Viages de Enrique Wanton a las tierras incógnitas australes, y al país de las monas; en donde se expresan las costumbres, carácter, ciencias, y policía de estos extraordinarios habitantes. Tomo II

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Madrid

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Impresos
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spa
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223
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0000000198
Miniatura
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Traductor
Guzmán y Manrique, Joaquín de
Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Procedencia
Jaureguízar, Agustín
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
Impresor
Librería de Don Bernardo Alberá
Lugar de publicación
Madrid
Idioma
Español
Europeana Type
TEXT
Europeana Data Provider
Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
Derechos
Universidad Complutense de Madrid
Licencia de uso
CC BY-NC-ND 4.0
Fecha de creación
1778
Formato
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V I A GE S
DE

E N R I Q U E WANTON
A LAS TIERRAS
I N CO GN I T AS AUSTRALES,
Y

A L P A I S DE L A S MONAS:

EN D O N D E

SE E X P R E S A N

el c a r á c te r , cie n cia s, y costumbres de estos
extraordinarios habitantes.
TRADUCIDOS DEL IDIOMA INGLES AL ITALIANO,
y de éste al Español,

POR DON JOAQUIN D E GUZMAN,
y Manrique (Se.

,

TOMO SEGUNDO.
Con láminas , que representan algunos pasages de
la Historia.

CON LAS LICENCIAS NECESARIAS.
M adrid.

Año de 1778.

Se hallara con los demás Tomos de la obra en la Librería
de Don Bernardo Alberá> Carrera de San Gerónimo.

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No sé por donde mundo te remiende:
Conozco que me mato, y que me canso.
Por lo que nadie sabe , ni lo entiende.
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INDICE
DE

LOS
C A P IT U L O S
que contiene este segundo
Tomo.

O y A P . I. Del ánimo que formaron Ro- Fol.
b e r t o . y Enrique de poner casa; y por qué
desistieron de su intento.................. ..
i.
Cap. II. Del convite que tuvo Enrique en casa
del Señor Jazmín............................................
7.
Cap. III. Prosigue la materia del capitulo ante­
cedente.. . . . .................................................. 13.
Cap. IV. De los villetes que enviaron á Enri­
que los hijos del Señor Jazmín , y sus res­
puestas.............................................................. 18.
Cap. V. De las nuevas honras que merecieron
al Principe, y fin de la aventura de la casa
del Señor Jazmín............................................ 25.
Cap. VI. De lo que observó Enrique en la
Opera..........................................
33.
Cap. VII. De la visita del Impresario ; y del
asunto del Pleito que havia de votarse. . . . 39.
Cap. VIII. De la novedad que turbó el sosiego
en el Palacio del Señor Haya........................ 49.
Cap. IX. De la Junta de Médicos.................... 54.
Cap. X. Del teatro cómico de los Monos. . . . 64.
Cap. XI. De lo que pasó á Enrique con el Se­
ñor Romero..................................................... 73.
Cap. XII. De la visita de Enrique al Señor Pere-

regil.
................................ .... 89.
Cap. XIII. De la sentencia dada en el Pleito del
Volatín..............................................................100.
Cap. XIV. Del juicio que hizo Enrique de las
Composiciones teatrales de aquel País.. . . 115 .
Cap. XV. De la venida de los V illanos; y
aventuras de Enrique con Madama Espina;
y en la tienda del C a fé..................................... 127.
Cap. XVI. Finalizase el suceso de los Aldeanos:
Va Enrique á casa del Presidente , y con él
á Palacio............................................................. 136.
Cap. XVII. De la conversación de Enrique, y
el Presidente.................................................... 144.
Cap. XVIII. De la visita de Enrique á Madama
Betónica; y de lo que pasó con Madama
Zanahoria........................................................... 155.
Cap. XIX. De las exequias del difunto Gene­
ralísimo. .................................... .....................168.
Cap. XX. Publicase la boda de la hija del Se­
ñor Haya.....................................................
176.
Cap. XXI. De las primeras vistas de los novios. 183.
Cap. XXII. De las Máscaras , y la Tertulia... 190.
Cap. XXIII. Del juego , y bailes de estas Pro­
vincias. ...............................................................205.
Cap. último. De la boda de Madama Lechuga, 217.

V IA -

Fol. i

VIAGES
DE

ENRIQUE WANTON
AL PAIS DE LAS MONAS-

TOMO SEGUNDO.

CAPITULO

PRIMERO.

D el ánimo que formaron Roberto , y Enrique
de poner casa ; y por qué desistieron de
su intento,

r

-M J \ virtud de R oberto, y sus prudentes con­
sejos me havian ido conduciendo á un estado de
vida aun mas ventajoso que el que podía pro­
meterme la constitución de aquel destino. De los
viles tratamientos de los ignorantes, é indiscretos
villanos , pasé repentinamente quasi de las garras
de la m uerte, al mas alto grado de honras , y feTom, II,
A
li-

2

VlAGES

licidades. Gozaba el fruto de la sábia dirección de
un buen amigo , y admiraba en mis fortunas el
precio de la verdadera amistad, que debe ser tan­
to mas estimada , quanto es el encontrarla mas di­
fícil. Muchas veces es empresa mas ardua conser­
var la buena suerte, que saber adquirirla: Los mé­
ritos de Roberto la alcanzaron; él por consiguien­
te havia de llevar el peso de mantenerla. Las con­
tinuas advertencias de mi amigo, y las luces , y
experiencias que producen las desgracias , debían
bastarme para dirigirme sabiamente por mí mis­
mo , sin haver de llevar al lado siempre un con­
sejero de mis pasos. Yo me creí ya capáz de ma­
nejarme en los ordinarios sucesos de la vida, y tal
fue también la opinión de Roberto, que además
de esto, no podia estár siempre conmigo , porque
la bondad del Principe le havia ocupado en nego­
cios de honor, y de conseqiiencia.
De aqui fue , que para el recíproco conoci­
miento de nuestros descubrimientos, establecimos
entre nosotros el método de comunicarnos todos
los dias nuestras observaciones , y quanto nos su­
cediese. Por esto Yo aprendía de él las leyes, la
política , y otros puntos de grandísima considera­
ción , que forman lo esencial de aquel gobierno;
y en recompensa él sabía por mí las costumbres,
y caraéléres de los Ciudadanos , que mas le ser­
vían de pasatiempo que de instrucción. A poco
tiempo llegué á estar mui versado en todos los
puntos que pertenecían á mi compañero , el que
de mí, repito , no sacaba mas fruto que unos co­
nocimientos de poco valor, pero que no le des­
agradaban en las horas ociosas. De lo que Yo Je
con-

DE W anton.

3

contaba tomaba materia para instruirme en el ma­
nejo con que debia portarme , y algunas veces
me corregía los defeétos involuntarios que co­
metía, sugiriéndome máximas, con lasque en igua­
les circunstancias aprovechaba, al paso que me
atrahia la común alabanza. ¡DichosoYo, si en to­
do huviese seguido su diétamen ! El escrúpulo en
algunas ocasiones de no revelar secretos de otros,
me impedia comunicarle muchas cosas, que pe­
dían su consejo mas que las otras; de donde di­
manaron las desgracias que me sucedieron des­
pués, y que huviera podido evitar mui fácilmen­
te. Demostraránse estas verdades en el discurso
de estas Memorias,
No olvidado Roberto de la doétrina que nos
dió el Ministro , me propuso que mudásemos los
vestidos, acomodándonos al estilo del País. No ig­
noraba é l, que la variedad en los trages no debe
influir en la opinión que se forma de los que
se sirven de ellos; pero por lo general los Monos
tienen tal contrariedad á los adornos que se diver­
sifican totalmente de los suyos, que han concebi­
do una especie de rusticidad en los que asi los usan.
Quedamos esentos de la nota , vistiéndonos á la
moda de aquellos naturales. Conocióse inmedia­
tamente el buen efeéto del cambio, porque el Pue­
blo cesó de insultarnos; no se desdeñaban los jó­
venes mas altaneros de pasear á nuestro lado por
las calles públicas, y las Damas depusieron mucha
parte de su fastidio. Aun lo mas escogido del Rei­
no alabó en extremo nuestra determinación; de
modo, que yá quasi no nos consideraban hombres,
sino del todo Monos. Asi es verdad, que hai
A2
cier-

4

Vi a g es

ciertas preocupaciones que no las adopta solo la
plebe, sino que poco á poco van introduciéndose
de clase en clase hasta contaminar Provincias, y
Reinos enteros.
Todas las circunstancias parece que á porfía
concurrían á elevarnos al grado mas superior; pe­
ro aún nos quedaba que desear aquello , sin lo
qual los honores no son mas que un vergonzoso
peso. ¿En un País forastero , sin los auxilios nece­
sarios para la vida , cómo podíamos prometernos
una decorosa manutención, y lustre entre aquellos
Ciudadanos ? Verdad es , que la liberalidad del Se­
ñor Haya nos subministraba todo lo que haviamos menester. ¿Pero hasta quándo deberíamos ser­
le gravosos? ¿Quién podía asegurarnos que él po­
dría, ó querría continuarnos su beneficencia? Final­
mente , por mas brillante que apareciese nuestro
porte siempre le considerábamos inmediato al pre­
cipicio. Todo el que tiene entendimiento sabequanto acibára este pensamiento á los mas excesivos
gustos del favor de la fortuna; y asi teniéndole
nosotros presente en nuestro estado , nos encon­
trábamos en el mayor ahogo.
No quiso el Cielo que tuviésemos largo tiempo
esta zozobra. El Principe se hizo cargo de nues­
tros sucesos, y previo la agitación en que nos ten­
dría la falta de medios para mantenernos en un
País separado del nuestro por medio de una vas­
tísima extensión de agua. En conseqiiencia de sus
reflexiones para socorrernos, providenció aplicar
una pensión vitalicia á cada uno de nosotros sobre
las rentas de su erario. La liberalidad acompaña­
ba al beneficio, por consistir la consignación en mil
es-

DE

WANTON.

J

escudos de oro anuales para R oberto, y otros tan­
tos para mí. Esta inesperada clemencia colmó núes-«
tros ánimos de un verdadero consuelo, viéndonos*
mediante una asignación tan generosa, libres de los
males que trahe consigo la pobreza, y con me­
dios para poder comparecer entre los mas ilustres
Monos con aquella grandeza, y esplendor, sin la
qual desprecia , ó á lo menos no hace caso el vul­
go de los mas sobresalientes adornos del ánim o, y
del entendimiento.
Dimos las debidas gracias , haciendo las regu­
lares protestas, y promesas de un eterno recono­
cimiento que las sugiere el interés, y nos quere­
mos hacer creer á nosotros mismos que son efec­
tos del agradecimiento; y después me expuso Ro­
berto , lo que le pareció debíamos executar, diciendome : Yá es tiempo de que pensemos en no
ser mas gravosos á la casa de un amigo , á quien
debemos nuestras fortunas; razón será, pues tene­
mos suficiente proporción para mantenernos con
decencia, que no continuemos en molestar á quien
nos favorece: Por tanto es mi parecer , que pon­
gamos nuestra casa, y en ella vivirémos con aque­
lla com odidad, y decoro que nos permitan nues­
tras rentas. Gustoso condescendí á las razones de
mi amigo , y resolvimos despedirnos aquel mismo
dia de la casa del Señor Haya.
Antes de dar este paso le enviamos un regalo,
que consistía en parte de nuestras armas, .que eran
el objeto de su adm iración, y algunas otras cosillas
Européas, que eran en sí de poco valor , pero de
bastante estimación por nuevas. Recibió el gene­
roso Huésped con todo aprecio este tributo de
núes-

6

VlAGES

nuestra gratitud,y vino en persona con sus hijos á
demonstrarnos su mas vivo reconocimiento. Des­
pués de las acostumbradas formalidades le declaró
Roberto el designio de ser yá mui debido rele­
varle de la molestia de nuestras personas. Mudó
todo el color al oir esta noticia , asaltándole una
verdadera tristeza , y nos dixo: ¿ Y havré de creer
como cierto , amados amigos míos , que queréis
privarme del mayor bien que jamás puedo espe­
rar poseer ? ¿Si no hai duda que por mi medio
haveis alcanzado la gracia del Principe, por qué
se ha de convertir en mi daño el beneficio? No me
servís vosotros de molestia , antes bien de honor;
aquellas cortas asistencias que os subministro,
abundantemente me recompensáis con las ventajas
que recibo de vuestra capacidad , y sabiduría ; mi
palacio es bastante capáz para daros alojamiento
en él, y asi, no incomodidad, muchísima honra si
se me sigue , de que os dignéis habitar conmigo.
Haced lo que pensáis, si es vuestra voluntad po­
ner á un amigo en la mayor aflicción; pero si aún
teneis el corazón compasivo , olvidad un designio
que ha de serme tan funesto. A estas expresiones
unieron con todo esfuerzo sus instancias los hijos,
rogándonos que no tuviese efeéto aquel proyeéto*
que los dexaba inconsolables.
Forzoso fue ceder á tan obligatorias violen­
cias , y asi resolvimos quedarnos en el mismo alo­
jamiento. A fin de que nos fuese menos incómo­
da la detención en su casa, nos destinó quarto
absolutamente separado de la familia, con un cria­
do para cada uno, que no tuviese otra obliga­
ción , que hacer lo que le mandásemos : Pero
Ro-

DE

f f ANTON,

7

Roberto, zozobroso por no poder recompensar
tantas generosidades , quiso á lo menos dar á en­
tender su reconocimiento , poniéndolo pn noticia
del Principe, quien tomó por su cuenta la satisfac­
ción de esta deuda , y en su conseqiiencia confi­
rió á nuestro bien-hechor un lustroso empleo que
vacó de alli á pocos dias. Ya entonces ( aunque
siempre con la debida gratitud) nos quedamos
sin cortedad en aquel alojamiento, en donde nos
trataba Madama Espina con todo agasajo después
de los adelantamientos que por nuestro medio
tenia su consorte.
CAPITULO

II.

D e l convite que tuvo Enrique en casa del
Señor Jazm ín,

A con uno , yá con otro de mis amigos me
iba introduciendo en todas las asambleas mas ilus­
tres, en donde procuraba con mis acciones , y con
la precaución en el hablar, atraherme las volunta­
des , no dando disgusto á persona alguna. A po­
co tiempo la mayor parte de la nobleza me con­
cedió el honor de su amistad , con la que comen­
zaron á respetarme el Pueblo, y á tolerarme los
malévolos ; estos escondían sus malvadas inten­
ciones en lo mas interno del corazón, sin atre­
verse á volar la mina por el debido obsequio á la
alta protección, baxo cuya sombra vivíamos, y
por no haver podido encontrar fundamento aun
en mi conduéla, de adonde poder dar fomento á
los efeétos de su aversión.
En-

8

V I AG1 S
Entre los muchos que con ansia solicitaban mi
amistad fue uno el Señor Jazm ín, que yá cité en
el primer tom o, esforzando todos los medios de
obtenerla. Convidóme un dia á comer con tantas
instancias , que no podía escusarme en buena cor­
tesía : Acepté pues , y nos fuimos juntos á su ca­
sa : Entré en un magnífico palacio, lleno de una
prodigiosa multitud de criados, en cuya conseqüencia hice un alto concepto de este caballero, el
que aumenté quando fui viendo los preciosos ador­
nos , y sobresalientes alhajas que se descubrían
por todas partes: Recibióme con la mayor urba­
nidad, y estimación en un gabinete enriquecido
con los ornatos mas ra ro s , y delicados que son
imaginables, una desmesurada Monaza , rodeada
de Mónitas pequeñas ; estas eran la esposa, é hi­
jas del Señor Jazmín. Apenas me huve sentado so­
breuna especie de banco forrado de rica tela, quan­
do la Señora me preguntó si havia estado alguna
vez enamorado. Algo me sorprendió esta primer
pregunta, porque ciertamente no la esperaba; pero
respondí, que mi edad aun juvenil hasta entonces
me havia tenido esento de las incomodidades de las
pasiones amorosas: Antes bien haveis de decir, re­
plicó e lla , que teneis aun que envidiar los place­
res que se derivan del amor. Entonces me hizo un
confuso, largo, y poco honesto discurso acerca de
la felicidad de los enam orados; añadiendo, que en
tanto es un bien la vida, en quanto el amor la di­
rige. Las Mónitas aplaudían esta doctrina , y
anadian las reflexiones que su madre havia omi­
tido. Como Yo era un joven inexperto , no dexé de escandalizarme, viendo tanta pericia del

DE W a n t o n .
9
arte de amar en sugetos,que havian de ignorar los
principios; y me maravillé también , de que en un
cuerpo tan grande, y en una qüantidad de tanto
peso pudiese habitar un espíritu tan ligero.
Mas no paró aqui este lance, pues Madama Ca­
labaza (asi se llamaba la madre) quería empeñarme
en ciertos asuntos amorosos. Yo entendí el miste­
rio , y respondí, que no haviendo en aquella tierra
hembras de mi especie, era imposible que Yo me
determináse á amar , no debiendo persuadirme á
que las Monas tuviesen el depravado gusto de po­
ner en mí sus cariños. No conocéis vos al mundo,
replicó ella; quando se trata de colocarse un sugeto ventajosamente, es necedad pararse en reflexio­
nar , ni las qüalidades del cuerpo, ni los dotes del
alma; basta saber, si el que se prepara para es­
poso tiene proporcionados havéres, según las idéas
de los padres de la esposa,que en tal caso poco im­
porta , que su figura difiera poco de la de los bru­
tos , y que tenga su espíritu alguna tintura de bes­
tialidad. Horrorizóme esta máxima,sin llegar á per­
suadirme^ que lo general de los padres la siguiese;
pues según las leyes de la naturaleza , de la justicia,
y de la sangre, debieran estos en la colocación de
sus hijas indagar con gran cuidado,y escoger aquel
partido, que pueda conducir á las pobres interesa­
das á un verdadero estado de felicidad, y no hacer­
las desdichadas para siempre. Pero es tanta la pasión
de las riquezas,y de la avaricia,que para satisfacer­
la se desprecian todas las leyes naturales, y civiles.
Aunque las ultimas palabras de Madama Cala­
baza me pudieran haver hecho resentir, quise dar­
me por desentendido, y echando á lo mejor el disTom. II,
B
cur-

10

V I A G E S

curso, respondí, que miraba como imposible , se
halláse persona que entregase su hija á un foraste­
ro , que por un raro accidente se hallaba en aquel
País , de donde era regular m archarse, luego que
tuviese ocasión oportuna. ¿Y si fuese á vos? repli­
có entonces Madama. Si habláraeso conmigo, aña­
d í, no se hallaría en mí la facilidad que se piensa,
para ligarme con un lazo tan desproporcionado,de
que no podría seguírseme otra cosa, que dolorosas
conseqüencias. Mientras duraba esta conversación
estaba la hija mayor echándome unas ojeadas ex­
presivas , que causaban en mi corazón un efedo
totalmente contrario á el que ella se imaginaba. Yo
estaba confuso sin determinarme á creer , si aque­
llos discursos se havian introducido para incluirme
en un em peño,que era peor que la m uerte,ó á fin
de burlarse de mí para ridiculizarme después
por toda la Ciudad; dos cosas, que no sabía quál
tener por menos mala.
Viendo mi constancia, y que nada se adelanta­
b a ; la joven de las m iradas, que se llamaba Ortiga,
se levantó de su puesto, y se vino á sentar á mi la­
do. Empezó suspirando á hablar de la pasión del
amor con términos enfáticos, en los que iba mez­
clando mil bellas, y graciosas consideraciones. Pa­
ra que rebentáse la mina, ó si era burla, para vol­
verla contra quien la arm aba,dixe asi: Juzgo, Se­
ñora , que os hacéis vos misma un grande agravio,
mostrándoos tan erudita en un arte , que á vues­
tro estado repugna saber; y vos parece, que en él
pretendéis la gloria de maestra. ¿En dónde haveis
aprendido á enmascarar una tan viciosa pasión , y
adornarla con tantas gracias ? En la Opera, respon-

DE
WANTON.
II
dio ella francamente, he hallado todos estos senti­
mientos. Yo que entonces no entendía la palabra
Opera, equivocándola, proseguí con mas seriedad
la reprehensión , y quando me imaginaba haver
mortificado mui bien á la Señorita, y me estaba ya
vanagloriando de mi triunfo , me hallé burlado de
todas, que empezaron á reir á carcajadas con mi
sencilléz. Llegó á este tiempo el Señor Jazmín,con­
tóle su esposa el suceso, y él sonriendose procuró
descifrarme la equivocación después, porque ya era
hora de sentarnos á la mesa.
Pusimonos á comer, y me tocó la suerte , ó,
por mejor decir, la desgracia de sentarme junto á
un joven muy mal criado , que era hijo del Señor
Jazmín, tenia quanta altivéz era imaginable , á la
que agregaba una ignorancia incapáz de corrección
por estár unida á la alta idéa que de sí mismo tenia
formada. Acababa de salir de un Colegio de nueva
invención, en que á fuerza de querer enseñarlo to­
do,se quedábanlos discípulos sin saber una palabra.
No podía hablarse en materia alguna, porque in­
mediatamente quería decidirla antes de saber el es­
tado de la qüestion. Según su diétamen todos sus
Conciudadanos estaban enteramente ignorantes de
todas las ciencias, y artes, de las que él solo era
quien tenia claras, y distintas idéas: Habló sin ve­
nir al caso, de los movimientos de los planetas , del
número de las estrellas, del fluxo del mar, del alma
de los brutos, y se dexó por tocar la suya:Quando
Y o proferia una palabra , me miraba con ojos de
compasión, como que tenia lástima de mi ignoran­
cia. Tuve que sufrir á este mentecato, porque esta­
ba en su casa, y porque sus padres le escuchaban
B 2
con

12
V l A G E S
con la boca abierta, y fuera de sí por el consuelo
de tener un h ijo, que à su parecer era un pozo in­
agotable de ciencia , un oráculo verdadero , y un
portento de virtud.
Semejantes frutos sacan las ciegas preocupacio­
nes, y una pésima educación, según cuyos princi­
pios, acompañados de la aprobación de quien de­
biera corregirles los defeéios, quedan incurables I03
infelices que reciben tales doctrinas. En efe&o, es­
te joven fue después en las conversaciones común
pieza de entretenimiento, sin'que por esto solicitáse su enmienda, porque intitulaba envidia à la jus­
ticia que se hacia à su falta de mérito. Después de
adulto, siempre quedó un necio, imbuido en alguñas impertinentes qüestiones físicas, incapáz de to­
da ocupación de gobierno.
Yo estaba mui resentido de la burla que de mí
havian hecho aquellas Monas, por loque no me so­
segué , hasta que me sacaron de mi error. La equi­
vocación de aquella voz me havia hecho formar un
concepto injuriosísimo à ia Señorita O rtig a , siendo
lo que ella quería darme à entender , que en cierta
representación que entre ellos se usaba y havia
aprendido los sentimientos mas delicados de la pa­
sión amorosa. Yo no tenia formada idèa de estas re­
presentaciones, por lo que rogué al Señor Jazmín
me instruyese en este punto. Queria satisfacer éste
mi curiosidad, quando el atrevido mozuelo inter­
rumpió à su padre, para resolver el asunto. Ante
todas cosas me honró con el título de bárbaro,y des­
pués añadió, que en estas representaciones se imi­
tan las acciones de los heroes. ¿ Y qué tiene que
vér el enamoramiento con el heroísmo ? repliqué
Yo;

DE W a NTON.
13
Yo; pero nunca lo huviera dicho : Se conoce mui
bien , respondió, que pensáis como lo que sois;
por lo qual, ¿ para qué me he de cansar en expli­
caros lo que no podéis entender? Quedóme, pues*
con el deseo de informarme de una cosa que este
Doétor á la moderna, ó no sabía, ó no se dignaba
comunicarme. Volvieron á salir á luz las proposi­
ciones que me hicieron en el gabinete* Yo continué
defendiéndome, y el Señor Jazmín me hizo la guer­
ra á lo político; su hijo calló un rato, y poco tiem­
po después montó en cólera , gritóle el padre , re­
prehendióle la hermana, él se levantó, amenazán­
dome con el ceño, y partió. Asi se finalizó aquel
deliciosísimo convite.
C A P IT U L O

IIÍ.

Prosigue la materia del capitulo antecedente*

» R . Etiraronse las Damas á sil quarto, y Yo que­
dé solo con el Señor Jazmín, que me fue ense­
ñando el Palacio, y demonstrando una infinidad
de raras , y preciosas labores, que nuevamente havia ido añadiendo á la magnificencia de la fábrica.
Yo estaba admirado viendo tantas riquezas* mas no
pudo mi curiosidad dexar de preguntarle el precio
de cierta colgadura que adornaba el salón en que
entonces estábamos. Me hacéis , dixo, una pre­
gunta , que ni ahora, ni acaso jamás podré exac­
tamente satisfacer.No obstante que la respuesta pu­
diese hacerme entrar en sospecha; la supuse de bue­
na fé, y que quería decir, que no havia hecho perfec-

14

VlAGES

feétamente la quenta de su coste,y que por esto no
podia responderme. Como no entendí á fondo sus
palabras, volví á preguntarle, quánto le havian
costado ciertas finísimas molduras mui bien dora­
das, que estaba mirando. ¿No os he dicho ya, re­
plicó, que no puedo deciros su valor,porque no cor­
re por mi quenta? Con que según eso, añadí Yo,
otro lo dará por vos; sin duda será vuestra esposa,
que tendrá el manejo de toda vuestra casa , y no la
tomaréis quentas en confianza de su integridad:perdonad mi atrevimiento, y considerad,que la curio­
sidad,madre del saber, es indispensable en un foras­
tero, que se halla en un País tan distante del suyo.
Suspiró el Señor Jazmin, y dixo: ¡Ai, amigo,
aun no haveis penetrado la fuerza de mis razones!
os he dicho, que no corre por mi cuenta, y es
verdad, porque no lo pago. Los Mercaderes, de
quienes saco quanto se me antoja, escriben mi
nombre, y el precio de los géneros que me fian,
en cierto libro, que ellos llaman de crédito, pero
que con mas justa causa havian de llamar de car­
tas de pago, por lo que á mí, y á muchos toca: Los
Artesanos concurren voluntariamente á darme gus­
to: Con esto entenderéis aora todo el sentido de
lo que Yo os respondía. Acaso os parecerá impru­
dente mi confesión; pero el designio que tengo
formado con vuestra persona , me hace tener la
confianza de comunicaros las noticias de las cosas,
en que algún dia tendréis parte. Quedé suspenso
con la delación , y con su prevenido designio , de
que ya tenia sospechas en virtud del coloquio
que tuve con las Señoras; pero quise valerme de
esta ocasión para saber con qué habilidad sacaba
de

DE W A N T O N ,
IJ
de manos de los Mercaderes su hacienda, tenien­
do estos una moral certidumbre de no volverse
á juntar con ella , y como conseguia , que le sir­
viesen los artífices sin esperanza de la paga de su
trabajo.
El nacimiento, las conexiones, y las amista­
des , me respondió,, que tengo en esta Corte son
para mí inagotables minas: Todos los Artesanos,
y Mercaderes me subministran con la mayor li­
beralidad su trabajo , y sus mercadurías , porque
ganan por mi medio mucho mas de lo que va­
le lo que me prestan , ó por mejor decir , lo que
me regalan. Os explicaré todo el secreto: Si algún
pariente , ó amigo mió emprende una obra , ó fá­
brica costosa, ó algunos gastos magníficos, al pun­
to vienen á rogarme todos ellos que les proporcio­
ne aquellas ganancias; voi inmediatamente á en­
contrarme con la dicha persona, y con mil soli­
citaciones , con promesas de la conveniencia que
ha de experimentar, con alabanzas regularmente
falsas de mis recomendados ; la obligo en cierto
modo á que se valga de aquellos de quienes la
informo : Estos que conocen que aquel es tiem­
po de aprovecharse , confiados en mi apoyo, aña­
den al valor principal una tercera parte mas por
la parte mas corta; asi á costa de mis fatigas se
hacen pago de una porción de sus créditos. Si aca­
so alguno de los demás, que no son de los princi­
pales de la Ciudad, quiere hacer algunos grandes
gastos , me baxo á irle á suplicar, que emplee á
mis recomendados; y la vanidad de haverselo Yo
pedido les hace que al punto condesciendan : Si
luego hai alguno de estos, que quiere moderar el
pre-

I6
VíAGES
precio de las excesivas pretensiones de los artífi­
ces , entonces entro yo gritando, amenazando , y
otras veces sirviéndome de las persuasiones para
desvanecer sus intentos; de este modo en los que
no aprovecha la blandura, produce el temor se­
guro efeéto: Asi me manejo por toda la Ciudad
muchos tiempos hace. Decidme aora , si no doi á
estos en el espacio de un año la mitad m as, de
lo que ellos me subministran de sus haciendas, 6
trabajos.
Bien decís, respondí Y o; pero no encuentro
en esos procederes la debida justicia, ni la honradéz en esas acciones, que debe ser conseqiiencia de
un noble nacimiento. ¡ Ah í Enrique , exclamó el
caballero ; el ilustre nacimiento es la causal de es­
tas acciones , porque de él se deriva la necesidad
del luxo, y de la grandeza. Queria probarm e, que
era industria, y no injusticia su modo de obrar.
Conocí que no havia de adelantar con él cosa al­
guna , y asi no quise hacerme odioso, contradiciendole una proposición , que él mismo no igno­
raba , que era falsísima.
Dixele después, que tenia que ir á mi aloja­
miento , y por tan to , que me diese su licencia : E l
mostró mucho sentimiento por haverse de apartar
de m í; me abrazó, me besó , é hizo mil prome­
sas de su estimación, y cariño, asegurándome,que
dentro de poco me daría de esto una segura pren­
da. Yo le huviera dispensado gustosísimamente
tantas formalidades, pero mucho mas todos sus
am ores, y su prenda. Era forzoso despedirse de las
D am as, lo que hice mui de mala gana. Madama
Calabaza volvió á instarme , para que fuese mas
sen-

DE

W ANTON.

17

sensibleá la pasión am orosa,determ inándom eá al­
gún objeto ; y aun prometió procurarme ella oca­
sión oportuna para este efeéto: La Señorita me ro­
g ó , no dexáse de ir á la O pera, para que formáse
mejor concepto de ella: Quedé escandalizado de vér
á unas Monas tan libres; respondí como pude , y
marché inmediatamente , fastidiado de todos los de
aquel Palacio.
No puedo bien ponderar el aborrecimiento que
tomé á las máximas del Señor Jazmín , pero sobre
todo, lo que mas detestaba era el designio de que­
rer darme á una hija suya por esposa ; de la misma
manera que merecería la risa, y desaprobación uni­
versal un caballero Européo, que quisiese casar á su
hija con un Monazo por ahorrarse la dote. Luego
que llegué á casa, conté al Señor H aya, y á Ro­
berto mi aventura, y se divirtieron á mi costa un
rato. Después el dicho Señor me dió varios conse­
jos acerca de que debía no trabar amistad con
una persona, cuyas acciones, según su misma con­
fesión, distaban tanto de la reélitud, y de la de­
cencia: Asi también lo comprehendia Yo: ¿Pero có­
mo podría separarme de la amistad de un sugeto
im portuno, ni por qué medios sin conciliarme su
odio , y sin acarrearme un peligroso enemigo? Ro­
berto formó mil proyeétos, pero en todos havia sus
dificultades: El Señor Haya era de parecer, de que
le dixese abiertamente , que no quería su comuni­
cación ; añadiendo, que la protección del Principe
era bastante para hacer contener áeste espíritu,que
me perseguía para turbar mi reposo; pero noso­
tros , que queríamos adquirirnos la estimación, y
afeéto com ún, encontrábamos en esta claridad muTom. II.
C
chas

/

V I AGES

I 8

~

chas razones para no adherir á tal pensamiento;
Nada se resolvió por entonces; y por divertir mi
imaginación agitada, me propusieron mis amigos
que fuésemos á pasearnos; acepté gustosamente la
oferta, y nos fuimos á la muralla d é la Ciudad,
en donde la hermosura del sitio , el concurso de
las personas, y la variedad de objetos que en­
contrábamos , fueron gustoso motivo de esparcir
mis idéas. Después de havernos entretenido un lar'
go rato en aquel sitio , volvimos á casa, en donde
encontré la única, y segura receta contra aquel
m al, que iba tomando cuerpo con notable peligro
de mi sosiego.

CAPITULO
-



\J

p

p ]-! v (- ;A

4\ . f ,,

IV.
,

. •

D e los villetcs que enviaron d Enrique los
hijos del Señor Jazmín , y sus
respuestas .

L entrar en el Palacio se presentó un criado
del Señor H aya, y le dixo comohavian venido dos
lacayos de casa del Señor Jazm in, que querían ha­
blarme á solas; que el uno decia, que venía de par­
te de su hijo con todo secreto, y con los mismos
misterios el otro de parte de la hija; y por tanto,
para que no se encontrasen , y asi se descubriesen
los intentos de sus respetivos dueños, los tenia se­
parados en dos distintos quartos. Alabó el Señor
Haya la cautela de aquel criado , y le mandó, que
hiciese entrar á uno de los dos lacayos, éste se pre­
sentó mui misterioso, y hablándome á parte, me
en-

DE

W ANTON.

Ip

entregó un papel del hijo del Señor Jazmin, rogán­
dome, que no le abriese, sino á puerta cerrada;despidióse,y apresuradamente se alejó del Palacio. El
segundo lacayo me dixo también en secreto, todo
temblando , que tenia que cumplir un delicadísimo
precepto; éste era la entrega de un villete que pu­
so en mis manos, informándome ser de su Señori­
ta O rtiga, me suplicó que guardáse silencio, y me
pidió la maula , prometiendo servirme fielmente;
Yo no podía negársela sin nota; besóme la mano,
y me advirtió últimamente, que con zozobra es­
peraba su Ama la respuesta , y asi que no la retardáse esté consuelo.
Luego que éste se despidió, quedé confuso con
semejante aventura; impaciente estaba por abrir
los papeles ; pero huve de tener que resistir la cu­
riosidad , esperando para dár gusto á Roberto , el
que el Señor Haya volviese, porque se havia sepa­
rado de. nosotros con motivo de cierta disposición
doméstica: No tuvimos que sufrir la dilación por
mucho tiempo , porque vino prontamente. Sabidas
las comisiones de los lacayos , tuvieron por conve­
niente , que nos retirásemos á una pieza interior
para leer con mas libertad los villetes, y consultar
sobre su contenido. Asi se hizo, cerramos la puer­
ta , y se abrió primero el del hermano , que estaba
concebido en estos términos:
»Temerario Animal:
OLi V lh -V /S ;:



' • 't .

; i , r y *

*

•*

»Tu vana presunción de obscurecer la altísi»ma nobleza de mi sangre, aspirando á los glo»riosísimos desposorios con mi hermana, se funda
C 2
»en

20
V I AGE S
»en tu ignorancia, y en el vilísimo ajamiento pro»prio de mi padre. Mientras tenga valor, y vida,
»no solamente tú, que eres una disforme bestia, no
»obtendrás este honor ; pero ni otro alguno que
»baxe un solo grado de mi excelso nacimiento. An»tes pasaré el coraron á mi herm ana, verteré la
»sangre de mi padre, y oprimiré á toda mi fami» lia , que consentir igual indignidad. Por lo que
»haceá tí, tén entendido , que si en quantote que»da de v id a , te pasa por el pensamiento poner los
»pies en mi casa,tén entendido , te repito, que no
»siendo correspondiente á mi honor manchar mi
»acero en tus asquerosísimas venas, á garrotazos
»sacaré de tu cuerpo un alma tan malvada. Piensa
»bien en tu peligro,y acuérdate de que me declaro
Resueltísimo vengador de mis agravios,
Pepino.

La leélura de este papel hizo montar en cólera
al Señor Haya , pero nosotros le hicimos reflexio­
nar , que la necedad de este mozuelo no era digna
de su enfado, y asi aquietamos su desazón. Abrimos
después el villete de la hermana , que se explicaba
del tenor siguiente:
»C orazón, y alma mía:
»U n fuego devorador se me ha introducido
»hasta los huesos. ¡Ai de mí! ¡Ai de m í! Yo des» fallezco; yo me muero; yo exhalo el alma que
»vuela en busca de su ídolo para aliviar sus crue. :
» li-

DE

W

a n

TON,

21

»lísimas angustias, como al rededor de la luz dá
»tornos la mariposilla: Ya me determinoá buscaros,
»esperando de vos el refrigerio de mis tormentos;á
»no ser que uséis una crueldad semejante á la de la
»llam a, convidando con tu belleza á mi corazón
»para abrasarle después las alas,convertirle ence»nizas, y destruirle. ¿Pero qué otro consuelo pue»de haver jam ás, que conforte mis amorosas pro» fundísimas llagas, sino el de nuestro himeneo?
»¡A i objeto amado! Resolveos pronto; no me de»xeis penar por mas largo tiempo. Desde el pun»to que estas desgraciadas niñas de mis ojos vie»ron la graciosa serenidad de aquellas estrellas,que
»brillan en el cielo de vuestro rostro ; y desde
»aquel instante, que salieron de vuestros labios de
»coral aquellas melosas palabritas,que me traspa»saron el pecho, ni sé esperar, ni amar otra cosa,
»que á vos solo. He quedado como aquella flor,
»que siempre vá siguiendo de cara al mayor de los
»planetas, y asi mis pensamientos no tienen sino
»un solo objeto, y éste no es otro que vos mis» mo. Si obtengo el suspirado contento de veros
»m ió, de estrecharme con vos, y de abrazaros,
»andaré adivinando vuestros preceptos, como la
»A urora precede al Sol; seguiré vuestros pasos,
»como la tortolilla los de su consorte ; no me se» pararé de vos, como la golondrina de los al re» dedores de su nido. Vos seréis solo el navichuelo,
»que navegue en el rio de mi belleza;y Yo , seme»jante á la palom a, siempre estaré afeduosa, y
»agradecida á vuestros cariños. Haced , pues, la
»demanda á mi padre, que os aseguro, que la acep» ta rá con gusto ; y mientras llega este caso , red» bid

22
VlAGES
«bid mi corazón en prendas de tanto afe&o. ; Ah
«simple! ¿qué delirio es este? No, bien mió, no
« puedo daros por prenda lo que ya es vuestro. No
«seáis ingrato á mis ternuras ; de vos depende mi
«destino; y vuestra respuesta será la decisión de
«mi vida, ó de mi muerte. A Dios, mi tesoro, mis
« entrañas , y mi todo. A Dios.
Vuestra desentrañadísima amante
Ortiga.
Si nos dió motivo al desprecio la carta del Se­
ñor Pepino , ésta por el contrario nos movió á ri­
sa: La leíamos una, y otra vez, y no sabiamos có­
mo poder darla el realce que requerían las ridiculas
extravagancias que se contenían en ella. Finalizan­
do el gustoso examen de sus expresiones pasamos á
consultar lo substancial del hecho, y convenimos en
que la malicia , y no la necedad, era quien la havia notado. Pretender esponsales de una persona de
diversa especie,protestar un excesivo amor,á quien
una vez sola se havia visto, y asegurar el consen­
timiento del padre, eran todos puntos que daban
á conocer ser esta una refinada pieza de la fecun­
da mente del Señor Jazmin. Concluyó el Señor Ha­
ya , creyendo que el padre , y la hija havian ca­
minado de acuerdo para procurar engañarme,y que
el hijo , no consintiendo por su natural sobervia á
los imaginarios adelantamientos de la familia, havia
ideado aquellas amenazas, y desprecios para po­
nerme miedo, y alejarme de aceptar el partido que
me proponían. Todo esto era un asunto que habla*

DE

W ANTON.

ba conmigo; pero el Señor H ay a, que tomaba á su
quenta qualquiera ofensa que nos hacían, 6 decian,
entró también en consulta para la respuesta de es­
tos papeles; y por ultimo se resolvió que la del Se­
ñor Pepino fuese de esta m an era:
»Ignorante Animal:
»Aquel horror que tú concibes por una alian» z a , que te parece tan deshonrosa, es el mismo»que Yo tengo, considerando mi matrimonio con
»tu hermana, como una obra contra la naturaleza.
»N o me deslumbran las grandezas que voceas de
»tu familia, que, quando fuesen verdaderas , to»das quedarían obscurecidas con tus vilísimas ac» dones. No tengo ánimo de poner los pies en til
»casa , porque he descubierto en todos los tuyos
»unas malicias indignas de toda esa nobleza que
»exageras ; no porque me dé miedo ese garrote,
»del que me rio : Mi poder h a c e , que me burle de
»tu temeridad ; con solo querer pudiera arruinar»te para siempre ; tengo piedad de tu locu ra, que
»es J a que te dexa esento del resentimiento de un
»hom bre, que no puedes tú conocer quánto vale.
»M archa al Hospital á que te administren el ve»degam bre,que es de lo que tienes necesidad. Cu» r a te , y vive.
E l Animal que de tí se burla,

Enrique.
Fue menester dexar que pasáse algún rato para
po-

24

VI AGE S

ponernos á escribir la respuesta á Ortiga, por mo­
tivo de la risa á que su ridiculéz nos incitaba ; no
obstante convenia responderla para poner en prác­
tica el proyeéto que haviamos formado ; dió cada
uno su parecer , y la escribí lo siguiente:
»Nobilísima Señora:
»Si vuestra nobleza quiere desterrar de sí las
»adulaciones , y las intenciones interesadas , no
»llegará el caso de ponerse con mi repulsa en pe»ligro de muerte ; solo sí , no os quedará la espe» ranza de uniros á una criatura que abomináis sin
»duda en vuestro corazón, y que por condescen»der á las instrucciones de vuestro padre , y á la
»ridicula vanidad de hacer figura en el teatro del
»mundo, llamáis vuestra alma, corazón, ídolo,fue»go, luz , sol, tórtola , nido, rio, paloma, tesoro,
»entrañas, y todo. Hablemos claros: Yo no he de
»ser cuerpo de vuestra alma, ni seno de vuestro
»corazón. Os aborrezco, y me enfadaríais , aun
»quando fueseis una hembra de mi especie. Por lo
»que podéis dedicaros á quien quisiereis , siendo
»enhorabuena para el que os agrade, mariposa,
»girasol, Aurora , tórtola , golondrina, navichue»lo, paloma, y quanto os parezca. Tratadme de
»bárbaro , y de tirano, que nada importa , pues
»me persuado , que en vuestro interior no dexa»réis de hacerme la justicia de creer, que soi
Vuestro sincerísimo servidor,
Enrique.
Cer-

d e

W anton.

