Astolfo, viages a un mundo desconocido, su historia, leyes y costumbres: obra original. Tomo 2
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- Tipo
- Impresos
- Autor
- Madrazo, Federico de
- Idioma (código)
- spa
- Extensión
- 231
- Identificador
- 0000000076
- Miniatura
- https://patrimoniodigital.ucm.es/r/thumbnail/784761
- Notas
- Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
- Procedencia
- Jaureguízar, Agustín
- Colección de la edición
- Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
- Impresor
- Imprenta de D. I. Boix
- Lugar de publicación
- Madrid
- Idioma
- Español
- Europeana Type
- TEXT
- Europeana Data Provider
- Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid
- Derechos
- Universidad Complutense de Madrid
- Licencia de uso
- CC BY-NC-ND 4.0
- Fecha de creación
- 1838
- Formato
- image/jpeg
- application/pdf
- extracted text
-
ASTOIFO,
VIAGES A UN MUNDO DESCONOCIDO.
ASTO XiFO ;
YIAGES A UN MUNDO DESCONOCIDO,
SU HISTORIA,
LEYES Y COSTUMBRES.
obra
P or
D.
o rig in al.
F.
de
TOMO
II.
M.
I M P R E N T A B E D. I .
1838
BOI.X.
( 2)
Astolfo, preparamos nuestro viaje y de
esta manera \erás nuestra c ap ital, que
no es de las menos notables del pais. En
otro tiempo se lisongeaba merecer el nom
bre de una de las primeras plazas guer
reras de nuestro continente.
Al dia siguiente, pues, mi madre y
mi hermano procuraron proveernos de
cuanto juzgaron necesario para nuestro
viaje, y mis herm anas, sobre todo, re
comendaban á mi corazón su memoria , á
fin de que los objetos peregrinos é inte
resantes que iba a ver no cautivaran mis
inclinaciones y me hiciesen desdeñar á
los sencillos habitantes de una campiña.
Mi hermano me instruyó en algunos ri
tos galantes para no parecer ridículo
en la nueva sociedad que iba á entrar,
en la c u a l, si bien las costumbres no di
ferian en la esencia de las del campo,
el impulso de las artes y la riqueza, les
daban otro giro en el cual era indispen
sable estar iniciado.
Pusímonos en marcha , pues, y atra
vesamos grandes poblaciones en que el
concurso demostraba la riqueza que pro
ducía la industria y el comercio; asi co
mo la agricultura que tuve que adm irar,
en cuanto atravesamos, sin encontrar un
solo terreno inculto.
(S)
Estos campos que ves, decíame en el
tránsito mi guia, fueron en otro tiempo
yermos y estériles, y hoy ves en ello3
producir los mas opimos frutos por me
dio del riego, y de los muchos brazos
que se han dedicado á la mas útil de
las profesiones. Si antes de la época de
nuestra regeneración , contábamos por
ejem plo, trece millones de almas ; de es
tas, deduciendo las m ugeres, niños y
ancianos inútiles para todo género de
trabajo, resultaba solamente unos cuatro
millones escasos, que podian dedicarse á
las útiles tareas.
De aquel reducido número tenias que
rebajar otro considerable de hombres de
dicados á la carrera del foro, y las de
mas que de él emanan: otro mas crecido
aun de empleados públicos para admi
nistrar las rentas del estado y otros esta
blecim ientos del gobierno. Había que re
bajar de este residuo los hombres dedi
cados al culto de O bajo diferentes de
nominaciones y reglas, cuyo número era
escesivo con arreglo á la población : de
ducíase finalm ente, de la masa general
del p u eb lo , otra no pequeña porción de
guerreros y varios dedicados á profesio
nes que en el dia han desaparecido en
teram ente ; por m anera, que quedaban
muy pocos brazos para las artes, y sobre
e
. (4 )
todo para la agricultura cuya falta se
echaba de ver en los campos y en la
población, andándose algunos soles sin
ver cultivo en aquellos, y en estas se con
templaba la ruina y decadencia que di
latadas guerras había proporcionado.
En el espacio de cerca de cien años lia
aumentado la población mas de un doble,
y por consecuencia noves campos yermos;
para el beneficio de estos lia sido preciso
abrir canales de riego y navegación, y
las poblaciones se han aumentado a pro
porción que ac.ecia la especie humana.
Todo esto te esplicaré mas adelante y
por que medios han podido conseguirse
los buenos efectos que ha producido en
las costumbres, y la suma riqueza que
hay en un pais en otro tiempo exhausto y
miserable.
Con efecto, cruzábamos campiñas deli
ciosísimas que regaban inmensos canales,
veiamos continuas poblaciones de nueva
construcción y en otras parles midiendo
terrenos para plantear edificios, siendo
continuo el trafico y concurrencia de gen
tes en los caminos, que demostraban la
vida y antividad de aquel pais.
Como me acordaba yo del niio,de
sus inmensas llanuras estériles, donde el
( 5 )
fatigado viagero no llalla ni sombra ni
agua para refrigerarse; como recordaba
espacios inmensos incultos á orillas de
caudalosos rios, cuyas mansas corrientes
rcprendian la inercia y abandono de sus
habitantes, por no emplear sus cristalinas
aguas en beneficiar un terreno que re
clamaba la vegetación. Tal vez llegará
dia , decia yo entre .ini , que conozcan
los hombres sus'errores y se convenzan
que solo la paz fomenta la industria,
que la agricultura es la madre de la ri
queza, y que el pais y gobierno que no
dediquen á ellas sus afanes serán siem
pre miserables y nulos.
Dos dias de marcha produjo un cau
dal de reflexiones que desgraciadamente
no pude retener, por que mi imaginación
divagaba entre tanto objeto nuevo y Util
que iba creando el genio de aquellos na
turales. Alli tienes, me dijo el anciano,
los altos chapiteles de la capital donde
entraremos bien temprano. En efecto, nos
hallábamos en una eminencia que domi
naba una vasta llanura sembrada de pue
blos á los que señoreaba una estensa po
blación que bañaba el mar, y en cuyo
puerto flotaban millares de buques que
cubrían un inmenso espacio y que pro
longaban la población hasta el interior
de aquel feroz elemento.
(«)
Conforme descendíamos a la llanura
las casas de recreo y de agricultura for
maban una estensa población, que con
los jardines y tierras laborales ocupaba
muchas leguas, los canales llegaban bas
ta la misma población principal, y sus
ramificaciones y sangrias conducian sus
aguas á todas partes. Al entrar en uno
de sus principales caminos hallamos casi
obstruido el paso por la gente que iba y
venia de la capital, haciendo formar una
ventajosa idea de la industria y comer
cio que abrigaba, y de las riquezas y
producciones que venian á su puerto pa
ra circular en los distritos y comarcas,
como también para esportar los frutos
indígenas de lo interior del continente*
Conforme nos íbamos aproximando
adverti que los edificios construidos á un
lado y otro del camino tocaban, á mi
ver, hasta la población : hube de hacér
selo observar á mi buen Mentor, quien
me dijo que no me equivocaba y que
únicamente se conocía estaríamos en el
piso de la capital cuando atravesáramos
un arco magníficamente decorado, dedi
cado á la Paz y á la Abundancia. ¿Pues
no me dijisteis, repuse, que esta pobla
ción ocupaba el primer rango entre las
plazas de guerra? S i, hijo mió, pero te
hablaba de tiempos muy lejanos. En el
( 7 )
dia se desconoce aquel arte destructor.
Estos nuevos edificios y otros varios de
utilidad común que te haré ver, están
construidos con los materiales que com
ponían una majestuosa fortificación, y
muchas de sus piedras quizá conserven
aun manchas sangrientas de los hombres
obcecados que se complacían en destruir
se, y en otras se hallaran señales de
mortíferos proyectiles que inventara la
ciencia atroz para destruir los altos m u
ros y sacrificar millares de víctimas.
Hijo mió, no veras en el dia cercada
de muros ninguna población, la buena
fe de sus habitantes la preserva de ene
migos, y el genio pacífico de sus mora
dores las asegura de las miras de con
quista. Entonces, le r e p liq u e , una na
ción vecina podrá invadir un territorio
indefenso cuando se le antoje. No lo creas,
hijo mió, aquellos se h allan en el mismo
caso que nosotros, todos los pueblos que
componen nuestro continente han desis
tido de proyectos hostiles, han destruido
sus fortificaciones, observan las mismas
leyes pacíficas que nosotros, y como co
nocen que la ventura y prosperidad de
los pueblos nace de la p a z , y tanto alli
como a q u i, son solo los pueblos los le
gisladores, en todos median iguales de
seos y un mismo Ínteres para alejar á los
. . ( 8 )
tiranos y ambiciosos que quisieren con
vertirlos en conquistadores y asesinos de
sus semejantes. Ya ves por consiguiente,
que estribando la seguridad en la con
veniencia, y siendo los pueblos por me
dio de sus representantes los que tengan
que dilucidar las cuestiones, éstas ter
minan siempre del mejor modo, como ven
tiladas entre amigos y entre hermanos
que solo procuran el bien común. No
asi, empero, en los tiempos en que el
capricho de uno solo por vengar perso
nales agravios ó causarlos, por fruslerías
á veces, ó repulsas justas, arrastraba á
su solo querer millares de hombres á
quienes armaba con el hierro y el fuego
diciéndoles: «id y talad una comarca,
asesinad ó esclavizad á sus habitantes;
esto exige mi honor ultrajado:» y tanto
aquellos instrumentos de la tiranía como
sus víctimas, que eran unos y otros au
tómatas reducidos y humillados á la vo
luntad de los déspotas, sufrían todo gé
nero de males , la muerte y el oprobio.
Pero luego que estos hombres volvieron
en si, conocieron su dignidad y el ran
go que como á hijos de O e les pertene
cía, se emanciparon del yugo degradan
te de los déspotas, hicieron pactos entre
si favorables á sus intereses, y estos nun
ca pudieran ser durables y eficaces á no
star cimentados sobre la paz ; y la paz
seria una palabra vaga si el co nvenci
miento de los pueblos no la ligasen con
la libertad y la independencia, y un có
digo uniforme de legislación i|ue garan
tizase los intereses de todos. Cuando te
esplique la organización especial de nues
tras leyes, en cuya materia no hemos en
trad o , te convencerás que si ios hombres
no incurren en una solemne locura cjue
les baga abandonar sus derechos y d ig
nidad , no puede turbarse la paz de este
globo por mas que cierta secta de de
mentes incurables quiera sostener que
las guerras son tan necesarias como las
tempestades, y que si aquellas limpian
la atmósfera, éstas depuran la tierra.
Durante estas reflexiones fuímonos in
ternando en la población, basta que l l e
gamos al arco de triunfo que dividia la
r u r a l de la ciudadana.
Pasamos el arco sin qu e persona a l
guna nos preguntase á que entrábam os
ni qué conducíamos dentro de nuestro
carruage. Con este motivo observé á mi
cond u ctor que estrañaba no se reca udasen derechos de ninguna especie, que pu
dieran demostrarme las regias e stab le ci
das para el cobro de impuestos y ré g i
men de las rentas de aquel estado. S i ,
las hay , me r e p li c ó , y mas pingües que
( 10 ,
las que se recaudaban en otro tiempo
con la diferencia que como la riqueza es
mayor son mas llevaderas las cargas, y
como la aplicación es mas aprovechada
produce mejores efectos.
/
En otro tiempo eran los impuestos vi
ciosos por la mayor parte. Carecían de
tina base sólida que se apoyara en la
justicia, no tenia el estado una estadística perfecta de riqueza y población, que
al paso que am inoraba los ingresos so
brecargaba á las clases mas infelices,
cuyos clamores los hacia aparecer exor
bitantes: ahora por el contrario, la esta
dística , clave de toda buena adm inistra
ción , es tan esacta que no hay la menor
ocultación en los diversos ramos de la
riqueza. Cada uno de ellos forma por si
y por medio de sus prohombres en cada
d istrito , el reparto del cupo, cjue ellos
mismos s<; han señalado en la escala ge
n eral, porque conocen perfectamente sus
capitales y productos, el gobierno pre
senta todos los años un minucioso presu
puesto de sus gastos, y ademas se pone
una partida escedente que queda en de
pósito como la de los años anteriores, pa
ra formar un tesoro, del cual se sacan
recursos que indemnicen á las clases pro
ductoras, que m irarían sobrecargar las
cuotas eu el caso de insolvencia de algu-
( il )
na de ellas: por ejem plo, habrá tres
años que la agricultura sufrió en este
pais un notable perjuicio por la perdida
de sus capitales, á causa de sufrir dos
años seguidos de los mas estériles: el go
bierno debió por consecuencia, como pa
dre de los pueblos, no solo no gravar á
esa infeliz clase con un impuesto que le
era imposible pagar, sino que ademas
tuvo que prestarle ausilio para reponer
la de su languidez, y que aquel contra
tiempo no la enervase y desmayara en
sus afanosas tareas: recargar este déficit
y aquellos adelantos á las otras clases,
era un trabajo ím probo é injusto sentan
do precedentes que nunca producen buen
efecto, cuando se aum entan los impues
tos: para evitar estos casos se a pro ve*
chan aquellos fondos supletorios que sa
len de todos, y que recargados a unos
y eximiendo á otros, seria un acto de in
justicia. De esta manera todos pagan una
cantidad muy módica casi insensible, na
die se exime, y los contribuyentes saben
lo que han de pagar arreglándose á su
fortuna, apresurándose á consignar sus
cuotas sin necesidad de apremios ni vio
lencias.
No podia yo concebir que la libertad
absoluta de impuestos sobre el tráfico y
artículos de comercio fuese prudente en
economía, y asi es que me propuse durante mi permanencia en aquella capital,
dedicarme á una ciencia sin la cual toda
administración fuera viciada ; 3si lo hice
efectivamente, disipé mis errores porque
no habia concebido bien las ideas en mi
anterior juicio ; y mas adelante verá el
lector el grado de esplendor en que se
hallaba esta ciencia en aquel globo.
Nos hospedamos en una magnífica po
sada , que no nos h :zo carecer de ningu
na de las comodidades y asiduo esmero
que se goza en el techo paterno. Al dia
siguiente acompañé a mi protector á las
casas de las personas que la ley y el de
ber social exigia nos presentásemos, y
dedicamos el resto del dia al examen de
algutíos edificios públicos de aquella estensa población. Quedé admirado de la
regularidad de sus calles, planta de los
edificios, aseo, orden y esmero que en
todos se advertía. Visitamos algunas fá
bricas, cuya concurrencia produjo en mi
un efecto admirable al notar la limpie
za , robustez y alegría de sus operarios,
con la deferencia y amabilidad de sus
directores.
Pasamos al puerto concurrido por bu
ques de mas de cien naciones diversas,
en cuyos naturales se advertía la mas fra-
/
{ 1S)
ternal franqueza y buena le en todos sus
tratos. En los mercados y almacenes es
taban detallados los precios fijos de las
mercancías , y se sabia que nada podría
reportar el menor daño: los pesos y me
didas, asi como el valor del numerario
estaba subdividido por el orden decimal,
y por consiguiente uniforme en todos los
países, ni admitía complicación en el
calculo, ni producía el desorden que en
este pais se observa con las diferencias
en todos los ramos: pregunté a mi pro
tector si los estraligeros devengaban de
rechos en los efectos que importaban , y
me dijo que no, pero que en los trata
dos se cscluia la admisión de aquellos
arlíeulos que pudieran perjudicar a la
industria del pais; pero, añadió, esta
materia es inas lata y podra instruirte de
ella un amigo mas versado que yo en
las ciencias comerciales.
Aq uella noche, un amigo del patrón
nos condujo a un espectáculo, donde
presenciamos una especie de drama de
costumbres sumamente moral, oimos pie
zas de música primorosamente ejecuta
d a s , y por cierta que no eché de menos
los mejores teatros de esta península. Es
tos prolesores, dijo el cjue nos habia in
vitado, son de la escuela del pais, que
se forman, educan é ilustran con los
( 14 )
fondos que produce el mismo estableci
miento. De esta manera las costumbres
de estos artistas son puras ; y cuanto eje
cutan trae consigo el sello de la perfec
ción; gozan consideraciones análogas á
sus talentos, y en su vegez sirven de pre
ceptores a los alumnos de esta carrera,
gozando unos honorarios que les hace
vivir con las mejores comodidades.
El objeto á que habia sido llamado
mi patrón como miembro del cantón o
provincia , era para informar acerca de
la petición por la cual una nación situa
da mas allá del opuesto polo, reclamaba
el derecho de comerciar , y gozar de be
neficios iguales á los de otras naciones,
toda vez que ella adoptaría, como aque
llas, la parte de legislación universal que
ponia en armonía á todos los pueblos.
Aquella nación habia hasta entonces ado
lecido de los vicios inherentes á la u ra
nia, que el ejemplo le habia hecho der
rocar, pero se hallaba todavía en las cri
sis fatales que produce el tránsito de una
forma de gobierno á o tra , y por consi
guiente, la ley natural reclam aba, pro
teger á unos hombres por tantos siglos
desgraciados y admitirlos en el gremio
de los hombres libres. El consejo infor
mó relativam ente á las producciones y
reglas de comercio y navegación para
( lo )
que sirviese de regla al gran consejo en
el caso de formalizar tratados, a que este
cantón ;se inclinaba como conformes á
las leyes de la naturaleza. Pero estos tra
tados no podían llevarse á efecto sin
anuencia general de las naciones signa
tarias de la grande alianza, que eran to
das las continentales y la de otras islas
y regiones distantes. De esta manera se
iba creando entre todos los habitantes de
aquel globo una nación general com
puesta de pueblos federados entre si pa
ra sostener sus leyes, sus derechos, sus
garantias y la ventura universal que ema
na de O e cuando sus criaturas le dirigen
de corazón sus votos.
Como habíamos term inado á los cua
tro dias el objeto de nuestro viage, deci
dió mi buen padre y amigo permanecié
semos otros cuatro para que viera lo mas
notable de aquel pais, y me sirviera de
instrucción.
Una cosa notable llamó estraordinariam ente mi atención, y fue no ver tro
pas, íuerza armada , ni género alguno de
funcionarios que velasen por el buen or
den, y que sirvieran de salvaguardia á
los depositarios de la ley ; lo pregunté
adm irado, y me satisfacieron de este mo
do. Nuestra revolución cambió el aspee-
( 1 C)
lo de todas las cosas, esürpando de raíz
aquellos hábitos que por espacio de mi
llares de siglos habian producido efectos
los mas contrarios.
El espíritu guerrero se habia hecho
casi naturaleza en todo este globo; solo
se velar, armas en todas partes : las de
coraciones aun en los mismos templos
eran marciales, y al Autor del universo,
al Padre de la paz, se le designaba co
mo Dios de las batallas: los actos reli
giosos, los actos civiles, todos participa
ban del humor guerrero, y hasta los si
mulacros de O e iban rodeados de hom
bres que erizaban de lanzas y espadas el
tránsito de la dignidad. Las festividades
mas augustas se celebraban con juegos
marciales, y el estampido de unas má
quinas de bronce en que comprimido
el azufre y salitre sirvieran para destruir
á la humanidad , solemnizaban los dias
dedicados a la paz y a la ventura. Era
una especie de moda el ir cargados de
armas, y no se daba un solo paso sin en
contrar un guerrero de facción, que ate
morizaba con su imponente acero. Los
juegos de la infancia eran marciales, y
desde la niñez se acostumbraba al hom
bre a los usos de la guerra ; por manera
que adquiria una índole de crueldad
que le hacia propender á la destrucción,
> obedecía con gusio al primer audaz
que lisongeaba sus inclinaciones impo
niendo el yugo ó entregándose a la ma
tanza.
Lo primero que procuraban los tira
nos era organizar ejércitos y tener hom
bres a su devoción para oprimir a ios
demas, las consideraciones , la nobleza,
las distinciones y privilegios eran anexo»
á esta clase, que endiosada con sus atri
butos creiau de menos valor a los res
tantes hombres. El ge te que nías gente
armada contaba, era el mas respetado y
temido, por cuya razón se esforzaban en
mantener millares de hombres, que a su
sola voz estuviesen prontos para invadir
y trastornar el universo. Siempre se vio
que las tropas armadas fueran el instru
mento de !a tiranía v la opresión de los
pueblos. ÍNo solo estos sufrían sacrificios
para mantener á los guerreros, sino quo
los talleres de la industria, y las faenas
de la agricultura quedaban sin brazos
por necesitar de estos el ge fe de la na
ción, que los empleaba según sus mira*
de ínteres ó de capricho.
Con el objeto, pues, de contrarrestar
los pueblos el abuso que pudieran* hacer
los ejércitos de la fuerza que obtenían,
crearon otros guerreros pasivos, «) una me
tomo u.
*
{ 18 )
lieia ciudadana para contener las ace
chanzas del poder, acostumbrado siem
pre a usar de la fuerza. Esta nueva ins
titución acabó de desmoralizar a los
hombres avezándolos a la educación mar
cial tan opuesta a las sensaciones p a c i
ficas, y entre hermanos, entre las dulzu
ras de la paz ¿para que servia la osten
tación guerrera, las numerosas tropas,
las armas en manos del ciudadano, pues
tos avanzados, guardias no interrumpi
das, y acostumbrando el oido a escuchar
á todas horas el eco del ciarin y la rui
dosa música marcial?
Disimulable era que la defensa de los
pueblos exigiese durante la guerra el im
ponente aparato militar, pero en la paz,
en la paz presentaba una especie de ase
chanza cruel para invertirla.
La historia de tantos siglos había con
vencido a los legisladores que los ejérci
tos que servían de instrumento al solo
querer de un tirano, eran los primeros en
destruir el ídolo que el dia antes incen
saran. Que estos mismos hombres que
hoy encadenaban a un pueblo, mañana
le concedían la libertad, y tornaban a
encadenarlo, si a su capricho convenia.
Los hechos tenían demostrado que. su rí
gida educación y estricta,disciplina no
( 19.).
les dejaba obrar per si individualmente,
y siempre cedían a la orden del que los
mandaba, por manera, que los senti
mientos de éste, su moral y sensibilidad,
ó crueldad ó tiranía , eran las pasiones
arbitras que arrastraban en pos de si á
tantos millares de hombres armados. Es
ta era siempre una fatalidad para los tris
tes pueblos, pues si tales inconvenientes
ofrecía la creación de los ejércitos per
manentes, no lo era menos la del pueblo
armado, que prevalido de la fuerza y
arrastrado por el prestigio de aquellos
que les dominan ó fascinan, bien sea por
su rectitud ó malicia, pueden hacer tem
blar los gobiernos y trastornar las mejo
res leyes.
Todo esto, repito, á pesar de los
grandes inconvenientes espuestos , podra
ser necesario entre los pueblos que no
tengan afianzada la paz, respecto a las
exigencias de naciones eslrañas: este
aparato marcial y estas precauciones, [jo
dian ser necesarias en los gobiernos ti
ránicos para hacer el gefe observar sus
órdenes ; y en los libres, para asegurar
las y defenderlas de la agresión de los
que quieran trastornarlos; pero es evi
dente que ningún pueblo que por preci
sión tenga que permanecer armado, po
dra subsistir cincuenta años siYi guerras
ó sin trastornos. Abranse las páginas d*
la historia y se vera , por desgracia , con*
signada esta verdad.
Esta esperiencia convenció á los le
gisladores de la necesidad de borrar has
ta las impresiones de la guerra, para no
inducir el animo de los hombres a em
prenderla. Conviniéronse de común acuer
do los pueblos todos, a un principio tan
saludable, y en un dia, ¡dia augusto y
sacrosanto 1 dia que formara la época de
nuestra ventura , y dia de la paz univer
sal, se derrocaron todos los monumentos
de la guerra, deshiciéronse los ejércitos,
los guerreros depusieron sus armas, abra
záronse con los pueblos, juraren la paz
y la fraternidad ; y una maldición eter
na , un execrable odio mortal se sancio
nó contra el primero que fuese osado
á turbarla y levantar el pendón san
griento.
Desde entonces desaparecieron los for
talezas , se destruyeron los paiques don
de se construían los instrumentos de la
muerte , depositáronse las armas en silos
impenetrables a la luz del sol , sellán
dose su entrada con bronceadas planchas
á fin de que la mano humana no pudie
se penetrarlos. Se repartió con prolusión
á los guerreros bienes estables, riquezas
( 21 )
efectivas, verdadera felicidad, y los go
ces mas puros de la naturaleza. Se les
repartieron bienes y tierras, tornaron á
la clase de ciudadanos pacíficos, y ben
decían á O f. por haber encontrado el
verdadero sendero de la felicidad , que
Bolo en la paz estriva.
Como todas las naciones siguieron el
mismo ejemplo, y ofrecieran en sus tra
tados solemnes perseguir aunadas á la
que faltase a ellos, desde entonces, que
casi van á cumplirse los cien años, lejos
de turbarse la paz, cada dia se va afir
mando; palpan los pueblos su beneficio,
ven el acrecimiento de sus fortunas, el
aumento de riqueza y población, y la
mejora de la moral y de las costumbres.
No debes estrañar, pues, querido Astolfo, dejar de ver en esta capital el im
ponente aspecto guerrero que juzgas in
dispensable para el sostenimiento del or
den y las leyes. La esencia de nuestro
gobierno le compone una máquina muy
sencilla cuyos resortes no están compli
cados, y examinaras con mas detención.
Todos los habitantes tienen interes en la
conservación del orden, y todos se esme
ran en vigilar incesantemente y ser asi
duos guardas de una joya tan apreciable,
i Desgraciado de aquel que se atreva á
atentar contra la (ley' « ¡) Cuantos ciudada
nos le rodean son otros tantos jueces r í
gidos que deben juzgarle, y esta pre
caución, no es mas saludable y eficaz
que la de hombres armados cuya presen
cia puede eludirse? No tienes en esta
populosa ciudad mas guardas que los que
en el dia vigilan dentro de su recinto
para que se observen las leyes de salu
bridad pública, y se lleven a efecto esactam ente las generales establecidas en los
mercados y sitios públicos para el buen
despacho de los géneros, salubridad de
los com estibles, esactitud en los pesos y
m edidas, evitar la confusión en los con
cursos, ordenando los sitios de acémilas
y carruages con las demas disposiciones
urbanas que la estación ó circunstancias
particulares obligan á adoptar: y por
las noches hay tam bién otros guardas
destinados á vigilar los incendios y otras
incidencias que puedan interrum pir el
silencio y el descanso: fuera de estos, no
ha liara s una sola persona que se atreva
á interrum pir tus operaciones , toda vez
que estas no contrarien la buena moral
ó ataquen á las leyes. Y este método, di,
¿n o es preferible al de nuestros mayo
res? ¿Gozaban aquellos ni tanta tran
quilidad , ni seguridad , á pesar de tan
tas arm as, castillos, ejércitos y fortifica
ciones ?
(23)
Conccdile la razón , pero no dejé de
observarle que un cambio tal de costum
bres era un beneficio de Dios, y que
aquel pueblo ó globo había merecido do
la providencia un bien de que no sepodiau
jaciar haber participado las demas cria
turas de aquej Ser. Si yo viese algún
dia en mi pama tal beneficio, cuantos
progresos hiciera la humanidad tan afli
gida en el dia por toda clase de vicisi
tudes i
Si alguna vez se convinieran los hom
bres de mi pais y de esta tierra de infor
tunios, que dentro del corazón de cada
individuo se halla el germen de la feli
cidad, y que el ponerla en practica y
conseguir sus bienes estriba tan solo en
ponerse de acuerdo los humanos para
disfrutarla, no envidiaran, a fe, la ven
tura de los angeles. ¿Las guerras tienen
acaso, otro móvil que el capricho de un
hombre, que ó la provoca por ambición,
ó se cree ofendido por las acciones de
otro? ¿La actual civil de España , tiene
otro origen que aspirar un príncipe al
trono para brillar en é l , y ser acatado
como una deidad ? ¡ Hombre miserable
> pequeño! ¿quieres aspirar a esta glo
ria ? retírate a la vida privada , despide
tus ejércitos, abandona tus pretensiones,
y el dia mismo que dejes de ser guerre-
(U )
ro , y no seas mas que un hombre tal
«ual te crió el supremo Hacedor, podras
decir: «hoy viven por mi centenares
»de víctimas que á estas horas yacieran
»en la tumba , y escitaran el llanto de
•sus familias: » aquel dia pues, sera un
dia glorioso, porque habras hecho un
bien a la humanidad ; de lo contrario
eres un monstruo a quien deben repeler
todos los hombres por miedo de ser de
vorados. ¿ Tu y todos los de tu especie
esperáis acaso, que el celeste Criador
pueda miraros con benevolencia? ; Pues
qué I ¿sembrar la tierra de sangre , cu
brirla de ruinas, de horror y lulo, abri
gar los crímenes , dar pábulo al robo, al
asesinato, al incendio y a la violación,
podra considerarse como virtud a los ojos
de la Divinidad? Si asi fuese, que es
imposible , seria trazarla como un mons
truo sangriento tan odiosa como vosotros
mismos.
¡Miserables ! ¿ Qué gloria creeis que
hayan conseguido los héroes que ciñeran
una corona a costa de los sacrificios de
los pueblos? Vedlos en el transcurso de
sus vidas avaros siempre de felicidad, da
reposo y de alegría. ¿ Y pudieron jamas
adquirirla ? Contemplad sus biografías y
ellas os desengañaran: enumerad la fe 1icidad que han gozado los conquistado-
( 25 )
res, y vereis que todos sus dias han es
tado marcados con el dolor de la agonia.
En nuestros tiempos vimos á un Bonaparte que tuvo que m endigar un sepul
cro sobre mía arida roca colocada en el
centro del Océano ; hemos visto á un
Carlos X pordioseando una tumba en
paises estrangeros; liemos admirado a
uno de nuestros reves morir desterrado
de su patria ; y de todos cuantos he
chos contemporáneos acuden en este mumentó a la memoria, ninguno mas digno
de nuestro respeto y veneración que el
virtuoso anciano que abdicó el grave pe
so de un cetro, que no volvió a reclamar,
y prefirió la vida privada: conoció que
para ascender a su antiguo solio se ha
bía de abrir el camino por entre monto
nes de cadáveres, y prefirió ser humano
y virtuoso: ser hom bre, en fin, imagen
de la Divinidad. Im ítale, Carlos, imita
á tu padre, podras atraerte aun algunas
bendiciones, y si aspiras á la celeste mo
rada , aquel es el único y solo camino,
los demas solo conducen a la sima de la
m aldición.
Y vosotros, todos los que atizáis la
discordia, los que contrariáis las leyes
de la naturaleza, los que atacais la dig
nidad hum ana, aprended á respetarla,
desnudaos de los mentidos colores de
(26)
que os habéis vestido, arrojad la másca
ra con que cubris vuestra am bición: no
desgarréis la patria con el especioso pre
testo de salvarla: no invoquéis, unos, el
orden y la libertad que vulneráis con
vuestras acciones, otros, una religión
que mancilláis porque os es desconocida,
separándoos del gran Ser cuanto mas fin
gís adorarle ; y todos , en fin , sed justos,
respetaos a vosotros mismos, seguid estrechamei te la ley natural, ley divina,
que los hombros han querido remedar
en vano, y todos sereis felices.....
Donde me escarria mi imaginación?
separóme sin querer del curso de mi his
toria, y las ideas exaltadas por los fata
les efectos de la guerra , me conducen á
unas reflexiones que parecerán insensa
tas, y tal vez se clasifiquen de crimina
les por los seres inmorales que todo lo
sacrifican a la am bición, y que incapa
ces de obrar ni aconsejar lo justo, escar
rian la opinion de los hombres para pre
cipitarlos en crímenes y en un caos in
menso de errores v desgracias, que alejan
la paz para mucho tiempo. Interin no
inculquéis la idea que el trono y el pue
blo son un objeto mismo ; que el uno
sin el otro son nulos ; que deben respe
tarse mùtuamente y caminar de acuerdo
a la felicidad por el sendero de la líber-
( 57 )
tad y de la ley, solo conseguiréis exa
cerbar las pasiones, y violentar la natu
raleza; pero..... Volvamos á mi historia.
Deseoso de instruirm e en varios por
menores de aquel pais, busqué personas
iniciadas en los diferentes ramos que
abrazaba su industria. Era una de las
mas fabriles y comerciales, sus artefactos
habian llegado al colmo de \a perfección
y rivalizado a muchos estrangeros. Aquí
tienes el efecto, decíame mi instructor,
de las leyes equitativas. En otros tiem
pos antes que nuestra gloriosa revolución
hubiese mejorado todas las instituciones,
gozaba este pueblo la primacía en sus
fabricas y artefactos, pero como el go
bierno era tímido y tenia que contempo
rizar con otras naciones vecinas podero
sas, no proporcionaba el impulso que de
bía á la industria nacional. Los efectos
mercantiles tenian unos derechos escesivos, porque como el tesoro tenia gran
des atenciones que cub rir, sus arcas ne
cesitaban estar henchidas de oro , v la
necesidad de este metal no daba lugar á
escogitar leyes protectoras de la indus
tria. Los mercados estrangeros abunda
ban de artículos que venían á vaciar en
nuestro pais en cambio de oro y algunos
irutos, sin que tuviera el gobierno toda
aquella perspicacia necesaria para sacar
( 58)
rento jas de nuestras producciones. El
amaño estranierò que no perdia ocasión
de seducir a los que gobernaban, no
solo paralizaba nuestra industria, sino
qu>‘ la mataba completamente a fin de
ser los únicos que esplotasen la riqueza
fabril. Du' ños nosotros de los primeros
artículos, los veiamos esportar al estrangero por un mezquino derecho qu° daban
al gobierno, y luego nos los devolvían
manufacturados para sacarnos un capital
escesivo, basta te a volver a cubrir no tan
solo los primeros gastos y derechos de la
materia bruta, si que también los de la
labrada , con los impuestos de importa
ción beneficiosos para el mismo gobier
no: por este medio tenia éste algún pro
ducto , p ro salia todo el capital de este
pueblo, que se repartía entre aquel y
los eslrangeros.
Estos últimos, en las épocas en que
el pueblo medio conseguía del gobierno
alguna mirada compasiva, y en que casi
este se inclinaba a protegerle, procura
ban entonces aquel los esparcir la idea de
las ventajas que proporciona un gobierno
libre. Estas especiosas ideas encontraban
séquito entre los incautos, y aconseja
ban al gobierno sostituir crecidos dere
chos a las manufacturas estro ñas , para
que no perdiera el estado el ingreso de
(29)
sus rentas: mas de una vez cayera el go
bierno en la red, y por mas esfuerzos
que hacia la industria , solo encontraba
la nulidad y ver agolados sus capitales.
En el día, empero, mas previsor é inte
resado el gobierno en la suerte de los
pueblos, poique es el pueblo mismo, ha
cobrado mas dignidad , reporta mas be
neficio , y la industria lia acrecido en los
términos que ves por los medios de un
comercio libre, que entonces habría si
do fatal porque no podía conciliar todos
los elementos.
