las mas exáctas experiencias de
Buf( 1 ) En el dia 8 de Diciembre , en que el co
meta estaba en el perielio ó vecindad mayor al
Sol , su distancia hasta el Sol era á la que éste
dista de la tierra como 6 á 1000: ó según otras
observaciones el cometa distaba del Sol la sexta
parte del diámetro solar, el qual tiene 319,397
leguas de largo.
(2) Philosophice naturalis principia ntathematica auctore Isaaco Newtono cum comm. pp.
Thomrt Le-Seur , et Franc. Jacquier. Genev¿e.
1739. 'v°l' 3- db. 3. probl. 41. prop. 21. p. 639.
48
Via ge estático
Buffón (i) tardaría mas de noventa y seis mñ
años
( i ) Buffón en el tomo i del suplemento á su
Historia natural , pone observaciones curiosas so
bre el progreso del calor en los cuerpos que se
calientan y enfrian. Newtóu , como dice Buffón
en sus principios matemáticos ( citados antes ) , ha
ce algunas suposiciones falsas , que sin examen
han adoptado los físicos, y una de ellas es la si
guiente , que en varios libros se lee citada como
dogma físico. Un globo de hierro ardiendo , cu
yo diámetro sea de una pulgada , se enfria casi
en una hora. Suponiéndose , pues , la duración
del calor con proporción ó razón á los diámetros,
inferia Nevvtón , que un globo de hierro ardiendo,
é igual en grandeza á la tierra , apenas se enfriaría
en cincuenta mil años. Sospechó Newtón que la
duración del calor era algo mayor en los cuerpos,
á proporción que era mayor su diámetro ; y Hermanno Boerhaave (como notan Le-Seur y Jacquier
citados) en sus Elementos químicos , dice haber
observado , que los cuerpos conservan el calor
mas tiempo , á proporción que son mas grandes
ó mas densos. La duración del calor , en razón
délos diámetros, se halla (advierte Buffón) en
los cuerpos homogéneos y permeables al calor,
como lo es el agua. Esta proporción falta en los
cuerpos sólidos : así en los globos de hierro , que
tengan el número de medias pulgadas i. 2. 3.
4. 5. N : el tiempo que tardan en enfriarse has
ta que se puedan tocar con la mano, es de mi
nutos 12. 36: 64. 108. . . 24 N — 12. minutos.
Por
al mundo ’P lanetario.
49
años eri enfriarse. E l mismo Buffón ( 1 ) , con
cálculos diferentes de los que supone Newtón,
pretende inferir , que el cometa del año 1680
( en caso de suponerse su diámetro de 228,342
medias pulgadas) pudo concebir solamente el
caPor tanto , suponiéndose en la tierra el diáme
tro de 9 4 1 ,4 6 1,9 2 0 medias pulgadas , el tiempo
que tardará en enfriarse , hasta que se pueda to
car con la mano sin quemarse , debe ser de — 24
N — 1 2 : esto es (poniendo en lugar de N el
numero correspondiente de medias pulgadas) , de
22,59 5,0 8 0 ; 68 minutos, que hacen 42964 años
y 2 2 1 dias. Asimismo, en los dichos globos, el
tiempo que tardan en enfriarse totalmente sera de
39. 93. 14 7 . 2 0 1. 256. . . . 54 N :i~ 15. minu
tos : por tanto , poniendo en lugar de N el nu
mero de medias pulgadas , que tiene el diáme
tro terrestre , el tiempo que la tierra tardaría en
enfriarse totalmente , sería de 50,838,943,662 mi
nutos , que hacen 966 71 años , y 1 3 2 dias.
( 1) Buffón en la Obra citada supone que el
calor del hierro ardiendo es siete ú ocho veces
mayor que el del agua hirbiendo , é impugna á
Newtón que conjeturó ser solamente tres ó quatro veces mayor. Es necesario confesar , que es
poco exacta la escala de grados de calor, de que
se valió Newtón para sus cálculos , y que citan
los comentadores de sus principios matemáticos en
el libro 3. prop. 8. cor. 4. probl. 4 1 . prop. 2 1 .
Esta escala se publicó en el tomo I I de los Opús
culos de Newtón impresos en Ginebra el año 1744.
- Parte I.
L
Via ge estático
calor que llega á tener el hierro ardiendo. Mas
porque se ignoran la grandeza del com eta, y
la densidad de su materia (»circunstancias que
conspiran mucho para alterar la duración del
calor) , no podremos afirmar ni negar , que el
calor del cometa era mas de dos mil veces ma
yor , que el de un hierro ardiendo , como diEl calor del xo Newtón ; mas claramente podremos afir
cometa fué
mar , que el calor del cometa (en caso de ser
28$ veces'
mas activo, éste igual á la tierra en grandeza, y en la den
que el del sidad de su masa) era veinte y ocho mil ve
estío en la ces mas activo , que el mayor del estío en la
tierra.
tierra. La grandeza del cometa nos es desco
nocida; mas su densidad ciertamente es mu
cho mayor , que la terrestre , y proporcionada
á la resistencia, que debía hacer á la activi
dad del calor en la suma vecindad al Sol. Es
ta circunstancia obliga á conjeturar haber si
do grandísima la actividad del calor s o la r en
el cometa: y para que de ella formes el con
cepto debido, he aquí otra reflexión sobre la
misma prueba.
Los cuerpos retienen comunmente tanto mas
tiempo el calor , quanto mayor es su densi
dad , como observó Boerhaave en sus Elemen*
Relación
tos de química ; así mas tiempo debe durar el
entre las
calor
en la tierra, que en el agua; porque
densidades
del agua , la densidad terrestre es á la del agua, como
del ayre, de 1630 á 1000: y mas tiempo debe durar en ej
la tierra y
agua , que en el ayre ; porque la densidad del
del sol.
agua es á la aérea como 36o,000 á 1000. Su
poniendo con los modernos , que la densidad
terrestre sea á la solar como 1,000,000 á 25,285;
esto e s , que sea quadrupla de la solar , és
ta
50
al mundo Vianet ario.
51
ta se podrá suponer casi 400 veces mayor que
la aérea. Si un pie cúbico de ayre pesa una
onza , el pie cúbico de materia ígnea solar
pesará casi 400 onzas. Si la actividad de di
Cálculo de
cha materia corresponde según la opinión de la actividad
los modernos á los grados de su densidad y del calor en
peso ; viendo que el fuego terrestre elemen cuerpos de
diferente
tal , sobre cuya gravedad están dudosos (1)
densidad.
los F ísicos, llega á tener una actividad sor
prendente , como se experimenta en los efec
tos de muchos ra yo s; ¿qué actividad tan
prodigiosa no deberemos conceder al fuego so
lar , que probablemente es millares de ve
ces mas denso y g ra v e , que el fuego terres
tre? La actividad del calor en los cuerpos ter
restres suele tener proporción con su densidad;
no obstante, se experimenta (2 ), que el cris
tal de monte , aunque ocho veces menos den
so que el oro , llega á concebir tanto calor
como el oro: no será, p u es, difícil, que la
actividad del calor solar sea excesivamente su
perior á la graduación que pide la densidad
del
(1 ) Philosophia libera , seu ecléctica rationalis , et mechamca auct. Ignat. Monteiro Soc. J .
V?net. 1766. vol. 8. En el vol. ó nüm. 6 , de igne: lect. 1. prop. 8. n. 41. p. 290. trata de las opi
niones de los Autores sobre la gravedad del fue
go. Véase también la física experimental de Nolle t, vol. 4. lección 13. sección 1. artíc. 1.
(2) Cometeographe par M r. Pinpré . 1783.
vol. 2. p art. 3. cap. 2.
L2
Actividad
del calor
propio de la
tierra.
52
Viage estático
del S o l, en quien parece haber puesto el Cria
dor el manantial inmenso de fuego, calor y
luz para calentar y alumbrar los intermina
bles espacios del sistéma planetario. La acti
vidad del calor solar últimamente aparece y
se demuestra prodigiosa y sorprendente , re
flexionando , que el Sol no obstante su distancia de 34 millones de leguas hasta la tierra,
hace en ella y en sus producciones sensibilísi
mos los efectos de su calor. A éste se deben
la diferencia de estaciones , climas y produc
ciones tan varias en la tierra. No me deten
dré , Cosmopolita , en analizar las observacio
nes de los que juzgan , que el calor terres
tre (1) es generalmente respecto de los terrí
colas cincuenta veces mayor que el solar so
bre la tierra : mas solamente te haré reflexio
nar , que en la tierra no hay animal sano, ni
planeta vigoroso sin la acción inmediata del
ca( 1 ) Por constantes observaciones en el parale
lo de París (dice BufFón en el suplemento á la teó
rica de la tierra , parte hipotética , memoria 1. )
se ha hallado , que el calor proveniente de la tier
ra en estío es 29 veces mayor , que el que ésta
recibe del S o l; y en invierno es 491 veces mayor.
Debaxo del equador y en los climas inmediatos, el
calor terrestre suele ser comunmente $0 veces ma
y o r , que el proveniente del Sol. Mairan hizo una
tabla del calor terrestre y solar , la qual se lee en
el romo de la Académia Real de las Ciencias del
año 1765. p. 143.
.
... .
.
al mundo "Planetario.
53
calor solar; y que la interrupción , aunque mo Influxo del
mentánea y accidental de su influxo , se hace calor solar
sobre la
notabilísimamente sensible en todos tiempos
tierra.
y sitios , respecto de todo quanto produce y
sustenta nuestra tierra. La población de és
ta , en orden al Reyno animal y vegetable ( y
quizá también en orden al m ineral), depende
del activo , benigno y necesario influxo del Sol;
y por esto el Cardenal Cusa-Knigth (1) y otros
Autores pudieron formar la extravagante con
jetura de suponer poblado el Sol. Puede su
ponerse necesario para la población terrestre
el influxo del calor solar moderado con la
distancia de treinta y quatro millones de le
guas ; mas no por esto se concibe posible
la población en el Sol devorador de todo lo
animal y viviente con la actividad prodigio
sa de su materia ígnea. ¿Qué habitadores po
drían resistir á su eficácia y voracidad? ¿Có En el Sol
mo podrían exercitar sus funciones animales y no hay ha
bitadores.
vitales ? Podrá solamente suponerse ó conjetu
rarse en el Sol población de habitadores con
denados eternamente por sus delitos á la pe
na del fuego mas activo y tormentador ; pe
ro
( 1) Knigth en su tratado sobre la atracción y
repulsión , publicado en Inglés, pretende probar
posibles 1-a población del Sol y de las Estrellas, y
el caso de helarse de frió los habitantes. Estas pre
tensiones ideales ó quiméricas , de que están sem
brados los libros físicos , hacen poco útil ó ridicu
la su lección.
F ia físico
de la crea
ción del Sol.
54
Fiage estático
ro la hermosa claridad del Sol no se concilla
bien con las perpetuas tinieblas que deben reynar en las cárceles de los condenados. Mas
vanamente nos perdemos, Cosmopolita, en
ideas quiméricas de la población solar : el Sol
fué criado para alumbrar y calentar su mun
do é imperio : este fin físico de su creación, que
es innegable, basta para decirnos su destino y
ocupación. En la tierra están poblados el ayre
que respiramos y el agua que bebemos; mas
no el fuego , que nos calienta y alumbra : así
por analogía debemos inferir, que falta toda
especie de población en el Sol que en el sistéma planetario representa, ó es el mar del
fuego que lo calienta y alumbra.
El Sol en la tierra ( como también en to
dos los planetas) causa con justa proporción
el calor que sus producciones y habitantes ne
cesitan para su conservación. La actividad del
calor solar sobre la tierra puede crecer tanto,
que llegue á abrasarla y reducirla á cenizas.
La naturaleza , por sábia disposición del Cria
dor , no presenta á los terrícolas ningún exemplo práctico, de que puedan inferir el sor
prendente exceso de tal actividad ; mas lo da
el arte en los efectos prodigiosos de los ra
yos solares recogidos en los espejos quemado
res, que se llaman ustorios; la invención de es
tos ha dado fundamento para que los terríco
las formen alguna idea de la actividad del ca
lor solar , en cuya comparación el del fuego (i)
ter( i)
Se trata de la actividad y composicioa ar
ti-
a l mundo "Planetario.
55
terrestre e s , como el resplandor de la luz ar
tificial respecto del resplandor del Sol. Los
terrícolas habiendo experimentado que los dia Actividad
mantes , rubíes y otras piedras preciosas se del calor de
habían hallado y visto invariables después de los espejos
haber estado por algunos dias nadando en su ustorios.
fuego terrestre , ensalzaban la d u reza, resis
tencia y casi inmortalidad de tales piedras.
Ellos vanamente se figuraban la incorrupción
en el país de la mortalidad : mas el arte con
la invención de los espejos ustorios les ha he
cho conocer , que en el orbe terrestre todo ce
derá á aquel fuego devorador , que según la
revelación divina ( que la tradición conservó
en el paganismo, como pruebo en mi historia
de la creación de la tierra) dando fin á los
siglos reducirá todo lo material á cenizas. Las
experiencias , pues, hechas con toda especie
de piedras puestas en el punto, en que exercitan su actividad los rayos solares reflectendo del espejo ustorio , han demostrado, que
ninguna (1) de ellas tiene resistencia invenci
ble
tificial de varios fuegos en el quarto y último to
mo de la Obra : Magia universalis auct. G a s
eare Scotto. Herbipoli. 1657. 4.
(1) Advirtió Hermanno Boerhaave en su Obra:
Elementa Chymiae. 1732. 4. vol. 2. En el volu
men 1 , parte 2 , de igne , exper. 2 , pág. 146,
que todo cuerpo sin exceptuarse el diamante se
comprimía con el frió , ó con la falta de calor. Es
ta experiencia debió bastar para conjeturar, que
aun
56
Actividad
del calor so
lar sobre las
piedras pre
ciosas.
Viage estático
ble , y que el diamante tanto celebrado por
su fortaleza ó dureza se muestra mas endeble
que el rubí y zafiro (1) orientales , aunque tie
ne el privilegio de recobrar su resplandor ó
color, que otras piedras con la actividad de
los rayos solares pierden para siempre. No
parece probable, que algunos cuerpos terres
tres en sus elementos sean inconsumibles por
el
aun las piedras preciosas debian ceder á la acti
vidad del fuego , como con la mayor exactitud
lo ha demostrado Josef Averani : véase su trata
do : Experiencias hechas con el espejo ustorio, en
la página 1 19 del segundo tomo de su Obra : L ezioni Toscane. F iren ze. 1746. 4.
( 1 ) El diamante con el calor del espejo ustorio no humea (A v e r a n i p . 1 5 9 ) , mas se dis
minuye sensiblemente , y se deshace en partes su
tilísimas é invisibles. El rubí ( p . 1 3 1 ) con el di
cho calor no se despedaza ni se consume i pero sus
partes se separan fácilmente con el cuchillo : y
después de separadas , puestas al fuego del espejo
listono , se unen algo ( p. 1 34 ) : la unión fué tan
fuerte , que dexandó caer en tierra las partes uni
das , se mintuvieron sin separarse. El zaííro orien
tal resiste al fuego , como el rubí ; pero muda ó
pierde mss presto su color ( p. 1 37) - E l zafiro
llamado ce agua se destruye fácilmente , como
también las esmeraldas; y mas fácilmente el ja
cinto y el granato. El crisólito se destruye con
dificultad ( p. 1 4 9 ) ; y el topacio se ablanda íacilmente, pero no se destruye.
al mundo Vianetario.
el fuego, como conjeturó Boerhaave: porque
si ningún cuerpo terrestre hay sin poros, co
mo defiende el Filósofo Monteiro , estos de
ben dar entrada al fuego para separar sus par
tes.
Aunque las experiencias hechas con los es
pejos ustorios nos han hecho conocer , que la
actividad de los rayos solares en el orbe ter
ráqueo excede la mayor del fuego terrestre;
mas no por esto podremos jamás determinar
los límites de la fuerza del calor solar : ó por
que nos faltan objetos duros en que exercitarla y graduarla : ó porque no podremos ja
más hacer espejos ustorios tan grandes , que
recojan todos los rayos solares que son uni
bles , para producir el mayor calor. Si la gran
deza y el manejo de los espejos ustorios cor
respondieran á las intenciones y á los deseos
de los terrícolas, estos para hacerse mutua
mente la guerra los usarían en lugar de las
espadas y cañones. Y ¿ qué se debería esperar
ó tem er, Cosmopolita , si los terrícolas pu
dieran hacer y manejar espejos ustorios, ca
paces de'abrasar no solamente navios (como
se dice**^aberlos quemado Arquimedes (1) y
Pro-
( r ) Refieren algunos Historiadores antiguos,
que sitiando Marcelo con la armada naval la C iu
dad de Zaragoza en Sicilia , Arquimedes logró
quemarla con un espejo ustorio puesto á la dis
tancia del tiro de una saeta : y que Procólo con
otro espejo ustorio quemó una armada naval que
P a r te I .
M
si-
58
Vi age estático
Procólo ) , mas también Ciudades enteras ? Las
esperanzas ó los temores , que en aquel caso
deberíamos te n e r, inferirás tú sin errar , ob
servando los grandes males y las perversas
intenciones, que de causarse m ayores males
tienen los terrícolas quando se hacen guerra.
E llos con el uso de tales espejos destruirían
quanto vegetable y animal hay en el orbe ter
restre : ellos mismos y su tierra serían vícti
mas de su furor y de sus espejos: y el mun
do terrestre se acabaría enmedio de sus dias,
y se reduciría á cenizas en su m ayor verdor.
Límites de E l Criador sabiamente ha negado á los ter
las ciencias, rícolas la habilidad funestísima de inventar es
pejos abrasadores, de ellos mismos y de su
de que se
puede hacer tierra : y no ha concedido á la naturaleza la
grande abu virtud de poder aumentar tanto la actividad
so.
del calor s o la r , que con él llégue á perecer
todo lo terrestre. Q uizá , Cosmopolita m ió , el
efecsitiaba á Bizanzo. Tzetzes advierte , que Arquimedes no se prevaleció de espejo cóncavo , sino
de un espejo ardiente compuesto de varú^f espejos
llanos y movibles con goznes. Esta advertencia
excitó la curiosidad en Buffón para formar un es
pejo de seis pies de diámetro, compuesto de 168 es
pejos pequeños, llanos y movibles, para que se
hiciese en un mismo punto la reflexión de los ra
yos solares, y con este espejo en el mes de M ar
zo de 1747 quemó pedazos de madera puestos á
la distancia de 200 pies, y derritió el plomo y
el estaño puestos á la distancia de 120 pies.
a l mundo Vianet ario.
59
efecto de esta virtud funesta al género huma
no estará registrado en la série de las obras
ó de los accidentes de la naturaleza, que en
algún tiempo dexando de ser nuestra madre,
se declarará nuestro verdugo y fiel ministra
de los imperiosos órdenes de un Dios ayrado,
que con el fin del mundo quiere darlo á las
ofensas y á la ingratitud de sus criaturas ra
cionales. No te parezca soñado este pensa
miento , que te declararé mas con la siguien
te reflexión. La naturaleza no ignora el arte
de formar espejos ustorios: los forma en la
tierra, en el agu a, y aun en el mismo ayre.
Habrás visto ú oíd o , que tal vez se han vis
to dos y mas Soles en un mismo tiempo; y
tan semejantes, que entre ellos difícilmente se
distinguía el verdadero Sol. Este fenoméno
proviene de la reflexión de los rayos solares,
hecha desde un punto de la atmósfera , en que
la condensación de vapores forma una especie
de espejo , que reflecte los dichos ra y o s, y
con ellos envía á los terrícolas la imagen del
Sol. No será naturalmente imposible, que es
te espejo natural y atmosférico llégue á ser
como los espejos ustorios , y tan grande, que
recoja todos los rayos solares, que bastan pa
ra abrasar la tierra con sus habitantes.
Estas reflexiones dirigidas , Cosmopolita ,
para darte idea de la actividad del fuego so
lar , habrán excitado en tí la curiosidad de
saber qual y quanto sea su pábulo. Tus dudas
aquí serán según las ideas terrestres , según las
quales juzgarás, que no existe fuego que no
sea devorador. Para que el terrestre saciáse
M 2
su
Espejos us
torios natu
rales.
Pábulo del
fuego solar.
6o
El fuego lla
mado ani
mal Euro
peo en las
islas Maria
nas.
Viage estático
su voracidad, la naturaleza destinó inmensas
selvas, betunes y otros minerales ; y el arte
inventó las cererías y molinos de aceyte. Par
te considerable del linage humano se emplea
en buscar materia para saciar la voracidad del
fuego, y en plantar arboles para que los ve
nideros en ellos la hallen, como los presentes
la hallan en las plantas que pusieron los an
tepasados. La voracidad , pues, del fuego ter
restre , y su necesidad de pábulo para con
servar su vitalidad útil á los terrícolas, han
dado motivo para que algunos de estos hayan
juzgado , que los cometas , ó á lo menos su
atmósfera , sean pábulo del fuego solar , que
de él necesita para mantenerse , como de la
comida necesita un animal para vivir. A es
te asunto debo contarte una cosa chistosa.
Acuerdóme de haber leído, que los habitan
tes délas islas Marianas, injustísirnamente(i)
llamadas de los Ladrones por algunos Geó
grafos , no habiendo conocido el uso del fue
go hasta que los Españoles desembarcaron en
ellas la primera vez , al verlo ardiente y deborador de leños que desaparecían en su lla
ma ó respiración, como la llamaban los Isle( i ) Gobien en su Historia délas islas Maria
nas, que se citará inmediatamente , al lib. 2. p.
62. dice: Que los habitantes de ellas tienen hor
ror al hurto , y que se fian tanto de su mutua fi
delidad , que no cierran las puertas de sus casas
quando salen.de ellas.
al mundo Planetario.
61
leños , con la mayor admiración y temor lo
observaban, y lo creyeron animal (i) lleva
do desde Europa, por lo que le dieron el nom
bre de animal Européo. Parece , pues , que alguns Físicos , pensando como los Marianos,
tuvieron al Sol por animal cometario; y por
esto juzgaron, que los cometas eran su pábu
lo. Le daban á comer cometas que creian te
ner
( i ) ” Lo que es maravilloso , dice el Jesuíta
Carlos Le*Gobien (e n su O bra: H istoire des
isles M arianes. París 1700. 12. lib, 2. p. 4 4 ) ,
y que apenas parece creíble es , que los naturales
de las islas Marianas no habían visto jamás el fue
go. Este elemento tan necesario les era totalmen
te desconocido : ignoraban su uso y calidades ; y
con la mayor admiración lo vieron la primera vez,
quando Magallanes desembarcó en una de sus is
las , y quemó 50 casas para castigar á los isle
ños. Ellos al principio miraron el fuego como un
animal, que se cebaba de la madera , que era su
nutrimento. Los primeros que se acercaron mu
cho al fuego , perecieron , por lo que los demás que
no se atrevían á acercarse de miedo , decían , que
por no ser mordidos , ó porque este animal no los
hiiiese con su violenta respiración. Esta es lá idea
que formaban del calor y de la llama." Este ca
so hace creíble que algunas naciones no conocie.ron el fuego hasta que casualmente la naturale
za se lo mostró , como insinuaron Vitrivio en su
A rquitectura , lib . 2. cap. 1 ; y Plinio en su his
toria n a tu r a l , lib. 4. cap. 23.
Los cometas
pábulo del
Sol según
algunos Fí
sicos.
Los cometas
según algu
nos Físicos
son leñado
res del Sol.
62
T í age estático
ner su origen (1) en el mismo Sol. Este ani
mal , pues, tan grande en su fiereza , como
en su volumen , debería comerse sus mismos
hijos. Este modo de pensar no es tolerable,
después que Newtón , benemérito del sistéma
planetario , lo ha ilustrado, defendiendo y pro
bando que los cometas pertenecían á é l , co
mo otros tantos globos errantes ó súbditos,
que lo poblaban y hermoséaban, y estendian
inmensamente sus límites y jurisdicion. Según
este pensar , que no parece irregular, no se
puede sufrir, que hoy algunos modernos nos
quieran pintar á los cometas como á otros tan
tos cocineros ó leñadores del S o l, destinados
para conservar siempre encendido su fuego.
No creamos esto , Cosmopolita mió ; no juz
guemos , que el Sol con ferocidad nunca vista,
aniquile y devore los súbditos que la natu
raleza le ha dado para poblar su inmenso im
perio. Juzguemos del Sol con mayor humani
dad y mejor física, y no adoptemos la extra
vagante opinión de los Físipos, que dan á co
mer cometas al Sol y á las Estrellas.
El fuego, Cosmopolita , es un Huido que
se
(1 ) Kirchér { iter cxtaticum , cap.
p . 159*
Obra que se cita en el n. 196 ) juzgó que servia 11
de pábulo al fuego solar los cometas , de los que
algunos suponia provenientes del Sol ( p. 172 ).
Hartsoeker en su Obra ( Cours de physique. H a ye , 1730. 4. lib. 4. ch. 3. art. 3. p . 261 ) juzgó
que todos los cometas provenían del Sol.
al mundo Planetario.
63
se mantiene visible y activo por todo el
tiempo , en que sus sutilísimas partículas des
encarceladas están en libertad , se agitan y
conservan en movimiento. Estas propiedades,
que caracterizan esencialmente la naturale
za de nuestro fuego terrestre , se hallan sin
duda en el solar. La masa ígnea del globo
solar por efecto de la ley natural, impuesta
sabiamente por el Criador, conspira á formar
siempre una esfera, como las partículas ter
reas y aqiieas conspiran á form ar, y conser
van siempre la figura esférica del globo ter
ráqueo. La dicha masa tiene sus límites de
extensión, y la dirección de gravedad á su
centro ; está en el Sol, como en la tierra , el
grande fluido de aguas que gravita al centro
terrestre. Están las aguas encarceladas en los
mares terrestres; mas la prisión no impide su
continua agitación y movimiento, con que fer
mentan y se conservan incorruptibles y sa
ludables á toda especie de vivientes; así la
masa ígnea , unida esféricamente en el Sol, es
tá en continua agitación y movimiento para,
calentar y alumbrar al mundo. En las aguas
la agitación proviene de causas impelentes ó
atráentes; y en la masa solar proviene de la
naturaleza del fuego; el qual, no estando en
carcelado mas en perfecta libertad, natural
mente vibra y se agita.
Si todo el fuego puro y elemental estu
viera unido , lo veriamos en continua agita
ción y movimiento. Así quizá estuvo en el
principio del mundo el fuego ó la luz que
Dios crió. He dicho fuego ó luz, , porque prescin-
Gravitacion
de la masa
solar.
64
Via ge estático
cindiendo ahora de las várias opiniones (i) de
los modernos (de lasque trato en la historia
de la tierra) sobre la naturaleza del fuego
y
( i ) F u e g o , calor y luz por muchos Físicos
excelentes se han tenido por palabras substancialmente sinónimas; mas las experiencias químicas,
que hoy son la ocupación de muchos curiosos , y
el objeto de la especulación de no pocos Físicos,
han dado motivo para introducir en la física d i
versos sistémas sobre la naturaleza del fuego , de
la luz y del calor. Crawford en su Obra intitu
lada : Experiencias y observaciones sobre el calor
a n im a l, publicada en Londres el 17 7 9 , y reim
presa en el 178 8 con nuevas reflexiones, defien
de , que los cuerpos combustibles arden con el
fuego , y que en el acto de arder reciben del ayre. Scheele , Químico Sueco (e risu Obra intitu
lada : Tratado Químico sobre el ay re y fuego )
defiende , que el fuego no es un puro y simple
elemento , como lo llaman los Filósofos, mas un
cuerpo ó mezcla de flojisto y de ayre desflojisticado : el qual ayre él llama ayre de fuego ( a y
re desflojisticado en la física moderna se llama el
ayre que de los cuerpos se saca libre ó despojado
del flojisto : una onza de nitro da casi 800 p u l
gadas de ayre desflojisticado , que algunos F ísi
cos llaman vital ). Añade Scheele , que si la dose de flojisto mezclada con el ayre desflojisticado
excede lo que se necesita para formar el fuego,
entonces resulta la luz. YVallerio , excelente Q uí
mico Sueco , defiende , que el flojisto ó el prin-
ci-
al mundo Vianetarlo,
65
y luz , sin peligro de error físico podremos su- Creacion de
poner, que fuego fué la luz que Dios crió en la materia
el principio del mundo : y esta suposición ha ígnea.
llo
cipio inflamable es diferente de la materia del
calor. Los metales encendidos , según W allerio,
pierden después de enfriarse la materia del ca
lor , no la flojística ; y el fuego únicamente con
siste en el movimiento de las dos materias de ca
lor y flojisto , que en sí son cosas distintas. L a
luz , añade W allerio , no necesita de estas ma
terias para existir : ella existe sin principio infla
mable y sin calo r; y el Sol es un cuerpo com
puesto de luz purísima , que Dios crió en el pri
mer dia de la creación del mundo. Los rayos so
lares no son fuego ni calor, mas tienen grandísi
ma aptitud para excitar el fuego y el calor. L u c
(en su O b ra: Id eas sóbrela Meteorología , p u
blicada en Londres el 17 8 7 ) defiende , que el fue
go es un compuesto de luz , y de una materia des
conocida , que él llama materia de fuego , y su
pone natural y artificialmente separable de la luz.
He indicado las opiniones mas modernas de los F í
sicos sobre el fuego y la luz , no para adoptar
las , ni refutarlas, sino para dar idea de ellas al
Lector. En la historia física de la tierra se tratará
oportunamente de dichas opiniones ; y por aho
ra baste notar con Josef X avier Poli ( véase su
Obra : Elem enti d i Jisic a sperimentale , N apoli.
178 9. 8. vol. 2. E n el vol. 2. lee. 22. artíc 6. n.
1 1 2 8 . p . 365 ) , que el suponer el principio in
flamable ó flojístico en la luz purísima fixa ó deV a rte I .
N
te-
Por qué
Moysés no
hizo men
ción de la
creación del
fuego.
Como hubo
dias y no
ches antes
de haber
Sol.
66
V i age estático
lio no contradecir á la historia, en que Moy
sés, hablando de la luz , tierra , agua , vegeta
bles , animales y demás obras de la creación
del mundo , no hace particular mención del
fuego, que quizá supuso ser la materia de la
luz. No parece creíble, que hablando Moysés
del agua , de la tierra y del ayre ( i ) , no hu
biera hecho mención del fuego , que es el al
ma material del mundo. La materia ígnea y
luminosa, criada en el primer momento de la
existencia del mundo, y por su naturaleza, ó
por particular propiedad unida esféricamente,
pudo tener inmediatamente un movimiento cir
cular , con el que girando continuamente al
rededor del caos criado ( como el Sol , según
los Astrónomos , que siguen el sistéma llama
do ticónico, se mueve al rededor del globo
terrestre), formáse naturalmente la succesion
de dias y noches , antes que se criáse ó formáse
el Sol, cuya formación dice Moysés haber su
cedido en el dia quarto de la creación del mun
do. El Sol, que se formó de una parte de di
cha materia ígnea , con su movimiento circu
lar
tenida en los cuerpos , conviene con sólidas expe
riencias y fundamentos , y está expuesto solamen
te á algunas dificultades , de que los demás sis
temas no están libres.
( i) Moysés por el ayre entendió el espacio en
tre Cielo y tierra , en el que fue criado el ani
mal volátil. En este sentido se habla frecuente
mente del ayre en los libros sagrados.
a l mundo Planetario.
67
lar no hace otra cosa que continuar eterna
mente el que el Criador imprimió á la misma
materia. Si este pensar no te agrada , Cos
mopolita , porque no concibes posibilidad de
movimiento circular sin efecto de atracción
newtoniana, podrás figurarte ésta en el gran
caos que se rodeaba por el globo de materia
ígnea. E sta , criada con el mismo caos, y se
parada de é l , empezó á rodearlo en fuerza de
la impresión ó proyección que se le dió, y
de la atracción déla materia inmensa del mis
mo caos. Este modo de pensar, que expongo
mas largamente en mi historia déla creación del
mundo , hace concordar el sistéma de la atrac
ción , con el que Moysés propone en el Gé
nesis ; y sirve para entender, como hubo y
Cómo se
debió haber dias y noches antes de la forma formó el Sol
ción del S o l, la qual hizo Dios separando de
la pura materia ígnea una parte , que por su
naturaleza se reduxo á figura esférica , y con
tinuó el movimiento según pedia la combina
ción de los principios físicos , que en el quarto dia de la creación del mundo estaban ya
ordenados como ahora existen. En dicho dia,
en que se formaron los planetas y las estre
llas , empezó el concertado movimiento de los
globos celestes , que aún dura y durará hasta
el fin del mundo. Si Dios hubiera formado el
Sol en alguno de los tres primeros dias de la
creación , su movimiento en ellos hubiera sido
diferente del que ahora tiene , pues que en
tonces eran diversos el orden , la figura y
el sitio de la materia criada. Se formó de la
substancia ígnea el Sol á diferencia de la tierN 2
ra
68
Viage estático
ra y de los demás planetas que se formaron
del fuego y de otros elementos. Figúrate,
Si el fuego Cosmopolita , que Dios en la tierra separáse
terrestre se toda la materia ígnea que hay en ella : lue
uniera , for go esta materia se uniría esféricamente , co
maría un mo se unen todas las gotas de los fluidos, y
pequeño formaría un pequeñísimo Sol. Mas no temas
Sol.
esta separación , ni que el fuego terrestre se
pueda unir, hasta que llégue á los mortales el
último dia , en que arderá toda la tierra y se
reducirá á pavesas.
Parte de la materia ígnea y luminosa, cria
da en el primer dia de la creación del mun
Distribu do , distribuyó Dios entre los planetas, co
ción del fue metas y sus atmósferas , y con parte mayor
go en las
las brillantes estrellas ( que son otros
Estrellas y formó
tantos Soles) , y nuestro Sol que es Océano
en los Plane de
fuego , y luz de todo este mundo planeta
tas.
rio. Podrá suceder que del ígneo Océano so
lar salgan partículas que se difundan por los
espacios inmensos de dicho mundo , y que á
tiempos debidos vuelvan á é l; como las aguas
Giro que vuelven á entrar en el Océano terrestre , de
hace el fue que salieron. Las partículas solares podrán
go solar.
circular ó girar por todo el sistéma planeta
rio ; mas volverán después á su fuente , como
la sangre en los animales vuelve al corazón
de donde salió. Podrán desprenderse del glo
bo solar, levantarse y estenderse por todos
los lados, como los vapores terrestres al re
dedor del globo terráqueo; mas por orden y
destino constante y universal de la naturaleza
deberán restituirse al lugar ó cuerpo de don
de salieron. Naturalmente baxa desde el Sol
al mundo Planetario.
69
á la tierra el fuego solar , y naturalmente des
de ésta vuelve á subir al Sol; así como en
el hombre su sangre naturalmente baxa á sus
pies, v desde estos naturalmente sube á su
cabeza. Si se pudiera formar tal especie de
candelas , en las que naturalmente se volvie
sen á unir las partículas oleosas, que exálasen quando estaban encendidas , se tendría un
fuego inextinguible. Este fuego perenne ó eter
no , que solamente por ficción conoció la an
tigüedad , nos presenta realmente existente en
el Sol el Supremo Criador. Miserable sería ver
daderamente el estado de los terrícolas , si el
Criador no hubiera encendido en el Sol la
inextinguible lámpara que los alumbra ; ¿ mas
ellos se le muestran agradecidos por haberlos
librado de tal miseria ? Cosmopolita mió , yo
me sumerjo en llanto y profundo deliquio al
considerar, que tantos terrícolas por ignoran
cia é irreflexión gozan incomparables benefi
cios con las obras de nuestro amoroso Cria
dor ; é insensibles, como bestias , no se rin
den una vez al menor homenage de agrade
cimiento. David , aquel santo Rey , formado
según el modélo de la voluntad divina , ape
nas supo abrir la boca para cantar las ala
banzas de nuestro Dios , sin ensalzar la gran
deza , la utilidad y el beneficio de sus obras,
¡ O , quanto mi espíritu se regocija quando leo
sus cánticos! ¿Qué estudio para mí. ha sido
mas delicioso, que el que he hecho para en
tender el admirable sentido de sus penetrantes
expresiones ?
Te he dicho , Cosmopolita, que la mate
ria
Luz y fue
go inextin
guibles.
70
Via ge estático
ria ígnea del Sol podrá girar por el espacio
planetario , como el agua marítima gira por
la atmósfera, por la superficie y por las ve
nas de la tierra , y después vuelve al lugar
de donde salió. Podrá suceder esto; mas tam
bién podrá suceder, como conjeturó el gran
Químico Boerhaave (1) , que el Sol aumente y
avive en la tierra su fuego, dando paralelis
mo á las partículas ígneas, y sin comunicar
Como el Sol les nada de su masa. Con el artificio huma
puede avi no el fuego terrestre (2) se hace visible , se
var el fuego a v iv a , y adquiere suma actividad; ¿porqué
terrestre.
no se concederá al Sol la virtud que recono
cemos en el artificio humano? El Sol, con su
acción , puede desencarcelar el fuego terres
tre , y hacerlo activísimo con la vária direc
ción que dé á las partículas ígneas. De qualquiera manera que esto suceda, ó se pueda
Existe aho
imaginar , según los varios y aun exóticos sisra tcdo el
fuego que se témas de los Filósofos sobre la naturaleza del
crió.
fuego , del calor y de la luz , es innegable por
razón y experiencia, que siempre dura la misma
cantidad de fuego que Dios crió en el ayre,
en
(1) Hermannus Boerhaave : Elementa chytnice. Leydae. 1732. 4. voi. 2. En el voi. 1. p. 2.
prop. 17. p. 259.
(2) De la variedad y actividad del fuego
terrestre , que resulta de la mezcla de varios sim
ples, se trata en la Obra : Magia umversalís aact.
Gaspare Scoto S. J. Herbipoli. 1657. 4. voi. 4.
en el voi. 4.
a l mundo V ianet ario.
yi
en el agua y en la tierra. El fuego, como su
cede al agua , muda de sitio , se esconde y se
manifiesta succesivamente. Si el fuego se intro
duce y penetra otros cuerpos , se oculta á
nuestra vista, y no se hace visible , sino rom
piendo las cadenas que lo aprisionan , y sa
liendo de las cárceles en que se oculta. Si el
fuego está solo, puro y sin mezcla de otros
cuerpos, como parece estar en el Sol, se ha
ce siempre visible , como el agua pura en el
mar. El fuego destruye los cuerpos que lo en
carcelan ; ó por mejor decir, rompe la unión
de sus- partes para salir de sus senos ;,m as no
se destruye ni consume á sí mismo. El en sí
es indestructible é incombustible. Esta idea
del fuego, aunque abstracta é incapáz de veri
ficarse con la experiencia del fuego terrestre,
es conforme á la naturaleza ígnea. El fuego
en la tierra no es diferente del que vemos en
el Sol; mas no por esto debemos atribuir ne
cesariamente al fuego solar todas las propie
dades que observamos en el terrestre , y que
dependen , no de la naturaleza ígnea , mas de
la combinación y del iníiuxo de los demás
elementos terrestres. El ayre y el pábulo ne
cesario para la conservación del fuego terres
tre , son muebles inútiles para la subsistencia
del solar, que se agita y mantiene por sí mis
mo ; ó digamos, que el ayre y el pábulo , res
pecto del fuego terrestre, no hacen otra co
sa que ponerlo en libertad , la qual tiene siem
pre el fuego solar. El S ol, pues, con cierto
y sabio orden de la naturaleza dirigida por
su A utor, es el Océano de fuego en el mun
do
El fuego so
lar es como
el terrestre.
72
V ia ge estático
do planetario, como el mar es del agua en
el orbe terrestre : por lo que acertadamente
en hebréo se dan al Sol los nombres de sche
mesch , cheresc y hamman , que significan fue
go , estío y ardor: y aquel Sabio ( i) , cuya
ciencia , la profana Filosofía aún confiesa ha
ber sido divina, con razón llamó al Sol va
so admirable : obra del Excelso , que en sí con
tiene un horno siempre ardiendo. El Sol es
también un cristalino mar de la mas pura luz,
y del mas vivo resplandor ; pues que una mis
ma cosa son S o l, luz y resplandor, como dixo San Agustín (2). Los fenómenos singulares
y admirables de esta luz solar piden , Cos
mopolita , que de ellos yo te haga discurso
separado.
§. I V .
L u z solar.
Ropio del fuego se ha creído siempre el
calentar y alumbrar. Sé que se da calor
intenso sin luz; y luz sin calor, como ad
vierte Boerhaave en su Química tratando del
fue-
P
(1) Eclesiástico , 43. 2. V as admirahilé, opus
excelsi. . . . Fornacem custodiens in operibus ar doris.
(2) San Agustín , Serm. 59. Sol , candor et
calor : tria sunt zocabula , et tria unum : quod
candet , hoc calet , et quod calet, hoc candet : tria
hœc vocabula , res una cognoscitur.
a l mundo Planetario .
fuego : así el hierro suele estar ardiente sin
dar luz alguna ; y la luz lunar recogida en
el foco de los mayores espejos ustorios, no da
señales de calor. Estas y otras experiencias no
bastan (com o quisiera Boerhaave ( i ) ) para
probar, que el calor y la luz son dos propie
dades , que no se hallan simultáneamente en
el fuego ; mas solamente podrán p r o b a r q u e
estas dos propiedades del fuego no obran siem
pre (2) uniformemente, 6 con la misma activi
dad. El fuego se hace tocable con el calor,
y se hace visible con la luz. Esta es la vision
del calor , y aquel es el tacto de la luz. Con
los dos efectos de calor y luz el fuego se ha
ce sensible á los dos sentidos de tocar y ver;
los quales , siendo en sí diferentísimos, piden
impresiones diversas. Una partícula aislada y
casi indivisible de fuego, puede ser visible:
mas no por esto deberá ser sensible al tacto;
y menos deberá sentirse caliente. Cantidad
grande de luz ó de partículas visibles de fue
go , puede hacerse visible y sensible al tacto;
así tal vez la impresión de un rayo luminoso
en el delicado tacto de la vista nos ofende y
des(1)
(2)
Boerhaave, §. de igne , p. 133.
En el antecedente discurso se indicó la
variedad de opiniones modernas sobre la natura
leza del lu e g o , de la lu z y del calor. Yo supon
go el calor y la lu z provenientes del fuego : y
esta suposición en abstracto parece ser la mas
Verdadera y congruente en las experiencias.
Parte I.
O
Calor y luz
son propie
dades de to
do fuego.
El fuego se
toca con el
calor, y se
ve con la
luz.
?4
Viage estático
despierta ; mas no por esto nos hace sensible
su calor ; pues que para tal efecto necesitaría
ser mas aguda y fuerte su impresión. Este ra
ciocinio es no menos racional, que convincen
te de la simultánea existencia del calor y luz
en todo fuego; mas prescindiendo de esta qüestion que casi se agota con el dicho racioci
nio , y restringiéndome al asunto propuesto,
yo me atrevo á establecer por máxima expe
rimentalmente cierta , que en el Sol la luz es
compañera inseparable siempre de su calor. Ne
gar éste en el Sol es lo mismo que dudar si hay
fuego en una casa , cuyas chimeneas vomitan
torrentes de humo.
No puede haber mortal inteligente que du
de ser el Sol causa de la luz y del ca lo r, y
que su ministerio natural es auyentar las ti
nieblas con la lu z , y vivificar todo lo terres
La ignoran tre con su calor. Estos importantes y nece
cia fué cau sarios servicios que el Sol hace á toda criatu
sa del culto ra m ortal, fueron la causa verdadera que em
dado al Sol.
peñó y engañó la ignorancia humana para que
distinguiese al Sol entre todo lo visible , con
cediéndole ya actos vitales, ya intelectuales
y ya divinos. El Sol fué criado un grande ani
mal : los pitagóricos ( i ) , platónicos y estoi
cos
( i ) El Jesuíta Juan Bautista Riccioli en su
gran Obra: Almagestum novum. Bonnonitf. i6 $ r .
fol. vol. 2. en el vol. 1. lib. 3. cap. 1. p. 92.
expone con erudición las ideas exóticas antiguas
sobre la naturaleza del Sol.
a l mundo Planetario .
J75
eos lo ennoblecieron creyéndolo espíritu ; y
várias naciones asiáticas, européas, africanas
y americanas con ciega superstición lo reco
nocieron y adoraron como D ios, distinguién
dose entre toda la peruána, cuyos Empera
dores , llamados Incas, y creídos universal
mente descendientes del S o l, establecieron con
pompa , y estendieron con empeño el culto so
lar por todo su Imperio. El Físico hoy con ad
miración oye estas supersticiones y preocupa
ciones de la antigüedad , cuya ignorancia ó ce
guedad no le permitían conocer que el calen
tar y alumbrar, propiedades del S o l, son efec
tos naturales de un cuerpo insensible. La ig
norancia de la Física y de la Astronomía han
hecho guerra al culto de solo Dios , como la
hacen los vicios : de tan funestas conseqiiencias es la ignorancia en los hombres.
El S o l, destinado para alumbrar con su
luz, y vivificar con su calor lo sensible del
sistéma planetario , parece pedir de justicia que
su sitio sea el centro del Orbe mundano. Esta
reílexíon, que movió á Pitágoras (1) para su
poner al Sol en dicho centro , se funda en ra
zón que no es incongruente, pero tampoco es
convincente; porque uno y otro efecto puede
hacer el Sol moviéndose al rededor de la tier
ra , y suponiéndose ésta en el centro del mun
do planetario. Los Astrónomos copérnico-newtonianos autorizan la opinión de Pitágoras con
las
(1)
Vease Riccioli citado, p. 92.