25

Cerradas las dichas cartas, se llamó á un lacayo,
para que al dia siguiente las lleváse al Palacio del
Señor Jazmín, pero encargándole que estuviese en
la calle esperando la ocasión de entrar al tiempo
mismo que saliese de casa el padre, y que encon­
trándose con é l, y siendo preguntado, respondiese
que llevaba dos papeles de suma importancia para
entregarlos á sus dos hijos el Señor Pepino , y la
Señora Ortiga. Para que la función fuese mas com­
pleta, á la carta del hermanóse puso el sobrescrito
para la hermana, y á la de ésta para el otro. Asi se
tomaba entera venganza, y se llegaba a descubrir
en toda la familia la temeridad de los jóvenes, y el
enredo que havian tramado los padres para echar
fuera la carga de su hija mayor , por un medio
que aun Yo mismo desaprobaba.
C A P I T U L O V.
De las nuevas honras que merecieron al Principe,
y fin de la aventura de la Casa del
S eñor Jazmín.
I Í r A mui justo, que después de haver recibi­
do tantos honores , y beneficencias del Principe,
monstrasemos en lo que pudiésemos, nuestro re­
conocimiento , ofreciéndole parte de las alhajas
que ha víamos salvado del naufragio: Asi lo haviamos pensado aun antes de haverle visto , y quando todavía no estábamos con tanta liberalidad pro­
veídos de crecidas pensiones , para vivir con luci­
miento ; pero retardamos la execucion de nuestro
Tom. II.
D
in-

fió

VI AGE S

intento con el motivo de estar Roberto componien­
do un relox de faltriquera, que se havia descom­
puesto en la navegación, y mudando las cifras Ro­
manas en cara&éres acomodados á la inteligencia,
y uso de aquellos Pueblos. La habilidad que él te­
nia , y su exercicio en la mecánica, á que havia si­
do aplicado, le hicieron salir maravillosamente con
su obra.
Lo que habiamos destinado para el Principe
era este relox , que seguramente le admiraría , al­
gunos espejos, ciertos vasos de finísimo cristal de
Inglaterra , un anteojo pequeño, dos tazones de
porcelana pintados de mui bello gusto, muchas flo­
res de mano, y finalmente unas estampas en que
estaban delineadas algunas grandezas de Europa.
Todas estas cosas , y otras semejantes haviamos
ido transportando desde lo que quedó de la nave
que se encalló en la arena, y adonde con el peque­
ño esquife que nos conduxo á tierra , nos era fácil
¿bordar quando queríamos, en el tiempo que estu­
vimos viviendo en la gruta que encontramos en
la playa del mar.
Todas estas alhajas, preciosas por ser nuevas en
aquel País, se distribuyeron cómodamente en unos
azafates, cubiertos con unos tafetanes de color de
fuego ; lleváronlos, poco antes que nosotros salié­
semos , quatro criados del Señor Haya; repetimos
la lección de lo que debía hacer al que tenia que
llevar los villetes , para que no faltáse en cosa al­
guna de lo que le ordenamos : Para que el Señor
Jazmín entrase en mas curiosidad, y examináse al
criado, se deliberó que llevase el recado el que re­
gularmente salia conmigo, y que el dia antes havia

DE

W A N T O N ,

27

visto á las puertas de su Palacio. Prometió el laca­
yo executar su comisión al pie de la letra , y el Se­
ñor Haya le mandó que le lleváse á la Corte el avi­
so de lo que huviese executado.
Encaminámonos, pues, á Palacio, en el que tu­
vimos franca la entrada , y mui buen recibimiento
de los Cortesanos. Estos propusieron mientras está­
bamos en la antecámara varias qüestiones acerca de
los artes, y ciencias de Europa, á las que Yo,acor­
dándome del cuento de los Cojos , respondí con
sinceridad, pero sin ponderar demasiado á nuestros
literatos.
Estando en estas palabras, salió el Ministro,
dándonos á entender que su Principe havia recibido
con gusto nuestro regalo, y que le havia alabado.
Vosotros, nos dijo este caballero, sois dos perso­
nas mui políticas, y que sabéis distinguir el méri­
to de las cosas, para hacer de ellas el uso que me­
recen. Mucho nos honráis, respondió Roberto, pe­
ro al mismo tiempo nos instruís en nuestras obli­
gaciones : Después sacó de la faltriquera una caxa,
que tenia pintada en la tapa una ninfa perseguida
de un sátiro; luego se abría un secreto, y se encon­
traba un espejo guarnecido el cerco de diamantes.
Esta caxa, añadió, hace á mi parecer que se ten­
ga por digno de alabanza á su artífice por lo bien
trabajada, por la delicadeza, y gracia de la pintu­
ra , y últimamente por el espejo , siendo mueble
que no se halla en estas tierras: Y o , que creo que
conozco el mérito de la alhaja , debo ponerla en
manos de quien sea mas digno de poseerla que Yo;
por tanto os suplico tengáis á bien admitir mi
oferta, como debida á quien sois, y como un corD 2
to

28
• >V I A G E S
to tributo de mi rendimiento. Sumamente estimó
el Ministro aquella fineza por el modo de presen­
társela: Volvió á prometernos su favor en todo lan­
ce, y lo experimentamos después muchas veces á
manos llenas.
De alli á poco tiempo fuimos introducidos á la
Audiencia del Principe , que con una notabilísima
benignidad nos dio gracias por nuestra expresión.
Después en consideración del alto concepto que havia formado de nosotros, y en testimonio de la esti­
mación con que nos queria honrar, nos eligió enqualidad de sus Consejeros privados. Sorprehendiónos
el nuevo favor del Principe , y humildísimamente
significamos nuestro reconocimiento. Asegurónos
de nuevo su protección , y nos despidió , añadien­
do, que queria en otra ocasión vér en el campo el
efeéto de nuestros rayos, de los que havia oído ma­
ravillas. Roberto respondió, que una mera insinua­
ción de su gusto sería mui bastante para solicitar­
nos nosotros la gloria de obedecerle.
M ientras estábamos en la Audiencia, avisaron
al Señor H ay a, que se havia quedado en la ante­
cám ara , que queria hablarle un lacayo suyo. Lue­
go que salimos de estar con el Principe, nos rodea­
ron los Cortesanos , que inteligenciados de nuestro
nuevo empleo, nos dieron la enhorabuena del alto
grado á que habíamos sido elevados. Como no
veiamos al Señor H ay a, preguntamos por é l , y sa­
biendo el motivo de su p artid a, estábamos impa­
cientes hasta su vuelta. En este intermediónos avi­
só el Ministro, que de alli á pocos dias se havia de
informar en una causa ruidosa , á que era fuerza,
que como Consejeros asistiésemos para votarla. Diócü
me

D E W ANTON.
29
me alguna vanagloria esta noticia, y además de eso
me agradó por el deseo que tenia de oir á los Abo­
gados Monos.
Volvió el Señor H a ya , quien con cierta seña
me hizo comprehender que mi asunto se havia
efeduado felizmente. Sin dilación huviera Yo que­
rido ir á saberlo todo, pero la buena crianza no lo
permitía. Detuvimonos , pues, un buen rato , que
empleamos en responder á la curiosidad de los Cor­
tesanos , acerca de ciertos puntos, en que deseaban
con eficacia estár informados. El Señor Haya,
quando le pareció tiempo oportuno , se despidió*
y nosotros le seguimos.
Apenas llegamos á los patios de Palacio , nos
empezó á dar cuenta de lo excelentemente que
havia cumplido con su comisión el criado. Este,nos
dixo, se entró en una tienda , desde donde alcan­
zaba a vér quien entraba, y salía en el Palacio del
Señor Jazmín : Quando por el movimiento de to­
dos los criados conoció que iba á salir el am o, se
encaminó á la puerta , en donde con efeéto se en­
contró con é l , y le hizo una cortesía mui rendida.
El le conoció, y preguntóle, cómo estaba su amo;
á que respondió , que con perfeda salud, y que él
trahia el encargo de entregar dos cartas de suma
importancia, una á su hijo, y otra á una ( que no
sabía qual) de sus hijas: Entonces se las pidió el
viejo para demonstrarle él mismo á quien se diri­
gían ; el criado fingió cautelosamente alguna difi­
cultad en obedecerle , alegando que él no trahia
tal orden. Entró en mayor deseo con aquella repul­
sa el Señor Jazmín, y asi buscó nuevas razones pa­
ra persuadir al criado , á lo que él estaba ardentí-

30
V I A G E S
tísimamente deseando executar: Dióselas finalmente,
y se retiró para que no le fuese haciendo mas pre­
guntas, á las que no podía dar conveniente, y con­
grua satisfacción, por no estar instruido del asunto.
Yo, añadió el Señor Haya , le he examinado
sobre si tiene amistad con algún criado de aquella
casa, y me ha respondido que s í ; por lo que le
he mandado, que indague el éxito de aquel asun­
to , y si se ha movido desazón, ó riña acerca de é 1.
M e dió palabra de hacerlo con toda maña, y pun­
tualidad , y asi estoi esperando impaciente las no­
ticias. Acabada la relación de este suceso , discur­
ríamos que era mejor retirarnos á casa para evitar
todo encuentro que pudiese desconcertar nuestras
medidas.
En efeéto , asi que llegamos vimos al lacayo,
y nos refirió las siguientes noticias. Luego que to­
mó el Señor Jazmín las c a rta s , en lugar de prose­
guir su camino, se entró mas adentro , y las abrió;
mudó el color del semblante luego que leyó la pri­
m era, la que examinaba por todos lados, volvien­
do á ver y i su contenido, yá la cu b ierta : Abrió la
segunda, y después de haverla pasado por la vis­
ta , se encendió en cólera ; subió la escalera, y lla­
mó á su hijo, á quien preguntó, si havia escrito un
papel al Señor E nrique, en qué térm inos, y por
qué causa. El hijo no se acobardó, ó por mejor de­
c ir, insistió en su temeridad, y confesando la po­
ca urbanidad que había usado con Enrique, dixo
mil injurias á su padre: Este riñó agriamente á su
hijo, y le amenazó que le desheredaría. ¿Y de qué,
respondió él, me privareis , de lo que no teneis, ó
de lo que haveis malgastado en vuestros vicios? El

de W a n t o n .

31

Señor Jazmín alzó el bastón para castigarle, y al
ruido acudieron su esposa, y sus hijas, que quisie­
ron saber la causa de aquel enfado. Leyéronse los
dos papeles que havian causado la discordia , y al
punto se tiraron todas al joven, le maltrataron , y
el padre finalmente le echó de su casa. Esto es,
concluyó el criado, quanto he podido indagar.
Aplaudírnosle todas las diligencias praéticadas en
lo que se havia puesto á su cargo, y se le dió el
premio que merecía el zelo con que nos havia
servido.
Brevemente referiré ahora todos los pasages que
siguieron á esta aventura ; porque en lo sucesivo
no tengo motivo de volver á hablar de estos perso­
nages. El Señor Pepino, arrojado de la casa de sus
padres, dió un memorial al gobierno, quexandose;
para decretarle era forzoso que se examináse el
asunto; Yo fui citado para hacer mi declaración, y
dixe la verdad, como arriba dexo expuesta. Mandá­
ronme presentar los papeles, á lo que obedecí pron­
tamente : Hicieron después comparecer al Señor
Jazmin para que diese sus razones: Todas se dieron
por buenas, y el Señor Pepino fue condenado á es­
tar arrestado en un Castillo por espacio de seis me­
ses; justo castigo , que confirmaba el poder pater­
nal contra la arrogancia de un hijo, que con este
golpe quería despojar á su padre de aquel dominio
que le conceden la naturaleza , y las leyes.
La locura de este joven hizo público un mane­
jo , que les huviera sido mas conveniente huviese
quedado sepultado en las tinieblas. El pobre Jazmin,
después de haver comparecido en juicio contra un
hijo malvado , se miró expuesto á la común nota
por

32
Vl AGES
por ha ver intentado sacrificará una nobilísima don­
cella, casándola con un forastero, que por mas no­
ble , y respetable que se creyese, con todo se sa­
bía que no era un gran Mono.
Todos sus amigos le desamparáron,como suce­
de en las desgracias; y sus acrehedores empezaron
á perseguirle , previendo que en lo succesivo no
podía yá serles provechoso en sus designios. Vino
á hacerse la fábula de todos, falto de aquellos me­
dios que hacen cómoda la vida ; entonces volvió
sobre sí, advirtió la infelicísima situación de su fa­
milia , lloró los yerros de su juventud, y pensó
seriamente en el remedio. Resolvió, pues, retirarse
á una tierra , de la qual tenia el Señorío, que esta­
ba bien distante , y oculta de la Corte. Vendió to­
dos los muebles de su Palacio, que importaron una
suma considerable , con la que pagó parte de sus
deudas; y prontamente partió con toda su familia
adonde havia determinado. En este lugar se aplicó
al estudio de una verdadera economía, cultivó muí
bien sus campos, y en pocos años se halló en esta­
do de satisfacer á todos sus acrehedores, de colocar
honradamente á sus hijas, y de volver á la Ciudad
con un capital de hacienda , y sagacidad , que dió
motivo á que todos le mirasen con ojos de estima­
ción , y respeto.
Muchas veces se tienen por desgracias en esta
vida ciertos sucesos que quando creemos que á to­
do alivio nos cierran la puerta , suelen ser origen
de una no aparente fortuna. Asi nosotros con una
justa, y jocosa venganza nos libramos de mil peli­
gros^ fuimos la raíz principal de un bien tan gran­
de. Oh! felices aquellos que saben de tal modo
ven-

W a n t o n .
33
vengarse, y mas felices los que logran efedos tan
afortunados de una desgracia que creen irreparable.
d e

C A P I T U L O

V I.

£)e lo que observó Enrique en la Opera.
O podia desechar de mi corazón la burla que
me hicieron, quando me equivoqué acerca de la
O p e ra ; aun no havía podido penetrar la causa de
la equivocación, y contándole este suceso á Ro­
berto , le rogué me diese alguna luz, si acaso éi
comprendía lo que era : El me respondió de este
modo : Usanse entre nosotros ciertos expedáculos,
en los que se representa alguna ruidosa acción que
ha sucedido en tiempos antiguos; en un gran salón
hai un tablado algo elevado , en donde los hom­
bres, y las mugeres, vestidos al uso de los persona­
ges que imitan , fingen ser aquellos m ism os; por
lo que hablan entre ellos , como de un suceso que
tienen presente. Para imprimir mas á lo sexp ed ad o res la semejanza de la acción, se pintan los lados,
y el frontis del parage en que esto se representa
de modo, que el todo corresponda á aquellos luga­
res en donde sucedió, ó podia suceder aquel lance.
L a energía con que los adores , y adrices signifi­
can sus pasiones, la novedad, lo suntuoso de los ves­
tidos , la vista de los lugares imitados, en cierto
modo sacan fuera de sí á los oyentes, que se inte­
resan en aquellas apariencias como si estuviesen exis*«
tentes realmente aquellas acciones. Estas represen­
taciones en nuestro idioma se llaman Opera; lo mis­
mo se llaman entre las Monas, solo que la diversiTow.H.
E
dad

,

34

Vl AGES

~

dad de las lenguas, hace que en la suya se equivo­
que este nombre , teniendo el mismo sonido que
obra, de donde nació vuestra mala inteligencia. Es­
tán al rededor los espectadores en una especie de
galerías, las quales con el salón, y el tablado ha­
cen el conjunto, que se llama teatro.
Aunque el informe de Roberto me satisfizo la
curiosidad por lo que hace á la burla pasada , me
quedó un vivísimo deseo de presenciar uno de estes
espectáculos. En mi tierra havia oído muchas veces
tos nombres de T ragedia, y de Comedia;pero has­
ta entonces havia estado creyendo,que aquellas vo­
ces no tenían otra significación, que llanto , y ri­
sa ; tomaba Yo el eíeCto por las causas: Después
con el tiempo quedé desengañado, y aun conocí,
que suelen causar efeCtos contrarios ; pues son po­
cas las Tragedias que no conmuevan la risa, y las
Comedias el disgusto, ó á lo menos el fastidio.
Un dia que me hallaba con unos amigos, di á
entender el deseo que tenia de estár presented una
de estas representaciones; á lo que me respondie­
ron , que dentro de poco se me cumpliría el gusto,
por estarse esperando por momentos una célebre
Compañía de Operistas. En efeCto no tardaronmucho en llegar, é inmediatamente determinaron el dia
de empezar su trabajo. Todos los nobles de la Ciu­
dad parecia que se havian vuelto locos de conten­
to ; no se hablaba de otra cosa, que de las Operas,
y aun no se havian empezado;alababan mucho á los
a d o re s, y aun no los havian oído: Quién prevenía
el aposento;quién solicitaba servir áuna Dama rica,
para ir con ella al teatro , sin tener que gastar: To­
dos finalmente estaban en una inquietud indecible»
> ■>
Lie-

W anton.
35
Llegó el suspirado dia, y ya creía Yo firme­
mente ir á presenciar aquella fiesta. Cerca de la no­
che me avisaron , que convenía que me proyese de una mascarilla, porque no permitía la cos­
tumbre del País, que Yo me dexáse vér con mi ca­
ra descubierta. Por no separarme, pues, del uso,
rogué á uno de mis amigos, que se tomáse la inco­
modidad de buscarme alguna; aceptó gustoso el
encargo , y fue á executarle : volvió á cierto rato
con una mascarilla de figura tan extraordinaria,que
no puedo bien explicarla; pero quando quise aco­
modármela al rostro , no fue capáz poderlo hacer:
Entonces caímos en nuestro yerro, de que no podía
haver mascarilla que viniese al rostro de un hom­
bre, por estár todas hechas á la medida del de
Jos Monos. Reiinonos con el desengaño, y ya no
fue posible satisfacer en aquella noche mi curiosi­
dad , porque reusé constantemente ir de otra for­
ma al teatro, que de aquella en que era costumbre
asistir.
Para remediar la incongruencia, llamamos al dia
siguiente á un artífice de tales muebles,para que hi­
ciese unas acomodadas á Roberto, ya mí. Ponderó
éste la dificultad; fue necesario rogárselo,y pagarle
lo que quiso, para que consintiese; tomónos la me­
dida, y prometió traer cumplida su obra al fin de
dos dias. Entretanto quise indagar , qué cosa havia
parecido la primera Opera. Fui á la plaza, en don­
de encontré un corro de caballeros, me introduxe,
y luego hice mi pregunta. Ninguno se atrevía á pro­
ferir la sentencia; finalmente el mas osado decidió,
que la Opera era excelente; inmediatamente con­
descendieron todos á la proposición. Volví á instar
E2
con
de

36

VlAGES

con deseo de saber qué acción era la que se repre­
sentaba , y en qué consistía su valor. ¡ Con buena
pregunta iba Yo! Ninguno sabía responderla. Véa­
se aqui de qué modo suelen producir estos sus jui­
cios; el primero que habla, aunque no lleve razón,
ni tenga conocimiento de causa, ese es el que atrahe los votos de los demás.
Partí de la plaza; entré en una tienda de aque­
llas , en donde se vende el licor negro, de que ha­
blé en el primer libro, y tomé una taza, para ha­
cer lo que todos. Estaban también aqui hablando de
la Opera, con la distinción de decir, que no valía
cosa, porque asi lo havia decidido un viejo hipo­
condriaco, que no la havia visto: Pregunté el mo­
tivo , por qué no havia parecido bien ; se empeza­
ron á mirar unos á otros, y ninguno supo decirlo.
Finalmente un mozuelo respondió, que no havia
duda en ello, sin que se debiese buscar la razón,es­
tando de por medio la autoridad de un sugeto tan
grande. Yo callé; pero hice interiormente mil jui­
cios acerca de la voz común: Esta, pues, según la
experiencia referida, nace en el País de los Monos
de algún raro accidente; asi la temeridad de uno
que habla primero acerca de aquello que no entien­
de; ó la hipocondría de un viejo que está ya falto
de los sentidos,y ha perdido el gusto de todo aque­
llo que mas vivamente se solicita, por lo gene­
ral son las fuentes del crédito de las cosas , y de la
fama, que de alli se deriva. Fatigúense, pues, aora los Monos, sobre dexar un gran nombre á la
posteridad.
Esta variedad de pareceres movió mucho mas
mi curiosidad, El artífice nos traxo puntualmente
las

¿>E W A N T O N .
37
las mascarillas, como nos lo havia prometido : Cubrimonos con ellas los rostros, y aunque nos pare­
ció incomoda, y estraña al principio aquella espe­
cie de disfráz , después nos la hizo tolerar la cos­
tumbre^ fuimos poco á poco gustando de ella. Con
tales arneses me conduxeron al teatro. Creerá aora
mi leétor que voi á hacer descripción de todo lo
que observé la tal noche; pues no lo espere , por­
que Yo no vi otra cosa que confusión, y desorden.
Un agudísimo , y continuado estrépito, que resul­
taba del sonido de varios instrumentos, no dexaba
entender las voces de los adores, que siempre can­
taban ; lo mismo quando lloraban , que quando se
consolaban; igualmente aprisionados, que quando
estaban sobre el trono. Noté, que todos , tanto ma­
chos, como hembras, tenían una voz sumamente
delgada. Observé, que volaban las fábricas,que an­
daban los arboles, que resplandecía el terreno que
pisaban; que unos mismos personages se hallaban
de un momento á otro ya en la Ciudad, ya en el
cam po, ya en otros lugares distantísimos, sin que
se descubriese,cómo se formabaaquel encanto. Los
trages eran mui extraordinarios; de tal m odo, que
no huviera podido Pintor alguno de la mas desba­
ratada fantasía imaginar dibujos semejantes ; esta­
ban guarnecidos por todos lados de piedras brillan­
tes , de conformidad , que si fuesen finas, todo el
valor de un Reino se quedára corto por precio de
uno de aquellos vestidos. Todas las cosas en lo ve»
rosimil,y creíble guardaban unas mismas reglas. En­
tre canto,y canto se interpolaban ciertas danzas con
unas gesticulaciones bastante expresivas,pues siem­
pre fue, á la verdad, mas fácil significar un aéto
t, j
las-

38
VlAGES
lascivo , que un sentimiento de honor.
Para colmo de la extravagancia observé un mur­
mullo que no cesaba, mientras duraba la represen­
tación del hecho, que figuraban; pero un profundo
silencio , quando era necesaria la atención de los
ojos, y no la de los oídos para la diversión del bai­
le. Hice finalmente reflexión de que todas las Da­
mas, durante aquel expeétáculo,tenían vuelta la es­
palda á los aétores , y á los circunstantes la cara;
presuntuosa demonstracion de que hacían desprecio
de aquello á que con tanto anhelo deseaban asistir.
La diversidad, y confusión de objetos, y asun­
tos no desmerecía el que hiciese á los que esta­
ban mas próximos algunas preguntas, para que
me satisfaciesen mis dudas. El Señor Narciso estaba
conmigo; volvíme á él, y le pregunté con bastan­
te naturalidad, si sus heroes antiguamente canta­
ban siempre para hablar, y si todos tenían las vo­
ces de tiple. Un cierto Mono enmascarado, que es­
taba junto á mí, me respondió con una voz mui de­
licada: Vaya el villano al monte, y no se nos ven­
ga al teatro; los que son como é l , no pueden for­
mar sus juicios, sino según su naturaleza. Este ines­
perado ultrage me alteró en sumo grado;por lo que
le dixe: ¿Quién sois vos, Monazo desvergonzado,
que teneis atrevimiento de hablar de tal manera con­
migo? Soi, replicó él, uno que puede echarte del
teatro, porque soi el Impresario, y no tengo nece­
sidad de que un bruto venga á desacreditar mi
Opera, como tú lo estás haciendo. Seáis, añadí Yo,
el que fuereis, he de estarme aqui,aunque no que­
ráis, y he de hablar quanto me parezca; que Yo pa­
go mi dinero, para dár mi voto, como qualquiera,
en

D E

W ANTON.



en aquel expe&áculo, que se expone á la pública
censura. Iba á pasar adelante, pero los que estaban
inmediatos nos separaron.
■ ¡ . .¡
r *
Quise tom ar satisfacción de aquella afrenta, yasi, luego que se acabó la O pera, conté el suceso
al Señor Haya ; él se inclinaba á componerlo todo
amigablemente, pero Yo no me contenté con eso;
por lo qual, queriendo darme gusto, y mucho mas,
no siendo el Impresario sugeto*de suposición , me
acompañó á otro dia á casa del M inistro, que obli­
gó al referido á que me diese satisfacción, yendo á
mi casa á pedirme que tuviese compasión de é l, y
perdonáse su yerro.
CAPITULO

VIL

D e la visita del Impresario ; y del asunto del
Pleito que havia de votarse.

No

faltó el Impresario al cumplimiento del or­
den que se le dió. N o diré quán extenuado, y páli­
do estaba, con los ojos desencajados, y hecho una
verdadera imagen de la desesperación , por no ser
estas suficientes señas para pintar su figura; y asi,
como imposible, dexo de delinear un Monazo tan
disforme. Vino absolutamente mudado de como le
experimenté en el teatro; con la mas rendida hu­
mildad me hizo un cumplimiento tan grosero, que
me demonstró su poca crianza.
Quando se mira humillado al enemigo , no se
debe pedir otra cosa; por tanto Yo quedé contento,
además de ha verme movido á compasión su horri­
ble

40
V ia g e s
ble figura,de la que inferia un interior bastante las­
timoso : En virtud de esto , y no sabiendo qué ha­
blar con él, entablé la conversación de las cosas de
--su exereicio , y le pregunté, qué esperanzas tenia
acerca del éxito de sus intereses. Señor, respondió,
Vo tengo que pelear con una casta de gentes la mas
indomable del mundo. Es menor trabajo llegará do­
mesticar leones , que empeñarse en sujetar á la ra­
zón á un Músico, ó á la debida obediencia á una
Cantarína ; lo mismo digo de los Bailarines , de la
Orquesta, y de toda la canalla con quien gasto
un tesoro, para que hagan conmigo mil iniquida­
des. Si uno es liberal en regalarlos, y atento para
el manejo , le tienen por un hombre tonto, y creen
ya serles lícitas todas Sus impertinencias: Si uno se
demuestra severo, y lleva con rigor todo lo que le
pertenece, son como los asnos, que estári mas ler­
dos, mientras mas los castigan. Ya finge uno de los
que han de cantar, que está resfriado ; el Bailarín
que se ha hecho una contusión en una pierna, el
que ha de tocar, y otros asalariados por el infeliz
Impresario inventan diversos inconvenientes para
vengarse ; todos quieren que la paga sea puntual,
y ellos finalmente causan la ruina al mismo que los
alimenta.
Si ello es asi, como lo pintáis , le respondí, sois
digno, de que se os tenga lástima; pero permitid­
me que os diga, que al mismo tiempo se os debe
culpar. Conociendo el caráéter de esos, de quie­
nes depende vuestro vivir ,¿por qué no aprendéis
otro oficio ? ¿ ó por qué no teneis mejor trato, con
los que freqüentan vuestro teatro? Ya os entiendo,
dixo, interrumpiéndome, y perdonad que os res­
ponJ i'j

d e

W anton.

41

ponda, que juzgáis sin conocimiento de causa. Ea
quanto al segundo punto, sabréis que si el Impresario se dexa perder el respeto de los que asisten al
teatro, se puede contar por arruinado sin remedio;
pudiera poneros delante mil exemplos de esto, que
no havrán llegado á vuestra noticia, porque sois
forastero: Estamos en un País en donde los naturrales piensan se adquiere notable, y honorífico cré­
dito, despreciando aun las cosas mejores; quien ha­
bla mas mal de todo, ese es tenido por un grande
crítico. Omito dár también por razón en el punto
que voi hablando,que como estamos hechos á man­
dar á los Monarcas del teatro,se nos infunde,aun­
que no queramos, un espíritu, conque nos creemos
mas de lo que somos.
Por lo que hace al primer punto,respondo, que
es mui cierto que está en nuestra mano dexar es­
te modo de vivir, el qual por una incierta ganan­
cia nos hace sufrir infinitas, y ciertas desazones;
pero sabed, que este exercicio es como el mal con­
tagioso, que el que tiene la desgracia de ser toca­
do de é l , puede estár moral mente seguro, de que
no ha de morir de otra enfermedad. Añadid áesto,
que el que está puesto en estado de mandar, siem­
pre dice m al, y detesta su suerte ; pero de mil que
gocen este privilegio, con dificultad se encontrará
uno que renuncie al placér de hacerse obedecer,
por gozar la dulce tranquilidad de una vida cómo­
da, y libre de disturbios, vida fácil de poderla lo­
grar, alabada de todos, pero de pocos, ó quasi de
ninguno seguida.
En conseqüencia de todo lo dicho, concluyo,
que es digna de compasión, y no de ultrage nues■\Tmu II*
F
tra

4^
V I AGE S
tra condición; y haviendoosla declarado como es
en sí, tengo el atrevimiento de rogaros que seáis
mi prote&or. Aora dignaos de recibir un corto
tributo de mi respeto: Diciendo esto, sacó de la
faltriquera un pequeño libro, añadiendo , que era
la composición que se representaba en el teatro;rogome que la leyera , para que pudiese formar me­
jor concepto de la Opera: Díle gracias por el dón,
prometí leerla atentamente, y le pregunté, que qué
concepto formaba él de la obra: Es,me respondió*
un delicadísimo trabajo de la pluma mas excelente
de nuestros Autores. Estos Poetas Cómicos entien­
den poco de lo que es el teatro, y de lo que dá gus­
to al Pueblo. No diré por esto, que lo que agra­
da al público, es lo mejor : Nosotros no debemos
buscar la excelencia de la obra,sino las mejores en­
tradas con el común aplauso que es lo que nos dá
de comer. Pero Yo, que entiendo el arte mejor
que ellos, áfuerza de los golpes de tantas pérdidas,
he acomodado ese librito según el genio de los
que lo han de cantar, y el gusto de los que lo
han de oír , quitando , poniendo, y mudando las
hojas enteras , y descomponiendo en muchas par­
tes la invención. Leedle, que puede ser quedéis
contento.
Aunque no me parecían mui juiciosos estos dis­
cursos , gustaba de oirlos, porque no obstante ser
sobre asuntos tan frívolos, no dexaba de deducir
muchas advertencias necesarias á la perfeéía noticia
del gusto de* los habitantes del País. Consolé en su
aflicción á aquel miserable con las reflexiones que
hallé mas conducentes, y le despedí, porque me
llamaba la atención á otra parte un negocio de ma­
yor

DE W A N T O N .
43
vor importancia ; él partió contento de mi trato; y
Yo sin vér siquiera el titulo,tiré el librejo á un rin­
cón de mi quarto, con intención de tomarle quando no tuviese que leer, ó pensar en otra cosa.
El asunto , que con tanta prisa me instaba á sa­
lir de casa , era el célebre pleito de que se ha he­
cho arriba mención, al que debía hallarme presen­
te en qüalidad de Juez,como Consejero íntimo que
ya era. Aquel dia estaba destinado solo al informe,
para examinar en otro la materia, y dár finalmen­
te la sentencia definitiva. El caso que havia de con­
trovertirse , era el que voi á referir lo mas breve
que pueda.
Havia llegado á aquella Metrópoli un cierto V o­
latín , que, hablando en realidad, hacia estrañas
y portentosas ligerezas ; por tanto no se hablaba
de otra cosa que de é l , y con esta fama tuvo
unas ganancias inmensas. Las alabanzas, que ge­
neralmente se daban con razón á su habilidad, es­
timularon á algunos curiosos á indagar las causas
de ciertos efeétos, con que sorprendía á los expectadores,sin que pudiesen comprehender razón pro­
bable del modo con que los executaba. Sucedió,
pues, que un joven mui presumido de que nada se
le ocultaba, pronunció publicamente con atrevi­
miento, y sin reflexión de las malas conseqüencias, que aquel Volatín hacia cosas tan extraordi­
narias, y que eran la admiración del populacho, en
virtud de paéto que tenia con un genio familiar.
Al instante dió en tierra todo el mérito del pobre
Mono , que con tanta aplicación, y trabajo , y con
peligro continuo.de romperse la cabeza , se havia
hecho diestrísimo en su oficio: Vease aqui con una
F2
ilu-

44

Vi AGES

ilusión, producida por la imaginación, y mal reca­
pacitado discurso de un necio, destruidas las ala­
banzas, y estudio del infeliz charlatán. No podía
sobrevenirle golpe mas funesto á su crédito, y á sus
intereses. Pensó en remediarlo , y asi se presentó
al Principe por medio de un memorial, en el que
suplicaba, se le mandáse á aquel joven le resti­
tuyese su fama , y le subsanáse las pérdidas, y da­
ños, que con calumnia tan denigrativa le havia cau­
sado. Logró finalmente, que se estendiese un De­
creto , que disponía se examinasen severísimamente el arte, y habilidades del Volatín , y hecho, que
el Consejo fulmináse una rigorosa sentencia, en
que , ó quedáse castigado un N igrom ante, ó rein­
tegrado un inocente , con grave escarmiento del
que fomentó la calumnia.
En execucion de este Decreto fueron citadas las
Partes: Propuso el Abogado del caballero , que
aquel juicio debería terminarse decidiendo, si podrá
un Mono executar las acciones que exceden á las
fuerzas de la naturaleza, sin auxilio sobrenatural.
Los defensores del Titiritero respondieron, que no
era asi el caso de la qüestion , porque ésta no po­
día dudarse;que la dificultad provenía de probar,si
las habilidades del Volatín se executaban por arte
m ágica, ó si dependian de una destreza que se ad­
quiere con el u so , y la aplicación. Desbaratada,
pues, la primera máquina, se dedicó el Abogado del
agresor á entablar un nuevo artículo, y fue, que se
debían calificar lo mismo que artes diabólicas aque­
llas acciones, de las q u e , después de algún estudio,
no puede lo general de un Pueblo, descubrir la cau­
sa. Acordaron todos controvertir este punto : De
es-

4s¡

de
W anton.
este modo en vez de ceñirse á los términos del De­
creto para la pronta administración de justicia en
aquel caso, quisieron los Abogados fastidiar á los
Jueces en una qüestion que importaba poquísimo.
Asi el joven estaba seguro de prolongar la causa sin
fin : A si, aunque se probáse la afirm ativa, por ello
solo no podía condenarse al Volatín por Nigroman­
te : Y a si, finalmente, se iria formando una copio­
sa mies de artículos impertinentes , de donde fue­
sen engrosando sus ganancias los que havian de
manejar aquel negocio. .
Imposible parecerá á mi leétor, que los plei­
teantes en aquel País se dexen engañar de este mo­
do ; pero reflexione que era interés del joven , que
los Jueces no llegasen á sentenciar el principal asun­
to , por preveer que havia de salir condenado, y
por lisongearse de que mortificando al Titiritero
con continuas dilatadas cavilaciones, se vería pre­
cisado á ceder, y levantar la querella, ya por los
crecidos gastos que havian de ocasionársele, ya por
no hacer falta á las obligaciones de su profesión, te­
niendo que ir de alli á poco tiempo á otro Pueblo.
El- Volatín se dexó llevar de las persuasiones de sus
defensores(acaso de acuerdo con los contrarios,que
no es la primera vez entre los Monos) que le hicie­
ron creer, que la ventilación de este artículo tan fá­
cilmente ganado por él , le conducia sin duda algu­
na á la completa viétoria en el punto esencial. Fue­
ra de e sto , baxo el pretesto de ciertas soñadas for­
malidades suelen algunos Leguleyos en aquel País
prolongar los procesos sin medida,hasta que están
satisfechos (que rara vez sucede) de ganancias. Es­
tas falsas razones, que abraza, 6:1a falta de lu»
ces,

ces, ó la necesidad de adherir á aquellos que con­
viene adular , por haverlos hecho depositarios de
los secretos mas importantes del asunto que se tra­
ta, reducen á los infelices Litigantes, á que aprue­
ben los fraudes, y su proprio daño. De este detes­
table comercio .son siempre vídimas las leyes , y
la justicia, y por lo común la parte mas débil la
inocencia.
En aquella mañana, luego que nos sentamos en
el Tribunál, no se hizo otra cosa , que leer el Me­
morial del Volatin,y el Decreto del Principe, pn>
poniendo el Secretario del Consejo el estado de la
qüestion , que en fuerza del común acuerdo de las
Partes havia de ventilarse; después de lo qual se fi­
nalizó la Junta. Era la hora de comer, quando se
acabó la sesión, que no sirvió aquel dia de otra co­
sa , que de cumplir con una de tantas formalida­
des , como tiene la Curia de aquella Metrópoli , y
de hacernos sufrir mil incomodidades superfluas,
sin alivio de la Parte agraviada.
Al retirarnos á casa, no pude menos de dár á
entender á Roberto, que sentía vér abusar tan clara­
mente de la justicia ; pero él mas experto que Yo
en todas materias, me respondió de este modo: Bas­
ta tener sentido común,y principios de reditud,pa­
ra reprobar, y concebir una justa indignación con­
tra la malvada costumbre de convertir las institu­
ciones mas santas en un uso totalmente contrario á
las intenciones del Legislador. Y á la verdad,si se vá
haciendo reflexión sobre todas las leyes, y ordena­
mientos , formados para el bien común, se descu­
brirá quanto flan decaído desús principios,ocupan­
do su lugar ciertos inventos, y cavilacionesyenmas-t
ca-

DE

ff ANTON,

47

caradas con el nombre de justicia, ó interés del Es^
ta d o ; de este modo queda aparentemente entero el
vigor de las leyes; pero en realidad estas deben con­
siderarse del todo aniquiladas con la innovación in­
troducida, á fin de enflaquecerlas, é inutilizarlas.
N o hai establecimiento, por roas sano que sea,
que no esté expuesto á sen adulterado por la mali­
cia, tanto mas fácilmente se dexa esto comprehend er, quanto advertimos , que el Legislador que or­
dena , es uno solo; y los executores, son infinitos,
estudiando cada uno de ellos por todos los medios
la forma de hacer ineficaces los eféétos de la lei. Pe­
ro como se temen las penas que imponen las le­
yes á los transgresores, y el enojo de los Soberanos,
no sometiéndose al tenorde ellas,se busca una som­
bra de obediencia, se exagera mucho la debida su­
misión á<los preceptos;y mientras se están meditan­
do todos los caminos posibles, para dexar ilusorias
las prudentes constituciones, y mente, de quien las
instituye. N o creáis, amado Enrique m ió, que solo
el País de los Monos abrigue tan depravadas máxi­
mas en todos los siglos, y en todos los Reinos, co^
mo la H istoria, y Ja experiencia lo testifican , han
aplicado los hombres sus esfuerzos á fin de conse­
guir intentos tan abominables, por lo que no os de­
be maravillar que se encuentre también en.nuestros
Monos el contagio de la universal malicia.
Entiendo mui bien, respondí, que en la natural
libertad de los hombres, y lo mismo digo de los
M onos, repugne la sumisión á la voluntad, y deli­
beraciones de otro , no obstante que aquella, y és­
tas estén introducidas para el bien del Estado, y pa­
ra lo útil de la sociedad, que es quien fomenta las

48
V IA G E s
delicias de la vida, y sin la qual estaríamos conde­
nados á vagar por los bosques, privados de todos
los auxilios, y buenos oficios recíprocos, y reduci­
dos á la dura necesidad de cuidarnos por nosotros
mismos con un sin número de incomodidades, y
trabajos, pasando una vida poco mejor que la de
los brutos; pero no llego á compreender, cómo no
tratándose de esta libertad, intenten los racionales
destruir los nudos mas preciosos de la sociedad ci­
vil , como sucede en el caso de que íbamos hablan­
do ; abuso que es capáz de conducir al mundo al
extremo mas bárbaro, y desordenado.
El vil interés , respondió Roberto, es el manan­
tial de los males de que os condoléis; pero no es es­
ta una enfermedad que carezca de remedio ; antes
prevengo recetar un antídoto, que si le adoptáse la
ilustre Asamblea, de que tenemos el honor de ser
miembros,pondrá un freno á las implacables fauces
de todos los Monos letrados. No quiero explicar mi
intención, porque aún no tengo bien digerido en
mi mente el proyeéto; pero aora basta que os ad­
vierta,que haviendose hecho venal la Jurispruden­
cia , no es maravilla que sus Profesores sigan la
norma de aquellos que exercen semejantes artes;
y asi formen un misterio del asunto mas claro , y
llenen de malicias todas sus operaciones,
jíinilfím l& w in e ni ;>b
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í£ ;LrlfiC fií ib >'.fp¿baottm t -T:ñd ¿ -MI obnybiH

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CA-

de

W anton,

49

C A P I T U L O V III.
De Ja novedad que turbó el sosiego en el Palacia
del Señor Haya .
Aviendo llegado á nuestra casa, que continua­
ba en ser el Palacio del Señor Haya, observamos
alterada la familia. Todo estaba en desorden: nues­
tro huésped , y sus hijos andaban turbados, Mada­
ma Espina, y su hija sobresaltadas, y los criados en
perpetuo movimiento , entrando , y saliendo; sin
que nosotros pudiésemos adivinar la causa de aque­
lla trulla, y confusión ; no obstante , no queríamos
preguntarla, por no demonstrar la vana, y temeraria
curiosidad de indagar las interioridades de la familia,
pero al mismo tiempo me afligía un indecible dolor,
temiendo alguna desgracia en aquellos sugetos á
quienes estaba obligada mi atención con un excesi­
vo agradecimiento , y sincera voluntad.
Sentémonos á la mesa, y alternaban los suspi­
ros con el alimento, á cuyo tiempo entró un lacayo
de casa con el aviso de que el accidente era mor­
tal, según decia el Médico, pero que la muerte del
caballero no sería con mucha precipitación de tiem­
po. ¿Y qué es lo que se ha resuelto ? dixo Madama
Espina. Se ha suspendido, respondió el criado, toda
operación , por esperar á una junta que ha de te­
nerse esta noche, en que han de concurrir los mas
insignes Médicos de la Ciudad. ¡Buena cosa es, por
vida mia, respondió entonces Jacinto, dexar morir
al enfermo por no faltar á la formalidad de la con­
sulta !
Torth II»
G
A

íí

50

V l A G E S

T

A esto no pudo Roberto sufrir m a s , y pregun­
tó , quién era el q u e, como juzgaba , havia sido
acometido de algún accidente. Es, respondió el Se­
ñor H a y a , un tio mió por parte de madre, que mu­
chos años ha tiene el empleo de Generalísimo de
las armas de estos Estados; es sugeto de ilustre fama,
y cuyos hechos le harán célebre en las futuras eda­
des. Es gravísima la pérdida de nuestro Principe, si
llega á faltar un heroe semejante. Respedo á mí se­
ría su muerte aún mas sensible , por quanto con su
liberalidad ha levantado cabeza mi familia, que en
tiempos pasados estuvo bastante abatida por repeti­
das desgracias; su protección ha sido causa de que
haya Yo conseguido muchas veces honrosos cargos,
que he regentado con esplendor, y decoro, median­
te sus sabios consejos. Ved , pues, amigo m ió,qué
grande deberá ser mi pena,yá por el vínculo del pa­
rentesco , yá por un justísimo agradecimiento, que
monta mas que otra qualquiera razón.
Es menester conformarse, replicó Madama Es­
pina ; vuestro tio ha llegado á una edad decrépita,
y es forzoso que pague el ordinario tributo á la na­
turaleza: Además, que él muere sin succesion; y asi,
haviendo sido tan grande bien-hechor vuestro en
•vida , podéis esperar que muriendo os dé mayor
muestra de su cariño. El Señor Haya seiba enfadan­
do con los discursos de su consorte; pero ésta aña­
dió: No os irritéis, marido mió; Yo no soi tan delica­
da como vos; una gruesa herencia bien puede enju­
gar un torrente de lágrim as; y no temo llevarme
chasco en mi espeétativa, porque he manejado este
asunto con el mayor cuidado: No obstante el asco
que me daba mirarle , y ponerme junto á é l , le
vi-

DE W A N T O N .

£r

visitaba mui á menudo; siempre le llevaba la gotosina de alguna fruta temprana, o alguna pastiilita,
para darle á entender mi cariño. Los viejos son in­
clinados á la glotonería , por lo que Yo procuraba
satisfacérsela, y asi ponía el mayor cuidado en dar­
le gusto en todas sus extravagancias. Muchas veces
le insinuaba las urgencias de mi casa, y él me con­
solaba , respondiéndome, que algún dia nos pro­
veería el Cielo. ¿Se puede hablar mas claro? Verdad
es que tiene un sobrino, hijo de su hermano, que
debería ser un fatal estorvo de mis esperanzas; pero
yá me he dado buena maña para destruir su opi­
nión en la mente del tio , á quien en repetidas oca­
siones se le he representado como un disoluto, un
jugador, un pródigo; aunque Yo bien conozco que
no tiene tales vicios; pero , Señor mió, no se re­
quieren tantos escrúpulos,quandode loque se trata
es de una crecida herencia. Finalmente, en quanto
de mí ha dependido , no he dexado piedra que no
mueva para conseguir mi fin. Por el bien de mis hi­
jos he sufrido muchos años el tédio que me causa­
ba tener que acariciará un viejo asqueroso , y aun
he hecho algunos gastillos para lograr con mas se­
guridad mi intento. El moribundo tiene muchos años
há un Ayuda de camara que es depósito de todas
sus confianzas , y Y'o he sabido ganar su voto , de
conformidad, que siempre apoya con su amo todas
mis razones. Solo un golpe me resta que dar para
salir de desasosiegos; explicaré mi pensamiento. Es
necesario inducir al viejo á que haga testamento,
para esto tengo ánimo de buscar una persona que
le sugiera un afto tan forzoso para la conservación
de sus bienes después de sus dias; un Escribano , á
G 2
quien

$2
V l A G E S
quien tengo gratificado, nodexará de servirme con
todo zelo , bien que pagándoselo antes á su satis­
facción. Basta: Yo sé como llevo el manejo de las
cosas de la ultima im portancia; por lo qual voso­
tros, hijos mios , confiad, dexando el asuntoá car­
go de una madre h á b il, y sin las preocupaciones
que generalmente tienen todas.
El Señor Haya , que estaba penetrado de un
sincero dolor , se mortificó mucho escuchando tan
malvado discurso; oponerse á estas indignas máxi­
mas era acarrearse una implacable indignación, y
no era tiempo oportuno de fomentar una disensión
doméstica; y asi suspirando se levantó de la mesa,
encogióse de hombros , y se retiró. Nosotros tam­
bién nos guardamos de oponernos á las escandalosas
ideas de Madama Espina, pues nuestras insinuacio­
nes no havian de haverproducido efeéio alguno, y
mas nos valia disimular, que dar fuera de tiempo
una correcion moral que la huviera irritado, sin
esperanza de enmienda.
Dos cosas nos admiraron en este suceso; la pri­
mera fue, que no nos pidió parecer,como regular­
mente executaba , siempre que creía haviamos de
asentirásus proposiciones (que sucedía raras veces)
ó que haviamos de alabarla; señal fixa de que ella
no ignoraba la maldad con que procedía, y que no
obraba con falta de reflexión, sino maliciosamente
con perfecto conocimiento de causa.La otra fue,que
tuvo este tan dilatado, y vergonzoso discurso en
presencia de todos sus criados , que se hallaban al
rededor de la mesa sirviendo la comida: Esta im­
prudencia me pareció mui m a l, pues previa que
dentro de pocas horas sabrían al pie de la letra el ra­
zo-

de

W anton.

53

zonamiento los criados del viejo enfermo, con des­
crédito del Señor Haya. Nunca están de mas las pre­
cauciones que toman los amos para ocultar á los
criados los secretos de la casa, pues suceden infini­
tos daños á los incautos, motivados de estos enemi­
gos conjurados contra quien los alimenta.
Los hijos, aunque algo contristados con la en­
fermedad de su tio, me pareció ponían bastante ale­
gre el semblante con las futuras esperanzas; pero la
Señorita, que se consideraba con una rica dote, con­
tinuamente andaba preguntando yá á la madre, yá
á sus hermanos , yá á los criados , si acaso corria
riesgo de que el enfermo se recobrase. Soltando
después las riendas Madama Espina á sus fantásticas
ideas, contaba entre sí las cantidades de que cons­
taba la herencia ; numeraba las joyas , pesaba la
plata , formaba el plan de los réditos anuales que
darían de sí las resultas de los ahorros del viejo, y
ascendían,según su pensamiento, á unas sumas mui
considerables; después pasaba á los bienes raíces, y
otros efedos preciosos, con todo lo qual se soñaba
la Señora mas rica de la Corte. Las torres de viento
á poca costa se fabrican; por lo que no es de estrañar que haya tantas personas que se deleiten en fi­
gurarse las mas magníficas, y bizarras. Nuestra M a­
dama Espina, tan fecunda de fantasía, como escasa
de juicio , se dexó llevar de su imaginación acalo­
rada , y se entregóá mil quim eras:Ella se propuso
agrandar su casa; de alli á poco , arrepentida de
esto, ideó echarla toda por tierra, para tener la satis­
facción de edificar un Palacio de un gusto mui par­
ticular , y poco diferente de los que leemos fabrica­
dos en el vasto, y antiquísimo País de las novelas;
sus

54

Vi a g e s

sus joyas la parecían de poco valor , y yá la daba
vergüenza presentarse con ellas entre las mas ilus­
tres Damas de la Corte; no havia de poder llevar
los vestidos por el peso del oro; todo finalmente llegava á un grado excesivo; y la imaginada herencia
quedaba consumida por ella sola en cosas mui pre­
ciosas, pero absolutamente superfinas, si es que
aquel nombre merece el cúmulo de tantas como
estaban introducidas para contentar el fausto de
las Monas.
No faltó mucho para que la hija riñese con su
madre , viendo gastada su dote, por satisfacer esta
sola su fantasía. Los tres hijos no se hallaban conten­
tos con aquestas particiones; pero nosotros yá está­
bamos cansados, y llenos de fastidio de tantas ne­
cedades. Levantóme de la mesa pretextando un ne­
gocio inevitable; siguió miexemplo Roberto,y á és­
te los dos hermanos, dexando á las dos que se pasea­
sen sin impedimento por los espacios imaginarios.
Yo me retiré á m iquarto á dormir la siesta, por haver reconciliado sueño con el dilatado tédio de la
sobremesa. Quedé de acuerdo con Roberto, para que
acompañásemos al Señor H aya, quando fuese á vi­
sitar al enfermo, no desamparando ni un momento
á nuestro bien-hechor , mientras considerásemos
estaba necesitado de com pañia, y de consuelo.
C A P I T U L O

IX .

D e la Junta de Médicos .