Te presentaré un ejemplo. Este pais
abunda de caldos y ademas de haber los
suficientes para el consumo , queda un
sobrante exorbitante que permitimos esportar al estraligero sin género ninguno
de derechos, pero en cambio de este be
neficio le tenemos prohibida la entrada
de géneros manufacturados de cierto tegido que se hace eu el pais, y que piw
diera perjudicara nuestras fabricas. Tam
bién le suministramos la lana en rama
que cambiamos por algodón en bruto,
pero es con la condición que no ha de
traer manufacturas de este último artí
culo, asi como nosotros tampoco les lle
varemos nuestras lanas manufacturadas;
por manera , que la libertad de nuestro
comercio estriba en convenciones benefi-
( 30 )
ciosas recíprocamente á cada pais, con la
franquicia y libertad de poder acudir
respectivamente a los mercados á com
prar los frutos a los mismos precios que
ios naturales. Esta misma convención se
esliendo a los buques cuyos pabellones
lio tienen ninguna franquicia particular
y gozan en todos los puertos el mismo
beneficio que los naturales, de manera
que hacen el transporte universal bajo
las reglas señaladas en los tratados, esceptuando los artículos de completa pro
hibición. Y como las leyes prohíben en
cada pais el uso de aquellos artículos
opuestos a su peculiar industria, y todos
se hallan convenidos á esta regla, no se
sufre el menor embarazo en el comercio,
ni en la industria , y se cam bian recípro
camente sus sobrantes ó conducen sus
m anufacturas a los países que carecen de
ellas, porque el autor del universo ha
biendo variado en los diferentes países
las tem peraturas , ha variado asimismo
sus producciones para que los hombres
por medio de la industria, el comercio y
la navegación se transm itan sus frutos y
artefactos.
I'or e?te medio, pues, hemos llegado
á un grado de riqueza ta l, que podemos
competir con los primeros pueblos. Nues
tro mercado es de los mas concurridos,
( 31)
nuestras fabricas bien abastecidas y ser
vidas, la agricultura encuentra salida a
sus frutos, mucha demanda en las pla
zas estrangeras, y buenos precios; por
m anera, que todos los resortes de la má
quina social están espeditos y nadamos
en la abundancia. Todo esto es debido á
unas instituciones que tienen por base la
lib ertad , las buenas costum bres, y una
moral estrictamente observada en las
leyes que emanan de ella saludable* y
protectoras.
El ramo fabril tiene fondos de bas
tante consideración para sostener un es
tablecimiento donde los que se inutilizan
en el trabajo ó que por su edad no pue
den dedicarse a é l, eslen perfectamente
asistidos y terminen sus dias con tran
quilidad sin estar espuestos a m endigar
su sustento: aquellos que descubren un
genio especial para perfeccionar los ar
tefactos ó las m aquinas se les protege pa
ra que formen ensayos de utilidad co
m ún , y se recompensa con largueza sus
tareas: esto estimula a los talentos y
las artes encuentran un bien. No hay
clase ó gremio que no goce de iguales
beneficios y establecim ientos, asi es, que
estos magníficos edificios que tanto ha
brán llamado tu atención son los asilos
de la beneficencia y la retribución del
( 32 )
ira bajo: Hoveras un solo miserable ; por
que el hombre que desidioso ó abando
nado se niega á ganar su sustento, se le
Considera como enemigo de la sociedad;
y si es tan incorregible que no cede a los
consejos de sus hermanos, la ley se en
carga de rectificar su indolencia, y hay
casas de reclusión donde se depositan
esos seres para que no contaminen a lea
demas. Una sola hay en esta gran pobla
ción y es, felizmente, muy poco concur
rida.
El resto de los dias que alli perma
necimos admiré todas sus costumbres,
formé apuntes para enriquecer mi me
m oria, y adquirí relaciones que pudie
ran serme útiles en lo sucesivo. Mi pro
tector no perdonó medio para interesar
en mi favor á todos sus amigos, y me
ofrecieron que tan luego como ascendie
se a la dignidad de hombre’, utilizarían
mis conocimientos y buenos deseos en el
ramo que yo poseía.
Una cosa echaba de menos y que no
ponía combinar con la buena moral de
aquellos habitantes, y era no ver en me.
dio de tan magníficos edificios un tem
plo destinado a la divinidad. Hechas es
tas observaciones con la franqueza que
n¿e era propia a la persona que con tan-
-
( 33 )
ta deferencia se había dignado instruir
me en todas las particularidades de
aquella población , satisfizo mis objecio
nes de una manera que, a la verdad , no
me dejó satisfecho, porque las impre
siones de la educación en los primoros
años no puede borrarse por mas que se
quiera.
No habrá un pueblo, me dijo entre
otras cosas, que mas piedad abrigue en
cuanto dependa de la divinidad ; pero
¿qué templos quieres que dediquemos d
O ü, cuando su residencia esta especial
mente en nuestro corazón, y dedicarle
nn culto estertor fuera señalarle un lu
gar menos noble que el que ocupa? No
obstante, en mi sentir, los legisladores
tuvieron presente sin duda otra causa
mas poderosa para no erigirle templos
dedicados esclusivamente a su culto. Ha
biendo estos lugares sagrados debían pre
cisamente haber señalado ministros, sa
cerdotes, guardas, ú otra cosa equivalen
te para que cuidasen del local y del
culto que se hubiese trazado. La espeperiencia que ha sugerido la historia de
tantos pueblos y sectas diferentes por es
pacio de millares de siglos, ha enseñado
que los ministros de todos los cultos abu
saron de su misión, y que por enrique
cerse fanatizaron á los pueblos é hieie-
loido ii.
3
( 34 )
ron producir guerras-y desgracias de que
estaban llenas sus paginas. Esta verdad,
que demostraba diariamente la especiencia, quiso evitar sin duda que al paso
que se »desvirtuaría el prestigio de O e
con supersticiosas formas que ridiculiza
se su gran Ser, se evitaba también que
la piedad fuera víctima de las sugestio
nes de hipócritas é impostores, fascinan
do a los pueblos a nombre del mas a u
gusto y primero de los seres. Por esta ra
zón tan sola se evitó, en mi concepto,
el culto esterior que echas de menos.
¿ Y cómo fue posible, repuse yo, in
clinar ó convencer á los hombres al tiem
po de la reforma para cambiar unos prin
cipios tan arraigados en su alma, y que
por otra paite, el genio de la supersti
ción y el fanatismo, no dejaria de tra
bajar para destruir las miras de los le
gisladores? Creo, me contestó, que sin
duda el mismo O e con su supremo poder
intervino en tan milagroso cambio, y se
gún las noticias transmitidas, sabemos
que la mayor parte de los mismos minis
tros del culto contribuyeron a aquel ob
jeto predicando la grande obra de Dios:
y como los legisladores tuvieron un par
ticular esmero en dotarles coa largueza
para que en el resto de sus dias no echasen
de menos la dignidad que gozaban ni
( 35 )
las conveniencias que aquellas mismas
les proporcionaba, y que se les incluyó
ademas en todos los goces y derechos so
ciales, consiguieron por estos medios que
apoyaran con vigor unas medidas que
sus mismas luces conocían ser necesarias
para evitar los males que veian sobre si
y sobre los demás seres, por el grado de
perversidad y corrupción á que habían
llegado las costumbres.
Aunque estas razones no me parecían
desnudas de solidez, no acallaban, sin
em bargo, de convencerme, y de cuanto
mereció mi aprobación en aquel globo
únicamente me pareció repugnante la
sola idea de no hallar un templo donde
fuese acatada la divinidad , y probar que
había en aquel pais una religión á la
que tributaban respetuoso culto sus ha
bitantes.
Xíl.
REGRESO
A
NUESTRA
MORADA.— INCIDENCIA
G AL A NT E . = C O NTI NUA C ION
DE
LA NARRA
CION DEL ANCIANO.
S a l í de aquella capital admirado de s u
régimen, aseo, laboriosidad, orden y ri
queza, y durante el camino me iba el
anciano haciendo reflexiones sobre todos
los particulares. Ofreció darme a leer el
código de sus leyes especiales y las ge
nerales de la confederación universal,
en las que estribaba su felicidad, y aun
me invitó á que emitiese mi opinión so
bre ellas para satisfacerme con razones y
traerme á la memoria las circunstancias
de los pueblos en su forjnacion.
( 37 )
Llegamos á nuestra residencia , y fui
mos acogidos por la familia con aquella
ansia de personas que se aman , y que
están doce dias ausentes. Las interesan
tes jóvenes me interrogaron sobre el es
tado de mi corazón, y las impresiones
que en él hiciera la belleza de las ciu
dadanas. Confeseles que habia visto mugeres interesantes, am ables, virtuosas;
pero que mis sentidos solo veia á mis
hermanas en las que hallaba reunido el
conjunto de gracias de las de la ciudad.
Esta pequeña galantería no las sonrojó
como a nuestras bellas, porque conocían
la sinceridad de mi corazón, y que nin
gún interes tenia en lisonjearlas. Era tal
el respeto que me inspiraban, que jam as
aventuré una espresion por donde pudie
ran inducir otros sentimientos que los de
la virtud, ¿y quien podia obrar de otra
manera en el santuario del candor y y
la inocencia? El aire que allí se respira
ba era puro y no podia inficionar a co
razón alguno; y si se hallaba corrompi
do, el temor y un respeto sobrenatural
le contenia en los límites del deber mas
estricto. Noté en la bella Abidc una mu
danza desconocida, una ansiedad sm
igual y deseos de hablar á su pad re, lo
significó y quise retirarm e. No: me dijo
yo no hablo sino ante las personas de mi
afición y que desean mi felicidad. Des-
( 38 )
pues de O k , mis padres son los primeros
que deben leer en mi corazón, después
mis hermanos naturales: asi que, padre
mió, pongo en tu noticia que amo á
Adudar: sé cuanto quiso á la desgracia
da Dugbé , y sus virtudes y conducta ob
servada con ella, interesaron mi alma:
hace ocho dias llamó a mi hermano y le
di jo , que exigiendo la ley fuese padre
no hallaba otra esposa mas á propósito
que yo, le preguntó si mi corazón esta
ba empeñado ; él que conocía su estado
le contestó que no, y que un sugeto de
sus cualidades se atraia los corazones:
rógole me suplicara le concediera una
entrevista , se la concedí; me ofreció su
mano, y yo la mia, siempre que tú y ma
dre lo aprobaseis, ésta que tanto me ama,
me bendijo, y yo te pido también la ben
dición para ser madre. El buen anciano
la abrazó, y mandó á su hermano que
dijese á Adudar que los habia bendeci
do. Todo esto pasó con una naturalidad,
sencillez, buena fe é inocencia que me
encantaba. En mi pais, decia yo, jamas
una joven sin otros precedentes, digera
á un hombre que le amaba, jamas se
atrevería sin mil rodeos a decir á su pa
dre que la permitiera ser madre. La ma
licia misma hace deforme al pudor, y
la simulación y fingida ignorancia de
sembellecen á la inocencia. La timidez
( 39 )
del crimen se busca en vez de la senci
llez, v se disfrazan las virtudes de la na
turaleza con una hipócrita mascara q u e
todos conocen, y que el bien parecer to
lera por fórmula social que corrompe los
corazones.
Entre algunas clases de nuestra socie
dad, y generalmente con todas, en o tro s
paises los padres tratan entre sí la unión
de sus hijos , estipulan y contratan las
bases de aquella unión, y conducen al
talamo á una joven, la entregan a u n
hombre que no ha visto, y por consecuen
cia no ama : abusa de una ley sobre un
ser inocente que corrompe y viola , por
que su corazón no podia inclinarla a un
acto en que la voluntad libre ha de tener
toda la parte ; porque de no es un insul
to que se hace á la modestia, un baldón
al pudor, y se mancilla la naturaleza.
Esta monstruosidad produce resultados
funestos, aviva pasiones , hace conocer ú
ciertos corazones el encanto del amor , y
cuando anhelan sus delicias no encuen
tran el objeto que las hiciera dulces;
vénse en brazos de un ser que les repug
na , se ahuyenta el placer, se resiste la
modestia , y vagan en pos de un objeto
amable é ideal, que cuando encuentran
se entregan a él con todo el delirio del
placer. Esto es ciertamente un crimen,
MO)
pero un crimen que ocasiona la arbitra
rie d a d , un poder tirán ico , contrario a la
n aturaleza, y que nunca se consumara á
no haber o ír o s , sin el menor derecho,
traspasado las leyes, abusando de su po
der precario en aquellos actos que vulne
ran la inocencia , y entregan la virgen en
manos del vicio brutal. Las leyes de aquel
pais tratando de precaver aquel abuso,
exijian que fuese espontáneo el acto del
matrimonio , y si bien el respeto filial,tan
exactamente cimentado , consultaba siem
pre la autoridad paterna de quien reci
bieran el ser y derecho de reproducirse,
jamas esta podio negarse ni oponerse á
las uniones. Nuestros preceptos religio
sos apoyados en las leyes naturales pre
vienen esto mismo, y e n su auxilióse han
escrito las civiles ; pero los abusos que se
cometen traspasan unas y o tra s ; y muchas
veces recibe un ministro de Dios un si
que los mismos que lo testifican saben
que es forzado. ¡M alvados! Cometen un
sacrilegio, y lo contestan con la ley dei
decoro y la conveniencia.
Api azose para dentro de m uy pocos
soles el matrimonio , y esta terminación
tan pronta y feliz tuvo un contrato que
quizá antes dp la organización social de
aquel planeta habrían mediado m uchísi
mas iórmulas, considerando el rango que
entonces ocupaba.
El anciano continuó la narrativa de
su historia, conforme habia ofrecido, en
los términos siguientes:
«Desquiciada la sociedad , sin orden
la adm inistración, en pugna continua las
pasiones y luchando los partidos, no era
dudoso el resultado que ofreciera este
pueblo infeliz, si la mano poderosa de
O e no le hubiese protegido. El conti
nente todo amenazado de la erupción es
pantosa de un volcan cuyo cráter era
tan inmenso como una cuarta parte de
este globo. La erupción inundara sin du
da la tierra arrastrando en pos de sí á
todas las generaciones.»
«La lucha continua de los gobiernos
contra los pueblos y la resistencia de es
tos, puso en movimiento todos los resor
tes del poder para oprimirles, y de aquí
una combinación general de estos para
dirim irse de tan vergonzoso yugo y reco
brar sus derechos. El Autor del universo
habló en el corazón de los hom bres, pu
siéronse de acuerdo y dijeron :»
«Cuántos siglos de ignominia arras»
»tramos, víctimas siempre de cuatroopre»sores que han dominado el m undo a su
»antojo y han hecho servir al hombre
»para satisfacer sus caprichos. ¿H ereda-
( 42)
»ron acaso del Eterno diferentes privile»gios que el resto de su especie? ¿ Fué»ron de otra masa? ¿Han de seguir los
»pueblos humillados ante la guerra pro»digando su sangre y sus tesoros para
»mantener a sus verdugos? ¿Q ué daño
»liemospodido hacernos mutuamente unos
»hombres de todas las naciones para que
»estemos constantemente con las armas
»preparadas a fin de aniquilarnos al pri»mer adem an de un tirano? Nosotios
»que nos batimos sin conocernos, que
»vertemos la sangre del prójimo con en»carnizam iento, sin saber las causas que
»producen este rencor , ni la justicia que
»a cada cual asiste, hemos de seguir
»siendo m áquinas irreflexivas ; continua»remos destruyéndonos recíprocam ente?
»INo conseguiremos jamas lá paz, porque
»cuando los gobiernos están libres de
»enemigos
esteriores nos #consideran tales
O
..
»amenazándonos de continuo por medio
»de sus agentes asalariados. ¿ Hemos de
»estar continuam ente viendo lanzas eri»zadas en torno de nosotros , dispuestas
á amenazar , a herir , á inm olar en el
»centro mismo de la paz , en el recinto
»de nuestras pacíficas chozas , y aun en
»medio de nuestras penosas tareas. ¿ Que
»fueran esos ídolos sin nosotros? ¿ Exis
tie ra n acaso? No. Nos lo deben todo,
»pnes ¿ porqué han de abusar por mas
»tiempo de nuestra mísera situación ó de
»nuestra vergonzosa cobardía ? ¡ Pueblos!
»unámonos , formemos pactos, desterreñiños á los tiranos, estimémonos en lo que
»somos, recobremos nuestra dignidad y
»hagámosles ver su impotencia , su iiu »lidad , y que no son mas que hombres
»como nosotros. Sancionemos para siem»pre leyes estables , leyes que represeu»ten á D ios, y soto a ellas por su augus»to y sacrosanto origen rindamos nuestro
»culto, nuestra obediencia, nuestro res»peto : humillémonos para acatarlas ; de
»esta manera los nacidos seremos, iguales
»sin mas predilección que la que adqui
ra m o s por nuestras virtudes.
»Justos, equitativos, desconoceremos
»la venganza , desterraremos las pasiones,
»innobles , y desde hoy como hermanos
»no hallará la menor cabida ni la ambi»cion ni la intriga.
«La p a z , la paz es lo que queremos,
»en la que solo estriva la ventura y la
virtud.»
«Esto dijeron los pueblos y nadie pu
do resistirles, los déspotas se estremecie
ro n , los ambiciosos temblaron y todos se
hum illaron ante aquel grito universal.
Desprendiéronse de sus or¿u llosas imbes*
( 44)
tiduras,J y como farsantes que al concluir
la escena dejan sus falsos oropeles que
fascinaban pocos minutos antes , del mis
mo modo despojados de su orgullo se
mezclaban entre la muchedumbre y gri
taron con ella t a z , p a z . Los pueblos los
recibieron como hermanos, cesaron las
venganzas , y desde entonces afortunada
mente no se ha vertido una sola gota de
sangre por sostener intereses privados.
Desde entonces la felicidad precede en el
transito humano. Desde entonces por fin
respiran los pueblos y el hombre ha po
dido adquirir el rango que le diera el
Supremo Hacedor , con que le distinguió
de la especie bruta. Convencidos los pue
blos de la necesidad de adoptar una ley
que en lo sucesivo les garantizase el pacto
y voto que acababan de pronunciar, nom
braron representantes en medio de una
aldea colocada en el centro de este con
tinente, se celebró un congreso popular
compuesto de representantes de mas de
cien naciones , por el cual se redactó es
te código.»
«Leedlo, dijo al entregarme un libro
que sacó de una caja y besó al entregár
melo : toma , hay tienes garantidos los
derechos de los pueblos, aqui tienes con
signada la paz; en estas páginas verás
una legislación que tanto envidias; legis-
( 45)
lacioh que juzgamos indestructible Ínte
rin los pueblos no se separen de ella.
¡O jalá nos la conserve O e hasta las
mas remotas generaciones !
Tomé el libro con un respeto el mas
profundo, y decia entre mí: unas leyes
que lian podido hacer seres tan virtuosos
como los que este pais abriga, no pue
den menos de ser celestiales.
¡Infeliz patria mia ! ¿Cuándo dicta
rás unas que le pongan á cubierto de la
ambición de los hombres, y hagan tu fe
licidad ? ó por mejor decir, ¿cuándo los
hombres sabran respetarlas estrictamente
para que sean virtuosos?
Deseaba desembarazarme y quedarme
solo para dar principio a la lectura de
unas instituciones tan estraordinarias : lo
conseguí y di principio á ellas. No tra
taré , querido lector de transmitírtelas
todas literalmente; fuera obra larga : te
liare un resumen de las mas generales y
aplicaré las reflexiones que me sugerian
con las soluciones que daba el anciano á
las dudas que me ocurrieran; tú podras
formar juicio de ellas, yo me abstendré
de calificarlas.
El preámbulo contenía un análisis de
( 46)
la historia general para descender á la
necesidad en que se vieran los pueblos
de reunirse y sancionar un principio de
legislación general aplicable á mas de
cien naciones diversas , divididas por cli
mas , sectas, costum bres, idiomas y le
gislación : en él consignan la paz y la
virtud como base de aquel código, y
convencidos los pueblos de la necesidad
de apoyarlo en un principio sólido , es
table y sacrosanto, lo basaron sobre la
ley natural , punto de donde parten to
das las civiles y religiosas de los pueblos.
E l preám bulo pues de aquella colección
legislativa era lo mas grandioso que he
leído : mas de seiscientos miembros com
ponían tan augusto senado, hombres to
dos escogidos entre tantas naciones para
form ar su felicidad y conciliar los inte
reses de unas y otras, sus creencias reli
giosas y sus costumbres.
Dedicábase el capitulo primero ¿Dios,
creador del m undo, único, solo, justo,
eterno, sin otro principio que el de sí
mismo, y cuya esencia material era el
universo : de consiguiente componiendo
el todo , siendo su voz todo y su querer
<1ivino la justicia , todas las criaturas de
bían someterse á el único soberano de lo
criado: y no reconocer á otro. Como cu
el modo de darle culto, según be espíe-
■>. de influir las
sacio en otro lugar,{ 47haljian
pasiones hum anas, tenían que removerse
obstáculos ele gran bulto y consecuencia,
chocando con hábitos , con preocupacio
nes y con intereses, acordaron que el
Ser supremo recibiese el culto de sus
criaturas en el gran templo del universo,
en el mas magestuoso, sublime y gran
d e, obra solo digna de tan augusto Ser.
¿Q ué fabrica humana, decían aquellos
legisladores, podría contener el univer
so? Y siendo Dios el todo, solo en sí
mismo puede contenerse, lo demas, f'uera pequeño, mezquino y m iserable, aun
cuando se empleasen todos los tesoros,
que contuvieran las entrañas de la tier
ra : todo es obra suya , todo es E l y va
lerse de E l mismo fuera irreverencia.
Quede», pues , establecido y sancionado
que Dios no tuviera culto esterior : que
este culto se cifrara en dedicarle los hom
bres sus acciones, pensamientos y obras,
y por esta razón habían de ser justas,
inocentes, sencillas, dignas del gran Ser
que se dignaba aceptarlas: y como que
penetraba en todos los corazones salaia
la rectitud de aquellas, y el valor que
podría darles.
Por este medio original quedaban
concillados todos los intereses religiosos:
la d ivinidad respetada como era debido,
.( Í S )
( y cortadas de raiz las cuestiones suscita
das sobre cultos a seres secundarios , á
imágenes diversas y á ideales simulacros
de las divinidades de los pueblos supers
ticiosos é idólatras. Como todos convie
nen con el principió natural que lo crea
do depende del Autor del mundo, y la
diferencia se cifra en nombres y acci
dentes inventados después, quedaba cor
tada de raiz una pugna que tantos de
sastres ocasionara, que produgera tantos
cismas, y vulnerará■
-4a sublimidad de
una religión única y verdadera: esta era
pues , la de Dios sin defraudarle del me
nor acatamiento para otro ser, cosa , ni
persona.
Sentado ya el principio en lo mas sa
grado , descendían los legisladores al de
ber social , y para ello se apoyaban en
iguales principios, en los eternos. Ha
biendo Dios creado el universo, estable
ció seres que Le poblaran, y para tan be
néfica obra creó antes los elementos, los
mundos y la luz para que luciera su gran
de obra. Colocó esta luz en el centro pa
ra que alumbrase, calentase y vivificase
lo creado ; revistió los mundos de un
terso brillo para que reflejando en ellos
los rayos de la luz eterna, se transmitie
ran de unos á otros durante sus indis
pensables revoluciones, á fin de que Us
(*9 )
estaciones diesen \ i d a y nutrim ento á los
seres, les refrigerase el suave ambiente,
en su giro opuesto al calor del fuego ce
lestial y obrase natura sus efectos en ei
desarrollo de sus secretos.
Hecha esta sublime obra pensó en la
formación de un ser mas grande que los
demas , no mas perfecto ; porque en la
mas invisible de sus obras á nuestros ojos,
se halla la perfección; y nada podia ha
cer imperfecto. Formó pues, al hombre y
le dotó de nuevas perfecciones y atribu
tos : colocole en cada globo , y para ello
separó de una misma masa los fragmen
tos necesarios para formar otros tantos
cuantos millones de mundos creara ; pe
ro cada principio de este humano ser tu
vo una misma m ateria, un propió origen,
y con un divino soplo quedaron todos
aguellos seres con el alma inmortal que
sale y vuelve al seno del Criador. De ca
da uno de estos seres formó los dos sexos,
y les dijo entonces: h a b la d , y hablaron;
pensad , y pensaron ; obrad, y obraron;
re producios, y se reprodujeron. En cada
m u ndo fue tal la reproducción que que
dó poblada la tierra : los h o m b re s , como
origen de dios y reproducidos por un
prim er p adre, son obra de oíos, hijos de
un padre com ún, y por consiguiente her
m anos : como tales no hay privilegios,
tomo u,
4
.(SO)
ni diferencia, ni rangos, ni clases, ni
castas. Todos son iguales, deben tratarse
como iguales, amarse como iguales; res
petarse como hermanos , amarse como
hermanos, ausiliarse como hermanos.; y
vivir con la paz y la unión fraternal que
encomendó el primer padre.
Por este principio cimentaron los le
gisladores la fraternidad entre todos los
pueblos; la obligación de amarse todos
los hombres y el deber de ausiliarse, fa
vorecerse y unirse como hermanos; des
terraron de esta manera todo pretesto de
rivalidad y supremacía para no concitar
las pasiones , encender enconos, escitar
el orgullo y ocasionar la propensión al
dominio y ambición, germen fatal de
enemistades, odios, venganzas, resenti
mientos, opresión y tiranía. Riendo igua
les hay mas sencillez , menos ansiedad,
no hay exigencias, no hay intrigas. Sien
do hermanos hay cariño, dulzura, afa
bilidad y caridad :,los beneficios frater
nales no comprometen, no son obligato
rios, ni menos humillantes, son inheren
tes al deber de unos, seres iguales en to
dos conceptos , que no pueden degradar
se ni envilecerse sino faltando á los prin
cipios y obligaciones del amor y la ca
ridad , que no obliga sino mediando aque
lla unión tan íntima. Por este medio que-
( 51)
daban desterrados de la tierra, los odios
inveterados de unas naciones contra otras,
de unas castas contra otras, de unas sec
tas contra otras, de unas clases sociales
contra otras, de unas familias contra
otras, y de unas opiniones contra otras;
porque no quedaba la especie hum ana
reducida sino a un*» sola nación , una
sola casta , una sola secta , una sola cla
se, una sola familia y una sola opinión.
¿P udiera haber guerras ni desastres con
unas reglas de moral tan rectas y equi
tativas dictadas por Dios mismo , cimen
tadas por la divinidad y sancionadas por
la naturaleza ?
Siendo tan numerosa la familia fra
ternal era indispensable atender cada
cuatro años á sus nuevas necesidades ó
exigencias, y por lo mismo cada pueblo
de la confederación debía diputar tres
individuos los mas notables por su cien
cia y virtud , los cuales reunidos en la
misma aldea, punto central del continen
te, esponian con c la rid a d , el estado de
m oralidad de sus respectivos comitentes
para deliberar en su virtud lo mas con
veniente.
;
*J
Cada pueblo ó nación estaba dividi
do por limites que no podian traspasarse
respecto á ampliación de territorio , por-
I
ÍS5)
que en tal caso seria esto mirado como
una agresión atentatoria á las leyes ge«
ñera les.
Todas las naciones ó pueblos tenian
iguales derechos , iguales preeminencias,
y los mismos atributos como individuos
de una misma familia. Dos hombres na
cidos en los polos opuestos, debían lla
marse hermanos y tratarse como tales en
cualquier punto del globo que se encon
trasen.
Todos los pueblos ó naciones debian
adoptar un tipo igual para los pesos y
medidas, asimismo debia fijarla igual pa
ra el valor, peso, y quilate de la mone
da, sin perjuicio de adoptar cada nación
los signos respectivos y sellos de sus fá
bricas.
Cada habitante podia ser admitido in
diferentemente en otra nación, siempre
que llevase á ella alguna industria de
común utilidad.
Debia subsistir durante la permanen
cia de aquella ley, una alianza ofensiva
y defensiva entre los pueblos confedera
dos, no pudiéndose variar ninguna de
las establecidas sin la concurrencia generaj de todos los diputados, y prece-
_ ( 53 )
diendo cuatro años de término desde la
deliberación hasta su ejecución, á fin de
consultar á las naciones acerca de su ne
cesidad ó beneficio.
Tales eran las bases generales sobre
las que estribaba la legislación univer
sal que permitía, empero, que cada pue
blo adoptara las suyas especiales con ar
reglo á su clima ó particulares circuns
tancias , toda vez que no estuvieran en
contradicion con las generales, ademas
de darse cuenta al congreso federal de
todas ellas para que llegasen á noticia
de los estados, á fin de no incurrir en
transgresiones en sus viages y comunica
ciones.
z
Este era, en resumen, el código uniTersal, desde el cual descenderé al par
ticular del pais en que me hallaba, del
que hablaré en el capítulo siguiente.
XIII.
,,,y
MATRIMONIO DE ADUAAR Y DE A B ID E .= P R O SIGUEN LAS LEYES ESCEPCION ALES DEL PAIS.
CONVOCACION DEL SENADO NACIONAL.
E n este intermedio se acordó la unión
de Adudar con la bella Abidé.
El acto fue magestuoso é interesante
como todos los de su especie , y la cere
monia se verificó en medio de un con
curso inmenso por el afecto que todos
profesaban á los contrayentes , y la cele
bridad que se liabia adquirido Adunar
por sus virtudes y constancia durante su
unión con Uugbé. Los esposos se estable
cieron en la inorada que ya el lector co-
. . ( 55)
noce, y mi familia se desprendió de una
de las jóvenes mas interesantes. Era fe
liz, era am ada, v dulcificaba la existen
cia de un hombre de bien.
Si mi situación lo hubiese permitido,
tal vez, me hubiera atrevido a suplicar
igual felicidad para mi, sin embargo que
había siempre procurado ocultar mis in
clinaciones respecto á este particular , á
pesar de haberme manifestado mi protec
tor no podía establecerme en el pais sin
adquirir en él los derechos de hombre.
Mas adelante vera el lector que mi sen
sibilidad no pudo resistir mas tiempo , é
imploré una gracia que hubiera hecho la
felicidad de mi vida , si un contratiem
po imprevisto no hubiese desvanecido
mis planes. Los deseos de estudiar pro
fúndamete las leyes de aquel pais é ini
ciar en ellas á mis lectores , me impiden
por ahora la narración de unos hechos
que sabran á su tiempo.
El pais en que dichosamente habita
ba , sujeto á las leyes de la gran confe
deración, babia sufrido los mayores vai
venes políticos, había dominado países
inmensos , y sus géfes fueron los mas po
derosos de aquel globo, m as-habían de
clinado «en tales términos que habiA’que
dado reducida a una nación de lás ajas
< 56 )
secundarias, dividida en tantos elemen
tos como vicios la había hecho concebir
su anterior grandeza.
Todo el pueblo amaba con idolatría
á su joven gefe, y á su augusta madre,
que habían sabido adquirirse el uno por
su inocencia, la otra por su grandeza de
alma el afecto general, y por consiguien
te la legislación les favoreció é h ’-zo to
da la justicia que sus prendas requerían
nombrándolo nuevamente gefe de la na
ción por las leyes, y dándole estas unas
atribuciones análogas á las costumbres
nuevamente adaptadas.
El carácter de este gefe popular no
era de modo alguno semejado al que
ejercían sus predecesores, dependía de la
ley , y estaba sujeto á ella como el resto
de sus hermanos sin poder innovarla ni
destruirla bajo las penas generalmente
adaptadas.
El pueblo formaba las leyes por me
dio de sus delegados, las cuales se some
tían al examen general un año antes de
llevarse á efecto. El pais se dividía en
sesenta comarcas, y estas en cantones, ca
da uno de los cuales diputaba un indi
viduo que elegía el pueblo de la manera
siguiente.
(57 )
Cada cantón en la época primave¿
ral y en un dia señalado comenzaba
la ceremonia de la eleccüon , que duraba
ocho dias consecutivos y á ciertas horas
determinadas. En el punto céntrico de él,
donde había un sitio señalado para este
efecto , se fijaba una li sta de todos los
hombres que 'componían su vecindario:
debajo de esta lista general se sentaba
un magistrado que turna Iba con los demas
del cantón, el cual vigilaba ¡a compos
tura que debía» observarse en aquel lu
gar: en un recinto aislado a cierta dis
tancia habia una gran mesa de piedra
con un conductoenmediio por el cual so
lo cabia un papel, en el que cada votan
te introducía bajo su firma el nombre de
los candidatos para aquel legislativo
senado.
Cada habitante tenia un deber en
emitir su nombramiento», y era conmina
do á una multa y á 1.a pérdida de sus
derechos de hombre si dejaba de hacerlo,
á no ser que causa» legítimas impi
dieran verificarlo. Finallizados los diasde
aquella elección se alz:aba la losa supe
rior de la mesa, queestalba incesantemente
guardada alo lejos, y eintonces se sacaban
las papeletas, se formaiba el escrutinio,
se leian los que faltaban, que eran rigo.
rosamente juzgados, y el que mayor nú-
(
58)
mero de votos había tenido quedaba ele
gido diputado del cantón, y ante todos
sus magistrados ofrecía guardar y hacer
cumplir las leyes generales de la confe
deración y las especiales del pais, siendo
su primera obligación conservar la paz
universal y los derechos de sus hermanos.
Estos delegados duraban tres años,
como todos los demas cargos de aquel
pais, que todos eran electivos y gratui
tos, eseepto aquellos que por sus tareas
especiales obtenían retribución de sus
cantones.
En la estación que media desde la
siega a la vendiqiia era cuando todos los
diputados se reunían en el centro del
pais, y en un lugar destinado al electo
para tener sus legislaturas. El dia que la
misma ley determinaba se presentaban
todos los diputados inmediatos al recinto
legislativo, al que concurrían los habi
tantes que querían presenciarlo, y el geí’c con el libro de la ley sobre su cabeza
les precedia , tomaban asiento, y después
de una invocación á O e }es, jnanifestaba
que como guarda de la ley no había sido
ultrajada aquel añ o , y que él en unión
de los diputados que formaban el, conse
jo permanente de la unión , daban cuen
ta de todas las comunicaciones que ha-
. ,f,mediado, con (los5 9gefes
)
bian.
ó consejos de
las demás naciones, lo que verificaban.
Desda aquel dia se discutian los ne
gocios , que nunca pasaban de cuarenta
soles, y §e separaban á sus respectivos
cantones á dar cuenta de las delibe
raciones.
Admirábanle no leer que se discutie
ran presupuestos, que el gefe de la na
ción no presentase balance de gastos y
productos, ni que se pidiese á aquella
representación autorizaciones para im
puestos que juzgaba yo tan necesarios en
todo estado, lo veia que las atribuciones
de estos representantes eran para legis
la r, y asi e> que desde luego me persua
dí que el rimo de impuestos fuera esclusivamente atribución del gefe ó su co'nsejo ; consiltelo con mi mentor , quien
me satisfizo era desconocido el sistema de
presupuestes , por las razones que me
alegó. ‘
En priner lugar , me dijo , el sistema
general de paz y el rigor de las leves
contra el que la turbe, hace innecesaria
una fuerzaarmaela que trae consigo gas
tos enorme:, y un número considerable
ele funcíorarios que necesitarla el ra
mo de la gierra. En los primeros tiempos
( 60)
de nuestra regeneración hubo, si, ciertos
impuestos para continuar satisfaciendo
todos los haberes, como era de justicia,
ó cuantos los obtenian por el régimen de
aquella anulada adm inistración ; pero tan
luego como el transcurso de los años fi
nalizó con aquellos pensionados, cesa
ron los graves impuestos. Desde enton
ces todo hombre que habita este pais de
pende de una industria ó trabajo inde
pendiente, y hay muy pocos pensionados
por el estado. El gefe de él posee bienes
cuantiosos para sostener el augusto ran
go de depositario de la ley, y nada ne
cesita de los dem as: sus consejeros, miem
bros de la representación del pueblo, son
mantenidos por todas las comarcas du
rante los tres años de representación;
pero de una manera decente , no escesiva. Las oficinas que indispensablemente
tiene este consejo tam bién entran en el
prorateo de las comarcas, que como se sa
be á cuanto asciende tiene un tipo fijo,
para repartirlas y recaudarlas.
