Viage estático al mundo planetario. Tomo I

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Madrid

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280
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Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Imprenta de Aznar
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
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Universidad Complutense de Madrid
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CC BY-NC-ND 4.0
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1793
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*1

VIAGE ESTÁTICO
AL M U N D O

PLANETARIO.
TOMO PRIMERO.

I

VIAGE ESTÁTICO
AL MUNDO PLA N ETA R IO ,
EN QUE SE OBSERVAN E L M E C A N ISM O
y los principales fenoménos del Cielo ; se inda­
gan sus causas físicas , y se demuestran la
existencia de Dios y sus admira­
bles atributos.
OBRA
-

del A bate D . L orenzo M e rv Ás r P a n d u r o,
S ocio de ht Real Academia de las Ciencias y A n ti­

güedades de Dublin , y de la Etrusca
de Cortona.

parte

CON

primera.

LICENCIA,

En Madrid 9 en la Imprenta de A znar.
AÑO MDCCXCIII.

Laurentius Hervàs , qui in Horcajo nobili oppido Marchiae
Laminitanae natus anno 1735 , cùm nomen dederit Soc. J.
in Italiana cum caeteris hujus religiosi ordinis anno 1767
deportatus, ab anno 1778 incipit typis Caesenatibus in lucem italicè emittere plura volumina sub titulo idea Universi,
in quibus decimum sextum cum duobus sequentibus, quae
de linguis agunt , admirationem mihi conciliavit propter
acumen ingenii, amplitudinem memoriae , et omnis gene­
ris eruditionem , quae in iis elucent =
De signis idearum opus secundis curii latiùs auctum : auctore Andrea
Spagnio. Romae 1788. in 4. num. 3.

AL E X C . mo S E Ñ O R

D. ANTONIO PONCE DE LEON,
C arrillo de A lbornoz , D uque de M on­
te mar , M arques del A guila , C onde de
V alhermoso, G rande de E spaña de
P rimera C lase , &c. &c.

EX C. mo SEÑ OR:
•0

1

»*

.111, A As ideas que á inspiraros en vuestra infancia
empecé feliz y fructuosamente, sin poder continuar
su cultivo , porque la adorable Providencia , que to­
do sabiamente lo gobierna , diverso é inevitable des­
tino me dió, me atrevo á renovar y promover en
*
es-

esta Obra , que obsequiosamente consagro á vuestra
dulce memoria é ilustre persona; sin ofensa ni des­
doro de la mayor instrucción literaria y christiana,
que después os ha dado otro A yo mas afortunado
y hábil que y o , aunque no mas deseoso de darosla con el mayor empeño y atención. Las primeras
semillas que en vuestro espíritu sembré envolvién­
dolas en la razón que luminosamente relampaguea­
ba al espirar vuestra infancia , fueron las precisas
y necesarias de la santa Religión, y estas mismas
ya floridas, y aun con sus frutos , os presento en
esta Obra , en la que llamando toda la atención del
hombre , propongo á su vista corporal y mental la
excelsa fábrica de los Cielos , morada visible del
invisible y eterno S er, para que por medio de la
contemplación de las regiones celestes, el hombre co­
nozca al Supremo Arquitecto en sus obras , y en
sus criaturas al Criador. Todo lo que el hombre
puede naturalmente conocer en Dios , llegará á co­
nocerlo si quiere , »»porque ( i) todo lo que natu­
ralmente es conocible en D io s, está visible á todos*
y á todos Dios se manifiesta : su divinidad , aunque
invisible , en sí hacen visibles sus criaturas.” Entre
estas los Cielos , que según la frase (2) de los li­
bros sagrados, son obra de las manos del mismo
D io s, nos descubren y vocean sus gloriosos atribu­
tos. Las regiones celestes están á la vista corporal
de los hombres , que no pueden mirarlas sin ambi­
ciosa curiosidad de conocerlas. Esta curiosidad, por
ser innata al espíritu humano , no es reprensible,
an-

(1)
(2)

S. Paul, ad Román. Ep. cap. 1. v. 19.
Psalm. 18.

antes bien loable y buena en su origen , pues ella
hace á los hombres desear el don de la ciencia,
para conocer y encontrar lo que les conviene ha­
llar. Por naturaleza el hombre ama su propio bien,
y desea curiosamente saberlo y encontrarlo; y ya
que en sí mismo no lo halla , ni lo puede hallar,
estimulado del innato amor de su Sumo Bien , y
de la ambiciosa curiosidad de conocerlo y hallar­
lo , lo busca fuera de sí, y todas las criaturas al
buscarlo le dicen , que ellas no son su verdadero y
sumo Bien , sino que son solamente medio para mos-'
trar al Supremo Criador, que lo es de sí mismo , y
de todo lo criado. El medio, pues, de conocer á
Dios, como Autor natural, y la escala para subir
á él por las criaturas , presento en esta Obra al es­
píritu humano en la estática observación de las in­
mensas regiones celestes , cuya fructuosa contem­
plación es su conquista cierta , ya que Dios no dio
al hombre la inquieta curiosidad de saber sobre ellas
lo que no podía ó debía lograr y gozar útilmente.
En la consideración , que desde el conocimien­
to del Cielo visible nos lleve al del Supremo Cria­
dor , propongo la conquista de aquel Cielo invisi­
ble , cuya posesión formará nuestra eterna bien­
aventuranza. Y he aquí, Excelentísimo Señor , que
esta Obra pide ser leída con espíritu militar, y con
ambición de conquistas. Este espíritu y esta ambi­
ción convienen á todo hombre, porque la vida (i)
humana es verdadera milicia sobre la tierra. »La
vida mortal de los hombres es milicia terrestre y
corporal, con que se defiende justamente la patria
mun-

(i)

Job, cap. 7.
* 2

mundana; y es milicia celeste y espiritual con que
se conquista la patria Celestial. Si el valor del cuer­
po es necesario para la milicia terrestre ; no me­
nos indispensable es el valor del espíritu para la
milicia celeste , estando (i) escrito por la infalible
Verdad , que en el Cielo solamente hacen conquis­
tas los valerosos.” Si la patria nos quiere militares
justamente defensores de ella , la Religión nos pide
m as; pues nos dice y m anda, que siempre seamos
militares conquistadores.
Religión , milicia y conquista son tres palabras,
Excelentísimo Señor, que no podréis leer sin enar­
decimiento de sangre, y sin noble ansiedad de es­
píritu : esto me hace juzgar vuestro carácter perso­
nal : de éste, que precipitadamente he nombrado,
nada me atreveré á decir, porque no me reprenda
silenciosamente vuestra modestia : mas ésta no im­
pedirá que lo llame, y deba llamar heredado; y si
pretende impedirlo obligándome al silencio, éste
acusarán gritando las loqüaces historias de los hé­
roes nacionales.
Permitid que yo hable de estos, y por necesi­
dad nombraré vuestros progenitores , no para elo­
giarlos únicamente por su descendencia Real , que
respecto de las dos estirpes Ponce de León y Carrillo
de Albornoz en vos unidas, y hoy intituladas C as tramonte y M o n te m a r , leo registrada en escritos no
de romancescos genealogistas, sino de historiadores
críticos, pues tal encomio por el solo origen os ser­
viría mas de confusión que de honor, si á él no
hubieran correspondido todos vuestros ascendientes
en
(i)

S. Matth. cap. n . v. 12.

en las succesivas generaciones, que con un (i) crí­
tico genealogista hasta vuestra persona, cuento en el
número de 31 por parte de Castromonte, y en el
número de 25 por parte de Montemar desde Fernán
González , Conde de Castilla.
Se tiene y alaba por gloriosa la descendencia
Real de una familia; mas su gloria queda sepul­
tada en su origen , quando falta el esplendor he­
roico en los descendientes , los quales, en tal caso,
podrán considerarse como caudalosos rios , que sa­
liendo del m ar, se ahogan luego ó se encenagan, ó
sumergiéndose en los abismos se reparten por ocul­
tas venas de la tierra , sin ver jamás la luz que
inunda é ilustra su superficie. La gloria de vues­
tra prosapia en su origen no fué mayor que ha si­
do en la succesion de generaciones: en éstas se ha
vuelto á enlazar ó mezclar con la sangre R e a l, co­
mo rio que renueva y ennoblece en el mar las aguas
que de él recibió.
En-

(1) Don Luis de Salazar y Castro , Genealogista exactí­
simo , expone principios y succesivas generaciones de la fa­
milia Osorez Ponce de León, en su Obra : Casa de Farnese,
tabla 10 , capítulo 5.
Felipe de la Gándara, Agustiniano , antes que Luis de
Salazar, trató largamente de la familia Osorez Ponce de
León , corrigiendo algunos errores que en la historia de és­
ta habia escrito Prudencio de Sandoval : véase la Obra de
Gándara, intitulada : Nobiliario , Armas , S e . de Galicia. Ma­
drid , 1677. fol. ¡ib. 2. cap. 6. p. 148. cap. 17. p. 216. cap.
25. p. 265:. El dicho Salazar trata de la genealogía Carrillo
de Albornoz (que empieza en Fernan-G onzalez, Conde de
Castilla ) , en su Obra : Historia genealógica de la Casa de
Lara. Madrid , 1696. fol. vol. 4. en el vol. 1. lib. 2. cap.
7. p. 71. en el vol. 3. lib. 19. cap. 1. p. 307. cap. 18. p.
369. y en la Obra ya citada Casa de Farnese.

Entre estos, Excelentísimo Señor, por el título
Castromonte leo enlazadas las estirpes Ponce de
León , y Osorez ú Osorio. Los Ponces no solamen­
te recibieron de Reyes la sangre, mas también la
dieron (i) á un manantial, de donde se deriva la
de los Reyes Españoles. La unión de los Ponces con
los Osorez , que forma vuestra prosapia paterna , es
un enlace de héroes políticos , militares y santos. Las
historias (2) eclesiásticas de España nos hacen cono(1)
El Jesuíta Luis Carvallo en su Obra Antigüedades
del Principado de Asturias. Madrid , 1695. fol. part. 2. tit.
22. 9. 5. p. 259. dice : »Era un gran Señor por estos tiem­
pos en Asturias el Conde Don G onzalo, y del linage de los
Ponces de este Reyno , que por entonces estaba muy sublima­
do , como todo lo toca el Doctor Don Alonso Marrón de Es­
pinosa , Arcediano de la Santa Iglesia de Oviedo , y con una
hija de este Conde , llamada Constancia , dice que casó el
Rey de Navarra , pariente muy cercano de esta Señora , y
natural de Asturias $ y era el Obispo Ponce , del qual ade­
lante se tratará , el autor del matrimonio. De esta Señora
Asturiana , que casó con Don García , Rey de Navarra , na­
ció Don Sancho el mayor , de quien descienden los Reyes de
España , como afirma Basco en el año 927 , por estas pala­
bras , &c. & c.” El crítico Jesuíta Josef de Moret , en su Obra
Anales del Reyno de Navarra. Pamplona , 1684. fol. en el lib.
11. cap. 3. num. 4. p. 509. » N i sería nuevo á la Casa del
Conde Don Gonzalo ( Ponce ) dar en matrimonio hijas á Re­
yes i porque la Reyna Doña Elvira , con quien casó Don Ordoño 111 de León , quando él repudió de Doña Urraca la hija
del Conde Fernan-Gonzalez , notoriamente fué hija de este
Conde Don Gonzalo. . . Y siendo , como parece , ciertas es­
tas memorias, resulta, que Don Sancho el mayor y Don Alon­
so V de León , eran tio y sobrino. . . Por ser ambos hijos de
dos hermanos ( Ponces ).”
(2) Véase Crónica general de la Orden de San Benito, por
F ray Antonio de Yepes , Benedictino. Valladolidt 1615. fol.
en el tomo 5. año 969. centur. ç. fol. 142 , S e .

nocer que los Osorez, militares ilustres por su Re­
ligión , valor y parentesco Real , con una mano
triunfaban y recogían los triunfos militares , y con
otra los ofrecían en el santuario. Las empresas mi­
litares , y las donaciones Religiosas, que de feudos
hicieron los Osorez ( vuestros abuelos, X V III, XXIII
y X X VI) demuestran su heroicidad y santidad. Es­
tas dos virtudes resplandecen singularmente en el
Santo (i) Osorio Gutiérrez (ó h ijo d e G utierre), del
que como también de su hermano , y de su her­
mana Urraca las memorias antiguas del Monasterio
de Lorenzana, publicadas por Yepes , exácto his­
toriador , autorizan y confirman , que el valor mi­
litar , la santidad y el celo del culto divino carac­
terizaban su familia.
Esta se ilustró con la unión de los Ponces, cu­
yo esplendor era tan grande , que á todos ellos el
nacimiento (2) daba igualmente la rica hombría, que
hoy se llama grandeza del R e y n o . A la segunda
generación del enlace, Pedro ( abuelo X V I ) , Álferez
mayor de Castilla , ó su Capitán General, casó con
Aldonza, hija del Rey Alonso IX ; y del valor y
lealtad de su hijo Fernán (abuelo X V ) , Adelanta­
do mayor de la Frontera , y Ayo del Rey Fernando
IV. El Rey Alonso X , su primo hermano, en
sus (3) Querellas, y en su Testamento dexó glorio­
sa
(1) La Fiesta del Santo Conde Osorio Gutiérrez se cele­
bra en Lorenzana el Sábado ultimo de Agosto. Véase la citada
Obra de Gándara, lib. 2. cap. 6 . p. 150.
(2)
Advertencias históricas sobre las Obras de algunos
doctos Escritores modernos , por Don Luis de Salazar y Cas­
tro. Madrid , 1688. 4. núm. 106. p. 264.
(3) El Rey Alonso X , en el libro de sus Querellas , que
dirigió á su primo hermano Fernan-Perez , Ponce ( esto es, á
Fer-

sa confesión y eterna memoria. Rodrigo , herma­
no (i) de Fernán , fué Maestre de Calatrava, y Ayo
del Rey Fernando I V ; y Pedro , su hijo , fué Ade­
lantado mayor de Andalucía , y Mayordomo ma­
yor del Rey. Fernán, nieto del dicho Fernán , fué
Maestre de Alcántara; Pedro (abuelo XI) y Juan
(abuelo X ) fueron ilustres (2) guerreros, y defen­
sores de la patria contra los enemigos de ella y de
la santa Religión. Rodrigo (abuelo IX ) (3) , fué hé­
roe , y padre de héroes , cuyas memorias , como las
de sus descendientes inmediatos , publica la historia
moderna , á cuya publicidad nada podrá añadir lo
que yo sepa decir : Los timbres del heroísmo de
vuestra prosapia paterna , he insinuado rápidamen­
te , Excelentísimo Señor, y con la mayor rapidéz
inFernan-Ponce , hijo de Pedro ) , empieza así: » A tí FernanPerez Ponce , leal cormano, é amigo , é firme vasallo.” El mis­
mo Alonso X en su Testamento dice así: »É los Cabezaleros
(esto es, Testamentarios) que hacemos, son estos, el Infante
Don Ju an , nuestro hijo^ é Doña Beatriz, Reyna de Portu­
gal 5 y D. Raymundo, Arzobispo de Sevilla ; y á D . FernanPerez Ponce , rico orne , nuestro hermano ( primo hermano ).”
Véase en las citadas advertencias de Luis Salazar , núm. 209.
pág. 275.
(1) Nobiliario del Conde de Barcelos Don Pedro , hijo del
R ey D. Dionis de Portugal, traducido y enmendado por Ma­
nuel de Faria y Sousa. Madrid , 1646. fol. tit. 21. p. 131.
§. Portees-, y p. 452. plana 131. Luis de Salazar citado : His­
toria de la Casa de Silva. Madrid , 1685» fo l• vol. 2. en el
vol. 1. lib. 3. cap. 3. p. 144- tabla 1.
(2) Nobiliario genealógico de los Reyes y Títulos de Es­
paña , por Alonso López de Haro. Madrid , 1622. fol. en el
vol. ó part. 1. lib. 4. cap. 7. p. 198- y 199*
(3) » A R odrigo, por la excelencia y alteza de su perso­
na , llaman comunmente nuestros Cronistas el gran M arquésAlcanzó por su gran valor y famosos hechos, grande esti­
ma-

ndicaré los de vuestra prosapia materna. Sobre és­
ta que ya representáis con el título de Montemar,
y por el genealogista Luis de Salazar, se empieza
desde Fernan-Gonzalez , Conde de Castilla, y si­
gue por la linea García de Aza , después Albornoz
enlazada con la de Carrillo , brevemente os diré
»que la linea de Aza no fué menos fecunda , ni me­
nos recomendable ( que la de L ara) , porque como
á emulación de la o tra, y por corresponder a su
alto principio produxo varones excelentes en todas
lineas . . . crió Princesas esclarecidas , se enlazó várias veces por casamientos en la Casa Real , y se
conservó muchos siglos en esplendor grande con la
posesión de gruesos Estados, y el goce de todos los
mayores honores que han sabido lograr las mas
ancianas y mas recomendables familias de esta mo­
narquía (Española ).” Estas expresiones no mias, sino
del genealogista Salazar ( i ) , que las profirió alegan­
do pruebas , me eximen de nombrar las ilustres dig­
nidades de muchos personages de dicha linea hasta
el siglo XII, en que ella derramada se distinguió con
el título de su feudo Albornoz. »Fué la Casa de A l­
bornoz (2) (habla el citado genealogista ) una de las
mas ilustres, y mas poderosas lineas que produxo
la de Aza , porque con la posesión de gran e Es­
tados celebró ilustrísimas alianzas , procreó insignes
vamacion entre los Españoles y demás naciones estrangeras, co­
mo son buenos testigos las Crónicas de estos Rey nos , & c.’?
Lopez de Haro citado , p. 201.
(1) Luis de Salazar citado : Casa de Lara , vol. 3. lib. 19.
cap. 1. p. 307.
(2) En el citado volumen 3. lib. 19. cap. 18. p. 365.
**

varones, y se hizo por las virtudes de ellos tan
señalada entre las primeras familias de la Nación
de España, que tuvo de mas el grande origen pa­
ra ser una de ellas. Nacieron en ellas algunos Ricohombres , un Mayordomo mayor del Rey , tres Coperos mayores, dos Cardenales de la santa Iglesia,
un Arzobispo de Toledo , y otro de Taranto : un
Legado y General de la Iglesia, otro Gobernador
de Milán y Consejero de Estado : un Vicario ge­
neral de las armas del patrimonio de S. Pedro: un
Comendador mayor de Aragón de la Orden de San­
tiago : muchos Comendadores y Caballeros de las
otras Ordenes Militares; y finalmente , quantas gran­
des calidades se hallan en las familias de mayor es­
plendor de Castilla, veremos solo en esta genero­
sa rama de la Casa de Aza.” Esta rápida enume­
ración , que de los héroes de la linea Albornoz ha­
ce el mas exácto genealogista Español , es confusa
y escasa. Quando se nombra al Cardenal Arzobis­
po de Toledo , que fué Gil A lv a re z de A lb o rn o z ,
es digno de notarse , que por linea paterna y ma­
terna tenia la gloria de descendencia R eal, como
advierte el crítico (i) Sepúlveda. El Cardenal A lbor-

(i) Historia de bello administrato in Italia per annos X V.
et confecto ä Card. iEgidio Albornotio Ab. Joan. Genesio
Sepulveda. Bononicc 1559. 4. Hb. 1. §. 5. »iEgidius. . . Patria
Conchensis ex clarissima Albornotiorum familia, patrem habuit
Garciam Albornotium, Principem virum , et multis populis do­
minantem qui genus ab Alfonso V. legionensium rege perpetua stimmatis claritate repetebat: matrem Theresiam de Luna,
qur-e eadem summo loco nata genus ducebat ä Jaimo rege Aragcmum.” Sepulveda dedicö ä Don Luis Carrillo de Albornoz
de

bornóz conquistó todos estos Estados Eclesiásticos,
y pacificó toda la Italia, cuyas historias celebran
unánimemente con encomios su memoria : el Car­
denal Albornoz , »dice la historia (i) Eclesiástica,
no debe ser nombrado jamás sin elogio : esclareci­
dísimo en el gobierno y en la milicia, y el mas
benemérito de la Iglesia Romana en la recuperación
de sus Estados.” Mariana, severo en sus censuras, lo
juzgó digno de sus (2) elogios : todos los Historia­
dores se los dan por su Religión , y acertado go­
bierno militar y político , calidades que por bene­
ficio divino heredó de su padre, cuya inscripción
sepulcral en la Catedrál de Cuenca , dice a s í: »Aquí
yace García Alvarez de Albornoz, fué buen Ca­
ballero , y de buena vid a, y sirvió bien los Seño­
res que ovo , y ayudó bien á sus amigos , y tobó­
se siempre con Dios en todos sus fechos ; é Dios
le fizo muchas mercedes, y entre todas las otras
mercedes fizóle una en muchos fechos de peligro,
en que se acertó que nunca fué vencido.” De A l­
varo ( vuestro abuelo XII ) , hermano del Cardenal,
el epitafio en la dicha Catedrál, dice a sí: »Aquí ya­
ce Don Alvar García de Albornoz, fijo de Don
Gar-

de Cuenca esta O b ra , que con aprobación del mismo Sepúlveda publicó Antonio Vela , traducida en Español, é impre­
sa en Toledo 1566. 8.
(1) Annalium Emmin. Card. Cass. Baronii continuatio per
Henricum Spondanum Episcopum , & c. Lutet'ue Parisiorum
1641. fol. tom. 1. armo 1367. p. 788. n. 2.
(2) Historia general de España, por Juan de M ariana, de
la Compañía de Jesús. Madrid 1618. fol. vol. 2. lib. 17. capít.
10. p. 92.
iy

García A lvarez... Mayordomo que fué del Rey En­
rique, y fué buen Caballero , y sirvió lealmente al
Rey Don Alonso... al Rey Don Enrique , en el qual
Caballero honrado nunca ovo mengua en él su ser­
vicio , y dexó de sí muchas y buenas fazañas.” Del
buen carácter de los Albornoces ^estaba cierto el
Papa Urbano V , el qual con (i) Breves , y por me­
dio de su Nuncio, les convidó y pidió que viniesen
á gobernar y administrar estos Estados Eclesiásti­
cos. El Cardenal Gil Albornoz , Arzobispo de Ta­
ranto , que también se nombra por el genealogista.
La descendencia de este Cardenal por el Jesuíta (2)
Oldaini se nota también ser Real. El genealogista
omite otro Cardenal Albornoz , mas ilustre que el
Cardenal Arzobispo de Taranto, el Ilustrísimo A l­
fonso Carrillo (3), pacificador de Roma, Legado Ponti-

(1) En la citada Obra de Sepulveda , lib. 3. fol. 43.
(2) Vine et reigesb'e Pontificum Romanor. et S* R .E , Cardinalium. Opera Alphonsi Ciaconi Ord. Prasdicat. et Augustini Oldoini S. J. Romee 1677. fol. vol. 4. en el vol. 4. año 1623.
§. 21. col. 562. iEgidius Carrillus Albornotius. . . Ex primaria
ulterioris Hispanice , quse etiam reges affinitate attingeret, nobilitate.
(3) Se trata largamente del Cardenal Alfonso Carrillo en
la Obra : Annales Ecclesiastici auctore Odorico Raynaldo. Ro­
mee 1659. fol. tom.i%. año 1418. n. 14. año 1419. n. 9. año 1424.
ti. 18. año 1431. n. 16. año 1432. n. 22. .y año 1433. Raynaldo
critica y reprende al Cardenal C arrillo, por haber aceptado
del Concilio de Basilea la Sobreintendencia y gobierno de
Aviñón y Carpentras , Provincias de la Iglesia Romana en
Francia ; mas Spondano , Autor crítico , en su Obra citada,
tomo 2 , año 1432 , n. 10 , sesión 4 , del Concilio de Basilea,
refiere , sin crítica ni censura, el gran honor que todo el
Con-

tificio á España, para que se emprendiese la con­
quista del Reyno de Granada, y para decir mucho en
pocas expresiones de personage tan ilustre, de quien
la severidad del crítico Mariana (i) habla así: »El
Cardenal Alonso Carrillo fué Varón de gran cré­
dito por su doctrina y prudencia, amparo y pro­
tector de nuestra nación. Sucedióle en el Obispado
de Sigüenza Alonso Carrillo.. . su sobrino.. . que
llegó á ser Arzobispo de Toledo.” »Hubo el Rey
(son palabras de la Crónica del Rey Don Juan Se­
gundo) de su fallecimiento gran sentimiento, y vis­
tióse por él de negro, y asimismo la Reyna y el
Príncipe , y todos los Grandes que en la Corte es­
taban.” Esta demostración descubre el mérito del
gran Cardenal Carrillo de Albornoz con la nación
Española , que le honró con luto de persona Real.
En la dicha Crónica se dice , que había sido A yo
del Rey Don Juan Gómez Carrillo de Cuenca, pa­
dre del Cardenal (2); »fué también Maestre-Sala de
los Reyes D. Juan II y D. Enrique IV , y Pedro Car­
rillo , padre de Góm ez, fué Mayordomo mayor de
Enrique II, y uno de los mas valerosos Caballeros
del tiempo del Rey Alonso XI.” Del Arzobispo de
To-

Concilio hizo al Cardenal Carrillo , dándole , sobre las dichas
Provincias , todas sus facultades , que no agradaron al Papa
Eugenio IV. El crítico Alfonso Ciaconio ó Chacón , en su
Obra citada , vol. 2. año 1404. col. 745. se equivoca en ha­
cer Asturiano al Cardenal Alfonso Carrillo, que nació en Cuen­
ca. §. 19.
(1) Mariana citado, lia. 21. cap. . p. 276.
(2) Salazar citado , Casa de Lara , vol. $.lib. 19. cap. 18.
§. 2. p. 385. 38. y 4.

6

Toledo, sobrino del Cardenal Carrillo Mariana (i)
habla así : »»Falleció Don Alonso Carrillo y de Acu­
ña , Arzobispo de Toledo, bien quede larga edad,
siempre de ingenio muy despierto, y apropósito, no
solo para el gobierno , sino para las cosas de guer­
ra. >»E1 mismo Mariana advierte (2) , que Alonso
Carrillo , Obispo de Pamplona , era sobrino del Ar­
zobispo Alonso Carrillo y de Acuña.” Velocísimamente he seguido el vuelo de la linea Carrillo de
Albornoz hasta el año 1649 , en el que ya ella pre­
paraba con la nueva generación de Sevilla ( á don­
de se habia transferido) nuevos héroes en los her­
manos Francisco (abuelo III), Conde segundo de
Montemar , y Capitán General de Popayán ; Pedro,
Almirante General de los Galeones ; y Diego, Te­
niente General de los Reales Exércitos, y en el va­
leroso, prudente y christiano, Gran Capitán Gene­
ral Josef ( visabuelo ) , que de Orán se apoderó con
verlo , y con desembaynar la espada á la frente
de sus Armadas , aterró á sus enemigos, y conquis­
tó los Ducados de Mantua y Mirándola, los pre­
sidios de Orbitelo , y los Reynos de Nápoles y Si­
cilia , los quales hoy á vuestra descendencia no pro­
meten otro premio , sino la gloria que quitarle no
pueden, de haber sido totalmente conquistados por
un progenitor que entre sus mas ilustres héroes re­
conoce , alaba y admira el presente siglo. Este es
un bosquejo , que me he atrevido á hacer de los
timbres de vuestras prosapias , de los que mas li­
bremente que de los vuestros personales, Excelen-

tí1)
2)

Mariana citado , lib. 24. cap. 12. p. 447.
Mariana citado , lib. 24. cap. 13. p. 428.

tísimo Señor, he podido discurrir ; pues aquellos
forman un honor no adquirido por los méritos de
quien lo heredó , mas destinado por la Suprema Pro­
videncia para gloria de las familias , á cuyos in­
dividuos no es pequeño consuelo descender de pro­
genitores , sobre los que el Cielo derramó sus ben­
diciones y gracias, y cuyas proezas y virtudes ha
alabado el mundo con admiración. Teneis, Exce­
lentísimo Señor , exemplos domésticos , los quales,
quanto mas internamente os tocan , tanto mas os
empeñan á imitarlos para ser tan útil á la Religion
y Sociedad , como éstas esperan y se prometen , y
como Rieron vuestros progenitores. Las gloriosas ac­
ciones de estos os he propuesto, y sus conspicuos
empleos , no para adularos , sino para deciros lo
que habéis heredado , y procuráis ser con la imi­
tación , y para que los nuevos inventores de la to­
tal igualdad civil entre todos los miembros de una
Nación , conozcan que la desigualdad aprobada y
formada por la buena legislación, es premio del he­
roísmo , y manantial de héroes , como lo ha sido y
es vuestra prosapia.
Contra mi costumbre he sido difuso en esta De­
dicatoria , porque en ella llegué á hablar de la glo­
ria de vuestros progenitores , y no podia mencio­
narla sin autorizarla, por ser tan común y antiguo (i)
en el mundo , enlazar con fingimiento ilustres pro­
ge-

(i) Cicero in Bruto, cap. 16. H is laudationibus bistoria re­
rum nostrarum est facta mendosior : multa enim scripta sunt in
eis , quce facta non su n t: fa lsi triu m ph i, plures consulates, ge­
nera etiarn fa lsa , et a plebe transitiones , quum homines burniliores in aliorum ejusdem notninis infunderentur genus.

genitores en descendencias plebeyas. Mas si por di­
fusión ó por alguna expresión poco limada yo hu­
biere faltado, estoy cierto que la bondad con que
me favorecéis , y de todas maneras me honráis , di­
simulará qualquiera defecto m ió, y que quanto os
ofrezco y he proferido , lo recibiréis y entendereis
como sincera producción de vuestro mas rendido,
fiel y aficionado servidor,

Lorenzo Hervas.

Roma 2 de Febrero de 1793.

IN -

I
INTRODUCCION.
!L o s Cielos son el objeto mas portentoso
que á la vista de los hombres presenta vi­
sibles la gloria (i) del Supremo Hacedor,
la magnificencia de sus obras, y la gran­
deza de su poder. Admirables por su in­
definida extensión , y por el número, va­
riedad y fenómenos de sus hermosos as­
tros , ofrecen continuamente al espíritu
humano materia de sublime y útilísima
consideración: mas por fatal inconsidera­ Los Cielos,
aunque si­
ción , ó vergonzosa ignorancia , los hom­ empre á la
bres acostumbrados á admirar mas las co­ visca de los
sas nuevas , que las ordinarias $ aunque hombres ,
se
éstas sean de magnificencia incomparable­ siempre
presentan
mente superior, suelen cebar solamente su admirables i
curiosidad en los efectos ó juegos extra­ su conside­
ordinarios de la naturaleza , y dexan de ración.
considerar los mas maravillosos de ella. A
la clase de estos hombres, cuya atención
llama solamente no la calidad, sino la no­
vedad de los objetos que se les presentan,
no pertenecen aquellos sabios verdaderos,
que no saben levantar la vista corporal á
las regiones celestiales, sin quedar men-tal( 1 ) Codi enarrant gloriara D e i , et opera,
tnanuum ejus annuntiat Jirmamentum. Psalm. 18.
P a rte I.
A

II

INTRODUCCION.

talmente absortos en su contemplación, ob­
servando siempre en los Cielos con nove­
dad y admiración los fcnoménos , que
aunque diarios, no por eso pierden el gran
mérito de ser los mas dignos de la curiosi­
dad y atención humana. Los verdaderos
sabios en las mas comunes causas y efec­
tos de la naturaleza descubren y leen los
caractéres divinos, con que están escritas
la magnificencia , sabiduría y gloria del
Supremo Hacedor. Este, aunque invisible,
se manifiesta , y hace conocer por sus
obras, hasta que los mortales, vestidos de
la inmortalidad, puedan (i) verlo y cono­
cerlo en sí mismo. En este mundo mor­
tal, dice San Pablo (2) , conocemos á Dios,
no en sí mismo, sino en sus obras(3) : del
mo(1) Quem nullus hominum r i d it , sed nec r i­
dere potest. 1. ad Timoth. 6. 16.
(2) Nidemus nunc per speculum in enigmate , fune autem facie ad faciem. 1. adCorinth.
i3. 12.
(3) Quoniam Deus crearit hominem in exterminabilem , et ad imaginem similitudinis su ¿e f e ­
rii illuni. Sapient. 2. 23.
Inrisibilia enim ipsius d creatura mundi per
ea , quae fa cta sunt , intellecta conspiciuntur :
sempiterna quoque ejus rirtus , et divinità* t
ita ut sint in excusabiles. Ad Roman. 1. 20.

IN T R O D U C C IO N .

III

modo que podemos percibirlo , se nos da
á conocer. En todas éstas Dios está : en
todas lo podemos buscar , y en todas lo
hallaremos , si con atención meditamos.
No puede existir la criatura en ningún
punto del espacio ( i ) , sin que en él pue­
da reconocer á su Criador} ni puede fixar su atención en ninguna cosa criada,
sin que ella misma le lleve al Autor. To­
das las criaturas con su existencia sola
predican el inmenso poder del Supremo
Hacedor, que les hizo existir con solo que­
rer que existiesen. Él hizo todo lo que
quiso: su querer fué el único principio de
su obrar } y en vano el Filósofo , que no
delira , hallará otra causa de la existencia
de las criaturas, de su continuación y sub­
sistencia , sino la voluntad de quien ha­
ciéndoles existir, quiso que continuasen
existiendo} pues que solamente puede ha­
cer durable la existencia de las criaturas,
quien fué capáz de dársela. Existen todos EI Ciiador
los entes criados con cierto orden, rela­ inmediato á
la criatura
ción y fines prescritos por quien los crió: en el influporque no puede haber efectos que no pro- xo , é infi­
ven- nitamente
(i) Quo ibo à spirita tuoi et quo d facie tua
fagiani ? Si ascenderò in coelum , tu Mie es : si
descendero in infernum, ades. Psalm. 138. 7.
A 2

distante de
ella en la
perfección.

IV

I NTRODUCCI ON.

vengan de alguna causa. Criador y cria­
tura representan causa y efecto : inmedia­
tos en el influxo de aquel, y en la depen­
dencia de la criatura , é infinitamente dis­
tantes en la perfección. Aunque la mas
perfecta de las criaturas en toda perfec­
ción dista infinitamente de su Criador, la
série de todas ellas forma una escala, por
donde el hombre subiendo mentalmente
puede acercarse al Criador. Al fin de la
escala que forman las criaturas del mun­
do material, está situada la región celes­
tial , en que el Hacedor y Rector del Uni­
verso estableció su morada, yen que se
revelará glorioso Remunerador á los hom­
bres, que en este mundo mortal le sirvie­
ron fielmente. No es lícito al hombre mas
justo, mientras está vestido de la mortali­
dad , entrar, y ni aun ver la celestial re­
gión en que rey na la inmortalidad} mas se
le permite ver su umbral, que forman los
interminables espacios que llamamos Cie­
los , en que giran inmensamente los des­
mesurados brillantes cuerpos que los ador­
nan y hermosean. Estos Cielos , de que,
como de la obra material mas portentosa
del mundo , desde el principio de este dis­
curso te he empezado á hablar , Lector,
llamando tu atención , presento como ob­
jeto el mas maravilloso y agradable no
me-

INTRODUCCION.
V
menos á tu vista que á tu consideración.
M ira , ve atentamente y considera , L ec­
tor m ió, los C ielo s, para conocer en ellos
al Supremo Hacedor : ellos no son nuestro
D io s , como fingió la ciega é impía igno­
rancia $ mas lo hacen conocer. L a pala­
bra ( i) Dios en su origen significó ver y
correr , como notó el docto Cardenal C u ­
sa ( 2 ) , con quien te diré : "C o rrer debe­
mos buscando con la vista al que todo lo
ve.... E s necesario que la vista corporal
preceda á la intelectual, y le sirva de es­
cala.’'
" E l estudio y la contemplación de los
C ielo s, decia un Filósofo (3 ), en cuya men­
te
(1)
Platón en su diálogo llamado Cratilo , en
que trata de la imposición de los nombres, insi­
núa , que la palabra Q c u g (d e que provienen los
nombres Deus , Dios , & c. ) , debe su origen á
la voz ©e¿y (corro): mas esta voz oiiginariamente significó también veo, miro , observo , &c. y el
gran numero de palabras derivadas de ©£¿y , que
significan visión , observación , &c. prueba clara­
mente , que & ¿ a g en su origen significó ver , ob­
servar , &c.
(2)
D . Nicolai de Cusa Cardinalis opera.
Basile^, 1565. íol. En el libro de qnarendo Deum
p. 292.
(3) Seneca. Quastion. natural, lib. 1. cap. 1.

,

/

VI
INTRODUCCION.
te no en vano alumbraba solamente la luz
de la razón natural, me conducen al cono­
cimiento de quien es el Autor de la natura­
leza ; de quien es Dios. Si por medio de la
contemplación de los Cielos no se me con­
cediera paso libre para llegar al conoci­
miento de D ios, cosa vana sería el haber
Ideas de la nacido. Entonces ¿qué cosa habría, por la
Filosofía pa­
qual yo me alegrára de estar en el mundo,
gana sobre
la contem­ y de contarme en el número de sus vivien­
plación de tes ? Por ventura ¿me alegraría y o , por­
los Cielos.
que podía llenar de licores, y henchir de
manjares este cuerpo perecedero, 6 porque
yo existía para ser siervo de un enfermo,
ó para temer la muerte á que todos esta­
mos destinados? Si para esto yo hubiera
de viv ir, no sería estimable la vida. ¡ O
qué despreciable es el hombre, si no levan­
ta su pensamiento sobre las cosas huma­
nas ! El estar sano, y el haber sujetado sus
pasiones , son bienes ; mas ellos no bastan
para formar todo el humano contentamien­
to: al mayor bien el hombre llega , quando
con la consideración sube á registrar y pe­
netrar los arcanos de la naturaleza en las
alturas de los Cielos. Desde estos el hom­
bre, observando la grandeza y hermosura
de sus estrellas , mirará con desprecio , y
aun con risa los palacios de los ricos y de
toda la tierra , con el oro que ha dado, y
con-

INTRODUCCION.
VII
conserva aun escondido en sus entrañas pa­
ra cebar la avaricia de los venideros. No
puede el hombre despreciar las grandezas
terrenas sino subiendo á los espacios inter­
minables de los Cielos, desde donde vea lo
pequeño del orbe terrestre tan cubierto de
mares en unas partes, y en otras tan áspe­
ro y silvestre. Entonces dirá : Este es el
punto de tierra , que á fuerza de guerras y
fuego se divide entre las gentes.”
Estos son los sentimientos de un sabio,
que discurre fomentando las simples y so­
las ideas, que le subministra la razón na­
de la
tural : i quales deberán ser los nuestros, si Ideas
Filosofía
á las ideas naturales añadimos las que en Christiana.
nuestro espíritu producen la série de tantos
descubrimientos astronómicos, y las máxi­
mas santas de la Religión? Los impulsos,
pues, de la naturaleza, las ideas innatas
de la razón , los deseos justos de una cu­
riosidad racional y voluntad no corrompi­
d a , la práctica y autoridad de los sabios,
y sobre todo, los consejos de los libros
santos nos estimulan y obligan á contem­
plar los Cielos para conocer á nuestro Cria­
dor , y reprueban como vana la persuasión
de los que por preocupación ó ignorancia
piensan , que la contemplación de los es­
pacios y cuerpos celestiales es estudio , en
que temerariamente se introduce y ocupa
el ingenio humano.
Si

VIII
Es vana la
opinión de
los que re­
prueban el
estudio de
los Cielos.

INTRODUCCION .

Si esta persuasion fuera cierta, vano
sería el dictamen de la razón , que nos es­
timula á conocer por la fábrica admirable
de los Cielos á su supremo A rtífice: vana
sería la voz de Dios , que en los libros san­
tos nos aconseja su contemplación $ é in­
útilmente ha puesto á nuestra vista siempre
abierto el libro grande de la naturaleza , si
nos niega leer en él $ ó es ilícito saciar con
su lectura nuestra natural curiosidad. Los
fenoménos celestiales, que Dios propone á
nuestra vista y demás sentidos , no suce­
den ni se presentan para que solamente los
veamos , y sintamos como juegos inescru­
tables de la naturaleza, sin licencia de pen­
sar y discurrir sobre ellos: no son oprobio
de nuestra eterna ignorancia, ni objeto de
temeraria esperanza de poder conocerlos
solamente
por revelación. Con tales feno­
El Criador
por medio ménos Dios se nos manifiesta como Autor
de sus obras de la naturaleza , y para oír sus voces bas­
habla á sus
ta la razón natural. ¿ Quién , sino Dios,
criaturas ra­
podrá determinar los límites de ésta en el
cionales.
conocimiento de la naturaleza ? E l hombre
los ignora 5 y sabe al mismo tiempo, que
quanto mas se exercita en la consideración
de las criaturas , tanto mas se acerca á su
Criador, cuyo poder, sabiduría y gloria
resplandecen en todo lo criado. El hombre,
pues, debe caminar y adelantar con tenaci-

INTRODUCCION.
IX
hombre
cidad en las ciencias físicas, hasta encon­ Elignor
trar los límites , que el Criador le haya límitesa losde
prescrito , y debe despreciar como vano y su ciencia
pueril el temor de los que por ignorancia natural.
6 superstición creen descubrir ó encontrar
en la naturaleza obras ó verdades , que Esta no con­
contradigan á la infalibilidad de la revela­ tradice á la
ción divina. Este temor estaría bien en el divina reve­
Filósofo mahometano, que por dogma de lación.
su secta debe vivir sepultado en la igno­
rancia, sin libertad para exáminar sus má­
ximas } mas no en el Filósofo christiano,
que por máxima de Religión profesa útil
y aun necesario el estudio de todas las cien­ La sabidu­
cias , y mira (i) la sabiduría como dima­ ría verdade­
nación de fuente divina , que las reparte ra es dòn
sobre todas las obras del Altísimo , y co­ celestial.
munica liberalmente á los que la desean. La
sabiduría, según las máximas del christianísmo, es locución del Criador á la cria­
tura , y de Dios al hombre. A la razón de
éste habla Dios como Autor natural ( 2 )
_______________________
por
( 1 ) Eccle.r. Omnis sapientia d domino Deo est...
et effudit Ulani super omnia opera sua , et super
omnem carnem secundum datum suum , et pr<abuti Ulani diligent ibus se.
( 2 ) Eccle. 13-5- ad magnitudine cnim speciei,
et creatura cognoscibiltièr poterti creator horum
videri.

Parte I .

B

La naturale­
za es eJ li­
bro de los
Filósofos, y
la revela­
ción es el de
los Teólo­
gos.

La ciencia
natural, y la
revelación
divina con­
ducen á un
mismo fin.

X
^INTRODUCCION.
por el órgano de la naturaleza $ y á su fé
habla como Autor sobrenatural por el ór­
gano de la revelación. Dos son los libros
en que debe leer el sabio, dice con razón
Briga ( 1 ) : uno es el mundo, y otro la Es­
critura sagrada 5 esto es, naturaleza y re­
velación : ésta nos descubre la voluntad del
Criador , y aquella nos hace conocer su
poder y su sabiduría: En el primer libro
lee el Físico, y en el segundo el Teólogo.
Con la consideración y con el conocimiento
de la naturaleza el hombre rastréa el po­
der inmenso de su Criador, y se enciende
en deseos de saber su voluntad santísima,
que se manifiesta por la revelación. Entre
el poder y la voluntad divina, de quienes
dependen naturaleza y revelación , no hay
contrariedad ú oposición alguna, porque
proceden de un mismo manantial 5 y aun­
que van por caminos diferentes, conducen
al hombre á un mismo fin. Así discurría el
profundo Tertuliano (2), diciendo: Que el
________ ____________________________es(1) Melchior Briga , jesuíta : Scientiae eclipsium commercio sinarum illustrata. Romde, et
Lucde , 1745. 4. vol. 4. P ars 3. Epístola acad.
Rekiniensi.
(2) Tertuliano: De resurrect. carn. n. 12.
Dtum pr demissis se naturam magistram , quo fa cilius credas prophetia discipulus natura.

INTRODUCCION.

XI

estudio ó conocimiento de la naturaleza lexos de oponerse á la revelación , era como
maestro que encaminaba y disponía los
hombres á ella. La naturaleza apareció an­
tes que la revelación , para que con su ma­
gisterio y sublime hermosura nos dispusié­
semos fácilmente á creer las profecías. " E n
nada , dice bien Huet ( i ) , deroga la razón
á la fé que exige la Religión santa: si la
razón no es causa de creer , no dexa de ser
instrumento que facilita la creencia.” Co­
nozcamos , pues , que la Religión natural
se funda en la razón y en la naturaleza; y
que éstas allanan el camino á la revelación
y felicidad eterna.
En el buen uso y combinación de la ra­
zón y estudio de la naturaleza se funda
también nuestra felicidad temporal. Para
prueba de esta verdad no haré prolixa re­
lación de los innumerables beneficios que
debemos á la Medicina , Química , M ecá­
nica y demás ciencias física s, mas restrin­
giéndome á los límites de la Astronomía,
objeto principal del presente discurso , so­
lamente insinuaré , que en los astros tene­
mos
( i ) P e tr iD a n ie lis H u e t, qu ¿ostiones alnetan*
de concordia ration . et Jidei. Paris. 1690. 4. lib.

1. c. 5. n. 7. p. 65.

La felicidad
temporal se
aumenta
con la cien­
cia natural.

Ventajas
temporales
de la Astro­
nomía.

XII
INTRODUCCION.
mos los medios únicos é infalibles para dis­
tinguir y dividir los siglos , edades , años,
meses , dias y horas, con que maravillosa­
mente arreglamos el tiempo , y hacemos
oportunamente las sementeras , recogemos
los frutos terrestres, y nos empleamos en
la caza y pesca de los animales. Los astros
son nuestras guias y maestros para saber
y señalar desde nuestras casas todos los
puntos del Cielo y de la tierra con la ma­
yor certidumbre , como si los hubiéramos
visitado personalmente. Con la dirección
de los astros emprendemos sin temor, y ha­
cemos sin errar largos caminos y navega­
ciones , para buscarnos, comunicarnos y
asistirnos fraternalmente todos los hijos de
Adán , como miembros de una misma fa­
milia. Por medio de la ciencia astronómica
hacemos que sean comunes en cada punto
de la tierra las innumerables y várias pro­
ducciones que ella nos da en climas y lu­
gares diversos para nuestra subsistencia y
comodidad : nos comunicamos las ventajas
y los adelantamientos en las artes mecáni­
cas y en las ciencias , y nos unimos con
vínculos de nueva y felicísima hermandad
en Religión. La relación de la ciencia as­
tronómica con la felicidad civil de la So­
ciedad humana ha abierto , como notan los
Historiadores modernos, la puerta á los Minis-

INTRODUCCION.
X III
nistros Evangélicos en todo el Oriente , y
principalmente en el gran Imperio de la Chi­
na. En éste el Jesuíta Matéo Ricci (i) introduxo el catolicismo por medio del estu­
dio astronómico, y no se obtuvo la licen­
cia de anunciarlo públicamente hasta que
los célebres Jesuítas (2) Rho y Schall, re­
formadas las tablas astronómicas, y el Kalendario Chino , pronosticaron al Empera­
dor de la China el tiempo verdadero de los
eclipses, que erróneamente predecían los
Astrónomos Chinos.
Esta breve enumeración de los benefi­
cios incomparables que en lo espiritual y
corporal produce la ciencia astronómica,
nos descubre la intrínseca relación de ésta,
con nuestra felicidad eterna y temporal;
y hace ver que piensan siniestramente los
que juzgan unir la piedad religiosa con la
ignorancia de las ciencias naturales. Los
progresos que en éstas hacemos deben su
ori( 1 ) H istoric societatis J e su : pars V . anetore Josepho Ju'vencio ejusd. societ. Romee. 17 10 .
Jol. en el lib. 19. n. 15, p. 535.
(2) Dell’ historia della Compagnia di Gesù:
China: da Daniello Bartoli gesuita. Roma, 1663.
fol. lib. 4. p. 1096. Véase Briga citado: E pis­
tola Academia pekin. p . 4.

X IV
INTRODUCCION.
origen , como bien dice Séneca ( i) , á las
semillas que nos son innatas y procréan
nuestras id eas, aguzando Dios ocultamente
nuestra mente. Todo lo que se halla de nue­
vo es producción humana y don divino, di­
ce con razón Plinio (2); y desconocido é
ingrato será á los dioses el que no recono­
ce sus dones graciosos en todo lo inventa­
do. Don divino son también la laboriosidad
de nuestros antiguos en cultivar y adelan­
tar las ciencias, y su humanidad en comu­
nicarnos lo que han inventado.
En la ciencia astronómica debemos mu­
cho á la venerable antigüedad : imitemos
Somos deu­ su exem plo, y hagamos que nos deba a l­
dores de la
go la posteridad. Es limitado el ingenio hu­
antigüedad:
mano , y breve la vida del hombre que de­
seamos
acreedores
sea saber mas que lo que por sí mismo pue­
de la pos­
de conocer. Por esto con la succesion de
teridad.
generaciones debemos conspirar á perfec­
cionar y aumentar nuestros conocimientos.
Los nuevos y admirables descubrimientos
que cada dia se hacen en las ciencias físi­
cas
( 1 ) Seneca, lib.4. benefìc. c.6. N e dixeris illa,
qiue invenimus, esse nostra. Semina artium om­
nium insita sunt nobis ; et Deus magister ex oc­
culto a cu it, et excitat ingenia.
(2) Plinio , N a tu ra l. hist or. lib. 27. cqp. 1.

INTRODUCCION.

XV
cas demuestran, que el mundo, después de
tantos siglos como cuenta desde su crea­
ción , aun es joven; y esto mismo hace co­
nocer claramente su poca antigüedad y
dura la
principio cierto. Si el mundo fuera tan an­ Aúnjuventud
tiguo como quieren algunos Filósofos, ¿có­ del mundo.
mo es posible que se hubiera adelantado
tan poco aun en aquellas ciencias, cuyos
progresos dependen en gran parte de la ca­
sualidad , y se logran ciertamente con la
succesion de tiempos y con la experiencia?
Se verifica aún que la antigüedad de los
siglos no basta para que en el orden filo­
sófico llamemos viejo al mundo, cuya ju­
ventud deben conocer y confesar los sa­
bios que reflexionen bien sobre la moder­
na invención de tantas cosas en la Astrono­
mía , Física , y en las artes mas mecánicas.
Ef mundo será viejo, quando el ingenio y
la industria de los hombres'cesen de inven­
tar , y falte materia á la novedad. La ex­
periencia diaria de tantas invenciones nue­
vas y modernísimas hace conocer que dista­
mos mucho del tiempo en que empezará la
vejéz del mundo. En éste, dixo el Sabio (i) Falta mu­
cho tiempo
di- para
que lle­
gue la vejéz

Quid est qùod fu it ì ipsum , quod futu­ del mundo.
rum est : qiiid est , quod factum est ? ipsum quod
faciendum est. N ihil sub sole novum. Eccles. 1. v.9.
(i)

\

XVI IN T R O D U C C IO N .
divinamente iluminado , no hay cosa nue­
va : lo que se hizo en tiempos pasados per­
severa en los presentes; y lo que se verá
en los venideros, ya ha sucedido en los pa­
sados. Todo esto se verifica en el orden fí­
sico , en el qual la naturaleza, según su
obrar constante y subordinado á las leyes
inalterables que la impuso el Supremo Au­
tor , produce hoy los mismos efectos que
producirá hasta el fin del mundo , y ha
producido desde su principio. No sucede
esto en las producciones que dependen de
la industria y del conocimiento humano, y
que en su variedad, novedad y número cre­
cen continuamente á proporción que corre
el tiempo: el mundo camina á su vejez, se
multiplican los accidentes , se combinan las
casualidades, y el hombre se aplica al es­
tudio y á la observación de la naturaleza.
Al complexo de estas causas debemos la
série admirable de tantos descubrimientos
no menos útiles que nuevos en las artes y
ciencias naturales , y principalmente en la
astronomía, que dará materia útil y deleytable á los discursos que se harán en esta
Obra , que he juzgado intitular Viage Es­
tático al mundo Vianetario ; porque en éste
se observan los fenómenos astronómicos, y
porque para observarlos , es necesario que
elevándonos estáticamente con la mente recor-

I N T R O D U C C I O N . XVII
corramos, penetremos y viagemos por to­
dos sus espacios inmensos. En este viage
no seguiré el rumbo de aquellos Autores
peregrinantes y medio dormidos , que con
título de sueños, recreaciones y entreteni­
idad
mientos hablan de los Cielos criando ca­ deInútil
los
prichosamente nuevos mundos, fingiendo ri­ mances.ro­
diculamente pobladores , é inventando le­
yes y modos fantásticos de gobierno. Este
método de escribir itinerarios que invento
el entusiasmo de algunos Poétas , y pro­
movió la fantasía desordenada de algunos
Filósofos, si no es nocivo , solamente po­
drá servir para divertir, ó como se dice
comunmente , para pasar el tiempo. Esta
verdad conoció y confesó Fontenelle en una
relación ó romance que en este estilo escri­
bió sobre los planetas. Tales métodos, que
se creen útiles para deleytar , son cierta­
mente inútiles para instruir y descubrir la
verdad $ ó por mejor decir , serán única­
mente propios para que el hombre nunca la
conozca, y se deleyte solamente con la fal­
sedad. Miserable y viciosa es la mente que La falsedad
repugna al
en ésta juzga encontrar el placer que no verdadero
se puede hallar sino en la verdad. Las co­ placer del
sas falsas por mas sorprendentes que se fin­ espíritu.
jan ó pinten , no pueden ser agradables si­
rio á las mentes villanas, que se alimentan
con la inverisimilitud y ridiculéz de chistes
Parte I.
C
v

XVIII

Guias y na­
ve aerostá­
tica pata ha­
cer el viage
estático.

INTRODUCCION.

y bufonadas. Las mentes ilustres y nobles
en el pensar se alimentan solamente con la
razón y verdad. Con estas ideas, Lector
mió , te propongo y convido á hacer por
los espacios etéreos un viage ó navegación
estática, en que nuestro objeto será la ver­
dad 5 la razón y la experiencia serán nues­
tras fieles g u ia s, y la fantasía solamente
nos servirá de barca para navegar , y de
pintor para figurarnos todo lo que hemos
de ver. En este viage mental visitarémos
en los Cielos mas de lo que alcanzamos á
ver desde la tierra: mucho vemos desde és­
ta , mas nuestra vista es muy endeble $ y
nuestra mente con una perspicacia poco
inferior á su curiosidad casi divina es su­
mamente penetrante y capáz de introducir­
nos mas allá de lo que alcanzamos á ver.
En este viage yo mismo , Lector mió,
te serviré de criado , compañero, director
y maestro : te mostraré mas de lo que
llegas á ver desde el orbe terrestre, y to­
do lo que ha logrado conocer el estudio as­
tronómico de los terrícolas. Verás con gus­
to , y entenderás con admiración lo que
tú muchas veces has visto casi como las
bestias , sin reflexión y sin curiosidad ra­
cional. T e llevaré sin temor de errar por
los caminos y senderos que han descubier­
to y pisado otros sabios , cuyos pasos se­
g u í-

I N T ROD U C C I ON .
XIX
güiras. Seré fiel en mi dirección : tu te
abandonarás á ella , y yo á la razón y ver­
dad. Espero que no puedas decir de mí lo
que Huighens (i) del sabio K irchér, que
viajó por los espacios etéreos , y por no ha­
blar lo que sentía según Huighens, dexó de
decir cosas mejores que las que produxo en
sus escritos públicos. Ignoro si acertaré á
decirte siempre lo mejor 3 mas sé que siem­
pre te declararé sincéramente quanto sien­
to. Deseo decirte siempre la verdad : si La verdad
acierto á decírtela , sé que no yerro , por­ no se cono­
que la verdad se opone á todo error. Si á ce si no falta
la preocupami empleo de director conviene llevarte por don.
el camino de la verdad y razón $ al tuyo
de instruido y de amante de la Sabiduría
convendrá desterrar de tu espíritu toda
preocupación, para seguirme sin tropezar,
y entender claramente todo lo que te he de
explicar. En el viage tendrás la bondad,
y aun paciencia de ver y oír solamente: fi­
gúrate , te suplico, que estás para oír la
explicación de los escritos del grande Pitágo(i)

C o g ita v i non nunquam melior a d K i r che-

ro expect a r i potuisse , si qu<£ sentiebat , libere
Christiani Hugenii ope­
ra v a r ia . Lugd. B a t a v . 1734. 4. voi. 2. Enel
voi. 1. Cosmothéoros lib. 2. p. 693.
C2

exponere ausns

fu isset.

XX I N T R O D U C C I O N .
goras, y que debes escuchar y atender con
aquel profundo silencio con que sus discí­
pulos los oían explicar al mismo Autor. Si
yo no soy otro Pitágoras , persuádete que
por medio de mi persona te hablan varios
Filósofos no inferiores á Pitágoras en el in­
genio , y superiores en la observación de la
naturaleza: Filósofos tales, á quienes Pi­
tágoras cediendo su magisterio hubiera oí­
do como el mas humilde discípulo.
Nuestro viage estático, compañero mió
carísimo , no se hará de un vuelo, sino por
jornadas ^ parándonos en cada uno de los
planetas , para observar atentamente en
ellos su grandeza, su curso, sus habitado­
res, si los hubiese, y dem ás fenómenos dig­
nos de nuestra curiosidad racional. Desde
la tierra observamos los astros , y con la
vista , aunque material y endeble , nuestro
espíritu vuela y va a visitarlos . en nuestro
viage la observación se hará en los mismos
astros , remontándose sobre ellos nuestro es­
píritu , el qual sin necesidad de viático,
ni de la nave aerostática del Jesuíta Lanis,
ni del palón volante de Montgolfier (i), su( i ) Montgolfier en el año 178 3 se valió del ayre
inflamable para elevar un palón, que sirviese como
de

INTRODUCCION. XXI
birá á las mas elevadas alturas, y girará
por la inmensidad de los espacios etéreos.
Harémos este vuelo mental sin necesidad de
aplicar los olores de Des-Cartes á nuestro
cuerpo , para que quedando enagenado de
sentidos se facilite la salida á nuestro espí­
ritu. El cuerpo que tenemos como terríco­
las quedará entre estos : y sin necesidad
de atormentarlo , el espíritu que lo anima,
y nos hace semejantes á los celícolas , vo­
hombre
lará , como á su patria y centro , á los esE1 terrícola
espacios celestiales. Habitadores de la tier­ por el cuer­
ra con el cuerpo, y observadores del Cielo po,)' celíco­
por el es­
con el espíritu exercitarémos el noble y lapíritu.
gran carácter, que el Hacedor nos ha da­
do de Cosmopolitas y Señores del univer­
so. Al salir de la tierra, amado compañe­
ro mió, no te juzgues forastero en los nue­
vos países que visitarás $ porque á todos
ellos te dan derecho patricio el título y la
dignidad que gozas de Cosmopolita $ nom­ El hombre
bre con que te llamaré en todo el viage, es Cosmo­
, que
para hacerte presente, y renovarte conti­ polita
tiene
dere­
nuamente la memoria del carácter y fin con cho patricio
que viajamos. No te asuste , ¡ ó Cosmo- á los Cielos.
po­
de barca para navegar por la atmósfera. El primer
navegante fué el célebre y desgraciado Pilatre de
Rozier.

XXII

INTRODUCCION.

políta mió! la idea de la gran significación
de tu nombre : ni te desaníme el objeto de
la empresa, porque v a s , no á conquistar,
mas á ver y señorearte de mundos nuevos y
mayores que los que aturdieron á Alexandro. Somos gente de p az, y vamos á países
pacíficos, en que jamás se oyó qué cosa
sea guerra , y ni quizá se tiene idea de su
nombre. Vamos á entrar en reynos de sa­
bios, sobrios en las pasiones , pobres dé pa­
trimonios terrestres , y ricos por la pose­
sión de la virtud y sabiduría, y por el se­
ñorío de las regiones celestiales. Entre los
terrícolas se creen felices los destinados á
descubrimientos de nuevos mundos $ y mas
felices los primeros que gozan sus rique­
zas : ésta y mayor felicidad tendremos no­
sotros sin temor de que el infame amor del
oro nos obligue á cometer aquellas vilezas,
que con horror de la humanidad, han co­
metido muchos terrícolas en los descubri­
mientos terrestres.
No te persuadas, Cosmopolita mió, que
somos los primeros en esta empresa , en
que nos han precedido tropas de sabios de
todas naciones ; mas no por esto se nos ne­
gará el honor de entrar en el rango de Con­
quistadores 5 pues que en la inmensidad del
nuevo mundo que visitarémos , hay aún in­
numerables regiones por descubrir. Tam po-

INTRODUCCION. XXIII

poco creas , que nuestro viage es por si­
tios tan solitarios, que no encontremos en
ellos muchedumbre de terrícolas que los
freqüentan, 6 han elegido por su habita­
ción perpetua. Acuérdate , que como refie­
re el Jesuíta Daniel (i) "apenas se empezó queNaciones
á hablar del nuevo mundo de Des-Cartes, chohanviagehe­
quando muchedumbre de Franceses , In­ al mundo de
gleses y Holandeses resolvió luego visitar­ Des-Carees.
lo y reconocerlo. Los Españoles, dice el
dicho Autor, viendo que no se trataba de
minas de oro y plata , no se mostraron
deseosos de hacer nuevos descubrimientos
en tal mundo. A la verdad, en el mun­
do hipotético de Renato Des-Cartes la
tierra se mueve al rededor del Sol, como
se supone moverse en el mundo de Copérnico : y se sabe que Des-Cartes ha com­
binado algunas reflexiones , quizá melancó­
licas , con las resultas y accidentes del po­
bre Galiléo, por haberse obstinado en dar
á la tierra el movimiento, que el vulgo da­
ba al Sol.” Te he querido referir, Cosmo­
polita mió, este chiste curioso, que se lee
en el viage al mundo de Des-Cartes, pa­
ra que en el que harémos prontamente al
mun( i ) V oyage du monde de Des-Cartes. Ams­
terdam , 1700. 8. Première partie, p. 1 .

XXIV I N T ROB UCCIO N.
mundo planetario, procedas sin preocupa­
ción , y con el mayor conocimiento. Es
cierto , que por no pocos años se ha te­
nido gran dificultad en fletar embarcaciones
para el mundo planetario, y se escaseaban
los pasaportes, por temor de que los via­
jantes inspirados de espíritu de novedad,
engañasen al vulgo con relaciones poco sin­
ceras de lo que habían observado en los
nuevos descubrimientos : mas después que
la historia de estos se ha publicado por
viajantes de autoridad $ ya libremente des­
de todos puertos se permite, y aun se pre­
mia la embarcación para qualquiera región
del mundo planetario. En éste , si creemos
á las noticias y relaciones de Luciano , Dan­
te , Ariosto , Huighens , Daniel, Estancél,
Fontenelle , y de otros historiadores 6 ro­
mancistas , encontraremos ángeles , planc­
heólas , espíritus de terrícolas pitagóricos,
peripatéticos, copernicános, cartesianos,
neutonianos , y tropas de naciones Européas , principalmente Francesa, Inglesa y
Holandesa. El Holandés ciertamente no se
suele encontrar sino en los países en que
compra ó vende especería : el Inglés mira
como patria propia los puertos en que se
hace comercio de mar ; y el Francés vo­
luntariamente se detiene en todos los paí­
ses en que se cocina bien, se peyna con ga­
lán-

I N T R O D U C C I O N . XXV
lantería , hay gran despacho de quinqui­
llería, y reyna el espíritu de la moda. To­
dos estos objetos de ocupación ó ambición
humana faltan, Cosmopolita , en el mundo
Planetario que visitarémos : faltan también,
según mis observaciones hechas en otra
visita ó viage , los moradores naturales y
forasteros , que el entusiasmo de algunos
romancistas fingió ó juzgó vanamente exis­
tir en él : por lo que no te persuadas via­
jar por continuas poblaciones, sino por so­
ledades eternamente silenciosas: ni juzgues
encontrar fantasmas que te asusten, ó es­
pecies de vivientes que te diviertan ú hor­
roricen. Nada de esto verás: mas su falta
no disminuirá el placer , y casi continuo en­
canto , en que se abismarán gustosamente
nuestra consideración , curiosidad y admi­
ración , al observar continuamente objetos
nuevos y estupendos, que nos harán cono­
cer y adorar humildemente la Omnipoten­
cia y Providencia del supremo Hacedor. H a­
brás oído contar cosas grandes del mundo
Planetario: mas al oírlas , tu fantasía te las
El que no
habrá figurado ó pintado con el color y con viaja
estáti­
la calidad de las ideas que te suministra la camente á
vista de los objetos terrestres. En una pala­ los Cielos,
estos so­
bra , del Cielo tú solamente sabes el nombre; de
lamente sa­
y la idea que de él formas, es la misma que be el nom­
tienes de la tierra, porque no has visto si- bre.
Parte I.
D
no

XXVI I N T R O D UCCIO N.
no cuerpos terrestres. No dudo que habrás
oído hablar mucho de la diferencia entre
estos y los celestiales $ mas quando se tra­
ta de objetos sensibles y sumamente dife­
rentes , la vista, y no el oído, es el medio
único para formar idea justa de su verda­
dera naturaleza y diferencia. La vista tam­
bién de los objetos celestes servirá para que
con la ocular observación descubras mu­
chas particularidades que no habrás oído.
El curioso no viaja jamás , aun por los paí­
ses mas conocidos , sin que descubra mu­
chas cosas nuevas. Quantas podremos y de­
beremos descubrir nosotros , que vamos á
emprender por las regiones celestes un viage incomparablemente mas glorioso, que el
mas famoso hecho al rededor de la tierra.
Los Españo­ España fué la primera, que habiendo des­
les fueron
los prime­ cubierto la América , envió cinco navios
ros que ro­ al comando de Hernando Magallanes pa­
dearon el ra observar y descubrir la figura de todo
orbe terres­ el orbe terráqueo : y ¿en quanta expecta­
tre.
ción estuvo toda Europa al oír el proyec­
to de esta inaudita empresa? Se efectuó el
proyecto} y al publicarse su execucion y
la noticia del deseado descubrimiento, la
admiración dexó estáticos á los vivientes}
y podemos creer, que en otro orden de na­
turaleza tumultuariamente se hubiera levan­
tado de sus sepulcros toda la antigüedad
pa-

XXVII
para oírlo y verlo. Nosotros, pues , Cos­
mopolita , sin tanto aparato de navios harémos silenciosamente una navegación ma­
yor que la de Magallanes. E l viage de és­
te fué tan célebre, que al navio en que se
embarcó, se dio el nombre de Victoria (i),
porque victoriosamente se habia rodeado
todo el mundo con él ; y para que no pe­
reciese su memoria , se ordenó (2) que to­
dos los años se carenáse y compusiese. Si
el viage de la náo Victoria se hubiera he­
cho en tiempo del antiguo paganismo, és­
te la hubiera colocado en el lugar que ocu­
pa entre las celestes costelaciones la celes­
te nave Argos. Draco, 76 años después de
Magallanes, rodeó el orbe terrestre , y la
nave en que navegó fué celebrada (3) , co­
mo
I N T R O D U C C I O N.

