Viages de Enrique Wanton a las tierras incógnitas australes, y al país de las monas: en donde se expresan las costumbres, carácter, ciencias, y policía de estos extraordinarios habitantes. Tomo I

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Madrid

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spa
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175
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0000000197
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Traductor
Guzmán y Manrique, Joaquín de
Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Librería de Don Bernardo Alberá
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1781
Formato
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foj&tiño, tuv? ¿ft°,Jcutp.

T

I

VI A G E S
DE

E N R I Q U E
WANTON

A LAS TIER R AS IN C O G N IT A S AU STRALES,
y al País de las M onas; en donde se expresan las
costumbres, cara&er, ciencias, y policía
de estos extraordinarios
habitantes.
T R A D U C I D O S D E L I D I O M A IN G L E S A L I T A L I A N O ,
y de este al Español.

P O R D O N JOAQUIN D E G U Z M A N
y Manrique, Ó>c.

TOMO PRIMERO.
C o n Láminas que demuestran algunos pasages de
la Historia.
CON P R I V I L E G I O .
E n Madrid : Por D o n A n t o n i o
A ñ o de 1781.

de

Sacha.

Se hallara toda la obra en Casa de D o n Bernardo A I b erd y Carrera de San Gerónimo.

V ^ / y e n t e , si tu me ayudas
C on tu malicia , y tu ris3,
Verdades diré en camisa
Poco m enos, que desnudas.
Queved. M u sa Terjpst'chor.
let. satir. 1 3 .

III

PROLOGO.
J ^ L Viage a el País de las Monas , que ofrezco
trasladado del Idioma Italiano al Español, es una
aguda sátira , que mezclada de morales documen­
tos ridiculiza los vicios, de que todas las nacio­
nes abundan. Tuvo desde luego esta obra tal acep­
tación en el orbe literario, que inmediatamente fue
necesario reimprimirla. Las pocas copias que llega­
ron á España, merecieron la estimación de nues­
tros Literatos de buen gusto ; no sin motivo , pues,
á Ja verdad, parece quiso su Autor, yá sea In ­
glés, como él supone, yá de otra Provincia, co­
mo se cree , imitar en cierto modo á nuestros nun­
ca bien alabados Españoles, Quevedo en la sátira,
Calderón en los enlaces, Cervantes en las ficcio­
nes , Saavedra en las moralidades , y Gracian en
las críticas , usando de los primores de todos estos
en sus lugares oportunos.
Vertió el Autor las sales de esta obra con desti­
no á ciertos dominios de Italia; pero como la mayor
parte de los hombres adolece de una misma en­
fermedad , pueden quasi todas surtir su efeébo en
España; solo hai la distinción , de que allí tal vez
las pinturas fueron determinados retratos; y aquí
es imposible , sino por casualidad , que tengan par­
ticular aplicación ; y en esto llevamos la ventaja,
porque en tanto la sátira es provechosa , honesta,
deleitable, y por consiguiente permitida, enquanto ridiculiza á los sugetos , pero no á tales sugetos. Como se tocan tantas materias, no dudo, ha­
ya muchas personas, que encuentren con su co§ 2

pía;

IV
pía ; pero en este caso me servirán de defensa unas
clausulas del mismo Autor al capítulo oétavo de
este primer tom o, donde d ice, que si acaso ha­
llan algunas el modelo de sí mismas en esta His­
toria , culpen á sus v ic io s , pero no, á quien , pu­
blicando la verd ad , no piensa en la idéa crítica
de dibuxar sus costumbres : Y asi, si él hace es­
ta salva entre los mismos , para quienes escribe,
¿ qué se deberá entender , con quien ajustado á una
precisa traducción , solo traslada las extravagancias
de aquel P aís, siendo únicamente por semejanza,
las que hablen con el suyo?
Con el mas grande , y nunca demasiado rigor
reprehende Terencio en la Comedia intitulada:
¿údelphi á los hijos viciosos, é inobedientes en ca­
beza de Eschino, por boca de Démea su padre;
pero , aunque há tantos años , que escribió este
Poeta, ¿á quántos Eschinos, que conocemos , son
aplicables el dia de hoi sus versos , y muchos mas ?
Nada tuvieron de adivinos Persio , Juvenal , y
otros espíritus festivos, y satíricos, y notando mu­
chos siglos hace las viciosas ridiculeces de su era,
y de su patria , parece, si se leen con reflexión , que
solo escribieron para nuestra edad , y País. En todo
tiempo , y en todas las naciones se han fulminado las
mas rígidas invectivas contra los desarreglos de un
mal aconsejado Jo v e n ; las avaricias de un ambi­
cioso Anciano ; las ficciones de un Aulico adulador;
las corrupciones de un depravado Juez ; los enredos
de un Abogado reboltoso ; los robos de un Escriba­
no desalmado ; los engaños de una Vieja astuta ; las
disoluciones de una Moza desenvuelta ; los despro­
pósitos de un afeminado Pisaverde; las extravagan-

V

gancias de una Dama zalamera ; las erratas de un
Médico ignorante; las patrañas de un Alguacil in­
teresado ; la hinchazón de un Sabio a la antigua;
los disparates de un Doctor á la moderna ; el luxo
de un Rico de mala conduda; las altanerías de un
Pobre sobervio ; las pesadeces de un nuevo Liti­
gante ; las desconfianzas de un Rústico malicioso;
las vanidades de un Caballero ciudadano; los ar­
tificios de un Cortesano refinado; y finalmente
(para no molestar con otra caterva semejante) las
preocupaciones de un ciego vulgo : Y en verdad,
que no por esto se dará por ofendido el Joven bien
criado , el Viejo virtuoso, el Palaciego ingenuo, el
Juez íntegro, el Abogado literato, &c. antes bien,
á vista de los desaciertos de aquellos, tendrán ma­
yores brillos las bondades, y buen manejo de cada
uno en su especie.
Generalmente es uno mismo el material en la
sátira universal arreglada ; la diversidad está en el
condimento : No es el mas desabrido el presente,
en que, figurándose ciertos nuevos descubrimien­
tos , se fingen con racionalidad unos brutos , que
crió la naturaleza con acciones tan semejantes á
las nuestras. Es forzoso usar voces, que sean con­
ducentes á este fin ( que nadie hai tan sencillo, que
no conozca, que solo tienen fuerza en la fábu­
la) para dár á las apariencias todos los realces de
realidad.
El curioso , que haga cotejo entre la obra , y la
traducción , hallará una , ú otra cosa con alguna va­
riación , ú omitida , y acaso alguna pagina ente­
ra ; porque si el Tradudor Italiano por contempo­
rizar , separo (según dice) del original Inglés mu­
chas

VI

chas expresiones, que no podría tolerar el genio
de su nación ; a nuestro delicado paladar desazo­
narían tal vez otras , que él dexó esparcidas. En
conseqüencia de lo dicho, me parece , que ni el
mas rígido Catón podrá hallar proposición malso­
nante, ni determinadamente ofensiva: Protesto, que
ésta es mi intención , y que siempre me encon­
trarán pronto á reformar toda clausula , que se me
mande borrar por qualquiera de mis superiores,
á cuyas altas comprehensiones rendidamente me
sujeto.
G. J. V. D. G. Y. M.

EL

VII
EL T R A D U C T O R I T A L I A N O

H

AL LECTOR.

Aviendo llegado pocos años há a Venecia un
Mercader Inglés con motivo de sus asuntos
particulares , se hospedó en casa de una persona
honrada, y después de haverse detenido en esta
Ciudad algunos meses, se vio en la precisión de
tener, que marchar impensadamente , para dirigirse
a Holanda , adonde le llamaban sus intereses, por
causa de la quiebra , que hizo uno de los primeros
Mercadéres de Amsterdán. Con la solicitud , y
prisa de la partida se olvidó de algunos libros, y
manuscritos , que quedaron en poder de su Patrón;
éste con repetidas cartas avisó a su Amigo, para
que le previniese el modo de enviárselos. El buen
hombre , que sabía , y seguía escrupulosamente to­
das las leyes de la hospitalidad , nunca pudo tener
respuesta de sus cartas. Con todo eso , no contento
con su primer honrado proceder, rogó á algunos
Amigos, que procurasen adquirirle noticias en Ho­
landa del dicho Inglés, para poder entregarle , lo
que tenia á su cargo. Los corresponsales executaron la comisión, mas no les fue posible hallarle; an­
tes bien escribieron, que no solo en Amsterdán,
en donde havian hecho increíbles diligencias, no
se conocía tal hombre, pero ni aún en Londres, de
donde el Inglés decía era natural. Entonces creyó
con razón la sobredicha persona , que su Hués­
ped , por uno de los muchos motivos, que pueden
ocur-

V III
ocurrir en tales casos, havría mudado el nombre,
quando se transfirió á Venecia , por lo qual puso so­
bre seguro todos los papeles, que encontró, y es­
meró con paciencia el aviso de su A m igo , que pro­
bablemente debia pedirle qüenta algún dia de sus
libros, y manuscritos. Pasados dos años, imaginó
el depositario de ellos , que sin duda, no contenían
cosa de cuidado , y que esta fuese la causa, porque
no se los pedían. M ovióle la curiosidad á buscar un
intérprete, por lo qual me rogó los leyese , y le die­
se noticia de su contenido. Examiné los lib ro s, y
los manuscritos, y en aquellos encontré las obras
de los mas sublimes ingenios de Inglaterra; y en es­
tos hallé cosas del todo nuevas, y extravagantes.
Comuniqué al Am igo mi hallazgo , y como él no
es hombre de grande penetración, solo deseó que
entre todos los manuscritos mas singulares , le traduxese aquella obra, que fuese á su inteligencia mas fá­
cil : Se escogió, pues, la presente , en que se trata
de un viage al País de las Monas. A hora, que hé sa­
bido , que él intenta hacer imprimir esta mi traduc­
ción , hé querido advertir al público los accidentes
sobrevenidos, para que se sepa el m odo, y la oca­
sión, con que llegó a mis manos el dicho m inuscrito.
E l Autor es Inglés, por lo que es forzoso enten­
d er, que se encuentran en la obra muchas cosas,
que no podrían sufrirse de un genio Italiano : Mi
obligación era omitirlas, para que el gusto de la
leyenda no estuviese contaminado de m áxim as, y
reflexiones contrarias á su quietud : Hé trabajado
bajo estos principios, y asi me lisongéo , de que
no encontrará el leétor cosa , que pueda ofender
á su delicadeza.

Si

IX

Si Yo fuera crítico , podría examinar el fin de
esta Historia. Qualquiera , que tenga juicio , con­
siderará , que es una continua sátira , y no creo,
que podrá persuadirse, á que son realidades , las
que en ella se leen, no obstante, que el Autor con
un aire de sinceridad quiera continuamente dár a
entender, que todo aquello, que cuenta es certí­
simo. Muchos pasages obscuros hé omitido de pro­
posito, porque siendo este un libro de placer, y
entretenimiento no hé querido fatigar el discurso
á los lectores , precisándoles á una particular apli­
cación , y examen de ellos. Si algunas cosas pare­
cieren hyperbólicas, ó no posibles, advierta el lec­
tor , que no todos los hombres son á él semejantes
en el pensar, y en el obrar; ni que en todos los
Países son los genios lo mismo , que en el suyo»

Tom. !•

X

EL A U T O R
AL LECTOR.
I __^OS accidentes, que há experimentado mi vida
en el número de años tan repetidos, que yá me
han constituido en una edad decrépita , son tan­
tos , y de tal calidad , que intentaría un im posi­
ble , queriendo hacer descripción de to d o s , aun
quando me hallase esento de aquellas incom odida­
des , que generalmente acompañan a la vejez , y
me lisongeáse tam bién, de que me restaba tanto
tie m p o , que v i v i r , quanto yá no debo esperar
después una carrera tan larga. Bien es verdad , que
todos los hé conservado en mi memoria , y no me
faltan los materiales necesarios para esta obra ; pero
solo el coordinarlos, me serviría de un peso in­
soportable , y t a l , que no podrían c o n o c e rlo , ni
apreciarlo , sino aquellos , que tienen experiencia
de semejantes fatigas. C o n razón puedo ser cono­
cido por un hombre maravilloso , pues los acci­
dentes , á que hé estado expuesto, y que sin in­
terrupción me han exercitado, todos fueron singu­
lares , y fuera de los términos de la común creen­
cia. U n continuo encadenamiento de desgracias, y
fortunas me há enseñado , que no hai cosa alguna
estable en este mundo ; por lo qual determiné
dexarme llevar totalmente de quanto me prepara­
se la fuerza de m i destino.
J
Lo

XI

Lo que hé llegado comprehender por mas
cierto es , que parece han salido desterradas del
mundo la verdad, y la razón , y el lugar de estas
luces celestiales han ocupado la falsedad , y la ex­
travagancia. Hé visto al mundo , le hé observado,
y le hé conocido; generalmente son las costum­
bres semejantes en lo esencial, solo varían en el
modo. Hé aquí en compendio el fruto de mis viages, y descubrimientos : Se podría creer , que los
Países, que la naturaleza separó enteramente de
nuestro Continente , y en los que Yo hé sido el
primer hombre, que puso el pie, debieran variar,
en lo que mira alas costumbres, por encontrarse
poblados de habitadores, que siempre hemos teni­
do por faltos de razón, y entendimiento. Yo mis­
mo lo huviera creído, fundado , en que el vicio,
y la falsa idéa son una peste, que introducidos en
un Reino van poco a poco apoderándose de los ve­
cinos , hasta que llega á ser general el daño. Pero
mis aventuras me han desengañado , y á costa de
mi admiración hé visto, que en todo lugar ( aun
sin la sospecha de la comunicación ) la naturaleza
viciada inclina a obrar lo peor , y que estamos ge­
neralmente engañados en el modo de juzgar. El
País de las Monas, que se tuvo hasta ahora por un
ente imaginario, es la prueba, que confirma esta
verdad ; y á fin de que algunos Amigos mios pue­
dan encontrar en la le&ura todo aquello , que Yo
en este asunto, testigo de vista, hallé con mi su­
frimiento , hé querido de entre todos mis descu­
brimientos comunicarles aquellas cosas, que en di­
cho País hé visto , y han pasado por mí mismo.
En conseqüencia , pues, de esta intención hé
§§ 2

pues-

XII #

puesto en orden las memorias, que tenia concer­
nientes a los descubrimientos, que hice en compañia de un fiel Amigo en aquel extraordinario País.
Ruego por tanto a aquellos Amigos, y conocidos
m ios, a cuya noticia pueda llegar este suceso , juz­
guen bien de mis fatigas , sin desear hacer expe­
riencia de la verdad de las cosas, que aqui descri­
bo. M uy peligrosa seríala prueba, sin que de ella
el curioso sacase mas fruto, que el que le sub­
ministra la misma ledura. Las acciones ridiculas, las
extravagancias, y la maldad se encuentran sin ex­
cepción en todo el mundo; por lo que el abando­
nar la patria, el experimentar sumos riesgos, y
el exponer la propria vida sobre un frágil leño á la
discreción de los vientos son graves peligros , que
no deben despreciarse por sola la curiosidad de ser
exploradores de la general locura. E l que no se
digne de darme crédito , téngame en buen hora
por un impostor, ó visionario ; que mas contento
estaré con tan indiscretos, y no merecidos epítetos,
que no , queriendo, que qualquiera de mis Conciu­
dadanos se exponga á tantas incomodidades , y pe­
ligros , para que estos sean un nuevo testimonio
de mis relaciones. Finalmente escribo como un viagero , y no como literato, pues, aunque Yo tal
fuese, en las circunstancias pasadas no huviera po­
dido escribir una historia con elegante estilo , quando semejante obra pide aquel ocio , y aplicación,
que a la verdad , no pueden encontrarse en un
aventurero ; y ahora en los últimos periodos de
mi vida , sería ciertamente digno de risa verme
aplicado al estudio de las frases, y bien hablar:
Creo con seguridad no hallar entre mis ledores

al-

XIII
algunos indiscretos, que me culpen por semejante
falta ; pero si le huviese , no me dá cuidado; dexaréle murmurar a su satisfacción, puesto que Yo
hé escrito solo por referir, y no por atraher con
el adorno de las palabras. No quedarán desagra­
decidos mis Amigos con el don , que les presento,
y la atención , que á sus respetos guardo; y en­
tretanto me aplicaré á ir juntando otros materiales,
que sirvan de divertirles en una nueva historia.

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XIV
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INDICE

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l ' : 1.-

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». l ;j í II í ,

.

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.

LOS CA PITU LO S,
que contiene este primer
Tomo.

( ^ A P . I. Abandona Enrique su patria,
y se embarca para Bengala....................
Cap. II. Consuela Roberto a Enrique , y
emprenden su amistad...........................
Cap. III. Hacen los dos Amigos distribu­
ción del tiempo para mientras dure su
navegación..................................................
Cap. IV . Corren borrasca, y los dos en
un esquife llegan atierra......................
Cap. V . Hacen los dos Amigos su habi­
tación dentro de una gruta....................
Cap. V I. Hace Roberto un nuevo descu­
brimiento del País...................................
Cap. V II . Encuentran los dos Amigos una
casa de campo , y lo que en ella les
sucedió.......................................................
Cap. V III. Prosiguen los sucesos de la ca­
sa de campo..............................................
Cap. IX . Prosiguen los buenos oficios de
O liva..........................................................
Cap. X. De lo que les sucedió con una
Mona de la C o rte , que vino a verlos
al establo....................................................

Fol.
i.
5.
11.
16.
20.
27.
33.
40.
45?.
54.
Cap.

XV
Cap. X I. De otra aventura , que tuvíeron en el establo , con la que dieron
á conocer su valor....................................
Cap. X ÍI. De los. recados, que les envió
la Dam a, de quien poco antes havian
sido despreciados............................ ..
Cap. X I I I . De la visita de la Dama , y
'' otros Cortesanos ; y lo que en ella
acaeció............................................................
Cap. X IV . D el recibimiento , que tuvie­
ron E n riq u e, y Roberto en casa del
Señor Haya..........- .....................................
Cap. X V . Del descubrimiento de una yerv a , y un insedo muy particulares, y
pareceres de algunos Dodores M o ­
n o s .................. ..............................................
Cap. X V I . Descríbese el Palacio del Se­
ñor H aya, y el tocador de Madama E s­
pina........................ .............^.........................
Cap. X V I I . De las instrucciones, que da­
ba Madama Espina á su Hija......... ..
Cap. X V I I I . De la aventura con el Doc­
tor Cilantro..................................................
Cap. X I X . De la opinión, que formaron
de R oberto, y Enrique las Monas de
la Corte.........................................................
Cap. X X . De lo que pasó en la tienda
del Café................. .....................................
Cap. X X I. De la equivocación de Enrique
acerca de losPeluqueros del País..............
Cap. X X I I . Prosiguen los lances de la pe­
luquería , y de la peligrosa aventura, en
que se v io Roberto. ................................

Fol.
64.

76.
85.

9 1.
100.
108.
114 ,
126 .
13 * .
139.
14 5.
Cap.

XVI
Cap. X X III. De la audiencia, que dló el
Príncipe a Enrique, y á Roberto. . . .
Cap. X X I V . De la novela dodrinal, que
contó el Ministro.......................................
Cap. X X V . Prosigue la materia del Capí­
tulo antecedente.........................................
Cap. Ultimo. Finalizase el asunto de los
dos Capítulos anteriores. ........................

1

i

»

/

F o l.
15 2 .
15 6 .

16 2 ,
16 9.

*

V IA *

Fol. i

VIAGES
DE

ENRIQUE WANTON
A EL P A IS D E LA S M O N A S -

TOM O PRIMERO.
(5



C A P IT U L O P R IM E R O .

Abandona Enrique su Patria , y se embarca
fara Bengala•
-t-^ N tre las fortunas, que pueden servirme de
lisonja , no es la menor , a la verdad , la que logré,
naciendo en la Capital de un poderoso , y florido
Reino. Mi Padre fue un hombre de no desprecia­
ble nacimiento , y aun superiores a este eran sus ri­
quezas ; pero por desgracia, su corazón , que fácil­
mente se inclinaba á dar favor a qualquiera., que a él

Tom.L

A

rc-

a

V I AGES

recurría, fue la cansa de reducirle a un estado de
fortuna muy inferior , al que mi Abuelo le havia
dexado. Esta blandura de corazón le hacia mirar
a sus Hijos, que podían ser el reparó de su familia,
con ojos de una particular,ternura; pero un defetto
muy substancial destruía en él las consecuencias, que
de esta bondad podrían esperarse; este consistía en
dexarse llevar demasiado de su capacidad, y luces*
y querer dar estado á sus Hijos, sin indagarles los
genios, y talentos para aquellos empléos , á que les
destinaba. Este intelectual engaño de mi Padre fue
el manantial de todas mis desventuras , porque es­
forzándome siempre á las cosas , que totalmente
eran diversas , y contrarias á mi inclinación , y
no subministrándome las necesarias asistencias para
la- adquisición de las Ciencias, á que mi genio me
inclinaba, me precisó a hacer en el mundo una in­
feliz figura, dexandome desproveído de aquellos
conocimientos, que en ¿1 pudieran haverme distin­
guido. Hé aquí la verdadera causa, por la qual aban­
doné mi Patria , en donde , aunque se me concedía
una Vida dirigida ü la honradéz, y virtud , no po­
día lograrla conforme a mis inclinaciones.
Aprendan de la leytnda de mis aventuras
aquellos Padres que pusieren los ojos en mis escri­
tos : aprendan , repito, a hacer un uso mas prudente
de la autoridad paterna , y & no querer condenar
a sus Hijos a una vida llena de amarguras por la ca­
prichosa obstinación de violentar sus espíritus. Oh!
felices Padres aquellos, cuyos Hijos son bien inclina­
dos; pero aun mas felices aquellos Hijos, de quienes
indagan los Padres su capacidad , para madurar con
proporcionados medios los frutos, que pueden reca-

de W a n to n .
3
vár de ellos , siguiendo con su dirección las inclina ­
ciones del natural. Y o , pues, aparecía a sus ojos un
H ijo voltario , y desobediente ; sucediendo muy de
ordinario considerar como obstinados , á los que no
siguen las m áxim as, que nos parecen útiles, y ra­
zonables, y despreciar á los que no convienen con
nuestra opinión. Quando el hombre tiene en su
mano el podér , es dificultosísimo , que no se valga
de é l , para en cierto modo vengarse de el desprecio,
que se figura haver recibido su autoridad ; por esto
mi Padre me distinguía de mis Hermanos, negán­
dome , no obstante ser Y o el Primogénito , todo
aquello , que á los otros concedía , y haciéndome
carecer de las cosas, que eran indispensables á mis
circunstancias. Por largo tiempo sufrí esta cruel
distinción (perdónese á un H ijo tal expresión por
verdadera) sin quexarme , porque teniendo por na­
turaleza una índole dulce , é inclinada á la ternura,
no era capáz de lamentarme de mis agravios, y
aun en medio de quanto padecía, profesaba cierto
singular cariño á un Padre , de quien no parecía te­
ner Y o correspondencia. Por otro termino no podía
en estas cosas culparse del todo á mi Padre , que
obrando á medida de su diétamen , juzgaba fabricar
mi fortuna con los proprios m edios, que debían de
hecho destruirla ; de aqui era , que me parecía
crueldad , lo que él intitulaba amor , y atención
paterna; y por el contrario , él creía, encontraba
en mí un H ijo rebelde, al paso que Y o en mi resis­
tencia no hacía otra cosa , que seguir las voces de la
naturaleza. Fuera de esto, las reflexiones, que el en­
tendimiento en mi juventud me propuso acerca de
las obligaciones del hombre , me enseñaron a resA 2
pe-

4
VlAGES
petar a mis Padres con la mas escrupulosa puntua­
lidad , y el honor de mi familia me precisaba a no
manifestar á los estraños las extravagancias , que
necesariamente tenia , que sufrir. Esperaba con pa­
ciencia la protección del C ielo ; pero cansado final­
mente de sufrir, y guiado de mi inclinación a apren­
der , tomé la incauta resolución de abandonar mi
Patria, é ignorándolo mis Padres, embarcarme en
una nave , que disponía su viage a las Indias. Si por
ventura algún H ijo , que se halla en semejante caso,
llegase a leér estas mis M em orias, espero , que a lo
menos se compadecerá de m í , á causa de esta par­
tida , á que me veo inm ediato; al paso que los
peligros , en que mi inconsideración me ha puesto,
le podrán servir de régimen , para no seguir mi
exemplo. Me encaminé , p u es, en busca del C api­
tán, con quien me fingí un Mercader deseoso de
traficar en las Indias Orientales; y ajustado con él
el flete de mi Persona , y Mercadurías, bolví á mi
casa, en donde recogí aquello poco , que me per­
tenecía ; reducidos después á dinero estos cortos bier
nes ( hágaseme aquí la justicia de creer, no toqué
á cosa alguna , que fuese de mi Padre, ó Hermanos)
compré algunas mercancías, cuya venta sabía, era
fá c il, y lucrosa en Bengala , adonde se dirigía la
nave. Llegado el dia de la marcha, fui á visitará
una Hermana m ia, que era la ún ica, de quien
fiaba mis secretos. Comuniquéla la resolución , que
havia tomado , de la que no jfudo apartarme ni con
sus persuasiones, ni con sus lágrimas. Abrazámonos con una ternura inexplicable , y después me
regaló una considerable cantidad de oro , presagián­
dome feliz suceso en mi propuesta idéa. Luego, que
llegó

DE W ANTON.
5
llegó la noche, llevé todos mis muebles á la embar­
cación , y antes de partirme , besé el paterno suelo,
aguerandole del Cielo los mas afortunados, y venta­
josos progresos. Finalmente con los ojos bañados en
llanto entré en la nave, que prontamente se hizo
a la vela con un viento favorable a la partida.
C A P I T U L O II.
Consuela Roberto d Enrique
su amistad.

, y emprenden

V E d m e ya expuesto a las violencias del agua,
y del aire , dos elementos necesarios , pero peli­
grosos para el hombre. Inmediatamente tomaron
lugar en mi corazón las reflexiones, desnudo ya
de toda pasión , y considerando por lina parte los
peligros que podian ocurrirme, y el incierto éxito
de las humanas empresas, y por otra los tiernos
sentimientos házia mi Patria, Padres, Hermanos,
y adorable Hermana , cuyas lágrimas me íiavian
hecho una impresión vivisima , fixas éstas en mi
imaginación, comenzaba á arrepentirme de una
resolución desesperada, que me iba privando de
las mas dulces prendas de la humanidad , para su­
mergirme en mis aventuras, cuyo encadenamiento
sería el punto decisivo, de lo que me quedase de
vida. Entonces conocí por experiencia, que es la in­
constancia cara&er quasi distintivo del hombre, pues
que, incapaz de fixar sus deseos, é ignorando , en
que consista la humana felicidad , no le parece bien
sino aquello, de que carece, y después que lo obtiene,
lo

6

V I A GE S

lo abandona, y desprecia, y las mas veces se arre­
piente de haverlo deseado. No puedo bien explicar,
qué efe&o causaron en mi espíritu tales considera­
ciones ; sí diré, que me sumergieron en la mas pro­
funda melancolía ; y asi llegada la hora de ía cena
para el Capitán , y demás pasageros, rehusé ir a ella,
y me retiré á un rincón de mi estancia , en donde
solté las riendas al llanto, detestando la crueldad
de mi destino, que havia querido , sin dár Yo la
causa, hacerme infeliz con tan buen Padre , como
el mió ; y que después me havia puesto en términos
de alejarme de mi Patria, y domesticas dulzuras,
por evitar aquellos males, que experimentaba solo
en fuerza de la suerte. Esta misma inconstancia
me representaba muy bueno á aquel Padre , que
quando con él vivia , me parecia cruel; y todos
aquellos motivos, y circunstancias, que en mi casa,
quando en ella me hallaba , eran la causa de mi en­
fado , y de mis quexas ; en esta ocasión , Yo los con­
vertía en objetos amables, y que commovian mi
ternura.
En efeébo , mi Padre, decía entre m í, no há
solicitado otra cosa , que mis adelantamientos , con
que sin duda fue digno de alabanza , aun quando me
destinó á aquella vida , que no se proporcionaba con
mi genio. Por el contrario, proseguía igualmente
diciendo entre mí mismo, no puede imputárseme
á delito , el que llevado de las idéas, que en mi co­
razón esculpió la naturaleza , constantemente haya
rehusado seguir otro camino , que aqueste ; en cuya
consecuencia solo el hado es el culpable , ó bien,
porque no me concedió un genio conforme á las in­
clinaciones de mi Padre, ó bien, porque negó á éste

D E W ANTON.
y
el suficiente discernimiento para conocer mi índo­
le, é igualmente entender aquella máxima , que no
todos los hombres fueron formados para un mismo
ministerio , y que el Criador há querido diversificar
asi á sus criaturas para la harmonía de la humana
sociedad , y para aquellos adorables fines, que deben
respetarse, y no examinarse por los hombres. Asi,
neciamente hablando sobre el destino , que no es
otra cosa, que una voz inventada por el hombre,
para dár razón , de lo que no entiende , andaba en
mis sucesos, acusando á la Divina Providencia , de
quien no comprehendiendo los fines, no podía, sino
indigna, é inconsideradamente condenar los me­
dios. La pasión acostumbra de ordinario servirse de
semejantes expresiones, lasque, aunque de ningún
modo son plausibles, sí suelen ser tolerables , quando las profiere un hombre del todo poseído de la
tristeza , á quien privó de luces la desgracia , y que
con tales razones prerende dár aliento á su corazón,
como queriéndose consolar , con que sus infortunios
no se originan de propria , ni agena culpa. Este tal
destino, que Yo abultaba para mí tan infausto, era
por otro termino un medio, que me debía conducir
al descubrimiento de cosas en el Universo ignora­
das , y asi mis particulares aventuras de una en otra
se iban enderezando á este fin , que tal vez podrá
ser útil al común de los hombres. En este tiempo,
en que mis ojos brotaban con mayor abundancia las
lágrimas, entró un Joven , que havia de dormir en
la misma estancia : Estaba éste dotado de una de
aquellas presencias ventajosas, que atrahen las vo­
luntades á la primera vista , sin que después desmin­
tiese la qualidad de su corazón la buena opinión,
que

8

VlAGES

que de él havia formado , luego que se me presento:
Era hijo de un rico Mercader (como él mismo me,
dixo) y viajaba por mandado de su Padre; tenia
entonces cerca de veinte , y quatro años de edad,
afable, galán , y dotado de un vivo , y penetrante
espíritu, cultivado, además de esto, con los estudios,
y prá&ica del Mundo. Luego que me descubrió, me
saludó afablemente , y viendome anegado en llanto*
con el mas atento estilo me preguntó la causa de
mi tristeza. El estado, en que entonces me hallaba,
me hizo olvidar de mi ordinaria máxima, de que
nadie entendiese los motivos de mi aflicción; y, enefe&o, huviera conservado la tal máxima, quando.
estuviera en el caso , en que , reducido el hombre
por las humanas exigencias á estrecharse solo den­
tro de sí proprio , pierde la memoria de quanto está
fuera de él.
Al punto, pues , le conté quanto pasaba en
mi corazón. El sábio Joven procuró consolarme
con todas las razones , que le sugirió su viveza,
con las que ciertamente dio algún reposo á mi áni­
mo. El hombre, decía, debe considerarse Ciuda­
dano del Mundo, y no es razón encarcele sus proprios afectos en los. estrechos términos de una Ciu­
dad, y de su familia* Nosotros, añadía, que habi­
tamos sobre la tierra, somos todos Hijos de un solo
Padre, que es Dios ; por esto, todos los hombres son
hermanos; y qualquiera Lugar es propria Patria para
?quel, que se considera como es en sí, esto es,
hombre.. Si haveis abandonado aquellos muros,
donde teneis vuestro nacimiento , no por esto os
faltará tierra , que os acoja, hombres , que se os afi­
cionen, con quienes estrechéis vínculos de sociedad,
vian-

D E WANTON,
9
viandas , que os alimenten , y S o l , que os caliente.
L a Divina Bondad no há limitado sus beneficen­
cias a sola nuestra Patria ; en todas partes Jas há
difundido , y á todos los vivientes ha subministra­
do con abundancia los dones necesarios para la v i­
d a , y mil placeres, que la hagan deleitable: os
persuadiréis á esta verdad , luego que hayais visto
mas mundo. Entre tanto , si os enfada aquella sole­
dad de afeétos , con la qual se encuentran los hom­
bres como en un desierto, quando se miran entre
nuevas, y desconocidas personas, Y o os convido
con mi am istad, que espero, no os desagrade , en lo
que se os ofrezca. Me glorío de esta virtud , y es la
que mas amo ; de tal modo , que há havido ocasión,
en que por un amigo hé sabido abandonar todos mis
grandes intereses; y creéd, que por vos no dudaré
hacer lo mismo.
Dióme respiración este discurso, y haciéndo­
le repetidas protestas de obligación , y agradeci­
miento , juré profesarle una plena, y perfeéta amis­
tad. Preguntéle después su nombre , y entendí,
llamarse Roberto ; nombre , que me será siempre
amable , y venerado , y que hasta el ultimo periodo
de mi vida , permanecerá impreso en lo mas pro­
fundo del alma. T u v e en muchas ocasiones por co­
sa m aravillosa, el que con m otivo de los viages,
sean tan freqüentes los encuentros , que facilitan
trabar amistad con algunos hombres de m érito; sien­
do cierto , que permaneciendo en la Patria, raras
veces sucede , que se estrechen amistades tan per­
fectas , como en semejantes casos, presenta la fortu­
na ; pero ahora no lo estraño ; lo uno porque la
experiencia me ha dem ostrado, no ser maravilla;

Tom. /,

B

y

IO
. . VlAGES
.y lo otro por haver conocido , que no es esto efodo
del acaso, sipo una conseqüencia quasi necesaria en
los viajantes, por quanto la práctica de,el Mundo
.comunmente llena de m é r i t o y capacidad á estos
hom bres, y la necesidad de coadyubarse mutua­
mente en los. cam inos, los obliga á unirse con la
mayor intimidad. Esta amistad, que se emprendió
por el proprio bien de cada u n o , p enhorabuena d i­
gam os, por puro interés, prosigue mientras subsis­
te la causa de haverla entablado, que es todo el tiem­
p o , que dura el viage, y quando llega el fin de és­
te , se considera un tal Amigo , como modélo de la
verdadera amistad, que dexa impresa una fiel memo­
ria suya. Además de esto, quando los hombres lle­
gan á manifestar á los otros hasta sus mas pequeños
cuidados, entonces, en cierto m odo, se quedan á
pecho descubierto, desvaneciéndose así las frívolas
reservas ,.que entibian la amistad , y no ocultándose
-con aquella máscara de .simulación , tan ordinaria
en la sociedad , la qual no es después posible vol­
ver á poner en planta. Yo creo, que mi L e d o r po­
drá comprehender m f pensamiento , que se reduce á
dár á entender , que el hombre en los via-ges , ó por
mejor decin, en Jas mayores urgencias, vuelve so­
bre sí, y considerándose simplemente hombre , se
separa de todo respeto de grandeza,, y formalidad,
y de aquellas vanas apariencias , que con ,tanto te­
són suele conservar en ,1a vida, civil. :Este .es. un
asunto, en que se pudiera largamente discurrir so­
bre la naturaleza del hom bre ; pero volvamos á
nuestra Historia.
\
CA-

DE W A N T O N .

CAPITULO

II

III.

.

