Viage estático al mundo planetario. Tomo II

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Madrid

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Impresos
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292
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0000000003
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Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Imprenta de Aznar
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
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CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1793
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V I AGE ESTÁTICO
AL

MUNDO

PLANETARIO.

T O M O SEGUNDO.

.... - - .. ....É*

VIAGE ESTÁTICO
AL MUNDO PL A N E TA R IO ,
EN QUE SE OBSERVAN E L M E C A N ISM O
y los principales fenómenos del Cielo ; se inda­
gan sus causas físicas , y se demuestran la
existencia de Dios y sus admira­
bles atributos.
OBRA
bel

A bate T>. L o r e nz o H e r v Ás

,

y

P an duro,

Socio de la Real Academia de las Ciencias y A n ti­
güedades de Dublin y de la Etrusca
de Cortona.

SIGUE LA PARTE PRIMERA.

CON

LICENCIA,

En Madrid , en la Imprenta de A znar.
AÑO MDCCXCIII.

Laurentius Herväs , qui in Horcajo nobili oppido Marchiae
Laminitanae natus anno 1735 , cùm nomen dederit Soc. J.
in Italiani cum caeteris hujus religiosi ordinis anno 1767
deportatus, ab anno 1778 incipit typis Caesenatibus in lucem italìcè emittere plura Volumina sub titulo idea Universi,
in quibus decimum sextum cum duobus sequentibus , quae
de linguis agunt , admirationem mihi conciliavit propter
acumen in g en ii, amplitudinem memoriae , et omnis gene­
ris eruditionem , quae in iis elucent =
De signis idearum opus secundis curii latiùs auctum : auctore Andrea
Spagnio. Romae 1788. in 4. num. 3.

Pág. i
w

VIAGE ESTÁTICO
AL MUNDO PLANETARIO.
SIGUE LA MATERIA ANTECEDENTE
D E L C U E R P O S OLAR.

§. XI I I .

,

,

E l Paganismo idólatra del Sol Observa­
ción físico-astronómica del mundo planeta­
rio ó declaración de la causa f ísica del
movimiento de los planetas.

,

JE Ü eitios contemplado , Cosmopolita, la fi­
gura , grandeza y masa del Sol: su luz , su
fuego , su atmosfera y su movimiento de ro­
tación y de traslación : no me parece que en.
el globo solar quede otra cosa digna de nues­
tra atención ; por tanto , para seguir el des­
tino de nuestro viage , concluida la conside­
ración del cuerpo solar , y de sus fenóme­
nos , deberémos desde aquí contemplar el as­
pecto de todo el mundo. De esta observa­
ción es ahora tiempo oportuno ; mas por no
hacerte mis discursos demasiadamente pesa­
dos con la homogeneidad de ideas, y de ob­
servaciones físicas y astronómicas , y por dar­
te

2

Viage estático

te alguna diversion con la variedad y erudi­
ción histórica , suspenderé la contemplación
del mundo planetario por brevísimo tiempo
que útilmente procuraré emplear con una di­
gresión , en que te propondré el respeto con
que el gentilismo ha mirado en todos tiempos,
y aún mira este hermoso planeta. En la di­
gresión te haré conocer y aun ver , la men­
tal ceguedad de los hombres en idolatrar en
él Sol, descubriéndote al mismo tiempo la cau­
sa de su ciego error é idolatría. No es justo
que dexemos sepultado en el olvido este pun­
to importante de la historia de la Religion,
y no totalmente ageno de la historia Astro­
nómica.
Causas de
Si queremos hallar , Cosmopolita , la cau­
la idolatría sa de la ceguedad de los hombres en idolatrar
en el Sol.
en el Sol, desde luego descubrirémos , que á
su idolatría concurrieron todas aquellas cir­
cunstancias que han causado ó promovido el
origen del culto á las demás falsas deydades.
Por poca reflexion que hagamos sobfe la fá­
bula , verem os claram ente que la idolatría , de
que ella forma la verdadera historia , debe su
origen á varios accidentes comunes en todos
los pueblos , y á varios vicios propios del en­
tendimiento y voluntad humana. Veremos que
tal origen se debe al uso de los símbolos mal
entendidos que suplían por las letras , á los
hechos desfigurados que de algunos Héroes se
leían en las historias , y se contaban ó con­
servaban por tradición vulgar , á los varios
nombres con que se apellidaba una sola per­
sona , á la invención de las pinturas , estatuas
y

al mundo Planetario.
3
y teatros , á la falsa eloqiiencia de los Ora­

dores é Historiadores , á la ilimitada libertad
y costumbre que los Poétas tenian de desfi­
gurar la verdad con innumerables ficciones,
á la mala inteligencia (1) de los Libros Sagra­
dos , á la ignorancia de la verdadera Filoso­
fía , y á la innata propensión del hombre de
querer obligar ó aplacar á aquellos entes que
figurándolos causa de su fortuna ó desgracia,
veneraba propicios, ó temia adversos, y su­
ponía ciegamente de superior naturaleza. Si no
temiera ser demasiadamente prolixo , Cosmo­
polita , te confirmaría todas estas proposicio­
nes con otros tantos hechos ó pasages de da
fábula é historia ; mas dexando de hacer es­
ta confirmación que tú mismo podrás hacer
leyendo la historia de la fábula, yo solamen­
te discurriré del asunto propuesto , que es del
culto dado al Sol.
Los hombres, ignorantes de la verdadera
Filosofía , sentían dentro de sí los mas íntimos
y fuertes impulsos de la razón natural , que
les movia á reconocer y adorar el Supremo
Hacedor, y confundiendo estos impulsos con
los
(1) Las obras del P. Tomasin , las del doctísi­
mo Huet , las del Autor del Homero Hebraizante,
la Teología gentil de Daniel Clasenio , y las re­
flexiones de Fourmont sobre los antiguos pueblos,
hacen conocer que muchísimas fábulas deben su
origen á los ritos Hebreos, y á los Libros Sa­
grados.

4

Viage estático

los errores de su ignorancia, y con los victos
de su voluntad , hicieron que se obscureciese
en su mente la idea del Supremo Sér , pura­
mente espiritual. Sus espíritus alucinados em­
pezaron á levantar sus deseos , dirigir sus res­
petos , y humillar sus temores á los entes ma­
teriales , que en la naturaleza sensible por su
ignorancia creían ser los mas admirables , y
por experiencia hallaban benéficos , y veían
en las mas encumbradas alturas soberanamen­
te elevados y visibles á todos los hombres.
Estas falsas ideas de la ignorancia y supers­
tición , objeto y pasto á ellas proporcionado,
encontraron en los astros , y principalmente
en el Sol, el qual entre todos ellos por sus efec­
tos sensiblemente útiles , y por su vista sor­
prendente se hacía el mas digno de su con­
Oficio y vir­ templación. La hermosura del Sol , mar in­
tudes del menso de luz viva, que ofende á quien se atre­
Sol.
ve á mirarlo , su regularidad en recorrer con
increíble velocidad su órbita , y en alumbrar
todo el mundo , distinguiendo las noches de
los dias ; los m eses , los años , y las estacio­
nes de estos ; y su liberal y universal virtud,
con que acelera la procreación de los minera­
les y la fecundidad de las plantas, y espar­
ce sus beneficios sobre todo lo sensible, eran
á la superficial contemplación de los hombres
ignorantes otros tantos caractères que la ig­
norancia de ellos se ideaba propios de una di­
vinidad. Esta falsa idea creció en los hombres
á proporción que en ellos , por sus vicios, se
obscureció la que tenian innata del Supremo
Hacedor, y de su domicilio glorioso en los

La igno­
rancia, cau­
sa de la su­
perstición y
de la idola­
tría.

Cié-

al mundo Planetario.

£

Cielos; de m odo, que la ignorancia y los vi­
cios ofuscaron la mente humana, y la ofus­
cación hizo que los hombres , desconociendo
á su Criador , pusiesen ó reconociesen en su lu­
gar las criaturas.
La ignorancia tiene dos extremos , que son,
como dice San Clemente Alexandrino , la im­
piedad y la superstición. Esto mismo expuso
Plutarco en su tratado de Isis y Osiris , en que
dice así : «Algunos apartándose del derecho
sendero cayeron en la superstición ; y otros
huyendo de ésta, como de un escollo ( i ) ,
cayeron imprudentemente en el precipicio de
la impiedad.” La ignorancia de las cien­
cias en general, y principalmente la de la éti­
ca , ciencia de buenas costumbres , degeneran
en superstición ó impiedad. Pesa , Cosmopoli­
t a , con justa balanza dos naciones paganas,
y hallarás, que la mas ignorante en sus má­
ximas y en su religión es la mas impía ó su­
persticiosa : aun entre dos naciones , que pro­
fesan la Religión Christiana , hallarás , que si
las dos practican una misma ética, es mas
supersticiosa la mas ignorante ; y que si es di­
versa la práctica ética , será mas impía la na­
ción mas viciosa. El desenfreno y desahogo de
las pasiones corrompen la ética ó la ciencia
de
(i)
En lugar de escollo Vossio lee laguna , por
la que entiende escollo , precipicio. Véase G erar­
dí Jo. Vos sii de T /teologia gentili. . . idolatria.
Amsteìod. 1770. fol. lib. i. cap.
p. (S.,
P a rte I I .
B

La impie­
dad y la su­
perstición
son dos ex­
tremos de
la ignoran­
cia.

Idea uni­
versal de
ser los Cie­
los habita­
ción de
Dios,

6
Viage estático
de las costumbres; y esta corrupción encami­
na á la ignorancia de las ciencias naturales,
cuyo estudio es necesario al hombre para ha­
cerse útiles las producciones y el servicio de
la naturaleza. En esta proposición te he in­
dicado los fundamentos de toda idolatría , y
principalmente de la del Sol, de que única­
mente debo discurrir. Obscurecido con los vi­
cios en los hombres el conocimiento del Cria­
dor , y pervertidas en sus mentes las ideas que
tenían de su habitación gloriosa en los Cie­
los , del destino de los astros para servicio
m aterial, y de su observación necesaria pa­
ra arreglar en la tierra las sementeras y co­
sechas de las producciones naturales, la ig­
norancia de estos conocimientos útiles produxo la monstruosa idea de atribuir á los as­
tros ( y principalmente al S ol, como á prime­
ra causa) los benéficos y sensibles efectos,
que de ellos inmediatamente recibían , y de
suponerlos animados ; y estas conseqiiencias hi­
cieron brotar de la ignorancia común la ido­
latría al S o l, que hallo h a b e r sido casi univer­
sal en las antiguas naciones. Te haré patente
este manantial de la idolatría solar con bre­
ves reflexiones.
No encontrarás nación de tanta ignoran­
cia , que no convenga con las naciones mas sa­
bias en creer , que los Cielos son habitación
divina. El pagano mas ignorante y bárbaro,
levanta las manos y los ojos al Cielo para pe­
dir é implorar la asistencia , y el socorro de
sus falsas deydades. Por idea innata ó por tra­
dición succesi.va, y nunca interrumpida desde

al mundo Planetario .
?
el primer hombre que apareció en la tierra,
todos los terrícolas han creído, que los Cielos son la morada de la Divinidad. Según es­
ta idea no menos verdadera que santa se ha­
bla en las Sagradas Escrituras , diciéndose,
que el Cielo es morada (i) de D ios, como la
tierra lo es de los hombres. La noticia cier­
ta que los primeros hombres tuvieron de ser
los Cielos el domicilio de la Suprema Divini­
dad , que en él hacía participantes de su glo­
ria á sus criaturas escogidas , alterada ó cor­
rompida con la ignorancia y con los vicios, hi­
zo que se confundiese la morada de los Cie­
los con el que los crió y los habitaba en glo­
ria sensible á sus criaturas: por lo que los Cie­
los se veneraron como si fuesen una deydad.
Esta falsa persuasión que tuvieron algunas na­
ciones antiguas , se arraygó tanto en las orien­
tales , que hasta ahora el vulgo de casi tres­
cientos millones de terrícolas, que profesan las
supersticiones chinas, confunde en el nombre
y en la realidad el Cielo con el Supremo Ha­
cedor. A éste dan el nombre Tien (2), con
que también significan el Cielo ; y la identi­
dad del nombre Tien para significar Cielo y
Cria(1) Psalm. 113. v. 6 . Coelum coeli Domino:
terram autem dedit hominibus.
(2) Véase Philosophia sínica , authore Francisco Noel Soc. J. Pragrf. 171 1. 4. En el piimer
tratado largamente se examinan la significación y
el uso de las palabras Chinas Tien y Xam-ti.
B2

8

Por qué los
hombres
creen serlos
Cielos ha­
bitación de
Dios.

Viage estático

Criador, ha hecho en todo el vulgo idénticas
las ideas de una y otra cosa : por lo que los
Misioneros Christianos en China , para signi­
ficar el Supremo Hacedor usan comunmente
la palabra C h a n g -ti (otros dicen Xam-ti ) que
significa del Cielo Señor ó Rector. La palabra
CzV/o, aun entre nosotros los Christianos, se lisa
para significar la Suprema Divinidad, por lo que
quando decimos : válgam e el Cielo , por la pa­
labra Cielo entendemos al mismo Dios ; y por
veneración á la Suprema Magestad siempre
fué sacrosanto el jurar por el C ielo, como tro­
no en que ella reside gloriosamente.
Te he supuesto, Cosmopolita , en los hom­
bres innata ó promovida por tradición no in­
terrumpida desde el principio del mundo la
idea de ser los Cielos habitación del Supremo
Hacedor ; y esta suposición me parece fun­
dada en la razón natural, y no en la física
que alegan Aristóteles y Temistio. El prime­
ro , en el lib. i. del C ielo , al cap. 3, dice así:
»?Todos los que creen haber dioses , así los
Griegos, como los Bárbaros, dan á los dioses
el mas elevado lugar, porque al inmortal con­
viene lo inmortal.” Temistio , en su paràfrasi
según la versión de Moysés Alatino , dice:
j?Los Griegos con los Bárbaros atribuyen á
Dios el Supremo lugar que rodea al mundo,
y al cuerpo sólido que en dicho lugar se con­
tiene ; pues que hemos hallado que ellos le­
vantan ácia el Supremo lugar las manos , prin­
cipalmente quando oran. Confiesan y juzgan
ser cosa justa , que el dicho lugar sea inmor­
tal, y sin principio.” Los hombres no por juz­
gar

al mundo "Planetario.
9
gar que eran inmortales los Cielos los creye­
ron morada de Dios inmortal ; mas lo creye­
ron por natural idea insita á la mente huma­
na , como dice Simplicio , comentando el cita­
do texto de Aristóteles; ó por tradición succesiva desde el primer hom bre, como insinué
antes.
Se adulteró y corrompió en los hombres
la idea que tenian de ser los Cielos mansión
visible de Dios ; y confundiendo al Habitador
y Señor con su domicilio visible, éste empe­
zó á ser adorado como Divinidad visible á to­
dos los mortales. Convertido viciosamente el
Cielo en objeto de culto sagrado , como si fue­
ra Divinidad , los hombres fácil y casi nece­
sariamente empezaron á distinguir con vene­
ración religiosa á los astros que en estas re­
giones celestes se distinguían por su grandeza,
hermosura y benéficos influxos : y siendo el
Sol entre todos ellos el que por tales propie­
dades y efectos se merecía la mayor distin­
ción , ésta le anticipó su culto.
De los atributos que caracterizan al Sol,
y le dan la preeminencia sobre los demás as­
tros , no debo discurrir ; porque tú , Cosmo­
polita , me has oído hablar de los principa­
les en esta jornada ; y á la menor reflexión
los distingue qualquiera que atentamente lo ob­
serve , y coteje con los demás astros. El Sol
se mira como la mas preciosa joya del Cielo
según la universal persuasión de los hombres;
y conforme á ésta en las Sagradas Escrituras
los atributos divinos se explican metafórica
y materialmente con los del Sol. Así en ellas
se

io
Los atribu­
tos sola­
res , símbo­
lo sensible
de los divi­
nos.

Viage estático

se lee, que »el Señor (i) puso su Tabernácu~
lo en el S o l, y que como éste era su Tro­
no.’’ En las mismas Escrituras el Señor se lla­
ma (2) Sol de Justicia ; y se dice , que él ven­
dría (3) desde el nacimiento del Sol. Estas y
otras expresiones (4) semejantes con que en
los libros Sagrados el Señor se llama S o l, ó
á éste metafóricamente se asemeja, se usan
para explicar materialmente los atributos de
la Divinidad invisible. Aunque los libros Sa­
grados se escribieron dictándolos la Sabiduría
Eterna ; mas porque eran libros que los hom­
bres habian de leer , muchas de sus expre­
siones son conformes á la común persuasión
de los hom bres, para que estos entendiesen
mejor su doctrina. Esta advertencia te servi­
rá , Cosmopolita , para conocer mejor la va­
na pretensión de aquellos Filósofos, que de las
Sagradas Escrituras (com o antes te insinué)
quieren inferir , que la tierra está quieta , y
el Sol se mueve al rededor de ella.
El Señor previendo el origen de la idola­
tría en la i g n o r a n c i a , y que las conspicuas ca­
lidades del S o l, de la Luna y de los demás
as(1) Psalm. 18. v. 6. In sole posu.it tabernaculum sttum. Psalm. 88. 38. Tronus ejus sicut Sol.
(2) Ezechiel 4. v. 2. Orietur vobis timentibus notnen suum Sol justititf.
(3) Isaias 41. v. 25. E t rveniet ab ortu solis.
(4) Sap. Qi 5. v. 16. c. 13. Eccli. 27. v. 12.
Apocal. c. 12. v. 1. c. 19. v. 17. &c.

al mundo V ia n et ario.
n
astros podian inducir el pueblo ignorante á su
adoración , á la nación Hebrea en su ley dio
el siguiente aviso: »Estad (i) atentos, no sea
que alzando la vista al Cielo , y viendo el
S o l, la Luna y los demás astros del Cielo,
engañados los adoréis ; y venereis lo que vues­
tro Dios crió para servicio de quantas gentes
viven báxo de los Cielos.” Los Hebreos te­
niendo presente este aviso Divino , y viendo
que los paganos idólatras del Sol para orar se
ponían enfrente del oriente, y que ácia éste
estaban situados sus Templos , para distinguir­
se del paganismo idólatra fabricaban ácia oc­
cidente sus santuarios. En la Sagrada Escri­
tura (2) se hace mención de los impíos que
en el Templo volvían la cara al nacimiento
del Sol para adorarlo. Los primeros Christianos alumbrados con la verdadera fé , según
la qual el culto debido á la Suprema Divini­
dad no se puede dar á ninguna criatura , y
acomodándose á las expresiones metafóricas,
con
( 1 ) Deuteron. 4. v. 19. JSfe fo rte elevatis oculis a d Coelum •videas Solem , et L,unam , et omnia,
a stra Coeli , et errore deceptus adores ea ; et colas , quae creavit Dominus D eu s tuus in ministerium omnibus gentibus , quce sub Coelo sunt.
(2) Ezechiel 8. v. 16. In ostio templi Domini
inter •vestibulum , et altare quasi uiginti quinque
•viri dorsa habentes contra templum Domini ; et
fa cies ad Orientem : et adorabant ad ortum sohs.
Véase tambien el v. 1. del c. 1 1 .

12
Viage estático
con que en los Sagrados libros el Señor se ase­
meja al S o l, para orar se volvían acia orien­
te , y acia éste colocaban sus Iglesias de mo­
do , que en ellas se orase mirando ácia el na­
cimiento del Sol.
La idolatría en éste, según las historias Sa­
grada y Profana , fué casi universal entre las
naciones paganas ; y aunque la universalidad
es prueba de su antigüedad , ésta en dichas
historias se indica de tal modo , que no in­
verisímilmente se puede fixar en los siglos in­
mediatos después del diluvio la primera épo­
ca de la adoración al S o l, quando con Maimónides no se diga , que esta adoración em­
pezó en el tiempo antediluviano. Casi todas
las naciones, de que hacen mención los anti­
guos Autores Griegos, idolatraron en el Sol.
Hé aquí las noticias, que sobre el culto al Sol
nos dan : te las referiré interpolándolas con
algunas reflexiones, que sirvan para desenre­
dar la série algo confusa de las épocas ó de
los tiempos en que empezó , y se hizo univer­
sal la idolatría en el Sol.
Sanconiaton, historiador profano el mas an­
tiguo
que reconoce la literatura , hablando del
Culto de los
origen
de su nación fenicia (i) dice, que en
Fenicios al
tiempo de Jenus y Jenea , hijos de ProtógoSol.
nos, sucedió una gran sequedad , y que enton­
ces
(i) Ensebii Pamphili praparatio evangélica
gr. ac lat. interp. Francisco Viguero S. I. París
1678. fol. lib. 1. §. lo. p. 34.

a l mundo Planetario.
13
ces ellos levantaron las manos al S o l, que mira­
ban como á Dios único y amo de los Cielos ; y
le dieron el nombre beelsamen » (palabra fe­
nicia , que significa Señor-de-Cielos).” En el
apéndice á mi historia de la creación de la
tierra discurro de la historia antediluviana, se­
gún los Autores profanos; y allí pruebo , que
jenus y Jenea , que Sanconiaton hace hijos de
Protógonos , fueron hijos de Adam , que San­
coniaton llama Protógonos , esto es , el prim er
engendrador. Sanconiaton, pues, pone en el
principio del mundo la primera época del cul­
to al S o l, con ocasión de la sequedad que ex­
perimentaron los hombres , creyéndola efecto
natural del calor solar. Me inclino á conjetu­
rar , que entre los fenicios alguna extraordi­
naria sequedad pudo ser motivo de la prime­
ra adoración del Sol, á cuyos absolutos é in­
dependientes infiuxos la ignorancia humana la
pudo atribuir; mas no se hace creíble, que
tal ignorancia pudiese haberse apoderado del
corazón humano viviendo Adam , ó algunos de
sus hijos.
Con Sanconiaton hallo convenir Maymó-

nides , el qual en el principio de su libro sobre
la idolatría y las costumbres de las naciones,
dice (1) a s í: »En tiempo de Enos los hombres
er( 1 ) R . A ío sis M aim onidis L íb e r de idolatrici
keb ra ice , ac latine. Estose halla en el principio

del tomo de Vossio (citado en la pág. 5. de es­
te volumen).
P a r te I I .

C

i4
Viage estático
erraron; y se entorpeció la mente de los sabios
que entonces habia. Uno de los que erraron, fué
el mismo Enos. El error fué así. Dios, decían
ellos , crió las estrellas, y estas esferas para
regir el mundo, las colocó en lo sublime , y
las hizo participantes de los honores. Dios se
vale de ellas , como de ministros suyos: por
tanto, justamente las debemos alabar , ensal­
zar y honrar. La voluntad de Dios bendito
e s , que ensalcemos y veneremos á quien el
Señor ensalza y honra : así como el Rey quie­
re que sean honrados sus Ministros , cuyo ho­
nor redunda en el del mismo Rey.” En esta
relación debes advertir dos cosas, Cosmopo­
lita. La primera es, que Maymónides convie­
ne substancialmente con Sanconiaton en el tiem­
po en que empezó la adoración de los astros:
pues que Maymónides pone su principio en
tiempo de Enos, nieto de Adam. La segun­
da e s , que la causa de la idolatría en el Sol,
según Sanconiaton, fué la opinión ó física vul­
gar de las gentes que atribuían al Sol la se­
quedad ; mas según Maymónides fué la opi­
nión filosófica y política de los sabios , que
mirando á los astros como á Ministros de Dios,
aconsejaban , que se les tributáse honor, por­
que éste redundaba en el mismo Dios.
La buena crítica, Cosmopolita, puede apro­
bar las dos causas de la idolatría en el Sol según
Sanconiaton y Maymónides ; pero no debe ad­
mitir por la sola y desnuda autoridad de estos,
que la dicha idolatría empezáse en el tiempo
antediluviano. Sanconiaton y Maymónides pro­
bablemente oyeron la tradición vulgar , que
fi-

al mundo Planetario.
15
fixaba en las primeras generaciones después
de la dispersión de las gentes en Babel el
principio de la idolatría solar; y ellos lo pu­
sieron en las primeras generaciones del linage humano después de la creación del mun­
do.
Es , pues , creíble, que la idolatría solar Época del
empezó en las primeras generaciones después principio
de la dicha dispersión de las gentes, pues que de la idola­
de otra manera difícilmente se concibe, cómo tría solar.
la idolatría solar pudo en la antigüedad mas
remota hacerse tan universal, aun entre na­
ciones , que hasta estos últimos siglos no se
han tratado ni conocido desde los primeros
siglos después de su dispersión en Babel. Si
por ventura el contagio irreligioso de la ido­
latría solar no se pegó á las naciones antes
que por la dispersión dexasen de tratarse, se
deberá conjeturar , que ellas desde los tiempos
mas remotos abrazaron la idolatría solar im­
pelidos de causas comunes ; esto es, de la idea
común que según la tradición y física vul­
gar , todos los hombres tenian de ser los Cie­
los habitación de D ios, de los sensibilísimos
influxos del Sol sobre la tierra , y de ser los
astros animados por inteligencias sublimes , y
gobernadores del mundo visible. Digamos, pues,
que en muchas naciones la idolatría solar se
hizo común por contagio: y en otras empe­
zó por inliuxo de ideas físicas vulgares , y
de noticias de tradición corrompidas por la
ignorancia. Según este sistéma se combinan las
noticias siguientes, que hallo sobre la univer­
salidad y antigüedad de la idolatría solar.
C2
»Es

V i age estático
»Es notorio, dice Eusebio Panfilo ( i ) , que
los Fenicios y Egipcios fueron los primeros
Idolatría que reconocieron la divinidad en el S o l, la
solar entre Luna y astros , atribuyendo á ellos solos la
los Egipcausa del nacimiento , y de la muerte de toC10S*
das las cosas.” Ya has oído, Cosmopolita, lo
que Sanconiaton dice sobre los Fenicios , de
quienes habla Eusebio en primer lugar. Sobre
la idolatría solar de los Egipcios habla así
Diodoro Siculo citado por el mismo Eusebio:
»es tradición (2) que los antiguos Egipcios ha­
biendo fixado su consideración en la contem­
plación del mundo , y observando con grande
y pasmosa admiración la naturaleza de todas
las cosas, juzgaron que el Sol y la Luna eran
dioses eternos, y los principales de todos : y por
ciertos conocimientos al Sol llamaron Osiris,
y á la Luna llamaron Isis.” Estas palabras de
Diodoro hacen conjeturar , que los Egipcios
habiéndose obscurecido entre ellos la Teolo­
gía natural, y la idea de la Suprema Divini­
dad , con el estudio de la física , y principal­
mente de la astronomía , deliraron reconocien­
do á los astros por dioses , y por principales
deydades al Sol y á la Luna. Platón conjetu­
ró , que la palabra griega theos , que signifi­
ca Dios , y dá la etimología á la latina Deus,
debe su origen á la consideración del curso de
los astros : pues que correr en griego se dice
Thein.
16

(1)
(2)

Eusebio citado, ¡ib. 1. §. 6 . p. 17.
Euiebio citado , lib. 1. §. 9 ./ . 27.

al mundo Planetario .
ip
Thein. »Yo así conjeturo , dice Platón ( poco
antes de la mitad de su diálogo intitulado Cratilo'): pareceme, que los antiguos Griegos so­
lamente veneraron los dioses , que al pre­
sente tienen muchísimos barbaros ; esto es,
al Sol, á la Luna, á la Tierra , á las Estre­
llas , y al Cielo. Ellos viendo todos estos cuer­
pos en perpetuo curso de la naturaleza del cor­
rer , que en griego se dice Thein , parece, que
los llamaron Theoys.” Esta conjetura de Pla­
tón solamente me parece verisímil en caso de
limitarla con la siguiente reflexión. El verbo
griego theo significa corso, mas también sig­
nificó miro, 'veo , observo , & c, y con alusión á
esta última significación tiene muchísimos mas
derivados , que con alusión á la significación
corso. Asimismo la palabra theos ( Dios) con
innumerables derivados, es de uso inmemorial
en el griego : y carácter expresivo de la Di­
vinidad es el ver todas las cosas. Por tanto,
parece que los astros se llamaron al principio
tlieoi ( corrientes) sin alusión á la Divinidad,
y el vulgo pudo fácilm ente equivocar este
nombre con el de theos, que se daba á Dios.
Por lo que entre los antiguos Griegos la igno­
rancia de la física naturaleza de los astros, y
la fácil equivocación de la palabra theo , que
se aplica al curso de ellos y á la Divinidad,
pudieron conspirar á la ilusión de llamarse
theoi ó dioses el Sol, y los demás astros.
En el Indostan y en los países inmediatos,
en que se profesa la Religión Bracmana , des­
de la mas remota antigüedad se adora el Sol
llamado mitra (significa amigo) en Samscret,
que

Culto al Sol
en el Indostan y en la
Persia.

18

Viage estático

que es el idioma Sagrado de dicha Religión.
De ésta los Persas tomaron el culto al Sol,
que llamaron M ihr, que según (i) Hyde sig­
nifica amor, misericordia, compasión. Del cul­
to bracmano al Sol trato largamente en mi
Obra de la Mitología planetaria ; y del cul­
to que le daban los Persas tratan muchos his­
toriadores profanos y eclesiásticos. Hesiquio
dice, que mitras ( este nombre indostano los
Griegos daban al mihr Persiano) era el primer
Dios de los Persas. Xenofonte habla de Artabazo , que juraba por mitras. Las Persas, di­
ce Suidas , juzgan que el Sol es mitras, á quien
ofrecen muchos sacrificios. Hyde á estas y
otras expresiones, en que parece denotarse
claramente el culto de los Persas al S ol, res­
ponde diciendo, que le daban honores civi­
les , y culto como á criatura, y no como á
Dios : lo que aún practican los Persas moder­
nos. Hyde asimismo juzga , que los Christianos , de que Sozomeno en su historia E cle­
siástica hace mención , martirizados por orden
de Sapor, por no haber querido adorar al Sol,
ignorantemente juzgaron, que esta adoración
civil entre los Persas pertenecía al culto divi­
no. Podrá ser , como defiende H y d e , que en
su origen fuesen civiles los honores que los
Persas daban al S o l; mas después por igno­
rancia ó viciosa doctrina, ellos fueron Sagra­
dos,
( i)
Historia religionis 'ueterum Persarum,
auctore Thoma Hyde. Oxonii 1700. 4. c. 4. p. 107.

al mundo Vianet ario.
19
d o s, y propios de la Divinidad ; pues que se­
gún Quinto C urdo y otros Autores profanos,
los Persas invocaban la asistencia del Sol. Es­
te era el B e el ( 1 ) , ó Semen de los Caldeos, en
cuya lengua Semen significa cosa del C ie lo ; el
Culto del
A d a d de los Asirios , el Moloe de los Cana- Sol entre los
neos , el Beelfegor de los M oabitas, el Satur­
Caldeos,
no de los Fenicios, el Oromagdo ( Dios del ge­ Cananeos,
nio ó de la fortuna) de los Armenios Capado- & c.
ces , el Asabino de los Etíopes , el Dionisio
de los Indianos , y el Afolo 6 Febo de los
Griegos y Romanos (2). Con estos últimos
nombres se encuentran no pocas inscripciones
hechas al Sol Dios. Adoraron al S o l, según
Estrabon , los Albanos (3), los Arabes y los
M a(1) Damascio en la vida de Isidoro (según
Tocio en su biblioteca al códice 242 ) dice, que
Jos Fenicios y Siros á Saturno llamaban E l , B el
y Bolathe. «Servio , hablando de la guerra Feni­
cia dice , que los Fenicios adoraban al Sol , que
en su lengua se llamaba H e l , de donde provino
la palabra griega Elios ( Sol
N o parece inve­
risímil que de E l (Señor en Fenicio) provinie­
ron las palabras caldeas y fenicias B e l , B al,Scc.
y los nombres B a a l , B e a l , de ídolos, de que se
hace mención en la Sagrada Escritura.
(2) Véase Vossio citado ( lib. 2. cap. 4.&C. )
que eruditamente trata del culto universal que
ha tenido el Sol (p . 5. de este vol.).
( 3 ) Strabonis rer. geograplacar, lib. X V I I .
gr. ac lat. Amstel. 1707. fol. lib. 11. ni'im. marg.
503. p . 768. Estrabon, lib. 16. n. 7 8 4 ./ . 1131 -

10
V i age estático
Masagetes ( i ) ; y todos los dioses de la anti­
güedad en su origen fueron el S o l, como lar­
gamente prueba Macrobio (2).
Entre las naciones de las Indias Orienta­
Culto al Sol
en las In­ les y Occidentales se ha encontrado no me­
dias Orien­ nos antiguo y universal el culto al S o l, que
tales y O c ­ lo era entre las naciones conocidas antigua­
cidentales.
mente. En la China , según sus excelentes ana­
les , traducidos por el Jesuíta Josef Moiriac
de Mailla , en el año de 2857 antes de la era
Christiana , su primer Emperador Fou-hi (que
fué Noé , ó algún inmediato descendiente su­
yo , según mi parecer que he publicado no
desnudo de pruebas) hizo el primer sacrificio
á Tien, ó á Dios , como Señor de Cielos y
tierra en el cam po, ofreciéndole por víctimas
los mejores animales de sus ganados. Chinnong , sucesor de Fou-hi, en el 2836 antes de
dicha era levantó un Altar en el lugar ya se­
ñalado para el sacrificio, y lo ofreció él mis­
mo con gran pompa al Tien. En el 2598 an­
tes de dicha era nueve oficiales del Imperio
dedicados al estudio mágico amedrentaron al
Principio pueblo con fantasmas que le hacían ver , y lo
de la idola­ obligaban á ofrecerles sacrificio; lo que ( co­
tría en Chi­
mo se nota en dichos anales) era contrario
na.
al culto que se debía á Chang-ti (ó al Señor
del Cielo). Para impedir los progresos de la
ido-

(1)
(2)

Estrabon , lib. 1 1 . n. 513. p. 780.

Aur. Theodosii Æacrobi libri V i l Sa*
turnaliorum iib. 1. cap. 17. &c.

al mundo Planetario.
21
idolatría en el 2512 , gobernando Tchuen-hio,
Emperador V , se prohibió todo culto que no
fuese á Chang-ti, Señor de Cielos y tierra, y
que ninguno sino el Emperador le pudiese ofre­
cer sacrificios.” De este modo celosamente en
la China se observaba el culto Divino »quando en el 2284 Chun , elegido por Y a o , Empe­
rador VIH , para compañero y succesor suyo,
quiso empezar su gobierno en el primer dia
del año , ofreciendo un gran sacrificio á Changti. Después sacrificó á los Lo-tsong (ó seis res­
petables ) , esto es, á los seis espíritus celes­
tiales , que presiden , al Sol, á la Luna , á los
planetas , á las estrellas , á las quatro estacio­
nes , y á la tierra para hacérselos propicios
con el Chang-ti. Finalmente, sacrificó de la
misma manera á las montañas , á los rios y á
todos los espíritus.” En esta histórica série
de los primeros sacrificios usados en la Chi­
na , tienes , Cosmopolita, señalada la época
de la primera idolatría entre ellos. Empezó
ésta con la mágia , que prontamente desapa­
reció por la diligente providencia del gobier­
no. Chun , después sacrificando á Dios estendió los honores del sacrificio á los espíritus
custodes ó defensores de los astros, y de la
tierra ; y este sacrificio, aunque santo en la
intención de Chun , religioso adorador del Su­
Principio
premo Hacedor , como se lee en su vida , mal del culto á
entendido y practicado por el pueblo , se los astros
adulteró viciosamente en los tiempos succesi- en China.
vos por la ignorancia , y dió motivo á la ido­
latría vulgar en los astros.
El sacrificio hecho en honor <de los espíritus,
Parte II.
D
que

22
V i age estático
que presidian á los astros, y á 1# tierra, prue­
ba , que entre los Chinos ( no menos que en­
tre
los Hebreos ) era común , y de tiempo in­
Idea de los
antiguos so­ memorial , la idea de haber destinado Dios los
bre los An­ Espíritus angélicos para que velasen sobre el
geles custo­ gobierno del mundo sensible. De esta idea pu­
des.
do provenir la opinión de Tales Milesio, Pitá—
goras , Platón , Aristóteles , y de los Estoicos
Animación
que juzgaron, ser los astros animados de espí­
de los as­
ritus
racionales y bienaventurados : esta opi­
tros.
nión , que Clemente Alexandrino , Orígenes y
otros Padres de la Iglesia abrazaron, y no des­
echaron San Gerónimo, San Agustín , San Isi­
doro Pelusiota , Santo Tomás, &c. se ha de­
fendido hasta el siglo pasado, aun por Físi­
cos insignes. Tal opinión debió dar algún mo­
tivo á la ignorancia popular para idolatrar en
el Sol y en los astros.
Culto al Sol
Los Americanos se han hallado convenir
en Améri­ con las demás naciones en el culto al Sol. Los
ca.
Mexicanos decían ( i ) , que en la nueva repara­
ción del género humano , habiendo quedado á
obscuras el mundo, uno de sus Héroes, lla­
mado Nanahuatzin , se arrojó al fuego, y ha­
biendo baxado al abismo , se vió después apa­
recer
convertido en Sol, que llaman Tonatiuh\
Mexicanos.
y en las primeras fiestas que á éste se hicieron,
empezó el uso de las víctimas de animales , y

(i) Storia antica del Messico , opera dell’ aba­
te Francesco Clavigero. Cesena 17S0. 4. voi. 4.
eii el voi. 2 . lib. 6. §• 3- 9- §• 1 5 -i - 39-

al mundo Vianet arlo.
23
de los sacrificios humanos entre los Mexica­
nos , los quales de dia incensaban al Sol quatro veces, y cinco veces de noche. Entre los
Peruanos el Sol tenia el mas augusto domici­
lio , y los mayores honores que ha recibido
de la ceguedad humana. Los Incas, Empera­
dores del Perú , se creían (1), y eran tenidos
por descendientes del Sol, á quien , como á
padre y á dios, daban el mayor culto , con la
mas soberbia pompa ; pues que á los Templos
del Sol pertenecía la tercera parte de todas
las producciones terrestres del Imperio. »Los
Natches de la Lusiana , dice Lafitau (2), se lla­
maban hijos del S o l; y en América no se ha
conocido nación que no lo adore.”
Parece , pues , que casi todos los hombres
en tiempos succesivos han tributado al Sol cul­
to divino , de lo que la causa , común al linage
humano, se debe atribuir á lo mucho que se
obscureció la idea del Supremo Hacedor , á la
vulgar admiración de la vista , y de los efec­
tos del Sol , y á la profunda ignorancia de
aquellas ciencias físicas , cuyo solo conoci­
miento bastaría para que el racional confundie(1) Comentarios reales del origen de las Incas , por el Inca Garcilaso de la Vega. Lisboa,
1609. fol. vol. 2. en el vol. 1. üb. 5. cap. i. folio 100.
(2) ALceurs des saurages ameriquains par le
P. Laßtau Jesuite. Paris 1724. 8. voL 4. en el
vol. 1. Soleil p. 120.
D2

Peruanos.

¡24
F ia ge estático
diese al Sol con las demás criaturas materia­
les, y en orden á su naturaleza lo creyese me­
nos admirable , que el mas despreciable in­
secto terrestre. Las ciencias naturales por sí
solas, Cosmopolita, bastan para que por las
criaturas conozcamos al Criador, y la Sábia
Omnipotencia de éste admiremos mas en las
terrestres , que en las celestes materiales.
El culto al Sol entre los hombres cuenta
gran antigüedad : en ésta sobrepuja la época
del mas antiguo Historiador que de él nos da
noticia. En el libro de Job, que es el mas an­
tiguo que se conoce en el estudio profano y
sagrado, se hace mención de la idolatría so­
lar. El Santo Job , enumerando los pecados
que con la asistencia divina había evitado,
El Santo habla de la idolatría , y dice a s í: »Si yo (1)
Job habla
viendo resplandeciente al Sol y á la Luna, que
de la idola­ en su mayor claridad ( ó plenilunio) giraba,
tría solar.
en mi corazón me he regocijado ocultamente,
ó he besado mi mano ; lo que es grandísima
maldad , y es renegar del mismo Dios.” Job,
con estas expresiones queriendo significar que
no había cometido ningún pecado de idola­
El besama­ tría , dice , que al Sol y á la Luna no había
nos , acto
hecho la acción ó adoración de besar su ma­
de adora­
no
ción.
(1) Job gì. v. 26. Si -vidi soleni , cum /vige­
rci , et Innam incedentem clave ; et tritatimi est
in abscondito cor menni , et osculatus sum manum
meani ore meo , quri est iniquitas maxima , et negatio contra Dem i Altissimum.

al mundo Vianet ario,

25

n o (i) con regocijo; esto e s , no había hecho
al Sol y á la Luna ningún besamanos, siendo
éste la acción de adoración; y ciertamente
si entonces se hubiera usado otra idolatría ú
adoración á estatuas humanas, Jo b , para jus­
tificarse de todo pecado de idolatría , no se
hubiera contentado con decir que no había
adorado al Sol y á la L u n a; sino que hubiera
añadido ó dicho , que no había adorado á nin­
guna criatura. Esta justa reflexión me hace
En tiempo
conjeturar, Cosmopolita , que en tiempo de de
Job so­
Job solamente se conocía la idolatría en el Sol lamente se

y
( 1) De la palabra latina os , oris (la boca),
provienen las palabras orare (orar ) , osculum ( be­
so ) , como bien nota Terencio Varron , casi al ul­
timo del lib. $. de lingua latina. La palabra ado­
rare puede provenir inmediatamente de ore ( bo­
ca ) , y déla proposición a d , y primitivamente
debió significar d la boca ; pues que los antiguos
adoraban , aplicando la mano á la boca , ó hacien­
do besamanos; así Plinio dixo (lib. 28. cap. 2.),
in adorando dextram ad osculum referimus. Apuleyo habla dos veces de esta manera de adorar;
y en una de ellas dice de un malvado , que te­
nia por impiedad el aplicar la mano á los labios,
por causa de adoración , quando pasaba delante
de un Templo. Véase L . Apuleii Madurensis
opera cum Philip. Beroaldi commentar. Lugduni
158 7 . 8. En el lib. 4. de asino áureo, p. 40. B e roaldo trata eruditamente del besamanos , que
era la antigua adoración.

conocía la
idolatría en
los astros.

26
Via ge estático
y en la Luna ; y que él floreció no pocos si­
glos antes que Moysés , en cuyo tiempo la ido­
latría en criaturas terrestres era común.
Sobre el principio de la idolatría Filón BiLos astros
tenidos por blio , en el proemio de la historia Fenicia de
dioses natu­ Sanconiaton , que traduxo , dice así (1) : »De
rales é in­ todas las naciones bárbaras la Fenicia y la
mortales y Egipcia fueron las primeras (de quienes los
los Héroes
por dioses demás pueblos aprendieron) que veneraron co­
mo dioses á los que habían inventado algo ne­
mortales.
cesario para la vida , ó habían hecho algún
beneficio al género humano. . . Por dioses fí­
sicos ó naturales tuvieron al S o l, á la Luna,
á los astros y elementos : tenían por morta­
les á unos dioses ; y á otros por inmortales.’'
Hé aquí, que el Sol y los astros entre los hom­
bres se empezaron á venerar como dioses na­
turales é inmortales , y los Héroes como dio­
ses humanos y mortales : la adoración á los
dioses naturales é inmortales debió preceder
á la adoración á los dioses humanos y morta­
les. Con esta precedencia el Sabio refiere las
dos adoraciones ó idolatrías en la historia que
de su origen y progresos hace, diciendo: »V a­
nos (2) son todos aquellos hombres, en quie­
Principio y nes falta el conocimiento de Dios ; pues que
progresos
ellos , por medio de las criaturas visibles , no
de la idola­
cotría en los
astros y en
los Héroes,
según la
Historia Sa­
grada.

(1) Eusebio en la obra citada pag. 12. de este vol. lib. 1. §. 9. p. 33. refiere las palabras de
Filon , que se citan.
(2) Sapient. 1 3.

al mundo Planetario.
conocieron al que existe siempre , ó á su Criador ; mas tuvieron por rectores del mundo el
fuego, el ayre , el Cielo estrellado, los ma­
res , el Sol ó la Luna. Los que hechizados de
la hermosura de estas criaturas las tuvieron
por dioses, infieran quanto mas hermoso que
ellas será el que las rige, y es Autor de su
hermosura : si por ventura se maravillan de su
poder y de sus efectos, en esto mismo conoz­
can , que su Artífice es mas poderoso que ellas.
Por la grandeza de las criaturas la razón pue­
de conocer á su Criador. . . La (i) vanidad hu­
mana introduxo los ídolos en la tierra : por
lo que en breve vendrá su fin. De acerba aflic­
ción penetrado el padre por la temprana muer­
te de su hijo procuró tener su imagen ; y al
que había muerto entonces como hombre, em­
pezó á dar culto como á Dios , estableciendo
el ceremonial del cu lto , y los sacrificios en­
tre sus criados. Prevaleciendo con el tiempo
esta perversa costumbre , semejante error pa­
só á observarse como ley ; y por orden de
los Superiores se adoraban los ídolos. Los que
á otros no p odian h o n r a r personalmente, por­
que estaban ausentes , hicieron traer sus re­
tratos , lograron el retrato natural del Rey
que querían honrar, para adorar con esméro como presente , al que estaba ausente; y
á semejante culto los ignorantes fueron impe­
lidos ó movidos de la finísima habilidad de
los
( i)

Sapient. cap. 14. v. 14.

La sabidu­
ría munda­
na es un
desecho de
la ignoran­
cia.

28
Viage estático
los Artífices; pues que estos, por agradar 3
quien de ellos se servia , pusieron todo cui­
dado y esméro en el arte , para hacer perfectísima la imagen. El vulgo , pues, encan­
tado con la hermosura de la obra , mira aho­
ra como dios á quien poco antes honraba co­
mo á hombre. Esta fué la ilusión de los hom­
bres.”
En esta histórica relación del principio, y
de los succesivos progresos de la idolatría,
el Sabio pone en primer lugar la del S o l, y
de otros cuerpos naturales ; y después la de
las imágenes y de los ídolos humanos , que
apareció posteriormente á la invención de la
pintura y escultura; artes , que los Reyes hi­
cieron servir á sus personas para que el pue­
blo en ellas idolatráse. Filostrato refiere (1),
que al entrar en Babilonia Apolonio Tianeo,
un Sátrapa, Portero de la Ciudad , le presen­
tó la estatua del R e y , hecha de oro , la qual
debía adorar postrado, si quería entrar en la
Ciudad. Se hace (2) visible la ira del Señor
sobre los hombres idólatras. D io s invisible se
echa de ver tanto en sus criaturas , que no
hay hombre excusable; porque todos en lo
criado pueden y deben reconocer la Suprema
Divinidad. Mas los hombres vanos y viciosos,
que se decían y tenían por sabios , fueron un
des(1) Filostrato en la vida de Apolonio , lib. 1.
cap. 19.
(2) Ad Román. 1. v. 18.

al mundo Planetario .
29
desecho de la ignorancia. Ellos, dexando de
adorar un Dios eterno , han adorado la ima­
gen corruptible de hombres , de aves , de quadrúpedos y de serpientes. Por esto el Señor
los abandonó, dexó c a er, y sujetó en alguna
manera á los infames deseos de su corazón, y
i las ignominiosas pasiones de su ciega y cor­
rompida voluntad.”
En estas graves sentencias del Apóstol Pa­
blo , tienes descritos, Cosmopolita, los funes­
tísimos efectos que en los viciosos sabios del
mundo producen la ilusión de su mente y la
corrupción de su corazón. Ellos , como si fue­
ran bestias , no adelantando, ni penetrando
con su conocimiento mas de lo que descubren
con su vista corporal, ignoran las verdades,
que sobre la existencia del Supremo Hacedor
conoció y confesó la pagana Filosofía. »La
hermosura del mundo (1), se lee en ésta, el La Filoso­
concertado orden de los cuerpos celestes, los fía pagana
ia obser­
giros periódicos del S o l, de la Luna y de las de
vación de
Estrellas nos predican , que todas estas cosas los Cielos
no son efectos del acaso , y nos obligan á re­ infiere la
conocer y confesar una Suprema Naturaleza,
existencia
de Dios.
ó

(1) Pulcritudo mundi, ordo rerum coelestiumy
con'versio soils , lun<t, siderumque omnium indi­
cant satis aspectu ipso ea omnia non esse fortuita , et copunt nos conjiteri Naturam esse aliquant
prastantem , ¿eternamque , qu# sit admiranda,
humano generi. Cic. 2. de Divin. n. 148. (/ 2. dc
N a t. n. ic . et 90.)
Parte II.
E

3o

Viage estático

ó Sér excelso, eterno y digno de ser admi­
rado.” Estas ideas que tuvo aun el gentilis­
mo , deséo yo que se estampen en tu mente
con la observación de los fenómenos celestes,
que tenemos á nuestra vista. Y porque ya es
tiempo que volvamos á la observación inter­
rumpida , empecemos á contemplar el curso y
estado de estos astros que por todas partes
nos rodean. Es justo , Cosmopolita , que nos
aprovechemos de nuestra mansión en este si­
tio solar, á donde hemos venido para mejor
conocer la naturaleza y el Supremo Criador.
Reprensible sería nuestra curiosidad , y noso­
tros seriamos culpabilísimos , si sintiendo en
nuestra mente el mas vivo deséo de saber, y
habiendo logrado llegar á este hermoso sitio,
no procurásemos de algún modo satisfacer á
nuestra natural curiosidad con la observación
de lo que nos ofrece la vária y sorprendente
vista de estos astros. El Cielo, por la variedad
con que aparece mirado desde diversos sitios
terrestres, llama la atención de los terrícolas,
que sobre la tierra viajan , ó caminan algu­
nos centenares ó millares de leguas : con mayor
razón, pues, llamará la nuestra , habiendo no­
sotros viajado por tan inmensos espacios , y
llegado á tan distantes sitios, de donde ne­
cesariamente debe aparecemos notabilísimamente vária y hermosa la vista de los Cielos.
Antes de empezar nuestra observación , de­
bo , Cosmopolita m ió, renovar ó despertar en
tu mente las ideas de los Astrónomos moder­
nos. Para lograr este fin , figúrate que con­
templas estas regiones celestes y sus astros,

al mundo Planetario.
31
Preparamirándolos con un telescopio copérnico-new­
cion
para
toniano , que en tu fantasía pinte el mismo sisobservar el
téma planetario, que defienden los copérnico- sistèma pla­
newtonianos. Al oír este consejo , no juzgues netario.
que al principio de nuestro via ge, y sin el de­
bido exámen adopto como ciertas las ideas copérnico-newtonianas : sobre ellas te he comu­
nicado algunas dudas , y te comunicaré otras
muchas, con que descubrirás mi modo de pen­
sar sobre el moderno sistèma de la astrono­
mía ; y ahora con tal consejo pretendo sola­
mente que observes el mundo planetario del
modo que me parece mas simple y mas fá­
cil para que formes algún concepto de su ado­
rable mecanismo. Nosotros no podemos hacer
las observaciones sin valernos de algún sistè­
ma , quando no queramos hacerlas para for­
mar otro nuevo. Si nos hemos de valer de un
sistèma formado , ningún otro hallarémos mas
idóneo que el newtoniano , para explicar fí­
sicamente el mecanismo de los Cielos. Si qui­
siéramos observar estos para formar un nue­
vo sistèma, que no contradixese á mis dudas,
y á mi modo de pensar, deberíamos detener­
nos aquí hasta ver y observar atentamente
todos los planetas que pertenecen al mundo
planetario.
Tanta detención , que quizá debería ser de
quinientos años, no conviene , y ni es posible
á terrícolas , de cuya vida la duración en este
mundo mortal es brevísima ; por tanto , pres­
cindiendo ahora nuestra curiosidad de lo que
en los siglos venideros podrán conjeturar ó
descubrir nuestros succesores , nosotros dis­
fi 2
cur-

32
Via ge estático
currirémos solamente según las noticias y luces,
que los tiempos pasados y presentes nos dan.
Habiendo ya de empezar nuestra observa­
Observa­ ción, Cosmopolita, tendamos la vista por esas
ción de los regiones inmensas , y contemplemos atenta­
astros desde mente tanta variedad de astros, como en ellas
el Sol.
se descubren. Observa primeramente los pla­
netas mayores , que incesantemente se mue­
ven al rededor de nosotros: y advierte su di­
ferencia en muchas cosas; esto es, en la gran­
deza de sus órbitas y de sus cuerpos , en la
velocidad de sus movimientos y en sus di­
versas distancias hasta este sitio.
Vemos girar al rededor de nosotros todos
los planetas , llamados mayores ó primarios,
y todos los cometas ; y observamos que ellos,
ó no forman órbitas perfectamente circulares,
Las órbitas ó que si las forman , no estamos en su punto
de los pla­ céntrico; pues que notamos que ya se alexan,
netas no son
y ya se acercan algo á nosotros. Yo desde lue­
perfecta­
go
te debo decir , que las órbitas de los pla­
mente cir­
netas y cometas no son perfectamente circu­
culares.
lares ; porque si lo fueran , colocándonos no­
sotros en su punto céntrico , venamos que ellos
rodeándonos , distaban igualmente de noso­
tros. No nos cansemos en buscar este punto
Se ignora
el sitio del céntrico , porque no lo hallarémos; y así por
centro mun­ dogma físico cierto debemos establecer , que
las órbitas de los planetas y cometas no son
dano.
circulares. ¿ Y qué figura tienen , me pregun­
tarás? Te respondo que tienen la figura oval ó
elíptica
, como la llaman los Astrónomos, y
Las dichas
la
infieren
de la observación y de los prin­
órbitas son
ovales.
cipios de su sistéma físico. Según éste cada
pía-

al mundo Planetario.
33
planeta ( lo mismo sucede á los cometas) se
mueve ovalmente al rededor del S o l, en vir­
tud de dos fuerzas, llamadas de proyección
y atracción , de las que antes te he hablado
en la pág. 257 del primer volumen.
El mecanismo, con que en virtud de dichas
fuerzas el planeta describe su oval ó elíptica,
entenderás bien con el exemplo de la curva,
que forma en el ayre una piedra arrojada. Sa­
bes muy bien , que arrojándose una piedra, és­
ta describe una curva desde la mano que la
arroja , hasta el punto de la tierra en que
cae. El movimiento de la piedra por la cur­
va resulta de la fuerza del que la arroja, y
de su gravedad ácia la tierra , ó de la atrac­
ción que ésta hace de la piedra ; así el movi­
miento de los planetas que giran ovalmente
al rededor del S o l, resulta de la fuerza con
que al principio del mundo fueron arrojados
al empezar á girar , y de su propia gravedad,
la qual consiste en la atracción con que el Sol
los tira ácia sí. En fuerza de la atracción so­
lar todos los planetas caerían luego en el Sol,
si cesáse la fuerza de proyección que los ar­
rojó , y aún los anima. Esto lo entenderás cla­
ramente con un exemplo práctico. Quando se
tira una piedra , ésta , en virtud de la fuerza
del que la arroja , seguiría derechamente por
el ayre , según la dirección con que se tira , si
la piedra no tuviera gravedad ácia la tierra,
ó lo que es lo mismo á nuestro asunto, si la
tierra no la atraxera á s í ; mas porque la atrae,
la piedra va cediendo , ó apartándose poco á
, poco de la dirección conque fué arrojada, y
des-

Curva que
describe
una piedra
arrojada.

Causa físi­
ca del mo­
vimiento de
los plane­
tas.

34

Fuerza cen­
trífuga ó de
proyección.

Fuerza cen­
trípeta , ó
de atrac­
ción , ó de
gravedad.

Mecanismo
del primer
movimiento
de los pla­
netas.

Viage estático

describiendo ó haciendo una curva viene á
caer en tierra. En este caso , ya ves clara­
mente , Cosmopolita , que va durando siempre
en la piedra hasta su caída el efecto ó im­
pulso de aquella fuerza , con que desde el prin­
cipio fue arrojada. Esta fuerza se llamar co­
munmente fuerza de proyección , ó fuerza cen­
trífuga ; esto es , huyente de su centro. Su­
pongamos que al estár la dicha piedra des­
cribiendo su curva , que suele llamarse pará­
bola , se destruya ó aniquile el impulso cau­
sado por la fuerza centrífuga ó de proyección:
en este caso la piedra , en virtud de su gra­
vedad ó atracción terrestre , que se llama fuer­
za centrípeta , caería luego derecha ó perpen­
dicularmente en la tierra. Según este exemplo
práctico , entenderás muy bien , Cosmopolita,
que si el Sol atrae los planetas , estos deberían
caer en é l , si cesára la fuerza de la proyec- '
clon que los arrojó , y aún los anima.
El exemplo propuesto sirve para explicar­
te el modo con que los modernos Astrónomos,
subiendo con su imaginación y con sus cálcu­
los hasta los principios dol mundo , nos quie­
ren explicar el principio del movimiento de
los planetas, por sus respectivas curvas ú ór;
bitas. E llos, pues, se figuran , que Dios en
el principio del mundo, habiendo criado el Sol
crió los demás planetas m ayores, en diferen­
tes distancias del mismo S ol, y al mismo les
imprimió un impulso , como si hubieran sido
arrojados derechamente con cierta dirección.
En este mismo momento fueron atraídos por
el Sol , que es su centro de gravedad ; y lu­
chan-

al mundo Planetario.

33

chando mutuamente las fuerzas de proyección
y de gravedad , empezaron los planetas á mo­
verse por una curva al rededor del mismo
Sol. Estos planetas , dicen íos copérnico-newtonianos, giran por un espacio perfectamen­
te libre ó vacío , en el qual no se encuentra
cosa alguna que les haga resistencia ; por lo
que ellos siguen continuamente moviéndose
por una curva al rededor del Sol en virtud
de dichas fuerzas , las quales están combina­
das de tal manera , que jamás la una destru­
ye la otra. Si se pregunta á los copérnico-new- Por qué los
se
tonianos, por qué los planetas se mueven al planetas
mueven ai
rededor del Sol , y no de la tierra , ó de otro rededor del
planeta , ellos luego responden de este modo. Sol , y no
Toda materia ó masa tiene la virtud de atraer; de la tierra.
y así un cuerpo atrae tanto mas , quanto ma­
yor sea la cantidad de materia que en él hay.
El Sol tiene mas materia que todos los de­
más planetas; y por esto él debe atraerlos á
s í , y ser su centro de gravedad. Mas como
los demás planetas también tiran ó atraen el
Sol , por esto éste tiene algún movimiento,
como d é x o e x p lic a d o en el §. XII de mi pri­
mer Tomo. Asimismo , como toda materia
atrae , por esta razón todos los planetas se
atraen algo mutuamente ; mas esta atracción
es ligerísima, y solamente causa alguna irre­
gularidad en la curva , que describen al re­
dedor del Sol, y que es mayor ó menor á pro­
porción de la diferente distancia que cada uno
de los planetas tiene hasta el Sol.
El fuerte mayor de la astronomía moder­
na consiste en la explicación de la causa físi-

36

Fundamen­
to de los
cálculos del
sistema fisi­
co—astronó­
mico.

Reflexiones
sobre los
cálculos del
sistema fí­
sico-astro­
nómico.