(1) Abraam Ortelio pone á la náo Victoria el
siguiente elogio , que refieren Murillo y Riccioli,
que se citarán inmediatamente:
Prima ego volivolis ambivi curribus orbern,
Magallane novo te duce ducta fr e ía
A rnbivi, meritoque vocor Victoria : sunt mi
Vela , al¿e , premium , gloria , pugna mare.
(2) Véase Geographias , et hydrographi# reformatíe libri X II. auct. Joan. Baptista Ricciolio
§. I. Bononias , 1661. fol. lib. 10. c. 39. p. 541.
(3) Camdeno pone el siguiente elogio á la
náo de Draco:
Plus
D2

.

X X V III
IN TR O D U C C IO N
mo en nuestros dias ha sido también cele­
brado el palón con que Blanchard pasó en
compañía de otro el estrecho de mar desde
DouPIus ultra , herculeis inscribas , D r a c e , colnmnis:
E t magno, d icas, H ercule major ero.
D ig n a ra tis, qu¿e stet radiantibus inclyta stcllis.
Supremo coeli 'vértice digna ratis.
A lo de Agosto de 1 5 1 9 salió del Puerto de Se­
villa Hernando Magallanes con cinco navios y
2 37 hombres. Magallanes fué muerto en Mactan
enfrente de Cebú ; y Ju an Sebastian Cano , V iz ­
caíno , entró á comandar en lugar de Magallanes.
D e los cinco navios uno solo llamado Victoria,
con 18 hombres entró en el Puerto de Sevilla el
dia 8 de Septiembre de 1 5 2 2 , habiéndose em­
pleado en la navegación 1 1 2 4 dias. A Cano dio
^Carlos Quinto el escudo en que estaba el glo­
bo terrts re con este epígrafe: Primus circundedis-

ti me.
Draco emprendió en el 1 5 7 7 sil navegación, y
tardó 1056 en rodear el globo terrestre : era hijo
de un pescador , y fué hecho Caballero en In g la­
terra. Riccioli en su Geografía citada , lib. 3. c.
24. p. 10 4 . pone las siete navegaciones , que ro­
deando el globo terrestre se hicieron desde el año
de 1 5 1 9 hasta el de 1625 ; y en el cap. 22. p. 92.
refiere las mas insignes navegaciones hechas desde
el año 127 0 hasta el 16 4 3. Claudio Bartolomé
Mor isoto , en su obra Orbis m aritim i historia.
Divione. 16 4 3 . f 0^
hb. 2. cap. 20. p. 483.

re-

INTRODUCCION.

X X IX
D ouvre hasta Calais. M as estos via g es,
con que se hicieron principalmente célebres,
no solo los que rodearon el orbe terrestre,
sino también las naves en que navegaron,
son muy inferiores, y como un breve pa­
seo de convaleciente respecto de lo que no­
sotros viajaremos. E l viage de la náo V ic ­
toria , que se cree el mayor de quantos
viages se han hecho después por otras na­
ves con que se ha rodeado el orbe ter­
restre , no llegó á ser de quince mil le­
guas ( i) : y el nuestro será de millares de
millones de leguas. Haremos este inmenso
viage sin el equipage de navio , provisio­
nes , soldados , cañones , ni defensa algu­
na de personas ó arm as, porque viajare­
mos por regiones, en que es superfluo, y
no se permite este pomposo aparato de vanirefiere algunas navegaciones de los Españoles, de
quienes dice : O ceanus vondum co gn itu s in Ib ero rum im-perium consentit. Murillo en su Geografía,
que se citará inmediatamente, vol. i. lib. i . c. $.
trata brevemente de algunas navegaciones de los
Españoles.
( 1 ) Geografía histórica por Pedro Murillo,
jesuíta. Madrid , 1752. 4. vol. 10. En el vol. 1.
lib. 1. c. 5. p. 7 1 . dice , que la náo Victoria nave­
gó 14,414 leguas. Este número se determina ar­
bitrariamente.

INTRODUCCION .
nidad ó de guerra. Harémos nuestro viage,
no por vil ambición de honores mundanos,
ni por la siempre engañosa esperanza de
premios mortales} sino únicamente por amor
de la verdadera sabiduría , y por el ho­
nesto deseo de descubrir y ver las obras
maravillosas de nuestro Dios, y de alabar­
lo y bendecirlo por la suma bondad , sa^
Fines del biduría y omnipotencia que resplandecen
presente via
gc estàtico. en ellas. Lo harémos no para descubrir paí­
ses y rodear la tierra, sino para descubrir
espacios inmensos y rodear el Cielo, en el
qual el hombre mas estúpido no puede fixar la vista, dixo la profana Filosofía (i),
sin dexar de conocer el supremo Hacedor.
No puedes desear , Cosmopolita mió,
motivos ni mas racionales , ni mas justos
para emprender tal viage. Todo conspira á
hacerlo. Conspiran la natural curiosidad que
en nuestra mente ha esculpido el Criador:
la magnificencia de las regiones que visita­
remos y de las obras que verémos: la dig­
nidad infinita de su Arquitecto: el convite
que él nos hace para que las veamos y con­
sideremos } y las sumas ventajas que de su
visXXX

(i) Cicerón: De aruspic. respons. n. 4. Quis
est tam vecors , qui cum suspexerit coelum, non sentia t Deutn esse ?

I N T R O D U C C I O N . XXXI
vista y consideración sacaremos. Dispongá­
monos , pues , para hacer este grande y
Utilísimo viage, siguiendo los impulsos de
la natural curiosidad y los consejos de la
Religión: viage reservado para las almas
felices de aquellos sabios, que abandonán­
dose á los impulsos de la naturaleza , y á
la dirección siempre acertada de la Reli­
gión sin dexar de ser moradores de la tierra,
de ésta se han elevado con el espíritu hasta
penetrar lo mas recóndito de los Cielos.
Felices anima, quibus hac cognoscere primum,
Inque domos superas scandere cura fuit. ( i )
Sigamos el exemplo de tantos afortu­
nados sabios, los quales , porque de su es­
píritu era mas patria el Cielo , que la tier­
ra lo era de su cuerpo , viajaron estáti­
camente por todas las inmensas regiones
de los Cielos.
(2) Admovere oculis distantia sidera nostris:
Mtheraque ingenio supposuere suo.
Nos quoque sub ducibus ccelum metabimur lilis.
Volemos , pues, Cosmopolita , con el
espíritu á su celestial patria , dexando nues­
tro
(1)

Ovidio : F a sto ru m , lib. V I . en ei lib . 1.

(2)

O vidio, en el citado lib. 1. de los Fastos.

XXXII I N T R O DUCCIO N,
tro pesado cuerpo en la tierra, en que es
su mansión propia. Para volar con nues­
tro espíritu , basta que avivándose nues­
tra fantasía , la voluntad mande volar.
Nuestra mente es una flecha , que á la me­
nor insinuación de la voluntad se dispara,
y llega al término de su destino en el mo­
mento mismo en que la voluntad la quiere
disparar. T ú , Cosmopolita mió , que al
presente lees este consejo y convite pa­
ra viajar en mi compañía , si quieres acep­
tarlo , aunque no me has visto jamás , te
parecerá que me ves luego que lo aceptes
y determines á honrarme con tu compa­
ñía. Tú , aunque distante de mí centena­
Extasi ó vue­ res de leguas , con tu mente me buscarás
lo mental
desde la cier­ ó me llevarás adonde tú estás. Heme aquí:
estoy contigo, sígueme: ¿quieres seguir­
ra.
me? ya me has seguido.. . . No te asus­
tes, Cosmopolita mió: estamos sotos, y á
la vista y presencia del Sol, manantial de
luz, y padre, que los terrícolas suelen lla­
Llegada al mar de los vivientes. Hemos hecho nues­
Sol.
tra primera jornada : hemos llegado al tér­
mino de ella: estamos ya en otro mundo,
en que lo sensible se hace visible á nues­
tro espíritu : observemos con éste sus ma­
ravillas.
\

VIA-

VIAGE ESTATICO

AL MUNDO PLANETARIO.
PRI MERA

JORNADA.

EL SOL.
§. I.
A dm irable velocidad d el pensamiento huma­
no. H um ilde súplica á la eterna S abid u ría
p a r a im plorar su asistencia. D istancia des­
de e l S o l á la tierra» Itin erario ó d escrip ­
ción d el camino que se h a rá en el
v iag e estático.
E s t a m o s , Cosmopolita, en el Sol , cuya vista y cercanía infunden una admiración que
llega á engendrar espanto y aun terror. Es­
tamos ya en otro mundo, á donde la mente,
impelida de la voluntad, ha llegado en el mo­
mento mismo en que nos determinamos á ve­
nir. El salir de la tierra , y el llegar á este si­
tio atravesando espacios inmensos , han sido
erecto momentáneo en que el tiempo gastado
en llegar, se mide con el tiempo que se tarda
en querer. D ios, con solo el imperio de su vop *r*c
E

2
Viage estático
luntad, hizo que existiese lo que era nada; y
nuestro espíritu, imagen de la divinidad, con
su solo querer penetra momentáneamente in­
mensos espacios, y de un sitio pasa á otro in­
finitamente distante midiendo sus distancias co­
mo si fueran nada. Así en el único indivisible
momento , que bastó para que aceptases mi
convite, y te determinases á honrarme con tu
compañía, yo luego momentáneamente me he
presentado á la vista de tu mente: nos hemos
visto con ésta : nos hemos conocido y acompa­
ñado : en el querer volar , hemos volado men­
talmente ; y hemos llegado instantáneamente
á este sitio atravesando tan inmenso espacio,
que para recorrerlo tardaría mas de 934 años
una nave aerostática (qual se la figuró el inge­
nioso L a n is), que cada dia camináse ó voláVelocid id
se cien leguas (1). Figúrate el vuelo mas rápi­
de la bala de do , qual sería el de una ave , que voláse tan
cañón , del
ligeramente como va una bala de cañón (2),
sonido y de
que en un dia camináse mas de 3,784 leguas:
Ja luz.
con este vuelo tan rápido el ave tardaría 25
años en llegar desde la tierra á este sitio. Fi­
gúrate que nuestro pensamiento tuviera sola­
mente la velocidad que tiene el sonido, el qual
ca-

Velocidad
incompren­
sible de la
mente hu­
mana.

( 1 ) La legua, de que en toda esta Obra se ha­
bla, tiene 13,698 pies de Francia, que hacen 2,283
toésas.
(2) La bala de canon en un minuto segundo
camina 6co pies (Cours de phisique p a r M r. H a rtsoekér. Haye. 1730. 4. lib. 4. chap. I. p. 234.)

del mundo Planetario.
3
camina en un dia casi 6,908 leguas: en este
caso, nosotros tardaríamos 13 años en llegar
mentalmente á este sitio. La velocidad de la
luz es la mayor que, según los físicos, se co­
noce en quantos cuerpos movibles se hallan
en el mundo sensible. Tú mismo, Cosmopoli­
ta , habrás tal vez notado la gran velocidad
de la luz , viendo desde alguna distancia dis­
parar cañones : pues que habrás visto el fue­
go del cañón por tiempo sensible, ó mucho an­
tes que oyeses el sonido del estallido ó del
dispáro (1). La luz, según los físicos newtonianos,
( 1 ) Muchas experiencias se han hecho para in­
dagar el tiempo en que por determinado espacio
se propaga el sonido , cuya velocidad se ha halla­
do diferente en diversos tiempos y países: masía
diferencia de velocidades en el sonido es efecto de
la vária combinación de causas accidentales. La
Academia de las Ciencias de París al principio del
espirante siglo suponía , que el sonido en un mi­
nuto segundo caminaba i,oSopies; ó en una ho­
ra caminaba 283 leguas (R eg id scientiar. A cademi# historia: auct. Jo. D a-Ham el. París. 1701.
4. lib. . sect. 1. cap. 1. n. 5. p. 569. ). La dicha
Academia de las Ciencias volvió á examinar la ve­
locidad del sonido encargando sus experiencias á
Maraldi , La-Caille y Cassini de T hury , que las
refirió en una memoria ( Histoiré de /’ Academice
royale des Sciences , anuo 1738. París. 1740. p.
12 8 ) , en que se lee, que el sonido en un minuto
segundo camina 1,038 pies. Se trata largamente de
E 2
la

6

4

Viage estático

nos, se propaga tan velozmente, que en un mi­
nuto camina quatro millones de leguas : por
lo que la velocidad de la luz es á lo menos un
millón y seiscientas mil veces mayor que la
de la bala de cañón. Admirable y casi incom­
prensible parece ser la prodigiosa velocidad de
la luz: mas ella es infinitamente inferior á la
de nuestro pensamiento, el qual no ya en un
minuto de tiempo, que los Astrónomos divi­
den en centenares de momentos sensibles ; mas
en un momento indivisible penetra, atraviesa
y mide todo espacio que no sea infinito.
Estos exemplos, aunque materiales , Cos­
mopolita , te harán formar alguna idea de la
naturaleza de nuestra mente divina. Debe lla­
marse divina , porque la revelación de Dios
nos enseña, que en ella se halla aquel rasgo de
la divinidad , que la misma mente en sí expe­
rimenta y demuestran sus prodigiosos efectos,
invisibles á la vista corporal; mas sensibles ín­
timamente al espíritu humano. Este en noso­
tros , Cosmopolita, por medio de la razón , ha­
ce que nos busquemos , hallemos, conozcamos
y hablemos. De la razón se vale nuestra men­
te para que nos unamos, y viajemos en dul­
ce y amigable compañía por estas inmensas y
desla propagación del sonido en las Obras siguientes:
Lezioni toscane di Giuseppe Auerani. Firenze.
1746. 4. vol. 2. En el vol. 2. p. 19 r . " E ssa i de
physique par Pierre F a n Musschenbroek. Ley den.
1739. 4- ' v ° l - 2*”
v°l- 2 ’ n .145 1 *
P* 7 1 5*

a l mundo Planetario .

5

desconocidas regiones. Ella es nuestra guia: no
podemos errar, si seguimos su dirección ; pues
que nos lleva á nuestro Dios. Desapareceré yo
de este mundo perecedero , restituyéndole las
sombras con que vistió y encubrió mi espíritu,
y si después de mi desaparición duráse en la es­
critura lo que ahora mi razón te habla , tú le­
yéndolo harás conmigo el mismo viage que
ahora haces, mientras aún vivo gimiendo baxo del peso de la mortalidad. Este modo de
hablarnos , tratarnos y acompañarnos en todos
tiempos y países, ¿ no prueba claramente la na­
turaleza casi divina de nuestro espíritu , con
el que, aun vestidos de la mortalidad y habi­
tadores del mundo cadúco, nos comunicamos
mutuamente nuestras (ideas , como hacen los
Ángeles en el Cielo ? A estos, Cosmopolita, imitarémos, si, aunque con la vista corporal no nos
conocemos, mentalmente nos unimos , acom­
pañamos y tratamos como hermanos; pues que
lo somos por ser hijos de un mismo Padre : Patrern nolite •vocdre vobis sujier tcrram ( nos dice
la Eterna Sabiduría) (1) unus est enim pater ves-ter , qui in Coelis est. Nos considerarémos ya,
Cosmopolita , y nos tendremos no solamente
por amigos , sino por hermanos , como lo so­
mos. Como tales nos tratarémos en este viage,
en que yo seré tu director; no porque pre­
tenda ser tu hermano m ayor, pues que haré
las veces de tu hermano menor , y aun de tu
cria(i)

M a tth . 23. 9.

E1 habla del
hombre du­
ra tanto,quanro duran
sus escritos.

Hermandad
de todos Jos
hombres.

6

Cómo un

hombre es
dios de otro
hombre.

Viage estático

criado: mas solamente porque soy práctico en
las regiones inmensas que debemos visitar. Co­
mo fiel director tu y o , Cosmopolita , te guia­
ré y encaminaré por aquellos senderos que en
orden á la indagación de la série de efectos y
causas naturales conducen á descubrir lo veri­
símil , quando se oculta lo verdadero; y te
mostraré el ancho , delicioso é inerrable cami­
no que nos lleva al conocimiento del supremo
Autor de la naturaleza , por medio de la con­
templación de sus obras. Si de éstas sé ó co­
nozco algo , deséo, pretendo y quiero, que tú
nada ignores de lo que yo sé.
El mayor bien que con el estudio de las
ciencias naturales he logrado , es el de cono­
cer con la luz de ellas á nuestro Dios : de es­
te bien, en que toda nuestra felicidad consis­
te , mientras vivimos en el mundo m ortal, de­
séo hacerte participante, para que conociendo
á tu Dios le sirvas, y con el servicio fiel ase­
gures el eterno premio de gozarlo en la glo­
ria. No puedo hacerte mayor bien , y ni hay
criatura que sea capaz de lograr otro mayor.
Yo estoy obligado á procurarte y hacerte este
bien : no juzgues que mi servicio es gracioso
ó digno de tu agradecimiento: porque yo ha­
go lo que sería delito dexar de hacer. Entre
los antiguos Griegos, por proverbio (i) se dix o : o¿\iQpct)7rog c¿vf)pc*)7re ^ctifxoviov : el qual pro­
verbio por los latinos se traduxo a s í: Ho­
mo
(i)

Véase su Historia Natural. Edic. Paris.

al mundo "Planetario.
?
tno homini Deus ; y por Plinio se declaró con
la siguiente sentencia : Deus est mortali juvare mortalem : et haec est ad oeternam gloriam via:
Dios del hombre es aquel que le asiste y ayu­
da. Esta asistencia y ayuda son el objeto mas
sagrado de nuestra santa Religión , que nos
manda (i) »que todos nos amemos , y mutua­ La caridad
Christ iana
mente nos hagamos bien , como hijos de un d i v i n i z a los
mismo Padre Celestial, que hace nacer el Sol hombres.
para alumbrar no menos á los buenos que á
los malos.” »Nosotros, declara (2) é intima el
oráculo de la misma santa Religión * hemos
conocido y creído en la caridad que Dios nos
tiene, y que el mismo Dios es caridad.” Ca­
ridad es Dios con los hombres, para que es­
tos lo sean entre sí mismos : por medio de la
caridad los hombres se asemejan á D ios, y
casi se divinizan. Mas ¿cómo podrémos cono­
cer que Dios es caridad con los hombres ? Lo
conocerémos, si oímos lo que nos dice la Re­
ligión revelada ; y lo conocerémos también, si
oímos lo que con voces mudas nos dice la na­
turaleza en las prodigiosas é innumerables
obras , que hechuras de la divina Omnipoten­
cia se presentan á la contemplación humana,
para que en ellas los hombres conozcan, sir­
van y amen á su D ios, todo bondad , cle­
mencia y caridad con ellos.
Este conocimiento se esconde culpablemen­
te
(1)
(2)

Matth. 5. v. 44 , &c.
1. Epístola S. Joannis 4. v. 16.

8

La Sabidu­
ría munda­
na es cien­

cia dei vi­
cio.

V ia g e está tico

te (i) á la sabiduría mundana , que semejante
á la que el invisible enemigo del género hu­
mano prometió falsamente á sus progenitores,
hace al hombre ingrato , soberbio y viciosa­
mente ignoranre. Apenas sobre la tierra apa­
recieron los primeros padres del género huma~
no , quando el invisible enemigo los tentó pro­
metiéndoles la ciencia divina: » E ritis , les dixo ( 2) , sicut d i i , scientes bonum et malumV
Les prometió la sabiduría , como premio de
su ingrata desobediencia á Dios : y sabiduría
tal, que los hiciese ser dioses. Esta sabiduría
es la ciencia de la soberbia y de la ignoran­
cia ; y 1a sabiduría que yo te propongo, es la
ciencia de la humildad agradecida, que al
hombre diviniza, haciendo que conozca á su
Dios , lo glorifique y sirva.
El mas humilde en la verdadera escuela
del saber, es el mas sabio: porque Dios , eter­
na sabiduría, se revela solamente á los hu­
mildes. De esta verdad deséo íntimamente pe­
netrado tu espíritu , Cosmopolita, para que
en la contemplación de las obras del Supre­
mo Hacedor logres su conocimiento, que es

(1)

Invisibilìa enim ipsius à creatura mundi

fer e a , qua: fa c ta su n t , intellect a conspiciuntur:
sempiterna quoque ejus v irtu e , et divinità* , ita
ut sint inexcusabiles ; quia cum cognovissent
Deum , non sicut Deum glorifie averunt , ire. ”
Ad Roman. I. 20.
(2) Genes. 3. 5.

al mundo Planetario.
9
el don de su divina sabiduría. Pues que es­
te don á los humildes solamente se concede,
con la esperanza de lograrlo de la bondad de
nuestro Dios , obliguémoslo pidiéndole con la
mayor humildad que nos lo conceda. Dios
todo caridad con sus criaturas cuida siempre
de ellas con la misma providencia con que las
crió. Para sacarlas de la nada no consultó si­
no á su divino querer ; y á éste solo , como
Autor natural, consulta para conservarlas: mas
por exceso de su bondad infinita se dignó de
revelar á los hombres su eficáz voluntad de
asistirles sobrenaturalmente (1), en quanto le
pidiesen con viva fé como á padre : así la in­
mensa caridad de nuestro Dios ha hecho de
algún modo dependientes de nuestra eficáz vo­
luntad y fé viva su poder y sus beneficios;
bastando para lograrlos, que los pidamos. El Es divino el
don , pues , de la verdadera Sabiduría, que ne­ don de la
verdadera
cesitamos y deseamos tener en este viage , es
Sabiduría.
beneficio que la bondad de Dios ha hecho de­
pendiente de nuestra eficáz voluntad de lo­
grarlo. Pidámoslo con las palabras mismas,
que en los libros de la santa Religión dictó la
revelación celestial para enseñarnos á implo­
rar la asistencia de nuestro Dios. Unidos,
Cosmopolita, con espíritu de humildad y con
fé viva de conseguir lo que nuestro Dios pro­
metió y sujetó á nuestra eficáz petición , can­
temos así:
■;
?>Dios
í
'"
i
(i) E t omnia qu¿ecumque petieritis in oratione credentes , accipietis. Matth. 21. 22.
Parte I.
p

Himno á la
eterna Sabi­
duría.

io

Viage estático

"D ios de nuestros padres (i) y Señor de la
misericordia, Vos que todas las cosas hicisteis
solamente con decir que existiesen ; Vos que al
hombre adornasteis con vuestra misma imagen,
para que con ella dueño fuese de todas las cria­
turas que habéis hecho ; y para que con equi­
dad y justicia'gobernase el mundo , y con rec­
titud de ánimo se rindiese á la razón : dignaos
de comunicarnos aquella sabiduría que á vues­
tro augusto trono asiste: y no queráis jamás
desconocernos ,com o si no fuéramos hijos vues­
tros : pues que somos vuestros siervos é hijos
de madres que os han servido profesando vues­
tra santa Religión. Somos hombres endebles,
de poca experiencia , é ineptos para distinguir
bien los rumbos de la razón y de la ley : y
si por ventura entre los hijos de los hombres,
alguno de ellos llegáse á ser algo , él luego
se reduce á ser nada , si no le asiste tu sabi­
duría. . . . Con Vos está vuestra sabiduría, la
qual conoce vuestras obras; y ella con Vos
asistió, quando criabais el mundo. Ella sabía
lo que era agradable á vuestra vista , y lo que
se conformaba con vuestro querer. Desde lo
sublime de vuestros santos Cielos , y desde la
misma residencia de vuestra magestad , haced
baxar la sabiduría para que esté con nosotros,
y con nosotros afatígue : enviadla , Señor , pa­
ra que por medio de ella sepamos lo que os
es aceptable : pues que ella sabe todas las co­
sas,

( i)

Sapient. cap. 9. v. I. hasta el v. 12.

a l mundo Planetario,
11
sas , y todas las comprende , ella con pruden­
cia nos dirigirá en nuestras empresas, y con
su poder nos protegerá.”
Hemos implorado y pedido humildemente
al Altísimo , que se digne asistirnos con el don
de la verdadera y celestial sabiduría para ha­
cer útiles los conocimientos que de la huma­
na adquirirémos en este viage: no dudemos,
Cosmopolita, de la gracia que se promete á
todos los que llenos de confianza la piden: por
lo que seguros y ciertos ya de la posesión de
tan precioso don continuemos el discurso em­
pezado sobre la inmensa distancia que en un
momento hemos caminado. La distancia es de
Distancia
casi 35 millones de leguas, y es la mayor que del Sol á la
llega á haber entre el Sol y la tierra. Tanto tierra.
nos hemos alexado de ésta. No sé si esta noticia
te dará materia de aflicción ó de risa : de aflic­
ción , si crees verdadera la noticia , por el des­
consuelo que en t í , como sucede á muchos ter­
rícolas , puede causar el alexamiento de su pa­
tria ; ó de risa , si juzgas falsa la noticia, por
la facilidad con que yo , según tu opinión , pro­
nuncie y finja distancias inmensas por capri­
cho y sin prueba alguna. No querré, amado
mió Cosmopolita , que afectos tan viles y con­
trarios empiecen á perturbar tu espíritu con
perjuicio de mi sinceridad , y de la verdad que
en todo deséo declararte. El girar por los in­
mensos espacios de las regiones celestiales no
es alegarte de tu patria, antes bien es acer­
carte é< introducirte en ella; pues que patria
tuya es todo el mundo, como lo indica el
nombre nuevo con que dignamente te llamas.
F2
La

12
Via ge estático
La tierra de donde salimos solamente es se­
pulcro de los despojos viles y corporales , con
La tierra se­ que el Supremo Hacedor envolvió nuestro es­
pulcro cor­ píritu : despojos que de ella se tomaron , y que
poral * y ios la asquerosa podredumbre le volverá á resti­
Cielos pa­
tuir. Nuestra patria es todo el mundo: su artria espiri­ bañal es la tierra , y estas regiones celestia­
tual.
les son los apartamientos nobles y propios de
nuestra habitación. ¿Qué tenemos y gozamos
en la miserable tierra, que no gocen también
las bestias y las plantas ? No pueden formar
nuestras delicias aquellos bienes terrenos , que
son comunes á los hombres y á las bestias. No,
no , Cosmopolita m ió; no es la tierra objeto
propio, ni digno de nuestro espíritu : ella ma­
terial en todo podrá satisfacer á las necesida­
des de nuestro cuerpo, de las bestias y délos
vegetables : los Cielos , adonde la considera­
ción é innata curiosidad arrastra , lleva y en­
salza nuestro espíritu , son nuestra heredad y
morada propia, á que derecho natural nos dan
los impulsos de continua curiosidad, que nos
animan para observarlos, y desear saber quanLa curiosi­ to en ellos hay y sucede. Estos impulsos en
dad útil es el hombre no son actos libres ; sino efectos
naturales y necesarios , que le hacen conocer
innaca al
hombre.
las intenciones del Supremo Autor , y las ideas
innatas que se ocultan en la mente humana.
Si los Cielos son la morada propia de nues­
tro espíritu, que aun quando esta encarcela­
No hay es­ do en el cuerpo terrestre á ellos vuela rá p i­
pacio por
damente con la consideración : y si la exten­
donde la
sión de las regiones celestiales debe correspon­
mente no
der
á los grandes y desmedidos vu elos, que
pueda volar.

.

al mundo Vianet arlo
13
el espíritu puede y desea hacer , ¿ quién du­
da , que el Supremo Criador habrá colocado
los astros en distancias inmensas de la tierra,
para que por ellas se pueda espaciar nuestra
mente voladora? ¿Qué angustias y estreche­
ces serían las de nuestra curiosidad y espíri­
tu , si todo el espacio visible se reduxera so­
lamente al pequeño, que ocupan el orbe ter­
restre , y su atmósfera ? Esta reflexión induce
á conjeturar la inmensidad de los espacios ce­
lestiales ; mas ella no basta, me dirás , para
afirmar francamente que llega á ser de casi
35 millones de leguas la mayor distancia que
suele haber desde el Sol hasta la tierra : dis­
tancia , que se concibe con admiración , y di­
fícilmente se prueba. No me desagradan , Cos­
mopolita , este tono magistral, y la descon­
fianza con que hablas; pues que el justo te­
mor de 110 encontrar la verdad te hará mas
atento para descubrirla y entenderla , y á mí
me obligará á probarla con mayor empeño
y claridad.
Los terrícolas no sin admiración , y tal
vez con risa , oyen á los Astrónomos, que ha­
l a ignoran­
blando de los Cielos , describen su extensión, cia demasia­
y la distancia , que de millones de leguas su­ damente se
ponen en los astros, con tanta facilidad y ca­ admira órie
si certidumbre como los texedores cuentan de la Astro­
y dicen el número de palmos, que tienen las nomía.
telas que texen : mas la demasiada admiración,
no menos que la risa, suelen ser efectos de
una ignorancia incapáz de entender, que la
mente humana puede medir con la vista y ra­
ciocinio las distancias de los objetos lexanos,
co­

14

Via ge estático

como la mano mide con el compás la de los
presentes. Te daré idea breve y clara de la
medida visual y mental , que de los objetos
lexanos puede hacer el espíritu que los con­
templa atentamente.
Por experiencia y razón sabes, Cosmopo­
lita , que los objetos lexanos é inmobles te
aparecen tanto mayores ó menores , quanto mas
ó menos te acercas á ellos; y si los objetos
son movibles , y tú estás inmoble, ellos te apa­
recerán tanto mayores ó menores , quanto mas
ó menos se alexan de tí. Según esta máxima
práctica y cierta en toda especie de objetos vi­
sibles , los terrícolas infieren, que el Sol en Di­
ciembre les está mas cercano que en Junio,
porque en este mes les aparece menor, que en
El Sol apa­ Diciembre. En el solsticio de estío , que suce­
rece mas pe­ de en Junio, el diámetro solar suele aparecer
queño en
de 31 minutos á los terrícolas ; y de 32 mi­
verano que
nutos en el solsticio de invierno, que sucede
en invierno.
en Diciembre : y de esta diversidad de gran­
dezas del diámetro solar infieren , que el Sol
en el solsticio invernal está un millón de le­
guas mas vecino á la tierra que en el solsti­
cio estivo , si es cierto , que el Sol en su ma­
yor alexamiento dista de la tierra casi 35 mi­
llones de leguas. No obstante esta vecindad
El Sol cali­ de un millón de leguas en Diciembre, los Euenta mas la ropéos , y demás habitadores del emisferio
tierra, quan- boréal terrestre, sienten mas el calor solar en
do mas dista Junio que en Diciembre; porque el Sol en es­
de ella.
te mes envía á dicho emisferio sus rayos ó
calor con mayor obliquidad que en Junio. En­
tenderás bien esta variedad de efectos con el
exem-

al mundo Vianet ario.

15

exemplo siguiente. Sobre la llama de lina can­
dela perpendicularmente coloca tu mano dies­
tra á la distancia de dos palmos; y á un lado
de la llama arrima tu mano izquierda á la dis­
tancia de un palmo. En este caso sentirás en
la mano derecha mas calor que en la izquier­
da , aunque ésta se avecina á la llama dos ve­
ces mas que la diestra; y la causa de este fenoméno consistirá en que la llama obra ó en­
vía perpendicularmente su calor á la mano de­ Causa del
recha ; y lo envía lateral ú obliquamente á la mayor calor
del Sol en
izquierda. Por la misma razón el S o l, que al
cénit de Europa , por exemplo, se acerca mas su mayor
distancia de
en Junio , y obra contra ella menos obliqua­ Ja
tierra.
mente que en Diciembre, hace entonces á los
Européos mas sensible su calor, aunque está
mas distante de la tierra que en Diciembre, en
que la mayor obliquidad de los rayos solares
hace poco sensible el calor. Basta esto para so­
lución de la dificultad que resulta de la distan­
cia solar: volveré á renovar su discurso, que
ahora debo interrumpir, para continuar el princi­
pal ya propuesto sobre la dicha distancia solar.
Te he insinuado, Cosmopolita, el método
práctico, con que fácilmente se distingue la
mayor ó menor vecindad del Sol á la tierra:
paso ahora á explicarte el que se usa para
determinar el quantitativo de su distancia has­ Incertidumta la misma tierra. A este efecto , la Física bre del sis­
físico
y Astronomía suministran industrias ingenio­ tèma
de la atrac­
sas. Murdoch (1) valiéndose de los resultados ción para in­
del ferir la dis­
(1)

Véase página 102 del volumen 3 de la
Obra

tancia deJ
Sol.

16

Viage estático

del sistèma físico de la atracción determinó,
que la distancia de la Luna hasta la tierra era
de 60 semidiámetros terrestres. Horsley con
los mismos principios h a lló , que el Sol dis­
taba de la tierra casi 43 (1) millones de le­
guas , distancia que no conviene con la que se
infiere de los resultados Astronómicos que en
el asunto presente se debe preferir á los Fí­
sicos , por las razones que en otra ocasión te
expondré, haciéndote conocer prácticamente la
incongruencia evidente , é inutilidad de la f í ­
sica moderna para calcular varios fenoménos
principalísimos de la Astronomía.
E sta, pues, por medio de la observación
de la paralaxe de los astros , nos suministra el
medio mas seguro ó menos incierto , que te­
nemos para determinar su distancia hasta la
tierObra de Bailly : Histoire de V Astronomie mo­
derne depuis la jundation de V Ecole d ’ Alexan­
drie , jusqu d V an. 1782. Paris. 1785. 4. vol. 3.
Murdoch hace de 60 ó 8906 semidiámetros ter­
restres la distancia de la Luna ; y su paralaxe de
57'í 2//34./// Supongo de 2865 leguas el diámetro
terrestre.
( 1 ) Véanse Bailly citado, y transaciones filosófi­
cas año 1764. p. 29. y año 1767. p. 179. Horsley
suponiendo de 60. $ semidiámetros terrestres la dis­
tancia lunar , según los principios de atracción in­
fiere , que el solar es de 3000 8. 5 semidiámetros
terrestres, y que la paralaxe solar es de
Esta paralaxe es muy pequeña.

al

mundo Vianet ario.
ip
tierra. La distancia del Sol hasta la tierra se
infiere claramente de su paralaxe ( i) ; si la can­
tidad de ésta fuera evidente , evidente sería
también el quantitativo de dicha distancia. Los
Astrónomos varían en la cantidad de la para­
laxe solar, y para determinarla con la mayor
exáctitud, han juzgado hallar el mejor medio
en las observaciones del paso de Venus de­
lante del Sol. De este paso te hablaré larga­
mente en la jornada que harémos para visitar
á Venus : y para el asunto presente te baste
saber, que según la observación del paso de
Venus en el año 1761 , Pingré halló la para­
laxe solar de diez minutos segundos y medio;
Short de ocho y medio, y Hornsby (2) de
nueve y tres quartas partes de minuto. Los
Astrónomos quedaron poco contentos de los resul-

( 1 ) L a paralaxe de la altura de un astro es la
diíerencia entre las distancias verdaderas y apa­
rentes del mismo astro hasta el cénit. Si un astro
se mira al mismo tiempo por dos observadores, de
los que uno se suponga en el centro de la tierra , y
otro sobre su superficie , el astro aparecerá en si­
tios diferentes de altura > y la diferencia será tan­
to m ayor, quanto el astro está mas orizontal ó mas
distante del cénit. El Astrónomo calcula la dife­
rencia de altura , con que el astro se ve por los dos
observadores , y esta diferencia de altura ó de dis­
tancia de los astros hasta su cénit es su paralaxe.
(2) Trans. pililos, an. 1763. p. 46 7. B a illy
citado , p. 106.

Parte I.

G

Método As­
tronómico
para deter­
minar la dis­
tancia del
Sol.
Paralaxe so­
lar.

Observacio­
nes sobre
ella.

18
Via ge estático
sultados de esta observación; pues que la di­
ferencia de un minuto segundo en la paralaxe
solar causa la de quatro millones en la dis­
tancia del Sol. Si 8 minutos segundos de pa­
ralaxe dan la distancia solar de 32 millones
de leguas; 10 minutos darán la distancia so­
lar de 40 millones de leguas. Se pensó en ve­
rificar mejor la paralaxe solar con las obser­
Verificación vaciones del paso de Venus en el año 1769;
de la para
y según (1) ellas Pingré fixó la paralaxe so­
laxe solar.
lar de 8 minutos segundos , y tres quartas par­
tes de minuto segundo ; Lexell la hizo de 8
minutos segundos , y seis décimas partes de
minuto ; y La- Lande* ( desechando la observa­
ción del Jesuíta Hell admitida por Pingré y
L e x e ll) la fixó de 8 minutos segundos y me­
dio. La distancia , pues, del S o l, según LaLande , es 400,000 leguas mayor que según Lex e l ; y un millón de leguas m a y o r que según
Pingré. El S o l, como te he dicho antes , en
diversas estaciones del año varía su distancia
de la tierra : la m enor, que es en el solsticio
invernal, es de 33,780,220 leguas; la mayor,
Disrancias
que es en el solsticio estivo , es de 34,934,740;
varias del
Sol en di­
y la mediana en los dos equinocios es de
versos me­ 34,357,480 leguas. Estas distancias solares es­
ses del año.
tablecidas según la paralaxe solar que se in­
firió en la observación del paso de Venus en
el

(1) Bailly , p. 108. Memor. de la Academia
Real de las Ciencias de París , 1770. p. 416. LaLande, Astronomía n. 1739. &c.

a l mundo "Planetario.
19
el año 176 9 , se citarán y repetirán en la As­
tronomía hasta el año de 1874, en que los
terrícolas volverán á ver otro paso de Venus
delante del Sol. En la determinación de di­
chas distancias sigo la observación de Lexel,
que supone la paralaxe solar de 8." 6 ; menor
que la paralaxe según Pingré , y mayor que la
misma según La-Lande , el qual en su compen­
dio de Astronomía publicó una tabla de la dis­
tancia y grandeza del Sol calculadas con rela­
ción á la dicha paralaxe de 8." 6. D élos cál­
culos que te he expuesto sobre la distancia del
S o l, inferirás , Cosmopolita , que Newtón , G alile o , Cassini y Halley con sus conocimientos
no nos han acercado al Cielo , como dice Bailly ( 1); antes bien nos han alexado inmensa­
mente con los principios físicos y métodos As­
tronómicos que han propuesto , para determi­
nar la distancia de los astros. El mundo de
los antiguos Astrónomos, respecto del mundo
según los modernos, se debe mirar , como la
pequeñéz de una humilde choza respecto de
la mole del orbe terrestre.
No debemos, Cosmopolita, detenernos mas
en el discurso de la distancia solar en que
casi intempestivamente me ha empeñado el de­
seo de hacerte conocer el gran vuelo , que mo­
mentáneamente ha hecho nuestro espíritu des­
de la tierra penetrando y discurriendo por el
es-

(1)
Bailly citado (núm. 20.), en el discurso
I. del volumen 3.
G 2

peql]eñéz
del mundo
según los
antiguos,

20

Itinerario
del viage es­
tático.

Viage estático

espacio de tantos millones de leguas con el
acto instantáneo de su voluntad. Antes de em­
peñarme en la exposición de los demás fenoménos solares , atendiendo á tu mejor instruc­
ción , debo convidarte á observar desde este
sitio, el mas claro y despejado del mundo,
los nuevos y hermosos Cielos que descubri­
mos , y que han de ser mar pacífico é inmen­
so de nuestra navegación , espacio intermina­
ble de nuestros desmedidos vuelos , y objeto
delicioso de nuestra consideración y curiosi­
dad. Con esta observación anticipada de los
Cielos, que aunque desde aquí nos aparecen
nuevos , son los mismos que los terrícolas ven
con menos claridad , podré fácilmente seña­
larte todos los sitios , ó reynos, ó mundos que
hemos de visitar. Un navegante que se em­
barca para hacer largo viage, observa prime­
ro en los mapas el rumbo que ha de seguir,
y los puertos que ha de tocar. Nosotros no
tenemos necesidad de mapas para ver el rum­
bo de nuestro viage : basta que demos una
simple ojeada á los inmensos espacios que des­
de aquí se descubren ; y con ella veremos el
rumbo que hemos de seguir, y todos los si­
tios en que nos hemos de detener. En orden
al rumbo de nuestro viage te deberé decir,
que él será derecho desde un planeta á otro;
pues que no hay escollos que temer , ni de­
pendemos de viento alguno que nos pueda tras­
tornar , impedir ó arrojar á alguna playa. En
orden á los sitios que hemos de visitar, voy
á mostrártelos brevemente para que los dis­
tingas ó conozcas , y formes alguna idea de
nuestro itinerario.
Tien-

a l mundo V ianet ario.

21

Tiende la vista , ¡ ó Cosmopolita ! por esas
inmensas regiones celestiales que ves : mira por
todos lados : mira ácia arriba , ácia abaxo : por
delante , por detrás y por todas partes. Fixa
primeramente tu atención en los astros mas
inmediatos, que nos rodean girando al rede­
dor de nosotros, y que se distinguen de los
demás por su mas ligero movimiento. Estos
astros , llamados comunmente planetas mayo­
res , son siete : los antiguos conocieron sola­
mente seis.
El mas inmediato á nosotros se llama Mer­
curio. Después de Mercurio está el astro que
se llama Venus; y mas altó de Venus verás
otro astro tan pequeño á nuestra vista, que
con dificultad lo distinguirás. Temo que tu
vista no llégue á ver claramente lo que es­
toy viendo. En esta ocasión necesitabas ver­
daderamente , ¡-ó Cosmopolita! uno de aquellos
telescopios copérnico-newtonianos que se usan
entre los terrícolas : la viveza de tu espíritu
supla la falta de este instrumento, ó fabríca­
lo tú en la oficina de tu fantasía. Es ésta un
artífice que hace ver aun lo que no hay : los
mismos astrónomos terrícolas se sirven de
ella para ver lo que quieren que se vea; ellos
forman un sistéma según sus ideas ó capricho,
y luego ven por medio de tales telescopios el
sistéma que han ideado. De este modo , y con
tal prevención , no dudo que tú verás aquel
pequeño astro, como, y de la manera que
quieren los terrícolas que desde aquí se vea.
Este astro, pues, es nuestra tierra, la qual
des-

Vista de los
siete plane­
tas.

Mercurio.
Venus.

l a tierra
vista desde
el Sol ; su
pequenez.

Reflexión
sobre la pe­
quenez de la
tierra.

22
V i age estático
desde aquí nos parece (i) seis mil doscientas
noventa y dos veces mas pequeña , que la Lu­
na aparece á los terrícolas. Esto propiamen­
te , Cosmopolita , es representársenos la tier­
ra como un pequeñísimo grano de arena. Yo
quisiera aquí conmigo aquellos terrícolas que
se muestran tan soberbios y poderosos , por­
que poseen algo sobre aquel punto de arena.
Permíteme, ¡ó Cosmopolita] que en vis­
ta de la pequenez con que desde aquí apare­
ce nuestra tierra , yo , desfogando mi espíritu,
te acuerde los pleytos , discordias, injusticias
y guerras sangrientas del género humano so­
bre aquel punto de arena. ¡ Quién sin admira­
ción y aun horror podrá acordarse de tanta
sangre derramada por los terrícolas sin mas
objeto que conquistar un escollo , ó dividir
en partecillas aquella pequeñísima y despre­
ciable porción terrestre! La viva memoria de
tantos funestos accidentes, como suceden con­
tinuamente por tal motivo entre los terríco­
las , me hace representar á estos como tantos
hormigueros, que disputan, pleytean y se
matan sobre la presa de la partecilla de un
gra(i) El diámetro terrestre aparece desde el Sol
de i j J ' l . y el lunar aparece de 1365 / á los terríco­
las : los quadrados de dichos números están entre
sí, como 1, y 6292.
Supongo la tierra vista
desde el Sol en su distancia media , y que en la
misma distancia media la Luna se ve desde la tierra.

al mundo Vianet ario.
23
grano de mijo. Mas no angustiemos nuestra
humanidad con estas funestas consideraciones:
ellas son dignas de hacerse; pero no es aun
tiempo de hacerlas. No debo amargar en el
principio del viage el dulce consuelo que sien­
to con tu amable compañía ; sigamos la des­
cripción de nuestro itinerario.
Vuelve á buscar con la vista la tierra : mirala : y cerca de ella verás un punto lucien­
te que la rodea : ese punto es el astro amigo
de los terrícolas, que lo llaman Luna , y lo
hacen cincuenta veces menor que la tierra:
¿ si ésta desde aquí aparece tan pequeña, có­
mo nos deberá aparecer la Luna? Esta nos
aparece (1) mas de ciento y diez y seis mil
veces mas pequeña que la ven los terrícolas.
Vista mas que de lince debemos tener para
ver objetos tan pequeños.
Levantemos mas la vista , y fixemosla en
el astro que se ve inmediatamente mas allá
de la tierra y de la Luna. Este astro que
ves tan solitario sin ninguna Luna, es el guer­
rero Marte. Después de éste verás otro que lla­
ma nuestra atención ; ya porque , no obstante
su
( 1 ) La Luna terrestre en su distancia media
desde el Sol aparece de 4." y desde la tierra en la
distancia media á los terrícolas aparece de 1 3 6 ^./y
los quadrados de estos números están entre sí, como
I, y 1 1 6 , 3 8 2 . - por lo que la Luna desde el Sol
debe aparecer 116,382 veces mas pequeña , que
la ven los terrícolas.

Luna vista
desde el Sol:
su peque­
nez.

Marte.

24

Via ge estático

su gran distancia , aparece mayor que los de­
más astros que hemos observado; y ya por
la numerosa tropa de Lunas que la acompa­
ñan y rodean. Este astro es Júpiter , á quien
Júpiter.
el Supremo Hacedor distinguió en la grande­
za y en el número de quatro Lunas que le
ha concedido. Después de Júpiter verás otro
astro, cuya figura y número mayor de Lu­
nas lo distinguen de todos los demás. Este as­
Saturno.
tro se llama Saturno, el qual es el último de
los que se llamaban antiguamente planetas por
los terrícolas. Desde aquí á Saturno, quando
Distancia de éste está en su distancia m edia, se cuentan
Saturno.
trescientos veinte y seis millones de leguas.
Desde Saturno te haré observar al nuevo pla­
neta llamado Urano, que los terrícolas des­
cubrieron en el 1781 , y que llega á distar del
Urano : su
Sol 650 millones de leguas. Este es el cami­
ducancia.
no que hemos de hacer para visitar los seis
planetas conocidos por los antiguos, y obser­
var el séptimo planeta Urano descubierto por
los modernos: mas nuestro viage no se aca­
bará aquí; hemos de hacer otra jornada mas
a llá , hasta encontrar el astro que se ve in­
mediatamente después de Saturno. Levanta,
Region de
pues
, tu vista sobre éste, y observa que en
los come­
un espacio casi interminable giran ó se mue­
tas.
ven innumerables astros , con direcciones y fi­
guras muy diferentes de las que has visto y
observado en los planetas. A unos de estos as­
tros verás rodeados de atmósferas resplande­
cientes
: á otros que llevan ó arrastran pom­
Figura vària
posas
colas
de luz : á otros muchos verás co­
de los co­
mo puntos lucientes, que se quieren esconder
metas.

a l inundo Planetario .

25

de nuestra vista; y en todos últimamente no­
tarás, que su movimiento es ahora mucho mas
lento que en los planetas, porque están en
su mayor distancia del Sol. Estos astros er­
rantes y tan varios son los que los terrícolas
llaman cometas, los quales hoy en la Astro­
nomía se miran como otros tantos planetas: y
por esto pertenecen al mundo Planetario que
hemos de visitar. Toda esta extensión en que Término
se mueven los planetas y cometas, es objeto del viage es­
de nuestro viage; mas no por esto te quiero tático.
decir, que nos hemos de detener en todos los
astros , que en espacio tan inmenso giran. No
tenemos necesidad de hacer tantas mansiones:
nos bastará visitar todos los antiguos seis pla­
netas ; algunas de sus lunas, que llamanse co­
munmente satélites ó planetas inferiores ó se­
gundario^ , y un cometa que será el mas ve­
cino al Sol.
Los cometas son casi todos bastantemente
semejantes, y son muchos en número : por es­
tas dos razones no debemos empeñarnos en
visitarlos todos ; nos bastará visitar uno , y
desde él observarémos aquellos astros brillan­
tes y fixos , que forman el último objeto de Estrellas ó
nuestra vista. Estos astros, que se ven brillar astros fixos.
por sí mismos , y están siempre inmobles, son
los que se llaman estrellas fixas. Siendo éstas
unos astros, que están en eterno reposo , nos
sirven como de mojones , señales y linderos
para determinar el curso y dirección de los
astros errantes , que giran por los espacios in­
mensos que hay hasta la aparente bóbeda ó
lugar de las estrellas fixas, llamado por los
Parte I.
H
Grie-

Cielo llama­
do Firma­
mento.

Sistema so
lar.

Distancia
del cometa
menos lexano.

Jurisdicción
é imperio
dilatadísi­
mo del Sol.

Se ignoran
los limites
del imperio
solar.

26
Via ge estático
Griegos aplanes ; esto es , no-errantes , y que
nosotros solemos llamar firmamento. No me
atreveré , Cosm opolita, á indicarte la distan­
cia que desde aquí hay hasta el firmamento,
y quanta es la conjeturada estension del espa­
cio en que se mueven los planetas y come­
tas , cuyo complexo forma el sistéma llamado
hoy solar , porque , según la Astronomía mo­
derna , dependen del S o l, y á él pertenecen to­
dos los inmensos cuerpos que vuelan ó giran
por dicho espacio: te diré solamente que se­
gún las observaciones cometarias , de que lar­
gamente te hablaré en la última jornada de
nuestro viage al cometa llamado octavo pla­
neta , se infiere, que uno de los cometas co­
nocidos llega á alexarse de este sitio solar 138
veces mas que nuestra tierra, ó casi 4,700 mi­
llones de leguas. Tan grande y sorprendente
es la jurisdicción , que, según las observaciones
de los Astrónomos modernos,se concede al Sol,
en cuyo inmenso imperio la tierra es como un
átomo volante; y Júpiter, que á lo menos es
126 veces mayor que ella, hace en el sisté­
ma solar casi la misma figura que un mosqui­
to en el reyno animal terrestre , según los mo­
dernos Astrónomos. La observación obliga á
conjeturar , que el Sol exercita su jurisdicción
sobre cuerpos volantes , que en él llegan á dis­
tar á lo menos 4700 millones de leguas; y
hasta ahora nos oculta los medios para cono­
cer y determinar la extensión verdadera de
su im perio, en que cada dia descubrimos nue­
vas distancias y regiones desconocidas. »An­
tes de la invención del telescopio , nota bien
Der-

al mundo Planetario.
27
Derham (1) en su superficial Teología astro­
nómica , se creía , que el Cielo se restringía á
límites mucho mas estrechos, que los que des­
pués se han h a lla d o .... Los límites antiguos,
aunque estrechísimos , bastaban para dar á co­
nocer el Criador del firmamento y de los as­
tros : mas con las modernas observaciones,
que á las antiguas exceden notablemente en su
exáctitud, hallamos en los Cielos una obra
mas maravillosa , mas sorprendente y mas dig­
na de la potencia infinita de su C riad or, que
se podia hallar ó conocer según el sistéma As­
tronómico de los antiguos. Si en virtud de las
observaciones modernas no podemos aún de­
terminar la grandeza de innumerables cuerpos
celestes , no por esto dexamos de conocer con
certidumbre , que es inmensa su extensión : y
esta verdad convence que ellos son obras de
Dios.”
El sistéma solar , Cosmopolita, ó el espa­
cio inmenso en que se mueven los planetas y
cometas , serán objeto delicioso de nuestro viag e , visita y observación , en que se ocupará La observa­
y abismará nuestra consideración, y pábulo con­ ción de ios
Ciclos es
tinuo encontrarán nuestras conjeturas, y curio­
manantial
sidad. El Sol estiende su señorío por un im­ de dudas fí­
perio inmenso : si las estrellas fixas que vemos, sico-astro­
son otros tantos soles; cada una de ellas ten­ nómicas.
drá su propio imperio, en que por espacios inmen(1)
Guillermo Derham : Theologie Astronomique. Par. 1729. 8. iib. 1. cap. 1. p. 56.
H2

28

Son innu­
merable;. los
imperios so­
lares.

Dudas que
excitan la
curiosidad*
y la abis­
man.

V i age estático
mensos exercitará su jurisdicción. [O quanfcos
imperios solares é interminables descubre ó
conjetura ya nuestra curiosidad! ¿Se oculta­
rán quizá otros mayores ? Mas dexemos en el
silencio estas dudas y conjeturas que excitan,
y al mismo tiempo abisman nuestra mente en
su misma curiosidad : yo no debo aun propo­
ner ni indicar estas escabrosas dudas , porque
temo el peligro de confundir mi instrucción,
ó de escandalizar y acobardar tu pusilanimi­
dad hasta ahora ignorante. La experiencia y
los nuevos conocimientos que adquirirás en el
viage , dispondrán tu mente para conjeturar lo
verisímil sin escándalo de til ignorancia pre­
sente , y dudar de lo improbable por el temor
prudente de errar. Si en las ciencias por me­
dio de lo conocido se pasa y llega á enten­
der lo desconocido : así en este viage por la
consideración del Sol , que es el astro mas sen­
sible , y visible á los terrícolas , llegarémos á
entender y conocer mejor los fenoménos de
los astros celestes mas insensibles y casi invi­
sibles. A este fin nuestro primer vuelo y jor­
nada han sido para visitar y observar el Sol
que tenemos presente , y que casi tocamos. An­
tes de empezar esta observación debo adver­
tirte , que freqiientemente hablaré de la dis­
tancia y grandeza de los planetas con relación
á nuestra tierra. Quiero decirte. Un terrícola
aislado y contemplador de la naturaleza, con­
sidera y mide la distancia y grandeza de los
objetos terrestres con relación á su cuerpo:
así juzga , que tal objeto es alto , ó dista tan­
tos pies, pasos, palmos , brazas, &c. : que son
me-

al mundo Planetario .
29
medidas de su cuerpo. Así también nosotros
terrícolas en estas regiones celestiales contemplarémos y medirémos los astros con relación
á la distancia y grandeza de nuestra tierra,
valiéndonos de ella , como de medida grande
y conocida. Las medidas , pues , de nuestra
tierra , según los principios que establezco en
su historia física, tratando de su figura y gran­
deza , son las siguientes: El semidiámetro ter­
restre es de 1,432 leguas y media ; por lo que
el diámetro será de 2,865 leguas; y su circun­
ferencia de 8,996 leguas (que tal vez supon­
dré de 9000 leguas, como numero mas com­
pleto , y poco diferente del verdadero. La su­
perficie regular de un globo tan grande co­
mo la tierra , contendría 25,785,000 leguas
quadradas , y su solidéz ó volumen sería de
12,312,337,500 leguas cúbicas: y de este nú­
mero de leguas quadradas y cúbicas supondré
constar la superficie y la solidéz, ó volumen
del orbe terrestre.

Grandeza de
la tierra.
Su diáme­
tro.
Su circuito
ó circunfe­
rencia.
Su superfi­
cie.
Su solidéz ó
volumen.

5. 11.
Grandeza del Sol.

,

,

,

Mpecemos pues Cosmopolita á hacer
atenta y cuidadosa observación de las in­
numerables curiosidades que en el Sol descu­
brirá nuestra consideración. Su grandeza enor­
Fenómenos
me , su substancia, su hermosura, su luz ó que se ob­
resplandor , su calor y actividad , su atmós­ servarán en
fera y manchas , su movimiento y situación, el Sol.
son otros tantos fenoménos, en que hallarémos

E

30
Via ge estático
mos muchos motivos de reconocer y alabar el
poder y bondad de nuestro D io s, que crió es­
te grande y hermoso astro para servicio de
los hombres. E l S o l, con estas admirables y
utilísimas calidades , al mismo tiempo puede
ser benéfico con nuestra tierra y con otros in­
numerables planetas : mas no por esto , nues­
tro agradecimiento á la bondad de quien lo
crió , debe ser inferior al que le tendriamos en
caso que lo hubiera criado únicamente para
nuestro servicio. ¿ Sería justo que los terríco­
las no agradeciesen al Criador el don de la
luz solar , porque ésta también alumbra á los
mas viles insectos de la tierra ? Si así pensáran los terrícolas, ellos serían no hombres,
sino monstruos inhumanos de ingratitud , en­
vidia é ignorancia. Sea, pues, criado el Sol,
para hacer á todos los planetas y cometas par­
ticipantes de las beneficencias, que por di­
rección de la mano graciosa y liberal del Cria­
dor , reparte in cesan tem en te sobre la tierra:
nosotros las contemplarémos todas como si se
empleáran únicamente en nuestra utilidad y
ventaja : porque de este modo gozamos de to­
das ellas por efecto de la admirable y pia­
dosa providencia de nuestro Dios. Con esta
disposición de reconocido y humilde agra­
decimiento , debes , Cosmopolita , oír la ins­
trucción y explicación que te haré de las ca­
lidades que hemos de contemplar en el Sol.
La primera, que por ser la mas visible,
arrebatará tu atención , será sin duda la enor­
mísima grandeza solar. E sta , á la verdad, es
ta l, que no puede ser observada, sin que uno
se

a l mundo V ianet ario.
31
se sienta penetrado de estática admiración.
Entre los terrícolas se forma gran concepto de
la magestad de los Príncipes , por la grande­
za y por el esplendor de sus C ortes, y por la
soberbia de sus Palacios. Sabemos por la his­
toria , que en la antigüedad muchos sabios cu­
riosos iban á Egipto para ver sus soberbias
pirámides ( 1 ) , laberintos y el famoso lago de
M e ris; las quales fábricas se miraban como Grandeza de
obras portentísimas del ingenio humano. Con­ las pirámi­
fieso que no sin admiración se puede ver la des de Egip­
pirámide m ayor, cuya solidéz es de trescien­ to.
tas y trece mil quinientas y noventa toésas
cúbicas. Con m ayor admiración se veía el la­
go de M e ris: éste tenia de circuito catorce
le( 1 ) Las pirámides de Egipto fueron llamadas
milagros ó maravillas del mundo. En una de ellas
(Plinto , lib. 26. cap. 12. ) trabajaron 360$ hom­
bres veinte años. La pirámide mayor de Menfis,
según la relación que Chazelles hizo á la Aca­
demia de las Ciencias de París en el año 1695,
tiene una base quadrada , cuyo lado es de loo
toésas. Su altura perpendicular es de 77 toésas
y i ■ La superficie de las fachadas de la pirámi­
de (que son triangulares) constan 12,10 0 toésas
quadradas.
Chazelles halló , que los ángulos de dicha pi­
rámide miraban perfectamente á los quatro puntos
cardinales del mundo : esto prueba la invaria­
ble situación de la esfera celeste , y la antigüe­
dad del estudio astronómico.

Lago de
Mtiis.

Grandeza
del Sol.

32
F ia ge estático
leguas , y de profundidad trescientos pies; y
para que la posteridad conociese que lago tan
grande habia sido hechura de hombres, en­
medio de él habia hecho colocar el Rey Meris dos pirámides , que sobresalían trescientos
pies sobre el agua. Estas y otras semejantes
fábricas de los Egipcios , que con razón lla­
mó Plinio(i): Regum pecunia otiosa et stulta
ostentatio , y otras soberbias fábricas de los
Caldeos y Romanos, se han celebrado y cele­
bran entre los terrícolas como maravillas del
arte, y pruebas del poder , y riqueza de al­
gunos Príncipes de la tierra. Mas todo quanto admiran los hombres en ésta como grande
y magnífico , respecto de la grandeza del glo­
bo solar , es como una gota de agua compa­
rada al Océano. Las maravillas del arte que
he insinuado , se celebran como obras gran­
des : y no obstante , ocupan tan poco terre­
no , que son una nada respecto de todo el or­
be terráqueo: pues ¿ qué serán respecto de es­
ta mole solar, que es un millón trescientas
y ochenta y cinco mil quatrocientas y seten­
ta veces mayor que nuestra tierra ? Si la obra
de una pirámide que está en pocos pies de
tierra, hace que los hombres conciban gran­
de idea del poder del R e y , que la fabricó por
mano agena , y en muchos años; ¿qué concep­
to no deberémos formar los racionales del su­
mo poder de nuestro D ios, que en un momen­
to,
(1)

Hist. Nat. lib. 26. cap. 12.

al mundo Vianetario.

33

t o , con el solo querer, hizo de la nada este
cuerpo solar tan grande y tan hermoso ? Dios
quiso que el Sol existiese : y el Sol existió tan
grande y tan hermoso como Dios quiso. ¡ O
fuerza incomprensible del Poder Omnipoten­
te , en quien el obrar es el querer!
El Señor , que criando el espíritu huma­
no á su semejanza, lo colocó en el cuerpo ma­
terial adornado de vista, le puso en este Sol
una lámpara inextinguible, que lo alumbráse. Fué , pues , hecho el Sol para alumbrar el
mundo; y como éste es tan grande, la sábia Providencia Divina lo hizo de grandeza
proporcionada al lugar para que lo destina­
ba. No sé , ¡ ó Cosmopolita m ió! cómo hay
racional, que viendo este desmesurado inex­
tinguible fanal, no reconozca en él la Provi­
dencia y Omnipotencia de nuestro Dios. ¿ Quién
entrando en el salón de un gran Palacio , y
viendo en él una hermosa lámpara que alurnbráse , creería , que esto era un acaso ó ac­
cidente de la naturaleza? ¿Y quién viendo el
Sol que nos alumbra en este grande mundo,
no reconocerá en él un efecto prodigioso del
poder de nuestro excelso Señor? Bestias fue­
ron aquellos hombres que contemplando y ad­
mirando la grandeza y hermosura del Sol ido­
latraron en é l , creyendo que la divinidad era
el Sol, objeto visible, que por su belleza mas
se distinguía en la naturaleza. Bestias fueron
tales hombres , porque viendo con los ojos cor­
porales , se mostraban ciegos en el espíritu : mas
los que no conocen en su Autor la Suprema
Divinidad , yo los llamaré mas que bestias:
Parte I.
I
por-

El Sol lám­
para del
mundo.

34

En unas
obras mas
que en otras
se descubre
Jo maravi­
lloso de la
divina Pro­
videncia.

r

la s obras de
Ja naturale­
za tanto mas
admirables,
quanto mas
pequeñas.



estático

porque piensan, como si estuvieran ciegos en
el espíritu y cuerpo ; verificándose de estos lo
que ( i ) está escrito : que viendo no verían, y
oyendo no oirían ni entenderían.
Deseando ¡ ó Cosmopolita! aprovecharme
de todo lo particular que nos ofrece la ob­
servación de la naturaleza, para reconocer en
ésta el poder y la bondad de nuestro Supre­
mo Criador , yo te he hecho levantar á éste
la consideración que en nosotros excita la
vista de la desmesurada grandeza del S o l: por­
que aunque en todas las obras de la naturale­
za podemos y debemos reconocer y admirar
el poder de nuestro D ios, no hay duda , que
en algunas de ellas su poder es mas digno de
admiración; ó porque tales cosas son extraor­
dinarias, ó porque mas inmediatamente nos
descubren la suma sabiduría del Artífice. La
grandeza del cuerpo solar ha llamado con sin­
gularidad nuestra atención, porque aún con­
servamos el resabio de m aravillarnos, como
los terrícolas, entre los que por vicio de edu­
cación ó por efecto de ignorancia , lo mas gran­
de en qualquiera linea suele ser lo mas ad­
mirable : mas yo te deberé decir ¡ó Cosmo­
polita! que según mi sentir, y según los prin­
cipios de la Filosofía mas racional, hallamos
generalmente en las obras pequeñas de la na­
turaleza mayores motivos de admiración que
en
( i) Quia 'videntes non vident , et eludientes
non andiunt, ne^ue intelligunt. S. Matth. 13 . 13 .

al mundo Planetario.

