Viages de Enrique Wanton al país de las monas. Tomo II. 2ª ed.

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Madrid

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311
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0000000202
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Traductor
Guzmán y Manrique, Joaquín de
Notas
Obra digitalizada por la Universidad Complutense de Madrid perteneciente a la colección privada de Jaime Jaureguizar
Colección de la edición
Colección de Protociencia-Ficción Mnemosine
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Español
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Universidad Complutense de Madrid
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1831
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^

..

-V.

DE

ENRIQUE WANTON.
2.°

I mprenta de I. SANCHA.: calle de la Con­
cepción Gerónimo y núm. 3i.

M lì,m b s

V isit a M a d am a F.spina a su
tao en sn u ltim a enfermedad

DE

ENRIQUE WANTON
& a¿j (/e /età

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TRADUCIDOS

tol 3n¡glés al Italiano, g to iste
al Español
POR r .

G . J. V . D. G . Y . M .

t)ecjimi)a, £ì)icu>r>.

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CON REAL PRIVILEGIO.

MADRID:
Se hallará en la librería de RAZOLA , calle d «
la Concepcion Geronima, n.° 3.
MARZO DE l 83l .

No sé por donde , m u n d o , te rem iende:
Conozco que me m ato y que me canso t
Por lo que nadie sabe ni lo entiende.

Greg. Morill. salir.

DE

ENRIQUE WANTON
& a¿j c/e / ccj ts/'éoncu.
«/W\/WWVWI WVWWVVW\ WVWWt'VWVVWWWl W M IW

C A PIT U L O PR IM ER O .
De las nuevas honras que merecieron
al príncipe, y ^zh de la aventura de la
casa del señor Jazmín.
E r a muy justo que después de haber
recibido tantos honores y beneficencias
del príncipe, mostrásemos en lo que pu­
diésemos nuestro reconocimiento, ofre­
ciéndole parte de las alhajas que ha­
bíamos salvado del naufragio: asi lo
habiamos pensado aun antes de haber-

6

VIAGES

le visto, y cuando todavía no estába­
mos proveídos de crecidas pensiones
con tanta liberalidad para vivir con
lucimiento; pero retardamos la ejecu­
ción de nuestro intento con el motivo
de estar Roberto componiendo un relox de faltriquera que se había des­
compuesto en la navegación, y mu­
dando las cifras romanas en caracteres
acomodados á la inteligencia y uso de
aquellos pueblos. La habilidad que él
tenia, y su ejercicio en la mecánica á
que habia sido aplicado, le hicieron
salir maravillosamente con su obra.
Lo que habíamos destinado para el
príncipe era este relox, que segura­
mente le admiraría, algunos espejos,
ciertos vasos de finísimo cristal de In­
glaterra , un anteojo pequeño, dos ta­
zones de porcelana, pintados de muy
bello gusto, muchas flores de mano,
y finalmente, unas estampas en que
estaban delineadas algunas grandezas de
Europa. Todas estas cosas y otras seme­
jantes, habíamos ido transportando des­
de lo que quedó de la nave que se en­
calló en la arena, y adonde con el pe­
queño esquife que nos condujo á tierra

DE WANTON.

f

nos era fácil abordar cuando quería­
mos, en el tiempo que estuvimos vi­
viendo en la gruta que encontramos
en la playa del mar.
Todas estas alhajas, preciosas por
ser nuevas en aquel pais, se distribu­
yeron cómodamente en unos azafates,
cubiertos con unos tafetanes de color
de fuego; lleváronlos poco antes que
nosotros saliéremos cuatro criados del
señor H aya: repetimos la lección de
lo que debía hacer al que tenia que
llevar los billetes , para que no falta­
se en cosa alguna de lo que le orde­
namos : para que el seíior Jazmín en­
trase en mas curiosidad y examinase
al criado, se deliberó que llevase el
recado el que regularmente salía con­
migo , y que el dia antes habia visto á
las puertas de su palacio. Prometió el
lacayo ejecutar su comisión al pie de
la letra, y el señor Haya le mandó
que le llevase á la corte el aviso de
lo que hubiese ejecutado.
Encaminámonos á palacio , en el
que tuvimos franca la entrada y muy
buen recibimiento de los cortesanos.
Estos propusieron mientras estábamos

8

VI AGES

en la antecámara , varias cuestiones
acerca de los artes y ciencias de Euro­
pa, á las que yo, acordándome del
cuento de los cojos, respondí con sin­
ceridad , pero sin ponderar demasiado
á nuestros literatos.
Estando en estas palabras salid el
ministro , dándonos á entender que su
príncipe habia recibido con gusto nues­
tro regalo, y que le habia alabado.
Vosotros, nos dijo este caballero, sois
dos personas muy políticas, y que sa­
béis distinguir el mérito de las cosas,
para hacer de ellas el uso que mere­
cen. Mucho nos honráis, respondió
Roberto, pero al mismo tiempo nos
instruís en nuestras obligaciones: des­
pués sacó de la faltriquera una caja,
que tenia pintada en la tapa una ninfa
perseguida de un sátiro; luego se abría
un secreto , y se encontraba un espejo
guarnecido el cerco de diamantes. Esta
caja , anadió, hace á mi parecer que
se tenga por digno de alabanza á su
artífice por lo bien trabajada, por la
delicadeza y gracia de la pintura, y
últimamente, por el espejo, siendo
mueble que no se halla en estas tier-

DE WANT0N.

9

ras: y o , que creo que conozco el mé­
rito de la alhaja, debo ponerla en ma­
nos de quien sea mas digno de poseer­
la que y o ; por tanto os suplico ten­
gáis á bien admitir mi oferta , como
debida á quien sois, y como un corto
tributo de mi rendimiento. Sumamen­
te estimó el ministro aquella fineza
por el modo de presentársela: volvió
á prometernos su favor en todo lance,
y lo experimentamos después muchas
veces á manos llenas.
De allí á poco tiempo fuimos in­
troducidos á la audiencia del prínci­
pe, que con una notabilísima benig­
nidad, nos dio gracias por nuestra ex­
presión. Después en consideración del
alto concepto que habia formado de
nosotros , y en testimonio de la esti­
mación con que nos queria honrar, nos
eligió en cualidad de sus consejeros
privados. Sorprendiónos el nuevo fa­
vor del príncipe, y humildísimamente significamos nuestro reconocimiento.
Asegurónos de nuevo su protección y
nos despidió, añadiendo que queria
en otra ocasión ver en el campo el
efecto de nuestros rayos , de los que

IO

VIAGES

liabia oido maravillas. Roberto respon­
dió, que una mera insinuación de su
gusto seria muy bastante para solici­
tarnos nosotros la gloria de obede­
cerle.
Mientras estábamos en la audiencia
avisaron al señor Haya, que se liabia
quedado en la antecámara, que quería
hablarle un lacayo suyo. Luego que
salimos de estar con el príncipe, nos
rodearon los cortesanos, que, inteli­
genciados de nuestro nuevo empleo,
nos dieron la enhorabuena del alto
grado á que habíamos sido elevados.
Como no veiamos al señor Haya, pre­
guntamos por él, y sabiendo el moti­
vo de su partida, estábamos impacien­
tes hasta su vuelta. En este interme­
dio nos avisó el ministro, que de alli
á pocos dias se había de informar en
una causa ruidosa, á que era fuerza
que como consejeros asistiésemos para
votarla. Dióme alguna vanagloria esta
noticia, y ademas de eso me agradó
por el deseo que tenia de oir á los abo­
gados monos.
Volvió el señor Haya, quien con
cierta seña me hizo comprender que

DE W ANTON.

11

mi asunto se había efectuado felizmen­
te. Sin dilación hubiera yo querido ir
á saberlo todo, pero la buena crianza
no lo permitía. Detuvímonos pues un
buen rato, que empleamos en respon­
der á la curiosidad de los cortesanos,
acerca de ciertos puntos en que de­
seaban con eficacia estar informados.
El señor Haya cuando le pareció tiem­
po oportuno, se despidió, y nosotros
le seguimos.
Apenas llegamos á los patios de pa­
lacio, nos empezó á dar cuenta de lo
excelentemente que habia/cumplido con
su comisión el criado. Este, nos dijo,
se entró en una tienda, desde donde
alcanzaba á ver quien entraba y salía
en el palacio del señor Jazm ín: cuando
por el movimiento de todos los criados
conoció que iba á salir el am o, se en­
caminó á la puerta, en donde con efec­
to se encontró con él y le hizo una
cortesía muy rendida. El le conoció y
preguntóle como estaba su amo; á que
respondió, que con perfecta salud, y
que él traía el encargo de entregar
dos cartas de suma importancia, una á
su hijo, y otra á una (que no sabia

I2

VIAGES

cual) de sus hijas: entonces se las pidió
el viejo para demostrarle él mismo á
quien se dirigían; el criado fingió cau­
telosamente alguna dificultad en obede­
cerle, alegando que el no traia tal or­
den. Entró en mayor deseo con aque­
lla repulsa el señor Jazmín, y asi bus­
có nuevas razones para persuadir al
criado, á lo que el estaba ardentísimamente deseando ejecutar: dióselas final­
mente , y se retiró para que no le fue­
se haciendo mas preguntas, á las que
no podia dar conveniente y congrua
satisfacción, por no estar instruido del
asunto.
Yo, añadió el señor Haya, le he
examinado sobre si tiene amistad con
algún criado de aquella casa, y me lia
respondido que s í: por lo que le lie
mandado que indague el éxito de aquel
asunto, y si se ha movido desazón ó
riña acerca de él. Me dió palabra de
hacerlo con toda maña y puntualidad, y
asi estoy esperando impaciente las noti­
cias. Acabada la relación de este suce­
so , discurríamos que era mejor retirar­
nos á casa para evitar todo encuentro que
pudiese desconcertar nuestras medidas.

DE WANTON.

13

En efecto, asi que llegamos vimos
al lacayo, y nos refirió las siguientes
noticias. Luego que tomó el señor Jaz­
mín las cartas, en lugar de proseguir
su camino, se entró mas adentro y las
abrió ; mudó el color del semblante
luego que leyó la primera, la que exa­
minaba por todos lados, volviendo á
ver ya su contenido, ya la cubierta:
abrió la segunda, y después de haber­
la pasado por la vista, se encendió en
cólera, subió la escalera y llamó á su
lujo, á quien preguntó si había escrito
un papel al señor Enrique, en qué tér­
minos , y por qué causa. El hijo no se
acobardó, ó por mejor decir, insistió
en su temeridad, y confesando la poca
urbanidad que había usado con Enri­
que, dijo mil injurias á su padre: éste
riño agriamente á su hijo, y le ame­
nazó que le desheredaría. ¿Y de que,
respondió él, me privareis de lo que
no teneis, ó de lo que habéis malgas­
tado en vuestros vicios? El señor Jazmin alzó el bastón para castigarle, y
al ruido acudieron su esposa y sus hijas,
que quisieron saber la causa de aquel
enfado. Leyéronse los dos papeles que

14

VIAGES

habían causado la discordia, y al pun­
to se tiraron todas al jóven, le maltra­
taron, y el padre finalmente le echó
de su casa. Esto es , concluyó el cria­
do , cuanto he podido indagar. Aplau­
dírnosle todas las diligencias practica­
das en lo que se había puesto á su car­
go, y se le dió el premio que merecía
el zelo con que nos había servido.
Brevemente referiré ahora todos los
pasages que siguieron á esta aventura,
porque en lo sucesivo no tengo motivo
de volver á hablar de estos personages.
El señor Pepino, arrojado de la casa de
sus padres, dió un memorial al gobier­
no quejándose; para decretarle era for­
zoso que se examinase el asunto ; yo
fui citado para hacer mi declaración,
y dije la verdad, como arriba dejé ex­
puesta. Mandáronme presentar los pa­
peles, á lo que obedecí prontamente:1
hicieron después comparecer al señor
Jazmín para que diese sus razones: to­
das se dieron por buenas , y el señor
Pepino fue condenado á estar arrestado
en un castillo por espacio de seis me­
ses; justo castigo que confirmaba el po­
der paternal contra la arrogancia de un

DE WANTON.

I5

hijo que con este golpe, quería despo­
jar á su padre de aquel dominio que le
conceden la naturaleza y las leyes.
La locura de este jóven hizo pu­
blico un manejo, que les hubiera sido
mas conveniente hubiese quedado se­
pultado en las tinieblas. El pobre Jaz­
mín, después de haber comparecido en
juicio contra un hijo malvado, se mi­
ró expuesto á la común nota por haber
intentado sacrificar á una nobilísima
doncella, casándola con un forastero,
que por mas noble y respetable que se
creyese, con todo se sabia que no era
un gran mono.
Todos sus amigos le desampararon,
como sucede en las desgracias; y sus
acreedores empezaron á perseguirle,
previendo que en lo sucesivo no podia
ya serles provechoso en sus designios.
Vino á hacerse la fábula de todos, fal-'
to de aquellos medios que hacen có­
moda la vida; entonces volvió sobre sí,
advirtió la infelicísima situación de su
familia, lloró los yerros de su juven­
tud, y pensó seriamente en el remedio.
Resolvió retirarse á una tierra de la
cual tenia el señorío, que estaba bien

16

VIAGES

distante y oculta de la corte. Vendió
todos los muebles de su palacio, que
importaron una suma considerable, con
la que pagó parte de sus deudas; y
prontamente partid con toda su fami­
lia adonde habia determinado. En este
lugar se aplicó al estudio de una ver­
dadera economía, cultivó muy bien sus
campos, y en pocos años se halló en
estado de poder satisfacer á todos sus
acreedores, de colocar honradamente
á sus hijas, y de volver á la ciudad
con un capital de hacienda y sagaci­
dad, que dio motivo á que todos le
mirasen con ojos de estimación y respeto.
Muchas veces se tienen por desgra­
cias en esta vida ciertos sucesos que,
cuando creemos que nos cierran la puer­
ta á todo alivio , suelen ser origen de
una no aparente fortuna. Asi nosotros
con una justa y jocosa venganza, nos
libramos de mil peligros, y fuimos la
raiz principal de un bien tan grande.
¡ O h! felices aquellos que saben de tal
modo vengarse, y mas felices los que
logran efectos tan afortunados de una
desgracia que creen irreparable.

DE WANTON.

17

t %/% X ' W ' W X . A

CAPÍTULO II.
De lo que observó Enrique en la
ópera.

N o podía desechar de mi corazón la
burla que me hicieron cuando me equi­
voqué acerca de la ópera; aun no ha­
bía podido penetrar la causa de la equi­
vocación , y contándole este suceso á
Roberto, le rogué me diese alguna luz,
si acaso él comprendía lo que era: él
me respondió de este modo : úsanse en­
tre nosotros ciertos espectáculos, en
los que se representa alguna ruidosa accipn que ha sucedido en tiempos anti­
guos ; en un gran salón hay un tabla­
do algo elevado, en donde los hom­
bres y las mugeres, vestidos al uso
de los personages que im itan, fingen
ser aquellos mismos; por lo que ha­
blan entre ellos como de un suceso
que tienen presente. Para imprimir
inas á los espectadores la semejanza de
la acción, se pintan los lados y el
Tomo n.

u

j8

VIACEP

frontis del parage en que esto se re­
presenta , de modo que ei todo corres­
ponda á aquellos lugares en donde su­
cedió ó podía suceder aquel lance. La
energía con que los actores y actrices
significan sus pasiones, la novedad, lo
suntuoso de los vestidos , la vista de
los lugares imitados, en cierto modo
sacan fuera de sí á los oyentes, que se
interesan en aquellas apariencias como
si estuviesen existentes realmente aque­
llas acciones. Estas representaciones en
nuestro idioma se llaman ópera; lo
mismo se llaman entre las monas, solo
que la diversidad de las lenguas hace
que en la suya se equivoque este nom­
bre , teniendo el mismo sonido que
obra, de donde nació vuestra mala in­
teligencia. Están alrededor los especta­
dores en una especie de galerías, las
cuales con el salón y el tablado hacen
el conjunto que se llama teatro.
Aunque el informe de Roberto me
satisfizo la curiosidad por lo que hace
á la burla pasada, me quedó un viví­
simo deseo de presenciar uno de estos
espectáculos. En mi tierra había oido
muchas veces los nombres de tragedia

DE

WANTON.

19

y de comedia ; pero hasta entonces ha­
bía estado creyendo que aquellas voces
no tenían otra significación que llanto
y risa ; tomaba yo el efecto por las cau­
sas ; después con el tiempo quedé desen­
gañado , y aun conocí que suelen cau­
sar efectos contrarios; pues son pocas
las tragedias que no conmuevan la ri­
sa, y las comedias el disgusto ó á lo
menos el fastidio.
Un dia que me hallaba con unos
amigos, di á entender el deseo que te­
nia de estar presente á una de estas
representaciones, á lo que me respon­
dieron , que dentro de poco se me
cumpliría el gusto, por estarse espe­
rando por momentos una célebre com­
pañía de operistas. En efecto, no tar­
daron mucho en llegar, é inmediata­
mente determinaron el dia de empe­
zar su trabajo. Todos los nobles de la
ciudad parecía que se liabian vuelto
locos de contento; no se hablaba de
otra cosa que de las o'peras, y aun no
se habían empezado; alababan mucho
á los actores y aun no los habían oido:
quien prevenia el aposento \ quien so­
licitaba servir á una dama rica para ir

20

VIAGE5

con ella al teatro sin tener que gastar:
todos finalmente estaban en una inquie­
tud indecible.
Llegó el suspirado dia, y ya creía
yo firmemente ir á presenciar aquella
fiesta. Cerca de la noche me avisaron
que convenia que me proveyese de una
mascarilla, porque no permitía la cos­
tumbre del pais que yo me dejase ver
con mi cara descubierta. Por no sepa­
rarme del uso , rogué á uno de mis
amigos que se tomase la incomodidad
de buscarme alguna ; aceptó gustoso
el encargo, y fue á ejecutarle: volvió
á cierto rato con una mascarilla de fi­
gura tan extraordinaria que no puedo
bien explicarla ; pero cuando quise aco­
modármela al rostro no fue capaz po­
derlo hacer: entonces caímos en nues­
tro yerro, de que no podía haber mas­
carilla que viniese al rostro de un
hom bre, por estar todas hechas á la
medida del de los monos. Reíraonos
con el desengaño, y ya no fue posible
satisfacer en aquella noche mi curiosi­
dad, porque rehusó constantemente ir
de otra forma al teatro que de aquella
en que era costumbre asistir.

DE WANTON.

!¿ I

Para remediar la incongruencia, lla­
mamos al dia siguiente á un artífice
de tales muebles para que hiciese unas
acomodadas á Roberto y á mí. Pon­
deró este la dificultad; fue necesario
rogárselo y pagarle lo que quiso para
que consintiese; tomónos la medida y
prometió traer cumplida su obra al fin
de dos dias. Entre tanto quise indagar
que cosa habia parecido la primera
ópera. Fui á la plaza, en donde en­
contró un corro de caballeros, me in­
troduje , y luego hice mi pregunta.
Ninguno se atrevía á proferir la sen­
tencia ; finalmente, el mas osado deci­
dió que la ópera era excelente: inme­
diatamente condescendieron todos á la
proposición. Volví á instar con deseo
de saber qué acción era la que se re­
presentaba , y en quó consistia su va­
lor. ¡Con buena pregunta iba yo! Nin­
guno sabia responderla. Véase aqui de
quó modo suelen producir estos sus jui­
cios ; el primero que habla , aunque no
lleve razón ni tenga conocimiento de
causa, ese es el que atrae los votos de
los demas.
Partí de la plaza; entró en una

U

2

VIAGES

tienda de aquellas en donde se vende
el licor negro, de que hablé en el pri­
mer libro , y tomé una taza para ha­
cer lo que todos. Estaban también aquí
hablando de la ópera, con la distin­
ción de decir que no valia cosa, por­
que asi lo había decidido un viejo hi­
pocondriaco que no la habia visto:
pregunté el motivo porque no habia
parecido bien; se empezaron á mirar
unos á otros y ninguno supo decirlo.
Finalmente, un mozuelo respondió que
no habia duda en ello, sin que se de­
biese buscar la razón, estando de por
medio la autoridad de un sugeto tan
grande. Yo callé; pero hice interior­
mente mil juicios acerca de la voz co­
mún : ésta, según la experiencia refe­
rida, nace en el pais de los monos de
algún raro accidente; asi la temeridad
de uno que habla primero acerca de
aquello que no entiende, ó la hipo­
condría de un viejo que está ya falto
de los sentidos, y ha perdido el gusto
de todo aquello que mas vivamente se
solicita , por lo general son las fuentes
del crédito de las cosas y de la fama
que de allí se deriva. Fatigúense pues

DE WANTON.

13

ahora los monos sobre dejar un gran
nombre á la posteridad.
Esta variedad de pareceres movió
mucho mas mi curiosidad. El artífice
nos trajo puntualmente las mascarillas
como nos lo habia prometido : cubrímonos con ellas los rostros, y aunque
nos pareció incómoda y extraña al prin­
cipio aquella especie de disfraz, des­
pués nos la hizo tolerar la costumbre,
y fuimos poco á poco gustando de ella.
Con tales arneses me condujeron al
teatro. Creerá ahora mi lector que voy
á hacer descripción de todo lo que ob­
servó la tal noche : pues no lo espere,
porque yo no vi otra cosa que confu­
sión y desórden. Un agudísimo y con­
tinuado estre'pito, que resultaba del so­
nido de varios instrumentos, no dejaba
entender las voces de los actores que
siempre cantaban; lo mismo cuando
lloraban que cuando se consolaban;
igualmente aprisionados que cuando es­
taban sobre el trono. Noté que todos,
tanto machos como hem bras, tenían
una voz sumamente delgada. Observe'
que volaban las fábricas, que andaban
los árboles, que resplandecía el terre-

24

VIAGES

no que pisaban; que unos mismos per­
sonages se hallaban de un momento á
otro i ya en la ciudad, ya en el cam­
po , ya en otros lugares distantísimos,
sin que se descubriese cdmo se forma­
ba aquel encanto. Los trages eran muy
extraordinarios; de tal m odo, que no
hubiera podido pintor alguno de la mas
desbaratada fantasía, imaginar dibujos
semejantes: estaban guarnecidos por to­
dos lados de piedras brillantes, de con­
formidad, que si fuesen finas, todo el
valor de un reino se quedara corto por
precio de uno de aquellos vestidos. To­
das las cosas en lo verosímil y creíble
guardaban unas mismas reglas. Entre
canto y canto se interpolaban ciertas
danzas con unas gesticulaciones bas­
tante expresivas, pues siempre fue á la
verdad mas fácil significar un acto las­
civo que un sentimiento de honor.
Para colmo de la extravagancia,
observé un mormullo que no cesaba
mientras duraba la representación del
hecho que figuraban; pero un pro­
fundo silencio cuando era necesaria la
atención de los ojos y no la de los
oidos para la diversion del baile. Hiee

DE W ANTON.

25

finalmente reflexión de que todas las
damas, durante aquel espectáculo, te­
nían vuelta la espalda á los actores y
á los circunstantes la cara; presuntuo­
sa demostración de que liacian despre­
cio de aquello á que deseaban asistir
con tanto anhelo.
La diversidad y confusión de obje­
tos y asuntos, no desmerecía el que
hiciese á los que estaban mas próxi­
mos algunas preguntas para que me sa­
tisfaciesen mis dudas. El seííor Narciso
estaba conmigo; volvime á é l, y le
pregunté con bastante naturalidad, si
sus héroes antiguamente cantaban siem­
pre para hablar, y si todos tenían las
voces de tiple. Un cierto mono enmas­
carado que estaba junto á raí, me res­
pondió con una voz muy delicada: va­
ya el villano al m onte, y no se nos
venga al teatro, los que son como él
no pueden formar sus juicios sino se­
gún su naturaleza. Este inesperado ul­
traje me alteró en sumo grado; por
lo que le dije: ¿quién sois vos, monazo desvergonzado, que teneis atre­
vimiento de hablar de tal manera con­
migo ? S o y , replicó é l , uno que pue-

26

VI AGES

de echarte del teatro, porque soy el
empresario, y no tengo necesidad de
que un bruto venga á desacreditar mi
ópera, como tú lo estás haciendo. Seáis,
añadí yo, el que fuereis, he de estar­
me aqui aunque no queráis, y he de
hablar cuanto me parezca; que yo pa­
go mi dinero para dar mi voto como
cualquiera en aquel espectáculo, que
se expone á la pública censura. Iba á
pasar adelante, pero los que estaban
inmediatos nos separaron.
Quise tomar satisfacción de aquella
afrenta, y asi, luego que se acabó la
ópera, conté el suceso al señor Haya;
él se inclinaba á componerlo todo ami­
gablemente, pero yo no me contenté
con eso ; por lo cual, queriendo dar­
me gusto , y mucho mas no siendo el
empresario sugeto de suposición, me
acompañó á otro dia á casa del minis­
tro , que obligó al referido á que me
diese satisfacción, yendo á mi casa á
pedirme que tuviese compasión de él
y perdonase su yerro.

DE W ANTON.

27

W V W V % /%

CAPÍTULO III.
B e la visita del empresario y del asun­

to del pleito que había de votarse.

1N o faltó el empresario al cumpli­
miento del órden que se le dio. No
diré cuan extenuado y pálido estaba
con los ojos desencajados, y hecho una
verdadera imagen de la desesperación,
por no ser estas suficientes señas para
pintar su figura ; y asi como imposible
dejo de delinear un monazo tan disfor­
me. Vino absolutamente mudado de
como le experimenté en el teatro; con
la mas rendida humildad me hizo un
cumplimiento tan grosero, que me de­
mostró su poca crianza.
Cuando se mira humillado al ene­
migo , no se debe pedir otra cosa; por
tanto, yo quedé contento ademas de
haberme movido á compasión su hor­
rible figura , de la que inferia un in­
terior bastante lastimoso: en virtud de

28

VIAGEa

esto, y no sabiendo qué hablar con él,
entablé la conversación de las cosas de
sa ejercicio, y le pregunté qué espe­
ranzas tenia acerca del éxito de sus
intereses. Señor, respondió, yo tengo
que pelear con una casta de gentes, la
mas indomable del inundo. Es menor
trabajo llegar á domesticar leones, que
empeñarse en sujetar á la razón á un
músico, ó á la debida obediencia, á una
cantarina; lo mismo digo de los bai­
larines, de la orquesta, y de toda la
canalla con quien gasto un tesoro pa­
ra que hagan conmigo mil iniquidades.
Si uno es liberal en regalarlos y aten­
to para el manejo, le tienen por un
hombre tonto, y creen ya serles líci­
tas todas sus impertinencias: si uno se
demuestra severo, y lleva con rigor
todo lo ^ u e le pertenece, son como
los asnos, que están mas lerdos mien­
tras mas los castigan. Ya finge uno de
los que han de cantar que está res­
friado ; el bailarín que se ha hecho
una contusión en una pierna, el que
ha de tocar, y otros asalariados por el
infeliz empresario, inventan diversos
inconvenientes para vengarse ¿ todos

DE WÁNTON.

29

quieren que la paga sea puntual , y
«líos, finalmente, causan la ruina al
mismo que los alimenta.
Si ello es asi como lo pintáis, le
respondí, sois digno de que se os ten­
ga lástima; pero permitidme que os
diga que al mismo tiempo se os debe
culpar. Conociendo el carácter de esos
de quienes depende vuestro viv ir, ¿por
qué no aprendéis otro oficio ? ¿ ó por
qué no teneis mejor trato con los que
frecuentan vuestro teatro? Fa os en­
tiendo , dijo interrumpiéndome, y per­
donad que os responda, que juzgáis sin
conocimiento de causa. En cuanto al
segundo punto sabréis, que si el em­
presario se deja perder el respeto de
los que asisten al teatro, se puede con­
tar por arruinado sin remedio ; pudie­
ra poneros delante mil ejemplos de es­
to , que no habrán llegado á vuestra
noticia porque sois forastero: estamos
en un pais, en donde los naturales
piensan se adquiere notable y honorí­
fico crédito, despreciando aun las co­
sas mejores ; quien habla mas mal de
todo, ese es tenido por un grande crí­
tico. Omito dar también por razón en



VIAGES

el punto que voy hablando, que como
estamos hechos á mandar á los monar­
cas del teatro, se nos infunde aunque
no queramos un espíritu, con que nos
creemos mas de lo que somos.
Por lo que hace al primer punto
respondo, que es muy cierto que está
en nuestra mano dejar este modo de
vivir, el cual, por una incierta ganan­
cia, nos hace sufrir infinitas y ciertas
desazones; pero sabed que este ejer­
cicio es como el mal contagioso, que
el que tiene la desgracia de ser tocado
de el, puede estar moralmente seguro
de que no ha de morir de otra enfer­
medad. Añadid á esto, que el que es­
tá puesto en estado de mandar, siem­
pre dice mal y detesta su suerte; pero
de mil que gocen este privilegio, con
dificultad se encontrará uno que re­
nuncie al placer de hacerse obedecer,
por gozar la dulce tranquilidad de una
vida comoda y libre de disturbios,
vida fácil de poderla lograr , alabada
de todos, pero de pocos <5 cuasi de
ninguno seguida.
En consecuencia de todo lo dicho
concluyo , que es digna de compasión

DE WANTON.

31

y no de ultraje nuestra condición; y
habiéndoosla declarado como es en sí,
tengo el atrevimiento de rogaros que
seáis mi protector. Ahora dignaos de
reeibir un corto tributo de mi respeto:
diciendo esto, saco de la faltriquera
un libro pequeño añadiendo, que era
la composición que se representaba en
el teatro; rogóme que la leyera para
que pudiese formar mejor concepto de
la ópera: díle gracias por el don, pro­
metí leerla atentamente, y le pregun­
té, que qué concepto formaba él de
la obra: es, me respondió, un delica­
dísimo trabajo de la pluma mas exce­
lente de nuestros autores. Estos poetas
cómicos entienden poco de lo que es el
teatro y de lo que di gusto al pueblo.
No diré por esto que lo que agrada al
público es lo mejor: nosotros no de­
bemos buscar la excelencia de la obra,
sino las mejores entradas con el común
aplauso, que es lo que nos dá de co­
mer. Pero yo , que entiendo el arte
mejor que ellos, á fuerza de los gol­
pes.de tantas pérdidas, he acomodado
ese librito según el genio de los que lo
han de cantar, y el gusto de los que lo

32

VI AGES '

lian de oir , quitando, poniendo y mu­
dando las hojas enteras, y descompo­
niendo en muchas partes la invención.
Leedle, que puede ser quedéis contento.
Aunque no me parecían muy jui­
ciosos estos discursos, gustaba de oir­
los , porque no obstante ser sobre asun­
tos tan frívolos, no dejaba de dedu­
cir muchas advertencias necesarias á
la perfecta noticia del gusto de los ha­
bitantes del país. Consolé en su aflic­
ción á aquel miserable con las reflexio­
nes que hallé mas conducentes, y. le
despedí, porque me llamaba la aten­
ción á otra parte un negocio de mayor
importancia; él partió contento de mi
trato; y yo sin ver siquiera el título,
tiré el librejo á un rincón de mi cuar­
to , con intención de tomarle cuando
no tuviese que leer ó pensar en otra
cosa.
El asunto que con tanta prisa me
instaba á salir de casa, era el célebre
pleito de que se ha hecho arriba men­
ción, al que debía hallarme presente
en cualidad de juez, como consejero
íntimo que ya era. Aquel dia estaba
destinado solo al informe para examinar

DE WANT 0 N.

33

en otro la materia, y dar finalmente
la sentencia definitiva. El caso que ha­
bía de controvertirse era el que voy á
referir lo mas breve que pueda.
Había llegado á aquella metrópoli
un cierto volatín, que hablando en
realidad hacia extrañas y portentosas
ligerezas; por tanto no se hablaba de
otra cosa que de e'l, y con esta fama
tuvo unas ganancias inmensas. Las ala­
banzas que generalmente se daban con
razón á su habilidad, estimularon á
algunos curiosos á indagar las causas
de ciertos efectos, con que sorpren­
día á los espectadores, sin que pudie­
sen comprender razón probable del
modo ccn que los ejecutaba. Sucedió
pues que un jóven muy presumido de
que nada se le ocultaba, pronunció
públicamente con atrevimiento, y sin
reflexión de las malas consecuencias,
que aquel volatín hacia cosas tan ex­
traordinarias, y que eran la admira­
ción del populacho, en virtud de pac­
to que tenia con un genio familiar.
A l instante dió en tierra todo el mé­
rito del pobre mono, que con tanta
aplicación y trabajo, y con peligro
T omo u .

3

34

VIAGES

continuo de romperse la cabeza, se
había hecho diestrísimo en su oficio.
Véase aqui con una ilu sió n , produci­
da por la imaginación y mal recapaci­
tado discurso de un necio, destruidas
las alabanzas y estudio del infeliz char­
latán. No podía sobrevenirle golpe mas
funesto á su crédito y á sus intereses.
Pensó en remediarlo, y asi se presen­
tó al príncipe por medio de un me­
morial , en el que suplicaba se le man­
dase á aquel joven le restituyese su
fam a, y le subsanase las pérdidas y
danos que con calumnia tan denigrati­
va le había causado. Logró finalmente,
que se extendiese un decreto que dis­
ponía se examinasen severísimamente
el arte y habilidades del volatín, y he­
cho, que el Consejo fulminase una ri­
gorosa sentencia, en q u e, ó quedase
castigado un nigromante, ó reintegrado
un inocente, con grave escarmiento del
que fomentó la calumnia.
En ejecución de este decreto fueron
citadas las partes: propuso el abogado
del caoallero, que aquel juicio debería
terminarse decidiendo, si podrá un
mono ejecutar las acciones que exce-

DE WANTON.

35

den á las fuerzas de la naturaleza sin
auxilio sobrenatural. Los defensores del
titiritero respondieron, que no era asi
el caso de la cuestión, porque ésta no
podia dudarse, que la dificultad prove­
nia de probar si las habilidades del vo­
latín se ejecutaban por arte mágica , <5
si dependian de una destreza que se ad­
quiere con el uso y la aplicación. Des­
baratada la primera máquina, se dedi­
có el abogado del agresor á entablar
un nuevo artículo, y fue que se de­
bían calificar lo mismo que artes dia­
bólicas aquellas acciones, de las que
después de algún estudio no puede lo
general de un pueblo descubrir la cau­
sa. Acordaron todos controvertir este
punto: de este modo en vez de ceñirse
á los términos del decreto para la pron­
ta administración de justicia en aquel
caso, quisieron los abogados fastidiar
á los jueces en una cuestión que im­
portaba poquísimo. Asi el joven estaba
seguro de prolongar la causa sin fin:
asi aunque se probase la afirmativa;
por ello solo no podia condenarse al vo­
latín por nigromante; y asi finalmente
se iría formando una copiosa mies de

36

VIAGES

artículos impenetrantes, de donde fue­
sen engrosando sus ganancias los que
habían de manejar aquel negocio.
Imposible parecerá á mi lector que
los pleiteantes en aquel pais se dejen
engañar de este modo; pero reflexio­
ne que era interés del joven que los
jueces no llegaseu á sentenciar el prin­
cipal asunto, por preveer que había de
salir condenado , y por lisonjearse de
que mortificando al titiritero con con­
tinuas dilatadas cavilaciones, se vería
precisado á ceder y levantar la quere­
lla, ya por los crecidos gastos que ha­
bían de ocasionársele, ya por no ha­
cer falta á las obligaciones de su pro­
fesión, teniendo que ir de alli á poco
tiempo á otro pueblo. El volatín se
dejó llevar de las persuasiones de sus
defensores (acaso de acuerdo con los
contrarios, que no es la primera vez
entre los monos) que le hicieron creer
que la ventilación de este artículo tan
fácilmente ganado por é l, le conducia
sin duda alguna á la completa victoria
en el punto esencial. Fuera de esto,
bajo el pretexto de ciertas soñadas for­
malidades, suelen algunos leguleyos en

DE WANTOÍÍ.

37

aquel país prolongar los procesos sin
medida hasta que están satisfechos ( que
rara vez sucede) de ganancias. Estas
falsas razones que abraza, ó la falta de
luces, ó la necesidad de adherir á
aquellos que conviene adular por ha­
berlos hecho depositarios de los se­
cretos mas importantes del asunto que
se trata, seducen á los infelices litigan­
tes á que aprueben los fraudes y su
propio dado. De este detestable co­
mercio son siempre víctimas las leyes
y la justicia, y por lo común la parte
mas débil la inocencia.
En aquella mañana luego que nos
sentamos en el tribunal, no se hizo
otra cosa que leer el memorial del vo­
latín y el decreto del príncipe, pro­
poniendo el secretario del Consejo el
estado de la cuestión, que en fuerza
del común acuerdo de las partes ha­
bía de ventilarse, después de lo cual
se finalizo la junta. Era la hora de
comer cuando se acabo la sesión, que
no sirvió aquel dia de otra cosa que
de cumplir con una de tantas formali­
dades como tiene la curia de aquella
metrópoli, y de hacernos sufrir m il

38

VIAGES

incomodidades superfluas sin alivio de
la parte agraviada.
A l retirarnos á casa no pude me­
nos de dar á entender á Roberto, que
sentia ver abusar tan claramente de la
justicia; pero él mas experto que yo
en todas materias, me respondió de
este modo: basta tener sentido común
y principios de rectitud, para repro­
bar y concebir una justa indignación
contra la malvada costumbre de con­
vertir las instituciones mas santas en
un uso totalmente contrario á las in­
tenciones del legislador. Y á la verdad
si se vá haciendo reflexión sobre to­
das las leyes y ordenamientos forma­
dos para el bien común, se descubrirá
cuanto han decaido de sus principios,
ocupando su lugar ciertos inventos y
cavilaciones enmascaradas con el nom­
bre de justicia ó interés del estado 5 de
este modo queda aparentemente ente­
ro el vigor de las leyes, pero en rea­
lidad éstas deben considerarse del todo
aniquiladas con la innovación introdu­
cida á fin de enflaquecerlas é inutili­
zarlas. No hay establecimiento, por
mas sano que sea, que no esté ex-

DE WANTON.

39

puesto á ser adulterado por la malicia:
tanto mas fácilmente se deja esto com­
prender, cuanto advertimos que el le­
gislador que ordena es uno solo, y los
ejecutores son infinitos, estudiando ca­
da uno de ellos por todos los medios
la forma de hacer ineficaces los efectos
de la ley. Pero como se temen las pe­
nas que imponen las leyes á los transgresores, y el enojo de los soberanos
no sometiéndose al tenor de e lla , se
busca una sombra de obediencia, se
exagera mucho la debida sumisión á
los preceptos ; y mientras se están me­
ditando todos los caminos posibles para
dejar ilusorias las prudentes constitu­
ciones y mente de quien las instituye.
No creáis, amado Enrique mió , que
solo el pais de los monos abrigue tan
depravadas máximas; en todos los si­
glos y en todos los reinos, como la
historia y la experiencia lo testifican,
han aplicado los hombres sus esfuerzos
á fin de conseguir intentos tan abomi­
nables, por lo que no os debe mara­
villar que se encuentre también en
nuestros monos el contagio de la uni­
versal malicia.

4o

^

VI AGES

Entiendo muy bien, respondí, que
en la natural libertad de los hombres,
y lo mismo digo de los monos, re­
pugne la sumisión á la voluntad y de­
liberaciones de otros, no obstante que
aquella y estas esten introducidas para
el bien del estado, y para lo útil de
la sociedad, que es quien fomenta las
delicias de la vida, y sin la cual esta­
ríamos condenados á vagar por los
bosques, privados de todos los auxi­
lios y buenos oficios recíprocos, y re­
ducidos á la dura necesidad de cuidar­
nos por nosotros mismos con un sin­
número de incomodidades y trabajos,
pasando una vida poco mejor que la
de los brutos; pero no llego á com­
prender, como no tratándose de esta
libertad, intenten los racionales des­
truir los nudos mas preciosos de la so­
ciedad civil, como sucede en el caso
de que íbamos hablando, abuso que es
capaz de conducir al mundo al extre­
mo mas bárbaro y desordenado.
El vil interes, respondió Roberto,
es el manantial de los males de que os
condoléis; pero no es esta una enfer­
medad que carezca de remedio ; antes

DE WANT0N.

4 1

prevengo recetar un antídoto, que si
le adoptase la ilustre asamblea, de que
tenemos el honor de ser miembros,
pondrá un freno á las implacables fau­
ces de todos los monos letrados. No
quiero explicar mi intención, porque
aun no tengo bien digerido en mi men­
te el proyecto : pero abora basta que
os advierta, que habie'ndose hecho ve­
nal la jurisprudencia, no es maravilla
que sus profesores sigan la norma de
aquellos que ejercen semejantes artes;
y asi formen un misterio del asunto
mas claro , y llenen de malicias todas
sus operaciones.
%/%/

t W X 'W 'A » y V V V W

C A P ÍT U L O IV.

D e la novedad que turbó el sosiego en
el palacio del señor H aya.

JTabiendo llegado á nuestra casa, que
continuaba en ser el palacio del señor
Haya, observamos alterada la familia.
Todo estaba en desorden, nuestro hue's-

42

VIAGES

ped y sus hijos andaban turbados, ma­
dama Espina y su hija sobresaltadas, y
los criados en perpetuo movimiento,
entrando y saliendo , sin que nosotros
pudiésemos adivinar la causa de aque­
lla bulla y confusión ; no obstante, no
queríamos preguntarla por no demos­
trar la vana y temeraria curiosidad de
indagar las interioridades de la familia,
pero al mismo tiempo me afligía un
indecible dolor, temiendo alguna des­
gracia en aquellos á quienes estaba obli­
gada mi atención con un excesivo agra­
decimiento y sincera voluntad.
Sentámonos á la mesa, y alterna­
ban los suspiros con el alimento, á cu­
yo tiempo entro un lacayo de casa con
el aviso de que el accidente era mor­
tal, según decía el médico; pero que la
muerte del caballero no seria con mu­
cha precipitación de tiempo. Y ¿qué es
lo que se ha resuelto? dijo madama
Espina. Se ha suspendido, respondió el
criado, toda operación por esperar á
una junta que ha de tenerse esta noche,
en que han de concurrir los mas insig­
nes médicos de la ciudad. ¡ Buena cosa
es por vida m ia, respondió entonces

DE W ANTON.