Hacen los dos Amigos distribución del tiempo partí
mientras dure su navegación
J ^ U l m o s , pues, á la cama, y Roberto , cuyo
corazón estaba esento de unas pasiones, como las
que atormentaban al m ió , prontamente cogió el sue- •
ño. No me' fue posible cerrar los ojos en toda la*
noche , revolviendo siempre en mi ánimo los mo­
mentos mas felices de mi v id a; y quasi olvidado
de las pasadas desgracias, no sabía pensar en otra
cosa , que en los bienes que havia gozado : En tan­
to grado es cierto , que el hombre , sagaz para ator­
mentarse , encuentra argumentos de considerarse in­
feliz, aún en aquellos objetos, que deberían des­
terrar la tristeza. Mis infortunios me havian hecho
tomar la resolución de dexar mi Patria; pero en
aquella noche el recuerdo de las felicidades , que
havia desfrutado, me hacía llorar la larga distancia
de aquellos Lugares , y personas , que podian faci­
litarme otras dichas semejantes. No sabía mi ima­
ginación separarse de la contemplación de las bue-t
ñas qualidades de mi Padre , sus tiernas insinua­
ciones , el cuidado que puso en educarme, su be-^
llisima intención en procurarme con eficacia un
estado de fortuna permanente ; me representaba
los afanes de mi Madre , viendome perdido ? las
diligencias , que practicarían mis Hermanos para
hallarme ; y finalmente las dudas , que acerca del*
motivo se originarían entre los Parientes , y los
B2

Ami- ;

12
VlAGE.S '
Amigos. Estas idéas abultadas por mi pasión, die­
ron motivo a mi desvelo : llegó el alba finalmente,
y dexamos la cama. E l fiel , y prudente Roberto
conoció, qué en la noche pasada havia mi fantasía
aumentado mis tristezas , por cuyo motivo renovó
sus expresiones , que apoyó con la razón ; y sacu­
dida en parte la conturbación de mi mente , qui­
so , que tomase algún alimento después del qual
me presentó un vaso de vino de Borgoña , que res­
tauró alguna cosa mis fuerzas. Acabado el desayu­
no , me asió Roberto de la mano , y me conduxo
a la toldilla de la nave , en donde me hizo obser­
var un expe&áculo nuevo á mis ojos. N o se descu­
bría tierra por parte alguna , ni otra cosa , que cie­
lo , y agua ; uno , y otro terminado por un vas­
to orizonte.
O bservad, mi amado Enrique, me dixo enton­
ces Roberto , la inmensidad del mar , y vuelta del
c ie lo , y os parecerá , que en toda esta máquina no
se encuentran otros habitadores que nosotros $ y en
verdad, que está muy poco distante la tierra , que no
descubrimos , porque lo débil de nuestra vista , y
lo convexo del mar lo impiden : De aqui deducid
la grandeza de nuestro globo , pero mucho mas la
capacidad del cielo , siendo nuestra tierra en su
comparación mucho menor , que un grano de are­
na , en parangón de todo el globo terráqueo. Pero
no se quedan a q u i, añadió , las expectaciones de
una mente philosóphica ; la q u al, no obstante la de­
bilidad de los sentidos, y principalmente la de el de
la vista , há sabido, mediante las relaciones, con­
frontaciones , y razones geométricas, penetrar, hasta
donde no se puede llegar con los ojos. En aquel caos

W

DE
ANTON.
I 3
inexplicable de infinidad de cosas , ó de posibles
se pierde nuestro entendimiento , el qual estrechán­
dose en solas sus proporciones, no puede señalar
los lím ites, que le contienen. ¿ Y qué seremos,
p u es, nosotros, considerados a vista del Universo?
D exolo á vuestra consideración ; no obstante , tie­
ne tanto cuidado el Altísimo de criaturas tan peque­
ñas , como si nosotros solos fuésemos la obra de
sus manos. ¡ Qué sentimientos de gratitud para con
un Padre tan generoso , y qué humilde idéa de no­
sotros mismos , no nos sugiere esta justa conside­
ración ! Pensad , a la verdad, mi querido Am igo,
que poco es lo que haveis perdido , separándoos de
la casa de vuestro Padre, y poniéndoos en manos
de la Providencia , que sabrá para todo encontrar
m inistros, por cuyo medio os dispense sus benefi­
cios , como lo supo hacer en vuestra Patria, sirvién­
dose de la mano de vuestro Padre : Este no os da­
ba sino es aquello solo , que Dios queria , que fue­
se vuestro entre todas sus criaturas; y este mismo
D io s , si de él no os alejáis con acciones contrarias
á su voluntad , y á las leyes eternas, que están im­
puestas á los hom bres, sabrá en un todo continuar
con su asistencia , subministrándoos aquellos socor­
ros , <que verá convienen á vuestra naturaleza , y
necesidades.
E l fin de este discurso me hizo conocer la in­
tención , que llevó Roberto en proponerme la pre­
cedente consideración , y en querer , que mis proprios ojos descubriesen la grandeza del mar , y del
cielo. E n d e d o me hallé mas confortado , y le di
gracias por el cuidado am oroso, que se havia to*
mado de consolará un Am igo afligido. Aún no es
esto

14
V í A GES
esto bastante, añadió Roberto; quiero que mien­
tras dure nuestro viage , hagamos un buen uso de el
tiempo , y que distribuyamos las horas de modo,
que nos aprovechen. Nos aplicarémos en algunas
de la noche a examinar las constelaciones celes­
tes , y el periódico gyro de los cielos; observa­
remos los movimientos de los Planetas , y todo lo
acomodaremos al systéma universal. Por el dia tras­
ladaremos al papel estas'observaciones ; describí-*
rémos1todos los accidentes del viage , y quando
desembarcásemos en alguna Provincia , indagarémos
sus costumbres, la qualidad del terreno , sus pro­
ductos , govierno , artes, y ciencias; y confrontan­
do todas estas cosas con las nuestras , acaso hallare­
mos , que no es tanta la diferencia, que se halla en­
tre pueblo , y pueblo, a lo menos en quanto á lo
esencial, y que una justa balanza equilibra los bie­
nes , y los males, á fin de que los vivientes tengan
igual porción en todos ellos. Estas cosas las escribirémos igualmente para nuestra diversión , que
para utilidad , acaso , de los amigos, a quienes co­
municaremos nuestros descubrimientos, y reflexio­
nes. Además de esto, emplearémos algún tiempo en
la leCtura, porque ésta sirve mucho para avivar
el espíritu , y mas para reflexionar, y deleitar la
mente yá cansada , con las ingeniosas, y útiles fa­
tigas de otros. Acepté con gusto la oferta de mi
Amigo , y dexé á su buen juicio la disposición, de
lo que se havia tratado. Estableció , pues , que luego
que dexasemos la cama , empleásemos una hora en
el rezo, á la que seguiría el desayuno; que sucede-*
ría á esto escribir los discursos de las observacio­
nes no&urnas , y después la conversación con los
Ami-

p E W ANTÓN*
I 5 ,
Amigos , para recrear el espíritu ; que finalizada
ésta , leyésemos en las Historias Romana , y Griega,
hasta la hora de comer ; y lo restante del dia sería
empleado en discursos, y reflexiones, acerca.de lo
que se havia leído , a que se añadiría una hora de
lección, y conferencia sobre la Odlséa de Homero,
por tener relación los sucesos de Ulises , con los
accidentes, a que están sujetos los. yiageros; puesto
el Sol gastaríamos otra hora en nuestras oraciones,
y luego las primeras de la noche estañamos, al des,cubierto en observación del curso de los cielos..
Seguimos todo este método con una exaditud
escrupulosa sin interrupción alguna, sino quando
estábamos en tierra , y entonces en vez de nuestras
ordinarias ocupaciones , hacíamos un atento exa­
men de aquellos Pueblos, en que nos hallábamos.
Fuéron para mí grandes las ventajas, que saqué de
estos exercicios; y puedo d e c ir, que lo poco, que
hé aprendido, es todo fruto de esta distribución.
Roberto havia estudiado las ciencias con sabios Maes­
tros , en cuya compañía estuvo doce'años, sin sepa­
rarse jamas de ellos; y asi, de las instrucciones, que
pyó continuamente á aquellos grandes hombres* se
havia enriquecido con un,conjunto de conocimien­
tos , que le podían hacer distinguido en qualquiera Universidad. Fue mayor causa para alejarle- de
su Patria , el deseo de aprender ruas^ que los-pro.prios intereses, pero él sabía unir lo uno con lo otro.
Si no se huvieran perdido los escritos , que formá­
bamos de nuestras'qbservacjon.es;, ellos solos pudie­
ran dár alguna muestra de su m érito; pero el nau­
fragio , que voi á contar , me robó aquel tesoro,
que Yo cuidadosamente huviera conservado. E l

I 6
V I A G ES
cielo , que nos preparaba , para ver cosas singularí­
simas , nos privó de aquellas memorias , cuya pér­
dida puede resarcir Roberto , quando quisiere.
C A P I T U L O IV.
Corren borrasca , y los dos en un Esquife
llegan d tierra .

Y

A havia Yo alcanzado aquella entera tranqui­
lidad , que en toda mi vida aún no havia experi­
mentado , y que era conseqüencia del juicioso mé­
todo establecido por Roberto, pues con la variedad
de las ocupaciones, lograba distraher la imagina­
ción , y separarla de aquellos molestos , y contur­
bados pensamientos , que entristecen al alma ; y yá
enteramente me havia puesto en manos de la Pro­
videncia , que adoraba con sincéro, y devoto cora­
zón , admirando sus operaciones para con las infini­
tas criaturas de innumerables especies, que se hallan
esparcidas sobre la tierra. Quando llegábamos á
qualquiera Pais de aquellos, en donde son las cos­
tumbres tan diversas de las nuestras, y en cuyos
Pueblos parecen los hombres como de especie dife­
rente de nosotros , yá por el color, y configuración
del cuerpo, yá por el modo de pensar , y pasar la
vida ; no caía en la culpa de aquella vergonzosa,
é injusta maravilla , que comprende á la mayor
parte de los hombres, y que es efe&o de una ciega,
y sobervia ignorancia: De aqui es , que sabía
compadecerme de los yerros, que hallaba acerca de
las leyes de la humanidad; y sin violencia alababa
aque-

DE W A N T O N .

1J

aquellas costumbres, y obras, que vía conformes a
la razón: huía la necia temeridad de apellidar bár^
baro , y extravagante a un Pueblo, ó porque seguía
máximas diferentes de las nuestras; o porque des­
terrados el luxo , y superfluidades , vivia en una na­
tural simplicidad; ó porque los usos, vestidos, man­
tenimientos , habitaciones, y otras cosas semejantes
rae parecían nuevas. Bien puede juzgarse, no se
llega átal término, sin un atento estudio de sí mis­
mo , y de los demás; para adquirir esta indiferen­
cia philosóphica , no se necesita mas , que suspen­
der los juicios , que produce el amor proprio; con­
sistiendo este adelantamiento , en deshacerse de
aquellas preocupaciones, que tenazmente se fixan
en nuestra alma, y que no tienen otro principio,
que una temeraria ambición , mediante la qual, so­
lo aprobamos las cosas, que dicen alguna relación
con las nuestras , y desaprobamos las que no la tie­
nen. Conocí ciertamente , que lo general de los
hombres no estudia en otra cosa , que en engañar ­
se , y que el primer paso hacia la verdad es des­
truir la mayor parte de las primeras opiniones.
No debía durar mucho esta tranquilidad del
ánimo, porque la Providencia rae havia destinado
á una rigorosa prueba antes de concederme este
don celestial. Quando me acuerdo de los caminos,
por donde Dios me ha conducido antes de ponerme
en aquel estado de paz , en que al presente me hallo,
¡ó ! quan adorables me parecen sus santas disposicio­
nes! Yá havian pasado quatro meses desde la salida
de nuestra Patria , tiempo , parte gastado en el viage,
y parte en los Pueblos forasteros , quando llegamos
al Cabo de Buena-Esperanza: Creíamos detenernos
Tom. /.
C
allí

l8
VlAGÍS
allí algunos meses , pero el Capitán , mas sagáz , y
experimentado , que nosotros , juzgó deber partir,
luego que se hiciesen las necesarias provisiones,
no queriendo hallarse en el mar en tiempo del In­
vierno, pues yá estaba bastante avanzada la esta­
ción. Prontas todas las cosas para la marcha, nave­
gamos algunos dias en el Océano con viento favo­
rable ; pero éste cesó bien presto , siguiéndose in­
mediatamente un viento de Norte , que causó una
horrible borrasca; no me detendré en describirla,
pues no tengo el génio de ciertos viageros, que
creen , consiste todo el valor de sus relaciones en
mover la compasión de sus leétores con las des­
gracias , que han sufrido, ni estoi en estado de par­
ticularizar un lance de los de mi v id a , que aún el
dia de hoi me hiela la sangre en las venas, quando dél me acuerdo. Fué el caso, que por espacio de
tres dias estuvimos hechos juguetes del mar , y lle­
vados adonde el viento nos impelía , sin que el Pilo­
to , ni los Marineros pudiesen sostener el govierno
de la nave: A l fin, fuimos arrojados con fuerza, y
ligereza terrible contra un banco de arena, de modo
que se hizo pedazos. Todos los pasageros procu­
raron salvarse, unos nadando asidos ít una tabla,
otros en el esquife: Yo no sabía lo que me ha­
cía , y quando estaba quasi determinado a^ tirarme
al mar , me detuvo Roberto , que me habló de esta
forma : No se diga , ó Amigo , que vos mismo os
procuráis la muerte con resolución desesperada; no
serénaos nosotros solos , los que en peligro seme­
jante a éste , en que nos hallamos, han sido salvos
por mano de Dios, si con humilde resignación es­
peramos en su Magestad el éxito de nuestra suerte.
Esté-

Ip

DE W A N T O N .
E stem os, pues , dispuestos á quanto sea de su v o ­
luntad , y no acelerémos nuestra ruina, arrojándo­
nos nosotros mismos en brazos de la muerte. E l
terror apenas me dexaba libre el entendimiento,
para poder reflexionar las insinuaciones de mi A m i­
g o ; pero él intrépido me asió por un brazo , y me
sugirió todas aquellas razones, que podian hacerme
mudar de pensamiento.
Haviainos quedado solos los dos en la nave,
sin saber el suceso de nuestros infelices Compañe­
ros , que según todas las apariencias , quedarían se­
pultados en el mar. Roberto, que unía a sus muchas
virtudes aquella, sin la qual no son mas que vanidad
las otras, esto es , la de la Religión , me inspiró el
único , y verdadero partido de recurrir al Altísimo
en este trabajo, rogándole, dispusiese de nosotros se­
gún nuestro mayor bien, y su eterna voluntad. Me
dio después exem plo, poniéndose de rodillas; Y o le
seguí, y los dos hicimos al cielo las mas fervorosas
súplicas, y los mas sinceros votos, del modo que sa­
ben los hombres orar en semejantes casos; iba entre
tanto calmando el viento ; pero nosotros no dexabamos de encomendarnos al Altísim o. Sea , pues,
que por efedo natural debió finalizarse la tempes­
tad ; sea, que D ios apiadado de nuestra calamidad,
y escuchando nuestras oraciones , quisiese oírlas;
en poco tiempo cesó absolutamente el dicho vien­
to , y miramos con placer quietas las o las, y sereno
el cielo. Roberto entonces me convidó a dár gracias
a. Dios por el favor , que nos havia concedido , y *
pedirle otro mayor , que era poder llegar a tierra,
que en realidad la víamos muy próxima. Tomamos,
p u es, un pequeño esquife, que havia quedado en
C 2
Cl

ao

V i

ac e s

el b u q u e, y lo botamos al mar ; despues nos arma­
mos para defendernos de las béstias feroces , que
pudiésemos encontrar ¿ embarcamos nuestros libros,
algunas cosas mas necesarias, y un corto bastimen­
to de boca. C on tal carga nos encaminamos hacia
tierra , adonde arribamos una hora antes de poner­
se el Sol. Desembarcamos al punto nuestras pro­
visiones sobre la arena , y seguidamente dimos gra­
cias de nuevo al Señor del U n iverso, por havernos librado con tan especial ayuda de las garras de
la muerte. E l País estaba cercado de la parte del
Oriente de altos, y enmarañados montes 4 en ellos
nos acogimos dentro de una caverna con toda la
ropa , que nos havia quedado del naufragio. La cue­
va era grande, y recibía la luz por un agugero,
que tenía por la parte superior i cerramos su boca
con ramas, y espinos por miedo de las fieras, y
en ella nos restauramos , tomando alimento , y des­
pués de él algún reposo.
C A P I T U L O

V.

Hacen los dos Hmigos su habitación dentro
de una gruta.

j A luz , que entró por la sobre dicha quiebra
en la gruta, nos hizo sacudir el sueño , y echán­
donos fuera de ella comenzamos a consultar en­
tre nosotros, qué partido deberiamos tomar para
mantenernos en aquella situación, sin arriesgarnos
a pasar los montes, en donde ignorábamos los pe­
ligros , que podíamos encontrar por razón de los

\

D E W ANTON.
21
habitadores del P aís, ó por las béstias, que nos asal­
tasen. Bien que no supiésemos a punto fixo qual era
el parage en que nos hallábam os, juzgamos por la
dirección del viento, que havia m ovido la tempes­
tad , estábamos en las tierras Australes , en lo que
después , mediante la observación de las estrellas,
nos aseguramos. Sabía muy bien Roberto , que an­
tes de nosotros ningún Européo havia reconoci­
do aquellas tierras, pero no me puso en recelo, fue­
ra de esto, a causa de la altura del Polo Antárctico,
no se hallaba muy seguro, (aunque lo calló, por dexarme alentar con la esperanza) de que havna em­
barcación , que poniendo la proa á aquellas^ pla­
yas, algún dia pudiese sacarnos de aquel desierto.
Nuestro estado era bastante infeliz , porque toda la
confianza , en que podíamos fundarnos, se cifraba
£ii las cortas provisiones , que haviamos trahido;
debiendo en lo sucesivo mantener la vida con la
pesca, que nos subministrase el mar , y la fruta
silvestre de aquellos cam pos, que puesta a secar,
nos serviría de provisión para las estaciones llovio­
sas, y rígidas-, pero la dificultad mayor consistía
en encontrar agua, pues si nos faltaba, nos reduciría
infaliblemente á la última miseria ; y a si, el primer
cuidado de Roberto fue proponerme, el ir en busca
de algún arroyo, que, según todas las apariencias, no
podía faltarnos entre tantos m ontes: N os armamos
para esto con quatro pistolas cada uno , y nos colga­
mos al lado la espada ; asi equipados, trepamos con
infinito trabajo por aquellos despeñaderos, y al cabo
de una exadta diligencia nos conduxo la suerte al des­
cubrimiento de un manantial que brotaba con abun­
dancia un agua cristalina, que gustamos, y aproba­
mos

22

V íAGES
mos por de un sabor muy agradable: Alegres con un
descubrimiento tanto mas precioso , quanto poco
discante de nuestra gruta, nos volvim os á la playa,
donde probamos nuestra suerte con la pesca, col­
gando de una vara un h ilo , y de éste un anzuelo,
que nosotros toscamente fabricamos. De tiempo in­
memorial gozaban en aquella playa perfe&a segu­
ridad los p e c e s, y acaso fuimos nosotros los pri­
meros , que en ella les armaron asechanzas ; de
aquí puede deducirse, que no fue escasa la presa.
Inmediatamente sacamos fuego de un pedernal, y
cortadas algunas ramas, hicimos una grande h o­
guera, en la que prontamente se compuso nuestra
com ida, con notable gusto de entrambos, pues y4
nos víamos remediados contra el hambre, y la sed.
C om im os, pues, el pescado, que era de un sa­
bor exquisito , a que añadimos algunas frutas , que,
aunque silvestres, nos parecieron de muy buen pa­
ladar, y últimamente nos refrigeramos con la be­
bida del agua de nuestra fuente. S e a , que después
de los males extremos qualquiera pequeñísimo bien
aparezca delicioso ; sea, que la comida que se ad­
quiere con Jas proprias fatigas tenga un sainete mas
agradable; puedo decir , que en toda mi vida havia comido con mas gusto, que esta vez. Rober­
to alegre de rostro sazonaba la comida con su agra­
dable , y jocosa conversación, y Y o , en quanto
me lo permitía la mediocridad de mi gen io, se­
guía coadyuvando con mis palabras a la joviali­
dad de mi Amigo. Haviendonos levantado de la
arena, que nos sirvió de sillas, y de mesa, dába­
mos un largo paséo por la playa, quando Rober­
to me hizo el siguiente discurso. *
Sea-

DE

W ANTON.

23

Seamos nosotros, dixo, ó Enrique, un modélo
de los primeros hombres, que habitaron sobre la
tierra, á quienes subministraban el sustento la caza,
y >a pesca, sin que conociesen otra bebida que el
agua. Ni la ambición , ni la rapiña , ni el querer
desordenado reinaba en sus ánimos , antes bien solas
las voces de la naturaleza formaban sus deseos, y
luego , que se miraban satisfechas , y contentas sus
necesidades, se hallaba , á la verdad , quieto su
espíritu. Nosotros, pues , no nos podemos llamar
menos felices que ellos; antes gozamos aquellos
bienes , que solicita la unión de los hombres, como
es el conocimiento , que es el fruto de las invencio­
nes , y los sudores de un millar de los mas sublimes
ingenios, sin las incomodidades , que suelen pro­
venir de la misma sociedad. ¡Felices nosotros, si su­
piésemos tomar el gusto á una vida tan quieta hasta
el fin de nuestros dias ! Pero temo no sea posible á
nuestra inconstancia contentarnos por largo tiem­
po con un estado , que se contiene en los estrechí­
simos límites de la naturaleza , sin desear aquellos
bienes, que son efeétos de la sagacidad humana, en­
tre los que hemos nacido, y los que una educación
menos sencilla nos há representado como necesarios.
Confiesote, amado Enrique, que á todo me acomo­
daré gustoso, exceptuando el haver de renunciar el
feliz placer de poder ser útil al resto de los hom­
bres, lo que miro imposible en el estado, en que
me hallo. ¡Y o, pues, haviendo recibido infinitos'
beneficios del género humano , no lograré recom­
pensar con mis operaciones aquella utilidad , que hé
sacado de los otros! Verdades, que la imposibili­
dad me absuelve de una culpa , que me serviría de
gra-

24-

V I AG E S

gravísima inquietud , si por mi voluntad fdtáse à
las obligaciones de Ciudadano, y de Hombre ; pero
esta misma imposibilidad me aumenta el deseo de
executarlo. ¿ Además de esto , qué nos haremos ?
Tenemos pocos libros, y su leétura , aunque re­
petida , no nos sugerirá mas que limitadas refle­
xiones ; nos falta papel , y tinta para ir escribien­
do nuestras observaciones ; las ocupaciones están
en breve despachadas , y asi en el resto del dia
nos quedarán horas superfluas ; à éstas seguirá el
ocio , y al ócio la desidia , madre de la tristeza.
Conviene pues pensar sèriamente en este punto , y
formar un método de vida el mas aétivo, y me­
nos fastidioso, que sea posible.

Quien quisiere reflexionar nuestro suceso des­
pués del padecido naufragio , verá quail justas eran
las consideraciones de Roberto , el que sabía, que la
felicidad de los hombres consiste , en que una á otra
sucedan las ocupaciones , y que después de la Artiga,
se dé lugar al recreo del cuerpo , y del espíritu , sin
lo qual se rendirían las fuerzas , y acabaría la v i­
da ; y por el contrario si la inacción , y el d iverti­
miento duran sin intermisión, se encuentra el cora­
zón humano en una especie de tèdio , que le enfadan
aún los mismos placeres. El arte , pues, de interpo­
lar en esta forma las horas del dia fue necesariamente
introducido en el Mundo por aquellos Legisladores,
que llegaron à comprehender el temple del cora­
zón humano ; y observé después mediante la lec­
tura , que aquella sociedad tuvo mayor duración,
que entendió mejor esta máxima , y supo aptamen­
te aplicarla. Yo bien que no comprehendiese à fon­
do la proposición de Roberto , con todo , la alabé;
y

DE W A N T O N .
2?
y como el havia sido mi guia en todas circunstan­
cias , después de la salida de nuestra Patria , por tan­
to le rogué, dispusiese aquello , que mejor le pare­
ciese , sometiéndome enteramente á sus talentos. En
esta situación , respondió R oberto, encuentro milla­
res de objetos de seria , y deleitable ocupación, que
nos pueden ir conduciendo cada vez m as, á cono­
cer aquellos bienes, que la mano del Omnipotente
nos há dispensado, y de aqui se despertarán en noso­
tros con mas viveza los sentimientos de gratitud,
que jamás se excitan suficientemente en nuestras al­
mas. De todos estos objetos, que la naturaleza nos
presenta delante de los ojos , quiero, que solo es­
cojamos dos para hacer en ellos el atento examen,
que incesantemente nos conducirá á un fin tan bue­
no. Estará , pues , ó Am igo , á vuestro cuidado,
recoger de entre estos peñascos aquellas yervas, que
mas nuevas se representen á vuestro conocimiento,
las examinaremos las raíces , las flores, que suelen
producir , las frutas, las sem illas, y en suma reflexionarémos sobre ellas, y su eficácia , siguiéndo­
las , para decirlo asi , desde su primer origen has­
ta su extinción. Con esto aprenderemos las varie­
dades de estos vegetables, y á fuerza de examen lie—
garémos tai vez á comprehender el u so , á que la na­
turaleza las destinó. Aunque este estudio necesita
una trabajosa atención , también subministra un pla­
cer no corto, que crecerá al paso de los descubri­
mientos , que irá haciendo nuestra paciencia philosóphica. V ed quanta extensión tenga un estudio se­
mejante , y si es inmensa la materia, que os pro­
pongo : Y o para mí reservo otro tal vez menos útil,
aunque mas trabajoso, que es andar buscando por
Tom. / .
D
es-



VI A G E S

estos montes aquellos insedos, que no son conoci­
dos en Europa. No se puede creer , quinta luz ha
comunicado a la Philosophía natural la atención,
que a los nuestros merecen los insectos: Yo , pues,
examinaré sus huevezuelos, que procuraré recoger,
los contemplarémos interiormente por medio del
microscopio, verémos, qué pasos sigue el feto anres de sazonarse, después indagarémos los diversos
estados de estos insedos hasta su muerte. A si, pues,
respondí, quede establecido entre nosotros; pero
•tened presente , Roberto , que havré menester conti­
nuamente vuestra asistencia, porque muy bien co­
nozco quán grave sea el encargo, que se me enco­
mienda , y tanto de mayor entidad , quantó Yo soi
•nuevo en las experiencias, y reconocimientos physicos. Roberto prometió ponerme en camino para
este estudio , como en efedolo executó: En virtud
de esto , pasamos la vida en nuestra caverna por es­
pacio de mas de dos meses , consumidos en los ratos
de descanso, y en aquellas horas, que haviamos des­
tinado a nuestro exercicio de ledura , y meditación;
y el resto del tiempo trepando de tronco en tronco
por los cerros en busca de yervas, é insedos, ó pro­
curando en las playas defendernos del hambre por
medio de la pesca. Si quisiese aqui numerar todos Jos
trabajos , que tuvimos que sufrir en la estación, en
que nos acaeció el naufragio , cansaria la paciencia de
mis ledores ; propónganse, pues, las incomodidades,
é intemperie , a que estuvimos expuestos en tiempo
de Invierno , y figúrense, que en el infeliz estado,
en que nos hallábamos, temamos necesidad de infi­
nitos socorros , de que era imposible proveernos; y
por aqui podrán formar alguna idéa proporcionada
x

*

DE W a N T O N .
I7
a nuestra situación. Omitiré en lo sucesivo las cir­
cunstancias de las estaciones , porque de nada sirve
hacer estas descripciones, en que no se interesa lo
esencial de la Historia; y bastará para todo el rema­
nente de mis sucesos liaver puesto en este lugar se­
mejante declaración.

CAPITULO

VI.

Hace Roberto un nuevo descubrimiento del
P a ís.

u

N día, en que Roberto me liavía encargado
me quedase en la playa para el cuidado de nuestro
alimento , mientras él iba en busca de sus inse&os;
Y o andaba paseándome por la marina , discurriendo
cómo sorprehender á mi Am igo , previniéndole pa­
ra comer alguna vianda, que hasta entonces no huviesemos gustado en nuestro desierto.. V i por ventu­
ra junto á la arena muchas conchas, y luego se me
previno juntar una porción de ostras, que según le
havia oído decir, eran para él comida regalada; des­
pués de un corto trabajo, llegué á encontrarlas, y en
efeéto eran de tan exquisito sabor, que las nuestras en
su comparación serían una vilísima vianda: En cier­
ta red , que haviamos fabricado, y Y o havia echado
al agua , encontré un pez de extraordinario tamaño,
por lo que alegre con mi duplicada felicidad, mar­
ché cerca de la cueva para tener pronta la comida á
mi A m ig o , porque quando volviese cansado de sus
indagaciones, tuviera el gusto de vér preparada una
mesa mas opípara, que lo diario. Hice fuego para

D2

co-

a8
V i a ges
cocer el pez poco antes del medio-dia, computan­
do , que la hora , en que , según costumbre, debía
arribar mi Amigo era puntualmente la oportuna pa­
ra hallarlo todo dispuesto : Pero llegada ésta , no vi­
no; tuve, a la verdad, paciencia por algún mas
tiempo , pero viendo el dilatado , que pasaba,, y
que él no parecía, recibí tal pena, qual si yá le
huviera perdido de todo punto. ¡Con quanto fer­
vor invoqué en aquel suceso a el C ielo , no haviendo en toda mi vida tenido un dolor a él se­
mejante ! Llamaba a gritos a Roberto, y yá se me
figuraba despeñado por aquellos precipicios; yá de­
vorado de las fieras; y yá finalmente , perdido por
algún otro desprevenido acaso.
Si mi Leélor usa la benignidad de imaginarse en
mi estado, conocerá suficientemente quáles debe­
rían ser mis pensamientos en tan horrorosa situa­
ción , y qué terribles imágenes se presentarían á mi
entendimiento , en tan lúgubres circunstancias. Yo
creía sin remedio perdido mi único apoyo, á el que
el agradecimiento , el interés, la amistad , y todos
los respetos imaginables me unían con indisoluble
lazo, y sin el qual no me servia la vida , mas que
de un gravísimo peso. Aún en el dia de h o i, en pen­
sando alguna vez , cómo me huviera Yo hallado en
el caso , que la Divina Providencia huviese dispues­
to de Roberto , según me diétaban mis temores,
siento cubrirse mi corazón de tales angustias, que
me es forzoso arrojar de mí imagen tan funesta , que
no obstante estar separada de la realidad, me llena
de tristeza indecible. Puedese creer , no tuve alien­
to de tomar un bocado. Me senté sobre la arena,
y qualquier movimiento de las hojas me hacía vol­
ver

W anton.
2p
ver la vista por aquella parte , que sentía el ruido;
ilusión que no servia , sino de acrecentar la aflic­
ción de mi espíritu. E l esperar , que es tan m oles­
to á quien desea un gran bien , para mí era m or­
tal pena. Juzgue mi estado, quien sepa , lo que
son amistad, cuidado de la propria conservación,
y todos los bienes juntos. Sobrevino la noche, y
no se via , que llegase Roberto , m o tiv o , de que
Y o me sumergiese en una total desesperación. M is
ojos en vez de cerrarse para el sueño , permanecie­
ron siempre abiertos para el llanto , único alivio
en mi excesivo , é inexplicable desconsuelo. R a­
yó finalmente la A u ro ra, que huviera estimado traxese el último dia de mi vida , pues yá havia de­
terminado no sobrevivir a Roberto. Mas no quie­
ro dexar de decir que los remordimientos, que siem­
pre acompañan á estas acciones, y los proyeétos con­
trarios á los preceptos de la Religión , de quando en
quando se ponian delante de mis desesperados pen­
samientos ; pero en llegando la pasión á ciertos gra­
dos , presto desvanece todos los sentimientos ju i­
ciosos , y reincide en los primeros d elirios; asi se
mezclaban mis desesperadas resoluciones, y las re­
flexiones piadosas, que iluminaban mi alma con las
llamaradas de la razón.
La mayor parte de la mañana pasé de este m o­
do , hasta que escuchando rumor cerca de la gru­
ta , y mirando házia aquella parte , v i entrar á R o ­
berto : Fue tan grande mi alegría, que faltó poco,
para que me quitáse la vida , yá que el pesar no lo
havia hecho : Corrí á abrazarle , como fuera de mí
con el jú b ilo ; le estreché a mi pecho con la ter­
nura inas sensible; le besé mil v eces, y sin poder
de

3O
.
V l A G E S
saciarme de acariciar Je , atentamente le miraba , te­
miendo siempre , no fuese su presencia una ilusión
de mis sentidos. Luego que pude recuperar las
fuerzas para articular la voz , le expliqué la pe*
na, que havia tenido que sufrir por la larga au<sencia , que de mí havia hecho ; y con un sua-r
ve resentimiento me lamenté de la dureza de su
corazón, que havia sido capaz de dexarme en un
estado , que pudo ser el punto decisivo de mi v i­
d a , á haverse retardado mas su vuelta.
Ojiando las causas son legítim as, y quasi ne­
cesarias , no conviene , respondió Roberto , do­
lerse de los efeétos , ni imputar á delito aque­
llas acciones , que tienen por conseqiiencia una
cierta utilidad, aunque éstas al mismo tiempo
hayan ocasionado algún disturbio. Y o., añadió,
no me lié alexado por puro capricho esta no­
che de nuestro alvergue ; antes bien como la cu­
riosidad conduxese mis pasos a mas distancia , de
ia que necesitaba mi encargo , me hallé en el
empeño de irme desviando , puesto que los o b ­
jetos , que me incitaban á proseguir el camino
eran de tal naturaleza , que se hacía forzoso reco­
nocerlos. Estando Yo en lo alto de uno de estos
montes , advertí muy brillante la cumbre de un
collado ; le iluminaba el Sol , y el efecto era
parecido, al que se experimenta en el diamante,
quando vuelve los reflexos de los rayos de la luz
que le hieren : .Aunque me imaginase qual pu­
diera ser la causa de esto , a la verdad , seme­
jante phenomeno no debía ser despreciado de un
riiilósopho , y yá me hallaba como en obliga­
ción de irle a buscar a aquel lugar, en que se

D E W ANTON.
31
descubría este vivo reflexo, mayormente quando el
parage no distaba de mí tanto, que en el término
solo de una hora no pudiese satisfacer mi curiosidad philosóphica. Me puse, pues, en camino házia aquella parte, y llegando a la colina , observé,
que era una masa de cristal'de roca , herida de los ra­
yos del Sol. Pero el expe&áculo , que mas me sor­
prendió , fue el descubrimiento de una llanura di­
latada , que desde la falda de la montana se estendía
hasta terminar en un orizonte muy distante. Saqué
entonces de la faltriquera un anteojo de larga vista,
que casualmente havia llevado , y registré , que una
cordillera de sierras coronaba aquella larga llanura,
y que las que finalizaban a la parte contrapuesta , á
la que Yo me hallaba, esto es, al Oriente , parecían
por su gran distancia una nube. Mucho me. alegré
con este hallazgo, y comencé a buscar con la-vista al­
guna habitación, que me figuré , no podía faltar en
una llanura tan dilatada ; pero los árboles, que eran
altísimos, me quitaban seguramente el gusto- de al­
gún descubrimiento ; digo seguramente, porque en
medio de aquellas elevadisimas plantas se registraba
un hueco de grande extensión, que me parecía C iu­
dad, ó Lago: Para mejor investigar la verdad, subí
sobre un vecino cerro mas alto , que el antecedente,
desde donde en efe&o descubrí, que , como lo ha­
via juzgado , era aquel espacio una Ciudad , según
yá claramente lo demostraban los capiteles de sus
torres. No contento de esta evidencia, busqué un
monte mas elevado, desde donde pudiese descu*brir con especialidad las fábricas mas sobresalientes,
esto es; aquellas, qúe por su ’ magnificencia son las
primeras , que- se distinguen ; acabé entonces de vér
pQj

3 Z

VIAGES

por mis proprios o jo s, que no havia sido falsa la
primera presunción; por lo qual senti interiormen­
te una indecible alegría, y gasté mucho tiempo,
volviendo à vèr aquella nueva deliciosa escena, que
espero, sirva de objeto à nuestra aplicación, y es­
tudio. Estaba el Sol en térm inos, que quedaban yá
pocas horas de luz: Era à ia verdad, empresa ar­
riesgada atreverme à v o lv e r, porque no teniendo
entero conocimiento del camino , podía perderme
entre aquellas sierras en horas tan peligrosas; y
también por los encuentros, que podían presentár­
seme , y por los precipicios en que podía d a r , de
los muchos que hai en aquellas montañas. En v ir­
tud de esto consumí el resto del dia en buscar algún
asylo , en que pasar la noche , que yá estaba vecina.
Retiréme à una cueva , en donde después de comer
algunas yervas silvestres, y de beber de un arroyo
una agua no muy lim pia, me puse à dormir gustosa­
mente sin otro sentimiento , que el de pensar la situa­
ción de mi amado Enrique con mi falta. Ved aquí,
A m igo , el motivo de mi ausencia, à la que me conduxo la necesidad, causada en primer lugar, d éla
curiosidad , y después del ú til, que puede sacarse del
descubrimiento de un nuevo País. Conviene, pues,
resolvernos à tentar nuestra suerte, y rumana, si
gustáis, comenzarémos à emprehender nuestras aven­
turas , con todas aquellas cautelas, que sugiere la
prudencia , y en todo acontecimiento, no nos fal­
tará refugio en nuestra gruta. Yo me consolé con las
palabras de Roberto, y aquel dia comimos con entero
gusto. Todas las horas restantes para la jornada nos
aplicamos à pensar en nuestra futura hazaña, y Rober­
to me dio mil. sábios consejos, necesarios para la
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Cap V U .

D E W A N T O N .
33
empresa , a que yá nos disponíamos inmediatamen­
te. ¿Quién podrá formar una justa consideración
sobre la facilidad , que tienen las esperanzas para
encantar , y sacar fuera de sí al espíritu humano?
Estas esperanzas impélen por lo general á los hom ­
bres á las grandes, y temerarias empresas , como
Y o tengo experimentado en mil lances de mi v i­
da , de los que me huviera librado la prudencia:
Pero en vano son las razones , mientras se tiene la
m ira, de que pueda mudar de semblante la fortu­
na. N o obstante , confiésese la verdad , muchos han
fabricado su precipicio , por asentir á las propues­
tas de sus imaginaciones ; otros han labrado su di­
cha , siguiéndolas ; pero todos los hombres se la­
mentan de haver dexado huir el punto de su for­
tuna, por haver estado muy escrupulosamente ali­
gados á las consideraciones. Disculpe , p u e s, mi
lector nuestra resolución , y tenga á bien proseguir
la leétura de nuestra Historia.
C A P I T U L O

V IL

Encuentran los dos Amigos una Casa de Campo,
y lo que en ella les sucedió.
L siguiente dia despertamos á buena hora, y
nos dispusimos para la partida: Armámonos cada uno
con quatro pistolas , la espada, y un grueso palo, con
que poder sostenernos entre aquellos derrumbade­
ros , y defendernos de las fieras , que acaso encon­
trásemos. Roberto llevó consigo su anteojo, y Yo
me eché en la faltriquera un libro intitulado : É n sa Tom, /.
E
y os

34
V I A GES
yos del Señor de Montana. Con tales arreos estába­
mos dispuestos para la marcha ; pero antes de aban­
donar nuestra gruta, cerramos la entrada lo mejor,
que nos fue posible, para que no nos quitasen las po­
cas alhajas, que haviamos librado del nautragio , y
que no podiamos llevar con nosotros. Vednos yá,
pues , en viage , y prevenidos de una generosa, y
abundante provision para poder resistir la incomo­
didad del camino , hasta tanto que pudiésemos ha­
llar la comida que necesitásemos. Pasadas algunas
horas , arribamos al monte, desde donde Roberto
havia hecho su primer descubrimiento, y aquí me
proporcionó gozar de la vista de una vasta llanura,
y una muchedumbre de habitaciones, que se des­
cubrían por medio del anteojo. Satisfecha esta cu­
riosidad , baxámos de la montaña, y nos hallamos
en el llano , como una hora después de medio día,
recobramos allí las fuerzas con alguna comida ; y
después me dixo Roberto, que era necesario bus­
car por aquella campiña alguna casa de aldeanos, o
la guia de algún pastor para observar el genio de
los habitantes , con lo qual podiamos formar el
plan de nuestra empresa. Era amenísimo aquel cam­
po , los sembrados considerables, y en sazón, los
árboles cargados de fruta , y se encontraban freqüentes arroyos , que lo regaban to d o ; parecía un jardin , y los objetos que se presentaban á nuestros
ojos, formaban una de aquellas delicias, que la
pintura suele con freqüencia representar a nuestra
vista , pero que jamás, ó muy raras veces nos ha­
ce gozar la naturaleza.
Después de haver solicitado por largo tiem­
po encontrar alguna habitación , descubrimos una,
qué

d e
W a n t o n .
3$
que estaba rodeada de frondosas encinas , que la
servían como de defensa , ó muralla. N os encami­
namos hacia ella , y luego que llegamos cerca de la
puerta, advertimos delante de nosotros dos pardos,
y disformes M onázos, uno macho , y otro hembra,
sentados sobre un banquillo próximo a la entrada
d é la casa. ¡O h Dios l que sorpresa fue esta para
nosotros! La hembra tenia al rededor de los lomos
rodeada una saya de cierta tela tosca, el cuerpo
igualmente cubierto con un vestido de lo mismo,
y sobre la cabeza llevaba una especie de sombrero,
hecho de hojas de palma ; el macho tenia un vesti­
do , que caía desde el cuello a los pies > y estaba con
la cabeza descubierta. L u e g o , que nos v ie ro n , se
quedaron suspensos por un rato ; se pusieron en
p ie , y nos examinaron atentamente ; y quando Y o
creía , que havia de salir una gran cosa de atención
tan séria , prorrumpieron los bestiazas en tan feroz
carcajada, que se ofendió no poco mi delicada va­
nidad : Particularmente la hembra no podia dete­
ner la burla , y por cierto, Y o me huviera da­
do por sentido, á no haverme advertido Roberto
con voz baxa, que no era aquella ocasión , ni tiem­
po de sostener una seriedad , que huvieramos en­
tonces perdido con mas vergüenza , y con inminen­
te peligro d é l a v id a, si nos huviese sugerido el
resentimiento una delicadeza nada oportuna. Soseguéme , pues , esperando el fin de tener , que
servir de objeto de bufonada á estos dos asquerosos
brutos. D ió luego la hembra un grito articulado,
a cuyo chillido acudió a la puerta de la casería,
que servia de estancia a nuestras béstias , una cater­
va de M onillos, entre los quales los havia de todas
E 2
eda-

36
V I AGEs
edades*. A este tiempo sí que fue la comedia uni­
versal *, qual de estos nos miraba , y echaba a reir;
qual registraba nuestras pelucas blondas, creyendo,
que era el pelo natural ; qual nos agarraba las ex­
tremidades de los vestidos; y después entre sí balbucientemente hablaban; pero todos últimamente
acompañaban su admiración con aquellas burlas,
que no son proprias sino de los espíritus débiles,
quando se les presentan cosas para ellos nunca vis­
tas. Uno de estos, pequeñuelos tenia una caña en ia
mano , y á medida del acostumbrado instinto de su
edad nos andaba dando golpes con e lla , yá en las
piernas, yá en los brazos, á semejanza de lo que
hacen los nuestros con las Monas. jQ tié bueno era
entonces vér á dos hombres nacidos en uno de los
Países mas cultos de la Eu ropa, que es por cierto
unaparte del mundo, mas cultivada incomparable­
mente , que las demás; qué buena vista, repito, dos
hombres sirviendo de materia de juguete á unos ani­
males,, que por el contrario, en la común estimación
son los mas v iles, y despreciables del Universo!
Aprendan con este nuestro exemplo aquellos sobervios genios, de los que no se dignan baxar la cerviz
en presencia de aquellos, á quienes el cielo há con­
cedido un estado de vida mas lleno de riquezas , y
honores; aprendan estos á conformarse de una vez
con el orden en el mundo establecido, que es el nery io , y basa de la sociedad. Otro chicuelo fue cor­
riendo al paraje, donde comían los puercos, y tra­
yendo unas quantas peras medio podridas , nos las tifó para que las comiésemos. Este trato de béstias me
hizo temer peores conseqüencias, pues inferia , que
ellos entre sí se havian convenido , en que eramos

bru-

D E W ANTON.
37
brutos ; este mismo juicio se hizo Roberto , el qual
para mostrarles, que estábamos dotados de razón,
les dio a entender por señas , que quería otra comi­
da , repugnando la de las peras ; después les pidió
alojamiento para aquella noche con demonstraciones
tan claras, que Y o mismo quedé admirado del arte,
con que lo havia executado.
Mudóse la escena en un momento , porque
la Mona vieja ; después de aquellos pasatiempos, co­
menzó a temblar , y ( como después supim os) fran­
camente decidió , por ser la mas sabida de la fami­
lia v que éramos encantadores, y que convenía atar­
nos , para qu e, aunque recuperásemos nuestra propria figura , no fuésemos capaces de ofenderlos: Pe­
ro como les era forzoso pensar el modo de executarlo, se tuvo un congreso de toda la fam ilia; y no­
sotros entretanto , no pudiendo adivinar cosa alguna
de sus idéas, ni de la causa de tan grande mutación,
estábamos discurriendo, qué podría sucedemos.
A m ig o , me dixo Roberto , conviene tomar el tiem­
po como venga, no por demasiada fogosidad , nos
fabriquémos nosotros mismos el último daño. Dexémos obrar á éstos , sin valernos de nuestras ar­
mas sino en extremo riesgo, y aseguraos, de que
el cielo nos asistirá: Sus confabulaciones , según hé
notado, proceden del miedo , que han concebido
de nosotros, por haver conocido que estamos dota­
dos de razón; este mismo temor pasará con el tiem­
po á confianza , y ésta nos conquistará su cariño.
Apenas havia Roberto finalizado estas palabras, quando nuestros Monos nos convidaron á entrar al recin­
to de su habitación; pero ante todas cosas observamos,
que havian echado de allí á los Monítos. T od o se

38

Vi ages

hacía por senas; con muchos, y diversos movi­
mientos significamos nuestra gratitud, y entramos
en el cortijo, acompañados de los dos viejos, y de
muchedumbre de otros jóvenes, y robustos Monázos. Havia dentro puestos al Sol, y al aire diver­
sos montones de grano, y Roberto tomaba en la
mano algunos de cada especie , y les explicaba lo
mejor que podia el uso , que suele hacerse de ellos.
Los Monos, inclinando la cabeza, contestaban á
lo que Roberto les iba significando ; pero observé,
que siempre nos tenían en medio, y estaban hacien­
do rigorosa guardia , no separando la vista de al re­
dedor de nosotros.
Vino á vernos una Mona mocita, cuyo color
era semejante a la tintura de nueces; tenia cortado
el pelo hacia la frente en figura circular, y sobre Jas
crines se havia echado ciertos polvos, que hacían
un pésimo maridage con el color del rostro; su
vestido era azul celeste , bastante curioso, y guar­
necido por las costuras con una franja hecha de
hojas de árboles de varios colores; la cubría el pe­
cho un velo transparente, y estaba calzada con
unas pieles de oveja. Esta, luego que llegó , hizo
algunos ademanes, como menear un poco la cabe­
za , inclinándola sobre la espalda , retirar un pie
sin mover el cuerpo, dar una sonrisa con mucho
gracejo , y quedarse inmediatamente séria , levan­
tando algún tanto el pecho , como si respirase,
después de estar conmovida de alguna grave pa­
sión. Infirió Roberto de éstas, aunque ridiculas,
por lo común ordinarias demonstraciones, que no
la havian desagradado nuestras personas; y se verá
en la continuación de esta Historia, que su inclina­
ción

DE

W A N T O N.