'JF U im os al anochecer con el Señor Haya al Pa­
lacio del moribundo; iban con nosotros los tres heri
ma-

DE W ' A N T O N .
55
fnanóS, que compungieron sus rostroá para entrar:
Llegamos á la cama del viejo, que suspirando se
lamentaba de su temprana muerte, no obstante que
pasaba de noventa años; se hizo las honras en vi­
da, y exageró la pérdida de aquellos estados con su
fallecimiento , con tal tono , que parecía que el
mundo todo havia de volver á su antiguo caos el
dia que se disolviese el lazo que unía aquella gran­
de alma á su cuerpo , que ya con la vejéz, y acha­
ques estaba quasi cadáver. Aproximóse Roberto pa­
ra tomarle el pulso ; pero no quiso condescender*
fundado en no sé que ridículo agüero. El Señor Haya
se esforzaba para detener las lágrimas, recogiendo
sus sollozos entre los labios ; Yo le sugerí aquellas
consolatorias que deben darse en casos semejantes;
pero el enfermo nos interrumpía de quandoen quando , repitiendo sus valerosas hazañas , las batallas
que havia ganado, los enemigos vencidos, y la con­
servación por su brazo de aquellos dominios , y su
Principe. ¿Quién,decía, podrá de aquien adelante
disponer con tanto conocimiento un Exército, in­
ventar estratagemas tan útiles como las mias, y
aprovecharse tan oportunamente de las ocasiones?
¡Pobre patria mia! De esta vez acabas, conmigo vas
al sepulcro. Esta necia vanidad me hizo creer, ó que
el Mundo perdía poco con su muerte, ó que la edad,
y el mal le tenían perturbada la cabeza; y asi el úni­
co sentimiento que me quedaba , era el ver al Se­
ñor Haya, por el cariño que le profesaba, tan.afli­
gido con este accidente. A sus hijos retozaba la ri­
sa oyendo vanagloriarse al viejo; pero, aunque con
■ trabajo, la detenían, y les,costaba bastante tener
que fingirse doloridos.
A

56

V ia

g e s

A este tiempo llegó la carroza con la Señora
Espina , y su hija, que sin entrar recado pasaron
adelante con toda libertad. En esta visita comprehendí de quanta ficción es capázel corazón de
las hembras. Estaban hechas las dos una viva ima­
gen del desconsuelo, brotaban sus ojos abundantes
lágrimas, que mezclaban con profundos continua­
dos suspiros. Llegóse la Madre á la cama del viejo:
y dixo: ¡Ay de mí, á qué tristísimo paso me ha
querido conducir mi destino! ¡Oh, quién pudiera
dar su vida por conservar la vuestra! Aun no fuera
este suficiente sacrificio en recompensa del amor
que siempre os he tenido: No pudiera hacer ma­
yor beneficio al Estado, que conservarle una vida
tan necesaria,y que es un tesoro que no tiene pre­
cio. Mas ya que no pueda resistir á los decretos
del cielo, que me conducen á la mas crecida de
mis penas , aceptad este parecito de huevos fres­
cos que han puesto hoi mis dos gallinitas negras,
recibiendo en tan corta ofrenda el tributo de to­
do mi corazón.
La conclusión del referido discurso me hizo
morder los labios para detener la risa. El viejo la dio
mil gracias, teniendo la vista siempre atenta,y fixa
en ella, como solicitando escudriñar en todos los
movimientos del rostro la sinceridad de sus senti­
mientos. Sentóse Madama á la cabecera , y desde
alli, después de hacer mil honras al moribundo, aña­
dió , que nunca se conocía mejor la prudencia de
los sugetos de circunstancias, que en la última dis­
posición que hacen de sus bienes. Es locura lo
que algunos executan , que por quitarse de qüentos, dexan que entren los herederos necesarios,
an-

i

be W a n t o n .
57
reponiéndose á los dem ás; es justicia recompensar
á quien lo merece,y no es acción sábia abandonar á
la suerte unas facultades sobresalientes.
El Señor H aya,que se consumía interiormente
con semejantes discursos, dixo que el mal de su tio
no estaba tan de remate, y que mas valía que pen­
sase en recuperar su salud, que en tan funestas ideas.
El viejo, que era mas astuto que lo que aquella
tonta imaginaba , terminó todas las dudas, signifi­
cando que yá antes de caer malo tenia hecha su
disposición, según las reglas de prudencia, y jus­
ticia. Con esta respuesta no tuvo acción la Mona
para hablaren algún tiempo; pero observando des­
pués unas ricas sortijas que estaban sobre una pe­
queña m esa, dixo: ¡Ay de m i! amado tio , no es
razón que estas alhajas anden asi rodando á la vis­
ta , y expuestas á la tentación de todos los que pue­
den entrar en esta alcoba ; mejor estarían en otro
puesto mas resguardado, y seguro. Entonces man­
dó el viejo que pusieran los anillos en cierta cajita.
Se levantó M adam a, y tomándolos, abrió la caja
donde havian de ponerse, mas con una diestrísima
mediabuelta , imitando á los jugadores de manos,
los colocó en su faltriquera. Todos los que estába­
mos presentes bien conocimos lo que havia he­
ch o , exceptuado el Señor Haya , á quien impedia
un sincero dolor el ver las acciones de su esposa;
pero fue su desgracia el que un criado lo observáse, porque inmediatamente lo contó al sobrino, de
donde se originaron muchas desazones que se ter­
minaron con poco honor de la robadora: Este tal
sobrino no estaba á la sazón presente, por ha ver sa­
lido á executar ciertas comisiones importantes, que
T§m. II,
H
&

5&

VlAGES

el tio le havia mandado. No tardó mucho en vobver ; pero le recibió Madama con desprecio , y en
su propria casa tuvo la avilantéz de insultarle atre­
vidamente.
El mal del enfermo iba entretanto aumentándo­
se, y no parecían los Médicos para procurarle ei
alivio. El viejo tenia una calentura ardentísima, que
indicaba inflamación interna , un afan continuo no
le permitía ni un instante de reposo, y claramente se
escuchaba un gravísimo hervidero en el pechoñodas señales de su próxima muerte.
Quiso el Cielo que llegase el Señor Ciprés, que
era un Dodor largo, seco, y melancólico. Entró á
visitar al moribundo; tomóle el pulso , y no quiso
hablar palabra hasta que viniesen los otros tres Mé­
dicos que se esperaban. Respeto ridículo con el
qual demonstrando una afedada modestia, abando­
naba el principal fin para que fue buscado. De alii
á poco vino el Dodor Melón, que era de una mas
que mediana estatura , y crasitud correspondiente;
nos saludó á gritos, y antes de tomar el pulso ai
enfermo, decidió á su favor, sin querer oir la serie
del mal, ni sus símptomas: Se sentó junto al Se­
ñor Haya, y trabó la conversación acerca de las
cosas del Mundo con tal desembarazo, y mezclando
tantos disparates, que temí desde entonces mucha
al pobre enfermo, viendoleen manos de un Médi­
co tan ignorante , y presumido. El tercero que lle­
gó fue el Dodor Cardo; éste , que era de una es­
tatura regular, y algún tanto mas moreno que los
otros, habló alguna cosa del accidente del viejo:
Se introduxo.después á descubrir las curas que ha­
via hecho en sugetos de elevadas circunstancias; y
etn-

W anton.
y9
erñpezó ámórdercon su regular picante estilo á los
otros Médicos sus compañeros. Finalmente, arribó
nuestro DoCtor Cilantro , que no puso mui buena
cara luego que nos vió alli , pero huvo de tener á
bien el aguantarnos, quizás por no renovar las pa­
sadas reyertas.
La primera diligencia que todos practicaron,
fue pedir los excrementos del paciente, que con un
palito estuvieron revolviendo largo tiempo, con lo
que lograron perfumar todo el quarto con tan he­
diondísima peste. Fueron estos quatro sabios condu­
cidos á una sala próxima para decidir del estado
del viejo, y consultar los remedios oportunos á su
salud. El Doétor Melón fue el primero que decla­
ró que el accidente era un ligero resfriado. No
convinieron los 6tfo§ Médicos con este parecerj
pero lo que es peor, cada qual fue de diverso sentir,
y los quatro fulminaron quatro sentencias absoluta­
mente opuestas. Entonces se empezaron á oir las di­
sertaciones particulares de cada uno; mutuamente se
honraban con pomposos títulos, llamándose sapien­
tísimas lumbreras del Médico cielo, esclarecidísi­
mos órganos de la naturaleza, excelentísimos pro­
pagadores, y prolongadores de la vida, invictísimos
triunfadores de la muerte. Se creerá, que en sus res­
pectivas disertaciones se tratase del doliente ; pues
ni le nombraron: Hicieron descripciones de las cau­
sas de las enfermedades; qual de ellos explicó la ana­
tomía de los pulmones; qual nos favoreció con una
prolixa pintura de los nervios; qual habló de la
circulación de la sangre; y qual, finalmente,expuso
el mecanismo del aire, y el origen de la tos. Ya lle­
vaban dos horas gastadas en tan superfluos coloH2
quios,
de

6o

V i a g es
quios , quando el sobrino del moribundo dixo asi:
Señores mios, vosotros estais perdiendo tiempo
en darnos muestras de vuestra profunda sabiduría,
y entretanto vá acabando el enfermo ; hacedme el
favor de pensar en poner algún remedio , y estad
seguros , de que todos los que os escuchan están
mui hechos cargo de vuestra gran doétrina. Viéndo­
se obligados los Médicos à recetar alguna medicina,
dispuso el Señor Ciprés una composición de cora­
les, de perlas, de minerales, &c. Esta, dixo, es capáz de hacer levantar los muertos de sus sepulcros,
pero es necesario mandarla hacer en la Botica que
está en la calle de N. porque de otro modo no ten­
drá eficacia alguna el remedio.
Sonrióse el Dodor Melon, y dixo inmediata­
mente : Como quiera, que Yo no aprecio a ese Bo­
ticario, no puedo venir bien en ese remedio; esa
Botica es mui antigua, y hace pagar el agua à peso
de oro. Yo dispondré, añadió, otra receta que
vale mucho mas ; y dixo al punto los nombres de
mas de cien ingredientes, que solo se hallarían en
la Plazuela de N.
Pareció mui cálido , y peligroso el remedio al
Do&or Cardo,el qual exageróla virtud del mercu­
rio , pero con la condición, que havia de preparar­
se de un nuevo modo,cuyo secreto únicamente con­
sistía en la habilidad de cierto Chimico, amigo su­
yo. Disintieron todos, diciendo, que en el caso pre­
sente no convenia aplicar semejantes remedios.
El Doétor Cilantro , finalmente, que havia he­
cho juicio de que el mal provenia de flato , pro­
puso un emplastro, que havia de aplicarse a los pies
del enfermo,para cuya composición se necesitaban
cier-

be
W anton.
61
ciertas yerbas que nacen, según decía, en unos al-*
tísknos, é inaccesibles m ontes, que deben dexarse
rociar de las aguadas de Mayo , y cortarse en el
mismo momento del plenilunio, á tiempo que estu­
viese el Sol en L e o ; pero era también del caso, que
este momento viniese á caer por la noche. La im­
posibilidad de satisfacer tan ridiculas circunstancias,
no obstante que aseguraba con juramento que co­
nocía un Herbolario que poseía este tesoro, y mas
que todo , el uso exterior que havia de hacerse de
las tales yerbas, fue motivo de que unánimemente
se despreciase la proposición.
Vedlos aqui nuevamente implicados con las du­
das del principio. No se me ocultó el enigma acer­
ca de la discordia de aquellos Médicos, cuyas ideas
conocí, y me sirvió de aborrecerlos con mayor fun­
damento. Consistía, pues, el asunto en el torpe in­
terés de ellos mismos, por estar confabulados con
ciertos Boticarios, H erbolarios, y Charlatanes, de
quienes recibían un generoso donativo á propor­
ción de las ganancias que les procuraban. De aqui
era , que valiéndose de la ocasión de los enfermos
rico s, alababan las medicinas, y sus artífices, no
á medida de la utilidad de su uso, sino en virtud
de lo que con ellas enriquecían á sus amigos, y por
consiguiente á sí mismos. De este m odo, para lim­
piar la bolsa de los Monos demasiado crédulos,
aplicaban mui á menudo un costosísimo remedio,
que solia anticipar la muerte á los infelices, que
con el desembolso del oro creían que compraban
la salud.
Me decía un Médico de buena fé ( que entre
los abusos mas generales se encuentra siempre quien
se

6a
.. V i a g í s
se atreve 1 oponerse á rostro firme al torrente de
la maldad) que la naturaleza, pródiga de sus do­
nes , subministra en las yerbas comunes los antído­
tos seguros de todos los males; pero que el Médico
interesado no quiere ponerlos en uso, si es que co­
noce su actividad ; ni los enfermos tienen fé con los
remedios que pagan á bajo precio; y asi estas sim*
pies medicinas se han quedado para la Ínfima ple­
b e , y para los Hospitales, en los que mas fácil­
mente sanan los enfermos, porque no tienen caudal
que em plear, en las que se usan para la ordinaria
credulidad de los sugetos ricos.
Yá se acercaba la noche, y no sabían qué par­
tido tomar. El Señor Haya dió á entender su enfa­
do , por lo que el Doétor Melón dispuso un reme­
dio que no podía redundar en utilidad suya, ni de
otro alguno de sus compañeros, que era lo que vi-r
vísimamente todos deseaban , según la acostum­
brada envidia de estos Profesores, quando no pue­
den sacar para sí solos el provecho. D ecidió, pues*
que la única tentativa que podía executarse , era
echarle al viejo una ayuda de agua tibia. Aplaudie­
ron los Dodores el grande hallazgo, y á una voz
acordaron que era este el pensamiento mas sabio
que podía ocurrir en la mente del mas científico
Mono. Yo me reía de todo corazón, y Roberto es^>
taba encolerizado, pero nos era forzoso callar, quan*
do se trataba de la opinión de quatro Médicos, que
cada uno tenia sus partidarios en la asamblea.
Volvieron estos célebres Phisicos á la alcoba
del viejo; le consolaron con la esperanza de verle
prontamente recobrado, y le propusieron la medi­
c in a , que con uniformidad de votos se havia deter-

W ANTON.

63
terminado. No bien oyó la proposición el viejo,
quando montó en cólera , y después de haver di­
cho mil improperios álos Médicos, les habló de es­
ta manera: ¿Yo, que por espacio de mas de setenta
años he dado pruebas del mas verdadero valor; que
he derrotado inumerables Naciones bárbaras; á
quien el enemigo jamás ha podido hacer volver la
espalda ; queréis que tenga la vileza en los últi­
mos periodos de mi vida de entregar mis nalgas pa­
ra una medicina ? Huid de esta casa, espíritus en­
vidiosos de mis glorias, y dexadme morir antes
que proponerme un proye&o que es destruélor de
mi fama.
Si fue un entremés la consulta de los Médicos,
mucho mas ridículo me pareció el catástrophe de
esta historia. Salimos de la alcoba, y el Señor Haya,
haciendo la apología de su tio, decia, que todos los
individuos racionales tienen sus particulares defec­
tos, y que el enfermo siempre havia sido inclinado
á llevar hasta el último extremo el punto de honor.
La vejéz , y la enfermedad , añadió , ponen en tér­
minos de extravagancia esta flaqueza; pero discul­
padle, Señores, pues las demás excelentes qualidades suyas suplen este defeélo.
Preguntados los Médicos , qué les parecía del
enfermo , respondieron conformes , que no les pa­
recía de peligro el mal, y que era forzoso esperar
al séptimo dia para formar un juicio seguro. En es­
to fue en lo que en efeéto no se engañaron , por
que en este dia, aunqualquiera chiquillo podía ha­
blar del paciente sin peligro de errar, como se verá
dentro de poco. El sobrino del enfermo dió gracias
a los Médicos , y regaló á cada uno dos escudos
de
DE

V

64
I A G E ¡5
de oro; todos reusaban deboca tomarlo,pfotektan-*
do que tenían bastante con el honor de servir á la
fam ilia; pero al mismo tiempo alargaron las manos,
y empuñáron con bastante apretura el dinero pa­
ra que no se les perdiese. Fueronse , finalmente,
los Doétores, y nosotros quedamos mas confuso^
que al principio.
Yá era tarde, y convenía retirarse á casa. M a­
dama Espina todo era inventar pretextos para di­
latar la partida, diciendo, que el sobrino podía irse
á acostar ; para que con esto echáse de ver el tio
que no le cuidaba tanto como ella , y asi se in­
clinase á su favor en el lance de un Codicilo que
pretendía que nuevamente hiciese, como yá le
havia propuesto al sobredicho Ayuda de cam ara
del viejo, pero no fue posible reducir al joven á
lo que ella queria ; antes respondió , que no havia
que pensar que él dexase la cabecera de su tio has­
ta el último suspiro: Ella altercó con él, pero na­
da pudo conseguir. El Señor H a y a , para impedir
que pasasen adelante las disputas, se despidió del
viejo , y todos tuvimos que seguirle, encaminan'!
donos á casa.
,.
*
C A P I T U L O

X.

D el teatro cómico de los Monos.
J y A tristeza que reinaba en el semblante del
Señor Haya , y la alegría , que no podían disi­
mular los ojos de su esposa , formaban un contra­
punto bastante curioso. Nosotros no sabíamos qué
par-

de W anton.
65
partido tomar, por hallarnos indiferentes paraquahquier suceso; no obstante la amistad, y el agrade­
cimiento nos obligaban á hacer el papel de dolien­
tes; bien que por haver comprendido el caráéter
del enfermo, conocíamos la poca utilidad que re­
dundaba á aquellos dominios, de la vida de un per­
sonage , ya por su edad imposibilitado, y ridículo.
Al dia siguiente dexé la cama al rayar el Sol,
y pocos minutos después vi salir de su quarto al Se­
ñor H aya, que ansioso por saber de su tio, se enca­
minaba á despertar á los criados, para enviarlos á
saber cómo havia pasado la noche. Bastante trabajo
costó que se levantáse uno, el que fue prontamen­
te con el recado : No tardó mucho en volver con
la respuesta , de que ya havia finalizado la escena,
haviendo muerto el viejo una hora después de me­
dia noche. Con este aviso se dexó llevar el Señor
Haya del sentimiento, apoyándose sobre una silla,
en donde se mantuvo un rato con un profundo si­
lencio, y los ojos fixos en el suelo; después sacando
fuerzas de flaqueza , se levantó con el rostro algo
mas sereno , diciendo: Inútiles son los lamentos, no
teniendo ya remedio el mal; Yo he cumplido con
las obligaciones que la sangre , y la gratitud me
diñaban, sin que me quede remordimiento de haver omitido cosa que me perteneciese. A s i , pues,
con una constancia filosófica desechó los movi­
mientos del dolor, y de la pasión , sin aumentar los
daños de aquella pérdida con acarrearse los males,
que suele producir una continuada tristeza. ¡Felices
los que tienen fuerzas para vencerse á sí mismos de
este modo, y para corregir sus pasiones con una vir­
tuosa resistencia!
Tom. II.
EsI

66

VI AGEs
Esparcióse la noticia de esta m uerte,y fue mui
general el júbilo por la vacante de un empleo tan
visible, á que aspiraban las personas mas distingui­
d a s ^ principales de la Corte. No parecía, sino que
el Estado havia hecho la conquista de alguna Pro­
vincia ; por lo qual el pobre Mono, que por su Prin­
c i p e ^ la Patria havia emprendido unas no co­
munes hazañas , no tuvo quien le compadeciese
m uriendo: Recompensa mui ordinaria del verda­
dero mérito ; hasta tan to , es cierto que el interés
particular atropella por todas las leyes de la grati­
tud, y del decoro.
Madama Espina no podia contener su alegria,
creyendo firm em ente, que desde aquel dia entraba
en posesión de todos los bienes del difunto: Pero el
mencionado sobrino, que era el heredero del tío,no
se dio prisa á hacer abrir el testamento. Ella , que
deseaba eficacísimamente saber su contenido, soli­
citaba con todo esfuerzo , que se hiciese su publi­
cación. Resistiólo vigorosamente el. sobrino, sin dexarse vencer, ni por la importunidad de los rue­
gos, ni por los insultos de aquella irritada Mona:
Esta,-finalmente, tuvo que llamar á un Escribano,
para concertar Con él el precio para la consecución
de sus deseos ; vino éste, y encareció mucho la ma­
niobra. Hai en aquella Ciudad la costumbre de con­
tratar con los Escribanos,quánto han de llevar por
abrir un testamento cerrado; y asila suma que él
pidió, fue exorbitante, sin que fuese posible con­
sintiese, basta tanto que se le dieron cien escudos
d e oro, de moneda cabal, y corriente.
Luego que agarró la paga,abrió con toda so­
lemnidad el dicho testamento, que contenia mui
po-

DE

W ANTON.

6?

pocas lineas. Dexaba el viejo por heredero universal
de todos sus bienes al sobrino, y solo le aconsejaba,
que diese al Señor Haya alguna ayuda de costa, pa­
ra que pudiese colocar honradamente á su hija la
Señora Lechuga. El Escribano hizo un buen viage,
pues solo por leer quatro renglones, cogió una pa­
g a , que parece increíble, excepto á los que cono­
cen la voracidad de estas gentes; y la pobre Mada­
ma Espina pagó á bien caro precio su disgusto.Luego que se hizo saber al sobrino la voluntad de su di­
funto tio, consignó para la hija del Señor Haya,con
una generosidad sin igual, una dote con que la so­
licitarían los mejores partidos de la Corte.
Todo esto pasó aquella mañana, antes de reci­
bir las acostumbradas visitas de pésame,que son un
verdadero martirio, tanto para los qne sinceramen­
te están doloridos , como para los que no lo están,
haviendo de fingir una pasión que no sienten. Ma­
dama hizo mui bien el papel, llenos sus ojos conti­
nuamente de lágrimas; pero en la realidad era llan­
to, originado del despecho, y la desesperación de
vér burladas sus esperanzas: Las amigas,creyendo
cierto su dolor, la acompañaban en su sentimiento,
y como que deseaban que el viejo no huviera falta­
do tan presto, por considerar que los golpes que
dán mas treguas , son menos dolorosos: Ella tam­
bién con su propria sangre huviera pagado que vi­
viese aún, ó por vér si le podía inclinar á sus deseos,
ó por cargarle de injurias, por ha verla burlado.
Entre los muchos que concurrieron á las co­
munes formalidades, se distinguió , por ser de los
primeros, el Señor Alcachofa; éste era un joven de
bellísimo corazón, de poquísimo entendimiento , y
I2
de



68

VIAGEs

de muchísimo amor proprio. Era su ordinario estilo
correr por la Ciudad de visita en visita, cumplien­
do en todas con un proporcionado periodo los dias
que no se lo impedia cierta ocupación, que era su
em pléo, que él estimaba como cosa de grave en­
tidad, pero que en realidad era bien despreciable.
Luego que cumplía con las primeras ceremonias,
torcia la conversación á sus proprias alabanzas, re-r
pitiendo puntualmente todos los dias una propria leccion^i no encontraba dispuestos á los circunstantes
para escucharle, se despedia, y marchaba á otra
casa á echar la misma arenga. A éste rogó el Señor
Haya , que me lleváse al paseo, no queriendo que
Yo estuviese todo el dia encerrado entre aquellos
objetos de tristeza. El buen Mono no solo vino bien
en este encargo, sino que también se obligó áacom­
pañarme por la noche á la Comedia. Acepté gusto­
so su liberal oferta, y partí con él de aquella casa,
en donde me hallaba mui violento, viendo tanta
ficción por todas partes.
Apenas salimos á la calle, el Señor Alcachofa
me rogó que le recibiese por uno de mis amigos.
Yo soi, me dixo , un honrado Mono , que descien­
do de una honesta familia. Mi ocupación consiste en
ciertas dependencias en el Consejo, en las que me
manejo con toda exactitud, y puntualidad, cosa ra­
ra en los de mi profesión: No llevo costas á los ca­
balleros por el trabajo que pongo en sus negocios,
y con esto estoi bien recibido de la N obleza, y me
admiten en todas sus concurrencias, y visitas, como
si fuese uno de los mas ilustres personages de estas
Provincias : Vivo con el gran mundo, y gozo de
todas las diversiones de la vida: No hai público re­
gó-

DE

WANTON.

69

gocijo en donde Yo no me halle; á la primera sa­
lida estoi ya seguramente en el Teatro : Concurro
no solo con mi persona , sino también con mi di­
nero , donde se entra por él , en los bailes; no
obstante que hai malignas M onas, que dicen que
asisto en qüalidad de perro de guarda de la sala
donde se danza. Finalmente mi suerte es envidiada
de quantos me conocen. Enseñóme después un es­
tuche de plata , una caxa de esmalte, y otras frio­
leras , que componían el pequeño equipage de este
moderno Narciso. Sacó finalmente un puñado de
dulces de la faltriquera, y me los regaló,diciendom e , que quien continuamente trata con las hermo­
sas , es forzoso que siempre vaya proveído de se­
mejantes golosinas.
Yo estaba aturdido, al paso que me divertía el
nuevo original caráder de este joven: Iba hablan­
do á todos los caballeros, que pasaban á poca dis­
ta n c ia ^ quando no le respondían,repetia el saludo
entono mas alto. Conocí que se fatigaba en tan pe­
noso exercicio , para hacerme vér que se llevaba
la atención , y favor de todos. Después en encon­
trando con algún Monito joven de los de su mas
estrecha confianza, se paraba, le daba un polvo, y
luego le preguntaba enfáticamente por ciertas Mo­
nas, que Yo por la conversación iba infiriendo, no
eran de la mas plausible conduda. No obstante que
me enfadaban tantas paradas, no podía menos de
reirme de las particulares expresiones de que se
servia en su discurso, del risueño afedado sem­
blante con que se insinuaba, y finalmente de cier­
tos gracejos con que sazonaba el asunto de sus
conversaciones,que sin ellos eran, á la verdad, de
po-

70
V I AGE S
poquísima substancia. Asi se finalizó la tarde.
Al anochecer me llevó á una de las tiendas del
agua negra hirviendo, en donde havia una multititud de Monos , y Monas en trage de máscara. A
todo el mundo me presentaba, pero en particular á
las hembras; las decia, que Yo era un sugeto de
singularísima viveza, y de una compreension mui
transcendental; bien que ni en toda su vida hasta
entonces me havia tratado , ni él podía ser juez en
tales materias. A pura fuerza me hizo beber una
taza de aquel licor negro, y pagó por mí; pero de
modo, que lo conociesen los presentes. Llegó final­
mente la hora de la Comedia; convidó á ciertos
jovenes á que viniesen al aposento que me destina­
ba , y llegamos al teatro poco antes que se diese
principio al expedáculo.
Mi condudor con sus compañeros no hicieron
otra cosa que charlar durante la representación,
dirigiéndose todos sus discursos á un fin. Hicieron
gala de la disolución, cada qual exageraba sus ex­
cesos , creyendo que con tan vergonzosa vanaglo­
ria pasaban por unos espíritus marciales. De quando en quando se asomaban por fuera del aposento,
para saludar á algunas hembras de cabeza ligera,
que andaban á caza de gangas. Muchas veces me
impedían con tal bullicio la vista de la escena ; co­
mo si, no contentos con impedirme oír á los adores
con sus importunas conversaciones,envidiasen á mi
vista el gusto de mirar la acción. Confieso á la ver­
dad , que no podía darse mayor molestia , y ya en
mi interior ha da deliberado renunciar para siem­
pre la compañía del Señor Alcachofa , á lo menos
quando sejuntáse con sus desordenados ^fastidio­
sos

DE

W ANTON.

71

sos amigos. Pero no obstante tantos estorvos, re­
feriré lo que observé en este ex pentáculo aque­
lla noche, y confirmé después en las ocasiones
que volví al teatro , para formar de él una justa
idéa.
V i , pues, quatro figuras estrañamente vesti­
das, y que á primera vista podrían confundir al
mas penetrante ingenio. Dos de ellas tenían la cara
de color de hollín , pero el cuello , las orejas , y las
manos del color natural de los Monos. Yo creo,
que esta transformación de rostro se inventaría ex­
presamente para quitar toda equivocación quando
se representase, advirtiendo con tal extravagancia
á los presentes, que aquellos personages son fingi­
dos. Uno de ellos (fig.i) tenia un vestido, hecho de
remiendos de diversos colores, pero puestos contal
orden, y dibujo , que queriendo pasar en la men­
te de los expeéladores por un mendigo , pudiesen
traslucir sin mucha dificultad, que no era real, y
verdadera la miseria. El otro (fig.a) tenia cierto
vestido extravagante mui corto, unos calzones lar­
guísimos , y la capa, ó ferreruelo , que apenas le
llegaba hasta la cintura; estas ropas eran blancas,
guarnecidas de farfalaes verdes. De las otras dos fi­
guras, aun mas ridiculas que éstas, la una (fig.3.)
se semejaba al murciegalo en el color , y hechura
del vestido; la cara era parte de Ethiope, y parte
natural; esto es , la frente , y la nariz eran como
fci noche, y lo restante *del natural color. El otro
(fig.4) andaba en chinelas; el vestido interior era
encarnado , y tenia al lado un largo cuchillo, con
cuyos arneses se me figuraba un Carnicero; sobre
esto llevaba un saco negro, y en la cabeza un gor­
ro

7*

VIAGE S

ro del mismo color; el rostro no tenía cosa parti­
cular , sino la b a rb a , que era cana, larga , y retor­
cida , formando la figura de un cuerno. Cada uno
de estos quatro personages tenia distinto diale&o,y
asi no es maravilla que Yo no entendiese palabra
de todos sus discursos. Los otros actores, cuyo lenguage me era fácil de comprender , por ser el co­
mún de la Provincia en que me hallaba , no tenían
cosa particular , ni en sus vestiduras, ni en sus
personas. Esto es lo poco que pude observar entre
la confusión de la novedad, que no dexa discernir
suficientemente los objetos,y entre el estrépito mo­
lesto de los mozuelos que me acompañaban en mi
mismo aposento.
Antes de pasar adelante en mi Historia, y llegar
á otros asuntos, quiero dár una idéa de estos expectáculos, según el examen que hice en las diversas
ocasiones que me hallé presente á ellos. Es regla
general en todos caracterizar un criado bufón,
que con equívocos, y frías alusiones de vocablos
haga reir á un Pueblo necio, que debería desterrar
del teatro semejantes vergonzosas puerilidades,que
tanto perjudican al buen gusto; otro criado mali­
cioso , que hace oficio de tercero, burlando traido­
ra mente á su dueño , y que corrompe las mas ve­
ces las buenas costumbres,forma el segundo carác­
ter ; á estos se siguen un viejo avariento, y sospe­
choso ; un pedante legista ridículo, una criada des­
vergonzada; dos pares defamantes, que se quieren
mucho , que se dicen mil disparates, y que deliran
por conseguir sus deseos: Esta es la familia que com­
pone toda la tropa que sale al tablado. Vease una
multitud de Comedias, y en todas se encuentran los
mis-

DE
W A N T O N.
73
mismos caracléres, y los mismos objetos se propo­
nen. El arte de los compositores está en enredar la
acción hasta cerca del fin, en cuyo caso, sin saber­
se cóm o, quedan disueltas todas las dificultades , y
se acabala Comedia con tres esponsales,queriendo
la criada temerariamente imitar también á su ama
en sus complacencias. Otras veces el texido de la ac­
ción está tan enredado, que no sabiendo el inge­
nio , cómo desatar un nudo que ha tenido el gusto
de enlazar con un sin número de cosas, que no tie­
nen relación con el fin principal; introduce un M a­
go, que en virtud de sus encantos hace venir al
teatro al Demonio; ó unos fantasmas, ó máquinas
de esta calidad: Este es el caso , en que el audito­
rio gustosísimo dá mil palm adas, aplaudiendo la
vasta idéa del inventor.
Pero no abusemos de la tolerancia de mis Lec­
tores , deteniéndoles mas en estos asuntos,

CAPITULO

XI.

De lo que pasó a Enrique con el Seño?
Romero*

No

se hablaba de otra cosa al dia siguiente por
la Ciudad, que de la elección para el empleo nue­
vamente vacante. Los Señores mas principales, y
mas dignos aspiraban á tan alto , y lucroso puesto,
y asi se multiplicó el número de los pretendientes,
mas de lo que se podía creer. Al Señor Saúco pare­
ció conveniente ser uno de tantos , con la gene­
ral desaprobación de todos, Era éste un M ono,cuTom. II.
K
ya

74

V i a g es

ya sospechosa conduéla le hacia odioso entre todos
los nobles , que á reserva de pocos, no podían su­
frirle en su compañía. No obstante las oposiciones,
y contradiciones públicas, no desistió el dicho, considerando que iba á perder poco en que le exclu­
yeran de su pretensión.
Todos los que tenían algún manejo en la Corte,
se emplearon en pretender unos á favor de su ami­
g o , otros del pariente, y alguno con la esperan­
za de sacar grandes ventajas , si salía eleélo el que
él protegía. Cada uno exponia los méritos proprios,
y los de sus antepasados , su zelo, y los títulos que
justificaban todo esto. En este caso observé, quán
grave yerro comete quien se expone á tales pre­
tensiones, si no mira absolutamente libre de toda
nota á su conduéla, y de todo defeélo á su familia.
Suelen los Coopositores (¡qué nobleza de corazonl)
desenterrar, y sacar á luz las ya dormidas memo­
rias de quanto se les puede imputar á sus antago­
nistas , y si acaso no encuentran en sus personas, ó
en las de sus ascendientes suficientes motivos para
infamarlos , echan la voz de ciertas fingidas sospe­
chas , que acarrean mas graves perjuicios, y efec­
tos mas peligrosos , que las excepciones personales,
y verdaderas. La Ciudad estaba dividida según las
diversas inclinaciones , que pocas veces se fundan
en el mérito, y la justicia; las mas proceden de
particulares motivos de interés, ó de amistad , y
algunas de solo la preocupación. Ya el Privado,ya
el Ministro estaban incesantemente molestando los
oídos del Soberano, de cuyo concepto, ponderan­
do los méritos de sus respeélivos recomendados,
hacían decaer á los otros candidatos: Indeciso el
Prin-

DE

W

A N T O N 1.

75

Príncipe entre los propuestos, suspendió el decla­
rar su voluntad ; y éste fue el motivo de que
este asunto no se deliberáse tan presto como se
debía.
Ya se iba acercando el dia de la decisión de la
causa pendiente entre el Volatín, y aquel que le
havia herido en el mas delicado punto del honor,y
del interés: Por tanto Yo quise , antes que llegáse
este caso, visitar á los demás Jueces , pues no ha­
via tenido lugar de pradicar esta diligencia después
de la primera sesión. Semejante ado de respeto me
pareció que podría redundar en favor mió,para hacer con él que concibiesen una honrosa idéa de la
buena crianza, y urbanidad de los de mi especie,
y particularmente de mi persona.
Di principio áesta taréa con la visita del Señor
Romero, que era un Mono mui prádico, y antiguo
en los negocios del Reino, y que encubría baxo una
exterior política, y modesta un alma doble, y capáz de mil engaños. Con la descripción de su carác­
ter doi los motivos de haver comenzado por este sugeto las formalidades que emprendía. Se debe po­
ner mayor cuidado en cultivar la gracia de las per­
sonas poderosas, y que tienen mala intención, que
la de las que son de noble índole, y propensas á fa­
vorecer , imitando a cierta vieja que tenia conti­
nuamente puestas dos velas delante de la imagen
del Diablo con la inscripción siguiente, que inten­
ta justificar un uso que parece contrario al buen
proceder: Porque no me haga mal.
Encontré al dicho Ministro ocupado en dár au­
diencia á muchas personas que estaban en la ante­
cámara , esperando el honor de tener lugar de beasK2
sar-



VI AGES

sarlelamano. Después de mui corto rato hice éntraf
recado de que Yo estaba alli, y el Señor Romero
tuvo la atención de preferirme á todos los que espe­
raban. Luego que llegué á la pieza inmediata, á la
en que él se hallaba, se levantó , salió á recibirme,
me abrazó, besó, y dió á entender el sumo gusto
que tenia en considerarse útil para poder servirme,
persuadiéndose, á que me havia tomado el cansan­
cio (asi lo expresaba) de pasar á su casa, para dar­
le el honor de imponerle algún precepto. Yo le res­
pondí, que solo el cumplimiento de mi obligación
me havia estimulado á incomodarle con aquella vi­
sita, y que lo único á que Yo podía aspirar, era , á
que continuáse los buenos oficios de su protección.
Los espíritus altivos se dexan mucho llevar de la
adulación, aunque sea excesiva, y asi conocí el
gran gusto, que el Señor Romero recibió con mis
expresiones, me afirmó, que entre todos aquellos,
cuya amistad consideraba apreciable, Yo era con
quien él deseaba mas estrecharla; no me dexé enga­
ñar de sus fingidas expresiones, pero para pagarle
con otras tales sus falsas palabras , le demonstré lo
sumamente reconocido que havia quedado á la
gloriosa distinción con que me trataba.
Después de estos preámbulos, y engaños que
iban, y venían de diestro á diestro , introduxo la
conversación délos demás Ministros,y conceptuan­
do, en fuerza de lo acreditado que se consideraba
en la Corte, y en la Ciudad, que Yo sería uno de
sus mas sincéros afeétos, no halló inconveniente en
hablar con toda libertad del Ministerio: En fin, pa­
ra abreviar , dixo mal de quantoscitó; uno en su
concepto era un ladrón público; otro un traidor al
Prin-

de

W anton.

77

Principe; éste un disoluto ; estotro un adulador, y
todos juntos una sentina de perversas costumbres.
No sufria mi genio el condescender á una conver­
sación tan mordáz , por lo que escusé la contesta­
ción con el pretexto, de que haviendo tan poco
tiempo que Yo estaba en aquel Continente, no po­
dia aún haver formado idéa adequada de los perso­
nages sublimes de que se componía, mayormente
quando era forzosa una particular gracia, para que
los forasteros, qual Yo era, pudiesen interiorizarse
con semejantes sugetos. En conseqüencia de esta
repulsa, dirigió el Señor Romero la conversación
ácia sus circunstancias; alabóse muchísimo, y exa­
geró los buenos oficios que ha via hecho, mediante
su poder, á favor de toda especie de personas:
Asentí á su gran mérito, no obstante que sabía mui
bien, y con cierta ciencia, que vendía hasta las pa­
labras , con que tenia entretenidos á los que recur­
rían á su favor.
A este tiempo vino su Maestre-Sala, y le avi­
só , de que cierto Asentista le enviaba, en muestra
de su particular estimación, un regalo de ciertos li­
cores: H az, respondió, que pase adelante el que
los trae, y volviéndose á mí, me dixo: Creen es­
tos que grangean mi patrocinio con estas vagatelas, Yolas recibo, porque desde mi casa no las lle­
ven á manos de quien venda el estado al que mas
ofrezca: Semejantes donativos siempre vienen acom­
pañados de alguna pretension; Yo escucho sus pe­
ticiones con semblante sereno, sin dexarme sedu-*
cir , y después aplico mi voto, no á favor de quien
me regaló, sino del benémerito, con la mira única
del bien público. Alabé una máxima tan sana, aun­
que

7 8

V IA GE s

que Yo sabía bien, que no hablaba con él esta ala­
banza, por quanto obraba todo lo opuesto abso­
lutamente á lo que decía. Entró el que traía el
presente, seguido de dos criados, que sostenian una
grande frasquera de plata,dentro de la qual venían
doce frascos, llenos de ciertos licores, de cuyos
nombres no me acuerdo. El ambicioso Ministro disi­
muladamente dio una ojeada á aquel precioso vaso,
y con un risueño rostro preguntó, si havia de vol­
ver á llevarse los frascos vacíos. Hizo una profunda
reverencia el Mono que traía la embajada, y res­
pondió, que aquella oferta, tal qual ella era , venía
enteramente destinada para el uso-de su Grandeza,
( título ordinario que pretenden los personages de
primera qlase) que quando tuviese que hacer algu­
na fineza á algún am igo,podrían servir los frascos,
y la frasquera. Asegurado aquel astutísimo camas­
trón de que la plata venía también destinada para
é l, mandó se le respondiese al Asentista , que ya
se verían, y hablarían, despacio. Obsérvese el ri­
diculo disimulo del Señor Romero , que ni aun dio
gracias á aquel que quizás para satisfacerle su ava­
ricia , tendría que estrechar la economía ordinaria
de su familia, y todo esto con el fin de que no se
formáse mal juicio de é l, teniéndole por cazador
de grandes regalos.
;
Como deseaba cumplir mis ideadas formalida­
des , visitandoá los Jueces, y con éste me havia ya
detenido demasiado, me puse en p ie, y le pedí su
licencia. Mostróse sentidísimo el Señor Romero d&
mi resolución, didendome: ¿Y por q u é , amigo
m ió, me queréis dexar tan pronto? Por dár algún
pretexto á mi despedida, respondí,que viendole
ocu-

de

W anton.

79

ocupado en sus dependencias,y estando esperando
tantos el honor de hablarle, quería dexarleen liber­
tad. Sonrióse graciosamente el Ministro, y replicó:
¿Y qué quiere decir eso? Estos que esperan , vol­
verán mañana, si hoi no me digno de oírlos. Las
personas del estado medio, é intimo han nacido en
el mundo, para hacer la Corte á los Monos, como
Y o ; y se han de tener por mui afortunados, Si des­
pués de venir á presentarse repetidas veces, logran
el honor de que los admita: Sentaos , y os daré
parte de mi pensamiento,y después de esto tendréis
á bien que á presencia vuestra escuche algunos de
esos, que ha veis creído personas de suposición. Con
muchísimo gusto huvieraYo perdonado la confian­
za , con que queria participarme sus idéas, y asun­
tos por estár cansado ya de oír máximas tan contra­
rias á las mías; pero por no irritar á una bestia fe­
roz, es necesario muchas veces complacerla. Tomé
asiento, y me habló en los términos siguientes:
Sabed , Amigo m ió, que Yo he sido dos veces
casado ; pero de mi primera esposa, que ha diez
años que murió, no logré la dicha de tener succesion. Como quando enviudé tenia ya muchos años,
havia perdido las esperanzas de que me la conce­
diese mi fortuna,aunque pasáseá segundos desposo­
rios; no obstante, era forzoso poner todos los me­
dios ; no salieron estos vanos, pues el Cielo, que to­
ma á su cargo con particular cuidado las familias
mas ilustres, condescendió á mis ruegos, concedién­
dome en una jovencita, con quien me casé dos me­
ses después de viudo, un hijo al año inmediato de
mi boda: No ha nacido otro alguno; pero en éste
tengo ya asegurada la propagación de mi Casa,
Ao-

8o
.
VlAGES
Aora está para cumplir los nueve años, pero Yo
paso ya dé setenta , y asi no espero tener tan larga
v id a , que pueda llegar á tiempo de dirigirle en su
juventud por aquellos caminos que Yo he seguido,
y me conduxeron á la cumbre de la utilidad, y del
honor. En la incertidumbre de poder cumplir en es­
te punto con las obligaciones de p ad re; pienso ade­
lantar con una séria educación los frutos que se es­
peran de esta nueva planta; y aora sabed, que los
sugetos que están en mi antecámara son los que
han de concurrir á tan grande o b ra ; acaso havrá
quien venga por algún otro negocio; pero la mayor
parte son los que vienen llamados á este fin.
No podía alabar suficientemente la sábia cau­
tela de este Mono , que aunque pésimo Ciudadano,
parece que quería ser buen padre. A este tiempo
tocó la cam panilla, y pidió al Maestre-Sala la lista
de los que esperaban audiencia. Inmediatamente que
lo mandó , la tuvo en su m ano; repasóla mui bien,
y dixo : Que entre Algarroba.
De allí á un momento vi entrar á un Mono con
quanta gala es imaginable; traía una casaca borda­
da de oro , y la chupa era de una delicadísima tela
de gusto, toda cubierta de oro, y p lata; estaba mui
bien peinado , y lleno de polvos; sus manos calza­
das de unos blancos, y finísimos guantes, y los res­
tantes adornos todos correspondientes á su general
aseo. Luego que entró, me puse en pie, creyéndole
un caballero de altas circunstancias: Pero el Minis­
tro conoció que Yo me havia engañado, y me hizo
señal para que no estuviese en pie. La primera pre­
gunta que le hizo el Señor Romero me avergonzó,
é informó de mi error, pues fue,r que quánto tiempo

W anton.
8i
havia , que era Cocinero. Algarroba , después de
una profunda reverencia, respondió en unlenguage
tosco , y obscuro, que en su vida no se havia exercitado en otra cosa, y siendo examinado acerca de
su capacidad, él para dár una muestra de ella, con­
tó , que en el convite de cierto Principe supo dár
una sopa del valor de cien escudos de oro. Entonces
dixo el Señor Romero con semblante alegre: Basta:
tó eres un excelente Mono, y digno de que te em­
plees en mi servicio: Dime, pues, lo que necesitas.
Diré, respondió , libremente á vuestra Grandeza,
que fuera de la manutención mia , y de mi familia,
se me darán seis escudos de oro cada mes; pero en
inteligencia, que he de tener quatro ayudantes á
mi orden, pues mi oficio solo es distribuir las nece­
sarias disposiciones , para que el amo esté pronta­
mente servido. Tiene razón,añadió el Señor Rome­
ro, que no es conveniente que el Gefe de una pro­
fesión tan distinguida se emplee en lo que no sea
correspondiente ásu habilidad: Yo te concedoquanto pides, porque es mui puesto en razón, y desde
mañana espero que vengas á servirme. Inclinó la ca*
beza el Cocinero, hizo una gran cortesía, y partió.
Volvióse á mí el Señor Romero , diciendome:
No hai oro bastante con que pagar á un buen Co­
cinero: Nosotros los Grandes no podemos hacer me­
jor uso de nuestras riquezas, que empleándolas en
las delicias de la mesa, en donde, además de saciar
el apetito, se da á entender la magnificencia, y libe­
ralidad del dueño. Aunque me havia admirado el
Cocinero por sus vestidos, y por su habilidad, des­
tructiva de las mas floridas rentas, y aunque igual­
mente me havia hecho el Señor Romero, que forde

Tom, II,

L

má-

82

V I AGE S

máse una opinión de él, que le cara&erizaba por
enemiguísimo de la sobriedad , con todo tuve que
baxar la cabeza, y condescender con sus proposi­
ciones.
Entró después cierto Mono mui soplado, Pelu­
quero de profesión, el que por espacio de muchos
años no havia tenido otro estudio, que inventar
nuevos modos de cortar , y rizar el pelo. Este ha­
via de tener la obligación de ir todas las mañanas
á componer el cabello al Señorito, y aqueste era
uno de los mas graves cuidados que tomaba el pa­
dre en la educación de su hijo. Prometió el Pelu­
quero no faltar dia alguno al cumplimiento de su
obligación; y tratando acerca de la paga,se le propusieron dos escudos de oro cada mes. Quería ha­
cerse de rogar; pero finalmente, suponiendo que
hacia mucha merced á S. G. dixo , que,estimando
mas el honor de servirle , que la ganancia que se
le proponía, gustosamente admitía el cargo, para
que le havia juzgado digno.
Partió este artífice, y el Señor Romero promo­
vió la conversación de ciertos padres, no pudiendo
llevar en paciencia el poco cuidado que tienen con
los cabellos de sus hijos, permitiendo su cultura á
las manos de una criada demasiado contemplativa,ó
de un criado poco experto en un arte que hace dis­
tinguir la cabeza de un noble de la de un plebeyo.
Inferí de este discurso los alcances de nuestro Minis­
tro , y que si trataba de los intereses del Reino, co­
mo de los peinados, bien podía estár el Principe
satisfecho de sus servicios. En este intermedio vol­
vió el Peluquero para declarar que iba en la inteli­
gencia de que su salario era libre de tener la obli­
ga7

DE

WANTON.