43

Jacin to, dejar morir al enfermo por no
faltar á la formalidad de la consulta!
A esto no pudo Roberto sufrir mas,
y preguntó quién era el que, como juz­
gaba, liabia sido acometido de algún
accidente. Es, respondió el seilor Haya,
un tio mió por parte de madre, que
muchos anos ha tiene el empleo de ge­
neralísimo de las armas de estos esta­
d os; es sugeto de ilustre fama, y cuyos
hechos le harán célebre en las futuras
edades. Es gravísima la pérdida de nues­
tro príncipe, si llega á faltar un héroe
semejante. Respecto á mí , seria su
muerte aun mas sensible, por cuanto
con su liberalidad ha levantado cabeza
m i fam ilia, que en tiempos pasados
estuvo bastante abatida por repetidas
desgracias, su protección ha sido causa
de que haya yo conseguido muchas ve­
ces honrosos cargos, que he regentado
con esplendor y decoro mediante sus
sabios consejos. Yed pues, amigo mió,
qué grande deberá ser mi pena, ya por
el vínculo del parentesco , ya por un
justísimo agradecimiento , que monta
mas que otra cualquiera razón.
Es menester conformarse, replicó

44
VIAGES
madama Espina j vuestro tio ha llega­
do á una edad decrépita, y es forzoso
que pague el ordinario tributo á la na­
turaleza, ademas, que él muere sin
sucesión; y asi, habiendo sido tan gran­
de bienhechor vuestro en vida, podéis
esperar que muriendo os dé mayor
muestra de su cariño. El señor Haya se
iba enfadando con los discursos de su
consorte, pero ésta añadió, no os irri­
téis , marido mió; yo no soy tan deli­
cada como vos, una gruesa herencia
bien puede enjugar un torrente de lá­
grimas ; y no temo llevarme chasco en
mi espectativa, porque he manejado
este asunto con el mayor cuidado, no
obstante el asco que me daba mirarle
y ponerme junto á él, le visitaba muy
á menudo; pero siempre le llevaba la
golosina de alguna fruta temprana, ó
alguna pastillita para darle á entender
mi cariño. Los viejos son inclinados á
la glotonería, por lo que yo procuraba
satisfacérsela , y asi ponía el mayor
cuidado en darle gusto en todas sus ex­
travagancias. Muchas veces le insinua­
ba las urgencias de mi casa, y él me
consolaba respondiéndome, que algún

DE wanton.

45

dia nos proveería el cielo. ¿Se puede
hablar mas claro? Verdad es que tiene
un sobrino hijo de su hermano, que
debería ser un fatal estorbo de mis es­
peranzas ; pero ya me he dado buena
maña para destruir su opinión en la
mente del tio, á quien en repetidas
ocasiones se le he representado como
un disoluto, un jugador, un prodigo^
aunque yo bien conozco que no tiene
tales vicios; pero, señor mió, no se re­
quieren tales escrúpulos, cuando de lo
que se trata es de una crecida herencia.
Finalmente, en cuanto de mi ha de­
pendido, no he dejado piedra que no
mueva para conseguir mi fin. Por el
bien de mis hijos he sufrido muchos
años el tedio que me causaba tener que
acariciar á un viejo asqueroso, y aun
he hecho algunos gustillos para lograr
con mas seguridad mi intento. El mo­
ribundo tiene muchos años ha un ayu­
da de cámara que es deposito de todas
sus confianzas, y yo lie sabido ganar
su voto, de conformidad que siempre
apoya con su amo todas mis razones.
Solo un golpe me resta que dar para
salir de desasosiegos; explicare mi pen-

46

VIAGE3

samiento. Es necesario inducir al viejo
á que haga testamento : para esto tengo
ánimo de buscar una persona que le
sugiera un acto tan forzoso para la
conservación de sus bienes después de
sus dias; un escribano , á quien tengo
gratificado , no dejará de servirme
con todo celo, bien que pagándose­
lo antes á su satisfacción. Basta: yo sé
como llevo el manejo de las cosas de la
última importancia; por lo cual voso­
tros, hijos mios, confiad, dejando el
asunto á cargo de una madre h á b il, y
sin las preocupaciones que generalmen­
te tienen todas-.
El señor Haya que estaba penetra­
do de un sincero dolor, se mortificó
mucho escuchando tan malvado discur­
so; oponerse á estas indignas máximas,
era acarrearse una implacable indigna­
ción, y no era tiempo oportuno de fo­
mentar una disensión doméstica; y asi
suspirando se levantó de la mesa, en­
cogióse de hombros, y se retiró. Noso­
tros también nos guardamos de oponer­
nos á las escandalosas ideas de madama
Espina , pues nuestras insinuaciones no
habian de haber producido efecto al-

DE WANTON.

47

guno, y mas nos valia disimular, que
dar fuera de tiempo una corrección mo­
ral que la hubiera irritado sin esperan­
za de enmienda.
Dos cosas nos admiraron en este su­
ceso; la primera fue que no nos pidió
parecer, como regularmente ejecutaba
siempre que creía habíamos de asentir
á sus proposiciones (que sucedía raras
veces) ó que habíamos de alabarla ; seííal fija de que ella no ignoraba la mal­
dad con que procedía, y que no obra­
ba con falta de reflexión, sino malicio­
samente con perfecto conocimiento de
causa. La otra fue, que tuvo este tan
dilatado y vergonzoso discurso en pre­
sencia de todos sus criados, que se ha­
llaban alrededor de la mesa sirviendo
la comida: esta imprudencia me parecid muy mal, pues preveia que dentro
de pocas horas sabrían al pie de la le­
tra el razonamiento los criados del vie­
jo enfermo, con descrédito del señor
Haya. Nunca están de mas las precau­
ciones que toman los amos para ocultar
á los criados los secretos de la casa,
pues suceden infinitos daños á los in­
cautos , motivados de estos enemigos

48

VI AGES

conjurados contra quien los alimenta.
Los hijos, aunque algo contristados
con la enfermedad de su tio , me pare­
ció ponían bastante alegre el semblan­
te con las futuras esperanzas; pero la
señorita que se consideraba con una ri­
ca dote, continuamente andaba pregun­
tando ya á la madre, ya á sus herma­
nos, ya á los criados, si acaso corría
riesgo de que el enfermo se recobrase.
Soltando después las riendas madama
Espina á sus fanta'sticas ideas , contaba
entre sí las cantidades de que constaba
la herencia; numeraba las joyas, pesa­
ba la plata, formaba el plan de los ré­
ditos anuales que darían de sí las resul­
tas de los ahorros del viejo, y ascen­
dían, según su pensamiento, á unas
sumas muy considerables; después pa­
saba á los bienes raíces; y á otros efec­
tos preciosos^ con todo lo cual se so­
ltaba la señora mas rica de la corte.
Las torres de viento á poca costa se
fabrican; por lo que no es de extrañar
que haya tantas personas que se delei­
ten en figurarse las mas magníficas y
bizarras. Nuestra madama Espina, tan
fecunda de fantasía, como escasa de

DE W A N T 0 N .

49

ju icio , se dejd llevar de su imaginación
acalorada, y se entregó á mil quime­
ras: ella se propuso agrandar su casa;
de allí á p oco, arrepentida de esto,
ideo echarla toda por tierra, para tener
la satisfacción de edificar un palacio de
un gusto muy particular, y poco dife­
rente de los que leemos fabricados en
el vasto y antiquísimo pais de las no­
velas; sus joyas la parecían de poco va­
lor, y ya la daba vergüenza presentar­
se con ellas entre las mas ilustres da­
mas de la corte; no habia de poder lle­
var los vestidos por el peso del oro;
todo finalmente llegaba á un grado ex­
cesivo; y la imaginada herencia queda­
ba consumida por ella sola en cosas
muy preciosas, pero absolutamente supe'rfluas, si es que aquel nombre me­
rece el cumulo de tantas como estaban
introducidas para contentar el fausto de
las monas.
No falto mucho para que la bija
riñese con su madre, viendo gastada su
dote por satisfacer esta sola su fantasía.
Los tres hijos no se hallaban contentos
con aquestas peticiones; pero nosotros
ya esta'bamos cansados y llenos de fasT omo ii,
4

5o

viages

tidio de tantas necedades. Levantóme
de la mesa pretextando un negocio ine­
vitable : siguió mi ejemplo Roberto, y
á este los demas hermanos, dejando á
las dos que se paseasen sin impedimen­
to por los espacios imaginarios. Yo me
retiró á mi cuarto á dormir la siesta,
por habef reconciliado el sueño con el
dilatado tedio de la sobremesa. Quedó
de acuerdo con Roberto para que acom­
pañásemos al señor Haya cuando fuese
á visitar al enfermo, no desamparan­
do ni un momento á nuestro bienhe­
chor, mientras considerásemos estaba
necesitado de compañía y de consuelo.

C A P ÍT U L O

y.

B e la ju n ta de médicos.

F u im o s al anochecer con el señor
Haya al palacio del moribundo; iban
con nosotros los tres hermanos que
compungieron sus rostros para entrar.
Llegamos á la cama del viejo, que sus-

DE WANTON.

51

pirando sé lamentaba de su temprana
m uerte, no obstante que pasaba de no­
venta años; se hizo las honras en vida,
y exageró la perdida de aquellos esta*
dos con su fallecimiento, con tal tono
que parecía que el mundo todo había
de volver á su antiguo caos el dia que
se disolviese el lazo que unia aquella
grande alma á su cuerpo, que ya con
la vejez y achaques estaba cuasi cadá­
ver. Aproximóse Roberto para tomarle
el pulso; pero no quiso condescender,
fundado en no se qué ridículo agüero.
El señor Haya se esforzaba para detener
las lágrimas, recogiendo sus sollozos
entre ios labios; yo le sugerí aquellas
consolatorias que deben darse en casos
semejantes; pero el enfermo nos inter­
rumpía de cuando en cuando, repitien­
do sus valerosas hazañas, las batallas
que habia ganado, los ertemigos venci­
dos, y la conservación por su brazo de
aquellos dominios y de su príncipe,
¿Quién, decia, podrá de aqui adelante
disponer con tanto conocimiento un
ejército, inventar estratagemas tan úti­
les como las mias, y aprovecharse tan
oportunamente de las ocasiones? ¡Pobre

52

VIAGES

patria mia! De esta vez acabas, con­
migo vas al sepulcro. Esta necia vani­
dad me hizo creer, ó que el mundo
perdía poco con su muerte, ó que la
edad y el mal le tenían perturbada la
cabeza; y asi el único sentimiento que
me quedaba, era el ver al señor Haya
tan afligido con este accidente, por el
cariño que le profesaba. A sus hijos
retozaba la risa oyendo vanagloriarse
al viejo; pero aunque con trabajo la
detenían, y les costaba bastante tener
que fingirse doloridos.
A este tiempo llego la carroza con
la señora Espina y su hija, que sin
entrar recado pasaron adelante con to-t
da libertad. En esta visita comprendí
de cuanta ficción es capaz el corazón
de las hembras. Estaban hechas las
dos una viva imagen del desconsuelo,
brotaban sus ojos abundantes lágrimas
que mezclaban con profundos conti­
nuados suspiros. Llegóse la madre á la
cama del viejo, y dijo: ¡ay de mí, á
quú tristísimo paso me ha querido con­
ducir mi destino! ¡ Oh , quien pudiera
dar su vida por conservar la vuestra!
Aun no fuera este suficiente sacrificio

VE WANTON.

53

en recompensa del amor que siempre
os he tenido : no pudiera hacer mayor
beneficio al Estado , que conservarle
una vida tan necesaria , y que es un
tesoro que no tiene precio. Mas ya que
no pueda resistir á los decretos del
cielo, que me conducen á la mas cre­
cida de mis penas, aceptad este parecito de huevos frescos que han puesto
mis dos gallinitas negras, recibiendo en
tan corta ofrenda el tributo de todo mi
corazón.
La conclusión del referido discurso
me hizo morder los labios para detener
la risa. El viejo la dio mil gracias, te­
niendo la vista siempre atenta y fija
en ella , como solicitando escudriñar
en todos los movimientos del rostro la
sinceridad de sus sentimientos. Sentóse
madama á la cabecera, y desde alli des­
pués de hacer mil honras al moribun­
do, añadid, que nunca se conocía me­
jor la prudencia de los sugetoS de cir­
cunstancias, que en la ñltima disposi­
ción que hacen de sus bienes. Es locura
lo que algunos ejecutan, que por qui­
tarse de cuentos dejan que entren los
herederos necesarios, anteponie'ndose á

54

VI AGES

los demás; es justicia recompensar á
quien lo merece, y no es acción sabia
abandonar a la suerte unas facultades
sobresalientes.
El señor H aya, que se consumia
interiormente con semejantes discursos,
dijo, que el mal de su tio no estaba
tan de remate, y que mas valia que
pensase en recuperar su salud que en
tan funestas ideas. El viejo que era mas
astuto que lo que aquella tonta ima­
ginaba , terminó todas las dudas sig­
nificando que ya antes de caer malo
tenia hecha su disposición según las re­
glas de prudencia y justicia. Con esta
respuesta no tuvo acción la mona para
hablar en algún tiem po; pero obser­
vando después unas ricas sortijas que
estaban sobre una pequeña mesa, dijo:
¡ay de mi! amado tio no es razón que
estas alhajas anden asi rodando á la
vista, y expuestas á la tentación de
todos los que pueden entrar en esta
alcoba; mejor estarían en otro puesto
mas resguardado y seguro. Entonces
mandó el viejo que pusieran los ani­
llos en cierta cajita. Se levantó ma­
dama , y tomándolos, abrió la caja

DE WANTON.

55

donde habían de ponerse, mas con una
diestrísima media vuelta, imitando á
los jugadores de manos, los colocó en
su faltriquera. Todos los que estába­
mos presentes bien conocimos lo que
habia hecho, esceptuado el señor Haya,
á quien impedia un sincero dolor el
ver las operaciones de su esposa-, pero
fue su desgracia el que un criado lo
observase, porque inmediatamente lo
contó al sobrino, de donde se origina­
ron muchas desazones que se termina­
ron con poco honor de la robadora:
este tal sobrino no estaba á la sazón
presente, por haber salido á ejecutar
ciertas comisiones importantes que el
tio le habia mandado. No tardó mu­
cho en volver; pero le recibió mada­
ma con desprecio, y en su propia ca­
sa tuvo la avilantez de insultarle atre­
vidamente.
El mal del enfermo iba entre tanto
aumentándose, y no parecían los mé­
dicos para procurarle el alivio. El vie­
jo tenia una calentura ardentísima, que
indicaba inflamación interna; un afan
continuo no le permitía ni un instan­
te de reposo , y claramente se escu-

36

VIAGES

chaba un gravísimo hervidero en el
pecho, todas señales de su próxima
muerte.
Quiso el cielo que llegase el señor
Ciprés, que era un doctor largo, seco,
y melancólico. Entró á visitar al mo*
ribundo, tomóle el pulso, y no quiso
hablar palabra hasta que viniesen los
otros tres me'dicos que esperaban. Res­
peto ridículo con el cual demostrando
una afectada modestia, abandonaba el
principal fin para que fue buscado. De
alli á poco vino el doctor Melón, que
era de una mas que mediana estatura
y crasitud correspondiente; nos saludó
á gritos, y antes de tomar el pulso al
enfermo, decidió á su favor, sin que­
rer oir la serie del mal ni sus sínto­
mas: se sentó junto al señor Haya, y
trabó la conversación acerca de las co­
sas del mundo, con tal desembarazo y
mezclando tantos disparates, que temí
desde entonces mucho al pobre enfer­
m o, viéndole en manos de un me'dico
tan ignorante y presumido. El tercero
que llegó fue el doctor Cardo ; este
que era de una estatura regular y al­
gún tanto mas moreno que los otros,

DE

W A N T0N .

5J

hablo alguna cosa del accidente del vie­
jo. Se introdujo después á describir las
curas que había hecho en sugetos de
elevadas circunstancias; y empezó á
morder con su regular estilo picante
á los otros médicos sus compañeros.
Finalmente, arribo nuestro doctor Ci­
lantro , que no puso muy buena cara
luego que nos vid alli; pero hubo de
tener á bien el aguantarnos, quizás por
no renovar las reyertas pasadas.
La primera diligencia que todos
practicaron fue pedir los excrementos
del paciente, que con un palito estuvie­
ron revolviendo largo tiempo, con lo
que lograron perfumar todo el cuarto
con tan hediondísima peste. Fueron es­
tos cuatro sábios conducidos á una sala
próxima para decidir del estado del vie­
jo, y consultar los remedios oportunos
á su salud. El doctor Melón fue el pri­
mero que declaro que el accidente era
un ligero resfriado. No convinieron los
otros médicos con este parecer; pero lo
que es peor, cada cual fue de diverso
sentir, y los cuatro fulminaron cuatro
sentencias absolutamente opuestas. En­
tonces se empegaron a oir las diserta-

58

VI AGES

ciones particulares de cada uno, mu­
tuamente se honraban con pomposos
títulos, llamándose sapientísimas lum­
breras del cielo médico, esclarecidísi­
mos órganos d éla naturaleza, excelen­
tísimos propagadores y prolongadores
de la vida, invictísimos triunfadores de
la muerte. Se creerá que en sus res­
pectivas disertaciones se tratase del do­
liente; pues ni le nombraron: hicieron
descripciones de las causas de las enfer­
medades ; cual de ellos explicó la ana­
tomía de los pulmones; cual nos favo­
reció con una prolija pintura de los
nervios; cual habló de la circulación
de la sangre; y cual finalmente expuso
el mecanismo del aire, y el origen de
la tos. Ya llevaban dos horas gastadas
en tan supérfluos coloquios, cuando el
sobrino del moribundo dijo asi.
Seííores m ios, vosotros estáis per­
diendo tiempo en darnos muestras de
vuestra profunda sabiduría , y entre
tanto va acabando el enfermo; haced­
me el favor de pensar en poner algún
remedio , y estad seguros de que todos
los que os escuchan están muy hechos
cargo de vuestra gran doctrida. Vién-

D E W A N TO N .

5g

dose obligados los médicos á recetar al­
guna medicina, dispuso el señor Ciprés
una composición de corales, de perlas,
de minerales, &c. Esta, dijo, es capaz
de hacer levantar los muertos de sus
sepulcros, pero es necesario mandarla
hacer en la botica que está en la calle
de N , porque de otro modo no tendrá
eficacia alguna el remedio.
Sonrióse el doctor Melón, y dijo
inmediatamente: como quiera que yo
no aprecio á ese boticario, no puedo
venir bien en ese remedio ; esa botica
es muy antigua, y hace pagar el agua
á peso de oro. Yo dispondré, añadió,
otra receta que vale mucho mas; y di­
jo al punto los nombres de mas de cien
ingredientes que solo se hallarían en la
plazuela de N.
Pareció muy cálido y peligroso el
remedio al doctor Cardo, el cual exa­
geró la virtud del mercurio, pero con
la condición que habia de prepararse
de un nuevo modo, cuyo secreto úni­
camente consistía en la habilidad de
cierto químico amigo suyo. Disintieron
todos, diciendo que en el caso presente
no convenia aplicar semejantes remedios.

ÓO

VIAGES

El doctor Cilantro, finalmente, que
había hecho juicio de que el mal pro­
venia de flato, propuso un emplasto,
que había de aplicarse á los pies del
enfermo, para cuya composición se ne­
cesitaban ciertas yerbas que nacen, se­
gún decía, en unos altísimos é inacce­
sibles montes, que deben dejarse rociar
de Jas aguas de mayo, y cortarse en el
mismo momento del plenilunio, á tiem­
po que estuviese el sol en Leo ; pero
era también del caso, que este momen­
to viniese á caer por la noche. La im­
posibilidad de satisfacer tan ridiculas
circunstancias, no obstante que asegu­
raba con juramento que conocía un
herbolario que poseía este tesoro, y
mas que todo, el uso exterior que ha­
bía de hacerse de las tales yerbas fue
motivo para que unánimemente se des­
preciase la proposición.
Vedlos aqui nuevamente implicados
con las dudas del principio. No se me
ocultó'el enigma acerca de la discordia
de aquellos médicos, cuyas ideas cono­
cí, y me sirvió de aborrecerlos con
mayor fundamento. Consistia el asunto
en el torpe interes de ellos mismos,

DE WANT0N.

6l

por estar confabulados con ciertos bo­
ticarios, herbolarios y charlatanes, de
quienes recibían un generoso donativo
á proporción de las ganancias que les
procuraban. De aqui era, que valién­
dose de la ocasión de los enfermos ri­
cos, alababan las medicinas y sus ar­
tífices, no á medida de la utilidad de
su uso, sino en virtud de lo que con
ellas enriquecian á sus amigos, y por
consiguiente á sí mismos. De este mo­
do, para limpiar la bolsa de los mo­
nos demasiado crédulos, aplicaban muy
á menudo un costosísimo remedio que
solia anticipar la muerte á los infelices
que con el desembolso del oro creían
que compraban la salud.
Me decía un médico de buena fe,
(que entre los abusos mas generales, se
encuentra siempre quien se atreve á
oponerse á rostro firme al torrente de
la maldad) que la naturaleza pródiga
de sus dones , suministra en las yer­
bas comunes los antídotos seguros de
todos los males; pero que el médico
interesado no quiere ponerlos en uso,
si es que conoce su actividad-; ni los
enfermos tienen fe con los remedios

62

VIAGES

que pagan á bajo precio; y asi estas
simples medicinas se han quedado pa­
ra la ínfima plebe y para los hospita­
les, en los que mas fácilmente sanan
los enfermos, porque no tienen cau­
dal que emplear en las que se usan
para la ordinaria credulidad de los sugetos ricos.
Ya se acercaba la noche, y no sa­
bían que partido tomar. El señor Haya
dio á entender su enfado, por lo que
el doctor Melón dispuso un remedio
que no podía redundar en utilidad su­
ya, ni de otro alguno de sus compañe­
ros, que era lo que vivísimamente to­
dos deseaban; según la acostumbrada
envidia de estos profesores cuando no
pueden sacar para sí solos el provecho.
Decidid pues que la única tentativa
que podía ejecutarse era echarle al vie­
jo una ayuda de agua tibia. Aplaudie­
ron los doctores el grande hallazgo, y
á una voz acordaron que era este el
pensamiento mas sábio que podía ocur­
rir en la mente del mas científico mo­
no. Yo me reia de todo corazón, y Raberto estaba encolerizado, pero nos era
forzoso callar cuando se trataba de la

DE WANTON.

63

opinión de cuatro médicos, que cada
uno tenia sus partidarios en la asam­
blea.
Volvieron estos celebres físicos á
la alcoba del viejo, le consolaron con
la esperanza de verle prontamente re­
cobrado, y le propusieron la medicina
que con uniformidad de votos se habia
determinado. No bien oyó la proposi­
ción el viejo, cuando montó en cólera,
y después de haber dicho mil impro­
perios á los médicos, les habló de esta
manera: yo que por espacio de mas
de setenta años he dado pruebas del
mas verdadero valor; que he derrota­
do innumerables naciones bárbaras, á
quien el enemigo jamas ha podido ha­
cer volver la espalda, ¿queréis que
tenga la vileza en los últimos perío­
dos de mi vida de entregar mis nalgas
para una medicina? Huid de esta casa;
espíritus envidiosos de mis glorias, y
dejadme morir antes que proponerme
un proyecto que es destructor de mi
fama.
Si fue un entremes la consulta de
los médicos, mucho mas ridículo me
pareció el catástrofe de esta historia.

64

V I/G E S

Salimos de la alcoba, y el señor Ha­
ya , haciendo la apología de su tio,
decía que todos los individuos racio­
nales tienen sus particulares defectos,
y que el enfermo siempre había sido
inclinado á llevar hasta el último ex­
tremo el punto de honor. La vejez
y la enfermedad, anadio, ponen en
términos de extravagancia esta flaque­
za ; pero disculpadle, señores, pues las
demas excelentes cualidades suyas su­
plen este defecto.
Preguntados los médicos qué Ies
parecía del enfermo, respondieron con­
formes , que no les parecía de peli­
gro el m a l, y que era forzoso esperar
al séptimo dia para formar un juicio
seguro. En esto fue en lo que en efec­
to no se engallaron , porque en este
dia aun cualquiera chiquillo podía ha­
blar del paciente sin peligro de errar,
como se verá dentro de poco. El so­
brino del enfermo dio gracias á los
médicos, y regaló á cada uno dos es­
cudos de oro; todos rehusaban de bo­
ca tomarlo , protestando que tenían
bastante con el honor de servir á la
familia; pero al mismo tiempo ajar-

DE WANTON.

65

garon las manos, y empuñaron con
bastante apretura el dinero para que
no se les perdiese. Fuéronse finalmen­
te los doctores, y nosotros quedamos
mas confusos que al principio.
Ya era tarde y convenia retirarse
á casa. Madama Espina todo era in­
ventar pretestos para dilatar la parti­
da , diciendo que el sobrino podía ir­
se á acostar, para que con esto echase
de ver el tio que no le cuidaba tan­
to como ella, y asi se inclinase á su fa­
vor en el lance de un codicilo que pre­
tendía que nuevamente hiciese , como
ya le había propuesto al sobredicho ayu­
da de cámara del viejo; pero no fue
posible reducir al joven á lo que ella
quería, antes respondió que no habia
que pensar dejase la cabecera de su tio
hasta el último suspiro : ella altercó
con ¿I, pero nada pudo conseguir. El
señor Maya para impedir que pasasen
adelante las disputas, se despidió del
viejo, y todos tuvimos que seguirle
encaminándonos á casa.
T omo ii .

5

66

VI AGES

i\v tw tw w v v v % v w w % % w

CAPÍTULO VT.
D el teatro cómico de los monos.

J j a tristeza que reinaba en el sem­
blante del señor Haya , y la alegría que
no podian disimular los ojos de su es­
posa , formaban un contrapunto bas­
tante curioso. Nosotros no sabíamos
que partido tomar, por hallarnos in­
diferentes para cualquier suceso; no
obstante, la amistad y el agradecimien­
to nos obligaban á hacer el papel de
dolientes; bien que por haber com­
prendido el carácter del enfermo, co­
nocíamos la poca utilidad que redun­
daba á aquellos dominios de la vida de
un personage, ya por su edad impo­
sibilitado y ridículo.
Al dia siguiente dejd la cama al
rayar el sol, y pocos minutos después
vi salir de su cuarto al señor Haya,
que ansioso por s?ber de su tio se en­
caminaba á despertar á los criados,
para enviarlos á saber como liabia pa-

DE \VANTON.

67

sado la noche. Bastante trabajo costó
que se levantase uno, el que fue pron­
tamente con el recado: no tardó mu­
cho en volver con la respuesta de que
ya habia finalizado la escena, habien­
do muerto el viejo una hora después
de media noche . Con este aviso se dejó
llevar el señor Haya del sentimiento,
apoyándose sobre una silla en donde se
mantuvo un rato con un profundo si­
lencio, y los ojos fijos en el sueloj
después sacando fuerzas de flaqueza,
se levantó con el rostro algo mas sere­
no, diciendo: inútiles son los lamentos
no teniendo ya remedio el mal ; yo he
cumplido con las obligaciones que la
sangre y la gratitud me dictaban , sin
que me quede remordimiento de haber
omitido cosa que me perteneciese. Así
pues con una constancia filosófica dese­
chó los movimientos del dolor y de
la pasión, sin aumentar los daños de
aquella pe'rdida con acarrearse los ma­
les que suele producir una continuada
tristeza. ¡ Felices los que tienen fuer­
zas para vencerse á sí mismos de este
modo, y para corregir sus pasiones
con una virtuosa resistencia!

68

VIAGES

Esparcióse la noticia de esta muerte, y
fue muy general el júbilo por la va­
cante de un empleo tan visible, á que
aspiraban las personas mas distingui­
das y principales de la corte. No pa­
recía sino que el estado había hecho
la conquista de alguna provincia; por
lo cual el pobre mono que por su prín­
cipe y la patria habia emprendido unas
no comunes hazañas, no tuvo quien
le compadeciese muriendo : recompensa
muy ordinaria del verdadero mérito;
hasta tanto es cierto que el interés
particular atropella por todas las leyes
de la gratitud y del decoro.
Madama Espina no podía contener
su alegría, creyendo firmemente que
desde aquel dia entraba en posesión
de todos los bienes del difunto: pero
el mencionado sobrino, que era el he­
redero del tio, no se did priesa á ha­
cer abrir el testamento. Ella que de­
seaba eficacísimamente saber su conte­
nido solicitaba con todo esfuerzo que
se hiciese su publicación. Resistidlo vi­
gorosamente el sobrino, sin dejarse
vencer , ni por la importunidad de los
ruegos, ni por los insultos de aquella

DE WANTON.

69

irritada mona : ésta finalmente tuvo qne
llamar á un escribano para concertar
con él el precio para la consecución
de sus deseos; vino éste y encareció
mucho la maniobra. Hay en aquella
ciudad la costumbre de contratar con
los escribanos cuanto han de llevar
por abrir un testamento cerrado; y asi
la suma que él pidió fue exorbitante,
sin que fuese posible consintiese hasta
tanto que se le dieron cien escudos de
oro de moneda cabal y corriente.
Luego que agarró la paga abrió
con toda solemnidad el dicho testa­
mento, que contenia muy pocas líneas.
Dejaba el viejo por heredero univer­
sal de todos sus bienes al sobrino, y
solo le aconsejaba que diese al seííor
Haya alguna ayuda de costa para que
pudiese colocar honradamente á su hi­
ja la señora Lechuga. El escribano hi­
zo un buen via ge, pues solo por leer
cuatro renglones cogió una paga que
parece increíble , excepto á los que
conocen la voracidad de estas gentes;
y la pobre madama Espina pagó á bien
caro precio su disgusto. Luego que se
hizo saber al sobrino la voluntad de

yo
VIAGE3
su difunto tio , consignó para la bija
del señor Haya con una generosidad
sin igual, una dote con que la solici­
tarían los mejores partidos de la corte.
Todo esto pasó aquella mañana an­
tes de recibir las acostumbradas visitas
de pésame, que son un verdadero mar­
tirio , tanto para los que sinceramente
están doloridos, como para los que
no lo están, habiendo de fingir una
pasión que no sienten. Madama hizo
muy bien el papel, llenos sus ojos
continuamente de la'grimas; pero en la
realidad era llanto originado del despe­
cho y la desesperación de ver burla­
das sus esperanzas; las amigas creyen­
do cierto su dolor, la acompañaban en
su sentimiento, y como que deseaban
que el viejo no hubiera faltado tan
presto, por considerar que los golpes
que dan mas treguas son menos dolo­
rosos ; ella también con su propia san­
gre hubiera pagado que viviese aun,
ó por ver si le podia inclinar á sus
deseos, ó por cargarle de injurias por
haberla burlado.
Entre los muchos que concurrieron
á las comunes formalidades se distin-

DE WANT0N.

yj

guió por ser de los primeros el señor
Alcachofa; este era un joven de bellí­
simo corazón; de poquísimo entendi­
miento y de muchísimo amor propio.
Era su ordinario estilo correr por la
ciudad de visita en visita cumpliendo
en todas con un proporcionado perío­
do los dias que no se lo impedia cierta
Ocupación que era su empleo, que él
estimaba como cosa de grave entidad,
pero que en realidad era bien despre­
ciable. Luego que cumplía con las pri­
meras ceremonias torcia la conversación
á sus propias alabanzas, repitiendo
puntualmente todos los dias una misma
lección; sino encontraba dispuestos á los
circunstantes para escucharle, se des­
pedia, y marchaba á otra casa á echar
la misma arenga. A este rogó el señor
Haya que me llevase al paseo, no
queriendo que yo estuviese todo el dia
encerrado entre aquellos objetos de
tristeza. El buen mono no solo vino
bien en este encargo sipo que también
se obligó á acompañarme por la noche
á la comedia. Acepté gustoso su libe­
ral oferta, y part£ con él de aquella
casa en donde me hallaba muy vio-

72

VIAGES

lento, viendo tanta ficción por todas
partes.
Apenas salimos á la calle, el señor
Alcachofa , me rogó que le recibiese
por uno de mis amigos. Yo soy, me
dijo un honrado mono que desciendo de
una honesta familia. Mi ocupación
consiste en ciertas dependencias en el
consejo, en las que me manejo con
toda exactitud y puntualidad , cosa
rara en los de mi profesión: no llevo
costas á los caballeros por el trabajo
que pongo en sus negocios, y con es­
to estoy bien recibido de la nobleza,
y me admiten en todas sus concurren­
cias y visitas, como si fuese uno de
los mas ilustres personages de estas
provincias; vivo en el gran mundo, y
gozo de todas las diversiones de la vi­
da : no hay público regocijo en donde
yo no me halle; á la primera salida
estoy ya seguramente en el teatro:
concurro no solo con mi persona sino
también con mi dinero donde se entra
por él en los bayles; no obstante que
hay malignas monas, que dicen que
asisto en cualidad de perro de guarda
de la sala donde se danza. Finalmente

DE WANTON.

73

mi suerte es envidiada de cuantos me
conocen. Enseñóme después un estuche
de plata , una caja de esmalte y otras
frioleras, que componían el pequeño
equipage de este Narciso moderno. Sa­
co finalmente un puñado de dulces de
la faltriquera y me los regaló; diciéndome que quien continuamente trata
con las hermosas, es forzoso que siem­
pre vaya prevenido de semejantes go­
losinas.
Yo estaba aturdido, al paso que
me divertía el nuevo original carácter
de este joven : iba hablando á todos los
caballeros que pasaban á poca distan­
cia , y cuando no le respondían repe­
tía el saludo en tono mas alto. Conocí
que se fatigaba en tan penoso ejercicio
para hacerme ver que se llevaba la
atención y favor de todos. Después en
encontrando con algún monito joven
de los de su mas estrecha confianza
se paraba, le daba un polvo, y luego
le preguntaba enfáticamente por cier­
tas monas, que yo por la conversación
iba infiriendo no eran de la mas plau­
sible conducta. No obstante que me
enfadaban tantas paradas, no podía me-

¡74

VI AGES

nos de reirme de las particulares ex­
presiones de que se servia en su dis­
curso , del risueño y afectado semblan­
te con que se insinuaba, y finalmente
de ciertos gracejos con que sazonaba el
asunto de sus conversaciones que sin
ellos eran á la verdad de poquísima
substancia. Así se finalizd la tarde.
Al anochecer me llevó á una de
las tiendas del agua negra hirviendo,
en donde había una multitud de mo­
nos y monas en trage de máscara. A
todo el mundo me presentaba, pero
en particular á las hembras: las decía
que yo era un sugeto de singularísima
viveza, y de una comprensión muy
transcendental; bien que ni en toda
su vida hasta entonces me habia trata­
do , ni é) podía ser juez en tales ma­
terias. A pura fuerza me hizo beber
una taza de aquel licor negro, y pa­
gó por m í; pero de modo que lo co­
nociesen los presentes. Llegó finalmen­
te la hora de la comedia; convidó á
ciertos jóvenes á que viniesen al apo­
sento que me destinaba, y llegamos al
teatro poco antes que se diese principio
al espectáculo.

DE WANTON.

75

Mi conductor con sus compañeros,
no hicieron otra cosa que charlar du­
rante la representación, dirigiéndose
todos sus discursos á un fin. Hicieron
gala de la disolución, cada cual exa­
geraba sus excesos, creyendo que con
tan vergonzosa vanagloria pasaban por
unos espíritus marciales. De cuando
en cuando se asomaban por fuera del
aposento para saludar á algunas hem­
bras de cabeza ligera que andaban á
caza de gangas Muchas veces me im­
pedían con tal bullicio la vista de la
escena, como si no contentos con im­
pedirme oir á los actores con sus im­
portunas conversaciones, envidiasen á
mi vista el gusto de mirar la acción.
Confieso á la verdad que no podia
darse mayor molestia, y ya en mi in­
terior había deliberado renunciar para
siempre la compañía del señor Alca­
chofa , á lo menos cuando se juntase
con sus desordenados y fastidiosos ami­
gos. Pero no obstante tantos estorbos,
referiré lo que observé en este espec­
táculo aquella noche , y confirmé des­
pués en las ocasiones que volví al tea­
tro, para formar de él una justa idea.

76

VIAGE5

V i pues cuatro figuras extrañamen­
te vestidas, y que á primera vista po­
drían confundir al mas penetrante in­
genio. Dos de ellas tenian la cara de
color de hollín, pero el cuello, las
orejas y las manos del color natural
de los monos. Yo creo que esta trans­
formación de rostro se invitaría ex­
presamente para quitar toda equivoca­
ción cuando se representase, advir­
tiendo con tal extravagancia á los pre­
sentes que aquellos personages son fin­
gidos. Uno de ellos (fig. i . ) tenia un
vestido hecho de remiendos de diver­
sos colores, pero puestos con tal drden y dibujo, que queriendo pasar en
la mente de los espectadores por un
mendigo , pudiesen traslucir sin mu­
cha dificultad que no era real y ver­
dadera la miseria. El otro (fig. 2.) te­
nia cierto vestido extravagante muy
corto , unos calzones larguísimos y la
capa d ferreruelo que apenas le llega­
ba hasta la cintura ; estas ropas eran
blancas, guarnecidas de farfalares ver­
des. De las otras dos figuras, aun mas
ridiculas que estas, la una (fig. 3.) se
semejaba al murciélago en el color y

DE WANTON.

77 '

hechura del vestido: la cara era parte
de Etiope y parte natural; esto e s , la
frente y la nariz eran como la noche,
y lo restante del natural color. El
otro (fig. 4 .) andaba en chinelas; el
vestido interior era encarnado , y te­
nia al lado un largo cuchillo, con cu­
yos arneses se me figuraba un carni­
cero ; sobre esto llevaba un saco ne­
gro , y en la cabeza un gorro del mis­
mo co lo r; el rostro no tenia cosa par­
ticular sino la barba , que era cana,
larga y retorcida, formando la figura
de un cueruo. Cada uno de estos cua­
tro personáges tenia distinto dialecto,
y asi no es maravilla que yo no enten­
diese palabra de todos sus discursos.
Los otros actores, cuyo lenguage me
era fácil de comprender por ser el
común de la provincia en que me ha­
llaba, no tenia cosa particular ni en
cus vestiduras ni en sus personas. Esto
es lo poco que pude observar entre la
confusión de la novedad, que no deja
discernir suficientemente los objetos, y
entre el estrépito molesto de los mo­
zuelos que me acompañaban en mi
mismo aposento.

78

VIAGES

Antes de pasar adelante en mi his­
toria y llegar á otros asuntos, quiero
dar una idea de estos espectáculos, se­
gún el examen que hice en las diver­
sas ocasiones que me hallé presente á
ellos. Es regla general en todos carac­
terizar un criado bufón, que con equí­
vocos y frías alusiones de vocablos ha­
ga reir á un pueblo necio, que debe­
ría desterrar del teatro semejantes ver­
gonzosas puerilidades que tanto perju­
dican al buen gusto; otro criado mali­
cioso que hace oficio de tercero, bur­
lando traidoramente á su dueño, y que
corrompe las mas veces las buenas cos­
tumbres , forma el segundo carácter;
á estos se siguen un viejo avariento
y sospechoso; un pedante legista ri­
dículo ; una criada desvergonzada; dos
pares de amantes que se quieren mu­
cho , que se dicen mil disparates y
que deliran por conseguir sus deseos.
Ésta es la familia que compone toda
la tropa que sale al tablado. Véase
una multitud de comedias, y en to­
das se encuentran los mismos caracte­
res , y los mismos objetos se propo­
nen. E l arte de los compositores está

DE WANTON.

79

en enredar la acción hasta cerca del
fin , en cuyo caso, sin saberse cómo,
quedan disueltas todas las dificultades
y se acaba la comedia con tres espon­
sales , queriendo la criada temeraria­
mente imitar también á su ama en
sus complacencias. Otras veces el te­
jido de la acción está tan enredado,
que no sabiendo el ingenio como de­
satar un nudo que ha tenido el gusto
de enlazar con un sinnúmero de co­
sas que no tienen relación con el fin
principal, introduce un mago, que en
virtud de sus encantos hace venir al
teatro al demonio, ó unos fantasmas ó
máquinas de esta calidad: este es el
caso en que el auditorio gustosísimo
da mil palmadas aplaudiendo la vasta
idea del inventor.
Pero no abusemos de la tolerancia
de mis lectores, deteniéndoles mas en
estos asuntos.

8o

^

VIAGES

V 'V 'V W V W V \ / V V 1 W V \ '% 'V \ / W V V

C A P ÍT U L O V II.

D e lo que pasó á Enrique con el señor
Romero*

N o se hablaba de otra cosa al dia
siguiente por la ciudad, que de la
elección para el empleo nuevamente
vacante. Los señores mas principales
y mas dignos aspiraban á tan alto y
lucroso puesto, y asi se multiplicó el
numero de los pretendientes , mas de
lo que se podria creer. Al señor Saúco
pareció conveniente ser uno de tantos,
con la general desaprobación de to­
dos. Era este un mono, cuya sospe­
chosa conducta le hacia odioso entre
todos los nobles, que a' reserva de po­
cos, no podian sufrirle en su compa­
ñía. No obstante las oposiciones y con­
tradicciones públicas, no desistió el
dicho considerando que iba á perder
poco en que le excluyeran de su pre­
tensión.
Todos los que tenían algún manejo

DE WANTON.