39

cion no nos sirvió de poco alivio en los accidentes,
que nos ocurrieron en esta casa. Llegó la hora de
la cena, a la que fuimos convidados con la mayor
cortesía; pero executaban estas urbanidades, sa­
cando fuerzas de flaqueza , como de ellas mismas
lo congeturábamos. Esta cena se componía de unas
poleadas, y páxaros, que ellos havian cazado : Los
dos cenamos poco , y durante la mesa no omitimos
quanto pudiese conducir , á que formasen una
ventajosa idéa de nosotros; no dexó de produ­
cir efe ¿lo, porque conocimos, se havian origina­
do en la familia algunas contiendas a cerca de nues­
tras personas; pero la vieja á qualquiera cosa, que
los otros decían , se encolerizaba fuertemente , y
dió una bofetada á Ja joven , de quien hablamos
poco ha. Acabada la cena , nos presentaron cierto
licor para beber , que nosotros no admitíamos, por
quanto no conocíamos , qué bebida fuese aquella;
pero haviendola probado uno de los convidados, no
pudimos rehusarla : bebimos, pues, y no nos pare­
ció de delicado sabor ; pero un sueño improviso
bien pronto nos turbóla mente, y por tanto fue
necesario ceder á la debilidad de los sentidos. Pare­
cerá imposible, que , creyendo éstos , que eramos
hechiceros , hablasen entre sí con tanta libertad
de los que podían entenderlos. Si el asunto huviera sido , como ellos presumían , ciertamente
nos huvieran servido sus palabras , para no dexarnos engañar , y volver contra ellos proprios sus
proyeélos; pero fácilmente se desvanecerá la es­
trañeza , si se consideran las i numerables contra­
dicciones , que se encuentran en las relaciones
de semejante naturaleza, que tanto se hacen lugar
en

40
V I A G E S
en el genio de las m ugeres, y de los hombres ne­
cios ; gente , que quando se trata de materia de
fantasmas , cierra la puerta a toda reflexión ; y asi
quanto mas imposibles parecen, y ridiculas a qualquiera , que tiene buen uso de razón , con tanta
mayor codicia , y empeño las adoptan los espíri­
tus débiles.
C A P I T U L O

V III.

Prosiguen los sucesos de la Casa
de Campo.

Ue muy largo , y pesado en aquella noche
nuestro sueño ; despertamos finalmente , y nos
hallamos en una cavalleriza , aprisionados con
gruesas cadenas; pero el nudo (porque en aquellos
Países no tienen el uso de clavo s, y en lugar de
ellos se sirven de varios nudos artificiosos) el nu­
do , repito, con que sujetaron a nuestros pies los
hierros, no estaba muy dificilde desatarse, aunque
no le pareció conveniente a Roberto servirse por
entonces del descubrimiento de aquel artificio para
hacer fuga , reservando el uso de él para quando
la necesidad lo pidiese. Eran nuestros compañe­
ros en esta cavalleriza un pequeñuelo , y flaco cavallo , dos vacas, un cabrito , y un perro. Luego,
que desperté , y me hallé en tan infeliz estado , no
pude detener las lágrimas. M i Am igo estaba pen­
sativo , y taciturno , m otivo , para que se aumentase
mi tristeza; por lo q ual, advirtiendo éste mi llan­
to , mostró mas alegre el rostro, y Y o al instante
le

D E W ANTON.
41
le hice el siguiente discurso; Vednos aquí yá , ó
R o berto, reducidos a un estado, a que jamás me
pasó por el pensamiento poder llegar. N o solo esta­
mos- considerados como brutos, é igualada nuestra
suerte á la de los que habitan con nosotros en este
mismo establo ; sino que sin duda nos está apare­
jado algún género de muerte cruel , como me la
hacen temer todas estas prevenciones. Es el morir
conseqüencia infalible del nacer; pero acabar á
manos de tan viles criaturas, me causa mayor do­
lo r, que la misma muerte. ¿Y qué, si lo que han
determinado fuere, hacer que les sirvamos , ó te­
nernos para su entretenimiento? V e d , qué durase
nos hará una vida tan ignominiosa: ¡ O h , quin­
to mejor nos huviera estado haver corrido la mis­
ma fortuna de nuestros compañeros , que queda­
ron sepultados en el ma r ! Se me eriza el cabe­
llo con solo proponérseme una idéa de la vida,
que nos espera , rodeados de horrorosas bestias,
sustentados con despreciables alimentos , aherroja­
dos á una cadena , privados de todo bien , y de
consuelo: ¿ A quién en tal constitución le pare­
cerá apetecible el vivir ? ¡ Oh desdichados Pa­
dres , quinto sería vuestro llanto , si pudieseis
imaginar , que vuestro Enrique se halla reduci­
do al increíble extremo de ser esclavo de una
tropa de M onos, para con los quales está reputado
por un animal ridículo! ¡Adorada Hermana, que
eras en tiempos pasados todo el consuelo de mis
aflicciones , si vieras á tu desventurado Hermano
atado con un>a cadena á un establo como un irracio­
nal , quál no sería tu d olor! A h , Roberto, Roberto,
qué será de nosotros! Fingió al punto mi A m igo,
Tom. /.
F
por

42

VIAGES

por no aumentar mi amargura, un semblante sere­
no , y me d jx o : No suspiréis tanto , E n riq u e, que
no es nuestro mal tan grande, como lo abultáis.
¿Porque estémos en una cavalleriza ; porque nos
sujeten ridiculas M onas; porque al pie nos rodeen
estas cadenas, hemos perdido por esto el ser hom ­
bres? N o , am igo; pues aún podemos obrar con
entendimiento , y no se nos há prohibido v iv ir
unidos, y gozar del placer d é la amistad. Verdad
es, que es desgraciada nuestra suerte; pero esto no
puede durar, y quando nuestros nuevos señores per­
severen en condenarnos a este tenor de vida , in­
tentaremos la fuga ; y entonces me mostró el ar­
tificio , con que estaban anudadas las cadenas. V ed,
añadió , como podemos executarlo quando qui­
siéremos ; y si intentan cortarnos la h uid a, nues­
tras armas de fuego podrán intimidar á los in­
considerados , que tengan el atrevimiento de se­
guirnos ; pero soi de parecer, de que esperémos el fin de esta escena , no obstante los traba­
jo s , que nos cercan : Sabéis que hemos emprendi­
do el viage desde nuestra cueva para descubrir es­
te nuevo P a ís, y para salimos con nuestro inten­
to debemos exponernos a muchos p eligros; y te­
ned entendido , que no somos solos nosotros, á los
que há convenido encontrar gravísimas desgracia«
antes del logro del fin , qu.e se han propuesto : T o ­
dos aquellos, que han viajado para vér países., y
pueblos no conocidos , se han expuesto á excesivos
riesgos, y las grandes empresas no se terminan sin
pasar por dificultosísimos m edios: Finalmente no se
logra en las aventuras un fin útil, y glorioso, sino por
medio de infinitos trabajos 3 porque en este mundo
.e s

D E W A N T O N.
43
es generalmente proporcionado el precio al valor de
las cosas , séase éste real, ó quimérico. Además de
esto en el estado presente , por mas in d ign o , que
sea para nuestro sér , podemos hallar el deleite , y
utilidad, que no pensamos: Nosotros hemos trahido el libro del Señor de Montaña , en cuya leyenda
pasarémos algunas h oras; y después tratando con
estos Monos , puede ser , que poco á poco lleguémOs á dom inarlos: N o será corto el gusto , quando
los exam iném os, y hagamos, que admiren nuestra
conducta. Ea , pues, E n riq u e, buen ánim o; p o ­
neos enteramente en manos de la Provid encia, y
servios, como Y o , d é l a razón, para lograr buen
éxito en las presentes circunstancias.
Este discurso de Roberto hizo calmar algún
tanto mis cavilaciones ; inmediatamente él se va­
lió de la tal qual tranquilidad de mi ánimo para
confirmarme en la fortaleza ; y abriendo el dicho
libro comenzó la leétura. Escogió entre los mu­
chos capítulos de esta célebre obra el de la A p o ­
logía de Raym undo de Sebonda , como lo mas
adequado á nuestro suceso , y que nos podía in ­
ducir , á que considerásemos á nuestras Monas con
esperanzas mas favorables. N o duró mucho la lec­
ción , porque la interrumpió la llegada de un M o­
no , que parecía ser uno de los criados de la ca­
sa ; entró éste en la cavalleriza con un hazadon
en la mano , y v io , que leíamos : Quedó atónito
al m irarnos, y este pasmo huviera aumentado mis
miedos , porque juzgaría , que naciese , de que
aquellos Monos creerían encontrarnos m uertos, á
no haver notado en él un particular júbilo , al paso
que se hayia m aravillado. L e llamamos, y se llegó .a
F 2
no-

44
VlAGES
nosotros agasajándonos i Yo correspondí a sn urba­
nidad , Te apreté la mano , y Roberto con rostro ale­
gre , y cOn ciertas señas le hizo comprehender, serle
agradable su visita , y su compañía. Nos preguntó,
llegando la mano a su boca , si queríamos, ó tenía­
mos necesidad de comer; y aunque no era mucha
nuestra gana , no obstante , por un efe&o de corte­
sía le respondimos, que nos haría agasajo , porque
«deseábamos con ansia recibir algún alimento , por
venir de sus manos, las que no cesábamos de acari­
ciar. Admirado éste de nuestro proceder , nos puso
la mano sobre la cabeza en señal de agasajo, y se mar­
chó. No negaré , que esta visita despertó en nosotros
aquellas esperanzas, que teníamos quasi perdidas con
motivo de los accidentes , que el dia antes nos havian
ocurrido ; y mi Amigo me convidó a dár gracias al
Altísimo por havernos prolongado la vida hasta
aquel momento, implorando su especial asistencia
en lo sucesivo ; lo que executamos juntos con los
mas vivos sentimientos del alma. Vino entretanto el
Mono con un canasto de fruta , un tazón de quaxad a , y dos panes aún calientes, y presentándonos
con la mayor generosidad del mundo esta provi­
sión comimos de ella con gusto.
De alli a poco tiempo entró el Monázo. viejo
acompañado del resto de su familia , excepto la vie­
ja , cuya falta no. nos causó mucha desazón. La mo'zuela, que la noche antes havja.llevado el bofetón
•de la rabiosa? vieja, se presentó en la cavalleriza con
semblante tan alegre , que no puede bien significar­
se; aproximóse a nosotros, haciendo tales expresio­
nes cariñosas , que demonstraba havers,e enamorado
dralguno ¿ y como las hembras no suelen hacer sus
a
jui-

D E W ANTON.
4^
juicios sobre lo razonable de los objetos, sino por
sus caprichos., y genios; no es de estrañar ., qiie ésta
formase una idéa favorable hácia nosotros, y en su
conseqüencia nos tratase con modos tan corteses.
Confieso , que su rostro , su presencia , y todas las
qualidades del cuerpo , unidas a sus infinitas ridicu­
las disposiciones me revolvían el estómago ; no ob­
stante , nuestra situación nos precisaba, a que reci­
biésemos con agrado sus demonstraciones , obligán­
donos además de esto el agradecimiento á hacerla
entender , no eramos insensibles á sus favores. D i­
choso Y o , pues se decLar.ó finalmente por Roberto;
bien puede creerseme, que no le tuve embidia ; co­
mo también, que mi A m igo jamás sintió por mi cau­
sa m otivo alguno de zelos en el largo tiempo do esta
amorosa, y extravagante aventura.. Bien estoi, en
que este mismo systéma profesan en todas Jas par­
tes del mundo las hembras, que ordinariamente em1plean sus afeólos, no en quien tiene el verdadero
mérito ; sino antes bien en favor de aquellos, que
saben adular á sus genios ; no obstante, no se crea,
que por esto quiera Y o injuriar á aquellos afeólos
acostumbrados á el grado, que en efecto no son
otra cosa , que unas voces de la naturaleza , qtre las
dirige enteramente en semejantes circunstancias, sin
dexar tiempo al juicio para poder hacer elección.
Y o escribo una H istoria, y cuento lo que ha suce-*
dido ; si acaso en ésta hallan algunas el modelo de
sí mismas, no culpen aun escritor, que publican­
do la,verdad desús acaecimientos , no piensa en ia
idéa crítica de dibuxar sus costumbres.
Fuera de esto, quiso la suerte, que la dicha Mo*
na pusiese su inclinación en un hombre , que sabía

46
V I AGES
sacar provecho de qualquiera cosa ; que es para lo
que Yo ciertamente no tenía talento. El viejo , que
vino a vernos, nos hizo muchas demonstraciones
de afeito, pero se conocia que estaban llenas de du­
das, sin acabar de determinarse á. hacer juicio, de
si eramos animales racionales', 6 brutos. Le hon­
ró Roberto , como a señor de aquella casa , y le hi­
zo señas, para que se sentase ; pero él, acaso ocu­
pado en las disposiciones domésticas, dio mues­
tras de agradecimiento, y se marchó : Los chiquituelos empezaron a importunarnos; y havlendo Yo
agarrado á uno, comenzó á temblar la pobre moza,
pareciendola , que Yo queria tomar venganza ; pe­
ro luego respiró, viendo, que le hacía fiestas; mu­
chas veces me determiné á besarle , pero otras tantas
me retiré por el asco , que me daba. Ella hizo ausen­
tarse á los criados , y que fuesen saliendo también
uno á uno los chicuelos , y después se sentó junto
a Roberto. Este se valió de la ocasión, y señalando
las cadenas , la dió a entender el deseo , que tenía­
mos de quedar en libertad ; pero ella encogiéndose
de hombros, nos hizo comprehender, que no esta­
ba en su arbitrio el concedernos este gusto , y des­
pués con sus gestos añadía , que llegaría el tiempo,
en que también lograríamos esta satisfacción. Según
todas las apariencias, no tenia ella mucha gana , de
que nos viésemos libres, porque la libertad nos su­
geriría la fuga , que ella ciertamente no podía que­
rer , en conseqüencia de la pasión , que profesa­
ba á Roberto , ó en virtud de la opinión , que
yá haviamos grangeado por las atenciones de mi
Amigo. Desvanecida esta máquina , se aplicó Ro­
berto á hacerla decir los nombres dé aquellas fru­
tas,

DE W ANTON.

47

tas , qne nos havian regalado, y nosotros los re­
petíamos muchas veces hasta llegarlos a significar
como ella , que.nos corregía siempre, que come­
tíamos algún yerro en su pronunciación. V ed, pues,
yá á una Mona hecha nuestra maestra, am iga, y
amante. Dá gusto acordarse de los trabajos pasados,
pero es también motivo de avergonzarse la memo­
ria de un estado, a que ningún hombre há esta­
do sujeto antes que nosotros, ni será jamás redu­
cido , según puede bien creerse. Debiera aquí ha­
cer una descripción del idioma de estos naturales,
según la costumbre de todos los viageros; pero
tengo muchas causas para omitir esta afeitada ex­
plicación , y la mayor de ellas es , porque no
creo , se halle persona en Europa , que desée apren­
der la lengua de las Monas , que sería un ridi­
culísimo golpe de erudición ; no dudo , que al­
gunos curiosos, qne estudian toda su vida cosas
absolutamente inútiles para sí , y para Jos demás,
me acusarán de negligente por no haver empren­
dido esta fatiga; pero Y o les prometo, para que
se sosieguen , subministrarles una Gramática , á pro­
pósito para ellos , siempre que tengan la pacien­
cia de esperar , que Y o la componga. N i juzguen,
que digo esto por burlarme , sino crean ciertamen­
te , que los haré , que en pocas lecciones lleguen
á ser perfectos Monos.
Preguntó Roberto á la Mona , cómo se llama­
ba ; ella no solo respondió cortesanamente , sino
que de mas á mas .explicó, qué significaba aquella
voz; esto es, que su nombre se derivaba d éla Oliva.
Aquí es forzoso advertir, que en aquel País machos,
y hembras toman -sus nombres de alguna planta,
yer-

48
V I A G ES
yerva , fruta, ó flo r; y asi es cosa ordinaria en­
contrarse con muchas calabazas , rábanos, serbas,
sauces , y esto es separado >de los apellidos , que
igualmente son sacados del Reino de los vegetables:
Nosotros, pues , en lo sucesivo la llamarémos O li­
va , y asi la distinguirémos de las demás Monas,
con quienes en el espacio de tantos años hemos
tenido la casualidad de tratar. Ella nos enseño des­
pués los nombres de las béstias de nuestra com ­
pañía en el establo , los de todas las partes del cuer­
p o , y de las demás cosas , que podíamos por señas
preguntarla. Mas de dos horas havía pasado O liva
con nosotras, quando se retiró : Prontamente R o­
berto, y Y o fuimos repitiéndolo todo , y á reserva
de muy pocas cosas, se nos quedó todo en la memo­
ria. Pasamos lo que quedaba del dia con algún des­
ahogo , viniendo yá uno , yá otro á visitarnos,
y quando podíamos haver á las manos alguno de
los chiquillos , con nuestras demonstraciones le
hacíamos hablar, y siempre aprendíamos algo de
nuevo. Antes que llegase la noche , nuestra ofi­
ciosa O liva 110 faltó á hacernos visita , en la
que repetimos la lección , de lo que ella que­
dó satisfecha , y añadió a la primera otra nue­
va. Aquella noche me propuso Roberto, que nos
desatásemos las Cadenas para ir á tomar un poco
de aire al campo : N o deseaba Y o m enos, que
el dár un paseo; por lo q u e , mutuamente ayu­
dándonos , bien pronto nos las quitamos : Mas
quando llegamos á la puerta para salir, el maldito
perro empezó á ladrar tan fuertemente, que des­
pertó á la familia. Sentimos luego ruido , pero
estuvimos prontos a volvernos á aprisionar con
núes-

d e
W a n t o n ,
49
nuestras cadenas, y nos recostamos sobre un mon­
tón de heno , fingiendo , que dormíamos. Acudie­
ron los criados con el viejo , y el perro siempre
enfurecido contra nosotros, no dexaba de ladrarnos:
Por tanto, se llegaron primero á Roberto , y des­
pués a m í , creyéndonos dormidos, y reconocidas
las cadenas , se volvieron á sus estancias. Nosotros
que vimos desvanecido nuestro proyeéto, temien­
do algún nuevo accidente, tuvimos por mejor de­
sistir de nuestro primer pensamiento.

C A P I T U L O

I X.

Prosiguen los buenos oficios de Oliva.
J V ^ U c h o s dias pasaron , sin que nos sucediese
cosa alguna de nuevo. Proseguíamos tomando dia­
riamente nuestras lecciones de la lengua Mona , y
asi en el término de mes y medio llegamos a enten­
der , todo lo que decia nuestra maestra ; lo que nos
sirvió del mayor consuelo , pues por este medio se
nos abría camino para el mutuo comercio con aque­
lla sociedad. Oliva no se cansaba en la continua­
ción de sus visitas, instruyéndonos, y dándonos
gusto en todas aquellas cosas, que preveía, podían
ser de nuestro agrado. Roberto comenzó antes que
Y o , a formar algunas cláusulas en aquel dificultosí­
simo idioma , y entonces lo primero que indagó,
fue , qué opinión havian formado de nosotros aque­
llos habitantes j y Oliva nos contó lo siguiente.
Aquella tarde , que llegasteis á nuestra casa,
después de la risa , que vuestras ridiculas figuras
T om . /,
G
caü-

50
VlAGES
causaron a todos, sino es a mí , que no hallé en
vosotros aquel objeto de escarnio > que los demás;
después de aquella befa , repito , haviendo mis v ie­
jos Fadres notado en vosotros un discernimiento,
qual no es común en las bestias , inmediatamente se
sobrecogieron con un terror pánicos y teniéndoos
por encantadores, resolvieron aprisionaros con esos
hierros, por haver decidido mi Madre , que es sugeto de gran crédito en la comarca, que se os dej
bia atar , para que se deshiciese el encanto , obligan-*
doos asi á comparecer en vuestra ordinaria figura, y
haciéndoos deponer las apariencias de unos anima­
les nunca vistos. Condescendió mi Padre á esta
sentencia ; pero como era cosa bastantemente peli­
grosa poner en prádica aquel intento, determina­
ron el emborracharos con aquel licor , que se os
presentó. Mientras cenamos, estuvimos en obser­
vación de vuestras acciones, y depuestos los pri­
meros movimientos del miedo , formamos mejor
juicio de vuestras personas. ¡Pobres béstias! dixe
Y o : Ved a q u i, que por ser dóciles , y nosotros, do­
tados de razón , cometemos la vileza de forjar una
alevosía , poniéndoos el cebo , para que caigáis en
la trampa. A este tiempo mi M adre, como si huviese dicho una blasfemia , me dio aquel ruidoso
bofetón, de que fuisteis testigos de vista. Fue final­
mente puesta en prádica la sentencia de la obstinada
vieja ; pero como al dia siguiente os encontrásemos
en la misma figura , para su desprecio, y confusión,
todos se rieron de sus temores; pero ella siempre
firme en su primera opinión , no quiso veros, dan­
do por pretexto, que todo esto era en fuerza de
los conjuros, y hechizos, los que no podian desva­
ne-

d e - ' W a n t o n .
51
necerse hasta pasado un mes. Todos estaban del
parecer de mataros , si os huviesemos encontra­
do desatados, y durante este tiempo , velaba siem­
pre un criado , para que no urdieseis algún encan­
to. Y o os temí ciertamente en aquella noche , que
el perro nos desveló con sus ladridos; y os ase-!
guro , que en aquel momento me puse toda tem ­
blando , y estaba arrepentida del b ie n , que havia
executado en favor vuestro : Gracias al c ie lo , que
salió vano aquel temor ; y ahora , pues ha pasado yá
el mes , todos estamos libres de sustos. Pero sa­
bed , que Y o , exceptuando aquella noche, siem­
pre hé permanecido en .la firme creencia , de que
era una necedad tener miedo de vosotros ; y m u­
cho m as, porque hé visto salir falsas quantas pre­
dicciones hace la vieja , que a la verd ad , si no fue­
se mi M adre, a pesar de todo su crédito , diría que
era una grandísima tonta.
Y o me havia demonstrado, como llevo dicho,
la mas animosa , por lo qual me dexaron la lib e r­
tad de traheros la com ida, y serviros de la misma
manera, que lo usamos con las otras béstias. C o n ­
fieso, que á los principios havia creído , que fueseis
de raza de algunos animales mansos, y cobardes,
sin persuadirme , á que , de hecho tubierais uso de
razón , hasta que hé visto los rápidos progresos,
con que haveis adelantado en nuestra lengua. Sos­
peché que no érais simples animales , quando es­
cuché vuestra curiosidad con tantas preguntas,
como me hicisteis ; fue en adelante aumentán­
dose esta presunción , y quasi del todo acabé de
persuadirme , luego que en vuestra memoria descubrí un portento: T odo aquesto pudiera acaso engaG 2
fiar-

52

V IAGES

ñarme ; mas ahora , que hé advertido en vosotros
un discurso , y un discernimiento exquisito, tengo
sumo gusto en trataros, sin dexar de manifestar,
quanto de mí haveis querido inquirir: Justo se­
rá , que me concedáis la gracia de declararme vues­
tro sér, de qué Países haveis venido , y con qué
causa haveis llegado á los nuestros. Roberto la dixo , como havia unas tierras inmensas, del todo
separadas de las suyas, de las quales éramos noso­
tros dos habitadores; la contó nuestras costumbres,
varias prá&icas , diferentes goviernos , y general­
mente todo aquello, de que era ella capáz. Se ad­
miraba la Mona , y no podia acabar de creer , que
las Monas en nuestro Continente fuesen puras bes­
tias. No digáis tal cosa , nos advertía, á persona
alguna , porque serán vuestras lenguas reputadas por
infames, y será ciertamente la muerte el castigo de
vuestra imprudencia*
Nosotros la pedimos, nos diese noticias de
aquel País , y ella nos respondió asi : Hai entre
nosotros diversas Repúblicas, Provincias, y Ciuda­
des, en las quales son los usos muy distintos. Yo
soi una Aldeana , y jamás hé estado en la Ciu­
dad , pero no lexos de esta casería , está el Lu ­
gar , adonde viene de quando en quando á esparcir­
se una Señora de la Corre , que me cuenta las cos­
tumbres de los Ciudadanos. Le ella he aprendido,
lo que os hé dicho , y otras muchas cosas , de que
podré informaros , quando quisiereis saberlas. Fue­
ra de esto , debe paitarse entre nosotros , que
qualquiera noticia , que Yo os dé de estos Países,
debáis pagármela , participándome alguna cosa
de los vuestros. Justisima es la petición, respon­
dí,

DE W á NT O N,
53
d i , y no os corresponderíamos, si con usuras no
pagásemos vuestras cariñosas fatigas. Estas fueron
mis primeras palabras en aquel lenguaje , y me
costó mucha dificultad el pronunciarlas. Me las
alabó mucho nuestra Mona , por lo qual tomé
ánimos para hablar francamente en lo sucesivo.
Preguntéla , si sabían sus Padres , que aprendía­
mos su modo de hablar ; á lo que me respondió,
que n o , y que asi nos guardásemos de proferir en
su presencia palabra alguna, porque esto no podía
producir , sino un pésimo efeélo en la mente de
la v ie ja , desde luego declarada contra nosotros, y
que por su puntillo estaba empeñada en ponernos
de mala fee , en todo quanto podía. ¿Y qué , res­
pondió Roberto , podrán hacer yá con nosotros
vuestros Padres ? Nosotros nos hallamos de peor
condición , que todas las béstias de este establo;
porque á éstas, á lo m enos, las llevan al campo;
jpero nosotros continamente estamos aqui sujetos
á las cadenas , como si fuésemos dos béstias fero­
ces. Hacednos el favor, cortés O liv a, de explicar­
nos , en qué piensan, y á qué e s , á lo que nos des­
tinan. Prometió indagarlo con todo cuidado , y
referirnos, lo que pudiese penetrar ; y después
partió. Roberto hizo sus consideraciones acerca de
las R epú b licas, y Ciudades de aquel Continente,
y nos resolvimos al gusto de verle ; pero era ne­
cesario tomar bien nuestras medidas para huir de
aquella prisión, y cautelarse mas en adelante. R o ­
berto dixo , que era menester , que corriese la
fama de nosotros, porque con esto los principales
de la Ciudad entrarían en deseo de v¿r dos Monos
del otro inundo, como en efe d o , nos llamaron des­
pués.

54

VI AGEs

pues. Concertamos , en fin , rogar a Oliva, que
fuese esparciendo esta maravilla , pues entretanto,
mas diestros yá en el idioma, nos hallaríamos en
estado de intentar nuestra suerte, y huir de el po»
der de los indiscretos Villanos.
C A P I T U L O X.
De lo que les sucedió con una Mona de la Corte, que
ivino a verlos al establo.
j \ L dia siguiente volvió Oliva antes de su hora
acostumbrada, tan afligida, y pensativa, que nos
recelamos un grave mal. ¿Qué os há sucedido, la
dixo Roberto, ó amada bienhechora nuestra , que
os advierto tan triste, y suspensa? ¡Ah! respondió
ella , hé descubierto, lo que jamás huviera querido
saber ; el deseo de complaceros me há hecho venir
-en conocimiento de la trama , que han urdido mis
Padres contra vosotros. Sabed, que si han permi­
tido , que con tanta continuación os sirva, y se os
alimente con la comida mas exquisita , há sido,
porque piensan hacer con vosotros un regalo á la
Señora, que es nuestra vecina, como de dos bésjtias muy estrañas; y este mismo dia, preveo, que
es, el en que os he de perder. Yo demonstré senti­
miento de esta novedad, pero interiormente tenía
una notable alegría, esperando que en manós de un
distinto personage se nos abriría camino para dar­
nos á conocer: Nosotros entendíamos el idioma,
y asi con esta ventaja podíamos prometernos algu­
nos adelantamientos. La joven Mona , creyendo
.
co-

D E W A N T O N.
como sincéro nuestro disgusto, busco medios de
consolarnos , diciendonos : Alentad , amigos míos,
porque Y o soy muy servidora de esta Señora, que
tiene mucho gusto, de que la vaya a visitar , y aún
quisiera siempre tenerme consigo en el tiem po, que
viene a divertirse al campo : Quando esteis en su
poder , tendré el gusto de repetir las visitas á la
casa de dicha Señora , baxo qualquiera pretexto ; y
en ella lograréis la satisfacción de verme con la ma­
yor freqüencia , que pueda. Asegurárnosla de nues­
tro eterno agradecimiento , rogándola continuase en
franquearnos su amistad , y en espiar las resultas de
esta oferta ; lo que ella prometió executar con par­
ticular cuidado.
Luego que ésta partió, principió Roberto a
aconsejarme el modo , con que debíamos portar­
nos con aquella , que , según lo referido , havia
de ser nuestro dueño. Debemos, decía, ir poco a
poco abriéndonos camino , para no dár en los peli­
gros , en que con estos rústicos hemos caído : Esta
mozuela podrá servirnos de guia ; y la prudencia,
que hemos adquirido con la experiencia de las pasa­
das desgracias , nos servirá de norma para goverliarnos mejor en lo por venir. Advertid , Amigos
que conviene tener mucha paciencia para llegar á
conseguir buen éxito en los negocios, y que estáñaos
en un mar muy grande , y borrascoso, en el que es
preciso sufrir peligros , y molestias, antes de poder
arribar á un puerto seguro. Y o prometí á mi Amigo
toda sumisión , á quanto dispusiese. N o , respondió
Roberto, no os pretendo obediente, sino compañe­
ro ; deseo con eficácia, que seáis paciente , quando la
tazón lo dide , no porque mi capricho lo pretenda;
y

$6

Vi aa es

y por el contrario , quando vuestras razones sean
mejores que las mías, no me detendré en abrazar­
las , y seguirlas. No se puede desear otra cosa de
un Amigo, y diredor. ¡Felices, los que logran
por guia, y Maestro un hombre de semejante ca­
rácter! No molesta en tal caso la sumisión, y obe­
diencia , que se le conserva , porque es el amor,
quien la acompaña.
No tardó mucho nuestra Mona en entrar a de­
cirnos , como havia ido su Padre a visitar á la Se­
ñora , á quien contó mil maravillas de nosotros,
por lo qual ella havia entendido con agradecimien­
to la oíerta , pero havia reservado el aceptarla , has­
ta venir a vernos. No sé llevar en paciencia , aña­
dió nuestra Oliva , estos pasos : Estas Ciudadanas
tratan con nosotros los pobres, como si fuésemos
animales de otra especie; pretenden la humillación,
la servidumbre, la dependencia, y todo nos lo pa­
gan con una mirada, una sonrisa, y muchas veces
ni aún nos hacen caso. ¿ Y qué, es esto solo? N o­
sotros somos unos desdichados , qualquiera de ellas
una Señora rica, y con todo eso , si la hacemos
algún regalo, juzga, que nos favorece mucho, si­
no rehúsa el tomarle; y esto es, no pasando a re­
cibir el don, hasta vér , si la agrada. Yo la dixe,
que tenia razón; pero que nosotros en este caso es­
tábamos mas vilipendiados de ellos , pues no solo
éramos equiparados á las béstias , sino que , aún
para que nos recibiesen por regalo , era forzoso ser
antes vistos, y examinados. Poco mas pudimos ha­
blar, porque entró el Dueño de la casa con los cria­
dos, que trahían agua caliente, y tohallas. Mandó
el viejo á la joven, que marchase , y obedeció
pron-

DE W a n t o n .
7
prontamente. Luego dispusieron, que nós desnu­
dásemos , cuyo precepto fue necesario obedecer,
y después con aquella agua quasi' hirviendo nos la­
varon todo el cuerpo , en1cuya operación tuvi­
mos mucho que sufrir , pero lo toleramos, sin que
se nos oyese un quexido : Nos untaron después con
un pestilente ungüento, que entre ellos estaba re­
putado por un precioso bálsam o, al que me huve
de hacer en adelante con el uso ; pero aquel dia no
pude comer de asco por su hediondez, y me ator­
mentó un agudísimo dolor de cabeza. Volvim onos
á vestir , y esperábamos nuestra nueva suerte, que
considerábamos yá como principio de mejor fortu­
na. Entonces comprehendimos el motivo , por que,
aún después del m es, que puso por término la vie­
ja , haviamos- permanecido aprisionados; y era , que
temían , que nos escapásemos; de aqui fue , que pa­
ra que no intentásemos alguna huida , y para ase­
gurarse de nosotros, siempre nos tenían puestas las
cadenas, porque havian formado el designio , de
que nuestras personas pudiesen servirles de gran
provecho , bien vendiéndonos á quien mejor lo
pagase , ó bien regalándonos á algún personaje dis­
tinguido.
D os horas antes de ponerse el Sol del mis­
mo dia , se oyó en el Cortijo un ruido muy gran­
de como de pisadas de caballos; discurrimos, sería
la Dama , que se esperaba , y por cierto no nos en­
gañamos. Abrieron de par en par las puertas de la
caballeriza , y vimos comparecer una Mona de re­
gular estatura , y mediana edad , acompañada de
lina tropa de machos , y hembras , que iban en su
séquito. Nuestros viejos la venían haciendo la corte
Tom. I.
H
uno

$8

V i a ge s

uno á cada lad o , pero por el debido respeto se­
guían dos pasos mas atrás. Venía vestida extrava­
gantemente, según entonces nos pareció, porque
después con el tiempo encontramos mas razona­
bles aquellos vestidos , que en esta ocasión juz­
gamos ridículos; asi es cierto , que sola la nove­
dad conmueve á nuestros sentidos , y que llama­
mos proporción , á lo que se adequa á las prime­
ras idéas, que se forman de lo bueno , y bien pa­
recido : Quando estas primeras idéas se van poco
á poco borrando de nuestra mente , suceden otras,
según las quales tomamos el modélo del gusto,
y de lo que llamamos bello. Perdone el le&or es­
ta digresión , que si se empeña en ello , le con­
cederé , que aqui no viene al caso. La Dama,
pues , ( para lo sucesivo debo valerme de los tér­
minos del País ) estaba adornada con una vesti­
dura de seda bastante buena , de color celeste; pe­
ro era particular el corte , porque por delante no
la llegaba m as, que á media pierna , y por detrás
la arrastraba en forma de cola. Un círculo como
de linas tres brazas de diámetro tenia pendiente
de la cintura, el que se ensanchaba proporcional mente hasta los pies, y estrivaba sobre él el dicho
vestido de seda , que la cubría, por lo que parecía
esta Dama un medio busto , puesto sobre un cono
truncado; figura tanto mas horrible , ó bien , si
asi se quiere entender , tanto mas digna de risa,
quanto mas se separaba de la forma del cuerpo
humano. Trahía vestidas las piernas de un algodón
finísimo ; y los zapatos eran de una piel roxa,
pintada de varias flores: No se la descubría, sino
parte de los brazos, porque la mitad asida hasta

W a n t o n .
59
el codo al medio cuerpo superior , parecía, estar
cubierta con el círcu lo , y la otra mitad estaba des­
nuda ; los llevaba rodeados de unos riquísimos
brazaletes, y pendía de su garganta un collar de
corales de perfe&a figura redonda. Tenía en la ma**
no derecha un largo, y grueso bastón, guarneci­
do el puño de esmeraldas, y en la izquierda un
abanico muy grande de plumas de varios pájaros.
Desde la cabeza hasta el medio del lomo trahía pen­
diente un pedazo de tela dividido en trozos, que
eran juguete del viento , pues los impelía yá sobre
los hom bros, yá sobre el pecho , por lo qu e, la era
forzoso valerse continuamente de su abanico, para
ponerlos en el sitio , que les correspondía. L a por­
ción de sus cabellos, que pertenecía sobre la frente,
estaba muy elevada, y u nida, conociéndose, que
el arte , y no la naturaleza era, quien los havia
puesto en aquella disposición ; todo lo qual la re­
presentaba á nuestros ojos mas disform e, y ridicula:
D os gruesos diamantes la servían de broquelillos;
mas n o té, que estaban atados á las orejas , pues
aún no las havia podido persuadir la vanidad i
que se agugereasen su propria carne, para parecer
mas bellas. E n e fe d o , si una Européa se dexáse
ver en este País con las orejas horadadas , no dexarían las Monas de hacer mucha burla de una vani­
dad , que las pone en términos de tal extravagancia.
Me acuerdo , que algunas de mis Compatriotas,
oyendo contar a un viagero, que las Indianas se tras­
pasan la nariz para colgarse algunas piedras precio­
sas, no podían dexar de notar con risa semejante uso,
y deducían de aqui la barbárie de aquellas Orien­
tales. ¡ O h , que fácil es desaprobar , y escarnecer
d

e

Ha

cu

6o
.1 V l A G E S
en otros’nuestros mismos defeétos, y dar título de
bárbaras, a aquellas -proprias costumbres, que en­
tre nosotros llamamos civilizació n, y política! Su
mas inmediato servidor estaba poco ma,s o menos
del ráismo gusto ; mas como de las modas de estos
tendremos ocasión de hablar, freqüentemente yi de*xo por .ahora las digresiones , para tratar del punto
esencial de mi Historia,.
Entró pues, ésta con aquel aire de grandeza,
que suele hacer tanta im presiónenlos bobos, y
que tanto fastidia a.los genios racionales: Nos es­
tuvo mirando algún tiempo sin hablar palabra , y
entretanto , los de su séquito detenían la risa por
respeto a su Señora ; pero hacían m il contorsiones,
que a nosotros nos enfadaban m as, que la misma
risa. Véase aquí el gracioso expedáculo , de que es­
tuvimos. ísirtviendo a estos.Monos; Finalmente la
Dama coa»>semblante de desprecio, v olvió a uno,
y otro lado la cabeza , diciendo: i Qué asquerosas
besiiazas;! ¿Y vosotros, replicó, necios V illanos,
havfis tenido ¿el atrevimiento de ir a incomodar.'a
Una Mona de,m& .circunstancias, para que venga a
vuesüra caballeriza á vér dos monstruos de natu­
raleza,,' .-dos-hediondos d'cfeétuosisinji.ós brutos ?; Os
perdono p,or la fignorancia j pero debíais, no obsunte* ,! ad vertif, quer-estos son dos Monos monte?
ses^ique están .hidrópicos pqr.el dañosp jugo de
|ai .tierra , de iqde ^ m an tien en en lo> bosques i y
que; han perdido el pelo por l;as incomodidades,
que pasan en la vida campesina, y brutal.. Lo que
mejor pudierais hacer, ó buénos viejos, era matar­
los., V enterrar sus cadáveres bien lexos de vuestra
casaapara, que, no«.. infestasen el aire y poique, su. vi*

de

W anton.