83

gacion de poner de su quenta polvos, manteca, pei­
nes, hierros, & c. Justa es tu demanda , respondió
el Señor Romero, que no queria disgustarle por la
alta estimación que tenia hecha de é l : se te pro­
veerá de quanto necesites: Anda enhorabuena, y
cumple tu obligación, sin hacer faltas , y con ha­
bilidad. Entonces el Peluquero repitió las cortesías,
y marchó.
Entró saltando el Maestro de baile á besar la ma­
no al Señor Romero, y éste le expuso su intención
de quererse enseñáse á danzar su hijo, y como de
entre tantos como havia de su profesión, le havia
elegido,creyéndole capáz de sacar un discípulo perfeéto. Vuestra grandeza, respondió el Bailarín, no
puede errar en sus resoluciones: De mi escuela han
salido los mas diestros Bailarines del teatro; y las
principales Señoritas de la Corte son mis discipulas.
Yá sé Yo mui bien, añadió nuestro Ministro, que
grande es tu habilidad; no te falta para ser perfec­
to , otra cosa que ser natural de la Metrópoli de
esos Estados, que están confinantes á los nuestros;
porque, á la verdad, no parece sino que alli nacen
desde luego con particular talento para danzantes.
Esta es, replicó el Maestro, mi mayor desgracia,
porque me quita el ganar otro tanto; pero como no
puedo remediarlo,es fuerza contentarme con lo que
soi. Contratóse la paga,según el estilode la Ciudad,
que era una pieza de oro por doce lecciones, y ca*
da una havia de durar cerca de media hora; paitó­
se á parte, que no entraba en esta quenta el salario
del que tenia que tocar mientras las lecciones.
Finalmente compareció un Mono de un color
verdinegro, y macilento, que parecia la imagen de
L2
la

84
Vl AGÉS
la necesidad. ¿Y pues, quién eres tú? le preguntó
el Señor Romero. Yo, respondió con mucha humil­
dad, soi aquel por quien se ha empeñado el Ama
de vuestra poderosísima consorte para Preceptor
de vuestro nobilísimo hijo. Estos Preceptores, aña­
dió el Ministro, me hacen montar en cólera ; mas
de trescientos memoriales tengo en que me reco­
miendan á otros tantos sugetos, y Yo no necesito mas
que uno ; y ese , acaso , es quasi superfluo. ¿Y qué
enseñaréis á mi hijo? Le diétaré, dixo el Mono, los
principios de una buena literatura, y los elementos
de las ciencias. Alteróse en extremo el Señor Rome­
ro, diciendo: ¿También vos estáis imbuido en es­
tas ciencias? Por toda la Provincia se ha introduci­
do esta epidemia , que produce conseqüencias mui
fatales. Yo no quiero ciencias, porque no las he es­
tudiado, ni las aprendió mi padre, ni mis abuelos,
ni mis bisabuelos, ni otro alguno de mis ascendien­
tes. ¿Lo ha entendido el Señor Preceptor ? Yo obe­
deceré en todo á vuestra grandeza , respondió el
Maestro,todo temblando de miedo; dadme, Señor,
los preceptos, según los quales conformaré puntual­
mente mis operaciones. Vos , replicó el caballero,
enseñaréis la lengua Mona antigua á mi hijo, en lo
que emplearéis tres horas por la mañana,y dos des­
pués de comer: Siempre ha veis de estár á su lado; le
acompañaréis á las visitas , y al paseo , y quando
esteis con él á solas,le sugeriréis las máximas de ca­
ballería : Le impondréis en que ha nacido para ser
superior de los demás Monos ; que no debe sufrir
agravio alguno de sus iguales, y que se hará res­
petar, si le llegan á tomar miedo, y otras cosas que
á un literato como vos no se ocultarán, aunque por
vues-

DE

W ANTON.

8j

vuestra sangre no tengáis obligación de saberlas.
Por este trabajo os concedo la mesa de mis criados,
y si además de esto teneis pretensión á algún sala­
rio , decidlo sin cortedad.
Quería el infeliz Preceptor dexar á voluntad del
Ministro la entera disposición de su paga; pero és­
te se mantuvo firme en asegurar , que no quería
ofrecer cosa alguna , porque después no se dixera
que se havia valido de medios violentos. Obligado
el Preceptor á declararse,pidió una pieza deoro ca­
da mes. Esta petición me hizo formar una alta idéa
de la prudencia del que la havia propuesto; pero
fue al contrario el efeéto que hizo en la mente del
Señor R om ero, que trató de vano, ambicioso , y
temerario al pobre M ono, que se exponía á conti­
nuas fatigas por una miserable recom pensabas no
obstante quedar mui mortificado con la repulsa por
tan corta pretensión como la suya , temeroso de
perder la ocasión de colocarse , y lo que es mas,
estrechándole el hambre á que condescendiese á qualquiera condición, aunque fuese la mas vergonzosa,
pidió perdón rendidísimamente de lo exorbitante de
su petición al Señor Romero, rogándole que le ad­
mitiese en su servicio con los paétos que mas con­
venientes le parecieran. A esto respondió el Minis­
tro : Yo os concedo la mitad de lo que haveis. in­
sinuado; y si con el tiempo viese que mi hijo apro­
vecha con vuestras lecciones, os seré agradecido,
dándoos de adealas al fin del año algún par de zapa­
tos: Pero estad advertido de no separaros un punto
de los documentos que os he dado: teniendo asi­
mismo entendido , ¡ que absolutamente no quiero.
<^ue deis que sentir á mi hijo; desdichado de vos
si

86

V I A GEs

si le azotarais, porque havia de tomar una exemplar
venganza, por ser cosa que notablemente desdice,
que una mano que nació destinada para servir, ten­
ga la execrable osadía de castigar á un sugeto que
previene el Cielo para los primeros honores de la
Patria , y para serelapoyode su Principe. El pobre
Mono hambriento tuvo forzosamente que adherir*
y condescender con la voluntad de aquel indiscreto
padre; después de lo qual se fue retirando , repi­
tiendo las cortesías , y prodigalizando los títulos
mas excelsos, capaces de satisfacer el ridículo faus­
to de un viejo tan sobervio.
i Luego que éste marchó, dexandome el corazón
lleno de la compasión mas tierna, me dixo el Señor
Romero: Vos , Señor , acaso estrañaréis el recibi­
miento tan poco favorable que he hecho al Precep­
tor , pero cesará vuestra maravilla , quando sepáis
que esta raza de Monos es la mas impertinenteque
se encuentra en estas Provincias. Hinchados con sus
méritos quiméricos, elevan sus pretensiones hasta
el término de quererse igualar á la Nobleza* haviendo tenido el atrevimiento de esparcir en ciertos li­
bros, que el saber dá preferencia sobre la mas ilus­
tre sangre, fundados en la ridicula razón deque las
letras forman el mérito personal en el sábio, y el
nacimiento no pende de nuestra voluntad. Tales li­
bros sacrilegos deberían estár quemados con sus
autores-, p^ro el descuido, ó acaso la depravada
complacencia de vér si pueden abatirnos,son cau­
sa de que se introduzcan tan malvadas máximas.
Yo entonces le repliqué: Si vos teneis por cosa
peligrosa depositar en lossábios vuestras confian­
zas, prudencia será contenerlos en los límites der;
bi-

D E

W A N T O N.

87

bidos ; pero no acabo de entender la razón de haver prohibido al Preceptor , qUe ilustre á vuestro
hijo con aquellas ciencias, que son el alma de un
Estado culto, y político. Vos, añadió el Señor Ro­
mero , según voi viendo, sois uno de los sequaces del nuevo método de educar la juventud; pero
Yo de nadie me dexaré persuadir, á que permi­
ta á mi hijo , que aprenda á delinear en un papel
ciertas figuras mágicas, combinándolas con unos
caraétéres diabólicos,para que después tenga el ri­
dículo atrevimiento , en virtud de tan detestables
medios de querer saber, quánto pesa la Luna , y
qué tamaño tiene el Sol, con otras mil importunas
necedades. En aquel punto eché de v é r , que era
imposible adelantar cosa alguna con este espíritu,
envejecido en la ignorancia, y que formaba idéas
tan extravagantes de la Geometría, Astronomía, y
Algebra.
No dexéno obstante de darle á entender, lo que
me admiraba la repugnancia que havia demonstra­
do en que el Maestro castigáse á su Discípulo:
Tengo para ello mis razones , dixo el viejo : Un
corazón demerito 4que se acostumbra á temblar á
la voz de un pedante , no puede después concebir
sentimientos nobles, y generosos : El muchacho
que teme á las disciplinas, como al mayor de los
males , huirá después á la vista del enemigo; no sa­
brá resistir á las amenazas de un émulo; y asi será
inútil para la guerra, para la vida civil, y para su
propria familia, obscureciendo con tan viles medios
la generosidad de aquella sangre, que debe ásu na­
cimiento. Sé , que'opondréis á ésta la máxima de
que la juventud con sus ardores queda incapáz de
fre-

88

Vi a g e s

freno, si no está de antemano acostumbrada ácon-«
tenerse dentro de los limites de la moderación; pe­
ro á estaq u e se cree virtud,tengo Yo porbaxeza,yasi,dexandola para los espíritus abatidos,quie­
ro desterrarla del todo del corazón de mi hijo.
Oyendo esta ultima proposición, no tuve fuer­
zas para aguantar m as; oponerme á sus palabras
era ofender la excesiva sobervia de un genio reboltoso , y m aligno, y asi elegí el retirarm e , para no
incurrir en la casualidad de enemistarme con un personage , á quien havia tenido la paciencia de tole­
ra r por tanto tiempo sus extravagancias , solo por
tenerle en qualquiera ocasión propicio , ó á lo me­
nos indiferente. Levantéme de la silla , para des­
pedirme de él; pero me instó diciendome: Esperad,
que acabe de dár audiencia; y Yo mismo iré acom­
pañándoos hasta vuestra casa, tendré también el
gusto de visitar al Señor H aya, que ha dias que no
le he visto.
Y o,que no tenia gana de adularle,ni de expo­
nerme al riesgo de algún contratiem po, le rogué
me permitiese partir, por quanto mis dependencias
me obligaban á detenerme en otra parte antes de
ir á casa. El Señor Romero entonces se escusó de
no introducirm eá visitar á su esposa, porque esta­
ba todavía sin vestir. Era zeloso con tanto extre­
mo, que aun siendo criatura Yo de diversa especie,
de mí la recatab a, encubriendo tan indecente pa­
sión baxo el pretexto de la decencia,y cumplimien­
to. Renováronse de una, y otra parte las expresio­
nes , aunque poco sincéras, y partí contentísimo de
dexar aquella casa, con firme proposito de no vol­
ver á ella en mi vida.
CA-

D E

W A N T O N.

CAPITULO

8p

XII.

De la visita de Enrique al Señor P eregil.
-o y .íu r: 't . l v . í i ' j } V - UJ-' ' i . ' Yr Ul

V '

¿

í [i.<í

Nduve largo tiempo por la C iudad, para ha­
cer las premeditadas visitas á los Jueces mis com­
pañeros ; pero unos estaban fuera de casa, y otros
acompañados de sus amigos, por lo que no tuve la
fortuna de hablar á aquellos, y con estos no se introduxo otra conversación que la general, por no
haver podido quedar solos. Los discursos en todas
partes eran unos generalmente ;se decian mil males
de los ausentes, se alababan los presentes;se espar­
cían sospechas ofensivas á la reputación de muchos,
y se daba fin á toda la o b ra, ó poniéndose á jugar,ó
en algún divertimiento público, ó privado. Por es­
tos motivos no pude inquirir cosa alguna de nuevo
en estas conversaciones, ni pude conocer el carác­
ter d é la s personas con quienes estuve conferen­
ciando; pero cumplí con una formalidad necesaria,
que me acreditó entre todos por un sugeto atento,
que no es corta ganancia á costa de una ligera in­
comodidad.
Dexé para la ultima visita á un cierto Señor Peregil, que Yo tenia por un Mono de poca penetra­
ción , y cortos talentos, por quanto su humor me­
lancólico , y su continuo silencio no le hacían favor
alguno para mi concepto. Además de esto, lo nada
pulido de sus vestidos, y adornos daba á entender,
ó que ningún cuidado ponía en cómo havia de
comparecer delante de los demás, ó que la impóTom.lL
M
si-

po
VlAGES
sibilidad de igualarse á los de su clase le reducía á
la mortificación no solo de ser, sino de demonstrar­
se el mas pobre. Apenas le subieron recado de que
solicitaba el honor de que me admitiese, quando
salió á recibirme al mismo patio, y con las mayo­
res expresiones , sin afectación alguna me tomó la
mano, rogándome tuviese á bien subir la escalera.
Este primer paso fue motivo para que me parecie­
se este sugeto de un corazón sencillo, y natural­
mente lleno de afeétos. Registré cuidadoso , qué
criados nos acompañaban, y no encontré mas que
á un viejo, cubierto de una antigua libréa, y un
pagecillo con un vestido de otro color. Subí final­
mente, y me hallé en un salón , cuyo adorno no
era otro que un banco medio derrengado.
El Ministro á este tiempo me dixo: No os ad­
miréis, Señor , de ver tanta miseria en un Palacio
tan grande, porque en ella se cifra lamayoi gloiia,
y mas estimable herencia que puedo dexar á mis
descendientes. Yo heredé, de mis padres quanto po­
día desear * para gozar una vida comoda; pero las
repetidas desgracias con que me ha visitado el Cie­
lo, me pusieron en estado de privarme , aun de las
cosas mas necesarias, solo por conservar mi honor
con pureza: Esta consideración me hace mirar mi
pobreza con vanagloria^ pues veo ,que quando me
faltan las comodidades que tienen mis iguales; pue­
do vivir contento, porque nadie por mi causa tiene
que lamentarse de daño alguno.
El honrado proceder del Señor Peregil se ma­
nifestaba claramente con este discurso, peí o le vi
mas patente en lo que iré exponiendo. Me introdu­
jo en un quarto, cuyas paredes estaban adornadas
con

DE W A N T O N .

91

con una- colgadura de cierta tela de seda , llena de
saca bocados, y que en otro tiempo fue encarna­
da. Me hizo sentar sobre una antiquísima silla, tan
a lta , que se me quedaron las piernas como péndo­
las de relox; fuera de esto , los pies del sillón esta­
ban taladrados de carcoma, y asi me hallaba en un
perenne peligro de dár en tierra, además de estár
en un continuo terremoto, balanceándome yaá uno,
ya á otro lado.
Luego que nos sentamos, me preguntó el infeliz
caballero, qué causa me havia movido para hon­
rarle con mi visita;á lo que le satisfice,diciendole,
que solo la de que me reconociese por su rendido
servidor. Mejor diréis, añadió el Señor Peregil, que
era enemiguísimo de ficciones,por un benéfico ami­
g o , pues solo vos haveis querido darme semejante
complacencia, quando mis iguales, y aun los del
estado mas inferior, huyen lexos de mí. Estas son
las conseqüencias de la desgracia que nos separa de
los amigos , y nos hace despreciables á los ojos de
todo el mundo; pero bien será disculpar esta con­
duéla, pues la proximidad de los desdichados atrae
en cierto modo la tristeza, inseparable, y necesaria
compañera de los contratiempos.
Y o entonces, por dár algún consuelo á este po­
bre afligido , entrando á la parte en sus sentimien­
tos, introduxela conversación mas sin rebozo acer­
ca de sus infortunios: N o puedo llegar á entender,
le d ixe, cómo es que hallándoos colocado en un
puesto que subministra á muchos las riquezas con
abundancia , vos tengáis necesidad tan grande, co­
mo me dais á entender. Los cargos honoríficos,res­
pondió el pobre Mono, no son motivo suficiente,
M2
pa~

9^
V I AGE S
para adquirir bienes de fortuna; si acaso veis que
aquellos que los obtienen se dán buena maña , pa­
ra hacer grandes progresos, bien podéis decir, que
los tales ( si es posible que los haya ) no han to­
mado, como deben, á su cargo los intereses de sus
Soberanos. Comunmente oímos decir , que en ios
empleos eminentes se executan mil comercios abo­
minables ; pero Yo jamás lo he creído , pues me
repugna asen tir, á que se encuentre sugeto cir­
cunstanciado , que pueda baxarse á cometer tales
vilezas.
Viendo que no era este el camino de poder ali­
viarle sus penas,le pregunté, antecediendo mil es­
cusas , y vénias de mi atrevimiento, la causa de sil
infelicidad. E l , arrancando un suspiro de lo íntimo
de su corazón, respondió: Por quanto no sois de
mis Compatriotas, que tal vez se alegrarían de mis
desventuras, como sucede freqüentemente; y por­
que descubro en vuestro discurso, y en la fama que
corre de vuestra honradéz, que sabréis reservar la
verdadera causa de mis infortunios, desde luego
quiero manifestaros mi corazón, y por mi relación
llegaréis áconocer, qual sea el manantial de toda$
mis fatalísimas infelicidades,
H aviendo, como os dixe,quedado heredero por
muerte de mi padre de una preciosa hacienda,pen­
sé en asegurar mi succesion, casandomecon una no­
ble, honesta, y hermosajoven: Nació de esta unión
tío mas que un hijo, al que procuré educar según
las verdaderas máximas de la prudencia; no las co­
munes , y de moda , que siguen generalmente aotra los padres. Doétos, circunspeétos , y hábiles
Maestros instruyeron á mi hijo en el modo de vivir
con

DE

VV A N T O N.

con honor, y cultura ; le aleccionaron en las cien­
cias mas útiles; le dirigieron al amor déla .virtud, y
ya sus frutos,aunnodeltodo sazonados, eran lison­
ja del cuidado, y continuas fatigas deí su padre, y
preceptores. Aumentábanse sus años, y crecían al
mismo paso sus luces, su bondad, y adelantamien­
tos. Todo caminaba á proporción de mi amoroso
anhelo, y ya me vanagloriaba de un éxito dichoso,
íQuánto se engaña nuestro miserable entendimien­
to al proyectar sobre los sucesos futuros! No era
menor que el m ió, el consuelo de su madre , con­
tenta de ha ver dado á luz un hijo, que contempla­
ba havia de ser modelo de los mejores Ciudadanos,
Su obediencia á nuestros preceptos, y su atención
en obligar nuestro c a riñ o , nos acrecentaban la na­
tural ternura acompañada con una justa estimación
de sus recomendables qüalidades.
Calló un breve rato al llegar á estas palabras el
desconsoladísimo anciano, aprovechando este in­
tervalo en enjugar las lagrimas que con abundan­
cia bañaban sus mexillas,y Yo en tanto reflexionan­
do la educación que prevenía á su hijo el Señor
Romero , y haciendo cotejo con la que al suyo
procuró el Señor Peregil, no acababa interiormen­
te de abominar la conduéla de aquel , y de celebrar
á éste todo lo que se merecía. Volvió á tomar el
-hilo de su relación , diciendo: Todas estas bellas
esperanzas se desvanecieron en un momento. No
bien havia dado mi hijo el primer paso por el mun­
do , quando se le agregó uno de aquellos falsos
am igos, que no intentan otra cosa que corrom­
per la inocencia por sus particulares provechos.
E\ corazón del dócil joven se dexó seducir á po­
cas

£4

V I A GE S

cas persuasiones. Tomaron posesión de él el libertinage , el juego, el luxo , y todos los vicios que
acarrean la desolación de una familia. No podía bas­
tar la mesada que le tenia señalada,para suplir tan­
tos gastos, y para saciar la codicia de las malvadas
compañías de su disolución. Ya buscaba un pretex­
to , ya otro para sacarme dinero : En una ocasión
quiso hacerme c re e r, que havia saltado del engas­
te una piedra de valor, que llevaba en la sortija;
y otra vez que le salieron ladrones de noche , y le
havian despojado de quanto llevaba: Reparáronse
estas pérdidas, pero de alli á poco se repitieron los
mismos lances.
Todo el mundo sabía su irregular conduda; pe-,
ro ninguno tenia valor de dár quenta á un padre
amoroso, y asi fui el ultimo que supo esta desgra­
cia, ya mucho tiempo havia pública en la Ciudad,
y en la Corte. Yo pensé reducirle con las parternas
insinuaciones ( creyendo remediable el m a l) á un
tenor de vida decente, y arreglada; me lo prome­
tió; pero suplicándome antes,que pagáse todas sus
deudas: Me hizo vér todas sus quentas, cuyas can­
tidades ascendían á considerables sumas. ¿Qué no
hará un padre enternecido, para aliviar á un hijo
que supone arrepentido de sus maldades? Subminis­
tróle todo el oro necesario, para que se reintegróse
en su honor; y desde aquel punto comenzó el des­
concierto de mi economía.
¿Lo creeríais? Pues la mitad de la deuda era fin­
gida: Me engañó tan indignamente, para sacarme
el dinero, por poder continuar su disoluto proce­
der, aconsejado para ello de sus falsos amigos. Fue
este un golpe tan sensible para mi pobre consorte,
que,

DE

W ANTON.

pj

que, considerando caso desesperado la corrección
de su hijo , cayó mala del sentimiento , y á poco
tiempo murió. Con la falta de esta amada compa­
ñera de mis trabajos, me vi en la necesidad de to­
m ar á mi cargo el gobierno interior de mi casa; pe­
ro incapaz de un manejo de tal naturaleza, me ha­
llé tan robado de mis criados , que un año después
d*e su muerte saqué la quenta,y encontré haver hecho mas gasto en él que solia ella hacer en tres,
mediante su economía.
No corrigió al malvado la muerte de su madre;
antes connaturalizado ya en su pésima vida , y he­
cho maestro de toda disolución, no pasaba dia en
que no me diese una nueva pesadumbre. Confieso
la verdad, olvidé todo el cariño que le havia teni­
do hasta aquel tiempo, y únicamente me dediqué
á mantener con decoro el punto de mi honor, y la
conservación de la buéna fama de mi nom bre, y
Ja de mi familia, en que tanto me interesaba , para
cuyo efe&o pensé en buscar remedio á tantos des­
ordenes. Continuamente estaba oyendo quexas con­
tra é l; ya tenia que componer á fuerza de oro el ultr a g e , executado en una honrada fam ilia; ya el
m ercader me presentaba una subida quenta de inumerables géneros, y superfiuos adornos , que po­
dían haver saciado la vanidad del mas delicado pi­
saverde; ya venían á sofocarme, pidiéndome una
excesiva pérdida del juego.
Muchas veces intenté echar de mi casa, y des­
heredar á un hijo que arruinaba mi reputación, y
mi hacienda; ¿pero qué se huviera dicho de m í, si
huviese puesto en práéiica este pensamiento? El
mundo es cierto que no siente bien de las accio­
nes

^6
V i a ge s
nes injustas, pero está siempre prontoá apiadarse
del que prevaricó quando le vé humillado con el
castigo: Huviera sido mirado como un mal padre;
si huviese querido proveer á mi subsistencia contra
los atentados del que pretendia destruir de una vez
mi crédito, y mis bienes. Comencé á vender mis
joyas, luego la plata, después los muebles mas pre­
ciosos, y los bienes raíces , y finalmente huve de
hipotecar las qüantiosas haciendas que mis mayo­
res havian dexado fiadas á mi cuidado. Aora me
hallo en el duro deplorable estado de vivir con estrechéz, para subministrar áeste disipador, lo que
ahorro á costa de mi alimento. He despedido toda
la familia , que era numerosa, quedándome única­
mente con dos infelices criados, ambos inhábiles pa­
ra servir, uno por sobra, y otro por falta de edad;
pero los mantengo, porque á causa de sus respecti­
vos defeétos me tienen menos costa.
Aqui volvió á hacer pausa el miserable Mona,
para desfogar segunda vez su aflicción. Mucho me
condolió este pobre viejo, y no acababa de persua­
dirme , cómo pudiese llegar á tal extremo la cruel­
dad de’un hijo que Yo mismo huviera despedazado
entre mis manos. Intenté consolar al afligido con la
consideración de las alabanzas, que por su pruden­
te proceder le dañan sus conocidos; y con la refle­
xión de la heroica generosidad con que havia resis­
tido tantos golpes de fortuna, para conservar aquel
honor que reputaba por tan preciosa alhaja.
Bien decís, oh amigo, replicó el Señor Peregil,
y en parte aligeraría mi dolor , si creyese poder
preservar ilesa esta jo y a, que me es mas aprecia­
ble que quintos tesoros encierra el mundo; pero
des-

d e

W anton.

97

después de haver perdido todos mis haveres, me
veo en visperas de morir pobre , y sin honra. Es­
cuchad lo que en el dia me sucede. Ha venido
hoi un mercader á pedirme doscientos escudos de
o ro, por los géneros que ha sacado de su tienda
mi hijo , que estando mui próximo á no tener que
com er, ni aun pan , ha tenido la locura de hacerse
un vestido de este precio, para salir con mayor ga­
la que los mas ricos Señores de la Corte. Reflexio­
nad un poco, en qué consternación me havrá dexado semejante golpe, haviendo venido á una sazón
en que estoi absolutamente falto de medios, y que
puedo asegurar sin avergonzarme , que no tengo
un quarto. No queriendo que supiese el mercader
rrI infeliz estado, recurrí á muchos amigos , que
me han dado con la puerta en los ojos. Busqué á
aquella especie de gentes que suele aprovecharse
de las repentinas urgencias de las familias, prome­
tiendo ceder una casa de campo con un jardín acce­
sorio, como me diesen la cantidad expresada, has­
ta que el Cielo me abriese camino para poderla pa­
gar. Con los frutos de la tierra, y con el uso de la
casa , el que huviese querido prestarme este dine­
ro pudiera haver tenido una ganancia suficiente en
recompensa de su capital, teniéndole al mismo tiem­
po seguro: Pero todo esto fue en vano, por ha ver­
les parecido poco ventajoso el partido á aquellas vo*
races Harpías.
Enternecíme , oyendo este suceso , y prometí
instantáneamente al Señor Peregil prestarle esta su­
ma , que me restituiría quando tuviese proporción
cómodamente, y sin las condiciones que á los otros
havia propuesto. Se dexó ver al punto una particuTm. II.
N
lar

98

V IAGES

lar alegría en el semblante de aquel afligidísimo Mo­
n o , pero por una delicadeza, ó punto de honor no
quiso aceptar la o ferta, á menos de que Yo no re­
cibiese en prendas el uso de la casa, y el jardín, que
estaban como unquartode legua de la Ciudad: Fue
forzoso ceder á su gusto, y al dia siguiente le entre­
gué el dinero, y él formalizó el contrato , y la es­
critura. Como Yo gustaba tanto de las delicias de la
cam piña, me tuve por mui afortunado, viendome
con una casa de campo por tan poca costa, y tran­
quilizando al mismo tiempo el corazón de un Mono,
que merecía por cierto mejor fortuna.
Antes de despedirme mandó el Señor Peregil
llamar á su hijo; éste se hizo desear, y últimamente
vino , precediendo sus gritos, y quimeras con los
criados, porque no havian obedecido prontamen­
te ciertos preceptos que les tenia impuestos. H aviendo llegado á presencia del padre , le riñó éste
por los nuevos gastos, y señalándome, le dixo : Si
no fuera por este caballero me hu viera sido impo­
sible cumplir con mis empeños. El Señor Tomillo
( que este era su nom bre) no me habló otra cosa
que: Viváis muchos años; y después vuelto á su pa­
dre , le respondió asi:
N o debíais darme la vida, si no havia de ser
para pasarla como corresponde á mis circunstan­
cias. Estamos inmediatos al C arnabal, y no es de­
cente comparecer por la noche con el mismo vestido
que me vieron el año pasado. No me parece que
voi mui descaminado en mis operaciones: Acordaos
de lo que vos hicisteis quando m ozo, y mirad si
en tal caso teneis ánimo para desaprobarlas. En una
palabra, Yo he nacido para vivir en el Mundo, pa­
ra

DE W a n t o n .
99
ra parecer delante de las gentes, para divertirme,
para gastar. Si no recurro á vos, ¿á quién he de ir
á que me dé lo que necesito? Dicho esto, apenas nos
baxó la cabeza, y se marchó.
Entonces, mas que nunca, me pareció digno de
compasión el Señor Peregil, de quien me despedí,
después de ratificarle la palabra del empréstito, y de
haverle asegurado, y prometido de nuevo un invio­
lable secreto acerca de las confianzas que havia te­
nido conmigo. Acompañóme hasta la escalera,y Yo
dexé por ultimo sereno á aquel desdichado viejo. Re­
flexionando después mejor, y sin pasión el cara&er
de este caballero, le consideré poseído de un enga­
ño manifiesto, porque la delicadeza de su honor le
ponía continuamente en un efeétivo riesgo de per­
derle sin adelantamiento alguno, y sin íener siquie­
ra la aparente gloria de detener el torrente á su des­
gracia , ó á las desarregladas acciones de un joven
incorregible, y connaturalizado yár con el vicio.
Contémplese á quantos yerros estamos expuestos. El
dió principio con el mas acertado método á la
educación de su hijo ; pero éste con la demasiada
contemplación llegó á precipitarse , y á destruir
todos los efe&os del paternal desvelo; finalmente,
la falsa idea de su decoro atraxo al Señor Peregil
sobre s í, y sobre toda su familia un piélago de
miserias.

N2

CA-

100

VIAGES
C A P I T U L O XIII.

De la sentencia dada en el Pleito del Volatin .

F , N este mismo dia advertí alguna novedad en
casa del Señor H aya, [sin que pudiese adivinar el
motivo. Entraban, y salían ciertas personas que Yo
no conocía, y se encerraban en el quarto del dueño
de casa para conferir secretamente algunos asun­
tos , según mi parecer importantísimos. A estas
conferencias asistía también Madama Espina , que
desde entonces comenzó á afeitar una seriedad, que
me hacía entrar en sospecha. Temí, que acaso huviesen pasado contra nosotros algunos malos oficios
con estos nuestros bien-hechores, por lo que me
acometió una suma tristeza. Comuniqué mis dudas
con Roberto,que continuaba siendo direétordemis
acciones, y consejero de mis pensamientos. Mi ami­
go , que estaba igualmente que Y o, interesado er
el agradecimiento para con toda aquella benéfica
familia; pero que tenia mas cordura, y mayor for­
taleza, procuró consolarme diciendo, que mientras
tuviésemos la protección del Señor Haya, no debía­
mos entregarnos á un temor sin fundamento* Puede
ser, añadía, que en aquellas juntas ocultas se tra­
ten materias domésticas , de las que no permite la
prudencia que sean los estraños sabedores; Yo espe­
ro que todo terminará á satisfacción de nuestro
amigo, de su consorte , y de sus hijos.
Aunque me hacían fuerza las razones de Rober­
to,con todo, no podía desvanecer mis melancólicos
pensamientos, viendo continuarse Jas causas que
los

DE W a N T O N ,
IOI
los fomentaban, y asi para disipar especies, y dar
algún alivio a mi turbado espíritu, fui á tomar po­
sesión de la casa de campo, y del jardín arriba
mencionados. Todo ello estaba con el mayor aseo,
por lo que me puse mui contento con mi alhaja: En­
contré un Jardinero, diestrísimo en su arte: Yo
que con fuerte inclinación fui siempre aficionado al
bello placer de el cultivo de la tierra, tuve particu­
larísimo gusto, viendome con proporción de con­
descender ámi natural genio. Aprendí del Jardine­
ro las reglas de su exercicio, y procuraba ponerlas
en prá&ica al mismo tiempo que él las executaba.
La proximidad de esta casa á la Ciudad me facilita­
ba el camino de satisfacer diariamente mi curiosidad;
y además del placer que sentía en pasar una vida
conforme á mis deseos, fue también mui útil á mi
salud , mediante la imitación de aires, pues sin du­
da es menos sano el que se respira en la Ciudad,
que el que se desfruta en el campo. De quando en
quando venían á verme mis amigos, con los que
tenia el gusto de conversar, esento de todas las for­
malidades fastidiosas.
Llegó el dia en que se debía ver la causa del
Volatín que se defendía del que le havia calumnia­
do de Mágico. Congregáronse los Jueces, y la sa­
la se llenó de infinito Pueblo , atrahido de la nove­
dad de la disputa, de la alta reputación de los Jue­
ces , y de la fama de los Abogados que debían pe­
rorar á favor de sus respetivas partes. Permítaseme
decir de paso que aunque no huvieran ocurrido es­
tas razones para mover á los Monos á que acu­
diesen á aquel lugar el ocio, y la curiosidad de los
havitantes de Simiópolis (esta acaso es la primera
vez

102
V I AGE S
vez que en estas Memorias he nombrado la Me­
trópoli de esteR eyno) huvieran sido motivos sufi­
cientes para atraer á las personas de todas clases de
la Ciudad , para presenciar este aéto. Es increible
quanto se dexan llevar los Simiopolitanos de toda es­
pecie de pasatiempo: Como se trate de no trabajar,
todos son de una misma inclinación. Si un mucha­
cho está jugando en la calle, inmediatamente se for­
m a un cerco de mirones: Si está un papagayo char­
lando á la ventana , al instante se vá juntando un
pelotón de Pueblo para escucharle: Toda vagatela
es suficiente para embobar á estos naturales; señal
bien c la ra .. . . ¿Pero adonde me dexo conducir de
una reflexión, que aunque ju s ta , y verd ad era, no
es á tiempo oportuno?
Comparecieron á presencia de los Jueces en ad o
de pedir justicia, y con la mayor humildad el acu­
sado , y el acusador, seguido cada uno de dos Abo­
gados , que havian de defender sus razones. Hecha
señal, para dar principio á la acción, se puso en
un puesto elevado uno de los Abogados del acu­
sador, que empezó su oración con una introducción
bien estudiada , que contenia por extenso las ala­
banzas de la integridad de los Jueces. Como iba
proponiendo el punto de la qüestion, la fue hacien­
do mudar algún tanto de semblante, pero con tal
arte de sutileza, y aire de sinceridad, que era capáz
de engañar al de mas expedito ingenio. De esto pasó
á proponer ciertos fundamentos que él llamaba axio­
mas, falsos si hemos de hablar en realidad, pero tan
bien paliados con el colorido de verdades irrefra­
gables, que temí mucho al reo con tan peligroso, y
diestro enemigo. Quando él creyó yá á los Jueces
en-

DE

W

a NTON.

IO3

engañados cotí la falacia de sus principios, fue po­
niendo repetidos argumentos,todos concluyentísi­
mos, y que era fuerza admitir como necesarias con­
secuencias que de ellos se deducían claramente.
Después con una vervosidad indecible , que entre
las gentes de la Curia se llama eloqüencia, repitió
muchas veces una misma cosa con reiterada muta-?,
cion de términos ; y finalmente , volviendo á las
adulaciones del principio, pidió á los Jueces pro­
tección , y justicia á favor de su parte.
Duró cerca de una hora la defensa de éste, y
confieso que me gustó mucho quanto habló, aun­
que mui bien conocí la apariencia con que inten­
taba seducirnos : Me agradó la sutileza de su in­
genio; pero condené interiormente el abuso. Mien­
tras duró la arenga de este sagaz artífice de enga­
ños, sudaba, y estaba temblando el pobre Volatín,
que conocía quan perjudicial le era que se disfraz
«ase la verdad del asunto; pero luego que vió al
segundo , que ya ocupaba el lugar del primero,
para defender su derecho, pareció que había vuelto
de muerto á vivo , abrió los ojos, aplicó el oido, y
públicamente demonstró la alegría de su corazón
en el semblante.
Era este Abogado un sugeto de viveza, de gran
penetración para las sutilezas del contrario, y de
suficiente capacidad para desvanecer sus máquinas:
En efeéto se aplicó á esto con todo su ingenio, y
eficacia. Comenzó , después de un breve exordio,
á examinar los.fundamentos sobre que se formaba
la disputa contraria, y haciendo conocer la falsedad,
mostró que sus raciocinios, aunque excelentes, no
eran aplicables al presente caso, como también,quan
dies-

104

Vi a g e s

diestramente, y con qué malicia havia alterado la
qiiestion en perjuicio de la inocencia , y con des­
precio del Tribunal. Deaqui fue, que se disolvieron
por sí mismos los argumentos, como que estaban
fundados sobre cimientos aéreos. Entonces aquel
Abogado, que podia con razón llamarse eloqüente,
si se hace comparación de el con el otro, reduxo la
materia que se disputaba á su verdadero estado, y
expuso la justicia de la Parte que defendia, con
tal claridad , que no dexaba razón de dudar. Asi
terminó la segunda oración, que fue mas lucida, y
alabada que la primera, no tanto por la mayor ex­
celencia del Profesor, quanto por ha ver tenido de
su parte á la justicia.
Salió el tercer Abogadoá la palestra, para sos­
tener las razones del primero. No vi jamas Mono
mas atrevido que él: Su tosca figura , su semblan­
te displicente , y su aire de superioridad , y fiereza
le calificaban por el Capitán General délos charla­
tanes, y el terror de sus compañeros. Entonó su dis­
curso con una voz, que era capaz de hacer temblar
á un exército, la que sostuvo con la misma fuerza
hasta el fin de su peroración. Todas estas ventajas
no fueron coadyuvadas de lo esencial que se busca
en un Orador ; porque en lugar de apoyar las pre­
tensiones de su parte con razones, y argumentos,
se separó quasi del todo del examen , y fundamen­
tos de la qiiestion propuesta, sin tocarla sino de
paso , y consumió todo el tiempo que havia de
emplear en su razonamiento, en cosas del todo estrañas, é importunas.
Quiso , pues, tentar primeramente el corazón
de los Jueces, confrontando las personas, ycircunstan-

DE W a N T O N ,

i°S
tandas del joven , y del Bailarín. Aquel, deda, hi­
jo de unos Padres honrados, se ve con vergüenza
de todos sus parientes expuesto al peligro de ser la
burla de un hablador vagamundo: De aqui con una
descripción patética se compadeció del estado de
los padres, las lágrimas de las hermanas , que aún
no estaban casadas, y el disgusto de la Ciudad, vien­
do á uno de sus Conciudadanos , por un leve, y
pueril asunto, próximo al riesgo de mirar ultrajada
su reputación. Pasó después á insultar al Volatín, y
su arte; y á él solo , sin conocerle , aplicaba todos
los vicios que se encuentran divididos en los de tai
exercicio, empleando gran parte del tiempo en esta
infamación. Mordió agriamente en el honor, y en el
conocimiento del asunto á los Abogados contrarios,
que llamaba á cada paso sus dignísimos compañe-;
ros, y amigos. Con sales jocosas , y ridiculas pro­
curó separar los ánimos de los Jueces de la debida
atención, y excitó muchas veces la risa en los mas
circunspectos. Juró finalmente, blasfemó, y puso
fin á su discurso.
Aunque no pude formar una idea completa, por
lo que hace á este Orador , ó yá sea por su sutile­
za , ó yá por el arte de argumentar; no obstante,
de la capacidad con que le oí tratar los plintos ex­
trínsecos de la causa , no pude menos de formar
una alta reputación de su ingenio , creyendo segu­
ramente , que siempre que se emplease en la de­
fensa de mejor negocio , mediante su habilidad , le
sería mui fácil con qualquiera razón, aunque fuese
aparente, desatar un torrente de eloqüencia, ó ful­
minar un rayo que bastase á destruir al que se le
opusiera.
Tm, //.
OO
En-

IO6
V l A G E S
Entro ultimamente el quarto Abogado en el
puesto que havia desocupado el tercero. Quando
comenzaba à tomar el gusto que me causaba su
caraéter , por distinguirle de todos los demás, me­
diante sus divisiones geométricas, y su estilo Con­
cluyente , y conciso ; se dexó oír una voz espanto­
sa , y repentina , que le dio un solemne mentís à
una'de ¡sus mas verdaderas proposiciones. Yo , que
iió esperaba tal novedad, me hice cárgo de que
aquel que asi havia desmentido publicamente al
Orador, havria tenido la desgracia de haverse vuel­
to loco en aquel instante ; y yá estaba esperando
verle sacar fuera de la sala, para que con su nueva
demencia no alvorotase la ultima parte de aquel in*
forme. Mas si fue grande mi admiración con tal su­
ceso, aumentóse mucho mas viendo que se dexaba a! loco en su delirio, sin que nadie tomase à su
cargo el hacerle callar. Yá no me fue posible po­
ner mas atención à las razones, y artificio del Abo­
gado, à causa de que los dos hablaban à un mismo
tiempo, y negando el uno loque afirmaba el otro,
se llenaron entré sí repetidas VéCes de dicterios.
No acababa de entender, cómo se permitía des­
orden semejante; pero despUes supe, poique asi
me explicaron este enigma , que tales réplicas se
havian instituido con bellísimo, y prudentísimo fin,
-pero que el abusó las tenia reducidas " à una vo­
cinglería,'semejante à las que se suscitan en las
tabernas, en donde cada borracho h ab la, sin deXar-tiempo al otró para que dé sú -respuesta. Con
ta l confusión se púso fin à la Contienda , en la que
nitìgtìrio délos presentes pudo compì efiender razón
alguna.
* ^

de W a n t o n .
107
Para hacer justicia á estos quatro personages, y
por dar lugar á la verdad , es forzoso tributarles
las alabanzas de que son dignos. La claridad de
sus ingenios, el sagacísimo arte de persuadir, y
algunas veces.deengañar al Juez, enmascarando la
falsedad con una afluencia de argumentos , que no
se adquiere sino con grande estudio , y con una
continuada práctica; un cierto nervio de eloqüen-'
ciapara saber epilogar todas las razones de la Ora­
ción al acabar la disputa , son particulares dones
que no-se encuentran fácilmente. En los Países mas
cultos no he advertido con mayores adelantamien­
tos la Oratoria. Es cierto, quedas floreside la Re­
tórica no están mui hacinadas en sus discursos, que
repiten muchas vece'j unas mismas cosas, y que con
su verbosidad procuran alargar los razonamientos;
pero hai para todo esto una respuesta mui adequada ; se les tiene concedida un tasado espacio, den­
tro del qual han de hacer todas sus probanzas, sin
poder excederle; de aqui es, que^e ven precisados
á exponer desde el principio toda la fuerza de sus
argumentos, porque no se cumpla la hora , y que­
de su Parte sin alguna de las respuestas conducen*
te s , y por esto suele acabárseles la materia , antes
que el tiempo.
o
No se les puede instar tampoco, diciendo que
en virtud de lo dicho, en lugar de nuevas repeticio­
nes pudieran terminar su informe; porque si se apar­
tasen de la palestra un momento antes de lo o rd i­
nario, creería su Parte, que el Abogado havia ido á
despachar,y le dexaba indefenso. Finalmente, noté
que no era elevado su estilo, y que tenían costum­
bre de servirse de los vocablos mas usuales, y corO 2
ríen-

108

VI AGE S

rientes; costumbre prudentísima, pues asi facilitan
la inteligencia de lo que proponen á todos los
que escuchan; y los Abogados no tienen que dis­
traerse en extrínsecos adornos, que son mui bien
parecidos, pero supérfluos absolutamente para los
fines de la justicia.
Acabados los informes, se intimó á todos los
que allí se hallaban , que saliesen de la Sala, por­
que lo Jueces quedasen en libertad para dar la sen­
tencia definitiva: No bien se mandó,quando quedó
desocupada ; después se cerró la puerta , porque
ninguno tuviese la inadvertencia de volverá entrar.
Intentaron los dependientes del Tribunal pasar á la
execucion de lo que acostumbraban quando iban
á votar la causa los Ministros; pero el Presidente del
Consejo secreto suspendió este ad o , con motivo de
tener primero que hablar á la Asamblea. Roberto en
una conferencia secreta que havia tenido con el
Príncipe, le havia sugerido, quanto importaba po­
ner remedio en l«s abusos de ios Abogados, y en la
transgresión que hacían de las Leyes , y Reales
Decretos; mandóle entonces el Soberano, que ventiláse el punto con su Presidente; y los dos queda­
ron de acuerdo en lo que havia de pradicarse, H a­
bló, pues, en estos términos:
Nosotros , Señores, que no somos Jueces O r­
dinarios de los pleitos comunes , sino delegados
por el Príncipe para este juicio extraordinario, no
estamos me parece obligados á seguir las regula­
res formalidades. Creo que los defensores de am­
bos partidos, en vez de proponernos el verdadero
punto de la dificultad, se han empeñado en una dis­
puta in ú til, cuya decisión irá trayendo otras mu■;
chas

\

DE W A N T O N .
I O9 .
ch as, y de este modo dilaciones que resultan con­
tra la intención del Soberano, dándonos también la
incomodidad de repetidas sesiones. Por honor, pues,
del Real Decreto, y también por el nuestro, debe­
mos hacer cesar tan mal modo de proceder, casti­
gando á los Abogados que se hallen con culpa,
absolviendo al inocente , é imponiendo al reo su
merecido castigo : Ahora votaréis en secreto por
el que os parezca tiene de su parte la razón, y des­
pués pensaremos en el remedio que deba ponerse
en un desorden , cuyas consecuencias resultan en
menosprecio de la justicia , y de las Reales inten­
ciones.
Aprobamos todos la advertencia del Presidente,
y unánimemente determinamos seguirla; y mucho
mas explicando el Decreto que los Jueces senten­
ciasen según equidad , sin las escrupulosidades , y
sutilezas del Derecho. Fueronnos repartiendo ciertas
bolas, cuyo hn era para manifestar después el voto
que dábamos en secreto. Llegó finalmente el aélo de
votar; éramos quince, y se halló ser conformes to­
das las opiniones, absolviendo al pobre Volatin de
quanto se le imputaba , y restituyéndole su honor
contra la calumnia que le havian suscitado. Fue
universal la conmoción en los Jueces, que indicaba
el común, y verdadero júbilo , viendo aquella uni­
formidad; señal no equívoca de la justicia de la cau­
sa decidida , y del talento , y discreción de los que
la havian definido.
Finalizada esta primera parte de nuestro asunto,
pasó el Presidente del Consejo á indagar nuestros
pareceres acerca del remedio que debería ponerse
en los abusos escandalosos, para que mediante una
exein-

IIO
VlAGES
exemplar corrección, quedasen vindicadas la auto­
ridad del Soberano, y la Magestad del Consejo que
se hallaban ofendidas. Unos eran de un di&amen, y
otros de diverso parecer; pero ninguno pudo dar en
un medio que fuese capáz de castigar á todos los
culpados á proporción de sus defectos. Llegó el caso de ser preguntado Roberto acerca de su opinión,
y respondió de esta suerte:
Yo d ixera, Señores, que si se habla de los Abo­
gados del absuelto Bailarín , debieran estos sufrir
una pena mas suave , por haver tomado á su car­
go el partido de la justicia , siendo el único delito,
en que han incurrido, el prolongar por su inte­
rés la decisión de la causa ; y asi me parece que
será bastante se les obligue , á que restituyan las
pagas que hayan recibido , y á que paguen todas
las costas que hasta este dia se hayan ocasionado
al inocente. Mas en quanto á los Abogados de la
parte contraria, que pretendían engañarnos con
las mentidas apariencias de v erd ad , soi de sentir
que sean condenados á satisfacer al Bailarín todos
los daños , y perjuicios que se le han seguido en
el largo tiempo que ha estado sin poder exercer
su profesión; esto se entiende además de la ganan­
cia que diariamente le daba su trabajo , antes de
sucederle esta desgracia. Y por lo que hace al jo­
ven mal aconsejado, que mas bien por la vanidad
de ser tenido por critico M ono, que por verdade­
ro efe&o de m alicia, poco cauto pasó á echar un
borron en la fama de un inocente , tengo por cier­
to, bastará sentenciarle á que públicamente se des­
mienta , y á que confiese su yerro en todos los lu­
gares públicos de la C iudad; pues no hai duda, que
pa-

DE

W A N T O N .