O2
El S o l, se
gún Pitágo
ras y los As
trónomos
modernos,
está en el
centro mun
dano.
Via ge estático
las várias aparencias que en el Sol y en los
demás planetas descubre la observación as
tronómica , y con los efectos de atracción que
observa la nueva física. No es tiempo aún de
hablar de estos nuevos descubrimientos de As
tronomía y Física, según los copérnico-newtonianos : discurro ahora de la luz solar; de
ella he inferido el sitio que Pitágoras dió al
Sol, y á ella debo reducir todas las reflexio
nes del presente discurso.
Te he propuesto , Cosmopolita , el Sol co
mo fuente de calor y luz en el mundo plane
tario : no quiero por esto persuadirte , que en
V
éste no hay calor, ni luz sin el Sol. Esta per
Hay calor y suasión sería errónea. Luz y calor vemos y
luz en todas sentimos en la atmósfera terrestre, estando au
las partes
sente el Sol: y luz y calor se encuentran en
del mundo las materias ígneas, que forman las duras en
planetario.
trañas del orbe terráqueo , y ocupan sus um
brosas cavernas. Sentimos en la ligera atmós
fera de la tierra, en la áspera superficie de és
ta , y en su interior, efectos claros de luz y
calor provenientes del fuego esparcido por el
orbe terrestre, por sus producciones y anima
les. De esto ninguno duda. Sentimos también
en la tierra efectos prácticos é innegables de
la luz y calor , que el Sol incesantemente nos
envía. La lu z, de que el Sol es fuente inago
table, y que forma la deliciosa y alternativa
succesion de los dias y de las noches en la
.tierra, se difunde momentáneamente por es
pacios inmensos á presencia del Sol, ó á su
primera instantánea aparición. Su masa es lu
minosa y caliente. Newtón dió el nombre de
a l mundo Planetario.
??
humo iluminado á la llama del fuego terres
tre , y nosotros podremos dar el de vapor ilu
minado á la luz solar. Esta , dice un Físi Naturaleza
co moderno ( i ) , es un vaporamiento de la de la luz so
llama densa, con que la superficie del glo lar.
bo solar resplandece y brilla. La luz solar
condensada presenta en la física los efectos que
se advierten en la llama viva del fuego ter
restre, con la que conviene admirablemente en
producir y comunicar el fuego, y en resistir
al impulso del ayre. Si con un fuelle se sopla Efectos de
sobre el cono luminoso de la luz solar en el la luz solar
espejo ustorio, la acción de ésta no se altera en el espejo
nada : y esto prueba , según muchos moder ustorio.
nos , que la luz solar es mas densa y dura , que
la llama del fuego terrestre ; pero quizá prue
ba , que es mucho mas activa , ó que no pre
senta resistencia á la materialidad del ayre.
En estas reflexiones preliminares sobre la luz
solar, yo he empezado, Cosmopolita, á hablar
te de ella , como de un vaporamiento de la
masa solar , que instantáneamente llega á la
tierra, y en ella se hace sensibilísima por su
iluminación y calor. Este modo de hablar ha
brá sembrado en tu mente semillas de várias
dudas, entre las que la mas sorprendente, á
mi parecer, será la de inferir, que en tal ca
so debe ser continua la disipación de la ma
sa luminosa del Sol, y que esto no pueda suce( i) Buffón : motoria natural. Parte i. del
suplemento.
$78
Viage estático
ceder sin notable y visible pérdida de su gran
deza , y sin peligro de llegar á desvanecerse
todo el Sol después de algunos siglos. ¿ Podrá,
pues, temerse que el Sol con la disipación con
tinua de su materia se apague, aniquile y
desaparezca , como se apaga y consume una
candela? Este temor produce la amenaza de
una noche eterna á los terrícolas. Estos vivi
rán entonces envueltos en el manto de la obs
curidad que cubre á los condenados. Terri
bles conseqüencias.
No temas por ahora tanto m al, Cosmopo
lita ; pues que los Físicos , que juzgan hacerse
la iluminación solar del sistèma planetario con
Disipación la disipación de la masa solar, son mas ava
de la luz so rientos que los Holandeses , y mas económi
lar.
cos que los Genoveses y Florentinos ; por lo
que proveyendo la obscuridad eterna , que con
tal disipación puede amenazar á los planetícolas,
defienden y prueban con cálculos m enudísim os,
que el manantial de luz solar es casi inagotable;
ó porque su disipación es tan económica , que
apenas se pueda hacer sensible en millones de
millones de millones de años ; ó porque la na
turaleza ha dispuesto, que en el Sol entre
tanta masa luminosa como sale ; como en los
mares terrestres entra tanta agua como sale
de ellos. De qualquiera manera que esto su
ceda , tú no puedes menos de descubrir ya di
ficultades grandes en entender la verificación
de qualquiera de las dos opiniones insinuadas
Dificultades
sobre la propagación ó difusión de la luz so
sobre la ilu
lar. A estas dificultades otra se allega, que po
minación
demos llamar maravillosa, y consiste , en desolar.
ter-
Probabili
dad del ani
quilamiento
total del Sol,
ó de una no.che eterna.
.
a l mundo Planetario
^9
terminar el tiempo brevísimo , en que la luz
solar se difunde por la inmensidad de los es
pacios etéreos.
Te he hecho , Cosmopolita , várias refle
xiones sobre la luz solar para enseñarte á du
dar : ahora debo hacerte otras para que se
pas decidir, ó á lo menos balancear el peso
de tus dudas. La qiiestion que tratamos es cu
riosa, difícil é importante ; y por esto debe ser
expuesta con alguna difusión. Tu bondad en
oírme no hará que yo abuse de tu paciencia:
óyem e, te suplico, con atención.
Se ha dudado , Cosmopolita , por muchos
Físicos , si la luz era cosa distinta del cuerpo
luciente, como el sonido lo es del cuerpo so
noro ( en cuyo sentido parece que hablaron
Aristóteles , Des-Cartes , y otros Filósofos) ; ó
si por ventura es algún efluvio de la substan
cia luciente ; lo que pensaron Demócrito , Epic ú ro , G rim aldi, Newtón y los modernos. Que
la luz sea corpórea, y cosa diversa del cuer
po luciente, ó sea efluvio de su m asa, noso
tros debemos en toda suposición reconocer co
mo c ie rto , por razón y experiencia. Corpó
reo es todo lo que toca y es tocado, dixo
bien Lucrecio ( 1 ) :
Tangere enim, et tangí, nisi corpus nulla potest res.
¿Quién puede dudar , que la luz toca el or__________________________________-__________________________________________________
(1)
Titus Lucretius , de rerum N a tu r a , lib.
1. 'v . 305.
Dudas so
bre la natu
raleza de la
luz.
La luz es
ente mate
rial.
8o
Vi age estática
gano de la v is ta , le es sensible y aun molesta,
Propiedasi obra con actividad? La luz á nuestro arbitrio
desmateria- con instrumentos materialísimos se aumenta,
lesdelaluz. disminuye, junta, separa y mide. La luz pene
tra y atraviesa unos cuerpos, y reflectendo de
otros que impiden su pasage, y la rechazan,
produce los efectos mismos que vemos en el
choque de cuerpos duros, unos contra otros.
Estas y otras propiedades, que son comunes
á toda luz , se observan prácticamente demos
trables en la so la r, y convencen ser corpó
rea toda luz. Si alguna vez en la escuela fí
sica has asistido á las experiencias ópticas , no
sin maravilla habrás notado, que con un pris
ma y espejo en mano se maneja la luz solar,
se divid e, une y desfigura con mayor facili
dad , que una pasta de cera derretida. A estas
experiencias, no menos fáciles que simples, de
bemos la idea práctica y cierta de la mate
rialidad de la lu z , y la verificación del nue
vo sistéma físico de los colores , para cuya
formación Newtón , su A u to r, mucho se va
lió de los descubrimientos de G rim ald i, co
mo nota (i) el agudo é ingenioso C a stel, que
en su óptica probó (2) no haber agotado New
tón lo mucho que sobre ella se puede decir.
La experiencia confirma la prueba de Castel.
(1) Luis Castel , Jesuíta : véritable sisteme
de Newton y anal. 9. §. 12.
(2) L ' optique des couleurs par L . Castel &c.
Varis 1740. 8. pag. 1.
'Planetario
al mundo
.
81
Grim aldi, pues, con su famosa Obra (r) so
bre la luz y los colores hirió fieramente al
peripatetísmo, que se hallaba gravemente in
dispuesto por la herida mortal, que antes le
había dado Scheiner con el descubrimiento de
las manchas solares. Con las experiencias que
Grimaldi hizo sobre la luz y los colores, eran
incompatibles las calidades ideales é incorpó
reas , que los peripatéticos se figuraban en
los cuerpos; conoció bien estas conseqüencias
Grimaldi, que las indica en el Prólogo de
su O bra, á la que, por no irritar el peripatetísmo, entonces triunfante , añadió un pe
queño lib ro, que intituló en su favor y ser
vicio para mayor ignominia su y a , pues que
cotejándose en él las razones en favor del pe
ripatetísmo con las experiencias , resplandecen
mas la eficacia de éstas, y la insubsistencia
de aquellas. Esta verdad se llegó á conocer y
confesar por los Físicos : y consiguientemente
la materialidad corporal de la luz se adoptó
como artículo innegable entre los dogmas de la
física. Después que se conoció ser la luz mate
rial como los demás cuerpos mundanos , se ex
citó la gran duda , hasta ahora no decidida,
sobre el modo con que la luz solar se propa
ga por todo el sistéma planetario , en que el
Sol es visible. La lu z , dicen unos Físicos, se
ha( i ) Physico-mathesis de lumine , coloribus , et
iride , alnsque annexis libri duo , auctore Fran
cisco Grimaldi S. J. Bononi# t 1665. 4.
Parte I.
P
Guerra que
al peri pate
tismo hicie
ron los des
cubrimien
tos de G ri
maldi y de
Scheiner.
82
Opiniones
sobre el mo
do con que
la luz solar
se propaga.
Via ge estático
halla dispersa por todas partes , y para su ilu
minación necesita que un cuerpo impela , opri
ma ó mueva las partículas sutilísimas de que
se compone su masa. Las estrellas causan es
te impulso ú opresión : lo causa con mayor ve
hemencia y actividad el Sol; y por efecto re
sulta la iluminación solar por todo el mundo
planetario. La luz, dicen otros Físicos , es una
continua dimanación del cuerpo luciente ; y
su propagación no es otra cosa que la difusión
de la materia luminosa. Esta segunda opinion,
que es de los físicos newtonianos , es plausible
en la Astronomía , en la que se pretende veri
ficar con cálculos y observaciones , que se ci
tan como otras tantas pruebas experimental
mente convincentes é innegables. Yo no me atre
veré á caracterizarlas por tales : te las expon
dré clara y sincéramente; y á la rectitud de
tu juicio imparcial, Cosmopolita , dexaré su
decision. Para lograr la mayor claridad en ex
ponerte las dos insinuadas y contrarias opi
niones sobre la propagación de la luz , te ha
ré relación separada de las razones y pruebas
que cada opinion alega en su favor. Empiezo
exponiéndote la opinion de los newtonianos:
su relación será algo larga; pero quizá te di
vertirá , porque la entretexeré con relaciones
de fenoménos curiosos.
s. v.
a l mundo Planetario.
§.
83
V.
Propagación de la luz solar según los newtonianos
su admirable velocid a d
y espacio inmenso por donde
se difunde
$
,
,
A luz solar se difunde por los espacios
inmensos en que el Sol se distingue ó ha
ce visible ; y su difusión , si no es momentánea,
debe ser maravillosamente veloz. En esta bre
ve proposición se indican, Cosmopolita , dos
resultados, que parecen simples y claramen
te inteligibles. Hagamos análisis de ello s; y
para que al analizarlos no se abisme tu consi
deración , aviva tu fantasía figurándote, que
con ella llegas á verlo miserable á la vista cor
poral : y dexala volar por la inmensidad del
espacio en que el Sol se hace visib le, ó por
donde su luz se difunde portentosamente.
Saturno , penúltimo planeta del sistéma so
la r , dista del Sol mas de 3 2 7 (1) millones de
leguas; y no obstante esta distancia recibe de
él tal abundancia de lu z , que ésta lo ilumina,
y
L
(1) Newtón citado, lib. 3. p. 1. p. 42. quie
re que sea de 240 millones de leguas la distancia
desde Saturno hasta el Sol ; pero los Astrónomos
modernos lo han alexado mucho m as, porque en
la distancia que pone Newtón , incomodaría no
tablemente al Sol.
P2
Difusión de
la luz solar
según los
newtonia—
nos.
Espacio del
mundo pla
netario y
cometario,
por donde
se estiende
la jurisdic
ción del Sol.
Aunque el
Sol distáse
de los terrí
colas 940
millones de
leguas, se
les haría
muy visi
ble.
84
V ia ge estático
y reflectendo desde el mismo Saturno hace vi
sible á los terrícolas su g lo b o , y los cinco as
tros ó satélites que lo rodean. La luz solar,
por reflexión desde los cometas , se hace visi
ble á los terrícolas, no obstante que los co
metas se han visto sobre Saturno, y fuera de
los límites planetarios de la jurisdicción atrac
cional que los modernos dan al Sol. Esta ju
risdicción , por mas que se litigue, según los
modernos , induvitablemente se estiende á la
distancia de mas de 4700 millones de leguas,
que llega á alexarse del Sol el cometa visto
el año de 1680: pues que ningún moderno
duda , que todos los cometas giran por el es
pacio que comprende el imperio solar , á quien
están sujetos. Grande espacio hemos señala
do á la difusión de la luz solar; mas no lo
hemos señalado to d o: la luz solar se estiende
hasta aquel punto de distancia inmensa en que
el Sol llega á ser visible; y este punto no se
puede determinar fácilmente. Hagamos una
reflexión, con que á este lexanísimo punto nos
acerquemos millones de millones de leguas. La
reflexión hará que nos acerquemos estos mi
llones de leguas sin movernos de aquí.
Colocándose en el telescopio una lámina,
y estrechándose el agujero por donde se ven
los objetos en tal m odo, que el diámetro so
lar (com o llegó á hacer Huighens) aparezca
27,664 veces menor que desde la tierra lo ven
los terrícolas, en este caso el Sol conservará
aún su luz tan viva y clara , como lo que se
observa en la estrella Siró , que es la mas bri
llante y aparentemente la mayor del firmamen-
al mundo Planetario.
85
mentó. Esta experiencia basta para inferir
que en la suposición de distar de la tierra
el Sol 34 millones de leguas ; el mismo Sol
se vería desde ella no menos luminoso y bri
llante que Siró, aunque distára mas de nove
cientos y quarenta mil millones de leguas. E l
aparato con que Huighens (1) hizo dicha expe
riencia , puede causar algunas ilusiones ópti
cas ; por tanto , procuraré demostrarte el mis
mo resultado , con otra observación menos ex
puesta á errar. Supongamos , como dice Buffón
en la Memoria segunda de la parte hipotéti
ca
( 1 ) Huighens puso en el telescopio una lá
mina , cuyo agujero fuese una duodécima parte
de linea. Por este agujero el diámetro solar apa
reció 18 2 veces menor que se ve con la simple
vista. Notó Huighens que la luz solar aún apa
recía mucho mayor que la de S iró ; y para dis
minuirla colocó en el agujero un globo de vidrio.
Con esta operación el Sol aparecia como se ve
Siró. E l globo de vidrio hizo que el diámetro so
lar disminuido se volviese á disminuir una 15 2
parte. L a multiplicación de los números 18 2 y
1 5 2 ( que son los denominadores de las facciones)
da la suma 27,6 6 4 , que multiplicada por el nú
mero 34,000,000 de leguas (distancia del Sol has
ta la tie rra ), dará la distancia de 940,576 m i
llones de le g u as, desde la qual el Sol aparecería
á los terrícolas con la luz y con el resplandor que
ellos ven en Siró. Véase Huighens , Cosmotheoros , lib. 2. p . 7 1 7 .
86
Fia ge estático
El Sol com
parado con
la Estrella
llamada Si
ró.
ca cíe su Historia natural, que el diámetro
aparente de Siró forma á la vista de los ter
rícolas un ángulo de un minuto segundo; su
posición que se hace graciosamente , ya que
no es perceptible el ángulo, con que se ve di
cho diámetro. En esta suposición , constándo
nos que el diámetro solar se ve con un ángulo
de 32 minutos (que hacen 1920 segundos), se
inferirá (1), que el Sol se vería tan luminoso
y brillante como Siró , desde la tierra , aunque
de ésta distará 3,686,400 veces mas, que la
tierra dista actualmente del Sol. En la mis
ma suposición podemos dividir entre la jurisdicion del Sol y la de Siró (que es otro Sol)
el espacio que actualmente hay desde la tier
ra
hasta Siró, y tanto el sistéma solar, como
Extensión
de los sisté- el siral, se estenderán por sus respectivas mi
mas del Sol tades; esto es, cada uno de los dos sistémas
y de Siró.
dilatará su jurisdicion por un espacio , que es
1,843,200 veces m ayor, que el que hay des
de la tierra al Sol. De este cálculo , que aun
que apoyado en suposiciones algo arbitrarias,
no
(1 ) En la dicha suposición las distancias serán
como el quadrado de un segundo al quadrado de
1920 segundos; ó como I. á 3,686,400 : este nu
mero da la distancia desde Siró hasta la tierra ; y
el número I. representa l a ‘ distancia desde ésta
al Sol : y siendo ésta de 34,000,000 leguas , por
este número se deberá multiplicar el quadrado de
1920 para hallarse el número de leguas que Si
ró distará de la tierra.
a l mundo "Planetario.
8?
no contiene cosa improbable , y quizá dice me
nos que lo que h a y , inferirás, Cosmopolita,
ser inmensa la distancia de Siró, que quizá es la
estrella mas cercana á la tierra ; y que los lí
mites del mundo solar pueden estenderse millo
nes de millones de leguas mas allá de los 4700
millones de legu as, que el cometa del 1680 lle
gó á alexarse del Sol. Podremos d ecir, que los
límites de la jurisdicion solar podrán estender
se sobre el afelio (1) de este cometa el número,
á lo menos (2), de 125.337,600,000,000,000,000
leguas. Esta es la extension jurisdicional de
la magestad solar, en cuya comparación es
un punto y casi cero la extension jurisdicio
nal de algunas magestades terrestres reales,
cesáreas é im periales, que se hacen sangrien
tas guerras por estender su jurisdicion un pal
mo de tierra ó de agua. A l S ol, en el acto
de su formación , señaló el Criador los lími
tes del espacio jurisdicional, que aún conser
va y conservará invariables hasta el fin de los
siglos , en que deshaciéndose en cenizas ó ani
quilándose , experimentará los efectos de la
mortalidad común á él y al mundo que alum
braba.
A
(1) Afelio del cometa es el punto en que él
se halla , estando ésta mas lexos del Sol.
( ‘¿) Supongo de 34 millones de leguas la dis
tancia solar , por la que se debe multiplicar el
número 3,686,400 notado antes, para determinar
el espacio jurisdicional del Sol.
Límites de
la jurisdi
cion solar.
88
Formación
del Sol, mar
de luz.
Viage estático
A la jurisdicion del Sol pertenecen el va
cío , en que giran los planetas y cometas, y
otro inmenso espacio, que hay desde estos
hasta las estrellas. La mente humana pene
trada de admiración se abisma en el piélago
de la Omnipotencia Divina , que á la domi
nación del Sol señaló , y dió espacios, que por
su inmensidad no puede concebir. Por todos
ellos se hace visible, y se difunde , según los
newtonianos, la luz solar. ¿Qué fuente ésta
inagotable de resplandor ? ¿ Qué mar insondeable de masa luminosa habrá en el Sol? Fué
éste formado en el quarto di a del mundo , des
pués que en el primero el Señor había criado
la luz mundana; esto es, el Señor para encen
der una lumbrera á todo el universo, juntó en
un volumen inmenso, que llamamos óo/, in
mensurable cantidad de luz dispersa , como
en el volumen y sitio, que llamamos mar ,
congregó las aguas , que en el principio del
mundo tumultuariamente cubrían la superficie
terrestre.
El Sol, pues , según los newtonianos, di
funde su luz por la inmensidad de los espa
cios etéreos. La luz, que ves, Cosmopolita,
en los planetas y cometas mas remotos , pro
viene del Sol, que la envía á ellos y reflec
te á nosotros. Si mas allá de estos astros hu
biera otros , recibiríamos de ellos la reflexión
de la luz solar; y ésta llegaría á nosotros, si
estuviéramos en Siró. La luz solar se difun
de hasta la indeterminable distancia, en que
puede hacer visible y distinguible al Sol: de
éste sale continuamente y se propaga esféri
ca-
a l mundo Vianet ario.
»
89
camente por todos lados. Si es continua la di
fusión de la luz solar ; si su propagación se ha
ce incensantemente por espacios inmensos, lle
nándolos de puntos luminosos ; ¿cómo , pre
guntarás, pueden suceder tanta difusión y pro
pagación de luz sin que sensiblemente por mo
mentos , y á la vjsta no se disminuya el vo
lumen del Sol ? E ste , me dirás, deberá pa
decer ya deliquios mortales después de tantos
millares de años que generosamente envía ar
royos inmensos de luz á todo el mundo: es
tará vecino á su fin , y el mundo expuesto á
una muerte de tinieblas eternas, las quales
desconcertarán toda la naturaleza, y causarán
la ruina total en las criaturas sensibles. ¿ Deberémos temer tanto m al, Cosmopolita ? No,
no lo temamos. Si la iluminación solar se ha
ce con la difusión y pérdida de la masa lumi
nosa del Sol, no creas que la naturaleza con
este obrar suyo se destruya: mas antes bien
se conserve. El Supremo Autor de la natura
leza le ha dado leyes para su conservación,
no para su destrucción : y según esta máxi
m a, que es dogmática en la Filosofía, los newtonianos han pensado y encontrado una ma
nera ingeniosa , con que el Sol, no obstante
la continua pérdida de su masa solar, sea ca
si eterno en alumbrar. Es justo que oygas el
pensar de los newtonianos ; voy á referírtelo
brevemente.
Conocen y confiesan los newtonianos la
diminución de la masa del Sol con la difusión
de su luz; mas añaden , que aunque la luz so
lar se difundiera por espacios millones de veParte I.
Q
ces
Según el sis
tèma new
toniano el
volúmendel
Sol se dis
minuirá
continua
mente.
Respuesta
de los new
tonianos á
las dificul
tades sobre
la difusión
de la luz so
lar.
90
Se calcula
la diminu
ción de la
masa solar
en millones
de millones
de años.
Numero de
granos de
arena , con
que se pue
de cubrir la
superficie
terrestre.
Viage estático
ces mayores que el del sistèma planetario; y
aunque su iluminación durára por millones de
millones de millones de siglos, no obstante la
masa que en la difusión de tanta luz por tan
to tiempo perdería el Sol, sería menor que
la materia de agua que puede caber en el hue
co pequeñísimo de una abellana. Suspende,
Cosmopolita , la admiración que en tu mente
podrá excitar ó causar esta proposición : oye
sus pruebas no menos admirables que la mis
ma proposición.
Si atendemos al inmenso espacio en que
por hacerse visible el Sol se infiere difundir
se su lu z , y al número de millares de años
que se cuentan desde su primera iluminación,
parece que se podría conjeturar haber salido
del Sol mas masa luminosa que es la arena
contenida en el mar , y dispersa por la at
mósfera terrestre ; pero la conjetura es qui
mérica : pues que no sin probabilidad se afir
ma , que un globito ( cuyo diámetro sea de un
dedo solo) lleno de agua contendrá mas ma
teria que hay en la lu z , que puede salir del
Sol por mas siglos que se indican con el nú
mero de granos de arena necesarios para cu
brir toda la superficie del orbe terrestre. Hé
aq u í, Cosmopolita, una proposición que pre
tendo probar , aunque te parecerá mas admi
rable ó improbable que la antecedente. Es
cucha brevemente la prueba.
La superficie terrestre con dificultad pue
de contener el número de granos de arena
que se indica ó exprime con una cantidad nu
mérica , que conste de la unidad y de veinte
y
a l mundo Planetario.
91
y tres ceros. Dicho numero (1) se calcula y
halla fácilmente, sabiéndose la grandeza de
la superficie del globo terrestre , la qual po
drá ser de 25,785,000 leguas quadradas. V a
mos ahora á determinar la cantidad de mate
ria de luz que corresponde á la del agua, que
puede estar en dicho globito de un dedo de
diámetro.
La luz es de los cuerpos mas sutiles que
reconoce la física : no se duda que su sutile
za es mayor que la del mas sutil miembro
del insecto mas pequeño. »Puse un insecto pe
queñísimo , dice Arena (2), en el microscopio
solar; y su grandeza, á la distancia de 18
palmos del microscopio, aparecia semejante á
la de la semilla que llamamos dormidera; por
lo que el insecto debía ser 500,000,000 veces dePequenez
algunos
mas pequeño que la dicha semilla , en cuya insectos.
cáscara podría estar el número de insectos
que se indica con la dicha cantidad numéri
ca/'
( 1 ) Supongo que cien granos de arena ocu
pan el espacio de un dedo ; pues que la largue
za de medio dedo se divide bien en cien partecillas visibles. En la suposición de contenerse cien
granos de arena en el espacio de un dedo, el de
do cúbico contendrá un millón de granos de are
na. La superficie terrestre constaría propiamente
de 25,860,680 leguas quadradas , en caso de poder
estar en ella el dicho número de granos de arena.
(2) Arena citado : Pliysicoe sugestiones , dis
sert. 1. de lumine, cap. 5. n. 41.
Q2
\
92
V i age estático
ca.” Y suponiendo que cada uno de estos in
sectos constáse de 50 miembros diferentes , el
Pequenez número de estos será 25,000,000,000; y cada
de sus mi miembro será 22,500,000,000 veces menor que
embros.
la pequeñísima semilla dormidera. Si tal es la
pequeñéz de los miembros de estos insectos,
¿qual será la de los veinte mil insectos, que,
como antes te d ix e , el mismo Arena contó
en la casi indivisible gota de agua que estaba
Sutileza de en la punta de un alfiler ? Y si tal es la suti
los elemen leza de los miembros de los vivientes , que son
cuerpos compuestísimos, ¿qual será la de los
tos.
elementos terrestres? ¿Qual la de la luz , que
aparece el mas sutil de ellos ? Este raciocinio
nos obliga , Cosmopolita , á reconocer en la
luz una sutileza , que materialísima é infini
tamente inferior á la de nuestros pensamien
tos , es superior é invisible á la perspicacia de
nuestra fantasía. Conozcamos que el Criador
grande en la creación de las cosas m áxim as,
es máximo en la de las cosas mínimas.
Con las reílexíones que acabo de h acer, me
parece , Cosmopolita , haber conquistado tu
admiración , ó haberla robado de tu mente,
que contemplo en estática curiosidad de las re
sultas que producirá la prueba del asunto pro
puesto. La luz solar debe ser sutilísima ; y aun
que su sutileza no sea prácticamente determi
nable , sin peligro de errar podemos afirmar,
que es algo mayor que la sutileza de la atmós
fera terrestre á la distancia ó altura de 300
leguas sobre la tierra. En esta suposición, que
ningún Físico podrá negar con fundamento,
yo discurro así.
La
al mundo Vianetario.
93
La sutileza de la atmósfera terrestre en la Sutileza de
altura de 300 leguas es tantas veces menor, la atmósfe
terrestre
que la sutileza de la atmósfera vecina á la tier ra
á la altura
ra , quantas unidades se contienen en la can de 300 le
tidad numérica que conste de la unidad y se guas.
tenta y dos ceros. La verdad de esta propo
sición se infiere de la progresión con que la at
mósfera terrestre se enrarece á proporción
de su altu ra, según indican algunas experien
cias.
Tenemos ya la diferencia de densidad en
tre la atmósfera terrestre, que está á la altu
ra de 300 leguas, y entre la que está inme
diata á la tierra ; queda ahora por compa
rar la densidad de esta atmósfera vecina á la
tierra con la del agua. Las experiencias han Proporción
entre las
hecho ver constantemente , que en varios si
tios de Europa , la densidad del ayre (ó de densidades
la atmósfera vecina á la tierra) está á la del del ayre y
del agua.
agua en diversas razones ó proporciones, co
mo vulgarmente se dice. Esto e s ; la mayor
densidad del ayre es respecto de la del agua,
como la unidad respecto del número 606 : y
la menor densidad es como la unidad respec
to del número 1000. El agua, pues, no lle
ga á ser mas de mil veces mas densa que el
a y r e ; ni llega á ser menos que 606 veces mas
densa que el mismo ayre : por lo que toman
do el medio entre estos dos extremos de den
sidad , podemos suponer, que el ayre es 800
veces menos denso que el agua ; y esta supo
sición bastará para inferir, que la densidad del
agua es tantas veces m ayor, que la de la at
mósfera terrestre á la altura de 300 leguas,
quan-
94
Viage estático
quantas unidades se contienen en la cantidad
numérica que conste del número 8 y de se
tenta y quatro ceros. Según este cómputo, y
en suposición de ser la densidad de la luz igual
á la de la atmósfera terrestre en la altura de
300 leguas , se infiere que un dedo de agua
contiene mas materia , que se halla en el nú
mero de dedos de luz que se exprimen por la
Cantidad dicha cantidad numérica de 75 cifras ; y el
de materia tiempo necesario para que se agotáse la ma
en un dedo
teria de tantos dedos de luz , quantos se ex
de agua.
primen por las unidades de dicha cantidad
numérica, comprendería mas siglos , que hay
unidades en la cantidad numérica que constáse de la unidad con 28 ceros. Esta cantidad
es mucho mayor que la del número de gra
nos , que , como dixe antes, bastarían para
cubrir toda la superficie del globo terrestre.
Sin el aparato de estos cálculos aéreos ó
atmosféricos, que N ew tón inventó para hacer
mas creíble su opinión de la difusión de la
luz solar; Grim aldi, de quien antes te hablé,
probó la sutileza incomprensible de la lu z, va
liéndose de la delicadísima y real sutileza de
la muchedumbre de partículas de varias cla
ses de cuerpos. A este efecto propone muchos
exemplos curiosos en la proposición 1 , del li
bro 1. de su Obra citada; y otros tienes en
el tratado que Boyle escribió sobre la sutile
za de los efluvios. En los tratados de Física
■ experimental los modernos tratan difusamen
te esta misma materia ; por lo que es inútil
que yo aqu í, para probarte la incomprensible
sutileza que puede tener la lu z , te alégue nue
vos
al mundo Vianetario.
95
vos exemplos y cálculos de la casi increíble
sutileza , que deben tener las partículas de que
se componen muchos cuerpos terrestres , ó en
que se resuelven según la experiencia. Con
vienen , pues, todos los Físicos en la incom
prensible sutileza de la luz , aunque se con
tradicen en el modo con que sucede la ilu
minación que es el objeto principal del pre
sente discurso.
Según los cálculos y las observaciones he
chas sobre la sutileza de la lu z , se infiere,
Cosmopolita , que sería mínima y casi despre
ciable la porción de m asa, que según la opi
nión de los newtonianos el Sol pereciera alum
brando el inmenso espacio del universo por
millones de millones de siglos: mas al mismo
tiempo se infiere , que siendo el Sol de gran
deza finita , su substancia últimamente en el
órden n atu ral, según la opinión expuesta, de
bería disiparse, aniquilarse y desaparecer. La
continua difusión de la luz solar en tal caso
sería una enfermedad natural de aniquilamien
to del Sol; y su crisi mortal debería ser la
desaparición de todo su globo. Podemos figurar
nos inmensas cantidades numéricas de siglos y
mas siglos, que tardaría en disiparse la masa
solar: mas toda cantidad numérica , que pue
da realizarse, contiene número finito de uni
dades , y solamente puede significar tiempo fi
nito. El mundo , pues, que no será eterno en
su duración , no lo es en su principio; y ni
el Sol, que presentemente es de grandeza fini
ta , no pudo jamás tenerla infinita, y ni pudo
tardar una eternidad en consumirse. Por tan
to
Según los
newtonia
nos llegará
tiempo en
que faltará
naturalmen
te el Sol.
E n el sistè
ma newto
niano, las le
yes que vi
vifican la
naturaleza,
le darán la
muerte.
Las leyes
naturales
que vivifi
can el cuer
po humano,
después lo
destruyen.
96
Viage estático
to es necesario inferir, que el Sol, por ra
zón de su continua disminución con la difu
sión de su masa luminosa, deberá natural
mente faltar y aniquilarse : y porque no hay
razón para conjeturar, que después de la crisi mortal del Sol continuarán á existir los de
más entes de su sistéma mundano , deberemos
inferir también, que entonces acabaría el mun
do solar. El Sol se llama padre de los vi
vientes : estos no pueden quedar huérfanos,
con su vida es incompatible la muerte de su
padre. Si esto hubiera de suceder , podremos
conjeturar, que en todos los entes sensibles,
por orden admirable de la naturaleza, cons
pira á su destrucción y aniquilamiento aque
lla ley que los vivifica, y hace servir á los
altos y misteriosos destinos de la Providencia
Divina. La misma ley y orden de o b rar, que
en el cuerpo humano se descubren desde su
concepción ha sta su m u e r t e , conspiran siem
pre de concierto á la nutrición, fortificación,
aumento y destrucción del mismo cuerpo. Es
te , con el obrar constante de la naturaleza,
pasa del estado de la fluidéz al de la solidéz;
y ésta, adquiriendo mas y mas grados de con
sistencia , osifica y casi petrifica todo el cuer
po humano, y de este m odo, impidiendo la
movilidad de sus partes y el curso de sus lí
quidos al cuerpo , imposibilita la vida , y lo
acerca á la muerte. Así todas las criaturas sen
sibles con su obrar constante y natural, y el
Sol con la disipación continua de la masa lu
cida que esparce, para alumbrar el universo,
se van acercando al último deliquio y crisi mor-
a l mundo Planetario.
tal. Yo espero que algún Astrónomo , redu
ciendo á cálculo la pérdida de la masa solar
con la iluminación , nos llégue á señalar el
año , el m es, d ia , hora y momento, en que
deberá consumirse el Sol. Si se llega á hacer
este cálculo , yo lo imprimiría con los que
Buffón en el suplemento á su Historia natural
hizo sobre los planetas y cometas , ó sobre sus
soñadas épocas de la naturaleza: en esta ro
mancesca Obra tendria su propio lugar. A tí,
Cosmopolita, te baste el haberlo oído no sin
pérdida de tiempo: no deberías perder mas
tiempo en leerlo. Dexemos estas fantásticas
conjeturas : pasemos á otras con que podamos
combinar la sentencia newtoniana sobre la di
fusión de la luz solar.
Pudiéramos conjeturar , Cosmopolita , que
el Sol , como te insinué antes, sea en el sistéma planetario el mar depositario é inagota
ble de lu z , como el Océano lo es del agua en
la tierra ; pero las manchas que freqiientemente se ven en el Sol, como después te di
ré mas largamente, parecen proba#, que este
mar de luz se va continuamente disipando en
vapores. No faltan newtonianos modernos, que
preveyendo en la difusión de la luz solar el
aniquilamiento total que no querrían en el Sol,
y no concibiendo probabilidad para suponer
en el Sol un mar inagotable de lu z , como el
Océano parece serlo del agua en la tierra, se Los come
gún el obrar constante de la naturaleza , para tas , pábulo
precaver tanto mal se figuran que el Sol tira del fuego
á sí los cometas para alimentarse con ellos ; y solar.
que la substancia cometaria sirva de pábulo
Parte I.
R
á
98
Viage estático
ú la voracidad solar, y ocupe el vacío que
ElSoldevóra su mundo.
en su cuerpo dexa la disipación de la luz solar» El Sol, pues , será el gran monstruo de
su mundo ; é l , como la ballena en los mares
terrestres devora los peces, así en los Cielos
devorará los cometas. Estos, según los admi
rables progresos de la Astronomía nueva , se
han elevado á la clase de planetas , cuerpos
de igual duración, y quizá de mayor solidéz,
que la del Sol; ¿ y una nueva opinión sobre la
luz en la física querrá llevar los cometas al
matadero ó á la cocina del Sol ? No , no, Cos
mopolita m ió; no pensemos así. El vulgo del
Oriente teme supersticiosamente , y juzga er
róneamente , que en los eclipses solares un
dragón se acerca y pretende comerse el Sol;
¿ y nosotros creeremos con vulgar supersti
ción , que el Sol pretende devorar los cometas,
astros á que el Supremo Autor dio las leyes
mismas que observamos en los planetas, her
manándolos con ellos ? Los cometas son otros
tantos planetas: su destino debe ser común:
si los planetas en el orden natural guerréan
con el Sol en la duración ; ésta misma se de
be conceder á los cometas. Son estos cuerpos
opacos incapaces de convertirse en masa lu
cida : podrán contener partículas ígneas ó lu
cidas , como las contienen los cuerpos terres
tres : mas ellas no pueden alumbrar sin des
encarcelarse ó salir de la prisión en que las
tiene la masa cometaria ; y en caso de des
encarcelarse , el sistéma planetario se inunda
ría y obscurecería con las cenizas de los col
inetas abrasados.
Te
al mundo Planetario.
99
Te he expuesto, Cosmopolita , la difusión
y disminución de la luz solar , según los new- Velocidad
tonianos : paso ahora á declararte su opinión de la luz so
sobre la admirable velocidad que dan á la mis lar según los
ma lu z, y al mismo tiempo no dexaré de des newtonia—
nos.
cubrirte las dificultades que contra tal opinión
oponen ingeniosamente algunos Físicos. Creían
los antiguos, que la luz se propagaba instan
Propaga
táneamente. Ellos concebian luz é iluminación ción
de la
instantánea, como causa y efecto simultáneos, luz según
sin explicar cómo obraba la causa y cómo los antiguos
provenía el efecto. Grim aldi, que en su Obra Físicos.
sobre la luz y colores echó sobre estos pun
tos los fundamentos de quanto defendió Newton y han ilustrado los modernos , propuso
largamente la difusión succesiva de la luz.
»La luz , decía , es fluido ; y el fluxo de éste Propaga
embebe el movimiento local. . . La luz de las ción de la
estrellas llegando á nosotros nos representa luz según
Grimaldi.
las estrellas en el lugar en que ya no están...
Se puede afirmar intrépidamente, que la luz
se difunde en tiem po, y no instantáneamente,
lo que muchos por vano temor no se atreven
á decir , ó no exáminan con la demasiada con
fianza que esta cosa se deba suponer , y no
poner (1) en duda.” Para demostrar estas pro________________________________ P£:
(1) Véase el tratado de Grimaldi citado , ¡ib.
1. propos. 13. n. 1. p. 153. propos. 14. n.
p.
propos. 1$. n. 2. p. i$8. En estas tres pro
posiciones Grimaldi prueba largamente la difu
sión succesiva de la luz ; opinión que después
aceptó Newtón , y se suele llamar newtoniana.
R 2
ioo
Viage estático
posiciones Grimaldi alega razones filosóficas,
fundadas en el común obrar de la naturale
za ; y los modernos han añadido las pruebas
experimentales, fundadas en los efectos de la
luz. Los modernos , pues , con Grimaldi de
fienden , que la luz se propaga sucesivamen
te , y con pruebas que llaman experimentales,
llegan á determinar el tiempo que la luz tar
da en correr ó difundirse por qualquier es
Prueba ex pacio. No te desagradará, Cosmopolita, oír
perimental
la observación, que según los newtonianos,
de la propa ha hecho conocer claramente la succesiva
gación de la
propagación de la luz , y ha dado fundamen
luz según
to
para determinar el tiempo que ella tarda
los newtoen propagarse por qualquier espacio. Oye la
nianos.
relación que te contaré brevemente. Los As
trónomos Cassini y Roemér notando que en
los eclipses de los satélites de Júpiter ( ó de
las quatro lunas, que siempre giran al rede
dor de este planeta ) no se observaban cons
tantemente los mismos tiempos periódicos, con
jeturaron que los dichos eclipses se veían ya
mas presto y ya mas tarde , á proporción que
la tierra estaba mas ó menos vecina á Júpiter;
esto e s , á proporción que la luz desde Júpi
ter á la tierra tenia que hacer menor ó ma
Tiempo que yor camino. Observaron , pues , que quando
tarda en lle ia tierra estaba entre el Sol y Júpiter, los
gar á la tier eclipses de los satélites de éste se vetan casi
ra la luz
14 minutos (i) mas presto, que quando el Sol
desde Jú p i
se
ter.
(1)
En algunas Obras físicas se lee que fné
no-
al mundo Vianet ario.
ioi
se hallaba entre Júpiter y la tierra; y de es
ta observación infirieron , que la luz o espe
cie visual del eclipse de los satélites de Jú
piter tardaba 16 minutos en caminar la lar
gueza del diámetro de la órbita terrestre, la
Largueza
qual largueza se hace de 68 millones de le del diáme
guas. Cassini, conjeturando después , que la tro de la
diferencia de tiempos periódicos en verse órbita ter
los eclipses de los satélites de Júpiter, po restre.
día provenir de no ser realmente iguales los
periodos de tiempos, (i) , retrató é impugnó
la opinión de la propagación succesiva de
la luz. Roemér se confirmó en ella , y qui
so demostrarla con nuevas observaciones ; y
últimamente , Bradley pretendió explicarla Aberración
claramente , y casi evidenciarla con el feno- de las Estre
méno llamado aberración de las estrellas fi- llas,
xas,
notada la diferencia de 16 minutos , la q u a l y o
puse en la edición de mi viage estático en Ita
liano ; mas la diferencia notada fué de 14 m in u
tos , como se advierte en la relación de la obser
vación que se lee en la Historia de la Academ ia
de París del 1 7 0 7 v que se citará inmediatamente.
(1)
V éa se H isto ir e de V A cadem ie royale des
sciences , annee 1 7 0 7 , de la edición de París en el
1 7 0 8 , p. 7 7 . E l compendiador de las Memorias
que en la p. 78 dice : Que en el 16 7 5 todos los
Filósofos defendían la propagación instantánea
de la luz , uq habia leído la O b ra de G r im a l
di citado.
102
Via ge estático
x a s , la qual consiste en un movimiento apa
rente de ellas , por razón , ya del tiempo que
su luz emplea en llegar á la tierra, y ya de
los lugares que ésta va mudando en su giro
al rededor del Sol ; como mas largamente te
explicaré en otra ocasión (i). Según la opinion
de Brandley (que es común entre los newtonianos), la luz en un minuto camina quatro
Distancia
millones de leguas. La luz de la Luna ( cuya
de la Luna
distancia mediana hasta la tierra se pone de
hasta la
88,86o leguas) llega á la vista de los terríco
tierra.
las en menos de un minuto segundo y una ter
cera parte de segundo : tiempo tan pequeño,
que no basta para que los Astrónomos sin des
confianza en sus observaciones , se atrevan á
probar con las observaciones de la Luna la
Velocidad propagación velocísima de la luz lunar. Según
de la luz
las experiencias de Mersenne (2), la bala de
comparada
canon camina 600 pies en un minuto segun
con la de la
do : y en este tiempo la luz , según los newbala de ca
tonianos , caminaría 980,809,933 : por lo que
ñón.
la velocidad de la luz es á la velocidad de
la bala , como el número 1,634,683 es á la
unidad. Esto es, la luz es 1,634,683 veces mas
veloz que la bala de canon. Esta tardaría
dos años y 259 dias en caminar tres millo
nes
(1) Veanse en la parte segunda de este viage
el §. 4. de la Jornada III ; y el §. 11. de la Jor
nada V .
(2) Véasela Obra citada de Musschenbroek.
a l mundo "Planetario.
103
nes de leguas ; y la luz haría este camino en
mucho menos de un minuto: lo haría en 45
minutos segundos. El sonido, cuya velocidad
parece admirable á los terrícolas, tardaría un
año y 155 dias en caminar los tres millones de
leguas. Una voz dada en el Sol con tanta for
taleza que se pudiese oír en la tierra, tarda
ría casi 17 años en llegar á ella: ¿quanto tar
daría desde Saturno , quanto desde el mas re
moto cometa , y quanto desde el lugar de las
estrellas?