35

en las grandes : así como solemos admirar mas
la habilidad de un artífice en cosas sutiles y
delicadas, que en las grandes. Yo te debo con­
fesar , que á mí me causa menor admiración
la vista de la grandeza del S o l, que la con­
templación de un insecto pequeño , como el
-gusano de seda : el qual con notable é incom­
prensible metamorfosi se convierte de gusano
en grisálida , y después en mariposa. Me ad­
mira el ver á este gusano , que después de ha­
ber comido la hoja tierna de morera, va vo­
mitando de su estómago una baba que se se­
ca al salir: la hila, y forma con ella un ca­
pullo , que le sirve de sepulcro. Me admira
el considerar á este insecto inmoble , y como
aletargado ó muerto en el centro del capullo
(en el que está sin que en él se pueda descu­
brir señal alguna de su primera figura ), y que
después con el calor del estío volviéndose á
animar ó á dispertar, rompa su sepulcro, y
aparezca como un nuevo ente armado con alas
para acabar en breve su vida , dexandonos
abundancia de huevos, conque se perpetúe su
posteridad.
Mas si un Filósofo ¡ó Cosmopolita ! quiere
considerar objetos, que siendo casi indistingui­
bles á la vista corporal dan la mayor mate­
ria de admiración , no necesita de otra cosa
sino de ponerse á observar la naturaleza con
un microscopio ; y luego descubrirá un nuevo
mundo de vivientes, cuya atenta contempla­
ción le hará conocer el poder de Dios mejor
que la vista de los desmesurados cuerpos pla­
netarios que se observan con el telescopio. Un
I2
Fí-

El microsco­
pio hace vet­
ulia natura­
leza que pajete nueya.

36

Viage estático

Físico (1) llegó á observar en una gota de agua
de pimienta mas de ocho millones de insec­
tos: y en el hígado de una melva creyó que
terrestres.
habia mas insectos que hombres sobre la tier­
ra. E l inmenso número de pequeñísimos in­
sectos , que suele haber en el agua estañada,
hace que ésta aparezca verd e, obscura, en­
carnada y de diferentes colores. La pequeñéz
de tales insectos llega á ser t a l , que estos suelea
aparecer, como otros tantos átomos que se con­
funden con las partes elementales de agua. Ben­
jamín Martin dice haberse hecho tales descu­
brimientos de insectos pequeños , que en una
gota de agua puede estár un millón de millo­
nes de ellos. Algo hiperbólica parece la pro­
posición de Martin ; mas la experiencia sin hi­
pérbole alguna demuestra que el número de
insectos es poco menor, que el de puntos sen­
A la grande­ sibles de materia. Apelo , Cosmopolita , á tu
za de los as­ bondad y paciencia para oírme sobre este
tros la tier­ asunto, que aunque terrestre merece ser tra­
ra opone la tado en las regiones celestiales, á cuyos as­
pequenez ad­
tros

Número' in­
terminable
de insectos

mirable de
sus insectos.

(1 ) Antonio Van-Leeuwenhoek observó en la
dicha gota de agua 8,280,000 insectos ( Benjamín
M artin , Gramática delle scienze. B as sano. 1778.
8. p. 4. c. 5.). Leeuwenhoek en su Obra : A r ­
cana natura detecta. Delphis Bata'vorum. 1695.
4. En la epístola 4. p. 42. epístola 75. p. 336, &c.
refiere sus experiencias, en que vio millones de
insectos, que ocupaban el espacio que correspon­
de á un grano de arena.

al mundo ’P lanetario.

gjr

tros maravillosos por la grandeza opone nues­
tra tierra exércitos innumerables de insectos,
que sorprenden la mente humana por su pequeñéz casi increíble. Quiero, pues, contarte
un discurso breve, que casi encantado de pla­
cer y curiosidad oí el año de 1787 en Roma
á un venerable anciano (1) en la Librería de
Venancio Monaldini.
Concurren á ésta muchos literatos Roma­
nos después del paséo para descanso del cuer­
po y recreo del ánimo* Entré una tarde en
ella,

Discurso

con un sa­
bio enveje­
cido en la
observación

(1) El Ex-Jesuíta Felipe Arena ( q u e d e 82 de los insec­
años de edad murió el 1789 en esta Ciudad de tos.
R o m a ), célebre por su Obra sóbrela cultura de
las flores, publicada en Italiano , y traducida en
Alemán. Contiene tres tomos en quarto. El año
1 77 7 publicó en Roma un tomo en quarto , con
el título : Physic<e qucestiones precipua , tom. 1.
Disponia la impresión de dos tomos de física , que
por-su muerte quedaron inéditos: en ellos secóntienen muchas experiencias y observaciones cu­
riosas con el nuevo sistéma físico del Autor , que
habiéndome conocido en la dicha Librería , quiso
y me empeñó para que yo reviese sus manuscri­
tos de física. De este Autor y de algunas obser­
vaciones de Leeuwenhoek sobre los insectos, dis­
curro mas largamente en el capítulo 2 de la Obra
que he escrito con el título : E l hombre físico , ó
Anatomía humana fisico-Jiiosójica > y que en­
viaré prontamente á España para que se imprima
en Madrid.

Método de
observar la
naturaleza.

Newtón
empezó á
observar la
naturaleza
por lo má­
ximo.
La naturale­
za se debe
empezar á
observar
por io mí­
nimo.

38
Via ge estatico
e lla , y habiendo ocupado puesto cerca de un
anciano octogenario , que hablaba con el Li­
brero Monaldini sobre la impresión de una
Obra nueva de Física, y sobre su contenido,
oí con atención y novedad parte del discurso,
y habiéndolo concluido el anciano, procuré
renovarlo con cortesía y habilidad , reprodu­
ciendo várias proposiciones del discurso que
habían herido mi fantasía. Entonces el vene­
rable anciano , jovenizandose repentinamente
con boca risueña y vista alégre, me habló así:
«Ignoro, Señor Abate, tu nombre y carácter:
mas tus curiosas dudas me hacen conocer que
te son notorios los descubrimientos físico-as­
tronómicos de Newton ; y esto me basta pa­
ra que yo con gusto satisfaga á tus preguntas,
y á las objeciones que en ellas me propones
:enmascaradas. Respeto el mérito de Newton,
y adopto en general su sistèma ; aunque co­
nozco , que éste enei orden físico no se per­
feccionará hasta que la observación penetre
los ocultísimos senos, en que se esconden las
partes ú obras mínimas de la naturaleza. New­
ton observó á ésta en sus partes y obras má­
ximas , quales son los globos inmensos que gi­
ran por los Cielos ; y desde estos baxó á la
tierra : mas yo por lo contrario desde ésta su­
bo al Cielo. Yo empiezo á observar la natu­
raleza desde sus obras mínimas y casi indistin­
guibles á la vista corporal ; paso después á las
visibles pequeñas, medianas , mayores y má­
ximas , y todas ellas las miro y hallo como
anillos de una misma cadena, y como escalo­
nes de una misma escalera , que me facilitan
la

al mundo Vianet arlo.

39

la subida hasta las eminentes alturas de los
Cielos.” El anciano probó y confirmó estas
proposiciones con várias reflexiones y expe­
riencias , y entre éstas me refirió la siguiente,
diciendo: »»Empleado yo desde mi juventud
en el estudio de las ciencias físico-matemáticas
que he enseñado en Sicilia y Malta , he teni­
do siempre presente la necesidad de indagar
los íntimos secretos de la naturaleza; y con
este fin he procurado observar sus mas míni­
mas obras , persuadiéndome á que el conoci­
miento de éstas nos encamina al de sus pro­
ducciones máximas. A este efecto, con pérdi­
da de la vista y salud por mas de 20 años, me
Reyno ani­
ocupé continuamente en observar el reyno in­ mal invisi­
menso de vivientes innumerables que esconde ble en la na­
la naturaleza; y esta observación me obliga turaleza.
á conjeturar que Dios en el principio del mun­
do crió un ente viviente con cada punto de
materia. Esta proposición , Señor A bate, te La materia
parecerá exótica , mas no es inverisímil. Para terrestre se
su prueba podré alegar várias experiencias, en­ crió anima­
tre las que elijo la siguiente ; y si deseas satisfa­ da.
cer tu curiosidad con otras , yo te enviaré mis
manuscritos , en que las leas. En el clima calien­
te de Sicilia y Malta he puesto algunas ve­
ces sobre agua clara, expuesta al Sol ardien­
te de estío , algunas hojas de c o l, y en menos
de ocho horas he visto desencarcelarse los in­
numerables entes vivientes que en ellas se
escondían, y formaban su aparente materia.
Atento siempre con microscopios que yo mis­ Aparición
mo habia hecho, y aumentaban diez millo­ de la materia
nes de veces los objetos, jamás descubrí, ni animada.

40

Viage estático

ilegué á ver insecto alguno , que traído por el
a y re reposáse ó cayese sobre las hojas; mas
en éstas observé siempre , que desuniéndose con
el calor solar innumerables globillos de que
se componen las hojas, y empezando á mo­
verse, daban señales ciertas del ente viviente
que los animaba. Aparecían después desenvol­
viéndose los globillos , maquinillas vivientes en
todos ellos, con figuras diversas y rarísimas.
Veinte mil
La muchedumbre de vivientes algunas veces
«laminillas era tanta, que en la gota de agua que estaba
vivientes
en la punta de un alfiler había diez m il, quin­
puede alo­
ce
m il, y casi veinte mil maquinillas vivien­
jarse sobre
tes
, que con extrema paciencia llegué á contar.
U punta de
El
vaso de agua en que habia puesto las hojas
un alfiler.
de col, parecía un Océano poblado de vivien­
tes aquátiles, que estaban en continua guerra,
como los peces en el mar y los hombres en
la tierra. Su figura era vária , y tan horrible
la de algunos vivientes, que su vista daba ter­
ror á los que no eran prácticos en observar­
Horrible va­ los. Me divertí algunas veces , presentando á
riedad de fi­ varios amigos este monstruoso y guerrero es­
guras que
pectáculo , cuya vista horrorizaba á algunos.
tienen los
Persistí
no pocas veces en observar los suce­
insectos.
sos y el fin de la breve vida de los vivientes;
y hallé que todos ellos acababan , como sue­
len acabar los peces , entre los que á los pe­
queños comen los grandes, y á estos comen
después los hombres. Así en pocas horas des­
aparecía la inmensa muchedumbre de vivien­
tes aquátiles, como en pocos años desapare­
ce y se renueva la generación de los terres­
tres. Esta experiencia , Señor A bate, te hará

del mundo Vianet ario.
41
conocer , que todas las plantas se componen
de puntos de m ateria, en que están escondi­
dos y encarcelados otros tantos entes vivien­
tes : y á la acción de estos se debe el mo­
vimiento que tienen algunas plantas, y que
hasta ahora se han explicado mal en la físi­
ca , como digo en mi Obra , ya publicada so­
bre el cultivamiento de las flores. Vivientes
hay también encarcelados en los puntos de
materia de que se componen los planetas y
cometas , cuyo movimiento en buena física no
se entiende bien sin algún principio de vida.”
El anciano continuó este discurso por mas de
una hora : no quiero molestarte con referirte
todas las experiencias y reflexiones que en
él o í ; mas permíteme, que y o , teniendo á la
vista la pequeñéz admirable de las produccio­
nes invisibles de la naturaleza, haga la si­
guiente observación. Has oído que en un punto
de agua se han llegado á contar hasta vein­
te mil vivientes : todos estos tienen sus ór­
ganos y mecanismo corporal, como los ani­
males grandes ; esto es , tienen celebro , estó­
mago , intestinos , venas, arterias, glándu­
las , & c. proporcionadas á la grandeza ó pe­
queñéz de sus cuerpos. Según esto , sabiendo
que un grano de arena puede cubrir en el
cuerpo humano millares de glándulas ( 1 ) , ¿có ­
mo

( 1)
El numero de las glándulas de nuestro
cuerpo es maravilloso {como dice Benjamín M a r ­
tin citado , p. q,. cap. 5- )• Se quiere qu
P a r te I .
K
no

Cada plane­
ta es un agre­
gado de in­
sectos.

Los planetas
y cometas
son masas
de insectos.

Indetermi­
nable peque­
nez de los
m.embros
de los insec­
tos.

42

Vi age estático

mo serán éstas en un insecto , cuya grande­
za sea de una millonésima de pulgada ? ¿ Qué
pequeñísimos deberán ser los vasos por don­
de corren los fluidos de su cuerpo? ¿Quién
podrá considerar los órganos de esta casi in­
visible máquina viviente, sin quedar estático
y lleno de admiración? Por ventura, ¿apa­
Dios admi­
recerá
mas estupenda la grandeza de este cuer­
rabilísimo
po
solar
, que la suma pequeñéz de tantos gra­
en la peque­
nos
(1)
en
un insecto casi invisible ? ¡ O h , quán
nez de los
cier­
insectos.
no de arena pueda cubrir 125,000 glándulas. Si
suponemos dos mil granos de arena en el espacio
quadrado de una pulgada , y que la superficie
del cuerpo humano conste de catorce pies quadrados, habrá en la cute de un hombre de estatura
ordinaria 324,000,000,000 glánd ulas. C a d a una de
éstas contiene un canal ó poro para la respiración.
(1) Si suponemos una pulgada dividida en un
millón de partes , y que 29 de éstas sea la gran­
deza de un insecto, que sea tan largo, como ancho,
la superficie de éste constará de 0000000000.84;
esto es , de 84 partes de cien mil millones de par­
tes iguales de una pulgada quadrada. N o nos de­
be causar maravilla tanta pequeñéz en algunos
insectos , á vista de las innumerables partecillas,
en que el arte divide un cuerpo pequeño. Boile dice , que con un grano de oro se puede hacer
una hoja de 50 pulgadas quadradas : por tanto,
si suponemos que lo largo de una pulgada se di­
vide en 200 partes visibles , la tal hoja de oro
tendrá dos millones de partes visibles.

43

a l mundo "Planetario.
cierto e s, Cosmopolita , que los hombres , co­
mo dixo el grande Agustín (i) , se admiran,
muchas veces , no de lo que es mas maravi­
lloso , sino de lo que es mas raro! y por es­
to pasan la vida como bestias, sin recono­
cer al Supremo Hacedor en tantos y tan pro­
digiosos efectos de la naturaleza , que los ro­
dean , tocan , y continuamente se presentan á
su vista.
Volvamos otra vez, Cosmopolita , al asun­
to primero de nuestra observación, de que
nos hemos apartado algo. No obstante de ser
tan grande el S o l, él aparece tan pequeño á
los terrícolas, que su diámetro parece ser de
un palmo solo. Mas esta apariencia proviene
de su gran distancia : así por experiencia ve­
mos , que los objetos van apareciendo meno­
res á proporción que nos alexamos de ellos.
La distancia desmiente la grandeza de los ob­
jetos : mas quando nos consta quanto sean dis­
tantes , el conocimiento de la distancia nos sir­
ve para determinar su pequeñéz ó grandeza:
así viendo los terrícolas, que el diámetro so­
lar les parece de un palmo en la distancia de
Diámetro
treinta y quatro millones trescientas cincuen­ del disto so­
ta y siete mil quatrocientas y ochenta leguas, lar.
infieren, que dicho diámetro tiene de largo
trescientas diez y nueve mil trescientas y noven-

(i) Illud mirantur homines , non quia majus
est , sed quiet rarum cst. S. Aug. tract, 24. in
Joann.
K2

44

Figura del
Sol,

Viage estático

venta y siete leguas. Con particular providen­
cia el Señor ha colocado en tan grande dis­
tancia de la tierra este inmenso fan al; ya pa­
ra que por su cercanía no abrasáse á los ter­
rícolas , y á quanto puebla la tierra; y ya
porque si el Sol estuviera tan vecino á ésta,
como la Luna , quando saliese, casi todo el
Cielo sería Sol. En tal caso, éste ocuparía dos­
cientos (i) y quince grados del Cielo visible
á los terrícolas.
La distancia del S o l, mirado desde la tier­
ra , hace variar su aparente figura. Desde la
tierra el Sol aparece un plano luciente , no
obstante de ser un globo. La causa de esta
apariencia ó engaño es la dicha distancia; así
si desde lexos miramos un globo , éste nos
parece un plano circular ; porque por razón
de la distancia no podemos distinguir, que las
partes interiores están mas baxas ó altas que
las del limbo ó circunferencia. La rotación que
se ha observado en el S o l, y el movimien­
to (2) de sus manchas , son dos pruebas de la
figura esférica del cuerpo solar.
§. III.
( 1 ) En suposición de distar la Luna de la tier­
ra 88,860 leguas , un grado de la órbita lunar
contiene 1,481 leguas; y como el diámetro solar
es de 319,397 leguas, se infiere que éste ocu­
paría 215 grados de la órbita lunar , y ^ de
(2) Se observa que el movimiento de las man­
chas que se ven en el limbo ú orillas del Sol , es
mas

/

a l mundo Planetario.

45

§. n i.
Substancia y calor solar .

Bservada la desmesurada grandeza del
cuerpo solar , es justo ¡ó Cosmopolita! que
nos internemos á considerar su substancia. Es­
ta , como se echa de v e r, por todos sus efec­ La materia
tos , calienta y alumbra : es ígnea y lumino­ solar es íg­
sa. En ella advertimos los efectos de calor y nea y lumi­
nosa.
lu z , que comunmente se hallan en el fuego
terrestre. La luz solar es tan grande, que alum­
bra inmensos espacios : es tan v iv a , que im­
pide mirar su manantial con la vista corpo­
ral ; y cegaría al terrícola que se empeñáse
mirar al Sol un dia entero. El calor solar es
Actividad
no menos universal y activo, que la luz. No
del
calor so­
obstante la gran distancia del Sol á la tier­
lar.
ra , si los rayos solares que llegan á ésta, se
unen en el fuego del espejo ustorio, derriten
los mas duros metales (1) en un momento. To­
da

O

mas lento que el de las manchas que están en lo
interior : asimismo las manchas del limbo apare­
cen mas estrechas , que las interiores. Todo esto
prueba ser esférico el Sol.
(1) Según las experiencias de Tschirnhauso,
Homberg , Geoftroy , Boerhaave , &c. todo lo
combustible se inflama luego con las lentes y es­
pejos ustorios. Los metales y medio-metales* se
derriten prontamente. Aead. des setene, an. 1699.

A ct.

46

Viage estático

da la actividad del fuego terrestre parece una
nada en comparación de la que puede tener
El Sol hoel calor del Sol. Este, pues, ¡ ó Cosmopolígueray lám- t a ! sirve de hoguera para calentar el mundo,
para del
y de lámpara para alumbrarlo. Siempre arde,
mundo.
y siempre alumbra en beneficio de los mor­
tales. ¿Qué racional, pregunto y o , hallándo­
se todas las noches con luz y fuego preparado
en su habitación , se persuadirá á que esto es
un efecto del acaso? ¿Y habrá terrícola, que
no conozca la providencia del Señor en el Sol,
que como fuego y luz inextinguibles tiene siem­
pre preparado para calentar y alumbrar la
tierra, y á quantos la pueblan?
En la substancia solar he distinguido, Cos­
mopolita , sus dos mas visibles y maravillo­
sas propiedades , que son el calor y la luz. De
una y otra es necesario hablar con distinción.
Empiezo por el calor. La actividad del ca­
lor solar se echa de ver , ó se colige muy
bien , por el que en la tierra experimentamos
en tiempo de estío. Si distando la tierra del
Sol mas de treinta (1) y quatro millones de
leguas, el calor solar en ciertos meses se ha­
ce

Act. Erudit. Lips. 1697. Trans. Philos, n. 522.
Boerhaav. Elem. Chym. tom. 1.
(1) En tiempo de estío, en que el Sol mas
se alexa de; la tierra , dista de ésta 34,934,74°
leguas.

al mundo Planetario.

Atf

ce casi insufrible; ¿quanta será su actividad
en su fuente y origen ? Nosotros , como es­
pirituales , aunque inmediatos al S o l, no sen­
timos aquí el efecto de tal actividad , mas nos
es fácil el conjeturarlo , constándonos por ex­
periencia lo mucho que se suele sentir en la
Calor que
tierra, y lo que un fuego pierde de eficacia concibió el
por razón de la distancia. Podrás conjeturar­ cometa apa­
lo también por el ca lo r, que según algunos recido en el
Físicos llegó á concebir el cometa del año 1680; 1680.
no obstante , que en su mayor cercanía al Sol,
distaba (1) de él 53,233 leguas. Newtón (2)
juzgó tan grande el calor solar en este come­
ta , que llegó á suponer su actividad 28$ veces
mayor , que la del mismo calor solar sobre la
tierra en estío. Según el mismo Autor un glo­
bo de hierro ardiendo, é igual en grandeza al
terrestre, conservaría el calor cincuenta mil
años ; y según las mas exáctas experiencias de
Buf( 1 ) En el dia 8 de Diciembre , en que el co­
meta estaba en el perielio ó vecindad mayor al
Sol , su distancia hasta el Sol era á la que éste
dista de la tierra como 6 á 1000: ó según otras
observaciones el cometa distaba del Sol la sexta
parte del diámetro solar, el qual tiene 319,397
leguas de largo.

(2) Philosophice naturalis principia ntathematica auctore Isaaco Newtono cum comm. pp.
Thomrt Le-Seur , et Franc. Jacquier. Genev¿e.
1739. 'v°l' 3- db. 3. probl. 41. prop. 21. p. 639.

48

Via ge estático
Buffón (i) tardaría mas de noventa y seis mñ
años
( i ) Buffón en el tomo i del suplemento á su
Historia natural , pone observaciones curiosas so­
bre el progreso del calor en los cuerpos que se
calientan y enfrian. Newtóu , como dice Buffón
en sus principios matemáticos ( citados antes ) , ha­
ce algunas suposiciones falsas , que sin examen
han adoptado los físicos, y una de ellas es la si­
guiente , que en varios libros se lee citada como
dogma físico. Un globo de hierro ardiendo , cu­
yo diámetro sea de una pulgada , se enfria casi
en una hora. Suponiéndose , pues , la duración
del calor con proporción ó razón á los diámetros,
inferia Nevvtón , que un globo de hierro ardiendo,
é igual en grandeza á la tierra , apenas se enfriaría
en cincuenta mil años. Sospechó Newtón que la
duración del calor era algo mayor en los cuerpos,
á proporción que era mayor su diámetro ; y Hermanno Boerhaave (como notan Le-Seur y Jacquier
citados) en sus Elementos químicos , dice haber
observado , que los cuerpos conservan el calor
mas tiempo , á proporción que son mas grandes
ó mas densos. La duración del calor , en razón
délos diámetros, se halla (advierte Buffón) en
los cuerpos homogéneos y permeables al calor,
como lo es el agua. Esta proporción falta en los
cuerpos sólidos : así en los globos de hierro , que
tengan el número de medias pulgadas i. 2. 3.
4. 5. N : el tiempo que tardan en enfriarse has­
ta que se puedan tocar con la mano, es de mi­
nutos 12. 36: 64. 108. . . 24 N — 12. minutos.
Por

al mundo ’P lanetario.

49

años eri enfriarse. E l mismo Buffón ( 1 ) , con
cálculos diferentes de los que supone Newtón,
pretende inferir , que el cometa del año 1680
( en caso de suponerse su diámetro de 228,342
medias pulgadas) pudo concebir solamente el
caPor tanto , suponiéndose en la tierra el diáme­
tro de 9 4 1 ,4 6 1,9 2 0 medias pulgadas , el tiempo
que tardará en enfriarse , hasta que se pueda to­
car con la mano sin quemarse , debe ser de — 24
N — 1 2 : esto es (poniendo en lugar de N el
numero correspondiente de medias pulgadas) , de
22,59 5,0 8 0 ; 68 minutos, que hacen 42964 años
y 2 2 1 dias. Asimismo, en los dichos globos, el
tiempo que tardan en enfriarse totalmente sera de
39. 93. 14 7 . 2 0 1. 256. . . . 54 N :i~ 15. minu­
tos : por tanto , poniendo en lugar de N el nu­
mero de medias pulgadas , que tiene el diáme­
tro terrestre , el tiempo que la tierra tardaría en
enfriarse totalmente , sería de 50,838,943,662 mi­
nutos , que hacen 966 71 años , y 1 3 2 dias.
( 1) Buffón en la Obra citada supone que el
calor del hierro ardiendo es siete ú ocho veces
mayor que el del agua hirbiendo , é impugna á
Newtón que conjeturó ser solamente tres ó quatro veces mayor. Es necesario confesar , que es
poco exacta la escala de grados de calor, de que
se valió Newtón para sus cálculos , y que citan
los comentadores de sus principios matemáticos en
el libro 3. prop. 8. cor. 4. probl. 4 1 . prop. 2 1 .
Esta escala se publicó en el tomo I I de los Opús­
culos de Newtón impresos en Ginebra el año 1744.

- Parte I.

L

Via ge estático
calor que llega á tener el hierro ardiendo. Mas
porque se ignoran la grandeza del com eta, y
la densidad de su materia (»circunstancias que
conspiran mucho para alterar la duración del
calor) , no podremos afirmar ni negar , que el
calor del cometa era mas de dos mil veces ma­
yor , que el de un hierro ardiendo , como diEl calor del xo Newtón ; mas claramente podremos afir­
cometa fué
mar , que el calor del cometa (en caso de ser
28$ veces'
mas activo, éste igual á la tierra en grandeza, y en la den­
que el del sidad de su masa) era veinte y ocho mil ve­
estío en la ces mas activo , que el mayor del estío en la
tierra.
tierra. La grandeza del cometa nos es desco­
nocida; mas su densidad ciertamente es mu­
cho mayor , que la terrestre , y proporcionada
á la resistencia, que debía hacer á la activi­
dad del calor en la suma vecindad al Sol. Es­
ta circunstancia obliga á conjeturar haber si­
do grandísima la actividad del calor s o la r en
el cometa: y para que de ella formes el con­
cepto debido, he aquí otra reflexión sobre la
misma prueba.
Los cuerpos retienen comunmente tanto mas
tiempo el calor , quanto mayor es su densi­
dad , como observó Boerhaave en sus Elemen*
Relación
tos de química ; así mas tiempo debe durar el
entre las
calor
en la tierra, que en el agua; porque
densidades
del agua , la densidad terrestre es á la del agua, como
del ayre, de 1630 á 1000: y mas tiempo debe durar en ej
la tierra y
agua , que en el ayre ; porque la densidad del
del sol.
agua es á la aérea como 36o,000 á 1000. Su­
poniendo con los modernos , que la densidad
terrestre sea á la solar como 1,000,000 á 25,285;
esto e s , que sea quadrupla de la solar , és­
ta
50

al mundo Vianet ario.
51
ta se podrá suponer casi 400 veces mayor que
la aérea. Si un pie cúbico de ayre pesa una
onza , el pie cúbico de materia ígnea solar
pesará casi 400 onzas. Si la actividad de di­
Cálculo de
cha materia corresponde según la opinión de la actividad
los modernos á los grados de su densidad y del calor en
peso ; viendo que el fuego terrestre elemen­ cuerpos de
diferente
tal , sobre cuya gravedad están dudosos (1)
densidad.
los F ísicos, llega á tener una actividad sor­
prendente , como se experimenta en los efec­
tos de muchos ra yo s; ¿qué actividad tan
prodigiosa no deberemos conceder al fuego so­
lar , que probablemente es millares de ve­
ces mas denso y g ra v e , que el fuego terres­
tre? La actividad del calor en los cuerpos ter­
restres suele tener proporción con su densidad;
no obstante, se experimenta (2 ), que el cris­
tal de monte , aunque ocho veces menos den­
so que el oro , llega á concebir tanto calor
como el oro: no será, p u es, difícil, que la
actividad del calor solar sea excesivamente su­
perior á la graduación que pide la densidad
del
(1 ) Philosophia libera , seu ecléctica rationalis , et mechamca auct. Ignat. Monteiro Soc. J .
V?net. 1766. vol. 8. En el vol. ó nüm. 6 , de igne: lect. 1. prop. 8. n. 41. p. 290. trata de las opi­
niones de los Autores sobre la gravedad del fue­
go. Véase también la física experimental de Nolle t, vol. 4. lección 13. sección 1. artíc. 1.
(2) Cometeographe par M r. Pinpré . 1783.
vol. 2. p art. 3. cap. 2.

L2

Actividad
del calor
propio de la
tierra.

52
Viage estático
del S o l, en quien parece haber puesto el Cria­
dor el manantial inmenso de fuego, calor y
luz para calentar y alumbrar los intermina­
bles espacios del sistéma planetario. La acti­
vidad del calor solar últimamente aparece y
se demuestra prodigiosa y sorprendente , re­
flexionando , que el Sol no obstante su distancia de 34 millones de leguas hasta la tierra,
hace en ella y en sus producciones sensibilísi­
mos los efectos de su calor. A éste se deben
la diferencia de estaciones , climas y produc­
ciones tan varias en la tierra. No me deten­
dré , Cosmopolita , en analizar las observacio­
nes de los que juzgan , que el calor terres­
tre (1) es generalmente respecto de los terrí­
colas cincuenta veces mayor que el solar so­
bre la tierra : mas solamente te haré reflexio­
nar , que en la tierra no hay animal sano, ni
planeta vigoroso sin la acción inmediata del
ca( 1 ) Por constantes observaciones en el parale­
lo de París (dice BufFón en el suplemento á la teó­
rica de la tierra , parte hipotética , memoria 1. )
se ha hallado , que el calor proveniente de la tier­
ra en estío es 29 veces mayor , que el que ésta
recibe del S o l; y en invierno es 491 veces mayor.
Debaxo del equador y en los climas inmediatos, el
calor terrestre suele ser comunmente $0 veces ma­
y o r , que el proveniente del Sol. Mairan hizo una
tabla del calor terrestre y solar , la qual se lee en
el romo de la Académia Real de las Ciencias del
año 1765. p. 143.
.
... .
.

al mundo "Planetario.
53
calor solar; y que la interrupción , aunque mo­ Influxo del
mentánea y accidental de su influxo , se hace calor solar
sobre la
notabilísimamente sensible en todos tiempos
tierra.
y sitios , respecto de todo quanto produce y
sustenta nuestra tierra. La población de és­
ta , en orden al Reyno animal y vegetable ( y
quizá también en orden al m ineral), depende
del activo , benigno y necesario influxo del Sol;
y por esto el Cardenal Cusa-Knigth (1) y otros
Autores pudieron formar la extravagante con­
jetura de suponer poblado el Sol. Puede su­
ponerse necesario para la población terrestre
el influxo del calor solar moderado con la
distancia de treinta y quatro millones de le­
guas ; mas no por esto se concibe posible
la población en el Sol devorador de todo lo
animal y viviente con la actividad prodigio­
sa de su materia ígnea. ¿Qué habitadores po­
drían resistir á su eficácia y voracidad? ¿Có­ En el Sol
mo podrían exercitar sus funciones animales y no hay ha­
bitadores.
vitales ? Podrá solamente suponerse ó conjetu­
rarse en el Sol población de habitadores con­
denados eternamente por sus delitos á la pe­
na del fuego mas activo y tormentador ; pe­
ro

( 1) Knigth en su tratado sobre la atracción y
repulsión , publicado en Inglés, pretende probar
posibles 1-a población del Sol y de las Estrellas, y
el caso de helarse de frió los habitantes. Estas pre­
tensiones ideales ó quiméricas , de que están sem­
brados los libros físicos , hacen poco útil ó ridicu­
la su lección.

F ia físico
de la crea­
ción del Sol.

54
Fiage estático
ro la hermosa claridad del Sol no se concilla
bien con las perpetuas tinieblas que deben reynar en las cárceles de los condenados. Mas
vanamente nos perdemos, Cosmopolita, en
ideas quiméricas de la población solar : el Sol
fué criado para alumbrar y calentar su mun­
do é imperio : este fin físico de su creación, que
es innegable, basta para decirnos su destino y
ocupación. En la tierra están poblados el ayre
que respiramos y el agua que bebemos; mas
no el fuego , que nos calienta y alumbra : así
por analogía debemos inferir, que falta toda
especie de población en el Sol que en el sistéma planetario representa, ó es el mar del
fuego que lo calienta y alumbra.
El Sol en la tierra ( como también en to­
dos los planetas) causa con justa proporción
el calor que sus producciones y habitantes ne­
cesitan para su conservación. La actividad del
calor solar sobre la tierra puede crecer tanto,
que llegue á abrasarla y reducirla á cenizas.
La naturaleza , por sábia disposición del Cria­
dor , no presenta á los terrícolas ningún exemplo práctico, de que puedan inferir el sor­
prendente exceso de tal actividad ; mas lo da
el arte en los efectos prodigiosos de los ra­
yos solares recogidos en los espejos quemado­
res, que se llaman ustorios; la invención de es­
tos ha dado fundamento para que los terríco­
las formen alguna idea de la actividad del ca­
lor solar , en cuya comparación el del fuego (i)
ter( i)

Se trata de la actividad y composicioa ar­
ti-

a l mundo "Planetario.
55
terrestre e s , como el resplandor de la luz ar­
tificial respecto del resplandor del Sol. Los
terrícolas habiendo experimentado que los dia­ Actividad
mantes , rubíes y otras piedras preciosas se del calor de
habían hallado y visto invariables después de los espejos
haber estado por algunos dias nadando en su ustorios.
fuego terrestre , ensalzaban la d u reza, resis­
tencia y casi inmortalidad de tales piedras.
Ellos vanamente se figuraban la incorrupción
en el país de la mortalidad : mas el arte con
la invención de los espejos ustorios les ha he­
cho conocer , que en el orbe terrestre todo ce­
derá á aquel fuego devorador , que según la
revelación divina ( que la tradición conservó
en el paganismo, como pruebo en mi historia
de la creación de la tierra) dando fin á los
siglos reducirá todo lo material á cenizas. Las
experiencias , pues, hechas con toda especie
de piedras puestas en el punto, en que exercitan su actividad los rayos solares reflectendo del espejo ustorio , han demostrado, que
ninguna (1) de ellas tiene resistencia invenci­
ble
tificial de varios fuegos en el quarto y último to­
mo de la Obra : Magia universalis auct. G a s­
eare Scotto. Herbipoli. 1657. 4.
(1) Advirtió Hermanno Boerhaave en su Obra:
Elementa Chymiae. 1732. 4. vol. 2. En el volu­
men 1 , parte 2 , de igne , exper. 2 , pág. 146,
que todo cuerpo sin exceptuarse el diamante se
comprimía con el frió , ó con la falta de calor. Es­
ta experiencia debió bastar para conjeturar, que
aun

56
Actividad
del calor so­
lar sobre las
piedras pre­
ciosas.

Viage estático

ble , y que el diamante tanto celebrado por
su fortaleza ó dureza se muestra mas endeble
que el rubí y zafiro (1) orientales , aunque tie­
ne el privilegio de recobrar su resplandor ó
color, que otras piedras con la actividad de
los rayos solares pierden para siempre. No
parece probable, que algunos cuerpos terres­
tres en sus elementos sean inconsumibles por
el
aun las piedras preciosas debian ceder á la acti­
vidad del fuego , como con la mayor exactitud
lo ha demostrado Josef Averani : véase su trata­
do : Experiencias hechas con el espejo ustorio, en
la página 1 19 del segundo tomo de su Obra : L ezioni Toscane. F iren ze. 1746. 4.
( 1 ) El diamante con el calor del espejo ustorio no humea (A v e r a n i p . 1 5 9 ) , mas se dis­
minuye sensiblemente , y se deshace en partes su­
tilísimas é invisibles. El rubí ( p . 1 3 1 ) con el di­
cho calor no se despedaza ni se consume i pero sus
partes se separan fácilmente con el cuchillo : y
después de separadas , puestas al fuego del espejo
listono , se unen algo ( p. 1 34 ) : la unión fué tan
fuerte , que dexandó caer en tierra las partes uni­
das , se mintuvieron sin separarse. El zaííro orien­
tal resiste al fuego , como el rubí ; pero muda ó
pierde mss presto su color ( p. 1 37) - E l zafiro
llamado ce agua se destruye fácilmente , como
también las esmeraldas; y mas fácilmente el ja­
cinto y el granato. El crisólito se destruye con
dificultad ( p. 1 4 9 ) ; y el topacio se ablanda íacilmente, pero no se destruye.

al mundo Vianetario.
el fuego, como conjeturó Boerhaave: porque
si ningún cuerpo terrestre hay sin poros, co­
mo defiende el Filósofo Monteiro , estos de­
ben dar entrada al fuego para separar sus par­
tes.
Aunque las experiencias hechas con los es­
pejos ustorios nos han hecho conocer , que la
actividad de los rayos solares en el orbe ter­
ráqueo excede la mayor del fuego terrestre;
mas no por esto podremos jamás determinar
los límites de la fuerza del calor solar : ó por­
que nos faltan objetos duros en que exercitarla y graduarla : ó porque no podremos ja ­
más hacer espejos ustorios tan grandes , que
recojan todos los rayos solares que son uni­
bles , para producir el mayor calor. Si la gran­
deza y el manejo de los espejos ustorios cor­
respondieran á las intenciones y á los deseos
de los terrícolas, estos para hacerse mutua­
mente la guerra los usarían en lugar de las
espadas y cañones. Y ¿ qué se debería esperar
ó tem er, Cosmopolita , si los terrícolas pu­
dieran hacer y manejar espejos ustorios, ca­
paces de'abrasar no solamente navios (como
se dice**^aberlos quemado Arquimedes (1) y
Pro-

( r ) Refieren algunos Historiadores antiguos,
que sitiando Marcelo con la armada naval la C iu ­
dad de Zaragoza en Sicilia , Arquimedes logró
quemarla con un espejo ustorio puesto á la dis­
tancia del tiro de una saeta : y que Procólo con
otro espejo ustorio quemó una armada naval que
P a r te I .
M
si-

58

Vi age estático

Procólo ) , mas también Ciudades enteras ? Las
esperanzas ó los temores , que en aquel caso
deberíamos te n e r, inferirás tú sin errar , ob­
servando los grandes males y las perversas
intenciones, que de causarse m ayores males
tienen los terrícolas quando se hacen guerra.
E llos con el uso de tales espejos destruirían
quanto vegetable y animal hay en el orbe ter­
restre : ellos mismos y su tierra serían vícti­
mas de su furor y de sus espejos: y el mun­
do terrestre se acabaría enmedio de sus dias,
y se reduciría á cenizas en su m ayor verdor.
Límites de E l Criador sabiamente ha negado á los ter­
las ciencias, rícolas la habilidad funestísima de inventar es­
pejos abrasadores, de ellos mismos y de su
de que se
puede hacer tierra : y no ha concedido á la naturaleza la
grande abu­ virtud de poder aumentar tanto la actividad
so.
del calor s o la r , que con él llégue á perecer
todo lo terrestre. Q uizá , Cosmopolita m ió , el

efecsitiaba á Bizanzo. Tzetzes advierte , que Arquimedes no se prevaleció de espejo cóncavo , sino
de un espejo ardiente compuesto de varú^f espejos
llanos y movibles con goznes. Esta advertencia
excitó la curiosidad en Buffón para formar un es­
pejo de seis pies de diámetro, compuesto de 168 es­
pejos pequeños, llanos y movibles, para que se
hiciese en un mismo punto la reflexión de los ra­
yos solares, y con este espejo en el mes de M ar­
zo de 1747 quemó pedazos de madera puestos á
la distancia de 200 pies, y derritió el plomo y
el estaño puestos á la distancia de 120 pies.

a l mundo Vianet ario.
59
efecto de esta virtud funesta al género huma­
no estará registrado en la série de las obras
ó de los accidentes de la naturaleza, que en
algún tiempo dexando de ser nuestra madre,
se declarará nuestro verdugo y fiel ministra
de los imperiosos órdenes de un Dios ayrado,
que con el fin del mundo quiere darlo á las
ofensas y á la ingratitud de sus criaturas ra­
cionales. No te parezca soñado este pensa­
miento , que te declararé mas con la siguien­
te reflexión. La naturaleza no ignora el arte
de formar espejos ustorios: los forma en la
tierra, en el agu a, y aun en el mismo ayre.
Habrás visto ú oíd o , que tal vez se han vis­
to dos y mas Soles en un mismo tiempo; y
tan semejantes, que entre ellos difícilmente se
distinguía el verdadero Sol. Este fenoméno
proviene de la reflexión de los rayos solares,
hecha desde un punto de la atmósfera , en que
la condensación de vapores forma una especie
de espejo , que reflecte los dichos ra y o s, y
con ellos envía á los terrícolas la imagen del
Sol. No será naturalmente imposible, que es­
te espejo natural y atmosférico llégue á ser
como los espejos ustorios , y tan grande, que
recoja todos los rayos solares, que bastan pa­
ra abrasar la tierra con sus habitantes.
Estas reflexiones dirigidas , Cosmopolita ,
para darte idea de la actividad del fuego so­
lar , habrán excitado en tí la curiosidad de
saber qual y quanto sea su pábulo. Tus dudas
aquí serán según las ideas terrestres , según las
quales juzgarás, que no existe fuego que no
sea devorador. Para que el terrestre saciáse
M 2
su

Espejos us­
torios natu­
rales.

Pábulo del
fuego solar.

6o

El fuego lla­
mado ani­
mal Euro­
peo en las
islas Maria­
nas.

Viage estático

su voracidad, la naturaleza destinó inmensas
selvas, betunes y otros minerales ; y el arte
inventó las cererías y molinos de aceyte. Par­
te considerable del linage humano se emplea
en buscar materia para saciar la voracidad del
fuego, y en plantar arboles para que los ve­
nideros en ellos la hallen, como los presentes
la hallan en las plantas que pusieron los an­
tepasados. La voracidad , pues, del fuego ter­
restre , y su necesidad de pábulo para con­
servar su vitalidad útil á los terrícolas, han
dado motivo para que algunos de estos hayan
juzgado , que los cometas , ó á lo menos su
atmósfera , sean pábulo del fuego solar , que
de él necesita para mantenerse , como de la
comida necesita un animal para vivir. A es­
te asunto debo contarte una cosa chistosa.
Acuerdóme de haber leído, que los habitan­
tes délas islas Marianas, injustísirnamente(i)
llamadas de los Ladrones por algunos Geó­
grafos , no habiendo conocido el uso del fue­
go hasta que los Españoles desembarcaron en
ellas la primera vez , al verlo ardiente y deborador de leños que desaparecían en su lla­
ma ó respiración, como la llamaban los Isle( i ) Gobien en su Historia délas islas Maria­
nas, que se citará inmediatamente , al lib. 2. p.
62. dice: Que los habitantes de ellas tienen hor­
ror al hurto , y que se fian tanto de su mutua fi­
delidad , que no cierran las puertas de sus casas
quando salen.de ellas.

al mundo Planetario.

61

leños , con la mayor admiración y temor lo
observaban, y lo creyeron animal (i) lleva­
do desde Europa, por lo que le dieron el nom­
bre de animal Européo. Parece , pues , que alguns Físicos , pensando como los Marianos,
tuvieron al Sol por animal cometario; y por
esto juzgaron, que los cometas eran su pábu­
lo. Le daban á comer cometas que creian te­
ner
( i ) ” Lo que es maravilloso , dice el Jesuíta
Carlos Le*Gobien (e n su O bra: H istoire des
isles M arianes. París 1700. 12. lib, 2. p. 4 4 ) ,
y que apenas parece creíble es , que los naturales
de las islas Marianas no habían visto jamás el fue­
go. Este elemento tan necesario les era totalmen­
te desconocido : ignoraban su uso y calidades ; y
con la mayor admiración lo vieron la primera vez,
quando Magallanes desembarcó en una de sus is­
las , y quemó 50 casas para castigar á los isle­
ños. Ellos al principio miraron el fuego como un
animal, que se cebaba de la madera , que era su
nutrimento. Los primeros que se acercaron mu­
cho al fuego , perecieron , por lo que los demás que
no se atrevían á acercarse de miedo , decían , que
por no ser mordidos , ó porque este animal no los
hiiiese con su violenta respiración. Esta es lá idea
que formaban del calor y de la llama." Este ca­
so hace creíble que algunas naciones no conocie.ron el fuego hasta que casualmente la naturale­
za se lo mostró , como insinuaron Vitrivio en su
A rquitectura , lib . 2. cap. 1 ; y Plinio en su his­
toria n a tu r a l , lib. 4. cap. 23.

Los cometas
pábulo del
Sol según
algunos Fí­
sicos.

Los cometas
según algu­
nos Físicos
son leñado­
res del Sol.

62
T í age estático
ner su origen (1) en el mismo Sol. Este ani­
mal , pues, tan grande en su fiereza , como
en su volumen , debería comerse sus mismos
hijos. Este modo de pensar no es tolerable,
después que Newtón , benemérito del sistéma
planetario , lo ha ilustrado, defendiendo y pro­
bando que los cometas pertenecían á é l , co­
mo otros tantos globos errantes ó súbditos,
que lo poblaban y hermoséaban, y estendian
inmensamente sus límites y jurisdicion. Según
este pensar , que no parece irregular, no se
puede sufrir, que hoy algunos modernos nos
quieran pintar á los cometas como á otros tan­
tos cocineros ó leñadores del S o l, destinados
para conservar siempre encendido su fuego.
No creamos esto , Cosmopolita mió ; no juz­
guemos , que el Sol con ferocidad nunca vista,
aniquile y devore los súbditos que la natu­
raleza le ha dado para poblar su inmenso im­
perio. Juzguemos del Sol con mayor humani­
dad y mejor física, y no adoptemos la extra­
vagante opinión de los Físipos, que dan á co­
mer cometas al Sol y á las Estrellas.
El fuego, Cosmopolita , es un Huido que
se
(1 ) Kirchér { iter cxtaticum , cap.
p . 159*
Obra que se cita en el n. 196 ) juzgó que servia 11
de pábulo al fuego solar los cometas , de los que
algunos suponia provenientes del Sol ( p. 172 ).
Hartsoeker en su Obra ( Cours de physique. H a ye , 1730. 4. lib. 4. ch. 3. art. 3. p . 261 ) juzgó
que todos los cometas provenían del Sol.

al mundo Planetario.
63
se mantiene visible y activo por todo el
tiempo , en que sus sutilísimas partículas des­
encarceladas están en libertad , se agitan y
conservan en movimiento. Estas propiedades,
que caracterizan esencialmente la naturale­
za de nuestro fuego terrestre , se hallan sin
duda en el solar. La masa ígnea del globo
solar por efecto de la ley natural, impuesta
sabiamente por el Criador, conspira á formar
siempre una esfera, como las partículas ter­
reas y aqiieas conspiran á form ar, y conser­
van siempre la figura esférica del globo ter­
ráqueo. La dicha masa tiene sus límites de
extensión, y la dirección de gravedad á su
centro ; está en el Sol, como en la tierra , el
grande fluido de aguas que gravita al centro
terrestre. Están las aguas encarceladas en los
mares terrestres; mas la prisión no impide su
continua agitación y movimiento, con que fer­
mentan y se conservan incorruptibles y sa­
ludables á toda especie de vivientes; así la
masa ígnea , unida esféricamente en el Sol, es­
tá en continua agitación y movimiento para,
calentar y alumbrar al mundo. En las aguas
la agitación proviene de causas impelentes ó
atráentes; y en la masa solar proviene de la
naturaleza del fuego; el qual, no estando en­
carcelado mas en perfecta libertad, natural­
mente vibra y se agita.
Si todo el fuego puro y elemental estu­
viera unido , lo veriamos en continua agita­
ción y movimiento. Así quizá estuvo en el
principio del mundo el fuego ó la luz que
Dios crió. He dicho fuego ó luz, , porque prescin-

Gravitacion
de la masa
solar.

64
Via ge estático
cindiendo ahora de las várias opiniones (i) de
los modernos (de lasque trato en la historia
de la tierra) sobre la naturaleza del fuego
y
( i ) F u e g o , calor y luz por muchos Físicos
excelentes se han tenido por palabras substancialmente sinónimas; mas las experiencias químicas,
que hoy son la ocupación de muchos curiosos , y
el objeto de la especulación de no pocos Físicos,
han dado motivo para introducir en la física d i­
versos sistémas sobre la naturaleza del fuego , de
la luz y del calor. Crawford en su Obra intitu­
lada : Experiencias y observaciones sobre el calor
a n im a l, publicada en Londres el 17 7 9 , y reim­
presa en el 178 8 con nuevas reflexiones, defien­
de , que los cuerpos combustibles arden con el
fuego , y que en el acto de arder reciben del ayre. Scheele , Químico Sueco (e risu Obra intitu­
lada : Tratado Químico sobre el ay re y fuego )
defiende , que el fuego no es un puro y simple
elemento , como lo llaman los Filósofos, mas un
cuerpo ó mezcla de flojisto y de ayre desflojisticado : el qual ayre él llama ayre de fuego ( a y ­
re desflojisticado en la física moderna se llama el
ayre que de los cuerpos se saca libre ó despojado
del flojisto : una onza de nitro da casi 800 p u l­
gadas de ayre desflojisticado , que algunos F ísi­
cos llaman vital ). Añade Scheele , que si la dose de flojisto mezclada con el ayre desflojisticado
excede lo que se necesita para formar el fuego,
entonces resulta la luz. YVallerio , excelente Q uí­
mico Sueco , defiende , que el flojisto ó el prin-

ci-

al mundo Vianetarlo,

65

y luz , sin peligro de error físico podremos su- Creacion de
poner, que fuego fué la luz que Dios crió en la materia
el principio del mundo : y esta suposición ha­ ígnea.
llo
cipio inflamable es diferente de la materia del
calor. Los metales encendidos , según W allerio,
pierden después de enfriarse la materia del ca­
lor , no la flojística ; y el fuego únicamente con­
siste en el movimiento de las dos materias de ca­
lor y flojisto , que en sí son cosas distintas. L a
luz , añade W allerio , no necesita de estas ma­
terias para existir : ella existe sin principio infla­
mable y sin calo r; y el Sol es un cuerpo com­
puesto de luz purísima , que Dios crió en el pri­
mer dia de la creación del mundo. Los rayos so­
lares no son fuego ni calor, mas tienen grandísi­
ma aptitud para excitar el fuego y el calor. L u c
(en su O b ra: Id eas sóbrela Meteorología , p u ­
blicada en Londres el 17 8 7 ) defiende , que el fue­
go es un compuesto de luz , y de una materia des­
conocida , que él llama materia de fuego , y su­
pone natural y artificialmente separable de la luz.
He indicado las opiniones mas modernas de los F í ­
sicos sobre el fuego y la luz , no para adoptar­
las , ni refutarlas, sino para dar idea de ellas al
Lector. En la historia física de la tierra se tratará
oportunamente de dichas opiniones ; y por aho­
ra baste notar con Josef X avier Poli ( véase su
Obra : Elem enti d i Jisic a sperimentale , N apoli.
178 9. 8. vol. 2. E n el vol. 2. lee. 22. artíc 6. n.
1 1 2 8 . p . 365 ) , que el suponer el principio in­
flamable ó flojístico en la luz purísima fixa ó deV a rte I .
N
te-

Por qué
Moysés no
hizo men­
ción de la
creación del
fuego.

Como hubo
dias y no­
ches antes
de haber
Sol.

66
V i age estático
lio no contradecir á la historia, en que Moy­
sés, hablando de la luz , tierra , agua , vegeta­
bles , animales y demás obras de la creación
del mundo , no hace particular mención del
fuego, que quizá supuso ser la materia de la
luz. No parece creíble, que hablando Moysés
del agua , de la tierra y del ayre ( i ) , no hu­
biera hecho mención del fuego , que es el al­
ma material del mundo. La materia ígnea y
luminosa, criada en el primer momento de la
existencia del mundo, y por su naturaleza, ó
por particular propiedad unida esféricamente,
pudo tener inmediatamente un movimiento cir­
cular , con el que girando continuamente al
rededor del caos criado ( como el Sol , según
los Astrónomos , que siguen el sistéma llama­
do ticónico, se mueve al rededor del globo
terrestre), formáse naturalmente la succesion
de dias y noches , antes que se criáse ó formáse
el Sol, cuya formación dice Moysés haber su­
cedido en el dia quarto de la creación del mun­
do. El Sol, que se formó de una parte de di­
cha materia ígnea , con su movimiento circu­
lar
tenida en los cuerpos , conviene con sólidas expe­
riencias y fundamentos , y está expuesto solamen­
te á algunas dificultades , de que los demás sis­
temas no están libres.
( i) Moysés por el ayre entendió el espacio en­
tre Cielo y tierra , en el que fue criado el ani­
mal volátil. En este sentido se habla frecuente­
mente del ayre en los libros sagrados.

a l mundo Planetario.
67
lar no hace otra cosa que continuar eterna­
mente el que el Criador imprimió á la misma
materia. Si este pensar no te agrada , Cos­
mopolita , porque no concibes posibilidad de
movimiento circular sin efecto de atracción
newtoniana, podrás figurarte ésta en el gran
caos que se rodeaba por el globo de materia
ígnea. E sta , criada con el mismo caos, y se­
parada de é l , empezó á rodearlo en fuerza de
la impresión ó proyección que se le dió, y
de la atracción déla materia inmensa del mis­
mo caos. Este modo de pensar, que expongo
mas largamente en mi historia déla creación del
mundo , hace concordar el sistéma de la atrac­
ción , con el que Moysés propone en el Gé­
nesis ; y sirve para entender, como hubo y
Cómo se
debió haber dias y noches antes de la forma­ formó el Sol
ción del S o l, la qual hizo Dios separando de
la pura materia ígnea una parte , que por su
naturaleza se reduxo á figura esférica , y con­
tinuó el movimiento según pedia la combina­
ción de los principios físicos , que en el quarto dia de la creación del mundo estaban ya
ordenados como ahora existen. En dicho dia,
en que se formaron los planetas y las estre­
llas , empezó el concertado movimiento de los
globos celestes , que aún dura y durará hasta
el fin del mundo. Si Dios hubiera formado el
Sol en alguno de los tres primeros dias de la
creación , su movimiento en ellos hubiera sido
diferente del que ahora tiene , pues que en­
tonces eran diversos el orden , la figura y
el sitio de la materia criada. Se formó de la
substancia ígnea el Sol á diferencia de la tierN 2
ra

68

Viage estático

ra y de los demás planetas que se formaron
del fuego y de otros elementos. Figúrate,
Si el fuego Cosmopolita , que Dios en la tierra separáse
terrestre se toda la materia ígnea que hay en ella : lue­
uniera , for­ go esta materia se uniría esféricamente , co­
maría un mo se unen todas las gotas de los fluidos, y
pequeño formaría un pequeñísimo Sol. Mas no temas
Sol.
esta separación , ni que el fuego terrestre se
pueda unir, hasta que llégue á los mortales el
último dia , en que arderá toda la tierra y se
reducirá á pavesas.
Parte de la materia ígnea y luminosa, cria­
da en el primer dia de la creación del mun­
Distribu­ do , distribuyó Dios entre los planetas, co­
ción del fue­ metas y sus atmósferas , y con parte mayor
go en las
las brillantes estrellas ( que son otros
Estrellas y formó
tantos Soles) , y nuestro Sol que es Océano
en los Plane­ de
fuego , y luz de todo este mundo planeta­
tas.
rio. Podrá suceder que del ígneo Océano so­
lar salgan partículas que se difundan por los
espacios inmensos de dicho mundo , y que á
tiempos debidos vuelvan á é l; como las aguas
Giro que vuelven á entrar en el Océano terrestre , de
hace el fue­ que salieron. Las partículas solares podrán
go solar.
circular ó girar por todo el sistéma planeta­
rio ; mas volverán después á su fuente , como
la sangre en los animales vuelve al corazón
de donde salió. Podrán desprenderse del glo­
bo solar, levantarse y estenderse por todos
los lados, como los vapores terrestres al re­
dedor del globo terráqueo; mas por orden y
destino constante y universal de la naturaleza
deberán restituirse al lugar ó cuerpo de don­
de salieron. Naturalmente baxa desde el Sol

al mundo Planetario.

69

á la tierra el fuego solar , y naturalmente des­
de ésta vuelve á subir al Sol; así como en
el hombre su sangre naturalmente baxa á sus
pies, v desde estos naturalmente sube á su
cabeza. Si se pudiera formar tal especie de
candelas , en las que naturalmente se volvie­
sen á unir las partículas oleosas, que exálasen quando estaban encendidas , se tendría un
fuego inextinguible. Este fuego perenne ó eter­
no , que solamente por ficción conoció la an­
tigüedad , nos presenta realmente existente en
el Sol el Supremo Criador. Miserable sería ver­
daderamente el estado de los terrícolas , si el
Criador no hubiera encendido en el Sol la
inextinguible lámpara que los alumbra ; ¿ mas
ellos se le muestran agradecidos por haberlos
librado de tal miseria ? Cosmopolita mió , yo
me sumerjo en llanto y profundo deliquio al
considerar, que tantos terrícolas por ignoran­
cia é irreflexión gozan incomparables benefi­
cios con las obras de nuestro amoroso Cria­
dor ; é insensibles, como bestias , no se rin­
den una vez al menor homenage de agrade­
cimiento. David , aquel santo Rey , formado
según el modélo de la voluntad divina , ape­
nas supo abrir la boca para cantar las ala­
banzas de nuestro Dios , sin ensalzar la gran­
deza , la utilidad y el beneficio de sus obras,
¡ O , quanto mi espíritu se regocija quando leo
sus cánticos! ¿Qué estudio para mí. ha sido
mas delicioso, que el que he hecho para en­
tender el admirable sentido de sus penetrantes
expresiones ?
Te he dicho , Cosmopolita, que la mate­
ria

Luz y fue­
go inextin­
guibles.

70
Via ge estático
ria ígnea del Sol podrá girar por el espacio
planetario , como el agua marítima gira por
la atmósfera, por la superficie y por las ve­
nas de la tierra , y después vuelve al lugar
de donde salió. Podrá suceder esto; mas tam­
bién podrá suceder, como conjeturó el gran
Químico Boerhaave (1) , que el Sol aumente y
avive en la tierra su fuego, dando paralelis­
mo á las partículas ígneas, y sin comunicar­
Como el Sol les nada de su masa. Con el artificio huma­
puede avi­ no el fuego terrestre (2) se hace visible , se
var el fuego a v iv a , y adquiere suma actividad; ¿porqué
terrestre.
no se concederá al Sol la virtud que recono­
cemos en el artificio humano? El Sol, con su
acción , puede desencarcelar el fuego terres­
tre , y hacerlo activísimo con la vária direc­
ción que dé á las partículas ígneas. De qualquiera manera que esto suceda, ó se pueda
Existe aho­
imaginar , según los varios y aun exóticos sisra tcdo el
fuego que se témas de los Filósofos sobre la naturaleza del
crió.
fuego , del calor y de la luz , es innegable por
razón y experiencia, que siempre dura la misma
cantidad de fuego que Dios crió en el ayre,
en

(1) Hermannus Boerhaave : Elementa chytnice. Leydae. 1732. 4. voi. 2. En el voi. 1. p. 2.
prop. 17. p. 259.
(2) De la variedad y actividad del fuego
terrestre , que resulta de la mezcla de varios sim­
ples, se trata en la Obra : Magia umversalís aact.
Gaspare Scoto S. J. Herbipoli. 1657. 4. voi. 4.
en el voi. 4.

a l mundo V ianet ario.

yi

en el agua y en la tierra. El fuego, como su­
cede al agua , muda de sitio , se esconde y se
manifiesta succesivamente. Si el fuego se intro­
duce y penetra otros cuerpos , se oculta á
nuestra vista, y no se hace visible , sino rom­
piendo las cadenas que lo aprisionan , y sa­
liendo de las cárceles en que se oculta. Si el
fuego está solo, puro y sin mezcla de otros
cuerpos, como parece estar en el Sol, se ha­
ce siempre visible , como el agua pura en el
mar. El fuego destruye los cuerpos que lo en­
carcelan ; ó por mejor decir, rompe la unión
de sus- partes para salir de sus senos ;,m as no
se destruye ni consume á sí mismo. El en sí
es indestructible é incombustible. Esta idea
del fuego, aunque abstracta é incapáz de veri­
ficarse con la experiencia del fuego terrestre,
es conforme á la naturaleza ígnea. El fuego
en la tierra no es diferente del que vemos en
el Sol; mas no por esto debemos atribuir ne­
cesariamente al fuego solar todas las propie­
dades que observamos en el terrestre , y que
dependen , no de la naturaleza ígnea , mas de
la combinación y del iníiuxo de los demás
elementos terrestres. El ayre y el pábulo ne­
cesario para la conservación del fuego terres­
tre , son muebles inútiles para la subsistencia
del solar, que se agita y mantiene por sí mis­
mo ; ó digamos, que el ayre y el pábulo , res­
pecto del fuego terrestre, no hacen otra co­
sa que ponerlo en libertad , la qual tiene siem­
pre el fuego solar. El S ol, pues, con cierto
y sabio orden de la naturaleza dirigida por
su A utor, es el Océano de fuego en el mun­
do

El fuego so­
lar es como
el terrestre.

72
V ia ge estático
do planetario, como el mar es del agua en
el orbe terrestre : por lo que acertadamente
en hebréo se dan al Sol los nombres de sche­
mesch , cheresc y hamman , que significan fue­
go , estío y ardor: y aquel Sabio ( i) , cuya
ciencia , la profana Filosofía aún confiesa ha­
ber sido divina, con razón llamó al Sol va­
so admirable : obra del Excelso , que en sí con­
tiene un horno siempre ardiendo. El Sol es
también un cristalino mar de la mas pura luz,
y del mas vivo resplandor ; pues que una mis­
ma cosa son S o l, luz y resplandor, como dixo San Agustín (2). Los fenómenos singulares
y admirables de esta luz solar piden , Cos­
mopolita , que de ellos yo te haga discurso
separado.

§. I V .
L u z solar.
Ropio del fuego se ha creído siempre el
calentar y alumbrar. Sé que se da calor
intenso sin luz; y luz sin calor, como ad­
vierte Boerhaave en su Química tratando del
fue-

P

(1) Eclesiástico , 43. 2. V as admirahilé, opus
excelsi. . . . Fornacem custodiens in operibus ar doris.
(2) San Agustín , Serm. 59. Sol , candor et
calor : tria sunt zocabula , et tria unum : quod
candet , hoc calet , et quod calet, hoc candet : tria
hœc vocabula , res una cognoscitur.

a l mundo Planetario .
fuego : así el hierro suele estar ardiente sin
dar luz alguna ; y la luz lunar recogida en
el foco de los mayores espejos ustorios, no da
señales de calor. Estas y otras experiencias no
bastan (com o quisiera Boerhaave ( i ) ) para
probar, que el calor y la luz son dos propie­
dades , que no se hallan simultáneamente en
el fuego ; mas solamente podrán p r o b a r q u e
estas dos propiedades del fuego no obran siem­
pre (2) uniformemente, 6 con la misma activi­
dad. El fuego se hace tocable con el calor,
y se hace visible con la luz. Esta es la vision
del calor , y aquel es el tacto de la luz. Con
los dos efectos de calor y luz el fuego se ha­
ce sensible á los dos sentidos de tocar y ver;
los quales , siendo en sí diferentísimos, piden
impresiones diversas. Una partícula aislada y
casi indivisible de fuego, puede ser visible:
mas no por esto deberá ser sensible al tacto;
y menos deberá sentirse caliente. Cantidad
grande de luz ó de partículas visibles de fue­
go , puede hacerse visible y sensible al tacto;
así tal vez la impresión de un rayo luminoso
en el delicado tacto de la vista nos ofende y
des(1)
(2)

Boerhaave, §. de igne , p. 133.
En el antecedente discurso se indicó la

variedad de opiniones modernas sobre la natura­
leza del lu e g o , de la lu z y del calor. Yo supon­
go el calor y la lu z provenientes del fuego : y
esta suposición en abstracto parece ser la mas
Verdadera y congruente en las experiencias.

Parte I.

O

Calor y luz
son propie­
dades de to­
do fuego.

El fuego se
toca con el
calor, y se
ve con la
luz.