Estas oficinas que abrazan los dife
rentes ramos de la adm inistración son
las únicas que tienen empleados que pe
san sobre el todo de ella. Las demas co
m arcas desempeñan sus deberes en la
forma siguiente :
(CI)
La paz universal hace superflua una
marina esclusivamente del estado : la
mercante se halla segura en los mares de
toda agresión , y solo tienen que luchar
con las tempestades de aquel elemento.
La administración de justicia es des
empeñada por los magistrados de nom
bramiento popular trienal , sin gasto ni
estipendio alguno, bajo unas fórmulas
tan sencillas que no sor» difíciles de juz
gar, mediante la claridad de nuestras
leyes.
El ramo de caminos, canales y correos
está sufragado por cada comarca en su
respectivo territorio , que tiene asalaria
dos unos cuantos empleados para el ma
terialismo de espedir las órdenes , man
darlas estampar y publicar; pero la re
caudación y cuenta de inversión corres
ponde á una diputación permanente de
comarca , también trienal , que cuida de
señalar los gastos , nivelarlos con los in
gresos de multas,correos y portazgos que
los magistrados del cantón y estos á los de
vecindario, transmiten basta que descien
de á los gremios que forman los repartos
de sus cuotas. Como esta es una carga
general que se comparte , y en la que to
dos tienen un directo interes, se evitan
dilapidaciones , injusticias y gastos ; y sin
embargo cada gremio y diputación co
marcal tiene fondos de gran considera
ción, que tal vez en manos de un poder
que no fuera popular, pudiera dar lugar
a abusos de trascendencia.
Ya veis pues cuan innecesario se ha
ce en nuestro pais el sistema de presu
puestos, y el complicadísimo de recauda
ción que origina en otros paises gastos
tan considerables.
Si pudiera ser que confrontases los
gastos relativamente cá la población que
se invertían antes de la regeneración po
lítica con ios que ahora se espenden, te
pareciera imposible la diferencia: puede
calcularse de uno á cuarenta ; por ma
nera que entonces el contribuyente que
pagaba cuarenta no encontraba caminos
transitables, carecía del riego y navega
eion interior que hoy le proporcionan los
canales. Los establecimientos de educa
ción eran escasos, mal asistidos, peor
montados y tan distantes unos de otros,
que hacían imposible la instrucción ge
neral. No había seguridad en los pueblos
ni caminos, la administración de justicia,
ademas de los inmensos gastos que oca
sionaba, muchas veces estaba mal distri
buida j lodos los artículos de lujo y pri
mera necesidad tenían precios exorbitan-
( 63 )
tes, por los derechos y gabelas á que es
taban sugetos; y ahora aquel mismo ca
pital que pagaba cuarenta paga solo uno
y se halla mejor asistido, mas abundan
temente servido , mas seguro) y garantido
Tal es la diíértíticiá de los1sistemas de
gobierno y la sencillez <le la máquina
administrativa.
•
■i • i; <
¿ Y los bienes y rentas,
pregunté yo,
que obtenían cüertas corporaciones v so
ciedades que se estinguieror» en la refor
m a, a qué uso se destinaron ?
La malversación, repuso el anciano,
el poco tino y ¡ambición de los que adu
laban al poderr los crecidos gastos que
ocasionaron las guerras y escisiones pro
movidas por la intriga de los partidos,
crearon unas deudas inmensas que acre
cían el monopolio y agiotage, cuyo capital y ganancias ascendían á millares de
millones de esterilles, capaz de arruinar
a la nación mas opulenta. Aquellos bie
nes pues se empleaban para este objeto
y paia el de atender con ayuda del pue
blo á. las pensiones de cuant os desempe
ñaban unas funcione» incompatibles con
la nueva forma de administración.
Acjuehos misinos bienes <que antes de
la reforma apenas se calculaban súficien-
( 64)
tes para cubrir el importe de la deuda,
como estaban manejados por los erróneos
medios que cimentados, por desgracia, en
un pais tan inmoral, adquirieron un con
siderable aumento en las nuevas manos
que se encargaban de ellos, que asimis
mo rebajaron la deuda de un modo es
pantoso y admirable al analizar sus gua
rismos. Antes en medio de tanto centenar
de contador destinado á su examen, se
cometieron equivocaciones de tanto bul
to , que la nueva administración rectifi
có , disminuyéndola de una manera es
candalosa. Bien es verdad que no habrian
podido conseguirse todas las enmiendas
posibles, a no ser por el convenio gene
ral de los pueblos estrangeros, que eran
los que respectiva y mutuamente embro*
liaban y obscurecían el verdadero balan
ce de sus cuentas, en lo cual habia muy
pocos interesados ; pero eran los bastan
tes para tener en guerra a las naciones y
esplolar por este medio la sustancia de
ellas creando colosales fortunas , que eran
el escándalo del siglo.
Ahora , hi jo mío , no hay nada de
esto, venturosamente, y hasta el sistema
de préstamos entre particulares es muy
raro, porque todos cuentan con fondos
comunes en sus respectivas carreras y fa
cultades para subvenir á sus necesidades
(
)
si un rovos de la suerte les arrebata un
capital susceptible de ruina. El fabrican
te deja fondos relativamente á su capital,
que algún dia puede encontrar si un in
cendio destruye sus manufacturas ó má
quinas. Un comerciante consigna parte
de sus ganancias para encontrarlas luego
si un calculo errado ó un acontecimien
to imprevisto destruye su caudal y crédi
to: un naviero deposita una parte del pro
ducto de sus fletes en un monte-pió, don
de le bal a, si un naufragio ha sumergido
el buque que constituia su fortuna; y
en fin, el cultivador , el médico , el ar
tista , lasclases todas tienen un bancoeh
cada distrito donde depositan sus ahorros
para el bien comunal: esto impide el
agio y la usura, origen muchas veces de
grandes desgracias , de desmoralización
y corrupción total de costumbres.
Ciertamente, le decia yo , habéis po
dido llegar á este grado de esplendor en
tronizando la moral y haciéndola el agen
te superior de las acciones humanas ; pe
ro ¿ cómo podréis asegurar que esta moral
tío
se relaje, cuando es casi inseparable
de la riqueza que engendra la voluptuo
sidad y todas las pasiones destructoras
de la salud y costumbres de los hombres?
Asi fuera, me dijo mi padre, si las leyes
no prescribiesen estos inconvenientes. Las
T O ft O
ih
5
( 66 )
riquezas h a n solido enervar á los hom
bres en ciertos climas donde las costum
bres los hacen propender a la voluptuo
sidad ; donde ninguna tarea les ocupa, y
recostados en sus muelles lechos piensan
tan solo en goces; pero no aquí. La r i
queza en estos países no proporciona so
bre los demas autoridad alguna : como
hay poca pobreza no hay una dependen
cia tan general; disfrutan mas convenien
cias , es verdad , los goces son mas va
riados, poseen magníficos jardines y pa
lacios , tienen bienes; pero les falta
aquel prestigio que en otro tiempo daba
el oro juntam ente con el poder sobre el
resto de les hombres. Como aqui la vir
tu d es la base de todas las acciones h u
manas , como lo era el poder en otro
tiem po, procura el opulento hacer obras
■virtuosas para adquirirse consideración;
y de no hacerlo asi ¿ de qué le servirán
sus riquezas? Supremacia sobre los demas
ninguna tiene ; de consiguiente para ad
q u irir cierta nombradla preciso es q ue se
d e d iq u e al bien público, y el que esto
hace ni es inmoral ni esta ocioso, ni
puede adolecer de los vicios que has
pintado.
En otros países, y en este, antes de
su regeneración, la riqueza lo proporcio
n a b a y facilitaba todo, y con ella se com-
( 67 )
praba el derecho de dom inar y adquirir
preeminencias sobre sus hermanes. La
costumbre hacia que se considerase a eses
s'res privilegiados con una especie de
respeto que infundía, no su conducta,
sino las prerogativas de que gozaba, o
el oropel que le cubría : unos cuantos
hilos de oro colocados sobre un vestido,
una cinta de colores, o una joya de b ri
llantes al pecho, bastaban para hacerse lu
g a r, y que los demás se les inclinasen,
aquel ser se creia de otra masa ; sino era
virtuoso por instinto su misma clase le
envanecía, y creia degradarse en practi
car algunas acciones que redundaran en
beneficio de otro. Suponía menoscabada
su gerarquia si se dignaba hablar con
los demas familiarmente. La etiqueta le
encerraba en un círculo violento de ac
ciones que em barazaban su índole mis
ma ; en fin , tenia por precisión que re
vestirse de cierto orgullo, al que llama
ban dignidad, que le hacia odioso y
aborrecible en el mero hecho de ser te
mido. De consiguiente , este hombre pa
ra adquirir nombradla bastábale su presencia, sus palacios, sus trenes y sus li
breas. A.hora está muy lejos de ser asi.
El poderoso que cuente millones de esterines de renta, sino tiene virtudes, si
r»o ha procurado instruirse, á nada pue
de aspirar sino al desprecio de sus her-
( 68)
manos; si sus cualidades no le han he
cho recomendable por su justicia, desin
terés, amor al pueblo, respeto á las le
yes y beneficencia, jamas saldrá de
su rincón, no gozará preeminente asien
to en las asambleas, porque no habra si
do jamas elegido para cargos públicos,
para repartir impuestos , para adminis
trar justicia, y para ser legislador. Nun
ca podrá aspirar al supremo cargo de
acudir á las sesiones federales, y decir:
he contribuido á formar leyes para cen
tenares de millones de hombres, he con
tribuido á su bien, y he estado mas ele
vado que los gefes de los mayores impe
rios.
Estas cualidades, hijo mió, no se con
siguen sino á fuerza de virtud , el hom
bre naturalmente está inclinado á sobre
salir sobre los demas; y aqui no tiene
otro conducto para conseguirlo que ser
virtuoso, y serlo en tanto grado, que las
muestras de sus virtudes no solamente
sean notorias á una aldea, si que , las
conozca un cantón, una comarca, una
nación entera ; y nadie mejor que el ri
co puede por su posición conseguirlo;
pero debe ser por el medio de bellas ac
ciones y de una irreprensible m oral: no
asi cuando el brillo del poder, el naci
miento y los títulos eran bastantes. Creo,
, («9 )
pues, te habías convencido de tu duda,
que las leyes bastan para mejorar las cos
tum bres, y que las riquezas pueden con
tribuir , y de hecho contribuyen á per
feccionarlas cuando rigen buenas leyes.
Otras muchas objecciones iba á opo
ner á mi protector para oir con la sensa
tez que las satisfacía , cuando me anun
ció que era preciso recorrer el distrito
porque se acercaba el tiempo de concur
rir al congreso de que era miembro. An
tes de aquella época consultaba a sus co
m itentes, examinaban los establecim ien
tos públicos, se inteligcnciaban de las
exigencias de sus hermanos y de sus pe
ticiones ; descendían hasta á las mas mi
nuciosas costumbres para poder refor
marlas y corregir la relajación de la m o
ra l, si en alguna cosa se advertía, tales
eran los deberes de los legisladores para
poder deliberar con madurez y conoci
miento de causas : no les bastaba que un
número muy corto de individuos m ani
festasen una opinión para suponer que
aquella era de toda la com arca: en fin,
no tenían afortunadam ente partidos ni
pandillas para recibir sus inspiraciones,
v se enteraban por si mismos de cuanto
ocurria en su cantón ; tom aban apuntes,
bacian observaciones, las consultaban con
los m agistrados, con aquellos hombres
I 10 J
de conocida probidad, con los prohom
bres de los gremios y los de agricultura.
3)e esta manera representaban la verda
dera opinión general, y no estaban per
suadidos de un error que mas de una
vez he oido como principio establecido
en algunos puntos de Europa donde hay
representación nacional; y es, que des
pués de nombrado el candidato, y depo
sitada en él la confianza de los electo
res es árbitro en obrar. Este error puede
ser trascendental. El procurador de los
intereses de un pueblo, no puede obrar
sin consultar con éste, debe a veces des
prenderse de sus alecciones, y hasta de
su opinión, si esta es contraria á la de
sus comitentes ; obra corno ellos obrarían,
y representa á todos colectivamente, sien
do eco é intérprete de sus ideas , opinio
nes, pensamientos y querer; de ningún
modo debe dejarse guiar por si mismo.
Si quieres, querido lector, recorrer
conmigo el cantón de aquel cometa ; ve
ras los resultados de una costumbre que,
ojala se practicara en nuestra patria.
XIV.
RECORRO EL CANTON CON MI PROTECTOR PA
RA CONSULTAR
LA
TANTES ANTES
DE CONCURRIR AL
OPINION DE
SUS H A B I ”
SENADO
DE IOS LEGISLADORES.
Cuomo habia yo presenciado algunas se»
siones de las asambleas legislativas mas
notables de Europa, deseaba ver las de
este estraordinario pais. ¿Si habrá, de
cía entre mi, costado derecho é izquier
do, si habrá centros y estreñios, puntos
todos de opiniones opuestas que luchan
en aquellas asambleas, y que las mas ve
ces siempre terminan en perjuicio de los
pueblos? ¿Si habra oposición y mayoría
ministerial? ¿ S i habrá oradores asalaria-
(«)
dos para sostener los intereses individua
les de los ministros en vez de demostrar
los actos del gobierno, que ciertamente
hay grande diferencia en esos dos nom
bre s? Bien conocía que las costumbres
del pais alejaban la intriga ; pero en
cuerpos numerosos, aunque reine la me
jo r buena fe , suele á veces el amor pro
pio escitar partidos y rivalidades que pro
m ueven discusiones acaloradas. Pronto
saldremos del a p u r o , querido lector:
Tente con nosotros ¿ recorrer el cantón,
y te instruirás en el deber de un buen
diputado.
Al dia siguiente se preparó el carro
ento ld ad o , le uncieron las cebras, y di
mos principio á nustra jornada , después
de una tierna despedida y encargos de
m i buena hermana para que la fuese
constante.
Mi protector observaba con minucio
sa atención el cultivo de los campos, el
esmero de los plantíos, y el aseo de las
moradas de sus habitantes. Llegamos á
un pueblo á las pocas leguas, y allí d i s
puso permanecer todo el d ia , pues como
centro de cantón debia hacer sus obserTaciones, visitó al m agistrado, convocó
este a los rurales para la tardecita, v al
dcciijuar el sol salimos á una pradera
( 73)
donde se dtlivero largamente de los in
tereses del cantón: se dio cuenta de losi
fondos recaudados, se manifestó las me
joras que se habían conseguido y se tra
tó del estado de instrucción en la ju ven
tud. Convinieron estar contentos con el
reparto de los impuestos de aquel trienio,
porque a nadie gravaban y estaban bien
equilibrados con la riqueza. Hablóse de
algunos proyectos que deberian plan tearse para traer aguas sobrantes de un
rio inm ediato, con lo cual se lerti 1iza
rían una porción de tierras eriales que
podrían contener centenares de familias.
Nuestro buen diputado tomaba apunta
ciones de todo, como también de los plei
tos que se habian juzgado, delitos que
se cometieran en todo el cantón, aum en
to de su población, y progresos en su
industria y riqueza. En solo aquel año
se habian abierto algunas tierras incul
tas, construido mas de cuarenta nuevas
habitaciones y plantado muchos millares
de arboles.
Al regresar á la posada se presenta
ron algunos habitantes convocados al
efecto, que añadieron varias reflexiones,
que hablaron de la conducta de los ma
gistrados , y acabaron de ilustrar las no
tas del legislador. A los médicos del can
tón se les oyó también acerca de las en-
fermedades reinantes, para deducir filosóücaniente, si nacían de la estación ó
de las costumbres, y si la moral podía
influir en ellas. También sus observacio
nes tuvieron lugar en los apuntes que
debían luego servir para formar una re
lación de la comarca que representaba
mi virtuoso patrón. No hallamos en to
dos aquellos apuntes sino motivos de ben
decir la benéfica influencia celeste.
Al siguiente dia llegamos á otro can
tón muy fértil y ameno, abundante de
aguas, para cuyo transito habíamos pa
sado por algunos terrenos bastante secos
y estériles, observación que no pude me
nos de hacer d mi buen padre. Hoy, me,
contestó, te enterarás de un negocio que
hace algunos años tratamos de conciliar
y según noticias, se halla casi transigi
do con satisfacción unánime del cantón,
y para lo cual hemos trabajado con efi
cacia todos los magistrados de la comar
ca. Tal vez nos detengamos el próximo
sol para llevar terminado el negocio y
tener la gloria de ser el portador de una
nueva fuente de riqueza.
Con efecto, entramos en una frondo
sa vega poblada de caseríos y arbolado,
cruzada de inmensos canales de riego,
donde la vegetación y la industria osten-
(7 5 )
taban su riqueza, y cuyo verdor alcan
zaba mas allá de nuestra vista. En el
centro, algunos chapiteles de edificios
públicos que sobresalían con orgullo so
bre aquella floresta, anunciaban la po
blación, y llegamos a ella sin sentir, por
q u e el camino era delicioso.
Ya se sabia la llegada de mi protec
to r, y no tardaron en venir á visitarle
los magistrados y algunos ciudadanos
q u e le aguardaban. Trataron de los ne
gocios generales como en las precedentes
poblaciones, y se comenzó después á de
liberar sobre la cuestión vital que t^nia
en ansiedad á las comarcas circunveci
nas. Algunas de estas eran infecundas
por la falta de riegos y brazos que las
c u ltiv ara n , una ostensión inmensa de fe
races terrenos se hallaban incultos por
aquella ra zón; y por consiguiente, estas
q u e gozaban de los mas opimos dones
producian una riqueza indecible. Delibe
raron los habitantes de aquellas c o n d u
c ir aguas lejanas que les pusiera en igual
grado de esplendor, pero los propietarios
d e estas se oponían con especiosos pro
testos de destruir su ag ric u ltu ra , amino
rando el \alor de sus producciones por
la concurrencia de nuevos frutos en los
mercado.'S cue antes se abastecían de ellos:
d e d u c ía n ce aq u i, que una población
( 76 )
inmensa sufriría el perjuicio, y que en
aquellas el tiempo los habia reducido á
un corto círculo de necesidades que satisfacian con su industria. Ademas, les
objetaban, ¿en el caso de que hayais
conducido aquellas aguas , que brazos teneis para atender al cultivo de las tier
ras que beneficien? Siempre será un pro
yecto descabellado que redundará en
perjuicio de todos, y antes que puedan
tocarse algunos beneficios la presente ge
neración sufrirá males de trascendencia.
No faltaban á unos y otros razones po
derosas que alegar para sostener sus re
cíprocos derechos , y de generación en
generación seguia la lucha de pretensio
nes sin que por muchos años hubiesen
podido avenirse.
El interes general, base de las insti
tuciones de aquel pais, prevaleció al fin,
y se conciliaron de tal manera los inte
reses, que los mismos opositores instaban
ahora por su realización , porque se con
vencieron que la mucha riqueza agríco
la lej os de perjudicar á la sociedad , co
mo pudiera hacerlo la concurrencia cre
cida de otras artes en un mismo punto,
ésta por el contrario, aumentando la po
blación , aumenta los consumos y estiende si* beneficio á las demas clases.
El plan que adoptaron, y cuya reali
zación debía impulsar el gobierno, seña
lando los límites se reducia á autorizar
las comarcas contendientes para atraer
la porción de aguas sobrantes que los
cantones lejanos no necesitaran, y que
por la naturaleza se proporcionase su
condición: repartir á cada una la canti
dad que el índole del terreno y suscepti
bilidad de cultivos permitieran. Señalar
el número de años que estos terrenos debian quedar libres de impuestos para sub
sanar á los propietarios de los inmensos
gastos que les ocasionaba su proyecto.
Sancionar los artículos que formara la
empresa , comjpuesta de todos los propie
tarios, dividiendo por acciones muy cor
las las partes de interes que se emplea
ran para recoger los productos. Señalar
valores fi jos a los terrenos in cu lto s, c
igual señalamiento de la porción mayor
que pudiera obtener el propietario , a fin
de íacilitar mayor concurrencia, escitar el
interes, aum entar el número de propieta
rios y acrecer la población. Adquirir el
común del pueblo los terrenos para nue
vas poblaciones y caminos , cuya adqui
sición tocaba al gobierno supremo del
fondo general de impuestos dedicados al
beneficio nacional. Invitar el mismo go
bierno á los colonos que debían venir á
aum entar estos terrenos eriales que á los
( ™)
treinta años estarían sembrados de po
blaciones donde las artes y la industria
les diera acción y vida. Estas bases, pues,
fueron las que se consultaron y entrega
ron al diputado para que hiciese presen
te al sanado y conseguir la aprobación.
Como estaban seguros los habitantes
de obtenerla, y que los representantes de
los pueblos no abrigaban mas pasiones
que el beneficio de estos, se hallaban ha
ciendo ya los aprestos, la mucha pobla
ción de esta rica comarca necesitaba ma
yor ensanche, y se habían contratado
terrenos, formado planes para fabricar
los pueblos , y los artistas prevenían sus
talleres para nuevas obras. Millares de
seres trabajaban para lo sucesivo, y se
conciliaban ya las nuevas generacionesque
habían de poblar unos terrenos que en
el dia no daban la menor sombra al can
sado. viagero.
i:;): ;
o'i .o »
.
■ 1i ■
Ya ves, hijo mió , me dijo el anciano,
cuanto puede la conveniencia y las bue
nas costumbres en los hombres. En otros
tiempos y países que dejen de regirse por
leves como la nuestra , n unca pueden
concillarse los intereses de la sociedad,
porque una parte de ella quiere obtener
los esclusivos. <5Y cuando os juntéis .en
el senado, le dije , no hallara objeción
. ( ‘9 )
esta medida port p á r te le vuestras cole
gas? No, rae respondió, los que repre
sentamos las comarcas beneficiadas en es
ta útil empresa , estamos de acuer
do con el querer de nuestros comitentes,
y no pudiéramos separarnos de el, por
que es justo, beneficioso equitativo, y en
nada se opone a las leyes generales. No
sotros deliberamos como órganos de los
que nos envían: somos su eco , sus en
cargados, y los intérpretes de su volun
tad j por esto la consultamos, y no ha
llándola conforme entre todas las clases;
no viendo que desde el poblador de la
mas mínima choza hasta el mas rico pro
pietario se bailan conformes ; que las
opiniones de estos , en lo general, no di
fieren de los habitantes de los talleres y
demas ciencias; en fin, que todos se ha
llan (convencidos de la utilidad de una
ley y de su proyecto, en armonía con
nuestras instituciones , jamas nos atreve
ríamos a presentar mociones que nos atrageran la nota de arbitrarios y malvados.
Nuestro deber no es otro que espresarsu
voluntad y, ver si esta se halla arreglada
á las leyes: solo faltando a estas prescin
dimos de la misión; este caso aun no ha
llegado. Son nr.estros hombres demasiado
celosos de la ley para traspasarla , por
que en ella estriba su felicidad, su bien
estar y las garantías de que gozan.
(80)
Los representantes de unos pueblos
como los nuestros no tienen otro estím a
lo que sus mejoras , no hay miras perso
nales que satifacer, ambiciones que lle
nar , ni necesítase mendigar la benevo
lencia del poder para ascender á los em
pleos y honores. En nuestros remotos
tiempos , cuando imperaba el vicio, cuan
do la cabala elegia á los diputados, cuan
do los gobiernos emancipados de los pue
blos se creian superiores a estos, y for
mados aquellos para la hum illación en
tonces procuraban obtener una influencia
sobre los legisladores, lbs halagaban, los
compraban con los honores y los empleos,
y los pobres pueblos elegían á unos opre
sores qüe solo les proporcionaban yugo y
vilipendio.... Nada puede ofrecer en el
dia el depositario de la ley : no hay otros
estímulos para el hombre que la virtud;
el vicio corruptor al desaparecer de estas
comarcas no dejó trazadas lisotigeras
huellas, sino el horror que su memoria
inspira. No habiendo otra halagüeña
perspectiva para el hombre sino la feli
cidad de sus herm anos, procura al
canzarla.
De esta manera visitamos todos los
cantones , se enriqueció el libro de me
morias de mi protector de notas curiosas
é instructivas, á fin de llevar al templo
( 8‘ )
legislativo todos los datos que exigían su
noble misión. La agricultura, el comer
cio, la navegación , las artes, la pobla
ción , las costumbres , todos estos por
menores minuciosos coutenian para de
mostrar cual era el estado de la comar
ca para deliberar las enmiendas y mejo
ras que debían hacerse en las leyes espe
ciales; podia decirse con razón que aquel
pequeño viage y sus apuntes formaban
un completo curso de economía y ciencia
gubernativa, para instruir á cualquiera
que se dedicara á seguir la carrera de los
legisladores en beneficio de los puiv
Líos. Si mi memoria hubiera sido tan fiel
que hubiese retenido con las observacio
nes las doctrinas de mi protector, pudie
ra hacer un beneficio a mi patria ofre
ciendo á mis conciudadanos una obra de
que ahora carecemos ; porque todas las
que hay de este género adolecen del vi
cio común , de no estar dictadas por la
im parcialidad , no hallar su cimiento en
las leyes generales , ni basarse sobre una
moral y costumbres puras.
En pocos dias terminamos nuestra m
sion , regresamos á la mansión paterna,
empleamos algunos en analizar y forma
la memoria que cada diputado presenta
ba al senado para su examen y deli
beracion. Complicado me parpe ia á pri
tomo m
G
( 85)
mera vista para un cuerpo tan numeroso
hubiera suficiente tiempo para el examen
de tantas memorias, y deliberar deteni
damente sobre cada una de ellas. Materia
que en mi juicio necesitaba de mucho ma
yor, y no el limitado para las sesiones;
pero a este oportuno reparo satisfizo mi
protector diciendo : Nos queda poco mas
de cuarenta soles para nuestra reunión,
y por esto remitimos con esta antelación
nuestras memorias ¿ la comisión perma
nente ó de gobierno, que al recibirlas
trabajan incesantemente sobre ellas, for
man un resumen ó nuevo estado general,
por el orden alfabético de comarcas , y
luego otro por el mismo orden de las di
versas materias que contiene ; y de esta
manera teniendo adelantado lo mas esen
cial deliberan sobre ellas con rapidez
porque en las mismas memorias van con
signadas las opiniones consultadas ya con
la conveniencia publica.
Te pondré un ejemplo: en el resumen
de materias y en la clase de comercio,
supongamos, se halla consignado el es
tado de su progreso ó decadencia en ca
da comarca , con las advertencias gene
rales de las causas que lo hayan produ
cido, toca á tal dia deliberar sobre el
ramo m ercantil: no se dilucidan en él
ni complican otras cuestiones. Se obser¿
(83;
va que la comarca a, b , c., S¿e. lia lle
gado su ramo comercial a un grado de
esplendor por estas ó las otras causas ; y
que los distritos f , g, £¿c. han decaído
por esas ó aquellas incidencias que se
hallan marcadas en las respectivas memo
rias: si el negocio es de tanto bulto que
exija una ley general se establece esLa y
queda un año para consultaren los pue
blos sus efectos: y cuando no se aprueban
las observaciones especiales consignadas
en las memorias, y la próxima legislatu
ra ó reunión presenta también en la
nueva memoria los efectos que haya pro
ducido. Asi acontece con la navegación,
la agricultura , las artes , la instruc
ción , Sjrc. Ya ves, por consiguiente, cuan
sencilla es una materia que á primera
vista te parece revestida con tantas com
plicaciones.
Otra manera de legislar solo produce
monstruos que deben enmendarse muy a
menudo , y que siempre estrivan sobre
bases imperfectas. Una ley que se espide
boy que mañana debe reformarse por sus
vicios, produce las mas látales conse
cuencias: desconceptuase el legislador,
la ley pierde su prestigio, y cuantas la
asocian carecen del brillo que las coloca
en la esíera de los mas sagrados. Los be
neficios de una ley son su permanencia,
(8i )
v la habilidad de los legisladoras consis*
te en que la hagan sencilla, equitativa,
conciliadora, y los varios accidentes que
ocasiona el tiempo no desvirtúe ninguna
de sus bases ; en fin, que sea tan eterna
como las que emanan de la naturaleza,
escritas sobre nuestros corazones.
Antes de nuestra regeneración había
ano que sobre una misma materia se es
pedían mas de cien leyes, contrariándose
unas á otras: esta insubsistencia corrom
pía las costumbres, desquiciaba la moral
y ninguna podía practicarse, porque al
día siguiente quedaba derogada, y si
guiendo este perjudicial sistema en todos
los ramos gubernativos, nohabia hombre
por estudioso que fuera que pudiera re
tener ni aun los decretos gubernativos de
un solo año. ¿Te parece, pues, qué be
neficios tuviera nuestra regeneración si
no se hubiesen corlado de raiz aquellos
abusos? Fuera volver sin duda á tan fa
tales tiempos y precipitar la especie hu
mana á los grandes desastres que esperimentó por espacio de tantos siglos. Por
otra parte, nuestra legislación es mas sen
cilla , porque solo se apoya en los inte
reses del pueblo: entonces eran varios
los que se suscitaban ; el interés de los
gefes , como supremos legisladores , ab
sorbían la principal atención y todas las
( 85)
leyes tenían solo la tendencia de afirmar
cu poder, de divinizar su prepotencia, de
estender su orgullo y alim entar sus pa
siones : el estado era él ; de él eran los
pueblos , de él dependían los hombres,
las leyes solo para él se hacían , para su
esplendor , para su gloria. Seguíanse de
aqui otras leyes para los parasitos que
rodeaban su trono , a fin de concederles
indem nización y privilegios, para poder
subyugar a mansalva a todos sus herma
nos y servir de opresivo peso, con objeto de
que jamas pudieran levantar la cerviz
para destruir la tiranía de su gefe.
Débiles los palaciegos de por si, ne
cesitaban otra fuerza mas potente que la
suya para enfrenar á la mayoría de los
hom bres, y de aqui nuevas leyes para
la fuerza arm ada, instrumento del poder,
para agobiar también á sus hermanos:
los privilegios de que gozara esta fuerza,
su régimen especial, su mantenimiento y
equipo daba origen á infinitas leyes que
variaban á menudo seguu las circuns
tancias.
No les bastara á los pueblos el yugo
de la fuerza para contener su indigna
ción al ver sus derechos tan bollados, y
era preciso crear otro poder que sin ar
mas ostensibles les oprimiera aun mas y
( 86 )
dominase individualmente. Este poder,
pues, le componían los que se llamaban
intérpretes de la divinidad y árbitros de
la vida ó muerte moral de los hombres.
Leyes de diversa especie necesitaban tam
bién estos seres, leyes de privilegios y
eseneion, v leyes sobre humanas por el
carador divino que se arrogaban sus
particulares legisladores , en fin , queri
do Astolfo , los códigos de aquel tiempo
eran un centón informe de contradicio
nes y estravagancias que parecia imposi
ble pudiera haberlas dictado el espíritu
humano : y no quieras deducir ahora que
aquellas observaciones nacieran tan solo
de los gobiernos absolutos sometidos á
la voluntad de un tirano: no: en varios
gobiernos mistos hallábanse también gran
des defectos porque habia siempre un
motivo grato de halagar al poder, te
nia en su mano la dispensación de las
gracias; y ¡es tan lisongero al hombre
obtener aquellas que halagan sus pasio
nes y le facilitan los medios de saciarlas
sin trabajo! que por esto se sacrifica al
propio bienestar la felicidad de millones
de individuos. Cuéntase, para que te
horrorices , que un consejero de nuestros
antiguos gefes para halagar las pasiones
de su amo no perdonaba medio alguno,
aun cuando perjudicase á los pueblos:
mas se gastaba en las partidas de caza,
(87 )
pasión favorita que dominaba al gefe del
estado, que pueden importar ahora los
gastos generales de diez años. Observán
dole al ministro un hombre de reflexion
lo infructuoso de tan onerosos dispen
dios, contesto el consejero; cuando mi
amo quiera ir d caza no debo perdonar
medios de satis facerle, aun cuando los
pueblos se vistan de estera : él encuentra
una diversion que debo alimentar. porque
mientras tanto dispongo yo del gobierno.
i Te parece, Astolfo, los beneficios qu<'
tienen los pueblos con tales monstruos!
Mientras el gefe de un estado pueda
agraciar con el poder á hombres tales
¿ podrán los pueblos ser venturosos , ni
lisongearse el mismo dispensador de las
gracias que no sera engañado por la adu
lación , la ambición y el prurito de do
minar y vegetar sin el menor trabajo á
su sombra? Cuantas veces gefes virtuo
sos en esencia , habran aparecido en la
historia como dechado de crueldad y de
vicios por solo las órdenes espedidas de
sus consejeros , en que ni teniau parte,
ni noticia.
El supremo poder se halla general
mente circunvalado por una vava inac
cesible á los súbditos, y tan sólida é im
penetrable , que jamas puede la verdad
penetrar por ella. La turba de adulado-
(88)
res le interceptan el paso, hacen ver al
ídolo que inciensan, que toda la nación
nada en la ventura y la abundancia. So
lo le dejan ver objetos brillantes y hala
güeños ; separan la miseria de su vista;
alejan las quejas suponiendo que no quie
ren oirlas, jamas ¡lega á sus oidos la
verdad ; y cuando desciende al sepulcro
creyendo haber hecho la felicidad de los
pueblos y dispensado justicia , le acom
pañan basta la tumba las maldiciones de
millones de seres que le clasifican de un
tirano , de un malvado.
Por esto nuestros padres al dictar las
presentes leyes, celosos del honor de su
geí'e, lo revistieron de una dignidad sa
grada y augusta , cual es la de deposita
rio de la ley, que le hicieron inaccesi
ble á la adulación é intriga , evitándole
la ocasión tle poder ser engañado y se
ducido, colocando á su lado hombres
íntegros que no puedan engañarle ni
darle ocasión á que pudiera decir á los
pueblos: «Los males que estos os ocasio
nen son obra vuestra : quejaos de vues
tra imprevisión.»
XV
preparase
nuestro viage
AL T E MP L O DE
LOS
LOGO CON A B I D É . =
para
concurrir
LEG ISLA DOll ES. = D I Á SALIDA. =
LA C A P I T A L D E AQUEL
LLEGADA Á
PAI S .
i r u e n ec e s a rio , pues , ir p re p a ra n d o c i
equipage del venerable A d t p , á quien
mi querido hermano Odové y yo debía
mos acompañar para instruirnos ambos
en los deberes de hombre é iniciarnos en
la ciencia legislativa, por si alguna vez
nuestras virtudes nos hacían dignos de
representar á los pueblos: el equi page se
procuró íuese algo mas esm erado, por
que Íbamos á la capital de aquellas co
marcas , donde las artes y el buen gusto
exigían mas esmero que en las provili-
.( 9 0 .
cias; todo el universo es país, decía yo
entre mi, y las costumbres puras de es
tos habitantes no les exime sin embargo,
de las exigencias de lujo y de una espe
cie de coqueteria que producen las mo
das. Mi buen padre previno su tráge le
gislativo, compuesto de una gran túnica
blanca , con cíngulo púrpura y un gor
ro del mismo género, sin otro adorno
que un escudo sobre el pecho de dorado
metal con una cadena de lo mismo, que
era el signo de dignidad legislativa que
recibían de las respectivas comarcas al
investirles de aquel sagrado carácter, y
en cuyo escudóse hallaban grabadas las
armas y el nombre del cantón que re
presentaban.
Durante ios preparativos nos dio nues
tro padre las instrucciones que creyó
oportunas para el nuevo teatro que íba
mos á visitar, iniciándonos en las cos
tumbres adoptadas durante la época le
gislativa, que atraía una concurrencia
numerosa á la capital del país, adonde
acudian los habitantes de los climas mas
lejanos.