6i

da de mda os sirve sino de gravamen y no podéis
esperar otra cosa , que algún agravio de estos salva­
ges , que serán sin duda m alignos, y fieros por natu­
raleza , y siempre que puedan librarse de las cadenas,
os pagarán vuestra caridad, dándoos la muerte , y á
toda vuestra desdichada familia. Fuese esta maldita
M ona después de semejantes palabras, á las que se
siguieron mil improperios de toda su corte , que por
adularla, quando les faltáse otro m otivo , nos insul­
taron á su satisfacción. Bien fácil es conocer la razón,
por qué esta Dama ridicula juzgó, que éramos dos
Monos monteses, que nos haviamos puesto hydrópicos con los dañosos alimentos de los bosques ; por­
que como la naturaleza no ha concedido á estos ani­
males al rededor de los huesos otra cosa , que una
piel fácil á arrugarse , por tanto , viéndonos ella con
alguna especie de carnosidad., supuso que esta sería
un defe&o , y una incomodidad , originada de la ra­
zón arriba dicha. Cerróse la caballeriza, y nos dexaron solos; entonces Roberto hizo , que recorder
sernos nuestras pistolas, porque havia llegado ¿1
tiempo de defendernos con esfuerzo , siendo muy
probable, que las palabras de la dicha Dama huviesen hecho impresión en los ánimos de los Villanos.
iRegistrámos , pues las arm as, y las hallámos en
estado de poder servirnos muy bien ; teníamos con
nosotros mucha pólvora para volver á cargarlas en
caso que fuese forzoso , haver de combatir largó
tiem po: De las pistolas , y de la munición necesa­
ria para ellas , no nos havian despojado los Monos;,
porque no conocian su uso ; por lo q ú al, nos hallá­
bamos en positura , de hacer pagar caras nuestras
-vidas a los agresores. N adie vino á visitarnos en el
* i.;
res-

6<1
V l A G Í S
resto del día, ni aún nuestra piadosa O liv a ; y asi,
determinamos velar toda la noche , por no ser
sorprehendidos. Para estar mas á punto de una v i­
gorosa defensa, tuvimos por conveniente desatar­
nos las cadenas, luego, que conociésemos próximo
el peligro. Esperando , pues , la hora, en que estos
rebeldes Villanos viniesen a poner en práctica el
consejo de aquella impía Dama, ( perdone el Jeótor,
si por la costumbre de llamarlas asi a éstas, me sir­
vo de términos improprios) Roberto me habló de
la manera , que se sigue.
Amigo , estamos en el estado , en q u e, como
veis vos m ism o, se requiere un ánimo grande , por
que el asunto del dia es nuestra v id a , y nuestra
suerte. Mientras c re í, que el sufrimiento pudiese
abrirnos camino para mejorar nuestra Condición,
siempre fui de parecer, de que nos aprovechásemos
de é l; pero quando se trata de lo mas esencial, con­
viene revestirse del v alo r, y separarnos de todo
miramiento , abandonando las pasadas esperanzas.
M e lisongéo , de que los dos solos podemos resistir
á un exército de M onos, pues no siendo de ellos
conocidas las armas de fuego, el uso , que de ellas
hagámos, además del daño , que podrá causar á es­
tos pérfidos, imprimirá en sus corazones un terror,
que nos será mas ventajoso aún, que el mismo es­
trago. Huirémos, pues, de sus manos, dexándolos castigados por tantos malos tratamientos, como
han executado con nosotros, y volverémos á núes-*
tra gruta, en donde pasarémos una vida tranquila,
y esenta de injurias, y peligros. ¿Quién sabe, si
la Providencia nos prepara el regreso á la patria
por medio de algún impensado accidente ? La oca-

DE W A N T O N .
63
sion , sin duda , puede proporcionarse mas fácil­
mente habitando las playas, que no viviendo tierra
adentro. Por lo que hé ido notando , poco vamos
á perder en no vér las Ciudades de este Continente,
porque en ellas debe de reinar igualmente el faus­
t o , y la ignorancia ; de lo q u al, en nuestra aventura
hemos visto yá una muestra con el ridículo despre­
cio de la Dama , y con la falsedad del juicio , que
formó de nosotros. Nos hirviera sido gustoso visitar
estas Provincias, no teniendo , que pasar por tantas
desazones; pero a costa de tales penas es necedad
el desear con anhelo , ir indagando locuras de el
mismo , ó mayor tamaño , que las de los Européos.
M e puse de acuerdo con mi A m igo , el que añadió,
que en el ataque debiainps llevar cuidado de no
ofender de manera alguna a la persona de O liva,
de quien haviamos recibido continuos, y verdade­
ros beneficios. Asentí gustoso a esta proposición;
pero por lo que mira a la vieja , havia determinado
hacerla una burla , que la diese á conocer, como
deben ser tratados los hombres : Roberto , que en­
tendió mi idéa , me previno , que ella era digna de
compasión, puesto, que no somos dueños de no­
sotros mismos , respedo de las primeras impre­
siones, que suele causarla estrañeza de los objetos
en nuestros espíritus; á lo que debia añadirse su
ignorancia , y la vejéz , que la havia puesto en pose­
sión de proferir qualquiera proposición con la se­
guridad, de que la adoptaría toda su familia. Los
viejos , prosiguió Roberto , están en el pie de deci­
dir en todas aquellas cosas, que se supongan fun­
dadas sobre las opiniones mas recibidas, y anti­
guas. Es verdad , que el juicio , que formó la vieja

64
V l A G E S T
fue ligeramente fundado , y desmentido con el mis­
mo suceso , y con las razones de los demás ; pe-*
ro no es tan fácil, como suponéis , el empeño de
hacer mudar su diótamen á un viejo ; pues , por
mas desproporcionado , que sea , echa en su corazón
muy profundas las raíces ; fuera de que , desapro­
bar en los últimos períodos, por decirlo asi , de la
v id a , todo aquello, que por un largo transcurso
de años se há abrazado como verdadero , y con­
fesar haver estado hasta entonces sumergido en un
caos de errores, no es prueba fácil de buscar en un
viejo , acostumbrado , á que los jóvenes tributen
una contemplativa sumisión á su autoridad. E n efec­
to , asentir , á que, el que nació después de noso­
tros , ha conocido mejor la verdad , es un asunto de
mucha mortificación , y solo los Philósophos serán
capaces de confesión semejante. Por lo qual , se de­
be perdonar á la vieja un error, que siendo tan co­
mún , no se ha de castigar en ella sola,

C A P I T U L O XI.
D e otra aventura , que tuvieron en el establo , cotí
la que dieron d conocer su valor .
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Asamos la noche en vela , y siempre recelan*
donos algún daño: Llegó el dia ; vinó O liva á vernos ; y por la mucha tristeza de su rostro pronos­
ticamos , que nos amenazaba alguna grande desgra­
cia. ¿ Y bien, dixo Roberto , estáis por vuestrá par­
te determinada á seguir el indigno consejó de aquella
necia, que con un tren tan lleno de fausto , y con
tan

-i-woX

■ Ayaof'q u i W có

DE W A N T O N .

6$

tan inaguantable arrogancia fue introducida ayer por
vosotros en esta caballeriza para vernos > ¡ Oh,
quanto mas afortunada sería aquella lo c a , si en vez
de los ricos vestidos, y joyas, que adornaban su
cuerpo , estuviera su espíritu dotado de aquella pre­
ciosa luz de razón, que excede a todos los dones de
la fortuna ! N os dixisteis en otra ocasión, que ésta
era una Señora de circunstancias, educada con la
buena crianza , y cultura de la C orte, y la Ciudad;
pero si el comercio civil entre vosotros no sirve de
mas, qu ed e aumentarla estupidéz en los entendi­
m ientos, Y o antepongo, sin disputa, vuestras dé­
biles luces a los presumidos conocimientos de estos
vuestros insensatos Ciudadanos ¡ Se pudiera haver
formado mas injusta decisión! Pero decidnos aho­
ra librejnente el efeéto de esta visita.
Desdichados vosotros, respondió O liva, si mi
Madre huviera callado , que sin duda os havrian
muerto ; porque la autoridad de la Señora pudo
tanto con mi Padre , que infaliblemente , yá no
vivierais. ¿C óm o puede ser, respondí Y o , que de­
bamos la vida á nuestra peor enemiga ? E s necesa­
rio creer , que ella arrepentida de los falsos juicios,
que hizo de nosotros, querrá recompensarnos los
daños , que nos há causado , con otros tantos benefi­
cios ; ó bien , que yá haya pensado en su interior
otra cosa , que la que demonstró en] el primer en­
cuentro. N o os apresuréis , dixo Oliva , á agradecér­
selo , porque su ansia de veros muertos es el m otivo,
de que aún esteis vivos. Luego que m rchó la Dama,
propuso la v ie ja , que instantáneamente os mata­
sen ; pero respondió mi Padre , que no era de mu­
cha importancia , que se retardase algunas horas la
Tom, /.
I
exe-

66

V I AGEs

execucion , no porque quisiese preservaros de la
muerte, sino porque otros negocios le divertían,la
imaginación a cosas de mayor entidad. La vieja se
obstinó; pero su terquedad irritó á mi Padre, el
q u a l, con el fin único de castigarla su atrevimiento
( bien , que contra su costumbre ) no quiso pronta­
mente satisfacerla el deseo , y por consiguiente no
executó la propuesta, que la dicha Señora le hizo;
V e d , añadió, en virtud de esto, que inevitable es
vuestra ruina ; por tanto , bañados mis ojos en lágri­
mas, vengo á hacer la última despedida , no tenien­
do ánimo para volver á veros; porque en cada mo­
mento , de los que estoi con vosotros, se me figura
vivamente el instante de aquella tragedia, que se­
guramente há de sucederos.
No somos nosotros los hombres primeros , que
han sido preservados de las mayores desgracias, por
las disensiones, que se han originado entre sus proprios enemigos á cerca del tiempo , ó modo de dar
el golpe. Aquel cam ino, que parece , que infali­
blemente debe conducirnos al exterminio, suele por
el contrario ser el de salvamento , y se encuentra en
el enemigo contra su voluntad aquel socorro , que
intentaría en vano subministrar qualquier amigo.
A no haverse suscitado esta discordia entre los dos
v iejo s, no huviera tal vez llegado el caso , de que
Yo escribiese nuestra Historia ; pero aquella mano,
que todo lo gobierna, queriéndonos sacar de las
garras de la muerte , se sirv ió , para conservarnos,
de aquellos proprios instrumentos, que aparecían
destinados para nuestra ruina. De aqui se puede infe­
rir la necedad , con que obran aquellos, que anti­
cipan con sus proprias manos el golpe , que juz­
gan

d e W a n t o n .
67
gan inevitable por las agenas. Qualquiera, que se
ponga a examinar atentamente las circunstancias de
su vida no dexará de hallar algunos momentos, en
que le havrá parecido enfadoso aún el mismo v i ­
vir , y como que no le pesaría su muerte; pero lue­
go un pequeño viento favorable de fortuna le havrá
conducido el alivio á su desfallecido espíritu. M e
hé detenido á hacer esta reflexión, por haverme
visto freqüentemente en semejantes circunstancias,
pues puedo decir con razón, que mi vida siempre!
ha sido un continuo período de extremas infelici­
dades , y repentinas alegrías: Pero sigamos el suceso.
Roberto se revistió de gravedad , y luego
la respondió : N o permita D io s , que tu Padre in­
tente tal empresa ; porque solo el conato le cos­
taría la vida. El ignora, que con un mero m o­
vimiento de nuestra mano podrémos abrasarle, y
á toda su mal aconsejada familia. E l agradecimien­
to , á que te estoi obligado , ó fidelísima A m i­
ga nuestra, me fuerza á advertirte, que no per­
mitas , que tu Padre se mezcle en tal asunto ; por­
que si asi fuese, le ha de salir muy caro su aten­
tado. Por lo que toca á tu persona , no temas; pues
no solo no padecerás el menor detrimento, sino
que te defenderémos en todo tiempo , y te darémos los socorros, que ni aún caben en tu imagina­
ción. Mientras estábamos en estos discursos , o í­
mos los gritos de algunos M on os; por lo que in­
terrumpimos nuestro razonamiento, para entender
el m otivo de aquella gritería, y escuchamos, que
el viejo porfiaba con una persona, cuya voz no
conocíamos; se iba enfervorizando la riña, quando vimos entrar á nuestro dicho Patrón apresurada1 2
men-

68
V l A G E S
mente en la caballeriza; y queriendo cerrar la puer­
ta , para quedar seguro , fue atacado de un robusto,
y joven M onázo, que iba detrás de él con un cuchi­
llo en la mano. É l miserable viejo se retiró , refu­
giándose detrás de nosotros. Inmediatamente Rober­
to amartilló una pistola , y dixo al agresor: De­
tente; porque de otro m odo, descargaré sobre tí un
rayo , que te hará cenizas. ¡ O h , monstruo de na­
turaleza’. replicó el M onázo, ¿Qué arrogancia es
la tuya para hablar de esa suerte conmigo ? Y di­
ciendo esto, se arrojó furioso á él para matarle.
Y o , que, á exemplo de mi Am igo , estaba con una
pistola en la mano , viendole en peligro, le des­
cerrajé un pistoletazo : E l tiro fue afortunado, y
el Monázo cayó muerto. E l estrépito , el olor de
la p ó lv o ra, y el terror obráron efe&os maravillo­
sos ; el viejo quedó como muerto , O liva desma­
yada , y las béstias, que estaban en el establo, hi­
cieron terribles esfuerzos para romper las cuerdas,
con que estaban atadas, y después huir. E l ruido
llam ó á la caballeriza á todos los de la familia, y
viendo al Monázo nadando en su propria sangre , y
al v iejo , y á su hija como m uertos, no sabían, qué
pensar. C o rred , dixo entonces R ob erto, y socorred
á vuestro dueño, y á la pobre O liv a, que no están
m uertos, sino desmayados por el susto ; pero sobre
todo , si estáis bien con vuestra v id a , no nos insul­
téis , porque os castigarémos como á éste que yace
abrasado por nuestra m ano, en pena de haver in­
tentado quitar la vida á este pobre viejo. Luego,
que escucharon estos , que hablábam os; como has­
ta entonces nos havian todos tenido por animales
m udos, excepto O liv a , que era la sola participante
del

'

DE W A N I O N ,
69
del secreto , se olvidaron de sus dueños; y ocupa­
dos de un pánico , y repentino terror , se pusieron
en una apresuradísima fuga. N o sabíamos, qué par­
tido tom ar; y últimamente determinamos desatar­
nos de nuestras cadenas , para dar favor á los dos
del desmayo. A si fu e; Y o agarré al v ie jo , y le
levanté la cabeza , rociándosela con agua , y lo mis­
mo hizo Roberto con O liva.
A este tiempo llegó la vieja , que , haviendo
enviado á sus criados, para saber la causa de aquel
estrépito , y no haviendolos visto v o lv e r , vino pa­
ra indagar por sí misma el suceso. Encontrónos en
aquella positura , y mirando al cadáver de aquel
infeliz todo bañado en sangre; ¡ ha ! traidores , nos
dixo , vosotros me haveis muerto á mi m arido, y
á mi hija , pero en breve os veré Y o también en el
mismo estado. Detente , ó v ie ja , la respondí; haz
mejor juicio de nosotros; y acaben tus persecu­
ciones en recompensa del beneficio, que hemos he­
cho á tu casa , libertando á tu esposo de las ma­
nos de este malvado , que intentaba quitarle la v i ­
da , si nosotros no le huvieramos dado la muerte
con uno de nuestros rayos. La vieja , que no espe­
raba , que la respondiésemos, pues ni sabía, que
entendíamos nosotros su lenguage , ni que hablá­
bamos , comenzó á temblar, y si no se huviera asi­
do de uno de aquellos maderos, que atravesaban
para sostener la trabazón del establo, ciertamente
huviera dado en tierra. La amenaza, que nos havia hecho , era una de aquellas llamaradas de la
pasión, en cuyo caso acostumbramos hablar á las
bestias , y á las cosas insensibles , maldiciendolas , amenazándolas, y algunas veces castigándolas.

El

7o
VlAGES
Ei apoyo, que hallaron sus manos, quando se iba
cayendo, la sirvió de evitarla alguna grave des­
gracia; y el esfuerzo, que hizo para sostenerse, la
minoró la impresión , que havia introducido en
su espíritu el temor, y a si, tuvo bastante fuerza,
para pedir favor. Ninguno la escuchó; pero entre­
tanto Oliva , y el viejo volvieron en s í , y asegura­
ron á la vieja , como haviamos libertado la vida de
éste , por cuyo motivo se la quitámos , al que allí
estaba muerto.
<Estos infelices , que no podían figurarse el ar­
tificio de nuestras armas, nos creyeron dos Ge­
nios , que haviamos venido ásu casa, para socorrer
a su familia , y quisieron adorarnos como a Dioses
tutelares. Oliva , que havia sido nuestra maestra de
lengua , quedó menos sorprendida , que sus padres;
pero al mismo tiempo llena de asombro. Nosotros
impedímos estas adoraciones , asegurándoles , que
éramos criaturas de este m undo, dotadas de cuer­
p o , y de. inteligencia. Fuera de esto, añadió R o­
berto , no os manifestamos por menudo nuestro sér,
porque no sois capaces de comprehender, quanto
pudiéramos deciros; pero tened entendido, que es
tanta nuestra virtud , que , si quisiéramos, resisti­
ríamos a todos los Pueblos juntos de estas Provin­
cias , sin que todos fueseis jamás capaces de vencer­
nos. Se explicó Roberto con este hypérbole , para
impedir , que en adelante urdiesen alguna trama
contra nosotros. Después añadió : Admirad , Am i­
gos, nuestra tolerancia permitiendo , que nos tuvie­
seis atados á una cadena tantos meses, siendo asi, que
podíamos, como v e is , ponernos en libertad / siem­
pre que nos huviera parecido ; pero esperábamos algu-

d e W anton.



guna ocasión , en que darnos a conocer j y nos ale­
gramos fuese ésta, la que se presentase , en que henaos preservado la vida de este viejo , que era el
que tenia determinado darnos la muerte. Vuestra
buena fortuna ha querido que retardaseis la execucion , porque de otra forma , ninguno de vosotros
estuviera vivo a estas horas. Quedaron ellos tanto
mas asombrados, quanto vieron descubiertos sus
designios; nos pidieron mil perdones por todo lo
pasado ; nos tributaron gracias por el auxilio dado
al Amo de la casa ; y nos juraron una sumisión ren­
dida , y una unión inviolable en lo sucesivo.
C A P I T U L O X II.

,

D e los recados que les envió la D am a
de quien foco antes havian sido
desf reciados.

,

Ednos yá, pues, hechos dueños de estos Villa­
nos , que por agradecimiento , de lo que haviamos
executado en su favor , arrepentidos de los malos
tratamientos, que havian practicado con nosotros,
nada les quedaba que hacer , para demonstrarnos
su reconocimiento , y estimación. Roberto tuvo
el capricho de regular los negocios de aquella casa;
a este fin les sugirió los principios de una verdadera
economía , y les añadió muchas lecciones de indus­
tria. Estaban todos ellos admirados de nuestras ope­
raciones, y capacidad, asegurándonos, que en aque­
llas tierras jamás se havian oído tan sábios, y venta­
josos dictámenes, como los que nosotros les sugería­
mos.

72

V I A GES

mos. Bien prestóse esparció nuestra fama; por lo
que , aquella Dama, que havia formado tan indig­
no concepto, y un juicio tan falso , acerca de nues­
tro sér, se avergonzó de su hecho ; y pesarosa tam­
bién de haver rehusado aceptar la oferta , que la
hicieron de nuestras personas, se imaginó reparar
estos daños, solicitando , que volviese a repetir el
viejo el regalo , que de nosotros antes havia pro­
puesto ; pero éste la respondió, que éramos yá ár­
bitros, y dueños de él, y de su familia ; y asi, que
no solamente no tenían acción para concederla la
petición, sino que mas bien sufrirían qualquiera des­
gracia , que hacernos la mas mínima injuria. La Se­
ñora se dió por ofendida de esta respuesta ; y cre­
yendo , que podría lograr con nosotros por su au­
toridad , lo que no havia podido conseguir del Vi­
llano , nos envió un criado , diciendonos , que
ella quería vernos , y que asi absolutamente nos
mandaba ir á su Palacio. Roberto, para castigarla
su arrogancia , respondió asi.
Yo fuera gustoso á saber , que es , lo que desea
de nosotros con tanto anhelo tu dueño , sino tu­
viese entendido, que no puede menos.de serla muy
desagradable nuestra visita , pues á la verdad , ó
ella juzga aún , que somos asquerosas béstias , y
abominables monstruos, y en tal caso no la servirémos mas, que de enfado , y asco; ó nos su­
pone personas dotadas de alma racional; y enton­
ces , haciéndola conocer quan inferior es á la nues­
tra su capacidad, tendrá que avergonzarse de la
flaqueza de su entendimiento , y de la falsedad de
sus juicios ; en uno , y otro caso querémos evitar­
la el disgusto , y asi no aceptamos el convite:

DE W á N T O N .
73
Y si acaso lo manda como un gran personage de
distinción , dila , que nosotros hemos nacido en
un clim a, en donde se nos hace conocer a las hem­
bras de su especie , y se las pinta con aquella mis­
ma idea, que ella havia formado de nuestras per­
sonas ; y por tanto, la calidad de su nacimiento
para nosotros no es de consideración alguna. Dila,
finalmente, que si tiene súbditos, de quienes ó
por razón, 6 por fuerza se hace obedecer; como
nosotros no lo somos, nos consideramos esentos de
tales leyes , y aún de las generales , que comprehenden a estas Provincias; y que mediante un poder' in­
comprehensible para e lla , e insuperable para todos
los de su especie, nos lisonjeamos libres de toda
subordinación , y de todo tem or: Pero, que si des­
pués su antojo la estimula a un a¿to , que ella cier­
tamente debe creer como vileza , esto es, á venir a
vernos , puede asegurarse , de que nosotros, siguien­
do las leyes de una escrupulosa hospitalidad, la con­
cede rémos los honores , que mas sean de su agrado,
y satisfaremos su curiosidad en todos los puntos, so­
bre que con eficacia guste preguntarnos.
Luego que se fue el criado , me dixo Rober­
to, que para humillar la altivéz de la Dama Mona,
y para hacer concebir una alta idea de nosotros , havia enviado aquella respuesta ; pero, que se con­
tendría de otro modo, quando tuviese la ocasión de
hablar con ella. No tem áis, añadió, que por ver re­
batida su pretensión con nuestra respuesta, se des­
deñe de venir a vernos, porque es común estilo
en las hembras correr en seguimiento , de quien las
desprecia , llevándolas su innata vanidad, a hacerla
conquista de aquellas cosas, de que tienen mas lexos
Tom, I.
K
la

74
VIAGEs
la esperanza. Fuera de que , nosotros somos dos
phenoménos singulares en estos Países , y asi , la
curiosidad es, quien ha de obligar a todos aquellos,
que tienen genio de ver las cosas mas particulares,
a que deseen conocernos de mas cerca, y a indagar
una novedad , de la que no pueden tener formada
idéa , ni traza en su memoria , ni en sus Historias,
si es , que aqui las h a i: La misma curiosidad debe
necesariamente conducir á esta D am a, que cierta­
mente tardará poco en venir á vernos.
T o d o sucedió puntualmente como Roberto lo
liavia previsto , y en el mismo dia tuvimos la v is i­
ta de la Dama. Una hora antes de su venida llegó
uno de aquellos miserables criados, que están man­
tenidos por sus dueños , para que delante de las
béstias , que los conducen , les sirvan de correr mas,
que ellas, á advertirnos , que su Señora havia con­
gregado á toda la nobleza, que estaba divirtiéndose
por aquellas casas de campo , y que con tan magestuoso trén se ponía en camino para vernos. Y o Je
pregunté, qué semblante havia puesto su ama con
la primera respuesta; á lo que él me dixo, que co­
mo ella no esperaba semejante repulsa , quedó mor­
tificada , y arrepentida del antiguo suceso ; que des­
pués echó una fuerte quimera á algunos de sus cria­
dos, y sus doncellas, que la havian adulado con m o­
tivo , de lo que havia rehusado aceptar el regalo, que
la hacían de nosotros; y que luego llamó á una cria ­
da , que era su favorita, con la que se aconsejó.
Las dos tenian grandes deseos de hablaros,
añadió el criado , pero tem ían, no despreciaseis
su propuesta , y asi, volvieron á llamar al del pri­
mer recado, y éste repitió el informe , con vuestra

pro-

D E W A N T O N .
75
promesa de recibir a mi Señora coa toda urbani­
dad , y cortesía, siempre que se dignase de venir á
esta casa; por lo que, determinaron convidar a
toda la nobleza , para que vosotros á vista de un
acompañamiento tan circunstanciado, y que no os
havia dado motivo alguno de disgusto, no inten­
téis vengaros de la afrenta , que de ella recibis­
teis : De esta manera , y con todo este acompaña­
miento juzgan , poder ponerse sin temor de ultrage , ni peligro en la presencia de aquellos , i
quienes, pocos dias há , despreciaron , y ahora con
tantas ansias anhelan vo lver á ver. Púsose en plan­
ta el proyeéto, y todos los criados de casa se em­
plearon en ir llevando recados de convite por el
contorno. Asintieron , y se pusieron en movimien­
to todas las personas mas distinguidas de ambos se­
xos , viniendo á congregarse al palacio de mi due­
ño , que las contó mil prodigios de vosotros. M u­
chos de los convidados havian oído algunas co ­
sas á cerca de vuestras acciones; otros llamaban
ilusos, á los que lo creían; pero todos fueron de
parecer de venir á saciar con sus proprios ojos es­
ta curiosidad tan conforme a razón , persuadido ca­
da u n o, á que la confrontación le confirmaría en
su primer diétamen. Se han convenido igualmen­
te entre s í , en trataros con toda urbanidad ; y siem­
pre que encuentren en vosotros aquellas qualidades , que en tal caso juzgan necesarias, determi­
nan ofreceros el conduciros á la Ciudad , y allí no
solo hacer, que seáis yistos, sino también , que go­
céis de las maravillas, y de todas las grandezas de
estas Provincias. Escuchamos con mucho gusto este
razonamiento, considerándonos inmediatos á aquel
K 2
tér-

76
V IAGES
término , á que tantos meses havía , aspirábamos
con increíble ansia, expuestos a los mas bárbaros
desaires , y á un continuado peligro.
C A P I T U L O

X III.

D e la •visita de la D a m a , y otros Cortesanos;
y lo que en ella acaeció.
N o
paso mucho tiempo entre esta conversa­
ción con el volante , y la venida de la Dama. Sonó un gran ruido como de pisadas de caballos, y
se vió entrar en el cortijo la numerosa comitiva.
La Señora fue la primera á desmontarse de su ca­
ballo ; pero huvo mil ceremonias antes de que lle­
gase á executarlo: Un criado le tenia un estrivo,
otro la brida, y dos la ayudaban á dar el salto; con
todo esto , poco faltó , para que diese en tierra. In­
mediatamente se llegaron los Caballeros á dar la ma­
no á Jas demás Damas ; y noté , que aquellas de mas
elevadas circunstancias eran menos diestras , que
las otras; efeéto ordinario de una delicada educa­
ción , baxo cuyas máximas separan á la juventud
de aquellos exercicios, que acostumbran el cuer­
po á la agilidad. Nosotros salimos al encuentro de
aquella noble compañía, á la que Roberto hizo
el siguiente discurso :
.
.j
í
Un portento , que jamás vosotros, ó Señores,
y Señoras , haviais oído , dirige vuestros pasos á vér
dos criaturas que han nacido en un mundo total­
mente dividido del vuestro , por medio de una vas­
ta , é increíble extensión de agua. La naturaleza,
;
1. ...
que
\

d e
W a n t o n ,
77
que es tan vària en sus operaciones, nos ha produ­
cido , como v eis, y de aqui e s, que en nuestros
Países no se encuentran otras criaturas racionales,
que las de nuestra especie , y quando se vén vivien­
tes semejantes à vosotros , se tienen por cierto, que
son brutos, ò anim ales, que carecen de enten­
dimiento ; el mismo efecto debe infaliblemente
producir en vosotros , el encontraros con unos
v iv ien tes, que no se conforman totalmente en la
figura exterior con la vuestra ; y asi juzgáis , y muy
verosim ilm ente, que seremos brutos, à quienes havrá negado la naturaleza aquel rayo celestial , que
llamamos razón. De este modo , aquella misma ma­
ravilla , que os sorprehende , viéndonos dotados
de todas aquellas lu c e s, que antes creíais, que à
vosotros solos havia concedido la naturaleza , e s , la
que también nos admira , quando hemos hallado
todas las qualidades , que se encuentran en las cria­
turas racionales de nuestro mundo , en unos ob­
jetos , que hasta ahora haviamos creído incapaces
de razón. Depongamos, pues, yá las admiraciones
de una , y otra parte ; venzamos aquella oposi­
ción , que mutuamente sentíamos unos hacia otros,
y que es efedro de la novedad , y de la opinion de­
masiado buena, que de nosotros mismos temamos
formada. Si separamos todas nuestras preocupacio­
n e s, podrémos agradarnos recíprocamente; porque
vosotros, participándonos todo lo bueno, y magní­
fico, que en estas Provincias se goza , conquistaréis
en nosotros dos sincéros panegyristas, y os quedarémos muy agradecidos ; y nosotros, comunicán­
doos nuestros conocimientos, y todo lo mejor , que
se pradíca en la Europa , no os serviremos de poi- :J

CO

78
V l A G E S
co provecho , añadiendo á las perfecciones de es­
tos Países las maravillas del nuestro. Podrémos es­
tablecer también un comercio ventajoso a los es­
píritus , y a los intereses de la vida entre una , y
otra Nación , quando nos conceda el cielo po­
der vo lver a nuestra Patria; de el qual , si no­
sotros recibiéremos de vosotros una no mediana
utilidad , me lisongéo , que haveis de sacar v o ­
sotros mayor ganancia. La sinceridad recíproca
sea , quien una nuestras amistades, y desvanéz­
canse desde este punto las risadas irracionales , y
las pueriles burlas: En los nobles ánimos no de­
be reinar el engaño : Mas si acaso para solicitar­
nos algún d añ o, ó en la vida , ó en la libertad,
se lia coligado la presente unión ( que por lo de­
más nos es muy honrosa , y de estimación ) os in ­
timo , que os guardéis de proseguir tales designios,
porque somos mucho mas poderosos, que lo que
os podéis persuadir; ni os pase por el pensamien­
to experimentar la verdad de estas palabras , por­
que os sería prueba de mucha costa , y á nosotros
muy sensible la necesidad de ponernos en defen­
sa, Ea , pues, Señores, hagamos corro amigable­
mente , y haced aquellas preguntas, de lo que con
mayor eíicáciadeseeis satisfaceros; que nosotros con
todo gusto aceptamos el honor de vuestra amable
conversación.
La Dama , que conducía aquella compañía,
que creyó , la competía de derecho respondernos,
dixoasi: Y o me alegro m ucho, que no seáis béstias, sino Monas del agua, que también sabemos
por acá , que son muy gruesas. Estos Señores están
por mí informados, de que haveis estado atados a
una

DE

W ANTON.

79

lina cadena , de que Yo os vi entonces, y de que re­
husé aceptaros en aquel estado ; por lo que, seguros,
de que sois de buena índole , no han venido para
haceros mal. Por vida de Dama de honor os juro,
que gustaré saber cómo van vestidas vuestras hem­
bras en los Países ultramarinos, de donde asegu­
ráis, que veníis, pero cuidado con no engañarme:
Yo os regalaré mucho , y aún os rogaré , que hagais,
que venga una para mi entretenimiento. Ella seguía
su discurso con una semejante porción de ridícu­
los despropósitos , quando un caballero la inter­
rumpió , previendo muy bien , que aquella tonta
no nos daba mucho gusto. Con vuestra licencia,
dixo , Madama Níspero (este era su nombre ) per­
mitid , que Yo como varón, y el mas viejo de la
compañía , dé respuesta al sábio razonamiento de
estos Señores, que merece la reflexión , y pondera­
ción , que acaso no suponéis. Hablad enhorabue­
na , Señor Haya, respondió ella desdeñosamente,
que poco me importa : Luego arqueó las cejas,
torció el gesto , abrió su abanico , y se empezó á
echar aire. El caballero hizo poco caso del resenti­
miento de Madama Níspero, y habló asi.
Las cosas maravillosas, ó Señores , que voso­
tros en vuestras personas , y acciones haveis trahido antes que otro alguno a la Provincia de las
Monas, han dado motivo , a que hayamos venido
a visitaros: No hai en nosotros otro designio , que
este ; y si asi no fuese , vengaos de nuestra des­
lealtad con uno de aquellos omnipotentes rayos,
con que haveis sabido aterrar al indigno enemigo
del dueño de esta casa. Nos admira, y no es estraño
por la novedad, oír, que haya en el mundo otros
Paí-

8o

V IA G ES

Países, distintos de estos, en donde unos Monos to­
talmente diversos de nosotros en el aspecto, señoreen
a los demás animales. N o podémos comprehender,
de qué modo haveis podido pasar un mar tan gran­
de, y con qué fines arribasteis á nuestra tierra , de la
que , es regular , tuvieseis alguna noticia anticipada,
sin la qual no podiais haver imaginado t^ansferírps á
nuestras playas. Objetos dignos de maravillarse son
vuestro poder, vuestro sufrimiento, y la pericia en
nuestro idiom a: De todas estas cosas hablarémos a
su tiempo , como también de las costumbres, los ar­
tes, y qualidad de vuestro P aís: Nos basta ahora,
que nos hagais sabedores del modo de vuestra veni­
da , y ocasión de e lla ; reservándonos para otra con­
ferencia , el explicarnos las infinitas cosas, que tene­
m o s, que preguntaros. Pero antes , que Y o os inco­
mode , rogándoos, me deis respuesta, supongo , que
ninguno de esta noble compañía tomará á m a l , que,
convidándoos Y o á venir á habitar en mi palacio,
me solicite una ventaja, cuyo valor no es fácil, comprehendan todos : Seréis en él servidos con aquella;
atención , que es debida , y emplearé toda mi efica­
cia en reparar el daño , que tan generosamente haveis
sufrido en la indiscreta prisión, que hallasteis entre
estos rústicos. Irétnos después á la Ciudad , en don­
de me obligo á introduciros en todas nuestras asam-i
b lé a s, en las que podréis satisfacer vuestra curiosi­
dad. Tengo , además de esto , esperanza, y aún se­
guridad , de que halléis acogida en nuestro Sobera­
no , que es muy amante de los forasteros, y gusta de
las cosas singulares, y curiosas. Confiad, pues, en
m í, y aseguraos, de que deseo estrechar con voso­
tros el nudo de una perfeéta amistad.
Co-

de

W anton.

8r

Comenzó luego Roberto a contarles , como
el arte de los Européos es tan excelente , que han
hallado modo de unir, mediante la navegación,
los Países , que tiene separados la misma natura­
leza con la interposición de dilatadísimos mares;
que unas barcas de increíble magnitud caminan
impelidas de los vientos por medio de las aguas, y
que de ellas suelen servirse los hombres á propor­
ción de lo que han menester; que de este arte in­
comparable redundan á los estados infinitas venta­
jas, particularmente, la de transportar a otros Paí­
ses los efe&os, que abundan en el proprio , y traher
de fuera los géneros , de que carece. Siguió expli­
cándoles , que, no obstante la pericia de los Pilo­
tos, y las reglas del arte naútica, aquellas máqui­
nas , llamadas Navios , muchas veces no pueden
contrarrestar á la violencia , y furioso soplo de
los vientos, de lo que se sigue la desunión del
leño , y la pérdida de las personas. Expuso nues­
tro naufragio , el milagroso arribo á sus tierras,
nuestro retiro en la gruta, nuestra diaria ocupa­
ción en aquel desierto , el descubrimiento de la lla­
nura , nuestra venida á aquella casa, los acciden­
tes en ella ocurridos, las instrucciones, y socorro,
que debíamos á Oliva , y finalmente el término de
nuestra prisión. Concluida la relación de estos su­
cesos , añadió: Yo , Señor Haya , acepto el convite,
que nos haveis hecho con vuestra casa, y asisten­
cia , del mismo modo, y con el gusto , que tendría
de serviros en mi tierra, y en mi casa, si os huviera sucedido toda esta série de accidentes, que
por nosotros ha pasado : Pero antes de marchar,
adonde teneis la generosidad de conducirnos, per-

Tom. I.