Via ge estático

sica del movimiento oval de los planetas , el
qual según ella resulta de la combinación de
las dos insinuadas fuerzas de proyección y de
atracción solar ; esto es , de la fuerza centrí­
fuga con que cada planeta huye del centro ó
cuerpo que lo atrae ; y de la fuerza centrípe­
ta con que por este cuerpo es atraído acia sí.
Los cálculos que en la astronomía moderna se
forman sobre la distancia , la masa , el volu­
men , y cada fenómeno de los planetas y co­
metas , se fundan en tales fuerzas , que son
los principios y fundamentos del moderno sis­
tèma astronómico. Si estos fundamentos vaci­
lan , caerá la fábrica sobre ellos fundada : si
tales principios son probables ó falsos , proba­
bles ó falsas serán todas las conseqüencias que
de ellos resultan , aunque se pretendan vender
con el famoso título de demostraciones mate­
máticas.
i Cómo puede suceder, me preguntarás qui­
zá admirado , que tratándose de cálculos y
demostraciones geométricas y algebráicas , de
que los modernos Astrónomos se valen para
probar su sistèma celeste, sean improbables ó
falsos los principios sobre que las fundan? Va­
mos despacio , Cosmopolita mio. Primeramen­
te , yo no te he dicho hasta ahora , que los
modernos Astrónomos demuestran su sistèma:
te he dicho solamente , que pretenden demos­
trarlo ; y su pretensión es compatible con la
imposibilidad del efecto ó fin que desean lo­
grar. En segundo lu gar, yo te he dicho que
las demostraciones del sistèma astronómico
tendrán el valor ó la eficacia de los princi­
pios

a l mundo “P la neta rio.

g?

píos en que se fundan ; y esta proposición pres­
cinde de la verdad ó falsedad de tales prin­
cipios. Según el espíritu de esta proposición,
procuraré hacerte conocer el mérito de pro­
babilidad ó improbabilidad, que tienen los prin­
cipios sobre que se funda el moderno sistéma
astronómico. A este fin oye los siguientes exemplos prácticos, que aunque al principio te pa­
recerán agenos del presente asunto , después
los hallarás idóneos para entenderlo mejor.
Un terrícola rico quiere hacer un palacio,
llama al Arquitecto ; le explica sus intenciones, Cálculos de
significándole la grandeza que debe tener el Arquitec­
palacio , y lo que quiere gastar en su fábrica. tos, Hidrostáticos y
E l Arquitecto, habiendo oído el proyecto, con Geógrafos.
pluma , compás, esquadra y regla en mano
hace el diseño del palacio , y según su gran­
deza calcula quantos ladrillos, quanta cal y
arena , y quantas peonadas se necesitan para
hacer cada muro: el palacio se hace , y el
cálculo no corresponde á lo que se necesita
gastar en su fábrica. Del mismo modo u j Hidrostático encargado de calcular la cantidad
y el movimiento de agua del rio Tajo , por
exemplo , lo observa primeramente, y des­
pués de haber hecho las experiencias debidas
calcula a s í: las aguas del Tajo al entrar en
el mar caminan veinte mil pies en una hora:
su anchura es de mil pies, y de diez pies se
puede considerar su universal profundidad ; por
tanto, en cada 24 horas vácia ó envia al mar
4809 millones de pies cúbicos de agua. Si su­
ponemos que los mares cubren la mitad de la
superficie terrestre, para que ellos en un dia
Parte I I.
F
cre-

38

Viage estático

creciesen la altura de un p ie , se necesita­
ría que en ellos entrasen 45S Tajos. Del mo­
do dicho, un Geógrafo , queriendo reducir á
cálculo la grandeza del orbe terrestre , y el
número y la pequeñéz de los granos de are­
na que en él puede haber , calcúla así : El
diámetro del orbe terrestre tiene 2865 leguas
de largura : su exe tiene 2858 leguas de lar­
gura ; por tanto, el volumen del orbe terres­
tre será de 12,366,044,000 leguas cúbicas. Un
pie cúbico de tierra pesa 140 libras ; por tan­
to , el orbe terrestre pesará 4,448,994,000,000,
000,000,000,000 libras. Si se supone que 20
granos pequeñísimos de arena cubran ú ocu­
pen una linea de espacio en el orbe terrestre,
habrá el número de granos que se exprime por
estas cifras 7,591,212 , con veinte y seis ceros.
Has oído , Cosmopolita , exemplos de cál­
Cálculos de culos prácticos en la arquitectura , hidrostátilos Astróno­
ca y geografía : oyelos ahora en la astrono­
mos.
mía , sobre el mecanismo del sistèma plane­
tario. Un Astrónomo , queriendo exercitar sus
cálculos sobre los Cielos , como has oído que
sobre las fábricas, el agua y la tierra los exercitan el Arquitecto , el Hidrostático y el Geó­
grafo , observa atentamente un planeta ; por
excmplo la Luna : y te pregunta , ¿ deseas oír
una breve y clara demostración , con que co­
Cálculo so­ nozcas que la tierra procura atraer siempre á
bre la L u­ sí la Luna , ó que ésta acia la tierra gravita,
como una piedra gravita acia la tierra ; y asi­
na.
mismo inferirás quánto la Luna acia la tierra
gravita ó es atraída , y quál sea la ley de
esta atracción ? Si deseas saber todo esto, oye

a l mundo "Planetario.
39
el siguiente breve discurso, con que en la Lu­
na se demuestra la atracción que se conjetura
existir en todos los cuerpos del universo. La
distancia desde la Luna hasta la tierra es de
treinta diámetros terrestres , ó de sesenta se­
midiámetros ; y la Luna en 27 dias, 7 horas
y 43 minutos concluye su revolución , respec­
to de las estrellas ( esto es , después de 27 dias,
7 horas y 43 minutos vuelve á estár debaxo
de la estrella que ahora ves ocultarse por la
Luna). La Luna, pues, tardará 39,343 mi­
nutos en recorrer su órbita; y por tanto, en
un minuto caminará de ésta una parte , que
se dirá una treinta y nueve milésima trecentésima quarentésima tercera de dicha órbita. Es­
ta parte constará de 187,964 pies; lo que se
infiere del suponer, que la Luna dista de la
tierra treinta diámetros terrestres , y que la
circunferencia terrestre sea de 123,249,600
pies: suposición , de que la órbita lunar resul­
ta ser de 7,394,976,000 pies. Ahora, pues, di­
rá el Astrónomo, si la Luna en un minuto cor­
re un arco de 187,964 p ies, y si se considera
una tangente desde el p ri nc ip i o de dicho ar­
co , se hallará , que al fin de éste la distancia
de la tangente hasta el arco es igual á la li­
nea , que en trigonometría se llama seno ver­
so del mismo arco ; y esta linea de largo ten­
drá quince pies , una pulgada , una linea y
quatro novenas partes de linea. Luego, según
este cálculo, la Luna moviéndose por su ór­
bita en un minuto primero cae de la altura
de quince pies , una pulgada , una linea y casi
media. Cotejemos esta caída con la de los graF2
ves

Cálculo
Newton.

40
Via ge estático
ves sobre la tierra. Los cuerpos que sobre la
superficie terrestre se dexan caer desde algu­
na altura, en un minuto segundo, como se
notó antes, caen ó caminan el espacio de 15
pies á lo menos: los mecánicos mas exáctos
dicen , que caminan 15 pies y una pulgada;
por tanto , los graves sobre la superficie ter­
restre en un minuto primero ( que consta de
60 minutos segundos) correrán ó caminarán un
espacio 3600 (1) veces mayor , que el que caminan en un minuto segundo. El número 3Ó00
es quadrado del número 60 , que representa
la distancia de 60 semidiámetros terrestres des­
de la Luna hasta la tierra; por lo que se infie­
re , que cayendo la Luna en un minuto prime­
ro por el espacio de quince pies , una pulga­
da , una linea y casi media , camina un es­
pacio 3600 veces menor , que el que un grave
terrestre caminaría en un minuto primero ca­
yendo sobre la superficie de la tierra.
Con este resultado , Cosmopolita , los As­
trónomos pretenden probar prácticamente que
la Luna gravita ácia la tierra en virtud de la
atrac(1) Los espacios, según la doctrina de mecá­
nica , que los graves caminan al caer , están en
razón doble de los tiempos que tardan en caer;
por lo que si un grave en un minuto segundo
camina 1 5 pies, en un minuto primero ( que cons­
ta de 60 segundos) correrá ó caminará el espa­
cio que resulte de la multiplicación de IJ por
3600 ( que es quadrado del numero 60 ).

al mndo Vianetario.

41

atracción terrestre : que ésta á cada minuto ha­
ce como caer acia la tierra el globo lunar , pa­
ra que éste siempre la rodee , y no se escape
por la tangente , que figura la dirección de la
fuerza de proyección ; y últimamente , que la Conseqüenatracción terrestre en la gran distancia en que cias del cál­
está la Luna , obra sobre ésta en razón inver­ culo hecho
sa del quadrado de dicha distancia : ésta se sobre la Lu­
supone de 60 semidiámetros terrestres : el qua­ na.
drado de la distancia será 3600 , y la Luna
en un minuto primero , como has oído , ca­
mina un espacio 3600 menor , que el que los
graves en el mismo tiempo caminan cayen­
do sobre la superficie terrestre. De este mo­
do , los modernos Astrónomos , aplicando
sus cálculos á los demás planetas mayores ó
primarios, infieren , que ellos giran al rede­
dor del S o l, como la Luna al rededor de la
tierra.
Kas oído , Cosmopolita , en los exemplos
Reflexión
propuestos sobre la arquitectura , hidrostásobre
los
tica , geografía y astronomía el modo prác­
cálculos
de
tico con que en estas ciencias se calcula. Por
poco que sobre los cálculos indicados refle­ Arquitec­
tos, Hidrosxiones , conocerás que todo su espíritu con­ táticos,Geó­
siste en los antecedentes , que para formarlos grafos y As­
se suponen ; y que el exácto exámen de los trónomos.
antecedentes, es el único medio para descu­
brir la probabilidad ó improbabilidad de los
cálculos, y desús resultados. Para darte idea
práctica de este exámen , te analizaré un po­
co el cálculo último sobre la Luna : haré la
análisis con el fin de tu instrucción , y no por
contradecir al gran Filosofo que lo propuso
la

42

Via ge estático

la primera vez (1) , como fundamento de su
plausible sistéma físico-astronómico ; pues que
aprécio el ingenioso pensar de este Filósofo,
no menos que los discípulos de Pitágoras ve­
neraban los dichos de su maestro. Enterado
tú , Cosmopolita , del justo fin con que pre­
tendo analizarte el dicho cálculo, no atribui­
rás á desprecio de una demostración lo que
únicamente se dirige para entenderla mejor.
O y e , pues, mis reflexiones.
E l Filósofo en su cálculo supone determi­
Suposicio­ nadas la grandeza de la tierra y de la Luna,
nes incier­
su distancia mutua, y la cantidad de sus ma­
tas en que
estriva el sas. Si cada uno de estos puntos , considera­
do aisladamente , se reduce á cálculo , funda­
cálculo.
do sobre experiencias y observaciones, se de­
berán hacer tantos cálculos diferentes , quanto
será el número de las personas que imparcialmente los forman. La historia de la geogra­
fía , de la física y de la astronomía nos pre­
senta hechos constantes , que nos obligan á for­
mar muchas dudas sobre la grandeza de la
tierra y de la Luna , sobre su determinada
distancia , y sobre las causas y los efectos de
la gravedad. Podrá suponerse ésta en la Luna
y en los demás planetas ( prescindiendose de
los ocultos modos con que la providencia del
Supremo Hacedor puede hacer , que sin nin­
guna gravedad los planetas describan curvas);
pe-

Examen del
cálculo he­
cho sobre la
Luna.

(1) Newtón en sus principios Matemáticos,
lib. 3. jjrop. 4 , &c.

al mundo "Planetario.
43
pero aunque todos los astros sean graves ácia
sus respectivos centros , parece indubitable,
según las experiencias terrestres , y los raros
fenómenos celestes , que además de la grave­
dad , hay otras causas que concurren al meca­
nismo del movimiento de los graves.
Mas supongamos que la Luna en cada mi­
nuto primero , por causa de la atracción ter­
restre , baxa ó cae ácia la tierra por el espa­
cio de 15 pies , que corresponde al seno verso
del arco que la misma Luna describe en un
minuto : en este caso se inferirá , que quando habrá corrido por un arco de 90 grados,
habrá caído por el espacio de 60 semidiáme­
tros terrestres , que puntualmente correspon­
den al seno verso de dicho arco de 90 gra­
dos ; y distando la Luna de la tierra 60 semi­
diámetros terrestres, ella habrá caído ó baxado quanto puede baxar ; y después volve­
rá á subir. Esta objeción , dicen los atraccionistas, es muy vulgar; pues que el cómputo
no se debe hacer de un arco de 90 grados,
sino solamente de arquillos pequeñísimos , en
los que el cálculo se verifica bien , según las
leyes de atracción. A esta respuesta de los
atraccionistas se opone la siguiente reflexión.
La órbita que la Luna describe , girando al
rededor de la tierra , es inmensamente mayor
que la curva , que á poca distancia de la tier­
ra describe una piedra arrojada ; y en la cur­
Inconseva de ésta el cálculo se verifica haciéndolo
qüencia de
con arcos grandes y pequeños; ¿por qué, pues, doctrina.
no se podrá y deberá verificar haciéndolo con
arcos grandes de la órbita lunar ? En el cálcu-

44

V ia g e estático
culo hecho con arcos pequeños un Anónimo
halló alguna dificultad ( i ) ; pues que tal cál­
culo, dice el Anónimo, no se verifica , quando se toman arcos pequeñísimos, en que la
caída de la Luna deba inferirse de pulgadas,
ó de pocos pies ; y en la parábola que descri­
ben la bomba y la piedra arrojadas , el cál­
culo se verifica tomando arcos grandes y pequeñísimos.
En el dicho cálculo de la Luna el Filósofo
Circunstan­ dexó de notar circunstancias esenciales, que
cias omiti­
impedían su verificación. El supuso instantá­
das en el
neamente inmoble la tierra , que según su siscálculo.
téma siempre se mueve al rededor del Sol,
y por éste es atraída , como la Luna por la
tierra. Por moverse continuamente ésta , si la
Luna en un minuto cae ácia la tierra, por
el espacio de 15 pies, en el mismo tiempo la
tierra deberá caer por notable espacio ácia el
S o l; y porque también atrae la Luna ácia sí,
ésta gravitará ácia el Sol , ó caerá por algún
espacio ácia él. De aquí se infiere , que el es­
pacio de 15 pies, por donde se supone baxar
ó caer la Luna , y que se hace corresponder

(1 ) El Anónimo observa que los espacios des­
critos por los graves al caer , forman una pro­
gresión , en la que son iguales las diferencias se­
gundas ; y los senos versos crecen ó menguan en
tal progresión , en que son iguales solamente las
terceras diferencias. Véase Cominale en la obra
citada ( pág. 118. del 1. vol. ) ¿ a rt . 2. c a j 2.

al mundo 'Planetario.
45
§ la fuerza de la atracción terrestre sobre la
Luna , se debe considerar como efecto de las
fuerzas atractivas de la tierra y del Sol. Po­
dremos decir , que el movimiento elíptico de
la Luna se debe considerar como efecto de
dos movimientos elípticos, ó de dos cuerpos
( Sol y tierra) , que moviéndose por órbitas
elípticas y concéntricas atraen la Luna. El Sol,
por razón de su gran masa, atrae la Luna, ar­ Cálculo de
güía Hartsoeker , con atracción ó fuerza dos Hartsoeker.
veces mayor que la tierra la puede atraer, en
el caso que se supone de distar el Sol de la
Luna 330 veces mas que ésta dista de la tierra,
y de tener el globo solar (1) 227,512 veces
mas
( 1 ) N e w tó n ( lib. 3. prop. S. ) supone que el
Sol tiene solamente 169,282 veces mas materia
que la tierra. Hartsoeker supuso ser mayor el e x ­
ceso que presentemente se hace mucho mayor.
Según el cálculo de Hartsoeker si el Sol tuviera
tanta materia como la tierra , ésta atraería á la
L una 10 8 ,9 0 0 veces mas , que el Sol la pudie­
ra atraer. E l numero 108,900 es quadrado del
número 330 , que indica las veces que el Sol dis­
ta mas que la tierra de la Luna. Si ésta , según
los modernos Astrónomos , se supone distante del
Sol 384 veces mas que de la tierra : el quadrado
de este número ( indicante la distancia dicha ) se­
rá 1 4 7 , 4 5 6 : del qual quadrado, combinado con
el exceso de la masa solar sobre la terrestre (que
se supone presentemente 322,800 veces mayor ),
se inferirá , que el Sol atrae á la Luna casi dos
Parte II.
G
ve-

46

Viage estático

mas materia que el orbe terrestre. Los Astró­
nomos modernos suponen, que la Luna dista
del Sol 384 veces mas que de la tierra, y que
ésta tiene 322,800 menos masa que el Sol: por
lo que parece , que la Luna será atraída por
el Sol con fuerza casi dos veces y media ma­
yor,
veces y media mas fuertemente , que puede atraer­
la la tierra.
El argumento del exceso de la atracción solar
sobre la terrestre , respecto de la Luna , renuevan
así algunos modernos. Supongamos la Luna en el
determinado punto en que está en conjunción con
el Sol , desde el qual empiece su órbita , que de­
be describir al rededor del Sol y de la tierra, por­
que por estos dos cuerpos se atrae continuamente.
En dicho punto se debe concebir mentalmente el
contacto de dos órbitas de la Luna : una al rede­
dor del Sol , y otra al rededor de la tierra ; y
porque en la dicha conjunción la fuerza solar es
doble de la terrestre , la Luna se d e b e r á alexar
notablemente de la tierra , y por lo contrario notabilísimamente se deberá acercar á ésta en el pun­
to de oposición , en que por el Sol y por la tierra
se atrae con una misma dirección. En este ulti­
mo caso , aunque la tierra sea atraída una 190
parte mas por el Sol , que lo que era estando la
Luna en conjunción , y por esto el Sol alexe al­
go la tierra de la Luna ; mas no la alexará tan­
to , quanto debía alexar la Luna de la tierra en
la conjunción , por razón de ser la masa terrestre
mayor que la lunar.

al mundo Planetario.

4£r

yor , que aquella con que la tierra la trae.
Te he indicado , Cosmopolita , algunas de
las dudas mas fáciles , que se proponen sobre
la verificación del sistèma de la atracción ter­
restre y solar respecto de la Luna , con cu­
yos fenómenos se ha pretendido probar dicho
sistèma. Te insinué antes , que Eulero , con­
siderando los fenómenos lunares , halló difi­
cultad grave en concordar algunos con el sis­
tema de la atracción : otra dificultad semejan­
te descubrió en la consideración de los fenó­
menos de Júpiter y Saturno. Mayores dificul­
tades descubrió Clairaut, que las propuso en
una Memoria, á que Buffon dió respuesta (i),
impugnada después por Clairaut. Boscovich,
hablando de estas impugnaciones (2) , dice:
»Clairaut había publicado , que de los movi­
mientos de la linea de los ápsides de la Luna
no se infería la ley que se suponia en la atrac­
ción ; y Eulero , en la disertación sobre las
aberraciones de Júpiter y Saturno , premiada
en el 1748 por la Académia de París, juzgó,
que en éstas no se observaba tampoco la di­
cha ley con e x a c titu d ; mas Clairaut conoció
que su cálculo estaba equivocado ; y lo mis­
mo ha sucedido á Eulero : por lo que no tene(1 ) Histoire de V Academie rovale des scien­
ces, an. 1745- Paris 1749. 4. p . 329. 493. $29.
(2) Boscovich en su Filosofía natural citada
( pág. 191. del primer volumen de esta obra)
número 122. p. 62.

G 2

Disputas de
Clairaut y
Buffon so­
bre la atrac­
ción,

48
Viage estático
nemos grave fundamento para decir, que los
efectos de la gravedad ó atracción desdicen,
ó se apartan notablemente de las leyes que en
ésta se suponen ; mas tampoco se tiene nin­
gún fundamento positivo para probarlas tan
exáctamente, que no haya diferencia ó error
sensible en su verificación.”
Ya há casi 50 años que los Astrónomos,
para restringir en sus cálculos estas sensibles
diferencias que según Boscovich resultaban,
con el mayor empeño se propusieron declarar
y demostrar las resultas de un problema , en
que se exámináse el movimiento de tres cuer­
pos que se atraxesen mutuamente , según las
leyes de la atracción. Este problema se pue­
de considerar como el fundamento de la apli­
cación y verificación del sistèma de la atrac­
ción en los planetas ; por lo que es justo que
sepas , Cosmopolita , lo que sobre sus solucio­
nes dice Boscovich (1), consultando mas al
amor de la verdad , que al de su gran fama,
por la nueva perfección que ha dado al sistè­
ma de la atracción. »Las imperfectas solucio­
nes dadas á dicho problema , dice Boscovich,
solamente sirven para algunos casos particu­
lares , en que uno de los tres cuerpos sea gran­
dísimo
y distantísimo ( como lo es el S o l), y
Juicio de
Eoscovich
los otros dos cuerpos sean muy pequeños , y
sobre un cé­ cercanos entre s í , como lo son la Luna y la
lebre pro­
tierra ; ó que disten muchísimo entre s í , y
blema de la
del
atracción
planetaria.

(1)

Boscovich citado núm. 121. p. 61.

al mundo Planetario.
49
del tercer cuerpo , como sucede á Júpiter y
á Saturno. Hasta ahora ninguno ha formado,
y ni ha podido formar cálculo exacto sobre
la acción ó perturbación de todos los plane­
tas ; y si á estos se añaden los cometas , cuyo
número y distancia se ignora , fácilmente se
inferirá que hasta ahora no se tiene prueba
exácta de las leyes de la atracción.” Este es
el juicio del famoso Boscovich, sobre el pro­
blema fundamental de la atracción de los
planetas.
Mas sobre ésta, Cosmopolita , yo he dis­
currido demasiado; y quizá mi discurso te ha­
brá sido pesado, por las razones algo espe­
culativas con que lo he entretexido. Escusa y
disimula qualquier defecto que en ellas encuen­
tres , y que fácilmente puedo haber cometi­
do por el deséo de instruirte en la doctrina
física , en que se fundan los modernos Astró­
nomos, para explicar el mecanismo celeste que
es objeto de nuestras observaciones. La utili­
dad de éstas no se puede lograr sin que les
preceda un suficiente conocimiento del modo
ó sistém a c o n q u e lo s A s tr ó n o m o s com binan

la situación , distancia y acción de los plane­
tas ; y este conocimiento , de que ya te su­
pongo en posesión , te hará entender y oir
con placer las siguientes reflexiones , que de
la doctrina sistemática de la atracción mutua
de los planetas se infieren y se forman para
descubrir ó determinar algunos resultados cu­
riosos , que anhelará por saber una mente que
piense y observe las regiones celestes.
Fixa , pues , Cosmopolita , tu mas atenta
-i
ob-

Lucha y
combina­
ción de las
fuerzas de
proyección
y atracción.

Cálculo cu­
rioso.

50
Via ge estático
observación en todos esos planetas que nos ro­
dean , girando al rededor de nosotros y del
Sol en várias distancias , según y como el Cria­
dor los colocó en el principio del mundo. Ca­
da planeta recorre su órbita en virtud de las
dos fuerzas de proyección dada por el Cria­
dor , y de atracción proveniente del Sol. De
la combinación y lucha perpetua de estas dos
fuerzas resulta el perpetuo elíptico movimien­
to de los planetas. Si la fuerza centrífuga ó
de proyección de estos eesára ó se aniquila­
ra , luego todos ellos caerían precipitadamen­
te en el S o l, como cae en la tierra una bom­
ba desde su mayor altura, á donde perpen­
dicularmente la llevó la fuerza de proyec­
ción , que al salir del mortero le dió el im­
pulso de la pólvora encendida.
Supon, Cosmopolita , que el Criador aniquilára ahora repentinamente en los planetas
la fuerza de proyección con que fueron arro­
jados al principio del mundo; luego los ve­
rías despeñarse precipitadamente sobre el Sol,
como habrás visto c a e r en tierra la artera
águila que mortalmente hirió el cazador. En
este caso verías caer los planetas en el Sol,
según este interválo ó diferencia de tiempos.
Mercurio tardaría en caer 15 dias y 13 horas:
Venus 39 dias y 17 horas: nuestra tierra cae­
ría en 64 dias y 10 horas : Marte en 101 dias:
Júpiter en 290 dias : Saturno (1) en 761 dias;
y

0) La regla para calcular el tiempo que tar­
da-

a l mundo "Planetario.

51

y Urano tardaría en caer á lo menos tres años.
Después de los planetas siguense los cometas,
los quales mucho mas que estos se alexan del
Sol ; y consiguientemente tardarían mucho
mas tiempo que ellos en caer precipitados ó
en llegar á este sitio.
No sin maravilla habrás oído , Cosmopo­
lita , la puntual enumeración de dias y horas
que cada planeta , si le faltára la fuerza de
proyección , gastaría en llegar ó caer preci­
pitado al S o l, en virtud de la atracción so­
lar. Mas no te debes maravillar de esta pun­
tualidad de cálculos , cuya formación es tan
fá c il, como el enseñar á hacer cuentas. Toda
la dificultad está en los antecedentes, en que
se fundan los cálculos : estos antecedentes son
la cantidad de la fuerza ó atracción solar, y
la distancia que hay entre cada planeta y el
Sol. En el orbe terrestre , constando de la al­
tura desde que se quiere precipitar alguna co­
sa , luego se halla y determina el número de
minutos segundos que en caer tardaría la co­
sa
daría en caer ó llegar al Sol un planeta precipi­
tado , se funda en la siguiente clara proporción.
La raíz quadrada del cubo del número 2 es á la
unidad ; como la semiduracion de la revolución
de un planeta es al tiempo de su caída hasta el
centro de su atracción. Exponen el fundamento
de esta proporción Wisthon en sus astronómicos
principios de la Religión; y La-Lande en su as­
tronomía citada número 3422.

52
V ia ge estático
sa precipitada; a sí, pues , en el presente caso,
constándonos de la distancia de los planetas
hasta el S o l, fácilmente se determina el tiem­
po que cada uno de ellos debe tardar en lle­
gar á él. Para formar el cálculo yo he supues­
to una distancia determinada entre las tres di­
versas , que tiene cada planeta hasta el Sol.
Los planetas, rodeando á éste , ya se acercan
y ya se alexan de él hasta cierta distancia,
que no traspasan jamás ; por lo que en ellos
se distinguen tres clases de distancias , que se
llaman m ayor, media y menor. La distancia
Distancia media que los planetas tienen hasta el Sol, es
media de los la siguiente. Mercurio dista del Sol trece mi­
llones de leguas: Venus dista casi veinte y
planetas
hasta el Sol. quatro millones y medio : la tierra poco mas
de treinta y quatro millones : Marte cincuen­
ta y dos millones: Júpiter ciento y setenta y
ocho millones : Saturno trescientos y veinte y
seis millones (1); y Urano dista del Sol casi
diez

( 1 ) Si la distancia media de la tierra hasta el
Sol , que se supone de 34,357,480 leguas, se con­
sidera ó exprime con el siguiente número 100,000;
con proporción á esta cantidad numérica se ten­
drán las siguientes distancias de los planetas: la
de Mercurio será de 38,709: la de Venus 72,333:
la de Marte de 152,369 : la de Júpiter de 520,
097 : la de Saturno de 953,936 ; y la de Urano
será 1,900,000. En esta proporción de distancias
convienen con poca diferencia La-Lande ( astro­
nomía núm. 1222 ) y La-Caille ( astronomía mi­
me-

al mundo Planetario.
53
diez y nueve veces mas que la tierra.
Para que estos cuerpos tan grandes y tan
lexanos del Sol se mantengan perpetuamente
rodeando á éste , es necesario que sea casi in­
mensa la fuerza de la atracción solar. Y si
es admirable esta fuerza por su enorme ac­
tividad , ¿ qué activa deberá ser la de pro­
yección , con que los desmedidos cuerpos pla­
netarios se apartan del Sol , y se mantie­
nen perpetuamente rodeándolo sin caer jamás
en él ? Digno de nuestra curiosidad es el exámen de esta fuerza de proyección. Calculé­
mosla , Cosmopolita, ya que nuestros cálcu­
los tienen la fortuna de ponerse á nivél con
nuestros deseos.
Los planetas, como notarás observándo­
los , se mueven al rededor del Sol formando
una elipse ; y su movimiento , como has oí­
do várias veces , resulta de dos fuerzas cen­
trífuga y centrípeta, ó de proyección y atrac­
ción solar. En esta elipse se consideran dos
exes , de los que uno se llama mayor ( que la
atraviesa p o r su largura ) y otro se llama me­
nor , que la atraviesa por su mayor anchura.
En el exe mayor se consideran tres puntos en
diferentes distancias: uno , que se llama cen­
tro,
mero 280).

Las distancias que se notan en las
tablas de Keplero , Street y Hallei , se diferen­
cian poco de las señaladas , pues que convienen
con ellas en las dos primeras cifras. Estos Auto­
res no hablan de la distancia de Urano.
P a rte I I .
H

Examen de
la fuerza
centrífuga
de los pla­
netas.

Órbita elíp­
tica de los
planetas.

54
Via ge estático
tro, y está en el medio ; y los otros dos, que
se llaman focos , y están en los respectivos
lados entre el centro y las extremidades del
Afelio , pe­ exe mayor. El Sol se supone estár en un fo­
rielio.
co de la elipse : por lo que la extremidad
mas lexana del exe mayor se llamará afelio,
y la extremidad mas cercana del mismo exe
se llamará perielio. Supon ahora, Cosmopo­
lita , que el Supremo Hacedor al principio del
mundo , y en el momento de empezar el me­
canismo de este mundo planetario colocó ca­
da uno de los planetas en el respectivo afe­
lio de su órbita elíptica; y que les imprimió
el impulso correspondiente á la fuerza que lla­
Cálculo cu­ mamos centrífuga ó de proyección :, en este
riosísimo.
caso cada uno de los planetas tendría el im­
pulso ó la celeridad siguiente. Mercurio ten­
dría la misma celeridad , que si hubiera caí­
do desde la altura de diez mil quinientas cin­
cuenta y quatro leguas : Venus la tendría , co­
mo si hubiera caído desde la altura de diez
mil ochocientas y o c h e n ta le g u a s : L a tierra
la tendría, como si hubiera caído desde la al­
tura de siete mil seiscientas veinte y cinco le­
guas : Marte la tendría, como si hubiera caí­
do desde la altura de quatro mil trescientas
sesenta y siete leguas: Júpiter la tendría, co­
mo si hubiera caído desde la altura de mil
trescientas sesenta y nueve leguas; y última­
mente Saturno (i) tendría la celeridad, que
hu(i)

En las celeridades propuestas he seguido

a l mundo 'Planetario .
55
hubiera adquirido cayendo de la altura de se­
tecientas quarenta y una leguas. De Urano no
te háblo , porque sus observaciones están aún
en su infancia.
Algunos Físicos modernos soltando las rien­ Método de
das á la curiosidad y al atrevimiento del in­ hacer cálca­
genio humano, han pretendido sujetar á su los curio­
cálculo no solamente el movimiento de los sos.
planetas que resultando de la combinación
de las fuerzas centrífuga y centrípeta , los ha­
ce rodear perpetuamente al Sol , mas tam­
bién el movimiento que ellos tienen girando ó
rodando sobre sí mismos. Has oído y visto,
Cosmopolita , que el Sol se mueve ó rueda
sobre sí mismo ; dándonos pruebas claras de
este movimiento de rotación el giro de sus
manchas. La tierra asimismo rueda sobre sí,
Rotación
dando una vuelta cada 24 horas, con la que de los pla­
se forma el d ia , que los terrícolas llaman na­ netas.
tural. La Luna tarda casi un mes en dar una
vuella doctrina que Leonardo Eulero pone en el to­
mo 1. de su mecánica , cap. 5. prop. 81. n. 668.
En dichas celeridades he despreciado las cifras de­
cimales ; y haciéndose caso de éstas , la celeridad
de Mercurio corresponde á la altura de 105,546,
600 leguas: la de Venus á la altura de 108,841,
350 leguas : la de la Tierra á la altura de y ,
251,975 leguas: la de Marte á la altura de 43,
676,925 leguas: la de Júpiter á la altura de
137,992,725 leguas; y la de Saturno a l a altu­
ra de 74,103,225.

6

H2

56

Fia ge estático

vuelta sobre su e x e : Júpiter tarda solamente
nueve horas y cincuenta y seis minutos; y
así cada uno de los demás planetas tarda de­
terminado y diverso tiempo en dar su respec­
tiva vuelta , como tú mismo lo observarás en
este viage. ¿Y quál es la causa física del res­
pectivo movimiento de rotación de cada pla­
neta en tal y determinado tiempo ? A esta
pregunta responde así Juan Bernouilli.
Si (1) á un cuerpo de qualquiera figura que
él tenga , se imprime impulso con dirección
que pase por el centro del mismo cuerpo, és­
te se moverá progresivamente por dicha di­
rección , sin dar vueltas sobre su exe , ó sin
tener movimiento de rotación. Pero si la di­
Dirección
rección del impulso no pasa por el centro del
vária de los
cuerpo, éste al moverse progresivamente ro­
cuerpos
dará
ó dará vueltas sobre su exe. El Supre­
proveniente
mo Hacedor al principio del mundo imprimió
de su im­
pulso.
á los planetas el impulso con direcciones que
no pasaron por sus centros; y por esto ellos
al moverse progresivamente, empezaron á ro­
dar sobre sus exes, dando las vueltas en mas
ó menos tiempo, según la combinación de
la cantidad del impulso y de su vária direc­
ción. Según esta seducente doctrina Bernouilli
infiere (2), que suponiéndose redonda , quieta
y
(:) Bernouilli en el tomo IV de su obra cita­
da ( pág. 242. del 1. vol.) , núm. 177. §. 35. &c.
págna 281.
(;) Fiisi , á imitación de Bernouilli , calculó
en

al mundo Vianetarlo.
5y
y de materia homogénea la tierra , y qi:e se
le imprima un impulso con direcccion perpen­
dicular entre su superficie y su cen tro , y á
la distancia de una ciento cincuentésima par­
te de rayo ó semidiámetro terrestre hasta di­
cho centro , en este caso la tierra tendría dos
movimientos , uno de rotación, semejante á
la vuelta d iaria, que dá para formar el dia
natural; y otro de progresión por una órbi­
ta circu lar, semejante á la revolución anual
que hace al rededor del Sol. En Marte halla
Bernoull , que la dirección del impulso cor­
responde á la distancia de una quatrocentésima décima octava parte de su semidiámetro
hasta su centro; y en Júpiter á la distancia
de siete décimasnonas partes. Si el impulso
prim itivo, dice Bernouilli, se hubiera aplicado
á estos planetas en mayores distancias de sus
respectivos centros , su movimiento entonces
sería mas rápido. La-Lande , hablando (r)d e
esta ingeniosa doctrina de Bernouilli, confiesa
ingenuamente que no llega á descubrir cone­
xión entre las duraciones de la rotación y de
la revolución de un planeta: y yo hallo me­
nos
en la Luna , que su primitiva fuerza se le impri­
mió á la distancia de una quinientésima quarentésima séptima parte y media de su semidiánetro hasta su centro. Véase Pauli F risii ope'a.
Mediolani 1785. 4. vol. 3. En el vol. 3. Cosno¿ raphia, , lib. 3. appendix, p. 184.
(1) La-Lande , Astronom. n. 1122.

58
Viage estático
nos dificultad en dicha doctrina, que en creer,
que de la combinación de las fuerzas centrí­
fuga y centrípeta resulte necesariamente un
movimiento curvilíneo , y no rectilíneo del
cuerpo movido por ellas. Mas de qualquiera
manera que en el estado actual de la natu­
raleza pueda existir ó no la conexión de di­
chas duraciones y la combinación de dichas
fuerzas, siempre se mirará como ingenioso el
sistéma físico-astronómico , en que la mente
humana se atreve á analizar las mas ocultas
obras de la naturaleza.
§.

XIV.

Examen de las primeras causas fís ic a s : ig­
norancia total de ellas en el mundo mortal.
Q ual sea el buen uso de los sistemas
en las ciencias.

,

,

Uedes ya inferir Cosmopolita de los ex­
puestos cálculos sobre la ingeniosa deter­
minación de la cantidad de fuerzas y movi­
mientos en cada planeta , el sublime pensar de
los hombres, y las raras conseqüencias que
sacan , en suposición de una hipótesi que se
Hipótesi fí­ figuran ó imaginan. La hipótesi, pues, de la
sica fecun­ combinación de las fuerzas centrífuga y cen­
da en re­ trípeta y en sus várias direcciones es tan fe­
sultados.
cunda de resultados, que parece un inagota­
ble manantial de ellos. No por esto te quie­
ro decir, que tal hipótesi nos lleva al cono­
cimiento de todo ; pues que lexos de llevar­
nos á tal término, nos dexa á obscuras en muchí-

P

al mundo Vianet ario.

59

chísimos puntos de curiosidad. Por exemplo: La ignoran­
nosotros, según las leyes de la gravedad ter­ cia no se
restre, sabemos y damos razón , por qué mez­ destierra
con las hi­
clados tierra , agua y ayre , el agua queda so­ pótesis.
bre la tierra , y el ayre sobre el agua : y no
sabemos, en virtud de la mutua atracción que
se supone en los planetas, por qué estos se
colocaron en tal y tal distancia del Sol. Sa­
bemos asimismo dar razón del sitio que ocu­
parán varios cuerpos de diferente densidad co­
locados en un globo que se mueva ; y no sa­
bemos determinar lo mismo en los planetas en
fuerza de la atracción. Menos podrémos de­
terminar , por qué el Sol está en un foco de
la elipse, y no en el otro: por qué los plane­
tas son en tal número y grandeza: por qué al­
gunos de ellos tienen otros planetas que los ro­
dean ; y otros no tienen ninguno. A estas y otras
dudas semejantes que se pueden hacer, podrás
responderme, diciendo : que todo esto depende
de la voluntad divina, y no de efectos de cau­
sas naturales. Esta respuesta que suelen dar
los Físicos , no me parece conveniente por las
razones siguientes.
Es muy cierto, Cosmopolita m ió, que el
Señor ha criado todas las cosas según la medi­
da , el nivél y el imperio de su santísima vo­
luntad ; mas es necesario en todas sus obras
Razón mo­
distinguir las razones que se llaman morales, ral y física
y las que se dicen jisicas. Las razones nnora- de la exis­
les están en la voluntad divina; y de ellas no tencia de
podemos decir , sino que son superiores al co­ todo ente
nocimiento de toda criatura; y que solamen­ criado.
te sabemos y conocemos, que el Señor 'ha cria­
do

6o
Via ge estático
do el mundo para su mayor gloria , gobernán­
dose por motivos sabios, justísimos é impene­
trables. Las razones físicas se hallan en las
mismas cosas criadas, en las que Dios las ha
puesto á nuestra vista , para que las busque­
mos y conozcamos. Pudo el Señor, en lugar
del actual sistèma de mundo, haber formado
ó criado otro como le hubiera parecido ; y si
nosotros quisiéramos ocuparnos en investigar,
por qué el Señor ha formado este sistèma de
mundo en ésta y no en la otra manera, nos
declarariamos irracionales , temerarios y reos
delante del Criador y de todas sus criaturas.
Mas como el Señor haciendo el actual sistè­
ma mundano, lo formó con ciertas reglas fí­
sicas , en que naturalmente consisten la harmo­
nía , orden, disposición y hermosa variedad
de lo visible , en esto mismo nos puso á la vis­
ta de la mente las leyes físicas, deque natu­
ralmente provienen el obrar de las causas y el
origen de los efectos; y si nosotros no llega­
mos á dar la razón de esta admirable cone­
xión , esto es prueba de que no conocemos ta­
les razones físicas. Para declararte esta refle­
xión cierta con exemplos y frases de un doc­
to Físico ( i ) , yo te diré así, Cosmopolita:
»Dios sumamente sabio y poderoso , crian­
do libremente, porque quiso y como quiso , la
exís( i) Castel. Systeme 'veritalle de Newtont
analyse 2. §. ió. probi. 9. (citado en la pág. 80.
del 1. voi. de esta Obra).

al mundo Vianet ario,
61
existencia de las cosas; puso en éstas la ra­
zón de existir y de obrar de éste ó del otro
modo. Así haciendo brillante el Sol y lucien­
te la Luna , crió el Sol propiamente para bri­
llar y la Luna para alumbrar. Así colocan­
do las piedras sobre la tierra , sobre que re­
posasen ó estuviesen , las hizo pesadas y ap­
tas para estár en quietud sobre ella , en
donde las pudiésemos encontrar para nuestro
servicio ó necesidad.” Así también colocan­
do el Señor el Sol en el centro del mundo pla­
netario , como dicen los Astrónomos moder­
nos , y situando cada uno de los demás pla­
netas en respectivas y constantes distancias pa­
ra que giren al rededor del S o l, deberá ha­
berlos criado y ordenado según alguna razón
física ; y en ésta se deberá encontrar el por
qué de la distancia , figura , grandeza, masa,
movimiento , y demás propiedades y calida­
des que tiene cada planeta. En la misma ra­
zón física se deberá encontrar el por qué de
la distinción tan honoraria que tienen algu­
nos planetas; esto es, dél a distinción de la
tierra por un planeta ( l l a m a d o Luna ) que
la rodea continuamente : de la mayor distin­
ción de Júpiter por quatro lunas que lo ro­
dean , y por la gran distinción de Saturno , á
quien rodean cinco lunas. Marte , Venus y
Mercurio no tienen luna ni planeta alguno
que los rodée: ellos giran por estas regiones
siempre solitarios , y como astros vulgares:
la Tierra, sublimada sobre el vulgo de los pla­
netas, se distingue por el servicio que conti­
nuamente la hace la Luna rodeándola. JúpiVarte I I .
I
ter

El por qué
de la crea­
ción y de
los efectos
de los entes.

62

Viage estático

ter marcha como astro señoril ó principal,
acompañado siempre de quatro lunas ; y Sa­
turno marcha con mayor pompa ó luxo, por­
que lo acompañan siempre cinco lunas. ¿Quién
nos dirá el por qué de estas distinciones y par­
ticularidades ?
El libro del por qué. no solamente de las
Difícilmen­
te se halla ciencias , sino del obrar humano , se busca por
el libro de| todos ; y no sé si hasta ahora alguno lo ha
por qué.
hallado. Ciertamente es muy difícil de hallar;
y por esto aquí en Roma , quando no se quiere ó no se sabe dar razón de una cosa que
se pregunta, el vulgo dice el proverbio si­
guiente: Pasquín tiene el libro del por qué: quien
lo quiera leer solo queda, Pasquin es una anti­
gua
y famosa estatua romana , en la que se
El libro de,l ponen los pasquines y las sátiras. Los Jesuítas
por qué de viéndose acosados de preguntas , por qué en su
los Jesuí­ conducta se alexaban de las vulgaridades , pa­
tas.
ra dar razón de ella y satisfacer á la curio­
sidad , escribieron (i) y publicaron el libro del
por qué. Yo desearía que los modernos Astró­
nomos imitáran á los Jesuítas , escribiendo un
libro del por qué físico del sistéma copérniconewtoniano ; mas dificulto que este libro se es­
criba jamás, sino con el título de romance, A
El por qué la verdad , si deseando saber el por qué físico
físico del del sistéma planetario , llamamos un Astróno­
sistema pla­ mo moderno, y le preguntamos, por qué el
netario.

Sol

(i) El libro del Por qué se escribió por el
docto Jesuíta Pedro de Rivadeneyra.

al mundo Planetario .
63
Sol tiene tanta masa , tal densidad y figura : da
una vuelta sobre su exe en 25 dias y 14 ho­
ras ; y es el único astro que en el sistéma
planetario alumbra por sí mismo : por qué la
tierra tiene una luna , Júpiter tiene quatro lu­
nas , Saturno tiene cinco, y Mercurio , Venus
y Marte no tienen luna alguna : por qué Sa­
turno tiene un anillo que distando de su su­
perficie lo rodea: por qué los planetas no estan entre sí mas vecinos ó mas lexanos: por
qué no son mayores ó menores, y mas ó me­
nos en número. Si estas y otras innumerables
dudas que se pueden hacer, proponemos y
preguntamos al mas hábil Astrónomo moder­
no , él al oírlas se encogerá de hombros y ar­
queará las cejas , significándonos con estos mu­
dos y eloqiientes gestos su total ignorancia:
ó si avergonzándose de confesarla se atreve á
respondernos , nos dará una respuesta llena de
suposiciones arbitrarias, y de resultados de
cálculos irreducibles á las leyes y á los efec­
tos que conocemos en la naturaleza. Si en lu­ Cotéjo de
gar del Astrónomo llamamos al mas idiota Re- Un Astróno­
loxero , y presentendo á su vista un re lo x le mo con un
Reloxero.
preguntamos, por qué el relox tiene tantas
ruedas y muelles: por qué cada rueda tiene
tantos dientes, da tantas vueltas , & c. él pron­
tamente nos dirá el p or qué de nuestras du­
das ; explicará las causas y los efectos que de
ellas deben resultar según las leyes de mecá­
nica , y demostrará que según los principios
de ésta en las piezas del relox , deben hallar­
se tal orden, conexión, grandeza, figura y
situación para que se muevan , y su movimienI2
to

64

V ia ge estático

to sea arreglado. Este exemplo, Cosmopoli­
ta , te hará conocer la diferencia entre un As­
trónomo y un Reloxero. Este porque llega á
conocer las causas físicas inmediatas del me­
canismo del relox, con suma facilidad y cla­
ridad , y sin la molestia y confusión del cál­
culo matemático , las explica y nos dice el
p o r qué físico del movimiento del mismo re­
lox ; el Astrónomo por lo contrario , que­
riendo decirnos lo que ignora , se confunde
en sus ideas que pretende vanamente reali­
zar con los cálculos , y de estos hace resul­
tar un por qué físico , que no se halla en la
naturaleza , sino solamente en su desordena­
da fantasía.
Contra estas reflexiones quizá opondrás la
siguiente objeción. Las leyes naturales , me
dirás, Cosmopolita, son las mismas en los efec­
tos de la naturaleza y en las obras del arte:
si en éstas el ingenio humano halla el por qué
físico , ¿ por qué no lo hallará en los efectos
de la naturaleza ? Si el hombre descubre y
señala las causas físicas in m e d ia ta s del movi­
miento y mecanismo de una máquina artifi­
cial bien ordenada, qual es el relox, ¿por
qué no podrá descubrir y señalar las causas
físicas inmediatas del mecanismo natural del
sistèma planetario, en que se halla la mayor
perfección física ?
Esta objeción, Cosmopolita , es muy su­
El por qué
físico del ar­ perficial : su dificultad , que es aparente ó fan­
te y de la tástica, desaparece luego al hacerse la menor
naturaleza. reflexión sobre la infinita distancia que hay
entre la naturaleza y el arte, ó entre las obras
del

al mundo Vianetario.

65

del Criador y las de la criatura. Con las mis­
mas leyes naturales , con que el trigo se con­
vierte artificialmente en harina , y después en
pan ó en várias especies de pastas , el trigo
sembrado nace y produce la espiga ; y los gra­
nos de ésta comidos se convierten en la subs­
tancia del animal que los come ; mas las con­
versiones ó mudanzas que en el trigo hace el
a rte , distan infinitamente de las que hace la
naturaleza. Esta infinita distancia hace que la
mente humana no pueda jamás penetrar el
mecanismo de la naturaleza , y sin esta pene­
tración es imposible conocer sus causas físi­
cas , ó el por qué físico de su obrar. De esta Dudas es­
verdad , que se conoció entre los hombres des­ candalosas
de que ellos en la mas remota antigüedad pen­ á la razón
saron séria y atentamente en el obrar de la natural.
naturaleza, por un exceso de ignorancia ó de
impiedad se llega á dudar hoy no sin escán­
dalo , no ya de la Religión, sino también de
la racionalidad. A estos ignorantes é impíos yo
hablaré á la Socrática: esto es, les hablaré
reproduciendo los sublimes pensamientos de
Sócrates , no m enos sabio en la física q u e en
la ética, y oráculo divino, según San Justi­
no M ártir, en medio del paganismo. Este gran
Filósofo buscaba dos mil y doscientos años
há el por qué físico del obrar de la naturale­
za en los escritos de Anaxágoras y de otros
insignes Filósofos: los leyó buscando razones,
y encontró delirios, por lo que abandonó su
inútil estudio. Es justo que yo con las pala­
bras de Platón, en su diálogo intitulado el
F e don ó del alm a, te refiera la anxiedad de Socra-

66

Sócrates
buscó y no
halló el por
qué físico y
moral de la
naturaleza.

Viage estático

crates por la ciencia física, y el desengaño
con que de ésta habla. »Habiendo yo oído,
dice Sócrates, á uno que leía los escritos de
Anaxagoras, que en ellos éste decía, que la
Mente (esto es Dios) había adornado ó her­
moseado todas las cosas , y que de ellas era
causa. * .. me alegraba creyendo haber halla­
do en Anaxágoras el Maestro que me enseñáse la razón ó causa de todas las cosas , lo que
ansiosamente yo deseaba saber, y me dixese
si la tierra era redonda ó llana ; y habién­
dome dicho esto, me señalóse la causa y la
necesidad de tener tal figura , probando que
tal estado de la tierra era el mejor . Asimis­
mo , si él me decía que la tierra estaba en
medio del mundo , yo deseaba que me decla­
rase , que el estar ella en medio del mundo es
lo mejor. . . . Después queria yo satisfacer mi
curiosidad sobre el S ol, la Luna , las Estre­
llas , sobre su velocidad , revoluciones y fe­
nómenos ; esto es, deseaba saber el por qué y
el modo mejor con que todas las cosas hagan
lo que hacen. . . Entonces yo no hubiera ven­
dido por el mas caro precio mis esperanzas:
por lo que tomando los escritos con suma anxiedad , los leí, quanto antes me fué posible.
Guiado de esta esperanza , al empezar á leer
los escritos observo , que el Filósofo de ningu­
na manera se vale de la Suprema M ente, ni
le atribuye causa ó influxo alguno sobre la
hermosura de estas cosas; mas en lugar de
nombrar las causas de éstas, nombra natura­
lezas de ayre , tierra , agua y de otros entes
desproporcionados. Como si alguno dixese que
Só-

al mundo P lanetario,
67
Sócrates hace con su mente todo lo que ha­
ce ; y después, para declarar la causa de lo
que hago, dixese que ahora estoy sentado,
porque mi cuerpo se compone de huesos y ner­
vios.” Con estas enérgicas razones Sócrates
nos da bien á entender , que en tiempo en que
según la común opinión estaba la física en su
infancia , llegó á conocer que deliraban los Fi­
lósofos , quando pretendían explicar el por qué
físico del mecanismo natural de los astros y
de la tierra. Conoció el mismo Sócrates, que
tal conocimiento era imposible al entendimien­ Segun Só­
to humano; por lo que en el discurso ó diá­ crates nin­
logo antes citado concluyó diciendo; «Con gún hom­
placer sería yo discípulo de quien fuese capáz bre sabe el
qué de
de explicar el por q u é , ó la causa de las cosas; por
los efectos
mas juzgo no poder hallarla , ni aprenderla naturales.
de otro,”
No sin particular placer, como espero de
tu genial gusto é inclinación por la divina éti­
ca , habrás oído , Cosmopolita , las referidas
sentencias de Sócrates , que en ellas esparce
flores de aquella Teología natural, que el Su­ La ética es
premo H a ced o r enseña á tod o esp íritu huma­ innata al es­
hu­
no en el mismo acto de criarlo. Esta cien­ píritu
mano.
cia divina y natural á la mente humana , quie­
ren hoy obscurecer la ciega ilusión , el atre­
vimiento temerario y la obstinada impiedad
de aquellos presumidos y viciosos ignorantes,
que arrebatados de un entusiasmo blasfemo
pretenden abrir ó romper las puertas, conque
la naturaleza tiene ocultamente encerrado su Osadía de
o b ra r, y con osadía sacrilega piensan poder la ignoran­
entrar en el sagrario de los consejos divinos, y cia viciosa.
es-

68

Las questiones in­
útiles en to­
da ciencia
causan la
preocupa­
ción, que es
peor que la
ignorancia.

Vi age estático

escudriñar los impenetrables fines físicos y mo­
rales que el Supremo Hacedor ha tenido en
criar y ordenar el mundo visible. Estos va­
nos deseos é inútiles esfuerzos de algunos mo­
dernos me hacen conocer , Cosmopolita, que
es no menos ilimitada la viciosa ignorancia de
los hombres, que su temeridad. Viciosa igno­
rancia llamo la vana y presumida sabiduría de
aquellos que pretenden entrar en los secretos
de la naturaleza y del mismo Criador, no obs­
tante que necesariamente deben haber experi­
mentado en la consideración de la naturaleza
serles misteriosamente impenetrable el obrar
que ella tiene aun en el mas vil insecto ó vejetable. La ciencia grande del hombre, Cosmo­
polita , es la que le enseña á distinguir lo que
es investigate é inútil. Con admirable provi­
dencia vemos constante conexión entre lo in­
vestigate é inútil : pues que el Criador ha dis­
puesto, que solamente sea al hombre inútil lo
que es investigate, porque no tiene necesidad
ni utilidad en conocerlo.
La mente humana es limitada : mas su li­
mitación no perjudica á su bien ; pues que es
limitación de lo que la ciencia y el conoci­
miento son totalmente inútiles.' La justa apli­
cación de esta máxima á todo sistèma, no so­
lamente astronómico y físico , sino también
metafisico, moral y teológico , despojaría las
ciencias humanas de innumerables qüestiones
que parece haberse inventado, para obscure­
cer la verdad, hacer áspero y amargo el dul­
ce estudio, y llenar la mente humana de pre­
ocupaciones , que son peores que la rhísma igno-

al mundo Planetario.
69
norancia. Conozco que en las ciencias, y prin­
cipalmente en las naturales, poco podemos
adelantar sin suponer algún sistéma físico ; mas
la necesidad de suponerlo no debe empeñar­
nos en qüestiones inútiles. De un sistéma creí­
do verdadero (lo que es compatible con su
falsedad ) se ha de hacer uso en quanto con­
curra á nuestra utilidad ; y quando ésta se lográse , ha de prescindir de aquellas especula­
ciones sistemáticas que nos conducen á un
caos mas confuso que la ignorancia.
Así el Geómetra no se detiene en conci­
liar las dos suposiciones contrarias que hace
en la geometría y en el cálculo infinitesimal;
esto es , las suposiciones de imaginarse en
aquella indivisible el punto generante de la
linea , y de imaginárselo divisible en el cálculo
infinitesimal. El mismo Geómetra no hubiera
dado paso sobre la proposición 16 del libro
III de Euclídes, si se hubiera empeñado en
aclarar perfectamente las paradoxas que de
tal proposición resultan, como se infiere de
las reflexiones que sobre ella hacen Pelatario,
el gran C l a v i o , Tacquet y otros Autores. En
la teórica de las órbitas de los planetas no se
hubiera adelantado casi nada, si los Astróno­
mos se hubieran empeñado en no admitir su­
posiciones que no fuesen evidentemente cier­
tas. Por exemplo , la curva que , como antes
te insinué , forma una piedra arrojada, se su­
pone parabólica ; mas esta suposición no es
evidentemente cierta ; y no obstante su incer­
tidumbre ó falsedad, la analogía del movi­
miento de la piedra con el de los planetas ha
Parte II.
K
ser-

$zo
al mundo Planetario.
servido para entender mejor el de estos, su­
poniendo en ellos las fuerzas de proyección y
de atracción, ó centrífugas y centrípetas, co­
mo se suponen en la piedra arrojada , ó en
una bomba que se tira. Todos los Astrónomos
modernos suponen oval ó elíptica la órbita de
los cometas , como lo es la de los planetas; y
no obstante esta suposición , todos calculan
la órbita de los cometas, como si fuera para­
bólica y no elíptica ; porque solamente el cál­
culo parabólico se experimenta útil para co­
nocer los fenómenos del movimiento de. los
cometas. Es necesario , Cosmopolita, recono­
cer en todas las cosas la limitación maravi­
llosa de nuestra mente; y este conocimiento
nos servirá para no abusar de nuestra ciencia
é ignorancia inevitable, y para adorar , lle­
nos de confusión , humildad y agradecimien­
to , la incomprensible providencia de nuestro
Criador, que á c.ada paso se nos muestra sen­
siblemente benéfico , haciéndonos útiles los
efectos de -la naturaleza , sin que la conoz­
camos.
Quiero decirte en esto, Cosmopolita, que
D ios, admi­ reconozcas á tu Criador , no solamente en lo
rable en lo que entiendes ó sabes , sino también en lo
que el hom­ mismo que ignoras y no puedes entender. Pa­
bre conoce
ra esto te ayudará esta breve reflexión. Quien
é ignora.
eche una ojeada sobre tantas máquinas como
ha inventado el ingenio humano , no dexará
de reconocer en él una virtud prodigiosa pa­
ra entender y penetrar la naturaleza. La sim­
ple vista de un navio , que sulcando los ma­
res vuela burlándose de las tempestades, nos
de-

al mundo Vianet ario.
?i
dexa encantados. ¿Qué diré de la vista de tan­
tas máquinas de agua , viento y de manufac­
turas ? ¿Qué de la de un pequeño relo x, en
quien la harmonía , unión > duración y movi­
miento de tantas ruedas y exes parecen efec­
to de un artífice angélico? Si dél a pura me­
cánica pasamos á la mecánico-especulativa,
no necesitamos recorrer muchas ciencias para
llenarnos de admiración : basta para esto que
fixemos un poco la atención en la matemáti­
ca. En la aritmética admirarémos los prodi­
giosos resultados que nos dan la invención y
combinación de diez solas cifras. En el álge­
bra echarémos de ver una nueva invención
de aritmética * que tiene tanto mas de admi­
rable , quanto es mas universal y mas breve
que la aritmética de las cifras. En la geome­
tría descubrirémos invenciones tan sublimes,
que nos hacen subir á tocar el mismo Cielo.
¿Y qué diré de la invención del cálculo infi­
nitesimal* délos logarithmos , séries algebráicas , y de la ciencia óptica y mecánica con
que se llegan casi á ver y entender el meca­
nismo de nuevos mundos en las regiones ce­
lestes ?
Quien considere atentamente estos y otros
progresos casi divinos del ingenio humano,
quedará admirado de su virtud y capacidad,
y se persuadirá á que todo se sujeta á su cono­
cimiento ; mas si al mismo tiempo este admi­
rador del ingenio humano reflexiona atenta­
mente , que puestos á la vista del hombre y
á su examen un grano de arena y otro de oro,
jamás llegará á formar ni dar idea verdadera
K 2
de

Perspicacia
de la mente
humana.

Limitación
de la mente
humana.

y2

Viage estático

de los elementos que á uno y otro grano com­
ponen y diferencian , quedará lleno de confu­
sión , reconociendo la sensible y prodigiosa li­
mitación de la mente humana. Dios , ó Cos­
mopolita , ha puesto á nuestro conocimiento
lím ites, como y donde ha querido, así como
se los ha puesto al mar. El nos dexa volar
con el discurso en ciertas materias, y en otras
no nos permite dar un paso. E l , para decir­
lo todo en pocas palabras, nos ha concedi­
do inventar ó formar reglas ciertas para ha­
cer nuestros edificios , cultivar y medir nues­
tros terrenos, pesar nuestros licores, conver­
tir en utilidad y servicio nuestro los géneros
simples por medio de las fábricas, señalar por
mar y tierra los rumbos y poblaciones, de­
terminar los dias , meses , años y estaciones:
para hallar estas y otras cosas semejantes, que
concurren á nuestro servicio, la providencia
Divina nos ha alumbrado singularmente, ó por
mejor decir, con la misma profana Filoso­
fía (1): » Estas cosas no son nuestras, ni in­
Dios, Maes­
vención
del ingenio humano , porque las pri­
tro del hom­
meras
ideas
de las artes nos son innatas , y
bre.
el Criador , nuestro Maestro , ocultamente
aguza é impele la mente humana á hallar­
las.^ De aquí es , que como dixo un Filo­
so—

6

( 1 ) Senec. 4. de Benefíc. cap. . ISfe dixeris
illa , quae invenimus esse nostra. Semina artium
omnium insita sunt nobis , & D eus A la g ist er ex
oculto a c u it, & excitat ingenia.

a l mundo Planetario.