Si la luz , Cosmopolita, camina , ó se pro
paga tan velozmente, como dicen los newtonianos , es necesario confesar, que es casi in
comprensible la sutileza de sus partecillas ó
elementos ; y que el Supremo Hacedor las ha
sutilizado tanto , para que al desprenderse del
S o l, y propagarse velocísimamente hasta la
tierra , no lleguen á matar con la fuerza que
corresponde á su admirable velocidad á todos
los vivientes, y aun arruinen y destruyan to
do lo vegetable que puebla la superficie ter
restre. No te parezca hiperbólica esta propo
sición; cuya verdad inferirás claramente, computando la fuerza que en cada partecilla de
luz resulta de la multiplicación de su peso por
el quadrado de su velocidad. Según este cóm
puto, hallarás que en la suposición quizá gra
ciosa de figurarse, que cada partecilla de luz
solar es 34 millones de veces menor ó menos
pesante que un grano, deberás inferir , según
los principios de los newtonianos , que su fuer
za al llegar á la tierra será mas grande que
la que tiene una bala de ocho libras arroja
da
de
104
Via ge estático
da de un canon (i). La mente humana se con
funde al querer concebir un grano dividido en
34 millones de partecillas : y si suponemos,
que de la grandeza ó del peso de una de és
tas, sea cada parte elemental de la luz solar,
su
( i ) Es vario el número de onzas que se da
á una libra , y el de granos que se da á un
escrúpulo. Este , según algunos Autores, se su
pone de 20 granos, y la libra de 12 onzas. Su
pongamos de 24 granos el escrúpulo : de 3 es
crúpulos la dracma: de 8 dracmas la onza; y de
16 onzas la libra : ésta contendrá 9216 granos;
echo libras tendrán 73,728 granos. La bala de
cañón en un minuto segundo camina 600 pies,
y la luz camina 980,809,933 : por lo que la ve
locidad es 1,634,683 veces mayor que la de la
bala. Supóngase, que la velocidad de la bala se
figura por la unidad : el quadrado , que está mul
tiplicado por el número de granos que contienen
las ocho libras , exprimirá , según los newtonianos , la fuerza de la bala: la qual fuerza se ex
primirá con el número 73,728. E l quadrado de
la velocidad de la luz es 2,672,188,5 10,489 , el
qual exprime la fuerza de la parteciila de luz:
este quadrado es mayor , que el producto que
resulta del número 73,728 por el número 34,
000,000 ; por tanto , en suposición de conceder
se á una parteciila de luz el peso de una trein
ta y quatro millonésima parte de grano , la di
cha parteciila tendría mas fuerza que una bala
de canon de 8 libras.
al mundo Vianetarlo.
105
su fuerza bastará aún para destruir todo lo
viviente y vegetable de la tierra.
E l Sol en cada momento envia á los ter
rícolas innumerables partecillas de lu z, como
otras tantas balas de cañón , con que debía
arruinar todo quanto se mueve y produce so
bre la tierra; ó por mejor d ecir, con la con
tinua y luminosa artillería de partecillas de
luz debía deshacer todo el globo terrestre, re
ducirlo á polvo, y disiparlo por todo el sistéma planetario. Los newtonianos han tenido
presente esta dificultad , no ya solamente en
el orden físico , mas también en el civil y
económico , según el q u a l, el Sol se debe con
siderar como insigne bienhechor de los terrí
colas , y no como tirano conquistador que
desde su formación los inquiete, y quiera des
truir con su continua artillería de balas de
luz. Los newtonianos, pues, previenen la so
lución á la dicha dificultad, diciendo, que la
materia de agua contenida en el pequeño va
cío de una abellana es m ayor, que la mate
ria lucida que el Sol perdería alumbrando
inmensos espacios por casi innumerables años.
Si en la suposición , dicen, de ser una partecilla de luz 34 millones de veces menor que
un grano, en el orden físico y civil resultan
tantos inconvenientes, estos se evitarán fácil
mente, suponiendo que cada partecilla elemen
tal de luz sea millones de millones de veces
menor que el dicho grano: para hacer esta
suposición hallan fundamento grave en la pro
pagación succesiva de la luz , que se infiere
de la diferencia de tiempos periódicos , que
Parte I.
S
se
La luz solar
es una espe
cie de arti
llería.
Sutileza in
comprensi
ble de la
luz solar.
106
Viage estático
se observa en los eclipses de los satélites de
Júpiter, como te dixe antes.
Para iluminarte, Cosmopolita, sobre esta
respuesta, y no para impugnarla, no entraré
en el exámen de las várias causas , de que
pueda prevenir la dicha diferencia de tiem
pos periódicos observada en los eclipses de los
satélites de Júpiter : de este asunto te habla
ré , quando lleguemos á visitarlos; y ahora
solamente discurriré de la sutileza y propaga
ción succesiva de la luz solar.
Las partecillas elementales de ésta , sin ab
surdo físico , se pueden concebir sutilísimas
millones de millones de veces mas , que el gra
Dificultad
contra el sis no casi indivisible á la vista natural, y aun
tèma new microscópica de los terrícolas ; mas por gran
toniano so de que sea su sutileza , parece que no se pue
bre la pro
den concebir espacios inmensos iluminados por
pagación de el Sol, sin que desde él se propague cantidad
la luz.
considerable de masa luminosa. La materia de
agua contenida en el p e q u e ñ o hueco de una
abellana tiene innumerables poros : estos pro
bablemente ocupan mucho mas espacio que
los puntos de la materia aqüea ; y si fingimos
ó suponemos , que esta materia se difunda y
estienda para ocupar el inmenso espacio del
mundo planetario, que es millones de millo
nes de millones de veces mayor, que el hue
co de la abellana , deberemos confesar, que
los dichos poros se engrandecerán y crecerán
á proporción que es mayor el nuevo espacio,
por donde se difundirá la materia de agua. Los
poros innumerables en número serán en el es
pacio del mundo planetario millones de mi-
a l mundo Vianet ario.
107
llones de veces mayores , que eran en el estre
cho hueco de la abellana ; y ciertamente en es
tos poros no habrá ningún punto ó partecilla de
materia aqiiea. A sí, si una onza de materia de
luz se difunde por los inmensos espacios del
mundo planetario , en estos habrá innumera
bles poros de grandeza considerabilísima, y
porque en ellos no habrá ningún punto de luz?,
todos deberán estar obscuros. El lugar en que
no hay un punto de lu z , no puede ser ilumi
nado , mas debe ser obscuro: ¿cóm o, pues,
con una onza de lu z , que difundida por es
pacios inmensos debe contener innumerables
poros de grandeza sensible, podrán estos apa
recer iluminados y tan lucidos, que en el in
terminable espacio del mundo planetario no se
encuentre punto ó sitio, en que colocado un in
secto el mas pequeño y visible solamente con
el m icroscopio , no vea y sienta el impulso
de la luz en sus ojos indistinguibles por su pequeñéz ?
Hartsoeker en su contraste (r) literario con
Clerc sobre el sistéma newtoniano tuvo pre
sente la opinion de la difusión de la luz so
lar , según el mismo sistéma, y pretendió cal
cular , que según dicha opinion el globo so
lar
( i ) A l curso de física ( y a citado n. 12) de
Hartsoeker se añade el tratado : Recueil de plu
sieurs pièces de physique : en este tratado se ha
lla el contraste literario de Hartsoeker con Clerc,
véase p . 37.
S2
Cálculo po
co exácto de
Hartsoeker
sobre la di
fusión de la
luz solar.
Corrección
del cálculo
de Hartsoe
ker.
108
Via ge estático
lar con la gran difusión de su luz se debía
haber deshecho á poco tiempo de haber sido
formado. El cálculo de Hartsoeker supone cier
tamente algunos accidentes arbitrarios ó po
co probables, como se nota en la edición Ita
liana (i) del dicho contraste literario , por lo
que no ha faltado Físico , que corrigiendo lo
mas improbable del cálculo , lo haya repro
ducido con la corrección siguiente.
Supongamos, dice , que el volumen solar
contiene 194,880 semidiámetros terrestres cú
bicos (cada semidiámetro es de 1432 leguas
y media): que el volumen de una esfera tan
grande , que ocupase el espacio que hay en
tre la tierra y el S o l, contiene 100,000,000,000
semidiámetros terrestres cúbicos ; y última
mente , que la luz solar al llegar á la tierra
es 54,000 veces menos densa, que la masa del
S o l; toda ésta se debería disipar en un mi
nuto segundo para llenar el hueco de dicha
esfera. Mas el Sol envía luz no solamente una
v e z , y en un segundo , sino innumerables ve
ces en cada minuto tercero, quarto. . . milé
simo , & c . ; y la envia no solamente á la tier
ra , sino á sitios millones de millones de ve
ces mas lexanos que la tierra. Si la luz solar
que llega á ésta , se supone tantas veces me
nos densa , que la masa del S o l, quantas uni
dades se contienen en una cantidad númerica
que
(1) Raccolta d ' opuscoli sopra V opinioni filo sò fi
che d i N ew ton. F ir e n z e , 1744. 8. Vease p. 114.
a l mundo Planetario.
109
que conste de la unidad y de diez y nueve ce
ros , podremos conjeturar que la diminución
de la masa solar no se ha hecho sensible en
los pocos millares de años , que se cuentan
desde la formación del Sol ; mas deberémos
afirm ar, que se hará sensible en los muchos
millares de años que puede durar el mundo.
A esta dificultad que oponen los antinewtonianos, no es difícil dar respuesta: oye,
Cosmopolita , lo que yo pienso. La suma y
casi incomprensible sutileza , que según los
newtonianos se da á las partecillas elementa
les de la lu z , no repugna á ningún principio
físico , y parece creíble aun en el sistéma de
los que defienden, que la iluminación provie
ne , no de la propagación velocísima de la
luz difundida , mas de la presión que se ha
ce en la materia lucida , y dispersa siempre
por todos los espacios etéreos. La dicha sutile
za , pues , que no es improbable á mi parecer,
no sin peligro de ilusión en la física se alega
como fenómeno cierto y proporcionado para
dar solución á las principales dificultades que
se oponen al sistéma newtoniano de la pro
pagación de la luz. Supóngase una libra de
materia de luz : el número de partecillas ó
puntos elementales de materia que en esta
libra se contienen , en sí son determinados; y
ocupan tanto número de puntos de espacio,
quanto es el número de los mismos puntos:
por tanto, las partecillas ó puntos de la libra
de luz , por mas sutiles que se supongan , y
por mas dispersos que estén por el espacio mun
dano, en la dispersion no ocuparán mayor
5
nú-
Respuesta á
la dificultad
propuesta
en el cálcu
lo antece
dente.
Nuevas di
ficultades
contra el sistéma newto
niano de la
luz.
no
Viage estático
número de puntos de espacio , que ocupaban
unidos antes en una masa. Un punto de ma
teria no puede ocupar dos puntos de espacio.
Materia y espacio son cosas relativas : si hay
ó puede haber mas espacio que materia , por
que entre los puntos de ésta se supongan po
ros perfectamente vacíos, ciertamente no hay
mas materia que espacio. Yo no entraré en
el laberinto de las entrigadas é inútiles cabilaciones de aquellos Filósofos sofísticos, que
pierden el tiem po, y quizá también el cele
bro , indagando ó disputando , si toda parte
de materia ó espacio es divisible ó indivisible
al infinito : solamente supondré lo que es in
negable , y basta para el presente asunto ; es
to e s , que á espacio finito corresponde mate
ria finita; y que un punto de ésta no puede
ocupar dos puntos de espacio; como un pun
to de espacio no puede contener dos puntos
de materia. En esta suposición cierta , la di
ferencia de volumen , qüe puede haber entre
determinado número de puntos de luz unidos
ó dispersos , consiste solamente en el mayor
ó menor número de poros, que se interpongan
entre los puntos de espacio que se ocupan por
los dichos puntos de la luz. Este número de
poros cre ce , á proporción que son mayores
la sutileza y el espacio por donde se difunde
la luz. Si dos puntos ó partecillas de ésta,
que en la superficie solar están unidas, al
caminar ó 3lexarse del Sol un palmo , se se
paran entre sí (esta separación se llama diverjencia en la física) solamente la pequeñéz
de un diámetro de las mismas partecillas,
¿ quan-
al mundo Planetario.
m
i quantos millones de millones de tales diáme
tros distarán entre sí al llegar á la tierra?
i Quantos en llegar al mas lexano cometa ? En
la difusión diverjente de las partecillas de la
luz solar por todo el espacio mundano , ha
brá inmensos espacios de poros interpuestos
entre los puntos de luz, y estos espacios de
berán ser tenebrosos.
Consistiendo la iluminación newtoniana en
la continua emisión ó difusión de la luz solar,
cada dia deberá crecer en la tierra la canti
dad de luz y calor provenientes de la mate
ria lucida , que quedará en su atmósfera y su
perficie. Las noches deberán ser menos obs
curas con la emisión continua de la luz solar;
y por causa de su calor los inviernos serán
menos fríos , y los estíos mas calientes.
Con la emisión de la luz del Sol y de las
estrellas, los espacios etéreos se llenarán de
nueva materia ; y ésta impedirá que la luz
solar se propague con aquella velocidad con
que se difundiría antes en el principio del mund o , quando en los espacios etéreos faltaba dicha
materia. Un cuerpo, como diceNewtón, que
se mueve en un fluido de igual densidad, pier
de su movimiento al caminar el triplo de la
largueza de su diámetro : por tanto, si los eté
reos espacios están llenos de un fluido de den
sidad , igual á la de la pequeña cantidad de
luz que sale del Sol, la luz solar difícilmen
te se propagará. En el espacio mundano,
desde el principio de los tiempos, hubo cier
ta cantidad determinada de materia. Yo pres
cindo , si entre los puntos de ésta hubo ú hay
es-
112
Viage estático
espacio ó poros vacíos: no quiero reproducir
las dificultades que sobre este asunto propo
ne el sabio Autor del viage al mundo de Des
cartes : mas solamente d iré, que á la deter
minada materia que hubo antiguamente en
el espacio mundano , se ha añadido la de luz,
que ha salido del Sol y de las estrellas ; y que
esta nueva materia dificultará la propagación
velocísima de la luz. Añadiré también , que la
mayor dificultad en propagarse la luz impide
graduar ó determinar su velocidad en diferen
tes siglos y sitios del espacio mundano.
Algunos newtonianos, suponiendo que el
Sol sea el Océano de la luz , como el mar lo
es de las aguas , dicen, que la luz vuelve al
Sol, de donde salió. En esta suposición arbi
traria del fluxo y refluxo de la luz solar se
descubren nuevos obstáculos contra su velo
císima propagación : pues que ésta deberá re
tardarse por la nueva materia lucida , que siem
pre se hallará en el espacio mundano y por
los movimientos contrarios de la luz. La luz
directa debe retardar su movimiento , á pro
porción que separándose del Sol encuentra flui
do mas denso ; y la luz reflexa, que se opo
ne á la dirección de la directa , se propaga
siempre menos velozmente que ésta. De las
reflexiones que te acabo de hacer, inferirás,
Cosmopolita , que la sutileza que los newto
nianos dan á la luz solar , no aparece increí
ble, y ni misteriosa , y que debe ó puede ad
mitirse sin dificultad alguna. No se podrá de
cir lo mismo de los inconvenientes que he in
sinuado , y que parece resultar de la difusión
al mundo Planetario.
T13
de la luz solar : no se deben despreciar , sino
exáminar atentamente para conocer si es verdadera ó aparente su dificultad.
Te he expuesto , Cosmopolita, la natura
leza y las dificultades de los efectos que se
suponen en la propagación de la luz solar : no
por esto debo dexar sepultada en el silencio
la grave dificultad, que algunos Físicos tie
nen en encontrar la causa física é inmediata
de dicha propagación de la luz solar. Tal di
ficultad es digna de proponerse : óyela. La pro
pagación continua de la luz solar es un efecto
que debe provenir de su propia causa : esta
causa es algún impulso formidable que el Sol
da á las partecillas luminosas de su superficie;
ó se esconde en la naturaleza de las mismas
partecillas de luz que con un orden no me
nos maravilloso, que inexplicable, por sí mis
mas se desprenden de la superficie solar. Pa
rece que la acción de desprenderse del Sol las
partecillas luminosas y su movimiento no se
deban atribuir á su naturaleza : ya porque to
da m ateria, según los newtonianos , es inerte
ó incapáz de moverse por sí misma ; y ya por
que si la materia se moviera por sí misma, no
sería necesaria la atracción newtoniana para
tener en continuo movimiento los planetas
que en tal caso podrían moverse por sí mis
mos. Los newtonianos son tan contrarios á dar
movimiento alguno á la materia lucida , que
por gracia de su sistéma , el Sol, las Estrellas
y demás cuerpos lucidos estando en quietud,
ponen con su atracción en continuo movimien
to los cuerpos de materia opáca , quales son
Parte I.
T
los
Causa físi
ca de la pro
pagación de
la luz solar.
La luz solar
se despren
de del Sol,
ó por éste es
arrojada.
La luz solar
no se des
prende del
Sol por sí
misma.
1 14
Expulsion
fuerte que
de su luz
hace el Sol.
Viage estático
los planetas errantes. Si de la naturaleza de
la luz solar no pueden provenir la expulsión
y movimiento de e lla , estos efectos proven
drán de impulso vehementísimo , temblor , ó
fuertísima sacudida del Sol. Si esto fuese así,
deberemos decir , que el Sol, que por su in
mensa materia atraería á sí ( como dicen los
newtonianos) en un momento la mole de la
tierra, aunque distára de él cien mil leguas,
tiene adormentada su virtud atractiva , y con
viniéndola en virtud repulsiva, impele, echa
fuera de s í, y arroja de su superficie las partecillas de luz con fuerza, millones de veces
mayor que la que tiene una bala al salir de
la escopeta. La luz es infinitamente menos den
sa que el o ro ; y pocos rayos de luz unidos
bastan para derretirlo: ¿qué fuerza no debe
rán tener las partecillas de luz solar para vo
lar en ocho minutos por una distancia de trein
ta y quatro millones de leguas , hasta llegar
al orbe terrestre, y llegada á éste tener ac
tividad para desunir y derretir un metal tan
duro , como es el oro ? Toda esta fuerza , ca
si increíble, délas partecillas de luz, se hace
provenir del impulso que les da el movimien
to que de rotación tiene el Sol. Movimiento
de rotación en un globo se llama el que tiene
el mismo globo volteando sobre su exe.
Para explicarte claramente los efectos de
este movimiento de rotación solar , del que
se hacen provenir el desprendimiento y el cur
so de las partecillas de la luz solar , será con
veniente , Cosmopolita , que yo me valga de
una oportuna reflexión , que el célebre Filo
so-
al mundo Vianetario,
115
sofo Ignacio Monteiro propone en la lección
X V , del tomo VII de su Filosofía. Hé aquí
la reflexión. El Sol en veinte y cinco dias da
una vuelta sobre su e x e ; y porque teniendo
su diámetro 319,397 leguas de largo, su eqiiaExpulsion
dor (ó su círculo circunferencial por el me de la luz so
dio ) debe tener 1,002,900 leguas de circuito, lar en fuer
se infiere, que en veinte y cinco dias ( que za de la ro
hacen 36,000 minutos), las partecillas de Juz tación del
existentes en el dicho eqiiador en virtud del Sol.
movimiento de la rotación solar , caminan to
da su largueza ó circuito ; y por tanto, en un
minuto caminarán 27 leguas. Las partecillas de
luz, pues, que unidas en la superficie solar,
caminan en un minuto 27 leguas , desprendi
das de dicha superficie se hacen ó suponen
caminar en un minuto, no ya millares, sino
millones de leguas. ¿Quién les da tan terri
ble fuerza centrífuga , que á despecho de la
inmensa atracción solar les haga v o la r, como
el pensamiento , por los espacios etéreos ?
Las partecillas pequeñísimas de luz aban
donan al Sol por causa de la fuerza centrífu
ga : ¿por qué ésta no obliga las porciones gran
des de materia lucida á hacer el mismo aban
dono y vuelo? Si la atracción solar impide la
huida de las porciones grandes de la masa del
S o l, no debe permitirla á las partecillas pe
queñas. Grande cosa e s , Cosmopolita mió,
conceder en el sistéma anti-copérnico-newtoniano á las estrellas el movimiento de 50 mi
llones de leguas en un minuto segundo ; mas
no te debe parecer pequeña el conceder al
Sol tal virtud repulsiva, que en 8 minutos
T2
en-
116
Via ge estático
envíe por la distancia de 34 millones de le
guas hasta la tierra pequeñísimas partecillas
de lu z , las quales lleguen á ella superando la
resistencia del ayre , agua y de otros fluidos
de la atmósfera terrestre, y unidas por el es
pejo ustorio reduzcan á cenizas los metales y
las piedras mas duras.
Estas y otras dificultades que suministra
la física , se evitan en la sentencia q u e , co
mo después expondré mas largamente, supo
ne dispersa por todo el espacio mundáfto la
El sistema materia de luz. Los newtonianos, cuidando mas
newtoniano de las observaciones astronómicas , que de las
de la luz es físicas, para establecer su opinión de la pro
mas astronó
pagación succesiva de la luz , insisten en pre
mico , que
tender
probar , que la dicha propagación se
físico.
demuestra claramente con los fenoménos de
que te hablé antes; esto es , de la observa
ción de las estrellas , y de las aceleraciones y
retardaciones, que se observan en los eclip
ses de Júpiter , á proporción que éste mas ó
menos se alexa de la tierra. De estos dos fe
noménos te hablaré en ocasión mas oportuna,
como te prometí antes; y por ahora te bas
te oír las siguientes breves reflexiones. Cassin i , que dió cuerpo á la imaginación ó al pen
samiento de inferir del fenoméno de los eclip
ses de los satélites la succesiva propagación
de la luz , abandonó después esta imaginación,
y la im pugnó, y M iraldi, después de muchí
simas observaciones , pretendió p robar, que
de el estar Júpiter en su mayor alexamiento
ó vecindad á la tierra , se infería solamente
la diferencia de 4 minutos en los eclipses de
al mundo 'Planetario.
n ¡r
los satélites,. no obstante, que si la luz camináse 34 millones de leguas en 8 minutos, la
dicha diferencia debía ser de 16 minutos , ya
que Júpiter se llega á acercar á la tierra 68
millones de leguas. E l fenoméno de la aber
ración que se atribuye á la propagación succesiva de la luz , puede provenir de otra cau
sa , como no han dexado de confesar el gran
Boscovich y otros Astrónomos modernos.
§.
VL
Propagación de la luz según los antinew tonianos. S e explica la naturaleza
de los colores.
,
,
Asta aquí Cosmopolita te he expuesto
el sistéma de la iluminación , según los
newtonianos : oye ahora el de sus adversarios,
según los quales , á mi parecer, se deberá de
cir , que en el mundo no hay tinieblas abso
lutas, mas solamente respectivas. La luz, di
cen , se halla siempre dispersa por todo el
mundo ; mas la iluminación no se efectúa con
su existencia sola; mas con la presión ó mo
vimiento de sus partecillas elementales; así
como la materia ígnea con su presencia no ca
lienta , sino se desencarcela de los sitios en que
está encerrada , y si no se pone en movimien
to. Este , agitando la materia lucida, hace al
órgano visual sensibles los efectos de la ilu
minación. El oro, la plata, los diamantes, &c.
restregados con el vidrio, resplandecen : lucen
las
H
Sistema anti-newtoniano de la luz.
Propaga
ción de la
luz solar sin
pérdida de
la masa so
lar.
118
Viage estático
las telas de lino y seda, y el papel restre
gándolos con las manos : el mercurio puro y
seco puesto en un frasco de vidrio da gran
de luz , quando se menea con violencia : el
azúcar , llamado en pan , raspado con el cu
chillo , y el mercurio sublimado machacado
con violencia, despiden rayos de luz viva. E l
agua marina azotada con los remos despide
La materia luz. Estas y otras experiencias ( que producen
lucida se ha el mismo efecto en el vacío pneumático ) , ha
Ila dispersa cen sensible la existencia y dispersion de la
en todas
materia lucida por todo el mundo ; y demues
partes.
tran , que la iluminación de dicha m ateria, no
menos que su c a lo r , son efectos del m ovi
miento.
Excitándose prácticamente con el movi
miento la iluminación y el calor en la mate
ria ígnea , Malebranche , Huyghens , Juan Ber
noulli , Pluche y otros Físicos insignes infirie
ron por dogma experimental la existencia y
dispersion (i) de la luz por todo el mundo,
como defiende Des-Cartes. Según estos autores
la luz puesta mas ó menos en movimiento,
hace mayores ó menores las tinieblas. E l Sol,
las Estrellas fixas y los cuerpos puramente lu
La lu7. re
cidos
, constan de materia lucida , la qual no
sulta del mo
estando
encarcelada, y siendo mas ligera que
vimiento de
otras
materias
, está en continuo movimiento;
la materia
ignea.
y
( i) Véase Anti-newtonianismus Ccelestini Cominale. Neapoli, 1 7 5 6 . 4. voi. 2. parte i , ca
pítulo 2.
al mundo Planetario.
119
y de éste provienen la presión y oscilación de
toda la materia lucida , que está dispersa. En
la tierra hay algunos cuerpos, en que no ce
sa absolutamente la oscilación de la materia
lucida : y por esto tales cuerpos , quales son
los diamantes finos , zafiros, ametistos &c.
suelen resplandecer en las tinieblas. En estas
conservan otros cuerpos por algún tiempo la
luz : así las piedras calcinadas expuestas al Sol,
y después cubiertas con cotón , conservan en
las tinieblas por gran tiempo la luz ; ó por
mejor decir, conservan el movimiento de la
materia lucida , que antes se ha promovido
con la presión del Sol. En los cuerpos luci
dos reconocemos la virtud mas activa para po
ner en movimiento la materia lucida : la que
está inmediata al Sol se comprime y mueve
por éste, y hace pasar , ó comunica su mo
vimiento á la inmediata, y así sucesivamen
te con presión continua se mueve toda la luz
dispersa. Esta , en virtud de tal presión , se
propaga por linea recta , pues (1) que debe
ser rectilíneo el movimiento proveniente de la
presión lateral de todas las partecillas de la
superficie solar ; aunque es necesario conce
der , que tal movimiento rectilíneo , al pasar
desde un fluido á otro de densidad diversa,
mu(1) Veanse Cominale citado , la óptica del
Jesuíta Castél , su Obra : V'eritable systeme de
Newton , analys. 7. partió. 2. §. 3. {citada 4 7 );
y Memorias de T revou x, año 1720.
Cuerpos
que lucen
en las tinie
blas.
Movimien
to de la luz
de todo el
mundo so
lar.
1 20
Viage estático
muda algo la dirección por razón de la den
sidad diversa , y de estar mas ó menos encar
celada en los fluidos la materia lucida. Con
este movimiento de presión , que podemos con
siderar en innumerables globillos de luz ínti
mamente unidos y dispersos por todo el v a
cío mundano , se conciben fácilmente la ve
locísima propagación de la luz y los efectos
de las indicadas experiencias en los cuerpos
terrestres luminosos , y se evitan las dificul
tades que provienen de la casi increíble ve
locidad , que en el sistéma newtoniano se con
cede á las partecillas de luz. Si suponemos el
espacio mundano lleno de purísima y diáfana
La presión materia de luz , no hay dificultad en conce
de la mate b ir, que el movimiento proveniente de la pre
ria lucida
sión del S o l, la materia lucida que lo rodea,
causa la luz. pase y corra instantáneamente por concusión
de las partecillas de dicha materia hasta la
tierra ; así com o la concusión del golpe del
martillo en la extremidad de una vara de me
tal pasa inmediatamente á la otra extremidad;
y como el sonido , por la concusión y oscila
ción del ayre , pasa desde el cuerpo sonoro
al oído. Eulero ( i ) , en su nueva teórica de la
luz entre el ver y el oír , hace cotéjo ( lo hi
zo antes Grimaldi (2) ) , y ju zg a , que la ilumi(1) Eulero , Nova theor. lue. et color, ogusculum 3.
(2) Véase la prop. 44. p. 370 , en el libro 1.
de la Obra citada de Grimaldi.
al mundo Vianetario,
121
minacion consiste en la propagación del mo La luz se
vimiento que desde el cuerpo lucido pasa y propaga co
mo el soni
llega á la vista; así como el sonido consiste
do.
en el movimiento que desde el cuerpo sonoro
pasa y llega al oído. Todo el espacio munda
no está lleno de materia a ére a , que por pre
sión envia el sonido al oído ; y de materia lu
cid a, que por presión envia la iluminación á
la vista. Estos dos sentidos que son los mas
finos del cuerpo humano , convienen notable
mente en el modo de recibir la impresión de
los objetos. El gusto y el olfato , sentidos mas
materiales que el oído y la vista, convienen en
recibir inmediatamente la impresión de las partecillas gustosas y olorosas que obran por sí
mismas , y no por presión mediata sobre sus
respectivos sentidos. El tacto es un sentido
universal y común á los otros quatro sentidos,
y á todo el cuerpo. Según esta doctrina, di
remos , que como no hay sonido en el espa
cio en que falta materia aérea, ó ésta no os
cila con la presión de los cuerpos sonoros ; así
tampoco habrá iluminación en el espacio en
que falta materia lucida, ó ésta no oscila con
la presión de los cuerpos lucidos. La oscila
Sensación
ción en la materia lucida proviene del S o l, de
de la luz y
las Estrellas y de otros agentes proporciona
del sonido.
dos: el impulso de estos y no de qualquiera
otro cuerpo es apto para excitar la ilumina
ción , y el diverso placer en verla. Este pla
c e r , como notó G rim a ld i(i), consiste en la
vá(1) Grimaldi citado, lib.i. prop.43. n.50. ^7.362.
Parte I.
V
Según los
newtonianos en el
principio
del mundo
las Estrellas
tardaron 30
años en en
viar su luz
á la tierra.
122
V i age estático
vária sensación que en la vista causan las
ondas del fluido lucido : y según que la sen
sación deleyta mas ó menos , se tiene mas ó
menos deleyte en ver determinados colores.
En la expuesta hipótesi de la iluminación apa
recen , dicen Pluche (1) y Niccolai, menos difi
cultades que en la newtoniana: ella es bastan
te verisímil, dice Nollet en su física experi
mental; no nos obliga á imaginar casos y acci
dentes bizarros; conduce para la explicación
clara de todos los efectos naturales , y nos pro
pone simple y natural la inteligencia de la ex
presión de M oysés, que dice haberse criado
en el primer dia la luz , y en el quarto los
astros , entre los que aparecieron el Sol y
las Estrellas formados de la materia luci
da. Los astros lucidos empezaron á alumbrar
inmediatamente después de su formación , y
el primer hombre empezó luego á gozar el
beneficio de la iluminación. No se hace creí
ble , que el primer hombre viviese treinta y
mas años sin ver las estrellas; lo que en el
sistéma newtoniano de la propagación de la
luz debía haber sucedido, por razón del gran
tiempo que la luz de las estrellas distantísi
mas debia tardar en llegar hasta la tierra. Po
li,
(1)
D issertazioni , elezioni d i sacra Scrit
tura , ¿T Alfonso N iccolai , J esu íta . V enezia ,
1781. 8. voi. 12. Tomo I , lección 6 , en que se
citan los tomos III y I V del Expectáculo de la
naturaleza de Pluche.
al mundo Planetario.
12 3
li (1), que defiende la opinión newtoniana so
bre la iluminación, hablando de la anti-newtoniana dice: »Esta hipótesis no puede ser
mas ingeniosa , ni mas simple.” No obstante,
esta confesión la abandona por dos dificulta
des que él juzga grandes ; esto es , porque en
esta hipótesis la luz debería moverse con to
das direcciones , y no habría jamás obscuri
dad. Estas dos dificultades , á mi parecer, no
se infieren de dicha hipótesis.
Te he propuesto, Cosmopolita mió , las dos
hipótesis, que parecen mas probables sobre la
iluminación de la lu z : en la newtoniana se
descubren mas dificultades, que en la contra
ria ; no por esto pierde mucho de su probabi Crítica de
lidad, que, á mi parecer, consiste principalmen los dos sis
te en la impresión mas ó menos viva que ha temas de la
ce en la mente humana , acostumbrada á re luz.
ferir todas las hipótesis á los efectos que des
cubre en la naturaleza. Las dos hipótesis en
el orden físico y astronómico son substancial
mente iguales en la probabilidad, aunque los
efectos sublunares de la iluminación no dexan de entenderse mejor en la hipótesi antinewtoniana. La inclinación que á ésta yo in
sinué en otro viage estático que hice al mun
do planetario, y publiqué en idioma Italiano,
no agradó á un célebre Físico , el qual , habien( 1 ) Josef Xavier Poli en el tomo 2 citado de
sus Elementos de física experimental , lee. 23. art.
1. n. 1174. p. 422.
V 2
124
Viage estático
biendolo le íd o , me honró con una Carta eru
dita , impugnando mis reflexiones sobre la pro
pagación de la luz. Publiqué la impugna
ción (i) y respuesta á ella en el tomo X llí de
mi
( i ) El Ex-Jesuíta Señor Don Josef Serrano,
conocido en Italia por su gran literatura , habien
do leído mi viage estático en idioma Italiano, que
comprende los tomos I X y X de la Obra Idea
del Universo , desde Fusignano en Romaña , con
fecha de 26 de Septiembre 17S 1 me honró con la
siguiente Carta.
CARTA A L
AUTOR.
v Leyendo , Señor Abate Hervás , su viage
estático, me encuentro sin saber con el título y ca
rácter que V . va instruyendo : por lo que me tómo la libertad de declararle mis dudas. Discur
riendo V . déla opinión cartesiana ó anti-newtoniana sobre la iluminación , dice en substancia , que
proviene de la presión que hecha por el Sol en la
luz inmediata á él , se difunde ó comunica á la
materia lucida que está dispersa ; y que en esta
hipótesi aparecen menos dificultades , que en la
newtoniana , y se entienden bien muchas expe
riencias.*v* A esto yo añado , que lexos de aparecer
menos dificultades, se descubren otras mayores. H e
aquí algunas.
Primera. Si la luz proviene de la dicha presión
de la materia lucida que se supone dispersa por
todas partes , todo el mundo será como un vaso
lleno de ella ; y por tanto , la presión se hará por
to-
al mundo Vianet ario.
125
mi Obra Italiana, intitulada: Idea del U niver
so. No quiero abusar de tu paciencia con re*
pro
todas partes ; y consiguientemente con un rayo
solar , que éntre en mi aposento , todo éste se ilu
minará igualmente , lo que ciertamente no he vis
to suceder.
'
.
Segunda. Si la luz consistiera en la presión de
la dicha materia lucida , los planetas con su mo
vimiento deberían causar resplandor ; y mucho
mas con su diaria revolución , á cuya opinión V .
se inclina ; porque si el movimiento de 1^ llama
de la candela mueve la materia lucida , ¿no la
moverán los planetas , cuerpos desmedidos por su
grandeza y movimiento? Aun el movimiento in
testinal de un insecto podiá y deberá moverla y
Causar resplandor.
Tercera. Supone V . iluminados todos los es
pacios etéreos ; porque desde qualquiera punto
de esos se ve el Sol. Esto es cierto ; mas no se
necesita para este efecto , que todos los espacios
etéreos estén junta y llenamente iluminados; bas
ta que el Sol les envie ó difunda su luz á cada
minuto quarto ; esto e s , á cada sexagésima parte
de pulsada arterial , suponiéndose sesenta pulsa
das en un minuto. En este caso el Sol se verá siem
pre , ó sin interrupción de tiempo , aunque ha
ya el intervalo de 60 millas fntre dos emisiones
seguidas de su luz. Si las emisiones se hacen á ca
da minuto tercero , será de 3472 millas su dis
tancia ó intervalo ; y aun entonces el Sol se verá
sin interrupción de tiempo : porque el movimien
to
I2Ó
Viage estático
producir aquí lo que tú puedes leer cómoda
mente quando quieras.
El
to de las fibras de la vista vibra por tiempo sen
sible.
Ultimamente , V . dice , que si la atracción
del cuerpo solar no permite que con el impulso
de su rotación lo abandonen partes grandes de ma
teria lucida , deberá también impedir que lo aban
donen las partecillas de luz ; y que no se concibe
cómo el Sol , lexos de impedir con la atracción la
huida de éstas, les dé tal impulso, que lleguen
á atravesar en 8 minutos el espacio de 34 millo
nes de leguas , rompiendo los obstáculos de agua,
ayre , &c. que encuentran. A esta reflexión res
pondo , que si según la opinion de V . y la carte
siana , la fuerza del fuego solar basta para cau
sar en la materia lu c id a u n a presión que llégue
hasta las estrellas , ¿ por qué la misma fuerza no
bastará para enviar á los mismos sitios distantísi
mos las partecillas lucidas que de él se despren
dan ?
A estas dificultades respondí , confesando que
no carecía de dificultades el sistèma anti-newtóniano ; y que á las propuestas parecería convenir
bien la siguiente solución.
A la primera dijicultad. Con los rayos sola
res introducidos en una estancia obscura , toda
ésta no se alumbra igualmente ; los sitios, por
donde pasan los rayos, están muy iluminados, y
poco lo están aquellos por donde los rayos no pa
san. Esta endeble iluminación, dicen los newtonia-
al mundo Planetario .
12^
E l discurso de la propagación de la luz
ha salido largo ; no obstante , lo dexaría im
pernianos , proviene de la reflexion que en los rayos
causa el ayre ó el polvo de la atmósfera : »Mas
yo , dice N o lle t, en su física experimental, lec
ción 1 5 , sección 1 , puedo responderles, que he
visto el ramo de rayos solares en un tubo de vi
drio , del que con la máquina pneumática había
evacuado el ayre (experiencia que pide exacti
tud y precaución): en este caso no debía haber
alguna reflexion de rayos, ó sería casi impercep
tible , pues que el ayre era sumamente rarefac
to , y los átomos ó cuerpos extraños faltarían , co
mo sucede en el vacío pneumático.” En este ca
so no es nada difícil concebir , que la iluminación
de la estancia provenga de la presión de la ma
teria lucida , y no de la reflexion de los rayos
solares.
Si la iluminación proviene de tal presión, se
me objetará ( hé aquí la segunda dificultad) , di
ciendo , que no habría jamás tinieblas perfectas;
pues que todo enqüentro y todo movimiento de
los cuerpos deberían producir luz. Esta conseqiiencia parece no inferirse bien : porque puede
suceder , que la luz provenga de la presión, y
que no todos los cuerpos sean proporcionados pa
ra causar la que basta para hacer visible la luz;
así como aunque provenga el sonido de la co
lisión de cuerpos, no por esto todos los cuerpos
son sonoros , ó con la colisión producen el sonido
oíble. La Química presenta muchos fenoménos,
cu-
Sistéma de
los colores
de la luz.
12 8
Via ge estático
perfecto , si no lo concluyese con una brevísi
ma exposición del célebre descubrimiento de
los
cuya relación basta para probar , que efectos pro
venientes de presión ó movimiento , piden movi
miento determinado , ó de causas determinadas.
L a quietud de las partecillas de un cuerpo su
pone en éste la falta de flojisto ó principio in
flamable ; y esta falta en el agua causa el yelo ó la quietud de sus partecillas. A este efecto
natural parece contradecir el fenómeno que se ve
en los helados artificiales. Estos se hacen apli
cándoles inmediatamente yelo con sal , la qual
deshaciendo éste , lo enfria mas que estaba an
tes. Hé aquí otros fenómenos. Las telas colora
das puestas al Sol pierden la viveza de sus co
lores ; y la conservan por gran tiempo , aunque
se pongan ai ayre ó al calor. La luz debe echar
á perder los colores con su movimiento ; y el
del ayre y fuego no causan en ellos tal efec
to. La luz y el calor provienen de una misma
causa , ó tienen entre sí estrechísima relación ; y
no obstante esto , la luz , y no el calor echá á
perder los colores : hayr calor sin luz ; y no to
do lo que produce luz causa calor. L a l uz, se
gún las experiencias modernísimas , hace negrear
los cuerpos , que tienen mucho flojisto : produ
ce el color morado en los cuerpos que tienen me
nos flojisto : causa el azul , el verde , el amari
llo, & c. en los cuerpos que sucesivamente tie
nen menos flojisto. L a luz con su movimiento
causa esta diferencia de colores en los cuerpos
que
al mundo Vianetario.
12g
los colores, que se debe á la observación de
los fenoménos de la lu z , y á la perspicacia
grande de Newton.
Esque tienen mas ó menos flojisto : para tal efecto
no basta el movimiento solo de la luz , pues que
ésta obra con relación al flojisto : así para el efec
to de la iluminación no basta el movimiento so
lo de qualquiera cuerpo.
A la te r ce r a d ijicu lta d . El cálculo que se ha
ce en la tercera dificultad , no ofrece ningún re
sultado improbable. Convengo en que el Sol se
vería sin interrupción de tiempo , aunque se hi
ciera solamente á cada minuto tercero una emi
sión de su luz ; pero la dificultad está en que es
tas emisiones , aunque salieran con alguna ma
yor lentitud , no sean capaces de disminuir sensi
blemente la masa solar después de algunos m illa
res de años. Se afirmará esto alegando hipótesis
arbitrarias , y no hechos claros.
A la últim a d ijicu lta d . Para la presión que
los anti-newtonianos dan á la luz , no se necesita
tanta fuerza , como los newtonianos deben conce
der para que se difunda la luz solar. Esta propo
sición se prueba con el siguiente exemplo. S u
pongamos una fila de millones de globillos de mar
fil , que estén inmediatos y colgados de igual nu
mero de hilos. Si se supone que el primer globi11o se levanta un poco , y se dexa caer libremen
te , chocará con el inmediato, y el choque se d i
fundirá por todos los globil los , moviéndolos. En
este caso el impulso que concibe el primer globiParte /.
X
130
Viage estático
Este Filósofo aprovechándose en gran par
te de los descubrimientos del ingenioso Gri
maldi , que corno dogma físico (r) había esta
blecido en la luz la existencia de los colores,
y no contento ó satisfecho de las ideas de Des
cartes , Gassendo, Fabri , Malebranche, so
bre la causa de ello s, buscó ésta en la natu
raleza para formar un sistema que no fuese
puramente ideal. Newtón con un prisma des
compuso ó dividió en delicados hilos un rayo
Newton ha solar que un pequeño agujero había intro
llo siete co ducido en una estancia obscura , y vió resul
lores en la tar de los hilos luminosos los siete colores di
luz.
ferentes, que se llaman roxo , anaranjado, ama
rillo , verde, azul, incado y morado. Con otro
prisma pretendió descomponer los hilos luci
dos de cada colo r; pero en vano , pues que
los rayos de cada color se mantenían siempre
con el color que apareció en su primera divi
sion , por lo que Newtón infirió, que en la luz
hay los siete colores dichos. Infirió también los
siguientes resultados. El paño de escarlata, por
exem11o , no bastaría para moverlo , ó hacer que ca
minase el espacio que ocupan seis globillos, y bas
taría para mover toda la fila de ellos. La mate
ria lucida se compone de globillos de suma elas
ticidad y movilidad ; y por esto , la llama de una
candela puede fácilmente causar la presión en los
que ocupan gran espacio.
(1) Grimaldi citado, lib. I. propos. 43. lib.
2. propos. 4. y 5.
al mundo Vianet ario.
131
exemplo , aparece roxo, porque ácia nosotros
Causa de
reflecte solamente los hilos ó rayos de luz:
los colores.
la hierba se ve verde, porque reflecte sola
mente los rayos verdes de luz ; y con esta
proporción sucede lo mismo en los objetos ana
ranjados , amarillos, azules, &c. de quienes re
flecten los rayos del color que parecen tener.
La luz aparece blanca, porque el blanco es la
mezcla de todos los siete colores, como suce
de en los de la pintura; y el negro resulta,
porque del objeto que se ve negro , no reflec
tan los rayos lucidos; mas todos se absorven
en él. A la verdad, el negro parece consis
Causa del
tir en la falta de todo color ó de toda luz: color negro.
por lo que, si un papel blanquísimo aguje
reado se ve desde notable distancia , los agu
jeros aparecen perfectamente negros ; y el
blanco sirve para distinguir la circunferencia
del espacio negro que en ella se encierra.
Has oído, Cosmopolita, el sistéma newtoniano de los colores, que quanto es simple y
fácil de explicar, tanto aparece verisímil: pues
que la simplicidad es propiedad característi
ca de la verisimilitud y de la naturaleza. Castel , quizá con emulación francesa de las glo
rias del inglés Newtón, agotó su ingenio , im
pugnando los sistémas de éste sobre la atrac
ción y colores; mas la impugnación ha sido
causa del mayor empeño en ilustrarlos, y dió
al impugnador motivo para nuevos descubri Clavicordio
mientos físicos , entre los que al presente asun de colores,
to merece atención su idea , creída bizarra en ó de la vis
su origen, y después verificada de inventar el ta.
X2
cla-
132
Via ge estatico
clavicordio (1) de colores ó de la vista. Cas
tel , pues , escribió su óptica contra la de New
ton , y de las dudas que en ella excitó , y des
pués han promovido y añadido otros Físicos,
se infieren las siguientes reflexiones , que no
poca luz dan para distinguir en el sistèma de
los colores lo cierto de lo verisímil ó impro
bable.
Todo el sistèma newtoniano de los colo
res se funda sobre las experiencias del pris
El prisma
ma , al qual ciertamente no está aligada la in
entre los
newtonia- falibilidad. E l prisma , dicen los newtonianos,
nos decide descompone ó separa en la luz solar siete co
el número lores , que se llaman primitivos : y en ningu
de colores.
no
( 1 ) En la óptica ya citada de C a ste l, p a rte r,
observación X I , p . 1 6 1 , se propone la analogía
de los colores con los tonos de la música ; y en la
p a rte 2 , p . 4 7 0 , se pone la descripción del cla
vicordio ocular , que Castel inventó. D e este ins
trumento se habla también en la Obra de Castel,
intitulada : E sp rit, saillies , et singularités du P .
Castel. A m sterd. 1 7 6 5 . 8 . §. Clavessin pour les
yeux. p . 280. Poli citado , en sus Elementos de
física experimental , tomo 2 , nûm. 1 3 2 3 , p. 550,
describe el modo fácil con que se ven correspon
der constantemente á los siete colores el primer
tono , que es arbitrario , y depende de la tirantez
de la cuerda ; y los tonos de octava , séptima me
nor , sexta mayor , quinta , tercera menor y se
gunda mayor.
al mundo Planetario.