Algunos dias transcurrieron en estos
aprestos v observaciones, v notaba yo en
mi querida hermana Abalé un desasosie
go que obstruia su natural buen humor
( 91)
T alegría. Dos días faltaban para nuestra
separación, cuando yo, con el fin de di
sipar algún tanto su tristeza , la propuse
me acompañara a la quinta del valle pa
ra tener el gusto de ver y despedirme de
nuestra hermana E a d i , que tan felice vi
vía con su esposo Aduard. Con electo,
emprendimos al dia siguiente nuestra
marcha , y al poco tiempo llegamos á la
mansión venturosa de aquellos dos espo
sos, que nos recibieron con las mas sinceras pruebas de fraternal benevolencia.
Abrazáronse las dos hermanas y nos
dieron la plausible noticia que la en
cantadora Eadi se sentia con síntomas de
ser madre. Cumplimentamos á los espo
sos por su felicidad, y nos prometieron
que vendrían al dia siguiente para reci
bir la bendición de su padre antes de
emprender el viage. Pasamos algunas ho
ras en el seno fraternal, y al declinar la
tarde emprendimos nuestro regreso.
¡Cuán felices son, me dijo A bidé ,
nuestros hermanos!... S í , la contesté, los
encantos del amor y de la amistad em
bellecen los clias de los seres á quienes
llega á reunir una dulce simpatia.
Abidé. Fdlos llegaron á la edad de
participar de la mayor ventura , y pron
to serán padres. ¡ Cuánto les envidio !
< 92 )
A fslolfc. También puedes tu aspirar
á la misma dicha. Tus gracias, encanta
dora hermana , alraeran á muchos mor
tales que se tendían por felices en unir
bu suerte con la tuya..... Nunca me has
hablado del estado de tu corazón, ¿ tu
am as, querida Abidé?
Abidé. S i: yo no debo ocultártelo,
ni menos lo dudan mis padres y mis her
manos. Amo sin saber si soy am ada, por
que el objeto de mis votos nunca me
ofreció su corazón, y no me conceptúo
bastante bella para interesarle en mi
suerte.
A slo lfo . ;Q uc no eres bastante bella,
joven adm irable á la par que modesta!
Sin cegarme la parcialidad y el cariño
que te profeso, puedo asegurarte que
cuantas mugeres he visto en este pais,
ninguna , creólo, ninguna , se halla ador
nada , en mi concepto, de las gracias
que miro en tí reunidas: i ay, querida
Abidé, cuanto envidiaré al mortal que
llegue á poseerte, y que sensible me fue
ra si no reuniese las cualidades suficien
tes que puedan hacerle feliz!
Abidé. ¿Lo envidiarías, Astolfo? Sin
embargo , estas gracias que ves en mi ...
NTo, no pueden serlo.... A tu ¿no amas?
(»*)rauger que cause
¿no has hallado una
en tu alma agradables sensaciones de felicidad ?
Asto/Jo. Abidé: ¿si amo, me pregun
tas i* ¿pudiera mi corazón hallarse esento de una pasión tan noble y generosa?
¿Me juzgas insensible.5 No, querida her
mana, yo amo con un fuego tal que ja
mas se estinguirá en mi alma : el objeto
de mis adoraciones es santo , puro , su
blime; es la virtud misma, la belleza
sin igual.
Abidé. Y no te corresponde, ¿quién
es? ¿dónde se halla? Muéstrala a mis
oj os.
A sto lf o. ¿ Mostrártela yo , querida
Abidé? ¿Pudiera acaso un desventura
do , un mísero estrangero, un hombre
lejos de su patria, sin esperanza de vol
ver á ella, sin clase, sin destino, reco
gido por la beneficencia de un mortal
generoso, entregarse á la esperanza de
interesar á un corazón sensible?.... ¿Qué
pudiera yo ofrecer á mi amada?....
Amor, si, constancia, fidelidad eterna,
dulce amistad y miramientos; nada mas.
A bidé. ¿ Y que mas se necesita que
rido Astolfo?
( 94 )
Asió!Jo. Se necesita embellecer el
sendero de la vida, se necesitan bienes y
recursos para mantener a una esposa, para
cuidar los hijos.; se necesita , Alude , lo
que no tengo....Eternamente seré desven
turado ; Cerróse para mi eternamente el
templo del amor, y no podré nunca aspi
rar a las delicias de himeneo: En tales
circunstancias ¿Como atreverme a decla
rar á mi amada una sensación que tal
vez desecharía por la misma reflexión. ?
Ademas, yo sé que su corazón ama a otro
objeto, á otro hombre que podrá hacerle
feliz.
Durante este diálogo observaba yo
todos los movimientos de Abidé y sentía
la agitación de su pecho. Vagaban sus
miradas y bellas lágrimas se asomaban á
sus ojos. La abracé y la di ge ¿que tienes?
¿ acaso pude ofenderte al manifiestar lo
que siente mi corazón? pudo excitarse tu
sensibilidad por la pintura de mi suerte?
¿Cres acaso que no agradezco los benefi
cios que recibo de tus padres y las prue
bas de bondad que os debo a todos ? Mi
gratitud será eterna ; y una prueba de
ella es comunicarte un secreto que jamas
saliera de mi pecho sin preceder tu pre
cepto. No te ocupes tanto de un desgra
ciado: procura ser tu feliz, yo lo seré con
verte venturosa , V sustituiré mi carino
( M
para con tus padres, yo los cuidaré en su
ancianidad, jamas me separaré de su lado
y podras decir cuando estés cu los brazos
de tu esposo; «A sloljo está con mis pa
dres: llena para con ellos sus deberes y
los mios. » Renuncio para siempre aL
himeneo, renuncio el derecho de ser hom
bre, porque jamas pudiera serlo a no es
trecharm e con la sola y única que ocupa
rá siempre mi corazón.
Abidé. Por el C ielo, Astolfo, dime
quien es esta muger.
A stolfo. Te lo diré el dia que consu
mas el himeneo con el dichoso mortal que
tan to amas.
Abidé. Jam ás uniré mi suerte con
otro que el que mi corazón ocupa : este
ama á otra, rehúsa ser feliz ¿ podré yo
serlo? No, n u n ca: te lo prometo. Las
dulzuras del amor huyeron para m í.......
Tú aun puedes ser dichoso: mi padre es
rico, al adoptarte adquirimos un nuevo
herm ano, tú tienes igual derecho que
nosotros á sus bienes ; tú no eres estrangero : tan pronto como llenes los deberes
de la ley, esta te concederá una patria.
Amado del pais, con padres sensibles v
generosos , con hermanos prontos á sacri
ficarse por tí ¿ qué otra cosa puedes nm-
...
(»«)
bicionar que el corazón Ue una esposa ?
Esta , A s to lfo , no podrás rueños de h a
llarla ; pero yo....
Un raudal de lágrimas obscureció el
brillo de sus ojos, recostó su cabeza so
bre mis hombros y mi corazón palpitaba
con violencia. Dime ¿ quién es tu ama
da? repetía entre sollozos : dónelo , si mi
suerte te interesa, ^ o cada vez mas agi
tado no sabia que responder: tenia el ser
que idolatraba entre mis brazos, su co
razón palpitaba junto al mió, sus lágri
mas inundaban mi seno , mi rostro toca
ba al suyo, un luego discurría por mis
venas. Estrechóla, pues, con todo el de
lirio del entusiasmo.... Eres tú , la dije,
la única muger que adoro, y apliqué mis
labios á los suyos para impedir su res
puesta.
Este delirio , em pero, fue momentá
n eo : desprendióle de sus brazos, me ar
rojé á sus pies. Perdona , virtuosa Abid¿}
mi amor es puro, casto, virtuoso como
tú misma, jamas podra ofenderte , sér ce
lestial , ángel sublime, perdona un arre
bato de pasión que no ha estdo en mí
contener. Lo has exijido ya : eres dueña
de mi suerte: obra con sublimidad como
tú misma. Pasado mañana parlo a la ca
p ita l, solo con envidia pudiera mirar aL
( 07 )
que tú amas.... No volverás á verme ; per
dona á un desgraciado que no pudo ser
insensible á la belleza y á la virtud.
Abidé me levantó y me dijo con digni
dad : A s to lfo , has libertado mi corazón
del peso que le oprimía , soy feliz, yo
tam bién te am o, y me enlazó con sus
brazos. No me hagas ninguna objeción:
prométenjelo. ¿ Podia yo negarla nada ?
Seguimo^ nuestro viagc.
Durante el camino no me habló A bi
dé sino de negocios generales ; yo no me
atrevia á preguntarla acerca de su reso
lución, y padecia indeciblemente hasta
ver el resultado que pudiera producir m i
indiscreto paso, Llegamos ya entrada la
noche al lugar paterno, brillando en los
ojos de Abidé el luego del entusiasmo y
la alegría : yo me hallaba pálido cual si
hubiese cometido algún crim en, sin atre
verme á m irarla ni alzar la vista sobre
mis generosos protectores. Pregúntanm e
admirados de ver la agitación que nota
ban en mi pecho: indeciso no sabia que
contestar ; queria leer en los ojos de mi
amada y se sonreía. Creyéndome enton
ces burlado, aglom erándose en mi im a
ginación mi suerte y la imprudencia que
debiera haber evitado , hallábam e aereedor á todas las reconvenciones. Arrodi
llóme ante mi protector. P erdonad, es-*
to m o
ii,
.7,
(.9 8 )
elcmé , aunque criminal , mi corazón es
inocente.... Quedáronse admirados : yo
confundido sin poder hablar, cuando A bi
dé me, levanta-, tómame una mano, y
con una cariñosa reconvención me d ice:
faltaste á tu palabra , la revelación me
toca á mí, queridos padres. Astolfo me
am a, le he arrancado un secreto que en
vano me procuraba ocultar; le elijo por
esposo : nunca os oculté los sentimientos
que me {inspiraba , ya que sdty amada,
bendecidnos.
Al regreso de mis funciones legislati
vas, dijo Adep con gravedad , os condu
ciré al templo : todos me abrazaron y yo
permanecía como un insensato , sin saber
lo que por mí pasaba. No lo estraño, di
jo con cariño mi benélico protector : en
tu patria tal vez no son comunes estos
rasgos, porque desconocen las leyes de
la naturaleza, aqui nos basta la dignidad
de hombre para respetarle y respetar asi
mismo las sensaciones de su corazón,
cuando son virtuosas. Amo á mis hijos, y
cuando te vi solo y abandonado leí la
probidad en tu semblante y te adopté:
inspirastes á mi hija sentimientos de amor
que me declaró [desde el momento que
pudo concebirlos, y ofrecí hacerla íeliz
si tú pudieras amarla. También leia yo
tu coraron y conocía que Abulé no te e n
( 99 )
indiferente : desde luego me persuadí
que algún dia pudiera veros venturosos;
lo sereis. Y si como no dudo se abriga la
gratitud en tu pecho, compensarás los
cuidados de un padre adoptivo haciendo
feliz a tu hermana. Tú no eres estrangero en el pais, cuando te unas se inscri
birá tu nombre en el libro de los hom
bres y gozaras el derecho de ta l, como
hijo de O e. Entre hermanos desconocemos
las diferencias de castas y de paises. Las
riquezas no dieron nunca la felicidad, y
del mismo modo que vi con gusto enla
zarse á Lady con Adnard, el mas pode
roso de la comarca, asi también abrigara
yo igual satisfacion si hubiese elegido á
un joven virtuoso, á quien fuera indis
pensable labrar una fortuna. Astolfo, este
pais te hará conocer que la ventura es*
triba en las costumbres , y cuando estas
son virtuosas el Hacedor del universo
colma á sus hijos de felicidad, paz y
alegría, dones verdaderos de la Divini
dad , y nunca precarios ni falaces como
los que el homhre proporciona.
Ya ves, querido lector mió, como sa»
lí de un lance en que crei, según la
practica de este pobre globo ocasionar
disgustos á una respetable familia. Feliz
mente no fue asi, y el sendero de la vi
da se presentaba para mí mas halagüeña
t
( 100 )
y digno de envidia , aun enlre los poten
tados de esta infelice patria.
Los preparativos de nuestra marcha
ocuparon los dos dias que faltaban , te
niendo el gusto de tener en nuestra com
pañía hasta la salida á los esposos del
valle , que celebraron nuestro amor y
ofrecieron acompañarnos al templo y no
ticiar esta buena nueva á toda la comar
ca , que miraria nuestra unión con el
mayor jú b ilo , por el cariño que tenian á
Abide y por el afecto que había yo sabi
do grángearme de todos sus habitantes.
Ya se deja inferir que nuestra despe
dida seria tierna , y que la naia en parti
cular era mas sensible que otras veces,
aun cuando mi corazón rebosaba en amor
y en esperanza. Aduar y Eady ofrecieron
visitar á menudo á mi madre y hermana,
haciendo con sus cuidados y esmerado ca
riño mas llevadera nuestra ausencia. Par
timos al fin al inmediato día haciendo en
él una larga jornada, á fin de llegar á
uno de los caminos mas magníficos de
aquella nación, en donde la industria de
sus habitantes y el estímulo y protección
que ofrecían las leyes habian conseguido
sustituir por medio del vapor la celeri
dad en los viages, comodidad de los
transeúntes y beneficio al comercio, por
( 101)
la rapidez de sus comunicaciones.
Una empresa general habia term ina
do el camino que cruzaba todo el pais y
emprendía otros nuevos; por manera que
dentro de algunos años el imperio de la
riqueza haria de aquella nación uno de
los paises mas privilegiados.
La suntuosidad y m uchedum bre de
carruages que encontrábamos, los cana
les de riego y navegación que veiamos
durante nuestro tránsito, me dieron la
idea mas magnífica de la prosperidad en
que estaban aquellas {felices comarcas.
Estos mismos terrenos que ves hoy tan
fértiles, estas poblaciones que tanto te
encantan , me decia A d ep , todas son
nuevas é hijas de la regeneración. H u
bieras antes caminado por este mismo
terreno agreste y sel va ge , guarida siem
pre de bandidos , y por el que caminaba
temeroso el viagero al considerar las se
ñales de asesinatos que en él se cometían,
no hallabas un pozo donde refrigerar tu.
abrasada boca, ni un árbol que te diera
sombra. Las poblaciones sa hallaban dis
tantes entre s í , y tu vista habría busca
do en vano una morada á donde descan
sar de tus fatigas. Sin em bargo, el p u e
blo se hallaba agobiado de impuestos, los
raudales de oro inundaban las arcas del
tesoro, y los gafes que se sucedían em:
( 102 )
pleaban inmensos caudales en palacios
de recreo , cuya construcción costaba su
mas quintuplicadas, por la mala versa
ción de los encargados de ellas. También
se empleaban tesoros en fabricar palacios
á los intérpretes de la divinidad y en do
naciones para acrecentar sus rentas. Y no
creas que estos cuantiosos bienes fueran
suficientes para sostener sus estensos tre
nes , no : el mísero labrador les contri
buía con la décima parle de sus frutos,
y otras exacciones ademas que disminuía
sus cosechas: este cruel gravamen , la
casi esclavitud en que vivían , el despre
cio que á su honrosa profesión se prodi
gab a, la miseria con que arrastraba en
su existencia penosa bajo los ardores del
sol y en una total sequía , obligaban á
que buscasen en otras tareas una suerte
menos desgraciada : el hombre huía de
los campos, abandonaba el arado, y esca
seaban por esta razón los brazos útiles
que pudieran fomentarle. Con inmensos
y feraces campos que invitaban al culti
vo y ofrecían la mas fecunda vegeta
ción , carecían nuestros mayores de
los primeros artículos de la vida , que
tenian que mendigar al estrangero, ó
que la penosa transportación impedia lle
var de unas provincias á otras. Por esto
se hallaba el terreno inculto , cantones
inmenso!) despoblados, una miseria gene-
( 103 )
ral ; y ni las artes, ni la industria, ni ei
comercio podian hacer progresos faltán
doles la base de la común madre la agri
cultura. Por el contrario, ahora se esme
ra el hombre en adquirir un capital que
emplea en tierras para obtener el bono»
rabie título de cultivador.
¿Y cómo podian los gefes, dije yo,
desatender las exigencias de sus súbditos?
¿ Podian desconocer el estado del pais,
su despoblación y miseria ? ¿Tan proter
vos eran sus áulicos y consejeros que no
les inclinaran á aumentar su dominio
acrecentando la riqueza y población in
terior ? Si, hijo mió, me respondió, eran
protervos: cuando descollaba alguno que
se atreviese á llevar los ecos de la verdad
ante el solio del poder , se le castigaba
como un audaz ambicioso que deprimia
las facultades supremas. Los que manda
ban solo cuidaban de su fortuna , la pa
labra patriotismo era mirada con baldón,
y la humillante y hoy envilecida voz de
siervo del poder era la única honrosa. Ni
les ministros ni los conejeros del prin
cipe procuraban por el bien de los pue
blos : todo su conato lo cifraban en opri
mirlos , en saquearlos, en arrancarlos el
fruto de su sudor para arrastrar magnífi
cos trenes , construir palacios é insultar
la común miseria. Esta inmoralidad iba
( 1 04 )
descendiendo por ciases , y aun los gefes
de cantón solo se curaban de cuidar sus
pingües rentas y aumentarlas con dilapi
daciones y vergonzosos manejos , en vez
de representar por las mejoras del pais y
felicidad de los gobernados.
Llegaba á tanto el colmo de esta fa
tal impudencia, que se cercenaban los
honorarios de los subalternos hasta el estremo de no proporcionarles ni aun una
mediana subsistencia : no obstante arras
traban un orgullo y un lujo escandaloso,
con el que decían á los pueblos: «Noso
tros somos vuestros robadores : el mismo
poder supremo nos lo autoriza, porqué
nos exije tributos y regalos; y aunque
acudáis con quejas serán infructuosas,
porque ellos son los primeros que dilapi
dan.» Este ejemplo fatal de inmoralidad y
corruptora conducta hacia que todos an
siasen obtener un cargo dependiente del
estado, porque vivían con abundancia á
costa de muy corto trabajo, quedando
escritos de las comunes cargas. ¿ Cómo
q u crias, pues, qué fomentase el pais con
tan fatales elementos. La obra de la re
generación los estrajo de nuestro suelo,
y desde entonces ha fomentado la indus
tria y la riqueza , desde entonces ha sido
el trabajo el estímulo del hombre, des
conociéndose los rangos y la ambición de
eippleos , se han acumulado H>s brazos
( 10-5 )
para la agricultura y las artes, lian cesacio los vergonzosos robos, las costum
bres se han rectificado y las mejoras del
país han sido cada dia mas numerosas y
efectivas.
Con estas y otras conversaciones que
daban lugar a reflexiones oportunas lle
gamos a la visLa de la capital de aque
lla n ación, cuya estension inmensa de
m ostraba su grande población y la in
dustria y riqueza que encerraba. Entra
mos por un camino delicioso, sembrado
de jardines ricos de aguas donde la vejetacion ofrecía con abundancia frutos á
sus habitantes. Todo esto es nuevo, díjome mi guia , en anteriores tiempos estas
moles inmensas de magnífica población
que ves á la izquierda solo eran jardines
en que el gefe ostentaba su lujo é invertia en su ornato sumas inmensa : después
de la regeneración, cuando tuvieron que
vivir de sus propias rentas, cuantiosas
en verdad , pero mal adm inistradas , la
economía las acreció en términos que
sobrepujaban á los valores con que la
nación contribuía á sus gastos. Toda es
ta población y otras que te enumeraré
en otros parages de este recinto y co
marcas, dan productos cuantiosos que po
seen los gefes y sus descendientes sin
necesidad de gravar á los pueblos, ni
~
( 106 )
que medien entre unos y otros depen
dencias degradantes por mutuos socorros.
Esta otra población de calles estensas
que ves á tu derecha, eran en otro tiem
po el lugar donde se veia construido un
circo vergonzoso en que luchaban hom
bres contra fieras. Esta nueva población
que formaba parte de la antigua , cuya
belleza y simetria ofrecia al observador
trozos interesantes, nos condujo á un pa
seo delicioso que se hallaba en el centro
de la población. Cerca de este sitio esta
ba la posada en que debíamos parar, y
al llegar á ella descansamos de nuestro
dilatado viage. Descansa tu también, lec
tor amigo, que mañana emprenderemos
si gustas el viage de la capital de una
de las naciones de mi admirable pla
neta.
XVI.
RECORREMOS
I .A
CA PITAL. =
R EFLEX IO NES
O P O R T U N A S S O BR E SU E S T A D O A C T U A L CO M
P A R A D O CON E L A N T E R I O R .
A l día siguiente, después de haber lle
nado mi protector las fórmulas de su car
go, é ínterin llegaba el dia de ir al tem
plo de los legisladores, como él tenia ne
cesidad de reunirse con sus colegas para
tratar de los trabajos preventivos de
aquella legislatura , un amigo suyo, ins
truido por él , ofreció acompañarnos á
ver las cosas notables de la capital. No
quiero defraudarte, amigo lector de sus
noticias, por si algún dia pudieras en tu
patria adoptar muchas de las bellezas
que admirarás aqui.
( >08 )
Las calles de aquella población eran
anchas y suntuosas, bien empavesadas,
con magníficas aceras y ostentosos edifi
cios, su estension superficial cuadrada
ocuparía un espacio de tres leguas. Nos
condujo al estremo del sur, y por una
suave pendiente de hermosos jardines co
locados en forma de anfiteatro, llegamos
á un ancho canal, sobre el cual había
magníficos puentes y en sus aguas in u
merà bles buques que descargaban en los
muelles las producciones de los climas
mas remotos de aquel globo.
En otro tiem po, nos dijo el conduc
tor, después de inmensos caudales que
empleara el gobierno, solo consiguió
formar en aquel punto un mezquino cau
ce, al que llam aban canal, cuyas cena
gosas aguas no vieron jamás flotar sino
dos ó tres miserables barcas que traspor
taban piedras: en el dia, ya lo veis, se
lia enriquecido considerablem ente, úne
se con un rio infeliz en otro tiempo, pe
ro en el dia anchuroso y soberbio que
ha exigido estos diques y malecones pa
ra contener su audacia cuando las ave
nidas fecundan su cauce. Este canal es
obra de diez años : se consiguió llevarle
á un rio inmediato que sujetándole tarabien á límites estrechos y seguros con
ci uce nuestros buques hasta Jas costas
( 109)
marítimas que distan mas de quince so
les, no podéis calcular el origen de ri
queza que ha producido esta obra in
mortal , hija de la regeneración que al
paso que proporciona transportes equita
tivos , fecundiza tierras, mueve máqui
nas, y da un impulso general á las ar
tes y á la industria.
Fuimos siguiendo el curso del canal,
y por ambos lados una abundante vege
tación y varias casas de placer formaban
una población no interrumpida por es
pacio de muchas leguas: en artificiales
prados se veian los ganados pastar para
alimento de un pueblo tan numeroso y
abundante de todos los productos de la
tierra: fabricas de varias manufacturas
enriquecían la comarca, y en el canal se
embarcaban los artefactos para la capi
tal y otras provincias. La mayor anima
ción reinaba en aquellos sitios, y los fre
cuentados muelles de Paris y las márge
nes del caudaloso Támesis, únicamente
podian escederles por su mejor posición
y mas abundancia de aguas. Todos los
puentes presentaban unos trozos de la
mas atrevida arquitectura, compitiendo
con dos, cuya fabrica recordaba siglos
de antigüedad, Cada uno de los nuevos
ofrecía un recuerdo histórico; la p a r uni
versal , la libertad, la industria, todos
( 11 0 ).
tenían un nombre significativo y hala
güeño que despertaba ideas grandes y
generosas.
Nuestro guia nos hizo retroceder pa
ra que llegásemos al origen del canal y
durante el transito nos demostró el lu
gar á donde nacia el antiguo, pasamos
varios puntos, y al costado de uno de
los antiguos , nos hizo observar un so
berbio edificio, cuyos muros bañaban las
aguas y las señoreaba un jardin de ricas
producciones. Este es el palacio del de-<
posiiario de las leyes, nos dijo, y ahora
subiremos para admirar su arquitectura:
habrá cincuenta años que se concluyó,
después de cerca de dos siglos que se
habitaba. Por una pendiente muy suave
llegamos al jardin, y desde él entramos
en el patio principal del edificio, para
ge concurridísimo, pues se hallaban en
él las únicas oficinas de la nación , en
las que moraban sus empleados. Aqui re
side el gefe y todos sus parientes; reina
la fraternidad y mejor armonía entre to
dos ellos, y se atraen el respeto y bene
volencia general por sus virtudes.
En mi pais, dige yo, y en todas las
naciones de mi globo, los palacios de los
reyes se hallan para su esplendor cerca
dos de guardias.. Aquí no las necesitan,
(IH)
(
replicó el guia , ¿para qué les sirviera?
¿Habrían los pueblos de crearlos para
su custodia? Mal conocéis nuestras cos
tumbres. El depositario de la ley es, des
pués de O e , el ser nías respetado, por
que representa la ley misma, y Dada
hay superior a ella sino el celeste legis
lador. Un padre, acaso, ¿necesita guar
dias que vigilen sobre su existencia, cuan
do sus hijos forman el cortejo mas bri
llante que les rodea ? Lo mismo sucede
aqui. Todos los hombres miran al gele
como á un padre, él los considera como
un hermano tierno, como unos hijos que
le aman , y su estancia es de libre acce
so para todos, porque lodos igualmente
hallan en él amistad y consuelo: y cuan
do cada seis años es aclamado nueva
mente por depositario de la ley, adquie
re una nueva prueba de amor que ha sa
bido grangearse por sus virtudes. En otro
tiem po, cuentan que estos pórticos y es
caleras estaban erizadas de lanzas y es
padas; antes de llegar a este pacífico re
cinto , era preciso cruzar por cohortes
enteras de gente armada á pie y á caba
llo que guardaban todas las avenidas.
Cañones bronceados en rutilantes carros
y mechas encendidas prontas ¿ descar
gar la muerte por sus bocas, se hallaban
en las puertas de este recinto, que en
vez de atraerse el amor y la ternura, inr-
( 112 )
ponian horror hasta sus muros ; porque
parecía encerrar á un monstruo temblan
do siempre por sus crímenes. Pues, si
durante la mas tranquila paz se hallaban
las amenazadoras y mortíferas armas di
rigidas contra un pueblo , amagando
muertes y estragos, ¿ cómo podría lla
marse padre de él quien estaba constan
temente rodeado de armas, de guardias
y aprestos guerreros? Por mas afable que
fuera el gefe de una nación , se le rodea
ba de una aureola fatal que imponía
acerbos temores al que se le acercase.
Cuantos le rodeaban estaban revestidos
de un orgullo y serio continente, que
apartaban a la humildad y á la pobreza.
Cuarenta mil guerreros, cuyo sosteni
miento importaba cuantiosos tesoros, es
taban destinados para la guardia del
príncipe, para sostener sus palabras que
eran leyes, y prontos á arrostrar mil
muortes y combates para secundar sus
caprichos. Olvidcábanse sus individuos
que pertenecían al pueblo, tan luego co
mo vestian el arnés marcial y empuña
ban una lanza: se creían de una esfera
superior, consideraban á los pueblos co
mo esclavos , y habrían cerrado y cerra
ban los ojos al oir la señal de combatir,
aun cuando tuvieran que arrollar y ase
sinar á sus padres y á sus hermanos. Mas
de una vez corrió la sangre en estos por*
/
( 113)
ticos, y la mansión del tirano se vio cu
bierta con las mutiladas víctimas del po
der. Hoy, empero, es la mansión de la
paz ; el santuario donde se deposita la
ley y reside su guarda ; no puede jamas
mirarse turbada con funestas impre
siones.
Cada cuatro soles se reúne el gran
consejo, deliberan sobre todos los nego
cios, y se despachan con prontitud por
que no se admiten las complicaciones.
También habitan aqui los consejeros á
quien los pueblos mantienen durante su
cargo; y son consultados continuamente
en cuantos negocios ocurren.
Como no tienen empleos que dar, no
les rodean los ambiciosos; como su en
cargo es limitado, no dan lugar á espe
ranzas de la adulación , son considera
dos por sus virtudes y procederes, y al
regresar a sus comarcas hallan la recom
pensa en las bendiciones de sus habitan
tes y en la consideración de todos los
pueblos. Aconsejar al gefe para que se
cumpla la ley y cuidar de su observan
cia , esta es su misión; el variarla ó mo
dificarla , corresponde al senado con el
beneplácito de sus comitentes.
Un dia de estos, un amigo os conduToato iu
y
( Ui )
eirá n la presencia tic nuestro gefe, y
admirareis su bondad , su cuiueicr {ran
eo y paternal, y las luces tjue le adornan.
Y para celebrar sus enlaces, ¿eliden
estos gefes esposa entre sus conciudada
nos , ó arregla esos matrimonios la polí
tica entre naciones eslíangeras? le pre
gunté.
No, hermano mió , me respondió. Sé
por mi amigo lo distante de este pais en
que has nacido, y me ha cerciorado que
solo estas avezado á Costumbres tan per
niciosas como las que tenían nuestros
abuelos. En su tiempo una ciencia faial,
que llamaban política , y que vosotros
la daréis quizá otro nombre, era ta esta
blecida para esclavizar a ios seres, que
se creían superiores a los demas hombres,
ella era, pues, la que disponía los con
tratos de aquéllos privilegiados , y ella
les daba esposas para si y sus familias,
sin que la inclinación tuviera parte cu
una unión que tanto contribuye a la fe
licidad de los hombres. \ si los cbotos
de aquella ciencia no hubiese infinido
sino sobre los gefes de los estados , hu
biera sido menos malo; pero producía
guerras , desastres, gastos a los pueblos,
y disturbios que duraban muchas gene
raciones. Si quedaba una muger heredeí
( 115 )
ra de un estado , los demás querían dis
poner de su mano para espioiar de aque
lla unión alianzas y planes contra otros
príncipes de quienes tenían que vengar
agravios. Formábanse dotes, consistiendo
estos en paises que pasaban del poder de
un gefe al de otro, como rebaños, y mu
dando de dueño cam biaban de leyes, de
gobernantes y costumbres: cada esposa
ó príncipe estrangero traía hombres de
su pais que este debia enriquecer a cos
ta del sudor de los pueblos , y la in
fluencia fatal que en el sistema de go
bierno, siempre susceptible a mudanza,
ejercían los otros principes , le ponian
en pugna con otras naciones, y era un
origen continuado de guerras y trastor*
nos que devastaban los pueblos. ¿Q ué
mas ? ejemplos se han presentado de dir
vorcios que exigia la llamada política,
destruyendo las leyes mas sagradas de la
naturaleza , ofendiendo la religión y au
torizándolo los ministros que se llama
ban del cielo , por la ambición y re
compensas que esperaban de unos m orta
les llenos de vicios y crímenes. Todo ha
variado ; nuestros gefes de ahora y sus
lainilias, eligen las esposas entre los ha
bitantes , y como no inedia entre unos y.
otros mas diferencia que la de la virtud
y riquezas , y estas últim as entre noso
tros no obtienen la consideración que cu
(llfi)
otros tiempos, se ven los enlaces como
los de los particulares y se practican ba
jo la ley general, en el mismo templo y
con iguales cerem onias: nuestras leyes
no admiten escepcion: por esto son mas
felices y no pueden contagiarse con cos
tum bres estrañas.
Dejamos el famoso edificio del gefe
co antigua en verdad, pero rica de pro
ducciones de todas clases y países, ob
servé en ella el mayor orden ; y el en
cargado de aquel establecim iento nos
enumeró los catálogos. Vimos muchos jó
venes, aplicados en registrar recuerdos y
tom ar notas, y la concurrencia diaria,
nos dijeron , era numerosa. Esto me pro
bó el estado de ilustración del pueblo.
y pasamos á una biblioteca pública, po
De este magnífico establecimiento pa
samos á la universidad: visitamos las
cátedras y pregunté que ciencias se esplicaban en ellas. Las ú tiles, me contes
taro n : la fi loso lia , madre de todas, con
los ramos que abraza. Aqui se lee la físi
ca en general, y en los establecimientos
particulares de las artes, se aplica á
ellas las nociones estensas que de aqui
han sacado los alumnos. 'La historia na
tu ral tiene otra cátedra que inicia á los
oyentes en esta universal ciencia, y lúe-
( 117)
go pasan á rectificar sus cursos en los
jardines botánicos, gabinetes de m inera
logía, y demás que abruza la mas estensa de las facultades. La medicina y to
das sus accesorias se enseña también en
este establecimiento, después de haber
estudiado la estructura del cuerpo hum a
no , en los gabinetes señalados para tan
importantes objetos. Aqui es, pues, don
de se gradúan en sus facultades, donde
sufren los exámenes mas rigorosos, y don
de la ciencia, y no el favor, recompen
sa el estudio y la laboriosidad de los as
pirantes.
Y en este pais, le interrum pí, ¿cues
tan muy caros los grados? Bastante, si
llam as carestía á los años que tienen que
em plear en las ciencias para saberlas:
pero en lo demás, el graduado ni un esterin tiene que gastar para adquirir un
título que debe á sus talentos y laborio
sidad. El estado en general subviene á
los gastos de las cátedras y entreteni
m iento del edificio y dependientes de él,
que solo son los precisos; y cuando veas
la escala de todas las impensas de la
nación quedarás admirado por lo poco
que tienen que abonar los pueblos: sin
em bargo, hay fondos considerables de
las economías y donaciones con que vo
luntariam ente contribuyen los graduado*
(
118 )
y particulares. Ademas que en la refor
ma se aplicaron bienes del estado á todos
estos establecimientos, cuya buena ad
m inistración sigue la regla de las demas
rentas de corporaciones.
En aquel dia nada mas pudimos ver;
y al siguiente proseguimos nuestras visi
tas á lo mas notable. Recorrimos muchas
escuelas de educación primitiva ; esta
blecimientos de enseñanza para el her
moso sexo, gabinetes de física y de qu í
mica , ricos en máquinas y efectos; cáte
dras de agricultura con jardines curiosos
y abundantes de producciones para to
dos los ensayos y práctica en las diver
sas estaciones; otros para la botánica;
gabinetes de mineralogía ; varios hospi
tales con cátedras de la ciencia de curar
para practicar los alumnos á vista de los
m aestros, las teorias del arte, y estudiar
á la naturaleza en sus dolencias. En fin,
nada nos quedó que observar, teniendo
la fortuna de hallar personas instruidas
en todos ellos que nos esplicasen cuanto
nuestra curiosidad apetecía.
Pregunté si los hospitales tenían do
taciones. Di járonme que si, y que con
taban con bienes propios y fondos consi
derables, demostrando la esperieneia que
anualm ente disminuía el número de en-
f 1191
frrmedades comunes á proporción que
disminuía 1« pobreza , porque la mayor
parre de estos hospitales pertenecían á
premios 6 corporaciones, cuyos indivi
duos habían aplicado durante su juven
tud algunos de sus ahorros en favor del
cstablfcimicnto á fin de estar mejor asis
tido* ellos y sus familias; y como era ra
ro el habitante que no pertenecía á un
gremio ó facultad, que no habia mendi
gos y se castigaba la holganza, por esta
razón escaseaban los hospitales generales
y no se necesitaban grandes gastos para
sostenerlos.