III

para un Noble este castigo no tiene comparación
en el rigor con todas las penas pecuniarias, y
aflictivas.
Fue recibido con aplauso el voto de Roberto, y
con unánime consentimiento se resolvió que se executáse exactamente,añadiendo, quede no cumplir­
se por los reos la Sentencia al pie de la letra en el
preciso término de ocho dias, se duplicase el castigo
á los contraventores, aplicada esta demasía á penas
de Cámara. Resuelto asi este grave negocio , que
tenia en notable expectación á toda la Ciudad, según
los diversos respectivos afeCtos, se mandó á los Por­
teros del Tribunal que abriesen las puertas del sa­
lón, é hiciesen comparecer á las Partes, y á los quatro Abogados, para que todos oyesen la irrevocable
Sentencia. Partieron prontamente á executarel or­
den estos M inistros, pero antes de permitir entrar
al curioso Pueblo, para que se informase del éxito
de aquel suceso, vinieron á avisarnos que los Abo­
gados se havian yá ausentado, y que era forzoso ir
á buscarlos.
Tienen estos comunmente la costumbre de no
hacer caso del éxito de la causa, siendo todo el em­
peño, que algunos demuestran por los que defien­
den, una pura ficción, y asi para los que siguen es­
ta conducta, es lo mismo ganar que perder el plei­
to , y los mismos que mientras la disputa , qual ra­
biosos perros, se han mordido mutuamente, se rien
después de todo lo pasado, y son los mas íntimos
am igos, dando á entender estos tales, que siendo
el suyo solo un recíproco comercio de charlatanetias 4 no toman empeño por las que de otra suer­
te serian ofensivas de su reputación. Se mandó á los
Por-

I I2

Vl AGES

Porteros que fuesen en busca de los dichos Abo­
gados, obligándolos á comparecer de orden del Tri­
bunal : Obedecieron, prometiendo conducirlos á
presencia de los Jueces dentro de breve tiempo, sin
miedo de faltar á su palabra, mediante no ignorar
todas las secretas inteligencias de los referidos, y
asi sabían mui bien adonde havian de ir á buscar
á cada uno , sin dar el golpe en vago ; de hecho,
los encontraron como lo discurrieron; uno de ellos
estaba perdiendo en el juego quanto havia podido
pillar á los incautos litigantes; otro estaba enamo­
rando á una Mónita, no obstante ser él casado; los
otros dos aplicados únicamente á acumular dinero,
se havian retirado á sus casas , de los quales uno
estaba contando el oro que tenia encerrado en su
escritorio; y otro consultando los negocios de cier­
to Mono , que pagaba con la mayor profusión las
vanas esperanzas con que le engañaba el astuto
Letrado.
En el intervalo de tiempo que era menester
para esperar á los Abogados , dexaron sus asientos
los Jueces , y se entabló una conversación de pasa­
tiempo ; tocáronse varias materias , y particular­
mente la de las novedades que corrían ; muchas
se contaron , que falsas , ó verdaderas no dexaron
de dar pábulo al espíritu de los curiosos : Algunos
me preguntaron, si era cierto lo que se decía acer­
ca de la casa del Señor Haya: Yo, en realidad, ha­
via observado alguna mutación; pero como no po­
día adivinar la causa, según yá llevo dicho , igno­
raba que responder; por tanto tomé cautelosamen­
te el partido de fingir gran misterio , y afeitando
una cierta son-risa, dixe que no acababa de enten­
der

r>E W a n t o n .

113

cíer, lo que trahian entre manos. Suponía Yo que
los que havian hecho la pregunta se explicarían
en términos mas claros, en virtud de haver con­
testado á sus palabras, aunque equívocamente; pe­
ro no se me cumplió el gusto que esperaba, por­
q u e, ó temerosos de violar un secreto que se les
havia confiado, ó por la incertidumbre del hecho,
ó por alguna otra razón, que ignoro, no quisieron
declararse. A este tiempo se llegó á aquel corro el
Presidente , pidiéndome le favoreciese, comiendo
con él un dia que estuviera desocupado, porque
deseaba informarse de algunas particularidades de
mi Patria; acepté su atento convite , dando á tan
alto personage muchas gracias por la bondad con
que me distinguía.
Estando en esta conversación, nos avisaron que
yá estaban fuera los Abogados esperando que se
les mandase entrar: Esta novedad havia causado una
universal estrañeza; por lo que concurrieron mu­
chas personas para saber el motivo. Nosotros nos
dimos prisa para ocupar nuestras sillas, y volvien­
do á revestirnos de la gravedad exterior, que es ne­
cesaria en tales lances, dimos orden de que entra­
sen los Abogados, las Partes, y todo el Pueblo que
estaba aguardando. Executóse puntualmente, y el
Presidente mandó leer en alta voz el Real Decreto;
finalizada la leélura, dió á los quatro Oradores una
reprehensión mui a g ria , por lo que se havian sepa­
rado de su exaéta debida obediencia ; después de
cuyo primer paso, que causó en el auditorio un
universal murmullo, significativo de la aprobación
del Pueblo, por ver sostenido con tanta entereza el
decoro de su Soberano; se leyó la Sentencia, que
%onu IL
P
ab -

i i <5

V ia g e »

'
Sentencia, y asi el Señor Haya, y sus hijos pasaron
á mi quarto á darme la enhorabuena, por haver te­
nido Yo parte en una providencia tan arreglada.
M ientras la comida huvo mucha alegria, y asi me
presumí, que la novedad á que se referia la insinua­
ción que me hicieron en el Consejo, era favorable,
y ventajosa, con lo qual se aquietó mi imaginación,
Conociendo claramente, que las suspensiones, y se­
cretos no tenían relación alguna conmigo. Todo el
dia estuvo lloviendo, por lo que no me fue posi­
ble salir á la calle , y mucho menos ir á mi casa
de campo.
Después de comer hicieron retirar á M adamita , y se congregaron el padre, los hijos, y la ma­
dre á conferir aquel asunto, que aún habia Yo de
ignorar por algún tiempo. Estos eternos coloquios,
y la ausencia de Roberto me dexaítímen suma sole­
dad , y asi cansado de la fatiga de por la mañana,
mortificado con la obscuridad del C ielo,y masque
to d o , enfadado de verme solo entre tanta familia,
resolví retirarme á mi quarto para dormir un po­
co la siesta.
Encerrem e, pues, en mi aposento, y rrre puse
á dar unos peseos, quando casualmente vi un pe­
queño Libro que estaba sobre lá mésaí No me
acordaba que Yo mismo le havia dexado en aquel
parage ; le tomé, abríle, y vi que era el quaderno de la Opera que el Impresario havia puesto en
mis manos, como el mayor dón que podía de­
dicarme. Desde aquel dia no havia vuelto á hacer
memoria de él, y acaso jamás le huviera leído, an o
unirse tantas circunstancias, que motivasen mi
ociosidad. Supuse que él podría desde luego ser-

DE
W a n TON.
117
virme de un perfeéto arrullo para conciliar el sueño, por lo que determiné leer algunas hojas, hasta
tanto que lograse irme adormeciendo : me recosté
sobre la cam a, y empecé á registrar su contenido.
La variedad de cosas particulares que en él encon­
tré , me hizo continuar su leétura; la imaginación
yá acalorada, atraxo el desvelo, y asi me hallé sin
fatiga en disposición de finalizarla. Experimenté
parte de placer , mezclado con algún fastidio; se
deleitaba el sentido con una cierta gustosa harmo-»
nía que contenían sus palabras , cuyo artificio na
sabré explicar , por no haver llegado á compreend erle; pero ofendieron mi entendimiento tantas co­
sas (extravagantes á mi parecer) como contenia.
Acaso mi leétor no llevará á mal el saber* qnal sea
el gusto del País de los Monos en semejantes com­
posiciones.
Pocos eran los personages que formaban el to­
do de la acción. Cierta Reina meridional gozaba en
paz una corta porción de terreno que la, havia con­
cedido por asilo un vecino Rei poderosísimo: Esta
extensión de País, que entre nosotros aún no havria
llegado al nombre de V illa, se llamaba Imperio,
adonde se estaba fabricando la cap ital: La Reina
era viuda, y fiel á las frías cenizas de su infeliz Ma^
cido, alevosamente muerto, reusó las bodas de granr
des Monarcas, que suspiraban mucho tiempo havia
por merecerla. Recatada hasta aquel punto, llegó
del Oriente un Mono fugitivo , que improvisamen­
te la hizo mudar de pensamientos. Enamorada á la
primera vista deeste estrangero, dió riendas á su pa­
sión , y correspondió al cariño de un desconocido,
que después de la posesioa finge un sueño, ó tiene
*
el

| l t
.' V I A G É S 7 a
el faríatismb de creer, que con las voces de únanoc*
turna ilusión el destino le llamaba á otras Regiones.
Baxo de tan: ridiculo pretexto abandona á la enga­
ñada Reina, que queda hecha vergonzoso objeto de
su amor, y desesperada se dá la muerte. Véase aqui
el verdadero argumentó de codala acción, de don­
de pueden aprender á fidelidad los espeétadores , y
ías espeétatrices á modestia,
i Para hacer mas agradable esta acción, se intro­
ducen los amores del Rei su huésped, que la havia
regalado-las tierras que poseía: El se presenta en la
Corte con nom bre, y caraéter de Embaxador su­
yo; y desde aquel momento están ciegos la Reina,
y sus vasallos, porque no conocen al disfrazado Rei:
El a¿nor causaba este m ilagro; como también la su-*
geria respuestas no equívocas , y. que bien clara*
mente manifestaban sus amorosas ansias. El Rei se
pone furioso; intenta muchas veces m atar á su com­
petidor , pero el valor de éste vence á la vileza de
aquel. La Reina lleg3 á saber quien es el fingido
E m bajador, y le prende, no reflexionando en cien
mil Soldados que están á las puertas de la Corte es­
perando los preceptos de su Monarca , que lleva
mui agriamente la violencia, é injuriaque se ha­
c e á un sugeto de su caraóter; pero no se acuerda
-de que Goitsolá utia palabra puede tomar la vengan*
Ka.Este Rei se representa bajo de una imagen odio*
sísima, bien que dé á entender el mismo Dramma,
que era mas insensato, y cobarde , que inclinado d
las acciones malvadas: Las antiguas Historias de
aquellos Países nos le pintan como piadoso, y que
lloraba al pie de los altares su desgracia; pero la re*
presentación moderna le finge furioso, y mal inten-

W anton,
i 19
pionadoacaso porque resalte mas para con los
oyentes la constancia de aquella indecente hembra,
que resiste por su amante los golpes mas rigorosos
de la fortuna.
Pero el pasage mas .brillante de la acción es la
malicia de la Reina,que para detener á su vagamun­
do Dueño siempr>e invadido de sus sueños, de sus
esperanzas , y de su destino, dispone darle ¿elos
( poderoso medio para uno que no hace caso de
ella , y está meditando abandonarla quanto anHes)
hace llamar al Rei, su rival, y ie ofrece la mano en
premio de tan constante f é En aquel mismo punto
olvida este Monarca-, que es una hembra, prostituta
la que le propone sus bodas como un gran tesoro;
y pronto para aceptar la oferta, alarga la mano en
señal de su consentimiento. La furia de los zelos
<agita inmediatamente al Heroe traidor, ruge de ira,
y procura impedir á la Reina su último empeño,
íssta le propone la justa alternativa, ó de que se que­
de para gozar unidos las delicias del amor, ó deque
sufra verla en brazos agenos; pero el Heroe reu­
sa la condición, por quererlo asi sus sueños. Mien­
tras pasa todo esto, ni oye el Rei, ni conoce aquel
engaño, y asi estrecha á la Reina á que le manten­
ga su palabra; se repite la primera acción; el He­
roe vulve á sus furores, enardécese mas la amoro­
sa pasión de la Reina, y para pacificar á su aman­
óte hace saber al Rei que solo por burlarle le havia dexado lisongearse , mediante aquel estratage­
ma ; insinuándose en unos términos que aun se­
rian vergonzosos proferidos por la hembra mas di­
soluta , quando estuviese tratando con un Mozo de
cordel.
No
de

3¿o

V i a ge s

No obstante una prueba tan grande de cariño,
huye el ingrato Mono, abandonando á su Dama;
en el camino se encuentra con el inumerable exército del R ei, y con un cortísimo número de per­
sonas le pone en huida. La Reina corre desespera­
da por todos lados en busca de su amante, pero en
vano, porque halla que todos la han hecho trai­
ción. Una hermana de ésta era amante oculta del
fugitivo, y pérfido Heroe. Sin duda que era mui
fea, pues la dexa el autor batallar con su pasión sin
remedio, pudiendo tan fácilmente consolarla,pues
según pinta al Oriental, sin escrúpulo alguno la huViera igualado á su hermana la. Reina. No eran aun
bastantes tpdas estas desgracias para esta infeliz;
traidor uno de sus vasallos promete al Rei poner á
su obediencia á la Ciudad , paétando primero que
le ha de colocar en el trono de su Dueño ; como
si este Monarca no huviera podido de otro modo
conseguir su venganza. En una palabra, dos hem­
bras locas, y disolutas, una de hecho, y otra de de­
seo; un Rei, yá necio, yá cruel, yá sagaz, yá po­
lítico; un Heroe malvado, y falso, y un Vasallo
traidor,é interesado, forman todo el enlace,y her­
mosura de la acción. Es verdad que también sue­
le comparecer de quando en quando un festivo per­
sonage, haciendo el Pedante, aunque sin fruto, con
su Rei; pero me parece que la composición per­
manecería entera , aunque este Mono se cayese
muerto antes de llegarse á levantar el telón.
Este es el efeéto que produxo en mi espíritu el
dicho librito , en el que me agradó mucho la dul­
zura del estilo que por todo él está repartida; dul­
zura tal, que es capaz de borrar qualquier defec­
to,

DE W A N T O N .
121
to, si es que.se encuentra en tales composiciones,
aplaudidas generalmente de los Monos; pues como
conozco mi absoluta ignorancia en semejante ma­
teria no es fácil que Yo pueda decidirlo, asi co­
mo me tengo también por inhábil para caracte­
rizar las bellezas que me le propusieron deleita­
ble. No pude penetrar la mutación que el Impresario havia hecho, según se dignó advertirme, pe­
ro me imagino , que sería sin duda en lo mejor de
la obra.
Curioso ya después de esta leétura, se me previ­
no preguntar á os dueños de casa, si tenían algunas
de estas composiciones, y luego me subministraron
una porción capáz de divertirme por largo tiempo.
N o abusaré de la paciencia de mis leétores,haciendo
examen de cada una; bastará decir , que en todas
se encuentran unos mismos delirios. Los principales
asuntos son generalmente unos amores en sumo gra­
d o , que se interrumpen con un cúmulo de acciden­
tes mas maravillosos que verosímiles. Siempre hai
un traidor que urda la máquina , y para desen­
redar en el fin el enlace , se inventan lances, que
desde luego descubren su imposibilidad. Es el te r­
mino de la o b ra , por lo regular, darse mutuas sa­
tisfacciones los am antes; con lo qual los jovenes
que asisten al adío, vuelven á sus casas con las idéas
mas placenteras. Se dá indulto general á los traido­
res contra toda lei de justicia; y todos se encami­
nan contentos á la celebridad de los nuevos esponsa­
les. Los heroes mas famosos lloran como unos chi­
quillos; esta es una sagáz invención para contentar
la arrogante vanidad de las M onas, que se lisongean, viendo á los mas célebres personages obscuTom.lL
Q
re-

122
VlAGES
recer sus glorias por una buena cara: La virtud re­
clama contra tales abusos , por vér que se confun­
de con la baxeza de espíritu ; pero son inútiles sus
representaciones, porque mas bien que conservar
su decoro , quieren los compositores complacer al
genio del bello sexo. Las Heroínas de la modestia
ceden de ordinario á la primera vista de un perso­
nage, sin duda por virtud sympática de sus cora­
zones ; y éstas , antes enemigas declaradas de las
pasiones del am or, de un instante á otro pasan al
extremo de enamoradas furiosas. ¡ Qué ajuste á los
regulares, y verdaderos acontecimientos! Los Mo­
nos se emboban con estas tan repentinas mutacio­
nes, y forman una alhagüeña esperanza de contras­
tar las mas firmes rocas; y de aqui sacan , y con­
servan máximas adequadas á su inclinación , de
vér cómo pueden engañar álas incautas Monas. De
esta forma estos naturales hacen al teatro escuela,
y modelo de sus viciosos afeétos.
Quise un dia entablar un discurso sobre esta ma­
teria con cierto Filósofo , en cuyos coloquios otras
veces havia descubierto un fondo de bello discer­
nimiento , y perfeéto juicio ; y maravillándome le
dixe, que no acababa de entender , por qué entre
tantas pasiones como agitan á los m ortales, sola la
amorosa es la que se sabe poner á la vista en las
representaciones. Bien patente es la causa, me res­
pondió ; porque ésta sola interesa mas que todas
las otras juntas, no obstante que ellas con todos
sus diferentes grados debieran mover con mas fuer­
za á los oyentes. Pero este interés, añadí Y o , con­
duce á un fin pésimo,que es al afeminamiento,y de­
bilidad , que se introduce en los ánimos de quien
se

DE W A N T O N .
123
se dexa llevar de estas ternuras. ¿Qué im porta, dixo el Filósofo, si como están divertidos no ván
considerando las conseqüencias ? Yo le repliqué en­
tonces : Sea como quisiereis ; ¿ pero por qué no se
-disfrazan estos asuntos con mayor modestia ? ¿Por
qué se acumula tal porción de extravagancias, que
es imposible que sucedan con un mismo sugeto en
un corto espacio de tiempo? ¿Y por qué , finalmen­
te , se desenredan tantas dificultades con invencio­
nes frías, y pueriles? Ya que me obligáis, res­
pondió el Filósofo, á que os hable claro , os diré
con ingenuidad que no conocéis el genio de mi
Nación.
Son los Monos animales mas particulares que
lo que os imagináis : Todo lo que es diversión ra­
cional , no les agrada; proponedles la mas absurda
extravagancia, é inmediatamente les oiréis aplau­
dir la fecunda mente del inventor, y veréis la abra­
zan como la cosa mas digna de su agrado. Si un
A utor quisiera seguir las leyes de la verosimilitud,
•y conservar el decoro en la representación, todo el
mundo le tendría por un Mhno ridículo; y además
de los sil vos con que pagaría el Público este traba­
jo , dirían que no daba á luz , sino baxas , y po­
pulares idéas; que la naturaleza le havia negado el
talento necesario para el oficio que havia tomado;
y que con su genio austero, y melancólico, quer­
ría desterrar del teatro las acciones mas ihocentes,
y divertidas.
Y no creáis que á solo las obras de espíritu se
Umítan estos genios de mal gusto; porque se estienden tam bién á todas las citcurístancias, y acciones
de la vida civil. Bien pudiera daros mil exemplos;
Q2
pe-

124
VlAGES
pero observadlo en este punto, que acasc es el me­
nos importante de todos. Contemplad á d:>s Monos;
uno de un caráéler sincéro, y natural; y el otro de
un espíritu adulador, y afe&ado en quarto dice, y
hace: Supongamos á los dos tratando con u n Gran­
de, ó con una Dama; el primero executaiá los debi­
dos cumplimientos, conteniéndose dentro de aque­
llas medidas que requieren su estado , las circuns­
tancias del sugeto con quien habla, y las máximas
de sinceridad que diéta el buen juicio; ti segundo
con mil inclinaciones se llamará rendido servidor,
esclavo, y se aplicará otra muchedumbre de títu­
los humildes; protestará que desea derramar su
sangre en obsequio de aquella persona con quien se
halla; hará comparaciones entre el Grande, y una
Deidad; entre la Señora, y una estrella; con otras
mil cosas á este tenor, que le sugerirá su mente fe­
cunda de adulaciones.
Reflexionad á éste; sus palabras todas son men­
tiras, y sus pasos otras tantas violencias que hace
á la naturaleza;y siendo tan fácil de compreenderse
esto, como demonstrable, no se quiere alcanzar la
penetración para llegará su conocimiento. Pregun­
tad , qué opinión es la que se forma universalmen­
te acerca de estos dos; y os dirán que el prime­
ro es Mono de condición áspera, de poca crian­
za, sobervio, y villano; todo al contrario el se­
gundo , le oiréis celebrar con excesivas alabanzas,
caraéterizandole por un Mono político, atento,ex­
presivo , y digno de la estimación de todo el mun­
do. De este tan proporcionado paralelo podéis de­
ducir el genio de los Monos, y aprended, cómo
os haveis de manejar, si aspiráis á obtener su apro­
ba-

DE
WANTON.
125
bacion , y aplauso en todo genero de materias.
Perdone mi leéior tanto como me he detenido en
un punto en que tal vez no interesará mucho;pues
con el motivo de contar mi lectura me he dilatado
mas de lo que debiera, pero resarciré la pérdi­
d a , y el fastidio que le haya causado con tales re­
laciones, no hablando mas por aora en materia de
las composiciones teatrales de aquellos Países.
Por seg u ir, pues , el hilo de mi Historia , diré,
que no haviendo podido conciliar el sueño como
queria; antes bien, absolutamente despavilado, tu­
ve que levantarme de la cama, finalizada laleétura.
Continuaba diluviando , y fastidiado de estár solo,
salí de mi quarto, y pregunté á un criado, si anda­
ba por al li alguno de los Señores de casa,con inten­
ción de irme con é l, para acabar el dia en buena
conversación: Respondióme que n o podia decír­
melo á punto fixo,pero que se informaría, y pron­
tamente vendría con la respuesta: Hizolo como lo
ofreció ( contra lo que estos acostumbran en los re­
cados que toman á su cargo) y de allí á poco vol­
vió, avisándome , que todos sus amos estaban aún
encerrados en la misma sala, y sin apariencias de
salir pronto , porque en aquella misma hora havia
llegado cierta persona que queria hablarles, y que
al instante la recibieron. Me desesperaban estas
perpetuas conferencias.
Yo queria com pañía, y no sabía dónde hallarla;
estando en esta perplexidad, me ocurrió ir al quar­
to de la Señorita, y en efe&o me dirigí ácia allá;
pero en medio del camino comencé á arrepentirme,
■diciendo entre mí: Yo voí á acarrearme un enfado,
visitando á un sugeto que puede ser tenga por mo­
les-

I l6

V I AGES

lesta mi visita , y aun quando no sea asi, ¿ de qué
podrémos hablar? Ella querrá tratar de sus labores,
de sus peinados, de sus alfileres, de los festones, de
las ñores de mano, &c. Yo no sabré qué responder
á todo esto, y estaré hecho un insensato. Ya estuve
para volver pies atrás; pero considerando que el
ocio es el mayor de los tedios, resolví llevar mi in­
tención adelante, y últimamente llamé á la puerta
del quarto, Salió una vieja, á quien expuse mi pre­
tensión ; Ella arqueó las cejas en señal de admira­
ción, y me hizo saber , que no se permitía asi co­
mo quiera entrar á visitar á las Señoritas solteras,
y que si llegáse su ama á entender el intento de
una temeridad tan grande, me costaria mui caro
el atrevimiento; y diciendo esto me dio con la
puerta en la cara.
Asi no llegó el caso de mi visita , que recelaba
havia de serme molesta , si tenia que tratar como
era regular algunos puntos de la vanidad de las
Monas. Volvíme á mi quarto mui sentido , y ape­
nas llegué, entraron un recado deque dos Aldeasnos, un viejo , y una joven, calados de agua, que­
rían hablarme. Me persuadí que estos fuesen los
criados que tenia en mi casa de campo, y dixeque
los dexasen entrar: Intentaba darles ciertas dispo­
siciones para el nuevo plantío que deseaba hacer
en mi jardín; pero me engañé en lo que „discurrí
como se verá en el siguiente capítulo.

CA-

d e W anton.
CAPITULO

127

XV,

Déla venida de los Villanos-,y aventuras de Enri­
que con Madama Espina;y en ¿a tienda del
Café.
Z

Ué admiración no sería la mía al vér que
los Aldeanos que me buscaban , y entra­
ban ya en mi quarto, eran mi antiguo tirano,y su
hija, mi caritativa bienhechora ? Luego que desde
el umbral me descubrió O liva, dio un chillido de
alegría, y corrió con los brazos abiertos para abra­
zarme. Lloraba de gozo, y con el placér de hallar­
se conmigo,no se hartaba de mirarme. El viejo por
el contrario, humilde, y temeroso vino á besarme
la m ano, pidiéndome de nuevo perdón por los tra­
bajos que me hizo pasar en su casa: La Comedia
no podía ser executada mas al natural. El criado,
que aunque estaba presente , ignoraba el misterio*
se reía de todo corazón; y fue volando á contar á
sus compañeros que havian llegado dos parientes
mui cercanos m ios; juicio que formó de estos por
los extremos de O liv a , y favorable acogimiento'
que hice á entrambos.
Finalizados estos primeros movimientos de su
natural gozo, tomó la hija de mano de su padre dos
cestas nuevas; en la una venían dos pollas de leche,
que me aseguró O liva, que ella misma havia cria­
d o , y la otra estaba llena de unas frutas escogidas:
Acepté con expresiones cariñosas, y de agradeci­
miento aquel rustico regalo, parando la considera­
ción, no en laqüalidad del dón, sino en el buen
co-

V ia g e s r
corazón, de la que le daba , que ciertamente respedo á sus ha veres se excedía, aunque en la subs­
tancia fuese de poca importancia.
Hice sentar á los dos á mi lado,preguntándoles
poi* ei estado dé su casa, y á Oiiva especialmente
por la vieja : Mi madre, respondió, goza la felici­
dad de tener una vejez saludable; era mucho el
deseo que tuvo de venir á veros, y con la sangre de
sus venas huviera pagado el gusto que nosotros te^
nemos aora de estár en vuestra compañía. ¿ Y por
qué , dixe, no ha satisfecho su deseo? ¿Se podía
conceder gracia de menor entidad á una esposa,y
á una madre? No tenemos nosotros la culpa, res­
pondieron ellos;'ya conocéis su genio , y asi no os
maravillaréis.si os decimos, que con tanta ansia
como mostraba no nos fue posible reducirla á que
viniese á la Corte. Yo no he estado , nos replicaba,
jamás en la Ciudad; ¿será bueno que hagaquando
vieja lo que no he executado en los dias de mi viíjar? Esta, razón tiene ella por de tanto peso , que'
todas nuestras persuasiones fueron vanas. A esto se
añade el temor de cierto agüero en que está imbui­
da de que las mutaciones, 6 grandes novedades
que suceden en una edad abanzada, infaliblemente
son los aposentadores de la muerte, Por todos estos
motivos nos dexó venir, quedando con el sentimien­
to que requerían tales icircunstancias; os envía mu­
chas memorias, y os ruega, que olvidéis totalmen­
te sus persecuciones.
T* Yo la perdono, respondí, de todo corazón, y
aun la estoi agradecido, porque ella fue el principio
de mis fortunas, Introduxe después la conversación
acerca de Roberto, y les conté como no estaba en
ca1 28

DE

W ANTON.

I29

casa; pero me dieron á entender que ya lo sabían,
porque le havian buscado antes de entrar á verme.
Preguntéá Oliva si la agradaba la Corte. Es para
mí, respondió , de tanta admiración, como sería
para vos un País, que jamás huvierais visto: Ocu­
pado únicamente en vos mi pensamiento, no puse
la mayor atención en los demás objetos; solo sí
sentí como oprimido mi corazón, luego que entré
en la Ciudad, porque sus altas fábricas no permi­
ten el mas bello placér que se goza en el campo,
que es respirar un aire libre, y mirar un pedazo
mas grande de Cielo.
No sabía qué conversación darles; hacia conti­
nuas preguntas, y respondian prontamente áellas;y
ya estaba quasi enfadado por falta de asunto convenmente para formar con ellos un fixo razonamiento,
quando entró Roberto buscándome: Aqui sí que es­
tuvieron en su punto la algazara, extremos, y demonstraciones de cariño. Mientras estos rústicos le
repetían todo lo que ya me havian dicho, fui á
vér si el Señor Haya se havia desocupado; y por
mi fortuna, salía ya á este tiempo de la sala en que
havia tenido la conferencia.
Contóle la llegada de los Aldeanos, y le rogué
les permitiese alojarse en su casa el tiempo que estu­
viesen en la Ciudad. El condescendió atentamente á
mi pretensión, y me prometió se les haría todo el
mejor tratamiento que fuese posible, y correspondiente á su estado; y al punto dió orden á sus cria­
dos, para que les previniesen cierto quarto entresue­
lo de la casa; mandó también quedes diesen bien de
comer, y luego se fue á nuestra habitación para go­
zar aquel buen rato.
, f

I JO

V l A G E S

Pasé à visitar à M adama Espina , para rogarla
concediese su licencia à estos nuevos huespedes pa­
ra que entrasen à ponerse à su obediencia, y de su
hija, y besarlas la mano. Ella me recibió con tan
mal g esto , que conocí claram ente, que la vieja la
havia dado qúenta de mi aventura ; me respondió
cori desabrimiento , que las manos nobles , y deli­
cadas no debían humillarse à la vileza de que llega­
sen à besarlas lás sucias villanas bocas; y añadió,
,que no quería verlos, dando una razón que no te­
oria réplica;..y e ra , que la pesteà cebollas ,y ajos,
que indefectiblemente echaba de sí la gente ordi­
naria, producía en ella siempre los malos efeCtos
de dolor de cabeza, y de estomago , y aun la cau­
saba istèrico.
1 ;■ , < ...
M ucho menos sentido de la desatenta repulsa de
Madama Espina, que del fiero ceño que mostró
al presentarm e, quise prevenir las consecuencias,
dando quenta à mi benéfico protector de mi error in1voluntario. Volví, p u e s,à mi quarto, donde le ha­
llé , que con agradable semblante estaba sagajzmen*et indagando de Oliva sus mas ocultos pensamien­
to s , no quise interrumpirle la diversión, pero es­
perando à que hiciera punto , le demonstré con una
seña, para que se reti ráse á parte conmigo, que te­
nia necesidad de hablarle:'.en secreto,
»; Entendió el Señor Haya, perfectamente .lo que
significaba mi seña ,■y: fingiendo otra cosa que la
que tenia en el pensamiento, se llegó à m í, y amo­
rosamente me preguntó, qué èra,¿o que seane ofre"ciarVo entonces con^oz baxasle dixe toda la ¡histo­
ria dei nifàtèdàóìM :la leCtuCa^ dei paso ¡que havia
dado , solicitando la compañía, y conversación de
O
\ L •'
’ . ■" su

D E

W ANTON.

I 3 I

su hija, y finalmente, el desabrido modo, y semblan
te con que me havia recibido Madama Espina. El
fingió una gran severidad, para dár mayor ocasión
de hacerme conocer los efectos de su bellísimo na­
tural , y después me habló asi: El ocio, am igo, es
el manantial de todas las desgracias ; vos por esta
causa haveis caído en un abismo de errores , haviendo hecho abanzar vuestros sacrilegos pasos
hasta el asilo del honor : Yo soi la primera causa
de tal desacierto, y asi conviene poner remedio. A
estas palabras soltó la risa, y me consoló, añadien­
do después: Mi esposa es mui tonta ; continuamen­
te quiere afeétar un espíritu superior á la debilidad
del sexo ; y en llegando la ocasión , se reviste de
las preocupaciones! de la mas ignorante Monuela.
Dexadlo de mi cargo , que Yo pondré remedio en
todo.
No faltó á su palabra ; pero encontró ( como
después supe) una fierísima resistencia. Madama me
trató de presuntuoso, temerario, y de que havia
intentado obscurecer la fama de su hija, jurando
que se vengaría de mí. La mediación dehSeñor
ya nada adelantaba, y asi pensó en remediarlo-dé
una v e z , despidiendo de su casa á la dicha vieja;e^
ta era el medio por donde Madama hacia súsimas
ocultas rapiñas, y asi rogó por ella, y lloró; pe­
ro todo sin fruto, porque el Señor Hayo éstaba
inflexible. Las fue preciso recurrir á ¡mí, pidiéndo­
me perdón de la ofensa que me havian hecho; á
mi instancia volvió á servir la vieja, y Yo quedé
victorioso en unas circunstancias que amenazaban
mi ruina.
t i ;
:
Al ponerse el Sol dexó de .llover * y Yo deseoR2
so

IJ2
V lA G ES
.so de que me diera el aire., salí de casa acompaña­
do de un criado. Después de haver dado un paseo
por la Ciudad , me retiré á una de las tiendas don­
de solian congregarse diversos sugetos: Estaba lle­
na de jovenes que se entretenían en festivos discur­
sos. Ninguno se dignó de saludarme quando entré,
no obstante que hice mi debér con todos. Como,
ó no me vieron, ó no quisieron hacer caso de mí,
me senté en un rincón de la tienda, esperando que
alguno vendría á trabar conversación conmigo, ó
que á lo menos tendría el gusto de escuchar lo que
se tratase en una asambléa que me parecía anima­
da con un mismo espíritu de libertad, y de ale­
gría : Puse alguna atención, pero como hablaban
ya sobre principios sentados , no pude compren­
der cosa particular , aunque sí me pareció, que
no era asunto de mucha agudeza el que se tra­
taba.
El caritativo dueño de la tienda , viendome so­
lo, quiso divertirme, me presentó una taza de aquel
su negro licor hirbiendo; y después se sentó a mi
derecha: Dixome un despropósito por cumplimien­
to; me pidió tabaco, y luego se puso á explicar
quiénes eran aquellos que estaban en su tienda de
esta forma: ¿ Veis aquel joven alto que está alli
tan ricamente vestido? Pues es hijo de un Mercader
que ha quebrado: Después que su padre se vio obli­
gado á retinarse, y cerrar su tienda, se le puso
en los cascos meterse á caballero; es el mas indigno
de la quadrilla, pero el mas desvergonzado; es cau­
sa de mi ruina , porque muchas personas que freqüentaban mi casa, se han retirado, por no poder
sufrir su temeridad. Pues sois un necio, le respondí,
por-

de

W anton.

133

porque debíais echar de aquí á este importuno, an­
tes que tolerar tantas pérdidas. Bien decís, añadió
el pobre Botillero; pero si tal executo, será para mí
el detrim ento, por razón del gran desfalco que
sentirán mis intereses ;m e está debiendo una canti­
dad excesiva, y si le dexo retirarse, la vendré á per­
der to d a; y además de esto, se llevará consigo á to­
dos estos jovenes, que son también mis deudores
de grandes sumas.
Pues según eso , le interrum pí, sois un Mono
mui rico,, é infiero igualmente , que este modo de
vida os tiene mucha quenía, pues os pone en estado
de hacer tan considerables préstamos. Encogióse de
hom bros, y prosiguió asi: Y o, Señor , soi un po­
bre , que no tengo fondos para prestar ni un quarto ; mis créditos dependen de lo que voi fiando mu­
cho tiempo hace á estos fogosos mozuelos; beben
alegremente de mis licores,y délas aguas compues­
tas, y en vez de pagarme, me cargan la incomodi­
dad de sentar sus nombres en un libro, que tengo el
trabajo de hacer todos los años. La antigüedad,mu­
cha continuación , y generosidad con que estos
Monos disponen de mi hacienda, han ido aumen­
tando el crédito á tanta suma, que si tuviera la for­
tuna de reintegrarm e, pensára prontamente en so­
licitar mejor establecimiento, y mas seguro empleo
de mi caudal. Bien considero que desaprobaréis mi
conduéla en proseguir subministrando mis géneros
á tales sugetos;pero reflexionad , que si se los nieo de fiado, incurro en el grave peligro de no co­
rar un m aravedí: Asi la esperanza de poder moyerlos á obrar en justicia, me abre un camino mas
a n c h o , para quedar del todo destruido, Tuye lásti­

f

ma

134
VlAGES
ma del suceso de este infeliz, y no pude menos de
maravillarme de cómo se llegaban á causar tan
considerables deudas de cosas superfluas, y de po­
co valor.
Mientras estábamos en esta conversación, llegó
a la tienda un viejo pequeñuelo,que parecía que es taba phthysico ; recibiéronle todos los que alli se
hallaban con los brazos abiertos,y con mil demonstraciones de aleg ría: Pregunté á mi Botillero, que
quién e r a : Este me respondió , cansado de estár
empleado en un trabajo que no le rendia lo que
deseaba, se ha hecho profesor de cierto oficio,apli­
cándose á buscar con su jovial temperamento entre
los jovenes mas disolutos , algunos defensivos con­
tra losgolpesde la fortuna:Es Maestro de indecen­
cias, y con un millón de cuentecillos alegres que
inventa para dár pábulo al corrompido genio de la
precipitada juventud, se hace acepto á los ojos de
aquellos que son inclinados á los vicios: Oid aten­
to sus discursos, que no hablará diez palabras sin
ser mas de la mitad disolutas ; maldiciente en su­
premo grado despedaza las reputaciones mas sen­
tadas ; murmura aqui de todos los ausentes, y en
hallándose en otro puesto, dibuja con caraétéres
de la mayor malignidad á quantos aqui se hallan;
y unos, y otros le creen sumamente empeñado á
su favor.
Me puse á observarle, y en efeéto le encontré
como me le havian pintado. Qualquiera que pasa­
ba por la calle, era asunto de su poco caritativa
conversación; explicaba de dónde havia venido,
sus rentas , su em pleo, su conducta, su capacidad,
su honestidad; y paraba todo en poner en perversa
opi-

DE

W ANTON.

13 J

opinión á aquel pasagero. Si alguna pobre Mona por
su desgracia se paraba delante de la puerta, llega­
ba á términos del mayor descomedimiento su inso­
lencia ; las viejas tenian que sufrir mil di&erios; y
las mozas otras tantas palabras indecentes , no fal­
tando muchas veces alguno de los mas atrevidos,
que abandonada la vergüenza, saliese en su segui­
miento con el fin de detenerlas. Estos procederes me
disgustaban infinito,y estaba sumamente arrepenti­
do de hallarme con unas personas entre quienes na­
da adelantaba, y que me causaban notable enfado.
Ya estaba para marchar, quando llegó el Señor
Alcachofa., que era también uno de los de la quadrilla. Luego que me v ió, se vino corriendo á mí,
me hizo su cum plim iento, y me apretó la mano,
como si Yo fuese uno de sus mas confidentes ami­
gos: Entonces también todos los demás hicieron re?
paro en mi persona ; y ó fuese porque les daba su­
jeción la distinción , y altura de mi em pleo, ó por
vergüenza de haver dado tanto á entender su líbertinage delante de un forastero, todos fueron des­
ocupando la tienda uno detrás de otro, dexandome
solo con el Señor Alcachofa , y con el enfermizo
yiejezuelo.
Este se llegó á mí haciéndome mil expresiones,
y asegurándome, que ya havia mucho tiempo que
tenia ardentísimos deseos de conocerme ; pero Yo
que tenia su compañía á cosa de menos valer,-ape­
nas le miré á la cara; y vuelto al Señor Alcacho­
fa, desfogué mi enfado contra los indecentes jóve­
nes, El viejo comenzó adeclamar eficacísimamente
contra la corrupción, de las costumbres del siglo, y
á zaherir con su mordáz estilo la desbocada conduc­
ta

136
VlAGES
ta de sus compañeros, como si Yo no huviera sido
testigo de que él havia promovido , y fomentado
todas sus obscenidades.
No quise detenerme mas a llí, por libertarme
del descarado asqueroso viejo; y el Señor Alcacho­
fa se empeñó en que havia de acompañarme hasta
mi c a sa : En el camino se sinceró, y me prometió
que no havia de tener amistad con aquellos que
Yo reprobaba, ni lostrataria sino lo preciso, pues
desde luego aborrecía sus depravadas máximas, y
viciosa conduéla. Repitió muchas veces estas pro­
testas , porque temía no formáse Yo mal concepto
de sus procederes. El buen Mono tenia bellísimo
corazón , pero acompañado de demasiada docili­
dad, como prácticamente conocí en adelante con
su tr a to ; por tanto era bien inclinado, y sábio
con los que le conducían por el camino de la virtud;
y al contrario vicioso con los malos; mas no obs­
tante, honrado en extremo , y fiel, agradecido,
amigo de sus amigos.
CAPITULO

XVI.

Finalizase el suceso de los Aldeanos'. F á Enrique
d casa del Presidente , y con él d
Palacio.

( ^ E r c a del Palacio del Señor H aya se despidió
de mí el Señor Alcachofa con las mas expresivas
formalidades; supliquéle no dexáse de venir á ver­
me de quando en quando, porque desde luego le
creí proporcionado para alguno de los adelantamien­
tos,

DE

W A NTÒN.

Ì3 7

tos, que suelen apetecerse en un País forastero : Me
acordé de que éste se empleaba en introducirse en
todas las concurrencias , y que era conocido de
quanta especie de personas havia en la Ciudad , y
asi por este medio me propuse descubrir muchos se­
cretos, y particulares cara&éres, que pudiesen ha~
cerine formar completa idèa de el País de las Monas:
Prometió cortesmente darme gusto, lo que executó
con tanta puntualidad, y repetición , que no pocas
veces huvo de incomodarme ; pero como el Muni­
do es un comercio de sufrimientos , me pareció
que era justo aguantarle sus defedos, asi como ten­
dría él que molestarse con los mios ; y mas quany
do solicitaba Yo que su compañía me facilitára tor
das las ventajas de que él era capaz. Esta es la se-r
gunda vez que hablo de este joven en mis escritos*
à causa de tener que mantenerle la palabra que le
di de hacer commemoracion de él à lo menos en dos
ocasiones en mis Memorias: Es el caso, que noti-r
cioso de que Yo escribía mis aventuras , y coq
deseo de hacerse famoso en;el mundo Europèo, co,mo lo era'en la Capital de los Monos; me hizo taiíes instancias, y empeñó de tal suerte à mis Amigos
para este fin, que me obligó à condescender con
quanto deseaba; y vease como yá he salido de el
empeño cumpliendo mi promesa.
\
zornAl: punto que llegué à casa, pregunté por los
Villanos-, y supe como acostumbrados à ser vehr
eidos del sueño poco después de anochecido, luego
-que se puso el sol, se havian retirado al quarto que
se les destinó-, en ejonde yá havia algunas horas que
¿estaban durmiendo. Encontré luego à Roberto, que
<me hizo eb siguiente discurso; Bien sabéis, Amigo,
U’iJTùm, II,
S
quan-

138

V I A G ES f

quanto debemos á la pobre Aldeanilla, que hoi con
su padre ha emprehendido tan incómodo viage, so­
lo eón el fin de vernos: El Cielo nos ha puesto en
tan feliz situación, que podemos demonstrar nues­
tro agradecimiento á una persona que nos colmó
de beneficios, y á quien debemos confesarnos deu^
dores de la misma vida; ahora nos toca recompen­
sar sus amorosos cuidados con un premio propor­
cionado á la utilidad que sacamos de ellos en otro
tiempo: Pienso,pues,que se la procure una decente
colocación en esta C iudad, mediante la qual se
asegure en un estado de vida cómodo, y ventajoso
para su nacimiento ; con esto , si nosotros por su
cuidadosa asistencia pudimos alcanzar una fortuna
mayor que la que podía prometernos nuestra es­
peranza ; lógre ella en paga por nosotros una suer­
te que jamás habrá pasado por su pensamiento.
Asentí con muchísimo gusto a la proposición de R o­
berto , y prometí inmediatamente ayudar quanto
pudiese por mi parte.
Por acabar la historia de estos Aldeanos, conti­
nuaré describiendo el efeéto de nuestras intenciones.
Propusimos á Oliva si queria casarse en la Ciudad;
y mostró un horror que no puede bien explicarse,
sin que fuese posible hacerla consentir en dexar la
Aldea en que havia nacido: Viendo tanta aver­
sión, no quisimos porfiar mas, y sqlo preguntamos
al padre, si tenia por allá su hija alguna inclinaciórt
amorosa, el buen viejo sinceramente repondió, que
correspondía cariñosa á las expresiones del hijo de
un rico Aldeano , y la queria por esposa ; pero
que el padre de éste,. aspirando á que encráse, en
su casa con el casamiento del hijo una dote, qual no
'([
.V. . era

D E

W

A N T O N.