^3

sofo (1): »Si alguno cree que tales cosas son
invención del ingenio humano , es un ingra­
to que no reconoce los dones de nuestro
Dios.” Mas al mismo tiempo que el Señor es
tan liberal con nosotros, manifestándonos to­
do lo que se dirige á nuestro servicio, nos
ha negado los conocimientos de la naturale­
za de los Cielos, de los elementos y de otras
cosas semejantes , pues que á él solo toca el
criarlos ; y á nosotros solamente el aprove­
charnos de ciertos efectos ó usos que no pi­
den tal conocimiento.
Y en esto mismo , Cosmopolita , se des­
cubre otra cosa admirable , y es , que por
efecto de particular providencia divina, los
hombres, aun valiéndose de suposiciones fal­
sas en orden á las causas naturales , que no
penetran, han llegado á acertar y hallar aque­
llas cosas que les son útiles. Así en el presen­
te asunto del movimiento de los planetas ve­
mos , que siendo tan diferentes los sistémas
de los Astrónomos , y siendo algunos de ellos
repugnantes á la buena razón , con todo eso
Dios ha dispuesto que lleguen á determinar
bien aquellos resultados celestes que concur­
ren á nuestro gobierno, bien y servicio. Con
este exemplo , quiero decirte, ó Cosmopoli­
ta , que no te debes enfriar en el ardiente de­
seo
(1) Plin. Nat. hist. lib. 27. cap. 2. Si quis
illa forte ab homine excogitari potuisse credit,
ingrate deorum muñera intelligit.

Por qué de
hipótesis
falsas resul­
tan conoci­
mientos uth
les.

*74
Vi age estático
séo de contemplar los fenómenos celestes, aun­
que , como te he insinuado , no sean ciertos
los principios que para su contemplación su­
ponemos : basta que ellos nos lleven al fin
deseado, porque éste es el que debemos bus­
car , reconociendo y adorando la admirable
providencia de nuestro Dios * por haber dis­
puesto tan maravillosamente el orden de cau­
sas naturales , que no obstante la ignorancia
que de ellas tenemos , nos permite entender,
por medio de suposiciones arbitrarias , aque­
llos efectos que conspiran á nuestro bien es­
tar. Yo, pues,, deséo que vivas penetrado de
esta saludable y racional máxima : según ella,
suponiendo el sistéma copérnico-newtoniano,
proseguiré explicándote lo que el discurso al­
canza en la observación del mundo planetario.
. X V.
Observación de Mercurio Venus y del

,

V

Observa­
ción de
Mercurio
desde el
Soi.

Orbe terrestre.

,

Olvamos s Cosmopolita á la observación
del mundo planetario , no para empeñar­
nos inútilmente en investigar las causas ocu
tas , sino para Contemplar atentamente los pl
netas que con admiración vemos rodear con­
tinuamente á nosotros y al Sol. Contemplemos
cada uno en particular, y según el orden de
sus respectivas distancias hasta este sitio. Fixa , pues , tu atención en el planeta mas cer­
cano, que , como sabes , es Mercurio : si obser­
vas bien , notarás luego , que él va succesiva• mea-

al mundo Planetario.
mente ocultándonos los demás planetas , y con
esto nos da una prueba clara de ser el mas
vecino á nosotros. Es digna de notarse su gran
ligereza, por la qual en menos de tres meses
recorre toda su órbita al rededor del Sol. Es
Mercurio el mas ligero de los planetas, así
como Saturno es el mas lento de todos ellos,
exceptuado Urano, pues que tarda en hacer
su órbita casi treinta años. En aquel parece
que se nos representa la juventud viva y orgullosa ; y en éste la pesada y tarda vejez.
Con alusión á estas ideas , quizá los antiguos
pusieron á estos dos planetas los nombres de
Mercurio y Saturno: pues que el paganismo
pintaba á éste como un viejo cargado de años
y achaques , y á Mercurio como un joven bi­
zarro y ligero, con alas en la cabeza y en los
pies.
Se distingue Mercurio de los. demás plane­
tas , no solamente por su ligereza , sino tam­
bién por su verdadera pequeñéz. Te digo ver­
dadera pequenez , porque desde aqu í, por ra­
zón de su menor distancia, aparece mayor (i)
que todos los planetas, menos Venus y Júpi­
ter; y á nosotros, quando él está en su dis­
tancia media del S o l, nos aparece. (2) ocho
ve(1) E l diámetro de Mercurio desde el Sol en
su distancia inedia aparece de 20." L a-C aille
(Astronom ie, n. 280.) lo pone de 21."
(2) Mercurio observado en su distancia me­
dia desde la tierra , aparece con diámetro de 7 ."

El

76
Observa­
ción de
Venus des­
de el Sol.

Observa­
ción de la
tierra vista
desde el
Sol.

Vi age estÁtico

veces m ayor que á los terrícolas, quando lo
miran en su distancia media desde la tierra.
Después de Mercurio tienes á V en u s, la
qual con ocultar sucesivam ente á todos los
planetas menos a M ercurio, nos dá á conocer,
que después de éste es el astro mas vecino á
nosotros. E lla aparece algunas veces menor
que Mercurio , y comunmente (1) aparece ma­
yor : mas nunca desde aquí llega á aparecer
tan grande , como la suelen ver los terríco­
las , quando está mas cercana á la tierra. En
este caso los terrícolas la ven (2) como si fue­
se casi seis veces mayor , que aparece desde
aquí quando está en su distancia media del
Sol.
Estiende ahora tu v ista , Cosm opolita, mas
allá de Venus, hasta fixar tu atención en el pri­
mer planeta que encuentres después de ella.
E l astro que ves después de V enus, es la Tier­
ra.
El quadrado de 20 contiene mas de ocho veces
al quadrado de 7 j y desde el Sol su diámetro
aparece de 2o.//
(1) Según Monier el diámetro de Venus en
su mayor distancia aparece de 1$/'
(2) Desde la tierra el diámetro de Venus se
Ve algunas veces de $ 7 " ; y así se vió en su paso
por delante del Sol en el año de 1761. Venus en
su distancia media del Sol aparece con diáme­
tro de 24." Gregori (Astronomie , /. 1. p. 1. )
lo pone de 2 8" ; y La-Caille ( Astronomía n,
280) lo hace de 29.*

,

al mundo Planetario

.

Ta. Los Filósofos antiguos decían que todo lo

terrestre era corruptible, y de naturaleza in­
ferior á la de los astros: los modernos no han
podido sufrir tal vituperio á nuestra tierra, y
por esto la han colocado entre los astros del La tierra
Cielo. Por tanto, si te he de hablar según es­ enconvertida
por
tos , empieza , Cosmopolita, á despojarte de los astro
moder­
aquellas ideas vulgares de terrestre y celeste: nos Astró­
todo ya es celeste; y los pobladores de la tier­ nomos.
ra son verdaderos celícolas, porque Cielo es
todo quanto se ve por abaxo , por arriba y
por.los lados. No sé si los demás planetas es­
tarán contentos con esta nueva honra que se
hace á nuestra tierra, colocándola en la clase
de ellos : á la verdad entre los terrícolas ve­
mos no pocas veces que se hace oposición á
las personas que extraordinariamente se en­
salzan con nuevas honras ; y quando se tra­
ta de Señoras , sabemos por experiencia que
éstas , por no admitir en su clase á otras de
inferior calidad , suelen causar muchas revo­
luciones y discordias. Es cierto que casi to­
dos los planetas tienen nombre de varones,
los quales no suelen ser tan delicados en es­
tas etiquetas ; mas entre ellos hay uno con el
nombre de hembra , que es Venus, y una so­
la muger puede sobre este asunto meter mu­
cho ruido en todo el mundo planetario. Mas
sea de esto lo que fuere, lo cierto es , Cos­
mopolita mió, que tenemos el gusto de saber
que nuestra tierra se cuenta entre los astros.
Si nuestros antiguos hubieran tenido esta no­
ticia , Suetonio , en la vida de Julio Cesar , no
nos hubiera dexado escrito el entusiasmo de
Parte II.
L
h^-

Viage estático
haberse creído que el alma de éste se habla
convertido en astro ; pues que esto es lo mis­
mo que decirnos que se había convertido en
tierra.
Supuesta la conversion de nuestra tierra
en astro, nosotros ya debemos mirarla con la
misma curiosidad con que observamos los de­
más planetas. Debemos por la misma razón
no llamarla estable y pesada (como comun­
mente la llamaban los antiguos , y aún la lla­
man los Poétas), sino movediza y ligera, pues
que estos renombres le convienen por su con­
tinuo movimiento al rededor del Sol. Y aho­
ra al proponerte esta celeste metamorfosi de
nuestra tierra , se me ofrece , Cosmopolita,
una reflexion, que quizá no oirás con desagra­
do. Permíteme que te la manifieste,
ion
Supongamos que nosotros hubiéramos sido
Refle:
de un solí- criados solfeólas ó habitadores del Sol, y que
cola.
colocados en este sitio observáramos el siste­
ma planetario, sin tener mas noticias de él,
que aquellas que con el simple discurso infi­
riéramos de la simple vista de los astros ^ en
tal caso no fácilmente juzgaríamos que estu­
viese habitada nuestra tierra, que desde aquí
nos aparece como un pequeñísimo grano lu­
ciente de arena. Y si por ventura en fuer­
za de discursos nos persuadiéramos á que es­
taba poblada, ¿ no juzgaríamos lo mismo de
los demás planetas? Ved aquí, Cosmopolita,
la natural conseqiiencia a que el discurso lle­
va la mente humana en la suposición de ha­
cer astro la tierra. Yo te debo confesar inge­
nuamente que en la misma suposición, node-

al mundo Planetario.
J79
teniéndome en exáminar ninguna de las incon- Éxtasi del
gruencias , según la ciencia religiosa y física, Autor,
y dexandome arrastrar del repentino influxo de
la vana curiosidad, no pocas veces he pasa­
do estático las noches en la contemplación de
los astros desde la tierra. Yo me acuerdo que
arrojado de mi patria terrestre , y desechado
de mis nacionales, en mis correrías por países
extrangeros logré por gracia aloxarme mu­
chos meses en un abandonado camaranchón,
en que por las noches, desahogando mi an­
gustiado espíritu , fixaba mi vista en el Cie­
lo por una especie de guardilla que me lo des­
cubría , y al ver pasar los planetas, quedan­
do como estático en el cuerpo , discurría así
conmigo mismo : Si la tierra es planeta , co­
mo los astros que veo y admiro girar por los
espacios etéreos, ¿quién sabe si la providen­
cia habrá también poblado aquellos planetas
celestes, como está poblada nuestra tierra ?
Y sítales planetas están habitados, ¿qué gen­
tes serán las que los habiten? ¿Qual su figu­
ra y tenor de vida? ¿Quales sus costumbres
y artes ? ¿ Q u a le s sus ideas y progresos en las
ciencias ? ¿ Habrán conjeturado aquellas gen­
tes que también esta tierra está poblada co­
mo sus planetas ? ¿ Habrán adelantado mas
que los terrícolas en el estudio de la natura­
leza , y por él habrán conseguido mayor co­
nocimiento de nuestro Supremo Hacedor? ¿Se
respetarán entre ellos la inocencia , la justicia
y la virtud? ¿Triunfará la iniquidad? ¿Habrá
quizá entre ellos. . .. Mas ¿ para qué me de­
tengo en proponerte todo el tropél de dudas
L2
cu-

8o
Via ge estática
curiosas que en tales circunstancias combatían
mi turbada y afligida mente ? ¿ Para qué re­
ferirte las batallas interiores que mi curiosi­
dad é ignorancia dentro de mí tenían ? El
hacerte relación de todas éstas sería propia­
mente hacerte la descripción de uno que so­
ñaba despierto. Yo , pues , que de suposición
en suposición llegaba á fingir en los planetas
tal estado , orden y disposición , que funda­
mento diesen para formar innumerables du­
das, volvía un tanto sobre m í, y reconocien­
do la veleidad é insubsistencia de las cosas que
sin fundamento , y aun contra toda razón su­
ponía , me avergonzaba de mi irracional cu­
riosidad , que mas y mas me sepultaba den­
tro de mi misma ignorancia , alexandome del
verdadero conocimiento de la naturaleza.
No será juicio temerario el creer que el
discurso que te acabo de hacer , Cosmopolita,
habrá quizá despertado en tí algunos dudas
semejantes á las m ias, y el deséo de saber las
razones con que yo dudaba , y las reflexio­
nes con que, satisfacien d o á m is dudas , dexaba en calma mi curiosidad. Yo me deten­
dría gustoso en la explicación de todo lo que
pudiera concurrir á tu* deséo ó curiosidad , si
no temiera interrumpir con gran digresión la
observación empezada: te suplico que por aho­
ra tengas un poco de paciencia, que por su
orden y á su tiempo , que no tardará mu­
cho , te daré razón de todo lo que puedes de­
sear saber en este asunto. Volvamos á la ob­
servación astronómica de nuestra tierra.
Ésta desde aquí por su gran distancia apa­
re-

di mundo Vianetorto.

81

rece como un pequeñísimo ó casi indistingui­
ble grano de arena. Su diámetro, quandoella
está en su distancia media del S o l; esto es,
quando dista poco mas de treinta y quatro mi­
llones de leguas , aparece de diez y siete se­
gundos de minuto. Desde aquí la tierra nos
Observa—
aparece como un plano circular, por la misma
cion geo­
razón que el Sol parece plano á los terrícolas; gráfica des­
esto sucede, porque la vista á gran distancia de el Sol.
no distingue la prominencia del emisferio de
los globos ó cuerpos redondos. Distinguense
en la tierra, si la observas atentamente , al­
gunas manchas, de las que unas son durade­
ras y otras son mudables : aquellas provienen
principalmente de los mares , que reíiexan po­
ca luz, y las otras proceden de las montañas,
que alumbradas por una parte del Sol hacen
Recesivamente sombra ácia la opuesta. El mo­
vimiento que vemos en las manchas nos ha­
ce conocer el giro ó la rotación de la tierra
sobre su ex e , en 24 horas que forman el dia
natural. Si la tierra no tuviera mancha algu­
na , desde aquí, por su gran distancia, no po­
dría descubrirse si se movia ó no sobre su exe*
mas teniendo tantas manchas visibles , éstas’
con el mudar de sitio, nos hacen conocer su
movimiento de rotación. Vemos , pues , que
las manchas van mudando de sitio, ó como
descubriendo várias lineas, y esto’ nos hace
venir no solamente en conocimiento de la ro­
tación diaria de la tierra , sino también de los
dos puntos, sobre los quales , como si fueran
las extremidades de un exe , se mueve ó rue­
da. Estos puntos sobre que se ve mover la
tier-

82

Viage estático
tie rra , se llaman los polos terrestres; y las
estrellas ó sitios celestes , á que corresponden
los dichos puntos, se dicen polos del mundo.
Distando el equador de un globo noventa gra­
dos (ó un quadrante de círculo) de sus polos,
se infiere de la situación de los polos terres­
tres el sitio del equador terrestre, que se ima­
gina dividir el orbe terráqueo en dos partes
iguales, que se llaman emisferios; y las estre­
llas , á que en la concavidad celeste corres­
ponde perfectamente el equador terrestre, for­
man el celeste, ó del mundo. Este equador
celeste divide igualmente todo el Cielo en dos
emisferios v los quales, por medio de otros
círculos que se imaginan paralelos á é l , se
subdivide en várias porciones que se llaman
zonas , de lo que , como de otras particulari­
dades que se enseñan en los elementos cosmo­
gráficos , no debo tratar aquí con especiali­
dad. Prosigamos nuestra observación.
Siendo nuestra tierra uno de los planetas
solares, debe recorrer, como estos, su órbita
al rededor del Sol. En efecto , si la observas,
notarás que mudando succesivamente de si­
tios va dando vueltas al rededor de nosotros;
esto es, notarás que succesivamente nos va
ocultando por su orden varias estrellas , las
quales sirven como de mojones o señales por
donde pasa la órbita terrestre ; y los terríco­
las para entenderse entre s í , quando hablan
de esta órbita, han impuesto nombres á todas
las estrellas á que en el Cielo corresponde ; y
porque sería de gran confusion el dar nombre
• á cada estrella por donde pasa la órbita, se
lo

a l mundo "Planetario.
83
lo han impuesto á cierto número de ellas; es­
to e s , con seis estrellas , por exenrplo , han
formado idealmente una figura de anim al; y
el nombre de este animal sirve para todas
seis. Así fingen dividida toda la órbita terres­
tre en doce partes , y cada una de éstas se
representa por un anim al, que llaman signo
zodiacal. Lo mismo han practicado con todas
las estrellas visibles, dando á cierta porción
de ellas el nombre que haga alusión á la fi­
gura que forman idealmente.
La órbita que corre la tierra sirve como
de fundamento para determinar várias parti­
cularidades en las órbitas de los demás pla­
netas , y también de los cometas. Estas órbi­
tas forman , con la de la tierra , diferentes án­
gulos , de que te hablaré en otra ocasión mas
oportuna : por ahora te baste saber, que el
ángulo mayor que con la órbita terrestre for­
man las órbitas de los planetas, no pasa de
siete grados; y que para denotar todo el es­
pacio que ocupan dichas órbitas, los terríco­
las han dado nombre de zodiaco á toda aque­
lla extensión celeste que corresponde á dicho
espacio ; esto e s , todas las estrellas que se
ven en dicha extensión, se fingen formar al­
guna parte de los doce signos zodiacales. La
órbita terrestre se llama comunmente eclípti­
Causa de
ca , porque siempre que la Luna está en el los eclipses
plano de dicha órbita, y en linea derecha con lunares y
el Sol y la Tierra , suceden los eclipses ; esto solares.
e s , si la Luna terrestre se pusiera ahora en­
tre la Tierra y el Sol, éste se ocultaría á los
terrícolas , que por tanto llamarían eclipse so­
lar

84
Fia ge estático
lar á semejante caso ; y porque al mismo
tiempo la tierra se ocultaría á nosotros, que
desde aquí la observamos , el dicho caso de
ocultarse sería eclipse terrestre para nosotros.
Siendo la Luna menor que la tierra, el eclip­
se solar, que sucede por interponerse entre
ésta y el Sol la Luna , nunca es ni puede ser
universal en la tierra ; antes bien sucede tal
vez , que la Luna en su mayor distancia de
la tierra , y no llegando entonces á ésta la
sombra de la Luna , ésta se ve delante del
S o l, y no causa eclipse solar en ningún país
terrestre. Quando la Luna está detrás de la
tierra , ó ésta se halla entre la Luna y el Sol,
entonces la interposición de la tierra impide,
que llegue á la Luna la luz solar: en este ca­
so la Luna queda á obscuras y sucede el
eclipse lunar ; y como la tierra es mucho ma­
yor que la Luna , y su sombra se estiende mu­
cho mas que lo que la Luna dista de ella, por
esto sucede, que ésta siempre se eclipse, y
que el eclipse algunas veces sea universal en
toda la Luna.
La eclíptica ú órbita de la tierra nos da
también luz , Cosmopolita , para determinar
la duración del año entre los terrícolas , así
como el movimiento ó giro de las manchas
terrestres nos lo da , para inferir desde aquí
la duración y variedad de los dias y noches
en la tierra. De una y otra cosa es justo ha­
blar con claridad , ya para que entiendas la
naturalidad con que se explican estos fenó­
menos , y ya para que sepas el fundamento
que los terrícolas tienen para determinar en
los

al mundo Vianet ario.
85
los demás planetas várias particularidades,
como la duración de sus dias , inclinación de
sus exes á la órbita que describen , &c. Ha­
blemos primeramente de la observación de
las manchas.
Te dixe antes que el movimiento de las
manchas de la tierra nos hace conocer su ro­
tación : ahora te añado, que el giro de las
manchas nos dice si el exe terrestre está ó no
está inclinado á la eclíptica, y qué ángulo
forma con ella. Esto es, nosotros advertimos
desde aquí que el giro de dichas manchas
aparece elíptico ó co rv o ; de donde inferi­
mos luego, que el exe terrestre no es perpen­
dicular al plano de la elíptica ú órbita ter­
restre; porque si lo fuera, el giro de las man­
chas parecería como una linea paralela á la
dicha órbita. De aquí es que por el defecto
de este paralelismo sacamos, que el exe ter­
restre forma con la elíptica un ángulo menor
que el recto; y que el equador terrestre , á
quien es perpendicular el exe de la tierra,
forma igualmente un ángulo con la elíptica,
el qual es de 23 grados y algo mas de 28 mi­
nutos. Por medio de semejante observación
determinan los terrícolas el ángulo que el
equador de cada planeta forma con su órbi­
ta respectiva. No estando el exe terestre per­
pendicular al plano de la órbita de la tierra,
sucede que desde aquí unas veces veamos la
mitad del giro de las manchas, otras veces
mas ó menos de la mitad , y algunas otras
todo el giro de algunas manchas; esto e s, de
aquellas que se mueven cerca de los polos
Parte I I.
M
ter-

La obser­
vación de
las man­
chas en los
planetas
hace cono­
cer su rota­
ción , la in­
clinación
de sus exes,
& c.

Por las man­
chas se in­
fiere la di­
ferente du­
ración de
los dias en
los plane­
tas.

86
Via ge estático
terrestres. Asimismo sucede que desde aquí
siempre se vea la mitad del equador terres­
tre , ó lo que es lo mismo , la mitad del gi­
ro que hacen las manchas que están en el
equador terrestre. En esta variedad de apa­
riencias tienes, Cosmopolita , la diferencia de
la duración de los dias. Para entenderla cla­
ramente , figúrate un país habitado en cada
mancha terrestre que desde aquí se ve. En
esta suposición fácilmente conocerás que el
dia empieza en cada país desde aquel mo­
mento en que desde aquí empezamos á descu­
brir el país; y que dura hasta que el país se
nos pierda de vista. Asimismo notarás, que
si de un país se ve desde aquí mas de la mi­
tad de su giro, el dia en tal país será mayor
que la noche ; y que si se ve dar todo el gi­
ro , en tal país siempre se verá el Sol, ó se­
rá siempre de dia : por el contrario, será siem­
pre de noche en aquellos países de cuyo gi­
ro no se ve nada desde aquí. Mas en el equa­
dor , porque siempre vemos la mitad de su
círculo , los dias siempre serán iguales á las
noches ; y porque en tiempo de los equinocios veríamos , si estuviéramos aquí, que los
giros de todas las manchas aparecían perfec­
tamente paralelas al equador , observaríamos
que en dicho tiempo se veía desde aquí la
mitad de todos los dichos giros , y que por
esto en todos los países terrestres los dias
serían iguales á. las noches. La diferente du­
ración de los dias sirve entre los terrícolas
para distinguir las estaciones del año ; así po­
nen el principio de la primavera y otoño,
quan-

al mundo Vianetario.

sr

quando los dias son iguales en toda la tierra,
cuyo tiempo se llama de equinocios ; y po­
nen el principio del verano y del invierno en
los dias mas desiguales ; esto es, el verano en
el dia mayor , y el invierno en el dia menor.
En orden al año , éste se determina entre Determina­
los terrícolas por relación á la órbita de la
ción del
tierra. Por exemplo , si ahora observas á és­
año.
ta , notarás que perfectamente nos oculta una
estrella; y si permaneciéramos aquí hasta que
la tierra nos hubiera vuelto á- ocultar la mis­
ma estrella, veríamos que había concluido
una vuelta al rededor de nosotros. El tiem­
po , pues , que tardaría en dar esta vuelta,
se llama año, el qual consta de tantos dias,
quantas rotaciones da la tierra sobre su exe,
en el tiempo todo en que recorre su órbita.
En este caso notaríamos que daría trescientas
y sesenta y cinco rotaciones , y que aún no
llegaba á ocultarnos la dicha estrella; mas
Duración
notaríamos que al dar una quarta parte .de
del
año ter­
otra rotación ó vuelta nos ocultaría la estre­
restre.
lla ; de donde inferiríamos que el año consta­
ba de 365 dias , y de una quarta parte de
dia (1).
Ved
(1 )

L a d uracion del año sería de 365 dias,

6 horas, 9 primeros y lo segundos; por lo que
la tierra ocultaría la estrella ptco después de
dar una quarta parte de vuelta después de ha­
ber dado 365 vueltas (u n a quarta parte d e v u e l­
ta la da en 6 horas ). Este año se llama sidereal.

M2

88

Viage estático

Ve aquí, Cosmopolita , quan fácilmente,
por la atenta observación de un planeta , se
viene en conocimiento de su rotación , ó de la
duración de sus dias y noches: de los sitios
en que la dicha duración es mayor ó menor:
de la duración de su año, ó tiempo que tar­
da en recorrer su órbita : de los puntos ce­
lestes á que corresponden los polos del pla­
neta : del ángulo que su exe forma con su ór­
bita y con la de nuestra tierra , y así de otros
fenómenos particulares. Este ha sido el mé­
todo , de que valiéndose los Astrónomos ter­
rícolas han podido llegar á conocer y deter­
minar exáctamente los dichos fenómenos en
aquellos planetas, en que la observación les
ha descubierto los fundamentos sobre que
apoyan sus reglas y cálculos. No en todos
los planetas la observación descubre todo lo
que se necesita para determinar la série de
sus fenómenos; y respecto de tales planetas la
Fenómeno conjetura suple lo que no se logra con la ob­
particular
servación. Sobre un fenómeno que se advier­
de la tierra. te en la tierra, te pondré un exemplo prác­
tico del modo con que la conjetura suple al
defecto de la observación.
Los terrícolas advierten que el Sol se de­
El Sol se tiene algún tiempo mas sobre el emisferio bo­
detiene mas real de su tierra, que sobre el emisferio aus­
en el emistral ; y conjeturando la causa de la mayor
ferio boreal
detención
del Sol sobre el emisferio boreal de
terrestre,
la
tierra
,
discurren así. En un globo de ma­
que en el
teria igualmente homogénea y densa concur­
austral.
ren en un mismo punto el centro de su g ra­
vedad y el centro de su figura ; pero si un
1
emis-

.

'al mundo "Planetario

89

emisferio del globo tiene mas masa que el
otro emisferio , entonces no concurrirán en el
mismo punto los dos centros dichos ; pues que
el centro de la figura estará en el punto que
se llama comunmente centro del globo; y el
centro de la gravedad se hallará fuera del cen­ Explicación
mecánica
tro del globo , y en algún punto del emisfe- de dicho fe­
rio que tiene mas materia ó mayor peso. Su­ nómeno.
pongamos que se dé movimiento de traslación
y de rotación á un globo , en el que un emis­
ferio tenga mas masa que el otro emisferio:
en este caso el globo se moverá, de tal mo­
d o , que siempre incline ácia abaxo el emisfe­
rio de mayor peso ó masa , en el que está el
centro de gravedad algo distante del centro
de figura. Según esta doctrina los modernos,
aplicándola al movimiento que suponen en la
tierra,dicen , que en ésta los centros de grave­
dad y figura no concurren en un mismo pun­
to; mas el centro de gravedad está dentro de
su emisferio boreal, porque éste es mas pe­
sado, ó tiene mas materia que el emisferio aus­
tral. En éste, dicen , los mares son mayores El emisfe­
que en el em isferio boreal ; y el agua pesa rio terrestre
menos que la tierra. Esta es la conjetura de boreal tiene
algunos modernas, insuficiente quizá para ex­ mas materia
plicar la constante harmónica succesion de que el aus­
dias, noches y estaciones del añ o , la qual no tral.
parece compatible con la irregularidad que
necesariamente debía resultar del movimien­
to de rotación del orbe terrestre , si éste no Insuficien­
cia de la
fuera un globo de materia igualmente densa, explicación
y homogénea , o si en un mismo punto no con­ puesta an­
currieran sus centros de figura y gravedad.. tes.

Observa­
ción de la
Luna desde

el Sol.

90
V i age estático
Con estas reflexiones había yo pensado
dar fin á la observación astronómica de nues­
tra tierra ; mas no es justo que la concluya
sin hablar algo de la Luna que la rodea. Ob­
serva , pues , Cosmopolita , este planeta ser­
vil , que va siempre haciendo corte á nuestra
tierra , como una mariposa da vueltas al re­
dedor de la luz. Ella se asemeja á la tierra
y á los demás planetas en tener dos movimien­
tos : uno de rotación , con que rueda ó da
vueltas sobre sí misma; y otro de progresión
ó traslación, con que describe ó forma su ór­
bita. El movimiento de rotación se echa de
ver por las manchas lunares , que son bastan­
temente visibles. Ellas nos dan á entender la
duración de sus dias, y el ángulo que el exe
lunar forma con su órbita , de lo que te da­
ré razón puntual en otra ocasión. El giro de
la Luna al rededor de la tierra nos descubre
la positura de su órbita, la qual se infiere 110
ser circular ; pues que vemos á la Luna en di­
ferentes distancias de la tierra. De esta dife­
rencia inferirémos la figura elíptica de la ór­
bita ; y el -tiempo que la Luna tarda en re­
correrla, lo inferirémos, valiéndonos de la mis­
ma observación que se hizo con la tierra, aun­
que en este caso es necesario tener presente
el espacio que ésta haya corrido durante la
revolución de la Luna. Con estos principios
los Astrónomos terrícolas determinan las ór­
bitas de las lunas que tienen otros planetas,
y conocen la duración de su rotación, el án­
gulo que su exe forma con su órbita , y otras
particularidades semejantes, de que en otra oca-

al mundo "Planetario.
91
sion hablaré. Por ahora, para no hacer fas­
tidiosa ó demasiadamente pesada nuestra de­
tención en el Sol, y para que desde aquí for­
mes aquellas ideas que mas te servirán para
hacer este viage estático con utilidad, pase­
mos brevemente á dar una ojeada á los demás
planetas<

s.

XVI.

Observación de M a r te , Júpiter , Saturno9
de los Cometas y de las Estrellas.
Evanta otra vez , Cosmopolita, tu vista, Observa­
ción de
ó por mejor decir estiendela mas allá de Marte
des­
la tierra , y luego te encontrarás con el soli­
de el Sol.
tario M arte, el qual desde aquí aparece mu­
cho menor que nuestra tierra, pues que su
diámetro en su distancia media se ve de once
minutos segundos. Las manchas que en Mar­
te freqüentemente se ven , sirven de funda­
mento para determinar su rotación y otros fe­
nómenos , como en los demás planetas. Mar­
te no se vé jamás entre la Tierra y el S ol, por
lo que fundadamente se afirma , que su órbi­
ta es al rededor de éste y comprende la ter­
restre.
Si estiendes la vista mas allá de Marte,
Observa­
encontrarás , Cosmopolita , á Júpiter, que por ción de Jú­
la numerosa tropa de lunas que le acompañan, piter desde
y por la grandeza con que aparece en medio el Sol.
de su gran distancia , llama nuestra atención.
Júpiter , distando de nosotros ciento setenta
y ocho millones de leguas , aparece casi ocho
veces mayor que nuestra tierra : infiere de es­
to

L

92
Via ge estático
to su extraordinaria grandeza (1). A ima mo­
le tan grande no parece que bastaba una so­
la luna ; así la Providencia le ha concedido
quatro, las quales se ven girar al rededor de
Júpiter , como si fueran átomos volantes ; y
estas lunas son los que comunmente se llaman
satélites de Júpiter , los quales aparecen estar
tan inmediatos á é l , que el último de ellos
desde aquí solamente se ve con una digresión
Satélites de de 9 minutos ; esto es , como la Luna nos apa­
Júpiter.
rece distante de nuestra tierra. No es tiempo
ahora de detenernos en notar todas las parti­
cularidades de Júpiter y de sus satélites : bas­
ta decirte, que de Júpiter , por razón de sus
manchas muy visibles, los Astrónomos hablan
con gran fundamento , y que sus satélites se
deben mirar como astros sabiamente criados
por la Suprema Providencia en beneficio de
los terrícolas, para lograr excelentes conoci­
mientos de la geografía.
Pasemos, pues , á contemplar el penúlti­
Observa—
cion de Sa­ mo planeta, que es Saturno, el qual está tan
turno des­ lexos de nosotros , que una bala de cañón, ti­
de el Sol.
rada desde aquí, apenas podría llegar á él en
i38 años. Este astro camina mas lentamente
que todos los que hemos observado ; se advier( 1 ) Gregori pone ( A stron . lib. 6. p r. i . ) da
40." el diámetro de Júpiter visto desde el S o l; el
qual aparece probablemente de 37." , como dice
La-Caille ( A stron . n. 2 8 .) , ó de 37/' ~ según
La-Lande ( A stron. n. 2 8 8 5 .)

al mundo Planetario.
93
vierte, que en los planetas son correlativa la
lentitud con la mayor distancia , y la mayor
ligereza con la menor distancia , como viste
en Mercurio. No obstante ser tan grande la
distancia de Saturno (1), él nos aparece poco
menor que nuestra tierra : esto prueba su su­
ma grandeza. Saturno se ve mas privilegiado
que Júpiter, pues que le acompañan ó rodean
cinco lunas ó satélites , de los que el mas re­
moto aparece desde aquí con una digresión ó
separación , que apenas llega á dos minutos.
Los otros satélites aparecen tan inmediatos á
Saturno, que al parecer van lamiendo su su­
perficie.
Lo digno de particular atención en Satur­
no es su figura, la qual algunas veces y aho­
ra lo distingue de los demás planetas. Obsér­
valo atentamente, Cosmopolita, y verás que
aparece ahora como un globo con dos asas.
En otras ocasiones desaparecen las asas, y
Saturno se ve como los demás planetas. Este
fenómeno tan extraordinario llamó la curiosi­
dad de los Astrónomos terrícolas desde que
con la ayuda de los telescopios lo llegaron
á notar. A Huighens se debe verdaderamente
el descubrimiento de la causa de dicho fenó­
meno, el qual consiste en un gran cerco, que
á cierta distancia rodea á Saturno, dexanda
un grande espacio ó interválo entre medio.
Es-

(1) El diámetro de Saturno desde el Sol apa­
rece de 16/'
Parte II.
Ni

Lentitud de
los planetas
mas lexanos
del Sol.
Satélites de
Saturno.

Figura de
Saturno.

Anillo que
rodea á Sa­
turno.

94

Viage estático

Esto e s , el cerco ó anillo, estando en el ayre , rodea á todo Saturno. Con esta idea y
noticia fácilmente se conoce la causa natural
de su figura variable. Supon, Cosmopolita,
que á alguna distancia se nos presente un cer­
co : si éste se nos presenta por su circunfe­
rencia , lo veremos como si fuera una linea:
si se presenta un poco de soslayo , su hueco
aparecerá oval ó elíptico; y si últimamente
su plano se presenta ácia nosotros, veremos
ser circular ó redondo su hueco. Con este
exemplo práctico se entiende bien lo que pa­
Explicación sa en Saturno. Figúrate, pues, que una linea
de la cau­ une el centro de éste y el del S o l: esta linea
sa de las no pasaría ahora por la circunferencia del cer­
várias figu­ co de Saturno , sino que haría con el plano
ras con que
del cerco un ángulo de algunos grados : esto
aparece Sa­
es señal de que ahora vemos de soslayo el
turno.
cerco ; y por esto se ven unos huecos ovales
al rededor de Saturno. Si permaneciéramos
aquí algún tiempo , notaríamos que iba cre­
ciendo el dicho ángulo ; esto es , que el pla­
no del cerco se echaba mas de ver , y que
consiguientemente se descubrían ó veían (i)
mas grandes sus huecos. Asimismo veríamos
después de algún tiempo que el ángulo iba dis­
minuyendo , ó que el plano del cerco se iba
ocul( i ) Quando Saturno llega á 20 grados de Sa­
gitario ó de Géminis ( en cuyo tiempo son los
solsticios en el mismo Saturno ) , se ve el mayor
hueco del cerco.
u

,'V¿

n$

1

al mundo Planetario .
95
ocultando , y que la dicha linea pasaba por
la circunferencia del cerco ; en este caso ya
no se vería hueco alguno , sino que el dicho
cerco aparecería (1) sobre la superficie de Sa­
turno , como si fuera una linea. Ved aquí,
Cosmopolita, como según esta simple teórica,
observando la positura del plano del cerco,
respecto del Sol y de la T ierra, los terríco­
las fácilmente vienen en conocimiento del tiem­
po en que Saturno aparecerá con asas ó sin
ellas; esto es, aparecerá con asas, quando el
plano del cerco mire á la Tierra y al Sol.
Después de Saturno se ve el planeta Ura­
no , astro nuevo en la astronomía terrestre:
si sobre él levantas tu vista , Cosmopolita,
descubrirás girar por regiones inmensas los as­
tros que llaman cometas , en los que nada ad­
vertimos común con los planetas , sino su
movimiento por una órbita , que como la de
estos , parece rodear al Sol. Su gran distan­
cia no nos permite desde aquí notar las par­
ticularidades que en ellos son dignas de con­
sideración : para esto es necesario acercarnos
mas á la región cometaria , como lo harémos
después de haber observado á Urano , que es
el planeta mas inmediato á dicha región. So­
bre

(1) Quando Saturno corresponde á los 20 gra­
dos de Virgo ó de Pisces (en cuyo tiempo son
sus equinocios ) la circunferencia del cerco mira
derechamente al Sol , y por esto no se ve hueco
alguno.
N 2

Observa­
ción de los
cometas des­
de el Sol.

g6
Astros fixos
ó estrellas.

Via ge estático

bre esta inmensa distancia están las estrellas,
las quales nada semejantes á los planetas, aunque parece no pertenecer al sistéma de estos
sino para hermosearlo, no obstante se conje­
tura , que no poco concurran á su mecanis­
mo. Es útilísima á los terrícolas la ciencia de
los pocos fenómenos que conocen en las es­
trellas ; cuya profunda contemplación humi­
lla y confunde la mente de los verdaderos
sabios , presentándoles singulares motivos de
reconocer , admirar y alabar el incomprensi­
ble poder del Señor. En otra ocasión contemplarémos las estrellas , cuya observación des­
de este sitio inmensamente lexano y distante
de ellas , no te daría quizá el placer que po­
drás tener observándolas desde un cometa.
En la contemplación de los fenómenos celes­
tiales debo tener siempre presentísima la ma­
yor facilidad en instruirte , Cosmopolita ; y
para lograr este fin no debo detenerme siem­
pre en la observación de todos los fenómenos
que te indico. Por esta razón , juzgando que
desde este sitio en que estamos, no puedo ha­
certe nuevas reflexiones sobre la contempla­
ción de los astros, sin peligro de confundir
tu mente aún novicia en el estudio astronó­
mico , mudarémos de sitio para hacerlas fruc­
tuosamente ; pues que la mudanza te facilita­
rá su inteligencia, y te hará formar idea prác­
tica del modo con que los modernos Astró­
nomos explican los fenómenos celestes, ob­
servados desde la tierra. Nosotros , Cosmo­
polita , hemos observado los astros desde es­
te sitio en que hemos estado inmobles ; y los
,
ter-

al mundo "Planetario.
9J7
terrícolas los observan desde la tierra , la qual,
según su universal opinión, rueda sobre sí, ó
da una vuelta cada 24 horas : la inmobilidad
del sitio de nuestra observación , y la mobilidad del sitio de la observación de los ter­
rícolas deben causar diversas apariencias en
la vista de los mismos fenómenos celestes. Pa­
ra que conozcas prácticamente esta diversidad
de-apariencias, abandonemos este sitio , y co­
loquémonos sobre el S o l, que como la tierra,
rueda sobre s í, ó tiene movimiento de rota­
ción : y colocados en él , ccntemplarémos la
nueva apariencia de los astros, y daremos fin
á las observaciones de la primera jornada.
§.

XVII.

Apariencias de los fenómenos celestes obser­
vados desde el Sol: despedida y partida
de éste para M ercurio.

,

,

Amos Cosmopolita al S o l: volemos lue­
Subida al
go á él : no te asusten sus llamas y vol­ Sol , y ob­
canes : porque éstas solamente pueden exer- servación
citar su actividad sobre el Cuerpo, y no so­ de los astros
bre los espíritus. Nosotros al salir de la tier­ desde la su­
ra hemos dexado nuestros despojos mortales, perficie so­
y hemos volado viniendo aquí en espíritu , que lar.
es inmortal , é insensible á todos los influxos
de los agentes criados. Así despreciando ese
fuego material, colócate sin miedo sobre él;
tú estarás en medio de las llamas solares,
como Ananías, Azarías y Misaél estaban sin
le-

V

98

Via ge estático

lesión en las del horno de Babilonia. Sígueme,
pues, y pongámonos sobre este punto emi­
nente del equador solar , que es el mas pro­
pio para atalayas y observadores del universo.
Empieza ahora á contemplar otra vez,
Cosmopolita , todo el mundo planetario , y
verás que te parece ser otro mundo, ó por
mejor decir , notarás várias cosas semejantes
á las que se observan desde la tierra. Antes
veíamos en el Sol dos movimientos; uno de
rotación sobre su exe , y otro llamado de tras­
Nueva apa­
riencia del lación , con que recorre su órbita al rededor
mecanismo del punto central del mundo planetario. Aho­
ra el Sol nos parece inmoble , pues que co­
celeste.
locados sobre su inmensa mole, no percibimos
ó sentimos su movimiento. Observa con la
mayor atención las regiones celestes, y te pa­
recerá que se van moviendo de oriente (1) á
occidente las estrellas , que antes admirába­
mos como astros fixos. Ahora nos parece que
se mueve de oriente á occidente todo el Cie­
lo; esto es , estrellas, cometas y planetas. To­
do se ve moverse ó girar sobre dos puntos,
como desde la tierra aparece á los terríco­
las moverse todo el mundo sobre dos quicios,
que llaman polos celestes. Una diferencia al­
go visible se advierte ; y es , que desde la tier­
ra
(1) La expresión de moverse los astros de
oriente á occidente es relativa á la tierra , por­
que un observador en el Sol no distingue el
oriente del occidente.

a l mundo P lanetario.

99

ra el movimiento del Cielo parece mas lige­
ro que desde aquí: pues que desde aquella en
seis horas se ve que las estrellas y los pla­
netas recorren un quarto de círculo ; y des­
de aquí vemos que ellas en seis horas no lle­
gan á recorrer tres grados. Quiero decirte:
desde la tierra se v e , que todo el Cielo da
una vuelta en veinte y quatro horas ; y des­
de aquí no se verá dar la vuelta sino en seis­
cientas catorce horas y ocho minutos. Se ad­
vierte otra diferencia, y es , que desde la tier­
ra aparece volverse todo el Cielo sobre las
dos estrellas llamadas polares por los terríco­
las; y desde aquí nos parece volverse sobre
otras estrellas, que distan siete grados de las
polares de los terrícolas. Estas apariencias ce­
ban sin duda tu atención y curiosidad : mas
tu placer, Cosmopolita , será momentánea­ Causa de la
mente pasagero, si no conoces la causa de tan nueva apa­
maravillosas novedades : de esta causa oye riencia del
la explicación que brevemente te haré , y tú mecanismo
entenderás facilísimamente. Me has oído de­ celeste.
cir , y tú mismo has visto , que el Sol se mue­
ve sobre sí mismo d e o c c id e n t e á oriente. Por
este movimiento sucede, que nosotros coloca­
dos sobre él aparezca moverse todo el Cielo
en sentido contrario ; esto es , de oriente á oc­
cidente: y que tal movimiento aparezca ha­
cerse sobre dos puntos á que corresponden per­
fectamente los polos del Sol; esto es , sobre
el décimo grado del signo Pisces en los 83
grados y medio de latitud boreal; y sobre el
décimo grado del signo V irgo en los 83 gra­
dos y medio de latitud austral. De esto infe-»
r i -

ioo

Viage estático

rirás, que el polo boreal del Sol corresponde
al dicho décimo grado de Pisces , y el polo
austral al décimo grado de Virgo. La aparien­
cia del movimiento de los astros proviene del
movimiento de rotación del S o l, como ves: de
aquí es, que el dicho aparente movimiento de­
ba ser mas ó menos ligero, según el tiempo
que el Sol tarde en dar una vuelta sobre su
e x e : y como tarda 614 horas y 8 minutos en
darla, se infiere claramente, que el Cielo ó
los astros aparecen recorrer en 153 horas y 17
minutos un quarto de círculo , el q u a l, res­
pecto de los terrícolas , lo recorren en seis ho­
ras. El Sol se mueve sobre su exe veinte y
cinco veces mas lentamente que nuestra tier­
ra ; por esto desde ésta el Cielo aparece re­
volverse veinte y cinco veces mas ligeramen­
te que aparece desde aquí.
Notarás al mismo tiempo, Cosmopolita, que
apareciendo moverse todo el Cielo de orien­
te ácia occidente, al mismo tiempo se obser­
va , que ocultándonos ahora un planeta á una
estrella , después se ve que la estrella está
un poco mas occidental que el planeta. Esto
consiste en el movimiento propio de éste,»y
en el ninguno que tienen las estrellas. Siendo
estos cuerpos inmobles , como antes has vis­
to , el movimiento que ahora aparece en ellos,
depende del de rotación del Sol , y corres­
ponde perfectamente al de ésta: mas porque
los planetas tienen al mismo tiempo su pro­
pio movimiento al rededor del Sol de occiden­
te ácia oriente , por esta razón , aunque por
causa del movimiento de rotación del Sol apa-

al mundo 'Planetario .
io i
recen revolverse ó moverse de oriente ácia
occidente, se van quedando un poco mas orien­
tales que las estrellas. Tú mismo, estando en
la tierra , habrás quizá observado y adverti­
do este mismo fenómeno en la Luna. Si algu­ Movimien­
na noche al ver salir ó descubrirse la Luna to de ia Lu­
sobre el orizonte has notado las estrellas que na observa­
con ella salen, y á la noche siguiente has do desde la
vuelto á observar las dichas estrellas ; habrás tierra.
notado que éstas en la segunda noche salen
tres quartos de hora antes que salga la Luna,
ó que ésta se ve estar muchos grados mas
oriental que las estrellas, con las que la ha­
bías visto salir la primera noche. Esta apa­
rente retrogradacion de la Luna ácia oriente,
depende del movimiento propio que ella tie­
ne de occidente á oriente. Aplica este caso al
presente, en que te parece retroceder los pla­
netas ácia oriente, y entenderás fácilmente la
causa de su aparente retrogradacion. Si un
planeta tardára en recorrer su órbita de occi­
dente ácia oriente las 614 horas y 8 minutos
que tarda el Sol en dar una vuelta de rota­
ción , el planeta nos parecería inmoble ó fixo;
y si todos los planetas estuvieran en reposo,
como las estrellas , nos parecería que todos
ellos se movían igualmente, como éstas. Asi­
mismo, porque al mismo tiempo que el Sol se
mueve sobre su e x e , va recorriendo una ór­
bita al rededor de su centro, nos sucede que
unas veces veamos detrás el planeta, que po­
co antes se había visto delante; y otras ve­
ces nos parece inmoble por algún tiempo; es­
to e s , unas veces aparece retrogrado ó camiParte II.
O
nar

i

102
V i age estático ~
nar acia detrás, y otras veces parece estacio­
nario ó inmoble. Estos efectos son aparentes,
y provienen de encontrarse , ó de ir unifor­
mes los movimientos que tienen los planetas
y el Sol< -1 t
*.
Las observaciones que acabamos de hacer,
con las reflexiones que á ellas he añadido,
1 Causa de te pueden dar , Cosmopolita , idea práctica de
los fenóme­ la causa de la ilusión ó apariencia vária de
nos ópticos los astros, mirados desde diversos sitios del
de los as­ mundo planetario. El observador que desde
tros.
Un astro mira los demás astros del Cielo, fá­
cilmente se puede engañar , atribuyendo á es­
tos el movimiento que tiene el astro en que
hace la observación. Éhse puede engañar, su­
poniendo que se mueve el astro que está quie?
to ; y suponiendo en quietud el astro que se
mueve. Ahora tenemos perpendicularmente so­
bre nosotros á Mercurio : supon, Cosmopoli­
ta , que este planeta desde el presente momen­
to se moviese de modo, que siempre estuvie­
se perpendicularmente sobre nosotros: en es­
te caso juzgaríamos que él estaba en eterna
quietud ; pues que siempre nos parecería estar
en el mismo sitio. Mas nuestro juicio sería er­
rado ; pues que constándonos que nosotros
nos movemos conel Sol, debemos inferir, que
Cn dicho caso Mercurio se movería de tal mo­
do, que concluyese su órbita en el tiempo en
que el Sol rueda una vez sobre sí ó da una
rotación., 'Supon^ que los demás planetas y to­
dos los cometas'recorrieran (como se ha dick9
de- Mercurio) sus órbitas en el tiempo mismo
en que el Sol da una rotación o vuelta sobr^
Planetas re­
trógrados y
estaciona­
rios.

al

mundo Vianet ario,
103
su e x e : en este caso juzgaríamos que ningún
planeta ni cometa se movían ; sino que todos
estaban en quietud. Con estas suposiciones, fá­
ciles de ser imaginadas , conocerás , que la sim­
ple vista de los astros no es oráculo suficien­
te para declarar su verdadero movimiento ó
quietud. Esta declaración se hace no solamen­
te por la simple vista ú observación de los
astros , sino principalmente por la reflexión
que combina sus efectos , y conjetura; sus cau­
sas. En el presente viage tendremos freqüentes ocasiones para combinar los fenómenos
que veremos , y para conjeturar sus causas
ocultas. Dispongámonos para continuarlo, ya
que nuestra mansión en el Sol no servirá sino
para volver á ver lo que hemos visto. ¿Par­
timos ya de aquí, Cosmopolita mió ? Obser­
vo que sin hablar me miras fixamente , y que
con solo mirar me respondes. He entendido
tu mirada y tu respuesta , que se dirigen á
desear y pedirme urbanamente <que continúe
tu instrucción con otras noticias pertenecien­
tes á la h isto ria del Sol. Tus-justos deseos son
para: mí preceptos: quanto tú-justamente de­
sees , tanto yo me juzgo obligado á hacer , si
puedo. Detengámonos, pues, aquí el tiempo
que tú tuvieres placer de oír-me : espero que
presto me insinuarás haber quedado satisfe­
ch a’ tu curiosidad. Oyeme.
#0, r .
A la historia del/ijjpl pareceme que no per­
tenecen otras- noticias útiles -sino las físicas y
astronómicas1; y de éstas he discurrido larga­
mente. Los modernos terrícolas hacen.perte*»■ V.
O 2
ne-

104

Via ge estático

necer á dicha historia las noticias de sus sistémas físicos de la creación del mundo , ó de
Romances las épocas de la naturaleza ; mas este nuevo
que los ter­ apéndice , que los modernos terrícolas ponen
rícolas in­
á la historia del Sol ; por los terrícolas ver­
troducen en daderamente sabios siempre se mirará como
la historia
un romance , que á ella no pertenece. Si de­
del Sol.
ban pertenecer ó no las noticias de este nue­
vo apéndice á la historia que del Sol se for­
me para dar instrucción sólida de su natura­
leza , tú mismo lo podrás juzgar oyendo al­
gunas máximas del moderno pensar. Ten la
bondad de oírlas.
Maillet en su Telliamed dice , que todos
Romances
de Maillet, los planetas han sido soles en otro tiempo;
Ruffon, Bur­ y que la tierra dos veces ha gozado la dig­
net y Des­
nidad de la magestad solar. Buffon en sil his­
cartes.
toria natural dice , que la tierra es "hija del
Sol ( hé aquí la causa de la equivocación del
parentesco entre el Sol y la tie rra ); pues que
un cometa en el primer dia de la creación
Formación del Sol dexandose caer obliqiiamente y de pe­
buftbniana
so sobre é l , le arrancó una seisciento cincuende la tier­
tésima parte de su masa; y con dicha parte
ra.
dividida en pedazos se formaron la tierra y
otros planetas. Burnét en su teórica sagrada
de la tierra dice , que ésta fué antiguamente
Sol; y lo volverá á ser otra vez al fin del
mundo. Des-Cartes dice , que el fuego cen­
tral subterráneo es re s id í-d e un Sol antiguo.
¿Estas y otras noticias semejantes , Cosmopo­
lita m ió, te parecen dignas de tu instrucción
y de la historia útil del Sol?
W al-

al mundo Vianet arlo.

105

W allerio (1 ), que sobre el origen del m u n ­
do ha publicado la mejor obra que hasta aho­
ra han visto los físicos, la empieza diciendo
a s í: »Ninguno espere encontrar aquí la inútil
relación de las fabulosas opiniones de los an­
tiguos sobre el origen del mundo y de la tier­
ra en particular. . . tampoco me detendré en
referir las opiniones de los modernos.. . sola­
mente advertiré , que el número de los au­
tores y el de sus opiniones diversas son igua­
les: cada uno piensa á su modo : como se ve
en Des-Caries , Burnet , Leibnitz , W iston,
Juan Rai , Woodward , Hook , Antonio Mo­
ro , M aillet, Bourguet, Buffon , Linneo &c. .
la mayor parte de estos autores se ha apar­
tado de la dirección del texto del Génesis,
que quizá no ha entendido; y yo en el cur­
so de esta obra demostraré quánto estos Au­
tores se han alexado de la naturaleza en la
explicación de los fenómenos , que ella á nues­
tra contemplación presenta. ”
W allerio en estas expresiones da censura
de las obras sistemáticas de los modernos so­
bre el origen del mundo : la censura es ver­
dadera y justa , pero demasiadamente modes­
ta. Obras sistemáticas , en que el estúdio fí­
sico se hace romancesco, se deben desacredi­
tar y desterrar, como ilusiones de la fanta­
sía
(1 ) D a ll’ origine del mundo, e della terra in
particolare , del signor Wallerio. Traduzione dello svedese linguaggio. N apoli 1783. 8. voi. 2.

Digna sen­
tencia de
Wallerio,

En la física
tantas ver­
dades dife­
rentes se
suelen pro­
poner, quantos son los
Autores que
de ella es­

criben.

Los moder­
nos siste­
mas físicos
son ilusión
de la fanta­
sía y peste
de las cien­
cias.

i fró
Viage estático
sía contra la razón , y como peste de las cien­
cias. Con tales obras coteja , Cosmopolita, los
/
romances caballerescos, las mas extravagan­
tes ficciones de los poétas, y las mas despro­
positadas vulgares opiniones de las naciones
paganas antiguas y modernas sobre el origen
Diferencia
de los planetas ; y no hallarás mas diferen­
accidental
cia
, que el ocultarse á los ignorantes la mons­
entre los ro­
truosidad
de los modernos sistémas físicos con
mances ca­
la
aparente
erudición de los progresos últi­
ballerescos,
y. los, siste­ mamente hechos en la física. En la historia
mas moder­ de ésta y de la astronomía antes sé indica­
nos de físi­
ban las opiniones sistemáticas, aunque dispa­
ca.
ratadas , de los antiguos * porque eran pocas,
y sus Autores habían sido respetados en la
infancia de las ciencias : mas en el tiempo pre­
sente , en que por la desenfrenada libertad en
el pensar , las dichas opiniones han crecido en
número y extravagancia, éstas y las antiguas
se deben desterrar de la historia útil y ver­
dadera de la física y astronomía , y solamen*
Reforma ne­ te sedes podrá dar lugar en la historia ro­
cesaria del mancesca de estas ciencias. Sin esta providenL
estudio físi­ cia la juventud estudiosa é incapaz de distin­
co. •* '
guir por sí misma la buena ó mala1 calidad
de las obras sistemáticas de física y astrono­
m ía, en lugar de conocimientos verdaderos y
útiles de la naturaleza v adquirirá ideas fantás­
ticas é ilusiones , que son peores que la ig­
norancia.
De estas breves reflexiones el pronto y
buen efecto que en tu mente han producido,
Cosmopolita , me demuestras ya claramente,
significándome tu persuasión, y disponiendo*
te

/

al mundo Vianetario.

rop

te para proseguir nuestro viage. Demos fin á Preparación
nuestra mansión en este sitio , y á la prime­ para despe­
del
ra jornada de nuestro viage. Dexemos este dirse
Sol.
grande , útil y hermoso planeta : Sol rerum sator y et numerosi temporis auctor. El Sol, mo*
narca de los dias y de los años, da 7forma á
los tiempos,y vigor á los mortales.. Él es la
muestra del relo x , que á la vista de. los ter?
rícolas puso el supremo Artífice para , que diV
tinguiesen los dias y los,años del tiempo pe*
recederò, que mide la breve vida de los mor^
• : . 5,'í
tales* y después se confundirá con el caos de
la eternidad. Este importantísimo servicio del Cv»i : ñ í ; . A
Sol conocieron y significaron muchas nación
nes, que con una misma palabra dieron liorna
Nombre*
bre común al $ol,.;al dia y al año. En las
lenguas araucana guaraní, moxa , cochimí, del Sol y
tunkina y barmana , el Sol y el año ¡ se ex­ del año.
primen con una misma palabra. El nombre
Inmemorial
latino annus^ que significa añcy , en sy origen uso
del año
significó círculo, y metafóricamente se aplk solar.
OÓ para exprimir el tiempo que el Sol , tarda
aparentemente en recorrer su órbita ó círculo
anual. Estas solas observaciones bastan para
certificarnos de la calidad: del año que cono*
cieron y usáron los hombres desde la mas re­
inota antigüedad. En ésta se usó el año solar,
como en la historia de lop Calendarios de las
naciones demostraré,,con la .significación pri-*
©i ti va , que en sus respectivas lenguas ter
pian los nombres significantes S o l, L u n a , am
y m esEl Sol distingue no menos el año que los
dias, por lo que ^en no pocos idiomas se d.a
,
un

ioB
Via ge estático
un mismo nombre al Sol y al día. Los nom­
bres que en lenguas de naciones muy diver­
sas se dan al Sol y al dia , son análogos á las
palabras latinas Sol, dies; por lo que se de­
be conjeturar que éstas no son originariamen­
te latinas ni griegas, como suelen afirmar los
Gramáticos , que apenas saben encontrar eti­
mología de nombre alguno, sino en el latín,
griego ó hebreo , como si estos idiomas hu­
bieran sido universales entre los terrícolas , 6
Etimología de ellos provinieran todas las lenguas que es­
de los nom­ tos hablan. Sobre la etimología de los nom­
bres de los bres , que al Sol y á los demás planetas se
planetas.
dan en los idiomas de las naciones antiguas
y célebres por sus ciencias, he hecho algu­
nas observaciones, que me parecen útiles pa­
ra ilustrar la historia sagrada y profana. En
las dichas observaciones , si tuvieses la cu­
riosidad de leerlas , hallarás ideas no menos
nuevas , que á mi parecer verdaderas sobre
el origen de la mitología egipcia y griega. El
gran estudio que he hecho para cotejar las
muchas y diversas lenguas que los terrícolas
hablan, y para inferir de la primitiva signi­
ficación de las palabras las ideas científicas
que son propias de cada idioma y nación , me
ha dado grave motivo de conjeturar, que los
Egipcios, Griegos y Persas recibieron de los
Brachmanes indostanos su mitología planeta­
ria. No es ahora tiempo , lugar ni oportuna
ocasión para referirte estas observaciones, que

podrás leer en la obra separada que de
Mitología
ellas
he hecho , con el título de mitología ce­
celeste.
leste. La noticia de esta obra te servirá para
que

al mundo Vianetario.