8I

en la corte, se empleasen en preten­
der unos á favor de su amigo, otros
del pariente, y alguno con la esperan­
za de sacar grandes ventajas , si salía
electo el que él protegía. Cada uno
exponía los méritos propios y los de
sus antepasados, su zelo y los títulos
que justifican todo esto. En este caso
observé , cuan grave yerro comete
quien se expone á tales pretensiones,
sino mira absolutamente libre de toda
nota á su conducta, y de todo defecto
á su familia. Suelen los coopositores
(¡qué nobleza de corazón!) desenter­
rar y sacar á luz las ya dormidas me­
morias de cuanto se les puede imputar
á sus antagonistas, y si acaso no en­
cuentran en sus personas ó en las de
sus ascendientes suficientes motivos pa­
ra informarlos, echan la voz de cier­
tas fingidas sospechas, que acarrean
mas graves perjuicios y efectos mas
peligrosos que las excepciones persona­
les y verdaderas. La ciudad estaba di­
vidida según las diversas inclinaciones,
que pocas veces se fundan en el mériro y la justicia; las mas proceden de
particulares motivos- de interés 6 de
T omo ii.

6

82

viages

amistad y algunas de solo la preocupa­
ción. Ya el privado, ya el ministro,
estaban incesantemente molestando los
oidos del Soberano, de cuyo concepto,
ponderando los méritos de sus respec­
tivos recomendados, hacian decaer á
los otros candidatos: indeciso el prín­
cipe entre los propuestos, suspendió el
declarar su voluntad; y este fue el
motivo de que este asunto no se de­
liberase tan presto como se debia.
Ya se iba acercando el dia de la
decisión de la causa pendiente entre el
volatín y aquel que le había herido
en el mas delicado punto del honor
y del interés, por tanto y o qu ise, an­
tes que llegase este caso, visitar á los
demas jueces, pues no había tenido
lugar de practicar esta diligencia des­
pués de la primera sesión. Semejante
acto de respeto me pareció que po­
dría redundar en favor mió , para ha­
cer con él que concibiesen una hon­
rosa idea de la buena crianza y urba­
nidad de los de mi especie, y particu­
larmente de mi persona.
D i principio á esta tarea con la vi­
sita del señor R om ero, que era uu

DE W ANTON.

83

mono muy práctico y antiguo en los
negocios del reino, y que encubría
bajo una exterior política y modesta,
un alma doble y capaz de mil enga­
ños. Con la descripción de su carácter
doy los motivos de haber comenzado
por este sugeto las formalidades que
emprendía. Se debe poner mayor cui­
dado en cultivar la gracia de las per­
sonas poderosas y que tienen mas mala
intención , que la de las que son de no­
ble índole y propensas á favorecer,
imitando á cierta vieja que tenia con­
tinuamente puestas dos velas delante
de la imagen del diablo con la ins­
cripción siguiente, que intenta justifi­
car un uso que parece contrario al
buen proceder: porque no me haga mal.
Encontré al dicho ministro ocupa­
do en dar audiencia á muchas perso­
nas que estaban en la antecámara es­
perando el honor de tener lugar de
besarle la mano. Después de muy cor­
to rato hice entrar recado de que yo
estaba allí, y el señor Romero tuvo
la atención de preferirme á todos los
que esperaban. Luego que llegué á la
pieza inmediata á la en que él se ha-

84

VIAGE8

Haba, se levantó, salió á recibirme,
me abrazó, besó, y dió á entender el
sumo gusto que tenia en considerarse
útil para poder servirme, persuadién­
dose á que me habia tomado el can­
sancio (asi lo expresaba) de pasar á
su casa para darle el honor de impo­
nerle algún precepto. Yo le respondí,
que solo el cumplimiento de mi obli­
gación me habia estimulado á incomo­
darle con aquella visita, y que lo úni­
co á que yo podia aspirar, era á que
continuase los buenos oficios de su protecci m. Los espíritus altivos se dejan
mucho llevar de la adulación, aunque
sea excesiva, y asi conocí el gran gus­
to que el señor Romero recibió con
mis expresiones: me afirmó que entre
todos aquellos cuya amistad considera­
ba apreciable, yo era con quien él de­
seaba mas estrecharla; no me dejé en­
gañar de sus fingidas expresiones ; pe­
ro para pagarle con otras tales sus fal­
sas palabras, le demostré lo sumamen­
te reconocido que habia quedado á la
gloriosa distinción con que me trataba.
Después de estos preámbulos y en­
gaños que iban y veuian de diestro i

DE

\V ANTON.

85

diestro, introdujo la conversación de
los demas ministros, y conceptuando,
en fuerza de lo acreditado que se con­
sideraba en la corte y en la ciudad,
que yo seria uno de sus mas sinceros
afectos no halló inconveniente en ha­
blar con toda libertad del ministerio;
en fin , para abreviar, dijo mal de
cuantos citó; uno en su concepto era
un ladrón público: otro un traidor al
príncipe: éste un disoluto, estotro un
adulador; y todos juntos una sentina
de perversas costumbres. No sufría mi
genio el condescender á una conversa­
ción tan mordaz , por lo que escusé
la contestación con el pretexto de que
habiendo tan poco tiempo que yo es­
taba en aquel continente, no podía
aun haber formado idea adecuada de
los personages sublimes de que se com­
ponía , mayormente cuando era forzo­
sa una particular gracia para que los
forasteros, cual yo era, pudiesen in­
teriorizarse con semejantes sugetos. En
consecuencia de esta repulsa , dirigió
el señor Romero la conversación ha­
cia sus circunstancias, alabóse muchísi m o, y exageró los buenos oficios que

86

VIAGES

liabia hecho, mediante su poder, á
favor de toda especie de personas: asen­
tí á su gran mérito, no obstante que
sabia muy bien , y con cierta ciencia,
que vendia hasta las palabras, con que
tenia entretenidos á los que recurrían
á su favor.
A este tiempo vino su maestresa­
la , y le avisó de que cierto asentista
le enviaba, en muestra de su parti­
cular estimación, un regalo de cier­
tos licores: haz, respondió, que pase
adelante el que los tra e ; y volvién­
dose á mí me dijo: creen estos que
grangean mi patrocinio con estas ba­
gatelas : yo las recibo porque desde mi
casa no las lleven á manos de quien
venda el estado al que mas ofrezca:
semejantes donativos siempre vienen
acompañados de alguna pretensión; yo
escucho sus peticiones con semblante
sereno, sin dejarme seducir, y después
aplico mi voto, no á favor de quien
me regaló, sino del benemérito, con
la mira única del bien público. Alabé
una máxima tan sana, aunque yo sa­
bia bien que no hablaba con él esta
alabanza, por cuanto obraba todo lo

DE WANTON.

87

opuesto absolutamente á lo que decía.
Entró el que traía el presente, segui­
do de dos criados que sostenían una
grande frasquera de plata , dentro de
la cual venían doce frascos llenos de
ciertos licores, de cuyos nombres no
me acuerdo. El ambicioso ministro di­
simuladamente dió una ojeada á aquel
precioso vaso, y con un risueño ros­
tro preguntó si había de volver á lie*
varse los frascos vacíos. Hizo una pro­
funda reverencia el mono que traía
la embajada, y respondió que aquella
oferta, tal cual ella era, venia ente­
ramente destinada para el uso de su
grandeza (título ordinario que preten­
den los personages de primera clase),
que cuando tuviese que hacer alguna
fineza á algún amigo, podrían servir
los frascos y la frasquera. Asegurado
aquel astutísimo camastrón de que la
plata venia también destinada para él,
mandó se le respondiese al asentista
que ya se verían y hablarían despacio.
Obsérvese el ridículo disimulo del se­
ñor Romero, que ni aun dió gracias á
aquel que quizás para satisfacerle su
avaricia tendría que estrechar la eco-

88

VI AGES

nornía ordinaria de su familia, y todo
esto con el fin de que no se formase
mal juicio de é l, teniéndole por caza­
dor de grandes regalos.
Como deseaba cumplir mis ideadas
formalidades visitando á los jueces, y
con este me había ya detenido dema­
siado , me puse en pie, y le pedí su
licencia. Mostróse sentidísimo el señor
Romero de mi resolución, diciéndome: ¿y por qué, amigo mió, me que­
réis dejar tan pronto? Por dar algún
pretexto á mi despedida, respondí que
viéndole ocupado en sus dependencias,
y estando esperando tantos el honor de
hablarle, quería dejarle en libertad.
Sonrióse graciosamente el ministro, y
replicó: y qué quiere decir eso ? Estos
que esperan, volverán mañana si boy
no me digno de oirlos. Las personas
del estado medio é ínfimo han nacido
en el inundo para hacer la corte á los
monos como yo; y se han de tener
por muy afortunados, si después de
venir á presentarse repetidas veces, lo­
gran el honor de que los admita. Sen­
taos , y os daré parte de mi pensa­
miento , y después de esto tendréis á

DE WANTON.

89

bien que á presencia vuestra escuche
algunos de esos que habéis creído per­
sonas de suposición. Con muchísimo
gusto hubiera yo perdonado la confian­
za con que quería participarme sus
ideas y asuntos por estar cansado ya de
oir máximas tan contrarias á las mias;
pero por no irritar á una bestia feroz,
es necesario muchas veces complacerla.
Tom¿ asiento y me hablo en los tc-rminos siguientes.
Sabed, amigo mió, que yo he sido
dos veces casado; pero de mi primera
esposa , que ha diez años que murió,
no logré la dicha de tener sucesión.
Como cuando enviudé tenia ya muchos
años, había perdido las esperanzas de
que me ía concediese mi fortuna, aun­
que pasase á segundos desposorios ; no
obstante era forzoso poner todos los
medios; no salieron estos vanos, pues
el cielo que toma á su cargo con par­
ticular cuidado las familias mas ilus­
tres , condescendió á mis ruegos con­
cediéndome en una jovencita con quien
me casé dos meses después de viudo,
un hijo al año inmediato de mi boda:
no ha nacido otro alguno; pero en es-

90

VIAGES

te tengo ya asegurada la propagación
de raí casa. Ahora está para cumplir
los nueve artos, pero yo paso ya de
setenta, y asi no espero tener tan lar­
ga vida, que pueda llegar á tiempo de
dirigirle en su juventud por aquellos
caminos que yo he seguido y me con­
dujeron á la cumbre de la utilidad y
del honor. En la incertidumbre de po­
der cumplir en este punto con las obli­
gaciones de padre , pienso adelantar
con una seria educación los frutos que
se esperan de esta nueva planta; y
ahora sabed que los sugetos que están
en mi antecámara son los que han de
concurrir á tan grande obra; acaso ha­
brá quien venga por algún otro nego­
cio ; pero la mayor parte son los que
vienen llamados á este fin.
No podía alabar suficientemente la
sábia cautela de este mono, que aun­
que pésimo ciudadanp, parece que que­
ría ser buen padre. A este tiempo tocó
la campanilla, y pidió al maestresala
la lista de los que esperaban audiencia.
Inmediatamente que lo mandó, la tuvo
en su mano; repasóla muy bien, y di­
jo: que entre Algarroba.

DE WANTON.

9I

De allí á un momento vi entrar á
un mono con cuanta gala es imagina­
ble ; traia una casaca bordada de oro,
y la chupa era de una delicadísima te­
la de gusto, toda cubierta de oro y
plata; estaba muy bien peinado y lle­
no de polvos; sus manos calzadas de
unos blancos y finísimos guantes, y los
restantes adornos todos correspondien­
tes á su general aseo. Luego que entró
me puse en pié creyéndole un caballe­
ro de altas circunstancias; pero el mi­
nistro conoció que yo me habia enga­
ñado, y me hizo señal para que no es­
tuviese en pié. La primera pregunta
que le hizo el señor Romero me aver­
gonzó é informó de mi error, pues fue,
que cuanto tiempo habia que era co­
cinero. Algarroba, después de una pro­
funda reverencia, respondió en un lenguage tosco y oscuro, que en su vida
se habia ejercitado en otra cosa, y
siendo examinado acerca de su capaci­
dad, él para dar una muestra de ella,
contó que en el convite de cierto prín­
cipe supo dar una sopa del valor de
cien escudos de oro. Entonces dijo el
señor Romero con semblante alegre:

9ÍÍ

VIAGES

basta; tu eres un excelente mono , y
digno de que te emplees en mi servi­
cio: diine pues lo que necesitas, Diré,
respondió, libremente á vuestra gran­
deza , que fuera de la manutención mia
y de mi familia, se me darán seis es­
cudos de oro cada mes; pero en inteli­
gencia que he de tener cuatro ayudan­
tes á mi orden, pues mi oficio solo es
distribuir las necesarias disposiciones
para que el amo esté prontamente ser­
vido. Tiene razón, anadió el señor Ro­
mero, que no es conveniente que el
gefe de una profesión tan distinguida
se emplee en lo que no sea correspon­
diente á su habilidad: yo te concedo
cuanto pides, porque es muy puesto en
razón, y desde mañana espero que
vengas á servirme. Inclinó la cabeza
el cocinero, hizo una gran cortesía y
partió.
'*
Volvió á mí el señor Romero, dieiéndome: no hay oro bastante con
que pagar á un buen cocinero: noso­
tros los grandes no podemos hacer me­
jor uso de nuestras riquezas, que em­
pleándolas en las delicias de la mesa,
ea donde, ademas de saciar el apetito,

DE WANTON.

93

se da á entender la magnificencia y li­
beralidad del dueño. Aunque me había
admirado el cocinero por sus vestidos
y por su habilidad, destructiva de las
mas floridas rentas, y aunque igual­
mente me había hecho el señor. Rome­
ro que formase una opinión de el que
le caracterizaba por enemiguísimo de la
sobriedad, con todo tuve que bajar la
cabeza, y condescender con sus pro­
posiciones.
Entró después cierto mono muy
soplado, peluquero de profesión: el
que por espacio de muchos años no ha­
bía tenido otro estudio que inventar
nuevos modos de cortar y rizar el pe­
lo. Este había de tener la obligación
de ir todas las mañanas á componer
el cabello »1 señorito, y aqueste era
uno de los mas graves cuidados que
tomaba el padre en la educación de su
hijo. Prometió el peluquero no faltar
dia alguno al cumplimiento de su obli­
gación ; y tratando acerca de la paga,
se le propusieron dos escudos de oro
cada mes. Quería hacerse de rogar; pe­
ro finalmente, suponiendo que hacia
mucha merced á S. Q. dijo, que esti-

94
VIAGES
mando mas el honor de servirle, que
la ganancia que se le proponía , gus­
tosamente admitía el cargo para que
le habia juzgado digno.
Partid este artífice, y el señor Ro­
mero promovió la conversación de cier­
tos padres, no pudiendo llevar en pa­
ciencia el poco cuidado que tienen con
los cahellos de sus hijos, permitiendo
su cultura á las manos de una criada
demasiado contemplativa , ó de un
criado poco experto en un arte que
hace distinguir la cabeza de un noble
de la de un plebeyo. Inferí de este
discurso los alcances de nuestro minis­
tro, y que si trataba de los intereses
del reino como de los peinados, bien
podia estar el príncipe satisfecho de
sus servicios. En este intermedio vol­
vió el peluquero para declarar que
iba en la inteligencia de que su sala­
rio era libre de tener la obligación de
poner de su cuenta polvos , manteca,
peines, hierros, &c. Justa es tu de­
manda , respondió el señor Romero,
que no quería disgustarle por la alta
estimación que tenia hecha de él: se
te proveerá de cuaoto necesites: anda

DE WANT0N.

95

enhorabuena y cumple tu obligación,
sin hacer faltas, y con habilidad. En­
tonces el peluquero repitió las corte­
sías y marchó.
Entró saltando el maestro de bai­
le á besar la mano al señor Romero,
y á este le expuso su intención de que­
rer se enseñase á danzar su hijo, y co­
mo de entre tantos como había de su
profesión le había elegido, creyéndo­
le capaz de sacar un discípulo perfec­
to. Vuestra grandeza, respondió el bai­
larín, no puede errar en sus resolucio­
nes: de mi escuela han salido los mas
diestros bailarines del teatro; y las
principales señoritas de la corte son
mis discípulas. Ya sé yo muy bien,
añadió nuestro ministro, que grande
es tu habilidad; no te falta para ser
perfecto otra cosa, que ser natural de
la metrópoli de esos estados que es­
tán confinantes á los nuestros; porque
á la verdad, no parece sino que allí
nacen desde luego con particular talen­
to para danzantes. Esta es, replicó el
maestro, mi mayor desgracia , porque
me quita el ganar otro tanto; pero co­
mo no puedo remediarlo , es fuerza

g6

VIAGES

contentarme con lo que soy. Contra­
tóse la paga, según el estilo de la ciu­
dad , que era una pieza de oro por do­
ce lecciones, y cada una habia de du­
rar cerca de media hora; pactóse á par­
te , que no entraba en esta cuenta el
salario del que tenia que tocar mien­
tras las lecciones,
Finalmente, compareció un mono
de un color verdinegro y macilento,
que parecia la imagen de la necesidad.
Y pues, ¿quie'n eres tú ? le preguntó
el señor Romero. Y o , respondió con
mucha humildad, soy aquel por quien
se ha empeñado el ama de vuestra po­
derosísima consorte para preceptor de
vuestro nobilísimo hijo. Estos precep­
tores, anadió el m inistro, me hacen
montar en cólera ; mas de trescientos
memoriales tengo en que me recomien­
dan á otros tantos sugetos. y y o no
necesito mas que u n o , y ese acaso es
cuasi superfino. ¿Y qué ensenareis á
mi hijoV Le dictare, dijo el m on o, los
principios de una buena literatura, y
los elementos de las ciencias. Alteróse
en extremo el seíior R om ero, diciendo:
¿también vos estáis imbuido en estas

DE WANTON.

97

ciencias? Por toda la provincia se ha
introducido esta epidemia, que produ­
ce consecuencias muy fatales. Yo no
quiero ciencias, porque no las he es­
tudiado , ni las aprendió mi padre , ni
mis abuelos, ni mis bisabuelos, ni otro
alguno de mis ascendientes. ¿Lo ha
entendido el señor preceptor? Yo obe­
deceré' en todo á vuestra grandeza, res­
pondió el maestro, todo temblando de
miedo; dadme, señor, los preceptos,
según los cuales conformare' puntual­
mente mis operaciones. Vos, replicó el
caballero, enseñareis la lengua mona
antigua á mi hijo, en lo que emplea­
reis tres horas por la mañana, y dos
después de comer: siempre habéis de
estar á su lado; le acompañareis á las
visitas y al paseo, y cuando esteis con
él á solas le sugeriréis las máximas de
caballería: le impondréis en que ha
nacido superior de los demas monos;
que no debe sufrir agravio alguno de
sus iguales, y que se hará respetar si
le llegan á tomar miedo ; y otras cosas
que á un literato como vos no se ocul­
tarán , aunque por vuestra sangre no
tengáis obligación de saberlas. Por este
Tomo ii.

7

q8

viages

trabajo os concedo la mesa de mis cria­
dos, y si ademas de esto teneis preten­
sión á algún salario, decidlo sin cor­
tedad.
Quería el infeliz preceptor dejar á
voluntad del ministro la entera dispo­
sición de su paga ; pero e'ste se mantu­
vo firme en asegurar que no quería
ofrecer cosa alguna, porque después no
se dijera que se había valido de medios
violentos. Obligado el preceptor á de­
clararse , pidió una pieza de oro cada
mes. Esta petición me hizo formar una
alta idea de la prudencia del que la
había propuesto; pero fue al contrario
el efecto que hizo en la mente del se­
ñor Romero, que trató de vano, am­
bicioso y temerario al pobre mono,
que se exponía á continuas fatigas por
una miserable recompensa ; mas no
obstante quedar muy mortificado con
la repulsa por tan corta pretensión co­
mo la suya, temeroso de perder la oca­
sión de colocarse, y lo que es mas, estrecha'ndole el hambre á que condes­
cendiese á cualquiera condición, aun­
que fuese la mas vergonzosa, pidió perdon rendidísimamente de lo exorbitante

DE WANTON.

99

de su petición al señor Romero; ro­
gándole que le admitiese en su servicio
con los pacto^ que mas convenientes le
parecieran. A esto respondió el minis­
tro; yo os concedo la mitad de lo que
habéis insinuado; y si con el tiempo
viese que mi hijo aprovecha con vues­
tras lecciones, os sere agradecido, dán­
doos de adealas al fin del ano algún par
de zapatos: pero estad advertido de no
separaros un punto de los documentos
que os he dado : teniendo asimismo
entendido, que absolutamente no quie­
ro que deis que sentir á mi hijo; des­
dichado de vos si le azotárais, porque
había de tomar una ejemplar venganza,
por ser cosa que notablemente desdice,
que una mano que nació destinada pa­
ra servir, tenga la execrable osadía de
castigar á un sugeto que previene el
cielo para los primeros honores de la
pátria, y para ser el apoyo de su prín­
cipe. El pobre mono hambriento tuvo
forzosamente que adherir y condescen­
der con la voluntad de aquel indiscre­
to padre; después de lo cual se fue re­
tirando, repitiendo las cortesías y pro­
digando los títulos mas excelsos, capa-

100

VIAGES

ces de satisfacer el ridículo fausto de
un viejo tan soberbio.
Luego que éste marcho dejándo­
me el corazón lleno de la compasión
mas tierna, me dijo el señor Romero:
vos, señor, acaso extrañareis el reci­
bimiento tan poco favorable que he
hecho al preceptor, pero cesará vues­
tra maravilla, cuando sepáis que esta
raza de monos es la mas impertinente
que se encuentra en estas provincias.
. Hinchados con sus méritos quiméricos,
elevan sus pretensiones hasta el tér­
mino de quererse igualar á la nobleza;
habiendo tenido el atrevimiento de es­
parcir en ciertos libros, que el saber
da preferencia sobre la mas ilustre san­
gre , fundados en la ridicula razón de
que las letras forman el mérito perso­
nal en el sabio, y el nacimiento no
pende de nuestra voluntad. Tales li­
bros sacrilegos deberían estar quema­
dos con sus autores, pero el descuido
ó acaso la depravada complacencia
de ver si pueden abatirnos, son cau­
sa de que se introduzcan tan malvadas
máximas.
Yo entonces le repliqué : si vos te-

DE WANTON.

IOI

neis por cosa peligrosa depositar en los
sabios vuestras confianzas, prudencia
será contenerlos en los límites debidos;
pero no acabo de entender la razón
de haber prohibido al preceptor que
ilustre á vuestro hijo con aquellas
ciencias que son el alma de un esta­
do culto y político. Vos, aííadió el se­
ñor Romero, según voy viendo, sois
uno de los secuaces del nuevo méto­
do de educar la juventud ; pero yo de
nadie me dejaré persuadir á que per­
mita á mi hijo que aprenda á delinear
en un papel ciertas figuras mágicas,
combinándolas con unos caractères dia­
bólicos, para que después tenga el ri­
dículo atrevimiento, en virtud de tan
detestables medios , de querer saber
cuanto pesa la luna, y que tamaño tie­
ne el sol, con otras mil importunas
necedades. En aquel punto eché de ver
que era imposible adelantar cosa al­
guna con este espíritu envejecido en
la ignorancia, y que formaba ideas tan
extravagantes de la geometría, astro­
nomía y álgebra.
No dejé no obstante de darle á en­
tender lo que me admiraba la repug-

102

VIAGES

nancia que había demostrado en que
el maestro castigase á su discípulo:
tengo para ello mis razones, dijo el
viejo: un corazón tiernecito que se
acostumbra á temblar á la voz de un
pedante, no puede después concebir
sentimientos nobles y generosos : el
muchacho que teme á las disciplinas
como al mayor mal de los males, huirá
después á la vista del enemigo: no sa­
brá resistir á las amenazas de un émulo;
y así será inútil para la guerra, para
la vida civil y para su propia familia,
oscureciendo con tan viles medios la
generosidad de aquella sangre que de­
be á su nacimiento. Sé que opondréis
á ésta la máxima de que la juventud
con sus ardores queda incapaz de fre­
no , si no está de antemano acostum­
brada á contenerse dentro de los lími­
tes de la moderación; pero á ésta que
se cree virtud tengo yo por bajeza; y
así dejándola para los espíritus abati­
dos, quiero desterrarla del todo del
corazón de mi hijo.
Oyendo esta última proposición no
tuve fuerzas para aguantar mas; opo­
nerme á sus palabras era ofender la

DE

W ANTON.

I03

excesiva soberbia de un genio revolto­
so y maligno, y así elegí el retirarme
para no incurrir en la casualidad de
enemistarme con un personage á quien
había tenido la paciencia de tolerar
por tanto tiempo sus extravagancias,
solo por tenerle en cualquiera ocasión
propicio, ó á lo menos indiferente. Le­
vantóme de la silla para despedirme de
él; pero me insto diciéndome: esperad
que acabe de dar audiencia, y yo mis­
mo iré acompañándoos hasta vuestra
casa, tendré también el gusto de vi­
sitar al señor H a y a , que ha dias que
no le he visto.
Y o, que no tenia gana de adularle,
ni de exponerme al riesgo de algún
contratiempo, le rogué me permitiese
partir, por cuanto mis dependencias
me obligaban á detenerme en otra par­
te antes de ir á casa. El señor Romero
entonces se excusé de no introducirme
á visitar á su esposa porque estaba todabia sin vestir. Era celoso con tanto
extremo , que aun siendo criatura yo
de diversa especie , de mí la recataba,
encubriendo tan indecente pasión bajo
el pretexto de la decencia y cumplí-

104

VIAGES

miento. Renováronse de una y otra
parte las expresiones , aunque poco
sinceras, y partí contentísimo de dejar
aquella casa, con firme propósito de
no volver á ella en mi vida.
^ v v v w

v v w

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V % - 'V

CA PÍTU LO VIH.

De la visita de Enrique al señor
P eregil.

.A nduve largo tiempo por la ciudad
para hacer las premeditadas visitas á
los jueces mis compañeros; pero unos
estaban fuera de casa, y otros acom­
pañados de sus amigos, por lo que no
tuve la fortuna de hablar á aquellos, y
con estos no se introdujo otra conver­
sación que la general, por no haber
podido quedar solos. Los discursos en
todas partes eran unos generalmente;
se decían mil males de los ausentes, se
alababan los presentes; se esparcían sos­
pechas ofensivas á la reputación de mu­
chos, y se daba fin á toda la obra, ó

10 6

VIAGES

alguna me tomo la mano, rogándome
tuviese á bien subir la escalera. Este
primer paso fue motivo para que me
pareciese este sugeto de un corazón sen­
cillo y naturalmente lleno de afectos.
Registré cuidadoso qué criados nos
acompañaban, 'y no encontré mas que
á un viejo cubierto de una antigua
librea , y un pagecillo con un vestido
de otro color. Subí finalmente y me
hallé en un salón, cuyo adorno no era
otro que un banco medio derrengado.
El ministro á este tiempo me dijo:
no os admiréis, señor , de ver tanta
miseria en un palacio tan grande, por­
que en ella se cifra la mayor gloria,
y mas estimable herencia que puedo
dejar á mis descendientes. Yo heredé de
mis padres cuanto podía desear para
gozar una vida comoda; pero las re­
petidas desgracias con que me ba vi­
sitado el cielo, me pusieron en estado
de privarme aun de las cosas mas ne­
cesarias, solo por conservar mi honor
con pureza: esta consideración me ha­
ce mirar mi pobreza con vanagloria,
pues veo que cuando me faltan las co­
modidades que tienen mis iguales, pue-

DE WANT0N.

10 7

do vivir contento, porque nadie por mi
causa tiene que lamentarse de daño
alguno.
E l honrado proceder del señor Peregil se manifestaba claramente con es­
te discurso, pero le vi mas patente en
lo que iré exponiendo. Me introdujo en
un cuarto, cuyas paredes estaban ador­
nadas con una colgadura de cierta tela
de seda, llena de sacabocados, y que
en otro tiempo fue encarnada. Me hi­
zo sentar sobre una antiquísima silla,
tan alta que se me quedaron las pier­
nas como péndolas de relox; fuera de
esto, los pies del sillón estaban tala­
drados de carcoma , y así me hallaba
en un perenne peligro de dar en tierra,
ademas de estar en un continuo terre­
moto , balanceándome ya á uno ya á
otro lado.
Luego que nos sentamos me pre­
guntó el infeliz caballero, qué causa
me habia movido para honrarle con
mi visita, á lo que le satisfice diciéndole, que solo la de que me recono­
ciese por su rendido servidor. Mejor
diréis, añadió el señor Peregil, que era
enemiguísimo de ficciones, por un be-

I o8
VIAGES
nefico amigo, pues solo vos habéis que­
rido darme semejante complacencia,
cuando mis iguales, y aun los del esta­
do mas inferior, huyen lejos de mí.
Estas son las consecuencias de la des­
gracia, que nos separa de los amigos,
y nos hace despreciables á los ojos de
todo el mundo; pero bien será discul­
par esta conducta, pues la proximidad
de los desdichados, atrae en cierto mo­
do la tristeza , inseparable y necesaria
compañera de los contratiempos.
Yo entonces por dar algún consue­
lo á este pobre afligido, entrando á la
parte en sus sentimientos, introduje la
conversación, mas sin rebozo, acerca
de sus infortunios: no puedo llegar á
entender, le dije , como es que hallán­
doos colocado en un puesto que sumi­
nistra á muchos las riquezas con abun­
dancia , vos tengáis necesidad tan gran ­
de como me dais á entender. Los car­
gos honoríficos , respondid el pobre
mono, no son motivo suficiente para
adquirir bienes de fortuna; si acaso
veis que aquellos que los obtienen se
dan buena maña para hacer grandes
progresos, bien podéis decir que los

DE WÁNTON.

I0 9

tales ( si es posible que los haya ) no
han tomado como deben á su cargo
los intereses de sus soberanos. Comun­
mente oímos decir que en los empleos
eminentes se ejecutan mil comercios
abominables; pero yo jamas lo he creí­
do, pues me repugna asentir á que se
encuentre sugeto circunstanciado que
pueda bajarse á cometer tales vilezas.
Viendo que no era este el camino
de poder aliviarle en sus penas, le pre­
gunté, antecediendo mil excusas y vénias de mi atrevimiento, la causa de
su infelicidad. El arrancando uti suspi­
ro de lo íntimo de su corazón, respon­
dió: por cuanto no sois de mis compa­
triotas , que tal vez se alegrarían de
mis desventuras como sucede frecuen­
temente; y porque descubro en vuestro
discurso y en la fama que corre de vues­
tra honradez, que sabréis reservar la
verdadera causa de mis infortunios, des­
de luego quiero manifestaros mi cora­
zón, y por mi relación llegareis á co­
nocer cual sea el manantial de todas
mis fatalísimas infelicidades.
Habiendo, como os dije, quedado
heredero por muerte de mi padre de

I IO

VIAGES

una preciosa hacienda, pensé en ase­
gurar mi sucesión , casándome con
una noble, honesta, y hermosa joven:
nació de esta unión no mas que un
hijo, al que procuré educar según las
verdaderas máximas de la prudencia; no
las comunes, y de moda, que siguen
generalmente ahora los padres. Doctos,
circunspectos, y hábiles maestros ins­
truyeron á mi hijo en el modo de vi­
vir con honor y cultura; aleccioná­
ronle en las ciencias mas útiles; le di­
rigieron al amor de la virtud, y ya sus
frutos aun no del todo sazonados eran
lisonja del cuidado, y continuas fati­
gas de su padre y preceptores. Aumen­
tábanse sus años, y crecían al mismo
paso sus luces, su bondad y adelanta­
mientos. Todo caminaba á proporción
de mi amoroso anhelo, y ya me va­
nagloriaba de un éxito dichoso. ¡ Cuán­
to se engaña nuestro miserable enten­
dimiento al proyectar sobre los sucesos
futuros! No era menor que el mió el
consuelo de su madre, contenta de ha­
ber dado á luz un hijo que contem­
plaba había de ser modelo de los me­
jores ciudadanos. Su obediencia á núes-

DE WANTON,

111

tros preceptos, y su atención en obli­
gar nuestro carillo , nos acrecentaban la
natural ternura acompañada con una
justa estimación de sus recomendables
cualidades.
Calló un breve rato al llegar á es­
tas palabras el desconsoladísimo ancia­
no, aprovechando este intervalo en en­
jugar las lágrimas que con abundan­
cia bañaban sus mejillas, y yo en tan­
to reflexionando la educación que pre­
venia á su hijo el señor Romero y ha­
ciendo cotejo con la que al suyo pro­
curo el señor Peregil, no acababa in­
teriormente de abominar la conducta
de aquel, y de celebrar á éste todo lo
que se merecía. Volvió á tomar el hilo
de su relación diciendo: todas estas
bellas esperanzas se desvanecieron en
un momento. No bien habia dado mi
hijo el primer paso por el mundo cuan­
do se le agregó uno de aquellos falsos
amigos que no intentan otra cosa que
corromper la inocencia por sus parti­
culares provechos. El corazón del dó­
cil joven se dejó seducir á pocas per­
suasiones. Tomaron posesión de él el
libertinage y el juego, el lujo y to-

I I 2

VIAGES

dos los vicios que acarrean la desola­
ción de una familia. No podia bastar
la mesada que le tenia señalada para
suplir tantos gastos, y para saciar la
codicia de las malvadas compañías de
su disolución. Ya buscaba un pretexto
ya otro para sacarme dinero: en una
ocasión quiso hacerme creer , que ha­
bía saltado del engaste una piedra de
valor que llevaba en la sortija; y otra
vez que le salieron ladrones de noche y
le habían despojado de cuanto llevaba:
reparáronse estas perdidas, pero de allí
á poco se repitieron los mismos lances.
Todo el mundo sabia su irregular
conducta, pero ninguno tenia valor
de dar cuenta á un padre amoroso,
y asi fui el ultimo que supo esta des­
gracia, ya mucho tiempo había públi­
ca en la ciudad y en la corte. Yo pensé
reducirle con las paternas insinuaciones
( creyendo remediable el mal ) á un
tenor de vida decente y arreglada; me
lo prometió; pero suplicándome antes
que pagase todas sus deudas : me hizo
ver todas sus cuentas, cuyas cantidades
ascendian á considerables sumas. ¿ Quó
no hará un padre enternecido , para

113

DE WANTON.

aliviar á un hijo que supone arrepenti­
do de sus maldades? Suminístrele todo
el oro necesario para que se reintegrase
en su honor; y desde aquel punto co­
menzó el desconcierto en mi economía.
¿Lo creeríais? pues la mitad de la
deuda era fingida, me engalló tan in­
dignamente para sacarme dinero, por
poder continuar su disoluto proceder,
aconsejado para ello de sus falsos ami­
gos. Fue este un golpe tan sensible pa­
ra mi pobre consorte, que consideran­
do caso desesperado Ja corrección de su
hijo, cayó mala del sentimiento, y á
poco tiempo murió. Con la falta de es­
ta amada compañera de mis trabajos,
me vi en la necesidad de tomar á mi
cargo el gobierno interior de mi casa;
pero incapaz de un manejo de tal na­
turaleza , me halle' tan robado de mis
criados, que un año después de su
muerte saque' la cuenta , y encontré ha­
ber hecho mas gasto en él que solia
ella hacer en tres mediante su eco­
nomía.
No corrigió al malvado la muerte
de su madre; antes connaturalizado ya
en su pésima vida, y hecho maestro
T omo ii.

8

I 14

VIAGES

de toda disolución, no pasaba dia en
que no me diese alguna nueva pe­
sadumbre. Confieso la verdad, olvidé
todo el carino que le habia tenido
hasta aquel tiempo , y únicamente me
dediqué á mantener con decoro el pun­
to de mi honor, y la conservación de
la buena fama de mi nombre y la de
mi familia, en que tanto me interesa­
ba , para cuyo efecto pensé en buscar
remedio á tantos desórdenes. Continua­
mente estaba oyendo quejas contra él;
ya tenia que componer á fuerza de oro
el ultraje ejecutado en una honrada fa­
milia ; ya el mercader me presenta­
ba una subida cuenta de innumerables
géneros y superfluos adornos, que po­
dían haber saciado la vanidad del mas
delicado pisaverde, ya venían á sofo­
carme pidiéndome una excesiva pérdida
del juego.
Muchas veces intenté echar de mi
casa, y desheredar á un hijo que ar­
ruinaba mi reputación y mi hacienda,
pero ¿ qué se hubiera dicho de mí , si
hubiese puesto en pra'ctica este pensa­
miento ? £.1 mundo es cierto que no
siente bien de las acciones injustas,

DE WANTON.

I 15

pero está siempre pronto á apiadarse del
que prevaricó cuando le ve humillado
con el castigo : hubiera sido mirado
como un mal padre si hubiese querido
proveer á mi subsistencia contra los
atentados del que pretendía destruir de
una vez mi crédito y mis bienes. Co­
mencé á vender mis joyas, luego la
plata, después los muebles mas pre­
ciosos y los bienes raíces, y finalmen­
te hube de hipotecar las cuantiosas ha­
ciendas que mis mayores habían deja­
do fiadas á mi cuidado. Ahora me ha­
llo en el duro deplorable estado de
vivir con estrechez para suministrar á
este disipador lo que ahorro á costa de
mi alimento. He despedido toda la fa­
milia , que era numerosa , quedándome
únicamente con dos infelices criados,
ambos inhábiles para servir , uno por
sobra y otro por falta de edad; pero
los mantengo porque á causa de sus
respectivos defectos me tienen menos
costa.
Aqui volvió á hacer pausa el mi­
serable mono para desfogar segunda
vez su aflicción. Mucho me condolió
este pobre viejo, y no acababa de

116

VIAGKS

persuadirme como pudiese llegar i tal
extremo la crueldad de un hijo que yo
mismo hubiera despedazado entre mis
manos. Intenté consolar al afligido con
la consideración de las alabanzas, que
por su prudente proceder le dañan sus
conocidos} y con la reflexión de la
heroica generosidad con que habia re­
sistido tantos golpes de fortuna , para
conservar aquel honor que reputaba
por tan preciosa alhaja.
Bien decís, oh amigo, replicó el
señor Peregil, y en parte aligeraría mi
dolor si creyese poder preservar ilesa
esta joya, que me es mas apreciable
que cuantos tesoros encierra el mundo;
pero después de haber perdido todos
mis haberes, me veo en vísperas de
morir pobre y sin honra Escuchad lo
que en el dia me sucede, lía venido
hoy un mercader á pedirme doscientos
escudos de oro por los géneros que ha
sacado de su tienda mi hijo, que es­
tando muy próximo á no tener que
comer ni aun pan; ha tenido la locu­
ra de hacerse un vestido de este precio
para salir con mayor gala que los mas
ricos señores de la corte. Reflexionad

DE W ANTON.

117

un poco en que consternación me habrá
dejado semejante golpe, habiendo ve­
nido á una sazón en que estoy absolu­
tamente falto de medios, y que puedo
asegurar sin avergonzarme que no ten­
go un cuarto. No queriendo que su­
piese el mercader mi infeliz estado,
recurrí á muchos amigos que me han
dado con la puerta en los ojos. Bus­
qué á aquella especie de gentes que sue­
le aprovecharse de las repentinas ur­
gencias de las familias, prometiendo ce­
der una casa de campo con un jardín ac­
cesorio como me diesen la cantidad ex­
presada , hasta que el cielo me abrie­
se camino para poderla pagar. Con los
frutos de la tierra y con el uso de la
casa, el que hubiese querido prestar­
me este dinero pudiera haber tenido
una ganancia suficiente en recompensa
de su capital, teniéndole al mismo
tiempo seguro : pero todo esto fue en
vano, por haberles parecido poco ven­
tajoso el partido á aque1 voraces
liarpias.
Enternecime oyendo este suceso ; y
prometí instantáneamente al señor Peregil prestarle esta suma que me restituí-

p

11 8

VIAGES

ria cuando tuviese proporción cómoda­
mente , y sin las condiciones que á los
otros había propuesto. Se dejó ver al pun­
to una particular alegría en el semblante
de aquel afligidísimo mono, pero por una
delicadeza ó punto de honor no quiso
aceptar la oferta, á menos de que yo
no recibiese en prendas el uso de la
casa y el jardin que estaban como un
cuarto de legua de la ciudad: fue for­
zoso ceder á su gusto, y al dia siguien­
te le entregue el dinero, y él forma­
lizó la escritura. Como yo gustaba tan­
to de las delicias de la campiña, me
tuve por muy afortunado viéndome con
una casa de campo por tan poca costa,
y tranquilizando al mismo tiempo el
corazón de un mono que merecía por
cierto mejor fortuna.
Antes de despedirme mandó el se­
ñor Peregil llamar á su hijo; éste se
hizo desear, y últimamente vino; pre­
cediendo sus gritos y quimeras con los
criados ^ ^ ju e no habían obedecido
p ro n tam ^ e ciertos preceptos que los
tenia impuestos. Habiendo llegado á
presencia del padre, le riñó éste por
los nuevos gastos, y seííala'ndome le

DE WANTON.

I I9

d ijo: sino fuera por este caballero me
hubiera sido imposible cumplir con mis
empeños. El señor Tomillo (que éste
era su nom bre) no me hablo otra cosa
que: viváis muchos arios; y después
vuelto á su padre , le respondió a s í:
No debíais darme la vid a , sino
había de ser para pasarla como cor­
responde á mis circunstancias. Estamos
inmediatos al carnaval; y no es de­
cente comparecer por la noche con el
mismo vestido que me vieron el ario
pasado. No me parece que voy muy
descaminado en mis operaciones: acor­
daos de lo que vos hicisteis cuando
m ozo, y mirad si en tal caso teneis
ánimo para desaprobarlas. En una pa­
labra , yo he nacido para vivir en el
mundo, para parecer delante de las
gentes, para divertirme , para gastar.
Sino recurro á vos, ¿á quién he de ir
á que me dé lo que necesito ? Dicho
esto , apenas nos bajó la cab eza, y se
marcho.
Entonces mas que nunca me pare­
ció di^no de compasión el serior Pereg il, de quien me despedí después de
ratificarle la palabra del empréstito y

120

VI AGES

de haberle asegurado y prometido de
nuevo un inviolable secreto acerca de
las confianzas que había tenido con­
migo. Acompañóme hasta la escalera
y yo dejé por último sereno á aquel
desdichado viejo. Reflexionando des­
pués mejor y sin pasión el carácter
de este caballero, le consideré poseído
de un engaño manifiesto, porque la
delicadeza de su honor le ponia conti­
nuamente en un efectivo riesgo de per­
derle sin adelantamiento alguno, y sin
tener siquiera la aparente gloria de de­
tener el torrente á su desgracia ó á las
desarregladas acciones de un joven in­
corregible y connaturalizado ya con
el vicio. Contémplese á cuantos yer­
ros estamos expuestos. El dio princi­
pio con el mas acertado método á la
educación de su hijo; pero éste con la
demasiada contemplación llego á pre­
cipitarse, y destruir todos los efectos
del paternal desvelo; finalmente la fal­
sa idea de su decoro atrajo al señor
Peregil sobre sí y sobre toda su fami­
lia un piélago de miserias.