139

era la de Oliva , imposibilitaba la unión de estos
amantes. Bastó esta declaración para que tomáse­
mos nuestra determinación; y preguntando quanto
era lo que pretendia el padre del enamorado Vi­
llano desembolsamos , y entregamos al viejo aque­
lla cantidad ; significando á Oliva lo que nos in­
teresábamos en la felicidad de su futuro matrimo­
nio ; para que éste tuviese efe&o, interpuso (como
tenia ofrecido) su autoridad el Señor Haya. O bli­
gados los Villanos, no sabian cómo corresponderá
nuestra generosidad, y dándonos re pe tidísimos agra­
decimientos, m archaron, despidiéndose de nosotros
con los ojos rebosando lágrimas, después de havernos sacado la palabra , de ir á hacerles una visita
al Verano siguiente: No quiso el Cielo que Yo pu­
diese cumplirla por las muchas desgracias que me
acometieron, y precisaron á alexar de aquella Ciu­
dad por muchos años ; ni jamás volví á tener oca­
sión de ver á estos, aunque pobres , cariñosos, y
agradecidísimos M onos, hasta el lance de volver
á la Patria , y de haver de dexarles para siempre.
Pasados .algunos días , me acordé que ¿avia
prometido, al Presidente del Real Consejo secreto, ir
á comer á su casa;, y queriendo cumplir con este
-empeño , fui una mañana visitarle para aceptar
4 convite >jsí usaba conmigo; la drbánidad de repe­
tirle. Apenasile entraran recado de »que esperaba
su licenciáis quando.él mismo salió á recibirme ; y
luego con. singulares ex presiones, me pidió, le die­
se el gusto de detenerme todo.aqnel dia con él; respondile , que estaba resignado en su obediencia, y
asi, que dispusiese de mi*voluntad á medida de la
suya. Hizo que ,me; sentára , y me sirvieron una
-,ív.!
S2
be-

140
V i a g .e s
bebida oscura de buen gusto, que no se con qué ar­
tificio hacen que esté llena de espuma. Mucho agra­
decí el agasajo , y cortesanía de este Ministro, el
qual después de algunos discursos en general, me
rogó le acompañase á la Corte: Acepté gustosamen­
te la proposición , y partimos juntos á Palacio, ro­
deados de una numerosa caterva de Pretendientes,
que estaban esperando que el Presidente saliera de
casa para recomendarle sus respedivos asuntos: A
todos recibia con agradable semblante; á unos res­
pondía; á otros daba consejo; y de otros finalmen­
te tomaba los memoriales, en queexponian sus pre­
tensiones , y urgencias. Era el dichoso Presidente de
un carader mui propenso á hacer bien , y que sin
interés se empleaba en favorecer á todos aquellos,
•que recurrían á él con sus súplicas. Este modo de
portarse, junto con la prontitud de la execucion
de los negocios , y deseos de los necesitados , le
hacían mui bien visto entre aquellos naturales, y le
profesaban el mas verdadero amor, y una estima­
ción sincera.
; -jü •( r-m '!
Llegamos á la Corte, y nos encontramos á Ro­
berto , que solia ir todos los dias, para estar pron-to si le llamaba el Principe, que tenia frecuente­
mente el gusto de conferir con él variosi asuntos: Es­
taba cercado de diversas personas^ que esperando
por su medio alguna gracia, le recomendaban sus
súplicas. Luego que me vió, se vino á m í, no por­
que quisiese hablarme, sino por libertarse de aque^
líos importunos.1A este tiempo le avisaron que el
Principe le mandaba entrar. Todos los que hacían
la corte á Roberto , se agregaron á m í, para que
les fuese favorable con él en sus pretensiones; me
• ■
pon-

W anton,
I4 i
ponderaban :sus servicios, y las razones que tenían
para solicitar sus ascensos, aunque sin decirme quales eran estos. Yo no sabía como echar de mí esta
especie de persecución; á exemplo de mi Amigo
miré si por aquellas salas havia alguna persona co­
nocida , que pudiera servirme de pretexto para se­
pararme; y advertí, que entonces entraba el Señor
Romero , y aunque no me agradaba su amistad,en
el presente caso quise servirme de él para conse­
guir mi fin. Saliendo, pues, á su encuentro , le hi­
ce una profunda cortesía, y él me recibió con un
aire de superioridad que me enfadó , y mortificó
notablemente , por ser en un parage tan público,
mas fue forzoso tener paciencia. Indagada la cau­
sa de esta novedad , pude penetrar que hai cier­
tos cortesanos que prodigalizan las expresiones,
quando se hallan á solas con los sugetos que cono­
cen; pero quando acaece encontrarles en algún si­
tio donde haya concurso, afeétan un semblante de
desagrado, para que el mundo, que juzga por las
apariencias, forme mui elevada opinión de su gran*
deza.
Entre tanto iba creciendo el murmullo en la
antecámara, adonde se hallaban los Pretendientes al
empleo de General, para solicitar sus protecciones:
tenían el semblante pálido,y representaban una viva
imagen de la humildad; se agregaban, y llamaban
«servidores de quantos encontraban, ofreciendo un
eterno reconocimiento por el favor que les pro­
metían : De este modo , para poder después satis­
facer su fausto con la consecución de aquello á
que aspiraban, no tenían dificultad en degradarse
con la mayor vileza. Quise observar cómo se porh
tade

142
VlAGES
taban los cortesanos en semejantes lances, y vi,
que á todos concedían la razón, sobre que funda­
ban sus pretensiones, prometiéndoles toda su inter­
cesión; asi quedaban los pretendientes mui paga­
dos de las palabras de unos sugetos, que interior­
mente determinaban no hacer cosa alguna á favor
de ellos.
Me aproximé luego para oir las respuestas que
iba dando cierto personage , que estaba allí mui
grave: Presentabansele uno á uno los Pretendientes,
y les iba respondiendo igualmente, que era su decla­
rado partidario; que no le havía traído á Palacio
aquel dia otro m otivo, que el hablar claramente
de sus méritos , y ver si podía conseguir que se le
hiciese justicia: Después se quedaba un rato como
en admiración , y prorrumpía diciendo : que no
sabía, cómo havia personas tan osadas que se atre­
viesen á aspirar á un grado tan sublime, que solo
se debia al mérito; y que intentasen contrarrestar tan
á vanderas desplegadas la consecución de aquel em­
pleo, á quien por tantos títulos le pertenecía. Esta
misma oración repitió á seis diferentes sugetos en
el espacio de media hora que Yo estuve escuchan­
do. Si estos no tenían otro protector que este , y ea
tales palabras fundaban sus esperanzas,podían cier­
tamente estar asegurados de un buen éxito.
Quise conocer al Señor Saúco, que contra to­
das las apariencias de alcanzarlo , se havia hecho
también opositor á este cargo: Le encontré al con­
trario de todos los dem ás, mui alegre, y como que
no pensaba en tal negocio. Reíanse los Palaciegos
de su atrevimiento ; y Yo me imaginé, ó que era
un gran tonto, ó que poniendo poco cuidado en
el



d e

W anton.

143

el efeéto, únicamente havia salido á aquella preten­
sión, por poder después con mas facilidad alcanzar
otro empleo de menos clase. Esto se vé frecuente­
mente en las Cortes, donde es lo mas difícil para
conseguir, el llegarse á dar á conocer.
Bien presto eché de ver que me havia engaña­
do en el juicio que hice del Señor Saúco , porque
de alli á poco se me declaró él mismo. Llegóse,
pues, á m í, y con la mayor libertad, y pocos cum­
plimientos, me retiró aparte para hablarme en se­
creto. Y o , me dixo , soi un Mono que no gasto
ceremonias , y aborrezco los preámbulos estudia-^
dos; por tanto, omitiendo todo lo que de ordina­
rio se dice en tales casos, voi prontamente al pum
to principal de mi intento. Yo deseo que me con­
fieran el empleo de Generalísimo del Reino; qutí
lo merezca , ó no, nada hace para el asunto, por­
que si asi fuese , no havría aquí tantos concurren­
tes á esto mismo : Bien sabido es por la Ciudad el
favor que goza con el Príncipe vuestro compañe­
ro ; si por su medio disponéis que yo consiga la
gracia , tendréis pronta la paga con mil escudos
de oro.
Me dio risa la libertad del Señor Saúco, y por
imitarle, le respondí a si: Sería indigno mi com­
pañero de la protección que logra , si abusando
de ella vendiese sus favores ; y Yo no merecería
el titulo de su amigo si tuviese osadía para hacer­
le proposición semejante. Reservad vuestra oferta
para corazones mas venales, y haced mejor juicio
de nuestros procederes. No le hizo esta repulsa caer
de ánimo: Lo que os ruego es , me replicó, que á
lo menos me guardéis secreto; bien que en suma,
aun-

144

VlAGES

aunque se supiese , no me debían censurar de que
tomase el camino mas seguro para el logro de mi
fin. Promedie no publicar la confianza que conmb
go havia tenido; y le consideré yá el mas poderoso
de todos los pretendientes que hasta entonces se
havian presentado.
Salió de alli á poco Roberto , á quien rodearon
los aduladores; pero no se dexaba fácilmente enga*
ñar de ellos. El primer Ministro quiso que se fuera
á comer con él; convidóme también ; pero dada yá
la palabra al Presidente, no pude admitir su atenta
expresión : Poco tardó éste, desembarazado yá de
todas sus dependencias en venir á buscarme: Hi^
eimos algunos cumplimientos á los sugetos de alta
esfera , y nos volvimos á su Palacio, por ser yá la
hora de medio dia.
CAPITULO

X V II.

D e la conversación de Enrique , y el
Presidente.

t

J jy R A costumbre del Presidente quando convida­
ba á su mesa á algún amigo con quien quería tra­
tar asuntos serios, comer separado de su consor­
te , y sus hijas ; porque sabía mui bien , que hai
muchas Monas, que , ó se molestan con los discur­
sos que piden especial atención, ó los interrumpen
con importunas preguntas , y reflexiones fuera de
proposito. Hizo, pues, poner la mesa para noso-*
tiros dos solos en una pieza inmediata á su gabine­
te , y primero quiso franquearme e} honor de-que

DE W . ANTON,
14 J
hiciese una visita á las. Señoras. Pasámos á una ha­
bitación ricamente alhajada , y me introduxo á la
sala,en que se hallaban su esposa, y dos hijas. Aquí
tienes, Betónica, dixo á su consorte, un forastero
amigo mió , que me concede hoi el singular gusto
de comer conmigo.
Levantóse Madama Botónica de su asiento, tiró
la labor, y vino á recibirme con tan atento agasa­
jo que me sorprehendió. Las Hijas no levantaron
los ojos de lo que estaban trabajando , por lo que
al punto conocí en ellas una no ordinaria modestia;
efeéto de una sábia educación. Acaso esta su com­
postura me ahorró el disgusto de, que se rieran en
mi ca ra , como generalmente sucedía á los princi­
pios; á lo menos tal era el feéto de los que me veiau
repentinamente,en particular las Monas, y de éstas
mucho mas las Mozuelas de poca crianza, que son
dispuestas para hacer burla, y para estrañar aque­
llas figuras en que encuentran algo de ridículo, se­
gún su modo de pensar. Estoi persuadido á que la
madre las advirtió como debían contenerse, pues
aunque después de comer me vieron á toda su satis^
facción, no demonstraron aéto alguno de admira­
ción , ó de desprecio. Madama me rogó antes de
separarme, que la concediese el gusto de pasar un
rato á conversación con ella, después de despachar
lo que tuviese que tratar con su esposo; Yo partí,
prometiendo obedecerla.
Fue delicada, y curiosa la comida, sin aquella
profusión que sacia, y no deleita al convidado.
Estábamos solos; y el Presidente me hizo varias
preguntas, á que Yo procuré responder con exaétitud, para que hiciese de mí un buen concepto. Tal
Tom. //.
T
era

I46
V l A G E S
era puntualmente su intención poder formar una
opinión adequada de mis luces, y mis talentos, pa­
rapasar después á satisfacer su curiosidad acerca de
las cosas de que deseaba informarse. No obstan­
te que parezca que Yo repetidas veces no pier­
do la mira ( como alguno puede ser que tenga la
malicia de imputarme) de ridiculizar un País en
donde he recibido tantos beneficios, y gustos, de­
bo en este lugar confesad la verdad, y confundir la
malignidad de los que sin examen se atreven á im­
pugnarme.
'
; i.;
,
Me ha sucedido encontraren este País personages excelentes, y cuyos méritos sobrepujaban á to­
do aquello que mi ledor púede imaginarse : Pero
como soíi pocas las obras perfedas, y no quiere la
naturaleza ¡subministrarnos muchos exemplos; por
tanto no se me debe notar con el defedo de ingra­
to , porque no sé adular ; antes pido se me permi­
ta la sinceridad con que me ciño á seguir las ordi­
narias circunstancias de las cosas. Empeñado, aca­
so, en no desviarme del camino que hasta ahora
he trillado, havré incurrido en algún yerro; y en
este caso deberán culparse las débiles luces de mi
entendimiento, pero no la intención de mi volun­
tad, siempre;dispyesta á manifestar la verdad, en­
salzando á quien merezca alabanza, y reprobando
no las personas., sino las costumbres que son dig­
nas de vituperio.
Mas para volver á tomar el hilo de mi Historia,
debo asegurar, que el dicho Presidente , además
délo que acerca.de sus circunstancias tengoyá ex­
puesto , era un personage dotado de aquellas qualidades que raras veces se unen en un solo sugeto:
i
>
Ha-

DE W A N T O N ,

147

Hábil, benéfico, honesto, y agradable; sabía dar á
todos lo que les convenia, y llegaba á distinguir*
sin necesitar mucha aplicación , quién merecíalas
confianzas de su amistad. Debo hacer esta descrip­
ción atento á sus talentos , y virtud , que eran las
fuentes principales de donde dimanaban continua­
mente infinitos bienes á favor del Soberano , de la
patria , y de los particulares.
Este , pues , quería que yo le informase de la
Europa, de su división , de los Principes que la
dominaban, y de sus varios gobiernos. Después
descendiendo particularmente al Reino , en donde
el cielo me havia concedido el privilegio de hacer­
me nacer Vasallo , me preguntó todo aquello que
de él podía saberse con singularidad: Quiso entenr
der sus límites , sus fuerzas , y sus leyes; después
me preguntó acerca de las C ie n c ia s , las Artes , y
el Comercio: Todas las cosas eran objeto de la cu­
riosidad de su genio; pero sus cuidados solo se diri­
gían á descubrir los asuntos mas ventajosos para
poner enpráética lo mas conveniente al servicio de
su Principe , y de aquellos dominios.
Si aquestas indagaciones se huviesen executado
conmigo en el tiempo, que vivia en la casa de mis
padres, huviera juzgado ciertamente que se me
hablaba en un lenguage forastero; pero Roberto me
havia instruido en estos conocimientos, y asi pude
satisfacer á las curiosas indagaciones del Presidente,
que formó una alta reputación de mi saber trio ha­
ciendo Yo otra cosa que repetir las lecciones de
mi amigo , que me havia instruido •perfectamente
en estas materias: Asi á poca costa quedé con con­
cepto de doélo. Muchas veces sucede adquirirmna
T2
per-

148

VI AGES

persona grande fama de sabio, únicamente por la
fortuna de que le preguntan el punto que acaba de
ver en algún libro bien escrito , que la casualidad
traxo á sus manos, sin que tal vez haya abierto otro
en toda su vida.
Luego que dexé satisfechas las preguntas del
Presidente, quise Yo también aprovecharme de su
instrucción ; por lo qual le pregunté, cómo se divi­
día el orden del Pueblo que componía aquella Ciu­
dad. Si huviese, repondió é l , de seguir la opinion
de aquellos que desprecian á todos los que no son
de igual condición á la suya, os diría que todo el
Pueblo se reduce á N obleza, y Pleve; pero los que
tienen este modo de pensar, no echan de v e r, que
al querer ensalzar su estado, le.hacen confinar con
el que tanto desprecian: Por esto, separándome de
esta opinion, le distribuyo en tres clases, y de és­
tas cada una en sus particulares subdivisiones; esto
e s , ínfim a, m edia, y suprema; á estas añadiré
cierta especie de personas, que no sé en qué grado
colocarlas, y que deben llamarse Cómicas; la ra­
zón de esta denominación está en que las acciones de estos que componen este o rd e n , consis­
ten en una vana apariencia, por lo que deben ser
comparados á los personages Cómicos; á lo que se
añade la brevedad de sus grandezas, que al instan­
te se acaban; y ciertas extravagancias que les son
inseparables.- ¿c
Dificultosísimo es que comprehendais lo que
os digo , no haviendo visto lós originales , á quie­
nes se refieren mis palabras, si no os lo demuestro
con los exemplos. Advertiréis alguna vez al hijo
de un pobre A rtesano, á un simple plumista, á un
T
Pro-

DE
W ANTON,
149
Procurador, y á un Fideicomisario de herencias
quantiosas, pasearse con un trén igual al que gas­
tan los Nobles mas acaudalados: El juego, la em briaguéz, y toda suerte de pasatiempos, son el ob­
jeto de su diaria aplicación: Sus mesas siempre están
dispuestas para el recibo de personas de alta esfera,
que tienen la vileza de contemporizar con estos
mentidos ídolos de la fortuna, que llegan á ensobervecerse mas por la tolerancia, y abatimiento de los
otros, que por la verdadera elevación de su estado;
tienen á cosa de menos valer el tributar los debidos
respetos á aquellos que el Cíelo ha puesto en una
condición mas distinguida; se atreven asimismo con
la mayor temeridad á igualarse con las personas
mas sublimes; y miran con semblante de un insul­
tante menosprecio á todos los que, ó por pruden­
cia , ó por falta de medios no hacen tan improprio
uso dei o ro : Pero la gloria de estos es de corta du­
ración; pues agotadas las minas desús riquezas, ó
descubiertos sus fraudes, se ven precisados á huir,
qual á u n o , qual á otro País desconocido , para
escapar del rigor de las manos de la Justicia, que
severamente les ha decastigar tan perversos proce­
dimientos: con su fuga llegan á descubrirse los ma­
nantiales de su transitoria grandeza , de la que yá
el público, yá el privado , tiene que resentir los
perjuicios.
Hai de esto repetidos exemplares entre nosotros,
y con todo eso se empeñan los preocupados en no
examinar el fundamento, ó la conduéla de estos tru­
hanes, quando comparecen con tales exterioridades
sobre el teatro del Mundo. Fulminado el rayo, to­
dos dicen que previan la desgracia, y aquellos mis­
mos,

150
V l A G E S
mos, que les ayudaban á disipar sus bienes, aunque
sin saber de adonde venían, son los primeros á de^
nigrar la fama de estos, que hasta aquel dia les havian favorecido, y aprovechado* Jamás con tales
personas he querido trabar amistad ; antes bien,
primero que empeñarme con qualquier.a, he solici­
tado indagar si sus rentas, ó sus ganancias son equh
valentes á lo que gasta; si no corresponden,.siem­
pre he huido de estrecharme con semejante sugeto,
haciéndome cargo de que el tal es un solemne la­
drón; y tarde, o temprano se ha llegado á verificar
públicamente mi juicio.
Pasó mucho mas adelante el Presidente en es-t
ta materia, y de una en otra palabra le vino á
proposito tocar de paso la del luxo. Yo , quequeria entender con alguna mayor exactitud, qué mo­
tivos havia para condenar con tanto rigor el lu­
x o , reputándole como ruina de los Estados, le hi­
ce alguna general, y equívoca oposición, para obli­
garle á que descifrase aquel punto con alguna mas
individualidad. No sería , respondióme, tan repre­
hensible el luxo, si éste pudiese estrecharse en los
limites de las familias opulentas , que no’ saben en
qué emplear lo abundante de'sus rentas; antes pue­
de decirse, que el Estado en tal caso recibiría aquel
provecho , que consigue un cuerpo lleno de san­
gre , quando- por medio de la sangría se le facilita
su circulación : El oro encerrado en la gaveta es
inútil al que le posee , y al Público : Para que sea
provechosa la invención del dinero , es necesario
que gire sin detenerse: En consecuencia de esto,
lo que mas se condena en el luxo , es , que toda la
Nobleza quiere igualarse en todas las cosas; de aquí
es,

d e W anton.

i 5i

e s , que si un rico se carga de criados; el otro que
no lo e s, por imitarle, arruina su casa , y se llena
de deudas; entonces el primero, á quien sus rique­
zas tienen en posesión de pretender la preeminen­
cia entre los demás., aumenta aún aquella exterior
grandeza, á un grado excesivo, y se perjudica por
no querer igualarse á los otros. Asi van creciendo
las obstinadas competencias, y todos corren unifor­
memente á su ruina.
Lo que dexo dicho en un asunto , debe enten­
derse en los demás, aunque en materia de vestidos,
como cosa que está mas á la vista de todos, se ha­
llan los principales.objetos del fausto. De la clase de
los Nobles se pega el contagio á la mediana; muchos
ticos Mercaderes, y ¡bien-estantes de la Ciudad,
que suelen dar en ladocura de imitar á la Nobleza,
con la que se creen confinantes por la opulencia de
sus-'bienes , se avergüenzan de no seguirla en este
exceso, y por ¿tanto.llega á comunicarse á ellos
igualmente el luxo: La ínfima plebe resiente á pro­
porción los daños ; yá en nuestros dias se vé una
pobre criada, tal vez de lo mas soéz del Pueblo,
adornada con mas galas, que llevaba en mis moce­
dades una rica Mercadera.
Siendo a si, le interrumpí, Yo no acabo de en­
tender, qué.perjuicio se .sigue al común; porque
según vuestros principios, girando por este medio
el dinero, se logra el fin para que fue instituido ; y
el público poco interesa en que el oro esté en po­
der de los Nobles ricos, ó de los Mercaderes; antes
bien me parece que esto será mui ventajoso para
-los oficios , pues asi se proporciona que se susten­
ten muchas familias con comodidad. Yo omitiré,

IJ2
VlAGES
replicó el Presidente , examinar por ahora si sean
provechosos , ó nocivos muchos Artes que hai supérfluos en un Reino , que vé perdidos á diversos
Artesanos, que pudieran emplearse en otros mas
útiles al Estado; no os referiré asimismo los detri­
mentos que se originan de arruinarse una honrada
familia; pero daré una respuesta á vuestra proposi­
ción , que os desatará todas las dudas.
Se ha introducido entre los Simiopolitanosel fa^
natismo de no dar estimación, sino á las cosas que
vienen de lexos. Los profesores de las Ciencias que
se aprenden en esta Ciudad, no tienen mérito; pa­
ra que sean estimados, es necesario que vengan de
Países estrangeros, y á proporción de la distancia de
nuestra Patria crece la reputación que de ellos se
forma: No se cree poder hallar Artífices excelentes,
sino fuera de estos Dominios ; lo proprio se entien­
de de Músicos, Pintores, y de todos aquellos -que
se emplean en qualquiera Ciencia , ó Arte liberal,
ó mecánico. Esta necedad se estiende á todas las
cosas; las lanas , y las sedas forasteras se tienen por
las mas particulares, y se desprecian las nuestras;
lo mismo sucede en los géneros de mercería. Sobre
tan falso principio, lo que sucede es, que todos
buscan las manufacturas, y quanto necesitan de los
estrangeros: Los Artes, y Artesanos naturales se
menoscaban con la necesidad; el dinero sale del
estado, que por consiguiente se vá empobreciendo;
y entretanto los forasteros se rien, y triunfan de
nuestra ignorancia.
A este tiempo vino un criado con un recado,
diciendome de parte de su Ama, que ella deseaba
la hiciese el gusto de pasar á su quarto á conversa• .
cion:

DE

W ANTO N.

IJ3

d o n : El Presidente le hizo volver,y que respondie­
se,-que á poco rato quedaría satisfecha ,y prosiguió
asi >u discurso: Bien sé, que podéis argiiirine, que
con sábias leyes se debiera poner coto á tan exorbi­
tantes desórdenes; pero haveis de entendei que no
han faltado zelosos Legisladores , que se tomáron
las mayores fatigas, para desimpresionar á los Ciu­
dadanos de unas máximas tan falsas, y perniciosas;
é impusiéron rigorosísimas penas á los transgresores : Pero reflexionad, Amigo , que la prevarica­
ción tiene mas ojos , y mas m anos, que la lei. ¿ Si
uno edifica, y son mil los que destruyen , cómo
podrá tener adelantamiento el edificio ? Por tanto,
ineficaces son los remedios, quando se impiden con
el mayor esfuerzo los efeéios saludables,que debie­
ran redundar de ellos. No os molestaré , descri­
biéndoos los artificios que se inventan, para ha­
cer ilusorios el valor, y la execucion de las leyes;
sois estrangero, y asi no es posible que forméis un
juicio cabal de los abusos introducidos con este mo­
tivo; solo os diré, que la malicia de nuestros Arte­
sanos , diestrísimos quando quieren hacer una tram ­
p a, es acaso el origen de todo el m a l, y el estorvo
para que se ponga el remedio.
Suponed, que Yo soi un zeloso observador de
los mandatos del Gobierno; tengo que dar de ves­
tir á mi fam ilia,y manteniendo un entero respetoá
las leyes, no quiero defraudar á los Artífices del País
de aquella comodidad , que solicitan , mediante la
protección de la superioridad; en virtud de esto los
llam o, para que me provean de lo necesario: Ham­
brientos por falta de tales ocasiones, forman el plan
prontamente de resarcirse en aquel lance de todos
TomJL
V
los

IJ4
VlAGES
los anteriores desfalcos; escogen los materiales mas
endebles, porque los compran mui baratos; procu­
ran , que el trabajo aparezca fu erte, y consistente
con los artificios , que ellos bien saben, aunque en
la realidad sea débil, y de poca du ra; engrandecen
sus materiales por los mejores; el trabajo por de to­
da lei, y la duración eterna; y á peso de oro me
hacen pagar el engaño. Pasa poco tiem po, y se ani­
quilan sus obras; Yo , que era un perfecto executor de las leyes, me veo precisado á seguir la preva­
ricación común, por no servir mi zelo de otra cosa,
que de hacerme arrojar el dinero. Asi viene á suce­
der , que el abuso sea el origen principal del error,
que tal vez se justifica con la malicia de aquellos,
que se ven reducidos á la miseria, que el dicho fa­
natismo acarrea.
Yo quedé persuadido de la verdad, y perfecta­
mente informado en una materia , que deseaba en­
tender áfondo.Gustosamente me huviera aprovecha­
do de la compañia del Presidente , de quien podia
tomar exaCtas noticias de la policía , y costumbres
de los M onos; pero el repetido convite de Mada­
ma Betónica me precisaba á no abusar de su benig­
nidad. Pedíle, pues, licencia, para ir á cumplimen­
tar á su consorte: La honraréis, y daréis gran gus­
to , me respondió, y á mí al mismo tiem po; ella
querrá haceros algunas preguntas en asuntos, so­
bre que Yo no os he molestado ; todos tienen sus
particulares m iras, y curiosidades; ella es M o n a, y
asi es forzoso, que la supláis sus defectos. Yo aña­
dí las razones, que merecía tan atento discurso, me
suplicó, le perdonáse el no acompañarme, por te­
ner que ocuparse en unos importantes negocios, que
'se

DE W A N T O N .
155
se le h^vian encargado en la C orte, y con esto nos
despedimos.
C A P I T U L O

XVIII.

D e la visita de Enrique d Madama Betónica;
y de lo que pasó con Madama
Zanahoria.

Fui, pues, conducido al quartode Madama Be­
tónica ,que encontré rodeada desús dos hijas , y de
sus doncellas ; luego que éstas me vieron , gritáron
llenas de alegría : yá está aqui, yá está aquí; por
finyá se ha dexado ver. Inmediatamente me pusiéron una silla arrimada á la mesa de Madama en­
frente de ella , y entre sus dos hijas: Estaba la ma­
dre aplicada en aderezar con festones cierto adorno
de la vanidad del sexo; una de las doncellas se fati­
gaba en componer una cofia, teniendo un exército
de alfileres, dispuesto en diversas lineas, para que
la diesen socorro ; otra andaba escogiendo entre
unas, y otras flores de mano , las que necesita­
ba, para formar ciertos grupos graciosos; todas tres
finalmente estaban empleadas en la grande obra de
perfeccionar la cofia. Diversas eran las labores de las
demás; pero no puse cuidado en observarlas.
La primera pregunta , que me hizo Madama,
fu é , si las hembras de Europa eran tan dadas á los
adornos, como las Monas. En todo el Mundo, la
respondí, mírese por qualquiera parte,hai mui po­
ca diferencia; el modo suele ser diverso; pero en
lo esencial no se encuentra distinción: Nuestras
'- t
V2
Eu-

i5 6
V i AGES
Européas se interesan con mas esfuerzo , y tratan
con mayor atención sus atavíos , que un Ministro
de Estado los intereses de su Príncipe.
Iba continuando en la descripción de las mas sérias ocupaciones de las m ugeres,quando se levantó
de su silla una de las doncellas* y puso á la vista de
su ama cierta labor, que trahía entre m anos, pro­
poniéndola el árduo problem a, de si debería hacer­
se en tal parage un punto del derecho, 6 del rebés:
La dificultad era im portante: Madama no quería
decidirla por sí sola, y asi llamó á consulta alas hi­
ja s , y á las criadas, y todas congregadas, se pusie­
ron á examinar con gravedad la m ateria, para po­
der desatar doctamente tan dificultosísima qüestion.
Después de várias dudas , conferencias * y diversi­
dad de pareceres , se determinó según la decisión
de aquella, que era la mas doCta en el concepto de
Madama.
E sta, finalizada tan necesaria interrupción, me
preguntó, si nuestras Mu geres llevaban zapatos, de
qué materia se componían , y cómo era su hechu­
ra. Yá empezaba Yo á hacer el papel de Zapatero,
quando la hija mayor me ahorró el trab ajo , por te­
ner que consultar con su madre, sobre si la punta
de la cofia, que viene á dar al medio de ella , se
debia alzar, ó bajar: No era asi comoquiera la di­
ficultad ; no se atrevió á resolver Madama , hasta
que por experiencia tuviese conocimiento del efeéto, *
que en uno , y otro caso resultaba: Acomodó la
cofia sobre la cabeza de la misma, que havia pro­
puesto la qüestion, y baxando primero la punta, se
puso atentamente á examinar de medio perfil-, de
lleno , de arriba , y de abajo, qué aire de gracia
re-

DE W a NTON.
157
recibía la cara de su h ija, colocada la punta en se-i
mejante figura; de ésta pasó á la otra postura, le­
vantándola, y hecho con igual diligencia el mismo
escrutinio, decidió por el segundo caso. Quando
creí que se havia finalizado la dificultad , oí pro­
nunciar un rigoroso decreto, para que se diese un
cruel tormento á la pobre cofia , porque tenia una
de las alas un tanto quanto , que apenas se distin­
guía, mayor que la otra: inmediatamente se preparáron á la operación los alfileres, ministros de la
crueldad, y en breve tiempo quedó executada aque­
lla exemplar sentencia.
Olvidada Madama Betónica de la pregunta de
los zapatos, ó creyéndose yá satisfecha de su curio­
sidad, bien que Yo no havia respondido palabra,
pasó á otro punto , queriendo que le informase
acerca de los briales; no pude llegar á hacerlo , sin
que pasáse á otra m ateria; asi fué de uno en otro
asunto hasta llegar á hablar de la cofia , que era el
principal objeto de su curiosidad, y para satisfacer­
la , havia deseado con tanto ardor abocarse conmi­
go: A fin de que Yo no maliciáse, que este havia
sido su único intento , dió principio por los zapa­
tos , para ir ascendiendo disimuladamente hasta la
cabeza. No repetiré las continuas interrupciones, que
la suspendían la regular atención á mis palabras,
haciendo tanto caso de mí en aquellos interválos,
como si no estuviera presente;tan solo diré, que
quando se llegó á aquel gran punto , que era el de
su agrado , mostró una infinita atención á quanto
la decía, sin perder una sílaba;antes gritó muchas
veces á las hijas, y á las criadas, porque tenían el
atrevimiento de perturbarla con alguna dificultad,
míen-

158
V l A G E S
mientras duraba este severísimo examen.
Preguntóme , pues,si nuestrasDamas acostum­
braban cubrir sus cabezas con un poco de lienzo,
artificiosamente plegado , dispuesto , y adornado
con tanta gracia , corno ellas solian practicar. No
solo , la dixe , las Señoras han introducido entre
nosotros la costumbre de ponerse en la cabeza un
reparo con materiales poco capaces de defenderla
de la intemperie del aire , y cargado de varios
adornos, que ásu parecer forman una delicada vis­
ta á los ojos de los hombres; pero aún las mugeres de la ínfima plebe imitan este uso de las Damas
nobles , diversificándolo únicamente en la qualidad
del lienzo, del marly , y de la riqueza, con que
suelen adornarse.
Mucho me agrad a, añadió Madama , que las
mugeres tengan el exquisito gusto de las Monas, y
no desapruebo la conducta de la plebe, que sigue
las ideas de la nobleza; pues ésta debe ser siempre
el modelo de las operaciones de aquella. Pero por
lo que á vos to ca, me parece, Señor, que no estáis
tnui persuadido de la utilidad de esta invención, que
nos adorna , y hace airosas ; mas no obstante , por
lo que en realidad sucede, queda desmentida, y re­
probada vuestra opinión; pues aquel uso debe creer­
se sabio , y racional, que es generalmente abraza­
do por todas las naciones, y no pudiera ciertamen­
te haverse puesto en la cabeza á las Señoras de
vuestro País el imitarnos en tan útil invento , sin
conocernos, si la naturaleza,la verdad, y la razón
no las huviera subministrado la idéa. Concedíla la
conseqüencia, que deducía, aunque no me faltaban
razones, con que replicarla, y probar, que enma­
te-

DE

WANTON,

I59

teria de costumbres no deben tenerse por mejores,
Jas que llevan sola la razón de mas aplaudidas, y
generales.
Si huviese tenido la imprudencia de empeñar­
me en esta disputa , por consiguiente debía poner
el exemplo en várias cosas, que ella reputaba por
excelentes; y asi huviera pasado para con ella por
un bárbaro, ó un bruto, que carecía de discerni­
miento; me quedaría sin adelantar cosa alguna, y
despreciado con unánime consentimiento de todas
las M onas, que alli se hallaban. En otros tiempos,
que la vanagloria de querer distinguirme hacía una
fuerte impresión en mi ánimo , no huviera dexado
de arrojarme á una necedad semejante; pero haviendo abierto mas los ojos con los años, y prá&ica del
M undo, supe mui bien sujetar este desordenado de­
seo de sobresalir, que á los que se dejan llevar de
él ,hace objetos de continuas risas, burlas, enemis­
tades , y peligros. La materia finalmente, de que se
trataba, no merecía la pena del empeño; ni permi­
tía la buena crianza, que contradixese á una Dama
en aquellos puntos, de que ellas se creen naturales,
e inapelables jueces.
A le g re , y satisfecha Madama de haver hecho
tan glorioso descubrimiento en favor de sus estima­
das cofias, pasó á indagar,si la hechura de las
de nuestras Damas era siempre una misma , ó si
acaso de quando en quando se variaba. No podré
acabar de deciros, respondí, en quantas clases se
distribuyeu las várias formas, que dan á este gé­
nero de adorno : Hai cierta especie de personas,
que se interesan en mudar continuamente la moda:
Y á recogen dentro de ellas todo el pelo; yá dexandes-

16o

VlAGES

descubierto el círculo de cabellos, que rodea la
frente; yá se aprisionan estas cofias con un pedazo
de tela , que se ata por debaxo de la barba, yá se
dexan en tanta libertad , que parece que tienen
alas, y que echarían á volar, si un tirano alfiler no
lo impidiese, obligándolas á detenerse sobre la ca­
beza. Tales modas, que continuamente van suce­
diendo de unas en otras, tienen su origen en el fe­
cundo cerebro de ciertas mozuelas, que están en
posesión ( no sé el motivo) de ser los oráculos dei
arte, y no cesan de suscitar nuevas invenciones.
A los principios de una moda (dirécon sinceri­
dad el efeéto que en mí solía producir ) me parecía
intolerable, y horrible la novedad cada vez que
se me presentaba, y feísimas las hermosas; pasados
algunos dias, no ine disgustaba tanto la innovación
hasta que finalmente con el tiempo me iba agradan*
do: Esto proviene, de que estando los sentidos acos­
tumbrados á una cosa, difícilmente se satisfacen con
otra, hasta que por sus grados van deponiendo la
estrañeza: Pero el interés de las dichas inventoras
no las da lugar á esta graduación , pues lo que in­
tentan, es destruir del todo la antigua con la nueva
moda, para que necesariamente se recurra á ellas,
que saben hacer un ventajosísimo comercio con la
vanidad de las Damas.
Madama Betónica estornudó , como si quisiese
dar á entender, que procuraba descargar la cabeza
de las impresiones que iban haciendo en ella mis
palabras; y después sonriendose, me dixo: que en
los asuntos , que pertenecían á las Señoras, se de­
bía dexar formar juicio á ellas mismas, porque ex­
cluidas de todos los negocios de entidad, en donde
no

DE W ANTON.
I6t
no tenían la osadía de incluirse, era de justicia
que los Monos , ó los hombres entre nosotros, las
dexasen sin inquietarlar en la posesión de lo que á
ellas pertenecía únicamente. Yo os concedo quanto decís , la respondí; pero permitidme que refle­
xione ási r-Todo el estudio de las Señoras se dirige
á comparecer mas atractivas, ó menos desagrada­
bles á los ojos de los Monos, ó de los hombres;
con que parece que por este motivo ellos , y no
ellas debieran ser los jueces del efecto que suele
producir su adorno.
Estando en este coloquio , en el que por mo­
destia no daban las dos mocitas su parecer, aunque
probablemente tenían mui buenas ganas, entraron
recado de parte de Madama Zanahoria, que ya su­
bía la escalera, para hacer visita á Madama Betó­
nica. Quedé suspenso al oír su nombre, acordándo­
me , que era ésta á quien havia muerto el perrillo
en la casería de los Villanos mis huespedes , y per­
seguidores; por tanto quise precipitadamente au­
sentarme, para no encontrarme con ella: Madama
Betónica , que sabía toda la historia, me dixo, que
ya era imposible salir sin que me viese , y que so­
lo havia el remedio de retirarme á la pieza inme­
diata, hasta tanto que se encontráse algún pretexto
de conducirla á otra sala, para que entonces pudie­
se Yo marchar libremente. Tuvo también Madama
la advertencia de mandar á una de sus doncellas
que avisáse á su esposo el Presidente la causa de mi
retiro , no fuera que entrando en aquella sala , y
echándome menos, preguntáse por mí.
Madama Zanahoria estaba á la puerta; mas no
obstante (parece imposible) ocurrió en este punto
TomJL
X
á

\ 6%

V I AGES

á Madama Betónica pedirme una gracia‘.Miando &
sus hijas que saliesen al encuentro á la viisita, y
entretanto me rogó la hiciese el favor de dibuxarla un modelo de las cofias mas airosas die Euro­
pa ; acordándome de la habilidad de Roberto , la
di palabra sin .detenerme de satisfacer su «curiosi­
dad. Las hijas,que se havian hecho cargo déla in­
tención de su madre , cumplieron puntualmente
su comisión, y Madama Zanahoria entraba« por la
sala al proprio punto que Yo cerraba la puerta de
mi retiro.
Precisado á estár escondido, aunque de mala
gana, me puse á pasear con mucho tiento por aque­
lla pieza que justamente era la alcoba de los amos
de la casa. Andaba contemplando las ric as; alhajas
que la adornaban, quando advertí, que solbre una
mesa havia un pequeño libro: Por divertir el enfa­
do que dá la sujeción , le tomé, abrí, y su facha­
da , que decía: Historias -particulares , acompaña­
das de breves morales advertencias, me entró, en
curiosidad para aplicarme á su ledura. La incone­
xión de las materias que contenia, me hizo dexar
á la casualidad la elección del punto que pudiera
entretenerme. Volvíle, pues , á cerrar,y abriéndo­
le por donde guió la suerte, me hallé con una No­
vela, que se intitulaba: Si no quieres volverte loco,
no satisfagas á todos: Esta contenia , poco mas, ó
menos, lo siguiente:
Cierto Autor havia compuesto una obra de po­
ca consideración, trabajada en breve tiempo, mien­
tras se estaba esparciendo por algunos dias en el
campo, para dár una especie de diversión á sus
amigos vecinps; uno de ellos creyó aprov echarse,
di-

DE W A N T O J í .
16 3
divulgándola , aunque no estaba todavía dada la ul­
tima mano. Salió, pues, á luz en el tiempo en que
su Autor estaba en la cama con una enfermedad
aguda. Recibióla el Público con gusto, y benigni­
dad , tributando á quien la havia compuesto ex­
cesivos aplausos,que desde luego huviera perdona­
do, por quanto tenia intención de permanecer ocul­
to; entretanto el amigo sacó no poco produéto de
e lla : Viéndose descubierto el pobre Mono contra
su voluntad, quiso saber el parecer común para
corregir sus proprios defe&os , y los del libro: A
todos oía generalmente contentos, pero cada uno
ponía su excepción. Unos sugetos de genio melan­
cólico, y mal contentadizo , congregados en cierta
casa,hallaban un gran delito al principio de la obra,
y sin examen de sus cláusulas, ni conocimiento del
caraéter del Escritor, le culpaban como falto de la
debida compostura; súpolo éste, y al punto corrió
á enmendar todo el exordio; asi creía que el Públi­
co quedaría satisfecho con la nueva edición que se
estaba disponiendo, por no haverle notado otro
defefto aquella Academia burlesca.
Dixeronle después, qhe en cierta conversación
se le havia imputado, que zahería á unas personas,
que no solo no conocía aún de vista, sino que ja­
más havia oído nombrar; por tanto borró el pobre
toda aquella inocente parte de su escrito. Por otro
lado averiguó, que en casa de un Librero cierta
junta de críticos le havia hecho un rigoroso proce­
so , en cuya conseqiiencia salió condenado por tres
gravísimos errores; el primero, que siendo su obra
un pasatiempo, contenia muchos documentos mo­
rales; el segundo, que no era verosímil que una
Xa
len-

I¿4

V I A G ES

lengua forastera se pudiese aprender en mui pocos
m eses; el tercero , que era incomprehensible , có­
mo después que cesó la tormenta , se havian podi­
do transportar á la orilla por medio de un esquife
desde un navio encallado en un banco de arena
ciertas, alhajas, y lo que es m as, las pelucas de
aquellos pasageros; atónito quedó el autor, y asi,
enmendándose en razón de la prim era objeción,
procuró disminuir las máximas morales ; pero co­
mo las dos siguientes dependian del hecho , y te­
nían mas de ridiculéz que de otra cosa, determi­
nó no mudar palabra alguna en estos asuntos. ¿Y
no mas? Pues de alli á pocos dias, escuchando los
di&erios de los ociosos, oía que el libro no tenia
página sin delito; pero con todo eso continuaba en
ser bien recibido de toda la C iudad, y comprado,
no obstante el exorbitante precio á que estaba ta­
sado. Restauróse el autor de su tímida sorpresa,
y determinó continuar su comenzada tarea , que
si no le producía provecho alguno, le proporcio­
naba á lo menos la satisfacción de complacer á
sus amigos.
Queria proseguir la leótura del libro que me
iba agradando; pero haviendo oído cierto rumor,
me instó la curiosidad de escuchar la causa, para
cuyo efe&o apliqué el oído por el resquicio de la
puerta , y advertí, que Madama Zanahoria estaba
inquieta. ¿Qué es eso? la decía la Señora de la ca­
sa: Siento, respondía ella, ciertos dolores que me
atormentan mucho; ¡quánto tiempo ha que no he
experimentado desazón semejante! Serán efe&os
de preñéz, añadió una criada vieja: No estoi, por
cierto , em barazada, respondió la pobre dolorida,
r /
es-

DE
WANTON.
l 6$
estos son retortijones (je vientre, y si no le desocup o , no es posible librarme de tal trabajo.
Madama Betónica quiso aprovecharse de esta
casualidad, para que Yo pudiera salir de mi escon­
dite: Vamos, pues , la dixo, al quarto de las ni­
ñas, en donde podréis salir de esa urgencia de la na­
turaleza: No , n o , replicó ella; esa estancia está
mui lexos, permitidme que me acomode en vues­
tra alcoba, que está aqui próxima. Esto fue decir,y
hacer ; levantóse precipitadamente déla silla,cor­
rió ácia la puerta de la pieza donde Yo estaba
escondido, quísola abrir con violencia, y me dio
en la cabeza con tal ímpetu , que por muchos dias
después se me conoció el coscorrón. Como encon­
tró tanta resistencia para abrir la puerta, renovó
con mayor esfuerzo el impulso; pero no siendo éste
ya del caso , por haverm e Yo apartado , la fuerza
que hizo , y el peso del cuerpo, que dio en vago,
la hicieron rodar, dando con su cabeza en mis
pies.
La sorpresa, la caída, el tem or, y no sé qué
otros efeélos que huvieron de suceder necesaria­
mente en lo interior de esta Señorada suspendieron
los dolores, y cesó la urgencia corporal. Se me ol­
vidaba decir, que todas las circunstantes corrieron
á levantarla del suelo, pusiéronla en la cama, y pro­
curaron restablecerla con espíritus confortativos. Es
indecible la gana que Yo tenia de soltar la risa, y
me parece que todas las Monas que alli se halla­
ban tenian la misma disposición ; pero la sufrían
obligadas de cierto decoro, que era forzoso con­
servar. A poco tiempo se levantó Madama Zanaho­
ria , y procuró saber la causa de hallarme alli escon-

V

1 66
I AGE s
condido; la fue revelado el §ecreto, y ella se ofen­
dió de que Yo la creyese capáz de executar a&o
alguno de desatención ; me aseguró que no era
Mona vengativa, (virtud rara en su sexo) y qui­
so que todos nos sentásemos amigablemente á con­
versación.
Con motivo de lo sucedido, me hallaba de tan
buen humor, que quise divertirme á costa de esta
Mona. Preguntóla si havia venido sola,ó acompa­
ñada, y haviendome respondido , que sola , la dix e : ¿Pues á dónde está aquel girasol que solia ani­
marse á los rayos de vuestra belleza ?;A h ! callad,
respondió, no me nombréis á ese traidor; fue de­
masiado sincéro el cariño que Y o puse en é l , para
poder aora aborrecerle como merecía; no porque
se me ocultáse que él era uno de aquellos bribones
que tienen puesto su estudio en agregarse á las ca­
sadas ricas, por si pueden grangear su gracia á fin
de despojarlas de sus bienes. Fingí que no enten­
día lo que hablaba, y continuando en mis pregun­
tas , la dixe si acaso era que la havia dado pala­
bra de esposo , y después havia faltado á ella. Yo,
respondió, ha muchos años que estoi casada; vos
no sabéis lo que preguntáis. Pues será, añadí ma­
liciosamente, que es vuestro marido, y os ha dexado. O v o s, replicó e lla , sois un tonto, que na­
da entiende; ó sois una de aquellas personas que
se deleitan en desazonarnos. Perdonad, Señora, la
dixe, que no comprenda vuestro discurso, pues
no acabo de hacerme cargo de como una Mona
casada pueda admitir á un amante que no sea su
marido.
Nada alteró á Madama Zanahoria esta delicada
re-

DE W A N T O N .
1 67
reprensión , que debería haverla avergonzado; an­
tes dándome una ojeada, y encogiéndose de hom­
bros, dixo: Este necio quiere hacerme perder la pa­
ciencia. Miráronme las mocitas, y observando, que
me estaba riendo, advirtieron mi malicia, y tuvie­
ron bastante deseo de acompañarme en la burla.Hice entonces como que comprendía el enigma , fin­
gí que sentia su suceso, y después la dixe: Señora;
según llego á entender, vuestra desazón se deriva
de que os haljais sin un inmediato servidor; nota­
ble defe&o en una D^ma de mérito, como sois vos;
pero^este es un daño que puede repararse fácilmen­
te , y si fuere davuestro agrado , Yo me ofrezco á
substituir la plaza. A h, ah , replicó ella en tono de
hacer burla, por cierto que haría una gran conquis­
ta, recompensando la pérdida de un buen mucha­
cho, con una disforme bestia. Sea lo que quisiereis,
ia respondí, por lo que á mí toca; pero esto de ala­
bar á un traidor , que os ha burlado, dándole el tí­
tulo de buen mozo, me suena á que aún sois su
amante. S oi, dixo ella rabiosamente , el diablo que
os lleve.
Estando en estas palabras, entró el Presidente,
y con una sonrisa la preguntó: ¿Con quién lahaveis
armado Madama Zanahoria, que parece que estáis
toda alterada? Me estoi defendiendo, respondió ella,
Óe este mentecato , que está poniendo todo su es­
fuerzo en hacerme desesperar, y no acaba de co­
nocer que habla con quien es capáz de resistir á
un millón de sugetos como él. Medió el Presidente,
se terminó la desazón, y me aseguró la buena Mo­
na, que desde luego creía serla de grande interés
adquirir mi amistad; pero que no pretendiese el distin-

i68
VlAGES
tintivo de ser su cortejo , porque temía que sí me
aceptaba baxo tal carácter, se haría ridicula en to^da la Ciudad. Concertados, y padados de esta suer­
te los preliminares de una estable paz, me despedí
de las Señoras, y dadas gracias al Presidente por
los favores, y honor con que me havia distingui­
do, salí de su Palacio contento por haver pasado
aquel dia á toda mi satisfacción.
C A P I T U L O XIX.
-

■A

V e las exequias del difunto Generalísimo.