En tiempos remotos, ademas, la ca
pital del pais atraía á su seno millares
de estrangeros en busca de fortuna , de
empleos: la forma del gobierno tenia es
tablecidos en este punto céntrico tribu
nales llamados de justicia , donde á ve
ces se dispensaba esta al favor, y las
mas, inclinaba su balanza al peso del
oro : era la fuente por donde manaban
los empleos, y cada habitante preferia
una ocupación que le proporcionase vi
vir á espensas del estado, en vez de otra
carrera laboriosa : se bailaba por consi
guiente en este pueblo el foco de todos
los males que trae consigo la ansiedad
de buscar fortuna. El que traía oro para
comprar favores so lia espenderlo sita fruto
( 150 )
y en el repinto Je un hospital hallaba
el desengaño; otros por el contrario, ve
nían a buscarle y regresaban á sus pue
blos cargados con él y con los vicios que
se atraian. El mérito solia ser meneste
roso ; la audacia , la verbosidad y la in
triga todo lo alcanzaban , lodo se obte
nía por su medio, y el vicio, la desmo
ralización y la corrupción de costumbres
producían todos los trastornos, las guer
ras, las revoluciones, los síntomas y las
formas de gobierno tan absurdas como
los principios que presentaban las pa
siones.
Tuve la dulce satisfacción, continuó
nuestro conductor, de conocer en mis
primeros años á un hombre de los que
mas contribuyeron á la grande obra de
nuestra regeneración, era un sabio, era
el gefe de toda nuestra familia , y de
seando inculcarnos las máximas de feli
cidad y de virtud que debían sostener
nuestras leyes, nos enumeraba los males
de la sociedad destruida para que nos
inspirase horror.
V enid, jóvenes, si os parece, entre
mos en este jardín: os presentaré el cua
dro de las costumbres de nuestros mayore«, y convendréis en la necesidad que
había de reformarlas. Si en aquella épu-
ca fatal se hubiera presentado un ser
con un plan de gobierno como el que
tenemos , le habrían encerrado como vi
sionario, por querer plantear un orden
social propio de tángeles. ¡Bárbaros: co
mo si el hombre: obra la mas perfecta
de G e, no fuese susceptible á las vir
tudes.
Entramos, pues, en un jardín, nos
sentarnos , y comenzó la narración nues
tro amigo ; pero tal vez llame la aten
ción por la semejanza que pueda tener
con las costumbres de alguno de los paí
ses de nuestro globo, y merece otros ca
pítulos.
Lector: si aprecias la virtud y abor
reces el vicio, lee el siguiente artículo
y sírvate de lección para evitar los de
sórdenes que contiene.
XVII.
í •
COS T UMB R E S ANTI GUAS* . C U A D R O D E UNA C O R *
TE CORROMPI DA.— HISTORIA DE ZOI RT.
E n aquel tiempo todo andaba trocado,
nos dijo nuestro narrador, y asi no equi
voquéis los nombres ni confundáis las
ideas.
Llamábanse acciones heroicas , aque
llas que nacían de un ánimo audaz. Co
nocíase por galantería, sociabilidad, qran
mundo y cultura, al cúmulo de vicios
reunidos y puestos en práctica. A. la mo
destia se la clasificaba de oscuridad, pe
quenez de ánimo Y embarazo social. A
la honradez, de hipocresía. A la verda-
( 153 }
dera v irtu d , demencia. A la piedad, ig
norancia. Podréis deducir cuales podrian
ser , pues, los resultados de una aberra
ción semejante, y como pudieran los hom
bres vivir tranquilos entre unos vicios
tan generales.
Para que mejor podáis distinguir las
tintas del cuadro que voy á presentaros,
os referiré la historia de Zoiry , 'q u e es
la misma que nuestro abuelo nos conta
ba , v en la que se hallaba en com pen
dio toda la sociedad de su época.
Habia nacido Zoiry en la heredad pa
terna , situada en una de nuestras co
marcas del norte, separada de las gran
des poblaciones : su padre habia desem
peñado los primeros cargos del estado,
poseía conocimientos profundos, habia
estudiado el corazón hum ano, y esperim entado reveses por los que abandonó
la corte, se retiró á sus posesiones adop
tando una vida tranquila que le propor
cionara nuevas fruiciones para alcanzar
la felicidad que anhelaba siem pre, y no
pudo alcanzar en muchos años. Habíase
unido á una muger modesta y bastante
juiciosa , para preferir la vida retirada á
los bullicios de la corte : miembro ésta
de una familia también notable por su
rango social , se hallaban conexionados
«F
/
( 154 )
I
I
con los primeros personages que figura
ban entonces.
Zoiry había sitio el prim er fruto de
su union, y al año siguiente tuvo una
hermana llamada Celura. Educáronse es
tos jóvenes á la vista de sus padres en
un ameno valle circundado de montes,
donde se hallaba construida la quinta
en que * habitaban. No tuvieron otros
maestros que sus padres , ni tenian á la
vista otros ejemplos que los de unas cos
tum bres puras é irreprensibles; por lo
que sus inclinaciones y su esvella figura
y belleza de que estaban adornados, for
maba de los dos jóvenes unas joyas poco
comunes en aquel siglo.
Poseían bastantes ciencias cuando en
traron en la pubertad, pero educados en
la inocencia y sin roce social, adolecían
de aquel tacto y finura que forma el barniz que brilla en el mundo. Zoiry , de
quien por ahora nos ocuparem os, era
uno de los jóvenes mas bellos de su si
glo; los sentimientos que le adornaban
eran los mas admirables , y en su im agi
nación fogosa se echaba de ver de cuan
to habria sido capaz aquel adm irable jo
ven, si por ventura hubiese nacido en
este siglo.
( 125 )
Varios reveses del tiempo y una filo
sofía perjudicial en la época habían he
cho descuidar en su padre la fortuna que
obtenía y la indolencia ú honradez que
le caracterizaba, le arrebató una porción
de jjbienes que varios pleitos suscitados
por la ambición ó por el conocimiento
que sus contrarios tenían de su carácter,
hicieron perderle. La fortuna, por conse
cuencia, que restaba á nuestros jóvenes
era bastante mezquina ; y el entusiasmo
paternal alimentaba cierta ambición para
sus hijos , á fin de proporcionarles un
bienestar mas venturoso. Error que pare
ce inconcebible en un ser tan desenga
ñado de las grandezas humanas; sin em
bargo, cególes el cariño paternal y qui
sieron buscar la felicidad colocando á
hijo en [el sendero que por convicción
habian abandonado.
Como dije antes, esta familia estaba
enlazada con los primeros personages del
estado ; y confiado el padre en las reco
m endables cualidades de su hijo, delibe
ró enviarle a la corte para que sus deu
dos le proporcionaran medios y una car
rera que le indemnizase de la escasez de
sus bienes. El ardiente joven recibió con
júbilo el proyecto de sus padres, y vió
en su ardiente imaginación un tealiv bri
llante de venturas y un albagueño por-
( 1« ) . .
venir de grandezas y felicidades con que
se alim onaba.
Dicidióse el dia de su marcha, y des
pués de las mas tiernas despedidas de los
únicos seres que en el mundo amaba,
partió para esta capital con una car,a
para una parienta muy cercana de su
madre que gozaba de gran valimiento.
Dejemos m archar d nuestro joven hé
roe y transportémonos á uno de los salo
nes mas concurridos de la corte , cuyo
panorama nos ofrecerá un cuadro nada
exagerado de aquella época.
La presidenta B. adornada con el lu
jo mas esquisilo que en aquel tiempo se
usaba , muellemente recostada tu un so
fá , dirigía a otras varias señoras que ia
acom pañaban las siguientes palabras :
«¿ Queréis creer , queridas, que mi prima
me envía a su hijo para que os le pre
sente, y que entre todos los amigos y pa
rientes proporcionemos a nuestro rústico
aldeano un estado ventajoso ? ¡ Cómo]
dijeron algunos de los presentes, ¿Esa
demente que abandonó la corte v que tan
gazmoña como el inepto de su marido,
apenas se dignó jamas dispensar favor a
sus amigos y parientes, querrá ahora que
nos encarguemos de la educación de un
( 127 )
indio , que tal vendía su hijo criado
entre ios osos de aquellas nevadas moi tañas ? Pues según me escribió mi tio, di
jo una jovencita, debe ser un mozo com
pleto y bellísim o, y nuestro amigo el co
ronel Duray , que pasó por a 11i hace un
a ñ o , nos hizo en casa una pintura muy
halagüeña de aquellos jóvenes. No debes
tú discurrir por lo que diga aquel m a
niático , dijo la presidenta con una risa
muy burlona; y en fin, cuando llegue
tendré el honor de presentárosle y enton
ces podremos deducir de sus prendas
personales la brillante educación que ha
brá recibido entre aquellos paletos: se
guram ente tendremos que buscarle un
avo, y con mas detenimiento pensaremos
cual podrá ser entre nuestros amigos quien
quiera encargarse de aquella prebenda.
Esta decisión produjo algunas sonri
sas , cesó la discusión relativa a Zoñy,
liízose general la conversación y se toca
ron varios punios diversos. ¿ Sabéis, am i
gas, dijo la consejera D ., muger de unos
cuarenta años, pero con pretensiones de
veinte , que nuestra amiga E lina ha que
brado completamente con el ministro Jl~
dé ? ; Cómo ! di jeron las demás , después
que es bien público que á él debe toda
su fortuna, que era el canal por cuyo
conducto pasabau todas las gracias que
( m)
concedía su amigo , que sabia aprove
charse tan bien del favor y vendia,
tan cara la protección que nadie ig
nora que la últim a gracia concedida á
un mercader quebrado fue conferirle una
adm inistración de aduanas en perjuicio
de un respetable padre de familias que
la desempeñaba. Esto le valió el coche
de color de porcelana y dos cebras las
mas magníficas de cuantos tiros se pre
sentan en la corte : público es también
que el complaciente marido es otro de
los conductos por donde el ministro dis
pensa su justicia á las personas que sue
len pagarla : ambos se enriquecen y en
poco tiempo han hecho una fortuna in
mensa.
La consejera S. se levantó en medio
de esta conversación y manifestó á la
compañía tenia que dejarlas con grave
sentim iento, por un deber de familia que
no podia evitar. Pietiróse , y no bien sa
lió de la estancia di jo la presidenta:
nuestra amiga comenzaba á palidecer y
eclipsar su belleza al oir la historia de
Elina, que según dicen visita su marido
hace pocos dias, y al que se atribuye sin
duda la repulsa hecha al m inistro: ya se
ve, nuestro senador consejero es joven
aun , y el ornato de nuestros círculos.....
INo lo creas, am iga, dijo otra que hasta
entonces halda guardado silencio, el des
vio del senador y su asidua inclinación
a la ambiciosa Hiena no puede turbar la
alegria de nuestra común amiga. El ge
neral R. sabe consolarla , y las visitas fre
cuentes del ministro de la justicia la lia*»
cen reparar bien poco en las pequeñas
travesuras del senador. Aqui misino , me
dijo ayer Radiné , miembro del tribunal
de justicia, que á su solo influjo liabia
debido una plaza que solo se dispensaba
en años anteriores a los servicios , esperiencia y canas , y á él sin ningunos an
tecedentes, se le revistió este cargo, por
cuya gralilud únicamente la había obse
quiado con unios cuantos diamantes. ¡ Es
posible! dijerom algunos: si, contestó
nuestra oradora, al propio tiempo que
tiene parientes beneméritos y aprecia bles
casi mendigando un sustento,
Mas larga hubiese sido esta critica á
no haberse auimentado el círculo con
personas de vairias sexos que llegaron é
hicieron variar la conversación ; disipá
ronse los grupots, dividiéndose entre las
mesas de juego , el salón de baile y ga
binete de cautüí.
En la primier pieza donde, por dis*»
tracción, se juagaban puñados de oro, es
taban en un solfa cuatro personajes que
TOM O
II,
9
( 13° )
habían cedido sus asientos á otros aficio
nados, y entre ellos m ediaba la conver
sación siguiente :
Intendenta A. ¿No veis con qué ale
gría recoge el oro nuestro coronel K ., que
hoy parece que la suerte le es propicia?
General N, Ciertam ente, y la bella
joven que le pierde tiene una grandeza
de alma adm irable, esta incidencia en
nada turba su alegría; por el contrario,
me parece que sus m iradas mas se diri
gen al sugeto que tiene á su frente que
al ganancioso. ; Ouien es?
Intendenta A . ¿Pues qué, no cono
céis a la encantadora Filena , hija de un
pobre particular ? Se casó con el conse
jero Aide que pudiera ser su padre, y
al poco tiempo se han separado amisto
samente. En el dia parece que el emba
jador de Mnriascar la obsequia, y su ca
sa y trenes son la envidia de todos nues
tros potentados. Es un resorte certero pa
ra conseguir gracias de todos los minis
tros ; porque como este em bajador es el
alma de nuestro gefe, todo el gobierno
procura adularle y complacerle para sos
tenerse en sus puestos. El m inistro estrangero gasta de su corte cuantiosas su
mas en obsequio de la adm irable joven,
( 131 )
pero son nada en comparación de las
que le producen su mediación con los
ministros. El joven que tiene a su frente
hace seis meses era un oscuro guerrero
del mas ínfimo grado: su bella figura
llamó la atención de esa heroína ; y , ya
veis, en seis meses tiene la satisfacción
de m andar á sus antiguos gefes, y no se
rá estraño que m añana os aventage , que
rido general..... Se dice, no sin falta de
fundam ento, que á muchos otros jóve
nes les ha hecho fortunas colosales en
varias carreras.
Maríscala C. No creo dure mucho el
brillo de esa estrella , el em bajador re
gresa á su pais y el de Líbeau adquirirá
sin duda la ^supremacía , y en este caso
la m agistrada Labe eclipse ese famoso
metéoro.
E l señor D. ¡Cóm o! ¡vuestra her
mana 1
Maríscala. Si : ¿ acaso no es mas be
lla ?
General. Y ¿cómo sigue ahora con su
esposo ?
Maríscala. Con la mejor armónia ; y
llega á tal su íalta de aprensión, cosa
( 1S5 )
que yo la he reprendido por el decoro,
que suele saludar muy risueña á la bai
larina C. á quien su marido acompaña
muy á menudo , compartiendo sus gra
cias con el consejero íntimo del prínci
pe, razón por la que se halla en boga;
no siendo estraño que hayan mediado
algunas intriguillas de política en el sa
lon del gefe , a fin de entronizar al nue
vo embajador, eliminar al último conse
jero, y destruir el prestigio que iba ad
quiriendo la bailarina.
Esta era en compendió la sociedad
en que iba á entrar nuestro joven Zoiry.
Llega éste á la corte y se dirige á la ca
sa de su parienta. El aspecto de un bri
llante palacio, los equipages que habia
á la puerta , y las muchas libreas que
ocupaban el pórtico, le dió una idea de
la grandeza del palacio en que iba á ha
bitar.
Apéase de su cebra , confíala al al
deano que le acompañaba, y se hace
anunciar á la señora del palacio. Mas de
una hora permaneció en las antesalas
antes que recibiese la menor contesta
ción, y transcurrido este tiempo, salió
otro criado, quien le presentó á un ma
yordomo, suplicándole tuviese á bien es
perar para que se presentase á la señora,
( 133)
é ínterin podría descansar y mudar el
trage de camino que llevaba para pre
sentarse con mas desembarazo ante su
respetable parienta.
No creyó nuestro joven hallar tan cir
cunspecta acogida, sin embargo de que
su madre le habia algún tanto instruido
de las costumbres cortesanas. Entrase eu
la habitación en que le instalan, y pa
semos al salón á examinar los personages que en él se hallan, y penetrar las
impresiones que deba causar nuestro
joven.
La presidenta B. se hallaba al anun
ciarse su venida, acompañada de Elina,
la Maríscala y dos ó tres sugetos. Ya te
nemos aqui á nuestro pariente.... Que
entre, dijo la Maríscala. No: contestó
la Presidenta, el viajero de las monta
ñas vendrá muy desprevenido para al
ternar en nuestra sociedad: démosle un
poco de tiempo, y toda vez que hoy co
méis en casa, y que debemos reunimos
por esta razón todos sus futuros bienhe
chores, tendremos lugar de examinar sus
cualidades.
Elína , la mas joven de la sociedad,
por su curiosidad natural ó desembarazo,
preguntó al criado cual era el aspecto
( 130
del joven que acababa de anunciar. Se
ñora, conlestó, ha dicho ser pariente de
sus grandezas: es de hermosa presencia.
¿ S u trage? interrumpió la misma. Uno
de los mas elegantes de camino. Manda
que entre la Presidenta. Si, si, que lo in
troduzca , dijo la M aríscala', unimos
nuestros votos al de estas señoras, dije
ron los tres sugetos que formaban la so
ciedad. A tantos ruegos no pudo negarse
aquella señora, y mandó que presenta
sen al viajero.
Ansiosas estaban las damas, y no me
nos los señores , de ver al héroe de una
discusión que tanta ansiedad ofrecía , y
tanto mas se aviva la curiosidad por los
precedentes sarcasmos que con motivo de
su llegada habia emitido la P residen ta.
Asoma a la puerta del salón á los cortos
momentos, un joven imberbe con una
marcha noble y desembarazada, talla es
belta y magestuosa , semblante hermoso,
y conjunto tal, como solian los pintores
de aquel tiempo pintar la belleza mas
piregrina de uri hombre. Su hermoso
trage de camino ayudaba á demostrar
sus bien proporcionadas formas, y pare
cía á uno de los Dioses ideales que pin
taba la fábula, capaces de fascinar á las
mentidas deidades celestes.
( 135 )
íQué hermoso es! dijo Elina al ver
le, sin poder contenerse. En la Presiden
ta brilló una sonrisa de satisfactoria
aprobación. La Maríscala le saludó con
benevolencia y aire risueño, y los tres
señores, imitando el trio de las damas,
se apresuraron en acoger al héroe con las
señales mas inequívocas de satisfacción.
Aq uella recepción animó á nuestro jo
ven , que adelantando el paso , saludan
do á las señoras y caballeros con los
modales mas lirios, preguntó que cual
era la señora á quien tenia el honor de
venir dirigido para presentar la carta
que llevaba en la mano. La Presidenta
le presentó la m ano, que él besó con el
mayor respeto, y le dijo: yo soy, querido
Zoiry , quien tiene la satisfacción de lla
marse tu tia , y estas señoras y algunos
de estos caballeros, son deudos de la fa
milia : no dudo que como yo, se den la
enhorabuena de acoger á uu pariente tan
apreciable.
Mediaron mutuas señales de aprecio
y satisfacción, formóse un círculo, é hízose general la conversación, en la que
nuestro joven desplegó una ingenua gra
cia , y un decir tan escogido y brillante,
que desde luego hizo formar el mas ven
tajoso concepto de las demas cualidades.
El joven magistrado Radiné , uno de los
( 136 )
p resm tes, se ofreció a nuestro joven con
el mayor c a n d a r, dieiéndole se atrevia á
pedirle su amistad anticipándose á otros
muchos que am bicionarlan esta honra.
Nuestro ¡oven estaba encantado de un
recibim iento que no esperaba fuese tan
halagü°ño, según la pintura que le hi
ciera su padre de las costumbres de la
corte; por m anera, que su amor propio
llegó á engreirse, y animarse mucho mas
con las tiernas miradas que á porfía le
prodigaban las damas.
Anuncióse la visita de Filena, que no
dejó de causar un pequeño trastorno á
nuestras damas. Elina atrajo á su lado
al héroe de esta historias entró la anun
ciada , besó á las señoras con la mayor
cordialidad , cuyas atentas caricias le
fueron devueltas con usura ; los caballeros se apresuraron en demostrarle su res
peto , y el joven Zoiry , con una gracio
sa inclinación de cabeza, la demostró la
satisfacción que le causaba su vista. Este
joven , dijo la presidenta, es el pariente
de que te he hablado. También lo es
m ió , dijo la encantadora dam a, y me
doy la enhorabuena por poder ofrecerle
mis escasas facultades. Recargando estas
palabras con algún énfasis, y m iran
do con espresion á E lina, que contestó
( 137 )
al momento: todas sus parientas procu
raremos endulzar su suerte, y las prime
ras que hemos tenido el gusto de verle
estamos prontas, coinj lo estaremos siem
pre , en darle pruebas de nuestro afecto.
T.a presidenta invitó con un asiento
á F ilev a , mas ésta escogió un sitial al
lado de Zoiry , diciendo, no me neguéis
el gusto de ocupar un lado de nuestro
joven amigo ; creo presidenta , que los
obsequios que se prodiguen á tu prote
gido sabrás estimarlos. Si , querida , con
testó ésta con una sonrisa de gracejo,
conociendo desde luego que Zoiry iba á
ser el móvil por donde dos antiguas ri
vales pudieran hacerse la guerra con las
armas perm itidas en la alta sociedad que
todos conocen y ven blandir , y sin em
bargo pasan por agudezas y tiros de be
llos espíritus.
Vuestra herm ana debe ser muy linda,
dijo Filena á Z oiry, si acaso se os pare
ce. Si tuviera una pequeña semejanza
con vos , dijo Zoiry con prontitud y vi
veza , pudiera sin duda pasar por una
belleza completa. Esta galante contesta
ción escitó la sonrisa de los presentes, y
no mortificó poco á E lina \ mas cono
ciéndolo el perspicaz joven, continuó
volviéndose hacia ésta y á las demas se-
( 138 )
ñoras: nunca pudiera mi hermana alean*
zaros, y el mas perito para conocer la
verdadera belleza , titubearía en este cor
to círculo para determinar quien obten
dría la supremacía. Este golpe maestro
de un galante de diez y siete años, sa
tisfizo a las damas; cada una bailó una
esplicacion en la vivaz mirada que con
rapidez les habia dirigido, y concibieron
hacia él el mas alto concepto de perfec.
cion , y que á pocos dias de cursar las
altas sociedades podría ser el encanto de
todas ellas. Los hombres aplaudían, si
guiendo como satélites el movimiento de
los astros tle aquellas damas, y como há
biles cortesanos se convencieron que pa
ra agradarlas era preciso incensar al
nuevo ídolo, contemporizando con todas
en el combate que se preparaba entre
e lla s , para obtener los esclusivos cui
dados.
Será preciso, dijo la presidenta, que
en una reunión de familia pensemos en
los adelantamientos de Zoiry , sometien
do siempre mi voto á la mayoria de los
parientes, á quienes siempre be dirigido
mi mayor deferencia. Yo creo, dijo Elin a , que desde luego pudiéramos tratar
este negocio , para dar una idea á nues
tro joven del interes que nos anima; y el
resto de la familia no creo pueda desa-
( 139 )
probar lo que tu deliberes, querida p re
sidenta , y sugiera la penetración de
nuestra querida Filena.. Esta se sonrió y
dijo a Elina ; yo por mi parte me some
to , querida prima , á que tomes la ini
ciativa sobre la felicidad de nuestro ami
go, y si tus deseos no pudieran llenarse
con las altas relaciones de que gozas,
las escasas mias , y las de los demas pa
rientes , pudieran tal vez llenar tus de
seos.
Picóse Elina del especie de sarcasmo
con que Filena quiso burlarla , pero bas
tante diestra en ese género de combates,
tomó la mano de Zoiry y le dijo : si yo
fuera tan afortunada que dejaran á mi
elección la suerte de mi querido primo,
aprovechara todo mi influjo, y casi des
de luego te rogaria admitieras una com
pañía de los mosqueteros del príncipe,
que me prometo pudiera alcanzar mi es
poso mediante la íntima amistad que tie
ne con su eminencia.
No esperaba Filena un quite tan dies
tro de su antagonista , y fingió aprobar
aquel pensamiento que halló sublime,
manifestando debía admitirse y aprobar
se por todos. La presidenta , mas perspi
caz que estas jóvenes, pensó desde luego
aprovechar la poca inteligencia que me-
( 140 )
diaba entre sus dos am igas, esplotar el
favor de que gozaban en beneficio de su
protegido, y captarse ella esclusivamente con sagaz política el afecto del joven.
En tan corto tiempo, y en tan peque
ño espacio abrigaba aquel salón diversas
ideas, planes y congeturas, que pudie
ran ser origen hasta de acontecimien
tos políticos, siendo el móvil un joven
inocente , y su instrum ento las pasiones
encontradas y violentas de cuatro mugeres, que en su interior formaron el pro
yecto de vengar los resentimientos de la
envidia y amor propio, no perdonando
medios para conseguirlo.
Ibase aproximando la hora de una
concurrencia general, y dieron las da
mas permiso á nuestro joven para m udar
de trage. Retiróse con efecto, y no deja
ba también de abrigar alguna agitación
por la escena última. Nuevo en la socie
dad , los primeros objetos que se le ha
bían presentado eran los mas seductores;
si las miradas de Filena habian podido
hacerle concebir alguna inclinación hácia esta , la dulzura de Elina no habia
encantado menos su corazón. La marís
cala habia hablado muv pocas pala
bras, pero sus miradas penetrantes no
habian tenido otro objeto que él cu to-
( ,41>
do el tiempo de la entrevista , y si biea
contaba ya treinta años, se hallaba eti
el apogeo de la belleza. La presidenta
conservaba un aire de dignidad, y era
tal su dulzura que encadenaba los cora
zones: residia en su casa y creia un deber
tributarle sus mas profundos homenages.
Esta lucha de sensaciones todas ha
lagüeñas, todas agradables entretuvieron
á nuestro joven durante su tocador, que
halló provisto de cuanto el lujo y la
elegancia ofrecían en aquel tiempo. Su
padre habia con prevención preparadole
un trage propio al uso de la corte, ínte
rin se arreglaba un guardaropa estando
en ella , que probase que aun cuando su
hijo se habia criado entre m ontañas, no
se separaba de los usos del gran m undo.
Vistióse nuestro héroe con elegancia,
y cuando se preparaba á pasar al salón,
se llegó á él un ayuda de cámara entre
gándole de parte de la señora presidenta
una cajita , que abrió, y halló un mag
nífico alfiler de brillantes y una rica ca
dena de oro, con el siguiente billete:
« Si no has traido contigo alhajas como
estas, úsalas, si deseas complacerme.»
Llevaba otras, en efecto, dadiva de su
buena madre ; pero ni eran de tanto va
lor ni de buen gusto, y creyó cum plir
( Ü2 )
con la gratitud demostrando á su bienlie*
chora la docilidad con que que se pres
taba á sus preceptos.
El nuevo círculo en que vamos á con
ducir á nuestro héroe , merece un espe
cial capítulo.
XVIII
PR O SIG U E LA H IS T O RIA D E Z O I R Y . = C O M B A T E S
DE A M O R .=IN TR IG A S .
personas mas notables de la corte
hallábanse aquel dia en el palacio de la
presidenta, y su cumple años había re u
nido á todos sus amigos y parientes. Al
atravesar Z tir y una de las habitaciones
que conducían al salón, se encontró con
la presidenta acompañada de su respeta
ble esposo que venían á buscarle para
presentarle a todos los parientes. El an
ciano abrazó al jo v e n , le demostró su
| benevolencia y alecto , y la satisfacción
de hallar en él un joven completo según
la apología de sus apasionadas, y que él
I ja s
Í
(t¡41
mismo admiraba. Este gefe de la familia
no tenia hijos, y de consiguiente, mucho
podia prometerse nuestro joven Zoiry si
conseguia agradarle. Quedaron m utua
mente satisfechos uno de otro , y la pre
sidenta mucho mas complacida que
ambos.
Llegan donde estaba la concurrencia
y el presidente anunció que les presen
taba su joven protegido , hijo de un an
tiguo ministro del estado, pariente suvo
muy inmediato. Esta, recom endación, los
precedentes que habían m ediado, y la
noticia que circulara entre las damas de
su gallardía y disposición, acabó de sa
tisfacerles , porque no hallaron exagera
dos los encomios que se le habían pro
digado.
Deslumbrado quedó Zoiry á vista de
los personages condecorados que le ofre
cieron su am istad, y los ojos escudriña
dores de las damas recorrieron toda su
persona, sin descuidarse él por su parte,
de hacer otro tanto con todas ellas. Las
jóvenes que tenia a la vista le arroba
ban, y no sabia á cual inclinar su aten
ción, pues en cada una adm iraba nuevas
gracias y encantos que nunca habia vis
to. Elina y Filena no ie dejaban un ins
tante con preguntas, y era necesario to-
( 145 )
<la la impavidez natural y fuerza de ca
rácter con que le dotó naturaleza , para
que aquella primera escena de la vida
no le tuviera fuera de sí y casi enagenado.
La música ocupó algunos momentos
á la sociedad , cantaron algunas jóvenes,
cada cual ostentó sus talentos, y cuan
do se creia que Zoiry no estuviera ini
ciado en uno de los ramos de la mas es
merada educación por el punto que ha
bitaba , vieron le pronto á complacer á la
presidenta al preguntarle si cantaba- Con
desembarazo juvenil se sentó, preludió
algunas tocatas y cantó con tanta gracia
y maestría una patética canción, que se
atrajo los aplausos de los concurrentes,
y su armoniosa voz penetró en el cora
zón de algunas damas ; en fin, era el
ídolo del dia, y bien pronto el joven de
moda de la corte para el que se halla
ban abiertas todas las puertas, y aun la
familia del gefe del estado le dispensó
algunas gracias, Volvamos á nuestro sa
lón, que lugar nos queda para ver ef
porte social de nueítro campesino.
Levantadas las mesas, y dispersa la
sociedad en los salones y jardines, lia-,
mole la presidenta á la orilla de un es
tanque, y medió entre ambos el siguien
te diálogo.
TOMO I I .
10
( 146 )
No cstrañes que en esta
momento, que parece inoportuno, te ha
ga algünas advertencias hijas de mi ca
riño y del aprecio que tengo á tu fami
lia. No habiendo tenido tiempo de pre
venirte, aprovecho esta ocasión porque
sé que eres cauto, y te veo adornado de
talentos superiores á tus años. Pisas un
mundo llena de escollos; entras en un
mar de tempestades ; manten tu corazón
prevenido a cuantos combates se prepa
ren ; se dócil á mis consejos: guarda cir
cunspección con Elina y Filena, no in
diques predilección esclusiva hacia nin
guna de ellas : trátalas con considera
ción, con amabilidad y con dulzura, co
mo personas de quienes debes esperar
mucho bien y mucho m al; hay jóvenes
encantadoras que podran dominar tu co
razón. Ciérrale a el amor por ahora, hi
jo mió, hasta que tenga lugar dé hacer
te otras advertencias. ¿ Seras dócil?
Presidenta.
Zoiry. Querida bienhechora : ¿ podré
nunca dejar de serlo, después de las
pruebas de bondad que os debo ?
Presidenta. Tal vez las olvides : son
muchas las seducciones que te cercan, é
interesada yo por tu bien.... sentiría.....
Un enternecimiento parecía brillaren
( 147 )
la fisonomía de aquella muger, y su*
megillas encendidas y ojos animados pa
recía que iban á exhalar algunas lágri
mas que escitaron la sensibilidad de nues
tro joven : toma las manos de su bien
hechora, las besó con la mas filial efu
sión , diciendo :
Zoiry. No : no dudéis jamas que yo
me separe de vuestros preceptos: os res
petaré cual una madre.
La presidenta entonces, le abrazó, y
estampando un beso de fuego sobre los
labios de Zoiry. Bien : le dijo con mal
articuladas palabras: se dócil, hijo mió:
retírate.... luego nos veremos, y dándo
le otro beso que él no se atrevió á de
volver por respeto, la dejó y se mezcló
entre los grupos que recorrían los jar
dines.
Bajo de unos tilos, rodeada de varios
personages, se hallaba la hermosa File
na, cuya graciosa conversación atraía los
aplausos y aprobación de sus oyentes: tan
luego como divisó á Zoiry, se dirigió á
él, le agarró del brazo y, paseemos, le
dijo, querido primo. ¿Dónde habéis es
tado? ¡ Cuán animado tenéis el semblan
te ! = Buscándoos, aprcciable prima. s=
¿Has visto á Elina?=No: desde que nos
(
148 )
levantamos de la mesa. = ¿ Bailaras con
migo luego?=¿ Podréis dudarlo? No ten
dré mas placer que obedeceros.=¡ Cuán
candoroso eres!.... Por si luego no tengo
tiempo de ad v ertirte, te prevengo que
pasado m añana te aguardo á com er: no
hagas falta.= De ningún modo puedo
rehusar un honor.....—No hablemos mas
de este particular, solo si sentina me
prefirieras a Elina como pariente , y á la
magistrada Lubé como am iga.=Señora,
no la conozco : quisiera me dijeseis quien
es esta desconocida : quien quiera que
sea estoy muy lejos de preferirla á mi
adm irable prim a.=A lli viene: aquellas
dos son las que te encargo mires con al
guna prevención, si en algo aprecias á
la que por ti hará los mayores sacrifi
cios. Volvamos hacia este lado, entremos
en el salón y á nadie digas cuanto te he
he indicado.....= ¿N i á la presidenta si
me pregunta ?=Lo dejo á tu discreción:
debes juzgar si serán prudentes las reve
laciones de una amiga que se interesa
por ti.
Mas de una hora tuvo que ir acom
pañando á Filena, sin que esta se des
prendiese ni un momento de su brazo
hasta que la llamaron á una mesa de
juego. Rogó á nuestro joven que hiciese
tercio, pero se eseusó con que no sabia,
( «9
)
creyendo ingenua esta contestación cuan
tos le rodeaban. Con ansia esperaba el
momento de hablar con E lina, para pro
bar si merecerla de ésta iguales confian
zas, y corroborar por este medio las sos
pechas que le había hecho concebir la
presidenta del carácter de estas mugeres.
La Lubé, de quien acababa de hablarle
F ilena, era una joven interesante, y á
la que los concurrentes habían dirigido
varios aplausos m ientras cantaba. La pre
sidenta podría instruirle de su rango y
carácter, y pasó á buscarla.
Al salir del salón encontró á Elina y
Lubé que le dirigieron algunas palabras
satíricas, aunque llenas de dulzura, acer
ca de su asiduo esmero con Filena. Escusose con dignidad de una inculpación
en que la casualidad había tenido par
te , y tal vez su poca suerte en no ha
berlas encontrado antes y merecer el ho
nor de acompañarlas. Poco agraciables
nos hallam os, dijo E lina, mucho han
querido obtener este favor y no le han
alcanzado; sin em bargo, para que veáis
que mereceis alguna distinción, perm i
timos nos acompañéis. Tomaron su brazo
y se dirigieron al jardín. Aun cuandoLubé no es nuestra pacienta, dijo Elina,
tenéis en ella una apasionada tan digna
cual nosotras de vuestra gratitud.==Yo
)
( 150
no desatenderé. jam
ás á todas las perso
nas que se dignan favorecerme , tanto
menos aquellas cuya benevolencia venga
por conducto vuestro: esta señora puede
considerarme desde hoy como un amigo
respetuoso que cifrará su deber en com
placerla. M añana, continuó Elina , visi
tareis á los parientes, yo os aguardo en
mi casa, donde tenemos que hablar so
bre vuestra suerte , la cual desde ahora
podréis considerar asegurada , pues ésta,
señalando á L ubé, se encarga de que el
príncipe m añana os conceda una gracia:
ya veis si merece vuestro aprecio, y si
auq sin conoceros se anticipó á vuestros
parientes. Sed discreto, empero, y úni
camente os permito que lo revelen vues
tros labios á Filena no ocultándole la
persona que se interesa por vos, y sin
que yo haya tenido la menor parte. Muy
ventajoso es el concepto que he formado
de mi pariente, muy sagaz le conceptúo
y bastante prudente para conocer el va
lor que puedan tener mis palabras.