L

mi-

82

VI AGES

mitidnos volver a nuestra cueva, por si podemos
hallar aquellas alhajuelas , que en ella tenemos es­
condidas : Condescendió nuestro generoso caballe­
ro , y aún se ofreció á irnos acompañando hasta la
gruta el dia siguiente.
A este tiempo una cierta hembra, cuyos ade­
manes en nuestros Países desde luego la huvieran
cara&erizado por un perfeéto modélo de vanidad,
y poco seso , y cuyos vestidos no respiraban otra
cosa, que fausto , y ridiculéz , nos dixo : Señores
Monos extravagantes, dadme el gusto de fulminar
imo de vuestros rayos contra alguno de los anima­
les, que hai en esta casería, para que pueda Yo
decir en la Ciudad, que he presenciado esta maravilla, si me queréis complacer , os quedaré muy
agradecida ; pero sobre todo , mirad , que sea esto,
sin que me espante. Respondüa : Señora , eso es
imposible , porque como es regular, que un es­
tallido improviso , y sulfúreo cause algún temor
( á lo que debe añadirse la novedad ) no sabemos,
qué impresión es , la que podrá ocasionaros. Un
mozuelo, que desde luego se conocía , que era su
•obsequiante, nos respondió, que no esperaba, que
unos animales desconocidos, como éramos noso­
tros, hiciesen tal desairea Madama Zanahoria. El
Señor Haya aprobó mi respuesta, como muy jui­
ciosa : Pero aquel insensato se obstinó , en que
haviamos de hacer la prueba , llamándonos im­
postores , y que procurábamos con supuestos pre­
textos evitar la contestación. Roberto con su dis­
curso , y acostumbrado modo de darse á coinprehender, procuró persuadir al mozuelo , á que no se
empeñáse en solicitar una experiencia , que era
ó
fue-

DE W A N T O N .
83
fuera dé tiempo ; y con la posible blandura le hizo
patente lo injusto de sus resentimientos, y la poca
crianza del modo de darlos á entender: Este men­
tecato , acostumbrado a la adulación, se agrió mu­
cho mas con la repulsa , á cuyo parecer se unieron
en aquella junta, tanto los que havian ido á visitar­
nos , movidos de la curiosidad , como los que es­
taban incrédulos de estos efe&os.
Roberto entonces pensó en divertirles de aquel
pensamiento ,. p a rlo qual sacó de su faltriquera el
anteojo , y les dixo : Nobilísima comitiva , yá que
no me arriesgo a executar la prueba del rayo , dig­
naos de observar otra m aravilla: Con este instru­
mento podréis descubrir los objetos distantes , apro­
ximándolos a la vista, y asi, veréis vuestra C iu ­
dad , y aún vuestras mismas casas : Parece esta una
habladuría de algún charlatán , que vende por por­
tentosas las cosas mas triviales: T od o el mundo
es País: Riase , pues, y búrlese de sí mismo, pues
él asilo quiere. Aceptaron todos la oferta, y nos
pusimos sobre un puesto eminente. Uno á uno, no
h u v o , quien no quedase admirado de aquella ma­
ravilla; y realzaron hasta las estrellas al dicho ins­
trumento.
Roberto , que quería vengarse de Madama Za­
nahoria, y del Señor Girasol su am igo, puso todo
cuidado, en que quedasen los últimos para hacer
sus observaciones con el telescopio; y entre tanto
me habló á la oreja, advirtiendome, lo que havia
de executar. Llevaba ella cuidadosamente en bra­
cos un hermoso p errillo, como Iqs que suelen
alimentar nuestras Damas con mas cuidado, que k
sus h ijo s, y amar mas , que á sqs criados, y quq

84

fú '

V IA G E S
qualquiera criatura humana: Quando Roberto la
dió el anteojo , ella puso al faldero en el suelo: Y o
entonces, descerrajando una de mis pistolas, le ase­
guré el golpe , y el pobre perro quedó sin vida.
E l estallido produxo infinitos efe& os, pero los mas
singulares fueron el de Madama Zanahoria , que ca­
yó de espaldas vergonzosamente , y el de su servi­
dor, que, poseído del m ied o , llenó los calzones
de aquella materia , que por el hedor se dexa co­
nocer , antes de verse: A si quedó vengado el ultrage , con que nos havian tratado aquellos dos
amantes, a los quales fue forzoso ocultarse mucho
tiempo , porque no podían sufrir la burla de sus
amigos. Fuera de los dichos, cada uno de los de
la comitiva hizo su particular movimiento , y Ma­
dama Níspero contraxo desde aquel dia un tem­
blor , de que no la fue posible convalecer. Parece,
que quiso el cielo en aquel punto, que tomásemos
satisfacción de aquellos , que nos havian ofendido
de todos m od o s, y con esto advertir á los demás,
que nos mirasen con mas respeto. Supimos después,
que la pérdida del perro havia sido muy sensible á
Madama Zanahoria ; pero era de justicia , que , que­
riendo ella vér muerto á un bruto, pereciese , el que
era , de quien havia hecho la propuesta , y que reca­
yese el daño, en quien á otro se lo havia deseado.
E l Señor Haya alabó mucho nuestra acción ; pero
nadie pudo descubrir, qué medio havia usado para
matar al perro , porque el golpe fue^ repentino, y
asi ninguno tuvo tiempo de vér la pistola , pues el
temor en un os, y el pasmo , que quedó en otros,
después de executado el golpe , dió proporción para
poder esconderla. Poco duró luego la conversa­
ción,

86
,V I A G E S
d ecim ien to , perpètuo, y el Señor Haya también la
aseguró, tendría su protección; laqu e fue en ade­
lante para ella muy ventajosa, porque él à nuestra
instancia la colocó poco tiempo después muy hon­
rosamente.
, , .
Partim os, pues, y en el camino nos com uni­
camos muchas noticias con un placer particular
de ambas partes. E l Señor Haya nos dixo-, que el
camino , que tomábamos , le era absolutamente
desconocido., y q u e , segundo que le parecía, la
playa , adonde haviamos arribado después de nues­
tro naufragio, estaba sin duda ignorada dé los ha­
bitadores de aquellas tierras. Llegamos à la gruta
bien tarde , por quanto los discursos , que havia­
mos ido haciendo , retardaron demasiado nuestra
marcha. La hambre , y el cansancio no nos m ortifi­
caron m ucho; pero no obstante , el Señor Haya havia llevado consigo sus provisiones, y quiso , que
comiésemos sobre un collado, poco después del m e­
diodía. Admiraba con gusto este caballero el lugar
en donde haviamos sabido vivir tan alegremente,
sin el socorro de criaturas racionales, y se le figu­
raban aquel desierto, y nuestro modo de vida asun­
to de algún cu en to, ò d e alguna novela. Nosotros
le íbamos demonstrando con la mano los sitios mas
ordinarios de nuestra p escarla fuente, de donde
tomábamos el agua para apaggr la sed; la playa»
en donde , paseándonos , dábamos algún desaho­
go à nuestro espíritu , comunicándonos los mutuos
descubrim ientos, las reflexiones sobre ellos, el lu ­
gar adonde nos sentábamos i tomar algún refri­
gerio con la comida , y finalmente el retiro , en
que pasábamos la noche. Com o aún no se havia
au-

pi

W anton,

87

ausentado el Sol al orizohte opuesto , propuso el
Señor H aya, que nos empleásemos en el gusto de
Ja pesca , y que otro- fuese a traher el agua de la
fuente acostumbrada , a fin de experimentar él tam­
bién aquella noche nuestro modo de vida pasada.
Y o , pues, eché mis anzuelos á los peces, y tu­
ve la suerte de pescar algunos. Roberto fue ^ ha­
cer la provisión del agua , y después haviendo gas­
tado algún tiempo, discurriendo en nuestros descu­
brimientos acerca de las yervas, y los inseétos, le
hicimos vér una portentosa experiencia sobre uno
de ellos , de la que hablaré en el capítulo siguien­
te , y con esto se finalizó el dia. A l siguiente 110
huvo cosa alguna señalada , de que hacer mención
acerca de nuestro viage á la casa del caballero; adon­
de llegamos por la noche , llevando con nosotros
aquellos muebles , que haviamos podido salvar de
nuestro pasado naufragio.
Havia muchos criados esperando nuestra lle­
gada con hachas de pez en la portada del palacio:
Estos indiscretos, y villanos racionistas se pusieron
á reir , luego que llegamos adonde estaban , pero
una ojeada de su Amo los contuvo , á que estu­
viesen como debían. Nos salieron luego al encuen­
tro sus tres h ijo s, una hija , y su esposa : Los
primeros mostraron mucha alegría con nuestra ve­
nida , pero su consorte nos hizo un cumplimien­
to muy sucinto , y poco expresivo, de lo que in­
ferimos , que nuestra presencia no era muy de su
agrado. La causa , que tenia para este sinsabor,
según después pude descubrir , era una detestable
avaricia , en todo lo que miraba al interior govierno
de la casa; de lo que provenía , que era ei verdugo
de

88

VlAGÈS

de sus criados, que hablaban muy mal de ella ; y
aunque las murmuraciones de éstos no sean suficien­
te argumento para inferir la qualidad de los amos,
siendo costumbre de esta viciosa canalla el no es­
tar jamás contentos ; no obstante , hablando de la
Señora Espina (asi se llamaba la esposa de nuestro
" magnánimo bienhechor) no mentian en quanto la
desacreditaban. Por otro lado , ésta , quando se tra­
taba de luxo , y de placer, consumiría todo el pa­
trimonio de la familia para presentarse como una
Dama de alto carácter en el mundo , y para estar
con satisfacción de sí misma en las ocasiones, que
se la ofreciesen. Asi Madama Espina unía, como
lo hacen muchas de su calidad , una avaricia ver­
gonzosa à una prodigalidad sin fin, poniendo en
práttica la primera , para escasear a su marido , à
sus hijos, y à toda la casa lo conveniente, y ne­
cesario ; y exercitando la segunda en todo lo supèr­
fluo , para hacerse caracterizar por una insensata.
La hija estaba modestamente vestida, y su com­
postura demostraba una exterior gravedad , pero se
leía en sus ojos el ardiente deseo de imitar à su
madre, aunque era un perfetto exemplo de la locu­
ra. Llamábase Lechuga esta Señorita ; luego, que
nos vio , nos hizo una cortesía muy tiesa , y>afettada , y nos dixo : Bien venidos ; pero al mismo tiem­
po torció el gesto, queriendo con las palabras, y
movimientos darnos à entender , que la sumisión à
su padre la obligaba à cumplimentarnos ; pero , que
nuestras personas la eran desagradables, y asquerosas.
Yo me havia acostumbrado yá à semejantes extra­
vagancias , y asi no me dio mucho sentimiento el
m odo, con que nos trataron estas Monas.

El

DE W a NTON.
89
E l Señor Haya destinó para ambos una misma
habitación , è intimó à dos criados , que estuviesen
obedientes à quanto mandásemos, sin que en adelan­
te reconociesen à otro amo , que á nosotros : Oyó es­
ta orden Madama Espina, y bastó para que se alte­
rase , viendo que por este medio salían de su juris­
dicción dos personas de la casa; p o rlo que enfa­
dada , dixo asi à su marido : < C on que por estos lu­
cidos sugetos, que haveis introducido en casa, Y o
quedaré privada de dos criados ? ¿ Qué injusticia es
esta ? Por dos monstruos , que no se sabe, de adon­
de han venido , y que acaso havrán nacido de la
héz del pueblo, se vilipendia de este modo à una Se­
ñora de mis circunstancias? Y o entonces me presen­
té con el modo mas político , que ella era capaz de
entender , y la rogué se sosegase, asegurándola , que
nosotros antes sufriríamos qualquiera molestia , que
servirla de incom odidad, y desazón ; y al mismo
tiempo Roberto rogó al Señor Haya , que se sir­
viese disponer las cosas de otro modo , para no dar
este disgusto à su consorte : Pero é l , que conocía
el genio de ésta , y que quería ser solo el dueño de
su casa , respondió , que no acostumbraba tratar de
otra forma à sus huespedes ; y con una severa mira­
da impuso silencio 'a la Señora E spin a, que tuvo
que tragar el amargo bocado de vér sin efe&o su
pretensión delante de nosotros.
L leg ó la hora de la cena , y los hijos del caba­
llero Haya , que à manos llenas nos franqueaban las
finezas, nos hicieron sentar cerca de ellos, por no
haver en aquel País el estilo , de que los forasteros
se pongan inmediatos à las Señoras, por quantoéstas trahen consigo el enfado de tener, que servirrom. /.
M
las,

90
VIAGES
la s , con lo que se disminuye el placer de la me­
sa : Fue esto para mí de mucho contento, pues ja­
más hé tenido tan extragado el gusto , que haya de­
seado aproximarme á aquellos objetos, que supo­
nen , que honran , quando son dignos de compa­
sión. Además de que siempre he tenido una in­
superable aversión al fausto , y á la arrogancia, y
en todo tiempo he procurada alexarme de aque­
llas personas, para quienes conozco soi poco agra­
dable. L a mesa fue servida con muchas viandas,
poco mas ó menos , de la misma composición,
que las nuestras , esto e s , en las que se ampliaba
la naturaleza de los manjares, agregando en los
condimentos algunos materiales del todo diversos,
cuya onion por las distintas qualidades , que se
combinan , suele ser de dañosísimo nutrimento pa­
ra nuestros cuerpos. Ningún plato era del gusto de
la Señora, porque uno estaba muy in sípido, otro
muy agrio , aquel con mucha especia , éste con po­
ca , y finalmente en todos se havia portado el co­
cinero , com a un bruto.
E l Señor Haya se v olv ió hácia Roberto , y le
preguntó, riéndose, si nuestras Damas entablaban
semejante conversación en la mesa delante de los
huespedes, que jamás havian visto. E lla se morti­
ficó mucho con aquella pregunta , y Roberto le
respondió sábiamente, que todo el mundo era país;
pero que aquella Dama se havría considerado en
los precisos términos de estár sola con su familia;
pues fuera de ésta no tenia á su mesa mas , que
á dos desdichados, que de su mera cortesía , y libe­
ralidad recibían el sustento. La respuesta agradó a
Madama E sp in a, con lo qual se serenó un poco;
>
• •
pero

DE W A N T O N ,
QT
pero de allí a un breve momento llamó al despen­
sero , para preguntarle el valor de aquellas provi­
siones. Todo la pareció de un precio exorbitante,
por lo que decidió sin detenerse en cosa alguna, que
aquel pobre criado era un ladrón ; que , con lo que
ponia de mas en la cuenta, quería enriquecerse, y
reducir su casa a un miserable estado. Tuvo que
callar este infeliz ; como igualmente huvo de disi­
mular , el que cuidaba de la bodega, a quien m
indiscreta ama imputó , que havia gastado el vino,
para venderle , y lucrarse. El Señor Haya puso fin
a estas impertinencias , levantándose de la mesa;
nos dio las buenas noches , y se retiró con Ma­
dama Espina a su quarto. Los hijos nos conduxeron al nuestro, en el que nos encerramos. La ca­
ma era blanda , compuesta de muchos colchones
de algodón , y las colchas de finísima seda. La pie­
za estaba llena de pinturas históricas , y en lo de­
más adornada quasi como las nuestras : Solo falta­
ban los espejos, por lo que resolví (suponiendo
ignoraban ellos este invento ) sorprehenderles ai
dia siguiente, mostrándoles uno, de los que haviamos llevado con nosotros.
C A P I T U L O XV.
D el descubrimiento de una yerva , y un inseño
muy particulares *, y pareceres de algunos
DoBores Monos•
j/^ N te s de ceñirme á la narrativa de lo que
noté, y me sucedió con las Monas Ciudadanas,
M2
quie-

C)1

V 1AGES

quiero dar parte a mi leétor de dos descubrimien­
tos , que hicimos en nuestro desierto en aquellos
tiempos , en que Yo andaba por los montes en bus­
ca de yervas desconocidas, para hacer las observa­
ciones , á que estaba destinado por Roberto, y él
iba también buscando sus insectos.
H allé, pues, un dia en la cima de un pequeño
collado algunas yervas , cuya figura movió a hacer
alto á mi curiosidad. Las estuve mirando por algún
tiem po, y aunque mas iba haciendo memoria de
todas las de nuestro País , encontraba de éstas a
aquellas una total diferencia , sin que me pudiese
im aginar, para qué uso se producirían estotras.
Cogí un pequeño manojo de ellas, y me las llevé
á la gruta : Roberto estuvo registrándolas, y aun­
que él era muy versado en la Botánica , le parecie­
ron totalmente nuevas : Estaban llenas de polvo,
por lo que fuimos á la playa para lavarlas : Lue­
go , que las echamos en el agua , vimos á ésta
tinturarse , tomando un color amarillo , como el
del azafran: No me sorprehendí mucho de este
phenómeno, y dixe á Roberto, que discurría que
esto proviniese del polvo , que las cubría , que
siendo sin duda de aquel co lo r, interpolado con el
agua , produciría aquel efeéto. Bien puede ser eso,
respondió Roberto , pero quando se trata de expe­
riencias , es necesario , no quedarse en las primeras
razones, que se presentan á nuestro entendimien­
to , que muchas.veces suelen ser mas arbitrarias,
que verdaderas; sino repetir las pruebas , para vér,
si el hecho corresponde á la razón ideada; hagá­
moslo pues a s i, y renovémos la operación ; porque
si es originado del polvo el efe.éto de tomar el agua
esta

d e
W a n t o n .
93
esta tintura, ahora que yá están limpias , aun­
que se laven de nuevo en la m a r, no advertirémos mutación alguna; pero si la causa está en las
mismas yervas, se verá el mismo efedo que an­
tes. E l discurso de Roberto era muy puesto en ra­
zón , por lo que reiteramos el experimento con las
yervas , que yá estaban totalmente limpias del pol­
v o “; y haviendo tpmado el agua el mismo tinte,
deducim os, que tenían la dichar virtud en sí ; y
como ésta me ha parecido m aravillosísima, he que­
rido introducir esta relación en mis Memorias,
para que no se pierda el conocimiento de la re­
ferida planta.
L a otra m aravilla, que me sorprehendió mu«
cho , y que Roberto confesó, que destruía todos
los systémas sobre la generación de Jos insedos,
acaeció acerca de un animal con muchos p ie s, que
no conocido por R o b erto , le havia trahido á la
gruta , para examinar sus propriedades ; le cogió
junto á un arroyuelo , que corría culebreando no
lexos de nuestra fuente. N o puedo describir su fi­
gura , porque él pasaba facilisimamente de un es­
tado á o tro , yá aumentándose su extensión á dos
veces tan crecida , como su común magnitud , yá
reduciéndose á un quasi indecible tamaño. M ien­
tras estábamos admirando semejante particularidad
en el insedo , tuvo Roberto la curiosidad de di­
vid ir uno , para vér , como estaba formado su cuer­
po en lo interior-, por lo qual le cortó transversal­
mente : N o perderé tiempo en contar , como era
la composición de sus m iem bros, porque en esto
no consiste la maravilla. D exám os, por accidente,
sobre una tabla, de que nos servíamos en semejan­
tes

94
Vi age s
tes casos al dicho animalillo dividido en dos partes;
pero , ¡qué pasmo! A la mañana siguiente el tal insedo no estaba muerto, antes se halló duplicado;
la parte de la cola havia producido una cabeza con
lo demás del cuerpo, que le faltaba; y la parte,
á que havia quedado unida la cabeza , se havia per­
feccionado en lo restante , quedando el animal en­
tero. Creimos uno , y otro , que soñábamos este
descubrimiento , por lo que bien se dexa cono­
cer , renovaríamos la experiencia , y la observa­
ción. Roberto , que no era hombre , que se dexaba llevar de vanas apariencias , tomó tres de aque­
llos insedos; separó al uno transversalmente en
quatro partes; á otro dividió por medio desde la
cabeza hasta la cola , que dexó entera; y al ter­
cero finalmente abrió por medio desde la cola has­
ta la cabeza, que dexó también entera: Cubri­
mos todos los pedazos para mayor seguridad , y
esperamos al dia siguiente para vér lo que suce­
día. Apenas nos levantamos de la cama , no dexámos de ir corriendo á registrar nuestros insec­
tos , y hallamos, que el primero, que quedó se­
parado en quatro partes transversalmente, se ha­
via convertido en quatro insedos enteros , y asi,
que de cada pedazo se havia formado uno. Aquel
que quedó dividido á lo largo desde la cabeza á
la cola , pero sin tocar á ésta, se havia transfor­
mado en un monstruo de dos cabezas , y dos cuer­
pos, que se unían en sola una cola. Finalmente
al tercero , á quien haviamos abierto á lo largo
desde la cola á la cabeza, dexandole ésta entera,
vimos mudado en otro monstruo de dos cuerpos
con una cabeza sola.
Ro-

de W a n t o n .
93
Roberto no sabía , qué pensar , estaba como
fuera de sí , y le parecía, que era una ilusión lo
que miraba. A h ! dixo, mi amado Enrique, este
descubrimiento , en el que temo , que mis ojos me.
engañen, hace bien patente, lo débiles , que son
los entendimientos humanos, y qué de ligero se
creen los hombres, quando juzgan , que han en­
contrado el verdadero camino , por donde se diri­
ge la naturaleza en sus producciones, esto es, lo
que ellos llaman systéma , por el qual a veces com­
baten entre sí , con tanto tesón, que parece, que
yá han penetrado los mas secretos arcános de la
creación. Para dar mayor valor á la verdad de es­
te phenoméno , repetímos, de varias maneras los
experimentos, pero siempre fueron uniformes los
efeétos , y siempre sucedió , que cada pedazo de
animal reproducía lo restante , y dentro de pocas
horas se encontraba en su perfección , aunque con
esta diferencia; que las partes próximas á la cola
se reintegraban con mayor prontitud , que las que
estaban inmediatas a la cabeza , y asi proporcio­
nalmente las demás.
Esta admirable novedad fue después motivo
de lograr Yo un largo , y sério entretenimiento
con algunos Monos sabios del País, haviendo teni­
do la curiosidad de visitar todas las Universidades
de aquellas singulares Provincias, y de conocer to­
dos los do&os que tienen los primeros puestos; co­
mo largamente referiré, quando tenga que hablar
de las extravagantes opiniones , que reinan en aquel
nuevo mundo. Pero puede ser , que quando ten­
ga ocasión de hablar de ellos , acaso se me olviden
aquellas explicaciones, que me dieron sobre este

asun-

96

V IAGES

asunto ; por lo que , yá que se me presenta la oca­
sión de este prodigioso insedo , el ledor me per­
mitirá una corta digresión , en la que diré , lo que
acerca de este portento pensaban aquellos Monos
Phísicos , y la razón y que daban de sus eíedos.
Uno , pues, de ellos con aquel aire de seguri­
dad , con que semejantes sugetos se hacen creer
del vulgo , dixo , que no era otra la causa de la
renovación del sobredicho animal , que un desar­
rollamiento. Y o , que , por instrucción de mi Ami­
go , tenia algunos principios de las curiosidades
phísicas , resolví , que era forzoso explicar este de­
senvolverse , haciéndome conocer , cómo y de
qué artificio se valía para él la naturaleza; además
de que sería cosa dificultosísima explicar , como de
la cabeza separada del cuerpo del animal se fue­
se desarrollando todo lo restante. Señores , añadí,
no creo , que sea fácil empresa determinar, en qué
parte del inseéto consista el principio de la vi­
da , porque del portentoso efe&o , que de él re­
sulta , parece , que en todas se encuentra. Luego
que dixe estas palabras, se fue levantando con al­
gún trabajo un Monázo viejo , y habló semejan­
tes razones.
Ved aquí, ó sapientísimas lumbreras de la
Philosophía , un sincéro , y desinteresado testimo­
nio de un Mono del otro mundo f con el que se
confirma mi do&rina, y de mis compañeros , y dis­
cípulos. Yo entonces me presumí oír una exaéba
explicación , y que me decidiría el problema, por
lo qual rogué á aquel Doótor , que me aclaráse
el punto , que se controvertía. El Philósopho, des­
pués de muchos preámbulos del todo superfluos,
dixo,

d e W anton.

97

dixo, que la naturaleza se encontraba toda en to­
das las partes del universo, y entera en el entero*
Quiso darme a conocer, cómo se entendía esta opi­
nión ; pero confieso la verdad, que si la palabra
desarrollamiento no me hacía comprehender cosa de
nuevo, la explicación de este último anadia obscu­
ridad a obscuridad.
Otro , que allí havia con un vestido cenicien­
to , me dixo, que era cosa sabida, que la corrupción
de uno causaba la generación de otro, por lo que,
no era maravilla, que de la parte cortada, y cor­
rompida del insedo se produxese un perfedo ani­
mal» Refutaron todos los Dodores esta dodrina,
diciendo, que no eran ya tolerables estas antigua­
llas , y que convenia dar razones physicas , y me­
cánicas. Después de esta altercación, uno de los re­
putados por sabios entre ellos dixo asi:
Me parece, Señores , que todos en esta expli­
cación os lleváis poco ; y que vosotros, Señores
Novadores, no haveis dado mas adelantamientos
á la Philosophía, que mudar nombres, introdu­
ciendo otros algo mas inteligibles, pero que, en
efedo , aun con vuestros tan ponderados descubri­
mientos , en substancia nada se ha rastreado de la
realidad de las cosas. Mi parecer es , que el Pililosopho debe descubrir, y admirar , contentándose
con proponer historialmente , quanto sabe producir
la naturaleza, sin tener la demencia, de querer dar
razón de todos sus efedos; demencia, que os ha
hecho proferir todas las extravagancias , que han
podido ridiculizaros delante de este forastero , que,
á lo que entiendo, no es ignorante en estos prin­
cipios. Mucho congenió conmigo esta respuesta,
Tom .I.
N
qué

:V i A G e s - ci
que puso punto en boca á aquellos presuntuosos,
Doctores., r :
y
¡_ : ¡, .
, ?
- : r? La continuación en la, le&ura, ique, haríamos
hecho Roberto, y Yo en el Señor de Montaña,
único libro , que tuvimos en la prisión , y alivio.
dEiaqueüas desgraciasm e ha via despertado la aten*
cion á las cosas naturales, y particularmente , a las
que pertenecen a las acciones de las bestias. Suce­
dió un caso t en la casería de nuestros Villanos po­
cos ¡días antes de nuestra partida , que a una aten­
ción philósóphica puede dar motivo de especula­
ción ; por lo que , antes de finalizar este capítulo,
no quiero o m itirla relación de é l , teniendo pre­
sente, que acaso no encontraré otro lugar en esl­
ías M emorias, en que poder introducirle.
■i. • -‘ Haviendo salido Ycaza un dia los hijos del due­
ño de aquella rústica habitación , se (dirigieron á
un bosque , en donde encontraron la caverna de
una cierva, que, haviendose alexado de aquel lu­
gar por alguna necesidad de comer ,: ó beber ; havia dexado allí sus pequeñuelos h ijo s, de los que
uno era macho,,- ycotro hembra. Los Monos jóve­
nes agarraron a los cervatillos, y lostraxeron á su
casa. Estos crecieron juntos, apartados de los de*
más animales en un pequeño corral, separado de
lo restante del, terreno , mediante un recinto de
juncos. Teníanse entre sí un recíproco amor los dos
mellizos , tanto , que ñi por un momento sabian
estar separados. Sucedió , que la hembra se puso
enferma de una hinchazón , que la sobrevino en lá
qurxada derecha ; s i mal se agravó, y no teniendo
ya mas resistencia * se mufióir^Esto fue ya cerca de
ía noche , y el cierro no dió señal alguna de señs

D E W AJNP/f O N .
o 99
timiento, péro siempre'se. le advertía inmediato, Ca­
ino si estuviera ella durmiendo.' A otro dia despues
de comer determino el dueño de la casa desollar la
•cierva., para aprovechar à lo menos la p ie l, p o rlo
q u e, dadas las ordenes convenientes i susjhijps, y
ellos provistos de los instrumentos necesarios pa­
ra esta obra ,7 fueron afe dicho corral. N osotros, que
allí viviam os sin forzosas ocupaciones, determina­
mos „seguiríos , no tanto por o b s e r v a r s i los M o ­
nos hacian aquella operación de Ja misma mane­
ra , que se executa entre nosotros, quanto por in­
terrumpir , siquiera una h ora, nuestro metódico
modo de pasar él tiempo^ Acompañamos à nues­
tros Monos , y entramos con ellos, en .el referido
corral. E J ciervo miraba à su hermana , pero no
mostraba semblante de tristeza: Quando n o sjv io
entrar dio un bramido , como pidiéndonos favo®,
-o acaso avisándonos, para que no interrumpiesen
mos el sueño de su compañera , qu e, según lo que
.aparecía, él estaba, en que dormía. Nuestros-.'Villa­
nos se llegaron à la muerta., y en brevísimo tieni
po cumplieron el mandato de su .padre. E l ciéoy o estaba inm oble, mirando la operación , pero,
luego que v io desollada à su compañera , diAtres,
ó.quatro bramidos .terribles, erguíe-ndo el cuello,
¡y pateando la tierra , despues se echó sobre la yerr
y a , lanzó algunos sps.pir.osr baxó la .cabeza ., y de
-alii à poco .tiempo espiró.
;¡n oboi ;
ab
y
Quedamos Roberto , y ì o entemecidos .coii
aquel accidente , del que sacamos msuchqs mòti vos
;de reflexionar- Si me huviera impuesto el cargo de
Ph ilósoph o, y de expeculador, describiría con esíe m otivo todas las observaciones r ¿que nrutuamen-

N2

te

100
V I AGE S
te nos comunicamos , pero, siendo forzoso v o l­
ver a tomar el hilo , que se ha interrumpido, de
nuestra Historia , dexo al leétor el examen de un
hecho tan singular, y del que, aseguro en reali­
dad , he sido testigo de vista.
CAPITULO

XVI.

Descríbese el palacio del Señor H a y a ¡ y el tocador
de M a d a m a E s p in a .

X
Escarnamos, pues, con toda comodidad en
el palacio del Señor Haya. La nueva cabecera tiene
la propriedad de hacer despertar temprano, al que
en ella duerme , por lo que me levanté , antes que
otro alguno de la familia huviese dexado su quarto. Salí por el palacio para registrar la arquitec­
tura , y examinar el adorno del jardin , y las flo­
res , que en él se cultivaban. E l palacio constaba
de diversas partes, que las mas eran inútiles; havia abundancia de columnas, en donde el peso, que
sostenían , no necesitaba de la decima parte de
aquel apoyo. Aquellos puestos , que debían estár
fabricados con un material fuerte, y pesado, es­
taban con el mas ligero ; y por el contrario, en
muchos lugares se miraba empleado aquel en lugar
de éste ; todo repugnante á lo que requería la fá­
brica. Finalmente el conjunto era extravagante , y
se vía , que el artífice havia cuidado muy poco de
la proporción, y nada de la realidad , que es la
esencia de todos los artes. La mayor hermosura del
palacio consistía en mil supérfluos adornos, que
i. r
sir-

DE

W ANTON.

I OI

sirven de perfedo gusto a los ojos del vulgo; pero
que son fastidiosos a los inteligentes.
Me acuerdo, que hice con Roberto, hablando
de la Arquitedura de estos M onos, una compa­
ración de ella con nuestras novelas ; porque asi co­
mo en éstas lo admirable destruye a lo verosimil , y
verdadero, y tamo mas agradan a los ociosos , é
ignorantes-, que las leen, quanto mas llenas están
de monstruosidades , y quimeras ; semejantemente
una tal Arquitedura toma su valor de lo falso , y
extravagante , y se hace del agrado de los ignoran­
tes Arquitedos á proporción de los errores , que en
ella se cometen. No se crea, que Yo quiera en esto
aludir á nuestros A rquitedos, pero líbrenos Dios,
de que ellos tomen el exemplo de nuestros Monos;
pues en el regreso, que he hecho á Europa , he
visto ya un principio de este falso gusto , que me
alegrára mucho, que del todo se destruyera, an­
tes que echase mas hondas raíces. Algunos encon­
tré también de nuestros Monos, que lo desapro­
baban , y entre todos un cierto Philósopho , que
podía compararse en su tenor de vida á los Grie­
gos Cínicos, el que para quitar de los artes, y es­
pecialmente de la Arquitedura este indigno abuso,
quería reducir esta parte de la Mathemática á una
simplicidad magestuosa , y primordial. El gritaba
por todos los ángulos de la Ciudad , que en donde
no se encuentra lo verdadero en la A rquitedura, no
era admisible ornato alguno ; y que , teniendo la
materia su específica qualidad , convenía atenerse
escrupulosamente á su índole , para no separarse de
lo verdadero. El Cínico explicaba su dodrina con
uu enthusiasm o , que se aproximaba m ucho á furor,

y

io 2
/
V i a Cr e s;
y aunque fuesen sus discursos geométricos,, y pues­
tos en razón , con todo , la novedad del sugeto que
Ids pro feria., Ja su m isió n q u e se tiene a las obras de
Jos antiguos; y , finalmente, el enfádco m odo, con
que dabaá entender su pensamiento, le hadan cir
rad.erizar por un solemnísimo majadero. T u ve mu­
chas ocasiones de conferir con é l , y no encontré,
que reprobar otra cosa en su systéma, que la efica­
cia , mas que poética., con que.le explicaba. Era una
comedia vér., como el Cínico constante en las opo­
siciones de los inteligentes, firme contra las persecu­
ciones de los Maestros dei arte, y paciente , con ios
que le escuchaban gustosos, todos los dias hacía al­
gún progreso. O b tu v o , al fin , algunas ventajas,
porque hechos ya los oídos de el público ¿L una doc*
trina, que á primera vista parecía enemiga de un
arte tan n o b le, y quasi rea de estado , por querer
destruir en la opinión de los Ciudadanos la reputa­
ción de las fabricas mas suntuosas, y acreditadas,
Je fue preciso hacerse cabeza de seda, y alistar baX0;sus vanderas á muchos sugetos eminentes.en gra­
do , y con fama de sabios.
Tal era , pues, la estrudura del palacio del Se­
ñor Haya. E l jardin no era del mejor gusto : En
estos se debe imitar con arte a la naturaleza , pero
de tal conformidad , que. aquel quede oculto ., V
parezca producción ¡.natural, lo que es efedo de
?un delicado artificio. En el jardin , de que vamos
iiablando , todo era al contrario, porque no se
advertía la naturaleza fomentada , y ayudada , sino
forzada, y ceñida para aquellos e fe d o s , que son
dei todo contrarios a su instituto. Registrábase , por
exemplo , un , árbol cortado en figura de una Mor
r
na,

V I A GE S
103
na, una cifra compuesta de pequeños boxes, a Jos
que impedían , que creciesen , para que conserva­
sen aquella extraordinaria figura , y finalmente , to­
das. las cosas estaban dispuestas, y obligadas á se­
guir unas sendas opuestas, á lo que las suele des­
tinar la naturaleza. Havia mucho número de flo­
res, pero colocadas con tal orden, y violenta pro­
porción , que el artificio, que en ellas afeétadisimamente se echaba de vér , quitaba todo aquel
gusto ., que suelen experimentar los ojos, acostum­
brados a mirar las cosas en su disposición natu­
ral ; y que se halla, quando se fixa la vista en un
prado esmaltado de flores en tiempo de primave­
ra ; espectáculo tanto mas hermoso, quanto tiene
de menos artificio. El tener encerrados los peces
dentro de los límites de un largo estanque es anti­
quísima costumbre de los pueblos mas dados al iuxo. Próximo al jardín hallé uno de estos recintos
de .agua, en el que se mantenían muchos peces, que
cada uno, según el cómputo , que me hizo uno
de los Jardineros; costaba á su dueño doble pre­
cio, del que le costaría, si tuviese , que comprar*
le. El Señor Haya conocía esta verdad ; pero la
mal entendida idéa de cierta forzosa grandeza Je
mantenía en la continuación de este abuso , y le
hacía , que soportase voluntariamente Ja sinrazón
de gas'tos duplicados.
Ya á este tiempo por la puerta principal del
palacio salía Roberto , acompañado de los tres hi­
jos del Señor Haya , discurriendo con ellos acerca
de las costumbres de Europa. Estos, hablando en
verdad, tenían crianza, pero; según noté, el ma­
yor cuidado de sil educación consistía en el adorno
de

104
V lA G E S
de una exterior cultura : Hacían las cortesías con
mucho garbo, mesuraban las palabras , y en sus
rostros siempre aparecía una risa atraétiva ; sabían
los nombres de las mejores Damas del P aís; tenían
prontas las especies de las conexiones, y genealo­
gías de las principales fam ilias; hablaban de guer­
ras , contaban m il galanterías en materias amoro­
sas ; jugaban muy b ie n , quando se ofrecía algu­
na partida; danzaban perfe&amente ; y en un cier­
to instrumento , parecido a nuestros violines , to­
caban de memoria d o s, ó tres bailecillos. C on tan
bellos dotes no podían menos de parecer muy bien
a los ojos de las Damas , y en efedro eran bien
recibidos en todas las concurrencias. Pero por otro
término , quando se trataban discursos sólidos, po­
cas veces les oí proferir un juicio de peso , pues,
por lo regular , fundaban sus opiniones en las co­
munes preocupaciones del País , ó en la autori-<
dad de aquellos, que pasaban por ilum inados, o
dodros.
N o obstante , que fuese cosa maravillosa en-«
contrar tantas qualidades , aunque exteriores, en
una sola fam ilia, Y o tuve el atrevimiento de decir
un dia al Señor Haya , me admiraba , que siendo
él un sugeto de tanta cordura , y buen gusto , no
huviese dirigido a sus hijos por la carrera de ocu­
paciones mas dignas de criaturas racionales. Verdad
e s, me respondió, ó A m igo, eso que me deciis;
pero si huviese querido educar a mis hijos según
vuestras m áximas, me huviera atrahido el menos­
precio de todo el mundo , que me notaría de per­
sona extravagante , y enemigo de la bella socie­
dad ; Además de que , si estuvieran excluidos del
co-

DE W A N T O N .
IO^
comercio de lo que se llama mundo c i v i l , tampo­
co pudieran esperar adelantamiento alguno en la
C orte. E l mundo, añadió R oberto, es de esta con­
dición : hace poco aprecio de lo fundamental, y
sólido , dexandose únicamente llevar de lo super­
ficial , y aparente; por eso el Señor Haya pensó
b ie n , quando conduxo á sus hijos por el camino
de la fortuna; el exemplo de su padre, y el uso
de la vida podrán hacerlos Philósophos, quando
la naturaleza los prepare para este efedo ; y sino
tuviesen las disposiciones, que se requieren , de
nada s»irve todo el estudio, toda la instrucción , y
todas Jas máximas.
A l tiempo que estábamos de conversación con
los Monos jóvenes, llegó el Señor Haya á cum­
plimentarnos , preguntando, si haviamos pasado
bien ia noche. Después de nuestra respuesta , y
de o to s semejantes formalidades , introducidas pa­
ra mairtyrio de los ^espíritus sensatos , pero que son
el asunto ordinario de los discursos de los necios,
nos brindó el dicho Señor , á que entrásemos en el
quarto de Madama , que ya se havia levantado. N i
su v ista , ni su compañía tenian, á la verdad, atrac­
tivos para que dexasemos ia agradable conversación
de sus hijos ; no obstante, la política nos obligó á
admitir aquel co n v ite, que para las personas del
gran Mundo huviera sido apreciado como muy hon­
roso , y apetecible. L u ego , que llegámos á la ha­
bitación de Madama Espina , nos salió al encuen­
tro con un rostro muy risueño, y con expresiones
del mayor agrado; de forma , que no parecía la
m ism a, que la noche antes havia hecho tan poco
caso de nosotros : E n vez de los acostumbrados
T on n .I.
O
ador-

io6

Vi ages

adornos, se nos presentó de aquel modo , que se po­
nen nuestras Damas , quando se sientan al tocador.
Quedé pasmado , viendo su mutación ; y el Señor
Haya, que estaba leyéndome el pensamiento, me
sacó de la duda, diciendo á Madama Espina: Ved
aqui , Señora , aquellos dos portentosos personages,
que , no obstante tener tal poder con sus rayos, han
tolerado con paciencia tanto tiempo una esclavi­
tud , de que no quisieron librarse , hasta que se
les vino la ocasión a las manos de preservar la1
vida a aquel, que los estaba oprimiendo. Con es­
tas palabras conocí la causa de tan maravilloso efec­
to : El temor de no experimentar nuestra ira en
su familia; y sobre todo la vanagloria de tener por
huéspedes dos sügetos tan singulares, dieron mo­
tivo , a que asi cambiase de semblante. El Señor
Haya, después de havernos presentado á su espo**
sa , se separó de nosotros, para entender en sus ne­
gocios. Madama , luego que quedamos solos , nos
llevó a su gabinete, en donde la aguardaban mu­
chas doncellas para disponer el acostumbrado ador­
no de la cabeza. Una de ellas estaba en pie en­
frente de su ama , y era el juez que profería la
inapelable sentencia sobre las acciones de las de­
más ; porque como no conocían en aquellos pue­
blos el uso de los espejos, era forzoso , que huviese delante alguna criada , doéta en la materia , que
supliese esta falta. Havia puestos sobre una peque­
ña mesa mil instrumentos de la vanidad, que cada
qual tenia su particular oficio.
Llegaron temblando las doncellas á la cabeza
de su ama para dar principio á aquella grande obra,
y pusieron en ella las manos con tal seriedad, de­
li-

DE

WANTON,

I O7

licadeza, y estudio, que no gasta tanto ciertamen­
te u n Abogado , quando examina las razones, que
deben decidir la justicia de su parte. Un solo ca­
bello , que no obedeciese al peine , era el mas gra­
ve delito para aquella infeliz criada , que no sabía
acomodarle ; este era el caso , en que la observa­
dora. insinuaba el yerro á su am a, y ésta, mon­
tando en cólera , amenazaba a la delinqüente con
los mas crueles tratamientos; corrian inmediatamen­
te á darla favor, como amigas , las manos de las
com pañeras, y a fuerza de la manteca , y de los
dem is instrumentos estaban trabajando, hasta en­
mendar aquel desorden, y someter a la debida obe­
diencia a aquel rebelde pelo. El repartimiento del
cabello, el orden de los bucles, y la qualidad de
los polvos era materia de una eterna , y bien pen­
sada consulta : Finalmente se terminó toda esta cé­
lebre operación , y Madama Espina se levantó del
tocador mucho mas horrible , que estaba antes de
peinarse. Llamó a su hija , para que se pusiera
también en el potro del luxo. Y o l a supliqué me
diese su licencia, ofreciendo volver inmediatamen­
te. F u i á mi quarto, tomé el espejo , y corrien­
do , me presenté otra vez á Madama Espina, pa­
ra so>rprehenderla con una maravilla , que proba­
blemente jamás havria visto. Pósela delante el es­
pejo y estuvo inmoble , mirando su propria fi­
gura ;; después me dixo a si: No puede negarse, ó
forastero , que no es natural esta pintura ; ¿Pero
quiéra es la hembra tan horrorosa , cuyo retrato
estoi viendo? Llegóse la hija para vér ella tam­
bién aquel tenido por retrato; pero luego, que se
aproxdmó á su madre , y que ésta vió ponerse junOz
to

\ io8

V ia ge s

to á la primera la figura de su h ija , se sorprehendió
en extremo, y presumiendo al punto lo que aquello
podría ser, no se atrevió a hablar mas palabra,
faltando poco, para que se la cayese el espejo al
suelo, j Oh , espejo portentoso , dixo entonces Ro­
berto en nuestro idioma natural; tú solo has podido
sacar una confesión tan sincéra de la mas vana de
las hembras! Publicóse después con sentimiento mió
el chasco por una de las criadas de la casa, que fue
despedida de allí a poco ; ésta del mismo modo
que sucede con las nuestras , apenas salió de servir
á Madama Espina , contaba por extenso los defec­
tos de su ama , y entre otras cosas esta aventura-,
mediante lo q u a l, se divulgó por todo el Pueblo.-

CAPITULO

De

A

las

XVII.

instrucciones , que daba
Espina a su hija .