C o n tin u a b a Roberto freqüentando la Corte,adon­
de le mandaba el Rei estuviese diariamente para
conferir con él ciertas innovaciones que meditaba:
Con este motivo se havia hecho tanto lugar en la
gracia de aquel Principe, que le escuchaba con be­
nignidad qualquiera proposición, y con utilidad del
Estado seguía sus dictámenes. Se hacían continuas
experiencias para introducir las Artes Européas;
se buscaban los mas acreditados , y hábiles Artífi­
ces, á los que se daban los modelos, y ellos imita­
ban la obra con el mayor esmero. Eran continuas,
y palpables las ventajas que sentía el Estado con
las luces de Roberto, y la protección del Principe,
que patrocinaba sus operaciones. Aumentábase el
provecho de los Artífices; la Ciudad desfrutaba las
nuevas introducciones, y (exceptuado un peque­
ño número , que nunca falta , de aquellos á quie­
nes todas las cosas parecen m al, aunque no haya
razón para ello ) todos los Ciudadanos alababan á
Ro-

d e W anton.
169
R oberto, y daban gracias al C ielo ,. porque les havia concedido la dirección de un hombre tan singu­
lar. Todas estas cosas se leen largamente en sus me­
morias ; y no»quiero, como llevo dicho en mi pri­
m er tom o, repetir lo que él escribe, pues no debo
meter la hoz en mies agena.
Mientras Roberto se ocupaba en materias de
tanto peso, Yo me hallaba en un total ocio sin ha­
cer otro uso del tiem po, y del discurso, que exa­
minar las costumbres de algunos de los Simiopolitanos, que mas eco hacían en mi fantasía ; estudio
de corto trab ajo , y en que puede interesar poco la
curiosidad de los dem ás; mas haviendo hecho de
esta forma la partición entre nosotros antes de
nuestra llegada k Ja Ciudad1 debo no apartarm e de
!a senda que por suerte me tocó seguir, ó si se ha­
bla en realidad„ de la que únicamente se juzgó ser­
me adaptable.
Pasados algunos dias, se esparció por la Ciu­
dad una voz confusa de que ya se havia hecho la
elección de Generalísimo, aunque no se decía el sugeto en quien havia recaído este cargo- Aquellos
que hacen asunto en querer penetrar los mas ar­
duos misterios del gavinete, aseguraban que era el
Señor Saúco el elegido; y después por el efe&o se
vió no se havian engañado en esta ocasión.
Tenían en la Corte la antigua costumbre de no
celebrar las exequias al difunto heroe , hasta que
estuviera su empleo proveído, debiendo el succesor
asistir á la lúgubre función de sus honras. Se funda­
ba esta institución en una sábia máxima, querien­
do con ella dár el mas sabio documento á los que
ensalza la fortuna , pues viendo el h a d e i^s terreTom. II.
Y
ñas

JJO

V I A GÉ S

ñas grandezas,, que son tan momentáneas j,tpódi&
-aprender;el nuevo oleólo: el' modo de,emprender d
camino de la -virtud!,» que fes quien puede conservar
el nombre del difunto aun mas allá del sepulcro*
Estas.exequip^ 'r-si se ha de decir verdad * ;se redu­
cían á un triunfo, y eran mui semejantes á los Apo-*
téosás de* nuestro? an tig u o s.'< • í ' •
':\
-tal EoBmabáin una; estatua que. representaba ai
muerto , que ya estaba hecho polvos, y advertí »en
esta'ocasión, que la imagen se parecia al original*
lo mismo que la madera, de cuya materia constaba!
se semeja a la carne; pero no-obstante que.la.vistb
desengañaba v y hacia .ridicula -la representación*
bastaba concebir la idéa de que aquel mal trabajan
do leño fuese el cuerpo verdadero del difunto, pa*i
ra que una voluntaria ilusión ( como muchas veceá
sucede) supliese los defeólos.j Se ppnia el figurado
cadáver dentro de un atahud, forrado de negro
©ró, queriendo que se conociese que hasta el se­
pulcro les acompañaba la vanidad. Iban delante irt-»
finitas.personas de tpdas clases,que llevaban hachas
encendidas, significando con ¡ésto ( paita.dár una
plausible alusión)que da tode-susjobras resplandor
cía después de su muerte..Le segiéan finalmente sus
parientes , y amigos vestidos»de- luto con desaliño*
transformados en otros tantos túmulos, Explico mas
claro este ultimo pensamiento, o ) d r ' uf.Y./V
su El-Sefipr. Haya», y sus hijos fueron convidádos
para asistir al-funesto oficio , y estaban precisados á
llo rar, b .á fingirlo, si no tenían gana de afligirse en
realidad. Previendo el que estableció estas cereino^
nias, que por Jo común los parientes enjugan peonr*»
to lasilágritnas que se derramanpor semejantes péx-

D E t W-. A'NNVTyb N.

171

didas, pensó cómo hacer creer al Pueblo en las
funciones solemnes que estos estaban inconsolables
en su dolor; para esto ideó una especie de sombre»*0 de figura cónica, que les duplicaba su ordinaria
estatura^ desde lo alto de él hasta los pies dei dolo­
rido colgaba un pedazo de tela de una materia vil,
para denotar el poco cuidado ¡en el adorno, y de
color negro, para dár á entender la tristeza.De es­
te modo los tales quedaban envueltos, y escondidos
en esta máscara, y podían reir á su satisfacción, y
sin temor de ser murmurados de aquellos simples,
que creen se demuestran los efeétos de la sangre en
las apariencias^del luto;
< ■ >
; •un »
Nosotros eramos sincéros amigos del Señor H a­
ya, «y asi nos rogóvqus
tomásemos la ineomo-»
didad de acompañarle, disfrazados con tan horrible
figura. Con qué desazón me llevaría aquella mogi-»
ganga es fácil de discurrir á qualquiera que sepa
que tan particular disfráz impide quasi absolüíainem»
te el uso de la vista , y por consiguiente se'camina
con notable desacomodo; pero de esta falta de co­
modidad se derivó á mi favor el gusto de poder
comprender próximamente con quánta necesidad
se introduxeron estos escondites. 1 - - ' • ' { f[j ' í
Luego que llega el fúnebre acompañamiento al
una espaciosa llanura, en donde está formada la tro«
pa con todas las insignias militares enlutadas,se po­
ne el atahud sobre un elevadísimo tablado,adorna-»
do con quanta magníficenicia,y riqueza es imagina­
ble. Después de una oración, que* se dice en alaban-*
¿a del muerto,'adulación del sticcesor, y lisonja del
Estado, se dexa en manos del Puéblela herencia del
-difunto, se entiende los adornos del tablado^ y em-*
Y2
pe-

1J2

V I AGE »

pezando desde la estatua, todo queda despojado
en breve: Se pega , finalmente, fuego á lo que ha
quedado; y el humo que se eleva creen ser el ge­
nio del heroe, que vá á señorearse de las nubes; y
con esto se acaba el funeral. No se me culpe de
poco exaéto, por haver tan de paso contado una
costumbre tan particular, pues semejantes ritos se
encuentran difusamente explicados en las memo­
rias de Roberto.
Antes de ponerse en prá&ica las exequias de
quedam os hablando, seoriginó una grande dificul­
tad , sobre buscar sugeto capáz de cumplir perfec­
tamente el cargo de Orador. En la Ciudad en don­
de havia muchísimos personages que hacían pú­
blica profesión de amontonar palabras que no es­
tán en uso, para poder componer una oración va­
cía de conceptos., ninguno se juzgaba suficiente á
tan grande, y dificultoso empeño. Era forzoso re­
currirá los estrangeros con sumo sonrojo de lospa-í
triotas. Se hizo, pues, un diligentísimo escrutinio, y
fue finalmente elegido unod quien no se podia con­
vencer de haver jamás usado en sus oraciones una
voz que no se leyese en ciertas novelas de un au­
tor que ya hacia quatro siglos que havia muerto;
libro quesera la fuente de todo<el inexplicable mé­
rito del O rador forastero.
Apliquéme con atención á oír su discurso; pe­
ro mi ignorancia no encontró en él aliciente algu­
no. Comenzó con una locución que me pareció
una descarga de cañonazos,hizo me estar largo tiem­
po con la boca abierta, esperando un verbo que
uniese los términos con que quería dár á enten­
der su pensamiento * y finalizado el prim er.eterno
i*-

BE W A N T O N .

173

periodo, para mí fue lo mismo que si no huviese
bablado palabra. ¡Quán engañosas son las idéas á
que nos conduce la falta de inteligencia! Yo havia
conceptuado, que ni él mismo havia entendido lo
que havia dicho; pero lós aplausos de los circuns­
tantes me dieron á entender mi ignorancia; aun­
que por defedodeluc.es no, pedia salir de mi error.
Finalmente nada entendí de su peroración, y se
me quedó seca la boca con la continuación de te­
nerla abierta. No obstante, al fin de su razonamien­
to baxó un .poquito mas lo alto de su estilo, y asi
pude com prender, que alababa la sublime virtud
del difunto, á quien no havia oído nombrar en to­
d a su vida; que elevaba hasta los Cielos el valor
del nuevo óeneraífsiBaq ^
iin solemne pol­
trón; y finalmente, que sin ha ver estudiado la Astrología judiciaria ^pronosticaba al Principe, y al
Estado viétorias, triunfos,, y Ja conquista del mun­
do entero.
.
; .
Aunque no llegué á entender la excelencia del
arte de este afamado O rad o r, comprendí Ja ridiculéz de otro que profesaba este mismo exercicio,
aunque no en grado de .tanta elevacion.Tiempo haciaque estaba vacante el puesto de primer Ingenie­
ro de la Armada,cuyo nombramiento dependía pri­
vativamente de la voluntad del supremo Comandan­
te. El difunto por no multiplicar los gastos del teso­
ro .público, no havia querido hacer la elección, pe­
ro se creía., que el succesor para tener wna hechu­
ra propina., y .que del todo estuviese empeñada en
servirle., se quería valer de su derecho, El Orador
de baxa extracción ( asi le llam o, para distinguirle
del campanudo combinador de antiguos senteo-

2 74

-w -'V ir a.tf/tesa

ciosos vocablos) cansado dé un arte , bel qu*e solo
por su, culpa no le redundaba todo, el provecho que
quería , aunque .sí mucho m as que el. correspuo^
diente á.su m érito, se,determinó á hacer la corte»á
un:palafrenero del Señor Haya,.para que éste gané*
se la voluntad á un volante;, á fin de que hablase á
un ayuda de cám ara, que se interesáse con el ma­
yordomo , para que dixese éstce sus súplicas al Se4
ñor H ay a, que se haviade, empeñar con,Roberto*
para que ( como. era . persona de- tanto valimiento
con el Principe ),hiciése presente al nuevo Genera­
lísimo la persona del dicho Orador , á efe&o de
que recayese en él la provisión del empleo de pri-»
m er Ingeniero.
;
J
Uno d e los hijos del Señor Hayamos <€9ñtQ £§*
ta particularísima recomendación, en cuya dilatan
dísima escala de prótecciones echamos de vér, que
era el primer escalón un mozo de caballos, y el u l ­
timo la alta persona del Generalísimo del Estado;
Singularidad fue ésta , que nos movió la curiosidad
de conocer á quien la haviá ideado. ElSeííor Haya
nos díxo, que no debiamos estrañar en quanto á es?
to el caráéter original de este Mono que él tenia
bien conocido, y que tratándole, experimectariamoí
cosas que nos admirarían .mas. ,
■■
i
i Fue mandado comparecer el Orador adocenado,
el que se dexó llevar de una extrema alegría, ere*
yendo ya á Roberto de parte de sus deseos, y que
asi su pretensión estaba en los mejores tertninos;pe?
ro- Roberto quería fondear los méritos deestesuge-*
to,que repentinamente pretendía ascender aun car*
go de tanta Conseqüenciaé Preguntóle, pues, quánto
tiempo havia gastado en aprender las Matemad^
—, j
cas;

DE

IfcWiA/NifJb N.

cas : Quedó sin saber qué responder el pobre Mo­
no, que no há^i# oí&b.Mblár ÜS táDciencia en su
vida. Juzgando Roberto que solo estaría informado^de l’a(s reglas práéticas.dél empleo á:que aspira­
ba , le propuso algunas dudas acerca de la Arqui­
tectura militar ; pero el Mono, que no havia core­
prendido aún los termino^ 'con q*ue-havia hablado
rrii amigo, respondió, que no entendía*el lenguage
de nuestros Países.
\
. ü
Admirados en extremo de la arrogante preteiH
sion deldichb Mono, no,pudimos menos de, decir­
le qiiantó nos maravillábamos viendole solicitar el
mas alto grado-de una profesión peuyos. -principios
ignoraba^ No le alteró la dificultad , antes respon**
dio francamente * que ninguno: havia nacido Maes*
tro,quetodos.dos Profesores de aqueLarte .tehavian
aprendido -con »él ¡estudio 3íque sede diese el cargoj,
y.que ai.juntó se a p lic a ría ,a p re n d e ría tod(& lo
necesario para éxercerle. lEstas razones cerraron la
puerta á toda réplica, pues vimos era inútil el ha*
blar- con un .tonto cíe tal naturaleza* Si no huviera
Yo sidatestigóde -oídas de este pasage, y si no tur
viera ima enterácerteza deloitigmal-.de hnaicabe^á
de tafi poco seso, no acabaría dé creerle, ni me
atrevería á insertarle en estas Memorias.
z m i EílOZlv i el
!>yp a b n f / íí! £ ^ ;o Íf/1 Í i 0 3 ¿V *i [Z* V
s K

.b r b t i i D i: 1 ü b o i í»b a íc k m s

t ó:íns ffiUíi s k f jx itw p s c } i:rin o u t>U;

£ ÍT g 9 Í£ i b -A

jb v íf T ic im a b i-.í s b isíeiv
-ít¡t> ÍJ o ín k f.;n a l a i riu
v*. f Jt iJÍJ•
: i lid u?, i lscí o b c n íi?.a»Li ! iv í.'d t>tip £ Í3 í;i :i o r j
n o a & >Linu u c i i u v s e o b r i& y p e n p V r o ? o q r j c ■ngiD
üí / lid cJ i ? X j j „ q r; tju p r ‘j í i i $ i b n o q p j H i o x e í o a l b a n e t

- o r s r i b ai) p o t o b e u u e l b e b m O n
-sb

w q

o b e - . íu v ib

CA-

176

VlAGES
CAPITULO

XX.

Publicase la boda de la bija del Señor Haya*
D
OS dias después del referido funeral se publi­
có la boda de la'M adamita Lechuga, cuyo tratado
dias havia que estaba concluido, pero no se havia
dado al público1, hasta que se cumpliesen las cere­
monias con el difunto tio , para que las lágrimas
que era necesario derram ar por la formalidad deeste motivo, no se confundiesen con la alegría que
aquel havia de promover forzosamente. Vino á ver?nos Jacinto aquella mañana antes que nos huvié­
semos levantado, para participarnos tan alegre novedad en su nom bre, y de toda la familia. Gustosí­
simo me dexó la tal noticia, y asi partí apresura­
do á felicitaral padre de Ta novia, el que después de
abrazarm e, me dixo que se consideraba el padre
mas afortunado del Reino , por haver hallado un
yerno con los partidos mas apreciables, y de un be­
llo genio. Este, añadió, es rico, y de alto nacimien-*
to: luego que lleguéis á verle, notaréis su buena
política, y en teniendo el gusto de tratarle , con­
vendréis con mi diétamen de que es la persona mas
amable de toda la Ciudad.
Mi alegría , que no era pequeña, se aumentó á
vista de la de mi amigo; preguntóle quánto tiem­
po hacia que havia destinado para su hija un tan
digno esposo, y que quándo se verían unidos con
tan dulce lazo: Respondióme, que apenas se havia
divulgado por la Ciudad la rica dote que el here-

de

W anton.

i 77

dero de su difunto tio tuvo á bien consignar á la
niña, quando se la declararon pretendientes los me­
jores partidos del Reyno; que examinadas cuidado­
samente las circunstancias de los sugetos, y sus fa­
milias , y dando su consentimiento Madama Espina,
y los demás hijos, yá havia dias que estaban hechas
las capitulaciones , pero se havian tenido ocultas
hasta este punto por la razón arriba dicha. Cono­
cí luego la causa de las continuas conferencias , de
que no eramos participantes, y me ocasionaron tan­
to cuidado , y sospecha. Añadió después el Señor
Haya, que la boda no sería hasta el fin de las Car­
nestolendas, que daban principio entonces: Entre­
tanto dixo, las tertulias, el juego, el baile,los tea­
tros, los paseos, y las máscaras, serán las diarias
ocupaciones de los novios; en cuyos lugares tam­
bién vos podréis gozar de estas diversiones, que
hasta ahora no haveis logrado.
No tanto por un aéto de civilidad , quanto por
dexarnos llevar de los afeétos de nuestro coi azon,
que estaba poseído de una verdadera alegría, pasa­
mos al quarto de Madama Espina , que nos recibió
con las mayores demonstraciones de agradecimien­
to: y creyéndose después constituida en la obliga­
ción de referirnos, que ventajoso era para su hija el
yá concluido tratado, dio principio por la nobleza
de la familia del Señor Nuez-moscada, que era el
nombre del novio. Es inmemorial decía , su ori­
gen ; y lo que se hace mas admirable, es la altísima
estimación, que esta casa tiene en todo nuestro Con­
tinente. Ninguno de sus descendientes degeneró de
las nobilísimas qualidades de sus mayores: Todas
las Naciones han andado á porfia, por lograr el hoTom.IL
Z
*
ñor

178
V lA G E S
nor de atraher à sí esta familia ; pero sola nuestra
Ciudad goza la singular dicha de numerarla entre
sus patriotas : Los estrangeros , como zelosos de
que sean solo nuestras estas glorias, han concurrido
à hacerla mas brillante con prerrogativas , y exce­
lencias , sobresalientes à las de sus familias nacio­
nales. Por último, siendo tan honorífica à vista de
todos, debía recoger en su seno à mi hija , para que
conserváse esta planta su deliciosa , y útil descen­
dencia.
Se iba aumentando nuestro júbilo , al paso que
Íbamos entendiendo la grande fortuna, que estaba
destinada para Madamita, y por demonstrar en
quanto pudiésemos sus efedos, rogamos à Madama
Espina , nos concediese el gusto de ir personalmen­
te à significar à la nueva esposa lo verídico de nues­
tra sincèra alegría. No esperaba Yo,respondió Ma­
dama , menos atención de tan benignos huéspedes;
mi hija está en el tocador; luego que haya cumplido
con sus mas precisas ocupaciones, vendrán agrade­
cer vuestras atenciones políticas, y entretanto esta­
réis en conversación conmigo. Nosotros aceptámos
el convite de acompañarla, lo que no la desagradó,’
contra lo común de su genio, y asi me determiné à
greer, que el contento la havia suspendido sus acos­
tumbradas extravagancias.
Después de várias conversaciones que se tocáron
nos dixo asi : Es costumbre de estos Países en las
bodas de los nobles el convidar à los Poetas Nacio­
nales , y Estrangeros , para que con sus obras ala­
ben à los novios, y les pronostiquen las mas abun­
dantes felicidades: Puntualmente hai también ese
estilo entre nosotros, respondió Roberto, pero nues­
tros

DE

WANTON.

I79

tros Poetas, por lo regular,en semejantes casos no
hacen otra cosa, que acumular adulaciones fastidio­
sas, con poco, 6 ningún mérito en las composicio­
nes. Nuestri N ación, replicó M adam a,es mas dis­
creta que la vuestra en este punto, porque noso­
tros ni aun abrimos el libro en que se contienen;
es fuerza no separarse de la moda , y Yo en reali­
dad he de seguirla á toda costa ; no obstante que
sean como quieran las tales obras, entre las Señoras
los papeles, en que están escritas , se ven siempre
condenados á envolver ovillos, y semejantes friole­
ras, necesarias para nuestra diaria,y doméstica la­
bor : Con el presente motivo quisiera suplicaros,
añadió Madama Espina , me hicieseis el favor de
componer algún Epitalamio en vuestro nativo idio­
ma , distinción , que ciertamente no havrá tenido
novia alguna de las antecedentes, y que será envi­
diada de las futurasSonrióse R o b erto , y respondióla: Prontos nos
hallaréis, Señora , para obedecer vuestros precep­
tos ; pero la petición dá á entender, que vuestra
modestia quiere ocultar las alabanzas de vuestra hi­
ja , y también cuidadosa, tal vez , de nuestra repu­
tación, pretendéis, que escribiendo en lengua des­
conocida , no tengamos que temer las adulaciones,,
ó las criticas de buen gusto. Mui bien sé , replicó
Madama , que no havrá quien entienda, ni aun
quien pueda leer vuestros pensamientos, ¿ pero eso
qué importa? Lo que no se entiende, es lo que se
hace mas apreciable, como lo experimentamos dia­
riamente. Se aumentará el número de las poesias,
que es por donde se forma juicio de la grandeza, y
felicidad de los novios; y finalmente alcanzaréis faZ z
ma

l8o

V I AGES K

ma de dos espíritus sublim es, capaces de todas las
ciencias. La extravagancia de la pretensión tenia la
escusa del corriente estilo: E ra forzoso, que noso­
tros prometiésemos á Madama el darla gusto, lo que
podía executarse sin mucho trabajo,y con la certe­
za de no incurrir en la censura de ciertos pretendi­
dos literatos, de que abundaba la Ciudad, cuya pro­
fesión era ir mezclando palabras , frases , y coplas
de cierto antiquísimo , aunque á la verdad cele­
bérrimo Poeta, para sacar un pastel sin substancia,
que quita el crédito al a u to r, que se pretende imi­
tar , y que no tiene estimación , sino en la cabeza
de quien le ha compuesto.
Llegó á este tiempo la novia, engalanada con
todos los adornos que el sutil ingenio de su sexo
pudo inventar, ó bien para ocultar sus defedos, ó
bien para dar mas realce á la hermosura. Después de
haverla cumplimentado,congratulándonos sincéram ente, y significando nuestros deseos de todas aque­
llas felicidades, que generalmente á las novias sue­
len asegurarse, la preguntó Roberto , si acaso la
adornaban todas aquellas galas con el destino desa?
lir de casa ; pensando nosotros en retirarnos para
no darla sujeción: De ninguna manera respondió
M adam ita, porque el motivo de haverme ataviado
de este modo , es por estár decente para recibir á
las Señoras ( que serán muchas ) quando vengan á
visitarme , y á darme la enhorabuena ; entretanto
haré mucho aprecio de que gustéis deteneros con­
m igo, porque Yo á la verdad , os soi mui afeéta:
Dixo estas últimas palabras con cierto estilo de Cor­
te , que antecedentemente no tenia, ó á lo menos
no le havia demonstrado. En una palabra, es fuer­
za
\

£ £

W anton.

I8i

za confesarlo, M adama Espina era una gran Mona,
y una Señora capáz de instruir á su hija en las ver­
daderas máximas de insinuarse afable, y esparcida
según la corriente costum bre: Su educación se re­
ducía únicamente á exterioridades, de donde pue­
de bien inferirse , que sería una excelente Maestra
de ellas.
Yo quería introducir algún discurso, relativo á
las alegres circunstancias en que se hallaba aque­
lla familia, y por tanto me tomé el atrevimiento de
preguntar á la novia , quanto tiempo havia que
cultivaba la amistad de su futuro esposo. No entien­
do, respondió ella lo que me decis, y asi si que­
réis , que satisfaga vuestra curiosidad , explicaos
mas claramente. N o, de ninguna manera , replicó
la m adre, mas vale que calle, no sea que haga aver­
gonzar por falta de experiencia a tan nobles almas.
Perdonad Señora la dixe , no es mi ánimo ofen­
deros , quando tengo la curiosidad de saber , si es­
taba bien radicado entre los novios el am or,que es
el fundamento de todo el empeño , que se contrahe
en los esponsales:La modestia deM adamita no tie­
ne por qué sonrojarse, al oir nombrar una pasión,
en la que espera encontrar todo placer; supuesto
que esta la havrá inducido á consentir en que se
forme aquel lazo , que debe motivar su felicidad.
Vos, me respondió Madama , teneis mui vulgares
id éas; mi hija es una gran D a m a , y no una de
aquellas miserables Monas , que no sirven de otra
cosa eu el M undo, que de com er, y hacer núme­
ro ; Yo soi una m adre, que sé mui bien las leyes
del decoro*. Entre nosotras no es permitido amor al­
guno i que preceda al empeño del Matrimonio, y

1 82

V i A G ES

si se llegára á saber, que qualquiera noble doncella
se atrevía á enamorarse por algún galantéo , además del deshonor de toda su familia , bastaba, pa­
ra que yá pudiese desesperar de su colocación. Las
Monas de la plebe aman á su gusto , y escogen se­
gún su genio á los novios, y estos á las novias; y
es mui justo que asi lo hagan, porque ellas no lle­
van otra dote, que tiernos afeétos, en lugar de ri­
quezas, y ellos las dan de comer amores, yá que no
tienen otro medio de sustentarlas. Las Señoritas no­
bles , por el contrario, no ven á su esposo , ni sa­
ben de qué gracias, de qué espíritu, ó de qué cos­
tumbres se halla adornado; primero oyen las alaban­
zas, que le conocen; y ellos igualmente por su par­
te no gozan mas ventajoso privilegio : Los padres
forman á medida de sus miras los tratados , y sin
Otro exam en, se sujetan á ellos las dos partes princi­
pales ; y este es el m otiv o , por qué mi hija aún
no conoce á su esposo el Señor Nuez-moscada , ni
éste á ella ; pero dentro de poco tiempo» lograrán
este placer, bien que con las precauciones mas rigo­
rosas.
Quedé sumamente admirado al oír una costum­
bre tan fuera de razón , por quanto el Matrimonio
siempre se me havia figurado una unión de dos
corazones con la participación de sus bienes, de
su genio , y de su cariño , lo que es difícil de con­
cebir sin que se comuniquen las personas que han
de amarse. Comprehendí en este punto un dicho
de cierto antiquísimo Poeta Europeo, que escri­
bió en una sátira, que es la dote una diestrísima ca­
z a d o r a ^ tiradora de saetas. No parece , sino que el
Poeta tuvo alguna noticia do los estilos oe las Monas.

de

W anton.

1 83

A este tiempo entró un page un recadoá su ama,
avisándola , que Madama Escoba ,y Madama Cas­
taña acababan de llegar , y pedian su licencia para
entrar á visitarla ; respondió, que viniesen en buen
h o ra ;y nosotros nos retirám os, para dar lugarásus
recíprocos cumplimientos. Encontrámonos en la an­
tesala con las dos Señoras; Madama Escoba era una
Mona mui alta , y flaca; trahía una vestidura , que
por detrás la arrastraba media vara cumplida, y pa­
recía , que por donde iba caminando , quería lim­
piar el suelo de todas sus inmundicias; pasó por jun­
to á nosotros con tal sobervia, que ni aun baxandó
la cabeza nos saludó. Madama Castaña era una
Mónita pequeña de cuerpo, y regordéta, pero muí
agil en los movimientos de todo el cuerpo ; esta
con mejor crianza nos hizo cortesía encogiéndose,
y erigiéndose diversas (veces al pasar por delante de
nosotros,
C A P I T U L O
C u

i* ?

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XXI.
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*

De las primeras vistas denlos novios

puedo bien explicar , quanto abominaba la,
costumbre de los M onos, que ligaban á las pobres
nobles doncellas con un indisoluble lazo , sin con­
sultar primero sus genios. Tan fuera de razón me
parecía el tal uso'; quanto lo fuera el precisar á qualquiera á contraherun empeño ,sin explicarle el asun­
to sobre que debía comprometerse. Di á entender á
Roberto mi admiración, y me respondió lo siguien­
te: El estilo que sigue la nobleza acerca de la cofo-í
ca-

184
Vl AGES
cacion de las hijas, no está tan fuera de los límites
de la razó n , como os lo estáis ideando : Verdad es
que la unión de los corazones, y de las inclinacio­
nes debería ser la basa fundamental de semejantes
vínculos; pero haceos cargo de que por lo gene­
ral, las pasiones ofuscan al entendimiento,que le pa­
rece , que discierne en los objetos aquellas virtudes,
y vicios que no tienen en la realidad , y solo es
cierto , que un vehemente afeéto los representa en
la mente á medida de los respetivos intereses del
corazón. D e aqiii es que el amor, que es la mas pe­
ligrosa de las pasiones, ciega enteramente á aque­
llos, que se dexan llevar de é l , sin permitir al en­
tendimiento el uso de sus facul tades: Sucede des­
pués, que con la posesión de la cosa amada se amor'*
tigua el amoroso fuego , y se van reconociendo
aquellos defectos, que no permitía la razón se des­
cubriesen antes: El arrepentimiento es la pena del
e rro r, que tanto mas grande aparece , quanto el
amante menos le esperaba: La tibieza abre el cami­
no al fastidio, y finalmente por lo regular , el odio
es el fruto de una estimación, que está fundada so­
bre las meras reflexiones de los sentidos. Nuestros
Monos reflexionando los inconvenientes,que suele
producir una mala elección, sugerida de la pasión
Unicamente,de donde se derivan conseqiienciastan
funestas en los Matrimonios, quisieron hacerse árbi­
tros de los verdaderos intereses de sus hijas,eligien­
do aquellos partidos , que con maduro examen , y
sin preocupaciones juzgan ser los mas útiles : Asi
pues, el que estos vínculos no se formen per el amor,
sino por la razón , que es una guia mas iluminada
y segura , no veo deba ser motivo de tanta estra-

DE W á NTON,
185
ñeza, siendo esta costumbre la que constituye á
las Señoras en una suerte mas feliz, y duradera.
Añádese á lo dicho, que siendo quien dispone los
matrimonios, la ternura paterna, que con la mayor
perspicacia examina el partido que para su hija so­
licita , es fuerza creer que se encuentran en los es­
posos aquellos caradtéres que son capaces de repre­
sentarlos amables á los ojos de sus esposas, cuyo
cariño en tal caso es tanto mas permanente, y lau­
dable, quanto mas separado de la irregularidad del
vulgar afedo. Todo esto deberá entenderse d^ aque­
llos padres, en quienes no quepa la crueldad de sa­
crificar aúna inocente joven por el interés del resto
de su familia.
Con mas gusto huviera escuchado el razonamien­
to de Roberto, si los internos sentimientos de mi
corazón, ó (sease enhorabuena) una mera preocu­
pación no huviera sido causa de representárseme
con poca fuerza sus razones. Entretanto se fue lle­
nando el Palacio de lo mas florido de aquella Ciu­
dad , concurriendo toda la Nobleza á participar de
los júbilos de una familia que universalmente esta­
ba querida, y respetada. La novia se mostraba afa­
ble , y cortés con todos, y asi en breve tiempo cor­
rió la fama de su bella gracia,además de haver lo­
grado la fortuna de obtener el renombre de bien pa­
recida. Nosotros estábamos continuamente con las
formalidades de un puro cumplimiento, y gusto­
sos nos empleábamos en este encargo, á que no po­
dían acudir el padre, y hermanos de la novia, por
los muchos negocios que ocurrían. Madama no se
separaba un punto de su hija, por quanto algu­
nos rezagos de la antigua severidad la obligaban
Tom»IL
Aa
ia-

*86
VlAGES
ftidispensablemente á tan gravosa sujeción.
Mo cesaban de ir llegando Artesanos de: todas
especies con memoriales, y adjunta la recomiendacion de graves personages,á findeque los adm itie­
sen para las varias prevenciones que en sus irespectivos oficios debían hacerse para adorno de la no­
via, y de aquel Palacio. Se havia introducidlo (co­
mo ya se ha dicho) pocos años antes un abuso en
la Corte, en fuerza del qual cada uno quería mez­
clarse en los negocios de los dem ás, sugiriendo di­
versas obras, recomendando Artífices,y exetcutando hasta las mas vergonzosas vilezas, para lograr
sus intentos. No tenían, se puede d ecir, liibertad
aquellos naturales en la elección de las personas
que creían mas aptas para las obras que ermprendian ; tan grande era la persecución de los opera­
rios. De este abuso nacían dos gravísimos inconve­
nientes; el prim ero,que por lo regular salía imper­
f e to el trabajo; y el segundo, que muchos de los
mejores Artífices perecían de necesidad , ó por no
poder encontrar quien los protegiese, ó porqiue ellos
tenían por baxeza, que su habilidad necesittáse de
recomendación: Asi necesariamente perdían: las ar­
tes su lustre, y se hacia injusticia al mérito «que ge­
mía baxo el yugo de la violencia.
Llenóse, pues, en pocos dias de trabajadlores el
Palacio; los C arpinteros, los Cerrajeros, y los Al­
bañiles hacían retumbar las salas, y aun todla la ca­
sa con los martillos, y demás instrumentos* de sus
oficios;los Pintorestenian llenos de manchas atquellos
puestos en donde estaban trabajando ; toido era
una confusión, y continuo ruido; y al mismtotiem­
po los Sastres, los Zapateros, y otros mil Artcesanos,
y

DE

W

a n

TON,

187

y Mercaderes andaban entrando , y saliendo por el
quarto de la madre; de modo, que parecía que las
provisiones eran para un Exercito entero.
Llegó por fin el dia de las primeras vistas del
novio. Parecióme digno de la alianza del Señor Ha­
ya ; curioso , buen mozo, bien hablado, y mui garvoso en todas sus acciones: Si no fuera por el defec­
to de dár á conocer mui por lo claro lo pagado que
estaba de sí mismo, se le podia conceder el tí­
tulo del joven mas perfeéto , y mejor criado de la
Corte.
Luego que se presentó el novio, la Señorita le
hizo una cortesía sin mover la cabeza , ni aun la
vista, y baxando tanto el cuerpo , que creí que se
iba á sentar en el suelo; el joven la habló con un
breve, y elegante discurso, que se conocía sin difi­
cultad , que le traía estudiado ; la novia se aver­
gonzó, y aunque tenia mui bien aprendida la lec­
ción de lo que le havia de decir, en aquel instante
se la olvidó del todo , y asi no supo responder otra
palabra, que: Muchas gracias. Madama su madre
se puso encendida como unas brasas, y huviera
intentado sacar los ojos á la hija, á no estár pre­
sente el novio; tanta era la desesperación, y cóle­
ra que havia concebido.
Sentáronse inmediatos los amantes futuros,que
de presente aún no se podian llamar tales, y el no­
vio comenzó áexagerar la hermosura, y gracia de
su esposa ; pero ésta ya abriendo, ya cerrando su
abanico, teniendo la vista siempre fixa en la tierra,
y el cuerpo en un continuo movimiento á uno, y á
otro lado, como si estuviese sentada sobre espinas,
no respondía otra cosa á cada alabanza que la daba
Aa 2
el

1 88
VlAGES
él novio, que para eso vos: La madre no paraba de
hacerla señas con Ja cabeza, pero ella lo iba echan­
do mas á perder. Quando un temor pánico llega á
tomar posesión de quien es pusilánime, con qualquier leve motivo suele aumentar la confusión. Ja­
cinto su herm ano, que era mas discreto, y pene­
trante que la m adre, acudió á socorrer á su her­
mana , haciéndose intérprete de sus sentimientos,
lo qual la dió esfuerzo de tal modo, que el mas po­
deroso cordial no vigoriza los espíritus de un des­
mayado con tan buen éxito como sus palabras, los
de M adam ita, para hacerla volver de su letargo.
Quando la vio ya libre de aquel primer miedo que
la havia sobrecogido, la dexó manejar por sí mis­
ma , y entonces habló á su esposo con todas las
expresiones de que era capáz su discurso, con lo
que al punto éste formó mejor concepto de ella,
como se dexó comprender por sus demonstraciones de alegria.
Después de haver pasado algunas familiarida­
des entre los novios, llegando hasta el extremo de
hablarse en secreto; llaneza que fue generalmen­
te aplaudida de los circunstantes, quiso Madama
Espina introducirse en la conversación , y fue po­
co á poco torciendo el discurso, para hablar de
telas, encages, &c. Ella deseaba que el novio dexáse á su discreción todo el cuidado de las preven­
ciones que eran indispensables, porque su amor
maternal lo dispondría de modo que tuviese mu­
cha quenta á su hija. El novio, que mejor emplea­
d o , en lo menos que pensaba era en estas vagatelas, condescendió gustoso á las intenciones de la
futura suegra, y aun la rogó le hiciese el favor

DE W A N TON.
189
de encargarse de este asunto, que para £1 era bas­
tante enfadoso. Los novios continuaban sus con­
versaciones confidenciales, que á cada paso corta­
ba la suegra con nuevas preguntas.
Era una comedia ponerse á considerar por una
parte la inquietud, y pasiones que entonces co^
menzaban á nacer en el corazón de un jovencito,
viéndose inmediato á aquella de quien ya antes de
verla tenia la idéa de considerarla como la cosa
de él mas amada, y cuyas confianzas solicitaba vi­
vamente , bien que tuviese la seguridad de que
dentro de pocos dias havia de estár en entera po-*
sesión; por otra parte una vieja empeñada con los
mayores esfuerzos en poner en planta todo lo nece­
sario para cumplir con la moda , la ambición, y
la vanidad. La buena crianza le precisaba á com­
placer a la suegra con sus respuestas,; pero se echa­
ba de vér claramente conquánta violencia las pro­
feria.
Llegó la hora de comer, y huviera executado
una acción sacrilega el novio, si no se hu viese des­
pedido,; y asi le fue preciso acomodarse al común
estilo, aunque contra todo su gusto. Partió , pues,
segün congeturé , con bastante pena. Determinó­
se que volviese en aquel mismo dia, para ir en
compañía de la novia á una gran tertulia que se
havia de juntar aquella noche con este único obje­
to en casa de cierto caballero. A la despedida huvo
su apretón de manos con las mayores expresiones
de ternura, y estimación, con lo que se dividieron
la primera vez de toda su vida aquellos dos cora­
zones , que ya creían amarse, y apenas havjan lle­
gado á conocerse,
bb o'¡5

La

Ipo

V l A G E S

La partida del novio dio lugar á que M ada­
ma Espina descargáse una severa reprehensión con­
tra la pobre hija. La turbación del prim erencuentro fue la primera culpa que la riñ ó , llamándola
tonta, olvidadiza; después recorriendo todas sus
acciones, las halló otros tantos delitos; el manejo
del abanico; los movimientos de la cabeza; el mo­
do de jugar la boca; las ojeadas fuera de tiempo;
y hasta las mismas respiraciones fueron objetos de
su rigoroso exam en: El Señor Haya puso fin á esta
quimera tan im prudente; y aunque no se termina­
ron aqui las correcciones, se suspendieron durante
su presencia.
CAPITULO

XXII.

De las M áscaras , y la Tertulia .
.

AS centinelas de vista son fastidiosísimas para
dos que bien se quieren, y asi en i lo succesivo re ­
solví evitar quanto pudiese los lances de presen­
ciar los amorosos coloquios de estos dos nuevos
amantes,observando sin alteración desde aquel dia
la política con el Señor Nuez-Moscada de no fal­
tarle á todos los aétos de cortesía, si me encontra­
ba con é l, pero separándome inmediatamente. Es­
te modo de manejarme fue mui bien recibido del
novio, luego que comprendió el motivo; por lo que
quando tenia que hablarm e,m e hacia una seña pa­
ra que me detuviese; y después siempre me dió á
conocer su inclinación , y cariño. .
>Tulipán, hijo tercero del Señor H aya, no era
¿
mui

DE

W ANTON.

FQI i

mui aficionado á incomodarse por servir á qualquie-,
ra amigo;antes bien, dedicado á hacer únicamen­
te lo que era de su gusto , dexaba á cargo de sus
hermanos el cumplir con las urbanidades, obliga­
ciones , y demás empeños de su familia. Aquel dia„
sin saber por qué, se brindó á irme acompañando á
la Plaza, en donde se esperaba concurriese una,
multitud de máscaras , ya por la solemnidad del
dia , ya porque lo sereno del cielo estaba convi­
dando á la diversión. Esta distinción , que Yo no
esperaba , fue para mí de mucho gusto ; bien que
de ella, y de la estrechéz que desde el tal lance to­
mó conmigo este joven, tuvieron origen todas las
funestas aventuras que me exercitaron por algunos
años, y me obligaron á detenerme en aquel Conti-,
nente, como se verá en la série de esta Historia,
No puede evitarse el destino, y Yo mismo parece
que me le iba procurando á toda prisa con la satis­
facción que recibí por el referido convite que acep­
té sin repugnancia.
En la Plaza, que es magnifica, y grande, havia
una muchedumbre de Pueblo. No eché á perder
el tiempo en examinar las extravagancias de la ple­
be , pues el cúmulo de necedades que ésta suele
practicar , creyendo distinguirse con delicadas in­
venciones, no debe ocupar las reflexiones de un fo­
rastero. Rogué al Señor Tulipán me guiáse al pa­
rage en donde se juntaban los sugetos mas visibles,
con ánimo de divertirme hablando, viendo, ó pa­
seándome con ellos; pero al contrario de lo que es­
peraba , no hallé otra cosa que confusión, encon­
tr o n e s ^ apreturas.
Formase cierta calle de dos filas de sillas, pues­
tas

I<)2

VlAGES

tas unas enfrente de otras,dexando en el medio un
espacio de te rre n o , capáz de ocuparle ocho , ó
diez personas de frente. Las Monas que creen em­
bobar á los que se andan paseando , ó con la ri­
queza de sus adornos, ó con qualquiera otro incen­
tivo , que pueda dár pábulo á los ojos, se sientan en
estas sillas, teniendo cada una al lado á su cortejo:
Sería mui reparable , que en aquella publicidad es­
tuviera el marido sentado cerca de su consorte. EA
espacio intermedio de estas sillas se llena de másca­
ras con tanta abundancia, que se hace quasi impo­
sible el caminar sin peligro de sofocarse. El fin de
las Monas se frustra absolutamente , pues la multi­
tud impide el detenerse, bien para admirar el buen
g u sto ,y valor de las telas que las adornan, bien
para advertir los gracejos con que solicitan encan­
tar á los que tienen la curiosidad de fixar en ellas
la vista.
Yo no podía permanecer en aquel estado tan
violento; quién me daba un em pellón; quién me
huviera echado á tierra , á no detenerme el que
estaba mas próximo , á quien Yo también necesa­
riamente tenia que atropellar; y quién me hon­
raba con los títulos de bestia, y de pedazo de ju­
mento; uno me pisaba un pie, haciéndome pasar un
dolor excesivo; otro se quexaba de que Yo le estorvaba el paso, siendo asi que estaba ocupado el
camino con gran número de personas, á quienes no
tenia Yo derecho de obligar á que franqueasen lu­
gar para poder ir adelante. Corría sobre mi cabe­
za un aire friísimo, al mismo tiempo que tenia toda
la camisa calada de sudor,y asi recelaba encontrar
en aquel paseo tan delicioso alguna calentura malig­
na

DE W ANTOK.
I93
na. No obstante tantas incomodidades, los Simiopolitanos están locos con aquella diversión que con­
sideran como una de las mas gustosas que pueden
gozar en toda su vida.
Cerca ya de dár mi ultimo aliento, roguéáTulipán m esacásede aquel infierno; pero como él es­
taba imbuido en las idéas comunes, y con la costum­
bre se havia habituado á mirar aquella junta, como
una de las mayores delicias, no queria condescen­
der á mis distancias; además de esto tenia otras mi­
ras; esto es, esperaba que llegáse cierta Mónita*
que era el único objeto de todas sus ansias, y dán­
dome gusto, era caso forzoso perder la ocasión de
estár con ella. Viendole, pues, tan renitente en con­
cederme una gracia que podía ser el punto decisi­
vo de mi vida, le supliqué que me permitiese reti­
rar. Pues teneis ,me respondió,el gusto tan depra­
v ad a, que no os divierte un placér tan grande, co­
mo es el veros rodeado de la flor de las personas
m ascultasde la Ciudad, seguid vuestra inclinación;
y si queréis que os presente esta noche en aquella
tertulia en donde ha de concurrir toda nuestra fa­
milia , id dos horas después de anochecido á espe­
rarm e á la Botillería que llaman de la Desgracia,
que alli iré á buscaros. Contento con esta despedi­
da , me separé á toda prisa de aquel lugar de mor­
tificación , con la resolución Arme de no volver alli
en toda mi vida.
Haviendo examinado el parage que havia en la
Plaza con menos concurrencia del Pueblo, me en­
caminé ácia é l, en donde pasé un rato paseándo­
me confuso, y maravillado de que personas racio­
nales pudiesen deleitarse ta n ta coa unas cosas que
Tom dL
Bb
real-

194

V I AG E S

realmente incomodan demasiado: Admirado siem­
pre , y embebido del todo en mis pensamientos, no
puse la atención en los muchos objetos que me ro­
deaban, dignos acaso de igual cuidado, y reflexión;
pero á este tiempo llegó á mis oídos el eco de una
voz que no estrañé , y me hizo volver de la abs­
tracción que ocupaba mis sentidos: La voz era de
R oberto, el qual se andaba paseando en compa­
ñía de Jacinto, y los dos ocupados solamente en el
examen que iban haciendo de todo aquello que se
les presentaba, aun no me havian descubierto.
A segurado, para no padecer equivocación , me­
diante haver escuchado con mayor atención el ha­
bla, y haver advertido bien sus vestidos, estaturas,
modo de andar, y demás señas de sus personas,no
dudé llegarme á ellos; se admiraron de verme so­
lo, y me preguntaron, qué se havia hecho Tuli­
pán: Contóles todo lo que me havia sucedido , y
con tan vivos colores .pinté la impresión que hizo
en mi fantasía, aun no sosegada, aquel aborrecido
paseo, que al paso que me tuvieron lastima* no pu­
dieron menos de soltar la risa; les rogué me permír
tiesen en su compañía, cuya gracia á pocas instanrt
cias me concedieron.
Y a havia anochecido, y el frió era tan grande*
que nos obligaba á m archar de alli, y buscar un pa>rage mas templado : M e preguntaron, adonde, y á
qué hora tenia que irá esperar á mi compañero Tu*
lip án , y luego que satisfice esta pregunta , se ofre­
ció Jacintoá acom pañarm e,y á que esperásemos á
que viniese, para ir todos juntos á la tertulia. No
podía haver para mí ofrecimiento de mas gusto que
éste en la ocasión presente. La Botillería señalada
■'
■. era

DE W A N T O N .
I 95
era una délas infinitas que se encuentran en cada es­
quina de la Ciudad, en las que es el agua el principal capital de su trato. En ella la multitud de losconcurrentes nos subministraba un mar de reflexiones,*
nos divertimos á costa agena con sumo gusto ; y si
quisiera hacer descripción de todos los objetos que
se presentaron á nuestro examen, me separaría de­
masiado del hilo de esta Historia. Vino últimamen­
te á la hora señalada Tulipán, y todos juntos nos
encaminamos á lograr una diversión , que como
nueva , excitaba vivamente á nuestra curiosidad.
Fuimos, pues, conducidos á un gran Palacio,
en el que nos recibieron sus dueños con la mayor
política. Entramos en una sala espaciosa, exquisita­
mente pintada, é iluminada con una muchedumbre
de antorchas, igualmente lo estaban las piezas inmediatas, y todas adornadas con quanta riqueza,
y buen gusto es imaginable: Havia concurrido toda
la Nobleza de ambos sexos, que era numerosa, con
la curiosidad de vér á la novia. En el luxo havian
echado el resto con especialidad las Monas que es­
taban sumamente brillantes con el oro , y joyas que
las engalanaban, y reverberando en la pedrería los
rayos de las inumerables luces de la iluminación,
daban mayor realce á sus bellezas. No podia ser
mas magnífico, y grande el expeétáculo : Yo me
quedé atónito,y admirando mucho las riquezas de
la clase de los nobles, ó por mejor decir, el deseo
de llegar al extremo.
Hallé en aquella escogida asamblea á muchossugetos de los que trataba, con quienes me era fácil
entablar conversación para informarme de los nom­
bres de las personas que no conocía. Muchas Señoa
Bb 2
ras

í$6

V l A G E S
ras me honraron con sus miradas con-alguna par­
ticular demonstracion. Madama Betónica fue la
primera que me habló, y á cierta Señora que esta­
ba inmediata , dixo quanta estimación hacia de mi
persona.
Estaba Yo mui hueco en aquel parage, porque en
él parecía, que todo procuraba á porfía adular al na­
tural amor propio; quando vine á ponerme á la vista
de Madama Níspero, cuya presencia me traxo á la
memoria haver sido despreciado de ella aunenqüalidad de bestia, según su imaginación: Esta, que
alimentaba en su corazón un implacable odio contra
nosotros, por haver perdido la distinción de hos­
pedarnos , no dexaba ocasión en que no nos procuráse castigar de la culpa, que era únicamente suya:
Contaba el desprecio que havia hecho de nosotros,
y nos pintaba con los mas viles coloridos: Aquella
noche hizo que me aproximáse, y me preguntó,
si me acordaba de mis vergonzosos principios: Os
propongo, añadió, esta pregunta, poique me pare­
ce , que con la mutación de estado se os advierte
una gran distinción en vuestra afedada modestia,an­
tes os conocimos abatido, y humilde, y aora, si no
me engaño,mas erguido de lo que era razón. Este
tan bochornoso desaire me picó en sumo grado. Sí,
respondí, sí, Señora, me acuerdo mui bien que
me sujeté por mi voluntad á una cadena; y también
tengo presente vuestro insensato juicio acerca de
nuestras personas; ni echaré igualmente en olvido,
que para volver á verme tuvisteis que ir después
de muchas súplicas á visitarme á una pobre alque­
ría ; como tampoco el sumo terror que imprimió
en vos mi poder, lo que podría repetir siempre que

me

D E W A N T ON.