DE WANTON.
%/%/W % / V l / W *'W

I 2I
«

/

V

CAPÍTULO VIII.
De la sentencia dada en el pleito
del volatín.
Jlln este mismo dia advertí alguna no­
vedad en el palacio del señor Haya sin
que pudiese adivinar el motivo. Entra­
ban y salían ciertas personas que yo
no conocía , se encerraban en el cuarto
del dueño de casa para conferir secre­
tamente algunos asuntos según mi pa­
recer importantísimos. A estas confe­
rencias asistía también madama Espi­
na , que desde entonces comenzó á afec­
tar una seriedad que me hacia entrar
en sospecha. Temí que acaso hubiesen
pasado contra nosotros algunos malos
oficios con estos nuestros bienhechores
por Jo que me acometió una suma tris­
teza Comuniqué mis dudas con Rober­
to que continuaba siendo director de
mis acciones y consejero de mis pensa­
mientos. Mi amigo, que estaba igual­
mente que yo interesado en el agra-

I 25

VIAGES

decimiento para con toda aquella be­
néfica familia; pero que tenia mas
cordura y mayor fortaleza, procuro
consolarme diciendo, que mientras tu­
viésemos la protección del señor Haya
no debíamos entregarnos á un temor
sin fundamento. Puede ser, anadia,
que en aquellas juntas ocultas se tra­
ten materias domésticas, de las que no
permite la prudencia que sean los ex­
traños sabedores; yo espero que todo
terminará á satisfacción de nuestro ami­
go, de su consorte y de sus hijos.
Aunque me hacían fuerza las razo­
nes de Roberto; con todo, no podía
desvanecer mis melancólicos pensa­
mientos, viendo continuarse las causas
que los fomentaban. y asi para disipar
especies y dar algún alivio á mi tur­
bado espíritu, fui á tomar posesión
de la casa de campo y del jardín arri­
ba mencionados. Todo ello estaba con
el mayor aseo, por lo que me puse
muy contento con mi alhaja: encon­
tré un jardinero diestrísimo en su arte:
yo que con fuerte inclinación fui
siempre aficionado al bello placer del,
cultivo de la tierra, tuve particularí-

DE WANTON.

I 23

simo gusto viéndome con proporción
de condescender á mi natural genio.
Aprendí del jardinero las reglas de su
ejercicio , y procuraba ponerlas en
práctica al misino tiempo que él las
ejecutaba. La proximidad de esta casa
á la ciudad me facilitaba el camino de
satisfacer diariamente mi curiosidad ; y
ademas del placer que sentía en pasar
una vida conforme á mis deseos, fue
también muy útil á mi salud, median­
te la mutación de aires, pues sin duda
es menos sano el que respira en la
ciudad que el que se disfruta en el
campo. De cuando en cuando venían
á verme mis amigos, con los que tenia
el gusto de conversar exento de todas
las formalidades fastidiosas.
Llego el dia en que se debía ver la
causa del volatín que se defendía del
que íe había calumniado de mágico.
Congregáronse los jueces y la sala se
lleno de infinito pueblo atraído de la
novedad de la disputa, de la alta re­
putación de los jueces, y de la fama
de los abogados que debían perorar á
favor de sus respectivas partes. Per­
mítaseme decir de paso que aunque no

1*24

nA G ES

hubieran ocurrido estas razones para
mover á los monos á que acudiesen á
aquel lugar, el ocio y la curiosidad de
los habitantes de Simiópolís (esta aca­
so es la primera vez que en estas me­
morias be nombrado la metrópoli de
este reino) hubieran sido motivos su­
ficientes para atraer á las personas de
todas clises de la ciudad para presen­
ciar este acto. Es increíble cuanto se
dejan llevar los Simiopolitanos de toda
es| ecie de pasatiempo : como se trate
de no trabajar todos son de una mis­
ma inclinación. Si un muchacho está
jugando en la calle, inmediatamente
se forma un cerco de mirones: si está
un papagayo charlando á la ventana,
al instante se vá juntando un pelotón
de pueblo para escucharle: toda baga­
tela es suficiente para embobar á estos
naturales; señal bien c la ra .... Pero
¿adonde me dejo conducir de una re­
flexión que aunque justa y verdadera,
no es á tiempo oportuno?
Comparecieron á presencia de los
jueces en acto de pedir justicia , y con
la mayor humildad el acusado y el
acusador, seguido cada uno de los

DE W/NTON.

IS 5

abogados que habían de defender sus
razones. Hecha señal para dar princi­
pio á la acción, se puso en un puesto
elevado uno de los abogados del acu­
sador, que empezó su oración con una
introducción bien estudiada, que con­
tenia por extenso las alabanzas de la
integridad de los jueces. Gomo iba pro­
poniendo el punto de la cuestión, la
fue haciendo mudar algún tanto de
semblante, pero con tal arte de suti­
leza y aire de sinceridad , que era ca­
paz de enganar al de mas expedito in­
genio. De esto pasó á proponer cier­
tos fundamentos que él llamaba axio­
mas, falsos si hemos de hablar en rea­
lidad , pero tan bien paliados con el
colorido de verdades irrefragables, que
temí mucho al reo con tan peligroso
y diestro enemigo. Cuando él creyó
ya á los jueces engañados con la fala­
cia de sus principios, fue poniendo re­
petidos argumentos, todos concluyen­
tísimos, y que era fuerza admitir co­
mo necesarias consecuencias que de
ellos se deducían claramente. Después
con una verbosidad indecible, que en­
tre las gentes de la curia se llama elo-

I 26

VIAGES

cuencia, repitió muchas veces una
misma cosa con reiterada mutación de
términos; y finalmente volviendo á
las adulaciones del principio, pidid á
los jueces protección y justicia á favor
de su parte.
Duro cerca de una hora la defensa
de éste, y confieso que me gustd mu­
cho cuanto liabld, aunque muy bien
conocí la apariencia con que intentaba
seducirnos: me agrado la sutileza de
su ingenio; pero condené interiormen­
te el abuso. Mientras durd la harenga
de este sagaz artífice de engaños, su­
daba y estaba temblando el pobre vo­
latín, que conocía cuan perjudicial le
era que se disfrazase la verdad del
asunto; pero luego que vid al segun­
do, que ya ocupaba el lugar del pri­
mero para defender su derecho, parecid que había vuelto de muerto á vivo,
abrid los ojos, aplico el oido y públi­
camente demostró la alegría de su co­
razón en el semblante.
Era este abogado un sugeto de vi­
veza , de gran penetración para las su­
tilezas del contrario; y de suficiente
capacidad para desvanecer sus máqui-

DE WANTON.

127

Das: en efecto, se aplicó á esto con
todo su ingenio y eficacia. Comenzó
después de un breve exordio á exami­
nar los fundamentos sobre que se for­
maba la disputa contraria, y haciendo
conocer la falsedad, mostró cjue sus
raciocinios, aunque excelentes, no eran
aplicables al presente caso, como tam­
bién cuan diestramente y con que ma­
licia había alterado la cuestión en per­
juicio de la inocencia, y con despre­
cio del tribunal. De aqui fue que se
disolvieron por sí mismo los argu­
mentos, como que estaban fundados
sobre cimientos aéreos. Entonces aquel
abogado, que podía con razón llamar­
se elocuente, si se hace comparación
de él con el otro, redujo la materia
que se disputaba á su verdadero esta­
do , y expuso la justicia de la parte
que defendía con tal claridad, que no
dejaba razón de dudar. Asi terminó
la segunda oración, que fue mas luci­
da y alabada que la primera, no tanto
por la mayor excelencia del profesor,
cuanto por haber tenido de su parte á
la justicia.
balió el tercer abogado á la pales-

128

VIAGES

tra para sostener las razones del pri­
mero. No vi jamas mono mas atrevi­
do que e l: su tosca figura, su sem­
blante displicente, y su aire de su­
perioridad y fiereza, le calificaban por
el capitán general de los charlatanes y
el terror de sus compañeros. Entono
su discurso con una voz que era capaz
de hacer temblar á un ejercito, la
que sostuvo con la misma fuerza has­
ta el fin de su peroración. Todas es­
tas ventajas no fueron coadyuvadas de
lo esencial que se busca en un orador;
porque en lugar de apoyar las preten­
siones de su parte con razones y ar­
gumentos , se separó cuasi del todo
del examen y fundamentos de la cues­
tión propuesta , sin tocarla sino de pa­
so , y consumid todo el tiempo que ha­
bía de emplear en su razonamiento ea
cosas del todo extrañas é importunas.
Quiso pues tentar primeramente el
corazón de los jueces „ confrontando
las personas y circunstancias del jo­
ven y del bailarin. Aquel, decía, hi­
jo de unos padres honrados, se vé con
vergüenza de todos sus parientes ex­
puesto al peligro de ser la burla de

DK WANTON.
I29
un hablador bagamundo: de aquí con
una descripción patética se compadeció
del estado de los padres, las lágrimas
de las hermanas, que aun no estaban
casadas, y el disgusto de la ciudad
viendo á uno de sus conciudadanos
por un leve y pueril asunto , próxi­
mo al riesgo de mirar ultrajada su re­
putación. Pasó después á insultar al
volatín y su arte; y á él so lo , sin
conocerle, aplicaba todos los vicios
que se encuentran divididos en los de
tal ejercicio, empleando gran parte del
tiempo en esta infamación. Mordió
agriamente en el honor y en el cono­
cimiento del asunto á los abogados
contrarios que llamaba á cada paso sus
dignísimos compañeros y amigos. Con
sales jocosas y ridiculas procuró sepa­
rar los ánimos de los jueces de la de­
bida atención , y excitó muchas veces
la risa en los mas circunspectos. Juró
finalmente , blasfemó y puso fin á su
discurso.
Aunque no pude formar una idea
completa, por lo que hace á este ora­
dor , ó ya por el arte de argumentar
no obstante de la capacidad con que
T omo ii .
9

130

VI AGES

le oí tratar los puntos extrínsecos de la
causa, no pude menos de formar una
alta reputación de su ingenio, creyen­
do seguramente, que siempre que se
emplease en la defensa de mejor nego­
cio mediante su habilidad, le seria muy
fácil con cualquiera razón, aunque
fuese aparente, desatar un torrente de
elocuencia, ó fulminar un rayo que
bastase á destruir al que se le opusiera.
Entrd últimamente el cuarto abo­
gado en el puesto que había desocu­
pado el tercero. Cuando comenzaba á
tomar el gusto que me causaba su ca­
rácter, por distinguirle de todos los
demas, mediante sus divisiones geo­
métricas y su estilo concluyente y con­
ciso ; se dejo oir una voz espantosa
y repentina , que le dio un solemne
mentís á una de sus mas verdaderas
proposiciones. Yo, que no esperaba
tal novedad, me hice cargo de que
aquel que asi habia desmentido públi­
camente al orador, habia tenido la des­
gracia de haberse vuelto loco en aquel
instante; y ya estaba esperando verle
sacar fuera de la sala, para que con su
nueva demencia no alborotase la úl-

DE WANT0N .

I31

tima parte de aquel informe. Mas si
fue grande mi admiración con tal su­
ceso , aumentóse mucho mas viendo
que se dejaba al loco en su delirio sin
que nadie tomase á su cargo el ha­
cerle callar. Ya no me fue posible po­
ner mas atención á las razones y arti­
ficio del abogado, á causa de que los
dos hablaban á un mismo tiempo, y
negando el uno lo que afirmaba el otro,
se llenaron entre sí repetidas veces de
dicterios.
No acababa de entender como se
permitia desdrden semejante j pero des­
pués supe, porque asi me explicaron
este enigm a, que tales réplicas se ha­
bían instituido con bellísimo y pruden­
tísimo fin, pero que el abuso las tenia
reducidas á una vocinglería , semejante
á las que se suscitan en las tabernas, en
donde cada borracho habla , sin dejar
tiempo al otro para que dé su respues­
ta. Con tal confusión se puso fin á la
contienda, en la que ninguno de los
presentes pudo comprender razón a l­
guna.
Para hacer justicia á estos cuatro
personages, y por dar lugar á la ver-

i 3 a
VIAGES
dad, es forzoso tributarles las alaban­
zas de que son dignos. La claridad de
sus ingenios, el sagacísimo arte de per­
suadir, y algunas veces de engañar al
ju ez, enmascarando la falsedad con
una afluencia de argumentos, que no
se adquiere sino con grande estudio, y
con una continuada práctica; un cier­
to nervio de elocuencia para saber epilograr todas las razones de la oración
al acabar la disputa, son particulares
dones que no se encuentran fácilmente.
En los paises mas cultos no he adver­
tido con mayores adelantamientos la
oratoria. Es cierto que las flores de la
retorica no están muy hacinadas en sus
discursos, que repiten muchas veces
unas mismas cosas, y que con su
verbosidad procuran alargar los. razo­
namientos ; pero hay para todo esto
una respuesta muy adecuada; se les
tiene concedido un tasado espacio, den­
tro del cual han de hacer todas sus
probanzas, sin poder excederle; de
aqui es que se ven precisados á expo­
ner desde el principio toda la fuerza
de sus argumentos porque no se cum­
pla la hora y quede eu parte sin aJgu-

DE W ANTON.

13 J

na de las respuestas conducentes, y por
esto suele acabárseles la materia antes
que el tiempo.
No se les puede instar tampoco, d i­
ciendo que en virtud de lo dicho , en
lugar de nuevas repeticiones pudieran
terminar su informe; porque si se
apartasen de la palestra un momento
antes de lo ordinario, creería su parte
que el abogado había ido á despachar
y le dejaba indefenso. Finalmente no­
te' que no era elevado su estilo, y que
tenian costumbre de servirse de los vo­
cablos mas usuales y corrientes; cos­
tumbre prudentísima, pues asi facili­
tan la inteligencia de lo que proponen
á todos los que escuchan; y los aboga­
dos no tienen que distraerse en extrín­
secos adornos, que son muy bien pa­
recidos , pero superíluos absolutamente
para los fines de la justicia.
Acabados I03 informes, se intimó
á todos los que allí se hallaban, que
saliesen de la sala, porque los jueces
quedasen en libertad para dar la sen­
tencia difinitiva: no bien se mando,
cuando quedó desocupada; después se
cerró la puerta, porque ninguno tu-

134

VIAGES

viese la inadvertencia de volver á en­
trar. Intentaron los dependientes del
tribunal pasar á la ejecución de lo que
acostumbraban cuando iban á votar la
causa los ministros; pero el presiden­
te del consejo secreto suspendió este
acto, con motivo de tener primero que
hablar á la asamblea. Roberto en una
conferencia secreta que había tenido
con el príncipe, le habia sugerido
cuanto importaba poner remedio en
los abusos de los abogados, y en la
transgresión que hacían de las leyes y
reales decretos; mandóle entonces el
soberano que ventilase el punto con su
presidente , y los dos quedaron de
acuerdo en lo que habia de practicar­
se. Habló pues en estos términos.
Nosotros, señores, que no somos
jueces ordinarios de los pleitos comu­
nes, sino delegados por el príncipe pa­
ra este juicio extraordinario, no esta­
mos me parece obligados á seguir las
regulares formalidades. Creo que los
defensores de ambos partidos, en vez
de proponernos el verdadero punto de
la dificultad, se han empeñado en una
disputa inútil cuya decisión irá tra-

DE WANTON.

I35

yendo otras m uchas, y de este modo
dilaciones que resultan contra la inten­
ción del soberano, dándonos también
la incomodidad de repetidas sesiones.
Por honor pues del real decreto , y
también por el nuestro, debemos ha­
cer cesar tan mal modo de proceder,
castigando á los abogados que se ha­
llen con culpa, absolviendo al inocen­
te , é imponiendo al reo su merecido
castigo: ahora votareis en secreto por
el que os parezca tiene de su parte la
razón, y después pensaremos en el re­
medio que deba ponerse en un desor­
den cuyas consecuencias resultan en
menosprecio de la justicia y de las
reales intenciones.
Aprobamos todos la advertencia del
presidente, y unánimemente determi­
namos seguirla; y mucho mas expli­
cando el decreto que los jueces senten­
ciasen según equidad, sin las escrupu­
losidades y sutilezas del derecho. Fuéronnos repartiendo ciertas bolas, cuyo
fin era para manifestar después el voto
que dábamos en secreto. Llegó final­
mente el acto de vo tar; eramos quin­
ce , y se halló ser conformes todas las

136

VIAGES

opiniones, absolviendo al pobre vola­
tín de cuanto se le imputaba, y resti­
tuyéndole su honor contra la calumnia
que le habian suscitado. Fue universal
la conmoción en los jueces, que in­
dicaba el común y verdadero jiíbilo
viendo aquella uniformidad; señal no
equívoca de la justicia de la causa de­
cidida y del talento y discreción de los
que la habian definido.
Finalizada esta primera parte de
nuestro asunto, pasó el presidente del
consejo á indagar nuestros pareceres
acerca del remedio que debería poner­
se en los abusos escandalosos, para
que mediante una ejemplar corrección,
quedasen vindicadas la autoridad del
soberano y la magestad del consejo que
se hallaban ofendidas. Unos eran de un
dicta'men y otros de diverso parecer;
pero ninguno pudo dar en un medio
que fuese capaz de castigar á todos los
culpados á proporción de sus defectos.
Llegó el caso de ser preguntado Ro­
berto acerca de su opinión , y respon­
dió de esta suerte.
Yo dijera, señores, que si se habla
de los abogados del absuelto bailarin5

DE WANTON.

I3 7

debieran estos sufrir una pena mas sua­
ve , por haber tomado á su cargo el
partido de la justicia, siendo el único
delito en que han incurrido, el pro­
longar por su interés la decisión de la
causa, y asi me parece que será bas­
tante se les obligue á que restituyan
las pagas que hayan recibido , y á que
paguen todas las costas que hasta este
dia se hayan ocasionado al inocente.
Mas en' cuanto á los abogados de la
parte contraria, que pretendian enga­
llarnos con las mentidas apariencias de
verdad, soy de sentir que sean conde­
nados á satisfacer al bailarin todos los
daños y perjuicios que se le han se­
guido en el largo tiempo que ha estado
sin poder ejercer su profesión; esto se
entiende ademas de la ganancia que
diariamente le daba su trabajo, antes
de sucederle esta desgracia. Y por lo
que hace al joven mal aconsejado, que
mas bien por la vanidad de ser tenido
por crítico mono que por verdadero
efecto de m alicia, poco cauto pasó á
echar un borron en la fama de un ino­
cente, tengo por cierto bastará sen­
tenciarle á que públicamente se des-

I3S

VIAGES

en

m ienta, y á que confiese su yerro
todos los lugares públicos de la ciu­
dad; pues no hay duda que para un
noble este castigo no tiene comparación
en el rigor con todas las penas pecunarias y aflictivas.
Fue recibido con aplauso el voto
de Roberto, y con unánime consen­
timiento se resolvió que se ejecutase
exactamente , añadiendo que de no
cumplirse por los reos la sentencia al
pié de la letra en el preciso término de
ocho dias, se duplicase el castigo á los
contraventores, aplicada esta demasía
á penas de cámara. Resuelto asi este
grave negocio que tenia en notable ex­
pectación á toda la ciudad, según los
diversos respectivos afectos, se mandó
si los porteros del tribunal que abrie­
sen las puertas del salón é hiciesen com­
parecer á las partes y á los cuatro abo­
gados , para que todos oyesen la irre­
vocable sentencia. Partieron pronta­
mente á ejecutar el orden estos minis­
tros, pero antes de permitir entrar al
curioso pueblo para que se informase
del éxito de aquel suceso, vinieron á
avisarnos que los abogados se habian

DE WANTON.

139

ya ansentado y que era forzoso ir á
buscarlos.
Tienen estos comunmente la cos­
tumbre de no hacer caso del éxito de
la causa, siendo todo el empeño que
algunos demuestran por los que defien­
den , una pura ficción, y asi para los
que siguen esta conducta es lo mismo
ganar que perder el pleito, y los mis­
mos que mientras la disputa, cual ra­
biosos perros, se han mordido mutua­
mente, se rien después de todo lo pa­
sado, y son los mas íntimos amigos,
dando á entender estos tales que sien­
do el suyo un recíproco comercio de
charlatanerías, no toman empeño por
las que de otra suerte serian ofensivas
de su reputación. Se mandó á los por­
teros que fuesen en busca de los di­
chos abogados, obligándolos á compa­
recer de orden del tribunal: obedecie­
ron prometiendo conducirlos á presen­
cia de los jueces dentro de breve tiem­
po , sin miedo de faltar á su palabra,
mediante no ignorar todas las secretas
inteligencias de los referidos, y asi sa­
bían muy bien adonde habían de ir á
buscar á cada uno sin dar el golpe en

1 40

TIAGES

vago: de hecho, los encontraron como
lo discurrieron; uno de ellos estaba
perdiendo en juego cuanto había podi­
do pillar á los incautos litigantes: otro
estaba enamorando á una m ónita, no
obstante ser él casado; los otros dos
aplicados únicamente á acumular di­
nero se habían retirado á sus casas, de
los cuales uno estaba contando el oro
que tenia encerrado en su escritorio; y
otro consultando los negocios de cierto
m ono, que pagaba con la mayor pro­
fusión las vanas esperanzas con que le
engañaba el astuto letrado.
En el intervalo de tiempo que era
menester para esperar á los abogados,
dejaron sus asientos los jueces, y se
entabló una conversación de pasatiem­
po; tocáronse varias materias, y par­
ticularmente la de las novedades que
corrían; muchas se contaron que fal­
sas ó verdaderas no dejaron de dar pá­
bulo al espíritu de los curiosos: algu­
nos me preguntaron si era cierto lo
que se decía acerca de la casa del se­
ñor Haya : y o , en realidad, había ob­
servado alguna m utación, pero como
no podia adivinar la causa, según ya

DE

WANTON.

141

llevo dicho, ignoraba qué responder;
por tanto tomé cautelosamente el par­
tido de fingir gran misterio y afectan­
do Una cierta sonrisa, dije, que no
acababa de entender lo que traían en­
tre manos. Suponía yo que los que ha­
bían hecho la pregunta se explicarían
en términos mas claros en virtud de
haber contestado á sus palabras, aun­
que equivocadamente; pero no me se
cumplió el gusto que esperaba, porque,
<5 temeroso de violar un secreto que se
les había confiado, ó por la incerlidumbre del hecho, ó por alguna otra
razón que ignoro, no quisieron decla­
rarse. A este tiempo se llegó á aquel
corro el presidente, pidiéndome le fa­
voreciese comiendo con él un dia que
estuviera desocupado, porque deseaba
informarse de algunas particularidades
de mi patria; acepté su atento convi­
te, dando á tan alto personage muchas
gracias por la bondad con que me dis­
tinguía.
Estando en esta conversación, nos
avisaron que ya estaban fuera los abo­
gados esperando que se les mandase
entrar: esta novedad habia causado

142

VIAGE3

una universal extrañeza ; por lo que
concurrieron muchas personas para sa­
ber el motivo. Nosotros nos dimos
prisa para ocupar nuestras sillas, y vol­
viendo á revestirnos de la gravedad
exterior, que es necesaria en tales lan­
ces, dimos orden de que entrasen los
abogados, las partes y todo el pueblo
que estaba aguardando. Ejecutóse pun­
tualmente, y el presidente mandd leer
en alta voz el real decreto: finalizada
la lectura, dio á los cuatro oradores
una reprensión muy agria, por lo que
se habían separado de su exacta debi­
da obediencia; después de cuyo primer
paso, que causd en el auditorio un
universal m urm ullo, significativo de
la aprobación del pueblo, por ver sos­
tenido con tanta entereza el decoro de
su soberano; se leyó la sentencia, que
absolvía de toda sospecha al pobre vo­
latín : no es ponderable la alegría de
este in feliz, que aunque no podía ha­
blar por la magostad del sitio; se ex­
plicaba suficientemente con la muta­
ción del semblante y con ciertos mo­
vimientos naturales de gozo que no
podía disimular.

DE WANTON.

143

Publicóse por ultimo la pena de los
abogados y de la parte rea, cuya sen­
tencia fue inmediatamente aplaudida
del innumerable concurso. Quedaron
sorprendidos nuestros jurisconsultos con
un golpe tan inesperado , y bajando
cuanto pudieron sus rostros, cubiertos
de un color cadavérico, permanecieron
inmobles en tan humilde postura, has­
ta que todos fuimos saliendo de Ja sa­
la. Bien imagino que no obstante tan
publica demostración de haberse resi­
nado en un todo, nos colmarian de
maldiciones; pero fueran como qui­
sieran sus sentimientos, no tenian mas
remedio que obedecernos. Cumplieron
puntualmente su penitencia, aun an­
tes que espirase el preciso término se­
ñalado para su ejecución. De este mo­
do se finalizó brevemente un negocio
que con perjudiciales cavilaciones, se
procuraba dilatar todo cuanto hubiera
querido cualquiera de las partes liti­
gantes.

144

VI AGES

\ ^ % V % ^ / t ^ V tV V ^ W

» / W

W

W

% V

C A PÍT U L O X.
D el juicio que hizo Enrique de las
composiciones teatrales de aquel pais.

"V arios fueron, como sucede en to­

das las cosas, los pareceres en la ciu­
dad acerca de la sentencia dada. Aque­
llos que estaban escrupulosamente ce­
ñidos á la formalidad de las leyes ; y
que únicamente se atienen al sentido
literal y á la superficie, sin indagar el
espíritu de ella, condenaron como es­
candalosa una innovación que decían
destructiva de la piedra fundamental
del estado; esta opinión sostenían to­
dos los dependientes de la curia , que
temían redundasen contra ellos mis­
mos las consecuencias de tal ejemplo;
pero no tuvieron muchos secuaces, por
cuanto logrd grande aceptación en lo
general de los simiopolitanos , ver de
una vez cortado el origen de tantos
pleitos. El efecto les dio á entender

DE WANTON.

145

cuan provechoso había sido el pensa­
miento de Roberto, pues desde este
día hasta el de nuestra salida de aquel
continente, se despacharon las causas
con la mayor solicitud, sin que en
adelante hubiese dependiente alguno
del consejo que quisiera exponerse á
una pena tan severa, por prolongar
con medios indignos la decisión de los
negocios.
Tuve que volverme solo á casa,
por estar Roberto convidado á comer
con un amigo suyo, y en ella encontré
á toda la familia que esperaba con an­
sia mi vuelta. Había ya corrido la no­
ticia de la sentencia, y asi el señor
Haya y sus hijos pasaron á mi cuarto
á darme la enhorabuena, por haber
tenido yo parte en una providencia tan
arreglada. Mientras la comida hubo
mucha alegría, y asi me presumí que
la novedad á que se referia la insinua­
ción que me hicieron en el consejo era
favorable y ventajosa, con lo cual se
aquieto mi imaginación , conociendo
claramente que las suspensiones y se­
cretos no tenían relación alguna con­
migo. Todo el dia estuvo lloviendo, por
T omo n.
io

146

VIAGES

lo que no me fue posible salir á la ca­
lle , y mucho menos ir á mi casa de
campo.
Después de comer hicieron retirar
á madamita, y se congregaron el pa­
d re, los hijos y la madre á conferir
aquel asunto, que aun habia yo de ig­
norar por algún tiempo. Estos eternos
coloquios y la ausencia de Roberto me
dejaron en suma soledad, y asi cansa­
do de la fatiga de por la mailana, mor­
tificado con la oscuridad del cielo, y
mas que todo, enfadado de verme solo
entre tanta fam ilia, resolví retirarme
á mi cuarto para dormir un poco la
siesta.
Encerróme pues en mi aposento, y
me puse á dar unos paseos, cuando
casualmente vi un pequeño libro que
estaba sobre la mesa: no me acordaba
que yo mismo le habia dejado en aquel
parage ; le tomé, abríle, y vi que era
el cuaderno de la ópera que el empre­
sario habia puesto en mis manos, co­
lmo el mayor don que podia dedicar­
me. Desde aquel día no habia vuelto
á hacer memoria de é l , y acaso jamas
le hubiera leído , á no unirse tuntas

DE

W A N T 0 N.

I47

circunstancias que motivasen mi ocio­
sidad. Supuse que él podría desde lue­
go servirme de un perfecto arrullo pa­
ra conciliar el sueno, por lo que deter­
miné leer algunas ojas hasta tanto que
lograse irme adormeciendo; me recosté
sobre la cama, y empecé á registrar su
contenido. La variedad de cosas parti­
culares que en él encontré, me hizo
continuar su lectura; la imaginación
ya acalorada, atrajo el desvelo, y asi
me hallé sin fatiga en disposición de
finalizarla. Experimenté parte de pla­
cer, mezclado con algún fastidio; se
deleitaba el sentido con una cierta gus­
tosa armonía que contenian sus pala­
bras, cuyo artificio no sabré explicar,
por no haber llegado á comprenderle;
pero ofendieron mi entendimiento tan­
tas cosas (extravagantes á mi parecer)
como contenia. Acaso mi lector no lle­
vará á mal el saber cual sea el gusto
del pais de los monos en semejantes
composiciones.
Pocos eran los personages que for­
maban el todo de la acción. Cierta reina
meridional gozaba en paz una corta
porción de terreno que la había conce-

148

VIAGE5

dido por asilo un vecino rey poderosí­
sim o: esta extensión de pais, que entre
nosotros aun no habría llegado al nom­
bre de villa, se llamaba imperio, adon­
de se estaba fabricando la capital: la
reina era viuda, y fiel á las frias ceni­
zas de su infeliz marido, alevosamente
m uerto, rehusó las bodas de grandes
monarcas que suspiraban mucho tiem­
po había por merecerla. Recatada has­
ta aquel punto, llegó de oriente un mo­
no fu gitivo, que improvisamente la
hizo mudar de pensamientos. Enamo­
rada á primera vista de este extrangero , dió riendas á su pasión, y corres­
pondió al cariño de un desconocido,
que después de la posesión finge un
sueño , ó tiene el fanatismo de creer
que con las voces de una nocturna ilu­
sión, el destino le llamaba á otras re­
giones. Bajo de tan ridículo pretexto,
abandona á la engañada reina , que
queda hecha vergonzoso objeto de su
am or, y desesperada se da la muerte.
Véase aqui el verdadero argumento de
toda la acción, de donde pueden apren­
der á fidelidad los espectadores, y las
espectatrices á modestia.

DE WANTON.

14 9

Para hacer mas agradable esta ac­
ción, se introducen los amores del rey
su liuesped , que la había regalado las
tierras que poseía: él se presenta en la
corte con nombre y carácter de emba­
jador suyo; y desde aquel momento estan ciegos la reina y sus vasallos, por­
que no conocen al disfrazado rey : el
amor causaba este milagro ; como tam­
bién la sugeria respuestas no equívocas
y que bien claramente manifestaban
sus amorosas ansias. El rey se pone fu­
rioso; intenta muchas veces matar á su
competidor, pero el valor de este ven­
ce á la vileza de aquel. La reina llega
á saber quien es el fingido embajador,
y le prende, no reflexionando en cien
mil soldados que están á las puertas de
la corte esperando los preceptos de su
monarca r que lleva muy agriamente la
violencia é injuria que se hace á un sugeto de su carácter; pero no se acuerda
de que con sola una palabra puede to­
mar la venganza. Este rey se represen­
ta bajo de una imagen odiosísima, bien
que dé á entender el mismo drama, que
era mas insensato y cobarde, que in­
clinado ¡í las acciones malvadas; las aty*

150

VIAGES

tiguas historias de aquellos paises nos
le pintan como piadoso, y que lloraba
al pie de los altares su desgracia; pero
la representación moderna le finge fu­
rioso y mal intencionado, acaso por­
que resalte mas para con los oyentes la
constancia de aquella indecente hembra,
que resiste por su amante los golpes
mas rigorosos de la fortuna.
Pero el pasage mas brillante de la
acción, es la malicia de la reina, que
para detener á su vagabundo dueño,
siempre invadido de sus sueños, de sus
esperanzas y de su destino, dispone
darle celos, (poderoso medio para uno
que no hace caso de ella, y está me­
ditando abandonarla cuanto antes); ha­
ce llamar al rey su rival, y le ofrece
la mano en premio de tan constante fé:
en aquel mismo punto olvida este mo­
narca que es una hembra prostituta la
que le propone sus bodas como un gran
tesoro; y pronto para aceptar la ofer­
ta , alarga la mano en señal de su con­
sentimiento. La furia de los celos agita
inmediatamente al héroe traidor, ruge
de ira, y procura impedir á la reina
su ultimo eiqpeño. Esta le propone la

DE W AN T0N.

151

justa alternativa, ó de que se quede
para gozar unidos las delicias del amor,
ó de que sufra verla en brazos agenos;
pero el héroe rehúsa la condición por
quererlo asi sus dueños. Mientras pasa
todo esto, ni oye el rey, ni conoce
aquel engaño, y asi estrecha á la reina
á que le mantenga su palabra; se re­
pite la primera acción, el héroe vuel­
ve á sus furores, enardécese mas la
amorosa pasión de la reina , y para
pacificar á su amante hace saber al rey
que solo por burlarle le había dejado
lisongearse mediante aquella estratage­
ma , insinuándose en unos términos
que aun serian vergonzosos, proferi­
dos por la hembra mas disoluta, cuan­
do estuviese tratando con un mozo de
cordel.
No obstante una prueba tan gran­
de de cariño, huye el ingrato mono,
abandonando á su dam a: en el camino
se encuentra con el innumerable ejér­
cito del r e y , y con un cortísimo mimero de personas le pone en buida.
La reina corre desesperada por todos
lados en busca de su amante, pero en
van o, porque llalla que todos la lian

1 52

VIAGES

hecho traición. Una hermana de esta
era amante oculta del fugitivo y pér­
fido héroe. Sin duda que era muy fea
pues la deja el autor batallar con su
pasión sin remedio, pudiendo tan fácil­
mente consolarla, pues según pinta al
oriental, sin escrúpulo alguno la hu­
biera igualado á su hermana la reina.
No eran aun bastantes todas estas des­
gracias para esta infeliz; traidor uno
de sus vasallos, promete al rey poner
á su obediencia la ciudad , pactando
primero que le ha de colocar en el tro­
no de su duefio ; como si este monarca
no hubiera podido de otro modo con­
seguir su venganza. En una palabra,
dos hembras locas y disolutas , una de
hecho y otra de deseo; un rey, ya ne­
cio , ya cruel, ya sagaz, ya político;
un héroe malvado y falso, y un vasa­
llo traidor é interesado , forman todo
el enlace y hermosura de la acción. Es
verdad que también suele comparecer
de cuando en cuando un festivo per­
sonage, haciendo el pedante, aunque
sin fru to, con su r e y ; pero me pare­
ce que la composición permanecería
entera, aunque este mono se cayese

DE W ANTON.

1^3

muerto antes de llegarse á levantar el
telón.
Este es el efecto que produjo en mi
espíritu el dicho librito, en el que me
agradó mucho la dulzura del estilo que
por todo él está repartida: dulzura tal,
que es capaz de borrar cualquier defec­
to, si es que se encuentra en tales com­
posiciones , aplaudidas generalmente de
los monos; pues como conozco mi ab­
soluta ignorancia en semejante materia,
no es fácil que yo pueda decirlo, asi
como me tengo por inhábil para carac­
terizar las bellezas que me le propu­
sieron deleitable. No pude penetrar la
mutación que el empresario habia he­
cho, según se digno advertirme; pero
me imagino que seria sin duda en lo
mejor de la obra.
Curioso ya después de esta lectura,
se me previno preguntar á los dueños
de casa si tenían algunas de estas com­
posiciones, y luego me suministraron
una porción capaz de divertirme por
largo tiempo. No abusaré de la pacien­
cia de mis lectores, haciendo examen
de cada una ; bastará decir que en to­
das se encuentran unos mismos delirios.

i5 4

viages

Los principales asuntos son generalmen­
te unos amores en sumo grado, que se
interrumpen con un cúmulo de acci­
dentes mas maravillosos que verosími­
les. Siempre hay un traidor que urde
la máquina, y para desenredar en el
fin el enlace, se inventan lances que
desde luego descubren su imposibilidad.
Es el término de la obra por lo regular,
darse mutuas satisfacciones los amantes,
con lo cual los jóvenes que asisten al
acto, vuelven á sus casas con las ideas
mas placenteras. Se da indulto general
á los traidores contra toda ley de jus­
ticia , y todos se encaminan contentos
á la celebridad de los nuevos esponsa­
les. Los héroes mas famosos lloran co­
mo unos chiquillos; esta es una sagaz
invención para contentar la arrobante
vanidad de las monas, que se lisongean viendo á los mas célebres perso­
nages oscurecer sus glorias por una
buena cara: la virtud reclama contra
tales abusos, por ver que se confunde
con la bajeza de espíritu; pero son inú­
tiles sus representaciones porque mas
bien que conservar su decoro quieren
los compositores complacer al genio del

DE WANTON.

155

bello sexo. Las heroinas de la modestia
ceden de ordinario á la primera vista
de un personage, sin duda por virtud
simpática de sus corazones; y estas an­
tes enemigas declaradas de las pasiones
del amor , de un instante á otro pasan
al extremo de enamoradas furiosas.
¡ Qué ajuste á los regulares y verdade­
ros acontecimientos! Los monos se em­
boban con estas tan repentinas mutacio­
nes, y forman una halagüeña esperanza
de contrastar las mas firmes rocas; y
de aqui sacan y conservan máximas ade­
cuadas á su inclinación, de ver como
pueden engañar á las incautas monas.
De esta forma estos naturales hacen al
teatro escuela y modelo de sus viciosos
afectos.
Quise un dia entablar un discurso
sobre esta materia con cierto fdo'sofo,
en cuyos coloquios otras veces había
descubierto un fondo de bello discerni­
miento y perfecto juicio; y maravi­
llándome, le dije que no acababa de
entender por qué entre tantas pasiones
como agitan á los mortales, sola la amo­
rosa es la que se sabe poner á la vista
en las representaciones. Bien patente es

1$ 6

VIAGES

la causa, me respondió; porque esta
sola interesa mas que todas las otras
juntas, no obstante que ellas con todos
sus diferentes grados debieran mover
con mas fuerza á los oyentes Pero es­
te interés, añadí yo, conduce á un fin
pésimo, que es el afeminamiento y de­
bilidad que se introduce en los ánimos
de quien se deja llevar de estas ternu­
ras. ¿ Qué importa , dijo el filosofo , si
como están divertidos no van conside­
rando las consecuencias? Yo le repli­
qué entonces ; sea como quisiereis; ¿pe­
ro por qué no se disfrazan estos asun­
tos con mayor modestia? ¿Por qué se
acumula tal porción de extravagancias,
que es imposible que sucedan con un
mismo sugeto en un corto espacio de
tiempo? ¿Y por qué finalmente se de­
senredan tantas dificultades con inven­
ciones frias y pueriles? Ya que me obli­
gáis , respondió el filósofo, á que os
hable claro, os diré con ingenuidad
que no conocéis el genio de mi nación.
Son los monos animales mas parti­
culares que lo que os imagináis : todo
lo que es diversión racional, no les
agrada; proponedles la mas absurda

DE WANTON.

157

extravagancia , é inmediatamente les
oiréis aplaudir la fecunda mente del
inventor, y vereis la abrazan como la
cosa mas digna de su agrado* Si un
autor quisiera seguir las leyes de la ve­
rosim ilitud, y conservar el decoro de
la representación , todo el mundo le
tendría por un mono ridículo; y ade­
mas de los silvos con que pagaría el pú­
blico este trabajo, dirían que no daba
á luz sino bajas y populares ideas; que
la naturaleza le había negado el talen­
to necesario para el oficio que había
tomado ; y que con su genio austero
y melancólico , quería desterrar del
teatro las acciones mas inocentes y di­
vertidas.
Y no creáis que á solo las obras
de espíritu se limitan estos genios de
real gusto; porque se extienden tam­
bién á todas las circunstancias y accio­
nes de la vida civil. Bien pudiera da­
ros mil ejemplos ; pero observadlo en
este punto, que acaso es el menos im­
portante de todos. Contemplad á dos
monos; uno de un carácter sincero y
natural, y el otro de un espíritu adu­
lador y afectado en cuanto dice y

158

VIAGES

Lace: supongamos á los dos tratando
con un grande, ó con una dam a; el
primero ejecutará los debidos cumpli­
mientos, contenie'ndose dentro de aque­
llas medidas que requiere su estado;
las circunstancias del sugeto con quien
Labia , y las máximas de sinceridad
que dicta el buen juicio : el segundo
con mil inclinaciones se llamará ren­
dido servidor, esclavo, y se aplicará
otra muchedumbre de títulos humildes;
protestará que desea derramar su san­
gre en obsequio de aquella persona con
quien se halla; hará comparaciones en­
tre el grande, y una deidad ; entre la
señora y una estrella, con otras mil
cosas á este tenor, que le sugerirá su
mente fecunda en adulaciones.
Reflexionad á e'ste; sus palabras to­
das son m entiras, y sus pasos otras
tantas violencias que hace á la natura­
leza : y siendo tan fácil de compren­
derse esto como demostrable , no se
quiere alcanzar la penetración para lle­
gar á su conocimiento. Preguntad qué
opinión es la que se forma universal­
mente acerca de estos dos; y os dirán
que el primero es mono de condición

DE WANTON.