109

que la busques y leas las observaciones, si
Mitología
tienes deseo de saberlas ; y al mismo tiempo planetaria.
te hará conocer el motivo que tengo para no
explicarte en este vía ge la etimología de los
nombres de los planetas, su alusión y su his­
toria mitológica. Esta advertencia , Cosmopo­
lita , pone fin á mi discurso sobre el Sol, y
á la primera jornada de nuestro viage estáti­
co por estas regiones celestes.
Dexemos ya , y separémonos del hermo­ Despedida
sísimo planeta , manantial del calor , con que del Sol.
hasta lo insensible se vivifica: dexemos la
fuente de resplandeciente luz , con que des­
terrándose de la faz terrestre las horribles ti­
nieblas , aparece entre los terrícolas la bri­
llante claridad que los despierta , hace revi­
vir ó resucitar del sueño, sombra de la muer­
te, y les infunde nuevos alientos de regocijo
y vida. Dexemos esta criatura admirable por
su grandeza , resplandor, hermosura y uti­
lidad : dexemosla , reconociendo y alabando
en ella el fin de su creación , y la gloria del
Supremo Hacedor.
Prosigue, ó hermosa criatura; y continúa,
según tu destino, haciendo admirables servi­
cios á los mortales , hasta aquel momento en
que dando fin al tiempo , que con tu carrera
aparente ó verdadera mides, serás ministra de La física en
Sol des­
la divina Justicia, convirtiendo tu resplande­ elcubre
ciente y agradable claridad en el mas tene­ anuncioslos
broso y espantable luto de obscuridad , al su­ del fin del
ceder la destrucción del género humano y del mundo.
mundo mortal. Las manchas que en tu lumi­
nosa superficie descubrió la perspicacia de los
Parte II.
P
ter-

no
Viage estático
terrícolas, y que ahora con espanto vemos en
tí, anuncian tu necesaria mortalidad ; y que en
algún tiempo, tú que eres fuente de luz, te
convertirás en tinieblas,* como está registra­
do en los libros de la divina revelación. La
Filosofía pagana no sin burla oía las profecías
christianas , que anuncian al fin de los siglos
la conversión de tu luz en tinieblas, porque
creía y enseñaba como dogma físico, que era
inofuscable tu resplandeciente claridad , é in­
vulnerable tu aparente mortalidad ; mas la
nueva Filosofía, con singular perspicacia* por
sí misma conjeturó y ha llegado á descubrir,
que tú y el tiempo que señalas sois mortales:
ella en tus horribles manchas ve los negros
caractéres en que se leen escritos los presa­
gios de las tinieblas en que te abismarás. La
misma profana Filosofía en la sensible estrechéz con que se restringe tu órbita aparente
ó verdadera , ve apresurarse el tiempo á su
fin , para sepultarse en- la eternidad. Conti­
núa , ó criatura, hasta entrar en ésta, obe­
deciendo y glorificando al Supremo Hacedor,
de cuya justicia serás ministra vengadora,
quando , confundiéndose lo temporal con lo
eterno , concurrirás al incendio en que el mun­
do perecerá reducido á cenizas , como está
registrado aun en los fastos profanos (i), depo(i) En la historia de la creación da la tierra
pruebo , que el mundo se acabará con el fuego,
según la revelación divina , la tradición huma­
na

al mundo Vianet año,
111
positarios de la revelación divina. T ú , que
vivificas todo lo m ortal, empiezas ya con tus
manchas á arrastrar luto , que anuncia el fin
lamentable que darás á la mortalidad. Tú
ahora lámpara del mundo , serás en otro tiem­
po hoguera de su funeral. Ahora con tu luz
consuelas , y con tu calor vivificas lo mortal:
después con tus tinieblas lo espantarás, y con
tu fuego abrasador lo aniquilarás. Nosotros,
que afortunadamente hemos logrado visitar­
te , y conocer prácticamente tu grandeza, her­
mosura y destino, admirarémos en tí la he­
chura de la Omnipotencia , Bondad y Justicia
del Criador , á quien únicamente convienen
toda alabanza y gloria.
He dado fin al discurso y á la despedida
del Sol: volemos ya , Cosmopolita m ió, de
este sitio, y prosiguiendo nuestro viage va­
mos al mas cercano planeta , que es Mercu­
rio. Velo a llí: vamos á é l : sígueme sin apre­
surar el vuelo.

SE­

na y la profana historia. Véase en mi obra Ita­
liana : Idea deW Universo , &c. Cesena. 1780.
el tomo X I . cap. I X . §. I V .
P 2

112

Viage estático

SEGUNDA JORNADA.
MERCURIO.

Y

Amos despacio , Cosmopolita, porque an­
tes de llegar á Mercurio deseo hacerte un
breve discurso , con que empiece á revelarte
mi sentir ú opinión, sobre las dudas que des­
de el principio del viage han combatido é in­
quietado el espíritu de todos los terrícolas, que
por estas regiones me han acompañado. To­
dos
ellos me han mostrado ya curiosidad , y
Población
de los pla­ ya temor de encontrar poblados los planetas
netas.
que hemos de visitar ; y todos han deseado,
que yo anticipadamente satisfaga á sus curio­
sos deseos descubriéndoles la verdad. Yo te
considero , Cosmopolita , en este mismo esta­
do de curiosidad, temor, dudas y perplexidad , ó á lo menos te contemplo como uno
de los viajadores terrestres, en quienes la cu­
riosidad altera la fantasía , á proporción que
se acercan á las grandes ciudades que han de
visitar. Yo me acuerdo de haber conocido no
pocos forasteros , que estando ya cerca de Ro­
ma , de cuya magnificencia habían formado
por oídas idea grande , antes de verla no sa­
bían hablar , ni aun pensar sino en lo ma­
ravilloso , que por momentos ansiosamente es­
peraban ver y observar. Tú, Cosmopolita, vas
á ver á Mercurio , que ciertamente debe ofre­
cer

al mundo Planetario.
113
cer á tu observación fenómenos tan diversos
de los terrestres , quanto Mercurio se diferen­
cia de la tierra. Esta verdad te es notoria: pues
que no ignoras que en todo orden ó clase, la
diversidad entre los efectos corresponde á la
que hay entre sus causas. Mas no querré, que
de este principio cierto abuse tu fantasía , fin­
giendo en los planetas poblaciones de mons­
truos que nos hagan horrible y desastrado el
viage. No , no , Cosmopolita mió ; no des lu­
gar á ideas tan funestas contra t í , é injuriosas
al honor que me has hecho , abandonándote
ciegamente á mi dirección. Estoy firmemente
persuadido , á que tu confianza no me hará
jamás traycion; mas porque debo escrupulo­
samente evitar qualquier motivo de inquietud
en t í , y te lo pueden ocasionar nada ligero la
curiosidad , las dudas y el temor de hallar los
habitadores planetarios, he determinado dis­
currirte de estos antes de llegar á Mercurio,
para que al llegar á él no te acongojes , y
enteramente informado del carácter de sus ha­
bitadores , te presentes á estos sin ningún te­
mor , y con el mayor donay re y brío , como
corresponde al honor de un terrícola, que se
cree Señor de todo el mundo. Brevemente te
daré idea del carácter de los habitadores de
Mercurio , y con ella fundamento para que
tú puedas conjeturar sobre el de los habita­
dores de los demás planetas, lo que , por con­
sultar á la brevedad , dexaré de decir. Te su­
plico , que me escuches atentamente,

H4

Via ge estático

§. i.
Anticipada noticia de los planetícolas ó ha­
bitadores de los planetas.
Noticias
que los an­
tiguos tu­
vieron de
los planetí­
colas.

,

,

Uchos siglos há Cosmopolita m ió que
en la tierra se habla de los planetíco­
las : la primera época de la noticia ó conjetu­
ra , que de la existencia de ellos se tuvo en­
tre los terrícolas , es contemporánea á la del
primer sólido cultivo de la Filosofía en tiem­
po de Pitágoras, cuyos discípulos, entre várias verdades astronómicas , enseñaron que los
cometas eran astros , y que la Luna era tier­
ra habitada. Plutarco, á favor de los que (i)
de-

M

( i) Plutarco en la obra de las opiniones de
los Filósofos , libro segundo , desde el capítulo 2$
trata de la Luna, En este capítulo dice , que se­
gún Anaxagoras y Demócrito la Luna era firma­
mento fogoso con llanuras , valles y montañas:
según Heráclito era tierra rodeada de obscura nu­
be ; y según Pitágoras seguía la naturaleza del
fuego. En el capítulo 30 dice , que según los pi­
tagóricos la Luna era terrestre , y como la tier­
ra se habitaba por animales quince veces mayo­
res y mas hermosos que los terrestres. En el li­
bro tercero , capítulo 2 dice , que según los pita­
góricos
los cometas eran
astros.
El mismo PluO
,
.
tarco en el opúsculo intitulado : D el aspecto en
el orbe lunar , propone algunas conjetuias sobre
la habitación de la Luna.

al mundo 'Planetario.
115
defendían habitada la Luna, indicó casi todas
las razones que puede sugerir la conjetura ; mas
con ellas mezcló las ilusiones de los que creían
ser la Luna el país de las almas según la fá­
bula , que suponía que las almas humanas baxan de los Cielos para animar los cuerpos en
la tierra. El paganismo sabiendo por tradición,
y conociendo por razón , que el espíritu hu­
mano era imágen de la Suprema Divinidad,
ofuscó su ciencia y conocimiento, fingiendo
que en el Cielo había dos puertas (1), una en
el signo Cáncer , por donde baxaban las al­
mas para animar los cuerpos ; y otra en C a ­
pricornio , por donde volvían á la patria de su
inmortalidad para ser veneradas como dio­
ses. Además de estos delirios , los Pitagó­
ricos dixeron , que en la Luna los animales
eran quince veces mayores y mas hermosos
que los que hay en la tierra : para proferir
esta aserción, ellos 110 tuvieron mas fundamen­
to , que la conjetura de ser la Luna como la
tierra: esto es, de tener, como ésta, llanu­
ras, valles y montañas, lo que enseñaron Anaxágoras y Demócrito , añadiendo , que la Lu­
na
(1 ) Macrobio Tn scmnium Scipionis , lib. 1.
cap. 11. dice, que los Físicos llamaron tierra eté
rea á la Luna , y á los habitadores de ésta llama­
ron pueblos lunares. En el dicho capítulo y en
el siguiente ( que es el 12) Macrobio expone la
opinión de los que decian que las almas baxaban

de los Cielos para animar los cuerpos humanos.

116

Viage estático

na era firmamento de fuego. Pitágoras supu­
s o , que ella seguia la naturaleza del fuego; y
Heráclito, que era tierra rodeada de nubes
caliginosas. Estas primeras semillas de la
opinión, que suponia habitable la Luna , flo­
recieron nuevamente en el siglo X V , en que
el Cardenal Cusa (i) publicó sus conjetu­
ras sobre la población, no solamente de la
Luna , sino de todos los astros, no exceptuan­
do al S o l, en que se figuró poder habitar in­
telectuales habitadores , mas espirituales que
los lunícolas , que son menos materiales que los
terrícolas. Los modernos Astrónomos, que con
sus telescopios han llegado á ver y distinguir,
Planetíco- que la constitución física de los planetas es
las y come- semejantísima á la terrestre , y no sin grave
ticolas.
fundamento han conjeturado, que con ésta con­
venga singularmente la de los cometas , se in­
clinan á creer, que en el sistéma solar estén
habitados todos los cometas y planetas, sino
el Sol destinado para servicio de los mundos
Mundos
planetarios ; y porque conjeturan , que cada
innumera­
bles.
estrella fixa es un Sol con sus propios plane­
tas , con razones de analogía y congruencia
infieren , que todo el inmenso espacio celeste
está lleno de sistémas solares con sus respec­
tivos planetas habitados. En esta suposición,
cuyo único apoyo son meras y aparentes conje( i) D . Nicolai de Cusa Cardinalis opera. Basileae , 1565. fol. En el opúsculo de docta ignoran'
tia , lib. 2. cap. 12. p. 41.

¡

al mundo Vianet ario,
n jr
jetu ras, como en otra ocasión te expondré lar­
gamente. Huighens, Fontenelle y otros moder­ Romances
nos han fundado sus discursos sobre los pla- sobre los
netícolas, escribiéndolos , no tanto para ins­ planetíco—
las.
truir útilmente sus lectores, quanto para di­
vertirlos , ó por mejor decir, para iluminar su
ignorancia con la ilusión , que es peor mal
que e lla , y efecto no menos común que fu­
nesto , de los escritos que no ha dictado el
espíritu de la verdad. Por éste espero y deséo, Cosmopolita, se profiera quanto sobre
los planetícolas pienso decirte: las noticias que
ahora anticipadamente oirás , deberás cotejar
á su tiempo con las reflexiones que sobre ellos
te haré, quando estemos en M arte, y elco téjo y enlace de todas las partes del discurso
te harán conocer lo cierto, lo probable, ó lo
inverisímil que haya sobre la población de los
planetas. De ella empiezo á hablar filosófica­
mente , el qual discurso filosófico concluiré
por ahora con noticias que siendo aparente­
mente históricas, te deleytarán como si fue­
ran realmente verdaderas , causando en tu
mente alguna ilusión ; mas ésta será momen­
tánea , pues que prontamente desaparecerá á
la presencia de la verdad que después te re­
velaré , quando visitemos á Marte.
La simple vista distingue en la Luna algu­
nas manchas permanentes y otras pasageras; Idea que de
superfi­
y esta distinción bastó para que los antiguos la
cie lunar
Filósofos conjeturasen, que tales manchas pro­ formaron
venían de las desigualdades de la superficie los anti­
lunar. Algunos Filósofos de la grandeza de guos Filó­
las manchas , infirieron la de las cavernas lu- sofos.
Parte II.
Q
na-

118

Viage estático

nares, que las causaban. Sobre la grandeza de
las manchas lunares Plutarco , en el tratado
del aspecto del orbe lunar , discurre de esta
manera. «Dividiéndose en doce partes el diá­
metro lunar, se infiere, que cada una de las
manchas tiene de largo mas de la mitad de
una de estas partes duodécimas; por lo que
si suponemos de treinta mil estadios la lar­
gura del diámetro lunar , cada mancha ten­
drá á lo menos de largo quinientos estadios.”
Manchas tan grandes , decían muchos anti­
guos , no pueden provenir de concavidades ó
montañas , que por la simple vista no fueran
distinguibles. En estas dudas estaban los Fi­
lósofos , quando la admirable invención de los
Según los anteojos y telescopios habilitó la vista de los
modernos terrícolas para decidirlas , pues que por me­
Filósofos dio de tales suplementos á la simple vista , lle­
los planetas garon á distinguir las montañas en la Luna y
son seme­
jantes á la Venus, y manchas en los demás planetas. Los
telescopios han hecho ver , que el globo lu­
tierra.
nar y el de Venus son aparentemente como el
terrestre, llenos de desigualdades; y este des­
cubrimiento da fundamento gravísimo para
conjeturar que la configuración exterior de los
demás planetas es semejante á la terrestre. Es­
tas suposiciones , fundadas en la observación,
inducen á hacer los siguientes raciocinios.
Razones
Los planetas son cuerpos opácos , seme­
que se ale­ jantes á la tierra , y como ésta giran al re­
gan para
probar la dedor del Sol: luego si la tierra está poblada
población de plantas , animales y de racionales , que se
de los pla­ sirvan de las criaturas inferiores á ellos, tam­
netas.
bién los planetas tendrán la misma gerarquía

al mundo Vianet ario,
11 9
de pobladores. De la semejanza entre los glo­
bos planetarios y el terrestre , se infiere ser
semejantes la población de todos ellos , y la
naturaleza de los pobladores. Si suponemos
una isla poblada en medio del Océano, y sin
comunicación con otras islas, los habitadores
de ella se creerán solos sobre la superficie ter­
restre , como se creían los de las islas Maria­
nas , antes que las descubriesen los Españo­
les. Mas si suponemos que un habitador de
la dicha isla, creída sola en el orbe terrestre,
estando pescando fuese arrebatado por las olas
furiosas del m ar, y llevado á otra isla (co ­
mo el ex-Jesuíta Don Antonio Tornos, Misio­
nero de las islas Bisayas, me ha contado ha­
ber sucedido dos veces en la isla de su Mi­
sión), este isleño náufrago al descubrir la nue­
va isla se hallaría lléno de regocijo , conjetu­
rando que ella también estaría poblada como
la suya.
Adelantemos ó estendamos mas el racio­
cinio. Los cometas , según la observación y
los resultados del cálculo de las órbitas que
recorren , son cuerpos que giran al rededor
del S ol, como los planetas ; y son mas seme­
jantes que estos á la tie rra , por la atmosfèra
en que se ven casi siempre envueltos , y que
algunas veces les hace formar ó arrastrar in­
mensas colas; por tanto, los cometas estarán
habitados como la tierra.
Unamos, Cosmopolita, los dos raciocinios
hechos para formar otro , con que adelante­
mos algo en el presente asunto. La tierra, los
planetas y cometas son cuerpos substancial-

Q2

men-

Poblacion
de los co­
metas.

120

Las estre­
llas son so­
les de sus
respectivos
sistemas so­
lares.

Viage estático

mente semejantes en su exterior configuración
y física constitución : ellos giran ó se mueven
incesantemente al rededor del Sol, con quien
forman un todo mecánico , que llamamos sistéma físico , compuesto de tantos mundos pla­
netarios , quantos son los cuerpos ó globos gi­
rantes al rededor del Sol. Este es un astro
que por sí mismo alum bra, á distinción de
sus planetas y cometas , que no siendo luci­
dos por su naturaleza , no tienen mas luz que
la que reciben del Sol. Los astros que llama­
mos estrellas fixas , son otros tantos soles,
pues que ellos por sí mismos alumbran. Si
alumbran como nuestro Sol, deberán tener co­
mo éste planetas y cometas á quienes envíen
la lu z, y cada estrella será un Sol con su
sistéma de planetas, que estarán habitados. Las
estrellas son innumerables , como tú mismo lo
observarás en la última jornada de nuestro via­
ge : por tanto, deberán ser innumerables los
planetas habitados ó los mundos planetarios.
He aquí expuestas con la m a y o r brevedad
todas las razones de congruencia que la ob­
servación y la buena crítica sugieren, para con­
jeturar la existencia y población de innume­
rables mundos. Si la tierra está habitada, ¿por
qué no estarán habitados tantos planetas se­
mejantes á ella ? Si vieras , Cosmopolita , un
magnífico y soberbio palacio con un millón de
habitaciones, ¿ te persuadirías que se fabricó
para que en él se habitáse una sola ? La tier­
ra es una sola habitación entre los millares que
el Supremo Artífice ha fabricado de la nada,
y ha distribuido por esas regiones celestes en

a l mundo V ianet ario,

121

el incomprensible espacio del Universo criado;
¿ y te persuadirás á que esté solamente habi­
tado el globo terrestre , y que queden eterna­
mente inhabitables , vacías y sin ningún des­
tino las demás innumerables habitaciones que
hay en el interminable espacio del Universo?
Te he propuesto las razones filosóficas que
hallo mas eficaces y poderosas para descubrir
la verdad que deseo siempre revelarte ; por­
que quien á ésta busca , se acerca á su única
fuente que es nuestro Dios. Por haber oído
tales razones, no te persuadas haber ya des­
cubierto lo cierto ó lo verdadero : debo pro­
ponerte otras no menos eficaces , con que dis­
tinguirás un velo , hasta ahora oculto, que nos
encubre lo que deseamos descubrir. No es aun
tiempo de hacerte ver este v elo , porque no
debo interrumpir la aplicación de las expues­
tas razones filosóficas á las circunstancias de
la población de los planetas. Limito esta apli­
cación á la población de los planetas del sis­
tèma solar ; pues que lo que de estos diré, por
argumento de congruencia debe convenir á los
planetas de los innumerables sistémas de las
estrellas : y porque este argumento de con­
gruencia es mas eficáz, haciéndose cotéjo en­
tre; las poblaciones de los planetas del sistè­
ma solar, no tendré necesidad de recorrer las
de otros sistémas ; y ni aun en el sistèma so­
lar deberé recorrer todos sus planetas, si­
no que bastará que discurra de los habitado­
res de uno ó dos planetas ; y de lo que te
dixere de estos , facilmente podrás inferir lo
que se debe decir ó conjeturar de los habi­
ta-

122
Viage estático
tadores de los demás planetas.
El discurso que te he hecho, Cosmopolita,
para probar la existencia de innumerables
Conseqüen- mundos habitados, es filosófico; por tanto, de
cias de las la misma naturaleza deben ser las conseqiicnrazones que cias que se infieren de él legítimamente. Quie­
prueban la ro decirte : el discurso filosófico de que por
existencia
congruencia se infiere la población de los pla­
de los planetas , induce naturalmente á conjeturar con
netícolas.
la misma congruencia el natural, la índole,
la complexión y el ingenio de los planetícola s ; así como en la tierra, según la variedad
de clim as, los Físicos suelen inferir la vária
complexión de los terrícolas que en ellos ha­
bitan. En efecto , según estos principios, des­
de luego uno se figura el carácter de cada
planetícola ; por exeinplo,un hermícola ó ha­
Hermícolas
ó habitado­ bitador de Mercurio (que en griego se llama
res de Mer­ H e r m e s ) deberá tener la complexión corres­
curio.
pondiente á su clima. Si el excesivo calor, por
medio de la gran cólera que con él se cria,
altera el color en los hombres, y aun los ha­
Su color.
ce negros , los hermícolas por el sumo calor
de su planeta serán mas negros que un hollín,
y el africano mas negro en su comparación
Comple­
será blanco. Los hermícolas sentirán siempre
xion.
dentro de sí mucho mas ardor que tienen aque­
llos infelices terrícolas que están en la actual
.cura de las mas fuertes unciones mercuriales;
¿ y quién sabe si en el planeta Mercurio estan los hospitales para los enfermos de su ve­
Calor de su cino planeta Venus? Un hermícola llegará á
sangre.
tener la sangre tan caliente como un plomo
derretido. No te parezca, Cosmopolita, hiper-

al mundo Planetario

.

123

perbólica esta expresión ; porque si el calor
natural de los terrícolas es m ayor casi dos
veces y media que el del estío; y el calor en
Mercurio llega á ser once veces mayor que
el terrestre en estío , se infiere con la misma
proporción , que el calor natural de los herm ícolas, si es mayor casi dos veces y me­
dia que el que hace en Mercurio , será quatro veces mayor que el del agua (1) hirbiendo. Ciertamente, que si un hermícola apare­
ciera en nuestra tierra , todos lo mirarían co­
mo un tizón ardiendo, ó como un condena­
do. Del calor natural de los hermícolas po­
drás fácilmente inferir la dureza de sus venas
y arterias, que han de mantener dentro de Dureza de
rts cuer­
sí un líquido, que suele ser quatro veces mas
pos.
caliente que el agua hirbiendo. Y si la san­
gre de los hermícolas será tan ardiente , ¿ qué
ardor no tendrán los espíritus vitales , que son
lo mas puro y fogoso de la sangre ? Estos
Calor de
deberán ser como la llama mas pura y acti­ sus espíri­
va : serán como el finísimo y activísimo fue­ tus vitales.
go del espejo ustorio , que reduce momentánea­
mente en humo las mas duras piedras y meta­
les.
Sien(1) Supongamos de $ grados el calor de es­
tío , y el calor natural del hombre de 12 grados:
en este caso el del agua hirbiendo es de 34 gra­
dos : el que en estío hace en Mercurio , es de 55
grados; y el calor natural de un hermícola se­
ría de 132 grados. El calor quadruplo del que
tiene el agua hirbiendo sería de 136 grados.

124

Via ge estático
Siendo tan inflamados los espíritus virales
de los hermícolas, estos serán vivos, ligeros
y activos en todas sus acciones corporales y
mentales , como si fueran otros tantos rayos.
El grande ardor los tendrá siempre en conti­
nuo1movimiento. La asamblea mas pacífica de
hermícolas ancianos parecerá á los terrícolas
una ligerísima contradanza. Ellos no pueden es­
tar dos minutos sin saltar , baylar ó correr, y
hacer
gestos con todos sus miembros. El mas
Animales
ridículo
mono puede poner escuela de serie­
de Mercu­
dad
en
Mercurio.
En éste los animales perfec­
rio.
tamente corresponden á su clima. Ellos ca­
minan con mayor velocidad , que por la a t­
mosfèra terrestre vuelan las águilas. Un hermícola sobre un gamo terrestre irá con mas
desazón , que el mas brioso soldado de caba­
llería podría ir sobre un mal jumento de ye­
sero. La visita de un hermícola que pase de
un minuto segundo , en Mercurio se dice ser
Idioma de eternamente pesada , ó de un plomo animado.
los herní- La velocidad de los hermícolas en hablar es
colas.
como la de los terrícolas en pensar ; y la pa­
labra mas larga de su idioma se pronuncia
mas presto que una sola letra de nuestro abe­
Escritura.
cedario. Nuestro modo de escribir parece tan
pesado á los hermícolas , como el arar de bue­
yes cansados. Un escolar de Mercurio no tie­
Escuelas.
ne paciencia para oír al maestro la explica­
ción que pase de un minuto : de donde se in­
fiere , ó que sus entendimientos deben ser vi­
vos y penetrantes , ó que sus ciencias serán
muy superficiales. La voluntad en un hei micola está continuamente batallando con la inconsViveza de
los hernícolas.

.

al mundo Planetario
125
constancia, porque ésta es un efecto natural
de la viveza de genio. El terrícola mas in­
constante, que un dia muda de parecer mas
veces que se cuentan minutos, será mirado en
Mercurio como sesudo y duro de juicio. En
la cabeza de un hermícola se forman en un
minuto mas proyectos que suelen quedar sin
execucion en todas las Cortes de los terríco­
las. La memoria de los hermícolas es poco
feliz ; porque la falta de humedad en sus celebros es ta l, y la rigidéz de sus fibras es tan
grande , que con dificultad se hacen las impre­
siones en sus órganos corporales. Sus pasio­
nes son como de hombres locos , ya por ale­
gría y ya por furia. Ellos están á cada mo­
mento en desafios, riñas, danzas y alegrías,
siendo todas estas cosas efectos naturales del
ardor, de la viveza y de la cólera. Cada her­
mícola va siempre cargado de instrumentos
de música, y de lanzas y espadas: con una
mano suena, y con la otra hace guerra. To­
das estas reflexiones, Cosmopolita , aunque
no te las hiciera yo que he estado en Mercu*
rio , y las oyeras de un terrícola que jamás
hubiera perdido de vista el terrón sobre que
nació, las deberías creer; porque son natu­
rales y correspondientes á los habitadores de
un planeta tan ardiente, como es Mercurio;
así como reflexiones totalmente contrarias son
muy creíbles, respecto de los habitadores de
un planeta sumamente frió , qual es Saturno,
en el qual, atendida su gran distancia del Sol,
hace noventa veces mas frió , ó menos calor
que en la tierra; esto e s , si en ésta hace onParte II.
R
ce

Inconstan­
cia de los
hermícolas.

Su ingenio.

Memoria.

Y pasiones.

Habitado­
res de Sa^»
turno.

146
Viage estático
ce veces menor calor que en Mercurio , en
Saturno hace noventa veces menos que en la
tierra. Según esta gran frialdad de Saturno,
puedes tú , Cosmopolita , figurarte ó conjetu­
rar , que sus habitadores , llamados saturnícolas, por su complexión, índole , genio y ta ­
lento , serán tan diferentes de los hermícolas,
como el hielo lo es del fuego, y el mas cru­
do invierno del mas caliente verano. No me
detendré en pintarte la figura y el carácter
de los saturnícolas que parecen torres an-,
dantes ; ni la física constitución de su globo,
en que todos nuestros licores son mármoles
durísimos y trasparentísimos , pues que para
darte alguna noticia de estos raros fenóme­
nos era necesario que yo , apurando todos los
principios de la anatomía y física terrestre,
hiciera prolixa y quizá obscura aplicación de
ellos; esto es , sería necesario que te expli­
cara los efectos de las causas naturales en el
helado mundo de Saturno , en el que Dante
Alighieri , llamado justamente poéta divino,
con razón colocó en su poema del Paraíso, al
canto XX I, los contempladores de la vida so­
litaria , porque sus habitadores parecen estar
siempre estáticos.
Los habitadores de Venus, Marte , Júpi­
ter y de la Luna terrestre , se diferencian
menos de los terrícolas , que los hermícolas y
saturnícolas ; pues que la física constitución
de sus globos conviene mas con la terrestre,
que la de Mercurio y Saturno. Los planetícolas mas parecidos á los terrícolas son los
que habitan en Venus y en la Luna; por lo
que

al mundo Vianetario.
12y
que en estos dos planetas se suelen detener
mas que en otros los terrícolas que viajan por
estas regiones celestes. La mayor detención E1 mundo
suelen hacer en el mundo lunar que , como lunar seme­
después verás , es tan semejante al terrestre, jante al ter­
como corresponde á la gran cercanía en que restre.
están la Tierra y la Luna ; y á la indisoluble
unión con que giran en amigable compañía
siempre al rededor del Sol. En uno de mis via*
ges al mundo lunar me detuve mucho tiem­
po para informarme bien del gobierno de las
costumbres, de las ciencias y de la religión
de sus habitadores, y para observar diligen­
temente sus archivos , en que encontré teso­
ros de noticias pertenecientes á la historia fí­
sica y civil de nuestra tierra. Con todos es­
tos raros materiales , luego que volví á la
tierra empecé á formar una o b ra, con el si­
guiente orden de tratados. En el primero bre­
vemente referia mi llegada al mundo lunar,
la presentación de mis patentes ó credenciales
á la superioridad lunática para que me per­
mitiese viajar libremente , y observar todas
las poblaciones y particularidades raras de la
Historia
formada
naturaleza, las ciencias y costumbres de los lunícolas, y sus archivos; y concluía dando con docu­
mentos sa­
noticia del idioma y de la escritura común de cados
de los
las naciones lunares. En el segundo tratado
archivos
se contenia exácta relación del gobierno y de que hay en
la religión de los lunícolas; y la historia de la Luna.
sus revoluciones civiles y religiosas. En el
tercer tratado se contenia la historia de las
ciencias y artes útiles é inútiles de los luní­
colas. En este tratado se ponian los mapas
R 2
ter-

128
Via ge estático
terrestres, en que los lunícolas habían nota­
do las diversas apariencias de la superficie ter­
restre por millares de años ; y en los mapas
mas antiguos encontré señalada la isla atlántida , de que habla Platon ; y en otros mas
antiguos, hechos quizá en el primer siglo des­
pués del diluvio universal de la tierra , en­
contré el Asia-menor unida con la Europa y
con las islas del archipiélago del mar medi­
terráneo que entonces no era aún mar. En
el tratado quarto se ponía un largo índice de
todos los manuscritos interesantes , que entre
los terrícolas se han perdido, ó quemado ú
ocultado por miedo de que se descubra la ver­
dad de los verdaderos derechos de la inocen­
cia oprimida, del honor denigrado, de la ju­
risdicción ampliada ó limitada, de los esta­
dos perdidos ó conquistados , &c. Por apén­
dice de esta obra se ponía la historia natu­
ral del orbe lunar, y en ésta se trataba lar­
gamente de cierta especie de animales lunares
que corresponden ó se parecen algo á las mo­
nas terrestres, aunque son menos irracionales
que ellas. Entre dichos animales encontré muy
comunes las modas, que entre los terrícolas
se llaman de personas en todo afeminadas. Em­
pecé á escribir esta grande obra en mi juven­
tud , estando en España , en donde al embar­
carme para Italia perdí, ó por mejor decir,
me robaron todos los materiales de ella, con
otra historia completa de una visita que ha­
bía hecho á los reynos de Pluton, en compa­
ñía de personages de diferentes naciones; es­
to e s, de la española, francesa, inglesa, ale­
ma-

al mundo Vianetari«.

129

m ana, italiana, conga , china y mexicana.
Inadvertidamente , Cosmopolita, me he en­
golfado en el discurso de mis observaciones he‘ chas en el mundo lunar ; veo que tú las oyes con
placer sensible: mas no por este seductor efec­
to que experimentas, debo continuar su rela­
ción. Permíteme que pueda interrumpir ya el
discurso empezado, de cuya utilidad ó inuti­
lidad formarás verdadero concepto , después
que en otra ocasión me hayas oído hacer las
reflexiones que te he prometido sobre la po­
blación de los planetas ; y para que con el
menor disgusto me des la licencia de interrum­
pir el discurso que tanto te deleyta, lo con­
cluiré refiriéndote una graciosa súplica , que la
superioridad lunar envió y presentó al Sol al
tiempo mismo que yo me hallaba en el mun­
do de la Luna.

sü-

130

V ia ge estático

SÚPLICA DE LOS LUNÍCOLAS AL SOL.

Súplica de
los lunícolas presen­
tada á la
Magestad
solar.

La tierra
antiguamen
te fué co­
meta.

Los lunícolas envia­
ron espía§ á
la tierra.
Los terríco­
las son una
mezcla de
diversas ra­
zas de cometícolas.
Retratos de
terrícolas
llevados al
mundo lu­
nar.

T

SOLAR MAGESTAD.

lunícolas , avasalladamente postra­
dos delante de la inmensa circunferencia de
vuestra desmedida grandeza , y asegurándoos
perenidad de sempiterna luz, ardor y atracción,
imploran los efectos de vuestra Providencia
para remediar prontamente los desconciertos
que en este mundo lunar causa la doctrina de
los habitadores del cercano globo terrestre , el
qual habiendo sido cometa en otro tiempo, por
gracia de vuestra solar atracción se detuvo
en nuestras cercanías, y aun se mantiene con­
virtiéndose poco á poco en planeta.
Apenas, Magestad solar , el globo terres­
tre se detuvo en nuestras cercanías, quando
enviamos diligentes espías para explorar se­
cretamente qué raza de pobladores tenia. De
los espías supimos , que en él había mezcla
de los pobladores de todos los cometas que se
distinguían totalmente en la religión, en las
costumbres, en el colo r, en la figura y aun
en el idioma. Nos traxeron pinturas de la fi­
gura de todas las razas diversas de poblado­
res de dicho globo , que se llaman terrícolas;
y si los espías no hubieran sido dignos de fe,
hubiéramos creído que ellos las habian man­
dado hacer caprichosamente á algún pintor
maniático. En las dichas pinturas unos terrí­
colas aparecen blancos como la nieve; otros
negros como la tizne; otros amarillos como la
pa-

al mundo Vianet arlo,

131
paja ; y así de otros colores. Unos se ven con
ojos de gato; otros los tienen de perdiz; otros
de tordo; otros de mochuelo , &c. La misma
diferencia se advierte en sus bocas, narices,
frentes, cabellos, &c. Nos traxeron también
pinturas de sus vestidos, y de los adornos que
en cada parte de sus cuerpos usaban; y su
vista para nosotros era enigmática. Nosotros
veíamos, por exemplo , la série de los ador­
nos de sus cabezas y brazos ; y no podíamos
conocer si tales adornos eran para los pies ó
para las piernas : efectivamente en las horas
de divertimiento solemos pasar el tiempo mos­
trando las pinturas de tales adornos , y pre­
guntando por enigma ó adivino su uso, que
pocos aciertan á decir. Las dichas pinturas
nos han hecho conocer después , que el ter­
rícola Rafaél Sánchez de Urbino no merece
tantas alabanzas como le dan por los diseños
de las monstruosas figuras que pintó en el Va­
ticano Romano; pues que entre sus terrícolas
tenia originalmente objetos monstruosísimos que
pudo copiar con el pincel.
Las mismas pinturas nos hicieron conjetu­
rar , que tan diversas razas de terrícolas pro­
venían de diversos cometas , los quales por re­
correr órbitas tan diferentes , ó ya lexanas , y
ya cercanas á vuestra Magestad solar, deben
tener habitantes de diversísimos colores. En
esta conjetura nos hemos confirmado , después
que un viajante Español, pasando por este mun­
do en los años pasados, nos dexó en una Obra
suya documentos claros de hablarse entre los
terrícolas centenares de idiomas totalmente di,
ver-

Son enig­
máticos los
vestidos de
los terríco­
las.

132
Via ge estático
versos, como nos habian dicho nuestros es­
pías. Tanta diversidad de idiomas para nosotros
es argumento evidente, de que los terrícolas
Si los terrí­ provienen de tantas razas diversas, quanto es el
colas no son número de sus idiomas substancialmente diver­
raza de co- sos : pues que si todos procedieran de una so­
metícolas, la estirpe , todos necesariamente hablarían dia­
en buena
lectos de un mismo idioma : y hubiera sido
Crítica se
debe decir imposible el caso de haber de inventarse nue­
que descien­ vos y diversos lenguages. En las historias de
den de una los terrícolas hemos leído , que ellos por dog­
sola estirpe. ma sagrado defienden , que todos provienen de
una estirpe sola , y que el Supremo Hacedor
los castigó confundiendo su antiguo y único
idioma: á la verdad, la muchedumbre y va­
riedad de sus lenguages en buena crítica prue­
ban y demuestran, que es verdadero tal cas­
tigo , ó que ellos son mezcla de diversas ra­
zas de cometícolas.
Estas reflexiones , Magestad solar , antici­
pamos á la exposición de los motivos de nues­
tra súplica, para que conozcáis el carácter de
las razas de gente terrestre , que por vuestra
órden sufrimos en este mundo lunar , del que
parece haberse desalojado la paz y la sólida
ciencia , para dar lugar á la discordia y ma­
la doctrina que han introducido los terríco­
las , siempre entre sí discordes t como razas
Historia de de cometícolas diversísimos.
los viages
Tened la bondad y el sufrimiento, solar
que los ter­
Magestad, de oír cómo y quando los terrí­
rícolas han
colas se han introducido en este mundo , sus
hecho al
mundo lu­ continuas riñas literarias , y las proposiciones
nar.
déla Cables que obstinadamente enseñan, con
per-

al mundo Planetario.
133
perjuicio de las verdaderas ciencias, de vues­
tro honor y del nuestro.
Según la relación de las primeras espías
que baxaron á explorar el orbe terrestre, su­
pimos , que sus habitadores vivían abandona­
dos á la irreligión y á la ignorancia que sue­
le ser causa de ella. Esta ignorancia llegó á
obscurecer tanto en ellos el conocimiento de
los astros, y aun de este mundo lunar, no
obstante de serles tan vecino , que creían que
él crecía y menguaba á proporción que en
él veían mayor ó menor parte luminosa; y á
esta ignorante persuasión alude el chiste, que
al presente se lee con el nombre de fábula ó
cuento (1) en los libros de los terrícolas ; y
es, que la Luna suplicó una vez á su madre
que la hiciese un vestido ajustado y cumpli­
do ; y la madre le respondió diciendo : »¿Có­
mo quieres , hija , que te pueda hacer tal ves­
tido , si unas veces estás llena, otras media
y otras apenaste v e s?” Tanta ignorancia en
la ciencia física de este mundo lunar produxo funestos efectos en las demás ciencias de
los terrícolas : p u es que de estos unos respe­
taban este globo lunar, como animado de una
inteligencia tan grande como el mismo globo;
otros le veneraban como á una divinidad , y
los mas sabios lo hadan última posada para
las

(1)

Véase en Plutarco el tratado Convite

de los siete Sabios , poco después de la mitad

del tratado.
Parte II.

S

Ideas ridi­
culas que
los antiguos
terrícolas
formaban
del mundo
lunar.

134

Los terríco­
las sabios
han sido bu­
fones quando han ha­
blado del
mundo lu­
nar.

Viage estático

las almas que , según su opinion , baxaban des­
de el empíreo al orbe terrestre , para animar
los cuerpos de los terrícolas, y después de
haberlos animado volvian á su antigua patria
celeste. Los sabios que defendian esta última
opinion , llamada pitagórica entre los terríco­
las , conjeturaron que nuestro globo lunar es­
taba también habitado r como su globo ter­
restre ; y esta conjetura , que prevaleció en la
opinion de muchos terrícolas, dió motivo pa­
ra que desde entonces hasta el tiempo pre­
sente se verificáse lo que dexó escrito un doc­
to terrícola (i) , diciendo: »Que sobre el mun­
do lunar se disputaban muchas cosas con se­
riedad y con burla.” A la verdad, no sin es­
cándalo del honor de las ciencias físicas, al­
gunos modernos terrícolas que se creían fa­
mosos en ellas han publicado sobre este mun­
do lunar relaciones tan fingidas , como las
que escribieron sobre el mismo asunto Arios­
to , y otros Autores de fantasía desenfrena­
da , sin ningún conocimiento de la física. Lu­
ciano, aunque no sabía escribir, ni pensar si­
no bufonerías , entre éstas publicó enmasca­
radas algunas verdades en su relación de la
visita que Menippo hizo á Júpiter. Cuenta en
ella , que al pasar por estas regiones oyó la
voz de la Luna, como de una vieja , que le
deJ _
(i)
Plutarco en su tratado del aspecto del
orbe lunar , al principio de la tercera parte del
tratado.

\

al mundo Vianet ario.
135
decia a s í( i) : »He agotado toda mi paciencia
oyendo muchas cosas enfadosas de los Filó­
sofos , que no tienen otra ocupación sino la
de disputar curiosamente sobre m í, quién sea
yo , qué grande sea, si soy ó no corcobada,
y por qué causa lo soy. Unos dicen , que es­
toy habitada; otros, que estoy como un es­
pejo , mirando al mar ; otros me aplican to­
do lo que piensan ; y otros dicen, que mi luz
es robada. . . Estos no dexan de despedazar­
me con sus palabras, y de llenarme de toda
especie de afrentas, por lo que muchas ve­
ces había pensado en huirme todas las noches á
países lexanísimos por no oir tales lenguas.
Acuérdate, pues , Menippo , de decir estas
cosas á Júpiter , añadiéndole , que yo no pue­
do absolutamente estar aquí , si no destruye
los Físicos , cierra la boca á los Dialécticos,
arruina su Portal, quema la Académia , y da
último fin á los que están en el Peripato : de
este modo quizá lograré la paz que estos con­
tinuamente me quitan.”
Esta embaxada , aunque fingida por el bufon Luciano , tenem os el h o n o r de referir á
vuestra Magestad solar, porque pinta bien el
carácter de los Filósofos de su tiempo , que
hallamos muy conforme al de los Filóso­
fos modernos, de los que nos debemos quexar
(1) Luciani Samosatensis opera, gr. ac lat.
edente Jo. Reitzio. Amstelod. 1743. 4. 'voi. 3. en
el 2. Icaro menippus. §. 20.^?. 775.
S2

La Luna
pide á Jú­
piter que
destruya la
física , la
dialéctica y
el peripatetismo.
Los Filóso­
fos moder­
nos son peo­
res que los
antiguos.

136

Viage estático

xar mas agriamente, que Luciano finge ha­
berse quexado la Luna de los antiguos F i­
lósofos ; porque estos disputaban en el lexanísimo globo terrestre, y los Filósofos modemos habiéndose introducido en nuestro globo
lunar , conduciendo consigo muchos Filósofos
antiguos con estos, y entre ellos mismos dis­
putan continuamente causando alborotos y tu­
multos en éste, antes pacífico, y ahora inquie­
to mundo lunar.
A estas regiones, en el tiempo que los ter­
rícolas llaman de la pérdida de las ciencias,
abordaron pocos de ellos. En nuestros anales
Arribo de hallamos registrado que llegó Dante ( 1 ) , no
algunos ter­ menos insigne por su entusiasmo poético, que
rícolas al
por su piedad religiosa, buscando en este mun­
mundo lu­ do lunar el paraíso de las almas castas y re­
nar.
ligiosas. Conocimos que este buen poéta ve­
nía falsamente encaminado ó dirigido de dos
entusiasmos; uno pitagórico, que ponía en es­
ta región la última posada de las almas que
baxan al orbe terrestre , y desde él vuelven
al Cielo y otro de la mitología griega, que
fingía ser la Luna la casta Diana , Diosa de
la caza. Después de Dante apareció en este
mundo un medio lo co , llamado A stolfo, que
en compañía del Santo Evangelista Juan nos
envió Ariosto., el poéta de fantasía la mas
des( 1) La divina Comedia di Dante con la di­
chiarazione di M. Ludovico Dolce. Vinegia 1578.
12 . Paradiso. Canto terzo, p. 41 3 .

al mundo .Vianet ario .
137
desenfrenada que ha habido entre los terrí­
colas. Ariosto (1) publicó entre los terrícolas
las locuras que le contó A stolfo, el qual di- Cosas raras
xo haber visto aquí las lágrimas y los suspi­ que Astolfo
ros de los amantes , el tiempo perdido en el vió en el
mundo lu­
juego y ocio , y todas las cosas perdidas. Di' nar.
xo también, que había visto aquí un monte
de coronas de Asirios, Persas y Griegos : otro
monte de flores que antes olia bien, y aho­
ra hedía ; y era el dón que Constantino hizo
al buen Silvestre : otro monte , cerca del qual
había innumerables redomas llenas de los se­
sos de los terrícolas , que estaban locos por
carecer de ellos , y rotuladas con los nom­
bres de quienes eran los sesos. Después de As­
tolfo vinieron otros viajantes mas locos que
éste, enviados por poetas, los quales , vien­
do que los Filósofos estaban siempre en el peripato (de que hace mención Luciano) dis­
putando del orbe lunar y de todo el mundo,
sin tener mas idea de los objetos de sus dis­
putas , sino la que les sugería su fantasía en
el encierro del peripato , quisieron por des­
Fontenelle
gracia nuestra explorar estas regiones lunares, hurtó
el anpara infamarlas con ridículos romances, á tusiasmo de
imitación de Ariosto , cuyo entusiasmo quiso Ariosto.
robar Fontenelle, para adulterar las noticias
buenas que tenia de la física , y componer
con
( 1 ) Orlando furioso dí messer Ludovico Arios­
to. Venezia 1 5 7 3 ,4 . Canto X X X I V . á lo últi­
mo de este Cauto.

138

Via ge estático

con ellas un romance amoroso á su madama,
que enmascaró intitulándolo , tratado de la
pluralidad de mundos.
Volviendo á la sèrie histórica de los ter­
rícolas que succesivamente han llegado á es­
te mundo lunar , hallamos, solar Magestad,
Copernico, registradas con particulares reflexiones en nues­
tros anales lunares las épocas, en que succe­
Keplero y
sivamente aparecieron Copérnico , Keplero y
Galileo,
conquista­
Galiléo , vuestros ilustres Generales , que os
dores del
conquistaron todo el imperio solar, de que al
imperio so­ presente estáis en posesión casi pacífica , y en
lar.
que los terrícolas publicaron los primeros ma­
pas lunográficos , en que á sus sabios se die­
ron investiduras feudales sobre los países de
Investidu­ este mundo lunar. E n el año, de 1645, según
ras de feu­
dos lunares el cómputo de los terrícolas , Miguél Floren­
dadas á los cio Langrenio, Cosmógrafo del terrícola Mo­
narca Católico , publicó un mapa lunográfico,
terrícolas.
en que dió investiduras feudales á muchos sa­
bios en diferentes ciencias profanas y sagra- das, y a algunos personages y amigos suyos.
Dos años después, Juan Hevelio , sin haber
visto el mapa de Langrenio , publicó otro que
intituló selenogràfico, y en él á los países lu­
nares dió los nombres que tienen los terres­
tres. Seis años después, los Jesuítas Ric­
cioli y Grimaldi publicaron (1) el mas exac­
to
(1) En la jornada á la Luna se dará noticia
individual de los mapas lunográficos ó selenogiáficos.

al mundo Vianetarlo.

. 1 39
ío mapa lunográfico que hasta ahora se ha
visto ; y en él dieron investiduras feudales
de casi todos los países lunares á terrícolas
sabios en la filosofía y matemática. Apenas es­
ta colonia terrestre de sabios se presentó en
este mundo lunar , quando algunos compañe­
ros de Riccioli y Grimaldi empezaron á en­
viar succesivamente viajantes , con quienes han
venido colonias de toda especie de razas ter­
restres. En el año de 1656, según el cómputo
de los terrícolas , el Jesuíta Kircher envió los
viajantes (1) Cosmiel y Teodidacto para explo­
rar bien este mundo lunar : en el 1660(2) Schotti los volvió á enviar con nuevas instruccio­
nes, y en el año 1685 Estancel (3) envió á
Uranofilo. Algunos de nuestros políticos , no­
tando que todos los forasteros viajantes habían
venido enviados solamente por Jesuítas , em­
pezaron á sospechar malicia en estos : se in­
formaron ; y por desgracia nuestra no encon­
traron ningún forastero que les descubriese el
verdadero carácter jesuítico , que después se
hizo notorio á todo el mundo lunar en el arri(1) Athanasii Kircheri e Soc. J. itinerarium
exstaticum , qua mundi opijicium exponitur. RoJM, 1656.4.
(2) Iter exstaticum Kirclierianum prœlusionibus , et Scholiis illustratum a G aspare Sehotto
Soc. J . Herbipoli. 1660. 4.
(3) Uranophilus cœlestis peregrinus , authore Valentino Estancel e S. J. Gandavi 1685. 4 .

Los Jesuí­
tas envían
terrícolas ai
mundo lu­
nar.

Arribo de
los Janse­
nistas al
mundo lu­
nar.

.y

Arribo de
los Chinos,
Jesuítas y
Jansenistas
al mundo
lunar.
Arribo de

Des-Cartes,
Mersenne,
Maibranche
y Gassendo.

Grado de
doctoras da­
do en el

mundo lu­
nar.

140
Viage estático
ribo de los Jansenistas, que sucedió quince
años después de la llegada de Uranofilo.
En el año de 1700 , año memorabilísimo
en nuestros anales, pues que en él empezó la
época de las discordias y de los alborotos en
este mundo, el Jesuíta Gabriél Daniél (r) nos
envió muchas y diversas colonias de Filóso­
fos, y con ellos aparecieron por la primer vez
los Chinos, como también los Jesuítas y Jan­
senistas , que siempre están entre sí como ga­
tos y perros. Entre las colonias filosóficas que
entonces llegaron , la mas ruidosa venía capi­
taneada por Des-Cartes, y por sus substitu­
tos Mersenne y Maibranche, á quienes solia
unirse Gassendo. Llegaron algunos refuerzos á
la colonia peripatética que había en este mun­
do ; mas casi todos ellos eran de personas , ó
endebles, ó poco prácticas en la disciplina
militar que aquí usan los terrícolas sabios. Prolixísima , solar Magestad, sería nuestra rela­
ción , si en ella hubiéramos de indicar las dis­
cordias , riñas y revoluciones aquí sucedidas
desde dicha época hasta otra mas memorable,
en que llegaron las colonias que establecieron
vuestro universal imperio atraccional. Por evi­
tar la prolixidad , baste insinuar, que desde
entonces se empezó á mudar notablemente el
sem(1) La obra anónima de Gabriel Daniel pu­
blicada con el título J^iAge ¿il mundo de DesCortes , se citó al principio de este viage está­
tico , pág. X X I I I . dé l a Introducción.

a l mundo ’P la n e ta rio .
141
semblante de las ciencias , y aun de la gen­
te escolar , porque se introduxo la costumbre
de dar á las mugeres el grado de doctoras en
las ciencias profanas y sagradas. Muchos Fi­
lósofos insignes fueron llamados á juicio , al
que Sócrates y Platón reusaron de asistir , y
Aristóteles fué llevado ó arrastrado por fuerza, Aristóteles
no sin escándalo del vulgo , porque los mi­ escándalo—
nistros del templo le favorecían ; y casi de­ sámente es
arrastrado á
cían , que excomulgarían á los que ultrajaban los
tribuna­
á Aristóteles. Los Jesuítas, por miedo de es­ les.
tas voces y de los ministros del tem plo, es­
taban alerta, y como en asechanza , sin atre­ Política de
verse á favorecer al descubierto á los con­ los Jesuítas
trarios de Aristóteles. Los Jansenistas , dis­ en la causa
puestos siempre á contradecir á aquellos, ob­ de Aristóte­
servaban atentamente los pasos de estos pa­ les.
ra ir por el camino opuesto : unas veces se
unían con la colonia de Des-Cartes , dicien­ Política re­
de
do que los Jesuítas se oponían á los progre­ losfinada
Janse­
sos de la verdadera Filosofía ; y otras veces nistas con­
se unían con los ministros del templo, dicien­ tra los Je­
do á estos, que los Jesuítas teniendo orden suítas.
para defender á Aristóteles, ocultamente le
hacían la mas viva guerra , desacreditando los
estudios de los mismos ministros. El caso úl­
timamente fué , que estos, con ocultas ma­ que Treguas
los Je­
niobras , lograron que se hiciesen treguas en­ suítas hicie­
tre Des-Cartes y Aristóteles , y que éste se ron entre
reduxese á firmar ciertas capitulaciones. Aris­ Aristóteles
tóteles pidió tiempo para consultar y aconse­ y Des-Car­
jarse con los ministros del templo ; y entre tes.
tanto otras colonias de sabios convinieron en
la reforma de las demás cátedras de ciencias
Parte II.
T
t>ro-

142

Viage estático

profanas y de todas las sagradas. De éstas,
porque no se sujetan al tribunal civil de vues­
tra solar Magestad , no hablarémos; y de las
profanas solamente dirémos, que de los Filó­
sofos griegos solamente quedaron tres Cate­
conviene á saber, Hipócrates, Pla­
Cátedras de dráticos,
Hipócrates tón y Aristóteles. A Hipócrates se dexó la
cátedra de Medicina , señalándole un substi­
y Platón.
tuto ( que fuese físico moderno ), para que explicáse los nuevos descubrimientos de la cien­
cia médica , que depende de la práctica. A
Galeno.
Galeno se permitió explicar algunas lecciones
anatómicas en el aula de Hipócrates. A Pla­
tón se dexó la cátedra de Política , y se le
mandó , que quando habláse de religión se
acomodáse mejor al espíritu de Sócrates , su
maestro , y que reduxese á mejor método y
claridad las ideas filosóficas que en sus obras
se contenían sobre la naturaleza de los mu­
chos objetos físicos y civiles de que trataba.
La Acadé- Con la Académia de Platón se incorporó la
mia de Con­ de Confucio, Filósofo Chino ; y se ordenó que
fucio se in­
pudiese asistir á las lecciones de Pla­
corporò con ninguno
tón
,
sin
haber sido exáminado de la doctri­
la de Pla­
na de Confucio que debía considerarse como
ton.
pauta y breve dialéctica para estudiar y en­
tender bien la doctrina de Platón. Aristóteles
se obligó religiosamente á observar las capi­
tulaciones que firmó , como después se dirá.
En la Académia de Astronomía se deter­
Cátedra de minó que Copérnico dictáse sus lecciones por
Astrono­ la mañana, y Tico-Brahe las dictáse por la
mia.
Copérnico. tarde. Keplero y Galileo quisieron tener cá­
Tico-Brahe. tedras en esta Académia; mas á Keplero se
di-

Reforma de
ciencias en
el mundo
lunar.

a l mundo V ia n et ario.

143

dixo , que habiendo sido exáminados sus es­
critos , se había hallado que parecían caxon
de Sastre ó vestido de Arlequin , en que las
Keplero.
piezas eran de diferentes colores; unas total­
mente nuevas , y otras viejas y desechadas:
no obstante , por sus descubrimientos le die­
ron honores de maestro. A Galileo se dió la
Galileo.
cátedra de Mecánica , y se le mandó que por
la pública paz , y por la propia honradéz observáse la palabra que dos veces había dado
de no mezclarse en la defensa de Copérnico;
y que para explicar sus lecciones leyese los
libros modernos. Hermanno Boerhaave fué Boerhaave.
hecho director déla cátedra de Química, con
cuya introducción la Académia Física parece
hoy ser la oficina de Vulcano. Roberto BoyBoyle.
le se encargó de perfeccionar la cátedra de
Física Experimental, y de fundar otra de Teo­
logía física que ha regentado Guillermo Derham , dictando buena parte de lo que había
publicado N ieuw entyt, á quien es inferior en
mérito. La cátedra de Metafísica quedó va­
Locke.
cante, hasta que se expurgasen y dirigiesen
las ideas de Locke. En la cátedra de Crono­
logía los honores se dieron á Josef Scalígero,
Petavio.
la propiedad á Dionisio Petavio , y á Usserio
el empléo de repetidor de la lección. A Atanasio Kircher se dieron las cátedras de Anti­
Kircher.
güedades egipcias , lenguas é instrumentos me­
cánicos para las ciencias , y las llaves de los
muséos. A Plinio se dexó la cátedra de la His­
Plinio.
toria N atural, y se ordenó que á los comen­
tarios que sobre ella habia hecho Juan Harduino, se añadiesen suplementos de nuevas obT 2
ser-

144
Via ge estático
servaciones. Sobre la cátedra de la Historia hu­
bo muchas disputas y pareceres discordes. A l­
gunos críticos peroraron eficazmente para que
de los inmensos volúmenes de la historia pro­
fana se arrancasen las innumerables páginas
que se consagraban á los grandes asesinos del
género humano con el título de conquistado­
res , y que á pocas de ellas se reduxese la es­
critura de los hechos verdaderos é instructi­
vos. Los mismos críticos pretendieron , que
á la ignorancia y á la perjudicial adulación
se quitáse totalmente la pluma que habían em­
puñado , para hacer no menos mal que ha
hecho la nueva institución de tropa militar,
inventada para destruir la patria. Se convino
finalmente, en que la cátedra de la Historia
se diese al Jesuíta Rapin, ordenándole que por
Rapin.
ahora dictáse solamente la instrucción que
había publicado sobre la historia principal­
mente profana, y que con la ayuda del Do­
Natal Ale- minicano Natal Alexandro , del Franciscano
P a gi, del Jesuíta Harduino, y de sus socios
landro.
llamados
los Bolandos, escribiese otra ins­
Pagi.
Harduino. trucción algo mas práctica sobre la historia
profana y eclesiástica.
Después de la reforma de éstas y otras
cátedras, y del establecimiento de algunas
nuevas, cuya relación omitimos por no ser
demasiadamente prolixos , pues que la empre­
sa de la reforma duró años, Aristóteles com­
pareció jurídica y legalmente para hacer sus
forzadas capitulaciones con la tumultuante es­
cuela de Des-Cartes. Fueron convidados mu­
chos sabios á esta función; algunos, como los
Je~

a l mundo V ianet ario.
145
Jesuítas, por política se escusaron de asistir;
y o tro s, como Galileo y sus discípulos , no
asistieron por miedo que tenían de los minis­
tros del templo. Finalmente, las capitulacio­
nes se firmaron por Aristóteles , el q u a l, se­ Aristóteles
gún ellas, podría dictar solamente en las cá­ firma capi­
tulaciones
tedras de Retórica, Poética, Etica y Políti­ con Des­
ca ; y dar algunas lecciones en la de Histo­ cartes.
ria Natural. Aun no se había secado la tinta
en el instrumento de estas capitulaciones,
quando se empezó á esparcir por el mundo
lunar con gran rumor , que había llegado á él
una colonia de Filósofos atraccionistas. Aris­ Arribo de
tóteles con esta noticia se puso un poco en una colonia
cuidado; mas los ministros del templo le di- de atraccio­
xeron que no tuviese ningún temor por la lle­ nistas al
mundo lu­
gada de la nueva colonia , porque toda era nar.
herética. Supo Aristóteles que cada dia llega­
ban al mundo lunar nuevas colonias de atrac­
cionistas , y que con ellas los Jesuítas venían
para ser maestros de la juventud ; y esta no­
ticia lo perturbó tanto , que determinó con­
sultar á los ministros del templo. Hácia éste
se encaminaba , quando una tropa de jóvenes
atraccionistas lo distinguió desde lexos; y gri­
tó diciendo: »Hélo allí: Aristóteles es: pí­
llalo/’ Aristóteles que oyó estos gritos, y vio
que entre los gritadores habia muchos mili­ Aristóteles
tares ( gente que él no habia visto antes en su huye corri­
Académia ) , aceleró el paso , queriendo man­ endo por te­
mor de los
tener su gravedad , que últimamente el mie­ atraccionis­
do le hizo perder, pues que empezó á correr, tas.
como un infante que huyendo del coco cor­
re mirando siempre detrás; y por esto cayó
tro-

1 46

Newton.

Castel.

Lanis.
Arribo de
Boscovich
con una co­
lonia al
mundo lu­
nar.