?4

Viage estático

despierta ; mas no por esto nos hace sensible
su calor ; pues que para tal efecto necesitaría
ser mas aguda y fuerte su impresión. Este ra­
ciocinio es no menos racional, que convincen­
te de la simultánea existencia del calor y luz
en todo fuego; mas prescindiendo de esta qüestion que casi se agota con el dicho racioci­
nio , y restringiéndome al asunto propuesto,
yo me atrevo á establecer por máxima expe­
rimentalmente cierta , que en el Sol la luz es
compañera inseparable siempre de su calor. Ne­
gar éste en el Sol es lo mismo que dudar si hay
fuego en una casa , cuyas chimeneas vomitan
torrentes de humo.
No puede haber mortal inteligente que du­
de ser el Sol causa de la luz y del ca lo r, y
que su ministerio natural es auyentar las ti­
nieblas con la lu z , y vivificar todo lo terres­
La ignoran­ tre con su calor. Estos importantes y nece­
cia fué cau­ sarios servicios que el Sol hace á toda criatu­
sa del culto ra m ortal, fueron la causa verdadera que em­
dado al Sol.
peñó y engañó la ignorancia humana para que
distinguiese al Sol entre todo lo visible , con­
cediéndole ya actos vitales, ya intelectuales
y ya divinos. El Sol fué criado un grande ani­
mal : los pitagóricos ( i ) , platónicos y estoi­
cos
( i ) El Jesuíta Juan Bautista Riccioli en su
gran Obra: Almagestum novum. Bonnonitf. i6 $ r .
fol. vol. 2. en el vol. 1. lib. 3. cap. 1. p. 92.
expone con erudición las ideas exóticas antiguas
sobre la naturaleza del Sol.

a l mundo Planetario .
J75
eos lo ennoblecieron creyéndolo espíritu ; y
várias naciones asiáticas, européas, africanas
y americanas con ciega superstición lo reco­
nocieron y adoraron como D ios, distinguién­
dose entre toda la peruána, cuyos Empera­
dores , llamados Incas, y creídos universal­
mente descendientes del S o l, establecieron con
pompa , y estendieron con empeño el culto so­
lar por todo su Imperio. El Físico hoy con ad­
miración oye estas supersticiones y preocupa­
ciones de la antigüedad , cuya ignorancia ó ce­
guedad no le permitían conocer que el calen­
tar y alumbrar, propiedades del S o l, son efec­
tos naturales de un cuerpo insensible. La ig­
norancia de la Física y de la Astronomía han
hecho guerra al culto de solo Dios , como la
hacen los vicios : de tan funestas conseqiiencias es la ignorancia en los hombres.
El S o l, destinado para alumbrar con su
luz, y vivificar con su calor lo sensible del
sistéma planetario , parece pedir de justicia que
su sitio sea el centro del Orbe mundano. Esta
reílexíon, que movió á Pitágoras (1) para su­
poner al Sol en dicho centro , se funda en ra­
zón que no es incongruente, pero tampoco es
convincente; porque uno y otro efecto puede
hacer el Sol moviéndose al rededor de la tier­
ra , y suponiéndose ésta en el centro del mun­
do planetario. Los Astrónomos copérnico-newtonianos autorizan la opinión de Pitágoras con
las

(1)

Vease Riccioli citado, p. 92.
O2

El S o l, se­
gún Pitágo­
ras y los As­
trónomos
modernos,
está en el
centro mun­
dano.

Via ge estático
las várias aparencias que en el Sol y en los
demás planetas descubre la observación as­
tronómica , y con los efectos de atracción que
observa la nueva física. No es tiempo aún de
hablar de estos nuevos descubrimientos de As­
tronomía y Física, según los copérnico-newtonianos : discurro ahora de la luz solar; de
ella he inferido el sitio que Pitágoras dió al
Sol, y á ella debo reducir todas las reflexio­
nes del presente discurso.
Te he propuesto , Cosmopolita , el Sol co­
mo fuente de calor y luz en el mundo plane­
tario : no quiero por esto persuadirte , que en
V
éste no hay calor, ni luz sin el Sol. Esta per­
Hay calor y suasión sería errónea. Luz y calor vemos y
luz en todas sentimos en la atmósfera terrestre, estando au­
las partes
sente el Sol: y luz y calor se encuentran en
del mundo las materias ígneas, que forman las duras en­
planetario.
trañas del orbe terráqueo , y ocupan sus um­
brosas cavernas. Sentimos en la ligera atmós­
fera de la tierra, en la áspera superficie de és­
ta , y en su interior, efectos claros de luz y
calor provenientes del fuego esparcido por el
orbe terrestre, por sus producciones y anima­
les. De esto ninguno duda. Sentimos también
en la tierra efectos prácticos é innegables de
la luz y calor , que el Sol incesantemente nos
envía. La lu z, de que el Sol es fuente inago­
table, y que forma la deliciosa y alternativa
succesion de los dias y de las noches en la
.tierra, se difunde momentáneamente por es­
pacios inmensos á presencia del Sol, ó á su
primera instantánea aparición. Su masa es lu­
minosa y caliente. Newtón dió el nombre de

a l mundo Planetario.

??

humo iluminado á la llama del fuego terres­
tre , y nosotros podremos dar el de vapor ilu­
minado á la luz solar. Esta , dice un Físi­ Naturaleza
co moderno ( i ) , es un vaporamiento de la de la luz so­
llama densa, con que la superficie del glo­ lar.
bo solar resplandece y brilla. La luz solar
condensada presenta en la física los efectos que
se advierten en la llama viva del fuego ter­
restre, con la que conviene admirablemente en
producir y comunicar el fuego, y en resistir
al impulso del ayre. Si con un fuelle se sopla Efectos de
sobre el cono luminoso de la luz solar en el la luz solar
espejo ustorio, la acción de ésta no se altera en el espejo
nada : y esto prueba , según muchos moder­ ustorio.
nos , que la luz solar es mas densa y dura , que
la llama del fuego terrestre ; pero quizá prue­
ba , que es mucho mas activa , ó que no pre­
senta resistencia á la materialidad del ayre.
En estas reflexiones preliminares sobre la luz
solar, yo he empezado, Cosmopolita, á hablar­
te de ella , como de un vaporamiento de la
masa solar , que instantáneamente llega á la
tierra, y en ella se hace sensibilísima por su
iluminación y calor. Este modo de hablar ha­
brá sembrado en tu mente semillas de várias
dudas, entre las que la mas sorprendente, á
mi parecer, será la de inferir, que en tal ca­
so debe ser continua la disipación de la ma­
sa luminosa del Sol, y que esto no pueda suce( i) Buffón : motoria natural. Parte i. del
suplemento.

$78

Viage estático

ceder sin notable y visible pérdida de su gran­
deza , y sin peligro de llegar á desvanecerse
todo el Sol después de algunos siglos. ¿ Podrá,
pues, temerse que el Sol con la disipación con­
tinua de su materia se apague, aniquile y
desaparezca , como se apaga y consume una
candela? Este temor produce la amenaza de
una noche eterna á los terrícolas. Estos vivi­
rán entonces envueltos en el manto de la obs­
curidad que cubre á los condenados. Terri­
bles conseqüencias.
No temas por ahora tanto m al, Cosmopo­
lita ; pues que los Físicos , que juzgan hacerse
la iluminación solar del sistèma planetario con
Disipación la disipación de la masa solar, son mas ava­
de la luz so­ rientos que los Holandeses , y mas económi­
lar.
cos que los Genoveses y Florentinos ; por lo
que proveyendo la obscuridad eterna , que con
tal disipación puede amenazar á los planetícolas,
defienden y prueban con cálculos m enudísim os,
que el manantial de luz solar es casi inagotable;
ó porque su disipación es tan económica , que
apenas se pueda hacer sensible en millones de
millones de millones de años ; ó porque la na­
turaleza ha dispuesto, que en el Sol entre
tanta masa luminosa como sale ; como en los
mares terrestres entra tanta agua como sale
de ellos. De qualquiera manera que esto su­
ceda , tú no puedes menos de descubrir ya di­
ficultades grandes en entender la verificación
de qualquiera de las dos opiniones insinuadas
Dificultades
sobre la propagación ó difusión de la luz so­
sobre la ilu­
lar. A estas dificultades otra se allega, que po­
minación
demos llamar maravillosa, y consiste , en desolar.
ter-

Probabili­
dad del ani­
quilamiento
total del Sol,
ó de una no.che eterna.

.

a l mundo Planetario
^9
terminar el tiempo brevísimo , en que la luz
solar se difunde por la inmensidad de los es­
pacios etéreos.
Te he hecho , Cosmopolita , várias refle­
xiones sobre la luz solar para enseñarte á du­
dar : ahora debo hacerte otras para que se­
pas decidir, ó á lo menos balancear el peso
de tus dudas. La qiiestion que tratamos es cu­
riosa, difícil é importante ; y por esto debe ser
expuesta con alguna difusión. Tu bondad en
oírme no hará que yo abuse de tu paciencia:
óyem e, te suplico, con atención.
Se ha dudado , Cosmopolita , por muchos
Físicos , si la luz era cosa distinta del cuerpo
luciente, como el sonido lo es del cuerpo so­
noro ( en cuyo sentido parece que hablaron
Aristóteles , Des-Cartes , y otros Filósofos) ; ó
si por ventura es algún efluvio de la substan­
cia luciente ; lo que pensaron Demócrito , Epic ú ro , G rim aldi, Newtón y los modernos. Que
la luz sea corpórea, y cosa diversa del cuer­
po luciente, ó sea efluvio de su m asa, noso­
tros debemos en toda suposición reconocer co­
mo c ie rto , por razón y experiencia. Corpó­
reo es todo lo que toca y es tocado, dixo
bien Lucrecio ( 1 ) :
Tangere enim, et tangí, nisi corpus nulla potest res.
¿Quién puede dudar , que la luz toca el or__________________________________-__________________________________________________

(1)

Titus Lucretius , de rerum N a tu r a , lib.

1. 'v . 305.

Dudas so­
bre la natu­
raleza de la
luz.

La luz es
ente mate­
rial.

8o

Vi age estática

gano de la v is ta , le es sensible y aun molesta,
Propiedasi obra con actividad? La luz á nuestro arbitrio
desmateria- con instrumentos materialísimos se aumenta,
lesdelaluz. disminuye, junta, separa y mide. La luz pene­
tra y atraviesa unos cuerpos, y reflectendo de
otros que impiden su pasage, y la rechazan,
produce los efectos mismos que vemos en el
choque de cuerpos duros, unos contra otros.
Estas y otras propiedades, que son comunes
á toda luz , se observan prácticamente demos­
trables en la so la r, y convencen ser corpó­
rea toda luz. Si alguna vez en la escuela fí­
sica has asistido á las experiencias ópticas , no
sin maravilla habrás notado, que con un pris­
ma y espejo en mano se maneja la luz solar,
se divid e, une y desfigura con mayor facili­
dad , que una pasta de cera derretida. A estas
experiencias, no menos fáciles que simples, de­
bemos la idea práctica y cierta de la mate­
rialidad de la lu z , y la verificación del nue­
vo sistéma físico de los colores , para cuya
formación Newtón , su A u to r, mucho se va­
lió de los descubrimientos de G rim ald i, co­
mo nota (i) el agudo é ingenioso C a stel, que
en su óptica probó (2) no haber agotado New­
tón lo mucho que sobre ella se puede decir.
La experiencia confirma la prueba de Castel.

(1) Luis Castel , Jesuíta : véritable sisteme
de Newton y anal. 9. §. 12.
(2) L ' optique des couleurs par L . Castel &c.
Varis 1740. 8. pag. 1.

'Planetario

al mundo
.
81
Grim aldi, pues, con su famosa Obra (r) so­
bre la luz y los colores hirió fieramente al
peripatetísmo, que se hallaba gravemente in­
dispuesto por la herida mortal, que antes le
había dado Scheiner con el descubrimiento de
las manchas solares. Con las experiencias que
Grimaldi hizo sobre la luz y los colores, eran
incompatibles las calidades ideales é incorpó­
reas , que los peripatéticos se figuraban en
los cuerpos; conoció bien estas conseqüencias
Grimaldi, que las indica en el Prólogo de
su O bra, á la que, por no irritar el peripatetísmo, entonces triunfante , añadió un pe­
queño lib ro, que intituló en su favor y ser­
vicio para mayor ignominia su y a , pues que
cotejándose en él las razones en favor del pe­
ripatetísmo con las experiencias , resplandecen
mas la eficacia de éstas, y la insubsistencia
de aquellas. Esta verdad se llegó á conocer y
confesar por los Físicos : y consiguientemente
la materialidad corporal de la luz se adoptó
como artículo innegable entre los dogmas de la
física. Después que se conoció ser la luz mate­
rial como los demás cuerpos mundanos , se ex­
citó la gran duda , hasta ahora no decidida,
sobre el modo con que la luz solar se propa­
ga por todo el sistéma planetario , en que el
Sol es visible. La lu z , dicen unos Físicos, se
ha( i ) Physico-mathesis de lumine , coloribus , et
iride , alnsque annexis libri duo , auctore Fran­
cisco Grimaldi S. J. Bononi# t 1665. 4.
Parte I.
P

Guerra que
al peri pate­
tismo hicie­
ron los des­
cubrimien­
tos de G ri­
maldi y de
Scheiner.

82

Opiniones
sobre el mo­
do con que
la luz solar
se propaga.

Via ge estático
halla dispersa por todas partes , y para su ilu­
minación necesita que un cuerpo impela , opri­
ma ó mueva las partículas sutilísimas de que
se compone su masa. Las estrellas causan es­
te impulso ú opresión : lo causa con mayor ve­
hemencia y actividad el Sol; y por efecto re­
sulta la iluminación solar por todo el mundo
planetario. La luz, dicen otros Físicos , es una
continua dimanación del cuerpo luciente ; y
su propagación no es otra cosa que la difusión
de la materia luminosa. Esta segunda opinion,
que es de los físicos newtonianos , es plausible
en la Astronomía , en la que se pretende veri­
ficar con cálculos y observaciones , que se ci­
tan como otras tantas pruebas experimental­
mente convincentes é innegables. Yo no me atre­
veré á caracterizarlas por tales : te las expon­
dré clara y sincéramente; y á la rectitud de
tu juicio imparcial, Cosmopolita , dexaré su
decision. Para lograr la mayor claridad en ex­
ponerte las dos insinuadas y contrarias opi­
niones sobre la propagación de la luz , te ha­
ré relación separada de las razones y pruebas
que cada opinion alega en su favor. Empiezo
exponiéndote la opinion de los newtonianos:
su relación será algo larga; pero quizá te di­
vertirá , porque la entretexeré con relaciones
de fenoménos curiosos.

s. v.

a l mundo Planetario.

§.

83

V.

Propagación de la luz solar según los newtonianos
su admirable velocid a d
y espacio inmenso por donde
se difunde

$

,

,

A luz solar se difunde por los espacios
inmensos en que el Sol se distingue ó ha­
ce visible ; y su difusión , si no es momentánea,
debe ser maravillosamente veloz. En esta bre­
ve proposición se indican, Cosmopolita , dos
resultados, que parecen simples y claramen­
te inteligibles. Hagamos análisis de ello s; y
para que al analizarlos no se abisme tu consi­
deración , aviva tu fantasía figurándote, que
con ella llegas á verlo miserable á la vista cor­
poral : y dexala volar por la inmensidad del
espacio en que el Sol se hace visib le, ó por
donde su luz se difunde portentosamente.
Saturno , penúltimo planeta del sistéma so­
la r , dista del Sol mas de 3 2 7 (1) millones de
leguas; y no obstante esta distancia recibe de
él tal abundancia de lu z , que ésta lo ilumina,
y

L

(1) Newtón citado, lib. 3. p. 1. p. 42. quie­
re que sea de 240 millones de leguas la distancia
desde Saturno hasta el Sol ; pero los Astrónomos
modernos lo han alexado mucho m as, porque en
la distancia que pone Newtón , incomodaría no­
tablemente al Sol.
P2

Difusión de
la luz solar
según los
newtonia—
nos.

Espacio del
mundo pla­
netario y
cometario,
por donde
se estiende
la jurisdic­
ción del Sol.

Aunque el
Sol distáse
de los terrí­
colas 940
millones de
leguas, se
les haría
muy visi­
ble.

84
V ia ge estático
y reflectendo desde el mismo Saturno hace vi­
sible á los terrícolas su g lo b o , y los cinco as­
tros ó satélites que lo rodean. La luz solar,
por reflexión desde los cometas , se hace visi­
ble á los terrícolas, no obstante que los co­
metas se han visto sobre Saturno, y fuera de
los límites planetarios de la jurisdicción atrac­
cional que los modernos dan al Sol. Esta ju­
risdicción , por mas que se litigue, según los
modernos , induvitablemente se estiende á la
distancia de mas de 4700 millones de leguas,
que llega á alexarse del Sol el cometa visto
el año de 1680: pues que ningún moderno
duda , que todos los cometas giran por el es­
pacio que comprende el imperio solar , á quien
están sujetos. Grande espacio hemos señala­
do á la difusión de la luz solar; mas no lo
hemos señalado to d o: la luz solar se estiende
hasta aquel punto de distancia inmensa en que
el Sol llega á ser visible; y este punto no se
puede determinar fácilmente. Hagamos una
reflexión, con que á este lexanísimo punto nos
acerquemos millones de millones de leguas. La
reflexión hará que nos acerquemos estos mi­
llones de leguas sin movernos de aquí.
Colocándose en el telescopio una lámina,
y estrechándose el agujero por donde se ven
los objetos en tal m odo, que el diámetro so­
lar (com o llegó á hacer Huighens) aparezca
27,664 veces menor que desde la tierra lo ven
los terrícolas, en este caso el Sol conservará
aún su luz tan viva y clara , como lo que se
observa en la estrella Siró , que es la mas bri­
llante y aparentemente la mayor del firmamen-

al mundo Planetario.

85

mentó. Esta experiencia basta para inferir
que en la suposición de distar de la tierra
el Sol 34 millones de leguas ; el mismo Sol
se vería desde ella no menos luminoso y bri­
llante que Siró, aunque distára mas de nove­
cientos y quarenta mil millones de leguas. E l
aparato con que Huighens (1) hizo dicha expe­
riencia , puede causar algunas ilusiones ópti­
cas ; por tanto , procuraré demostrarte el mis­
mo resultado , con otra observación menos ex­
puesta á errar. Supongamos , como dice Buffón
en la Memoria segunda de la parte hipotéti­
ca
( 1 ) Huighens puso en el telescopio una lá­
mina , cuyo agujero fuese una duodécima parte
de linea. Por este agujero el diámetro solar apa­
reció 18 2 veces menor que se ve con la simple
vista. Notó Huighens que la luz solar aún apa­
recía mucho mayor que la de S iró ; y para dis­
minuirla colocó en el agujero un globo de vidrio.
Con esta operación el Sol aparecia como se ve
Siró. E l globo de vidrio hizo que el diámetro so­
lar disminuido se volviese á disminuir una 15 2
parte. L a multiplicación de los números 18 2 y
1 5 2 ( que son los denominadores de las facciones)
da la suma 27,6 6 4 , que multiplicada por el nú­
mero 34,000,000 de leguas (distancia del Sol has­
ta la tie rra ), dará la distancia de 940,576 m i­
llones de le g u as, desde la qual el Sol aparecería
á los terrícolas con la luz y con el resplandor que
ellos ven en Siró. Véase Huighens , Cosmotheoros , lib. 2. p . 7 1 7 .

86

Fia ge estático

El Sol com­
parado con
la Estrella
llamada Si­
ró.

ca cíe su Historia natural, que el diámetro
aparente de Siró forma á la vista de los ter­
rícolas un ángulo de un minuto segundo; su­
posición que se hace graciosamente , ya que
no es perceptible el ángulo, con que se ve di­
cho diámetro. En esta suposición , constándo­
nos que el diámetro solar se ve con un ángulo
de 32 minutos (que hacen 1920 segundos), se
inferirá (1), que el Sol se vería tan luminoso
y brillante como Siró , desde la tierra , aunque
de ésta distará 3,686,400 veces mas, que la
tierra dista actualmente del Sol. En la mis­
ma suposición podemos dividir entre la jurisdicion del Sol y la de Siró (que es otro Sol)
el espacio que actualmente hay desde la tier­
ra
hasta Siró, y tanto el sistéma solar, como
Extensión
de los sisté- el siral, se estenderán por sus respectivas mi­
mas del Sol tades; esto es, cada uno de los dos sistémas
y de Siró.
dilatará su jurisdicion por un espacio , que es
1,843,200 veces m ayor, que el que hay des­
de la tierra al Sol. De este cálculo , que aun­
que apoyado en suposiciones algo arbitrarias,

no
(1 ) En la dicha suposición las distancias serán
como el quadrado de un segundo al quadrado de
1920 segundos; ó como I. á 3,686,400 : este nu­
mero da la distancia desde Siró hasta la tierra ; y
el número I. representa l a ‘ distancia desde ésta
al Sol : y siendo ésta de 34,000,000 leguas , por
este número se deberá multiplicar el quadrado de
1920 para hallarse el número de leguas que Si­
ró distará de la tierra.

a l mundo "Planetario.
8?
no contiene cosa improbable , y quizá dice me­
nos que lo que h a y , inferirás, Cosmopolita,
ser inmensa la distancia de Siró, que quizá es la
estrella mas cercana á la tierra ; y que los lí­
mites del mundo solar pueden estenderse millo­
nes de millones de leguas mas allá de los 4700
millones de legu as, que el cometa del 1680 lle­
gó á alexarse del Sol. Podremos d ecir, que los
límites de la jurisdicion solar podrán estender­
se sobre el afelio (1) de este cometa el número,
á lo menos (2), de 125.337,600,000,000,000,000
leguas. Esta es la extension jurisdicional de
la magestad solar, en cuya comparación es
un punto y casi cero la extension jurisdicio­
nal de algunas magestades terrestres reales,
cesáreas é im periales, que se hacen sangrien­
tas guerras por estender su jurisdicion un pal­
mo de tierra ó de agua. A l S ol, en el acto
de su formación , señaló el Criador los lími­
tes del espacio jurisdicional, que aún conser­
va y conservará invariables hasta el fin de los
siglos , en que deshaciéndose en cenizas ó ani­
quilándose , experimentará los efectos de la
mortalidad común á él y al mundo que alum­
braba.
A

(1) Afelio del cometa es el punto en que él
se halla , estando ésta mas lexos del Sol.
( ‘¿) Supongo de 34 millones de leguas la dis­
tancia solar , por la que se debe multiplicar el
número 3,686,400 notado antes, para determinar
el espacio jurisdicional del Sol.

Límites de
la jurisdi­
cion solar.

88

Formación
del Sol, mar
de luz.

Viage estático

A la jurisdicion del Sol pertenecen el va­
cío , en que giran los planetas y cometas, y
otro inmenso espacio, que hay desde estos
hasta las estrellas. La mente humana pene­
trada de admiración se abisma en el piélago
de la Omnipotencia Divina , que á la domi­
nación del Sol señaló , y dió espacios, que por
su inmensidad no puede concebir. Por todos
ellos se hace visible, y se difunde , según los
newtonianos, la luz solar. ¿Qué fuente ésta
inagotable de resplandor ? ¿ Qué mar insondeable de masa luminosa habrá en el Sol? Fué
éste formado en el quarto di a del mundo , des­
pués que en el primero el Señor había criado
la luz mundana; esto es, el Señor para encen­
der una lumbrera á todo el universo, juntó en
un volumen inmenso, que llamamos óo/, in­
mensurable cantidad de luz dispersa , como
en el volumen y sitio, que llamamos mar ,
congregó las aguas , que en el principio del
mundo tumultuariamente cubrían la superficie
terrestre.
El Sol, pues , según los newtonianos, di­
funde su luz por la inmensidad de los espa­
cios etéreos. La luz, que ves, Cosmopolita,
en los planetas y cometas mas remotos , pro­
viene del Sol, que la envía á ellos y reflec­
te á nosotros. Si mas allá de estos astros hu­
biera otros , recibiríamos de ellos la reflexión
de la luz solar; y ésta llegaría á nosotros, si
estuviéramos en Siró. La luz solar se difun­
de hasta la indeterminable distancia, en que
puede hacer visible y distinguible al Sol: de
éste sale continuamente y se propaga esféri­
ca-

a l mundo Vianet ario.

»

89

camente por todos lados. Si es continua la di­
fusión de la luz solar ; si su propagación se ha­
ce incensantemente por espacios inmensos, lle­
nándolos de puntos luminosos ; ¿cómo , pre­
guntarás, pueden suceder tanta difusión y pro­
pagación de luz sin que sensiblemente por mo­
mentos , y á la vjsta no se disminuya el vo­
lumen del Sol ? E ste , me dirás, deberá pa­
decer ya deliquios mortales después de tantos
millares de años que generosamente envía ar­
royos inmensos de luz á todo el mundo: es­
tará vecino á su fin , y el mundo expuesto á
una muerte de tinieblas eternas, las quales
desconcertarán toda la naturaleza, y causarán
la ruina total en las criaturas sensibles. ¿ Deberémos temer tanto m al, Cosmopolita ? No,
no lo temamos. Si la iluminación solar se ha­
ce con la difusión y pérdida de la masa lumi­
nosa del Sol, no creas que la naturaleza con
este obrar suyo se destruya: mas antes bien
se conserve. El Supremo Autor de la natura­
leza le ha dado leyes para su conservación,
no para su destrucción : y según esta máxi­
m a, que es dogmática en la Filosofía, los newtonianos han pensado y encontrado una ma­
nera ingeniosa , con que el Sol, no obstante
la continua pérdida de su masa solar, sea ca­
si eterno en alumbrar. Es justo que oygas el
pensar de los newtonianos ; voy á referírtelo
brevemente.
Conocen y confiesan los newtonianos la
diminución de la masa del Sol con la difusión
de su luz; mas añaden , que aunque la luz so­
lar se difundiera por espacios millones de veParte I.
Q
ces

Según el sis­
tèma new­
toniano el
volúmendel
Sol se dis­
minuirá
continua­
mente.

Respuesta
de los new­
tonianos á
las dificul­
tades sobre
la difusión
de la luz so­
lar.

90

Se calcula
la diminu­
ción de la
masa solar
en millones
de millones
de años.

Numero de
granos de
arena , con
que se pue­
de cubrir la
superficie
terrestre.

Viage estático

ces mayores que el del sistèma planetario; y
aunque su iluminación durára por millones de
millones de millones de siglos, no obstante la
masa que en la difusión de tanta luz por tan­
to tiempo perdería el Sol, sería menor que
la materia de agua que puede caber en el hue­
co pequeñísimo de una abellana. Suspende,
Cosmopolita , la admiración que en tu mente
podrá excitar ó causar esta proposición : oye
sus pruebas no menos admirables que la mis­
ma proposición.
Si atendemos al inmenso espacio en que
por hacerse visible el Sol se infiere difundir­
se su lu z , y al número de millares de años
que se cuentan desde su primera iluminación,
parece que se podría conjeturar haber salido
del Sol mas masa luminosa que es la arena
contenida en el mar , y dispersa por la at­
mósfera terrestre ; pero la conjetura es qui­
mérica : pues que no sin probabilidad se afir­
ma , que un globito ( cuyo diámetro sea de un
dedo solo) lleno de agua contendrá mas ma­
teria que hay en la lu z , que puede salir del
Sol por mas siglos que se indican con el nú­
mero de granos de arena necesarios para cu­
brir toda la superficie del orbe terrestre. Hé
aq u í, Cosmopolita, una proposición que pre­
tendo probar , aunque te parecerá mas admi­
rable ó improbable que la antecedente. Es­
cucha brevemente la prueba.
La superficie terrestre con dificultad pue­
de contener el número de granos de arena
que se indica ó exprime con una cantidad nu­
mérica , que conste de la unidad y de veinte

y

a l mundo Planetario.
91
y tres ceros. Dicho numero (1) se calcula y
halla fácilmente, sabiéndose la grandeza de
la superficie del globo terrestre , la qual po­
drá ser de 25,785,000 leguas quadradas. V a­
mos ahora á determinar la cantidad de mate­
ria de luz que corresponde á la del agua, que
puede estar en dicho globito de un dedo de
diámetro.
La luz es de los cuerpos mas sutiles que
reconoce la física : no se duda que su sutile­
za es mayor que la del mas sutil miembro
del insecto mas pequeño. »Puse un insecto pe­
queñísimo , dice Arena (2), en el microscopio
solar; y su grandeza, á la distancia de 18
palmos del microscopio, aparecia semejante á
la de la semilla que llamamos dormidera; por
lo que el insecto debía ser 500,000,000 veces dePequenez
algunos
mas pequeño que la dicha semilla , en cuya insectos.
cáscara podría estar el número de insectos
que se indica con la dicha cantidad numéri­
ca/'
( 1 ) Supongo que cien granos de arena ocu­
pan el espacio de un dedo ; pues que la largue­
za de medio dedo se divide bien en cien partecillas visibles. En la suposición de contenerse cien
granos de arena en el espacio de un dedo, el de­
do cúbico contendrá un millón de granos de are­
na. La superficie terrestre constaría propiamente
de 25,860,680 leguas quadradas , en caso de poder
estar en ella el dicho número de granos de arena.
(2) Arena citado : Pliysicoe sugestiones , dis­

sert. 1. de lumine, cap. 5. n. 41.
Q2

\

92

V i age estático

ca.” Y suponiendo que cada uno de estos in­
sectos constáse de 50 miembros diferentes , el
Pequenez número de estos será 25,000,000,000; y cada
de sus mi­ miembro será 22,500,000,000 veces menor que
embros.
la pequeñísima semilla dormidera. Si tal es la
pequeñéz de los miembros de estos insectos,
¿qual será la de los veinte mil insectos, que,
como antes te d ix e , el mismo Arena contó
en la casi indivisible gota de agua que estaba
Sutileza de en la punta de un alfiler ? Y si tal es la suti­
los elemen­ leza de los miembros de los vivientes , que son
cuerpos compuestísimos, ¿qual será la de los
tos.
elementos terrestres? ¿Qual la de la luz , que
aparece el mas sutil de ellos ? Este raciocinio
nos obliga , Cosmopolita , á reconocer en la
luz una sutileza , que materialísima é infini­
tamente inferior á la de nuestros pensamien­
tos , es superior é invisible á la perspicacia de
nuestra fantasía. Conozcamos que el Criador
grande en la creación de las cosas m áxim as,
es máximo en la de las cosas mínimas.
Con las reílexíones que acabo de h acer, me
parece , Cosmopolita , haber conquistado tu
admiración , ó haberla robado de tu mente,
que contemplo en estática curiosidad de las re­
sultas que producirá la prueba del asunto pro­
puesto. La luz solar debe ser sutilísima ; y aun­
que su sutileza no sea prácticamente determi­
nable , sin peligro de errar podemos afirmar,
que es algo mayor que la sutileza de la atmós­
fera terrestre á la distancia ó altura de 300
leguas sobre la tierra. En esta suposición, que
ningún Físico podrá negar con fundamento,
yo discurro así.

La

al mundo Vianetario.

93

La sutileza de la atmósfera terrestre en la Sutileza de
altura de 300 leguas es tantas veces menor, la atmósfe­
terrestre
que la sutileza de la atmósfera vecina á la tier­ ra
á la altura
ra , quantas unidades se contienen en la can­ de 300 le­
tidad numérica que conste de la unidad y se­ guas.
tenta y dos ceros. La verdad de esta propo­
sición se infiere de la progresión con que la at­
mósfera terrestre se enrarece á proporción
de su altu ra, según indican algunas experien­
cias.
Tenemos ya la diferencia de densidad en­
tre la atmósfera terrestre, que está á la altu­
ra de 300 leguas, y entre la que está inme­
diata á la tierra ; queda ahora por compa­
rar la densidad de esta atmósfera vecina á la
tierra con la del agua. Las experiencias han Proporción
entre las
hecho ver constantemente , que en varios si­
tios de Europa , la densidad del ayre (ó de densidades
la atmósfera vecina á la tierra) está á la del del ayre y
del agua.
agua en diversas razones ó proporciones, co­
mo vulgarmente se dice. Esto e s ; la mayor
densidad del ayre es respecto de la del agua,
como la unidad respecto del número 606 : y
la menor densidad es como la unidad respec­
to del número 1000. El agua, pues, no lle­
ga á ser mas de mil veces mas densa que el
a y r e ; ni llega á ser menos que 606 veces mas
densa que el mismo ayre : por lo que toman­
do el medio entre estos dos extremos de den­
sidad , podemos suponer, que el ayre es 800
veces menos denso que el agua ; y esta supo­
sición bastará para inferir, que la densidad del
agua es tantas veces m ayor, que la de la at­
mósfera terrestre á la altura de 300 leguas,
quan-

94

Viage estático

quantas unidades se contienen en la cantidad
numérica que conste del número 8 y de se­
tenta y quatro ceros. Según este cómputo, y
en suposición de ser la densidad de la luz igual
á la de la atmósfera terrestre en la altura de
300 leguas , se infiere que un dedo de agua
contiene mas materia , que se halla en el nú­
mero de dedos de luz que se exprimen por la
Cantidad dicha cantidad numérica de 75 cifras ; y el
de materia tiempo necesario para que se agotáse la ma­
en un dedo
teria de tantos dedos de luz , quantos se ex­
de agua.
primen por las unidades de dicha cantidad
numérica, comprendería mas siglos , que hay
unidades en la cantidad numérica que constáse de la unidad con 28 ceros. Esta cantidad
es mucho mayor que la del número de gra­
nos , que , como dixe antes, bastarían para
cubrir toda la superficie del globo terrestre.
Sin el aparato de estos cálculos aéreos ó
atmosféricos, que N ew tón inventó para hacer
mas creíble su opinión de la difusión de la
luz solar; Grim aldi, de quien antes te hablé,
probó la sutileza incomprensible de la lu z, va­
liéndose de la delicadísima y real sutileza de
la muchedumbre de partículas de varias cla­
ses de cuerpos. A este efecto propone muchos
exemplos curiosos en la proposición 1 , del li­
bro 1. de su Obra citada; y otros tienes en
el tratado que Boyle escribió sobre la sutile­
za de los efluvios. En los tratados de Física
■ experimental los modernos tratan difusamen­
te esta misma materia ; por lo que es inútil
que yo aqu í, para probarte la incomprensible
sutileza que puede tener la lu z , te alégue nue­
vos

al mundo Vianetario.

95

vos exemplos y cálculos de la casi increíble
sutileza , que deben tener las partículas de que
se componen muchos cuerpos terrestres , ó en
que se resuelven según la experiencia. Con­
vienen , pues, todos los Físicos en la incom­
prensible sutileza de la luz , aunque se con­
tradicen en el modo con que sucede la ilu­
minación que es el objeto principal del pre­
sente discurso.
Según los cálculos y las observaciones he­
chas sobre la sutileza de la lu z , se infiere,
Cosmopolita , que sería mínima y casi despre­
ciable la porción de m asa, que según la opi­
nión de los newtonianos el Sol pereciera alum­
brando el inmenso espacio del universo por
millones de millones de siglos: mas al mismo
tiempo se infiere , que siendo el Sol de gran­
deza finita , su substancia últimamente en el
órden n atu ral, según la opinión expuesta, de­
bería disiparse, aniquilarse y desaparecer. La
continua difusión de la luz solar en tal caso
sería una enfermedad natural de aniquilamien­
to del Sol; y su crisi mortal debería ser la
desaparición de todo su globo. Podemos figurar­
nos inmensas cantidades numéricas de siglos y
mas siglos, que tardaría en disiparse la masa
solar: mas toda cantidad numérica , que pue­
da realizarse, contiene número finito de uni­
dades , y solamente puede significar tiempo fi­
nito. El mundo , pues, que no será eterno en
su duración , no lo es en su principio; y ni
el Sol, que presentemente es de grandeza fini­
ta , no pudo jamás tenerla infinita, y ni pudo
tardar una eternidad en consumirse. Por tan­
to

Según los
newtonia­
nos llegará
tiempo en
que faltará
naturalmen­
te el Sol.

E n el sistè­
ma newto­
niano, las le­
yes que vi­
vifican la
naturaleza,
le darán la
muerte.

Las leyes
naturales
que vivifi­
can el cuer­
po humano,
después lo
destruyen.

96
Viage estático
to es necesario inferir, que el Sol, por ra­
zón de su continua disminución con la difu­
sión de su masa luminosa, deberá natural­
mente faltar y aniquilarse : y porque no hay
razón para conjeturar, que después de la crisi mortal del Sol continuarán á existir los de­
más entes de su sistéma mundano , deberemos
inferir también, que entonces acabaría el mun­
do solar. El Sol se llama padre de los vi­
vientes : estos no pueden quedar huérfanos,
con su vida es incompatible la muerte de su
padre. Si esto hubiera de suceder , podremos
conjeturar, que en todos los entes sensibles,
por orden admirable de la naturaleza, cons­
pira á su destrucción y aniquilamiento aque­
lla ley que los vivifica, y hace servir á los
altos y misteriosos destinos de la Providencia
Divina. La misma ley y orden de o b rar, que
en el cuerpo humano se descubren desde su
concepción ha sta su m u e r t e , conspiran siem­
pre de concierto á la nutrición, fortificación,
aumento y destrucción del mismo cuerpo. Es­
te , con el obrar constante de la naturaleza,
pasa del estado de la fluidéz al de la solidéz;
y ésta, adquiriendo mas y mas grados de con­
sistencia , osifica y casi petrifica todo el cuer­
po humano, y de este m odo, impidiendo la
movilidad de sus partes y el curso de sus lí­
quidos al cuerpo , imposibilita la vida , y lo
acerca á la muerte. Así todas las criaturas sen­
sibles con su obrar constante y natural, y el
Sol con la disipación continua de la masa lu­
cida que esparce, para alumbrar el universo,
se van acercando al último deliquio y crisi mor-

a l mundo Planetario.

tal. Yo espero que algún Astrónomo , redu­
ciendo á cálculo la pérdida de la masa solar
con la iluminación , nos llégue á señalar el
año , el m es, d ia , hora y momento, en que
deberá consumirse el Sol. Si se llega á hacer
este cálculo , yo lo imprimiría con los que
Buffón en el suplemento á su Historia natural
hizo sobre los planetas y cometas , ó sobre sus
soñadas épocas de la naturaleza: en esta ro­
mancesca Obra tendria su propio lugar. A tí,
Cosmopolita, te baste el haberlo oído no sin
pérdida de tiempo: no deberías perder mas
tiempo en leerlo. Dexemos estas fantásticas
conjeturas : pasemos á otras con que podamos
combinar la sentencia newtoniana sobre la di­
fusión de la luz solar.
Pudiéramos conjeturar , Cosmopolita , que
el Sol , como te insinué antes, sea en el sistéma planetario el mar depositario é inagota­
ble de lu z , como el Océano lo es del agua en
la tierra ; pero las manchas que freqiientemente se ven en el Sol, como después te di­
ré mas largamente, parecen proba#, que este
mar de luz se va continuamente disipando en
vapores. No faltan newtonianos modernos, que
preveyendo en la difusión de la luz solar el
aniquilamiento total que no querrían en el Sol,
y no concibiendo probabilidad para suponer
en el Sol un mar inagotable de lu z , como el
Océano parece serlo del agua en la tierra, se­ Los come­
gún el obrar constante de la naturaleza , para tas , pábulo
precaver tanto mal se figuran que el Sol tira del fuego
á sí los cometas para alimentarse con ellos ; y solar.
que la substancia cometaria sirva de pábulo
Parte I.
R
á

98

Viage estático

ú la voracidad solar, y ocupe el vacío que
ElSoldevóra su mundo.

en su cuerpo dexa la disipación de la luz solar» El Sol, pues , será el gran monstruo de
su mundo ; é l , como la ballena en los mares
terrestres devora los peces, así en los Cielos
devorará los cometas. Estos, según los admi­
rables progresos de la Astronomía nueva , se
han elevado á la clase de planetas , cuerpos
de igual duración, y quizá de mayor solidéz,
que la del Sol; ¿ y una nueva opinión sobre la
luz en la física querrá llevar los cometas al
matadero ó á la cocina del Sol ? No , no, Cos­
mopolita m ió; no pensemos así. El vulgo del
Oriente teme supersticiosamente , y juzga er­
róneamente , que en los eclipses solares un
dragón se acerca y pretende comerse el Sol;
¿ y nosotros creeremos con vulgar supersti­
ción , que el Sol pretende devorar los cometas,
astros á que el Supremo Autor dio las leyes
mismas que observamos en los planetas, her­
manándolos con ellos ? Los cometas son otros
tantos planetas: su destino debe ser común:
si los planetas en el orden natural guerréan
con el Sol en la duración ; ésta misma se de­
be conceder á los cometas. Son estos cuerpos
opacos incapaces de convertirse en masa lu­
cida : podrán contener partículas ígneas ó lu­
cidas , como las contienen los cuerpos terres­
tres : mas ellas no pueden alumbrar sin des­
encarcelarse ó salir de la prisión en que las
tiene la masa cometaria ; y en caso de des­
encarcelarse , el sistéma planetario se inunda­
ría y obscurecería con las cenizas de los col­
inetas abrasados.
Te

al mundo Planetario.
99
Te he expuesto, Cosmopolita , la difusión
y disminución de la luz solar , según los new- Velocidad
tonianos : paso ahora á declararte su opinión de la luz so­
sobre la admirable velocidad que dan á la mis­ lar según los
ma lu z, y al mismo tiempo no dexaré de des­ newtonia—
nos.
cubrirte las dificultades que contra tal opinión
oponen ingeniosamente algunos Físicos. Creían
los antiguos, que la luz se propagaba instan­
Propaga­
táneamente. Ellos concebian luz é iluminación ción
de la
instantánea, como causa y efecto simultáneos, luz según
sin explicar cómo obraba la causa y cómo los antiguos
provenía el efecto. Grim aldi, que en su Obra Físicos.
sobre la luz y colores echó sobre estos pun­
tos los fundamentos de quanto defendió Newton y han ilustrado los modernos , propuso
largamente la difusión succesiva de la luz.
»La luz , decía , es fluido ; y el fluxo de éste Propaga­
embebe el movimiento local. . . La luz de las ción de la
estrellas llegando á nosotros nos representa luz según
Grimaldi.
las estrellas en el lugar en que ya no están...
Se puede afirmar intrépidamente, que la luz
se difunde en tiem po, y no instantáneamente,
lo que muchos por vano temor no se atreven
á decir , ó no exáminan con la demasiada con­
fianza que esta cosa se deba suponer , y no
poner (1) en duda.” Para demostrar estas pro________________________________ P£:
(1) Véase el tratado de Grimaldi citado , ¡ib.
1. propos. 13. n. 1. p. 153. propos. 14. n.
p.
propos. 1$. n. 2. p. i$8. En estas tres pro­
posiciones Grimaldi prueba largamente la difu­
sión succesiva de la luz ; opinión que después
aceptó Newtón , y se suele llamar newtoniana.
R 2

ioo

Viage estático

posiciones Grimaldi alega razones filosóficas,
fundadas en el común obrar de la naturale­
za ; y los modernos han añadido las pruebas
experimentales, fundadas en los efectos de la
luz. Los modernos , pues , con Grimaldi de­
fienden , que la luz se propaga sucesivamen­
te , y con pruebas que llaman experimentales,
llegan á determinar el tiempo que la luz tar­
da en correr ó difundirse por qualquier es­
Prueba ex­ pacio. No te desagradará, Cosmopolita, oír
perimental
la observación, que según los newtonianos,
de la propa­ ha hecho conocer claramente la succesiva
gación de la
propagación de la luz , y ha dado fundamen­
luz según
to
para determinar el tiempo que ella tarda
los newtoen propagarse por qualquier espacio. Oye la
nianos.
relación que te contaré brevemente. Los As­
trónomos Cassini y Roemér notando que en
los eclipses de los satélites de Júpiter ( ó de
las quatro lunas, que siempre giran al rede­
dor de este planeta ) no se observaban cons­
tantemente los mismos tiempos periódicos, con­
jeturaron que los dichos eclipses se veían ya
mas presto y ya mas tarde , á proporción que
la tierra estaba mas ó menos vecina á Júpiter;
esto e s , á proporción que la luz desde Júpi­
ter á la tierra tenia que hacer menor ó ma­
Tiempo que yor camino. Observaron , pues , que quando
tarda en lle­ ia tierra estaba entre el Sol y Júpiter, los
gar á la tier­ eclipses de los satélites de éste se vetan casi
ra la luz
14 minutos (i) mas presto, que quando el Sol
desde Jú p i­
se
ter.
(1)

En algunas Obras físicas se lee que fné
no-

al mundo Vianet ario.
ioi
se hallaba entre Júpiter y la tierra; y de es­
ta observación infirieron , que la luz o espe­
cie visual del eclipse de los satélites de Jú­
piter tardaba 16 minutos en caminar la lar­
gueza del diámetro de la órbita terrestre, la
Largueza
qual largueza se hace de 68 millones de le­ del diáme­
guas. Cassini, conjeturando después , que la tro de la
diferencia de tiempos periódicos en verse órbita ter­
los eclipses de los satélites de Júpiter, po­ restre.
día provenir de no ser realmente iguales los
periodos de tiempos, (i) , retrató é impugnó
la opinión de la propagación succesiva de
la luz. Roemér se confirmó en ella , y qui­
so demostrarla con nuevas observaciones ; y
últimamente , Bradley pretendió explicarla Aberración
claramente , y casi evidenciarla con el feno- de las Estre­
méno llamado aberración de las estrellas fi- llas,
xas,

notada la diferencia de 16 minutos , la q u a l y o
puse en la edición de mi viage estático en Ita ­
liano ; mas la diferencia notada fué de 14 m in u ­
tos , como se advierte en la relación de la obser­
vación que se lee en la Historia de la Academ ia
de París del 1 7 0 7 v que se citará inmediatamente.
(1)
V éa se H isto ir e de V A cadem ie royale des
sciences , annee 1 7 0 7 , de la edición de París en el
1 7 0 8 , p. 7 7 . E l compendiador de las Memorias
que en la p. 78 dice : Que en el 16 7 5 todos los
Filósofos defendían la propagación instantánea
de la luz , uq habia leído la O b ra de G r im a l­
di citado.

102
Via ge estático
x a s , la qual consiste en un movimiento apa­
rente de ellas , por razón , ya del tiempo que
su luz emplea en llegar á la tierra, y ya de
los lugares que ésta va mudando en su giro
al rededor del Sol ; como mas largamente te
explicaré en otra ocasión (i). Según la opinion
de Brandley (que es común entre los newtonianos), la luz en un minuto camina quatro
Distancia
millones de leguas. La luz de la Luna ( cuya
de la Luna
distancia mediana hasta la tierra se pone de
hasta la
88,86o leguas) llega á la vista de los terríco­
tierra.
las en menos de un minuto segundo y una ter­
cera parte de segundo : tiempo tan pequeño,
que no basta para que los Astrónomos sin des­
confianza en sus observaciones , se atrevan á
probar con las observaciones de la Luna la
Velocidad propagación velocísima de la luz lunar. Según
de la luz
las experiencias de Mersenne (2), la bala de
comparada
canon camina 600 pies en un minuto segun­
con la de la
do : y en este tiempo la luz , según los newbala de ca­
tonianos , caminaría 980,809,933 : por lo que
ñón.
la velocidad de la luz es á la velocidad de
la bala , como el número 1,634,683 es á la
unidad. Esto es, la luz es 1,634,683 veces mas
veloz que la bala de canon. Esta tardaría
dos años y 259 dias en caminar tres millo­
nes
(1) Veanse en la parte segunda de este viage
el §. 4. de la Jornada III ; y el §. 11. de la Jor­
nada V .
(2) Véasela Obra citada de Musschenbroek.

a l mundo "Planetario.

103
nes de leguas ; y la luz haría este camino en
mucho menos de un minuto: lo haría en 45
minutos segundos. El sonido, cuya velocidad
parece admirable á los terrícolas, tardaría un
año y 155 dias en caminar los tres millones de
leguas. Una voz dada en el Sol con tanta for­
taleza que se pudiese oír en la tierra, tarda­
ría casi 17 años en llegar á ella: ¿quanto tar­
daría desde Saturno , quanto desde el mas re­
moto cometa , y quanto desde el lugar de las
estrellas?
Si la luz , Cosmopolita, camina , ó se pro­
paga tan velozmente, como dicen los newtonianos , es necesario confesar, que es casi in­
comprensible la sutileza de sus partecillas ó
elementos ; y que el Supremo Hacedor las ha
sutilizado tanto , para que al desprenderse del
S o l, y propagarse velocísimamente hasta la
tierra , no lleguen á matar con la fuerza que
corresponde á su admirable velocidad á todos
los vivientes, y aun arruinen y destruyan to­
do lo vegetable que puebla la superficie ter­
restre. No te parezca hiperbólica esta propo­
sición; cuya verdad inferirás claramente, computando la fuerza que en cada partecilla de
luz resulta de la multiplicación de su peso por
el quadrado de su velocidad. Según este cóm­
puto, hallarás que en la suposición quizá gra­
ciosa de figurarse, que cada partecilla de luz
solar es 34 millones de veces menor ó menos
pesante que un grano, deberás inferir , según
los principios de los newtonianos , que su fuer­
za al llegar á la tierra será mas grande que
la que tiene una bala de ocho libras arroja­
da

de

104
Via ge estático
da de un canon (i). La mente humana se con­
funde al querer concebir un grano dividido en
34 millones de partecillas : y si suponemos,
que de la grandeza ó del peso de una de és­
tas, sea cada parte elemental de la luz solar,
su
( i ) Es vario el número de onzas que se da
á una libra , y el de granos que se da á un
escrúpulo. Este , según algunos Autores, se su­
pone de 20 granos, y la libra de 12 onzas. Su­
pongamos de 24 granos el escrúpulo : de 3 es­
crúpulos la dracma: de 8 dracmas la onza; y de
16 onzas la libra : ésta contendrá 9216 granos;
echo libras tendrán 73,728 granos. La bala de
cañón en un minuto segundo camina 600 pies,
y la luz camina 980,809,933 : por lo que la ve­
locidad es 1,634,683 veces mayor que la de la
bala. Supóngase, que la velocidad de la bala se
figura por la unidad : el quadrado , que está mul­
tiplicado por el número de granos que contienen
las ocho libras , exprimirá , según los newtonianos , la fuerza de la bala: la qual fuerza se ex­
primirá con el número 73,728. E l quadrado de
la velocidad de la luz es 2,672,188,5 10,489 , el
qual exprime la fuerza de la parteciila de luz:
este quadrado es mayor , que el producto que
resulta del número 73,728 por el número 34,
000,000 ; por tanto , en suposición de conceder­
se á una parteciila de luz el peso de una trein­
ta y quatro millonésima parte de grano , la di­
cha parteciila tendría mas fuerza que una bala
de canon de 8 libras.

al mundo Vianetarlo.
105
su fuerza bastará aún para destruir todo lo
viviente y vegetable de la tierra.
E l Sol en cada momento envia á los ter­
rícolas innumerables partecillas de lu z, como
otras tantas balas de cañón , con que debía
arruinar todo quanto se mueve y produce so­
bre la tierra; ó por mejor d ecir, con la con­
tinua y luminosa artillería de partecillas de
luz debía deshacer todo el globo terrestre, re­
ducirlo á polvo, y disiparlo por todo el sistéma planetario. Los newtonianos han tenido
presente esta dificultad , no ya solamente en
el orden físico , mas también en el civil y
económico , según el q u a l, el Sol se debe con­
siderar como insigne bienhechor de los terrí­
colas , y no como tirano conquistador que
desde su formación los inquiete, y quiera des­
truir con su continua artillería de balas de
luz. Los newtonianos, pues, previenen la so­
lución á la dicha dificultad, diciendo, que la
materia de agua contenida en el pequeño va­
cío de una abellana es m ayor, que la mate­
ria lucida que el Sol perdería alumbrando
inmensos espacios por casi innumerables años.
Si en la suposición , dicen, de ser una partecilla de luz 34 millones de veces menor que
un grano, en el orden físico y civil resultan
tantos inconvenientes, estos se evitarán fácil­
mente, suponiendo que cada partecilla elemen­
tal de luz sea millones de millones de veces
menor que el dicho grano: para hacer esta
suposición hallan fundamento grave en la pro­
pagación succesiva de la luz , que se infiere
de la diferencia de tiempos periódicos , que
Parte I.
S
se

La luz solar
es una espe­
cie de arti­
llería.

Sutileza in­
comprensi­
ble de la
luz solar.

106

Viage estático

se observa en los eclipses de los satélites de
Júpiter, como te dixe antes.
Para iluminarte, Cosmopolita, sobre esta
respuesta, y no para impugnarla, no entraré
en el exámen de las várias causas , de que
pueda prevenir la dicha diferencia de tiem­
pos periódicos observada en los eclipses de los
satélites de Júpiter : de este asunto te habla­
ré , quando lleguemos á visitarlos; y ahora
solamente discurriré de la sutileza y propaga­
ción succesiva de la luz solar.
Las partecillas elementales de ésta , sin ab­
surdo físico , se pueden concebir sutilísimas
millones de millones de veces mas , que el gra­
Dificultad
contra el sis­ no casi indivisible á la vista natural, y aun
tèma new­ microscópica de los terrícolas ; mas por gran­
toniano so­ de que sea su sutileza , parece que no se pue­
bre la pro­
den concebir espacios inmensos iluminados por
pagación de el Sol, sin que desde él se propague cantidad
la luz.
considerable de masa luminosa. La materia de
agua contenida en el p e q u e ñ o hueco de una
abellana tiene innumerables poros : estos pro­
bablemente ocupan mucho mas espacio que
los puntos de la materia aqüea ; y si fingimos
ó suponemos , que esta materia se difunda y
estienda para ocupar el inmenso espacio del
mundo planetario, que es millones de millo­
nes de millones de veces mayor, que el hue­
co de la abellana , deberemos confesar, que
los dichos poros se engrandecerán y crecerán
á proporción que es mayor el nuevo espacio,
por donde se difundirá la materia de agua. Los
poros innumerables en número serán en el es­
pacio del mundo planetario millones de mi-

a l mundo Vianet ario.
107
llones de veces mayores , que eran en el estre­
cho hueco de la abellana ; y ciertamente en es­
tos poros no habrá ningún punto ó partecilla de
materia aqiiea. A sí, si una onza de materia de
luz se difunde por los inmensos espacios del
mundo planetario , en estos habrá innumera­
bles poros de grandeza considerabilísima, y
porque en ellos no habrá ningún punto de luz?,
todos deberán estar obscuros. El lugar en que
no hay un punto de lu z , no puede ser ilumi­
nado , mas debe ser obscuro: ¿cóm o, pues,
con una onza de lu z , que difundida por es­
pacios inmensos debe contener innumerables
poros de grandeza sensible, podrán estos apa­
recer iluminados y tan lucidos, que en el in­
terminable espacio del mundo planetario no se
encuentre punto ó sitio, en que colocado un in­
secto el mas pequeño y visible solamente con
el m icroscopio , no vea y sienta el impulso
de la luz en sus ojos indistinguibles por su pequeñéz ?
Hartsoeker en su contraste (r) literario con
Clerc sobre el sistéma newtoniano tuvo pre­
sente la opinion de la difusión de la luz so­
lar , según el mismo sistéma, y pretendió cal­
cular , que según dicha opinion el globo so­
lar

( i ) A l curso de física ( y a citado n. 12) de
Hartsoeker se añade el tratado : Recueil de plu­
sieurs pièces de physique : en este tratado se ha­
lla el contraste literario de Hartsoeker con Clerc,
véase p . 37.
S2

Cálculo po­
co exácto de
Hartsoeker
sobre la di­
fusión de la
luz solar.

Corrección
del cálculo
de Hartsoe­
ker.

108
Via ge estático
lar con la gran difusión de su luz se debía
haber deshecho á poco tiempo de haber sido
formado. El cálculo de Hartsoeker supone cier­
tamente algunos accidentes arbitrarios ó po­
co probables, como se nota en la edición Ita­
liana (i) del dicho contraste literario , por lo
que no ha faltado Físico , que corrigiendo lo
mas improbable del cálculo , lo haya repro­
ducido con la corrección siguiente.
Supongamos, dice , que el volumen solar
contiene 194,880 semidiámetros terrestres cú­
bicos (cada semidiámetro es de 1432 leguas
y media): que el volumen de una esfera tan
grande , que ocupase el espacio que hay en­
tre la tierra y el S o l, contiene 100,000,000,000
semidiámetros terrestres cúbicos ; y última­
mente , que la luz solar al llegar á la tierra
es 54,000 veces menos densa, que la masa del
S o l; toda ésta se debería disipar en un mi­
nuto segundo para llenar el hueco de dicha
esfera. Mas el Sol envía luz no solamente una
v e z , y en un segundo , sino innumerables ve­
ces en cada minuto tercero, quarto. . . milé­
simo , & c . ; y la envia no solamente á la tier­
ra , sino á sitios millones de millones de ve­
ces mas lexanos que la tierra. Si la luz solar
que llega á ésta , se supone tantas veces me­
nos densa , que la masa del S o l, quantas uni­
dades se contienen en una cantidad númerica
que
(1) Raccolta d ' opuscoli sopra V opinioni filo sò fi­
che d i N ew ton. F ir e n z e , 1744. 8. Vease p. 114.

a l mundo Planetario.
109
que conste de la unidad y de diez y nueve ce­
ros , podremos conjeturar que la diminución
de la masa solar no se ha hecho sensible en
los pocos millares de años , que se cuentan
desde la formación del Sol ; mas deberémos
afirm ar, que se hará sensible en los muchos
millares de años que puede durar el mundo.
A esta dificultad que oponen los antinewtonianos, no es difícil dar respuesta: oye,
Cosmopolita , lo que yo pienso. La suma y
casi incomprensible sutileza , que según los
newtonianos se da á las partecillas elementa­
les de la lu z , no repugna á ningún principio
físico , y parece creíble aun en el sistéma de
los que defienden, que la iluminación provie­
ne , no de la propagación velocísima de la
luz difundida , mas de la presión que se ha­
ce en la materia lucida , y dispersa siempre
por todos los espacios etéreos. La dicha sutile­
za , pues , que no es improbable á mi parecer,
no sin peligro de ilusión en la física se alega
como fenómeno cierto y proporcionado para
dar solución á las principales dificultades que
se oponen al sistéma newtoniano de la pro­
pagación de la luz. Supóngase una libra de
materia de luz : el número de partecillas ó
puntos elementales de materia que en esta
libra se contienen , en sí son determinados; y
ocupan tanto número de puntos de espacio,
quanto es el número de los mismos puntos:
por tanto, las partecillas ó puntos de la libra
de luz , por mas sutiles que se supongan , y
por mas dispersos que estén por el espacio mun­
dano, en la dispersion no ocuparán mayor
5
nú-

Respuesta á
la dificultad
propuesta
en el cálcu­
lo antece­
dente.

Nuevas di­
ficultades
contra el sistéma newto­
niano de la
luz.

no
Viage estático
número de puntos de espacio , que ocupaban
unidos antes en una masa. Un punto de ma­
teria no puede ocupar dos puntos de espacio.
Materia y espacio son cosas relativas : si hay
ó puede haber mas espacio que materia , por­
que entre los puntos de ésta se supongan po­
ros perfectamente vacíos, ciertamente no hay
mas materia que espacio. Yo no entraré en
el laberinto de las entrigadas é inútiles cabilaciones de aquellos Filósofos sofísticos, que
pierden el tiem po, y quizá también el cele­
bro , indagando ó disputando , si toda parte
de materia ó espacio es divisible ó indivisible
al infinito : solamente supondré lo que es in­
negable , y basta para el presente asunto ; es­
to e s , que á espacio finito corresponde mate­
ria finita; y que un punto de ésta no puede
ocupar dos puntos de espacio; como un pun­
to de espacio no puede contener dos puntos
de materia. En esta suposición cierta , la di­
ferencia de volumen , qüe puede haber entre
determinado número de puntos de luz unidos
ó dispersos , consiste solamente en el mayor
ó menor número de poros, que se interpongan
entre los puntos de espacio que se ocupan por
los dichos puntos de la luz. Este número de
poros cre ce , á proporción que son mayores
la sutileza y el espacio por donde se difunde
la luz. Si dos puntos ó partecillas de ésta,
que en la superficie solar están unidas, al
caminar ó 3lexarse del Sol un palmo , se se­
paran entre sí (esta separación se llama diverjencia en la física) solamente la pequeñéz
de un diámetro de las mismas partecillas,
¿ quan-

al mundo Planetario.
m
i quantos millones de millones de tales diáme­
tros distarán entre sí al llegar á la tierra?
i Quantos en llegar al mas lexano cometa ? En
la difusión diverjente de las partecillas de la
luz solar por todo el espacio mundano , ha­
brá inmensos espacios de poros interpuestos
entre los puntos de luz, y estos espacios de­
berán ser tenebrosos.
Consistiendo la iluminación newtoniana en
la continua emisión ó difusión de la luz solar,
cada dia deberá crecer en la tierra la canti­
dad de luz y calor provenientes de la mate­
ria lucida , que quedará en su atmósfera y su­
perficie. Las noches deberán ser menos obs­
curas con la emisión continua de la luz solar;
y por causa de su calor los inviernos serán
menos fríos , y los estíos mas calientes.
Con la emisión de la luz del Sol y de las
estrellas, los espacios etéreos se llenarán de
nueva materia ; y ésta impedirá que la luz
solar se propague con aquella velocidad con
que se difundiría antes en el principio del mund o , quando en los espacios etéreos faltaba dicha
materia. Un cuerpo, como diceNewtón, que
se mueve en un fluido de igual densidad, pier­
de su movimiento al caminar el triplo de la
largueza de su diámetro : por tanto, si los eté­
reos espacios están llenos de un fluido de den­
sidad , igual á la de la pequeña cantidad de
luz que sale del Sol, la luz solar difícilmen­
te se propagará. En el espacio mundano,
desde el principio de los tiempos, hubo cier­
ta cantidad determinada de materia. Yo pres­
cindo , si entre los puntos de ésta hubo ú hay
es-

112
Viage estático
espacio ó poros vacíos: no quiero reproducir
las dificultades que sobre este asunto propo­
ne el sabio Autor del viage al mundo de Des­
cartes : mas solamente d iré, que á la deter­
minada materia que hubo antiguamente en
el espacio mundano , se ha añadido la de luz,
que ha salido del Sol y de las estrellas ; y que
esta nueva materia dificultará la propagación
velocísima de la luz. Añadiré también , que la
mayor dificultad en propagarse la luz impide
graduar ó determinar su velocidad en diferen­
tes siglos y sitios del espacio mundano.
Algunos newtonianos, suponiendo que el
Sol sea el Océano de la luz , como el mar lo
es de las aguas , dicen, que la luz vuelve al
Sol, de donde salió. En esta suposición arbi­
traria del fluxo y refluxo de la luz solar se
descubren nuevos obstáculos contra su velo­
císima propagación : pues que ésta deberá re­
tardarse por la nueva materia lucida , que siem­
pre se hallará en el espacio mundano y por
los movimientos contrarios de la luz. La luz
directa debe retardar su movimiento , á pro­
porción que separándose del Sol encuentra flui­
do mas denso ; y la luz reflexa, que se opo­
ne á la dirección de la directa , se propaga
siempre menos velozmente que ésta. De las
reflexiones que te acabo de hacer, inferirás,
Cosmopolita , que la sutileza que los newto­
nianos dan á la luz solar , no aparece increí­
ble, y ni misteriosa , y que debe ó puede ad­
mitirse sin dificultad alguna. No se podrá de­
cir lo mismo de los inconvenientes que he in­
sinuado , y que parece resultar de la difusión

al mundo Planetario.
T13
de la luz solar : no se deben despreciar , sino
exáminar atentamente para conocer si es verdadera ó aparente su dificultad.
Te he expuesto , Cosmopolita, la natura­
leza y las dificultades de los efectos que se
suponen en la propagación de la luz solar : no
por esto debo dexar sepultada en el silencio
la grave dificultad, que algunos Físicos tie­
nen en encontrar la causa física é inmediata
de dicha propagación de la luz solar. Tal di­
ficultad es digna de proponerse : óyela. La pro­
pagación continua de la luz solar es un efecto
que debe provenir de su propia causa : esta
causa es algún impulso formidable que el Sol
da á las partecillas luminosas de su superficie;
ó se esconde en la naturaleza de las mismas
partecillas de luz que con un orden no me­
nos maravilloso, que inexplicable, por sí mis­
mas se desprenden de la superficie solar. Pa­
rece que la acción de desprenderse del Sol las
partecillas luminosas y su movimiento no se
deban atribuir á su naturaleza : ya porque to­
da m ateria, según los newtonianos , es inerte
ó incapáz de moverse por sí misma ; y ya por­
que si la materia se moviera por sí misma, no
sería necesaria la atracción newtoniana para
tener en continuo movimiento los planetas
que en tal caso podrían moverse por sí mis­
mos. Los newtonianos son tan contrarios á dar
movimiento alguno á la materia lucida , que
por gracia de su sistéma , el Sol, las Estrellas
y demás cuerpos lucidos estando en quietud,
ponen con su atracción en continuo movimien­
to los cuerpos de materia opáca , quales son
Parte I.
T
los

Causa físi­
ca de la pro­
pagación de
la luz solar.

La luz solar
se despren­
de del Sol,
ó por éste es
arrojada.

La luz solar
no se des­
prende del
Sol por sí
misma.

1 14

Expulsion
fuerte que
de su luz
hace el Sol.