159

áspera, de poca crianza, soberbio y vi­
llano; todo al contrario el segundo, le
oiréis celebrar con excesivas alabanzas,
caracterizándole por un mono político,
atento, expresivo y digno de la estima­
ción de todo el mundo. De este tan
proporcionado paralelo podéis deducir
el genio de los monos, y aprended co­
mo os habéis de manejar, si aspiráis á
obtener su aprobación y aplauso en
todo género de materias.
Perdone mi lector tanto como me he
detenido en un punto en que tal vez no
interesará m ucho; pues con el motivo
de contar mi lectura me he dilatado mas
de lo que debiera; pero resarciré la
pérdida y el fastidio que le haya cau­
sado con tales relaciones, no hablando
mas por ahora en materias de las com­
posiciones teatrales de aquellos paises.
Por seguir pues el hilo de mi his­
toria diré-, que no habiendo podido con­
ciliar el sueno como quería , antes bien
absolutamente despavilado, tuve que
levantarme de la cam a, finalizada la
lectura. Continuaba diluviando y fas­
tidiado de estar solo, salí de mi cuarto
y pregunté á un criado, si andaba por

IÓO

VI AGES

allí alguno de los seííores de casa, con
intención de irme con é l, para acabar
el dia en buena conversación: respon­
dióme que no podia decírmelo á punto
fijo; pero que se informaría, y pronta­
mente vendría con la respuesta: hízolo
como lo ofreció ( contra lo que estos
acostumbran en los recados que to­
man á su cargo) y de allí á poco vol­
vió, avisándome que todos sus amos
estaban aun encerrados en la misma
sala , y sin apariencias de salir pronto,
porque en aquella misma hora había
llegado cierta persona que queria ha­
blarles y que al instante la recibieron.
Me desesperaban estas perpetuas con­
ferencias.
Yo queria compañía, y no sabia
donde hallarla; estando en esta perple­
jidad , me ocurrió ir al cuarto de la
señorita, y en efecto me dirigí hacia
allá pero en medio del camino comen­
cé á arrepentirme, diciendo entre mí:
yo voi á acarrearme un enfado, visi­
tando á un sugeto que puede ser ten­
ga por molesta mi visita , y aun cuando
sea así, de que podremos hablar? Ella
querrá tratar de sus labores, de sus

DE ■W ANTON.

?6l

peinados, de sus alfileres, de los festo­
nes, de las flores de mano &c. Yo no
sabré que responder á todo esto, y
estaré hecho un insensato. Ya estuve
para volver pies atrás pero consideran­
do que el ocio es el mayor de los te­
dios, resolví llevar mi intención ade­
lante, y últimamente llamé á la puer-r
ta del cuarto. Salid una vieja, á quien
expuse mi pretensión: ella arqueo las
cejas en señal de admiración, y me hi­
zo saber, que no se permitía asi como
quiera entrar á visitar á las señoritas
solteras, y que si llegase su ama á en­
tender el intento de una temeridad
tan grande, me costaría muy caro el
atrevimiento ; y diciendo esto me dio
con la puerta en la cara.
Así no llego el caso de mi vi­
sita, que rezelaba había de serme mo­
lesta , si tenia que tratar como era re­
gular algunos puntos de la vanidad de
las monas. Volvíme á mi cuarto muy
sentido, y apenas llegué entraron un
recado de que dos aldeanos, un viejo
y una joven calados de agua, querían
ablarme. Me persuadí que estos fuesen
los criados que tenia en mi casa de
T omo ii ,
11

1Ó2

VIAGES

campo, y dije que los dejasen entrar:
intentaba darles ciertas disposiciones
para el nuevo plantío que deseaba ha­
cer en mi jardin; pero me engané en
lo que discurrí, como se verá en el
siguiente capítulo.
%/%'V «.W

CAPÍTULO XI.
D é la venida de los villanos y aveníuras de Enrique con madama Espina;
y en la tienda del café.

admiración no seria la mia al
ver que los aldeanos que me buscaban
y entraban ya en mi cuarto i eran mi
antiguo tirano y su hija mi caritativa
bienhechora ? Luego que desde el um­
bral me descubrid Oliva, dio un chi­
llido de alegría, y corrid con los bra­
zos abiertos para abrazarme. Lloraba
de gozo, y con el placer de hallarse
conmigo no se hartaba de mirarme El
viejo por el contrario , humilde y te­
meroso vino á besarme la mano, pi-

DE WANTON.

I 63

diéndome de nuevo perdón por los tra­
bajos que me hizo pasar en su casa: la
comedia no podia ser ejecutada mas al
natural. El criado que aunque estaba
presente ignoraba el misterio; se reia
de todo corazón , y fue volando á con­
tar á sus compañeros que habían lle­
gado dos parientes muy cercanos mios;
juicio que formo' de estos por los extre­
mos de O liva, y favorable acogimiento
que hice á entrambos.
Finalizados estos primeros movi­
mientos de su natural gozo, tomó la
hija de manos de su padre dos cestas
nuevas; en la una venían dos pollas
de lech e, que me aseguró Oliva que
ella misma había criado , y la otra
estaba llena de unas frutas escogidas;
aceptó con expresiones cariñosas y de
agradecimiento aquel rdstico regalo,
parando la consideración, no en la ca­
lidad del don; sino en el buen cora­
zón de la que le daba, que ciertamen­
te respecto á sus haberes se excedía,
aunque en la substancia fuese de poca
importancia.
Hice sentar á los dos á mi lado,
preguntándoles por el estado de su casa

264

VIAGES

y á Oliva especialmente por la vieja:
mi madre, respondió, goza la felicidad
de tener una vejez saludable: era mu­
cho el deseo que tuvo de venir á ve­
ros, y con la sangre de sus venas hu­
biera pagado el gusto que nosotros te­
nemos ahora de estar en vuestra com­
pañía. Y ¿por qué, dije, no ha satis­
fecho su deseo ? Se podía conceder gra­
cia de menor entidad á una esposa y
á una madre? No tenemos nosotros la
culpa, respondieron ellos; ya conocéis
su genio, y asi no os maravillareis si
os decimos que con tanta ansia como
mostraba no nos fue posible reducirla
á que viniese á la corte. Yo no he
estado, nos replicaba, jamas en la ciu­
dad, será bueno que haga cuando vieja
lo que no he ejecutado en los dias de
mi vida. Esta razón tiene ella por de
tanto peso, que todas, nuestras persua­
siones fueron vanas. A esto se añade el
temor de cierto agüero en que está im­
buida de que las mutaciones tí grandes
novedades que suceden en una edad
avanzada infaliblemente son los apo­
sentadores de la muerte. Por todos es­
tos motivos nos dejtí venir, quedando

DE WANTON.

I 65

con el sentimiento que requerían tales
circunstancias; os envía muchas me­
morias , y os ruega que olvidéis total­
mente sus persecuciones.
Yo la perdono respondí, de todo
corazón, y aun la estoy agradecido,
porque ella fue el principio de mis for­
tunas. Introduje después la conversación
acerca de Roberto, y les conté como
no estaba en casa ; pero me dieron á
entender que ya lo sabían, porque le
habían buscado antes de entrar á ver­
me. Pregunté á Oliva si la agradaba la
corte. Es para m í, respondió, de tan­
ta admiración, como sería para vos un
pais que jamas hubierais visto: ocupa­
do únicamente en vos mi pensamiento
no puse la mayor atención en los de­
mas objetos 5 solo sí sentí como oprimi­
do mi corazón luego que entré en la
ciudad, porque sus altas fábricas no
permiten el mas bello placer que se
goza en el campo, que es respirar un
aire libre y m irar un pedazo mas gran­
de de cielo.
No sabia que conversación darles;
hacia continuas preguntas, y respondían
prontamente á ella s; y ya estaba cuasi

166

.

VI AGES

enfadado por falta de asunto convenien­
te para formar con ellos un fijo razo­
namiento, cuando entró Roberto bus­
cándome : aqui si que estuvieron en su
punto la algazara, extremos y demos­
traciones de carino. Mientras estos rús­
ticos le repetian todo lo que ya me
liabian dicho , fui á ver si el señor Ha­
ya se había desocupado, y por mi for­
tuna salía ya á este tiempo de la sala
en que había tenido la conferencia.
Contéle la llegada de los aldeanos
y le rogué les permitiese alojarse en
su casa el tiempo que estuviesen en la
ciudad. El condescendió atentamente á
mi pretensión: y me prometió se les
baria todo el mejor tratamiento que
fuese posible y correspondiente á su
estado j y al punto dió órden á sus
criados para que les previniesen cierto
cuarto entresuelo de la casa; mandó
también que les diesen bien de comer
y Juego se fué á nuestra habitación para
gozar aquel buen rato.
Pase' á visitar á madama Espina para
rogarla concediese su licencia á estos
nuevos huéspedes para que entrasen á
ponerse á su obediencia y de su hija,

DE WANTON.

16 f

y besarlas la mano. Ella me recibió
con tan mal gesto, que conocí clara­
mente que la vieja le había dado
cuenta de mi aventura; me respondió
con desabrimiento; que las manos no­
bles y delicadas no debían humillarse
á la vileza de que llegasen á besarlas
las sucias villanas bocas ; y anadió
que no quería verlos, dando uqa razón
que no tenia réplica; y que era q ue
la peste á cebollas y ajos que indefec­
tiblemente echaba de si la gepte or­
dinaria , producía en ella siempre los
malos efectos de dolor de cabeza y dp
estómago, y aun la causaba histérico.
Mucho menos sentido de la desa­
tenta repulsa de madama Espina, que
del fiero ceno qne mostró al presentar­
me , quise prevenir las consecuencias,
dando cuenta á mi benéfico protector
de mi error involuntario. Volví pues
á mi cuarto donde le halló qu£í con
agradable semblante estaba sagazmente
indagando de Oliva sus mas ocultos ppur
samientos; no quise interrumpirle la
diversión, pero esperando á que hicie­
ra punto le demostré con una seíia para
que se retirase aparte conmigo, que te-

l6 8

VIAGÉS '

nia necesidad de hablarle en secreto.
* Entendió el señor Haya perfecta­
mente lo que significaba mi seña y fin*
giendo otra cosa que la que tenia en el
pensamiento, se llegó á mí y amorosa­
mente me preguntó que era lo que se
me ofrecia. Yo entonces con voz bajá
le dije toda la historia de mi tedio de
la lectura, del paso que había dado;
solicitando la compañía y conversación
de su hija, y finalmente el desabrido
modo y semblante con que me había
recibido madama Espina. El fingió una
gran severidad para dar mayor ocasión
de hacerme conocer los efectos de su
bellísimo natural, y después me habló
asi; el ocio, amigo, es el manantial de
todas las desgracias; vos por esta causa
habéis caído en un abismo de errores,
habiendo hecho avanzar vuestros sacri­
legos pasos hasta el asilo del honor: yo
soy la primera causa de tal desacierto,
y asi conviene poner remedio. A estas
palabras soltó la risa, y me consoló
añadiendo después: mi esposa es muy
tonta ; continuamente quiere afectar un
espíritu superior á la debilidad de su
sexo; y en llegando la ocasión, se re-

D E W A N TO N .

169

viste de las preocupaciones de la mas
ignorante monuela. Dejadlo á mi cargo
que yo pondré remedio en todo.
No faltó á su palabra; pero encon­
tró ( como después supe ) una fierísima
resistencia. Madama me trató de pre­
suntuoso , temerario y de que había in­
tentado oscurecer la fama de su hija,
jurando que se vengaría de mi. La me­
diación del señor Haya nada adelanta­
b a , y asi pensó en remediarlo de una
v e z , despidiendo de su casa á la dicha
vieja; esta era el medio por donde ma­
dama hacia sus mas ocultas rapiñas, y
asi rogó por ella y lloró: pero todo sin
fru to, porque el señor Haya estaba in­
flexible. Las fue preciso recurrir á mí
pidiéndome perdón de la ofensa que
me habían hecho, á mi instancia vol­
vió á servir la vieja, y yo quedé vic­
torioso en unas circunstancias que ame­
nazaban mi ruina.
A l ponerse el sol cesó de llover, y
yo deseoso de que me diera el aire, salí
de casa acompañado de un criado. Des­
pués de haber dado un paseo por la
ciudad me retiré á una de las tiendas
donde solían congregarse diversos suge-

I JO

VI AGES

tos. Estaba llena de jóvenes que se en­
tretenían en festivos discursos. Ninguno
se dignó de saludarme cuando entré , no
obstante que hice mi deber con todos.
Como, ó no me vieron, ó no quisie­
ron hacer caso de m í, me senté en un
rincón de la tienda, esperando que al­
guno vendría á trabar conversación
conmigo, ó que á lo menos tendría el
gusto de escuchar lo que se tratase en
una asamblea que me parecía animada
con un mismo espíritu de libertad y de
alegría ; puse alguna atención , pero co­
mo hablaban ya sobre principios sen­
tados, no pude comprender cosa parti­
cular, aunque sí me pareció que no
era asunto de mucha agudeza el que se
trataba.
El caritativo dueño de la tienda,
viéndome solo quiso divertirme, me
presentó una taza de aquel negro liror
hirviendo y después se sentó á mi de­
recha , díjome un despropósito por cum­
plimiento ; me pidió tabaco; y luego
se puso á explicar quienes eran aque­
llos que estaban en su tienda de esta
forma ¿ Veis aquel jóven alto que está
allí tan ricamente vestido ? Pues es hijo

DE WANTON.

I7 I

de un mercader que ha quebrado: des­
pués que su padre se vid obligado á
retirarse y cerrar su tienda, se le puso
en los cascos meterse á caballero; es el
mas indigno de la cuadrilla, pero el
mas desvergonzado; es causa de mi
ruina, porque muchas personas que
frecuentaban mi casa ; se han retirado
por no poder sufrir su temeridad. Pues
sois un necio le respondí, porque de­
bíais echar de aquí á este importuno,
antes que tolerar tantas pérdidas. Bien
decís añadió el pobre botillero; pero si
tal ejecuto será para mí el detrimen­
to por razón del gran desfalco que sen­
tirán mis intereses, me está debiendo
una cantidad excesiva, y si le dejo re­
tirarse , la vendré á perder tocia; y
ademas de esto, se llevará consigo á
todos estos jovenes que son también
mis deudores de grandes sumas.
Pues según eso , le interrum pí,
sois un mono muy rico , é infiero igual­
mente que este modo de vida os tiene
mucha cuenta, pues os pone en estado
de hacer tan considerables préstamos.
Encogióse de hombros, y prosiguió asi:
y o , seílor, soy un pobre, que no ten-

17»

VI AGES

go fondos para prestar ni un cuarto;
jnis créditos dependen de lo que voy
fiando mucho tiempo hace á estos fo­
gosos mozuelos: beben alegremente de
mis licores, y de las aguas compues­
tas, y en vez de pagarme, me cargan
la incomodidad de sentar sus nombres
en un libro, que tengo el trabajo de
hacer todos los anos. La antigüedad,
mucha continuación y generosidad con
que estos monos disponen de mi ha­
cienda , han ido aumentando el crédi­
to á tanta suma, que si tuviera la for­
tuna de reintegrarme, pensara pronta­
mente en solicitar mejor establecimien­
to, y mas seguro empleo de mi caudal.
Bien considero que desaprobareis mi
conducta en proseguir suministrando
mis géneros á tales sugetos; pero re­
flexionad que si los niego de fiado,
incurro en el grave peligro de no co­
brar un maravedí: asi la esperanza de
poder moverlos á obrar en justicia me
abre un camino mas ancho para que­
dar del todo destruido. Tuve lástima
del suceso de este infeliz, y no pude
menos de maravillarme de como si lle­
gaban á causar tan considerables deudas

DE W/NTON.

173

de cosas supérfluas, y de poco valor.
Mientras estábamos en esta con­
versación , llego á la tienda un viejo
pequeñuelo, que parecía que estaba tí­
sico , recibiéronle todos los que alli se
hallaban con los brazos abiertos, y
con mil demostraciones de alegría, pre­
gunté á mi botillero, que quien era:
este, me respondió, cansado de estar
empleado en un trabajo que no le ren­
día lo que deseaba se ha hecho profe­
sor de cierto oficio, aplicándose á bus­
car con su jovial temperamento entre
los jóvenes mas disolutos, algunos de­
fensivos contra los golpes de la fortuna,
es maestro de indecencias, y con un
millón de cuentecillos alegres que in­
venta para dar pábulo al corrompido
genio de la precipitada juventud, se
hace acepto á los ojos de aquellos que
son inclinados á los vicios: oid atento
sus discursos, que no hablará diez pa­
labras sin ser mas de la mitad disolu­
tas ; maldiciente en supremo grado,
despedaza las reputaciones mas sentadas,
murmura aqui de todos los ausentes, y
en hallándose en otro puesto, dibuja con
caractéres de la mayor malignidad i

17 4

VIAGES

cuantos aqui se hallan; y unos y otros le
creen sumamente empeñado á su favor.
Me puse á observarle, y en efecto
le encontré como me le habían pinta­
do Cualquiera que pasaba por la calle
era asunto de su poco caritativa con­
versación ; explicaba de donde habia ve­
nido, sus rentas, su empleo, su conduc­
ta , su capacidad, su honestidad; y para­
ba todo en poner en perversa opinión á
aquel pasageto. Si alguna pobre mona
por su desgracia se paraba delante de la
puerta, llegaba á términos del mayor
descomedimiento su insolencia: las vie­
jas tenian que sufrir mil dicterios ; y las
mozas otras tantas palabras indecentes;
no faltando muchas veces alguno de los
mas atrevidos, que abandonada la ver­
güenza , saliese en su seguimiento con.
el fin de detenerlas. Estos procederes
me disgustaban infinito, y estaba su­
mamente arrepentido de hallarme con
unas personas entre quienes nada adelan­
taba, y que me causaban notable enfado.
Ya estaba para marchar, cuando
llegó el señor Alcachofa , que era tam­
bién uno de los de la cuadrilla. Luego
que me vio se vino corriendo á mí,

DE W ANTON.

I 75

me hizo su cumplimiento , y me apre­
tó la m ano, como si yo fuese uno de sus
mas confidentes amigos: entonces tam­
bién todos los demas hicieron reparo en
mi persona; y ó fuese porque les daba
sujeción la distinción y altura de mi
em pleó, ó por vergüenza de haber da­
do tanto á entender su libertinage de­
lante de un forastero, todos fueron des­
ocupando la tienda uno detras de otro,
dejándome solo con el señor Alcachofa,
y con el enfermizo viejezuelo.
Este se llegó a' mí haciéndome mil
expresiones, y asegurándome que ya
habia mucho tiempo que tenia arden­
tísimos deseos de conocerme; pero yo
que tenia su compañía á cosa de me­
nos v a le r , apenas le miró á la cara,
y vuelto al señor Alcachofa, desfogué
mi enfado contra los indecentes jóve­
nes. E l viejo comenzó á declamar eficacísimamente contra la corrupción de
las costumbres del siglo , y á zaherir
con su mordaz estilo la desbocada con­
ducta de sus compañeros, como si yo
no hubiera sido testigo de que él ha­
bia prometido y fomentado todas sus
obscenidades.

176

V I AGES

No quise detenerme mas allí por
libertarme del descarado asqueroso viejo; y el señor Alcachofa se empeñó
en que había de acompañarme hasta
mi casa: en el camino se sinceró, y
me prometió que no había de tener
amistad con aquellos que yo reproba­
ba, ni los trataría sino lo preciso, pues
desde luego aborrecía sus depravadas
máximas y viciosa conducta. Repitió
muchas veces estas protestas porque
temía no formase yo mal concepto de
sus procederes. E l buen mono tenia
bellísimo corazón, pero acompañado
de demasiada docilidad, como prácti­
camente conocí en adelante con su tra­
to: por tanto era bien inclinado y sábio con los que conducían por el ca­
mino de la virtud, y al contrario v i­
cioso con los malos; mas no obstante,
honrado en extremo y fiel, agradeci­
do , amigo de sus amigos.

DE WANTOÍÍ.

I 77

V W W % 'V V % /V V % /V i^ V V % 'V % /\/V i'V V

C A PÍT U L O XII.

,

Finalízase el suceso de los aldeanos:
vá Enrique á casa del presidente y
con él á palacio.

C erca del palacio del señor Haya se
despidió de mí el señor Alcachofa con
las mas expresivas formalidades; supliquéle no dejase de venir á verme de
cuando en cuando, porque desde lue­
go le creí proporcionado para alguno
de los adelantamientos que suelen ape­
tecerse en un país forastero: me acor­
dé de que este se empleaba en intro­
ducirse en todas las concurrencias, y
que era conocido de cuanta especie de
personas habia en la ciudad, y asi por
este medio me propuse descubrir mu­
chos secretos y particulares caracteres,
que pudiesen hacerme formar comple­
ta idea del país de las monas: prome­
tió cortesmente darme gusto, lo que
ejecutó con tanta puntualidad y repe­
tición , que no pocas veces hubo de
T omo ii .

12

I

VIAGES

incomodarme; pero como el mundo
es un comercio de sufrimientos, me
pareció que era justo aguantarle sus
defectos, asi como tendria él que mo­
lestarse con los míos ; y mas cuando
solicitaba yo que su compañía me fa­
cilitara todas las ventajas de que él era
capaz. Esta es la segunda vez que ha­
blo de este joven en mis escritos, á
causa de tener que mantenerle la pa­
labra que le di de hacer conmemora­
ción de él á lo menos en dos ocasio­
nes en mis memorias: es el caso, que
noticioso de que yo escribía mis aven­
turas, y con deseo de hacerse famoso
en el mundo europeo, como lo era en
la capital de los monos, me hizo ta­
les instancias, y empeñó de tal suerte
á mis amigos para este fin, que me
obligó á condescender con cuanto de­
seaba ; y véase como ya he salido del
empeño cumpliendo mi promesa.
Al punto que llegué á casa, pre­
gunté por los villanos, y supe como
acostumbrados á ser vencidos del sue­
ño poco después de anochecido, luego
que se puso el sol, se habían retirado
al cuarto que se les destinó, en donde

DE W ANTON.

1 79

ya liabia algunas horas que estaban
durmiendo. Encontré luego á Roberr
to , que me hizo el siguiente discurso:
bien sabéis, amigo, cuanto debemos
á la pobre aldeanilla, que hoy con su
padre ha emprendido tan inco'modo
viage, solo con el fin de vernos : el
cielo nos ha puesto en tan feliz situa­
ción , que podemos demostrar nuestro
agradecimiento á una persona que nos
colmd de beneficios, y á quien debe­
mos confesarnos deudores de la mis­
ma vid a; ahora nos toca recompensar
sus amorosos cuidados con un premio
proporcionado á la utilidad que saca­
mos de ellos en otro tiempo: pienso,
pues, que se la procure una decente
colocación en esta ciudad, mediante la
cual, se asegure en un estado de vida
cómodo y ventajoso para su nacimienr
t o ; con esto, si nosotros por su cui­
dadosa asistencia pudimos alcanzar una
fortuna mayor que la que podia pro­
meternos nuestra esperanza , logre ella
en paga por nosotros una suerte que
jamas habrá pasado por su pensamien­
to. Asentí con muchísimo gusto á la
proposición de R oberto, y prometí

l8o
VIAGES
inmediatamente ayudar cuanto pudiese
por mi parte.
Por acabar la historia de estos al­
deanos, continuare' describiendo el efec­
to de nuestras intenciones. Propusimos
á Oliva si quería casarse en la ciu­
dad; y mostró un horror que no pue­
de bien explicarse, sin que fuese posi­
ble hacerla consentir en dejar la aldea
en que habia nacido: viendo tanta
aversión, no quisimos porfiar mas, y
solo preguntamos al padre si tenia por
allá su hija alguna inclinación amoro­
sa: el buen viejo sinceramente respon­
dió, que correspondía cariñosa á las
expresiones del hijo de un rico aldea­
no, y la queria por esposa; pero que
el padre de éste , aspirando á que en­
trase en su casa con el casamiento del
hijo una dote cual no era la de Oli­
va, imposibilitaba Ja unión de estos
amantes. Bastó esta declaración para
que tomásemos nuestra determinación;
y preguntando cuánto era lo que pre­
tendía el padre del enamorado villano,
desembolsamos y entregamos al viejo
aquella cantidad; significando á Oliva
lo que nos interesábamos en la felici-

DE W A N T 0 N .

I3 í

dad de su futuro m atrim onio; para que
este tuviese e fe c t o , interpuso ( como
tenia ofrecid o) su autoridad el señor
Haya. Obligados los villanos, no sabian com o corresponder á nuestra ge­
nerosidad, y dándonos repetidísimos
agradecimientos, marcharon despidién­
dose de nosotros con los ojos rebo­
sando lágrimas, después de habernos
sacado la palabra de ir á hacerles una
visita al verano siguiente: no quiso el
cielo que yo pudiese cumplirla por las
muchas desgracias que me acometieron,
y precisaron á alejar de aquella ciudad
por muchos anos; ni jamas volví á te­
ner ocasión de ver á estos, aunque po­
b res, cariñosos y agradecidísimos m o­
nos hasta el lance de volver á la patria
y de haber de dejarles para siempre.
Pasados algunos d ia s , me acordé
que hubia prometido al presidente del
real consejo secreto ir á comer á su
casa, y queriendo cumplir con este
empeño , fui una mañana á visitarle
para aceptar el con v ite, si usaba con ­
migo la urbanidad de repetirle. Ape­
nas le entraron recado de que espera­
ba su licen cia, cuando él mismo sa,-

182

VIAGES

lid á recibirme; y luego con singula­
res expresiones me pidió le diese el
gusto de detenerme todo aquel dia con
é l; respondile que estaba resignado en
su obediencia, y asi que dispusiese de
mi voluntad á medida de la suya. Hi­
zo que me sentara , y me sirvieron
una bebida oscura de buen gusto, que
no sé con qué artificio hacen que esté
llena de espuma. Mucho agradecí el
agasajo y cortesanía de este ministro,
el cual, después de algunos discursos
en general, me rogó le acompañase á
la corte: acepté gustosamente la pro­
posición y partimos juntos á palacio
rodeados de una numerosa caterva de
pretendientes que estaban esperando
que el presidente saliera de casa para
recomendarle sus respectivos asuntos:
á todos recibía con agradable semblan­
te; á unos respondía; á otros daba
consejo, y de otros finalmente toma­
ba los memoriales en que exponían sus
pretensiones y urgencias. Era el dicho­
so presidente de un carácter muy pro­
penso á hacer bien , y que sin inte­
rés se empleaba en favorecer á todos
aquellos que recurrían á él con sus

DE WÁNTON.

183

suplicas. Este modo de portarse, junto
con la prontitud de la ejecución de los
negocios y deseos de los necesitados,
le hacían muy bien visto entre aque­
llos naturales, y le profesaban el mas
verdadero amor y una estimación sin­
cera.
Llegamos á la corte, y nos encon­
tramos á Roberto , que solia ir todos
los dias para estar pronto si le llama­
ba el príncipe, que tenia frecuente­
mente el gusto de conferir con él va­
rios asuntos: estaba cercado de diver­
sas personas , que esperando por su
medio alguna gracia, le recomendaban
sus súplicas. Luego que me vio, se v i­
no á m í, no porque quisiese hablarme,
sino por libertarse de aquellos impor­
tunos. A este tiempo le avisaron que
el príncipe le mandaba entrar. Todos
los que hacían la corte á Roberto se
agregaron á m í, para que les fuese fa­
vorable con él en sus pretensiones; me
ponderaban sus servicios y las razo­
nes que tenían para solicitar sus ascen­
sos , aunque sin decirme cuales eran
estos. Yo no sabia como echar de mí
esta especie de persecución; á ejem-

184

VIAGE S

pío de mi amigo miré si por aquellas
salas habia alguna persona conocida
que pudiera servirme de pretexto para
separarme; y advertí que entonces en­
traba el señor Romero, y aunqne no
me agradaba su amistad, en el presen­
te caso quise servirme de él para con­
seguir mi fin. Saliendo pues á su en­
cuentro , le liice una profunda corte­
sía , y él me recibid con un aire de
superioridad que me enfadó y mortifi­
có notablemente por ser en un parage
tan público, mas fue forzoso tener pa­
ciencia. Indagada la causa de esta no­
vedad, pude penetrar que hay ciertos
cortesanos que prodigalizan las expre­
siones cuando se hallan á solas con los
sugetos que conocen ; pero cuando acae­
ce encontrarles en algún sitio donde
baya concurso, afectan un semblante
de desagrado, para que el mundo, que
juzga por las apariencias, forme muy
elevada opinión de su grandeza.
Entre tanto iba creciendo el mur­
mullo en la antecámara, adonde se
hallaban los pretendientes al empleo
de general, para solicitar sus protec­
ciones : tenían el semblante pálido, y

DE WANTON.

I 85

representaban una viva imagen de la
humildad; se agregaban y llamaban
servidores de cuantos encontraban, ofre­
ciendo un eterno reconocimiento por
el favor que les prometian: de este
m odo, para poder después satisfacer
su fausto con la consecución de aque­
llo á que aspiraban, no tenian dificul­
tad en degradarse con la mayor vile­
za. Quise observar co'mo se portaban
los cortesanos en semejantes lances, y
vi que á todos concedian la razón so­
bre que fundaban sus pretensiones, pro­
metiéndoles toda su intercesión ; asi
quedaban los pretendientes muy paga­
dos de las palabras de unos sugetos que
interiormente determinaban no hacer
cosa alguna á favor de ellos.
M e aproximé luego para oir las res­
puestas que iba dando cierto personage que estaba alli muy grave: presentábansele uno á uno los pretendientes,
y les iba respondiendo igualmente que
era su declarado partidario; que no le
había traído á palacio aquel dia otro
m otivo, que el hablar claramente de
sus m éritos, y ver si podía conseguir
le hiciese justicia:
se

que se

después

1 86

VIAGES

quedaba un rato como en admiración
y prorrumpía diciendo: que no sabia
cómo había personas tan osadas que se
atreviesen á aspirar á un grado tan
sublim e, que solo se debía al méri­
to ; y que intentasen contrarestar tan
á banderas desplegadas la consecución
de aquel empleo, á quien por tantos
títulos le pertenecía. Esta misma ora­
ción repitió á seis diferentes sugetos en
el espacio de media hora que estuve
yo escuchando. Si estos no tenían otro
protector que éste, y en tales pala­
bras fundaban sus esperanzas, podían
ciertamente estar asegurados de un
buen éxito.
Quise conocer al señor Saúco, que
contra todas las apariencias de alcan­
zarlo , se había hecho también oposi­
tor á este cargo : le encontré al con­
trario de todos los demas, muy alegre,
y como que no pensaba en tal nego­
cio. Reíanse los palaciegos de su atre­
vimiento; y yo me imaginé, ó que
era un gran tonto, ó que poniendo
poco cuidado en el efecto, únicamente
había salido á aquella pretensión por
poder después con mas facilidad alean-

DE WANTON.

187

zar otro empleo He menos clase. Esto
se vé frecuentemente en las cortes,
donde es lo mas difícil para conseguir
el llegarse á dar á conocer.
Bien presto eché de ver que me
liabia engañado en el juicio que hice
del señor Saúco, porque de alli á po­
co se me declaro él mismo. Llegóse
pues á m í, y con la mayor libertad y
pocos cumplimientos, me retiro aparte
para hablarme en secreto. Y o, me di­
jo , soy un mono que no gasto cere­
monias y aborrezco los preámbulos es­
tudiados; por tanto, omitiendo todo lo
que de ordinario se dice en tales ca­
sos, voy prontamente al punto prin­
cipal de mi intento. Yo deseo que me
confieran el empleo de generalísimo
del reino; que lo merezca ó n o , nada
hace para el asunto, porque si asi fue­
se , no habría aqui tantos concurren­
tes á esto mismo: bien sabido es por la
ciudad el favor que goza con el prín­
cipe vuestro compañero; si por su me­
dio disponéis que yo consiga la gracia,
tendréis pronta la paga con mil escu­
dos de oro.
M e did risa la libertad del señor

í 88

VIAGES

Saúco, y por imitarle le respondí asi:
seria indigno mi compañero de la pro­
tección que logra, si abusando de ella
vendiese sus favores; y yo no mere­
cería el título de su amigo, si tuviese
osadía para hacerle proposición seme­
jante. Reservad vuestra oferta para co­
razones mas venales , y haced mejor
juicio de nuestros procederes. No le hi­
zo esta repulsa caer de ánimo: lo que
os ruego es, me replicó, que á lo me­
nos me guardéis secreto; bien que en
suma aunque se supiese, no me debían
censurar de que tomase el camino mas
seguro para el logro de mi fin. Prome­
tido no publicar la confianza que con­
migo habia tenido; y le considere ya
el mas poderoso de todos los preten­
dientes que hasta entonces se habia
presentado.
Salió de alli á poco Roberto , á
quien rodearon los aduladores; pero
no se dejaba fácilmente engañar de
ellos. El primer ministro quiso que se
fuera á comer con él: convidóme tam­
bién , pero dada ya la palabra al pre­
sidente , no pude admitir su atenta ex­
presión : poco tardó éste, desembara-

189
DE WANTON.
zado ya de todas sus dependencias, en
venir á buscarme : hicimos algunos
cumplimientos á los sugetos de alta es­
fera y nos volvimos á su palacio por
ser ya la hora de medio dia.
W V k W V W iW W V W V IV V W V

C A P ÍT U L O

XIII.

De la conversación de Enrique y el
presidente.
costumbre del presidente cuando convidaba ú su mesa á algún ami­
go con quien quería tratar asuntos se­
rios, comer separado de su consorte
y sus hijas; porque sabia muy bien
que hay muchas monas, que ó se mo­
lestan con los discursos que piden es­
pecial atención, ó los interrumpen con
importunas preguntas y reflexiones fue­
ra de propósito. Hizo pues poner la
mesa para nosotros dos solos en una
pieza inmediata á su gabinete, y pri­
mero quiso franquearme el honor de
que hiciese una visita á las señoras.

190

VIAGES

Pasamos í una habitación ricamente
alhajada y me introdujo á la sala en
que se hallaban su esposa y dos hi­
jas. Aqui tienes, Betónica, dijo á su
consorte, un forastero amigo mió que
me concede hoy el singular gusto de
comer comigo.
Levantóse madama Betónica de su
asiento, tiró la labor y vino á reci­
birme con tan atento agasajo que me
sorprendió. Las hijas no levantaron los
ojos de lo que estaban trabajando, por
lo que al punto conocí en ellas una
no ordinaria modestia, efecto de una
sabia educación. Acaso esta su compos­
tura me ahorró el disgusto de que se
rieran en mi cara, como generalmen­
te sucedía á los principios ; á lo me­
nos tal era el efecto de los que me
veian repentinamente, en particular las
monas, y de estas mucho mas las mozuelas de poca crianza , que son dis­
puestas para hacer burla, y para ex­
trañar aquellas figuras en que encuen­
tran algo de ridículo, según su modo
de pensar. Estoy persuadido á que la
madre las advirtió como dehian conte­
nerse, pues aunque después de comer

DE WAN TON .

191

me vieron á toda su satisfacción, no
demostraron acto alguno de admiración
ó de desprecio. Madama me rogo antes
de separarme , que la concediese el gus­
to de pasar un rato á conversación con
ella, después de despachar lo que tu­
viese que tratar con su esposo; yo par­
tí prometiendo obedecerla.
Fue delicada y curiosa la comida,
sin aquella profusión que sacia y no
deleita al convidado. Estábamos solos,
y el presidente me hizo varias pregun­
tas, á que yo procuré responder con
exactitud, para que hiciese de mí un
buen concepto. Tal era puntualmente
su intención, poder formar una opinión
adecuada de mis luces y mis talentos,
para pasar después á satisfacer su cu­
riosidad acerca de las cosas de que de­
seaba informarse. No obstante que pa­
rezca que yo repetidas veces no pierdo
la mira (como alguno puede ser que
tenga la malicia de imputarme) de ri­
diculizar un pais en donde he recibi­
do tantos beneficios y gustos; debo en
este lugar confesar la verdad , y con­
fundir la malignidad de los que sin
examen se atreven á impugnarme.

192

VIAGES

Me lia sucedido encontrar en este
país personages excelentes , y cuyos
méritos sobrepujaban á todo aquello
que mi lector puede imaginarse; pero
como son pocas las obras perfectas, y
no quiere la naturaleza suministrarnos
muchos ejemplos, por tanto no se me
debe notar con el defecto de ingrato,
porque no sé adular ; antes pido se me
permita la sinceridad con que me dito
á seguir las ordinarias circunstancias de
las cosas. Empeñado acaso en no des­
viarme del camino que hasta ahora he
trillado, habré incurrido en algún yer­
ro; y en este caso deberán culparse
las débiles luces de mi entendimiento,
pero no la atención de mi voluntad,
siempre dispuesta á manifestar la ver­
dad , ensalzando á quien merezca ala­
banza , y reprobando no las personas,
sino las costumbres que son dignas de
vituperio.
Mas para volver á tomar el hilo
de mi historia, debo asegurar que el
dicho presidente , ademas de lo que
acerca de sus circunstancias tengo ya
expuesto, era un personage dotado de
aquellas cualidades que raras veces se

DE WANTON.

I93

unen en un solo sugeto hábil, benéfi­
co , honesto y agradable; sabia dar á
todos lo que les convenia, y llegaba á
distinguir sin necesitar mucha aplica­
ción, quien merecia las confianzas de
su amistad. Debo hacer esta descrip­
ción atento á sus talentos y virtud que
eran las fuentes principales de donde
dimanaban continuamente infinitos bie­
nes á favor del soberano, de la patria
y de los particulares.
Este pues queria que yo le informa­
se de la Europa, de su división, de los
príncipes que la dominaban, y de sus
varios gobiernos. Después descendiendo
particularmente al reino en donde el
cielo me habia concedido el privilegio
de hacerme nacer vasallo, me pregun­
tó todo aquello que de él podía saber­
se con singularidad: quiso entender sus
lím ites, sus fuerzas y sus leyes; des­
pués me preguntó acerca de las cien­
cias , las artes y el comercio : todas
las cosas eran objeto de la curiosidad
de su genio; pero sus cuidados solo se
dirigían á descubrir los asuntos mas
ventajosos para poner en práctica lo
mas conveniente al servicio de su
T omo ii .

13

194

VI AGES

príncipe y de aquellos dominios.
Si aquestas indagaciones se hubie­
sen ejecutado conmigo en el tiempo que
vivia en la casa de mis padres, hu­
biera juzgado ciertamente que se me
hablaba en un lenguage forastero; pero
Roberto me había instruido en estos
conocimientos, y asi pude satisfacer á
las curiosas indagaciones del presiden­
te, que formó una alta reputación de
mi saber; no haciendo yo otra cosa
que repetir las lecciones de mi amigo,
que me había instruido perfectamente
en estas materias: asi á poca costa que­
dé con concepto de docto. Muchas ve­
ces sucede adquirir una persona gran­
de fama de sábio, únicamente por la
fortuna de que le preguntan el punto
que acaba de ver en algún libro bien
escrito, que la casualidad trajo á sus
manos, sin que tal vez haya abierto
otro en toda su vida.
Luego que dejé satisfechas las pre­
guntas del presidente, quise yo tam­
bién aprovecharme de su instrucción;
por lo cual le pregunté como se di­
vidía el orden del pueblo que compo­
nía aquella ciudad. Si hubiese, respon-

DE WANTON.

I 95

did é l, de seguir la opinion de aque­
llos que desprecian á todos los qu e no
son de igual condición á la s u v a ; os
diria que todo el pueblo se reduce á
nobleza y plebe; pero los que tienen
este modo de pensar, no echan de ver
que al querer ensalzar su estado, 'le
hacen confinar con el que tanto des­
precian: por esto, separándome de es­
ta opinion, le distribuyo en tres cla ­
ses , y de estas cada una en sus parti­
culares subdivisiones, esto es, ínfima,
media y suprema; á esta añadiré cier­
ta clase de personas, que no se' en
que' grado colocarlas, y que deben lla­
marse cómicas; la razón de esta deno­
minación está en que las acciones de
estos que componen este orden , con­
sisten en una vana apariencia, por lo
que deben ser comparados á los perso­
nages co'micos; á lo que se añade la
brevedad de sus grandezas, que al ins­
tante se acaban; y ciertas extravagan­
cias que les son inseparables.
Dificultosísimo es que comprendáis
lo que os digo no habiendo visto los
originales á quienes se refieren m is pa­
labras sino os lo demuestro cor¿ los

196

VIAGES

ejemplos. Advertiréis alguna vez al hijo
de un pobre artesano, á un simple plu­
mista , á un procurador y á un fidei­
comisario de herencias cuantiosas, pa­
searse con un tren igual al que gastan
los nobles mas acaudalados: el juego,
la embriaguez, y toda suerte de pasa­
tiempos , son el objeto de su diaria apli­
cación : sus mesas siempre están dis­
puestas para el recibo de personas de
alta esfera, que tienen la vileza de con­
temporizar con estos mentidos ídolos
de la fortuna , que llegan á ensoberbe­
cerse mas por la tolerancia y abati­
miento de los otros, que por la verda­
dera elevación de su estado ; tienen i
cosa de menos valer el tributar los de­
bidos respetos á aquellos que el cielo
ha puesto en una condición mas distin­
guida; se atreven asimismo con la ma­
yor temeridad á igualarse con las per­
sonas mas sublimes; y miran con sem­
blante de un insultante menosprecio á
todos los que, ó por prudencia , ó por
falta fie medios no hacen tan impropio
uso del oro: pero la gloria de éstos es
de corta duración; pues agotadas las
minas de sus riquezas, ó descubiertos

BE W ANTON.