*97

me pareciera. La di esta respuesta con resolución,
y buen tono de v o z , de conformidad, que quedó
avergonzada aquella Mona tan poco cauta, que se
atraxo la irrisión de las Señoras circunstantes , ai
paso que me honraron , llenando de aplauso mis
palabras. Asi, por lo regular, finalizan los insultos
de los sobervios.
Determiné después ir observando los varios di­
vertimientos á que se aplicaba la nobleza en aque­
lla tan magnífica concurrencia. En la sala , y de­
más piezas inmediatas havia preparadas muchas
m esas, al rededor de las quales estaban sentados
alternativamente diversos M onos, y Monas. Lleguéme á una, para vér lo que alli hacían; y reco­
nocí que toda su ocupación consistía en ciertos
cartones quadrilongos, y en ellos pintadas algunas
figuras, que entre nosotros serian mas quiméricas,
ó menos significativas que las chinescas; uno de
los circunstantes tomaba aquella porción de pape­
les, y los reducía á un solo m onton; pero inmedia­
tamente arrepentido de su trabajo, deshacia toda
la obra, y los repartía entre los dem ás; estos los
iban recibiendo gustosos ; mas al punto arrepenti­
dos también, ó acaso enfadados de tenerlos en la
m ano, los tiraban uno á uno sobre la m esa; enton­
ces uno de los presentes los volvía á juntar, y repe­
tía la distribución de ellos, la que siempre finaliza­
ba del mismo modo que llevo dicho.
No podia Yo acabar de entender,qué significa­
ba una ocupación tan inútil , y enfadosa; y se au­
mentaba mi admiración al paso que ad vertia el tiem­
po que duraba; jamás huviera creído que una jun­
ta de tanta nobleza empleáse horas enteras en aque­
lla

1.9.8

V I A G E S !f

lia obra tan continua, y siempre sin diferencia: Por
casualidad se llegó ácia allí Narciso, al que pre­
gunté, qué era lo que hacían aquellas Señoras, y
aquellos Caballeros,, dando tan cruelmente tormen­
to á aquel hacecillo de pápeles : Están jugando, me
respondió: Ya me hago c a rg o , repliqué, dé que
no es esta una obra séria; pero quería saber , qué
es lo que aqui se tra ta : Sonrióse el joven, y me ex­
plicó el misterio lo mejor que pudo,, aunque no á
proporción de lo que necesitaba mi curiosidad,
que no quedó del todo satisfecha.
No será fuera de proposito referir aqui algunas
particularidades de las Damas que estaban aplica­
das á aquella diversión. Jugaban en la mesa que
Yo estaba mirando dos; la una mui a ten ta,y con
una seriedad, que imponía sujeción á quantos se
hallaban presentes; repetidas veces reñía con aspe­
reza á cierto caballero joven que estaba sentado
enfrente de e lla , por algunos defe&os que á mi pa­
recer no merecían la pena de sus reprehensiones;
cada cartón de aquellos que tiraban sobre la mesa,
la excitaba unos movimientos , como si estuviera
convulsa; y luego que quedaban todos con las ma­
nos vacías, repetía sus amargas quexas: Yo, ha­
blando con sinceridad, no puedo decir si eran bien
fundadas; pero sí puedo asegurar mui bien, que ja ­
más he visto tratar una cosa de juego con tanta se­
riedad , y señorío.
La otra Señora que jugaba, era Madama Za­
nahoria , que del todo opuesta al caráéter de la so­
bredicha , parecía que todas las acciones con que
se m anejaba, se terminaban á complacerse en no
imitarla en cosa alguna. Hablaba continuamente ya
con-

D E W A N T O N.
19 9
COA uno , ya con otro, de los que qstal^an
lado;
daba risadas sin motivo , y volvía los gjos á .todas
partes con mas velocidad que el camaleón : JJngovencito que estaba el mas inmediato ,,rrecogía loa
referidos papeles quadrilongos, quando la pertene­
cía repartirlos ,.y los echaba sobre la mesa , quan­
do ella debía executar-esta a£ciop;,de; conformidad,
que Madama no tenia que emplearse en otro traba­
jo que en el de tenerlos en sus manos. Esta jovial
Señora puso en mí la vista, y no pudo detener la
risa, acordándose del coscorrón quq-me dio qon la
puerta en la cabeza, y de su parda a mis píes ^Con­
tó á los presentes el suceso con tal alegría, como si
refiriese alguna gloriosa acción que huviese executado. Estuvo chanceándose conmigo, aunque sin
ofenderme; quería que prometiese resarcirla la pér­
dida de su perrito; y de aqui fue diciendo por vía
de gracejo mil extravagancias, con que divertía á
los oyentes, al paso que la otra buena Señora hipo­
condriaca estaba rabiando de vér el aplauso quetrh
butaban á la viveza, y desembarazo de Madama
Z an ahoriate la que, según las?muestras, a, no era
mui amiga,ó no aprobaba el modo >de hacerse bien
vista en aquella concurrencia ; acaso era también
motivo de su impaciencia considerar, que los chis­
tes de la otra suspendían algunos ratos el juego, en
el que ella empleaba todo su calor natural, y un^
atención digna de mejor objeto.
¡¡
A este tiempo-entraron diversos criados que
traían unas salvillas llenas de vasos, que contenían
cierta materia sólida, brillante, y de diversos co-r
lores: Luego que me presentaron una, para que e¡&cogiese á mi gusto un ¡vaso jd e aquello que Yo no
*1
'
sa-

200
VlÁGES
sabía qué e ra , mas por hacer lo que hacían todos,
que por deseo que tuviese de satisfacer la curiosi­
dad , ó el apetito, alargué el brazo para tomar uno,
y al punto sentí en la mano un mortal frío, que ha­
llándome desprevenido, me hizo entrar en sospecha
de si acaso era acometimiento de algún insulto apo­
plético; el retirar la m ano, y mudar de color fue^
ron cosas que me sucedieron á un tiempo : La
prontitud del movimiento, la alteración del semblan­
t e , y la turbación inmediatamente dieron á cono­
cer mi ignorancia á la siempre jocosa Madama Za­
nahoria, que dio principio á una ridicula comedia á
mi costa; levantóse de la silla, y me preguntó si
me havia quemado, y tomando después un vaso,
hizo á pura fuerza que tragáse una porción de
aquel material , con lo que consiguió que se me
heláse el paladar , el trag ad ero , y aun las tripas:
Sus gracejos me hicieron volver sobre mí, y al paso
que me dieron á conocer mi y e rro , me pusieron
también palpables las extravagancias de aquel Pue­
blo , en donde tienen valor de alimentarse con hie­
los en el rigor del Invierno.
Después de este ultimo pasage, cansado de mi­
rar un juego, que no podía acabar de entendedm e
levanté, y separé disimuladamente de aquel puesto,
para solicitar la diversión con otros objetos mas de
gusto. Paseándome por la sala, advertí á un lado
una rueda de Señoras, que me pareció estaban en
la mas séria conversación : Lleguéme, y Madama
Betónica, que era una de aquellas Damas, me brin­
dó inmediatamente con asiento ; obrando con una
regular qrianza, no podía rehusar su atento con­
vite, y asi me puse á su lado, y con atención i

d e W a n t o N.
201
la materia que se trataba : Era entonces el asunto
las telas de sus vestidos; cada una alababa la suya,
procurando realzarla respedo de la de las demás; re­
ferian el lugar en donde se havian fabricado ; ei
Mercader, de quien las compraron ; el Sastre que
havia cortado los vestidos ; y últimamente el dine­
ro consumido en todo esto , bien que añadiendo
cada qual alguna mentira tocante á los gastos, pa­
ra dar mayor mérito á los suyos; de las telas pasa­
ron á los encages; todas enseñaban á porfía los su­
yos, alabando lo fino de ellos, la labor, y lo subido
de su precio. Uno á uno de esta suerte pasaron por
examen de estas Monas, quantos adornos trahianso'
bresí, y qualquiera que entendiera de cuentas, pu­
diera alli haver ajustado lo que todas ellas costaban
por junto, y quanto valía cada una en particular,
rebajando el valor de su cuerpo, y sus talentos;
bien que aunque todo entráse en una misma suma,
añadiría al principal una cantidad cortísima.
Una de estas Damas, llamada Madama Criadi­
lla, que con ánimo, sin duda de aumentar las ren­
tas de su casa , mediante sus particulares labores, no
paraba de hacer nudos en cierta porción de seda
que tenia devanada en una como lanzadera de Texedor, me habló asi: Decidme, Señor forastero,
¿ las Damas de vuestro País (en caso de que fuera de
éste las haya ) tienen el buen gusto de divertirse
como nosotras, hablando de los vestidos, y demás
ornatos? Yá que queréis saberlo , Señora , la res­
pondí , os digo con la mayor sinceridad , que en
nuestros Países las Damas, ó mugeres, nombradlas
como quisiereis , tienen formada mejor idea de la
grandeza; aunque ataviadas con un increíble luxo,
Tom. II,
Ce
no

C02
VlAGES
no advertiríais que jamás se den una mirada á sus
adornos; y si acaso hai alguno que quiera adu­
larlas , alabando el buen gusto , ó lo sobresaliente
de ellos, al punto desvanecen aquel discurso, des­
deñándose de hablar de lo que tratan, ó aparentan
tratar con todo desprecio; de este modo mas parece
que ellas solicitan honrar á las alhajas que emplean
en su uso , que no que sus ornatos sean quienes á
ellas hagan mas apreciables, que es lo que las Da­
mas de este País parece que pretenden, realzando el
valor de todas sus riquezas. Quedó Madama Cria­
dilla mui confusa con mi respuesta, quando estaba
creyendo que con su pregunta me havia dado pie
para aplaudir el buen gusto , y delicado discerni­
miento de ella , y sus compañeras.
Haviendo hablado tan claro , no era razón de­
tenerme mas con aquellas M onas, á quienes se
puede decir havia quitado yá la libertad de adular
á su natural pasión, entreteniéndose con cosa que
tanto las agradaba, mediante lo qual para no ser­
las molesto, hechos los acostumbrados cumplimien­
tos , executé lo que pensaba, que era marchar á
otro lado. Al que mas cerca vi en la sala, fue á Ro­
berto, que estaba hablando de Europa con el Pre­
sidente; estaban los dos tratando la materia con mu­
cha seriedad , y lo que Yo quería era divertirme,
por tanto evité el encuentro , y me introduxe en
una pieza inmediata, en la qual no jugaban. Havia
en ella algunas Señoras jóvenes en conversación;
pero los Monitos que tenia á su lado resp etiv o ca­
da una, estaban callando , por tratarse puntos, á
cuyo conocimiento no podía llegar su incapacidad.
Aunque ninguna era de mis conocidas, la libertad
que

be W anton.

203

que me havian dado en aquel lugar, me permitía
detenerme en donde mejor me pareciera: Ví una
silla desocupada á un rincón de aquella estancia, y
determiné ocuparla, desde la qual, fingiendo que
no estaba en lo que hablaban, pude escuchar todos
sus discursos , sin que hiciesen reparo en mí.
Tratábase allí el punto importante de las Amas
de criar , asunto que tanto suele ocupar el enten­
dimiento de las Señoras; cada qual contaba sus su­
cesos, como acaecimientos nunca vistos, ni oidos,
no obstante que los de todas concluían, en que aque­
lla de quien se hablaba no tenia yá buena leche; no
omitieron referir la abundancia de la de algunas
Amas, y cada Señora contaba, como en ciertas oca­
siones havia tenido la dicha de poseer un tesoro se­
mejante. Quedé instruido con la dicha conversa­
ción , de que, quando se tienen que buscar tales
muebles , el color, la edad , y la robustez son las
circunstancias á que dan la preferencia las madres.
La formalidad con que éstas ponderaban sus
máximas , y la inutilidad del objeto , que á la ver­
dad no es materia para controvertirse en conver­
saciones públicas,me llegaron á fastidiar de modo,
que hice ánimo de separarme de aquel puesto, y lo
huviera executado á no haver advertido, que can­
sadas de tratar de las vendedoras de su propria san­
gre, pasaban á tratar de otros asuntos, lntroduxose
el punto de los embarazos, en que no se omitieron
las varias incomodidades á que por este motivo es­
tán sujetas; pero lo que mas interesó la física especulacion de estas M onas, fue el antojo, y la inex­
plicable impresión que causa en ellas. De este fue
fácil pasar al tratado de los Monitos: Las alabanzas
Ce 2
que

204
VlA G Eá
que cada una daba á sus chiquillos, las pueriles
frioleras que contaban como cosa de suma enti­
dad, y el pronóstico que formaban acerca de sus
destinos, me hicieron conocer claramente que el
entendimiento de estas Monas estaba tan en manti­
llas como sus hijos.
Acavaronse también estos pasages, y determi­
naron contar las gracias de quando ellas eran chi­
quitas , apropriabanse todo quanto podía dar ma­
yor realce á la hermosura, y á la viveza , y poco
faltó para que parase en quimera, queriendo ha­
blar todas á un tiempo : Mientras se trataron los
demás puntos, observaron mutuamente toda buena
crianza; pero el presente era demasiado delicado,
para tener ellas la paciencia de dar lugar á la que
hablaba, de que instruyese mui despacio á los oyen­
tes con la historia de sus proprios méritos, armóse
tal confusión, que no podía entenderse una palabra,
mediante lo qual, pensé seriamente en alexarme de
allí, y buscar en otra parte alguna ocasión de em­
plear mejor el tiempo.
Por largo espacio anduve solicitando en los va­
rios corrillos que havia en cada pieza, alguno en
que poder entretenerme sin fastidio, pero me fue im­
posible satisfacer el deseo: En todas partes, en don­
de havia Señoras, eran los discursos como los re­
feridos ; y los Monos no parece havian llevado
otro destino á aquella concurrencia , que el de
ponerse cada uno al lado de su Mona. En vista de
esto, me pareció lo menos malo volverme á mi pri­
mer estado ,.esto es, ponerme á ver jugar,aunque
en esto no halláse gusto alguno ; pero no bien me
havia determinado , quando llegó el Señor Haya á
a vi-

D E W a NTON.
205
avisarme de que yá era mui tarde , y a s i, que se
hacía forzoso retirarnos; no podia jamás trahermé
mejor nueva: Avisó á todos los demás de su fami­
lia; y Yo me ausenté sin la menor desazón de ua
parage,en donde,aunquehavia satisfecho mis sen­
tidos por la suntuosidad, y aparatos de los concur­
rentes , mi espíritu al mismo tiempo havia tenido
que sentir muchos enfados.
CAPITULO

X X III.

D el juego,¿y bailes de estas 'Provincias

N

.

O cesaba de instarme la curiosidad acerca del
ju eg o , por lo qual quería averiguar este punto ra­
dicalmente. Jacinto tuvoá bien instruirme, dándo­
me una justa idea de é l, y después de haverme ex­
plicado que cada uno de aquellos cartones quadrilongos representaba una diferente figura, y que to­
dos sedividian enquatro clases,me significó el uso
de ellos , según los diversos juegos á que cada uno
se aplica. Con estos papelillos, que llaman naipes,
se hacen dos especies de juegos, unos llamados mix­
tos , y otros de pura suerte; el primero es un com­
puesto de arte , y acaso; al segundo dirige úni­
camente la fortuna, y consiste , por lo regular, en
adivinar si un naipe saldrá á los números pares, ó
los nones: Esta ultima especie de juego me pareció
tan singular , que no acababa de persuadirme , á
que huviese criaturas racionales que gastásen el
tiempo en la pueril curiosidad de averiguar la dis­
posición que tenia un naipe , después de haverlos
mezclado todos juntos sin orden alguno.
No

*2.o 6

VIAGE S

N o teneis que admiraros , me dixo Jacinto;
son infinitas las personas que se emplean en esto,
y ocupan noches enteras por satisfacer esta afición
que llamáis puerilidad, y sería digna de compasión
la necedad de tales sugetos, si se contuviesen den­
tro de estos límites ; pero es lo peor, que exponen
á cada vuelta una gruesa cantidad de dinero , dexando á la contingencia el arbitrio de aplicársela
mas bien al uno que al otro de los jugadores: De
este vicio nacen repetidas veces inmensos daños, y
aun la total ruina de opulentísimas familias. Si que­
réis, añadió, informaros con vuestros mismos ojos
de este abuso quasi increible, Yo os llevaré á una
casa que es el principal asiento, y metrópoli en
donde reina el juego.
Acepté la oferta, y mi amigo no faltó á su pa­
labra. Me conduxo, pues , á una casa tan llena de
g e n te , que me causó notable espanto : El aire na­
da puro que se respiraba ; el calor que quasi me
ahogó á la primera entrada , y sobre todo, la pro­
digiosa multitud de pisadas que huve de sufrir, me
renovaron la especie de la incomodidad de la Plaza
de las M áscaras, quando Tulipán me hizo el aga­
sajo de una diversión tan penosa: Con la memoria,
pues, de mi anterior suceso no quise dar un paso mas
adelante en un lugar tan lleno de peligros, y repi­
tiendo mil gracias á mi amigo, volví pies atras:
El se vino también conmigo , y me d ix o : Yá que
no os acomoda satisfacer vuestra curiosidad en esta
casa , dadme el gusto de permitirme llevaros á un
puesto mas secreto, en donde veréis el valor, ó por „
mejor decir, la locura de los jugadores. Como no se
tra te , le respondí, de que me estropéen, ó de que
mué- ^

BE

WANTON.

207

muera ahogado, os seguiré adonde quisiereis. Guió­
m e, pues , á un parage estrecho, y opaco , como
boca de lobo: Entramos , y vimos sobre una mesa
una portentosa cantidad de oro: Estaba sentado un
Mono trabajando con su baraja, mientras un peque­
ño M onillo, de quien podia formarse un diseño del
furor, andaba solicitando todos los modos de hacer­
se infeliz en un momento: Gritaba este miserable,
daba patadas, de que eran participantes los que es­
taban próximos, armaba un pleito con cada uno,y
le faltó mui poco para tirarme un candelero á'la
cabeza, porque observó que me reía : Por lo que
mira al otro, que tenia los naipes en la mano, se va­
lía de la ocasión con las furias de su contrario; es­
taba inmoble como una estatua, y aumentaba su
dmero con el que perdía el incauto joven que
jugaba con él. Nos separamos de aquella estancia,
en donde se me angustiaba el corazón , con la lás­
tima que me daba aquel pobre mentecato.
Al salir de tan abominable lugar, pregunté á
Jacinto,si se usaba entre ellos tener Hospitales para
los locos ; cuya pregunta satisfizo sabiamente, res­
pondiéndome , que si por qualquiera defedo se de­
bía caraderizar por loca á una persona, era necesa­
rio que toda la Ciudad fuese Hospital. No hai Fi­
lósofo , añadió, que discurra con tan buenos funda­
mentos acerca de los vicios, y principalmente de
d del juego, que es el que le domina, como aquel
joven que tanto os ha maravillado ; aunque esto
se entiende quando tiene lexos la ocasión ; conoz* c°le rnui bien, y ts mui amigo mió: Diversas veces
ha solido decirme, que atrahído de una secreta vio­
lencia , en cierto modo se encuentra obligado con­
tra

20&
VlACES
tra su voluntad á satisfacer á esta pasión , que de­
testa , y que en queriendo resistirla siente interior-»
mente un fuego que le consume , y que le martiri­
za con los efeétos de un cruel furor: Quando él
empieza á jugar pierde absolutamente el uso de la
razón, y le vereis como uno que está embriaga­
do, sujeto á tantas extravagancias, quantas haveis advertido, y que suelen muchas veces expo­
nerle á peligrosos acasos: Por tanto es mas digno
de lástima , que de menosprecio ; aunque sus deli­
rios en el juego le hacen aborrecible á los ojos de
lo general de la Ciudad, que no conociendo su in­
terior modo de pensar , le reconoce culpable, y
digno de desprecio por los defe&os que advierte
tan palpables.
Faltaban aún dos horas para medio d ia , y no
queriendo retirarnos tan temprano á casa, resolvi­
mos ir á visitar á alguna Señora; estábamos dudo­
sos sobre qual havia de ser , quando me hizo pre­
sente Jacinto una cierta Madama Cebolla, que era
reputada por literata entre las Monas. Se debe ad­
v e rtir, que no era de aquellas Damas de que abun­
daba por entonces la Ciudad, que únicamente por
seguirla moda se aplican á leer qualquiera libro sin
discernimiento , hablan de todas m aterias, todo lo
deciden sin duda alguna, y transforman las voces de
su idioma nativo, substituyendo términos de las len­
guas forasteras, todo con el fin de parecer eruditas:
Hablaré de estas también á su tiempo.
Volviendo á Madama C ebolla, entré en deseo
de conocerla, y asi resolvimos finalizar la mañana
en su compañia: Encontrárnosla con un P oeta; pe­
ro luego que la dieron el recado de que deseába­
mos

D E W A N T O N -.
<10 9
mos la fortuna de que ños admitiese á su conversa­
ción , nos recibió con mucha política ; mas el Poe­
ta no se dignó aun de mirarnos. Con el fin de ad­
quirir gran reputación en presencia de un foraste­
ro , fue introduciendo conversaciones de todas ma­
terias ; de las que daba razón tan magistralmente,
que embobaría á qualquiera que no penetrase la li­
gereza desús discursos.Era necesario adularla:¡Se­
ñora y sabida ; qué dos títulos para que no la tri­
butásemos las alabanzas mas bien sonantes,aunque
fuesen faltando el verdadero mérito! Me preguntó,
si havía en mi País Señoras que se aplicasen á los
libros: Respondíla que entre nosotros son pocos
los exemplos que se cuentan de mugeres doétas, á
causa de que juzgamos ser las Ciencias armas mui
peligrosas en manos de una Señora. Asi puntualmen­
te replicó sucede en esta Ciudad, en donde se con­
dena que nosotras deseemos saber, y se aplaude á
las que gastan su juventud ociosamente: Soltó des­
pués la tarabilla contra todas las M onas, y princi­
palmente contra las que sin estudio pretenden saber­
lo todo ; esto llevaba la mira de formar por conseqiiencia el panegírico de sí misma: Mezclaba de
quando en quando ciertos términos antiguos, que
aplaudía el Poeta con los movimientos de la cabeza,
pero manteniéndose siempre sin hablar una palabra.
No hallé en esta Mona tanto mérito como se
ponderaba, no obstante que se esforzó quanto pu­
do para dar muestra de sus habilidades. El Poeta
que hasta este punto no havia despegado sus labios,
debió de cansarse , y habló finalmente asi : Voso­
tros Señores en una palabra, haveis venido á in­
comodar á Madama Cebolla, por solo satisfacer
Tqw. II,
Dd
vues-

CI O
VlAGES
vuestra curiosidad , y oír al oráculo de nuestro si­
glo ;yá que estáis servidos podéis desocupar el pues­
to , y dexarnos en libertad , para tratar los puntos
mas recónditos de la literatura. Teneis razón res­
pondí, de desear nuestra partida, pues por tan lar­
go rato hemos abusado de la tolerancia de esta Se­
ñora; pero me parece que no es á vos á quien to­
caba hacernos una advertencia tan clara, y tan dis­
tante de toda buena crianza.
Fué forzoso no obstante , obedecer el decreto;
y no me pesó mucho el ausentarme de una perso­
na , de quien no havia formado mui grande idéa.
M e instó la curiosidad á preguntar , quién era el
dicho temerario Poeta , y averigüé como era un
Monuelo de cortos haveres , y de ninguna estima­
ción , que haviendo advertido en esta Mona la va­
nidad de parecer literata , se havía determinado á
hacerla la Corte con sus ciertas miras. Madama Ce­
bolla era viuda y ric a ; con lo que está descubierto
el misterio : Andaba captando su benevolencia á
costa de adulaciones, por si podía pillarla por es­
posa , ó entrar en posesión de sus caudales: Cono­
cía su falta de mérito , y asi se oponía á que ella
trabáse alguna am istad;y baxo el título dezelo,de
que no la interrumpiesen sus literarias taréas, ocul­
taba los zelos , ó por mejor decir , los temores de
perder una dote tan ventajosa.
Pasados algunos dias me dixeron, que se dis­
ponía para dentro de corto tiempo un baile magní­
fico, al que havia de ir la novia, y toda su familia;
fué esta para mí una gustosa noticia por el deseo .
que tenía mi curiosidad de nuevos objetos. No tardó
en llegar la noche, destinada para esta fiesta. Noso­
tros

DE

WANTON.

21 I

iros (según nos previnieron nuestros amigos) está­
bamos precisados á mandarnos hacer unos vestidos
mas ricos, que los que ordinariamente llevábamos;
Seguimos pues, el estilo, como nos havia aconse­
jado , y asi tuvimos que pagar bien caro el gusto
de aquella función mucho antes de llegar á desfru­
tarla. Si aún á nosotros fué forzoso cumplir de este
modo con la tiranía de la costumbre ; puede cada
qual figurarse quan excesivos serían los gastos que
se ocasionarían con este solo motivo. El luxo llegó
á un grado sublime; los Monos no querían ceder á
las Monas el mérito de ser los principales que tri­
butasen inciensos al Ídolo de la vanidad; pero éstas
no consintiendo que se violasen sus derechos, pretendiéron la sorpresa con nuevas invenciones , y
efectivamente consiguieron sorprehender al zelo
de aquellos Señores.
El vestido de las Damas en estos lances es dis­
tinto del ordinario. Lo principal del ornato consis­
te en un hueco, y riquísimo brial, que vá sosteni­
do sobre cierta máquina, formada de unas desigua­
les figuras elíticas paralelas. Un cierto instrumento,
que está ancho por el pecho, pero que váá propor­
ción estrechándose, hasta apretar bárbaramente los
costados, está cubierto con cierta tela , que desde
los hombros á la cintura vá ajustada , pero en lle­
gando alli, queda libre enteramente , y recogida;
por detrás todo lo que debía ir arrastrando, cuelga
no mas que hasta los pies , disminuyéndose siem­
pre, para acabar quasi en punta. El mucho peso de
la referida máquina, la apretura del dicho instru­
m ento^ sobre todo el cuidado para que no se des­
componga alguno de los rizos de sus cabellos, haU
Dd 2
cen

ci2
Vi ages
cen andar á estas mártires de la vanidad tan tiesa?,
y presumidas , que apenas conocía á aquellas mis­
mas con quienes estaba hecho á tratar freqüentemente. Merezca perdón mi ignorancia; pero permí­
taseme decir , que se me figuraban una manada de
pavos, quando mui huecos de plumas, con las alas
arrastrando, colgando el m oco,y la cola estendida
en figura de abanico , van haciendo mui vanos la
rueda por el corral, en que nacieron, siendo obje­
tos de admiración, y respeto á las gallinas, patos,
gansos, y otras semejantes avecillas domésticas , é
insensatas.
E ra esta función en el Palacio del primer Minis­
tro , que acostumbraba convidar anualmente á la
N obleza, para tenerla propicia ; y andaba diestro
en tomar asi sus medidas, pues estos festejos, con
que cortejaba á lo mas visible de la Ciudad, le ha­
cían mas bien visto , y conciliaban mas la estima­
ción de las Señoras, y de los jóvenes, que todos los
grandes servicios que de su conduéla, y continua­
dos desvelos experimentaba el Estado. Puede creer­
se , que la magnificencia correspondería á la calidad
del personage que se hacía cargo de aquella fiesta;
todos los aparatos eran brillantes en sumo grado:
Los adornos, la abundancia , y delicadeza del re­
fresco , el número de las mayores habilidades en la
M úsica, y finalmente, todo quanto puede imagi­
narse , respirar una verdadera prodigalidad , con­
curría á hacer conceptuar una alta reputación del
prim er vasallo del Reino. En ninguna otra ocasión
a n te s, ni después de ésta se ofreció á mi vista en
aquella Metrópoli igual lucido concurso de la N o­
bleza de u n o , y otro sexo.

de

W anton.

213

Este Ministro no paraba ..recibiendo á todos con
un aire de agrado , y política tan excesiva, que
claramente daba á entender tenia mas gusto en
agradar á los sugetos, que componian aquella con­
currencia , que aun ellos mismos de ser convidados
para la tal diversion, siendo asi que la tienen una in­
clinación todos los Monos superior á quanto pue­
da ponderarse. Luego que llegámos, cumplimentó á
la novia con el mayor agasajo , y la conduxo á que
ocupáse el primer puesto entre todas las Señoras, y
volviendo después á nosotros, nos dixo: ¿Vosotros
también, amigos mios, haveis querido venir á hon­
rarme con vuestras personas ? Bien que Con eso se
os proporciona ocasión de conocer en este lance,
quanto aventajan á las nuestras las grandezas de
vuestra Europa; no obstante, os ruego aceptéis
con generosidad de corazón lo que tal qual alcan­
zan nuestras fuerzas. Respondió Roberto á estos
cumplimientos en los términos de la mejor política,
y buena crianza; quedando nosotros aún mas paga­
dos del buen recibimiento de tan grave personage,
que del honor de ser admitidos á presenciar la os­
tentación de sus riquezas , y liberalidad.
Dióse finalmente la orden para comenzar la
fiesta, y una Mona joven á la derecha de un seme­
jante Monuelo , fueron los primeros , que observé
destinados para romper el baile. Estuve con la ma­
yor atención examinando estas danzas, y asi descri­
biré con toda sinceridad quanto se me puso á la
vista. Estos dos, á quienes mas bien califiqué de ena­
morados , que de esposos, luego que llegaron al
puesto se saludaron recíprocamente con una cor­
tesía ; dadas después las manos, se adelantaron unos
quan-

2 14

Vi age s

quantos pa'soá, cojeando yá del un pie , yá del otro*
y andando lo mas de puntillas; finalizados estos pri­
meros pasos, soltáron las manos , y quan grande
fué la ligación,y estrechura antecedente,tanto era
el retiro que siguió á ésta; si la Mona se encamina­
ba á la derecha, retirábase el Mono á la izquierda;
mudaban después de parecer , y marchando él al
lado derecho, inmediatamente huía ella al opuesto;
y asi para observar aquella distancia, parece te­
nían puesto todo su cuidado en hacer el uno lo con­
tra rio ^ lo que el otro executaba, por loque puede
imaginarse, que si se empeñaba la Mona en marchar
hácia el Oriente, tomaba al punto el caballero la de­
terminación de hacer su viage hácia Poniente: Des­
pués de repetir estas huidas diversas veces, parece
que convinieron en volver á unirse; en efeéto, alar­
garon el brazo derecho, y se dieron la mano; pe­
ro volvieron á dividirse inmediatamente: Intenta­
ron de nuevo hacer las paces, siendo el medio para
ellas darse la otra mano; pero sin saberse el motivo
se digustaron nuevamente , y volviéron á los pri­
meros pasos , hurtándose uno á otro el cuerpo del
modo que llevo referido: Cansados en fin, de re­
petir una misma cosa, se encaminaron con los bra­
zos abiertos á darse mutuamente las dos manos, sa­
ludáronse de nuevo; y después se separaron para
siempre.
Desagradóme esta pesadéz eterna, que llamaban
baile , y creyendo siguiese á la primera otra dan­
za , en la que Yo pudiese lograr una diversión de
mas gusto , previne la atención para observar la
nueva pareja, que havia ocupado el puesto para
empezarla ; pero cqn notable sentimiento mió víH
que

D E

rW ANTO N.

<215

<^ue repetían las mismas vueltas, y las proprias ac­
ciones ; en una palabra , continuáron por algunas
horas en estos juguetes, para mí de sumo fastidio»,
del mayor placer y aplauso para todos los concurJ
rentes. Hallábase junto á mí un Mono viejo obser­
vando con tanta atención á los que bailaban, que
parecía que era aquella la vez primera,que presen­
ciaba semejantes funciones: No me pareció sería
demasiada impertinencia preguntarle, cómo se lla­
maba aquel baile perpétuo ; rogándole me diese
alguna explicación de un enigma que no entendía,
y que se me figuraba un puro juego de niños. El
viejo, que era un Mono de buena crianza , no to­
mó á mal que le interrumpiese su atención, y cortesmente contexto en esta forma:
Las costumbres presentes dixo , estuviéron an­
tiguamente en toda su fuerza ; y quien no tiene
conocimiento de la antigüedad , las juzga absolu­
tamente nuevas : E ste mismo era el estilo que ha-í
via para conversar, y'tratar con las<Damas. Núes»
tros .sabios antepasados procuráron dexarnos en es­
tas danzas , que llamaron baile de amor , una ins-*
truccion, ó mas bien una crítica de lo que con es­
ta pasión nos sucede: Se emprende con sinceridad,
y respeto de los dos sugetos amantes ; y esto se ex­
plica en este baile por aquel acompañarse dadas las
manos, y por el atento modo de saludarse; de alli á
breve tiempo falta la unión , y buena crianza; pa­
ra darlo á entender ,havréis advertido como el Mo­
no se pone el sombrero, y se separa de su compa­
ñera: El cojear unas veces de un pie , y otras de
otro ; y aquel andar de puntillas significan lo pri­
mero , la incertidumbre para resolverse al Matrimo-

Ol6
VlAGES
(nonio, que le hace balancear yá al lado de la libera
tad , y yá al de la dulce coyunda , lo segundo , la
cautela para no empeñarse, sentando bien el pie
en un camino tan lleno de espinas: Las huidas, re­
t i r o s ^ oposiciones explican los comunes artificios
de que se sirven para aparentar mas preciosa la
conquista de una alhaja, que si se lográse con de­
masiada facilidad se disminuiría su valor : Aquel
darse respectivamente yá la una mano yá la otra,
explica los primeros em peños, aunque no comple­
tos todavia, pues á estos siguen siempre nuevas du­
das ; se estrecha finalmente el lazo , que es lo que
symbolizan las dos manos; después de lo qual se re­
nuevan los saludos, y los dos totalmente se separan;
para significar , que no bien forman los consortes
el vínculo , quando se hallan arrepentidos de esta
unión , y con toda cortesía se dan mutuamente li­
cencia de encaminarse por donde se les antoje, baxo el seguro de no poder jamás volver á reunir su«
ánimós v yá con la posesión fastidiados.
Di,muchas gracias al cortés, y doéto viejo, que
sin duda debía de haver encontrado tan preciosa
erudición en algunos mármoles antiguos , ó en las
reliquias de alguna mohosa medalla, pues en las
Historias de aquellos Pueblos no se halla noticia de
semejante institución. Para que nada me quede que
decir de lo que observé en aquella fiesta, no pasaré
en silencio, que de quando en quando turnaban
con los bailes , de que he hecho mención , ciertas
danzas compuestas de diversas parejas de bailari­
nes, pero no pude comprehender en ellas otra cosa,
que una confusión , quizá mas bien por no saber
seguirlas, que por defe&o del arte con que se haviaa

DE

WANTON,

1 1 J

vían inventado: N oté que el sentido del taéto ha­
cia alli mui bien su p apel; las Monas de menos re­
cato eran las mas apetecidas para aquellas manio­
bras, y los jovenes mas osados los primeros que
solicitaban lugar en la danza.
G ran parte de la noche havia pasado, y no se
trataba de poner fin á aquel fastidio ; ya comenza­
b a á no poder abrir los ojos, molestado del sueño,
y mis deseos eran de estár en donde poder satisfa­
cerle: Conocí por experiencia, quán sensatos fue­
ron los antiguos, según se colige de sus proverbios,
y quán significativo sea aquel que suele decirse co­
m unm ente: No hai diversión que no canse. Llamé á
N arciso, y le pregunté, si faltaba mucho para aca­
barse aquella fiesta: N o es del caso,me respondió,
pensar en eso , hasta que el Sol esté visible soore
nuestro orizonte. Oído tan bárbaro decreto, deter­
miné retirarm e debaxo del balconcillo de los Mú­
sicos, adonde sin que en mí hiciesen reparo, me re­
costé para dormir descuidado, hasta que finalizáse
el baile ; en cuyo caso no costó poca dificultad á
ios hijos del Señor H aya encontrar el lugar de mi
escondite.
/
CAPITULO

U L T IM O .

De la boda de Madama Lechuga,
íS

e aproximaba por momentos el instante en que

la novia debía borrarse del catálogo de las solteras,é
introducirse en un orden , que, quanto mas le de­
sean,tanto mas llevadero es para ellas el sentimiento
Tom.IL
Ee
de

2 18
V i a g e s
de una pérdida que trae consigo las incomodida­
des, y penas de la vida matrimonial. Tal vezintro^
ducirian los sabios Legisladores la costumbre de tan­
tos aparatos de júbilo, de grandezas, y de aplausos,
para desvanecer de la mente de las novias las fasti­
diosas impresiones de la vergüenza, y las que igual­
mente se debían originar del paso de una vidatran-'
quila á un estado lleno de tribulaciones. En otros
tiem pos, acaso , fueron necesarias todas estas pre­
cauciones; pero el dia de hoi se ha desterrado por
Jo general de entre las Monas jovenes aquella bien
parecida repugnancia, que nacía de una verdadera
vergüenza ; de tal conformidad , que ya no digo
con fausto , y alegria , pero aun á costa de abati­
m iento, y tristeza comprarían .aquel tan suspirado
momento.
Uno de los muchos preparativos de la vanidad
(que tiene tan hondas raíces en los corazones dé las
M onas) era el estilo de poner los adornas, destina­
dos para la novia, á la vista de todos; para este
efeéto se colocan sobre unas grandes mesas los vesti­
dos, las cofias, los zapatos , y hasta los calzones, si
acaso, como m uchas, ha de ponérselos. El sepa­
rarse de un uso tan brillante, aplaudido,y necesarioen unas bodas solemnes,.huviera sido un delito de­
testable para con la nobleza de la C orte; y asi no
podía creerse que acarrearían sobre sí .culpa tan
grave Madama E spina, y su hija, que en ventole­
ra no cedían un paso á Dama alguna del Reino. Pú­
sose, pues, á cargo de la madre la.disposición de los
infinitos arreos de boda, ordenándolos de tal manera,
que su colocación diese mayor realce a la qüandd a d , hermosura, y valor de ellos m ism os ; ella

cuín-

DE W A N T O N ,
£ t9
cumplió como maestra , con quanto se havia dexado á su inspección.
Luego que todo estuvo dispuesto, se franqueó
la entradaá las Damas, y Caballeros, para que ad­
mirasen las profusiones del novio: Las Señoras de­
monstraban el mayor deseo de entrar á gozar de tan
bello expeéíáculo, aunque por cumplir con la mo­
d a ^ no porque en ello tuviesen un verdadero gus­
to, pues mas bienquerrían mortificar su curiosidad,
privando á la vista de unos objetos que no pueden
ser de mucha satisfacción á su natural envidia: El
padre de la novia, que por lo regular tenia un bello
discernimiento de las cosas, aunque alguna vez se
dexaba llevar del común torrente, condescendiendo
con su aprobación, ó repugnancia, según las leyes
del uso, y la preocupación, estaba sumamente con­
tento con todo aquel aparato; y suponiendo que
havrian hecho en mi espíritu una igual impresión
aquellos objetos que en él havian despertado nota­
bles sentimientos de complacencia , y consuelo,,
quiso le diese mi parecer acerca de aquella costum­
bre de poner á pública vista las preciosas alhajas de
boda. Yo le respondí con toda sinceridad,que en la
tal moda encontraba una ligereza de genio, que no
podia producir mui grande opinión á favor de,
quien la seguía,ó á lo menos de quien la havia in­
troducido: Yo os concederé, replicó el amigo, que
una vanidad sin límites es quien ha originado
semejante uso; mas con todo eso nos vemos quasi
precisados á seguirle, pues aunque le confesemos
fuera de proposito, si huvieramos de atenernos en
nuestras operaciones únicamente á aquello que tie­
ne su apoyo en las máximas de la razoa, sería neceEea
sa-

220

VIAGES

sario desterrar déla vida culta,y civil la mayor par­
te de las acciones. De este modo el Señor H aya, sa­
cando fuerzas de flaqueza, fue baxo el pretexto del
decoro buscando disculpas á la falsedad de su jui­
cio en aquella materia ; falsedad que deducia su
principio del error com ún, y del particular interés.
Creyendo después hallarme de mejor parecer
acerca de las idéas de grandeza, que del que me
bavia oído, por lo que miraba á aquella ridicula
afectación, quiso le dixese , qué eco me hacia tan­
to cúmulo de riquezas: Yo , que comprendí su
deseo,y que sigo la máxima de no ser escaso de sin­
ceridad con aquellos amigos que no solicitan se
les adule, respondí de este m odo: La vista de cosas
tan bellas, y magníficas hace en mi espíritu aora
la misma impresión,que en alguna otra ocasión me
causaron, tratando de telas, el buen gusto, y rique­
za del M ercader en la qüalidad , y qüantidad de
ellas, y asi no haciéndose tanto caso de una tienda
proveída con mas abundancia que la que aqui se
v é , me parece que una familia tan rica , y noble
como la vuestra, no debía hacer ostentación de una
cosa en que se la iguala qualquiera M ercader por
mediano que sea. No puso mui buena cara el amigo
con mi respuesta; pero desde luego aseguro que
en lo succesivo no será tan aficionado á estas estu­
diosas demonstraciones.
Llegó, finalmente, el suspirado dia de la boda.
No intento describir la magnificencia de los ador­
nos, la profusión en todo genero de cosas, y el nu­
meroso concurso de la nobleza. La madre ,y la no­
via estuvieron todo aquel dia inaccesibles hasta el
mismo momento déla solemne ceremonia: Solícitas
en

BE W A N T O N .
22 l
en adornarse con todo aquel cuidado que requerían
su natural propensión, y tan importante circunstan­
cia , se encerraron bien de mañana en el sagrario del
luxo, adonde no permitieron entrar sino á sus don­
cellas , y á las Maestras del a rte , mas acreditadas en
la Ciudad.Ciertas lenguasmaldicientesquisieron de­
cir, que en aquel gabinete intervenían algunas ac­
ciones de M agia, mediante el uso que hacían del
pelo cortado de cabezas de Monas muertas ; y de
cierta nabaja con que cortaban quasi de raiz aquel
pelo que suele ofuscarlas las entradas, teniendo el
atrevimiento de crecer demasiado sobre sus frentes.
Dióse al público , por ultimo, la novia vesti­
da de una manera que hasta entonces jamás havia
Yo visto, siendo también el peinado de una nueva
invención. Llegóse la hora de la función, y Yo con
deseo de vér sus acostumbradas ceremonias, me re­
tiré á un rincón de ia sala, desde donde esperaba
notarlas todas sin molestia; pero no me evitóla in­
comodidad mi escondite, porque determinó cierta
Mona venir á sentarse junto á m í, y en lugar del
saludo, me favoreció por un costado con aquella ancha máquina,que baxando desde la cintura á los pies,
ahuécalos briales ,como las velas de un gran navio,
hinchadas con el viento ; uno de los harás que
la componen, llegó á entrárseme por un hijar con
tanta fuerza , que me obligó á desamparar el pues­
to ; en cuyo intermedio se efeéiuó el solemne rito,
que es brevísimo, sin que Yo pudiese verlo. A l
punto se oyó resonar por toda la sala un harmonioso estrépito de instrumentos músicos, y todos los
presentes se prepararon para vér bailar á la novia;
hallábanse allí ios primeros (sugetos del R e in o , y
asi

222
V lA d E S
asi Yo no ponia duda en que á uno de ellos se da­
ría la preferencia, para que la acompañase ; pero
me engañé; un temerario Bailarín se apropió este
honor; y lo que es mas (con notable admiraiciou
m ia ) nadie tomó.satisfaccion de aquel atrevim ien­
t o ; semejante avilantéz , me parecía debía hiaver
desconcertado la magnificencia de la función , en
consideración de que tantas grandezas se afe;aban
con la indignidad de permitir , que un obscuro, y
asalariado Mono se mezcláse entre tanta nobleza,y
tuviese valor para distinguirse con una tan p a rti­
cular prerrogativa,
Los cumplimientos, y los aplausos fueron los
primeros frutosde esta solemnidad; gastóse con ale­
gría lo restante del tiempo , coronando todavs las
acostumbrad as. formalidades'una- magnífica ceina, á
que asistieron los parientes mas cercanos délos; no­
vios. Hasta estos términos, sin pasar adelante , se
estiende mi descripción, pues no quise tener lai ex­
cesiva curiosidad de averiguar los secretos de;l tá­
lamo , y los misterios del amor, A la m añana si­
guiente á la boda, esparcieron por la Ciudad varias
voces aquellos que pretenden saberlo to d o ; pero*
como sus relaciones no excedían las lineas de lo ve­
rosímil, de aqui era«, que sus inventores no po»dian
temer ser convencidos de falsedad por falta dte ju­
rídicos testimonios,
Aqui será bien poner fin á la segunda partee de
mis memorias, ya por tomar algún reposo de lia fa­
tiga, aunque ligera ; ya porque en estos tiermpos
fuequando tuvieron su termino mi alegría, y mi
sosiego, habitando, un Reino tan distante de mii pa­
tria, donde por espacio de dilatad ">s meses entre las
co-

DE

W A N T O N ,

223

comodidades, aplausos, y real beneficencia comen­
zaba Yo á olvidarme de las pasadas desgracias , y
á creer asegurado mi nuevo estado de vida en
firmísimos cimientos, capaces de resistir todos los
embates de la contraria fortuna ; mas el Cielo,que
acaso desaprobaba estos principios de presunción,
ó que queria experimentar de quánta fortaleza es­
taba proveído mi corazón para resistir los contra­
tiempos, me preparaba una série de infortunios,
que havian de ser el medio de nuevos descubri­
mientos, y después de un encadenamiento de suce­
sos ya prósperos, ya adversos, me prevenía las pro*
porciones de volver á mi patria.

FIN DEL LIBRO SEGUNDO.

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