Viage estático

los planetas errantes. Si de la naturaleza de
la luz solar no pueden provenir la expulsión
y movimiento de e lla , estos efectos proven­
drán de impulso vehementísimo , temblor , ó
fuertísima sacudida del Sol. Si esto fuese así,
deberemos decir , que el Sol, que por su in­
mensa materia atraería á sí ( como dicen los
newtonianos) en un momento la mole de la
tierra, aunque distára de él cien mil leguas,
tiene adormentada su virtud atractiva , y con­
viniéndola en virtud repulsiva, impele, echa
fuera de s í, y arroja de su superficie las partecillas de luz con fuerza, millones de veces
mayor que la que tiene una bala al salir de
la escopeta. La luz es infinitamente menos den­
sa que el o ro ; y pocos rayos de luz unidos
bastan para derretirlo: ¿qué fuerza no debe­
rán tener las partecillas de luz solar para vo­
lar en ocho minutos por una distancia de trein­
ta y quatro millones de leguas , hasta llegar
al orbe terrestre, y llegada á éste tener ac­
tividad para desunir y derretir un metal tan
duro , como es el oro ? Toda esta fuerza , ca­
si increíble, délas partecillas de luz, se hace
provenir del impulso que les da el movimien­
to que de rotación tiene el Sol. Movimiento
de rotación en un globo se llama el que tiene
el mismo globo volteando sobre su exe.
Para explicarte claramente los efectos de
este movimiento de rotación solar , del que
se hacen provenir el desprendimiento y el cur­
so de las partecillas de la luz solar , será con­
veniente , Cosmopolita , que yo me valga de
una oportuna reflexión , que el célebre Filo­
so-

al mundo Vianetario,
115
sofo Ignacio Monteiro propone en la lección
X V , del tomo VII de su Filosofía. Hé aquí
la reflexión. El Sol en veinte y cinco dias da
una vuelta sobre su e x e ; y porque teniendo
su diámetro 319,397 leguas de largo, su eqiiaExpulsion
dor (ó su círculo circunferencial por el me­ de la luz so­
dio ) debe tener 1,002,900 leguas de circuito, lar en fuer­
se infiere, que en veinte y cinco dias ( que za de la ro­
hacen 36,000 minutos), las partecillas de Juz tación del
existentes en el dicho eqiiador en virtud del Sol.
movimiento de la rotación solar , caminan to­
da su largueza ó circuito ; y por tanto, en un
minuto caminarán 27 leguas. Las partecillas de
luz, pues, que unidas en la superficie solar,
caminan en un minuto 27 leguas , desprendi­
das de dicha superficie se hacen ó suponen
caminar en un minuto, no ya millares, sino
millones de leguas. ¿Quién les da tan terri­
ble fuerza centrífuga , que á despecho de la
inmensa atracción solar les haga v o la r, como
el pensamiento , por los espacios etéreos ?
Las partecillas pequeñísimas de luz aban­
donan al Sol por causa de la fuerza centrífu­
ga : ¿por qué ésta no obliga las porciones gran­
des de materia lucida á hacer el mismo aban­
dono y vuelo? Si la atracción solar impide la
huida de las porciones grandes de la masa del
S o l, no debe permitirla á las partecillas pe­
queñas. Grande cosa e s , Cosmopolita mió,
conceder en el sistéma anti-copérnico-newtoniano á las estrellas el movimiento de 50 mi­
llones de leguas en un minuto segundo ; mas
no te debe parecer pequeña el conceder al
Sol tal virtud repulsiva, que en 8 minutos
T2
en-

116
Via ge estático
envíe por la distancia de 34 millones de le­
guas hasta la tierra pequeñísimas partecillas
de lu z , las quales lleguen á ella superando la
resistencia del ayre , agua y de otros fluidos
de la atmósfera terrestre, y unidas por el es­
pejo ustorio reduzcan á cenizas los metales y
las piedras mas duras.
Estas y otras dificultades que suministra
la física , se evitan en la sentencia q u e , co­
mo después expondré mas largamente, supo­
ne dispersa por todo el espacio mundáfto la
El sistema materia de luz. Los newtonianos, cuidando mas
newtoniano de las observaciones astronómicas , que de las
de la luz es físicas, para establecer su opinión de la pro­
mas astronó­
pagación succesiva de la luz , insisten en pre­
mico , que
tender
probar , que la dicha propagación se
físico.
demuestra claramente con los fenoménos de
que te hablé antes; esto es , de la observa­
ción de las estrellas , y de las aceleraciones y
retardaciones, que se observan en los eclip­
ses de Júpiter , á proporción que éste mas ó
menos se alexa de la tierra. De estos dos fe­
noménos te hablaré en ocasión mas oportuna,
como te prometí antes; y por ahora te bas­
te oír las siguientes breves reflexiones. Cassin i , que dió cuerpo á la imaginación ó al pen­
samiento de inferir del fenoméno de los eclip­
ses de los satélites la succesiva propagación
de la luz , abandonó después esta imaginación,
y la im pugnó, y M iraldi, después de muchí­
simas observaciones , pretendió p robar, que
de el estar Júpiter en su mayor alexamiento
ó vecindad á la tierra , se infería solamente
la diferencia de 4 minutos en los eclipses de

al mundo 'Planetario.
n ¡r
los satélites,. no obstante, que si la luz camináse 34 millones de leguas en 8 minutos, la
dicha diferencia debía ser de 16 minutos , ya
que Júpiter se llega á acercar á la tierra 68
millones de leguas. E l fenoméno de la aber­
ración que se atribuye á la propagación succesiva de la luz , puede provenir de otra cau­
sa , como no han dexado de confesar el gran
Boscovich y otros Astrónomos modernos.

§.

VL

Propagación de la luz según los antinew tonianos. S e explica la naturaleza
de los colores.

,

,

Asta aquí Cosmopolita te he expuesto
el sistéma de la iluminación , según los
newtonianos : oye ahora el de sus adversarios,
según los quales , á mi parecer, se deberá de­
cir , que en el mundo no hay tinieblas abso­
lutas, mas solamente respectivas. La luz, di­
cen , se halla siempre dispersa por todo el
mundo ; mas la iluminación no se efectúa con
su existencia sola; mas con la presión ó mo­
vimiento de sus partecillas elementales; así
como la materia ígnea con su presencia no ca­
lienta , sino se desencarcela de los sitios en que
está encerrada , y si no se pone en movimien­
to. Este , agitando la materia lucida, hace al
órgano visual sensibles los efectos de la ilu­
minación. El oro, la plata, los diamantes, &c.
restregados con el vidrio, resplandecen : lucen
las

H

Sistema anti-newtoniano de la luz.

Propaga­
ción de la
luz solar sin
pérdida de
la masa so­
lar.

118
Viage estático
las telas de lino y seda, y el papel restre­
gándolos con las manos : el mercurio puro y
seco puesto en un frasco de vidrio da gran­
de luz , quando se menea con violencia : el
azúcar , llamado en pan , raspado con el cu­
chillo , y el mercurio sublimado machacado
con violencia, despiden rayos de luz viva. E l
agua marina azotada con los remos despide
La materia luz. Estas y otras experiencias ( que producen
lucida se ha el mismo efecto en el vacío pneumático ) , ha­
Ila dispersa cen sensible la existencia y dispersion de la
en todas
materia lucida por todo el mundo ; y demues­
partes.
tran , que la iluminación de dicha m ateria, no
menos que su c a lo r , son efectos del m ovi­
miento.
Excitándose prácticamente con el movi­
miento la iluminación y el calor en la mate­
ria ígnea , Malebranche , Huyghens , Juan Ber­
noulli , Pluche y otros Físicos insignes infirie­
ron por dogma experimental la existencia y
dispersion (i) de la luz por todo el mundo,
como defiende Des-Cartes. Según estos autores
la luz puesta mas ó menos en movimiento,
hace mayores ó menores las tinieblas. E l Sol,
las Estrellas fixas y los cuerpos puramente lu­
La lu7. re­
cidos
, constan de materia lucida , la qual no
sulta del mo
estando
encarcelada, y siendo mas ligera que
vimiento de
otras
materias
, está en continuo movimiento;
la materia
ignea.
y
( i) Véase Anti-newtonianismus Ccelestini Cominale. Neapoli, 1 7 5 6 . 4. voi. 2. parte i , ca­
pítulo 2.

al mundo Planetario.
119
y de éste provienen la presión y oscilación de
toda la materia lucida , que está dispersa. En
la tierra hay algunos cuerpos, en que no ce­
sa absolutamente la oscilación de la materia
lucida : y por esto tales cuerpos , quales son
los diamantes finos , zafiros, ametistos &c.
suelen resplandecer en las tinieblas. En estas
conservan otros cuerpos por algún tiempo la
luz : así las piedras calcinadas expuestas al Sol,
y después cubiertas con cotón , conservan en
las tinieblas por gran tiempo la luz ; ó por
mejor decir, conservan el movimiento de la
materia lucida , que antes se ha promovido
con la presión del Sol. En los cuerpos luci­
dos reconocemos la virtud mas activa para po­
ner en movimiento la materia lucida : la que
está inmediata al Sol se comprime y mueve
por éste, y hace pasar , ó comunica su mo­
vimiento á la inmediata, y así sucesivamen­
te con presión continua se mueve toda la luz
dispersa. Esta , en virtud de tal presión , se
propaga por linea recta , pues (1) que debe
ser rectilíneo el movimiento proveniente de la
presión lateral de todas las partecillas de la
superficie solar ; aunque es necesario conce­
der , que tal movimiento rectilíneo , al pasar
desde un fluido á otro de densidad diversa,
mu(1) Veanse Cominale citado , la óptica del
Jesuíta Castél , su Obra : V'eritable systeme de
Newton , analys. 7. partió. 2. §. 3. {citada 4 7 );
y Memorias de T revou x, año 1720.

Cuerpos
que lucen
en las tinie­
blas.

Movimien­
to de la luz
de todo el
mundo so­
lar.

1 20

Viage estático
muda algo la dirección por razón de la den­
sidad diversa , y de estar mas ó menos encar­
celada en los fluidos la materia lucida. Con
este movimiento de presión , que podemos con­
siderar en innumerables globillos de luz ínti­
mamente unidos y dispersos por todo el v a ­
cío mundano , se conciben fácilmente la ve­
locísima propagación de la luz y los efectos
de las indicadas experiencias en los cuerpos
terrestres luminosos , y se evitan las dificul­
tades que provienen de la casi increíble ve­
locidad , que en el sistéma newtoniano se con­
cede á las partecillas de luz. Si suponemos el
espacio mundano lleno de purísima y diáfana
La presión materia de luz , no hay dificultad en conce­
de la mate­ b ir, que el movimiento proveniente de la pre­
ria lucida
sión del S o l, la materia lucida que lo rodea,
causa la luz. pase y corra instantáneamente por concusión
de las partecillas de dicha materia hasta la
tierra ; así com o la concusión del golpe del
martillo en la extremidad de una vara de me­
tal pasa inmediatamente á la otra extremidad;
y como el sonido , por la concusión y oscila­
ción del ayre , pasa desde el cuerpo sonoro
al oído. Eulero ( i ) , en su nueva teórica de la
luz entre el ver y el oír , hace cotéjo ( lo hi­
zo antes Grimaldi (2) ) , y ju zg a , que la ilumi(1) Eulero , Nova theor. lue. et color, ogusculum 3.
(2) Véase la prop. 44. p. 370 , en el libro 1.
de la Obra citada de Grimaldi.

al mundo Vianetario,

121

minacion consiste en la propagación del mo­ La luz se
vimiento que desde el cuerpo lucido pasa y propaga co­
mo el soni­
llega á la vista; así como el sonido consiste
do.
en el movimiento que desde el cuerpo sonoro
pasa y llega al oído. Todo el espacio munda­
no está lleno de materia a ére a , que por pre­
sión envia el sonido al oído ; y de materia lu­
cid a, que por presión envia la iluminación á
la vista. Estos dos sentidos que son los mas
finos del cuerpo humano , convienen notable­
mente en el modo de recibir la impresión de
los objetos. El gusto y el olfato , sentidos mas
materiales que el oído y la vista, convienen en
recibir inmediatamente la impresión de las partecillas gustosas y olorosas que obran por sí
mismas , y no por presión mediata sobre sus
respectivos sentidos. El tacto es un sentido
universal y común á los otros quatro sentidos,
y á todo el cuerpo. Según esta doctrina, di­
remos , que como no hay sonido en el espa­
cio en que falta materia aérea, ó ésta no os­
cila con la presión de los cuerpos sonoros ; así
tampoco habrá iluminación en el espacio en
que falta materia lucida, ó ésta no oscila con
la presión de los cuerpos lucidos. La oscila­
Sensación
ción en la materia lucida proviene del S o l, de
de la luz y
las Estrellas y de otros agentes proporciona­
del sonido.
dos: el impulso de estos y no de qualquiera
otro cuerpo es apto para excitar la ilumina­
ción , y el diverso placer en verla. Este pla­
c e r , como notó G rim a ld i(i), consiste en la
vá(1) Grimaldi citado, lib.i. prop.43. n.50. ^7.362.
Parte I.
V

Según los
newtonianos en el
principio
del mundo
las Estrellas
tardaron 30
años en en­
viar su luz
á la tierra.

122
V i age estático
vária sensación que en la vista causan las
ondas del fluido lucido : y según que la sen­
sación deleyta mas ó menos , se tiene mas ó
menos deleyte en ver determinados colores.
En la expuesta hipótesi de la iluminación apa­
recen , dicen Pluche (1) y Niccolai, menos difi­
cultades que en la newtoniana: ella es bastan­
te verisímil, dice Nollet en su física experi­
mental; no nos obliga á imaginar casos y acci­
dentes bizarros; conduce para la explicación
clara de todos los efectos naturales , y nos pro­
pone simple y natural la inteligencia de la ex­
presión de M oysés, que dice haberse criado
en el primer dia la luz , y en el quarto los
astros , entre los que aparecieron el Sol y
las Estrellas formados de la materia luci­
da. Los astros lucidos empezaron á alumbrar
inmediatamente después de su formación , y
el primer hombre empezó luego á gozar el
beneficio de la iluminación. No se hace creí­
ble , que el primer hombre viviese treinta y
mas años sin ver las estrellas; lo que en el
sistéma newtoniano de la propagación de la
luz debía haber sucedido, por razón del gran
tiempo que la luz de las estrellas distantísi­
mas debia tardar en llegar hasta la tierra. Po­
li,
(1)
D issertazioni , elezioni d i sacra Scrit­
tura , ¿T Alfonso N iccolai , J esu íta . V enezia ,
1781. 8. voi. 12. Tomo I , lección 6 , en que se
citan los tomos III y I V del Expectáculo de la
naturaleza de Pluche.

al mundo Planetario.
12 3
li (1), que defiende la opinión newtoniana so­
bre la iluminación, hablando de la anti-newtoniana dice: »Esta hipótesis no puede ser
mas ingeniosa , ni mas simple.” No obstante,
esta confesión la abandona por dos dificulta­
des que él juzga grandes ; esto es , porque en
esta hipótesis la luz debería moverse con to­
das direcciones , y no habría jamás obscuri­
dad. Estas dos dificultades , á mi parecer, no
se infieren de dicha hipótesis.
Te he propuesto, Cosmopolita mió , las dos
hipótesis, que parecen mas probables sobre la
iluminación de la lu z : en la newtoniana se
descubren mas dificultades, que en la contra­
ria ; no por esto pierde mucho de su probabi­ Crítica de
lidad, que, á mi parecer, consiste principalmen­ los dos sis­
te en la impresión mas ó menos viva que ha­ temas de la
ce en la mente humana , acostumbrada á re­ luz.
ferir todas las hipótesis á los efectos que des­
cubre en la naturaleza. Las dos hipótesis en
el orden físico y astronómico son substancial­
mente iguales en la probabilidad, aunque los
efectos sublunares de la iluminación no dexan de entenderse mejor en la hipótesi antinewtoniana. La inclinación que á ésta yo in­
sinué en otro viage estático que hice al mun­
do planetario, y publiqué en idioma Italiano,
no agradó á un célebre Físico , el qual , habien( 1 ) Josef Xavier Poli en el tomo 2 citado de
sus Elementos de física experimental , lee. 23. art.
1. n. 1174. p. 422.

V 2

124
Viage estático
biendolo le íd o , me honró con una Carta eru­
dita , impugnando mis reflexiones sobre la pro­
pagación de la luz. Publiqué la impugna­
ción (i) y respuesta á ella en el tomo X llí de
mi
( i ) El Ex-Jesuíta Señor Don Josef Serrano,
conocido en Italia por su gran literatura , habien­
do leído mi viage estático en idioma Italiano, que
comprende los tomos I X y X de la Obra Idea
del Universo , desde Fusignano en Romaña , con
fecha de 26 de Septiembre 17S 1 me honró con la
siguiente Carta.
CARTA A L

AUTOR.

v Leyendo , Señor Abate Hervás , su viage
estático, me encuentro sin saber con el título y ca­
rácter que V . va instruyendo : por lo que me tómo la libertad de declararle mis dudas. Discur­
riendo V . déla opinión cartesiana ó anti-newtoniana sobre la iluminación , dice en substancia , que
proviene de la presión que hecha por el Sol en la
luz inmediata á él , se difunde ó comunica á la
materia lucida que está dispersa ; y que en esta
hipótesi aparecen menos dificultades , que en la
newtoniana , y se entienden bien muchas expe­
riencias.*v* A esto yo añado , que lexos de aparecer
menos dificultades, se descubren otras mayores. H e
aquí algunas.
Primera. Si la luz proviene de la dicha presión
de la materia lucida que se supone dispersa por
todas partes , todo el mundo será como un vaso
lleno de ella ; y por tanto , la presión se hará por
to-

al mundo Vianet ario.

125

mi Obra Italiana, intitulada: Idea del U niver­
so. No quiero abusar de tu paciencia con re*
pro­
todas partes ; y consiguientemente con un rayo
solar , que éntre en mi aposento , todo éste se ilu ­
minará igualmente , lo que ciertamente no he vis­
to suceder.
'
.
Segunda. Si la luz consistiera en la presión de
la dicha materia lucida , los planetas con su mo­
vimiento deberían causar resplandor ; y mucho
mas con su diaria revolución , á cuya opinión V .
se inclina ; porque si el movimiento de 1^ llama
de la candela mueve la materia lucida , ¿no la
moverán los planetas , cuerpos desmedidos por su
grandeza y movimiento? Aun el movimiento in­
testinal de un insecto podiá y deberá moverla y
Causar resplandor.
Tercera. Supone V . iluminados todos los es­
pacios etéreos ; porque desde qualquiera punto
de esos se ve el Sol. Esto es cierto ; mas no se
necesita para este efecto , que todos los espacios
etéreos estén junta y llenamente iluminados; bas­
ta que el Sol les envie ó difunda su luz á cada
minuto quarto ; esto e s , á cada sexagésima parte
de pulsada arterial , suponiéndose sesenta pulsa­
das en un minuto. En este caso el Sol se verá siem­
pre , ó sin interrupción de tiempo , aunque ha­
ya el intervalo de 60 millas fntre dos emisiones
seguidas de su luz. Si las emisiones se hacen á ca­
da minuto tercero , será de 3472 millas su dis­
tancia ó intervalo ; y aun entonces el Sol se verá
sin interrupción de tiempo : porque el movimien­
to

I2Ó

Viage estático

producir aquí lo que tú puedes leer cómoda­
mente quando quieras.
El

to de las fibras de la vista vibra por tiempo sen­
sible.
Ultimamente , V . dice , que si la atracción
del cuerpo solar no permite que con el impulso
de su rotación lo abandonen partes grandes de ma­
teria lucida , deberá también impedir que lo aban­
donen las partecillas de luz ; y que no se concibe
cómo el Sol , lexos de impedir con la atracción la
huida de éstas, les dé tal impulso, que lleguen
á atravesar en 8 minutos el espacio de 34 millo­
nes de leguas , rompiendo los obstáculos de agua,
ayre , &c. que encuentran. A esta reflexión res­
pondo , que si según la opinion de V . y la carte­
siana , la fuerza del fuego solar basta para cau­
sar en la materia lu c id a u n a presión que llégue
hasta las estrellas , ¿ por qué la misma fuerza no
bastará para enviar á los mismos sitios distantísi­
mos las partecillas lucidas que de él se despren­
dan ?
A estas dificultades respondí , confesando que
no carecía de dificultades el sistèma anti-newtóniano ; y que á las propuestas parecería convenir
bien la siguiente solución.
A la primera dijicultad. Con los rayos sola­
res introducidos en una estancia obscura , toda
ésta no se alumbra igualmente ; los sitios, por
donde pasan los rayos, están muy iluminados, y
poco lo están aquellos por donde los rayos no pa­
san. Esta endeble iluminación, dicen los newtonia-

al mundo Planetario .

12^
E l discurso de la propagación de la luz
ha salido largo ; no obstante , lo dexaría im­
pernianos , proviene de la reflexion que en los rayos
causa el ayre ó el polvo de la atmósfera : »Mas
yo , dice N o lle t, en su física experimental, lec­
ción 1 5 , sección 1 , puedo responderles, que he
visto el ramo de rayos solares en un tubo de vi­
drio , del que con la máquina pneumática había
evacuado el ayre (experiencia que pide exacti­
tud y precaución): en este caso no debía haber
alguna reflexion de rayos, ó sería casi impercep­
tible , pues que el ayre era sumamente rarefac­
to , y los átomos ó cuerpos extraños faltarían , co­
mo sucede en el vacío pneumático.” En este ca­
so no es nada difícil concebir , que la iluminación
de la estancia provenga de la presión de la ma­
teria lucida , y no de la reflexion de los rayos
solares.
Si la iluminación proviene de tal presión, se
me objetará ( hé aquí la segunda dificultad) , di­
ciendo , que no habría jamás tinieblas perfectas;
pues que todo enqüentro y todo movimiento de
los cuerpos deberían producir luz. Esta conseqiiencia parece no inferirse bien : porque puede
suceder , que la luz provenga de la presión, y
que no todos los cuerpos sean proporcionados pa­
ra causar la que basta para hacer visible la luz;
así como aunque provenga el sonido de la co­
lisión de cuerpos, no por esto todos los cuerpos
son sonoros , ó con la colisión producen el sonido
oíble. La Química presenta muchos fenoménos,
cu-

Sistéma de
los colores
de la luz.

12 8
Via ge estático
perfecto , si no lo concluyese con una brevísi­
ma exposición del célebre descubrimiento de
los
cuya relación basta para probar , que efectos pro­
venientes de presión ó movimiento , piden movi­
miento determinado , ó de causas determinadas.
L a quietud de las partecillas de un cuerpo su­
pone en éste la falta de flojisto ó principio in­
flamable ; y esta falta en el agua causa el yelo ó la quietud de sus partecillas. A este efecto
natural parece contradecir el fenómeno que se ve
en los helados artificiales. Estos se hacen apli­
cándoles inmediatamente yelo con sal , la qual
deshaciendo éste , lo enfria mas que estaba an­
tes. Hé aquí otros fenómenos. Las telas colora­
das puestas al Sol pierden la viveza de sus co­
lores ; y la conservan por gran tiempo , aunque
se pongan ai ayre ó al calor. La luz debe echar
á perder los colores con su movimiento ; y el
del ayre y fuego no causan en ellos tal efec­
to. La luz y el calor provienen de una misma
causa , ó tienen entre sí estrechísima relación ; y
no obstante esto , la luz , y no el calor echá á
perder los colores : hayr calor sin luz ; y no to­
do lo que produce luz causa calor. L a l uz, se­
gún las experiencias modernísimas , hace negrear
los cuerpos , que tienen mucho flojisto : produ­
ce el color morado en los cuerpos que tienen me­
nos flojisto : causa el azul , el verde , el amari­
llo, & c. en los cuerpos que sucesivamente tie­
nen menos flojisto. L a luz con su movimiento
causa esta diferencia de colores en los cuerpos
que

al mundo Vianetario.

12g

los colores, que se debe á la observación de
los fenoménos de la lu z , y á la perspicacia
grande de Newton.
Esque tienen mas ó menos flojisto : para tal efecto
no basta el movimiento solo de la luz , pues que
ésta obra con relación al flojisto : así para el efec­
to de la iluminación no basta el movimiento so­
lo de qualquiera cuerpo.
A la te r ce r a d ijicu lta d . El cálculo que se ha­
ce en la tercera dificultad , no ofrece ningún re­
sultado improbable. Convengo en que el Sol se
vería sin interrupción de tiempo , aunque se hi­
ciera solamente á cada minuto tercero una emi­
sión de su luz ; pero la dificultad está en que es­
tas emisiones , aunque salieran con alguna ma­
yor lentitud , no sean capaces de disminuir sensi­
blemente la masa solar después de algunos m illa­
res de años. Se afirmará esto alegando hipótesis
arbitrarias , y no hechos claros.
A la últim a d ijicu lta d . Para la presión que
los anti-newtonianos dan á la luz , no se necesita
tanta fuerza , como los newtonianos deben conce­
der para que se difunda la luz solar. Esta propo­
sición se prueba con el siguiente exemplo. S u ­
pongamos una fila de millones de globillos de mar­
fil , que estén inmediatos y colgados de igual nu­
mero de hilos. Si se supone que el primer globi11o se levanta un poco , y se dexa caer libremen­
te , chocará con el inmediato, y el choque se d i­
fundirá por todos los globil los , moviéndolos. En
este caso el impulso que concibe el primer globiParte /.
X

130

Viage estático

Este Filósofo aprovechándose en gran par­
te de los descubrimientos del ingenioso Gri­
maldi , que corno dogma físico (r) había esta­
blecido en la luz la existencia de los colores,
y no contento ó satisfecho de las ideas de Des­
cartes , Gassendo, Fabri , Malebranche, so­
bre la causa de ello s, buscó ésta en la natu­
raleza para formar un sistema que no fuese
puramente ideal. Newtón con un prisma des­
compuso ó dividió en delicados hilos un rayo
Newton ha­ solar que un pequeño agujero había intro­
llo siete co­ ducido en una estancia obscura , y vió resul­
lores en la tar de los hilos luminosos los siete colores di­
luz.
ferentes, que se llaman roxo , anaranjado, ama­
rillo , verde, azul, incado y morado. Con otro
prisma pretendió descomponer los hilos luci­
dos de cada colo r; pero en vano , pues que
los rayos de cada color se mantenían siempre
con el color que apareció en su primera divi­
sion , por lo que Newtón infirió, que en la luz
hay los siete colores dichos. Infirió también los
siguientes resultados. El paño de escarlata, por
exem11o , no bastaría para moverlo , ó hacer que ca­
minase el espacio que ocupan seis globillos, y bas­
taría para mover toda la fila de ellos. La mate­
ria lucida se compone de globillos de suma elas­
ticidad y movilidad ; y por esto , la llama de una
candela puede fácilmente causar la presión en los
que ocupan gran espacio.
(1) Grimaldi citado, lib. I. propos. 43. lib.
2. propos. 4. y 5.

al mundo Vianet ario.
131
exemplo , aparece roxo, porque ácia nosotros
Causa de
reflecte solamente los hilos ó rayos de luz:
los colores.
la hierba se ve verde, porque reflecte sola­
mente los rayos verdes de luz ; y con esta
proporción sucede lo mismo en los objetos ana­
ranjados , amarillos, azules, &c. de quienes re­
flecten los rayos del color que parecen tener.
La luz aparece blanca, porque el blanco es la
mezcla de todos los siete colores, como suce­
de en los de la pintura; y el negro resulta,
porque del objeto que se ve negro , no reflec­
tan los rayos lucidos; mas todos se absorven
en él. A la verdad, el negro parece consis­
Causa del
tir en la falta de todo color ó de toda luz: color negro.
por lo que, si un papel blanquísimo aguje­
reado se ve desde notable distancia , los agu­
jeros aparecen perfectamente negros ; y el
blanco sirve para distinguir la circunferencia
del espacio negro que en ella se encierra.
Has oído, Cosmopolita, el sistéma newtoniano de los colores, que quanto es simple y
fácil de explicar, tanto aparece verisímil: pues
que la simplicidad es propiedad característi­
ca de la verisimilitud y de la naturaleza. Castel , quizá con emulación francesa de las glo­
rias del inglés Newtón, agotó su ingenio , im­
pugnando los sistémas de éste sobre la atrac­
ción y colores; mas la impugnación ha sido
causa del mayor empeño en ilustrarlos, y dió
al impugnador motivo para nuevos descubri­ Clavicordio
mientos físicos , entre los que al presente asun­ de colores,
to merece atención su idea , creída bizarra en ó de la vis­
su origen, y después verificada de inventar el ta.
X2
cla-

132

Via ge estatico

clavicordio (1) de colores ó de la vista. Cas­
tel , pues , escribió su óptica contra la de New­
ton , y de las dudas que en ella excitó , y des­
pués han promovido y añadido otros Físicos,
se infieren las siguientes reflexiones , que no
poca luz dan para distinguir en el sistèma de
los colores lo cierto de lo verisímil ó impro­
bable.
Todo el sistèma newtoniano de los colo­
res se funda sobre las experiencias del pris­
El prisma
ma , al qual ciertamente no está aligada la in­
entre los
newtonia- falibilidad. E l prisma , dicen los newtonianos,
nos decide descompone ó separa en la luz solar siete co­
el número lores , que se llaman primitivos : y en ningu­
de colores.
no
( 1 ) En la óptica ya citada de C a ste l, p a rte r,
observación X I , p . 1 6 1 , se propone la analogía
de los colores con los tonos de la música ; y en la
p a rte 2 , p . 4 7 0 , se pone la descripción del cla­
vicordio ocular , que Castel inventó. D e este ins­
trumento se habla también en la Obra de Castel,
intitulada : E sp rit, saillies , et singularités du P .
Castel. A m sterd. 1 7 6 5 . 8 . §. Clavessin pour les
yeux. p . 280. Poli citado , en sus Elementos de
física experimental , tomo 2 , nûm. 1 3 2 3 , p. 550,
describe el modo fácil con que se ven correspon­
der constantemente á los siete colores el primer
tono , que es arbitrario , y depende de la tirantez
de la cuerda ; y los tonos de octava , séptima me­
nor , sexta mayor , quinta , tercera menor y se­
gunda mayor.

al mundo Planetario.

133

no de estos colores no descompone ó separa
otro color ó colores distintos; esto quiere de­
c ir , que los colores son siete, porque el pris­
ma en la luz no divide mayor número de co­
lores : y los siete colores son primitivos, por­
que el prisma no puede descomponer ningu­
no de ellos. Sobre estos hechos se podrán ex­
citar las siguientes dudas con C astel, Mariotte,
R izzeti, Gautier, Cominali (1) y Opoix. Los
siete colores son primitivos y simples, porque
el prisma no los puede descomponer maneja­
do por los newtonianos: ¿mas es dogma físico,
que el prisma es el único é infalible medio
para descomponer los colores? Los pintores y La pintura
tintoreros con los colores azul y amarillo for­ se opone á
man el verde : con el azul y el roxo forman la decision
el violáceo: con el roxo y el amarillo for­ del prisma.
man el dorado : luego no son simples los co­
lores verde , violáceo y dorado. Estos tres
colores, dicen los newtonianos, en la pintura
son compuestos, y en la luz solar son simples.
Deberían decir , que estos tres colores son
compuestos en la pintura , y que lo mismo pro­
bablemente serán en la luz ; aunque hasta aho­
ra no se ha hallado instrumento para descom­
ponerlos claramente. Con el prisma se unen
los
(1 ) Veanse Castel citado : V'eritable systeme
de Nevjton , atialys. 7. partie 2. §. 3. &c. Comi­
nali citado: Anti-nevjtonianismi pars 1. cap. 9.
10. 11. 12. Monteiro citado: Philosophia libera,
tomo 7. lib. í^.prop. 40. £0. 6v.

134
Via ge estático
los colores azul y amarillo , y resulta de ellos
el verde : se unen el azul y el roxo, y resul­
ta el violáceo: se unen el roxo y el amarillo,
y resulta el dorado. Asimismo si el papel que
recibe los colores se coloca á la distancia de
uno ó dos palmos del prisma, y no á gran dis­
tancia como hacen los newtonianos, entonces
en el papel no se ven los siete colores ; y se
ve el verde proveniente del azul y del ama­
rillo.
Castel reconoce solamente tres colores pri­
mitivos ó simples , que son a zu l, roxo y ama­
rillo , y de ellos hace provenir innumerables
colores compuestos. Él tuvo el ofrecimiento
Admirable
de conjeturar que había relación entre los co­
harmonía
entre los co­ lores y los tonos músicos : y de esta relación,
lores y los y de las experiencias, infirió, que los colores
tonos músi­ primitivos eran tres (azu l, roxo y amarillo),
cos.
como tres son los tonos músicos , que se lla­
man (1) senciales. Este ofrecimiento , que en
su primera publicación pareció meramente fan­
tástico, se admira hoy verificado en parte por
la experiencia, que demuestra haber cierta re­
lación entre los colores y los tonos músicos.
La
(1) Castel citado: Optica , p a rt. 1. observa­
ción 5. y . p. 69. Los tres tonos músicos, con que
se comparan los tres colores primarios , son los to­
nos u t , mi t s o l: el tono u t , llamado tónico ó bax o , que es como la basa: el tono m i , llamado
tercero , medio ó mediante , entre los tonos ut y
s o l, que se llama el quinto ó dominante.

6

a l mundo Planetario.
135
La Química, últimamente( 1 ) , ha descu­
bierto y verificado la estrecha relación que hay
entre el calor y los colores , haciendo ver ex­
perimentalmente , que estos dependen no me­
nos del flojisto de los cuerpos, que de la luz.
Esta proposición se prueba con larga série de
experiencias : insinuaré algunas. Los cuerpos
blanquean á proporción que pierden el flojisto;
y de la falta de éste el color blanco es indicio
á los Químicos: y por lo contrario, el color
negro es indicio del nuevo flojisto que se ad­
quiere. Los labradores saben por experiencia,
que las tierras negras son calientes, y frías las
blancas. Estos mismos efectos se observan en
los hombres negros y blancos, y en los anima­
les de lana, pluma,ó pelo negro ó blanco: y con
alusión á esta diferencia de efectos, Virgilio en el
libro 3 de sus Geórgicas dixo : Deterrimus albis
equis color. Los Médicos por el color vário que
ad(r) Véase Scelta d i opuscirii interessanti. M i ­
lano íy y y . 8. En los volúmenes 2$ y 26 se pone
la Memoria de Opoix , en la que se prueba la re­
lación entre los colores y el flojisto. En el tomo II
de la Obra Memoires de mathematique, et physique presentes d /’ Academie royale des Sciences. Paris l 7 55-4*
la p. 26 se pone la Memoria
de Mazéas , que trata de los colores que resultan
restregando superficies llanas y transparentes. M a ­
zéas conjeturó que los colores dependían de una
materia sutil desconocida que restregando las su­
perficies de los vidrios salía de sus poros.

Harmonía
entre los
colores y el
calor.

Relación
entre la luz
y el sonido.

136
V ia ge estático
advierten en los enfermos, conocen el esta­
do y la calidad de su fiojisto. De estos y otros
innumerables exemplos parece inferirse , que
el color depende tanto del ñojisto , como de
la luz ; y que lu z , ílojisto y color sean una
misma cosa.
Te he apuntado, Cosmopolita, las dudas
principales que pueden ocurrir contra el sistè­
ma newtoniano de los colores , que por su sim­
plicidad tendrá siempre muchos defensores:
aunque para formarlo Newton estudió ú ob­
servó mas la mecánica de la luz , que la físi­
ca (1). Si los colores tienen analogía con los to­
nos músicos , no aparecerá increíble el sistè­
ma que los contemple con analogía al soni­
d o , y reconozca en la admirable variedad y
texidura de las superficies de los cuerpos la cau­
sa de las oscilaciones , vibraciones , y modifica­
ciones diversas y uniformes , que se advierten
en los rayos solares. En esta hipótesi la inmuta­
bilidad de las superficies de los cuerpos ha­

( 1 ) El número de colores primitivos que Newtón pone en la lu z , es muy dudoso ; y mas dudo­
sas son las causas á que atribuye la diversa opa­
cidad de los cuerpos, el salto que en su reflexión
hace la luz directa , y otros fenoménos de la mis­
ma luz , que con ingeniosísima crítica examina
el Señor Cardenal Gerdil , impugnando á N ew­
ton. Véase la Obra : Delle opere deW Eminentis­
simo Signore Card. Giacinto G erd il, tomo 4. Bo­
logna 17S9. 4. Sur l' attraction, §. 4. p. 246.

a l mundo Vianet ario.
13^
rá invariables la iluminación y el co lo r, que
se variarán, variándose las superficies, como
el sonido varía según la diversa tirantez de
la cuerda sonora. Basten estas reíleríones, Cos­
mopolita , para que formes idea de la lu z , ex­
celentísima entre las criaturas materiales , y
de las opiniones menos improbables que ex­
plican sus admirables efectos.
¡ O quantos y quan admirables efectos la Creadon de
Suprema Sabiduría juntó en esta criatura ma­ la luz.
terial , que fué las estrenas de la Omnipoten­
cia divina en el primer dia de la creación del
mundo! En el principio de los tiempos (1)
Dios crió cielo y tierra : obra informe y te­
nebrosa ; y luego el Señor d ixo: Hágase la luz :
y la luz subitáneamente apareció hecha á la
vista del Señor que vió ser cosa buena. La
luz fué efecto d é la divina locución (2); y apa­
reció para que de lo invisible se hiciese lo vi­
sible. Dios la eligió para nube de su Trono (3),
en que se ocultáse el resplandor inmenso de
su

(1) In principio crea'vit Deus coelum et ter­
rant , &c. Genes, i.
(2) F id e intelligimus aptata esse specula 'ver­
bo D e i , ut ex imisibilibus 'visibilia ßerent. Ad
Hebræos , 11. 3.
(3) Quì s°lus habet immort alitent : et lucem
habitat inaccessibilem. 1. Ad Timoth. 6. 16. Quottiam Deus lux est , et tenebrie in eo non sunt ullae.
Joan. 1. ep. 1. v. 5. Ego sum lux mundi. Joan.
8. 1 2.

Parte I.

Y

138

Viage estático

su Magestad. La luz en sus efectos , respecto
de la vista corporal, representa lo que en
nuestros espíritus obra el mismo Dios que
dignándose de habitar hombre con los hom­
bres , fué y se llamó su luz. A sublime é in­
comparable grado de honor se ha elevado es­
ta criatura material, elegida por el mismo Dios
para figurar su Trono y su Magestad. Ella
es sombra tan luminosa de la divinidad, que
en el común pensar de los hombres jura por
ésta el que jura por la luz que le alumbra.
Habiendo oído, Cosmopolita , estas excelen­
cias de la luz, no esperes oír otras : es superfiua su relación.
He concluido mi discurso sobre la luz, en
el que vanamente me hubiera detenido refi­
riéndote las opiniones de los antiguos Físicos
sobre su naturaleza. Lo que sobre tales opi­
niones he dexado sepultado en el silencio, so­
lamente te podria servir para conocer prácti­
camente , como lo observarás eü muchas oca*
siones, que los hombres incapaces de pene­
trar á fondo las esencias de las cosas, necesa­
riamente deben disentir en muchos puntos,
cuya verdadera decisión no se puede dar sin
conocer las esencias que ignoran é ignora­
rán. Pasemos , pues, ahora á considerar otras
propiedades dignas de atención, que se des­
cubren en la substancia ó cuerpo solar.

§. VII.

al mundo Planetario.

139

§. V I L
Densidad y masa solar : gravedad ó peso de
los cuerpos en la superficie solar.
Ntre estas propiedades merecen en pri­
mer lugar ser consideradas la densidad
y masa solar. Arrímate conmigo al S ol, Cos­
mopolita ; y tocalo sin m iedo, si quieres co­
nocer la densidad de su materia ígnea. No
tem as: somos espirituales ; por tanto de su­
perior naturaleza á este fuego material. Vé
aquí, Cosmopolita , este volcan inmenso, cuyo
ardor debe ser inextinguible por muchos mi­
llones de siglos, aun quando la substancia que
La dura­
lo alimenta , lexos de ser ígnea ( ó la misma ción
del ca­
luz que por sí misma está siempre encendi­ lor en los
da , quando está junta y obra con libertad), cuerpos sue­
fuera Ja materia mas resistente á conservar el le tener re­
calor. Si un glob o, tan grande como el ter­ lación con
restre , tuviera la densidad del hierro, y lle- su densi­
gára á estar penetrado ó encendido con el fue­ dad.
go terrestre, tardaría en enfriarse (1) mas de
noventa y seis mil años: ¿quanto mas tiem­
po tardaría en enfriarse el globo solar, si lle­
gara á estar encendido como el hierro ar­
diendo, pues que es mas de un millón tres­
cientas y ochenta y cinco mil veces mayor
que

E

(1) Newtón , Princij.M athem . lib. 3. prop.
41. j)rob. 21.

La densi­
dad solar es
quatro ve­
ces menor
que la ter­
restre.

140
Via ge estático
que la tierra ? Si en el globo solar suponemos
un calor como el que llegó á tener el come­
ta del año de 1680, ¿quantos millones de si­
glos tardaría en enfriarse? Este cometa lle­
gó á tener un calor, que era mas de dos mil
veces mayor que el del hierro ardiendo : si
concedemos que el cuerpo solar á lo menos ex­
cediese en calor diez veces á dicho cometa,
desde luego inferiremos, que tardaría en en­
friarse mas años que probablemente puede du­
rar este mundo. Es cierto que la densidad de
la masa so la r, la qual (1) es una quarta de
la terrestre , es muy inferior á la del hierro;
mas la grandeza de su masa , y el sumo calor
que tiene, harían que el Sol tardáse muchos
millares de siglos en enfriarse. Hago esta ex­
cepción de la densidad , porque los cuerpos
mas densos suelen ser los mas tenaces en con­
servar el calor : aunque esto no sucede siem­
pre ; pues que el cobre es menos denso que
el oro, y conserva por mas tiempo que éste
el calor.
Siendo la densidad del Sol quatro veces me­
nor que la terrestre , como has oíd o , desde
luego deberás inferir , que del exceso del Sol
en
( 1 ) L a densidad de la masa solar se supone
ser á la tierra como 2 $,2 S$ á 100,000. Esta supo­
sición se funda en conjeturas mas especulativas
que prácticas, como podrá notar el Lector co­
tejando los discursos en que se tratará de la den­
sidad de la masa de los planetas.

/

a l mundo Planetario.
141
en grandeza , respecto de nuestra tierra , no se
infiere bien igual exceso en masa. Por ser és­
ta en la tierra quatro veces mas densa que
en el S o l, deberémos inferir, que si éste es
un millón trescientas ochenta y cinco mil quatrocientas y setenta veces mayor que la tier­
ra , no tendrá sino trescientas cincuenta y dos
El Sol es
mil ochocientas y dos veces mas (1) masa que
la tierra. No puedo menos de hacerte adver­ veces mayor
tir aquí la providencia de nuestro Dios , que que la tier­
tan sabiamente hizo menos densa la materia r a ; y tiene
solamente
solar que la terrestre. Si el calor del Sol es
tan grande en e stío , no obstante de ser la 352,802 ve­
masa solar quatro veces menos densa que la ces mas ma­
sa que la
terrestre , ¿ quán insufrible sería el calor , si tierra.
la masa solar tuviese la misma densidad que la
terrestre ? En este caso el calor del Sol sería
quatro veces m ayor; esto e s, sería ta l, que
los hombres no podrían vivir en estío. E l
Señor que crió el Sol para servicio del géne­
ro humano , le dio tal densidad , tanta masa
y tal distancia , como convenia al fin para que
lo habia criado.
No dexo de advertirte aq u í, Cosmopolita,
que

(1) La masa solar es á la terrestre , como 352,
802 á 1. Newtón (Princip. Mathem. lib. 3. pr.
8. theor. 8. ) la puso como 169,282 á 1 ; y otros
Físicos la ponen como 199,244 á r. ( Compen­
diaría pliysic# institutio , auct. P. Mako é S. I.
Plndobonte , 1762. 8. vol. 2. En la parte í , sec­
ción 6 , capítulo 3 , número 200. )

142
Via ge estático
que aunque el Sol es un cuerpo de materia
ígnea , la qual parece debería ser mas rare­
facta ó menos densa, que la demás materia
planetaria; no obstante , se encuentran algu­
nos planetas, que tienen menor densidad que
el S o l; y lo mas raro es , que los planetas
mas remotos del Sol se creen los menos den­
sos : así Saturno se cree menos denso que los
demás planetas intermedios hasta el S o l, no
Graduación obstante que por su gran frialdad y suma dis­
de la densi­ tancia de la fuente del calor debería ser el
dad de los
mas denso. Esta particularidad debe mirarse
planetas.
como un fenoméno en la física. Newtón (1)
creyó , que los planetas eran tanto mas den­
sos , quanto mas vecinos estaban al S o l; y es­
te sentir entre los Astrónomos modernos es el
mas común: en otra ocasión te haré conocer,
que aún se desean pruebas que verifiquen es­
ta opinión.
La noticia que te acabo de dar del exce­
so que en su masa hace el Sol á la tierra , me
Peso de los da motivo para hablarte sobre la gravedad
cuerpos en
ó peso que tienen los cuerpos en la superficie
la superficie
solar , y sobre la velocidad grande con que
solar.
caerían sobre ella , si se dexasen caer desde una
determinada altura. Uno y otro fenoméno se
determinan fácilmente (según los principios (2)
de
(1) Princip. Mathem. lib. 3. prop. 8. theor.
8. cor. 4.
(2) N ewton, Princip. Mathem. lib. I. prop.
72 ; y lib. 3. prop. 8.

a l mundo Vianet ario.
143
de la atracción) , por la razón que tiene la
masa del Sol (1) con el quadrado de su rayo,
ó distancia hasta su centro. Según estos prin­
cipios , si el diámetro solar fuera igual al ter­
restre , por quanto el Sol tiene trescientas cin­
cuenta y dos mil ochocientas y dos veces mas
E 1 cuerpo
masa que la tierra , se infiere que en dicho que en la
caso un cuerpo que pesa una libra entre los tierra pesa
terrícolas, pesaría 352,802 libras en la super­ una libra, en
ficie solar. Esta diferencia proviene de la ma­ el Sol pesa­
ría mas de
yor atracción solar: porque si un cuerpo que 28 libras.
tiene diez partículas de m asa, atrae como
uno ; otro cuerpo de igual volumen que ten­
ga cien partículas de masa , atraerá diez ve­
ces mas. Mas porque , como te he d ich o, es
necesario para determinar el peso de los cuer­
pos en la superficie de un planeta atender á
la razón que la masa de éste tiene al qua­
drado de su ra y o ; y porque el rayo solar es
ciento y once veces mayor que el terrestre,
un cuerpo que en la tierra pese una libra, pe­
saría veinte y ocho libras (2) y tres onzas y
media en la superficie del Sol. Atendiendo á
la diferencia de masas y rayos en los demás
planetas, se infiere, que el cuerpo que pesá-

( 1 ) E l peso de un cuerpo en la superficie de
un planeta es como la masa dividida por el rayo
del mismo planeta.
(2) Un cuerpo de una libra en la tierra pesa­
ría en el Sol 28 libras , 3 onzas, y 6 décimas par­
tes de onza.

144

Peso de los
cuerpos en
Júpiter, Ve­
nus , Satur­
no, Mercu­
rio y Marte.

Comercio
que harían
entre sí los
planetícolas , si los
planetas es­
tuvieran po­
blados.

Vi age estático

sáse en el Sol veinte y ocho libras y tres on­
zas y inedia , pesaría solamente dos libras y
media en Júpiter: una libra y cerca de dos
onzas y media en Venus : en Saturno pesaría
poco mas de una libra: en Mercurio pesaría
nueve onzas y media ; y en Marte pesaría quatro onzas, y dos tercios de onza. Tanta di­
ferencia de pesos se encontraría en un cuer­
po , que en la tierra pesáse una libra. Si los
planetas , Cosmopolita , estuvieran poblados,
y se pudiera navegar ó volar desde uno al
otro con mercaderías , sin duda todos los planetícolas vendrían á comerciar en el Sol. Si
hubiera planetícolas comerciantes , todos comerciáran en el globo solar, y ninguno lleva­
ría géneros al globo de Marte. Esto e s , to­
dos querrían traer géneros á los solícolas, y
ninguno querría volver cargado. Los que mas
ganarían en el comercio serían los martícolas,
ó los que cargasen en Marte , porque según
te he dicho , un pedazo de oro que en Marte
pesa quatro onzas y dos tercios de onza, en
el Sol pesaría 28 libras, y tres onzas y me­
dia. En este caso el desgraciado Marte sería
despojado de todo lo bueno que tuviese : pues
que su comercio con el Sol daría de ganancia
mas de setenta y tres por uno. No dudo que
un Holandés al oír esto no dexaría de sentir
vivos impulsos de hacer tal comercio, sin te­
mer el peligro de abrasarse en el S o l, así co­
mo no teme quedar pasmado en los helados
mares del norte , en que su nación hace abun­
dante y útilísima pesca.
Los impulsos que conmoverían é inquieta­
rían

a l mundo V ianet arlo.

145

rían el corazón comerciante del Holandés, se­
rían mas furiosos, si él , reflexionando sobre
Comercio
la propiedad intrínseca luminosa de la masa de diaman­
solar , se figuráse, que con granos ó pedaci- tes solares
que harían
tos de ésta podia formar una nueva especie los
terríco­
de diamantes brillantes , que llevados á la tier­ las si pudie­
ra al mostrarlos, convirtiesen en clarísimo dia ran comer­
la mas obscura noche. Triunfante y ufana en­ ciar en el
traría en los saraos nocturnos la dama terres­ Sol.
tre , que al mostrar un anillo en que estuvie­
se engarzado pequeñísimo pedazo de la masa
solar , obscureciese todas las luces artificiales
con el resplandor solar. Si tanta y de tan la­
mentables conseqüencias es la pasión de los
terrícolas por los diamantes terrestres, cuya
compra les hace precipitar las casas y reynos,
¿quanto mayor y mas funesta sería la que ten­
drían por los diamantes solares ? Respecto de
estos los diamantes terrestres serían carbones.
Un diamante solar sería una piedra, en cuyo Diamantes
fondo estaría siempre el manantial perenne de solares.
la luz mas clara y resplandeciente. Pocos dia­
mantes solares bastarían para que en el orbe
terrestre fuesen inútiles las cererías, y los oli­
vares se mirasen como selvas solamente úti­
les para los que entre los terrícolas viven co­
mo forasteros. Mas dexemos, Cosmopolita,
estas hipotéticas reflexiones, que podrán an­
gustiar el corazón de aquellos terrícolas, que
con su perjudicial comercio en piedras precio­
sas arruinan las familias , y roban á los reynos las riquezas y el fundamento de su sub­
sistencia. ¿ Quién sin verlo pudiera creer que
hoy tal comercio importa mas , que el de toVarie I.
Z
do

146

Viage estático

do lo necesario para la subsistencia de muchas
familias ? Los terrícolas Européos se juzgan los
Irracional mas sabios del orbe terrestre; mas su juicio
comercio de es falso , ó su sabiduría es vana : pues que yo
los terríco­ veo que ellos no saben hacer apenas otro co­
las en pie­ mercio sino el de enriquecer á los Asiáticos , y
dras precio­ empobrecerse á sí mismos, por llevar al Orien­
sas.
te todas sus riquezas en cambio de piedras
que llaman preciosas , y yo llamaré inútiles.
Ellos transportan continuamente de la Améri­
ca sus preciosidades para regalarlas al Asia:
ésta para ellos es su Sol; y América es su
Marte.
Pasemos , Cosmopolita, á considerar é in­
ferir la velocidad y aceleración con que los
cuerpos caerían en la superficie solar. El feVelocidad noméno de esta velocidad resulta de los prin­
de los cuer­ cipios de la atracción ya insinuados; por lo
pos al caer que desde luego se viene en conocimiento de
sobre la su­ que si un cuerpo en un minuto segundo cami­
perficie so­ na quince pies , y una décima parte de pie cer­
lar.
ca de la superficie terrestre , cerca de la solar
caminaría en el mismo tiempo quatrocientos y
veinte y ocho pies , y seis décimas partes de
pie. Esta mayor ligereza de los cuerpos al caer
sobre la superficie solar, proviene de la gran
atracción de su suma masa.
En todo este discurso , Cosmopolita , he
procedido suponiendo en los planetas la atrac­
ción que los terrícolas suponen en toda ma­
teria. No es tiempo aún de exáminar la cer­
tidumbre ó probabilidad de una tal suposi­
ción : en adelante no faltará ocasión de insi­
nuarte las principales pruebas y dificultades
que

al mundo Planetario .

i4 jr
que ocurren sobre la pretendida atracción de
la masa de los planetas : su explicación no ha
sido necesaria para que tú hayas entendido
bien , como creo , lo que tu curiosidad desea
saber, y y o , fundado en la verisimilitud , te
he explicado sobre las calidades y los efec­
tos de la masa solar.
Kircher (i) no debió tenerlos todos pre­
sentes, quando á su viajante Teodidacto hizo
entrar en una barca ligerísima de lino de asbestino (semejante al de amianto), para que sin
peligro de quemarse la barca ( porque era in­
combustible el hilo) pudiese navegar por los
inmensos mares ígneos del Sol. El hilo de asbestino ó el de amianto, por ser incombusti­
bles , no teme la voracidad del fuego ; mas
puede y debe romperse fácilmente en el glo­
bo solar, en que por razón de la densidad
de su masa todo cuerpo pesa 28 veces mas
que en la tierra. Teodidacto en el Sol pesaba
28 veces mas que quando estaba en la tierra:
si en ésta bastaba una barca de hilo fuerte
para sustentar el peso de Teodidacto , en el
Sol se necesitaría una barca de alambre grue­
so. Si el Sol fuera habitado de hombres, es­
tos pesarían aquí mas que estatuas de plomo.
Parece que no se combinarían bien tanta pesadéz en los hombres solares , y tanto calor
como aquí hace. Mas yo inconsiderado ó distraí(1) Kircher en su viage estático, cap. 5. [que
debe ser 4. ) p . 123 .

Z2

148
Viage estático
traído discurro ya de los planetícolas: no es
tiempo aún de hacer este discurso , que ten­
dré preparado para mejor ocasión : por aho­
ra continuemos la contemplación del S o l: su
atmósfera , y las manchas que en él v é s , y
que con horror miraron la primera vez los
terrícolas, llaman y esperan nuestra curiosa
atención.
§. V I I I .
Atmósfera del S o l : sus manchas
y luz zodiacal.
Los anti­
guos juzga­
ron que el
Sol era in­
maculado.

Esde luego que te he nombrado la at­
mósfera solar, no dudo que tú, ¡ó Cos­
mopolita ! si fomentas las preocupaciones vul­
gares , creerás fabuloso tal fenoméno. Nues­
tros antiguos, infiriendo por la hermosura y
claridad de la luz la pureza de su origen ó
fuente, creían constantemente que el Sol era
un cuerpo limpio perfectamente, y ageno de
toda impureza ó mancha : mas los modernos,
que han observado y observan el Sol con vis­
ta mas lince que los antiguos, han descubier­
to, que él no está libre de aquellas señales que
demuestran patentemente á los ojos humanos
su corrupción y fragilidad mortal. Pudieron
los antiguos conjeturar muy bien , que el Sol
estaba rodeado algunas veces de atmosfera, o
que era expuesto á las fatalidades que pa­
dece la tierra ; pues que ellos (1) nos han dexa-

D

(1) Abul-Pharajio, llamado comunmente Abul-

al mundo Vianet ario,
149
xado escrito, que en el año 535 el Sol se man­
tuvo por 14 meses pálido y muy falto de luz:
que en el año de 626 la mitad del disco solar
apareció muy obscurecida desde el mes de O c­
tubre hasta el de Junio; y que en el año de
807 á últimos de Marzo ( 1 ) , se advirtió por 8
dias en el Sol una cosa negra, que algunos
creyeron ser Mercurio que pasaba delante de
él. Estos y otros fenoménos semejantes mere­
cieron sin duda la atención de la antigüedad,
y por esto ella nos los dexó notados ; mas la
vana persuasión de creer al Sol incapaz de la
menor impureza ó mancha , les impidió conje­
turar la verdadera causa de tales fenoménos.
N o podemos negar, que nuestros antiguos fue­
ron particularmente solícitos en observar el
Sol. Según Filostrato los Gimnosofistas de In­
dias lo contemplaban continuamente ; y en la
sola ciudad de Heliópolis sabemos que había
«
tres-

faraje en su Obra: Historia Orientahs sen dynastiarum , authore Gregorio Abul-Pharajio , aralice edita , et latiné -versa ab Eduardo Pocockio. Oxonia, 1672. 4. 'vol. 2. En la dinastía V II.
(vo/. l. p. 94-) habla del deliquio solar por 14
meses. »Los hombres decían , añade , que al Sol
había sucedido algo , que no lo había dexado por
todos los 14 meses.” En la dinastía V III. p. 99.
habla del deliquio solar , que duró desde Octu­
bre hasta Junio.
(1 ) Veanse La-Lande : Astronomie , n. 3128.
K e ill: Introductio ad Astron. lect. 5.

Manchas ó
nubes sola­
res notadas
en la histo­
ria.

Descubri­
miento de
las manchas
solares en el

año i ó11.

150
Via ge estático
trescientos y sesenta y cinco Sacerdotes Egip­
cios destinados al mismo ministerio. A vista de
tantas observaciones y observadores del Sol
parece increíble, que no se advirtiesen alguna
vez en él las manchas que en estos siglos se
ven tan freqüentes y notables. Ahora cierta­
mente no habrá en toda Europa tantos obser­
vadores del S o l, como había en la sola ciu­
dad de Heliopolis; mas aunque no son tantos,
observan con instrumentos linces y descubri­
dores que no conoció la antigüedad , y ob­
servan sin preocupación. Estos dos principios
han servido para conocer que el Sol tiene at­
mósfera y manchas, como cuerpo frágil, que
en sus efectos nos muestra caminar velozmen­
te al término de la mortalidad.
Eos primeros terrícolas que descubrieron
las manchas solares fueron Juan Fabricio, Cristoval Scheiner y el famoso Galileo. Pretendió
éste haber sido su primer descubridor; y por­
que antes que él hubiese publicado sus obser­
vaciones, en Italia se hizo ruidosa la Obra anó­
nima de Scheiner , con el título: Apelles post
tabulam , en que se daba noticia de las man­
chas solares , acusó de plagiario al Autor anó­
nimo de esta Obra. Hevelio (1) y otros Físi­
cos precipitadamente dieron á Galileo la pal­
ma de primer descubridor de las manchas so­
lares. La-Lande en las adiciones que en el 1781
pu-

(1) Joan. He'velii Selenographia. Gedani. 164/.
Jol. Prolegomena , cap. 5•
82.

.

al mundo "Planetario
151
publicó (1) á sus tres tomos de Astronomía,
impresos en el 1775 , quiso juzgar esta causa
ó pleyto : produce los alegados de Fabricio y
G alileo; y resuelve así: »Fabricio (2) firma
con fecha de 13 de Junio de 1611 , la Carta
dedicatoria del librito que en el mismo año
pu-

( 1 ) Astronomie p a r M r . L a -L a n d e , tome IV~.
P a r ís . 1 7 8 1 .4 . Suplement pour le libre X X . §.
3124. p . 714. En la vida de Galileo ( impresa en
el primer tomo de sus Obras de la edición que
se citará después en el §. 10.) á la p. L X . se di­
ce , que en Abril de 1611 Galileo mostró las man­
chas solares en el Jardín Quirinal al Cardenal
Bandini , &c. En la p. L X I . se dice , que en el
16 13 en Roma se publicó la Obra intitulada:
M istorias y demostraciones de las manchas so­
lares , dedicada á Felipe Salviati , en cuyo jar-

din se habían hecho las observaciones.
(2)
D e maculis solaribus tres epístola a d
M arcum Melserum A p ellis post tabulam latentis. Esta O bra, que es la anónima de Scheiner,

con el nombre de Apeles, se publicó en el 1612;
y se halla reimpresa en el segundo tomo de las
Obras de Galileo ( d é la edición citada) desde la
p. 165. En la primera Carta fecha á 12 de N o ­
viembre de 1 61 1 , el Anónimo dice : i>Ante menses
septem , octo circiter ego , un a que mecum amicus
quídam meus. . . Notavim us quasdam in Solé n i gricantes quodam modo maculas. . . Redivimus er go a d hoc negotium mense p retérito Octobris , repenmusque in Solé apparentes maculas

Equivoca­
ciones y de­
cision sobre
los prime­
ros descu­
bridores de
las manchas
solares.

i cj 2
Viage estático
publicó sobre las manchas solares.. . Galileo
en el prefacio á su libro intitulado: Historia,
y demostraciones sobre las manchas solares , pu­
blicado en Roma el 1613, dice : Que en el mes
de Abril de 1611 había mostrado las manchas
solares en Roma á muchas personas en el jar­
dín del Cardenal Bandini, y que algunos me­
ses antes había hablado de ellas á sus ami­
gos en Florencia. Esto (añade La-Lande) cor­
responde casi al principio del 16 11, como tam­
bién á este tiempo pertenecen las observacio­
nes de Fabricio , quando el Anónimo (Schein er), ocultado con el nombre de Apeles, no
cita observaciones sino del mes de Octubre de
1611.” Hasta aquí La-Lande, cuya última
proposición parece no ser verdadera ; pues que
al principio de la Obra , publicada con el nom­
bre de Apeles, el Autor dice: Que siete ú ocho
meses (1) antes del dia 12 de Noviembre de
1611 (en que firma su primera Carta) había

( 1 ) En el citado tomo segundo de las Obras
de Galileo desde la p. 85. núm. 93. se pone la
Obra citada por La-Lande , é intitulada : H is ­
toria e demostrazioni intorno alle macchie solari'.
no tiene el prefacio que cita La-Lande : mas G a ­
lileo en la primera de las Cartas que componen
dicha historia , fecha á 4 de Mayo 1612, dice (p.
86. n. 9 5 ) : »En el año pasado, puntualmente
por este tiempo , hice observar en Roma las man­
chas solares á muchos Prelados y Señores. ’ Insi­
núa que 18 meses antes él las habia observado.

153
observado las manchas solares con un amigo
suyo. El mismo Autor en la magnífica Obra
que con su propio nombre publicó después,
y que La-Lande, Hevelio y otros elogian co­
mo la mas completa sobre la teórica de las
manchas solares, dice , que las habia observa­
do primeramente en Marzo de i ó i i , y des­
pués en O ctubre, y que habia hecho públi­
cas las observaciones de Marzo á sus discípu­
los, y principalmente á Juan Casati , su succesor en la Cátedra de Matemáticas, de que
ha escrito con aplauso. Estas pruebas demues­
tran que Scheiner observó la primera vez las
manchas solares en el mes de Marzo de 1611; y
Galileo , según su propia confesión, hizo en
Roma la observación de las manchas solares en
M ayo ó en Abril. Según la genuína relación,
que de los primeros descubrimientos de las
manchas solares te he hecho, Cosmopolita,
me parece, que á ninguno de los tres preten­
dientes del primer descubrimiento de las man­
chas solares podemos dar la palma sin que és­
ta se convierta en manzana de discordia. Amo
la justicia y la equidad: por lo que contenta­
ré á los tres pretendientes con una decisión no
menos justa que verdadera , diciendo, que todos
tres , sin saber uno de otro , observaron las
manchas solares en los primeros meses (1) del
a l mundo V ianet ario,

( i) El libro ó quaderno de Fabricio se publi­
có con el siguiente título : Joannis F'abricii Phrysii de maculis in Sole observatis. Vitterberg
1611. tiene solamente 43 páginas.
Parte I,
Aa

Épocas de
las primeras
observacio­
nes de las
manchas so­
lares.

1 54

Scheiner,
insigne ob­
servador de
las manchas
solares.

El descubri­
miento de
las manchas
solares fu­
nesto al peripatetísmo.

Via ge estático

1611 : ninguno de los tres fué plagiario, que
vilmente se atribuyese el descubrimiento del
otro ; y Scheiner fué el que nos dexó la mas
completa teórica de las manchas (com o dice
La-Lande ( i ) ), en cuya observación Scheiner,
dice Hevelio (2), hombre incomparable y de
toda erudición , llevó la palma sobre todos. A
la verdad , basta dar una ojeada á la magní­
fica y laboriosa Obra que Scheiner publicó
con el título de Rosa Ursina (3), para cono­
cer que este Autor casi agotó con millares de
observaciones todo quanto se puede inferir de
la existencia de las manchas solares, y de
sus fenoménos.
El descubrimiento de éstas no te parezca,
Cosmopolita , cosa indiferente : fué de las ma­
yores conseqüencias en la Filosofía ; pues que
¿lió al Filósofo peripatético el golpe mas fatal
que habia recibido desde que defendía su doc­
trina. Preveyeron los Jesuítas esta fatal épo­
ca , y las funestas guerras con que les amena­
zaría el peripatetísmo , y por evitar estos al-

(1 ) La-Lande: Astronomía , n. 3125.
(2) Hevelio citado : Proleg. cap.
p. 82.
(3) Rosa Ursina , sive Sol, a Christophoro
Scheiner e S. I. Bracciani. 1630. fol. En el pri­
mer capítulo de esta Obra Scheiner refiere la pu­
blicación de su primer descubrimiento de las man­
chas solares, v responde á las pretensiones de Galileo , que trataba de plagiario al Autor del li­
bro Apelles post tabulam.

al mundo Vianet ario.
15 5
borotos filosóficos , como Scheiner (1) insinúa,
los Superiores no le permitieron publicar en
su nombre el descubrimiento de las manchas
solares. Los Jesuítas ya desde el 1584 habían
proyectado desterrar de la Teología el peripatetísmo que ilegítimamente se había introdu­
cido en tiempo de la ignorancia; y á este efec­
to en Roma juntaron seis insignes Teólogos,
que examinasen y madurasen este proyecto,
y lo publicaron en un tomito (2), imprimien­
do solamente 80 exemplares. E l temor páni­
co
(1)
En la citada Obra Rosa Ursina , a l
cap. 2. p . 6. Scheiner hablando de las Cartas que
sobre las manchas solares escribió en 1611 á Mar­
cos Velser , y se publicaron en el 1612 , con el
nombre A pelles post tabulam , dice : »Sed cum
res h*c non tantum n o v a , et d ìfjìc ilis , verum
etiam in philosophicis opinionibus , in multis dis­
sentanea animadverteretur. . . Censuerunt Supe­
riores mei procedendum esse caute , et pedetim ,
doñee fuenomenon ipsa aliorum quoque experien tia accedente corroboraretur , ñeque a tritis philosophorum sèmitis sine evidentia contraria f a c i­
le recedendum : ñeque observata mea in epistolis
ad U eserum destinatis meo nomine edenda

(a) D el proyecto de los Jesuítas en el 1684
doy noticia mas individual en el libro I V de la
Historia de la Vida del Hombre , tratando del
estudio práctico de la Teología. Esta Historia se
envió á Madrid en el 1789 para que se impri­
miese.