133
no de estos colores no descompone ó separa
otro color ó colores distintos; esto quiere de
c ir , que los colores son siete, porque el pris
ma en la luz no divide mayor número de co
lores : y los siete colores son primitivos, por
que el prisma no puede descomponer ningu
no de ellos. Sobre estos hechos se podrán ex
citar las siguientes dudas con C astel, Mariotte,
R izzeti, Gautier, Cominali (1) y Opoix. Los
siete colores son primitivos y simples, porque
el prisma no los puede descomponer maneja
do por los newtonianos: ¿mas es dogma físico,
que el prisma es el único é infalible medio
para descomponer los colores? Los pintores y La pintura
tintoreros con los colores azul y amarillo for se opone á
man el verde : con el azul y el roxo forman la decision
el violáceo: con el roxo y el amarillo for del prisma.
man el dorado : luego no son simples los co
lores verde , violáceo y dorado. Estos tres
colores, dicen los newtonianos, en la pintura
son compuestos, y en la luz solar son simples.
Deberían decir , que estos tres colores son
compuestos en la pintura , y que lo mismo pro
bablemente serán en la luz ; aunque hasta aho
ra no se ha hallado instrumento para descom
ponerlos claramente. Con el prisma se unen
los
(1 ) Veanse Castel citado : V'eritable systeme
de Nevjton , atialys. 7. partie 2. §. 3. &c. Comi
nali citado: Anti-nevjtonianismi pars 1. cap. 9.
10. 11. 12. Monteiro citado: Philosophia libera,
tomo 7. lib. í^.prop. 40. £0. 6v.
134
Via ge estático
los colores azul y amarillo , y resulta de ellos
el verde : se unen el azul y el roxo, y resul
ta el violáceo: se unen el roxo y el amarillo,
y resulta el dorado. Asimismo si el papel que
recibe los colores se coloca á la distancia de
uno ó dos palmos del prisma, y no á gran dis
tancia como hacen los newtonianos, entonces
en el papel no se ven los siete colores ; y se
ve el verde proveniente del azul y del ama
rillo.
Castel reconoce solamente tres colores pri
mitivos ó simples , que son a zu l, roxo y ama
rillo , y de ellos hace provenir innumerables
colores compuestos. Él tuvo el ofrecimiento
Admirable
de conjeturar que había relación entre los co
harmonía
entre los co lores y los tonos músicos : y de esta relación,
lores y los y de las experiencias, infirió, que los colores
tonos músi primitivos eran tres (azu l, roxo y amarillo),
cos.
como tres son los tonos músicos , que se lla
man (1) senciales. Este ofrecimiento , que en
su primera publicación pareció meramente fan
tástico, se admira hoy verificado en parte por
la experiencia, que demuestra haber cierta re
lación entre los colores y los tonos músicos.
La
(1) Castel citado: Optica , p a rt. 1. observa
ción 5. y . p. 69. Los tres tonos músicos, con que
se comparan los tres colores primarios , son los to
nos u t , mi t s o l: el tono u t , llamado tónico ó bax o , que es como la basa: el tono m i , llamado
tercero , medio ó mediante , entre los tonos ut y
s o l, que se llama el quinto ó dominante.
6
a l mundo Planetario.
135
La Química, últimamente( 1 ) , ha descu
bierto y verificado la estrecha relación que hay
entre el calor y los colores , haciendo ver ex
perimentalmente , que estos dependen no me
nos del flojisto de los cuerpos, que de la luz.
Esta proposición se prueba con larga série de
experiencias : insinuaré algunas. Los cuerpos
blanquean á proporción que pierden el flojisto;
y de la falta de éste el color blanco es indicio
á los Químicos: y por lo contrario, el color
negro es indicio del nuevo flojisto que se ad
quiere. Los labradores saben por experiencia,
que las tierras negras son calientes, y frías las
blancas. Estos mismos efectos se observan en
los hombres negros y blancos, y en los anima
les de lana, pluma,ó pelo negro ó blanco: y con
alusión á esta diferencia de efectos, Virgilio en el
libro 3 de sus Geórgicas dixo : Deterrimus albis
equis color. Los Médicos por el color vário que
ad(r) Véase Scelta d i opuscirii interessanti. M i
lano íy y y . 8. En los volúmenes 2$ y 26 se pone
la Memoria de Opoix , en la que se prueba la re
lación entre los colores y el flojisto. En el tomo II
de la Obra Memoires de mathematique, et physique presentes d /’ Academie royale des Sciences. Paris l 7 55-4*
la p. 26 se pone la Memoria
de Mazéas , que trata de los colores que resultan
restregando superficies llanas y transparentes. M a
zéas conjeturó que los colores dependían de una
materia sutil desconocida que restregando las su
perficies de los vidrios salía de sus poros.
Harmonía
entre los
colores y el
calor.
Relación
entre la luz
y el sonido.
136
V ia ge estático
advierten en los enfermos, conocen el esta
do y la calidad de su fiojisto. De estos y otros
innumerables exemplos parece inferirse , que
el color depende tanto del ñojisto , como de
la luz ; y que lu z , ílojisto y color sean una
misma cosa.
Te he apuntado, Cosmopolita, las dudas
principales que pueden ocurrir contra el sistè
ma newtoniano de los colores , que por su sim
plicidad tendrá siempre muchos defensores:
aunque para formarlo Newton estudió ú ob
servó mas la mecánica de la luz , que la físi
ca (1). Si los colores tienen analogía con los to
nos músicos , no aparecerá increíble el sistè
ma que los contemple con analogía al soni
d o , y reconozca en la admirable variedad y
texidura de las superficies de los cuerpos la cau
sa de las oscilaciones , vibraciones , y modifica
ciones diversas y uniformes , que se advierten
en los rayos solares. En esta hipótesi la inmuta
bilidad de las superficies de los cuerpos ha
rá
( 1 ) El número de colores primitivos que Newtón pone en la lu z , es muy dudoso ; y mas dudo
sas son las causas á que atribuye la diversa opa
cidad de los cuerpos, el salto que en su reflexión
hace la luz directa , y otros fenoménos de la mis
ma luz , que con ingeniosísima crítica examina
el Señor Cardenal Gerdil , impugnando á N ew
ton. Véase la Obra : Delle opere deW Eminentis
simo Signore Card. Giacinto G erd il, tomo 4. Bo
logna 17S9. 4. Sur l' attraction, §. 4. p. 246.
a l mundo Vianet ario.
13^
rá invariables la iluminación y el co lo r, que
se variarán, variándose las superficies, como
el sonido varía según la diversa tirantez de
la cuerda sonora. Basten estas reíleríones, Cos
mopolita , para que formes idea de la lu z , ex
celentísima entre las criaturas materiales , y
de las opiniones menos improbables que ex
plican sus admirables efectos.
¡ O quantos y quan admirables efectos la Creadon de
Suprema Sabiduría juntó en esta criatura ma la luz.
terial , que fué las estrenas de la Omnipoten
cia divina en el primer dia de la creación del
mundo! En el principio de los tiempos (1)
Dios crió cielo y tierra : obra informe y te
nebrosa ; y luego el Señor d ixo: Hágase la luz :
y la luz subitáneamente apareció hecha á la
vista del Señor que vió ser cosa buena. La
luz fué efecto d é la divina locución (2); y apa
reció para que de lo invisible se hiciese lo vi
sible. Dios la eligió para nube de su Trono (3),
en que se ocultáse el resplandor inmenso de
su
(1) In principio crea'vit Deus coelum et ter
rant , &c. Genes, i.
(2) F id e intelligimus aptata esse specula 'ver
bo D e i , ut ex imisibilibus 'visibilia ßerent. Ad
Hebræos , 11. 3.
(3) Quì s°lus habet immort alitent : et lucem
habitat inaccessibilem. 1. Ad Timoth. 6. 16. Quottiam Deus lux est , et tenebrie in eo non sunt ullae.
Joan. 1. ep. 1. v. 5. Ego sum lux mundi. Joan.
8. 1 2.
Parte I.
Y
138
Viage estático
su Magestad. La luz en sus efectos , respecto
de la vista corporal, representa lo que en
nuestros espíritus obra el mismo Dios que
dignándose de habitar hombre con los hom
bres , fué y se llamó su luz. A sublime é in
comparable grado de honor se ha elevado es
ta criatura material, elegida por el mismo Dios
para figurar su Trono y su Magestad. Ella
es sombra tan luminosa de la divinidad, que
en el común pensar de los hombres jura por
ésta el que jura por la luz que le alumbra.
Habiendo oído, Cosmopolita , estas excelen
cias de la luz, no esperes oír otras : es superfiua su relación.
He concluido mi discurso sobre la luz, en
el que vanamente me hubiera detenido refi
riéndote las opiniones de los antiguos Físicos
sobre su naturaleza. Lo que sobre tales opi
niones he dexado sepultado en el silencio, so
lamente te podria servir para conocer prácti
camente , como lo observarás eü muchas oca*
siones, que los hombres incapaces de pene
trar á fondo las esencias de las cosas, necesa
riamente deben disentir en muchos puntos,
cuya verdadera decisión no se puede dar sin
conocer las esencias que ignoran é ignora
rán. Pasemos , pues, ahora á considerar otras
propiedades dignas de atención, que se des
cubren en la substancia ó cuerpo solar.
§. VII.
al mundo Planetario.
139
§. V I L
Densidad y masa solar : gravedad ó peso de
los cuerpos en la superficie solar.
Ntre estas propiedades merecen en pri
mer lugar ser consideradas la densidad
y masa solar. Arrímate conmigo al S ol, Cos
mopolita ; y tocalo sin m iedo, si quieres co
nocer la densidad de su materia ígnea. No
tem as: somos espirituales ; por tanto de su
perior naturaleza á este fuego material. Vé
aquí, Cosmopolita , este volcan inmenso, cuyo
ardor debe ser inextinguible por muchos mi
llones de siglos, aun quando la substancia que
La dura
lo alimenta , lexos de ser ígnea ( ó la misma ción
del ca
luz que por sí misma está siempre encendi lor en los
da , quando está junta y obra con libertad), cuerpos sue
fuera Ja materia mas resistente á conservar el le tener re
calor. Si un glob o, tan grande como el ter lación con
restre , tuviera la densidad del hierro, y lle- su densi
gára á estar penetrado ó encendido con el fue dad.
go terrestre, tardaría en enfriarse (1) mas de
noventa y seis mil años: ¿quanto mas tiem
po tardaría en enfriarse el globo solar, si lle
gara á estar encendido como el hierro ar
diendo, pues que es mas de un millón tres
cientas y ochenta y cinco mil veces mayor
que
E
(1) Newtón , Princij.M athem . lib. 3. prop.
41. j)rob. 21.
La densi
dad solar es
quatro ve
ces menor
que la ter
restre.
140
Via ge estático
que la tierra ? Si en el globo solar suponemos
un calor como el que llegó á tener el come
ta del año de 1680, ¿quantos millones de si
glos tardaría en enfriarse? Este cometa lle
gó á tener un calor, que era mas de dos mil
veces mayor que el del hierro ardiendo : si
concedemos que el cuerpo solar á lo menos ex
cediese en calor diez veces á dicho cometa,
desde luego inferiremos, que tardaría en en
friarse mas años que probablemente puede du
rar este mundo. Es cierto que la densidad de
la masa so la r, la qual (1) es una quarta de
la terrestre , es muy inferior á la del hierro;
mas la grandeza de su masa , y el sumo calor
que tiene, harían que el Sol tardáse muchos
millares de siglos en enfriarse. Hago esta ex
cepción de la densidad , porque los cuerpos
mas densos suelen ser los mas tenaces en con
servar el calor : aunque esto no sucede siem
pre ; pues que el cobre es menos denso que
el oro, y conserva por mas tiempo que éste
el calor.
Siendo la densidad del Sol quatro veces me
nor que la terrestre , como has oíd o , desde
luego deberás inferir , que del exceso del Sol
en
( 1 ) L a densidad de la masa solar se supone
ser á la tierra como 2 $,2 S$ á 100,000. Esta supo
sición se funda en conjeturas mas especulativas
que prácticas, como podrá notar el Lector co
tejando los discursos en que se tratará de la den
sidad de la masa de los planetas.
/
a l mundo Planetario.
141
en grandeza , respecto de nuestra tierra , no se
infiere bien igual exceso en masa. Por ser és
ta en la tierra quatro veces mas densa que
en el S o l, deberémos inferir, que si éste es
un millón trescientas ochenta y cinco mil quatrocientas y setenta veces mayor que la tier
ra , no tendrá sino trescientas cincuenta y dos
El Sol es
mil ochocientas y dos veces mas (1) masa que
la tierra. No puedo menos de hacerte adver veces mayor
tir aquí la providencia de nuestro Dios , que que la tier
tan sabiamente hizo menos densa la materia r a ; y tiene
solamente
solar que la terrestre. Si el calor del Sol es
tan grande en e stío , no obstante de ser la 352,802 ve
masa solar quatro veces menos densa que la ces mas ma
sa que la
terrestre , ¿ quán insufrible sería el calor , si tierra.
la masa solar tuviese la misma densidad que la
terrestre ? En este caso el calor del Sol sería
quatro veces m ayor; esto e s, sería ta l, que
los hombres no podrían vivir en estío. E l
Señor que crió el Sol para servicio del géne
ro humano , le dio tal densidad , tanta masa
y tal distancia , como convenia al fin para que
lo habia criado.
No dexo de advertirte aq u í, Cosmopolita,
que
(1) La masa solar es á la terrestre , como 352,
802 á 1. Newtón (Princip. Mathem. lib. 3. pr.
8. theor. 8. ) la puso como 169,282 á 1 ; y otros
Físicos la ponen como 199,244 á r. ( Compen
diaría pliysic# institutio , auct. P. Mako é S. I.
Plndobonte , 1762. 8. vol. 2. En la parte í , sec
ción 6 , capítulo 3 , número 200. )
142
Via ge estático
que aunque el Sol es un cuerpo de materia
ígnea , la qual parece debería ser mas rare
facta ó menos densa, que la demás materia
planetaria; no obstante , se encuentran algu
nos planetas, que tienen menor densidad que
el S o l; y lo mas raro es , que los planetas
mas remotos del Sol se creen los menos den
sos : así Saturno se cree menos denso que los
demás planetas intermedios hasta el S o l, no
Graduación obstante que por su gran frialdad y suma dis
de la densi tancia de la fuente del calor debería ser el
dad de los
mas denso. Esta particularidad debe mirarse
planetas.
como un fenoméno en la física. Newtón (1)
creyó , que los planetas eran tanto mas den
sos , quanto mas vecinos estaban al S o l; y es
te sentir entre los Astrónomos modernos es el
mas común: en otra ocasión te haré conocer,
que aún se desean pruebas que verifiquen es
ta opinión.
La noticia que te acabo de dar del exce
so que en su masa hace el Sol á la tierra , me
Peso de los da motivo para hablarte sobre la gravedad
cuerpos en
ó peso que tienen los cuerpos en la superficie
la superficie
solar , y sobre la velocidad grande con que
solar.
caerían sobre ella , si se dexasen caer desde una
determinada altura. Uno y otro fenoméno se
determinan fácilmente (según los principios (2)
de
(1) Princip. Mathem. lib. 3. prop. 8. theor.
8. cor. 4.
(2) N ewton, Princip. Mathem. lib. I. prop.
72 ; y lib. 3. prop. 8.
a l mundo Vianet ario.
143
de la atracción) , por la razón que tiene la
masa del Sol (1) con el quadrado de su rayo,
ó distancia hasta su centro. Según estos prin
cipios , si el diámetro solar fuera igual al ter
restre , por quanto el Sol tiene trescientas cin
cuenta y dos mil ochocientas y dos veces mas
E 1 cuerpo
masa que la tierra , se infiere que en dicho que en la
caso un cuerpo que pesa una libra entre los tierra pesa
terrícolas, pesaría 352,802 libras en la super una libra, en
ficie solar. Esta diferencia proviene de la ma el Sol pesa
ría mas de
yor atracción solar: porque si un cuerpo que 28 libras.
tiene diez partículas de m asa, atrae como
uno ; otro cuerpo de igual volumen que ten
ga cien partículas de masa , atraerá diez ve
ces mas. Mas porque , como te he d ich o, es
necesario para determinar el peso de los cuer
pos en la superficie de un planeta atender á
la razón que la masa de éste tiene al qua
drado de su ra y o ; y porque el rayo solar es
ciento y once veces mayor que el terrestre,
un cuerpo que en la tierra pese una libra, pe
saría veinte y ocho libras (2) y tres onzas y
media en la superficie del Sol. Atendiendo á
la diferencia de masas y rayos en los demás
planetas, se infiere, que el cuerpo que pesá-
( 1 ) E l peso de un cuerpo en la superficie de
un planeta es como la masa dividida por el rayo
del mismo planeta.
(2) Un cuerpo de una libra en la tierra pesa
ría en el Sol 28 libras , 3 onzas, y 6 décimas par
tes de onza.
144
Peso de los
cuerpos en
Júpiter, Ve
nus , Satur
no, Mercu
rio y Marte.
Comercio
que harían
entre sí los
planetícolas , si los
planetas es
tuvieran po
blados.
Vi age estático
sáse en el Sol veinte y ocho libras y tres on
zas y inedia , pesaría solamente dos libras y
media en Júpiter: una libra y cerca de dos
onzas y media en Venus : en Saturno pesaría
poco mas de una libra: en Mercurio pesaría
nueve onzas y media ; y en Marte pesaría quatro onzas, y dos tercios de onza. Tanta di
ferencia de pesos se encontraría en un cuer
po , que en la tierra pesáse una libra. Si los
planetas , Cosmopolita , estuvieran poblados,
y se pudiera navegar ó volar desde uno al
otro con mercaderías , sin duda todos los planetícolas vendrían á comerciar en el Sol. Si
hubiera planetícolas comerciantes , todos comerciáran en el globo solar, y ninguno lleva
ría géneros al globo de Marte. Esto e s , to
dos querrían traer géneros á los solícolas, y
ninguno querría volver cargado. Los que mas
ganarían en el comercio serían los martícolas,
ó los que cargasen en Marte , porque según
te he dicho , un pedazo de oro que en Marte
pesa quatro onzas y dos tercios de onza, en
el Sol pesaría 28 libras, y tres onzas y me
dia. En este caso el desgraciado Marte sería
despojado de todo lo bueno que tuviese : pues
que su comercio con el Sol daría de ganancia
mas de setenta y tres por uno. No dudo que
un Holandés al oír esto no dexaría de sentir
vivos impulsos de hacer tal comercio, sin te
mer el peligro de abrasarse en el S o l, así co
mo no teme quedar pasmado en los helados
mares del norte , en que su nación hace abun
dante y útilísima pesca.
Los impulsos que conmoverían é inquieta
rían
a l mundo V ianet arlo.
145
rían el corazón comerciante del Holandés, se
rían mas furiosos, si él , reflexionando sobre
Comercio
la propiedad intrínseca luminosa de la masa de diaman
solar , se figuráse, que con granos ó pedaci- tes solares
que harían
tos de ésta podia formar una nueva especie los
terríco
de diamantes brillantes , que llevados á la tier las si pudie
ra al mostrarlos, convirtiesen en clarísimo dia ran comer
la mas obscura noche. Triunfante y ufana en ciar en el
traría en los saraos nocturnos la dama terres Sol.
tre , que al mostrar un anillo en que estuvie
se engarzado pequeñísimo pedazo de la masa
solar , obscureciese todas las luces artificiales
con el resplandor solar. Si tanta y de tan la
mentables conseqüencias es la pasión de los
terrícolas por los diamantes terrestres, cuya
compra les hace precipitar las casas y reynos,
¿quanto mayor y mas funesta sería la que ten
drían por los diamantes solares ? Respecto de
estos los diamantes terrestres serían carbones.
Un diamante solar sería una piedra, en cuyo Diamantes
fondo estaría siempre el manantial perenne de solares.
la luz mas clara y resplandeciente. Pocos dia
mantes solares bastarían para que en el orbe
terrestre fuesen inútiles las cererías, y los oli
vares se mirasen como selvas solamente úti
les para los que entre los terrícolas viven co
mo forasteros. Mas dexemos, Cosmopolita,
estas hipotéticas reflexiones, que podrán an
gustiar el corazón de aquellos terrícolas, que
con su perjudicial comercio en piedras precio
sas arruinan las familias , y roban á los reynos las riquezas y el fundamento de su sub
sistencia. ¿ Quién sin verlo pudiera creer que
hoy tal comercio importa mas , que el de toVarie I.
Z
do
146
Viage estático
do lo necesario para la subsistencia de muchas
familias ? Los terrícolas Européos se juzgan los
Irracional mas sabios del orbe terrestre; mas su juicio
comercio de es falso , ó su sabiduría es vana : pues que yo
los terríco veo que ellos no saben hacer apenas otro co
las en pie mercio sino el de enriquecer á los Asiáticos , y
dras precio empobrecerse á sí mismos, por llevar al Orien
sas.
te todas sus riquezas en cambio de piedras
que llaman preciosas , y yo llamaré inútiles.
Ellos transportan continuamente de la Améri
ca sus preciosidades para regalarlas al Asia:
ésta para ellos es su Sol; y América es su
Marte.
Pasemos , Cosmopolita, á considerar é in
ferir la velocidad y aceleración con que los
cuerpos caerían en la superficie solar. El feVelocidad noméno de esta velocidad resulta de los prin
de los cuer cipios de la atracción ya insinuados; por lo
pos al caer que desde luego se viene en conocimiento de
sobre la su que si un cuerpo en un minuto segundo cami
perficie so na quince pies , y una décima parte de pie cer
lar.
ca de la superficie terrestre , cerca de la solar
caminaría en el mismo tiempo quatrocientos y
veinte y ocho pies , y seis décimas partes de
pie. Esta mayor ligereza de los cuerpos al caer
sobre la superficie solar, proviene de la gran
atracción de su suma masa.
En todo este discurso , Cosmopolita , he
procedido suponiendo en los planetas la atrac
ción que los terrícolas suponen en toda ma
teria. No es tiempo aún de exáminar la cer
tidumbre ó probabilidad de una tal suposi
ción : en adelante no faltará ocasión de insi
nuarte las principales pruebas y dificultades
que
al mundo Planetario .
i4 jr
que ocurren sobre la pretendida atracción de
la masa de los planetas : su explicación no ha
sido necesaria para que tú hayas entendido
bien , como creo , lo que tu curiosidad desea
saber, y y o , fundado en la verisimilitud , te
he explicado sobre las calidades y los efec
tos de la masa solar.
Kircher (i) no debió tenerlos todos pre
sentes, quando á su viajante Teodidacto hizo
entrar en una barca ligerísima de lino de asbestino (semejante al de amianto), para que sin
peligro de quemarse la barca ( porque era in
combustible el hilo) pudiese navegar por los
inmensos mares ígneos del Sol. El hilo de asbestino ó el de amianto, por ser incombusti
bles , no teme la voracidad del fuego ; mas
puede y debe romperse fácilmente en el glo
bo solar, en que por razón de la densidad
de su masa todo cuerpo pesa 28 veces mas
que en la tierra. Teodidacto en el Sol pesaba
28 veces mas que quando estaba en la tierra:
si en ésta bastaba una barca de hilo fuerte
para sustentar el peso de Teodidacto , en el
Sol se necesitaría una barca de alambre grue
so. Si el Sol fuera habitado de hombres, es
tos pesarían aquí mas que estatuas de plomo.
Parece que no se combinarían bien tanta pesadéz en los hombres solares , y tanto calor
como aquí hace. Mas yo inconsiderado ó distraí(1) Kircher en su viage estático, cap. 5. [que
debe ser 4. ) p . 123 .
Z2
148
Viage estático
traído discurro ya de los planetícolas: no es
tiempo aún de hacer este discurso , que ten
dré preparado para mejor ocasión : por aho
ra continuemos la contemplación del S o l: su
atmósfera , y las manchas que en él v é s , y
que con horror miraron la primera vez los
terrícolas, llaman y esperan nuestra curiosa
atención.
§. V I I I .
Atmósfera del S o l : sus manchas
y luz zodiacal.
Los anti
guos juzga
ron que el
Sol era in
maculado.
Esde luego que te he nombrado la at
mósfera solar, no dudo que tú, ¡ó Cos
mopolita ! si fomentas las preocupaciones vul
gares , creerás fabuloso tal fenoméno. Nues
tros antiguos, infiriendo por la hermosura y
claridad de la luz la pureza de su origen ó
fuente, creían constantemente que el Sol era
un cuerpo limpio perfectamente, y ageno de
toda impureza ó mancha : mas los modernos,
que han observado y observan el Sol con vis
ta mas lince que los antiguos, han descubier
to, que él no está libre de aquellas señales que
demuestran patentemente á los ojos humanos
su corrupción y fragilidad mortal. Pudieron
los antiguos conjeturar muy bien , que el Sol
estaba rodeado algunas veces de atmosfera, o
que era expuesto á las fatalidades que pa
dece la tierra ; pues que ellos (1) nos han dexa-
D
(1) Abul-Pharajio, llamado comunmente Abul-
al mundo Vianet ario,
149
xado escrito, que en el año 535 el Sol se man
tuvo por 14 meses pálido y muy falto de luz:
que en el año de 626 la mitad del disco solar
apareció muy obscurecida desde el mes de O c
tubre hasta el de Junio; y que en el año de
807 á últimos de Marzo ( 1 ) , se advirtió por 8
dias en el Sol una cosa negra, que algunos
creyeron ser Mercurio que pasaba delante de
él. Estos y otros fenoménos semejantes mere
cieron sin duda la atención de la antigüedad,
y por esto ella nos los dexó notados ; mas la
vana persuasión de creer al Sol incapaz de la
menor impureza ó mancha , les impidió conje
turar la verdadera causa de tales fenoménos.
N o podemos negar, que nuestros antiguos fue
ron particularmente solícitos en observar el
Sol. Según Filostrato los Gimnosofistas de In
dias lo contemplaban continuamente ; y en la
sola ciudad de Heliópolis sabemos que había
«
tres-
faraje en su Obra: Historia Orientahs sen dynastiarum , authore Gregorio Abul-Pharajio , aralice edita , et latiné -versa ab Eduardo Pocockio. Oxonia, 1672. 4. 'vol. 2. En la dinastía V II.
(vo/. l. p. 94-) habla del deliquio solar por 14
meses. »Los hombres decían , añade , que al Sol
había sucedido algo , que no lo había dexado por
todos los 14 meses.” En la dinastía V III. p. 99.
habla del deliquio solar , que duró desde Octu
bre hasta Junio.
(1 ) Veanse La-Lande : Astronomie , n. 3128.
K e ill: Introductio ad Astron. lect. 5.
Manchas ó
nubes sola
res notadas
en la histo
ria.
Descubri
miento de
las manchas
solares en el
año i ó11.
150
Via ge estático
trescientos y sesenta y cinco Sacerdotes Egip
cios destinados al mismo ministerio. A vista de
tantas observaciones y observadores del Sol
parece increíble, que no se advirtiesen alguna
vez en él las manchas que en estos siglos se
ven tan freqüentes y notables. Ahora cierta
mente no habrá en toda Europa tantos obser
vadores del S o l, como había en la sola ciu
dad de Heliopolis; mas aunque no son tantos,
observan con instrumentos linces y descubri
dores que no conoció la antigüedad , y ob
servan sin preocupación. Estos dos principios
han servido para conocer que el Sol tiene at
mósfera y manchas, como cuerpo frágil, que
en sus efectos nos muestra caminar velozmen
te al término de la mortalidad.
Eos primeros terrícolas que descubrieron
las manchas solares fueron Juan Fabricio, Cristoval Scheiner y el famoso Galileo. Pretendió
éste haber sido su primer descubridor; y por
que antes que él hubiese publicado sus obser
vaciones, en Italia se hizo ruidosa la Obra anó
nima de Scheiner , con el título: Apelles post
tabulam , en que se daba noticia de las man
chas solares , acusó de plagiario al Autor anó
nimo de esta Obra. Hevelio (1) y otros Físi
cos precipitadamente dieron á Galileo la pal
ma de primer descubridor de las manchas so
lares. La-Lande en las adiciones que en el 1781
pu-
(1) Joan. He'velii Selenographia. Gedani. 164/.
Jol. Prolegomena , cap. 5•
82.
.
al mundo "Planetario
151
publicó (1) á sus tres tomos de Astronomía,
impresos en el 1775 , quiso juzgar esta causa
ó pleyto : produce los alegados de Fabricio y
G alileo; y resuelve así: »Fabricio (2) firma
con fecha de 13 de Junio de 1611 , la Carta
dedicatoria del librito que en el mismo año
pu-
( 1 ) Astronomie p a r M r . L a -L a n d e , tome IV~.
P a r ís . 1 7 8 1 .4 . Suplement pour le libre X X . §.
3124. p . 714. En la vida de Galileo ( impresa en
el primer tomo de sus Obras de la edición que
se citará después en el §. 10.) á la p. L X . se di
ce , que en Abril de 1611 Galileo mostró las man
chas solares en el Jardín Quirinal al Cardenal
Bandini , &c. En la p. L X I . se dice , que en el
16 13 en Roma se publicó la Obra intitulada:
M istorias y demostraciones de las manchas so
lares , dedicada á Felipe Salviati , en cuyo jar-
din se habían hecho las observaciones.
(2)
D e maculis solaribus tres epístola a d
M arcum Melserum A p ellis post tabulam latentis. Esta O bra, que es la anónima de Scheiner,
con el nombre de Apeles, se publicó en el 1612;
y se halla reimpresa en el segundo tomo de las
Obras de Galileo ( d é la edición citada) desde la
p. 165. En la primera Carta fecha á 12 de N o
viembre de 1 61 1 , el Anónimo dice : i>Ante menses
septem , octo circiter ego , un a que mecum amicus
quídam meus. . . Notavim us quasdam in Solé n i gricantes quodam modo maculas. . . Redivimus er go a d hoc negotium mense p retérito Octobris , repenmusque in Solé apparentes maculas
Equivoca
ciones y de
cision sobre
los prime
ros descu
bridores de
las manchas
solares.
i cj 2
Viage estático
publicó sobre las manchas solares.. . Galileo
en el prefacio á su libro intitulado: Historia,
y demostraciones sobre las manchas solares , pu
blicado en Roma el 1613, dice : Que en el mes
de Abril de 1611 había mostrado las manchas
solares en Roma á muchas personas en el jar
dín del Cardenal Bandini, y que algunos me
ses antes había hablado de ellas á sus ami
gos en Florencia. Esto (añade La-Lande) cor
responde casi al principio del 16 11, como tam
bién á este tiempo pertenecen las observacio
nes de Fabricio , quando el Anónimo (Schein er), ocultado con el nombre de Apeles, no
cita observaciones sino del mes de Octubre de
1611.” Hasta aquí La-Lande, cuya última
proposición parece no ser verdadera ; pues que
al principio de la Obra , publicada con el nom
bre de Apeles, el Autor dice: Que siete ú ocho
meses (1) antes del dia 12 de Noviembre de
1611 (en que firma su primera Carta) había
( 1 ) En el citado tomo segundo de las Obras
de Galileo desde la p. 85. núm. 93. se pone la
Obra citada por La-Lande , é intitulada : H is
toria e demostrazioni intorno alle macchie solari'.
no tiene el prefacio que cita La-Lande : mas G a
lileo en la primera de las Cartas que componen
dicha historia , fecha á 4 de Mayo 1612, dice (p.
86. n. 9 5 ) : »En el año pasado, puntualmente
por este tiempo , hice observar en Roma las man
chas solares á muchos Prelados y Señores. ’ Insi
núa que 18 meses antes él las habia observado.
153
observado las manchas solares con un amigo
suyo. El mismo Autor en la magnífica Obra
que con su propio nombre publicó después,
y que La-Lande, Hevelio y otros elogian co
mo la mas completa sobre la teórica de las
manchas solares, dice , que las habia observa
do primeramente en Marzo de i ó i i , y des
pués en O ctubre, y que habia hecho públi
cas las observaciones de Marzo á sus discípu
los, y principalmente á Juan Casati , su succesor en la Cátedra de Matemáticas, de que
ha escrito con aplauso. Estas pruebas demues
tran que Scheiner observó la primera vez las
manchas solares en el mes de Marzo de 1611; y
Galileo , según su propia confesión, hizo en
Roma la observación de las manchas solares en
M ayo ó en Abril. Según la genuína relación,
que de los primeros descubrimientos de las
manchas solares te he hecho, Cosmopolita,
me parece, que á ninguno de los tres preten
dientes del primer descubrimiento de las man
chas solares podemos dar la palma sin que és
ta se convierta en manzana de discordia. Amo
la justicia y la equidad: por lo que contenta
ré á los tres pretendientes con una decisión no
menos justa que verdadera , diciendo, que todos
tres , sin saber uno de otro , observaron las
manchas solares en los primeros meses (1) del
a l mundo V ianet ario,
( i) El libro ó quaderno de Fabricio se publi
có con el siguiente título : Joannis F'abricii Phrysii de maculis in Sole observatis. Vitterberg
1611. tiene solamente 43 páginas.
Parte I,
Aa
Épocas de
las primeras
observacio
nes de las
manchas so
lares.
1 54
Scheiner,
insigne ob
servador de
las manchas
solares.
El descubri
miento de
las manchas
solares fu
nesto al peripatetísmo.
Via ge estático
1611 : ninguno de los tres fué plagiario, que
vilmente se atribuyese el descubrimiento del
otro ; y Scheiner fué el que nos dexó la mas
completa teórica de las manchas (com o dice
La-Lande ( i ) ), en cuya observación Scheiner,
dice Hevelio (2), hombre incomparable y de
toda erudición , llevó la palma sobre todos. A
la verdad , basta dar una ojeada á la magní
fica y laboriosa Obra que Scheiner publicó
con el título de Rosa Ursina (3), para cono
cer que este Autor casi agotó con millares de
observaciones todo quanto se puede inferir de
la existencia de las manchas solares, y de
sus fenoménos.
El descubrimiento de éstas no te parezca,
Cosmopolita , cosa indiferente : fué de las ma
yores conseqüencias en la Filosofía ; pues que
¿lió al Filósofo peripatético el golpe mas fatal
que habia recibido desde que defendía su doc
trina. Preveyeron los Jesuítas esta fatal épo
ca , y las funestas guerras con que les amena
zaría el peripatetísmo , y por evitar estos al-
(1 ) La-Lande: Astronomía , n. 3125.
(2) Hevelio citado : Proleg. cap.
p. 82.
(3) Rosa Ursina , sive Sol, a Christophoro
Scheiner e S. I. Bracciani. 1630. fol. En el pri
mer capítulo de esta Obra Scheiner refiere la pu
blicación de su primer descubrimiento de las man
chas solares, v responde á las pretensiones de Galileo , que trataba de plagiario al Autor del li
bro Apelles post tabulam.
al mundo Vianet ario.
15 5
borotos filosóficos , como Scheiner (1) insinúa,
los Superiores no le permitieron publicar en
su nombre el descubrimiento de las manchas
solares. Los Jesuítas ya desde el 1584 habían
proyectado desterrar de la Teología el peripatetísmo que ilegítimamente se había introdu
cido en tiempo de la ignorancia; y á este efec
to en Roma juntaron seis insignes Teólogos,
que examinasen y madurasen este proyecto,
y lo publicaron en un tomito (2), imprimien
do solamente 80 exemplares. E l temor páni
co
(1)
En la citada Obra Rosa Ursina , a l
cap. 2. p . 6. Scheiner hablando de las Cartas que
sobre las manchas solares escribió en 1611 á Mar
cos Velser , y se publicaron en el 1612 , con el
nombre A pelles post tabulam , dice : »Sed cum
res h*c non tantum n o v a , et d ìfjìc ilis , verum
etiam in philosophicis opinionibus , in multis dis
sentanea animadverteretur. . . Censuerunt Supe
riores mei procedendum esse caute , et pedetim ,
doñee fuenomenon ipsa aliorum quoque experien tia accedente corroboraretur , ñeque a tritis philosophorum sèmitis sine evidentia contraria f a c i
le recedendum : ñeque observata mea in epistolis
ad U eserum destinatis meo nomine edenda
(a) D el proyecto de los Jesuítas en el 1684
doy noticia mas individual en el libro I V de la
Historia de la Vida del Hombre , tratando del
estudio práctico de la Teología. Esta Historia se
envió á Madrid en el 1789 para que se impri
miese.
Aa 2
Cautela de
los Jesuítas
contra la
guerra de
los peripa
téticos.
156
Viage estático
co que el jesuitismo tenia del mundo peripa
tético , no permitió la efectuación del proyec
to , y el tomito en que éste se contenia quedó
como memoria de los buenos deseos , ó co
mo oprobio de los Jesuítas. Este último títu
El descubri lo le dan los Teólogos peripatéticos. Escar
miento de
mentados los Jesuítas de este caso, previeron no
las manchas
solares hizo convenir para su paz con el descubrimiento de
conocer la las manchas solares, hecho por un Jesuíta; pues
natural cor que daba fundamentos para demostrar la ac
ruptibili
tual corruptibilidad de los Cielos , contra el
dad de los
dogma sagrado de los peripatéticos que los
Cielos.
suponían incorruptibles. Las manchas solares
han hecho conocer la corruptibilidad del Sol,
y que es mortal todo cuerpo terrestre ó ce
leste. Esta verdad , Cosmopolita , ha sido ma
nantial abundante y perenne de otras innume
rables verdades, entre las que es principalísi
ma la de demostrarse una misma mortal natu
raleza en todo lo visible , é inferirse necesa
riamente que su Supremo Hacedor es el que
únicamente en sí tiene la inmortalidad. Des
pués de haberse publicado el descubrimiento
de las manchas solares , y las conseqüencias
que filosóficamente de él se infieren , ningún
peripatético ha viajado por estas regiones ce
lestiales, temiendo quizá ser burlado, ó á em
pellones precipitado á la tierra.
Has oído, Cosmopolita, la historia del
descubrimiento de las manchas solares ; oye
ahora las circunstancias notables que en ellas
han observado los Astrónomos para ilustrar
la física celeste: te las referiré consultando mas
á la Historia que á nuestra vista , pues que las
man-
al mundo "Planetario.
manchas solares no aparecen siempre; y no
sotros puntualmente hemos venido al Sol en
tiempo en que tiene no pocas : parece que el
Sol quiere enlutarse en el presente año 17 9 1,
pues que hasta 20 de Abril que contamos hoy,
en casi todos los dias del año se han visto
manchas solares. » E l Jesuíta Scheiner (se lee
en la óptica de Smith ( 1 ) ) , en su libro intitu
lado Rosa Ursina , dice , que en él se contie
nen casi dos mil observaciones de manchas
solares , hechas en el espacio de veinte años,
en cuyo tiempo llegó á ver de una vez mas
de 50 manchas ; pero en los veinte años succesivos , esto e s, desde el 1650 hasta el 1670,
apenas se vió una mancha , como se nota (2)
en las Transacciones filosóficas.” Hé aquí, Cos
mopolita , una prueba práctica de la variable
inconstancia de las manchas solares. Estas yá
aparecen y ya desaparecen momentáneamen
te ; ó duran horas , dias y meses : crecen , men
guan : desaparecen totalmente, y luego en su
lugar suelen aparecer otras de nuevo. Su gran
deza es muy vária. En el año de 1 61 2 (3) se
vió una mancha solar , que á los terrícolas pa
reció ocupar ó tener un minuto de grado; y
con(1) Cours complet. d? optique de Robert Smith
traduit p a r le P . Pezenas. Avignon , 1767. 4.
vol. 2. En el vol. 1. lib. 7. cap. 1. n. 1042.
(2) Transact, philosophie, r1. y 5.
(3) Smith citado : E n su curso de optica , vol.
1. lib. 4. cap. 1. n. 1048.
Inconstancia en la
aparición y
duración de
las manchas
solares.
Mancha so
lar de 8ççç
leguas de
largo.
Las man
chas solares
se ven dar
una vuelta
en 25 dias
y 14 horas.
Descubri
miento de
la rotación
del Sol.
158
Via ge estático
consiguientemente sería tres veces mas larga
que el diámetro terrestre ; esto es , tendría á
lo menos 8595 leguas de largo. Otras man
chas (1) se han visto millares de veces ma
yores que el orbe terrestre. Los terrícolas no
han advertido ó distinguido distancia sensible
entre el Sol y sus manchas : notaron desde el
principio, que éstas describían un mismo giro
al rededor del S o l, dando una vuelta en 25
dias (2) y 14 horas ; y de este movimiento cir
cular Scheiner infirió el del Sol sobre su exe
ó su rotación , con cuya noticia , al publicar
se entre los terrícolas , G a lileo , y los demás
seqüaces de Copérnico que ponian al Sol en
eterna quietud , quedaron un poco yertos, te
miendo que se inquietáse el reposo del Sol.
Las manchas solares en su revolución están
por mas tiempo (3) (esto es , tres dias) ocul
tas , que visibles.
Descubierta la rotación del Sol sobre su
exe por medio de las manchas solares , se co
nocieron la dirección de sus polos , su eqüador
(1 ) Mako citado : Physica , pars i . n. 1S3.
(2) Las manchas solares desde la tierra se ven
hacer una revolución en 27 dias , 12 horas y 20
minutos. Dice La-Lande ( Astron. n. 3 16 0 .), y
respecto de un punto fíxo , la revolución de las
manchas se hace en 25 dias, 14 horas y 8 mi
nutos.
( 3 ) Véase prop. 10. del lib. 3. de los Comen
tarios de Le-Seur y Jacquier sobre Newtón.
al mundo Vianetaño.
159
dor y sobre todo su movimiento. Mas de es
tos fenoménos te hablaré después : por aho
ra debo concluir el asunto de las manchas
solares (1), sobre cuya naturaleza han pensa
do discordemente los Físicos. Algunos al prin
cipio decían , que ellas eran cuerpos sólidos
ó planetas que giraban al rededor del Sol. Un Naturaleza
Físico, creyéndolas tales , las llamó estrellas de las man
Borbonas ; y otro las llamó estrellas Austría chas sola
cas. Esta opinión repugna á la observación; res.
porque no se pueden componer bien las apa
riciones y desapariciones tan freqüentes de
Opiniones
dichas manchas , con la solidéz de los cuer
várias.
pos planetarios que siempre debian girar , ver
se en todos tiempos , y hacer sus revolucio
nes en el mismo interválo de tiempo. Otros
Físicos dicen , que las manchas son ciertas
eminencias de masa sólida y opaca en el Sol,
la qual con el lluxo y refluxo de la materia
ígnea , que es líquida, aparece obscura. Si es
ta opinión fuera verdadera , era necesario con
ceder que en el Sol habia nadando masas sóli( 1 ) Las manchas solares , advirtió Scheiner en
su Rosa Ursina p. 568. no se ven á mayor dis
tancia del eqíiador , que á la de 30 grados. En el
J u lio del 1780 La-Lande vió una mancha solar á
la latitud de 40 grados en el disco solar ( véase
La-Lande : Astronom ie, tome quatrieme. P a rts.
178 1 , en el n. 3 1 3 1 . ^ . 7 1 9 ) . Messier , dice LaL a n d e , publicará muchas observaciones sobre las
manchas solares.
160
Causa de
las manchas
solares.
Luz zodia
cal : su des
cripción.
Viage estático
lidas mucho mayores que la tierra. Yo me in
clino á conjeturar , que en el cuerpo solar ha
ya alguna escoria ó masa , que sea menos pu
ra , y mas densa que la ígnea; mas no cree
ré fácilmente que las grandísimas manchas que
en él se suelen ver, sean todas una escoria.
Siendo constante que el Sol es corruptible, co
mo nos lo demuestran sus efectos , no hay di
ficultad en concebir que en fuerza de la ac
tividad de su fuego se levanten vapores ó hu
mo ó espuma , como al rededor de la tierra
por causa del calor y de la fermentación de
los huidos se levantan nubes. Esta opinión, que
es conforme al pensar de algunos Físicos , ha
ce entender muy bien todos los fenoménos que
se advierten en las manchas solares , y que
son tales , quales aparecerían las manchas de
las nubes y vapores terrestres á uno que des
de la Luna observáse la tierra. Esta conje
tura , según mi parecer, se confirma mucho
con el fenoméno nuevamente descubierto, que
los Físicos llaman luz zodiacal.
Esta luz es una claridad ó blancura se
mejante á la que en el Cielo se observa en la
faxa lucida , llamada Via ladea ( el vulgo Es pañol la llama carrera de San-Tiago ) , y en
las colas de los cometas. Aparece dicha luz
en ciertos tiempos, y siempre se dexa ver den
tro del zodiaco , por lo que tiene el nombre
de zodiacal. Su figura es como la de un huso
ó pirámide , cuya basa se apoya sobre el Sol,
y desde éste se alarga ácia Oriente ú Occi
dente por el orizonte. El resplandor de esta
pirámide no es tan grande que se dexe ver á
.
al mundo "Planetario
161
la presencia ó vista del Sol ; pero es tan no
table, que se observa por la noche antes de sa
lir el Sol, y después de haberse puesto. Lo
largo de la pirámide desde el S o l, en que es
tá la basa , hasta su punta, suele ser muy và
rio. Esta largura ó altura de la pirámide se
ha observado algunas veces de cien grados,
de ciento y tre« ; y Pingré la vio de ciento y
veinte grados (i) en la zona tórrida. En ésta,
según La-Caille (2), suele verse perpendicu
lar , constante y regular la dicha pirámide, y
su luz parece mayor. El ángulo que en la pun
ta de la pirámide forman las lineas exteriores
de luz , suele ser de veinte y.un grados; y lo
largo ó ancho con que la pirámide aparece
en el orizonte , suele ser entre ocho y trein
ta grados. Esta es la explicación descriptiva
de la luz zodiacal y de sus efectos ; según los
quales se infiere, que lo ancho de la pirámide
de la luz zodiacal en su basa llega á ser de
quince millones de leguas, y lo largo llega á
ser de sesenta y un millones de leguas.