Viage estático

tropezando en los escalones del templo. Los
ministros de éste que habían salido , al oir el
ruido de la algazara que resonaba por las ca­
lles vecinas , vieron al perseguido y maltra­
tado Aristóteles, y prontamente lo introduxeron en su mas sagrado retrete, para que le
sirviese de asilo. Los superiores del templo,
sabiendo el asilo que á Aristóteles habian da­
do los ministros inferiores , declararon que tal
asilo no le valía; pero antes que los atraccionistas supiesen esta declaración, habian ya
cogido á Aristóteles, y al sacarlo del templo
habian reñido agriamente con los ministros in­
feriores que trataban de hereges á los atraccionistas, y estos á los ministros inferiores tra­
taban de paganos.
Mientras en el templo pasaba este tumul­
to de cosas, otra colonia de atraccionistas ca­
pitaneada de Newtón , que se dice ser Gefe
de todos ellos, fué á la Académia de Des­
c a rte s , quemó casi todas las obras de éste,
sino algunos tratados de pura matemática y
el de la lu z ; y encarceló todos sus Catedrá­
ticos. Cerca de dicha Académia los atraccio­
nistas encontraron al Jesuíta Luis Castel, le
hicieron que sin restricción mental juráse de
ser enemigo de Des-Cartes, y le fundaron una
cátedra con el título de novedades físicas, per­
mitiendo al Jesuíta Francisco de Lanis que en
ella dictáse algunas veces. Apenas los atrac­
cionistas de Newton habian arreglado sus cá­
tedras , quando apareció una colonia capita­
neada del Jesuíta Rogerio Boscovich, que ve­
nía vestido á la inglesa , con el hábito que en
Lon-

al mundo Vianet ario.
Londres le había regalado un newtoniano. La
colonia de Boscovich , que se componía de
Alemanes , Ungaros , Croátos , Dálmatas , al­
gunos Italianos, pocos Franceses y de muchos
Jesuítas de todas las naciones terrestres, pro­
puso á la newtoniana tratado de alianza , en
el que con la mayor paz y cortés urbanidad
se hiciesen capitulaciones honoríficas á las dos
partes. Se reusó la proposición por la mayor Contraste
parte de los atraccionistas newtonianos; y de la colo­
porque algunos de ellos se declararon dema­ nia boscovisiadamente por el partido de Boscovich, á és­ chiana con
te se ofreció la licencia de fundar cátedra se­ la newto­
parada para su colonia. Boscovich insistió di­ niana.
ciendo , que no convenia tener dos cátedras
para los atraccionistas, sino una sola con el
título de cátedra newto-boscovichiana ; y que
no admitiéndose este proyecto él haría todo
lo posible para destruir la cátedra newtonia­
na. Esta arrogante amenaza desagradó á mu­
chos ; y Boscovich , tímido por su natural,
aunque era de estatura gigantesca, huyó re­
pentinamente , teniendo los efectos dolorosos
de una riña , y jurando la venganza. En los
años pasados por estas regiones pasó con al­
gunos Cosmopolitas un amigo suyo, que, se­
gún su presencia, porte y vestido de Abate,
parecía Italiano , y según hemos sabido des­
pués , era Español, y nos ha dicho, que en
Roma encontró á Boscovich , su amigo , con
quien largamente habia discurrido de la doc­
trina de los atraccionistas; que Boscovich le
habia respondido , que habia conseguido del
Rey de Francia licencia para detenerse dos
años

148

Viage estático

años en el célebre observatorio , llamado de
Brera, que los Jesuítas tenían en M ilán, y
verificar, como esperaba, su sistéma con nue­
vas observaciones astronómicas; y que á los
quatro meses de estar en Milán cayó en en­
fermedad mortal. E l mismo Abate Español
nos añadió , que entre los terrícolas se em­
pezaba á descubrir y formar un buen parti­
do de indiferentistas sobre la atracción , los
quales pretendían, que desterrándose de la
astronomía todos los innumerables y casi in­
útiles cálculos , resultantes de las hipótesis
de las causas físicas , se reduxesen los ele­
mentos astronómicos á pocos y claros princi­
pios , que, como las reglas astronómicas de
Keplero , conviniesen con la observación , que
es el norte de toda ciencia física. Ultimamen­
te, el dicho Abate Español ha asegurado, que
en 50 años muchos de los terrícolas que ya
están establecidos en este mundo lunar, ha­
bían publicado sobre los elementos de los cuer­
pos terrestres tantos y tan diversos sistémas,
que las Universidades en que se enseñaban pa­
recían una nueva Babél, pues que en ésta no
se hablaron tantas y tan diversas lenguas, co­
mo son los sistémas físicos que actualmente
se explican en las Universidades de los ter­
rícolas.
Estas son , solar Magestad, las meras som­
bras del quadro , en que vivamente pintaría­
mos el lamentable y turbulento estado de las
ciencias , principalmente físicas , en las mo­
dernas Académias lunares que vos protegéis,
porque se han instituido para amplificar y
con-

a l mando P la n eta rio.
149
conservar vuestro imperio atraccional. Las
conseqüencias que de estos antecedentes se
infieren , y aquí se experimentan funestísimas,
nosotros no podemos referir sin hacer injuria
á vuestra solar perspicacia; mas para nuestro
desahogo permita vuestra solar clemencia,
que hagamos sobre ellas algunas reflexiones,
con que , implorando los deseados efectos de
vuestra providencia , darémos fin á vuestra
solar paciencia y á nuestra lunar súplica.
La doctrina de los atraccionistas , aunque
aparentemente útil á las ciencias físicas, á la
resplandeciente amplificación de vuestro solar
imperio , y al honor avasallado de vuestros
planetas y cometas, en realidad llena de con­
fusión y orgullo la fantasía de los que la es­
tudian , deshonra nuestro globo lunar, y ha Quexas de
los lunícodado motivo á nuevas opiniones , con que cier­ las contra
tamente vacilará vuestro imperio. Los atrac­ los atracciocionistas á este mundo lunar injuriosamente nistas.
dan el renombre de satélite ó siervo del glo­
bo terrestre, y esta servidumbre satelicia ó
alguacilesa fundan en una de las que llaman
leyes atraccionarias , según la q u al, la tierra,
por ser mas grande en masa y volumen que
la Luna , debe atraer á ésta. Gente tan mate­
rial infiere el dominio del mayor volumen ó
grandeza m aterial, 110 reflexionando que el
animal mayor lleva al menor, y que el ani­
mal mas corpulento es el que por la natura­
leza se destina al mayor servicio. Los terrí­
colas , no obstante de verse casi siempre en­
vueltos en densas nubes , no acaban de cono­
cer que su tierra era antes un cometa ofuscaParte II.
V
do,

150

Viage estático

d o , con la cola y cabellera de vapores , que
aún la rodean algo mas refinados, y que nues­
tra Luna es un planeta , en que siempre reynaron la serenidad y claridad. Su tierra, res­
pecto de nuestra Luna, es como la tiznada
chimenea , respecto de la luminosa llama que
la envia el humo.
De la orgullosa ignorancia de los terríco­
Quexas de las , solar Magestad , son parto las proposi­
los iuníco- ciones que contra el honor de este mundo lu­
las contra
nar , y el buen uso de la Medicina y Agri­
los Médi­
cultura
se leen en sus libros históricos y fí­
cos , Agri­
sicos. En estos se suponen sinónimas las pa­
cultores y
labras maniático y lunático ; y de esta falsa
Romancis­
tas.
suposición provienen los delirios de Ariosto,
que fingió en este mundo lunar una botillería
en que estaban guardados los sesos de todos
los terrícolas locos. El título de Caballero de
la Luna entre los terrícolas se da al mas famo­
so loco que entre ellos ha habido. Los Griegos
y Romanos suponían que la Luna era una
Diosa cazadora, llamada Diana: los Astróno­
mos de la China simbolizan la virtud de es­
te mundo lunar con un cuervo , una golon­
drina y una zorra ; y el vulgo Chino , en las
manchas lunares que ve , se figura una mona,
así como los Européos se figuran la carátula
de una vieja. Los Turcos creen , que la figura
de este mundo lunar es blasón que anuncia el
imperio universal terrestre de su despotismo
é irreligión. Del beneficio que este mundo lu­
nar hace de noche al terrestre , desterrando
de él la obscuridad, blasfeman innumerables
terrícolas , que de ésta se querrían valer pa­
ra

a l mundo V ia n et a ñ o .

15 1

ra obrar m a l; pues que los mas viciosos en­
tre ellos han introducido la moda de dormir
de dia y velar de noche.
Con la nueva física que amplifica y de­
fiende vuestro imperio atraccional , se creía
desarraygada la nociva superstición de la va­
na astrología ; mas la ignorancia de algunos
Médicos la ha hecho brotar de nuevo. Estos,
aprovechándose de las preocupaciones que ca­
si siempre reynan en el vulgo de los terríco­
las , cada dia , antes de visitar á los enfermos,
leen atentamente todas las circunstancias que
se notan en los lunarios; y con esta lección,
como si fuera de los aforismos del gran Hi­
pócrates , se instruyen para responder á las
consultas de los males que no saben curar.
Los enfermos, los achacosos y todas las mu*
geres no se acuerdan de este mundo lunar si­
no para blasfemar de él y maldecirlo, por­
que lo creen causa de todas sus indisposicio­
nes periódicas. La virtud de atraer , que en
este globo suponen los modernos Físicos , se
pinta por los. Médicos ignorantes , como vir­
tud simpática de hechizar á los terrícolas. La
falsa idea de esta virtud simpática , respec­
to de las producciones terrestres , hace que
en la Agricultura se desatienda el beneficio de
vuestros influxos solares; y que atribuyan á
los que los terrícolas fingen pestilenciales en
este globo lunar , las malas simienzas y peo­
res cosechas, que provienen de su ignorancia
y holgazanería.
La dicha física atraccionaria para los ter­
rícolas , según su parecer , ha sido como una

V2

lia-

152

Viage estático

llave maestra , que les abre y franquea las
puertas de los mas ocultos retretes de la na­
turaleza , en donde se figuran haber hallado
Quexas de el archivo en que están los anales y aun los
los luníco- diarios históricos del origen de los progresos,
las contra
y de los fines de todas sus obras , y de las
los Físicos
intenciones del Suprema Hacedor en hacerlas.
modernos.
Nosotros, solar Magestad , admiramos en los
terrícolas un abismo de delirios sin fondo , y
lleno de contradicciones. Ellos , para que co­
nozcamos la ignorancia delirante de sus pri­
meros Filósofos , nos muestran las vidas que
de estos escribió Diógenes Laercio, y el tra­
tado que de sus opiniones compuso Plutarco:
leemos estas obras , y confesarlos ser justa
la opinión que de sus primeros Filósofos tie­
Inferencia nen los terrícolas : leemos después las obras
entre los Fí­ de sus Filósofos modernos, y en éstas, res­
sicos moder­ pecto de las antiguas, no hallamos mas di­
nos y anti­ ferencia , que la que hay entre los delirios de
guos.
un Pastor y de un Militar. Si suponemos de­
lirantes un Pastor y un Militar : éste en sus
delirios hablará de reseñas , de exercicios de
infantería y caballería, de espadas, de ca­
ñones , de trincheras , baluartes , y de otras
semejantes materias del arte militar. El Pasr
tor en sus delirios hablará de ovejas , cabras»
corderos, cabritos , leche , queso , perros, lo­
bos , majada , y de otras cosas semejantes y
propias del oficio pastoril. Los Filósofos an­
tiguos hablaban de los elementos que veían,
y de algunas propiedades simpáticas que en
ellos se fingían y querian simbolizar con nú­
meros ó con simples figuras geométricas; y

al mundo Vianet ario,
los Filósofos modernos instruidos en el cálcu­
lo del álgebra , en la aplicación de ésta á la
geometría rectilínea y curvilínea, en la in­
vención de los logaritmos , del cálculo infini­
tesimal y de nuevas hipótesis físicas, deliran
vistiendo sus delirios con las nuevas ciencias
que han aprendido. Vuestra solar Magestad
se puede figurar la locura de Don Quixote,
y la de su Escudero Sancho Panza : este cria­
do ignorante y su amo letrado , eran igual­ Los delirios
mente locos. Si las locuras de los modernos sistemáticos
Se despojan de la inútil pompa de los cálcu­ de los mo­
los, en su desnudéz aparecerán semejantísimas dernos físi­
á las de los antiguos. Si no temiésemos pro­ cos se dis­
vocar vuestro solar enojo y cólera , con men­ tinguen de
los delirios
gua de vuestro resplandor , la que resultaría de
los anti­
en daño de este globo lunar , nos atrevería­ guos físicos
mos á indicar á vuestra solar Magestad las solamente
modernas opiniones inventadas para introdu­ en el cálcu­
cir otra vez en la física los romances, que en lo algebráyla infancia de ella inventó la filosofía vulgar. co.
Nosotros os referiríamos largamente el sistè­
ma de un Telliamed, que supone haber sido Físicos ro­
la tierra dos veces ensalzada á la dignidad de mancistas.
Magestad solar : os contaríamos una por una
las épocas de la naturaleza que soñó Buffon,
afirmando, que de un impulso ó golpe que re­
cibió vuestra solar Magestad (atentado inau­
dito ) , se desprendió de vuestro solar cuerpo
una parte seisciento-cincuentésima , con que
se formaron la tierra y los demás planetas:
os diríamos.. . Mas perdonad , solar Mages­
ta d , estos rasgos que la pluma porsi misma
ha tirado contra nuestra intención de no irn-

i £4
Viage estático
ritar vuestra solar cólera, con la relación de
opiniones destructivas de vuestra soberanidad.
Las que por nuestra inconsideración , ó por
precipitada escapada de la pluma se han es­
crito , bastan para que conozcáis el ignoran­
te orgullo de los terrícolas , que siendo inca­
paces de conocer lo que ven , pretenden sa­
ber lo que sucedió en el principio del mun­
do , quando en él no había criatura alguna
- que lo viese , ni lo pudiese contar. Tened la
clemencia solar de no inquietaros, y con ella
medid y sondead, si es posible , el fondo del
orgullo terrestre, y el daño que en las cien­
cias causarán tan temerarios romances. En
estos, la tierra se hace vuestra hija: ¿quanf do la luz (que sois vos) parió tinieblas? Si
hoy los terrícolas celebran los romances en
que la tierra se dice ser hija vuestra , ¿ por
qué se rien de la historia del Perú , en que
se refiere que sus Emperadores los Incas se te­
nían á sí mismos, y eran tenidos por verda­
deros y legítimos hijos del Sol ? Así se lla­
maron antiguamente muchos Reyes de Egip­
to , y hoy se llaman los terrícolas Empera­
dores de Turquía , de la Persia , del Mogol
y de la China , que son señores de medio glo­
bo terrestre.
Nosotros , solar Magestad , no debemos
Químicos y abusar mas del sufrimiento de vuestra clenaturalis— rnencia : por lo que no nos atrevemos á detas*
jcir , que en pocos años un exército de nue­
vos químicos y naturalistas ha esparcido so­
bre todo el estudio de la física un nublado de
nuevas experiencias , observaciones y reflexio­
nes,

al mundo Vianet arlo.
155
n é s , con que parece haberse reducido toda la
naturaleza al antiguo caos , de que salió por
mando del Supremo Hacedor. Desde que en
las Académias de este mundo lunar aparecie­
ron las modernas obras de los proyectistas
Des-Cartes, Burnet, Leibnitz , Wiston , Rui,
Woodivard , Hook , Moro , Maillet , Bourgu et, Buffon , & c. y de los naturalistas Linneo , Cronstedt, Ferber, Borgman, Scheele,
Hassequil, W allerio (estos siete son de la fria
Suecia ) , Black , Crawford , Eller , Hencke,
Jacquin , Juncker , Macbride , Meyer , Kraszenstein , Luc , Pristley, Teichemeyer y tan­
tos otras, que no nombramos por no incluir
aquí un vocabulario de apellidos , las Acadé­
mias de las ciencias se han convertido en es­
cuelas de tumultuantes griterías y seducentes
ilusiones, ó en Universidades Babélicas, co­
mo decia el Abate Español, de que antes hi­
cimos mención. Para remedio de estos males,
nosotros, implorando vuestra providencia so­
la r, os estimulamos á ella con las dos siguien­
tes reflexiones, que darán fin á nuestra sú­
plica.
Solar Magestad, es verdad notoria que el
Peticiones
gorro , por mas viejo y destrozado que sea, no de los luníse^one sino en la cabeza; y que los zapatos, colas.
por mas nuevos que sean , no se meten sino
en los pies. Nosotros , pues , somos los amos,
y la cabeza del mundo lunar : los terrícolas
forasteros son los siervos y los pies , por lo
que nosotros hemos de mandar, y ellos de­
ben solamente obedecer.
Es verdad asimismo notoria, que es me­
nos

1 5ó
Fiage estático
nos nociva la ignorancia , que la preocupa­
ción ; porque el ignorante no conoce la ver­
dad , y el preocupado defiende la falsedad;
y es menos mal dexar de hacer bien , que
obrar mal. Quien no sabe ninguna ciencia, es
un ignorante : quien solamente sabe los ro­
mances de las ciencias, es un preocupado : el
ignorante de la verdad está dispuesto á co­
nocerla siempre que la o y g a : el preocupado
al conocimiento de la verdad opone el obstá­
culo de la falsedad. Por tanto , dilatándose
desmedidamente el imperio de la preocupa­
ción en las ciencias , por lo perteneciente á las
naturales y profanas, que á vuestra jurisdic­
ción. se sujetan (reservándonos el derecho de
acudir sobre las eclesiásticas y sagradas á sus
respectivos tribunales), pedimos y suplica­
mos á vuestra solar Magestad se digne dar la
mas eficaz y pronta providencia , ordenando,
que personas sólidamente instruidas en ellas
elixan y determinen en suficiente numero las
obras que se puedan enseñar en las Acade­
mias , y prescriban el modélo de las qiiestiones disputables en éstas. En este modélo no
se determinarán el número , ni la calidad de
las qüestiones disputables, porque esta deter­
minación cortaría las alas al ingenio paradolar por las regiones que hasta ahora quizá no
son conocidas; mas solamente se indicarán las
qüestiones que no se deben disputar , y las
que se deben tratar histórica y superficial­
mente.
Con estas pocas luminosas providencias,
-Vuestra solar Magestad desterrará de las Acadé-

al mundo Vianetario,

démias el tenebroso imperio de ignorancia y
preocupación , y nosotros los lunícolas , avasalladamente siempre contenidos en los lími­
tes de la jurisdicción de vuestra luz , y del
poder que llaman de vuestra atracción , reconocerémos eternamente los benignos influxos de la necesaria natural clemencia de vues^
tro inmenso globo, á cuya circunferencia que­
damos humildemente postrados.
Magestad solar , después de haber escrito -p
y sellado esta nuestra humilde súplica , tu- * *
multuariamente han llegado á este mundo lu­
nar muchas colonias celto-gálicas, compues­
tas por la mayor parte de la soez del vulgo,
las quales, después de su llegada, furiosa­
mente se encaminaron al templo y á la Académia de las cátedras ético-políticas de Confucio , Platón y Aristóteles ; y según confu­
samente oímos en este momento , en que to­
do el mundo lunar se halla alborotado é in­
quieto, el vulgo, capitaneado de algunos ter­
rícolas fanáticos, hace tantos estragos, quantos pasos da. Aristóteles , desesperado ya de
poder hallar asilo en los ministros inferiores
del templo que ignorantemente le favorecían,
por desesperación se ha echado y ahogado en
el mar. Platón se ha retirado y fortificado
en su ciudad , llamada platónica ; pero difí­
cilmente se podrá defender en ella, si no vie­
ne gran exército en su ayuda. Confucio, ha­
biendo tenido varias conferencias con el es­
píritu familiar de Sócrates , ha determinado
no abandonar su Académia, con la esperan­
za de poder hacer treguas ó capitulaciones
Parte II.
X
con

158
V ia ge estático
con las nuevas colonias. Estas centelleantes
noticias hemos juzgado indicar á vuestra so­
lar Magestad , reconociéndonos siempre avasalladamente postrados á la circunferencia de
vuestra inmenso circular volumen.
Esta e s , Cosmopolita mió , la súplica que
.¿tos lunícolas pocos meses há enviaron al Sol:
conozco que la has oído con placer , pues que
la muchedumbre de sus deleytables noticias
ha tenido como encantadas tu fantasía y aten­
ción , sin dar tiempo á tu reflexión : ahora no
te abandones á ésta , dando lugar á las du­
das sobre la verdad ó falsedad de lo que has
oído : aquieta tu fantasía, suponiendo que es
verdadera la relación que de la súplica lunar
te he hecho. Al empezarla tuve presentes cier­
tas proposiciones de Luciano, con la que le
quise dar principio , valiéndome de ellas, co­
mo de un exordio propio de la historia que
te he contado ; mas ya que para empezar la
relación
no cité las dichas proposiciones, no
Prefacio in­
será ahora cosa intempestiva citarlas. Debes
signe de
Luciano á saber que Luciano escribió un tratado ( com­
su historia puesto de dos lib ros), con el título (1) de
verdadera.
Verdadera historia ; y lo empieza así: »Ctésias Gnídio escribió $e los países de los Indios
cosas que él no vió , ni oyó de otros. Jámblico escribió también del gran mar cosas admi-

(1)

L u cian o , en el segundo tomo citado,

<t\y§r,rjq lirTcpucg Áoycs zrpáJTeg zz num.

pág. 7 1 ,

3 > & c*

al mundo Vianetario,
159
mirables, fingiendo mentiras claras á todos,
y asuntos que no desagradaban á todos. De la
misma manera otros muchos han escrito sus
viages, siendo xefe y maestro de ellos Ulises. . . . Y o , pues, deseoso también de esta
pequeña gloria , deseando dexar algo á la pos­
teridad , y por no privarme de la libertad de
fingir , ya que no podía contar nada verda­
dero , acudí á la mentira que será mucho
mas razonable que las mentiras de otros ; pues
que desde luego digo una cosa ciertamente
verdadera , y es , que miento : por lo que me
parece que evito toda criminalidad sobre las
noticias que diré ; pues que confieso que no
cuento cosa verdadera.” Admirable e s, Cos­
mopolita , este pequeño exordio de Luciano;
pero su gran m al, como nota Gabriel Daniel
en la idea preliminar y general de su viage
al mundo de Des-Cartes, es , que no se pue­
de usar dos veces, y que empieza á parecer
muy usado luego que dexa de ser nuevo ; y
se llama hurtado , quando se usa dos veces.
Esto sucede á todas las cosas que no pueden
ser imitadas, sin que se conozca su imitación,
porque su singularidad las ha hecho muy no­
torias. Y o , pues, no pretendo hurtar nada
á ninguno , ni aun sus pensamientos ; aunque
el hurto literario no se prohíbe, sino sola­
mente se prohíbe la mentira de los que ha­
biendo hurtado algún pensamiento, lo venden
como producción propia : pretendo solamen­
te , Cosmopolita m ió, tu mejor instrucción
en todo lo que te digo , como producción pro­
pia , ó que te refiero producido por otros.
X2
Cor-

16o
V i a g e e s tá tic o
Cortemos ya el hilo á estas reflexiones , dan­
do fin á la larga digresión que hemos hecho,
pues que puntualm ente nos hallamos ya casi
tocando á M ercurio , cuya presencia llam a
nuestra mas. atenta observación : no p erd a­
mos tiempo en hacerla.
§■

n ..

M o v im ie n to d e M e r c u r io a l r e d e d o r d e l S o l
y s o b r e su exe*,

,

T ^ L prim er fenómeno que en la observa1 y cion de M ercurio llama nuestra atención,
es el de su movimiento ó el de la órbita , que
recorre moviéndose al rededor del Sol. Las
noticias que desde tiempo inmemorial h alla­
mos entre ¡os Egipcios sobre la órbita que á
Su órbita M ercurio señalaban y que los modernos Asconocida trónom os han descubierto conform e á la observacion , son el documento mas c ierto , que
por los a n ­
tig u o s.
á mi parecer se tiene de la perfección á que
la astronomía habia llegado en la. mas rem o­
ta y aun obscura antigüedad. La órbita que
M ercurio realmente describe al rededor del
S o l, no se puede determ inar con observacio­
nes vulgares por los terrícolas. Estos , desde
el principio del m u n d o , creyendo á la simple
apariencia de los astros que descubría con la
simple vista ; único sen tid o , é intérprete sen­
sible del movimiento de e llo s, ju zg aro n , que
el Sol en re a lid a d , como se veía en la apa­
riencia , se movía rodeando á la Tierra. Juz­
garon lo mismo de M ercurio , Venus , y de
los
M o v im ien ­
to d e M er­
cu rio.

al mundo "Planetario.
16 1
los demás planetas, y viendo algunas veces á
Mercurio y Venus entre el Sol y la Tierra-,
los creyeron siempre mas vecinos á ésta, que
el Sol. La perspicacia de los Egipcios , dice
Macrobio ( i ) , llegó á conocer que Mercurio
y Venus se movían al rededor del S o l, y
que al llegar á la parte inferior de su círcu­
lo debian estar entre el Sol y la T ierra, y
estando en la parte opuesta ó superior del
círculo , debian aparecer mas altos que el
Sol.” Macrobio (con quien parece convenir
Platón, en el diálogo intitulado Epinómides)
supone, que el dicho sistema fuese propio de
los Egipcios ; mas Rambam , Egipcio, indica
claramente, que este sistema era común en;tre los antiguos sabios. Hé aquí sus palabras,
que Kircher cita (2) en el original texto he­
breo. «Sabed , dice , que sobre las esferas de
Venus y Mercurio hubo controversia entre los
antiguos Matemáticos; esto e s , si estaban so­
bre ó debaxo del Sol. Aunque no hay demos­
tración de la situación de estas esferas ; no
obstante , la opinión de todos los antiguos fué,
que estas estaban sobre el Sol. Vino después
Toloméo , y las puso debaxo del Sol. . Sea
lo que fuere, lo cierto es ,.que todos los pri­
me-

(1) Macrobio, in somnium Scipionis , lib, 1.
cap. 19.
(2) Athanasii K.irchei‘ii e Soc. J. Prodrcmus
coptus, sita egypíiacus. Ronirt 1636. 4. cap.
V I. pdg. 267,

Sistèma
egipcio so­
bre la órbi­
ta de Mer­
curio y Ve­
nus

El dicho sis
téma egip­
cio fué co­
mún entre
los anti­
guos,.

IÓ2
V ia ge estático
meros sabios pusieron á Venus y Mercurio
sobre el Sol.” Platón defendía esta misma opi­
nion , como claramente lo dicen Macrobio y
Plutarco (i) ; y este último añade , que algu­
nos Matemáticos asentían al sistèma platóni­
co. De la misma opinion fueron Vitruvio (2),
y Marciano (3) Mineo Felix , llamado por so­
brenombre Capela. Beda enseñó esta opinion
y la de Toloméo , que debia prevalecer en
su tiempo , y que hizo casi olvidar la egip­
cia , hasta la resurrección del sistèma pita­
górico que hoy llamamos copernicano ; por­
que hasta esta época las obras de Toloméo
habían sido casi el único ajuar de la astro­
nomía. Esta se empezó á perfeccionar desde
el tiempo de Copérnico , y no se conoció po­
sible ninguna perfección sino suponiéndose,
que Mercurio y Venus giraban al rededor del
Sol , como defendieron Copérnico y TicoBrahe, en sus respectivos sistémas astronó­
micos. Con la publicación ó resurrección de
es-

(1) Macrobio citado. Plutarco de las Opinio­
nes de ¡os Filósofos , en el lib. 2. cap. 15. Riccioli en su Almagesto citado (en la pág. 74 del
primer tomo de esta obra), vol. 2. lib. 9. sec.
3. cap. 3. pág. 280. declara bien el sistéma astro­
nómico de Platón.
(2) M. Vitruvius Pollio de Architectura,
lib. 9. cap. 4.
(3) Mart. Min. Felic. Capella de nuptiis
Philologiae , ¿r Mercurii, lib. 8.

al mundo "Planetario.
163
estos, en la escuela astronómica aparecieron
dos partidos de Autores que discordando , en
suponer quieta ó movible la tierra, convenían
en afirmar , que Mercurio y Venus giraban
al rededor del Sol y no de la Tierra , é im­
pacientemente deseaban , que alguna observa­
ción astronómica del paso de Mercurio y de
Venus por delante del Sol verificáse la realidad de las órbitas, que suponía la conjetu­
ra en estos planetas, moviéndose al rededor
del Sol. Keplero , á quien la moderna física
astronómica reconoce como á único arquitec­
to de los primeros fundamentos , sobre que
se ha fundado , pensó seriamente en determi­
nar la época del deseado momento , en que el
atento y perspicaz Astrónomo vería pasar
delante del Sol á Mercurio y Venus ; pero en
el 1622 , en que publicó el segundo tomo de
su compendio de astronomía , no habia aún
fixado bien sus cálculos, pues que d ic e ( i) :
»En nuestro siglo Venus no puede eclipsar ó
pasar por delante del Sol ; y Mercurio. . . .
rara vez se acerca tanto al S o l, que llégue á
pasar por delante de él.” Keplero debió co­
nocer después que el paso de Mercurio y Ve­
nus no era fenómeno tan raro , como habia
dicho en el compendio de la astronomía : re­
flexionó mas atentamente sobre las órbitas y
so(1) Keplero: Epitome Astronomía ( obra ci­
tada en la pág. 21 1 del primer tomo de esta obra),
lib. 6. cerca del fin , pág. 897.

1 64

V i age estático

sobre el movimiento de Mercurio y Venus,
y después de haber arreglado sus tablas, lla­
madas Rudolfinas , según las observaciones de
Pronóstico Tico-Brahe , publicó en Leipsik el año 1629
de Keplero. un aviso á los Astrónomos sobre los fenóme­
nos que sucederían en el año 16 31 ; esto es,
sobre el paso de Mercurio y Venus por de­
lante del Sol. E l pronóstico se recibió con
admiración , y se verificó (1) en parte , por­
que á 7 de Noviembre de dicho año Gassend o , en París ; el Jesuíta Juan C y sa ti, en Inspruk ; y Juan Remo Quietano , en Rufat de
la Alsacia (2 ), vieron pasar á Mercurio por

de(1)
Keplero en Leipsik el 1629 publicó el
siguiente aviso : Admonitio cid Astrónomos de
m iris anni 1 6 3 1 phcenomenis ) J^encris pu ta , &
JMercurii In solem incursa. Ninguno observó , y
ni quizá pudo observar el paso de Venus delan­
te del Sol en el 1 6 3 1 , pues que á 6 do Diciem­
bre de este año , á ias í 8 horas , menos 4 minu­
tos , según los cálculos de Trebucher sobre las
tablas astronómicas de La Lande , por la diferen­
cia de un minuto de latitud Venus no debió pa­
sar delante del limbo solar. E l primer paso de
Venus (no pronosticado por K ep lero) delante
del Sol , que se ha observado , fué en el 1 639
á 4 de Diciembre , á las horas 6 , y minutos 18.
Se observó en Inglaterra este paso.
(2) Veanse la carta de Gassendo á Schickard,
intitulada : Mercurius in solé visus ; y La-Lande,
Astronomice , n. 2006. Dícese , que el paso de

Mer-

al mundo "Planetario.
165
delante del Sol. Esta observación del primer
paso de Mercurio delante del Sol que habian
visto los terrícolas , sirvió de fundamento pa­
ra establecer la teórica del movimiento y de
la órbita del mismo Mercurio. En orden á és­
Estableci­
ta , los Astrónomos desde luego conocieron miento de
que no podía ser circular , porque en toda la órbita de
ella no se podian señalar tres puntos , que Mercurio.
distasen igualmente de otro punto interior ó
cen tral; lo que necesariamente debia suceder
si dicha órbita fuese círculo ; pues que en és­
te todos los puntos de su circunferencia dis­
tan igualmente de un punto interior, que lla­
mamos centro. Al mismo tiempo notaron los
Astrónomos , que fingiendo ó suponiendo la
situación de una elipse (en uno de cuyos fo­
cos estuviese el S o l) por los varios puntos
celestes, en que se observaba estar succesivamente M ercurio, se hallaba convenirla di­
cha elipse con la órbita de Mercurio. Notóse
en ésta , que su centro distaba (1) mucho del
punMercurio se observó también en Inglostad por
un Astrónomo. Averroes (La-Lande, Astrono­
mía , n. 2000.) juzgó haber visto á Mercurio
delante del Sol : Keplero y Galileo se figuraron
también haberlo visto delante del Sol con la sim­
ple vista ; lo .que parece increíble por la peque­
nez del diámetro de Mercurio , el qual no apa­
rece mayor que de 12."
(1) La distancia entre el centro de la órbita
y sil foco se llama excentricidad.
Parte I I .
Y

166

Via ge estático

punto ó foco en que estaba el Sol. De estas
observaciones se infiere , Cosmopolita , que si
imaginamos pasar una linea por el Sol, y por
los dos puntos opuestos, en que Mercurio es­
Diámetro tá mas cercano y mas distante del Sol (esto
de la òrbita es, por los puntos de su afelio y perielio),
de Mercu­ hallarémos que dicha recta ó linea tiene^ de
rio,
largo veinte y seis millones de leguas; á la
mitad de éstas corresponderá el centro de la
elipse ú órbita ; y el Sol se hallara a dos mi­
llones y setecientas mil leguas de distancia
hasta dicho centro. Según este cálculo se in­
ferirá , que distando el Sol dos millones y se­
tecientas mil leguas de la mitad de dicha li­
Distancia nea , ó del centro de la órbita ; Mercurio,
desde Mer­ quando mas remoto del S o l, distara de éste
curio hasta quince millones y setecientas mil leguas , y
el Sol.
quando mas vecino al Sol distara diez millo­
nes y trescientas mil leguas; esto es , unas
veces distará del Sol cinco millones y quatrocientas mil leguas menos,, que otras. Asimis­
mo si observas con atención , Cosmopolita,
el rumbo de Mercurio por su órbita, desde
luego conocerás que esta hace con la eclípti­
ca un ángulo de siete grados.
^
Tarda Mercurio en recorrer su órbita
Irregulari­
dad del mo­ ochenta y siete dias , veinte y tres horas,
vimiento de quince minutos y treinta y siete segundos;
Mercurio.
esto e s , á cada dia corresponde que camine
Mercurio en su órbita quatro grados , cinco
minutos de grado y treinta y dos segundos;
y en efecto, Mercurio caminaría_diariamen­
te los dichos grados , si su movimiento fuera
uniforme ; mas es tan vário , que unos dias
ca-

al mundo Vianetario.

16?

camina mas, y otros camina menos; y esta
desigualdad de movimiento es tan grande, que
algunas veces Mercurio llega á distar cerca
de veinte y quatro grados de aquel sitio en
que él estaría (i) , si su movimiento fuera
siempre uniforme. Esta gran desigualdad (tan
notable no se advierte en los demás planetas)
ha hecho , que los Astrónomos terrícolas se
fatiguen no poco en determinar los fenóme­
nos de Mercurio. A esta dificultad se añade
otra no pequeña, y es, que Mercurio, por es­
tar tan vecino al Sol, solamente se dexa ver
desde la tierra por poquísimo tiempo , y siem­
pre ó al empezar la aurora , ó quando aun
dura el crepúsculo por la noche. No obstan­
te de aparecer Mercurio á los terrícolas en­
vuelto en la claridad solar, algunos de ellos,
como Keplero y Rheita , llegaron á distinguir Manchas de
en él algunas manchas , y por su movimien­
to infirieron su rotación, ó que daba una suMercurio,
rotación
vuelta sobre su exe en seis horas, que vie­ y dia natu­
nen ral.
(i) Llámase generalmente equacion en la as­
tronomía la diferencia que hay entre una canti­
dad actual, y el valor que tendría la misma can­
tidad si creciese uniformemente. Esto es , si el
movimiento de Mercurio fuera uniforme , Mer­
curio en 6 dias caminaría poco mas de veinte y
quatro grados y medio ; mas sucede que tal vez
en 6 dias camina treinta grados y medio : esta di­
ferencia de seis grados se llama equacion de Mer­
curio.
Y2

168

Vidge estático

nen á formar el día natural en el mismo Mer­
Año de curio. El dia verdaderamente es cortísimo;
Mercurio. mas corresponde en algún modo al año de
Mercurio , que , como te he dicho , es casi de
88 dias terrestres; esto es , el dia mercurial
es una quarta parte del terrestre , así como
el año terrestre es poco mas que quatro ve­
ces mayor que el año mercurial. Un dia na­
tural tan corto , que entre noche y dia du­
ra solamente seis horas, sería bueno solamen­
te para los terrícolas recien-nacidos , los quales en los primeros meses no suelen estar des­
piertos sino dos ó tres horas.

§. i i i .

,

Grandeza de Mercurio su luz y calor,
E he dado brevemente Cosmopolita no­
ticia de la órbita de Mercurio , de su
movimiento anual por ella, y de su rotación
diaria : pasemos ahora á contemplar la gran­
deza del planeta , su masa , y la luz y calor
que recibe del Sol, que le está mas inmedia­
to que á ningún otro planeta ; y empezando
á considerar su grandeza , ésta no deberá cau­
sarte admiración , pues que venimos de visi­
Mercurio es tar el Sol, en comparación del qual, Mercu­
menor que rio es como un grano de arena , respecto de
el Sol una gran torre , supuesto que éste es menor
,
que el Sol veinte y un millón de veces. Por
veces.
esta razón Mercurio te parecerá de una pequeñéz despreciable. A la verdad , la costumbre
de ver cosas grandes nos hace muchas veces
creer,

T

2 1 0 0 0 ,0 0 0

,

,

al mundo Vianetario,

169

creer , que muchas cosas son mas pequeñas
de lo que en realidad lo son. Así al que ha
salido de una gran Ciudad, en que haya es­
tado mucho tiempo, las Ciudades menores
parecen aldeas, las casas de éstas se le figu­
ran como otras tantas chozas , y las puertas
y ventanas le parecen troneras. Por esto los
viajantes terrestres suelen dexar para lo últi­
mo de su viage la Ciudad de Roma , persua­
diéndose, á que si empezasen sus viages después
de haber visto las grandezas Romanas , nada
encontrarían que les pareciese grande. Noso­
tros por el contrario hemos empezado nues­
tro viage desde lo mas grande que hay en el
mundo planetario; mas no por esto dexarémos de admirar cosas verdaderamente pere­
grinas y maravillosas que no hemos visto en
el Sol. Además de esto , en el harmónico sistéma y admirable mecanismo de los cuerpos
planetarios , pedia el buen orden que empe­
zásemos desde el S o l, desde el qual, como
has visto, se forma una simple y clara idea
de quanto aparece en este mundo, y ha de
ser objeto de nuestra contemplación.
M ercurio, pues (volviendo á hablar de su
grandeza ó volumen), es casi' 27 veces me­
nor que nuestra tierra. Un planeta como Mer­
Volumen
curio , sería pequeño para mantener la po­
de
Mercu­
blación terrestre ; pues que la superficie ter­
rio.
restre es casi nueve veces mayor que la de
M ercurio; y aunque en la tierra una mitad
de la superficie esté cubierta de agua, dé l a
superficie descubierta, la mitad á lo menos está
habitada* Mas aunque Mercurio es casi 27 ve­
ces

170
Via ge estático
;ces menor que la tierra, se distingue de ésta,
y aun de todos los demás planetas , en la den­
Su densi­
dad.
sidad de su materia ; pues que se conjetura,
que su masa sea mucho mas densa que la de
los demás planetas. Quiero decir : si hacemos
de la masa ó materia de Mercurio una bola
igual en volumen á otra de tierra , hallarémos , que en la bola de masa mercurial en­
tra dos veces á lo menos mas materia, que se
hallará en la otra bola igual de tierra. Esta
diferencia es t a l , que la materia de doscien­
tos y tres pies cúbicos de masa mercurial den­
sificada tanto, quanto es la terrestre, ocupa
solamente el espacio que ocuparía la mate­
ria de cien pies cúbicos de tierra : de donde
se infiere , que si la masa de Mercurio fuera
tan rara como la terrestre, el volúmen ó gran­
deza de Mercurio sería á lo menos doble ma­
yor de lo que es ahora. Asimismo, porque la
ligereza con que los cuerpos caen sobre la su­
Celeridad
de los gra­ perficie terrestre, y sobre la superficie de qualves que ca­ quier planeta , es proporcional en algún mo­
en sobre la do á la masa del cuerpo en que caen , se in­
superficie
fiere , que un cuerpo dexado caer sobre la
de Mercu­ superficie de Mercurio, en un minuto segun­
rio.
do caminaría doce pies y medio. Esto es de­
cirnos , que en Mercurio pesaría doce libras
Peso de los
y media, lo que en la tierra pesa quince li­
cuerpos en
bras
(1). Mala cosa sería , Cosmopolita, esta
Mercurio.
di(1) Las masas de los planetas divididas por
sus grandezas, dan las densidades; y las mismas
nía*

al mundo Vianetario.,

i? i

diferencia de peso para nuestros terrícolas, si
quisieran comerciar en M ercurio, pues que
después de una navegación ó viage tan lar­
go , perderían mucho en sus mercaderías , ó
deberían venderlas carísimas.
Distínguese Mercurio de los demás plane­
Luz y calor
tas no solamente en su mayor densidad, sino de
Mercu­
también en su mayor luz y calor. La cerca­ rio.
nía del Sol hace , que en Mercurio la luz y
calor sean mayores que en ningún otro pla­
neta. La luz es aquí tan activa que los ter­
rícolas apenas podrían sufrirla, y quizá se ve­
rían obligados á hacer la vida de morciégalos;
pues que la luz aquí llega á ser (i) once veces
mamasas divididas por los quadrados de los semi­
diámetros, dan. la gravedad que cada cuerpo tie­
ne en la superficie de un planeta. Segun esta re­
gla , sabiendo la densidad y gravedad terrestre,
fácilmente se determinan la respectiva densidad
y gravedad en qualquier planeta.
( i ) L a densidad de la luz y del calor dis­
minuye en razón duplicada de las distancias has­
ta el Sol : de aquí es , que siendo las distancias
medias de la Tierra y Mercurio hasta el S o l, co­
mo los números loo y 3 S ; la luz y el calor en
la Tierra serán tanto menores que en Mercurio,
quanto el quadrado de «loo excede al quadrado
de 38 ; esto es , serán menores cerca de siete ve­
ces ; mas si hacemos la comparación quando M er­
curio está en su perielio , ó mas vecino al Sol,
entonces serán, menores once v eces, pues que en

ij/2
V i age estático
mayor que la luz que los terrícolas tienen en
estío. El calor en Mercurio es correspondien­
te á la luz : de donde se infiere , que aquí sue­
le hacer once veces mas calor que hace en
la tierra en tiempo de verano. E l calor que
es once veces mayor que el terrestre en es­
tío , será mas de una vez y media mayor que
el calor que tiene el agua hirbiendo ; ó para
hablar con mayor exactitud , si suponemos de
34 grados el calor del agua hirbiendo ( i ) , el
de Mercurio será de 55 grados. Con este exemplo práctico inferirás , Cosmopolita , que si en
M ertal caso la distancia media de la Tierra es á la de
Mercurio como 34 á 1 0 ; y el quadrado de 34
comprende mas de once veces al quadrado de 10.
( 1 ) Newtón (^Princip. mathem. lib. 3. prop.
8. cor. 4 .) dice haber hallado por experiencia,
que el agua herbía con un calor siete veces ma­
yor que el de estío. En las Transaciones filosó­
ficas ( núm. 27o .) se pone una escalad tabla de
los grados de calor, y en ella se nota el calor
de estío como 5 , el calor natural del cuerpo hu­
mano como 1 2 , y el calor del agua hirbiendo
como 34 : de donde se infiere , que este calor es
casi siete veces mayor que el de estío ; pues que
5 multiplicado por 7 da 35. Véase Philosophiee
naturalis principia mathematica Isaaci 'Neiuto-

nis commentariis illustrata studio P P . Thoma
Le-Seur , & Franc. Jacquier ex Minimor. fa m i­
lia. Geneva 17 4 2 . 4. vol. 4. en el vol. 3. lib. 3.
prop. 8. n. 68. p. 52.

al mundo Vianetario.

1^3

Mercurio estuvieran los mares terrestres, lue­ Los metales
go toda su agua se disiparía y convertiría en se derreti­
con el
vapores. Mas ¿ qué digo yo el agua ? los me­ rían
calor natu­
tales terrestres se derretirían aquí, y con su ral de Mer­
líquido corriente formarían rios de agua, co­ curio.
mo los terrestres. Siendo tan fuerte el calor­
en Mercurio , me parece , Cosmopolita , que
era necesario suponer su masa mas de once
veces mas densa que la terrestre ; esto es, que
el volúmen de cien libras de peso en la tier­
ra pesáse aquí mil y cien libras ; de esta ma­
nera se podría entender de algún modo, que
este planeta resistiese á los ardores del Sol,
sin derretirse ó deshacerse. A la verdad , si
todo el cuerpo de Mercurio no es duro co­
mo un diamante, no se concibe facilmente,
cómo un calor tan grande no levanta vapor
alguno de su masa. Nosotros vemos que es­
te calor es cierto ; y mas cierto que puede ser
quanto te he dicho de su grandeza, masa , &c.
porque el cálculo que se hace para inferir la
intensión del calo r, se funda en su indubita­
ble cercanía ai Sol. Al rededor de Mercurio
no se descubre vapor ni atmosfèra alguna , ni
jamás la han visto los terrícolas ; según esto
es necesario persuadirse á que en Mercurio to­
do es diamante ; pues que éste solo es el que
puede resistir á tan gran calor. La mayor ac­
tividad de éste en Mercurio e s, como te he
dicho, once veces mayor que la del terres­
tre en estío; y el menor calor en Mercurio
es casi cinco veces mayor que el terrestre;
esto e s, el menor calor es casi un tercio me­
nor que el del agua hirbiendo. Fsto nos haParte I L
Z
ce

Vuelo á
Mercurio.

ijr 4
Viage estático
ce conocer , que hay grandísima diferencia
entre el estío y el invierno en Mercurio : la
diferencia es tan grande , qual sería la del
calor del estío respecto de otro siete veces
mas activo. Fuera de Mercurio, y teniéndolo
inmediato á nuestra vista, quanto ésta nos ha
ofrecido, hemos observado en él: ahora de­
bemos volar á Mercurio , que nos servirá de
observatorio, desde donde verémos y tocarémos inmediatamente su superficie, y podre­
mos contemplar el Cielo, para inferir el apa­
rente ó verdadero sistéma astronómico , que
según la observación formaría un racional, que
criado y colocado en Mercurio, desde él con­
sideróse el mecanismo celeste. Sígueme con tu
vuelo, Cosmopolita „ ácia aquella encumbra­
da y aguda cima de montaña , que parece lu­
minosa punta de diamante.

§.
Observación astronómica hecha desde
el globo dé Mercurio .
Uestro observatorio astronómico en Mer­
curio será esta elevada cumbre, que por
experiencia en otros viages he hallado ser la
mejor y mas segura atalaya que se puede en­
contrar en este"mundo mercurial, la feroci­
dad de cuyos habitantes no permite que nos
acerquemos á sus poblaciones. E llos, embria­
gados siempre en el juego , divertimiento y
ocio, no tienen idea de la soledad: viven siem­
pre en compañía, como medio necesario pa­
ra

N

Hermicolas
ó habitado­
res de Mer­
curio.

a l mundo Vianet ario.
i¿rra ocupar ó cebar continuamente sus sentidos,
ó por mejor decir para no pensar sino con
ellos: por lo que no es fácil ver un solo herrnícola ó habitador de M ercurio; mas quien
quiera ver uno, es necesario que vea milla­
res de hermícolas juntos , y que se exponga á
ser miserable víctima de su ferocidad é irri­
sión. Nosotros no estamos en caso de temer
que los hermícolas puedan ser feroces con­
tra nuestros cuerpos , que como pesado des­
pojo y mortaja aparente de nuestro espíritu,
dexamos en el orbe terrestre; mas no por es­
to podremos evitar su irrisión, único premio
y fruto de la visita que les haríamos; pues
que ellos por sus costumbres y ciencias na­
da nos pueden instruir, antes bien escandali­
zarnos. No sé á qué causa podaré atribuir los
desórdenes de los hermícolas : me parece,
que ésta pueda consistir en el clima , al que
Voltaire concedió poderosísimo influxo sobre
sus respectivos habitadores. A la verdad , las
naciones terrestres que hoy se reconocen ha­
bitar los países mas calientes del globo ter­
restre , son menos sabias ó mas viciosas que
las que habitan en los países fríos. Según es­
ta observación ¿se podrá conjeturar que en
Mercurio su excesivo calor influya en la ig­
norancia y en los desórdenes en que viven se­
pultados los hermícolas? No asintamos, Cos­
mopolita, á esta conjetura, que descubro ya
proceder de un ofrecimiento mió vanísimo;
pues que tengo presente que antiguamente en
el orbe terrestre las naciones septentrionales,
que hoy son sabias, eran monstruos de ignoZ2
ran-

Influxo dei
clima sobre
las ciencias
y costum­
bres.

i?6

Viage estático

rancia y ferocidad ; y por lo contrario, la es­
cuela de la sabiduría y humanidad se hallaba
en las naciones que habitaban los países ca­
lientes. El Egipto , la Numidia, la Sicilia y
varias islas y países de los Griegos hallaron
favorable á las ciencias el calor de sus respec­
tivos climas. Mas inadvertidamente he vuel­
to , Cosmopolita m ió, á discurrir de los pla­
ncheólas , de los que habia pensado no hablar
otra vez hasta que estuviéramos en Marte;
porque las circunstancias de este planeta nos
permitirán tratar despacio de ellos. En el pla­
neta Venus debemos detenernos , ó perder
gran tiempo en buscar su satélite; en la Lu­
na terrestre debemos hacer largas observa­
ciones , que en ella y no en otros planetas
podemos hacer : estos particulares motivos de
nuestra mayor detención en Venus y en la Lu­
na terrestre , no nos permiten prolongar nues­
La duda so­ tra mansión en ellos para declarar y apurar,
bre la exis­ como se debe, el asunto de lo$ planetícolas,
tencia de
de que en’Marte podremos cómodamente ha­
los planetíblar , porque sus fenómenos no nos dan mo­
colas se de­
tivo
para gran detención. No repruebes, :e
cidirá en la
suplico, Cosmopolita mió, esta determinación,
jornada á
que después aprobarás. No me creas tan cruel,
Marte.
que sin hablarte de los planetícolas te haga
visitar Mercurio, Venus y la Luna terrestre,
dando motivo á tu curiosidad para que á :u
espíritu se represente la fábula de Tántab,
que sumergido en las aguas hasta la barbilla es­
taba siempre sediento, sin poder beberías. N),
no e s, ni será jamás tan iniquo el fin de mis
determinaciones que se dirigen únicamente , á
:u

al mt'tido Vianet arlo.

ly y

tu mejor instrucción, como tú mismo experi­
mentarás y confesarás en el último adiós que
por despedida nos darémos al acabar nuestro
viage. En esta suposición, y con la esperan­
za y aun certidumbre de lograr tu aproba­
ción en mi modo de instruirte, empiezo á pro­
ponerte la materia de nuestras observaciones
en Mercurio.
Desde este eminente sitio descubrimos,
Cosmopolita, inmensa extensión de la super­
ficie del globo mercurial. Extiende por ella tu
vista, y advierte la viveza con que la luz del
Sol reflexa por esas llanuras, montañas y va­
lles , deslumbra y parece tan vigorosa, co­
mo la que se ve mirando al mismo Sol. Los
terrícolas no ven jamás á Mercurio en mayor
digresión ó distancia del Sol que en la de 28
grados y 27 minutos (Toloméo la había juz­
gado de 28 grados y 20 minutos): ni lo ven
jamás en menos distancia 6 digresión del Sol,
que en la de 17 grados y 36 minutos (T olo­
méo la había juzgado de 16 grados y 8 mi­
nutos ); y por esto no ven ó distinguen á Mer­
curio sino dos horas antes de salir el Sol por
la mañana , ó á dos horas después de haber­
se puesto por la tarde. Mercurio, pues , no
se ve por los terrícolas, sino quando está in­
mediato al S o l, y casi sumergido en sus ra­
yos ; y no obstante lo llegan á distinguir y de­
terminan su órbita. Esto prueba , que es vi­
vísima hasta la tierra la luz que se reflexa
desde esta superficie.
El distinguirse M ercurio, aunque tan veci-

Porqué Mer­
curio desde
la tierra se
ve por po­
cas horas. *

Vi age estático
ciño á la fuente de la luz , es señal clara' de
Densidad y ser su materia muy densa, ó muy idónea pa­
dureza de
ra la reflexión de la luz. Atendiendo á esta
la masa mer
propiedad
de Mercurio desde luego se ofrece,
curial.
que toda su masa debe estár tan densa y tan
dura , como si fuera un diamante ; pues que
la densidad y dureza de los cuerpos sirven
mucho para dar mayor reflexión de luz. El
excesivo calor que siempre hace en Mercurio,
como te he dicho antes, pide que su masa
sea sumamente densa y dura- para que no pa­
dezcan alteración notable los átomos que com­
ponen los cuerpos. El sumo calor evaporiza
los líquidos y deshace los sólidos. Según es­
tas razones se puede conjeturar que la densi­
dad de la materia mercurial sea á lo menos
dos veces mayor que la terrestre, como di­
cen los modernos A strónom os , fundándose en
las máximas fundamentales de la doctrina so­
bre la atracción. En Mercurio, como habrás
notado mirando su superficie , no se ven pra­
derías , rios , lagos , ni m ares; todo aparece
como una superficie brillante de diamante, sin
licor alguno. Si aquí hubiera fluidos, luego por
el gran calor desaparecerían, convirtiéndose
en vapores; y si por acaso hubiera fluidos
que resistieran á la evaporación , la atracción
del Sol tan vecino causaría tanta alteración
con el fluxo y refluxo de ellos, que á cada
momento Mercurio se vería inundado ; y se
notarían continuas novedades en su luz. Si
aquí hubiera tales fluidos , siendo la atrac­
ción solar en algunas ocasiones respecto de
Mer-

al mundo Planetario «
i^ g
Mercurio (1) once veces mayor , que respecto Fluxo y re­
de la Tierra , por el fluxo y refluxo que el fluxo que el
Sol causaría en tales líquidos, estos llegarían Sol causaría
si en Mer­
á levantarse en algunos sitios cerca de qui­ curio hubie­
nientos pies. Esta conseqüencia se funda en el ra mares.
siguiente breve raciocinio. El Sol/, prescin­
diendo de la atracción de la Luna terrestre,
levantaría con su atracción sola las aguas de
la tierra á lo menos un tercio (2) de lo que Efectos de
actualmente se levantan,en el fluxo ,y reflu­ la atracción
xo , causados por las atracciones solar y lu­ solar en el
nar ; por tanto , si en algunos mares el agua fluxo y re­
se levanta (3) 80 y 100 pies, á lo menos un fluxo de los
mares ter­
ter- restres.
(1)
En la distancia media de Mercurio al
Sol , la atracción solar sobre Mercurio es siete
veces mayor que sobre la Tierra ; mas quando
Mercurio está en su mayor vecindad al Sol , en­
tonces la atracción de éste es once veces mayor,
que la que hace sobre la Tierra.
(2) Bernouilli ( véase su disertación sobre el
fluxo y refluxo del mar , en los citados comen­
tarios (en la pág. 171. de este vol. ) del tomo de
Newtón sobre los principios Matemáticos , vol.
3. lib. 3. prop. 24. pág. 1 33. ) supone en várias
ocasiones la atracción solar respecto de la lunar,
como 2 á 5 , y como 7 ^ 1 3 .
(3) En S. Malo las mareas se levantan mas
de 70 pies ( La-Lande , Astron. n. 3592 ) , y en
otros sitios se levantan loo pies (Paulian , D iet ionaire de physique : flu x , et reflu x de la mer).
Es cierto que, según.prudente conjetura , la acción

del

180
V ia ge estático
tercio de esta altura se debe á la sola atrac­
ción del Sol ; y pues que esta atracción en
Mercurio es once veces mayor que en la tier­
ra , se infiere , que la atracción solar levan­
taría un líquido (como el agua) en Mercu­
rio once veces mas, que se levantaría sobre
Desastres
la tierra el mismo líquido. Ved aquí, Cosmo­
que debe­
polita , otro nuevo desastre para los hermírían pade­
colas. Los pobres hermícolas, si no tienen lí­
cer los habi­
quidos con que refrigerarse, vivirán abra­
tadores de
sándose ; i y si los tuvieran ? el ardor del Sol
Mercurio.
los consumiría en vapores ; y si no los consu­
miera , las mareas de dichos líquidos conti­
nuamente inundarían los países mercuriales.
La inundación sería continua ; pues que si en
el espacio de un dia natural terrestre (ó de
24 horas) la marea en la tierra se levanta
y baxa dos veces , aquí en Mercurio en el es­
pacio de 24 horas (1) debería levantarse y baxarse ocho veces; porque el dia natural de es­
te planeta es de solas seis horas.
Insensiblemente nos hemos vuelto otra
vez , Cosmopolita , á los hermícolas, de quie­
nes yo creí que no se hablaría mas hasta lle­
gar á Marte ; mas la variedad de conseqüencias,
,

ir

...

.

■'!->

O

del Sol y de la Luna no causa tanta altura en las
aguas , mas ésta proviene de otras circunstancias;
pero éstas podian y debian darse en Mercurio,
si en él hubiera mares como en la tierra.
(1) E l fluxo y refluxo sucede dos veces en
el espacio preciso de 24 horas y 48 minutos.

a l mundo V ianet ario»
181
d a s , que naturalmente se infieren de nuestra
observación , y que yo debo sacar para tu ins­
trucción , nos obliga á volver á tocar los pun­
tos ya tratados , ó que se han de tratar en
otra ocasión : por tan to , si otra ve¿ viniese
ó hiciese al caso hablar de los hermícolas ó
de los planetícolas, será necesario que una y
otra vez discurramos de ellos. Prosigamos,
pues , nuestra observación , y porque la su­
perficie mercurial ya no nos ofrece á la con­
sideración otra cosa particular, tendamos la
vista ó atención por la inmensa extensión de
esas regiones celestes.
Ved a llí, Cosmopolita , el gran planeta
solar, el qual desde aquí nos parece mucho
mayor que desde la tierra : ahora que Mer­
curio está en su distancia media hasta el Sol,
el diámetro de éste nos parece casi tres ve­
ces mayor que aparece á los terrícolas ; y
quando Mercurio está en su perielio ó mayor
vecindad al S o l, entonces llega á aparecer su
diámetro tres veces y media mayor que lo
ven los terrícolas ; esto es , en tal caso el dis­
co ó plano solar desde Mercurio aparece mas
de trece veces mayor que desde la tierra. Distinguense desde aquí muy bien la rotación ó
las vueltas que el Sol da sobre su exe : el
giro de las manchas solares es el que nos ha­
ce distinguir la tal rotación ; y porque la ór­
bita de Mercurio conviene mucho con la si­
tuación del equador del Sol, el giro de las
dichas manchas aparece describir círculos pa­
ralelos al^ equador solar. La paralaje solar
desde aquí se hace muy sensible.
Parte II.
Aa
Le-

Grandeza
aparente
del Sol vis­
to desde
Mercurio.

Observa­
ción del
Sol.

Observa­
ción de Ve­
nus.

Sistema as­
tronómico,
que forma­
ría un hermícola.