IQf

soi fraudes, se ven precisados á huir
cual á uno, cual á otro pais desconoci­
do , para escapar del rigor de las ma­
nos de la justicia, que severamente les
lia de castigar tan perversos procedi­
mientos : con su fuga llegan á descu­
brirse los manantiales de su transitoria
grandeza , de la que ya el público, ya
el privado tiene que resentir los per­
juicios.
Hay de esto repetidos ejemplares
entre nosotros, y con todo eso se em­
pellan los preocupados en no examinar
el fundamento o la conducta de estos
truhanes, cuando comparecen con tales
exterioridades sobre el teatro del mun­
do. Fulminado el rayo, todos dicen que
previau la desgracia , y aquellos mis­
mos que les ayudaban á disipar sus
bienes, aunque sin saber de adonde ve­
nían, son los primeros á denigrar la
fama de estos que hasta aquel dia les
habían favorecido y aprovechado. Ja­
mas con tales personas he querido tra­
bar amistad; antes bien, primero que
empeñarme con cualquiera, lie solici­
tado indagar si sus rentas ó sus ganan­
cias son equivalentes á lo que gasta; si

198

VIAGES

no corresponden, siempre lie huido de
estrecharme con semejante sugeto , ha­
ciéndome cargo de que el tal es un so­
lemne ladrón ; y tarde o temprano se
ha llegado á verificar públicamente mi
juicio.
Pasó mucho mas adelante el presi­
dente en esta materia , y de una en
otra palabra le vino á propósito tocar
de paso la del lujo. Yo que queria en­
tender con alguna mayor exactitud qué
motivos habia para condenar con tan­
to rigor el lu jo , reputándole como rui­
na de los estados , le hice alguna gene­
ral y equívoca oposición , para obli­
garle á que descifrase aquel punto con
alguna mas individualidad. No seria,
respondióme, tan reprensible el lujo, si
este pudiese estrecharse en los límites
de las familias opulentas, que no saben
en que emplear lo abundante de sus
rentas; antes puede decirse, que el es­
tado en tal caso recibiría aquel pro­
vecho que consigue un cuerpo lleno de
sangre, cuando por medio de la san­
gría se le facilita su circulación : el
oro encerrado en la gabeta es inútil al
que le posee y al público: para que sea

DE WANTON.

I99

provechosa la invención del dinero, es
necesario que gire sin detenerse; en
consecuencia de esto, lo que mas se
condena en el lujo, es que toda la no­
bleza quiere igualarse en todas las co­
sas ; de aqui es, que si un rico se car­
ga de criados, el otro que no lo es,
por imitarle, arruina su casa, y se
llena de deudas; entonces el primero,
á quien sus riquezas tienen en posesión
de pretender la preeminencia entre Jos
demas, aumenta en aquella exterior
grandeza á un grado excesivo, y se per­
judica por no querer igualarse á los
otros. Asi van creciendo las obstinadas
competencias, y todos corren unifor­
memente á su ruina.
Lo que dejo dicho en un asunto,
debe entenderse en los demas, aunque
en materia de vestidos, como cosa que
está mas á la vista de todos, se hallan
los principales objetos del fausto. De
la clase de los nobles se pega el con­
tagio á la mediana: muchos ricos mer­
caderes y bienestantes de la ciudad, que
suelen dar en la locura de imitar á la
nobleza, con la que se creen confinan­
tes por la opulencia de sus bienes, se

200

VIAGES

avergüenzan de no seguirla en este
exceso, y por tanto llega á comunicar­
se á ellos igualmente el lujo: la ínfi­
ma plebe resiente á proporción los da­
nos; ya en nuestros dias se ve una po­
bre criada, tal vez de lo mas soez del
pueblo , adornada con mas galas que
llevaba en mis mocedades una rica
mercadera.
Siendo así, le interrumpí, yo no
acabo de entender qué perjuicio se si­
gue al común ; porque según vuestros
principios, girando por este medio el
dinero, se logra el fin para que fue
instituido; y el público poco interesa
en que el oro esté en poder de los no­
bles ricos ó de los mercaderes; antes
bien me parece que esto será muy ven­
tajoso para los oficios, pues asi se pro­
porciona que se sustenten muchas íamilias con comodidad. Yo omitiré, re­
plicó el presidente, examinar por ahora
si sean provechosos ó nocivos artes que
hay superfluos en un reino, que ve
perdidos á diversos artesanos que pu­
dieran emplearse en otros mas útiles
al estado; no os referiré asimismo los
detrimentos que se originan de arrui-

DE W ANTON.

201

narse una honrada fam ilia; pero daré
una respuesta á vuestra proposición que
os desatará todas las dudas.
Se ha introducido entre los simiopolitanos el fanatismo de no dar esti­
mación sino á las cosas que vienen de
lejos. Los profesores de las ciencias que
se aprenden en esta ciudad no tienen
mérito; para que sean estimados es ne­
cesario que vengan de países extrangeros, y á proporción de la distancia de
nuestra pétria crece la reputación que
de ellos se form a: no se cree poder ha­
llar artífices excelentes sino fuera de
estos dominios 5 lo propio se entiende
de músicos, pintores, y de todos aque­
llos que se emplean en cualquiera cien­
cia o arte liberal ó mecánico, Esta ne­
cedad se extiende á todas las cosas; las
lanas y las sedas forasteras se tienen
por las mas particulares, y se despre­
cian las nuestras; lo mismo sucede en
los géneros de mercería. Sobre tan fal­
so principio, lo que sucede es que to­
dos buscan las manufacturas, y cuanto
necesitan de los extrangeros: los artes
y artesanos naturales se menoscaban
con la necesidad , el dinero sale del es-

202

VIAGlíS

tado, que por consiguiente se va em­
pobreciendo; y entre tanto los foraste­
ros se rien, y triunfan de nuestra ig­
norancia.
A este tiempo vino un criado con
un recado, diciéndome de parte de su
ama que ella deseaba la hiciese el gus­
to de pasar á su cuarto á conversación:
el presidente le hizo volver, y que res­
pondiese que á poco rato quedaría sa­
tisfecha , y prosiguió asi su discurso:
bien sé que podréis argüirme que con
sabias leyes se debiera poner coto á
tan exorbitantes desordenes; pero ha­
béis de entender que no han faltado
celosos legisladores que se tomaron las
mayores fatigas para desimpresionar á
los ciudadanos de unas máximas tan
falsas y perniciosas; é impusieron rigo­
rosísimas penas á los transgresores: pe­
ro reflexionad, amigo, que la preva­
ricación tiene mas ojos y mas manos
que la ley. ¿ Si uno edifica, y son mil
los que destruyen, cómo podrá tener
adelantamiento el edificio ? Por tanto,
ineficaces son los remedios, cuando se
impiden con el mayor esfuerzo los efec­
tos saludables que debieran redundar

DE W ANTON.

5>03

de ellos. No os molestaré describién­
doos los artificios que se inventan, pa­
ra hacer ilusorios el valor y la ejecu­
ción de las leyes: sois extrangero, y así
no es posible que forméis un juicio
cabal de los abusos introducidos con
este motivo; solo os diré que la mali­
cia de nuestros artesanos, diestrísimos
cuando quieren hacer una trampa, es
acaso el origen de todo el m al, y el
estorbo para que se ponga el remedio.
Suponed que yo soy un celoso ob­
servador de los mandatos del gobier­
no; tengo que dar de vestir á mi fa­
milia, y manteniendo un entero res­
peto á las leyes, no quiero defraudar
á los artífices del pais de aquella como­
didad que solicitan , mediante la pro­
tección de la superioridad; en virtud
de esto los llamo para que me provean
de lo necesario: hambrientos por falta
de tales ocasiones, forman el plan pron­
tamente de resarcirse en aquel lance de
todos los anteriores desfalcos; escogen
los materiales mas endebles, porque los
compran muy baratos; procuran que
el trabajo aparezca fuerte y consisten­
te con los artificios que ellos bien sa-

204

VIAGES

ben, aunque en la realidad sea rlebil y
de poca dura; engrandecen sus mate­
riales por los mejores; el trabajo por
de toda ley, y la duración eterna, y
á peso de oro me hacen pagar el enga­
llo. Pasa poco tiempo y se aniquilan
sus obras: yo que era un perfecto eje­
cutor de las leyes, me veo precisado
á seguir la prevaricación común, por
no servir mi celo de otra cosa que de
hacerme arrojar el dinero. ^ si viene á
suceder que el abuso sea el origen prin­
cipal del error, que tal vez se justifica
con la malicia de aquellos que se ven
reducidos á la miseria que el dicho fa­
natismo acarrea.
Yo quedé persuadido de la verdad,
y perfectamente informado en una ma­
teria que deseaba entender á fondo.
Gustosamente me hubiera aprovechado
de la compañía del presidente, de quien
podia tomar exactas noticias de la po­
licía y costumbres de los monos; pero
el repetido convite de madama Betó­
nica me precisaba á no abusar de su
benignidad. Pedíle pues licencia para
ir á cumplimentar á su consorte: la
honrareis y daréis gran gusto, me res-

DE WANTON.

205

pondió, y á mí al mismo tiempo; ella
querrá haceros algunas preguntas en
asuntos sobre que yo no os he moles­
tado ; todos tienen sus particulares mi­
ras y curiosidades: ella es mona , y así
es forzoso que la supláis sus defectos.
Yo añadí las razones que merecía tan
atento discurso, me suplicó le perdo­
nase el no acompañarme, por tener que
ocuparse en unos importantes negocios
que se le habían encargado en la corte,
y con esto nos despedimos.
C A PÍT U L O XIV.
De la visita de Enrique á madama
Betónica, y de lo que pasó con ma­
dama Zanahoria.
J* uí pues conducido al cuarto de ma­
dama Betónica, que encontré rodeada
de sus dos hijas y de sus doncellas;
luego que estas me vieron, gritaron
llenas de alegría: ya está aquí, ya está
aquí; por fin ya se ha dejado ver.

•¿06

VIAGE3

Inmediatamente me pusieron una silla
arrimada á la mesa de madama enfren­
te de ella y entre sus dos hijas: estaba
la madre aplicada en enderezar con fes­
tones cierto adorno de la vanidad del
sexo; una de las doncellas se fatigaba
en componer una cofia, teniendo un
eje'rcito de alfileres dispuesto en diver­
sas líneas para que la diesen socorro}
otra andaba escogiendo entre unas y
otras flores de mano las que necesitaba
para formar ciertos grupos graciosos}
todas tres finalmente estaban empleadas
en la grande obra de perfeccionar la
cofia. Diversas eran las labores de las
demas, pero no puse cuidado en ob­
servarlas.
La primera pregunta que me hizo
madama fue si las hembras de Europa
eran tan dadas á los adornos como las
monas. En todo el mundo, la respondí,
mírese por cualquiera parte , hay muy
poca diferencia; el modo suele ser diver­
so, pero en lo esencial no se encuentra
distinción: nuestras europeas se interesan
con mas esfuerzo, y tratan con mayor
atención sus atavíos, que un ministro
de estado los intereses de su príncipe.

DE W ANT0N.

207

Iba continuando en la descripción
de las mas se'rias ocupaciones de las
mugeres, cuando se levantó de su silla
una de las doncellas, y puso á la vis­
ta de su ama cierta labor que traia en­
tre manos, proponiéndola el arduo pro­
blema, de si deberia hacerse en tal pa­
rage un punto del derecho ó del reves:
la dificultad era importante: madama
no queria decidirla por sí sola , y así
llamó á consulta á las hijas y á las
criadas, y todas congregadas se pusie­
ron á examinar con gravedad la mate­
ria , para poder desatar doctamente tan
dificultosísima cuestión. Después de va­
rias dudas, conferencias y diversidad
de pareceres, se determinó según la
decisión de aquella que era la mas doc­
ta en el concepto de madama.
Esta, finalizada tan necesaria inter­
rupción , me preguntó si nuestras mu­
geres llevaban zapatos, de qué mate­
ria se componían y cómo era su he­
chura. Ya empezaba yo á hacer el pa­
pel de zapatero, cuando la hija ma­
yor me ahorró el trabajo, por tener
que consultar con su madre sobre si
la punta de la cofia que viene á dar

208

viages

al medio de ella, se debía alzar u ba­
jar: no era asi como quiera la dificul­
tad ; no se atrevió á resolver mada­
ma, hasta que por experiencia tuviese
conocimiento del efecto que en uno y
otro caso resultaba: acomodó la cofia
sobre la cabeza de la misma que ha­
bía propuesto la cuestión, y bajando
primero la punta, se puso atentamente
á examinar de medio perfil, de lleno,
de arriba y de abajo, que aire de gra­
cia recibia la cara de su hija, coloca­
da la punta en semejante figura; de
ésta pasó á la otra postura, levantán­
dola , y hecho con igual diligencia el
mismo escrutinio , decidió por el se­
gundo caso. Cuando creí que se ha­
bía finalizado la dificultad, oí pronun­
ciar un rigoroso decreto para que die­
se un cruel tormento á la pobre cofia,
porque tenia una de las alas un tan­
to cuanto, que apenas se distinguía,
mayor que la otra: inmediatamente se
prepararon á la operación los alfileres,
ministros de la crueldad, y en breve
tiempo quedó ejecutada aquella ejem­
plar sentencia.
Olvidada madama Betónica de la

DE WANTON.

SO9

pregunta de los zapatos, ó creyéndose
ya satisfecha de su curiosidad, bien
que yo no había respondido palabra,
pasó á otro punto, queriendo que le
informase acerca de los briales; no pu­
de llegar á hacerlo sin que pasase á
otra m ateria; asi fue de uno en otro
asunto hasta llegar á hablar de la co­
fia que era el principal objeto de su
curiosidad, y para satisfacerla, había
deseado con tanto ardor avocarse con­
migo : á fin de que yo no maliciase
que este había sido su único intento,
dio principio por los zapatos, para ir
ascendiendo disimuladamente hasta la
cabeza. No repetiré las continuas in­
terrupciones que la suspendían la re­
gular atención á mis palabras, hacien­
do tanto caso de mí en aquellos interva­
los como si no estuviera presente; tan
solo diré, que cuando se llegó á aquel
gran punto , que era el de su agrado,
mostró una infinita atención á cuanto la
decia sin perder una sílaba ; antes gritó
muchas veces á las hijas y á las criadas
porque tenían el atrevimiento de per­
turbarla con alguna dificultad mientras
duraba este severísimo examen.
T omo ii .

i4

210

VIAGES

Preguntóme pues si nuestras da­
mas acostumbraban cubrir sus cabe­
zas con un poco de lienzo, artificio­
samente plegado, dispuesto y adorna­
do con tanta gracia como ellas solian
practicar. No solo, la dije, las seño­
ras han introducido entre nosotros la
costumbre de ponerse en la cabeza un
reparo con materiales poco capaces de
defenderla de la intemperie del aire,
y cargado de varios adornos, que á su
parecer forman una delicada vista á
los ojos de los hombre ; pero aun las
mugeres de la ínfima plebe imitan este
uso de las damas nobles, diversificán­
dolo únicamente en la cualidad del lien­
zo, del marfil, y de la riqueza con
que suelen adornarse.
Mucho me agrada, añadió mada­
ma , que las mugeres tengan el exqui­
sito gusto de las monas, y no desa­
pruebo la conducta de la plebe que si­
gue las ideas de la nobleza; pues esta
debe ser siempre el modelo de las ope­
raciones de aquella. Pero por lo que á
vos toca, me parece, señor, que no
estáis muy persuadido de la utilidad
de esta invención que nos adorna y

DE W A N T0N .

2 II

Iiace airosas; mas no obstante, por lo
que en realidad sucede, queda desmen­
tida y reprobada vuestra opinión; pues
aquel uso debe creerse sábio y racio­
nal , que es generalmente abrazado por
todas las naciones, y no pudiera cier­
tamente haberse puesto en la cabeza á
las señoras de vuestro pais el imitarnos
en tan útil invento sin conocernos, si
la naturaleza , la verdad y la razón
no las hubiera suministrado la idea.
Concedida la consecuencia que dedu­
cía, aunque no me faltaban razones
con que replicarla, y probar que en
materia de costumbres no deben tener­
se por mejores las que llevan sola la
razón de mas aplaudidas y generales.
Si hubiese tenido la imprudencia
de empeñarme en esta disputa, por
consiguiente debía poner el ejemplo
en varias cosas que ella reputaba por
excelentes; y asi hubiera pasado para
con ella por un bárbaro ó un bruto
que carecía de discernimiento; me que­
daría sin adelantar cosa alguna y des­
preciado, con unánime consentimiento,
de todas las monas que allí se halla­
ban. En otros tiempos que la vanaglo-

2I«

V1AGES

ña de querer distinguirme hacia un«
fuerte impresión en mi ánimo, no hu­
biera dejado de arrojarme á una nece­
dad semejante; pero habiendo abierto
mas los ojos con los arlos y práctica
del mundo; supe muy bien sujetar este
desordenado deseo de sobresalir, que
á los que se dejan llevar de él, hace
objetos de continuas risas, burlas, ene­
mistades y peligros. La materia final­
mente de que se trataba, no merecía
la pena del empeño, ni permitía la
buena crianza que contradijese á una
dama en aquellos puntos de que ellas
se creen naturales é inapelables jueces.
Alegre y satisfecha madama de ha­
ber hecho tan glorioso descubrimiento
en favor de sus estimadas cofias, pasd
á indagar si la hechura de las de nues­
tras damas era siempre una misma , ó
si acaso de cuando en cuando se varia­
ba. No podré acabar de deciros, res­
pondí, en cuantas clases se distribuyen
las varias formas que dan á este géne­
ro de adorno: hay cierta especie de
personas que se interesan en mudar
continuamente la moda : ya recogen
dentro de ellas todo el pelo -3 ya dejan

DE W ANTON.

2 1^

descubierto el círculo de cabellos que
rodea la frente ; ya se aprisionan estas
cofias con un pedazo de tela que se
ata por debajo de la barba; ya se de­
jan en tanta libertad, que parece que
tienen alas, y que echarían á volar si
un tirano alfiler no lo impidiese, obli­
gándolas á detenerse sobre la cabeza.
Tales modas que continuamente van
sucediendo de unas en otras, tienen su
origen en el fecundo cerebro de cier­
tas mozuelas que están en posesión
(no sá el motivo) de ser los oráculos
del arte, y no cesan de suscitar nuevas
invenciones.
A los principios de una moda (d i­
re con sinceridad el efecto que en mí
solia producir) me parecia intolerable
y horrible la novedad cada vez que se
me presentaba, y feísimas las hermo­
sas ; pasados algunos dias no me dis­
gustaba tanto la innovación, hasta que
finalmente con el tiempo me iba agra­
dando : esto proviene de que estando
los sentidos acostumbrados á una cosa,
difícilmente se satisfacen con otra; has­
ta que por sus grados van deponiendo
la estrañeza : pero el interes de las di-

2 14

VIAGES

chas inventoras no las da lugar á esta
graduación, pues lo que intentan es
destruir del todo la antigua con la nue­
va moda, para que necesariamente se
recurra á ellas, que saben hacer un
ventajosísimo comercio con la vanidad
de las damas.
Madama Betónica estornudo, como
si quisiese dar á entender que procu­
raba descargar la cabeza de las impre­
siones que iban haciendo en ella mis
palabras; y después sonrie'ndose , me
dijo, que en los asuntos que pertene­
cían á las señoras, se debía dejar for­
mar juicio á ellas mismas, porque ex­
cluidas de todos los negocios de enti­
dad en donde no tenían la osadía de
incluirse, era de justicia que los mo­
nos , ó los hombres entre nosotros , las
dejasen sin inquietarlas en la posesión
de lo que á ellas pertenecía únicamen­
te. Yo os concedo cuanto decís, la
respondí: pero permitidme que re­
flexione asi ; todo el estudio de las
señoras se dirige á comparecer mas
atractivas o menos desagradables á los
ojos de los monos ó de los hombres;
con que parece que por este motivo

DE WANTOTÍ.

21 $

ellos; y no ellas deberían ser los jue­
ces del efecto que suele producir su
adorno.
Estando en este coloquio, en el
que por modestia no daban las dos
mocitas su parecer, aunque probable­
mente tenían muy buenas ganas, en­
traron recado de parte de madama Za­
nahoria que ya subía la escalera, pa­
ra hacer visita á madama Betónica.
Quedé suspenso al oir su nombre, acorda'ndome que era esta á quien había
muerto el perrillo en la casería de los
villanos mis huéspedes y perseguido­
res ; por tanto quise precipitadamente
ausentarme para no encontrarme con
ella ; madama Betónica que sabia to­
da la historia, me dijo que ya era
imposible salir sin que me viese, y
que solo había el remedio de retirarme
á la pieza inmediata, hasta tanto que
se encontrase algún pretexto de condu­
cirla á otra sala, para que entonces
pudiese yo marchar libremente. Tuvo
también madama la advertencia de
mandar á una de sus doncellas que
avisase á su esposo el presidente la
causa de mi retiro, no fuera que en-

216

VIAGES

trando en aquella sala, y echándome
menos, preguntase por mí.
Madama Zanahoria estaba á la
puerta ; mas no obstante (parece impo­
sible ) ocurrid en este punto á madama
betónica pedirme una gracia : mandó
á sus hijas que saliesen al encuentro á
la visita, y entre tanto me rogd la hi­
ciese el favor de dibujarla un modelo
de las cofias mas airosas de Europa,
acordándome de la habilidad de Ro­
berto, la di palabra sin detenerme de
satisfacer su curiosidad. Las hijas que
se habían hecho cargo de la intención
de su madre cumplieron puntualmente
su comisión, y madama Zanahoria en­
traba por la sala al propio punto que
yo cerraba la puerta de mi retiro.
Precisado á estar escondido, aun­
que de mala gana, me puse á pasear
con mucho punto por aquella pieza,
que era justamente la alcoba de los
amos de la casa. Andaba contemplan­
do las ricas alhajas que la adornaban,
cuando advertí que sobre una mesa
habia un pequeño libro: por divertir
el enfado que dá la sujeción le tomé,
abrí, y su fachada decía: historias

DE W ANTON.

217

particulares, acompañadas de breves
morales advertencias: me entro en cu­
riosidad para aplicarme á su lectura. La
inconexión de las materias que conte­
nia , me hizo dejar á la casualidad la
elección del punto que pudiera entrete­
nerme. Volvile'pues á cerrar, y abriéndole por donde guió la suerte, me ha­
llé con una novela que se intitulaba:
si no quieres volverte loco, no satisfa­
gas á todos: esta contenia, poco mas
ó menos, lo siguiente.
Cierto autor había compuesto una
obra de poca consideración, trabajada
en breve tiempo, mientras se esta­
ba esparciendo por algunos dias en el
campo, para dar una especie de diver­
sión á sus amigos vecinos; uno de ellos
creyó aprovecharse, divulgándola, aun­
que no estaba todavía dada la ultima
mano. Salió, pues , á luz en el tiempo
en que su autor estaba en la cama con
una enfermedad aguda. Recibióla el
publico con gusto y benignidad , tribu­
tando á quien la había compuesto ex­
cesivos aplausos, que desde luego hu­
biera perdonado , por cuanto tenia in­
tención de permanecer oculto; entre

2I3

VI AGES

tanta el amigo sacó no poco producto
de ella: viéndose descubierto el pobre
mono contra su voluntad, quiso saber
el parecer común para corregir sus
propios defectos y los del lib ro : á to­
dos oia generalmente contentos; pero
cada uno ponía su excepción. Unos sugetos de genio melancólico y mal con­
tentadizo, congregados en cierta casa,
hallaban un gran delito al principio de
la o bra, y sin examen de sus cláusu­
las ni conocimiento del carácter del
escritor, le culpaban como falto de la
debida compostura; súpolo este, y al
punto corrió á enmendar todo el exor­
dio ; asi creía que el publico quedaría
satisfecho con la nueva que se estaba
disponiendo, por no haberle notado
otro defecto aquella academia burlesca.
Dijéronle después, que en cierta
conversación se le había imputado que
zaheria á unas personas, que no solo
no conocía aun de vista, sino que ja­
mas habia oido nombrar; por tanto
borró el pobre toda aquella inocente
parte de su escrito. Por otro lado ave­
riguó que en casa de un librero cierta
junta de críticos le habia hecho un ri-

DE WANTON.

219

goroso proceso, en cuya consecuencia
salió condenado por tres gravísimos
errores: el primero, que siendo su obra
un pasatiempo, contenia muchos do­
cumentos morales: el segundo, que no
era verosímil que una lengua forastera
se pudiese aprender en muy pocos me­
ses: el tercero, que era incompren­
sible como después que cesó la tor­
menta se había podido transportar á la
orilla por medio de un esquife desde
un navio encallado en un banco de
arena ciertas alhajas, y lo que es mas,
las pelucas de aquellos pasageros: ató­
nito quedó el autor, y asi enmendándose en razón de la primera objeción,
procuró disminuir las máximas mora­
les; pero como las dos siguientes de­
pendían del hecho , y tenian mas de
ridiculez que de otra cosa, determinó
no mudar palabra alguna en estos asun­
tos. ¿ Y no mas ? pues de alli á pocos
dias, escuchando los dicterios de los
ociosos, oia que el libro no tenia pá­
gina sin delito; pero con todo eso con­
tinuaba en ser bien recibido de toda
la ciudad, y comprado no obstante el
exorbitante precio á que estaba tasa-

2 20

VIAGES

do. Restauróse el autor de su tímida
sorpresa, y determinó continuar su
comenzada tarea, que si no le produ­
cía provecho alguno, le proporciona­
ba á lo menos la satisfacción de com­
placer á sus amigos.
Quería proseguir la lectura del li­
bro que me iba agradando; pero ha­
biendo oido- cierto rumor, me instó la
curiosidad de escuchar la causa, para
cuyo efecto apliqué el oido por el res­
quicio de la puerta, y advertí que ma­
dama Zanahoria estaba inquieta. ¿ Qué
es eso? la respondía la señora de la casa:
siento, decía ella, ciertos dolores que
me atormentan m ucho; ¡ cuánto tiem­
po ha que no he experimentado desa­
zón semejante! Serán efectos de pre­
ñez , añadió una criada vieja: no estoy
por cierto em barazada, respondió la
pobre dolorida 5 estos son retortijones
de vientre, y sí no le desocupo, no es
posible librarme de tal trabajo.
Madama Betónica quiso aprovechar­
se de esta casualidad, para que yo pu­
diera salir de mi escondite: vamos
pues, la d ijo , al cuarto de las niñas,
en donde podréis salir de esa urgencia

DE WANTON.

2« I

de la naturaleza: no, no, replicó ella;
esa estancia está muy lejos, permitid­
me que me acomode en vuestra alcoba
que está aquí próxima. Esto fue decir
y hacer; levantóse precipitadamente de
la silla; corrió hácia la puerta de la
pieza donde yo estaba escondido, quí­
sola abrir con violencia, y me dió en
la cabeza con tal ímpetu, que por mu­
chos dias después se me conoció el
cosconwn. Como encontró tanta resis­
tencia para abrir la puerta , renovó
con mayor esfuerzo el impulso; pero
no siendo este ya del caso, por haber­
me yo apartado, la fuerza que hizo y
el peso del cuerpo que dió en vago, la
hicieron rodar dando con su cabeza en
mis pies.
La sorpresa, la caída , el temor y
no sé que otros efectos que hubieron
de suceder necesariamente en lo inte­
rior de esta señora, la suspendieron los
dolores y cesó la urgencia corporal. Se
me olvidaba decir, que todas las cir­
cunstantes corrieron á levantarla del
6uelo, pusiéronla en la cama y procu­
raron restablecerla con espíritus con­
fortativos. Es indecible la gana que yo

222

V1AGE5

tenia de soltar la risa, y me parece
que todas las monas que alli se halla­
ban tenían la misma disposición; pero
la sufrían obligadas de cierto decoro
que era forzoso conservar. A poco
tiempo se levantó madama Zanahoria
y procuró saber la causa de hallarme
alli escondido; la fue revelada el se­
creto , y ella se ofendió de que yo la
creyese capaz de ejecutar acto alguno
de desatención; me aseguró que no era
mona vengativa (virtud rara en su sexo)
y quiso que todos nos sentásemos ami­
gablemente á conversación.
Con motivo de lo sucedido me ha­
llaba de tan buen humor, que quise
divertirme á costa de esta mona. Pre­
gúntela si había venido sola ó acom­
pañada, y habiéndome respondido que
sola, la dije: ¿pues á donde está aquel
girasol que solia animarse á los rayos
de vuestra belleza í ¡Ah! callad, res­
pondió , no me nombréis á ese traidor;
fue demasiado sincero el cariño que yo
puse en é l, para poder ahora aborre­
cerle como merecía ; no porque se me
ocultase que él era uno de aquellos
bribones que tienen puesto su estudio

DE W A N T0N.

223

en agregarse á las casadas ricas, por si
pueden grangear su gracia á fin de des­
pojarlas de sus bienes. Fingí que no
entendia lo que hablaba y continuan­
do en mis preguntas, la dije si acaso
era que la habia dado palabra de es­
poso y después habia faltado á ella. Yo,
respondió, ha muchos años que estoy
casada; vos no sabéis lo que pregun­
táis. Pues será, añadí maliciosamente,
que es vuestro marido y os ha dejado.
O vos, replicó e lla , sois un tonto que
nada entiende, ó sois una de aquellas
personas que se deleitan en desazonar­
nos. Perdonad, señora, la dije , que
no comprenda vuestro discurso, pues
no acabo de hacerme cargo de cómo
una mona casada pueda admitir á un
amante que no sea su marido.
Nada alteró á madama Zanahoria
esta delicada reprensión, que deberia
haberla avergonzado; antes dándome
una ojeada , y encogiéndose de hom­
bros, dijo : este necio quiere hacerme
perder la paciencia. Miráronme las mo­
citas , y observando que me estaba rien­
do, advirtieron mi m alicia, y tuvie­
ron bastante deseo de acompañarme

224

VIAGEJ

en la burla. Hice entonces como que
comprendía el enigma, fingí que sen­
tía su suceso, y después la dije: seño­
ra, según llego á entender, vuestra de­
sazón se deriva de que os halláis sin
un inmediato servidor; notable defecto
en una dama de mérito como sois vos;
pero este es un daño que puede repa­
rarse fácilmente, y si fuere de vues­
tro agrado yo me ofrezco á substituir
la plaza. Ah, ah, replicó ella en tono
de hacer burla, por cierto que haria
una gran conquista, recompensando la
pérdida de un buen muchacho con una
disforme bestia. Sea lo que quisiereis,
la respondí, por lo que á mí toca; pe­
ro esto de alabar á un traidor que os
lia burlado, dándole el título de buen
mozo, me suena á que aun sois su
amante. Soy, dijo ella rabiosamente,
el diablo que os lleve.
Estando en estas palabras entró el
presidente, y con una sonrisa la pre­
guntó: ¿con quién la habéis armado,
madama Zanahoria , que parece que
estáis toda alterada ? Me estoy defen­
diendo , respondió ella, de este men­
tecato, que está poniendo todo su es-

DE-W ANTON.

2 25

fuerzo en hacer desesperar, y no aca­
ba de conocer que habla con quien es
capaz de resistir á un millón de sugetos como él. Medid el presidente, se
termino la desazón, y me aseguro la
buena mona, que desde luego creía
serla de grande interés adquirir mi
amistad; para que no pretendiese el
distintivo de ser su cortejo, porque
temía que si me aceptaba bajo tal ca­
rácter, se liaría ridicula en toda la ciu­
dad. Concertados y pactados de esta
suerte los preliminares de una estable
paz , me despedí de las señoras y da­
das gracias al presidente por los fa­
vores y honor con que me había dis­
tinguido, salí de su palacio contento
por haber pasado aquel dia á toda mi
satisfacción.

T omo ii.

i5

2 26

VIAGES

tv v VVVVWl VVi.%
'■
%
VWv w tv v

CAPÍTULO XV.
D e las exequias del difunta
generalísimo.

( ontinuaba Roberto frecuentando la
corte adonde le mandaba el rey estu­
viese diariamente para conferir con él
ciertas innovaciones que meditaba : con
este motivo se Labia hecho tanto lu­
gar en la gracia de aquel príncipe, que
le escuchaba con benignidad cualquie­
ra proposición, y cbn utilidad del es­
tado seguía sus dictámenes. Se hacian
continuas experiencias para introducir
las artes europeas ; se buscaban los
mas acreditados y hábiles artífices, á
los que se daban los modelos; y ellos
imitaban la obra con el mayor esme­
ro. Eran continuas y palpables las ven­
tajas que sentía el estado con las luces
de Roberto, y la protección del prín­
cipe, que patrocinaba sus operaciones.
Aumentábase el provecho de los artífi­
ces j la ciudad disfrutaba las nuevas

DE WANTON.

2 27

introducciones, y (exceptuando un pe­
queño numero, que nunca falta, de
aquellos á quienes todas las cosas pa­
recen mal aunque no haya razón para
ello) todos los ciudadanos alababan á
Roberto, y daban gracias al cielo por­
que les liabia concedido la dirección
de un hombre tan singular. Todas es­
tas cosas se leen largamente en sus
memorias; y no quiero, como llevo
dicho en mi primer tomo, repetir lo
que él escribe, pues no debo meter la
hoz en mies agena.
Mientras Roberto se ocupaba en
materias de tanto peso, yo me hallaba
en un total ocio sin hacer otro uso del
tiempo y del discurso que examinar las
costumbres de algunos de los simiopolitanos que mas eco hacían en mi fan­
tasía ; estudio de corto trabajo, y en
que puede interesar poco la curiosidad
de los demas; mas habiendo hecho de
esta forma la partición entre nosotros
antes de nuestra llegada á la ciudad,
debo no apartarme de la senda que
por suerte me tocó seguir, ó si se ha­
bla en realidad, de la que únicamente
se juzgó serme adaptable.

2^8

viages

Pasados algunos dias, se esparcid por
la ciudad una voz confusa de que se
había ya hecho elección de genera­
lísimo , aunque no se decía el sugeto
en quien habia recaído este cargo.
Aquellos que hacen asunto en querer
penetrar los mas arduos misterios del
gabinete, aseguraban que era el señor
Saúco el elegido ; y después por el
efecto se vid no se habían engañado en
esta ocasión.
Tenían en la corte la antigua cos­
tumbre de no celebrar las exequias al
difunto he'roe hasta que estuviera su
empleo proveído, debiendo el sucesor
asistir á la lúgubre función de sus
honras. Se fundaba esta institución en
una sabia ma'xima , queriendo con
ella dar el mas sabio documento á
los que ensalza la fortuna , pues vien­
do el fin de las terrenas grandezas,
que son tan momenta'neas, podía apren­
der el nuevo electo el modo de em­
prender el camino de la virtud , que
es quien puede conservar el nombre
del difunto aun mas allá del sepul­
cro. Estas exequias, si se ha de de­
cir verdad, se reducían á un triunfo,

DE WANTON.

229

y eran muy semejante á los apoteosis
de nuestros antiguos.
Formaban una estatua que repre­
sentaba al muerto , que estaba ya he­
cho polvos, y advertí en esta ocasión,
que la imágen se parecía al original,
lo mismo que la madera, de cnya mate­
ria constaba, semejante á la carne : pe­
ro no obstante que la vista desengañaba
y hacia ridicula la representación , bas­
taba concebir la idea de que aquel mal
trabajado leíío fuese el cuerpo verda­
dero del difunto, para que una volun­
taria ilusión ( como muchas veces su­
cede ) supliese los defectos. Se ponía
el figurado cadáver dentro de un ataúd,
forrado de negro y o ro , queriendo que
se conociese que hasta el sepulcro les
acompañaba la vanidad. Iban delante
infinitas personas de todas clases , que
llevaban hachas encendidas, significan­
do con esto ( para dar plausible ilusión)
que la luz de sus obras resplandecía
después de su muerte. Le seguían final­
mente sus parientes y amigos, vestidos
de luto con desaliño, transformados en
otros tantos túmulos. Explico mas cla­
ro este último pensamiento.

Í3 0

VIAGES

El señor Haya y sus lujos fueron
convidados para asistir al funesto oficio
y estaban precisados á llorar, ó á fin­
girlo, sino tenian gana de afligirse en
realidad. Previendo el que estableció
estas ceremonias, que por lo común los
parientes enjugan pronto las lágrimas
que se derraman por semejantes pérdi­
das , pensó como hacer creer al puebla
en las funciones solemnes que estos esta­
ban inconsolables en su dolor; para esto
ideó una especie de sombrero de figura
cónica, que les duplicaba su ordinaria
estatura ; desde lo alto de él hasta los
pies del dolorido colgaba un pedazo de
tela de una materia v i l , para denotar
el poco cuidado en el adorno, y de
color negro, para dar á entender la tris­
teza De este modo los tales quedaban en­
vueltos y escondidos en esta máscara, y
podiau reir á su satisfacción, y sin te­
mor de ser murmurados de aquellos
simples que creen se demuestran los
efectos de la sangre en las apariencias
del luto.
Nosotros éramos sinceros amigos del
señor H aya, y así nos rogó que nos te­
másemos la incomodidad de acompa-

DE W/NTON.

231

ñarle disfrazados con tan horrible fi­
gura. Con que desazón rae llevaría
aquel raogiganga es fácil de discurrir
á cualquiera que sepa que tan parti­
cular disfraz impide cuasi absolutamen­
te el uso de la vista, y por consiguien­
te se camina con notable desacomodo;
pero de esta falta de comodidad se de­
rivó á mi favor el gusto de poder com­
prender próximamente con cuanta ne­
cesidad se introdujeron estos escondites.
Luego que llega el fúnebre acom­
pañamiento á una espaciosa llanura en
donde estií formad^ la tropa con todas
las insignias militares enlutadas, se po­
pe el ataúd sobre un elevadísimo tabla­
do , adornado con cuanta magnificen­
cia y riqueza es imaginable. Después
de una oración, que se dice en alaban­
za del muerto, adulación del sucesor y
lisonja del estado, se deja en manos
del pueblo la herencia del difunto, se
entiende los adornos del tablado, y em­
pezando desde la estatua, todo queda
despojado en b reve: se pega finalmen­
te fuego á lo que ha quedado; y el
humo que se eleva creen ser el genio
del héroe que va á señorearse de las

23 2

VIAGES

nubes; y con esto se acaba el funerala
No se me culpe de poco exacto por
baber tan de paso contado una costum­
bre tan particular, pues semejantes ri­
tos se encuentran difusamente explica­
dos en las memorias de Roberto.
Antes de ponerse en práctica las
exequias de que vamos hablando, se
originó una grande dificultad sobre bus­
car sugeto capaz de cumplir perfecta­
mente el cargo de orador. En la ciu­
dad en donde habia muchísimos per­
sonajes que hacian pública profesión
de amontonar palabras que no están en
uso, para poder componer una oración
vacía de conceptos, ninguno se juzgaba
suficiente á tan grande y dificultoso
empeño. Era forzoso recurrir á los extrangeros con sumo sonrojo de los pa­
triotas. Se hizo pues un diligentísimo
escrutinio, y fue finalmente elegido uno
á quien no se podia convencer de ha­
ber jamas usado en sus oraciones una
voz que no se leyese en ciertas novelas
de un autor que ya hacia cuatro siglos
que habia muerto; libro que era la
fuente de todof el inexplicable mérito
del orador forastero.

DE

W ZNTON.

233

Apliquéme con atención á oir sn
discurso; pero mi ignorancia no en­
contró en él aliciente alguno. Comenzó
con una locuciou que me pareció una
descarga de cañonazos, hízome estar
largo tiempo con la boca abierta, es­
perando un verbo que uniese los tér­
minos con que quería dar á entender su
pensamiento, y finalizado el primer eter­
no período, para mí fue lo mismo que
sino hubiese hablado palabra. ¡ Cuan
engañosas son las ideas á que nos con­
duce la falta de inteligencia! Yo había
conceptuado, que ni él mismo había
entendido lo que había dicho , pero los
aplausos de los circunstantes me dieron
á entender mi ignorancia; aunque por
defecto de luces no podia salir de mi
error. Finalmente, nada entendí de su
peroración y se me quedó seca la boca
con la continuación de tenerla abierta.
No obstante al fin de su razonamiento
bajó un poquito mas lo alto de su esti­
lo , y asi pude comprender, que ala­
baba la sublime virtud del difunto, á
quien no había oido nombrar en toda
su vida; que elevaba hasta los cielos el
valor del nuevo generalísimo} que era

2 34

VI AGES

un solemne poltrón , y finalmente, que
sin haber estudiado la astrología judiciaria, pronosticaba al príncipe y al
estado victorias, triunfos, y la conquis­
ta del mundo entero.
Aunque no llegué á entender la
excelencia del arte de este afamado
orador, comprendí la ridiculez de otro
que profesaba este mismo ejercicio,
aunque no en grado de tanta elevación.
Tiempo hacia que estaba vacante el pues­
to de primer ingeniero de la armada cuyo,
nombramiento dependia privativamente
de la voluntad del supremo comandante.
El difunto por no multiplicar los gastos
del tesoro público, no había querido
hacer la elección, pero se creía que
el sucesor para tener una hechura pro­
pia, y que del todo estuviese empe­
llada en servirle, se quería valer de su
derecho. El orador de baja extracción
( asi le llamo para distinguirle del cam­
panudo combinador de antiguos senten­
ciosos vocablos) cansado de un arte,
del que solo por su culpa no le redun­
daba todo el provecho que quería,
aunque sí mucho mas que el corres­
pondiente á su mérito, se determinó

DE WANTON.

235

á hacer la corte á un palafrenero del
señor H aya, para que este ganase la
voluntad á un volante, á fin de que
hablase á un ayuda de cámara, que
se interesase con el mayordomo, para
que dijese este sus súplicas al señor
H aya, que se había de empeñar con
Roberto, para que (como era persona
de tanto valimiento con el príncipe)
hiciese presente al nuevo generalísimo
la persona del dicho orador, á efecto
de que recayese en el la provisión del
empleo de primer ingeniero.
Uno de los hijos del señor Haya nos
conto esta particularísima recomenda­
ción en cuya dilatadísima escala de
protecciones echamos de v e r , que era
el primer escalón un mozo de caballos
y el último la alta persona del gene­
ralísimo del estado; singularidad fue
esta, que nos movió la curiosidad de
conocer á quien la había ideado. El se­
ñor Haya nos d ijo , que no debíamos
extrañar en cuanto á esto el carác­
ter original de este mono que e'l te­
nia bien conocido, y que tratándole,
experimentaríamos cosas que nos ad­
mirarían mas.