Siendo tan visibles los efectos de la luz zo
diacal , causa admiración el grande silencio de
la antigüedad sobre un fenoméno tan extraor
dinario. Hasta el año de 1683, en 4 ue l°s As
trónomos pensaron seriamente en su observa
ción , solamente encontramos quatro Autores,
que hablaron de la luz zodiacal. El primero
fué
(1) La Lande : Astronomie , n. 847.
(2) La Lande : Astronomie , «.846.
Parte I.
Bb
Figura de
la luz zo
diacal.
La luz zo
diacal llega
á tener 61
millones de
largo.
Autores an
tiguos que
hablan déla
luz zodia
cal.
IÓ2
Via ge estático
fué Nicéforo, que refiriendo las calamidades
sucedidas después de la presa de Roma por
Alaríco , dice (r) : »Sucedió también eclipse
solar tan grande, que las estrellas se veían á
medio dia. . . Al tiempo del eclipse en el Cie
lo apareció un resplandor con figura de cono:
algunos ignorantes dixeron que era cometa y
estrella crínita : nada de lo que se vió en es
te resplandor fué semejante á lo que se vé en
el cometa. El resplandor no se convirtió en
cola de com eta, ni en figura de estrella ; mas
era una llama , como de lámpara , que por sí
misma se veía existir, ni sus rayos eran de
estrella. Varió en su movimiento, pues que
por el Oriente equinocial el resplandor empe
zó á moverse ácia la última estrella de la co
la de la U rsa, dirigiéndose ácia Occidente.
Duró quatro meses, desde la mitad del estío
hasta fin de Octubre.” La descripción de es
te fenoméno visto al principio del siglo quin
to , conviene perfectamente con la que hoy
hacen de la luz zodiacal los Astrónomos. En
el año de 1461 se observó otra luz zodiacal,
que el poéta Pontano describe fingiendo en el
Cielo las pirámides de Egipto (2). En el año
______________________________ ig6o
(1) 'Nicephori Callisti Ecclesiasticoe historia
libri X V I I I . gr. aclat. interprete Frontone Duc¿¡eo S. I. Lutetice Parisior. 1630. Jol. vol. 2. En
el vol. 2. lib. 13. cap. 36. p. 425.
(2) Dictionaire physique par Mr. Y abbé Paulian Jesuite. Avignon , 1761. 4. vol. 3. En el ar
tículo lumier zodiacale.
al mundo Vianetario,
163
1560 se vio otra vez la luz zod iacal, de que
da razón Childei al fin de su Historia natural
de Inglaterra; y Chardin habla de una luz
zo d iaca l, que se vio en Ispaan en Marzo de
1668.
Estas son , Cosm opolita, las pocas é indi*
gestas noticias, que la antigüedad nos ha dexado sobre la luz zodiacal. E l descubrimien
to de ésta se debe fixar en el año de 1683,
desde el qual los Astrónomos empezaron á ob
servarla con toda exáctitud. En este año Juan
Cassini dirigió á los Sabios en el Diario (1) ó
Jornal del año de 1683 el aviso siguiente:
«Una luz semejante á la que se ve en la V ialactea , pero mas clara y resplandeciente por
el medio, y menos luciente por las extremi
dades , se echa de ver en los signos del zo
diaco , que el Sol debe recorrer en esta pri
mavera.” En el año siguiente N o é l, navegando
á las Indias Orientales , hizo reflexión sobre la
luz zodiacal, d é l a que habla así: «En el (2)
1684 navegando yo á la India , cerca del eqiiador,
(1)
Acta eruditorum anni 1683. H psia
1683. 4. p. 274. En esta Obra se traslada el avi
so que Cassini publicó en el Diario de París del
año 1683.
(2) Observationes Matliematica et physica in
India facta a Francisco Noél S. I. ad anno
1684. ad an. 1708. Praga 1710. 4. cap. 9. §. 2.
p. 130.
Bb 2
Descubri
miento de la
luz zodia
cal.
164
V i age estático
dor , en que el Sol al ponerse en una hora y
12 minutos camina ó hace 18 grados baxo del
orizonte, observé , que mas de dos horas des
pués de haberse puesto el Sol se veía una luz
de crepúsculo claro , ó por mejor d ecir, co
mo la de la Via-lactea , ó como la de una co
la grande de cometa ; la luz cerca del orizon
te tenia la anchura de 15 grados, y con fi
gura piramidal se levantaba sobre él hasta la
altura de 70 grados ; y ya de 60, ó de 50, ó
de 40, & c. grados , según que el Sol se ahon
daba mas baxo del orizonte. Esto mismo ob
servé después en el dicho año, y en el siguien
te , estando en nuestro Colegio de Rachol,
cerca de Goa , vi la luz muchas horas antes
de salir el S ol, y después de puesto; y la mis
ma volví á ver en los años siguientes en Macao y en la China. La luz dura tres y quatro horas, según la vária latitud de los países
en que he estado.” Noél conjeturó que la di
cha luz podía provenir de vapores ó par
tes iluminadas que el Sol despedia. El Jesuí
ta Le-Comte (1 ) , en Siam y en la China ob
servó muchas veces la dicha luz zodiacal des
de el 1685 hasta el de 1694, y le dió el nom
bre de 'vara.
Te he hecho hasta a q u í, Cosmopolita,
breve relación, pero bastantemente clara de
la luz zod iacal, de las noticias que de ella
nos
(1)
Paulian : JDictionaire , lugar citado.
a l mundo Planetario.
nos ha dexado la antigüedad, y del tiempo
en que se debe fixar la época de su verdade
ro descubrimiento y exácta observación : pa
so ahora á exáminar la causa de un tal fenoméno.
Las manchas del Sol son prueba clara de
ser heterogénea su masa ; y el movimiento de
ellas nos hace conocer claramente la rotación
del mismo Sol. En esta suposición , yo dis
curro así. El Sol, que consta de materia flui
da y heterogénea, rodando sobre su exe (co
mo lo demuestra el movimiento de sus man
ch as), hace que su materia ó masa conciba
fuerza centrífuga; pues que ésta es efecto na
tural de la rotación. La fuerza centrífuga de
bía trastornar el justo equilibrio , si el cuer
po solar con la rotación no adquiriese la fi
gura de esfera algo chata ácia sus polos; mas
el cuerpo solar por dicha rotación adquiere
tal figura, como la adquieren todos los cuer
pos esféricos con dicho movimiento, según
las constantes experiencias de la física. Ad
quiriendo el Sol la dicha figura de esferoide
algo chata ácia sus polos, necesariamente la
masa se amontona ó levanta en su eqüador,
y se da principio á la disipación de las partecillas sutilísimas, las quales quanto mas de
licadas , tanto mas se van levantando sobre
el eqüador, y forman la basa de la pirámide
luminosa , que los terrícolas llaman luz zodia
cal. Estas partecillas , por su sutileza, elasti
cidad y otros accidentes, se van alexando ó
prolongando sobre el eqüador solar ácia uno y
otro lado por tanto espacio, que refrangiendo-
Causa de la
luz zodiacal
según los
principios
de la física
moderna.
166
V i age estático
dose(i) la luz solar , la envian ácia la tierra,
y causan el resplandor que tantas veces se ha
ce visible en todo el orbe terráqueo.
Este discurso, ¡ó Cosmopolita! te pare
cerá no menos probable, que natural; pues que
se funda en hechos ciertos de una parte , y de
otra en suposiciones y en semejanzas; esto es,
se funda en la rotación visible del S o l, en los
efectos naturales que resultan de la rotación
de un cuerpo esférico , en la figura de la luz
zodiacal , en su situación , y en la semejan
za de estos fenoménos con otros , que en di
versas especies de experiencias presenta la fí
sica. Esto mismo me hace advertir, que ta
Dificultades les fenoménos y conseqiiencias tan naturales,
sobre el mo
no convienen con el movimiento de rotación
vimiento de
que
rotación de
la tierra.
( i ) Las dos puntas de la pirámide de la luz
zodiacal, que se ven á uno y otro lado sobre el
eqüador solar , distan algunas veces tanto , que
la razón de sus exeses como siete á uno; ó á lo
menos como cinco á uno. Esta gran separación
no puede ser efecto de la fuerza centrífuga so
la. En el fluido homogéneo , que siga las leyes
de la gravedad , no puede la tuerza centrífuga,
como nota Alako citado, p. 1 4 1. ( Physica pars
1. sect. . cap. 1. ) causar en los exes mayor ra
zón de tres á dos; por tanto , es necesario recur
rir á la elasticidad , densidad de este fluido , va
por ó humo , ú otras causas , para que una de
las exes de las pirámides se prolongue por tan
ta extensión , como se vé en la luz zodiacal.
6
a l mundo Planetario .
167
que se quiere suponer en nuestra tierra. Si és
ta tiene el movimiento de rotación , sus nu
bes y atmósfera deberían levantarse princi
palmente sobre el eqiiador, y deberían tener
la figura piramidal: lo que ciertamente no se
advierte en dichas nubes. Los Astrónomos pre
sentemente suponen en la tierra el movimien
to de rotación ; porque éste se advierte en
los demás planetas: y no reflexionan en la di
versidad de efectos , que dicho movimiento
causa en las atmósferas solar y terrestre. Cau
sas semejantes deben producir efectos seme
jantes ; y efectos desemejantes prueban diver
sidad de causas. No se me diga aquí, que la
fuerza de la luz solar perturba la figura pira
midal que debían tener las nubes terrestres;
porque la dicha luz no puede imprimir tanta
fuerza en éstas, como la que en ellas impri
miría la rotación terrestre. Añádese á esto,
que si de la rotación de los planetas , según los
principios de física , se infiere probablemente
la de la tierra , también se debería inferir la
de los cometas. Si estos, pues, tienen movi
miento de rotación, ¿por qué en su atmósfe
ra no se advierten los mismos efectos que en
la luz piramidal del Sol? Es cierto que los
cometas llamados Caudatos arrastran colas pi
ramidales ; mas la situación de éstas nos dice
claramente que ella proviene no de la rota
ción de los cometas, sino de la manera, con
que la hieren el calor y la luz solar, como
prueba Newtón. ¿Y qué dirémos de los co
metas , que están por todas partes rodeados
de vaporosa atmósfera , y se llaman crínitos ?
Es-
1 68
TIage estático
Estos no nos dan prueba alguna de rotación
en la figura de su atmósfera.
Yo he querido, Cosmopolita, hacerte es
tas breves reflexiones, para que desde luego
empieces á dudar de un principio , que hoy en
la física suponen los Astrónomos, queriendo
sujetar á unas mismas leyes todo lo visible. El
principio es hermoso , y se verifica en muchas
cosas ; ¿ mas por esto podremos decir que se
Misterioso verifica en todas ? Yo no quiero responder á
obrar de la esta pregunta : mas sin responder propongo es
naturaliza. ta reflexión. Para estender las leyes de la na
turaleza por todo lo visible, suponiendo que
sucede en un planeta lo que advertimos en la
tierra, que de él dista millones de leguas, no
hay tanto motivo , como para estenderlas de
un miembro del cuerpo humano á otro miem
bro del mismo cuerpo. Antes bien diré ; pa
rece evidente , que debemos conjeturar que su
ceden en todos los miembros humanos aque
llos efectos que vemos y conocemos en algu
nos de ellos , y que juzgamos ser naturales.
Según este principio, que en la física se cree
axioma, ¿quién viendo crecer naturalmente
con la edad todos los miembros y partes del
cuerpo humano , creerá, que en éste hay cier
Observa tas partes, las quales siempre se mantienen
ción sobre la en un mismo sér y estado, como sí no estu
diversidad vieran sujetas á las mismas leyes de la natu
que en el
crecer tie raleza ? Estas partes se hallan en el cuerpo,
nen los mi y son los cinco huesecicos que se hallan en la
embros del maravillosa fábrica del oído humano. Dígan
cuerpo hu me ahora los Físicos , ¿ por qué estos huesos,
mano.
que participan de la nutrición corporal, co
mo
al mundo Vianetario.
169
mo todos los demás, no observan las leyes de
la naturaleza que se advierten en estos? ¿Qué
razón se encuentra en la física para dar so
lución á tal fenoméno? Si es evidente y evi
dentísimo , como ellos dicen , que las leyes de
la naturaleza son inalterables, aunque haya
diferencia de tiempos y de lugares, ¿ por qué
dentro del cuerpo humano hallamos falso tal
axioma ? Lo hallamos falso no solamente en
el caso propuesto de los huesecillos del labe
rinto del oído , sino también en várias partes
orgánicas del cuerpo. Quando yo considero el
feto humano en el primer momento de su for
mación , considero en él la misma figura hu
mana que tiene quando es grande. Mas en los
nueve meses que está en el útero materno, veo,
que los órganos de la cabeza crecen mucho
mas rápidamente que los demás del cuerpo.
Inversión
Sale el feto á la luz pública, y luego se in en el modo
vierte el modo de obrar de la naturaleza; pues de obrar de
que naciendo el infante con la cabeza gran la naturale
de , ó desproporcionada á la grandeza de su za.
cuerpo, se advierte , que los órganos de aque
lla crecen mas lentamente que las otras par
tes del cuerpo. Los ojos en el infante se dexan ver casi como los tiene quando es gran
de. Los huesecillos del laberinto del oído que
dan siempre en un mismo estado , como se ha
dicho. ¿Quién no,admira aquí una inversión
de leyes de naturaleza , y un obrar contrario
en ésta ? Antes la naturaleza obraba pródiga
mente en ciertas partes del cuerpo , y ahora
( sin saberse por qué , ni cómo) obra al con
trario. Es necesario, Cosmopolita , reconocer
Parte I.
Ce
y
Obstáculo
que á nues
tro conoci
miento opo
ne la natu
raleza.
i? o
Via ge estático
y confesar , que en la contemplación de la na
turaleza hay dos obstáculos invisibles , que á
nuestra vista mental impiden penetrar hasta
sus ocultos senos. Un obstáculo es la limita
ción de nuestro conocimiento; y otro es la ig
norancia que tenemos de la calidad y ampli
tud de las leyes prescritas á la naturaleza
por el Supremo Hacedor. Con hacerte pre
sentes estos obstáculos no pretendo que for
mes juicio erróneo de la naturaleza , persua
diéndote , que ella en algunos casos, como
en los de los exemplos alegados , obra con
tra sus leyés , ú variándolas: nada de esto su
cede ; y nada de esto debes juzgar. La natu
raleza obra siempre según las mismas leyes,
quando Dios, como Autor sobrenatural, no le
dé otras ; mas obrando ella según las mismas
leyes , oculta á nuestra vista ocular y mental
las causas que la obligan á producir efectos
desemejantes ó contrarios.
Esta reflexión fomentada en mi espíritu (si
te he de descubrir sinceramente , Cosmopoli
ta , los afectos que lo combaten en lo mas in
terior ) , ha hecho brotar en él continuas des
confianzas de poder conseguir perfectamente
el conocimiento de la física celeste, por me
dio de los principios que hallo establecidos co
mo dogmas en la física terrestre; y las des
confianzas son en mí un perenne manantial de
dudas, aun sobre lo que los Astrónomos su
ponen ya como indubitable en la física celes
te. Según este espíritu desconfiado y dudoso,
yo te he insinuado algunas veces mi modo de
pensar} mas por no confundir tu mente, si es
no-
a l mundo Planetario.
i? i
novicia en la física; ó por no escandalizarla,
si en ella está instruido, en mis discursos he
querido paliar mis verdaderas ideas: no te he
dicho jamás la mentira , cuyo solo nombre me
da horror; pero tampoco te he descubierto
siempre la verdad , por los motivos insinua
dos. Mas ya es necesario que yo empiece á des
cubrírtela claramente , para no hacer traycion
á la confianza con que á mi instrucción te aban
donas , y á la obligación que yo tengo de dartela. Si tú te abandonas á mi dirección , y yo
acepto tu abandono, por todo derecho natu
ral estoy obligado á dirigirte como pide la
razón , y según lo que ésta me dicta ser lo
mas verdadero, ó menos inverisímil. Así pro
curaré proceder en adelante, no ocultándote
ninguna de las dudas que racionalmente se me
ocurran ; aunque sean sobre los que en la físi
ca de los terrícolas se llaman principios sa
crosantos. Y para poner desde luego en prác
tica este buen propósito, concluiré el discur
so de las manchas solares, y de la luz zo
diacal proponiéndote las siguientes dudas.
En la exposición que te he hecho , Cos
mopolita, de la naturaleza y formación de las Se vuelve á
manchas solares, y de la luz zodiacal , yo te exáminar la
formación
he propuesto lo que según el presente pensar de la luz zo
de los Físicos me parece menos inverisímil: diacal.
¿ mas por esto creeremos , que en la menor in
verisimilitud no se embeben dificultades que
tíos hagan temer su falsedad ? Suponese la ro
tación del Sol como cosa cierta : supongamosla también nosotros; y después se afirma ó in
fiere , como por necesaria conseqüencia , que
Ce 2
sa-
Viage estático
salen ó se despegan del Sol las partecillas que
forman la luz zodiacal. ¿ Cómo es posible que
estas partecillas se escapen resistiendo á la in
mensa atracción del cuerpo solar , que llama
y atrae á sí cuerpos planetarios, que la tier
ra , y mas distantes del S o l, que ésta ? ¿ A
dónde por millones de leguas van estas fugi
tivas y descaminadas partecillas que resisten
y se burlan de la inmensa atracción solar ?
¿Por ventura ellas huirán del Sol, atraídas por
los planetas que le están mas cercanos ? Si así
fuese , estos planetas ladrones deberían esca
parse también , y romper la cadena de escla
vitud que los esclaviza y sujeta á la tiránica
atracción del cuerpo solar. Asimismo en tal
caso las partecillas lucidas atraídas de los
planetas cercanos deberían caer en estos} y
después deberían abandonarlos por razón de
la atracción de otros planetas ó cometas. Ja
más se hará fácilmente creíble , que un cuer
po de inmensa fuerza en el atraer , como es
el solar, se muestre inerte con las partecillas
que se suponen fugitivas de la masa solar , y
que ellas descaminadas por un inmenso va
cío giren y se unan, huyendo siempre del
Sol.
Cosmopolita m ió, yo conjeturo, que la
r p f r a r r i o n _ r.nvas leves no convienen con las
1?2
Si la figura
de la luz zo
diacal es
verdadera u
óptica.
qui-
a l mundo Planetario.
1^ 3
quizá la figura piramidal sea juego de la re
fracción ; ó del fuego natural que esparcido
por todo espacio, se hace visible ó invisible,
según el vario impulso que en el fluido lucido
y etéreo hace inquieta y ardiente la materia
solar. No delira el que conjetura , que en los
espacios en que falta el ayre , hay fluido lu
cido y fogoso; pues que lo hay en todas par
tes , y el fuego ocupa el vacío que dexa el ay
re. ’En el vacío de la máquina (1) pneumática
en quatro minutos se derrite un pedazo de yelo que descubierto al ayre libre tarda seis
minutos y medio en derretirse. El yelo con el
gran peso de la atmósfera , y por la restre
gadura de los átomos de ella debía derretirse
rnas presto , que en el vacío pneumático ; y su
cede lo contrario, porque, entre otras causas,
á este efecto concurre la de pasar el fuego
elemental á ocupar el vacío dexado por el ay
re ; así como éste ocupa los vacíos que le dexan otros cuerpos mas pesados. Según esta
máxima que parece ser conforme á la expe
riencia , se podrá conjeturar, que en los espa
cios etéreos, en que hay suma rarefacción de
ay^
( 1 ) Tibault en 17^1 refirió á la Real Aca
demia de las Ciencias de París , que el mercurio
subía sensiblemente en los barómetros sellados, po
niendo sus globos en el vacío pneumático. Esta
experiencia es algo análoga en sus efectos á la del
yelo puesto en el vacío. Véase Paulian citado,
en el artículo barometre.
Conjetura
sobre la for
mación de
la luz zo
diacal.
i? 4
Viage estático
ayre, se halla abundantísima materia de luz
ó de fuego, la qual agitada por várias par
tes , y puesta en gran movimiento , aparece
mas ó menos resplandeciente , como se ve en
la luz zodiacal y en las auroras boreales , las
quales , respecto de los habitadores que hubie
ra en la L una, serían como la luz zodiacal,
respecto de los terrícolas.
Conjetura
Las manchas solares pueden ser efecto de
sobre la for
la
materia
ígnea mas ó menos densa, que en
mación de
las manchas el Sol por determinados tiempos fermente pe
riódicamente : pues que todas las fermentacio
solares.
nes que conocemos en el m ar, en la atmós^
fera terrestre, y aun en los cuerpos humanos,
son periódicas. Fermentaciones periódicas son
en los mares el fluxo y refiuxo de sus aguas;
en la atmósfera las lluvias, y el curso de los
vientos ; y en el cuerpo humano las calentu-^
ras. Mas basta ya lo que he discurrido so
bre la luz zodiacal, y sobre las manchas del
Sol: hay en éste otros fenoménos , que llaman
nuestra atención ; y porque temo haber sido
pesado en el discurso que acabo de hacer,
quiero ahora hablarte, Cosmopolita, de un
fenoméno
que despierte vivamente tu curio
Movimien
sidad
:
estiende
las alas de ésta para oírlo. Te
to ó quietud
quiero hablar del movimiento del Sol; qiiesdel Sol.
tion no menos célebre, que fecunda de gran
Sus conse- des y famosas conseqiiencias. Si el Sol se mue
ve , Cosmopolita , la tierra está eternamente
quencias.
quieta : si el Sol no se mueve , la tierra está
en perpetuo movimiento. ¿Te parecen de poco
momento estas conseqiiencias, sobre que entre
los terrícolas han guerreado los sabios y los
ig-
a l mundo "Planetario.
1^5
ignorantes, los seglares y los eclesiásticos ? Yo
dexaré en silencio la Historia de estas guer
ras que nada me agradan, porque en ellas
ha habido partidos de entusiasmo astronómi
co, y de entusiasmo religioso. La Religión san
ta no entra en tales guerras humanas: ella es
divina que enseña y manda á los hombres
hacer escala de todo lo criado para subir á
su Criador ; y por esta escala solamente su
ben los que como á tal lo reconocen y sirven,
creyendo á su revelación, y executando fiel
mente sus preceptos. Según esta máxima de
bes interpretar , Cosmopolita , la breve intro
ducción que voy á hacerte , para exáminar los
fundamentos en que estriban los que suponen
el movimiento del Sol.
§. I X.
M ovim iento del Sol,
Os siglos há que este movimiento es ob
jeto casi continuo de la observación cu
riosa de los Astrónomos, de las ideas siste
máticas de los Físicos, y de las altercaciones Guerras sis
temáticas
de estos y de los Astrónomos con los Teólo sobre
el mo
gos. En este gran pleyto físico-teológico , co vimiento
mo parte interesada , ha querido entrar tam del Sol.
bién el vulgo de los terrícolas, previendo, que
no se negaría al Sol el movimiento sin quitar
á su orbe terrestre la inmemorial quietud, de
que estaba en pacífica posesión , según la co
mún opinión , y que no podría perder sin de
trimento de su grandeza y dignidad. El vul
go
D
i? 6
Viage estático
go de los terrícolas, fomentando el manantial
de soberbia , que siempre se oculta en el fon
do de su corazón , juzga que de quantos obje
tos se presentan á su vista en el mundo , no hay
ninguno comparable con su tierra en la gran
deza y dignidad , y no sabe concebir cómo
estas dos imaginadas excelencias de la tierra
sean compatibles con el movimiento de ella.
No pensó así Arquímedes, á cuyo corage la
grandeza de la tierra no pareció ta l, que por
su peso llegase á resistir á las máquinas que
Máquina ca- podia inventar el ingenio humano para mover
páz de mo-. el orbe terrestre , en caso que fuera de él hu
ver el orbe
biera punto de apoyo en que se les pudiese
terrestre.
hacer estribar. Casati (i) se atrevió á verifi
car prácticamente el atrevido pensamiento de
Arquímedes, proponiendo y demostrando la
invención de una simple máquina, con que se
pudiese mover un cuerpo de 3.000,000,000,000,
000,000,000,000 libras; péso, que según los cál
culos que Casati formó sobre las observacio
nes astronómicas de su tiempo , excedia al de
el orbe terrestre; y según las modernas ob
servaciones que pongo al principio de mi His
toria física de la tierra , no llega á igualar el
pe( 1 ) Terra machinis mota authore Paulo Ca~
sato S. I. Romee 1658. 4. disput. 2. n. 30. p. 40.
En
16$$ Casati
publicó su primer pensamien
to sobre la máquina que pudiese mover la tier
ra. Véase su Obra : Terra machinis mota. Ro
mee 1655. 4.
al mundo Planetario.
177
peso de ésta, que en dicha Historia establez
co de 4.429,673,686,590,000,000,000,000 libras.
Esta diferencia de peso poco importa. Casati
pone en su máquina veinte y quatro exes : añadele , Cosmopolita , otros dos exes con sus res
pectivos peritroquios, y tendrás una máquina
que pueda mover fácilmente un cuerpo del
peso que yo supongo en la tierra. Y esto bas
te para confundir la soberbia de los terríco
las , que juzgan inmovible su tierra por razón
de su imaginaria inmensidad. A la dignidad
suma que los terrícolas dan á su tierra , no
se opone su movimiento , según los modernos
Astrónomos ; porque ilegítimamente se pre
tenderá que la tierra tenga la eterna quietud
que no se concede á ninguno de los planetas,
aunque entre estos hay algunos superiores á
la tierra en la grandeza , que es la calidad ex
terior que los hace mas respetables en el or
den natural. Mas vana ó neciamente los ter
El movi
rícolas pretenden desterrar del orbe terrestre miento es
su movimiento , siendo éste el alma del mun alma del
do material que con él vive, y morirá , quan- mundo ma
do revueltos fundamentalmente sus quicios, y terial.
desecho su mecanismo se reduzca á la nada
de que salió, ó sirva de material para el nue
vo Cielo (1) y la nueva tierra que aparece____ __________________________ rán
(1)
2. D . Petri. 3. 12. Expectantes et pro
p er antes in adventum D om ini, per quem cocli a rdentes solventur , et elementa ignis ardore tabescent. Novos -vero calos , et navam terram secundum promissa ipsius expectamus.
Parte I.
Dd
1^8
Viage estático
rán en el momento en que acabando la serie
de los siglos todo tiempo será inmensurable y
eterno. La muerte, de que es capáz lo mate
rial , es la que únicamente roba su movimien
t o , y lo reduce á eterna quietud , ó al centro
de la nada , de que el querer del Supremo
Hacedor lo sacó. Según esta máxima has de
ju zgar, Cosmopolita , del principio y fin de
todo lo visible; y según ella yo te comunica
ré , con la cordial sinceridad que me caracte
riza , y se debe á tu bondad y amable com
pañía , mi modo de pensar ó de dudar sobre
el movimiento del Sol.
Hasta el principio del siglo XVI reynaba
pacíficamente entre los terrícolas la común
opinión , que suponía en el Sol aquel movi
miento , que parece hacerse claramente visi
ble á quien por algún tiempo lo mira. Es cier
to que en la antigüedad no faltaron algunos
sabios que juzgaron ser ilusorio el aparente
Ideas de los movimiento del S o l, y que la ilusión prove
antiguos so nia del movimiento de la tierra. Filolao , Fi
bre el movi lósofo pitagórico, fué, según Plutarco, el pri
miento del mero que, trasladando á la tierra el movi
Sol.
miento que todos atribuían al Sol, afirmó, que
éste estaba en quietud. Diógenes Laercio en
la vida de Filolao, dice, que unos atribuían
á Filolao y otros á N¡cetas la opinión del mo
vimiento de la tierra y de la quietud del Sol.
El vulgo repugnó siempre á tal opinión que
contradecía á lo que aparece á la vista ; y los
sabios no la aceptaron ó la despreciaron, has
ta que en el año de 1507 Copérnico procuró
verificarla con observaciones astronómicas , é
in-
La quietud
es la muerte
del mundo
material.
al mundo Planetario .
iy<)
ingeniosas reilexíones que publicó, y desde el
primer momento de la publicación de las ideas
copemicanas la dicha opinión empezó á ser re*
cibida no sin aplauso por la novedad de las
pruebas con que se pretendía verificar; y en
los tiempos succesivos á su favor se declara
ron muchos Astrónomos , que con observacio
nes continuas pretendieron confirmarla. En cir
cunstancias , en que la opinión copernicana
conquistaba continuamente Académias de pro
tectores , Scheinér al descubrir las manchas
solares advirtió su giro al rededor del S o l,é
infirió el movimiento que de rotación éste de
bía tener sobre su exe. Este descubrimiento
dió aliento y placer sumo á los anticopernicanos que sin turbación no oían hablar de
la quietud del Sol. A éste , pues, que se que
ría poner en suma quietud ó reposo, debióla
Astronomía física conceder algún movimien
to ; mas siendo éste solamente de rotación so
bre su exe , los Astrónomos copernicanos con
tinuaron en defender la quietud del Sol en un
determinado sitio , del qual no se debía apar
tar , aunque en él estuviese siempre dando
vueltas sobre su exe. No quiero , Cosmopoli
ta , tratar ahora si el Sol está siempre ó no
en un mismo sitio: de esta duda discurriré
después, y por ahora expondré los resultados
del movimiento de rotación del S o l, que hoy
se supone innegable.
Las manchas, pues, que se advierten en el
cuerpo solar , nos han hecho conocer ó infe
rir que el Sol se mueve sobre su exe : quánto tiempo tarda en cada rotación ; ácia qué
Dd 2
par-
Época céle
bre en la
qüestion del
movimiento
del Sol.
La rotación
del Sol se
infiere del
movimiento
de sus man
chas.
180
F ia ge estático
parte se hace ésta ; y ácia dónde miran los po
los del globo solar. En orden al tiempo que
las manchas solares gastan en cada revolu
ción, se observa, que él es de veinte y siete
dias, doce horas y veinte minutos. Esta re
volución conviene mucho con la de los meses
lunares ( i) ; si las manchas fueran constantes,
y siempre visibles á la simple vista , podían
servir de regla para dividir el año en una es
pecie de meses algo semejantes á los lunares;
mas las manchas solares no se ven con la sim
ple vista, ni suelen durar mas de tres ó quatro meses.
Te he señalado el tiempo de cada revolu
ción de las manchas solares , como aparece á
la vista de los terrícolas , y sin considerar el
movimiento que hoy los Astrónomos suponen
en la tierra. Si ésta se mueve , para determi
nar el tiempo verdadero de cada revolución
de las manchas, es necesario calcularlo con re
lación á un punto fixo ó inmoble. Cassini hi
zo este cálculo, y halló, que la revolución
de dichas manchas observadas desde un pun
to inmoble del Cielo se vería hacer en vein
te y cinco dias, catorce horas y ocho minu
tos. Han advertido también los Astrónomos,
que en la revolución de las manchas solares
están ellas ocultas mas tiempo, del que se dexan
v e r: la diferencia suele ser notable , pues que
lie—
(i) La revolución sinódica de la Luna es de
27 dias , 7 horas y 43 minutos.
al mundo Planetario.
181
llega á ser de tres dias (i). Si el Sol es per
fectamente esférico , y si sus manchas se mue
ven con movimiento uniforme , era necesario
que en una revolución se dexasen ver á los
terrícolas tanto tiempo , quanto estaban ocul
tas ; mas sucediendo la notabilísima diferen
cia , ya dicha , de tres dias , no sabremos de
terminar , si ella consista en no ser perfecta
mente esférica la figura solar , ó en que la ro
tación del Sol no es uniforme. A cada paso
encontramos , Cosmopolita, dificultades nue
vas en el obrar de la naturaleza. ¿ Quién po
drá señalar fácilmente la causa física de la di
ferencia de dias que hay en ocultarse y dexarse ver las manchas solares ? ¿ Podrémos
decir , que ella consista en la diversa densi
dad del cuerpo solar, así como tal diversi
dad , según algunos Físicos, hace que en el
emisferio boreal de la tierra se dexe ver el
Sol
( i ) Un Autor hace la siguiente reflexión. Sien
do la diferencia de tres dias en cada rotación solar,
tocan 18 horas á cada qiiadrante : en este tiempo
las manchas solares corren io grados al rededor
del S o l: el seno verso de los io grados son quin
ce milésimas de radio : de donde el semidiámetro
del Sol es al semidiámetro del círculo descrito
por las manchas , como 17 á 20 ; y las manchas
solares distarán del Sol quince semidiámetros ter
restres. Véase N ew ton , Princ. M athem. lib. 3.
fro p . 10. cum commentar. P P . La-Stfur , et Jacquier.
Fenómeno
que se ad
vierte en el
movimiento
de las man
chas sola
res.
182
Viage estático
Sol por mas tiempo que en el austral ? Preveo
que á algunos Físicos podrá no desagradar es
te ofrecimiento m ió; pero al mismo tiempo
conozco y confieso, que él se ha fraguado en
la oficina de las ideas arbitrarias.
¿Y qué dirémos del fin que pudo tenerla
providencia del Supremo Hacedor en conce
Fin físico der al Sol el movimiento de rotación? Este
de la rota
lo dan ó suponen los Astrónomos en la tierra
ción del Sol.
para componer la diferencia de los dias y de
las noches ; mas en el S o l, en donde siempre
hay perpetuo dia , y en donde no hay habi
tadores que necesiten tal diferencia, ¿de qué
puede servir el movimiento de rotación ? Se
rá, me podrán decir algunos Físicos, para que
se mantengan inflamadas las partecillas sola
res de fuego ó luz. Según esto, si el Sol cesára de rodar ó de dar vueltas , quedaría lue
go como un tizón apagado , y todos quedaría
mos á obscuras. No temamos tanto mal de
una noche eterna faltando al Sol el movimien
to de rotación; pues que sin tal movimiento
se concibe bien , que pueda continuar su ilu
minación. Supongamos con la común opinión
de los Físicos , que la materia ígnea no mues
tra su lu z , sino quando experimenta alguna
agitación ó movimiento , no por esto deberémos decir , que la materia del Sol no alum
brará , si el Sol no tiene movimiento de ro
tación ; pues que su materia podrá alumbrar,
si en ella se causa alguna agitación ó fermen
tación. É sta , que se halla continuamente en
los cuerpos terrestres, y es efecto de su lucha,
podrá y deberá hallarse también en el cuer
po
.
183
po solar, cuyas manchas nos hacen conjetu
al mundo Planetario
rar prudentemente que en él hay mezcla de
masas ó líquidos heterogéneos. Parece , pues,
que la rotación del Sol no se necesita para que
su materia se mantenga luminosa. Se necesi
tará para otros fines , dicen algunos Físicos,
que no los señalan ; y hacen bien en no que
rer señalarlos : yo acostumbrado á respetar
ciegamente los fines físicos y morales, que el
Criador tuvo en la formación de las criatu
ras , seguiré gustoso su exemplo ; y para pro
poner mis dudas sobre la rotación del cuerpo
solar, solamente me valdré de sus efectos.
Si el movimiento de rotación, que en el Sol
se infiere por la aparente revolución de sus
manchas, fuera verdadero , el globo solar de
bería verse de figura anaranjada ó chato ácia
los polos , sobre que se hace su rotación. La
razón de esta conseqiiencia se funda en la si
guiente reflexión. En la física es sagrado el
axioma de deber ser chatos en los polos to
dos los globos que tienen movimiento de ro
tación sobre su exe. Según este axioma los
Astrónomos, figurándose que el orbe terrestre
tenia movimiento de rotación , insistían dicien
do , que la tierra debia ser chata, ó de figu
ra anaranjada ácia los polos. La ignorancia,
ó la desgracia quiso, que algunos Astrónomos,
investigando la figura de la tierra, según sus
observaciones, hallaron que era de figura de
huevo y no de naranja. Esto es imposible, de
cían los Astrónomos que creían la rotación de
la tierra. Se volvió otra vez á investigar la
figura de ésta , y se halló (según dicen) anaran-
Figura del
disco solar.
Viage estático
ranjada y no o v a l; esto es , se halló t a l, qual
se inferia del dicho axioma. De éste también
se debe inferir , que es anaranjada y no oval
la figura del cuerpo solar. Anaranjada y no
o v a l, dicen los Físicos modernos , es la figu
ra del globo solar. Ellos dicen esto ; mas no
sotros , Cosmopolita, vemos, que aparece per
fectamente esférica ó redonda la figura del Sol;
y todos los terrícolas dicen , que á ellos el Sol
aparece perfectamente de figura redonda y no
anaranjada. A esta dificultad responden los Fí
sicos modernos diciendo , que los terrícolas
por su gran distancia hasta el Sol no distin
guen el aplanamiento en los polos solares. Es
to deben decir los Físicos para que los ter
rícolas crean mas al dicho de ellos, que á su
propia vista, á la que el globo solar aparece
perfectamente
esférico. Pero contra este di
El Sol apa
cho
de
los
Físicos
modernos yo reflexiono así.
rece á los
El
S
o
l,
aunque
distantísimo
de los terrícolas,
terrícolas
2500 veces les aparece 2500 veces mas grande que el pla
mayor que neta Júpiter; pues que desde la tierra el diá
Júpiter.
metro del Sol llega á aparecer de 32 minutos
y medio ; y el de Júpiter aparece de 39 mi
nutos segundos : no obstante que á los terrí
colas Júpiter aparece 2500 veces menor que el
Sol , ellos dicen y repiten , que en el globo
de Júpiter es distinguible el aplanamiento ácia
sus polos ; y afirman , que el aplanamiento lle
ga á ser una décima quarta parte de su diá
metro ; y de este aplanamiento infieren el mo
vimiento de rotación en Júpiter. ¿Por qué, pues,
se hace distinguible el aplanamiento en Júpi
ter , y no en el Sol ? que es 2500 veces ma
yor
184
al mundo Planetario.
18$
yor que Júpiter? ¿ Y si el aplanamiento en Jú
piter es prueba de su movimiento , de su ro
tación , la perfecta esfereidad del Sol proba
rá que éste no tiene tal movimiento , y que
de éste no proviene la aparente revolución de
las manchas solares ?
Has o íd o , Cosmopolita , mis dudas sobre
el movimiento de rotación del S o l: no quiero
dudar mas de é l : las dudas que te he puesto,
te bastarán para conjeturar las que por no ser
molesto déxo de proponer. Prescindamos aho
ra de las dudas, y supongamos que el globo
solar da vueltas como una rueda , según la opi
nión de los modernos. En esta suposición , tú
fácilmente conocerás ácia qué parte del mun
do se mueve el globo solar, quál sea su eqüador , y dónde están sus polos. Si el Sol en sí
mismo tiene el movimiento que se advierte en
sus manchas, desde luego se infiere , que és
te es de Occidente á Oriente. Este mismo mo
Polos del
vimiento nos hace conocer los polos del Sol, disco solar.
que son los dos puntos sobre que él rueda ó
se vuelve. E l círcu lo , que en el globo solar
dista por todas partofí noventa grados de los
dichos polos , se llamará su eqüador. Cons Su eqüador
tándonos de la posición de éste , se infiere lue es el ángulo
go su inclinación á la eclíptica , la qual incli que éste ha
ce con la
nación es de siete grados y medio. Se duda
eclíptica.
entre los Astrónomos, si esta inclinación es
constante,ó siempre la misma. Sobre este pun
to , como también sobre la variación que pue
dan tener los nudos del eqiiador ( nudos se lla
man los puntos en que el eqüador corta la eclíp
tica ) , te podré d ecir, Cosm opolita, con LaParte I.
Ee
Lan-
186
La rotación
del Sol es
compatible
con el estar
ó no estar
siempre el
Sol en un
mismo sitio.
Viage estático
Lande ( i ) , que las observaciones hechas has
ta el tiempo presente , no dan bastante luz pa
ra conocer ni determinar la dicha variación
de inclinación del eqüador y de los lugares de
sus nudos (2).
Tenemos ya , Cosm opolita, el Sol no en
quietud , sino en m ovimiento: tenemos cono
cidos sus polos, su eqiiador , y la inclinación
de éste á la eclíptica. Mas todos estos cono
cimientos , me d irás, Cosmopolita , no prue
ban que el Sol desampara su puesto , ó que
se mueve al rededor del orbe terrestre , ni de
ninguno otro planeta ; pues que el movimien
to , que de rotación sobre su exe se infiere en
el Sol por la observación de sus m anchas, que
se ven girar , es compatible con la quietud del
Sol en un punto del C ie lo , y con su movimien
to al rededor del orbe terrestre. El S o l, pues,
puede rodar ó voltarse sobre su e x e , ya es
tando siempre en un mismo sitio (com o una
rueda que vo ltea ) , y ya girando al rededor
(1) La-Lande , Astronomie , n. 3 16 1. 3163«
(2) Cassini comunicó á la Academia de París
en el año de 1675 su método para hallar la revo
lución del Sol , la situación de sus polos y del
eqiiador , y el movimiento aparente de sus man
chas. Du-Hamel. H is t. Acad. -pag. 144. Anciens
Mem. t. 10. La Lande prescribe con claridad ( A s
tronomie lib. 20. n. 3136 , &c. ) los métodos para
hallar todos los fenómenos que resultan del mo
vimiento de las manchas solares.
al mundo "Planetario.
18 7
del orbe terrestre; y mi curiosidad desea sa
ber si el Sol está siempre en un mismo sitio,
sin dar vueltas al rededor de la tierra , y en
qué observaciones y causas físicas se fundan
los Astrónomos que defienden la inmobilidad
del Sol en un determinado sitio del C ielo, y
consiguientemente el continuo movimiento de
la tierra al rededor del mismo Sol.
Con placer he oído, Cosmopolita , las pro
posiciones que te han inspirado tu curiosidad,
y el lícito y loable deséo de satisfacerla. Has
discurrido bien , diciendo, que del movimien
to de rotación del Sol no se infiere que éste
gire al rededor de la tierra , ni que esté siem
pre en un mismo sitio; y concluyes desean
do oír y entender las observaciones astronó
micas , y las razones naturales en que se fun
dan los Astrónomos que defienden estar siem
pre inmoble el Sol en un mismo sitio, y con
siguientemente girar la tierra al rededor de
é l , como decía Copérnico , y hoy se supone
en la Astronomía moderna. En ésta, pues, se
afirma, y se pretende probar, que el conjun
to de las observaciones astronómicas conspi
ra á hacer creíble , que la tierra se mueve al
rededor del S o l, y no éste al rededor de la
tierra ; y que suponiéndose en los Cielos, por
donde giran los planetas, las mismas leyes na
turales que se observan en el orbe terrestre,
de esta suposición se infiere congruentemente,
que la tierra gira al rededor del Sol. Así los
modernos Astrónomos pretenden probar , que
según sus observaciones , y según las leyes de
la naturaleza, la tierra debe girar al rededor
Ee 2
del
Razones j
observacio
nes que in
ducen á su
poner el mo
vimiento de
la tierra.
188
Viage estático
del Sol. En las observaciones astronómicas
puede haber alguna equivocación ó ilusión; pe
ro no en las leyes de la naturaleza que son
siempre invariables y las mismas : por tanto,
si el conocimiento de éstas es cierto , y nos
consta de sus efectos en los Cielos , parece que
no podremos errar en los discursos que sobre
los efectos celestes , y sobre las leyes de la
naturaleza hagamos.
Con estas reflexiones yo sin duda he ex
citado ó avivado en t í , Cosmopolita , la cu
riosidad de oír la correspondencia que el sistéma copernicano del movimiento de la tierra
al rededor del Sol pueda tener con las obser
vaciones astronómicas , y con las leyes de la
naturaleza ; mas de esta correspondencia no
debo aún discurrir, sino en otra ocasión , que
ciertamente será mas oportuna. Yo conozco,
que mis reflexiones han dispertado quizá de
masiadamente tu curiosidad ; mas no por esto
yo debo satisfacerla ahora. Si esta determi
nación te desagrada, escúsame , Cosmopolita,
por el justo fin que á ella me obliga , pues que
es el de lograr tu mejor instrucción. Por ra
zón y genio procuro lisongear siempre , en
quanto es lícito, la inclinación y el gusto de
los que con su compañía me favorecen y hon
ran : por lo que fácilmente en todos los paí
ses encuentro abundancia de compañeros; los
quales, porque mi lisonja no traspasa los lí
mites de la racional y religiosa honradéz, freqüentemente se convierten en amigos. Espero
de tí esta conversión : su primer efecto sea
mostrarme la bondad de contentar ahora tu
- i
cu-
al mundo Vianet arlo.
189
curiosidad mortificada, oyendo sin desagrado
el discurso que te voy á hacer sobre un asun
to , que aunque al principio te parezca intem
pestivo , y ageno de las presentes circunstan
cias , luego que en su conocimiento te Ínternes, lo juzgarás propísimo de ellas , y muy
necesario para tu mejor instrucción , fin de
nuestro viage y objeto de mis mas vivos deseos.
§. X X .
, .
Atracción de toda materia y sus efectos
Invención del sistéma de la atracción apli
cado á la Astronomía para señalar la cau
sa del movimiento circular de los astros
por los espacios etéreos.