Aa 2

Cautela de
los Jesuítas
contra la
guerra de
los peripa­
téticos.

156

Viage estático

co que el jesuitismo tenia del mundo peripa­
tético , no permitió la efectuación del proyec­
to , y el tomito en que éste se contenia quedó
como memoria de los buenos deseos , ó co­
mo oprobio de los Jesuítas. Este último títu­
El descubri­ lo le dan los Teólogos peripatéticos. Escar­
miento de
mentados los Jesuítas de este caso, previeron no
las manchas
solares hizo convenir para su paz con el descubrimiento de
conocer la las manchas solares, hecho por un Jesuíta; pues
natural cor­ que daba fundamentos para demostrar la ac­
ruptibili­
tual corruptibilidad de los Cielos , contra el
dad de los
dogma sagrado de los peripatéticos que los
Cielos.
suponían incorruptibles. Las manchas solares
han hecho conocer la corruptibilidad del Sol,
y que es mortal todo cuerpo terrestre ó ce­
leste. Esta verdad , Cosmopolita , ha sido ma­
nantial abundante y perenne de otras innume­
rables verdades, entre las que es principalísi­
ma la de demostrarse una misma mortal natu­
raleza en todo lo visible , é inferirse necesa­
riamente que su Supremo Hacedor es el que
únicamente en sí tiene la inmortalidad. Des­
pués de haberse publicado el descubrimiento
de las manchas solares , y las conseqüencias
que filosóficamente de él se infieren , ningún
peripatético ha viajado por estas regiones ce­
lestiales, temiendo quizá ser burlado, ó á em­
pellones precipitado á la tierra.
Has oído, Cosmopolita, la historia del
descubrimiento de las manchas solares ; oye
ahora las circunstancias notables que en ellas
han observado los Astrónomos para ilustrar
la física celeste: te las referiré consultando mas
á la Historia que á nuestra vista , pues que las
man-

al mundo "Planetario.
manchas solares no aparecen siempre; y no­
sotros puntualmente hemos venido al Sol en
tiempo en que tiene no pocas : parece que el
Sol quiere enlutarse en el presente año 17 9 1,
pues que hasta 20 de Abril que contamos hoy,
en casi todos los dias del año se han visto
manchas solares. » E l Jesuíta Scheiner (se lee
en la óptica de Smith ( 1 ) ) , en su libro intitu­
lado Rosa Ursina , dice , que en él se contie­
nen casi dos mil observaciones de manchas
solares , hechas en el espacio de veinte años,
en cuyo tiempo llegó á ver de una vez mas
de 50 manchas ; pero en los veinte años succesivos , esto e s, desde el 1650 hasta el 1670,
apenas se vió una mancha , como se nota (2)
en las Transacciones filosóficas.” Hé aquí, Cos­
mopolita , una prueba práctica de la variable
inconstancia de las manchas solares. Estas yá
aparecen y ya desaparecen momentáneamen­
te ; ó duran horas , dias y meses : crecen , men­
guan : desaparecen totalmente, y luego en su
lugar suelen aparecer otras de nuevo. Su gran­
deza es muy vária. En el año de 1 61 2 (3) se
vió una mancha solar , que á los terrícolas pa­
reció ocupar ó tener un minuto de grado; y
con(1) Cours complet. d? optique de Robert Smith
traduit p a r le P . Pezenas. Avignon , 1767. 4.
vol. 2. En el vol. 1. lib. 7. cap. 1. n. 1042.
(2) Transact, philosophie, r1. y 5.
(3) Smith citado : E n su curso de optica , vol.
1. lib. 4. cap. 1. n. 1048.

Inconstancia en la
aparición y
duración de
las manchas
solares.
Mancha so­
lar de 8ççç
leguas de
largo.

Las man­
chas solares
se ven dar
una vuelta
en 25 dias
y 14 horas.

Descubri­
miento de
la rotación
del Sol.

158
Via ge estático
consiguientemente sería tres veces mas larga
que el diámetro terrestre ; esto es , tendría á
lo menos 8595 leguas de largo. Otras man­
chas (1) se han visto millares de veces ma­
yores que el orbe terrestre. Los terrícolas no
han advertido ó distinguido distancia sensible
entre el Sol y sus manchas : notaron desde el
principio, que éstas describían un mismo giro
al rededor del S o l, dando una vuelta en 25
dias (2) y 14 horas ; y de este movimiento cir­
cular Scheiner infirió el del Sol sobre su exe
ó su rotación , con cuya noticia , al publicar­
se entre los terrícolas , G a lileo , y los demás
seqüaces de Copérnico que ponian al Sol en
eterna quietud , quedaron un poco yertos, te­
miendo que se inquietáse el reposo del Sol.
Las manchas solares en su revolución están
por mas tiempo (3) (esto es , tres dias) ocul­
tas , que visibles.
Descubierta la rotación del Sol sobre su
exe por medio de las manchas solares , se co­
nocieron la dirección de sus polos , su eqüador
(1 ) Mako citado : Physica , pars i . n. 1S3.
(2) Las manchas solares desde la tierra se ven
hacer una revolución en 27 dias , 12 horas y 20
minutos. Dice La-Lande ( Astron. n. 3 16 0 .), y
respecto de un punto fíxo , la revolución de las
manchas se hace en 25 dias, 14 horas y 8 mi­
nutos.
( 3 ) Véase prop. 10. del lib. 3. de los Comen­
tarios de Le-Seur y Jacquier sobre Newtón.

al mundo Vianetaño.

159

dor y sobre todo su movimiento. Mas de es­
tos fenoménos te hablaré después : por aho­
ra debo concluir el asunto de las manchas
solares (1), sobre cuya naturaleza han pensa­
do discordemente los Físicos. Algunos al prin­
cipio decían , que ellas eran cuerpos sólidos
ó planetas que giraban al rededor del Sol. Un Naturaleza
Físico, creyéndolas tales , las llamó estrellas de las man­
Borbonas ; y otro las llamó estrellas Austría­ chas sola­
cas. Esta opinión repugna á la observación; res.
porque no se pueden componer bien las apa­
riciones y desapariciones tan freqüentes de
Opiniones
dichas manchas , con la solidéz de los cuer­
várias.
pos planetarios que siempre debian girar , ver­
se en todos tiempos , y hacer sus revolucio­
nes en el mismo interválo de tiempo. Otros
Físicos dicen , que las manchas son ciertas
eminencias de masa sólida y opaca en el Sol,
la qual con el lluxo y refluxo de la materia
ígnea , que es líquida, aparece obscura. Si es­
ta opinión fuera verdadera , era necesario con­
ceder que en el Sol habia nadando masas sóli( 1 ) Las manchas solares , advirtió Scheiner en
su Rosa Ursina p. 568. no se ven á mayor dis­
tancia del eqíiador , que á la de 30 grados. En el
J u lio del 1780 La-Lande vió una mancha solar á
la latitud de 40 grados en el disco solar ( véase
La-Lande : Astronom ie, tome quatrieme. P a rts.
178 1 , en el n. 3 1 3 1 . ^ . 7 1 9 ) . Messier , dice LaL a n d e , publicará muchas observaciones sobre las
manchas solares.

160
Causa de
las manchas
solares.

Luz zodia­
cal : su des­
cripción.

Viage estático

lidas mucho mayores que la tierra. Yo me in­
clino á conjeturar , que en el cuerpo solar ha­
ya alguna escoria ó masa , que sea menos pu­
ra , y mas densa que la ígnea; mas no cree­
ré fácilmente que las grandísimas manchas que
en él se suelen ver, sean todas una escoria.
Siendo constante que el Sol es corruptible, co­
mo nos lo demuestran sus efectos , no hay di­
ficultad en concebir que en fuerza de la ac­
tividad de su fuego se levanten vapores ó hu­
mo ó espuma , como al rededor de la tierra
por causa del calor y de la fermentación de
los huidos se levantan nubes. Esta opinión, que
es conforme al pensar de algunos Físicos , ha­
ce entender muy bien todos los fenoménos que
se advierten en las manchas solares , y que
son tales , quales aparecerían las manchas de
las nubes y vapores terrestres á uno que des­
de la Luna observáse la tierra. Esta conje­
tura , según mi parecer, se confirma mucho
con el fenoméno nuevamente descubierto, que
los Físicos llaman luz zodiacal.
Esta luz es una claridad ó blancura se­
mejante á la que en el Cielo se observa en la
faxa lucida , llamada Via ladea ( el vulgo Es pañol la llama carrera de San-Tiago ) , y en
las colas de los cometas. Aparece dicha luz
en ciertos tiempos, y siempre se dexa ver den­
tro del zodiaco , por lo que tiene el nombre
de zodiacal. Su figura es como la de un huso
ó pirámide , cuya basa se apoya sobre el Sol,
y desde éste se alarga ácia Oriente ú Occi­
dente por el orizonte. El resplandor de esta
pirámide no es tan grande que se dexe ver á

.

al mundo "Planetario
161
la presencia ó vista del Sol ; pero es tan no­
table, que se observa por la noche antes de sa­
lir el Sol, y después de haberse puesto. Lo
largo de la pirámide desde el S o l, en que es­
tá la basa , hasta su punta, suele ser muy và­
rio. Esta largura ó altura de la pirámide se
ha observado algunas veces de cien grados,
de ciento y tre« ; y Pingré la vio de ciento y
veinte grados (i) en la zona tórrida. En ésta,
según La-Caille (2), suele verse perpendicu­
lar , constante y regular la dicha pirámide, y
su luz parece mayor. El ángulo que en la pun­
ta de la pirámide forman las lineas exteriores
de luz , suele ser de veinte y.un grados; y lo
largo ó ancho con que la pirámide aparece
en el orizonte , suele ser entre ocho y trein­
ta grados. Esta es la explicación descriptiva
de la luz zodiacal y de sus efectos ; según los
quales se infiere, que lo ancho de la pirámide
de la luz zodiacal en su basa llega á ser de
quince millones de leguas, y lo largo llega á
ser de sesenta y un millones de leguas.
Siendo tan visibles los efectos de la luz zo­
diacal , causa admiración el grande silencio de
la antigüedad sobre un fenoméno tan extraor­
dinario. Hasta el año de 1683, en 4 ue l°s As­
trónomos pensaron seriamente en su observa­
ción , solamente encontramos quatro Autores,
que hablaron de la luz zodiacal. El primero
fué

(1) La Lande : Astronomie , n. 847.
(2) La Lande : Astronomie , «.846.
Parte I.
Bb

Figura de
la luz zo­
diacal.

La luz zo­
diacal llega
á tener 61
millones de
largo.

Autores an­
tiguos que
hablan déla
luz zodia­
cal.

IÓ2
Via ge estático
fué Nicéforo, que refiriendo las calamidades
sucedidas después de la presa de Roma por
Alaríco , dice (r) : »Sucedió también eclipse
solar tan grande, que las estrellas se veían á
medio dia. . . Al tiempo del eclipse en el Cie­
lo apareció un resplandor con figura de cono:
algunos ignorantes dixeron que era cometa y
estrella crínita : nada de lo que se vió en es­
te resplandor fué semejante á lo que se vé en
el cometa. El resplandor no se convirtió en
cola de com eta, ni en figura de estrella ; mas
era una llama , como de lámpara , que por sí
misma se veía existir, ni sus rayos eran de
estrella. Varió en su movimiento, pues que
por el Oriente equinocial el resplandor empe­
zó á moverse ácia la última estrella de la co­
la de la U rsa, dirigiéndose ácia Occidente.
Duró quatro meses, desde la mitad del estío
hasta fin de Octubre.” La descripción de es­
te fenoméno visto al principio del siglo quin­
to , conviene perfectamente con la que hoy
hacen de la luz zodiacal los Astrónomos. En
el año de 1461 se observó otra luz zodiacal,
que el poéta Pontano describe fingiendo en el
Cielo las pirámides de Egipto (2). En el año
______________________________ ig6o
(1) 'Nicephori Callisti Ecclesiasticoe historia
libri X V I I I . gr. aclat. interprete Frontone Duc¿¡eo S. I. Lutetice Parisior. 1630. Jol. vol. 2. En
el vol. 2. lib. 13. cap. 36. p. 425.
(2) Dictionaire physique par Mr. Y abbé Paulian Jesuite. Avignon , 1761. 4. vol. 3. En el ar­
tículo lumier zodiacale.

al mundo Vianetario,

163

1560 se vio otra vez la luz zod iacal, de que
da razón Childei al fin de su Historia natural
de Inglaterra; y Chardin habla de una luz
zo d iaca l, que se vio en Ispaan en Marzo de
1668.
Estas son , Cosm opolita, las pocas é indi*
gestas noticias, que la antigüedad nos ha dexado sobre la luz zodiacal. E l descubrimien­
to de ésta se debe fixar en el año de 1683,
desde el qual los Astrónomos empezaron á ob­
servarla con toda exáctitud. En este año Juan
Cassini dirigió á los Sabios en el Diario (1) ó
Jornal del año de 1683 el aviso siguiente:
«Una luz semejante á la que se ve en la V ialactea , pero mas clara y resplandeciente por
el medio, y menos luciente por las extremi­
dades , se echa de ver en los signos del zo­
diaco , que el Sol debe recorrer en esta pri­
mavera.” En el año siguiente N o é l, navegando
á las Indias Orientales , hizo reflexión sobre la
luz zodiacal, d é l a que habla así: «En el (2)
1684 navegando yo á la India , cerca del eqiiador,
(1)
Acta eruditorum anni 1683. H psia
1683. 4. p. 274. En esta Obra se traslada el avi­
so que Cassini publicó en el Diario de París del
año 1683.
(2) Observationes Matliematica et physica in

India facta a Francisco Noél S. I. ad anno
1684. ad an. 1708. Praga 1710. 4. cap. 9. §. 2.
p. 130.
Bb 2

Descubri­
miento de la
luz zodia­
cal.

164
V i age estático
dor , en que el Sol al ponerse en una hora y
12 minutos camina ó hace 18 grados baxo del
orizonte, observé , que mas de dos horas des­
pués de haberse puesto el Sol se veía una luz
de crepúsculo claro , ó por mejor d ecir, co­
mo la de la Via-lactea , ó como la de una co­
la grande de cometa ; la luz cerca del orizon­
te tenia la anchura de 15 grados, y con fi­
gura piramidal se levantaba sobre él hasta la
altura de 70 grados ; y ya de 60, ó de 50, ó
de 40, & c. grados , según que el Sol se ahon­
daba mas baxo del orizonte. Esto mismo ob­
servé después en el dicho año, y en el siguien­
te , estando en nuestro Colegio de Rachol,
cerca de Goa , vi la luz muchas horas antes
de salir el S ol, y después de puesto; y la mis­
ma volví á ver en los años siguientes en Macao y en la China. La luz dura tres y quatro horas, según la vária latitud de los países
en que he estado.” Noél conjeturó que la di­
cha luz podía provenir de vapores ó par­
tes iluminadas que el Sol despedia. El Jesuí­
ta Le-Comte (1 ) , en Siam y en la China ob­
servó muchas veces la dicha luz zodiacal des­
de el 1685 hasta el de 1694, y le dió el nom­
bre de 'vara.
Te he hecho hasta a q u í, Cosmopolita,
breve relación, pero bastantemente clara de
la luz zod iacal, de las noticias que de ella
nos
(1)

Paulian : JDictionaire , lugar citado.

a l mundo Planetario.

nos ha dexado la antigüedad, y del tiempo
en que se debe fixar la época de su verdade­
ro descubrimiento y exácta observación : pa­
so ahora á exáminar la causa de un tal fenoméno.
Las manchas del Sol son prueba clara de
ser heterogénea su masa ; y el movimiento de
ellas nos hace conocer claramente la rotación
del mismo Sol. En esta suposición , yo dis­
curro así. El Sol, que consta de materia flui­
da y heterogénea, rodando sobre su exe (co­
mo lo demuestra el movimiento de sus man­
ch as), hace que su materia ó masa conciba
fuerza centrífuga; pues que ésta es efecto na­
tural de la rotación. La fuerza centrífuga de­
bía trastornar el justo equilibrio , si el cuer­
po solar con la rotación no adquiriese la fi­
gura de esfera algo chata ácia sus polos; mas
el cuerpo solar por dicha rotación adquiere
tal figura, como la adquieren todos los cuer­
pos esféricos con dicho movimiento, según
las constantes experiencias de la física. Ad­
quiriendo el Sol la dicha figura de esferoide
algo chata ácia sus polos, necesariamente la
masa se amontona ó levanta en su eqüador,
y se da principio á la disipación de las partecillas sutilísimas, las quales quanto mas de­
licadas , tanto mas se van levantando sobre
el eqüador, y forman la basa de la pirámide
luminosa , que los terrícolas llaman luz zodia­
cal. Estas partecillas , por su sutileza, elasti­
cidad y otros accidentes, se van alexando ó
prolongando sobre el eqüador solar ácia uno y
otro lado por tanto espacio, que refrangiendo-

Causa de la
luz zodiacal
según los
principios
de la física
moderna.

166
V i age estático
dose(i) la luz solar , la envian ácia la tierra,
y causan el resplandor que tantas veces se ha­
ce visible en todo el orbe terráqueo.
Este discurso, ¡ó Cosmopolita! te pare­
cerá no menos probable, que natural; pues que
se funda en hechos ciertos de una parte , y de
otra en suposiciones y en semejanzas; esto es,
se funda en la rotación visible del S o l, en los
efectos naturales que resultan de la rotación
de un cuerpo esférico , en la figura de la luz
zodiacal , en su situación , y en la semejan­
za de estos fenoménos con otros , que en di­
versas especies de experiencias presenta la fí­
sica. Esto mismo me hace advertir, que ta­
Dificultades les fenoménos y conseqiiencias tan naturales,
sobre el mo­
no convienen con el movimiento de rotación
vimiento de
que
rotación de
la tierra.

( i ) Las dos puntas de la pirámide de la luz
zodiacal, que se ven á uno y otro lado sobre el
eqüador solar , distan algunas veces tanto , que
la razón de sus exeses como siete á uno; ó á lo
menos como cinco á uno. Esta gran separación
no puede ser efecto de la fuerza centrífuga so­
la. En el fluido homogéneo , que siga las leyes
de la gravedad , no puede la tuerza centrífuga,
como nota Alako citado, p. 1 4 1. ( Physica pars
1. sect. . cap. 1. ) causar en los exes mayor ra­
zón de tres á dos; por tanto , es necesario recur­
rir á la elasticidad , densidad de este fluido , va­
por ó humo , ú otras causas , para que una de
las exes de las pirámides se prolongue por tan­
ta extensión , como se vé en la luz zodiacal.

6

a l mundo Planetario .
167
que se quiere suponer en nuestra tierra. Si és­
ta tiene el movimiento de rotación , sus nu­
bes y atmósfera deberían levantarse princi­
palmente sobre el eqiiador, y deberían tener
la figura piramidal: lo que ciertamente no se
advierte en dichas nubes. Los Astrónomos pre­
sentemente suponen en la tierra el movimien­
to de rotación ; porque éste se advierte en
los demás planetas: y no reflexionan en la di­
versidad de efectos , que dicho movimiento
causa en las atmósferas solar y terrestre. Cau­
sas semejantes deben producir efectos seme­
jantes ; y efectos desemejantes prueban diver­
sidad de causas. No se me diga aquí, que la
fuerza de la luz solar perturba la figura pira­
midal que debían tener las nubes terrestres;
porque la dicha luz no puede imprimir tanta
fuerza en éstas, como la que en ellas impri­
miría la rotación terrestre. Añádese á esto,
que si de la rotación de los planetas , según los
principios de física , se infiere probablemente
la de la tierra , también se debería inferir la
de los cometas. Si estos, pues, tienen movi­
miento de rotación, ¿por qué en su atmósfe­
ra no se advierten los mismos efectos que en
la luz piramidal del Sol? Es cierto que los
cometas llamados Caudatos arrastran colas pi­
ramidales ; mas la situación de éstas nos dice
claramente que ella proviene no de la rota­
ción de los cometas, sino de la manera, con
que la hieren el calor y la luz solar, como
prueba Newtón. ¿Y qué dirémos de los co­
metas , que están por todas partes rodeados
de vaporosa atmósfera , y se llaman crínitos ?
Es-

1 68

TIage estático

Estos no nos dan prueba alguna de rotación
en la figura de su atmósfera.
Yo he querido, Cosmopolita, hacerte es­
tas breves reflexiones, para que desde luego
empieces á dudar de un principio , que hoy en
la física suponen los Astrónomos, queriendo
sujetar á unas mismas leyes todo lo visible. El
principio es hermoso , y se verifica en muchas
cosas ; ¿ mas por esto podremos decir que se
Misterioso verifica en todas ? Yo no quiero responder á
obrar de la esta pregunta : mas sin responder propongo es­
naturaliza. ta reflexión. Para estender las leyes de la na­
turaleza por todo lo visible, suponiendo que
sucede en un planeta lo que advertimos en la
tierra, que de él dista millones de leguas, no
hay tanto motivo , como para estenderlas de
un miembro del cuerpo humano á otro miem­
bro del mismo cuerpo. Antes bien diré ; pa­
rece evidente , que debemos conjeturar que su­
ceden en todos los miembros humanos aque­
llos efectos que vemos y conocemos en algu­
nos de ellos , y que juzgamos ser naturales.
Según este principio, que en la física se cree
axioma, ¿quién viendo crecer naturalmente
con la edad todos los miembros y partes del
cuerpo humano , creerá, que en éste hay cier­
Observa­ tas partes, las quales siempre se mantienen
ción sobre la en un mismo sér y estado, como sí no estu­
diversidad vieran sujetas á las mismas leyes de la natu­
que en el
crecer tie­ raleza ? Estas partes se hallan en el cuerpo,
nen los mi­ y son los cinco huesecicos que se hallan en la
embros del maravillosa fábrica del oído humano. Dígan­
cuerpo hu­ me ahora los Físicos , ¿ por qué estos huesos,
mano.
que participan de la nutrición corporal, co­
mo

al mundo Vianetario.

169

mo todos los demás, no observan las leyes de
la naturaleza que se advierten en estos? ¿Qué
razón se encuentra en la física para dar so­
lución á tal fenoméno? Si es evidente y evi­
dentísimo , como ellos dicen , que las leyes de
la naturaleza son inalterables, aunque haya
diferencia de tiempos y de lugares, ¿ por qué
dentro del cuerpo humano hallamos falso tal
axioma ? Lo hallamos falso no solamente en
el caso propuesto de los huesecillos del labe­
rinto del oído , sino también en várias partes
orgánicas del cuerpo. Quando yo considero el
feto humano en el primer momento de su for­
mación , considero en él la misma figura hu­
mana que tiene quando es grande. Mas en los
nueve meses que está en el útero materno, veo,
que los órganos de la cabeza crecen mucho
mas rápidamente que los demás del cuerpo.
Inversión
Sale el feto á la luz pública, y luego se in­ en el modo
vierte el modo de obrar de la naturaleza; pues de obrar de
que naciendo el infante con la cabeza gran­ la naturale­
de , ó desproporcionada á la grandeza de su za.
cuerpo, se advierte , que los órganos de aque­
lla crecen mas lentamente que las otras par­
tes del cuerpo. Los ojos en el infante se dexan ver casi como los tiene quando es gran­
de. Los huesecillos del laberinto del oído que­
dan siempre en un mismo estado , como se ha
dicho. ¿Quién no,admira aquí una inversión
de leyes de naturaleza , y un obrar contrario
en ésta ? Antes la naturaleza obraba pródiga­
mente en ciertas partes del cuerpo , y ahora
( sin saberse por qué , ni cómo) obra al con­
trario. Es necesario, Cosmopolita , reconocer
Parte I.
Ce
y

Obstáculo
que á nues­
tro conoci­
miento opo­
ne la natu­
raleza.

i? o
Via ge estático
y confesar , que en la contemplación de la na­
turaleza hay dos obstáculos invisibles , que á
nuestra vista mental impiden penetrar hasta
sus ocultos senos. Un obstáculo es la limita­
ción de nuestro conocimiento; y otro es la ig­
norancia que tenemos de la calidad y ampli­
tud de las leyes prescritas á la naturaleza
por el Supremo Hacedor. Con hacerte pre­
sentes estos obstáculos no pretendo que for­
mes juicio erróneo de la naturaleza , persua­
diéndote , que ella en algunos casos, como
en los de los exemplos alegados , obra con­
tra sus leyés , ú variándolas: nada de esto su­
cede ; y nada de esto debes juzgar. La natu­
raleza obra siempre según las mismas leyes,
quando Dios, como Autor sobrenatural, no le
dé otras ; mas obrando ella según las mismas
leyes , oculta á nuestra vista ocular y mental
las causas que la obligan á producir efectos
desemejantes ó contrarios.
Esta reflexión fomentada en mi espíritu (si
te he de descubrir sinceramente , Cosmopoli­
ta , los afectos que lo combaten en lo mas in­
terior ) , ha hecho brotar en él continuas des­
confianzas de poder conseguir perfectamente
el conocimiento de la física celeste, por me­
dio de los principios que hallo establecidos co­
mo dogmas en la física terrestre; y las des­
confianzas son en mí un perenne manantial de
dudas, aun sobre lo que los Astrónomos su­
ponen ya como indubitable en la física celes­
te. Según este espíritu desconfiado y dudoso,
yo te he insinuado algunas veces mi modo de
pensar} mas por no confundir tu mente, si es
no-

a l mundo Planetario.

i? i

novicia en la física; ó por no escandalizarla,
si en ella está instruido, en mis discursos he
querido paliar mis verdaderas ideas: no te he
dicho jamás la mentira , cuyo solo nombre me
da horror; pero tampoco te he descubierto
siempre la verdad , por los motivos insinua­
dos. Mas ya es necesario que yo empiece á des­
cubrírtela claramente , para no hacer traycion
á la confianza con que á mi instrucción te aban­
donas , y á la obligación que yo tengo de dartela. Si tú te abandonas á mi dirección , y yo
acepto tu abandono, por todo derecho natu­
ral estoy obligado á dirigirte como pide la
razón , y según lo que ésta me dicta ser lo
mas verdadero, ó menos inverisímil. Así pro­
curaré proceder en adelante, no ocultándote
ninguna de las dudas que racionalmente se me
ocurran ; aunque sean sobre los que en la físi­
ca de los terrícolas se llaman principios sa­
crosantos. Y para poner desde luego en prác­
tica este buen propósito, concluiré el discur­
so de las manchas solares, y de la luz zo­
diacal proponiéndote las siguientes dudas.
En la exposición que te he hecho , Cos­
mopolita, de la naturaleza y formación de las Se vuelve á
manchas solares, y de la luz zodiacal , yo te exáminar la
formación
he propuesto lo que según el presente pensar de la luz zo­
de los Físicos me parece menos inverisímil: diacal.
¿ mas por esto creeremos , que en la menor in­
verisimilitud no se embeben dificultades que
tíos hagan temer su falsedad ? Suponese la ro­
tación del Sol como cosa cierta : supongamosla también nosotros; y después se afirma ó in­
fiere , como por necesaria conseqüencia , que
Ce 2
sa-

Viage estático
salen ó se despegan del Sol las partecillas que
forman la luz zodiacal. ¿ Cómo es posible que
estas partecillas se escapen resistiendo á la in­
mensa atracción del cuerpo solar , que llama
y atrae á sí cuerpos planetarios, que la tier­
ra , y mas distantes del S o l, que ésta ? ¿ A
dónde por millones de leguas van estas fugi­
tivas y descaminadas partecillas que resisten
y se burlan de la inmensa atracción solar ?
¿Por ventura ellas huirán del Sol, atraídas por
los planetas que le están mas cercanos ? Si así
fuese , estos planetas ladrones deberían esca­
parse también , y romper la cadena de escla­
vitud que los esclaviza y sujeta á la tiránica
atracción del cuerpo solar. Asimismo en tal
caso las partecillas lucidas atraídas de los
planetas cercanos deberían caer en estos} y
después deberían abandonarlos por razón de
la atracción de otros planetas ó cometas. Ja­
más se hará fácilmente creíble , que un cuer­
po de inmensa fuerza en el atraer , como es
el solar, se muestre inerte con las partecillas
que se suponen fugitivas de la masa solar , y
que ellas descaminadas por un inmenso va­
cío giren y se unan, huyendo siempre del
Sol.
Cosmopolita m ió, yo conjeturo, que la
r p f r a r r i o n _ r.nvas leves no convienen con las
1?2

Si la figura
de la luz zo­
diacal es
verdadera u
óptica.

qui-

a l mundo Planetario.

1^ 3

quizá la figura piramidal sea juego de la re­
fracción ; ó del fuego natural que esparcido
por todo espacio, se hace visible ó invisible,
según el vario impulso que en el fluido lucido
y etéreo hace inquieta y ardiente la materia
solar. No delira el que conjetura , que en los
espacios en que falta el ayre , hay fluido lu­
cido y fogoso; pues que lo hay en todas par­
tes , y el fuego ocupa el vacío que dexa el ay­
re. ’En el vacío de la máquina (1) pneumática
en quatro minutos se derrite un pedazo de yelo que descubierto al ayre libre tarda seis
minutos y medio en derretirse. El yelo con el
gran peso de la atmósfera , y por la restre­
gadura de los átomos de ella debía derretirse
rnas presto , que en el vacío pneumático ; y su­
cede lo contrario, porque, entre otras causas,
á este efecto concurre la de pasar el fuego
elemental á ocupar el vacío dexado por el ay­
re ; así como éste ocupa los vacíos que le dexan otros cuerpos mas pesados. Según esta
máxima que parece ser conforme á la expe­
riencia , se podrá conjeturar, que en los espa­
cios etéreos, en que hay suma rarefacción de
ay^

( 1 ) Tibault en 17^1 refirió á la Real Aca­
demia de las Ciencias de París , que el mercurio
subía sensiblemente en los barómetros sellados, po­
niendo sus globos en el vacío pneumático. Esta
experiencia es algo análoga en sus efectos á la del
yelo puesto en el vacío. Véase Paulian citado,
en el artículo barometre.

Conjetura
sobre la for­
mación de
la luz zo­
diacal.

i? 4

Viage estático

ayre, se halla abundantísima materia de luz
ó de fuego, la qual agitada por várias par­
tes , y puesta en gran movimiento , aparece
mas ó menos resplandeciente , como se ve en
la luz zodiacal y en las auroras boreales , las
quales , respecto de los habitadores que hubie­
ra en la L una, serían como la luz zodiacal,
respecto de los terrícolas.
Conjetura
Las manchas solares pueden ser efecto de
sobre la for­
la
materia
ígnea mas ó menos densa, que en
mación de
las manchas el Sol por determinados tiempos fermente pe­
riódicamente : pues que todas las fermentacio­
solares.
nes que conocemos en el m ar, en la atmós^
fera terrestre, y aun en los cuerpos humanos,
son periódicas. Fermentaciones periódicas son
en los mares el fluxo y refiuxo de sus aguas;
en la atmósfera las lluvias, y el curso de los
vientos ; y en el cuerpo humano las calentu-^
ras. Mas basta ya lo que he discurrido so­
bre la luz zodiacal, y sobre las manchas del
Sol: hay en éste otros fenoménos , que llaman
nuestra atención ; y porque temo haber sido
pesado en el discurso que acabo de hacer,
quiero ahora hablarte, Cosmopolita, de un
fenoméno
que despierte vivamente tu curio­
Movimien­
sidad
:
estiende
las alas de ésta para oírlo. Te
to ó quietud
quiero hablar del movimiento del Sol; qiiesdel Sol.
tion no menos célebre, que fecunda de gran­
Sus conse- des y famosas conseqiiencias. Si el Sol se mue­
ve , Cosmopolita , la tierra está eternamente
quencias.
quieta : si el Sol no se mueve , la tierra está
en perpetuo movimiento. ¿Te parecen de poco
momento estas conseqiiencias, sobre que entre
los terrícolas han guerreado los sabios y los
ig-

a l mundo "Planetario.
1^5
ignorantes, los seglares y los eclesiásticos ? Yo
dexaré en silencio la Historia de estas guer­
ras que nada me agradan, porque en ellas
ha habido partidos de entusiasmo astronómi­
co, y de entusiasmo religioso. La Religión san­
ta no entra en tales guerras humanas: ella es
divina que enseña y manda á los hombres
hacer escala de todo lo criado para subir á
su Criador ; y por esta escala solamente su­
ben los que como á tal lo reconocen y sirven,
creyendo á su revelación, y executando fiel­
mente sus preceptos. Según esta máxima de­
bes interpretar , Cosmopolita , la breve intro­
ducción que voy á hacerte , para exáminar los
fundamentos en que estriban los que suponen
el movimiento del Sol.

§. I X.
M ovim iento del Sol,

Os siglos há que este movimiento es ob­
jeto casi continuo de la observación cu­
riosa de los Astrónomos, de las ideas siste­
máticas de los Físicos, y de las altercaciones Guerras sis­
temáticas
de estos y de los Astrónomos con los Teólo­ sobre
el mo­
gos. En este gran pleyto físico-teológico , co­ vimiento
mo parte interesada , ha querido entrar tam­ del Sol.
bién el vulgo de los terrícolas, previendo, que
no se negaría al Sol el movimiento sin quitar
á su orbe terrestre la inmemorial quietud, de
que estaba en pacífica posesión , según la co­
mún opinión , y que no podría perder sin de­
trimento de su grandeza y dignidad. El vul­
go

D

i? 6

Viage estático

go de los terrícolas, fomentando el manantial
de soberbia , que siempre se oculta en el fon­
do de su corazón , juzga que de quantos obje­
tos se presentan á su vista en el mundo , no hay
ninguno comparable con su tierra en la gran­
deza y dignidad , y no sabe concebir cómo
estas dos imaginadas excelencias de la tierra
sean compatibles con el movimiento de ella.
No pensó así Arquímedes, á cuyo corage la
grandeza de la tierra no pareció ta l, que por
su peso llegase á resistir á las máquinas que
Máquina ca- podia inventar el ingenio humano para mover
páz de mo-. el orbe terrestre , en caso que fuera de él hu­
ver el orbe
biera punto de apoyo en que se les pudiese
terrestre.
hacer estribar. Casati (i) se atrevió á verifi­
car prácticamente el atrevido pensamiento de
Arquímedes, proponiendo y demostrando la
invención de una simple máquina, con que se
pudiese mover un cuerpo de 3.000,000,000,000,
000,000,000,000 libras; péso, que según los cál­
culos que Casati formó sobre las observacio­
nes astronómicas de su tiempo , excedia al de
el orbe terrestre; y según las modernas ob­
servaciones que pongo al principio de mi His­
toria física de la tierra , no llega á igualar el
pe( 1 ) Terra machinis mota authore Paulo Ca~
sato S. I. Romee 1658. 4. disput. 2. n. 30. p. 40.
En

16$$ Casati

publicó su primer pensamien­

to sobre la máquina que pudiese mover la tier­
ra. Véase su Obra : Terra machinis mota. Ro­
mee 1655. 4.

al mundo Planetario.

177

peso de ésta, que en dicha Historia establez­
co de 4.429,673,686,590,000,000,000,000 libras.
Esta diferencia de peso poco importa. Casati
pone en su máquina veinte y quatro exes : añadele , Cosmopolita , otros dos exes con sus res­
pectivos peritroquios, y tendrás una máquina
que pueda mover fácilmente un cuerpo del
peso que yo supongo en la tierra. Y esto bas­
te para confundir la soberbia de los terríco­
las , que juzgan inmovible su tierra por razón
de su imaginaria inmensidad. A la dignidad
suma que los terrícolas dan á su tierra , no
se opone su movimiento , según los modernos
Astrónomos ; porque ilegítimamente se pre­
tenderá que la tierra tenga la eterna quietud
que no se concede á ninguno de los planetas,
aunque entre estos hay algunos superiores á
la tierra en la grandeza , que es la calidad ex­
terior que los hace mas respetables en el or­
den natural. Mas vana ó neciamente los ter­
El movi­
rícolas pretenden desterrar del orbe terrestre miento es
su movimiento , siendo éste el alma del mun­ alma del
do material que con él vive, y morirá , quan- mundo ma­
do revueltos fundamentalmente sus quicios, y terial.
desecho su mecanismo se reduzca á la nada
de que salió, ó sirva de material para el nue­
vo Cielo (1) y la nueva tierra que aparece____ __________________________ rán
(1)
2. D . Petri. 3. 12. Expectantes et pro­
p er antes in adventum D om ini, per quem cocli a rdentes solventur , et elementa ignis ardore tabescent. Novos -vero calos , et navam terram secundum promissa ipsius expectamus.

Parte I.

Dd

1^8
Viage estático
rán en el momento en que acabando la serie
de los siglos todo tiempo será inmensurable y
eterno. La muerte, de que es capáz lo mate­
rial , es la que únicamente roba su movimien­
t o , y lo reduce á eterna quietud , ó al centro
de la nada , de que el querer del Supremo
Hacedor lo sacó. Según esta máxima has de
ju zgar, Cosmopolita , del principio y fin de
todo lo visible; y según ella yo te comunica­
ré , con la cordial sinceridad que me caracte­
riza , y se debe á tu bondad y amable com­
pañía , mi modo de pensar ó de dudar sobre
el movimiento del Sol.
Hasta el principio del siglo XVI reynaba
pacíficamente entre los terrícolas la común
opinión , que suponía en el Sol aquel movi­
miento , que parece hacerse claramente visi­
ble á quien por algún tiempo lo mira. Es cier­
to que en la antigüedad no faltaron algunos
sabios que juzgaron ser ilusorio el aparente
Ideas de los movimiento del S o l, y que la ilusión prove­
antiguos so­ nia del movimiento de la tierra. Filolao , Fi­
bre el movi­ lósofo pitagórico, fué, según Plutarco, el pri­
miento del mero que, trasladando á la tierra el movi­
Sol.
miento que todos atribuían al Sol, afirmó, que
éste estaba en quietud. Diógenes Laercio en
la vida de Filolao, dice, que unos atribuían
á Filolao y otros á N¡cetas la opinión del mo­
vimiento de la tierra y de la quietud del Sol.
El vulgo repugnó siempre á tal opinión que
contradecía á lo que aparece á la vista ; y los
sabios no la aceptaron ó la despreciaron, has­
ta que en el año de 1507 Copérnico procuró
verificarla con observaciones astronómicas , é
in-

La quietud
es la muerte
del mundo
material.

al mundo Planetario .
iy<)
ingeniosas reilexíones que publicó, y desde el
primer momento de la publicación de las ideas
copemicanas la dicha opinión empezó á ser re*
cibida no sin aplauso por la novedad de las
pruebas con que se pretendía verificar; y en
los tiempos succesivos á su favor se declara­
ron muchos Astrónomos , que con observacio­
nes continuas pretendieron confirmarla. En cir­
cunstancias , en que la opinión copernicana
conquistaba continuamente Académias de pro­
tectores , Scheinér al descubrir las manchas
solares advirtió su giro al rededor del S o l,é
infirió el movimiento que de rotación éste de­
bía tener sobre su exe. Este descubrimiento
dió aliento y placer sumo á los anticopernicanos que sin turbación no oían hablar de
la quietud del Sol. A éste , pues, que se que­
ría poner en suma quietud ó reposo, debióla
Astronomía física conceder algún movimien­
to ; mas siendo éste solamente de rotación so­
bre su exe , los Astrónomos copernicanos con­
tinuaron en defender la quietud del Sol en un
determinado sitio , del qual no se debía apar­
tar , aunque en él estuviese siempre dando
vueltas sobre su exe. No quiero , Cosmopoli­
ta , tratar ahora si el Sol está siempre ó no
en un mismo sitio: de esta duda discurriré
después, y por ahora expondré los resultados
del movimiento de rotación del S o l, que hoy
se supone innegable.
Las manchas, pues, que se advierten en el
cuerpo solar , nos han hecho conocer ó infe­
rir que el Sol se mueve sobre su exe : quánto tiempo tarda en cada rotación ; ácia qué
Dd 2
par-

Época céle­
bre en la
qüestion del
movimiento
del Sol.

La rotación
del Sol se
infiere del
movimiento
de sus man­
chas.

180
F ia ge estático
parte se hace ésta ; y ácia dónde miran los po­
los del globo solar. En orden al tiempo que
las manchas solares gastan en cada revolu­
ción, se observa, que él es de veinte y siete
dias, doce horas y veinte minutos. Esta re­
volución conviene mucho con la de los meses
lunares ( i) ; si las manchas fueran constantes,
y siempre visibles á la simple vista , podían
servir de regla para dividir el año en una es­
pecie de meses algo semejantes á los lunares;
mas las manchas solares no se ven con la sim­
ple vista, ni suelen durar mas de tres ó quatro meses.
Te he señalado el tiempo de cada revolu­
ción de las manchas solares , como aparece á
la vista de los terrícolas , y sin considerar el
movimiento que hoy los Astrónomos suponen
en la tierra. Si ésta se mueve , para determi­
nar el tiempo verdadero de cada revolución
de las manchas, es necesario calcularlo con re­
lación á un punto fixo ó inmoble. Cassini hi­
zo este cálculo, y halló, que la revolución
de dichas manchas observadas desde un pun­
to inmoble del Cielo se vería hacer en vein­
te y cinco dias, catorce horas y ocho minu­
tos. Han advertido también los Astrónomos,
que en la revolución de las manchas solares
están ellas ocultas mas tiempo, del que se dexan
v e r: la diferencia suele ser notable , pues que
lie—
(i) La revolución sinódica de la Luna es de
27 dias , 7 horas y 43 minutos.

al mundo Planetario.
181
llega á ser de tres dias (i). Si el Sol es per­
fectamente esférico , y si sus manchas se mue­
ven con movimiento uniforme , era necesario
que en una revolución se dexasen ver á los
terrícolas tanto tiempo , quanto estaban ocul­
tas ; mas sucediendo la notabilísima diferen­
cia , ya dicha , de tres dias , no sabremos de­
terminar , si ella consista en no ser perfecta­
mente esférica la figura solar , ó en que la ro­
tación del Sol no es uniforme. A cada paso
encontramos , Cosmopolita, dificultades nue­
vas en el obrar de la naturaleza. ¿ Quién po­
drá señalar fácilmente la causa física de la di­
ferencia de dias que hay en ocultarse y dexarse ver las manchas solares ? ¿ Podrémos
decir , que ella consista en la diversa densi­
dad del cuerpo solar, así como tal diversi­
dad , según algunos Físicos, hace que en el
emisferio boreal de la tierra se dexe ver el
Sol

( i ) Un Autor hace la siguiente reflexión. Sien­
do la diferencia de tres dias en cada rotación solar,
tocan 18 horas á cada qiiadrante : en este tiempo
las manchas solares corren io grados al rededor
del S o l: el seno verso de los io grados son quin­
ce milésimas de radio : de donde el semidiámetro
del Sol es al semidiámetro del círculo descrito
por las manchas , como 17 á 20 ; y las manchas
solares distarán del Sol quince semidiámetros ter­
restres. Véase N ew ton , Princ. M athem. lib. 3.
fro p . 10. cum commentar. P P . La-Stfur , et Jacquier.

Fenómeno
que se ad­
vierte en el
movimiento
de las man­
chas sola­

res.

182
Viage estático
Sol por mas tiempo que en el austral ? Preveo
que á algunos Físicos podrá no desagradar es­
te ofrecimiento m ió; pero al mismo tiempo
conozco y confieso, que él se ha fraguado en
la oficina de las ideas arbitrarias.
¿Y qué dirémos del fin que pudo tenerla
providencia del Supremo Hacedor en conce­
Fin físico der al Sol el movimiento de rotación? Este
de la rota­
lo dan ó suponen los Astrónomos en la tierra
ción del Sol.
para componer la diferencia de los dias y de
las noches ; mas en el S o l, en donde siempre
hay perpetuo dia , y en donde no hay habi­
tadores que necesiten tal diferencia, ¿de qué
puede servir el movimiento de rotación ? Se­
rá, me podrán decir algunos Físicos, para que
se mantengan inflamadas las partecillas sola­
res de fuego ó luz. Según esto, si el Sol cesára de rodar ó de dar vueltas , quedaría lue­
go como un tizón apagado , y todos quedaría­
mos á obscuras. No temamos tanto mal de
una noche eterna faltando al Sol el movimien­
to de rotación; pues que sin tal movimiento
se concibe bien , que pueda continuar su ilu­
minación. Supongamos con la común opinión
de los Físicos , que la materia ígnea no mues­
tra su lu z , sino quando experimenta alguna
agitación ó movimiento , no por esto deberémos decir , que la materia del Sol no alum­
brará , si el Sol no tiene movimiento de ro­
tación ; pues que su materia podrá alumbrar,
si en ella se causa alguna agitación ó fermen­
tación. É sta , que se halla continuamente en
los cuerpos terrestres, y es efecto de su lucha,
podrá y deberá hallarse también en el cuer­
po

.
183
po solar, cuyas manchas nos hacen conjetu­
al mundo Planetario

rar prudentemente que en él hay mezcla de
masas ó líquidos heterogéneos. Parece , pues,
que la rotación del Sol no se necesita para que
su materia se mantenga luminosa. Se necesi­
tará para otros fines , dicen algunos Físicos,
que no los señalan ; y hacen bien en no que­
rer señalarlos : yo acostumbrado á respetar
ciegamente los fines físicos y morales, que el
Criador tuvo en la formación de las criatu­
ras , seguiré gustoso su exemplo ; y para pro­
poner mis dudas sobre la rotación del cuerpo
solar, solamente me valdré de sus efectos.
Si el movimiento de rotación, que en el Sol
se infiere por la aparente revolución de sus
manchas, fuera verdadero , el globo solar de­
bería verse de figura anaranjada ó chato ácia
los polos , sobre que se hace su rotación. La
razón de esta conseqiiencia se funda en la si­
guiente reflexión. En la física es sagrado el
axioma de deber ser chatos en los polos to­
dos los globos que tienen movimiento de ro­
tación sobre su exe. Según este axioma los
Astrónomos, figurándose que el orbe terrestre
tenia movimiento de rotación , insistían dicien­
do , que la tierra debia ser chata, ó de figu­
ra anaranjada ácia los polos. La ignorancia,
ó la desgracia quiso, que algunos Astrónomos,
investigando la figura de la tierra, según sus
observaciones, hallaron que era de figura de
huevo y no de naranja. Esto es imposible, de­
cían los Astrónomos que creían la rotación de
la tierra. Se volvió otra vez á investigar la
figura de ésta , y se halló (según dicen) anaran-

Figura del
disco solar.

Viage estático
ranjada y no o v a l; esto es , se halló t a l, qual
se inferia del dicho axioma. De éste también
se debe inferir , que es anaranjada y no oval
la figura del cuerpo solar. Anaranjada y no
o v a l, dicen los Físicos modernos , es la figu­
ra del globo solar. Ellos dicen esto ; mas no­
sotros , Cosmopolita, vemos, que aparece per­
fectamente esférica ó redonda la figura del Sol;
y todos los terrícolas dicen , que á ellos el Sol
aparece perfectamente de figura redonda y no
anaranjada. A esta dificultad responden los Fí­
sicos modernos diciendo , que los terrícolas
por su gran distancia hasta el Sol no distin­
guen el aplanamiento en los polos solares. Es­
to deben decir los Físicos para que los ter­
rícolas crean mas al dicho de ellos, que á su
propia vista, á la que el globo solar aparece
perfectamente
esférico. Pero contra este di­
El Sol apa­
cho
de
los
Físicos
modernos yo reflexiono así.
rece á los
El
S
o
l,
aunque
distantísimo
de los terrícolas,
terrícolas
2500 veces les aparece 2500 veces mas grande que el pla­
mayor que neta Júpiter; pues que desde la tierra el diá­
Júpiter.
metro del Sol llega á aparecer de 32 minutos
y medio ; y el de Júpiter aparece de 39 mi­
nutos segundos : no obstante que á los terrí­
colas Júpiter aparece 2500 veces menor que el
Sol , ellos dicen y repiten , que en el globo
de Júpiter es distinguible el aplanamiento ácia
sus polos ; y afirman , que el aplanamiento lle­
ga á ser una décima quarta parte de su diá­
metro ; y de este aplanamiento infieren el mo­
vimiento de rotación en Júpiter. ¿Por qué, pues,
se hace distinguible el aplanamiento en Júpi­
ter , y no en el Sol ? que es 2500 veces ma­
yor
184

al mundo Planetario.
18$
yor que Júpiter? ¿ Y si el aplanamiento en Jú­
piter es prueba de su movimiento , de su ro­
tación , la perfecta esfereidad del Sol proba­
rá que éste no tiene tal movimiento , y que
de éste no proviene la aparente revolución de
las manchas solares ?
Has o íd o , Cosmopolita , mis dudas sobre
el movimiento de rotación del S o l: no quiero
dudar mas de é l : las dudas que te he puesto,
te bastarán para conjeturar las que por no ser
molesto déxo de proponer. Prescindamos aho­
ra de las dudas, y supongamos que el globo
solar da vueltas como una rueda , según la opi­
nión de los modernos. En esta suposición , tú
fácilmente conocerás ácia qué parte del mun­
do se mueve el globo solar, quál sea su eqüador , y dónde están sus polos. Si el Sol en sí
mismo tiene el movimiento que se advierte en
sus manchas, desde luego se infiere , que és­
te es de Occidente á Oriente. Este mismo mo­
Polos del
vimiento nos hace conocer los polos del Sol, disco solar.
que son los dos puntos sobre que él rueda ó
se vuelve. E l círcu lo , que en el globo solar
dista por todas partofí noventa grados de los
dichos polos , se llamará su eqüador. Cons­ Su eqüador
tándonos de la posición de éste , se infiere lue­ es el ángulo
go su inclinación á la eclíptica , la qual incli­ que éste ha­
ce con la
nación es de siete grados y medio. Se duda
eclíptica.
entre los Astrónomos, si esta inclinación es
constante,ó siempre la misma. Sobre este pun­
to , como también sobre la variación que pue­
dan tener los nudos del eqiiador ( nudos se lla ­
man los puntos en que el eqüador corta la eclíp­
tica ) , te podré d ecir, Cosm opolita, con LaParte I.
Ee
Lan-

186

La rotación
del Sol es
compatible
con el estar
ó no estar
siempre el
Sol en un
mismo sitio.

Viage estático

Lande ( i ) , que las observaciones hechas has­
ta el tiempo presente , no dan bastante luz pa­
ra conocer ni determinar la dicha variación
de inclinación del eqüador y de los lugares de
sus nudos (2).
Tenemos ya , Cosm opolita, el Sol no en
quietud , sino en m ovimiento: tenemos cono­
cidos sus polos, su eqiiador , y la inclinación
de éste á la eclíptica. Mas todos estos cono­
cimientos , me d irás, Cosmopolita , no prue­
ban que el Sol desampara su puesto , ó que
se mueve al rededor del orbe terrestre , ni de
ninguno otro planeta ; pues que el movimien­
to , que de rotación sobre su exe se infiere en
el Sol por la observación de sus m anchas, que
se ven girar , es compatible con la quietud del
Sol en un punto del C ie lo , y con su movimien­
to al rededor del orbe terrestre. El S o l, pues,
puede rodar ó voltarse sobre su e x e , ya es­
tando siempre en un mismo sitio (com o una
rueda que vo ltea ) , y ya girando al rededor

(1) La-Lande , Astronomie , n. 3 16 1. 3163«
(2) Cassini comunicó á la Academia de París
en el año de 1675 su método para hallar la revo­
lución del Sol , la situación de sus polos y del
eqiiador , y el movimiento aparente de sus man­
chas. Du-Hamel. H is t. Acad. -pag. 144. Anciens
Mem. t. 10. La Lande prescribe con claridad ( A s ­
tronomie lib. 20. n. 3136 , &c. ) los métodos para
hallar todos los fenómenos que resultan del mo­
vimiento de las manchas solares.

al mundo "Planetario.
18 7
del orbe terrestre; y mi curiosidad desea sa­
ber si el Sol está siempre en un mismo sitio,
sin dar vueltas al rededor de la tierra , y en
qué observaciones y causas físicas se fundan
los Astrónomos que defienden la inmobilidad
del Sol en un determinado sitio del C ielo, y
consiguientemente el continuo movimiento de
la tierra al rededor del mismo Sol.
Con placer he oído, Cosmopolita , las pro­
posiciones que te han inspirado tu curiosidad,
y el lícito y loable deséo de satisfacerla. Has
discurrido bien , diciendo, que del movimien­
to de rotación del Sol no se infiere que éste
gire al rededor de la tierra , ni que esté siem­
pre en un mismo sitio; y concluyes desean­
do oír y entender las observaciones astronó­
micas , y las razones naturales en que se fun­
dan los Astrónomos que defienden estar siem­
pre inmoble el Sol en un mismo sitio, y con­
siguientemente girar la tierra al rededor de
é l , como decía Copérnico , y hoy se supone
en la Astronomía moderna. En ésta, pues, se
afirma, y se pretende probar, que el conjun
to de las observaciones astronómicas conspi­
ra á hacer creíble , que la tierra se mueve al
rededor del S o l, y no éste al rededor de la
tierra ; y que suponiéndose en los Cielos, por
donde giran los planetas, las mismas leyes na­
turales que se observan en el orbe terrestre,
de esta suposición se infiere congruentemente,
que la tierra gira al rededor del Sol. Así los
modernos Astrónomos pretenden probar , que
según sus observaciones , y según las leyes de
la naturaleza, la tierra debe girar al rededor
Ee 2
del

Razones j
observacio­
nes que in­
ducen á su­
poner el mo­
vimiento de
la tierra.

188

Viage estático

del Sol. En las observaciones astronómicas
puede haber alguna equivocación ó ilusión; pe­
ro no en las leyes de la naturaleza que son
siempre invariables y las mismas : por tanto,
si el conocimiento de éstas es cierto , y nos
consta de sus efectos en los Cielos , parece que
no podremos errar en los discursos que sobre
los efectos celestes , y sobre las leyes de la
naturaleza hagamos.
Con estas reflexiones yo sin duda he ex­
citado ó avivado en t í , Cosmopolita , la cu­
riosidad de oír la correspondencia que el sistéma copernicano del movimiento de la tierra
al rededor del Sol pueda tener con las obser­
vaciones astronómicas , y con las leyes de la
naturaleza ; mas de esta correspondencia no
debo aún discurrir, sino en otra ocasión , que
ciertamente será mas oportuna. Yo conozco,
que mis reflexiones han dispertado quizá de­
masiadamente tu curiosidad ; mas no por esto
yo debo satisfacerla ahora. Si esta determi­
nación te desagrada, escúsame , Cosmopolita,
por el justo fin que á ella me obliga , pues que
es el de lograr tu mejor instrucción. Por ra­
zón y genio procuro lisongear siempre , en
quanto es lícito, la inclinación y el gusto de
los que con su compañía me favorecen y hon­
ran : por lo que fácilmente en todos los paí­
ses encuentro abundancia de compañeros; los
quales, porque mi lisonja no traspasa los lí­
mites de la racional y religiosa honradéz, freqüentemente se convierten en amigos. Espero
de tí esta conversión : su primer efecto sea
mostrarme la bondad de contentar ahora tu
- i
cu-

al mundo Vianet arlo.
189
curiosidad mortificada, oyendo sin desagrado
el discurso que te voy á hacer sobre un asun­
to , que aunque al principio te parezca intem­
pestivo , y ageno de las presentes circunstan­
cias , luego que en su conocimiento te Ínternes, lo juzgarás propísimo de ellas , y muy
necesario para tu mejor instrucción , fin de
nuestro viage y objeto de mis mas vivos deseos.
§. X X .

, .

Atracción de toda materia y sus efectos
Invención del sistéma de la atracción apli­
cado á la Astronomía para señalar la cau­
sa del movimiento circular de los astros
por los espacios etéreos.

,

E la atracción te debo hablar Cosmo­
polita : te es notorio su nombre , hoy
famoso entre los terrícolas. En la Física y en
la Astronomía la atracción se juzga tan nece­
saria, como la moneda en el comercio. La atrac­
ción es como una medicina empírica de la na­
turaleza , que concurre para todos sus efectos,
grandes ó pequeños, terrestres ó celestes: ella
es como la piedra filosofal con que se hace el
juego de tantas alteraciones de objetos que se
presentan visibles en el gran teatro del mun­
do sensible. Si la atracción es la moneda, la
medicina empírica, y la piedra filosofal de la
naturaleza sensible en el Cielo y en la tierra,
yo debo explicarte los efectos de esta atrac­
ción , según los modernos , para que entiendas
el

D

La atrac­
ción es hoy
la moneda
del comer­
cio de la fí­
sica terres­
tre con la
celeste.

1 90
Via ge estático
el mecanismo del sistema físico-astronómico
que con ella forman y pretenden demostrar.
Preveo que por haber tú quizá leído algunos
tratados Físicos y Astronómicos , en que la
atracción se halla envuelta y cubierta de cál­
culos geométricos y algebráicos , temerás que
y o , abandonando la simplicidad y claridad
Abuso de con que hasta ahora he procurado instruirte,
los cálculos
confunda tu mente con la algarabía de figuras
en la astro­
nomía y fí­ geométricas, y de letras ó cifras algebráicas.
No temas esta confusión, que no en pocas obras
sica.
matemáticas y aun físicas se halla , por el
abuso que del cálculo hacen sus Autores, los
quales yo comparo á los malos Oradores sa­
grados , que no saben discurrir ni aun de los
puntos doctrinales y mas claros de nuestra
santa Religión, sin engarzar las mas simples
máximas con las mas sutiles especulaciones del
escolasticismo. Este abuso repruebo firmemente,
persuadido á que en la física y aun en la ma­
temática no hay punto, que en un discurso Aca­
démico no se pueda proponer y explicar con
claridad, sin necesidad de mas cálculos que
los que puede formar la mente de quien tiene
alguna instrucción civil. Aun en las matemá­
ticas , las obras que mas abundan en cálculos,
no son hoy las mas plausibles. Newtón los usó
con la mayor economía para proponer y pro­
bar su sistéma mundano de atracción en su cé­
Uso econó­ lebre Obra de los principios matemáticos. Bosmico que
covich , que anheló por ser un segundo New­
del cálculo
han hecho tón , reformando el sistéma de éste , se pro­
ilustres Au. puso descubrir y probar la ley única de la na­
turaleza , con discursos claros y casi desnudos
tores.
/

al mundo V ianet ario.
191
de cálculos: »Mi primer objeto, dice (1) an­
tes de proponer su sistéma , ha sido el decla­
rar todas las cosas sin necesidad de la geome­
tría sublime ó del cálculo. . . El conocimien­
to de las figuras geométricas , de que uso, no
pide el de las geométricas demostraciones, si­
no solamente el de algunos nombres que per­
tenecen á los primeros elementos de geome­
tría.” K eill, La-Caille , La-Lande y otros in­
signes Matemáticos han combinado la mayor
claridad con la mayor moderación en usar el
cálculo. Tenemos, pues, Cosmopolita, exemplos de ilustres Sabios, á quienes en el uso
del cálculo debemos imitar, como nuevos Euclides de estas ciencias. »En la naturaleza, te
diré con M ako(2), no Jiay cosa tan excelen­
te , que con el abuso no se pueda corromper y
echar á perder. No niego que en la explica­
ción geométrica de los fenoménos naturales
hombres Sabios han excedido los justos lími­
tes , prefiriendo á la utilidad de los discípulos
la alabanza de su ingenio sublime.” Esta bre­
ve digresión lie hecho , Cosmopolita , sobre el
uso del cálculo , para que no desconfies de en­
tender sin él los discursos físicos y astronómi­
cos , que oirás en este viage.
_______________________________ Te


(1) Philosophioe naturalis theoria redacta ad
unicam legem virium in natura existentium: auctore Rogerio Jos. Boscovich. Soc. J. Viennee A us­
tria 1758.4. A d Lectorem, p. 1. y 2.
(2) Mako citado : Compendiaría physica institutio , pars 1. prolusio.

jc/2
Vi age estático
* Te he declarado el asunto en que deséo ins­
truirte : te he indicado su importancia , y la
necesidad que tienes de entenderlo: he procu­
rado sembrar en tu espíritu la mejor disposi­
ción para oírlo : me lisongeo de conseguir el
fin y el fruto : seguro de este logro empiezo
á discurrir del asunto propuesto.
Supongamos, Cosmopolita, en un maqui­
nista la rarísima habilidad de saber colocar en
un salón cien estatuas de materia trasparente,
las quales por medio de hilos invisibles cor­
rieran , saltáran , voláran y movieran concer­
tadamente sus brazos , piernas y cuerpos ; y
que tú entrases en el salón al executarse este
mecánico expectáculo. Al verlo , su vista te
agradaría y aun sorprendería ; pero mas que
su vista ocuparían toda tu mente las curiosas
dudas por saber cómo se movian las estatuas,
y quién causaba su continuo y arreglado mo­
vimiento. A estas dudas pretendo yo respon­
der ahora, explicándote el sistéma y los efec­
tos de la atracción , según los modernos. Da
una ojeada , te suplico, por todos los espa­
cios celestes, y mira todos esos inmensos glo­
bos ó astros , que por ellos concertadamen­
te se mueven sin cesar. Basta que les des una
simple ojeada ; pues que su atenta observa­
ción físico-astronómica,que después harás con­
migo , pide mucho tiempo, y ahora no se ne­
cesita para el asunto presente. V e o , me di­
rás, en continuo y concertado movimiento cen­
tenares de astros (llamados planetas y come­
tas por los terrícolas), que girando por los
espacios celestes infunden no sé si veneración,

a l mundo Vianet ario.

193

6 terror por su increíble velocidad, y desme­ Causa físi­
dida grandeza. Y ¿ cómo ó por qué se mueven ca del mo­
de
esos globos de monstruosa grandeza : qual es vimiento
los astros
la causa de su veloz movimiento ? Oye la res­ errantes.
puesta que á esta pregunta dan los modernos
Físico-Astronómicos. El Autor Supremo al for­
mar los globos celestes los arrojó por esos es­
pacios celestes, y la mutua atracción de su
materia hizo que adquiriesen movimiento ca­
si circular, que no teniendo fin , ni principio,
deberá ser perpetuo.
A este asunto , y con alusión á esta res­
puesta de los modernos, te quiero exponer el
modo que de pensar tuvo Galileo ( 1 ) sobre el Explicación
de dicha
movimiento de los astros, antes que aparecie­ causa
según
se entre los terrícolas el sistema de la atrac­ Galileo.
ción. Merece ser referido tal modo , que al­
gunos modernos se han apropiado sin ningún
mérito. Galileo establece esta proposición : »Si
los cuerpos integrales del mundo deben ser
movibles por su naturaleza , es imposible que
sus movimientos sean derechos, ú otros que los
circulares. . . y la razón es , el movimiento
derecho es infinito por su naturaleza , porque
es infinita é ilimitada la linea recta ; mas es
El movi­
imposible que ningún cuerpo movible tenga en miento rec­
sí por su naturaleza principio (ó virtud ) pa­ tilíneo es in­
ra moverse por linea recta, ó moverse ácia finito.
don( 1 ) Opere di Galileo Galilei. Padova 1 74$.
4. voi. 4. En el volumen 4 , diálogo r , (sobre el
movimiento déla tierra) núm. 12. p. 32.
P arte I .
Ff

\

194

V ia ge estático

donde es imposible llegar, no habiendo en ello
ningún término fixo ; y la naturaleza , como
bien dice Aristóteles, no emprende hacer lo
que no puede ser hecho; ni emprende mover­
se ácia donde es imposible llegar. . . Pudiéra­
mos decir con Platón , que los cuerpos mun­
danos después de haber sido fabricados, y to­
talmente establecidos, fueron movidos algún
Explicación
tiempo por su Hacedor con dirección recta, y
de Platón.
que después que llegaron á determinados si­
tios , uno á uno se pusieron en giro , pasando
desde el movimiento recto al circular , en que
se mantuvieron después, y aún se conservan.
Ofrecimiento sublimísimo, y muy digno de
Platón.’’ En estas proposiciones tienes clara­
mente , Cosmopolita, las semillas del mas fa­
moso efecto , que los modernos atribuyen á la
atracción , para señalar en ésta la causa del
movimiento casi circular de los astros.
Te he dado un ensayo de los maravillo­
sos efectos de la atracción, que algunos Filó­
sofos llaman gravedad. Llamala como quie­
ras : sobre el nombre ningún sabio forma du­
das ni disputas; porque es innegable , que los
modernos en los cuerpos llaman atracción lo
Atracción
que los antiguos llamaron gravedad : palabra
y gravedad
son una mis­ que aún se usa. De la atracción ó gravedad
de los cuerpos te debo hablar ya histórica y
ma cosa.
ya científicamente ; y porque la historia me
obliga á remontarme á los siglos anteriores, en
que se usó la palabra gravedad, de esta pa­
labra empezaré á usar , y á su tiempo usaré
de la palabra atracción.
Ser grave un ente material es lo mismo
i que

a l mundo 'Planetario .
195
que darse en dicho ente una causa que le obli­ Qué cosa es
ga á caminar ácia cierto punto ó sitio, que po­ gravedad.
dremos llamar su centro. Así la gravedad de
los cuerpos terrestres es una tendencia de es­
tos ácia el centro de la tierra, ó es una causa
que imprime en ellos la fuerza central ó cen­
trípeta. En virtud de esta fuerza todos los
cuerpos terrestres , que no encuentren algún
impedimento, se ven caer en la tierra.
Entre los antiguos era casi universal per­
suasión que dos cuerpos desiguales en masa
no caían al mismo tiempo desde alturas igua­ Preocupa­
ción de los
les. Epicúro y Lucrecio (1) fueron de contra­ antiguos , y
rio parecer. La persuasión común de los anti­ opinión de
guos pasó de siglo en siglo sin oposición ; y á Epicúro y
la verdad , reynando pacíficamente esta pre­ Lucrecio so­
ocupación entre los Físicos, no se podía dar bre la caída
ningún paso acertado en la física. Se puede de los cuer­
decir , que hasta los años de 1630 la dicha pos.
opinión estaba tan arraygada ó reconocida, co­
mo cierta, que ningún Físico se atrevía á du­
dar , ni aun á exáminar su verdad. Los dos
primeros sabios que hallo haber dudado de tal
fingida verdad, y haber publicado casi al mis­
mo tiempo su falsedad , fueron el célebre G aliléo Galilei , de cuya mecánica el espíritu
animó el sistéma atraccionario de Newtón, co­
mo después se probará ; y el famoso Filósofo

y
( 1)
Omnia quapropter debent per inane quieturn JEque ponderibus non eequis concita ferri. T.
Lucretius c. de Rerum natura , lib. 2. v. 238.