Deseoso estaba Zoiry de salir del in
trincado laberinto en que desde el pri
mer dia que entraba al m undo se halla
ba envuelto, y del que solo su bienhe
chora la presidenta podia sacarle. ¡ C uan
ta confianza , se decía entre si, cuanta
reserva entre estas m ugeres, que de es-
( 151 )
•eolios se me presentan en la carrera so
cial ! Deseoso anduvo toda la noche para
hab lar con la presidenta, mas le fue im
posible. Pasóse ésta entre el baile , la
conversación, la sátira y la m urm ura
ción de unas á otras, que le hicieron
formar un desventajoso concepto de estas
grandes reuniones, que tantos encantos
presentan á los que están metidos en el
torbellino del gran mundo.
Las doce serian del dia siguiente,
cuando despertó Zoiry después de una
noche agitada y tempestuosa por el com
bate de pasiones que le habian acosado
durante su sueño. Vistióse: salió á la an
tesala, y una doncella de la presidenta
le manifestó que su grandeza habia va
rias veces preguntado por él , cuyo cui
dado tuvo tam bién el señor presidente
que acababa de salir del palacio.
Creyó Zoiry de obligación pasar á
ver á su bienhechora, se dirigió á su
gabinete, y no hallando quien le anun
ciase llam ó, y le dijeron que entrara:
liízolo a s i, y se sorprendió la presidenta
por hallarse medio desnuda : dióle él mil
escusas, y pidiéndola perdón por su en
trad a, le halló muy fácilm ente en el ca
riño de esta señora, que le concedió per
m aneciera, porque al ñ n , tratándole ce-
(ísn
frió á cosa pro p ia, no le quería hacer
dudar dé su confianza. Sentáronse en el
Sofá, y fueron tan dulces, tan insinuan
tes las espresiones de la presidenta , que
no pudo menos nuestro inesperto joven
de contarla todas las entrevistas de la
víspera, y advertencias que le hicieron
las damas que tanto ae interesaban por
su suerte.
Qnerido Z oiry, le dijo aquella , de
bes precaverte de los lazos que te lien-»
den: E lina, Filena y Lubé son tres ri
vales que se aborrecen , y no perdonarán
medio de aprovechar tu impericia para
concitar recíprocamente los rencores que
abrigan. Esas mugeres nünca supieron
am ar , hijo mió ; sus intrigas amorosas
no tienen otro objeto que saciar su am
bición , llenar sus ideas, y conseguir la
hum illación de süs rivales. Podras hoy,
tal vez , ser el objeto de su capricho : ma
ñana se cansaran : sufrirás las mayores
repulsas, y serás víctima de una pasión,
de los resentimientos , ó tal vez del des
precio dé iin rival que habrás reem
plazado , o de otro mas venturoso que
Ocupe tu puesto. ¿Y no fuera doloro
so para m i, verte el juguete del arti
ficio? Créeme , prosigue con circunspec
ción, nó te fies de sus aparentes encan
tos , pon un dique á tli pasión , reprime
( i**)' ,
tus sentimientos, y somételos al examérf
de una amiga que te ama. ¡ Hay querido
Zo iry! Cuanto desvelo me va á ocasio
nar el ardiente cariño "que medias ins
pirado, tu interes es el mió, yo nor
maré tu conducta ; sigue mis consejos y
podrás llegar al colmo de la felicidad
haciendo la de tu amiga. Manéjate con
destreza con e lla s , admite los favores
como dones del parentesco, pero preser
va tu corazón no sea que lo des en cam
bio de unos favores prodigados al solo
espíritu de la venganza y de la intriga.
¡ Guánto sentiría, candoroso Zoiry, que
despreciases mis consejos !.... ¿ darasme
este sentimiento? No, mi querida bien
hechora : esclamó él. No os ocasionaré
jamás el mas leve motivo de queja, y
mi docilidad os sale garante que no da
ré un solo paso sin consultaros. ¡ Cuán
feliz seré si lo hicieres! dijo la presiden
ta inclinándose hácia él y uniendo su
rostro con el suyo. El descuido de su
trage patentizaba la agitación de su co-*
razón y el movimiento de un pecho con
vulsivo y palpitante; la mano de la pre
sidenta unida á la del joven, abrasaba;
sus labios despedían fuego, sus ojos bri
llaban de deleite.... Jamás habia sentido
él sensaciones tan dulces y agradables y
nunca el placer pudiera convidarle con
nías halagüeña copa : su inesperiencia^'
( 154 )
SB candor , la ceguedad de una mugerr
el voluptuoso torrente de un fuego devorador que ella abrigaba, fueron unos
incentivos crueles que le hicieran olvi
darse de si mismo , y cayó en un deli
cioso deliquio del cual salió á pocos mo
mentos lleno de em briaguez, de delirio,,
y , no se, si de arrepentim iento por ha*
ber hollado las leyes de la hjspitalidad.
Durante la comida se hallaba Zoiry
triste y pensativo , el presidente le ani
maba atribuyendo al cansancio del dia
anterior la languidez de sus m iradas. La
presidenta, mas esperta, supo mejor di
sim ular, mas se conocía el fuego que su
corazón abrigaba.
Aquel dia fue delicioso para Zoiry,
porque á la tarde se le anunció que el
príncipe, en consideración á los serví»
cios de su pad re, habia tenido á bien
agraciarle con una compañia de sus mos
queteros. Mil enhorabuenas recibió aque
lla noche nuestro novel guerrero por el
preludio de una fortuna rápida que iba
á colocarle entre los primeros persona
ges de la corte. En tan tierna edad, tan
liello, y disponiendo de tanto favor, no
era estraño se atragese la atención de
cuantos le cercaban. La presidenta rebolaba de alegría, y las tres rivales se dis-
( W > )
el medio de atraer con sus haͻlitaban
agüeñas palabras el corazón de nuestro
venturoso joven»
El siguiente dia era el señalado para
ir á cum plim entar á Filena, y también
á Lubé y Elina por la gran parte que
hablan tenido en su nuevo grado. La
primera le recibió con el mas cortesano
afecto, y él tuvo bastante imperio sobre
si mismo para no dejarse seducir por sus
palabras, ni revelar el estado de su co
razón ; pero esta reserva, que en el con
cepto de Filena eran aun los sentim ien
tos de la infancia, avivaban una pasión
que encendiera nuestro joven , y que pu
do evitar le fuera demostrada en aque
lla visita. Comieron entre varias gentes,
y con legítim as escusas pudo retirarse
después , porque tenia que presentarse al
príncipe.
Pasó á la casa de Lubé , donde fue
obsequiado con profusión ; y citado p a
ra el siguiente dia. Elina y la presiden
ta le presentaron á la princesa, y el pre
sidente y los ministros le condugertm
aquella misma noche á los pies del prín
cipe.
El candoroso Zoiry hállase ya en la
corte revestido de un rango distinguido,
O*«)
metido en una intriga amorosa, siendo
objeto de la ambición y criminales mi
ras de varias damas. Sin conocerlo él es
taba á la espectacion de los mordaces
palaciegos para sacar partido de la sáti
ra y maledicencia. Hace dos dias que era
inocente y formaba el orgullo de una fa
milia respetable, en este tal vez se pre
paran acontecimientos fatales, y tendrá
que marchar sobre escombros, ruinas,
intrigas, sangre y crímenes. Su primer
paso ha sido un adulterio , una ingrati
tud : veremos cuales serán los sucesivos
en una corte corrompida donde solo im
pera el vicio, y la virtud es un fantas
ma imaginario que todos evitan.
La presidenta fue atrayendo á nues
tro joven á sus lazos. Demasiado sagaz,
ganó su corazón y confianza , y casi le
incitaba a que se vengara de tres rivales
que se disputaban el objeto que ella poseia. Cortas fueron las visitas que hizo á
Filena , de las que salió triunfante , dé
bil en demasía confió este triunfo á su
amante que supo aprovechar para sus fi
nes; Filena y Lubé no pudieron jactarse
de sobrevivir á su infamia por medio del
secreto que las guardara el joven cor
ruptor después de su flaqueza , y éstos
acontecimientos presentan el ejemplo de
la intriga de una muger que en la edad
( 157 )
fnadura seduce á un corazón tierno, y
triunfaba de tres beldades que eran la
adm iración de todo un reino.
Zoiry llegó á ser el objeto de moda
de la capital; un joven aturdido y liber
tin o , era el ídolo de las mugeres mas
hermosas de e lla , y por su indujo y me
dio, la admiración de hombres respeta
bles que gozaban de gran crédito. Tal
era el estado de un pais en que el sexo
hermoso dispensaba las gracias y decidía
del séquito y mérito intelectual de los
hombres. La presidenta , que era el re
sorte esencial de toda la presente intri
ga, gozaba para con el público de un
adm irable concepto, y sus burladas riva
les depositaban en su seno las desgracias
que les causaran sus pasiones y los tor
mentos á que las espuso su debilidad.
Mas de una vez vertieran tristes lágri
m as, que enjugaba la astuta confidenta,
quejándose de un joven por quien todo
lo sacrificaban. Los triunfos de E lina, el
prestigió de Filena y la naciente nom
bradla de L ubé, vinieron á estrellarse
ante el voluble carácter de un casi ado
lescente que dió pábulo á las mas escan
dalosas anedoctas. ¿Y creéis, por ventu
r a , que la maledicencia hiciese declinar
el concepto de esas brillantes jóvenes?
por el co n trario : era tal la corrupción,
( 158)
que aquellas intrigas les daba un nuevo
realce que escitaba la envidia de otras
muchas, y avivaba el amor propio de los
primeros personages para tener la gloria
de ir uncidos a un carro de ignominia
que pasaba entonces como una gloria en
los Tastos de la galantería. Zoiry llama
ba la atención en todos los círculos, y
aun en los salones mismos del príncipe.
Las mugeres se formaban un mérito en
atraerse sus miradas, y aquel carácter
frívolo, versátil que debia ser un des
mérito para con mugeres sensatas y vir
tuosas, era el incentivo mas eficaz para
triunfar de otras rivales.
Un consejero del príncipe, á cuyo
cargo se hallara sometida la justicia de
la nación, deponia á los pies de Elina
su importante cargo, sus atributos y el
desempeño de sus sagrados deberes á
una mirada de esa muger. Dos ministros
estrangeros hubiesen pospuesto los inte
reses de sus príncipes y revelado los mas
importantes secretos de sus gabinetes por
la momentánea condescendencia de File
na y Lubé. La presidenta, que conocía
el ascendiente que esas jóvenes tenían
para con los que desempañaban cargos
tan inmensos , se aprovechaba de él pa*
ra sus pretensiones particulares , acrecer
su fortuna por las dádivas de persona*
( 159 )
<jue á gran precio pagaban su interposi
ción : y el oro de que disponía Zoiry pa
ra dar pábulo á sus vicios tenia este
odioso origen. Tal era el estado de la cor
te en aquella época , y si entre los pri
meros personages de ella podían trazarse
estos cuadros, otros muchos se copiaran
de las clases subalternas entre las perso
nas que las componían.
Faltábale á Zoiry esperimentar una
de aquellas Tuertes agitaciones que se
imprimen en un alma de fuego y que
pueden decidir de la existencia de un
individuo. Las lecciones de la presiden
ta no habían podido curarle del orgullo
y vanidad que el triunfo de sus con
quistas alim entara. Aconteció que en una
reunión de las mas brillantes, se halla
ba un joven á quien Zoiry había suplan
tado en el corazón de una señora deL
mayor predicam ento, y como el ofendi
do rival vertiera algunas expresiones,
ásperas en verdad , y poco atentas al de
coro de aquella dam a, nuestro paladin.
pretendió advertirle su desatención, lo
que produjo uno de aquellos lances lla
mados de honor, que no fueran bastan
te á evitar todas las reflexiones morales,
ni los mas justos deberes. El nombre de
aquella dama fue el objeto de todas las
«onversaciones, y las demas se dividie-
( ICO )
ron para juzgar á los contendientes y
y publicar sus aventuras: el negocio era
grave, y al día siguiente debia diluci
darse la cuestión por medio de los ace
ros, y esta contienda arrastró tras si el
decoro y reputación de muchas familias.
Los primeros encargados de la justicia y
del sostenimiento de las leyes, fingian
ignorar el suceso que se publicaba en
sus salones, y aun el príncipe se viera
obligado á fulm inar un anatema contra
los infractores de la ley si hubiese ma
nifestado ser sabedor de una crónica
con que le divertían sus áulicos priva
damente,
Tal era la fórmula que exigian las
leyes llamadas del honor que a cada pa
so le violaban. La víspera que precediera
al dia del com bate, tuvo la presidenta á
Zoiry en sus brazos, y enmedio de un
copioso llanto le rogaba conservara su
existencia y procurase acabar con su an
tagonista, porque de aquel resultado
dependia su vida. Varios billetes de sus
apasionadas recibió asimismo, hacién
dole presente que su honor exigía una
imponente aptitud para salir airoso en
el lance que iba á decidir su suerte,
lágrim as, protestas, medios prevenidos
para huir al estrangero, recomcndacio>.
nes, todos los preparativos de vida se
( 161;
aprestaban en medio de los sollozos de
la muerte.....
Amanece el fatal dia , y la presiden
ta , eludiendo la vigilancia de su esposo
que por lo ruidoso del lance no ignora
ba el suceso, y había procurado-ocul
tarlo por no afectar su sensibilidad ; en
tra en la habitación de Zoiry que halla
desierta, y un criado fiel la entrega un
billete en que la anuncia que no ha te
nido valor para un a Dios eterno que sin
duda se le prepara, tanto si sucumbe,
como si también consigue vencer á 6 U
adversario: un paquete incluía cerrado
que la rogaba abriese si descendía á la
tumba , ó le enviase al lugar de su des
tino si sobrevivía.
Esta muger se convenció casi que
amaba de veras, por las sensaciones que
esperimentaba su alma, y conoció todo
el horror á que la habia conducido una
pasión que debiera hacerla mucho mas
cauta: presentia síntomas que amarga
ban sus dias, y que destruyeran tal vez
el concepto que hipócritamente sostenía
en la sociedad. Los remordimientos la
aquejaban, y la acometió un accidente
que ocultaron los criados, conduciéndola
¿ su habitación.
TOMO II.
11
<1152 )
Si esta situación era lam entable, no
podia serlo menos la de cada una de las
débiles amantes de Zoiry que á la vez
padecieron , tanto mas, cuanto habian
sido víctimas de los sarcasmos que les
dirigieran los hombres que habían ama
do, y tío ocupaban ya el lugar predilcc«
to en sus galantes listas. Muerto ó au
sente el campeón , debieran ser la irri
sión de la corte todas aquellas que no
tuvieran bastante audacia para sostener
una de tantas posiciones comunes de la
vida, ile que abundaba la época..... Vol
vamos at sitio del combate, que lugar
nos queda para discurrir acerca de esas
desgraciadas.
Nueslro héroe salió al amanecer con
un solo criado, y en uno de los estre
ñios de la población le aguardaba un
amigo : encamínam e á una legua de la
corte , punto aplazado para ventilar el
honor de dos jóvenes que debía decidir
un brillante acero. Era la mañana fria,
y los labradores que transitaban, unos á
sus tareas y otros á ofrecer en el merca
do sus producciones, formaban un con
traste bien singular con aquel joven lle
no de vida que iba a labrar un sepulcro
ó para sí, ó para otro aturdido que le
era muy semejante,
( 163 )
Torcieron los corceles á la izquierda,
pasaron el rio, y entre unos arboles vie
ron pacer dos cebras, que muy descui
dadas por sus dueños, mordían la na
ciente yerba sin curarse de las cavilacio
nes de estos.
Digan lo que quieran los apologistas
del duelo, por mas que quieran suponer
sangre fria , y valor én sus héroes, el
momento que se aproxima al acto del
combate, es acerbo y eruel : el corazón
palpita con mas fuerza; los objetos mas
caros á la vida, todas las venturas de la
existencia, la virtud misma, se presentan
embellecidas con sus atributos ante el
hombre que se prepara á combatir. De
cid lo que queráis, hombres avezados á
esta especie de combate, el momento pre
cursor de él es muy amargo , córrese el
velo del error, el prestigio del vicio de
saparece, y si os atrevéis á confesarlo
sin rubor, en aquel momento os sentis
asidos del remordimiento, y fuerais' ca
paces de las acciones mas virtuosas; no
os quiero negar el valor, snpóogoos osa
dos y valientes; pero estoy seguro' con
vendréis conmigo en que estos instantes
en nada se parecer! á los que preceden á
una batalla, donde le°¡álmente espone el
guerrero su vida por 'la‘patria. Allí nd
tienen los remordimieiitos entrada, allí
( 161 )
la muerte no se presenta revestida de un
lúgubre aparato, y tal vez no se piensa
en e lla ; a q u i, empero , el ánimo se apo
ca , y el orgullo social, la vanidad ha
cen sus veces. ¿L o negareis? Vuestros
músculos se retraen y en vuestro sem
blante, y aun en el de los testigos, se
lee un no sé qué de siniestro que el ma
yor valor no puede ocultar, y que no se
observa en los campos de batalla ni en
una acción m arcial, sino en los espíritus
apocados. Esta sangre fria que tanto se
alaba en los duelistas es un engaño, es
un .aparente pretesto para sancionar el
mas bárbaro de los actos humanos.
Hacia pocos minutos que había lle
gado el antagonista de Zoiry, y cuando
se incorporaron para saludarse , vieron
llegar un ligero carruage que conducia
á un facultativo. Estos héroes de la mo
da se hablaron cual si estuvieran reuni
dos para una partida de campo; pero los
monosílabos que usaban participaban de
la agitación interior que sentían. Llega
el momento fa ta l, los dos testigos, jóve
nes también y versados en las fórmulas
m ortíferas se pusieron de acuerdo y con
vinieron el sitio y m om ento: dos ligeras
espadas eran las armas escogidas, las mi
dieron, probaron el temple de sus hojas,
se cercioraron de la solidez de sus mon-
(tGS)
turas, y se encaminaron á un pequeño
espacio donde el terreno seco y sin yer
ba diera lugar á los movimientos de los
combatientes: estos siguieron en silencio
á sus padrinos; y dándoles las manos
les suplicaron accedieran á una reconci
liación decorosa. ; Decorosa ! ¡ Cómo pu
diera serlo sin retractarse de unas espresiones irreflexivas que el llamado honor
mandaba sostener ! Se llenaba el ceremo
nial al menos, y quedaba el pundonor
en el lugar correspondiente.
Despójanse de sus trages, y desnudo
el pecho y los brazos de unos seres aun
no formados, de unos jóvenes que pro
metieran larga vida, y el origen de una
numerosa posteridad , se aprestan á dis
putar á Dios mismo una existencia que
Ies concedió para esponerla á un crimen,
á un homicidio, el mas horroroso de to
dos ellos. El orgullo social embriaga los
corazones de estos barbaros, las furias se
apoderan de su corazón ; no son ya dos
hombres, son dos monstruos, dos perver
sos que escarnecen la sociedad, que se
burlan de las leyes, que insultan al cie
lo, que maldicen á sus padres, que se
emancipan de los demas hombres.... Per
versos! la virtud os abandona, la refle
xión huye de vuestros corazones'.!..... Da
sangre de Zoirv corre por su brazo: mi-
( »66 )
rala con el sarcasmo de la desesperación,
y se sonrie en medio de la palidez con
que la ira cubre su semblante. Ya estas
herido : le grita su adversario. No impor
ta , contesta , aun puedo manejar el ace
ro y probarte que eres un villano. Pues
yo teñiré nuevamente mi espada en tu vil
sangre, contesta su rival ; y renuevan
con mas furor la pelea. La sangre corría
de la herida de Zoiry y ya regaba el sue
lo ; su brazo no podia con tanta robus
tez parar los golpes, y el antagonista se
cundaba sus tiros al blanco pecho del
joven capitán , que su ceguedad misma
no le permitia distinguir; seguro del
triu n fo , solo cifraba su ansia en ofender
sin cuidar de su defensa ; un instante
queda en descubierto, y la mano que
apenas podia ya sostener el acero, el
brazo desangrado que le guiaba acertó
á apoyar la punta de él sobre el pecho
del audaz joven , que dio un rápido mo
vimiento de avance para envainar su es
pada en el cuerpo de Zoiry; este evitó
el golpe y vió su mano apoyada en el
pecho de su adversario que cayó de fren
te con la espada atravesada que el bra
zo débil y homicida tuvo que abando
n a r ..... Quédase pensativo y yerto vien
do á sus pies al rival que un instante
antes se creyera vencedor..... En aquel
momento no sabe lo que le pasa : acude
(1C7)
el cirujano , reconoce al caido ; aun te
nia vida , mas la herida era mortal : to
dos contribuyen a su curación; pero de
sesperan conserve por mucho tiempo la
respiración, y ven la imposibilidad de
conducirlo vivo al carruage. Ínterin se
le prodigan todos los socorros del arte,
ha salido un criado en busca de los ausilios necesarios: los testigos aconsejan á
Zoiry que aproveche el carruage para
evitar el rigor de las leyes, ínterin sus
amigos acuden al príncipe para que ob
tenga la gracia de aquel acontecimiento.
JNo se podia en aquel momento traslucir
cuales fuesen las sensaciones de ese des
graciado, oprimido con el peso de un ho
micidio y con las maldiciones de los pa
dres y amigos de su desgraciada vícti
ma. Insensible á toda reflexión, ni aun
había sentido cuando le vendaron el bra
zo; solo la imposibilidad de hacer por
entonces uso de él, le hizo recordar que
estaba herido: las lágrimas se asomaban
á sus ojos, y el temor de parecer débil
le impedia ostentar su sensibilidad. Casi
maquinalmente entró en el carruage, y
un desconocido le dijo estar destinado
para conducirle, pues todo se bailaba
prevenido.
Ya caminaba con rapidez hacia lar
go rato, cuando Zoiry distraído, volvió
( 1«8 )
de sus cavilaciones y preguntó á su con
ductor donde iban. Vamos, le contestó,
á un sitio inmediato en el que os aguar
da la tranquilidad, y debo advertiros
que debereis tomar el nombre de O laorf
y pasar por hijo de un labrador que cui
da las posesiones de un amigo del prín
cipe, en cuyo domicilio hallareis todas
las comodidades de la vida. A nuestra
llegada sin duda, recibiréis nuevas ins
trucciones. ¿ Y quién es la persona que
os ha dado estos encargos ? preguntó
Zoiry. No tengo permiso de revelároslo
hasta que esteis en seguridad ; y en este
caso, otra será quien se encargará de ha
cerlo : por ahora mi comisión se limita
á conduciros y libraros de todo peligro.
Nuevas reflexiones acometieron á nues
tro joven , y no dudó que aquellos be
neficios nacieran de su bienhechora la
presidenta , que tomaba todas las medi
das para salvarle,
A los dos dias de marcha bastante
precipitada , y cuyos descansos daban
apenas lugar para mudar los tiros, lle
garon á una pequeña aldea, muda de
trage el fugitivo , y montaron en cebras
porque los caminos eran intransitables
para las ruedas: cerca de un sol cami
narían entre montes y bosques dilatados
hasta que llegaron á un valle, donde
( 169 )
en una casa aislada, pero grande^y pro
vista de estensos jardines, les recibieron
con respeto y atención. Ya hemos con
cluido el viage, dijo el guia, y es pre
ciso cuidemos de vuestra salud. Condújosele á una habitación bien preparada,
el conductor le espresó estaba práctico
en la cirujia, recorrió la herida, la exa
minó y le previno que un par de dias
de silencio y reposo, restablecerían com
pletamente su salud , y mejorarían la
dolencia de su brazo, algo enconada con
el viage precipitado , y la tranquilidad
de su ánimo.
Dócil á la prescripción de su guia, so
metióse á cuanto se exigió de é l, y adop
tó el descanso de que necesitaba. Dejé
mosle aprovechar de aquel reposo, y vol
vamos á la corte para inquirir las nove
dades que pudiei’on originar los sucesos
que nos han ocupado y que merecen otro
cepítulo, por las incidencias que ocasio
naron, y males que á ellos se subsiguie
ron á causa de la relajación de unas
costumbres que solo las pasiones diri
gían.
XIX.
CONTINUA
LA
HISTORIA DE Z O I U Y . = l N C I l ) E N -
C1AS.=NÜEV0S
AMOR E S . = D E S E N G ANO S .
in
esperanza de vivir se condujo al
desgraciado joven á quien el estímulo
de un falso honor privaba de los mejo
res dias de la vida. Durante el tránsito
varios mensajeros se habian informado
de los resultados del desalió, otros pre
guntaron por Zoiry y se sorprendían de
su partida : mucho mas cuando no po
dían satisfacer á sus indagaciones. Todo
esto transcurrió en el espacio de pocos
momentos. INo lejos de la capital en un
humilde albergue , y entre nnl rodeos,
S
(m )
fue conducido el que apenas vivia. Re
gistrante los facultativos, y opinan que
solo un milagro de la Omnipotencia pue
de salvarle. Su familia pertenecia a la
clase mas elevada, y sus relaciones esta
ban bien aseguradas en el gabinete del
ge fe supremo ; de consiguiente, á pesar
de las leyes tan vociferadas del honor,
la venganza suscitó persecuciones las
mas vivas contra el agresor, al paso que
se ñngia ignorar el paradero de la víc
tima.
Entre tanto habian transcurrido al
gunos dias: el joven, pálido por sus su«
lrimientos, aun no había dejado su apo
sento; pero se hallaba casi restablecido
y cicatrizada la herida , gracias al cui
dado asiduo de su facultativo y á la ro
bustez de su naturaleza. Meditando esta
ba sobre la incertidumbre de su situa
ción, cuando le dice el cuidadoso enfer
mero que puede salir á esparcirse á un
salón contiguo en el que aparecerá en
breve el dueño de aquellas posesiones.
No duda, pues, encontrar á la presiden
ta, y su ansia era igual á su inquietud:
sale á una habitación cuyas vistas daban
á un jardín delicioso, y á los pocos mo
mentos entra una señora á quien desco
noce , respetable por su aspecLo y por la
dignidad que le daban algunos años, que
(»«)
sin em bargo, demostraban la belleza que
obtuviera en su juventud.
Túrbase Z oiry, y apenas puede vol- '!
ver en sí de su sorpresa : cuando espera
ba á una amiga , se encuentra un ser
desconocido, no se atreve á preguntar,
al paso que apetece salir de incerti
dumbres.
Mucho te turba, joven, mi presencio,
dijo la desconocida , te hallas en un al
bergue seguro, y en el que me han di
cho has sido tratado según mis órde
nes.....= ¡ Vuestras órdenes, señora !=Si,
¿qué te admira ?=Si supiese á quien ten
go el honor de agradecer.....= ¿E ste acto
bene'fico, y no m erecido, Zoiry^ Lo sa
brás: á una persona con quien te unen
vínculos muy cercanos, á una segunda
m ad re, que compadecida de tu situación
se anticipó á tus enemigos.=j Mis enemi
gos !=S i : tus enemigos. Apenas me viste
una sola vez, y no te dignastes fijar en
mi tu atención. Tus padres, tan respeta
bles como virtuosos, me han encomen
dado tu suerte, y fiel deposilaria de tu
persona cum pliré mis deberes. A rrancar
te del sendero del vicio es mi objeto
principal, devolver un hijo arrepentido
a unos padres, modelos de honradez, y
hacerle feliz , es cuanto me he propues-
(173)
to. Si eres dócil y aprovechas mis con
sejos ; si sabes tener imperio sobre tus
pasiones y me entregas tu corazón, no
te pesará tal vez una desgracia que re
forme tu inconsiderada juventud. La pri
mera nueva que te preparo debe ser pa
ra ti satisfactoria, y la impresión que
ejerza sobre tu corazón el garante de mi*
proyectos..... Tu contrario vive, y conva
lecerá.....= ¡ Gran Dios ! di jo Zoiry arro
jándose á los pies de la dama. ¡Ya no
soy asesino! habeisme librado del horror
que yo propio me inspiraba..... ¡ No me
llam aran homicida L..—Encontré el co
razón que b u s c a b a , dijo levantándole:
descansa : ahuyenta los remordimientos,
y prepárate á ser otro hombre: desahoga
t u oprimido corazón, y luego nos ve
remos.
Retiróse, y Zoiry admirado de aque
lla magestuosa escena , se creia poseido
de un delirio y temía volver de él. S u
corazón, naturalmente sensible y dócil
en demasia , no se podía acostum brar
con la memoria del desafio. A los diez y
ocho años, se decia, trafiqué con sangre,
olvidé los preceptos de mis padres , me
entregué al torrente de los vicios , satis
fice caprichos criminales..... ¡ qué carre
ra me preparaba, gran Dios ! ¿ C«5mo pre
sentarme a los ojos de los que me dieron
( 174 )
el ser?.... El grave peso que oprimía su
corazón se iba algún tanlo disipando, v
deseaba el momento en que su salvadora
le sacase de inquietudes y le instruyese
de su suerte, y de los detalles en que
cifraba su ansiedad.
Aquella tarde desvaneció, pues, sus
dudas. Mas animado, bajó al jardin acom.
pallándole aquella benéfica señora , y le
hizo la relación siguiente :
Tu padre ha sido el sobrino por quien
tuve mas predilección en sus primeros
años , y con quien cuestiones de familia
habían hecho romper una intim idad que
rayaba en entusiasmo. Esta razón sin du
da , sugirió á la presidenta B. y demás
de la familia á separarte de mi conoci
m iento, y no iniciarte en las antiguas
relaciones que nos unían. Sabedora yo
de tu vida disipada , conociendo la car
rera que seguias , y entre las manos en
que te hallabas, acudí á tu padre, re
conoció su error con respecto al motivo
que nos separaba, y me rogó velara por
tu suerte ; lo hice como un ser invisible
que desea la ventura del hombre á quien
protege : por desgracia no pude prevecr
el lance que podiera costarte la vida , ó
un remordimiento eterno; conseguí, em
pero , arrancarte de las manos de los que
C »75 )
pudieran sumirte en nuevos males. Si por
la corrupción de la corte se consigue re
cabar del soberano un olvido á la infrac
ción de las leyes , que la costumbre au
toriza, de ningún modo debes presen
tarte en los círculos que presenciaron til
desmán, porque fuera un insulto á la
justicia. Pasarás á otro clima, y cuando
la edad y la reflexión te presente desco
nocido á los ojos de tus contemporáneos,
entonces podras sin peligro entrar en ese
mar de escollos, y conocerás la ignomi
nia de que lias sido víctima. Debiera
ocultarte todas las consecuencias que ori
ginara tu indiscreción; pero con el ob
jeto de que seas cauto y te sirvan de lec
ción , voy á enumerártelas.
La presidenta IV, á quien una ciega
pasión dominaba hácia ti, junto con la
de la venganza que abrigaba hácia al
gunas jóvenes que tenían mas séquito
que ella, creyó que una de las tres apa
sionadas que tanto conoces te había sustraido de su poder , y se valió de cuan
tos medios estuvieron á su alcance para
indagar tu paradero. Inocentes aquellas
de tu ocultación , y persuadidas ser obra
de la presidenta , corrían desalentadas á
preguntarla y ella lo atribuía á insulto.
El corazón de la muger tan dócil y blan
do en la efervescencia de la pasión , se
(06)
retrae y endurece cuando la venganza y
el rencor se apoderan de aquella entra
ña. De tres rivales alguna de ellas de
biera ser culpable en su concepto; dos,
inocentes sin embargo, no repara en co
m eter una injusticia y consumar una
m aldad sacrificando á las tres para sa
tisfacer sus pérfidos rencores contra una.
Tu indiscreción le babia dejado un pa
quete que contenia diversas cartas, bien
para devolvértelas si la fortuna te era
propicia en el combato, ó bien para en
tregarlas á las llamas si el acero enemi
go te conudcia á la tumba. Espióla esa
m uger aquellos fragmentos de debilidad
que nunca debieras haber conservado, y
publicándolos, consigue deshonrar ante
el público a las tristes víctimas de tus
vicios y de su infame sugestión y conse
jos. Los esposos de esas desgraciadas tu
vieron por su propio honor que tomar
medidas contra el ridículo en que se les
ponia. Sus amantes fueron el ludibrio
público , y su amor propio y orgullo exi
gían una reparación que era siempre fa
tal al sexo débil.
O tras varias fueron víctimas de las
intrigas y sarcasmos : y los salones de la
corte esperim entaron una revolución que
dando divididos, cerrados, convertidos
en un foco de resentimientos que bien
( 177)
pronto estallaron en el gabinete del prin
cipe. Suscitáronse varios desafíos, sufrió
se mucha mudanza de m agistrados, lle
gando el escándalo á tan alto grado, que
algunos ministros estrangeros mezclados
en aquellas intrigas, dieron lugar á no
tas y contestaciones capaces de producir
serios resultados, si el mismo vicio y
corrupción , no cohonestara unos actos
que no pasaban de las esteras de comu
nes, y que llegaron á considerarse al fin
como consecuencias galantes. Este tras
torno duró pocos dias, pero arruinó mi
llares de fam ilias, la c a id a 'd e un mag
nate atraia la de todas sus hechuras, y
una incidencia vulgar produjo resulta
dos políticos.
Reflexiona pues, á lo que diste lu
g ar, y si pudieras preveer tales aconte
cimientos. La presidenta, sin embargo,
no quedó impune de tantas intrigas. Las
mugeres ofendidas; los hombres ultraja
dos ; el pundonor vendido; y el secreto
hollado , buscaron medios para vengar
tanta iniquidad y no fue difícil encon
trarlos. .Seis meses has perm anecido al
lado de esa m uger, y el público ha ob
servado en ella el estraño fenómeno que
no vió en los doce años que se halla
unida con el presidente. El oro encontró
paso entre sus criados y confidentes, le
TOMO 11»
i7
( 118)
fue fácil corromperles, y se arrancó la
mascara á la hipócrita m uger que te tu
vo preso entre sus redes. Presunto here
dero tu de un respetable anciano que
sentía orgullo en ad optarte, os ha lan
zado á ti y á su esposa una eterna mal
dición, encerrándola para siempre don
de se sepulte con ella el fruto de su ig
nominia..... ¿ P a lid e c e s , Zoiry? ¿Cono
ces todo el esceso de tus vicios , y la fuer
za del oprobio de que te has hecho
acreedor? Estos mismos sentimientos en
tu corta edad te garantizan de tu con
ducta sucesiva. Conoce todo el error de
tu situación, pesa los males que has oca
sionado , y piensa ser otro hombre. He
dispuesto que pases á un pais estranierò;
al li permanecerás un tiempo indefinido
hasta que los que velan por ti dispongan
tu regreso. Convalece pronto y disponte
á partir.
Efectivamente, á los pocos dias em
prendió Zoiry el viage proyectado, y lle
gó á la corte de un vecino reino reco
mendado á un anciano respetable, d e u
do cercano de su salvadora y con las
instrucciones necesarias. Abríase un sen
dero para nueva vida , su corazón dise
cado por los vicios roedores que abriga
ra , buscaba un manantial que le refri
gerase y cambiase su ser. Halló en su
( >79 )
nuevo guia un sabio y virtuoso que pu
diera cenducirle por los escabrosos sen
deros del inundo, a fin de evitar los pre
cipicios de que abunda. No te separes
jamas, le decia. La corte que dejastes no
es mas corrompida que esta , los vicios
son mas comunes y se hallan revestidos
de una mascara seductora que el buen
tono prodiga á manos llenas para hacer
la menos deforme.