M adam a

Exemplo de la madre , no fue menos delica­
do el peinado de la h ija ; desazonó repetidas ve­
ces a las doncellas, y se acabó la obra sin quedar
ella contenta. Yo , decia , quando me cáse ,- no he
de tener la paciencia de mi madre , y quien quiera
comer mi pan , ha de servir mucho mejor , que
vosotras. Harás muy bien , hija m ia, respondió la
madre , porque es necesario hacerse respetar de esta
canalla, que no piensan en otra cosa, que en ase­
sinar á sus amos. Nosotras, añadió , que descen­
demos de tiempo inmemorial de una sangre, que
trahe su origen de las venas de antiguos Heroes,
es-

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V i age s
suficiente, para qué se vistiesen otras doce Monas;
ó que el dinero empleado en adornar esta horro­
rosísima figura sería capaz de alimentar una fami­
lia entera por espacio de un año. Pero la mas gran­
de extravagancia consistía , en que la mayor par­
te de las telas estaba empleada en aquellos parajes,
en donde parece, que la naturaleza menos lo ne­
cesita , porque de la cintura abaxo la adornaban
la mitad mas, que en lo restante del cuerpo. La
principal hermosura en aquel País consiste en el
buen color del rostro , y del cabello ; pero no obs­
tante , que estos dotes de naturaleza son deseados
con toda eficacia por aquellas Monas, que solici­
tan parecer bien, han sabido hallar el arte de ha­
cer maravillosos los defectos; en cuya conseqiiencia , reparten sobre sus rostros ciertas manchas ne­
gras , que a ser naturales , fueran para ellas el asun­
to de mayor desazón, y á toda costa procura­
rían ocultarlas ; esparcen también sobre sus cabe­
zas ciertos polvos blancos muy menudos, con los
que , encubriéndose lo negro del cabello, que es in­
dicio de los verdores de la mocedad , hacen , que
parezca encanecido aun el de la mas joven. Asi,
contrarias en sus mismos deseos, buscan en la de­
formidad los aumentos de su buen parecer, y co­
mo haciendo burla de los defectos, a que se han de
ver sujetas algún dia, si logran la fortuna , de que
se prolonguen sus años hasta la edad mas abaliza­
da , quieren las haga mucha gracia aquello, que,
quando lo tuvieran por medio de un efedro natu­
ral , lo considerarían como una infelicidad muy
grave. Vease, de qué manera en aquel desatinado
País se turba , solo por capricho , el orden de las
co-

DE W a n T O N ,
III
cosáis , y se burla lo verdadero con lo aparente.
Luego que llegó Madamita , creyó la madre,
que atrahería a sí nuestra estimación , dándola una
séria lección de las obligaciones , con que debía
cum plir una Mona como ella ; y poco mas ó me­
nos la dixo de esta forma : Quando llegu es, hija
mia „ a ser visible en el mundo por medio del v ín ­
culo del matrimonio , haz cuenta, que para tí enterame.nte se mudó la escena , pues empiezas a hacer
el paipel de un personage muy diferente , del que
hasta aqui has representado. En esta novedad, y en
la inicertidumbre de tus acciones no hallarás otra
guia „ ni refugio, que la memoria de las instruc­
ciones , que te haya comunicado tu madre. Al p ri­
mer paso encontrarás mil jóvenes ilustres, que te
harám declaración de lo que te estiman , que en
el lemguage de la nobleza significa , amar ¿ se de­
dicarán á servirte , y el tiempo te demonstrará el
sen tid o , que tienen estos servicios. La moda te
obligará á hacer elección de alguno de estos ser­
vidores ; pero, cuidado en este caso de no dexarte llevar precisamente de tus inclinaciones; pues
si asi lo executáras, te vieras perdida para siem­
pre , y de tí se diría en la C iu d ad , lo que se ha­
bla d e otras muchas locas , con lo que llegarían á
saberse otros tantos accidentes, quantos después
daríani materia á los discursos de las conversacio­
nes pníblicas. No permita el c ie lo , que Yo ten­
ga la desgracia de ser madre de una Dama impru­
dente ; por lo que, en el manejo de estas cosas
no hai de mirarse la acción, sino el modo de executarha. T e convendrá, pues, elegir, ó al mas ri­
co , ó» al mas noble, ó al mas poderoso de los pre­
ten-

112
V lA G ES
tendientes, y con esto te grangearás un respetable
lugar entre tus iguales, y servirá , de que todo
el m undo te rinda sus obsequios. T en entendido
asim ism o, que en aceptando á qualquiera, no
pienses en entregarle tu corazón , porque asi te v e ­
rías perdida , y sin rem edio ; éste viva solo conti­
go , porque quando te parezca puedas tomar otro
m ejor partido, si te lo depara la suerte. V é aqui
el prim er punto de mis advertencias.
E n tu casa te deberás-recoger únicamente á las
horas de co m er, y d o rm ir, porque una Dama de
rum bo no ha de tener hora , en que pueda parar
en su propria casa. La v isita, el paséo, los juegos,
los teatros, las tertulias son ocupaciones, que ne­
cesitan demasiado tiem p o , para que sobre alguno,
en que nos avillanémos en compañía de nuestras
criadas. Marchítense enhorabuena entre las paredes
domésticas aquellas , á quienes cupo la infeliz suer­
te de un espíritu abatido, y m elancólico, ó sino,
las que por su edad se miran precisadas, á mas no
p o d e r, á retirarse por no verse afrentadas, y b u r­
ladas universalmente en los concursos mas lucidos.
Una Señora debe jugar , por lo que , hija mia,
mira con seriedad este punto, que es acaso el mas
esencial de nuestro modo de vivir. ¿ Y , á la verdad,
cóm o podrian durar las tertulias, si quando se v i
acabando la conversación por falta de materia , en
que discurrir , no ocurriese la especie de ponerse
á. jugar, único rem edio á un mal tan excesivo?
T ú j pues , pon cuidado para salir maestra en el
juego , pues es asunto tan indispensable á una Da­
ma ; la prueba de esta verdad la encontrarás en
Madama Nuez.; ella está instruida en todos los
' -i

.



CO'

de
W a n t o n ,
ir^
cono-cimientos de estas Provincias ; tiene su trato
con ¡gente literata , y se informa de todos los artes;
pero como no tiene gusto en el juego , ni habilidad
para aprenderle , no vá a las concurrencias, y está
mal -vista en todas las conversaciones públicas :*Por
el contrario, su hermana no abre la boca , sino pa­
ra una necedad , si hemos de dár crédito á los rí­
gidos censores de las D am as; pero con todo eso,
com o sabe manejar m uy bien los naipes, es gene­
ralm ente seguido de todas su exem plo: Ella des­
fruta todos los placeres de la vida civil , mientras
Mad;ama N uez con su virtud afeitada pasa las n o ­
ches enteras metida entre quatro paredes , rodeada
de suis hijos ( ¡ qué bella compañía !) y ocupada en
leer algunas antiguallas.
Proseguia dando la madre sus instrucciones,
hasta que conoció en el sem blante, que no las apro­
baba R oberto, y vuelta hacia é l , le dixo : ¿Y bien,
Seño>r , no viven acaso del mismo modo en vues­
tro País las Señoras de altas circunstancias? Es cier­
to , respondió R o b e rto , que muchas de las nues­
tras siguen ese método de v id a , que haveis insi­
nuadlo , como el mas plausible , á vuestra digní­
sima hija ; pero , perdonad mi sinceridad , estas ta­
les nio son las mas alabadas. ¡ A h ! ya os entiendo,
Señor R o b erto ; vos sois uno de aquellos espíritus
m elam cólicos, que caracterizan de malo , todo lo
que no se h ace, según lo que les agrada ; pero á
pesair de los rígidos sentim ientos, que v o s, y vues­
tros semejantes sostenéis, queriendo desterrar del
munido la buena v id a ; las que estamos dotadas de
un iíngenio sobresaliente , hemos sabido quedar su­
periores á vuestras injustas censuras. Roberto tomó
Tom. I.
P
á

114

VlAGES

á buen partido el callar ; y Madama , que por ven­
tura quería dar muestras de su buena crianza con
las dichas máximas, y advirtió , que las desapro­
bábamos , no quiso proseguir en sus documentos.
Es verdad, que las palabras de Roberto nos pri­
varon del gusto de informarnos de la educación,
con que se crian los nobles de el País ; pero esta
pérdida no fue mas, que por entonces, atento, á
que en mil ocasiones hemos experimentado lo res­
tante de tan detestable do&rina.

C A P I T U L O XVIII.

N

De la aventura con el Doftor Cilantro.

O es mi intento abusar de la espera, y tole­
rancia de mis leétores en la descripción de las me­
nudencias , que nos sucedieron en esta casa, in­
stándome la Historia , para que quanto antes vaya
describiendo los usos de la Ciudad, en donde , co­
mo en un espacioso teatro, se miran con mayor real­
ce las extravagancias. Sí diré solamente , que en es­
te palacio encontré en el Señor Haya, y sus hijos
unas luces regulares, cultivadas al estilo de la gente
ilustre , esto es, con unos superficiales conocimien­
tos , y en las hembras no con otra cosa , que con la
depravación del gusto , y una continua falsedad en
los juicios. Paso, pues, á contar el motivo de nues­
tro viage á la Ciudad , adonde no estaba hecha Ja
intención , de que volviera aquella familia tan pres­
to , si un accidente improviso no huviese obliga­
do al Señor Haya á acelerar su regreso.
Fue

DE W A N T O N ,
1
Finé ef caso , que Jacinto, el mayor de los hi­
jos, caiyó malo con una calentura, que el afeéto
del padre , y la delicadeza del sugeto hicieron apa­
recer como peligrosa. De nada sirvieron las pro­
testas de Roberto , que aseguraba a los padres del
enfermo , que el mal era de poca conseqüencia;
ni quisieron aceptar la oferta, que les hizo de cu­
rarle ein pocos dias. N o dieron crédito á su habi­
lidad, ten lo que Y o tuve un interior placer, cono­
ciendo bien , qué peligrosa podía ser a nuestra for­
tuna estta experiencia. Es muy común juzgar las co ­
sas por el éxito de ellas, por lo q u e, asi como
puede «darse , que la suerte haga , que salgan feli­
ces las operaciones de un Médico ignorante , como
e s, lo «que mas frecuentemente sucede , asi también
la misma fortuna, por lo general enemiga del v e r­
dadero mérito , podrá hacer comparecer como ma­
tadora aquella mano, que obra doéla , amorosa, y
prudentemente. Resolvieron enviar á la Ciudad en
busca de uno de los mas acreditados Médicos , no
haviemdo querido conceder la madre , que se oye­
se la opinión de cierto Médico del L u ga r, al que
( auoquie solia servirse de él en caso de necesidad
para los; criados , quando alguno se ponía malo ) no
quería „ que se llamase para las ocurrencias de las
personáis principales de su casa. E l viage desde la
Ciudadl á la Aldéa , en que nos hallábamos, no era
mas qu«e de tres horas , por lo qual en aquel mis­
mo dia llegó el Médico , que fue abrazado de toda
la fami lia , como un Angel venido del Cielo.
Y'O estaba en la alcoba del enfermo al lado de
su camia á la hora, que llegó el Hypócrates de las
Monas.. Luego que me vio , prorrumpió en un horP2
ri-

Il6
V I AG E S
xible chillido , cayendo espantado en tierra , por
no haver tenido la precaución de advertir a su Se­
ñoría sapientisima los raros huespedes, que se alvergaban en aquella casa. Reíase el enfermo á car­
cajadas , y todos hacían lo mismo, sino el Señor
Haya , que deseoso con ansia de la salud de su hi­
jo , temía , que acaso el accidente sucedido al doc­
to personage pudiese retardar la cura. Las donce­
llas corrieron por espíritus para hacer volver en
sí al pobre Médico; los criados le levantaron del
suelo , y cada qual empleó quanto estaba de su
parte para el alivio del venerable Monázo. Final­
mente a fuerza de confortativos le hicieron reco­
brarse ; y luego empezaron á contarle , como haviamos arribado de lexísimas tierras, y le dixeron
mil alabanzas en favor nuestro. Avergonzóse el
Doétor de su debilidad , y para dar a entender su
instrucción, dixo , que sabía muy bien , que havia
Países, en que vivían otras Monas de diverso aspedo , y que su caída no fue por haverse asusta­
do, sino por un repentino desvanecimiento. El que­
ría encubrir asi su flaqueza ; pero bien conocieron
todos, que era aquella una excusa, pues aquel gri­
to dio señales manifiestas de su temor.
Nos saludó después atentamente , y llegándose
a la cama de Jacinto , le preguntó , cómo havia pa­
sado la noche , é informado, de que havia dormido
razonablemente, quiso saber, si el cuerpo estaba
obediente a sus regulares operaciones, y se le res-i
pondió , que caminaba bien el enfermo en este asun­
to. Agarróle el brazo , tomóle el pulso , y después
de haver estado pensando con una seriedad magestuosa, decidió, que el mal necesitaba algún cuida­
do.

de W a n t o n .
II7
do. El Señor Haya, y sus hermanos solicitaron sa­
ber las causas, y qualidades de la enfermedad, a lo
que correspondió el Médico , exponiendo su doc­
trina con un largo discurso , aplaudido de toda la
familia. No pude entenderle una palabra , por que
se sirvió de unos términos, que Yo jamás havia oí­
do. Volvíme al Señor Haya , rogándole , se dignase
explicarme alguna cosa, pero él me respondió sin­
ceramente, que tampoco lo havia comprehendido.
Yo estaba pasmado de las admiraciones, que havian
hecho, de lo que no entendían, y tuve, en fin,
el atrevimiento de preguntar al Doétor acerca del
significado de aquellos terminotes; pero éste , que
era un astuto embustero, solo me dio por respues­
ta una sonrisa compasiva , con la que quiso dar á
entender, á Jos que allí estaban , que despreciaba
mi temeraria pregunta , como proferida por una per­
sona ignorante, é incapaz de los arcanos de la Me­
dicina. Llegado el caso de haver de mandar los me­
dicamentos , pidió recado de escribir, y puso con
unos caraéléres diabólicos ciertas palabras bárbaras,
y en abreviatura , que no pudo leer persona alguna
de la casa. Preguntáronle , qué era , lo que recetaba,
y respondió, como lo que ordenaba era un purgante.
Roberto no pudo detener la risa , con la que se
irritó el Médico en sumo grado. ¿Qué motivo teneis, dixo éste, para reíros, y hacer burla de mi
ciencia? Yo, respondió, Señor Doétor, no pre­
tendo ofenderos, pero no puedo dexar de reirme,
quando oigo, que á un enfermo , cuyas operacio­
nes caminan metódicamente, mandáis tomar una
purga , que forzosamente debe causar en su cuerpo
una conmoción, que quanto menos se conoce nece-

118
Vi ages
cesaría, puede ser tanto mas nociva. Puso tan difi­
cultoso el semblante el Médico , que daba miedo.
Comenzó luego a explicar desde los principios la
Medicina, y con un discurso larguísimo, y fuera
de propósito resolvió finalmente , que no havia en
su arte otro remedio seguro, sino el purgante.
Yo os concederé, replicó Roberto , que éste
surta el efeéto , para que le aplicáis, que es para
que se evacúe el cuerpo; pero creía Yo , que se tra­
tase en este caso, de averiguar, si tenia necesidad
el enfermo de esta evacuación: Esto no havrá de
conocerse , sino determinando , qual sea la ocasión
de su mal, y entonces combinándola con el ordina­
rio temperamento del paciente , hacer juicio de si
a uno , y otro podrá ser provechoso el medicamen­
to , que se propone : Porque Yo permito , por exemplo , que tal simple, y tal droga tenga una qualidad
intrínseca ardiente , ó refrigerante , y que sabiamen­
te se apliquen en el caso , que el doliente se halle
con enfermedad, que requiera por sí semejantes
remedios; pero en verdad , Señor mió , que si á
un enfermo de complexión fogosa mandáis tomar
un medicamento cálido, le haréis el beneficio , de
que jamás vuelva á sentir otro m al: Asi, pues, no
se ha de tratar únicamente de saber la virtud de una
yerva, de una droga , ó cosa semejante ; no se ha
de conocer solamente la enfermedad , del que en su
urgencia os pide socorro; sino que es necesario al
mismo tiempo , que comprehendais la actividad del
remedio, hecha comparación .con la necesidad , que
tiene de él el doliente , y que sepáis aplicarle á pro­
porción , según los grados del mal. Yo en realidad
no niego la eficacia de los remedios; tampoco creo
im-

D E

W ANTON.

1 19

imposible , aunque sí dificultosísimo , el verdade­
ro conocimiento de las causas, que alteran la sa­
lud de los vivientes ; pero aseguro, que el punto
mas arduo es saber aplicar aquellos a estos con
oportunidad, para que produzcan el efeéto , que
se solicita.
Albora vengamos al caso presente, <:Por qué
Causa queréis hacer evacuar á un cuerpo , que no se
siente cargado ? ¿ Por qué le proponéis un medica­
mento , que forzosamente ha de producir una alte­
ración que no sabéis, en que vendrá á parar? Yo
dixera „ que en esta especie de mal se debería mas
bien coadyuvar á la naturaleza, que irritarla. No
sabemos aquí, qué origen será el de la calentura,
de que. vamos hablando ; por lo qual siempre será
peligrosa la experiencia de buscarle , donde acaso
no está , y con remedios fuera de propósito agra­
var una enfermedad, de la que , dexando solo obrar
á la naturaleza , brevemente se verá libre nuestro
joven „ según de todas las apariencias se colige.
Mas todo lo referido juzgúese lo he dicho única­
mente movido de puro zelo por el calenturien­
to , y para mi mayor inteligencia.
E l Médico estaba muy sofocado , y creo , que
esto proviniese, de que se vía concluido; y que­
ría , no obstante , responder á las razones de Ro­
berto ; pero á este tiempo nos llamaron á comer.
El lugar preeminente cedieron todos á la sabiduría,
y Yo logré el honor de colocarme inmediato á es­
te oráculo de la Medicina. El Do&or observaba un
gran sil encio , y tenia un aspeéto tan sério , y me­
lancólico , que parecía , estaba abstrahido en pro­
fundísimas contemplaciones. Madama Espina le preeunw

120
V ia g e s
guntó acerca de la qualidad de todos los manja­
res , y él respondió alabando la dieta , y los ali­
mentos sim ples, fundando su razón , en que las co­
midas alteradas con las diversas qualidades de sus
composiciones , no podían menos de ser nocivas a
nuestros cuerpos. N o huvo , quien no aprobase su
doétrina. Yo , para aprender con mayor funda­
mento la verdad de su opinión, determiné seguir
su exemplo , imaginándome, que quien tanto la en­
salzaba para los otros , la practicaría con mayor
puntualidad consigo mismo ; pero conocí pronta­
mente , que no bastaba mi estómago para poder
imitarle ; porque fue tan voraz en el tragar , y
particularmente de las viandas alteradas , que si me
huviese empeñado en seguirle , sin duda huviera
rebentado.
Acabóse la comida ; y de sobremesa se entabló
la conversación de algunos discursos phísicos. N o ­
sotros contamos muchas maravillas de nuestra País;
pero R oberto, deseando divertir con mas particu­
laridad á los oyentes , los informó de su singular
descubrimiento acerca del inseéto de muchos pies*
de que ya queda hecha mención. L u e g o , que oyó
el Médico , que de cada parte del animalejo, que
se dividió en diversos trozos , después de pocas ho­
ras se completaba un todo perfecto, se le propuso,
que se le havia venido la ocasión á las manos para
tomar venganza de Roberto , por haverle conclui­
do con motivo de la purga ; en virtud de lo qual
con mil bufonadas se puso á reir de la relación de
este suceso. Yo le dixe , que no me parecía muy
buena crianza desmentir con befa un hecho en pre­
sencia de d o s, que eran testigos de vista de él. V o,
so-

DE W A N T O N .
1 21
sotros estabais durmiendo , me respondió , y soñas­
teis eso , porque ello es un imposible. ¿ Y por qué
es imposible ? añadí Yo. Porque , replicó é l , jamás
se ha visto, ni oído cosa semejante. ¿C on quién
pensáis, que estáis hablando? añadí Yo entonces,
no pudiendo sufrir m as; no somos nosotros tan ne­
cio s, como os parece ; ni menos, ciegos sequaces
de vuestras decisiones , como estáis generalmente
acostumbrado á encontrar. Vuestras palabras, según
veo , pretenden hacernos creer , que todo lo sabéis,
y que no executa la naturaleza cosa alguna , de que
no tengáis noticia. ¿ Con que no puede ser una co­
sa , solo porque vos no lo entendéis? ¿ Qué , teneis
vos compreliendidos todos los secretos , y modos,
de que se vale la naturaleza para la generación de
los vivientes ? Según lo que habíais , á lo menos lo
pretendéis ; pero entre el intentar , y el conseguir
hai tanta diferencia, corno entre el cuerpo, y la
sombra. Yo os haré un argumento tan cierto como
concluyente. E l phenómeno del insedo es cierto,,
porque está experimentado , y porque puede repe­
tirse esta experiencia , quando se quiera; vos no lo
entendéis; luego confesáis vuestra ignorancia; vos
por no entenderlo lo negáis ; luego vos mismo os
caracterizáis de un ignorante sobervio; y última­
mente vos os mofáis de é l , luego á vuestra igno­
rancia , y sobervia se deberá añadir vuestra des­
vergüenza.
E l Médico se resintió mucho con mis palabras,
y poco faltó, para que perdiese el respeto al lugar,
en que se hallaba ; pero el Señor Haya , que hasta,
este punto havia estado callando , dixo de esta suer­
te : No soy Yo de los mas fáciles á dar asenso á
Tom. I.
Q
unos

122
V i AGES
unos efectos tan portentosos , no viéndolos por mí
mismo ; pero con todo eso* nunca llegaría mi atre­
vimiento á hacer burla , de. lo que me contasen,
por maravilloso , que fuera , oyéndolo en boca de
dos personas, cuya sinceridad no tuviese por sospe­
chosa. T enedlo, pues, por cierto, Señor Do&or;
y si el afirmarlo Y o juntamente con estos dos fo­
rasteros no puede inducir vuestro ánimo á per­
suadiros á la verdad , de lo que se há referido,
usad á lo menos de mas prudencia para no opone­
ros, y dad á estos Señores una idéa mejor de nues­
tros sabios.. E l Señor Cilantro (qu e este era pun­
tualmente su nom bre) tu v o , que poner fin á la
disputa, y que sufrir la mortificación duplicada
de ver confundida su sobervia con la deposición
de un testigo tan honorifico para nosotros , y de
oír la justa reprehensión , que merecía su atrevi­
miento , y falta de política. No obstante , este tri­
unfo nos costó caro en muchas ocasiones, porque
aunados los Médicos , nos declararon una conti­
nua guerra , y nos dió motivo á sufrir muchas
calumnias..
He hecho la observación , de que no hai peor
enemigo en el m undo, que el que se adquiere qualquiera con ocasión de desprecio en materia de en­
tendimiento; y asi los Literatos, ó concluidos, ó
escarnecidos jamás la perdonan. Hablo de aquellos
Literatos, que solo adornados de palabras, y acos­
tumbrados á disputar con obstinación , están al mis­
mo tiempo absolutamente vacíos de aquellos cono­
cimientos , que deberían ser su verdadero adorno.
Los verdaderos Philósophos caminan esentos de se­
mejantes preocupaciones, y contentos con ir bus. can-

D E W ANTON.
T23
cando la verdad , no tienen la descabellada preten­
sión de creer haverla ya encontrado totalmente. A
las injurias de los Médicos no respondíamos con
injurias , sino solo con la risa ; y con aquel noble
menosprecio , que es proprio de un juicio redo,
nunca hadamos caso de sus acometimientos. Pero
con todo eso , ésta nuestra mé lica persecución cau­
só notables daños a sus profesores en aquel País,
pues con sola una máxima , que esparcimos , y con
muchos exemplos, y declaraciones insinuamos en
los corazones de aquellos patriotas , la falsa M e­
dicina perdió mucho de aquel lustre, y crédito , de
que ha vid estado en posesión por tiempo inmemo­
rial. La máxima fue : Que mejor era pelear con
un enemigo , que con d o s: Luego , viniendo á su
aplicación , mostrábamos , que el M éd ico, por lo
regular, es un enemigo mas dañoso, que el mis­
mo mal , porque, ó por impericia en él , ó por
un involuntario engaño , impide con sus medica­
mentos la cura de un accidente , del que la misma
naturaleza en poco tiempo nos libraría. Luego que
fue bien comprehendida esta máxima en el mun­
do mono , muchos fueron , los que desterraron de
su casa a los M édicos, y puedo asegurar , que en
aquellas familias , entre las que se tomó esta pro­
videncia , se gozaba perfeétisima salud ; lo que no
sucedía en aquellas, que aun continuaban en en­
riquecer a los M édicos, y Boticarios. Digna de
alabanza debe juzgarse la satisfacción , que de ellos
tomamos; pues descubriendo sus imposturas, res­
tituimos la salud a este País, que es el bien mas
principal é interesante.
E l Doétor Cilantro, temeroso, de que no le
Q.2
tra-

1 24

V I AGES

tratásemos peor , pidió su licencia para volverse
à la Ciudad , acaso suponiendo su indefe&ible asis­
tencia para algún enfermo, con la mira , si le de­
tenían por fuerza, de poder dar mayor aumento
à su crédito , y acrecentamiento à su bolsa ; Pero
el Señor Haya , que le consideraba ya supèrfluo pa­
ra su hijo , y que ponia su entera confianza en
Roberto , que le havia ofrecido ponerle bueno, le
concedió fríamente la licencia, que le pedia para
marchar. Fuese , pues, aquel científico personage,
que pudo computar desde aquel dia la época de la
decadencia de una estimación , que ciertamente no
merecía. Ved aqui, por donde nos hicimos Médi­
cos. Roberto mandó suspender el purgante , que el
excelentísimo Cilantro havia dispuesto , y en su
lugar substituyó solo caldo , y agua. No nos apar­
tamos de la cabezera de Jacinto , con una atención
cariñosa, y necesaria , porque nos importaba. La
fortuna , y buen régimen coronaron nuestras fati­
gas ; y por el buen éxito, como generalmente su-’
cede en todas las cosas , la familia nos dió aplausos,
y Jacinto nos quedó eternamente agradecido , con­
fesando , que absolutamente nos era deudor de su
vida , no obstante , que el mal no huviese sido de
mucha consideración.
Ya se havia dispuesto nuestro regreso à la Ciu-«
dad al punto, que cayó malo Jacinto, por lo qual
no pareció conveniente retratar la orden. Nosotros
teníamos vivisimos deseos de conocer objetos de
mayor consideración , que una casa de pobres bo­
yeros , y un solo palacio de nobles. En las Ciu­
dades à cada paso se encuentran ocasiones de vér,
de admirar, y de reir. Ya se iba aproximando el
ti em-

DE

W

á NTON,

Í25

tiempo , de que gozásemos de este nuevo teatro,
por lo que, puede imaginarse qual sería nuestro
gozo. Roberto, antes que partiésemos, me separó
para hablarme de la manera siguiente:
En el desierto para que pudiésemos estar entre*
tenidos, teníamos hecha distribución de nuestras
ocupaciones ; y ahora en la Ciudad se hace mas
forzosa esta división , por la infinidad de objetos,
que han de presentársenos: No será malo , me pare­
ce , que Yo tome á mi cargo la aplicación al co­
nocimiento de su gobierno civil; la indagación del
systéma , y mas recónditos secretos de su Gabine­
te ; y la consideración de sus fuerzas, sus riquezas,
y sus leyes: Ir¿ observando, y escribiendo todas
estas noticias, y á excepción de estos puntos , que
para mí reservo, los demás asuntos habrán de ser
de vuestra inspección. Nuestros recíprocos descu­
brimientos podrán servirnos de gusto mutuamente;
porque leyendo vos mis memorias, y recorriendo
Yo las vuestras, pasarémos asi el rato, que nos pa­
rezca, quando qualquiera de nosotros desee saber­
lo por sí solo. Acepté la propuesta ; por lo que mis
le&ores no esperen, que Yo trate en aquellas ma­
terias , que para sí reservó Roberto, sino que algo
se toque por incidencia. En mi relación solo en­
contrarán aquellas cosas, que Yo he descubierto,
visto , y considerado ; y si quisieren tener una com­
pleta idéa de estos Países, podrán aplicarse á leer la
H istoria ? que por su parte ha compuesto mi Amigo«;

I2Ó

VlAGÍS
C A P I T U L O XIX.

De la opinim v.que formaron de Roberto, y Enrique
las Monas de la Corte.
L íte g ó la suspirada mañana de nuestra partida
de ia Aldéa , á la que precedieron las acostumbra­
das visitas de formalidad , que se practican por los
vecinos en tales casos. Asi, que estuvo pronto el
carruage , nos pusimos en camino , y al fin de tres
horas arribamos a la Ciudad , que es la Metrópoli
de aquellas Provincias. Tendrá este pueblo como
dos leguas, y media de circuito; las fábricas públi­
cas , y particulares son muy suntuosas , pero de un
mal gusto por lo general , y semejantes á propor­
ción á la del Señor Haya, en orden á la arquitec­
tura; las calles largas, anchas, y algunas magnífi­
cas ; finalmente , me pareció en todo muy semejan­
te á nuestras Ciudades de Europa. Hacer prolixa
descripción de toda ella, sería prolongar mucho mi
Historia, que por la multiplicidad de las materias
no dexará de ser bastante dilatada.
Luego que se esparció la novedad de nuestra
llegada, se apresuráron mas los conocidos, y ami­
gos del Señor Haya , para venir á hacer la visita de
bien-venida. Esta prisa , que en semejantes casos
no suele ser tanto efecto de cariño , como un con­
formarse con la moda , que está introducida ; era
en aquella ocasión mucho mayor por la curiosi­
dad , que los trahia á registrar con sus proprios ojos
una novedad, de la que havian oído maravillarse

DE

W A N T O N ,

I27

a todojs. Nosotros éramos el objeto de esta curio­

sidad , en lo que exercité notablemente mi sufri­
miento , no solo por verme hecho expe&áculo de
tantos personages , sino también por haver de re­
petir urna , y otra vez las mismas cosas a todos,
los que; venian de n u evo ; porque cada uno deseo­
so de .indagar de nosotros m ism os, lo que Jos de­
más les; contaban, nos hacian m il preguntas, que
poco inas ó menos siempre eran lo mismo unas,
que otras. Imagínese mi le d o r en el estado de la
enfermedad mas larga, que haya tenido en su v i ­
d a , y podrá traher á la m em oria, que una de las
mayore:s incomodidades en aquel lance le prove­
nía de las continuas preguntas , que para saber
como lio pasaba , le iban haciendo una á una todas
las personas , que entraban á visitarle en la cama;
es fprzoso en tal caso ir satisfaciendo á todos, pe­
ro es tam enfadoso, que Y o me acuerdo, que he
perdido muchas veces la paciencia en semejantes
lances. A si sucedió aquel dia, bien que jamás mos­
tré disgusto alguno , mucho m as, viendo , que R o ­
berto bastante apartado de m í, y con mayor toleranciai estaba desatando dudas, explicando diver­
sos asunitos, argumentando, y persuadiendo. C o n ­
vinieron! todos aquellos M o n o s, en que eramos dos
criaturas dignas de su estimación, y aseguráron al
Señor Haya la satisfacción, que havian tenido en
hablarmos. No s é , si serían en todos sincéros es­
tos sentamientos , pero en muchos de ellos es cierto,
que experimenté después una amistad inmutable.
Lats Señoras no dexaron de hacer también sus
visitas at Madama Espina , y á su hija. Repetidas
veces tu ve , que entrar en el quarto de estas Damas
para

128
V I AGES
para pasar revista delante de unas personas, que,
según todas sus palabras, me parecían insensatas, y
que continuamente estaban delirando en los juicios,
que formaban de nuestras personas. Qual de ellas
nos consideraba como dos bestias ; q u al, después
de un in ú til, y largo examen , nos cara&erizaba
por dos Genios malignos , venidos de los infiernos
para perturbar al m undo; y qual finalmente nos juz­
gaba dos espíritus benéficos , y celestiales , que haviamos descendido para universal provecho de la
especie mona. Estos pareceres entre sí tan distan­
tes causaron en mi mente diversas im presiones; co ­
nocí , que ordinariamente se piensa , adaptando los
objetos á la debilidad de nuestro entendimiento , y
a proporción del genio, que nos inclina a hacer
el juicio. N o fue esta sola la reflexión , a que me
conduxo tai diversidad de sentimientos, pues esto
me diera únicamente a conocer la corta extensión
del entendimiento de los demás ; por quanto el hom­
bre se consuela, comparándose él mismo á los otros,
y comprehendiendo en este parangón, que las in­
congruentes id éas, y falsos juicios de aquellos ha­
cen parecer brillantes sus proprios conocimientos;
pero el fruto , que de aqui se deriva solo es el
de la vanidad ; quise Y o sacar mayor provecho,
y asi á proporción de los discursos, que formaban
acerca de nosotros, fundé una regular esperanza,
y adiviné inmediatamente , lo que nos ha vía de
suceder.
E l mundo se compone de tres especies de per­
sonas , hablando de aquellas, con quienes nos es
forzoso tratar; esto es, amigas, enemigas, é indi­
ferentes ; el número de las últimas es quasi infini­
to;

D É W ANTON.

1 29

to ; pero el de las otras dos es muy co rto : Esta di­
visión se funda en la razón, y en la experiencia;
y todo el que tenga práctica del mundo conven­
drá conmigo en esta verdad , sin que sea necesario
el dilatarme en argumentos, que convenzan á mi>
leCtor de una cosa , que á primera vista puede conocer por sí mismo sin disputa. Otra máxima ne­
cesito hacer presente , y es , que todos generalmen­
te am am os, juzgamos , excusamos , condenamos,
defendem os, y protegemos á los demás según las
primeras impresiones, á no ser que alguna graví­
sima razón nos separe de una adherencia , que nos
parece , que se deriva de la naturaleza misma , y
es efedro de cierto instinto , cuya causa se busca
en vano , aunqua queremos , que aparezca como
una justa elección , conociendo el mérito , y la
virtud. Por no hacer dilatada la digresión en mi
Historia , no explico por menor , que la mayor
parte de las incongruencias en la sociedad huma­
na proviene de este instinto , con que nos dexamos
llevar de lo sensible , y nos separamos de aquel
exám en, que pudiera hacernos conocer el mérito,
ó demérito del sugeto, á quien encam ina, ó de
quien aparta á nuestra inclinación, r
Previ , pues , que entre aquellas Damas havia
algunas , que en adelante havian de fomentar nues­
tros intereses , siendo nuestras am igas, y protecto­
ras , y éstas eran del n úm ero, de las que nos con­
sideraban como espíritus celestiales, que haviamos
descendido para provecho universal de aquellos
pueblos. L a máxima , de que la primera impresión
es quien todo lo dirige después por lo general en las
personas de razón , me consoló mucho acerca de
Tom. /.
R
es-

130
V IAG E S
estas, que prontamente comprehendí con el caráder
de poderosas protedoras en lo sucesivo; Conser­
varon , en efe d o , este título hasta nuestra partí-'
da de aquel Continente ; porque a aquella causa
oculta , y natural , que las hizo á primera vista
declararse por nosotros , se agregaron todas aque­
llas razones, que aun en una total indiferencia las
hirvieran determinado a favorecernos. Esperé tam­
bién , que estas mismas razones, que no eran otras,
que nuestra moderada conduéla , de que podría re­
sultar un no despreciable beneficio a aquellas Pro­
vincias , llegarían a hacer , que reformasen su opi­
nión , las que tan malignamente havian pensado
acerca de nosotros : Desde luego consideré a éstas
como enemigas nuestras, y por tanto empleé des­
pués todo mi conato en hacerlas deponer aquella
preocupación, que nos hacía tanta injusticia : En
efedo , mis esfuerzos no se frustraron del todo,
porque pude convencer a muchas; bien que que­
daron otras obstinadamente en su engaño. No me
admiré de ello, porque en todo el mundo he en­
contrado ciertos espíritus tercos, que , atropellando
a la razón , se apasionan, ó aborrecen ^ aquellos ob­
jetos, que el instinto, la inclinación, duna cier­
ta simpatía ( perdóneseme un vocablo, que nada
significa) hacen comparecer muy distintos, de lo
que son en sí. Las Damas, que nos tuvieron por
bestias, fueron las indiferentes, y éstas con el tiem­
po se declararon por nosotros, y nos fueron tan­
to mas amigas, quanto por sola la razón se havian
determinado á estimarnos.
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W A N T O N.