182
Viage estático
Levanta tu vista del Sol, Cosmopolita , y
ponía en los demás planetas. Si contemplas el
mas vecino, que es Venus, verás que se mueve
al rededor de nosotros, como todos los demás
planetas. Un Astrónomo aquí no tendría tanta
facilidad , ni motivos1tan grandes, como si observáse desde la tierra, para persuadirse ó
conjeturar que los planetas rodeaban el Sol,
como centro. El Astrónomo estando aquí, ve­
ría claramente, que todos los planetas supe­
riores daban vueltas al rededor de Mercurio;
y por tanto, se figuraría que éste era su cen­
tro. Si hubiera algún planeta entre Mercurio
y el Sol, entonces viendo el Astrónomo que
el planeta intermedio daba vueltas al rededor
del Sol, podría conjeturar que los demás pla­
netas, y quizá también Mercurio se moviesen
al rededor del Sol. En orden á éste, el As­
trónomo juzgaría absolutamente , que él daba
una vuelta al rededor de Mercurio cada seis
horas que forman el dia natural ó el tiem­
po , en que Mercurio da una vuelta sobre su
exe. Creería que el Sol, girando al rededor de
M ercurio, formaba el dia y la noche , y el
movimiento de este planeta por su órbita lo
atribuiría al Sol. En este caso el Astrónomo
observando los demás planetas superiores , no­
taría en ellos los fenómenos de aparecer es­
tacionarios y retrogados , y de alexarse ya
mas y ya menos de este sitio. Para compo­
ner estos fenómenos tendría necesidad de re­
currir á los epiciclos de Toloméo; y aun no
bastarían estos para entender ó explicar los
mismos fenómenos en los satélites de los pla­
ñe-

al mundo Planetario.
183
netas mayores : en este caso se serviría de epi­
ciclo-epiciclos para dar alguna explicación á
su vario movimiento. Al Astrónomo que es­
tuviese aquí faltarían los eclipses, que sirven
mucho para varios conocimientos de la as­
tronomía ; mas ya que en Mercurio no ha­
bría eclipses , estos se verían muy bien en la
tierra y en los demás planetas, que tienen lu­
nas ó satélites. Asimismo podría determinar
la paralaje de la Tierra y la de Venus, que
le aparecería muchas veces tan sensible co­
mo á los terrícolas. De los astros fixos ó es­
trellas haría el mismo juicio que entre los
terrícolas hacen los anti-copernicanos ; esto
es , creería que daban una vuelta cada seis
horas al rededor de Mercurio. Según esta
creencia necesitaría concederles tanta veloci­
dad, que en un minuto segundo caminasen á
lo menos doscientos millones de leguas. Si el
Astrónomo (jue estuviera aquí fuera copernicano , con gran facilidad y simplicidad com­
pondría todos los fenómenos celestes que ob­
servaba. Desde luego inferiría de la dura­
ción de los días en Mercurio, que éste daba
vueltas sobre su e x e , y de este modo com­
pondría muy bien la succesion de las noches y
de los dias , sin necesidad de suponer el giro
del Sol cada seis horas. Asimismo el movi­
miento anual del Sol lo atribuiría á Mercurio,
con lo que no tendría necesidad de suponer
en movimiento al Sol. Con estos dos movi­
mientos anual y diurno de Mercurio daría so­
lución á los fenómenos raros que se observa­
ban en los planetas; y vendría á establecer el
Aa 2
eter-

184

Viage estático

eterno reposo de las estrellas. Últimamen­
te se valdría, como los terrícolas, de mu­
chas observaciones de los planetas para de­
terminar sus órbitas y mutuas distancias. En
una palabra , un Astrónomo en Mercurio po­
dría discurrir con poca diferencia , como dis­
curren los Astrónomos terrícolas, los quales
tienen la notabilísima ventaja de mirar dos
planetas inferiores entre la Tierra y el Sol,
que han servido mucho para perfeccionar la
astronomía terrestre. Se puede decir , que el
haberse observado desde la tierra que los pla­
netas inferiores Mercurio y Venus dan vuel­
tas al rededor del S ol, ha sido uno de los
principales fundamentos que en la antigüedad
tuvieron los terrícolas , para conjeturar que el
Sol era el centro del sistèma planetario ; de
cuya conjetura resultó el pensamiento del mo­
vimiento de la tierra. De esto se infiere, que
un Astrónomo en Mercurio tardaría en con­
jeturar ó suponer el movimiento de éste mu­
cho mas tiempo que han tardado los terríco­
las en suponerlo ó atribuirlo á la tierra. Mas
si el sistèma copernicano fuera cierto, aun­
que para conocerlo el Astrónomo en Mercu­
rio no tendría la gran ventaja que se sacaría
de haber planetas inferiores entre Mercurio y
el Sol ; con todo, por razón de la gran vecin­
dad de Mercurio á éste (principalmente quan­
do está en su perielio), podría distinguir muy
bien el pequeño movimiento , que según los
copérnico-newtonianos tiene el Sol al rededor
del centro común del sistèma planetario ; y
en este caso podría con facilidad venir en co­
no-

a l mundo ‘P lanetario.

185

nocímiento de la quietud ó casi quietud del
Sol. Es cierto que en tal caso , viendo al Sol
algunas veces retrogrado por algunos minu­
tos , podría equivocarse fácilmente , y confun­
dir esta retrogradacion con la de los demás
planetas. Asimismo, un Astrónomo en Mercu­
rio , por razón de la vecindad de éste al Sol,
tendría mejor proporción que los terrícolas
para aprovecharse de la observación de los
cometas que pasasen entre Mercurio y el Sol.
Podría determinar fácilmente la órbita de
ellos, sus afelios , perielios , &c. Podría co­
nocer mejor su naturaleza, y la verdadera
causa de sus colas, entre las que tal vez se­
ría envuelto ó eclipsado Mercurio. Si el As­
trónomo tuviera la fortuna de ver en poco
tiempo muchos cometas entre el Sol y Mer­
curio , podría fácil y brevemente adelantar
mas en su conocimiento , que han adelanta­
do los terrícolas en muchos siglos.
Estas reflexiones que te acabo de hacer,
Cosmopolita , en la suposición de los discur­
sos que sobre el sistéma planetario formaría
un Astrónomo en Mercurio , te habrán dado
á conocer y entender bastante lo que desde
aquí nos enseña la contemplación de los Cie­
los : por tanto , no necesito ni debo detener­
me mas en explicarte los resultados de ésta.
Lo que has oído , basta por ahora para tu
instrucción : ésta se perfeccionará mas y mas,
al paso que vamos siguiendo nuestro viage,
y mudando de sitios en esta vasta extensión
mundana. Y pues que desde aquí ya hemos
observado lo que nos presenta singular y dig­
no

Despedida
de Mercu­
rio.

i86

Viage estático

no de atención este planeta Mercurio, tiem­
po es que lo desamparemos, y vamos á bus­
car el planeta mas inmediato á nosotros , y
que según el itinerario prescrito debemos vi­
sitar después de Mercurio, planeta celebérri­
mo ; pero mas en la mitología é historia pa­
gana , que en la astronomía de los antiguos.
Si emprendiera, Cosmopolita, el empeño de
indicarte la celebridad de Mercurio en la teo­
gonia, mitología y aun en la historia de los pa­
ganos antiguos y modernos, necesitaría hacer­
te un discurso , en que revolviera los escri­
tos religiosos y aun civiles de casi todas las
naciones de la Europa, y del Asia , y de al­
gunas del Africa. El discurso debería ser prolixísiino , y no propio de las circunstancias
de nuestro viage, y del fin que en hacerlo
hemos tenido para ocuparnos mas en la con­
templación física y astronómica de los Cie­
los , que en la exposición y combinación de
las relaciones históricas y mitológicas, que
los terrícolas han formado sobre los personages, cuyos nombres han dado á algunos
astros. Esta combinación , que puede dar fecuada materia para hacer nuevos y curiosos
descubrimientos en la historia sagrada y ci­
vil , me ha movido á escribir sobre Mercu­
rio algunos discursos, que por su novedad
podrán excitar la curiosidad de los eruditos;
mas te declaro ingenuamente, que no el es­
píritu de novedad , sino el sincerísimo de
la verdad me ha impelido á escribirlos. No
puedo , ni debo temerariamente introducir­
me á decidir la calidad de mis escritos: ni
me

a l mundo P lan etario

.

i 87

me parece que tengo la temeridad de intro­
ducirme , quando te digo , que los miro co­
mo producción de un espíritu que se propo­
ne buscar la verdad. Podré no haberla en­
contrado: mas estoy cierto de que he tenido
la intención de hallarla : si su hallazgo existe
en realidad, ó solamente en mi intención y
voluntad , toca á los sanos críticos decidirlo.
Por uno de ellos te contemplo , Cosmopolita;
1
por lo que desearía que tuvieras la bondad
de leer los discursos que sobre Mercurio he
escrito , dando á ellos fundamento la inves­
tigación etimológica de los diferentes nom­
bres con que se llama en diversas lenguas,
y la aplicación de ellos al planeta que lla­
mamos Mercurio, y que estamos para aban­
donar , siendo ya tiempo de continuar nues­
tro viage y de visitar el planeta vecino, que y ueIo aI
es la hermosa y brillante Venus. Vamos : vo- p]a^ t° y e.
lemos á eiía ; sígueme, Cosmopolita mió , co- nus.
mo á tu guia, y que con su dirección te de­
sea servir obsequiosamente.

TER-

x 88

V i age estático

TERCERA JORNADA.
VENUS.

Ignorancia
de los anti­
guos sobre
los fenóme­
nos de Ve­
nus.

lO ^E m os llegado , Cosmopolita, al planeta
Venus, el qual ha sido considerado por todos
los terrícolas, tanto sabios, como ignorantes,
como el principal después del Sol y Luna entre
los astros errantes. El vulgo ha puesto su aten­
ción en Venus, ya porque quando está vecina
á la tierra se distingue entre los demás astros
por su luz y grandeza; y ya porque quando
es matutina anuncia la llegada del dia. Por
esta razón Venus ha sido llamada entre los
Griegos, Latinos, y entre várias naciones bár­
baras, astro que anuncia ó trae el dia : y esto
se significa por la palabra lucero con que se
suele llamar. Los sabios desde luego que en­
traron en la curiosidad de adivinar el sistéma
planetario, viendo que el planeta Venus mu­
chas veces estaba inmediatamente después de
la Luna la mas cercana á la tierra, empeza­
ron á observarlo con particular atención ; mas
porque las intenciones de los observadores de
Venus, y de otros planetas se reducían á limi­
tadísimos fines de pura curiosidad, y ésta se
iba avivando poco ó nada, á causa de la ig­
norancia del estudio físico entre los antiguos,
se puede decir que las observaciones que es­
tos hacían de Venus, no enriquecían , ni ha­
cían

Lunw ui U

AFROD1TOGRAFJA.

"ú íiitú íf/ íijjii ó & lla p a deVe/ms^P/aneta^que en y n e ­
jo se llam a Sí^roc/ites.
_La jiy u ra I. representa el^y/oho ele Vente en dos enusjerias
divididos^ y d estos J u n to s en un p la m s p n o rep resen ­
ta la j i y u ra E.
t u eldblaiietdd d /ius se h a n o b s e rv a d o la s c in c o m an
ch a s q u e se ven en la f ija r a ley m as claram enteenlalL.

al mundo ’Planetario.

189

cían útil el estudio de la astronomía.
La utilidad que de las observaciones de Utilidad de
Venus se podía sacar, se ha conocido tarde: las observa­
se puede decir , que se conoció solamente en ciones de
Venus.
el siglo pasado como debía conocerse. De
la utilidad de las observaciones de Venus,
que algunos ignorantes creyeron ser fantás­
tica , formarás recto juicio después de haber
oído el breve discurso que te voy á hacer
sobre las modernas observaciones del mismo
planeta Venus al pasar delante del Sol. Este
paso se debe considerar como medio singu­
lar para descubrir en la astronomía verda­
des ocultas que se conjeturaban, y no se lle­
gaban á conocer claramente. Si tienes la bon­
dad de oírme , empiezo inmediatamente el dis­
curso, en que te las descubriré.

§■

1.

Observaciones del paso de Venus delante
del S o l , y su utilidad.
Abrás oído no pocas veces, Cosmopoli­
ta , que los Egipcios , observando que
nunca veían á Venus mas de 47 grados dis­
tante del S o l, empezaron á sospechar que Ve­
nus se movía al rededor del mismo S o l: pues
Primeras
que si se moviera al rededor de la tierra , la conjeturas
hubieran visto alguna vez en oposición con
sobre el
el Sol, ó distante 180 grados de éste. Por la centro de la
misma razón conjeturaron que también Mer­ órbita de
Venus.
curio se movía al rededor del S o l, pues que
nunca lo habían visto mas de 28 grados disParte II.
Bb
tan-

H

190

Finge estático

tante de él. Este modo de pensar, aunque
común entre los mas antiguos sabios (como
te dixe antes en el §. II de este volumen con
Ram bam ), y digno de ser exáminado , tuvo
poco aplauso entre los sabios de los poste­
riores siglos; porque como nota sobre el mis­
mo asunto Macrobio (1 ), empezó á prevale­
cer el aparente sistèma, llamado Tolemàico,
que totalmente se oponia al Egipcio. Pasan­
do siglos y siglos los Astrónomos empeza­
ron á dudar del sistèma Tolemàico : las du­
das los conduxeron á hacer un cuidadoso exámen del Egipcio ; y todos finalmente, después
de las observaciones astronómicas de TicoBrahe , vinieron á convenir, en que Venus y
Mercurio se movían al rededor del S o l, su
Época de la
centro. De esta persuasión se tuvo prueba
perfección
de la teóri­ cierta en el 1631, en que (como antes dixe)
ca de Mer­ se observó el paso de Mercurio por delante
curio y Ve­ del Sol ; y esta observación no hizo dudar
nus.
del paso de Venus delante del mismo. Mas
porque este paso sucede raras veces, y las
tablas del movimiento de Venus no eran exáctísimas al principio del siglo pasado, su paso
sucedido en el 1639 , se advirtió ú observó so­
lamente en Inglaterra no con la mayor aten­
ción
(1) Macrobio ( in somn. Scip. lib. 1. cap. 19.)
refiere con elogio el sistema de los Egipcios ; y
luego , aludiendo al sistema Tolemàico , sin nom­
brarlo , dice : Pcrsuassio ista convaluit, et ab
omnibus pane hic ordo usum receptus est.

al mundo Vianet ario.

191
cion astronómica. No obstante la observación
cierta del hecho, bastó para rectificar la teó­
rica del movimiento, y de los periodos de
Venus, poder pronosticar el momento de su
paso delante del S o l, y conocer claramen­
te que al rededor de éste giraban Mercurio
y Venus.
Con estos nuevos descubrimientos , fun­
dados en la observación, apareció un nuevo
orizonte en el vasto estudio de la astronomía:
ésta pasó un istmo que se creía intransitable;
y empezó á tener nuevos y poderosos pro­
tectores el sistéma que ponía al Sol, como
centro de todos los planetas. No hay duda,
que el moverse Mercurio y Venus al rede­
dor del Sol daba no leve motivo para conje­
turar lo mismo en los demás planetas; mas
esta conjetura siempre era conjetura, á que
se podia responder diciendo, que Mercurio y
Venus eran satélites del Sol , como la Luna
lo es de la tierra ; y que ésta y el Sol te­
nían sus satélites , como también los tienen
Júpiter y Saturno. La observación y el co­
nocimiento cierto del paso de Mercurio y de
Venus delante del Sol á lo menos sirvieron
para resucitar y poner en pie el sistéma de
los Egipcios que te he insinuado antes. La
mayor utilidad que de dicho paso se podia
sacar no se ofreció hasta el año de 1677, en
que H allei, después de haber hecho muchas
tentativas para hallar la verdadera parálage
del Sol por medio dél a de M arte, y habien­
do encontrado poca seguridad en sus obser­
vaciones y resultados, llegó á conocer que la
Bb 2
du-

Particular
utilidad del
paso de Ve­
nus delante
del Sol.

192

Viage estático\

duración del paso de Mercurio ó de Venus
delante del Sol podria servir para determi­
nar la paralage de éste. Con esta previsión
Hallei observó una vez el paso de Mercurio
Pronóstico delante del Sol ; y conociendo que con difide Hallei.
cuitad se podia determinar por medio del pa­
so de Mercurio la paraláge solar, desde lue­
go se persuadió á que ésta se determinaría
fácilmente con la observación del primer pa­
so de Venus (1), que él pronosticó para el
año de 1761 , como en efecto ha sucedido.
En este caso dexó escrito Hallei , que si se
observaba la paralage de Venus al Sol (por
el método que el mismo Hallei prescribe), se
hallará ésta casi tres veces mayor que la so­
lar. Esta observación será la mas fácil de to­
das quantas se conocen para determinar la pa­
ralage y la distancia del S o l, la qual se ha­
llará sin error notable ; esto e s , se hallará
con la sola diferencia de una quinientésirna
parte de lo que en sí sea la tal distancia: y
de este modo por medio de tal fenómeno los
hom( 1 ) En el año de 1691 Hallei publicó una
memoria ( q u e está en las Transacciones filosófi­
cas , núm. 193. ) sobre 17 pasos de Venus , que
deberían haber sucedido y suceder desde el año
, 918 hasta el de 2 117 . Desde el año de 1639
hasta el de 1761 no debia suceder ningún pa­
so de Venus delante del Sol ; mas en este interválo de tiempo , Mercurio ha pasado diez y
seis veces delante del Sol.

al

mundo V ia n et ario.
193
hombres llegarán á saber quanto les es po­
sible alcanzar ó penetrar en las regiones ce­
lestes.
En efecto, el pronóstico de Hallei se ve ­
rificó en los años de 1761 ( á 5 de Junio, 17
horas y 46 m inutos), y de 1769 ( á 3 de
Junio, 10 horas y 11 m inutos), en los que
desde las quatro (1) partes del orbe terrestre
por muchos terrícolas Astrónomos fué obser­
vado el paso de Venus delante del S o l: paso
que no volverá á suceder hasta el 1874 ( á
8 de Diciem bre, 19 horas y 37 minutos),
después sucederá presto en el 1882 ( á 6 de
D iciem bre, 7 horas y 45 ) ; y el siguiente
paso tardará hasta (2) el 2004 ( á 7 de Ju­
n io , 19 horas y 48 minutos). Los terrícolas
preveyendo ser raro fenómeno el paso de V e ­
nus delante del S o l, y útilísima su observa­
ción, p a ra l o g r a r l a con seguridad , dispusieron
que por todas las quatro partes del orbe ter­
restre , en sitios entre sí distantísimos , obser­
vasen diversos Astrónomos el paso de Venus,
es-

(1) La relación de las observaciones del pa­
so de Venus en los años de 1761 y 1769 , se
pone en las Memorias de la Academia de las
Ciencias de París, en los años de 1761 y 1769.
(2) Después del año 2004 > el paso de V e ­
nus sucederá en los años 2012, 2 1 1 7 , 212$,
2 2 4 7 , 2255 , 2360, 2368, 2490, 2498. Es­
ta succesion de años descubre el periodo que
se advierte en el paso de Venus delante del Sol.

Observa­
ción del pa­
so de Venus
delante del
Sol en los
años 1761
Y i 7 12
*6 9 No volverá
á suceder
otro paso
hasta el año
1874.

194

Industria
de los As­
trónomos
para deter­
minar la
distancia
del Sol.

V ia ge estático

esperando que si á la hora del paso las nu­
bes impedían su observación en algunos paí­
ses , en otros de diverso clim a se lograría ha­
cerla. Con estas prevenciones , que fueron eos
tosas , se logró el deseado efecto , que era,
como te he d ic h o , determinar la paralage so­
lar , de la que depende la determinación de
la distancia del Sol y de los demás plane­
tas. Se cuentan y a (1) de mas de dos mil
años

(1) D e las obras de algunos autores antiguos
( veanse Plinio , natur. hist. /. 2. c. 21 , y P lu ­
tarco , de las opiniones de los Filósofos , iib. 3.
c. 3 1 .) se infiere, que sonantiquísimas las ob­
servaciones para determinar la distancia del Sol
á la tierra : pues que hallamos que Pitágoras
y otros Filósofos trataron de ella. Desde el año
264 antes de la Era Christiana , hallamos algu­
nas observaciones hechas con ingenio y exactitud
para determinar la distancia solar. Aristarco de
Samos en dicho tiempo la creyó de 1146 semi­
diámetros terrestres , y que la paralage solar era
de 3 minutos. Aristarco , para determinar la dis­
tancia solar , se valió de una idea ingeniosa. El
esperó que la Luna estuviese en el primer mi­
nuto de su primer quarto : en este caso , si se
conciben dos lineas desde el centro lunar , de las
quales una termíne en el centro del Sol , y la
otra en la vista del observador terrestre , las di­
chas lineas en el centro lunar formarán ángulo
recto. El observador sabe en este caso el ángu­
lo que en su vista hacen dos lineas , de las qua­
les

al mtndo "Planetario.

195

años que se trabajaba para hallar esta dis­
tancia ; y á mi parecer se puede decir , que
desde el tiempo de Aristarco hasta mitad del
vsiglo pasado no se habia adelantado casi na­
d a ; ó si se habia adelantado algo , el ade­
lantamiento no estaba bastantemente funda­
do. Para prueba de esta proposición basta
v e r, Cosmopolita mió, que por quantos va­
rios y enredados métodos se ha querido de­
terminar la distancia solar , ninguno se ha
acercado tanto á la verdad como el de Aris­
tarco, según las observaciones que en Mallorles una termíne en el Sol y otra en la Luna:
por lo que se tienen tres ángulos del triángulo
que hacen dichas lineas; y constando de la lar­
gura de una Wnea ( q u e sea la distancia desde
la tierra á la L u n a ) , se inferirá lo largo de las
otras lineas , y consiguientemente la distancia del
Sol hasta la tierra. Este método de Aristarco se
puede decir que ha sido el mejor de quantos ha
habido en 18 siglos después ; y como tal lo acon­
sejaba Keplero. Mas como hay gran dificultad
en determinar el tiempo en que las lineas hacen
ángulo recto en el centro lunar , el cálculo es­
tá expuesto á errores. Por esta razón , Hallei y
los Astrónomos posteriores , para determinar la
distancia solar , se han valido de la paralage de
Marte. Toloméo se valió del método de Hiparco , que se fundaba en la observación de los eclip­
ses lunares. Este método se practicó por muchos
Astrónomos hasta principios del siglo pasado.

ig ó

F ia ge estático

llorca hizo Vendelin en el año de 16 50 , en
que determinó de 15 (1) segundos la paralage del Sol. Pocos años después Hallei quiso
determinar ésta , valiéndose ya de la obser­
vación que del paso de Mercurio delante del
Sol habia hecho en el 1677 en la isla de San­
ta Helena , y ya de la paralage de Marte ; y
siempre sacó resultados que distaban de la
verdad mucho mas que los de Vendelin , co­
mo lo han hecho conocer las últimas mas
exáctas observaciones. Se puede afirmar ab­
solutamente , Cosmopolita , que hasta el tiem­
po (2) en que sucedió el primer paso de Ve­
nus,
( 1 ) Vendelin ( Riccioli , Alm ag. tom. 1. p .
109. y 7 3 1 . ) llegó á inferir por medio del mé­
todo de Aristarco , que la paralage orizontal del
Sol no podía ser mayor que de 1 5 segundos : ó
por mejor decir, infirió que sería menor.
(2) Hallei , valiéndose de la observación del
paso de Mercurio , determinó de 45 segundos la
paralage solar , y valiéndose de las observacio­
nes de Marte la determinó de 25 segundos. Es
cierto que La-Hire , en el año de 1672 ('véan­
se sus tablas) , se valió de la paralage solar de
6 segundos ; mas primeramente esta paralage es
muy pequeña , y en segundo lugar se valió de
ella como de hipótesi : como en el mismo sen­
tido se valió de otra de 12 segundos Cassini,
'véase su carta al M arqués M a lv a sía , ano de
16 6 2 .) Flamsteedio en el año de 1672 ( T ran ­
sacciones JilosóJicas , núm. 8 9 .) la creyó de 10
se-

di mundo Vianetario*

19?

m is, no se tenia cosa mas cierta sobre la dis­
tancia del Sol, que loque habia determinado
Vendelin; pues que las opiniones de los As­
trónomos eran muy várias y discordes, y to­
das ellas se contenían dentro del límite que
habia señalado Vendelin.
Te he hecho esta larga relación de las opi­
niones é industrias de'los Astrónomos para
hallar la paralage solar ( medio necesario para
determinar su distancia hasta la tierra) , con
el fin de darte á entender, Cosmopolita, las
grandes utilidades que el humano conocimien­
to ha sacado del paso de Venus delante del
S o l; pues que por su observación se ha de­
terminado , á despecho de tantas inútiles fati­
gas en tiempos antiguos , y de casi perdida
esperanza , la distancia solar con exáctitud ad­
mirable. Así no sin razón dice un Astróno­
mo (1) moderno de gran fam a, que si algún
suceso es digno de contarse entre las épocas
insignes, tal se debe considerar el del paso de
Venus delante del disco solar , pues que con
su observación el espíritu humano ha llegado
á conocer muchas verdades nuevas y admirasegundos; y ésta fue la opinión de muchísimos
Astrónomos hasta el año de 1760 i mas al mis­
mo tiempo no faltaban algunos, como Cassini,
el joven , en el año de 1736 ( vease La-Lande , Astronomías, núm. 1739 ), <3ue ponían la pa­
ralage solar entre 1 1 y 15 segundos*
(1) La-Lánde : Astronomía , núm. I742,
Varte I I .
Ce

198
Viage estático
rabies; y nosotros, Cosmopolita, que en to­
do admiramos , como debemos, la sábia pro­
videncia de nuestro Dios, mirarémos á V e­
nus como un astro criado, para que por su
medio empezasen los terrícolas á conocer con
sólido y fundado raciocinio las distancias su­
m as, y la grandeza enorme de los planetas;
y ellos , ilustrados con estos admirables y nue­
vos conocimientos , pudiesen formar idea mas
clara y mas sorprendente de la divinidad, y
de su Omnipotencia y Sabiduría, incompren­
sibles siempre á toda criatura. No juzgues,
Cosmopolita, que haya sido efecto del acaso
el descubrimiento de tales verdades en nues­
tros tiempos. La curiosidad y el talento de
los antiguos se han fatigado en vano millares
de años por llegar á conocer fundamental­
mente las verdades que hemos logrado saber
en el tiempo presente , no por acaso , sino por
dirección oculta de la providencia de nues­
tro Dios, para que por medio del conocimien­
to de sus obras se aviváse nuestra f é ; ó por
mejor decir, ésta se convirtiese en claro co­
nocimiento de la divinidad. Las verdades
grandes , y las estupendas maravillas de la na­
turaleza, que formaban el capital del conoci­
Nuevos co­ miento natural que del Supremo Hacedor te­
nocimientos nían los hombres sabios y juiciosos, á la vista
con que la de los espíritus rebeldes á la razón, y cie­
naturaleza
gos á su luz , no bastaban ya para que en
hace guerra
ellas
reconociesen al Criador : por lo que las
á los espíri­
nuevas
verdades, y los recientes conocimien­
tus rebeldes,
tos
,
que
demuestran su existencia y divinos
á la razón»
atributos, han aparecido por efecto de singuCada des­
cubrimien­
to nuevo
sirve para
mas admi­
rar los atri­
butes de
Dios.

al mundo V ianet ario.
19 9
lar piedad en estos tiempos , en que el des­
ahogo infame de las pasiones en el fondo del
corazón humano ha arraygado la rebeldía á
las reglas del bien obrar , y al espíritu ha
envuelto en la mas densa nube de obscuri­
dad y tinieblas. Estas ha querido piadosa­
mente disipar el Señor con las nuevas luces
que sus obras dan para que lo conozcamos.
A l verdadero sabio , Cosmopolita mió , los
nuevos y admirables conocimientos de estos
astros celestes sirven para perfeccionar y avi­
var la idea mental de D ios, y formarla casi
sensible de sus atributos.
Has oído , Cosmopolita , las particulares
distan­
ventajas que los Astrónomos han sacado de La
cia del Sol
la observación del paso de Venus delante del
conocida,
Sol, para determinar con probabilidad no des­ sirve para
preciable la distancia (1) de éste hasta el or­ determinar
be la distancia
(1)
La distancia del Sol á la tierra se de­
termina por su paralage , en virtud de esta fá­
cil proposición: el seno de los minutos que ten­
ga la paralage-solar, es al radio del círculo , co­
mo el semidiámetro terrestre es á la distancia
del Sol á la tierra. Para determinar la distan­
cia de los demás planetas , los Astrónomos se
valen de la solar y de la famosa ley de K e plero , en que se d ice, que los quadrados de
los tiempos periódicos de los planetas , son co­
mo los cubos de sus distancias. Si es falsa es­
ta regla , faltan todos los resultados que de ella
se infieren. Es de advertir, que en virtud de di-

Cc 2

cha

de los de­
más plane­
tas.

200

Viage estático

be terrestre, y lograr nuevas luces con que
se pueda determinar la distancia de los de-,
más planetas hasta el mismo orbe terrestre.
No
cha ley, Keplero determinó en los planetas dis­
tancias muy diferentes de las que hoy se admi­
ten universalmente. Keplero en su astronomía su­
pone de 3469 semidiámetros terrestres la distan­
cia del Sol á la tierra ; y en su obra sobre M ar­
te dice , que entre 700 y 2000 semidiámetros ter­
restres era muy difícil establecer con demostra­
ción la distancia del Sol á la tierra. Consiguien­
temente á estos principios, ya suponía de un mi­
nuto la paralage solar , ya la suponía de 4 mi­
nutos y 55 segundos. En sus efemérides del año
de 1 6 1 7 la supuso de 2 minutos ( R ic c io li: A.Imag . tom. 1. lib. 3. cap. S. p . 1 0 S ) . Según es­
ta variedad de pensar , causa maravilla que á
Keplero se ofreciese la ley de ser los quadrados
de los tiempos periódicos en los planetas , como
son los cubos de sus distancias hasta el centro
que rodean corriendo su órbita. Ahora se pre­
tende , que dicha ley se verifique en los plane­
tas , en sus satélites y en los cometas: y á la
verdad , se halla bastante fundamento para afir­
mar tal verificativo. En el caso presente de su­
ponerse la paralage solar de 9 segundos , se in­
fiere que se contiene 384 veces la dicha paralage en la paralage lunar , que es de 3459 segun­
dos : por lo que parece, que el Sol dista 384
veces mas de la tierra , que dista la Luna : es­
ta conseqüencia no podía sacar Keplero, que hacía

de

a l mundo Vianet ario.
201
No por esto deberás juzgar que son efectos
de demostraciones geométricas todos los re­
sultados que los Astrónomos proponen sobre
la distancia de los planetas entre sí, y hasta
la tierra : para que lleguen al mérito de ser
efecto de demostraciones, es necesario compro­
barlos con posteriores observaciones, que pi­
den siglos. Por ahora contentémonos con las
máximas que parecen inferirse de la obser­
vación , y no discordar de los principios fun­
damentales sobre que se apoya la astronomía
moderna. Es cierto, que quando en ésta se
procede por hipótesis ó leyes que se supo­
nen , se suele hallar alguna diferencia en va­
rios resultados ; mas esto solamente prueba,
que no tenemos aún principios ciertos para
todos los conocimientos que se desean en el
sistéma planetario. Podrá ser que con el tiem­
po algún cometa , eclipsándonos el Sol ó al­
gunos planetas , nos descubra nuevos medios,
ó para perfeccionar lo adelantado , ó para re­
formar lo que se supone por hipótesis, y has­
ta ahora no se prueba física, ni geométrica­
mente. Me ha parecido conveniente, Cosmo­
polita mió, hacerte esta advertencia, para que
des­

de 2 y.de 4 minutos primeros la paralage solar;
y esto mismo hace nuevamente maravillarse del
descubrimiento de dicha ley , según la qual se
halla que el Sol dista de la tierra tantas veces mas
que la Luna , quantas la paralage de ésta es ma­
yor qiwe la solar.

N o es de­
mostrable la
distancia de
los plane­
tas.

La observa­
ción de loe
cometas
ilustra la
teórica de
los plane­
tas.

202

Viage estático

después no te maravilles de algunos reparó­
nos que me oirás contra lo que parece que­
dar ya establecido. Yo no soy como el cé­
Dudas del lebre Luis C astel, que dudaba (i) de casi to­
ingenioso dos los descubrimientos de la presente astro­
nomía ; pues que veo que ésta en varios ca­
Castel,
sos procede con buenos fundamentos , y en
otros se apoya sobre prudentes conjeturas: no
obstante, porque no siempre la moderna as­
tronomía se afirma sobre estos dos buenos
apoyos, y porque yo en este viage te he de
enseñar lo que dicta la imparcial crítica; por
no faltar á mi deber, algunas veces me to­
maré la licencia de hacerte reparar á debi­
do tiempo las cosas que me parezca dignas
de mirarse como contravando, ó como espu­
rias. Por esta razón te he insinuado, que la
distancia del Sol á la tierra , después del pa­
so de Venus, se propone con mayor fundamen( i ) El Jesuíta Castel , bien conocido en la
república literaria por sus ingeniosas obras, y por
las Memorias de Trevoux , en que se ocupó por
muchos años, escribió una obra intitulada : Le
v ra i systevne de pliysique generóle de AI. Isaac
JSfevjton, que fué trabajo de 20 añ o s; y para en­
tender y aprender mejor la obra de Ne'wton de
principas Aíat heniaticis , no se contento Castel
con leerla varias veces , sino que la copió toda
por sí mismo. Véase el prefacio de dicha obra , en
que hace muchos reparos ingeniosos y bien fun­
dados.
\

al mundo "Planetario.
203
mentó que antes; y que la de los demás pla­
netas no se infiere con tanto fundamento. Si El satélite
fuera verdad que Venus tenia un satélite ó que algu­
luna que distase de ella noventa mil leguas, nos supo­
y diese una vuelta al rededor de Venus en nen en Ve­
nus , hace
223 horas , como han afirmado algunos As­ vacilar el
trónomos , vacilarían algo las leyes ó hipó­ sistema de
tesis en que se funda el cálculo, que se hace la física mo­
para inferir las distancias, la masa y la den­ derna.
sidad de los demás planetas. Mas dexando
por ahora esta qüestion, ya te he dado bas­
tante noticia de la utilidad que la astrono­
mía ha sacado de la observación de los dos
-iCy\
pasos de Venus delante del S o l: pasemos á
oir;»1irr
hacer desde aquí en Venus las observaciones
que hemos hecho en el S o l; esto es , consi­
deremos su figura, grandeza , la cantidad de
su m ateria, su calor, y la luz que recibe
del Soh

§. ir.
F ig u r a , grandeza, masa, densidad, luz y
calor de Venus. Breve discurso sobre
el pretendido satélite de Venus«

,

Enemos á nuestra vista por objeto de
nuestra contemplación , la hermosa Ve­
nus, á quien los terrícolas miran con parti­
cular cariño, ya porque después del Sol y de
la Luna es el planeta que les aparece ma­
yor y mas luciente , y ya porque les sirve
muchas veces para anunciar la venida de la
aurora , que da principio al dia y al trabajo
de sus manos* A todo esto se añade, que Ve­
nus

T

204

Via ge estático
el planeta mas cercano á los terríco­
las después de la Luna, y el mas semejante
á la tierra en su grandeza , y según las pre­
tensiones de algunos Astrónomos en tener una
Manchas
luna como la terrestre. Si por ventura las
grandes de
manchas grandes que vemos en el globo de
Venus.
Venus son sus mares , la situación de estos
en Venus es muy diferente de la que tienen
los mares en el orbe terrestre ; pues que en
éste la mayor parte de su tierra descubierta
y poblada está en las zonas tórridas y tem­
Si en Ve­ pladas ; y en Venus casi todas las zonas tór­
nus hay ma­ ridas son mares, entre los que solamente hay
res , es ad­ tres interválos ó istmos de pequeñísima exten­
mirable su
sión. En las zonas templadas y frías de Ve­
situación.
nus debe estar la mayor parte de su terreno
ó masa descubierta. Las manchas que vemos
en Venus ocupan casi dos terceras partes de
su superficie: por lo que en Venus los mares
son mayores que en la tierra. Siendo en ésta
m icho menos activo el calor que en Venus,
parece que no sea casual, sino efecto de par­
ticular providencia, que los mares ocupen to­
das sus zonas tórridas , pues que el conti­
nente grande en éstas sería inhabitable por su
excesivo calor. En los dos polos de Venus
se ven dos manchas que parecen dos mares
aislados, como el Caspio en el orbe terres­
tre. La dirección de los mares en Venus es
contraria á la que estos tienen en la tierra:
en ésta se estienden generalmente de uno á
otro polo; y en Venus se estienden al redejdor del equador.
Venus es mas semejante á la tierra en su
r .
granchis es

al mundo "Planetario.
205
Grandez*
grandeza, que en sus m ares; pues que mira­
da con la simple v is ta , y á pocas leguas de de Venus.
distancia de su glo b o , éste parece tan grande
como el terrestre. A la v erd a d , la diferencia
no es muy notable, porque el diámetro ter­
restre , que tiene de largo 2865 leguas, ex­
cede al de Venus solamente en 117 leguas. Su diáme­
La circunferencia de Venus podrá tener 8728 tro.
leguas: su superficie será de veinte y quatro millones y medio de leguas quadradas ; y Su superfi­
su solidéz de mas de once mil millones de le­ cie y soli­
dez.
guas cúbicas. Si Venus no tuviera mares , la­
gos ni rio s, aunque es algo mas pequeña que
la tierra , no obstante podría .mantener en su
superficie mas gente que hay en el orbe ter­
restre , del que el agua hace inhabitable una
m itad, y no pequeña parte no se puede ha­
bitar por la aspereza de sus montañas, y por
el rigor de su frió ó calor. Es Venus mas pe­
queña qué la tiéiTa en su volumen , pero no
en su masa : en ésta la diferencia es ta l, que
si en la tierra hay , por exemplo, cien mil mi­
llones de libras de m ateria, en Venus deberá
haber ciento veinte y siete mil millones de li­
bras de ésta. Igual cantidad de materia ocu­
pa menos volumen á proporción que está mas
densa. Si ves que un globo de oro , siendo
mas pequeño que otro de plata , pesa mas Su densi­
dad,
que éste , luego inferirás , que en el globo de
oro hay mas masa que en el de plata , ó que
la materia del oro es mas densa que la de la
plata. La materia de éste es menos densa y
pesada que la de oro ; y la de cobre es me­
nos densa y pesada que la de plata, La diParte I I .
Dd
ver-

£06
V i age estático
versa densidad de.estos tres metales sirve pa­
ra que prácticamente conozcas la diversa den­
Compara­ sidad entre las masas de la tierra , de Venus
ción de la y de Mercurio. Si comparas la tierra (i) al
Tierra , de cobre del Japón ; Venus á la plata purísima,
Venus y de y Mercurio al oro que se usa comunmente en
Mercurio
las monedas, hallarás que la diferencia que
en la densi­
hay
de densidad entre estos metales, es la
dad»
misma que se advierte en la densidad de la
Tierra , Venus y Mercurio. De esta diferen­
cia de densidad proviene , que en Venus un
cuerpo tarda en caer menos tiempo que en la
tierra ; así si en ésta un cuerpo al empezar á
caer camina e*i un minuto segundo quince
pies , aquí en Venus caminaría diez y ocho;
y un cuerpo que en la tierra pesa quince li­
jaras , trasladado á Venus , en ésta pesaría diez
Comercio y ocho. E s ta noticia sería ruidosa en Holan­
útil con el da y en Génova , si fuera cierto que el pla­
planeta Ve­ neta Venus estaba poblado, y á él se pudie­
nus.
ra navegar ó volar desde la tierra ; pues que
los Holandeses y Genoveses al oír que aquí
el peso crecía un veinte por cada ciento , no
perdonarían trabajo alguno por establecer co­
mercio con Venus. Sobre este punto los Holan( i) Las densidades de la Tierra , de Venus
y de M ercurio están entre sí , como los números
l o o , 1 2 7 , 203; y las densidades del cobre del
Japón , de la plata purísima , y del oro común
de las monedas están entre s í, como los números
9 0 , i i , i8.

al mundo Vianet ario.
20?
landeses han pensado sutil y delicadamente.
Habrás oído, Cosmopolita, que según los nue­
vos descubrimientos de los Físicos en la tier­
ra ( t) , pesa mas un cuerpo ácia los países sep­
tentrionales que ácia los australes; y puntual­
mente desde estos á los septentrionales los Ho­
landeses llevan sus géneros , teniendo por ac­
cidente afortunado, que los de su comercio es­
tén cerca del equador terrestre, y se deban
vender en países septentrionales.
La gran densidad de Venus hace mayor Venus se
su lu z ; pues que con ella reílexan mejor los hace visible
á medio
rayos solares. La luz de Venus suele ser tan
diafuerte , que tal vez la hace visible de dia, co­
mo la hizo en el año de 1716 : este fenóme­
no causó gran maravilla al Pueblo de Lon­
dres (2) : no es muy raro , porque puede suce­
der
(1 ) Según las experiencias hechas con el pén­
dulo baxo del equador , y en uno de los círcu­
los polares , se infiere probablemente que en estos
la gravedad de los cuerpos ( ó la atracción ter­
restre) es mayor que baxo del equador : aquella
gravedad es á ésta , como 231 á 230 ; esto es , un
pedazo de metal que en Quito (Ciudad casi en
el equador) pesa 230 libras, en los países pola­
res pesará 231 libras.
(2) La aparición de Venus á la mitad del
dia en Londres dió motivo á la resolución que
Hallei ( Transacciones JilosóJicas núm. 349. )
dió al siguiente problema: "Hallar el sitio en
que esté Venus , quando su luz es mas visible
Dd 2
des-

'208
V i age estático
der cada ocho años menos dos días; ya que
en este periodo de tiempo Venus vuelve á esCircunstan­ tar respecto de la tierra en aquella misma si­
cias en que tuación en que su luz es la mayor ; así como
es máxima
en el mismo periodo vuelve á estar en la si­
ó mínima la; tuación en que su luz es la menor. Así quanluz de Ve­ do al estar Venus en su mayor cercanía al
nus.
Sol su elongación ó digresión hasta éste es de
39 grados y 6 minutos , y el Sol se halla en
su mayor distancia de la tierra , entonces V e­
nus á los terrícolas aparece con la menor luz;
y quando Venus estando en la digresión de
40 grados y 22 minutos hasta el S o l, dista
mas de éste , y la tierra está en su mayor cer­
canía al Sol , entonces Venus aparece á los
terrícolas con su mayor luz. La diferencia en­
tre la mayor y menor lu z , con que Venus en
diversas situaciones aparece á los terrícolas,
es como la que hay entre los números 5 y 4 (1);
esto es, la dicha diferencia es de una quinta
pardesde la tierra.” D e la resolución resulta, que ca­
da ocho años menos dos d ia s , Venus vuelve á es­
tar en un mismo sitio , respecto de la tierra.
( 1 ) L a diferencia entre la mayor y la menor
luz de Venus propiamente es , como la que h ay
entre los números n y 8. Quando Venus y la
tierra están en sus distancias medias hasta el Sol,
y la digresión de Venus es de 39 grados y 43
minutos, la luz de Venus es como el número 10.
Véase el cálculo de K i e s , citado por La-Lande
( Astronomü , núm. 1 1 9 9 ) .

a l mundo "Planetario

.

209

parte. Ultimamente, para concluir el discur­
so sobre la luz y el calor de Venus , te acor­
daré y repetiré lo que sobre el mismo asun­
to te dixe en Mercurio : conviene á saber, que
siendo mayor ó menor la intensión de la luz Calor y luz
y calor en los planetas, según su mayor ó de Venus.
menor distancia hasta el Sol, se infiere desde
luego , que la dicha intensión en Venus, quando está en su distancia media del Sol, es ca­
si doble de la terrestre ; y aun se puede afir­
mar absolutamente , que la dicha intensión de
luz y calor es casi siempre la misma en Ve­
nus , pues que es cortísima la diferencia entre
su mayor y menor distancia hasta el Sol, co­
mo presto verás en la contemplación que des­
de este sitio harémos de los astros, luego que
haya concluido el breve discurso que pienso
y debo hacerte sobre el satélite de Venus.
Antes de la invención de los telesco­ Historia de
pios, entre las muchas y disparatadas ocur­ los fingidos
rencias de los Matemáticos sobre el sistéma descubri­
celeste, no se habia oído jamás el de conjetu­ mientos del
rar que los planetas tuviesen alguna luna , co­ satélite de
mo la tiene nuestra tierra; pero luego que Venus.
los terrícolas descubrieron que Júpiter tenia
Primera
quatro lunas, y Saturno tenia cinco, aguza­ época del
ron su vista para descubrir también lunas entusiasmo
en los demás planetas. Se figuraron los As­ satelicio de
trónomos hallarlas en Marte, Venus y Mer­ los Astró­
curio, no concibiendo razón física, ni moral, nomos.
por la que estos tres planetas debiesen estár
siempre solitarios , ó sin Lunas , quando la
tierra tenia una , Júpiter quatro , y Saturno
cinco: pero por mas que las lentes de los teles-

210
Victge estático
lescopios se han refinado y perfeccionado*
hasta ahora no se ha descubierto luna al­
guna en los solitarios Marte y Mercurio; y
solamente por mas de un siglo se ha duda­
do y contrastado si la tenia Venus. Fontana,
Observado­ observando á Venus á n y 15 de Noviem­
res del sa­
bre, y á 2$ de Diciembre del 1645 , y úl­
télite de Ve­ timamente á 22 de Enero del 1646 con un
nus.
telescopio que se la hacía aparecer tan gran­
de como la Luna aparece á la simple vista
desde la tierra, notó en el disco de Venus
una mancha ó nube que negreaba , y juzgó
que esta aparente nube era la luna ó el sa­
télite de Venus. Cassini, con la prevención de
esta observación y conjetura de Fontana , y
por efecto quizá de ilusión óptica, observando
á Venus á 28 de Agosto del 1682, juzgó haber
visto su satélite , cuyo diámetro le pareció quatro veces menor que el de Venus. En el año de
1740 se publicó , que Schort observando en
Londres á Venus con un telescopio que en­
grandecía sesenta veces los objetos , habia
visto por una hora el satélite de Venus, que
el diámetro del satélite tenia de largo casi
una tercera parte del diámetro de Venus , y
que su satélite parecía distar de ésta diez mi­
nutos. En el 1761 se publicó , que á 3 , 4
y 7 de Mayo del mismo año Montagne ha­
bia visto cerca de Venus un satélite, que se­
gún la memoria de Baudouin , leída en la Académia de las Ciencias en París, distaba de
Venus tanto, quanto de la tierra dista la Lu­
na terrestre ; hacía su revolución periódica en
9 dias y 7 horas , y aparecía de un diáme­
tro

al mundo Vianetario,

211

tro, que era una quarta parte del diámetro de
Venus. Si se hubieran verificado la existencia
y las circunstancias de este satélite de Ve­
nus , como se pintan en la memoria de Baudouin, parece que sería falsa la famosa leyde Keplero,en la que se dice, que los quadrados de los tiempos periódicos de los pla­
netas son como los* cubos de sus distancias;
y no se verificarían los cálculos que los As­
trónomos modernos suponen ciertos para in­
ferir la densidad de los planetas. En tal caso
la densidad de la masa de Venus sería ex­
traordinariamente grande. La-Lande, citando
las referidas pretensiones y observaciones del
satélite de Venus en su astronomía reforma­
da de la edición del 1775 (1), no asiente á la
existencia de tal satélite ; y del mismo sen­
t ir , añade, con Boscovich y H ell, r'los dos
astros mayores que en el siglo presente ha te­
nido el firmamento jesuítico ; mas el mayor
de ellos ( que era mi amigo Boscovich (2))
se eclipsó en el 1787. ”
Maximiliano H ell, que desde el 1756 ilus­
tra el mundo celeste con sus efemérides as­
tronómicas, añadió á éstas en el 1766 una
disertación, en que procuraba demostrar, que
las publicadas observaciones, en que algunos
Astrónomos decían haber visto el satélite de
Ve(1) La L an de: Astronomie , n. 2999.
(2) Rogé rio Boscovich nació á 11 de Mayo
17x1 , y murió á 13 de Febrero 1787.

Opinión de
La-Lande,

Boscovich
y Hell so­
bre el saté­
lite de Ve­
nus.

212
Pronósticos
contrarios
de Lambert
y Hell sóbre­
la aparición
del satélite
de Venus.

Viage estitíco

Venus, eran ilusiones ópticas, y descubría la
causa física de éstas. Lambert, poco satisfe­
cho de las reflexiones con que Hell procura­
ba probar la ilusión de los que juzgaban ha­
ber visto el satélite de Venus, y dando de­
masiado crédito á algunos Astrónomos que
nuevamente afirmaban haberlo visto, y prin­
cipalmente á Scheutten ," que decia haberlo
visto con otros Astrónomos el dia 6 de Ju­
nio del 176 1, en que sucedió el paso de Ve­
nus delante del Sol, creyó verdadera la exis­
tencia del satélite , y según los fenómenos
que se figuró notados sobre su observación en
las efemérides de Berlín para los años 1777
y 1778 , se atrevió á publicar el pronóstico
del paso del satélite de Venus delante del
disco solar el dia 1 de Junio de 1777. A este
pronóstico contrapuso Hell otra disertación,
y otro pronóstico ( publicado en sus efeméri­
des astronómicas para el año 1777 ) , en el que
dice (1): Profeta soy : así como el satélite
de Venus no se ha visto en el Sol el 6 de
Junio de 17Ó1 , ni el 3 de Junio de 1769, tam­
poco en el dia 1 de Julio de 1777 se verá
por ningún Astrónomo que sepa distinguir los
efectos de las ilusiones ópticas. Esto afirmo
con confianza correspondiente á la cierta per­
suasión en que estoy de no tener Venus sa­
télite alguno. ” El pronóstico de Hell se ha
ve(1) Ephemerides astronómica anni 1777 Á
Maximiliano Hell. Vienna 1776. S. 7.

al mundo Planetario,

213

Verificaverificado hasta el presente año de 1791 ; y
se deberá tener por cierto hasta que la evi­ cion del pro­
nóstico de
dencia demuestre su falsedad. El mismo Hell Hell.
en su pronóstico ó segunda disertación sobre
el pretendido ó supuesto satélite de Venus, de­
clara las causas comunes de las ilusiones óp­
ticas en la observación de Venus; y que por
causa de éstas un Astrónomo , observando una
vez á Marte en su observatorio de Viena , afir­
maba ver en Marte un satélite (1).
En la relación que te acabo de hacer, y
en la opinión de H e ll, que has oído sobre la
existencia del satélite de Venus, tienes de­
clarado mi sentir : por lo que no debiendo
detenerme mas tiempo en el discurso de tal
satélite, paso á instruirte en la observación
práctica de la órbita, y del movimiento pe­
riódico de los planetas vistos desde este si­
tio ; y porque la observación de qualquiera de ellos sirve para entender los princi­
pales fenómenos de los demás , mi instruc­
ción se contendrá en los límites de la obser­
vación de un planeta solo. Para tu mayor fa­
cilidad en hacerla y entenderla elegiré el pla­
neta , cuya observación sea mas simple é inte-

(1) Melchor de Briga (en su carta escrita en
el 1726 á Monseñor Blanchini , y publicada por
éste al fin de su obra: H esp eri, et phosphori novahistoria , que se citará después) atribuyó á ilu­
sión óptica el imaginario satélite que Fontana y
Cassini juzgaron haber visto en Venus.

Parte II.

Ee

214
Viage estático
teligible. La instrucción que ahora te haré te
servirá, Cosmopolita , para conocer práctica­
mente el modo con que los Astrónomos mo­
dernos han formado y perfeccionado su sis­
tema celeste , observando los astros desde la
tierra. No tengo por conveniente acompa­
ñarte viajando por ésta , porque preveo que
no te podré declarar las verdades que he co­
nocido tratando con los terrícolas: nuestro
viage ha de ser solamente por las regiones
celestes, como desde el principio te he insi­
nuado : por lo que en éstas te debo decla­
rar el modo usado por los terrícolas para for­
mar su sistéma celeste, ya que no te le pue­
do enseñar prácticamente en la tierra. El pla­
neta primario que mas se acerca á ésta es
Venus, y es á ella semejantísimo; por lo que
aquí con particular utilidad podré instruirte
en lo que no puedo declararte en la tierra.
Oyeme atentamente, Cosmopolita.
§■

n i.

.

Tráctica observación que sirve para en­
tender la astronomía de los terrícolas
El Sol vis­
to desde Ve­
nus.

,

,

A una ojeada Cosmopolita á las regio­
nes planetarias, y fija tu vista y aten­
ción en el Sol, como en centro, desde dond
conviene tomar siempre las medidas para ar­
reglar el sistéma de planetas que existe en
realidad ó en nuestra fantasía. Observa aten­
tamente el Sol, y haciendo revivir en tu idea
mental la figurada grandeza con que el mis/ mo

D

/

el mundo Vianet avio.
215
mo Solté aparecía visto desde la tie r r a le s de luego por el cotéjo de esta grandeza, y
de la que ahora observas, conocerás clara­
mente , que ahora el Sol te parece mucho ma­
yor que quando lo veías desde la tierra. No
te engañas en esto: pues que el diámetro del
globo solar mirado desde aquí parece ser de
45 minutos ; esto e s , una mitad mayor que
aparece á los terrícolas. Infiere de esto, Cos­
mopolita , quanto nos hemos alejado del Sol,
y como la monstruosa mole de éste va poco
Distancia
á poco apareciendo menor. Nosotros dista­
mos ahora del Sol veinte y quatro millones, del Sol has­
y cerca de ochocientas mil leguas (1) , que ta Venus.
forman ó hacen la distancia media de V e­
nus hasta el Sol. De esto mismo puedes tam­
bién inferir, que si el Sol nos aparece desde
aquí tan pequeño, ¿cómo nos aparecerá Mer­
curio quando diste de nosotros tanto como
el Sol ? En este caso su diámetro solamente
Mercurio
aparecerá de nueve segundos ; mas quando visto desde
Mercurio está en su menor distancia de V e­ Venus.
nus ( que será de ocho millones, setecientas
y veinte y tres leguas ) , su diámetro apare­
cerá de 28 segundos ; esto es , quatro veces
mayor que en su distancia media aparece á
los terrícolas; y casi como una mitad del diá­
metro con que á estos llega á aparecer V e­
nus. Por esto conocerás, que desde este sitio
no
( 1 ) La distancia media deVenus al Sol es
de 24,798,900 leguas.

216

Observa­
ción de la
órbita de
Mercurio.

Observa­
ción que
convence
no ser per­
fectamente
circular la
órbita de
Mercurio.

Viage estático

no se ve jamás Mercurio á hacer la figura que
Venus hace respecto de los terrícolas.
Ya que insensiblemente hemos pasado á
discurrir de Mercurio , contemplemos , Cos­
mopolita, su órbita. Un Astrónomo desde aquí
no tendria dificultad en determinar la calidad
de ella. Quiero decir : por poca atención que
se ponga en Mercurio , desde luego se obser­
varía que rodeaba al Sol ; y la duda solamen­
te estaría en conocer si este rodéo era ó no
perfectamente circular. Esta dificultad se des­
ataría luego , al ver que Mercurio recorría
una órbita que no convenia con el círculo. Pa­
ra venir en conocimiento de esta verdad, bas­
taba , Cosmopolita , hacer esta reflexión. Si
la órbita de Mercurio fuera perfectamente cir­
cular , sería necesario que dentro de ella hu­
biese un punto , conjo centro , del qual distáse siempre igualmente Mercurio ; por tanto,
si observando algunas veces los sitios de Mer­
curio , no se halláse dentro de su órbita pun­
to alguno que distáse igualmente de dichos
sitios , se deberá luego inferir que no es cir­
cular la dicha órbita ; y para inferir esta ver­
dad basta observar tres solos sitios de Mer­
curio , pues que estos solos bastan para co­
nocer si dicha órbita es ó no circular. Cono­
ciéndose que esta órbita no es circular , des­
de luego á un Astrónomo desde aquí se ofre­
cería exáminar ó investigar , qué especie de
curva deberá ser la dicha órbita ; y porque
después del círculo la curva mas simple, y
que mas á él se asemeja , es la o v a l , llama­
da elipse por los Geómetras, se valdria de las

al mundo Vianet ario.
i\ y
observaciones de tres sitios de Mercurio, pa­
ra hallar si la dicha órbita era oval ( i); y
desde luego descubriría , que la órbita con­
venía muy bien con las propiedades de la oval,
en un foco d£ la qual hallaría estar el Sol, y
que el centro de la oval distaba del Sol ó de
sus focos , dos millones , setecientas y trein­
ta m il, doscientas y ochenta leguas.
Ve en este exemplo práctico, Cosmopoli­
ta , una idea bastante clara del método con
que los terrícolas han llegado á conocer , des­
pués de muchos siglos , que son ovales ó elíp­
ticas las órbitas de los planetas, y que en un
foco de ellas está el Sol. Esta idea, aunque
parece tan simple, no se ha ofrecido á los ter­
rícolas hasta el siglo pasado. Los Astrónomos
terrícolas desde la mas remota antigüedad
empezaron á conocer , que se advertían mu­
chas desigualdades en las órbitas de los pla­
netas ; queriéndolas componer todas por me­
dio de círculos , adelantaron poco en la as^
tronomía. Es disculpable su empeño, pues que Resultados
la hipótesi de ser circular la órbita de los de hipótesi
planetas en algunos fenómenos de estos, se ha­ falsa.
llaba casi conforme con la verdad. Así Keplero, habiendo calculado según la misma hi­
pótesi circular doce oposiciones de Marte , obser(i) Newtón en el lib. I. de sus principios ma­
temáticos, prop. 21. teorema 13 , prescribe la ma­
nera de hallar la órbita elíptica en el caso pro­
puesto.

218

Via ge estático

servadas por T ic o , halló con gran admira­
ción , que en el cálculo no resultaba mas er­
ror que de un minuto y veinte segundos; mas
porque al mismo tiempo advirtió que la di­
cha hipótesi y cálculo no correspondían bien
con las latitudes de Marte observadas en los
tiempos de su oposición , ni con las longitu­
)
des de Marte observadas en otros tiempos,
empezó á sospechar que ni la órbita de M ar­
te , ni de ningún otro planeta , se podía enten­
der , ni explicar bien por medio del círculo,
como desde Toloméo hasta su tiempo se ha­
bía querido explicar. Keplero , antes de caer
en esta sospecha , había hecho setenta (1) ve­
ces los cálculos , de los quales uno solo ocupa
Keplero des­ diez páginas en folio. Tenacidad y empeño tan
tierra de la
grande se necesitaban para romper (2) las ca­
astronomía
denas fuertes con que la preocupación antigua
la preocu­
hapación de
las órbitas
circulares.

( 1) Véase la obra de Keplero , intitulada:
Astronomía nova , sen physica cAestis tradita
commentariis de motibus stellae JMartis ex observationibus C. V'. Tychonis Brahe ; impresa la
primera vez en Praga en el año de 1709. iol.
(2) Según el Riccioli ( Alm ag. t. 1. p. 149),
citado en la pág. 74 del primer tomo de esta obra,
Reinholdo en el fin de las teorías de Purbachio,
hace oval la órbita lunar. Keplero , sin duda en
fuerza de sus cálculos, que le daban á conocer no
ser circular la órbita de los planetas , conjeturó,
que ésta era oval ; y por tanto , no se le puede
negar la gloria de tal invención.

al mundo "Planetario.
219
había rodeado la astronomía, suponiendo en
ella circulares las órbitas de los planetas. Así
Keplero dice con razón : w Mi grande error
consistió en suponer circular la órbita de los
planetas : este error me robó gran tiempo;
mas no es de maravillar, porque estaba au­
torizado por los antiguos sabios , y se creía
muy conforme á la filosofía que ha reynado
hasta estos tiempos.” En efecto, todo sistéma
ó hipótesi que entre los sabios corre algunos
siglos autorizado, suele perjudicar á los pro­
gresos de las ciencias naturales. Hablo, Cos­
mopolita , de los sistémas que no son natu­
ralmente ciertos ; y entre estos comprendo
algunos que hoy reynan ; no porque yo reprue­
be el valerse de ellos hasta que no se des­
cubran otros mejores ; sino porque soy de sen­
tir , que los hombres aprovechándose de lo
inventado deben procurar pensar en nuevos
métodos, si ven que los hallados no son na­
turalmente ciertos; ó lo que para mí es lo
mismo, si los inventados no se hallan en to­
do conformes con la sucesión de los efectos.
Mas dexando este asunto, á que me habia
llevado el dicho ó proposición de Keplero, que
se lamentaba del trabajo y tiempo perdidos
por haberse dexado gobernar por una hipó­
tesi autorizada , volvamos otra vez al discur­
so de la invención de las órbitas elípticas de
los planetas.
Se puede afirmar absolutamente, Cosmo­
polita , que la ocurrencia de las órbitas elíp­
ticas ha sido la mas memorable é importan­
te época de los progresos de la astronomía,
la

Nuevos des­
cubrimien­
tos de Ke­
plero en la
física-astro­
nómica.