Ff 2

Galileo y
Arriaga se
©ponen á la
preocupa­
ción sobre
la caída de
los cuerpos.

196
V i age estático
y Teólogo Español Rodrigo de Arriaga , cu­
ya Filosofía fué la mas celebrada (1) en Fran­
cia y en Alemania (en que murió el año de
íóó? ) , por gran parte del siglo pasado. E s­
te gran sabio desterró de la Fisosofía no po­
cas preocupaciones. ©No obstante las tinieblas
con que estaba obscurecida la Filosofía, dice
Paulian (2) , el Padre Arriaga propuso sobre
la rarefacción , y sobre la condensación de los
cuerpos un sistèma muy físico.. . . Debemos
tam( 1 ) En la biblioteca jesuítica de Natanael Sotuello , de la que se valió Nicolás Antonio para
formar en la biblioteca Española el elogio de R o ­
drigo de A rriaga, se nota , que su Filosofía se im­
primió , intitulada : Cursus philosophicus. Antuer­
p ia , ex officina Plantiniana 16 3 2 ; y que se reim­
primió en León el 1669. En esta reimpresión se
pone un prólogo añadi'do por Arriaga , en el que
dice , que en 20 años después de la primera im­
presión de su Filosofía , ésta se había reimpreso seis
ó siete veces. En el mismo prólogo añade , que le
habían censurado siete ü ocho opiniones singula­
res contra el común sentir de los Jesuítas , y que
las volvía á defender con licencia de su General
Pablo Oliva. He visto una impresión de la F ilo ­
sofía de Arriaga en París el año de 16 4 7 » y en el
frontispicio se nota que es quarta edición. Parece
ser certísimo que la Filosofía de Arriaga en 20
años se imprimió seis ó siete veces.
(2) Paulian citado, Dictionaire physique , en
el artículo A rria g a .

al mundo Vianet ario.
19 ?
también á Arriaga un descubrimiento que re­
conocemos , como una de las principales prue­
bas del sistéma de la atracción. E l defendió
que todos los cuerpos graves caían con la mis­
ma velocidad sobre la tierra.” Defendió tam­
bién acérrimamente que la gravedad estaba en
los cuerpos graves , y no consistía en acciden­
te alguno. La física y la astronomía estarían
como estatuas inmobles sin dar paso alguno,
si no se hubiera adoptado la verdad de caer
todos los cuerpos con la misma velocidad por
un espacio que no les oponga impedimento al­
guno.
Para que oygas el modo de pensar de Ar­
riaga sobre este punto, é infieras, Cosmopo­
lita , la preocupación falsa que reynaba quando él lo publicó, te lo referiré con sus mis­
mas palabras. Juzgó Arriaga que un tal pun­
to merecía ser exáminado y tratado en qiiestion separada ; y así en la disputa quarta de
la generación , á la sección quinta , propone
en el artículo tercero esta conclusión. »Todos
los cuerpos graves por su naturaleza caen acia
abaxo en un mismo tiempo.” Esta conclusión
parecía tan extravagante quando escribia Ar­
riaga , como ahora parecería la que defendie­
se que el fuego no calienta. En efecto, ha­
ciéndose cargo de esto el A utor, empieza así
su qüestion. »Hasta (1) el dia de hoy es opi­
nión
(1) Cursiis philosojphicus Roderici de A rr ia ­
g a e Soc. I. editio quarta Parish's 1647. fol.
Disj). 4. de gener. krc. sect. 5. sub sect. 3. n. 92.

Opinión de
Arriaga so­
bre la caída
de los cuer­

pos.

19^
V i age estático
nion recibida entre los Filósofos, que los cuer­
pos quanto mas pesados ó graves, baxan mas
presto á la tierra desde una misma altura ; y
el dudar de esto se ha tenido por desatino. . .
Yo he hallado por experiencia que caen en un
mismo tiempo varios cuerpos, no solamente
iguales en la grandeza , y semejantes en su fi­
gura, sino también los que son desemejantes
en la figura , y desiguales en la grandeza. Es­
to lo he experimentado delante de muchos no
una ni dos veces solas, sino muchas. . . ¿Qué
sabio diría esto , si la experiencia y vista no
fueran testigos, sin pasar la nota de ignoran­
te ? Puede ser que esto mismo sucediera en
otras muchas cosas , si las pudiéramos exáminar y probar con la experiencia... Yo juzgo
que la gravedad en los cuerpos tiene dos efec­
tos : el uno es el causar su caída ; y el otro
Efectos de
el causar su impulso. Segun esto juzgo , que
la gravedad
en
orden al efecto de la caída todas las gra­
según A r­
vedades
son iguales entre s í , si caen atrave­
riaga.
sando un cuerpo sumamente leve, que no retar­
de la caída : por esto todos los cuerpos peque­
ños ó grandes , ligeros ó pesados, semejantes
ó desemejantes en la figura, caen en un mismo
tiempo.. . La "azon de este efecto es , por­
que cada partecilla de materia de una piedra
por su gravedad baxa sin tirar de la otra par­
tecilla : de donde resulta , que el mismo efec­
to hace la gravedad de una partecilla , que ha­
ce la de cien partecillas.” Esta opinión (1) confir-

(1)

Cursus Philosophicus Roderici de Arria-

a l mundo "Planetario.
199
firmó Arriaga con nuevas experiencias y ra­
zones en las posteriores ediciones de su Filo­
sofía ; y al mismo tiempo en Italia la promo­
vía (1) Galileo con otras verdades, que des­
cubrió é ilustró, dando golpes mortales á la
física de Aristóteles.
La dicha opinión empezó luego á ser re­
cibida y promovida con aplauso. Para confir­
mar la dicha opinión se debían multiplicar las
mas delicadas experiencias, atendiendo en és­
tas al ayre que aunque cuerpo ligerísimo ,
no obstante retarda tal vez la caída de los
cuerpos. La invención de la máquina, llama­
da pneumática, abrió grande campo para dar
la mayor perfección á las experiencias. Lue­
go que se conoció esta máquina se hicieron
várias experiencias en su vacío dexando caer

ga e S. I. Lugduni 1669. fol. En esta edición au­
mentada por el Autor se trata de la gravedad en
la disp. 4. de elementis , de generatione. Sect. 6.
sub sect. 4. n. 1 1 5. p . 690.
(1) En la vida de Galileo escrita por Vicente
Viviani en el 1654 , é impresa en el primer tomo
de sus Obras de la edición de Pádua citada , á la
p. 63. se dice , que él publicó su diálogo de los sis­
temas tolomáico y copernicano ( ó del movimiento
de la tierra) el año 1632 , me parece que he vis­
to la primera edición del 1630 ; y e n este año de­
bió imprimirse , pues que Galileo acusado á R o­
ma por tal diálogo , llegó á ella el día 10 de F e ­
brero de 1632 , como dice Viviani p. 64.

Idea que de
la atracción
formó G il­
berto en el
lóoo.

200
Viage estático
ú un mismo tiempo un grano de o ro , y una
pluma pequeña; se vió que constantemente
estos cuerpos caían en un mismo tiempo des­
de iguales alturas. Con esta y otras experien­
cias se llegó á conocer, que faltando el im­
pedimento del ayre , todos los cuerpos debían
caer en un mismo tiempo desde igual altura,
y se conjeturó, que la gravedad , ó lo que
causaba la caída de los cuerpos, no estaba
en estos , sino fuera de ellos, ó que no de­
pendía de la grandeza ó pequeñéz de su ma­
teria. Asimismo , viéndose este efecto tan cons­
tante en todos los cuerpos que caían ácia la
tierra , se creyó que su causa fuese también
constante ó una misma ; y que por no ha­
llarse ella en los cuerpos que caían , debería
hallarse en la tierra, á donde todos cayendo
llegaban á un mismo tiempo. En una palabra,
todas estas conjeturas conducían el entendi­
miento á hallar en la tierra una virtud de atrac­
ción , con la que tirados todos los cuerpos vi­
niesen á caer en ella en igual tiempo.
De esta atracción se había conjeturado la
existencia antes que Galileo y Arriaga publi­
casen sus observaciones sobre los efectos de
la gravedad de los cuerpos en su caída. G il­
berto , excelente observador de la naturaleza,
en el 1600 (1) publicó la mejor Obra que has­
ta
(1)
Gulielmi G liberti medici londinensis de
magnete , magneticisque corporibus , et de magno
magnete teli lire physiologia nova. Londini 1600.

4-

al mundo Vianetatio.

209

ta entonces se había escrito sobre la piedra
imán; y en ella se atrevió á querer combinar
el movimiento de todos los planetas, y de la
tierra , como efectos de la virtud magnética.
En fuerza de ésta, dice Gilberto (1), la tier­
ra tiene el movimiento diurno sobre su exe,
y resultan la precesión de los equinocios , y
la anomalía de la obliqiiidad del zodiaco. G il­
berto llegó también á decir, que »siendo el
Sol el actor ó incitador del mundo movible,
y siendo impelidos los demás planetas que estaban situados dentro de la esfera de las fuer­
zas del S o l, cada uno de estos , según sus res­
pectiva« fuerzas , hacía sus revoluciones sobre
sus exes y sus giros circulares.” La nueva Fi­
losofía de Gilberto no halló aceptación entre
sus nacionales Ingleses: Bacon de Verulamio,
que en sus Obras da bien á entender que la
había leído (2), alabó su laboriosidad y dixo,
que
4. Esta Obra se reimprimió con el título siguien­
te : Tractatus , sive physiologia nova de maguete , krc. aucta , et jiguris illustrata opera , et
studio TV'olfangi Lochmans. Sedini 1633. 4. Lochmans dice , que la habia reimpreso porque aun
en Inglaterra habia escasez de exemplares. He
visto la edición de Lochmans , que no le ha aña­
dido sino algunas láminas; y esto es todo el tra­
bajo del aumento de la Obra.
(1 ) Gilberto en su Obra citada é impresa en
Eondres, lib. . cap. . p. 231.
(2) Bacon de Verulamio habla de Gilberto
P a rte I .
G<*
mas

6

6

Causa del
movimiento
de los pla­
netas según
Gilberto.

2io

V i age estático
que no ineptamente Gilberto con la virtud
magnética quería explicar que ningún cuerpo
se movía sino por influxo de partes contiguas
ó cercanas en la esfera de cuya actividad es­
tuviese colocado el cuerpo. Keplero , Astró­
nomo de gran mente, y de fantasía empasta­
da de observaciones astronómicas , pretendió
perfeccionar el sistèma magnético de Gilber­
to , hacerlo parte de la Astronomía física , y
por medio de él explicar la causa de la revo­
lución de los planetas que él suponía hacerse
al rededor del Sol. «E ste, decia Keplero (i),
se­
mas de ocho veces ; y en su Obra intitulada:
F rancisci Baconi Baronis de Verulamio phaenomena Universi , sive historia naturalis , et expe­
rimentan s de ventis. Francof. ad Manum. 1664.
jo l. al fin de dicha Obra , columna 423 , dice:
Certissimum est corpus non nìsi d torpóre p a t i : nec
ullum Jieri motum localem , qui non solicitetur aut
d partibus , vel in continuo , vel in proximo , vel
saitem intra orbem a ctivita tis suae : itaque vires
magnéticas non inscite introduxit Gilbertus. V e ­
rulamio en la Obra : Novum organum scientiarum (de la edición citada) lib. 2. §. 36. col. 372.
habla del sistema de la atracción citando á Gilber­
to , é infiere que por causa de la atracción terres­
tre los cuerpos se atraían por la tierra tanto mas
fuertemente , quanto mas cercanos estaban á ella.
En el §. 46. col. 388. vuelve á hablar de la atrac­
ción ó virtud magnética de la tierra y de la Luna.
(1 ) Astronomia nova car^AoyvTog , sen physi­
ca

a l mundo V ianet año,

211

Causa del
según conjeturas físicas se infiere ser manan­ movimiento
tial del movimiento de los cinco planetas: es de los pla­
muy verisímil, que en el Sol este también el netas según
manantial del movimiento de la tierra, como Keplero.
está el del movimiento de los otros cinco pla­
netas. . . Todo cuerpo , anadia Keplero, es ap­
to para estar inmoble en qualquiera sitio so­
litario , en que se ponga fuera de la esfera de
la virtud de otro cuerpo. La gravedad es una Atracción
calidad corporal recíproca entre los cuerpos, de los cuer­
tendente á su conjunción ( como sucede en la pos según
virtud magnética); y la tierra atrae mucho Keplero.
mas una piedra, que ésta atrae á la tierra. . .
Si dos piedras se colocáran en un sitio sepa­
rado , que estuviera fuera de la esfera de la
actividad de otro cuerpo, las piedras , como
dos imanes se unirían en un mismo sitio , se­
gún la ^proporción de su m ole; esto es, cada
una se acercaría á otra según la grandeza de
su mole. Si la tierra y la Luna por su virtud Atracción
animal, ú otra virtud equivalente no se con­
recíproca
tuvieran en sus órbitas : la tierra por cincuen­ de la tierra
ta y quatro partes de su distancia subiría á la y de la Lu­
Luna ; y ésta por cincuenta y tres partes^ de na según
su distancia baxaría á la tierra , en suposición, Keplero.
que ésta y la Luna fueran de una misma den­
sidad. Si la tierra dexára de atraer á sí sus
aguas, las de los mares se levantarían y corre-

ca coelestis tr a dita commetitariis de motu stelU
M ariis , tlaborata Pragce a Jo. Jíejjlero 1609.
foU en la traducción , número 3. 8.
Gg 2

Via ge estático
rerían ácia la Luna.” Estos claros y funda­
mentales principios del sistèma que hoy se lla­
ma de atracción newtoniana , estableció Ke­
plero en el 1609; mas él no supo reducirlos
á la práctica del cálculo astronómico , que
ciertamente no era difícil á quien habia esta­
blecido las máximas fundamentales de la atrac­
ción newtoniana. Keplero, oncéanos después
que habia publicado sus Comentarios sobre el
planeta Marte ( en los que pone las máxi­
mas referidas ) , escribió ( como él mismo di­
ce ) (1) el segundo tomo de su epítome de Astro212

( 1 ) Epitomes astronomía copernicance authore
Jo. Keplero. Lentiis ad Dannbium 1618. 8. Este
tomo contiene los tres primeros libros del epítome:
el lib. I V . se publicó en la dicha Ciudad el 1622
continuándose la enumeración de las páginas del
tomo primero. A l principio del libro I V . Keplero
en una epístola apologética dice , que once años
antes habia publicado los Comentarios sobre Mar­
te : por lo que debió escribir el libro I V . en el
año 1620, y no en el 16 2 2 , en que falsamente
( quizá por yerro de impresión) se supone pu­
blicado. E l tercer tomo del epítome ( que con­
tiene los libros V . V I . y V I I . ) se publicó en
Francfort el año 1621 , continuándose la enume­
ración de las páginas de los tomos antecedentes;
y en la epístola dedicatoria de dicho tercer tomo
Keplero dice , que un año antes habia publica­
do el lib. I V . , por lo que se infiere que éste se
imprimió en el 1620 , y no en el 16 22.

a l mundo V ianet ario.
213
tronomía, en el que pone su doctrina de la
física celeste ; y desde luego protesta dicien­
do (1): »Que fundaba toda su Astronomía en
las hipótesis de Copérnico sobre el mundo, en
las observaciones de Tico-Brahe, y en la Fi­
losofía magnética del Inglés Guillermo G il—
berto.” Esta Filosofía de que Keplero se ena­
moró demasiadamente, y de que hizo uso prác­
tico para explicar la causa física del movi­
miento de los planetas, impidió, á mi pare­
cer , que él perfeccionáse su sistèma de mu­
tua atracción entre los planetas : no obstante
merece , como confiesa Gregory (2), el elogio
de haber sido el Astrónomo que llegó casi á
tocar la invención de la verdadera física ce­
leste. Esta hubiera aparecido con particular
perfección en tiempo de Keplero, si las máxi­
mas de éste sobre la causa del movimiento de
los astros hubieran encontrado la aprobación
de G alileo, cuyo ingenio é instrucción astro­
nómica eran capaces de nuevas é insignes pro­
ducciones científicas. Mas Galileo por no dar
nuevos motivos de sospechosa adesion al sistè­
ma astronómico de Copérnico , ó por otros fi­
nes particulares , protestó (3) públicamente que
su

(1) En la epístola apologética del tomo se­
gundo , p. 429.
(2) Davidis Gregory Astronomica ■physùce
elementa. Genevca 1726. 4. voi. 2. En el voi. 1.
lib. 1. prop. 70. 12$.
(3) Opere di Galileo Galilei divise in qnatro
to-

214
Via ge estático
su Filosofía era diversísima de la de Keplero;
y que aun sobre el movimiento de los astros
«sobre que uno y otro habían escrito, ape­
nas de cien pensamientos se hallaría uno , en
que los dos' conviniesen/’ Galileo convino con
Keplero en adoptar el sistèma magnético de
Gilberto , de cuya Filosofía en los diálogos
del movimiento de la tierra habla así.
«¿Eres tú (i) uno de los que adoptan la
Filosofía magnética de Guillermo Gilberto ?
Ciertamente lo soy , y me parece tener por
compañeros á todos los que atentamente ha­
brán leído su lib ro, y observado sus expe­
riencias ; y no tendré dificultad en esperar,
que lo que me ha sucedido sobre este asunto,
te pudiera suceder á tí también , si una cu­
riosidad semejante á la mia , y el conocer que
infinitas cosas quedan desconocidas al enten­
dimiento humano, alargasen el freno á tu dis­
curso , librandolo de la esclavitud de éste ó
de aquel Escritor naturalista ; y en tal caso
se ablandasen tu contumacia y la renitencia
de tu mente, de modo que ésta no se nega­
se á oír tal vez voces no oídas jamás. Mas
( permítaseme esta expresión ) la pusilanimidad
de los ingenios vulgares ha llegado á tal pun­
to,

tomi. Padova , 1744.4. En el tomo 2. p. $44.
Lettera al P. Micanzio , // 19 Novembre 1634.
(1) Galileo en el tomo I V . de la edición ci­
tada. Dialoghi : giornata terza , sivt dialogo
terzo , n lim. 393. p. 285.

al mundo Vianetario.

215

to , que no solamente á ciegas ofrecen dones,
y aun tributos de su propio asenso á todo lo
que hayan escrito por Autores , que en la pri­
mera infancia de sus estudios les fueron pro­
puestos con alabanza por sus Maestros: sino
que rehúsan de oír ( no ya de examinar) qualquiera nueva proposición ó problema, aunque
no haya sido confutado , y ni aun exáminado , ni considerado por los dichos Autores : y
uno de tales problemas es el presente , que
se dirige á investigar qual sea la verdade­
ra , propia , primitiva é interna y general
materia, ó substancia de nuestro globo ter­
restre : y aunque ni á Aristóteles , ni á nin­
guno otro antes que á Gilberto se haya ofre­
cido el pensamiento de que dicha materia pue­
da ser magnética ; y aunque tal opinión no se
haya impugnado por Aristóteles, ni por nin­
gún otro, no obstante yo he discurrido con
muchos, que al oír hablar de tal asunto, se
asombran como un caballo; se vuelven atrás,
y huyen no queriendo discurrir de él, como
si fuese quimérico, y quizá el libro de Gil­
berto no hubiera llegado á mis manos, si un
Filósofo peripatético de gran crédito , no me
lo hubiera regalado , y creo que me hizo el
regalo por librar de la peste á su librería.”
Prosigue Galileo elogiando la Filosofía de Gil­
berto , mas sin exáminar la causa física del
movimiento de los astros que en ella se seña­
la. De este exámen Galileo pudo abstenerse
por dos fines: el uno de temor al Tribunal
Romano de la Inquisición , que ya le habia
hecho séria admonición para que no promovie-

216
Via ge estático
viese el sistema del movimiento de la tierra,
que se supone y prueba en la Filosofía de Gil­
berto ; y el otro fin pudo ser por no irritar
contra sí el furor de los Filósofos peripatéti­
cos , que creían próximo á heregía religiosa
todo problema , que se oponía á su Filosofía
peripatética. Mas aunque Galileo no ilustró el
problema de la causa física del movimiento de
los astros , para ilustrarlo descubrió muchas
verdades , que en sus diálogos de mecánica
expone sobre el movimiento de los cuerpos
que caen.
La Filosofía de Gilberto, en orden á la
Opinion de
materia
magnética universal , agradó á Kir­
Kircher so­
cher
,
el
q u al, en la completa Obra que es­
bre la atrac­
cribió sobre la piedra imán (1), estableció que
ción.
en todos los cuerpos había quatro virtudes
magnéticas con que se atraían ó repelían , y
se asemejaban. De esta doctrina de Kircher se
podía y aun debía inferir el sistéma físico de
Keplero , que conjeturaba provenir el movi­
miento de los astros de la gran virtud mag­
nética del Sol : preveyó Kircher esta conseqiiencia , y porque él escribía en Rom a, en
donde el sistéma físico de Keplero y de Gil—
ber( 1 ) Atlianasii K ir cherii S. J . magnes , sive de arte magnetica opuscul. Rom# 1654. fol.
E n e l lib. 3. part. 2. cap. 1. p. 407. El Jesuíta
Grimaldi en su Obra de limine , que se citó antes,
(en el §. 4. ) en la prop. 6. n. 59. p. 73. se incli­
na á creer que el orbe terrestre sea magnético.

al mundo Vianet ario,
2 17
berto se despreciaba como poco religioso, en
su dicha Obrase propuso (1) impugnar el sistéma físico que Keplero se imaginó , figurán­
dose en el Sol una especie de virtud desco­
nocida , ó algo semejante á la magnética, con
la que el mismo Sol diese vueltas sobre su
e x e , é hiciese mover los planetas al rededor
de él. Kircher , después de haber impugnado
el dicho sistéma , para satisfacer á la opinión
recelosa de los que abominaban de él como
irreligioso, lo juzgó digno de exercitar su in­
genio exáminando y probando las siguientes
dudas (2). Primera: De la proporción de la
virtud magnética, con que los planetas se atrae­
rían , según la opinión de Keplero. Segunda:
Que en la hipótesi de la atracción mutua de
los astros por su virtud magnética , y del mo­
vimiento de la tierra atraída por el S o l, su­
cederían ó se verían en éste y en la Luna los
mismos fenoménos, que se observarían en ca­
so de estár inmoble la tierra , y de moverse
el Sol. Tercera: Que es ideable un artificio ó
mecanismo magnético , con que se represente
verificable la hipótesi del movimiento de la
tierra. En esta última duda Kircher propone
el
(1) Kircher en su Obra citada , lib, 3. part.
t . cap. I. sec. 2. p. 392. Antes en la sección pri­
mera habia impugnado el sistéma de Gilberto so­
bre el movimiento de la tierra.
(2) Kircher en la citada sección 2. §. único,
desde la p. 394 hasta la p. 406.
Parte I.
Hh

Cautela de
Kircher en
tratar de la
causa del
movimiento
de los pla­
netas y de
la tierra.

218
V i age estático
el mecanismo práctico del movimiento de la
tierra , y dice así »De las cosas (i) expues­
tas se infiere, que no hay en los planetas nin­
gún movimiento tan intrincado, que no se pue­
da representar con este artificio: lo que gus­
tosamente demostraríamos , si la estrechéz del
tiempo lo permitiese ; mas para el ingenioso
Lector baste haber, propuesto un exemplo prác­
tico.
En lo que hasta aquí te he expuesto , Cos­
mopolita , descubrirás claras semillas de la idea
de la atracción , á que desde el principio del
siglo XVII algunos sabios atribuían ó supo­
nían atribuibles los fenoménos del movimien­
to de los astros, y de la caída de los cuer­
pos sobre la tierra. Ten ahora la bondad ó
paciencia de oír la nueva perfección , que á
dicha idea de la atracción dieron otros sabios
del mismo siglo.
Pedro de Ferm at, insigne Matemático y
Jurisconsulto parlamentario de Tolosa, de quien
en el Jornal de los sabios, á 5 de Febrero de
1665, se anuncia la muerte , diciéndose, que
la mayor parte de su vida había habitado en
París y en Madrid, examinó con el mayor ri­
gor geométrico los antiguos problemas de me­
cánica , y en su exámen entre muchas verda­
des nuevas encontró la siguiente, que referi­
ré con las palabras de Castelli, amigo suyo,
que
(1 ) En la dicha sección , qiiestion 2. teor. 2.
probl. 1. consect. 1. p. 403.

al mundo Vianetario,
219
que dice a sí: »He (1) leído los sutilísimos pen­ Opinión de
samientos del Señor de Fermat sobre el cen­ Fermat so­
bre la gra­
tro de gravedad , y libremente confieso , que
vedad ó
me han parecido excelentes , y dignos de aquel
atracción.
sublime entendimiento. . . Y porque el Señor
de Beaugrand me ha dicho que ha demostra­
do esta proposición ; conviene á saber , que el
mismo grave colocado en diversas distancias
del centro de la tierra pesaba desigualmente;
y que el peso era al peso , como la distancia
á la distancia desde el centro de la tierra; me
apliqué á pensar sobre esto , y me pareció ha­
ber hallado entonces la demostración; mas ha­
biéndoseme opuesto después algunas dificulta­
des , me enfrié en esta especulación : me acuer­
do de que entonces yo también inferí la misma
conseqüencia sacada por de Fermat; esto e s...
Que un grave baxando ácia la tierra va mu­
dando su peso á cada momento.” Fermat co­
municó sus nuevos descubrimientos á varios
Matemáticos , y entre estos á Pascal y á Roberval (que era profesor de matemáticas de
P arís); y en la respuesta de estos dos á Fer­
mat á 16 de Agosto de 1636 se habla así de
las opiniones sobre la causa del peso de los
graves. »La común opinión, dicen (2) Pascal y
_______________________________ Ro(1) Varia opera mathematica D . Petri de
Fermat. Tolos¿e i 6yty.fol.jy. 20$. lettera del sig.
Benedetto Castelli abbate di Ferona.
(2) En la citada Obra de Fermat , lettre de
JVIrs. de P m ch a l, et de Roberval a M . de F er­
mat , p. 124.
Hh 2

220
Opinion de
algunos Fí­
sicos sobre
la atrac­
ción.

Viage estático

R o b e rv a l, e s , que la pesadéz es una calidad
residente en el cuerpo que cae. Otros dicen
que la caída de los cuerpos proviene de la
atracción de otro cuerpo que les hace baxar;
como lo hace la tierra. Hay también otra opi­
nión , no inverisím il, que defiende la atracción
mutua de los cuerpos, causada por una incli­
nación natural que ellos tienen para unirse
juntamente , como se ve claramente en el hier­
ro y en el imán ; de modo , que pudiendo acer­
carse libremente dos cuerpos , el mas atraente hará menos camino. De estas tres causas
posibles de la pesadéz de los cuerpos se in­
fieren conseqiiencias muy diferentes : porque si
la primera es verdadera, la razón natural nos
d icta, que el cuerpo en qualquiera distancia
de la tierra pesará siempre igualmente , tenien­
do siempre en sí y en un mismo grado la mis­
ma calidad que le hace pesar. . . . Si es ver­
dadera la segunda opinión sobre la causa del
peso ó de la caída de los cuerpos , es fácil co­
nocer, que'un cuerpo pesará tanto menos quanto él está mas cercano del centro del cuerpo
atraente.” Fermat, respondiendo á estas y otras
observaciones , que Pascal y Roberval hicieron
sobre sus problemas mecánicos, les dice (i):
»He logrado que me concedáis , que un grave
pesa menos á proporción que mas se acerca

( i) Lettre de M. de Fermat d Mrs. de Pas•(Jial, et Roberval, dn 23. Aoút. 1636. En la ci­
tada Obra de Fermat , p. 131.
v
1

al mundo "Planetario.
221
á su centro , aunque es muy difícil determinar
la diferencia de estos pesos.”
Gregorio Fontana, Matemático de la im­
perial Universidad de Pavía , en su discurso so­
bre la teórica de los péndulos , impreso en Pa­
vía en este año 179 1 , á la p. 16 , dice : » E l fa­
moso Pedro Fermat parece haber sido el pri­
mero que ha defendido, que en los cuerpos
terrestres la gravedad sigue en varios grados
de su intensidad la razón simple de las distan­
cias desde el centro de la tierra : sobre esto
tuvo larga disputa con su docto amigo Roberval. Defendió Viviani esta opinión adoptada
por Borelli en orden á la gravedad del agua,
y confirmada con nuevos argumentos por los
famosos Jesuítas Dechales , Ceva y Saccherio.”
Estas reflexiones que se contienen en las
cartas que Ferm at, Pascal y Roberval se es­
cribieron en el 16 3 6 , prueban, que á mitad
del siglo pasado se empezó á formar concep­
to del sistéma de la atracción , que con sin­
gular ingenio pretendió perfeccionar Borelli en
su teórica de los planetas Medíceos (ó saté­
lites de Júpiter) , publicada en el ióóó. Montucla, en la historia de las matemáticas ( 1 ) , di­
ce así: »Observemos también, que Alfonso Bo­
relli en su teórica de los satélites de Júpiter
se vale de la atracción : yo digo esto, des­
pués
( 1) Histoire des mathématiques -par M r.
Montucla. Paris. 1758. 4. vol. 2. en el volum. 2.
p a rt. 4. lib. 8. §. 1 2 . p . 540.

222
V ìage estatico
pues que lo ha dicho Weidler ; pues que no
me ha sido posible hallar la Obra de Borelli
para verificar esta observación ; mas yo me
inclino á creer lo contrario por lo que se in­
fiere de otra Obra de Borelli en la que no es
nada partidario de la atracción ; mas la des­
echa ( i ) , corno un principio poco conforme
á la buena física. Borelli hubiera mudado muy
Opinion de presto de opinion y de sistéma.,, Esto dice
Borelli so­ Montucla. Yo he leído , Cosmopolita, la Obra
bre la atrac­ de Borelli, que no logró ver Montucla , y en
ción.
ella no sin admiración de su ingenio halló ca­
si todas las semillas del sistèma newtoniano
de la atracción. Borelli se propuso, como Ke­
plero y Newton, descubrir la causa naturai
de los fenoménos de los astros : este fin su­
yo indico en el título de (2) su Obra , so­
bre los satélites de Júpiter, y con muchas
pruebas físicas y geométricas procuró demos( 1 ) Borelli no desecha la atracción en la Obra
que cita Montucla , y se intitula : D e motionibus naturalibus d g ra v ita te pendentibus líber.
Regio Ju lio . 1670. 4. En esta Obra Borelli des­
de el principio supone , que es grave todo cuer­
po terrestre , y supuesta esta gravedad , como
causa cierta , no vuelve á hablar de ella ; mas
solamente de sus efectos en el movimiento de los
graves en el ayre , agua , &c.
(2) Theoricee Mediceorum planetarum ex cau­
sis physicis deducttf d Jo a n . Alphonso Borellio.
F lo r e n ti# , 1666.

al mundo Vianet ario.
223
mostrarlo mecánicamente en ella. Sería lar­
go , y aun prolixo mi discurso, si yo te hu­
biera de referir todas las proposiciones , prue­
bas y reflexiones , que Borelli pone en di­
cha Obra para establecer su sistéma astronómico-físico de la atracción. Evitaré la prolixidad , indicándote sus principales ideas. Bo­
relli , en el capítulo primero de su Obra,
establece, como Newtón, la simplicidad (1)
de
(1) Porque docilmente se encuentra la Obra
de B o r e lli, notaré sus mismas expresiones. Cap.
i . p. 3. dice : Ex hoc primo principio , ac axiomate deduci potest naturarti scilicet ad omnia
sua muñera obeunda simplicissima semper, facilii­
ma q ti e media adhibere , tandemque earn varietate non delectari , diversisque rationibus ope­
randi , verìzm constanti semper perseverantia iisdem organis u t i , ac instrumentis , eademque me­
todo, cum eftéctus inter se similes operatur. Hujus rei innumera propè dixerim exempla suppeterent. . . . Statuendum profecto videtur talium
errantium syderum { planet arum ) motus juxta
universalem , communemque omnibus regulam
absolví , quando certum , ratumque est, ut ostendimus , non variis naturam organis , sed iisdem similes effectus, functionesque perficere , et
operan. Id autem necessarium tantum videtur,
quo ad generaba quídam spectat symptomata,
non vero quo ad peculiares mensuras hujusmodi motuum , atque rationum operandi : verum
h#c iliis convenire sufficiat. Quod nunc majori
evi*

224
Via ge estático
de la naturaleza en obrar ; y que todos los
planetas se mueven en virtud de una misma
y común ley , sucediendo en ellos lo que se
advierte en los animales , plantas , & c. en que
son unas mismas las leyes de la naturaleza.
En el capítulo segundo establece ser mani­
fiesto , que cada planeta primario ó secunda­
rio rodea algún globo mundano, como á fuen­
te de su virtud , el qual globo mundano de
tal modo retiene y une los planetas , que es­
tos sean inseparables de é l , y con revolucio­
nes circulares lo deban seguir á qualquiera par­
te adonde vaya.” En los demás capítulos, has­
ta el nono, Borelli considera la teórica de los
satélites de Júpiter : en el capítulo décimo in­
vestiga y prueba ser elíptica la revolución de
los
evidentia confirmabimus , cum ex suis physicis
causis in dictis parvis planetis ( J o v is ) hujusmcdi agendi normas , ac instrumenta necessario reperiri deducemus. Interim nobis satis , superque
sit ex casterorum planetarum analogiis ipsos collegisse , inter quos , et medicea sydera esse debet nil discriminis. E n estas expresiones se leen
las tres reglas de Jilosofar , que New ton pone a l
principio del libro 3 de su Filosofía n a tu r a l, en el
que tra ta del sistèma del mundo. Después de di­
chas reglas Newton propone los fenómenos de los
satélites de Júpiter ; y sobre la fuerza centrípe­
ta de ellos establece la primera proposición de
dicho libro. Newton no pudo imitar tanto d B o ­
relli sin haber leído su Obra.

al mundo V ianet arlo.
225
los planetas ; y en el capítulo undécimo ex­
plica largamente , y prueba la causa física del
movimiento elíptico de los planetas, y de su
mayor ó menor aceleración en determinados
puntos de su órbita ó carrera elíptica. Refie­
re tres opiniones sobre la dicha causa física,
y adopta la que defiende la atracción , según
la qual explica el movimiento y otros fenoménos de los planetas primarios al rededor del
S o l, y de los planetas secundarios al rededor
de los primarios. Del sistéma de Borelli, en
que se lee (1) la doctrina fundamental del sis-

(1) H ¿ aquí algunas proposiciones de Bore­
lli f que las prueba con demostraciones mecánicas.
E n el capítulo 11 citado , p. 47 , dice : »Supponentes id , quod videtur non posse negari , quod
scilicet planeta quemdam habent naturalem appetitum se uniendi cum mundano globo , quem
circumeunt, quodque revera contendant omni conatu ipsi appropinquare ; planeta? videlicet solí,
Medicea vero sydera Jovi. . . p.
cum videainus cursum cujuslibet planeta? nunquam accelerari , nisi cum soli propinquat ; ac eo magis,
quó magis vicinior fit : contra vero cum remotior
evadit , progrediatur inverso ordine. . . hoc supposito tanquam raro , atque perfecto dici posset,
quod cum sol sit veluti c o r, seu fons vitaüs motricis virtutis planetarum , quó magis ipsi plane­
ta ejusmodi fonti approximanrur , eo majorem
energiam , ac vim ab ipso suscipiant, ac sortiantur majorem virtutem motricem ; ideoque sint
Parte /.
Ii
ap-

226
Vìage estàtico
téma newtoniano , habla claramente Hook sin
nomapta ad percurrenda loca soli propinqua majori
Ímpetu , ac celeritate per proprios orbes , quam.
percurrant loca ab ipso solé magis remota. . . .
p. 6o. His declaratis patet solem esse centrum systematis planetarum , et circa axem proprium ver­
tí , ut ostendunt revolutiones macularum ejus; et
in tali vertigine solari radii ejus efficacissimi poterunt prolecto prensare, et impeliere corpora pla­
netaria. . . p. 63. Nunc superest, ut ostendamus,
quomodo , et qua ratione motiva facultas, qua
in solé , vel in Jo v e reperitur , cum sit perpetuo
ejusdem gradus , et sibi ipsi uniformis , possit tamen modo majorem , modo minorem celeritatem
tribuere eidem planeta; , prout ipse magis , minusve propinquat , vel removetur á solé , vel á
Jo ve . Hoc autem facillimo negotio absolvetur ex
aliquibus principiis mechanicis , qua breviter recensebimus. . . p. 6$. Declarato igitur , quomo­
do planeta; motus in diversis distantiis collocati á
globo mundano, quem circumambit , moveri potest diversis celeritatibns reciprocé proportionalibus ejusdem distantiis , jam superest demonstrandum , quomodo , et qua necessitate planeta se se
admoverint, removentque á globo mundano, quem
circumeunt, &c.” Todas estas proposiciones Borelli demuestra mecánicamente con exemplos p rá c ­
ticos ; y entre estos en la p . 70. pone uno p a r a ex­
p lica r los fenómenos del movimiento que tendría
un cuerpo impelido de dos fu e r z a s , de las que una
siempre uniforme fuese análoga á la de g r a v e ­
dad,

al mundo Planetario .
22y
Sistèma de
nombrarlo, quando dice(:): »Yo explicaré
la atrac­
un sistéma mundano bastante diferente délos
otros sistémas, y que se funda en las tres su­ ción según
Hook.
posiciones siguientes. La primera es, que to­
dos los cuerpos celestes tienen una atracción
ó gravitación, con la que ellos tiran de los
otros cuerpos que están dentro de la esfera de
su actividad. La segunda es , que todos los
cuerpos que han recibido movimiento simple
y derecho , continúan á moverse por linea rec­
ta , hasta que otra fuerza los obligue á des­
cribir el círculo, la elipse ó una curva com­
puesta. La tercera es , que las fuerzas atrac­
tivas son tanto mas poderosas , quanto están
mas cerca de su centro los cuerpos en que
obran. De aquí proviene la proporción , se­
gún

d a d , y la otra disminuyese igualmente. E ste sis­
tema de JBorelli declarado con exemplos mecánicos
es claramente el sistéma mecánico de la a trac­
ción , de que habla Hook. , cuyas palabras se ci­
tarán inmediatamente. H ook disputó con N e w ­
ton ( dice Montucla citado p. 5 4 4 . ) , sobre las le­
yes físico-astronómicas de Keplero antes del 1687,
en que N e w to n publicó su sistéma ; por lo que
éste debió tener noticia del sistéma de Borelli.
( 1 ) Roberto Hook , an attempt. to prove thè
motion o f the carth from observations , pág. 27.
de la edición del 1674. N o he visto esta Obra:
la citan La-Lande ( Astronomie , n. 3380. de don­
de la he copiado ) y Montucla en su Obra citada,
Hb• 8. §. 9. p. 527.

228
Viage estático
gun la qual estas fuerzas obran y se disminuyen
aumentándose la distancia ( del cuerpo al cen­
tro .) Confieso, que no he hallado aún esta
ley ; mas yo la propongo á los que la quie­
ran hallar/'
Te he insinuado, Cosmopolita, las ideas
de los Filósofos y Matemáticos del siglo pa­
sado sobre la atracción de los cuerpos: su re­
lación ha sido prolixa ; y por esto quizá te
habrá provocado al enfado ó disgusto : tu bon­
dad debe excusar el abuso que de tu pacien­
cia he hecho con narración tan larga; que he
creído necesarísima para ilustrar en la histo­
ria literaria un asunto que en ella merece par­
ticular atención. La atracción en la Física y
Astronomía es punto mas general, que la gra­
cia divina en la ciencia teológica ; por lo que
debiendo nosotros hacer continuamente en nues­
tro viage observaciones físicas y astronómicas,
yo debía instruirte fundamentalmente sobre la
historia de la atracción , que merece el pri­
mer lugar en la historia literaria , y en el es­
tudio de la Física y Astronomía. Por esta mis­
ma razón , que bastará para que tengas la bon­
dad de oír sin disgusto otras reflexiones sobre
la atracción , debo continuar mi discurso , ha­
ciéndote conocer que Newtón poquísimo tu­
vo que hacer en dar al sistéma de la atrac­
ción la poquísima perfección que le faltaba,
y que añadida por é l, le ha grangeado una
gloria y fama casi superiores á su mérito.
Para que tú mismo , Cosmopolita , seas
Juez del grado de perfección que Newtón dió
al sistéma , que ya halló casi formado sobre
la

a l mundo Planetario.

229

la atracción de los cuerpos , te reduciré á bre­
ves y claras proposiciones las tres fundamen­
tales máximas del sistéma newtoniano de la
atracción. Hélas aquí. La primera es , que to­
dos los cuerpos se atraen mutuamente. La se­
gunda e s, que la atracción de todos los cuer­
pos es proporcional ó correspondiente á sus
masas ó materias; esto es , dos cuerpos de
igual masa se atraen igualmente ; y si uno de
ellos tiene al doble mas masa que el otro,
atraerá á éste con fuerzas dos veces mayores,
que la fuerza con que de este mismo será atraí­
do. La tercera e s , que la ley de toda atrac­
ción en obrar, es en razón inversa del quadrado de la distancia entre los cuerpos que se
atraen. Por exemplo : supongamos que el cuer­
po A , distando dos leguas del cuerpo B!,
atrae á éste con una fuerza , que hagamos
igual á la unidad, ó la figuremos con el nú­
mero 1. Si el cuerpo B dista del cuerpo A no
dos leguas sino tres r ¿quanta será la fuerza
con que el cuerpo A , en esta distancia ma­
yor atraerá el cuerpo J9 ? La fuerza en este
caso se disminuirá tanto, quanto el quadrado
de la mayor distancia excede al quadrado de
la menor distancia. Esta era de dos leguas';
por lo que su quadrado será el número 4. La
distancia mayor se supone de tres leguas; por
lo que su quadrado será el número 9. Aho­
ra , pues, la atracción del cueipo que atraía
al cuerpo B , en la distancia de dos leguas
era tanto mayor , que la atracción del cuer­
po A , que atraía al cuerpo B , en la distan­
cia de tres leguas , quanto el quadrado 9 es

ma-

Estado del
sistéma de
la atracción
antes que
Newton lo
publicase.
Proposicio­
nes funda­
mentales
del sistéma
de la atrac­
ción.

230
Via ge estático
mayor que el quadrado 4 ; y por el contra­
rio , la atracción en la distancia de tres le­
guas es tanto menor , que la atracción en las
dos leguas, quanto el quadrado 4. es menor
que el quadrado 9. Esto se llama ser ú obrar
la atracción en la razón inversa del quadra­
do de la distancia de los cuerpos que se atraen.
Estas tres máximas, que como te he di­
Las dichas
proposicio­ cho son las fundamentales del sistéma newto­
nes se cono­ niano de la atracción , se conocian casi cla­
cían en la ramente en el año 16 7 4 , como facilmente tú
Filosofía
mismo lo inferirás , Cosmopolita , cotejándo­
antes que
Newtón pu- las con la noticia, que te he dado de las ideas,
que en el siglo pasado se tenían de la atrac­
blicáse su
ción. La primera máxima, que suponía la atrac­
sistéma ación en todos los cuerpos , se halla claramen­
fracciona­
rio.
te en las Obras citadas de G ilb erto, Keplero,
Galileo y Fermat ; y principalmente en las de
Autores que Kircher (que suponía la atracción en toda ma­
enseñaron
teria terrestre y celeste) y de Hook. Todos
la primera
estos Autores suponían también, que la atrac­
y segunda
ción era proporcional ó correspondiente á la
proposi­
masa de los cuerpos ; como se dice en la se­
ción.
gunda máxima del sistéma de Newton.
Queda por cotejar la tercera máxima del
sistéma newtoniano, en la que se d ic e , que
la atracción de dos cuerpos obra en razón in­
versa de los quadrados de las diversas dis­
tancias en que se hallan. Esta ley de la atrac­
ción en obrar , según Dutem s, citado p o r(i)
La-

(1)

La-Lande , Astronomie , tt. 3381«

a l mundo Vianet ario.
231
La-Lande , fué conocida por Pitágoras. Supon­
gamos dudosa esta noticia de que no tenemos
necesidad para hacer el cotéjo ; pues que Newtón sin haber meditado ó adivinado lo que Pitá­
goras pensó sobre la atracción , ciertamente (1)
leyó lo que sobre ella habían escrito Gilber­
to , Keplero , Galileo , Verulamio, Roberval,
Ferm at, Hook y otros insignes Físicos, cuyas
Obras en tiempo de Newtón llamaban la aten­
ción y curiosidad de los primeros Matemáti­
cos. Antes de la mitad del siglo pasado, Ro­
berval , Fermat y Castelli, como te dixe an­
tes , infirieron ó conjeturaron , que el peso de
los graves variaba á proporción, que ellos
distaban mas ó menos de su centro ; y que es­
ta verdad se inferia en el sistéma de atraer­
se mutuamente los cuerpos. Hé aquí, Cosmo­
polita , el primer indicio de la ley , con que
la

( 1 ) Newtón para escribir su Obra de los prin­
cipios matemáticos de la Filosofía natural leyó
muchos Autores , pero cita pocos ; y aun en la
segunda edición de dicha Obra , quitó el nom­
bre de algunos que en la primera habia citado;
por exemplo en la primera edición , intitulada:

Philosophi¿e naturalis principia mathematica au­
tora Is. Newtón , Londini 1687. 4 - db. 3. prop. 4.
p. 406. cita á K ircher: prop. 8. cor. 2. p. 414. ci­
ta á Keplero , Riccioli , &c. y omitió la cita de
estos Autores en la edición segunda , que con el
título antecedente se publicó : Secunda editio auctior , et emendatior. Ca 7itabrigi¿e , 1713. 4.

232
Viage estático
la atracción obra en diversas distancias. Hook
en el 1674 hace mención de la mayor ó me­
nor fuerza de la atracción en diversas distan­
cias de los cuerpos atraentes , y confiesa que
no había hallado aún la ley ó proporción, con
que se variaba la fuerza de la atracción. Es­
ta ley fué la que, como nota La-Lande, Newtón se propuso buscar; y para haberla halla­
d o , bastó que tuviese, como en efecto tuvo,
el ofrecimiento de aplicar á la atracción la
Observacio­ ley , que Galileo por cálculo., y Riccioli por
nes de Ga­ experiencia habían descubierto sobre el movi­
lileo y Ric­ miento en la caída de los cuerpos provenien­
cioli sobre
te de su gravedad. Galileo, de cuyos descu­
la caída de
brimientos
sobre el movimiento de los graves
los graves.
en su caída Newtón hace mención al princi­
pio de su Filosofía natural, demostró, que los
espacios corridos por un grave cayendo eran
como los quadrados (1) de los tiempos que tarda( 1 ) L a razón que los espacios corridos por un
grave tienen con el tiempo que éste tarda en caer,
se demostró por Galileo en su diálogo de mecá­
nica , núm. 685. p. 99. del tomo 3 de la edición
citada. Estos diálogos dedicó Galileo en el 1638
al Conde de Noailles , que los hizo imprimir en
Holanda por los Elzevires , como él mismo insi­
núa en la Dedicatoria. Riccioli dice , que antes
de haber visto el diálogo segundo de Galileo del
sistéma del mundo , habia hecho en el 164$ sus
experiencias sobre el movimiento de los graves
al caer. E l dicho diálogo , según se publicó an­
tes

al mundo Vianetario.
233
daban en caer (1); y Newtón aplicando esta
leytes , que los diálogos de mecánica , los que tar­
daría Riccioli en ver por qué se habían impreso
en Holanda , y él escribía en Bolonia. Riccioli
dice , que hizo sus experiencias en cinco torres
de Bolonia , á las que asistieron algunos Jesuí­
tas que nombra , y entre ellos Francisco María
Grirnaldi , de cuya famosa Obra sobre la luz y
colores (citada en la pág. 8 1 ) Newtón mucho
se aprovechó para formar su sistéma de colores:
Riccioli pone sus experiencias sobre el movimien­
to de los graves en el caer en el tomo i . de su
Almagesto ( de la edición citada en la pág. 74,
lib. 2. cap. 21. pág. 89. Estas noticias pueden
servir para fixar en la historia literaria de la
física la época , y los Autores del descubrimien­
to de una de las mas interesantes leyes de me­
cánica.
(1) H é aquí el resultado práctico de movi­
miento de los graves en su caída. U11 cuerpo dexado caer desde lo mas alto de la torre Asinelli
de Bolonia (en que Riccioli hizo sus experien­
cias , y que tiene de alto 21 pértigas menos tres
pies : cada pértiga consta de quince pies roma­
nos ) , al fin del primer minuto segundo había ¿-orrido ó baxado una pértiga : al fin del segundo
minuto habia baxado ó corrido 4 pértigas : al fin
del tercer minuto habia baxado 9 pértigas: al fin
del quarto minuto habia baxado 16 pértigas; y
al principio del quinto minuto llegó al suelo. Se­
gún esta experiencia se infiere , que los espacios
V aríe I .
Kk
de

234
Viage estático
ley (i) al movimiento de la Luna , infirió, que
la fuerza de la atracción, con que ésta se
atraía por la tierra , era en razón inversa del
quadrado de su distancia hasta la tierra. Si
Galileo y R iccioli, que eran Astrónomos ,
hubieran aplicado al movimiento de la Lu­
na ú de otro planeta la dicha ley que ha­
bían hallado conforme á las experiencias de
los cuerpos terrestres, la atracción hubiera apa­
recido con toda perfección en su tiempo : por
lo que con razón nota La-Lande (2) , que al
fin del siglo pasado los Géometras hubieran
descubierto sin gran dificultad la ley de la
atracción. A la verdad, si el sistèma de la
atracción no se hubiera descubierto aún , y se
publicára la relación que te he hecho de la sè­
rie y combinación de opiniones sobre ella , des­
de el 1600 hasta el 1674, no sería difícil que
algún Físico, leyendo esta relación , formara
facilmente el dicho sistèma. La relación que
yo te he hecho, se pudo hacer en el 1687,
en que Newton publicó su sistèma ; pues que
en ella te he citado solamente las opiniones
publicadas antes del 1675 ; y Newton leyén­
dolas , pudo en su idea combinar las noticias
his4

de 1 , 4 , 9 , 1 6 pértigas , baxados al fin de cada
uno de los minutos segundos 1 , 2 , 3 , 4 , indi­
can los quadrados de estos números de tiempo.
(1) Newtón aplicó dicha ley en la proposi­
ción 4 del libro 3 de su Filosofía natural.
(2) La-Lande , Astronomía , n. 3381.

al mundo Vianet ario.
235
históricas que has oído sobre el origen y los
progresos del sistéma de la ^tracción.

§.

XI .

B rev es reflexiones sobre la verificación de
las leyes de la atracción en los cuerpos
terrestres .
E he referido, Cosmopolita, la historia de
la atracción desde su concepción moder­
na ( no he hablado de la antigua en tiempo
de Pitágoras) en el 1600, en que apareció la
Filosofía magnética de Gilberto, hasta su pú­
blico nacimiento en el 1687 , en que Newtón
publicó el sistéma de la atracción en los prin­
cipios matemáticos de su Filosofía natural. Si
consideramos la atracción, como un feto , des­
de su concepción hasta su nacimiento, deberémos decir , que la concibieron muchos Fi­
lósofos , y uno so lo , que fué Newtón , la pa­
rió. Desde la concepción hasta el público par­
to pasaron 87 años: si la duración de su vi­
da correspondiere al gran tiempo que ella ha
estado formándose hasta salir á luz , conven­
drá d ecir, que por centenares y aun millares
de años los Físicos y Matemáticos hablarán
de atracción , como los Filósofos antiguos han
hablado de formas y accidentes peripatéticos.
N o me persuado yo , que la atracción vivirá
tanto como el peripatetísmo ; pues que los Fi­
lósofos modernos no se despojan de la razón,
como hacian los antiguos, para regalarla resKk2
pe-

T

Épocas de
tiempos en
que se for­
mó y publi­
có el sisté­
ma de la a traccion.

El sistéma
de la atrac­
ción no flo­
recerá por
tanto tiem­
po como el
peripatetís­
mo.

236

Viage estático

petosamente , 11 ofrecerla , como tributo de es­
clavitud á Aristóteles. El gran tiempo que pa­
só entre la concepción y el nacimiento de la
atracción, puede dar motivo para conjeturar,
que su formación ha debido ser algo mons­
truosa ; y tal la empiezan á pintar algunos de
los mas ilustres atraccionistas del presente siglo.
Te insinuaré las reflexiones de algunos , sin
perjuicio de' otras muchas que yo deberé ha­
cer en nuestro viage, para demostrarte prác­
ticamente la verisimilitud ó inverisimilitud del
sistéma newtoniano de la atracción. Te dixe
antes, que ésta en la Física y Astronomía es
mas universal que la gracia en el estudio teo­
lógico ; por tanto, pocos fenoménos celestes
podremos observar sin tener necesidad de ha­
blar de la atracción. Esta previsión me obli­
ga á instruirte bien en las razones que hay en
favor y en contra del sistéma atraccionario:
por lo que espero , que no te sea molesta la
continuación de mi discurso sobre la atrac­
ción.
Newtón reduxo á simple y claro orden las
pocas leyes de ésta , y aplicándolas al movi­
miento de los planetas por una curva, que los
Matemáticos llaman elipse ú o v a l; y al mo­
vimiento de los cometas por una curva , que
los Matemáticos llaman parábola, y parece ser
la curva (1) que describe qualquiera piedra
que
(1)

Huyghens y Leibnitz dicen ser logarítmi­
ca

al mundo 'Planetario.
237
que se arroja le x o s, pretendió simplificar el co­
nocimiento del simple obrar de toda la natu­
raleza ; y para prueba de su sistèma atraccionario se contentó con verificarlo según su pa­
recer con los fenoménos de los planeos y co­
metas. Buscó en el Cielo las pruebas Newton,
que escribía en la tierra , en la que no las en­
contraba tan favorables como deseaba ; y si
las hubiera encontrado, hubiera temido aún
la censura de la gente vulgar; pues que ésta
sería capaz de entender la probabilidad ó im­
probabilidad de su sistèma. E l , pues, ha te­
nido la fortuna de que se apruebe por los sa­
bios modernos su pretensión de verificarse su
sistèma en el Cielo , adonde ningún terrícola
La atrac­
puede venir con compases y telescopios para ción new­
exáminar su verificación. Parece que Newton toniana es
temió' de no hallar perfectamente verificable mas físicoen el Cielo su sistèma ; pues que , como di­ celeste, que
físico-ter­
ce el sublime Eulero ( 1 ) , causa no poca ma­
restre.
ravilla , que él no haya inferido de su sistè­
ma
ca la curva que conviene mejor al rumbo ó ca­
mino de la bomba , ó de una piedra arrojada. El
P. Castel ( Veritable systeme de Newton anal. 2.
§• 9-) pretende demostrar que la dicha curva es
céntrica , ó curva que termina en el centro : lo
que no conviene al círculo , ni á la elipse , ni á
la parábola.
(1 ) The orla motus luna , auctore L . E ulero,
Impensis Academia Petropolitana 1753. 4. Introductio
5.

238
V i age estático
ma atraccionario el movimiento del apogéo lu­
nar , y que lo haya determinado , valiéndose
solamente de las observaciones. El haber Newtón omitido esta verificación es indicio no equí­
voco de no haber él hallado conforme á su
sistéma el movimiento del apogéo lunar. Le
era facilísimo haber inferido este movimiento
de su doctrina sobre el movimiento de los áp­
sides lunares ; mas en tal caso resultaba de 20
grados el anual movimiento del apogéo lunar,
el qual movimiento, según todas las observa­
ciones es de 40 grados. En éste y otros fenoménos celestes que Newtón no quiso ó no
pudo verificar , dexó grandes materiales para
que con fuego perpetuo se alambicasen los celebros de los Físicos y Astrónomos. En otras
ocasiones deberé discurrir de la gran dificul­
tad que hay en combinar algunos fenoménos
celestes con el sistéma de la atracción , por
lo que ahora solamente te hablaré de la com­
binación de éste con los fenoménos terrestres.
Después que los Físicos admiraron la com­
binación aparente del sistéma atraccionario con
los fenoménos celestes, se humillaron para
combinarlo con los terrestres : hé aquí que en­
tonces algunos de ellos se aturdieron al ad­
vertir , que las leyes de la atracción terrestre
no convenían con las de la atracción celeste,
En la física y muchos Físicos casi se embrollaron en sus
se suelen
ideas al observar, que buscando ellos en los
sujetar las
cuerpos terrestres la atracción, hallaban la re­
leyes natu­
pulsión.
Este segundo fenoméno Newtón pre­
rales al cál­
culo alge­ tendió explicar, algebraizando la naturaleza.
Por algebraizar la naturaleza , yo entiendo,
braico.
Cos-

al mundo Vianet ario.
239
Cosm opolita, sujetar ésta al álgebra , ó supo­
ner en ella las ficciones (1) que el Algebrista
hace para formar sus cálculos. Debes saber que
en estos él distingue cantidades positivas y ne­
gativas , fundándose en la siguiente idea. Su­
pongamos, dice, la unidad, fundamento ó prin­
cipio de las cantidades positivas : debaxo de
la unidad está el cero , que significa nada ; y
debaxo de la nada ó del cero está la unidad
n egativa, que es principio de las cantidades
negativas. Según esta teórica algebráica Newtón dixo (2): «Como en el álgebra las cantida­
des negativas empiezan en el punto en que
se desaparecen las afirmativas; así en la me­
cánica , la virtud repulsiva debe aparecer
en el punto en que la atracción llega á ce­
sar.” En esta expresión Newtón nos dice , que
la atracción degenera en repulsión ; ó que la
virtud atractiva tiene sus determinados límites,
desde los quales se convierte en virtud repul­
siva. Según este modo de pensar, parece que
los cuerpos en la naturaleza forman un con­
certado b a y le, en que baylan estando ellos
enfrente unas veces , y otras de espaldas ; ó
en que se quieren abrazar unas veces , y otras
dar(1) Sobre las ficciones algebráicas introduci­
das en el sistema de la atracción trata ingeniosa­
mente el Señor Cardenal Gerdil en sn tomo I V
citado: Disertación de la atracción, §. 1. pági­
na. 225.
(2) Newtón , en su óptica , lib. 3. q. 31.

Salto in­
creíble que
da la natu­
raleza , se­
gún los F í­
sicos mo­
dernos.

240
Viage estático
darse empujones. Esta danza de atracción y
repulsión entre los puntos de materia de todo
cuerpo terrestre, se supone hoy induvitable.
Boscovich , llamado segundo Newtón, ha pre­
Sistema
atracciona- tendido darle el orden mas concertado , pro­
rio de Bos- poniéndolo en una simple curva algebraica,
en que ingeniosamente se representan á la fan­
covich.
tasía y á la vista corporal las cantidades po­
sitivas y negativas , ó la atracción y repulsión
de todos los puntos de materia , y los límites
en que se contienen su virtud atractiva y su
virtud repulsiva. En el 1748 Boscovich publi­
có el Ensayo (1) de su nuevo sistéma , del que
un ilustre sabio, á quien respéto no menos
por su gran doctrina y piedad , que por su
dignidad cardenalicia , habla así: »Uno (2) de
los
( 1 ) En el 1748 Boscovich publicó la diserta­
ción de lumine , en la que , como en las que succesivamente publicó en el 17$4 áe lege continuitatis : en el 1755 de lege virium in natura, existentium ; y en el 1757 de divisibilit at e materia,
et principiis corporum , publicó las iundamentales ideas de su nueva hipótesi , la qual perfec­
cionada publicó con el titulo : Philosophia naturalis theoria , redacta ad unicam legem virium in
natura existentium , auctore Rogerio Josepho Bos­
covich S. I. Vienna ¿Austria 1758* 4 *
(2) Delle ogere dell' Emin. Sig. Cardinale
Giacinto Sigismondo G e r d il, della Congregazione
de' Cherici Regolari di S. Paolo, tomo quarto.
Bologna 1789. 4. En este tomo se halla reimpre-

al mundo "Planetario,

241

los mas célebres Matemáticos de nuestro siglo,
cuyo genio y profundo conocimiento apreció
infinitamente, ha propuesto una nueva hipó­
tesi sobre la manera de obrar las atracciones
y repulsiones , en la que la dificultad propues­
ta en el artículo antecedente (ó contra el sistéma newtoniano) no tiene lu gar; mas tal hi­
pótesi , aunque muy ingeniosa, me parece ex­
puesta á dificultades no menos considerables
que la newtoniana.” Boscovich teniendo pre­
sentes éstas y otras dificultades propuestas con­
tra el ensayo de su nueva hipótesi, la pu­
blicó con nueva perfección, hallándose en Viena en 1758. La han abrazado no pocos Físi­
cos, y entre estos Mako y H orvat, cuyos cur­
sos filosóficos parecen ser para uso de las es­
cuelas los mas idóneos de quantos hasta aho­
ra se han publicado, según mis noticias. A la
hipótesi boscovichiana no se puede negar la
sepresa la disertación , que en lengua francesa antes
del 1758 habia publicado el Autor sobre la in­
compatibilidad de la atracción , y de sus leyes
con los fenómenos naturales. En esta disertación,
que empieza desde la p. 203 , el Autor en el §. 1.
n. $. p. 216. habla de Boscovich sin nombrarlo,
y cita solamente su disertación de lumine , para
impugnar la nueva hipótesi. En el dicho tomo
quarto se impugnan también las leyes de la atrac­
ción en dos disertaciones que en él se contienen,
y tratan de los tubos capilares , y de la coesion
de los emisferios de Magdeburg.
Pa rte I.
L1

Crítica del
Señor Car­
denal G erdil sobre la

atracción.

242

Crítica de
Bernoulli.