Aquí veras una lucha de opiniones
sin cesar, que llevan por objeto aparen
te el bien del género humano; pero to
dos sus principios son engañosos: todas
las doctrinas son especiosas y nacen del
conjunto monstruoso de preceptos que
por espacio de muchos siglos inundan ei
mundo con torrentes de sangre. Si te de
dicas á la política tienes que renunciar
al buen juicio y poner tus sentidos en
contradicion con la conveniencia gene
ral , que no es mas en esencia, que la
de unos pocos. Esta perniciosa ciencia se
ha hecho universal y es la base en que
la sociedad bulle y se agita. Con unos
mismos principios, veras hombres que
apoyan la ventura universal sobre las
bases de libertar al pueblo de tiranos
opresores, y para ello le embriagar),
exaltan sus pasiones, píntanle la virtud
con desgarrado manto y teas incendia •
( 180 )
rias, trazan á la libertad como rengadora ó el instrumento cruel de sus ven
ganzas, siembran por fin la corrupción
y desmoralizan las costumbres : las mis
mas masas que pretenden inclinar al lo
gro de unos derechos inherentes á la es
pecie hum ana, son la irrisión y el des
precio de los corifeos que las fascinan y
engañan. V uelve, pues, la vista hácia
esos calculadores que cifran el equili
brio social en tener al pueblo sujeto a
un yugo opresor, político y religioso, y
•veras con que colores tan halagüeños
pintan la felicidad popular bajo el do
minio absoluto de un gefe sujeto él mis
m o , á la influencia de los ministros del
culto que se suponen árbitros de los des
tinos de la tierra : el bien público es el
talismán de que se valen y el resorte de
sus especuladoras ideas.
Otra dominante doctrina veras la mas
común , y tal vez la mas perniciosa , por
hallarse investida de seductoras esperan
zas, y en ella está alistada la fogosa ju
ventud. La libertad es el zócalo sobre el
que basan sus principios; pero es una
libertad relativa. Las riquezas , la ansie
dad de gozarlas, las comodidades que
ellas proporcionan , la molicie que ofre
ce , y los medios de satisfacer todas las
pasiones, son el dulce y encantador in-
( 181 )
centivo con que se halla ornado el helio
ideal de esos nuevos raciocinadores. Las
ciencias no pueden negar que es el esca
lón certero por donde el soberano enten
dimiento consigue el dominio universal.
Las ciencias, empero, requieren vigilias
amargas y penosas tareas que consumen
los mas preciosos dias de la juventud. Si
en tiempos remotos se alcanzara el re
nombre de sabio, la corona debida á ese
noble mérito, solo ciñera sienes aridas y
estenuadas, a las que cubrían algunas ca
nas, muestra indudable de la corta vida
que al triunfador le quedaba. ¿Qué pu
diera entonces servir una recompensa
comprada á tanta costa? ¿Para embelle
cer los fastos de la historia? ¿[»ara ornar
el marmol de un sepulcro? ¿para dar
materia á otros sabios, y asunto a versos
laudatorios? ¿Para dejar, en fin, a la
posteridad el nombre de un ser que con
virtiera en polvo la sañuda muerte? ¡ La
posteridad ! Nombre mágico que el siglo
actual contempla con risa y menospre
cio. ¡ La posteridad ! ¿Qué les importa
á las presentes generaciones la suerte de
las futuras? Ya se labraran aquellas su
dicha, dicen, conforme trabajan las pre
sentes. Las tareas de nuestros antepasa
dos, según esa novel doctrina, es un
cuadro de vivaz colorido, sobre un cuer
po terso que borra una esponja guiada
( 182 ^
por la mas torpe mano? ¡La posteridad!
Lo positivo, lo actual, lo presente, es
lo que encanta al corazón humano; los
goces de la juventud, las fruiciones en
los dias primaverales de la vida son los
únicos que deben llamar la atención, el
estío del hombre y su senectud , son épo
cas detestables que ningún interés ins
piran, es el término de un viage que so
lo deja cansancio y recuerdos que se con
funden y olvidan como el polvo del se
pulcro.
Te parece Zoiry si unas doctrinas
apoyadas en tan protervos principios pue
den constituir la ventura universal? Es
te prurito de alcanzarla sabiduría ha en
greído á la juventud, y dedicándose al
análisis solo de las ciencias , sin profun
dizar su santuario, les ha prestado , en
lo general, solo un ligero barniz que
bien pronto se disipa. Orgullosos con la
tintura elemental de todas las ciencias,
creen penetrarlo todo, discurren sobre
sus arcanos, y cuando creen hallar la
solución de un problema se encuentran
confundidos, víctimas de su pobreza. Su
orgullo, sin embargo, no les permite
doblegar su cerviz ante el verdadero sa
ber, y vilipendian y ultrajan al filósofo
que compadece su ignorancia. El enva
necimiento de estos nuevos seres llega
( 183 )
hasta la demencia de erigirse árbitros pa
ra legislar: sus teorias, ó las de sus
maestros, las juzgan un modelo de per
fección ; y como la práctica ofrece tan
tos inconvenientes como reparos, tienen
que probar ensayos que recaen siempre
en perjuicio de los pueblos. No cede su
audacia ; como legisladores se creen igua
les a los mayores potentados, y aun al
trono misino. Su locuacidad ayudada con
la tintura de las ciencias que poseen,
engrandece su nacimiento, créense elevadosal apogeo de los honores; fraguanse una nobleza igual á la que dio la cu
na, y cifran la aristocracia en un estéril
saber que no tiene otro móvil que la
ambición, el ansia del oro, el anhelo de
ocupar los mas elevados puestos, y todo
bajo el especioso velo de la felicidad de
un pueblo que en su interior ultrajan,
que no quieren iniciar en sus secretos, y
que separan por medio de un muro de
bronce , para desde alli dominarle y re
girle con un cetro de hierro. Acérrimos
defensores de los rangos sociales incul
pan de trastornadores á los míseros pue
blos que se ven oprimidos, que aspiran
a la igualdad con el solo objeto de evi
tar la vergonzosa dependencia que los
conduce á la esclavitud. Asi veras hom
brear a esos peregrinos seres con los pri
meros pcrsoiiagcs, que en época no muy
( 184 )
remota, se desdeñaran recibirles en el
número de sus sirvientes. No obstante,
desprecianlos interiormente y los admi
ten con el solo objeto de hacer causa co
mún contra el envilecido pueblo que se
deja fascinar con tan equívocos colores.
Esta escuela moderna es , pues, á su en
tender , el complemento del mejor opti
mismo: Uámanla el progreso de las lu
ces y de la razón, en contraposición de
la ignorancia y corrupción social, origen
de los trastornos políticos, ¿y crees por
ventura que se evitan estos ? Cuando
place á su querer escitan estas masas
miserables que tanto inculpan y vilipen
dian; las arman , las exaltan, las provo
can á cometer errores, á derramar san
gre, y á esparcir las teas incendiarias
que acrecen la devastación con el obje
to de crear fortunas y cambiar la escena
política.
En esta misma nación concitaron al
gefe del estado para que se estrellase
con sus actos contra ese mismo pueblo
que debiera ser el instrumento de sus
ambiciosas miras; subvertido este por los
apóstoles de la intriga , arrojan del po
der al descendiente de mas de cien so
beranos, y colocan en su lugar á una
familia, que según la historia , fue con
trincante de un cetro que costara millo-
( 185 )
«es de víctimas. Colocado el nuevo p r i n
cipe e n el poder h al a gó por de p r ont o á
las mismas masas qu e le ci ñ e ra n la co
r o n a : co n cetro de oro rigió un poco
t iempo esos puebl os; mas luego qu e afir,
m ó el p o d e r , comenzó á mirar con pr e
vención á los mismos que le h a bí a n e n
t roni z ado ; dispensó g ra c ia s , honores y
r iq u ez a s á los sectarios de la moderna
e s c u el a , y obligante estos a e m p u ñ a r u n
férreo cetro y oprimir a los mismos q u e
ellos h a b í a n supeditado para c or ona r al
q u e h a la g ab a sus pasiones y deseos.
P r e g u n t a las ventajas que el p ue bl o
p u d o conseguir en el cambio de pr ín ci
pe y de m a n da t ar i os : te cont est aran que
n i n g u n a , y qu e su sangre fue vert i da
pa ra fertilizar el campo de la ambición
de otros dominadores ; ¿ y es este el bien
p ú b l i c o q ue proclamáis? ¿ so n estos los
r esul t ados de vuestras d oc tr i na s? ¿Os
atreveréis á i n c u l p a r á los p u e b l o s , y
ll amar los masas i gnorantes y trastornad o r as , c u an do solo son ví ct i ma de su
ciega c r e d u l i d a d , de una dócil v i r t ud y
de un deseo i nnat o de ser libres, felices
y obt ener la p az ? ¿ Q u é a mbi c ión q u e
réis s uponer en el sencillo l a b r a d o r , en
el h abi t a nt e de los talleres y en el sen
cillo bracero q u e solo aspi ran a u n i n s
te j o r n a l para llenar las necesidades de
( 186 )
la naturaleza ? ¿ Los veis acaso intrigar
para ocupar los puestos visibles? ¿Aspi
ran , ni aspiraron nunca , al prurito de
legislar y regir á sus compatriotas? Es
tos vicios, origen de la destrucción so
cial , los hallaras en esa clase embauca
dora, en esos pretendidos sabios, en esos
reguladores del globo , cuya sed de am
bición y de dominio no les hace desper
diciar medio, adoptar formas, vestir co
lores y abrazar sistemas , con tal que lle
guen al poder. ¿INo merecen todo el opro
bio y la sonrisa del menosprecio , algu
nos débiles pigmeos que permanecían
ayer obscurecidos entre esas mismas ma
sas , por cuyo medio y el de una locua
cidad insensata adquirieron algún nom
bre, y elevándose en hombros de ese
misino pueblo, ocupan los primeros pues
tos; y no bien respiraran el aura del po
der , tienen la impudente avilantez de
perseguir como revoltosos á los mismos
que les sacaran de la nada ? ¿No luis
teis vosotros el origen motriz de los tu
multos? ¿ No aprovechasteis la docilidad
del pueblo para inclinarle a vuestras mi
ras? ¿Sin su defensa, hija de vuestros in
fames artificios, no fuerais unos seres ab
yectos , oscurecidos y despreciables, co
nocidos solo entre un escaso circulo de
la última sociedad...,, y hoy mandáis y
queréis oprimir ?....
( 1 87 )
Recorre, Zoiry, la historia, y veras
siempre que todas las revoluciones lian
sido impulsadas por hombres que no per
tenecieran al pueblo y que constantemen
te se desdeñaran de reconocer sus de
rechos.
No obstante, tal vez venga dia en
que reivindique su existencia y recobre
las virtudes modestas de que quieren des
pojarle. El anda sediento de moral y de
virtud. La alta sociedad que debiera dar
le ejemplo, es siempre la mas corrompi
da ; por consiguiente, el manantial de
impuro origen contamina todos los con
ductos por donde pasa. Pocas virtudes po
dra tener un pueblo cuando los que le
mandan carecen de ellas.
Esta doctrina general de orgullo y
ambición es la que quieren esparcir so
bre todo el globo, para hacer mas des
venturados á los pueblos y pasar ellos
felices el término de la vida.
Con tal director no pudo menos Zoi
ry de adquirir un esacto conocimiento
del mundo: su natural docilidad y el
recuerdo de sus errores, le hicieron com
pletamente entregarse en manos de la
prudencia. Dedicóse á varias ciencias, y
pudo con aprovechamiento adquirir do-
( 188
les suficientes para borrar los vicios que
adquiriera en sus primeros años. Tres ha
blan transcurrido, cuando por influjo de
su bienhechor y de su padre, que habia
vuelto á los negocios por indicación del
prin cip e , se le destinó de secretario de
un ministro que iba á residir a una cor
te estrangera. La hermana de Zoiry , que
jamas se separó de sus padres, hizo fe
liz a un hombre que la am aba, y lejos
de la corte fueron ó buscar la ventura
que les proporcionara sus riquezas. Nues
tro héroe en sus viages y comisiones a d
quirió una sana moral y llegó a conven
cerse de los errores sociales y corrupción
de un siglo que los helios espíritus querian hacer creer que era el mas perfec
to , pero ¿este tardío desengaño podia
subsanar las desgracias de que lúe cau
sa? Jamas. Los remordimientos de sus
primeras acciones le ocasionaron una me
lancolía que le impidió reconciliarse con
la felicidad.
A.si terminó nuestro conductor la his
toria ofrecida, pintándonos al vivo las
antiguas costumbres, para deducir por su
relación los beneficios que proporciona
ba las nuevas leyes en un pais aquejado
por tantos siglos de males V desgracias,
de las que cansado el género humano
rogó a O b s u término. Esta historia no
I---------------------------------
( 183 >
dejó de conmovernos, y á mi mucho
mas, que no había disfrutado como ellos
en mis primeros años de una paz ge
neral y leyes pacificadoras que no les
hicieran testigos de los desastres que yo »
había presenciado en mi patria.
XX.
REU NION D E L SEN A D O . = C ER EM ON1 AS. = ACTOS
SU BLIMES DE AQ U EL PA IS .
í . l e g ó el dia tan deseado en que debia
reunirse el senado en el templo destina
do al efecto é inmediato á aquella capi
tal. La alegría que brillaba en todos sus
habitantes era la precursora de una so
lemnidad que se miraba como la prime
ra fiesta del estado. Tanto los senadores
como el concurso que debia presenciarlo,
se encaminaron á las inmediaciones del
templo para la ceremonia del gran dia.
El edificio donde se formaban las le-
( I«,).
yes era magestuoso, sólido y capaz, y se
caminaba á él por un hermoso camino
planteado de árboles, cuyo tránsito pre
sentaba la mayor amenidad haciendo in
sensible el corto espacio que le separaba
de la población. Un pórtico y circular
peristilo rodeaba el edificio, capaz de
contener muchos millares de alm as; y
una escalinata magnífica conducia al re
cinto sagrado de las leyes, cuyo inmen
so espacio, tam bién circular, sostenido
por innumerables colum nas, dejaba des
cubierto el centro. En este espacio se ha
llaban los asientos de los que legislaban,
y en la circunferencia una gradería donde
se colocaban los espectadores; á unos de
los frentes de la entrada principal se h a
llaba el asiento del gefe á espalda de
una mesa de marmol, de cuyo sólido
m aterial eran todos los asientos y respal
dos , como tam bién los centenares de co
lumnas que sostenían el edificio.
El d ia de la apertura de este respe
table congreso, se habia preparado el
templo adornándolo con guirnaldas de
flores, y esparciendo en su pavimento y
asiento de los legisladores plantas aro
máticas ; cada uno de estos asientos te
nia la denominación del cantón que sus
miembros representaban, distribuido por
el orden alfabético. No habia aun salido
( 192 )
el sol, cuando la m ultitud ocupaba lo»
lados del camino hasta la puerta del lo
cal donde nadie podia entrar hasta que
penetraban los legisladores. Yo me ha
llaba con las personas que me acompa
ñaban cerca del atrio para poder exa
m inar de cerca toda la ceremonia.
La alegria del concurso .nos indico
que había salido de la capital la comi
tiva , y con electo, la rectitud del cami
no, nos presentaba á lo lejos la magestuosa gravedad con que se iba aproxi
mando. Llegan á poco rato á un semi
círculo de frondosos árboles con que fi
nalizaba la alameda , y se hallaba á la
entrada del atrio. Abrían la marcha ocho
ancianos respetables con túnicas y m an
tos de púrpura , trayendo en sus manos
los símbolos de la agricultura, ciencias,
industria y navegación. Seguian unos ni
ños con ramos de flores que precedían á
los consejeros del gefe. Este, con trage
igual al de los legisladores, con la sola
diferencia de un manto de arm iño, ve
nia entre ellos, trayendo en sus manos
un dorado cofre que encerraba el libro
de la ley, y detras seguía á la par de
todos los legisladores cerrando la mar
cha, otros ocho ancianos purpurados con
iguales atributos que los que iban al
frente de la comitiva. Al llegar al atrio
(
193)
bajó magestuosamente la escalinata el
guarda del templo , anciano respetable,
sin cabello alguno en la cabeza, con trage talar celeste, sembrado de estrellas
de oro, al que seguían otros guardas in
feriores con ramos de olivo en sus manos,
y el mismo trage, aunque sin bordado
alguno.
¿ A qué venís? Preguntó en alta voz
desde la primera grada, y sus subalter
nos se le antepusieron haciendo ademan
de contener a la comitiva. Abriéronse en
dos filas los ancianos que dirigían la
marcha, y adelantándose los jóvenes que
llevaban las flores, fueron a deponerlas
á los pies del guarda del edificio, diciéndole : Viene el depositario de la ley
con los legisladores d implorar de Oe el
ausilto celestial para tratar de la felici
dad de los pueblos. Adelántese , pues , el
depositario de la ley , dijo el anciano;
acercóse entonces enmedio de les conse
jeros el ge fe del estado, y el guarda JeL
templo bajó el último escalón, y adelan
tó dos pasos; g e je , le dijo, me han espresado d que vienes, ¿traes el libro de la
ley ?— S i , contestó éste, y abriendo el
cofre lo sacó , a cuya vista se inclinó el
anciano, y toda la muchedumbre pror
rumpió en un grito de alegría. ¿Prom e
tes > prosiguió el de las estrellas, que haTOM O II.
13
( 194 )
rás observar esta ley Jnndamculal, y que
no se tratará en este recinto materia al
guna que contrarié sus preceptos 1 ~ S i, lo
prometo , contestó el gefe del estado =
O f. te ilumine, repuso el gu arda.=/V m ¿tid que entien : añadió volviándose a los
que tenian los ramos de olivo ; y prece
diendo la marcha sibicron la escalinata y
entraron en el recinto legislativo : el an
ciano condujo al gefe hasta el asiento:
los demas legisladores se colocaron de
lante de los suyos, y volviendo el guar
da a la puerta gritó al pueblo : Entrad,
oiréis á nuestros sabios legisladores; mas
no les interrumpáis , y guardad silencio,
asi lo previenen las leyes. Entonces la
multitud entró por varios puntos y ocu
pó la gradería. Los ancianos vestidos de
púrpura se colocaron en unos asientos
esteriores fuera del recinto de los legis
ladores promediados en el círculo que
aquellos formaban. Los niños de las flo
res se colocaron frente de la mesa , y el
anciano guarda a la espalda del gefe,
pasando sus subalternos á las gradas pú
blicas para hacer observar las órdenes.
Colocados todos, y después de un
profundo silencio, levantó el depositario
de la ley el libro que contenía ésta y
todos se inclinaron : repitió, dirigiéndo
se á los legisladores, la fórmula que le
( 105 )
Labia prescrito el guarda al entrar al
templo, y contestaron todos: prometemos.
Sentóse en seguida , y todos le imitaron,
los jóvenes esparcieron entonces las flo
res que llevaban sobre el libro de la ley
y se sentaron frente de la mesa.
Levantóse nuevamente el gefe del es
tado y pronunció un discurso pidiendo
a O e les ilustrase en la delicada tarea
que iban á em prender, pidiéndole que
les enviase un rayo y esterminase, si co
m etían la debilidad de separarse de las
leyes. «Preparaos, añadió, á escuchar á
los consejeros, que ellos os inform aran
del estado de los pueblos para que po
dáis discurrir y deliberar sobre sus exi
gencias. » Sentóse, y levantándose uno
de los consejeros, que ocupaban los do*
lados del gefe, manifestó que las naciónes signatarias del gran tratado perma
necían fieles á é l , que eran felices , y se
guían dando pruebas de la mas cordial
fraternidad que allí presentaba para la
deliberación del senado algunas bases de
artículos comerciales que habían dirigi
do algunas de ellas y se discutirían en
su dia. Los demas hicieron igual rela
ción respecto á los ramos que estaban á
su cargo ; y finalizado el relato de todos
ellos leyó el gefe el estraeto del estado
de la nación formado en vista de las re-
(19C )
lacíones que remitieran todos los dipu
tados. Por él se demostraba que la paz
y la felicidad estaban arraigadas en el
pais, y que las costumbres públicas dia
riamente caminaban á su perfección.
Convocóse para el dia siguiente la
asamblea , levantáronse el geíe y legis
ladores saliendo de la misma manera que
habían entrado, acompañando al ge fe en
aquella forma de ceremonial hasta su pa
lacio, quedando de esta manera abierta
la legislatura. Los dias siguientes no ba
hía ceremonia alguna, pero si mucha
esactitud en hallarse el geí’e , consejeros
y representantes en el templo al tiempo
de salir el sol , durando la sesión Ínterin
se discutian los trabajos de aquel dia
que nunca pasaban de seis 6 siete horas.
Mientras duró el plazo de la legislatura
no deje' de concurrir un solo dia, pues
ademas del gusto que esperiinentaba en
oir sanos discursos, complacía a mi pa
dre adoptivo, y adquiría ademas conoci
mientos muy curiosos sobre las costum
bres del pais y manera de sancionar sus
leyes. No observé en aquella reunión de
hombres ilustrados ningún espíritu de
parcialidad ni bandería. No había entre
ellos partidos, las cuestiones se diluci
daban con mesura y circunspección, la
convicción y la buena fe presidian todos
. ( 197 )
los actos, y el bien general el único qu*
encaminaba las miras de aquellos respe
tables ciudadanos.
Cuanto diera yo, decía muchas veces
entre mi, para que los legisladores de
mi pais imitasen a estos hombres bene
méritos, cuyo celo es el único que les
guia para adquirir un buen nombre en
tre sus comitentes. Aqui no median los
mezquinos intereses personales, no se
adula al poder, ni se vota un proyecto
contrario á veces al propio convenci
miento, por solo la ambición de un mi
serable empleo, de conseguir la amistad
de un ministro, ó de obtener uYia mira
da ó una frase halagüeña del gefe del
poder; ó por miras menos nobles quizás,
derrocar á unos ministros para ocupar
sus puestos; y en fin, anteponerlo todo
al bien del pais prelestando siempre la
utilidad de éste, voz mágica que encu
bre las miras que guian á la mayor
parte de los hombres en este globo mi
serable.
Luego que terminaron las sesiones,
en las que se dictaron algunas leyes y
quedaron aplazadas otras para la si
guiente reunión , tratábamos de regresar
al cantón, cuando se nos invitó para las
exequias de un hombre respetable que
( 198 )
habia desempeñado varias veces los car
gos de m agistrado, legislador, y conse
jero, y en todos ellos habia merecido los
sufragios y alabanzas de sus compatrio
tas. Las exequias de este ilustre ciuda
dano fueron de las mas suntuosas, y cu
ya descripción me perm itirá el lector,
para enseñarle como honraban aquellos
habitantes á los hombres de mérito.
Hallábase el cadáver en su casa re
vestido con la toga legislativa : todos los
parientes , amibos y convidados besaron
su yerta mano en señal de respeto. Asi
permaneció todo un sol, hasta que ai
nacer el siguiente conducido en hom
bros de sus mas cordiales amigos, se con
dujo á un jardín propio donde se depo
sitaran sus restos en el sepulcro de sus
antepasados. Un concurso inmenso acompañaba los de aquel habitante y en
tre ellos el gefe del estado, todos co
ronados de flores, de las cuales se iban
despojando en el camino para sembrar
su transito. Varios de sus amigos, duran
te las paradas, pronunciaban alusivos
discursos sobre la biografía de aquel ser
escelente, que reunia cuantas cualidades
constituyen un hombre de bien, verda
dero servidor de su patria. Al llegar al
sepulcro todos le saludaron nuevamente
con la esperanza de volverle á ver y tra-
( 199 )
tar en la mansión celeste que Oe prepa
ra á todos los virtuosos. Sin conocerle,
derramé lágrimas de ternura sobre los
inanimados restos de un hombre envidia
ble, por los recuerdos gratos que dejaba
en un mundo del cj 11e se separara sin pe
nas ni remordimientos, y dejando a sus
contemporáneos pacíficos y venturosos,
sin el temor de que pudiesen ser desgra
ciados por los abusos de una fatal legis
lación, ó costumbres corruptoras.
No quise desperdiciar la oferta antes
de dejar la corte de poder hablar al
príncipe, cuyo buen trato y amabilidad
elogiaba todo el pueblo. Aquel mismo
dia, el amigo que se habia dignado ser
nuestro conductor, nos proporcionó tan
anhelada complacencia , y con efecto,
aquella tarde nos llevó al palacio donde
residía el depositario de la ley. Se nos
anunció; y como se habia desterrado la
etiqueta, aquella mansión estaba abier
ta para todos los amigos del gefe del es
tado; se nos condujo á su mismo gabi
nete, y hallamos un venerable anciano,
descendiente de una larga serie de sobe
ranos que habian dominado el pais , y
cuyas biografías no eran nada lisongeras.
Ilízonos sentar y quiso saber las par-
( 200 )
ticularidades de mi naufragio y arribada
á tan feliz pais. Lo hice de una manera
sucinta y bastante á complacerle, lo que
me adquirió por su parte las mayores
muestras de benevolencia. Preguntóme
cual era mi opinión acerca de unas leyes
de que tenia él la gloria de ser el depo
sitario. Díjele francamente que en mi
pais las tuvieran por impracticables , y
dudarian de la existencia de una socie
dad tan bien montada , teniendo por ilu
so al que pretendiera establecerlas en
cualquier punto de mi globo. ¿Tan cor
rompidas se hallan las costumbres , me
dijo, que fuese imposible afirmar unas
instituciones que la misma naturaleza
humana reclaman? Si, le dije, el orgu
llo y el ansia de dominar es el objeto
principal que guia á los hombres de mi
globo. Comenzando por los gefes, estos
son en mi concepto, los mas desventura
dos: su elevación los coloca en una esfe
ra fuera del nivel del pueblo, y por mas
que quieran penetrar las exigencias y
necesidades de éste, sus peticiones al
llegar hasta él, como han cambiado de
región, llegan desfiguradas, y cuando
cree el soberano llenar sus deberes y
buenas intenciones accediendo á los le
gítimos deseos, los contraria creyendo
acertar, porque no ha llegado á com
prender la verdad.
(201 )
Hay varias formas de gobierno, pero
casi todas adolecen en su origen de los
mismos vicios. Hay estados que gobierna
un príncipe sin forma alguna de ley es
crita á la que él mismo esté sujeto , y por
consecuencia, siendo el mismo el legis
lador el último de sus decretos es el so
lo vigente. Estos príncipes, pues, son los
hombres mas desventurados de la tierra.
Cuantos penden de ellos son otros tantos
enemigos qüe le aborrecen, y es el úni
co m ortal, tal vez, el mas engañado,
aun cuando le acompañen sanas inten
ciones ; es tan desventurado que rodeado
de un am biente fétido y corruptor, ve to
do el pais que domina en un pequeño
diorama que trazan á su antojo los adu
ladores que le cercan. Estos malvados
que incesantemente están a sus pies pro
digándole el incienso, son los primeros
que le venden y le ridiculizan como un
ídolo nulo y quebradizo que destruyen
á su antojo.
Contamos en mi globo un soberano
arbitro en dictar leyes: mortal a quien
no se habla sino de rodillas, hombre á
quien para saciar sus sensuales apetitos, se
le mantienen en un recinto mayor que un
pueblo, centenares de mugeres, á muchas
de las cuales no ve ni habla durante su vi
da. Hombre en fin, que se considera como
(’0 2 )
semidiós, y sin em bargo, las páginas de
la historia de su imperio , presentan en
cada generación un soberano decapitado
por los mismos que rendidos y con la
frente hum illada veneraban sus precep
tos. Estas casi deidades no gozan ningu
na de las dulzuras sociales. El amor que
proporciona la mas placentera de las
sensaciones, huye a su vista y goza sin
los risueños incentivos que le hacen tan
halagüeño. La dulce am istad, que es otro
de los dones con que el cielo quiso re
compensar la especie humana , es una di
cha desconocida para esos miserables ti
ranos: ni el cariño fraternal ni filial les
es conocido. Esos seres que forman los
encantos de la vida com ún, son para
aquellos desventurados monstruos, unos
enemigos que amagan siempre su exis
tencia. Tal es la mentida gloria y gran
deza de los que solo viven entre el te
m or, la asechanza y un homicida acero.
Esta elevada esfera, empero, la ape
tecen todos los hum anos; y aun cuando
vean salpicada en sangre la púrpura de
los míseros que tiranizaron a los pueblos,
todos aspiran á ella, desean vestírsela y
encenagarse en los crímenes y desventu
ras de que está llena : por esto otros
príncipes que reinan por la ley, solo as
piran á sacudir su yugo y semejarse al-
( 203 )
gun tanto á los anteriores, desprecian
los peligros de que está cercada la abso
luta aureola con que quieren coronarse.
Parece que el cielo en su indignación
los fascina y ciega para no ver los pre
cipicios sobre que caminan. Principa ha
habido, y pudiera citar mas de uno en
el transcurso de pocos años, y en un
mismo reino, que ha subido á un trono
humeante con la sangre de sus predece
sores, y sin embargo se ha sentado en
él tranquilo y satisfecho sin ver la tem
pestad que en torno suyo se formaba ; en
los impetuosos torrentes que producía ha
sido arrastrado y solo se ha podido sal
var, náufrago desventurado, perdiendo
cuanto poseia sin llevar consigo m asque
la execración pública : y si alguna satis
facción puede conservar su corazón fas
cinado, es considerar que igual suerte
tendrán tarde ó temprano sus sucesores,
víctimas de la adulación y del desprecio
de las leyes.
Tales son los gefes de mi infelice glo
bo ; los m ejores, los de mas recta inten
ción son, sin querer, víctimas de cuatro
malvados que les aconsejan cierta pre
vención contra los pueblos, haciéndola
como hereditaria é innata en el corazón
de los gobernantes ; por esto la esperiencia me hace compadecerlos y quisiera
(. 504 )
habitasen algún tiempo este p a is, estu
diaran sus leyes, y se convencieran que
el mas honroso de los atributos, el mas
grande, el mas sublime es solo ser de
positario de la ley y dejar á los pueblos
el penoso cuidado de adm inistrarla.
[A y, amigo! me dijo el venerable
gefe , á quien yo dirigía la palabra , tu
has comprendido la verdadera índole
de nuestras instituciones ; y si Oe me
cree digno de algún castigo, el ma
yor con que pudiera cargar mi existen
cia fuera condenarme á gobernar por el
triste sendero que has trazado. ¿ Qué ma
yor gloria puede caberme que ser el pa
dre de uti pueblo, á quien ni uno solo
de sus súbditos podrá achacar el menor
origen de sus males? No sé como pueda
haber soberanos tan pobres y mezquinos
que se crean degradados con el nombre
celestial de padre común de sus gober
nados. Mi complacencia es igual cuando
alargo mi amistosa mano á un rico acau
dalado ó al que agobiado con el trabajo,
pasa los soles con el arado ó en un ta
ller: en ambos contemplo á mis hijos, á
los dos debo gratitud y ocupan un mis
mo lugar en el corazón. Cuando discur
ro por el pueblo, digo entre m i, todos
son mis hijos , todos me aman y no fue
ra asi si obrase con predilección hacia
( 205 )
alguno de ellos. Su felicidad es la mia,
y vierto lágrimas de tristeza cuando el
pesar agobia algunos de ellos, asi como
estoy contento cuando la risueña fortuna
les abraza; todo mi conato le cifro en la
pública felicidad y que las leyes puedan
contribuir á ella. ¿ Y no es esla la glo
ria verdadera ? ¿ No es este el deber del
que se halla al frente de los pueblos?
Cada dia doy nuevos gracias a O e por
haberme honrado con el cargo de depo
sitario de la ley, é inculco a mis suceso
res la misma maxiina.
Otras varias reflexiones pasaron en
aquella venturosa entrevista, y me sepa
ré de su lado con el sentimiento de un
hijo y de un amigo que tiene que dejar
á un padre ó á una persona con quien
se halla identificado.
Aquella noche, víspera de nuestra
partida , no pude cerrar mis ojos con la
consideración de la desgraciada suerte
que pesaba sobre mi pais, por no saber
adoptar unas costumbres puras y senci
llas que ha señalado el cielo como las
únicas para hacer felices á los hombres.
XXI.
REGRESAMOS A LA COM A RC A . = C O N S E J O S
RA
MI
FU T UR A
SE
H IM E N E O .
SU E R T E. =
PA
PREVENCIONES
Í Í e s p e d i m o n o s de todas aquellas perso
nas que tantos beneficios nos prodigaron
en la ca p ita l, que me honraron con su
amistad y á las que quedé deudor de es
peranzas. Mi protector rebosaba en alegría
por el buen éxito de su misión y íelices
resultados que habia tenido aquella le
gislatura. Las relaciones con los paises
estrangeros estaban cada vez mas afirma
das ; los tratados de comercio mas esta
bles y ventajosos, los impuestos nías mi-
(507 )
norados y llevaderos á proporción que
acrecían la agricu ltu ra, la industria, el
comercio y con esta la población. Traia
varias leyes muy benéficas sobre instruc
ción pública que debían ensayarse en
aquel año para presentar sus efectos en
el próximo senado; y por últim o, el go
zo de que sus comitentes alabasen su ce
lo y su buena intención, le hacían con
llevar con gusto los dispendios y ausen
cia de su familia.
Nuestro viage en el regreso fue feliz
por la ansiedad que á todos nos anima
ba ; los deseos de ver á la fam ilia, la
tierra natal y la alabanza pública guia
ban á mi protector y a mi aprcciable
herm ano; y a mi el anhelo de fijar la
suerte y ver á mi querida Abidé. La ra
pidez del viage dio poco lugar á refle
xiones , y todas estas solo versaban en la
felicidad y descanso que nos aguardaba.
Llegados al término donde el camino
público guiaba al pueblo de nuestra
m ansión, encontramos nuestro antiguo
carruage, y al siguiente sol á toda la fa
milia que adelantaron algunas leguas
para vernos.
Como estábamos ya en territorio de
la comarca, tuve lugar de ver las públi
cas demostraciones que en obsequio de
( 208 )
mi protector hicieran todos aquellos ha
bitantes : un padre, después de una lar
ga ausencia, no halla en sus hijos mas
satisfactoria acogida. Todos a porfía le
manifestaban su benevolencia y gratitud,
tratándole como á un padre común que
se desvela por la ventura de sus hijos.
Ciertamente que una acogida tan lisongera no podia menos de halagar al co
razón mas estoico, y en mi concepto de
be ser preferente para el hombre verda
deramente patriota, que las recompensa»
que da el gobierno a un diputado que
esclusivamenie se ha entregado a su de
voción por un empleo, que á veces ha
costado la ruina de la familia que le
obtenia.
La nuestra nos recibió como era de
esperar entre seres identificados en sen
timientos, y entre los que iban a mediar
relaciones mas íntimas y felicidad para
siempre. Mi querida Abidé me preguntó
cuanto podia haber interesado mi cora
zón en la capital, manifestele que sus
sensaciones solo por ella se habían inte
resado, y en estas dulces confianzas y
esplicaciones llegamos al hogar paterno,
mansión de paz y de delicias.
Los primeros dias fuimos visitados de
todas las personas nías notables del can-
( 209 )
ion y de los magistrados, que se prepa
raron a estudiar los ánimos del pais pa
ra el ensayo de las nuevas leyes; y en
estos misinos mis sesiones con Abidé te
man por objeto el enlace proyectado que
afianzaba mis .derechos como hombre de
aquel nuevo clima.