220
Via ge estático
la qual por instantes voló á gran perfección.
Debese ésta no solamente á las primeras ideas
de Keplero , sino también á las que después
tuvo como conseqiiencias naturales, y como
efectos de cotejar y exáminar bien las obser­
vaciones. Keplero, pues, habiendo determina­
do las distancias medias de los planetas con
relación á sus órbitas elípticas , y teniendo
siempre á la vista las exáctas observaciones
que Tico le habia enviado del tiempo que
cada planeta empleaba en una revolución ó
en recorrer su órbita , llegó á sospechar si
por ventura habría alguna relación entre las
distancias medias de los planetas y entre sus
tiempos periódicos. Esta ocurrencia , Cos­
mopolita , se debe mirar como cosa verdade­
ramente rara : porque Keplero conocía muy
bien que en cada planeta se pueden conside­
rar tres distancias hasta el Sol: una, que es
la mayor , y es quando está mas lexos del
Sol: otra, que es la menor, y es quando está
mas cerca del S o l; y la última , que es la me­
dia , y es quando el planeta está entre su
mayor y menor distancia del Sol. No obstan­
te de considerarse en cada planeta estas tres
distancias , Keplero siguió el empeño ó asun­
to do observar si habia alguna relación en­
tre las distancias medias de los planetas , y
sus tiempos periódicos : para esto hizo innu­
merables (i) cálculos y cotejos, y no hallan­
do
(i)

Entre las muchas comparaciones que hi­
zo

.

al mundo "Planetario
221
do jamás proporción ó relación alguna, á 8
de M ayo de 1618 se le ofreció compararlos
quadrados de los tiempos periódicos de los
planetas con los cubos de sus distancias hasta
el Sol, y por desgracia suya equivocando el
cálculo no halló proporción alguna entre di­
chos quadrados y cubos. A 15 de M ayo del
año siguiente se le vuelve á ofrecer otra vez
el pensamiento de este cálculo : lo hizo de
nuevo, y halló, que comparando los quadra­
dos de los tiempos periódicos de dos pla­
netas con los cubos de sus distancias me­
dias hasta el Sol , resultaba (1) una propor­
ción constante, de la que tuvo origen la in­
signe y útilísima máxima de que te he ha­
blado en otra ocasión , y se reduce á esta
expresión práctica : "Si comparamos los tiem­
pos periódicos de dos planetas y sus distan­
cias medias hasta el Sol, se hallará, que los

zo Keplero , unas de ellas fue el comparar las
distancias de los planetas con los sólidos regula­
res cubo , Tetraedro , octaedro , dodecaedro é isocaedro : otras fueron el comparar las mismas dis­
tancias con la variedad de sones en la música, & c.
Veanse sus obras : Harmonices mundi , y myserium cosmographicum.

( i ) A l encontrar la dicha porporcion, dice K e ­
plero ( Harmonices m undi ) : T an ta comprobatione , et mei laboris septemdecennalis in observationibus B ra h ca n is , et meditationis hujus in unum
conspirantium , ut sommare me crederem, &c.
P a r te I L
Ff

222
V iage estático
quadrados de dichos tiempos tienen entre sí
la misma relación que los cubos de sus dis­
tancias.” Los Astrónomos después de la muer­
te de Keplero han pretendido dar la demonstracion de esta máxima ó ley.
No pararon aq u í, Cosmopolita , los úti­
les pensamientos de Keplero , el qual medi­
tando mas y mas en las observaciones, y vien­
do que los planetas se movian tanto mas len­
tamente quanto mas distaban del Sol , llegó
á sospechar, que en esta variedad de movi­
mientos se podría encerrar alguna relación
constante. En efecto él la halló; é infirió la
ley ó máxima , que se reduce á esta simple ex­
presión : " Los tiempos que un planeta tarda
en recorrer qualesquiera parte de su órbita,
están entre sí, como las áreas que dichos pla­
netas describen.” Esto es , supongamos que
•un planeta hoy en seis horas ha caminado seis
grados en su órbita, y que ayer el mismo
planeta en seis horas solamente había cami­
nado quatro grados: en esta suposición ima­
gínate , Cosmopolita , que desde el foco de la
órbita del planeta , en que está el Sol, salen
quatro lineas , de las quales dos lleguen á com­
prender el arco de seis grados, que el plane­
ta ha caminado h o y , y las otras dos lineas
lleguen á comprender el arco de quatro gra­
dos que el planeta caminó ayer: en este ca­
so hallarás que son iguales las áreas ó espa­
cios comprendidos entre las dichas lineas y
sus respectivos arcos, así como los tiempos
son iguales; mas si los tiempos hubieran sido
desiguales, se. hallaría la misma desigualdad
entre las dichas áreas.
Te

al mundo Vianet ario,
223
Te he explicado brevemente, Cosmopoli­
ta , las leyes fundamentales de la astronomía;
para completar la explicación es necesario
traerte á la memoria lo que en la jornada del
Sol te dixe sobre las fuerzas de proyección, y
de gravedad ó atracción , que los Astrónomos
conciben en todos los planetas , como causas
de la órbita elíptica, según se dixo en el §.
XII del primer tomo de esta obra, que ellos
describen al rededor del mismo S o l; y esta
consideración encierra toda la perfección que
Newtón ha dado á la astronomía Kepleriana.
Esto es, Newtón ha llegado á señalar las cau­
sas físicas, que se conciben bastantes para que
los planetas rodeen al S o l, moviéndose siem­
pre por órbitas elípticas, como decía Keplero. Para esto él solamente propuso estas ideas Explicacion
simples. Supongamos en el Sol una atracción, práctica del
con que tira de todos los planetas por linea sistema físi­
co-astronó­
recta; ó lo que es lo mismo , supongamos que mico.
todos los planetas tienen su gravedad ácia el
Sol en tal manera, que caerían luego por li­
nea recta en é l , si se dexáran llevar de tal
gravedad. Supongamos asimismo , que la fuerza
de esta gravedad ó atracción, se disminuye
á proporción que el planeta está menos cer­
cano al S o l; y que tal disminución observa
una ley constante: esto e s , que la disminu­
ción de la dicha fuerza sea tanto mayor, quanto es el quadrado de la nueva distancia del
planeta al S ol, respecto del quadrado de la
menor distancia que antes tenia el mismo pla­
neta. Por exemplo , si el planeta ayer dis­
taba del Sol tres millones de leguas, y hoy*
Ff 2
dis-

224

Viage estático

dista seis , la fuerza de gravedad habrá dismi­
nuido hoy respecto de la de ayer , quanto el
quadrado de 6 ( que es 36) excede al quadrado de 3 (que es 9) ; y porque el quadrado
36 excede ó es mayor quatro veces que el
quadrado 9 , se infiere , que la fuerza de gra­
vedad en el planeta será hoy quatro veces
menor que la de ayer.
Con esta simple ley Newtón llegó á pro­
poner y probar la siguiente proposición: "S i
un cuerpo (1) se mueve por una órbita elíp­
tica, se necesita que lo tire ácia un foco de
la elipse una fuerza tal , que decrezca en la
misma razón que crecen los quadrados de la
distancia de dicho cuerpo hasta tal foco.” Se­
gún esta proposición se concibe naturalmen­
te, que si Dios en el principio del mundo co­
locó á cierta distancia del Sol un planeta, y
le imprimió una fuerza de proyección ( de que
te he hablado antes) , entonces el planeta ti­
rado de la atracción solar se moverá al re­
dedor del Sol por una órbita , la qual será
elíptica en caso de que las fuerzas de grave­
dad y de proyección tengan entre sí las re­
laciones que se requieren según la naturaleza
de la elipse (2).
Según esta breve explicación empezarás ya,
Cos(1)
Newtón : Vhilosophioe naturalis princi­
p ia matliem. lib. 1 . prop. 11. probl. 6.
(2) Veanse las proposiciones II y 16 del li­
bro primero citado de Newtón.

al mundo Vianetario.

225

Cosmopolita , á entender cómo los Astróno­
mos han llegado á señalar las causas físicas Causa físi­
del movi­
del movimiento elíptico de los planetas; y es­ ca
miento elíp­
tas causas, como has oído, no son otra cosa tico de los
sino la combinación de las fuerzas de grave­ planetas.
dad y de proyección en los planetas, los quales tirando de estos por direcciones que for­
man un ángulo, hacen que los mismos planetas
caminen como por una diagonal dentro de di­
cho ángulo: y la unión de estas diagonales for­
Elementos
man la órbita elíptica , en uno de cuyos fo­ de la órbita
cos está el Sol. De esto mismo inferirás , que elíptica de
los planetas están ya mas cerca, y ya mas los plane­
tas.
lexos del Sol, según se avecinan ó alexan del
foco en que está el mismo Sol. Puede ser que
esta ilación excite en tí alguna duda sobre la
doctrina que te he explicado. Quiero decir:
tú has oído que un planeta se mueve al rede­
dor del Sol en virtud de las dos fuerzas; una
de gravedad ácia éste, y otra de proyección;
asimismo has oído que siendo elíptico tal mo­
vimiento , unas veces el planeta está mas cer­
ca del S o l, que otras : ahora pues , uniendo
estas cosas en tu mente , podrás reflexionar así.
Quando el planeta empieza á acercarse mas y Dificultad
mas al S ol, la fuerza de gravedad va ven­ sobre la
ciendo la de proyección ; y luego que el pla­ combina­
neta , habiéndose acercado al Sol , empieza á ción de las
alexarse, la fuerza de proyección empieza á fuerzas de
vencer la de gravedad , ¿ cómo puede suceder gravedad
y atrac­
esto ? Porque si una fuerza llega á vencer , no ción.
se concibe razón , por la qual no continúe ven­
ciendo ; y menos se concibe razón, por la qual
la victoriosa empiece á ser vencida : esto pare­
ce

226

Respuesta
de algunos
Físicos mo­
dernos.

Viage estático

ce juego de fuerzas contrario á la idea y á la
práctica común , por la que vemos, que fuer­
zas iguales y contrarias se destruyen ; y que
de fuerzas contrarias desiguales la mayor siem­
pre vence. Si á esta duda te hubiera yo de
responder , Cosmopolita , con algunos moder­
nos , te diría que este modo de pensar es de
principiantes en la matemática, ó de entendi­
miento que ó no sabe geometría, ó se ha pa­
rado en su corteza. Mas yo no te daré jamás
tal respuesta ; y para no dártela me basta sa­
b er, que semejante dificultad se propone por
algunos Autores, y entre ellos el primero que
la propuso fué el célebre Castel (1) , de cu­
yo vasto conocimiento en la matemática y en
otras ciencias no se puede dudar. Por esta ra­
zón, y porque quiero instruirte á fondo en es­
tos puntos, sobre que estriva la moderna as­
tronomía, y o , lexos de dártela respuesta in­
sinuada de los modernos, voy á proponerte con
mejor aspecto la dificultad de que hablamos:
con esto entenderás mejor el fundamento de
ella , y la solución que le dan los newtonianos. Y para explicarte mejor y mas prác­
ticamente en este asunto , me valdré de la ór­
bita de Mercurio que tenemos á nuestra vista,
sin peligro de equivocarlo con ningún otro
planeta.
Observa , pues, Cosmopolita, á Mercurio,
que
(1) Luis Castel : Le vray sisteme de physi­
que. Seconde analyse , §. 7. §• 14

al mundo Vianetario.

227

que ahora puntualmente está en el punto de
su órbita, que llaman afelio; esto es, en el pun
to mas distante del Sol. Si concibes una li­
nea recta, que desde el centro de Mercurio
pase por el centro solar hasta el opuesto pun­
to de la órbita del mismo Mercurio , tendrás
la linea ó recta, que se llama exe mayor de
su órbita; y en las dos extremidades de este
exe estarán los dos puntos que se llaman afe­
lio y perielio. El afelio , como has oído , es
el punto de la órbita en que Mercurio mas
dista del S o l; y el perielio es el punto opues­
to , en que Mercurio está mas cerca de él. El
delineado exe mayor se llama también linea
de los ápsides : el afelio se llama ápside su­
perior , y el perielio se llama ápside inferior.
En esta suppsicion, Cosmopolita, ya ves que
Mercurio estando ahora en su afelio ó en su
mayor distancia del Sol (que es de 15 millo­
nes y setecientas mil leguas), al paso que re­
corre su órbita para venir al perielio , se va
acercando instantáneamente al Sol. Esto es
decirte: en el afelio la fuerza de gravedad
acia el Sol vence á la fuerza de proyección,
y la victoria va durando hasta el perielio. En
éste, pues, Mercurio dista del Sol diez millo­
nes y trescientas mil leguas: por tanto , quando Mercurio llega á perielio , es lo mismo
que si hubiera caído de una altura de cinco
millones, y quatrocientas mil leguas. Esta conseqiiencia no se puede negar por mas que al­
gunos la quieran desfigurar huyendo del tér­
mino caída , que se debe usar, como lo verás
por esta demostración.
Si

La dicha di­
ficultad se
reproduce
y propone
práctica­
mente.

Exe mayor
de las órbi­
tas planeta­
rias.

Linea de
los ápsides.

Caída de
los planetas
al recorrer
sus órbitas.

228

Navegacio­
nes en que
se sube ó se
baxa.

Vi age estático

Si un planeta se moviera por un círculo
p e rfe c to e n cuyo centro estuviera el centro
de gravedad del planeta , éste ni caería, ni
subiría al dar una vuelta :1a razón es clara,
porque siempre distaría igualmente de su cen­
tro de gravedad ; y solamente se puede de­
cir , que el planeta caería ó subiría algo quando en algún punto de su órbita se arriinára ó
se alexára de su centro de gravedad. Así un
terrícola que desde un valle sube á una mon­
taña , se dice propiamente que sube , porque
se va apartando del centro de la tierra, que
lo es de su gravedad. Así también distando
mas del centro terrestre los países y mares
baxo del equador, que las tierras y mares po­
lares , según enseña la moderna física , con
gran fundamento, una nave , por exemplo, que
desde qualquiera de los p o lo s terrestres na­
vegue ácia el equador , sube sin duda alguna;
así como baxará la nave que desde los ma­
res baxo del equador navegue ácia qualquiera
de los polos. Esto es cosa c lara; porque sien­
do subir el alexarse del centro de gravedad,
y siendo baxar el acercarse al dicho centro,
la nave que desde un polo navega ácia el equa­
dor se va apartando del centro terestre ; así
como la nave que desde el equador navega
ácia un polo se va acercando al mismo cen­
tro ; y por esta misma razón con iguales vien­
tos los viages desde el equador á los polos
deberán ser mas felices que los que se hagan
desde estos ai mismo. Mas sea de esto lo
que fuere, el caso e s, que no es evidente no
ser caída verdadera el arrimarse mas y mas
Mer-

al mundo Planetario .
229
Mercurio al Sol al pasar de su afelio al perielio.
Supongamos aborá, Cosmopolita, que Mer­
curio llega en este momento al perielio. En
este caso empieza á quedar vencida la fuerza
de gravedad, que hasta aquí había venido vic­
toriosa ; pues que desde el perielio por mo­
mentos se va alexando Mercurio del Sol.
En este caso pregunto, ¿quién causa en un
momento tal mudanza que quede victorio­
so el vencido, y vencido el victorioso ? Pre­
gunto m as: una legua antes de llegar Mercu­
rio al perielio venía victoriosa la fuerza de
gravedad , y á una legua después de pasado el
perielio la fuerza de gravedad ya va vencida;
¿ cómo siendo iguales estas dos fuerzas á una
legua antes y después del perielio tienen tan
diferentes fortunas, pues que una legua antes
se da victoria , y una legua después se de­
clara rendimiento ? Las fuerzas de gravedad
en dichos casos son iguales, pues que en ta­
les puntos Mercurio dista igualmente de su
centro de gravedad, y las velocidades con
que Mercurio camina en dichos casos son tam­
bién iguales; pues que distan igualmente del
perielio , en que es la velocidad mayor : por
tanto , debía ser uno mismo (1) el efecto en
los
( i) En el caso de tomar dos puntos de la ór­
bita igualmente distantes del perielio , para in­
ferir un mismo efecto, es necesario tomar arcos
infinitísimos en la misma órbita.
Parte II.
Gg

Lucha de
las fuerzas
de grave­
dad y pro­
yección.

Caída de
Mercurio
por 5,400,
000 leguas.

230
Via ge estático
los dos casos. Parece, pues, que en Mercu­
rio, según estas dudas y reflexiones, debemos
figurarnos ya una caída por la altura de cinco
millones, y quatrocientas mil leguas al pasar
del afelio al perielio ; y ya una subida por
igual altura al pasar del perielio al afelio; y
así la velocidad de Mercurio en el perielio
debería ser la misma (1) que tuviera cayendo
por una altura de cinco millones , y quatro­
cientas mil leguas. De estos resultados sacan
algunos varias conseqiiencias que pretenden
ser poco conformes (2) al obrar de la natu­
raleza.
A
(1 ) Segur las observaciones citadas por Keplero y por La-Lande ( véase la astronomía de
este número 1227 y 3 4 1 9 ) , la velocidad de un
planeta en el afelio está á la velocidad en el pe­
rielio , en razón inversa de las distancias del pla­
neta al centro de gravedad : por lo que la velo­
cidad de Mercurio en el perielio será á la velo­
cidad del mismo en el afelio , como 157 a 12
*I03*
(2)
D e la gran subida y caída que por
millones de leguas hacen los planetas al alexarse y separarse de su centro de gravedad , pare­
ce inferirse que en espacios vacíos se pueden con­
cebir cuerpos cayendo y subiendo por toda espe­
cie de planos inclinados, arcos , cuerdas , y aun
perpendiculares; pues que no hay movimiento
que no pueda resultar de la vária combinación de
las fuerzas de gravedad y de proyección. Leib­
nitz ( véase Castel : Variable systeme de physi­
que , analys. I I . §. 7 .) quería que se explicasen

a l mundo Planetario.
231
A estas y otras objeciones que se hacen
contra la combinación de las dos fuerzas de
gravedad y de proyección, como causas del
movimiento elíptico de los planetas, los Astró­
nomos modernos dan una respuesta verdadera­
mente ingeniosa en estos términos. Un plane­
ta , dicen, que se pone en el afelio con fuerza
de proyección mas pequeña que la de grave­
dad ó central acia el Sol, debe naturalmente
en aquel punto empezar á aproximarse al Sol,
y al acercarse á éste se va aumentando su
velocidad. Ésta crece á proporción que el pla­
neta se acerca al S o l; esto es , si el planeta en
su perielio está tres veces mas cerca del Sol
que estaba en el afelio, la velocidad será tres
veces m ayor; y como esta velocidad es ma­
yor de lo que se requiere para que en el perie­
lio el planeta describa una órbita circular al
rededor del Sol, el mismo planeta debe empe­
zar á alexarse del Sol. Esta solución se hace
mas inteligible con el siguiente exemplo prác­
tico. Supongamos que Mercurio distando del
Sol tres millones de leguas quando está en su
afelio, y un millón de leguas quando está en
el perielio, tenga en el afelio .una velocidad
que expresamos por el número 1 ; y que la
fuerza de gravedad ó central acia el Sol sea
co-

los movimientos de los planetas por medio de un
movimiento circular , ó de torbellino combinado
con otro rectilíneo ; en lo que Leibnitz seguía el
sistema del P. Fabri.

Respuesta
ingeniosa
de los mo­
dernos As­
trónomos
á la difi­
cultad pro­
puesta.

Explicación
práctica de
la respues­
ta.

232
Viage estático
como el número 2. En este caso se infiere que
al estar Mercurio en el perielio su velocidad
será como tres ( pues que está tres veces mas
cerca del Sol), y su gravedad será nueve veces
mayor que era en el afelio ( pues que crece
en razón del quadrado de la distancia que
tenia en el afelio); mas en este casóla fuer­
za de proyección (1) es como el cubo de la
mis(1) En el afelio es necesario concebir que la
fuerza de gravedad empiece á ser mayor que la
de proyección , pues que hace que Mercurio se
acerque mas y mas al Sol , y no pudiera hacer
esto, si no fuera mayor. A proporción que Mer­
curio se acerca á su centro , va creciendo la fuer­
za de proyección ó centrífuga : la razón es clara,
porque ésta crece á proporción de que crece la
velocidad de Mercurio , y á proporción que decre­
ce la distancia de éste al Sol ; esto es , la dicha
fuerza es como el quadrado de la velocidad , mul­
tiplicado por la distancia que Mercurio tenia an­
tes en el afelio. Al pasar Mercurio del afelio al
perielio hay tfn punto en la órbita , en el qual
llegan á ser iguales las fuerzas central y centrí­
fuga , las quales causarían en Mercurio un mo­
vimiento circular , si la dirección de su rumbo
fuera perpendicular al radio desde el Sol á Mer­
curio. Es cierto que después llega á hacerse este
ángulo recto con las dos direcciones; mas entonces
la tuerza centrífuga , excediendo ya á la central,
hace que Mercurio empiece á alexarse del Sol.
Esta doctrina se explica con estas breves expresio-

al mundo Vianetario.

233

misma distancia que antes tenia Mercurio en
el afelio ; esto es , será veinte y siete veces
mayor que era en el afelio: con lo q u een el
perielio de Mercurio tendremos una fuerza de
gravedad nueve veces mayor que la del afe­
lio , y una fuerza de proyección veinte y siete
ve-

siones. l a fuerza central en el afelio se supone
como 2 , y la centrífuga como 1 ; por tanto , la
central vence. En el perielio la fuerza central es
nueve veces mayor , y la de proyección ó centrí­
fuga es veinte y siete veces mayor. Que la cen­
tral sea nueve veces mayor , se infiere de su au­
mento , que es como el quadrado de la distancia
que hay desde el Sol al afelio, que se supone de
tres millones de leguas ; y el quadrado de 3 es 9.
Que la centrífuga sea yejnte y siete veces mayor,
se infiere , porque es como el cubo de dicha dis­
tancia ; y el cubo de 3 es 27 : ó se infiere también,
porque la fuerza centrífuga es como el quadrado
de la velocidad , multiplicado por la distancia
desde el Sol hasta el afelio ; esto es , la veloci­
dad en el perielio era como 3 , cuyo quadrado
es 9 , que multiplicado por 3 (que es la dicha
distancia) da 27.
Contra esta explicación ocurren algunas difi­
cultades , que sería cosa larga referir. D e ella se
infiere , que las curvaturas en el afelio y perie­
lio de la órbita son muy diferentes, y tales, quales podrian ser las de unas elipses de planetas que
estuvieran en diferentísimas distancias hasta el Sol.
Asimismo confusamente se señala razón evidente,

por

234

Carácter de
la combina­
ción de las
fuerzas cen­
trípeta y
centrífuga.

La dicha
combina­
ción es mas
geométrica
que física.

Viage estático

veces mayor que la del afelio : de donde se
infiere, que Mercurio, en virtud déla superio­
ridad de la fuerza de proyección en el perielio , debe empezar á alexarse del Sol.
Ve aquí, Cosmopolita, como, según los
principios de física, gobernados según los de
geometría, se propone el modo con que Mer­
curio , y qualquiera otro planeta, puedan des­
cribir su órbita elíptica al rededor del Sol en
virtud de la combinación que se hace con la
fuerza de atracción solar , y con la de pro­
yección que se supone en los planetas. Esta
combinación es verdaderamente ingeniosa y
admirable. Es ingeniosa, por la sutil geometría
que en ella se encierra; y es admirable, por
la gran correspondencia que hay entre sus
conseqiiencias y los fenómenos celestes que se
ven. Es cierto que tiene algunas dificultades,
que la hacen aparecer mas geométrica que
física ; mas esto solamente prueba que ella no
es cosa evidente; y porque ya que he toca­
do como asunto este punto , es justo informarte
bien de él, y darte las luces principales, para
que tú mismo conozcas su probabilidad ó im­
probabilidad. Permíteme, pues, Cosmopolita,
que
por la qual se conozca que el planeta en tal pun­
to de la órbita , y no en otro debe empezar á alexarse del Sol ; esto es , porque Mercurio no se
empezó á separar antes del afelio en aquel pun­
to en que la fuerza centrífuga llegó á ser mayor
que la centrípeta.

al mundo Vianetarlo.

235

que continúe el discurso proponiéndote otras
dificultades que se oponen á dicha combina­
ción de fuerzas. Con esta prolixidad preten­
do instruirte, Cosmopolita mió , no abusar de
tu bondad en oírme. Prosigo el discurso, va­
liéndome de la órbita de Mercurio.
Está éste, Cosmopolita , en su afelio ó áp- Crítico exáside superior como ves; ó está en su mayor men de di­
distancia del Sol. Ahora , pues, si nosotros ob­ cha combi­
servamos desde aquí la estrella fixa que nos nación.
oculta actualmente á Mercurio, parece natural,
que si estuviéramos aquí hasta que Mercurio
dando una vuelta nos volviera á ocultar la
misma estrella, éste volviese á estar en su afe­
lio, ó en su mayor distancia del Sol: mas es­
to no sucedería así; pues que veriamos que
Mercurio al estár en su afelio otra vez, nos
ocultaba otra estrella diferente, que distaría
bastantes m in u to s segundos de la estrella que
ahora nos oculta. De esta observación inferi­
ríamos luego , que el afelio ó ápside superior
de Mercurio se iba mudando á cada revolu­
ción; y porque el perielio ó ápside inferior
está en la contraria parte de la órbita diame­
tralmente opuesta al afelio, debería el dicho
perielio moverse igualmente como el afelio.
El movimiento de estos ápsides no es tan pe­
queño que dexe de llegar á hacer un grado,
cincuenta y siete minutos, y quarenta segun­
dos en un siglo. En la órbita de Venus es Desigualda­
des de mo­
mas considerable; pues que en un siglo llega vimiento
en
á ser de quatro grados y diez segundos; y en Mercurio,
la órbita de la Luna terrestre es considerabi­ Venus, y en
lísimo , pues que en un año llega á ser mas la Luna.
de

Dificul­
tad sobre la
atracción.

Se analiza
la dicha di­
ficultad.

236
V i age estático
de quarenta grados (1). En vista del m ovi­
miento de los ápsides en los planetas, algunos
Astrónomos no solamente han dudado de que
exista la atracción solar , sino que han llega­
do á negarla. La razón de dudar ó de negar
la atracción se funda en este argumento, que
con breves y claras expresiones te voy á pro­
poner , Cosmopolita.
Para mayor claridad dividiré el argumen­
to en varios miembros. Sea el primero: Si el
Sol atrae á los planetas, y ninguno de estos
tiene virtud de atraerse mutuamente, los áp­
sides de las órbitas de los planetas deben estár inmobles. Este caso es c la r o , y ninguno
lo niega ; porque si el Sol solamente tuviera
la virtud de atraer los planetas, moviéndose
al rededor del Sol en virtud de la combina­
ción de las fuerzas de atracción y de proyec­
ción , deberían describir siempre las mismas ór­
bitas ; pues que no hay razón por la qual en
tal caso los planetas no describieran órbitas
iguales , y perfectamente semejantes. E l se­
gundo miembro es : Si el Sol tiene la virtud
de atraer, é igualmente se atraen los plane­
tas , puede suceder que los ápsides se muevan;
y puede suceder que estén inmobles. Esto se­
gundo puede suceder ; porque pudo Dios en
el principio del mundo haber dispuesto de tal
ma(1) El ápside superior de la Luna da una
vuelta ó se mueve 360 grados en 8 años y 311
dias; ó en 3231 dias, 11 horas y 14 minutos y
57 segundos.

al mundo Planetario**

23^

manera el sistéma planetario que cada plane­
ta recorriese su órbita como si estuviera solo,
dando vueltas al rededor del Sol; y para esto
bastaría que hubiera dispuesto en tal modo las
cosas, que en cada planeta se remediase por
la atracción de unos planetas lo que se hacía
en sentido contrario por la atracción de otros.
Puede suceder lo primero ; esto es , que los
ápsides de las órbitas de los planetas se mue­
van algo en virtud de la mutua atracción de
estos; porque Dios pudo haberlos colocado de
tal modo , que la atracción de unos planetas
no corrigiese ó remediase lo que hacía la atrac­
ción de otros. En todos estos casos la obser­
vación de lo que pasa ó se advierte en los
ápsides , debe decidir ló que en realidad suce­
de. Ya me has oído decir, Cosmopolita , que
según la observación los ápsides se mueven;
por tanto, no quedá otra cosa que exáminar
sino ver atentamente si este movimiento pue­
de provenir de la atracción , ó si corresponde
á las leyes que ésta tiene en obrar; y éste es
el punto principal de toda la dificultad. Para
desatarla vamos á consultar al Filósofo que ha
dado las reglas de la atracción.
Este Filósofo, después de haber explicado Proposicio­
y establecido los principios de la atracción, nes de New­
empieza á sacar las conseqüencias aplicando- ton.
las al sistéma planetario , y profiere esta pro­
posición. w Los ápsides (1) de las órbitas de
los
(1) Newton : Pililos of hice naturalis princi­
pia mathem. lib. 3. prov. 14.
* Parte II.
Hh

238
Via ge estático
los planetas están inmobles, como también los
planos de dichas órbitas.” Esta proposición
infiere el Filósofo de principios que dexa an­
tes establecidos (1) ; y porque en estos so­
lamente atendía á la gran atracción del Sol
sin hacerse cargo de la que tienen todos los
planetas entre sí, luego modifica la proposi­
ción añadiendo estas palabras: "Por causa de
la mutua atracción de los planetas (2) deben
resultar algunas desigualdades ó irregularida­
des en sus"órbitas: mas estas irregularidades
son tan pequeñas , que se pueden despreciar.”
No contento el Filósofo con esta modificación,
añade después otra diciendo : f'Los ápsides de
las órbitas (3) de los planetas vecinos al Sol,
se mueven poco por razón de la poca atrac­
ción mutua de sus cuerpos pequeños ; y según
los principios de la atracción en los quatro
planetas mas vecinos al Sol se hallará , que
el movimiento de los ápsides de sus órbitas
están en proporción sesquiplicada de sus dis­
tancias hasta el S o l; así el ápside de Marte
en un siglo se mueve por 33 minutos y 20 se­
gundos , el ápside de la tierra en un siglo se
moverá por 17 minutos y 40 segundos; el de
Venus por 10 minutos y 53 segundos ; y el
de Mercurio por 4 minutos y 16 segundos.”
Has oído, Cosmopolita, las conseqüencias del

(1)
(2)
'(3)

Lib. r. prop. 11.
Lib. 3. prop. 14.
Lib.3. prop. 14. Scholium.

al mundo Vianet ario.
239
Filósofo; oye ahora la aplicación de ellas á
lo que nos enseña la observación.
Según ésta el movimiento de los ápsides
de la órbita de Mercurio es tan grande , co­
mo el de los ápsides de la órbita de Marte ; y
el de los ápsides de la órbita de Venus es do­
ble mayor. El movimiento de los ápsides de
la órbita, por donde se supone moverse la
tierra , es menor que el movimiento de los
mismos en las órbitas de Venus y de Mercu­
rio : en una palabra (1), el movimiento anual
de los ápsides de Mercurio es de 70 segundos:
el de los de Venus es de 150 segundos: el de
los de la tierra es de 65 segundos y medio;
y el de los de Marte es de 70 segundos. Se­
gún esto se infiere ser falso, que los ápsides
de los planetas, como decía el Filósofo , se
mueven tanto menos, quanto mas cerca están
del S o l; pues que Mercurio está mucho mas
cerca que Marte y que la tierra , y el movi­
miento de sus ápsides es mayor que el de los
de ésta , y es tan grande como el de los áp­
sides de Marte. Asimismo Venus está mas cer­
ca del S o l, que Marte y la tierra; y el mo­
vimiento de sus ápsides es doble del de los de
M arte, y mas que doble del movimiento de
los ápsides de la tierra. Infiérese asimismo no
haber proporción entre el movimiento de los
ápsides de los planetas y entre sus distancias,
co(0
V ease La-Lande : Astronomie , número
1 3 1 3 , óv .
Hh 2

Cotéjo de
las dichas
proposicio­
nes con les
fenómenos

observados.

A dificul­
tades físicas
se dan solu­
ciones geo­
métricas por
los moder­

nos.

240

V i age estático

como decía el Filósofo; pues que vemos que
en la Tierra, Venus y Mercurio con sucesi­
vas desiguales distancias hasta el Sol el movi­
miento de sus ápsides no crece , ni decrece,
con relación á las dichas distancias. N o crece%
pues que si á proporción de la distancia cict
ciera el dicho movimiento de los ápsides , el
de los ápsides de la tierra debería ser mayor
que el de Venus, y es doble menor. N o de­
crece , porque si á proporción de la mayor dis­
tancia decreciera , el movimiento de los áp­
sides de Venus debería ser menor que el de
los de Mercurio, y es doble mayor. En vis­
ta de estas conseqüencias Juan Bernoull llegó
á decir (1), que el Filósofo de que hablamos
no tuvo fundamento alguno para afirmar que
el movimiento de los ápsides de los planetas
mas cercanos al Sol se hacía con cierta pro­
porción á sus distancias; y que según su en­
tender , y el de otros sabios, no se concebía
como aun supuesta la mutua atracción de los
planetas, se pudiese inferir de ésta la propor­
ción que propone el Filósofo : antes bien , aña­
de el mismo Bernoull, en caso de suponerse
la tal atracción , se ven suceder efectos muy
contrarios á ella.
Mas esta dificultad que se opone, Cosmopo( 1 ) Véase el numero 41 de la Disertación de
Juan Bernoull sobre el sistema Cartesiano, pre­
miada en el año de 1730 por la Real Acadéoiia
de las Ciencias.

al mundo Vianetario,

241

políta, cotejando con la observación del mo­
vimiento de los ápsides de los planetas la
doctrina ó leyes de la atracción , es incom­
parablemente mayor , quando se hace el cotéjo con el gran movimiento de los ápsides de
la órbita lunar, el qual, como te he dicho, es
de mas de 40 grados en cada año. No quie­
ro ser mas prolixo, ó hacerte demasiadamen­
te molesto este discurso; por tanto, baste ha­
berte insinuado este argumento. Por ahora,
para concluir este asunto , solamente te ha­
ré la siguiente reflexión. Es innegable , que
en el movimiento de los ápsides de los pla­
netas no se advierte lo que según las leyes de
la atracción debía resultar: antes bien, se no­
tan muchos fenómenos contrarios á dichas le­
yes , aunque á fuerza de cálculos se pretende
probar lo que no sucede. ¿ Qué deberemos de­
cir ? ¿ D i r é m o s q u e la atracción es una cosa
aérea ó q u im é r ic a ? E s t o sería mucho decir;
porque puede ser que la atracción tenga otras
diferentes leyes de obrar ; y puede suceder
que se necesite mayor conocimiento de las ma­
sas, de los volúmenes de las distancias, y aun
del número de los planetas, que el que hasta
hoy se tiene; y por tanto, aunque veamos que
la atracción no conviene en algunos casos con
la observación, no debemos inmediatamente
desecharla como cosa aérea; pues que la ha­
llamos conforme con la observación en otros
casos , y no sabemos aún si la contrariedad
que tal vez se halla en sus le y e s, y la ob­
servación , provenga de no conocer bien la ma­
sa , volumen, distancia y número de los pla­
ñe-

Cotéjo crí­
tico que se
debía hacer
para anali­
zar bien el
sistema de
la atrac­
ción.

242
V i age estático
netas 11 otros fenómenos. Yo soy de sentir que
se deban comparar entre sí los casos en que
la atracción conviene ó no con la observa­
ción : se examinen atentamente las conseqiiencias que de ellos resultan ; y se decida la du­
da según el mayor ó menor inconveniente que
de éstas resulta en el orden físico: no dán­
dose soluciones geométricas á dificultades cla­
ramente físicas: sin perder de vista este pen­
samiento procuraré, según se ofrezca la oca­
sión mas oportuna en nuestro viage , propo­
ner á tu consideración todos los casos en que
la atracción conviene ó se aparta de la ob­
servación , y de lo que sabemos por propia
experiencia, y de este modo podremos resol­
ver con conocimiento de causa lo que nos pa­
rezca mas cierto ó mas probable; y ésta sea
la sentencia final del prolixo discurso que he
hecho, no sin temor de haberte dado materia
para exercitar la paciencia.
Volvamos, Cosmopolita, á continuar nues­
tras observaciones interrumpidas con la larga
y necesaria digresión que he hecho sobre la
órbita de Mercurio , y sobre los fenómenos
que en ella se advierten. Te dixe antes que
el diámetro de Mercurio en su menor distan­
cia hasta este sitio aparecería de 28 segun­
dos, la qual grandeza es muy bastante para
que desde aquí se pudiesen hacer observacio­
nes que nos diesen á conocer la paralage del
Sol y su distancia , valiéndonos de los pasos
de Mercurio delante del Sol; así como para el
mismo fin los terrícolas se han valido de los
pasos de Venus delante del S o l, como te dixe

al mundo Planetario,
243
al llegar á Venus. Con estos principios de la
paralage y distancia solar un Astrónomo des­
de aquí podría adelanta!* sus cálculos y conseqiiencias; pero no fácilmente llegaría á dar­
les tanta perfección como les han dado los
terrícolas; pues que estos tienen la gran ven­
taja de poderse valer del paso de Venus, y
del de Mercurio delante del Sol, y de los eclip­
ses lunares y solares. Esto es, el Astrónomo
aquí pondría casi todas sus miras en un solo
planeta inferior que es Mercurio, para enten­
der el sistéma planetario; y el terrícola pone
sus miras en dos planetas inferiores, y en mu­
chos fenómenos de la Luna, que está muy cer­
cana á la tierra. Una particular ventaja tendría
el Astrónomo en este sitio , y es el poderse
valer para varios cálculos astronómicos de la
cercanía de la tierra con mejor efecto que los
terrícolas se pueden valer de la de Marte pa­
ra determinar la paralage y distancia solar,
y según éstas pasar á inferir las distancias de
los demás planetas. Esta ventaja es muy con­
siderable , pues que aparecen mas sensibles
desde Venus muchos fenómenos terrestres. Por
exemplo, la paralage de la tierra desde aquí
llega tal vez á ser de mas de 31 segundos; y
la de Marte á los terrícolas no suele aparecer
mayor que de 26 segundos. El diámetro ter­
restre desde Venus, quando está en su menor
distancia de la tierra, llega á aparecer de 65
segundos; y el de Marte á los terrícolas so­
lamente llega á aparecer de 24 segundos. A
esta ventaja se allega otra, y es que la tierra
está rodeada de un satélite ó luna, cuya obser-

Astrónomo
en Venus.

Paralage
terrestre ob­
servada de
Venus.

244

La Luna
observada
desde Ve­
nus.

La tierra
observada
desde Ve­
nus.

Viâge estático

servacion podría dar mucha luz al Astróno­
mo que estuviese en Venus, para conocer bien
el sistèma planetario/ La Luna terrestre, aun­
que respecto de los planetas primarios es pe­
queña, se distinguiría muy bien desde Venus
vecina á la tierra, pues que aun quando Ve­
nus está en su distancia media de la tierra,
el diámetro lunar sería de quatro segundos. Es
cierto que en este caso se necesitarían bue­
nos telescopios, pues que la Luna se vería co­
mo un punto indivisible que no llegaba á dis­
tar de la tierra dos minutos. Podría asimis­
mo un Astrónomo desde Venus en su mayor
aproximación á la tierra distinguir muy bien
las grandes manchas de la superficie terrestre,
por razón de los mares. Las sombras de los
cerros ó montañas no se distinguirían bien, por­
que nunca son muy grandes: mejor se distin­
guirían las sombras de las montañas de la Lu­
n a, que probablemente son mayores que las
terrestres. Por medio de las dichas manchas
el Astrónomo conocería si la tierra se mo­
vía ó daba vueltas sobre su exe, y quanto
tiempo tardaba en dar cada una. La rotación
de la Luna se le haría muy sensible. Con el
conocimiento de estos fenómenos el Astróno­
mo desde aquí empezaría á conjeturar que tam­
bién los demás planetas tenían lunas ó satéli­
tes , y que darían vueltas sobre sus exes ; mas
para distinguir las manchas de Júpiter, sus
satélites y los de Saturno, se necesitarían te­
lescopios de mucho mayor alcance que los te­
lescopios terrestres*
De todo esto puedes inferir, Cosmopolita,
que

al mundo Planetario.
245
que un Astrónomo desde este sitio podría te­
ner mejor proporción que tienen los terríco­
las para formar un buen sistéma astronómico.
Mas una cosa es observar el movimiento de
los astros desde este sitio en que estamos, y
otra muy diferente es observarlos desde el
mismo Venus, como los terrícolas los obser­
van desde su orbe terrestre. El hacer las ob­
servaciones desde el mismo Venus, añadiría
al Astrónomo que estuviese en él , la nue­
va dificultad , que de conocer el verdadero
movimiento de los planetas resulta por la ro­
tación del planeta en que se hace la observa­
Vuelo al
ción. Subamos, pues, á Venus para conocer
planeta Ve­
prácticamente esta dificultad.
nus.
§.

IV.

Observación del sistema planetario
desde Venus.
Stamos ya en Venus, Cosmopolita ; mira
ahora y conoce quanto se engañan los que
pintan hermosísimo este planeta, cuya vista por
todas partes nos da miedo y horror; pues que
en él vemos obscuras profundidades y altu­
ras inmensas. Los montes pirineos, los alpes
y la famosa cordillera Andes , en comparación
de estas horribles quebradas, podrian pasar por
deliciosas llanuras. No esperabas t ú , Cosmo­
polita , ver tan áspera y quebrada la super­
ficie de Venus. Tú creerías encontrar aquí las
deliciosas selvas que en sus cantos pastoriles
pintan los poétas. Estos , Cosmopolita mió,
Parte II.
Ii
ha-

E

Es horrible
la superficie
de Venus.

246
Via ge estático
hablan según la fantasía y no la razón : no
poetiza ésta ; el entusiasmo es el que poetiza;
por tanto , no te maravilles que las cancio­
nes pinten delicioso y llano lo que es tan ás­
pero y horrible. Si nuestras cabras monteses
estuvieran aq u í, no podrían dar un paso por
esos quebrados riscos: según esto mira tú qué
buen sitio sería éste para ser poblado.
Montanas
Venus , como ves, Cosm opolita, es un glo­
de Venus.
bo todo montuoso, cuyas montañas tienen
mas de cien mil pies de altura ; y puede ser
que algunas tengan de altura mas de un mi­
llón de pies. Por razón de estas montañas, las
profundidades aparecen como manchas obs­
curas y grandes (1), las quales con la simple
vista no distinguen los terrícolas, á causa de
la gran distancia de Venus. Con la ayuda de
Manchas
los
telescopios se han llegado á distinguir mu­
de Venus.
chas que aparecen m ayores, que las que la
simple vista distingue desde la tierra en la Lun a ; y por esto, si Venus estuviera tan cerca
de
( 1 ) La Hire , observando á Venus con un te­
lescopio de 16 pies ( Mem. de V Academ. an.
1700. g>. 288) , con que ésta aparecia tres ve­
ces mayor que aparece la Luna á la simple vis­
ta , descubrió en Venus montañas mucho ma­
yores que las de la Luna , y éstas son mayo­
res que las de la tierra. Las mayores montañas
terrestres que hasta ahora se han descubierto,
tienen veinte mil pies de altura sobre el nivél
del mar.

I

al mundo Planetario.
24*7
de la tierra, como está la L una, ofrecería á
la vista de los terrícolas un disco poco her­
moso (1). Mas al tiempo mismo que Venus des­
de cerca aparece fea con tantas manchas, se
dexa ver brillante con la gran luz que se reflexa de unas montañas á otras, y por esta
razón se dexa ver algunas veces tan resplan­
deciente desde la tierra. Podemos juzgar que
al mayor resplandor de Venus concurren dos Causa de la
viva luz de
causas : una consiste en la gran superficie de Venus.
esas alturas iluminadas , y en la mutua refle­
xión de la luz de ellas; y otra consiste en la
gran densidad de la masa de Venus, la qual
reflexa los rayos de la luz mejor y mas que
otros planetas.
Dexemos de contemplar la superficie de
Venus, porque no nos ofrece otra cosa parti(1) Monseñor Blanchini , en los años de 1725
y 1726 , hizo exactas y repetidísimas observa­
ciones sobre Venus con exquisitos telescopios , y
descubrió en su disco cinco manchas ( y no siete,
como se lee en algunas obras astronómicas) ; casi
todas mayores que las manchas que con la sim­
ple vista se ven en la Luna. Según las observa­
ciones de Blanchini , que son las mas exactas que
hasta ahora se han hecho sobre Venas , he for­
mado las dos masas de Venus que se ponen en
este tomo. Véase la obra de dichas observacio­
nes, intitulada: " H esperi et phosplitr i nova his­
toria d Francisco Blanchino Sanctis. D . N . Padomestico. Rom¿e 1728. fo lP

Ii 2

248

Viage estático

tí cu la r, y para hacer la observación de que
antes te hablé , tendamos la vista por esos in­
mensos Cielos. Fixemosla en el S o l, que aho­
Observa­ ra mismo se ve salir sobre nuestro orizonte.
ción del Sol Velo con atención , y te parecerá casi inmo­
desde Ve­
ble : allá en la tierra , quando vemos salir el
nus.
S o l, notamos , que por instantes se va levan­
tando sobre el orizonte terrestre, y en pocas
horas llega al mediodía ; mas aquí tarda en
llegará mediodia 146 horas, oséis dias ter­
restres y dos horas. Este es el tiempo que
aquí duran las mañanas ; y de esto inferirás
á proporción lo que deben durar las tardes,
y lo que durarán las noches, las quales en
Los dias de
tiempos de equinocios en Venus duran 292 ho­
Venus en
ras , ó doce dias y quatro horas. Ciertamen­
los equinote , Cosmopolita , que si este planeta estuvie­
cios duran
ra habitado, se necesitaría que sus habitado­
584 horas.
res fueran algo semejantes á los lagartos ter­
restres , los quales en tiempo de invierno estan muchos meses como dormidos ó entorpe­
cidos ; y si los habitadores no tuvieran algo
de la naturaleza de lagartos, vivieran descon­
tentos con las eternas noches de 292 horas,
y con los larguísimos dias solares de igual du­
ración. Y si el ser los dias grandes en el estío
terrestre hace que la tierra se caliente suma­
mente , se encienda la atmosféra , y sean ca­
si insufribles los calores del verano en la tier­
ra
, ¿cómo serán estos en Venus, en que los
En Venus
dias
del Sol duran centenares de horas, y el
quizá hace
Sol,
por
estar mas vecino que á la tierra, cau­
mayor ca­
lor que en
sa dos veces mas calor que en ésta? Redu­
Mercurio.
ciéndose á cálculo todas estas circunstancias,
se

.

al mundo "Planetario
249
se infiere probablemente , que aquí hace mas
calor que en Mercurio.
De la relación que te acabo de hacer ha­
brás ya inferido, Cosmopolita , que provinien­
do el dia en los planetas de la revolución so­ Rotación
bre su ex e, Venus deberá hacer una revolu­ de Venus.
ción en 584 horas, ó en veinte y quatro dias
terrestres, y ocho horas. Esto han llegado á
conocer ó inferir los terrícolas del movimien­
to de sus manchas (1). Tardando tanto tiempo
Ve(1 ) Blanchini citado estableció , que según
sus observaciones , la rotación ó revolución de
Venus duraba 584 horas. Cassini , que en el si­
glo pasado determinó muy bien la duración de
la rotación de Júpiter , se dedicó en el año de
1666 á observar á Venus para determinar la du­
ración de su revolución , y llegó á conjeturar que
era solamente de 23 horas. Algunos Astrónomos
se inclinan á creer mas la conjetura de Cassini,
que las observaciones de Blanchini: á esto les
mueven varias razones, que fundan sobre la teó­
rica de la atracción , y sobre la relación entre
la rotación de los planetas y su revolución pe­
riódica. Mas estas razones es necesario recono­
cerlas como aéreas: ya porque no se advierte nin­
guna relación entre la rotación y revolución de
los planetas; y ya porque, como se ha insinua­
do antes , y se dirá largamente en otras ocasio­
nes , los Astrónomos, que sin atender á la obser­
vación , han querido por los principios de la
atracción íixar ó determinar los fenómenos celes­
tes,

250
Viage estático
Venus en una rotación, se infiere luego, que
desde este sitio aparecerá lentísimo el m ovi­
miento diario de los astros. Si permaneciéra­
mos aquí hasta que el Sol se pusiera ( lo que
es obra la rg a , pues que tardará en ponerse á
Polos del
lo menos 296 horas) , notaríamos visiblemente
del globo
los
puntos del Cielo á que corresponden los
planetario
polos de Venus ; mas sin necesidad de estar
Venus.
aquí tanto tiempo, yo te los señalaré. V ed
aquel punto del C ielo, que dista 15 grados de
la eclíp tica, y corresponde al vigésimo gra­
do del signo Aquario; ese punto es á donde
corresponde puntualmente el polo boreal de
Venus : el austral corresponde al punto del
Situación Cielo diametralmente opuesto. De esto mismo
del equador debes in ferir, que el equador de Venus for­
de Venus.
ma con la eclíptica un ángulo de 75 grados
(con ésta la omita por donde Venus se mue­
ve al rededor del Sol hace el pequeño ángu­
lo de cerca de ties grados y medio ( 1 ) ) ; y que
en

tes , han sido y son los que mas yerran. Sobre
cosas de hecho la observación es la única maes­
tra. Blanchini en su obra citada, al cap. 5. pág.
58 , combina sus observaciones ; y de ellas in­
fiere , que la revolución diaria de Venus es de
24 dias y de 7 á 8 horas. Para los cálculos él
la supone de 24 dias y 8 horas , que hacen
584 horas.
(1) El ángulo que la órbita de Venus ha­
ce con la eclíptica , es de 3 grados, 23 minutos
y 20 segundos.

a l mundo "Planetario.
251
en Venus los dias y las noches en su duración
serán mas desiguales que lo son en el orbe Los diasen
terrestre, proviniendo esta desigualdad, de que Venus son
el ángulo formado por el equador de Venus muy des­
y por la eclíptica , es mayor que el que con iguales.
ésta forma el equador terrestre. En Venus la
desigualdad de la duración de las noches y de
los dias será tanto mayor y mas notable que
en la tierra, quanto es mayor la duración de
un dia natural de Venus, que el terrestre, y
quanto el ángulo de su equador con su ór­
bita es mayor , que el del equador de la tierra
con la eclíptica. Una desigualdad de dias y
noches tan grande y tan universal en casi to­
dos los puntos de la superficie de Venus sería
molestísima á los que habitasen en este pla­
neta ; pues que en éste unos países , si excep­
tuamos los que están en su equador ( en don­
de la n o c h e será casi de 292 horas, y pre­
cisamente de 292 horas el dia artificial ó de
S o l), tendrian alternativamente ya noches de
300 , de 400 y 500 horas, y ya dias de la
misma duración ; y otros, que serán los mas,
tendrán ya dias, y ya noches de 2696 horas.
Es cierto que en nuestra tierra hay países en
Dias y
que ya la noche, y ya el dia duran quatro,
noches de
cinco y seis meses; mas esto sucede en po­ 2696 ho­
quísima parte de su superficie , la qual, como ras en Ve­
inútil para los hombres, la Suprema Providen­ nus.
cia ha cubierto casi de agua; mas aquí las no­
ches y dias de millares de horas son comuní­
simas en gran parte de la superficie de Venus.
Volvamos otra v e z, Cosmopolita, á fixar
nuestra atención en el Sol, cuya sucesiva ilu—
mi-

Nueva ob­
servación
del Sol des­
de Venus.

Nombres
que al Sol
dar^n los
poetas de
Venus.

Puntos car­
dinales del
orizonte en
Venus.

252
Via ge estático
minacion en estos sitios nos ha obligado á ha­
cer una digresión sobre la duración tan lar­
ga y vária de los dias y de las noches en
Venus. El Sol camina tan lentamente, que des­
pués que estamos aquí apenas se ha levanta­
do aún sobre el orizonte. Si hubiera aquí poétas, estos compararían su movimiento al de la
tortuga. Los poétas terrícolas dan al Sol los
epitétos de ligero , rápido , veloz ; y fingen que
va en carro, tirado por caballos alígeros: aquí
por lo contrario le darían los epitétos de tar­
do , pesado ; y fingirían (1) que iba en carro,
tirado por tortugas. Si notas bien, Cosmopo­
lita , el sitio en que está el S o l, y por dónde
ha salido, advertirás que aquí el oriente cor­
responde al austro terrestre, el occidente al
septentrión terrestre, el medio dia al ponien­
te terrestre, y el norte al oriente terrestre.
Esta tan notable discordancia entre los quatro puntos cardinales del orizonte terrestre, y
del de Venus, consiste en que este planeta se
mueve sobre su exe desde el septentrión ter­
restre (2) ácia el austro terrestre; y por esta
razón el Sol en Venus se debe ver salir por
la parte del austro terrestre.
Un Astrónomo, que desde aquí observáse
los Cielos, se hallaría con las mismas diíiculta(1) El Sol desde la tierra aparece que camina
15 grados en una hora , y desde Venus aparecería
caminar
grados en 24 horas y 20 minutos.
(2) Véase Bianchini citado.

al mundo Vianetario,

253

tades que tienen los terrícolas para estable­
cer ó fundar un buen sistèma astronómico. Si
el Astrónomo creía que Venus era inmoble,
desde luego pensaría que las estrellas tenían
movimiento diario de 584 horas que forman
aquí el dia natural ; y á los planetas atribui­
ría este movimiento diario, y otro periódico
para componer su movimiento propio, con que
vería que se distinguían de las estrellas. E l
movimiento propio de Mercurio desde aquí se
haría muy visible ; pues que se vería que é l, en
menos de quatro dias (1), concluía toda su re­
volución periódica. Viendo el Astrónomo que
Mercurio pasaba entre Venus y el Sol, cono­
cería muy bien que éste era su centro, y que
Mercurio era satélite del Sol ; en este pensa­
miento se confirmaría al ver la tierra con su
Luna; y esto mismo le daría mayor motivo
de persuadirse que el Sol se movía al rededor
de Venus, y no Venus al rededor del Sol. La
razón parece clara : porque por una parte el
Astrónomo, creyendo inmoble á Venus, juzga­
ría, según la apariencia , que el Sol se movía al
rededor de ella ; y por otra parte viendo que
la tierra se movía al rededor de Venus, y que
á la dicha tierra se asemejaba el Sol en tener
un satélite, con esta semejanza, y con el mo­
vimiento de la tierra se confirmaría en creer
el
( 0 Quatro dias en Venus hacen 2336 horas,
y Mercurio gasta solamente en recorrer su órbi­
ta 21 1 1 horas , y cerca de 15 minutos.
V aríe I I .
Kk

Sistèma as­
tronómico
formado en

Venus.

Mercurio
observado
desde Ve­
nus.

Mercurio
parecería
ser satélite
del Sol.

254

El sistèma
copernicano
tendría poco
aplauso en­
tre los ha­
bitadores de
Venus.

Viage estático

el movimiento del Sol. Los varios fenómenos
que el Astrónomo observaría en los planetas,
como sus estaciones, retrogradaciones, &c. no
le añadirían mas dificultad que la que tienen
los terrícolas anti-copernicanos en componer­
los , y para pensar de este modo le podrían
servir mucho algunas observaciones , que le
diesen á conocer algo el movimiento que al
Sol conceden los newtonianos, en virtud de la
atracción de los demás planetas.
Todas estas conjeturas y reflexiones serían
aquí otros tantos nuevos obstáculos contra el
sistèma copernicano ; y los defensores de éste
en Venus no podrían hacer tanto ruido como
hacen en la tierra , con ponderar ó pintar in­
creíble la velocidad que los terrícolas deben
conceder á las estrellas, en el caso de no te­
ner la tierra movimiento alguno. Quiero de­
cirte: si la tierra no se mueve, es necesario de­
cir, que las estrellas (1) en 24 horas dan una
vuelta al rededor de ella ; y porque, según los
copernicanos, aquellas distan á lo menos de la
tierra seis millones de millones, y setecientos
mil millones de leguas, deben las estrellas ca­
minar en un segundo minuto de tiempo quarenta y nueve millones de leguas. Esta veloci­
dad
( 1 ) Las estrellas aparecen dar una revolución
en 23 horas , $6 minutos , 4 segundos , y una
décima parte de segundo ; mas por mayor clari­
dad se dice , que dicha revolución se hace en 24
horas.

al mundo Vianetarlo.

255

dad se pinta por los copernicanos como in­
creíble; y á mí (en caso que sea verdadera
la distancia dicha de las estrellas) me parece
muy creíb le: porque si la luz en un minuto
camina quatro millones de leguas, ¿por qué
no podrá otro cuerpo caminar en el mismo
tiempo quatrocientos mil millones de leguas ?
No se infiere ninguna contradicion en las le­
yes físicas, porque se d iga, que la luz y las
estrellas se diferencian tanto en su velocidad,
como la tarda tortuga y la velocísima águila.
Si las estrellas en realidad hacen su revo­
lución diaria en un dia terrestre natural, co­
mo pretenden los anti-copernicanos, en esta
suposición , un Astrónomo desde aquí las con­
fundiría con los planetas, pues que vería que
tenían movimiento propio como estos; y so­
lamente las distinguiría por su luz propia. En
este caso se puede d ecir, que al Astrónomo
nunca se ofrecería el pensamiento del sistema
copernicano ; pues que viendo tanta semejanza
de las estrellas y de los planetas en tener mo­
vimiento propio , y siéndole fácil el conocer
que algunos de estos daban vueltas al rede­ El Astróno­
dor de Venus , necesariamente se persuadiría mo en Ve­
nus sería anpor un argumento de congruencia y de apaticopernicare n d a , que todos los astros* menos los saté­ no.
lites , se movían al rededor de Venus. Y es­
tas reflexiones, Cosmopolita, me parecen bas­
tantes para darte á conocer lo que un Astró­
nomo aquí pensaría, para formar un sistéma
astronómico. Podría yo continuar este discur­
so haciéndote observar en particular los pla­
netas , las estrellas y sus particulares fenómeKk 2
nos;

256
Vid ge estático
nos; mas lo que desde aquí podíamos obser­
var , observarémos igualmente desde otros pla­
netas , si tu curiosidad lo pidiese: aunque no
preveo necesaria tal observación, porque no
descubre cosa particular , que los terrícolas no
hayan notado en su astronomía. Por tanto, pa­
rece ser ya inútil mayor detención en este
planeta, que por su mal entendido nombre es
objeto de canciones infames de ignorantes poétas, y por su hermosa luz y oficio de ser pre­
cursor del Sol, ha merecido la atención y la
alabanza de las naciones terrestres, civiles y
bárbaras, sábias é ignorantes,

§. v.
Vuelo desde Venus á la Tierra.
Emos concluido, Cosmopolita mió , la
visita del Sol, y de los planetas que hay
entre él y la tierra, á la que ya es tiempo de
volver, mas no sin recíproco empeño de con­
tinuar después nuestro viage estático para vi­
sitar los demás planetas , y alguno de los co­
metas , ya que todos estos astros pertenecen
al sistéma solar ó mundo planetario , que que­
remos ver y observar personalmente. Aban­
donemos , pues, este delicioso sitio : dexemos
este hermoso planeta : volemos dirigiéndonos
acia nuestra tierra; y p3ra aprovecharnos de
la hermosa vista que ésta nos ofrecerá con la
variedad de sus apariencias, detendremos el
vuelo quando distemos noventa mil leguas del
orbe terrestre ; esto es ? quando lleguemos al
es-

H

al mundo Planetario.
espacio ó sitio por donde la Luna pasa, re­
corriendo su órbita al rededor de él. Vole­
mos al sitio señalado.. . Hemos llegado á él,
Cosmopolita: se podrá decir que estamos ya
dentro de los límites del dominio y de la jurisdicion atraccional de la tierra. Por este si­
tio pasará dentro de pocos dias la Luna, que
como obsequiosa sierva , la rodea incesante­
mente. Ésta , con su atracción, la tiene siem­
pre sujeta , para que en proporcionada dis­
tancia alumbre á los terrícolas , y con su vir­
tud atractiva conmueva las aguas de los ma­
res , causando en ellos el misterioso fluxo y
refluxo de sus aguas , que se corromperían, y
serían sepulcro de los peces, si carecieran de
todo movimiento. Admira y alaba , Cosmo­
polita , en este efecto de imponderable utili­
dad , los efectos de la Sábia Providencia de
nuestro piadoso Criador. La tierra , no obs­
tante de distar noventa mil leguas de este si­
tio , con su atracción, que es una cadena tan
fuerte y pesante como todo el orbe terrestre,
sujeta á la Luna , tirando de ésta tanto , quanto basta para contrarrestar á la fuerza cen­
trífuga , con que ella resiste para escaparse.
Si tan fuerte es el poder atractivo de la tier­
ra sobre la gran mole de la L una, ¿juzgarémos nosotros que podremos evitar los efec­
tos de este poder, ó deberemos temer que la
tierra con su gran atracción nos arrebate y
haga caer precipitados sobre su superficie ?
Ciertamente estando nosotros dentro de los
límites de la jurisdicion ó actividad atraccio­
nal de la tierra , deberíamos experimentar sus
fu-

Vuelo desde
Venus acia
la tierra.