Viage estático

scducente facilidad, con que según ella se ex­
plican la coesion , separación , fermentación,
y demás fenómenos naturales ó químicos, y
la solución no incongruente, que se da á no
pocas dificultades que sobre la atracción ce­
leste se oponían á la hipótesi newtoniana.
Contra ésta principalmente han escrito al­
gunos Físicos, cuyas objeciones buenas y ma­
las recogió Cominale. Las objeciones que con­
tra la calidad de las leyes de la atracción new­
toniana en los cuerpos terrestres ha publicado
el Señor Cardenal Gerdil (de quien antes ha­
blé sin nombrarlo ) , son de gran peso. Ber­
noulli dió fundamento (1) á tales objeciones
notando, que si todo punto de materia es atrac­
tivo , la fuerza de la atracción en los cuerpos
debía obrar como los cubos, y no como los
quadrados de sus distancias. »Esta dificultad,
dice (2) Montucla , renovada por un hábil An­
tagonista de la atracción ( éste es el Señor Carde(1 ) Joannis Bernoulli opera omnia. L a u sa n ­
n e , et G eneve 1742. 4. vol. 4. En el volumen 3.
E s s a i ci’ une nouvelle physique celeste , §. 42. p .
299. En este ensayo ó tratado Bernoulli impug­
na el sistema de la atracción. Lo impugna tam­
bién en el tratado : Nouvelles penses sur le sys­
tème de A ir . D es-C a rtes , §. 8. p. 137. del vo­
lumen citado.
(2) Montucla en su historia de las Matemá­
ticas (citada en la pág. 221 ) , vol. 2 . p . 4. lib. 8.
§. 12. f . 550.

al mundo Vianet ario,
243
Reflexión
denal Gerdil) sería efectivamente eficacísima,
de Mon—
y puede ser indisoluble , si los efectos suce­
tuda sobre
den , como estos Autores suponen.. . Bastará
la crítica
notar las objeciones mas eficaces, y mejor del Sr. Car­
fundadas de este Autor en su Obra , la qual, denal Ger­
por la naturaleza de ellas, como por las mi­ dil.
ras del Autor, merece ser analizada por algún
excelente newtoniano.” No sé, que hasta aho­
ra á las dichas objeciones se haya dado por
algún newtoniano solución congruente : conje­
turo, que generalmente se reconocen por efi­
caces , pues que un moderno é ilustre newto­
niano (t) confiesa sin ninguna repugnancia la
Juicio de
conjetura de obrar la atracción terrestre en La-Lande
razón inversa del cubo de las distancias de los sobre las le­
cuerpos que se atraen. Esta confesión, que es yes de la
fenoméno raro en un atraccionista , se oiría atracción.
mas comunmente entre los Físicos, si los ter­
rícolas no tuvieran la freqüente desgracia de
abandonarse á la dirección de aquel espíri­
tu parcial que reyna en los Autores sistemá­
ticos.
Puede ser , Cosmopolita , que los sistémas
sean necesarios para ilustrar algunos ramos de
las
( 1 ) La-Lande hace la dicha confesión en su
Astronomía , núm. 3401 , en donde dice : »Es
verdadero que se ha conjeturado en los cuerpos
terrestres una atracción en razón inversa del cu­
bo de las distancias; mas esto no hace á mi asun­
to.”
L1 2

244
V i age estático
las ciencias , tanto profanas, como sagradas;
mas á mi parecer es cosa cierta , que ellos en
todos tiempos han hecho prevaricar la men­
te humana. Este daño de los sistémas es mas
Carácter de cierto que su necesidad para ilustrar las cien­
la utilidad
cias. No sin admiración y casi con compasión
ó inutilidad el crítico puede leer algunas Obras sistemáticas
de los sistéde Autores, en las que ellos , inspirados del fa­
mas físicos.
natismo sistemático , llegan á renunciar á la
razón natural, y á contradecir á sus prime­
ras y mas claras máximas. Este vicio es co­
mún al Teólogo y Físico-sistemáticos , y en
la Teología, porque se trata de cosas insen­
sibles , suele ser mayor que en la Física. En
la Teología oirás, por exemplo, que por al­
Sistemas es­
gunos llegan á defenderse, que un indivisible
peculativos
de la Teolo­ acto de la voluntad del hombre es libre y ne­
cesario juntamente : es libre , dicen algunos
gía.
Teólogos , porque procede de la voluntad hu­
mana , libre en el obrar ; y es necesario , por­
que procede necesariamente de la gracia efi­
cazmente productiva de él. Ved aquí, cómo
estos Teólogos trasladan á los objetos las ideas
peripatéticas que tienen en su fantasía; y con
esta traslación se fingen existente la monstruo­
sidad de un acto indivisible , que sea libre y
necesario. El Físico no concederá jamás, que
sea corvo y derecho al mismo tiempo el mo­
vimiento de un cuerpo impelido por dos agen­
tes , de los que uno tenga movimiento corvo,
y el otro tenga movimiento derecho. Conce­
derá que de dos movimientos, uno corvo y
otro derecho, pueda provenir un tercer mo-

al mundo Vianetario.
24$
vimiento ; mas sin renunciar á la razón , no
concederá que este tercer movimiento sea jun­
tamente corvo y derecho : ciertamente repug­
nan tanto la libertad y necesidad en un acto
mental , como la corvadura y derechura en
un mismo movimiento. Estas y otras repug­
nancias naturales y metafísicas la mente sis­
temática no advierte ; y por esto, con el es­ La preocu­
tudio de sistemas se llena y empasta en preo­ pación es
cupaciones , que son peores que la ignorancia. peor que la
¿Quién no se compadece de la mente ilusa de ignorancia.
aquellos Físicos Peripatéticos , que con el sis­
tèma de aborrecer la naturaleza el vacío, al
ver subir el agua sobre su natural nivél por Física má­
de los
algún canal, se figuraban que esta subida era gica
peripatéti­
efecto de una virtud mágica ó encantadora de cos.
la naturaleza ? El mismo sistèma les hacía dis­
paratar , concediendo que en la rarefacción del
ayre , agua, &c. un punto de materia ocupa­
ba millones de puntos de espacio. Estas pro­
posiciones, tan absurdas y repugnantes á los
primeros principios de razón , se proferian en
público , se defendían con ciega tenacidad , y
se pretendían probar con razones sólidas. A
imitación ó semejanza de los exemplos que te
he puesto, Cosmopolita, sobre los sistémas teo­
lógicos y físicos, podría ponerte otros sobre
los sistémas eclesiásticos y civiles ; porque no
hay ciencia, en que si por sistèma se hacen
los discursos humanos, no entre la preocupa­
ción en lugar de la razón.
A este asunto un moderno, tratando del
sistèma de la atracción , habla así: »?Sería jus­
to que triunfáse el hermoso é incomparable sisté-

246
Viage estático
téma (1). Mas para decir la verdad, yo no creo
que el sistéma de la atracción pueda ser fru­
to del conocimiento y de la sabiduría huma­
Efecto de la na. Los miserables perjuicios desvelan la mas
preocupa— sana Filosofía, y se oponen casi siempre á la
cion.
fortuna de los buenos descubrimientos. Yo es­
toy persuadido, por exemplo , á que si el viage á los polos , para descubrir la figura del
orbe terrestre , lo hubieran hecho hombres sin
preocupaciones, en lugar de encontrar que la
tierra tenia figura de naranja , hubieran podi­
do hallar que era de figura de limón. La per­
sona medrosa que entra en un sitio obscuro,
luego empieza á ver fantasmas que le pinta su
miedo ; así al Físico, que ha adoptado un sistéma , en todos los efectos naturales que ob­
serva , su fantasía sistemática pinta ó repre­
senta ideas alusivas solamente á su sistéma.”

s. XII.
Amussement physique sur le systeme de
Neivton. París 1760. 8. p. 84. En el privilegio
Real para la impresión de esta Obra se dice , que
su Autor anónimo es el Jesuíta D.

al mundo Vianetario,

24^

§. X I I .
jQuietud del Sol según el sistèma de la atrac­
ción. Reflexiones y observaciones que obli­
gan á dudar de la quietud del Sol.
Asta aquí, Cosmopolita, he dado á tu
razón pasto, quizá un poco desabrido ó
seco, con la especulativa explicación de la
naturaleza , y de las leyes de la atracción de
toda materia ; ahora quiero darlo á tu fanta­
sía un poco gustoso, proponiéndole , como en
pintura , los efectos prácticos de la atracción
en los planetas, todos los quales , excepto el
Sol, en virtud de ella deben moverse al rede­
dor de éste , haciéndole perpetuamente la cor­
te , como á su Soberano, con incesantes mo­
vimientos corvos. En este cortejo ó danza los
atraccionistas consideran ó contemplan enme­
dio de ella al Sol inmoble pur su magestad; y
por su virtud' atractiva lo hacen director del
bayle de los demás planetas al rededor de él.
El orbe terrestre bayla también como todos
estos ; y si por ventura en algún tiempo llega
á hacer una cabriola 6 dar un salto , se pue­
de temer, que entonces sacuda de sí á los ter­
rícolas, y estos se vean danzando en el ayre.
Mas dexemos , Cosmopolita , estos pensamien­
tos chistosos, dirigidos únicamente para avi­
var tu fantasía , de cuya actividad necesita­
rás para entender bien los discursos que te ha­
ré inmediatamente sobre el sistèma ó mecav
nís-

H

248

Qué se en­
tiende por
sistema pu­
ramente as­
tronómico.

Victge estático

nísmo de los que comunmente se llaman Cie­
los ó espacios, en que están los astros, ya fixos, llamados estrellas ; y ya errantes , lla­
mados planetas ( del nombre griego planetest
que significa errante, vagante).
Estos astros son materia de la Astronomía,
y objeto de las observaciones de los Astróno­
mos , los quales llaman puramente astronómi­
co á aquel sistéma , en el que se combinan ó
representan la quietud de los astros fixos ó
estrellas , y el movimiento de los planetas de
un m odo, que la representación corresponda
á lo que por la observación visual nota y ad­
vierte el Astrónomo en los astros. Con un
exemplo práctico de dos opiniones diversas te
haré entender claramente lo que es sistéma
puramente Astronómico. Habrás oído decir,
que casi todos los Astrónomos antiguos suponian inmoble el orbe terrestre , y que los pla­
netas ( esto es la Luna , Marte , el Sol, Mer­
curio , Venus, Júpiter y Saturno) se movían
al rededor de él. Esta suposición conviene con
lo que aparece á la vista de Tos terrícolas;
pues que á estos parece que está quieta su tier­
ra , y que al rededor de ella se mueven los
planetas. Los Astrónomos modernos siguiendo
la opinión de Copérnico dicen, que la Luna
se mueve al rededor del orbe terrestre , y que
éste, y los demás planetas se mueven al re­
dedor del Sol. Hé aquí dos sistémas ú opinio­
nes diversas sobre el mecanismo de los pla­
netas : El primer sistéma conviene con la apa­
riencia visual de los astros , y el segundo no:
no obstante los dos sistémas, se pueden y de-

al mundo Planetario.
249
ben llamar puramente astronómicos, porque
de los dos se infieren los mismos resultados
en orden á los eclipses , á la determinación de
los dias, meses, años, &c. Para estos resul­
tados es accidental , que la tierra se mueva
ó esté quieta.
Has oído la explicación práctica de lo que
se llama sistèma puramente astronómico : oye
ahora la explicación de lo que se entiende por
sistèma astronómico-físico. La denominación
de fisico se da á un sistèma astronómico, quan­
do el movimiento ó la quietud , que en él se
dan á los astros t se prueban conformes á las
leyes que conocemos en la naturaleza. Los
Filósofos antiguos decían, que los planetas se
movían al rededor de la tierra quieta ; y si
se les preguntaba , por qué la tierra está quie­
ta ; por qué al rededor de ella se mueven los
planetas ; por qué estos no se mueven al re­
dedor del Sol, &cc. Ellos nada respondían , ó
solamente los mas religiosos decian , porque
así lo ha dispuesto el Supremo Hacedor. Los
Filósofos modernos que defienden moverse la
tierra con los demás planetas al rededor del
Sol, juzgan indigno de la Filosofía un siste­
ma , de cuyos fenoménos no se pueda hallar
el por qué físico , ó la causa natural. El sis­
tèma planetario , dicen estos Filósofos , es un
relox hecho por el Supremo Artífice , que nos
hace patente su mecanismo ; por tanto , co­
mo en el mecanismo de los reloxes horarios
que hacen los terrícolas , se señalan la rue­
da , el rodete y el muelle, de donde provie­
nen el movimiento », y la succesiva comuniParte I.
Mm
ca-

Sistéma físico^astronómico.

250
Viage estático
cacion á las demás ruedas, rodetes y muelles;
así en el gran relox del sistèma planetario se
deben señalar el principio , los medios y el
fin del movimiento en unos astros , y de la
quietud en otros; y el-sistéma, en que se ló­
gre señalar la causa, comunicación y progre­
sión del movimiento ó de la quietud en los
astros , será el verdadero sistèma astronómico-físico.
Estas ideas y pretensiones, Cosmopolita,
Ideas seduaunque
aparentemente arrogantes y presuntuo­
centes de
sas
,
porque
parecen dirigirse á ;querer tras­
los físicosmodernos.
gredir los límites de la ciencia humana, y
casi entrar en los que pertenecen á la divina,
no obstante, me deberás confesar, que son
algo seducentes , porque lisongean la curiosi­
dad humana. Tanto han lisongeado la de un
Astrónomo ilustre entre los terrícolas, que
él estudió con empeño, ó quiso divertirse in­
ventando un relox, que él (1) llamó automa­
Máquina to planetario , en que se figurasen los plane­
planetaria
tas , moviéndose con el orden y periodos que
de Huyse observan en estos planetas celestes. Este
ghens.
Reloxero de planetas fué Huyghens ( ó Hugenio , como él mismo se nombra en latin),
famoso por sus invenciones, y principalmen­
te por las pertenecientes á la reloxería ; pues
que fué el primero que aplicó el péndulo al
re(1) Christiani Hugenii ofúscala posthuma.
Amstelodami 1723. 4. JÉn el volum. 2. Descriptio automatis planctarii. p . 157*

al mundo Vianetario,

251
relox , é invento ó ilustró la teórica sobre la
ciclòide, y sobre el centro de la oscilación.
Los terrícolas en sus escuelas de física expe­
rimental suelen tener este autòmato ó máqui­
na planetaria , con cuya simple vista , aun los
mas ignorantes creen saciada su curiosidad , y
agotado todo el conocimiento astronómico y
físico del mecanismo del Cielo planetario y
cometario. El común uso de dicha máquina,
y su fácil inteligencia, han hecho ya univer­
sal , aun entre las personas vulgares, la idea
del sistèma copernicáno, de que ellas hablan
con gran libertad y satisfacción , y sin mas
conocimiento , que del maquinal hecho visi­
ble y sensible por Huyghens.
Has oído, Cosmopolita, las ideas y pre­
tensiones de los Filósofos modernos , que de­
fienden moverse al rededor del Sol los plane­
tas. Temo habértelas pintado demasiadamen­
te seducentes contra tu expectación y contra
mis deseos ; pues que tú oyendo tales ideas,
habrás quizá concebido la esperanza de entrar
y pasearte con tu fantasía por los mas ocultos
retretes de estas regiones celestes, viendo y
descubriendo todo el mecanismo admirable de
los astros que por ellas giran ; y yo con des­
consuelo preveo , que no podré satisfacer á
tu esperanza, y á la curiosidad, que con mis
figuradas expresiones he excitado en tí. Pre­
veo , pues, que con éstas te he hecho mal á
tí y á mí. Mas al decir esto, se me ocurre
la siguiente reflexión. ¿ Será mal tuyo ó mio el
no descubrir en estas regiones celestes el me­
canismo ó sistèma que se han figurado los terMm 2
rí-

252
Viage estático
yícolas, y que hoy se aplaude en sus escue­
las? Si tal mecanismo existe, y no lo descu­
brimos y vemos , el mal ciertamente será de
los dos ; porque entonces viajarémos por es­
tas regiones tan inútilmente como suelen via­
jar por el orbe terrestre muchos Señoritos ter­
rícolas : en este caso se podrá decir de noso­
tros , que hemos viajado como si hubiéramos
estado siempre encerrados en el baúl que se lle­
va viajando. Mas si por ventura nosotros no
hallamos tal mecanismo , porque aquí no exis­
te , y debe su subsistencia solamente á la fan­
tasía de los terrícolas , ó si descubrimos ser
cierta la improbabilidad de hallarlo, entonces
no debemos temer ningún m a l: antes bien nos
llamarémos felices, y por tales nos tendremos,
pues hemos encontrado la verdad en nuestro
viage , de que ella es el único objeto. Nues­
tro espíritu, Cosm opolita, sombra é imagen
de la divinidad, solamente halla la quietud de
que le priva su natural curiosidad quando en­
cuentra la verdad, ó por medio de su Dios
infalible que se la muestra , ó por medio de
la razón que se la descubre y hace paten­
Los libros te. En orden al mecanismo celeste , no espe­
Sagrados no res oír la voz de Dios , que sobre él nada te
tratan de
ha dicho ni dirá , así como nada te ha dicho
física.
sobre el mecanismo de las plantas , anima­
les , & c. que pueblan el orbe terrestre. Yo ca­
si me lleno de indignación contra aquellos ig­
norantes terrícolas que entre las verdades,
que la bondad de nuestro Dios se ha dignado
revelar á los hombres, para que le sirvan en
la vida m ortal, y lo gocen en la eterna, pre­
ten-

aJm undo "Planetario,
253
tenden hallar las que pertenecen al mecanis­
mo de los Cielos. Estos ignorantes no saben,
que el mecanismo de los Cielos, por admi­
rable que sea á la vista filosófica del Anato­
mista , no parecerá jamás tan admirable, co­
mo es el mecanismo vital del mas vil insecto
terrestre; y que no obstante la incomparable
perfección de este mecanismo, sería ridicula
la pretension de los que dixesen, que su co­
nocimiento se hallaba entre las verdades, que
la benignidad suma de Dios ha revelado á los
hombres.
La inquisición y el hallazgo de las verda­
des que podemos llamar físicas , porque per­
tenecen á la razón y al orden natural, Dios Ignorancia
no la ha revelado á los hombres; mas ha dexa- humana de
do esta materia á su curiosidad : por lo que las leyes na­
en Job leemos (1), que el mismo Dios para turales.
con( 1 ) Job , c a j . 38. rv. 4. Ubi eras quando ponebam fundamenta terra? ? Indica m i h i , si habes
intelligentiam. Quis possuit mensuras ejus, si nosti : vel quis tetendit super eam lìneam ? Super
quò bases illius solidat# sunt , aut quis demisit
lapidem angularem ejus. . . Quis conclusit ostiis
mare , quando erumpebat quasi de vulva procedens , cum ponerem nubem vestimentum ejus,
et caligine illud quasi pannis infanti# obvolverem. . . . N um quid ingressus es profunda maris,
et in novissimis abyssi d e a m b u la sti?.. . N u m ­
quid considerasti latitudinem terra? : indica mihi
si nosti, omnia. In qua via lu x h ab itet, et tenebra-

254
Via ge estático
confundir su ignorancia le preguntaba así:
» ¿ En dónde estabas tú , quando yo ponía los
fundamentos al orbe terrestre ? Responde, si
lo sabes. ¿ Sabes t ú , por ventura, quién tomó
las medidas y lo niveló? ¿Sobre qué se apo­
yan sus basas, y quién puso á su esquina la
piedra angular ? . . . . ¿ Quién cerró la puerta
al mar , quando saliendo fuera ( en el di­
luvio universal) abandonó su lecho? ¿Quando
lo vestí de una nube, y lo envolví en la
obscuridad del abismo , como un infante se en­
vuelve con las fajas?.. ¿Tú por ventura has
penetrado hasta el fondo del m ar, y te has
paseado por lo mas profundo de los abismos?..
¿ Has contemplado la largura de la tierra ? Dime estas cosas, si las sabes. Dime qual es el
camino ó el lugar de la habitación de la luz:
y qual sea el lugar en que están repuestas las
tinieblas? . . . ¿Has entrado tú en la oficina , en
que se fragua la nieve , ó has visto aquella
en que se forma el granizo ?. . . . Dime ¿ por
qué senderos se reparte la luz , y el calor se
distribuye ó esparce por el orbe terrestre ? ..
¿ Conoces tú por ventura el mecanismo ú or­
den
brarum quis locus sit. . . Numquid ingressus es
thesauros nivis, aut thesauros grandinis aspexisti ?. . . . Per quam viam spargitur l ux, dividítur asstus super terram. . . Numquid nosti ordinem Coeli, et pones rationem ejus in térra ? Quis
enarrabit Coelorum rationem , et concentum Coe­
li quis dormiré faciet ?

al mundo Planetario.
255
den de los Cielos : y en el orbe terrestre es­
tablecerás semejante mecanismo?.. ¿Quién se­
rá capaz de dar razón del ordenado mecanis­
mo de los Cielos : y quién podrá hacer que
enmudezca su bulliciosa harmonía?” Después
de haber hecho Dios á Job estas y otras pre­
guntas sobre los Cielos y elementos , prosigue
haciéndole otras sobre las inclinaciones y ope­
raciones de algunos animales. Si el sistéma de
los Cielos perteneciera á las verdades revela­
das , Dios para confundir la ignorancia de Job
no le hubiera preguntado si él lo conocia. Po­
co acertada pues, y poco conforme al espí­
ritu de la revelación es la pretensión de los
que quieren hallar entre las verdades revela­
das la calidad del sistéma Astronómico , que
existe en los Cielos. Las verdades divinamen­
a A strono
te reveladas se dirigen á hacer á los hombres Lmía
es cien­
fieles siervos de Dios , y no Astrónomos : la cia de Jos
Astronomía es ciencia humana, y las verdades Cielos visi­
reveladas por Dios forman ciencia divina : no bles, y la
busquemos lo humano en lo divino , lo falible revelación
en lo infalible: ni confundamos los Cielos sen­ trata de los
invi­
sibles , objeto de la Astronomía , con los in­ Cielos
sibles.
visibles , en que se manifiesta la gloria de nues­
tro Dios.
Esta digresión te he hecho, Cosmopolita,
para preocupar anticipadamente las dificulta­
des ú objeciones que á algunos terrícolas pe­
ripatéticos habrás quizá oído oponer contra el
sistéma Astronómico, que supone en movi­
miento la tierra , y el Sol en quietud , preten­
diendo autorizarlas con verdades divinamente
reveladas. Este aviso de prevención contra ta­
les

256
Vìage estàtico
les objeciones , y la explicación anticipada
que te he hecho de lo que e s, y se llama sis­
tèma astronómico-físico , me parece que pue­
den haber aquietado y dispuesto tu ánimo pa­
ra oír no sin utilidad ( como espero ) el dis­
curso que te voy á hacer de la quietud ó del
movimiento en que se debe suponer el Sol,
para que entiendas el mecanismo de todo el
Cielo planetario. Empiezo el discurso : ten la
bondad de oírlo atentamente, que yo, por obli­
gación , correspondiendo á la atención con que
me favoreces, procuraré explicarme con la
mayor claridad que pueda.
Todos los Físicos y Astrónomos modernos
suponen al Sol inmoble en el centro del mun­
Sistèma mo­ do planetario, ó del espacio por donde se mue­
derno de la ven los planetas y cometas , y suponen igual­
quietud del mente, que los planetas y cometas giran al
Sol.
rededor del Sol. Este modo de pensar forma
el sistèma puramente astronómico , que se lla­
ma copernicáno ; porque Copérnico lo ilustró.
Según las observaciones astronómicas, desde la
tierra sistèma puramente astronómico es tam­
bién aquel, en que, según la común opinion
de los antiguos , se suponía inmoble la tierra
y el Sol girando al rededor de ella. Mas es­
te sistèma , dicen los modernos , no es físi­
co , porque según las leyes comunes de la na­
turaleza la tierra se debe mover al rededor
del Sol, y no éste al rededor de la tierra. Si
á los modernos Astrónomos se pregunta, por
qué es físico este sistèma, ellos responden
con las reflexiones siguientes, que yo te haré
en su nombre.
To-

al mundo Vianet.arlo.
Toda materia por su naturaleza es inerte;
esto es , está en el estado en que se pone. Si
Dios cria un punto de materia en quietud : en
ésta estará eternamente , si Dios con su vo­
luntad no la hace moverse, ú otro punto de
materia lo impele. Por lo contrario , si Dios
cria en movimiento un punto de materia , eter­
namente se moverá , como también eternamen­
te se moverá , si otro punto empujándolo le
da movimiento. Esta propiedad que en todo
punto de materia hay , de estár por sí siem­
pre en quietud ó en movimiento, se llama
virtud de inercia de la materia. Supongamos
que Dios hubiera formado los planetas de una
materia que no tuviera ninguna virtud atrac­
tiva ; y que al formarlos los hubiera dado
movimiento , como los terrícolas lo dan á una
piedra que arrojan por el a y re. En este ca­
so cada planeta se movería por linea recta si­
guiendo la dirección del arrojamiento (que los
Físicos llaman movimiento de proyección ), y
no cesaría de moverse jamás , sino en caso que
chocando con otros planetas quedáse encalla­
do entre ellos. La piedra que un terrícola ti­
ra ú arroja por el ayre , seguiría perpetua­
mente la dirección de la proyección ó del ar­
rojamiento , si no tuviera gravedad ácia la tier­
ra , ó si ésta no la atraxera ; pues que lo que
llamamos gravedad de un cuerpo, por exemp lo , de la piedra , es la atracción de la tierra
según los modernos.
Dios formó los planetas no de materia sin
atracción , sino de materia con virtud atrac­
tiva ; y habiéndolos formado, les dió moviParte I.
Nn
mien-

Física ter­
restre apli­
cada al sis­
tema astro­
nómico.

258
Formación
y primer
movimiento
de los pla­
netas.

V i age estático

miento de proyección ó airojamiento. Em pe­
zaron los planetas á moverse según la linea
de proyección , y porque al mismo tiempo to­
dos empezaron á atraerse mutuamente , cada
planeta siguió un rumbo conveniente ó con­
forme á dos impulsos con direcciones contra­
rias ; esto e s , al impulso de la proyección con
que empezaron á moverse , y al impulso ó
fuerza de la atracción de los demás planetas
que lo atraían á sí. E l rumbo que empezaron
á seguir los planetas fué c u r v o , porque según
los principios de mecánica ( 1 ) , tal debe ser el
rumbo que siga un cuerpo impelido por dos
fuer-

(1) Según los principios de mecánica el cuer­
po impelido por dos fuerzas ( que en la mecáni­
ca se suelen llamar potencias), cuyas direcciones
forman algún ángulo, se moverá por una linea
recta entre el ángulo , si las dos fuerzas ó poten­
cias son de una misma naturaleza , ya sean uni­
formes en el obrar , ó ya sean variables, quando
su variación observe una misma ley. Mas si las
dos fuerzas ó potencias son de diversa naturale­
za , como realmente lo son la fuerza de proyección,
y la fuerza de atracción , entonces el cuerpo im­
pelido de estas dos fuerzas de naturaleza diver­
sa , describirá con su movimiento una curva , la
qual será circular , elíptica , parabólica , &c. se­
gún la razón que entre sí tengan las dos fuerzas.
Si estas son iguales , la curva será circular ; y
porque se observa que la curva formada por los
planetas no es perfectamente circular , sino antes

a l mundo V ianet ario.

259

fuerzas de naturaleza diferente , quales son la
de proyección y la de atracción.
Supongamos que Dios hubiera formado to­
dos los planetas iguales en materia y volu­
men : entonces ningún planeta se atraería mas
de lo que era atraído de otro; y por tanto , to­
dos circularían armónicamente en equilibrio al
rededor de un punto , que sería el céntrico de
los rumbos ó giros corvos de los planetas al
rededor de él. Supongamos que Dios hubiera
hecho tan grande el Sol respecto de los de­
más planetas , como lo es el orbe terrestre res­
pecto de los terrícolas y animales que lo pue­
blan. Entonces el Sol atraería á sí todos los
planetas, y con ellos, como si fueran moscas,
seguiría moviéndose según la dirección de la
linea de proyección , de la qual no lo podría
apartar la pequeña atracción de los planetas,
que sería un cero respecto de la grande del
S ol; así como es un cero la atracción de los
terrícolas respecto de la grande del orbe ter­
restre. Supongamos que el Sol hubiera sido
formado mas grande que los planetas ; pero
no tanto, que la virtud atractiva del Sol pu­
diese tirar de estos , hasta llevarlos ó acer­
carlos á s í; en este caso el Sol se acercaría al
punto céntrico de las revoluciones que harían
los planetas; y estaría en dicho punto ó cer­
ca
bien elíptica ú oval , se infiere según la doctri­
na expuesta , que en ellos no son iguales las dos
fuerzas dichas.
Nn 2

Hipótesis
varias so­
bre la for­
mación de
los plane­
tas.

Breve idea
del moder­
no sistèma
astronòmi­
co.

260
Viage estático
ca de él. Los modernos Astrónomos dicen , que
combinándose las observaciones astronómicas
con las leyes de la atracción , se infiere, que
al rededor del Sol giran la tierra y los demás
planetas primarios ; que el Sol está cerca del
punto céntrico de todas las revoluciones de
los planetas movibles; y que este punto cén­
trico es el centro del mundo planetario, ó del
espacio por donde los planetas y cometas se
mueven ó giran al rededor del Sol. En dicho
punto (1) está siempre inmoble el centro del
mundo planetario, pues que si se moviera a
otro sitio, serían diferentes las revoluciones de
los planetas.
Este modo de pensar los Astrónomos com­
binando sus observaciones con los principios
de física apoyan , como en principal funda­
mento , en el rumbo ú órbita curva , que los
planetas forman girando al rededor del Sol.
En todo cuerpo, que moviéndose describe una

(1) Es indubitable , que si suponemos en mo­
vimiento algunos cuerpos con alguna union que
consista en atadura o en mutua atracción de ellos,
se deberá concebir en un determinado punto el
centro común de su gravedad ó atracción. Este
centro es inmoble , ó se halla siempre en un mismo
punto. Suposición de que se valió Newtón (en
su Obra citada , lib. 3. hypothesis ad propos. X I .)
sin probarla , y que probaron W renio , Huyghens y Gregory (véase la Astronomía de éste ci­
tada en la pág. 213- ) lib. i» propos. 50. y 65.

.

al mundo "Planetario
261
linea cu rv a , dicen los Físicos, se debe con­
siderar su movimiento proveniente de dos fuer­ Causa del
zas , una central ó atractiva del cuerpo ácia movimiento
un centro, y otra de proyección ó de tan­ circular.
gencial á dicha curva. De aquí e s , que vien­
do moverse los planetas al rededor del Sol,
los Astrónomos modernos infieren , que en ellos
el movimiento proviene de dos fuerzas , una
de proyección ( esto e s , tangencial á la linea
curva que describen moviéndose); y otra de
atracción ácia el S o l, el qual está en el cen­
tro , ó cerca del punto céntrico de las lineas
curvas que describen los planetas. El orbe ter­
restre , dicen los mismos modernos , está siem­
pre distante de dicho centro á lo menos 30
millones de leguas : por lo que no el orbe
terrestre, mas el Sol se debe considerar co­
mo centro de atracción ó de gravedad de to­
dos los planetas girantes al rededor de él. Es­
ta proposición prueban también los Astróno­
mos con otras observaciones , y suponiéndola
verdadera con pretensión , que llamaré no me­
nos ridicula que temeraria, algunos de ellos
llegan á querer calcular los grados , que de
fuerza de la proyección recibieron los plane­
tas , quando saliendo de las manos de Dios
empezaron á moverse. Suponen estos sabios,
con todos los Físicos, que el movimiento elíp­
tico que se ve en los planetas , proviene, co­
mo he insinuado antes, de la combinación de
las fuerzas ya de proyección en el principio
del mundo , y ya de la virtud atractiva del
S o l: suponen ellos asimismo, que se conoce la
cantidad de esta virtud atractiva; y de aquí
pre-

262

Viage estático

pretenden inferir la cantidad de la fuerza de
proyección que en el principio del mundo mo­
vió los planetas , y los continúa á mover com­
binada ó unida con la fuerza de la atracción
solar.
Estas suposiciones y pretensiones , Cosmo­
Hipótesis polita , son seducentes mas por su simplicidad
seducentes
que por su verdad : pues que contra ellas se
de la física puede discurrir así. Hasta ahora no es dogma
moderna.
físico , que toda materia sea atraente : ni que
los planetas tengan ó hagan natural conato pa­
ra unirse. No es dogma físico , que sea po­
sible el movimiento rectilíneo (1) de un punto
de materia sin ser infinito el espacio por donde
se deba mover ; ó que el movimiento circular
no pueda provenir de una fuerza sola y sim­
ple , que impela los cuerpos á moverse cir­
cularmente. No es evidente por las observa­
ciones Astronómicas , ni por las suposiciones ó
demostraciones de la física la noticia de la can­
tidad y calidad de m ateria, ni del volumen,
ni de la exácta distancia de los planetas. Es­
tos y otros dogmas físicos , y noticias astro­
nómicas debian ser evidentes para que fuesen
seguras las pretensiones de los modernos A s­
trónomos , y ciertas sus suposiciones y conseqüencias sobre el sistéma celeste que proponen.
Mas concedamos á estos Astrónomos la seducente probabilidad que se aparenta en sus
ideas,
(1) El movimiento rectilíneo es infinito , co­
mo se insinuó en la pág-193 > en la nota marginal.

al mundo Planetario.
263
ideas, y prosigamos exponiéndolas.
El Sol , dicen los modernos Astrónomos,
por exceder notablemente á los demás plane­
tas en la cantidad de materia ó masa (como
la suelen llamar los Físicos), sobre todos es­
tos exercita , ó hace mayor atracción que ellos
sobre el Sol; por lo que éste es como el cen­
tro de su movimiento por las órbitas elípti­
cas que describen al rededor de él. El Sol
propiamente no está en el punto céntrico de E1 Sol se­
dichas órbitas , pues que la atracción con que gún la As­
lo tiran los demás planetas, no le dexa llegar tronomía
á dicho punto. Si en éste estuviera, estaría moderna no
totalmente inmoble : pues que siendo inmoble está en el
el centro del mundo planetario (como insinué punto cen­
de su
antes) ó de las revoluciones de los planetas, tral
sistéma $
inmoble también debería estar el Sol,. si es­ mas da vu­
tuviera situado en tal centro. Mas todo cuer­ eltas al re­
po que no está en éste, debe girar al rede­ dedor de di­
dor de él: por lo que el Sol deberá girar al cho punto.
rededor de dicho centro , describiendo una ór­
bita pequeña ; ya que es cortísima su distan­
cia hasta el dicho centro. Esta doctrina y ex­
plicación del sistéma astronómico moderno te
declararé mecánicamente con el siguiente exemplo práctico.
Tenemos , Cosmopolita, el Sol á nuestra
vista : míralo , y después observa á Saturno,
que después de Urano es el planeta mas lexano del Sol. Concibe , pues, un hilo de hier­
ro , que pasando por los centros de Saturno
Balanza en
y del S ol, sea como una balanza ( llamada que
se pe­
vulgarmente romana) con dos pesos á sus ex­ san Saturno
tremos. Estos pesos son Saturno y el Sol. En y el Sol.
es-

264

Viage estático

este hilo ó balanza (que podremos llamar mun­
dana , porque con ella hemos de pesar los
cuerpos planetarios), el punto, por los Físi­
cos llamado centro , y por el vulgo llamado
jiel de la balanza , deberá estár tanto mas cer­
ca del Sol, quanto éste pesa mas que Satur­
no: ó deberá estár tanto mas cerca del Sol,
quanto éste tiene mas materia que Saturno,
pues que la mayor cantidad de materia su­
pone mayor peso, ó mayor gravedad, ó ma­
yor atracción ; expresiones todas, que indican
una misma cosa.
En esta gran balanza , con que pesamos al
Sol y á Saturno, y con que pesarémos todo el
mundo planetario con mas exáctitud que Lo­
renzo Medicis pesó la política , las riquezas, y
el poder de los reynos terrestres con la balanza
que le inventó Trajano Bocalini, descubramos
y determinemos , Cosmopolita, el punto en
que está el centro ó el fiel de la misma balanza.
Tal vez tú en el orbe terrestre, jugando en tu
infancia, habrás atado ó unido dos cuerpos de
diferentes pesos á una vara ó caña , y levan­
tando ésta con la mano, habrás buscado y
F iel ó cen­
hallado fácilmente en ella el punto , en que
tro de dicha
estribando
la vara sobre un dedo , los pesos
balanza.
se mantuviesen en equilibrio. Este punto en
la vara es el fiel de la balanza , ó el centro
dé la gravedad de los cuerpos pesantes. Tal
fiel ó centro se halla perfectamente enmedio,
si los pesos son iguales; y si son desiguales,
el centro se acerca al peso mayor, según su
exceso en pesadez. Según esta práctica ( que
aun los infantes terrícolas conocen) , y según

al mundo Planetario.
265
los principios de mecánica , si sabemos la lar­
gura de nuestro hilo ó balanza mundana ( la
qual largura es la distancia entre Saturno y
el S o l) , y si sabemos quanto pesan estos
dos planetas , fácilmente se determinará , y
hallará el punto del centro ó del fiel de
la balanza. Los Astrónomos modernos , pre­
tendiendo ser computistas generales del mun­
do planetario, en sus libros de cuentas han
notado las leguas, millas, pasos y pies que el
Sol dista de Saturno , y los quintales, arro­
bas , libras y onzas que pesa cada uno de es­
tos , y de los demás planetas. Según estos cóm­
putos y cuentas que en otra ocasión oirás, en
buenos , claros y prácticos principios de me­
El dicho
cánica , se infiere , que el centro ó el fiel de
fiel
o punta
la dicha balanza dista del mismo centro del
dista
del
globo solar puntualmente noventa y tres mil
centro sosetecientas y una legua. Según los dichos cóm­
lar 93>7ÜI
putos , en que se nota la grandeza ó el vo­
leguas.
lumen del S o l, sabemos, que desde el centro
de éste hasta su superficie hay 159,698 leguas.
Según esto , el fiel central de la balanza es­
tará dentro de la superficie del globo solar;
pues que desde ésta hasta el centro del globo
solar hay 159,698 leguas; y desde este centro
hasta el punto en que está el fiel de la ba­
la n za , solamente hay 93,701 leguas. En el la­
do ó extremo de la balanza , en que está Sa­
turno , pongamos un buen contrapeso; esto es,
pongamos á Júpiter , que tiene mas materia
que Saturno, M a rte , V enus, Mercurio y el
orbe terrestre juntos. En este contrapeso te­
nemos de un lado á Júpiter y Saturno , y de
Parte I.
Oo
otro

Balanza en
que se con­
trapesa el
Sol con Sa­
turno y Jú­
piter.

División de
la balanza
en 9 j par­
tes.

Sitios á que
en la balan­
za corres­
ponden los
planetas.

266

Viage estático

otro lado al Sol ; y por razón del contrape­
so añadido , el punto del fiel de la balanza se
hallará ya fuera de la superficie solar, de quien
distará algunos millares de leguas. En este ca­
so , aunque en el mundo planetario estuvie­
ran solos Saturno, Júpiter y el S o l, éste, por
quanto estaría algo distante del fiel de la ba­
lanza , el qual es el centro de todos tres , de­
bería moverse al rededor de ese centro ó fiel.
Pongamos últimamente en la balanza los pla­
netas Mercurio , Venus , Tierra , y Marte con
Júpiter y Saturno que hagan contrapeso al
Sol : en tal caso, de éste se alexará un poco
mas el fiel ó punto central; y el Sol deberá
girar al rededor de él formando mayor re­
volución. En la balanza no he puesto el pla­
neta Urano , porque nos son desconocidas su
grandeza, masa y su verdadera distancia.
Este exemplo práctico déla balanza, Cos­
mopolita , trasládalo y aplícalo al sistéma pla­
netario que ves. Figúrate, que la distancia
desde Saturno ( el mas lexano planeta ) hasta
el S o l, se divide en 95 partes. Saturno y el
Sol están en las extremidades de esta distan­
cia ó balanza. En ésta desde el Sol cuenta 52
partes; y allí puntualmente verás á Júpiter.
En la misma balanza desde el Sol cuenta 15
partes; y allí encontrarás á Marte. Cuenta
ahora 10 partes con el mismo orden ; y al
fin de ellas encontrarás la Tierra, nuestra pa­
tria. Cuenta 7 partes con el mismo ; y encon­
trarás á Venus : cuenta últimamente 4 partes;
y encontrarás á Mercurio. Todos estos pla­
netas son como otros tantos pesos de la ba­
lan-

al mundo Planetario.
26?
lanza , en la que están distribuidos á diferen­
tes distancias hasta el Sol. Si todos estuvie­
ran á la distancia ó en el lugar en que está Sa­
turno , harían mayor contrapeso al S o l; y el
fiel de la balanza distaría de éste mucho mas
que ahora dista. La distancia que en la pre­
sente situación de los planetas hay ó resulta,
según el cálculo hasta el fiel de la balanza, es
de poco mas de 100,000 leguas; y por quanto el fiel de la balanza está puntualmente en
el centro ó punto central de la gravedad, ó
del peso, ó de la atracción mutua del S o l, y
de los demás planetas , se infiere, que el Sol
dista de este centro común poco mas de 100,
000 leguas ; y según las leyes de la atracción
el Sol deberá girar al rededor de dicho cen­
tro formando una órbita , cuyo semidiámetro
ó rayo sea de 100,000 leguas. En este cálcu­
lo que te he hecho á imitación de los contra­
lores ó contadores reales, que desprecian las
pequeñas cantidades numéricas, no he hecho
mención del peso ó de la atracción de la Lu­
na terrestre, ni de los satélites de Júpiter y
Saturno; porque la masa ó materia de todos
estos es tan pequeña, respecto de la grande
de los planetas primarios, que se puede des­
preciar (1), sin temor de error notable en el
cál(1)
L a L una tiene solamente una centésima
parte de masa respecto de la terrestre. D e'la ma­
sa de los satélites de Saturno no podemos deter­
minar cosa cierta , y sobre la de los satélites de

Oo 2

J ll-

El Sol dista
del centro
mundano
100,000 le­
guas.

Órbita del
Sol al rede­
dor del cen­
tro munda­
no.

Según los
principios
de la física
moderna el
Sol se mue­
ve.

268
Via ge estático
cálculo ; y con menos escrúpulo que los con­
tadores reales tienen en despreciar los meno­
res quebrados de sus cuentas. Tampoco he he­
cho entrar en cuenta á Urano, porque de es­
te planeta nada sabemos con certidumbre, si­
no su existencia.
Ya tenemos , Cosmopolita , al Sol con un
movimiento corvo ( que los Astrónomos lla­
man elíptico ) al rededor del centro común de
las revoluciones de los demás planetas ; y es­
te movimiento lo hemos inferido según los prin­
cipios del sistéma físico de atracción que hoy
defienden todos los sabios. Ved aqu í, Cosmo­
polita mió , como aunque miramos al univer­
so con telescopios Copérnico-newtonianos, no
obstante nos vemos obligados á conceder al
Sol no solamente movimiento de rotación, si­
no de traslación al rededor de un centro co­
mún á todos los planetas. La naturaleza nos
da á entender claramente , que el reposo no se
encuentra en ninguna criatura del mundo pla­
netario , ó de todo el espacio en que están ó
se mueven los planetas. Esta conseqüencia se
tieJúpiter hay muchas dudas. La-Grange ( L aLande , Astronomie , n. 2981. ) , célebre obser­
vador , dice : »La masa del primer satélite de
Júpiter es 00,006 , respecto de la de Júpiter : la
masa del tercer satélite es igual á la del prime­
ro : la masa del segundo satélite es 00,002 , res­
pecto de la de Júpiter ; y la del quarto satélite
es 00,005 , respecto de la de Júpiter.

al min do Vianetario,

269

tiene hoy por legítima y verdadera : los an­
tecedentes , de que se infiere, son , como has
oído, la observación del movimiento de los
planetas, y las leyes que l a . física moderna
supone en el sistèma de la atracción , el qual
se cree universal ó común á toda naturaleza
sensible , tanto terrestre , como celeste. Según
este sistèma se deberá conjeturar, que tam­
bién falta la quietud en los inmensos espacios
del Cielo estrellado ; esto es , en los espacios
en que están los astros fixos, que vulgarmen­
te se llaman estrellas , y distan inmensamen­
te de los planetas.
Te he inferido , Cosmopolita , del sistèma
de la atracción , que el Sol se mueve al re­
dedor del centro común del mundo planeta­
rio , formando una órbita, cuyo semidiámetro
es de mas de cien mil leguas : por lo que es­
ta órbita será algo mayor que la órbita, que
la Luna describe al rededor de la tierra, de
la que dista á lo mas 91,397 leguas en su ma­
yor alexamiento. La órbita , que el Sol descri­
be al rededor del centro común del mundo
planetario , no es tan pequeña que se deba ha­
cer invisible á la observación de los Astró­
nomos : no obstante estos no la infieren por
su observación , á la que dicen , es indistin­
guible ; mas la infieren solamente del sistèma
general que suponen de atracción. La órbi­
ta , pues, es ideal ó sistemática, y tal debe­
rá llamarse hasta que algún Astrónomo, con
relación á algún punto fixo del Cielo, nos de­
muestre por la observación la existencia, gran­
deza y calidad de tal órbita. Yo supongo aIjey
-oitjo
ra

Toda la na­
turaleza es­
tá siempre
en movimi­
ento.

La órbita
por donde el
Sol se mue­
ve es mayor
que la órbi­
ta lunar.

2^70
Viage estático
ra ésta con los Astrónomos modernos, que la
infieren del sistéma de la atracción ; y aun de
éste me quiero valer para conjeturar que di­
cha órbita es mucho mayor que la que se di­
ce describirse por el Sol : y que quizá será
tan grande , como la que los anticopernicanos
suponen describirse por el Sol ,en la hipótesi
de estár inmoble la tierra. Ardua y aun ri­
dicula parece esta empresa de atreverse á con­
jeturar , que según el sistéma de la atracción
el Sol forma, quizá al rededor del centro co­
mún del mundo planetario, una órbita tan gran­
de , como es la que según los anticopernica­
Nuevas nos forma al rededor de la tierra inmoble. Co­
conjeturas nozco , y te confieso la arduidad de la em­
sobre el mo­ presa ; mas no por esto desistiré de ella , pues
vimiento
que la bondad que me muestras, Cosmopoli­
del Sol.
ta , oyendo mis discursos, me hace atrevido
para descubrirte aun las menores conjeturas,
que formo en la observación de este mundo
planetario. Oye, pues, las razones en que mis
conjeturas se forman; y para que penetres to­
talmente mi modo de pensar , te resumiré con
claridad , y con suma brevedad la doctrina que
te acabo de explicar, pues que de ella se in­
fiere todo quanto conjeturo.
El sistéma del movimiento de la tierra y
de la quietud del Sol empezaba á tener aplau­
so quando Newtón perfeccionó el de la atrac­
ción. Apenas los Filósofos aprobaron los des­
cubrimientos que Newtón propuso sobre la
atracción , quando luego convirtieron sus mi­
ras para confirmar con ésta el sistéma copernicano del movimiento de la tierra , y de la
quie-

al mundo 'Planetario.
2?i
quietud del Sol. Mas como según dichas le­
yes era necesario conceder á éste algún mo­
vimiento de traslación por una órbita peque­
ña , como te he expuesto , se concluyó que el
Sol no estaba en quietud perfecta , sino que
se movía por una órbita pequeña al rededor
del centro común de gravedad de todos los
planetas. Según este modo de pensar, y según
estos principios , el mismo Newtón , haciendo
un cálculo semejante al que yo he expuesto,
concluyó diciendo (i) : Si consideramos al Sol
de una parte, y de otra á la tierra, y á los
demás planetas, es necesario inferir , que el
centro común de gravedad no llegará á distar
del Sol lo largo de su diámetro ; y porque di­
cho centro de gravedad debe estár quieto, de­
beremos decir , que el Sol, según el movimien­
to vário de los planetas , tendrá algún movi­
miento ; pero éste no será ta l, que lo aparte
mucho de dicho centro de gravedad.
Ved aquí , como Newtón , fundándose en
el

( i ) Newtón , P rincipia M a th em .lib . 3 .p ro ­
pos. 12. theoremf}'<Y£L. Siendo, dice N e w tó n , la
materia solar á la de Júpiter , como 1067 á I , y
siendo la distancia de Júpiter hasta el Sol al se­
midiámetro del Sol en razón poco menor, el cen­
tro de gravedad entre Júpiter y el Sol caerá en
un punto poco distante de la superficie solar. Con
el mismo argumento se infiere , que el centro co­
mún entre Saturno y el Sol caerá en un punto
dentro de la superficie de éste , &c.

2¿72
Viage estático
el raciocinio expuesto , concede al Sol movi­
miento de traslación ; pero al mismo tiempo
haz la siguiente reilexíon : y es , que el di­
cho movimiento se concede al Sol , en fuerza
de
la atracción de las masas de los planetas,
Balanza en
sin
entrar en cuenta la atracción de la masa
que el Sol
se contrape­ de los cometas, los quales hoy se consideran
sa con los como otros tantos planetas que pertenecen al
planetas y sistéma solar. A esto se podrá responder, que
cometas.
del despreciar en el cálculo la masa de los
cometas, no se infiere error notable , así co­
mo no se infiere ninguno del no entrar en
cuenta la masa de la Luna , ni la de los sa­
télites de Júpiter y Saturno, por ser suma­
mente pequeñas, respecto de la masa total
de los demás planetas.
A esta respuesta se podrán oponer las si­
guientes observaciones y reflexiones: El cono­
cimiento que hasta ahora por la observación
se tiene de los cometas, no es t a l , que nos
permita despreciar su masa en el cálculo de
la atracción universal y mutua de los plane­
tas ; pues que ignoramos quantos cometas ha­
ya , y su grandeza , densidad y cantidad de
masa nos son desconocidas. Riccioli ( i ) , de las
historias que se habian escrito" hasta el año
1618 , infirió que hasta este año , desde el año
480 antes de la era Christiana , habian apare­
cido á lo menos 154 cometas. Lubienietz , habien(1) Riccioli en su Almagesto (citado en la
p. 7 4 .) , voi. 2. lib. 8. sec. 1. caj?. 1. j?. 23.

.

al mundo "Planetario
2^3
hiendo examinado escrupulosamente este pun­
to , dice en su teatro comético, que hasta el
mes de Abril del 1665 se habían visto 415 co­
metas , á los que añadiéndose 39 cometas, vis­
tos según La-Lande (1) desde el 1665 hasta el
177 9 , se infiere, que hasta este año se han
visto 454 cometas. Pingré (2) cuenta 380 co­
metas aparecidos desde el principio de la era
christiana hasta el 1783. En estos años pasa­
dos se han dexado ver muchos cometas. »Messier, dice Baylli (3), destinado para descubrir
tantos cometas, y favorecido del Cielo por
su zelo infatigable , hasta el año de 1781 ha­
bía observado 19 cometas, de los que él ha
descubierto 16. Con 16 cuerpos ha enriqueci­
do el sistéma solar : si no hubiera estado aten­
to, no sabríamos nada de algunos de ellos.. .
Se cuentan ya 59 cometas observados con bas­
tante exáctitud. Después que Messier se ha de­
dicado á la observación de los cometas, no
hay año en que no se vea alguno. El número
de cometas, sin ser infinito, puede ser muy
grande. . . la presencia del Sol debe robar la
vista de algunos cometas.” No pocas veces en
un
(1) La-Lande , Astronomie , n. 3002, ère.
(2) Corneteographie par M r. Pingré. Paris
1783. 4. roi. 2. En el roi. 2. part. 3. cap. 1.
(3) Histoire d'L' Astronomie moderne depuis
la fundation de /’ eccole d' Alexandrie jusqu’ a F
an. 17S2. par M r. Bailly. Paris 1785. 4. roi. 3.
E n el roi. 3. dise. 2. p. 72. y p 78.
Pa rte I.
Pp

Cometas
415 vistos
hasta el
166$.
Cometas 39
vistos desde
el 1Ó6; has­
ta el 1779.

2^74
Via ge estático
un año han aparecido dos cometas; y algunas
veces se han visto dos cometas (i) al mismo
tiempo. Según estas observaciones sobre el nú­
mero de cometas aparecidos , se hace creíble,
que estos á lo menos se cuenten á centenares.
De la cantidad y calidad de su masa nada se
sabe : todo lo que sobre ellas se dice , es ar­
bitrario. Riccioli refiere las (2) opiniones de
algunos Astrónomos que suponían algunos co­
metas mayores, que los planetas. Eulero juz­
gó (3), que el cometa del 1744 tenia tanta
masa como Mercurio , y que en la órbita de
éste había causado grandes turbaciones. Pingré niega estos efectos, y dice , que según
Struyck el núcleo , ó el verdadero cuerpo de
los cometas es menor que el de los planetas.”
Los Astrónomos discordan mucho en sus con­
jeturas sobre la grandeza del cuerpo de los
cometas desnudos de la atmósfera luminosa
que comunmente los rodea ; mas la observa­
ción hasta ahora no poco concurre para con­
jeturar prudentemente, que algunos cometas son
tan grandes como los planetas , á lo menos
como Mercurio ó Venus ó la tierra.
Estas noticias que has oído , Cosmopolita,
so-

(1 ) Riccioli en el lugar citado hace relación
de algunos cometas aparecidos á un mismo tiempo.
(2)
Riccioli en el volumen segundo citado,
lib. 8. sec. 1. cap. 4 . p. 24. y cap. 11. n. 20. pá-

¿ina 55
( 3 ) Véase Pingré citado, rol. 2. p. 3. cap. 2.
-

al mundo Vianetario.
$
sobre el número y la grandeza de los cometas
son otros tantos antecedentes , según los quales es necesario inferir, ó á lo menos conje­
turar , que los Astrónomos modernos en vir­
tud de su sistéma físico de atracción, deben
poner desde el Sol hasta el centro del mundo
planetario la distancia no ya de poco mas de
cien mil leguas, sino de algunos millones de
ellas. La distancia de cien mil leguas entre
el Sol , y el dicho centro se pone por dichos
Astrónomos, calculándose el efecto que en él
debe hacer la sola atracción de los demás pla­
netas : si á esta atracción se añade la que de­
ben causar centenares de cometas, de los que
no pocos probablemente se conjetura ser tan
grandes como algunos planetas , parece, que el
conjunto de las virtudes atractivas planetaria
y cometaria , deba hacer su efecto mas sen­
sible en el S o l, y consiguientemente alexarlo quizá centenares ó millares de veces mas
del centro del mundo planetario. Si pudiéra­
mos , Cosmopolita , hacer una balanza , de la
qual en una extremidad pusiéramos al S o l, y
de la otra parte á todos los planetas y co­
metas , i quién sabe si el fiel ó centro de la ba­
lanza estaría enmedio de ella , y consiguien­
temente serían iguales los pesos de sus dos ex­
tremidades ?
A la verdad , los Astrónomos, ignorando
el número de cometas que hay , y su grande­
za , no pueden determinar la distancia que hay
desde el Sol hasta el centro del mundo pla­
netario, ni la mayor ó menor virtud atracti­
va del S o l, comparada con la de los planetas
Pp 2
y

E l Sol pro­
bablemente
dista del
centro mun­
dano millo­
nes de le­
guas.

Se ignora el
sitio del
centro mun­
dano.

276

Los cometas
verifican y
falsifican el
sistèma de
la atrac­
ción.

Viage estático

y cometas. Bailly dice (1) , que el sistema de
Newton se confirmó con el cometa del 1759,
en cuyo año se habia pronosticado anticipa­
damente su aparición. Mas Bailly , que tam­
bién habla del cometa aparecido en el 1770,
y dice : Que según Lexell y Pingré tiene el
pequeño periodo de cinco años y medio, pu­
diera haber dicho, que este cometa falsifica­
ba el sistèma de Newton ; pues que é l , como
dice Pingré (2), atormenta mucho á los Astró­
nomos. Se deberá, pues, decir, que si el si­
tio del centro del mundo planetario se debe
determinar según los puros principios del sis­
tèma físico de la atracción, la muchedumbre
y grandeza de planetas y cometas hacen con­
jeturar que dicho centro dista del Sol millo­
nes de leguas. Si se prescinde del sistèma de
la atracción, y con la sola observación astro­
nómica se quiere determinar el sitio del cen­
tro del mundo planetario , para determinarlo,
el sistèma copernicano queda despojado de sus
mejores compases é instrumentos , ó queda en
el nivél en que está el sistèma llamado ticónico compuesto ; pues que éste explica sufi­
cientemente todos los fenoménos celestiales,
y además de esto se acomoda á lo que se ve
por apariencia.
Se me podrá oponer aún , que las órbitas
de los cometas se observan tan esparcidas por
to(1)
(2)

Bailly citado , p . 78.
Pingré citado.

al mundo Vianetario.

i? ?

todo el Cielo , que por razón de tal situación,
y de la variedad de movimientos en los co­
metas , lo que uno de estos h a c e , se desha­
ce por otro. A esta réplica respondo , vol­
viendo á reproducir lo que antes he dicho. Te­
nemos noticia de haber aparecido mas de 454
cometas , de los que solamente apenas 60 se
han calculado con alguna exáctitud. Entre to­
dos estos se conjetura con alguna certidumbre
de tres solos, que se han dexado ver varias
veces : de los demás nada se sabe : ignórase
si todos son ó no diferentes. Asimismo de los
demás cometas , fuera de los dichos 60, no se
sabe nada en orden á su masa, rumbo y mo­
vimiento , si era directo ó retrogrado. Según
esta confusión é ignorancia, me parece , que
sin fundamento se opone, que unos cometas con
su atracción destruyen lo que otros hacen. Lo
mas natural (según mi parecer) es juzgar ó
decir a s í: »Se advierte que al sistéma solar per­
tenecen los planetas y com etas, y el número
de estos es sin duda grande : no sabemos si
son mil ó mas , y probablemente son cente­
nares : ignoramos su grandeza, y de pocos
sabemos su rum bo: luego sobre este punto,
y sobre las conseqüencias que de él se deri­
van , necesariamente procedemos con gran ig­
norancia.” En orden á los planetas, estos (no
contando sus satélites) son solamente ocho**
respecto de los quales , los cálculos de la atrac­
ción se entienden bien , y hallan no inverisí­
mil verificativo; mas ¿quién no considera, que
el número de ocho astros , comparado con el
gran número que probabilísimamente hay de
co-

2

Via ge estático
cometas, es sumamente pequeño , é insuficien­
te para fundar un sistèma universal ? Sabemos
por experiencia , que en la astronomía una su­
posición falsa nos da conseqiiencias bastante­
mente conformes á la experiencia, porque la
dicha suposición no dista mucho de la ver­
dad. Así siendo la parábola una curva esen­
cialmente distante, y algo diferente de la elip­
Con hipóte­ se , no obstante de conocerse que los come­
sis falsas tal tas se mueven por curva elíptica, se supone,
vez se en­ que se mueven por una curva parabólica ; y
cuentra la
los cálculos en esta suposición falsa nos dan
verdad.
conseqiiencias conformes á lo que buscamos.
¿Por qué, pues, no se podrá decir lo mismo
de la atracción ? La física y la medicina abun­
dan de exemplos prácticos, con que se hace
v e r , que hipótesis falsas tal vez no impiden
hallar muchas verdades , ó á lo menos mu­
chas cosas que se acercan á la verdad. Esto
mismo experimentamos en la astronomía, co­
mo lo prueba el caso ó exemplo que te aca­
bo de poner.
Esto baste , Cosm opolita, para que sepas
formar algunas dudas sobre los puntos que hoy
la física-astronómica nos decanta como cier­
tos. Yo pudiera haber esforzado mas estas du­
das , haciendo mención de la atracción de las
estrellas, la q u a l, á mi parecer, no obstante
la gran distancia de e lla s, no se debe despre­
ciar por razón ya de su grandeza suma , y ya
de su inmenso número ; mas esto sería intro­
ducirnos en un caos , de que no podriamos sa­
lir facilmente. Dexemos , pues , estos puntos,
cuya consideración y exámen son ciertamente

su-

al mundo Planetario,
2^9
superiores á nuestras fuerzas, y convirtamosnos á
la contemplación de otras cosas que no exceden
nuestro talento , ni están tan fuera de su esfera.

Continúa la P arte prim era.

IN-

280

INDICE DE LO CONTENIDO
en este Tomo.
PRIMERA JORNADA.

El Sol.
§. I. Adm irable 'velocidad del pensamiento humano.
H um ilde súplica á la eterna Sabiduría p a ra
implorar su asistencia. D istancia desde el Sol d
la tierra. Itinerario ó descripción del camino que
se ha rá en el viage estático ...........................Pág. 1.
§. II. G randeza del Sol.......................................... 29.
§. III. Substancia y calor solar ............................. 4$.
§. IV. L u z s o la r ................................................... 72.
§. V. Propagación de la luz solar según los nevotonianos ; su admirable velocidad , y espacio in­
menso por donde se difunde ............................... 83.
§. VI. Propagación de la luz según los antinevotonianos. Se explica la naturaleza de los colores. . 1 1 7.
§. VII. D ensidad ó masa solar : g ravedad 6 peso
de los cuerpos en la superficiesolar ..................... 139.
§. VIII. A tm ósfera del S o l: sus manchas y luz zo­
diacal ................................................................... 148.
§. IX. Movimiento del Sol.......................................I 75 *
§. X. Atracción de toda materia y sus efectos. I n ­
vención del sistema de la atracción aplicado á la
Astronomía , p a ra señalar la causa del movi­
miento circular de los astros por los espacios
etéreos....................................................................1S9.
§. XI. B reves reflexiones sobre la verifcación de
las leyes de la atracción en los cuerpos terrestres. 235.
§. XII. Quietud del Sol según el sistema de la
atracción. Refexíones y observaciones que obli­
gan á dudar de la quietud del Sol..................... 247.

( 'amet as

Fis lira I.

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II
îe ATicrra

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j. ÂMerciirh
.Sol

/leva s Viaje extatne Parte I Numero I

EXPLICACION
DE

LAS

FIGURAS

DE

LA L A M I N A

I.

L a figura i representa el sistema solar, comunmente llama-'
do copernicano , en el qual se supone , que al rededor del Sol
se mueven todos los planetas y cometas girando por órbitas
elípticas. Los planetas que giran al rededor del Sol son , Mer­
curio , Venus , Tierra , Marte , Júpiter , Saturno y Urano.
Este último planeta se descubrió en el año 1781 : la histo­
ria de su descubrimiento y de sus observaciones astronómi­
cas hasta el año 1793 , como se verá en el Tomo IV , pági­
na 1 de este viage estático. Al rededor de Urano giran dos
lunas ó satélites : cinco satélites giran al rededor de Saturno:
quatro satélites al rededor de Júpiter} y la Luna al rededor
de la tierra. Las órbitas de los planetas al rededor del Sol se
representan en la figura 1 , por los círculos grandes, y las ór­
bitas de los satélites ó lunas al rededor de sus respectivos pla­
netas se representan por los círculos pequeños.
,
Los cometas se alexan del Sol mas que los planetas , y
sus órbitas se prolongan mas que las de estos , como se ve en
la figura 1 , en que se ponen dos órbitas elípticas de dos co­
metas 5 y la sola vista de ellos basta para conocer cómo y
quándo los cometas al moverse por sus órbitas ya se acercan
mas , y ya se alexan mas del S o l, que los planetas. Los cír­
culos representantes las órbitas de los planetas , cuyos nom­
bres están notados sobre ellos , tienen su positura según el
orden succesivo , con que los planetas distan del S o l; mas no
tienen la situación correspondiente á la respectiva distancia de
cada planeta hasta el Sol ; pues para que tuvieran esta si­
tuación , y la representáran á la vista , los dichos círculos de­
berían ser diez veces mayores , que los círculos de la figurad
Para suplir la falta de estos círculos máximos , y para que á
la vista se representen las respectivas distancias , que los pla­
netas tienen algunas veces hasta el Sol , sirve la linea de la
figura 2 , en la que suponiendo que el Sol está al principio
de la linea en la extremidad en que se lee Sol , y que los de­
más planetas están en las rayas que se ponen enfrente de los
números 4. 7. 10. 15. 52. 95. 190. se tendrá á la vista la re­
presentación de las respectivas distancias de los planetas, cu­
yos nombres se notan en la misma linea. Las distancias respee-

pectivas de los planetas hasta el Sol están entre s í , como los
números 4. 7. 10. 15. 52. 9$. 190: por lo que el número 10
representará la distancia desde la tierra al S o l, que es de 34
millones de leguas : el número 15 (distancia de Marte hasta
el Sol) indicará 51 millones de leguas: el número 95 indica­
rá , que la distancia de Saturno es nueve veces y media ma­
yor que la de la tierra al Sol } y el número 190 indicará,
que Urano dista del Sol 19 veces mas que la tierra. Sobre
Urano está la región cometaria $ esto es , la región adonde
llegan los cometas en su mayor alexamiento del Sol.
La figura 3 representa las respectivas grandezas del Sol
y de los demás planetas. Por ser el diámetro solar ciento y
once veces mayor que el de la tierra , se necesita hacer un
círculo grandísimo , para figurar el disco solar j de modo ,
que los demás planetas se puedan respectivamente represen­
tar con círculos algo visibles. A este fin , en la figura 3 se
pone el quadrante de un circulo , que represente al disco so­
lar , y dentro del quadrante se ponen los demás planetas con
las grandezas que les competen , en comparación de la gran­
deza del Sol. Se ignora hasta ahora la verdadera grandeza de
Urano , el quai ciertamente debe ser mas grande que se re­
presenta en la figura. Se notan el nombre y el símbolo as­
tronómico , con que se caracteriza cada planeta. A Urano,
por las razones que se expondrán en la página 1 del Tomo
IV se pone por símbolo una estrella sobre un círculo , el
qual símbolo se aplica á la platina, metal nuevo que se
apropia á Urano.
El semidiámetro del quadrante del disco solar puede ser­
vir de escala para medir y determinar la respectiva grandeza
de los planetas, que se figuran dentro del mismo quadrante.
La escala es de 1?9,698 leguas, de que consta el semidiá­
metro del disco solar.

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