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C A P IT U L O



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XX.

De lo que pasó en la tienda del café*

T

__ Odo aquel dia se gastó en referir unas mismas
cosas, presentándonos á los que vinieron de v isita a la casa del Señor Haya , estando expuestos a
la compasión de muchos, a la risa de algunos, y
concillándonos la estimación de los restantes. A la
noche nuestro liberal huésped vo lvió a asegurarnos
sus beneficencias, jurándonos por vida suya , que
emplearía toda su atención, en que el tiempo, que
permaneciésemos an su patria, estuviésemos con
completo gusto , y de tal manera complacidos, que
pudiésemos olvidarnos de las delicias de la Europa.
Para que las obras correspondiesen a las palabras,
mando a su hijo segundo , que se llamaba Narciso,
que nos llevase á otro dia por todos los puestos
mas divertidos de la Ciudad , advirtiendole nos
procurase la amistad de aquellos sugetos mas v i ­
sibles , reservando para sí el generoso oficio de pre­
parar i favor nuestro los ánimos de los mas gran­
des Señores de la Corte.
A la mañana siguiente salimos de casa acom­
pañados de nuestro Conduétor , y después de pasar
por entre la multitud de burlas de la insolentísi­
ma plebe, que en todas partes es una misma, y á
la que no pudo contener la autoridad del caballe­
ro joven, entramos en una á manera de tienda i en
donde estaba congregada una muchedumbre de per­
sonas de varios estados. E l oficioso tratante ¡nos
sa'
R 2

igü
V i a g e s
salió al encuentro , mordiéndose los labios para con­
tener la risa ; hlzonos mí cumplimiento bastante
ridículo, que consistía en expresiones hyperbólicas,
y hum illaciones, que parecían contorsiones de una
criatura asaltada de dolores , y retortijones de tri­
pas , y nos arrimó después unas sillas para qué nos
sentásemos. T odos los que alli estaban se queda­
ron en sumo silencio, y con una descortesía pro­
vocativa se nos pusieron a mirar de hito en hito:
C om o no estábamos acostumbrados a tan desagra­
dable pasage , por modestia , y por vergüenza tu­
vim os , que baxar los ojos. De esta primera ex­
periencia de la indiscreción de aquellos M onos, pa­
samos a otra , que fu e , el principiar á hablarse á
la oreja, dándonos una ojeada entre palabra y pa­
labra , con lo que ya demonstraban adm iración, y
ya desprecio, según la diferencia de sus genios, y
de la im presión, que les havia causado nuestra
vista , ó según los varios puntos del escrutinio , que
iban haciendo de nosotros. L a compañía del Señor
Narciso nos libertó de tener, que responder a m u­
chas preguntas , y acaso también de algún insulto;
porque éi aseguró a to d o s, que eramos sugetos de
distinción , y amigos muy estrechos de su casa. Esta
proposición originó nuevas conversaciones secretas,
pero ninguno se atrevió á aproximarse a nosotros,
tal vez temiendo , que entendiésemos su lenguage.
Com o nos llevó la atención la diferencia de
personages , que haviamos encontrado ?n aquella
tienda, y tu vim os, que pasar por la vergüenza de
vernos hechos objetos de la conversación , y de la
maravilla de to d o s, no me quedó tiempo para po­
der examinar, qué mercadurías eran las que se

B E W A N T O N.
despachaban en aquella casa ; pero inmediatamen­
te llegó el tendero , y me dió una taza de un lbcor negro, que venia echando vaho: Antes de adr
mitirla di una ojeada al rededor, y no descubrí
en todo aquel recinto otra cosa , que semejantes
Vasijas, que eran, lasque componían el capital de
nuestro Mercader. V edm e, pues, ya en precisión
por no hacerme reparable de llegarme a la boca una
b e b id a, que no conocía, y que solo el olor me
levantaba el estómago: Póseme á bebería, y con
su amargura, y el color , que conservaba, sudé
mucho , y me incomodé m á s: Apurada finalmen­
te la taza, pregunté á mi condu&or, q u e , de qué
era aquel zumo ; sonrióse graciosamente el Señor
Narciso , y me e x p lic ó , de lo que se componía,
con lo que Y o quedé enterado , de que havia be­
bido agua teñida con polvos de carbón ; bien que
fuese de carbón de una semilla particular. Son muy
aficionados á esta bebida aquellos naturales. Supe
después , que estas tiendas sirven también de dar
algún esparcimiento á los espíritus en las horas, que
necesitan buscar el recreo, porque en ellas se en­
cuentra siempre mucha concurrencia de personas,
que con la variedad de sus discursos entretienen á
los que los escuchan. E n estos lugares se enlazan al­
gunas am istades, se tratan negocios de entidad, y
suceden al mismo paso muchísimas extravagancias.
F u i conociendo estas verdades con la práéfica, y
freqüencia , que después entablé en semejantes ca*
sas; porque aquella mañana fue muy poco lo que
pude comprehender. Para que mi le&or se figure
una idéa de mi sencilléz en aquel tiem po, quiero
referirle la opinión , que formaba, entonces de nafe
g u n o s d e los que se hallaban en la dicha tienda;

* '

y

i t34

•" V i a g e s:

y esto podrá servir al mismo tiempo , para dar­
le á conocer el singular caráóter de ciertos Mo*
nos.
Mientras Yo bebía aquel amargo ,. y negro li­
cor , entablaron la conversacion.dos de los que allí
estaban sobre'el asunto de una guerra vivísima , que
se havia por entonces encendida entre dos de sus
Principes t Uno sostenía Jas razones por uno de
ellos , y otro las del partido contrario. Me mara­
villé de sus noticias, é imiiediatamente concebí uii
singular respeto i estos, dos personages, que dis­
putaban ; fue el motivo , que haviendolos oído con­
tar muy por menor la fuerza de las dos potencias
beligerantes; lo quantioso de sus riquezas; los mas
ocultos manejos de sus Cortes; las últimas órde­
nes, que se hav-ian despachado á los Generales ; al
punto me creí, quelos tales eran sin duda délos
mas íntimos de los gabinetes de aquellos Prínci­
pes , de quienes con tanta franqueza hablaban: Volvíme al Señor Narciso , y le pregunté , si por ven­
tura eran aquellos dos Ministros de Estado, ó Pri*
vados de los Soberanos , cuyos secretos sabían tan
puntualmente. Ni el uno, ni el otro , me respon­
d ió ; estos no son mas, que dos mentecatos, que
se. empeñan en aborrecer á quien no conocen, y
aman al que-ono hace caso de -ejlos , ni sabe si­
quiera, si existen sobre la tierra o.Pero ib mas adtnirable en ;ellosf( que, quasi sería increíble, si dia­
riamente no nos lo enseñára la experiencia) es , que
se apasionan por uno de todo corazón, y de allí, á
nada son ya sus enemigos’, para . sostener otra dis­
puta. Yo he visto i miuchos de ellos estar llenos de
pena v porque la notticia de los sucesos no .'era á
medida db sus inclinaciones. Y advertid., que todo
v
eso,

DE W a N T O N ,
Í3 $
e so , que están diciendo son las mas extravagantes
quiiheras de soñados desatinos. Se creé semejante
gente con entera facultad de forjar imposturas, y
llega su disparatar á tanto grado , que después de
ser ellos mismos los inventores de las mentiras, que
van sembrando poco á poco , llegan á creéf por rea­
les, y verdaderos aquellos hechos , que tienen ori­
gen solo en sus desvaratadas imaginaciones. Pero k
lo menos, repliqué Y o , es necesario, queresta gen­
te esté bien instruida *, porque los oigo citar R e i­
nos , Ciudades , Territorios , R íos , y mil particu­
laridades de todo vuestro Continente : Además de
esto están versados en genealogías; tratan de los
fines políticos , y parece , que tienen una exaéta
noticia del podar da vuestros Príncipes. N o entien­
den , replicó Narciso , una palabra de todo eso , si
hablan de Greographía, todo lo confunden; no
tienen ni por imaginación idéa de las cosas, de que
solo saben el nombre ,* y lo mismo fes sucede en
los demás asuntos. ¿ Pues cóm o , dixe Y o , preten­
den alucinar con tales imposturas á todo el mun­
do , y aun á sí mismos ? E llo es asir<t’respondió
nuestro Conduétor, y lo experimentaréis,-en llegan­
do á tener alguna mas prá&ica de estos fanáticos,
. : Roberto me hizo seña, de que callase , y luego
que llegamos á casa , me amonestó, y dixo que no
me admirase otra vez d e . las locuras , que igual­
mente que en aquel País se encontraban en todas
las partes del mundo. C onocí con el tiem po, qüe
me aconsejaba con verdad ; pero siem pre, que se
me presentaron semejantes ocasiones y no dexé de
maravillarme de tales extravagancias; que son por
cierto, incontrastable prueba del poco eutendimien*
to,

136

•' V I A G E S

I

to, de los que tienen la desgracia de incurrir ce«
ellas : He visto prácticamente , quan á menudo se
hallan en el mundo los’ despropósitos, y esta mis­
ma experiencia me ha confirmado en mi opinión.
Mientras estábamos en nuestro discurso , vi­
mos venir por la caíle á un joven , que con desen­
fado se fue entrando por la tienda. Este era uno
de los que , parece , ponen todo su estudio , en que
aquellos, que los ven, los tengan por insensatos,
creyendo ellos, que sus propriedades, y modo de
manejarse son de unos genios desembarazados; vi­
cio, que por lo general se encuentra en la noble­
za de aquel País , y con el que logran perfectamen­
te el efeCto , que es regular, esto es , el desprecio
de todas las gentes de juicio. Trahía en la mano
derecha una caña, que volteaba entre los dedos,
y con ella daba golpecitos ya á unos, ya á otros
en las piernas, como haría un niño jugando con
un palito ; tenia la otra mano puesta en la cin­
tura ; se paseaba muy derecho con la cabeza muy
erguida ; y con una voz desentonadísima cantaba,
aturdiendonos, una tonadilla que no sabía. Paseó
este joven la tienda , luciendo su figura , sin dig­
narse de dar á persona alguna los buenos dias , te­
niendo entendido, como los demás de su especie,
que con ef ttato de buena crianza , y cortesía se
exponía, á que le perdiesen los demás el respeto;
Llegó hasta nosotros , siguiendo siempre su destem­
plada música, y mirando las telarañas del techo;
quando.por casualidad- baxó la vista, la puso en
nosotros, y al punto, ó sorprehendido , ó de mie­
do , ó-, no sé por qué otro efeíto , interrumpió su
canción ; quedó algún tiempo inmoble como una
•:
está-

DE W A N T O N .
I37
estátua , y después echó á huir precipitadamente.
Este ridículo pasage, executado por un M ono,
que parecía, que intentaba poner sugecion a to­
dos con aquel aire afeitado de superioridad , mo­
v ió la risa universal de la asambléa. Entonces los
circunstantes trabáron conversación con nosotros,
y procuramos satisfacer a sus preguntas, con aque­
lla prontitud, que es com ún, quando se solicita
captar la benevolencia, y buen concepto de algu­
no. En efeCto les agradó nuestro proceder ; y no­
té , que para demostrarlo, empezaron á murmurar
sin término de aquel joven sobervio, y de poco
seso; hablaron de sus talentos , de sus bienes, de
sus parentescos, y de sus acciones de un modo bien
digno de compasión ; y desenterraron hasta la m e­
moria de su bisabuelo, q u e , según decian, havia si­
do Boyero; como si la falta de nobleza de éste tuvie­
se connexion alguna con las ridiculeces del bisnieto.
N o pararon las murmuraciones hasta la veni­
da de otro joven, que llegó a hablar a nuestro C o n ­
ductor: Y o le tuve por un bailarín, ó cosa seme­
jante , a vista de los movimientos , con que agi­
taba todo su cuerpo. L e juró al Señor Narciso,
que no tenia su gusto completo , sino quando estaba
en su compañía; y que daría la sangre de sus venas
por é l, si se ofreciera; añadiendo otras hyperbólicas expresiones. Ya entonces le gradué por uno de
sus mayores amigos , y lo confirm é, quando v i,
que el Señor Narciso nos presentaba a é l : Inme­
diatamente nos ofreció su amistad hasta la muer­
te ; y siendo asi, que jamás nos havia visto , co­
menzó á alabar nuestra virtud , nuestro País , y
nuestro nacimiento. Y o estaba aturdido oyéndole
Tom, I.
S
ha-

138
V i AGES
hablar de esta manera. Sentóse después ¡unto a N a r­
ciso , y llamó su atención para contarle unas n o ­
vedades de grande importancia : Y o al punto apli*
qué el oído , llevado de Ja natural curiosidad , y
con el deseo de ir formando idea de aquel pue­
blo. E l principió diciendo , que el dia antes havia
presenciado una partida de juego muy grande en
casa de Madama Manzana ; que se havia ya alte­
rado la moda de los festones con otro nuevo esti­
lo : Que un Sastre havia introducido un corte de
calzones mas pulido , que el que hasta entonces
estuvo en uso ; por irrefragable prueba de esto , que
decía , nos enseñó los suyos, y para hacernos ver
mejor su linda hechura , se levantó hasta la cin­
tura las faldillas. Aprobárnoslo todo , y el Señor
Narciso para libertarse de este maza , s<e despidió
al punto; repitió él sus expresiones con la misma
taravilla , que antes , y con gran trabajo nos se­
paramos de aquel im portuno, saliéndonos de la
tienda á toda prisa. Roberto preguntó á nuestro
A m ig o , quien era aquel simple 5 á lo que le res­
pondió , que no le conocía mas , que por haverle visto una sola vez en casa de una parienta suya,
en donde se havia introducido, sin que aun ella
supiese sus circunstancias..
Se iba haciendo tarde, y asi determinamos
volvernos al palacio del Señor Haya. La comida fue
como siempre magnífica. Se propuso de sobre-me­
sa , que nos conduxesen después de comer al paséo , de éste al teatro, y luego á la tertulia ; pe­
ro R oberto, ya por mostrar la estimación , que ha­
cía de la familia , ya por el verdadero amor , que
profesaba á Jacinto , dió á entender, quería que: v "
:
, . dar-

D E ’ W A N T O N.
I3 9
darse aquel día en casa para hacerle compañia. M u­
cho agradó a todos una propuesta tan atenta , y
por tanto se difirieron hasta el siguiente las sobre­
dichas diversiones, quedando de acuerdo, que nos
acompañase también á ellas Jacinto , pues ya se havia puesto bueno.
C A P I T U L O

XXI.

D e la equivocación de Enrique acerca de los
Peluqueros del País.

/ V Penas con indecible gusto de todos se halla­
ba ya restablecido enteramente de su ligera desa­
zón nuestro generoso amigo Jacinto , quando to­
mó a su cargo con todo empeño el acompañar­
n os, para que examinásemos las maravillas de aque­
lla M etrópoli, y para introducirnos con todos los
sugetos mas visibles de la Ciudad. A l salir del pa­
lacio , nos rogó , tuviésemos á bien, que ante to­
das cosas se dirigiesen nuestros primeros pasos a
la casa de un célebre compositor de cabezas por­
que estaba cansado de esperarle : Es necesario , dixo , acomodarse a la prá&ica, y sería cosa , que
disonara mucho comparecer en el gran mundo sin
aquellos requisitos , que él tiene por indispensa­
bles ; por lo q u a l , Am igos , havréis de tener la
tolerancia de asistir a un exercicio penoso , pero
que se ha hecho forzoso en la vida civil. Rober­
to le respondió , que nuestro gusto se cifraba en
executar, lo que fuera su voluntad , y que su com­
pañía en todas partes nos sería siempre de mucha
S 2
es-

140
V I AG i S
estimación. Y o , que criado en el mostrador de un
Mercader no tenia práética alguna del mundo , no
entendí a Jacinto una palabra de todo su discur­
so ; y quedándoseme solamente impreso el nombre
de compositor de cabezas, permanecí algún tiem­
po sorprehendido, y sobresaltado. Después con
aquella sencilléz, que provenía de mi ignorancia,
y con la inquietud, que sugiere un verdadero ca­
riño , le dixe estas palabras:
<Qué infortunio , Jacinto mió , os ha sobreve­
nido ? <Qué nueva desventura os ha puesto en ne­
cesidad de un Mono , que os componga la cabeza?
¿ Teneis alguna contusión? ¿Estáis herido? ¿ Es de
nacimiento el mal , ó adquirido? ¿Es reciente el da­
ñ o , ó es antiguo? Estas preguntas, que fueron in­
tempestivas para todos, y que provenían de un
buen corazón , hicieron de tal modo reir a los dos
hermanos, y a Roberto, que huve de quedar aver­
gonzado. Jacinto entonces me respondió: Yo , gra­
cias al C ielo , no tengo mal alguno; vos no haveis
entendido bien mi conversación ; pero el hecho os
desengañará , sin que tenga Yo necesidad de expli­
caros , lo que dentro de poco será fácil, que comprehendais por vos mismo enteramente. Entonces
os reiréis de vuestra sencilléz , que tanto me ha
obligado, pues vuestro tímido recelo ha declarado,
quanto os interesáis en mi bien estár, y me ha­
veis dado, quando mas descuidado estaba , una efi­
caz prueba de vuestra voluntad. No hai duda , que
se descubren francamente las intenciones, y el inte­
rior de qualquiera en los lances impensados, por no
tener lugar la cautela; y obliga con mas intimidad
á los corazones una candidéz ignorante, que todas
Jas

DE

W ANTON.

T41

las sutiles, y estudiosas máquinas de los aduladores.
No obstante que las palabras de Jacinto pu­
diesen dism inuir mucho la mortificación, quepasé , haciéndome ridículo con mi necedad; el desen­
gaño , que recibí, no dexó de entristecerme. No
ha i mas sensible nota, que la que recae sobre yer­
ros del entendimiento , sin que quede otro recurso,
quando esto sucede , que el de hilar mas delgado
en otro lance ; pero suele suceder muchas veces
á.lo s necios por reparar el primer defeéto incur­
rir en otros por el extremo contrario , y asi per­
feccionan el hacerse enteramente extravagantes. Es­
to es puntualmente lo que me huviera sucedido, si
huviese dado á entender, quanto se me ocurrió en
este caso.
Determinado , pues, á corregir mi error, juz­
gué , que esto , que Yo materialmente havia enten­
dido , debía comprehenderse alegóricamente , y asi
decía entre m í: ¡ Qué necio he estado! Bien claro
se dexa entender que este compositor de cabezas es
un sublime Philósopho , que con las máximas de
re d itu d , y prudencia corrige los defedos de los en­
tendimientos. De estos censores bastante necesidad
tienen todos; porque es cúsa muy fácil apartarse de
la senda de la razón , escuchando las voces del
amor proprio ; la qual es forzoso volver á tomar de
quando en quando , no sea, que echando hondas
raíces los errores en nuestra alma , se haga después*
im posible,ó alo menos dificultosísima la corrección.
Sin duda esto e s, que Jacinto como ha estado fue­
ra de la Ciudad se ha privado por este tiempo de
tan ventajosa asistencia , y quiere resarcirlo; de aquí
sacaba motivos entre mí de admirar la conduéla de
aquel

142
V IA G E S '
aquel sabio ¡oven, que solicitaba, que enderezase
sus primeros pasos el Maestro de vivir honestamen­
te. Hecho cargo de que esto era a s i, iba preparán­
dome para hacer una figura menos ridicula delan­
te de aquel Monázo , que me le ideaba Yo de un
caráder muy severo , y de una grande atención en
examinar los defedos del entendimiento, y del co­
razón. Fuim os, pues, caminando, sin que ni los
dos hermanos, ni mi Am igo recavasen de mí una
sola palabra ; aunque intentaban desechar de mi
imaginación qualquiera pensamiento fastidioso , y
de mortificación , que me pudiese haver acarrea­
do el pasado accidente : Tan metido iba Yo en mi
fantasía , y premeditando como hacerme lugar con
aquel Philósopho imaginado , para resarcir asi el
crédito , que me parecía havia perdido con mi
ignorancia.
/
Quando mas solícito estaba Y o * estudiando
cum plim ientos, y mesurando el rostro para com pa­
recer decorosamente en esta visita, me hallé junto
a una tienda, de donde salió un m ozuelo, delga­
do como un espárrago , y suelto como una ardilla:
L leg ó á nosotros, y besando los vestidos de los dos
herm anos, les dió la bien-venida, y convidó á
entrar en su tienda. La formalidad , las cortesías, y
las expresiones de este Mono eran todas dignas de
risa , siendo con la mayor extravagancia quanto
hacía , y decía. Vínose después á m í, y agarrando
una porción de mi pelo (y a ha víamos dexado las
pelucas) alabó su co lo r, y sutileza. Siempre juz­
gué , que á éste , como á to d o s, sorprehendiese
nuestra primera vista ; pero él no hizo reflexión al­
guna en nuestras personas, y solo se detuvo en exami-

DE W A N T O N .
I43
minar , lo que menos de particular teníamos.
A este tiem po, volviéndose hacia mí atenta­
mente Jacin to , me dixo : Mirad el compositor de
cabezas, que vos entendisteis por un Cirujano. Quan
grande fuese mi admiración puede imaginarlo quien,
separado de las preocupaciones del u so , sabe muy
bien , qué ridiculéz tan formidable es apropriar
nombres sublimes a unos objetos vilísimos. Puedo
asegurar , que fue tal mi estrañeza , que no pude dexar de volverm e a R oberto, y en nuestro natural
idioma hablarle asi: ¿ Cómo , decidme, podrá com­
ponerme la cabeza éste , que demuestra, que no tie­
ne para sí aun una onza de compostura ? Rióse R o ­
berto , y con esto m ovió la curiosidad de Narciso,
por lo que fue necesario explicarle al oído todo el
asunto : Renovóse la función; y Y o , que todavía
no havia podido llegar á entender cosa alguna, es­
taba como aturdido.
Entramos en la tienda , que era angosta , y lo
que era p eor, toda estaba tan cubierta de polvo,
que no era fácil sentarse sin desasearse el vestido.
Y o andaba registrando , qué mercadurías se vende­
rían allí , ó quáles serían los instrumentos de un arte,
cuyo objeto no acababa de comprehender ; pero
por mas diligencia, y atención que puse, no pude
hallar otra cosa, que tres y ó quatro cabezas de pa­
lo , un barreño lleno de agua , un monton de pelos
de Mona , y finalmente algunos hierros, uno de los
quales, que tenia figura de tenazas, estaba puesto
á la lumbre. Jacinto se acomodó en una silla, y
luego aquel mi imaginado Philósopho tomó el hier­
ro ,. que estaba abrasando , y se le aplicó á la cabe­
za. Y o ya estuve para gritar: Tente bestia ; pero
aun-

144
V i a ge s
aunque me dio grande sobresalto lo que podría su­
ceder en una operación , cuyos principios me pa­
recieron muy peligrosos, me hizo callar la experien­
cia anterior , que me- havia enseñado, que el ha­
blar sin consideración es origen regularmente de te­
ner que avergonzarse , y de padecer algún daño,
por la poca cautela de dexarse llevar de el proprio
di&amen. El compositor de cabezas comenzó a
freirle los cabellos ; después con el peine los diri­
gía , y ensortijaba , y últimamente se los cubrió to­
dos de trigo hecho polvo. Una niebla se levantó
entonces con los dichos polvos por toda la tienda,
que juzgué , que me ahogaba , porque era tan den­
sa , que impedia la respiración. Acabada la gran­
de obra , se levantó Jacinto de la silla , y fue cor­
riendo á mirarse en el agua , que estaba en la refe­
rida vasija , y quedó satisfecho del Señor Maestro,
alabándole su trabajo. Ya otra vez he dicho , que
entre las Monas no se conocia aún la invención de
los espejos, por lo que , no pudiendo usar de este
artificio , se servían del agua, que en algún modo
reflexa la imagen, que á ella se presenta.
Finalizada la compostura de Jacinto, se puso
Narciso en el lugar de su hermano , y éste se llegó
a mí sonriendose , y diciendome : Ved aqui ya mi
cabeza compuesta: Mas bien , le respondí, podéis
decir: Ved aqui lós cabellos compuestos; hablaraisme en estos términos, si queríais , que os en­
tendiese : Mas no me admiro de vos, que, siguien­
do el uso común , creíais , que os escuchaba alguno
de vuestros Conciudadanos; me pasmo , sí, de es­
tos artífices, que , dedicados a tan inútil , y vano
exercicio , tienen atrevimiento de apropiarse un
nom-

^ ^ M tn â jT u tjô

DE W A N T O N .
1 45
nombre , que solamente puede convenir a los C ir u ­
janos , ó a los Philósophos. Mucha razón tuvierais,
respondió Roberto , para hablar de este modo,
quando huviérais arribado de un P aís, en que 110
liuviese tales artes; bien que estáis en algún modo
disculpado a causa de la vida obscura , y retirada,
que haveis tenido en nuestra Patria, por lo qual
ignoráis, que en todas las partes del mundo se ha
introducido el abuso de enmascarar el luxo , y el
vicio con nombre de conveniencia, y de virtud.
Estábamos hablando con vo z baxa , de modo que
110 pudiese entendernos aquel operario , y asi él se­
guía empleando su habilidad en Narciso , que esta­
ba con curiosidad de saber aquel discurso, que no
oía , pero que de la risa de Jacinto , y de Roberto
argüía , que era digno de su atención. E n esto R o ­
berto nos pidió licencia por un corto tiempo para
ir á satisfacer cierta necesidad corporal. Y o me que­
dé con Jacinto observando al artífice , el qual mira­
ba, y contemplaba cada bucle , que iba formando,
con la misma atención , con que un Pintor registra,
y examina la igualdad de sus mas delicados pinceles.
C A P I T U L O

X X II.

Prosiguen los lances de la peluquería ; y de
la peligrosa ay entur a , en que se vió
Roberto.

J ^ jU e g o que se finalizó la peinadura de Narciso,
se vino á mí aquel artífice , convidándom e, á que
me dexáse servir ; Y o le respondí, que no tenia
Totn. I.
T
ne-

I46
V l A G E S
necesidad de sil arte , por quanto no estaba acos­
tumbrado a tanta delicadeza; pero le di gracias por
su ofrecimiento , aunque no se fundaba en otra co ­
sa , que en la esperanza de la ganancia. E l me re­
plicó , que no dando principio á las cosas, jamás
se llegaba al caso de usarlas; por lo que era con­
veniente, que Y o comenzase á entrar en la m o­
da , de que no podía exceptuarme , si havia de v i ­
v ir en el mundo c iv il , y comparecer con decen­
cia entre aquellos caballeros, de quienes me via
acompañado. A dem ás, añadió , que Y o os sabré
tomar el aire del rostro, con lo que conseguiréis
vér corregida en parte la fealdad de vuestra cara,
de forma , que en lo sucesivo no tengáis una pre­
sencia tan espantosa. Aunque nada me agradó es­
te ultimo cumplimiento , tuve que disimular por
dos razones; la u n a , porque defendiendo las fac­
ciones Européas, infaliblemente havia de ofender
las de los M o n o s; la otra , y mas principal fue,
porque con las personas de cierto cará&er es mejor
callar , que resentirse ; pues el silencio puede mor­
tificarlas , y confundirlas; y el darse por sentidos no
sirve mas, que de honrarlas, mostrando, que se
quiere competir con unos sugetos, de quienes no
debe buscarse otra cosa , que respeto, y sumisión.
Narciso con cortesía me quería persuadir, á que
siguiese su exempío ; pero Y o sinceramente Je res­
pondí , que no llegaba mi locura á tal térm ino, que
me dexáse tostar los sesos por dar al pelo unos
dobleces, que la naturaleza no le havia concedi­
do. La reflexión era justísima ; pero el muy bruto
del artífice entendió, que Y o havia proferido la
mas necia , y extravagante máxima.

DE W A N T O N .
I47
En esta disputa estábamos , que iba siendo de
mi agrado, porque como la bondad de mis Ami­
gos no se ofendia de mis razones, Y o hablaba con
libertad , lo que se me ofrecía en el asunto , y havia alcanzado tal ascendente, y ventaja , que aun
en aquello, que antes me contradecían , me hacían
ya la justicia de concederme la razón , que no po­
dían desapasionadamente negarme ; quando entró
en la tienda con gesto de menosprecio un joven
de aquellos, que entre nosotros llamamos malas ca­
bezas ; saludó entre dientes a los hermanos, y des­
pués con poquísima crianza entabló una conversa­
ción , en que poder motejarme : Preguntó al due­
ño de la casa , qué novedades se decían ; y éste res­
pondió , que nada sabía de nuevo : Pues por la
Ciudad , dixo é l , corren voces , de que los mons­
truos están en grande altura con la Nobleza , y las
Damas. Pronunció estas últimas palabras , guiñan­
do un ojo hacia mí , y con una risa irónica.
Se encendieron en cólera mis A m igos; y el
asunto no huviera tenido buenas conseqüencias, si
el amo de la tienda no huviese tomado el partido
de pedir con grande cortesía al desatento mozuelo
ciertos dineros, que mucho tiempo havia , le esta­
ba debiendo de la paga de su anterior trabajo. H i­
zo , que se admiraba de la demanda , y respon­
dióle : Me maravillo , que un canalla como tú ten­
ga la temeridad de hacer pasar el papel de poco
puntual a un sugeto de mis circunstancias delante
de dos caballeros tan recomendables, y de un fo­
rastero, que , creyendo tus imposturas , puede for­
mar una opinión, que me haga poco favor , y lle­
var á su patria una relación nada honrosa á la noT 2
ble-

148

V

I A G E S
bleza de estos Países. Obsérvese, que éste tomo» én
cierto modo por defensores á aquellos , que poco
antes havia ofendida. E l Peluquero levantó el gri­
to , y le dixo , que a los sugetos mas los disting uen
las acciones, que el nacimiento ; que no se diebia
responder con malas palabras a quien pedia el justo
precio de su sudor; y que pensase en pagarle , por
que si no , iría a dar cuenta a quien conviniese. Bas­
tó esta palabra para librarnos de aquel importuno,
porque fingiéndose enfadado y partió alborotada­
mente de la tienda , amenazándole , y jurando v e n ­
garse de su osadía. Luego me preguntó Jacinto , si
me havia parecido bien la delicadeza de aquel jo ­
ven en el punto de defender su crédito; respondíle
con ironía, que muy b ie n ; aunque no sin admira­
ción de oírle mantener con tanto tesón el honor,
que en la realidad , y obras no tenia.
Quando estuvimos en casa le conté a Roberto
este suceso ; y él me dixo : ¿Qué os maravilla la
conduéla de ese joven? Sabed, que la mayor par­
te de los hombres entre nosotros ( y lo mismo suicederá entre los M onos) pone mas cuidado en co m ­
parecer con honra, que en seguir el verdadero plan­
to del honor > de aqui nace la común distinción del
término de honor, y del de reputación; lo prim<ero
no es otra cosa , que el exa&o cumplimiento de las
mas esenciales obligaciones y lo segundo consiste
en el crédito, y opinión , que los demás forman
de nuestro proceder, y de la observancia de nues­
tras obligaciones; Asi es , que un hombre suele
estár tenido en grande reputación, sin tener el mas
mínimo honor; y por el contrario, alguno que sierá
honradísimo en todos sus procederes, puede tener la

des-

DE W á N T O N ,
I4 9
desgracia de no ser reputado , por lo que es en rea­
lidad. Ved pues la razón, porque aquel joven tan­
to se ofendió sobre el punto de honra , que 110 tie­
ne , temiendo perder su reputación, pues conoce­
ría para sí muy bien sus deíe&os , aunque no cuida­
se de enmendarlos en la realidad : Sabría por expe­
riencia , y por un cierto consentimiento interno,
que el mayor m al, que podía sucederle, y que re­
dundaría en perjuicio de sus intereses , sería el que
se derívase de la pérdida de la estimación común,
por tanto quiso defender su fama , no solo en la
apariencia (bien , que en substancia no era otra co­
sa ) sino también en la delicadeza, conque cum ­
plía sns obligaciones , según le diéhban sus cir­
cunstancias , nacim iento, y trato de la vida civ ih
Por esto veréis siempre a los hombres encolerizar­
se y llegar a exponerse hasta lo sumo , aunque
corra riesgo la misma v id a , solo por defender la fa­
ma , y el crédito , que los distingue entre todas las
gentes ; al paso que á sangre fría , y tal vez con e;ust o , se complacen en violar las mas sagradas leyes
de la humanidad , y del decoro. Haced reflexión en
estas razones, y veréis, que es, lo que al pie de
la letra sucede , por lo que no te neis que estrañar
de aqui adelante los lances de esta naturaleza , ni
tampoco dexaros llevar del engaño de estas apa­
riencias , y ficciones.
Mientras con los dos hermanos estaba en la
tienda confiriendo sobre las acciones de aquel jo­
v e n , se oyó repentinamente un grande rumor, que
parecía dimanar de algún grave, é impensado acci­
dente. Salimos a la calle, movidos de la curiosidad
ordinaria en semejantes ocasiones, y el ruido iba
au-

I¿0

v IAGES

aumentándose, por lo que nos dirigímcos hacia adon­
de se advertía; y entonces oímos repetir unas vo­
ces , que decían: Dale , mátale. Camiinaba una tro­
pa de Artesanos al parage , hacia do>nde se escu­
chaban aquellos ecos con las armas en la mano.
Nosotros tiramos de las espadas, y en ell camino pre­
gunté a uno, que llegó junto a mí , ell motivo de
aquel alboroto: Dicen , me respondió , que está el
Demonio en aquella calle, y el pueblco vá corrien­
do á ahuyentarle. Si Yo no huviese adivinado el
motivo de aquella equivocación , me hiuviera diver­
tido mucho con la inconsiderada neccedad del po­
pulacho ; pero comprehendiendo por aaquel razona­
miento, lo que podria ser en realidad ,, entré en un
grave temor , á causa de haverse poco antes separa­
do de nosotros mi Amigo Roberto. Aceleramos el
paso , y en efeélo no salió errado mi prconósrico, por
que lúe el caso , que haviendose él allexado á una
callejuela oculta para satisfacer una uirgencia cor­
poral, quando se creyó solo , y por tanto, libre
de aquella sugecion , que en tales lancees acarrea la
vergüenza , fue descubierto desde una ventana por
una mozuela , que ignorando nuesttra llegada á
aquellos Países se espantó á la vista dee un animal
parecido en parte á la especie de los ^Monos. Esta
novedad produxo en ella tal miedo , qjue prorrum­
pió en terribles gritos: Acudió la famiilia , y pre­
guntóla , que tenía ; respondió, que hiavia visto al
Diablo en la calle. Al punto creció el temor en to­
dos los vecinos, y aunándose, marchátron armados
para echar de alli á tan peligroso enemiigo. La for­
tuna de Roberto fue , que el terror pániieo de aque­
llos mentecatos no les daba lugar á accercarse para
ha-

W a n t o n ,
i^i
hacerle daño j unos á otros se incitaban ; pero nin­
guno quería aproximarse.
L a continua gritería , y reiteradas voces de es­
tos fueron congregando mas M o n o s; y por fortu­
na nosotros nos dexámos llevar de aquella conmo­
ción popular, y llegamos á tiempo de poder sa­
car a nuestro Amigo libre de los golpes de algún
temerario , que no huviese tenido miedo del D ia­
blo. Con la espada en la mano , y con la autoridad
de nuestros nobles compañeros nos hicimos calle,
hasta juntarnos con R ob erto, que nos dio parte de
todo el suceso. N o tanto las razones como los res­
petos de los dos hermanos calmaron el tum ulto; y
nos volvim os juntos a la tienda. N o havía sido lige­
ro el peligro, en que mi A m igo se havia visto ; pe­
ro como su presencia de espíritu era superior á to­
do riesgo, estuvo después con nosotros riéndose
de la ligereza del vulgo , tan fácil en creer sobre­
naturales aquellas cosas , que nunca ha visto j y
hablando también de las bastas idéas, que se for­
man de los objetos incorpóreos. Pero no es solo
este Pueblo el propenso a adoptar tan vergonzo­
sos despropósitos : ¡ Ojalá , que en nuestra Europa
llegase algún dia el común de los hombres á saber
hacer distinción entre la idea de la materia , y de
Jos espíritus! E n este asunto se han fatigado los
Philósophos para confundir infinitos errores, que
existen en la mente del vulgo. < Pero qué fruto han
sacado? L a general repugnancia y el común des­
precio.
p e

CA-

VlAGES
C A P I T U L O X X I II .