2 $ 6

VIAGES

Fue mandado comparecer el orador
adocenado, el que se dejé llevar de una
extrema alegría ; creyendo ya á Roberto
de parte de sus deseos, y que asi su pre­
tensión estaba en los mejores términos;
pero Roberto queria fondear los mé­
ritos de este sugeto, que repentinamen­
te pretendía ascender á un cargo de
tanta consecuencia. Preguntóle pues,
cuanto tiempo había gastado en apren­
der las matemáticas: quedo sin saber
qué responder el pobre mono, que no
liabia oido hablar de tal ciencia en su
vida. Juzgando Roberto que solo esta­
ría informado de las reglas prácticas
del empleo á que aspiraba, le propu­
so algunas dudas acerca de la arqui­
tectura militar; pero el mono que no
había comprendido aun los términos
con que liabia hablado mi amigo, res­
pondió que no entendía el lenguage de
nuestros países.
Admirados en extremo de la arro­
gante pretensión del dicho mono, no
pudimos menos de decirle cuánto nos
maravillábamos viéndole solicitar el
mas alto grado de una profesión , cu­
yos principios ignoraba. No le alterd

DE W ANTON.

237

Ja dificultad, antes respondió franca­
mente, que ninguno había nacido maes­
tro , que todos los profesores de aquel
arte le habían aprendido con el estudio;
que se le diese el cargo , y que al pun­
to se aplicaría, y aprendería todo lo
necesario para ejercerle. Estas razones
cerraron las puertas á toda replica, pues
vimos era inútil el hablar con un ton­
to de tal naturaleza. Sino hubiera yo
sido testigo de oidas de este pasage,
y sino tuviera una entera certeza del
original de una cabeza de tan poco seso,
no acabaría de creerle, ni me atreve­
ría á insertarlas en estas memorias.
»w b w w w w v t/v w v w v v w

C A P ÍT U L O X V I.

Publícase la boda de la hija del
señor Haya.
D o s dias después del referido funeral
se publicó la boda de la madamita Le­
chuga , cuyo tratado dias había que es­
taba concluido ; pero no se había dado

238

VIAGES

al público, hasta que se cumpliesen
las ceremonias con el difunto tio, para
que las lágrimas que era necesario der­
ramar por la formalidad de este moti­
vo , no se confundiesen con la alegría
que aquel había de promover forzosa­
mente. Vino á vernos Jacinto aquella
mañana antes que nos hubiésemos le­
vantado , para participarnos tan agra­
dable novedad en su nombre, y de to­
da la familia. Gustosísimo me dejó la
tal noticia, y así partí apresurado á fe­
licitar al padre de la novia, el que
después de abrazarme me dijo, que se
consideraba el padre mas afortunado del
reino, por haber hallado un yerno con
los partidos mas apreciables, y de un
bello genio. Este , anadio, es rico y de
alto nacimiento; luego que lleguéis á
verle notareis su buena política, y en­
tendiendo el gusto de tratarle, conven­
dréis con mi dictamen de que es la
persona mas amable de toda la ciudad.
M i alegría, que no era pequeña, se
aumentó á vista de la de mi amigo;
preguntóle cuanto tiempo hacia que ha­
bía destinado para su hija un tan digno
esposo, y que cuando se verían unidos

DI? WANTON.

239

con tan dulce lazo : respondióme que
apenas se habia divulgado por la ciu­
dad la rica dote que el heredero de su
difunto tío tuvo á bien consignar á la
niñ a, cuando se la declararon preten­
dientes los mejores partidos del reino;
que examinadas cuidadosamente las cir­
cunstancias de los sugetos y sus fami­
lias , y dando su consentimiento mada­
ma Espina y los demas lujos, ya habia
dias que estaban hechas las capitulacio­
nes , pero se habian tenido ocultas has­
ta este punto por la razón arriba dicha.
Conocí luego la causa de las continuas
conferencias, de que no ¿ramos parti­
cipantes , y me ocasionaron tanto cui­
dado y sospecha. Añadió después el se­
ñor H aya, que la boda no seria hasta
el fin de las carnestolendas, que daban
principio entonces : entre tanto, dijo,
las tertulias, el juego, el b a ile, las
teatros, los paseos y las máscaras, serán
las diarias ocupaciones de los novios;
en cuyos lugares también vos podréis
gozar de estas diversiones, que hasta
ahora no habéis logrado.
No tanto por un acto de civilidad,
cuanto por dejarnos llevar de los afee-

240

VIAGES

tos de nuestro corazón, que estaba po­
seído de una verdadera alegría , pasa­
mos al cuarto de madama Espina, que
nos recibid con las mayores demostra­
ciones de agradecimiento; y creyéndo­
se después constituida en la obligación
de referirnos que ventajoso era para su
hija el ya concluido tratado, dio prin­
cipio por la nobleza de la familia del
señor Nuez-moscada, que era el nom­
bre del novio. Es inmemorial, decía,
su origen ; y lo que se hace mas admi­
rable es la altísima estimación que esta
casa tiene en todo nuestro continente.
Ninguno de sus descendientes degenerd
de las nobilísimas cualidades de sus
mayores: todas las naciones han anda­
do á porlia por lograr el honor de
atraer á sí esta familia; pero sola nues­
tra ciudad goza la singular dicha de
numerarla entre sus patriotas: los extrangeros, como celosos de que sean
solo nuestras estas glorias, han concur­
rido á hacerla mas brillante con prero­
gativas y excelencias sobresalientes á
las de sus familias nacionales. Por últi­
m o, siendo tan honorífica á vista de
todos, debía recoger en su seno á mi

DE WANTON.

241

hija, para que conservase esta planta
su deliciosa y útil descendencia.
Se iba aumentando nuestro júbilo,
al paso que íbamos entendiendo la gran­
de fortuna que estaba destinada para
niadamita, y por demostrar en cuanto
pudiésemos sus efectos, rogamos á ma­
dama Espina nos concediese el gusto de
ir personalmente á significar á la nueva
esposa lo verídico de nuestra sincera
alegría. No esperaba yo, respondió ma­
dama , menos atención de tan benignos
huéspedes; mi hija está en el tocador,
luego que haya cumplido con sus mas
precisas ocupaciones, vendrá á agrade­
cer vuestras atenciones políticas, y en­
tretanto estaréis en conversación con­
migo. Nosotros aceptamos el convite de
acompañarla, lo que no la desagradó,
contra lo común de su genio, y asi
me determiné á creer que el contento
la habia suspendido sus acostumbradas
extravagancias.
Después de varias conversaciones
que se tocaron nos dijo a si: es costum­
bre de estos paises en las bodas de los
nobles, el convidar á los poetas nacio­
nales y extrangeros, para que con sus
T omo ii .

16

»4«

VIAGES

obras alaben á los novios, y les pro­
nostiquen las mas abundantes felicida­
des: puntualmente hay también ese es­
tilo entre nosotros, respondió Roberto,
pero nuestros poetas, por lo regular, en
semejantes casos no hacen otra cosa que
acumular adulaciones fastidiosas, con
poco ó ningún mérito en las composi­
ciones. Nuestra nación, replicó mada­
m a, es mas discreta que la vuestra en
este punto, porque nosotros ni aun
abrimos el libro en que se contienen;
es fuerza no separarse de la moda, y
yo en realidad he de seguirla á toda
costa ; no obstante que sean como quie­
ran las tales obra3, entre las señoras
los papeles en que están escritas, se ven
siempre condenados á envolver ovillos
y semejantes frioleras, necesarias para
nuestra diaria y doméstica labor: con
el presente motivo quisiera suplicaros,
anadió madama Espina, me hicieseis el
favor de componer algún epitalamio en
vuestro nativo idioma , distinción que
ciertamente no habrá tenido novia al­
guna de las antecedentes, y que será
envidiada de las futuras.
Sonrióse Roberto, y respondióla

DE

W A N TO N .

243

prontos nos hallareis, señora, para obe­
decer vuestros preceptos; pero la peti­
ción da á entender que vuestra modes­
tia quiere ocultar las alabanzas de vues­
tra b ija , y también cuidadosa tal vez
de nuestra reputación , pretendéis que
escribiendo en lengua desconocida , no
tengamos que temer las adulaciones 6
las críticas de buen gusto. Muy bien
s é , replicó madama, que no habrá
quien entienda , ni aun quien pueda
leer vuestros pensamientos; pero eso
¿ qué importa ? Lo que no se entiende
es lo que se hace mas apreciable, co­
mo lo experimentamos diariamente. Se
aumentará el número de las poesías,
que es por donde se forma juicio de la
grandeza y felicidad de los novios; y
finalmente alcanzareis fama de dos es­
píritus sublimes capaces de todas las
ciencias. La extravagancia de la pre­
tensión tenia la excusa del corriente es­
tilo: era forzoso que nosotros prometié­
semos á madama el darla gusto, lo que
podia ejecutarse sin mucho trabajo , y
con la certeza de no incurrir en la cen­
sura de ciertos pretendidos literatos de
que abunda la ciudad , cuya profesión

244

VI AGES

era ir mezclando palabras, frases y co­
plas de cierto antiquísimo, y aunque
á la verdad celebérrimo poeta , para
sacar un pastel sin sustancia, que qui­
ta el crédito al autor que se pretende
im itar, y que no tiene estimación sino
en la cabeza de quien le ha compuesto.
Llego á este tiempo la novia, en­
galanada con todos los adornos que el
sutil ingenio de su sexo pudo inventar,
ó bien para ocultar sus defectos, ó bien
para dar mas realce á la hermosura.
Después de haberla cumplimentado,
congratulándonos sinceramente, y sig­
nificando nuestros deseos de todas aque­
llas felicidades que generalmente á las
novias suelen asegurarse , la pregunto
Roberto, si acaso la adornaban todas
aquellas galas con el destino de salir
de casa, pensando nosotros en retirar­
nos para no darla sujeción : de ningu­
na manera , respondió madamita, por­
que el motivo de haberme ataviado de
este modo es por estar decente para
recibir á las señoras (que serán mu­
chas) cuando vengan á visitarme y á
darme la enhorabuena; entre tanto ha­
ré mucho aprecio de que gustéis dete-

DE

W AN TO N.

245

ñeros conmigo, porque yo á la verdad
os soy muy afecta: dijo estas ultimas
palabras con cierto estilo de corte, que
antecedentemente no tenia, o á lo me­
nos no lo habia demostrado. En una
palabra , es fuerza confesarlo , mada­
ma Espina era una gran mona, y una
señora capaz de instruir á su hija en
las verdaderas máximas de insinuarse
afable y esparcida según la corriente
costum bre; su educación se reducía
únicamente á exterioridades; de donde
puede bien inferirse , que seria una ex­
celente maestra de ellas.
Yo quería introducir algún discur­
so relativo d las alegres circunstancias
en que se hallaba aquella familia , y
por tanto me tomé el atrevimiento de
preguntar á la novia cuanto tiempo ha­
bía que cultivaba la amistad de su fu­
turo esposo. No entiendo, respondió
ella , lo que me decís , y asi si queréis
que satisfaga vuestra curiosidad expli­
caos mas claramente. N o , de ninguna
m anera, replicó la madre, mas vale
que calle, no sea que haga avergonzar
por falta de experiencia á tan nobles
alujas, Perdonad, señora, la dije, no es

246

VIAGES

mi ánimo ofenderos, cuando tengo la
curiosidad de saber si estaba bien radi­
cado entre los novios el amor, que es
el fundamento de todo el empeño que
se contrae en los esponsales: la modes­
tia de madamita no tiene por qué son­
rojarse al oir nombrar una pasión, en
la que espera encontrar todo el placer:
supuesto que ésta la habrá inducido á
consentir en que se forme aquel lazo
que debe motivar su felicidad. Vos,
me respondió madama, teneis muy vul­
gares ideas; mi hija es una gran dama,
y no una de aquellas miserables monas,
que no sirven de otra cosa en el mun­
do que de comer y hacer número; yo
soy una madre que sé muy bien las le­
yes del decoro: entre nosotras no es
permitido amor alguno que preceda al
empeño del matrimonio; y si se llegara
á saber que cualquiera noble doncella
se atrevia á enamorarse por algún ga­
lanteo , ademas del deshonor de toda
su familia, bastaba para que ya pudie­
se desesperar de su colocación. Las mo­
nas de la plebe aman á su gusto, y
escogen según su genio á los novios y
éstos á las novias; y es muy justo que

DE WANTON.

247

asi lo hagan, porque ellas no llevan
otra dote que tiernos afectos en lugar
de riquezas, y ellos las dan de comer
amores, ya que no tienen otro medio
de sustentarlas. Las señoritas nobles
por el contrario, no ven á su esposo,
ni saben de que gracias, de que espíritu,
ó de que costumbres se halla adornado;
* primero oyen las alabanzas de los que
le conocen; y ellos igualmente por su
parte no gozan mas ventajoso privile­
gio: los padres forman á medida de sus
miras los tratados, y sin otro examen,
se sujetan á ellos las dos partes princi­
pales; y este es el motivo porque mi
bija aun no conoce á su esposo el señor
Nuez-moscada, ni este á ella; pero den­
tro de poco tiempo lograrán este placer,
bien que con las precauciones mas ri­
gorosas.
Quedé sumamente admirado al oir
una costumbre tan fuera de razón, por
cuanto el matrimonio siempre se me
Labia figurado una unión de dos cora­
zones con la participación de sus bie­
nes , de su genio y de su cariño, lo que
es difícil de concebir sin que se comu­
niquen las personas que han de amarse.

248

VIAGES

Comprendí en este punto un dicho de
cierto antiquísimo poeta europeo, que
escribid en una sátira, que es la dote
una diestrísima cazadora d tiradora de
saetas. No parece sino que el poeta
tuvo alguna noticia de los estilos de
las monas.
A este tiempo entró un page un
recado á su ama, avisándola que ma­
dama Escoba y madama Castada aca­
baban de llegar, y pedian su licencia
para entrar á visitarla ; respondió que
viniesen en buen hora ; y nosotros nos
retiramos para dar lugar á sus recí­
procos cumplimientos, fíncontrámonos
en la antesala con las dos señoras: ma­
dama Escoba era una mona muy alta
y flaca; traía una vestidura que por
detras la arrastraba inedia vara cum­
plida , y parecía que por donde iba
caminando quería limpiar el suelo de
todas sus inmundicias; pasó por junto
á nosotros con tal soberbia, que ni
aun bajando la cabeza nos saludó. Ma­
dama Castaña era una mónita peque­
ña de cuerpo y regordeta, pero muy
ágil en los movimientos de todo el
cuerpo; esta con mejor crianza, nos

DE WANTON.

249

hizo cortesía encogiéndose y erguiendose diversas veces al pasar por delan­
te de nosotros.
%/'W V W

x

W V W iW W « W V W V

CA PÍTU LO XVII.
De las primeras visitas de los novios.

IV
JA o puedo bien explicar cuanto abo­
minaba la costumbre de los monos que
ligaban á las pobres nobles doncellas
con un indisoluble lazo sin consultar
primero sus genios. Tan fuera de ra­
zón me parecia el tal uso, cuanto lo
fuera el precisar á cualquiera á con­
traer un empefío sin explicar el asunto
sobre que debía comprometerse. Di á
entender á Roberto mi admiración, y
me respondió lo siguiente : el estilo que
sigue la nobleza acerca de la coloca­
ción de las hijas, no está tan fuera de
los límites de la razón como os lo es­
táis ideando; verdad es que la unión
de los corazones y de las inclinacio­
nes deberia ser la basa fundamental de
i

250
VIAGES
semejantes vínculos; pero haceos car­
go de que por lo general las pasiones
ofuscan el entendimiento, que le pare­
ce que discierne en los objetos aquellas
virtudes y vicios que no tienen en la
realidad, y solo es cierto que un ve­
hemente afecto los representa en la
mente á medida de los respectivos in­
tereses del corazón. De aqui es que el *
am or, que es la mas peligrosa de las
pasiones, ciega enteramente á aque­
llos que se dejan llevar de é l , sin per­
mitir al entendimiento el uso de sus
facultades: sucede después que con la
posesión de la cosa amada se amorti­
gua el amoroso fuego, y se van reco­
nociendo aquellos defectos que no permitia la razón se descubriesen antes:
el arrepentimiento es la pena del error,
que tanto mas grande aparece, cuanto
el amante menos le esperaba: la tibie­
za abre el camino al fastidio, y final­
mente por lo regular, el odio es el
fruto de una estimación que está fun­
dada sobre las meras reflexiones de los
sentidos. Nuestros monos reflexionan­
do los inconvenientes que suele pro­
ducir una mala elección, sugerida da

DE W ANTON.

251

la pasión tínicamente, de donde se de­
rivan consecuencias tan funestas en los
matrimonios, quisieron hacerse árbi­
tros de los verdaderos intereses de sus
hijas, eligiendo aquellos partidos que
con maduro examen y sin preocupa­
ciones juzgan ser los mas útiles : asi
pues el que estos vínculos no se for­
men por el amor, sino por la razón,
que es una guia mas iluminada y se­
gura , no veo deba ser motivo de tan­
ta extrañeza, siendo esta costumbre la
que constituye á las señoras en una
suerte mas feliz y duradera. Añádese
á lo dicho, que siendo quien dispone
los matrimonios la ternura paterna,
que con la mayor perspicacia examina
el partido que para su hija solicita, es
fuerza creer que se encuentran en los
esposos aquellos caracteres que son ca­
paces de representarlos amables á los
ojos de sus esposas, cuyo carino en tal
caso es tanto mas permanente y lauda­
ble cuanto mas separado de la irregu­
laridad del vulgar afecto Todo es­
to deberá entenderse de aquellos pa­
dres en quien no quepa la crueldad de
sacrificar á una inocente joven por

25 2

VIAGES

el interes del resto de su familia.
Con mas gusto hubiera escuchado
el razonamiento de Roberto, si los in­
ternos sentimientos de mi corazón , o
séase enhorabuena una mera preocu­
pación , no hubiera sido causa de re­
presentárseme con poca fuerza sus ra­
zones. Entre tanto se fue llenando el
palacio de lo mas florido de acjuella
ciudad, concurriendo toda la noble­
za á participar de los júbilos de una
familia que universalmente estaba que­
rida y respetada. La novia se mostraba
afable y cortes con todos, y asi en
breve tiempo corrio la fama de su be­
lla gracia , ademas de haber logrado la
fortuna de obtener el renombre de
bien parecida. Nosotros estábamos con­
tinuamente con las formalidades de un
puro cumplimiento, y gustosos nos
empleábamos en este encargo, á que
no podían acudir el padre y hermanos
de la novia por los muchos negocios
que ocurrían. Madama no se separaba
un punto de su hija, por cuanto al­
gunos rezagos de la antigua severidad
la obligaban indispensablemente á tan
gravosa sujeción.

DE WANTON.

253

No cesaban de ir llegando artesa­
nos de todas especies con memoriales,
y adjunta la recomendación de graves
personages, á fin de que los admitie­
sen para las varias prevenciones que en
sus respectivos oficios debían hacerse
para adorno de la novia y de aquel
palacio. Se había introducido (como
ya se ha dicho) pocos años antes un
abuso en la corte , en fuerza del cual
cada uno quería mezclarse en los ne­
gocios de los demas, sugiriendo diver­
sas obras, recomendando artífices y
ejecutando hasta las mas vergonzosas
vilezas para lograr sus intentos. No te­
nían, se puede decir, libertad aque­
llos naturales en la elección de las per­
sonas que creían mas aptas para las
obras que emprendían; tan grande era
la persecución de los operarios. De
este abuso nacían dos gravísimos in­
convenientes; el primero, que por lo
regular salia imperfecto el trabajo; y
el segundo, que muchos de los mejo­
res artífices perecían de necesidad, o
por no poder encontrar quien los pro­
tegiese, ó porque ellos tenían por ba­
jeza que su habilidad necesitase de re-

254
viages
comentación : asi necesariamente per­
dían las artes su lustre, y se hacia in­
justicia al mérito que gemía bajo el
yugo de la violencia.
Llenóse pues en pocos dias de tra­
bajadores el palacio; los carpinteros,
los cerrajeros y los albañiles hacían re­
tumbar las salas, y aun toda la casa
con los martillos y demas instrumen­
tos de sus oficios; los pintores tenían
llenos de manchas aquellos puestos en
donde estaban trabajando; todo era
una confusión y continuo ruido ; y al
mismo tiempo los sastres, los zapate­
ros y otros mil artesanos y mercade­
res andaban entrando y saliendo por
el cuarto de la madre; de modo que
parecía que las provisiones eran para
un ejército entero.
Llegó por fin el dia de las prime­
ras vistas del novio. Parecióme digno
de la alianza del señor H a y a ; cu­
rioso, buen mozo, bien hablado, y
muy garboso en todas sus acciones:
sino fuera por el defecto de dar á
conocer muy por lo claro lo pagado
que estaba de sí mismo, se le po­
día conceder el título del joven mas

DE W ANT0N.

255

perfecto y mejor criado de la corte.
Luego que se presentó el novio, la
señorita le hizo una cortesía sin mo­
ver la cabeza, ni aun la vista, y ba­
jando tanto el cuerpo, que creí que
se iba á sentar en el suelo; el joven
la habló con un breve y elegante dis­
curso , que se conocía sin dificultad
que le traia estudiado; la novia se aver­
gonzó , y aunque tenia muy bien
aprendida la lección de lo que le ha­
bía de decir, en aquel instante se la
olvidó del todo, y asi no supo res­
ponder otra palabra qu e: muchas gra­
cias. Madama su madre se puso en­
cendida como unas brasas, y hubie­
ra intentado sacar los ojos á su hija,
á no estar presente el novio; tanta
era la desesperación y cólera que ha­
bía concebido.
Sentáronse inmediatos los amantes
futuros , que de presente aun no se
podían llamar tales, y el novio co­
menzó á exagerar la hermosura y gra­
cia de su esposa; pero ésta, ya abrien­
do , ya cerrando su abanico, teniendo
la vista siempre fija en la tierra, y el
cuerpo en un continuo movimiento á

256

VIAGES

uno y otro lado, como si estuviese
sentada sobre espinas, no respondía
otra cosa á cada alabanza que le da­
ba el novio, que para eso vos: la ma­
dre no paraba de hacerla senas con la
cabeza, pero ella lo iba echando mas
á perder. Cuando un temor pánico lle­
ga á tomar posesión de quien es pu­
silánime, con cualquier leve motivo
suele aumentar la confusión. Jacinto
su hermano , que era mas discreto y
penetrante que la madre, acudid á so­
correr á su hermana, haciéndose in­
térprete de sus sentimientos , lo cual
la dio esfuerzo de tal modo, que el
mas poderoso cordial no vigoriza los
espíritus de un desmayado con tan
buen éxito como sus palabras vigori­
zaron los de madamita para hacerla
volver de su letargo. Cuando la vid
ya libre de aquel primer miedo que
la había sobrecogido , la dejo manejar
por sí misma, y entonces habló á su
esposo con todas las expresiones de que
era capaz su discurso, con lo que al
punto este formó mejor concepto de
e lla , como se dejó comprender por
sus demostraciones de alegría. .

DE WANTON.

257

Después de haber pasado algunas
familiaridades entre los novios, llegan­
do hasta el extremo de hablarse en se­
creto, llaneza que fue generalmente
aplaudida de los circunstantes, quiso
madama Espina introducirse en la con­
versación , y fue poco á poco torcien­
do el discurso, para hablar de telas,
encajes &c. Ella deseaba que el novio
dejase á su discreción todo el cuida­
do de las prevenciones que eran indis­
pensables , porque su amor maternal
lo dispondría de modo que tuviese mu­
cha cuenta á su hija. El novio, que
mejor empleado, en lo menos que
pensaba era en estas bagatelas, con­
descendió gustoso á las intenciones de
la futura suegra, y aun la rogo' le hi­
ciese el favor de encargarse de este
asunto, que para e'l era bastante en­
fadoso. Los novios continuaban sus
conversaciones confidenciales, que á
cada paso cortaba la suegra con nue­
vas preguntas.
Era una comedia ponerse á consi­
derar por una parte la inquietud y
pasiones que entonces comenzaban á
nacer en el corazón de un jovencito,
T omo ii .

i7

258
VI AGES
viéndose inmediato á aquella de quien
ya antes de verla tenia la idea de con­
siderarla como la cosa de él mas ama­
da, y cuyas confianzas solicitaba vi­
vamente, bien que tuviese la seguri­
dad de que dentro de pocos dias ha­
bía de estar en entera posesión; por
otra parte una vieja empeñada con
los mayores esfuerzos en poner en
planta todo lo necesario para cumplir
con la moda, la ambición y la vani­
dad. La buena crianza le precisaba á
complacer á la suegra con sus respues­
tas ; pero se echaba de ver claramen­
te con cuanta violencia las proferia.
Llegó la hora de comer, y hubie­
ra ejecutado una acción sacrilega el
novio si no se hubiese despedido; y
asi le fue preciso acomodarse al co­
mún estilo, aunque contra todo su
gusto. Partió, pues, según conjeturé,
con bastante pena. Determinóse que
volviese en aquel mismo dia , para ir
en compañía de la novia á una gran
tertulia que se había de juntar aque­
lla noche con este único, objeto en ca­
sa de cierto caballero. A la despedida
hubo su apretón de manos con lus ma-

DE

W ANTO N .

259

yores expresiones de ternura y esti­
mación , con que se dividieron la pri­
mera vez de toda su vida aquellos dos
corazones, que ya creían amarse, y
apenas habían llegado á conocerse.
La partida del novio dio' lugar á
que madama Espina descargase una
severa reprensión contra la pobre bija.
La turbación del primer encuentro fue
la primera culpa que la riño, llamán­
dola tonta, olvidadiza; después recor­
riendo todas sus acciones, las halló
otros tantos delitos; el manejo del aba­
nico, los movimientos de la cabeza, el
modo de jugar la boca; las ojeadas fue­
ra de tiempo; y hasta las mismas res­
piraciones fueron objetos de su rigo­
roso examen : el señor Haya puso fin
á esta quimera tan imprudente ; y aun­
que no se terminaron aqui las correc­
ciones, se suspendieron durante su pre­
sencia.

260

VTAGES
tVAAA V H V*. X V» V W W 1 V V

C A PÍT U L O XVIII.
De las máscaras y la tertulia.
I .a s centinelas de vista son fastidio­
sísimas para dos que bien se quieren,
y asi en lo sucesivo resolví evitar cuan­
to pudiese los lances de presenciar los
amorosos coloquios de estos dos nue­
vos amantes: observando sin altera­
ción desde aquel dia la política con el
señor Nuez-moscada de no faltarle á
todos los actos de cortesía, si me en­
contraba con el, pero separándome in­
mediatamente. Este modo de manejar­
me fue muy bien recibido del novio
luego que comprendió el motivo, por
lo que cuando tenia que hablarme me
hacia una seña para que me detuviese,
y después siempre me dio á conocer su
inclinación y cariño
Tulipán, hijo tercero del señor Ha­
ya, no era muy aficionado á incomo­
darse por servir á cualquiera amigoj

DE \VANTON.

i> 6 l

antes bien, dedicado á hacer tínicamen­
te lo que era de su gusto, dejaba á
cargo de sus hermanos el cumplir con
las urbanidades, obligaciones y demas
empeños de su Em ilia. Aquel dia sin
saber por qué se brindó á irme acom­
pañando á la plaza, en donde se espe­
raba concurriese una multitud de más­
caras, ya por la solemnidad del dia,
ya porque lo sereno del cielo estaba
convidando á la diversión. Esta distin­
ción , que yo no esperaba, fue para
mí de mucho gusto; bien que de ella
y de la estrechez que desde el tal lan­
ce tomó conmigo este joven, tuvieron
origen todas las funestas aventuras que
me ejercitaron por algunos artos y me
obligaron á detenerme en aquel conti­
nente, como se verá en la série de es­
ta historia. No puede evitarse el desti­
no, y yo mismo parece que me le iba
procurando á toda prisa con la satis­
facción que recibí por el referido con­
v ite, que acepté sin repugnancia.
En la plaza , que es magnífica y
grande, habia una muehedumbro de
pueblo. No eché á perder el tiempo en
examinar las extravagancias de la pie-

2Ó2

VIAGES

b e, pues el cúmulo de necedades que
esta suele practicar, creyendo distin­
guirse con delicadas invenciones no de­
be ocupar las reflexiones de un foras­
tero. Rogué al señor Tulipán me guia­
se al parage en donde se juntaban los
sugetos mas visibles , con ánimo de
divertirme hablando, viendo ó paseán­
dome con ellos; pero al contrario de
lo que esperaba, no hallé otra cosa
que confusión , encontrones y apre­
turas.
Formase cierta calle de dos filas de
sillas, puestas unas enfrente de otras,
dejando en el medio un espacio de ter­
reno capaz de ocuparle ocho o diez per­
sonas de frente. Las monas que creen
embobar á los que se andan paseando,
ó con la riqueza de sus adornos 6 con
cualquiera otro incentivo que pueda
dar pábulo á los ojos, se sientan en
estas sillas, teniendo cada una al lado
á su cortejo : seria muy reparable que
en aquella publicidad estuviera el ma­
rido sentado cerca de su consorte. El
espacio intermedio de estas sillas se lle­
na de máscaras con tanta abundancia
que se hace cuasi imposible el caminar

DE WANTON.

263

sin peligro de sofocarse. El fin de las
monas se frustra absolutamente , pues
la multitud impide el detenerse, bien
para admirar el buen gusto y valor de
las telas que las adornan, bien para
advertir los gracejos con que solicitan
encantar á los que tienen la curiosidad
de fijar en ellas la vista.
Yo no podia permanecer en aquel
estado tan violento; quien me daba un
empellón ; quien me hubiera echado á
tierra , á no detenerme el que estaba
mas próximo , á quien yo también ne­
cesariamente tenia que atropellar; y
quien me honraba con los títulos de
bestia y de pedazo de jumento; uno
me pisaba un pie , hacie'ndome pasar
un dolor excesivo, otro se quejaba de
que yo le estorbaba el paso, siendo asi
que estaba ocupado el camino con gran
numero de personas, á quienes no te­
nia yo derecho de obligar á que fran­
queasen lugar para poder ir adelante.
Corría sobre mi cabeza un aire friísi­
m o , al mismo tiempo que tenia toda
la camisa calada de sudor, y asi rece­
laba encontrar en aquel paseo tan de­
licioso alguna calentura maligna. No

264

VlAGES

obstante tantas incomodidades, los simiopolitanos están locos con aquella di­
versión , que consideran como una de
las mas gustosas que pueden gozar en
toda su vida.
Cerca ya de dar mí último aliento
roguú á Tulipán me sacase de aquel in­
fierno; pero como e'l estaba imbuido
en las ideas comunes , y con la cos­
tumbre se liabia habituado á mirar aque­
lla junta como una de las mayores de­
licias , no quería condescender á mis
instancias ; ademas de esto tenia otras
m iras, esto e s , esperaba que llegase
cierta mónita , que era el único objelo
de todas sus ansias, y dándome gusto,
era caso forzoso perder la ocasión de
estar con ella. Viendole , pues, tan
remitente en concederme una gracia que
podia ser el punto decisivo de mi vida,
le suplique que me permitiese retirar.
Pues teneis, me respondió, el gusto
tan depravado, que no os divierte un
placer tan grande,« como es el veros
rodeado de la flor de las personas mas
cultas de la ciudad, seguid vuestra in­
clinación; y si queréis que os presen­
te esta noche en aquella tertulia en

DE W /N T O N .

9, 6 $

donde ha de concurrir toda nuestra fa­
milia , id dos horas después de anoche­
cido á esperarme á la botillería que
llaman de la desgracia , que alli iré
á buscaros. Contento con esta despe­
dida, me separé á toda prisa de aquel
lugar de mortificación , con la resolu­
ción firme de no volver allá en toda
mi vida.
Habiendo examinado el parage que
liabia en la plaza con menos concur­
rencia del pueblo, me encaminé hacia
él, en donde pasé un rato paseándome
confuso y maravillado de que perso­
nas racionales pudiesen deleitarse tan­
to , con unas cosas que realmente inco­
modan demasiado : admirado siempre
y embebido del todo en mis pensa­
mientos , no puse la atención en los
muchos objetos que me rodeaban , dig­
nos acaso de igual cuidado y reflexión;
pero á este tiempo llegó á mis oidos
el eco de una voz que no extrañé, y me
hizo volver de la abstracción que ocupa­
ba mis sentidos, la voz era de Rober­
to, el cual se andaba paseando en com­
pañía de Jacinto, y los dos ocupados
solamente en el examen que iban ha-

206

VI AGES

riendo de todo aquello que se les pre­
sentaba, aun no ine habían descubier­
to. Asegurado, para no padecer equi­
vocación , mediante haber escuchado
con mayor atención el habla, y ha­
ber advertido bien sus vestidos , esta­
turas, modo de andar, y demas senas
de sus personas, no dudé llegarme á
ellos; se admiraron de verme solo, y
me preguntaron, qué se había hecho
Tulipán : contéles todo lo que me ha­
bía sucedido, y con tan vivos colores
pinté la impresión que hizo en mi fan­
tasía , aun no sosegada , aquel aborre­
cido paseo, que al paso que me tu­
vieron lástima , no pudieron menos de
soltar la risa; les rogué me permitie­
sen en su compañía, cuya gracia á po­
cas instancias me concedieron.
Ya había anochecido, y el frió era
tan grande que nos obligaba á mar­
char de allí y buscar un parage mas
templado : me preguntaron adonde y
á qué hora tenia que ir á esperar á mi
compañero Tulipán , y luego que sa­
tisfice esta pregunta , se ofreció Jacin­
to á acompañarme , y á que esperáse­
mos á que viniese para ir todos juntos

DT5 W A N TO N .

267

á la tertulia. No podía haber para mí
ofrecimiento de mas gusto que este en
la ocasión presente. La botillería se­
ñalada era una de las infinitas que se
encuentran en cada esquina de la ciu­
dad , en las que es el agua el princi­
pal capital de su trato. En ella la mul­
titud de los concurrentes nos suminis­
traba un mar de reflexiones; nos di­
vertimos á costa agena con sumo gus­
t o ; y si quisiera hacer descripción de
todos los objetos que se presentaron
á nuestro examen, me separaría dema­
siado del hilo de esta historia. Vino úl­
timamente á la hora señalada Tulipán,
y todos juntos nos encaminamos á lo­
grar una diversión, que como nueva,
excitaba vivamente á nuestra curiosidad.
Fuimos pues conducidos á un gran
palacio , en el que nos recibieron sus
dueños con la mayor política. Entra­
mos en una sala espaciosa, exquisi­
tamente pintada , é iluminada con una
muchedumbre de antorchas, igualmen­
te lo estaban las piezas inmediatas, y
todas adornadas con cuanta riqueza y
buen gusto es imaginable: había concur­
rido toda la nobleza de ambos sexos,

268

VI AGES

que era numerosa, con la curiosidad de
ver á la novia. En el lujo habían echa­
do el resto, con especialidad las mo­
nas que estaban sumamente brillantes
con el oro y joyas que las engalana­
ban, y reverberando en la pedrería
los rayos de las innumerables luces de
la iluminación daban mayor realce á
sus bellezas. No podia ser mas mag­
nífico y grande el espectáculo : yo me
quedé atónito , y admirando mucho
las riquezas de la clase de los nobles;
ó por mejor decir, el deseo de llegar
al extremo.
Hallé en aquella escogida asamblea
á muchos sugetos de los que trataba,
con quienes me era fácil entablar con­
versación para informarme de los nom­
bres de las personas que no conocia.
Muchas señoras me honraron con sus
miradas con alguna particular demos­
tración. Madama Betónica fue la pri­
mera que me habló, y á cierta señora
que estaba inmediata dijo cuanta esti­
mación hacia de mi persona.
Estaba yo muy hueco en aquel pa­
rage , porque en él parecia que todo
procuraba á porfía adular al natural

DE W ANTON.

269

■amor propio, cuando vine i ponerme
á la vista de madama Níspero, cuya
presencia me trajo á la memoria haber
sido despreciado de ella aun en cuali­
dad de bestia según su imaginación. Es­
ta que alimentaba en su corazón un
implacable odio contra nosotros por
haber perdido la distinción de hospe­
darnos , no dejaba ocasión en que no
nos procurase castigar la culpa que era
tínicamente suya; contaba el despre­
cio que habia hecho de nosotros, y
nos pintaba con los mas viles colori­
dos: aquella noche hizo que me apro­
xim ase, y me preguntó si me acorda­
ba de mis vergonzosos principios: os
propongo, anadió, esta pregunta, por­
que me parece que con la mutación de
estado se os advierte una gran distin­
ción en vuestra afectada modestia , an­
tes os conocimos abatido y humilde,
y ahora, sin o me engaño, mas ergui­
do de lo que era razón. Este tan bo­
chornoso desaire me picó en sumo gra­
do. S í, respondí, s í, señora, me acuer­
do muy bien que me sujetó por mi
voluntad á una cadena ; y también
tengo presente vuestro insensato juicio

2^0

VIAGES

acerca de nuestras personas ; ni echaré
igualmente en olvido, que para volver
á verme tuvisteis que ir después de
muchas súplicas á visitarme á una po­
bre alquería ; como tampoco el sumo
terror que imprimid en vos mi poder,
lo que podría repetir siempre que me
pareciera. La di esta respuesta con re­
solución y buen tono de voz , de con­
formidad que quedó avergonzada aque­
lla mona tan poco cauta, que se atra­
jo la irrisión de las señoras circunstan­
tes, al paso que me honraron, llenan­
do de aplauso mis palabras. Asi por
lo regular finalizan los insultos de los
soberbios.
Determinó después ir observando
los varios divertimientos á que se apli­
caba la nobleza en aquella tan magní­
fica concurrencia. En la sala y de­
mas piezas inmediatas había prepara­
das muchas mesas , alrededor de las
cuales estaban sentados alternativamen­
te diversos monos y monas Llegúe­
me á una para ver lo que alli hacían;
y reconocí que toda su ocupación con­
sistía en ciertos cartones cuadrilongos,
y en ellos pintadas algunas figuras, que

1)13 WANTON.

2 7 1

entre nosotros serian mas quiméricas,
ó menos significativas que las chines­
cas ; uno de los circunstantes tomaba
aquella porción de papeles, y los re­
ducía á un solo monton; pero inme­
diatamente arrepentido de su trabajo,
deshacía toda la obra, y los repartía
entre los demas j éstos los iban reci­
biendo gustosos; mas al punto arre­
pentidos también , ó acaso enfadados
de tenerla en la mano, los tiraban uno
á uno sobre la mesa ; entonces uno de
los presentes los volvia á juntar, y re­
petía la distribución de ellos, la que
siempre finalizaba del mismo modo que
llevo dicho.
No podía yo acabar de entender
qué significaba una ocupación tan in­
útil y enfadosa; y se aumentaba mi
admiración al paso que se advertía el
tiempo que duraba; jamas hubiera creí­
do que una junta de tanta nobleza em­
please horas enteras en aquella obra
tan continua, y siempre sin diferencia:
por casualidad se llegó hacia allí Nar­
ciso , al que pregunté que era lo que
hadan aquellas señoras y aquellos ca­
balleros, dando tan cruelmente tor-

272

VI A G E 5

mentó á aquel hacecillo de papeles : es­
tán jugando , me respondió: ya me ha­
go cargo, repliqué, de que no es esta
una obra seria , pero quería saber qué
es lo que aqui se tr ta : sonrióse el jo­
v e n , y me explicó el misterio lo me­
jor que pudo , aunque no á proporción
de lo que necesitaba mi curiosidad, que
no miedo de! todo satisfecha.
No será fuera de propósito inferir
aqui algunas particularidades de las de­
mas que estaban aplicadas á aquella di­
versión. Jugaban en la mesa que yo
estaba mirando dos; la una muy aten­
ta , y con una seriedad que imponia
sujeción á cuantos se hallaban presen­
tes ; repetidas veces renia con aspere­
za á cierto caballero joven que estaba
sentado enfrente de ella : por algunos
defectos que á mi parecer no merecian
la pena de sus reprensiones : cada
cartón de aquellos que tiraban sobre
la mesa la excitaba unos movimientos
como si estuviera convulsa : y lue­
go que quedaban todos con las manos
vacías; repetía sus amargas quejas, yo,
hablando con sinceridad , no puedo
decir si eran bien fundadas; pero sí

DE WANTON.

273

puedo asegurar muy bien que jamas he
visto tratar una cosa de juego con tan­
ta seriedad y señorío.
La otra señora que jugaba era mada­
ma Zanahoria, que del todo opuesta
al carácter de la .sobredicha , parecía
que todas las acciones con que se ma­
nejaba se terminaban á complacerse en
no imitarla en cosa alguna. Hablaba
continuamente ya con uno , ya con
otro de los que estaban á su lad o; da­
ba risadas sin motivo, y volvía los ojos
á todas partes con mas velocidad que
.el camaleón: un jovencito que estaba
el mas inmediato recogía los referidos
papeles cuadrilongos cuando la perte­
necía repartirlos, y los echaba sobre
la mesa cuando ella debía ejecutar esta
acción; de conformidad que madama
no tenia que emplearse en otro tra,bajo que en el de tenerlos en sus ma­
nos. Esta jovial señora puso en mí la
vista, y no pudo detener la risa, acor­
dándose del coscorrón que me dio con
la puerta en la cabeza, y de su caída
á mis pies: contó á los presentes el su­
ceso con tal alegría como si refiriese
alguna gloriosa acción que hubiese ejeT omo 11.

18

274

VIAGES

cutado. Estuvo chanceándose conmi­
go, aunque sin ofenderme; quería que
prometiese resarcirla la pérdida de su
perrito; y de aqui fue diciendo por
Via de gracejo mil extravagancias con
que divertía á los oyentes, al paso que
la otra buena señora hipocondriaca es­
taba rabiando de ver el aplauso que
tributaban á la viveza y desembarazo
de madama Zanahoria, de la q u e, se­
gún las muestras, ó no eirá muy ami­
ga, ó no- aprobaba el modo de hacer­
se bien vista en aquella concurrencia;
acaso era también motivo de su impa­
ciencia considerar que los chistes de la
otra suspendían algunos ratos el juego,
en el que ella empleaba todo su calor
n atu ral, y una atención digna de me­
jor objeto.
i
A este tiempo entraron diversos
criados que traían unas salvillas llenas
de vasos, que contenían cierta materia
solida , brillante y de diversos colores:
luego que me presentaron una para que
escogiese á mi gusto un vaso de aque­
llo que yo no sabia que era, mas por
hacer lo que hacían todos que por de­
seo que tuviese de satisfacer la curiosi-

DE WANTON.