,
E la atracción te debo hablar Cosmo
polita : te es notorio su nombre , hoy
famoso entre los terrícolas. En la Física y en
la Astronomía la atracción se juzga tan nece
saria, como la moneda en el comercio. La atrac
ción es como una medicina empírica de la na
turaleza , que concurre para todos sus efectos,
grandes ó pequeños, terrestres ó celestes: ella
es como la piedra filosofal con que se hace el
juego de tantas alteraciones de objetos que se
presentan visibles en el gran teatro del mun
do sensible. Si la atracción es la moneda, la
medicina empírica, y la piedra filosofal de la
naturaleza sensible en el Cielo y en la tierra,
yo debo explicarte los efectos de esta atrac
ción , según los modernos , para que entiendas
el
D
La atrac
ción es hoy
la moneda
del comer
cio de la fí
sica terres
tre con la
celeste.
1 90
Via ge estático
el mecanismo del sistema físico-astronómico
que con ella forman y pretenden demostrar.
Preveo que por haber tú quizá leído algunos
tratados Físicos y Astronómicos , en que la
atracción se halla envuelta y cubierta de cál
culos geométricos y algebráicos , temerás que
y o , abandonando la simplicidad y claridad
Abuso de con que hasta ahora he procurado instruirte,
los cálculos
confunda tu mente con la algarabía de figuras
en la astro
nomía y fí geométricas, y de letras ó cifras algebráicas.
No temas esta confusión, que no en pocas obras
sica.
matemáticas y aun físicas se halla , por el
abuso que del cálculo hacen sus Autores, los
quales yo comparo á los malos Oradores sa
grados , que no saben discurrir ni aun de los
puntos doctrinales y mas claros de nuestra
santa Religión, sin engarzar las mas simples
máximas con las mas sutiles especulaciones del
escolasticismo. Este abuso repruebo firmemente,
persuadido á que en la física y aun en la ma
temática no hay punto, que en un discurso Aca
démico no se pueda proponer y explicar con
claridad, sin necesidad de mas cálculos que
los que puede formar la mente de quien tiene
alguna instrucción civil. Aun en las matemá
ticas , las obras que mas abundan en cálculos,
no son hoy las mas plausibles. Newtón los usó
con la mayor economía para proponer y pro
bar su sistéma mundano de atracción en su cé
Uso econó lebre Obra de los principios matemáticos. Bosmico que
covich , que anheló por ser un segundo New
del cálculo
han hecho tón , reformando el sistéma de éste , se pro
ilustres Au. puso descubrir y probar la ley única de la na
turaleza , con discursos claros y casi desnudos
tores.
/
al mundo V ianet ario.
191
de cálculos: »Mi primer objeto, dice (1) an
tes de proponer su sistéma , ha sido el decla
rar todas las cosas sin necesidad de la geome
tría sublime ó del cálculo. . . El conocimien
to de las figuras geométricas , de que uso, no
pide el de las geométricas demostraciones, si
no solamente el de algunos nombres que per
tenecen á los primeros elementos de geome
tría.” K eill, La-Caille , La-Lande y otros in
signes Matemáticos han combinado la mayor
claridad con la mayor moderación en usar el
cálculo. Tenemos, pues, Cosmopolita, exemplos de ilustres Sabios, á quienes en el uso
del cálculo debemos imitar, como nuevos Euclides de estas ciencias. »En la naturaleza, te
diré con M ako(2), no Jiay cosa tan excelen
te , que con el abuso no se pueda corromper y
echar á perder. No niego que en la explica
ción geométrica de los fenoménos naturales
hombres Sabios han excedido los justos lími
tes , prefiriendo á la utilidad de los discípulos
la alabanza de su ingenio sublime.” Esta bre
ve digresión lie hecho , Cosmopolita , sobre el
uso del cálculo , para que no desconfies de en
tender sin él los discursos físicos y astronómi
cos , que oirás en este viage.
_______________________________ Te
•
(1) Philosophioe naturalis theoria redacta ad
unicam legem virium in natura existentium: auctore Rogerio Jos. Boscovich. Soc. J. Viennee A us
tria 1758.4. A d Lectorem, p. 1. y 2.
(2) Mako citado : Compendiaría physica institutio , pars 1. prolusio.
jc/2
Vi age estático
* Te he declarado el asunto en que deséo ins
truirte : te he indicado su importancia , y la
necesidad que tienes de entenderlo: he procu
rado sembrar en tu espíritu la mejor disposi
ción para oírlo : me lisongeo de conseguir el
fin y el fruto : seguro de este logro empiezo
á discurrir del asunto propuesto.
Supongamos, Cosmopolita, en un maqui
nista la rarísima habilidad de saber colocar en
un salón cien estatuas de materia trasparente,
las quales por medio de hilos invisibles cor
rieran , saltáran , voláran y movieran concer
tadamente sus brazos , piernas y cuerpos ; y
que tú entrases en el salón al executarse este
mecánico expectáculo. Al verlo , su vista te
agradaría y aun sorprendería ; pero mas que
su vista ocuparían toda tu mente las curiosas
dudas por saber cómo se movian las estatuas,
y quién causaba su continuo y arreglado mo
vimiento. A estas dudas pretendo yo respon
der ahora, explicándote el sistéma y los efec
tos de la atracción , según los modernos. Da
una ojeada , te suplico, por todos los espa
cios celestes, y mira todos esos inmensos glo
bos ó astros , que por ellos concertadamen
te se mueven sin cesar. Basta que les des una
simple ojeada ; pues que su atenta observa
ción físico-astronómica,que después harás con
migo , pide mucho tiempo, y ahora no se ne
cesita para el asunto presente. V e o , me di
rás, en continuo y concertado movimiento cen
tenares de astros (llamados planetas y come
tas por los terrícolas), que girando por los
espacios celestes infunden no sé si veneración,
a l mundo Vianet ario.
193
6 terror por su increíble velocidad, y desme Causa físi
dida grandeza. Y ¿ cómo ó por qué se mueven ca del mo
de
esos globos de monstruosa grandeza : qual es vimiento
los astros
la causa de su veloz movimiento ? Oye la res errantes.
puesta que á esta pregunta dan los modernos
Físico-Astronómicos. El Autor Supremo al for
mar los globos celestes los arrojó por esos es
pacios celestes, y la mutua atracción de su
materia hizo que adquiriesen movimiento ca
si circular, que no teniendo fin , ni principio,
deberá ser perpetuo.
A este asunto , y con alusión á esta res
puesta de los modernos, te quiero exponer el
modo que de pensar tuvo Galileo ( 1 ) sobre el Explicación
de dicha
movimiento de los astros, antes que aparecie causa
según
se entre los terrícolas el sistema de la atrac Galileo.
ción. Merece ser referido tal modo , que al
gunos modernos se han apropiado sin ningún
mérito. Galileo establece esta proposición : »Si
los cuerpos integrales del mundo deben ser
movibles por su naturaleza , es imposible que
sus movimientos sean derechos, ú otros que los
circulares. . . y la razón es , el movimiento
derecho es infinito por su naturaleza , porque
es infinita é ilimitada la linea recta ; mas es
El movi
imposible que ningún cuerpo movible tenga en miento rec
sí por su naturaleza principio (ó virtud ) pa tilíneo es in
ra moverse por linea recta, ó moverse ácia finito.
don( 1 ) Opere di Galileo Galilei. Padova 1 74$.
4. voi. 4. En el volumen 4 , diálogo r , (sobre el
movimiento déla tierra) núm. 12. p. 32.
P arte I .
Ff
\
194
V ia ge estático
donde es imposible llegar, no habiendo en ello
ningún término fixo ; y la naturaleza , como
bien dice Aristóteles, no emprende hacer lo
que no puede ser hecho; ni emprende mover
se ácia donde es imposible llegar. . . Pudiéra
mos decir con Platón , que los cuerpos mun
danos después de haber sido fabricados, y to
talmente establecidos, fueron movidos algún
Explicación
tiempo por su Hacedor con dirección recta, y
de Platón.
que después que llegaron á determinados si
tios , uno á uno se pusieron en giro , pasando
desde el movimiento recto al circular , en que
se mantuvieron después, y aún se conservan.
Ofrecimiento sublimísimo, y muy digno de
Platón.’’ En estas proposiciones tienes clara
mente , Cosmopolita, las semillas del mas fa
moso efecto , que los modernos atribuyen á la
atracción , para señalar en ésta la causa del
movimiento casi circular de los astros.
Te he dado un ensayo de los maravillo
sos efectos de la atracción, que algunos Filó
sofos llaman gravedad. Llamala como quie
ras : sobre el nombre ningún sabio forma du
das ni disputas; porque es innegable , que los
modernos en los cuerpos llaman atracción lo
Atracción
que los antiguos llamaron gravedad : palabra
y gravedad
son una mis que aún se usa. De la atracción ó gravedad
de los cuerpos te debo hablar ya histórica y
ma cosa.
ya científicamente ; y porque la historia me
obliga á remontarme á los siglos anteriores, en
que se usó la palabra gravedad, de esta pa
labra empezaré á usar , y á su tiempo usaré
de la palabra atracción.
Ser grave un ente material es lo mismo
i que
a l mundo 'Planetario .
195
que darse en dicho ente una causa que le obli Qué cosa es
ga á caminar ácia cierto punto ó sitio, que po gravedad.
dremos llamar su centro. Así la gravedad de
los cuerpos terrestres es una tendencia de es
tos ácia el centro de la tierra, ó es una causa
que imprime en ellos la fuerza central ó cen
trípeta. En virtud de esta fuerza todos los
cuerpos terrestres , que no encuentren algún
impedimento, se ven caer en la tierra.
Entre los antiguos era casi universal per
suasión que dos cuerpos desiguales en masa
no caían al mismo tiempo desde alturas igua Preocupa
ción de los
les. Epicúro y Lucrecio (1) fueron de contra antiguos , y
rio parecer. La persuasión común de los anti opinión de
guos pasó de siglo en siglo sin oposición ; y á Epicúro y
la verdad , reynando pacíficamente esta pre Lucrecio so
ocupación entre los Físicos, no se podía dar bre la caída
ningún paso acertado en la física. Se puede de los cuer
decir , que hasta los años de 1630 la dicha pos.
opinión estaba tan arraygada ó reconocida, co
mo cierta, que ningún Físico se atrevía á du
dar , ni aun á exáminar su verdad. Los dos
primeros sabios que hallo haber dudado de tal
fingida verdad, y haber publicado casi al mis
mo tiempo su falsedad , fueron el célebre G aliléo Galilei , de cuya mecánica el espíritu
animó el sistéma atraccionario de Newtón, co
mo después se probará ; y el famoso Filósofo
y
( 1)
Omnia quapropter debent per inane quieturn JEque ponderibus non eequis concita ferri. T.
Lucretius c. de Rerum natura , lib. 2. v. 238.
Ff 2
Galileo y
Arriaga se
©ponen á la
preocupa
ción sobre
la caída de
los cuerpos.
196
V i age estático
y Teólogo Español Rodrigo de Arriaga , cu
ya Filosofía fué la mas celebrada (1) en Fran
cia y en Alemania (en que murió el año de
íóó? ) , por gran parte del siglo pasado. E s
te gran sabio desterró de la Fisosofía no po
cas preocupaciones. ©No obstante las tinieblas
con que estaba obscurecida la Filosofía, dice
Paulian (2) , el Padre Arriaga propuso sobre
la rarefacción , y sobre la condensación de los
cuerpos un sistèma muy físico.. . . Debemos
tam( 1 ) En la biblioteca jesuítica de Natanael Sotuello , de la que se valió Nicolás Antonio para
formar en la biblioteca Española el elogio de R o
drigo de A rriaga, se nota , que su Filosofía se im
primió , intitulada : Cursus philosophicus. Antuer
p ia , ex officina Plantiniana 16 3 2 ; y que se reim
primió en León el 1669. En esta reimpresión se
pone un prólogo añadi'do por Arriaga , en el que
dice , que en 20 años después de la primera im
presión de su Filosofía , ésta se había reimpreso seis
ó siete veces. En el mismo prólogo añade , que le
habían censurado siete ü ocho opiniones singula
res contra el común sentir de los Jesuítas , y que
las volvía á defender con licencia de su General
Pablo Oliva. He visto una impresión de la F ilo
sofía de Arriaga en París el año de 16 4 7 » y en el
frontispicio se nota que es quarta edición. Parece
ser certísimo que la Filosofía de Arriaga en 20
años se imprimió seis ó siete veces.
(2) Paulian citado, Dictionaire physique , en
el artículo A rria g a .
al mundo Vianet ario.
19 ?
también á Arriaga un descubrimiento que re
conocemos , como una de las principales prue
bas del sistéma de la atracción. E l defendió
que todos los cuerpos graves caían con la mis
ma velocidad sobre la tierra.” Defendió tam
bién acérrimamente que la gravedad estaba en
los cuerpos graves , y no consistía en acciden
te alguno. La física y la astronomía estarían
como estatuas inmobles sin dar paso alguno,
si no se hubiera adoptado la verdad de caer
todos los cuerpos con la misma velocidad por
un espacio que no les oponga impedimento al
guno.
Para que oygas el modo de pensar de Ar
riaga sobre este punto, é infieras, Cosmopo
lita , la preocupación falsa que reynaba quando él lo publicó, te lo referiré con sus mis
mas palabras. Juzgó Arriaga que un tal pun
to merecía ser exáminado y tratado en qiiestion separada ; y así en la disputa quarta de
la generación , á la sección quinta , propone
en el artículo tercero esta conclusión. »Todos
los cuerpos graves por su naturaleza caen acia
abaxo en un mismo tiempo.” Esta conclusión
parecía tan extravagante quando escribia Ar
riaga , como ahora parecería la que defendie
se que el fuego no calienta. En efecto, ha
ciéndose cargo de esto el A utor, empieza así
su qüestion. »Hasta (1) el dia de hoy es opi
nión
(1) Cursiis philosojphicus Roderici de A rr ia
g a e Soc. I. editio quarta Parish's 1647. fol.
Disj). 4. de gener. krc. sect. 5. sub sect. 3. n. 92.
Opinión de
Arriaga so
bre la caída
de los cuer
pos.
19^
V i age estático
nion recibida entre los Filósofos, que los cuer
pos quanto mas pesados ó graves, baxan mas
presto á la tierra desde una misma altura ; y
el dudar de esto se ha tenido por desatino. . .
Yo he hallado por experiencia que caen en un
mismo tiempo varios cuerpos, no solamente
iguales en la grandeza , y semejantes en su fi
gura, sino también los que son desemejantes
en la figura , y desiguales en la grandeza. Es
to lo he experimentado delante de muchos no
una ni dos veces solas, sino muchas. . . ¿Qué
sabio diría esto , si la experiencia y vista no
fueran testigos, sin pasar la nota de ignoran
te ? Puede ser que esto mismo sucediera en
otras muchas cosas , si las pudiéramos exáminar y probar con la experiencia... Yo juzgo
que la gravedad en los cuerpos tiene dos efec
tos : el uno es el causar su caída ; y el otro
Efectos de
el causar su impulso. Segun esto juzgo , que
la gravedad
en
orden al efecto de la caída todas las gra
según A r
vedades
son iguales entre s í , si caen atrave
riaga.
sando un cuerpo sumamente leve, que no retar
de la caída : por esto todos los cuerpos peque
ños ó grandes , ligeros ó pesados, semejantes
ó desemejantes en la figura, caen en un mismo
tiempo.. . La "azon de este efecto es , por
que cada partecilla de materia de una piedra
por su gravedad baxa sin tirar de la otra par
tecilla : de donde resulta , que el mismo efec
to hace la gravedad de una partecilla , que ha
ce la de cien partecillas.” Esta opinión (1) confir-
(1)
Cursus Philosophicus Roderici de Arria-
a l mundo "Planetario.
199
firmó Arriaga con nuevas experiencias y ra
zones en las posteriores ediciones de su Filo
sofía ; y al mismo tiempo en Italia la promo
vía (1) Galileo con otras verdades, que des
cubrió é ilustró, dando golpes mortales á la
física de Aristóteles.
La dicha opinión empezó luego á ser re
cibida y promovida con aplauso. Para confir
mar la dicha opinión se debían multiplicar las
mas delicadas experiencias, atendiendo en és
tas al ayre que aunque cuerpo ligerísimo ,
no obstante retarda tal vez la caída de los
cuerpos. La invención de la máquina, llama
da pneumática, abrió grande campo para dar
la mayor perfección á las experiencias. Lue
go que se conoció esta máquina se hicieron
várias experiencias en su vacío dexando caer
ga e S. I. Lugduni 1669. fol. En esta edición au
mentada por el Autor se trata de la gravedad en
la disp. 4. de elementis , de generatione. Sect. 6.
sub sect. 4. n. 1 1 5. p . 690.
(1) En la vida de Galileo escrita por Vicente
Viviani en el 1654 , é impresa en el primer tomo
de sus Obras de la edición de Pádua citada , á la
p. 63. se dice , que él publicó su diálogo de los sis
temas tolomáico y copernicano ( ó del movimiento
de la tierra) el año 1632 , me parece que he vis
to la primera edición del 1630 ; y e n este año de
bió imprimirse , pues que Galileo acusado á R o
ma por tal diálogo , llegó á ella el día 10 de F e
brero de 1632 , como dice Viviani p. 64.
Idea que de
la atracción
formó G il
berto en el
lóoo.
200
Viage estático
ú un mismo tiempo un grano de o ro , y una
pluma pequeña; se vió que constantemente
estos cuerpos caían en un mismo tiempo des
de iguales alturas. Con esta y otras experien
cias se llegó á conocer, que faltando el im
pedimento del ayre , todos los cuerpos debían
caer en un mismo tiempo desde igual altura,
y se conjeturó, que la gravedad , ó lo que
causaba la caída de los cuerpos, no estaba
en estos , sino fuera de ellos, ó que no de
pendía de la grandeza ó pequeñéz de su ma
teria. Asimismo , viéndose este efecto tan cons
tante en todos los cuerpos que caían ácia la
tierra , se creyó que su causa fuese también
constante ó una misma ; y que por no ha
llarse ella en los cuerpos que caían , debería
hallarse en la tierra, á donde todos cayendo
llegaban á un mismo tiempo. En una palabra,
todas estas conjeturas conducían el entendi
miento á hallar en la tierra una virtud de atrac
ción , con la que tirados todos los cuerpos vi
niesen á caer en ella en igual tiempo.
De esta atracción se había conjeturado la
existencia antes que Galileo y Arriaga publi
casen sus observaciones sobre los efectos de
la gravedad de los cuerpos en su caída. G il
berto , excelente observador de la naturaleza,
en el 1600 (1) publicó la mejor Obra que has
ta
(1)
Gulielmi G liberti medici londinensis de
magnete , magneticisque corporibus , et de magno
magnete teli lire physiologia nova. Londini 1600.
4-
al mundo Vianetatio.
209
ta entonces se había escrito sobre la piedra
imán; y en ella se atrevió á querer combinar
el movimiento de todos los planetas, y de la
tierra , como efectos de la virtud magnética.
En fuerza de ésta, dice Gilberto (1), la tier
ra tiene el movimiento diurno sobre su exe,
y resultan la precesión de los equinocios , y
la anomalía de la obliqiiidad del zodiaco. G il
berto llegó también á decir, que »siendo el
Sol el actor ó incitador del mundo movible,
y siendo impelidos los demás planetas que estaban situados dentro de la esfera de las fuer
zas del S o l, cada uno de estos , según sus res
pectiva« fuerzas , hacía sus revoluciones sobre
sus exes y sus giros circulares.” La nueva Fi
losofía de Gilberto no halló aceptación entre
sus nacionales Ingleses: Bacon de Verulamio,
que en sus Obras da bien á entender que la
había leído (2), alabó su laboriosidad y dixo,
que
4. Esta Obra se reimprimió con el título siguien
te : Tractatus , sive physiologia nova de maguete , krc. aucta , et jiguris illustrata opera , et
studio TV'olfangi Lochmans. Sedini 1633. 4. Lochmans dice , que la habia reimpreso porque aun
en Inglaterra habia escasez de exemplares. He
visto la edición de Lochmans , que no le ha aña
dido sino algunas láminas; y esto es todo el tra
bajo del aumento de la Obra.
(1 ) Gilberto en su Obra citada é impresa en
Eondres, lib. . cap. . p. 231.
(2) Bacon de Verulamio habla de Gilberto
P a rte I .
G<*
mas
6
6
Causa del
movimiento
de los pla
netas según
Gilberto.
2io
V i age estático
que no ineptamente Gilberto con la virtud
magnética quería explicar que ningún cuerpo
se movía sino por influxo de partes contiguas
ó cercanas en la esfera de cuya actividad es
tuviese colocado el cuerpo. Keplero , Astró
nomo de gran mente, y de fantasía empasta
da de observaciones astronómicas , pretendió
perfeccionar el sistèma magnético de Gilber
to , hacerlo parte de la Astronomía física , y
por medio de él explicar la causa de la revo
lución de los planetas que él suponía hacerse
al rededor del Sol. «E ste, decia Keplero (i),
se
mas de ocho veces ; y en su Obra intitulada:
F rancisci Baconi Baronis de Verulamio phaenomena Universi , sive historia naturalis , et expe
rimentan s de ventis. Francof. ad Manum. 1664.
jo l. al fin de dicha Obra , columna 423 , dice:
Certissimum est corpus non nìsi d torpóre p a t i : nec
ullum Jieri motum localem , qui non solicitetur aut
d partibus , vel in continuo , vel in proximo , vel
saitem intra orbem a ctivita tis suae : itaque vires
magnéticas non inscite introduxit Gilbertus. V e
rulamio en la Obra : Novum organum scientiarum (de la edición citada) lib. 2. §. 36. col. 372.
habla del sistema de la atracción citando á Gilber
to , é infiere que por causa de la atracción terres
tre los cuerpos se atraían por la tierra tanto mas
fuertemente , quanto mas cercanos estaban á ella.
En el §. 46. col. 388. vuelve á hablar de la atrac
ción ó virtud magnética de la tierra y de la Luna.
(1 ) Astronomia nova car^AoyvTog , sen physi
ca
a l mundo V ianet año,
211
Causa del
según conjeturas físicas se infiere ser manan movimiento
tial del movimiento de los cinco planetas: es de los pla
muy verisímil, que en el Sol este también el netas según
manantial del movimiento de la tierra, como Keplero.
está el del movimiento de los otros cinco pla
netas. . . Todo cuerpo , anadia Keplero, es ap
to para estar inmoble en qualquiera sitio so
litario , en que se ponga fuera de la esfera de
la virtud de otro cuerpo. La gravedad es una Atracción
calidad corporal recíproca entre los cuerpos, de los cuer
tendente á su conjunción ( como sucede en la pos según
virtud magnética); y la tierra atrae mucho Keplero.
mas una piedra, que ésta atrae á la tierra. . .
Si dos piedras se colocáran en un sitio sepa
rado , que estuviera fuera de la esfera de la
actividad de otro cuerpo, las piedras , como
dos imanes se unirían en un mismo sitio , se
gún la ^proporción de su m ole; esto es, cada
una se acercaría á otra según la grandeza de
su mole. Si la tierra y la Luna por su virtud Atracción
animal, ú otra virtud equivalente no se con
recíproca
tuvieran en sus órbitas : la tierra por cincuen de la tierra
ta y quatro partes de su distancia subiría á la y de la Lu
Luna ; y ésta por cincuenta y tres partes^ de na según
su distancia baxaría á la tierra , en suposición, Keplero.
que ésta y la Luna fueran de una misma den
sidad. Si la tierra dexára de atraer á sí sus
aguas, las de los mares se levantarían y corre-
ca coelestis tr a dita commetitariis de motu stelU
M ariis , tlaborata Pragce a Jo. Jíejjlero 1609.
foU en la traducción , número 3. 8.
Gg 2
Via ge estático
rerían ácia la Luna.” Estos claros y funda
mentales principios del sistèma que hoy se lla
ma de atracción newtoniana , estableció Ke
plero en el 1609; mas él no supo reducirlos
á la práctica del cálculo astronómico , que
ciertamente no era difícil á quien habia esta
blecido las máximas fundamentales de la atrac
ción newtoniana. Keplero, oncéanos después
que habia publicado sus Comentarios sobre el
planeta Marte ( en los que pone las máxi
mas referidas ) , escribió ( como él mismo di
ce ) (1) el segundo tomo de su epítome de Astro212
( 1 ) Epitomes astronomía copernicance authore
Jo. Keplero. Lentiis ad Dannbium 1618. 8. Este
tomo contiene los tres primeros libros del epítome:
el lib. I V . se publicó en la dicha Ciudad el 1622
continuándose la enumeración de las páginas del
tomo primero. A l principio del libro I V . Keplero
en una epístola apologética dice , que once años
antes habia publicado los Comentarios sobre Mar
te : por lo que debió escribir el libro I V . en el
año 1620, y no en el 16 2 2 , en que falsamente
( quizá por yerro de impresión) se supone pu
blicado. E l tercer tomo del epítome ( que con
tiene los libros V . V I . y V I I . ) se publicó en
Francfort el año 1621 , continuándose la enume
ración de las páginas de los tomos antecedentes;
y en la epístola dedicatoria de dicho tercer tomo
Keplero dice , que un año antes habia publica
do el lib. I V . , por lo que se infiere que éste se
imprimió en el 1620 , y no en el 16 22.
a l mundo V ianet ario.
213
tronomía, en el que pone su doctrina de la
física celeste ; y desde luego protesta dicien
do (1): »Que fundaba toda su Astronomía en
las hipótesis de Copérnico sobre el mundo, en
las observaciones de Tico-Brahe, y en la Fi
losofía magnética del Inglés Guillermo G il—
berto.” Esta Filosofía de que Keplero se ena
moró demasiadamente, y de que hizo uso prác
tico para explicar la causa física del movi
miento de los planetas, impidió, á mi pare
cer , que él perfeccionáse su sistèma de mu
tua atracción entre los planetas : no obstante
merece , como confiesa Gregory (2), el elogio
de haber sido el Astrónomo que llegó casi á
tocar la invención de la verdadera física ce
leste. Esta hubiera aparecido con particular
perfección en tiempo de Keplero, si las máxi
mas de éste sobre la causa del movimiento de
los astros hubieran encontrado la aprobación
de G alileo, cuyo ingenio é instrucción astro
nómica eran capaces de nuevas é insignes pro
ducciones científicas. Mas Galileo por no dar
nuevos motivos de sospechosa adesion al sistè
ma astronómico de Copérnico , ó por otros fi
nes particulares , protestó (3) públicamente que
su
(1) En la epístola apologética del tomo se
gundo , p. 429.
(2) Davidis Gregory Astronomica ■physùce
elementa. Genevca 1726. 4. voi. 2. En el voi. 1.
lib. 1. prop. 70. 12$.
(3) Opere di Galileo Galilei divise in qnatro
to-
214
Via ge estático
su Filosofía era diversísima de la de Keplero;
y que aun sobre el movimiento de los astros
«sobre que uno y otro habían escrito, ape
nas de cien pensamientos se hallaría uno , en
que los dos' conviniesen/’ Galileo convino con
Keplero en adoptar el sistèma magnético de
Gilberto , de cuya Filosofía en los diálogos
del movimiento de la tierra habla así.
«¿Eres tú (i) uno de los que adoptan la
Filosofía magnética de Guillermo Gilberto ?
Ciertamente lo soy , y me parece tener por
compañeros á todos los que atentamente ha
brán leído su lib ro, y observado sus expe
riencias ; y no tendré dificultad en esperar,
que lo que me ha sucedido sobre este asunto,
te pudiera suceder á tí también , si una cu
riosidad semejante á la mia , y el conocer que
infinitas cosas quedan desconocidas al enten
dimiento humano, alargasen el freno á tu dis
curso , librandolo de la esclavitud de éste ó
de aquel Escritor naturalista ; y en tal caso
se ablandasen tu contumacia y la renitencia
de tu mente, de modo que ésta no se nega
se á oír tal vez voces no oídas jamás. Mas
( permítaseme esta expresión ) la pusilanimidad
de los ingenios vulgares ha llegado á tal pun
to,
tomi. Padova , 1744.4. En el tomo 2. p. $44.
Lettera al P. Micanzio , // 19 Novembre 1634.
(1) Galileo en el tomo I V . de la edición ci
tada. Dialoghi : giornata terza , sivt dialogo
terzo , n lim. 393. p. 285.
al mundo Vianetario.
215
to , que no solamente á ciegas ofrecen dones,
y aun tributos de su propio asenso á todo lo
que hayan escrito por Autores , que en la pri
mera infancia de sus estudios les fueron pro
puestos con alabanza por sus Maestros: sino
que rehúsan de oír ( no ya de examinar) qualquiera nueva proposición ó problema, aunque
no haya sido confutado , y ni aun exáminado , ni considerado por los dichos Autores : y
uno de tales problemas es el presente , que
se dirige á investigar qual sea la verdade
ra , propia , primitiva é interna y general
materia, ó substancia de nuestro globo ter
restre : y aunque ni á Aristóteles , ni á nin
guno otro antes que á Gilberto se haya ofre
cido el pensamiento de que dicha materia pue
da ser magnética ; y aunque tal opinión no se
haya impugnado por Aristóteles, ni por nin
gún otro, no obstante yo he discurrido con
muchos, que al oír hablar de tal asunto, se
asombran como un caballo; se vuelven atrás,
y huyen no queriendo discurrir de él, como
si fuese quimérico, y quizá el libro de Gil
berto no hubiera llegado á mis manos, si un
Filósofo peripatético de gran crédito , no me
lo hubiera regalado , y creo que me hizo el
regalo por librar de la peste á su librería.”
Prosigue Galileo elogiando la Filosofía de Gil
berto , mas sin exáminar la causa física del
movimiento de los astros que en ella se seña
la. De este exámen Galileo pudo abstenerse
por dos fines: el uno de temor al Tribunal
Romano de la Inquisición , que ya le habia
hecho séria admonición para que no promovie-
216
Via ge estático
viese el sistema del movimiento de la tierra,
que se supone y prueba en la Filosofía de Gil
berto ; y el otro fin pudo ser por no irritar
contra sí el furor de los Filósofos peripatéti
cos , que creían próximo á heregía religiosa
todo problema , que se oponía á su Filosofía
peripatética. Mas aunque Galileo no ilustró el
problema de la causa física del movimiento de
los astros , para ilustrarlo descubrió muchas
verdades , que en sus diálogos de mecánica
expone sobre el movimiento de los cuerpos
que caen.
La Filosofía de Gilberto, en orden á la
Opinion de
materia
magnética universal , agradó á Kir
Kircher so
cher
,
el
q u al, en la completa Obra que es
bre la atrac
cribió sobre la piedra imán (1), estableció que
ción.
en todos los cuerpos había quatro virtudes
magnéticas con que se atraían ó repelían , y
se asemejaban. De esta doctrina de Kircher se
podía y aun debía inferir el sistéma físico de
Keplero , que conjeturaba provenir el movi
miento de los astros de la gran virtud mag
nética del Sol : preveyó Kircher esta conseqiiencia , y porque él escribía en Rom a, en
donde el sistéma físico de Keplero y de Gil—
ber( 1 ) Atlianasii K ir cherii S. J . magnes , sive de arte magnetica opuscul. Rom# 1654. fol.
E n e l lib. 3. part. 2. cap. 1. p. 407. El Jesuíta
Grimaldi en su Obra de limine , que se citó antes,
(en el §. 4. ) en la prop. 6. n. 59. p. 73. se incli
na á creer que el orbe terrestre sea magnético.
al mundo Vianet ario,
2 17
berto se despreciaba como poco religioso, en
su dicha Obrase propuso (1) impugnar el sistéma físico que Keplero se imaginó , figurán
dose en el Sol una especie de virtud desco
nocida , ó algo semejante á la magnética, con
la que el mismo Sol diese vueltas sobre su
e x e , é hiciese mover los planetas al rededor
de él. Kircher , después de haber impugnado
el dicho sistéma , para satisfacer á la opinión
recelosa de los que abominaban de él como
irreligioso, lo juzgó digno de exercitar su in
genio exáminando y probando las siguientes
dudas (2). Primera: De la proporción de la
virtud magnética, con que los planetas se atrae
rían , según la opinión de Keplero. Segunda:
Que en la hipótesi de la atracción mutua de
los astros por su virtud magnética , y del mo
vimiento de la tierra atraída por el S o l, su
cederían ó se verían en éste y en la Luna los
mismos fenoménos, que se observarían en ca
so de estár inmoble la tierra , y de moverse
el Sol. Tercera: Que es ideable un artificio ó
mecanismo magnético , con que se represente
verificable la hipótesi del movimiento de la
tierra. En esta última duda Kircher propone
el
(1) Kircher en su Obra citada , lib, 3. part.
t . cap. I. sec. 2. p. 392. Antes en la sección pri
mera habia impugnado el sistéma de Gilberto so
bre el movimiento de la tierra.
(2) Kircher en la citada sección 2. §. único,
desde la p. 394 hasta la p. 406.
Parte I.
Hh
Cautela de
Kircher en
tratar de la
causa del
movimiento
de los pla
netas y de
la tierra.
218
V i age estático
el mecanismo práctico del movimiento de la
tierra , y dice así »De las cosas (i) expues
tas se infiere, que no hay en los planetas nin
gún movimiento tan intrincado, que no se pue
da representar con este artificio: lo que gus
tosamente demostraríamos , si la estrechéz del
tiempo lo permitiese ; mas para el ingenioso
Lector baste haber, propuesto un exemplo prác
tico.
En lo que hasta aquí te he expuesto , Cos
mopolita , descubrirás claras semillas de la idea
de la atracción , á que desde el principio del
siglo XVII algunos sabios atribuían ó supo
nían atribuibles los fenoménos del movimien
to de los astros, y de la caída de los cuer
pos sobre la tierra. Ten ahora la bondad ó
paciencia de oír la nueva perfección , que á
dicha idea de la atracción dieron otros sabios
del mismo siglo.
Pedro de Ferm at, insigne Matemático y
Jurisconsulto parlamentario de Tolosa, de quien
en el Jornal de los sabios, á 5 de Febrero de
1665, se anuncia la muerte , diciéndose, que
la mayor parte de su vida había habitado en
París y en Madrid, examinó con el mayor ri
gor geométrico los antiguos problemas de me
cánica , y en su exámen entre muchas verda
des nuevas encontró la siguiente, que referi
ré con las palabras de Castelli, amigo suyo,
que
(1 ) En la dicha sección , qiiestion 2. teor. 2.
probl. 1. consect. 1. p. 403.
al mundo Vianetario,
219
que dice a sí: »He (1) leído los sutilísimos pen Opinión de
samientos del Señor de Fermat sobre el cen Fermat so
bre la gra
tro de gravedad , y libremente confieso , que
vedad ó
me han parecido excelentes , y dignos de aquel
atracción.
sublime entendimiento. . . Y porque el Señor
de Beaugrand me ha dicho que ha demostra
do esta proposición ; conviene á saber , que el
mismo grave colocado en diversas distancias
del centro de la tierra pesaba desigualmente;
y que el peso era al peso , como la distancia
á la distancia desde el centro de la tierra; me
apliqué á pensar sobre esto , y me pareció ha
ber hallado entonces la demostración; mas ha
biéndoseme opuesto después algunas dificulta
des , me enfrié en esta especulación : me acuer
do de que entonces yo también inferí la misma
conseqüencia sacada por de Fermat; esto e s...
Que un grave baxando ácia la tierra va mu
dando su peso á cada momento.” Fermat co
municó sus nuevos descubrimientos á varios
Matemáticos , y entre estos á Pascal y á Roberval (que era profesor de matemáticas de
P arís); y en la respuesta de estos dos á Fer
mat á 16 de Agosto de 1636 se habla así de
las opiniones sobre la causa del peso de los
graves. »La común opinión, dicen (2) Pascal y
_______________________________ Ro(1) Varia opera mathematica D . Petri de
Fermat. Tolos¿e i 6yty.fol.jy. 20$. lettera del sig.
Benedetto Castelli abbate di Ferona.
(2) En la citada Obra de Fermat , lettre de
JVIrs. de P m ch a l, et de Roberval a M . de F er
mat , p. 124.
Hh 2
220
Opinion de
algunos Fí
sicos sobre
la atrac
ción.
Viage estático
R o b e rv a l, e s , que la pesadéz es una calidad
residente en el cuerpo que cae. Otros dicen
que la caída de los cuerpos proviene de la
atracción de otro cuerpo que les hace baxar;
como lo hace la tierra. Hay también otra opi
nión , no inverisím il, que defiende la atracción
mutua de los cuerpos, causada por una incli
nación natural que ellos tienen para unirse
juntamente , como se ve claramente en el hier
ro y en el imán ; de modo , que pudiendo acer
carse libremente dos cuerpos , el mas atraente hará menos camino. De estas tres causas
posibles de la pesadéz de los cuerpos se in
fieren conseqiiencias muy diferentes : porque si
la primera es verdadera, la razón natural nos
d icta, que el cuerpo en qualquiera distancia
de la tierra pesará siempre igualmente , tenien
do siempre en sí y en un mismo grado la mis
ma calidad que le hace pesar. . . . Si es ver
dadera la segunda opinión sobre la causa del
peso ó de la caída de los cuerpos , es fácil co
nocer, que'un cuerpo pesará tanto menos quanto él está mas cercano del centro del cuerpo
atraente.” Fermat, respondiendo á estas y otras
observaciones , que Pascal y Roberval hicieron
sobre sus problemas mecánicos, les dice (i):
»He logrado que me concedáis , que un grave
pesa menos á proporción que mas se acerca
( i) Lettre de M. de Fermat d Mrs. de Pas•(Jial, et Roberval, dn 23. Aoút. 1636. En la ci
tada Obra de Fermat , p. 131.
v
1
al mundo "Planetario.
221
á su centro , aunque es muy difícil determinar
la diferencia de estos pesos.”
Gregorio Fontana, Matemático de la im
perial Universidad de Pavía , en su discurso so
bre la teórica de los péndulos , impreso en Pa
vía en este año 179 1 , á la p. 16 , dice : » E l fa
moso Pedro Fermat parece haber sido el pri
mero que ha defendido, que en los cuerpos
terrestres la gravedad sigue en varios grados
de su intensidad la razón simple de las distan
cias desde el centro de la tierra : sobre esto
tuvo larga disputa con su docto amigo Roberval. Defendió Viviani esta opinión adoptada
por Borelli en orden á la gravedad del agua,
y confirmada con nuevos argumentos por los
famosos Jesuítas Dechales , Ceva y Saccherio.”
Estas reflexiones que se contienen en las
cartas que Ferm at, Pascal y Roberval se es
cribieron en el 16 3 6 , prueban, que á mitad
del siglo pasado se empezó á formar concep
to del sistéma de la atracción , que con sin
gular ingenio pretendió perfeccionar Borelli en
su teórica de los planetas Medíceos (ó saté
lites de Júpiter) , publicada en el ióóó. Montucla, en la historia de las matemáticas ( 1 ) , di
ce así: »Observemos también, que Alfonso Bo
relli en su teórica de los satélites de Júpiter
se vale de la atracción : yo digo esto, des
pués
( 1) Histoire des mathématiques -par M r.
Montucla. Paris. 1758. 4. vol. 2. en el volum. 2.
p a rt. 4. lib. 8. §. 1 2 . p . 540.
222
V ìage estatico
pues que lo ha dicho Weidler ; pues que no
me ha sido posible hallar la Obra de Borelli
para verificar esta observación ; mas yo me
inclino á creer lo contrario por lo que se in
fiere de otra Obra de Borelli en la que no es
nada partidario de la atracción ; mas la des
echa ( i ) , corno un principio poco conforme
á la buena física. Borelli hubiera mudado muy
Opinion de presto de opinion y de sistéma.,, Esto dice
Borelli so Montucla. Yo he leído , Cosmopolita, la Obra
bre la atrac de Borelli, que no logró ver Montucla , y en
ción.
ella no sin admiración de su ingenio halló ca
si todas las semillas del sistèma newtoniano
de la atracción. Borelli se propuso, como Ke
plero y Newton, descubrir la causa naturai
de los fenoménos de los astros : este fin su
yo indico en el título de (2) su Obra , so
bre los satélites de Júpiter, y con muchas
pruebas físicas y geométricas procuró demos( 1 ) Borelli no desecha la atracción en la Obra
que cita Montucla , y se intitula : D e motionibus naturalibus d g ra v ita te pendentibus líber.
Regio Ju lio . 1670. 4. En esta Obra Borelli des
de el principio supone , que es grave todo cuer
po terrestre , y supuesta esta gravedad , como
causa cierta , no vuelve á hablar de ella ; mas
solamente de sus efectos en el movimiento de los
graves en el ayre , agua , &c.
(2) Theoricee Mediceorum planetarum ex cau
sis physicis deducttf d Jo a n . Alphonso Borellio.
F lo r e n ti# , 1666.
al mundo Vianet ario.
223
mostrarlo mecánicamente en ella. Sería lar
go , y aun prolixo mi discurso, si yo te hu
biera de referir todas las proposiciones , prue
bas y reflexiones , que Borelli pone en di
cha Obra para establecer su sistéma astronómico-físico de la atracción. Evitaré la prolixidad , indicándote sus principales ideas. Bo
relli , en el capítulo primero de su Obra,
establece, como Newtón, la simplicidad (1)
de
(1) Porque docilmente se encuentra la Obra
de B o r e lli, notaré sus mismas expresiones. Cap.
i . p. 3. dice : Ex hoc primo principio , ac axiomate deduci potest naturarti scilicet ad omnia
sua muñera obeunda simplicissima semper, facilii
ma q ti e media adhibere , tandemque earn varietate non delectari , diversisque rationibus ope
randi , verìzm constanti semper perseverantia iisdem organis u t i , ac instrumentis , eademque me
todo, cum eftéctus inter se similes operatur. Hujus rei innumera propè dixerim exempla suppeterent. . . . Statuendum profecto videtur talium
errantium syderum { planet arum ) motus juxta
universalem , communemque omnibus regulam
absolví , quando certum , ratumque est, ut ostendimus , non variis naturam organis , sed iisdem similes effectus, functionesque perficere , et
operan. Id autem necessarium tantum videtur,
quo ad generaba quídam spectat symptomata,
non vero quo ad peculiares mensuras hujusmodi motuum , atque rationum operandi : verum
h#c iliis convenire sufficiat. Quod nunc majori
evi*
224
Via ge estático
de la naturaleza en obrar ; y que todos los
planetas se mueven en virtud de una misma
y común ley , sucediendo en ellos lo que se
advierte en los animales , plantas , & c. en que
son unas mismas las leyes de la naturaleza.
En el capítulo segundo establece ser mani
fiesto , que cada planeta primario ó secunda
rio rodea algún globo mundano, como á fuen
te de su virtud , el qual globo mundano de
tal modo retiene y une los planetas , que es
tos sean inseparables de é l , y con revolucio
nes circulares lo deban seguir á qualquiera par
te adonde vaya.” En los demás capítulos, has
ta el nono, Borelli considera la teórica de los
satélites de Júpiter : en el capítulo décimo in
vestiga y prueba ser elíptica la revolución de
los
evidentia confirmabimus , cum ex suis physicis
causis in dictis parvis planetis ( J o v is ) hujusmcdi agendi normas , ac instrumenta necessario reperiri deducemus. Interim nobis satis , superque
sit ex casterorum planetarum analogiis ipsos collegisse , inter quos , et medicea sydera esse debet nil discriminis. E n estas expresiones se leen
las tres reglas de Jilosofar , que New ton pone a l
principio del libro 3 de su Filosofía n a tu r a l, en el
que tra ta del sistèma del mundo. Después de di
chas reglas Newton propone los fenómenos de los
satélites de Júpiter ; y sobre la fuerza centrípe
ta de ellos establece la primera proposición de
dicho libro. Newton no pudo imitar tanto d B o
relli sin haber leído su Obra.
al mundo V ianet arlo.
225
los planetas ; y en el capítulo undécimo ex
plica largamente , y prueba la causa física del
movimiento elíptico de los planetas, y de su
mayor ó menor aceleración en determinados
puntos de su órbita ó carrera elíptica. Refie
re tres opiniones sobre la dicha causa física,
y adopta la que defiende la atracción , según
la qual explica el movimiento y otros fenoménos de los planetas primarios al rededor del
S o l, y de los planetas secundarios al rededor
de los primarios. Del sistéma de Borelli, en
que se lee (1) la doctrina fundamental del sis-
(1) H ¿ aquí algunas proposiciones de Bore
lli f que las prueba con demostraciones mecánicas.
E n el capítulo 11 citado , p. 47 , dice : »Supponentes id , quod videtur non posse negari , quod
scilicet planeta quemdam habent naturalem appetitum se uniendi cum mundano globo , quem
circumeunt, quodque revera contendant omni conatu ipsi appropinquare ; planeta? videlicet solí,
Medicea vero sydera Jovi. . . p.
cum videainus cursum cujuslibet planeta? nunquam accelerari , nisi cum soli propinquat ; ac eo magis,
quó magis vicinior fit : contra vero cum remotior
evadit , progrediatur inverso ordine. . . hoc supposito tanquam raro , atque perfecto dici posset,
quod cum sol sit veluti c o r, seu fons vitaüs motricis virtutis planetarum , quó magis ipsi plane
ta ejusmodi fonti approximanrur , eo majorem
energiam , ac vim ab ipso suscipiant, ac sortiantur majorem virtutem motricem ; ideoque sint
Parte /.