El agua de
los mares se
corrompería
si le faltáse el movi­
miento del
fluxo y re­
fluxo.

258

Vuelo hasta
el principio
de la atmos­
fèra terres­
tre.

Atracción
terrestre.

Vi age estático

funestos efectos , si fuéramos capaces de sen­
tirlos ; mas no lo somos : porque los efectos
del poder atraccional son materiales , y no­
sotros somos puramente espirituales ; y lo
material no puede tener influxo alguno sobre
lo puramente espiritual. Mas aunque viajára­
mos corporalmente por estas regiones, po­
dríamos industriosamente evitar la caída en
la tierra, no viniendo á este sitio hasta que
á él estuviera cercanísima la Luna, pues que
entonces ésta nos atraería y haría caer sobre
su superficie. Si nuestra caída corporal en la
Luna ó en la tierra hubiera de suceder sin
ninguna lesión de nuestros cuerpos , sería de­
seable que pudiéramos hacer á los terrícolas
la estupenda y no esperada visita de caer á
su vista entre ellos desde estas regiones.
D em os o tro v u e lo , C osm opolita , hasta
acercarnos á aquel sitio ó espacio que se ve
blanquear, y forma el mar de vapores, que
por los terrícolas se llama atmosfèra, ó es­
fera de átomos.. . Hemos llegado ya : no vue­
les mas, Cosmopolita : detente aquí para con­
templar nuestra tierra, que empieza á ser de­
licioso objeto de la vista. La tierra es como
un desmedido globo de piedra imán , que atrae
á sí todo cuerpo : ¿ cómo , pues , no atrae el
mar de vapores y átomos volantes, que com­
ponen su atmosfèra? ¿ Cómo ésta, burlándose
del gran poder de la atracción terrestre, se
mantiene tan estendida y alta al rededor de
la tierra? ¿Cómo los átomos siendo tan en­
debles , que se rinden al menor impulso del
a y re , y aun de la luz, pueden resistir al gran
po-

al mundo Planetario.

è 59

poder de la atracción terrestre? Esta resisten­
cia y rebeldía de la atmosfèra , quizá consiste
en el continuo movimiento del ayre, ó en al­
guna materia sutil, que haga fermentar los
vapores atmosféricos : ó puede ser que estos,
con la fuerza centrífuga que conciben al ro­
dar violentamente la tierra sobre su exe, hu­
yan de ésta. Mas si la fuerza centrífuga que
los vapores atmosféricos conciben con el im­
pulso de la rotación diaria del orbe terrestre,
los esfuerza á huir de éste , ¿ por qué no se ob­
serva el mismo efecto en tantos graves, que
reposan en eterna quietud sobre la superficie
terrestre ? ¿ ó por qué la tierra exercita el po­
der de su atracción , sujetando á los cuerpos
grandes , y dexa escapar á los pequeños áto­
mos ? No se puede concebir que rodando so­
bre su exe un globo compuesto de cuerpos de
densidades diversas, no deban los cuerpos mas
graves escaparse en virtud de su fuerza cen­
trífuga , que debe ser mayor que la de los
cuerpos menos graves. Mas dexemos de du­ Observadar sobre la atracción, de la que en las an­
del mo­
tecedentes jornadas se ha discurrido bastante, cion
vimiento de
y observemos el movimiento de rotación de rotación en
la tierra, ya que desde aquí lo presentan cla­ el globo ter­
ramente visible las grandes manchas que ve­ restre.
mos en su superficie. Las manchas que vemos,
Cosmopolita, son los mares, que absorviendo
Manchas
la luz solar , aparecen obscuros. Observa las del
globo
dos manchas mayores , que uniéndose en una terrestre.
parte , después se dividen por una claridad,
que es muy estrecha por el medio. Esta cla­
ridad es la luz solar, que reflexa de la Amé-

Movimien­
to de la tier­
ra según el
sistèma co­
pernicano.

Cantidad de
movimiento
en la rota­
ción de la
tierra.

260
Via ge estático
ric a ; y las manchas que rodean la claridad,
son los dos océanos, Atlántico y Pacífico. No
dexes de observar estos mares ó manchas; y
notarás sensiblemente su movimiento v que es
el de la rotación diaria de la tierra. Esta tie­
ne los dos movimientos que has visto tener
Mercurio y Venus ; esto e s , un movimien­
to al rededor del S o l, y otro sobre su exe.
Con el primero recorre en un año su órbita,
que los Astrónomos llaman eclíptica ; y con
el segundo rueda sobre su exe, y con cada
rotación forma el dia de 24 horas, que tarda en
darla. Con el primer movimiento con que se
mueve , girando al rededor del S o l, camina
cada hora doce mil leguas; ¿ quántas camina­
rá en todo el año , que tarda en dar la vuelta
al rededor del Sol ? Los terrícolas estando en
la tierra, como en una gran nave, no cono­
cen , ni distinguen su movimiento tan veloz.
Si navegandose tal vez con viento plácido por
los mares terrestres , con navios de cien pa­
sos de largo , no se hace sensible á los nave­
gantes su movimiento ; ¿ se podrá esperar, que
siendo la tierra un navio, cuya superficie tie­
ne mas de veinte y cinco millones de leguas
quadradas , su movimiento sea sensible á los
terrícolas ?
La tierra gira al rededor del Sol, y gi­
rando va dando vueltas sobre su exe , de mo­
do que concluye una vuelta ó rotación entera
en 24 horas. Cada país terrestre, y cada pun­
to de la tierra, en este tiempo dan una vuelta;
y ésta será de mayor ó menor extensión á
proporción que el país diste mas ó menos del
equa-

al

ario.

mundo V ianet
261
equador, ó según la latitud que tenga. La ciu­
dad de Quito, por exemplo , que está cerca
del equador, en 24 horas da una vuelta tan
grande como el equador terrestre ; esto es, ca­
mina ó se mueve cada hora por el espacio de Y
375 leguas. Madrid , que dista del equador
40 grados y 25 minutos, cada hora camina
solamente 255 leguas, porque su circuito al re­
dedor de la tierra es menor que el de aquel.
Los países que están inmediatos á los polos
caminan poquísimo; y si sobre cada polo te
figuras una torre , ésta no caminará , sino
solamente dará vueltas. El movimiento de la
rotación terrestre no se hace sensible á los
terrícolas por causa de su gran igualdad , y
del gran volumen terrestre, que consta de doce
mil trescientos y doce millones de leguas cú­
bicas. Estas noticias parecerán romancescas, Por qué los
quando no se reduzcan á los principios de terrícolas no
donde la mente las infiere, consultando á la sienten el
razón , y no á la vista, que fácilmente se en­ movimiento
gaña. Al terrícola Astrónomo no es sensible de la tierra
ninguno de los movimientos que mentalmente en que es­
reconoce en la tierra ¡antes bien, consultando tán.
á su vista, le parece que el Sol tiene en rea­
lidad los dos movimientos que se atribuyen á
aquella ; pues que él juzga ser claramente
sensible el movimiento diario del Sol, que en
24 horas parece concluir al rededor de la tier­
ra una vuelta con la que forma el dia natu­
ral ; y asimismo juzga ser igualmente sensible
á la vista el movimiento periódico con que el
Sol en un año recorre ó pasa por todos los
puntos del círculo llamado eclíptica. Todo esParte II.
L1
to

262
Viage estático
to aparece á la vista del Astrónomo terríco­
la ; mas no por esto se fia de ella conociendo,
que aunque la tierra tenga el movimiento de
rotación diaria, y el periódico por la eclípti­
c a, él no puede, ni debe sentirlo ó distinguir­
lo, por ser inmensamente grande el volumen
del orbe terrestre, en que él está, como en un
desmedido navio, y que por ilusión debe atri­
buir al Sol los dos movimientos que tenga ó
pueda tener la tierra, á imitación de los de­
más planetas , á quienes ella en todo es seme­
jantísima. El Astrónomo terrícola, de la figura
Los Físicos que tiene la tierra, según principios de física,
de la figura infiere su movimiento de rotación, juzgando que
de la tierra
infieren su tal figura es efecto de dicho movimiento. Su­
movimiento ponen hoy los Astrónomos terrícolas, que la
de rotación. figura de la tierra no es perfectamente esfé­
rica ó redonda , sino un poco chata en sus po­
los ; de modo, que el globo terrestre sea co­
Pruebas ex­ mo una naranja. Esta suposición se funda en
dos pruebas: La primera consiste en las ex­
perimenta­
periencias del péndulo, que indican , que qualles de ser
chata ácia
quiera punto de la superficie terrestre en el
los polos la equador , dista mas del centro de la tierra que
figura ter­
los puntos superficiales de polos de ésta. La
restre.
segunda consiste en haberse observado, que
los grados de los meridianos medidos sobre la
superficie terrestre se hallan ser tanto mayo­
res, quanto mas se alexan del equador ; lo que
no sucedería si la figura esférica terrestre no
fuera algo chata ácia sus polos. Sobre estas dos
pruebas no me detendré en discurrir por no
ser prolixo: en mi historia física de la tierra
sobre la diversa extensión de sus grados he
pu-

a l mundo "Planetario.
263
publicado un largo discurso, en que tú , Cos­
mopolita, podrás leer lo que por no ser prolixo dexo de decirte ahora: solamente sobre
los efectos que en la situación de las capas
de masas eterogéneas del orbe terrestre debe­ Reflexión
rían resultar por su rotación diaria, te haré sobre uno
la siguiente observación. Según las experien­ de los efec­
cias físicas, que en el §. 4 de la sección 2 de tos de la ro­
la lección 5 refiere Nollet en su física expe­ tación en
rimental , si se hace girar sobre su exe ori- los globos.
zontal un globo de cristal lleno de agua, en
que haya un poco de espíritu ó de aceyte co­
lorado de terebinto, se verá, que el espíritu
de terebinto que ocupaba un pequeño sitio en
la parte superior del globo, al girar éste se
divide en pequeñas ampollas , y se va á unir
con el exe del globo, y lo envuelve ó rodea.
Si en lugar del dicho espíritu se introduce una
bolita de cera , ésta , com o el espíritu de vi­
no , luego se va al exe del globo. Si en la
bolita de cera se introduce un grano de plo­
mo para hacerla mas pesada que el agua, lue­
go la bolita baxa hasta el exe de la rotación,
y allí se mantiene girando siempre. Estos efec­
tos que se ven en las experiencias físicas, no
podremos fácilmente aplicar á la disposición
de capas ó cubiertas de masas que componen
el orbe terrestre, si suponemos que éste tie­
ne movimiento continuo de rotación , según
la qual, si la tierra originariamente hubiera
sido compuesta de materia homogénea , la ro­
tación , con la mutua gravitación, hubiera he­
cho que su figura fuese un poco chata ácia

L 12

los

164
Situación
natural de
las masas de
un globo en
el movimi­
ento de 'ro­
tación.

Fiage estático

los polos, y que sus meridianos fueran seme­
jantes: y si la tierra originariamente hubiera
sido compuesta de fluido, ó de masas de di­
ferentes densidades , éstas masas , procuran­
do situarse entre sí en equilibrio, se hubieran
colocado de tal manera en cada uno de los
planos , que hubieran pasado por el exe ter­
restre de la rotación, y consiguientemente los
meridianos terrestres serían semejantes ; mas
esta semejanza no existe, según las repetidas
medidas que de los grados de diversos meri­
dianos los terrícolas han hecho en diferentes
países de la tierra.
Con esta breve reflexión , que te acabo de
hacer, no pretendo, Cosmopolita, que tú no
te figures la rotación terrestre, aunque no exis­
ta ; pues que el figurartela podrá concurrir
para que te diviertas con la fantástica idea
de ver dar vueltas á la tierra y á las innu­
merables naciones que pueblan su superficie.
Esta figurada observación deleyta la fantasía,
y nos hará ver desde un punto fìxo de la at­
mosfèra terrestre el paso sucesivo de todas
las naciones, sin que para verlas necesitemos
volar al rededor de la tierra. Harémos, pues,
esta observación á la ligera , arrimándonos un
poco mas á la tierra ; pero antes de acercar­
nos á ella es justo que yo te dé alguna noti­
cia de los fenómenos llamados atmosféricos,
que sucedan en todo el espacio que hay des­
de la tierra hasta este sitio, y que se estiende
por trescientas leguas.
Desde aquí un delicadísimo olfato distin­
gui-

al murido Vianetario.

265

guiría los vapores terrestres y los hálitos hu­
manos; pues que, según no pocos Físicos, hasta
este sitio llegan á subir las partículas eléctri­
cas , magnéticas ó eterogènea*, que causan tal
vez la luz de los fenómenos, que se llaman au­
roras boreales, y son ciertas ráfagas lumino­
sas , que se hacen muy visibles de noche, y
se estienden desde el polo árctico comunmen­
te ácia occidente, y algunas veces ácia orien­
te. La aurora boreal , que se vio en muchos di­
ferentes países de Europa el dia 19 de O c­
tubre de 1726, según los cálculos de algunos
Astrónomos , distaba de la tierra doscientas y
setenta leguas. H e ll, el mas exácto observa­
dor de auroras boreales que hasta ahora ha
habido, juzga ser insubsistentes todos los cál­
culos que sobre la altura de ellas se han he­
cho. No p o d r á decirse que es temerario su
juicio , qué ápóyá en sólidas reflexiones ; mas
no por esto se podrá afirmar que las auroras
boreales no suceden tal vez en los climas ca­
lientes , á la distancia de algunos centenares
de leguas de la tierra. Del excelente tratado
que Hell empezó á reimprimir en el 1777 so­
bre las auroras boreales, yo aprecio sus ob­
servaciones, y la mayor parte de los resulta­
dos que de ellas saca ; mas no por esto aprue­
bo todo el sistèma que forma. No es ahora
tiempo de hablar de éste; si tu curiosidad te
excita á saberlo, podrás desahogarla leyendo
el dicho tratado de H ell, quando” no quieras
tener la paciencia de hojear mi historia física
de la tierra , en la que discurro de la causa
de las auroras boreales , la qual substancial-

men-

Fenómenos
atmosféri­
cos.

Auroras bo­
reales.
Su altura.

Opinion de
Hell.

266

V i age estático

mente conviene (como bien nota Hell (1)) con
la de varios fenoménos luminosos qne se ven
en la atmosfèra terrestre, y se llaman halo­
nes , coronas , parelios y paraselenes.
Otro fenòmeno , digno de la mas curiosa
Refracción
observación
, sucede en la atmosfèra terres­
de la luz en
tre
;
y
es
el
que se llama refracción de la luz.
la atmosfè­
ra terrestre. Ésta , al atravesar algún espacio en que haya
fluidos de densidades diversas , muda su di­
rección en el pasar desde un fluido á otro ; y
esta mudanza de dirección, se llama refrac­
ción , cuyo efecto claramente se nota en la si­
guiente experiencia. Si la mitad de un bastón
Exemplo
práctico de derecho se mete dentro del agua, quedando
la refrac­
fuera de ella la otra mitad , el bastón pare­
ción de la cerá torcido al que lo mire ; esto e s , le pa­
luz.
recerá que se dobla un poco en el punto que
toca la superficie del agua. La causa de este
aparente torcimiento consiste en que la luz de
la mitad del bastón sumergida en el agua, al
salir de ésta, y al entraren el ayre (que es
fluido menos denso que el agu a), muda un
poco de dirección , y por esto representa torci(1) Hell citado ( en la pág. 2 11. de este vol.):
A pendíx ad ephemerides anni 17 7 7 : aurora boreails theoria nova. Vindobon<e 1776. 8. pars 1.
cap. 3- §• 1. prop. 3. n. 69. p. 76. Este tratado de
la aurora boreal consta de quatro partes: la pri­
mera se publicó en las efemérides del 1 7 7 7 , y
las demás partes se publicaron en las efemérides
de los años siguientes.

al mando Vianet ario.

267

cida la dicha mitad , ó la representa en dife­
rente dirección , que tiene la otra mitad que
está fuera del agua. La luz , pues, que viene
del Sol y de las Estrellas , y refiexa de la Lu­
na y de los demás planetas, al entrar en el
fluido de la atmosfèra terrestre muda un po­
co su dirección , y esta mudanza se llama re­
fracción de la luz solar , lunar , &c. De la re­ De la refrac­
fracción de la luz solar depende la existencia ción de la
délos Utilísimos crepúsculos, antes de salir el luz provie­
S o l, y después de haberse puesto. La doc­ nen los cre­
púsculos
trina de la duración de los crepúsculos , y de
matutinos y
la altura de la atmosfèra terrestre, que tiene vespertinos.
íntima conexión con la de la refracción de la
luz , se funda , dice Hell (1 ), en muchas su­
posiciones falsas. MEl que desee, añade Hell, Opinion de
saber los métodos de determinar la altura de Hell sobre
la atmosfèra , lea las obras de Varenio , Ha- la altura de
lley , Hiré , Schmit, Kestner , Bernoull, y la la atmosfèra
que últimamente en el 1760 ha publicado Lam­ terrestre.
bert , con el título photometria ; y en ellos ha­
llará tan discrepantes las alturas de la atmos­
fèra , que se maravillará del placer que estos
doctos autores han tenido en trabajar sobre
esta materia.” De ésta no he pretendido dis­
currir, quando he llamado tu atención, Cos­
mopolita , para hablar de la refracción ; mas
solamente he tenido la intención de indicarte
otros fenoménos de ella , que se sujetan á re­
flexiones ciertas ó muy probables y fáciles de
en(1)

Hell en el lugar citado , §.2. «.78.^ 81.

268
Viage estático
entender. Ten la bondad de oír algunas.
Habrás oído, Cosmopolita , proponer la si­
Los astros
antes de na­ guiente paradoxa, que los terrícolas ven los
cer y des­ astros antes que salgan, y después que se han
pués de pu­ puesto; y que mientras giran á su vista, los
estos, se ven
por los ter­ ven siempre en sitio mas alto, que aquel en
que están. De las causas de estos fenómenos,
rícolas.
que al ignorante se proponen como paradoxas , tú puedes tener práctica y fácil prueba
Exemplo fá­ de esta materia. Estando en la tierra pondrás
cil y prác­ en el suelo una palancana que tenga alguna
tico con que flor pintada en su fondo ( ó en defecto de la
se entien­ flor se ponga una moneda): te retirarás has­
den los efec­ ta perder de vista la flor; y estando inmoble
tos de la re­
harás que llenen de agua la palancana. En
fracción de
este caso verás claramente la flor que antes
la luz.
no veías; y esto sucede por razón de la re­
fracción de luz, por la qual los terrícolas ven
el Sol antes de salir , y después de haberse
puesto , y lo ven mas alto de lo que está.
Este efecto de la refracción fué conocido
La refrac­
por los antiguos , como se infiere de la ad­
ción de la
luz se cono­ vertencia que Toloméo, al fin del libro 8 de
ció por los su Almagesto , hace sobre la diferencia en na­
cer y ponerse los astros por causa de la at­
antiguos.
mosfera ; y Aristóteles en sus problemas ha­
bla de la encorvadura de los objetos en el
agua. Los modernos han trabajado mucho pa­
/
ra determinar las leyes que se observan en la
refracción, la qual va disminuyendo á pro­
porción que los astros se van alzando sobre
el orizonte. Los atraccionistas, que atribuyen
á la atracción la mudanza de dirección en los
rayos de luz §1 pasar de un fluido á otro, ó

al mundo Vianetarlo*

269

de un cuerpo diáfano á otro, juzgan que la
fuerza ó virtud refrangente en los cuerpos cor­
responde á su mayor ó menor densidad. Esta
proposición absolutamente es falsa, porque el
espíritu de terebinto que es menos denso que
el vidrio, refrange la luz mas que éste; y la
luz que pasa del aceyte común al de crisócola , no se refrange , no obstante de ser el aceyte de crisócola casi dos veces mas denso que
el aceyte común. En el ayre condensado la
refracción corresponde á su mayor ó menor
densidad (1). Según esta variedad de experien­
cias, no se puede afirmar que la refracción de­
penda absolutamente de la atracción : pues que
vemos que en muchos cuerpos la rarefacción
no corresponde á las reglas ó leyes de la atrac­
ción (2). Es cierto que en el ayre condensado artificialmente , la mayor rarefacción cor­
responde á su mayor densidad; mas en la atmos(1) La-Lande : Astronom, n. 2208, be. Pau
lian : JDictianaire de physique , §. refraction ( ci­
tado en la p. 162. del primer tomo de esta obra ).
(2) Horrebow : Atrium astronom. p. 6. 83.
Bouguer, en Diciembre de 1738 , observó de 19/
45-// la refracción orizontal en Chimborazo , que
está 2388 toesas sobre el nivel del m a r: observó
de 20/ 48/'' la misma refracción en Pitchincha,
que está 2044 toesas sobre el nivel del m ar: ob­
servó de 22/ $0." la misma refracción en Quito,
elevado 1479 toesas sobre el mar; y al nivel del
mar la observó de 27.'
V aríe I I .
Mm

Exámen de
la conexión
entre la re­
fracción y
atracción.

Efectos de
la refrac­
ción contra­
rios al siste­
ma de la
atracción.

Vìage estático
mosféra no se ve resultar de su mayor den­
sidad la mayor rarefacción. Así observándose
la densidad de la atmosfèra, según el baró­
metro , se infiere , que la refracción de los as­
tros en el orizonte debía de ser de 52 minu­
tos por exemplo , y por la experiencia se ha­
lla solamente de 33 minutos. Esto e s , el Sol
en el orizonte ( en que su refracción es siem­
pre la mayor ) debía, según las leyes de la
densidad de materia ó de la atracción , apa­
recer 52 minutos mas alto , que está realmen­
te ; y la observación enseña , que solamente
suele estár 33 minutos mas alto, que en rea­
lidad está. Según las mismas leyes de la atrae*
cion , los atraccionistas juzgan , que en un as­
tro, al estár en el orizonte, debería notarse
tanto mayor refracción, quanto mas alto fue­
se el sitio desde donde se observáse; y la ex­
periencia enseña, que esta persuasión es fal­
sa , ó que á lo menos no es universalmente
cierta. Asimismo , estando la atmosfèra en el
norte mucho mas densa que en las zonas tem­
pladas , se habia creído (1 ), que según los
prin(1) Veanse Mem. de V A cad. 1700. p . 37. y
La-Lande: Astronomen. 2230, &c. Las observa­
ciones de La-Caille en el Cabo de Buena-Esperan2a ( Mem. de V Acad. 1755.
562. ) , y las que
en el 1737 hicieron en la Laponia los Matemáti­
cos Franceses , prueban , que la refracción de los
astros en el norte y en las zonas templadas , es ca­
si la misma: por lo q u e , como dice La-Caille,
pa-

al mundo Planetario.

271

principios de la atracción, la refracción de­
bía ser menor en éstas, que en los países po­
lares ; y la observación enseña, que la re­
fracción en estos países, en tiempo de sumo
frió , en que el termómetro señalaba casi el
grado de hielo , era la misma que se obser­
vaba en París. Según estas experiencias prác­
ticas (1) , no pueden ni deben los atraccionistas valerse de la refracción para probar su
sistèma de atracción.
Añadamos ah ora, Cosmopolita , la rela­
ción
para toda la extensión de las zonas templadas
puede servir una misma tabla de refracciones; y
Monier dice, que en el círculo polar se ve la mis­
ma refracción que en París. En la zona tórrida
{M em . de V uAcad. 1 7 4 9 .) se observa, que las
refracciones de los astros hasta la altura de 7 gra­
dos sobre el orizonte, suelen ser menores que en
Europa en una séptima parte.
( 1 ) Cassini ( M em . d e l’ A cad. 1 7 1 4 .) supo­
ne en sus cálculos una fuerza constante refractiva
en la atmosfera ; esta suposición , que fue abra­
zada por Bouguer ( Mem. de V A cad. 1749. ) , se
halla conforme á la ley de B radlei; y La Lande,
últimamente hablando de esta suposición y ley,
dice ( Astronom. n. 2209. 2 2 1 6 ) : " L a regla de
Bradlei se funda sobre una hipótesi nada confor­
me á la física , pero muy conforme á la observa­
ción : la hipótesi conviene con la observación, no
obstante de no convenir con la ley de la densidad,
que indica el barómetro.

Mm 2

•272

Vidge estatico

donde otras observ adones, para ver lo qué
en esta materia debemos juzgar con algún fun­
damento sólido. Se ha advertido, que comun­
mente las refracciones son mas pequeñas por
el dia que por la noche, en verano que en in­
vierno, yen la zona tórrida que en las zonas
templadas : por lo q u e, atendiendo á que la
menor refracción se nota en el tiempo y en
Observa­
los países en que disminuye la densidad de la
ción de las
atmosfèra,
y aumenta su calor , se ha creído,
refracciones
que
por
medio
del barómetro (que sirve para
con rela­
ción al ba­ conocer la vària densidad de la atmosfèra), y
por medio del termómetro (que sirve para
rómetro y
termómetro. conocer la variedad de calor ) se puede esta­
blecer una regla, con que se determíne en
cada país de la tierra la variedad de refrac­
ción de los astros, que á lo menos tengan 6
grados de altura sobre el orizonte ; pues que
si los astros están mas baxos, la variedad de
su refracción es tan inconstante, que no se su­
jeta á regla cierta. En el caso , pues , de tener
los astros la dicha altura, se nota , que en un
mismo país su refracción varía, á proporción
que varían la altura del barómetro y del ter­
mómetro. En orden al barómetro se advier­
te , que suponiéndose la refracción media al
estar el barómetro á la altura de 28 pulga­
das, si baxa una pulgada el mercurio en el
barómetro, la refracción disminuye una vigé­
sima octava parte. Por tanto, si el mercurio
baxa dos pulgadas , la refracción disminuye
dos vigésimas octavas partes , ó una décima
quarta parte. En orden al termómetro se ob­
serva , que suponiéndose la refracción media

a l mundo "Planetario

.

2^3

al estar el termómetro á diez grados sobre el
termómetro de Reaumur, por cada diez gra­
dos que varía el termómetro , la refracción
varía una vigésima séptima parte. La-Caille,
que da esta regla para inferir la variedad de
refracciones en un país, juzga que no hay re­
gla constante para inferir la dicha variedad en
los astros , que no se levanten á lo menos seis
grados sobre el orizonte. Mas la regla de LaCaille falta en los países altos (1): por lo que
podrás conocer, Cosmopolita , que á cada pa­
so se encuentran tropiezos en las reglas que
nos dan los Físicos para conocer las leyes de
la naturaleza.
Yo,
(1) En la montaña de Pichincha (según Bouguer , Meni, de T Acad. 1749.^7. 108. ) el baró­
metro estaba á 16 pulgadas ; por lo que , supo­
niéndolo á 28 pulgadas en el nivel del mar , se
infiere , que la coluna de ayre desde el mar has­
ta dicha montaña pesaba 12 pulgadas de mercu­
rio en ei barómetro. Dilatándose una 4 la coluna de ayre entre el nivel del mar y la cima de la
montaña, debería el barómetro levantarse tres li­
neas ; pues que una ¿ de dicha coluna de 12 pul­
gadas hace tres lineas ; mas la experiencia ense­
ña , que el barómetro apenas se levanta una li­
nea ; por tanto se infiere , que la variedad de re­
fracción en los sitios baxos proviene principalmen­
te de la gran novedad que hay en la atmosfèra
baxa ; y que la regla fundada sobre la observa­
ción en ésta , sii ve poco para los países altos.

Incertidumbre de las
leyes de la
naturaleza.

2J74

Fenómenos
de Ja refrac­
ción.

Aumento
aparente de
altura en los
astros.

Eclipses aparentes.

Vi age estático
Y o , pues, queriendo darte una breve y
clara instrucción sobre el presente asunto de
la refracción, reduzco toda su doctrina á las
siguientes observaciones. Primeramente: en
virtud de la refracción los astros aparecen mas
altos que están ; y la refracción , que es tanto
m ayor, quánto mas cerca del orizonte están
los astros, es muy vária hasta la altura de
7 grados sobre el orizonte. La refracción dis­
minuye á proporción que crece la altura de
los astros , los quales, quando están á la al­
tura de 90 grados, no tienen refracción sen­
sible. En segundo lugar, se han de conside­
rar como efectos naturales de la refracción
varios fenómenos, que se notan en los astros
que están cerca del orizonte. E l Sol y la Luna
se ven antes de nacer, y después de haberse
puesto, como te dixe antes, porque la refrac­
ción los hace aparecer mas altos que en rea­
lidad están. Tal vez por la misma causa se
ha visto eclipsada la Luna, apareciendo aún
el Sol sobre el orizonte; y el Sol y la Luna
suelen aparecer ovales en el orizonte (1). La
ra(1) Plinio ( Natur. hist. lib. 2. caj;. 13.) di­
ce haberse visto eclipsada la Luna , estando ésta
y el Sol sobre el orizonte : lo mismo se vió á 19
de Julio de 1750. Diodóro Sículo habla de un
país, en que el Sol no se veía redondo : lo que
sería efecto de la gran refracción orizontal. Mairan dice (Mem. de V Acad. 1733.
329.) ha­
ber visto oval el Sol á la altura de 10 grados so­
bre el orizonte.

al mundo Vianetario.
razón de este último fenoméno es clara j o r ­
que la refracción orizontal hace que el lim­
bo ó borde inferior del Sol , por exemplo,
aparezca 33 minutos mas alto que ésta ; y co­
mo la refracción disminuye á proporción que
el objeto visto está mas alto , ella en el borde
superior del Sol no debe ser tan sensible co­
mo en el borde inferior ; y en efecto , el borde
superior suele aparecer un minuto menos alto,
que aparece el inferior; y por esta razón la
figura del Sol debe aparecer oval : esto es,
su diámetro vertical debe aparecer un minu­
to menor que su diámetro orizontal.
Últimamente , los rayos solares al entrar
en la atmosfèra , encontrando en ésta impe­
dimento á su dirección , refiexan en gran
cantidad ; principalmente, quando los dichos
rayos entran obliquamente ó de soslayo en la
atmosfèra. La experiencia enseña, que una
piedra tirada al agua, reilexa tanto mas fa­
cilmente, quanto mas obliquamente se tira;
y esto mismo sucede á la luz solar. Por es­
ta razón, al estar el Sol en el orizonte , la
intensidad de su luz , según las experiencias
de Bouguer ( 1 ) , es 1354 veces menor , que
quando el Sol está en el mediodia ó en su ma­
yor altura. Y esto baste, Cosmopolita, para
que sepas todo lo que substancialmente perte(1) Véase Bouguer : Traite d’ optique sur la
graduation de la lumiere\ y J. H. Lambert : Photomctria (citado en la p. 266. de este volumen).

Causa de la
aparente fi­
gura oval
del Sol y de
la Luna.

<276
Via ge estatico
tenece á la refracción , que comunmente se
llama astronómica á distinción de la (i) ter­
restre , que consiste en verse ya altas y ya
baxas las cumbres de las montañas, y de
otros efectos de la tierra.
Entretenidos con el discurso de la refrac­
Observa­
ción
, nos hemos acercado tanto á nuestra tier­
ción que de
ra
,
que ya estamos cerca de la región de las
los terríco­
nubes,
desde donde los terrícolas , envueltos
las se hace
desde la re­ en su gruesa atmosfera , parecen peces vagan­
gión de las tes dentro del agua. Si un planetícola , vo­
nubes.
lando por las regiones celestes , llegara á es­
te sitio , y desde él viera á los terrícolas, es­
ta vista le haría la misma impresión que á
nosotros hace la de los peces dentro del agua.
Ideas de un El planetícola acostumbrado á la región cla­
planetícola
rísima de su planeta, en que no hay atmos­
que obserfèra a lg u n a , ju z g a r ía q u e la atmosfèra y las
váse los ter­
nubes
terrestres eran un fluido no menos den­
rícolas.
so , que á nosotros parece serlo el agua ; por
lo que no se atrevería á penetrar las nubes,
temiendo ahogarse con ellas. El se divertiría,
viendo en las ciudades grandes bulliciosa muche( i ) L a refracción terrestre hace que el orizonte aparezca mas ó menos alto hasta tres minutos,
como notó Laval ( Mem. de /’ A cad. 1707. p. 19$.
an. 1712. p . 348). Véase Luc : Sur les barometres, e les thermometres. Las ondulaciones ó tem­
blores de luz , que tai vez se observan y aumen­
tan en 4/'' el diámetro lunar , se atribuyen á la
refracción terrestre unida con la astronómica.

a l mundo "Planetario.

chedumbre de hombres , que se empujan , bur­
lan , honran, ofenden y desprecian. No sabría
distinguir sus cumplimientos y cortesías de sus
riñas. Confundiría con los terrícolas ó con la
especie humana todas las especies de mo­
nos , que en la figura se asemejan al hom­
bre ; y á los demás animales tendría por ter­
rícolas de diversas especies. En todas éstas
no hallaría una, cuyos individuos se mata­
sen y aniquilasen á sí mismos: este fenómeno
observaría solamente en la especie humana,
viendo que los terrícolas á tropas se mataban
á sí mismos. Quizá al ver tanta variedad de
colores y modas en los terrícolas creería que
entre ellos había muchas y diferentes espe­
cies ; pues que él vería lo que ahora observa­
mos nosotros. Mira con atención , Cosmopo^
lita , y verás naciones blancas , negras , pagiz as, y de casi to d o s los colores: naciones to­ Descripción
talmente desnudas , y naciones de terrícolas de las na­
ter­
cubiertos de pies á cabeza. Mira cabezas pe­ ciones
restres.
ladas , trasquiladas á trechos, y con largas y
enmarañadas cabelleras: cabezas descubiertas
y fajadas: cabezas con casquetes de metales
y m adera: con monteras redondas y pirami­
dales : con sombreros gachos , triangulares,
abacinados y abarquillados: con turbantes, ca­
pacetes , redes y plumages. Ridículo es ver­
daderamente el expectáculo que ofrece la vis­ Vestidos de
ta de los terrícolas; pero mas ridículo sería los terríco­
el que ofreciese la atenta observación que de las.
sus diversos ceremoniales civiles y religiosos
podriamos hacer desde aquí, si nos quisiéra­
mos detener á notarlos: pues que en una parParte II.
Nn
te

Sus ceremo­

nias.

Perfección
de los teles­
copios.

2^8
Viage estático
te veríamos que los Soberanos eran reveren­
ciados golpeando con la frente en tie rra : en
otra veríamos que los ídolos de las falsas di­
vinidades eran adorados por terrícolas, que se
revolvían sobre el fuego, se despedazaban con
crueles instrumentos , y corrían como furio­
sos locos dando alaridos. ¿Quién, si no hu­
biera vivido entre los terrícolas, al ver estos
excesos tan extravagantes , juzgaría que todos
los terrícolas eran racionales y de una mis­
ma especie?
No nos detengamos mas , Cosmopolita, en
ver este expectáculo, ni en discurrir sobre él:
acerquémonos un poco mas á la tierra volan­
do ácia el mar Pacífico. Hemos baxado ya
tanto , que si fuera corporal nuestra presen­
cia , quizá llegaría á distinguirnos el célebre
Guillermo Herschel con sus "telescopios. Si fué­
ramos visibles, Cosmopolita, y los terrícolas
llegáran á distinguirnos , ¿ con qué alboroto
nos mirarían y recibirían al baxar ? El vulgo
ignorante quedaría pasmado mirándonos co­
mo divinidades; mas los Astrónomos, llenos de
regocijo, nos apuntarían con sus telescopios,
creyéndonos planetícolas con el carácter de
embaxadores á los terrícolas. No podemos
darles este gusto porque viajamos invisibles;
mas ya que ellos no tengan la fortuna, y ni
la esperanza de ver baxar planetícolas para
visitar el orbe terrestre, esperan poderlo^ ver
ó distinguir en sus respectivos planetas por
medio de los telescopios que cada dia nota­
blemente perfeccionan. Hermann, en la segun­
da asamblea de la Académia de Petersbourg,
en

.

al mundo "Planetario

2^9
en el 1726 propuso si se podria esperar en
los telescopios tal perfección , que con ellos se
pudiesen distinguir los planetícolas. Des-Cartes no juzgó imposible esta perfección. La que
dió Short á los telescopios, haciendo que en­
grandeciesen quinientas veces los objetos, se
creyó portento del arte y de la industria hu­
mana ; pero los telescopios de Short no bas­
tan para poder distinguir en los planetas nin­
gún objeto que no sea de monstruosa grande­
za. Con un telescopio de 400 pies de largo
se vería la Luna como se vería con la vista
natural á la distancia de dos leguas. En este
caso no se distinguirían los lunícolas si no son
de estatura muy agigantada; pues que un hom­
bre de estatura ordinaria ( esto es de 6 pies )
no se distingue con la vista natural á la dis­
tancia de 117,180 pies; pero se verían sus gran­
des edificios, si los hay. Para ver en Júpiter Telescopios
para distin­
un planetícola tan alto como suelen ser los guir los pla­
terrícolas, era necesario un telescopio, cuyo
netícolas
diámetro fuera tan grande como el del orbe
desde la
tierra.
terrestre. Según estos cálculos se ha juzgado
imaginario ó imposible el caso de poder dis­
tinguir desde la tierra los planetícolas ni aun
en la Luna que le está cercanísima. Boscovich
con pertinacia juzgó que se podían perfec­
cionar los telescopios, y á este fin trabajó la
grande obra (1) que publicó en el 1785 „ llena
de
( 1 ) Rogerii Josephi Boscovich opera pertinentia ad opticam , br astronomiam. B assani

1785. 4. vol. 5.
Nn 2

2$ o
Vi age estático
de cálculos, pensamientos originales y refle­
xiones ingeniosas ; pero sin el conocimiento
de los abstrusos cálculos matemáticos. Herschell ( de quien en otra ocasión te volveré á
hablar con elogio ) ha dado últimamente tan­
ta perfección á los telescopios, que con es­
tos los objetos se engrandecen seis mil veces.
Portentosa ¿Quién podría esperar tanta perfección ? ¿Qué
resultará de ella? Experimentamos ya los efec­
perfección
de los teles­ tos , pues que Herschel nos ha descubierto un
copios.
nuevo planeta , y casi un nuevo Cielo. Los
terrícolas miraban como portentosa la perfec­
ción que Short había dado á los telescopios,
que llegaban á engrandecer quinientas veces
los objetos; y Herschel en el 1731 presentó
al público su telescopio, que aumentaba quatro veces mas que los mejores de Short; y en
el 1787 hizo otro telescopio que aumentaba
doce veces mas que los de Short. Esta nueva
y no experimentada perfección que se ha da­
do á los telescopios, ha excitado y aguzado'
la curiosa esperanza que los terrícolas tienen
de poder distinguir desde la tierra las pobla­
ciones y los habitadores de los planetas, y
gozar la agradable vista, y el raro expectáculo que á nosotros ofrecen ahora la cerca­
nía y la observación de la tierra poblada de
tantas y tan diversas naciones de hombres y
de innumerables especies de animales. Fixemos otra vez nuestra atención en el orbe ter­
restre, y observemos sus continentes.
Estamos ahora , Cosmopolita , en sitio, des­
Observa­
de
donde
vemos la América y el Asia: ésta
ción de la
América.
con la rotación terrestre se nos va presentan­
do

al mundo 'Planetario.
281
cío al tiempo que con la misma rotación la
América huye de nuestra vista ; pero antes
que huya mírala, y observa casi toda su su­
perficie como una obscuridad interpolada de
pequeños trechos de claridad , en que se ven
algunas ráfagas luminosas. Estos trechos son
los pocos territorios que en América se cul­
tivan y están poblados: las ráfagas luminosas
son sus altas y encadenadas montañas que con­
servan siempre la nieve; y los espacios algo
obscuros son sus espejos, impenetrables é in­
mensos bosques. La poca población que siem­
pre ha habido en América nos dice, que ésta
ha sido la última parte del orbe terrestre que
se ha poblado. La situación de los inmensos
mares que la rodean debía dificultar su pronta
población. El descubrimiento de la América
dio principio á la despoblación de Europa, de
cuyos habitadores tropas continuas han tras­
migrado á los países Americanos con diferen­
tes fines, que podremos reducir al de propa­
gar la Religión santa, estender el dominio tem­
poral y saciar la avaricia. Esta ha hecho en
América poco eficaces los benignos influxos Efecto in­
del Christianismo en ella introducido , y de la útil de las
buenas pro­
buena legislación de los Príncipes que la do­ videnciasen
minan.
América.
La América , con la rotación terrestre, se
va ya escondiendo á nuestra vista , y empie­
za á aparecer el gran continente que lo? ter­
rícolas dividen en Africa , Europa y Asia. Es­ Observa­
tamos sobre ésta : obsérvala atentamente. Las ción del
historias antiguas de los terrícolas nos dicen, Asia.
que en Asia empezó á existir el género huma-

Observa­
ción del
Africa y de
la Europa.

Observa­
ción de las
Indias ori­
entales.

Observa­
ción del Im­
perio Per­
siano y Tur­
co.

Observa­
ción del
Africa.

Observa­
ción de la
Europa.

2 82
Via ge estático
mano : esta verdad , aunque no se registrára
en ninguna historia , conoceríamos nosotros al
advertir que el Asia es el hormiguero del linage humano. Ya se ven el Africa y la Euro­
pa ; aguza tu vista para distinguir sus pobla­
ciones, cotéjalas con lasque ves en 'A sia, y
hallarás que el gentío en ésta se distingue del
gentío en Africa y Europa , como el bullicio
de la mas poblada Ciudad se distingue del si­
lencio del solitario y casi desierto campo.
Tiende la vista por el inmenso espacio que hay
desde el Indostan hasta los últimos confines
de la China , y apenas distinguirás punto ter­
restre , en que no haya alguna producción de
la humana industria ; verás el campo no me­
nos poblado de trabajadores , que las ciudades
lo están de ciudadanos. Si por la parte con­
traria tiendes la vista , mirando desde el Indostan hasta las riberas de la Palestina , ba­
ñada del mar mediterráneo, advertirás, que
por grados la población va disminuyendo sen­
siblemente en todos esos países que hoy do­
mina el mahometismo ; secta , que inventó el
desenfreno de la luxuria, destruidora del linage humano. A nuestro lado izquierdo se ve
toda el A frica, cuyos habitadores parecen ti­
zones andantes: son feroces por sus costum­
bres , por su falsa religión , y por algún influxo de su ardiente clim a: su ferocidad no
se amansa, ni se mitiga con su cercanía á Eu­
ropa , ni con su trato con los Européos.
Estamos y a , Cosmopolita , sobre nuestra
Europa , en que la religión y las ciencias co­
locaron su trono. E lla , religiosa , sábia é indus-

.

al mundo "Planetario
283
dustriosa, se ha hecho señora de innumerables
naciones, sujetando unas á su dominio, y otras
á su interés. Ha hecho felices á muchísimas
de ellas, haciéndoles conocer la única santa
Religión , con que los hombres, viviendo en
sociedad como hermanos, sirven en esta vida
mortal á nuestro amabilísimo Dios , como hi­
jos , para gozar de su presencia en la vida eter­
na. Pero la Europa, que á muchas naciones
ha hecho conocer y abrazar la Religión san­
ta , y á otras ha dado la ley, conquistándolas
con las armas, ó con el interés del tráfico; con
éste ha recibido de las bárbaras y civiles sus
vicios. E lla , antes maestra de la virtud y de
la sabiduría, ha querido ser discipula del vi­
cio y del delirio , que es peor que la ignoran­
cia. Estos males por contagio se van estendiendo por varios principados de Europa, en
la que se conserva aún virtuosa y sábia la her­
mosa Italia , sobre que estamos , y en que la
Religión santa fabricó para sí la mas augusta
y sagrada habitación, poniendo por adorno á
sus murallas las ciencias, las bellas artes , y
la humanidad , que es el fundamento de la
Religión civil. La Italia , á mí .náufrago entre
las fieras olas á que, como desícho de mis na­
cionales fui arrojado, me dio ayuda y benig­
no asilo , en que después de haber temido ayrado el Cielo contra m í, y después de haber
experimentado un tumulto de encadenadas des­
gracias , vivo en dulce retiro y calma ; por­
que de mí desapareció ya la memoria de los
males padecidos y del bien perdido. Ve allí
la siempre grande , augusta y magestuosa Ro­
ma,

La Europa
conquista­
dora recibe
la ley délos
vicios de
sus con­
quistados.

Observa­
ción de la
Italia.

284

Vi age estático

Vista de ma , que sobre todas las poblaciones se dis­
Roma.
tingue quantum lenta solent ínter 'uiburna cu
qpressi : ésta , centro de nuestra Religión Christiana , madre de los que afortunadamente la
profesamos, y patria común de todos los ter­
rícolas, me da benignamente aloxamiento, acos­
tumbrada siempre á no hacer distinción entre
el mas infeliz y desgraciado forastero, y el
mas rico y honrado paysano.
El movimiento de rotación del orbe ter­
restre nos presenta ya claramente visibles to­
dos los países de España, cuyo espíritu, coVista de mo de todos los inmensos dominios que con
España.
ella forman un cuerpo civil, es el de la Re­
ligión santa que profesa. La tenáz y prodi­
giosa consen ación de ésta, rompió milagro­
samente los yerros de la esclavitud españo­
la al p o d e r m a h o m e ta n o ; y el zelo de su
propagación, haciendo conocer á innumerables
naciones la venida y la doctrina del mismo
Dios para sa var el género humano, ha estendido el domnio Español hasta los términos
de la tierra. Innumerables naciones , diversas
en la educacon y en el clim a, se han incor­
porado con li Española, siendo la^Religion el
indisoluble vínculo de su unión. Esta durará
mientras dure la Religión , que es su causa.
Las leyes chiles, hermanando á los hombres
en los intereses corporales , fomentan la causa
de sus discorlias : la Religión santa es la que,
hermanando 1 los hombres en los intereses es­
pirituales , lmce que todos ellos obren tan con­
cordemente, como si estuvieran animados de un
solo espíritu. Ciega y obstinada será la políti-

a l mundo "Planetario.
2 85
tica mundana , que no conozca y confiese ser
inútiles las solas leyes civiles para refrenar la
conciencia humana ; y ser necesario el freno
de ésta, para que la sociedad civil sea per­
fectamente feliz. Paysanos , y aun hermanos,
sin el freno de la conciencia, no son sino ver­
daderos enemigos, cuya única religión es el
propio interés; y los mayores enemigos civi­
les , que se sujetan al freno que la Religión
santa pone á la conciencia , se hacen verdade­
ros hermanos. Esta hermandad forma el ca­
rácter de los Españoles , que han sacrificado
sus intereses temporales por los eternos de
las naciones que han conquistado. Estos gran­ Trasmigrades desiertos que ves, Cosmopolita, en todas cion de Es­
las Provincias de España, no bastarían para pañoles á las
alojar á los millones de Españoles, que des­ Indias.
de su patria han trasmigrado para poblar has­
ta los últimos países de sus conquistas. Si de
éstas no hubiera oído España ni aun el nombre,
hoy estaría mas poblada, y consiguientemen­
te mas rica ; pues que la pobreza es siempre
causa y efecto de la despoblación. España hasr
ta ahora no ha pensado en sepultar en sus ter­
renos los tesoros que en los paíse> conquista­
dos ha hallado ; por lo que sus tiesas no pro­
ducirán riquezas. Conoce y pien a remediar
este mal la Nación Española, iliminada por
el Soberano, que como amoroso y vigilante
Himno al
padre la gobierna. E l Altísimo bendiga y pros- Altísimo pa­
pére su gobierno para bien temporal y espi­ ra que feli­
ritual de su gran familia. En é:ta la santa cíte la na­
Religión arraygada ñorezca y frucifique siem­ ción Espa­
pre : sus frutos sean la concorda entre los ñola.
Parte II.
Oo
her-

286
Via ge estático
manos, su fiel obediencia al gran padre que
los gobierna , y la observancia de la ley di­
vina. Frutos temporales sean la sabiduría, la
fama de su buen nombre , su poder, las abun­
dantes producciones terrestres , y los ricos
efectos de la industria. Las elevadas cimas
de las encumbradas montañas sean matices
que emulen la hermosa variedad de los ver­
des valles y de las vestidas llanuras: los de­
siertos se empiedren de habitados y case­
ríos : desaparezca el luxo y vicioso tumulto
de los ciudadanos; y su lugar ocupen la so­
briedad y la muchedumbre de gentes campe­
sinas : vuelvan á florecer otra vez los siglos
dorados con que el linage humano empezó á
existir, y rápidamente se propagó. Esta pros­
peridad , España, con feliz agüero te anuncia
el que de veras te la desea.
He hablado estáticamente arrebatado, Cos­
mopolita ; he vuelto ya en mí; y veo que ya
estamos sobre la población , que es centro de
los inmensos dominios Españoles, y patria co­
mún de todos los que los habitan. Su vista y
la de sus países circunvecinos despiertan en mi
memoria ideas antiguas, que ya no me acor­
daba de haber sido mias. Ve y observa ácia
el austro y á la distancia de catorce leguas en
el principio de aquella llanura, que en el an­
tiguo romance de los Españoles debió llamar­
se Marca, y hoy por corrupción de nombre
se llama Mancha; v e , pues , una no desprecia­
ble población, cuya largura le hace parecer
mayor que es ; y desde e lla , considerada en
el vértice de un triángulo casi isoscels , fin­
ge-

al mundo "Planetario.
gete dos lineas hasta los ángulos de su basa,
que sean Madrid y la Universidad Complu­
tense. En la pequeña área de este triángulo
tienes el pequeñísimo espacio de mis correrías
en la infancia, niñéz, pubertad y juventud. En
el centro de la población , llamada Orcajo, es­
tá el terrón que al aparecer á la vista mor­
tal me recibió: sin perderlo de vista crecí
hasta el principio de la pubertad , en el que
fui trasplantado á Madrid, y después á la Uni­
versidad Complutense, para que mi mente se
formáse primeramente según el espíritu de la
religión, y después según el de la sabiduría;
porque en vano se busca ésta, quando para
hallarla no se conoce anticipadamente el nor­
te de la religión. Las ciencias , que con em­
peño aprendí , nada sirvieron para los fines
á que las dirigía; pues que destino superior de
insondeable é infalible providencia aceptó la
intención del sacrificio, y repudió la oferta de
la víctima sacrificada. Un caos inmenso veo
interponerse ntre el tiempo presente, y aquel
en que yo habitaba en estos países que tene­
mos á la vista. Me parece mirarlos ahora co­
mo en otro tiempo los veré quando me halle
internado en los caminos de la eternidad. Las
nuevas especies, que en mi fantasía brotan á
vista de los objetos que las excitan, se repre­
sentan lánguidamente como en un profundísi­
mo sueño , sin casi dexar rastro de la sombra
'fugitiva de su momentánea existencia. Insen­
sible ya á sus impresiones necesitaría yo ator­
mentar mi memoria para renovarlas: dexaré,
pues, dormir eternamente la noticia de espe­
cio 2
cies

Área trian­
gular entre
Madrid, A l­
calá y Or­
cajo.

Despedida
del Cosmo­
polita.

288
Viage estático
cies que á tí nada interesan , y que yo ya
miro como estrañas , y daré fin á mi discur­
so, y al placer que he tenido, Cosmopolita,
con tu amable compañía. Nosotros estamos ya
casi para tocar la tierra; y laque á nuestra
vista tenemos, y tú miras como patria, temo
se mancharía si yo pusiese el pie en ella : por
tanto, yo deberé sufrir que á la patria co­
mún de tu nación vayas solo; deberé aban­
donarte, y volver al sitio en que estaba quando para emprender nuestro viage , ó tú me
llamaste con el deseo , ó yo lo excité en tí para
que me llamases. Nos volverémos á ver pres­
to ; mas nuestra separación por ahora es ne­
cesaria , ya queden compañía no podemos vi­
sitar la tierra. Esta debia visitarse después de
Venus, según el itinerario de nuestro viage ó
Vuelo , ya que h a b i e n d o e m p e z a d o nuestras
observaciones desde el Sol , y debiendo ha­
cerlas en los planetas que encontremos, la tier­
ra es el planeta que después de Venus está
mas inmediato al Sol. Si te he de descubrir,
Cosmopolita , lo mas íntimo y verdadero
de mi sentir, debo decirte, que muchas ve­
ces he tenido intención de visitar el orbe ter­
restre en compañía de los Cosmopolitas que
conmigo han viajado por las regiones celes­
tes. Yo he sentido en mí violentos impulsos
para hacer esta visita , con el fin de informar­
me de la vida interior de los hombres , y de
poder escribirla. Para el logro de mi intento
había pensado emplear meses , y quizá años,
en asistir invisible á los secretos consejos, tra­
tados y proyectos de los hom bres, empezan-

al mundo Vianet ario.
289
do desde el Soberano hasta el mas infeliz 'súb­
dito; porque todos son hombres, cuya obser­
vación instruye al que sabe hacerla. Yo te­
nia presente la visita que á Critilo y Andrenio hizo hacer el Jesuíta Gradan en su Cri­
ticón , en que, aunque intentó medio ocultar
su jesuitismo , dexó de decir por política jesuí­
tica lo mucho que observó, creyendo que és­
ta no permitía su publicación. Juzgué que los
nuevos derechos que ha recobrado la huma­
nidad me darían libertad para publicar lo
que Gradan ocultó en el silencio; y ya me habia dispuesto para hacer entre los terrícolas
la invisible visita de todo lo mas oculto que
entre ellos pasaba, y no está registrado en los
papeles , ni depositado en los archivos. En
tiempo en que tantos sabios se emplean en vi­
sitar archivos y desenterrar antigüedades pa­
ra ilustrar la historia del hombre , yo, despro­
veído de la ciencia antiquaria, y creyendo ser
mas útil que ésta la visita de los corazones
humanos, manantial de donde brotan toda bon­
dad y malicia , empecé á hacerla , y escribí un
tratado no pequeño con las observaciones que
en pocos dias había hecho sobre las preocu­
paciones de la sociedad civil. Continuaba yo
mi visita, en que hallaba el mayor placer,
porque la preveía útil á toda clase de hom­
bres ; ya que para obligarlos á practicar la vir­
tud conocía ser poderoso medio el descubri­
miento de sus vicios. La corrupción de costum­
bres entre los hombres ha logrado, que entre
ellos no se tenga por delito , y ni por desho­
nor , el no ser buenos ; mas no ha llegado aún
á

Criticón de
Gradan.

Viage y vi­
sita invisi­
bles.

290

Alocución
de despedi­
da al Cos­
mopolita.

Viage estático

á quitar la infamia que resulta del vicio cono­
cido. Por esto yo creí que el descubrir y ha­
cer notoria la infame malicia de los hombres
servirían para empeñarlos en abrazar la bon­
dad. Este fin, aunque justísimo, puede tal vez
ser peligroso, ú ocasionar funestas conseqiiencias por la mala disposición de los hombres; y
este desgraciado accidente puntualmente al ha­
cer la visita sucedió en una de las principales
naciones de Europa, por lo que yo justamente
temiendo de la malicia humana mayor mal que
el que deseaba remediar, corté el hilo á la vi­
sita , y arrojé al fuego devorador las observa­
ciones en ella hechas. Este discurso y confian­
za te he hecho, Cosmopolita, para que te sean
notorios los gravísimos motivos que me obli­
gan á dexar entre paréntesi de nuestro viage la
visita de la tierra.
A ésta, pues , vuelve tú solo, ya que estás
casi tocando las elevadas torres de la patria
común de tu nación: yo, acompañándote con
el afecto, y con la indeleble memoria de tu
dulce compañía , volaré hasta encontrar la pa­
tria , que benignamente me ha dado la huma­
nidad. Te dexo entre los tuyos, para irme á
vivir entre los que, siendo únicamente estrañ o s, porque entre ellos no nací, han tenido
la bondad de reconocerme y honrarme , como
si fuera uno de sus honrados nacionales. A es­
tos me restituyo en el momento en que te vea
volar ácia tus paysanos, ya que el empezar tú
á volar y el llegar á ellos son principio y fin de
un indivisible momento. Vuela, pues, que yo
%q dexo, dándote un á Dios , que en tu memo-

al mundo Vianetarlo,
291
ría, aunque fuera fragilísima, no se borrará an­
tes que yo te vuelva á ver. Tan prontamente
tendré el placer de volver á visitarte. Ya estás
para volar, y yo para dexarte: si ceso de ha­
blar, es señal que tú ya has volado, y que yo he
desaparecido: Si desaparezco, hemos dexado
de ser compañeros; y tú de Cosmopolita has
vuelto á ser lector, como lo eras antes del viage. ¿Vuelas y a, Cosmopolita? A Dios.
Ja m satis e s t : ne me Crispini scrinia L ip p i
Compitasse putes: verbum non amplias addam (i).
(1)

Horat. Sermon, lib. i . sat. i .

Fin de la primera Parte.

INDICE DE LO CONTENIDO
en este Tomo.
SIGUE LA MATERIA DEL CUERPO SOLAR.
§. X III. E l Paganismo , idólatra del Sol. Obser­
vación físico-astronómica del mundo planetario ,
ó declaración de la causa física del movimiento
de los planetas ............................................ Pág. I.
§. XIV. Examen de las primeras causas físicas:
ignorancia total de ellas en el mundo mortal.
Qual sea el buen uso de los sistemas en las cien­
cias. . \ ............................................. 58.
§. XV. Observación de M ercurio, Venus y del
Or-

292
Orbe terrestre ........................................................ 74 •
§. X V I. Observación de M arte , Júpiter , Sa­
turno , de los Cometas y de las Estrellas. . . 91.
§. X V II. Apariencias de los fenómenos celestes
observados desde el Sol: despedida y p a rtid a
de éste p a ra Mercurio ........................................97.

SEGUNDA JORNADA.
Mercurio .................................................................... 112 .
§. I. Anticipada noticia de los planetícolas ó ha­
bitadores de los planetas ....................................114 .
Siiplica de los lunícolas al Sol.
....................13 o*
§. II. Movimiento de Mercurio al rededor del Sol,
y sobre su exe....................................................... 160.
§. III. G randeza de Mercurio , su luz y calor. 16S.
§. IV . Observación astronómica hecha desde el glo* bo de Mercurio ..................................................... *7 4 TETCERA JORNADA.
Venus ......................................................................... 188.
$. I. Observaciones del paso de Venus delante del
S o l , y su utilidad ................................................1S9.
II. F igura , grandeza , m a sa , densidad , luz
y calor de Venus. Breve discurso sobre el pre­
tendido satélite de Venus. . . . .*.....................203.
§. III. Practica observación que sirve p a ra en­
tender la astronomía de losterrícolas.................214.
§. IV . Observación del sistéma planetario desde
Venus .....................................................................245.
§. V. Vuelo desde Venus d la Tierra .....................256.

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