875

dad ó el apetito, alargué el brazo para
tomar uno, y al punto sentí en la mano
un mortal frió, que , hallándome des­
prevenido, me hizo entrar en sospecha
de si acaso era acometimiento de algún
insulto apoplético : el retirar la mano,
y mudar de color fueron cosas que me
sucedieron á un tiempo: la prontitud
del movimiento, la alteración del sem­
blante y la turbación inmediatamente
dieron á conocer mi ignorancia á la
siempre jocosa madama Zanahoria que
dio principio á una ridicula comedia a
mi costa; levantóse de la silla y me
preguntó si me habia quemado , y to­
mando después un vaso, hizo á pura
fuerza que tragase una porción de aquel
m aterial, con lo que consiguió que
se me helase el paladar , el traga­
dero y aun las tripas: sus gracejos me
hicieron volver sobre m í, y al paso
que me dieron á conocer mi yerro, me
pusieron también palpables las extra­
vagancias de aquel pueblo , en donde
tienen valor de alimentarse con hielos
en el rigor del invierno.
Después de este ultimo pasage, can­
sado de mirar un juego que no podía

ayb

viages

aechar de entender, me levanté y se­
paré disimuladamente de aquel puesto,
para solicitar la diversión con otros ob­
jetos mas de gusto. Paseándome por la
sala , advertí á un lado una rueda de
se/íoras, que me pareció' estaban en la
mas seria conversación : lleguéme, y
madama Betónica, que era una de aque­
llas damas, me brindó inmediatamente
con asiento ; obrando con una regular
crianza, no podía rehusar su atento
convite, y asi me puse á su lado, y con
atención á la materia que se trataba :
era entonces el asunto las telas de sus
vestidos ; cada una alababa la suya,
procurando realzarla respecto de la de
las demas ; referian el lugar en donde
se habían fabricado; el mercader de
quien las compraron ; el sastre que ha­
bía cortado los vestidos, y últimamen­
te el dinero consumido en todo esto,
bien que añadiendo cada cual alguna
mentira tocante á los gastos , para dar
mayor mérito á los suyos : de las telas
pasaron á los encajes ; todas ensenaban
á porfía los suyos, alabando lo lino de
ellos, la labor y lo subido de su pre­
cio. Uno á uno de esta suerte pasaron

DE YVANTON.

277

por examen de estas monas cuantos
adornos traían sobre sí, y cualquiera
que entendiera de cuentas pudiera allí
haber ajustado lo que todas ellas cos­
taban por junto , y cuanto valia cada
una en particular, rebajando el valor
de su cuerpo y sus talentos; bien que
aunque todo entrase en una misma su­
ma , añadiría al principal una cantidad
cortísima.
Una de estas damas, llamada mada­
ma Criadilla, que con a'nimo sin duda
de aumentar las rentas de su casa, me­
diante sus particulares labores, no pa­
raba de hacer nudos en cierta porción
de seda que tenia devanada en una co­
mo lanzadera de tejedor , me habló
asi: decidme, señor forastero, ¿las
damas de vuestro pais ( en caso de que
fuera de este las haya) tienen el buen
gusto de divertirse como nosotras, ha­
blando de los vestidos y demas orna­
tos? Ya que queréis saberlo, señora,
le respondí, os digo con la mayor sin­
ceridad , que en nuestros países las da­
mas d mugeres, nombradlas como qui­
siereis , tienen formada mejor idea de
la grandeza; aunque ataviadas con un

% y$

V1AGES

increíble lujo, no advertiríais que ja­
mas se den una mirada á sus adornos;
y si acaso hay alguno que quiera adu­
larlas, alabando el buen gusto, ó lo
sobresaliente de ellos, al punto desva­
necen aquel discurso, desdeñándose de
hablar de lo que tratan ó aparentan
tratar con todo desprecio; de este mo­
do mas parece que ellas solicitan hon­
rar á las alhajas que emplean en su uso,
que no que sus ornatos sean quienes á
ellas hagan mas apreciables, que es lo
que las damas de este pais parece que
pretenden realzando el Aralor de todas
sus riquezas. Quedo madama Criadilla
muy confusa con mi respuesta, cuan­
do estaba creyendo que con su pregun­
ta me había dado pié para aplaudir el
buen gusto, y delicado discernimiento
de ella y sus compañeras.
Habiendo hablado tan claro, no era
razón detenerme mas con aquellas mo­
nas, á quienes se puede decir había qui­
tado ya la libertad de adular á su na­
tural pasión , entreteniéndose con cosa
que tanto las agradaba , mediante lo
cual para no serias molesto, hechos los
acostumbrados cumplimientos, ejecu-

De wanton .

279

té lo que pensaba que era marchar á
otro lado. Al que mas cerca v i en la
sala fue á Roberto que estaba hablan­
do de Europa con el presidente; esta­
ban los dos tratando la materia con
mucha seriedad, y lo que yo queria era
divertirme, por tanto evite el encuen­
tro y me introduje en una pieza inme­
diata en la cual no jugaban. Habia en
ella algunas señoras jovenes en conver­
sación; pero los monitos que tenia á su
lado respectivo cada una estaban ca­
llando, por tratarse puntos á cuyo co­
nocimiento no podia llegar su incapa­
cidad. Aunque ninguna era de mis co­
nocidas , la libertad que me habian da­
do en aquel lugar me permitia detener­
me en donde mejor me pareciera: vi
una silla desocupada á un rincón de
aquella estancia, y determine ocupar­
la , desde la cual fingiendo que no es­
taba en lo que hablaban , pude escu­
char todos sus discursos sin que hicie­
sen reparo en mí.
Tratábase alli el punto importante
de las amas de criar, asunto que tanto
suele ocupar el entendimiento de las
señoras: cada cual contaba sus suceso«

28o

VIAGÉS

!

como acaecimientos nunca vistos ni
óidos, no obstante que los de todas
concluían, en que aquella de quien
se hablaba no tenia ya buena leche;
no omitieron referir la abundancia de
la de algunas amas, y cada señora
contaba como en ciertas ocasiones habia tenido la dicha de poseer un tesoro
semejante. Quedé instruido con la dicha
conversación, de que cuando se tiene
que buscar tales muebles; el color, la
edad y la robustez son las circunstan­
cias á que dan la preferencia las
madres.
La formalidad con que estas pon­
deraban sus máximas y la inutilidad
del objeto que á la verdad no es ma­
teria para controvertirse en conversa­
ciones públicas, m e llegaron á fasti­
diar de modo que hice ánimo’Me sepa­
rarme de aquel puesto y lo hubiera
ejecutado á no haber advertido que can­
sadas de tratar de las vendedoras de su
propia sangre, pasaban á tratar de
Otros asuntos. Introdújose el punto de
los embarazos, en que no se omitieron
las varias incomodidades á que por es­
te motivo están sujetas; pero lo que mas

DE WANTON.

2 Íh

intereso la física especulación de estas
monas, fue el antojo y la inexplicable
impresión que causa en ellas. De este
fue fácil pasar al tratado de los monitos : las alabanzas que cada una daba á
sus chiquillos, las pueriles frioleras
que contaban como cosa de suma en­
tidad, y el pronostico qae formaban
acerca de sus destinos, me lucieron
conocer claramente que el entendimien­
to de estas monas estaba tan en manti­
llas como sus hijos.
Acabáronse también estos pasages,
y determinaron contar las gracias de
cuando ellas eran chiquitas, apropiá­
banse todo cuanto podia dar mayor
realce á la hermosura y á la viveza, y
poco faltó para que parase en quimera
queriendo hablar todas á un tiempo:
mientras se trataron los demas puntos
observaron mutuamente toda buena
crianza; pero el presente era demasia­
do delicado para tener ellas la pacien­
cia de dar lugar á la que hablaba,
de que instruyese muy despacio á los
oyentes con la historia de sus propios
méritos; armóse tal confusión que no
podia entenderse una palabra , median-

u8'¿

VIAGES

te lo cual pensé seriamente en alejar­
me de allí y buscar en otra parte al­
guna ocasión de emplear mejor el
tiempo.
Por largo espacio anduve solicitan­
do en los varios corrillos que habia en
cada pieza alguno en que poder entre­
tenerme sin fastidio, pero rae fue im­
posible satisfacer el deseo: en todas
partes en donde habia señoras eran los
discursos como los referidos; y los mo­
nos no parece habian llevado otro des­
tino á aquella concurrencia, que el de
ponerse cada uñó al lado de su mona.
En vista de esto, me pareció lo menos
malo volverme á mi primer estado, es­
to es, ponerme á ver jugar, aunque en
esto no hallase gusto alguno ; pero no
bien me habia determinado cuando lle­
gó el señor Haya á avisarme de que
ya era muy tarde, y asi se hacia for­
zoso retirarnos; no podía jamas traer­
me mejor nueva ; avisó á todos los de­
mas de su familia, y yo me ausenté
sin la menor desazón de un parage en
donde aunque habia satisfecho mis sen­
tidos por la suntuosidad y aparatos
de los concurrentes, mi espíritu al mis-

Dr

l o « { l i e p a s o a liiir ic p ie
en la c a s a del jvie^o.

DE W A N T O N .

283

«10 tiempo había tenido qne sentir mu
dios enfados.

C A P ÍT U L O

XIX.

Del juego y bailes de estas provincias.

IN o cesaba de instarme la curiosidad
acerca del juego, por lo cual quería ave­
riguar este punto radicalmente. Jacinto
tuvo á bien instruirme dándome una jus­
ta idea de é l , y después de haberme ex­
plicado que cada uno de aquellos car­
tones cuadrilongos representaba una di­
ferente figura, y que todos se dividían
en cuatro clases, me significó el uso
de ellos; según los diferentes juegos á
que cada uno se aplica. Con estos pa­
pelillos , que llaman naipes , se hacen
dos especies de juegos, unos llamados
mixtos y otros de pura suerte; el pri­
mero es un compuesto de arte y aca­
so : el segundo dirige únicamente la
fortuna y consiste por lo regular en

2$4

VI AGES

adivinar si un naipe saldrá á los nú­
meros pares ó los nones: esta ultima
especie de juego me pareció tan singu­
lar que no acababa de persuadirme á
que hubiese criaturas racionales que
gastasen el tiempo en la pueril curiosi­
dad de averiguar la disposición que te­
nia un naipe, después de haberlos mez­
clado todos juntos sin orden alguno.
No teneis que admiraros, me dijo
Jacinto, son infinitas las personas que
se emplean en esto y ocupan noches
enteras por satisfacer esta afición que
llamáis puerilidad, y seria digna de
compasión la necedad de tales sugetos
si se contuviesen dentro de estos lím i­
tes 5 pero es lo peor que exponen á ca­
da vuelta una gruesa cantidad de di­
nero, dejando á la contingencia el ar­
bitrio de aplicársela mas bien ai uno
que al otro de los jugadores; de este
vicio nacen repetidas veces inmensos
daños, y aun la total ruina de opulen­
tísimas familias. Si queréis, anadio in­
formaros con vuestros mismos ojos de
este abuso cuasi increíble, yo os llevaré
á una casa que es el principal asiento y
metrópoli, en donde reina el juego.

DE WANT 0N.

285

Acepté la oferta, y mi amigo no
faltó á su palabra. Me condujo pues
á una casa tan llena de gente que me
causo notable espanto: el aire nada pu­
ro que se respiraba, el calor que cua­
si me ahogd á la primera entrada, y
sobre todo la prodigiosa multitud de
pisadas que hube de sufrir, me renova­
ron la especie de incomodidad de la
plaza de las ma'scaras, cuando Tulipán
me hizo el agasajo de una diversión tan
penosa: con la memoria pues de mi
anterior suceso no quise dar un paso
mas adelante en un lugar tan lleno de
peligros, y repitiendo mil gracias á mi
amigo , volví pies atrás; él se vino
también conmigo, y me d ijo : ya que
no os acomoda satisfacer vuestra cu­
riosidad en esta casa, dadme el gusto
de permitir llevaros á un puesto mas se­
creto en donde vereis el valor ó por me­
jor decir la locura de los jugadores.
Como no se trate le respondí, de que
me estropeen, ó de que muera ahoga­
do , os seguiré' adonde quisiereis. Guió­
me pues, á un parage estrecho y opa­
co como boca de lobo: entramos y vi­
mos sobre una mesa una portentosa

286

VI AGES

cantidad de oro: estaba sentado un
mono trabajando con su baraja, mien­
tras un pequeño monillo, de quien po­
día formarse un diseño del furor, an­
daba solicitando todos los modos de ha­
cerse infeliz en un momento: gritaba
este miserable, daba patadas, de que
eran participantes los que estaban próxi­
mos, armaba un pleito con cada uno,
y le faltó muy poco para tirarme un
candelero á la cabeza porque observó
qrie me reia: por lo que mira al otro
que tenia los naipes en la mano , se
valia de la ocasión con las furias de
su contrario, estaba inmoble como una
estatua, y aumentaba su dinero con
el que perdía el incauto joven que ju­
gaba con él. Nos separamos de aquella
estancia en donde se me angustiaba el
corazón , con la lástima que daba aquel
pobre mentecato.
Al salir de tan abominable lugar
pregunté á Jacinto, si se usaba entre
ellos tener hospitales para los locos,
cuya pregunta satisfizo sábiamente res­
pondiéndome, que si por cualquiera
defecto se debía caracterizar por loca
á una persona, era necesario que toda

DE WANTON.

287

la ciudad fuese hospital. No hay fildsofo, anadio, que discurra con tan
buenos fundamentos acerca de los v i­
cios , y principalmente del del jue­
go , que es el que le domina, como
aquel joven que tanto os ha maravi­
llado, aunque esto se entiende cuando
tiene lejos la ocasión, conózcole muy
b ien , y es muy amigo mió: diversas
veces ha solido decirme que atraído de
una secreta violencia, en cierto modo
se encuentra obligado contra su volun­
tad á satisfacer á esta pasión, que de­
testa y que en queriendo resistirla siente
interiormente un fuego que le consume,
y que le martiriza con los efectos de un
cruel furor : cuando él empieza á ju­
gar pierde absolutamente el uso de la
razón y le vereis como uno que está
embriagado, sujeto á tantas extrava­
gancias, cuantas habéis advertido, y
que suelen muchas veces exponerle á
peligrosos acasos : por tanto es mas dig­
no de lástima que de menosprecio 3
aunque sus delirios en el juego le ha­
cen aborrecible á los ojos de lo gene­
ral de la ciudad, que no conociendo
su interior modo de pensar, le recono-

288

VI AGES

■ce culpable y digno de desprecio por
los defectos que advierte tan palpables.
Faltaban aun dos horas para medio
dia, y no queriendo retirarnos tan tem­
prano á casa, resolvimos ir á visitar
á alguna señora; estábamos dudosos so­
bre cual había de ser, cuando me hi­
zo presente Jacinto una cierta madama
C ebolla, que era reputada por litera­
ta entre las monas. Se debe advertir
que no era de aquellas damas de que
abundaba entonces la ciudad, que úni­
camente por seguir la moda se aplican
á leer cualquiera libro sin discernimien­
to , hablan de todas materias, todo lo
deciden sin duda alguna, y transforman
las voces de su idioma nativo, substitu­
yendo términos de las lenguas foraste­
ras, todo con el fin de parecer eruditas:
hablaré de estas también á su tiempo.
Volviendo á madama Cebolla en­
tré en deseo de conocerla, y así re­
solvimos finalizar la mañana en su
compañía : encontrárnosla con un poeta ;
pero luego que la dieron el recado
de que deseábamos la fortuna de que
nos admitiese á su conversación nos re­
cibid con mucha política ; mas el poeta

DE WANTON.

289

no se digno aun de mirarnos. Con el
fin de adquirir gran reputación en
presencia de un forastero fue intro­
duciendo conversaciones de todas mate­
rias, de las que daba razón tan magis­
tralmente que embobaría á cualquiera
que no penetrase la ligereza de sus
discursos. Era necesario adularla ¡señora
y sabida, que dos títulos para que no
la tributásemos las alabanzas mas bien
sonantes, aunque fuesen faltando el
verdadero m órito! Me preguntó, si ha­
bía en mi pais señoras que se aplicasen á
los lib ros: respondíla que entre noso­
tros son pocos los ejemplos que se cuen­
tan de mugeres doctas, á causa de que
juzgamos ser las ciencias armas muy
peligrosas en manos de una señora.
Asi puntualmente, replicó, sucede en
esta ciudad, en donde se condena que
nosotras deseemos saber, y se aplaude
á las que gastan su juventud ocio­
samente: soltó después la tarabilla con­
tra todas las monas, y principalmen­
te contra las que sin estudio preten­
den saberlo todo; esto llevaba la m i­
ra de formar por consecuencia el pa­
negírico de sí m ism a; mezclaba de
T omo ii .

19 '

«90

VIAGES

cuando en cuando ciertos términos an­
tiguos , que aplaudia el poeta con los
movimientos de la cabeza; pero mante­
niéndose siempre sin hablar una palabra.
No hallé en esta mona tanto méri­
to como se ponderaba, no obstante que
se esforzó cuanto pudo para dar mues­
tra de sus habilidades. El poeta que
hasta este punto no habia despegado
sus lábios, debió de cansarse, y habló
finalmente a si: vasotros, señores, en
una palabra, habéis venido á incomo­
dar á madama Cebolla por solo satis­
facer vuestra curiosidad, y oir al orá­
culo de nuestro siglo; ya que estáis
servidos, podéis desocupar el puesto y
dejarnos en libertad para tratar los pun­
tos mas recónditos de la literatura. Teneis razón, respondí, de desear nuestra
partida, pues por tan largo rato hemos
abusado de la tolerancia de esta señora;
pero me parece que no es á vos á
quien tocaba hacernos una advertencia
tan clara y tan distante de toda buena
crianza.
Fue forzoso no obstante obedecer
el decreto; y no me pesó mucho el au­
sentarme de una persona de quien no

DE WANTON.

291

liabia formado muy grande idea. Me
instó la curiosidad á preguntar quien
era el dicho temerario poeta, y ave­
rigüé como era un monuelo de cortos
haberes y de ninguna estimación, que
habiendo advertido en esta mona la va­
nidad de parecer literata, se habia de­
terminado á hacerla la corte con sus
ciertas miras. Madama Cebolla era viu­
da y rica ; con lo que esté descubierto
el misterio: andaba captando su bene­
volencia á costa de adulaciones por si
podía pillarla por esposa, ó entrar en
posesión de sus caudales: conocia su
falta de mérito, y asi se oponía á que
ella trabase alguna amistad ; y bajo el
título de celo de que no la interrum­
piesen sus literarias tareas, ocultaba
los celos, ó por mejor decir , los te­
mores de perder una dote tan venta­
josa. *
Pasados algunos dias me dijeron
que se disponía para dentro de corto
tiempo un baile magnífico , al que ha­
bia de ir la novia y toda su familia;
fue esta para mí una gustosa noticia
por el deseo que tenia mi curiosidad
de nuevos objetos. No tardó en lie-

ít 9 2

VIAGES

gar la noche destinada para esta fies­
ta. Nosotros (según nos previnieron
nuestros amigos) estábamos precisados
á mandarnos hacer unos vestidos mas
ricos que los que ordinariamente lle­
vábamos. Seguimos pues el estilo co­
mo nos habian aconsejado; y asi tu­
vimos que pagar bien caro el gusto de
aquella función mucho antes de llegar
á disfrutarla. Si aun á nosotros fue for­
zoso cumplir de este modo con la ti­
ranía de la costumbre , puede cada
cual figurarse cuan excesivos serian los
gastos que se ocasionarían con este mo­
tivo. El lujo llegó á un grado sublime;
los monos no querían ceder á las mo­
nas el mérito de ser los principales
que tributasen incienso al ídolo de la
vanidad; pero estas no consintiendo
que se violasen sus derechos, preten­
dieron la sorpresa con nuevas inven­
ciones , y efectivamente consiguieron
sorprender al celo de aquellos señores.
El vestido de las damas en estos
lances es distinto del ordinario. Lo prin­
cipal del ornato consiste en un hueco
y riquísimo brial que va sostenido so­
bre cierta máquina formada de unas

DE W AN T 0 N.

293

desiguales figuras elípticas paralelas. Un
cierto instrumento que está ancho por
el pecho, pero que va á proporción es­
trechándose hasta apretar bárbaramen­
te los costados, está cubierto con cier­
ta tela que desde los hombros á la cin­
tura va ajustada; pero en llegando allí
queda libre enteramente y recogida; por
detras todo lo que debia ir arrastrando
cuelga no mas que hasta los pies, disminuye'ndose siempre para acabar en pun­
ta. El mucho peso de la referida máqui­
na , la apretura del dicho instrumento, y
sobre todo el cuidado para que no se
descomponga alguno de los rizos de sus
cabellos, hacen andar á estas mártires
de la vanidad, tan tiesas y presumi­
das , que apenas conocía á aquellas mis­
mas con quienes estaba hecho á tratar
frecuentemente. Merezca perdón mi ig­
norancia ; pero permítaseme decir, que
se me figuraba una manada de pavos,
cuando muy huecos de plumas , con
las alas arrastrando, colgando el moco, y
la cola extendida en figura de abanico,
van haciendo, muy vanos, la rueda por
el corral en que nacieron, siendo objeto
de admiración y respeto á las gallinas,

*94

VIAGES

patos, gansos y otras semejantes aveci­
llas domesticas é insensatas.
Era esta función en el palacio del
primer ministro , que acostumbraba
convidar anualmente á la nobleza pa­
ra tenerla propicia; y andaba diestro
en tomar asi sus medidas , pues estos
festejos con que cortejaba á lo mas
visible de la ciudad , le hacian mas
bien visto, y conciliaban mas la esti­
mación de las señoras y de los jóvenes
que todos los grandes servicios que de
su conducta y continuados desvelos ex­
perimentaba el estado. Puede creerse
que la magnificencia correspondería á la
calidad del personage que se hacia car­
go de aquella fiesta; todos los apara­
tos eran brillantes en sumo grado : los
adornos , la abundancia y delicadeza
del refresco, el número de las mayo­
res habilidades en la música, y final­
mente todo cuanto puede imaginarse
respirar una verdadera prodigalidad,
concurria á hacer conceptuar una alta
reputación del primer vasallo del reino.
En ninguna otra ocasión antes ni des­
pués de esta se ofreció á mi vista en
aquella metrópoli igual lucido concur-

DE WANTON.

295

so de la nobleza de uno y otro sexo.
Este ministro no paraba recibiendo
á todos con un aire de agrado y políti­
ca tan excesiva, que claramente daba á
entender tenia mas gusto en agradar á
los sugetos que componían aquella con­
currencia, que aun ellos mismos de ser
convidados para la tal diversión, sien­
do asi que la tienen una inclinación
todos los monos superior á cuanto pue­
da ponderarse. Luego que llegamos,
cumplimentó á la novia con el mayor
agasajo, y la condujo á que ocupase el
primer puesto entre todas las señoras,
y volviendo después á nosotros, nos
dijo : ¿ vosotros también , amigos mios,
habéis querido venir á honrarme con
vuestras personas ? Bien que con eso
se os proporciona ocasión de conocer
en este lance cuanto aventajan á las
nuestras las grandezas de vuestra Euro­
pa; no obstante, os ruego aceptéis con
generosidad de corazón , lo que tal cual
alcanzan nuestras fuerzas. Respondió
Roberto á estos cumplimientos en los
términos de la mejor política y buena
crianza ; quedando nosotros aun mas
pagados del buen recibimiento de tan

!¿ g 6

V I AGES

grave personage, que del honor de ser
admitidos á presenciar la ostentación
de sus riquezas y liberalidad.
Diose finalmente la orden para co­
menzar la fiesta, y una mona joven
á la derecha de un semejante monuelo , fueron los primeros que observé
destinados para romper el baile. Es­
tuve con la mayor atención examinan­
do estas danzas, y asi describiré con
toda sinceridad cuanto se me puso á
la vista. Estos dos, á quienes mas bien
califiqué de enamorados, que de espo­
sos, luego que llegaron al puesto se
saludaron recíprocamente con una cor­
tesía ; dadas después las manos se ade­
lantaron unos cuantos pasos , cojeando
ya del un pie, ya del otro, y andando
lo mas de puntillas j finalizados estos
primeros pasos, soltaron las manos, y
cuan grande fue la ligación y estrechu­
ra antecedente, tanto era el retiro que
siguió á esta : si la mona se encamina­
ba á la derecha, retirábase el mono á
la izquierda; mudaban después de pa­
recer, y marchando él al lado dere­
cho, inmediatamente huia ella al opues­
to ; y asi para observar aquella distan-

DE

WANTON.

297

cia , parece tenían puesto todo su cui­
dado en hacer el uno lo contrario á lo
que el otro ejecutaba, por lo que pue­
de imaginarse, que si se empeñaba la
mona en marchar hácia el oriente, to­
maba al punto el caballero la determi­
nación de hacer su viage hácia ponien­
te : después de repetir estas huidas di­
versas veces, parece que convinieron en
volver á unirse; en electo, alargaron el
brazo derecho, y se dieron la mano, pe­
ro volvieron á dividirse inmediatamente:
intentaron de nuevo hacer las paces,
siendo el medio para ellas darse la otra
mano; pero sin saber el motivo se dis­
gustaron nuevamente , y volvieron á
los primeros pasos, hurtándose uno á
otro el cuerpo del modo que llevo refe­
rido : cansados en fin de repetir una
misma cosa, se encaminaron con los
brazos abiertos á darse mutuamente las
dos manos, saludáronse de nuevo ; y
después se separaron para siempre.
Desagradóme esta pesadez eterna
que llamaban baile, y creyendo siguie­
se á la primera otra danza, en la que
yo pudiese lograr una diversión de mas
gusto, previne la atención para obser-

298

VIAGES

var la nueva pareja que había ocupado
el puesto para empezarla ; pero con
notable sentimiento mió vi que repetian las mismas vueltas y las propias
acciones; en una palabra, continuaron
por algunas horas en estos juguetes, pa­
ra mí de sumo fastidio; del mayor pla­
cer y aplauso para todos los concurren­
tes. Hallábase junto á mí un mono vie­
jo observando con tanta atención á los
que bailaban, que parecía que era
aquella la vez primera que presenciaba
semejantes funciones: no me pareció
seria demasiada impertinencia pregun­
tarle como se llamaba aquel baile per­
petuo, rogándole me diese alguna ex­
plicación de un enigma que no enten­
d ía, y que se me figuraba un puro jue­
go de niños. El viejo, que era un mo­
no de buena crianza, no tomó á mal
que le interrumpiese su atención, y
cortesmente contestó en esta forma.
Las costumbres presentes, dijo, es­
tuvieron antiguamente en toda su fuer­
za ; y quien no tiene conocimiento de
la antigüedad las juzga absolutamente
nuevas: este mismo era el estilo que
había para conversar y tratar con las

DE W /N T O V .

*99

damas. Nuestros sabios antepasados
procuraron dejarnos en estas danzas,
que llamaron baile de am or, una ins­
trucción , ó mas bien una crítica de lo
que con esta pasión nos sucede: se em­
prende con sinceridad y respeto de los
dos sugetos amantes; y esto se explica
en aquel baile por aquel acompañarse
dadas las manos , y por el atento mo­
do de saludarse ; de allí á breve tiem­
po falta la unión y buena crianza;
para darlo á entender, habréis adver­
tido como el mono se pone el sombre­
ro , y se separa de su compañera: el
cojear unas veces de un p ie , y otras
de otro, y aquel andar de puntillas,
significan lo primero, la incertidumbre
para resolverse al matrimonio que le
hace balancear ya al lado de la liber­
tad , y ya al de la coyunda; lo segun­
do , la cautela para no empeñarse, sen­
tando bien el pie en un camino tan
lleno de espinas : las huidas, retiros y
oposiciones explican los comunes arti­
ficios de que se sirven para aparentar
mas preciosa la conquista de una alhaja,
que si se lograse con demasiada felici­
dad , se disminuida su valor: aquel

300

VI AGES

darse respectivamente ya la una mano
ya la otra, explica los primeros em­
peños , aunque no completos todavía,
pues á estos siguen siempre nuevas du­
das ; se estrecha finalmente el lazo, que
es lo que simbolizan las dos manos;
después de lo cual se renuevan los sa­
ludos , y los dos totalmente se separan;
para significar que no bien forman los
consortes el vínculo cuando se hallan
arrepentidos de esta unión, y con toda
cortesía se dan mutuamente licencia de
encaminarse por donde se les antoje,
bajo el seguro de no poder jamas vol­
ver á reunir sus ánimos ya con la po­
sesión fastidiados.
Di muchas gracias al cortés y doc­
to, que sin duda debia de haber en­
contrado tan preciosa erudición en al­
gunos mármoles antiguos, ó en las re­
liquias de alguna mohosa medalla, pues
en las historias no se halla noticia de
semejante institución. Para que nada
me quede que decir de lo que observé
en aquella fiesta , no pasaré en silen­
cio que de cuando en cuando turna­
ban con los bailes de que he hecho
mención, ciertas danzas compuestas de

DE WANTON.

3OI

diversas parejas de bailarines, pero no
pude comprender en ellas otra cosa que
una confusión, quizá mas bien por no
saber seguirlas, que por defecto del
arte con que se liabian inventado: no­
té que el sentido del tacto hacia alli
muy bien su papel; las monas de me­
nos recato eran las mas apetecidas pa­
ra aquellas maniobras, y los jovenes
mas osados los primeros que solicita­
ban lugar en la danza.
Gran parte de la noche había pasa­
do, y no se trataba de poner fin á
aquel fastidio; ya comenzaba á no po­
der abrir los ojos molestado del sue­
ño, y mis deseos eran de estar en don­
de poder satisfacerle : conocí por expe­
riencia cuan sensatos fueron los anti­
guos, según se colige de sus prover­
bios , y cuan significativo sea aquel
que suele decirse comunmente: no hay
diversión que no canse. Llamé á Nar­
ciso, y le pregunté si faltaba mucho
para acabarse aquella fiesta: no es del
caso, me respondió, pensar en eso
hasta que el sol esté visible 6obre
nuestro orizonte. Oido tan bárbaro de­
creto , determiné retirarme debajo del

302

VIAGES

balconcillo de los mdsicos , adonde sin
que me hiciesen reparo, me recosté
para dormir descuidado hasta que fi­
nalizase el baile, en cuyo caso no cos­
tó poca dificultad á los hijos del se­
ñor Haya encontrar el lugar de mi es­
condite.
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V i/ V % V \ W

V 'V W

V' */%/ V

C A P ÍT U L O XX.
De la boda de madama Lechuga.

S e aproximaba ya por momentos el
instante en que Ja novia debía borrar­
se del catálogo de las solteras, é in­
troducirse en un orden, que cuanto
mas le desean, tanto mas llevadero es
para ellas el sentimiento de una pér­
dida que trae consigo las incomodida­
des y penas de la vida matrimonial.
Tal vez introducirían los sábios legis­
ladores la costumbre de tantos apara­
tos de jubilo, de grandezas y de aplau­
sos para desvanecer de la mente de las
novias las fastidiosas impresiones de

DE W ANTON.

303

la vergüenza, y las que igualmente
se debían originar del paso de una vida
tranquila á un estado lleno de tribula­
ción. En otros tiempos acaso fueron
necesarias todas estas precauciones; pero
en el dia de hoy se ha desterrado por
lo general de entre las monas jóvenes
aquella bien parecida repugnancia que
nacía de una verdadera vergüenza; de
tal conformidad, que ya no digo con
fausto y alegría, pero aun á costa
de abatimiento y tristeza comprarían
aquel tan suspirado momento.
Uno de los muchos preparativos de
la vanidad (que tiene tan hondas raí­
ces en los corazones de las monas) era
el estilo de poner los adornos destina­
dos para la novia á la vista de todos ;
para este efecto se colocan sobre unas
grandes mesas los vestidos, las cofias,
los zapatos y hasta los calzones, si aca­
so , como m uchas, ha de ponérselos.
E l separarse de un uso tan brillante,
aplaudido y necesario en unas bodas
solemnes, hubiera sido un delito de­
testable para con la nobleza de la cor­
te; y asi no podía creerse que acar­
rearía sobre sí culpa tan grave muda-

3°4

VI AGES

ma Espina y su bija, que en ventóle*
ra no cedían un paso á dama algu­
na del reino. Púsose pues á cargo de
la madre la disposición de los infini­
tos arreos de boda, ordenándolos de
tal manera, que su colocación diese
mayor realce á la cuantidad, hermo­
sura y valor de ellos mismos; ella
cumplid como maestra con cuanto se
liabia dejado á su inspección.
Luego que todo estuvo dispuesto,
se franqueo la entrada á las damas y
caballeros para que admirasen las pro­
fusiones del novio: las señoras demos­
traban el mayor deseo de entrar á go­
zar de tan bello espectáculo, aunque
por cumplir con la moda, y no por­
que en ello tuviesen un verdadero gus­
to , pues mas bien querrian mortificar
su curiosidad, privando á la vista de
unos objetos que no pueden ser de mu­
cha satisfacción á su natural envidia:
el padre de la novia, que por lo re­
gular tenia un bello discernimiento de
las cosas, aunque alguna vez se deja­
ba llevar del común torrente, condes­
cendiendo con su aprobación ó repug­
nancia, según las leyes del uso y la

DE WANTON.

3®5

preocupación , estaba sumamente con­
tento con todo aquel aparato; y supo­
niendo que habrían hecho en mi espí­
ritu una igual impresión aquellos ob­
jetos que en él habían despertado no­
tables sentimientos de complacencia y
consuelo, quiso le diese mi parecer
acerca de aquella costumbre de poner
á pública vista las preciosas alhajas de
boda. Yo le respondí con toda sinceri­
dad , que en la tal moda encontraba
una ligereza de genio, que no podia
producir muy grande opinión á favor
de quien la seguía , ó á lo menos de
quien la había introducido: yo os con­
cederé , replicó el amigo, que una va­
nidad sin límites es quien ha origina­
do semejante uso ; mas con todo eso
nos vemos cuasi precisados á seguirle,
pues aunque le confesemos fuera de
proposito, si hubiéramos de atener­
nos en nuestras operaciones únicamen­
te á aquello que tiene su apoyo eu
las máximas de la razón, seria nece­
sario desterrar de la vida culta y ci­
vil la mayor parte de las acciones.
De este modo el señor Haya, sacan­
do fuerzas de flaqueza, fue bajo el
T omo ii .

ao

306

viages

pretexto del decoro buscando discul­
pas á la falsedad de su juicio en aque­
lla materia; falsedad que deducía su
principio del error común y del par­
ticular interés.
Creyendo después hallarme de me­
jor parecer acerca de las ideas de gran­
deza , que del que me habia oido por
lo que miraba á aquella ridicula afec­
tación, quiso le dijese que eco me ha­
cia tanto cúmulo de riquezas: yo que
comprendí su deseo, y que sigo la
ma'xima de no ser escaso de sinceri­
dad con aquellos amigos que no soli­
citan se les adule, respondí de este
modo: la vista de cosas tan bellas y
magníficas , hace en mi espíritu ahora
la misma impresión que en alguna otra
ocasión me causaron, tratando de te­
las, el buen gusto y riquezas del mer­
cader en la cualidad y cuantidad de
ellas, y asi no hacie'nclose tanto caso
de una tienda proveída con mas abun­
dancia que la que aqui se ve, me pa­
rece que una familia tan rica y noble
como la vuestra , no debía hacer os­
tentación de una cosa en que se la
iguala cualquiera mercader por me-

DE W A N T O N .

3c7

diano que sea. No puso muy buena
cara el amigo con mi respuesta: pero
desde luego aseguro que en lo sucesi­
vo no sera' tan aficionado á estas estu­
diosas demostraciones.
Llegó finalmente el suspirado dia
de la boda. No intento describir la
magnificencia de los adornos , la pro­
fusión de todo ge'nero de cosas, y el
numeroso concurso de la nobleza. La
madre y la novia estuvieron todo aquel
dia inaccesibles basta el mismo mo­
mento de la solemne ceremonia: solí­
citas en adornarse con todo aquel cui­
dado que requerían su natural propen­
sión y tan importante circunstancia,
se encerraron bien de mañana en el
sagrario del lujo, adonde no permitie­
ron entrar sino á sus doncellas, y á
las maestras del arte mas acreditadas
en la ciudad. Ciertas lenguas maldi­
cientes quisieron decir que en aquel
gabinete intervenian algunas acciones
de mógia, mediante el uso que hacian
del pelo cortado de cabezas de monas
m uertas, y de cierta navaja con que
cortaban cuasi de raiz aquel pelo que
suele ofuscarlas las entradas, teniendo

308

vi ages

el atrevimiento de crecer demasiado
sobre sus frentes.
Dióse al público por último la no­
via vestida de una manera que hasta
entonces jamas habia yo visto, siendo
también el peinado de una nueva in­
vención. Llegóse la hora de la función,
y yo con deseo de ver sus acostumbra­
das ceremonias, me retiré á un rincón
de la sala, desde donde esperaba no­
tarlas todas sin molestia; pero no me
evitó la incomodidad mi escondite,
porque determinó cierta mona venir á
sentarse junto á m í, y en lugar del
saludo, me favoreció por un costado
con aquella ancha máquina, que ba­
jando desde la cintura hasta los pies,
ahueca los briales como las velas de
un gran navio hinchadas con el vien­
to ; uno de los aros que la componen
llegó á entrárseme por un lujar con
tanta fuerza, que me obligó á desam­
parar el puesto; en cuyo intermedio se
efectuó el solemne rito, que es breví­
simo, sin que yo pudiese verlo. Al
punto se oyó resonar por toda la sala
un harmonioso estrépito de instrumen­
tos músicos, y todos los presentes se

DE WANTOfí.

309

prepararon para ver bailar á la novia:
hallábanse allí los primeros sugetos
del reino, y asi yo no ponia duda en
que á uno de ellos se daria la prefe­
rencia para que la acompañase; pero
me engañe': un temerario bailarin se
apropió este honor; y lo que es mas
(con notable admiración m ia ) nadie
tomó satisfacción de aquel atrevimien­
to ; semejante avilantez me parecía de­
bía haber desconcertado la magnifi­
cencia de la función , en consideración
de que tantas grandezas se afeaban con
la indignidad de permitir que un os­
curo y asalariado mono se mezclase
entre tanta nobleza, y tuviese valor
para distinguirse con una tan particu­
lar prerogativa.
Los cumplimientos y los aplausos
fueron los primeros frutos de esta so­
lemnidad ; gastóse con alegría lo res­
tante del tiempo, coronando todas las
acostumbradas formalidades una mag­
nífica cena , á que asistieron los pa­
rientes mas cercanos de los novios.
Hasta estos te'rminos , sin pasar ade­
lante, se extiende mi descripción, pues
no quise tener la excesiva curiosidad

310

VIAGES

de averiguar los secretos d^l tálamo,
y los misterios del amor. A la uta na­
na siguiente á la boda, esparcieron por
la ciudad varias voces aquellos que
pretenden saberlo todo; pero como
sus relaciones no excedían las l/neas
de lo verosim il, de aqui era que sus
inventores no podían temer ser con­
vencidos de falsedad por falta de jurí­
dicos testimonios.
Aqui será bien poner fin á la se­
gunda parte de mis memorias, ya por
tomar algún reposo de la fatiga aun­
que ligera, ya porque en estos tiem­
pos fue cuando tuvieron su término
mi alegría y mi sosiego, habitando un
reino tan distante de mi pátria, don­
de por espacio de dilatados meses en­
tre las comodidades, aplausos y real
beneficencia comenzaba yo á olvidar­
me de las .pasadas desgracias, y á creer
asegurado mi nuevo estado de vida en
firmísimos cimientos, capaces de resis­
tir todos los embates de la contraria
fortuna ; mas el cielo que acaso desa­
probaba estos principios de presun­
ción, o que queria experimentar de
cuanta fortaleza estaba proveído mi

DE WANTON.

3 ”

corazón para resistir los contratiem­
pos , me preparaba una sdrie de in­
fortunios , que habían de ser el me­
dio de nuevos descubrimientos , y des­
pués de un encadenamiento de pasos,
ya prósperos ya adversos, me pre­
venía las proporciones de volver á
mi pátria.

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ÍNDICE
de los capítulos que contiene este
tomo segundo.

( C apítulo i * D e /as nuevas honras
que merecieron al p ríncipe , y
f in de la aventura de la casa del
señor Jazm ín .................... pág. 5
C ap . i i . De lo que observó E n r i­
que en la ópera ....................

ij

C ap . i i i . De la visita del empresa­
rio y del asunto del pleito que
había de votarse...................

27

C a p . i v . De la novedad que turbó
el sosiego en el palacio del se­
ñor H aya ............................

41

C a p . v. D e la, ju n ta de médicos.

50

C a p . v i . D el teatro cómico de los
monos...................................
C a p . vii. D e lo que pasó á E n r i-

66

que con el señor Romero. . . .
Cap. vnr. De ¡a visita de E n ri­

8o

que al señor Peregil ...............i 04
C ap. ix . De la sentencia dada en
el pleito del volatín ..................... 121
C ap . x Del juicio que hizo En­
rique de las composiciones tea­
trales de aquel p a ís ..................... 144
C ap. xi . De la venida de los vi­
llanos y aventuras de Enrique
con madama E spina ; y en la
tienda del c a f é . ......................... 162
Cap . xii . Finalízase el suceso de
los aldeanos: vá Enrique á casa
del presidente , y con él á pa­
lacio ................................................... 177
Cap . xiii. De la conversación de
Enrique y el presidente. . . . 189
Cap . xiv . De la visita de E n r i­
que á madama B etónica , y de
lo que pasó con m adam a Z a ­
nahoria ...........................................205
C ap . xv. De las exequias del d i­
fu n to generalísimo.
............... 226

C ap. xvi. Publícase la boda de la

hija del señor Haya ....................237
C ap. x v ii . De las primeras visi­

tas de los novios...........................249
Cap. x v iii . D e las máscaras y la

tertulia ...........................................260
C ap. xix . Del juego y bailes de

estas provincias........................... 283
C ap. xx. D e la boda de mada­

ma Lechuga ................. I . .

.302

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