Ii
ap-
226
Vìage estàtico
téma newtoniano , habla claramente Hook sin
nomapta ad percurrenda loca soli propinqua majori
Ímpetu , ac celeritate per proprios orbes , quam.
percurrant loca ab ipso solé magis remota. . . .
p. 6o. His declaratis patet solem esse centrum systematis planetarum , et circa axem proprium ver
tí , ut ostendunt revolutiones macularum ejus; et
in tali vertigine solari radii ejus efficacissimi poterunt prolecto prensare, et impeliere corpora pla
netaria. . . p. 63. Nunc superest, ut ostendamus,
quomodo , et qua ratione motiva facultas, qua
in solé , vel in Jo v e reperitur , cum sit perpetuo
ejusdem gradus , et sibi ipsi uniformis , possit tamen modo majorem , modo minorem celeritatem
tribuere eidem planeta; , prout ipse magis , minusve propinquat , vel removetur á solé , vel á
Jo ve . Hoc autem facillimo negotio absolvetur ex
aliquibus principiis mechanicis , qua breviter recensebimus. . . p. 6$. Declarato igitur , quomo
do planeta; motus in diversis distantiis collocati á
globo mundano, quem circumambit , moveri potest diversis celeritatibns reciprocé proportionalibus ejusdem distantiis , jam superest demonstrandum , quomodo , et qua necessitate planeta se se
admoverint, removentque á globo mundano, quem
circumeunt, &c.” Todas estas proposiciones Borelli demuestra mecánicamente con exemplos p rá c
ticos ; y entre estos en la p . 70. pone uno p a r a ex
p lica r los fenómenos del movimiento que tendría
un cuerpo impelido de dos fu e r z a s , de las que una
siempre uniforme fuese análoga á la de g r a v e
dad,
al mundo Planetario .
22y
Sistèma de
nombrarlo, quando dice(:): »Yo explicaré
la atrac
un sistéma mundano bastante diferente délos
otros sistémas, y que se funda en las tres su ción según
Hook.
posiciones siguientes. La primera es, que to
dos los cuerpos celestes tienen una atracción
ó gravitación, con la que ellos tiran de los
otros cuerpos que están dentro de la esfera de
su actividad. La segunda es , que todos los
cuerpos que han recibido movimiento simple
y derecho , continúan á moverse por linea rec
ta , hasta que otra fuerza los obligue á des
cribir el círculo, la elipse ó una curva com
puesta. La tercera es , que las fuerzas atrac
tivas son tanto mas poderosas , quanto están
mas cerca de su centro los cuerpos en que
obran. De aquí proviene la proporción , se
gún
d a d , y la otra disminuyese igualmente. E ste sis
tema de JBorelli declarado con exemplos mecánicos
es claramente el sistéma mecánico de la a trac
ción , de que habla Hook. , cuyas palabras se ci
tarán inmediatamente. H ook disputó con N e w
ton ( dice Montucla citado p. 5 4 4 . ) , sobre las le
yes físico-astronómicas de Keplero antes del 1687,
en que N e w to n publicó su sistéma ; por lo que
éste debió tener noticia del sistéma de Borelli.
( 1 ) Roberto Hook , an attempt. to prove thè
motion o f the carth from observations , pág. 27.
de la edición del 1674. N o he visto esta Obra:
la citan La-Lande ( Astronomie , n. 3380. de don
de la he copiado ) y Montucla en su Obra citada,
Hb• 8. §. 9. p. 527.
228
Viage estático
gun la qual estas fuerzas obran y se disminuyen
aumentándose la distancia ( del cuerpo al cen
tro .) Confieso, que no he hallado aún esta
ley ; mas yo la propongo á los que la quie
ran hallar/'
Te he insinuado, Cosmopolita, las ideas
de los Filósofos y Matemáticos del siglo pa
sado sobre la atracción de los cuerpos: su re
lación ha sido prolixa ; y por esto quizá te
habrá provocado al enfado ó disgusto : tu bon
dad debe excusar el abuso que de tu pacien
cia he hecho con narración tan larga; que he
creído necesarísima para ilustrar en la histo
ria literaria un asunto que en ella merece par
ticular atención. La atracción en la Física y
Astronomía es punto mas general, que la gra
cia divina en la ciencia teológica ; por lo que
debiendo nosotros hacer continuamente en nues
tro viage observaciones físicas y astronómicas,
yo debía instruirte fundamentalmente sobre la
historia de la atracción , que merece el pri
mer lugar en la historia literaria , y en el es
tudio de la Física y Astronomía. Por esta mis
ma razón , que bastará para que tengas la bon
dad de oír sin disgusto otras reflexiones sobre
la atracción , debo continuar mi discurso , ha
ciéndote conocer que Newtón poquísimo tu
vo que hacer en dar al sistéma de la atrac
ción la poquísima perfección que le faltaba,
y que añadida por é l, le ha grangeado una
gloria y fama casi superiores á su mérito.
Para que tú mismo , Cosmopolita , seas
Juez del grado de perfección que Newtón dió
al sistéma , que ya halló casi formado sobre
la
a l mundo Planetario.
229
la atracción de los cuerpos , te reduciré á bre
ves y claras proposiciones las tres fundamen
tales máximas del sistéma newtoniano de la
atracción. Hélas aquí. La primera es , que to
dos los cuerpos se atraen mutuamente. La se
gunda e s, que la atracción de todos los cuer
pos es proporcional ó correspondiente á sus
masas ó materias; esto es , dos cuerpos de
igual masa se atraen igualmente ; y si uno de
ellos tiene al doble mas masa que el otro,
atraerá á éste con fuerzas dos veces mayores,
que la fuerza con que de este mismo será atraí
do. La tercera e s , que la ley de toda atrac
ción en obrar, es en razón inversa del quadrado de la distancia entre los cuerpos que se
atraen. Por exemplo : supongamos que el cuer
po A , distando dos leguas del cuerpo B!,
atrae á éste con una fuerza , que hagamos
igual á la unidad, ó la figuremos con el nú
mero 1. Si el cuerpo B dista del cuerpo A no
dos leguas sino tres r ¿quanta será la fuerza
con que el cuerpo A , en esta distancia ma
yor atraerá el cuerpo J9 ? La fuerza en este
caso se disminuirá tanto, quanto el quadrado
de la mayor distancia excede al quadrado de
la menor distancia. Esta era de dos leguas';
por lo que su quadrado será el número 4. La
distancia mayor se supone de tres leguas; por
lo que su quadrado será el número 9. Aho
ra , pues, la atracción del cueipo que atraía
al cuerpo B , en la distancia de dos leguas
era tanto mayor , que la atracción del cuer
po A , que atraía al cuerpo B , en la distan
cia de tres leguas , quanto el quadrado 9 es
ma-
Estado del
sistéma de
la atracción
antes que
Newton lo
publicase.
Proposicio
nes funda
mentales
del sistéma
de la atrac
ción.
230
Via ge estático
mayor que el quadrado 4 ; y por el contra
rio , la atracción en la distancia de tres le
guas es tanto menor , que la atracción en las
dos leguas, quanto el quadrado 4. es menor
que el quadrado 9. Esto se llama ser ú obrar
la atracción en la razón inversa del quadra
do de la distancia de los cuerpos que se atraen.
Estas tres máximas, que como te he di
Las dichas
proposicio cho son las fundamentales del sistéma newto
nes se cono niano de la atracción , se conocian casi cla
cían en la ramente en el año 16 7 4 , como facilmente tú
Filosofía
mismo lo inferirás , Cosmopolita , cotejándo
antes que
Newtón pu- las con la noticia, que te he dado de las ideas,
que en el siglo pasado se tenían de la atrac
blicáse su
ción. La primera máxima, que suponía la atrac
sistéma ación en todos los cuerpos , se halla claramen
fracciona
rio.
te en las Obras citadas de G ilb erto, Keplero,
Galileo y Fermat ; y principalmente en las de
Autores que Kircher (que suponía la atracción en toda ma
enseñaron
teria terrestre y celeste) y de Hook. Todos
la primera
estos Autores suponían también, que la atrac
y segunda
ción era proporcional ó correspondiente á la
proposi
masa de los cuerpos ; como se dice en la se
ción.
gunda máxima del sistéma de Newton.
Queda por cotejar la tercera máxima del
sistéma newtoniano, en la que se d ic e , que
la atracción de dos cuerpos obra en razón in
versa de los quadrados de las diversas dis
tancias en que se hallan. Esta ley de la atrac
ción en obrar , según Dutem s, citado p o r(i)
La-
(1)
La-Lande , Astronomie , tt. 3381«
a l mundo Vianet ario.
231
La-Lande , fué conocida por Pitágoras. Supon
gamos dudosa esta noticia de que no tenemos
necesidad para hacer el cotéjo ; pues que Newtón sin haber meditado ó adivinado lo que Pitá
goras pensó sobre la atracción , ciertamente (1)
leyó lo que sobre ella habían escrito Gilber
to , Keplero , Galileo , Verulamio, Roberval,
Ferm at, Hook y otros insignes Físicos, cuyas
Obras en tiempo de Newtón llamaban la aten
ción y curiosidad de los primeros Matemáti
cos. Antes de la mitad del siglo pasado, Ro
berval , Fermat y Castelli, como te dixe an
tes , infirieron ó conjeturaron , que el peso de
los graves variaba á proporción, que ellos
distaban mas ó menos de su centro ; y que es
ta verdad se inferia en el sistéma de atraer
se mutuamente los cuerpos. Hé aquí, Cosmo
polita , el primer indicio de la ley , con que
la
( 1 ) Newtón para escribir su Obra de los prin
cipios matemáticos de la Filosofía natural leyó
muchos Autores , pero cita pocos ; y aun en la
segunda edición de dicha Obra , quitó el nom
bre de algunos que en la primera habia citado;
por exemplo en la primera edición , intitulada:
Philosophi¿e naturalis principia mathematica au
tora Is. Newtón , Londini 1687. 4 - db. 3. prop. 4.
p. 406. cita á K ircher: prop. 8. cor. 2. p. 414. ci
ta á Keplero , Riccioli , &c. y omitió la cita de
estos Autores en la edición segunda , que con el
título antecedente se publicó : Secunda editio auctior , et emendatior. Ca 7itabrigi¿e , 1713. 4.
232
Viage estático
la atracción obra en diversas distancias. Hook
en el 1674 hace mención de la mayor ó me
nor fuerza de la atracción en diversas distan
cias de los cuerpos atraentes , y confiesa que
no había hallado aún la ley ó proporción, con
que se variaba la fuerza de la atracción. Es
ta ley fué la que, como nota La-Lande, Newtón se propuso buscar; y para haberla halla
d o , bastó que tuviese, como en efecto tuvo,
el ofrecimiento de aplicar á la atracción la
Observacio ley , que Galileo por cálculo., y Riccioli por
nes de Ga experiencia habían descubierto sobre el movi
lileo y Ric miento en la caída de los cuerpos provenien
cioli sobre
te de su gravedad. Galileo, de cuyos descu
la caída de
brimientos
sobre el movimiento de los graves
los graves.
en su caída Newtón hace mención al princi
pio de su Filosofía natural, demostró, que los
espacios corridos por un grave cayendo eran
como los quadrados (1) de los tiempos que tarda( 1 ) L a razón que los espacios corridos por un
grave tienen con el tiempo que éste tarda en caer,
se demostró por Galileo en su diálogo de mecá
nica , núm. 685. p. 99. del tomo 3 de la edición
citada. Estos diálogos dedicó Galileo en el 1638
al Conde de Noailles , que los hizo imprimir en
Holanda por los Elzevires , como él mismo insi
núa en la Dedicatoria. Riccioli dice , que antes
de haber visto el diálogo segundo de Galileo del
sistéma del mundo , habia hecho en el 164$ sus
experiencias sobre el movimiento de los graves
al caer. E l dicho diálogo , según se publicó an
tes
al mundo Vianetario.
233
daban en caer (1); y Newtón aplicando esta
leytes , que los diálogos de mecánica , los que tar
daría Riccioli en ver por qué se habían impreso
en Holanda , y él escribía en Bolonia. Riccioli
dice , que hizo sus experiencias en cinco torres
de Bolonia , á las que asistieron algunos Jesuí
tas que nombra , y entre ellos Francisco María
Grirnaldi , de cuya famosa Obra sobre la luz y
colores (citada en la pág. 8 1 ) Newtón mucho
se aprovechó para formar su sistéma de colores:
Riccioli pone sus experiencias sobre el movimien
to de los graves en el caer en el tomo i . de su
Almagesto ( de la edición citada en la pág. 74,
lib. 2. cap. 21. pág. 89. Estas noticias pueden
servir para fixar en la historia literaria de la
física la época , y los Autores del descubrimien
to de una de las mas interesantes leyes de me
cánica.
(1) H é aquí el resultado práctico de movi
miento de los graves en su caída. U11 cuerpo dexado caer desde lo mas alto de la torre Asinelli
de Bolonia (en que Riccioli hizo sus experien
cias , y que tiene de alto 21 pértigas menos tres
pies : cada pértiga consta de quince pies roma
nos ) , al fin del primer minuto segundo había ¿-orrido ó baxado una pértiga : al fin del segundo
minuto habia baxado ó corrido 4 pértigas : al fin
del tercer minuto habia baxado 9 pértigas: al fin
del quarto minuto habia baxado 16 pértigas; y
al principio del quinto minuto llegó al suelo. Se
gún esta experiencia se infiere , que los espacios
V aríe I .
Kk
de
234
Viage estático
ley (i) al movimiento de la Luna , infirió, que
la fuerza de la atracción, con que ésta se
atraía por la tierra , era en razón inversa del
quadrado de su distancia hasta la tierra. Si
Galileo y R iccioli, que eran Astrónomos ,
hubieran aplicado al movimiento de la Lu
na ú de otro planeta la dicha ley que ha
bían hallado conforme á las experiencias de
los cuerpos terrestres, la atracción hubiera apa
recido con toda perfección en su tiempo : por
lo que con razón nota La-Lande (2) , que al
fin del siglo pasado los Géometras hubieran
descubierto sin gran dificultad la ley de la
atracción. A la verdad, si el sistèma de la
atracción no se hubiera descubierto aún , y se
publicára la relación que te he hecho de la sè
rie y combinación de opiniones sobre ella , des
de el 1600 hasta el 1674, no sería difícil que
algún Físico, leyendo esta relación , formara
facilmente el dicho sistèma. La relación que
yo te he hecho, se pudo hacer en el 1687,
en que Newton publicó su sistèma ; pues que
en ella te he citado solamente las opiniones
publicadas antes del 1675 ; y Newton leyén
dolas , pudo en su idea combinar las noticias
his4
de 1 , 4 , 9 , 1 6 pértigas , baxados al fin de cada
uno de los minutos segundos 1 , 2 , 3 , 4 , indi
can los quadrados de estos números de tiempo.
(1) Newtón aplicó dicha ley en la proposi
ción 4 del libro 3 de su Filosofía natural.
(2) La-Lande , Astronomía , n. 3381.
al mundo Vianet ario.
235
históricas que has oído sobre el origen y los
progresos del sistéma de la ^tracción.
§.
XI .
B rev es reflexiones sobre la verificación de
las leyes de la atracción en los cuerpos
terrestres .
E he referido, Cosmopolita, la historia de
la atracción desde su concepción moder
na ( no he hablado de la antigua en tiempo
de Pitágoras) en el 1600, en que apareció la
Filosofía magnética de Gilberto, hasta su pú
blico nacimiento en el 1687 , en que Newtón
publicó el sistéma de la atracción en los prin
cipios matemáticos de su Filosofía natural. Si
consideramos la atracción, como un feto , des
de su concepción hasta su nacimiento, deberémos decir , que la concibieron muchos Fi
lósofos , y uno so lo , que fué Newtón , la pa
rió. Desde la concepción hasta el público par
to pasaron 87 años: si la duración de su vi
da correspondiere al gran tiempo que ella ha
estado formándose hasta salir á luz , conven
drá d ecir, que por centenares y aun millares
de años los Físicos y Matemáticos hablarán
de atracción , como los Filósofos antiguos han
hablado de formas y accidentes peripatéticos.
N o me persuado yo , que la atracción vivirá
tanto como el peripatetísmo ; pues que los Fi
lósofos modernos no se despojan de la razón,
como hacian los antiguos, para regalarla resKk2
pe-
T
Épocas de
tiempos en
que se for
mó y publi
có el sisté
ma de la a traccion.
El sistéma
de la atrac
ción no flo
recerá por
tanto tiem
po como el
peripatetís
mo.
236
Viage estático
petosamente , 11 ofrecerla , como tributo de es
clavitud á Aristóteles. El gran tiempo que pa
só entre la concepción y el nacimiento de la
atracción, puede dar motivo para conjeturar,
que su formación ha debido ser algo mons
truosa ; y tal la empiezan á pintar algunos de
los mas ilustres atraccionistas del presente siglo.
Te insinuaré las reflexiones de algunos , sin
perjuicio de' otras muchas que yo deberé ha
cer en nuestro viage, para demostrarte prác
ticamente la verisimilitud ó inverisimilitud del
sistéma newtoniano de la atracción. Te dixe
antes, que ésta en la Física y Astronomía es
mas universal que la gracia en el estudio teo
lógico ; por tanto, pocos fenoménos celestes
podremos observar sin tener necesidad de ha
blar de la atracción. Esta previsión me obli
ga á instruirte bien en las razones que hay en
favor y en contra del sistéma atraccionario:
por lo que espero , que no te sea molesta la
continuación de mi discurso sobre la atrac
ción.
Newtón reduxo á simple y claro orden las
pocas leyes de ésta , y aplicándolas al movi
miento de los planetas por una curva, que los
Matemáticos llaman elipse ú o v a l; y al mo
vimiento de los cometas por una curva , que
los Matemáticos llaman parábola, y parece ser
la curva (1) que describe qualquiera piedra
que
(1)
Huyghens y Leibnitz dicen ser logarítmi
ca
al mundo 'Planetario.
237
que se arroja le x o s, pretendió simplificar el co
nocimiento del simple obrar de toda la natu
raleza ; y para prueba de su sistèma atraccionario se contentó con verificarlo según su pa
recer con los fenoménos de los planeos y co
metas. Buscó en el Cielo las pruebas Newton,
que escribía en la tierra , en la que no las en
contraba tan favorables como deseaba ; y si
las hubiera encontrado, hubiera temido aún
la censura de la gente vulgar; pues que ésta
sería capaz de entender la probabilidad ó im
probabilidad de su sistèma. E l , pues, ha te
nido la fortuna de que se apruebe por los sa
bios modernos su pretensión de verificarse su
sistèma en el Cielo , adonde ningún terrícola
La atrac
puede venir con compases y telescopios para ción new
exáminar su verificación. Parece que Newton toniana es
temió' de no hallar perfectamente verificable mas físicoen el Cielo su sistèma ; pues que , como di celeste, que
físico-ter
ce el sublime Eulero ( 1 ) , causa no poca ma
restre.
ravilla , que él no haya inferido de su sistè
ma
ca la curva que conviene mejor al rumbo ó ca
mino de la bomba , ó de una piedra arrojada. El
P. Castel ( Veritable systeme de Newton anal. 2.
§• 9-) pretende demostrar que la dicha curva es
céntrica , ó curva que termina en el centro : lo
que no conviene al círculo , ni á la elipse , ni á
la parábola.
(1 ) The orla motus luna , auctore L . E ulero,
Impensis Academia Petropolitana 1753. 4. Introductio
5.
238
V i age estático
ma atraccionario el movimiento del apogéo lu
nar , y que lo haya determinado , valiéndose
solamente de las observaciones. El haber Newtón omitido esta verificación es indicio no equí
voco de no haber él hallado conforme á su
sistéma el movimiento del apogéo lunar. Le
era facilísimo haber inferido este movimiento
de su doctrina sobre el movimiento de los áp
sides lunares ; mas en tal caso resultaba de 20
grados el anual movimiento del apogéo lunar,
el qual movimiento, según todas las observa
ciones es de 40 grados. En éste y otros fenoménos celestes que Newtón no quiso ó no
pudo verificar , dexó grandes materiales para
que con fuego perpetuo se alambicasen los celebros de los Físicos y Astrónomos. En otras
ocasiones deberé discurrir de la gran dificul
tad que hay en combinar algunos fenoménos
celestes con el sistéma de la atracción , por
lo que ahora solamente te hablaré de la com
binación de éste con los fenoménos terrestres.
Después que los Físicos admiraron la com
binación aparente del sistéma atraccionario con
los fenoménos celestes, se humillaron para
combinarlo con los terrestres : hé aquí que en
tonces algunos de ellos se aturdieron al ad
vertir , que las leyes de la atracción terrestre
no convenían con las de la atracción celeste,
En la física y muchos Físicos casi se embrollaron en sus
se suelen
ideas al observar, que buscando ellos en los
sujetar las
cuerpos terrestres la atracción, hallaban la re
leyes natu
pulsión.
Este segundo fenoméno Newtón pre
rales al cál
culo alge tendió explicar, algebraizando la naturaleza.
Por algebraizar la naturaleza , yo entiendo,
braico.
Cos-
al mundo Vianet ario.
239
Cosm opolita, sujetar ésta al álgebra , ó supo
ner en ella las ficciones (1) que el Algebrista
hace para formar sus cálculos. Debes saber que
en estos él distingue cantidades positivas y ne
gativas , fundándose en la siguiente idea. Su
pongamos, dice, la unidad, fundamento ó prin
cipio de las cantidades positivas : debaxo de
la unidad está el cero , que significa nada ; y
debaxo de la nada ó del cero está la unidad
n egativa, que es principio de las cantidades
negativas. Según esta teórica algebráica Newtón dixo (2): «Como en el álgebra las cantida
des negativas empiezan en el punto en que
se desaparecen las afirmativas; así en la me
cánica , la virtud repulsiva debe aparecer
en el punto en que la atracción llega á ce
sar.” En esta expresión Newtón nos dice , que
la atracción degenera en repulsión ; ó que la
virtud atractiva tiene sus determinados límites,
desde los quales se convierte en virtud repul
siva. Según este modo de pensar, parece que
los cuerpos en la naturaleza forman un con
certado b a y le, en que baylan estando ellos
enfrente unas veces , y otras de espaldas ; ó
en que se quieren abrazar unas veces , y otras
dar(1) Sobre las ficciones algebráicas introduci
das en el sistema de la atracción trata ingeniosa
mente el Señor Cardenal Gerdil en sn tomo I V
citado: Disertación de la atracción, §. 1. pági
na. 225.
(2) Newtón , en su óptica , lib. 3. q. 31.
Salto in
creíble que
da la natu
raleza , se
gún los F í
sicos mo
dernos.
240
Viage estático
darse empujones. Esta danza de atracción y
repulsión entre los puntos de materia de todo
cuerpo terrestre, se supone hoy induvitable.
Boscovich , llamado segundo Newtón, ha pre
Sistema
atracciona- tendido darle el orden mas concertado , pro
rio de Bos- poniéndolo en una simple curva algebraica,
en que ingeniosamente se representan á la fan
covich.
tasía y á la vista corporal las cantidades po
sitivas y negativas , ó la atracción y repulsión
de todos los puntos de materia , y los límites
en que se contienen su virtud atractiva y su
virtud repulsiva. En el 1748 Boscovich publi
có el Ensayo (1) de su nuevo sistéma , del que
un ilustre sabio, á quien respéto no menos
por su gran doctrina y piedad , que por su
dignidad cardenalicia , habla así: »Uno (2) de
los
( 1 ) En el 1748 Boscovich publicó la diserta
ción de lumine , en la que , como en las que succesivamente publicó en el 17$4 áe lege continuitatis : en el 1755 de lege virium in natura, existentium ; y en el 1757 de divisibilit at e materia,
et principiis corporum , publicó las iundamentales ideas de su nueva hipótesi , la qual perfec
cionada publicó con el titulo : Philosophia naturalis theoria , redacta ad unicam legem virium in
natura existentium , auctore Rogerio Josepho Bos
covich S. I. Vienna ¿Austria 1758* 4 *
(2) Delle ogere dell' Emin. Sig. Cardinale
Giacinto Sigismondo G e r d il, della Congregazione
de' Cherici Regolari di S. Paolo, tomo quarto.
Bologna 1789. 4. En este tomo se halla reimpre-
al mundo "Planetario,
241
los mas célebres Matemáticos de nuestro siglo,
cuyo genio y profundo conocimiento apreció
infinitamente, ha propuesto una nueva hipó
tesi sobre la manera de obrar las atracciones
y repulsiones , en la que la dificultad propues
ta en el artículo antecedente (ó contra el sistéma newtoniano) no tiene lu gar; mas tal hi
pótesi , aunque muy ingeniosa, me parece ex
puesta á dificultades no menos considerables
que la newtoniana.” Boscovich teniendo pre
sentes éstas y otras dificultades propuestas con
tra el ensayo de su nueva hipótesi, la pu
blicó con nueva perfección, hallándose en Viena en 1758. La han abrazado no pocos Físi
cos, y entre estos Mako y H orvat, cuyos cur
sos filosóficos parecen ser para uso de las es
cuelas los mas idóneos de quantos hasta aho
ra se han publicado, según mis noticias. A la
hipótesi boscovichiana no se puede negar la
sepresa la disertación , que en lengua francesa antes
del 1758 habia publicado el Autor sobre la in
compatibilidad de la atracción , y de sus leyes
con los fenómenos naturales. En esta disertación,
que empieza desde la p. 203 , el Autor en el §. 1.
n. $. p. 216. habla de Boscovich sin nombrarlo,
y cita solamente su disertación de lumine , para
impugnar la nueva hipótesi. En el dicho tomo
quarto se impugnan también las leyes de la atrac
ción en dos disertaciones que en él se contienen,
y tratan de los tubos capilares , y de la coesion
de los emisferios de Magdeburg.
Pa rte I.
L1
Crítica del
Señor Car
denal G erdil sobre la
atracción.
242
Crítica de
Bernoulli.
Viage estático
scducente facilidad, con que según ella se ex
plican la coesion , separación , fermentación,
y demás fenómenos naturales ó químicos, y
la solución no incongruente, que se da á no
pocas dificultades que sobre la atracción ce
leste se oponían á la hipótesi newtoniana.
Contra ésta principalmente han escrito al
gunos Físicos, cuyas objeciones buenas y ma
las recogió Cominale. Las objeciones que con
tra la calidad de las leyes de la atracción new
toniana en los cuerpos terrestres ha publicado
el Señor Cardenal Gerdil (de quien antes ha
blé sin nombrarlo ) , son de gran peso. Ber
noulli dió fundamento (1) á tales objeciones
notando, que si todo punto de materia es atrac
tivo , la fuerza de la atracción en los cuerpos
debía obrar como los cubos, y no como los
quadrados de sus distancias. »Esta dificultad,
dice (2) Montucla , renovada por un hábil An
tagonista de la atracción ( éste es el Señor Carde(1 ) Joannis Bernoulli opera omnia. L a u sa n
n e , et G eneve 1742. 4. vol. 4. En el volumen 3.
E s s a i ci’ une nouvelle physique celeste , §. 42. p .
299. En este ensayo ó tratado Bernoulli impug
na el sistema de la atracción. Lo impugna tam
bién en el tratado : Nouvelles penses sur le sys
tème de A ir . D es-C a rtes , §. 8. p. 137. del vo
lumen citado.
(2) Montucla en su historia de las Matemá
ticas (citada en la pág. 221 ) , vol. 2 . p . 4. lib. 8.
§. 12. f . 550.
al mundo Vianet ario,
243
Reflexión
denal Gerdil) sería efectivamente eficacísima,
de Mon—
y puede ser indisoluble , si los efectos suce
tuda sobre
den , como estos Autores suponen.. . Bastará
la crítica
notar las objeciones mas eficaces, y mejor del Sr. Car
fundadas de este Autor en su Obra , la qual, denal Ger
por la naturaleza de ellas, como por las mi dil.
ras del Autor, merece ser analizada por algún
excelente newtoniano.” No sé, que hasta aho
ra á las dichas objeciones se haya dado por
algún newtoniano solución congruente : conje
turo, que generalmente se reconocen por efi
caces , pues que un moderno é ilustre newto
niano (t) confiesa sin ninguna repugnancia la
Juicio de
conjetura de obrar la atracción terrestre en La-Lande
razón inversa del cubo de las distancias de los sobre las le
cuerpos que se atraen. Esta confesión, que es yes de la
fenoméno raro en un atraccionista , se oiría atracción.
mas comunmente entre los Físicos, si los ter
rícolas no tuvieran la freqüente desgracia de
abandonarse á la dirección de aquel espíri
tu parcial que reyna en los Autores sistemá
ticos.
Puede ser , Cosmopolita , que los sistémas
sean necesarios para ilustrar algunos ramos de
las
( 1 ) La-Lande hace la dicha confesión en su
Astronomía , núm. 3401 , en donde dice : »Es
verdadero que se ha conjeturado en los cuerpos
terrestres una atracción en razón inversa del cu
bo de las distancias; mas esto no hace á mi asun
to.”
L1 2
244
V i age estático
las ciencias , tanto profanas, como sagradas;
mas á mi parecer es cosa cierta , que ellos en
todos tiempos han hecho prevaricar la men
te humana. Este daño de los sistémas es mas
Carácter de cierto que su necesidad para ilustrar las cien
la utilidad
cias. No sin admiración y casi con compasión
ó inutilidad el crítico puede leer algunas Obras sistemáticas
de los sistéde Autores, en las que ellos , inspirados del fa
mas físicos.
natismo sistemático , llegan á renunciar á la
razón natural, y á contradecir á sus prime
ras y mas claras máximas. Este vicio es co
mún al Teólogo y Físico-sistemáticos , y en
la Teología, porque se trata de cosas insen
sibles , suele ser mayor que en la Física. En
la Teología oirás, por exemplo, que por al
Sistemas es
gunos llegan á defenderse, que un indivisible
peculativos
de la Teolo acto de la voluntad del hombre es libre y ne
cesario juntamente : es libre , dicen algunos
gía.
Teólogos , porque procede de la voluntad hu
mana , libre en el obrar ; y es necesario , por
que procede necesariamente de la gracia efi
cazmente productiva de él. Ved aquí, cómo
estos Teólogos trasladan á los objetos las ideas
peripatéticas que tienen en su fantasía; y con
esta traslación se fingen existente la monstruo
sidad de un acto indivisible , que sea libre y
necesario. El Físico no concederá jamás, que
sea corvo y derecho al mismo tiempo el mo
vimiento de un cuerpo impelido por dos agen
tes , de los que uno tenga movimiento corvo,
y el otro tenga movimiento derecho. Conce
derá que de dos movimientos, uno corvo y
otro derecho, pueda provenir un tercer mo-
al mundo Vianetario.
24$
vimiento ; mas sin renunciar á la razón , no
concederá que este tercer movimiento sea jun
tamente corvo y derecho : ciertamente repug
nan tanto la libertad y necesidad en un acto
mental , como la corvadura y derechura en
un mismo movimiento. Estas y otras repug
nancias naturales y metafísicas la mente sis
temática no advierte ; y por esto, con el es La preocu
tudio de sistemas se llena y empasta en preo pación es
cupaciones , que son peores que la ignorancia. peor que la
¿Quién no se compadece de la mente ilusa de ignorancia.
aquellos Físicos Peripatéticos , que con el sis
tèma de aborrecer la naturaleza el vacío, al
ver subir el agua sobre su natural nivél por Física má
de los
algún canal, se figuraban que esta subida era gica
peripatéti
efecto de una virtud mágica ó encantadora de cos.
la naturaleza ? El mismo sistèma les hacía dis
paratar , concediendo que en la rarefacción del
ayre , agua, &c. un punto de materia ocupa
ba millones de puntos de espacio. Estas pro
posiciones, tan absurdas y repugnantes á los
primeros principios de razón , se proferian en
público , se defendían con ciega tenacidad , y
se pretendían probar con razones sólidas. A
imitación ó semejanza de los exemplos que te
he puesto, Cosmopolita, sobre los sistémas teo
lógicos y físicos, podría ponerte otros sobre
los sistémas eclesiásticos y civiles ; porque no
hay ciencia, en que si por sistèma se hacen
los discursos humanos, no entre la preocupa
ción en lugar de la razón.
A este asunto un moderno, tratando del
sistèma de la atracción , habla así: »?Sería jus
to que triunfáse el hermoso é incomparable sisté-
246
Viage estático
téma (1). Mas para decir la verdad, yo no creo
que el sistéma de la atracción pueda ser fru
to del conocimiento y de la sabiduría huma
Efecto de la na. Los miserables perjuicios desvelan la mas
preocupa— sana Filosofía, y se oponen casi siempre á la
cion.
fortuna de los buenos descubrimientos. Yo es
toy persuadido, por exemplo , á que si el viage á los polos , para descubrir la figura del
orbe terrestre , lo hubieran hecho hombres sin
preocupaciones, en lugar de encontrar que la
tierra tenia figura de naranja , hubieran podi
do hallar que era de figura de limón. La per
sona medrosa que entra en un sitio obscuro,
luego empieza á ver fantasmas que le pinta su
miedo ; así al Físico, que ha adoptado un sistéma , en todos los efectos naturales que ob
serva , su fantasía sistemática pinta ó repre
senta ideas alusivas solamente á su sistéma.”
s. XII.
Amussement physique sur le systeme de
Neivton. París 1760. 8. p. 84. En el privilegio
Real para la impresión de esta Obra se dice , que
su Autor anónimo es el Jesuíta D.
al mundo Vianetario,
24^
§. X I I .
jQuietud del Sol según el sistèma de la atrac
ción. Reflexiones y observaciones que obli
gan á dudar de la quietud del Sol.
Asta aquí, Cosmopolita, he dado á tu
razón pasto, quizá un poco desabrido ó
seco, con la especulativa explicación de la
naturaleza , y de las leyes de la atracción de
toda materia ; ahora quiero darlo á tu fanta
sía un poco gustoso, proponiéndole , como en
pintura , los efectos prácticos de la atracción
en los planetas, todos los quales , excepto el
Sol, en virtud de ella deben moverse al rede
dor de éste , haciéndole perpetuamente la cor
te , como á su Soberano, con incesantes mo
vimientos corvos. En este cortejo ó danza los
atraccionistas consideran ó contemplan enme
dio de ella al Sol inmoble pur su magestad; y
por su virtud' atractiva lo hacen director del
bayle de los demás planetas al rededor de él.
El orbe terrestre bayla también como todos
estos ; y si por ventura en algún tiempo llega
á hacer una cabriola 6 dar un salto , se pue
de temer, que entonces sacuda de sí á los ter
rícolas, y estos se vean danzando en el ayre.
Mas dexemos , Cosmopolita , estos pensamien
tos chistosos, dirigidos únicamente para avi
var tu fantasía , de cuya actividad necesita
rás para entender bien los discursos que te ha
ré inmediatamente sobre el sistèma ó mecav
nís-
H
248
Qué se en
tiende por
sistema pu
ramente as
tronómico.
Victge estático
nísmo de los que comunmente se llaman Cie
los ó espacios, en que están los astros, ya fixos, llamados estrellas ; y ya errantes , lla
mados planetas ( del nombre griego planetest
que significa errante, vagante).
Estos astros son materia de la Astronomía,
y objeto de las observaciones de los Astróno
mos , los quales llaman puramente astronómi
co á aquel sistéma , en el que se combinan ó
representan la quietud de los astros fixos ó
estrellas , y el movimiento de los planetas de
un m odo, que la representación corresponda
á lo que por la observación visual nota y ad
vierte el Astrónomo en los astros. Con un
exemplo práctico de dos opiniones diversas te
haré entender claramente lo que es sistéma
puramente Astronómico. Habrás oído decir,
que casi todos los Astrónomos antiguos suponian inmoble el orbe terrestre , y que los pla
netas ( esto es la Luna , Marte , el Sol, Mer
curio , Venus, Júpiter y Saturno) se movían
al rededor de él. Esta suposición conviene con
lo que aparece á la vista de Tos terrícolas;
pues que á estos parece que está quieta su tier
ra , y que al rededor de ella se mueven los
planetas. Los Astrónomos modernos siguiendo
la opinión de Copérnico dicen, que la Luna
se mueve al rededor del orbe terrestre , y que
éste, y los demás planetas se mueven al re
dedor del Sol. Hé aquí dos sistémas ú opinio
nes diversas sobre el mecanismo de los pla
netas : El primer sistéma conviene con la apa
riencia visual de los astros , y el segundo no:
no obstante los dos sistémas, se pueden y de-
al mundo Planetario.
249
ben llamar puramente astronómicos, porque
de los dos se infieren los mismos resultados
en orden á los eclipses , á la determinación de
los dias, meses, años, &c. Para estos resul
tados es accidental , que la tierra se mueva
ó esté quieta.
Has oído la explicación práctica de lo que
se llama sistèma puramente astronómico : oye
ahora la explicación de lo que se entiende por
sistèma astronómico-físico. La denominación
de fisico se da á un sistèma astronómico, quan
do el movimiento ó la quietud , que en él se
dan á los astros t se prueban conformes á las
leyes que conocemos en la naturaleza. Los
Filósofos antiguos decían, que los planetas se
movían al rededor de la tierra quieta ; y si
se les preguntaba , por qué la tierra está quie
ta ; por qué al rededor de ella se mueven los
planetas ; por qué estos no se mueven al re
dedor del Sol, &cc. Ellos nada respondían , ó
solamente los mas religiosos decian , porque
así lo ha dispuesto el Supremo Hacedor. Los
Filósofos modernos que defienden moverse la
tierra con los demás planetas al rededor del
Sol, juzgan indigno de la Filosofía un siste
ma , de cuyos fenoménos no se pueda hallar
el por qué físico , ó la causa natural. El sis
tèma planetario , dicen estos Filósofos , es un
relox hecho por el Supremo Artífice , que nos
hace patente su mecanismo ; por tanto , co
mo en el mecanismo de los reloxes horarios
que hacen los terrícolas , se señalan la rue
da , el rodete y el muelle, de donde provie
nen el movimiento », y la succesiva comuniParte I.
Mm
ca-
Sistéma físico^astronómico.
250
Viage estático
cacion á las demás ruedas, rodetes y muelles;
así en el gran relox del sistèma planetario se
deben señalar el principio , los medios y el
fin del movimiento en unos astros , y de la
quietud en otros; y el-sistéma, en que se ló
gre señalar la causa, comunicación y progre
sión del movimiento ó de la quietud en los
astros , será el verdadero sistèma astronómico-físico.
Estas ideas y pretensiones, Cosmopolita,
Ideas seduaunque
aparentemente arrogantes y presuntuo
centes de
sas
,
porque
parecen dirigirse á ;querer tras
los físicosmodernos.
gredir los límites de la ciencia humana, y
casi entrar en los que pertenecen á la divina,
no obstante, me deberás confesar, que son
algo seducentes , porque lisongean la curiosi
dad humana. Tanto han lisongeado la de un
Astrónomo ilustre entre los terrícolas, que
él estudió con empeño, ó quiso divertirse in
ventando un relox, que él (1) llamó automa
Máquina to planetario , en que se figurasen los plane
planetaria
tas , moviéndose con el orden y periodos que
de Huyse observan en estos planetas celestes. Este
ghens.
Reloxero de planetas fué Huyghens ( ó Hugenio , como él mismo se nombra en latin),
famoso por sus invenciones, y principalmen
te por las pertenecientes á la reloxería ; pues
que fué el primero que aplicó el péndulo al
re(1) Christiani Hugenii ofúscala posthuma.
Amstelodami 1723. 4. JÉn el volum. 2. Descriptio automatis planctarii. p . 157*
al mundo Vianetario,
251
relox , é invento ó ilustró la teórica sobre la
ciclòide, y sobre el centro de la oscilación.
Los terrícolas en sus escuelas de física expe
rimental suelen tener este autòmato ó máqui
na planetaria , con cuya simple vista , aun los
mas ignorantes creen saciada su curiosidad , y
agotado todo el conocimiento astronómico y
físico del mecanismo del Cielo planetario y
cometario. El común uso de dicha máquina,
y su fácil inteligencia, han hecho ya univer
sal , aun entre las personas vulgares, la idea
del sistèma copernicáno, de que ellas hablan
con gran libertad y satisfacción , y sin mas
conocimiento , que del maquinal hecho visi
ble y sensible por Huyghens.
Has oído, Cosmopolita, las ideas y pre
tensiones de los Filósofos modernos , que de
fienden moverse al rededor del Sol los plane
tas. Temo habértelas pintado demasiadamen
te seducentes contra tu expectación y contra
mis deseos ; pues que tú oyendo tales ideas,
habrás quizá concebido la esperanza de entrar
y pasearte con tu fantasía por los mas ocultos
retretes de estas regiones celestes, viendo y
descubriendo todo el mecanismo admirable de
los astros que por ellas giran ; y yo con des
consuelo preveo , que no podré satisfacer á
tu esperanza, y á la curiosidad, que con mis
figuradas expresiones he excitado en tí. Pre
veo , pues, que con éstas te he hecho mal á
tí y á mí. Mas al decir esto, se me ocurre
la siguiente reflexión. ¿ Será mal tuyo ó mio el
no descubrir en estas regiones celestes el me
canismo ó sistèma que se han figurado los terMm 2
rí-
252
Viage estático
yícolas, y que hoy se aplaude en sus escue
las? Si tal mecanismo existe, y no lo descu
brimos y vemos , el mal ciertamente será de
los dos ; porque entonces viajarémos por es
tas regiones tan inútilmente como suelen via
jar por el orbe terrestre muchos Señoritos ter
rícolas : en este caso se podrá decir de noso
tros , que hemos viajado como si hubiéramos
estado siempre encerrados en el baúl que se lle
va viajando. Mas si por ventura nosotros no
hallamos tal mecanismo , porque aquí no exis
te , y debe su subsistencia solamente á la fan
tasía de los terrícolas , ó si descubrimos ser
cierta la improbabilidad de hallarlo, entonces
no debemos temer ningún m a l: antes bien nos
llamarémos felices, y por tales nos tendremos,
pues hemos encontrado la verdad en nuestro
viage , de que ella es el único objeto. Nues
tro espíritu, Cosm opolita, sombra é imagen
de la divinidad, solamente halla la quietud de
que le priva su natural curiosidad quando en
cuentra la verdad, ó por medio de su Dios
infalible que se la muestra , ó por medio de
la razón que se la descubre y hace paten
Los libros te. En orden al mecanismo celeste , no espe
Sagrados no res oír la voz de Dios , que sobre él nada te
tratan de
ha dicho ni dirá , así como nada te ha dicho
física.
sobre el mecanismo de las plantas , anima
les , & c. que pueblan el orbe terrestre. Yo ca
si me lleno de indignación contra aquellos ig
norantes terrícolas que entre las verdades,
que la bondad de nuestro Dios se ha dignado
revelar á los hombres, para que le sirvan en
la vida m ortal, y lo gocen en la eterna, pre
ten-
aJm undo "Planetario,
253
tenden hallar las que pertenecen al mecanis
mo de los Cielos. Estos ignorantes no saben,
que el mecanismo de los Cielos, por admi
rable que sea á la vista filosófica del Anato
mista , no parecerá jamás tan admirable, co
mo es el mecanismo vital del mas vil insecto
terrestre; y que no obstante la incomparable
perfección de este mecanismo, sería ridicula
la pretension de los que dixesen, que su co
nocimiento se hallaba entre las verdades, que
la benignidad suma de Dios ha revelado á los
hombres.
La inquisición y el hallazgo de las verda
des que podemos llamar físicas , porque per
tenecen á la razón y al orden natural, Dios Ignorancia
no la ha revelado á los hombres; mas ha dexa- humana de
do esta materia á su curiosidad : por lo que las leyes na
en Job leemos (1), que el mismo Dios para turales.
con( 1 ) Job , c a j . 38. rv. 4. Ubi eras quando ponebam fundamenta terra? ? Indica m i h i , si habes
intelligentiam. Quis possuit mensuras ejus, si nosti : vel quis tetendit super eam lìneam ? Super
quò bases illius solidat# sunt , aut quis demisit
lapidem angularem ejus. . . Quis conclusit ostiis
mare , quando erumpebat quasi de vulva procedens , cum ponerem nubem vestimentum ejus,
et caligine illud quasi pannis infanti# obvolverem. . . . N um quid ingressus es profunda maris,
et in novissimis abyssi d e a m b u la sti?.. . N u m
quid considerasti latitudinem terra? : indica mihi
si nosti, omnia. In qua via lu x h ab itet, et tenebra-
254
Via ge estático
confundir su ignorancia le preguntaba así:
» ¿ En dónde estabas tú , quando yo ponía los
fundamentos al orbe terrestre ? Responde, si
lo sabes. ¿ Sabes t ú , por ventura, quién tomó
las medidas y lo niveló? ¿Sobre qué se apo
yan sus basas, y quién puso á su esquina la
piedra angular ? . . . . ¿ Quién cerró la puerta
al mar , quando saliendo fuera ( en el di
luvio universal) abandonó su lecho? ¿Quando
lo vestí de una nube, y lo envolví en la
obscuridad del abismo , como un infante se en
vuelve con las fajas?.. ¿Tú por ventura has
penetrado hasta el fondo del m ar, y te has
paseado por lo mas profundo de los abismos?..
¿ Has contemplado la largura de la tierra ? Dime estas cosas, si las sabes. Dime qual es el
camino ó el lugar de la habitación de la luz:
y qual sea el lugar en que están repuestas las
tinieblas? . . . ¿Has entrado tú en la oficina , en
que se fragua la nieve , ó has visto aquella
en que se forma el granizo ?. . . . Dime ¿ por
qué senderos se reparte la luz , y el calor se
distribuye ó esparce por el orbe terrestre ? ..