El ansia y el temor, y cuantas sensa
ciones agitan al hombre esperimentaba
yo en aquellos dias. Llegó el del desen«
lace : una mañana fui llamado al gabi
nete de mi padre donde estaba reunida
la familia: AsiolJ'o , me dijo, abraza á
A bidé , ya es tuya: al dulce nombre de
hermana agrega desde este momento el
de esposa. Considera los deberes que con
ella vas a contraer y con el pais que te
concedió hospitalidad ; en breve seras
miembro de él, y como tal habras de
compartir tus afecciones entre una espo
sa y tu nueva patria : respecto á m i, el
doble carácter de padre te probará los
desvelos que incesantemente se te prodi
garan para que goces de felicidad en tu
nuevo estado. Dentro de dos soles con
curriremos al teinplo, y en él pronuncia
ras tus juramentos: destinemos el de ma
ñana para anunciar á nuestros amigos y
parientes una unión que debe hacer tu
dicha y la de mi hija.
tomo
m
14
( 210 )
Nuestra madre, nuestro hermano y
la familia del valle que se hallaba en*
tonces reunida en la casa, nos prodiga
ron sus caricias y dieron la enhorabuena
por nuestra suerte. Abidé estaba colma
da de júbilo, dándome pruebas de un
afecto que cada vez aumentaba sus en
cantos y me auguraba bienes sin limites.
Mi querido protector señaló los bie
nes que nos entregaba para asegurar
nuestra suerte futura , los cuales pudie
ra aumentar con mi industria si queria
emprenderla en el comercio, en la agri
cultura ó en la navegación: si en esta
primitiva carrera que habia yo abrazado
queria continuar, me inscribirian en el
gremio de los navieros y pudiera contar
desde luego con protección para mis nue
vas empresas. Lugar te queda para deci
dirlo, añadió , y no precipites sobre esto
tu juicio hasta consultarlo con tu espo
sa, cuyos consejos en esta parte la cor
responden mas de cerca. A cualquiera de
las profesiones que te dediques hallarás
en nosotros y en nuestros amigos un apo
yo certero, que tu buen juicio y apreciables cualidades sabran aprovechar; entre
tanto sabes con lo que puedes contar pa
ra formar tus planes sucesivos: desde
hoy sea Abidé tu consultor, porque es
otra tú y teneis un Ínteres igual en vuea-
(*U)
tra vida y la de los hijos que O e os con
ceda.
Esta conferencia escitó mi sensibili
dad y gratitud, que demostré á mi bien
hechor con la sinceridad de un buen hi
jo. Desde aquel momento no cesaba la
imaginación de formar proyectos que
consultaba con mi esposa, pero no nos
encontrábamos capaces de lijar por en
tonces las resoluciones, porque aguardá
bamos el momento de ser uno de otro,
hasta cuyo caso no estaba nuestra alma
para deliberaciones.
Este dia venturoso llegó: toda la fa
milia , los amigos lodos se hallaban con
vocados, y nos dirigimos reunidos hácia
el templo. Nuestra marcha fue triunfal:
mi querida Abidé reunía todos los en
cantos de las gracias, y yo me conside
raba el mas felice de los mortales tan
luego como pudiera llamarla esposa.
Convidado por los encantos de la fe
licidad apenas me acordaba de mi patria
y parientes, y si alguna fugaz memoria
venia a asaltarme en aquellos instantes,
una mirada de la mas encantadora de
las bellezas disipaba un recuerdo que
como una exhalación se desvanecía. Mi
respetable padre lleno de alegría al ver
( 212 )
fijada mi suerte y la de su h i j a , nos pre
cedía con jú b ilo , y éste disminuía el pe
so de los años que le agobiaban: su con
tinente festivo le hacian el rey de la
fiesta.
Llegamos al templo, celebróse la ce
rem onia, y durante ella palpitaba mi
corazón. Un triste presentimiento aciba
raba los momentos mismos que yo an h e
la b a , y en medio del júbilo universal
brotaron de mis ojos algunas lágrimas.
Concluido el acto nos dividimos por
aquellos jardines donde se hallaba dis
puesto el banquete nupcial. Llamóme
á parte mi benéfico padre, que conducía
por la mano a mi tierna Abidé, y ha
ciéndonos sentar á su lado nos tuvo el
discurso siguiente :
Ya sois esposos, nos d ijo, ya sois uno
de otro, á ambos debe sujetar una mis
ma suerte y es vuestro deber el seguirla.
Cuando se unen dos corazones por la
simpatia y el amor, deben desaparecer
las diferencias del sexo que habéis esta
blecido los hombres de vuestro país,
querido Astolfo : ya has conocido nues
tras costumbres, tienes estudiado el ca
rácter de estos habitantes; si el sexo
fuerte se halla destinado á legislar y de
dicar sus brazos y tareas á las ciencias
( 213)
y á las artes, al débil y al modesto lo
destinó O e para la educación primordial
de la especie humana, para su propaga
ción y dulcificar la suerte del hombre.
Cada una de estas atribuciones y debe
res son sagrados, y los esposos se deben
mutuamente respeto, carino y conside
ración, formando ambos el origen de
una generación venidera que debe sobre
vivir a las cenizas de sus autores y gefes. La mas pura amistad, la mejor bue
na fe y un lazo fraternal é indisoluble,
une á los que en la sociedad están des
tinados á llenar la obligación de padre:
si alguno de estos accidentes no llega á
cumplirse falta la armonía conyugal, y
su posteridad adolece de un vicio que
trasciende y suele producir malos efec
tos. Si el hombre , por razón de una su
perioridad relativa, no trata á la muger
como á igual , prodigándola las atencio
nes á que se hace merecedora por las
continuas penalidades que traen los des
velos maternos, comete un abuso imper
donable que rebaja en su compañera el
afecto que de justicia debe tributársele:
ésta por su parte debe emplear su natu
ral dulzura, y todos los encantos de que
se halle ornada para dedicarlos á su
primer y mejor amigo : sea siempre com
placiente, constantemente amable y ca
riñosa , y tendrá encadenado con nudos
, . ( 2 U ),
deliciosos al único ser a quien debe de
dicar sus encantos. Esta amistad, esta
costumbre de vivir unidos, de comuni
carse sus recíprocos sentimientos llega á
crear un solo ser que no puede dividirse
sino con la muerte. El hombre que me
dite con reflexión sobre estos preceden
tes, no hallará en otra que su amiga
gracias tan uniformes y constantes; y de
la misma manera no podrá esperar igual
correspondencia la que por otro se des
prenda de aquellos principios.
Sois bastante juiciosos para saber
cuanto valen estas reflexiones, y no de
jar de seguirlas, y cuando algunos hijos
coronen vuestra felicidad y os acaricien
con sus infantiles gracias, será cuando
conozcáis el precio de ellas. Le abraza
mos y nos abrazó al finalizar su moral
plática, asegurándole no echaríamos en
olvido tan saludables consejos. Nuestra
digna madre nos prodigó también los
suyos, y sus dulces palabras descendie
ron basta nuestros corazones para no sa
lir nunca de ellos.
Los regalos y finezas que recibimos
de deudos y amigos aseguraban nuestra
fortuna de una manera capaz á hacer
me desistir de una carrera tan afanosa
como la de navegar. Nuestros hermanos
( 215 )
del valle por su parte , nos donaron una
quinta con bástanles tierras que debiera
ser nuestra mansión, la cual se hallaba
situada entre su morada y la paterna.
Verdad es, que este suntuoso recalo solo
pudiera hacerlo sin menoscabar su for
tu n a, el espléndido y poderoso jiduáar,
uno de los propietarios mas ricos de
aquella comarca y las inmediatas.
Propáseme desde luego dedicarme á
las tareas a griculloras, por ser las mas
sólidas y productivas, y en las que nos
guiaría nuestro buen padre con sus con
sejos, hijos de una larga esperiencia y
de los profundos conocimientos que en
esta ciencia tenia. Mis planes eran los
mas lisonjeros..... ¡Ay! i cuan lejos esta
ba de preveer en aquellos momentos la
terrible catástrofe que me aguardaba!
Llamados al banquete colocáronme en
tre mi esposa y mi querida hermana. El
decoro y la jovialidad presidian aquel
acto, que finalizó en medio del regocijo
y de la mas pura satisfacción.
Aquellas impresiones tan dulces, las
gratas sensaciones que se apoderaron de
mi alma , habian fatigado mis sentidos y
necesitaban un momento de descanso
m ental, recogiéndome dentro de mí mis
mo para conciliar la m ultitud de ideas
(*1« ) .
que vagaban en mi imaginación. ¿ Estas
pesaroso? decíame la amable Abidé. ¿Qué
siente tu alma? Acibaras el dia mas dul
ce de mi vida con tu continente en el
que, á pesar de la alegria , distingo cier
tas sombras de tristeza que atormentan
mi corazón.... ¿Qué puede faltarte ya
en el universo? Esposa , padres, amigos,
patria, y un modesto bienestar que ase
gura tu existencia y la de la otra mitad
de tí mismo ....=¡ Angel mió! le contesté,
todas estas felicidades con que el cielo
me recompensa, son las que me tienen
enagenado : deja que incline mi cabeza
sobre tu cándido seno, deja que fije mi
imaginación en la ventura que deberé
gozar entre tus brazos y me hallarás dig
no de ti, digno de todos los que habéis
contribuido á que sea el mas felice de
los vivientes....
Aquella alma celeste me hizo recos
tar entre sus brazos: apoyó su cabeza en
la mia : sus labios se aplicaron á mi fren
te, y un dulce éxtasis, un sueño sobre
natural embargó mis sentidos, y..... me
quedé dormido.
conclusión .
=a>e<g}r-
D esperté, querido lector, y cuando
crei encontrarme en los brazos de mi
adorable esposa , cuando pensé entrar en
el sendero de la mas dulce felicidad,
torné de un soporífero sueño viéndome
confundido, admirado y fuera de mi en
el camarote de un buque, entre los vai
venes de un mar agitado por un viento
fresco ; rodeado de algunos marineros y
del físico de mi embarcación. ¿ Dónde
me hallo? pregunté espantado.=En tu
amaca , contestó mi amigo el facultativo,
de abordo. Desde que perdimos de vista
las costas de Chile, has estado en un
continuo delirio, cuyos intervalos eran
sostituidos por una modorra y lenta fie
bre que mas de una vez nos hizo deses-
213
(
)
perar de tu vida.... =Pues ¿ y el naufra
gio, dige yo, mi nuevo pais.... tantos
meses transcurridos..... Mi esposa?....=Ya
vuelve al delirio, digeron los asistentes.
Entró en seguida el capitán alborozado,
á quien oi decir en medio de mi agita
ción , ya estamos en la bahin de Batavia,
hemos rebasado la isla de Darri, y antes
de la noche, durando este viento fresco,
lia bremos anclado en la rada de ese fa
moso mercado de la India.
¡Cielos! esclamé , ¡qué fatal sueño!
¡qué delirio! jojalá durase!!.... Enton
ces mis amigos al verme tranquilo y ca
paz de reflexiones, me contaron habia
clos meses que me bailaba postrado, y
que en toda la travesía del mar Pacífico,
costas de la nueva Guinea y demas islas
de aquellos mares habia estado fuera de
mi desde el momento que habíamos pa
decido un fuerte temporal y que una
ola me habia desvanecido.
v
„
f
*
j .' .
Conocí por mi desgracia entonces,
que la felicidad de que habia gozado en
mi imaginario planeta, habia sido tan
fantástica como los sucesos que mi ar
diente imaginación habia trazado. Eran,
empero, tan halagüeños, que desde aquel
ínomento empleé mi larga convalescencia en trasladar aí papel las memorias
( 219}
que acabas de leer, apreciable lector, y
que me parece imposible hubiesen sido
hij as del delirio de una fiebre ardiente.
No esperes y a , lector, relaciones de
mi viage , temeria que fuese todo ideal
y que despertando de nuevo me hallase
engañado en mis ilusiones. El tiempo que
permanecimos en aquel mercado univer
sal, no pude salir de una habitación que
se me señaló en tierra para mi convale
cencia ; y tan luego como mi cabeza se
despejó, procuré reasumir los hechos que
mi delirio había trazado en tan agitada
imaginación. Muchas vigilias empleé en
coordinar los apuntes fantásticos , y al
regreso á mi patria , presenté los borra
dores al P. Definidor para que dedujese
la utilidad que pudiera sacarse de ellos.
No le encontré ya en el retiro del
claustro, y si entre mi familia que le
tributaban veneración y respeto. Hallé
cambiada la faz de todos los negocios:
de pronto casi presumí si mis sueños po
dían ser vaticinios futuros de una rege
neración social, y lo manifesté á mi
maestro; se sonrió diciéndome : No, que
rido Astolfo, tu ardiente imaginación te
ha hecho concebir proyectos impractica
bles en nuestro suelo; estas innovacio
nes, quizá prematuras, podrían condu-
( 220 )
cirnos paulatinam ente á un sendero en
que acosta de fatigas y años podría apro
ximarnos á tu planeta ; ¡ pero nos falta
ta n to ! ¡ Se hallan las costumbres tan
corrompidas ! ¡ Se han hecho tantos ensayos, y con tan fatal éxito! q Ue á no
ser por el estado general del mundo pu
diera temer que cuanto presenciamos sea
otro prisma engañoso como el que te
ocupó en el camarote de la fragata du
rante una crisis febricitante.
Hasta ahora no notarás un método fi
jo en la ciencia de gobernar: cada hom
bre es autor de un sistema que quiere
llevar á cabo , sin consultar antes ni la
opinión, ni las costumbres. La guerra
civil que nos devasta no lleva un prin
cipio ni un termino fijo: el gefe de la
insurrección es la primer víctima ciega
de pasiones estrañas, pues cree que los
auxilios y apoyos que le prestan son á su
persona y nombre, cuando éste lo miran
con escarnio y vilipendio los mismos que
le victorean. La diplom acia, esta ciencia
cruel y perniciosa á los pueblos, se de
leita en tener pretesto para sus manejos
v teorías; y ella deshace mañana lo que
apovó ayer, dando por pretesto la con
veniencia pública. Asi es , que estamos
condenados los españoles á ser el ludi
brio de una docena de ambiciosos que
( 221 )
tienen revuelto el mundo y cuyas doc
trinas son capaces de conmover las ge
neraciones venideras.
Hace treinta años que nuestra patria
reclama una regeneración política, y
desde entonces han sido diarias las víc
timas que lia costado el incesante anhe
lo de los pueblos para conseguirla ; pero
nunca , por desgracia, ha habido genios
felices que lo ejecutaran sin apelar á
medios violentos, ineficaces, impolíticos
y que no llevasen otro inovil menos no
ble que el público interes. Todas las ten
tativas por esto fueron vanas ; por esta
razón no hallaron un apoyo general, y
antes al contrario, no bien se presenta
ron las regeneraciones, cuando se forma
ron ejércitos para combatirlas. El estado
de la opinión rechaza toda innovación
que se encamine á la ventura univer
sas.....=Q uerido maestro, no puedo con
venir en esta paradoja, dije yo.=lNo con
vendrás, repuso ; pero es demasiado esacta.=Y o conozco paises, continué, en que
las leyes y las costumbres pueden servir
de modelo : yo conozco uno nuevo don
de la legislación se apoya en la natura
leza, yo he visitado habitantes situados
á orillas de un rio de la zona opuesta,
cuya legislación no está distante de la
de mi planeta ; y a fe , que sus primeros
{ 222 )
pobladores nacieron con los vicios euro
peos y en medio de costumbres corrom
pidas con los desastres de la guerra......
Mi querido Astolfo, los pobladores
de las margenes del Delavare, fueron
hombres justos, de recto proceder ; eran
pocos, tenían á su líente un hombrp
virtuoso, eran laboriosos; esplotaban el
trabajo para solo atender a las exigen
cias de la vida: respetaban al hombre en
lo que vale, acataban su dignidad.... hoy
tal vez, ya esten algo corrompidos: enu
mérame muchos Peens , preséntalos en
medio de los europeos mas preciados de
libres, y trataranlos como unos malva
dos. Haz venir un W asinghlon en medio
de las asambleas europeas llamadas de
m ócratas, y le impondrán la ley que cas
tiga á los transgresores del reposo públi
co..... Deja las costumbres como están,
su regeneración depende del cielo, no de
los hombres, estos cada vez son mas mi
serables, mas sedientos de lujo y bienes
t a r : se ha dado demasiada importancia
al oro para que puedan despreciarlo las
generaciones actuales. Si Guilltlmo Tell
se presentara hoy en la antigua Helvecia
con su trage de labrador y rústicas ma
neras, que abrigaban un corazón tan
grande como noble , vieras cual le des
preciaran los mismos que se hum illan
( 253 )
hoy ante las letras ele su nombre. Mas
aun: si el divino Legislador , si nuestro
Redentor y Maestro Jesucristo descendie
se nuevamente a la tierra a predicar el
Evangelio, el misino Evangelio que es el
cimiento de la religión cristiana, los re
yes le acusaran como usurpador, su vi
cario le anatematizara como herege y
cism ático, los mas ilusos eclesiásticos,
los mas pacatos miembros de la iglesia,
los mismos religiosos que componen boy
la corte de don Carlos, encendieran ho
gueras para castigarlo como un impostor
y relajador de la disciplina ; y los pue
blos inas católicos ayudaran a crucificar
lo. Créeme: no son las doctrinas, no son
las instituciones las que hacen la felici
dad de los pueblos , son la índole de és
tos , su predisposición y docilidad en ad
mitirlas : lo son , en fin , las costumbres
y la moral.
Con qué según se espresa v d ., vene
rado maestro, no puede haber esperanza
en que las sociedades se m ejoren?
N o : ínterin los pueblos no conozcan
sus intereses, como dices oportunam ente
en tus sueños: y como hay tantas per
sonas interesadas en evitarlo, todos los
esfuerzos serán nulos. Continuará la lu
cha , los partidos beligerantes no obten-
( 224 )
dran un triunfo final ; hoy sufrirá una
derrota el uno que parecerá precursora
de su esterm inio, y mañana vencerá á
su adversario por un efecto de Jla inca
pacidad de este. Los hombres que esta
rán hoy en unas filas, figuraran mañana
en las de los contrarios, si con este cam
bio gana algún oro ; el que pueda dis
poner de este precioso metal será el due
ño del campo y de los destinos. A todos
oiras jactarse de celosos defensores del
pueblo; pero si por fortuna ves alguna
vez que estos amigos del bien público
son desinteresados, que nada quieren pa
ra s i, y que como Cincinato vuelven á
em puñar el arado después de salvar á la
patria, entonces, y solo entonces, podrás
asegurar que termina la infelicidad y la
guerra de las naciones. Hasta este caso,
nada creas. La esperiencia nos hace ver
diariam ente hombres que se llaman re
generadores y que han recibido honores
y fortuna por premio de unas fatigas
aparentes que han sabido abultar para
ponerlas en mayor precio. Napoleón ad
mitió el im perio, según d ijo , por solo
el bien de la Francia , los sucesos le ar
rojaron de é l, porque la opinión cono
ció , ó interpretó sus intenciones y de
seos: el actual gefe de aquella nación,
admitió el cetro en una crisis por el bien
tam bién de los franceses; y por el bene-
(. 2 2 5 )
ficio de otros reinos procura colocar co
ronas sobre las sienes de sus h ijo s : ei
bien público obliga a los hombres á ad
m itir los cargos mas visibles, no hay
ministro que no manifieste hacer un sa
crificio en admitir el grave peso de los
negocios ; no hay funcionario de alto ca
rácter que no presente un desden á lo
mismo que apetece ; y no hay hombre
que no sacrifique su reputación, opinio
nes y sentimientos para obtener lo que
llam an carga pesada en beneficio de los
pueblos. Hasta que desaparezca esta hi
pocresía no esperes felicidad. Los tiranos
dicen que esclavizan los pueblos por sU
bien , por su bien forman otros y alimen
tan revoluciones, y créeme, solo les guia
el interes personal. En todas las clases
en todos los estados , en todos los p arti
dos hay hombres que aprovechan la cre
d u lid ad de los demas engañándoles y
haciéndoles creer que todo cuanto prac
tican es por beneficio comunal. Arránqueseles la m áscara, reúnanse los pue
blos , repelan á sus engañadores y tendran paz.
Triste es, s e ñ o r, el cuadro que vd.
ha trazado , muy tardío veo el remedio
de nuestros males, mis sueños me h ab ían
ilu s io n a d o , debo olvidarlos, renuncio á
ellos y quem aré unos fragmentos que
h allaran poca acogida.
tomo
11,
15
( 226 )
No te aconsejo ta l, replicóme el an
tiguo vice-prior: publica las memorias
tal cual las has concebido , presenta los
vicios sociales con su deformidad, mani
fiesta que la ambición es el origen de los
males públicos, con esto cumples tu de
ber. Si hoy no te leen y te acusan, te
maldicen y te persiguen, impórtete bien
poco; jos pueblos, y los hombres virtuo
sos alabaran tu celo, y los malvados te
merán que algún dia se cumplan los va-*
ticinios que en esa obra ofreces; tu, si
no adquieres nombradla tampoco la de
seas, te encamina solo el bien ; pero no
el bien que acrece las fortunas. No ha
brá uno solo de buena fe que se atreva
á censurar tus doctrinas , si lo lee por
entero; si lo hiciere, obrará contra sus
sentimientos y sera un malvado. Todo
hombre que se atreva á atacar ios prin
cipios de una moral rígida, carece de
ella ; el que vulnere los que se apoyan
en la ley natural, carece de religión y
no tiene costumbres: un ser semejante
es poco temible ante la opinión y ante el
cielo, y las alabanzas y vituperios de la
tierra, son como una exhalación que
deslumbra algunos segundos, y no deja
señales de su transito.
No he querido, lector apreciable,
omitir en estas memorias el voto de un
( 227 }
hombre rígido y profundo ; ni corregir
las me perm itió, porque tal vez quitara
de ellas trozos, según dijo, que pudie
ran desfigurarlas,
Antes de despedirme de ti y de darte
un buen vale, te pondré al corriente de
mis negocios. Mi viage fue lucrativo; con
su producto y el de algunas herencias he
reunido un capital, y pienso emplearle
cuando la forte* a haya fijado su rueda
en mi desventurada patria, en bienes ru
rales en donde pueda hacer ensayos de
agricultura, é im itar los métodos que
durante mi delirio noté en el respetable
habitante del ideal planeta que parece
constantemente tengo á la vista: tendré
á mi lado al hombre respetable cuyas
lecciones enardecieron mi im aginación
con pensamientos sublimes y virtuosos á
la par , de que jam as me he arrepenti
do. Seré con todos los hombres igual , á
todos los reputaré por hermanos, y si no
corresponden á mis buenos servicios, los
compadeceré sin odiarlos. Si encuentro
alguna Abidé la ofreceré mi ccrazon y
mi m ano, y me labraré una dicha que
envidiaran los demas hombres que no
son capaces de conocer su valor. Si ten
go hijos los educaré como á los de aquel
benéfico planeta, y se los ofreceré por
modelo por mas que me llam en visiona-
( )
228
rio. Les inculcaré las ideas que he con
cebido, reformadas, sin embargo, en
cuanto al culto esterior en que fui edu
cado y que venero. Les proporcionaré
un estado social en las artes ó las cien
cias; separándolos de los empleos y ser
vidumbre perjudicial, que malea las me
jores costumbres; por mas que pongáis
entrecejo los que opinéis lo contrario en
público; porque en el interior, apuesto
que me dais la razón.
Si felizmente siguiese el gobierno re
presentativo en mi pais, espero que mis.
paisanos no se acuerden de mi para re
presentante suyo, porque mi sistema do
méstico lo tacharan de demencia y no
desearían dementes por procuradores su
yos. Demasiado preocupado en mis deli
rios fuera nociva mi presencia en los
cuerpos legislativos, me atraería el odio
de muchos de mis colegas, é imperando
las costumbres actuales me reiría de to
dos los discursos ministeriales que toma
sen por pretesto el bien público , si sus
actos desmentían sus palabras.
Tampoco admitiría cargos municipa
les, porque no era fácil hallar apoyo en
mis mociones , y me tacharían de inno
vador y revolucionario. No seria nada
mas que un particular que daría al pú-
( 229 )
blico alguna producción de tiempo en
tiempo , útil á mi entender á los hom
bres.
Ya ves si soy sincero en mis discur
sos , con cuan poco disfraz te hablo, y
la impresión que me ha causado un sue
ño. Feliz yo si consigo mover tu ánimo,
é inclinar tu corazón para que imites las
costumbres que te he pintado. Nada ha
llaras en ellas que se oponga á la moral,
no encontraras ninguno de los sistemas
de los filósofos, solo el de la razón y
la ley natural que tenemos en nosotros
mismos.
Si llego á ser esposo y padre, te pro
meto unas lecciones de educación que
pondré en práctica con mis h ijo s , sin
cuyo preventivo ensayo me guardaría
bien de publicarlas por no presentar se
gunda vez principios im practicables, y
teorias tan difíciles de llevar á efecto co
mo lo pretenden algunos novadores en
el dia , que sin consultar nuestro carác
ter y hábitos , se engañan en reformar
nos y ponernos al nivel de las naciones
que han necesitado mas de un siglo pa
ra montar la escala en que se hallan.
P erdona, querido lector, si te he
hecho cruzar m a r e s , arrostrar tempesta-
( 2301
des, y remontarte a un planeta para
probar el bello ideal de los que aspiran
al término de la virtud. Protesto no ha
sido mi ánimo ridiculizar á los hombres
ni á los gobiernos, esto probaria odio ó
mala fe, y no abrigo tales vicios; ataco
las costumbres y los abusos, y solo deseo
la enmienda de los males que tanta san
gre nos cuesta, y sangre española. No
soy enemigo de ningún partido, porque
no aborrezco á los hombres, antes bien
los compadezco; pero como observo que
en todos ellos hay una mezcla de bueno
y malo, quisiera desecharan la ambición
que es lo último, y en el fondo separa
da esta barrera, fuera fácil concillarse
y abrazarse, y terminar las contiendas,
porque la mayoria de todos obra de bue
na fe, y quiere la paz, la prosperidad y
la justicia: máximas indelebles graba
das en los corazones de todo hombre de
bien, y en todos los bandos hay de esa
clase de hombres»
Reunios pues, un dia, deponed ante
la razón rencillas particulares que con
intención sembraran los ambiciosos; ar
rancadles la máscara, sea cualquiera el
disfraz que hayan adoptado ; desoid sus
engañosos consejos, abrazaos y firmad
la paz: separadlos de vuestro circulo,
dejad que se lleven el oro que hayan
(«o
atesorado, vayan á otro clima con él,
con tal que se lleven los vicios, y jurad
no dejaros fascinar de otros mal vados si
apetecéis vivir como hermanos , si que
réis prosperar y ser felices.
Cuando hayais conseguido la paz,
entonces podréis tratar de vuestras re
formas, y discutirlas sin odios, sin pre
venciones, sin miras interesadas ni pretes
tos especiosos, y sin que intervengan en
vuestras diferencias manos ni inspiracio
nes estrangeras que siempre os han ar
ruinado: si asi lo hacéis, podréis contar
con una patria feliz, rica, poderosa é
independiente , capaz de poder adoptar
algunas de las costumbres del ideal
PLANETA,
FIN DEL SEGUNDO Y ULTIMO TOMO.
I NDICE
DE DAS
M A T E R IA S
TOMO
C O N T E N ID A S
EN
E ST E
SEGUNDO.
XI. Hiagc d la capital.— Observaciones•—
Costumbres. — Artes»— Reflexiones. .
XII. Regreso á nuestra morada.— Inci
I]
dencia galante»—Continuación de la
narración del anciano. . * ................. 36
XIII. Matrimonio de Adudar y de Abidé•
Prosiguen las leyes escepcionales
del pais» — Convocación del senado
nacional ................................. » . . .
54
XIV. Recorro el canton con mi protector
para consultar la opinion de sus ha
bitantes antes de concurrir al sena
do de los legisladores.......................... 1 Bl
X V . Prepárase *nuestro viage para con
currir al templo de los legisladores•
Diálogo con Abidé.— Salida^.—L le
gada á la capital de aquel pais. • • 85
XVI. Recorremos la capital, — R eflexio
nes oportunas sobre su estado actual
comparado con el anterior .............. .. 107
XVII. Costumbres antiguas : cuadro de
una corte corrompida.—Historia de
11a
XVIII. Prosigue la historia de Zniry »—
Combates de amor»—Intrigasi
i43
Continua la historia de Z.oiry.-¿
Incidencias . — Nuevos amores .— De
sengaños. . .................
170
XX. Reunión del senado.—Ceremonias.^fictos sublimes de aquel pais. . . . . i g 4
XXI. Regresamos á la comarca. —Conse
jos para m i fu tu ra suerte. —Preven
ciones de himeneo ....................... • • . ao6
Conclusión. . . • ......................................... a 17
XIX.
v.
Obras que se hallan de venta en la Impren
ta y Librería de B oix , calle de Preciadosy
núm. 19.
Astolfo, viages á un mundo desconocido, su
historia , leyes y costumbres. Obra original por
D. F. M.4**** Dos tomos en octavo.
Arte de agradar á las mugeres, por el cono»cimiento de su carácter, cualidades y pasiones.
Un tomito en diez y seis de mas de 3oo pági
nas en glosilla.
Abdeker, ó las intrigas del serrallo, y arte
de conservar la hermosura. Un tomito en oc
tavo.
Amalia de Mansfield. Cuatro tomos en diez y
seis.
Arte de bella producción para señoritas. Dos
tomos en octavo.
Alfonso, ó el hijo natural» Un tomo en dies
y seis.
Amor y religion. Un tomo en diez y seis.
Amor y muerte, ó la hechicera. Un tomo en
diez y seis.
Almaida y Rogerio. Dos tomos en octavo.
Adelaida ó la secreta simpatía de la natura
leza. Dos tomos en diez y seis.
Antídoto de un maestro de primeras letras
contra el filosofismo. Un tomo en octavo.
Cartas de Napoleon á Josefina. Tres tomos
en dozavo.
Chispas de erudición. Un tomo en octavo.-
Consideraciones acerca del gobierno repre»
sentativo, por Mr. Descubes, y traducidas al
castellano por don Pedro Barinaga. Un tomo
en octavo.
Compendio de la historia de España. Dos to
mos en octavo.
Chantreau. Gramática francesa. Un tomo
en cuarto.
--------Compendio. Un tomo en octavo.
Cartas sobre la Italia. Tres tomos en octavo
mayor.
Cajoncitos de Anita. Un tomo en octavo.
Croiset. Diario del cristiano. Un tomo en
octavo.
Cocina ó Italia. Cuatro tomos en diez y seis.
Diccionario citador. Un tomo en octavo
mayor.
--------de cambios y arbitrages. Un tomo en
octavo mayor.
Defensa de los pueblos. Un tomo en octavo.
Desengaño de malos traductores. Un tomo en
octavo.
El Padre Goriot, historia parisiense, por
Balzac. Dos tomos en octavo.
El íalso profeta. Un tomo en octavo.
El cristianismo descubierto. Un tomo en oc
tavo.
El hombre original ó Emilio en el mundo;
Dos tomos en dozavo.
El hijo del carnaval. Dos tomos en octavo.
El Solitario. Dos tomos en diez y seis.
El sepulcro de Napoleón. Un tomo en octavo.
El castillo de Sauiverto. Un tomo en octavo.
El Voyleano ó la exaltación de las pasiones;
Dos lomos en dozavo.
El emigrado francés. Un tomo en diez y seis*
El sepulcro de Ana. Dos tomos en diez y seis.
El oficial aventurero. Dos lomos en diez yf
seis.
El caballero de San Jorje. Un tomo en
octavo.
El esposo infiel. Un lomo en octavo.
El franco Bretón y Barqueros de Besons. Un
tomo en diez y seis.
El error de un buen padre y la escuela de la
amistad. Un tomo en diez y seis.
El melonero infalible. Ún tomo en actavo.
El orden natural y esencial de las socieda
des políticas. Dos lomos en octavo.
Florian. Numa Pompilio. Un tomo en octavo.
-------- La Estela. Un tomo enoctavo.
Fábulas de Fedro, Un tomo en octavo.
Fábulas de Samaniego. Un tomo en octavo.
Guia de las madres. Un tomo en octavo.
Gran floresta , miscelánea de chistes. Un to
mo en cuarto.
Historia de Hipólito, conde de Duglas, por
Madama d1 Aulnoy. Dos tomos en octavo.
Historia de los frailes. Tres tomos en dozavos
Herpin recreaciones químicas. Dos lomos en
cuarto.
Hada benéfica, amiga de los niños. Un tomo
en octavo.
Iriarte. Lecciones instructivas de liistoiia y
geografía. Un lomo en oclavo.
Julio y Adelina. Un lomo en dozavo*
Juanita 6 la inclusera. Un tomo en octavo.
Jorje , ó uno entre mil. Un tomo en dozavo.
Juicios atados y pensamientos sueltos ó ju
guetes de imaginación joco-serios. Un tomo en
oc tavo.
Los Incas , historia del Perú. Dos tomos en
dozavo mayor.
Las calaveras ó la cueva de Benidoleig. Un
tomo en diez y seis.
La abadesa ó las intrigas inquisitoriales. Dos
tomos en dozavo.
Las ruinas de Santa Engracia ó el sitio de
Zaragoza. Dos tomos en diez y seis.
La estrangera. Dos tomos en diez y seis.
La hiia de las olas. Un lomo en octavo.
Los Nalchcz. Dos tomos en octavo.
La sacerdotisa. Un tomo en diez y seis.
La Nueva Eloisa. Tres tomos en octavo
La locura española. Dos lomos en octavo.
Los patricios. Un tomo en octavo.
La Cecilia, ó la virtud en los trabajos. Un
tomo en diez y seis.
Laborde. Geografía física. Un tomo en cuarto*
La libertad, por A. Creuze de Leser. Un to
mo en octavo mayor.
La familia de Vieland. Un tomo en diez y
seis.
Manual político constitucional para uso de
los artistas y labradores. Un cuaderno en octa
vo en rústica.
Matilde ó las cruzadas y su continuación*
Cuatro tomos en octavo , última edición.
Manual del disector. Un tomo en octavo.
Manual de curiosidades. Un tomo en diez y
seis.
------- de m iniatura. Un tomo en octavo.
Método de aprender á leer. Un tomo en oc
tavo.
No amar ó las tres amigas. Un tomo en diez
y seis.
Noches lúgubres. Un tomo en diez* y seis.
Oscar y Amanda. Cuatro tomos en octavo:
llueva edición.
Palemón , cupnto pastoril. Las veladas 6
cuentos de una tertulia y el buen marido Uu
tomo en diez y seis.
.
Quevedo. Obras escogidas. Cinco tomos en
diez y seis.
Reguera. Derecho patrio. Dos tomos en diez
y seis.
Rodriguez. Ejercicios.Cuatro tomos en octavo.
Reflexiones sobre la organización y táctica
de las tropas ligeras. Un tomo en octavo.
Retratos de los Papas. Dos tomos en octavo.
Rodrigo y Paulina. Tres tomos en octavo.
Safo v Faon. Un tomo en diez y seis.
Simon de Nanlua. Un tomo en octavo.
Teodora, ó la heroína de Aragon. Un tomo
en diez y seis.
Vida de Luis Felipe I de O rleans, Rey de
los franceses. Un lom iloen diez y seis m arquida.
Viages de un Bracma. Un tomo en diez y
seis.
Viage á la luna. Un tomo en dozavo»
Veladas de San Petersburg©. Tres tomos en
dozavo mayor.
Vida de Contreras. Un tom o en octavo.
Valeria ó la caprichosa penitencia. Un toomo en diez y seis.
Zaragoza. Compendio de mitología. Un too»
roo en cuarto.
EN PRENSA.
D1 A bd-el-K ader, ó el prisionero entre Icos
árabes. Dos tomos en octavo.
Mi residencia en F ran cia, por J. Fenimorre
Cooper. Tres tomos en octavo.
M anual alfabético del Quijote. Obra originaal
por D. M. de R.**^** Un. tomo en octavo,