,

,

De la audiencia que dio el Príncipe d Enrique
y d Roberto,

L tiempo, qne íbamos ^ salir de la tienda,
llegó el Señor Haya acompañado de una multitud
de personages del primer orden : Venia á avisarnos
de que su Príncipe queria vernos: La comitiva se
componia de lo mas florido de la Corte; porque
no bien comprehendieron la voluntad de su Sobe­
rano los Palaciegos , quando se apresuraron á por­
fía para encontrarnos , y todos con las; ma§ agra­
dables expresiones iban al rededor de nosotros, pro­
curando complacernos con sus atentos procederes,
y estilos políticos.
Considérese á aquel Roberto , que poco antes
reputado por un Demonio , se vio en riesgo de per­
der la vida á manos de lo mas vil del insolente po­
pulacho , escoltado ya de la mas ilustre nobleza de
la Corte, y reverenciado en todas las calles, por
donde nos dirigíamos, de aquella misma plebe, que
en repetidas ocasiones nos havia dado muchas, y
bien molestas pruebas de su desprecio. Reíase Ro­
berto de esta graciosa, é impensada metamorpho­
sis , y luego que estuvimos juntos, me dió una
larga, y provechosa lección acerca de las mudan­
zas de la fortuna. Yo , a la verdad , no tenia tantas
experiencias, que huviera podido dexar á propor­
ción de las ocasiones, de ensobervecerme con los
sucesos felices, y abatirme con los contrarios ac-

DE W A N T O N .
cidentes *, y asi el mas seguro método de hacer el
corazón a todas pruebas es el renovar en qualquiera acaecimiento las prudentes reflexiones.
Llegam os a Palacio , y no solo nos hallamos
rodeados de los Cortesanos, sino también de una
infinidad de p u eb lo ; subimos una magnífica esca­
lera , precedidos de la Guardia , que con gran tra­
bajo iba franqueándonos el paso por entre un nu­
blado de curiosos. E l Señor Haya á nuestro lado
iba refirendonos, que después, que salimos de ca­
sa , havia sido llamado á la Corte , y que haviendo comparecido ante su Príncipe , éste le havia da­
do á entender aunque con su natural benignidad al­
gún resentimiento, porque hasta entonces no nos
havia proporcionado la honra de besarle la mano;
que también por haver oído cosas tan maravillosas
de nosotros, se dignaba concedernos su excelsa pro­
tección , y que quedaba esperándonos sin mas tar­
danza. Entretenidos con esta conversación , nos ha­
llamos en un suntuoso salón , y de éste pasamos
á unas dilatadísimas galerías, y magestuosas salas,
todas adornadas de alhajas de exquisito gusto , y de
valor excesivo ; y luego que estuvimos inmediatos
al gabinete , en que se hallaba el P rín cip e, se le
avisó de nuestra llegada.
A esta sazón salió á recibirnos su primer M i­
nistro : Este personage estaba dotado de una anti­
gua , y madura experiencia; tenia un entendimien­
to despejado , pronto , penetrante , y adornado de
todo aquello, que puede llamarse ciencia profun­
da , y bellas letras. Con afabilísimo rostro se llegó
á nosotros, explicándose en semejantes términos: E l
Príncipe mi A m o ha llevado á bien vuestro arrivc
Tom. L
V
2

1^4
V I AGE S
a estos Dominios *, tiene la determinación!, de que
experimentéis su piedad , siendo vuestro) bien-he­
chor , y en señal de su benevolencia os concede el
singular honor de daros a besar su manó- Roberto
respondió, que jamás havia podido conicebir ma­
yor , ni mas noble deseo, que aquel , qiue la bon­
dad del Príncipe nos franqueaba , aun anites de te­
ner la osadía de imaginarlo; y que la notiicia de tan
sublime gracia podia envanecer á qualquiiera, que
no fuese como nosotros, que conocia.mos muy
bien , que favor tan singular era solo dimanado
de su inexplicable beneficencia. Acabadas estas pa­
labras , levantaron una cortina, y se mos mandó
pasar adelante.
Entramos, pues , en la cámara , y v imos baxo
un riquísimo dosél á un venerable anciiano , que
nos habló con el mas atento estilo. Roberto llegó
primero , y rendidamente le besó la mano ; Yo executé después la misma ceremonia: El Príncipe cor­
respondió , dándonos con semblante benigno la
bienvenida á sus Estados. Luego que cumplimos las
primeras acostumbradas formalidades , tra.xeron dos
banquillos rasos , en que mandaron, que nos sentá­
semos. Callaron todos, y se nos propuso por pri­
mera pregunta, si estábamos contentos en aque­
llos Países; á lo que respondió concisarmente Ro­
berto que no podia piadoso el Cielo have^rnos pre­
parado mejor fortuna , después de tantas desgracias,
como nos havian exercitado. Preguntós*enos des­
pués , si era nuestro ánimo permanecer ya por to­
da la vida en aquella tierra. Nosotros, dixo pron­
tamente mi Compañero, estamos resignados en la
voluntad del Cielo, que privándonos de la espe-

de
W anton,
i ^
ranza de volver a nuestra patria, y de morir en su
seno , nada podia disponer mas favorable , que tra­
bemos a unos Dominios, cuyo Soberano, y pri­
mera nobleza son la mas verdadera imagen de la
hospitalidad , y esplendidez; pero como es a todos
connatural el amor a la patria, confesamos, que no
obstante la honra sin igual , que recibimos , nos
es imposible despojarnos de é l ; por lo que si el
Cielo quisiere algún dia abrirnos camino para po­
der restituirnos a nuestra tierra , no tendríamos li­
bertad para escoger entre el partir, y el quedar­
nos , siendo solo la necesidad quien nos obligase a
semejante resolución. Pareció muy bien esta respues­
ta al Príncipe , y alabó nuestro amor a la patria , y
nuestro sincero modo de explicarnos, y por ú lti­
mo nos mandó asistir diariamente a la Corte. No­
sotros , Señor , añadió Roberto , nos procurarémos
ese honor, obedeciéndoos, y todos los dias vendrémos a Palacio a recibir vuestros preceptos , y
ponerlos en execucion. Levantámonos de nuestros
asientos para despedirnos del Príncipe, que ya havia hecho señal para que nos retirásemos, pero an­
tes nos previno , que su Ministro tenia los suficien­
tes documentos para instruirnos , que oyésemos sus
advertencias, y que del fruto, que de ellas sacasernos , se inferirían nuestros talentos: Volvimos
i besarle la mano , y partimos.
Apenas salimos déla audiencia, nos rodearon
todos los Cortesanos ; quien nos ensalzaba hasta las
estrellas; quien nos prometía una eterna amistad;
y quien finalmente se recomendaba a nuestra pro­
tección. Bello campo de reflexiones se nos ofrecía
sino estuviera ya recogida la mies por celebérriV 2
mos

r/ ; 6

V i a g e s

mos autores , que han examinado ía materia con
perfe&as indagaciones de lo general de las costum­
bres y adulaciones de las C ortes, y de los Aúilicos.
Conduxeronnos a la ante cámara , en donde sse ha­
llaba congregada la flor de la nobleza del País. A llí
estaba el primer Ministro , que salió de la audien­
cia antes que nosotros; le hicimos nuestros cum­
plimientos , y dixim os como esperábamos con
impaciencia los sabios documentos, con quie de
orden superior dcbia instruirnos : Vosotros „ res­
pondió el Ministro , sois bastante sabios ; mas si su­
cede el caso de tener , que advertiros en algún asun­
to , en que os haya de manifestar la intención de
mi Soberano , lo haré de m odo, que vosotros mis­
mos vengáis en conocimiento del error com etido , ó
del peligro que os amenace. Atended pues, á cquanto os diga, quando llegue la ocasión de pone;r es­
tas ordenes en prá&ica.

,

C A P I T U L O
D e la

R

XXIV .

N ovela doctrinal
el M inistro,

, que contó

Odeados en la ante-cámara de los dichos so­
bresalientes personages, se entabló Ja conversación
de nuestros Países , y nosotros les dimos pumtual
razón de quanto nos preguntaban. Alguna repug­
nancia mostraban en dar crédito á nuestras Rela­
ciones ; oposición , que ciertamente nacía de lai co­
mún costumbre de no querer creer aquellas co­
sas, que nos parecen maravillosas, porque sont del
to-

DE W A N T O N ,
1^7
tocío diversas de las que regularmente experimen­
tamos. : No obstante que proponían sus dificulta­
des c:cn toda atención , y urbanidad , me di por
ofendido, y me altere un poco, no tanto porque
no ditesen fé á nuestns palabras , quanto por un
zelo 'indiscreto , y fuera de tiempo hacia mi pa­
tria. «Queriendo , pue< , defenderla con demasiado
ardor , y sin permitii, que fuese ajada , en cierto
modo» venia a despreciar aquel País , en donde aca­
baba de recibir tantas demonstraciones de distin­
ción „ y afeito. No es bastantemente alabado el
forastero, que usa circunspección en tales puntos;
Yo con los años , y experiencias conocí después los
incomvenientes, que se originan de lo contrario.
Robeirto, corno mas práctico, y sabio, moderó
mis expresiones , que ya se iban acalorando , y
ademáis de enseñarme con su exemplo el modo, con
que diebia contenerme. manifestó á los circunstan­
tes , ten qué grado tan elevado tenia la virtud de
la termplanza. En aquella pequeña disputa el Mi­
nistro havia estado callando, y quando comprehendió , que se havia finalizado en sus principios por
la agiudez.a de Roberto, dixo asi;
Sabréis , Señores, que en mis juveniles años
tuve grandes deseos de recorrer nuevos Países, de
cuyo genio me dexé llevar finalmente sin guia , ni
consejjo. Permitidme , que os cuente mis descubri­
mientos , y os ruego no os expongáis con indis­
creta incredulidad á juzgar falsa mi relación ; mas
si algtunos de tan nobles oyentes pretendieren opo­
nerse con espíritu crítico á los sucesos, que voi á
contair , adviertan antes de hacerlo , que la mora­
lidad que se puede sacar del examen de ellos , es

muy

I¿ 8
V I A G E S
muy distinta , y de mayor v alor, que el quimérico
deleite de pasar plaza de sabios por el rniedio de ir
haciendo crítica de las proposiciones , que escu­
chan por parecerles muy estraordinarias , y fuera
del orden natural.
En los verdores de mi juventud viwia Y o con
mi padre en una casa de campo , que: temarnos
algunas jornadas distantes de esta Capitad : Estaban
con nosotros, además de ciertos nobles huéspedes,
mi Maestro de lenguas, y un Bailarín., que me
enseñaba á danzar. Un dia , que entre nosotros es­
tábamos hablando de los Países estrangerros, dixeron éstos tantas maravillas , que havian lesído en los
libros de los v iajero s, que se me avivó ardentísimamente el deseo de ir á vér mundo , y de infor­
marme con mi propria vista de los porteemos , que
les oía contar, y en que Y o no ponia la m enor duda.
H ech o , pues, el proyecto de busc.ar aventu­
ras , pedí licencia á mi padre para dar urna vuelta
por las principales Ciudades de estos Esitados, ro­
gándole me concediese por compañero á mi Maes­
tro de lenguas, que era un solem nísim o Pedante,
y á quien estimaba mucho , y al Bailarín , para que
me fuese sirviendo en qualidad de Maiyordomo.
Condescendió á mis instancias el buen v ie jo , y dis­
poniéndome un equipage correspondient e á mi na­
cimiento , me proveyó de bastante dinero , me dio
muchos consejos saludables, y me dexó poner en
camino. La primera máxima , que me piropuse se­
gún la costumbre pésima de los de aquiella edad,
fue Ja de no seguir en cosa alguna las ¡insinuacio­
nes de mi padre, teniéndolas por impertinencias de
un viejo decrépito. Formamos nuestra pr imera idéa
con

W anton.
1^9
con el designio de salir de estos Dominios , y en­
caminarnos a buscar las mas temerarias aventuras.
Mi director, que tenia menos juicio que Yo,
me propuso , que emprendiésemos nuestro viage
hacia unos ciertos montes elevadisimos, por don­
d e, según tradición muy antigua, nadie havia pa­
sado ; estos estaban distantes de los confines de nues­
tros Estados, como unas doce jornadas; resolvilo
á su instancia, y con sumo gusto nos encaminámos hacia aquella parte.' Haviendonos aproximado
a ellos , encontramos un bosque , que llegaba has­
ta su falda , estendiendose por toda su pendiente
desde la cima. Con muchísimo trabajo, y con lar­
guísimos rodéos por razón de la espesura, y cre­
cido délas plantas, llagamos hasta lo mas frago­
so. Empezaron a faltarnos las provisiones, Jo que
nos ponía en suma sugecion , y nos arrepentíamos
de havernos alexado tanto, amenazados del peligro
de morirnos de hambre. Ya no podíamos volver
atrás, por la incertidumbre de hallar camino , que
nos conduxese á alguna población. El Pedante nos
demostró unos castaños , que havia visto, con lo
que tomámos no poco aliento , seguros de que ya
no podía faltarnos la comida. Comenzamos, pues,
á solicitar abrirnos camino , y al cabo de una hora
nos hallamos en la abertura de lina roca , desde
donde descubrimos un valle muy dilatado. Alegres
por haver vencido una dificultad , que jamás ha­
via emprendido persona alguna , no nos faltaba otra
cosa, que hallar una baxada , que nos conduxese
a la llanura que haviamos descubierto.
Mientras estábamos registrando el terreno por
una, y otra parte, prontamente venimos á dar en
made

IÓO
V I AGES
manos de una tropa de Vandoleros , que provnstos
de espadas, y otras armas , nos rodearon po>r to­
das partes. Tuvimos fortuna de que nos perdtona-,
sen las v id a s, pero nos quitaron quanto llewábam os, y nos dexaron quasi desnudos: Los criados
huyeron llenos de miedo , y asi me quedé solo con
el Pedante , y el B ailarin; éste lloraba amarga­
mente , y Yo estaba lleno de amargura; peiro el
Pedante exclam ó: ¡ Gracias al Cielo , que ya esta­
mos seguros! No puede faltárnosla com ida, pues
no falta para estos asesinos. Mucho me irritó* con
estas palabras; pero él sin alterarse me propusto los
exemplos de algunos Heroes fabulosos de la anti­
güedad , que pasaron por semejantes aventuráis , y
de ellas se les siguieron muchas fortunas; se apo­
deraron de Reinos , se casaron con hermosísimas
Princesas, y sojuzgaron pueblos muy guerreros. No
obstante que no haviamos tenido fuerzas parai de­
fendernos de unos ladrones; la autoridad dce m i
Maestro, y mas que todo , las temeridades jiuven íle s, pudieron tanto, que consolaron, y diisipáron mis penas.
Después de alguna fatiga encontramos una sénda angosta , que llegaba hasta el valle ; baxáímos
con bastante riesgo ; pero por último llegamios a
la llanura , é inmediatamente nos juntamos a de­
cidir , qué era, lo que haviamos de hacer. Por mas
importante , que parecía el asunto , obstinadio el
Pedante estaba firme en su opinión, de que mues­
tro terror era pánico. Pero nosotros mas ajusfados
a la razón que é l , no hicimos caso de sus jactan­
cias; y antes de pasar adelante , quisimos estable­
cer el orden , que deberíamos seguir en lo suteesiwo.

W anton.
i6 r
ño>r , debeis depone: el cará&er de vuestras circiunstancias, y emplearos igualmente que nosotros
en buscar el sustento necesario para nuestras vidas.
Esso, le respondí, es cosa muy puesta en razón. Entomces el Bailarín exageró el mérito de su arte , dicieendo : Yo adonde lleguémos pondré mi escuela
de baile, arte necesarísimo para saber llevar el cuer­
pos para la buena dirección de los pasos, para el
dessembarazo de la persona , para la vida civil, para
la sociedad política, para enamorar, &c. &c.
Yo, respondió interrumpiéndole precipitadamemte el Pedante , y echando chispas el rostro , enseñiaré áleer, escribir, hablar, y a componer con
priimor; arte entendido por pocos , y pradicado
poir menos; necesario a los Nobles, á los Jueces, a
los Abogados, a los Notarios, á los Negociantes,
a Icos Artífices , y á todos los Sequaces del amor.
¿Siin él cómo podrán explicarse los conceptos del
alnna , las producciones del entendimiento , las agudezzas de la fantasía, los...........Poco á poco, le dixe ,, poco , á poco , Señor Maestro , ahora no es
tiemipo de declamaciones, cada uno de vosotros ha­
rá prodigios en su arte; no se trata aquí de decidiir qual de ellos sea el mas excelente : Vosotros,
no hai duda , ganaréis quanto baste para un hon­
radlo mantenimiento. ¿Pero Yo en qué rae emplea­
ré? Decidióse entonces, que fuese una boca inútil,
y um asno de buena fortuna : Pero el Pedante encomtró modo de recompensarse de quanto podría
sub>ministrarme en el tiempo , que necesitase de su
asisttencia : A vos , dixo, acudirémos con lo necesa­
rio nosotros, y os ácstendrémos hasta la vuelta a
jTom. I.
X
núesde

vo. El Bailarín dixo: En el estado adnal, vos, Se-

I&2



V I AGES

nuestra patria , pero baxo el pado, de que en Ulegando a ella, haveis de consignar a los dos uina
pensión vitalicia, con que podámos mantener mues­
tra familia con toda comodidad. Bastaban estas c o n ­
diciones para arruinar a una persona opulenta; mías
fue forzoso aceptarlas. Dexo á vuestro juicio la iintencion , que Yo tendría de cumplir tan desarre­
glada promesa. No os molestaré contándoos mues­
tras aventuras, hasta que llegamos á avistar tuna
Ciudad, y los indecibles trabajos, que sufrí míos.
Diciendo estas palabras , llegó un G entil-H om ­
bre * avisar al Ministro, le llamaba su Príncipe ]para un negocio de importancia. Partió inmediaatamente, dexando la prosecución de estos sucessos,
para luego que volviese. No tanto lo que pudiiera
ser dodrinal , quanto el deseo de saber el fin de
una Historia , que hasta entonces creíamos vercdadera obligó a todos á esperar la vuelta del Miinistr o : En este intermedio se llegó á mí un caballlero de bello aspedo , llamado el Señor Jazmín , de
quien hablarémos adelante.

CAPITULO
Prosigue

la

XXV.

.

m ateria del
antecedente

capítulo

Ntes que volviese el Ministro , me llamó R o ­
berto , advirtiendome, que estuviese atento á aqiue11a Historia , sospechando del discurso , que amtes
havia tenido con nosotros, que sería sin duda mías
mysteriosa , que verdadera, «j Quién sabe , añadlió,
•si acaso quiere darnos alguna sabia instrucción cdel
meo-

DE W A N T O N .
163
rníodo de contenernos en lo sucesivo? Y o conozco,
quie es este un sugeto lleno de m éritos, y que sabe
meezclar lo útil con lo deleitable. C on esta adver-»
tencia dupliqué mi atmcion , y con ella alcancé el
fru to , que él deseab., quedando instruido para en
adtelante con la relación de tan agradable novela.
Desembarazado ce su comisión el Ministro v o lvi»ó a la ante-cámara, y nos dixo: Y a puedo pro­
seguir mi suceso , que si bien me acuerdo , quedó
suspenso poco después de haver contado la gravosa
co n d ición , que me impusieron mis dos compañe­
ros ; pero veréis en ¿delante, como estos me de­
bieron mas, de lo cue podían imaginarse.
Después de haver andado largo tiempo por
aquellos campos desietos de habitadores, y por con­
siguiente del todo incaltos; después de haver pasa­
do» muchos dias trabqosísimamente, alimentándo­
nos de raíces silvestres, de yervas , y de castañas,
descubrimos casualmente no muy distantes las muralllas de una Ciudad : Antes de atrevernos á en­
tran- en ella, procurános cada uno por su lado en­
contrar alguien , que nos pudiese informar de sus
liaibitantes , temiendo no exponernos á algún pe­
lig ro sin reparo. Saló vana toda nuestra diligen­
cia , por lo qual era menester convenirnos, ó en
abandonar el proyedtc de pasar adelante, ó en ar-:
ruarnos de constancia, y prudencia para todos los
accidentes, que nos pudiesen ocurrir. E l Pedante,
q u e tenia mas arrogancia , que las personas de ma­
y o r temeridad , reprehendió nuestro miedo , insul­
tándonos con títulos ce viles, y cobardes, y se abanzó) el primero alas puertas de la Ciudad: Seguim<osle, y entrámos todos sin detenernos.
X 2
Lo

164

V IAGES
L o primero , que encontramos, fue una quadrilla de C o jo s , vestidos como Soldados i a. uno
faltaba un p ie , a otro una pierna , qual camina­
ba con muletas , qual llevaba arrastrando el ciuerpo
por la tierra. Nos hicimos cargo de común aicuerdo , de que éstos eran Soldados inválidos , quie havian salido del Hospital para tomar alguna recrea­
ción , y la casualidad los havia conducido á aquel
sitio. Com o en las Ciudades estrañas es forz'.osa la
cortesía , mas que en la propria, nos pareció de­
bido llegar á saludarlos , asi que los vim os. L uego,
que nos aproximamos, prorrumpieron en unáis car­
cajadas de risa tan destempladas, que creí „ que
alguno de ellos rebentáse. En el estado en quie nos
hallábamos , no venia al caso resentimiento algu­
no ; pero no fue de este parecer el Pedante
que
Les pagó el escarnio , diciéndoles mil agravios. E llo s
110 se ofendieron, antes continuaron su risa , bur­
lándose de nosotros con ridículos gestos, y seña­
lándonos con el dedo , como acostumbran lo>s bu­
fones : E l pasage parecía un entremés ; tuvimioslos
por tontos, y comenzámos á reirnos , siguiiendo
ellos también la b u rla; duró una hora esta ccoinedia , sin que pudiésemos reducirlos á hablar siquie­
ra una palabra.
Cansados finalmente de su provocativo imodo
de proceder , Y o fui el prim ero, que los dexéí para
pasear las calles de la Ciudad , y los otros d os me
siguieron. Reinaba un profundísimo silencio em to­
das , y nadie andaba por e lla s, por ser la ho>ra de
medio-dia. A poco tiempo encontrámos una M ona
vieje cilla , que llevaba con gran trabajo su e:nferxno cuerpo 5 apoyándose en un palo : N o biem nos
CO-5

DE W A N T O N .
iójj
vernos ; el Bailarin la hizo algunas preguntas, pe-»
ro fuie lo mismo , que si las huviera hecho a una
piedra. Ya empezaba el pueblo a salir a las calles,
y enttonces fue nuestro mayor pasmo, viendo que
todos; los habitantes de qualquiera edad , y sexo,
que «encontrábamos, eran, ó cojos , ó estropeados;
á esto) se añade , que ísí , que nos vían echaban a
reir , como los Soldac.os, que estaban á la puerta,
sin htablar una palabra, ni aun entre ellos mismos'*
«Gracias á Dios , dixo el Pedante al Bailarin;
que p)or fin hemos llegado á un País, en donde los
habitantes tienen por naturaleza los pies formados
con lbellísima proporción, para que los enseñéis
vuestras habilidades. ¡Qué discípulos sacaréis tan
diestros! ¡Qué ganancias tendréis aqui! ¡Qué magnifica:mente vivirá este caballero con vuestras habi­
lidades ! El pobre Bailarin respondió desesperado:
Siempre me ha persegaido la desdicha; pero jamás
llegó á pasarme por el pensamiento, que en mi ar­
te pudiese faltarme modo de ganar la vida, pues
para que me sucediera esta desgracia , era forzoso,
que lias Monas naciesen sin pies. La burla del in­
solente Pedante me enfadó, porque no me pareció
justo insultar aúna persona, que padecía tan grande
infortunio, y para to.nar una especie de venganza
le di.xe: A lo que voi viendo, los habitadores de
esta «desdichada Ciudad no solo son cojos, y valdadoís , sino que también son mudos; y si es asi, co­
mo e:n realidad me lo temo, espero, muy amado Se­
ñor M aestro, que aquí nos morirémos de hambre.
-'"Ya en efedo nos urgía la necesidad de tomar
alim ento, con lo quai, y mis últimas razones iba
per-

columbró, quando puso la mano en la cara por no

IÓ 6
V I AGE s
perdiendo el color el pobre Pedante; no obstante,
sacando fuerzas de flaqueza, seguidme , dixo , que
Yo lo compondré todo. Llegóse al puinto á una co­
mo Hostería, en donde el Patrón le rcecibió con la
misma risa , que los demás ; no se esjpantó nuestro
H eroe, antes con una formalísima oiracion rhetórica pretendía obligarle , á fin de que nos diese al­
guna cosa , con que sosegásemos nuestrro hambrien­
to estómago : El Figonero estaba miirandole con
grande atención , y sin hacer el menorr movimien­
to ; pero quando llegó a comprehencfler , que pe­
dia de comer por caridad , dió la resppuesta al Ora­
dor con una estupenda carga de leñai en las cos­
tillas. El pobre Pedante muerto de harmbre, y muy
bien apaleado , depuso sus bríos , y tocdas las máxi­
mas del heroísmo ; púsose á llorar cocino un mu­
chacho ; y a no haver sido también ttan lamenta­
ble mi suerte , no huviera podido dettener la risa,
porque es muy justa , y natural la ccomplacencia,
que se tiene quando se ve á los balaadrones aco­
bardados.
Pero no fue éste el término de muestra mala
ventura. No pasó mucho tiempo á este suceso,
quando nos hallamos cercados de una tropa de-Esbirros, trayendo , el que hacía de Catbo , una ta­
blilla , que puso en nuestras manos, em la que ve­
nían escritas estas palabras: 0 morir , o) cojear. Es­
te breve , eloqiientisimo, y supremo decreto nos
dexó inmobles como estatuas: Despkdieronse con
una ruidosa salva de carcajadas , quedamdo nosotros
llenos de confusión. Era forzoso obecdecer, ó haver de experimentar nuestro último exteerminio. El
Pedante poco antes temerario, y valiemte, fue el

DE W A N T O N .
167
prim ero, que buscó un árbol de donde cortó un
garrote para hacer una pierna de palo , que colo­
có en el puesto de la natural, doblando ésta para
fingir la cojera. Com enzó á ensayarse a andar en
aquella postura, pero á los dos pasos resvaló , y dio
de narices en un basurero: Buena fue su suerte en
no encontrar con un guijarro, porque el porrazo
fue grande, y se huviera hecho mucho mal a no
dar en blando. Era este espeétáculo para una per­
sona , que lo mirase con indiferencia, de los mas
risibles , y gustosos , oyendo los ayes del pobre
Maestro , observando sus ridículos gestos, viendo
el asco, que le daba aquella hedionda materia , y
escuchando las maldiciones , que profería contra to­
dos los cojos.
E l Bailarín no acababa de determinarse á afear
aquella parte de su cuerpo , que estimaba por la
mas excelente ; no siendo dudable , que estos pre­
fieren los pies á la cabeza. A pesar de su aversión,
tuvo que acomodarse al tiempo , y a la sentencia,
que nos havian intimado ; por lo que determinó
fingirse tu llid o , columpiando el cuerpo sobre dos
muletas. Era una comedia oírle suplicarnos, que no
esparciésemos aquella aventura en nuestra patria,
si acaso volvíam os á e lla : Y o , decía, quedaría eter­
namente p erd id o, si llegara a saberse, que havia
andado con muletas; todos los de mi arte echa­
rían la v o z , de que era inhábil para nuestro exerc ic io , los Autores no me darían partido para sus
teatros; las Damas me negarían la entrada en sus
casas; todo se acababa para mí : Lloraba el men­
tecato , como si el tener que fingirse cojo fuera lo
m isino, que hayer perdido el juicio. Y o agarré una
*.. •
tran-

l68
V XA G B 9
tranca bien gruesa, y apoyándome én e lla , fingía
dificultad en los movimientos, y caminaba medio
arrastrando, como si en realidad no pudiera ser­
virme de mis pies.
Pues no pararon en esto las desgracias. Y a es­
tábamos resueltos á marchar de la Ciudad con tan
lucidos arneses, hambrientos , y contrahechos,
quando volvieron á sorprehendernos los Alguaciles,
que de orden del Gobernador venían á llevarnos á
la cárcel. Echónos mano aquella insolente canalla
sin hablarnos una palabra , monstrandonos porr es­
crito el Auto del Juez ; éste , y la fuerza nos o b li­
garon &no resistir al mandamiento. Fuim os, p»ues,
conducidos á un obscuro calabozo, de donde á po­
cas horas nos sacaron para llevarnos ante el «Go­
bernador.
Llegando el Ministro á estas palabras de su su­
ceso , que refería con aquella s a l, que era propria
de la v iv eza, y fecundidad de su espíritu , y que
Yo no puedo en lo mas mínimo imitar en mi des­
cripción ; salió por aquella ante-cámara un so b ri­
no del Príncipe, por lo que fue preciso interruimpir la relación para ir á hacerle la corte ; nos hiizo
m il agasajos, y nos aseguró , que su tio havia co n ­
cebido las mas favorables intenciones hacia noso­
tros , cuyos efedros prontamente experimentaríamos.
Besárnosle la mano, y suplicárnosle , nos protegie­
se ; asegurónos su gracia , y marchó mandando) al
M inistro, se quedáse , siguiendo su conversación.
Todos los circunstantes deseaban saber el fin de tan
curiosa Historia.
CA.-

DE

WANTON.

169

CAPITULO ULTIMO.
Finalizase el asunto de los dos Capítulos
tinteriores.
Cabados los debidos cumplimientos, prosiguió
asi el Ministro sus aventuras: Presentados, pues,
al Gobernador , que era un robusto M onazo, nos
preguntó , quiénes érimos , y de dónde veniamos.
Respondió el Pedante, que éramos tres viageros,
qu e nos haviamos dexado llevar del genio , y deseo
de vér Países estraños, y observar fuera de nuestra
patria nuevas costumbres; que haviamos andado
dil atados caminos , y sufrido indecibles incomodi­
dades antes de haver podido llegar a aquella C iu ­
dad , en donde creímcs encontrar ( como se pra&íca
en todo el mundo) personas, que nos hospedasen,
y subministrasen el preciso mantenimiento para
coinservar las vid as; que con pasmo , y aflicción
nuiestra haviamos experimentado negársenos aquel
socorro, que aun á los brutos se concede ; que nos
viaimos obligados á fir.girnos contrahechos ; y que
des;pues de haver sido objeto de risa de todos por
col mo de nuestra mala ventura haviamos tenido la
des gracia de ser aprisicnados, sin saber el m otivo,
y con miedo de mayores desdichas.
Entonces el Gobernador nos dixo : O sois persomas muy maliciosas, y obstinadas en vuestro error,
ó absolutamente estaii privadas de uso de razón.
¿ Si endo reos de tres gravísimos delitos , teneis aun
osadía para llamaros inocentes 2 Pero antes, que
Tom, I.
Y
os

170

V IAGES

os haga cargo de ellos , decidme : ¿ Quáles s-on
vuestras habilidades , ó qué artes enseñáis ? El B.ai1arin respondió , que era diestrisimo en la danza.
¿Qu¿ ¿s eso de danza? preguntó alterado el G o­
bernador. Esta, dixo nuestro Bailarín, es un arte
de llevar derecha, y airosamente el cuerpo , de mo­
ver los pies a compás, de saltar con compostuira,
y de dar ciertas vueltas con agilidad, y con gra­
cia. Yá, yá lo entiendo, añadió el Gobernador,
riéndose sin medida; eso es, lo que saben hacer
los potros: Después recobrando su rigorosa serie­
dad , le dixo : ¿Temerario , qué malvado espíritu
te ha conducido á venir á hacer burla de este piueblo , y de todo el Estado ? i Un Bailarín en la tier­
ra de los Cojos! ¡Enseñar á dar saltos , y la (Des­
treza en el andar á donde no hai el uso de Jos
pies! Bien mereces un exemplar castigo, y espé­
rale proporcionado á la gravedad de tus delitos.
Volviéndose después al Pedante , inquirió , en
qué se ocupaba. El todo temblando, y haciendo
mil cortesías, respondió : Yo enseño á hablar bien,
y el arte de persuadir. <Qué arte tan provechoso
es ese ? replicó el Gobernador. La verdad no ne­
cesita para ser abrazada de exteriores auxilios; y asi
el mérito , de lo que sabes enseñar, es hacer pairecer falso á lo verdadero, y verdadero á lo falso;
tú eres un monstruo , del que es forzoso librar á
la tierra. Fuera de esto , venir á un País, en don­
de por leyes muy antiguas, y sabias está prohibi­
do el hablar con otro, que su Superior ; ó den­
tro de su propria familia , á enseñar, lo que no
puede exercitarse , es una de las culpas mas exce­
sivas , que pueden. cometerse.
¡Dexo

DE W A N T O N.
. . T7 r
Dexo a vuestro discurso , como quedarían mis
dos compañeros, conemplándose culpados, en lo
que juzgaban serles ce mas recomendación , y en
lo que fundaban sus mayores esperanzas. Quiso
después saber quien era Yo , y comprehendida la
verdad exclam ó: \O pobre joven , quién te ha
engañado , para que te agregues a estos delinqüentes! A este tiempo llegó a querellarse el Hostele­
ro , de quien yá hé h.blado, del delito de haverle
pedido limosna. Aquí fue la inquietud del Gober­
nador : Desde la fundación de esta Ciudad , dixo,
centelleándole los ojo;, no se ha oído maldad de
tal tamaño. Atónitos quedamos con este nuevo in­
fortunio , y todo trémulo el Señor Maestro de len­
guas , rogó con la mayor humildad , le explicasen,
en qué consistía la gravedad de su pecado. Tú eres
un anim al, le respondió el Gobernador, digno de
m il muertes por la atrocidad de tus culpas, y por
el atrevimiento de tus preguntas. ¿Qué osadía es
la tuya de querer mantenerte á costa de los demás ?
¿M is súbditos han de trabajar, y sudar, para que
venga á tragarse sus tienes un holgazán , un bri­
bón , un tunante ? Pe*o ya es tiempo de imponer
el castigo á tantos delitos.
Abrieron las puertas, y entró en el salón el
numeroso pueblo á or la sentencia , que nos daba
el Gobernador, el qud dixo a si: A éste ( señalan­
do al B ailarín) que hé tenido valor para vanaglo«*
riarse saltador , y Maestro de estas ligerezas en
un País , en donde los habitadores hacen gala de
no poder andar , cortaréis los pies , que serán col­
gados sobre los muns de la Ciudad para terror
universal: A 'esotro señalando al Pedante) que
Y2
se

17 2 V i a at s
se lisongeó de querer enseñar el modo de buen
hablar a un p u eb lo , que es mudo por l e í , y jpor
costumbre , sacaréis la lengua, y cortaréis las í m a nos , para que en adelante no pueda h ablar, ni
escribir; y estos miembros serán echados á los pier­
ios. E l tercero , finalmente , á quien no encuen­
tro reo de particular delito , será comprehendiido
con sus dos compañeros en un vando , en que se
m ande, que dentro de dos dias salgan para sie;mpre de nuesrros Estados, baxo de pena capital „ si
a él contravinieren. Pronunciada esta sentencia ,, se
levantó el Gobernador , y partió , dexándonos en
poder de los ministros de justicia , que nos v o l ­
vieron á las prisiones.
Pasámos en la cárcel toda la noche , llorancdo,
y pidiendo al cielo socorro. M e movian á piedad
mis dos miserables compañeros, condenados sin c:ulpa á unos castigos tan crueles; y aunque jov'en,
pensé algún modo de poderlos librar. Llam é al
A lcaid e, á quien mostré una piedra de mucho ^va­
lor , que pude reservar de los ladrones, prormetiendo dársela, si nos permitía h u ir: N o se attrevía á resolverse ; pero dexandose últimamente lllevar del precio de la alhaja , llamó á parte al V erdugo, y le ofrecióla mitad de la ganancia; cconsintió éste al. punto, y como la sentencia se Ihavia de executar ocultamente , determináron ir a el
lugar en que enterraban á sus m uertos, y coirtar
á un cadáver, que havian depositado aquella mo­
c h e , la lengua, los pies, y las manos. V olvierron
alegres á la prisión, recibieron el anillo p rom eti­
do , pusieron unas bendas en los pies al Bailarín , y
otras en las manos al Pedante, después nos abiriero;n

DE W A N T O N .
I73
ron; las puertas del eicierro. y nos despidieron.
Salíímos de la Ciudad sin obstáculo , porque la
Guardia sabía yá la sentencia de destierro.
N o puedo d e cir, qué sucedió en la Ciudad
después de nuestra partida. Nosotros nos acogimos
á uin bosque, en dor.de arrojando las bendas , la
pie:rna de p alo , la tranca , y las muletas , vo lv ió
á quedar en libertad nuestro cuerpo. Era forzoso
apartarnos quanto pudiéramos de la Cojilandia , ( asi
si 1 lamaba aquella infeliz Provincia) para no in ­
currir en el último desastre. Resolvim os, pues , por
no aventurar nuestras vidas, dexarnos llevar de la
fue:rza del destino , y seguir el camino por lo en­
marañado del bosque , hasta tanto , que encon­
trásemos quien nos guiase , y enseñase , por donde
podríamos volver á nuestra patria. En fuerza de
estca aventura hicimos ánimo por si acaso llegába­
mos impensadamente á algun nuevo extravagante
Paíís, de seguir por donde fuéramos, las costum­
bres , y genios de sus habitantes, sin tener la ne­
cia presunción de querer distinguirnos, y atrahernoís por tanto su odio , y persecución.
Después de have: andado errantes por la selva
algunos dias, siendo solo agua , y frutas silvestres
nuiestra com ida, y bebida, llegámos al Reino de
lo s Papagayos. Inmediatamente comenzámos á ba­
tir los brazos , come ellos las alas; mal-formába­
m os los acentos , imitando su lenguage ; saltába­
mos sobre las ramas mas fuertes de las plantas
gnuesas, y en todo hacíamos vida de pájaros. Agra­
dó) nuestra conduéla á la R eina, que gobernaba
aquellos Estados, por estár en su menor edad el
heredero de la corona. Con quien mas congenió,

fue

174
V ia ge s
fue con el Pedante , a quien tuvo la generosidad de
conferir una Cáthedra de Philosophía. Muy tenta­
do le vi déla vanidad, y ciertamente huviera él
aceptado el honor de ser el Philósopho de los Pa­
pagayos , entre los que podia pasar por un doétisimo personage , si la memoria de los peligros pa­
sados no le huviera hecho conocer enteramente,
que en ningún lugar se vive con mayor seguridad,
que en la propria patria. Renunció , aunque sus­
pirando , aquel honor; pero conociendo , que ja­
más se havia hecho una igual justicia debida co­
mo premio á su mérito. Partimos , finalmente,
colmados de mil elogios de la nobleza , y del
pueblo.
Varios accidentes, é incomodidades siguieron
á la fortuna , que tuvimos entre los Papagayos,
hasta que llegamos á una dilatadísima laguna, Im ­
perio de las Ranas; éstas, no obstante ser cada
una de la corpulencia de un buei , tenían tanta li­
gereza como las nuestras. No puedo dexar de de­
cir , que nos costó un sumo trabajo adaptarnos á
sus costumbres ; pero era forzoso acomodarse a
ellas. De aqui es , que nos era necesario caminar,
juntando las piernas con las ancas; sentarnos con­
tinuamente sobre la tierra; dar saltos de charco en
charco; gritar de dia , y de noche, y fingir, que
comiamos aquellos alimentos asquerosos. No pa­
saba dia , en que el pobre Pedante no corriese ri esgo de ahogarse en algún estanque; porque, como
tenia un cuerpo tan pesado, le faltaba la agilidad,
que se requería , para aquellos saltos. En esta la­
guna adquirió grandes créditos el Bailarín , de suer­
te , que se atraxo toda la estimación ranal. La C o­
man-

D E W A N T O N.

I 7$

mandante le tomó cariño , y andaban voces, de
que quería casarse con é l: El pobre Mono no se
f hallaba en caso tan desesperado. Aun mas: Por
impedir una rebelión , y que no corriese riesgo la
Regencia , fue menester huir de noche, y guare­
cernos nuevamente en otro bosque.
Fatigas, miserias , y peligros fueron los perpe­
tuos compañeros , que tuvimos en el tiempo de
nuestra larga peregrinación ; hasta que , quando
plugo al Cielo , nos hallamos a la falda del monte,
de que al principio hice mención. Tubimos, que
andar buscando la senda , por donde haviamos baxado ; pero aunque logramos la fortuna de encon­
trarla , nos costó mucho trabajo persuadir al Pe­
dante , á que volviésemos a pasar por la estrechu­
ra de la roca , acordándose de los pasados sustos,
y del encuentro de los salteadores: No obstante la
consideración de que no llevábamos cosa , que po­
der perder , le convenció , a que pasara. Asi lo hi­
cimos , respirando después al vernos yá con la se­
guridad de haverse terminado nuestros afanes. No
os molestaré , Señores, contándoos mil particula­
ridades , y curiosos acaecimientos de nuestro viage;
basta saber , que llegamos á vernos salvos en esta
Ciudad , bien satisfecha la curiosidad de viajar, y
castigada la locura de querer sobresalir en aquellos
parages, en donde la distinción no conduce mas,
que á un continuado peligro, y aún al último in. fortunio.
F IN D E L L IB R O P R IM E R O -

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