¿ Conoces tú por ventura el mecanismo ú or
den
brarum quis locus sit. . . Numquid ingressus es
thesauros nivis, aut thesauros grandinis aspexisti ?. . . . Per quam viam spargitur l ux, dividítur asstus super terram. . . Numquid nosti ordinem Coeli, et pones rationem ejus in térra ? Quis
enarrabit Coelorum rationem , et concentum Coe
li quis dormiré faciet ?
al mundo Planetario.
255
den de los Cielos : y en el orbe terrestre es
tablecerás semejante mecanismo?.. ¿Quién se
rá capaz de dar razón del ordenado mecanis
mo de los Cielos : y quién podrá hacer que
enmudezca su bulliciosa harmonía?” Después
de haber hecho Dios á Job estas y otras pre
guntas sobre los Cielos y elementos , prosigue
haciéndole otras sobre las inclinaciones y ope
raciones de algunos animales. Si el sistéma de
los Cielos perteneciera á las verdades revela
das , Dios para confundir la ignorancia de Job
no le hubiera preguntado si él lo conocia. Po
co acertada pues, y poco conforme al espí
ritu de la revelación es la pretensión de los
que quieren hallar entre las verdades revela
das la calidad del sistéma Astronómico , que
existe en los Cielos. Las verdades divinamen
a A strono
te reveladas se dirigen á hacer á los hombres Lmía
es cien
fieles siervos de Dios , y no Astrónomos : la cia de Jos
Astronomía es ciencia humana, y las verdades Cielos visi
reveladas por Dios forman ciencia divina : no bles, y la
busquemos lo humano en lo divino , lo falible revelación
en lo infalible: ni confundamos los Cielos sen trata de los
invi
sibles , objeto de la Astronomía , con los in Cielos
sibles.
visibles , en que se manifiesta la gloria de nues
tro Dios.
Esta digresión te he hecho, Cosmopolita,
para preocupar anticipadamente las dificulta
des ú objeciones que á algunos terrícolas pe
ripatéticos habrás quizá oído oponer contra el
sistéma Astronómico, que supone en movi
miento la tierra , y el Sol en quietud , preten
diendo autorizarlas con verdades divinamente
reveladas. Este aviso de prevención contra ta
les
256
Vìage estàtico
les objeciones , y la explicación anticipada
que te he hecho de lo que e s, y se llama sis
tèma astronómico-físico , me parece que pue
den haber aquietado y dispuesto tu ánimo pa
ra oír no sin utilidad ( como espero ) el dis
curso que te voy á hacer de la quietud ó del
movimiento en que se debe suponer el Sol,
para que entiendas el mecanismo de todo el
Cielo planetario. Empiezo el discurso : ten la
bondad de oírlo atentamente, que yo, por obli
gación , correspondiendo á la atención con que
me favoreces, procuraré explicarme con la
mayor claridad que pueda.
Todos los Físicos y Astrónomos modernos
suponen al Sol inmoble en el centro del mun
Sistèma mo do planetario, ó del espacio por donde se mue
derno de la ven los planetas y cometas , y suponen igual
quietud del mente, que los planetas y cometas giran al
Sol.
rededor del Sol. Este modo de pensar forma
el sistèma puramente astronómico , que se lla
ma copernicáno ; porque Copérnico lo ilustró.
Según las observaciones astronómicas, desde la
tierra sistèma puramente astronómico es tam
bién aquel, en que, según la común opinion
de los antiguos , se suponía inmoble la tierra
y el Sol girando al rededor de ella. Mas es
te sistèma , dicen los modernos , no es físi
co , porque según las leyes comunes de la na
turaleza la tierra se debe mover al rededor
del Sol, y no éste al rededor de la tierra. Si
á los modernos Astrónomos se pregunta, por
qué es físico este sistèma, ellos responden
con las reflexiones siguientes, que yo te haré
en su nombre.
To-
al mundo Vianet.arlo.
Toda materia por su naturaleza es inerte;
esto es , está en el estado en que se pone. Si
Dios cria un punto de materia en quietud : en
ésta estará eternamente , si Dios con su vo
luntad no la hace moverse, ú otro punto de
materia lo impele. Por lo contrario , si Dios
cria en movimiento un punto de materia , eter
namente se moverá , como también eternamen
te se moverá , si otro punto empujándolo le
da movimiento. Esta propiedad que en todo
punto de materia hay , de estár por sí siem
pre en quietud ó en movimiento, se llama
virtud de inercia de la materia. Supongamos
que Dios hubiera formado los planetas de una
materia que no tuviera ninguna virtud atrac
tiva ; y que al formarlos los hubiera dado
movimiento , como los terrícolas lo dan á una
piedra que arrojan por el a y re. En este ca
so cada planeta se movería por linea recta si
guiendo la dirección del arrojamiento (que los
Físicos llaman movimiento de proyección ), y
no cesaría de moverse jamás , sino en caso que
chocando con otros planetas quedáse encalla
do entre ellos. La piedra que un terrícola ti
ra ú arroja por el ayre , seguiría perpetua
mente la dirección de la proyección ó del ar
rojamiento , si no tuviera gravedad ácia la tier
ra , ó si ésta no la atraxera ; pues que lo que
llamamos gravedad de un cuerpo, por exemp lo , de la piedra , es la atracción de la tierra
según los modernos.
Dios formó los planetas no de materia sin
atracción , sino de materia con virtud atrac
tiva ; y habiéndolos formado, les dió moviParte I.
Nn
mien-
Física ter
restre apli
cada al sis
tema astro
nómico.
258
Formación
y primer
movimiento
de los pla
netas.
V i age estático
miento de proyección ó airojamiento. Em pe
zaron los planetas á moverse según la linea
de proyección , y porque al mismo tiempo to
dos empezaron á atraerse mutuamente , cada
planeta siguió un rumbo conveniente ó con
forme á dos impulsos con direcciones contra
rias ; esto e s , al impulso de la proyección con
que empezaron á moverse , y al impulso ó
fuerza de la atracción de los demás planetas
que lo atraían á sí. E l rumbo que empezaron
á seguir los planetas fué c u r v o , porque según
los principios de mecánica ( 1 ) , tal debe ser el
rumbo que siga un cuerpo impelido por dos
fuer-
(1) Según los principios de mecánica el cuer
po impelido por dos fuerzas ( que en la mecáni
ca se suelen llamar potencias), cuyas direcciones
forman algún ángulo, se moverá por una linea
recta entre el ángulo , si las dos fuerzas ó poten
cias son de una misma naturaleza , ya sean uni
formes en el obrar , ó ya sean variables, quando
su variación observe una misma ley. Mas si las
dos fuerzas ó potencias son de diversa naturale
za , como realmente lo son la fuerza de proyección,
y la fuerza de atracción , entonces el cuerpo im
pelido de estas dos fuerzas de naturaleza diver
sa , describirá con su movimiento una curva , la
qual será circular , elíptica , parabólica , &c. se
gún la razón que entre sí tengan las dos fuerzas.
Si estas son iguales , la curva será circular ; y
porque se observa que la curva formada por los
planetas no es perfectamente circular , sino antes
a l mundo V ianet ario.
259
fuerzas de naturaleza diferente , quales son la
de proyección y la de atracción.
Supongamos que Dios hubiera formado to
dos los planetas iguales en materia y volu
men : entonces ningún planeta se atraería mas
de lo que era atraído de otro; y por tanto , to
dos circularían armónicamente en equilibrio al
rededor de un punto , que sería el céntrico de
los rumbos ó giros corvos de los planetas al
rededor de él. Supongamos que Dios hubiera
hecho tan grande el Sol respecto de los de
más planetas , como lo es el orbe terrestre res
pecto de los terrícolas y animales que lo pue
blan. Entonces el Sol atraería á sí todos los
planetas, y con ellos, como si fueran moscas,
seguiría moviéndose según la dirección de la
linea de proyección , de la qual no lo podría
apartar la pequeña atracción de los planetas,
que sería un cero respecto de la grande del
S ol; así como es un cero la atracción de los
terrícolas respecto de la grande del orbe ter
restre. Supongamos que el Sol hubiera sido
formado mas grande que los planetas ; pero
no tanto, que la virtud atractiva del Sol pu
diese tirar de estos , hasta llevarlos ó acer
carlos á s í; en este caso el Sol se acercaría al
punto céntrico de las revoluciones que harían
los planetas; y estaría en dicho punto ó cer
ca
bien elíptica ú oval , se infiere según la doctri
na expuesta , que en ellos no son iguales las dos
fuerzas dichas.
Nn 2
Hipótesis
varias so
bre la for
mación de
los plane
tas.
Breve idea
del moder
no sistèma
astronòmi
co.
260
Viage estático
ca de él. Los modernos Astrónomos dicen , que
combinándose las observaciones astronómicas
con las leyes de la atracción , se infiere, que
al rededor del Sol giran la tierra y los demás
planetas primarios ; que el Sol está cerca del
punto céntrico de todas las revoluciones de
los planetas movibles; y que este punto cén
trico es el centro del mundo planetario, ó del
espacio por donde los planetas y cometas se
mueven ó giran al rededor del Sol. En dicho
punto (1) está siempre inmoble el centro del
mundo planetario, pues que si se moviera a
otro sitio, serían diferentes las revoluciones de
los planetas.
Este modo de pensar los Astrónomos com
binando sus observaciones con los principios
de física apoyan , como en principal funda
mento , en el rumbo ú órbita curva , que los
planetas forman girando al rededor del Sol.
En todo cuerpo, que moviéndose describe una
(1) Es indubitable , que si suponemos en mo
vimiento algunos cuerpos con alguna union que
consista en atadura o en mutua atracción de ellos,
se deberá concebir en un determinado punto el
centro común de su gravedad ó atracción. Este
centro es inmoble , ó se halla siempre en un mismo
punto. Suposición de que se valió Newtón (en
su Obra citada , lib. 3. hypothesis ad propos. X I .)
sin probarla , y que probaron W renio , Huyghens y Gregory (véase la Astronomía de éste ci
tada en la pág. 213- ) lib. i» propos. 50. y 65.
.
al mundo "Planetario
261
linea cu rv a , dicen los Físicos, se debe con
siderar su movimiento proveniente de dos fuer Causa del
zas , una central ó atractiva del cuerpo ácia movimiento
un centro, y otra de proyección ó de tan circular.
gencial á dicha curva. De aquí e s , que vien
do moverse los planetas al rededor del Sol,
los Astrónomos modernos infieren , que en ellos
el movimiento proviene de dos fuerzas , una
de proyección ( esto e s , tangencial á la linea
curva que describen moviéndose); y otra de
atracción ácia el S o l, el qual está en el cen
tro , ó cerca del punto céntrico de las lineas
curvas que describen los planetas. El orbe ter
restre , dicen los mismos modernos , está siem
pre distante de dicho centro á lo menos 30
millones de leguas : por lo que no el orbe
terrestre, mas el Sol se debe considerar co
mo centro de atracción ó de gravedad de to
dos los planetas girantes al rededor de él. Es
ta proposición prueban también los Astróno
mos con otras observaciones , y suponiéndola
verdadera con pretensión , que llamaré no me
nos ridicula que temeraria, algunos de ellos
llegan á querer calcular los grados , que de
fuerza de la proyección recibieron los plane
tas , quando saliendo de las manos de Dios
empezaron á moverse. Suponen estos sabios,
con todos los Físicos, que el movimiento elíp
tico que se ve en los planetas , proviene, co
mo he insinuado antes, de la combinación de
las fuerzas ya de proyección en el principio
del mundo , y ya de la virtud atractiva del
S o l: suponen ellos asimismo, que se conoce la
cantidad de esta virtud atractiva; y de aquí
pre-
262
Viage estático
pretenden inferir la cantidad de la fuerza de
proyección que en el principio del mundo mo
vió los planetas , y los continúa á mover com
binada ó unida con la fuerza de la atracción
solar.
Estas suposiciones y pretensiones , Cosmo
Hipótesis polita , son seducentes mas por su simplicidad
seducentes
que por su verdad : pues que contra ellas se
de la física puede discurrir así. Hasta ahora no es dogma
moderna.
físico , que toda materia sea atraente : ni que
los planetas tengan ó hagan natural conato pa
ra unirse. No es dogma físico , que sea po
sible el movimiento rectilíneo (1) de un punto
de materia sin ser infinito el espacio por donde
se deba mover ; ó que el movimiento circular
no pueda provenir de una fuerza sola y sim
ple , que impela los cuerpos á moverse cir
cularmente. No es evidente por las observa
ciones Astronómicas , ni por las suposiciones ó
demostraciones de la física la noticia de la can
tidad y calidad de m ateria, ni del volumen,
ni de la exácta distancia de los planetas. Es
tos y otros dogmas físicos , y noticias astro
nómicas debian ser evidentes para que fuesen
seguras las pretensiones de los modernos A s
trónomos , y ciertas sus suposiciones y conseqüencias sobre el sistéma celeste que proponen.
Mas concedamos á estos Astrónomos la seducente probabilidad que se aparenta en sus
ideas,
(1) El movimiento rectilíneo es infinito , co
mo se insinuó en la pág-193 > en la nota marginal.
al mundo Planetario.
263
ideas, y prosigamos exponiéndolas.
El Sol , dicen los modernos Astrónomos,
por exceder notablemente á los demás plane
tas en la cantidad de materia ó masa (como
la suelen llamar los Físicos), sobre todos es
tos exercita , ó hace mayor atracción que ellos
sobre el Sol; por lo que éste es como el cen
tro de su movimiento por las órbitas elípti
cas que describen al rededor de él. El Sol
propiamente no está en el punto céntrico de E1 Sol se
dichas órbitas , pues que la atracción con que gún la As
lo tiran los demás planetas, no le dexa llegar tronomía
á dicho punto. Si en éste estuviera, estaría moderna no
totalmente inmoble : pues que siendo inmoble está en el
el centro del mundo planetario (como insinué punto cen
de su
antes) ó de las revoluciones de los planetas, tral
sistéma $
inmoble también debería estar el Sol,. si es mas da vu
tuviera situado en tal centro. Mas todo cuer eltas al re
po que no está en éste, debe girar al rede dedor de di
dor de él: por lo que el Sol deberá girar al cho punto.
rededor de dicho centro , describiendo una ór
bita pequeña ; ya que es cortísima su distan
cia hasta el dicho centro. Esta doctrina y ex
plicación del sistéma astronómico moderno te
declararé mecánicamente con el siguiente exemplo práctico.
Tenemos , Cosmopolita, el Sol á nuestra
vista : míralo , y después observa á Saturno,
que después de Urano es el planeta mas lexano del Sol. Concibe , pues, un hilo de hier
ro , que pasando por los centros de Saturno
Balanza en
y del S ol, sea como una balanza ( llamada que
se pe
vulgarmente romana) con dos pesos á sus ex san Saturno
tremos. Estos pesos son Saturno y el Sol. En y el Sol.
es-
264
Viage estático
este hilo ó balanza (que podremos llamar mun
dana , porque con ella hemos de pesar los
cuerpos planetarios), el punto, por los Físi
cos llamado centro , y por el vulgo llamado
jiel de la balanza , deberá estár tanto mas cer
ca del Sol, quanto éste pesa mas que Satur
no: ó deberá estár tanto mas cerca del Sol,
quanto éste tiene mas materia que Saturno,
pues que la mayor cantidad de materia su
pone mayor peso, ó mayor gravedad, ó ma
yor atracción ; expresiones todas, que indican
una misma cosa.
En esta gran balanza , con que pesamos al
Sol y á Saturno, y con que pesarémos todo el
mundo planetario con mas exáctitud que Lo
renzo Medicis pesó la política , las riquezas, y
el poder de los reynos terrestres con la balanza
que le inventó Trajano Bocalini, descubramos
y determinemos , Cosmopolita, el punto en
que está el centro ó el fiel de la misma balanza.
Tal vez tú en el orbe terrestre, jugando en tu
infancia, habrás atado ó unido dos cuerpos de
diferentes pesos á una vara ó caña , y levan
tando ésta con la mano, habrás buscado y
F iel ó cen
hallado fácilmente en ella el punto , en que
tro de dicha
estribando
la vara sobre un dedo , los pesos
balanza.
se mantuviesen en equilibrio. Este punto en
la vara es el fiel de la balanza , ó el centro
dé la gravedad de los cuerpos pesantes. Tal
fiel ó centro se halla perfectamente enmedio,
si los pesos son iguales; y si son desiguales,
el centro se acerca al peso mayor, según su
exceso en pesadez. Según esta práctica ( que
aun los infantes terrícolas conocen) , y según
al mundo Planetario.
265
los principios de mecánica , si sabemos la lar
gura de nuestro hilo ó balanza mundana ( la
qual largura es la distancia entre Saturno y
el S o l) , y si sabemos quanto pesan estos
dos planetas , fácilmente se determinará , y
hallará el punto del centro ó del fiel de
la balanza. Los Astrónomos modernos , pre
tendiendo ser computistas generales del mun
do planetario, en sus libros de cuentas han
notado las leguas, millas, pasos y pies que el
Sol dista de Saturno , y los quintales, arro
bas , libras y onzas que pesa cada uno de es
tos , y de los demás planetas. Según estos cóm
putos y cuentas que en otra ocasión oirás, en
buenos , claros y prácticos principios de me
El dicho
cánica , se infiere , que el centro ó el fiel de
fiel
o punta
la dicha balanza dista del mismo centro del
dista
del
globo solar puntualmente noventa y tres mil
centro sosetecientas y una legua. Según los dichos cóm
lar 93>7ÜI
putos , en que se nota la grandeza ó el vo
leguas.
lumen del S o l, sabemos, que desde el centro
de éste hasta su superficie hay 159,698 leguas.
Según esto , el fiel central de la balanza es
tará dentro de la superficie del globo solar;
pues que desde ésta hasta el centro del globo
solar hay 159,698 leguas; y desde este centro
hasta el punto en que está el fiel de la ba
la n za , solamente hay 93,701 leguas. En el la
do ó extremo de la balanza , en que está Sa
turno , pongamos un buen contrapeso; esto es,
pongamos á Júpiter , que tiene mas materia
que Saturno, M a rte , V enus, Mercurio y el
orbe terrestre juntos. En este contrapeso te
nemos de un lado á Júpiter y Saturno , y de
Parte I.
Oo
otro
Balanza en
que se con
trapesa el
Sol con Sa
turno y Jú
piter.
División de
la balanza
en 9 j par
tes.
Sitios á que
en la balan
za corres
ponden los
planetas.
266
Viage estático
otro lado al Sol ; y por razón del contrape
so añadido , el punto del fiel de la balanza se
hallará ya fuera de la superficie solar, de quien
distará algunos millares de leguas. En este ca
so , aunque en el mundo planetario estuvie
ran solos Saturno, Júpiter y el S o l, éste, por
quanto estaría algo distante del fiel de la ba
lanza , el qual es el centro de todos tres , de
bería moverse al rededor de ese centro ó fiel.
Pongamos últimamente en la balanza los pla
netas Mercurio , Venus , Tierra , y Marte con
Júpiter y Saturno que hagan contrapeso al
Sol : en tal caso, de éste se alexará un poco
mas el fiel ó punto central; y el Sol deberá
girar al rededor de él formando mayor re
volución. En la balanza no he puesto el pla
neta Urano , porque nos son desconocidas su
grandeza, masa y su verdadera distancia.
Este exemplo práctico déla balanza, Cos
mopolita , trasládalo y aplícalo al sistéma pla
netario que ves. Figúrate, que la distancia
desde Saturno ( el mas lexano planeta ) hasta
el S o l, se divide en 95 partes. Saturno y el
Sol están en las extremidades de esta distan
cia ó balanza. En ésta desde el Sol cuenta 52
partes; y allí puntualmente verás á Júpiter.
En la misma balanza desde el Sol cuenta 15
partes; y allí encontrarás á Marte. Cuenta
ahora 10 partes con el mismo orden ; y al
fin de ellas encontrarás la Tierra, nuestra pa
tria. Cuenta 7 partes con el mismo ; y encon
trarás á Venus : cuenta últimamente 4 partes;
y encontrarás á Mercurio. Todos estos pla
netas son como otros tantos pesos de la ba
lan-
al mundo Planetario.
26?
lanza , en la que están distribuidos á diferen
tes distancias hasta el Sol. Si todos estuvie
ran á la distancia ó en el lugar en que está Sa
turno , harían mayor contrapeso al S o l; y el
fiel de la balanza distaría de éste mucho mas
que ahora dista. La distancia que en la pre
sente situación de los planetas hay ó resulta,
según el cálculo hasta el fiel de la balanza, es
de poco mas de 100,000 leguas; y por quanto el fiel de la balanza está puntualmente en
el centro ó punto central de la gravedad, ó
del peso, ó de la atracción mutua del S o l, y
de los demás planetas , se infiere, que el Sol
dista de este centro común poco mas de 100,
000 leguas ; y según las leyes de la atracción
el Sol deberá girar al rededor de dicho cen
tro formando una órbita , cuyo semidiámetro
ó rayo sea de 100,000 leguas. En este cálcu
lo que te he hecho á imitación de los contra
lores ó contadores reales, que desprecian las
pequeñas cantidades numéricas, no he hecho
mención del peso ó de la atracción de la Lu
na terrestre, ni de los satélites de Júpiter y
Saturno; porque la masa ó materia de todos
estos es tan pequeña, respecto de la grande
de los planetas primarios, que se puede des
preciar (1), sin temor de error notable en el
cál(1)
L a L una tiene solamente una centésima
parte de masa respecto de la terrestre. D e'la ma
sa de los satélites de Saturno no podemos deter
minar cosa cierta , y sobre la de los satélites de
Oo 2
J ll-
El Sol dista
del centro
mundano
100,000 le
guas.
Órbita del
Sol al rede
dor del cen
tro munda
no.
Según los
principios
de la física
moderna el
Sol se mue
ve.
268
Via ge estático
cálculo ; y con menos escrúpulo que los con
tadores reales tienen en despreciar los meno
res quebrados de sus cuentas. Tampoco he he
cho entrar en cuenta á Urano, porque de es
te planeta nada sabemos con certidumbre, si
no su existencia.
Ya tenemos , Cosmopolita , al Sol con un
movimiento corvo ( que los Astrónomos lla
man elíptico ) al rededor del centro común de
las revoluciones de los demás planetas ; y es
te movimiento lo hemos inferido según los prin
cipios del sistéma físico de atracción que hoy
defienden todos los sabios. Ved aqu í, Cosmo
polita mió , como aunque miramos al univer
so con telescopios Copérnico-newtonianos, no
obstante nos vemos obligados á conceder al
Sol no solamente movimiento de rotación, si
no de traslación al rededor de un centro co
mún á todos los planetas. La naturaleza nos
da á entender claramente , que el reposo no se
encuentra en ninguna criatura del mundo pla
netario , ó de todo el espacio en que están ó
se mueven los planetas. Esta conseqüencia se
tieJúpiter hay muchas dudas. La-Grange ( L aLande , Astronomie , n. 2981. ) , célebre obser
vador , dice : »La masa del primer satélite de
Júpiter es 00,006 , respecto de la de Júpiter : la
masa del tercer satélite es igual á la del prime
ro : la masa del segundo satélite es 00,002 , res
pecto de la de Júpiter ; y la del quarto satélite
es 00,005 , respecto de la de Júpiter.
al min do Vianetario,
269
tiene hoy por legítima y verdadera : los an
tecedentes , de que se infiere, son , como has
oído, la observación del movimiento de los
planetas, y las leyes que l a . física moderna
supone en el sistèma de la atracción , el qual
se cree universal ó común á toda naturaleza
sensible , tanto terrestre , como celeste. Según
este sistèma se deberá conjeturar, que tam
bién falta la quietud en los inmensos espacios
del Cielo estrellado ; esto es , en los espacios
en que están los astros fixos, que vulgarmen
te se llaman estrellas , y distan inmensamen
te de los planetas.
Te he inferido , Cosmopolita , del sistèma
de la atracción , que el Sol se mueve al re
dedor del centro común del mundo planeta
rio , formando una órbita, cuyo semidiámetro
es de mas de cien mil leguas : por lo que es
ta órbita será algo mayor que la órbita, que
la Luna describe al rededor de la tierra, de
la que dista á lo mas 91,397 leguas en su ma
yor alexamiento. La órbita , que el Sol descri
be al rededor del centro común del mundo
planetario , no es tan pequeña que se deba ha
cer invisible á la observación de los Astró
nomos : no obstante estos no la infieren por
su observación , á la que dicen , es indistin
guible ; mas la infieren solamente del sistèma
general que suponen de atracción. La órbi
ta , pues, es ideal ó sistemática, y tal debe
rá llamarse hasta que algún Astrónomo, con
relación á algún punto fixo del Cielo, nos de
muestre por la observación la existencia, gran
deza y calidad de tal órbita. Yo supongo aIjey
-oitjo
ra
Toda la na
turaleza es
tá siempre
en movimi
ento.
La órbita
por donde el
Sol se mue
ve es mayor
que la órbi
ta lunar.
2^70
Viage estático
ra ésta con los Astrónomos modernos, que la
infieren del sistéma de la atracción ; y aun de
éste me quiero valer para conjeturar que di
cha órbita es mucho mayor que la que se di
ce describirse por el Sol : y que quizá será
tan grande , como la que los anticopernicanos
suponen describirse por el Sol ,en la hipótesi
de estár inmoble la tierra. Ardua y aun ri
dicula parece esta empresa de atreverse á con
jeturar , que según el sistéma de la atracción
el Sol forma, quizá al rededor del centro co
mún del mundo planetario, una órbita tan gran
de , como es la que según los anticopernica
Nuevas nos forma al rededor de la tierra inmoble. Co
conjeturas nozco , y te confieso la arduidad de la em
sobre el mo presa ; mas no por esto desistiré de ella , pues
vimiento
que la bondad que me muestras, Cosmopoli
del Sol.
ta , oyendo mis discursos, me hace atrevido
para descubrirte aun las menores conjeturas,
que formo en la observación de este mundo
planetario. Oye, pues, las razones en que mis
conjeturas se forman; y para que penetres to
talmente mi modo de pensar , te resumiré con
claridad , y con suma brevedad la doctrina que
te acabo de explicar, pues que de ella se in
fiere todo quanto conjeturo.
El sistéma del movimiento de la tierra y
de la quietud del Sol empezaba á tener aplau
so quando Newtón perfeccionó el de la atrac
ción. Apenas los Filósofos aprobaron los des
cubrimientos que Newtón propuso sobre la
atracción , quando luego convirtieron sus mi
ras para confirmar con ésta el sistéma copernicano del movimiento de la tierra , y de la
quie-
al mundo 'Planetario.
2?i
quietud del Sol. Mas como según dichas le
yes era necesario conceder á éste algún mo
vimiento de traslación por una órbita peque
ña , como te he expuesto , se concluyó que el
Sol no estaba en quietud perfecta , sino que
se movía por una órbita pequeña al rededor
del centro común de gravedad de todos los
planetas. Según este modo de pensar, y según
estos principios , el mismo Newtón , haciendo
un cálculo semejante al que yo he expuesto,
concluyó diciendo (i) : Si consideramos al Sol
de una parte, y de otra á la tierra, y á los
demás planetas, es necesario inferir , que el
centro común de gravedad no llegará á distar
del Sol lo largo de su diámetro ; y porque di
cho centro de gravedad debe estár quieto, de
beremos decir , que el Sol, según el movimien
to vário de los planetas , tendrá algún movi
miento ; pero éste no será ta l, que lo aparte
mucho de dicho centro de gravedad.
Ved aquí , como Newtón , fundándose en
el
( i ) Newtón , P rincipia M a th em .lib . 3 .p ro
pos. 12. theoremf}'<Y£L. Siendo, dice N e w tó n , la
materia solar á la de Júpiter , como 1067 á I , y
siendo la distancia de Júpiter hasta el Sol al se
midiámetro del Sol en razón poco menor, el cen
tro de gravedad entre Júpiter y el Sol caerá en
un punto poco distante de la superficie solar. Con
el mismo argumento se infiere , que el centro co
mún entre Saturno y el Sol caerá en un punto
dentro de la superficie de éste , &c.
2¿72
Viage estático
el raciocinio expuesto , concede al Sol movi
miento de traslación ; pero al mismo tiempo
haz la siguiente reilexíon : y es , que el di
cho movimiento se concede al Sol , en fuerza
de
la atracción de las masas de los planetas,
Balanza en
sin
entrar en cuenta la atracción de la masa
que el Sol
se contrape de los cometas, los quales hoy se consideran
sa con los como otros tantos planetas que pertenecen al
planetas y sistéma solar. A esto se podrá responder, que
cometas.
del despreciar en el cálculo la masa de los
cometas, no se infiere error notable , así co
mo no se infiere ninguno del no entrar en
cuenta la masa de la Luna , ni la de los sa
télites de Júpiter y Saturno, por ser suma
mente pequeñas, respecto de la masa total
de los demás planetas.
A esta respuesta se podrán oponer las si
guientes observaciones y reflexiones: El cono
cimiento que hasta ahora por la observación
se tiene de los cometas, no es t a l , que nos
permita despreciar su masa en el cálculo de
la atracción universal y mutua de los plane
tas ; pues que ignoramos quantos cometas ha
ya , y su grandeza , densidad y cantidad de
masa nos son desconocidas. Riccioli ( i ) , de las
historias que se habian escrito" hasta el año
1618 , infirió que hasta este año , desde el año
480 antes de la era Christiana , habian apare
cido á lo menos 154 cometas. Lubienietz , habien(1) Riccioli en su Almagesto (citado en la
p. 7 4 .) , voi. 2. lib. 8. sec. 1. caj?. 1. j?. 23.
.
al mundo "Planetario
2^3
hiendo examinado escrupulosamente este pun
to , dice en su teatro comético, que hasta el
mes de Abril del 1665 se habían visto 415 co
metas , á los que añadiéndose 39 cometas, vis
tos según La-Lande (1) desde el 1665 hasta el
177 9 , se infiere, que hasta este año se han
visto 454 cometas. Pingré (2) cuenta 380 co
metas aparecidos desde el principio de la era
christiana hasta el 1783. En estos años pasa
dos se han dexado ver muchos cometas. »Messier, dice Baylli (3), destinado para descubrir
tantos cometas, y favorecido del Cielo por
su zelo infatigable , hasta el año de 1781 ha
bía observado 19 cometas, de los que él ha
descubierto 16. Con 16 cuerpos ha enriqueci
do el sistéma solar : si no hubiera estado aten
to, no sabríamos nada de algunos de ellos.. .
Se cuentan ya 59 cometas observados con bas
tante exáctitud. Después que Messier se ha de
dicado á la observación de los cometas, no
hay año en que no se vea alguno. El número
de cometas, sin ser infinito, puede ser muy
grande. . . la presencia del Sol debe robar la
vista de algunos cometas.” No pocas veces en
un
(1) La-Lande , Astronomie , n. 3002, ère.
(2) Corneteographie par M r. Pingré. Paris
1783. 4. roi. 2. En el roi. 2. part. 3. cap. 1.
(3) Histoire d'L' Astronomie moderne depuis
la fundation de /’ eccole d' Alexandrie jusqu’ a F
an. 17S2. par M r. Bailly. Paris 1785. 4. roi. 3.
E n el roi. 3. dise. 2. p. 72. y p 78.
Pa rte I.
Pp
Cometas
415 vistos
hasta el
166$.
Cometas 39
vistos desde
el 1Ó6; has
ta el 1779.
2^74
Via ge estático
un año han aparecido dos cometas; y algunas
veces se han visto dos cometas (i) al mismo
tiempo. Según estas observaciones sobre el nú
mero de cometas aparecidos , se hace creíble,
que estos á lo menos se cuenten á centenares.
De la cantidad y calidad de su masa nada se
sabe : todo lo que sobre ellas se dice , es ar
bitrario. Riccioli refiere las (2) opiniones de
algunos Astrónomos que suponían algunos co
metas mayores, que los planetas. Eulero juz
gó (3), que el cometa del 1744 tenia tanta
masa como Mercurio , y que en la órbita de
éste había causado grandes turbaciones. Pingré niega estos efectos, y dice , que según
Struyck el núcleo , ó el verdadero cuerpo de
los cometas es menor que el de los planetas.”
Los Astrónomos discordan mucho en sus con
jeturas sobre la grandeza del cuerpo de los
cometas desnudos de la atmósfera luminosa
que comunmente los rodea ; mas la observa
ción hasta ahora no poco concurre para con
jeturar prudentemente, que algunos cometas son
tan grandes como los planetas , á lo menos
como Mercurio ó Venus ó la tierra.
Estas noticias que has oído , Cosmopolita,
so-
(1 ) Riccioli en el lugar citado hace relación
de algunos cometas aparecidos á un mismo tiempo.
(2)
Riccioli en el volumen segundo citado,
lib. 8. sec. 1. cap. 4 . p. 24. y cap. 11. n. 20. pá-
¿ina 55
( 3 ) Véase Pingré citado, rol. 2. p. 3. cap. 2.
-
al mundo Vianetario.
$
sobre el número y la grandeza de los cometas
son otros tantos antecedentes , según los quales es necesario inferir, ó á lo menos conje
turar , que los Astrónomos modernos en vir
tud de su sistéma físico de atracción, deben
poner desde el Sol hasta el centro del mundo
planetario la distancia no ya de poco mas de
cien mil leguas, sino de algunos millones de
ellas. La distancia de cien mil leguas entre
el Sol , y el dicho centro se pone por dichos
Astrónomos, calculándose el efecto que en él
debe hacer la sola atracción de los demás pla
netas : si á esta atracción se añade la que de
ben causar centenares de cometas, de los que
no pocos probablemente se conjetura ser tan
grandes como algunos planetas , parece, que el
conjunto de las virtudes atractivas planetaria
y cometaria , deba hacer su efecto mas sen
sible en el S o l, y consiguientemente alexarlo quizá centenares ó millares de veces mas
del centro del mundo planetario. Si pudiéra
mos , Cosmopolita , hacer una balanza , de la
qual en una extremidad pusiéramos al S o l, y
de la otra parte á todos los planetas y co
metas , i quién sabe si el fiel ó centro de la ba
lanza estaría enmedio de ella , y consiguien
temente serían iguales los pesos de sus dos ex
tremidades ?
A la verdad , los Astrónomos, ignorando
el número de cometas que hay , y su grande
za , no pueden determinar la distancia que hay
desde el Sol hasta el centro del mundo pla
netario, ni la mayor ó menor virtud atracti
va del S o l, comparada con la de los planetas
Pp 2
y
E l Sol pro
bablemente
dista del
centro mun
dano millo
nes de le
guas.
Se ignora el
sitio del
centro mun
dano.
276
Los cometas
verifican y
falsifican el
sistèma de
la atrac
ción.
Viage estático
y cometas. Bailly dice (1) , que el sistema de
Newton se confirmó con el cometa del 1759,
en cuyo año se habia pronosticado anticipa
damente su aparición. Mas Bailly , que tam
bién habla del cometa aparecido en el 1770,
y dice : Que según Lexell y Pingré tiene el
pequeño periodo de cinco años y medio, pu
diera haber dicho, que este cometa falsifica
ba el sistèma de Newton ; pues que é l , como
dice Pingré (2), atormenta mucho á los Astró
nomos. Se deberá, pues, decir, que si el si
tio del centro del mundo planetario se debe
determinar según los puros principios del sis
tèma físico de la atracción, la muchedumbre
y grandeza de planetas y cometas hacen con
jeturar que dicho centro dista del Sol millo
nes de leguas. Si se prescinde del sistèma de
la atracción, y con la sola observación astro
nómica se quiere determinar el sitio del cen
tro del mundo planetario , para determinarlo,
el sistèma copernicano queda despojado de sus
mejores compases é instrumentos , ó queda en
el nivél en que está el sistèma llamado ticónico compuesto ; pues que éste explica sufi
cientemente todos los fenoménos celestiales,
y además de esto se acomoda á lo que se ve
por apariencia.
Se me podrá oponer aún , que las órbitas
de los cometas se observan tan esparcidas por
to(1)
(2)
Bailly citado , p . 78.
Pingré citado.
al mundo Vianetario.
i? ?
todo el Cielo , que por razón de tal situación,
y de la variedad de movimientos en los co
metas , lo que uno de estos h a c e , se desha
ce por otro. A esta réplica respondo , vol
viendo á reproducir lo que antes he dicho. Te
nemos noticia de haber aparecido mas de 454
cometas , de los que solamente apenas 60 se
han calculado con alguna exáctitud. Entre to
dos estos se conjetura con alguna certidumbre
de tres solos, que se han dexado ver varias
veces : de los demás nada se sabe : ignórase
si todos son ó no diferentes. Asimismo de los
demás cometas , fuera de los dichos 60, no se
sabe nada en orden á su masa, rumbo y mo
vimiento , si era directo ó retrogrado. Según
esta confusión é ignorancia, me parece , que
sin fundamento se opone, que unos cometas con
su atracción destruyen lo que otros hacen. Lo
mas natural (según mi parecer) es juzgar ó
decir a s í: »Se advierte que al sistéma solar per
tenecen los planetas y com etas, y el número
de estos es sin duda grande : no sabemos si
son mil ó mas , y probablemente son cente
nares : ignoramos su grandeza, y de pocos
sabemos su rum bo: luego sobre este punto,
y sobre las conseqüencias que de él se deri
van , necesariamente procedemos con gran ig
norancia.” En orden á los planetas, estos (no
contando sus satélites) son solamente ocho**
respecto de los quales , los cálculos de la atrac
ción se entienden bien , y hallan no inverisí
mil verificativo; mas ¿quién no considera, que
el número de ocho astros , comparado con el
gran número que probabilísimamente hay de
co-
2
Via ge estático
cometas, es sumamente pequeño , é insuficien
te para fundar un sistèma universal ? Sabemos
por experiencia , que en la astronomía una su
posición falsa nos da conseqiiencias bastante
mente conformes á la experiencia, porque la
dicha suposición no dista mucho de la ver
dad. Así siendo la parábola una curva esen
cialmente distante, y algo diferente de la elip
Con hipóte se , no obstante de conocerse que los come
sis falsas tal tas se mueven por curva elíptica, se supone,
vez se en que se mueven por una curva parabólica ; y
cuentra la
los cálculos en esta suposición falsa nos dan
verdad.
conseqiiencias conformes á lo que buscamos.
¿Por qué, pues, no se podrá decir lo mismo
de la atracción ? La física y la medicina abun
dan de exemplos prácticos, con que se hace
v e r , que hipótesis falsas tal vez no impiden
hallar muchas verdades , ó á lo menos mu
chas cosas que se acercan á la verdad. Esto
mismo experimentamos en la astronomía, co
mo lo prueba el caso ó exemplo que te aca
bo de poner.
Esto baste , Cosm opolita, para que sepas
formar algunas dudas sobre los puntos que hoy
la física-astronómica nos decanta como cier
tos. Yo pudiera haber esforzado mas estas du
das , haciendo mención de la atracción de las
estrellas, la q u a l, á mi parecer, no obstante
la gran distancia de e lla s, no se debe despre
ciar por razón ya de su grandeza suma , y ya
de su inmenso número ; mas esto sería intro
ducirnos en un caos , de que no podriamos sa
lir facilmente. Dexemos , pues , estos puntos,
cuya consideración y exámen son ciertamente
su-
al mundo Planetario,
2^9
superiores á nuestras fuerzas, y convirtamosnos á
la contemplación de otras cosas que no exceden
nuestro talento , ni están tan fuera de su esfera.
Continúa la P arte prim era.
IN-
280
INDICE DE LO CONTENIDO
en este Tomo.
PRIMERA JORNADA.
El Sol.
§. I. Adm irable 'velocidad del pensamiento humano.
H um ilde súplica á la eterna Sabiduría p a ra
implorar su asistencia. D istancia desde el Sol d
la tierra. Itinerario ó descripción del camino que
se ha rá en el viage estático ...........................Pág. 1.
§. II. G randeza del Sol.......................................... 29.
§. III. Substancia y calor solar ............................. 4$.
§. IV. L u z s o la r ................................................... 72.
§. V. Propagación de la luz solar según los nevotonianos ; su admirable velocidad , y espacio in
menso por donde se difunde ............................... 83.
§. VI. Propagación de la luz según los antinevotonianos. Se explica la naturaleza de los colores. . 1 1 7.
§. VII. D ensidad ó masa solar : g ravedad 6 peso
de los cuerpos en la superficiesolar ..................... 139.
§. VIII. A tm ósfera del S o l: sus manchas y luz zo
diacal ................................................................... 148.
§. IX. Movimiento del Sol.......................................I 75 *
§. X. Atracción de toda materia y sus efectos. I n
vención del sistema de la atracción aplicado á la
Astronomía , p a ra señalar la causa del movi
miento circular de los astros por los espacios
etéreos....................................................................1S9.
§. XI. B reves reflexiones sobre la verifcación de
las leyes de la atracción en los cuerpos terrestres. 235.
§. XII. Quietud del Sol según el sistema de la
atracción. Refexíones y observaciones que obli
gan á dudar de la quietud del Sol..................... 247.
( 'amet as
Fis lira I.
'()c j Uranp
là puni 11
ijfr
11Sa tu r no
Jupiter
i l -43
[arte
II
îe ATicrra
7
j. ÂMerciirh
.Sol
/leva s Viaje extatne Parte I Numero I
EXPLICACION
DE
LAS
FIGURAS
DE
LA L A M I N A
I.
L a figura i representa el sistema solar, comunmente llama-'
do copernicano , en el qual se supone , que al rededor del Sol
se mueven todos los planetas y cometas girando por órbitas
elípticas. Los planetas que giran al rededor del Sol son , Mer
curio , Venus , Tierra , Marte , Júpiter , Saturno y Urano.
Este último planeta se descubrió en el año 1781 : la histo
ria de su descubrimiento y de sus observaciones astronómi
cas hasta el año 1793 , como se verá en el Tomo IV , pági
na 1 de este viage estático. Al rededor de Urano giran dos
lunas ó satélites : cinco satélites giran al rededor de Saturno:
quatro satélites al rededor de Júpiter} y la Luna al rededor
de la tierra. Las órbitas de los planetas al rededor del Sol se
representan en la figura 1 , por los círculos grandes, y las ór
bitas de los satélites ó lunas al rededor de sus respectivos pla
netas se representan por los círculos pequeños.
,
Los cometas se alexan del Sol mas que los planetas , y
sus órbitas se prolongan mas que las de estos , como se ve en
la figura 1 , en que se ponen dos órbitas elípticas de dos co
metas 5 y la sola vista de ellos basta para conocer cómo y
quándo los cometas al moverse por sus órbitas ya se acercan
mas , y ya se alexan mas del S o l, que los planetas. Los cír
culos representantes las órbitas de los planetas , cuyos nom
bres están notados sobre ellos , tienen su positura según el
orden succesivo , con que los planetas distan del S o l; mas no
tienen la situación correspondiente á la respectiva distancia de
cada planeta hasta el Sol ; pues para que tuvieran esta si
tuación , y la representáran á la vista , los dichos círculos de
berían ser diez veces mayores , que los círculos de la figurad
Para suplir la falta de estos círculos máximos , y para que á
la vista se representen las respectivas distancias , que los pla
netas tienen algunas veces hasta el Sol , sirve la linea de la
figura 2 , en la que suponiendo que el Sol está al principio
de la linea en la extremidad en que se lee Sol , y que los de
más planetas están en las rayas que se ponen enfrente de los
números 4. 7. 10. 15. 52. 95. 190. se tendrá á la vista la re
presentación de las respectivas distancias de los planetas, cu
yos nombres se notan en la misma linea. Las distancias respee-
pectivas de los planetas hasta el Sol están entre s í , como los
números 4. 7. 10. 15. 52. 9$. 190: por lo que el número 10
representará la distancia desde la tierra al S o l, que es de 34
millones de leguas : el número 15 (distancia de Marte hasta
el Sol) indicará 51 millones de leguas: el número 95 indica
rá , que la distancia de Saturno es nueve veces y media ma
yor que la de la tierra al Sol } y el número 190 indicará,
que Urano dista del Sol 19 veces mas que la tierra. Sobre
Urano está la región cometaria $ esto es , la región adonde
llegan los cometas en su mayor alexamiento del Sol.
La figura 3 representa las respectivas grandezas del Sol
y de los demás planetas. Por ser el diámetro solar ciento y
once veces mayor que el de la tierra , se necesita hacer un
círculo grandísimo , para figurar el disco solar j de modo ,
que los demás planetas se puedan respectivamente represen
tar con círculos algo visibles. A este fin , en la figura 3 se
pone el quadrante de un circulo , que represente al disco so
lar , y dentro del quadrante se ponen los demás planetas con
las grandezas que les competen , en comparación de la gran
deza del Sol. Se ignora hasta ahora la verdadera grandeza de
Urano , el quai ciertamente debe ser mas grande que se re
presenta en la figura. Se notan el nombre y el símbolo as
tronómico , con que se caracteriza cada planeta. A Urano,
por las razones que se expondrán en la página 1 del Tomo
IV se pone por símbolo una estrella sobre un círculo , el
qual símbolo se aplica á la platina, metal nuevo que se
apropia á Urano.
El semidiámetro del quadrante del disco solar puede ser
vir de escala para medir y determinar la respectiva grandeza
de los planetas, que se figuran dentro del mismo quadrante.
La escala es de 1?9,698 leguas, de que consta el semidiá
metro del disco solar.
QC ?TT£ì



